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There With You

Este documento presenta la llegada de Regan Penhaligon a la finca Ardnoch en Escocia para visitar a su hermana Robyn después de un largo tiempo. Regan se siente nerviosa por la visita y por cómo la recibirá Robyn, considerando que cometió errores en el pasado. El taxista que la lleva menciona que Ardnoch es un exclusivo club para miembros de la industria del entretenimiento.

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There With You

Este documento presenta la llegada de Regan Penhaligon a la finca Ardnoch en Escocia para visitar a su hermana Robyn después de un largo tiempo. Regan se siente nerviosa por la visita y por cómo la recibirá Robyn, considerando que cometió errores en el pasado. El taxista que la lleva menciona que Ardnoch es un exclusivo club para miembros de la industria del entretenimiento.

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1

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3

MODERACIÓN Y TRADUCCIÓN
Molly & Tolola

CORRECCIÓN & DISEÑO


Tolola
4
5

P
ara Regan Penhaligon no hay mejor lugar al que huir que la
exclusiva finca de Ardnoch, en las remotas Tierras Altas escocesas.
Su comportamiento impulsivo finalmente la ha atrapado y la visita
de Regan a su hermana, Robyn, es una oportunidad para esconderse de alguien
que se ha obsesionado peligrosamente con ella.
Decidida a enmendar sus errores, Regan planea reparar su relación con
Robyn manteniéndose cerca. Y, cuando llega una oferta de ayuda de Thane
Adair, Regan acepta con gratitud.
El viudo, Thane, necesita una nueva niñera para sus dos hijos pequeños
y, cuando se encuentra con Regan Penhaligon, le ofrece el trabajo. Pero a medida
que pasan las semanas y la compleja estadounidense revela quién es realmente,
Thane lucha con su creciente atracción por ella.
Regan nunca esperó sentir algo tan intenso por Thane, pero no puede
negar su pasión por él ni su amor por sus hijos. Cuando alguien del pasado de
Thane amenaza a su familia, Regan quiere ser su pilar de apoyo. Sin embargo,
su continua incapacidad para confiar en ella podría destruir su oportunidad de
ser felices en el futuro... y la persona que llevó a Regan a Ardnoch podría acabar
con su oportunidad de tener un futuro.
Adair Family, #2
6

Regan

L
a campiña escocesa era bastante épica, una combinación
contrastada pero perfecta de exuberancia y naturaleza, verdes
brillantes de la hierba, marrones fangosos y tonos ámbar. Colinas
suaves y onduladas y, a su vez, picos y valles sorprendentes. Pero me quedé
impasible ante su heroico paisaje mientras el taxi atravesaba las Tierras Altas
desde Inverness-shire hasta Sutherland. A Ardnoch Estate. Podía verlo con mis
ojos, pero no podía sentirlo con mi corazón. No podía sentir nada más allá de la
agitación nerviosa en mis entrañas.
Solo procesé mi decisión de huir de Boston a Escocia cuando el vuelo de
Londres descendió hacia Inverness. El aeropuerto de las Tierras Altas no podía
estar en un lugar más pintoresco, a orillas de un lago, o loch, como lo llaman en
Escocia. El agua está rodeada por las colinas que inmediatamente nos vienen a
la mente cuando alguien dice las palabras Tierras Altas Escocesas.
Sin embargo, me dieron ganas de vomitar en cuanto las ruedas se
tambalearon al impactar con la pista.
Con las rodillas rebotando mientras veía pasar la hora en mi teléfono, traté
de regular mi respiración. Las sinuosas carreteras no ayudaban a mis nerviosas
náuseas.
—¿Cuánto falta? —le pregunté al conductor. Otra vez.
Me miró por el espejo retrovisor.
—Solo estamos a unos diez minutos de Ardnoch. —Frunció el ceño—.
¿Estás segura de que te dejarán entrar? Es un largo camino para que te echen.
Esta sería la tercera vez que lo preguntaba. Y por buena razón. Nuestro
destino era el castillo y la finca de Ardnoch, un club exclusivo para la élite de la
industria del cine y la televisión. Para unirse, los miembros potenciales tenían
que pagar una cuota exorbitante, además de las cuotas anuales. Su propietario
era una ex estrella de acción de Hollywood, el actor escocés Lachlan Adair. La
finca pertenecía a su familia y él la convirtió en un prestigioso club solo para
miembros.
Y yo sabía todo eso porque salía con mi hermana mayor.

7 —Estoy segura.
Pensar en Robyn hizo que esas mariposas en mi vientre se arremolinaran.
No podía esperar a verla, y a la vez lo temía. Cometí muchos errores, y no sabía
cómo solucionarlos.
Nunca se me dio bien admitir cuando me equivocaba o saber cómo cambiar
las cosas. Robyn siempre era mi guía. Ya no.
Un horrible dolor me llenó el pecho, uniéndose a las mariposas.
—Nunca he tenido un pasajero que quiera ir a Ardnoch. Sí, mi esposa
encontrará esto un poco interesante, te lo aseguro. Le fascinan las cosas de los
famosos, ya sas. Me hace hacer viajes de un día para ver si puede ver a una
persona famosa. O al mismo Adair. Somos de Macduff, al noreste de aquí, y nos
mudamos al Sneck, eso es Inverness, ya sas, hace unos añosm para estar más
cerca de los niños y los abuelos, pero a veces pienso que mi mujer nos trasladó
aquí para estar más cerca de Ardnoch. —Se rio, sin darse cuenta de que yo no
entendía nada de lo que decía. ¿Todos en Escocia hablan así? Si era así, estaba
jodida.
—Es bueno que hayas llegado en un día tan esplendido. Para ver las
Tierras Altas en toda su belleza. Pero prepárate, puede ser un lugar muy lúgubre
y el verano terminará rápidamente. Espero que hayas empacado algo más que
tus cosas. ¿Tienes orejeras de lana y tus botas de agua contigo? Porque esto será
una locura antes de que puedas parpadear.
Parecía que era una pregunta.
—¿Sí? —respondí.
—Sí, sí, eso es bueno. Una chica bien preparada, eso es lo que me gusta
ver. —Me miró por el retrovisor—. ¿Seguro que estás bien? Pareces un poco
perdida ahí atrás.
Entendí la mitad de eso.
—Estoy bien.
No era una mentira completa. Una parte de mí estaba cagada de miedo
por volver a ver a Robyn, pero me sentía muy aliviada de estar fuera de Boston
y dirigirme a una de las fincas más seguras del planeta. Sobre todo desde que
uno de sus antiguos miembros se puso en plan acosador/asesino con Lachlan y
mi hermana.
La idea me hizo estremecerme. No podía enfrentarme a la idea de que le
pasara algo. Por eso nuestra relación era un desastre.

8 Mi visita a ver a Robyn tenía mucho retraso. No tenía excusa para ello.
Robyn, mi hermana mayor, mi héroe, el amor de mi maldita vida,
probablemente me odira.
¿Qué hice?
¿Cómo me acerco a ella?
¿Con mi habitual manera relajada de Regan?
¿O me arrodillo y le ruego que me perdone?
Me estremecí solo de pensar en esto último. Yo no soy de las que se
arrodillan y piden perdón. Y, sin embargo, nadie merecía una disculpa más que
Robyn. Pasó por los dieciocho meses más difíciles de su vida. ¿Y dónde estaba
yo?
Escondida.
Como una cobarde.
Mordiéndome el labio contra las nuevas lágrimas que pinchaban mis ojos,
miré sin ver el bosque mientras avanzábamos. Nunca hubo un mejor momento
para poner en práctica mis habilidades de actuación.
—Ya casi llegamos —anunció el conductor, y oí su intermitente momentos
antes de que giráramos a la derecha por un corto camino de grava. Un enorme
muro de ladrillos y una enorme puerta de hierro forjado nos bloquearon
bruscamente el paso.
—¿Y ahora qué? —le pregunté.
—No lo sé. —Giró el cuello para mirarme—. ¿Tienes el número de alguien
dentro?
Lo tenía. Tenía el número internacional de Robyn, pero nunca lo usaba. Y
tenía la esperanza de que hubiese una preparación para verla. Tal vez sería el
tío Mac el que llegaría a las puertas.
Pensar en el tío Mac me causaba cierto conflicto. Una parte de mí se
emocionaba por ver al padre biológico de Robyn, pero otra parte seguía odiándolo
por lo mucho que le dolió su abandono.
Robyn y yo somos medio hermanas. Mi padre es Seth Penhaligon, un
detective de Boston. El padre de Robyn, Mac, es escocés y conoció a nuestra
madre, Stacey, cuando vino a Estados Unidos a vivir con un pariente. Mintió
sobre su edad (¡solo tenía dieciséis!) y dejó a nuestra madre, en edad
universitaria, embarazada de Robyn. Poco después se separaron y Mac le
9 presentó a mi padre. Para entonces, Mac era policía, junto con papá, aunque
finalmente dejó el cuerpo de policía y se dedicó a la seguridad privada.
Yo adoraba al tío Mac. Era un escocés grande y guapo que contaba las
historias más increíbles del mundo. Cuando yo tenía unos ocho años y Robyn
doce, aceptó un trabajo como parte del equipo de seguridad privada del joven
actor de Hollywood Lachlan Adair. Aparte de una visita cuando Robyn tenía
catorce años, no volvió a ver a Mac.
Hasta hacía casi seis meses, cuando llegó a Escocia para arreglar las cosas
con él. Mac era ahora el jefe de seguridad de Ardnoch Estate.
Y, vaya, Robyn consiguió mucho más de lo que esperaba.
El autorreproche era un cuchillo en mis entrañas.
—¿Y bien? —preguntó el taxista.
—Eh... —Miré mi teléfono. Vaya, maldición. Creía que habría una cabina
de seguridad con un guardia en la puerta. Antes de que pudiera soltar una débil
explicación sobre por qué no quería llamar a la única persona que podía darme
acceso, el conductor dijo—: Viene alguien.
Levanté la vista y vi un Range Rover negro que avanzaba por el camino de
grava rodeado de oscuros bosques a ambos lados. El vehículo se detuvo y salió
un hombre. Era elegante para ser un guardia de seguridad, llevaba traje negro
muy bien confeccionada, además de unas gafas de sol muy elegantes. Observé
un pinganillo con cable en su oreja izquierda.
—Esa es tu señal —dijo el conductor.
Respirando hondo, bajé del taxi, con mis tacones de aguja tambaleándose
en la grava. Enderezando los hombros y esbozando una brillante sonrisa, me
dirigí hacia la puerta, ignorando el deslizamiento de mis tacones.
—Es una propiedad privada. Voy a tener que pedirle que se marche —dijo
el hombre que custodiaba la puerta con un acento escocés más leve que yo podía
entender.
—No lo creo, guapo. —Sonreí, rodeando con una mano la barra de la
verja—. He venido a ver a mi hermana.
Su expresión (lo que pude ver de ella tras las gafas) no cambió.
—¿Y quién puede ser?
—La chica de tu jefe.
—Explícate.
10
A pesar de mi nerviosismo, mi sonrisa era genuina. Este tipo era divertido.
—Soy Regan Penhaligon. La hermana de Robyn.
Me pareció detectar un ligero cambio en su comportamiento, pero no
estaba segura.
—¿Tiene identificación?
—Uh, tengo mi pasaporte.
—Necesitaré verlo.
—Vaya, ustedes sí que se toman en serio su seguridad, ¿eh? —A mí me
parece bien, pensé, mientras volvía al taxi y abría la puerta trasera del pasajero.
—¿Todo bien? —me preguntó el taxista mientras rebuscaba en mi gran
bolso mi pasaporte.
—Terminator solo quiere una identificación.
El taxista río cuando encontré el pasaporte.
Quise correr por el camino de grava. Ahora que estaba tan cerca de ver a
mi hermana, quería terminar con esto. Necesitaba saber si me odiaba o si
podíamos superar esto. Sin embargo, mi orgullo me obligó a actuar con frialdad
y despreocupación mientras caminaba hacia la puerta.
—Aquí tienes. —Pasé el pasaporte por los barrotes de la puerta.
El tipo de seguridad lo agarró y lo abrió. Tras un rápido escaneo, dijo:
—Un momento, por favor.
Apoyada en la puerta, vi cómo se dirigía a su todoterreno, se inclinaba y
hablaba en un murmullo inaudible, a quién no sabía. Pero segundos después,
regresó.
—Necesito que tú y el conductor me entreguen cualquier dispositivo de
grabación: teléfono, cámaras, etc.
—¿Hablas en serio?
Su respuesta fue un pésimo nada.
Hablaba en serio.
Con un suspiro, le entregué mi teléfono y fui a contarle al taxista la noticia.
Mi conductor parecía completamente imperturbable por entregar su teléfono.
—¿No estás molestos? —pregunté en voz baja a través de su ventanilla.
11 —Oh, no. Podrían haberte hecho cambiar de vehículo. Esto significa que
yo te llevo. No hay mucha gente que pueda conducir en la finca de Ardnoch.
Espera a que mi esposa se entere de esto.
—¡Bien, genial!
Me alegré de que estuviera animado por todo el asunto, y llevé su teléfono
al responsable de seguridad, que se lo confiscó y le dijo:
—Dígale a su conductor que las puertas se abrirán en un momento.
Seguirá mi vehículo y no se desviará. Le escoltaremos de vuelta a la puerta una
vez que le dejemos con su hermana y entonces recuperará su teléfono.
Su actitud militante me divirtió tanto que casi me distrajo de Robyn.
—De acuerdo, sargento. —Volví al taxi. Después de subir, transmití la
información y esperamos. Primero el Range Rover dio media vuelta y luego se
abrieron las puertas.
Esas mariposas ansiosas volvieron con fuerza mientras mi taxista decía:
—Mi Carolann no se lo creerá. Lástima que se hayan llevado mi teléfono.
Me habrían encantado unas fotos.
No pude responder.
Apreté la frente contra la ventanilla mientras el taxi subía lentamente por
un camino de grava entre espesos bosques. Los rayos de sol se colaban entre los
árboles, lanzando destellos a través del trayecto del vehículo. Y pareció que pasó
un rato antes de que saliéramos de ellos hacia un sol brillante que iluminaba los
cuidados céspedes. Kilómetros de ellos. Llano junto al edificio a lo lejos, pero
cada vez menos según se alejaban más. Las banderitas en el césped lejano
sugerían que se trataba de un campo de golf.
El camino de grava conducía hacia el inmenso edificio que se veía más
adelante.
No era un edificio cualquiera.
Un castillo.
El novio de mi hermana tenía un maldito castillo.
Con torretas y todo.
—Mierda —susurré mientras nos acercábamos. El castillo tenía seis pisos
y quién sabía cuántos años. Era como Downton Abbey, pero más grande. Pensar
en Downton Abbey me hizo recordar los atracones de la serie con Robyn. Un

12
dolor se agudizó en mi pecho, junto con otra oleada de nervios en mi vientre.
Observando los parapetos y la bandera de la Cruz de San Andrés que ondeaba
con la brisa, respiré profundamente.
Fue entonces cuando vi a la gente que esperaba nuestra llegada en el
frente del majestuoso edificio.
Esperándome a mí.
El taxi se detuvo y no me fijé en nadie más que en mi hermana.
Robyn.
Permanecía abrazada a un hombre, con los ojos puestos en mi taxi.
Llevaba ropa de deporte, poco maquillaje y el cabello recogido en una cola de
caballo.
Y nunca había estado más guapa.
Los recuerdos me inundaron y quise lanzarme del vehículo a sus brazos y
que ella se encargara de todo.
Pero sabía que ya no podía ser así.
En lugar de eso, forcé una sonrisa, abrí la puerta del pasajero y salí. Me
llevé la mano a la cadera, y forcé mi sonrisa para que aparecieran mis hoyuelos.
—Hola, hermana. —Le guiñé un ojo—. ¿Me has echado de menos?
13

Regan

P
or la forma en que Robyn me miró fijamente, me di cuenta de que
cometí un error fundamental en mi saludo.
Conocía a mi hermana mejor que a nadie.
El dolor se escondía detrás de su evidente enfado.
Ignorando a los dos hombres a su lado, mi sonrisa vaciló y me acerqué a
ella.
—Yo te he echado de menos —confesé.
Robyn se zafó del abrazo del muy reconocible Lachlan Adair y cruzó los
brazos a la defensiva mientras se acercaba a mí.
—Es curioso, no me ha parecido lo mismo en los últimos dieciocho meses.
Ni después de que me dispararan, ni después de que apuñalaran a papá, ni
después de que Lucy Wainwright intentara asesinarnos a Lachlan y a mí.
Conteniendo un respingo, tragué con fuerza. Mi hermana era una policía
que recibió un disparo cumpliendo con su deber. Ese momento fue el comienzo
de una espiral de mi vida fuera de control. Robyn renunció, abrió un negocio de
fotografía y, alrededor de un año después de que le dispararan, viajó a Escocia
buscando un cierre con su padre, Mac Galbraith. Mamá y papá dijeron que su
relación con Mac atravesaba un buen momento, a pesar de que Robyn se
enamoró de su jefe y mejor amigo Lachlan Adair.
En cuanto a Lucy Wainwright, era una actriz ganadora de un Oscar que
era miembro del club y buena amiga de Lachlan. Sin embargo, según el relato
de mi madre, quería algo más que su amistad y, al no poder tenerla, empezó a
dejar mensajes amenazantes por la finca. Las cosas se intensificaron cuando el
mecánico de la finca se unió a ella en sus fechorías. El mecánico apuñaló a Mac,
atacó a Robyn, la sacó de la carretera y luego ayudó a Lucy a secuestrar a
Lachlan. Robyn fue quien encontró a Lachlan y, con la ayuda de un granjero
local, ambos escaparon ilesos. El mecánico no. Lucy lo mató justo antes de
intentar matar a mi hermana. Ahora la actriz se enfrentaba a juicio, lo que
significa que mi hermana también, como testigo.

14
No había excusa para mi ausencia de la vida de Robyn en todo eso.
No una buena, al menos.
Robyn era la valiente. Yo la cobarde.
—Estoy aquí ahora. —La rodeé con mis brazos y apreté.
Cerrando los ojos contra el ardor de las lágrimas, me di cuenta de que mi
hermana cambió su perfume. Durante años usó la misma fragancia. Incluso le
compré un frasco en el aeropuerto. Pero olía diferente.
Y parecía diferente.
Estaba rígida e inflexible en mis brazos.
Antes no existía nada mejor que un abrazo de Robyn.
Al darme cuenta de que no me devolvería el abrazo, se me encogió el
corazón y me aparté. Pero entonces ella emitió un sonido agravado en el fondo
de su garganta segundos antes de que sus brazos se cerraran a mi alrededor.
Las lágrimas me hicieron picar la nariz mientras apoyaba mi mejilla en su
hombro y me aferraba a ella. Me abrazó tan fuerte que apenas podía respirar,
pero no me importó.
—Podría matarte —susurró con voz ronca.
Al oír el dolor en su voz, mis ojos se abrieron de golpe y quedaron atrapados
en la fría mirada azul de Lachlan. Entrecerró sus ojos, trasformando su
expresión de dura a pensativa ante lo que vio en mi rostro. Desconcertada, me
solté del abrazo de Robyn y le di una palmada juguetona en el brazo.
—Pero qué lugar más aburrido sería el mundo si lo hicieras.
Mi hermana me estudió con esos ojos penetrantes y siempre cambiantes
que tenía. Siempre estuve celosa de los ojos que heredó de Mac. Aunque
compartíamos la misma forma grande y ovalada, los de Robyn eran técnicamente
de color avellana, pero cambiaban de color según su estado de ánimo o los
colores del entorno. Los míos eran de un marrón claro.
—Eh, odio interrumpir, pero el taxímetro sigue corriendo, ya sas —dijo el
taxista detrás de mí.
—¿Perdón? —Arrugué la nariz en señal de confusión.
—El. Taxímetro. No. Para —repitió como si fuera sorda.
Para ser justos, al decirlo más despacio y en voz alta, capté la palabra
“taxímetro” y deduje lo que decía a partir de ella.
—Maldita sea. Bien. —Le lancé una mirada a Robyn—. Déjame pagarñe a
15 este tipo. —Bajé la voz—. Ha estado hablando de un tipo raírismo que se llama
Sas todo el viaje hasta aquí como si yo debiera saber quién es.
La alegría brilló de repente en los ojos de Robyn, y ella hizo un sonido de
asombro.
—¿Qué?
Ella se tragó otro resoplido de risa y respondió, su voz temblando de
diversión.
—Está diciendo “sabes”. “Sas” significa “sabes” en escocés1.
Me reí a carcajadas por mi error y compartimos una sonrisa.
Entonces, algo parecido a la desconfianza apareció en la cara de mi
hermana, y el momento alegre se disipó con la misma rapidez con la que se
produjo.
—Jock se encargará de tu tarifa. —Lachlan se acercó y asintió más allá de
mí. Me giré para ver al argento (alias Jock) inclinarse para pagarle al conductor;
un tipo vestido como la versión moderna de un caballerizo recuperó mi maleta
del maletero. Este lugar era realmente como Downton Abbey, o al menos una de
las fincas descritas en mis amados romances históricos picantes.
—Mi bolso está en el asiento trasero —dije, pero el tipo ya lo sacaba del
taxi por mí—. ¡Gracias! —Saludé al conductor, que me dedicó una gran sonrisa.
—Bueno —dijo Robyn—, podrías haberme devuelto las llamadas. No hacía
falta que vinieras hasta Escocia.
—Por supuesto que sí. Quería asegurarme de que estuvieras bien. Y ver
cuál es el atractivo. —Disimulé mi dolor por su abandono en Boston. ¿Acaso
pensó en mí cuando decidió mudarse a un continente completamente diferente?
Hice una mueca de dolor por mi egoísmo. Robyn no me debía nada.
Lachlan, cuyo rostro había visto un millón de veces en películas, era
obviamente una parte fundamental del atractivo. Unos cuantos centímetros por
encima del metro ochenta, hombros anchos, ropa que mostraba el cuerpo de una

ía
estrella de acción, cabello rubio claro, mejillas sin afeitar y rasgos robustos. El
hombre era increíble.
Entonces mis ojos se encontraron con los del tío Mac.
Me puse en tensión.
16 No era en absoluto lo que esperaba. Era más joven. Pero, bueno, solo tenía
unos cuarenta años. Incluso así, no parecía de su edad. De la misma altura que
Lachlan, Mac era igual ancho de hombros, posiblemente incluso más musculoso
con su camiseta negra ajustada que mostraba toda esa potencia. Su cabello
oscuro tenía canas, y lo llevaba más bien largo, de modo que se rizaba alrededor
de su nuca. Al igual que Lachlan, llevaba esa barba sin afeitar.
Se parecía mucho a ese tipo de True Blood y Magic Mike, y no parecía mayor
que Lachlan.
Ya no podía llamarlo tío Mac. Era demasiado extraño.
—Jesús, Mac, ha pasado un siglo y aun así has dejado de envejecer,
aparentemente. —Lo miré pensativa—. Supongo que, si Robyn te perdonó,
supongo que yo debería hacerlo, ¿no?
Mac me estudió.
—Ha pasado mucho tiempo, Regan. Hemos estado preocupados por ti.
Mi sonrisa se tensó.
—¿Preocupados por mí? ¿Por qué? Estoy fabulosa. —Giré sobre mis
talones y señalé hacia el castillo—. Y claramente también Robyn. —Miré por
encima del hombro a mi hermana—. Un novio con un castillo. Qué bien.
—Prometido —corrigió Robyn, levantando su mano izquierda.
Un diamante parpadeó cegadoramente a la luz del sol.
Me dejó sin aliento.
Robyn estaba comprometida.
Se iba a casar con Lachlan Adair.
¿Mi hermana está prometida y yo no lo sabía?
Nunca regresaría a Boston.
Quería gritarle. Quería decirle a Lachlan que se fuera a la mierda. ¿Por
qué no podía casarse con una de los millones de mujeres que se le lanzaron a lo
largo de los años?
Pero sabía por qué.
No había nadie como Robyn.
Ella era especial.
Y el muy cabrón la había agarrado y secuestrado.
La mirada de Lachlan era aguda, penetrante. Rápidamente dirigí mi ira
17 hacia él, me encogí de hombros y levanté las manos, con la voz demasiado aguda
al gritar:
—¡Bueno, esto merece champán!

Mi hermana se equivocó cuando me convenció de no huir a Nueva York


para convertirme en actriz. Habría sido muy buena actriz.
En lugar de champán, Robyn y Lachlan me metieron en otro Range Rover
con mi equipaje y me informaron de que me quedaría con ellos en casa de
Lachlan. Esta noticia inoportuna me preocupó, pero disimulé, fingiendo que no
me perturbaba. Estúpidamente asumí que la casa de Lachlan se encontraba en
Ardnoch Estate.
Bajo fuerte seguridad.
No lo estaba.
Ni siquiera me hicieron un recorrido por el lugar antes de escoltarme fuera
de los malditos terrenos.
De pie al borde del patio trasero de Lachlan Adair, un acantilado cubierto
de hierba que sobresalía sobre el mar, experimenté una emoción que me
avergonzó.
Celos.
Un viento fresco y vigorizante de la tarde me golpeaba el cuerpo, azotando
peligrosamente el corto dobladillo de mi vestido. No me importaba. ¿Quién estaba
aquí para verme exhibirlos? La casa del prometido de mi hermana parecía estar
en el límite de la nada. Si no fuera por la casa idéntica de al lado, me sentiría
como si estuviera en una parte alienígena y solitaria del planeta.
El prometido de mi hermana.
El doloroso nudo en la garganta regresó.
Luchando contra las lágrimas que me hacen sentir pequeña e infantil, no
pude deshacerme de la imagen de Robyn abrazando a Lachlan mientras yo
esperaba sentada en la parte trasera del todoterreno. Él había inclinado su frente
contra la de ella, murmurando algo. Estaba claro que le preguntaba si estaba
bien.
18 No supe lo que respondió, pero pude adivinar que no era bueno.
Compartieron un prolongado beso lleno de tanta emoción que tuve que apartar
la mirada. Me pareció una intromisión.
No importaba el entorno surrealista en el que me encontraba; lo que me
desconcertaba era ver a Robyn con Lachlan. Nunca la vi tan interesada en un
hombre. Como... mirándolo como si fuera su universo, y viceversa.
Reprimí mi envidia.
No porque ella hubiera encontrado eso; quería que lo tuviera. Quería que
tuviera la vida más plena y asombrosa que alguien pudiera desear. Sin embargo,
al encontrarla, la estaba perdiendo aún más de lo que ya sentía.
Prometido.
—Entonces, ¿cuándo se comprometieron? —pregunté cuando subieron al
vehículo.
—Acabo de declararme —contestó Lachlan.
Eso me hizo sentir algo mejor. Pensé que tal vez les dijo a mamá y a papá
y que no quería que yo lo supiera todavía. Y la idea de que me ocultara algo tan
importante me dolía.
Lo cual era completamente hipócrita, ya que yo le venía ocultando cosas
desde hacía más de un año.
Sin embargo, Robyn se casaba.
Y con Lachlan Adair, entre todos.
Sabiendo lo mucho que Robyn estuvo resentida con Lachlan, considerando
que pensaba que él era cómplice del abandono de Mac, fue un shock cuando
nuestros padres me dijeron que tenía una relación con él y que se quedaba en
Escocia.
Ahora éramos ella y yo las distanciadas.
Cómo cambia la vida, ¿eh?
—¿Quién eres tú?
Me sobresalté.
Siguiendo la voz infantil y aguda, me giré hacia mi derecha.
El patio de Lachlan y el de su vecino no lo separaba una valla. Me pareció
extraño. Su hermosa casa, contemporánea y claramente diseñada por un
arquitecto, estaba situada sobre el agua en un pequeño lugar que Lachlan

19
llamaba Caelmore, a las afueras del pueblo de Ardnoch.
Como necesitaba un respiro y no quería que mi hermana se diera cuenta
de mi actitud despreocupada, dejé mi equipaje en la lujosa habitación de
invitados que Lachlan me mostró, me quité los zapatos y salí por las puertas
corredizas situadas en la parte trasera de la sala de estar de planta abierta.
Dichas puertas daban a una terraza con escalones que me llevaron al césped
que se extendía hasta el borde del acantilado.
Una valla de seguridad se extendía a lo largo del borde del acantilado.
Mirando a los dos niños pequeños que me miraban con curiosidad, supuse que
la valla era para su seguridad. Ambos tenían el cabello oscuro y llevaban los
mismos jerséis azul claro con un emblema bordado en el pecho. La niña llevaba
una falda azul y negra, mientras que el niño llevaba pantalones negros.
Uniformes escolares.
—Hola. —Sonreí mientras caminaba hacia ellos—. Soy Regan.
El niño se enderezó, hinchando el pecho mientras agarraba la mano de la
niña más pequeña.
—Se supone que no debemos hablar con extraños. —Hablaba con un
encantador acento anglicista, con su acento escocés asomando por aquí y por
allá, particularmente prominente en sus t's duras.
Asentí, intentando no reírme.
—Esa es una buena regla. Pero me hiciste una pregunta antes tú.
El chico miró irritado a la chica.
—Eso fue culpa de Eilidh. —Pronunció su nombre Ey-ley—. Sabes que no
se hace, Eilidh.
Eilidh no prestaba atención. Me miraba los pies.
—¿Dónde están tus zapatos?
Curvé los dedos de los pies contra la hierba fresca y señalé hacia la casa.
—Los dejé dentro.
El chico frunció el ceño.
—¿Conoces al tío Lachlan y a la tía Robyn?
Fue un golpe en el estómago.
—¿Tía Robyn? —susurré.
El chico asintió.
—Será la esposa del tío Lachlan, así que ahora podemos llamarla tía
20 Robyn.
Una opresión me recorrió el pecho.
—¿Viven al lado?
Sus ojos se entrecerraron con sospecha.
—No estoy seguro de que deba responder a eso. Sigues siendo una
desconocida.
Si no estuviera sufriendo actualmente de celos debilitadores y dolor por el
hecho de que mi hermana se fue y creó toda una nueva vida que no me involucra,
podría haberme reído.
—Eilidh, Lewis —llamó una voz profunda y masculina, atrayendo nuestra
atención. Un hombre alto, de hombros anchos y aspecto desaliñado, se dirigió
hacia nosotros. Sus ojos se fijaron en mí cuando se detuvo detrás de los niños,
con sus manos protectoras sobre sus hombros—. ¿A quién tenemos aquí?
Me acerqué y su mirada bajó por mis piernas hasta mis pies descalzos.
Podría jurar que sus labios se movieron, pero era difícil saberlo porque una
espesa barba marrón le cubría la boca.
—Hola. —Extendí mi mano hacia él—. Soy Regan Penhaligon.
Sus ojos azul grisáceos se entrecerraron ligeramente, y entonces su mano
estaba en la mía. Me dio un fuerte y firme apretón, y sentí el roce de los callos
en su palma cuando me soltó.
—Eres la hermana de Robyn.
—Sí. ¿Y tú eres?
—Soy el hermano de Lachlan, Thane. Estos son mis hijos, Eilidh y Lewis.
Vivimos al lado. Robyn no me dijo que vendrías.
Sonreí, encogiéndome de hombros y respondiendo con despreocupación:
—La sorprendí.
Sus ojos se tornaron de un azul intenso.
—Ya veo.
Y me dio la impresión de que sí lo veía.
La vergüenza me puso la piel de gallina.
No era estúpida. No era solo Robyn quien actuaba de forma extraña y fría
conmigo. Mac y Lachlan fueron igual de fríos. Sabía que me lo merecía, pero
21 seguía siendo horrible. Obviamente Robyn les contó a Lachlan y a Mac que la
abandoné, y parecía que Lachlan corrió la voz entre los miembros de su familia.
—Sí. ¿No es genial? —Sonreí falsamente—. Nunca había estado en
Escocia. Fantásticas casas, por cierto.
—Papá las diseñó —dijo Lewis—. Es arqui... arquitecto, y yo también lo
seré.
Vaya.
Me quedé mirando a Thane, viéndolo de manera distinta. Sinceramente,
tenía un aire de leñador. Cabello grueso y rubio como la miel, barba más castaña
que rubia que necesitaba urgentemente un corte, y un atuendo que no era
precisamente elegante. Su jersey de punto había visto días mejores, sus vaqueros
estaban tan descoloridos que era un milagro que no se estuvieran cayendo a
pedazos, y llevaba un par de botas de montaña llenas de barro.
Su aspecto no decía que fuera un arquitecto de extraordinario talento.
Por otra parte, debería saber que no hay que juzgar un libro por su
portada.
—Es increíble —dije, con sinceridad—. De verdad, las casas son preciosas.
—Las dos parcelas eran casi idénticas, salvo que cada una tenía un segundo
edificio de distinto tamaño hecho con los mismos materiales. La de la parcela de
Thane era un poco más grande, como una casa de invitados.
La incertidumbre brilló en sus ojos.
—Gracias.
—Papá, ¿puedo quitarme los zapatos yo también? —preguntó de repente
Eilidh.
Yo sonreí.
—Es muy agradable.
—Te resfriarás. —Thane negó con la cabeza—. De todos modos, es la hora
del té. —Giró a su hijo y a su hija hacia la casa.
Sentía curiosidad por su madre, y mis ojos se movieron hacia su casa,
preguntándose si estaría dentro esperándolos.
—¡Thane! —La voz de Lachlan sonó con fuerza a través de los patios.
—¡Tío Lachlan! —Eilidh salió disparada junto a mí como una pequeña
bala.
Me giré para ver cómo Lachlan bajaba a toda prisa los escalones de la
22 terraza para tomar a su sobrina en brazos. El viento me robó el intercambio de
palabras. Pero fuera lo que fuera lo que se dijo, hizo que Eilidh soltara una risa
contagiosa mientras él la acomodaba en su cadera y caminaba hacia nosotros.
Sonrió y, de repente, vi una imagen suya de una película, con esa misma sonrisa
infantil y perversa. No solo volví a recordar que el prometido de mi hermana era
famoso, sino que verle interactuar con su sobrina lo hacía subir unos cuantos
millones de peldaños en la escala de atractivo.
—¿Ya conociste a Regan? —le preguntó a Thane.
Los hermanos estaban lado a lado, y vi el parecido. Lachlan era unos
centímetros más alto que Thane, sus ojos eran un poco más azules, pero ambos
compartían el mismo atractivo escandinavo que me hizo preguntarme si no
habría un poco de vikingo mezclado en su sangre escocesa.
Intercambiaron una conversación silenciosa, pero era más perceptiva de
lo que la gente creía. No se alegraban de mi llegada. Podía verlo en la mandíbula
apretada de Lachlan y en la expresión sospechosa de Thane.
Fingiendo que me importaba un bledo, sonreí a Eilidh. Parecía feliz de
estar en los brazos de su tío, pero me miraba fijamente con sus grandes y
hermosos ojos azul-gris. Su mirada bajó a mi mejilla y levantó una pequeña
mano como si quisiera tocarme.
—¿Por qué tus mejillas hacen eso cuando sonríes? —me preguntó.
—¿Hacen qué? —bromeé, sabiendo exactamente a qué se refería. Heredé
los hoyuelos de mi padre.
—¡Eso! —Se río, señalando mi mejilla izquierda.
—Son hoyuelos, Eilidh —respondió Thane.
—¿Pero por qué?
Tal vez por estar en Escocia, rodeada de lindos acentos escoceses, me
acordé de una historia que Mac contó una vez para explicar mis hoyuelos.
—Me los regalaron las hadas. Verás, cuando salen del mundo de las hadas
y vienen a nuestro mundo, no quieren que los humanos sepan lo que son, y
llevar polvo de hadas las delataría. Así que hicieron estos pequeños bolsillos en
mis mejillas para poder esconder su polvo de hadas en ellos.
—¿De verdad? —Eilidh tenía los ojos muy abiertos.
Asentí.
—Ajá —rebatió Lewis—. Las hadas no son reales.
—¡Sí, lo son! —discrepó Eilidh con vehemencia—. ¡Lo dice el tío Mac!
23
Intenté no enfadarme al darme cuenta de que, después de que Mac dejara
que Robyn se pudriera en Boston, hizo una vida completamente nueva en
Escocia, donde estos niños pequeños le llamaban tío.
—Fue Mac quien me habló de mis hoyuelos y del polvo de hadas. —Mi
sonrisa vaciló justo cuando me encontré con la mirada de Lachlan, y algo se
agudizó en la suya.
Aparté la mirada, pero me encontré con la curiosidad que iluminaba los
ojos de Thane.
—Sabes, tengo un poco de hambre. —Me alejé hacia la casa.
—Por eso vine. —Lachlan se volvió hacia Thane—. Robyn pidió comida
suficiente para llevar como para alimentar a un ejército. ¿Quieren tú y los niños
unirse a nosotros? Ha pedido de todo, desde comida china hasta nuggets de
pollo.
—¡Nuggets de pollo! —gritó Eilidh con más entusiasmo del que jamás
hubiera sentido por nada en años. Lachlan hizo una mueca, aunque sus
hombros temblaron de diversión.
Los ojos de su hermano se dirigieron a mí.
—¿Estás segura?
—Sí, definitivamente. Los niños son una buena distracción para Robyn.
¿De mí?
Ay.
—No estoy seguro.
—Por favor, papá. —Lewis se tiró del jersey.
—Nuggetsssssss —la voz de Eilidh se hizo más grave, sus ojos adquirieron
una locura salvaje mientras miraba a su padre—, de polloooooo.
Todos nos reímos y, por un momento, se rompió la tensión.
Tal vez los niños fueran una excelente distracción.
24

Regan

¿A sí que la mujer de Thane no estaba en sus vidas?, me pregunté


mientras todos colocaban los platos de comida en la isla de la
cocina antes de sentarse en la gran mesa del comedor. No se
mencionó la posibilidad de pedirle a la esposa que nos acompañara en la cena,
así que supuse que Thane estaría divorciado. No llevaba alianza.
Al ver que Eilidh le señalaba a su padre lo que quería en su plato, le dije:
—¿Por qué no haces un puré de nuggets de pollo?
Eilidh me miró con ojos redondos, con expresión intrigada.
—¿Qué es eso?
Miré a Thane.
—¿Puedo?
Asintió y se alejó de la isla.
—Adelante.
—Bueno. —Sonreí a Eilidh mientras me levantaba de mi asiento y me
acercaba a ella—. Puedo convertir los nuggets de pollo en veinte comidas
diferentes.
—Es cierto —coincidió Robyn, y mi corazón se aligeró ante su sonrisa
nostálgica—. Regan era la niñera del vecindario, y luego fue niñera durante los
veranos durante algunos años. Se puso creativa recreando comida para llevar.
Desde los trece años hice de canguro de los niños del barrio. Así ganaba
un poco de dinero extra durante la secundaria. Me gustaban los niños. Eran
dulces, divertidos y sin complejos. Por eso empecé a aceptar puestos de niñera
de verano para familias durante sus vacaciones escolares. Trabajé como niñera
todos los veranos desde los dieciocho hasta los veintidós.
—Sorprendente —murmuró Lachlan—. Lo de niñera, claro.
Su insinuación me puso a la defensiva.
—¿Por qué?
Pareció no inmutarse por la ligera mordacidad de mi tono.
25
—No pareces ser responsable.
—Lachlan —advirtió Robyn.
No quería que me defendiera cuando ella era la razón por la que él pensaba
que yo era una inservible.
—Veo que mi hermana te llenó la cabeza con la mierda con la que nuestros
padres la llenaron a ella.
Lachlan enarcó una ceja mientras Robyn se ponía rígida en su asiento.
Abrió la boca para contestar, pero aparté la mirada y le sonreí a la hija de Thane
y bromeé:
—Bien, no te asustes, pero voy a cortar las nuggets.
Los ojos de Eilidh se agrandaron, pero asintió con confianza.
Sonriendo a pesar de la tensión que emanaba de los adultos en la
habitación, me puse rápidamente a trabajar sacando un poco de puré de patatas
del recipiente de comida para llevar en un bol. A continuación, dispuse los
nuggets de pollo alrededor de los bordes del puré. No tenían salsa, pero sí
ketchup. Agité la botella hacia ella.
—¿Te gusta?
Ella asintió con los brazos abiertos.
—Así de mucho.
Riéndose, rocié con el ketchup el puré y los nuggets de pollo y se lo llevé a
la mesa.
—Disfruta.
Se zambulló en el cuenco con tanto deleite que cualquiera podría pensar
que le regalé una corona de oro. Thane me hizo un gesto de agradecimiento y
tomó asiento para comer su cena.
Me senté al lado de Lewis, frente a Robyn, y le dije:
—La próxima vez te enseñaré a hacer nachos de nuggets de pollo.
—A mí también me gustaría —dijo Lewis.
—¿Sí?
Asintió y dio un mordisco a una hamburguesa. Robyn realmente pidió todo
lo que se le ocurrió.
—¿Qué más puedes hacer? —preguntó Lewis alrededor de un bocado.
26 —Por favor, traga antes de hablar —amonestó Thane en un tono que
sugería que le había dicho lo mismo un millón de veces antes.
—Cualquier cosa que un niño de seis años quiera comer, Regan puede
hacerlo —respondió mi hermana por mí.
—En realidad, mis habilidades culinarias han progresado un poco desde
la secundaria. Tomé algunas clases de cocina cuando estuve en Europa y Asia.
—Clases de cocina en Europa y Asia. —Robyn silbó—. Que sabelotodo de
tu parte.
Por suerte, Eilidh habló para que yo pudiera evitar el comentario pasivo-
agresivo de mi hermana.
—Esto. Es. Muy. Bueno. —Golpeó con su tenedor la mesa para enfatizar.
—¿Si? ¿Puedo probar un poco?
Asintió con entusiasmo y me acercó el bol a la mesa. Tomé una cucharada
de nuggets empapados de ketchup y puré con mi tenedor. Al masticarlo, asentí
con los ojos dramáticos y redondos. Cuando tragué, asentí:
—Muy bueno.
Su sonrisa de respuesta fue lo más bonito que vi en mi vida, su carita se
iluminó. Cuando volvió a hablar, lo hizo con una alegría infantil.
—Me encanta tu pintauñas. ¿Me pintarás las uñas?
—No lo sé. Eso depende de tu padre.
Thane negó con la cabeza.
—Eres demasiado joven para llevar pintauñas.
—¡Pero, papá!
Presintiendo una rabieta en el horizonte, intervine:
—El esmalte de uñas es para cuando seas mayor. Pero podría hacerte una
trenza. ¿Has llevado alguna vez una trenza de cola de pez?
—¿Qué es una trenza?
Levanté una ceja. ¿Su madre no le hacía trenzas?
—Es una crineja —respondió Thane.
Su expresión se aclaró y me di cuenta de que tropezamos con un
malentendido cultural. Los escoceses llamaban crinejos a las trenzas, igual que
llamaban pintauñas al esmalte de uñas y sas era saber. Lo archivé.

27 —Puedo trenzarte el cabello más tarde. Una cola de pez es muy linda.
—No suena lindo. —Arrugó la nariz, haciéndome reír.
—No pienses en ello como una cola de pez... piensa en ello más bien como
una cola de sirena.
—¡Me encantan las sirenas! —Eilidh jadeó, con los ojos abiertos por la
emoción.
Dios mío, era tan linda que podría morirme.
—Lucy —jadeó alrededor de su comida—, Lucy trató de trenzarme el
cabello una vez, pero dijo que era demasiado rizado.
Antes de que pudiera decir que no tendría ningún problema en dominar
sus rizos salvajes, una gruesa tensión cayó sobre la mesa.
Entonces me di cuenta de por qué.
Lucy.
¿Se refería a Lucy Wainwright?
Mierda.
¿Y por qué se ofrecía una estrella y no su madre a trenzarle el cabello a
Eilidh?
—Papá dijo que no podemos hablar de Lucy, Eilidh. Eres una estúpida —
espetó Lewis, con las mejillas enrojecidas por la frustración.
La cara de Eilidh se arrugó.
—Lewis, yo no he dicho eso, y no le hables así a tu hermana. —Thane miró
con rabia a su hijo.
Lewis parecía que alguien lo hubiera abofeteado.
—Pero dijiste...
—Me malinterpretaste. —Thane suspiró cansado—. La cuestión es que
nunca se hablen así. ¿De acuerdo?
Al ver que las lágrimas brillaban en el rostro de Eilidh, me apresuré a
distraerla.
—Puedo trenzarte el cabello para la escuela mañana.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿De verdad?
Asentí, sonriendo.
28
—Mañana es sábado —me recordó Lewis hoscamente, con los ojos puestos
en su comida.
Su padre lo observaba con una expresión de dolor y preocupación.
Vaya. ¿Qué pasaba aquí?
—Bien. Pues yo puedo trenzarle el cabello a Eilidh cuando quiera.
—¿Mañana? —Ella rebotó impaciente en su asiento—. ¡Quiero una crineja
de sirena!
—Claro. Es un plan —prometí, y luego le di un codazo a Lewis—.
Así que la escuela, ¿eh? ¿En qué curso estás?
Levantó la mirada hacia mí, con las mejillas todavía rojas por la
amonestación anterior de su padre.

—¿Curso?

—Clase de primaria —ofreció Robyn.


—Acabo de empezar tercero de primaria.
No sabía qué significaba eso.
—¿Acaba de empezar?
—La escuela acaba de empezar esta semana —respondió Thane.
—Oh, claro. Así que... tercero de primaria. Eso son... ¿ocho, nueve años?
—Adiviné por su altura.
Sus ojos se iluminaron.
—Siete.
—Eres alto para tener siete años. Debes de haberlo heredado de tu padre
y de tu tío, ¿no?
Lewis parecía satisfecho y asintió.
Sonriendo, me volví hacia Eilidh.
—¿Y en qué clase de primaria estás tú?
—¡Cinco! —Extendió los dedos de su mano derecha.
Su hermano soltó una risita.
—No es la edad, Eils. La clase. Está en primero de primaria. Fue su
primera semana en la escuela.
29 —Vaya. ¿Una gran semana para ti entonces?
Ella asintió rápidamente mientras masticaba.
En serio. Qué malditamente linda.
—Le tocó la señora Hansen, y es la mejor profesora. —Lewis hizo una
mueca—. Yo tengo a la señora Welsh.
—¿No te gusta la señora Welsh?
Arrugó la nariz.
—Es gruñona y no le gustan los chicos y se burla de ti si no sabes la
respuesta a algo. Y huele mal.
Thane suspiró con fuerza. Al mirarlo, me di cuenta de que quería reprender
a Lewis por haber insultado a su profesora, pero después del momento que
acababan de vivir, probablemente fuera reacio a echarle la culpa.
—¿Realmente huele, o solo lo dices porque no te gusta?
Pensó en esto.
—Bueno, Connor dijo que huele.
—¿Quién es Connor?
—Uno de mis amigos.
—Así que... porque Connor dijo que la señora Welsh huele, ¿ahora todos
lo afirman?
Él asintió.
—¿Es cierto?
Se encogió de hombros.
—En realidad no. Pero lo otro sí.
—De acuerdo. Bueno, es una mierda que la señora Welsh sea impaciente
y gruñona, pero no deberíamos decir cosas malas de la gente si no es verdad,
¿no?
Lewis consideró esto.
—¿Entonces debería dejar de decir que huele mal?
—Sí. Sería lo correcto. Lo más amable.
—¿Pero puedo decir que es mala? Porque eso es cierto.
Tratando de no reírme, respondí diplomáticamente:
30
—Está bien si es verdad, y siempre es bueno ser honesto, especialmente
si alguien se mete contigo, sin importar la edad que tenga. Pero yo siempre digo
que es mejor combatir la falta de amabilidad con amabilidad. Así que siempre
que te encuentres con alguien en la vida que no sea muy amable contigo, no
sirve de nada rebajarse a su nivel y ser poco amable a cambio. Y a veces, cuando
eres amable con alguien que no lo ha sido contigo, cambias su actitud y deja de
ser malo contigo. ¿Sí?
Me sorprendió lo atento que era este niño de siete años, pero Lewis se
mantuvo atento a cada una de mis palabras y pareció procesarlas. Finalmente,
asintió y dijo:
—De acuerdo.
Solo entonces me di cuenta de que la mesa se quedó en silencio. Al levantar
la mirada, encontré a mis tres compañeros adultos mirándome fijamente: Thane
con gratitud, Lachlan con sorpresa y mi hermana con una expresión que oscilaba
entre el orgullo y la melancolía.
La melancolía me destripó.
—¡Termine! —gritó Eilidh, rompiendo el momento. Tenía ketchup en las
mejillas.
Sonreí, agradecida por la belleza.
—¿Comiste algo o solo te manchaste la cara?
La alegría brilló en sus ojos, golpeó la mesa con sus manitas y soltó una
carcajada. Su risa fuerte e hilarante era tan contagiosa que nos hizo estallar de
risa a todos.
Era una pena que su magia no durara.
Un rato más tarde, Thane y sus simpáticos hijos se marcharon con la
promesa de que me pasaría por la mañana para trenzar el cabello de Eilidh. El
jet lag me afectaba y Robyn notaba que me desvanecía.
—Déjame ayudar con los platos —ofrecí por milésima vez mientras ella y

31
Lachlan ordenaban.
—Tenemos lavavajillas —repitió Robyn—. Pareces agotada. Vete a la cama.
Mis párpados caían, así que seguí su orden y subí a trompicones. Apenas
recuerdo ponerme el pijama y meterme en la cama.
Pasaron horas cuando un sonido electrónico llenó mi inconsciencia, y me
obligué a abrir mis pesados ojos, parpadeando contra la luz que inundaba la
habitación. Tardé un minuto en recordar dónde estaba.
Gimiendo mientras la suave luz del día iluminaba el dormitorio, me revolví
en la comodísima cama de invitados y busqué a tientas el teléfono en la mesita
auxiliar. La pantalla se iluminó: las seis de la mañana.
Las persianas de oscurecimiento tenían un temporizador automático.
Para las seis de la mañana.
—Tendremos que hacer algo al respecto —murmuré malhumorada
mientras me sentaba. Fue entonces cuando registré el aviso de notificación de
correo electrónico en mi teléfono.
Todo lo que vi fue la palabra Austin y una ola de náuseas subió a mis
entrañas.
No, no, ¿cómo podía tener ese correo electrónico?
Con los dedos temblando, hice clic y el alivio me invadió cuando me di
cuenta de que solo era un estúpido spam para un descuento en una excursión
de senderismo y ciclismo en Austin, Texas.
—Joder —murmuré, acunando mi cabeza entre las manos. Habían pasado
cinco meses desde mi último correo electrónico de Austin, cuando finalmente
dejé de permitirle controlar mi vida con su acoso y borré mi correo electrónico y
mis cuentas de redes sociales, cambié mi número de teléfono y fingí que nunca
existió.
Fue su último correo electrónico el que finalmente despertó mi espíritu de
lucha. Sus palabras eran tan desquiciadas que quedaron grabadas en mi
memoria.
Preciosa, otra vez no puedo dormir. ¿Cuántas horas de sueño he perdido por
ti? Me debes esas horas. Horas en las que debería haber estado dentro de ti,
viendo cómo te corrías, haciendo esos dulces ruidos que haces al alcanzarlo.
Quiero castigarte tanto por hacerme sentir así. Es tu culpa que esté tan perdido.
Me has hecho quererte. Me haces perseguirte. Pero cuando te encuentre, cuando
32 nos encontremos, verás lo que yo veo. Que estamos destinados a estar juntos.
Nunca te haría daño. Todo lo que digo o hago es para mantenerte a salvo conmigo.
No puedo esperar a hacerte el amor.
Pero, primero, recibirás el maldito castigo del qué crees haber escapado. Lo
imagino una y otra vez en mi cabeza. Quiero que duela para que puedas sentir mi
dolor. Dios, se me pone muy dura solo de pensarlo.
¿Ves lo que me haces?
Te amo. Te amo, mucho, Regan. Y lo verás. Pronto.
Todo mi amor,
Austin

Al recordar aquella mañana en mi habitación de motel en California,


cuando abrí ese correo electrónico, mis náuseas se intensificaron. En ese
momento tiré el teléfono sobre la cama, me apresuré al baño, levanté de golpe la
tapa del inodoro, caí de rodillas y me atraganté.
No salió nada.
Me quedé sin aliento durante lo que me pareció una eternidad. Las
lágrimas rodaron por mis mejillas y me las limpié con rabia.
El solo hecho de recordar aquella mañana me ponía furiosa y me revolvía
el estómago.
Me apoyé en la sucia pared de azulejos y me abracé al cuerpo, tratando de
contener los sollozos que querían salir.
Nunca odié a nadie.
Hasta Austin.
No sabía que una persona pudiera arruinar tan completamente una vida.
Que su acoso podía apoderarse de todo. Moldear sus decisiones. Fue entonces
cuando decidí que ya era suficiente. Regresé a Boston. Pensé que estaba fuera
de mi vida.
Luego regresó.
Sin embargo, Escocia y Robyn eran un nuevo comienzo. Dejé esa mierda
atrás en Boston.
Entré a trompicones en el lujoso cuarto de baño contiguo (con todas
baldosas de mármol y accesorios de lujo), y luego volví lentamente al dormitorio.

33
La vista exterior me distrajo de los oscuros pensamientos del pasado.
—Santo... —Me acerqué a las ventanas del suelo al techo que daban al
mar. Ayer fue un día brillante y soleado. La mañana estaba un poco gris, con
una niebla que se cernía sobre el agua. Pero eso no le restaba belleza. Si fuera
pintora, me sentaría en esa ventana todo el día a plasmar los colores en el lienzo.
Por desgracia, mi etapa de pintora duró exactamente tres días antes de
darme cuenta de que tenía cero talento y de que intentaba forzar mi interés.
Un movimiento en el exterior llamó mi atención, y vi a mi hermana con su
ropa de deporte caminando hacia la casa desde el oeste. ¿Tal vez desde la playa?
No me sorprendería que se hubiera levantado al amanecer, a correr por el paseo
marítimo. Probablemente por mí. Robyn corría porque le ayudaba a ordenar sus
pensamientos.
Pensando en mi fuerte hermana, volví a mirar el teléfono sobre la cama.
Cuando tenía quince años, una cita agredió sexualmente a Robyn.
No se dejó ganar. No dejó que la hiciera sentir débil. En su lugar, se
fortaleció a sí misma.
Robyn se entrenó en artes marciales mixtas.
Yo nunca estuve interesada en los deportes. Me gustaban el yoga y el
pilates, pero eso era lo más lejos que llegaba la actividad física obligatoria. Para
ser sincera, prefería estar corriendo, manteniéndome activa de forma natural, en
el día a día.
Sin embargo, hacía ocho meses que empecé a entender la necesidad de
Robyn de poder defenderse.

—Buenos días —dije alegremente mientras entraba en la cocina.


Me duché y me vestí con la esperanza de ver a mi hermana y a su
prometido antes de que salieran de casa.
Por suerte, ambos estaban sentados en la isla tomando café.
—Buenos días. —Robyn se levantó de un taburete—. Deja que te traiga un
café.
—Puedo hacerlo yo. —Le hice un gesto para que se alejara mientras me
movía por la elegante cocina—. Pensé que podrías entrenarme en artes

34
marciales.
El silencio a mi espalda me hizo girarme.
Robyn se quedó boquiabierta sobre el borde de su taza de café mientras
Lachlan la observaba atentamente.
—¿Qué? —pregunté un poco a la defensiva, temiendo que ella ya
sospechara de mis motivos.
—¿Quieres aprender artes marciales mixtas?
—Sí. —Me encogí de hombros como si no fuera gran cosa.
—Odias las artes marciales. Y los deportes en general.
—Bueno —dije, apoyándome en la encimera—, pensé que sería algo bonito
para hacer juntas, para pasar tiempo juntas.
—¿Esa es la única razón? —Mi hermana mayor frunció el ceño, con
expresión de preocupación.
Me acerqué lo suficiente a la verdad como para que las preguntas
quedaran en suspenso.
—Mientras estuve en Asia, me acorraló un tipo. Si no hubiera aparecido
ese otro tipo no quiero ni pensar lo que podría haber pasado. Y luego verte a ti
me recordó que eres ruda. Me hizo pensar que debería aprender a defenderme.
Robyn ya se dirigía hacia mí.
—¿Estás bien? ¿Estás segura de que no fue peor de lo que dices?
La alcancé, apretando su mano mientras sonreía.
—Te preocupas mucho. Fue exactamente como dije.
Ella me estudió.
—Algo no está bien. Me doy cuenta.
Solté su mano.
—Las cosas están mal entre nosotras, eso es todo. Estoy intentando que
lo superemos. Pensé que pasar tiempo juntas ayudaría.
De repente, una frialdad entró en los ojos de Robyn, y se cruzó de brazos.
—¿Cuánto tiempo piensas quedarte?
—Todo el tiempo que me permita la ley, supongo. —Miré a Lachlan—. ¿Si
te parece bien?
Miró a Robyn.
35 —Mientras a tu hermana le parezca bien, a mí me parece bien.
Antes de que Robyn pudiera responder, me apresuré a decir:
—Conseguiré un trabajo mientras estoy aquí, encontraré un lugar para
alquilar, para no molestarte y, como, mendigando de ti y tu novio.
—Prometido. —Frunció el ceño—. Y no estarías mendigando. Te quiero
aquí. —Donde pueda vigilarte quedó sin decir.
—Entonces pagaré alquiler. Una vez que encuentre trabajo. ¿Sabes dónde
podría conseguir uno? —pregunté. No mentiría, esperaba que Lachlan me
ofreciera un trabajo de camarera en la finca. O cualquier cosa, en realidad.
En cambio, dijo:
—Preguntaré en el pueblo.
¿Realmente no tenía un puesto disponible?
¿O no quería que trabajara en su finca de élite?
Si era esto último, lo cual sospechaba, significaba que no confiaba en mí.
Genial.
Realmente tenía mucho trabajo por hacer.
36

Thane

M
ientras seguía a Gordanna Redburn a través de las puertas
corredizas de la parte trasera de la casa y hacia la terraza, Thane
se preguntó quién entrevistaría a quién aquí.
—Los niños no pueden estar en cama a esas horas —comentó ella mientras
bajaba los escalones hacia el jardín trasero—. Mantendremos el horario escolar
también los fines de semana.
—No te necesito los fines de semana. —O en absoluto. Le miró la espalda
con desprecio.
La joven iba tan abotonada que era difícil creer que solo tuviera veintitrés
años. Y no era por su ropa conservadora ni por el moño que llevaba; era por su
boca apretada y su conducta militante.
Thane gimió interiormente de desesperación. Gordanna vino desde
Cornualles para esta entrevista. Era la décima persona a la que entrevistaba
para el puesto de niñera interna, y era la décima persona a la que tenía que
rechazar. Era increíblemente difícil encontrar a alguien que quisiera vivir en una
zona tan remota de Escocia, y Thane rápidamente perdía el lujo de ser exigente.
Nunca consideró que Caelmore fuera tan remoto, teniendo en cuenta que
Ardnoch quedaba justo al lado y era un pueblo famoso. Pero para quienes
estaban acostumbrados a las grandes ciudades las Tierras Altas eran un lugar
que se visitaba por su belleza paisajística, no un lugar en el que la mayoría
considerara establecerse. La mayoría de la gente necesitaba estar cerca de
grandes hospitales, servicios veterinarios, tiendas, restaurantes y servicios
prácticos, por no hablar de la excelentes señal Wi-Fi y teléfono. Aquí no estaban
mal, solo que no eran las mejores.
¿Vivir en un lugar que requería paciencia y esfuerzo a cambio de un
entorno impresionante? Ese compromiso no era para todos.
Incluso para las niñeras decentes. Esta no se refería a Eilidh y Lewis más
que como “los niños” desde su llegada.
Thane estaba jodido.
—Pero... ¿creía que era un puesto para vivir en casa? —Gordanna le
37 frunció el ceño.
—Sí, lo es. —El anexo para invitados era perfecto para quien obtuviera el
puesto porque incluso tenía su propia cocina—. Pero no trabajo los fines de
semana y me gustaría pasar todo ese tiempo con Eilidh y Lewis, lo que significa
que tendrías tus fines de semana para ti.
Su expresión perturbada era casi cómica. Al parecer, a Gordanna Redburn
nunca se le ocurrió tener una vida social.
Gruñó y volvió a girar sobre sus talones, marchando hacia el borde del
acantilado.
—¡Esta valla no servirá nunca! —gritó por encima del hombro para que se
escuchara contra el viento. Su agitación aumentó. La entrevista ya estaba
durando el doble de lo que esperaba, y le pidió al taxista que la esperara. El
taxímetro seguía corriendo, un taxímetro que él pagaba.
—¿Disculpa? —dijo al acercarse—. ¿Qué pasa con la valla?
Gordanna le frunció el ceño mientras señalaba su valla de seguridad.
—Es ridículo tener algo tan débil como protección entre los niños pequeños
y el borde de un acantilado.
Thane entrecerró los ojos ante el tono de reprimenda de la mujer. ¿Cómo
se atrevía una joven que apenas acababa de salir de la escuela a reprender sus
habilidades parentales?
—Soy arquitecto, señorita Redburn. Créame cuando le digo que esta es
una valla de seguridad más que suficiente.
Desde el momento en que llegó analizó su casa, ordenando todos los
cambios que habría que hacer para que fuera segura para los niños que vivían
en ella toda su vida sin que les hiciera daño.
—Tiene razón, sabes —dijo una voz familiar.
Tanto él como la molesta candidata se giraron para ver a Regan Penhaligon
de pie en el césped de Lachlan. La estadounidense y sus atractivos hoyuelos
aparecieron como de la nada.
—Sobre la seguridad de la valla —continuó Regan—. Anoche intenté
tirarme por encima y se convirtió en un Transformer que me salvó y luego me
ofreció una sesión de terapia.
Tratando de no reírse de su increíble rareza, Thane echó una mirada a

38
Gordanna. No parecía nada divertida mientras recorría con la mirada a Regan y
enarcaba una ceja. Regan llevaba un vestido muy parecido al que llevó ayer.
Escote conservador. Un dobladillo no muy conservador.
Al igual que ayer, iba descalza, con las uñas de los pies pintadas de un
rojo intenso.
La diversión de Regan se esfumó ante la mirada de Gordanna, y se cruzó
de brazos y miró a la joven con el ceño fruncido, como si dijera, “¿Problema?”.
—¿Y tú eres? —preguntó Gordanna. preguntó Gordanna, como si tuviera
derecho a saberlo.
—Thane será el cuñado de mi hermana.
—¿Y tienes nombre?
Por Dios, esta mujer era un viaje.
—Regan. ¿Y el tuyo?
—Soy Gordanna Redburn. —Le extendió una mano a Regan—. Soy la
niñera de los niños.
¿Qué? Thane se volvió hacia ella, aclarándose la garganta mientras se
preparaba para la incomodidad que se avecinaba.
—Señorita Redburn, parece que hay un malentendido. Esto es solo una
entrevista.
Dejó caer la mano antes de que Regan pudiera aceptarla.
—Supuse que, como viajé desde Tintagel, todo esto era una formalidad.
—No. Es una entrevista. Y he pagado tus gastos de viaje y alojamiento.
Se enderezó.
—Señor Adair, le aseguro que no encontrará una candidata mejor que yo
para cuidar a los niños.
—Eilidh y Lewis —dijo él, aumentando su irritación—. Mis hijos se llaman
Eilidh y Lewis. No “los niños”. Y me temo que aún no he tomado una decisión
respecto al puesto.
Entendiendo lo que eso significaba, ella resopló con altanería.
—Bueno, gracias por hacerme perder el tiempo. Me iré por mi cuenta, y te
pasaré la factura del taxi.
Antes de que Thane pudiera decir nada más, la mujer salió por el frente
de la casa.

39 —¿Qué demonios acabo de interrumpir?


El viento apartó el cabello rojo cobrizo de la cara de Regan, revelando su
elegante estructura ósea. Aunque Thane podía ver absolutamente lo que Lachlan
encontraba atractivo en Robyn, su futura cuñada no era una belleza clásica. Su
hermanastra, sin embargo, sí lo era. Tenía unos pómulos altos como manzanas,
esos hoyuelos encantadores, unos ojos cálidos, ovalados y castaños rodeados de
pestañas gruesas y oscuras, y unos labios que no eran ni demasiado finos ni
demasiado carnosos. Existía un parecido entre las hermanas, pero donde la
nariz de Robyn era un poco larga, la de Regan era delicada.
En general, la hermana menor tenía el estilo de alguien que se preocupaba
por su apariencia. Robyn no y, de alguna manera, era más atractiva por ello. La
prometida de Lachlan tenía un cierto carisma que era mucho más atractivo que
cualquier perfección física.
—¿Y bien? —insistió Regan.
Thane se rascó la barba y suspiró.
—He estado trabajando como arquitecto independiente, pero los trabajos
no llegan. Para llevar un negocio se necesita tiempo para anunciarlo, y yo no
tengo tiempo, ya que tengo que hacer malabares con el cuidado de los niños a
tiempo completo. Así que he tenido que regresar a mi trabajo en una empresa de
Inverness. Entre los desplazamientos y el trabajo, estoy buscando contratar a
una niñera que viva en casa. Teníamos una cuando Eilidh era pequeña, pero se
fue a un empleo en Estados Unidos.
—¿Y la señorita de la valla era lo mejor que podías conseguir? —Regan
frunció el ceño.
Irritado por su actitud indiferente, le dijo:
—Intenta encontrar una niñera que deje su vida para vivir en las Tierras
Altas.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—Lo siento. No pretendía ser insensible. Pero, sinceramente, solo la conocí
durante cinco segundos, y no es lo suficientemente buena para Eilidh y Lewis.
Recordando lo bien que Regan se llevó con sus hijos, una sonrisa se dibujó
en sus labios.
—No, no lo es. —Miró más allá de ella, hacia la casa de su hermano—.
¿Dónde están Robyn y Lachlan?

40 Regan se encogió de hombros y miró el agua, sin encontrar su mirada.


—Salieron.
—¿Sin ti?
Volvió a encogerse de hombros.
—Tenían cosas que hacer. —Finalmente, le miró, sonriendo como si no le
importara nada. Pero él vio sombras en el fondo de sus ojos—. Llegué de
improviso. Tenían planes.
Algo pasaba con la hermana de Robyn. No podía imaginar que Robyn no
lo hubiera percibido ella misma. Detrás de las sonrisas y la actitud
despreocupada se escondía una tristeza y algo más. ¿Desesperación?
Recordando a la última pelirroja con sombras en los ojos que superó sus
defensas, Thane ignoró rápidamente su creciente curiosidad.
—Bien. Será mejor que vuelva a entrar. Eilidh y Lewis se despertarán en
cualquier momento. —Dio un paso hacia la casa al darse cuenta—: Te has
levantado temprano.
—El jet lag. Y estúpidas persianas automáticas en la habitación de
invitados.
Se rió.
—Ah. Ya veo. Bueno. Será mejor que me vaya.
—Espera. —Ella se acercó a él, su vestido corto ondeando un poco
peligrosamente en la brisa—. En realidad, vine porque le prometí a Eilidh que le
haría una trenza.
—Claro. —Lo recordaba. Una parte de él no se sentía muy seguro de que
Regan pasara tiempo con sus hijos. Pero anoche ella fue genial con ellos,
mientras que él no paraba de hacer y decir cosas equivocadas. Era la primera
vez en semanas que tanto Eilidh como Lewis se reían tanto. Bueno, Eilidh no.
Su bichito encontraba muchos motivos para reírse. Pero Lewis, su serio
hombrecito, andaba demasiado melancólico para ser un niño pequeño desde
Lucy. Thane tenía la terrible sensación de que habría metido la pata en toda la
conversación.
—Eilidh aún no se ha levantado.
—Entonces tal vez pueda ir a hablar contigo.
Levantó una ceja.
—¿Con respecto a?
41
Ella sonrió.
—La genial idea que se me acaba de ocurrir.
Él esperó.
Regan extendió los brazos como si dijera voilà, y continuó:
—Te presento a tu nueva niñera.
Confundido, sacudió la cabeza.
—¿Qué?
—Me quedaré aquí los seis meses que me permite la ley y necesito trabajo.
Como dijo Robbie, soy increíble con los niños y tengo mucha experiencia como
niñera. Y sé que no lo parezco, pero sé limpiar, cocinar y lavar la ropa. Seis meses
te dan mucho tiempo para encontrar una niñera perfecta y permanente.
Sorprendido por la oferta, Thane trató de pensar en una forma educada de
decir “ni de coña”.
—Regan... no creo que sea una buena idea contratar a un miembro de la
familia. Y, a todos los efectos, eso es lo que eres ahora.
Así. Eso fue diplomático. Y razonable.
Su cara cayó.
—Oh.
La culpa lo invadió, lo que lo irritó.
—erp estaré pendiente de otros trabajos que puedan servirte,.
—Bien.
—Así que... Te veré más tarde, entonces.
—¿Pero, qué pasa con Eilidh?
Él suspiró.
—En otro momento.
—Pero se lo prometí para hoy. —Regan volvió a cruzar los brazos e inclinó
la barbilla con obstinación—. No sé tú, pero yo no rompo mis promesas.
—Eso no es lo que he oído.
Se maldijo a sí mismo en cuanto se le escaparon las palabras.
Regan dio un paso atrás como si le hubiera dado un puñetazo en las tripas.
El remordimiento que experimentó antes no era nada comparado con el de
42 ahora.
—Regan...
Ella levantó una mano, interrumpiéndolo.
—No tengo ni idea de lo que mi hermana te ha contado sobre mí. Y no me
importa. La quiero mucho. De hecho, es la persona que más quiero en este
mundo.
Escuchó la sinceridad en sus palabras, pero le confundió, teniendo en
cuenta que abandonó a Robyn cuando más necesitaba a su hermana pequeña.
—Robbie y yo somos personas diferentes, y con un poco de distancia me
di cuenta de que nuestros padres nos convirtieron en versiones exageradas de lo
que realmente somos. Creo que eso hizo que me viera de una manera que no era
la realidad. Tengo una reputación salvaje que no merezco, como si no fuera
alguien con quien una persona puede contar. Pero lo soy.
Le dedicó una sonrisa rotunda.
—Regan... cuando no respondes a las llamadas o a los correos electrónicos
de tu hermana después de que alguien casi la asesina, dos veces, esa es la
definición misma de alguien con quien una persona no puede contar.
Las lágrimas brillaron en sus bonitos ojos, pero Thane se negó a dejarse
conmover por ellas. Ya se enamoró de lágrimas bonitas y falsas antes. Una
pelirroja a la que le gustaba hacerse la víctima.
Sin embargo, Regan tragó con fuerza, parpadeó rápidamente para apartar
las lágrimas y echó los hombros hacia atrás.
—Sí, supongo que es cierto. He cometido muchos errores en lo que
respecta a Robyn, pero estoy aquí para hacerlo mejor. Para ser mejor para ella.
Y no necesito que nadie lo crea. Las palabras son solo palabras. Mis acciones
hablarán por sí mismas. —Sus ojos se estrecharon—. Así soy yo. No rompo mis
promesas. Y le prometí a una dulce niña que le haría una trenza hoy.
Sintiendo que su resolución se desmoronaba, Thane refunfuñó e hizo un
gesto hacia la casa.
—Entra.
La mujer sonrió con esos malditos hoyuelos al pasar.
—Tienes café, ¿verdad?
—Sí. —La siguió al interior—. ¿Quiere un bollo con eso, señorita?
Ignorando su sarcasmo, ella contestó con molesta pericia:
43
—¡Claro! —Y luego lo miró de reojo mientras entraban en la casa—. No
bromeabas con lo de los bollos, ¿verdad? Porque me has hecho crecer las
esperanzas hasta aquí. —Levantó el brazo por encima de la cabeza.
Tratando de no reírse de su actitud juguetona, Thane le aseguró:
—No bromeo. Los compré para preparar la pronta visita de la señora
Redburn. Al parecer, sin embargo, “los bollos” son una tentación de desayuno
poco saludable para tener cerca de los niños.
Regan resopló.
—Qué aburrida tan estirada. Soy mucho mejor candidata que ella. —Le
guiñó un ojo. De verdad.
Negándose a dejarse encantar por la hermana de Robyn, se dispuso a
preparar el café y a poner un plato para que ella eligiera entre la variedad de
bollos. Volviéndose a mirar a Regan, la observó mientras se movía por el lugar.
Era la misma distribución que la de Lachlan, pero su difunta esposa, Fran, eligió
una cocina más tradicional de estilo rústico.
Como si el pensamiento sobre Fran hubiera conjurado su presencia, Regan
divisó la pared que conducía a la entrada principal, la pared con todas sus
fotografías familiares.
Se quedó quieto mientras ella se acercaba y estudiaba las imágenes.
Sabiendo que se acercaba, se preparó cuando ella se giró para preguntar
en un tono suave y gentil:
—¿Dónde está su madre?
El vacío que siempre seguía a una mención o pensamiento de Fran se abrió
en su pecho mientras cruzaba la habitación para situarse junto a Regan. Pasó
un pulgar por encima de una de las fotografías enmarcadas.
Él y Fran el día de su boda.
—Francine murió —respondió—. Dos meses después de que naciera
Eilidh.
—Lo siento mucho. —Sintió la mano de ella en su hombro, un suave
apretón de consuelo.
Se encogió de hombros y regresó a la cocina.
—¿Cómo tomas el café?
44 El silencio siguió a su pregunta, pero para su alivio, pronto fue seguido
por:
—Leche, con dos de azúcar.
Él enarcó una ceja, agradecido por el cambio de tema. Ella volvió a la isla,
con una expresión un poco recelosa.
—¿Dos de azúcar?
Regan le dedicó una media sonrisa.
—Soy golosa.
—¿Papá?
Lewis se hallaba al pie de la escalera con su pijama Marvel, frotándose el
sueño de los ojos mientras miraba con curiosidad a Regan.
—Hola, amigo. —Thane se acercó a su hijo para darle un beso matutino
en la cabeza—. ¿Tu hermana sigue durmiendo?
Lewis asintió, concentrándose en Regan.
—Buenos días. —Ella le hizo un pequeño saludo.
Como respuesta, Lewis sorprendió a Thane acercándose para subirse un
poco despacio al taburete junto a ella. A diferencia de Eilidh, que se despertaba
brillante y burbujeante, Lewis era como su viejo y necesitaba tiempo para
despertarse. Rara vez hablaba hasta que hubiese desayunado.
—Hola —le dijo a Regan—. Viniste.
—Prometí que lo haría.
—Eils se alegrará. —Lewis bostezó y luego preguntó al azar—: ¿Has visto
jugar a los Red Sox?
A su hijo le gustaba el béisbol americano. Observando su interacción con
curiosidad, Thane le acercó a Regan el café y un plato para su bollo, aceptó su
agradecimiento y preparó el desayuno de Lewis. Mientras tanto, escuchaba a los
dos charlar sobre béisbol. El padre de Regan era aficionado al béisbol, así que
ella solía ir a los partidos cuando era más joven, pero admitió que no le gustaban
los deportes. Aunque, anunció con orgullo, Robyn iba a enseñarle artes
marciales mixtas.
Incluso cuando Thane había puesto un tazón de cereales y zumo delante
de su hijo, Lewis no apartó los ojos de Regan. Ella charlaba animadamente con

45
él sobre el pequeño equipo de béisbol que formaron sus amigos, y él notó lo
relajado que estaba Lewis.
Lewis no tenía ni tres años cuando murió su madre. Al igual que su padre
y su tío Lachlan, era serio por naturaleza. También era protector con su familia
y su hermana, y tímido con los extraños. Nunca se llevaba bien con nadie de
fuera de la familia, incluidas Robyn y Lucy, como lo hizo Eilidh.
Pero allí sonreía y se reía ante la historia de Regan sobre una vez en la
secundaria en la que ella debía vigilar el home y alguien pasó con un perrito
caliente, y estaba tan ocupada intentando que ese perrito fuera suyo que dejó
que alguien se colara en el home.
—¿Conseguiste el perrito caliente? —preguntó Lewis.
Regan sonrió con picardía.
—El mejor perrito caliente de la historia.
Tan concentrado en cómo su hijo interactuaba con esta mujer, esta casi
desconocida, que no oyó a Eilidh bajar las escaleras.
—¡Regan! —chilló su hija, y él se volvió para verla casi tropezar con el
último escalón en su entusiasmo por llegar a la hermana de Robyn.
Regan saltó de su taburete para atrapar a Eilidh mientras esta volaba
hacia ella. A pesar de su delgadez, agarró a Eilidh en brazos con facilidad y la
miró con una sonrisa.
—Hola, superestrella.
Eilidh sujetó la cara de Regan en la palma de sus manos y dijo con una
ternura casi adulta:
—¡Has venido!
Y así, Thane vio que el cariño genuino suavizaba la expresión de Regan.
—Cumplo mis promesas.
Joder.
Era imposible que Thane se planteara aceptar la propuesta de Regan.
Era absurdo. Sus hijos ni siquiera conocían a la mujer desde hacía
veinticuatro horas. Y, sin embargo, se encariñaron con ella más rápido de lo que
los vio encariñarse con nadie.
Además, le gustó cómo lidió con Lewis en la cena. Lo que dijo sobre la

46
amabilidad y la forma en que calmó la tensión en la mesa. Tenía el don de saber
lo que debía decir a los niños para calmarlos.
Lachlan estaría en contra.
También Robyn.
¿O no?
Regan trabajó como niñera profesional, así que estaba claro que otros
padres le confiaron a sus hijos.
Y Thane estaba en un verdadero aprieto.
Empezaba a trabajar el lunes, y todavía no tenía niñera.
¿En qué pensaba?
No.
No mintió del todo cuando dijo que contratar a la familia no siempre era
una buena idea. Además, Robyn podría no querer tener a Regan aquí durante
los próximos seis meses.
No.
Regan estaba fuera. Tendría que pensar en otra cosa. Y rápido.
47

Regan

L
as ampollas me rozaban en la parte posterior de los talones y a el
largo de los dedos de los pies mientras giraba finalmente por la
estrecha carretera rural que conducía a las impresionantes casas
contemporáneas en la distancia. Podía oír el mar y oler la sal en el aire.
La distancia entre el pueblo de Ardnoch y Caelmore no parecía mucha
cuando viajaba en el auto. Por eso insistí, después de que Robyn me dejara esta
mañana, en que podía volver andando. Me ofreció un par de sus botas de
montaña, pero me negué porque ella llevaba una talla más grande que la mía y
pensé que eso sería peor. Me equivoqué. Pensando en las botas de montaña que
dejé en Boston, junto con la mitad de mis pertenencias, me lamenté mientras
cojeaba por el camino privado de tierra.
—A la mierda. —Me quité los tacones y suspiré aliviada cuando mis pies
hinchados y calientes se encontraron con la tierra fría.
Al agacharme para recoger las Mary Janes que supuse que serían mejores
que los tacones de aguja que traje, maldije mi amor por los tacones y los vestidos.
En mis prisas por salir, dejé estúpidamente todo mi equipo de excursión. Un
vuelo barato significaba la imposibilidad de llevar equipaje de más de cierto peso.
Traje una maleta diminuta, en la que no cabían ni un par de zapatillas o zapatos
planos. Si iba a quedarme, eso tendría que cambiar.
Aunque era dudoso que pudiera quedarme si no encontraba trabajo
pronto. Me pasé toda la mañana y parte de la tarde encantando a todos los
propietarios de tiendas, cafés y restaurantes del pueblo.
Ardnoch era el lugar más pintoresco en el que había estado.
Una plaza principal con un gran aparcamiento para los visitantes era el
centro de Ardnoch. En mi búsqueda de empleo descubrí que las tiendas, los
restaurantes, los hoteles y las casas de huéspedes se repartían por todo el pueblo
en bonitas calles en hilera.
La arquitectura y el diseño históricos eran sorprendentes. Antes de venir
aquí, aceché el Instagram de Robyn por sus nuevas fotos, así que vi Ardnoch a

48
través de su lente. Pero verlo en la vida real era aún mejor. Sabía, por los pies
de foto de mi hermana, que todos los edificios eran de mediados del siglo veinte
y que, cerca del Gloaming, el hotel más grande de la ciudad, justo en la plaza,
dominaba una catedral medieval. La calle principal de Ardnoch se llamaba Castle
Street. Supongo que se llamaba así porque era la carretera que salía del pueblo
hacia el castillo y la finca de Ardnoch.
Castle Street era una avenida de casas adosadas idénticas del siglo
diecinueve con ventanas con buhardilla. Muchas de las casas se transformaron
en boutiques, cafés y posadas. Al lado de Castle Street se encuentran calles
parecidas con menos negocios restaurados. Aun así, no dejé de recorrer el radio
de cuatro cuadras antes de que fuera evidente que el resto de los edificios eran
residenciales.
Nadie estaba contratando.
Era el final del verano, y pronto dejarían marchar al personal temporal que
contrataron para la temporada turística. ¿Cómo era posible que un pueblo entero
no necesitara nuevos empleados? Ni camareros, ni dependientes, ni asistentes
de limpieza, ¡nada!
Y después de las interacciones cada vez más incómodas y llenas de tensión
con Robyn durante el fin de semana, no había otra opción que conseguir un
trabajo y mudarme de la casa de Lachlan. Sabía que quería que me quedara,
pero no me parecía una buena idea.
Lachlan era muy callado. Todavía no lo conocía. Todo lo que sabía hasta
ahora era que vigilaba a Robyn como un hombre dispuesto a recibir una bala
por ella. Conmigo era un tipo diferente de vigilancia. A veces era como si viera
demasiado.
Como lo cobarde que era yo.
Todavía no me atrevía a abordar el tema de mi desaparición con Robyn. Al
menos ahora me hablaba. ¿Y si realmente me odiaba después de que le explicara
lo que pasaba por mi cabeza? Podría pensar que era una excusa tan patética
como yo.
Vería de una vez por todas lo codependiente que era.
Lo poco valiente que era.
No era fácil ser cobarde, y era aún más difícil cuando tu hermana mayor
no tenía miedo.
Excepto que ella parecía evitar el tema tanto como yo. Esa constatación
me puso aún más nerviosa. Pero al menos todo era una gigantesca distracción

49
del bastardo que atormentaba mi vida desde hacía ocho meses.
El pensamiento me hizo tambalearse y lo deseché inmediatamente.
El sonido de un motor a mi espalda me ayudó a deshacerme de los malos
pensamientos, y miré por encima del hombro para ver un Defender verde que se
acercaba lentamente a mí. Preguntándome quién podía ser, me adentré en la
hierba al lado de la carretera y me eché atrás todo lo que pude para permitir que
el vehículo pasara. En cambio, frenó, con una mujer rubia al volante.
Se detuvo y oí un “¡Regan!” desde el asiento trasero.
Eilidh metió la cara entre el asiento de la mujer rubia y el asiento vacío del
pasajero. La cabeza de Lewis se cernía sobre la suya.
—Hola, chicos. —Sonreí—. ¿Cómo están?
—¡Hoy he ganado el premio del mejor dibujo! —Eilidh sonrió.
Me apoyé en la puerta del pasajero.
—¡Gran trabajo! No me sorprende. Las superestrellas suelen ganar mucho.
—Soltó una risita ante mi guiño, y me volví hacia Lewis—. Hola, amigo. ¿Cómo
estás?
Se encogió de hombros, pero me dedicó una pequeña sonrisa antes de
señalar a la mujer del volante.
—Esta es la tía Arrochar.
La única hermana de los Adair. Sentía curiosidad por conocerla después
de oír a Robyn hablar con tanto cariño de ella.
—Hola, soy la hermana de Robbie, Regan.
Arrochar se inclinó y abrió la puerta de golpe.
—Entra.
—Gracias. —Entré de un salto y noté su mirada en mis pies—. Elección
equivocada de zapatos. He venido andando desde el pueblo.
Levantó las cejas rubias claras por encima de los llamativos ojos azul claro.
—Si tienes intención de quedarte aquí, tendremos que conseguirte unas
botas adecuadas para caminar. —Extendió una mano delgada—. Como dijo
Lewis, soy Arrochar. La hermana de Lachlan y Thane. Es un placer conocerte,
Regan.
Le estreché la mano y sentí un golpecito en el hombro. Eilidh me sonrió
descaradamente.

50 —Les conté a mis amigos lo del polvo de hadas en tus mejillas. Anna dice
que su hermana mayor, Rosie, tiene los mismos en las mejillas, pero que nadie
le habló del polvo de hadas. Está deseando contárselo a Rosie.
Me reí.
—Estoy segura de que será una sorpresa para ella.
—Eilidh, siéntate, cariño, aún no estamos en casa —ordenó Arrochar en
voz baja. Su sobrina hizo lo que le dijo.
—¿Dónde está Thane? —le pregunté a la tía. A primera vista no podíamos
ser más diferentes. Su cabello rubio platino era mucho más claro que el color
miel de sus hermanos, por lo que me imagino que era teñido. Era lo único en
ella que sugería que la apariencia era importante. Me había puesto un vestido
corto poco práctico con la silueta moderna que me gustaba, y me maquillé y me
peiné. Arrochar llevaba el cabello largo recogido en una cola desordenada. Por lo
que podía ver, solo llevaba máscara de pestañas, y su ropa era definitivamente
corriente. Unos vaqueros, una camisa ligera de color azul con una camiseta
blanca debajo y unas Converse.
Y, sin embargo, la ropa corriente no distraía de sus llamativos rasgos. No
era la clásica belleza; era algo más. No sabía si era el color de sus ojos o la forma
en que se comportaba o qué... pero Arrochar Adair era un tipo de belleza inusual.
Si percibió mi atención, lo ignoró al responder a mi pregunta sobre Thane.
—En Inverness, en su nuevo trabajo. No encuentra una niñera, así que me
ofrecí a tomarme unos días del trabajo para cuidar a los niños para que pueda
encontrar a alguien. Pronto.
Fruncí el ceño. ¿Hacía que su hermana se ausentara del trabajo cuando
tenía a un adulto perfectamente responsable y con mucho tiempo libre para
ayudar? Como no quería expresar mi irritación delante de los niños, apreté los
labios.
Arrochar habló cuando llegamos a la entrada de Thane.
—No eres para nada lo que esperaba.
—¿Porque no soy la réplica más joven de Lara Croft?
Resopló y me lanzó una sonrisa apreciativa.
—Más o menos.
Puse los ojos en blanco pero me reí mientras salía del Defender,
agradeciendo que el camino de entrada de Thane estuviera pavimentado y no
51 fuera de grava.
—¿Puede Regan venir a jugar conmigo, tía Arro? —preguntó Eilidh por el
otro lado del vehículo al salir.
—Seguro que Regan tiene planes.
—La verdad es que no. —Rodeé el todoterreno para unirme al trío—. Si no
me estoy entrometiendo, claro.
—En absoluto, —aseguró Arrochar—. Pero —dirigió a Lewis una mirada
mordaz—, primero harás los deberes. —Se volvió hacia mí—. Eilidh no tiene
deberes. Han implantado un nuevo estilo de enseñanza desde que yo era una
niña y ahora la primaria se parece mucho a la guardería. No los entiendo. Yo
podía hacer los deberes cuando tenía cinco años.
No tuve tiempo de ofrecer una opinión sobre cómo no todos los niños se
encuentran en la misma etapa de desarrollo a los cinco años porque Eilidh se
precipitó hacia mí y me agarró la mano.
—Vamos, Regan. —Me empujó hacia delante, encantada de tenerme allí.
Un tierno dolor resonó en mi pecho cuando dejé que me guiara hacia la
casa. Al captar la mirada curiosa de Arrochar, vi una pizca de desconcierto en
su expresión.
Lewis nos esperaba en la casa, y mientras Arrochar nos dejaba entrar, dijo:
—Le dije a Connor que deberíamos dejar de decir que la señora Welsh
huele cuando no es cierto.
Intenté no levantar una ceja.
—¿Y qué dijo Connor?
Arrugó la nariz.
—Me llamó pelota.
Oh, mierda.
—Pero luego la señora Welsh fue mala con él sin razón. Le hizo leer un
capítulo del libro que estamos leyendo, y él no es tan rápido y ella seguía siendo
mala y le decía que leyera más rápido. Y le dije que estaba siendo mala con él.
Así que Connor y yo estamos bien ahora.
Me encontré con la mirada de Arrochar, y ella dijo:
—Cuéntale lo que pasó después, Lewis.
52 La frustración cruzó su rostro.
—Nos enviaron a los dos al despacho de la señora Cooley.
Ante mi mirada interrogante, Arrochar suplió:
—La directora.
—¿Qué? ¿Por qué?
—Por ser irrespetuosos —respondió mientras guiaba a los niños a la
cocina—. Pueden tomar un bocadillo antes de empezar los deberes.
—Seguramente eso no es justo si los chicos no se equivocaron —dije en
voz baja mientras Lewis y Eilidh se adelantaban a la cocina.
Su tía se volvió hacia mí.
—No es justo. La señora Welsh habló primero conmigo y con la madre de
Connor sin explicar la situación. Los niños nos contaron exactamente lo que
pasó una vez que salimos del aula, y la madre de Connor perdió la cabeza —
susurró, con los ojos llenos de ira—. Presentará una queja ante el director de la
escuela. Pero, en el calor de la discusión, Lewis insultó a la señora Welsh, y eso
no está bien, así que Thane tendrá que tener una charla con él.
No me parecía bien que se le menospreciara en este escenario, pero
tampoco debía insultar a su profesora.
—Pared, te presento a la espada —murmuré en voz baja.
—Exactamente.
—¡Tía Arro, no puedo alcanzar la mantequilla de cacahuete! —gritó Eilidh
desde la cocina.
Nos pusimos a disposición de los niños para ayudarles. Para ser dos
extrañas, nos sincronizamos mientras preparamos una merienda ligera para
Eilidh y Lewis y los acomodábamos en la mesa del comedor. Después, Arrochar
me dio un bálsamo y unas tiritas para mis maltrechos pies.
—Bueno. —Arrochar sonrió con curiosidad mientras nos sentábamos uno
al lado del otro en la isla con los cafés—. ¿Qué te trae a Ardnoch?
Justo a eso, ¿eh? Sonreí.
—Mi hermana.
—Sí, hace tiempo que deberías haberla visitado.
Levanté una ceja ante su franqueza, y ella se encogió de hombros.
—Lo siento. No es asunto mío. Pero deberías saber que no soy solo la
53 hermana de Lachlan. Me encariñé con Robyn.
La advertencia me hizo irritar.
—Bueno, yo estoy más que encariñada con Robbie. La quiero más que a
nada.
—¿Lo sabe?
Me eché hacia atrás como si me hubiera abofeteado.
Arrochar hizo una mueca.
—Regan, lo siento...
—¡Regan! ¿Puedes ayudarme con los deberes? —gritó Eilidh a través de la
gran sala de estar.
Su tía suspiró.
—No tienes deberes, Eils. Solo quieres la atención de Regan.
La respuesta de Eilidh fue fruncir la cara y gruñir con voz grave:
—Aguafiestas.
Aparté la mirada para que no me viera reír.
—No me pongas esa voz de monstruo, Eilidh Francine Adair. ¿Por qué no
terminas el nuevo dibujo que has empezado en clase? Me toca charlar con Regan.
Tú harás lo mismo más tarde.
Eso pareció tranquilizarla.
—¿Voz de monstruo? —pregunté en voz baja.
Arrochar resopló, con sus ojos claros brillando de diversión.
—Hace como un año empezó a decir cosas con una voz grave que nos hace
reír. Lo llamamos su voz de monstruo, pero no sabemos de dónde la ha sacado.
Es algo intrínseco de Eilidh. Es un poco rara, lo que significa que encaja
perfectamente con el resto de los Adair.
—Es adorable. —La miré a ella y a Lewis, con las cabezas inclinadas sobre
su trabajo—. Ambos lo son.
—Mi hermano está haciendo un trabajo fantástico —dijo Arrochar, con
orgullo en su voz.
Al pensar en Thane y su esposa muerta, la tristeza llenó mi voz.
—No puedo imaginarme tener que criar a dos niños después de perder al
54 amor de mi vida.
—Fue difícil. —Arrochar se volvió hacia mí, manteniendo la voz baja para
que los niños no pudieran oír—. Por aquel entonces aún trabajaba en una
empresa de Inverness, así que contrató a una niñera. Estuvo hasta que Eilidh
cumplió dos años y Thane decidió trabajar por su cuenta. Ha compaginado el
trabajo con la crianza de los niños durante los últimos tres años, pero ha sido
difícil. Sé que no fue una decisión sencilla para él volver a trabajar en una
empresa. No le gusta la idea de que sus hijos sean criados por una niñera. Nunca
fue lo que él y Fran pretendían.
—¿Fran era ama de casa?
—Era profesora de matemáticas. Originaria de los Borders. Se conocieron
en la universidad, y ella amaba a Thane lo suficiente como para seguirlo a las
Tierras Altas. Por suerte consiguió un trabajo en la secundaria local. Estoy
seguro de que Lachlan tuvo algo que ver con eso. Mi hermano mayor no está por
encima del nepotismo. —Sonrió con cariño y entonces las sombras
ensombrecieron sus ojos—. Thane y Fran eran las personas más felices que yo
conocí. Diseñaron juntos esta casa. Lewis nació justo cuando se terminó la
construcción. Fran apenas había regresado de su permiso de maternidad cuando
se quedó embarazada de Eilidh, y decidió dejar su trabajo. Ser madre a tiempo
completo. Thane nunca se lo habría pedido, pero sé que se sintió aliviado de que
siempre hubiera alguien cerca. Nosotros no teníamos eso, ya ves —dijo tan
suavemente que era casi un susurro—. Nuestra madre murió después de darme
a luz. Thane tenía seis años. Nuestro padre se alejó por un tiempo. Lachlan y
Thane prácticamente me criaron. En fin. —Sacudió la cabeza—. Thane quería
algo diferente para Eilidh y Lewis.
Mi corazón se rompió por todos ellos, dándome cuenta de que la vida se
repetía.
—Lo siento mucho.
Se encogió de hombros.
—¿Qué puedes hacer? Es lo que es.
—¿Puedo preguntar... cómo murió Fran?
Arrochar hizo una mueca, pero antes de que pudiera responder, Lewis
llamó con suspicacia:
—¿Qué están susurrando?
Nos pusimos en tensión durante un segundo, y luego le sonreí.
55 —Cosas de chicas.
Arrugó la nariz y volvió a sus deberes como sospechaba que haría.
Arrochar se rió.
—Eres buena con ellos.
—Solía hacer de niñera. Durante los veranos en la universidad.
—¿De verdad? —Sus ojos se iluminaron—. Supongo que no estás
buscando trabajo, ¿verdad?
—Me pasé toda la tarde buscando trabajo.
—¿Eh? ¿Sabe Thane que eres niñera?
—Sí. —Enarqué una ceja—. Pero creo que mi hermana le ha llenado la
cabeza con la idea de que soy irresponsable.
—¿Lo eres?
Estudié la forma en que me estudiaba y decidí que me gustaba Arrochar
Adair. No se percibía ningún juicio en su expresión, aunque sabía que le
contaron tanto sobre mí como a Thane. Era franca y directa, pero eso me
gustaba. Y me pareció que era el tipo de persona a la que le gustaba formarse su
propia opinión sobre la gente, lo cual respetaba.
—No. Fundamentalmente, no. —Sacudí la cabeza—. He sido impulsiva en
el pasado, pero no estoy segura de que la irresponsabilidad vaya siempre de la
mano de ese rasgo. Además, créeme cuando digo que algo me curó recientemente
de mi impulsividad. Y sí, no he estado ahí para Robyn cuando debería haberlo
estado. Tengo una excusa. No es una gran excusa... pero no me gustaría pensar
que un error me será echado en cara el resto de mi vida.
Arrochar consideró esto.
—Deberías hablar con Mac. Creo que él, más que nadie, entenderá lo que
sea que estás pasando cuando se trata de Robyn.
La ira brotó a través de mí.
—No he estado ahí para mi hermana estos últimos dieciocho meses. Eso
no es lo mismo que un padre que abandona a su hijo.
—Mac no la abandonó —replicó Arrochar—. Es más complicado que eso,
algo que sabrías si hubieras estado cerca para que Robyn te lo contara.
Reprimí el impulso de discutir. En su lugar, me sorprendió su vehemente
defensa de Mac.

56 —Parece que hay muchas cosas que no sé —respondí finalmente.


La rigidez de sus hombros se relajó.
—Siento haberme precipitado. Es que... protejo a Mac. Lo que pasó con
Robyn... fue un dolor que cargó durante mucho tiempo. Por fin están bien las
cosas entre ellos. No quiero que nadie altere eso.
—No estoy aquí para destrozar a Mac —le aseguré, aunque tenía
curiosidad por descubrir qué pasó entre él y mi hermana—. Estoy aquí para
arreglar las cosas con Robyn. Y, para hacerlo, necesito quedarme por aquí; para
quedarme, necesito trabajo.
—Tía Arro, ¿ya es mi turno? —gritó Eilidh, rompiendo la intensidad del
momento.
Afortunadamente.
Arrochar puso los ojos en blanco.
—Tu presencia es necesaria.
Riendo, me bajé del taburete para dedicarle mi tiempo a Eilidh.

Mientras Arro preparaba la cena, yo pasé el rato con Eilidh en el sofá.


Pasaban un programa de dibujos animados en la televisión, pero Eilidh se
entretenía demasiado jugando con mi cabello y charlando sobre sus amigos
como para prestarle atención. La única vez que lo hizo fue cuando un personaje
empezó a cantar una canción y ella se paró para cantar con ellos.
Arro y yo aplaudimos después de cada una de sus interpretaciones.
A Lewis se le permitía jugar a los videojuegos, con la aprobación previa de
su padre, durante una hora antes de la cena cada día, así que desapareció en
su habitación para hacerlo mientras las chicas pasábamos el rato abajo.
Estaba bastante segura de que mi cabello era un nido de pájaros por las
atenciones de Eilidh, pero eso la hacía feliz, así que no sería pretenciosa al
respecto.
Me estaba preguntando si podía llamarme “riri” cuando el sonido de la

57
puerta de entrada desvió su atención de mí.
—¡Papá! —chilló, y salió de la habitación.
—¿Cómo está mi pequeño bichito? —respondió momentos después con esa
voz profunda y grave.
La ternura de su voz era algo hermoso de escuchar.
El comentario de Eilidh fue tan rápido que no pude entenderlo, incluso
cuando Thane entró en la amplia habitación con su hija apoyada en la cadera.
La miró a la cara con tanto amor que me juré en ese mismo momento que
encontraría a un hombre que mirara a nuestros hijos así.
—¿Es cierto? —murmuró en respuesta a lo que ella hubiera dicho.
—¡Y riri me dejó jugar con su cabello durante mucho tiempo!
Al parecer, ahora yo era riri, con o sin permiso.
Arrochar y yo compartimos una mirada divertida.
—¿Riri? —Thane frunció el ceño y luego miró hacia la habitación. Se puso
rígido cuando me vio—. ¿Regan?
—Hola. —Saludé con la mano, sabiendo que probablemente pareciera una
lunática por lo que fuera que Eilidh me sujetó en el cabello.
—Hola —dijo Arrochar, llamando su atención—. La cena está casi lista.
Recogí a Regan cuando volvía del pueblo. Los chicos le pidieron que se quedara
con nosotros.
—Claro, claro. —Asintió, sus ojos volvieron a mí—. ¿Te quedas a cenar?
No era precisamente un tono de bienvenida en su pregunta.
—No. Debo volver. Robyn se preguntará dónde estoy. —Esperaba.. No me
había enviado ningún mensaje en todo el día.
—Pero. —Arrochar se acercó a su hermano y sacó a Eilidh de sus brazos
y la puso en los suyos—. A Regan le gustaría discutir algo contigo en privado.
¿Ah, ¿sí? La miré con el ceño fruncido.
Ella hizo una mueca y luego dijo:
—Niñera.
Sí.
Normalmente no acosaría a alguien por un trabajo que claramente no
quería darme, pero me estaba quedando sin opciones. Y, sinceramente, la idea
de que una niñera de Gordanna Redburn cuidara de Eilidh y Lewis me cabreaba.

58
Al menos conmigo estarían seguros, cuidados y se divertirían.
—Bien. —Me puse en pie de un salto y me acerqué a su padre—. Sí,
¿podemos hablar?
Sus cejas seguían fruncidas, pero asintió y me indicó que lo siguiera. Me
condujo a una habitación apartada de la entrada en la que no estuve antes.
El pequeño espacio daba a los campos más allá de la entrada. Tenía un
escritorio con una elegante computadora de sobremesa, papeles bien apilados,
estanterías llenas de carpetas y paredes con planos de casas enmarcados. Su
despacho.
Cerró la puerta y se volvió hacia mí. Sin Eilidh en brazos, me fijé por fin
en su atuendo. En lugar del robusto jersey y los vaqueros con los que solo le
veía, llevaba una camisa gris oscura, abierta por el cuello, con un pantalón de
traje negro. Sin embargo, no se ha cortado la barba ni el cabello, y el aspecto
general era incongruentemente atractivo.
—¿Y bien? —dijo Thane.
Puse las manos en las caderas y le dirigí lo que esperaba que fuera una
sonrisa encantadora.
—Necesitas una niñera. Y yo necesito trabajo.
Abrió la boca para hablar, pero le interrumpí.
—Me he pasado todo el día buscando. —Le mostré uno de mis pies
desnudos y doloridos. Thane lo miró consternado—. Me corté los pies caminando
por todo el pueblo y de vuelta en busca de un trabajo de mierda. Y, mientras
tanto, aquí en esta preciosa casa, hay dos niños increíbles que se llevan bien
conmigo, y necesitan una niñera.
Los ojos de su padre volvieron a recorrer mi cuerpo desde los pies hasta la
cara.
—Regan...
—Antes de que vuelvas a decir que no, deja que te envíe por correo
electrónico mis referencias. Soy una niñera excepcional con una experiencia
impresionante. Solía ser la niñera del alcalde de Providence y su esposa.
Thane tomó aire.
—Regan.
—Lewis realmente habla conmigo, y Arro dice que eso es inusual para él.
Y estoy bastante segura de que Eilidh y yo somos gemelas nacidas con diecinueve
59 años de diferencia. Aunque —hice un gesto hacia lo que sucedido con mi
cabello—, seguro que tengo que darle algunas lecciones de peinado.
Sus labios se movieron.
—Regan...
—Nunca haría nada que les hiciera daño —dije con toda seriedad—.
Necesitas a alguien. Necesitas ayuda. Te la estoy ofreciendo, y puedes confiar en
que la oferta viene de un buen lugar.
—Aunque no es un lugar totalmente altruista.
Me encogí de hombros.
—Nunca he mentido sobre necesitar trabajo. Pero esto no sería como un
trabajo. Excepto por la parte de cocinar y limpiar, por supuesto. Pero la parte de
los niños no. Son niños maravillosos.
—En sus días buenos.
—Todos los niños tienen altibajos. Sé que es difícil. —Di un paso hacia él
y odié que pareciera tensarse con recelo—. Fui niñera de un niño cuyos padres
lo trataban como si fuera un accesorio social. Lo sacaban a pasear para
mostrárselo a sus amigos y luego hacían que la niñera lo volviera a sacar de la
vista cuando no era necesario. Que era la mayor parte del tiempo. Nunca he
conocido a un niño con mayores problemas de confianza, y ser niñera de un niño
que no confía en ti ni en nadie es una de las cosas más difíciles que he tenido
que hacer. Casi tan difícil como contener el impulso de reprender a sus padres
por negligencia... pero esa es otra historia.
»Lo que digo es... Eilidh y Lewis son amados, y se nota. Son buenos niños
que tendrán rabietas los días que estén cansados o hambrientos o frustrados y
no sepan por qué. Así son los niños. Lo sé. Estoy preparada para ello. Además,
ahora Robyn es su tía. Si quieres que te asegure que me tomaré este trabajo en
serio, lo tienes, porque no haré nada más por perjudicar a mi hermana o a la
gente que le importa. Soy una solución mucho mejor para tu problema que una
niñera que solo está aquí para cobrar.
Thane me estudió tanto tiempo después de mi pequeño discurso que me
tambaleé.
Finalmente, respondió:
—Primero, déjame hablar con Robyn. No sé qué pasa entre ustedes dos,
pero si ofrecerte un trabajo es un problema para ella entonces no puedo hacerlo.
Aunque entendía y agradecía que se preocupara por Robyn, no pude evitar
60 sentir una punzada de dolor ante la sola idea de que mi hermana se interpusiera
en mi camino. No dejé que se notara. En su lugar, asentí.
—Lo entiendo.
Su expresión se suavizó.
—Bien. Ahora estoy seguro de que tu hermana te está buscando. —Sus
ojos se dirigieron a mi cabello, su alegría era evidente—. Y será mejor que lo
arregles —dijo, señalando mi cabeza—, antes de que se quede así
permanentemente.
Me di una palmadita en la cabeza, pues de repente me daba miedo
mirarme al espejo.
61

Regan

T
al vez hoy fuera el día equivocado para empezar a entrenar en artes
marciales con mi hermana. Mientras estábamos en el estudio en los
terrenos de Ardnoch Estate con la amiga de Robyn, Eredine, intenté
actuar con normalidad. Como si no siguiera conmocionada por la conversación
que escuché la noche anterior.
La noche anterior estuve en mi habitación leyendo un libro electrónico de
suspense romántico cuando oí el murmullo de una voz familiar en el piso de
abajo. Mi habitación estaba al lado de la escalera y podía oír a cualquiera que
entrara en la casa.
Al oír la voz de Thane me picó la curiosidad, así que salí a hurtadillas de
mi habitación y me coloqué en lo alto de la escalera para espiar. No fue muy
maduro por mi parte, lo sé, pero esperaba que viniera a preguntarle a Robyn por
el trabajo. Desaparecieron en la cocina y bajé de puntillas para escuchar sin que
me vieran. Tuve que esforzarme para escuchar mientras hablaban en voz baja.
Cuando Thane terminó de explicar mi propuesta a Robyn y Lachlan, esperé
tensa la reacción de mi hermana.
Finalmente, ella respondió:
—¿Qué es lo que me estás pidiendo?
—Dos cosas, en realidad. Si crees que es conveniente contratar a Regan
para que cuide de Eilidh y Lewis y, si es así, ¿sería un problema para ti? No
quiero causarte ningún problema, Robyn. Por lo que sé, quieres a Regan en un
vuelo de vuelta a Estados Unidos.
Tomé aire al pensar en ello y cerré los ojos con fuerza.
Por favor, no me hagas daño, por favor, no me hagas daño.
—No quiero eso —respondió Robyn con cansancio.
Me relajé, las lágrimas me quemaban los ojos.
—La prefiero aquí, donde puedo vigilarla.
Como si no fuera una mujer de veinticinco años, sino una adolescente
salvaje de dieciséis años que no hace nada bueno.
62 Dios, mi hermana sí que vivía en el pasado.
Tu culpa, dijo una voz burlona en mi cabeza.
Sí, también sabía eso.
—¿Crees que estaría loco si la contratara? Estoy realmente en un aprieto.
¿Loco?
Un poco melodramático.
Aturdida, me crucé de brazos sobre el pecho. Esto era lo que pasaba
cuando se escuchaba a escondidas.
—Por supuesto que no —respondió Robyn, y sonó un poco a la defensiva.
Sonreí con satisfacción. Gracias, hermana.
—¿Estás segura? —preguntó Lachlan—. Hablamos de mis sobrinos,
Robyn.
Fruncí el ceño. Sabía que no le gustaba.
—Lo sé. Y sé lo mucho que significan para ti. Yo también los quiero. Nunca
sugeriría ponerlos en peligro. Y, aunque Regan ha actuado de forma impulsiva e
irresponsable en muchas situaciones de su vida...
¿Qué dices?
—Es otra persona con los niños. Siempre pensé que debería dedicarse a la
enseñanza.
¿Lo hizo? ¿Pensó que podía hacer eso?
—Pero, de todos modos, Regan solo es irresponsable consigo misma.
—De verdad, porque pensé que abandonarte después de que te dispararan
y luego ignorar tus llamadas después de que Lucy intentara asesinarte era
bastante irresponsable. —La voz de Lachlan era dura
Me estremecí, el remordimiento era una sensación fea.
—No puedo explicar eso. —Apenas oí la respuesta de mi hermana.
Hubo un momento de silencio y luego Thane se aclaró la garganta.
—Entonces... ¿tu opinión es que es responsable con los niños?
—Absolutamente. Nunca perdió un trabajo, ni de niñera ni de otro tipo. Y
no lo hacía solo por el dinero. Disfruta cuidando a los niños. Y la viste con Eilidh
y Lewis la otra noche. Los niños la adoran. Es genial con ellos. Si quieres

63
contratarla, hazlo. Pero sigue buscando a otra persona, Thane. No conozco esta
versión de Regan tan bien como solía conocerla. Esta versión de ella es
imprevisible. Egoísta y antipática de una manera que nunca fue antes. Así que
puede que la semana que viene decida hacer las maletas y marcharse.
Las lágrimas se me escaparon de los ojos.
Era horrible escuchar a la persona que más querías llamarte egoísta y
antipática.
—Quizá no debería contratarla. —Thane suspiró con fuerza—. No quiero
que alguien egoísta y antipático cuide de mis hijos.
Para mi sorpresa, fue Lachlan quien habló.
—No puedo creer que esté diciendo esto, pero... para ser alguien
aparentemente tan egoísta y antipática, le enseñó a Lewis una lección sobre la
amabilidad sin sermonearlo. Percibió la tensión que el nombre de Lucy causó en
los niños de la mesa y la disipó en segundos. Fue naturalmente consciente de
sus emociones durante la cena y dirigió la conversación en torno a ellos. Me
pareció que mostraba una intuición y un cariño hacia ellos que francamente me
sorprendió.
—Y, aunque sé que no estás preparado para escuchar esto, Braveheart,
hay algo que pasa con esa mujer. Mac también lo cree. Hay algo que no dice.
Mac cree que podría ser la razón por la que ha estado evitándote durante tanto
tiempo.
Maldita sea. Me quedé boquiabierta en el pasillo hacia el sonido de la voz
del prometido de mi hermana. Mac (¡y Lachlan!) veían demasiado.
Después de un momento, Robyn dijo:
—Llamarla antipática estuvo mal. Estoy frustrada con ella por actuar como
si todo estuviera bien entre nosotras, y eso vino de ahí. No es cierto. Regan no
es una persona antipática. Nunca lo ha sido. Desconsiderada es una palabra
mejor para ella. Y Lachlan tiene razón. Hay algo que está pasando, y no
averiguaré lo que es si no se queda. Aunque el hecho de que tenga un trabajo
bien pagado que le guste ayudaría en ese asunto, no quiero que te sientas
obligado a contratarla cuando se trate de Eilidh y Lewis.
—Ahora estamos hablando en círculos —resopló Thane, con un matiz de
diversión en su voz—. Robyn, necesito desesperadamente una niñera para la
casa. Arrochar cuidará a los niños mañana, pero tiene que volver al trabajo el
jueves.

64
—Te dije que llevaría a los niños a la escuela y los recogería —se ofreció
Lachlan.
—Yo puedo hacer lo mismo. Nos turnaremos —añadió Robyn.
—Y te lo agradezco. Pero no podemos seguir así, sin saber hasta el último
momento quién puede cuidarlos y cuándo. Necesito una niñera y alguien que se
ocupe de la casa. Regan envió por correo electrónico un conjunto de referencias
muy impresionantes. Así que... ¿debo contratarla o no?
Esperé con la respiración contenida.
Robyn respondió:
—Hazlo. ciCdará bien de ellos. Pero, como he dicho... no dejes de buscar a
alguien más permanente.
Después de eso, me apresuré a subir las escaleras en silencio y traté de
no dejar que sus palabras se repitieran una y otra vez en mi cabeza.
Esa mañana, Robyn nos llevó a Ardnoch para reunirnos con la instructora
de yoga y pilates, Eredine Willows, que también entrenaba en con Robyn.
—¿Me daránn una visita al castillo y a la finca en algún momento? —
pregunté mientras Robyn conducía su auto por lo que ella llamaba “el callejón”.
Resultó que solo era un término anticuado para referirse al garaje.
—Lachlan es muy estricto con esas cosas. Sus miembros pagan mucho
dinero por una privacidad completa.
—¿No te dejó a ti vagar por la finca?
—Estaba investigando un crimen. —Su tono no dio lugar a más
discusiones, y me callé—. Y quería meterse en mis pantalones. —Me lanzó una
sonrisa de satisfacción.
Me reí, pero aún me molestaba que me trataran como si no fuera de fiar.
Si bien es cierto que en los últimos dieciocho meses mostré una falta de
consideración hacia mi hermana, no hice nada en mis veinticinco años en el
planeta que sugiriera que era el tipo de persona en la que no se podía confiar
para pasear por una finca privada sin enfadar a sus residentes.
Mientras caminábamos por el camino de grava, pasando por el
impresionante castillo, no vislumbré a ninguna persona famosa. No vi a nadie.
Robyn nos condujo por un camino que se alejaba del castillo. Sin embargo,
pronto apareció un pequeño lago bordeado de modernas cabañas, y olvidé mi
fastidio.
65 Las cabañas eran compactas y cubiertas de madera de alerce de color
platino. Cada una tenía una ventana de cristal del suelo al techo que daba al
lago. Los arbustos florecidos y los pequeños árboles que crecían alrededor del
lago se reflejaban en el agua, que era más verde que azul.
—Esto es muy bonito.
Robyn sonrió.
—Un buen lugar para hacer yoga, ¿verdad?
Definitivamente.
—Aunque también lo es tu nuevo patio trasero.
Mi hermana se río porque era cierto y luego llamó a la puerta de la primera
y más grande cabaña.
—¡Entra! —gritó una voz femenina con acento americano.
Entramos en una habitación grande y rectangular con espejos a lo largo
de la pared opuesta a la puerta. La pared de la izquierda era totalmente de cristal
y ofrecía una vista espectacular y tranquila del lago. En la pared del fondo, a
nuestra derecha, había colchonetas y otros equipos almacenados en estanterías
que iban del suelo al techo.
De pie en el centro de la sala, con las manos en las caderas y una pequeña
sonrisa en la cara, estaba Eredine Willows.
Aunque Robyn y yo éramos bastante altas, Eredine era más. Supuse que
por lo menos medía metro setenta y cinco. Era despampanante, con unos rizos
castaños oscuros que vi amontonar en un gran moño. Con una piel suave y
morena y unos ojos de color avellana tan claros que casi parecían verdes, supuse
que tenía más o menos mi edad, pero no estaba seguro.
Robyn me puso al día en el auto. Sabía poco del pasado de Eredine, pero
sabía que la joven era buena amiga de Lucy Wainwright y que se tomó muy mal
su traición. Me esforcé por no mencionar la actriz ganadora del Oscar que
actualmente estaba en la cárcel, a la espera de un juicio por haber estado a
punto de matar a mi hermana.
La idea me hizo estremecerme a medida que Robyn y Eredine charlaban
mientras preparaban la alfombra de lucha. Cuando mamá y papá me hablaron
de Robyn y Lucy, cuando vi las noticias publicadas en los medios de
comunicación, me sentí tan distante como horrorizada al pensar en ello. Ahora,
al estar aquí, al ver a mi hermana viva pero lo afectados que estaban ella y sus
66 amigos por el comportamiento homicida de Lucy, una rabia latente me quemaba
las entrañas.
Más vale que encierren a esa mujer de por vida, o podría sentir la tentación
de matarla yo misma.
—Entonces, Regan, ¿a qué te dedicas? —preguntó Eredine con una sonrisa
amistosa mientras se enderezaba tras ayudar a Robyn.
—Es una vagabunda —contestó Robyn con un ligero tono mordaz.
Miré a mi hermana con desprecio antes de suavizar mi expresión y
convertirla en una amable.
—Soy niñera, aunque sin empleo por el momento.
—¿Así que esa es tu profesión ahora? —Robyn enarcó una ceja.
Tratando de no dejar que me incitara, me encogí de hombros.
—Bueno, es el trabajo en el que más he estado empleada.
Resopló y me miró mal.
—Lo es —insistí—. ¿Por qué te comportas como una perra?
Eredine soltó un suspiro.
Robyn entrecerró los ojos.
—Delante de Eredine, ¿en serio?
—Tú empezaste con el tono.
—Yo no he dicho nada.
—Estás siendo pasivo-agresiva, y no es propio de ti.
—Supongo que ambos estamos actuando de manera diferente a nosotros
mismos, entonces.
—¿Así es como será todo el tiempo que esté aquí? —resoplé, cruzando los
brazos mientras observaba a Eredine escabullirse hacia la salida. No la culpaba.
Acabábamos de invadir su espacio e inmediatamente empezamos a discutir. Ni
siquiera podía avergonzarme por ello, estaba muy enfadada.
Y no era la única.
La cara de Robyn se puso roja. Mi hermana era de las que se enfadan
lentamente. Rara vez perdía la cabeza, pero cuando lo hacía, era explosivo.
Detonó.
—¡Me dejaste seis semanas después de que me dispararan, y apenas he
67 vuelto a saber de ti en más de un año!
Me estremecí ante su grito. Lleno de mucho dolor y rabia, emociones que
claramente enterró en lo más profundo, porque nunca vi a mi hermana tan
destrozada. Ni siquiera después de que le dispararan.
Y yo le hice eso a ella.
Un sollozo brotó de mis entrañas y me tapé la boca mientras intentaba
escapar.
La puerta se cerró suavemente detrás de Eredine.
—No lo hagas. —Robyn me señaló con un dedo, con lágrimas que le
nublaban la vista—. No llores cuando eres tú quien me ha hecho daño.
Asentí, cubriéndome la cara con las manos mientras sollozaba con voz
ahogada.
—Lo sé.
Sin embargo, por mucho que lo intentara, no pude contener dieciocho
meses de lágrimas. En lugar de eso, retrocedí a trompicones, golpeando la pared
mientras mis piernas cedían y me deslizaba por el suelo.
—Lo siento —logré decir antes de esconder la cara en mis rodillas y llorar.
Robyn no era la única que reprimió todo. Tan fácil como eso, Seria huir del
edificio.
Hiperconsciente de los movimientos de mi hermana, se deslizó por la
pared, su hombro tocó el mío mientras se acomodaba a mi lado.
—Habla conmigo —susurró con voz ronca—. Siempre era yo con quien
hablabas. No entiendo qué ha cambiado.
Escuchar su voz quebrarse me obligó a recomponerme. Levanté la cabeza
de las rodillas y me pasé un paño por la cara, viendo las vetas de rímel negro en
mis dedos y sin importarme una mierda. Encontrando la mirada llorosa de
Robyn, repetí:
—Lo siento mucho.
—Agradezco las disculpas. —Me acomodó un mechón suelto detrás de la
oreja, un gesto que me resultaba tan desgarradoramente familiar, que luché por
contener más lágrimas. Hacía tanto tiempo que Robyn no se mostraba tan
cariñosa conmigo. Y todo era culpa mía—. Pero quiero saber por qué. Nunca ha
tenido sentido para mí, Ree. Un minuto eramos tan cercanas como dos hermanas
pueden serlo, y al siguiente estabas al otro lado del mundo evitando mis
llamadas. Durante dieciocho meses.
68 Tomé un respiro estremecedor.
—¿Alguna vez has hecho algo? ¿Algo de lo que te arrepentiste, pero el
miedo te mantuvo atrapado en el mismo ciclo de repetición que no sabías cómo
romper?
Robyn entrecerró los ojos mientras me contemplaba.
Le dediqué una sonrisa triste.
—No. Tú nunca dejarías que eso ocurriera. No eres una cobarde, como yo.
—No digas eso.
—Es la verdad. —Me encogí de hombros con enfado y miré por la ventana,
sin querer ver su expresión mientras me explicaba por fin—. Sabes que, cuando
éramos niñas, nunca pensé que fuera raro que cuando me sentía herida o
molesta tú fueras la persona a la que quería, no mamá o papá. Quería pasar
todo el tiempo contigo. Cuando crecimos, me di cuenta de que otros niños
necesitaban más a sus padres que a sus hermanos. Yo no. —Sacudí la cabeza,
sonriendo entre lágrimas anegadas—. Yo era el bicho raro que dependía de mi
hermana mayor como todos los demás dependían de su madre y su padre.
Oí que la respiración de Robyn cambiaba y me giré para ver cómo las
lágrimas iluminaban sus ojos.
Eso me puso en marcha de nuevo, así que aparté la mirada.
—Sabes que quiero a mamá y a papá. No digo que no... pero te necesitaba
de una manera que no les necesitaba a ellos. Te adoraba. Eras mi héroe tanto
como papá. Tal vez más. Todo era siempre brillante y luminoso en mi mundo
mientras te tenía a ti. —Al recordar la llamada de mi padre, en la que me dijo
que Robyn estaba en estado crítico tras recibir tres disparos en el pecho, me
estremecí. Nunca experimenté un terror semejante. Incluso después de lo que
pasé desde entonces, nada se acercaba al miedo que me paralizó cuando pensé
que Robyn podría morir.
—Cuando te dispararon... yo... te vi conectada a esas máquinas, con tubos
saliendo de ti, respirando por ti, y los médicos dijeron que moriste en la camilla
y que podrías no despertar... —Me encontré con su mirada angustiada—. Algo
se apagó dentro de mí. Como si mi mente no pudiera hacer frente al miedo o
algo... No lo sé. —La vergüenza me inundó—. Me di cuenta, supongo, de que
gran parte de mi felicidad dependía de tu existencia. Me asustó. Yo... no sé cómo
explicarlo. Suena patético y cobarde.
—No lo es. —Robyn atrajo mi mano hacia la suya y la estrechó, con una

69
expresión suplicante—. Sigue hablando conmigo.
—Necesitaba saber que podía sobrevivir sola —admití con voz hueca—.
Que mi felicidad no dependía de ti ni de otras personas. Incluso cuando
despertaste y estaba claro que estarías bien, el miedo no desapareció. Pensé que
seguramente volverías al trabajo, y yo tendría ese terror constante de que te
pasara algo más cerniéndose sobre mí. Así que... huí.
—Te fuiste al viaje de mochileras que planeamos juntas.
Me estremecí ante su tono herido.
—Sí. No para herirte intencionadamente. Es solo que conocí a un grupo de
personas a través de este grupo en línea, y se estaban yendo así que decidí ...
huir. Tenía la herencia de la madre de papá. —Me refería a los cinco mil dólares
que mi abuela puso en una cuenta bancaria para mí cuando nací. Siempre
planeé usarlo en mi viaje de mochilero con Robyn—. Fue suficiente para... —La
auto-recriminación supuraba de cada parte de mí—. Huir. Algo que tú nunca
harías.
Ella frunció el ceño, pero asintió para que continuara.
—Me di cuenta a las pocas semanas de marcharme de lo egoísta que
estaba siendo, y me odié por dejarte, por pensar solo en mí. Nunca podré
retractarme, pero quiero que sepas que soy plenamente consciente de lo egoísta
que era.
Robyn me apretó la mano como respuesta.
—No sabía cómo volver a ti. —Ahora prácticamente le suplicaba—. Estaba
paralizada por mis malas decisiones, preguntándome cómo me perdonarías... y
el tiempo se prolongaba y cada vez era más difícil volver. Tenía miedo de
perjudicarnos irremediablemente.
La verdad, toda la verdad, estaba en la punta de la lengua, pero no podía
admitir lo mal que lo pasé.
—Durante el viaje, uno de los chicos... nos acostamos, y se volvió muy
empalagoso y obsesivo. Es una de las razones por las que no volví, porque
intentaba poner distancia entre él y yo. Finalmente volví a Boston cuando pude
enfrentarme a ti, pero te habías ido a Escocia. Y yo no estaba bien. Empecé a
salir con Maddox, un tipo que no era bueno para mí, pero lo terminé —le
aseguré—. Y por fin me estaba armando de valor para afrontar lo que nos hice.
Reservé un vuelo a Escocia.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Cuándo?
70 —Antes de Lucy. El día antes de mi vuelo, mamá me llamó para contarme
lo que sucedía. Y me avergüenza admitir que volví a caer en una espiral. —De
repente, hice algo que pensé que nunca haría; me giré para sentarme de rodillas
frente a mi hermana mayor y tomé sus dos manos entre las mías—. Por favor,
perdóname por haber sido un derrotista, una cobarde, egoísta, desconsiderada
y poco amable contigo. —La acerqué más—. Sé que quizá no signifique nada
para ti, pero todo lo que has pensado de mí, yo lo he pensado un millón de veces
peor. He odiado lo que he sido este último año y medio, pero estoy aquí para
demostrar que eso no es lo que realmente soy. Puedo ser mejor. Soy mejor. Sé
que lo soy. Dime que puedes perdonarme. No te lo pido de inmediato, pero dime
que al menos puedes intentarlo... porque, si no puedes, no puedo estar aquí,
Robyn. No quiero odiarme más. Si me quedo aquí contigo odiándome, me temo
que nunca dejaré de odiarme yo también.
Mi hermana retiró sus manos de las mías, pero para mí total alivio, solo
fue para envolverlas en las suyas y apretarlas tan fuerte que casi dolía. Su
expresión era feroz, sus ojos cambiantes brillaban con un verde intenso.
—Eres mi hermana. Puedo enfadarme contigo. Puedo tener momentos en
los que no te entiendo. Pero nunca podría odiarte. Te quiero. Y te perdono.
Un sollozo de pura gratitud se liberó. Robyn me atrajo hacia sus brazos.
Apoyé mi cabeza en su hombro, mi brazo alrededor de su cintura, y lloré.
Me hizo callar y me pasó una mano tranquilizadora por el brazo. Volví a
sentirme como una niña pequeña.
—Tenías razón —dijo—. El otro día, cuando mencionaste que yo
perpetuaba la narrativa que mamá y Seth crearon para nosotras, sobre todo
mamá, tenías razón. He pensado mucho en ello durante el pasado fin de semana,
con la aportación de Lachlan, que nunca deja de opinar. —Su tono era seco—. Y
me ayudó a ver que, hasta el tiroteo, te catalogaba injustamente por culpa de
mamá. Me ayudó a darme cuenta de que las cosas que hacías de adolescente no
eran ni más ni menos que las que hacen la mayoría de los adolescentes. Nuestros
padres te comparaban constantemente conmigo, y eso no es justo porque yo soy,
y siempre he sido, una aburrida y una responsable.
—Tú nunca podrías ser aburrida. —Me separé de su abrazo—. Pero tienes
razón. Mamá y papá hacían ver como si yo fuera una chica salvaje. ¿Qué hice yo
que no hicieran otras? Lo único que realmente hice mal fue no saber qué quería
hacer con mi vida y abandonarte cuando me necesitabas. —Hice una mueca—.
Suena bastante mal cuando lo dices en voz alta.
71 Robyn soltó una pequeña carcajada.
—Lo siento.
Sacudió la cabeza, con una sonrisa vacilante.
—Algo que mencionaste: ese tipo, ese obsesivo. ¿Te hizo daño? ¿Es por eso
que quieres aprender defensa personal?
Intentando no ponerme rígida ante la mención de Austin, bajé la mirada.
—Me asustó, no me hizo daño físicamente. Pero sí, él es la inspiración para
el entrenamiento.
—¿Sigue siendo un problema?
Había una posibilidad de que quisiera serlo, pero yo estaba en Escocia
ahora, y no había manera de que pudiera llegar a mí aquí. Para empezar, no
sabía dónde fui.
—No —dije, más por deseo que por querer mentirle. Entonces, bien, no
quería que mi hermana mayor pensara que no podía controlarme o que yo
también era un gran desastre.
—¿Estás segura?
Asentí.
—El entrenamiento es solo para saber cómo defenderme. Debería haber
aprendido hace tiempo.
—La actividad física no es realmente lo tuyo.
Levanté las cejas.
—Depende de la actividad.
—¡Para! —Se rió, empujándome.
Y así, nos sentimos de nuevo como Robbie y Ree.
—Te quiero —dije.
Su expresión se suavizó.
—Yo también te quiero, chica.
Así de fácil, un peso se levantó de mi pecho.

72
—¿Así que me lo ocultabas a propósito? —susurré con fingida agravación
y no tan fingido asombro mientras Robyn me conducía al vestíbulo del castillo
de Ardnoch. No estaba segura de que pudiera llamarse un simple vestíbulo.
—No, no deliberadamente. —Robyn hizo una mueca—. Solo tenía que
asegurarme de tener a mi Regan de vuelta. No bromeaba. Es importante para
Lachlan que el menor número posible de personas que no sean miembros tengan
acceso a la finca.
Cuando me dijo que me haría la visita que tanto ansiaba, me arreglé
rápidamente el maquillaje por si nos encontrábamos con alguien famoso. No
podía ocultar mis ojos inyectados en sangre, pero estaba demasiado contenta de
que Robyn me hubiera perdonado como para preocuparme por ello.
Asentí, con mi atención bailando de una cosa a otra.
—Madre mía.
—¿Verdad? —Pude escuchar la sonrisa de mi hermana en esa única
palabra.
La enorme entrada tenía un suelo de madera pulida que hacía que el
espacio pareciera eterno. La decoración era muy escocesa y tradicional, pero
aumentaba un millón de veces el nivel de lujo. Una gran escalera descendía ante
nosotros, cubierta con una alfombra de lana de color rojo y gris. Conducía a un
rellano en el que tres vidrieras del suelo al techo proyectaban un caleidoscopio
de luz. A continuación, la escalera se bifurcaba a ambos lados, con dos escaleras
gemelas que ascendían a la planta superior, que pude ver parcialmente desde
los balcones en forma de galería situados a ambos lados del vestíbulo. Había una
enorme chimenea en la pared adyacente a la entrada y frente a la escalera, pero
no ardía ningún fuego en su interior. Me encantaría verlo iluminado durante los
meses de invierno.
Frente al fuego se hallaban dos sofás a juego tapizados en gamuza y piel,
con una mesa de centro en medio. Más luz se derramaba en el salón desde las
grandes aberturas que conducían a otras habitaciones de esta planta. Se oía un
parloteo de voces más allá de ellas, y miré las puertas con curiosidad.
—Las salas de estar de los socios —ofreció Robyn—. Las evitaremos porque
es el almuerzo y estarán ocupadas.
Maldita sea. Me quedaré con las ganas de ver a una celebridad.
Como siempre, mi hermana me leyó y se rió.
73 —Ya verás a alguien famoso en algún momento. ¿Y no cuenta Lachlan, de
todos modos?
—Claro. —Me encogí de hombros—. Pero es increíble lo rápido que se ha
convertido en el chico que se casará con mi hermana. Y la llama Braveheart. Ay,
no creas que no me he dado cuenta de eso. Es adorable.
—Cállate —se burló y me hizo un gesto para que la siguiera. Me condujo
por una puerta contigua, a través de un pasillo amplio y exquisitamente
decorado—. La primera habitación que te voy a enseñar es la que sé que más te
gustará.
Nos detuvimos ante una gran puerta de madera maciza que estaba abierta.
Robyn asomó la cabeza y se volvió hacia mí con una sonrisa relajada.
—Está vacía.
Como ya estaba mirando más allá de ella y podía ver el interior de la
habitación, casi la arrollé para entrar. Sonreí al oír la risa de mi hermana.
Estanterías de roble oscuro de pared a pared, una gran chimenea abierta,
cómodos sillones, reposapiés y sofás conformaban la biblioteca.
Una biblioteca en forma de castillo.
Estaba en el cielo.
Las ventanas del suelo al techo a ambos lados de la chimenea dejaban
entrar la luz para que no pareciera demasiado oscuro. Las numerosas lámparas
de mesa también ayudaban a disipar la oscuridad. Las lujosas cortinas de
terciopelo de las ventanas se deslizaban sobre los suelos de madera, la mayoría
de los cuales estaban cubiertos por alfombras de Aubusson.
Y las estanterías estaban llenas de libros de arriba a abajo.
Unas escaleras sobre rieles permitían a los lectores subir a las filas
superiores para seleccionar su material de lectura.
—Está ocurriendo. —Levanté los brazos dramáticamente mientras giraba
en la habitación—. Por fin soy Bella.
Robyn se rió.
—Sabía que te encantaría.
Aunque mi hermana mayor no era muy lectora, yo saqué el gen del ratón
de biblioteca de mamá. Cuando no besaba a los chicos bajo las gradas en la
secundaria, solía encontrarme allí acurrucada con un buen libro.

74 —¿Puedo vivir aquí para siempre? —Subí una escalera hasta la cima,
extendí un brazo y empecé a cantar la canción “Little Town” de La Bella y la
Bestia de Disney.
Mi hermana oscilaba entre la risa histérica y el intento de hacerme callar.
Por desgracia, cuanto más se reía, más fuerte cantaba yo.
Entonces mis ojos se apartaron de ella y vieron a su prometido apoyado
en la puerta de la biblioteca, con los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos
clavados en Robyn. Llevaba una expresión de amor tan feroz que me dieron
ganas de llorar de felicidad por ella.
En lugar de eso, corté abruptamente con un “¡Uy!”.
Robyn dejó de reír y miró hacia la puerta. Le dirigió a su prometido una
mirada de disculpa.
—Lo siento. ¿Hemos hecho demasiado ruido?
Se apartó de la jamba con una sonrisa y me señaló con el pulgar.
—Podía oír a la Princesa Disney desde mi despacho.
Me apoyé en la escalera, de repente ya no le veía la gracia. No quería meter
a Robyn en problemas.
—Lo siento. La culpa es mía.
Mientras deslizaba un brazo alrededor de Robyn, acurrucándola a su lado,
Lachlan me miró y sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa.
—No pasa nada. Tienes una voz preciosa.
Sonreí.
—Vaya, gracias. —Aliviada de que le parecieran bien mis travesuras, me
volví hacia las estanterías para acariciar la fila de clásicos que tenía delante.
—A Ree le encanta tu biblioteca. Te dije que le encantaría.
—La canción y la forma en que le hace el amor a los estantes la delatan.
Levanté la mejilla de la madera.
—¿Hmm? —Me giré sobre la escalera y me agarré el pecho
dramáticamente—. ¿Se puede uno enamorar a primera vista?
—Empiezo a ver lo que quieres decir de ella —le oí decir.
Eso llamó mi atención.
—¿Qué significa eso?
Mientras bajaba la escalera, Robyn dijo:
75
—Le dije a Lachlan que podrías encantar hasta a un dictador ruso. La
culpa es de los hoyuelos.
Ante su cariñosa burla, una oleada de calor me llenó el pecho y salté del
último peldaño para mirarla con una gran sonrisa.
—¿Qué, estos? —Señalé mis hoyuelos—. No tengo la culpa de que las
hadas me pongan bolsas de polvo de hadas en las mejillas.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Te acuerdas de eso?
Me encogí de hombros.
—Por supuesto.
Robyn se volvió hacia Lachlan.
—¿Está papá aquí?
Él negó con la cabeza.
—Mac está en casa, preparándose para su vuelo.
—Oh, mierda, sí. Dije que me pasaría antes de que se fuera. —Robyn me
miró—. Papá tiene una reunión con un hombre en California sobre una nueva
tecnología de seguridad para la finca. Quiero despedirme antes de que se vaya.
¿Está bien?
—Oh, deberías hacerlo sola. —No quería entrometerme en su despedida,
sobre todo porque me sentía rara con Mac.
—Puedo darle a Regan un recorrido por el resto de la finca y asegurarme
de que llegue bien a casa.
Robyn me miró con el ceño fruncido.
—No sé. ¿Estaría bien?
Comprendiendo que su ansiedad provenía del hecho de que acabábamos
de encontrar algo de claridad con la otra, hice un gesto para alejar su
preocupación.
—Estaré bien. Te veré en casa.
—De acuerdo. Gracias. —Ella se volvió hacia Lachlan, alcanzando su cara
en sus manos—. Gracias. Y.… las cosas están bien ahora —dijo
significativamente.
—¿Sí?

76 Robyn asintió.
—Sí.
Me reí.
—Eres tan sutil como un elefante en una fiesta de ratones. Robbie y yo
tuvimos una buena charla. Aclaramos las cosas. Presentamos disculpas.
Exigimos rogar de rodillas. Y, ¡voilà! Volvemos a estar reconciliadas.
La pareja se miró fijamente durante un rato, y luego Robyn dijo secamente:
—Y ahora ha vuelto a ser un grano en el culo.
Poniendo los ojos en blanco ante la sonrisa de respuesta de Lachlan, me
alejé para estudiar más de la colección de la biblioteca mientras Robyn y su
prometido se dirigían hacia la puerta. Intenté ignorar el sonido de los besos, lo
cual fue fácil cuando vi un ejemplar de Los viajes de Gulliver. Era uno de mis
favoritos, una aventura satírica que era mucho más de lo que cualquier
adaptación cinematográfica había hecho parecer. Muchos de los clásicos me
aburren hasta las lágrimas. Pero Los viajes de Gulliver no.
El libro encuadernado en piel parecía viejo y un poco frágil. Al tomarlo con
cuidado, lo abrí por la página de derechos de autor y casi se me cae el libro del
corazón.
—¿Es una primera edición? —Prácticamente grité, apartando el libro
mientras me giraba para ver a mi hermana y a Lachlan frunciendo el ceño—. Los
viajes de Gulliver.
La expresión de Lachlan se aclaró.
—Sí. Era de mi bisabuelo.
—¿No debería estar protegido en plástico de burbujas y encerrado en una
caja fuerte en algún lugar?
Sonrió.
—¿Donde nadie pueda disfrutarlo?
—Es una primera edición. Es el diamante de la esperanza de los libros.
Lachlan rió.
—No del todo. No tiene el valor que tú crees que tiene.
—Pero cuesta más de cien dólares, ¿no?
—Bastante más, sí.
—¿Y lo tienes en una estantería donde cualquier neandertal puede
77 tomarlo?
Mi futuro cuñado pareció encontrar mi horror hilarante.
—Te aseguro que mis invitados saben cómo tratar los libros raros, Regan.
Gruñí, volviendo a colocar el libro en su estante con suavidad.
—Los viajes de Gulliver es uno de los favoritos de Regan —ofreció Robyn.
—¿Es así? Puedes tomarlo prestado si quieres.
Me alejé de la estantería, con los ojos llenos de terror.
—¿Y perderlo accidentalmente o derramar café sobre las páginas? No,
gracias.
Mi hermana, con los labios fruncidos por la diversión, salió al pasillo.
—Tengo que irme. Nos vemos en la casa.
Lachlan volvió a acercarse a ella, como si no pudiera evitarlo, y le dio otro
beso rápido en los labios antes de soltarla finalmente.
Una vez que ella se marchó, se volvió hacia mí.
Le sonreí.
—Puede que mantengas a mi hermana en Escocia, a todo un océano de
distancia de Boston, pero... he decidido a regañadientes que me gustas.
Levantó una ceja.
—Qué suerte tengo.
Ante eso, sonreí con más fuerza.
Unos pasos corriendo por el pasillo nos distrajeron. Robyn estaba allí de
repente, apresurándose hacia mí mientras me tendía su teléfono.
—Es Thane. Le he dicho que tiene que ser rápido.
Con el pulso acelerado por la expectación, agarré el teléfono de mi hermana
y contesté alegremente:
—¡Hola, señor Adair!
Hubo un silencio y luego el sonido de una risa ahogada antes de que su
profunda voz retumbara a través del teléfono.
—Puedes llamarme Thane.
—Oh, lo sé. Solo estaba siendo profesional ya que estoy bastante segura
78 de que estás a punto de ofrecerme un trabajo.
Ignoré la mirada exasperada de mi hermana y sonreí.
—Podría cambiar de opinión —se burló Thane.
—No creo que lo hagas. Y acepto.
Se rio.
—Bien. Te enviaré un contrato. Empiezas mañana temprano a las 6seis y
media de la mañana. ¿Te parece bien?
—¡Perfecto! —Agradecida, dejé de burlarme y dije—: Te lo agradezco
mucho, Thane.
—No hay problema.
Colgó y le devolví el teléfono a Robyn.
—¡Conseguí el trabajo!
79

Regan

M
i entusiasmo por conseguir el trabajo disminuyó cuando empecé
a preocuparme de estar actuando de forma irresponsable con
Thane y sus hijos. Tan desesperada porque Robyn no pensara
que era un fracaso impulsivo que le oculté la verdad. Y el problema era que
necesitaba su consejo.
Mirando fijamente mi equipaje empacado al final de la fabulosa cama de
la fabulosa suite de invitados que ya echaba de menos, me sacudí los nervios y
bajé las escaleras. Robyn regresó a casa hace dos minutos y me llamó para
decirme que trajo comida para llevar.
Entré en el salón principal y encontré a Robyn en la isla con la comida
china preparada para nosotros.
—Oye, gracias —dije mientras me acercaba lentamente, sin sentir mucha
hambre.
—Te prometo que esta es la última comida para llevar por ahora. Tengo
que hacer la compra y no quería cocinar.
—Podría haber cocinado yo.
—Como dije, queda muy poco en la casa. Siéntate, siéntate y come.
Tomé el taburete junto a ella y me quedé mirando la comida.
—¿Estás bien?
Volviéndome hacia mi hermana, negué con la cabeza. Exhalando
nerviosamente, respondí:
—No fui sincera contigo antes, y ahora no estoy segura de que aceptar este
trabajo con Thane sea una buena idea.
Robyn dejó de comer y se volvió hacia mí en su taburete.
—¿De acuerdo?
—Supongo que... estoy segura de que está bien aceptar el trabajo, pero
quiero estar segura, y confío en tu criterio.
Mi hermana esperó pacientemente a que continuara.
80 —La cosa es... el chico que se puso pegajoso y obsesivo...
Sus ojos se estrecharon.
—¿Sí?
—Era... era peor de lo que dejé ver.
—¿Cuánto peor? —Pude oír el tono de “alguien va a morir” en la voz de mi
hermana y, aunque me reconfortó, también me avergonzó. Ya tenía mucho con
lo que lidiar con el próximo juicio de Lucy Wainwright, no quería añadir más.
Sin embargo, necesitaba su consejo. Egoísta, egoísta, egoísta.
—Estoy fatal. —Me desplomé con cansancio—. Tienes toda esta mierda en
marcha con Lucy. No necesitas saber esto.
—El juicio de Lucy no será hasta el año que viene. No vamos a posponer
la vida un año. Ahora me tienes preocupada, así que dime qué está pasando, —
exigió—. Y que conste que no me importa cuánta mierda esté pasando en mi
vida. Si mi hermana tiene problemas o alguien le ha hecho daño, quiero ser el
primero en saberlo a partir de ahora. ¿Nos entendemos?
Normalmente, cuando Robyn utilizaba su voz de policía, como yo la
llamaba, me burlaba de ella. Sin embargo, este no era definitivamente un
momento para bromas. Suspiré.
—Quiero que sepas, antes de que te cuente todo esto, que ha sido la patada
en el culo que necesitaba, y que ya he dejado de tomar decisiones impulsivas.
Al ver que su paciencia se agotaba, me apresuré a continuar.
—Estuve en Ho Chi Minh la pasada Nochevieja. Con el grupo que conocí a
través de las redes sociales.
—Lo recuerdo. —Me miró con desprecio al recordarme que hice nuestro
viaje sin ella.
—Lo siento —susurré.
Robyn sacudió de repente la cabeza.
—No, lo siento. Ya te has disculpado. Lo dejaré pasar. Es solo un maldito
viaje.
Aparté la mirada, porque ambas sabíamos que era más que eso.
—Primero estuvimos tres meses en Europa. Los dos meses siguientes los
pasamos trabajando en Mykonos para ahorrar suficiente dinero para ir a Asia.
Fui camarera en un club nocturno. No es exactamente el material del que están

81
hechos los sueños de los mochileros —dije con ironía—. De todos modos, menos
dos de las chicas con las que nos pusimos en camino, finalmente llegamos a
Tailandia en noviembre, y entre que aprendimos la lección en Europa y que el
sudeste asiático es un poco más barato, pensamos que podríamos pasar tres
meses allí. Experimenté cosas que nunca pensé que haría. —Sonreí, un poco
orgulloso de mí misma, a pesar de las circunstancias.
Los ojos de Robyn se iluminaron.
—¿Como qué?
—Una excursión por la selva en Camboya. —Sonreí ante su cara de
sorpresa—. Lo sé, ¿verdad? Mis piernas parecían muy tonificadas durante todo
el viaje.
Se rió.
—Ya lo creo.
—En fin. —Me encogí de hombros—. Todo el tiempo... como, los ocho
meses que estuvimos viajando juntos, este amigo, Austin, dejó claro que quería
más conmigo. No de una manera espeluznante o pegajosa. No entonces. —No, el
maldito me sorprendió totalmente—. Pero no era mi tipo. Había cero química.
—¿Y qué pasó?
—Como te dije antes, me arrepentí de dejarte durante meses y me sentí
atascada. La Navidad llegó y se fue sin ti. Luego llegó el Año Nuevo y estaba muy
deprimido. Te echaba de menos, echaba de menos a mamá y a papá, y a Boston
en invierno... y me sentía sola. —De mala gana me encontré con su mirada—.
Me sentía sola, estaba borracha y fui impulsiva.
—Te acostaste con Austin —supuso, sin juicio en su voz o expresión.
Asentí, mi pulso aumentó al recordar los días siguientes.
—A la mañana siguiente actuó como si estuviéramos juntos... juntos. Al
principio no sabía qué decir porque me sentía muy mal por ello, y luego, cuando
le dije que era solo una aventura de una noche, fue como si no pudiera oírlo.
Unas noches después... —Mi corazón se aceleró ante los recuerdos—. Salimos
por la noche a una fiesta. Decidí no beber. Como si mis instintos me advirtieran
subconscientemente que mantuviera mis facultades intactas. La fiesta era en un
apartamento cerca de donde nos alojábamos en el Distrito 3. Austin no paraba
de molestarme, y finalmente perdí la cabeza y le grité que me dejara en paz.
—Uno de los otros chicos, Liam, se hartó y le dijo a Austin que se alejara
o le haría retroceder. Y Liam se ofreció a acompañarme a mi habitación. No pasó

82
nada. Liam estaba con Desi, una de las otras chicas, y solo estaba siendo un
buen tipo. Dijo que Austin también era un buen chico y que solo estaba
enamorado, pero que hablaría con él y que todo estaría bien. Sin embargo,
apenas llevaba cinco minutos en mi habitación cuando Austin forzó la cerradura
y entró.
El miedo brilló en los ojos de Robyn, y me apresuré a tranquilizarla.
—No me hizo daño. Simplemente... no me dejó salir de la habitación. No
dejaba de intentar convencerme de que estábamos destinados a estar juntos y
de que se suicidaría si yo no sentía lo mismo.
—Hijo de puta —susurró Robyn.
—Sabía que era una manipulación. Por fin estaba viendo quién era
realmente. —La rabia luchaba con el terror que despertaba—. Pero estaba tan
asustada —admití—, que no sabía hasta dónde lo llegaría.
—¿Hasta dónde llegó?
—Compartía una habitación con la mejor amiga de Desi, Kylie. Cuando
ella no pudo entrar, Liam apareció y exigió a Austin que abriera la puerta. Austin
lo hizo y fingió que todo estaba bien, como si no me hubiera tenido atrapada allí
con él toda la noche, negándose a dejarme salir. Todo el mundo trató de ignorar
la situación como algo inofensivo, así que recogí mis cosas y usé el dinero que
me quedaba para conseguir un billete de vuelta a casa. Pero el vuelo más barato
que pude conseguir fue a California. Así que me quedé allí unos meses,
trabajando en un par de empleos de camarera en San Diego. Tenía miedo de
volver a casa, como dije, pero me sentía estúpida por acostarme con él. Y... él
tenía mi correo electrónico y estaba en todas mis cuentas de redes sociales.
—¿Te acosó?
Asentí.
—Lo bloqueé en las redes sociales, pero fue como un choque de autos. Sus
correos electrónicos seguían llegando, y era como si tuviera que leerlos. No podía
apartar la vista. Creo que no borré mi correo electrónico durante tanto tiempo
porque esperaba que, con el tiempo, los correos electrónicos se detendrían y que
él se aburriría. Sus correos electrónicos eran muy parecidos a lo que me dijo en
aquella habitación de hotel en Vietnam. Pero un día, en abril, recibí un correo
electrónico que me hizo revolver el estómago.
—¿Qué contenía?
Me quedé mirando sin ver los cartones de comida para llevar.
83 —Era de carácter sexual. Amenazaba con violarme.
Robyn respiró y finalmente la miré.
—Fue entonces cuando me enfadé. Decidí que ya era suficiente. Borré mi
cuenta de correo electrónico, recogí mis cosas y llamé a papá para ver si podía
ayudarme a pagar un billete para volver a casa. Algo que todavía le debo. —
Suspiré con fuerza, más que irritada conmigo misma.
—Y, cuando llegaste a casa, yo no estaba allí.
Ante la nota de autoadvertencia en la voz de mi hermana, la fulminé con
la mirada.
—No hagas eso. Fui yo quien te abandonó, no lo contrario.
—Pero no sabía que pasabas por esto. Que un idiota te perseguía.
Acosándote.
Me estremecí ante la palabra acoso considerando lo que significaba para
ella.
—No es acoso. Del todo. No como... no como Lucy. Cuando volví a Boston,
todavía tenía la cabeza metida en el culo y conseguí un trabajo en un bar donde
conocí a Maddox. Ya sabes, el tipo sexy y peligroso. —Aparté la mirada, sin
querer pensar en mi estupidez con ese tipo—. Era un idiota, pero era un duro
hijo de puta y supongo que, moralmente, pensé que me mantendría a salvo. Al
final, saqué la cabeza de mi culo, lo dejé, conseguí un trabajo en una cafetería
como camarera por la noche. De todos modos, estaba ganando el valor para
arreglar las cosas entre tú y yo.
—Pero entonces sucedió todo lo de Lucy.
—Sí. Cuando mamá llamó para decirme que estabas en casa... ese mismo
día... Austin me encontró en Boston.
—¿Qué? —Entrecerró los ojos.
Le di una sonrisa triste.
—Pensaba pasarme por casa de mamá y papá después del trabajo, pero
Austin entró en la cafetería esa tarde. —La indignación se agitó en mis
entrañas—. Lo interpretó como si no hubiera pasado nada, como si fuéramos
dos amigos que se reencontraban después de una ausencia. Me quedé atónita.
No sabía qué hacer. Todo lo que sabía era que no quería que tu supiera lo mucho
que te defraudé.
—Regan... —Me tomó de la mano—. Siento si te hice sentir que me

84
defraudabas.
Me encogí de hombros.
—No lo hiciste. Es que siempre me comparaba contigo y me sentía
constantemente mal.
—No lo hagas. Eso no es justo para ninguno de nosotras.
Asentí, con la emoción en la garganta.
—¿Qué pasó?
—Era raro... venía a la cafetería, dos veces por semana, a la misma hora
en cada visita. Pero no pasaba nada más. No me amenazaba ni me acosaba. Me
extrañó, pero siguió así durante meses, sin que pasara nada, antes de que
tomara ese vuelo a Escocia.
Robyn apartó su chino medio comido y ahora frío.
—¿Nada en absoluto?
—Nada.
—Maldición.
—¿Maldición? ¿No es algo bueno?
—Sí y no. —Se levantó del taburete, pasándose una mano por el cabello
mientras miraba pensativa la gran sala—. No se ajusta al patrón habitual.
Normalmente estas cosas se intensifican.
—¿Tal vez recibió ayuda?
—Sí, pero si recibió ayuda no debió ir a la cafetería dos veces por semana.
—Tal vez le gustara el café.
Mi hermana me miró de reojo.
Suspiré.
—Lo sé, es raro.
—¿Por eso crees que no deberías aceptar el trabajo?
Asentí.
—¿Es razonable que me involucre en la vida de Thane y de los niños
cuando tengo esto pendiente?
Robyn consideró esto durante lo que pareció una eternidad y luego exhaló
lentamente.

85 —Déjame llamar primero a Autry para que investigue los antecedentes de


este tipo. A ver dónde está y qué hace. Dudo que tengamos un problema aquí,
pero creo que igual deberíamos hacerle una declaración a Autry.
Autry era el amigo cercano de Robyn y su ex compañero de patrulla en
Boston. Trabajaba como policía de patrulla en la misma comisaría que mi padre.
Me mordí el labio entre los dientes antes de admitir.
—No quiero que papá lo sepa.
—Seth no te culparía por esto. Él, más que nadie, sabe cómo funciona este
tipo de gente. No tienes la culpa.
Y ahí estaba. Lo que no podía admitir ante mi hermana.
Que de alguna manera todo esto era culpa mía.

—Acabo de colgarle a Autry y... —La voz de Robyn se interrumpió cuando


entró en mi habitación y vio mi equipaje. Lo miró con desprecio—. ¿Qué es eso?
—Primero, ¿qué dijo Autry?
Robyn me fulminó con la mirada.
—¿Equipaje?
—¿Autry? —insistí.
Ella cedió primero.
—Primero, este tipo tiene un historial de acoso. Dos mujeres. Se acostó
con ellas y empezó a acosarlas.
—Maravilloso. —Me desplomé en la cama.
—Buenas noticias... nunca ha pasado del acoso y ha desistido una vez que
la policía se involucra. Así que Autry pasará por su apartamento y le dará una
advertencia. Seth no necesita saberlo. Autry seguirá vigilando los movimientos
de Austin. Con un comportamiento así, nunca estamos completamente fuera de
peligro, pero confío en que no te seguirá a Escocia. Probablemente ni siquiera
sepa que estás aquí.
El alivio se apoderó de mí como un torrente.

86 —Soy una estúpida por no habértelo dicho antes. —Fue como si me


hubiera quitado un peso de encima.
—Oh, cariño. —Mi hermana se sentó en la cama a mi lado—. No pasa
nada. Puedes tener un nuevo comienzo aquí. Y creo que el trabajo con Eilidh y
Lewis te hará olvidar los problemas. Son buenos chicos.
Asentí, sorbiendo. Desde que llegué a Escocia no había sido más que una
aprovechada.
Finalmente, me aparté, le di una sonrisa de agradecimiento y me levanté
para revisar mi maquillaje. Al retocarlo, vi a Robyn en el reflejo, mirando de
nuevo mi equipaje.
—¿Quieres explicar esto?
—Hice la maleta por si acaso me aconsejabas que aceptara el trabajo. —
Me volví hacia ella.
—Pero acabas de llegar.
—Y no voy a ninguna parte. Es solo la puerta de al lado.
Una máscara en blanco cayó sobre el rostro de Robyn.
—Bien.
No está bien. Distaba mucho de estar bien, y de repente la culpa aplastó
mi euforia por la noticia de Austin.
—Thane te dijo que era un trabajo en casa, ¿verdad?
Ella frunció el ceño.
—Nunca lo mencionó.
—Tiene una casa de huéspedes para la niñera.
—Cierto. Lo olvidé. Solo pensé que, al ser al lado, no necesitarías mudarte.
—Nos da espacio a todos. —Señalé alrededor de la habitación—. Tú y
Lachlan no quieren que ande por ahí todo el tiempo cuando acaban de
comprometerse. —Levanté una ceja—. Anoche hicieron mucho ruido.
Sus labios se separaron con consternación, y supe que, si mi hermana
pudiera sonrojarse, sería un tomate.
Preocupada porque asumiera que no quería vivir con ella, ahogué la risa y
me apresuré a decir:
—No es que no quiera vivir contigo. Simplemente pensé que, para tres
adultos, este era un plan mejor. Y estoy justo al lado, lo cual es perfecto. Pasaré

87
todo mi tiempo libre contigo. Cuando no estés ocupada, es decir, y nos
pondremos al día en todo. Te lo prometo. Por favor, no te lo tomes a mal.
Ante mi expresión de preocupación, Robyn se relajó.
—Lo siento. No estoy tratando de asfixiarte. O hacerte sentir culpable por
querer espacio. Tienes razón en todo. Sobre todo si soy tan ruidosa. —Levantó
una ceja.
—Oye, él también es ruidoso. Muy ruidoso. Buen trabajo. —Le guiñé un
ojo lascivamente.
—Cállate. —Mi hermana entonces continuó como si yo no hubiera
hablado—. Es que... acabas de llegar, sabes. Y has pasado por muchas cosas, y
quiero que te sientas segura. Además, pensé que vivirías aquí mientras
trabajabas.
La puse en pie y la abracé con fuerza, aliviada cuando me abrazó a su vez.
—Vas a verme tanto que te hartarás de mí. Además —me retiré de mala
gana—, todavía vas a enseñarme artes marciales, ¿verdad?
Su expresión se tornó decidida.
—Apuesta a que sí. Vas a aprender a defenderte para que la próxima vez
que un idiota intente atraparte en una habitación puedas convertir sus pelotas
en carne picada.
—A veces das miedo. Hablando de eso, me deberás un dólar por cada vez
que me magulles durante nuestras sesiones.
Robyn hizo una mueca.
—Pero te salen moratones como a un melocotón.
—Me salen moratones como un melocotón.
Sonrió, pero aún quedaba un brillo de tristeza en sus ojos.
—Te he echado mucho de menos.
La emoción me ardió en la garganta, pero sonreí para no perderla.
—Lo mismo digo. Y estaré a un paso de tu puerta.
—No puedo creer que estés renunciando a esta gran habitación de
invitados por la pequeña caja de invitados de Thane.
Pensando en la enorme ducha, la cama de tamaño hotelero y la fenomenal
vista desde mi ventana, yo tampoco podía creerlo. Robyn se rio de la cara que

88
puse.
—Todavía puedes echarte atrás, ya sabes.
—No, Eilidh y Lewis son geniales. Tienes razón. Necesito esto. No puedo
imaginar encontrar un trabajo mejor. Thane envió el contrato por correo
electrónico, y ¡vaya si la paga era buena!
—Lo dices ahora, antes de tener que limpiar baños.
Y por eso la paga era buena.
—Aguafiestas.
Los labios de Robyn se movieron.
—¡No es un juego de palabras! Aargh. Me voy ahora.
A pesar de no querer que me fuera, Robyn me ayudó a bajar las escaleras
con mi equipaje. Llevé mi maleta hacia la puerta principal.
—¿Les has dicho a mamá y a Seth que te vas a quedar aquí durante meses?
—preguntó Robyn.
Algo en su tono me hizo enderezar la columna vertebral. Me volví hacia
ella al abrir la puerta.
—Sí. Llamé a papá mientras hablabas por teléfono con Autry.
Intentó ocultar su sorpresa, pero la vi.
Suspiré.
—Sé que no quiero que papá sepa lo de Austin... pero todo lo demás... lo
decía en serio cuando dije que estoy pasando página. Quiero tener cerca a la
gente que quiero, aunque no estemos físicamente cerca. No más de excluir de
nadie, incluyendo a mamá y papá.
—Bien. Me alegro. ¿Y cómo se lo han tomado?
Al recordar el silencio dubitativo de papá por teléfono cuando le conté lo
del puesto de niñera con el hermano de Lachlan, me desplomé un poco.
—Papá me apoyó, pero creo que un poco triste. Se alegra de que esté aquí
contigo, pero creo que le preocupa perdernos a ambas por Escocia, lo cual le dije
que es ridículo.
—No hagas promesas, Ree. Este lugar tiene una forma de hechizarte.
—Creo que las dos sabemos que te has quedado por razones distintas al
paisaje.
Se encogió de hombros, con una sonrisa de satisfacción en los labios, pero
89 la diversión se esfumó cuando preguntó:
—¿Y cómo se lo tomó mamá?
—Todavía no lo sé. Salió. Papá dijo que se lo diría cuando llegara a casa.
—Prepárate.
Sí, estaba bastante seguro de que mi madre se pondría furiosa.
—Nunca está contenta con nada de lo que hago.
Ante mi tono, Robyn extendió la mano y me la apretó.
—Hagamos tiempo este fin de semana. Solo tú y yo. Para ponernos al día.
Para hablar de cosas. Incluyendo cosas que has reprimido y que obviamente te
han molestado durante mucho tiempo.
—Estoy bien —le prometí.
Robyn suspiró.
—Regan, puedes sonreír y engatusar a todo el mundo haciéndole creer que
eres la persona más feliz del mundo, pero sé que no es así. Sé que nuestra madre
nos quiere, pero también sé que no es perfecta. Y está claro que albergas algún
resentimiento hacia ella. Así que hablemos de ello porque no estás sola. Espera
a que te cuente lo de ella y papá.
Intrigada al instante, me apoyé en la jamba de la puerta.
—¿Mac? ¿Qué pasa con ella y Mac?
Robyn me hizo un gesto para que me fuera.
—Este fin de semana. Cuando tengamos tiempo para hablar de verdad.
¿De acuerdo?
—De acuerdo. —Asentí—. ¿Estarás bien sola? ¿Dónde está Lachlan?
—Está trabajando hasta tarde esta noche. Hubo un problema de cañerías
en una de las suites de invitados en el castillo.
—Oh. ¿Y él es fontanero?
Ella resopló.
—No. Supervisa.
Ah. Sí, eso tenía más sentido. Aquella tarde, Lachlan cumplió lo prometido
y me hizo un recorrido por todo el castillo y la finca. Además de un impresionante
conjunto de salas de recepción, el castillo contaba con muchos dormitorios y
todo un alojamiento para el personal al otro lado de la primera planta, donde se
encontraban las cocinas, los establos y el departamento de seguridad. A
90 continuación, tomamos un carrito de golf para ir al gimnasio individual y a las
casas de los miembros que recorrían la enorme finca. Por la forma en que
Lachlan hablaba del lugar, me di cuenta de que era su orgullo y de que conocía
perfectamente la vida cotidiana del lugar.
—Estaré bien. —Ignoró mi burla—. Será mejor que te vayas si Thane te
espera.

Thane

Regan Penhaligon estaba de pie bajo la luz crepuscular del atardecer. En


la puerta de su casa. Con el equipaje a su lado.
Hacía quince minutos que acababa de conseguir que Eilidh y Lewis se
durmieran, así que el sonido de su timbre a las nueve en punto no le hizo
ninguna gracia. Mientras intentaba averiguar por qué se encontraba en su
puerta, escuchó los sonidos de los niños que se despertaban.
—¿Regan? —Thane se mostró bastante seguro de que le frunció el ceño.
Sus cejas se dispararon, confirmándolo.
—¿Mala hora?
—Bueno, las nueve de la noche suele ser una mala hora para llamar al
timbre de alguien.
—Oh. —Hizo una mueca—. Estamos acostumbrados a días bastante
largos en el verano en Boston, pero nada como esto. Sigo olvidando lo tarde que
es, ya que todavía es de día. Quiero decir, apenas oscurece a las once. Es una
locura.
Esperó a que ella dejara de divagar y explicara su presencia.
La sonrisa de Regan se tambaleó ante su pétrea falta de respuesta,
haciéndole sentir como un completo imbécil.
—Lo siento. —Se encogió de hombros disculpándose—. ¿Qué te trae por
aquí?

91 Frunció sus cejas.


—Empiezo mañana.
—Sí...
—Bueno... ¿no quieres que me mude a la casa de huéspedes esta noche?
Ahora fueron las cejas de Thane las que casi llegaron a su línea de cabello.
Suponía que porque Regan vivía en la casa de al lado, ella no querría mudarse
al anexo.
—Realmente no es necesario.
La decepción inundó su expresión. Otra sorpresa.
—Oh.
—¿Quieres vivir en el anexo? Aunque es bastante cómodo allí, no es una
suite de invitados de lujo con increíbles vistas del Ardnoch Firth.
—Solo pensé que haría las cosas más fáciles para el trabajo y ... —Ella
miró por encima del hombro a la casa de su hermano—. No quiero obstaculizar
sus costumbres. —Regan miró hacia atrás con un pequeño encogimiento de
hombros—. No necesitan que comparta su espacio durante seis meses. Acaban
de comprometerse. Pensé que, si vivía en la casa de invitados, todos tendríamos
nuestro espacio.
Su consideración hacia Robyn y Lachlan era agradable de ver. Dio un paso
atrás para permitirle entrar.
—Entra, pero no hagas ruido. Los niños acaban de dormirse.
Ella asintió y pasó junto a él, con la maleta rodando a su lado. Thane la
agarró, apartando su mano del asa. Regan pareció perturbada por el gesto, pero
al darse cuenta de que le agarraba el equipaje, le dedicó una sonrisa agradecida
y con hoyuelos.
Thane asintió y la siguió mientras avanzaban por la casa. Cuando llegaron
a la sala de estar principal, ella le esperó mientras él abría un cajón de la cocina
y tomaba la llave de repuesto del anexo con la llave y el llavero de la casa
principal.
—Tuya —murmuró él, entregándosela—. Por aquí.
La condujo por el estrecho pasillo que se encontraba detrás de la escalera
principal, el que llevaba a una pequeña sala de estar con un enorme ventanal al
que llamaban “el acogedor”, un baño en la planta baja y el cuarto de servicio.
Una puerta lateral conducía al cuarto de servicio. Sonriendo, Thane dijo en voz
baja:
92 —Pronto te familiarizarás con esta habitación.
Regan le lanzó una sonrisa mientras observaba los montones de ropa sucia
esperando a ser lavada.
—Menos mal que pagas muy bien.
Riéndose, Thane abrió la entrada contigua y arrastró la maleta por un
camino pavimentado hacia el anexo. Él y Fran construyeron la suite de invitados
pensando en los padres de ella. Ella quería que tuvieran un lugar separado en
el que pudieran vivir cuando hicieran el largo viaje desde los Borders hasta las
Highlands para visitarlos. Trágicamente, el padre de Fran, Heath, murió de
cáncer solo unos meses después de la muerte de Fran, y su madre, Liz, de un
ataque al corazón tres semanas después del fallecimiento de su marido. Thane
sabía que el corazón de Liz no podía soportar el estrés de perder a su marido y
a su única hija con pocos meses de diferencia.
Thane habló de redecorar el anexo, con la esperanza de que eso suprimiera
algunos de esos tristes recuerdos. Pero nunca tenía tiempo. No con el trabajo en
casa y el cuidado de Eilidh y Lewis.
Un día volvió de dejar a los niños en la escuela y se encontró con un equipo
de decoradores en el anexo. Lachlan los envió y pagó todo el trabajo.
Siempre cuidando de él.
—Estoy un poco emocionada. —Regan lo sacó de sus cavilaciones. Sonrió
mientras metía la llave en la puerta.
Él la siguió.
—Teclado. —La detuvo en su camino y tocó la pequeña caja en la pared de
la entrada—. El código para activar la alarma cuando te vayas es el 2324.
—2324 —repitió ella.
—Para poner la alarma al salir, pon el código y luego pulsa el botón A. —
Lo señaló y ella asintió—. Para activar la alarma del anexo cuando estés
durmiendo, pon el código y pulsa el botón B.
Ella frunció el ceño.
—¿Y si tengo que levantarme a orinar?
Sus labios se movieron.
—La alarma nocturna solo se activa al forzar las puertas y ventanas. Pero
también hay un dispositivo inteligente en el anexo que lo hará por ti. Te lo
93 enseñaré.
—Qué bien. —Regan asintió, con los ojos muy abiertos—. ¿Pero puedo ver
primero el resto de la casa?
Riendo suavemente ante su impaciente vértigo, asintió y le hizo un gesto
para que se adelantara. El pequeño pasillo/sala de estar conducía al espacio
principal. Había una cocina de estilo rural a lo largo de la pared de la derecha, y
al lado un sofá de dos plazas frente a un televisor montado en la pared. Tenía
un reproductor de DVD conectado al servicio de televisión que utilizaba la casa
principal. Más allá estaba la cama de matrimonio con vistas a unas puertas
corredizas de cristal que daban al patio. Tenía una vista parcial del agua en este
ángulo. Una pared divisoria junto a la cama contenía un pequeño vestidor y un
baño elegantemente reformado.
Esperó en su pequeña sala de estar, colocando su equipaje junto al sofá
mientras ella recorría el anexo.
—Santo... —La oyó decir al entrar en el baño.
Cuando Regan reapareció, le sonrió. Esa maldita y hermosa sonrisa suya
hacía difícil no sonreír a su vez.
—Me ocultaste algo, señor.
Thane enarcó una ceja.
—¿Cómo es eso?
—Este lugar —hizo un gesto—, es increíble.
—¿Eso crees? Es la mitad del tamaño de la habitación de invitados de
Lachlan.
—¿Y qué? —Sus grandes y brillantes ojos marrones bailaron alrededor del
espacio—. Mira qué bonito y acogedor es. ¡Y ese baño! Creo que nunca saldré de
esa ducha.
Una imagen de ella desnuda, con el agua resbalando por su hermoso
cuerpo, entró en su mente de la nada, y la desechó con culpa. ¿De dónde coño
salió eso? Se frunció el ceño.
—¿Estás bien? —preguntó ella.
Él asintió, incapaz de mirarla a los ojos.
—Bien, bien. Eh... bien... bueno —señaló el televisor—, tienes acceso a
todos los canales más las aplicaciones de streaming aquí. Hemos configurado el
Wi-Fi. La contraseña es PatrullaCanina. La p y c en mayúsculas, el resto en

94
minúsculas. La eligió Eilidh.
Regan se rió.
—Tal vez deberías hacer tu contraseña más difícil.
—¿Para que Lachlan no la robe? —se burló.
Él vio que la comprensión se hacía presente, y ella sonrió.
—Claro.
No tenían ningún vecino cerca para intervenir sus servicios de banda
ancha.
—Esto —señaló una tablet montada en la pared junto a la cocina—, es el
dispositivo domestico inteligente. Puedes activarlo con la voz y encenderá y
apagará las luces, subirá y bajará las persianas, incluso activará la alarma.
Encenderá la calefacción por debajo del suelo —continuó, señalando los suelos—
. Está programado, pero puedes cambiar la configuración aquí. O simplemente
activarlo por voz. Si tienes algún problema, dímelo. La activación por voz
encenderá cualquier tecnología en el anexo.
—Alta tecnología. Nunca me fijé en esto en la casa principal. —Estudió la
tablet con curiosidad.
—Fue un experimento aquí. Esperaba convencer a Fran de ponerla en la
casa principal, pero ella pensó que haría que los niños fueran perezosos.
—Probablemente tuviera razón. —Regan sacó las palabras de sus
pensamientos.
Se aclaró la garganta.
—De todos modos, no esperaba que te mudaras, así que no hay nada
abastecido excepto algunos productos básicos. Te dejaré dinero mañana para
que puedas comprar lo que necesites.
Regan frunció el ceño.
—No hace falta que hagas eso. Me pagas bastante bien. Puedo conseguir
esas cosas yo misma.
Asintió.
—Hablando de eso, tienes que abrir una cuenta bancaria para que pueda
pagarte.
—Claro.
—Bien. Pues bien. Es lo único que se me ocurre en este momento. —
95 Girando sobre sus talones, se dirigió hacia la salida—. Los niños se levantan a
las siete para ir al colegio, así que te necesitaré aquí sobre las seis y media para
que les prepares el desayuno. Los levantaré y sacaré de la cama antes de irme a
trabajar.
—Puedo hacerlo yo si necesitas salir antes.
—Me las puedo arreglar. —Le gustaba ser él quien los despertara por la
mañana. Nunca quiso que las seis y media de la tarde fuera la primera vez en el
día que sus bebés vieran a su padre.
—De acuerdo. Gracias de nuevo.
Se giró en la puerta al abrirla.
—Tú eres la que me ayuda a salir del apuro.
Regan le dedicó otra sonrisa con hoyuelos.
—Nos estamos ayudando mutuamente.
—Claro, claro. La llave y el llavero que te entregué te permitirán entrar en
la casa por la entrada lateral. Solo tienes que pasar el llavero por la caja blanca
de la derecha al entrar y se desactivará la alarma nocturna.
—Genial. Lo haré.
—De acuerdo. Buenas noches, entonces.
—Buenas noches —dijo ella en voz baja mientras él seguía los adoquines
de vuelta a la casa—. Te veo por la mañana.
Levantó un brazo en señal de buenas noches sin mirar atrás, y un extraño
malestar se apoderó de él al entrar en la casa principal. Tal vez fuera solo la
acción de confiar a otro ser humano, al que no conocía del todo bien, el cuidado
de sus hijos. Dejarla entrar en su casa. Lachlan lo llamó cuando volvía del
trabajo para decirle que Regan había arreglado todo con Robyn y que las
hermanas estaban bien. Eso le permitió sentirse mejor a la hora de ofrecerle el
trabajo a Regan, y Lachlan, que se mostraba aún más desconfiado con la gente
desde la traición de Lucy, pareció mostrarse afectuoso con la que sería su
cuñada.
También se notaba una pizca de envidia en la voz de Lachlan cuando
hablaba del reencuentro de Robyn con su hermana. Thane conocía bien a su
hermano. Pensaba en Arran y Brodan. Le preocupaba estar perdiendo a sus
hermanos menores.

96
Caminando por la casa, Thane apagó las luces, comprobó las puertas y
ventanas, tomó un vaso de agua y puso la alarma nocturna antes de dirigirse al
piso superior.
Se asomó silenciosamente a la habitación de Eilidh y la encontró extendida
en la cama como una estrella de mar, sumida ya en el país de los sueños. Un
amor que le dolía mucho en el pecho. Se emocionó tanto al saber que Regan era
su nueva niñera que se preguntó si se quedaría dormida siquiera. Pero no
debería haberse preocupado. Eils podía dormirse en cualquier lugar.
Al pasar a la habitación de Lewis, al final del pasillo, encontró a su hijo
acurrucado de lado, con la mejilla acunada en la mano, y el dolor se hizo más
fuerte. Incluso Lew parecía satisfecho de que Regan los cuidara. Su hijo, para
ser tan pequeño, no recibía bien a la gente nueva en su vida. Y era reacio a los
que aparecían y desaparecían de ella. Thane solo podía suponer que era el efecto
de haber perdido a su madre tan joven. Algo que nunca quiso tener en común
con su hijo.
Mientras Lachlan se preocupaba por Brodan y Arran, Thane también lo
hacía, pero también se sentía enfadado con ellos. No solía estarlo. Siempre era
él quien moderaba la molestia de Lachlan, recordándole que sus hermanos
querían encontrarse fuera de los límites de la familia Adair. Ahora, no tanto.
No tenía nada en contra de que salieran al mundo y vivieran sus vidas,
pero ¿dónde estaba su amor y consideración por la familia? Su hermano menor,
Arran, llevaba años sin comunicarse con ellos. Nunca sabían dónde estaba o qué
hacía hasta que aparecía en Navidad o quizá durante un mes en verano. Apenas
conocía a sus sobrinos.
Brodan, el segundo hermano más joven, no solía ser tan malo. Cuando se
mudó a Los Ángeles para trabajar como actor, se mantenía en contacto todas las
semanas. Venía a casa siempre que podía.
Pero algo cambió en el último año.
Brodan los alejó a todos y aparecía a menudo en los tabloides, ganándose
la reputación de chico malo de Hollywood. No tenía sentido. Brodan nunca fue
un chico salvaje y fiestero, ni siquiera a una edad en la que se esperaba eso. Era
más inteligente que todos los hermanos juntos, siempre tenía la cabeza metida
en un libro y admitía abiertamente que no entendía la fascinación por las drogas
y el alcohol.
Thane, al igual que Lachlan, estaba definitivamente preocupado por su
hermano mediano. Pero, incluso a través de la frustración de que sus hermanos

97
menores les preocuparan y se perdieran la vida de sus hijos, Thane tenía la
esperanza de que algún día volvieran a casa.
Era algo de lo que Lachlan y él hablaban a menudo, pero al entrar en la
gran suite principal que diseño para él y Fran Thane echaba de menos meterse
en la cama junto a su calor y descargar todas sus preocupaciones. Fran era
siempre práctica y sensata y siempre lo hacía sentir mejor.
Sentado en la cama, miró la fotografía enmarcada en su mesilla de noche,
en la que aparecían él y Fran en la universidad.
En ese momento llevaban un año juntos. Ella sentada en sus rodillas en
el sindicato de estudiantes, riendo hacia la cámara mientras él la abrazaba.
Durante mucho tiempo, no pudo mirar las fotos de ella. No podía soportar el
espantoso agujero negro de dolor que se abrió en su interior.
El tiempo no lo curaba todo, pero atenuó el dolor hasta que pudo mirar
las fotos, pudo hablar con Eilidh y Lewis sobre cómo heredaron el hermoso
cabello oscuro de su madre, pudo contarles todas las cosas que añoraban de la
madre que nunca llegaron a conocer.
Para su vergüenza, había incluso días en los que no pensaba en su mujer.
La primera vez que se dio cuenta de que no pensó en ella durante días, el
sentimiento de culpa le afectó mucho. Durante las semanas siguientes, se enfadó
y gruñó a todo el mundo hasta que Lachlan por fin le hizo explicar lo que le
pasaba.
Como siempre, su hermano lo tranquilizó. Le recordó que eso sucedió
cuando perdieron a su madre y a su padre. Que era normal.
La vida seguía adelante.
Pero hay días en los que la pena vuelve a golpear.
No como en aquel primer año. Todo le dolía entonces. Le dolía el pecho, la
panza, incluso la mandíbula y las encías por la tensión de la pena.
Ahora regresaba como una profunda punzada de anhelo.
Como esta noche.
Esta noche era la primera en mucho tiempo que deseaba estar acostado
junto a Fran. La Fran de la universidad. La chica que lo amaba y lo adoraba y
que nunca soñó con serle infiel. Pero eso no era justo, ¿verdad?
Thane se recostó en la cama vacía, la que sustituyó cuando no pudo volver

98
a la que compartió con Fran. Se giró para mirar las almohadas que estaban junto
a la suya.
Al fin y al cabo, no importaba si era la Fran de la universidad o la Fran
que puso patas arriba todo su mundo antes de quedarse embarazada de Eilidh.
Era Fran. La madre de sus hijos. Y habría sido un hermoso milagro acostarse a
su lado esa noche.
El repentino vacío era extraño.
Casi como si hubiera surgido de la nada.
O provocado por la pelirroja que vivía en su anexo.
La sonrisa de ella apareció en su mente, y se le retorcieron las tripas.
Suspirando, Thane se levantó de la cama y se dispuso a ponerse el pijama.
Se acabaron las tonterías sensibleras. Desconfiaba de la gente después de Lucy;
era natural. Pero Regan era la hermana de Robyn. Y Robyn era una de las
personas más confiables que conocía, así que tenía que confiar en el juicio de
Robyn. No tenía por qué inquietarse por la presencia de Regan en sus vidas.
Eilidh y Lewis se mostraron encantados. Especialmente Eilidh. Ya se
enamoró de la americana.
Pero Regan se iría en seis meses.
Sí, ahí estaba el problema.
Tendría que asegurarse de que Eilidh y Lewis supieran que la estancia de
Regan era temporal. Y tendría que hacerlo de una manera mucho mejor que la
forma en que les comunicó la traición de Lucy.
Con la cabeza llena de preocupaciones, Thane se alegró de caer en la cama
para poder leer un rato. Debería estar en su oficina trabajando en el extenso
proyecto que su empresa acababa de emprender, una remodelación comercial
del distrito de compras de Aberdeen, pero Thane ya había decidió que no
trabajaría en una tumba temprana para la empresa de otra persona. Trabajaría
las horas que le pagaban por trabajar. Fin.
Abriendo el thriller policíaco que llevaba a medias, Thane intentó volver a
meterse en la historia... pero las palabras no le llegaban. Su mirada se desvió
hacia la ventana de su habitación, y sus pensamientos volvieron a Regan en el
anexo.
Esperaba que recordara cómo poner la alarma correctamente.
No es que hubiera una posibilidad significativa de que le ocurriera algo en
99 las afueras de Caelmore, pero Thane era más consciente de la seguridad después
de que su viejo amigo de la familia y mecánico de la finca Ardnoch, Fergus, y
Lucy aterrorizaran Ardnoch.
—Está bien —murmuró para sí, volviendo a su libro.
Quince minutos después, se rindió con una maldición murmurada en voz
baja, tiró el libro al suelo y apagó la luz, esperando que el sueño llegara. No lo
hizo. Las noches en que su cerebro se encontraba hiperactivo, solía follar con
Fran hasta que ambos quedaban exhaustos. Eso fue al principio de su
matrimonio. Después de Lewis, su vida sexual cambió.
Muchas cosas cambiaron entre ellos.
100

Regan

E
l sonido del mar se filtró en mi conciencia, despertándome antes
que mi alarma. Tan tarde como cayó la noche, el día amaneció
pronto, con la luz del sol filtrándose por las rendijas entre las
persianas automáticas. Parpadeando contra la luz, sonreí al escuchar el canto
de las gaviotas.
Anoche dejé una ventana abierta porque hacía un poco de calor en mi
pequeño apartamento, y decidí que lo volvería a hacer esta noche. Los sonidos
de la naturaleza como llamada de atención eran bastante fantásticos.
—Enciende las luces —dije en voz alta, y todas las luces se encendieron
en la casa de invitados. Podría acostumbrarme a esto—. Enciende el café.
Un zumbido procedente de mi izquierda atrajo mi atención, y vi la luz roja
parpadeando en la máquina de café. Sonreí.
—Oh, sí, podría acostumbrarme a esto.
Como me levanté media hora antes de lo necesario, me entretuve mientras
preparaba el café. Quité mi teléfono del cargador con el enchufe adaptador de
Robyn.
—Abre las persianas —ordené y luego me acurruqué en el sofá para ver
cómo se abrían las grandes persianas de las puertas corredizas. Desde aquí,
tenía una vista parcial del mar al fondo.
Sorbiendo mi café, desbloqueé mi teléfono y revisé mis correos
electrónicos.
Nada. Solo spam.
Sin las redes sociales, no hay nadie de quien esperar correos electrónicos
o mensajes. Las únicas amistades significativas, o que yo creía significativas,
eran mis mejores amigos de la secundaria, Xavier y Riko. Riko se marchó a la
escuela de arte de la Costa Oeste y perdimos el contacto al final de su primer
año. Xavier se mudó a Nueva York para hacer prácticas con un diseñador de la
CFDA, y nos mantuvimos unidos, hasta que me fui de mochilera y empecé a
ocultarle cosas. Intenté llamarle cuando volví a Boston, pero su novio me
contestó y me dijo: Deja de llamar, zorra, Xave no quiere saber nada de ti.
101 Lloré mucho, pero dejé de llamar.
Y los “amigos” que hice en mi viaje de mochilera no eran personas con las
que pudiera contar para un apoyo real.
Literalmente no tenía a nadie.
Excepto a Robyn. Y mi madre y mi padre.
Decidiendo que era mejor calidad que cantidad, aparté los pensamientos
melancólicos, terminé mi café y me preparé para el día.

Una hora más tarde, consumido el café, duchada en mi increíble baño de


lujo (que era tan bueno como el de la suite de invitados de Lachlan), secado el
cabello y elegido el atuendo para mi primer día de trabajo, estuve lista para salir.
Decidí que la comodidad era un factor importante, por lo que decidí ir de compras
para complementar mi guardarropa. Me puse uno de los dos pares de vaqueros
pitillo que metí en la maleta, junto con una camiseta ajustada por delante, pero
holgada por detrás, y unas zapatillas demasiado grandes que me prestó Robyn.
Entré en la casa principal y desactivé la alarma, paseando en silencio
hasta el lavadero, donde separé la ropa de color de la blanca. Puse un montón
de la de color en primer lugar, terminé allí (por ahora) y me dirigí a la cocina.
Eran solo las seis, y nadie más parecía haberse levantado todavía.
Decidí preparar un café para Thane, y trasteé con su elegante cafetera
hasta que lo resolví. Después de prepararme una taza, decidí que ningún otro
café volvería a servir. El suyo era increíble. Entonces las fotos de la pared
volvieron a llamarme la atención. Después de que Thane se pusiera gélido y no
respondiera a mi pregunta sobre su mujer, no quise mirar las fotos demasiado
de cerca delante de él. Ahora, a solas, me tomé mi tiempo para estudiar la pared
de la galería de fotos en blanco y negro bellamente enmarcadas.
Había montones de fotos bonitas de los niños y unas cuantas de Thane y
Fran, algunas de cuando eran muy jóvenes hasta casi su muerte, supuse. Una
vez más, me pregunté cómo murió. Fran era una morena muy bonita, y aunque
no podía distinguir su color en las fotos en blanco y negro, sus ojos claros
llamaban la atención sobre su cabello oscuro.
Sin embargo, fue Thane quien me sorprendió.

102 En las fotos de él, más joven y sin barba, estaba escandalosamente guapo.
No es que no me diera cuenta de que era guapo. Pero esa enorme barba
escondía a un tipo muy sexy que se parecía mucho a su hermano. Al mirarlo
fijamente en las fotos, me di cuenta de que los ojos de Thane se diferenciaban
de los de Lachlan y eran su rasgo más atractivo. Eran penetrantes, intensos,
conmovedores y... sexis.
Perturbada por lo sexy que era mi nuevo jefe, me alejé a trompicones de
las fotos y me dije que solo eran las fotografías. No pensaba lo mismo de él en la
vida real. La barba no me gustaba nada.
Al oír el crujido de las tablas del suelo, me puse a descargar el lavavajillas.
Sabiendo que más tarde estaría muy ocupada preparando a los niños para
la escuela, decidí hacer sus almuerzos ahora. Busqué en la despensa y adiviné
lo que les gustaría. Hechos los bocadillos, me puse a buscar sus mochilas.
Después de recorrer la cocina, por fin encontré unas bonitas bolsas de almuerzo
abandonadas en el cuarto de la basura. La de Eilidh era de color rosa con un
unicornio cabalgando sobre un arco iris y un bolsillo para su botella de zumo; la
de Lewis tenía el dibujo de Pac-Man impreso por todas partes.
Atravesé el vestíbulo y me detuve al ver a Thane de pie en la cocina, dando
un sorbo a su café. Llevaba una camisa blanca y un pantalón de traje gris oscuro,
de nuevo tan incongruente con su cabello y barba descuidados. Sin volverse, sus
llamativos ojos se deslizaron hacia un lado para mirarme por encima de su taza
mientras bebía.
Unas extrañas aletas cobraron vida en mi vientre.
Son los nervios del primer día, me dije.
—Buenos días. —Me sobrepuse a la extrañeza y le dediqué una pequeña
sonrisa—. Solo preparaba los almuerzos de los niños. —Pasando por delante de
él, volví a mi sitio en la isla.
—Buenos días. ¿Qué has hecho? —De repente sentí su calor a mi espalda
mientras miraba por encima de mi hombro.
Olía bien. No era ni picante ni almizclado ni “de colonia”. Olía fresco y
cítrico. Así que era un tipo de crema corporal en lugar de colonia, ¿eh?
Regan, deja de pensar en lo bien que huele.
—Uh... sándwiches de mantequilla de maní y jalea. —Miré por encima de
mi hombro—. ¿Está bien?
—Nunca los han probado juntos así. Es una cosa americana. Así que ya
103 veremos. —Se alejó agradecido, pero solo para abrir la nevera y volver con dos
yogures diferentes. Finalmente levanté la vista hacia él y me encontré atrapada
en esos increíbles ojos.
¿Por qué no me di cuenta de lo verdaderamente espectaculares que eran
esos ojos?
¡Realmente me gustaría que dejara de fijarme ahora!
—Fresa para Eilidh. —Me entregó un yogur—. O de frambuesa o cualquier
cosa con bayas. Ni de melocotón, ni de plátano, ni de vainilla ni de chocolate...
y nada con trocitos. —Sus ojos bailaban con humor—. Eilidh tiene un problema
con las texturas de los alimentos.
Sonreí, poniendo el yogur de fresa en su bolsa de almuerzo.
—Tomo nota.
—Lewis come de todo, pero ahora le gusta el pudín de chocolate. —Thane
me dio la pequeña taza de pudín—. Sin embargo, si no deja de comerlos pronto,
tendremos que obligarlo a cambiar a una opción más saludable.
—Bien. Puedo hacer eso. ¿Qué más debería incluir?
Agarró su café y mi mirada siguió el movimiento. Sus grandes manos
parecían fuertes, su piel naturalmente aceitunada, sus dedos largos pero con
nudillos grandes, las venas asomando por la parte superior. Me pregunté si sus
antebrazos también serían fuertes y con venas.
Más alegrías en mi vientre. Culpablemente, aparté la mirada.
Estúpida, estúpida, estúpida.
Me gustan las manos bonitas en los hombres. Las manos bonitas me
excitan. Y las de Thane eran el par de manos más bonitas y masculinas que
conocía.
Son solo manos.
Y él es tu jefe.
¡Y deja de pensar en la palabra manos!
Qué. Demonios.
—¿Estás bien? —preguntó Thane.
—¿Eh? Sí. Por supuesto, ¿por qué?
Me estudió con los ojos entrecerrados.
—Porque no respondiste a mi respuesta a tu pregunta.
104
Oh, Dios mío.
Eso es, Regan, la desconexión en el primer día de trabajo.
—Lo siento. ¿Cuál fue tu respuesta?
Thane frunció el ceño.
—¿Seguro que estás bien? ¿Has dormido bien en el anexo?
—Como en un sueño —le aseguré. Al ver que seguía frunciendo el ceño,
no quise que pensara que era una despistada, así que solté—: Me quedé
mirandote las manos.
Sus labios se separaron con sorpresa.
—¿Qué?
Oh, Jesús. Bueno, ¡ahora lo has dicho!
—La razón por la que no escuché tu respuesta fue que me di cuenta de
que tienes... manos.
La diversión iluminó sus ojos azules, y pude notar que estaba luchando
por no reírse.
—Así es. Tengo manos.
Sonrojada por la vergüenza, puse los ojos en blanco.
—Sí. Tienes manos. Quería decir que tienes unas manos bonitas.
—¿Tengo manos bonitas? —repitió, todavía escrutándome con una sonrisa
sexy en sus labios rodeados de barba. Tenía muchas ganas de coger una
maquinilla de afeitar para esa cosa.
Al darme cuenta de que le estaba mirando la boca, me sonrojé más y bajé
la vista hacia los almuerzos de los niños. Con un encogimiento de hombros
indiferente, respondí:
—Me fijo en las manos bonitas de la gente. Probablemente se deba a mi
horrible intento de dibujarlas durante un año de clase de arte enla secundaria.
Las manos son duras.
—Las manos son duras. —No tuve que mirarlo para saber que se estaba
riendo de mí.
—De todos modos, decías lo de los almuerzos de los niños.
—Bueno, espera un momento. —Se acercó y extendió su mano izquierda
105 ante nosotros, con los dedos separados—. ¿Son lo suficientemente bonitas como
para hacer de modelo, no crees?
Le dirigí una mirada oscura y fingida ante su chiste.
Sus ojos brillaron hacia mí.
—¿Crees que debería empezar a usar guantes? ¿Son mis manos un peligro
para la libido de la gente? ¿Estoy provocando un caos involuntario cada vez que
saco estos cachorros? Quiero decir, si la gente empieza a soñar despierta con
ellos, como tú acabas de hacer, mientras están en un auto conmigo, podría...
Lo empujé juguetonamente.
—¡Cállate!
Thane soltó una atractiva carcajada, guiñó un ojo y dejó su taza de café
en el fregadero.
—Hay paquetes de fruta en la nevera. Uvas para Lewis, frambuesas para
Eilidh. Métetelas. Los paquetes de zumo de fruta están en la despensa. Voy a
subir a despertarlos antes de irme.
Mientras subía las escaleras de dos en dos, traté de ignorar las
incontrolables mariposas en mi vientre.
—Oh, diablos —murmuré en voz baja, agachando la cabeza con
desesperación.
Diez minutos más tarde, Thane volvió a bajar las escaleras, y traté de ser
más profesional.
—Si me dices a qué hora te levantas por la mañana, puedo prepararte el
café para que esté listo —le dije mientras llenaba una taza para llevar.
—Gracias, pero no hace falta. Solo tienes que encender la cafetera. —
Desapareció por el pasillo y regresó un minuto más tarde con una chaqueta de
cuero ajustada que resultaba tan apetecible.
Desviando la mirada, me centré en la limpieza de la cocina.
—Tomé un café. Espero que esté bien.
—Por supuesto. —Se acercó, obligándome a mirarle. Mantuve mi expresión
en blanco y no me aparté de su rostro. No es que eso ayudara con mi repentino
problema—. Sírvete lo que quieras. Y, si los niños no bajan a desayunar en diez
minutos, ve a buscarlos. A veces Eilidh también necesita ayuda para arreglarse
por la mañana.
106 —No hay problema. Hoy le voy a hacer una trenza. Quizá una pez o una
de sirena, como prefiere Eils, o podría hacer una corona de trenzas...
No ignoró mis incesantes divagaciones. De hecho, no pareció encontrarla
innecesaria. Su expresión se suavizó.
—No sé qué es eso, pero estoy seguro de que le encantará.
Vaya, la mirada tierna era aún peor que la risa.
—Bien, será mejor que te vayas, ¿no? —¡Vete, vete, ahora!
—Desayuno: cereales. No hace falta ponerse elegante. Siempre los invito a
un gran desayuno el fin de semana. Los cereales están en la despensa. A Lew le
gustan los Corn Flakes, sin azúcar. A Eilidh le gustan los Froot Loops.
—Entendido. —Señalé hacia la puerta—. Lo tengo todo controlado, lo
prometo.
Thane frunció el ceño.
—No hemos repasado tus tareas domesticas.
—Lavar la ropa, limpiar la casa, preparar la cena, ¿verdad?
—Sí. —Retrocedió un poco—. Pero solo desempolvar ligeramente mi
oficina. No quiero que se mueva nada.
—Entendido.
—Y a Eilidh le gustan sus osos dispuestos en su cama y alrededor de su
tepee exactamente así.
Mi boca tembló de risa.
—Ella y yo tendremos una buena charla sobre eso.
Sus ojos se abrieron de par en par, como si se le acabara de ocurrir una
idea.
—Los niños están aprendiendo a limpiar lo que ensucian, así que si sus
habitaciones son una explosión no hay postre después de la cena. Esa es la regla
y ellos lo saben.
—Es bueno saberlo.
—Lachlan debe tener un ayti para ti en la entrada, y Robyn dijo que te
guiaría a la escuela para que sepas a dónde vas.
—Genial. —Me sentía un poco nerviosa por conducir en un país extranjero.
—Y...
107 —Thane —le corté—. Nos arreglaremos por un día. Y luego tú y yo podemos
hablar esta noche. Vas a llegar tarde al trabajo. No te preocupes, Eilidh y Lewis
están en excelentes manos. Te lo prometo.
La ansiedad brilló en sus ojos, pero rápidamente se encogió de hombros.
—Bien. Nos vemos esta noche.
Le saludé con la mano, ignorando el hecho de que su aspecto de padre
adorable y cariñoso era extremadamente atractivo.
Cuando la puerta se cerró tras él, me desplomé contra el mostrador.
—Puedes dejar de pensar así ahora mismo —murmuré, irritada conmigo
misma.
Me comí un tazón de cereales mientras preparaba a Eilidh y Lewis para ir
al colegio. Después de una discusión demasiado larga sobre lo que puse en sus
mochilas (y una promesa de tener una conversación seria sobre sus gustos y
disgustos cuando llegaran a casa de la escuela), acababa de ponerles los zapatos
cuando sonó el timbre.
Fue entonces cuando recordé que Robyn nos iba a guiar al colegio. Mis
nervios se disiparon al pensar en tener a mi hermana cerca. Lo familiar y
reconfortante siempre era agradable en una situación desconocida.
—¡Estás aquí! —La abracé en cuanto abrí la puerta.
Mi hermana parecía un poco desconcertada pero me abrazó.
—¿Estás bien?
Me aparté, asintiendo, caminando de nuevo hacia el cuarto de lavado.
—Sí, sí, sí, solo los nervios del primer día.
Los niños ya se dirigían por el pasillo hacia el salón principal, así que me
detuve y esperé.
La bonita cara de Eilidh se iluminó al ver a Robyn y fue corriendo hacia
ella para abrazarla.
—Hola, cariño —saludó Robyn, bajando a sus rodillas para recibir el
abrazo. Acarició una de las trenzas de Eilidh—. Mira qué bonito es tu cabello.
Sus grandes ojos brillaron.
—¡Lo hizo riri! Son las mejores crinejas de la historia. Ahora Maisie no
puede burlarse de mi cabello.
—¿Quién se burla de tu cabello? —inquirí antes de preguntarle a Lewis si
108 tenía todo lo que necesitaba.
Asintió mientras Robyn le tendía la mano.
—Hola, tú.
Le dedicó una pequeña sonrisa.

—¡Maisie! —respondió Eilidh, volviéndose hacia mí—. Tienes que conocer


a Maisie, riri. Es mi primera mejor amiga. Anna es mi segunda mejor amiga.
Bueno, Maisie fue mi primera mejor amiga, pero ahora tú eres mi primera mejor
amiga, Maisie mi segunda y Anna mi tercera. Pero no se lo diremos.
Con el corazón derritiéndose en mi pecho, me encontré con la mirada de
Robyn, y ella me sonrió.
—Tú también eres mi mejor amiga —le susurré en voz alta al oído—, pero
no se lo digas a Robyn.
—Robyn puede oírte. —Mi hermana fingió estar afligida, haciendo que
Eilidh soltara una risita.
—Bien, ¿tenemos todo? —les pregunté de nuevo.
Asintieron.
—De acuerdo, entonces. —Agarrñe las llaves de la casa de la encimera de
la cocina y le hice un gesto a Robyn para que nos guiara.
Para mi sorpresa, nos condujo a dos Range Rovers. Reconocí el suyo, un
Evoque negro brillante. El que tenía detrás era más grande, un Velar plateado.
—Estás bromeando, ¿verdad? —dije mientras ella sonreía y me entregaba
un llavero.
Lo agarré, aturdida.
—La flota de Lachlan en la finca es todo Range Rovers —dijo, como si eso
lo explicara todo—. Créeme, quieres un todoterreno que se adapte a las
carreteras de aquí.
—¿Es este tu auto, riri? —Eilidh corrió hacia el vehículo plateado y le dio
una palmada.
Mis ojos se abrieron de par en par mientras me volvía hacia Robyn.
—Ni siquiera he conducido nunca por este lado de la carretera, ¿y quieres
meterme en un auto de setenta mil dólares para mi primer intento?
Al ver mi genuina ansiedad, Robyn hizo una mueca.
—Lo siento. Debería haber sabido que te asustaría. Yo simplemente acepté
109 que Lachlan es un loco generoso. Um... bueno, esto es lo que haremos: me
seguirás con cuidado hasta la escuela, y luego, una vez que hayamos dejado a
los niños, te llevaré a una clase de conducción.
—Tengo tareas domesticas.
—Las harás. Si vas a llevar a los niños de un lado a otro, estoy segura de
que Thane estará de acuerdo en que es importante que sepas lo que estás
haciendo. Especialmente en las rotondas.
Tratando de no asustarme, asentí.
—De acuerdo. De acuerdo. Bien, pues tenemos que llevar a los niños al
colegio.
Una vez que Eilidh y Lewis subieron alegremente a la parte trasera del
lujoso vehículo con asientos de cuero negro y olor a auto nuevo, fui a subir al
lado del pasajero.
—Buen comienzo —murmuré para mí, rodeando el capó. Sin embargo, el
siguiente problema surgió cuando, una vez ajustados el asiento y los espejos, no
supe cómo encenderlo.
—Hay un botón grande junto al volante. —Lewis lo señaló desde atrás.
Genial. Un niño de siete años estaba ofreciendo instrucciones de
conducción.
Encontré el botón de arranque del motor, lo pulsé y no pasó nada. Excepto
un mensaje que aparecía en la pequeña pantalla detrás del volante. Decía que
tenía que pisar el freno antes de arrancar el motor.
El sudor se acumuló bajo mis brazos y en mis palmas. Finalmente, puse
el auto en marcha y saqué el pulgar por la ventanilla para avisar a Robyn de que
estábamos listos.
Para ser justos, el lujoso todoterreno se conducía como en un sueño, tan
silencioso, y se deslizaba por la estrecha carretera rural. Mientras Lewis se
mantenía en silencio, Eilidh parloteaba constantemente, pero afortunadamente
se contentaba con que yo hiciera ruidos agradables de vez en cuando mientras
me concentraba en seguir a mi hermana y en mantenerme en el lado correcto de
la carretera.
Fue muy extraño.
Cuando redujimos la velocidad al acercarnos a una rotonda, se me aceleró
el pulso. Robyn encendió el intermitente de la derecha y yo le seguí, y entramos
en la rotonda en dirección contraria. Excepto que aquí era el maldito camino

110
correcto.
—Oh, Dios mío —dije en voz baja.
—¿Estás bien? —preguntó Lewis, interrumpiendo el monólogo de Eilidh
sobre cómo iban a reaccionar sus amigos ante su cabello.
—Bien, bien —le aseguré. Los niños no necesitaban saber que la persona
que los cuidaba no sabía conducir en Escocia.
Para mí eterno alivio, menos de diez minutos después llegamos a la
escuela. Parecía un año.
Robyn giró en un gran aparcamiento adyacente a la escuela y, por un
milagro, nos encontró unas cuantas plazas.
Sudoroso y un poco tembloroso, salí del auto y desabroché a Eilidh
mientras Lewis se bajaba.
—Ven a mi lado —la llamé, y así lo hizo. Le dediqué una tierna sonrisa, me
volví hacia Eilidh y la saqué del auto. Me echó los brazos al cuello antes de que
pudiera bajarla al suelo.
—¿Puedes venir a clase conmigo? —Hizo un mohín.
Estaba bastante seguro de que esa cara le conseguía todo lo que quería,
pero por desgracia, no podía tener esto.
—Lo siento, preciosa, ya conoces las reglas. No se permiten padres ni
amigas mayores de cinco años.
Su ceño estaba tan fruncido que una persona podría colocar monedas a lo
largo de la línea de su frente.
La abracé con fuerza.
—Pero vendré a recogerte a la escuela y adivina qué voy a preparar para
cenar esta noche.
Los ojos de Eilidh se iluminaron.
—¿Qué?
—Puré de nuggets de pollo.
Su voz se hizo más profunda mientras presionaba su frente contra la mía.
—Nuuuuuuggets de pollo.
Mientras me reía, el tierno tirón en mi pecho era tan profundo que me
dolía.
Y me di cuenta de algo aterrador.
111 Era mi primer día de trabajo... y ya estaba enamorada de estos niños.

—Esto está mal —dije mientras Robyn y yo salíamos de nuestros


todoterrenos. Los estacionams en la plaza principal, fuera del Gloaming, después
de la clase de conducción—. Se supone que estoy trabajando.
—Y trabajarás —prometió Robyn—. Pero antes vas a tomar café y
desayunar con tu hermana. —De repente frunció el ceño mientras caminábamos
por Castle Street—. ¿Es eso... cómo puede... papá? —exclamó.
Siguiendo su mirada, vi a Mac caminando por la calle hacia nosotros.
—Pensé que estaba de viaje.
—Yo también lo creía. —Aceleró el paso y yo me apresuré a acompañarla.
Una mujer que iba delante de nosotros pasó por delante de Mac con su
cochecito y le miró por encima del hombro, obviamente examinándolo.
Me reí y Robyn gimió.
—En serio. Es en todos los sitios a los que vamos. Las mujeres se le echan
encima.
—Tienes un padre sexy.
—No digas eso. —Me empujó juguetonamente—. Es como un padrastro
para ti. Eso es como si yo dijera que Seth es atractivo.
—Mi padre es muy guapo —respondí a la defensiva.
—Sí, lo es. Pero hay una diferencia entre destacar la guapura de un padre
o una figura paterna y su atractivo.
Asentí
—No volveré a decir que Mac es sexy.
—Por favor, no lo hagas. —Mac se detuvo ante nosotros, habiendo
escuchado la última frase. Me lanzó una mirada burlona—. Es raro para mí.
Con la cara ardiendo de vergüenza, me encogí de hombros.
—Oye, para mí también es raro.
—Hablando de rarezas —Robyn me rescató cambiando de tema—. ¿No se
supone que estabas en California?
112 —Llegué al aeropuerto y me dijeron que mi vuelo de Londres se canceló.
Un huracán sobre el Atlántico. Tuve que reprogramar la reunión para la próxima
semana.
—Oh. Bien, ¿qué vas a hacer ahora mismo?
—Voy a tomar un café y un pastel de la panadería. ¿Ustedes, chicas?
—Es el primer día de Regan como niñera de Thane.
Mac enarcó una ceja mientras me miraba con esos penetrantes ojos color
avellana. El color de los ojos de Robyn coincidía exactamente con el de su padre,
y hoy la luz del sol hacía que los suyos (y los de Robyn) fueran de color verde
bosque.
—¿Estás cuidando de Eils y Lew?
—Sí. —Escuché la ligera nota de preocupación en su voz y le aseguré—:
Soy una buena niñera.
—Eso he oído, —dijo finalmente tras un largo momento estudiándome—.
Enhorabuena por el nuevo trabajo.
—Papá, ¿por qué no desayunas con nosotras? —preguntó Robyn.
—De verdad que tengo que regresar —argumenté, culpable por haber
holgazaneado en mi primer día de trabajo.
—Las tareas domesticas seguirán ahí cuando vuelvas.
—Robbie...
—Robbie tiene razón. —Mac se acercó a nosotros y luego señaló al otro
lado de la calle hacia una cafetería—. No hay nada malo en desayunar primero.
Y tú y yo no hemos tenido la oportunidad de hablar realmente.
No estaba segura de que eso fuera algo malo. Todavía no sabía lo que
sentía por Mac, aunque él y Robyn se llevaran muy bien.
Sin embargo, por el bien de mi hermana, los seguí al café. Y Robyn tenía
razón. La dueña, Flora, una atractiva mujer que rondaba la edad de Mac,
coqueteó ferozmente con él mientras pedíamos. En cuanto se levantó de la mesa,
Robyn negó con la cabeza a su padre.
Él se encogió de hombros como diciendo
—¿Qué?
—Es una mujer casada —bromeó Robyn.
Mac esbozó una sonrisa perversa que estoy seguro que devastó a las
113 mujeres de todas las edades.
—No hay nada malo en un poco de coqueteo inofensivo.
—Pero no delante de mí otra vez.
Con ojos brillantes de diversión, Mac sacudió la cabeza y se volvió hacia
mí.
—Entonces, ¿qué te parece Ardnoch hasta ahora?
Intercambiamos una pequeña charla mientras esperábamos a que llegara
nuestro desayuno. Tan pronto como puse mi tenedor en un huevo revuelto, mi
hermana directa dijo:
—Vayamos al grano. Regan no está al tanto de algunas cosas sobre ti y
sobre mí. —Señaló entre ella y Mac—. Y yo quiero que todo se aclare.
Mac tragó un bocado de su bollo de desayuno y asintió.
Ambos me miraron.
—¿mencionaste algo sobre mamá y Mac? —pregunté.
Robyn intercambió otra mirada con su padre y luego exhaló lentamente.
—Mac me escribió durante años, toneladas de cartas. Enviaba regalos, no
solo a mí, sino también a ti, y ella se los devolvía todos sin decírmelo.
La miré con incredulidad. Desde los catorce años mi hermana creía que
Mac la abandonó por completo. Mientras ella ocultaba su dolor al resto del
mundo, era en mis brazos en los que lloraba cuando su rechazo le llegaba al
alma. Y ahora me decía que él siguió en contacto, y que mamá lo ocultó.
—No. —Sacudí la cabeza, sentándome de nuevo en mi silla, la comida que
tenía delante de mí a la vez poco apetecible.
—Tengo las cartas. Los regalos. —Robyn le dedicó a su padre una sonrisa
melancólica—. Mac las guardó.
Al ver el dolor que parpadeaba en los ojos de Mac, angustia que no
ocultaba, mi corazón dio un vuelco.
—Por favor, dime que no es verdad.
Robyn hizo una mueca.
—Mamá lo admitió. Cuando volví a Boston, lo hablamos todo y se disculpó.
—¿Y la perdonaste? —resoplé.
—Lo intento, sí. —Mi hermana me tomó de la mano—. No quiero que le
114 eches en cara esto. Ella... mamá no es una mala persona. Solo... solo pensó que
me protegía.
—No, se protegía a sí misma.
—Ree...
—No puedo creer esto. —Aparté mi plato—. Todo el tiempo perdido entre
tú y Mac porque ella mintió.
—Tienes que recordar —habló ahora Mac—, que herí profundamente a
Stacey cuando rompimos. No quería que terminara. Y, cuando me fui a
California, ella lo vio como que también abandonaba a Robyn. Sí, me impidió ver
a mi hija. Sí, mintió y ocultó mi correspondencia. Pero realmente creía que
protegía a Robyn.
—Eso es lo que pasa con mamá —me quejé—. No ve el mundo y la gente
en él como son realmente. Los ve como ella quiere que sean.
—¿No lo hacemos todos? —preguntó Robyn en voz baja.
—No. El resto de nosotros juzga a la gente basándose en sus acciones, no
en cómo percibimos esas acciones basándonos en nuestras propias y jodidas
inseguridades. Perdona mi lenguaje.
—Esto es algo más que Stacey guardando cartas —dedujo Mac,
observándome con atención.
—Lo es —coincidí—. Se trata de que proyecta esta idea de quién soy en mí
desde antes de que me permitiera desarrollarme como la persona que quería ser.
Robyn era la persona capaz y responsable. Yo era la niña tonta, frívola y salvaje.
Y esa no soy yo. Y no era el lugar de Robyn criarme, pero mamá también le puso
eso a ella. Es como si me hubiera convertido en un problema que ni siquiera
existía, pero luego se aseguraba de tener a otra persona a la que culpar cuando
yo metía la pata. Eso está mal.
—Tienes que hablar con tu madre —aconsejó Mac con severidad—. No
puedes ir por ahí con ese resentimiento encima, Regan.
Sabía que tenía razón. La intensidad de mi reacción a las revelaciones de
Robyn sobre las cartas de Mac me sorprendió.
—¿Tengo que hacerlo de inmediato? Arruinará mis vacaciones laborales —
bromeé.
—No de inmediato —respondió Robyn—. Pero pronto.
—Hablaré con ella cuando la vuelva a ver —decidí—. Esta no es una
115 discusión que se tenga por teléfono. —Como si fuera una señal, el mío sonó en
mi bolso—. Lo siento, déjame comprobarlo.
Lo abrí para descubrir un mensaje de Thane y, extrañamente, calmó mi
agitación.
Llevaré comida para para la cena. Chino. Arro se une a nosotros y tú
también eres bienvenida. Solo tienes que decirme qué te apetece.
Sonreí, dándome cuenta de que me estaba poniendo las cosas fáciles en
mi primer día comprando comida para llevar. Mientras respondía que me
encantaría unirme a ellos, junto con mi selección, no me di cuenta de que estaba
sonriendo hasta que levanté la vista y vi que mis compañeros me estudiaban.
Mis mejillas se sonrojaron.
—Es solo Thane. Va a pedir comida para la cena, lo que significa que mi
carga de trabajo se ha hecho más fácil hoy. —Hice pasar mi reacción a su texto
como felicidad por esto último.
Pero Mac entrecerró los ojos muy ligeramente, y fue como si me hubiera
atrapado como un conejo en los faros. ¿Era sospecha su expresión?
De ninguna manera.
Acababa de responder a un mensaje. Nada más. Mis sentimientos por
Thane eran... ¿y qué si yo...?
Aparté mi mirada de la de Mac y escuché a Robyn hablar de una excursión
a la que quería llevarme cuando tuviera un día libre.
En serio.
El padre de mi hermana veía demasiado.
116

Thane

—P
arece que estás de mejor humor.
Thane dejó de observar la lenta caída del sol
sobre el agua para encontrarse con la mirada de su
hermano. Ambos sentados en la terraza trasera de
Lachlan, cómodamente amueblada y cubierta, con cervezas en la mano,
disfrutando de la magnífica noche de verano. Hacía media hora, su hermano le
envió un mensaje para preguntarle si le apetecía tomar una cerveza en la parte
de atrás. Acababa de acostar a los niños y, ante la petición de Eilidh de que
Regan le contara un cuento antes de dormir, la hermana de Robyn seguía en la
casa. Thane intentó decirle a Eilidh que Regan tenía que irse porque ya había
pasado su horario de trabajo, pero Regan le hizo callar, contenta de hacer lo que
Eilidh le pedía. Ella no parecía dispuesta a volver a su anexo, y a él no le
importaba su presencia. En realidad, era agradable no ser el único adulto en la
casa.
—Ve a tomarte una cerveza —le dijo ella mientras bajaban la escalera—.
Puedo quedarme aquí por si los niños se despiertan.
—No necesitas hacer eso. No te pago para que trabajes fuera de horario,
Regan.
Ella le lanzó una mirada divertida.
—O veo una película el viernes por la noche en el anexo, o la veo aquí. No
hay más diferencia que la de que puedes ir a tomarte una cerveza con tu
hermano si lo hago aquí.
Tranquilizado, Thane la dejó frente a una comedia romántica, acurrucada
en su gran sillón.
—Regan ha mejorado el humor de la casa —respondió a su hermano—. Ha
hecho que los niños dejen de pensar en Lucy. Todo ese asunto era confuso para
ellos. Creo que yo lo hice confuso para ellos.
—¿No es confuso para ti? —preguntó Lachlan en voz baja antes de tomar

117
otro sorbo de cerveza.
La ira de bajo nivel ardía en sus entrañas mientras miraba el agua.
—Yo no era el que ella acosaba.
—Lo que hizo, cómo pudo mentir tan brillantemente, me jodió la cabeza.
Si no fuera por Robyn, me habría convertido en un bastardo aún más
desconfiado de lo que ya soy. Tal y como están las cosas, me resulta difícil confiar
en alguien nuevo que entre en nuestras vidas por lo que ella hizo.
La confesión de Lachlan no sorprendió a Thane. Tenían una edad tan
cercana que parecían más bien gemelos. Aunque rara vez hablaban de sus
emociones con otros hombres ajenos a la familia, nunca se contenían de contarse
lo que les pasaba por la cabeza. La mayoría de las veces.
—La llegada de Regan no ha sido fácil —continuó Lachlan, y Thane
experimentó una punzada de algo extrañamente parecido a la defensiva. Pero
antes de que pudiera expresarlo, su hermano dijo—: Pero confío en Robyn, y ella
confía en su hermana. Cree que Regan ha reconocido sus errores y que tiene
buenas intenciones... Me alegro de que confíes en ella, por el bien de Robyn, pero
no te culparía si te costara, en general, confiar en la gente.
Thane frunció el ceño.
—Como he dicho, Lucy te acosó a ti, no a mí.
—Hubo algo entre ustedes. Nos admitió que tenía sentimientos genuinos
por ti.
Esa ira de bajo nivel se encendió más.
—¿Es esa mujer capaz de tener sentimientos genuinos?
—No lo sé. Joder, eso espero.
—No pasó nada entre nosotros —dijo Thane, volviéndose hacia Lachlan.
Sabía que su hermano sospechaba que él y Lucy se acostaron, pero nunca llegó
tan lejos—. Nos besamos. Una vez. Después del ceilidh de la primavera pasada.
Eso fue todo.
—¿Sentiste algo por ella?
—¿Por qué lo preguntas ahora?
—Porque no quiero que te preocupes por esta mierda. No quiero que
ninguno de nosotros se preocupe por esta mierda. El juicio se avecina, y con él
una tormenta mediática, y todo eso no morirá hasta que el juicio termine. No
quiero que consuma nuestras vidas hasta entonces. Así que sacaremos el veneno
que ella puso en nosotros. Ahora. Antes de que profundice más.
118 Maravillado por el cambio experimentado por su hermano desde la llegada
de Robyn, Thane sintió una punzada de envidia. Eso era lo que podía hacer el
amor de una buena mujer. Lo sabía de primera mano.
También sabía de primera mano lo que podía hacer su traición.
—Bueno... Lucy... ¿sentiste algo por ella?
Thane sonrió con desgana.
—Era una estrella de Hollywood carismática y sorprendente. Y yo soy un
simple mortal. ¿Qué te parece? —A pesar de saber que estuvo en la cama de su
hermano, Thane se sintió muy atraído por Lucy Wainwright. Era el tipo de mujer
impresionante que era casi intocable, pero parecía tener los pies en la tierra. El
tipo de mujer que sabía cómo hacer que cualquier hombre se sintiera cómodo en
su presencia. Lucy también fue siempre dulce con sus hijos.
Aunque tuvo citas desde la muerte de Fran y se acostó con otras mujeres,
Lucy fue la primera mujer por la que se sintió más que atraído físicamente.
Afortunadamente, sus sentimientos no fueron más allá del afecto.
Pensar en lo que podría haber pasado si la hubiera dejado entrar más en
su vida lo enfurecía.
—Te jodió la cabeza —conjeturó Lachlan.
—La dejé acercarse a mis hijos —siseó Thane—. Eso es lo que más me jode
la cabeza. El tiempo que pasó con Eilidh. Llenandole la mente con quién sabe
qué. Y luego tener que explicarles que Lucy ya no estará por aquí porque intentó
hacer daño a sus tíos... digamos que fue una conversación confusa para todos
nosotros. No sabía qué debía decirles y fue... simplemente... joder, fue un lío.
Se hizo el silencio entre ellos, y Thane dio un agitado trago a su cerveza.
—Regan no es Lucy —dijo de repente Lachlan.
La cabeza de Thane giró hacia su hermano tan rápido que una punzada
de dolor le subió por el cuello.
—¿Qué?
Se encogió de hombros.
—Solo lo decía. En caso de que eso esté en tu mente. Es una hermosa
pelirroja.
—¿Crees que habría contratado a Regan para que cuidara de mis hijos si
eso fuera lo que me rondara por la cabeza?

119 —Por supuesto que no. Solo quería decir... no sé. —Lachlan suspiró
cansado—. Solo estoy preocupado por ella. Robyn cree que, si todos hacemos
que Regan se sienta como en casa, que se sienta abrazada aquí, podría sentar la
cabeza.
Thane resopló.
—Está viviendo en mi anexo, cuidando a mis hijos. ¿Cuánto más quieres
que la abrace?
Su hermano se echó a reír.
—Me parece justo.
Sonriendo, Thane volvió a mirar el agua. Sonó una puerta que se cerraba
a lo lejos, seguida por el zumbido de la música. Lachlan miró por encima del
hombro, hacia el lado de la casa. Cuando volvió a mirar, lucía una pequeña y
casi imperceptible sonrisa.
—Robyn está trabajando.
Su hermano construyó un edificio independiente para el negocio de
fotografía de Robyn.
—Me alegro de que la encontraras —dijo Thane. Y lo estaba de verdad.
Lachlan se merecía a alguien especial como Robyn.
Lachlan pareció sombrío de repente.
—La amo tanto que apenas puedo contenerlo. No sé cómo lo hiciste,
Thane. Cómo te levantaste cada día y seguiste adelante después de perder a
Fran. Me siento amonestado por ti.
La emoción le ardía en la garganta. Thane alargó la mano y acarició el
hombro de Lachlan. No sabía cómo decirle a su hermano que, al final, no tuvo
con Fran lo que Lachlan tenía con Robyn. No tenía sentido. Eso no cambiaba el
hecho de que una mujer a la que amaba, la madre de sus hijos, había muerto
abruptamente y él la lloraba profundamente. Todavía la lloraba.
Tras unos instantes de silencio, Thane dijo:
—Vas a dejar que Eilidh sea la niña de las flores, ¿no? Hasta que apareció
Regan, era lo único de lo que hablaba.
—Por supuesto. —Lachlan esbozó la sonrisa de un hombre enamorado—.
Nos aseguraremos de que consiga el vestido que quiere... ¿A Eils le gusta Regan,
entonces?
—Oh, sí. —La preocupación se agolpó en las entrañas de Thane—.

120
También a Lewis. Ya sabes que no se lleva bien con la gente, pero puedo ver que
le gusta. Les he explicado que es algo temporal, que Regan vuelve a Estados
Unidos dentro de seis meses, pero me preocupa el cariño que ya le tienen, y solo
han pasado dos días.
—Si Robyn tiene algo que ver, su hermana estará aquí más de seis meses.
—¿Qué quieres decir?
—Cree que este lugar será bueno para Regan.
Haría su vida más fácil si Regan pudiera quedarse más de seis meses.
—¿A su edad? Dudo que este lugar la mantenga interesada mucho tiempo.
Aun así, deberías ver mi casa. Está reluciente. Todas las cosas de los niños están
organizadas y ordenadas. Llego a casa y la cena está lista. Incluso mi despacho...
lo limpia sin desordenar nada allí.
Lachlan le sonrió.
—Parece que estás disfrutando de tu niñera ama de casa.
Aunque sabía que su hermano no se refería a nada sexual, Thane sintió
un rubor de anhelo físico.
Solo la cerveza, se dijo a sí mismo, incapaz de encontrarse con los ojos de
su hermano.
—Es agradable no vivir en caos.
Sin embargo, cuando volvió a la casa una hora más tarde, encontró a
Regan acurrucada y dormida en su sofá. Se fijó en su vestido esa mañana,
preguntándose qué pasó con sus cómodos vaqueros y camiseta, más apropiados
para sus tareas diarias, pero no hizo ningún comentario, ya que podía ponerse
lo que le diera la gana.
Pero ahora se fijó definitivamente en el vestido. Se le había subido, de modo
que podía ver la curva de un culo muy firme debajo de él. Su hermoso cabello se
esparcía por los cojines del sofá.
Se le apretaron las tripas de necesidad al ver a la bella durmiente en su
sofá.
Parecía dormida y cómoda...
Y muy sexy.
Agarró la manta que cubría el respaldo del sofá y la colocó sobre ella, con
cuidado de no tocarla.
Era demasiado joven para él.
121 Por no hablar de la futura cuñada de su hermano.
Y él era su jefe.
El hecho de que fuera una mujer hermosa debía ser ignorado.
Apagó el televisor y se apartó, sin hacer ningún movimiento para irse,
aparentemente hipnotizado por la visión de su hermoso rostro relajado por el
sueño.
Antes, observó su rostro mientras leía animadamente un libro a Eilidh.
Era brillante interpretando y poniendo todas las voces, e incluso le hizo reír.
La imagen de su cara de risa, esos hoyuelos que se profundizaban en sus
mejillas de manzana, lo puso más duro.
—Joder —murmuró mientras subía las escaleras en silencio—. Solo un
poco borracho —se tranquilizó. Eso era todo. En realidad, no se sentía atraído
por su niñera de veinticinco años.
Era un hombre mejor que eso.
122

Regan

T
odavía me miran mal las madres solteras sedientas.
Intenté no sonreír mientras le enviaba el mensaje a Robyn.
Un par de segundos más tarde, mi teléfono zumbó en mi mano.
Lachlan se preguntó de qué me reía y se lo conté. Le parece
divertidísimo. Probablemente se lo dirá a Thane.
Oh, no. No lo hará. Mejor que no.
Ya era bastante malo ocultar mi creciente enamoramiento del hombre. No
necesitaba saber que existía un grupo de madres solteras en la Escuela Primaria
de Ardnoch que claramente tenían a Thane en la mira. Hace más de tres
semanas, al final de mi primera semana completa de trabajo como niñera, y
después de que estas madres me echaran el ojo en las puertas de la escuela cada
mañana y cada tarde, dos de ellas se acercaron para preguntarme quién era. Al
principio, pensé que solo estaban pendientes de Eilidh y Lewis. Aunque la
escuela era lo suficientemente grande como para dar cabida a todos los
asentamientos periféricos de Ardnoch, no era masiva. Y ya sabía por Robyn que
todos se conocían aquí. La ingenua de mí pensó que eran amistosos.
—Soy Regan Penhaligon. —Le ofrecí una mano a la atractiva rubia mayor
que se presentó como Michelle.
—¿Algún parentesco con la prometida de Lachlan Adair? —preguntó su
compañera morena.
—Su hermana.
—¿Y tú estás... cuidando a los niños por Thane? —preguntó la rubia.
—Soy su nueva niñera.
De repente, el ambiente se volvió gélido y sus sonrisas se volvieron tensas.
Arrastraron sus miradas por mi cuerpo de esa forma que hacen las mujeres
cuando quieren que te sientas juzgado.
Y ahí estaba yo, pensando en lo increíble que era su acento escocés y en

123
lo mucho que me gustaba el estilo moderno de Michelle.
Entonces se puso peor.
—¿Solo la niñera? —La morena arqueó una ceja.
Yo le devolví la mirada con una ceja.
—No. También cocino y limpio.
Como la maestra (Robyn) me enseñó a mirar mejor a alguien, la morena
perdió la partida y aoartó la mirada, con los labios fruncidos.
Michelle me dedicó otra sonrisa apretada.
—Eres muy joven para ser niñera, ¿no?
Maldita sea, tenía un acento genial. Era un acento más grueso, un poco
como el de Mac. Lástima que su acento fuera más genial que ella.
—Tengo veinticinco años.
—Oh, pareces más joven que eso. —La expresión de la morena era
sospechosa, como si no me creyera. ¿Qué demonios?
—Sí, pensábamos que acababas de salir de la secundaria.
Sí, claro. ¿Qué pasaba aquí?
—Conocemos a Thane desde hace mucho tiempo, —dijo la morena con
altanería—. Realmente le echamos de menos en las puertas de la escuela. ¿No
volverá, entonces?
Mis sospechas aumentaron.
—No en un futuro inmediato.
Sonó el timbre y, afortunadamente, las mujeres corrieron de vuelta con
sus acompañantes, que se inclinaron para escuchar lo que habían descubierto
en su misión de reconocimiento. Puse los ojos en blanco y traté de olvidarlos,
emocionada por la salida de Eilidh y Lewis de la escuela.
—No te preocupes por ellos —dijo una voz con acento inglés.
Miré a mi izquierda y vi a un tipo atractivo que me sonreía con picardía.
Tenía el cabello castaño largo y los ojos oscuros.
—¿Perdón?
Levantó la barbilla en dirección a Michelle y las otras tres mujeres.
—Madres solteras sedientas.
—¿Perdón? —repetí.
124
—Thane Adair es sexy, rico y padre soltero. No un padre soltero cualquiera:
es viudo. A los corazones sangrantes les encanta eso. Además, es un Adair. Ese
nombre tiene importancia en estos lugares.
Mis sospechas se confirmaron.
—¿Todas tienen sus ojos puestos en Thane?
—Sí. —El hombre sonrió, sus ojos bajaron por mi cuerpo pero no de la
manera insultante en que lo hicieron las miradas de Michelle y sus amigas—. No
están contentas de saber que estás viviendo con él como su niñera.
Ante mi expresión de confusión, se rio.
—Te has mirado en un espejo, ¿verdad?
La sangre de mis mejillas se calentó. Por muy arrogante que pudiera
parecer admitirlo en voz alta, sabía que era guapa. Nunca me faltaron novios.
Pero nunca prioricé la apariencia física. Todos los chicos con los que salí tenían
una cosa en común: carisma. Aparte de eso, eran totalmente diferentes en el
departamento de apariencia. Algunos eran típicamente guapos, como Maddox, y
otros resultaban atractivos por su sensualidad interior más que por su evidente
atractivo.
En cualquier caso, no esperaba encontrarme de nuevo en la secundaria,
en un pequeño pueblo de las Tierras Altas de Escocia, odiada porque salía con
el chico más sexy de la escuela. Y esta vez, ni siquiera salía con él, sino que
trabajaba para él.
—Jesús —murmuré, lanzándoles una mirada—. ¿Creen que soy una
amenaza?
—¿No lo eres?
Tal vez porque no fui capaz de disipar mi enamoramiento de Thane, solté:
—Por supuesto que no. Thane es un caballero. Es mi jefe, eso es todo.
El chico levantó las manos, su mirada se dirigió a las puertas de la escuela
mientras los chicos salían en tromba.
—Oye, no quise decir nada con eso. Por cierto, soy Will. Mi prometido
trabaja para el hermano de Thane en la finca. Jock. Está en el equipo de
seguridad.
¿Jock, como el sargento?

125 —¿Eres el prometido del sargento?


Will se río.
—Me ha dicho que le llamas así. Y sí. ¡Ese pequeño mocoso que corre hacia
mí es Adam! —dijo, justo cuando un niño que parecía una versión mini de Jock
saltó a sus brazos—. ¿Qué tal la escuela?
—Bien. —El chico me miró tímidamente—. Me alegro de que haya
terminado.
Le sonreí, pero miré por Eilidh y Lewis.
—Tu pequeña está llegando. —Will señaló a Eilidh entre la multitud—. Ella
y Adam están juntos en clase, así que seguro que nos volveremos a ver.
Me despedí de Will y Adam justo cuando Eilidh se acercó corriendo y rodeó
mis piernas con sus brazos. Echó la cabeza hacia atrás, sonriéndome, y anunció:
—¡Es viernes!
Sacudiéndome el recuerdo de aquella primera semana completa como
niñera de Thane, miré a las cuatro mujeres. Aunque ahora conocía todos sus
nombres, seguía refiriéndome a ellas como las madres solteras sedientas desde
que Will las llamó así por primera vez. Descubrí que Will era un artista, y no solo
me enamoré de sus pinturas, sino también de él. Tomábamos un café rápido
después de la salida de la escuela dos veces a la semana y hablábamos de todo
y de nada. Me contó que Jock dejó embarazada a su ex novia y que se conocieron
cuando Will se mudó a Ardnoch para montar su galería. No entró en demasiados
detalles, pero pude leer entre líneas que a Jock le costó aceptar que era bisexual.
Sin embargo, al final salió del armario con su familia y se fue a vivir con Will.
Durante todo ello, luchó por la custodia total de Adam debido a la adicción
a la heroína de su ex novia. Había tantas pruebas de negligencia que ganó.
Will era un gran amortiguador entre las madres sedientas y yo, pero él,
Jock y Adam estaban de vacaciones en el Caribe durante dos semanas, así que
esta semana estaba sola en las puertas.
Mi hermana no me contestó, lo que significaba que Lachlan le contaba a
Thane lo de las madres. No es que importe. Si eran tan obvias conmigo, ¿cómo
de obvias eran con Thane?
Otra mirada. Capté los ojos de la morena, se llamaba Laura, y sonreí.
Ella frunció el ceño como si no supiera qué hacer con eso.
Lo que sea. Volviendo a bajar la mirada, le envié a Robyn un enlace a un
diseñador de bodas en Edimburgo. Mientras cuidaba y limpiaba mi trasero este
126 último mes, también estuve ayudando a Robyn a planear su boda. Todo iba
viento en popa, teniendo en cuenta que se iban a casar en el castillo de Ardnoch
y que utilizarían los servicios de la finca para ello. Pero todavía teníamos que
organizar el vestuario de la novia, la decoración, la música, la banda, las
invitaciones y todo lo demás. La boda se celebraría en primavera, a solo siete
meses de la fecha.
Dos minutos después, sonó el timbre y guardé el teléfono. Por una vez,
Lewis me alcanzó primero.
—Hola, amigo, ¿buen día?
Se encogió de hombros.
—Estuvo bien.
Apoyé una mano en su hombro, atrayéndolo a mi lado y maldiciendo
interiormente a la señora Welsh. Aunque la madre de Connor presentó una queja
y la señora Welsh emitió una disculpa, seguía siendo “impaciente y mala”. Me
sentía impotente, odiando que a Lewis le disgustara tanto la escuela por culpa
de ella. En quinto grado, tuve una profesora horrible que me hacía sentir
estúpida todo el tiempo, y me hizo odiar seriamente la escuela. Hasta ese año,
me encantaba la escuela. No quería que eso le pasara a Lewis.
—Ya que es viernes, pensé que podríamos tomar un helado en Morag’s.
¿Qué te parece?
Me dedicó una pequeña sonrisa y un asentimiento. Mientras esperábamos
a que Eilidh se separara de un emocionado grupo en el centro del patio, Lewis
se acercó a mi lado.
Fue sutil, pero ocurrió.
Mi mano se estrechó en su hombro.
Finalmente, Eilidh se separó de sus amigas y saltó hacia nosotros, con sus
trenzas de pez con las cintas rosas atadas en los extremos volando a su
alrededor.
—¡Hemos creado una banda de chicas!
Tomé su mano y me reí.
—¿Sí? ¿Cómo se llaman?
—Todavía no lo sé. A mí me gustan Las Unicornios, pero a Maisie le gustan
Las Sirenas.
Acompañando a los niños hacia el auto, me esforcé por mantener una cara
127 seria.
—Bueno, es una gran decisión que tomar.
—La verdad es que no. —Ella sacudió la cabeza con firmeza—. Los
unicornios son mejores que unas tontas sirenas.
—¿Eres la cantante principal?
Eilidh me miró como diciendo “bueno, claro”, y esta vez no pude evitar
reírme. Al abrir los ojos, alcancé a ver a Michelle observándome mientras se
llevaba a sus hijos. Decidiendo no dejar que el escrutinio me molestara, conduje
a mis pupilos al Range Rover y puse a Eilidh al corriente del plan del helado.
Al igual que hizo con los nuggets de pollo, anunció el helado al mundo con
su voz monstruosa. Hasta Lewis se rió.
128

Regan

E
l trayecto hasta la playa era de apenas veinte minutos desde la
casa. Quedaba en el extremo opuesto de la línea costera, así que
atravesamos el pueblo para llegar a ella. Fui a la playa con Robyn
los fines de semana; en la medida de lo posible, traté de dar a Thane espacio con
Eilidh y Lewis en mis días libres. Si no salía con Robyn (porque intentaba darle
espacio con su prometido), salía con Arrochar o Eredine, o con ambos. Hacíamos
excursiones de un día a Inverness, y me hicieron volver a practicar el senderismo
mostrándome senderos por los Cairngorms. Por supuesto que tuve que
equiparme con material nuevo de la tienda de ropa para actividades al aire libre,
y eso no fue barato. Pero valió la pena.
A medida que pasaban las semanas me iba familiarizando cada vez más
con los habitantes del pueblo, y entre mi amistad con Arro, Eredine y Will, mi
restaurada cercanía con Robyn y un trabajo que me encantaba, Ardnoch
empezaba a ser mi hogar.
El único inconveniente de todo esto eran mis sentimientos por Thane. No
podía recordar la última vez que me gustó tanto un chico. Y nunca uno que
estuviera tan fuera de los límites. Una de las formas de evitar dichos
sentimientos era evitar a dicho hombre, y el mejor momento para hacerlo eran
los fines de semana.
Sin embargo, era mediados de octubre, y todo el país experimentaba una
loca ola de calor. No es que nadie que no sea escocés considere que las
temperaturas de veinte grados sean una verdadera ola de calor, pero los
escoceses que me rodeaban se maravillaban de ella, decididos a aprovecharla,
incluidos Eilidh y Lewis. Decidieron que querían pasar el sábado, el primer día
oficial de sus vacaciones escolares de octubre, en la playa, pero convencieron a
Thane para que me permitiera acompañarlos. Quise decir que no, pero cuando
me miraban con esos ojos de cachorro... aj. Fue Lewis quien me conquistaba, y
creo que también por Thane. Durante las últimas seis semanas se volvió cada
vez más demostrativo en su afecto por mí. Anoche, cuando limpiaba los platos y
me preparaba para ir al anexo, Lewis me propuso ir a la playa con ellos al día
siguiente. Y vaya, una mirada a Thane y supe que ninguno de los dos podría
negárselo.
129 Así que aquí estaba yo, jugando a ser una familia feliz con Thane Adair.
Solo tenía que rezar para que ninguna de las madres sedientas estuviera
en la playa, o esto les daría algo que masticar.
—Sabía que estaría ocupado —murmuró Thane en voz baja mientras
aparcaba en el último espacio libre del aparcamiento sobre las dunas—.
Vacaciones de octubre. Todo el mundo se está quedando en el parque de
caravanas de Gordon.
Mirando a mi izquierda, vi la entrada de un parque de caravanas más
adelante.
—¿Es ahí donde Robyn se quedó un tiempo?
—Sí, en la caravana privada de Gordon. —Miró por encima del hombro a
Eilidh y Lewis en la parte trasera del todoterreno—. ¿Están listos?
Eilidh sonreía, con los dientes apretados en una sonrisa maníaca que me
hizo reír, mientras Lewis ya se desabrochaba el cinturón de seguridad. Ambos
llevaban el traje de baño bajo la ropa, pero yo renuncié a el. Me puse un vestido
de verano, aunque me pareció que hacía viento. Si los niños querían meterse en
el agua me metería con ellos, pero definitivamente no iba a llevar un bikini
delante de Thane.
Salí para ayudar a Eilidh mientras Thane cogía la nevera, la manta y la
cesta de picnic del maletero. Sin embargo, en cuanto abrí la puerta del pasajero,
Eilidh dijo que quería ponerse las sandalias en lugar de las zapatillas. Las metí
en una bolsa extras (ropa, zapatos y toallas).
—Un segundo —le dije, y rodeé el todoterreno.
La comida estaba dispersa en la parte trasera del vehículo. Thane levantó
la vista de la cesta de la compra.
—Maldita cerradura rota —refunfuñó.
—¿Está bien la comida?
—Algunas están un poco golpeadas.
—No pasa nada. —Le di una palmadita en el hombro en señal de seguridad
y me arrepentí inmediatamente cuando sentí su duro músculo. Sonrojándome
por dentro, rodeé su lado y me incliné hacia el auto—. ¿Dónde está la bolsa con
las sandalias de Eilidh?

130
—No... ahí está. —Señaló el rincón más oscuro de la zona de carga
profunda.
Por desgracia, los dos nos acercamos a agarrarla al mismo tiempo y
nuestras mejillas se golpearon. Sentí el sorprendentemente suave cosquilleo de
su barba.
—¡Perdón! —exclamamos los dos, y nos echamos atrás. En la sacudida,
los nudillos de Thane rozaron mi pecho derecho, y aspiré una aguda bocanada
de conciencia.
Nuestros ojos chocaron y juré que vi calor en los de Thane antes de que
apartara la mirada. Su voz sonó un poco ronca cuando dijo:
—Déjame agarrar las sandalias.
Con un cosquilleo en el cuerpo y las mejillas encendidas, me aparté y traté
de mirar a cualquier parte menos a su culo. Lo conseguí. Sin embargo, no
conseguí dejar de contemplar la perfecta forma de uve de su espalda, desde la
cintura hasta los anchos hombros. A lo largo de las últimas seis semanas, a
pesar de intentar evitar estar a solas con Thane todo lo posible, aprendí sus
hábitos. Y mantenerse en forma era uno de ellos. Tenía un pequeño gimnasio al
lado de su dormitorio que utilizaba varias veces a la semana al amanecer. Me
dijo que podía utilizarlo cuando quisiera. La oferta me hizo reír.
—¿No te gusta hacer ejercicio? —me preguntó con una sonrisa divertida
en su boca bellamente curvada.
—Soy más bien una chica de yoga, pilates y senderismo. El entrenamiento
de artes marciales mixtas es lo más parecido a un entrenamiento que me verás
hacer.
Pero estaba más que feliz de disfrutar de los frutos visuales del trabajo de
otras personas en el gimnasio.
—Aquí. —Thane arrastró la voluminosa bolsa hacia la parte superior del
espacio de carga—. ¿Qué diablos hay aquí?
—Extras —expliqué—. De todo.
Ante su mirada interrogante, hice una mueca.
—Estamos en un viaje de un día a la playa con dos niños menores de ocho
años. Si pasamos el día sin necesitar al menos tres cosas de la bolsa de extras,
estaré sorprendida.
Sonrió, sus ojos se arrugaron atractivamente en las esquinas.

131 —Es cierto.


Ignoré el revoloteo de mi vientre y busqué las sandalias de Eils. Me moví
para sacar la gran bolsa del auto.
—Yo la agarro. —Thane lo agarró.
Aparté su mano con suavidad y lo rodeé.
—Tú llevas todo lo demás.
—Papá —dijo Lewis detrás de mí—. Puedo ayudar.
—Lleva tú las toallas, hijo —dijo Thane.
Una vez le puse las sandalias a Eilidh, los cuatro bajamos por las dunas
hasta la concurrida playa de Ardnoch. Mantas, lugareños y turistas salpicaban
el tramo de lujosa arena dorada. No culpo a todo el mundo por bajar a la playa,
aunque prefería pasear por ella con Robyn cuando apenas hay nadie.
Pero hoy, el cielo sin nubes convirtió el agua del Mar del Norte en un azul
verdoso casi mediterráneo. La suave arena era de color blanco-dorado cerca de
las dunas, para pasar a un naranja rojizo donde la orilla la bañaba
continuamente. La playa quedaba aislada en una gran cala, que se curvaba
hacia fuera en los extremos opuestos hasta desaparecer en los acantilados
verdes que sobresalían más allá.
—Dios, este lugar es precioso —dije, incluso mientras temblaba por la
fresca brisa que soplaba hacia nosotros desde el mar. Me aferré más a la mano
de Eilidh mientras nos deslizábamos un poco por las dunas. Lewis caminaba a
mi derecha, entre su padre y yo.
Thane, que parecía tan imperturbable como los demás por la brisa,
sonreía. Un par de Ray-Bans llamativas ocultaban sus ojos de mí.
—¿Te está seduciendo, entonces?
Solo oí la palabra seducir.
—¿Eh?
Se rió, mirando hacia adelante.
—Escocia. ¿Te está seduciendo como lo hizo con tu hermana?
—Creo que ambos sabemos que no fue Escocia la que sedujo —bromeé.
Riendo, Thane asintió y se disponía a responder cuando Eilidh se le
adelantó.
—¿Qué es sepuducó?
132 Olvidando momentáneamente que los niños siempre escuchan, palidecí y
lo cubrí con una brillante sonrisa.
—Encanto, cariño. Significa encantar a alguien. Ya sabes, hacer que te
guste.
Estaba bastante segura de que Thane me lanzó una mirada de
agradecimiento, pero era difícil saberlo detrás de esas gafas de sol.
Encontramos un lugar un poco más abajo en la playa, cerca de las dunas,
y de la nada Thane sacó un objeto desconocido y multicolor y lo desplegó.
Consistía en cuatro tiras anchas de lona estirada con palos encajados entre cada
una de ellas para que pudiera plegarse en diferentes direcciones. Lo colocó en la
arena como un muro que se curvaba alrededor de nuestras toallas.
Mirando a través de la playa me di cuenta de que la mayoría de la gente
tenía esto o pequeñas tiendas de campaña de colores.
—¿Qué es eso?
—¿El cortavientos? —Levantó una ceja—. ¿No hay de estos en los Estados
Unidos?
—No. Tenemos sombrillas y cabañas para combatir el sol. No el viento. —
Sonreí ante la idea.
Sin embargo, cuando nos sentamos detrás, la piel de gallina desapareció
ahora que bloqueamos la brisa. De hecho, el sol otoñal resultaba francamente
cálido.
Los cortavientos. Eran algo increíble.
Me puse a cubrir a Eilidh con protector solar mientras Thane hacía lo
mismo con Lewis. Intenté no pensar en la imagen que formábamos los cuatro.
Como una familia.
Por ahí está el peligro.
—¡Ahí está Anna! ¡Ahí está Anna! —Eilidh saltó de un lado a otro, con los
volantes de su vestido de baño rebotando alrededor de su cintura. Siguiendo su
mirada, vi que tenía razón. Una de sus mejores amigas, una niña rubia pixie,
está en la playa con su madre y su hermana mayor Rosie.
—Yo también veo a Connor —dijo Lewis, estirando el cuello para mirar
hacia la playa.
—¿No quieres sentarte con nosotros un rato? —preguntó Thane, sonando
un poco molesto.

133 Sonriendo para mis adentros, tomé la mano de Eilidh.


—Pueden sentarse con nosotros durante la comida, ¿no?
Aceptó de mala gana, y nos alejamos de nuestro lugar, yo para entregar a
Eilidh a Anna, con la promesa de la madre de Anna de cuidarla mientras
jugaban, y Thane de hacer lo mismo con Connor y su padre.
Nos reunimos de nuevo en nuestra manta, detrás del cortaviento, y de
repente fui muy consciente de estar a solas con él.
—Me siento poco querida —bromeé para romper la tensión que estaba
segura que solo yo sentía.
Thane se rió.
—Es extraño que ambos estén en esa edad en la que quieren irse a jugar
con sus amigos. No hace mucho tiempo no querían separarse de mí.
—Siguen siendo bebés —le aseguré mientras me cubría con el protector
solar. Elegí deliberadamente un vestido con la espalda alta para no necesitar que
nadie me ayudara.
Con lo que no contaba era con que Thane se quitara la camiseta.
Pero, ¿por qué no lo haría si tenía ese aspecto?
El hombre no era musculoso al máximo como un modelo masculino. Se
veía definido, sí, pero si no supiera que se ejercitaba, supondría que su
constitución era natural. No tenía nada de sobrecarga en su físico. Era...
demasiado sexy para ser mi jefe.
Maldita sea.
Sin saber a dónde mirar, me giré para mirar el agua mientras él se cubría
de crema solar. Aparentemente incapaz de controlarme, le miré de reojo justo
cuando se dio cuenta de que cometió un error de juicio al quitarse la camiseta.
No podía cubrirse la espalda con crema solar sin ayuda.
Y yo era una completa oportunista sin ningún tipo de autopreservación.
—¿Necesitas ayuda?
Thane hizo un sonido de exasperación.
—Si no te importa.
Mi pulso aumentó mientras tomaba el protector solar y caminaba de
rodillas hasta estar detrás de él.
Su amplia espalda se extendía ante mí, piel lisa y aceitunada sobre una
134 musculatura sana. Y tenía un tatuaje en su hombro derecho que nunca había
visto antes: un símbolo de nudo celta.
Respiré hondo, esperando que Thane no pudiera oírlo, y me eché crema
en los dedos y luego presioné las palmas de las manos sobre su fuerte espalda.
Por un momento, no moví las manos. Temía que, si lo hacía, lo acariciara.
Thane giró ligeramente la cabeza, como si sintiera que algo iba mal. Me
sacudí del modo de enamoramiento loco y le apliqué la crema en la piel. Iba bien
hasta que noté lo tensos que estaban sus hombros.
—Necesitas un masaje —dije, amasando inconscientemente mis dedos y
pulgares en los músculos demasiado tensos.
Él gruñó.
—Joder, qué bien se siente. Tenía ese nudo ahí desde siempre.
Frunciendo el ceño, pasé el pulgar por la zona a la que creía que se refería.
—¿Aquí?
El sonido de profundo placer me hizo sonreír, y seguí masajeando.
—Esto se te da bien —dijo Thane después de unos segundos, con una voz
ronca y áspera.
Me pregunté si sonaría así después del sexo.
Al pensar en ello, sentí un cosquilleo entre los muslos y tuve que dejar de
apretar mis pechos contra su espalda.
Estaba perdiendo la maldita cabeza. ¡Contrólate, mujer!
Intenté concentrarme en cualquier cosa menos en los gemidos bajos que
salían de sus labios.
—¿Qué significa el tatuaje?
Thane se tensó un momento y luego volvió a relajarse ante mis caricias
mientras respondía:
—Es celta... es el simbolo de romper maldiciones.
Sorprendida, mis manos se apartaron de sus hombros y se giró,
obligándome a retroceder.
—¿No es lo que esperabas? —Se pasó una mano por la barba, con un
aspecto casi infantilmente avergonzado.
No de Thane. El señor Práctico y Sensible. Mac era el que estaba lleno de
cuentos de magia y hadas. Sacudí la cabeza.

135 —¿Qué significa para ti? —Después de mis muchas conversaciones con
Robyn durante las últimas seis semanas, me confesó muchas cosas sobre su
relación con Lachlan. Una de las razones por las que se abstenía de tener una
relación genuina con Robyn era que estaba convencido de que los hombres Adair
estaban malditos por perder a las mujeres que amaban. Le aterrorizaba
irracionalmente (no tan irracionalmente, supongo, sobre todo teniendo en cuenta
sus circunstancias) que Robyn muriera si la amaba. ¿Se refería Thane a la
misma maldición familiar?
—¿Te ha contado Robyn mucho sobre nuestra familia?
Queriendo ser sincero con él, asentí.
—Me confió algunas cosas personales. Sé lo de la maldición de los Adair.
O la llamada maldición.
—Es algo que se le ocurrió a Lachlan. Algo que se le metió en la cabeza y
casi arruina sus oportunidades con Robyn. Maldito terco. —Dijo el insulto con
el afecto que veía expresado abiertamente entre los dos hermanos. Eran muy
cercanos, como yo y Robyn—. Él cree que se remonta a mucho, mucho tiempo
atrás. Nuestro tatarabuelo perdió a su mujer por la gripe seis meses después de
casarse. Se casó de nuevo, pero lo mucho que amaba a su primera esposa y que
nunca se recuperó realmente de su muerte fue una historia que se transmitió de
generación en generación. Su hijo perdió a su mujer al dar a luz y nunca volvió
a casarse. Luego mi madre murió al dar a luz y nuestro padre nunca lo superó.
Nuestra tía Imogen se quedó con nosotros, ayudó a criarnos pero, cuando murió,
creo que acabó con nuestro padre.
—Entonces Fran murió —susurré, con la emoción calando en mi garganta.
Todavía no sabía cómo murió. Robyn dijo que era Thane quien debía confiarme
esa información. Que nadie saliera a decir si murió de cáncer o en un accidente
de auto o algo que ocurría todos los días me hizo pensar que su muerte tenía un
cariz más oscuro.
—Entonces Fran murió —repitió Thane con gravedad—. Lachlan se
convenció de que estábamos malditos, pero yo me negué a creerlo. —Pude
percibir su mirada penetrante a través de sus gafas de sol oscuras—. Me niego
a ser controlado por un destino mayor. Así que me hice el tatuaje como
recordatorio de no dejarme llevar por ese camino. —Se encogió de hombros y se
rascó la barba—. En su momento me pareció una buena idea. Ahora me parece...
una tontería, supongo.
—No, no lo parece. Es muy fácil caer en la trampa de creer que no tienes
el control de tu vida: si no tenemos el control, no tenemos que hacernos

136
responsables de nuestros fracasos, ni siquiera de nuestros éxitos. Algunas
personas utilizan eso como una salida fácil. O, como Lachlan, dejan que el miedo
controle sus decisiones. Respeto que tú no hayas permitido que eso ocurriera.
Compartimos una larga mirada, el aire eléctrico entre nosotros.
—Tú tampoco lo has hecho —murmuró—. Tomaste las riendas de tu vida,
sí, cuando sentías que entraba en una espiral.
—Exactamente. —No le revelé nada a Thane sobre la razón por la que me
alejé de Robyn, y me encontré deseando que lo supiera, que lo entendiera. Si
Robyn no pensaba que yo era un cobarde, estaba segurq de que Thane tampoco
lo haría. Y quería que supiera que realmente entendía su tatuaje. Que lo
entendía.
Y así, algo resguardado de la vista gracias al cortavientos, con los ojos
puestos en Eilidh que jugaba a lo lejos, le confesé a Thane por qué dejé a Robyn
después de que le dispararan. No entré en detalles sobre Austin -esa era una
conversación que esperaba no tener que tener nunca-, pero le expliqué cómo
permití que mi miedo me alejara de ella.
—Me avergoncé de mi cobardía —terminé.
Thane se inclinó hacia mí, con una voz áspera.
—No eres una cobarde. Eras muy joven y no sabías cómo procesar tus
emociones. La inteligencia emocional requiere tiempo. ¿Crees que yo era
emocionalmente maduro y consciente de mí mismo a los veintidós, veintitrés
años? —dijo—. Aprendiste más rápido que muchos de nosotros, Regan.
Agradecida, extendí la mano sin pensarlo y la puse sobre su rodilla
doblada.
—Gracias por decir eso.
Su mano grande y fuerte cubrió la mía, y la piel de gallina se disparó por
mi brazo a pesar de la falta de brisa. Inhalé bruscamente y los dedos de Thane
se apretaron contra los míos.
—Thane. —Una voz femenina aguda nos sacó de ese momento, y levanté
la vista para ver a Michelle, una de las madres sedientas, caminando hacia
nosotros.
Apartándome de Thane, mi corazón se aceleró.
Me olvidé por completo de que estamos sentados en público, tocándonos
el uno al otro.
—Michelle. —Thane levantó la cabeza y la miró—. ¿Cómo estás?
137 Agitó dos conos de helado hacia nosotros, pero se movió más de lo
necesario para que sus impresionantes tetas se balancearan en el bonito top del
bikini.
La odié.
Mirando de reojo a Thane, traté de no mirarlo. No podía saber hacia dónde
miraba, pero un gruñido posesivo de celos sonó en mi cabeza. Más vale que no
le esté mirando las tetas.
—Llegó la furgoneta de los helados y los niños querían un poco. El padre
de Connor los vigiló mientras yo corría a buscarlos. Vi a Lewis. Está creciendo
mucho. Y guapo. Igual que su padre.
Thane se aclaró la garganta.
—Sí, bueno... —Se interrumpió incómodo, haciéndome reír.
—Parece que tus helados se están derritiendo ahí, Michelle —dije.
Llevaba gafas de sol, pero aún así supe que me miraba fijamente.
—Regan. No te vi allí.
Me reí en voz baja, pero la forma en que Thane se giró ligeramente para
mirarme, con una pequeña sonrisa en los labios, me dijo que me había oído.
Ante mi falta de respuesta, Michelle lanzó una sonrisa tensa a Thane.
—Espero verte en la noche de los padres. Quizá incluso antes. Todos te
echamos de menos en la entrada.
—Qué amable.
Cuando Thane no dijo nada más, su sonrisa vaciló y se despidió
rápidamente de nosotros antes de salir corriendo con los conos derretidos.
Se hizo el silencio entre nosotros durante un segundo.
Luego me eché a reír.
Thane medio rió, medio gimió mientras se apoyaba en sus manos.
—¿Podría ser más obvia? —Resoplé.
—Siempre. —Se frotó la barba con una mano—. Es lo único que no echo
de menos de trabajar desde casa. Soportar esas malditas recogidas y entregas
en las puertas con esas mujeres.
Mis celos se calmaron.

138 —¿No te interesa ninguna? Son atractivas.


La diversión de Thane se esfumó.
—No. Solo les interesa el nombre Adair y el dinero que creen que viene con
él.
Frunciendo el ceño, negué con la cabeza.
—Creo que tú también puedes tener algo que ver. Seguro que Lachlan ya
te contó que me han estado mirando mal durante las últimas seis semanas.
Sus labios se movieron.
—Mencionó algo.
—Creen que estoy haciendo algo más que de niñera para ti —solté.
A pesar de esas malditas gafas de sol, podía sentir que me miraba. Mi
cuerpo reaccionó a su involuntario ardor, y mi vestido me apretó de repente
demasiado los pechos.
—Ignóralas —respondió finalmente Thane—. Les gusta cotillear.
—Las ignoro —prometí. Luego, como era una curiosa, pregunté—: ¿Así que
no hay nadie con quien te interese salir?
Por un segundo pensé que podría haber cruzado el límite entre jefe y
empleado, pero Thane acabó respondiendo:
—No salgo a menudo. No quiero que muchas mujeres entren y salgan de
la vida de los niños.
¿Y qué hay del sexo? Era un hombre viril y muy atractivo en su mejor
momento.
Como si pudiera leer mis pensamientos, sonrió, y fue demasiado perverso.
—Hay una diferencia entre “salir” y “quedar”. Yo “quedo” más que salgo.
Si me entiendes.
Oh, sí, le entendía. Ahí estaban los celos asomando mi fea cabeza de
nuevo.
¿Está “quedando” con alguien en este momento? Todo este tiempo, mientras
yo me enamoraba de él, ¿se acostaba con mujeres a cualquier oportunidad que
tenía? ¿Pero cuándo? Todo lo que hacía era ser padre y trabajar. ¿Y si era alguien
con quien trabajaba?
Dios mío, me estaba volviendo loca.
Me giré para mirar a Anna y a Eilidh bailando en la playa y dejé que su
139 simpatía se impusiera a mi irritación irracional.
—¿Y tú? ¿Aún no has conocido a nadie especial? —preguntó Thane.
Sí, quería gritarle en la cara. ¡Y él no se da cuenta! En lugar de eso, me
encogí de hombros.
—No. Todavía no.
—Me cuesta creerlo.
La nota de admiración en su tono me hizo volver hacia él. Juro por Dios
que sentí sus ojos en mi cuerpo.
Pero eso no podía ser cierto. ¿Verdad?
—¿Lo crees?
Su boca se torció en una sonrisa de autodesprecio mientras miraba hacia
el agua.
—Sí, seguro que algún joven surfista o cantante de una banda de rock
indie quería llevarte de aventuras con él.
¿Es eso lo que pensaba? ¿Que quería un joven irresponsable, salvaje,
aventurero y “divertido”? ¿Después de lo que le acababa de confesar? Irritada,
respondí, con la voz un poco ronca:
—Quiero un hombre, no un chico.
Ahora fue el turno de Thane de inhalar bruscamente.
—¡Riri! —Eilidh vino volando hacia nosotros y se lanzó a los brazos de su
padre, a pesar de que era mi nombre el que pronunció.
Thane la tomó y la abrazó.
Tenso por la tensión, no sabía si su interrupción me aliviaba.
—¿Para qué quieres a Regan, bichito? —preguntó su padre, apartando los
rizos sueltos de su cara.
Maldita sea, era un padre sexy.
Y yo era una pervertida.
Concéntrate, concéntrate, concéntrate. Le sonreí a Eilidh mientras charlaba
de que Mac le dijo que hay sirenas en el agua y que la llevara a verlas.
—El tío Mac hablaba del lago de Ardnoch, querida —le dijo Thane—. Es el
fiordo que desemboca en el Mar del Norte.

140 —¿No hay sirenas? —preguntó ella, con los ojos grandes.
Él negó.
—¿Aún podemos entrar?
—Regan no está vestida para el agua, pero ¿qué tal si te llevo y luego,
cuando volvamos, almorzamos?
Eilidh aceptó, y Thane se puso de pie y la colgó con facilidad sobre sus
hombros. Sus risitas recorrieron la playa, atrayendo las miradas.
Y algunas miradas se posaron en el dulce de papá. Sonriendo, me acerqué
a la cesta.
—¿Por qué no vas a ver a Lewis, a ver si quiere bajar al agua contigo?
—Lo haré. Despídete de Regan. —Thane agitó las manos de Eilidh por ella,
haciéndola reír más fuerte.
—¡Adiós, riri! —chilló, y me reí mientras se paseaban por la playa en
dirección a Lewis. Cuando aparté los ojos de ellas de mala gana, mi mirada se
posó en Michelle, la madre sedienta número uno, y no necesité ver detrás de sus
gafas de sol para saber que fruncía el ceño. Sus labios fruncidos la delataban.
Malditas fueran estas madres de Ardnoch y su territorialismo.

Un poco más tarde, después de almorzar y de que la comida se hubiera


asentado en nuestras tripas, cuando la playa se despejó un poco y no estaba tan
concurrida, los cuatro cogimos el balón de Lewis cerca de la orilla y jugamos al
fútbol. Odiaba decirlo, porque lo mío era el poder femenino, pero Eilidh y yo
éramos inútiles. Ella y yo pasamos la mayor parte del tiempo riéndonos
histéricamente de nuestras terribles habilidades.
—¡No es fútbol, riri! —gritó Lewis por enésima vez. Hacía unas semanas
que empezó a llamarme con el nombre preferido de su hermana—. ¡Aquí lo
llamamos balonpié!
—¡Claro, claro! —Levanté las manos a la defensiva—. Lo olvidé.
—No puedes ser escocesa si sigues llamándolo fútbol.
¿Insinuando que quería que fuera escocesa?
Antes de que pudiera reflexionar sobre eso, Eilidh corrió hacia el balón, lo
141 agarró con sus pequeñas manos y lo lanzó con una fuerza impresionante por la
playa.
—¡Ya está! —gritó, como si por fin hubiera logrado el objetivo del juego.
Riendo, salí detrás de la pelota.
—¡Yo la busco!
Vi cómo rebotaba por la arena hacia un chico que corría por la playa. Él la
vio y se detuvo para recuperarla antes de que cayera al agua y se perdiera
definitivamente.
—¡Gracias! —dije, y luego reduje la velocidad mientras me acercaba.
Entonces me di cuenta de que era joven, sin camiseta y de buena
constitución. Y no de la forma en que Thane era naturalmente construido. Este
tipo tenía un maldito paquete de ocho.
Mi coqueta interior salió antes de que pudiera detenerla.
—Menos mal que viste Baywatch —Le quité la pelota. Tenía los ojos verdes
más impresionantes que jamás había visto.
Me sonrió.
—Sí, qué bien. ¿Solo de visita?
—¿Por ell acento? No. —Me giré y señalé hacia donde esperaban Thane y
los niños—. Vivo aquí. Soy niñera.
El bombón de ojos verdes asintió y luego extendió una mano.
—Jared. McCulloch.
Después de que me contaran la historia de cómo los Adair tenían una
relación antagónica con Collum McCulloch, el granjero local de la generación del
padre de Thane, hice una mueca. Robyn dijo que Collum guardaba rencor a los
Adair por las tierras que los antepasados de los Adair supuestamente robaron a
su familia.
—¿No tienes relación con Collum?
—Abuelo, me temo. —Entrecerró los ojos y pasó por delante de mí—. Dado
que parece un Adair con el que estás, supongo que has oído esa maldita y
ridícula historia.
—Sí, la he oído. Soy Regan. La hermana de Robyn Penhaligon. También

142
he oído que tu abuelo ayudó a salvarle la vida a mi hermana, así que le estoy
agradecida. —Era cierto. Lucy y Fergus secuestraron a Lachlan y atrajeron a
Robyn a las tierras de McCulloch. Ella creía que Collum estaba detrás de los
ataques a Lachlan, pero no. Collum ayudó a rescatarlos ese día.
—Uno pensaría que algo así podría arreglar las cosas. —Jared suspiró.
—Se podría pensar. Sé que Robyn lo preferiría.
—Sí, mi abuelo está bastante encariñado con tu hermana, aunque el muy
testarudo nunca lo admitirá.
Fue agradable escuchar eso. Sonreí.
—Quizá las cosas mejoren con el tiempo. —Al ver que un hilillo de sudor
corría por su cuello, volví a ser consciente de su cuerpo a medio vestir y me hice
a un lado—. Lo siento, interrumpí tu carrera.
Una coquetería evidente centelleó en esos preciosos ojos.
—Estoy muy contento de que me interrumpas cuando quieras.
—¡Regan!
El grito de Thane me sobresaltó, y me giré para verle haciéndome la señal
universal de “date prisa, joder”.
Frunciendo el ceño ante su inusual impaciencia, sonreí a Jared.
—Será mejor que me vaya.
—Sí, regresaré. —Señaló con un pulgar por encima del hombro—. Aunque
espero verte por aquí.
Era claramente una opción menos complicada que Thane. Pero a pesar de
sus hermosos ojos, nada parecía penetrar en mi todopoderoso enamoramiento
de mi jefe.
—Sí —respondí sin compromiso, saludé con la mano y me apresuré a bajar
por la playa hasta el trío que me esperaba.
—¿Quién era ese? —preguntó Lewis, con la nariz fruncida.
—Jared McCulloch. —Le entregué la pelota.
—¿El nieto de Collum? —preguntó Thane.
Finalmente, lo miré, todavía confundido por qué me gritó.
—Sí.
—¿Qué quería? —Sonaba hosco y desconfiado.
Me encogí de hombros.
143
—Nada. Solo guardó la pelota.
—No lo necesitaba —dijo Lewis, sonando tan hosco como su padre.
Confundido por el giro que tomó el ambiente alegre, tomé la mano de Eilidh
y seguí a hijo y padre por la playa. Sin discutirlo con nadie, Thane empezó a
recoger nuestras cosas.
—¿Nos vamos? —El labio inferior de Eilidh tembló en un mohín—. ¡No
quiero!
—Anna se ha ido a casa. Es hora de volver a la casa y asearnos para la
cena en casa del tío Lachlan —dijo su padre—. Eilidh, no empieces. —Se
adelantó a su rabieta.
—Oye. —La abracé, acomodando su peso en mi cadera—. Puedo peinarte
elegantemente para la cena de esta noche.
—¿Sí? —Sus ojos se agrandaron y se emocionó.
—Y apuesto a que tu padre te dejará llevar uno de tus bonitos vestidos.
Su mirada voló hacia su padre. Él le dedicó una sonrisa y una inclinación
de cabeza y volvió a recoger nuestras cosas. Berrinche evitado.
Una vez que los niños se acomodaron en la parte trasera del auto, ayudé
a Thane a cargar la parte trasera.
De repente, dijo, en voz baja:
—Jared McCulloch se está ganando una reputación en el pueblo.
Me aparté de meter la nevera en la parte trasera del auto y me enderecé
para encontrarme con los ojos de Thane. Se quitó las gafas de sol, pero aún no
pude leer su expresión.
—¿Reputación?
—Como un donjuán. Se enredó con el pequeño grupo de mujeres solteras
de aquí y ahora se está abriendo camino hasta Inverness.
La comprensión se hizo presente.
—Solo hablábamos.
Thane se encogió de hombros, como si no le importara.
—Lo sé. Solo lo digo. —Bajó la compuerta de golpe y me estremecí por la
casi agresiva acción. Sin embargo, no dijo ni una palabra más, simplemente
rodeó el auto hacia el lado del conductor.

144 Me quedé mirándolo.


—¿Te subes o caminas? —me dijo sarcásticamente.
Sin decir una palabra, me subí al lado del pasajero y traté de averiguar si
Thane sentía celos o si simplemente proyectaba lo que yo quería que sintiera.
145

Thane

N
o hay nada peor que empezar el día nervioso, y eso era exactamente
lo que le ocurría a Thane. Eilidh estuvo enferma durante toda la
noche, pero esta mañana estaba radiante y burbujeante, lo que
confirmaba sus sospechas de que comio demasiada comida basura. Al final le
sacó la confesión de que se escabulló escaleras abajo después de que él se
acostara para comer de las bolsas de dulces que compró para que los niños
llevaran a la fiesta de Halloween de la escuela la noche siguiente.
Su estómago solo aguantó una hora antes de querer volver a vomitar.
Y Thane se sentía agotado. No hay nada peor que tener a tu pequeña en
brazos mientras llora y te ruega que la hagas sentir mejor. Por suerte, después
de vomitar un par de veces más, se quedó dormida. Se despertó temprano y
parecía estar tan llena de energía como siempre.
Mientras que su padre se sentía como si hubiera sido arrastrado de
espaldas por el terreno.
Todo el asunto lo desconcertó y, antes de darse cuenta, a pesar de que
Regan se ocupó de todo lo demás, se encontró corriendo por la puerta, llegando
tarde al trabajo.
Tras estacionar su auto en el garaje subterráneo, Thane se precipitó hacia
el ascensor que le llevaría a la planta de la empresa. El edificio era nuevo y
moderno, y destacaba en el pequeño centro de la ciudad con sus cristales
tintados de negro.
La arquitectura anterior al siglo veinte conformaba en su mayor parte el
horizonte de Inverness, con una combinación ecléctica (y poco acertada) de
funcionalismo de mediados de siglo. A pocos minutos a pie de la estación de tren,
en pleno centro de la ciudad, su estudio de arquitectura alquiló la octava planta
del nuevo edificio.
Para su creciente impaciencia, el ascensor se detuvo en la recepción para
dejar subir a más gente. Una de ellas era Keelie Tanner. La atractiva morena
sonrió, sus ojos se iluminaron al verlo mientras prácticamente apartaba a dos
hombres del camino para poder situarse junto a Thane. Él trató de no demostrar
sorpresa.
146 —Keelie —la saludó.
—Me alegro de verte. ¿Cómo estás? —Lo estudió como si fuera el hombre
más fascinante del mundo.
Y Thane no era del todo inmune a eso. ¿Qué hombre lo sería? Era muy
halagador. Keelie trabajaba como asesora financiera en el piso superior al suyo.
Empezó a charlar un día en el ascensor y a veces se pasaba por su auto cuando
salía por la noche para ver cómo estuvo su día. A través de esos pequeños
interludios, él aprendió bastante sobre ella. Era madre soltera después de
divorciarse hacía tres años, y era agradable que entendiera las dificultades de la
paternidad soltera. Y algo en lo que no pensó realmente, pero que se le quedó
grabado en la mente al mirarla, Keelie tenía su edad -treinta y siete años-,
aunque acababa de cumplirlos en junio, y sus treinta y ocho eran dentro de dos
semanas. El cumpleaños de Lachlan era apenas seis días antes que el suyo, así
que la familia tenía planeada una cena de cumpleaños para ambos el próximo
fin de semana.
Aun así, los separaba menos de un año a él y a Keelie.
Eso era apropiado.
No es que estuviera pensando en salir con Keelie. Por muy simpática que
fuera, y por mucho que se llevaran bien, Thane no estaba de humor para salir
con nadie.
—¿Qué te parece? —preguntó ella justo cuando el ascensor se detuvo en
su piso.
Thane no tenía ni idea de lo que preguntó.
—Lo siento, Keelie. Eilidh estuvo enferma anoche. Apenas he dormido,
estoy como un zombi, y se me hace tarde. Te veré más tarde, sí, y podremos
hablar entonces. —Salió del ascensor al mismo tiempo que Gary de nóminas.
Thane ni siquiera se percató de que iba con él en el ascensor.
—¿Cómo estás? —Le dedicó una sonrisa cortés al administrador de
nóminas.
—Eso fue brutal —respondió Gary a su vez.
Thane se tensó.
—¿Perdón?
El joven sonrió.
—Cómo te has librado de la mami en el ascensor.
147
—Mami... —Thane frunció el ceño al darse cuenta de a quién se refería
Gary—. ¿Keelie?
—Sí, ella. Puede que use ese truco para soltar un pájaro en el futuro.
—Espera, ¿qué? —El pavor llenó las tripas de Thane.
Los ojos de Gary se abrieron de par en par.
—En realidad no la escuchaste, ¿verdad? Señor Adair, te invitó a salir.
Delante de todo el mundo.
Joder.
Maldiciéndose a sí mismo, Thane se fue erizando todo el camino hasta su
oficina. No quería salir con Keelie, pero no podía creer que su comportamiento
la haya humillado delante de un ascensor lleno de gente. Tendría que buscarla
más tarde y disculparse.
Algo más que esperar.
Cinco minutos más tarde, su día empeoró cuando Thane se dio cuenta de
que dejó su portafolio y su modelo 3D en la casa.
—No, no, no. —Necesitaba la maldita cosa para una reunión importante
con su cliente en cuarenta y cinco malditos minutos. Se apartó de su escritorio
y gimió. Aunque tenía la mayor parte en su computadora, el folio contenía
complementos dibujados a mano a los archivos digitales, así como notas y
recortes de fotografías. Los elementos visuales ayudaban a la presentación.
—Al diablo con eso. —Tendría que reimprimir los dibujos digitales y hacer
lo que pudiera.
El teléfono de su mesa sonó, la luz roja parpadeante le indicó que era de
recepción. ¿Y ahora qué?
—Adair —respondió bruscamente.
Brian, el recepcionista de la empresa, respondió:
—Buenos días, señor Adair. Tengo a una tal Regan Penhaligon en
recepción. ¿La hago pasar?
¿Qué hacía Regan aquí? ¿Eilidh estaba bien? Su corazón se aceleró.
—Sí, sí. —Colgó el teléfono y se apresuró a reunirse con ella.
Cuando vio a Regan corriendo por un pasillo, comprobando a derecha e
izquierda, buscando su despacho, su corazón se detuvo al ver su portafolio y su
modelo en sus manos. ¿Vino hasta aquí para traérselos?

148 —¿Regan?
La cabeza de ella se volvió hacia él, y él ignoró la forma en que se le
retorcieron las tripas cuando sus ojos se encontraron.
Regan soltó un suspiro de alivio cuando se detuvieron el uno frente al otro.
Su ligero perfume floral le hizo cosquillas en la nariz. Cuando trabajaba, se ponía
un uniforme de vaqueros y un jersey ahora que hacía más frío. Hoy llevaba un
abrigo largo de lana de color marrón sobre los vaqueros y, de alguna manera, lo
combinaba con sus Converse. El cabello le caía por los hombros en perfectas y
sedosas ondas rojas y doradas. Con el paso de las semanas, Thane se dio cuenta
de que era una de esas mujeres que iban bien arregladas, sin importar la
ocasión.
—Tienes el teléfono apagado —dijo ella, con los ojos grandes y redondos,
las pestañas batiéndose con una mirada de cierva casi acusadora.
—¿Lo está? —Joder.
—Sí. Vi tu maqueta en la mesa del comedor unos veinte minutos después
de que te fueras e intenté llamarte para que volvieras a por ella, pero me saltó el
buzón de voz.
—¿Quién está vigilando a Eils y Lewis?
—Robyn. Los ha llevado al colegio. No te preocupes, Eilidh está mucho
mejor e insistió en ir porque no quería perderse la fiesta de Halloween de esta
noche.
—No tenías que venir hasta aquí —dijo él, maravillado de que hubiera
conducido hasta Inverness. Regan seguía desconfiando de las carreteras de aquí.
Aunque ya conocía Ardnoch, no había conducido más lejos.
—Creía que tenías esa reunión.
—Así es. —Thane le quitó su maqueta, sus dedos se deslizaron juntos con
el traslado. Colocó la maqueta en el suelo a sus pies—. Ahora me preocuparé de
que vuelvas en auto.
Su expresión se suavizó.
—Estaré bien. He llegado hasta aquí, ¿no?. —Frunció el ceño—. Aunque
estoy bastante segura de que estacioné ilegalmente.
Thane sonrió.
—Es el auto de Lachlan. Le llegará la multa a él.
149 La risa de ella llenó el espacio entre ellos, y las tripas se le volvieron a
apretar.
Maldita sea.
—Adair. —Una voz retumbante le hizo dar un respingo segundo antes de
que una mano cayera con fuerza sobre su hombro.
Dios. Supo quién era sin mirar.
Paul Urquhart: arquitecto mediocre y extraordinario imbécil.
—Paul. —Envió una mirada de disculpa a Regan, y ella frunció el ceño
confundida.
—¿Y quién es ella?
Thane se tensó y se volvió hacia su colega. Paul estudió a Regan con la
misma mueca caliente que le dedicaría a una bailarina erótica. El hombre era
pura basura. Thane lo sabía y lo odiaba, pero nunca tuvo tantas ganas de darle
un puñetazo como en ese momento. Como necesitaba que Regan se fuera de la
presencia de Paul, abrió la boca para despedirla. Pero ella habló primero.
Extendió una mano.
—Regan. La niñera de Thane.
Paul ni siquiera pudo ocultar su alegría de sorpresa. Estrechó la mano de
Regan, sujetando la suya con ambas.
—Encantado, Regan, niñera de Thane.
Algo se apoderó de él, borrando sus modales, al ver que Paul tocaba a
Regan. Thane lo agarró por el codo y lo apartó de ella.
—Regan, gracias por la maqueta, pero hemos terminado aquí —le espetó
con impaciencia.
Ella se estremeció.
—Claro, nos vemos luego. —Se alejó, con su abrigo ondeando tras ella. El
arrepentimiento lo invadió.
Thane cerró los ojos. Le dolía la cabeza.
—Niñera. —El tono sibilante de Paul le hizo abrir los ojos de nuevo. Sonrió
lascivamente a Thane—. ¿Esa es tu niñera?
—¿Qué pasa con ella?
—¿Vive contigo?
150 —Paul —advirtió.
Sus ojos se iluminaron.
—¡Sí que vive! —Su mirada se dirigió al pasillo por Regan desapareció—.
¿Cómo puedes dormir por la noche sabiendo que un coño de primera como ese
está bajo tu techo? A menos que… —Le guiñó un ojo a Thane—. Sí, nadie te
culparía si le pagaras un poquito más para que cuidara de papá. Mira tu cara.
—Soltó una carcajada repulsiva—. No te sientas culpable, Adair. Las mujeres
son todas unas putas. Solo le estarías dando lo que quiere.
Más tarde, Thane lo achacaría a la falta de sueño.
Fuera cual fuera la razón, un minuto Paul se encontraba de pie y al
siguiente de rodillas, agarrándose la nariz ensangrentada.

Había sido un día horrible.


Más que hecho polvo, Thane entró en la casa y la encontró tranquila. Las
especias aromáticas sugerían que la cena estaba lista o casi. Regan, para
sorpresa de todos, demostró ser una cocinera muy decente.
Sin embargo, Thane se acostumbró a que Eilidh corriera a saludarlo, o al
menos a que los sonidos de las voces de sus hijos llenaran la gran casa. En
cambio, escuchó música en voz baja.
Entró en la sala de estar y encontró a Regan de espaldas a él en la cocina,
removiendo una olla mientras otra se cocinaba a fuego lento. Se había recogido
el cabello en una cola que le rozaba los omóplatos. Cuando se movió, el dobladillo
de su jersey de punto reveló la piel suave y dorada de su esbelta espalda. Thane
tragó saliva al darse cuenta de lo mucho que estaba notando (y disfrutando) la
forma en que sus vaqueros resaltaban su firme y redondo trasero.
Apartando los ojos, miró hacia el salón y vio que estaba vacío. Eilidh y
Lewis no aparecían por ninguna parte. El único ruido provenía del altavoz
inteligente que se encontraba al final de la encimera de la cocina. Una voz
femenina de voz suave cantaba sobre dos personas que se encontraban en las
estrellas.
—¿Dónde están los niños?
Regan le lanzó una rápida mirada por encima del hombro antes de volver
151 a la olla.
—Fiesta de Halloween esta noche, ¿recuerdas? Los dejé en la escuela hace
veinte minutos.
El tono sin emoción de Regan le llenó de inquietud.
—¿Los preparaste bien? ¿Sin problemas?
—Ningún drama. Estaban adorables. Robyn hizo unas fotos estupendas.
Se lo podía imaginar. Eilidh quería ir de unicornio, y Regan le consiguió
un vestido en tonos pastel, con una falda de tutú que venía con alas de unicornio
a juego y una diadema de unicornio con un cuerno. A Eilidh le gustó tanto que
él pensó que se desmayaría de emoción cuando lo viera. Y Lewis no quería
disfrazarse, pero todos sus amigos iban a ir de personajes de Marvel y querían
que él fuera de Ant-Man. De nuevo, Regan les buscó el disfraz. Thane se sintió
mal por no haber podido ir a la fiesta, pero los vería cuando los recogiera más
tarde.
—Tendremos que añadir las fotos a la pared si son tan buenas.
—Sí son tan buenas. —De nuevo ese tono carente de emoción.
Thane se pasó una mano por la barba, los largos vellos que le recordaban
que tenía que recortarla. Pero eso sería después de arreglar las cosas con Regan.
—Siento haberte gritado. —Entró en la cocina—. No era contigo con quien
estaba enojado. Era Paul. Es un imbécil, y no quería que hablara contigo.
—Un poco exagerado, ¿no? —respondió ella, negándose a mirarlo.
Irritado por no poder ver su expresión, suspiró.
—¿Quieres ser adulta y mirarme a la cara cuando te hablo?
Con movimientos furiosos y espasmódicos, vio cómo Regan bajaba el fuego
y luego se daba la vuelta, con los brazos cruzados sobre el pecho.
—No soy uno de tus hijos. No me hables así. Jamás.
Después de un día tan malo, Thane no quería discutir con ella.
—Me he disculpado. Lo más maduro es aceptarlo.
Los ojos de Regan relampaguearon, pero tan rápido como apareció su ira,
la acalló. Usando de nuevo ese molesto tono monótono, respondió:
—Tienes razón. Disculpa aceptada. Ya no te molestaré más. Tu cena está
lista. Solo tienes que servirla en el plato.

152 Su corazón se aceleró estúpidamente y, cuando ella se dispuso a pasar


junto a él, la alcanzó sin pensarlo. Thane le rodeó el codo con una mano y la
detuvo. Aquellos preciosos y cálidos ojos marrones volaron hacia los suyos, y él
vio lo que ella intentaba ocultar.
El dolor.
Hirió sus sentimientos.
Thane experimentó otra aguda punzada de arrepentimiento.
—Regan, lo siento. Estoy siendo un cabrón. No es una excusa, pero he
tenido unas veinticuatro horas de mierda. Lo siento. No quise desquitarme
contigo siendo un imbécil condescendiente.
Para su alivio, ella se relajó bajo su abrazo. Sus ojos recorrieron su rostro
y se agudizaron.
—¿Qué ha pasado?
—Un día largo. —La soltó y su atención se dirigió a su mano.
—Thane. —Ella se acercó a él, acunando suavemente su mano derecha en
la suya. Sus nudillos estaban hinchados. La mirada que le dirigió exigía
respuestas mientras repetía—: ¿Qué ha pasado?

—Ya te he dicho que estoy bien —dijo él, pero en secreto disfrutaba de que
Regan se preocupara por él.
Después de explicarle que golpeó a Paul, evitando milagrosamente los
cargos penales, pero sin evitar la conversación con su jefe sobre por qué golpeó
a Paul, Regan lo empujó al sofá y le dijo que esperara.
Por suerte para Thane, a Allan, su jefe, le caía bien y no le gustaba Paul.
Tanto él como Paul recibieron advertencias por su comportamiento y que, si
volvía a ocurrir algo parecido, ambos se enfrentarían al despido.
Sabiendo que podría haber sido mucho peor, el alivio llenó a Thane.
Regan le entregó una cerveza.
—Tómala con la mano izquierda, por favor.
Sonrió y dio un sorbo a su cerveza, sintiéndose ya mejor.
—Gracias.
153
Ella le lanzó una mirada sombría mientras se sentaba cerca de él.
—La mano derecha.
Los labios de Thane temblaban por contener otra sonrisa mientras hacía
lo que ella le pedía. De la nada, ella sacó una pequeña bolsa de guisantes
congelados y los aplastó sobre sus nudillos.
—Joder —soltó ante el impacto del frío.
—Tenemos que bajar la hinchazón. —Ella le puso la bolsa sobre la mano.
—Puedo hacerlo yo —dijo él, aunque quería que lo hiciera.
—No puedes beber una cerveza y sostener el hielo sobre tu mano.
—Teniendo en cuenta lo enfadada que estás, me sorprende que no me
dejes hacerlo.
Ella se encogió de hombros, relajándose en el sofá. Subiendo las rodillas,
estas tocaron la parte exterior de su muslo.
—Me da lástima que hayas tenido un día de pesadilla.
—Ya está mejor. —Tomó otro trago de cerveza, observándola por encima
de ella.
Regan sonrió suavemente, sus hoyuelos apenas se asomaban. Era tan
hermosa que a veces lo dejaba sin aliento.
—No puedo creer que hayas golpeado a un tipo en la cara.
Frunciendo el ceño, Thane apartó la mirada.
—Se lo merecía.
¿Qué dijo exactamente de mí?
—Nada que valga la pena repetir.
Se sentaron en silencio durante un momento.
—Bueno... gracias por defender mi honor.
Ante la nota burlona en su voz, Thane respondió:
—Nos defendía a ambos.
Ella frunció el ceño, pero igual de rápido se aclaró su confusión. Sus labios
se separaron en un pequeño “oh”.
—Insinuó que tú y yo...
Thane gruñó que sí.
154 —No es el primero. Hasta Lachlan sabe que hay cotilleos en el pueblo sobre
nosotros.
La ira y algo muy parecido a la culpa le hicieron gritar mientras dejaba de
golpe su cerveza sobre la mesa de café cercana.
—¿Quién más está cotilleando? Creía que solo eran esas malditas mujeres
de la escuela.
Regan se burló y se acercó un poco más, atrayéndolo hacia el sofá.
—No hace falta que te alteres por ello. Solo están esparciendo su bilis
celosa desde las puertas de la escuela a todo el pueblo. Todo el mundo cree que
te metes en mi anexo por la noche.
La imagen que sus palabras evocaron provocó una reacción instantánea
en su cuerpo, y salió volando del sofá antes de hacer algo que ambos
lamentarían.
—Tu mano. —Regan saltó del sofá justo cuando él se movía para alejarse,
y chocaron.
Thane extendió instintivamente la mano para sujetarla mientras ella
dejaba caer los guisantes congelados para agarrarse a sus brazos. Se tensaron
el uno contra el otro, con el cuerpo de ella pegado al de él. Podía sentir el brusco
ascenso y descenso de sus pechos, oír su respiración acelerada, oler su piel.
—Maldita sea —murmuró con voz ronca cuando sus ardientes miradas se
conectaron.
Y ahí estaba, tan claro como el día para que él lo viera en esos ojos
castaños y brillantes.
Regan lo deseaba.
Por un momento, una lujuria más poderosa que la que jamás experimentó
nubló su mente. Sus manos parecieron descender por la cintura de ella con una
mente propia, trazando la suave curva de sus caderas hasta su apretado culo.
La agarró con las manos y la atrajo más hacia él, y ella jadeó al sentirlo duro y
palpitante, empujando su suave vientre.
Inclinando la cabeza hacia ella, desesperado por probarla, por fin, Thane
estaba a un mero susurro de su boca cuando rompió el silencio.
—Thane —gimió su nombre con tanta necesidad que una posesividad
salvaje lo inundó.

155 —Thane, ¿estás en casa? —La voz de Lachlan atravesó la casa desde la
entrada principal.
Fue como si le golpearan cinco mil bolsas de guisantes congelados.
—Joder —maldijo, sin poder creer lo que acababa de hacer.
Regan lo miró con confusión y luego algo parecido a la decepción.
Oh, diablos.
Antes de que él pudiera decir otra palabra, ella se escabulló, corriendo por
el pasillo detrás de las escaleras, hacia la salida lateral.
Todavía excitado, Thane buscó un gran cojín en el sofá, agarró la bolsa de
guisantes y se sentó, cubriendo su regazo con el primero y sus nudillos con el
segundo.
Justo a tiempo.
Su hermano entró en la sala de estar.
—Robyn dijo que los niños estaban en una fiesta de Halloween, así que
pensé en pasarme por aquí para ver si te apetecía comer algo. —Frunció el ceño
y sus ojos se dirigieron a la estufa—. Parece que ya tienes preparada la cena.
—Sí. Regan la dejó para mí. ¿No hay una fiesta de Halloween en la finca
esta noche?
Lachlan negó con la cabeza mientras se acercaba a la estufa.
—Acordamos saltárnosla este año después de, bueno, lo de Fergus y Lucy.
Thane comprendió. Uno de los guardias de seguridad de Lachlan fue
asesinado en la finca hace solo unos meses. La espeluznante fiesta de Halloween
que solían organizar en el castillo parecería de mal gusto este año.
—Pollo al curry —anunció Lachlan, removiendo la olla—. Suficiente para
dos.
Thane se rió, tratando de parecer normal.
—Tráenos un plato a los dos. —Levantó los nudillos magullados y los
guisantes—. Tuve un pequeño incidente.
Su hermano frunció el ceño.
—Yo me sirvo el plato, tú me lo explicas. ¿Quieres otra cerveza?
—No puedo. Recogeré a los niños de la fiesta en un rato.
—¿No puede Regan hacer eso?
Con el ceño fruncido, dijo:
156
—No, Regan no puede hacerlo. No es mi chica a mi entera disposición.
Levantando una ceja, Lachlan puso dos platos.
—Nunca dije que lo fuera. Estás de un humor horrible.
Con un suspiro, Thane se dejó caer en el sofá.
—Ha tenido un día.
—Cuéntame.
La duración del relato sobre Paul fue necesaria para que la realidad
enfriara su libido. Sin embargo, no mencionó su interludio con Regan. ¿En qué
demonios pensaba? Casi la besó. Aunque enterrar su excitación en su vientre
parecía peor que un beso, de todos modos.
—No recuerdo la última vez que perdiste la cabeza así —observó Lachlan
cuando Thane se sentó con él en la isla para comer. Su hermano probó un
tenedor de pollo al curry con arroz—. ¿Regan cocinó esto?
Thane asintió.
—No está nada mal.
—Lo sé. Ha sido un regalo del cielo.
Y yo soy el vil bastardo que casi se aprovechó de ella.
—¿Es por eso que le rompiste la cara a Paul? ¿O los chismes del pueblo te
están afectando?
—¿Cuán malo es el chisme? Ni siquiera era consciente de ello hasta esta
noche.
Lachlan se encogió de hombros.
—La gente no se atreve a decírmelo a la cara, pero ya sabes que tengo mis
costumbres. Todos andan comentando que vives aquí con una mujer más joven
y atractiva. —Al ver la expresión de horror de Thane, Lachlan frunció el ceño—.
Son solo cotilleos, y tú no has dejado que los cotilleos del pueblo te molesten en
años.
—Son entrometidos, aburridos y me molestan.
—Sí, bueno. Aun así... no has sido ágil con los puños desde que eras un
niño.
Era cierto. Cuando era más joven, Thane siempre se metía en alguna pelea.
Se enfurecía rápidamente cuando alguien decía una mierda con respecto a la

157
gente que le importaba. Mucha de la ira era por la pérdida, pero se suavizó con
la edad.
—Habría golpeado a ese imbécil, Guy, si me hubieras dado la oportunidad.
Pero te adelantaste. —Se refería al exnovio de Arro, el antiguo chef de Lachlan
en la finca. Lachlan descubrió que le propino una paliza a Arrochar y no solo lo
despidió, sino que también le propinó una desagradable paliza. Thane se enteró
después del hecho, una vez que la seguridad de Lachlan escoltó a Guy fuera de
Ardnoch.
—Aun así. Parece que proteges a Regan.
Preocupado porque Lachlan se diera cuenta de que se metió en su piel, se
encogió de hombros.
—¿No quieres que lo sea? Es de la familia. Solo la defiendo como lo haría
con Arro o Robyn.
—Se agradece. —Lachlan le dedicó un asentimiento sincero—. Me alegro
de que no te haya causado demasiados problemas.
¿Demasiados problemas?
Eso era un eufemismo.
Regan era un problema.
Pero solo porque la deseaba.
Como que realmente, de veras que la deseaba.
A su niñera.
La futura cuñada de su hermano.
Su empleada, trece años menor que él.
Nunca más, juró.
Thane ya no era ese joven impulsivo. Era un hombre adulto con hijos y
responsabilidades y una reputación respetable dentro de su comunidad. Podía
controlar su atracción por una mujer inapropiada.
Nunca más.
Thane solo podía esperar que Regan lo entendiera. En cualquier caso,
pensaba asegurarse de que lo hiciera.

158
159

Regan

T
enía veinticinco años.
Uno pensaría que, a estas alturas, especialmente después
de lo vivido, no sería tan ingenua como para suponer que el hecho
de que una mujer le pusiera la polla dura a un hombre significaba
algo.
Y vaya que Thane estaba dispuesto a demostrar que no era así.
Sentía un dolor profundo, caliente y doloroso en el pecho que no esperaba.
Estaba enamorada del hombre, pero después de su trato esa mañana, me
preocupaba que mi respuesta significara que se hubiera convertido en algo más.
Cuando me abrazó ayer creí que iba a volverme loca de lo desesperada
que estaba por tener su boca sobre mí, sus manos tocando cada centímetro de
mi cuerpo. Nunca había estado tan excitada. Y eso que leía algunas escenas de
sexo espectaculares en novelas románticas.
Ahora, Thane no solo actuaba como si no hubiera pasado nada, sino que
me trataba con fría cortesía.
Los niños aún no se levantaban. Me encontraba preparando sus
desayunos y jugos cuando Thane, vestido con un traje, bajó las escaleras a toda
prisa. Cuando le ofrecí un café, ni siquiera me miró y me dijo fríamente que podía
hacerlo él mismo. Luego desapareció de nuevo en el piso de arriba en lugar de
charlar como haría normalmente antes de despertar a Eilidh y Lewis.
Parpadeé al verle ahora.
Se recortó la barba. Se la recortó de verdad.
Y tenía un aspecto increíble.
¿Intentaba matarme?
—Tu barba —dije.
Levantó la mirada antes de apartarse mientras agarraba las llaves de su
auto del gancho de la pared cerca de la galería de fotos.
—¿Perdón?
160 —Te has recortado la barba.
—Así es. —Salió de la cocina hacia la entrada principal.
¿Era eso?
¿Ni siquiera un adiós?
Las lágrimas me escocieron los ojos, y rápidamente parpadeé cuando oí
que la puerta principal se cerraba de golpe.
—Odio a los hombres —susurré con dureza. Ni siquiera los mejores podían
escapar del gen idiota cuando se trataba de sexo y atracción.

Thane

Estaba a treinta minutos de Ardnoch antes de dejar de luchar consigo


mismo para dar la vuelta y regresar a la casa.
Ahora era demasiado tarde. No podía llegar tarde al trabajo después de la
disputa de ayer con Paul.
Sin embargo, se le revolvieron las tripas con esa horrible sensación que
tenía cuando sabía que había hecho algo mal.
Había tratado mal a Regan. Había una diferencia entre recordarle que
debían actuar profesionalmente entre ellos y actuar como un bastardo
insensible. Irse sin despedirse fue una maldita grosería.
—Idiota —murmuró por enésima vez mientras entraba en el aparcamiento.
¿cómo podía disculparse ahora sin hacerla ilusionar?
¿Seguiría su esperanzas en pie siquiera?
Suponía que a Regan le importaba una mierda si quería acostarse con ella.
—Le importa una mierda —dijo en voz baja mientras salía del todoterreno.
Si era sincero, llevaban semanas dándole vueltas a su atracción mutua. Aquel
día en la playa, sin duda estuvieron coqueteando, y cuando él la vio coqueteando
con Jared McCulloch, también se comportó como un imbécil celoso. Thane
pensaba que a su edad ya había superado todos los juegos y la posesividad.
161 —¿Thane Adair? —Un hombre salió de entre dos vehículos frente a él,
sacándolo de sus pensamientos.
Thane dejó de caminar bruscamente.
Con la guardia alta ante el comportamiento sospechoso, y con el puñetazo
que le propinó a Paul en mente, Thane miró a su alrededor para ver si estaban
solos. No lo estaban. Otros empleados se dirigían al ascensor. Relajándose un
poco, preguntó:
—¿Quién pregunta?
El hombre se acercó. Sus enormes y oscuros ojos se veían atormentados
detrás de sus gafas redondas.
Pero Thane lo reconoció de repente. El miedo, la ira, la pena, la
desesperación y la posesividad se dispararon en su interior.
—¿Qué quieres?
—Hablar contigo. Sobre Eilidh. —Arrastró las palabras.
La rabia lo consumió y dio un paso amenazante hacia el hombre.
—Te mantendrás alejado de mi hija.
La desesperación iluminó el rostro del hombre.
—Pero no es tuya, ¿verdad? Es mía.
Una rápida mirada alrededor del terreno le indicó que ahora estaban solos.
Thane se abalanzó sobre él, agarrándolo por la solapa de la camisa. Gritó, pero
Thane ignoró sus súplicas y lo arrastró a través de un hueco entre los autos para
golpearlo contra un pilar de hormigón. El olor a whisky emanaba con fuerza del
bastardo.
—Que te hayas follado a mi mujer no significa nada. Eilidh es mía. —
Estaba tan furioso que los escupitajos salían de su boca mientras enfurecía—:
No sé por qué saliste ahora, pero te advierto que vuelvas a esconderte o arruinaré
tu maldita y miserable existencia. Y sabes que puedo hacerlo. —Lo empujó con
más fuerza contra el pilar—. ¿Me entiendes?
El hombre asintió mientras su mano temblorosa trataba de enderezar sus
gafas.
El miedo que sentía apagó parte de la rabia de Thane, y se alejó a
trompicones.

162 —Sal de aquí... antes de que haga algo que ambos lamentemos.
163

Regan

—A
sí que Arrochar nos quiere invitar a todos a su casa el
sábado, ya que ella cocinará. Pero he pensado que tú y
yo podríamos intentar hacer la tarta. —Robyn doblaba la
ropa limpia mientras hablaba.
La miré y fruncí el ceño antes de volver a planchar.
—Ya te he dicho que no hace falta que me ayudes. Este es mi trabajo.
—Sí, pero ahora mismo no estoy haciendo nada y estos chicos tienen más
ropa que una Kardashian.
Me encogí de hombros.
—A Thane le gusta asegurarse de que tengan todo lo que necesitan.
—Lo sé.
Ante el silencio de Robyn, levanté la vista. Ella entrecerró los ojos, con
expresión ponderada.
—¿De qué se trata?
Mi hermana me escudriñó un poco más.
—Has sonado un poco a la defensiva, eso es todo. De hecho, has estado
un poco cortante toda la mañana.
—Si te refieres a los planes de cumpleaños de los hermanos Adair, es
porque no estoy segura de que hacer una tarta cuando no tenemos experiencia
previa más allá de alguna bandeja de brownies sea una buena idea.
—No, acabo de mencionar la tarta. Llevas toda la mañana sin decir nada.
Mi pulso se aceleró ante la mirada inquisitiva de Robyn. Dudé sobre si
contarle lo de Thane. Me preocupaba que me juzgara como esa mujer impulsiva
e irresponsable que salió con un imbécil después de huir de otro imbécil. Sin
embargo, también necesitaba a alguien con quien hablar. Alguien en quien
pudiera confiar. Alguien cuyo consejo significara mucho para mí.
—Bien, me estoy preocupando. —Robyn se apartó del mostrador de la

164
lavandería y se colocó justo delante de la tabla de planchar, por lo que no tenía
otro sitio al que mirar que a sus ojos. Hoy se veían dorados bajo los brillantes
focos de la habitación—. Háblame.
Suspirando, dejé la plancha en su sitio.
—Robyn... cuando empezaste tu aventura con Lachlan, ¿pensaste alguna
vez que hacías algo mal? ¿Como si fuera una elección inapropiada porque era el
amigo y jefe de Mac?
Mi hermana pareció sorprendida por mi pregunta, pero la consideró.
—Bueno, sí, creo que más bien por parte de Lachlan porque yo era la hija
de Mac... Dios mío, tienes sentimientos por Thane. —Adivinó, con ojos grandes
y redondos que no revelaban en absoluto si se sentía horrorizada o sorprendida.
Hice una mueca. Mi hermana era demasiado inteligente para su propio
bien.
—¿Si dijera que sí?
Robyn parpadeó como un búho durante unos segundos y luego exhaló
lentamente.
—De acuerdo... bueno... tendría que preguntar, ¿qué tipo de sentimientos?
¿Sentimientos, sentimientos o sentimientos lujuriosos?
Aliviada de que no se hiciera la despistada al respecto, me relajé.
Marginalmente.
—Al principio pensé que era solo un enamoramiento. Es sexy y agradable
y tiene ese acento...
—Oh, sé todo lo del acento, créeme.
Solté una carcajada.
—¿Verdad? Y es adorable con Eilidh y Lewis. Lo primero que me llamó la
atención de él fue la forma en que miraba a sus hijos, como si fueran su universo.
—Son su universo.
—Lo sé. Y pensé que solo tenía una típica reacción femenina al estar cerca
de un padre soltero muy atractivo. Quiero decir, es uno de mis fetiches favoritos.
Los labios de Robyn se retorcieron de risa.
—Estaba absolutamente decidida a ignorar los sentimientos lujuriosos que
provocaba en mi región sur.
—Gracias por el exceso de información.
165 Sonreí sin pudor.
—De nada. Como iba diciendo, mi humor se esfumó al recordar la frialdad
de Thane conmigo aquella mañana, hubo momentos estos últimos meses en los
que parecía que podíamos estar coqueteando un poco... e incluso le conté por
qué te dejé cuando te dispararon.
Mi hermana levantó una ceja, obviamente sorprendida de que le hubiera
divulgado eso.
—Y me ha confiado parte de su historia. Cosas que no creo que hable con
mucha gente. Nos llevamos increíblemente bien. Es como si estuviéramos
sincronizados de forma natural, como si fuéramos una familia desde siempre.
La preocupación entró en los ojos de Robyn.
—Lo sé —me apresuré a decir—, lo sé, antes de que digas que son ideas
peligrosas de tener. Pero me resulta más difícil ignorar lo que siento. Hasta que...
bueno, ¿sabes que ayer me acerqué corriendo a su trabajo para dejarle la
maqueta?
Ella asintió.
—Hubo un colega asqueroso del que Thane quería que me alejara lo antes
posible, y se portó como un imbécil al respecto. Se disculpó al llegar a casa y
luego me dijo que le dio un puñetazo al sujeto por hacer una burla vulgar sobre
que yo era la niñera y, bueno, no me contó los detalles, pero pude adivinar lo
que se dijo.
Robyn asintió.
—Lachlan me lo contó anoche. Me sorprendió. Thane siempre aparece
como el hermano sensato, pero Lachlan dijo que, cuando eran más jóvenes,
Thane era un poco conflictivo.
Archivé esa información, codiciándola, como hacía con cualquier cosa
sobre Thane. En serio, estoy al borde de la obsesión.
—Le puse hielo en la mano después, y tuvimos un momento. Hubo
toques... en mi trasero. Más bien un varonil y caliente agarre de mi trasero, en
realidad. —Me estremecí al recordarlo.
—Mantén los detalles al mínimo. —Robyn frunció el ceño—. Eres mi
hermanita, y no quiero tener que matar al hermano de Lachlan antes de nuestra
boda.
Me reí con desgana.

166 —Bueno, eso fue todo lo que pasó. Estaba a punto de besarme cuando
entró tu estúpido prometido y salí corriendo.
—Dejaré pasar el comentario de estúpido ya que estás claramente molesta.
—Estoy molesta. Aquí estoy pensando que no se puede negar que Thane
se siente atraído por mí, también, porque tenía evidencia de dicha erección
clavándose en mi estómago.
—Dios me salve de las hermanitas que no tienen filtro.
—Y, siendo una completa tonta ingenua, apenas estoy durmiendo porque
estoy soñando despierta que algo especial podría salir de esto, en todo lo que él
está pensando es “¿Cómo puedo dejar lo más claro posible que me repugna mi
reacción a la niñera de anoche?”.
Robyn frunció el ceño, su diversión desapareció.
—¿Qué hizo?
El dolor subió a la superficie, y no pude mirarla a los ojos. En su lugar,
sonreí con desgana.
—Fue un poco frío conmigo esta mañana, no es gran cosa.
—Regan, es a mí a quien estás hablando.
Me encontré con su mirada cariñosa y al instante bajé la guardia.
—Me dolió. —Me encogí de hombros, tratando de retraer la ridícula
emoción que experimentaba por un chico solo porque hubiera actuado de forma
unilateral y cortante conmigo—. Le estoy dando más importancia de la que tuvo.
Robyn se apoyó en la tabla de planchar y me tomó la mano, con una
expresión preocupada y tierna a la vez.
—Si hay algo que conozco muy bien, son los hombres Adair y su forma de
pensar. Una cosa que me encanta de Lachlan y Thane es su sentido del honor y
la responsabilidad. Tener sentido del honor es un rasgo moribundo, y es
atractivo cuando lo encuentras en alguien. Pero también puede hacer que una
persona sea muy dura consigo misma. Lachlan se pone irritable cuando cree que
ha fallado a alguien o se ha fallado a sí mismo. Y puedo ver a Thane siendo ese
tipo también.
—¿Qué estás diciendo?
Me apretó la mano, y su simpatía me inquietó.
—Digo que cómo sería si sedujera a su niñera de veinticinco años.
Retiré mi mano.
167
—Cuando lo dices así haces que suene burdo y sucio. No lo es.
—No, pero así es como lo verán algunas personas. Y eres su empleada,
Regan. Su empleada mucho más joven, y tiene dos hijos a los que necesita
proteger. Incluso de los chismes del pueblo.
Arqueé las cejas a medida que aumentaba mi agitación.
—No está mal que sintamos algo por el otro.
Mi hermana me miró con dolor.
—Cariño, creo que cualquier hombre sería afortunado de tenerte, y
cualquier hombre que no pueda ver eso es un tonto... pero existe la posibilidad
de que todo esto sea para Thane una atracción física. Nena, eres preciosa.
Podrías encajar perfectamente entre todos esos impresionantes y famosos
actores que corren por la finca. Tendría que estar muerto para no ver eso. Y
reaccionar a ello.
El dolor se encendió de nuevo. Nunca se me pasó por la cabeza que todo
lo que fuera para él fuera atracción física.
¿Por qué sería otra cosa?
Él era un padre soltero profesional, inteligente, sexy y rico.
Y yo era una licenciada universitaria que abandonó a su familia porque no
podía enfrentarse a las duras realidades de la vida.
—No. No. —Robyn me tiró de la barbilla para atraer mis ojos hacia ella—.
Sea lo que sea que estés pensando ahora mismo, sácatelo de la cabeza.
—Soy una idiota —susurré.
—No eres una idiota. No digas eso.
—¿Debo dejarlo? —La idea de dejar a Eilidh y Lewis me mataba.
Robyn frunció el ceño.
—No. Te necesitan, Regan. Ellos... Eils y Lew son tan felices, y veo una
diferencia en Thane también. Está más relajado, menos estresado.
—Tengo que irme en cuatro meses, de todos modos.
—En realidad... no. He estado investigando, y podrías solicitar un visado
de ascendencia británica. Te permiten quedarte durante cinco años, siempre que
puedas demostrar que tienes un puesto de trabajo, que estoy segura de que
Thane te proporcionaría.

168
Sorprendida, pregunté:
—¿Qué es un visado de ascendencia británica?
—Se aplica a cualquiera que tenga un abuelo que haya nacido en el Reino
Unido. Y tú lo tienes, por parte de Seth. Mientras que los padres de su padre
nacieron en Boston, los de su madre lo hicieron en el Reino Unido. En Newcastle,
para ser exactos.
—¿Eso es lo que tienes por Mac?
—No. Como mi padre nació aquí, aunque yo haya nacido en Estados
Unidos, tengo automáticamente la doble nacionalidad. La tuya es algo que tienes
que solicitar.
—Creo que tenemos que sentarnos para que pueda procesar esto.
Dos minutos después, me senté en un taburete de la isla frente a mi
hermana mayor.
—¿Tengo abuelos viviendo aquí?
Robyn hizo una mueca.
—Ambos ya fallecieron. Pero eso significa que tienes parientes que viven
en el Reino Unido, si alguna vez quieres buscarlos.
—Oh. Eso es genial. —Sonreí—. ¿Eso significa que puedo solicitar el
visado?
Asintió, con la emoción iluminando sus ojos.
—Hablé con Seth, y me dio la información de sus abuelos para que pudiera
localizarlos. Mac me ayudó. Nos enteramos hace dos semanas, y yo...
simplemente no sabía cómo mencionarlo porque no quería presionarte para que
te quedaras.
—¿Papá lo sabe? ¿Le parece bien la idea?
—No está emocionado, pero ve una gran diferencia en ti. Dice que te
mantienes más en contacto con él ahora que en Boston, y que pareces feliz. Eso
es todo lo que quiere. Y sabe lo unidas que estamos tú y yo. Olvidé lo mucho que
nos necesitamos el uno al otro. No es que te esté presionando. —Ella puso los
ojos en blanco—. Eso ha sonado a presión.
Estaba tan agradecida de que Robyn quisiera que me quedara.
—No lo es. Y lo haría sin pensarlo, pero... tal vez todo este asunto de Thane
sea una señal de que no debería hacerlo. No es exactamente responsable.
—Por favor —resopló Robyn—, una persona no puede evitar por quién se
169 siente atraída.
—Yo no lo llamaría atracción. Es más bien una necesidad desesperada y
salvaje de estar desnuda con él y que me haga un montón de cosas sucias.
—Tengo una pistola —me recordó ella pétreamente.
Me eché a reír y la abracé mientras fruncía el ceño.
—Lo siento, lo siento. Dejaré de decir esas cosas.
—Por favor, por favor, hazlo.
Limpiando las lágrimas de la risa de mis ojos, me acomodé de nuevo en mi
taburete y gemí a través de mi diversión mientras la realidad volvía.
—¿Qué hago, Robbie?
Me miró fijamente, con una expresión seria.
—No sé lo que hay entre ustedes dos, pero nunca te he oído alucinar con
un hombre así. ¿Es lo ideal? No. Pero tampoco lo éramos Lachlan y yo. Tampoco
lo son otras personas —dijo un poco misteriosa—. Y lo único que puedes hacer
es sentarte y ver cómo desperdician algo especial porque temen que sea
inapropiado. —Se encogió de hombros, su mirada se centró de nuevo—. No sé.
Tal vez soy parcial porque me gustaría que te quedaras, y porque creo que Thane
es uno de los buenos. Es que... no creo que debas huir esta vez.
Hice una pequeña mueca de dolor ante el recordatorio.
—Lo siento.
—No lo dije para ser dura. Confío en que nunca empezarías algo con
Thane, sabiendo por lo que ha pasado esta familia, si pensabas largarte en
cuanto las cosas se pusieran difíciles.
—Nunca —prometí—. Nunca haría eso, Robyn. A los niños. A Thane. Ni a
ti.
—Lo sé. —Ella asintió—. Te creo.
Las lágrimas golpearon mis ojos. No me di cuenta de lo mucho que
necesitaba que me dijera eso.
Me apretó la mano.
—Te dije que no te echaría en cara los dos últimos años, y no lo haré. De
esa manera nunca avanzaremos. Estoy orgullosa de en quién te has convertido.
Estoy orgullosa de cómo lidias con Eilidh y Lewis y del amor y la amistad y el
apoyo que les das. Estoy orgullosa de la seriedad con la que te tomas tu trabajo,
y no quiero que pienses que tus sentimientos por Thane disminuyen eso. No
170 podemos evitar a quien deseamos. ¿Y quién sabe lo que Thane siente por ti? Lo
que sí sé es que, si es solo físico por su parte, si se está conteniendo porque cree
que es inapropiado, no podrá cambiar de opinión si te vas.
Cuando sus palabras calaron, la esperanza floreció en mi pecho. Me mordí
el labio contra una sonrisa vertiginosa.
Robyn lo vio y negó con la cabeza.
—Jesús, estás fatal.
—No puedes decírselo a Lachlan. Ni a nadie. Esto queda entre nosotras.
Mi hermana se tomó mis palabras al pie de la letra.
—No me gusta tener secretos con él, pero no quiero que saque
conclusiones sobre esto.
—Gracias. Y gracias... por confiar en mí. Por confiar en que esto no sea
solo mi volatilidad. Soy feliz aquí. Siento cosas por él que nunca he sentido.
—Me doy cuenta. —Lo meditó y luego dijo—: ¿Significa eso que vas a
solicitar el visado?
Me reí de su insistencia, de hecho, me alegré mucho por ella.
—Eso significa que definitivamente me lo pensaré.
171

Regan

L
a casa de Arrochar era un chalet de mediados de siglo en una zona
residencial bien cuidada y diseñada, a pocas cuadras de Castle
Street. La primera vez que me llevó a su casa para tomar un café,
me sorprendió, ya que esperaba que viviera en un hogar elegante y moderno
como Lachlan y Thane.
Sabía (¿no lo sabía todo el mundo?) que el hermano mediano, Brodan
Adair, era un famoso actor de Hollywood. No es que se lo dijera a Robyn, pero
pensaba que era incluso mejor actor que Lachlan. Mi futuro cuñado era genial
en el papel de héroe de acción. Realmente lo vendía, y era muy divertido verlo
golpear a los malos. Brodan, aunque empezó en películas de estilo similar, se
diversificó con papeles más serios. Y el hombre podía actuar. Además, era
probablemente el más clásico de los hermanos Adair. Mucha gente confundía a
Brodan Adair con el tipo que interpretaba al Capitán América.
Entre las celebridades de la familia, las grandes casas contemporáneas de
Lachlan y Thane, y el propio castillo de Ardnoch, me quedé con la idea de que
los Adair eran señores y Arro la señora de la mansión.
Arro mandó a la mierda esa idea. En el buen sentido. Era ingeniera forestal
y no dependía de su creciente herencia (gracias al exitoso giro de Lachlan en su
finca familiar) ni de su reputación como pilares de la sociedad de Ardnoch. De
perfil bajo, divertida, ingeniosa y amable, Arro tenía los pies en la tierra.
Y amaba a su familia.
Eso era evidente cuando entré en su casa de la mano de Lewis mientras
Thane llevaba a Eilidh. El olor de la comida hizo que se me revolviera el estómago
de hambre. Un vistazo al gran comedor reveló una mesa bellamente dispuesta
para las celebraciones de cumpleaños. Entramos en una sala de estar llena de
serpentinas y globos azules y plateados que hacían que Eilidh se sintiera
excitada en los brazos de su padre.
Sentados alrededor del salón estaban Lachlan, Robyn, Mac y Eredine.
Fuimos los últimos en llegar porque a los dos segundos de salir por la puerta,

172
Eilidh quiso cambiarse el vestido. Decidió que no era su vestido más bonito y
que debía usarlo para su papá, ya que era su fiesta de cumpleaños. Se le
escaparon las lágrimas. Incapaz de resistir su adorable razonamiento, la metí en
la casa para ponerle su vestido favorito.
Que era el vestido de unicornio que le compré para Halloween, sin las alas
ni la diadema.
En realidad, hoy no era el cumpleaños de ninguno de los dos. Lachlan
cumplía treinta y nueve el martes, y los treinta y ocho de Thane eran el lunes
siguiente.
—Hola a todos —saludó Thane—. Eilidh, ve a felicitar al tío Lachlan por
adelantado. —La bajó al suelo.
Lachlan se sentó en el sillón para acurrucarse con Robyn. Era acogedor.
Eilidh también lo pensó. Se abalanzó sobre ellos como un murciélago y aterrizó
contra el pecho de su tío.
—Oh, dem... —Él cortó la evidente palabrota mientras la atrapaba, con los
ojos cerrados por el dolor.
—Golpeó las joyas de la orona, ¿eh? —se burló Robyn, con los labios
contraídos por las ganas de reír.
La diversión burbujeó en mi interior cuando los ojos de Lachlan se
abrieron de golpe y miró a su prometida. Mientras tanto, abrazaba a su sobrina.
—No tiene gracia —dijo con la boca.
—Tío Lachlan, me he puesto mi vestido de unicornio para ti —anunció
Eilidh mientras le acariciaba la cara con las manos.
Su expresión se suavizó.
—Y estás preciosa, ángel.
—Creía que te lo pusiste para mí —se burló su padre mientras le hacía un
gesto a Lewis para que le siguiera hasta el final de la sala.
—También me lo puse para ti, papá. —Eilidh parecía preocupada de que
él pensara lo contrario.
Lewis no le soltó la mano.
El ceño de Thane se frunció mientras se sentaba junto a Eredine.
—Ven a sentarte, amigo.
En cambio, Lew me miró. Me sonrojé por la incomodidad. Aunque Thane
estuvo de un humor horrible conmigo toda la semana, se mostraba cortés
173 delante de los niños. Si los niños estaban allí, al menos me hablaba. Si los niños
no estaban, entonces recibía gruñidos monosilábicos en lugar de conversación.
Lewis... era como si sintiera que algo pasaba, y se volvió un poco apegado
últimamente.
—Ve a sentarte con tu padre, cariño. —Lo guie hacia Thane, pero me
agarró la mano con más fuerza y me detuve.
—¿Lewis? —preguntó Thane.
Todo el mundo se quedó callado, lo que lo hizo más incómodo.
—No hay espacio para riri. —Lewis miró con desprecio a su padre.
—Oh, yo me moveré. —Eredine sonrió dulcemente y se acercó a Arro y Mac
en el sofá.
Evitando la mirada interrogante de mi hermana, me senté, con Lewis
acurrucado entre Thane y yo. Eilidh se dio cuenta de que dos de sus personas
favoritas estaban sentadas juntas en el sofá y se lanzó de Lachlan hacia Mac y
Arro.
Me volví hacia Eredine.
—Hola, no te vi en toda la semana. ¿Cómo estás?
Mi amiga se encogió de hombros.
—Ha estado muy tranquilo en la finca. Suele ser así en esta época del año,
y luego se recupera en Navidad.
Eso no era realmente lo que pregunté, pero no esperaba otra respuesta.
Aunque Eredine era dulce y sabía escuchar, era reservada y cerrada, y
definitivamente era difícil conocerla. Aparte de los Adair, no parecía tener ningún
amigo de verdad aquí en Escocia. Eredine era un gran misterio. Más aún cuando
me di cuenta de por qué me resultaba tan familiar.
Cuando tenía unos diecisiete o dieciocho años, seguía a muchas personas
influyentes en las redes sociales. Una de ellas era una bailarina de estilo libre
que publicaba vídeos de sus solos y a veces de sus bailes en grupo. Hacían
muchas actuaciones en lugares públicos. Su nombre en Internet era Cadenza y
tenía unos dos millones de seguidores. Un día dejó de publicar, yo dejé de
seguirla y no volví a pensar en ella.
Sin embargo, Eredine Willows era la viva imagen de Cadenza. Sabía que
era una coincidencia porque nadie más lo notaba y, sinceramente, Eredine no

174
se parecía en nada a Cadenza en cuanto a personalidad. Cadenza tenía una
confianza arrogante que resultaba extremadamente atractiva; Eredine era todo
lo contrario. Tímida, reservada.
Robyn me dijo que Eredine siempre fue reservada, pero la situación de
Lucy le hizo levantar barreras a kilómetros de altura. Podía verlo. Y fui paciente.
Seguía los pasos de Robyn y no me abría camino en su vida. Por Eredine,
teníamos que ser sigilosos. La lentitud y la constancia ganarían esa carrera.
Nos sentamos a charlar un rato y luego, al ver que los niños se ponían
nerviosos, Arro dio una palmada y anunció que era hora de comer. Todo el
mundo se ofreció a ayudarla en la cocina, pero los chicos se desentendieron
porque era su cumpleaños. Las mujeres se encontraron solas en la cocina.
Me di cuenta de la división por sexos.
—No hagamos de esto un hábito, o podrían tener ideas.
Robyn resopló.
—Ya nos conocen lo suficiente como para no convertirnos en las “damitas”.
Además, Lachlan no querría hacerlo. A él le gusto...
—Para. —Arro le puso una mano cerca de la cara, y Eredine y yo nos
reímos ante la mirada atónita de Robyn—. Es mi hermano y, por lo que a mí
respecta, mis hermanos son tan castos como los monjes.
—No iba a decir nada sucio. —Robyn enarcó una ceja mientras seguíamos
a Arro por la cocina—. A diferencia de otras personas —me lanzó una mirada—,
soy una dama.
Me eché a reír.
—¿Qué he hecho?
—Siempre das demasiada información.
—Oh, ¿sobre quién? —preguntó Arro—. "Le has echado el ojo a alguien?
Quise lanzar una mirada asesina a mi hermana, pero sabía que sería
demasiado obvio.
—No. Robyn se refiere a novios pasados.
—Bueno, buena suerte aquí, de todos modos. —Arro hizo una mueca—.
Vivir en un pueblo pequeño no hace precisamente fácil conocer a alguien.
Mírame a mí. Mira a Thane.
No dijo mira a Eredine, pero sabía que todos lo estábamos pensando.

175 —Hablando de mi hermano —me dijo Arro mientras la seguía al comedor


con el enorme cuenco de patatas asadas—, ¿pasa algo entre ustedes dos? Percibo
un claro malestar.
Me encogí de hombros ante su comentario como si fuera una tontería,
dedicándole una de mis sonrisas despreocupadas.
—No, en absoluto. Estamos muy bien.
Ella entrecerró los ojos como si no me creyera del todo.
—Supongo que me equivoqué, entonces.
Decidiendo que una semana era tiempo suficiente para que esta tontería
entre Thane y yo se prolongara, supe que tendría que charlar con él y aclarar las
cosas. Para ser honesta, su comportamiento puso un freno a mis sentimientos.
Era esclarecedor ver lo imbécil que podía llegar a ser. Me cansé de intentar ser
comprensivo con su posición en todo esto.
A pesar de la determinación de Thane de tratarme como si no existiera, la
cena fue muy divertida. Hubo comida de por medio, por lo que Eilidh se mantuvo
sentada durante todo el tiempo y disfrutó de ser el centro de atención. Lewis
insistió en sentarse a mi lado en la mesa, así que me pasé buena parte de la
comida hablando con él sobre el videojuego que jugaba con sus amigos en línea
durante las horas que tenía permitidas. Estaba irritado porque los padres de sus
amigos les dejaban jugar más tiempo del que él tenía permitido, y ellos seguían
queriendo jugar a este juego en particular sin él. Para distraerlo de su irritación,
le pedí que me explicara todo el juego.
Lo hizo. Con todo lujo de detalles. Y yo lo quería, así que intenté no
morirme de aburrimiento.
En un momento dado, levanté la vista de nuestra discusión y me encontré
con que Thane nos observaba con un ceño fruncido. Apartó la mirada en cuanto
nuestros ojos se encontraron.
Después de la cena, llegó la hora de los regalos, y experimenté un breve
revoloteo de nerviosismo en mi vientre. Ayudé a los niños a elegir el regalo para
su padre, pero a Thane le compré algo de mi parte hace unas semanas. Cuando
aún éramos amigos. No estaba segura de cómo me sentía al dárselo ahora.
Especialmente delante de todos.
Nos acomodamos en el salón, Eilidh acurrucada en el regazo de Thane
porque tenía un poco de sueño después de la comida, y Lewis a mi lado. Lachlan
abrió sus regalos primero.

176 Robyn le regaló una foto que tomé bajo su dirección en la playa. Era una
preciosa foto en blanco y negro de ella mirando al agua. Estuvo a punto de
rechazar el regalo, pensando que era cursi y vanidoso, pero la convencí de que
se quedara con él. Consiguió un marco que hacía juego con el interior de su
oficina en el trabajo, añadió la foto y la envolvió.
Sentía nerviosismo por ella porque me di cuenta, por la forma en que se
mordía el labio, de que aún tenía dudas. Cuando Lachlan lo abrió, se quedó
mirando. Se removió incómoda en el gran sillón que había a su lado.
—Es... pensé que podrías ponerlo en tu oficina o algo así... pero parece
una estupidez ahora. Yo..
—Me encanta. —Se giró para sonreírle, y yo sentí una mezcla de felicidad
y envidia. Una vez más, no pude evitar pensar en lo increíble que sería que un
chico me amara como Lachlan amaba a Robyn. Pero en el fondo, no creía que
eso fuera a ocurrir nunca. Un chico podría amarme... pero no así. Robyn era el
tipo de mujer que inspiraba ese tipo de amor.
—¿Lo crees? —Ella todavía parecía insegura.
—Eres hermosa. —Se quedó mirando la foto—. Me encanta —repitió, y
luego frunció el ceño—. ¿Pero quién la tomó?
—Regan.
Sonrió mirándome.
—La has captado perfectamente.
Sonreí.
—Lo sé.
Lachlan río suavemente y luego se inclinó hacia Robyn para besarla en la
boca.
—Más tarde —murmuró, pero todos le oímos.
—Hablando de... tengo otro regalo para ti, pero… —Robyn me sonrió con
picardía en su mirada—. Lo dejé en el dormitorio.
Mientras los adultos se quejaban ante la insinuación, yo reí con tanta
fuerza que me dolieron las mejillas.
—A mí no me molesta como a ti. Pero aprecio el esfuerzo.
—Maldita seas. —Ella entrecerró los ojos, tratando de no reírse.
—No tengo ni idea de lo que está pasando. —Lachlan se volvió hacia Thane
en busca de respuestas.
177 Él se encogió de hombros.
—No me mires a mí.
—Solo cosas de hermanas —aseguró Robyn a Lachlan.
—Entonces... ¿hay otro regalo en el dormitorio? —Él levantó las cejas en
señal de expectación.
—¿No lo hay todos los días?
Lachlan sonrió.
—Sí. Error mío.
Robyn le dedicó un guiño descarado.
—Ya lo sabes. Pero sí, en realidad hay otro regalo en el dormitorio.
—¿Es un peluche? —preguntó Eilidh.
Lanzando una mirada a mi hermana por hablar con insinuaciones delante
de los niños, palideció y sonrió disculpándose antes de volverse hacia Eilidh.
—Sí, cariño. Eso es exactamente.
—¡Quiero verlo!
—Otro día, Eils. —Thane la abrazó con fuerza—. Es el regalo del tío
Lachlan, recuerda.
—Bien, pues. —Mac se puso de pie y entregó una bolsa de regalo grande y
elegante a Lachlan y otra a Thane—. ¿Qué les regalas a los hombres que lo tienen
todo?
Resultó ser whisky caro, lo que les alegró mucho a ambos.
Se repartieron más regalos. Lachlan recibió una corbata de mi parte, un
suéter de Arro, un broche de falda escocesa de Eredine, y unos auriculares
nuevos y una pulsera para el teléfono de parte de los chicos, para que pudiera
escuchar su música mientras corría. Fue idea de Lewis, informé a Lachlan, y su
sobrino no podía parecer más satisfecho por lo “contento” que estaba su tío.
Por último, Thane le regaló a su hermano una brújula.
—Era de papá. ¿Te acuerdas? Dijo que era de nuestro tatarabuelo. La
encontré en el desván hace unos meses cuando estaba limpiando cosas. Un tipo
de Inverness lo restauró.
Evidentemente, el regalo dejó a Lachlan boquiabierto, y los hermanos

178
hicieron esa cosa de chicos en la que se mostraban bruscos en sus emociones y
se golpeaban la espalda cuando se abrazaban para atenuar el sentimentalismo
de todo aquello.
Fue algo adorable.
Y luego fue el turno de Thane. Recibió un broche de falda escocesa a juego
de Eredine (que me pareció muy bonito), un jersey diferente al de Lachlan de
Arro, un elegante kit de afeitado de barba de Robyn y un elegante reloj de
Lachlan.
—Para tu nuevo comienzo en el trabajo. Dale la vuelta —dijo su hermano.
Thane lo hizo y leyó: “Novis Initiis”.
—Nuevos comienzos —explicó Lachlan.
Al mirar a su hermano, los ojos de Thane se iluminaron. Algo que solo ellos
parecían entender pasó entre ellos.
—Es estupendo. Gracias.
Ahora mi regalo parecía raro en comparación. En lugar de entregar toda la
bolsa de regalos, rebusqué en ella y saqué el regalo de los niños. Se lo di a Lewis
para que se lo diera a Thane.
—Feliz cumpleaños, papá. —Lewis saltó del sofá para apoyarse en las
piernas de su padre—. Fue idea mía.
—¡También mía! —Eilidh frunció el ceño más profundamente de lo que
ningún humano hubiera fruncido antes. Se volvió hacia su padre con ese feroz
ceño—. Mía también, papá.
Thane le besó la frente.
—Lo sé, bichito. Ahora echemos un vistazo y veamos qué es.
—Son LEGOs —anunció Eilidh, retorciéndose con entusiasmo, y todos no
pudimos evitar reírnos—. ¿Puedo jugar yo también con ellos?
Intentando desesperadamente no reírse, Thane asintió mientras abría el
envoltorio.
—Por supuesto. —Lo estudió, levantando las cejas—. Puede que sea un
poco difícil. —Miró a Lewis—. Ni siquiera sabía que LEGO hicieran estas cosas.
Era LEGO para adultos. Un complicado set con los planos de un estudio
de arquitectura contemporáneo, todo blanco.
—Pensé que quedaría muy bien en tu despacho una vez terminado. Y se
supone que sirve para aliviar el estrés.

179 Thane me lanzó una mirada.


—Claro.
—Puede que riri también haya ayudado con la idea —admitió Lewis.
Su padre me lanzó una vaga mirada de agradecimiento.
Me guardé su regalo detrás de las piernas.

Thane y Lachlan intercambiaban anécdotas sobre sus travesuras en la


adolescencia; Lewis y Eilidh estaban en la sala de televisión de Arrochar viendo
una película porque se aburrieron con los adultos. Mac ayudaba a Arro a limpiar
la cocina. Incluso Eredine se unió a la cálida conversación entre mi hermana y
los hermanos.
Yo no estaba de humor. Abandonando mi sitio en el sofá, pensé en ir a ver
a los niños y pasé por el pasillo para hacerlo. Sin embargo, una mirada a la
cocina me detuvo en seco. Arro y Mac estaban de pie cerca del fregadero, uno al
lado del otro, pero pegados, con las cabezas juntas, murmurando en una
conversación. Mac miraba a Arro con tanta ternura que sentí que me entrometía
en algo.
Su lenguaje corporal no era el de dos amigos.
Dios mío, ¿cómo demonios se me paso eso por alto?
Probablemente porque estás obsesionado con el idiota de tu jefe.
Me apresuré a alejarme antes de que me descubrieran observándoles,
guardé esta revelación y consideré preguntarle a Robyn al respecto más tarde. O
tal vez no debería. Tal vez nadie más lo supiera. Tal vez estuviera haciendo algo
de la nada.
Al asomarme al estudio, encontré a Lewis sentado con las piernas
cruzadas frente al televisor, absorto en una película de Marvel, mientras Eilidh
dormía en el sofá. Como no quería molestarles, cerré la puerta suavemente y
reflexioné sobre mi siguiente paso. No podía ir a la cocina a ayudar a Arro y a
Mac porque, sin duda, parecía que estaría interrumpiendo. Y no quería volver al
salón porque la insistencia de Thane en hacerme sentir como si no existiera era...
Bueno, era horrible.
Mirando hacia el pasillo, observé la entrada lateral que probablemente
180 conducía al patio trasero. Hacía frío, pero estaba claro.
Y me vendría bien un poco de aire fresco.

Thane

Regan había desparecido hacía quince minutos y no había vuelto. Al


principio, pensó que fue a la cocina para ayudar a Mac y a Arro, pero volvieron
con bebidas para todos y ella no venía con ellos.
Observó que Robyn fruncía el ceño ante su lugar vacío en el sofá, más
concretamente ante el suelo. Thane se asomó entre las piernas de Mac y observó
la bolsa de regalos.
Cuando levantó la vista, Robyn lo miraba fijamente con intensidad.
Se retorció de culpabilidad.
—¿Dónde está Regan? —preguntó Eredine, interrumpiendo la
conversación de Lachlan y Mac sobre los planes de seguridad para el ceilidh de
Hogmanay en el castillo de Ardnoch.
—No lo sé. —Robyn se levantó del gran sillón que compartía con Lachlan—
. Será mejor que lo compruebe.
—Permíteme. —Thane se puso de pie—. Tengo que ver a los niños, de todos
modos.
Regan probablemente esté con ellos.
A Robyn le tembló un músculo en la mandíbula, pero asintió y volvió a
sentarse junto a Lachlan.
La extraña intensidad de Robyn le preocupaba. ¿Le contó regan a su
hermana sobre... el incidente? Maldita sea. No fue nada. Algo que no debió
ocurrir.
O tal vez solo está captando el hecho de que estás siendo un absoluto cabrón

181
con su hermana.
La culpa acompañaba cada paso de Thane. Una vez que se levantó la
guardia con Regan, no sabía cómo detenerse por miedo a volver a cruzar la línea
con ella. Y era más que eso. La aparición de aquel hombre la semana pasada
puso a Thane de muy mal humor. ¿Se desquitó con Regan?
El remordimiento se agudizó en su pecho.
Había estado tan perdido en sus preocupaciones por ese hombre y Eilidh
que no prestó atención a lo que le hacía a Regan.
Obligado a socializar con ella ahora era evidente que, más allá de las
bromas entre ella y su hermana, Regan había perdido su chispa. No quería
sentarse a reírse con ellos, y eso estaba fuera de lugar. Regan era una persona
optimista y alegre que iluminaba cualquier habitación en la que estuviera.
¿Acaso apagó su luz con su comportamiento?
Se comportó como el típico chico follador, coqueteando con ella durante
semanas, tocándola... y luego dejándola helada. No era un idiota así con las
mujeres ni siquiera en la arrogancia de la juventud. Era espantoso que lo hiciera
ahora.
¿Era por eso por lo que Lewis se aferró tanto a Regan esta última semana?
¿Sintió la infelicidad de Regan?
¿Le preocupaba a su hijo que ella ya no quisiera estar con ellos?
¿Y si no quería?
¿Quién querría quedarse con un jefe que la trataba como a una simple
sirvienta?
Si cualquier otro hombre le hiciera eso a una mujer que le importaba, él
tendría más que unas cuantas palabras duras con él.
La idea de que Regan volviera a los Estados Unidos le aceleró el pulso de
pánico. Eilidh y Lewis la necesitaban. Sus vidas funcionaban mucho mejor con
ella aquí, y ella los hacía felices. Robyn mencionó algo sobre un visado de
ascendencia hace unas semanas, y eso le dio esperanzas de que Regan pudiera
quedarse como niñera durante más de seis meses. Ya estaban en el tercer mes
de su estancia, casi a la mitad.
Un rápido vistazo a la sala de televisión le indicó que Regan no estaba allí
con los niños. La puerta del baño de la planta baja estaba abierta y tampoco
estaba allí. Al entrar en la cocina, se topó con Robyn.
Ella levantó la bolsa de regalos del suelo.

182 Desconcertado, Thane la agarró y miró dentro para ver un regalo en forma
de libro.
Robyn le dirigió esa mirada pétrea que tenía.
—El regalo de Regan para ti.
Él frunció el ceño. ¿Por qué no se lo dio durante la apertura de los regalos?
—Está sentada en el patio trasero en el frío porque prefiere hacer eso que
sentarse en una habitación contigo —dijo Robyn sin rodeos—. Arregla eso, por
favor.
Era una orden.
Avergonzado por su comportamiento, asintió como un estudiante
regañado y se dirigió a las puertas francesas que daban al jardín trasero.
Y allí estaba ella.
Su cabello rojo brillaba con la luz del sol otoñal mientras permanecía
sentada en una de las sillas de jardín de Arrochar, mirando hacia el bosque que
había detrás de la casa de su hermana. Thane observó la forma protectora en
que Regan permanecía sentada con las rodillas pegadas al pecho.
Al percibir movimiento detrás de ella, miró por encima del hombro y se
tensó.
Hace solo unas semanas se habría girado y le habría regalado su
glamurosa sonrisa y esos atractivos hoyuelos.
—Maldición —murmuró en voz baja y caminó alrededor de ella para
sentarse en la silla continua—. Hola.
Regan apretó aún más sus rodillas.
—Hola. —Sus ojos bajaron a la bolsa en su mano, y ella se puso rígida.
—Robyn dijo que este regalo es de tu parte.
Se acomodó el cabello detrás de la oreja.
—Es una tontería...
Deseando sacarla de su evidente miseria, y también intrigado por lo que
podría ser el regalo, Thane sacó el objeto de la bolsa. Era grueso y suave. Al
desenvolverlo reveló un diario de cuero oscuro con una inscripción. “Loyal Au
Mort”.

183
—Yo... um... me he dado cuenta de que tienes todos estos papeles sueltos
y notas adhesivas por la oficina, y muchos parecen ser tus ideas sobre el mismo
proyecto. —Señaló el diario mientras él abría la suave encuadernación de cuero
para revelar el papel con líneas dentro—. Sería mejor que pusieras todas tus
ideas en un solo lugar para no perderlas.
Era increíblemente considerada, y se sintió aún más idiota que antes.
—Lachlan me dijo que este es el lema del clan Adair.
“Loyal Au Mort”.
Trazó las palabras grabadas en el frente.
—Fiel hasta la muerte.
—Me gusta. Habla de lo que son ustedes. Pero... no sé. —Se movió,
incómoda, de nuevo—. Parece estúpido ahora.
¿Porque lo veía diferente ahora?
¿Por qué eso aguijoneaba su orgullo más de lo que le gustaba?
—No es una estupidez —respondió él con brusquedad, con el pulso
retumbando en sus oídos—. Es perfecto. Gracias.
Cuando ella no le dirigió la mirada, supo que tenía que hacer un gran
control de daños, o iba a estropear las cosas entre ellos para siempre.
—Siento haber sido un cabrón contigo. No te lo mereces.
Regan se encogió de hombros y le dedicó una amplia sonrisa que no llegó
a sus ojos.
—No pasa nada.
Mentía.
Ocultando cómo la hirió.
No quería ser vulnerable con él.
¿Y quién podría culparla?
—La semana pasada, el hombre con el que mi mujer me engañó se me
acercó de repente al trabajo —se sorprendió a sí mismo soltando.
La reacción de Regan fue física. Sus rodillas se separaron de su pecho
como si le hubieran cortado las cuerdas.
—¿Qué?
—Nadie lo sabe. De nada de esto. Ni siquiera Lachlan.
184 Con los ojos muy abiertos, ella negó.
—Thane, no se lo diré a nadie.
Se sentó de nuevo en la silla, el aire frío pellizcando sus mejillas. Y todo se
derramó, como si no pudiera contenerlo más.
—Fue antes de que naciera Eilidh. No sospeché nada. Nada cambió entre
nosotros. Ni nuestra dinámica familiar ni nuestra relación. Hubo una mala racha
antes de eso. Fran parecía descontenta y yo no podía entender por qué. Pero
pronto pensé que algo encajó en su lugar porque parecía más feliz que nunca.
Supuse que por fin se adaptaba a la vida familiar —gruñó, recordando la brutal
herida que supuso descubrir la verdad—. Quise sorprenderla en el trabajo para
el día de San Valentín. Había estado trabajando hasta tarde en la escuela y pensé
que se merecía un pequeño descanso. Así que preparé una cesta con aperitivos
y champán para llevársela. Arro estaba cuidando a Lewis.
—La escuela estaba casi vacía cuando llegué. Tenía la puerta abierta. No
había nadie en el aula. Pero pude oír ruidos apagados procedentes de su armario
de suministro.
—Oh, Thane. —Regan bajó la cabeza en señal de simpatía.
Él le dedicó una sonrisa infeliz.
—Abrí la puerta y encontró a su colega Sean McClintock follando con ella
contra las estanterías.
Regan cerró los ojos como si sintiera su dolor.
—Lo siento mucho.
—Invitamos al idiota y a su mujer a cenar, maldita sea. Tuvo a mi hijo en
sus brazos. Y resultó que durante seis meses nos estuvieron engañando.
Regan sacudió la cabeza.
—¿Pero la perdonaste?
Recordando los meses de naufragio emocional que Fran provocó, Thane
confesó en voz baja:
—No fue tan fácil. McClintock se alejó. No quería perder a su mujer, así
que se fue a una escuela en Moray. Yo aún intentaba averiguar qué quería, y
Fran trataba desesperadamente de convencerme de que me amaba.
—¿Entonces por qué te engañó?

185 —Dijo que no era por no amarme. Fue por la pasión. Después de tener a
Lewis, se sintió envejecida. Dijo que le preocupaba haberse perdido algo ya que
solo había estado conmigo.
—¿Qué demonios?
—Lo sé. —La confesión de Fran dolió mucho. Es cierto que era virgen
cuando se conocieron, y que él estuvo con otras chicas antes que ella, pero pocas.
Y nunca pensó que se hubiese perdido por establecerse con Fran—. Pero me dijo
que la idea de perderme la despertó. Que solo me amaba a mí. Todavía estaba
decidiendo si darle otra oportunidad cuando me dijo que estaba embarazada de
Eilidh.
—¿Thane? —Regan se inclinó hacia delante en la silla y trató de agarrarle
la muñeca cuando se dio cuenta—. No. Yo... te veo en Eilidh. De ninguna
manera. Es tuya.
—Sé que es mía. —El corazón le dio un golpe en el pecho ante la sola idea
de que alguien intentara arrebatársela.
Regan se relajó.
—¿Hiciste una prueba?
—No. —Él retiró su brazo del de ella—. No necesito una maldita prueba.
Ninguna prueba tiene que decirme lo que ya sé en mis entrañas. Eilidh es mi
hija.
Ella pareció procesar eso, y cualquier conclusión que sacara hizo que su
expresión se suavizara hasta convertirse en pura ternura. La opresión en su
pecho se alivió, y tuvo la seductora idea de que sería fantástico estrecharla entre
sus brazos y enterrar en ella todas sus preocupaciones y frustraciones.
Pero no podía.
No con esta mujer.
—Te cuento esto porque McClintock se me acercó, como dije. Estaba
borracho, y Eilidh era la razón por la que acudió a mí. Lo callé rápidamente, pero
me puso de un humor de oso. Lo siento. No mereces llevarte la peor parte.
Preocupada, se sentó hacia delante, con los codos apoyados en las rodillas.
—¿Amenazó con tomar medidas al respecto?
—Me preocupé toda la semana de que la conversación se dirigiera a eso,
pero creo que le di un susto de muerte. No he sabido nada de él desde entonces.
—¿Por qué ahora?
186 —No lo sé. No me importa. No pasará nada.
Ante su tono oscuro, Regan le dedicó un sombrío asentimiento.
—Estoy de acuerdo. Me alegro de que lo hayas asustado.
Ver su reacción, su genuino cariño por su familia, le hizo sentirse aún peor
por el trato que le dio.
—¿Aceptas mis disculpas, entonces?
Ella ladeó la cabeza y su cabello se desparramó por sus hombros, el cobre
brillando en el escaso sol de la tarde. En las sombras, sus ojos solían ser de color
marrón oscuro, pero hoy eran de un cálido y brillante castaño con tonos rojos y
dorados a juego con su cabello.
Desde hacía poco tiempo se veían apagados. La luz había vuelto.
Gracias a Dios.
—No volveré a soportarlo. No soy el saco de boxeo de nadie, Thane.
Hizo una ligera mueca de dolor.
—Ya lo sé. No volverá a ocurrir. Me avergüenza que haya sucedido.
La expresión de ella se suavizó y luego se volvió inquisitiva.
—¿Significa eso que no me tratabas así por... lo de las manos en mi
trasero?
Enrojecido, Thane se frotó la nuca. ¿cómo explicar esto con tacto sin herir
aún más sus sentimientos? Decidiendo que ella merecía su sinceridad en lugar
de su evasión, se inclinó hacia ella.
—Eso no puede pasar entre nosotros, Regan. Nunca.
Su ceño se frunció.
—Tú también te sientes atraído por mí. Lo he sentido. En más de un
sentido.
Ante su travieso comentario, le lanzó una mirada tranquilizadora.
Ella sonrió con maldad y, maldita sea, toda su sangre se precipitó hacia el
sur.
—Regan —le advirtió—. Hablo en serio. No tiene sentido negar que creo
que eres hermosa. Tendría que estar medio muerto para no reaccionar al verte
presionada contra mí. —Rápidamente desechó el recuerdo—. Pero soy tu jefe, y
eres demasiado joven para mí. Nunca podría haber nada más que sexo entre
nosotros, y eso no va a suceder.
187 Thane esperó impaciente su reacción. Ella lo estudió durante un tiempo
que le pareció muy largo, y a él le preocupaba que estuviera en este maldito
jardín frío sin abrigo. Finalmente, ella echó una mirada por encima del hombro
hacia la casa, y luego se volvió para inclinarse hacia él. Con la voz baja y ronca,
y el calor en esos preciosos ojos, preguntó:
—¿Quién dijo que tenía que ser algo serio? Nos deseamos, y ambos somos
adultos. ¿Por qué no podemos satisfacer esos impulsos sin darle importancia?
Definitivamente la sangre les salía a borbotones del cerebro porque había
una parte de él que quería ceder, mandarlo a la mierda, y meterse en su cama
esa noche para enterrar su soledad dentro de ella.
Sacudiendo la cabeza ante ese pensamiento egoísta, Thane se puso en pie,
poniendo distancia entre ellos. Agarró el diario en la mano e hizo un gesto con
él.
—Gracias de nuevo por el atento regalo, Regan. Pero voy a decir esto una
vez más: no puede pasar entre nosotros. Ahora, o estamos de acuerdo en dejarlo
atrás, o tendremos que replantearnos tu posición como niñera de los niños.
—Thane. —Ella se puso en pie con un resoplido de rabia y trató de
alcanzarlo. Él se apartó de ella e ignoró su expresión de dolor—. No entiendo
cómo puedes ser tan genial un minuto y luego tan frío al siguiente.
—Probablemente porque cada vez que soy yo contigo te pasas de la raya,
—espetó. Lo presionaba para que perdiera el control. La deseaba, y se odiaba por
ello—. Estoy tratando de ser un buen hombre. Un buen padre. No necesito hacer
de los chismes del pueblo una verdad y convertir esto en algo sórdido. Por última
vez, te pido que a partir de ahora actúes con profesionalidad conmigo, que me
trates como trataste a los otros padres que te emplearon, a no ser, claro, que te
excite acosar a hombres mayores y no disponibles.
Se arrepintió en cuanto las palabras salieron de su boca.
Regan se echó atrás como si la hubiera golpeado físicamente, y él apretó
la mano que no sostenía su regalo para impedir agarrarla.
—Mensaje recibido alto y claro. Lamento que mi comportamiento haya
parecido acoso. No volverá a ocurrir. —Se alejó de él, con la columna vertebral
rígida, y desapareció en su interior.
Sintiendo un ardor en el pecho, Thane le dio la espalda a la casa para

188
recomponerse. Tratando de ser un buen hombre, dijo. Para todos menos para
ella, al parecer.
—¡Thane!
Respirando profundamente, se volvió hacia la casa para ver a Mac de pie
en las puertas francesas.
—Regan no se siente bien, y Eilidh sigue durmiendo en el estudio, así que
me ofrecí a llevar a Regan a casa. Solo quería despedirme antes de irme.
Thane intentó no reaccionar ante la noticia de que la echó de la casa de
Arro.
—Bien. De acuerdo, entonces. Gracias, Mac. Y gracias de nuevo por el
whisky.
—No hay problema. Espero verte antes de tu cumpleaños pero, si no lo
hago, pásalo bien.
—Gracias. —Despidió a su amigo con la mano y se preparó para volver al
interior.
No podía mirar a Robyn, pero podía sentir que lo observaba. Juzgándolo,
probablemente. Pensando en las muchas maneras en que podría acabarlo con
sus habilidades de artes marciales.
Y se lo merecería.
Lewis se quedó en silencio ante la noticia de que Regan se marchó a casa
sin ellos. Eilidh se despertó cuando él la metió en la parte trasera del auto, y la
primera persona por la que preguntó fue Ree-Ree. Lloró, recordándole lo pequeña
que era, cuando no le buscó su niñera (y para ser francos, su mejor amiga)
inmediatamente.
Afortunadamente, su hija volvió a dormirse mientras hacían el corto
trayecto de vuelta a Caelmore. Lewis le dio respuestas de una sola palabra a sus
preguntas, así que dejó de preguntar.
El silencio dio tiempo a sus pensamientos para divagar.
Y de repente se le ocurrió que había confesado la traición de Fran a Regan.
Era la única persona en la que confió. ¿Por qué? ¿Y por qué insultarla después?
Suspiró con fuerza. Estaba hecho un lío.
Tal vez no se protegiera de Regan al alejarla. Tal vez la protegiera a ella.
Suena como una excusa de mierda, dijo en su cabeza una voz que se
parecía mucho a la de Regan.
189 Al llegar a la casa, una abrumadora sensación de remordimiento y
melancolía lo invadió al ver las luces encendidas en su anexo. Thane decidió que
el hecho de que la mujer lo tuviera tan atado era una señal de que debía
mantener las distancias.
Lewis salió del auto antes de que Thane se quitara el cinturón de
seguridad, y observó a su hijo mirando fijamente hacia el anexo mientras se
dirigía a la puerta principal. Thane se ocupó de Eilidh, levantándola de su
asiento. Sus bracitos le rodearon el cuello y apretó su mejilla contra la de él.
Su pecho se expandió de emoción.
—Vamos, amorcito —susurró—. Es hora de ir a la cama.
—¿Estará riri? —susurró ella con sueño.
Él hizo una mueca.
—Regan ya está dormida, bichito. Pero te tengo a ti.
Ella se acurrucó más contra él, aparentemente demasiado cansada para
discutir. Gracias a Dios.
Lanzando una última mirada en dirección al anexo, Thane decidió que
tendría que volver a arreglar las cosas con Regan. Podía ser civilizado, amable y
amistoso con ella sin darle esperanzas de más.
Y existía una forma segura de transmitir el mensaje sin tratarla tan
indignamente.
190

Regan

—¿Q
ué hiciste? —preguntó Robyn cuando intenté
zafarme del agarre.
Le di una palmada en el brazo para que me
soltara y jadeé de alivio cuando me soltó de golpe.
Mi decisión de aceptar una sesión de artes marciales porque mi miércoles por la
mañana estaba libre de repente no parecía una buena idea. Gruñí con irritación.
—¡Eres increíblemente fuerte!
—¿Estás bien? —Ahora se preocupó.
—Bien. —Le hice un gesto para que se alejara antes de caer de espaldas
sobre la colchoneta. Extendida como una estrella de mar, me quedé mirando el
techo del gimnasio privado.
Robyn de pie junto a mí, con las manos en sus delgadas caderas y una
ceja enarcada.
—Repite lo que acabas de decirme.
Así lo hice, que era prácticamente toda la conversación con Thane en el
patio trasero de Arro el fin de semana anterior, menos lo que me confesó sobre
la aventura de Fran. Esa impactante revelación iba a tardar más en ser
procesada. También me hizo empatizar con Thane cuando lo único que quería
era odiarlo después de lo que me dijo. No quería juzgar a una mujer muerta...
¿pero cómo demonios podían engañar a Thane Adair? ¿Estaba loca?
¡Lo odias, recuerda!
Sí, lo odiaba. Y me dolía de igual manera por él. Ugh, era tan complicado.
Pero Robyn no sabía nada de eso, y nunca se enteraría por mí. Lo que le
conté fue mi sugerencia a Thane de que tuviéramos sexo sin ataduras.
—¿Estás loca?
Tuve la sensación de que era una pregunta retórica.
—¡Se me escapó!
—Eso es como tener sexo con alguien y decir que no queríamos,
191 simplemente se nos escapó.
—¡Puaj, Robbie! —Me reí—. No es para nada lo mismo.
Robyn resopló y se arrodilló junto a mí para que me sentara. Su ceño se
frunció.
—En serio. ¿Por qué le sugeriste eso a Thane?
—¿Por qué no? —Me desvié—. Tú y Lachlan empezaron con un romance
de sexo, pero sin compromiso.
—Sí, pero ni siquiera nos gustábamos, y mucho menos sentíamos algo por
el otro.
—No es cierto. Sé que no puedes tener sexo con un cualquiera.
Mi hermana lo consideró y rectificó.
—había cosas que me gustaban de él, pero hubo más cosas que no me
gustaron de Lachlan. Pero no podía negar que nunca tuve más ganas de tener
sexo con un chico en mi vida. ¿Habría caído en la cama con él si tuviera
sentimientos emocionales por él, sabiendo que solo quería sexo? No. Eso es
buscarse problemas. Tal y como estaba, era horrible pensar que me enamoré de
él y que él no sentía lo mismo. Sugeriste tener sexo y cero compromisos con un
hombre que realmente te importa. ¿Por qué?
Hice una mueca, temiendo la verdad, así que lo planteé como una
pregunta.
—¿Porque pensé que, si nos acercábamos lo suficiente, él podría
desarrollar sentimientos por mí?
Me dirigió su mejor mirada de “hermana mayor decepcionada contigo”.
Ay.
—Te estás preparando para que te hagan daño. Y estás siendo deshonesta.
Contigo misma y con Thane. Eso no es justo para ninguno de los dos.
Avergonzada, miré hacia otro lado.
—Simplemente salió... sin que lo pensara. Es un punto discutible, de todos
modos. En realidad, ahora mismo lo. —Más o menos. Como setenta/treinta en
la proporción de odio/simpatía.
Robyn hizo una mueca.

192 —Eso no es bueno. ¿Qué pasó?


Le conté lo que me dijo en casa de Arro.
Una nube oscura cayó sobre el rostro de mi hermana.
—Mierda. Parece que voy a ser madre antes de lo pensado.
Confundida, parpadeé rápidamente.
—Uh, ¿qué?
—Bueno, alguien tendrá que adoptar a Eilidh y Lewis después de que mate
a su padre.
Aunque sabía que bromeaba, en sus ojos se veía un brillo intenso y severo.
—Robyn, está bien. Estoy bien. —Le sonreí—. Ya me conoces. Agua
pasada.
—¿Por qué haces eso? ¿Por qué me mientes?
Me estremecí.
—Yo no... —Sacudiendo la cabeza, me encogí de hombros—. Porque si
dijera la verdad la mitad de las veces, lloraría. La gente no quiere saber si estás
triste, herido, enfadado o deprimido, Robbie. Ni siquiera los supuestos amigos.
Solo quieren que digas que estás bien para no tener que gastar energía emocional
en ti.
El dolor apareció en su rostro.
—¿Y crees que yo soy así?
—No. —Me apresuré a asegurarle, dándome cuenta tardíamente de cómo
me expresé—. No. Me refiero a que me di cuenta de eso hace mucho tiempo con
otras personas, a veces incluso con mamá, y simplemente he adquirido el hábito
de ser alegre sin importar cómo me sienta realmente porque sé que la mayoría
de la gente no quiere oír la verdad.
—No tienes que hacer eso conmigo.
Miré fijamente a mi hermana, conteniendo las lágrimas.
—Ya lo sé. Lo sé.
—Entonces dame la verdad.
Aspiré una bocanada de aire y la exhalé temblorosamente.
—Me hizo daño. Me hizo sentir... como si lo hubiera imaginado. Usó la
palabra acoso. Me pasé la noche llorando en mi cama como una niña de dieciséis
193 años porque tenía mucho miedo de hacerle a él lo que Austin me hizo a mí.
—Eso es completamente diferente. —Pude escuchar el filo de la ira genuina
en la voz de Robyn.
—Ahora lo sé. He tenido cuatro días de darle la espalda al bastardo para
llegar a esa conclusión yo misma. Dijo lo que dijo para no tener que lidiar más
conmigo, y no le importó hacerme daño para lograrlo.
—Dudo que no le importara —dijo Robyn, sorprendiéndome.
—¿De verdad?
—Estoy enfadada con él por hablarte así, pero no me imagino que esté
contento consigo mismo por ello.
—¿Dónde está su disculpa, entonces? Ya no me ignora, pero no se disculpó
por lo que dijo. —Sacudí la cabeza, mirando hacia el agua más allá del
acantilado—. Debería dejarlo, pero cada vez que lo pienso no me imagino dejando
a Eilidh y a Lewis.
—O a Thane.
—No, él puede irse a la mierda, preferiblemente con un chaleco hecho de
astillas.
Robyn echó la cabeza hacia atrás riendo, y yo no pude evitar reírme
también. Entonces me tomó la mano y la apretó.
—¿Sabes lo valiente que eres?
Al instante, mi sonrisa cayó y traté de apartarme. Ella no me dejó.
—No lo hagas.
—No, lo haré. —Robyn se inclinó hacia mí—. ¿Crees por un segundo que
le habría dicho a Lachlan que lo deseaba si él no hubiera dado el primer paso?
—Por supuesto que lo harías. Eres la persona más valiente que he
conocido.
Ella parecía modestamente incómoda con el elogio y se encogió de
hombros.
—Tal vez esté bien en situaciones como secuestros, robos y tiroteos... pero,
¿cuando se trata de mi corazón?
—Regan, me llevó diez años reunir el valor para encontrar a Mac. Y nunca
le dije a un chico que lo amaba después de que Josh Horner me rompiera el

194
corazón. Ni siquiera intenté dejar entrar a un chico hasta Lachlan. Y no fue muy
amable conmigo al principio, así que definitivamente no me habría hecho
vulnerable a él. Si no me hubiera manoseado, levantó la ceja con una sonrisa,
en la caravana de Gordon aquella primera vez, y luego otra vez en su oficina y
otra vez...
—Lo tengo. Lachlan es un cachondo. Continuamos.
Sonrió descaradamente.
—Lo que quiero decir es que él hizo el primer movimiento. Pero tú... te
comunicasteo con Thane, incluso después de que él te tratara de forma no muy
amable y con pleno conocimiento y conciencia de que la idea de ustedes dos
juntos es un poco polémica. Aun así lo hiciste. Todavía seguiste tus
sentimientos...
—Y mi libido.
—Mi hermanita no tiene libido, y exponerse con él es realmente valiente.
Estoy orgullosa de ti.
Sus palabras fueron como el agua en una semilla sedienta.
—Gracias.
—Ahora que hemos establecido que eres valiente... mi hermana no es el
saco de boxeo de nadie
—¡Yo le dije esas mismas palabras! —exclamé.
—Bien. Ahora vive de acuerdo a ellas. Si estás enfadada con él, enfádate y
sigue enfadada con él hasta que sea un hombre y se disculpe por ser un idiota.
Pero, una vez que se disculpe, sigue adelante. Thane vuelve a ser solo tu jefe, y
tú te ocupas de esos niños. No dejes que te aparte del visado de ascendencia.
—Te dije que lo estoy pensando, y no dejaré que me desanime. No es una
decisión que vaya a tomar basada en un hombre.
—No. Solo hazlo en base a tu hermana que quiere que estés aquí para
ayudar a planear su boda y verla casarse y estar allí el día que descubra que
está embarazada y el día que te conviertas en tía y…
—Lo entiendo. —Mis ojos se llenaron de una emoción diferente—. Yo
tampoco quiero perderme esas cosas. Es que... ¿qué clase de vida podría tener
aquí? No es la lejanía lo que me molesta, ni el pueblo pequeño. Es solo que...
todavía quiero conocer a alguien, eventualmente. Alguien que me quiera
también. —Miré mis zapatillas—. Si está ahí fuera.
195 —Está ahí fuera, Regan. Solo tienes que dejar de alquilar espacio en tu
cabeza a Thane Adair. Verás las cosas más claras una vez que lo hagas, y te
prometo que antes bromeaba. No habrá más presión de mi parte. Quédate o no
te quedes, solo quiero que seas feliz.

Con el consejo de mi hermana fresco en mi mente, me preparé para el


regreso de Thane del trabajo esa noche. Decidida a no dejar de responderle con
frialdad hasta que se disculpase, me puse nerviosa por ello. Más aún cuando
recogí a los niños de la escuela. Mientras arrancaba el motor, Lewis anunció:
—Eilidh y yo sabemos lo que queremos hacer para el cumpleaños de papá.
—Ah, ¿sí? —pregunté, mirándolos por el espejo retrovisor—. ¿Qué es?
—Papá nos habló del espectáculo de pájaros en el castillo que parece
sacado de Disney. Papá dijo que nos llevaría el próximo verano, pero pensamos
que podríamos ir el fin de semana.
¿Castillo como algo salido de Disney? No sabía de qué castillo estaba
hablando.
—Se lo comentaré a tu padre.
—¡Tienes que venir! —dijo Eilidh, sacudiendo las piernas mientras decía
las palabras.
Interiormente hice una mueca. De ninguna manera pasaría un día fuera
con Thane.
Tratando de no hacer una mueca de dolor por la mentira, respondí:
—No puedo, cariño. Tengo planes este fin de semana.
—¿Qué planes? —Cruzó los brazos sobre el pecho y me levantó la barbilla
con severidad.
—Planes de no-ocio —canté.
Se río, pero una rápida mirada a Lewis reveló que no se reía. Se quedó
mirando por la ventanilla del copiloto, con el ceño fruncido.
Permaneció callado durante el resto del viaje y mientras yo los acomodaba
en la mesa del comedor con sus deberes y un bocadillo. Después de empezar a

196
cenar, me senté con ellos para ver si necesitaban ayuda con algo. No es que
necesitaran mucha ayuda. Los hijos de Thane eran muy listos y rápidos.
Aunque el sistema escocés adoptaba una estrategia basada en el juego
para las clases de primero y segundo, a Eilidh todavía le enviaban a casa un par
de veces a la semana trabajos de lectura, ortografía y matemáticas. No es mucho.
Por lo general, lo hacíamos en veinte minutos. Lewis, que ya pasó los años de
aprendizaje basado en el juego, hizo la transición sin problemas. Mientras Eilidh
se entretenía dibujando en una tableta, yo vigilaba a Lewis mientras hacía sus
deberes de multiplicación.
—Muy bien —murmuré al ver que lo hacía con facilidad. Parecía que era
rápido con las matemáticas mientras se tomaba un poco más de tiempo para las
preguntas de ortografía y lengua. Para ser justos, la ortografía y el lenguaje
también suponían una ligera curva de aprendizaje para mí, teniendo en cuenta
las diferencias entre el inglés británico y el americano.
—¿Qué harás este fin de semana? —me sorprendió Lewis al preguntar.
Levantó la vista de su cuaderno para mirarme fijamente como un pequeño
interrogador.
Tragué con fuerza, sin querer mentirle a la cara.
—La verdad es que no voy a arruinar tu fin de semana con tu padre. Este
fin de semana se trata de su próximo cumpleaños y de pasar tiempo con las dos
personas que más quiere. No es justo para tu padre seguir involucrándome en
los días familiares.
Lewis frunció el ceño.
—Pero... ¿no te gusta papá?
Sorprendida por la pregunta, asentí.
—Claro que me gusta tu padre. Por eso no voy a estropear sus planes de
cumpleaños con ustedes dos. Ahora terminen. Voy a ver cómo va la cena. —Me
levanté de la mesa antes de que pudiera hacer más preguntas que no sabía cómo
responder.
A eso de las seis, justo cuando colocaba la mesa para la cena, Thane volvió
a casa. En los últimos meses, me acostumbré a comer con la familia. Todos
caímos naturalmente en el hábito. Sin embargo, con las palabras de Robyn en
mente, dejé mi plato a un lado por ahora. Si Thane se disculpaba sacaría mi
plato y comería con ellos. Pero, si no lo hacía, tal vez fuera el momento de trazar
algunas líneas en la arena. Los niños lo encontrarían raro al principio, pero se
acostumbrarían a que no estuviera allí.
197 Como siempre, Eilidh corrió a saludar a Thane en la puerta principal, y
traté de no dejar que su tierno saludo a su hija derritiera mi determinación.
Entró en la sala de estar con ella en brazos, como de costumbre, y sonrió primero
a Lewis.
—Hola, amigo. ¿Qué tal la escuela?
—Bien. —Lewis se encogió de hombros y se volvió hacia la televisión.
Thane frunció el ceño y luego me miró interrogante. Me encogí de hombros.
—Eilidh, ve a sentarte con tu hermano un momento. —Thane la bajó al
suelo y ella saltó por la habitación para lanzarse al sofá junto a Lewis.
—¡Eils! —Lewis soltó una risita, empujándola, y yo me relajé ante el
sonido.
—¿Podemos hablar?
Miré a Thane.
—¿Ahora?
Señaló el pasillo.
—Ahora.
—La cena está lista.
—Será rápido.
Recogiendo el brazo a petición suya, le seguí por el pasillo y entré en su
despacho. Cuando cerró la puerta tras de sí, me preocupé.
—¿Está todo bien?
—Sí y no. —Thane me miró directamente a los ojos—. Te debo una disculpa
por la forma en que te hablé el fin de semana. Tardé demasiado en pedirte
perdón, y también lo siento.
El alivio me inundó, pero asenti.
Él me devolvió el gesto, con una expresión severa.
—Fue insoportablemente grosero por mi parte, y no volverá a ocurrir.
—Disculpa aceptada.
Thane exhaló lentamente, aliviado.
—Bien. Lo segundo es que me preguntaba si podría pagarte horas extras
para que vigiles a Eilidh y Lewis este viernes por la noche.
198 Respondí sin pensarlo.
—Por supuesto. —Entonces pensé en el sujeto McClintock que se acercó a
él para hablar de Eilidh—. ¿Ocurre algo, pasa algo?
—No, no. —Thane bajó la mirada mientras se frotaba la mano por la
nuca—. Yo... tengo una cita.
Sinceramente, no creo que hubiera podido estremecerme más si un cañón
hubiera explotado detrás de mí.
¿Quería que trabajara horas extras para poder tener una cita?
Y acepté.
Estaba tan enfadada, dolida y decepcionada que no podía ni mirarle ni
hablar. En su lugar, salí de su despacho y volví a la cocina. Intentando no
temblar de rabia mientras servía los macarrones caseros, también fingí que no
sentía que Thane me observaba.
—La cena está lista, chicos —anuncié mientras entraba en la cocina para
coger el bolso y las llaves del auto.
—¿Dónde está tu plato? —preguntó Lewis.
Tomé mis cosas y miré a los tres mientras se acomodaban en la mesa.
—Tengo planes esta noche. —Forzándome a entrar en el espacio de Thane,
pasé junto a él para besar a Lewis y Eilidh en la cabeza—. Disfruten de la cena,
chicos. Nos vemos por la mañana.
No me despedi su padre y salí por la puerta principal, sin saber a dónde
ir. Podía ir a casa de Eredine y confesárselo todo. O a Arro y no confesar nada.
O podía hacer lo que realmente quería y simplemente estar con Robyn.
Una vez tomada la decisión, me dirigí a la puerta de al lado y esperé que a
Lachlan no le importara que me colara en su velada. Resultó que Lachlan aún
no regresaba de la finca.
Perfecto.
Con una copa de vino y una ensalada que deseaba que fueran mis
macarrones caseros, le conté a mi hermana lo de la disculpa seguida de la cita
bomba.
Se quedó boquiabierta durante un segundo y luego sacudió la cabeza con

199
desesperación.
—Estos hombres de Adair... emocionalmente estreñidos, te digo.
—Entonces, ¿qué somos nosotras? ¿El laxante?
Robyn dio un grito de risa, y yo sonreí a pesar de mi agitación interior.
—No quiero ser el laxante de nadie, Robbie. No es bonito.
Mi hermana se rió tanto que resopló.
Cuando por fin se calmó, secándose las lágrimas de los ojos, dijo:
—Te he extrañado.
Le sonreí con ternura.
—Yo también.
Se acercó para apretar mi mano y preguntó:
—¿Qué vas a hacer?
—¿Qué harías tú?
—Bueno... —Su diversión se desvaneció—. Antes de que supiéramos que
era Lucy la que andaba detrás del acosador de Lachlan, pensamos que el
acosador la metió en la nevera industrial.
—Lo recuerdo. —Jesús, qué psicópata. Robyn nunca usaría esa palabra,
pero yo estaba muy feliz de hacerlo. La perra trató de matar a mi hermana.
—Lachlan empezó a pasar todo el tiempo con ella, y yo me sentía dolida y
celosa, aunque intentaba decirme que solo eran amigos. Pero, sabiendo que
tenían una historia... bueno, a mí me pareció que se dio cuenta de lo que
realmente sentía por ella.
—Eso debió ser una mierda.
—No, lo que fue una mierda fue entrar en su dormitorio y encontrar a Lucy
en lencería de seda tumbada en su cama mientras los dos veían películas, como
si eso fuera perfectamente aceptable. —Podía oír el enfado residual en la voz de
mi hermana, y no la culpaba.
Se me cayó la mandíbula.
—¿Qué?
—Te lo dije, emocionalmente estreñido. Me fui, él me siguió y nos
peleamos. Resulta que él —me lanzó una mirada ilegible—, pensó que era yo la
secuestrada, que era a mí a quien encontraría en la nevera. Cuando no fue así,

200
cuando fue Lucy, se sintió...
—Aliviado —supuse. Vi la forma en que el hombre miraba a mi hermana.
Ella era su mundo. Debe haber estado aterrorizado esa noche.
—Sí. —Robyn levantó las cejas—. Sí, se sintió aliviado. Y se sintió...
—Culpable —adiviné de nuevo.
Ella sofocó una sonrisa por una falsa mirada severa.
—¿Estoy contando la historia yo o tú?
Riéndose, le hice un gesto para que continuara.
—Sigue.
—De todos modos, lo que quiero decir es que me hizo daño al elegirla a
ella cuando yo lo necesitaba, y aunque lo hizo por culpa, yo no lo sabía. Y no
encubrí mis sentimientos para evitar los de él, los de ella o los de nadie en un
momento difícil. Simplemente dejé que todo saliera a la luz. Te dije que nunca
habría dado el primer paso con Lachlan, y esa era la verdad. Pero, una vez que
estuve con él, no podía mentir sobre lo que sentía. Y creo que fueron mis
reacciones sinceras a lo largo de toda nuestra aventura las que permitieron que
las cosas progresaran de forma natural y que Lachlan resolviera lenta pero
finalmente sus propios sentimientos hacia mí.
—¿Así que estás diciendo que debo reaccionar honestamente?
—Sí.
—¿Y si mi reacción honesta es estar tan enfadada que ni siquiera puedo
mirarle o hablarle?
—Entonces hazlo.
—No es muy maduro.
—Tampoco lo es golpear a alguien, pero estuve así de cerca —apretó el
índice y el pulgar juntos—, de golpear a Lachlan en el trasero esa noche.
Me reí.
—No te culpo. —Quería decir que también era una gran bandera roja lo de
Lucy. ¿Pasar el rato en la cama de Lachlan en ropa interior cuando sabía que
Robyn se acostaba con él? Sí, ningún amigo de verdad le haría eso a otro amigo.
Yo, por supuesto, no se lo dije a mi hermana porque sería increíblemente
insensible teniendo en cuenta lo mal que la sorprendió Lucy.
Nos sentamos en silencio durante un momento, cenando, bebiendo vino,

201
y entonces dije en voz baja:
—Esta cita con quienquiera que sea esta mujer... No puedes decir ahora
que no está intentando hacerme daño deliberadamente, Robbie. Tal vez sea el
momento de alejarme. No quiero trabajar para alguien que no me gusta.
—¿Es eso honestamente lo que quieres hacer?
A pesar de mi simpatía por lo que pasó, en ese momento, la aversión por
Thane lo nublaba todo.
—Tal vez. Es como lo que dijiste sobre lo que sentías por Lachlan al
principio. Que te atrajera físicamente no significaba que te gustara.
—Te gusta Thane. Más que eso, creo.
El dolor era un ardor de rabia en mi pecho.
—Eso es cuando solía pensar que era uno de los buenos.
Robyn suspiró.
—¿Va todo por el camino equivocado? Por supuesto. Pero no creo que
intente hacerte daño deliberadamente. Es uno de los buenos.
Le fruncí el ceño.
Me miró con simpatía, y supe que estaba a punto de recibir un brutal plato
de honestidad de su parte.
—No creo que tenga un hueso de rencor en él. Probablemente piense que
es la mejor manera de seguir adelante. Quiero decir, ¿fue un imbécil con lo de la
cita? En realidad no. ¿Se disculpó por el fin de semana pasado? Sí. Tal vez esta
sea su manera de aclarar que quiere que ambos sigan adelante en una capacidad
profesional y que nada romántico sucederá entre ustedes. Si él está negando eso,
no hay mucho que puedas hacer. Te dije que actuaras con naturalidad. Y hazlo.
¿Quién sabe cómo resultarán las cosas? Así que considera de dónde puede
proceder Thane en esto antes de decidir cómo te sientes.
Me desplomé, sabiendo que necesitaba escucharla.
Necesitaba seguir adelante.
Pero no me importaba que el comportamiento de Thane pareciera racional
para los demás. Lo consideré. Lo entendía. Pero también sabía lo que ocurría
entre nosotros. Él lo sabía. Y me sentía herido. Y muy enfadada.
—Tienes razón. —Asentí—. Y prometo que, una vez que los controle, no

202
ocultaré mis emociones.
203

Thane

A
l apagar los faros antes de entrar en la calzada, Thane respiró
tranquilamente. Estacionó y apagó el motor, pero no hizo ningún
movimiento para salir.
Si pensó que Regan le daría la espalda antes de que le anunciara que tenía
una cita, se equivocó. Su actitud fue totalmente amable comparada con la
frialdad bajo cero que le había dirigido estos dos últimos días.
Anoche no volvió a comer con ellos y eso molestó visiblemente a Eilidh y
Lewis. Podía decir que Regan se sentía mal, pero que también necesitaba crear
límites, y él también lo entendía. A Thane no le gustaba, pero lo entendía.
Sin embargo, los niños se daban cuenta de la forma en que ella lo ignoraba
o acortaba sus respuestas cada vez que no podía ignorarlo, y eso le molestaba.
Cuando se marchó a su cita con Keelie esta noche, los dejó a los tres viendo
una película. Los chicos pensaron que pasaba el tiempo con Mac. Thane nunca
les decía cuando salía con alguien. Nunca hubo nadie que le interesara lo
suficiente como para justificar su presencia en la vida de sus hijos.
Eilidh y Lewis se despidieron y Regan ni siquiera lo miró. Él la miró
fijamente durante un segundo, con el músculo de la mandíbula irritado por su
comportamiento petulante. Obviamente, no quería crear una fricción aún peor
delante de los niños, y la dejó en paz.
Y luego soportó una cita terrible.
Thane estaba distraído. La actitud de Regan era enloquecedora, y no podía
dejar de darle vueltas. Apenas escuchó una palabra de lo que dijo Keelie durante
la cena, pero por suerte, la mujer estaba tan ensimismada que ni siquiera se dio
cuenta de que apenas habló. De hecho, cuando él la acompañó hasta su auto,
ella dijo casi con aire soñador:auto
—Vaya, qué bien escuchas, Thane. Espero que volvamos a hacer esto.

Él le dedicó una sonrisa cortés y una inclinación de cabeza, le abrió la


puerta del auto y se aseguró de que se dirigía a su casa con seguridad antes de
204 dirigirse a su auto. Y tuvo todo el trayecto desde Inverness para reflexionar sobre
la situación. Así que la cita no salió bien. Aun así, sirvió de algo.
Pero ahora temía entrar en la casa para relevar a Regan de las tareas de
niñera. Temía su frialdad.
Echaba de menos su sonrisa.
Apretando los ojos, Thane se pellizcó el puente de la nariz, se deshizo de
los sentimientos que no podía permitirse sentir, y salió del auto. En el interior
de la casa, encontró todo el espacio débilmente iluminado por la luz de debajo
de los armarios de la cocina. Era más de medianoche, así que Eils y Lewis
estarían dormidos.
El televisor era un murmullo en la gran sala, y la luz parpadeaba sobre
Regan. Ella dormía en el sofá con una manta encima. Thane se acercó en
silencio, con las manos en los bolsillos. No parecía que hubiera pasado tanto
tiempo desde que la encontró así en su sofá cuando ella acababa de llegar a
Escocia.
Pero pasaron semanas.
Semanas para que ella se metiera bajo su piel.
Daría cualquier cosa por tener la libertad de acercarse a ella y acariciarle
la mejilla, de rozar con el pulgar su exuberante labio inferior.
Una necesidad caliente y oscura creció en su interior.
Y entonces, como si sintiera que él la observaba, Regan se revolvió y él se
retiró.
Ella parpadeó rápidamente hasta que aquellos hermosos ojos marrones se
centraron en él. La adorable somnolencia se congeló y el arrepentimiento
sustituyó a su deseo.
—Oh, has vuelto. —Se sentó, apartando la manta para estirarse.
Su mirada se dirigió a sus pechos cuando su top se ajustó sobre ellos, y él
apartó la mirada.
—Sí. ¿Eils y Lew están bien?
—Bien. Dormidos. Buenas noches. —Se levantó y pasó junto a él sin decir
nada más.
Irritado, Thane se giró para ver cómo ella agarraba las llaves y el teléfono
de la encimera de la cocina y desaparecía por el pasillo hacia la salida lateral.

205 ¿Ya está?


A la mierda.
Thane se apresuró a alcanzarla.
—Espera —susurró en voz alta, justo cuando ella estaba a punto de
desaparecer por la puerta.
Regan se detuvo pero no le devolvió la mirada.
—¿Qué?
Apretó y soltó las manos a los lados. Hablando todavía en voz baja para no
despertar a los niños, soltó:
—¿Así es como sera a partir de ahora?
Finalmente, ella le miró.
—¿Qué quieres decir?
—Esto —señaló entre ellos—, nuestra amistad. ¿Se acabó, entonces?
Ella enarcó una ceja irritantemente perfecta y le dedicó una sonrisa aún
más irritante y lastimera.
—Solo sigo órdenes, jefe. Me pediste que te tratara como a los otros padres
para los que he trabajado. Y, a pesar de tu insinuación de que soy una puta
inmoral que intenta follar con hombres mayores no disponibles…
Se estremeció.
—Siempre he sido profesional. Y así —señaló entre ellos—, es como he
tratado a los otros padres para los que he trabajado. Lo creas o no, un par de
ellos intentaron follar conmigo, y yo me negué cortésmente antes de presentar
amablemente mi dimisión.
Su ira hacia sí mismo se desplazó hacia los bastardos que le habían hecho
eso.
—Así que no eres el primer padre que me agarra el culo y se excita
conmigo.
Sus palabras le azotaron como un latigazo, provocando muchas
emociones, y ninguna de ellas buena.
Ella le dedicó una sonrisa amarga.
—Solo eres el primero que me atrajo porque pensé que eras uno de los
buenos. Mi error fue confundir un buen padre con un buen tipo. Así que puedes
dejar de preocuparte si te voy a “acosar” de nuevo. Ya lo he superado.

206 Con la furia en aumento, Thane tomó aire. Aun así, sus palabras salieron
en tono áspero:
—Dijiste que aceptabas mis disculpas.
—Lo hice, ¿verdad? —Ella lo consideró y luego sus ojos se entrecerraron—
. ¿Cómo fue tu cita?
Ante su pregunta, él resopló.
—¿Estás celosa de que haya tenido una cita con Keelie?
Regan le dio una gran sonrisa que no llegó a sus ojos.
—¿Por qué estaría celosa? Lo siento por ella. La utilizaste para hacerme
ver que no era así, ¿verdad? Me hiciste daño, y tal vez incluso la heriste a ella,
sin importarte más que el hecho de que te servía de argumento. Así que, en lo
que a mí respecta, eso anuló tu última disculpa.
—Regan... —No sabía qué decir. Ella tenía razón. Y esto era un desastre—
. Tal vez... tal vez sea mejor que busque otra niñera.
Ella se estremeció como si la hubiera golpeado, y él casi la agarró.
—¿Me quitarías a Eilidh y a Lewis?
Algo se retorció en sus entrañas.
—Regan.
—Claro. —Ella exhaló temblorosamente—. Cierto. Sí, debes hacer lo que
es correcto para ustedes. Yo, um... —Él vio su labio inferior temblar, y ella no
pudo encontrar su mirada—. Te agradecería que me avisaras con tiempo. —
Luego se apresuró a salir por la puerta antes de que él pudiera responder.
—Maldicion. —Se dirigió a la salida, pero lo único que vio fue la puerta
anexa cerrándose tras ella.
Cerrando la entrada lateral, giró la cerradura y apoyó la frente en la fría
madera. Intentó ocultar que la hizo llorar.
Seguía haciéndole daño y no sabía cómo parar. Aparte de encontrar una
nueva niñera.
Eso devastaría a Eilidh y a Lewis.
—Joder, joder, joder. —Golpeó la puerta, pero no con tanta fuerza ni tan
fuerte como quería.
Robyn tampoco se lo agradecería. En consecuencia, tampoco lo haría
Lachlan.

207 Y Thane ya no tendría las mañanas esperadas. Cuando se despertaba,


sabiendo que ella estaría abajo en su cocina, preparándole el café.
Su sonrisa era un mejor comienzo del día que cualquier otra cosa.
—Thane, estás jodido, hombre —susurró para sí mismo mientras se dirigía
finalmente a la cama.

Regan

Me quedé tumbada en la cama a la mañana siguiente, intentando no


pensar en el hecho de que lo más probable es que Thane ya hubiera publicado
un anuncio para una nueva niñera. Había fracasado. Otra vez.
Me pasé toda la noche pensando en las cosas, y en mi conclusión: Estoy
enfadada con mi jefe por no querer tener una relación romántica conmigo.
Cuando me lo decía así, parecía una loca.
Estoy enfadada con mi jefe por no corresponder a mis sentimientos.
Sí. No sonaba más cuerdo.
Iba a tener que tragarme mi orgullo, ¿no?
El despertador marcaba las seis de la mañana. Thane y los niños dormían
un poco más tarde los sábados. Pero necesitaba hablar con él. Necesitaba
arreglar las cosas antes de que fuera demasiado tarde. Porque si solicitaba el
visado de ascendencia, y cada vez me inclinaba más por hacerlo, necesitaría un
trabajo. Y este era un gran trabajo cuando no actuaba como una exnovia herida.
Uf. Me deshice de las mantas de la cama, mortificada por mi
comportamiento. ¿Thane me dio señales contradictorias? Sí, lo hizo. ¿Me dijo
algunas cosas extremadamente desagradables? Sí. ¿Y me hizo daño? También
sí. Pero, ¿teníamos una relación cuando hizo todas esas cosas? ¿Me hizo alguna
promesa?
No.
No, no lo hizo.
208 Y creo que eso era lo que Robyn trató de recordarme sin herir mis
sentimientos.
Mierda.
¿Cuándo pensaba madurar?
—Ahora. —Me puse de pie, nerviosa pero decidida—. Empieza ahora.
Me apresuré a ponerme unos vaqueros y una camiseta, me lavé
rápidamente los dientes y me recogí el cabello en una coleta. No llevaba
maquillaje, pero ¿a quién le importaba? Ya no intentaba que Thane me viera
deseable.
Al entrar en la casa, encendí la cafetera por costumbre y subí las escaleras
en silencio. Las mariposas de mi vientre cobraron vida cuando me detuve frente
al dormitorio de Thane. Por supuesto, estuve en su habitación para limpiar, y la
suite principal tenía las mejores vistas de la casa. Para mi sorpresa, era un
espacio muy masculino, lo que me hizo preguntarme si habrá cambiado la
decoración después de la muerte de Fran.
Me fijé en la foto de ellos en su mesita de noche. Algo que me humillaba
ahora que sabía de su traición.
El recuerdo de su confesión de algo tan personal solo a mí (¡ni siquiera a
sus hermanos!) volvió a confundirme. ¿Por qué confiaría en mí si no fuera más
que la niñera?
Por ese camino se esconde el peligro.
Conteniendo la respiración, llamé a la puerta de su habitación.
—Thane —dije tan fuerte como me atreví.
Oí movimiento casi de inmediato y entonces la puerta se abrió y allí estaba
él, con el sueño revuelto en su pijama. Me miró con recelo.
—¿Regan?
—Abajo. —Señalé con la cabeza hacia la escalera—. Por favor.
Asintió y me siguió escaleras abajo.
Una vez en la cocina, me acomodé en el lado opuesto de la isla para darnos
espacio.
—¿Qué pasa?, —preguntó, con el ceño fruncido y sus hermosos ojos llenos
de preocupación—. ¿Ha pasado algo?

209 —No. Es que... siento lo temprano que es, pero no podía dormir y
simplemente.... —Tomé aire para controlar mis nervios—. Quiero disculparme
por mi comportamiento. —Mis mejillas ardían de vergüenza y pudor—. No me
comporté como yo misma y te traté injustamente.
Thane frunció el ceño.
—Tú no tienes la culpa, Regan. Envié las señales equivocadas. Lo siento.
Ignorando el escozor de su rechazo, negué con la cabeza.
—No. Debí haberlo superado cuando me lo pediste, y seguí alargándolo.
Eres un hombre adulto, y puedes salir con quien quieras y... no quiero perder
este trabajo. —Intenté sonreír a pesar de mis miedos, intenté hacer el papel de
Regan, pero las lágrimas iluminaron mis ojos al pensar en Eilidh y Lewis—.
Adoro a esos niños. —Señalé hacia arriba, mis lágrimas se derramaron para mi
eterna mortificación—. Este es un gran trabajo, y me encanta estar cerca de mi
hermana y
—Oye, oye, oye. —Thane me interrumpió suavemente, levantando las
manos y dando un paso hacia mí. Luego se detuvo, pareciendo un poco
impotente—. Por favor, no llores. Lo resolveremos, ¿de acuerdo? Puedes
conservar el trabajo. Lo resolveremos. Yo tampoco quiero perderte. Sería
devastador para los niños.
Me enjugué las mejillas, irritada por mi despliegue emocional.
—Lo siento. No era mi intención llorar. No soy una llorona ni alguien que
utiliza las lágrimas para salirse con la suya. Eso no es...
—Regan.
Ante su tono autoritario, dejé de hablar.
Apretó los labios en una sonrisa amable.
—Tal vez, a partir de ahora, sigamos adelante asumiendo que el otro solo
tiene las mejores intenciones. ¿Qué te parece?
Relajándome un poco, asentí.
—Suena bien.
—Bien. Entonces, ¿empezamos de nuevo?
—Me gustaría mucho.
Thane soltó un fuerte suspiro de alivio y sonrió. Era tan sexy que podría
volver a llorar. Ignoré obstinadamente las mariposas en mi vientre.
—Bien. Eso es estupendo. Entonces... ¿te unirás hoy a nosotros en el
210 castillo de Dunrobin?
Aturdida, no supe qué decir. Cuando sugirió que volviéramos a empezar,
pensé que pondríamos límites, no que volveríamos a ser como antes del drama
de las manos en el culo. El castillo de Dunrobin era el que Lewis mencionó a
principios de la semana. Estaba en un lugar llamado Golspie, en la costa norte,
a unos treinta minutos al norte de Ardnoch. Los chicos nunca han visitado el
castillo a pesar de su proximidad.
—No quiero entrometerme.
—Bueno, los niños me molestaron toda la semana para que te invitara. No
lo hice por cómo quedaron las cosas entre nosotros, pero no porque no te quisiera
allí. Eilidh y Lewis disfrutan teniéndote cerca, y yo solo quiero que mis hijos sean
felices.
¿Por qué, oh, por qué tenía que ser un padre tan maravilloso?
—Pero sin presión. —Se apresuró a decir—. Si necesitas límites, podemos
hacerlo.
¿Y dejar que pensara que estaba tan loca por él que no podía estar cerca
de él?
Todavía tenía algo de orgullo, por el amor de Dios.
—No, está bien. —Me encogí de hombros, como si no fuera gran cosa—.
Iré a pasar la tarde con ustedes.
Regan Penhaligon, eres masoquista.
211

Regan

V
olví al anexo para ducharme y vestirme. Cuando volví a entrar en
la casa principal, encontré a Thane del mejor humor que había
tenido desde que McClintock se había acercado a él. Supuse que el
hombre no había vuelto a ponerse en contacto, pero tomé nota para encontrar
un momento privado para preguntar. Aparte de una rápida doble mirada a mis
piernas cuando entré (llevaba uno de mis vestidos cortos preppy con medias
gruesas, un par de bonitos botines y un abrigo verde esmeralda de doble
botonadura que había comprado por Internet con mi nuevo y bonito sueldo), no
me había tratado más que con una amable cortesía.
Eilidh y Lewis se alegraron de que me uniera a ellos en su día de paseo
pero, como siempre, nos llevó el doble de tiempo prepararlos de lo que
imaginábamos. Cuando subimos al todoterreno de Thane, ya era media mañana.
—¿Qué tiene de especial este castillo? —pregunté mientras conducíamos
por el pueblo—. No puede ser tan espectacular como Ardnoch. —No es que
hubiera pasado allí todo el tiempo que me habría gustado.
Thane sonrió.
—Ardnoch siempre será especial. Aunque cuando éramos niños tuviera
corrientes de aire y fuera miserable vivir allí.
Sorprendida, dije:
—¿Lo era?
—Oh, sí. No se parecía en nada a como la ves ahora. Lachlan invirtió
mucho en el castillo y en la finca para convertirlo en el grandioso y lujoso edificio
en el que se ha convertido. Pero cuando éramos niños, hacía un frío báltico —
aclaró—. Algunas chimeneas eran inutilizables porque los nidos y otros bichos
las bloqueaban. Nos reuníamos en torno a la de la recepción con mantas, libros
y juegos. —Sonrió como si los recuerdos no fueran tan malos—. Éramos lo que
se llama ricos en tierras pero pobres en dinero.
—No puedo ni imaginar eso.
—Lachlan sabía que había que hacer cambios tras la muerte de nuestro
212 padre. Papá nos había educado para ser muy conscientes de nuestras
responsabilidades como Adairs. Éramos custodios de una rica historia. Y
Lachlan sentía profundamente esa responsabilidad, pero sabía que si no hacía
algo, lo perderíamos todo. Poseíamos tierras en todas las Tierras Altas e incluso
en las Tierras Bajas, algunas especialmente lucrativas por sus recursos. Lachlan
lo vendió todo, dividió las ganancias entre nosotros y luego invirtió sus ganancias
de Hollywood en la finca. Creó el club. Un porcentaje de sus ganancias se destina
al resto de nuestra herencia.
Impresionada por el prometido de mi hermana, dije:
—Es muy inteligente. La reputación del club le precede.
Thane sonrió.
—Mi hermano es un showman nato. Y el club es solo un gran espectáculo.
—Entonces, si Ardnoch es mejor que Dunrobin, ¿por qué vamos? —
preguntó Lewis.
Thane le miró por encima del hombro antes de volver a mirar la carretera.
—En unos minutos verás por qué.
Intrigada, esperé, y entonces, al doblar una curva de la carretera costera
que seguía el borde del acantilado, Thane señaló por la ventana.
—Ahí, ¿lo ves? Bichito, ¿lo ves?
Aspiré una bocanada de aire. A lo lejos, extendiéndose por encima de los
árboles, encaramado cerca del borde del acantilado, había un castillo sacado
directamente de un libro de cuentos. Era blanco, con agujas cónicas.
—¡Oh, papá! —Eilidh jadeó al verlo.
Me giré para mirarla en el asiento trasero, sonriendo al ver lo grandes que
se habían puesto sus ojos.
—¿No es precioso?
Ella asintió, asombrada.
—Es el castillo de La Bella y la Bestia.
—Lo he visto antes —dijo Lewis—. Ya hemos pasado por aquí, papá.
—Lo hemos hecho. Pero Eilidh era entonces demasiado joven para darse
cuenta. ¿Te gusta, Eils? —preguntó su padre.
—¡Sí! —Me lanzó una mirada de “bueno” que me hizo reír.
Me senté de nuevo en mi asiento y le lancé una sonrisa a Thane.
213 —Le gusta.
Su sonrisa de satisfacción hizo que el corazón me diera un vuelco en el
pecho.
—Es la sede de los condes y duques de Sutherland —nos dijo Thane—. Y
los Adair tienen algunas conexiones familiares con ellos.
Levanté una ceja.
—¿En serio? ¿Son de la aristocracia?
—No del todo. Somos lo que se llamaría nobleza terrateniente. Eso
significa...
—Sé lo que significa.
Levantó una ceja.
Me encogí de hombros y admití sin pudor:
—Leo mucho romance histórico.
Thane me echó una mirada rápida, vio que hablaba en serio y luego esbozó
esa sonrisa estúpidamente sexy que tiene.
—De acuerdo, entonces.
—¿Así que no son aristocracia, pero tienen vínculos con ella? —le
pregunté. Me pareció fascinante. La realeza y la aristocracia británicas eran
como algo sacado de un cuento de hadas.
—Sí. Tenemos un antepasado que se casó con el hermano menor del duque
de Sutherland.
—¿Ya hemos llegado, papá? —preguntó Eilidh con impaciencia.
—Casi, cariño. Casi.
Cuando Thane se desvió de la carretera, el castillo apareció ante nosotros,
imponente y hermoso. Había autos aparcados en el amplio camino que lo
precedía. Al mirarlo más de cerca, vi que el castillo no era blanco, sino más bien
de piedra arenisca. Aun así, era jodidamente hermoso.
—Es increíble —susurré.
—Está inspirado en un castillo francés —dijo Thane—, por eso, Eilidh,
crees que parece algo sacado de La Bella y la Bestia. Los jardines del castillo
están inspirados en los del Palacio de Versalles. En su día fue una fortaleza, pero
en la época victoriana el conde contrató al famoso arquitecto Sir Charles Barry.
—Me miró—. Diseñó y reconstruyó las Casas del Parlamento después de que se
214 incendiaran.
Levanté una ceja.
—Impresionante. —Podía ver por qué Thane, el arquitecto, amaba tanto
este lugar.
—Mucho. Convirtió Dunrobin en lo que es ahora, y también diseñó los
jardines.
—Riri… —me llamón Eilidh nuestra atención con su tono de preocupación.
Nos miró fijamente desde el asiento trasero con ese profundo ceño fruncido.
—¿Qué pasa, cariño?
—¡No estoy bien vestida!
Confundida, la estudié durante un segundo con su adorable abrigo rojo de
invierno y su gorro a juego. Debajo llevaba un vestido azul marino y botines azul
marino. La niña no podía ser más mona.
—Estás preciosa.
—Pero no estoy vestida como una princesa. —Sus ojos volaron hacia el
castillo—. Debería haberme puesto mi vestido de unicornio.
Thane y yo nos miramos, ambos intentando claramente no reírnos de lo
guapa que estaba. Entonces, de repente, me di cuenta de lo cerca que estaban
nuestras caras. Como si Thane también se hubiera dado cuenta, una extraña y
ardiente tensión surgió entre nosotros y nos sacudimos en nuestros asientos.
—Eres perfecta, cariño —dije, luchando por desabrocharme el cinturón y
alejarme de mi jefe—. Vamos, te ayudaré.
Una vez que Thane hubo pagado nuestra entrada, entramos en el castillo,
con la mano de Thane en el hombro de Lewis mientras le hablaba de la historia
del castillo. A pesar de su edad, Lewis se aferraba a cada palabra de su padre.
Eilidh, aunque tenía la edad suficiente para apreciar la belleza del castillo, como
Thane sabía que haría, era demasiado joven para asimilar mucho más.
Así que mientras su padre se entretenía con su hermano en cada pequeña
cosa de las salas que estaban abiertas al público, yo sacaba fotos de todo el
mundo con mi teléfono con cámara y solo detenía a Eilidh en las partes que creía
que le gustarían. Por ejemplo, en la sala con los trajes ceremoniales antiguos.
Parecía estar en casa en el opulento salón y quería tocar cualquier cosa brillante.
Afortunadamente, Eils, a pesar de su gran personalidad, escuchaba cuando se
le decía que no hiciera algo.

215
De acuerdo, me escuchó después de la tercera vez que le dije con tono
agudo que no tocara. Y eso fue solo después de que me lanzara una mirada
oscura que me dio ganas de reír. Pero no lo hice. Porque si sabía lo divertidas
que me parecían sus payasadas, nunca más me vería como una figura de
autoridad.
Estábamos en el comedor más elegante que jamás había visto, y era como
si hubiera entrado en uno de los dramas de época que tanto me gustaban. De
repente, un aliento caliente me susurró al oído y una voz masculina y ronca dijo
en voz baja:
—Me llevaré a Eils si quieres echar un vistazo en condiciones.
Se me puso la piel de gallina y no pude mirar a Thane mientras asentía.
—Claro, sería estupendo.
—Puedo llevarte por ahí —se ofreció Lewis.
—Suena bien.
—Vamos, bichito. —Thane la tomó de la mano—. ¿Te gusta el castillo?
—¿Podemos vivir aquí? —la oí preguntar mientras seguía a Lewis fuera de
la habitación.
Durante la siguiente media hora, Lewis me llevó de nuevo a las
habitaciones por las que me había apresurado a pasar con Eilidh, y descubrí
que no solo había estado escuchando a su padre sino que había retenido casi
todo lo que Thane le había dicho. Muy inteligente.
Una vez que terminamos, bajamos las escaleras y encontramos a Thane
esperando con Eilidh.
—¿Lo has disfrutado? —Me sonrió.
Apretando a Lewis contra mi costado, respondí:
—¿Con el mejor guía del mundo mostrándome todo? Por supuesto.
Lewis se sonrojó un poco, pero sonrió cuando su padre le sonrió con
orgullo.
—Bien. Es hora de ver los jardines. La exhibición de cetrería es dentro de
veinte minutos.
—¿Qué es la cetrería? —preguntó Eilidh mientras recorríamos los jardines.
Mientras Thane intentaba explicar a su hija de cinco años el antiguo arte
de utilizar aves de presa para cazar, yo miraba por encima del borde de la grada
superior del fondo del recinto, asombrada. Thane no había bromeado. El castillo

216
estaba encaramado por encima de los jardines inferiores, con muchos escalones
hacia abajo para llegar a ellos. A pesar de ser diminuto en comparación, el
paisaje tenía el mismo orden y la misma grandeza formal de Versalles. Más allá
estaba el mar, que brillaba como un tranquilo espejo.
Aunque era un día frío de noviembre, solo soplaba una ligera brisa marina,
y el sol cortaba el hielo para crear un aire salado perfecto y fresco. Mi tipo de día
favorito. Thane perdió el interés de Eilidh a los cinco minutos del paseo por el
jardín y se fue con Lewis a correr por ahí. Capturé fotos de ellos con mi teléfono,
y Thane se acercó a mí mientras yo sacaba una foto de ellos mirando a una
fuente. Lo hicieron de la misma manera, y con sus rizos oscuros, no había duda
de que eran hermanos. Thane se inclinó hacia mí para ver la foto y percibí su
aroma fresco y cítrico.
—¿Puedes enviarme eso? —preguntó.
—Claro. —Me encontré con su mirada, tragando con fuerza ante su
cercanía—. Te las enviaré todas.
Nuestras miradas se mantuvieron durante un momento demasiado largo.
—¡Riri! —gritó Eilidh, rompiendo la tensión.
Ignorando las mariposas en mi vientre y las preocupaciones en el fondo de
mi mente, me apresuré hacia Eilidh justo a tiempo para convencerla de que no
se subiera a la fuente.
Para cuando llegamos a la exhibición de cetrería, Eilidh estaba abatida,
aburrida y hambrienta. Ya había terminado con el castillo de cuento de hadas.
—Solo un rato más —le aseguré, levantándola en brazos.
Estaba claro que Thane tenía muchas ganas de ver los halcones, así que
me encargué de ella mientras él y Lewis se acercaban a la pequeña multitud que
se había reunido en torno al cetrero y su halcón.
—No me gusta el pájaro. —Eilidh se aferró a mí con fuerza.
—No te hará daño, cariño —le prometí, pero retrocedí unos pasos—.
¿Mejor?
—No, tengo hambre —gruñó con su voz de monstruo. No es tan bonito
cuando está al borde de la rabieta.
—Eilidh, no tardaremos mucho.
—¡Quiero ir ahora! —Su voz se hizo más fuerte, su ceño se hizo más
profundo.
La miré con severidad mientras intentaba zafarse de mis brazos.
217 —Eilidh Adair, hoy es el día de tu padre. Esto es por su cumpleaños. Y tu
padre no te pide mucho, así que vas a comportarte y dejar que disfrute de su
día.
Hizo un mohín, sus ojos brillaron con lágrimas, pero, para mi alivio, cerró
los labios y acurrucó su cabeza contra mi pecho.
—Buena chica —susurré, volviéndome para mirar hacia el espectáculo.
En su lugar, descubrí a Thane mirándome fijamente. Sus ojos sonrieron y
dijo:
—Gracias.
Le devolví la sonrisa, deseando que mi corazón no se acelerara ante una
simple mirada tierna de él.
Por suerte, se volvió hacia la pantalla. Fue bastante impresionante, pero
Eilidh estaba cada vez más pesada e inquieta en mis brazos. Me sentí agradecido
cuando terminó.
—Ha estado muy bien, papá —dijo Lewis mientras nos seguían hacia el
castillo.
—Me alegro de que lo hayas disfrutado... ¿te apetece pasar por el salón de
té para comer algo?
—¡SÍ! —gritó Eilidh.
Hice una mueca de dolor.
—Eilidh, mis oídos.
—¡Perdón! —dijo ella, sin sentirlete, y luego se deslizó de mis brazos como
una anguila antes de que pudiera detenerla. Se apresuró a bajar precariamente
las escaleras para estar con su padre, y el corazón me saltó a la garganta. Sin
embargo, Thane se lanzó rápidamente hacia delante y la tomó en brazos.
Contenta de estar allí, así como encantada de que la comida estuviera en la
agenda, se dejó llevar por él sin rechistar escaleras arriba.
Un poco sin aliento cuando llegué a la cima, miré a Lewis con una sonrisa.
—Creo que tengo que empezar a correr con mi hermana.
—No, solo eres vieja —bromeó.
Solté una carcajada, horrorizada, y fulminé con la mirada a Thane
mientras se reía.
—Si yo soy vieja, ¿qué eres tú? ¿Anciano?
218 Eso solo hizo que se riera más.
Sexy bastardo.
Intentar que Eilidh se sentara en el salón de té fue una pesadilla. Había
una vitrina llena de pasteles y ella solo quería mirarlos. No es que no entendiera
la fascinación. Al final, tras prometerle que tendría un trozo de la tarta que
quisiera, conseguimos que se sentara en una mesa pequeña. Y por pequeña
quiero decir que mis rodillas no paraban de chocar con las de Thane.
La proximidad me estaba volviendo loca.
Intenté ignorarlo mientras nos sentábamos a hablar con los niños sobre el
castillo y luego sobre la escuela. Mientras los demás comíamos bollos con el té,
Eilidh, por supuesto, se había decidido por un trozo de pastel de chocolate
desordenado.
—Vas a quitarte el apetito para la comida. —Traté de decirle.
—Es el cumpleaños de papá. Debería haber tarta —argumentó.
—Bien, entonces puedes compartir un trozo con tu padre.
Los labios de Thane se habían torcido al no tener elección en el asunto,
pero ambos sabíamos que Eilidh se pondría enferma si se lo comía todo. Y así
fue, se llevó la mayor parte en la cara. Tratando de evitar que el pastel se
desmenuzara en su nuevo abrigo rojo, saqué toallitas para bebés de mi bolso y
le pasé un trapo por la cara mientras ella seguía hablando de la discusión que
había tenido con un chico de su clase sobre que las películas de Marvel no eran
para chicas.
—Pero he dicho que veo todas las películas de Malver con Lewis…
—Vuelve la cara hacia mí, cariño —murmuré, inclinando su mejilla.
Hizo lo que le pedí, pero siguió hablando.
—¡Y cómo no va a ser para chicas si hay una con una chica llamada
Capitana Malver!
—Es cierto —coincidió Lewis, por una vez enfrascado en uno de los
muchos relatos de Eilidh sobre sus “discusiones” de la época escolar.
Mientras le quitaba el último chocolate de la cara y le quitaba con ternura
un rizo suelto detrás de su pequeña oreja, sentí calor en la mejilla. Al mirar a
Thane, me di cuenta de que me observaba con una intensidad que me dejó sin
aliento.

219
—¡Riri, necesito hacer pipí! —anunció Eilidh en voz alta, rompiendo
nuestro duelo de miradas.
Thane apretó los labios para no reírse de las carcajadas que se produjeron
en la sala de té, pero sus preciosos ojos brillaron de diversión.
Lewis soltó una risita en torno a un bocado de bollo y yo le dirigí a Eilidh
una mirada medio divertida, medio severa.
Ella sonrió con los dientes cómicamente apretados.
—Eilidh Adair, no lo llamamos pipí, sobre todo porque rima con mi
nombre.
Entrecerré los ojos y ella reflejó mi expresión. ¡Esta niña!
—Si necesitas ir al baño, ¿qué dices?
Abrió la boca y supe que iba a repetir lo de riri/pipí.
—Eso no —la corté, y oí a su padre ahogarse de diversión. Lanzarle una
mirada tranquilizadora solo hizo que sus hombros temblaran más.
Eilidh suspiró como una octogenaria cansada del mundo.
—Bien. Riri, necesito ir al baño aunque no necesito lavarme, necesito
hacer pipí.
Thane tosió en su puño para disimular su risa.
No podía mirarlo.
—De acuerdo. —Me puse de pie, dejando caer la servilleta sobre la mesa—
. Eres demasiado inteligente para tu propio bien, niña.
—Lo sé. —Se levantó de la mesa y me tomó la mano.
—Lo llamamos baño porque es una palabra de cortesía —le dije mientras
nos abríamos paso por el salón de té, siguiendo el letrero del baño de mujeres
que había en la entrada.
—Pero me gusta la palabra pipí.
—Ahora sí. Sin embargo, créeme, cuando tengas mi edad, llamarlo así no
es bonito.
Siguió discutiendo sobre esto todo el tiempo que estuvimos en el baño.
Esperé frente a la puerta de su retrete, interrumpiendo sus pensamientos sobre
lo divertida que era la palabra pipí para preguntarle cómo le iba. Ella respondía
y luego continuaba su monólogo. Si no volviera a oír la palabra pipí, no me
arrepentiría.
220 Aunque era divertidísima.
—¿Crees que papá se habrá comío el resto de mi pastel? —preguntó Eils,
con el ceño fruncido, mientras nos lavábamos las manos y salíamos del baño.
—Comido, cariño —corregí. Estaba tan ocupada mirando hacia abajo que
no vi a la persona que se cruzaba en nuestro camino y choqué con ella. Mi cabeza
voló hacia arriba cuando la mano que no sostenía la de Eilidh chocó contra un
duro pecho—. Dios mío, lo siento mucho.
Unos ojos verdes se clavaron en los míos y la familiaridad me golpeó.
—Regan, ¿verdad?
—Jared, hola. —Retrocedí un poco, apretando la mano de Eilidh.
Al notar su presencia, el joven granjero bajó la mirada y preguntó:
—¿Y quién es esta?
Volviéndose inusualmente tímida, Eilidh se apretó a mi lado y enterró su
cara en mi abrigo. Huh.
—Eh... esta es Eilidh. Eilidh, este es Jared, el nieto del granjero McCulloch.
Ella asintió y bajó los ojos al suelo.
Sorprendido, miré a Jared.
Se limitó a sonreír.
—¿Tímida?
Normalmente no.
—Uh ... ¿qué estás haciendo aquí?
—Oh, solo dejando algunos productos para las cocinas. ¿Estás
mostrándoles a los niños el castillo?
—Sí. Y comiendo pastel. —Le acaricié ligeramente el cabello a Eilidh. Ella
seguía sin levantar la vista.
Jared me buscó la cara durante un segundo.
—Esperaba que nos encontráramos de nuevo.
Sonreí sin compromiso.
—Tengo que volver. Tengo que hacer otras entregas, pero... ¿me das tu
número?
Oh, Dios mío. No me lo esperaba. No se puede jugar con él, ¿eh?
221 Eh...
Me dio una media sonrisa sexy.
—Solo quiero llevarte a tomar una copa. Sin presión.
Pensé en Thane esperándome en el salón de té.
En la tensión que aún crepitaba entre nosotros.
¿O estaba todo en mi cabeza? Thane había dejado clara nuestra posición.
Pero, una vez que se disculpe, sigue adelante. Thane vuelve a ser solo tu
jefe, y tú te ocupas de esos niños. Recordé el consejo de mi hermana.
Sigue adelante.
Sí, claro.
—Claro. —Sonreí, asintiendo, aunque se me hacía un nudo en el
estómago.
Jared sacó su teléfono y le dije mi número. Volvió a meter el teléfono en
sus pantalones de trabajo, me miró como si tuviera en mente algo más que una
bebida amistosa, y se echó atrás.
—Te llamaré.
—Genial. —Le hice un pequeño gesto con la mano y luego guie a una Eilidh
extrañamente silenciosa de vuelta al salón de té.
—¿Todo bien? —Thane nos sonrió, y sentí una estúpida punzada de
culpabilidad.
—Sí.
—¿Listos para irnos, entonces? —Se puso en pie—. Ya he pagado.
Fruncí el ceño.
—Iba a pagar por tu cumpleaños.
Me miró como diciendo, “tonterías”.
Dejándolo pasar, recogimos nuestras cosas y volvimos al auto. Debería
haber sabido, por lo callada que estaba Eilidh, que se estaba debatiendo por
algo. Pero estaba tan distraído por lo que acababa de pasar que no le presté
suficiente atención. No fue hasta que estuvimos todos en el auto y Thane estaba
a punto de encender el motor que Eilidh preguntó en voz alta y algo hosca:
—¿Por qué te va a llamar ese hombre tan guapo, riri?

222 Cerré los ojos por un segundo mientras el silencio descendía sobre el auto.
Ignorando la mirada de Thane, miré por encima del hombro a Eilidh, que
parecía confundida y molesta. Estaba claro que no entendía lo que había pasado
entre Jared y yo, pero sabía que no le gustaba. Mierda.
—¿De qué está hablando Eils? —preguntó Thane en voz baja.
Le lancé una mirada.
—Nos encontramos con Jared McCulloch en el pasillo. Le di mi número.
—Me encontré con la mirada de Eilidh—. Es lo que hacen los amigos, cariño.
Intercambiamos números para poder salir.
—¿Como pasar el rato tú y yo?
—¡Claro! —Sabía que mi voz era demasiado alta con mi mentira.
Ella frunció el ceño.
—Pero... yo sigo siendo tu mejor amiga. Él no puede ser tu mejor amigo.
Por alguna estúpida razón, las lágrimas me hicieorn picar los ojos.
—Mis mejores amigos en todo el mundo, tú y Lewis. Lo prometo. Nadie va
a sustituir su lugar como mis mejores amigos.
Eilidh miró de reojo a su hermano.
—Yo soy tu mejor amiga. Lew es tu mejor amigo . —olvió a mirarme ahora
que se había impuesto en el primer lugar de mi lista de prioridades—. Papá es
tu otro mejor amigo. Así que ese hombre solo puede ser un amigo amigo. ¿De
acuerdo?
Lewis frunció el ceño ferozmente por la ventana.
Vaya.
Realmente no debería dejar que Eilidh pensara que tenía autoridad sobre
mis amistades, pero ese nudo en el estómago se me apretó cuando mencionó a
Thane. Los niños estaban empezando a vernos como una unidad. Y si los últimos
minutos servían de algo, eran territoriales en cuanto a esa unidad.
Lo que significaba que eran demasiado jóvenes para entender las líneas
imaginarias trazadas en la arena entre “niñera” y “familia”. No ayudaba que los
dos adultos nod ejara de difuminar esas líneas.
No debería haber venido hoy.

223 Se acabó, decidí mientras Thane arrancaba el auto. No más viajes de fin
de semana con ellos. Al final no era justo para los niños.
Eilidh tenía poca capacidad de atención y empezó a hablar de nuevo de lo
hambrienta que estaba. Teniendo en cuenta que ya había pasado la hora de
comer y que solo habían comido un bollo y una tarta, Thane prometió que
pasaríamos por casa de Morag para ver si le quedaban sándwiches.
Morag, la burbujeante propietaria de cabello rosa, estaba encantada de ver
a los niños Adair. Los llevó detrás de su refrigerado mostrador para que la
ayudaran a preparar sus sándwiches. Thane y yo permanecimos en un silencio
extrañamente tenso, observando.
Entonces pregunté lo suficientemente alto para que me oyera:
—¿Has sabido algo más de ese tal McClintock?
—No —respondió Thane en voz baja—. Creo que mi mensaje le lelgó.
Sí, no me gustaría meterme con Thane Adair mientras estuviera en modo
papá asustadizo y protector.
—Bien.
Pasaron unos segundos.
—Jared McCulloch. ¿En serio?
Ante su tono burlón, me puse rígida.
—¿Qué significa eso?
—Significa —se volvió hacia mí, sus ojos brillando con dura irritación—,
que ya te advertí que se ha acostado con todas las mujeres de aquí a Inverness.
—No estoy buscando matrimonio, Thane. Solo le he dado mi número al
tipo.
Un gruñido retumbó en el fondo de su garganta.
—Eres mejor que eso.
Mi columna vertebral se enderezó.
—¿Mejor que qué?
—Sexo casual con un granjero probablemente tenga algo.
Me quedé boquiabierta. Sonaba como un capullo pretencioso y elitista.
—¿No crees que sea lo suficientemente bueno?
—No, no lo es —siseó, acercándose demasiado—. Y no porque sea un
224 granjero, sino porque es un jodido niño tonto. —Sus ojos se oscurecieron hasta
convertirse en humo—. Definitivamente no es el hombre que dijiste que querías.
¿Estaba celoso?
Después de la angustia que habíamos pasado y prometido superar, nos
estaba arrastrando de nuevo a ella. Robyn tenía razón. Tenía tantas ganas de
darle un puñetazo. Sacudiendo la cabeza con incredulidad, me alejé antes de
decir algo de lo que me arrepentiría.
—Esperaré en el auto.

Thane

Al ver que Eilidh se dormía en su cama, Thane se levantó y se permitió por


fin pensar en qué demonios estaba haciendo. Mientras salía en silencio de su
habitación hacia la de Lewis, se reprochaba a sí mismo cómo había resultado la
tarde.
Después de su discusión con Regan esta mañana, había sido él quien
había vuelto a lanzar señales contradictorias. Pero cada vez que creía tener
controlada su atracción alguna pequeña cosa lo llevaba al límite. Cómo era con
Eilidh y Lewis, siempre cuidando de ellos, consciente e inconscientemente,
demostrando que estaban constantemente en su mente.
¿Qué padre no apreciaría eso en una mujer?
Su consideración en la exhibición de cetrería, dándose cuenta de que
estaba deseando compartirla con Lewis. Y el haber enseñado a Eilidh a ser
considerada, enseñándole que algunas cosas no serían sobre ella para que se
diera cuenta, cuando creciera, de que si amaba a su familia se contentaría con
ponerla en primer lugar cuando fuera necesario.
Y el sentido del humor de Regan y cómo Eilidh se había vuelto más
ingeniosa desde que Regan había llegado. Aprendiendo de ella de una manera
que a Thane no le importaba en absoluto.
La forma en que Lewis se estaba abriendo desde aquel chico serio y tímido

225
que había sido antes de su llegada. Parecía mucho más feliz.
Luego estaban las cosas en las que se fijaba como hombre.
La forma en que él y Regan se miraban y parecían saber exactamente lo
que el otro estaba pensando.
El modo en que el cuerpo de ella era consciente de él, cómo su espalda se
arqueaba ligeramente cada vez que él se acercaba demasiado, haciendo que sus
pechos se levantaran y su culo se abriera. Ella ni siquiera se daba cuenta de que
lo hacía, el movimiento era tan sutil. Pero Thane era consciente. Era consciente
del modo en que los ojos de ella se dirigían a su boca tan a menudo como los de
él bajaban a la suya.
La deseaba.
Aun sabiendo lo malo que era, lo complicado, lo que todos los demás
interpretarían como algo sórdido e indecente, Thane deseaba a Regan
Penhaligon, y no sabía cómo hacer que dejara de hacerlo sin apartarla por
completo de sus vidas.
Y había estado hirviendo de celos desde que Eilidh dejó entrever que Regan
le había dado su número a Jared McCulloch.
Al entrar en la habitación de Lewis, se sorprendió al ver la luz de su hijo
apagada. Lew estaba dormido. Normalmente, esperaba a que Thane viniera a
darle las buenas noches.
Eso significaba volver ya abajo.
A donde Regan se había empeñado en limpiar la cocina después de una
noche en la que les había enseñado a él y a los niños a hacer pizza casera para
terminar su día de “celebraciones”. Estaba tan buena, y a los niños les gustaba
tanto, que Thane se estaba planteando comprar un horno de pizza exterior.
Por supuesto que habría sido una noche aún mejor si Regan no estuviera
tan cabreada que ni siquiera pudiera hablar con él. Sabía que Lewis se había
dado cuenta porque se había vuelto más silencioso a medida que avanzaba la
noche.
Maldita sea.
Alcanzando a cerrar la puerta de su hijo, la voz de Lewis lo detuvo.
—Papá.
—Hola, amigo, pensé que estabas durmiendo. —Entró sigilosamente en la
habitación.
A la luz del pasillo, Thane vio cómo su hijo se volvía para mirarlo, y lo hacía
226 con el ceño fruncido.
Oh-oh.
—¿Qué pasa, Lew?
—Riri parece enfadada contigo.
Thane se tensó.
—Estamos bien, amigo.
—Estabas enfadado con ella, y ahora ella está enfadada contigo.
Cristo, su hijo de siete años era demasiado perceptivo.
—No, estamos bien, Lew.
Su hijo lo miró con más fuerza.
—Se va a ir. Y es tu culpa. —Su voz se quebró mientras enterraba la cabeza
en la almohada.
Maldita sea. Rodeando la cama, Thane se sentó y puso una mano en el
hombro de Lewis. Su hijo hundió más la cara en la almohada.
—Lew, Regan y yo somos amigos. No se va a ir. Todavía no. Pero sabes,
pequeño, que es tu niñera. No es parte de la familia —le recordó con suavidad,
aunque cada palabra le provocaba un dolor en el pecho—. Tienes que estar
preparado para eso.
Lewis respiró entrecortadamente y se volvió para mirarlo. El corazón de
Thane se rompió al ver la tristeza en los ojos de su hijo.
—¿Por qué la gente tiene que irse siempre?
No, Thane estaba equivocado. Ahora se le rompió el corazón. Nunca había
querido que sus hijos tuvieran la infancia que él tuvo. Que perdieran a su madre.
Decidido a que cuando Fran muriera no se desmoronaría como su propio
padre, había volcado cada gramo de su alma en la paternidad. Thane había
pensado que no lo estaba haciendo mal, pero la experiencia con Lucy, y tal vez
su forma de manejarla, parecía recordarle a Lewis la pérdida. No para él, Lew
nunca se había encariñado con Lucy (Thane debería haber visto eso como una
señal de alarma), sino para su hermanita, que había pensado que la actriz
colgaba la luna y el sol. Thane solo estaba agradecido de que su hija fuera
resistente y de que se hubiera apresurado a transferir su afecto a Regan.
—No quiero que pienses eso —susurró Thane, acostándose junto a Lewis
para arroparlo. Se acurrucó contra su padre y Thane lo abrazó con más fuerza—

227
. No todo el mundo se va, Lew. Yo no me voy a ninguna parte. Tampoco el tío
Lachlan o la tía Arrochar, o la tía Robyn y el tío Mac. —No mencionó a Brodan
ni a Arran. Se habían vuelto demasiado imprevisibles para que él pudiera hacer
ninguna promesa en su nombre. El recordatorio lo agitó.
—¿Y qué hay de riri? Es la hermana de la tía Robyn. ¿Por qué no puede
quedarse?
Thane exhaló lentamente, sintiendo ya la pérdida de ella.
—Porque es joven, Lew. Tiene toda la vida por delante. Necesita salir y
experimentar el mundo un poco antes de establecerse. Sin mencionar que sus
padres viven en América. Su vida está allá.
Y ahí estaba.
La verdad.
Independientemente de la atracción que sentía por él, Thane sabía que
ninguna joven de veinticinco años querría establecerse en un remoto pueblo
escocés con un hombre trece años mayor que ella y hacer de madre de sus dos
hijos. Dios, Fran no lo había querido y lo había elegido.
—Quiero que se quede —susurró Lewis con tristeza.
—Lo sé, amigo. Pero trata de no pensar en que se vaya. No es por un tiempo
todavía. Y ahora está aquí. Disfruta de tenerla con nosotros por ahora, ¿bien?
Lewis asintió, pero Thane sabía que no lo entendía. ¿Cómo podría hacerlo?
Todo lo que sabía era que una mujer que le importaba porque obviamente le
importaba a él era temporal. Y eso no tenía mucho sentido para un chico que se
había criado en la creencia de que su madre lo amaba y no había querido dejarlo
y, si hubiera sido por ella, nunca lo habría hecho.
Sabiendo que su hijo iba a tomar la partida de Regan como una prueba de
que ella no lo amaba, Thane cerró los ojos, apretó más a Lewis y se quedó con él
hasta que se quedó dormido.
Sin embargo, cuanto más tiempo permanecía tumbado, más se lamentaba.
Lewis no se habría dormido con lágrimas en los ojos si Regan hubiera tratado a
Thane con civismo y profesionalidad esta noche. Sí, había sido un capullo en
Morag’s, y lo reconocía, pero ella no podía actuar así con los niños. Eran
demasiado perspicaces, y ella ya debería saberlo.
Por desgracia para ella, cuando él bajó las escaleras, seguía estaba allí.
El calor lo recorrió al verla con su pequeño y primitivo vestido con un puto
228 dobladillo no tan primitivo. Cuando ella se inclinó para cargar los últimos platos
en el lavavajillas, él vio su culo. Lamentablemente, las gruesas mallas que
llevaba lo cubrían.
Se levantó y cerró el lavavajillas, sin mirarle mientras limpiaba el
fregadero.
—Me ha costado mucho sacar la harina del sofá. No sé cómo llegó hasta
allí. Pero lo conseguí. Lo he limpiado todo. —Regan tiró un paño de cocina y
agarró su bolso del taburete de la isla—. Nos vemos el lunes. —Finalmente, le
miró mientras se negaba a moverse de su camino.
Sus ojos se abrieron de par en par ante lo que leyó en su expresión.
—¿Están bien los niños? Estuviste allí arriba un rato.
Hirviendo, se relamió los labios y se tomó su tiempo para no arremeter
contra ella.
—No puedes darme la espalda delante de los niños.
Regan entrecerró sus bonitos ojos.
—No lo hice.
—Lo hiciste. Lewis se dio cuenta.
El sentimiento de culpa se reflejó en sus rasgos.
—¿Está bien?
—No. —Thane dio un paso hacia ella y otro cuando se retiró—. Le preocupa
que te vayas.
—No me voy a ninguna parte.
—Todavía. Tiene que estar preparado para que al final te vayas. Pero, hasta
entonces —dijo, inclinando la cabeza hacia ella mientras la isla la obligaba a
detenerse—, espero una lengua civilizada. —Su mirada se dirigió a la boca de
ella, y sus manos se apretaron a los lados—. En una boca civilizada... a partir
de ahora. Al menos delante de ellos.
Ella levantó la barbilla con obstinación.
—¿Significa eso que vas a dejar de actuar como un loco?
—¿Disculpa? —le espetó.
—Tú... ¿hemos tenido o no una discusión esta mañana que ha aclarado
las cosas, solo para que actúes como un imbécil celoso por Jared McCulloch?
—Igual que tú te pusiste celosa por la idea de que me acostara con Keelie.
229 Hizo una mueca.
—Y vuelta a empezar. Admite que lo de Keelie fue una estratagema. Nunca
ibas a acostarte con ella. Eres demasiado caballero.
La maldita mujer tenía una forma de llevarlo al punto de ebullición con
muy poco esfuerzo. Y, por alguna razón, le picaba el maldito orgullo masculino
de que Regan lo viera como una figura abotonada, controlada y caballerosa. Si
ella lo supiera.
Se inclinó hacia ella, sus bocas casi rozándose, y ella inhaló bruscamente.
—¿Cómo sabes que no me he acostado con ella? Un hombre tiene
necesidades.
El dolor parpadeó en sus ojos, pero lo enterró bajo el fuego. Con eso podía
lidiar. Ella le empujó el pecho para moverlo, pero él presionó más en su espacio
personal.
—¿Te has acostado con ella? —preguntó ella.
—No —admitió él inmediatamente.
La satisfacción iluminó su expresión, y luego algo más peligroso.
—No, porque acostarse con cualquier mujer solo sería un intento de
arruinar tu problema.
—¿Y qué problema es ese? —preguntó él con brusquedad, con el calor
acumulándose en su ingle.
—Que no puedes dejar de pensar en mí —susurró Regan, bajando la mano
de su pecho pero solo para poder mover su cuerpo hacia el de él. Tragó con fuerza
al sentir sus suaves curvas. Su respiración se agitó—. Podemos dar vueltas y
vueltas durante días, semanas... pero eso no ahuyentará esto, Thane. Me deseas.
No es conveniente. Es complicado... pero es inevitable.
—Eres la niñera de veinticinco años de mis hijos —argumentó, aunque las
ganas de pelear lo habían abandonado.
—Sigues diciendo eso como si tuviera dieciocho años. —Ella levantó la
mano para acariciarle la mejilla, con sus uñas rozando su barba—. No soy una
niña, Thane. Soy una mujer. Por el amor de Dios, hay diez años entre Robyn y
Lachlan, y nadie pestañea.
—Es diferente. Es mayor —dijo, mientras su cabeza se inclinaba hacia la
de ella—. Esto es una locura.

230 —Entonces vamos a estar locos —susurró ella antes de tirar de su cabeza
para acercarla ese último centímetro hacia su boca.
Lo besó como si fuera agua y tuviera sed desde hacía semanas. Besos
voraces, profundos y salvajes que encendían su sangre. Sus manos estaban igual
de hambrientas, buscando bajo su jersey. Su estómago se contrajo cuando los
dedos fríos de ella acariciaron su piel desnuda, y él gimió, perdiendo todo el
control.
El se apoderó del beso rodeándole la nuca con una mano y devorándola,
mientras la otra se deslizaba por su esbelta espalda y por debajo del vestido para
acariciar su apretado culo. La besó con más fuerza, deleitándose en la forma en
que ella tomaba tan bien como él daba, sus pulgares rozando sus pezones.
El dolor del placer irradiaba desde donde su polla se tensaba contra la
cremallera de sus vaqueros. Irritado por las medias que le estorbaban, metió la
mano en ellas para poder tomar una de sus redondas y flexibles mejillas con la
mano. Dobló ligeramente las rodillas mientras la atraía hacia su erección,
deseando tanto su interior que estaba a punto de correrse como un jovencito.
—Joder. —Rompió el beso y la soltó.
Las manos de ella seguían debajo de la camisa de él mientras lo miraba
fijamente, sonrojada, excitada. Confundida.
Los dedos de ella se movieron sobre su pecho y ese simple contacto hizo
que un rayo le atravesara la ingle.
Thane cerró los ojos mientras metía la mano de mala gana bajo su jersey
para quitarle las manos.
—¿Thane? —susurró Regan.
Quería oírla gritar su nombre mientras se corría, no susurrarlo con
confusión y preocupación.
Ella tenía razón. Podían dar vueltas y vueltas, negando lo que querían y
teniendo múltiples peleas por celos en el transcurso de los próximos meses. O...
podía tener de ella lo que pudiera antes de que le dejara.
Sus ojos se abrieron de golpe, con la anticipación retumbando en su
sangre mientras se decidía.
Regan lo miró fijamente, esperando su próximo movimiento.
—Solo sexo —dijo con brusquedad—. Sin promesas, y nadie puede saberlo.
La sorpresa aflojó sus rasgos. Ella dudó tanto que él apenas pudo oír nada
por encima de la sangre que corría por sus oídos. Entonces, para su alivio, Regan
231 asintió lentamente.
—De acuerdo.
La satisfacción lo invadió y necesitó toda su fuerza de voluntad para no
agarrarla y tirarla en el sofá para hacer lo que quisiera con ella. En su lugar,
pensó en las ideas erróneas que ella tenía de él como un caballero. Lo mejor era
desmentirlas ahora.
—Ve a esperarme al anexo —le exigió. Los ojos de ella se abrieron
ligeramente—. Quítate la ropa. No te quites la ropa interior porque quiero
quitártela yo. Y las luces encendidas para que pueda verte. Cuando llegue, te
espero en la cama con las piernas abiertas.
Su pecho se agitó por la sorpresa; sus fosas nasales se encendieron por la
excitación.
Él se inclinó para rozar su boca con la de ella.
—Tengo que asegurarme de que la casa sea segura. —Su mano se deslizó
bajo el vestido y tocó el calor húmedo entre sus piernas, haciéndola inclinarse
hacia él con un gemido. Él le lamió los labios y ella intentó perseguirlo con la
boca, pero él se retiró, burlándose de ella. Entonces la frotó a través de las
medias y la ropa interior, y ella jadeó—. No te toques hasta que llegue. Tus
orgasmos son míos ahora.
Antes de que perdiera la cabeza y la tomara contra la isla, subió
tranquilamente las escaleras para ver cómo estaban los niños una vez más.
Las dudas le rondaban la cabeza.
Qué pensaría la gente si supiera que los chismes eran ahora una
realidad...
Cómo necesitaba desesperadamente ocultarles esto a los niños...
Qué egoísta era dejando que su deseo dictara sus acciones.
Pero Thane ignoró las dudas... especialmente la que le susurraba que, si
solo se trataba de atracción física, nunca pondría en peligro su reputación, su
honor. Si solo se tratara de follar con una jovencita atractiva, podría hacerlo en
cualquier momento.
Se trataba de ella.
Regan.
De enterrar todo dentro de ella y ver cómo se destrozaba a su alrededor
con la inmensidad de ello.
232 Y hacerlo durante todo el tiempo que la tuviera.
Sin importar lo que costara.
233

Regan

M
e quedé tumbada, jadeando, tan excitada que temblaba. El dolor
entre mis piernas era caliente y casi doloroso. Meses de anhelo
habían culminado en este punto, y todo lo que podía pensar era
en tener a Thane dentro de mí.
Estaba casi loca de necesidad por él.
Sus órdenes habían sido un shock, pero para mi sorpresa, uno al que mi
cuerpo reaccionó. Mi instinto era resistirse a las órdenes de un hombre, y si
hubiera sido cualquier otra persona que no fuera Thane, lo habría hecho. Pero
resultó que su actitud mandona me puso excepcionalmente caliente.
Tumbada en ropa interior, me sentí un poco tímida, un poco rara al
principio, pero en cuanto Thane entró en el anexo, todo desapareció menos mi
necesidad de él. Él tenía razón. Esto entre nosotros era casi una locura.
Con las fosas nasales encendidas mientras sus ojos me devoraban en la
cama, Thane se acercó a mí lentamente, con su excitación evidente a través del
pantalón de pijama que se había puesto.
—Mírate —dijo bruscamente, pasándose una mano por la barba. Su
expresión era un poco aturdida, como si no estuviera seguro de que yo fuera
real.
—Quiero mirarte a ti —respondí en voz baja.
Como respuesta, Thane se quitó la camiseta y la dejó caer en el suelo junto
a la cama. Luego le siguió el pantalón, y yo aspiré una bocanada de aire. Había
olvidado lo mucho que me gustaba su cuerpo. Todo ese poder natural, no
demasiado musculoso, pero fuerte y tan malditamente masculino que mi cuerpo
reaccionaba en todas partes. Su mirada ardiente, la forma en que sus rasgos se
habían endurecido con la lujuria, me hicieron sentir un cosquilleo caliente entre
las piernas. Mis pechos pesaban, mis pezones estaban tensos.
Entre sus musculosos muslos sobresalía con orgullo una impresionante y
palpitante erección.
Toda para mí.
Thane sacó un condón como de la nada, lo abrió con los dientes y se lo
234 puso. Pero apenas tuve tiempo de contemplarlo cuando se arrastró sobre mí,
colocándose encima de mí en la cama, cayendo entre mis muslos ya abiertos.
Me miró fijamente a los ojos, estudiándome con atención, y me maravillé
de lo raro que no era. ¿No debería sentirme rara, tumbada en lencería debajo de
mi jefe desnudo?
La primera vez con alguien nuevo siempre era extraña. Vulnerable era
probablemente una palabra mejor. Me había sentido vulnerable, a excepción de
mi aventura de una noche de borrachera con Austin, que apenas recordaba.
Esto... esto con Thane, sin embargo, lo recordaría siempre. No era vulnerable en
absoluto. Estaba aliviada. De haberle encontrado.
Este escocés hermoso, amable, divertido, sexy, a veces irritante,
emocionalmente reprimido, cuyo amor por sus hijos solo me hacía adorarlo más.
Lo amo, admití para mí mientras me acariciaba la mejilla con el pulgar.
Y, si todo lo que quería de mí era esto, lo aceptaría. Aceptaría estos
recuerdos que estábamos a punto de crear, y tendrían que durarme toda la vida.
La emoción me ahogó y sentí el cosquilleo de las lágrimas que se
avecinaban, así que me acerqué y lo besé con fuerza antes de caer rendida en
sus brazos. Thane gimió y me presionó contra el colchón para tomar el control
del beso, y yo lo permití con gusto. Me encantaba su sabor en mi lengua, me
encantaba la forma en que su barba era suave, no rasposa, y la sensación en mi
piel era sexual y excitante. Esperaba poder sentirlo entre mis muslos.
Como si Thane hubiera escuchado el pensamiento, sus labios se separaron
de mi boca para besar me el cuerpo. Cuando llegó a la altura de mis pechos y
descubrió que me había puesto un sujetador que se abría por delante, me miró
con diversión brillando en esos hermosos ojos llenos de deseo.
Me mordí el labio para evitar una sonrisa estúpida y bobalicona, y de
repente Thane estaba de nuevo sobre mí, aplastando mi boca bajo la suya
mientras me robaba besos hambrientos y profundos. Estaba un poco mareada y
sin aliento cuando soltó mi boca para volver a mi sujetador. Me lo quitó con
rapidez y me bajó los tirantes por los brazos. El económico pero sexy número de
encaje voló por la habitación. Entonces su boca caliente cubrió mi pezón derecho
y lo chupó.
Mi espalda se arqueó mientras gritaba ante el agudo placer que resonaba
entre mis muslos. Perdida en su amor, solo pude retorcerme bajo él mientras se
movía entre cada pecho, chupando, lamiendo, hasta que me hinché y me dolió.
Y entonces sus labios siguieron ese camino invisible por mi estómago, mientras
sus grandes manos se quedaban en mis pechos, acariciando y apretando hasta
235 que creí que me volvería loca por la necesidad de liberarme.
Finalmente, Thane llegó a la cúspide de mis muslos y sus manos
abandonaron mis pechos, pero solo para empujar mis piernas y abrirlas más.
Me miró, con las facciones tensas por el hambre. Y mientras me miraba a los
ojos, sus pulgares se encontraron en el centro sobre el encaje de mi ropa interior.
Jadeé cuando presionó hacia abajo.
Mis caderas se arquearon, alejándose de la cama, y se dejaron tocar, pero
él solo me frotó una vez más con sus pulgares antes de detenerse. Levanté la
cabeza para quejarme, pero la mirada feroz de Thane al contemplar mi cuerpo
me detuvo. Ningún hombre me había mirado así. Como si fuera a perder la
cabeza si no me tenía. Experimenté un apretón en lo más profundo de mi vientre,
y mi estómago se estremeció con él.
Los ojos de Thane bajaron, captando el movimiento. Algo se rompió dentro
de él. Sus dedos rozaron mi bajo vientre, enroscándose en mi ropa interior. Los
bajó de un tirón por mis piernas.
Oí el gruñido de satisfacción de Thane segundos antes del cosquilleo de su
barba en el interior de mis muslos y el contacto de su lengua en mi vértice.
La necesidad me atravesó y mis caderas empujaron hacia su boca. Thane
las agarró, presionándolas contra el colchón, y luego me devastó de la mejor
manera posible.
Dios mío, así es como es, me arqueé contra él, cuando un hombre sabe lo
que hace.
Estudió mi cuerpo, mis reacciones, y justo cuando estaba a punto de
alcanzar una satisfacción cegadora, se retiró un poco, torturándome.
—Thane —le supliqué, acercándome a él. Mis dedos se deslizaron por su
espesa cabellera y se tensaron. Thane gruñó ante el leve tirón, y luego volvió su
lengua. Me estremecí, pero aún no era suficiente. De nuevo, el maldito lector de
mentes lo percibió, y dos gruesos dedos empujaron suavemente dentro de mí.
Eso fue todo.
Era todo lo que necesitaba.
Grité su nombre mientras me corría, el asombro me inundó mientras la
poderosa liberación recorría mi cuerpo.
Sacudiendo la cabeza sobre la almohada, no podía creerlo.
—Nunca —susurré, llevándome una mano a la frente—. Nunca, jamás —
236 había sido tan bueno.
De repente sentí el calor del cuerpo de Thane, el vello de sus piernas
haciendo cosquillas en las mías, su estómago rozando mi vientre mientras se
movía hacia arriba. Su dura necesidad hizo que el latido de mi interior se
acelerara de nuevo mientras él me rodeaba las muñecas con las manos para
inmovilizarme los brazos por encima de la cabeza. Cuando intenté moverlas, no
pude. Me mantenía cautiva.
Jadeé, mis pechos se tensaron y la tensión se acumuló en mi vientre. No
esperaba disfrutar de la sensación de estar sujeta.
Pero con Thane... todo era diferente.
Sus labios rozaron los míos, suavemente, con dulzura, sorprendiéndome
teniendo en cuenta lo hambriento que parecía, y luego estaba allí, palpitando
con calor entre mis muslos. Apoyando todo su peso en mis muñecas para
sujetarme, empujó dentro de mí.
Jadeé su nombre con un dolor placentero ante el ardor de su estiramiento.
Nuestros ojos se sostuvieron, mi respiración se dispersó mientras él se
movía dentro de mí, la sensación de él era tan perfecta que electrizaba la parte
baja de mi columna vertebral.
Y empezó a empujar.
Con fuerza.
Su expresión se volvió aún más oscura de deseo y, tras unos pocos
impulsos dentro de mí, soltó su agarre de mis muñecas, se deslizó fuera y se
puso de rodillas. Thane se acercó a la parte posterior de mis muslos y los sujetó
para que mis caderas y mi culo se levantaran de la cama.
Y entonces se lanzó dentro de mí.
Mi grito ronco resonó en el anexo y Thane gruñó de satisfacción mientras
me follaba.
No había otra palabra para describirlo.
Y fue glorioso.
No sabía qué hacer con mis manos. Quería tocarlo pero no podía
alcanzarlo. No podía hacer nada. Era tan fuerte, tan decidido, tan... primario.
Verlo, ver cómo me miraba mientras me penetraba, era lo más sexy que
había visto en mi vida. Me agarré a las sábanas mientras me penetraba, llegando

237
a un lugar interior que ningún hombre había alcanzado. Y en ese momento, no
era más que piel caliente y sexo. No era consciente de nada más que de la
intensidad de su cuerpo dentro del mío y de la felicidad que se acumulaba en mi
interior.
Exploté.
Después de años de leer novelas románticas, por fin entendí lo que eso
significaba.
—¡Thane! —grité, estremeciéndome y sacudiéndome contra sus
empujones. La sensación era tan sexy, tan cruda, que no quería que terminara
nunca. Era como si nunca fuera a terminar.
—¡Regan, joder! —gruñó Thane, y le vi enseñar los dientes como un animal
mientras sus caderas se estremecían contra las mías. Palpitó dentro de mí,
inclinándose hacia la liberación en estremecimientos duros y espasmódicos.
Como si no pudiera aguantar más, Thane apoyó su mejilla en mi estómago
y trató de recuperar el aliento.
Todavía latía dentro de mí.
La posesión y la satisfacción se mezclaron mientras le acariciaba la
espalda, con la piel húmeda por el esfuerzo.
Quería decirle que era el mejor sexo que había tenido, pero ni siquiera eso
sonaba lo suficientemente perfecto para lo que acababa de experimentar.
Al cabo de un rato, me dio un dulce beso cerca del ombligo. Thane se
levantó sobre sus manos para mirarme. Su rostro estaba relajado, saciado, pero
podía ver su ocupado cerebro trabajando detrás de esos ojos conmovedores.
Antes de que pudiera decir una palabra, me besó. No un casto y dulce
agradecimiento, sino un beso profundo y posesivo que prometía que no
habíamos terminado.
Sin embargo, aparentemente sí lo habíamos hecho. Thane se retiró para
observar mi cara mientras salía de mí, con una expresión masculina y presumida
mientras yo gemía.
Salió de la cama y se puso de pie bajo las brillantes luces de la habitación.
Mientras caminaba sin vergüenza de su desnudez hacia el baño, seguramente
para ocuparse del condón, me retorcí en las sábanas, deseando que volviera a
estar dentro de mí.
Jesús, era adicta.
Cuando volvió a salir, su atención volvió a centrarse en mí. Sus ojos
238 recorrieron mi cuerpo y su mandíbula se apretó.
Él también me deseaba de nuevo.
Thane rodeó la cama y dijo, con voz ronca:
—Tengo que volver con los niños.
Dios, por supuesto. Me toqué la frente, sintiéndome estúpida e
irresponsable por haberme olvidado de Eilidh y Lewis. Mi deseo por él me
convertía en una mujer egoísta y obsesionada con el sexo.
Me senté mientras él se vestía, tirando de la sábana sobre mí, esa
vulnerabilidad que no había sentido en todo el tiempo ahora se deslizaba sobre
mi piel.
¿Era eso? ¿Thane se había rascado la picazón y ahora habíamos
terminado?
Mi única respuesta fue una no respuesta. Se inclinó sobre mí, me besó
suavemente, casi castamente, y luego me besó la punta de la nariz antes de
alejarse a toda prisa.
—Apaga las luces —ordenó, y el anexo se oscureció segundos antes de que
se deslizara de nuevo hacia la noche.
¿Ya está?
Unas estúpidas lágrimas me aguijonearon los ojos mientras me llevaba las
rodillas al pecho. Me dolía entre las piernas el lugar donde él había estado hace
unos momentos.
Para mí, había sido un golpe de efecto. Iluminador. Un estupendo
despertar.
El sexo había sido bueno para mí antes, pero no había sabido que podía
ser como lo que había leído.
Alucinante.
Pero tal vez no lo hubiera sido para Thane. Tal vez lo que había tenido en
el pasado con Fran, una mujer a la que amaba, significara que lo que acababa
de tener conmigo era el equivalente a un orgasmo en la ducha.
Me estremecí al pensarlo y sacudí la cabeza. No, estaba siendo tonta.
Sin embargo, despreciaba la capacidad de Thane de hacerme dudar de mí
misma, de sentirme insegura. Nunca había analizado demasiado si un chico con
el que estaba había disfrutado del sexo. El mero hecho de que vinieran sugería

239
que lo habían hecho. Pero no se trataba solo de que Thane disfrutara del sexo
conmigo.
Quería que él hubiera experimentado lo que yo acababa de experimentar.
Algo más allá de un orgasmo.
Amor. La palabra susurró en mi mente, y me enjugué con rabia una
lágrima. Decidida a no dejar que su abrupta marcha me revolviera la cabeza más
allá de la necesidad de volver con sus hijos, me levanté de la cama y me dirigí a
la ducha en la oscuridad.
240

Thane

S
u piel se calentó mientras sus pensamientos se dirigían a la noche
anterior, Thane extendió la mano y giró el pomo de la ducha a frío.
—Joder —gruñó mientras el agua helada caía en cascada
sobre él. Pero la necesitaba. Gimió cuando la imagen de Regan despatarrada
ante él, tomándolo, con la cara enrojecida de placer, se negó a abandonar su
mente. Thane apoyó la frente en las frías baldosas. Intentó recuperar la calma.
Anoche se acostó con su niñera.
Con su niñera de veinticinco años.
Con su cuñada de veinticinco años, pronto cuñada de su hermano.
—Y tú lo sabías y lo hiciste de todos modos —murmuró Thane mientras
salía de la ducha para secarse. Y, si era sincero consigo mismo, tenía toda la
intención de hacerlo una y otra vez hasta que ella se marchara o se aburriera de
él. Eso no decía mucho a favor de su autoestima, pero mientras pudiera volver
a hacer el amor con Regan Penhaligon, su autoestima podía irse a la mierda.
Thane se dirigió al dormitorio para vestirse. Era temprano. Los niños no
se levantarían hasta dentro de unas horas, ya que los domingos los dejaba
dormir hasta tarde. Los fines de semana era cuando Regan iba más a menudo a
ver a Robyn o pasaba tiempo con Eredine y Arro. A veces incluso con Will, el
prometido de Jock. Todo esto lo sabía él porque, se diera ella cuenta o no, Thane
escuchaba cada palabra que salía de su boca.
Y no quería que ella pasara este domingo con otra persona. La quería en
su casa, aunque tuviera que fingir que lo único que era para él era la querida
niñera de los niños.
Sí, recordó la noche anterior y volvió a sentir una gran necesidad. Si no
estuviera tan contaminado por las dudas y la culpa, la última noche con Regan
habría sido una de las mejores noches de su vida. Se había corrido tan fuerte
que pensó que el corazón le iba a explotar.
Tan pronto como el pensamiento cruzó su mente, su atención se centró en
la foto de él y Fran en su mesita de noche. Una culpa diferente le anudó las

241
tripas. Había amado a Fran. La adoraba. Pensaba que no había nadie como ella...
hasta que lo engañó. El sexo también había sido estupendo. No había quejas.
Pero nunca, ni siquiera con la mujer a la que había perdonado y con la
que había prometido pasar el resto de su vida, había experimentado una
necesidad tan animal y desesperada de estar dentro de alguien como la de la
noche anterior con Regan. Todo se le fue de la cabeza. Todo menos su cuerpo,
sus reacciones, la forma en que se sentía al rodearlo.
Miró a Fran devolviéndole la sonrisa, y sus tripas se apretaron aún más.
—Es solo sexo —le prometió, como ella le había prometido una vez—. No
significa nada.
Thane se tensó al recordar el sonido de la risa seca de Fran. Mentira, pero
juró que había oído a su difunta esposa ronronearle al su oído.

Regan

Era un día hermoso. Demasiado bonito para ser noviembre. Un calor


inusual. A Eils y Lew les encantó, corriendo por la arena, persiguiéndose el uno
al otro en la playa de Ardnoch. Teníamos todo el lugar para nosotros.
—¡Despacio! —grité, apresurándome a alcanzarlos. Se habían vuelto
rápidos. No podía acercarme a ellos, la arena húmeda se resistía a mis intentos.
Al darme cuenta de que se estaban alejando, el pánico se apoderó de mí—.
¡Eilidh, Lewis, vuelvan!
—¡Papá! —gritó Eilidh con alegría, y yo seguí su mirada para ver a Thane
de pie con la cintura metida en el mar, haciéndole señas.
Era demasiado profundo.
—¡Thane! —Traté de alcanzarlo, de advertirle. ¿Por qué no podía ver que
era demasiado profundo?
—¡Eilidh! —gritó Lewis ahora mientras su hermana se precipitaba al agua.
Entonces Thane estaba allí, levantándola en sus brazos, y agarrando a
Lewis en el otro. El alivio me inundó. Las olas chocaban suavemente contra su
cintura, pero él no se movía, un protector poderoso, sólido e incondicional.

242 Lo amaba. Los amaba a todos. Mucho.


Sonriendo mientras me saludaban, seguí intentando alcanzarlos, pero no
parecían acercarse.
—¡Vengan a mí! —grité entre lágrimas frustradas.
Un poderoso brazo me rodeó la cintura, tirando de mí hacia un cuerpo
duro. La sonrisa falsa de Austin llenó mi vista, y luché contra su agarre.
—¿Qué haces aquí? Suéltame.
—Shh —me susurró, atrayéndome hacia sus brazos y apretando mi mejilla
contra su pecho—. Está bien, Regan, te tengo. Aquí es donde debes estar. No son
para ti. Pero te amo. Siempre te amaré.
Intenté zafarme de su abrazo, pero me besó y no pude apartarme, no pude
respirar.
Me dejó ir para decir mi nombre, una y otra vez.
Entonces me besó de nuevo. Esta vez más suave.
Su barba me hizo cosquillas.
¿Barba?
Sentí otro cosquilleo en mi mejilla y, cuando me soltó, era Thane. No era
Austin. Me hundí con alivio y luego suspiré en su beso.
—Regan, despierta —murmuró contra mi boca.
La sensación de cosquilleo se hizo más insistente.
—Regan, despierta, mo leannan.
Volví a sentir un cosquilleo en los labios y luego el estremecedor roce de la
boca de Thane con la mía. Mis ojos se abrieron de golpe y me quedé mirando con
sueño sus preciosos ojos azul-grisáceos.
—Por fin se despierta —murmuró.
Me besó, esta vez separando mis labios para tocar con su lengua la mía.
La realidad se interpuso y me di cuenta de que me había despertado y me estaba
besando antes de que me hubiera lavado los dientes. Rompiendo el beso, le cubrí
la boca con la mano como barrera entre nosotros.
Frunciendo el ceño, refunfuñé:
—Tengo el aliento asqueroso.
—Me importa una mierda. —Creo que dijo contra mi mano. Puso los ojos
en blanco al oírlo, cerró mi puño y se inclinó para taparme la boca de nuevo.
243 Intenté resistirme, pero fue inútil. Gimiendo con su sabor a café y pasta
de dientes, deslicé mi mano por su espalda, tirando de él hacia mí mientras le
abría los muslos.
—No he venido para eso —resopló al romper el beso, empujando contra
mí, sus palabras incongruentes con sus acciones. El deseo ensombreció su
expresión y sacudió la cabeza con una sonrisa seca—. Solo quería traerte café.
Giré la cabeza sobre la almohada y vi la taza humeante en mi pequeña
mesita de noche.
—Qué detalle.
Apoyó sus manos a ambos lados de mi cabeza y luego extendió una para
apartarme el cabello de la cara. Anoche me había costado mucho conciliar el
sueño de lo llena de dudas e inseguridades que estaba. Sin embargo, cuando me
miró con ternura, sabiendo que lo primero que se le había ocurrido hacer esta
mañana era traerme un café y ver cómo estaba, me derretí bajo su contacto.
—Tengo que volver por si Eils y Lew se despiertan —dijo, con pesar en sus
ojos.
—Bueno, gracias por el café —susurré, incapaz de hablar más alto.
Sabiendo que si uno de los dos no rompía el intenso duelo de miradas podría
acabar desnudo encima de mí de nuevo, me impulsé a sentarme, y Thane se
echó hacia atrás en su asiento en mi cama para dejarme espacio.
No mucho. Mientras agarraba mi café y daba un sorbo, su mano se posó
posesivamente en mi muslo. Mi camisón se había levantado de forma indecente,
pero teniendo en cuenta lo que habíamos hecho anoche, no importaba. Los dedos
de Thane se acercaron al pliegue de mi pierna, y yo aspiré un suspiro.
Sus ojos se calentaron.
—Pensé que necesitabas volver con los niños.
—Así es. —Thane alargó la mano y tomó mi taza, sonriendo ante mi
expresión de desconcierto mientras la colocaba de nuevo en la mesita de noche.
—Oye, quería... ¡oh! —Me estiré instintivamente para agarrarle el hombro
cuando de repente se deslizó por debajo de mi ropa interior para presionar su
pulgar sobre mí.
Entonces me estaba besando. Con dureza y hambre, mientras jugaba

244
conmigo. Dedos, pulgares, círculos, empujones, me dio el beso más sucio y
húmedo de mi vida. Mis uñas se clavaron en sus anchos hombros mientras me
arqueaba hacia él, jadeando contra su beso mientras la tensión interior
aumentaba, y aumentaba, y aumentaba...
Exploté, y él capturó el sonido de mis gritos en su boca, su gemido un
delicioso estruendo en mi garganta mientras yo palpitaba a su alrededor.
Finalmente me soltó para besarme en la mejilla y en el cuello mientras
retiraba su mano de entre mis muslos. Me aferré a él, tratando de recuperar el
aliento.
—¿Qué ha sido eso? —dije jadeante.
—Esa fue mi versión de “buenos días”, mo leannan.
Mis ojos se abrieron de golpe. ¿Era un apelativo?
—¿Qué significa ma le-ow-nin?
Sonrió ante mis intentos de pronunciarlo y me besó la nariz.
—Tengo que volver. —Evitó responderme.
—Espera. —Lo agarré del brazo para detenerlo. Deslizando una mano por
su muslo cubierto de vaqueros, sonreí—. ¿Y tú?
Me cubrió la mano mientras buscaba lo bueno y cerró los ojos mientras la
retiraba suavemente.
—No podemos. No tenemos tiempo. —Esa mirada tormentosa se encontró
con la mía—. Más tarde. Esta noche.
La anticipación se estremeció en mi vientre. Entonces, lo de anoche no fue
algo aislado para él.
—Por supuesto. —Me acerqué a su mejilla para atraerlo a mi boca. Mi beso
fue suave, tierno, no pretendía incitar a nada más cuando sabía que tenía que
irse. Fue un agradecimiento—. Anoche fue lo mejor que me ha pasado —confesé
contra su boca.
Su agarre en mi cadera se tensó, y pareció tragar con fuerza antes de
responder bruscamente:
—Bien. —Me dio un beso rápido y fuerte en los labios y salió disparado de
la cama, atravesando el anexo en el espacio de un segundo.
Parpadeé rápidamente, sintiendo como si me hubieran dado un puñetazo
en las tripas.

245 ¿Bien?
¿Bien?
Esa fue su respuesta.
También conocida como “Me alegro por ti, pero no ha sido la mejor que he
tenido yo”.
El dolor era un ardor en mi pecho mientras levantaba las rodillas.
—¿Por qué no vienes hoy? —Fui consciente de que se detenía en la puerta,
devolviéndome la mirada, pero no pude mirarle—. Vamos a tener un domingo
perezoso, pero sé que a Eils y Lew les encantaría que volvieras a pasar el rato
con nosotros.
No tenía planes.
Podía pasar el rato con ellos.
Dirigiéndome a su hombro, le dirigí una sonrisa tensa.
—Tengo planes.
—¿Oh?
Ignorando su pregunta, agarrñe el café mientras me ponía en pie.
—Gracias por el café. —Lo saludé en su dirección y rodeé la cama para
desaparecer en el baño, donde estaba bastante segura de que iba a llorar en la
ducha como un bebé grande.
Fuera de mi vista, tiré la taza en el lavabo, sin ver realmente nada, solo
escuchando su “bien” en mi cabeza una y otra vez mientras me lavaba los
dientes.
Poco después, cuando intenté subirme el dobladillo del camisón, me
detuvo el brazo musculoso que me rodeaba la cintura. Chillé sorprendida cuando
Thane me atrajo contra su duro y ya conocido pecho. Sus labios rozaron mi oreja
y dijo con esa voz profunda y deliciosa:
—El mejor sexo de mi vida.
Me puse rígida.
Y luego giré la cabeza para encontrarme con sus ojos.
Había algo de reserva en los suyos.
—No hace falta que digas eso. —Me encogí de hombros, sintiéndome
terriblemente vulnerable.
—Nunca te mentiré —prometió, y su abrazo se hizo más fuerte—. El mejor
246 puto sexo de toda mi vida. De lejos.
Y así, sin más, me derretí.
Sin embargo, su expresión se endureció.
—Pero estamos de acuerdo en que es solo sexo. Te meterás en la ducha,
te vestirás y abandonarás tus inexistentes planes para venir a pasar el día con
nosotros. Seguiremos como antes, amistosamente delante de los niños, para que
Lewis sepa que todo está bien, pero nada más. Y luego, por la noche —se
endureció contra mi trasero—, me colaré aquí para que tengamos más del mejor
sexo de nuestras vidas... y ya está. ¿De acuerdo?
Me negué a reconocer el escalofrío en mi corazón. En su lugar, me
concentré en la única cosa que tenía de él y que aparentemente ninguna otra
mujer había tenido, ni siquiera su difunta esposa.
Me giré en sus brazos, y su excitación me rozó el culo al hacerlo.
—¿Qué hora es?
Thane frunció el ceño.
—Las nueve.
Bien. Le desabroché el cinturón.
—Los niños no se levantarán hasta dentro de una hora por lo menos.
Aspiró un poco de aire.
—Regan...
Pero su fuerza de voluntad ya se había esfumado cuando lo liberé de sus
vaqueros y su ropa interior y bajé a mis rodillas. Maldijo en voz baja, con los ojos
desorbitados y el pecho agitado mientras sus manos se aferraban a mi cabeza.
Todavía no lo había tocado.
El largo gemido de Thane, la forma en que su estómago se onduló cuando
lo toqué, fue la sensación más poderosa del maldito mundo. En ese momento yo
lo era todo para él, y tal como había decidido la noche anterior, iba a tomar (o
dar, según fuera el caso) todo lo que pudiera mientras durara. No importaba lo
que pasara entre nosotros, siempre tendría esto de él. El mejor sexo de su vida.
No lo era todo, pero era algo.

247

Thane

L
a pantalla que tenía delante era un borrón de líneas, su mente
estaba en algún lugar más allá. Con Regan. Todavía podía oler su
perfume, sentir el deslizamiento de su sedoso cabello sobre su piel,
sentir su apretada y caliente envoltura. Su deseo por ella lo estaba llevando a la
distracción. Aunque era un hombre, y había una parte de él que se excitaba
entrando a escondidas en el anexo cada noche para estar con ella, Thane no
podía deshacerse del temor que se había apoderado de él desde que habían
acordado su acuerdo de sexo sin ataduras.
De hecho, el temor solo había empeorado desde la primera noche. El único
respiro que tenía era cuando estaba dentro de Regan. Nada más penetraba en
sus pensamientos que la abrumadora necesidad que lo consumía en esos
momentos.
—¡Thane!
Sacado de sus ya cotidianas ensoñaciones sobre la niñera de sus hijos,
Thane se volvió de la pantalla de la computadora para ver a Keelie de pie en la
puerta, frunciendo el ceño.
—Perdona por gritar, pero he dicho tu nombre varias veces y no has
respondido.
Joder.
Esto se le estaba yendo de las manos.
—Lo siento por eso. —Entonces se le ocurrió que Keelie estaba en su
despacho. En su piso—. ¿Qué te trae por aquí?
Cerró la puerta y se acercó a su escritorio.
Thane se sintió incómodo. Cuando no había devuelto la llamada a Keelie,
había supuesto que ella entendería lo que eso significaba. Así era el juego de las
citas. A menos que ella estuviera aquí por otra cosa.
Keelie se encaramó a su escritorio y se encogió de hombros con cierto

248
desprecio.
—Mis amigas me dijeron que debía dejarlo estar, pero me gusta saber con
certeza en qué punto están las cosas. No puedo jugar a los típicos juegos de citas
de mierda. No soy muy bueno para entender las reglas".
Oh, vaya.
—Pensé que habíamos pasado un buen rato en la cena, pero... no has
llamado. Así que... pensé en comprobar si tal vez debía invitarte a salir yo a
continuación. Y si es así, ¿te gustaría tener una segunda cita conmigo?
Thane admiró su valor y su franqueza. Para ser justos, su parloteo
autocomplaciente en la primera cita podría haber sido solo por los nervios. Y en
otra vida, tal vez habría tenido una segunda cita con ella. Pero ella se merecía
honestidad.
—Lo pasé bien, Keelie, pero creo que estamos mejor como amigos.
La decepción oscureció sus ojos, pero sonrió a través de ella. Se sintió
como una mierda.
—Oh. Por supuesto. —Ella se bajó de su escritorio, alisandose la falda—.
Bueno, te agradezco que seas sincero.
—Lo... siento. —Thane se estremeció al mismo tiempo que ella. Una
disculpa era el movimiento equivocado. Era una lástima. Joder—. Quiero decir...
—Está bien. —Ella retrocedió hacia la puerta—. Necesito... necesito volver
al trabajo.
Keelie huyó de su despacho como si los sabuesos de la mortificación le
pisasen los talones.
Thane enterró la cabeza entre las manos y murmuró una serie de
palabrotas. Regan tenía razón. Había utilizado a Keelie y le había hecho daño.
Qué imbécil.
El resto del día transcurrió con dolorosa lentitud. Ahora estaba distraído
por sus propias malas decisiones. Incluso Regan notó en la cena que parecía
preocupado. Él hizo caso omiso de sus preocupaciones mientras reflexionaba
sobre qué demonios estaba haciendo con su vida. Con Regan. Los riesgos que
estaba tomando con su familia con este asunto. Pero, cuando ella le dirigió una
mirada sensual antes de salir de la casa hacia su anexo, su adicción a ella se
impuso.
Y cuando esa noche entró en el anexo y encontró a Regan desnuda en la
cama, esperándole, todo lo demás dejó de existir.

249 Regan Penhaligon lo había seducido más allá del punto de no retorno.
250

Regan

E
xcepto por el cumpleaños de Thane ese martes siguiente, nuestro
romance cayó en una estricta rutina. Eso no suena como si pudiera
ser sexy, pero era tan jodidamente sexy que se había convertido en
mi obsesión.
Seguimos con nuestras vidas como antes, excepto que más amistosos y
agradables el uno con el otro de lo que habíamos sido las últimas semanas. Esto
pareció apaciguar a Lewis, y dejó de estar tan pendiente de nosotros todo el
tiempo.
Pero por la noche, cuando los niños estaban dormidos y seguros en la
casa, Thane se colaba en mi anexo durante una hora. A veces me hacía el amor
como si realmente me amara. Esas eran las noches peligrosas. Extrañamente,
por el bien de mi corazón, prefería las noches en las que era mandón, cuando
me movía por la cama como quería y me follaba hasta que veía las estrellas. De
rodillas, montada sobre él, inclinada, de lado, boca abajo, retorcida como un
pretzel, con las manos atadas por encima de la cabeza. El hombre sabía cómo
follar de todas las maneras. Nunca habría imaginado que fuera tan salvaje. Fue
la mejor sorpresa.
Y lo único que pensaba era lo imbécil que había sido Fran. ¿Cómo diablos
pudo engañar a Thane Adair?
La única excepción a nuestra rutina fue la mañana de su cumpleaños. Me
escabullí con el desayuno antes de que se despertara. Pero él no quería los
huevos revueltos con tostadas que le había traído. Me quería a mí. Era la primera
vez que teníamos sexo en la casa, y el hecho de tener que permanecer en silencio
era extrañamente erótico para ambos.
Después, Thane parecía muy culpable, y sabía que le preocupaba que
Eilidh y Lewis descubrieran nuestro secreto. Se mostró más frío conmigo por
ello, y una vez más mis sentimientos se vieron heridos. Ignoré la sensación algo
acostumbrada que me recorría los hombros mientras juraba no volver a entrar
en su dormitorio sin invitación.
Era su pequeño y sucio secreto.

251 Nunca lo parecía cuando estábamos juntos, pero a veces, como cuando
estaba en la puerta de la escuela, lo sentía. Las madres sedientas ya no me
prestaban atención. Hacía tiempo que se habían marchado. Pero aún recordaba
sus cotilleos. Sabía lo que pensarían de mí.
Podía decirme a mí misma que era una mujer adulta que podía hacer lo
que quisiera con quien quisiera, pero era difícil recordarlo en días como esta
mañana. Por un momento, había olvidado por completo dónde estábamos. Los
niños estaban sentados en la mesa de la cocina desayunando, y Thane se
encontraba detrás de la isla, con el culo mirando hacia la cocina. Cuando pasé
junto a él para poner mi taza en el fregadero, extendí la mano sin pensarlo y le
acaricié el culo. No fue hasta que se giró bruscamente para mirarme, que me di
cuenta de lo que había hecho.
Dirigí una mirada de culpabilidad a los niños, aliviada de que no
estuvieran prestando atención, pero Thane me miró como si hubiera asesinado
a la mascota de la familia.
Sucio. Pequeño. Secreto.
Lo que vio en mi expresión suavizó la suya con confusión. Con el corazón
palpitante, lo rodeé, manteniendo la distancia.
—Solo voy a poner una carga de ropa antes de que los pequeños se
preparen.
Llevaba solo unos segundos allí cuando lo sentí.
Mirando por encima del hombro, nuestros ojos se cruzaron mientras
Thane se apoyaba en el marco de la puerta. Miró hacia el pasillo antes de girarse
y susurrar en voz baja:
—Lo siento. Yo solo...
—No, lo siento. No estaba pensando.
—Lo entiendo. —Cruzó la habitación para calmar mis manos mientras
ordenaba la ropa—. Tengo momentos en los que tengo ganas de tocarte... pero
no podemos. ¿Sí?
Sucio. Pequeño. Secreto.
Parpadeé con fuerza para salir del recuerdo, mirando fijamente a la escuela
mientras esperaba para recoger a Eilidh y Lewis. Will estaba a unos metros,
hablando animadamente con otro padre, así que no lo tenía para distraerme de
mis oscuros pensamientos.

252
Dos semanas.
Solo habían pasado dos semanas desde que Thane y yo empezamos
nuestro romance.
Y me preguntaba cuánto tiempo podría aguantar la montaña rusa
emocional en la que me encontraba.
Jared me llamó la semana pasada para invitarme a salir, y yo me inventé
una excusa sobre que no buscaba citas mientras estaba en Escocia. No pareció
importarle. Quiero decir, ya tardó bastante en llamar. En cambio, me dijo que lo
llamara si cambiaba de opinión.
Robyn... mi hermana sabía que algo pasaba. No dejaba de preguntarme si
estaba bien y me lanzaba largas miradas examinadoras. Por lo general, solo le
diría sobre Thane. Pero le había prometido que no se lo diría a nadie, y no quería
romper mi promesa, aunque mataría por el consejo sensato y cariñoso de mi
hermana.
Más bien tenía que confiar en lo que creía que ella podría decirme.
Y ella me diría que si la aventura solo me hacía sentir bien cuando
teníamos sexo, si me hacía sentir mal conmigo misma cuando no lo teníamos,
entonces tenía que ponerle fin. Necesitaba ser honesta con Thane, que no estaba
hecha para el compromiso cero. No con él. Pensé que podía. Pensé que algo era
mejor que nada.
Había necesitado menos de catorce días para darme cuenta de lo ingenua
que había sido.
Amar al hombre que solo quería follarte... era como recibir cinco
cuchilladas en el pecho cada día.
Tenía que acabar con él.
La idea me hizo querer gritar en rebeldía, pero por el bien de mi cordura,
sabía que tenía que terminar.
El timbre sonó, devolviéndome al momento.
Concentración. Cuando Eilidh y Lewis estaban cerca no tenía tiempo para
preocuparme por el estado de mi relación con Thane. Daba gracias a Dios todos
los días por ellos: las mejores distracciones que una chica podía esperar. Si
estaba obsesionada con su padre, estaba perdida para ellos. Pero ese era el tipo
de amor con el que una chica podía vivir.
Sonriendo al ver a Eilidh bajar a toda prisa los escalones de la entrada
hacia el patio, mis ojos pasaron por delante de ella para encontrar a Lewis.

253 Tan concentrada en encontrar a su hermano entre la multitud que no me


di cuenta de que el hombre se acercaba.
Cuando lo hice ya era demasiado tarde.
Cuando volví a prestar atención a Eilidh, acababa de cruzar la puerta
cuando el desconocido la abrazó, haciéndola gritar.
¿Qué demonios?
—¡Eh! —grité, presa del pánico, lanzándome hacia ellos.
Los ojos del hombre volaron hacia mí, salvajes y enloquecidos tras sus
gafas redondas mientras Eilidh golpeaba su cabeza y gritaba, pero juré que la
adrenalina me hizo volar a supervelocidad. Le grité que la soltara, y me dio un
revés tan fuerte que tropecé con el culo.
—¡Oye, tú! —oí gritar a Will, y me puse en pie, ignorando la punzada en
mi mejilla. Will se agarró al cabello del hombre, distrayéndolo lo suficiente como
para que yo pudiera apartar a Eilidh de sus brazos por la cintura. Le dio un
codazo en la nariz a Will justo cuando conseguí liberar a Eilidh, y se abalanzó
sobre ella de nuevo. La aparté por instinto y me puse entre ellos, tratando de
concentrarme más allá del desconcierto de que un completo desconocido
intentara robarme a mi hija delante de cientos de testigos.
—¡Atrás! —grité, apartándolo de un empujón.
Me agarró el brazo, intentando retorcerlo, pero las lecciones de Robyn se
pusieron en marcha. Le golpeé con la base de la palma de la mano la nariz. No
era lo suficientemente fuerte como para romperla, pero lo aturdió lo suficiente
como para aflojar su agarre. Al girar hacia Eilidh, ahora en los pequeños brazos
protectores de Lewis, me encontré con un doloroso tirón del hombro hacia atrás.
—¡Dámela! —rugió como un animal mientras me arañaba la garganta
desde atrás. El olor a whisky era abrumador—. ¡Dame a mi hija!
¿McClintock?
Oh, Dios mío.
Lanzando todo mi peso detrás de él, le hundí el codo en la cara y tropecé
hacia los niños mientras él gruñía y me soltaba. Fui consciente de los cuerpos
que se abalanzaban sobre nosotros, sobre él. Los otros padres nos protegían, así
que atraje a Eilidh y a Lewis hacia mi vientre, cubriéndolos tanto como pude con
mi cuerpo. Como un capullo. Un puño me golpeó en la sien, aturdiéndome
momentáneamente mientras oía a McClintock gritar de nuevo el nombre de
Eilidh.
254 Eilidh y Lewis sollozaban mientras se hundían en mí, mientras mi espalda
y mi cabeza recibían puñetazos y patadas mientras él intentaba abrirse paso a
golpes para atraparla. Ignoré el dolor, negándome a ceder. La cacofonía de los
que nos rodeaban se convirtió en ruido blanco.
Y entonces los golpes cesaron tan bruscamente como habían empezado.
—Regan, estás bien. —Michelle inclinó su cara hacia la mía.
Levanté la mirada y detrás de ella, sorprendida al ver a McClintock tirado
en el suelo, sujetado por Will y todas las madres sedientas.
Los niños lloraban a nuestro alrededor, muertos de miedo.
—Eilidh. Lewis. —Caí de rodillas mientras me rodeaban con sus brazos.
Mi cara y mi cuerpo palpitaban de dolor, pero no importaba. Estaban a salvo. El
alivio y la adrenalina me hicieron temblar tanto como a ellos. Intenté no llorar
de rabia porque McClintock les había dado un susto de muerte
—La policía está en camino. —Michelle me frotó el hombro para
calmarme—. ¿Sabes quién es?
—¡Eilidh! —se lamentó McClintock, mirándonos fijamente desde el suelo
donde Will y las señoras lo tenían inmovilizado—. ¡Mi hija! —Sonaba como un
animal herido.
Palidecí, sintiendo que todos nos miraban fijamente mientras mentía:
—No, no sé quién es.

Thane

Le costó todo lo que tenía no conducir como un loco todo el camino desde
Inverness hasta Caelmore. Matarse para llegar a casa con los niños y Regan no
le haría ningún bien a nadie. Pero la adrenalina que le recorría le hacía muy
difícil controlar el pie en el acelerador.
Lo único que le tranquilizaba era que Lachlan y Robyn estaban con ellos.
Sean McClintock había intentado secuestrar a Eilidh en la puerta de la
255 escuela.
Lachlan le había llamado. Su hermano había acudido a la escuela cuando
Jock le informó a través de Will de que McClintock estaba detenido en régimen
de arresto ciudadano mientras esperaban a la policía. Su hermano estaba allí
para ver cómo arrestaban al bastardo, pero Thane estaba esperando el contacto
de la policía. Se encargaría de encerrar a ese pedazo de mierda por esto.
Según Lachlan, si no hubiera sido por las rápidas acciones de Regan y la
ayuda de los otros padres, Sean podría haber escapado con Eilidh. La sola idea
le produjo un frío escalofrío. Thane aún no conocía los detalles. Lo que sí sabía
era que le debía a Regan más de lo que jamás podría devolverle.
Se detuvo en la puerta de su casa y sus pensamientos se centraron
únicamente en sus ocupantes. Atravesando la puerta, Thane se apresuró a
entrar en el salón principal, mareado de alivio cuando sus hijos saltaron del sofá
junto a Regan y Robyn y se abalanzaron sobre él.
Se arrodilló, apreciando cada centímetro de ellos antes de que se
abalanzaran sobre él. Físicamente estaban bien, pero mientras se aferraban a
Thane lloraban, y el sonido era insoportable. Se le llenaron los ojos de lágrimas
mientras los acercaba más a él, jurando que nunca más daría por sentado la
singular sensación de sus hijos abrazándolo. Thane les dio rápidos y
desesperados besos en la cabeza mientras sus lágrimas amenazaban con caer.
Una mano en el hombro le hizo levantar la cabeza y miró el rostro
preocupado de Lachlan.
—Estarán bien. Solo han tenido un susto —le aseguró su hermano.
Eilidh y Lewis se separaron de su abrazo, Lew se limpiaba las mejillas
mientras la cara de Eilidh se ponía morada de ira a través de las lágrimas.
—¡Ese hombre malo golpeó a ruru, papá!
A Thane se le subió el corazón a la garganta.
—¿Qué? —Se puso de pie, mirando desde la expresión tormentosa de
Lachlan hacia el otro lado de la habitación donde Robyn tenía su brazo alrededor
de Regan en el sofá.
Tenía un moratón en la rodilla y una bolsa de guisantes congelados
presionada en el ojo.
—Regan. —Se acercó a ella y los niños corrieron por la habitación antes
de que pudiera llegar a ella. Eilidh correteó hasta el sofá para apretarse contra

256
ella mientras Lewis tomaba asiento junto a su hermana, con la mirada seria
puesta en Regan.
Thane se acercó, consciente de que Robyn estaba a su otro lado, pero sin
poder apartar los ojos de Regan. Ella lo observó con recelo y levantó la cabeza de
los guisantes congelados. Tenía el pómulo derecho hinchado. Le saldría un
moratón.
Una rabia renovada lo inundó. Todos acababan de regresar de la unidad
de heridas leves de la cercana Golspie, pero Thane había supuesto que, después
de algo así, era rutinario que los revisaran a todos. Lachlan no había mencionado
que McClintock hubiera atacado a Regan.
El recordatorio de que Thane no podía estrecharla entre sus brazos y
enterrarle la cara en la garganta para poder sentir y oír su pulso acelerado, vivo
y sano, fue un golpe en las tripas. En lugar de eso, lo único que podía hacer era
ponerse en cuclillas ante ella y poner una mano reconfortante en su rodilla.
—¿Estás bien?
Ella le dedicó una sonrisa irónica.
—Eilidh está bien, así que yo estoy bien.
Por el sonido desagradable que Robyn emitió en el fondo de su garganta,
y por la forma en que sus ojos ardían, él pudo ver que ella no pensaba lo mismo.
Se volvió hacia Regan mientras esta lanzaba una mirada de sosiego a su
hermana, y notó el moratón en su sien.
—¿Qué...? —Cortó su maldición justo a tiempo mientras se estiraba para
apartarle el cabello. Apenas pudo oír por encima de la sangre que le corría por
los oídos, y preguntó—: ¿Qué ha pasado exactamente?
Regan apartó su mano y señaló sutilmente con la cabeza hacia los niños.
Sus ojos decían “más tarde”.
—Riri va a estar bien, ¿verdad, papá? —Eilidh lo miró fijamente con el
alma. Lewis tenía la misma expresión.
—Estoy bien. —Se giró, cambiando los guisantes congelados a su otra
mano para poder acercar de los niños a un abrazo de un solo brazo. Ambos
trataron de pegarse a su lado, y a él se le apretaron las tripas al ver lo
conmocionados que estaban todos.
Se levantó bruscamente, con una furia desatada que le quemaba las
terminaciones nerviosas.

257 McClintock iba a morir por esto.


—Robyn, ¿por qué no pides algo de comida? —Lachlan estaba de repente
a su lado, con la mano en el hombro de su hermano—. Voy a llevar a Thane
afuera por un minuto.
—No voy a dejarlos —gruñó Thane.
—Necesitas un minuto. Y yo necesito ponerte al corriente de lo que ha
pasado.
Miró a su familia. Regan levantó la barbilla, con expresión comprensiva.
—Ve. Estaremos bien unos minutos más.
—Los tengo —le aseguró Robyn.
Mientras seguía de mala gana a Lachlan al porche, soltó:
—Más vale que sea rápido.
Su hermano no le respondió. Condujo a Thane por la cubierta y por el
patio hasta su jardín.
—Lachlan, ¿a dónde vamos?
Miró a Thane por encima del hombro, con una expresión tan turbia como
la de Thane.
—Confía en mí.
A pesar de la furia impaciente que bullía en su interior, siguió a Lachlan
al interior de su casa y subió al gimnasio domestico que hacía que el de Thane
pareciera patético en comparación. Lachlan lo condujo hasta el rincón del saco
de boxeo.
—De Robyn. —Lachlan lo tocó—. Lo puse aquí para ella. Es donde deja
todo lo que la frustra. Lo usó mucho en los primeros días de la llegada de Regan.
Y será el primer lugar al que venga esta noche. —Sus ojos se oscurecieron—.
Una madre, Michelle Kingsley, nos dijo que McClintock agarró a Eilidh en la
puerta, pero Regan se abalanzó sobre él. Le dio un revés, y eso fue lo que atrajo
la atención de Will. Se acercó para ayudar y Regan consiguió liberar a Eilidh de
McClintock. Will fue golpeado y McClintock fue a por Eilidh de nuevo. Regan lo
golpeó, aturdiéndolo el tiempo suficiente para rodear con sus brazos a Eils y Lew,
protegiéndolos con su cuerpo. Fue entonces cuando los otros padres se
abalanzaron sobre él, pero el cabrón le propinó unas cuantas patadas y
puñetazos más en la cabeza y la espalda de Regan antes de que lo sometieran.
La imagen que creó su hermano hizo que Thane se enfermara de furia; al

258
mismo tiempo, le dolía el pecho de gratitud.
—No había forma de que hubiera atrapado a Eils —le aseguró Lachlan,
con los ojos brillantes de orgullo—. Regan habría muerto antes de dejar que eso
sucediera.
A Thane le costó tragar, con la garganta tan llena de emoción.
—La juzgué mal —admitió Lachlan en voz baja—. Quería creer en ella por
el bien de Robyn, pero siempre hubo una parte de mí que esperaba que nos
mostrara quién era realmente.
Pensó en Regan usando su cuerpo como escudo para proteger a sus hijos
y sintió que su corazón podría explotar.
—Esto es lo que realmente es —respondió con voz ronca.
Su hermano asintió.
—La pregunta es por qué necesitaba proteger a Eilidh. ¿Quién es
McClintock, Thane?
—El hombre con el que Fran tuvo una aventura —soltó entre dientes,
sabiendo que la verdad se desataría ahora, pasara lo que pasara.
Lachlan apartó la mirada un segundo, con el músculo de la mandíbula
crispado.
—¿Te engañó?
—Sí. Era un compañero de su escuela. Los atrapé unos meses antes de
saber que Fran estaba embarazada de Eilidh. Llevaba meses sucediendo.
—¿Y la perdonaste? ¿Por qué no me lo dijiste?
Al oír la incredulidad en la voz de su hermano, Thane se erizó.
—Era mi mujer y la madre de mi hijo. Tenía que intentarlo. Sobre todo
cuando me dijo que estaba embarazada de nuevo. Y no quería que la tratara de
forma diferente. La única persona que lo sabe es Regan.
Los ojos de Lachlan se abrieron ligeramente ante ese detalle, pero luego
pareció ocurrírsele algo más. Exhaló lentamente.
—¿Es Eilidh de McClintock?
—No —gruñó Thane.
—¿Has hecho una prueba de paternidad?
—No. No hace falta. —Thane dio un paso amenazante hacia su hermano—
. Es mi hija.
259 —¿Y si no lo es? —presionó Lachlan.
—Lachlan, hermano, a menos que quieras mi puño en tu cara en lugar de
ese saco de boxeo, no digas ni una palabra más.
Al darse cuenta de que Thane no podía ni siquiera contemplar la idea de
que otro hombre fuera el padre biológico de Eilidh, Lachlan lo dejó caer. Empujó
el saco de boxeo hacia él.
—Déjalo aquí. No puedes volver a la casa tal y como estás ahora. Estás
furioso. Y los niños necesitan que te calmes.
Siguiendo el consejo de Lachlan, Thane se encogió de hombros, se quitó el
jersey y la camisa que llevaba debajo y se llevó los puños a la cara. En lugar del
saco de boxeo, vio a McClintock. Vio a McClintock aterrorizando a sus hijos.
Golpeando a Regan. A Regan protegiéndolos mientras recibía golpes en la cabeza
y la espalda. Su rabia le inundó, y rugió mientras lanzaba un puñetazo
impulsado por su intensidad.
Para cuando lo peor de ella se agotó en él, el sudor empapaba su cabello y
su piel.
Con la cabeza inclinada y las manos en las caderas, Thane susurró,
tratando de ahogar las lágrimas, temblando por su fuerza.
—¿Y si no es mía?
Los brazos lo rodearon, y se vio envuelto en el abrazo de su hermano
mayor.
—Nos ocuparemos de ello... y no la perderás. No la perderemos. No dejaré
que eso ocurra. Cueste lo que cueste, Thane, lo digo en serio. Cualquier favor
que deba, cualquier palma que deba ser engrasada, leyes jodidamente rotas, lo
haré. Nadie te va a quitar a nuestra niña.
Thane apretó su mano, necesitando creer más que nunca que Lachlan
Adair pudiera hacer cualquier cosa que se propusiera.
260
261

Regan

—M
aravilloso —murmuré mientras me miraba en el espejo
que había sobre el lavabo del baño. Los chicos se
habían resistido a perderme de vista, pero mientras
estábamos sentados en el sofá esperando a que Thane y Lachlan terminaran lo
que estuvieran haciendo, sentí calambres en la parte baja del estómago.
Con todo lo que había pasado, había perdido la noción del tiempo, pero al
estar sentada allí me di cuenta de la fecha que era.
Excusándome en el baño anexo donde guardaba mis artículos de aseo y
demás, descubrí que mis sospechas eran correctas.
Mi periodo había llegado.
Perfecto.
No hay nada como tener una bolsa de guisantes congelados en la cara y
una almohadilla térmica en la barriga como representación visual de lo mal que
te estaba yendo el día.
Volviendo a entrar en la casa principal al igual que Thane y Lachlan, Thane
recorrió mi cuerpo con la mirada y volvió a subirla, con un ceño fruncido.
—¿Dónde estabas?
—Necesitaba algo —dije vagamente, sin querer anunciar a la sala lo de mi
periodo. Luego, al notar que tanto él como Lachlan se habían cambiado de
camisa y que el abello de Thane estaba mojado, fruncí el ceño—: ¿Dónde estabas
tú?
Su atención se dirigió a donde Eilidh y Lewis estaban acurrucados en el
sofá, viendo una película con Robyn. Cuando se volvió hacia mí, parecía tan
destrozado que deseé poder abrazarlo.
—Expulsando algo de mi ira.
A la mierda.
Me acerqué y lo rodeé con los brazos, apretando mi mejilla contra su
pecho, sin importarme una mierda lo que pensaran su hermano o mi hermana.
262 Para mi alivio, Thane cerró sus brazos alrededor de mí.
Apretados.
Respiró entrecortadamente.
—Gracias —susurró—. Lo que has hecho hoy... nunca podré pagártelo.
Levantando la cabeza, con el corazón en la garganta y probablemente
también en los ojos, le susurré:
—Nunca tendrás que agradecérmelo.
La mirada de Thane se dirigió a mi boca y, por primera vez desde el ataque,
no sentí la palpitación en mi mejilla. Todo lo que podía sentir era la promesa de
sus labios en los míos.
El timbre de la puerta sonó, rompiendo el momento. Ambos parpadeamos
rápidamente, la culpa me inundó al recordar dónde estábamos. Apartándonos el
uno del otro, capté los ojos de Lachlan por encima del hombro de Thane y
experimenté algo más que una punzada de preocupación ante la sospecha en su
expresión.
Antes de que nadie pudiera responder a la puerta, esta se abrió de golpe y
la voz de Arro se dirigió hacia nosotros.
—¡Hemos traído comida! ¿Dónde están mis bebés?
—¡Tía Arro! —Eilidh y Lewis se levantaron del sofá y corrieron a través de
la habitación para encontrarse con su tía cuando esta entró en la habitación con
Mac a sus espaldas. Sonrió y se arrodilló para abrazarlos, pero en cuanto no
pudieron verla, su expresión se llenó de angustia. Miró a Thane mientras los
abrazaba, y su hermano se acercó para apretarle el hombro para tranquilizarla.
—Comida —dijo Mac, con su propio semblante sombrío mientras colocaba
bolsas de comida para llevar en la isla. Para mi sorpresa, mi barriga rugió. No
creí que pudiera comer tan pronto después de lo ocurrido. Los ojos de Mac
captaron los míos y se centraron en mi mejilla—. ¿Estás bien? —Se acercó a mí
y, antes de que pudiera responder, me atrajo hacia su poderoso y reconfortante
abrazo.
Y así fue como pasamos las siguientes horas.
La familia cerró filas.
Distrajeron a los niños, haciéndoles reír cuando yo no creía que pudieran
hacerlo tan pronto, y nos alimentaron. Les estaba más agradecido de lo que podía
decir, sobre todo cuando dos policías llamaron a la puerta una hora después de

263
su llegada.
Para mi gratitud, Thane quiso que estuviera con él en su despacho para
hablar con ellos. Lachlan también estaba presente.
—Lamentamos interrumpir su velada después de un día como el de hoy,
señor Adair —dijo la agente que se había presentado como PC Diana Kerr—. Solo
queríamos ponerle al día sobre la situación del señor Sean McClintock, el hombre
que intentó secuestrar a su hija esta tarde.
Thane asintió con impaciencia.
El agente masculino, PC Brian Shanks, había estado mirando a Lachlan
con asombro todo el tiempo. Ahora que lo conocía, y como la gente de Ardnoch
estaba tan acostumbrada a él, había olvidado que Lachlan era famoso. El oficial
apartó por fin su atención de Lachlan ante el silencio y se encontró con que su
colega lo miraba sutilmente. El oficial giró la cabeza hacia nosotros, con una
expresión un poco avergonzada.
—Eh... ¿conocen al señor McClintock?
Quise alcanzar la mano de Thane. En lugar de eso, se la puse más
sutilmente en la espalda para recordarle que estaba allí para él. Estaba tenso y
caliente bajo mi contacto, pero también se inclinó hacia él.
—Era un compañero de mi difunta esposa.
Los agentes asintieron y el agente Kerr dijo:
—¿Sabe que la mujer y la hija del señor McClintock murieron hace dos
meses en un accidente de tráfico? El señor McClintock, al parecer, conducía el
vehículo en cuestión y sobrevivió, mientras que su mujer y su hija no.
Oh, Dios mío. Compartí una mirada incrédula con Lachlan, y él se restregó
una mano por la cara, visiblemente angustiado.
Thane inclinó la cabeza y exhaló una maldición antes de responder con
aspereza:
—No, no, no lo sabía.
Por eso también se había presentado en el trabajo de Thane.
—El señor McClintock está detenido mientras se presentan los cargos
contra él por intento de secuestro.
—¿Y si no quiero presentar cargos? —preguntó Thane con sorpresa.
El agente Kerr le dedicó una sonrisa compasiva pero tensa.
264 —Me temo que tenemos suficientes pruebas de los testigos, señor Adair,
para proceder con los cargos a pesar de todo. Si le preocupa, es libre de ponerse
en contacto con el fiscal mientras el caso avanza.
Thane asintió.
—De acuerdo. Gracias, agentes.
En la puerta, el agente Shanks dirigió a Lachlan una mirada algo
avergonzada.
—Espero que no lo importe que lo diga, teniendo en cuenta las
circunstancias, pero soy un gran fan de sus películas.
Lachlan le dedicó una sonrisa tensa.
—Es muy amable, gracias.
—Lamento sus problemas de hoy. —El agente asintió con simpatía y siguió
a su colega hasta el auto patrulla.
—Te juro que si te pedía un selfie le iba a pegar —gruñó Thane, con su
frustración palpable. Y los dos sabíamos que no se trataba del agente de policía
atraído por las estrellas.
Me volví hacia Lachlan.
—¿Puedes darnos un minuto?
Lachlan nos estudió y luego me dedicó un brusco asentimiento antes de
dejarnos solos.
Tomé la mano de un Thane algo aturdido y lo llevé de vuelta a su despacho,
cerrando la puerta para darnos intimidad.
—Joder. —Se encogió de hombros con incredulidad.
Lo estreché entre mis brazos como había querido hacerlo toda la noche,
presionando con besos sus mejillas, a través de la línea de su mandíbula
barbuda, mis dedos clavándose en sus hombros.
—Está bien —murmuré una y otra vez mientras sus brazos me rodeaban.
Enterró su cara en mi garganta con un gemido y me respiró. Suspiré al
sentir el contacto de sus labios cerca de mi pulso.
Nos quedamos así un rato.
Agarrados al otro.
Finalmente, Thane exhaló un fuerte suspiro y se enderezó. Estudió mi
rostro con esos hermosos y conmovedores ojos y me apartó el cabello de las
265 mejillas con suavidad, mientras su pulgar recorría los bordes exteriores del lugar
donde Sean me había golpeado. Cuando nuestros ojos se encontraron, me miró
con tanta ternura que mis labios se separaron con sorpresa.
¿Podría... sentir...?
Un golpe en la puerta del despacho nos separó segundos antes de que Arro
metiera la cabeza.
—La comida se está enfriando y los niños preguntan por ti.
Thane asintió, sin encontrar la mirada de su hermana mientras abría la
puerta.
—Bien, ya voy.
Lo vio marchar y luego se volvió hacia mí con el ceño fruncido.
—¿Estás bien?
Asentí porque no había nada más que hacer.
—Necesitas más hielo en esa mejilla. —Arro me tomó de la mano para
llevarme de nuevo a la cocina, donde procedió a madrearme casi tanto como
Robyn.
No me importó. En absoluto.
Y di gracias a Dios por todos ellos mientras nos reuníamos en el enorme
sofá después de la cena, con una película para Eilidh y Lewis mientras los
adultos hablaban de cualquier cosa menos de lo que había pasado.

Todo el mundo se fue antes de las nueve para poder acostar a Eils y Lew.
Robyn y Lachlan fueron los últimos en irse, y mi hermana era tan reacia a
dejarme, que Lachlan tuvo que sacarla de la casa a mansalva.
La única razón por la que se lo permitió fue por Thane.
—No quiero que duermas sola en ese anexo esta noche. Te quedarás con
nosotros —había ordenado Robyn.
—Ella se queda aquí —respondió Thane—. En la habitación de invitados.
Creo que los niños agradecerán que esté cerca esta noche.
Robyn no pudo discutir con eso. Me besó la mejilla buena, me abrazó con
fuerza mientras yo ignoraba los nuevos dolores en la parte superior de la espalda

266
y el costado derecho, y tomó la mano de Lachlan mientras él la guiaba hacia la
salida.
Una vez que todo el mundo se hubo ido, Thane y yo llevamos a los niños a
la cama, pero Eilidh y Lewis se volvieron a quedar callados. Nos turnamos para
arroparlos: yo con Eilidh primero y Thane con Lewis, y luego nos
intercambiamos.
—¿Y tú estarás al final del pasillo? —preguntó Lewis por segunda vez
cuando me levanté para irme.
Inclinándome, le besé la frente y le prometí una vez más que estaría.
Al encontrarme con Thane fuera de sus habitaciones, sacudió la cabeza y
susurró con cansancio:
—Acabo de mentirles a mis hijos.
—¿Preguntaron quién era? —adiviné, preguntándome cuándo lo haría uno
de ellos o ambos. Para ser honesta, pensé que habían mostrado una inmensa
moderación para no volver a preguntar antes. Habían preguntado en la escuela,
pero yo había evitado responder en medio del caos.
Thane asintió con tristeza.
—Les dije que solo era un hombre que había perdido a su familia y estaba
sufriendo. Que el dolor le hacía confundir quién era Eilidh. —Desvió la mirada.
Le acaricié la mejilla para que volviera a concentrarse en mí.
—No necesitan saber nada más.
—¿Y si lo saben?
Sabiendo a qué aludía, negué con la cabeza.
—Lidiaremos con eso si nos toca. —Me puse de puntillas para besarlo
ligeramente y murmuré que necesitaba recuperar algunas cosas del anexo. Cinco
minutos más tarde, subí las escaleras con una pequeña bolsa de cosas
necesarias y lo encontré esperándome.
—Voy a encender la alarma. —Me rozó con los dedos el estómago cuando
pasó junto a mí para bajar las escaleras. Nunca había agradecido tanto el
sistema de seguridad. Así las cosas, odiaba no poder dormir en los brazos de
Thane esta noche. No quería estar sola.
Pero esa no era la realidad, así que entré en la habitación de invitados, al
final del pasillo, la más fácil de limpiar de la casa, ya que solo había que quitar

267
el polvo y pasar la aspiradora. Después de lavarme los dientes, me puse el
camisón. Estaba a punto de dar la vuelta a las mantas de la cama cuando oí
detrás de mí.
—¿Qué estás haciendo?
El rudo susurro me hizo girar. Thane me miró con el ceño fruncido desde
la puerta.
—Me voy a la cama —susurré.
El hombre puso los ojos en blanco.
—No seas tonta. —Cruzó la habitación y tomó mi mano entre las suyas,
guiándome hacia afuera.
—¿Qué estás haciendo?
No contestó. Me arrastró a su habitación y cerró la puerta. Técnicamente,
esa fue su respuesta.
—¿Y los niños?
Thane se quitó la camisa prestada.
—Los despertaré antes de que se despierten ellos. —Abrí la boca para
discutir mientras él se bajaba la cremallera del pantalón del traje y me cortó—.
Regan, te necesito conmigo esta noche. Por favor, no discutas.
—Tengo la regla —le dije con pesar.
Thane frunció el ceño por encima del hombro mientras retiraba el edredón
de la cama.
—No se trata de sexo. Solo te necesito cerca.
Y así, me derretí en una pila metafórica de pegamento. Me necesitaba.
Ocultando mi sonrisa de vértigo, me metí en su cama y casi suspiré de alivio al
ver lo cómodo que era su colchón.
—Vuelvo en un segundo —murmuró antes de desaparecer en su baño.
A pesar de la mierda total del día, acurrucarse contra la almohada de
Thane, inhalando su aroma de las sábanas, era una fantasía hecha realidad.
Estaba en su cama. Invitada.
Y entonces mis ojos se toparon con la foto de él y su esposa en la mesita
de noche.
Todos los días pasaba por delante de las fotos de la galería de la planta
baja. No me molestaban. Eran de toda la familia de Thane. Y no podía borrar su

268
pasado con Francine sin borrar a Eilidh y Lewis, y la sola idea me dejaba sin
aliento. Además, aunque tenía problemas con que su esposa muerta lo
engañara, no querría borrarla. No solo por los niños, sino por ella. Eilidh y Lewis
eran suyos. Vivía en ellos. Y necesitaban estar rodeados de su memoria. No
querría quitarle eso a ella o a ellos nunca.
Pero la foto en su mesita de noche era diferente. No se trataba de Eilidh y
Lewis. Era por él.
Incluso después de su traición, obviamente la adoraba. Tanto así que,
todos estos años después, ella seguía durmiendo a su lado por la noche.
Los celos eran una emoción muy fea. Aún más fea cuando estabas celoso
de una mujer muerta.
Avergonzada, me di la vuelta, metiendo la mejilla buena bajo la mano y
cerrando los ojos contra el recuerdo de que, a pesar de que Thane me necesitaba
esta noche, nunca me querría así.
Una lágrima se escapó bajo mis ojos cerrados antes de que pudiera
detenerla.
—Oye, oye. —De repente, el colchón se deprimió y abrí los ojos para ver la
visión borrosa de Thane metiéndose en la cama conmigo—. Estoy aquí. —Me
atrajo hacia su cuerpo duro y cálido, besando mis lágrimas—. Se acabó.
Darme cuenta de que pensaba que estaba llorando por lo de hoy fue un
alivio. Así que lloré más fuerte, aferrándome a él, odiando la voz en mi cabeza
que me instaba con voz desagradable a disfrutar de su atención mientras
pudiera.
—Me estás matando —gimió, presionando un beso en mi cabeza—.
Debería haber estado allí.
Más vergüenza me inundó y sacudí la cabeza, enjugando las lágrimas.
—No, no, no te hagas eso. Estoy bien, estoy bien. Solo ha sido un día largo.
Y me pongo emocional cuando tengo la regla.
Su pulgar presionó suavemente bajo mi barbilla, obligándome a inclinar
la cabeza para mirarle.
—Por lo que parece, hoy has estado magnífica... y te lo agradezco mucho,
mo leannan. Pero nunca deberías haber estado en esa posición. Incluso sin saber
de la pérdida de Sean, debería haber sabido por su comportamiento ese día en
el estacionamiento que debía estar en alerta. Hasta el más mínimo indicio de
peligro para Eilidh o Lewis... debería haber sido más precavido.
269 —¿Cómo? —argumenté.
—No lo sé. Pedirle a uno de los miembros de seguridad de Lachlan que te
siguiera mientras yo investigaba a Sean. En lugar de enterrar mi puta cabeza en
la arena y esperar que desapareciera.
Incluso mientras le daba besos en el pecho para calmarlo, algo me rondaba
por la cabeza, empujando hacia adelante, haciendo que mi corazón latiera
rápidamente.
Al sentirme tensa, Thane preguntó:
—¿Mo leannan?
—Tengo que decirte algo. —Me puse en posición sentada y me obligué a
encontrar su mirada.
Él frunció el ceño con recelo.
—¿De acuerdo?
Respirando entrecortadamente, odié tener que explicarle a Thane lo
imbécil impulsiva que había sido, pero él tenía razón. Enterrar la cabeza en la
arena, esperando que Austin se fuera, era egoísta e irresponsable. No había
habido nada en meses, y Robyn dijo que Autry lo vigilaba periódicamente... pero
él... Thane debía saber de su existencia. Por si acaso.
En voz baja para no despertar a Eilidh y a Lewis, le hablé sobre el viaje de
mochilera, el grupo de amigos, la aventura impulsiva de una noche y el acoso
que siguió.
Una vez, quizá a las cuatro o cinco semanas de trabajar como niñera de
Thane, me preguntó por qué nunca me veía en mi teléfono, en las redes sociales.
—Creía que tu generación no podía existir sin ellas —se burló. Le había
dado una vaga respuesta de mierda. Ahora le dije la verdad.
—Tuve que borrar todas mis redes sociales. Mi correo electrónico. Bloquear
mi número. Cuando vivía en California, era como un fantasma. —Sonreí con
infelicidad—. Pero no echo de menos hablar con gente a la que realmente no le
importo. O revisar mis seguidores o me gustas. Y no solo porque lo mantiene
fuera de mi vida, sino porque... no necesito la validación como cuando era más
joven. —Tengo todo lo que necesito cuando estoy contigo.
Thane me estudió, con los ojos brillantes de preocupación, mientras yo
seguía contándole lo de salir con el imbécil de Maddox, y el regreso de Austin y

270
su espeluznante y sigiloso acecho en la cafetería.
—Pero desde que estoy aquí, nada. Robyn lo sabe, y su amiga policía lo
vigila. —Le tomé la mano, apretando, esperando que me perdonara—. No dije
nada por todo lo que pasó con Lucy y Lachlan. No está al mismo nivel, y por eso
pensé que era estúpido preocuparte. Pero veo que fue egoísta ocultártelo. Tienes
que saber estas cosas por el bien de los niños. Lo siento.
Sacudió la cabeza y suspiré aliviada mientras me estrechaba entre sus
brazos.
—Está bien, no pasa nada. Al menos no te lo has guardado para ti, se lo
has contado a Robyn. Eso es bueno, Regan. Me alegro. Solo lamento que hayas
tenido que pasar por eso.
—¿No estás enfadado conmigo?
Thane emitió un sonido ronco que era mitad diversión, mitad dolor.
—Hoy has protegido a mi hija como si fuera tuya, mo leannan. Podrías
escaparte por la noche con todo mi dinero y no podría enfadarme contigo.
Dios, lo amaba. Tenía un corazón tan grande. Acariciando su pecho, donde
dicho corazón latía un poco rápido por dentro, le pregunté, quizá por centésima
vez:
—¿Qué significa ma le-ow-nin?
Se quedó callado un momento mientras me acariciaba la parte superior
del brazo con las yemas de los dedos.
—¿Importa el significado?
Su pregunta me detuvo mentalmente.
Cuando utilizó el apelativo que yo estaba segura de que era gaélico, su voz
se volvió más suave, su tono más tierno.
Sonreí al darme cuenta.
—No. Me acurruqué más en él—. No importa.
271 Thane

Dos horas más tarde, Thane se despertó de un sueño ligero por cuarta vez.
Su corazón se aceleró demasiado. Regan se había zafado de sus brazos mientras
dormía y se había tumbado de espaldas, con el pecho subiendo y bajando
suavemente. Aun así, no pudo contener el impulso de presionar ligeramente con
los dedos el pulso de su garganta.
Aliviado al sentir el suave y constante latido, se deslizó fuera de la cama
mientras ella dormía y comprobó cómo estaba Lewis. Su hijo estaba dormido,
sus suaves ronquidos eran música para los oídos de Thane. Luego comprobó
cómo estaba Eilidh. Por lo general, ella se desperezaba como lo hacía Regan
ahora en su cama. Pero esta noche, como si su subconsciente aún la tuviera
atenazada por el terror de hoy, su pequeña bichito estaba acurrucada en un
ovillo protector.
Con la garganta llena de demasiadas emociones para nombrarlas, Thane
se sentó en la cama y le cantó suavemente al oído. Cuando era un bebé, era lo
único que la hacía dormir. Al cabo de un rato, su cuerpecito se relajó y se puso
de lado, con sus pequeños dedos tocando la rodilla de él.
Él le cubrió la mano y se la llevó a los labios, dándole un beso en el dorso.
El miedo no se parecía a nada de lo que había experimentado.
¿Y si no era suya?
Es mía, se enfureció en su interior. Ningún papel podría decirle lo
contrario. Con o sin sangre, Eilidh Francine Adair era su hija, y lucharía hasta
la muerte por ella si fuera necesario.
Un crujido cerca de la puerta le hizo levantar la cabeza. Regan estaba en
la penumbra.
—¿Está bien? —Apenas oyó su pregunta, tan silenciosa.
Besando la mano de Eilidh por última vez, la dejó suavemente en la cama
cerca de su pequeña y regordeta mejilla y se levantó lentamente para no
despertarla.
Tiró de la puerta hasta casi cerrarla y luego deslizó una mano alrededor
de la cintura de Regan. Mientras la llevaba en silencio de vuelta a la cama, ignoró
la sensación de corrección que se apoderó de él.
No era su esposa ni la madrastra de Eilidh y Lewis.

272 No era permanente, se recordó.


Así que, antes de dejar que se durmiera, la hizo girar sobre su espalda y
la besó hasta que ambos se quedaron sin aliento.
Otro recuerdo para mantenerlo caliente cuando ella se fuera.
273

Regan

T
hane no quería que volviera al anexo. Cómo sería el aspecto que
tendría para Eilidh y Lewis. Les encantaba la idea de que estuviera
tan cerca, pero como Thane seguía manteniendo las distancias
cuando no estábamos solos, no estaba segura de si debía meterme más en la
vida de los niños.
¿A quién quería engañar?
Era lo más profundo que se podía hacer sin estar casada con su padre.
La mera idea me hizo temblar el pulso, así que me lo quité de la cabeza
inmediatamente.
Me centré en el romance histórico de mi libro electrónico. Durante la
última semana, me había acostado en la habitación de invitados, solo para que
Thane se colara cuando se aseguraba de que los niños estaban dormidos.
Todavía tenía la regla, así que no hacíamos más que abrazarnos, y cuando me
despertaba por la mañana, él ya se había ido. Mientras le esperaba cada noche,
leía.
Cuando tenía un día o una semana (o un mes) agotadores, me gustaba
releer mis libros favoritos. Había algo reconfortante no solo en un final feliz, sino
también en pasar por la angustia emocional de la relación de una pareja,
disfrutando de su dolor y su pasión, porque ya sabías cómo acababa. Las novelas
románticas eran mi versión de la comida reconfortante, pero mejor porque tenían
sexo caliente y fantástico.
Bueno, lo que yo creía que era fantástico hasta que llegó Thane. Sonreí
con suficiencia. Cuando llegué a una escena sexy de la novela, se despertó un
cosquilleo caliente entre mis piernas.
—¿Qué estás leyendo?
—¡Oh! —me sobresalté.
Thane estaba de pie sobre la cama, con los brazos cruzados, sonriéndome.
Ni siquiera le había oído entrar.
—Sea lo que sea, estás absorta.
274 Le devolví la sonrisa, feliz de ver su sonrisa. Se había reído con los niños
durante toda la semana para que las cosas fueran normales para ellos, pero
había estado sombrío de preocupación cuando estábamos solos.
—Un libro. —Volví a colocar el edredón al otro lado de la cama y di unas
palmaditas en el colchón.
Quitándose la camiseta, Thane rodeó la cama, sin apartar sus ojos de los
míos. A pesar de la proximidad de diciembre y de la amarga introducción de este
mes a un invierno de las Tierras Altas, la casa de Thane siempre estaba a una
temperatura agradable. Y siempre tenía un poco de calor.
En más de un sentido.
Lo echaba de menos.
Y mi periodo había terminado.
Pero no estaba segura de que hubiera nada físico entre nosotros mientras
estuviera bajo su techo.
—¿Es un romance histórico? —Se metió en la cama a mi lado y me rodeó
el hombro con un brazo para atraerme a su lado. Mientras tanto, miraba con
curiosidad mi lector electrónico.
Le sonreí.
—Te has acordado de que me gustan.
Asintió y sus ojos se clavaron en los míos.
—Vamos a echar un vistazo, entonces.
Sintiéndome mal por lo que iba a leer, me mordí el labio y le tendí el lector
electrónico. El cosquilleo entre mis piernas creció con insistencia al ver que sus
cejas se alzaban mientras leía. La mano de Thane se deslizó desde la parte
superior de mi brazo hasta rodear mi cintura, y mientras sus ojos se movían por
la pantalla, dicha mano se apretó contra mi estómago.
El calor me lamió el interior de los muslos y tragué con fuerza, con la boca
repentinamente seca.
—¿Qué te parece?
Thane habló mientras seguía leyendo, con voz ronca.
—Es... joder... es...
—¿Excitante? —suplí.
Me miró, moviendo los labios.
275
—Muy excitante. ¿Así es como te excitas?
Entrecerré los ojos ante su burla.
—No se trata solo de sexo.
—¿Ah, sí?
—No. —Señalé con el lector electrónico—. Son divertidas y románticas, y
las heroínas son fáciles de entender, y a veces incluso me hacen sentir que no
estoy sola. Las novelas románticas pueden ser ingeniosas y emotivas y hacerme
llorar, pero de una forma genial y catártica.
Me estudió intensamente, su mirada se agudizó ante mis palabras.
Al darse cuenta de que estaba desviando la conversación hacia donde
quería, sonreí.
—Y el sexo... La gente lo llama obscenidad o porno para mamás, pero hay
diferentes tipos de romance. Esas cosas están muy bien, pero a mí me gustan
aquellas en las que el romance, la conexión entre la pareja, es lo que hace que
el sexo sea tan caliente. Y es el sexo a través de los ojos de una mujer. Es el tipo
de sexo con el que fantaseamos.
Al oír esto, Thane frunció el ceño y volvió a mirar la pantalla del lector
electrónico. Incluso a través de su barba, pude ver un tic muscular en su
mandíbula. Le pasé una mano por la cara, adivinando dónde estaban sus
pensamientos. Inclinándome, apreté mis pechos contra él y le susurré cerca de
la oreja:
—Tñu haces realidad mis fantasías sexuales.
Se giró para mirarme a los ojos; los suyos se oscurecieron de deseo.
Sonreí y señalé con el lector electrónico.
—Esto es solo el aperitivo de estos días mientras espero que vengas a mí.
—¿Los lees todas las noches antes de que venga a ti?
—No siempre, pero a menudo sí.
Su mirada se dirigió a mi boca y luego a mi pecho. Inhaló bruscamente al
ver mis pezones duros contra la seda, su mano en mi estómago apretando la tela
y apretándola involuntariamente.
—Cuando dices aperitivo... ¿te refieres a que estos libros te mojan?

276 Mi respiración se aceleró al ritmo de su franqueza.


—A veces.
—¿Estás mojada ahora mismo? —Su otra mano se sumergió bajo el
edredón y me estremecí al sentir el contacto de sus dedos deslizándose por mi
muslo. Cuando llegó a mi centro, pasando por encima de mi ropa interior, sus
rasgos se endurecieron de deseo—. Eso sería un sí, entonces.
Me arqueé hacia él. El lector electrónico cayó de mi mano mientras él
jugaba conmigo con precisión.
Conocía mi cuerpo tan bien como el suyo.
—Mo leannan —gimió Thane mientras me besaba. Se revolvió dentro de mí
y pude sentir cómo palpitaba de necesidad.
—¿Y los pequeños? —Jadeé mientras sus labios esparcían besos por mi
garganta y él tiraba de los tirantes de mi camisón por los brazos para llegar a
mis pechos.
Thane me miró, su aliento en mi duro pezón me hizo estremecer contra
sus dedos.
—Necesito follarte o voy a perder la cabeza. Tendremos que ser silenciosos.
—Estoy tomando la píldora —solté—. Y yo... me hice un chequeo de salud
hace un tiempo. Después de Maddox... no hubo nadie después de él, hasta ti.
Los ojos de Thane brillaron, claramente feliz con la idea de no tener
barreras.
—Estoy limpio. No ha habido nadie más que tú durante más tiempo del
que me importa decir. Así que supongo que ambos vamos a tener que esforzarnos
por estar callados.
Lo intenté. Mientras me besaba y hacía el amor en cada centímetro de mí,
jadeaba detrás de mi mano y me tragaba los gritos que querían escapar. Incluso
con su cabeza entre mis muslos, con su lengua lamiendo y chupando hasta el
orgasmo, me tapé la boca con una mano y amortigué mi liberación. Incluso al
sentirlo, pesado y poderoso sobre mí, deslizándose en mi interior, perfecto y
grueso y exactamente lo que necesitaba, reprimí mis jadeos.
Pero cuando de repente se retiró para ponerme bruscamente sobre manos
y rodillas, y me agarró por la nuca para susurrarme al oído lo duro que le ponía,
cómo no podía saciarse de mí, usando palabras sucias y sexuales que nunca
había usado antes, me volví loca. Tan salvaje y juguetón como era Thane en la
cama, no era hablador.
277 Estaba representando la escena de mi novela romántica.
El amor y la pasión explotaron dentro de mí, y tuve que enterrar mi cara
en el colchón, mis dedos arañando las sábanas porque mi grito de liberación era
imparable.
—J... j... —balbuceó Thane mientras me corría con fuerza a su alrededor.
Su agarre en mis caderas se volvió contundente cuando alcanzó el clímax con
un grito ronco, estremeciéndose contra mi culo incluso cuando se desplomó
sobre mí—. Qué coño, qué coño —murmuró sin aliento contra mi hombro.
La sangre me latía en los oídos mientras bajaba de la liberación, y maullé
cuando Thane se retiró. Me giré y abrí la boca para hablar, pero él se colocó
encima de mí y me puso un dedo en los labios, con los ojos muy abiertos en la
puerta de la habitación.
Mi corazón se detuvo al darme cuenta de que Thane había llegado al
clímax.
Esperamos, con los oídos aguzados, tratando de oír por encima de
nuestras pulsaciones aceleradas.
Finalmente, su mirada se dirigió a la mía.
—Creo que estamos bien —susurró.
—Has hecho mucho ruido —advertí, sonriendo con suficiencia.
Thane me devolvió la sonrisa.
—No se podía evitar. Nunca he sentido nada igual cuando te has corrido.
—Se tumbó a mi lado en la cama, con aspecto un poco aturdido mientras me
abrazaba a él.
—Nunca he sentido nada igual. —Acaricié su piel húmeda y el rastro de
felicidad que seguía un camino hacia uno de mis atributos físicos favoritos de él.
La mano de Thane se movió por debajo de mi brazo para acariciar mi
pecho.
—Creo que te has llevado todo lo que tenía.
Me reí, apoyando la barbilla en su pecho. Nos sonreímos el uno al otro,
mareados por las endorfinas.
—Debería limpiarme —susurré.
—Y creo que tengo que decirle a todos los hombres que conozco que
278 enganchen a su pareja a las novelas románticas.
Me levanté y me senté a horcajadas sobre él para arrastrarme por la cama
hasta el baño. Me detuve y me incliné para rozar mis labios sobre los suyos.
—La mayoría solo se aprovecharían de que su pareja estaba excitada... no
se esforzarían por recrear la fantasía. Fue tan excitante que nunca, nunca lo
olvidaré.
Algo brilló en sus ojos, algo sombrío, algo que no me gustó, pero lo ocultó
mientras me atraía más hacia el beso. Ante el repentino impulso de decirle que
lo amaba, lo besé con más fuerza, ahogando las palabras.
Thane gimió y me puso de espaldas, y tuvimos que volver a callarnos.
279

Regan

A
la mañana siguiente me desperté y Thane se había ido, como
siempre.
Y, como siempre, lo odié.
Ignorando el dolor ahora constante en mi corazón, que solo
se aligeraba cuando estábamos juntos, me preparé para el día como de
costumbre. A pesar de las noticias de que Sean McClintock había ingresado
voluntariamente en rehabilitación, Lachlan tenía a dos de sus hombres de
seguridad vigilándonos a mí y a los niños allá donde fuéramos. Cualquier cotilleo
que pudiera haber surgido a raíz de que Sean gritara que Eilidh era su hija se
cortó cuando se supo que era un viejo conocido y un padre afligido que se había
centrado en Eilidh porque tenía una edad cercana a la de su hija.
En cuanto a las madres sedientas (a las que ahora me sentía culpable por
llamar madres sedientas), habíamos llegado a un acuerdo. Creo que yo había
subido en sus estimaciones, y ellas ciertamente habían subido en las mías
cuando se apresuraron a defenderme. Ahora eran solo Michelle, Ava, Laura y
Heather. Nunca seríamos cercanas, pero ahora intercambiábamos saludos y
sonrisas amistosas en las puertas. Will bromeó que era un milagro de Navidad.
El vigésimo noveno cumpleaños de Robyn, que se celebraba el día 8, nos
daba otra excusa para invitar a todos a cenar sin alertar a los niños de que
seguíamos cerrando filas. Pero sabía que Arro y Mac estaban tan preocupados
como todos nosotros y querían permanecer cerca. Al igual que Lachlan y Thane,
Robyn no era de las que celebran su cumpleaños, así que planeamos invitar a la
familia (más Eredine, que contaba como familia) a nuestra casa una semana
después del miércoles.
Esa noche habíamos acostado a los niños, y yo estaba acurrucada en el
sofá, con un bolígrafo y un cuaderno en la mano, calculando qué platos favoritos
de Robyn quería cocinar la semana siguiente y, por tanto, qué ingredientes
necesitaría. Thane estaba un poco más lejos en el sofá de lo que me gustaría,
pero habíamos llegado a un acuerdo silencioso de no acurrucarnos demasiado,
incluso cuando Eilidh y Lewis estaban en cama, por si alguno de ellos se
despertaba y bajaba.
280 Golpeando mi bolígrafo en pensamiento, levanté la vista para encontrarlo
mirándome a mí en lugar de a la televisión. No pude leer bien su expresión, pero
me gustó que me mirara.
—Hola —dije suavemente con una sonrisa.
Su semblante pasó de pensativo a tierno.
—Hola.
Quise arrastrarme por el sofá hasta su regazo, y Thane debió de ser capaz
de leer el deseo porque murmuró un arrepentido “Lo sé”.
Pues díselo a todo el mundo, quise decir. Que se jodan. No estamos
haciendo nada malo. Somos adultos. Pasan cosas. Hay sentimientos.
Parecía tan obvio.
Que no fuera obvio para Thane era un recordatorio de que lo que yo era
para él, no lo era para siempre. Sabía que yo era algo más que sexo para él. No
tenía ninguna duda, especialmente después de la última semana. Pero no era
amor. Claramente.
Lo cual era devastador, teniendo en cuenta que sabía con certeza que
nunca amaría a nadie como amaba a Thane Adair.
—¿Qué pasa? —preguntó Thane, frunciendo el ceño.
Al darme cuenta de que mi expresión podría delatarme, me encogí de
hombros y sonreí con despreocupación.
—Nada. Solo me preguntaba si tienes un segundo nombre. En el boletín
de notas de Lewis he visto que el suyo es Stuart. Por tu padre, ¿no?
—Sí. Todos los hombres Adair vivos tienen Stuart como segundo nombre.
—Se señaló—. Thane Tavin Stuart Adair.
Esta vez sonreí genuinamente porque le sentaba de maravilla tener dos
segundos nombres.
—Muy distinguido.
Me dirigió una falsa mirada de reproche.
—Lachlan es Lachlan Lennox Stuart Adair. Brodan Bryce Stuart Adair.
Arran Alexander Stuart Adair. Y Arrochar es Arrochar Vivien Adair en honor a
nuestra madre. Ella fue la única que se libró del temido doble nombre.
—¿Así que por eso Lewis y Eilidh solo tienen un segundo nombre? —Había

281
observado que el segundo nombre de Eilidh era Francine, en honor a su madre.
Asintió.
—¿Tú tienes un segundo nombre?
Sonreí.
—Sí lo tengo. Y no es uno fácil de adivinar.
—¿Cuál es?
—Me llamo como mi bisabuela. Como sabes, los Penhaligon somos de
estirpe córnica, y tengo un segundo nombre muy córnico. —La verdad es que me
gustaba—. Es Demelza. Regan Demelza Penhaligon.
Thane me consideró por un momento.
—Es hermoso. Y te queda bien.
Parecía una conversación rara y tonta sobre segundos nombres, pero a
raíz de los sentimientos que había tenido antes de ella, me sentí repentinamente
claustrofóbica. Atrapada por un futuro que Thane ya había determinado que no
tendríamos juntos.
Nunca me presentaría en un altar y diría “Yo, Regan Demelza Penhaligon,
te tomo a ti, Thane Tavin Stuart Adair, como mi legítimo esposo”.
Y me dolió mucho.
Como el ángel que empezaba a creer que era, Arrochar volvió a demostrar
su perfecta sincronización. Su tono de llamada en el teléfono de Thane cortó el
aire. Había estado a segundos de dejar que mis sentimientos estallaran antes de
que ella me salvara.
Thane frunció el ceño ante lo que Arrochar dijo al final de la línea.
—No creo que sea una buena idea... —Suspiró—. Sé que lo hacen todos
los años, pero no…
—¿Qué es? —pregunté.
—Arro, espera un segundo. —Thane soltó otro suspiro mientras silenciaba
su teléfono—. Ayúdame a encontrar una forma diplomática de decirle a mi
hermana que no.
Fruncí el ceño.
—¿A qué?
—Todos los años, Eilidh y Lewis pasan el primer fin de semana de
diciembre en casa de Arro. La ayudan a colocar los adornos navideños y a ver
282 películas de Navidad. Les encanta porque ella decora pronto. No tan temprano
como Robyn, claro. —Juzgó suavemente.
—Oye, sacrificamos Acción de Gracias por vivir aquí, amigo, y es cuando
tradicionalmente ponemos el árbol. Para ustedes, extraños montañeses, es raro.
Para los americanos es perfectamente razonable.
Los labios de Thane se movieron con diversión ante mi defensa de mi
hermana, que había decorado su casa el fin de semana pasado.
—Bien. Pero sigo sin querer que los niños pasen una noche lejos de mí.
Sinceramente, yo tampoco.
—Solo dile que no.
—¿No estoy siendo poco razonable?
—Tal vez. Pero eres su padre. Se te permite serlo.
Me dirigió su mirada de “quiero besarte” y tuve que morderme el labio para
no sonreír. Desactivó el teléfono y se lo acercó a la oreja.
—Lo siento, Arro. Es que este año no me siento cómodo... Ajá... ¿Mac? ...
Bueno, ¿estaría allí toda la noche? —Volvió a silenciar el teléfono—. Dijo que
puede convencer a Mac para dormir en el sofá.
Asentí, recordando lo que creía haber presenciado el fin de semana de
cumpleaños en su casa hace unas semanas, preguntándome si realmente
dormiría en el sofá. En cualquier caso, estaría allí, y el resto no era asunto mío.
Pero sería realmente travieso por parte de los hermanos Adair si estuvieran
simultáneamente jodiendo con alguien complicado y fuera de su edad. Ahora
que lo pienso, había el mismo número de años entre Arro y Mac que entre Thane
y yo. Huh. De acuerdo.
Jesús, Mac tuvo a Robyn muy joven.
—¿Regan?
—¿Hmm? —Parpadeé para salir de mis pensamientos caprichosos.
—¿Qué piensas? ¿Sobre Mac?
—Uh. Sí, creo que funciona.
—¿Seguro?
—Sí.
Thane lo consideró un momento y luego volvió a ponerse el teléfono en la
oreja.
283 —Muy bien, entonces. —Frunció el ceño, y oí que su voz se elevaba un
poco al otro lado de la línea—. No estoy siendo machista... no, no es eso... Si
hubieras dicho que Robyn se quedaba contigo también habría aceptado
entonces. No se trata de ser un hombre, Arro.
—Se trata de ser rudo —murmuré. Porque, admitámoslo, mi hermana era
ruda.
—Exactamente —coincidió Thane conmigo—. No, estaba hablando con
Regan... Sí, ella está de acuerdo... Arro, te quiero, pero estoy cansada y no quiero
discutir sobre semántica. Eilidh y Lewis pueden quedarse contigo si Mac está
allí, y no me importa si eso me convierte en un imbécil. Lo único que me importa
es sentirme cómodo con la idea de que mis hijos se queden en algún lugar que
no esté bajo mi techo. La presencia de Mac me hace sentir cómodo. —Su
expresión se suavizó—. Gracias... sí... los dejaré... o puedes recogerlos... Sí, está
bien... Bien... sí... te quiero yo también. —Colgó y me miró—. Hermanas.
Sonreí.
—No la cambiarías por nada del mundo.
Thane gruñó, pero yo sabía que tenía razón.

Thane

Poniéndose en cuclillas, Thane atrajo a Eilidh entre sus brazos y le apartó


mechones de la cara.
—¿Estás emocionada por quedarte con la tía Arrochar?
Solo quería estar seguro, ahora que estaba sucediendo, de que sus hijos
realmente estaban bien con estar fuera de su techo por primera vez desde el
ataque de McClintock.
Resistente como siempre, Eilidh sonrió.
—¡Vamos a poner el árbol y a hornear galletas y a ver películas de Papá
Noel y y la tía Arro dice que este año podríamos ver Pesadilla de Navidad!
Comprendiendo que se refería a la película, Thane miró a su hermana que
284 bromeaba con Lewis. Miró a Mac, que lo observaba con su habitual intensidad.
Mac Galbraith lo vio todo. Mac sacudió la cabeza como si dijera “No les dejaré
verla”, pero Thane quería que le quedara claro a Arro.
—Arro —dijo, llamando su atención—, no van a ver esa película.
Su hermana prácticamente hizo un mohín.
—Pero es mi favorita, y seguro que ya son mayores. Lachlan me dejaba
verla cuando tenía la edad de Eilidh.
—Y luego tuvo que dejarte dormir en su cama esa noche porque tenías
pesadillas.
Ella frunció el ceño.
—No recuerdo eso.
—Pues yo sí. Otros cinco años.
—Cinco años. —Lanzó una mirada a Mac y lo que vio en su rostro, suspiró
y se volvió hacia Thane—. Cinco años —prometió decepcionada.
—Pero quiero verla, papá. —Eilidh frunció el ceño y luego le puso la voz de
monstruo—. Ahora.
—No —le gruñó él, y luego fingió morderle la cara y el cuello y le hizo
cosquillas con la barba y los besos hasta que sus carcajadas resonaron por toda
la casa. El mejor sonido del maldito mundo.
Olvidada la película, Thane abrazó a Lewis y le dio un beso en la cabeza.
—Pórtate bien. —No es que su hijo fuera otra cosa. Lew era su angelito
serio y Eilidh su encantador diablillo.
—Estarán bien —le aseguró Arro mientras Mac llevaba a los niños a la
cocina para empezar a hornear.
—Es bueno que Mac haga esto. Se lo agradeceré más tarde.
—No es una dificultad para él —dijo Arro a la defensiva.
Thane asintió.
—Lo sé. Le encantan los niños.
Sonrió.
—Ya.
—¿Eh?
—Nada. —Ella lo atrajo hacia sus brazos y le dio un apretón—. Ve. Disfruta
285 de tu noche libre. Tómate un whisky con Lachlan o algo así.
Mientras Thane subía a su auto unos segundos más tarde y conducía de
vuelta hacia Caelmore, estaba agitado, pero sabía que dejar a los niños con Arro
era lo correcto para ellos. Tenían que seguir actuando con normalidad, o
pensarían que todavía había algo por lo que preocuparse.
Una distracción, pensó. Necesitaba una distracción.
Y sabía exactamente qué tipo de distracción era.
Por primera vez desde que comenzó su aventura, Thane y Regan tenían la
casa para ellos solos. Podían ser ruidosos. Y planeaba darle a Regan muchas,
muchas razones para ser muy ruidosos.
Dejando que su mente vagara por la mujer de su vida, por las frustraciones
de tener que frenar su instinto de buscarla durante todo el día, por las
preocupaciones de que les quedaban menos de dos meses antes de que su visado
terminara, Thane se concentró en una cosa: hacer de esta noche una noche que
ella nunca olvidara.
Una posesividad casi salvaje se apoderó de él.
—Hola. —Regan se volvió hacia él desde la mesa del comedor cuando entró
en la casa—. Solo estoy poniendo la mesa... —Sus siguientes palabras fueron
tragadas por el beso de él.
Sabía a chocolate. A veces la veía comer a escondidas un trozo antes de la
cena, pero nunca delante de Eilidh y Lewis. Quería ser un buen ejemplo. Siempre
pensando en ellos, amándolos, protegiéndolos. A él también. Y en menos de ocho
semanas, ella se iría. Y él sentiría su pérdida más profundamente de lo que podía
admitir a sí mismo la mayoría de los días.
Apartando de su mente la dolorosa inevitabilidad del futuro, Thane la besó
con más fuerza y Regan gimió, con su lengua acariciando la de él.
Y Thane se perdió.
Su beso se volvió hambriento a medida que la desesperación se apoderaba
de él, y presionó su cuerpo a lo largo de la longitud de ella. La agarró por el culo,
acercándola, y su excitación se tensó contra su vientre. Su mano se deslizó por
la parte posterior de su muslo y levantó una pierna contra su cadera para poder
estar donde necesitaba estar, cómodamente entre sus piernas.
Joder, le encantaban sus vestiditos, pero odiaba las malditas medias que
llevaba con ellos.

286 —Thane —jadeó ella, rompiendo el beso. La cabeza de ella se echó hacia
atrás y sus ojos se agitaron con la sensación de que él la empujaba. Sus mejillas
se sonrojaron mientras gemía y clavaba las manos en sus hombros. Flexionó sus
caderas contra las de él y sus terminaciones nerviosas se encendieron.
Necesitaba estar dentro de ella. Ahora.
Sabiendo que ella respondía salvajemente a él cuando era brusco, Thane
dio un paso atrás, pero solo para hacerla girar y doblarla sobre la mesa de la
cocina. La lujuria era una niebla en su mente mientras ella gritaba. La agarró
por la nuca y la presionó contra la mesa mientras con la otra mano le subía el
vestido y le rasgaba las medias.
Ella se empujó contra él como si quisiera levantarse.
—Quédate abajo —dijo él con un jadeo mientras se bajaba la cremallera.
Regan se estremeció bajo él, gimiendo. Volvió a empujar hacia arriba y él
supuso que se estaba arqueando hacia él, dispuesta a recibirlo.
Recordando lo mucho que reaccionó cuando le sujetó las muñecas en la
cama, volvió a presionarla y se introdujo entre sus piernas.
—¡No! —gritó ella de repente, empujando con fuerza contra él—. ¡No! —
Esta vez la palabra se rompió en un sollozo.
Su pánico equivalió a diez cubos de hielo sobre su cabeza y su cuerpo.
Thane la soltó, pero se acercó suavemente a ella; sus sollozos lo atravesaban.
Sintió como si tuviera cuchillas de afeitar en la garganta mientras ahogaba un
ansioso:
—Mo leannan.
Pero Regan le empujó las manos, llorando, con la cara roja y llena de
lágrimas.
Thane retrocedió por completo. Regan se levantó de la mesa y pasó
corriendo a su lado escaleras arriba.
Con el pecho agitado mientras intentaba recuperar el aliento, con el pulso
acelerado, Thane trató de averiguar qué demonios había salido mal tan rápido.
Ya había sido duro con ella; ella le había dicho que le encantaba que perdiera el
control. La había agarrado de manos y rodillas muchas veces... incluso la había
atado.
Thane miró la mesa.
Siempre en la cama.
287 Nunca habían tenido sexo en otro lugar que no fuera la cama.
El miedo se agitó en sus entrañas.
La había provocado.
Y alguien iba a morir, joder, si era por la razón que él temía.

Regan

El pánico me arañó la garganta y no pude recuperar el aliento. El recuerdo


me había golpeado como un rayo en cuanto Thane me empujó contra la mesa y
me dijo que me quedara en el suelo. Entonces el terror fue todo lo que sentí. No
importaba que fuera Thane y que lo amara y supiera que nunca me haría daño.
Todo lo que podía recordar era aquella noche en Ho Chi Minh City hacía un año.
Una noche que había enterrado tan profundamente que la había olvidado.
Sollozando en el cuarto de baño de la habitación de invitados, no podía
controlar la violenta agitación de mi pecho, y aunque no caían más lágrimas, no
podía recuperar el aliento. Cuanto más me asustaba, peor era. Dios mío, me iba
a morir.
Voy a morir, voy a morir, voy a morir. Las lágrimas me nublaban la vista.
—Regan, respira. —De repente, Thane estaba de rodillas ante mí—. Estás
hiperventilando, mo leannan. Céntrate en tus manos.
Me esforcé por respirar, mirándole fijamente, desenfocada, confusa.
Se llevó las manos a la boca.
—Así. Intenta concentrarte en respirar lentamente contra tus manos.
Mírame.
Con las manos temblando, lo observé mientras inhalaba y exhalaba
lentamente. Una calma se filtró en el caos de mi cabeza y lo imité. Finalmente,
mi respiración se calmó y el terror se disipó.
Pero la realidad seguía ahí.

288 Todo lo que había enterrado, en lo más profundo... ya no estaba enterrado.


Y no había forma de escapar, porque podía ver en los ojos tristes y preocupados
de Thane que él lo sabía. Exhausta, me arrastré hacia él y apoyé la cabeza en su
pecho.
Sus brazos me rodearon mientras suspiraba de alivio.
Luego me levantó del suelo del baño. Le rodeé el cuello con los brazos y
dejé que me llevara al dormitorio.
—¿Está bien? —preguntó antes de acomodarnos en él.
Atormentada por el hecho de que sintiera que tenía que preguntar, reprimí
más lágrimas y asentí.
Se recostó contra las almohadas y me atrajo hacia sus brazos, y yo me
acurruqué en su pecho.
—Lo siento. —Sus palabras eran ásperas por la emoción—. No quería
asustarte.
Sacudí la cabeza mientras miraba sus ojos.
—No lo hagas. No has hecho nada diferente de lo que hemos hecho antes.
Los ojos de Thane se entrecerraron.
—Fue la mesa, ¿no?
Me estremecí al recordar mi cara pegada al aparador en aquella habitación
de hotel en Vietnam. Centrándome en los ojos de Thane, admití:
—Sí.
La angustia hizo estragos en sus facciones y se atragantó:
—¿Te violaron, Regan?
Una lágrima resbaló por mi mejilla mientras cerraba un puño contra su
camisa.
—Casi.
Los ojos de Thane se iluminaron con tristeza, pero también con rabia.
—¿Fue él?
Asentí, y cada vez que parpadeaba caía otra lágrima.

289
290

Regan
Ciudad de Ho Chi Minh
La pasada Nochevieja

E
l Distrito Tres estaba lleno de música, voces, risas, gritos y juergas
de borrachos. Nos alegramos mucho cuando descubrimos que los
vietnamitas celebraban el Año Nuevo Gregoriano. Ninguno quería
perdérselo. Ahora deseaba más que nunca haber vuelto a casa, a Boston, para
celebrarlo con Robyn, mamá y papá. En lugar de eso, me había quedado y lo
había estropeado todo.
El Año Nuevo Occidental había terminado, pero con la llegada del Año
Nuevo Lunar, el uno de febrero, la ciudad seguía brillando por el color y la
celebración. Miré con tristeza las calles llenas de gente, luces y farolillos.
Vietnam sabía cómo celebrarlo con estilo. Nunca había visto nada igual. Las
luces que colgaban de los edificios y de las farolas y que se enrollaban alrededor
de los árboles no tenían nada que envidiar a los más impresionantes despliegues
navideños. Las luces de la calle parecían flores rosas brillantes y pájaros
dorados, mientras que los chorros de luces de hadas brillaban entre ellas. Era
realmente increíble.
Y sin embargo, aquí estaba yo, sola en mi cutre habitación de hotel porque
me había acostado estúpidamente con Austin Vale en Nochevieja.
Nuestros amigos habían ido a una fiesta esta noche. Yo les acompañé,
pensando que seguramente Austin hubiera captado mis insinuaciones no tan
sutiles de que nuestra noche de borrachera juntos era un error. Lo que había
sido un comportamiento molesto y pegajoso desde entonces había degenerado
en obsesivo. Finalmente estallé contra él esta noche cuando me echó en cara que
coqueteara con otro turista. Odiaba que me preisonara y haber sido mala con él.
O que el novio de Desi, Liam, tuviera que decirle a Austin que se alejara y luego
me acompañara de vuelta al hotel porque mi noche estaba arruinada. Al menos
Austin ya sabía lo que pasaba. Solo esperaba que me dejara en paz o tendría que
abandonar a mis compañeros de viaje.
Eran un grupo divertido, pero me di cuenta de que no echaría de menos a

291
ninguno si me iba.
Tal vez eso era una señal de que debía irme.
Que debería finalmente poner en orden mis cosas y enfrentarme a mi
hermana mayor.
Te odia.
Las lágrimas me quemaron los ojos.
—Yo también me odiaría —murmuré.
Robyn nunca habría necesitado que un tipo la acompañara a su
habitación de hotel. Nunca se sentaría en una cama extraña y cutre en la que
hubieran dormido miles de personas, revolcándose en la autocompasión.
—Estás triste sin mí.
La voz familiar me hizo saltar. El corazón me retumbó en la garganta
cuando me levanté de la cama, girando para mirar a Austin. Cerró la puerta de
la habitación del hotel detrás de él y giró la cerradura.
—¿Cómo has entrado aquí?
—Me enseñaste a forzar una cerradura, ¿recuerdas? —Sonrió, agitando un
par de horquillas.
Maldita sea. Sí que lo había hecho. Hacía unos meses, en España, Austin
y yo habíamos trabajado juntos en un bar de Málaga. El jefe era un británico
espeluznante, un auténtico gilipollas. Tenía una habitación cerrada en el local,
y se convirtió en una broma entre algunos de nosotros. Nos aventuramos a
adivinar lo que guardaba allí, y las conjeturas eran cada vez más aterradoras a
medida que pasaban las semanas.
En nuestra última noche de trabajo, Austin y yo nos tomamos un par de
chupitos para divertirnos y le dije que sabía abrir cerraduras. Había leído sobre
ello cuando era adolescente y luego había practicado hasta perfeccionarlo.
También había enseñado a Robyn a hacerlo. Esa noche le enseñé a Austin, y
entramos en la habitación para encontrarla llena de existencias que nunca
habíamos visto. Cajas caras de whisky y ginebra, cajas de cigarrillos y dinero en
efectivo. Mucho dinero en efectivo. Comprendiendo que probablemente había
algo delictivo, nos largamos de allí y esperamos que el jefe no tuviera una cámara
de seguridad en la habitación.
De todos modos, al día siguiente estábamos en un autobús hacia Italia.
Y Austin había aprendido una nueva habilidad.
292 Bien hecho, Regan.
—Quiero que te vayas. —Mi voz tembló.
—No hasta que me digas que sientes lo mismo. Porque sé que lo haces. —
Había una luz en sus ojos que nunca había visto antes. Una fe absoluta. Una fe
absoluta.
En nosotros.
Oh, Dios mío. Estaba alucinando.
—Austin, solo somos amigos. Acostarnos fue un error. No quiero tener una
relación contigo. Lo siento si eso hiere tus sentimientos, pero es así. Ahora, por
favor, vete o voy a llamar a la policía.
—Bien. Llámalos. Porque, si no intentas devolverme el amor, me voy a
suicidar.
Atónita, lo miré como si nunca lo hubiera visto antes. Sentí que no lo había
hecho. Llevábamos meses en compañía del otro y siempre había pensado que
era un buen tipo. Despreocupado, con gran sentido del humor, una especie de
nerd lindo. No teníamos nada de química, así que solo lo veía como un amigo, y
por eso estaba tan enfadada conmigo misma por haberme acostado con él
estando borracha. Sin embargo, nunca hubiera imaginado que esto pasaría
después de acostarme con él. Nunca.
—Obviamente estás borracho, ¿verdad? Porque estás diciendo locuras.
—No me llames loco. —Me dirigió una mirada oscura—. Es políticamente
incorrecto e increíblemente insensible.
Entrecerré los ojos.
—Entonces, si yo soy insensible... ¿cómo llamas a una persona que intenta
manipular emocionalmente a alguien para que tenga una relación con ella?
—No estoy tratando de manipularte. Te estoy diciendo cómo me sentiré,
sabiendo que estás negando la verdad entre nosotros. No sé de qué huyes,
Regan, pero no tienes que huir de mí. —Cruzó la habitación y yo retrocedí, con
las manos levantadas a la defensiva.
—No me toques —le advertí. Él siguió acercándose—. ¡Austin, no me
toques! —Pero él me alcanzó, así que planté mis manos en su pecho y empujé—
. ¡Aléjate de mí!
—¿Por qué te resistes a esto? —preguntó con calma mientras

293
forcejeábamos.
El miedo y el pánico se apoderaron de mí. Intenté alejarme de él, pero me
agarró fuertemente las muñecas con los puños. Le di una patada; él maldijo y se
apartó, y mi pie no llegó a golpearle las pelotas, pero no me soltó ni una vez. Era
increíblemente fuerte.
—¡Suéltame! —grité.
—No hasta que entres en razón.
Estaba tan tranquilo. Tan tranquilo. Incluso mientras yo luchaba en sus
brazos como un animal salvaje.
No pude superar los pensamientos autoflagelantes de que debería haber
escuchado a Robyn cuando me dijo que tomara clases de defensa personal. ¿Por
qué no te hice caso, Robbie?
Las lágrimas se me escaparon antes de que pudiera detenerlas, y Austin
hizo un gesto de asombro, atrayéndome hacia su cuerpo.
—Shh, no llores. Sé que es difícil hacerse vulnerable, pero puedes serlo
conmigo. Te amo.
La rabia me invadió y le clavé la rodilla en las tripas. Su agarre se aflojó
mientras gruñía de dolor, y lo empujé, pasando por encima de él, y me abalancé
hacia la puerta.
Un fuerte brazo me rodeó la cintura apenas un segundo después.
—¡No! —grité mientras me empujaba contra él. Era demasiado fuerte.
¿Cómo era tan fuerte?— ¡Para!
—Para tú —me siseó con rabia al mi oído mientras luchaba por
sujetarme—. He intentado ser amable. Pero es hora de enseñarte quién manda
aquí, Regan. —Entonces pasó una mano por encima del aparador donde mi
compañera de piso y yo guardábamos nuestras cosas. Mi frasco de perfume se
estrelló contra el suelo de madera, el olor a la vez empalagoso.
—¡No! —Empujé contra el brazo que me aplastaba, dando una patada con
una pierna y, de repente, sintiendo nada más que aire debajo de mí segundos
antes de encontrarme doblada sobre el aparador. Me quedé sin aliento cuando
se me clavó en las tripas. Mientras luchaba por respirar, era vagamente
consciente de la palpitación en mi mejilla, donde mi cara se había golpeado
contra la parte superior.
Sabía a sangre.
—Vas a recordar lo que es entre nosotros, Regan —oí a Austin decir por
294 encima del zumbido en mis oídos.
El aire me hizo cosquillas en el trasero y me di cuenta de que el vestido se
me había subido a la cintura.
Una sensación de irrealidad descendió sobre mí al sentir que mi ropa
interior se rasgaba.
No.
Esto no me estaba pasando.
Esto le ocurría a otras personas.
No podía estar pasándome a mí.
Oí su cremallera.
¡No!
Intenté levantarme del aparador, pero él tenía mis brazos extendidos sobre
mi cabeza, mis muñecas cruzadas, sujetándome con una mano, mientras usaba
la otra...
—No —susurré con voz ronca, empujando contra su agarre. Me tenía
inmovilizada con el peso de todo su cuerpo. No.
—Quédate abajo —exigió.
—No. —Mi voz se hizo más fuerte mientras intentaba zafarme de él con
mis caderas.
—¡Quédate abajo!
Y entonces lo sentí, listo, empujando entre mis piernas.
Las náuseas subieron desde mis entrañas.
Y la rabia.
Levanté la cabeza y el pecho lo suficiente, y grité lo más fuerte que pude.
—¡AYUDA!
—¡Cállate!
—¡AYÚDENME!
—¡¿Regan?! —gritó una chica desde el pasillo.
Desi.
—DESI, AYUD…
Una mano grande y sudorosa me cubrió la boca, cortándome.
295
—¡Cállate o te mat... qué coño!
Un fuerte golpe atrajo mi aterrorizada mirada hacia la puerta. Se sacudió
contra la jamba. Otro golpe y se desprendió, astillando el marco de la puerta,
volando hacia la habitación.
Aparecieron unos frenéticos Liam y Desi, y yo sollozaba aliviada contra la
mano de Austin.
—¡Hijo de puta! —Liam se abalanzó sobre Austin y entonces su peso se
apartó de mí.
Fui consciente de las suaves manos de Desi sobre mí, alisando el vestido
para cubrirme, de su abrazo mientras me sostenía mientras Liam echaba a
Austin de la habitación. Sus palabras de preocupación, sus preguntas, se
convirtieron en mosquitos en mi oído, zumbando.
Yo ya estaba en otro lugar de mi mente, planeando mi huida de Vietnam,
de lo que acababa de suceder.
No ha pasado nada, susurré.
No ha pasado nada.
Estás bien.
Aquí no ha pasado nada.
296

Regan
Hoy en día

—L
iam y Desi querían llamar a la policía... y yo debería
haberlo hecho. —No podía mirarle a los ojos a Thane—.
Debería haber sido valiente y quedarme y presentar
cargos, pero todo lo que podía pensar era en huir. En alejarme lo más posible de
Austin. Si podía huir, entonces nunca había sucedido. Así que eso es lo que hice.
El silencio de Thane hizo que mi corazón palpitara de nuevo de miedo.
Ahora lo sabía.
Era un cobarde.
Finalmente, le miré a los ojos. Estaba furioso.
Se me cayó el estómago.
—Lo siento —susurré.
—No tienes nada que sentir —dijo con voz ronca—. Es que... ojalá me lo
hubieras dicho. Entonces lo que pasó abajo...
—No. —Me acerqué a su cara y me subí a su regazo para montarme a
horcajadas sobre él—. No, Thane, no. Lo que tenemos —susurré contra su boca,
con lágrimas frescas cayendo—, es lo más hermoso que he tenido en mi vida. No
quiero que esto lo manche.
Me agarró de las caderas, apretando.
—¿Por qué no me lo dijiste, entonces? ¿Por qué nos mentiste a mí y a
Robyn sobre lo que pasó en esa habitación de hotel?
La vergüenza era una bola de asco en mis entrañas.
—Porque... no soy fuerte como tú. O Robbie. No soy valiente. Y pensé que
si simplemente fingía que no había pasado, entonces él no tendría ningún poder
sobre mí. Supongo que me volví tan buena fingiendo... que realmente lo enterré.
Lo enterré como si fuera solo una pesadilla. Hasta ahora. Se inundó y salió de
ese profundo y oscuro pozo en el que lo había puesto.
297 —Mo leannan. —Thane ahuecó mi cara entre sus manos—. Nuestros
cerebros son extraños y complicados. Pero cuando enterramos cosas que no
deberían estar enterradas, nuestro subconsciente siempre las devuelve a la luz
del día. Y ahora que es así —su expresión era tierna pero cautelosa—, ya no se
puede fingir. Tenemos que afrontarlo. Y debes decírselo a Robyn. Tienes que
presentar cargos.
Intenté apartarme, pero él deslizó su mano alrededor de mi nuca para
detenerme con suavidad pero con firmeza.
—Por favor, mo leannan. O voy a matar a ese hijo de puta.
No era una amenaza dicha de forma enfadada, sino burlona.
Sonaba extremadamente serio.
—¿Vas a volar a Estados Unidos para matarlo? —Intenté aliviar la tensión
entre nosotros.
A Thane no le hizo ninguna gracia.
—Intentó violarte. Te acosó. Y te hizo sentir como una cobarde, cosa que
no eres.
Aparté la mirada.
Me sostuvo la barbilla para que volviera hacia él.
—Eres fuerte. Eres valiente. Y no dejaré que te haga sentir como su
víctima. —Asintió—. ¿Sí?
Considerando esto, considerando la rabia que sentí en esa habitación, y
luego cómo había enterrado lo que había hecho tan profundamente que había
servido café a ese pedazo de mierda durante semanas después, algo duro y
decidido se deslizó a través de mí.
—Tienes razón.
Presionando un dulce y agradecido beso en su boca, suspiré contra él.
—Gracias.
—No he hecho nada —dijo bruscamente.
—Lo hiciste. Fuiste tú. —Lo besé un poco más profundamente, y sus
manos se flexionaron sobre mis caderas.
—No deberíamos. Deberías descansar.
—No quiero descansar". —Le besé la mejilla a través de la barba,
298 salpicando suaves besos por su fuerte garganta—. Quiero hacerte el amor. Todo
lo que tienes que hacer es sentarte y aceptarlo.
Buscando la verdad en mi mirada, Thane dudó.
No confiaba en mí. No confiaba en mí con mis propias emociones.
¿Cómo podía culparlo?
Mi pregunta interior me hizo congelar sobre él.
Que hubiera enterrado un trauma no significaba que no me conociera.
Me conocía a mí misma.
Lo fulminé con la mirada.
—No seas condescendiente conmigo.
—No lo hice. —Frunció el ceño—. No he dicho ni una palabra.
—No confías en mí.
—No es eso. Solo creo que es demasiado pronto ahora.
—¿Para quién? —Me zafé de él y me deslicé de la cama—. ¿Para mí? ¿O
para ti?
—Regan. —Le oí luchar para bajarse de la cama, pero yo ya había salido
de la habitación.
Justo cuando estábamos a punto de pasar por su habitación, me alcanzó
y tiró de mí para que me detuviera.
—Regan, no te desquites conmigo. Por favor.
Lo fulminé con la mirada.
—¿Sabes lo que no se hace cuando la mujer con la que te acuestas te dice
que casi la violan? No la rechazas sexualmente después. Suele hacerla sentir
como mercancía usada.
Thane se sacudió como si le hubiera dado un puñetazo.
—Nunca quise decir eso.
El remordimiento me inundó.
—Lo sé. Es que...
—Lo sé. —Me atrajo hacia sus brazos, abrazándome con fuerza—. Vamos
a tomarnos un respiro. Bajaremos a cenar. ¿Sí?
Asentí, aunque todavía me sentía un poco rechazada.
299 Racional o no.
Thane me tomó de la mano y me llevó escaleras abajo.
Evitamos la mesa de la cocina y cenamos, por una vez, frente a la
televisión.
El ambiente era extraño entre nosotros. Thane nos mantenía conectados
físicamente, acurrucándose conmigo en el sofá, besando mi cabeza de vez en
cuando, acariciando mi brazo. Y esa noche, cuando nos fuimos a la cama, me
llevó a la suya.
Tenía el corazón en la garganta cuando apagó las luces y me atrajo hacia
él. Esperé.
—Buenas noches.
No pude decir buenas noches.
Estaba ahogando las lágrimas.
O ya no me deseaba o no confiaba en que supiera lo que quería.
Ninguna de las dos cosas me parecía maravillosa.
Sin querer nada más que llorar hasta quedarme dormida, me sentí
asfixiada por sus brazos porque su presencia significaba que tenía que aguantar,
y ahora que no estaba aguantando nada, no quería volver a enterrar mis
sentimientos de esa manera. Era demasiado doloroso una vez que explotaban.
El horrible ataque de pánico en el baño era prueba de ello.
Apretando los labios para reprimir los sollozos, las lágrimas rodaron por
mis mejillas, ocultas en la oscuridad.
Tan ocupada en concentrarme en no hacer ruido, no sentí que Thane se
tensaba contra mí. Sin embargo, segundos después le oí susurrar roncamente
en mi oído:
—Me matas, mo leannan.
Y entonces me giré como si fuera ingrávida y fui arrastrada sobre el cuerpo
de Thane mientras él caía de espaldas. Mis palmas se posaron en su pecho y me
senté a horcajadas sobre él en la oscuridad. Cuando mi visión se adaptó a las
sombras, lo distinguí a través de la luz de la luna que se asomaba por las
persianas de la ventana.
—Toma lo que necesites.
El alivio me inundó cuando se puso duro debajo de mí. Una respuesta
300 palpitó entre mis piernas, y me llevé la mano al dobladillo de mi camisón, tirando
de él, seguido de mi ropa interior.
Thane se acercó a mis caderas desnudas, con sus largos y fuertes dedos
acariciando y apretando mientras se ondulaba suavemente debajo de mí. Me
aparté de él, pero solo para bajarle el pantalón del pijama y la ropa interior lo
suficiente para liberarlo.
Luego empujé sobre él y nuestros jadeos llenaron la habitación cuando su
grosor me llenó.
—Qué bueno —dije jadeante, inclinándome para apoyar mis manos en sus
hombros.
—Tómalo —gruñó, agarrando ahora más fuerte mis caderas—. Toma todo
lo que necesites.
Deseando que sus manos estuvieran en todas partes a la vez, opté por
moverlas de mis caderas a mis pechos. Thane gimió y los masajeó, con sus
pulgares arrancándome los pezones.
—Sí, sí. —Jadeé, cabalgándolo lenta pero profundamente. Cuando giré mis
caderas en un ángulo determinado, me golpeó exactamente donde lo necesitaba.
Mis manos se enroscaron en sus hombros para sujetarse mejor mientras me
desesperaba por la exquisita tensión que se acumulaba en mi interior.
—Joder. —Thane me apretó los pechos con más fuerza mientras sus
caderas se flexionaban debajo de mí, con sus movimientos limitados por el
pijama y los calzoncillos.
Eso me puso más caliente. Saber que podía hacerle lo que quisiera.
Inclinándome hacia su poderoso pecho, lamí sus pezones y luego chupé
antes de morderlo suavemente.
Sus caderas se agitaron debajo de mí y entonces se sentó, cambiando el
ángulo de mis impulsos, tirando bruscamente de mi cabello hacia atrás para
poder sujetar su boca sobre mi pecho. El alivio de que jugara conmigo como
siempre me excitó más que nada. No habíamos cambiado.
No nos dejaría cambiar.
Mis dedos le rozaron el cabello mientras su boca me atormentaba, y mis
caderas aceleraron el ritmo. Thane me soltó para levantar su cabeza hacia la
mía, y nos miramos fijamente a los ojos mientras lo montaba. Nos miramos
fijamente, él caliente y lleno de deseo, tierno, y yo la imagen del espejo.

301
Mis uñas se clavaron en su espalda mientras aumentaba el ritmo, el placer
aumentaba, nuestras respiraciones se mezclaban mientras jadeábamos contra
nuestras bocas.
Y entonces esa espiral que me apretaba por dentro se rompió, y arqueé el
cuello, gritando mi liberación, los labios de Thane presionando mi garganta
segundos antes de que gimiera en el clímax.
Me estremecí, temblando mientras el orgasmo se derretía en mis
miembros. Mientras palpitaba alrededor de los pulsos de Thane, me besó. Besos
profundos, posesivos y húmedos que encendían mi sangre.
—Otra vez —dije contra su boca.
Él sonrió.
—Ya no tengo veinte años, mo leannan. Tendrás que darme diez minutos.
Lo empujé con suavidad hacia la cama y me desprendí de él con un
pequeño jadeo que le hizo gruñir. Luego bajé por su cuerpo, quitándole el pijama
y los bóxers hasta el final. Y volví a besar hacia arriba.
Thane se rió suavemente en la oscuridad. Pero su diversión murió cuando
mis besos llegaron a la parte interior de su muslo. Me burlé de él y lo atormenté
hasta que me suplicó que le diera mi boca donde más la quería. Y antes de
dársela, sonreí.
—Eso fue menos de diez minutos.
Dio un ladrido de risa que se cortó con un abrupto “¡Jesús!” mientras lo
tomaba profundamente en mi boca.
Hicimos el amor hasta que la luz entró en la habitación a través de las
persianas y, finalmente, agotados, nos desplomamos en los brazos del otro.
Mientras el sueño se apoderaba de mí, sonreí, con nuestros gritos de placer aún
resonando en mis oídos. Era como si le hubiera marcado esta noche. Lo había
hecho mío de una manera que nunca podría ser de nadie más.
Me había dado exactamente lo que necesitaba: el recordatorio de que lo
que Austin me había hecho y lo que yo me había hecho a mí misma sin querer
nunca podría empañar la conexión que tenía con Thane Adair.
Y tal vez... tal vez no resultáramos ser temporales después de todo.
A la mañana siguiente, cuando me desperté, la primera cara que vi no era
la de Thane; estaba detrás de mí, abrazándome mientras dormía. No, la primera
cara que vi fue la de Francine Adair, sonriendo desde el regazo de Thane en la
foto de su mesita de noche.

302
Así de fácil, las esperanzas con las que me había ido a dormir, mientras el
crepúsculo de la mañana y el olor almizclado de los cuerpos agotados por el sexo
nublaban mi realidad, se desvanecieron.
303

Thane

N
o recordaba la última vez que había dormido hasta tan tarde, pero
no se reprendía por ello. Y la noche anterior había valido la pena.
Justo cuando pensaba que el sexo con Regan no podía ser mejor,
ella lo había devorado, apenas dejándolo respirar.
Sonrió, sintiendo su entrenamiento en los músculos mientras se estiraba.
Regan se había escabullido de la cama para ir al baño hacía unos minutos, y él
esperaba su regreso con la sangre caliente en las venas.
Increíblemente, volvía a desearla.
Se giró sobre el codo cuando ella salió del baño en camisón y dejó que sus
ojos la recorrieran, con el pecho hinchado por la emoción. Era hermosa, por
dentro y por fuera. Más fuerte de lo que se creía. Después de que ella revelara
su ataque, él nunca imaginó que pasarían la noche de la forma en que lo
hicieron. Pero estaba claro que ella se negaba a dejar que ese hijo de puta le
jodiera la cabeza más de lo que ya lo había hecho, y Thane sabía que tenía que
seguir su ejemplo en esto. Estaba orgulloso de ella.
Abrió la boca para decírselo, pero cuando se acercó a la cama notó que sus
ojos no estaban puestos en él. Estaban en su mesita de noche.
Thane miró para ver qué era lo que le llamaba la atención y se quedó
helado.
Una rápida mirada a Regan confirmó sus temores.
Miraba con aire de mal humor la foto de Fran y él.
Siempre había estado ahí. Thane nunca había tenido motivos ni ganas de
moverla.
Pero el sentimiento de culpa le corroyó de repente cuando Regan dejó de
mirarla.
—Voy a poner el café. —Ella no lo miró. Solo lanzó una pequeña sonrisa
en su dirección general antes de salir de la habitación.
No era la primera vez que sorprendía a Regan mirando la fotografía. Sin
embargo, era la primera vez que sentía que había hecho algo mal al dejarla allí.

304 Sentándose, Thane se pasó una mano por la cara mientras contemplaba
la situación.
Si hubiera sido al revés y hubiera pasado toda la noche en la cama de
Regan solo para despertarse con la foto de otro hombre en su mesita de noche…
Se le apretaron las tripas al pensarlo.
Volviendo a mirar la foto, exhaló lentamente.

Regan

La foto de Fran había desaparecido.


Cuando Thane no bajó a por su café, me aguanté, decidiendo que estaba
siendo un imbécil celoso y egoísta. Anoche había tomado una noche que podría
haber pasado como una de las peores de mi vida y la había convertido en una
de las mejores.
Con las tazas en la mano, me aventuré a subir las escaleras, decidida a
apartar mis confusos pensamientos sobre Fran.
Cuando volví al dormitorio, Thane estaba vestido con su pijama y sentado
en el extremo de la cama con la cabeza entre las manos.
Y la foto de su mesita de noche había desaparecido.
El arrepentimiento me invadió. Coloqué el café en el lugar ahora vacío y
me senté a su lado.
—Has movido la foto.
Thane levantó la cabeza y asintió.
—Ya era hora.
—No pretendía ser obvia al respecto... ni hacerte sentir mal.
—Las fotos te molestan. —Suspiró.
—No todas. Fran es la madre de Eilidh y Lewis. Tu primer amor. Debería
estar aquí en la casa con ellos, contigo. Yo... la que está en la mesa de noche
305 es... es diferente a las de abajo. Esas son sobre ustedes como familia. Esa es
sobre ti y ella. Yo... no voy a mentir y decir que no me da celos. —No podía verle
los ojos—. Pero también me duele por ti. Fran era obviamente el amor de tu vida,
y está claro que no puedes pasar de ella, y no quiero eso para ti. No quiero que
no puedas volver a amar.
—¿Todo eso lo has sacado de una foto en una mesita de noche? —Su
pregunta fue defensiva, dura, y atrajo mi mirada. Me fulminó con la mirada, y
yo le devolví la mirada.
—No solo eso. Nunca hablas de cómo murió. Nunca. ¿Por qué es un secreto
tan grande?
Thane negó con la cabeza, confundido.
—No es un gran secreto. Supuse que lo sabías. Que alguien de la familia
te lo había contado o que Robyn te lo había dicho nada más llegar.
Ahora estaba confundido.
—¿No me lo habrás ocultado?
—¿Por qué iba a hacerlo? —Se volvió hacia mí—. No hablo de ello porque
fue lo peor que he vivido... pero eso es diferente a ocultártelo.
El miedo se enroscó en mis entrañas. Dios, Thane, ¿qué pasó? Quería
preguntar, pero no después de lo que acababa de decir. No quería atormentarlo
porque estaba jodida por amar a un hombre que no quería corresponderme.
Thane se sentó con la espalda recta y miró alrededor de la habitación.
Finalmente, dijo:
—Todo es diferente aquí. El resto de la casa está decorada más o menos
como Fran y yo la decoramos juntos. Pero esta habitación... tuve que cambiarla.
La pintura, el suelo, las persianas, los muebles... —Miró por encima del hombro,
con una mirada atormentada—. Cama nueva, colchón nuevo... Murió en nuestra
cama —anunció bruscamente, y yo aspiré con fuerza.
Ante la horrible mirada de sus ojos, mis lágrimas se derramaron.
—Una mañana sonó el despertador como siempre, y me desperté. Pensé
que Fran seguía durmiendo... pero cuando empecé a despertarme bien, me di
cuenta de que había una quietud antinatural en ella.
—Simplemente... se fue. —Vi su incredulidad—. Y yo estaba en una

306
pesadilla. ¿Cómo te vas a dormir con tu mujer respirando a tu lado... y te
despiertas y su cuerpo está ahí, pero ella ya no está dentro?
El dolor que sentía por él estalló en un sollozo antes de que pudiera
detenerlo, y él se acercó a mí, atrapando mis lágrimas en sus pulgares.
—Fue un aneurisma cerebral —susurró—. Murió mientras dormía. En paz,
me dijeron. Una forma pacífica de morir. Para ella. Y por eso siempre estaré
agradecido.
—Pero fue horrible para ti. —No necesitaba imaginármelo. Si un día me
despertara y encontrara que Thane ya no respiraba a mi lado, perdería la maldita
cabeza—. Eres muy fuerte. —Me acerqué a él y le di besos empapados de
lágrimas en la cara.
Él devolvió esos besos con otros más profundos e intencionados.
—Thane —intenté alejarme de él—, quizá no deberíamos. —No después de
lo que acababa de decirme.
—Francine no es un fantasma en esta cama. —Me levantó por debajo de
los brazos y me arrojó suavemente sobre ella. Jadeé cuando bajó sobre mí, sus
rasgos duros por la necesidad—. Y no dejaré que se convierta en eso para ti.

Thane

Hacerle el amor a Regan no era solo para distraerlo de los recuerdos en los
que prefería no demorarse o para asegurarse de que ella no dejara que la verdad
de la muerte de Fran se le metiera en la cabeza con respecto a lo que había entre
ellos en esta cama.
Fueron las lágrimas de Regan. Su reacción visceral y sin límites al dolor
de él.
Que pudiera preocuparse lo suficiente por él como para querer quedarse.
Y tal vez lo hizo. Tal vez ahora, en este momento, lo hizo.
Pero Thane no podía confiar en que su opinión no cambiara dentro de unos
meses, un año o incluso unos años. Si se permitía creer en lo que había entre

307
ellos, ella acabaría destruyéndolo.
Así que necesitaba perderse en su cuerpo, en la distracción de su pasión.
Y sobre todo necesitaba dejar de lado el autorreproche que lo atormentaba.
Remordimiento por Fran. Por su memoria. Porque por mucho que nunca olvidara
lo que era amarla o llorarla... Thane había seguido adelante.
Había seguido adelante de una manera que lo sacudía hasta el fondo.
308

Regan

—L
ew, acuérdate de los deberes —le dije mientras él y Eilidh
se dirigían a la puerta principal.
—Lo tengo —murmuró.
—Entonces, ¿qué es eso que hay en la mesa del comedor? —Rodeé la isla
y me apresuré a agarrar su cuaderno de matemáticas.
Lo estaba metiendo en su mochila mientras él esperaba pacientemente y
Eilidh no tan pacientemente anunciaba que quería estar ya en la escuela porque
“hoy iba a escribirle cartas a Papi Noel” cuando el timbre de la puerta sonó
segundos antes de abrirse.
Lachlan entró en la casa.
—¡Tío Lach-Lach! —Eilidh se abalanzó sobre él, y él la hizo subir a sus
brazos. Ella le rodeó el cuello con sus bracitos y sus manos cubiertas de
mitones—. ¿Qué haces aquí?
—Princesa Eilidh, los llevo a ti y a tu hermano al colegio esta mañana.
—¿De verdad?
—¿Ah, sí?
La mirada azul de Lachlan se volvió hacia mí. Pareció estudiarme mientras
asentía.
—Robyn necesita unas palabras. Pensé que podría llevar a los niños antes
de ir al castillo.
Se me revolvió el estómago. Sabía de qué se trataba probablemente esa
palabra. Ayer había pedido hablar con ella a solas y la había llevado a dar un
paseo por la playa para contarle el ataque de Austin en Vietnam. Me esforcé por
explicarle que no se lo estaba ocultando intencionadamente, como le había
explicado a Thane. Creo que lo entendió. Además, le conté lo que lo había
provocado, lo que significaba que había revelado mi aventura con Thane, y mi
hermana no se sorprendió lo más mínimo. Dijo que ya lo sospechaba, y Lachlan
le había hecho algunos comentarios de que sospechaba lo mismo. Aterrada por
la idea de que se enterara sin que Thane lo dijera, le hice prometer que no lo
309 confirmaría. Estaba tan aturdida y enfadada por lo de Austin que ni siquiera
sabía si recordaba haber aceptado.
Sabía que estaba furiosa con Austin, pero también temía que ocultara lo
enfadada que estaba conmigo. Dijo que su ataque cambió por completo el perfil
que tenía de él. Subió su nivel de amenaza un par de cientos de puntos.
Con el pulso acelerado, miré fijamente a Lachlan.
—Ah, bien.
Asintió y miró a Lewis mientras le tendía las llaves del auto.
—Lew, ¿quieres abrir el Rover y ponerle el cinturón a tu hermana?
Lewis agarró las llaves de su tío y preguntó con un suspiro de cansancio:
—¿Cuándo tendrá la edad suficiente para abrocharse el cinturón ella sola?
Eilidh se zafó del agarre de Lachlan, con una expresión de mal humor.
—¡Me abrocharé el cinturón ahora mismo!
Su hermano se apresuró a salir tras ella por la puerta.
—No puedes, Eilidh. No lo harás bien.
—¡Claro que lo haré!
—¡No lo harás!
Sus voces se distanciaron mientras corrían hacia el camino de entrada,
donde sabía que los hombres de seguridad de Lachlan ya estaban esperando
para escoltar a los niños a la escuela.
Mientras tanto, Lachlan me miraba fijamente. Me retorcí, sabiendo por el
brillo duro pero tierno de sus ojos, muy parecido al de su hermano, que Robyn
había hablado con él.
—Te lo ha dicho.
Me hizo un gesto de asentimiento sombrío.
Me encogí de hombros, sintiéndome vulnerable.
—Estoy bien. No me violó. Otras personas lo han tenido mucho peor. Mira
a Robbie. Le han disparado tres veces, la han atacado y casi la asesina una
psicópata.
Lachlan no sonrió ante mi cara de nerviosismo. En lugar de eso, dio un

310
paso hacia mí, con la voz baja mientras replicaba:
—Y sin embargo, lidió todo eso como una profesional, pero anoche lloró
hasta quedarse dormida en mis brazos.
La emoción me ahogó, las lágrimas inundaron mis ojos al pensar que el
corazón de mi hermana se rompía por mí. Y de repente supe por qué.
Ayer no estaba enfadada conmigo. Estaba enfadada consigo misma.
¡Maldita sea, Robyn!
No era su trabajo protegerme todo el tiempo. Sacudí la cabeza.
—Asume demasiado.
—Es lo que ella es. Por eso la queremos. Pero, y sé que probablemente no
necesito pedir esto, quiero que hagas todo lo posible para convencerla de que no
te ha fallado. Porque ahora mismo está en la puerta de al lado dándose patadas,
y nada de lo que digo parece penetrar.
Al ver su preocupación y frustración por ella, crucé rápidamente la
habitación y lo abracé.
Lachlan pareció sorprendido al principio, vacilante, y luego me rodeó con
sus brazos y me dio un dulce beso en la cabeza.
Sonreí y susurré:
—Gracias por amarla como se merece.
Sus brazos se apretaron un poco y, cuando me separé, vi que la emoción
le iluminaba los ojos.
Dios, qué regalo ser amado por un hombre Adair. A veces podían ser
exasperantes, pero Lachlan con Robyn y Thane con Francine eran la prueba de
que cuando te amaban, te amaban con todo lo que eran.
Nunca había sentido una mezcla tan confusa de felicidad gloriosa por mi
hermana y tanta envidia al mismo tiempo.
—Hablaré con ella —prometí.
—Bien. —Me rozó la mejilla cariñosamente, como lo haría un hermano
mayor, y decidí que era realmente agradable—. Será mejor que lleve a los niños
al colegio. ¿Estás bien?
Asentí.

311 —Voy a estar bien. Lo prometo.


Esa promesa no pareció aliviar su preocupación, pero él tenía que irse y
yo tenía que ir a ver a mi hermana.
No me molesté en llamar a la puerta. Entré en la casa, llamando a Robyn
por su nombre, y cuando bajó a toda prisa, no la dejé hablar. Me abalancé sobre
ella, abrazándola.
—Robyn Penhaligon, lo que me pasó no fue culpa tuya. No me fallaste, y
nunca pensaré eso. Nunca.
—Lo sé —murmuró ella, sin soltarme.
Nos balanceamos un poco, abrazadas al pie de la escalera.
—¿Entonces por qué me dijo Lachlan que lloraste anoche?
Se puso rígida y luego suspiró hacia mí.
—Es un entrometido.
Sonriendo, negué con la cabeza.
—¿Y bien?
Retirándose, Robyn me colocó el cabello detrás de la oreja. La agitación se
agitó en sus ojos, volviéndolos de un gris ahumado.
—Estaba tan enfadada contigo —susurró, con el remordimiento grabado
en cada uno de sus rasgos—. Todo ese tiempo estuve enfadada contigo y
juzgándote y sintiendo que ya no te conocía... y todo el tiempo me necesitabas.
Realmente me necesitabas. Y debí haberme esforzado más en buscarte. Debería
haber sabido que algo no estaba bien.
—No. —Agarré sus manos, apretándolas, mis palabras eran feroces—. No
vamos a hacer esto. No daremos vueltas a los dos últimos años. Ambas hicimos
lo mejor que pudimos en ese momento. Si ahora sentimos que podemos hacerlo
mejor de cara al futuro, estupendo. Pero no podemos volver atrás, y no dejaré
que nos autoflagelemos por los errores. No cuando estamos aquí, juntos, más
unidos que nunca, a pesar de todo. No tiene sentido, Robbie. No vale la pena.
Se secó una lágrima, sacudiendo la cabeza, con algo parecido al asombro
en sus ojos.
—¿Cuándo se volvió tan sabia mi hermanita?
—Aprendí de mi hermana mayor.
—No, ahora mismo estás superando a tu hermana mayor.
—¿Superando? —me burlé, llevándola a la cocina—. Vamos, necesitamos
312 café.
—Yo lo haré. Siéntate tú. —Su tono se volvió serio de nuevo—. Tengo que
decirte algo.
Mi estómago se revolvió de nuevo mientras me acomodaba en un taburete
de la isla.
—Sí, me lo dijo Lachlan. ¿Es sobre Austin?
Robyn echó un vistazo mientras encendía la máquina de café.
—Lo es.
—¿Es malo?
—Por favor, no te enfades conmigo.
Me puse en tensión.
—De acuerdo...
—Se lo dije a Seth.
—¿Papá? —El horror me inundó—. ¿Por qué se lo dijiste a papá?
—Porque... —Robyn cerró los ojos con fuerza—. El día después de que
McClintock intentara secuestrar a Eilidh, Seth intentó llamarte y no pudo
hacerlo por todo lo que estaba pasando. Así que me llamó a mí en su lugar. Y
mencionó que un hombre llamado Austin Vale vino a la casa buscándote. Dijo
que era un amigo con el que habías ido de mochilera y que acababa de volver a
Boston y te estaba buscando.
Las náuseas se agolparon en mis entrañas.
Los ojos de Robyn cambiaron de color, ahora dorados por la ira.
—El cabrón mintió. Se está poniendo nervioso esperando que vuelvas a
Boston. Por suerte, Seth es un policía paranoico y no le dijo dónde estabas. Pero
tuve que explicarle quién es Austin. Él y mamá tienen que saber que Austin es
un peligro para ti. Seth dijo que va a investigar las finanzas del tipo para
asegurarse de que no está en condiciones de venir a perseguirte al otro lado del
Atlántico.
—Papá nunca lo mencionó. —Había hablado con él varias veces en las
últimas semanas. Él y mamá iban a venir a Escocia para las vacaciones de
Navidad, por cortesía de Lachlan. A papá le costaba aceptar ese tipo de
generosidad, pero le dije que sería bueno para ellos ver lo feliz que era Robyn
aquí.
313 Y nuestra relación con mamá no era la mejor. Los dos teníamos todavía
problemas sin resolver allí. Yo no quería eso. Quería que los superáramos. Ahora
todas mis preocupaciones por ver a mamá en Navidad palidecían comparadas
con la noticia de que Austin no había dejado de lado su obsesión.
—Su ataque lo cambia todo. Tuve que decírselo a Seth y te va a llamar hoy.
Prepárate porque te va a pedir que presentes cargos formales.
Sacudí la cabeza, la ira y la frustración burbujeando dentro de mí ahora.
Thane me había pedido que hiciera lo mismo y yo había evitado responder.
—Tú mejor que nadie sabes lo difícil que es conseguir que esos cargos se
mantengan en circunstancias normales. ¿Acusarle de intento de violación en un
país extranjero hace un año? —La fulminé con la mirada—. Se reirán de mí.
—Nadie se va a reír de ti. Pero Seth tiene razón... si Austin no ha dejado
de lado su obsesión por ti, entonces necesitamos que esto quede registrado. Lo
más probable es que los cargos sean desestimados antes de llegar al tribunal por
falta de pruebas, pero si podemos localizar a Liam y Desi como testigos,
podríamos tener una oportunidad. E incluso si no podemos y los cargos son
desestimados, quedará en su expediente.
—De modo que si ocurre algo más... —me quedé en blanco,
estremeciéndome ante la idea de que ocurriera algo más.
—Nada va a hacerlo. No puede llegar a ti aquí. Necesito que seas valiente
una vez más, Regan, y que hagas esto, no por mí ni por tu padre, sino por ti
misma.
Aunque el pensamiento me hacía querer vomitar, sabía que no podía huir
más de ello.
—De acuerdo.
Satisfecha, Robyn me dio un asentimiento y una mirada que decía que
estaba orgullosa de mí, y tuve que admitir que me sentí muy bien al hacerla
sentir orgullosa.
Después de preparar el café y deslizarse en un taburete a mi lado, dijo:
—Necesito que hagas una cosa más por mí.
—¿Y eso sería…?
—Necesito que consideres hablar con alguien. Profesionalmente.
Me puse rígida ante un comentario que parecía haber salido de la nada, y
me ericé.
314 —¿Crees que necesito ver a un terapeuta?
—No lo digas así. —Me miró fijamente—. Yo gui a terapia durante meses
después de que me dispararan.
—No lo sabía.
—Pues yo sí. No podía afrontarlo todo por mi cuenta. Tuve pesadillas sobre
matar a Eddie Johnstone.
Eddie Johnstone era el traficante de drogas que había disparado a mi
hermana. Ella le disparó en defensa propia y lo mató.
—Todo se convirtió en una bola de nieve. El tiroteo, mi infelicidad con mi
trabajo, por qué me hice policía, el abandono de Mac. La terapia fue la razón por
la que vine a ver a mi padre en primer lugar. Me di cuenta de que nunca tendría
un sentido de cierre hasta que supiera por qué me había dejado.
Desgraciadamente —dijo, soltando un suspiro—, eso abrió toda una lata de
gusanos con mamá, pero ella y yo lo estamos consiguiendo. Al menos lo
estábamos consiguiendo hasta que me di cuenta de lo mucho que te había jodido
la cabeza a lo largo de los años.
—Son solo cosas de madre e hija —le aseguré—. Al menos nos quiere.
Otras personas lo tienen mucho peor en el departamento de padres.
—Es cierto. —Robyn me dio un codazo con el hombro—. Lo que quiero
decir es que la terapia ayudó.
—¿Y crees que yo necesito terapia? —La idea me asustaba.
Como siempre, mi hermana me leía como un libro.
—No es algo vergonzoso necesitarla, Regan. Y tienes la terrible costumbre
de huir física o mentalmente de tus emociones. Huiste de mí porque no podías
lidiar con lo asustada que estabas ante la idea de perderme, y huiste de tus
propios recuerdos de aquella noche en Vietnam porque no podías lidiar con el
trauma. Y tengo mucho miedo de que lo repitas. Cada vez que la vida se pone
muy dura o muy triste, apartas a todo el mundo y te encierras en tu mierda con
tanta fuerza que un día, todo explotará, y los resultados podrían ser
devastadores.
Respiré un poco más fuerte porque sabía que podía tener razón, aunque
al mismo tiempo estaba segura de que se equivocaba.
—No voy a huir. No huí cuando McClintock intentó secuestrar a Eilidh. No
voy a huir ahora, incluso sabiendo que Austin no se ha echado atrás como

315
esperaba. Estoy enamorada de un hombre que me ve como algo temporal, y me
duele mucho, pero no voy a huir.
La expresión de Robyn se llenó de simpatía mientras apretaba mi mano.
—Eso es bueno. Es estupendo. Estoy orgullosa de ti, y espero que no
parezca condescendiente.
—No lo es.
—Todavía me gustaría que vieras a alguien. No voy a presionarte. Tienes
que tomar esa decisión por ti misma.
Cubriendo su mano con la mía, asentí.
—Entonces te prometo que lo pensaré.
Nos sumimos en el silencio y dimos un sorbo a nuestros cafés mientras yo
reflexionaba sobre las enormes conversaciones que habían tenido lugar entre
nosotros en menos de veinticuatro horas.
Robyn me miró.
—¿Estás enamorada de Thane?
Hice una mueca.
—He intentado no estarlo.
Ella resopló.
—Oh, cariño, he pasado por eso. Esos malditos Adair
Resoplé.
—Lo sé, ¿verdad?
Compartimos una mirada de compasión.
316

Regan

P
ara distraernos, Robyn me acompañó mientras yo iba a comprar la
decoración navideña. Había descubierto que Thane ponía un árbol
de verdad todos los años, y era una tradición que todos fueran a
elegir uno. Sin embargo, también me enteré de que solo tenía una caja de
adornos y otra con algunas chucherías. Parecía que Fran no se había vuelto loca
por la Navidad como yo. Pero una casa grande como la de Thane debería estar
cubierta de alegría festiva, así que compré más adornos.
Cuando lo metí todo en la casa, me preocupó un poco que Thane se
enfadara conmigo por haberme encargado de comprar la decoración navideña.
Sin embargo, cuando Thane irrumpió en la casa cinco minutos después de que
hubiera metido todas mis compras y media hora antes de que tuviera que recoger
a los niños, no era conmigo con quien estaba enfadado.
—¿Qué haces en casa tan temprano? —Tropecé con una bolsa de adornos
para el árbol cuando salí a toda prisa del salón para encontrarme con él en la
cocina.
Su ceño era tan profundo como un ceño puede serlo, y me recordó tanto a
Eilidh, me pregunté cómo alguien podría pensar que no era su padre. Y entonces,
como si hubiera arrancado el pensamiento de mi mente, Thane ladró:
—Sean ha exigido una prueba de ADN.
La ansiedad se apoderó de mí.
—¿Qué?
Thane agitó un papel hacia mí.
—De su abogado. Me van a llevar al juzgado para adquirir una prueba de
paternidad ordenada por el tribunal para determinar si Eilidh es su hija.
—¿Qué? —grité ahora—. ¿Después de lo que hizo? ¿Están locos?
Thane arrojó la carta a la isla y esta revoloteó por el suelo. La recogí,
alisándola para leer las palabras escritas por el abogado de McClintock.
—Hablé con mi abogado en el trayecto a casa. —Thane exhaló lentamente,
con las manos en las caderas, la agitación vibrando en él—. Dijo que, debido al

317
comportamiento errático de Sean, es poco probable que Eilidh sea retirada de mi
custodia en un futuro inmediato.
—¿Futuro inmediato?
Ese músculo hizo un tic en su mandíbula mientras trataba de controlar
su furia creciente.
—No importa la puta idea insoportable de perderla más adelante... ¿qué le
digo ahora, Regan? Tiene cinco años, ¿cómo le explico esto? Incluso si Sean no
consigue la custodia, ¿qué pasa si legalmente no es mía?
Su pecho se agitaba, y pude ver que tenía pánico.
Nuestros papeles se habían invertido. Durante el fin de semana, él me
había calmado. Ahora me tocaba a mí tranquilizarme y apoyarlo.
—Oye, oye, oye. —Le agarré de los brazos, obligándole a centrarse en mí—
. Esto tardará semanas o incluso meses en llegar a los tribunales, de acuerdo,
así que vamos a adelantarnos a esos bastardos.
Thane se calmó en mi abrazo.
—¿Qué quieres decir?
—Lo haremos ahora. Bajo el radar. Tomaremos el cabello del cepillo de
Eilidh y haremos nuestra propia prueba de ADN. Los resultados no tardan
mucho, y finalmente sabrá de una manera u otra y su abogado le ayudará con
un plan. El dolor no le da derecho a entrar en sus vidas y hacer daño a esta
familia.
—No, pero ser su padre biológico sí.
—¿Sií? —Solté con rabia—. Porque, ¿dónde estaba él antes de esto? Estoy
realmente devastada por el hombre que perdió a su esposa e hijo. Es horrible...
pero Eilidh no es el reemplazo de nadie. Si él la quería, debería haber intentado
reclamarla mucho antes de esto. Ya está reclamada. Es una maldita Adair, y no
va a ir a ninguna parte.
Thane rompió de repente su agarre, pero solo para arrastrarme contra él
y poder aplastar mi boca bajo la suya en un beso devastador y hambriento. Me
quedé sin aliento cuando finalmente me soltó. Thane presionó su frente contra
la mía y dijo, con una voz cargada de emoción:
—Gracias, mo leannan.
Su beso, sus palabras de gratitud, me hicieron sentir a mil metros de
altura.

318

Lo único en lo que pude pensar durante la semana siguiente fue en esa


maldita prueba de ADN. Thane había pedido la prueba por Internet. Llegó al día
siguiente y recogimos subrepticiamente la muestra del cepillo de Eilidh y la
enviamos, junto con la de Thane. Mis preocupaciones por Austin se apartaron
de mi mente, y mis planes de decírselo a Thane también. Ya tenía demasiadas
cosas que hacer. No quería molestarlo con esto.
Teníamos muchas cosas para distraernos. Bueno, al menos, muchas cosas
para intentar distraernos. Thane estaba desconcertado por mis compras de
decoración navideña, pero cuando vestí la casa (dejando el árbol para que lo
decoraran los niños), estaba más que contento con los resultados, sobre todo por
lo emocionados y contentos que estaban Eilidh y Lewis.
—¡Es preicoso! —gritó Eilidh mientras iba de una habitación a otra.
—Tengo que devolverte todo esto. Debe de haber costado una fortuna —
había dicho Thane, sonriendo mientras Eilidh intentaba que Lewis estuviera tan
encantado como ella con cada adorno.
—Es mi regalo de Navidad para todos ustedes. —Me encogí de hombros,
mirando mi obra.
—Deberías hacerlo profesionalmente. El decorador de Lachlan en Ardnoch
no podría haber hecho un trabajo mejor.
Sonreí ante el cumplido, y aún más cuando él rompió su propia regla y me
atrajo hacia su lado para besarme la sien en señal de agradecimiento.
Aquel miércoles era el cumpleaños de Robyn, y teníamos a todo el mundo
para cenar, algo que a los niños siempre les encantaba. Eilidh adoraba hacer
reír a la gente, y lo hacía sin siquiera intentarlo, así que noches como aquella
alejaban cada vez más el recuerdo del ataque de Sean. Robyn, al igual que su
prometido, no era una chica de cumpleaños, por lo que confió que se alegraba
de que el ceilidh anual de Navidad de Ardnoch cayera en el fin de semana de su
cumpleaños, frustrando los planes de cualquiera de hacer algo más que una
cena.
El ceilidh era en el Gloaming ese sábado por la noche. Robyn había
insistido en que tenía que vivirlo. Por muy preocupado que estuviera Thane por
los resultados de la prueba de paternidad, sabía que no estaba de humor para
celebraciones, así que le dije que se quedara en casa con los niños. Sin embargo,
quería acompañarme a mi primer ceilidh y Eredine se ofreció a hacer de niñera,
319 junto con dos de los chicos de seguridad de Lachlan. Se sentaron fuera en su
auto para no asustar a los niños.
Thane no quería dejar la seguridad ahora que Sean había dejado claras
sus intenciones. Lachlan, enfurecido como nunca había visto cuando Thane le
habló de la prueba de paternidad, había mantenido la seguridad de los niños.
También había jurado “aplastar a cualquier cabrón que intente meterse con esta
familia”. No voy a mentir, era sexy. Un pensamiento completamente inapropiado
teniendo en cuenta el tema, y que era el prometido de mi hermana y el hermano
de mi amante, pero no podía negarlo.
En cuanto a la fiesta de Navidad, no sabía cómo sentirme al respecto.
Robyn había hablado maravillas de su primera fiesta (más tarde me enteré de
que fue allí donde ella y Lachlan se acostaron, así que no me extraña que tuviera
buenos recuerdos). Creo que si hubiera estado más borracha y conociera los
pasos de baile lo habría disfrutado más. El principio fue agradable cuando todo
el mundo estaba sobrio y estaba dispuesto a enseñarme los bailes folclóricos.
Pero cuanto más borracho estaba todo el mundo más salvaje se volvía y más
aplastante. Estaba sudado y abarrotado; el acordeón empezó a irritarme después
de un rato, y me llevé un codo en la sien unas cinco veces.
Lo bueno es que Thane llevaba una falda escocesa. Al igual que Lachlan y
Mac y todos los hombres. Pero solo Thane hizo que se me revolviera la barriga al
verlo con su ropa tradicional.
Después de ver a todos los hombres del pueblo en falda, decidí que era
como un traje. Algunos hombres lo llevaban, y a otros les quedaba bien. Y a
Thane le quedaba muy bien una falda escocesa.
Los tres hombres llevaban una falda escocesa a juego de color verde oscuro
con detalles rojos, negros y blancos que, según explicó Thane, era el tartán de
Sutherland. Aunque el clan Adair era en realidad de las Tierras Bajas de Escocia,
su rama particular de los Adair había emigrado al norte y se había separado del
clan. Se involucraron más en la política del clan Sutherland, y sus antepasados
optaron por adoptar el tartán de Sutherland en lugar del tartán que llevaba el
clan Adair. Que era el tartán de Maxwell. Confusamente.
Thane trató de explicar lo de los clanes y los aliados y los dependientes,
pero perdí el hilo.
Su larga historia abreviada fue que su familia llevaba el tartán de
Sutherland en su atuendo tradicional. Y, mientras que Mac llevaba un traje de

320
chaqueta negro, chaleco a juego y camisa blanca, las chaquetas y chalecos de
Thane y Lachlan eran de color gris oscuro. Llevaban sporrans a juego sobre las
faldas escocesas, calcetines largos hasta la rodilla que no debían ser calurosos
pero que realmente mostraban las musculosas pantorrillas de Thane, y zapatos
de vestir con cordones que envolvían dichas pantorrillas.
Así que Thane era sexy como un demonio y definitivamente entretenido de
mirar, especialmente cuando se quitó la chaqueta más tarde.
Además, pudo abrazarme en público para los bailes. Me hizo reír, y yo le
hice reír a él mientras maldecía al dueño del Gloaming que me aplaudía en la
cara y gritaba los pasos como un sargento instructor.
Habíamos requisado una mesa redonda al fondo del gran salón. Mac, Arro,
Lachlan, Robyn, Thane y yo. Y cuando no me arrastraban por la pista de baile,
me sentaba en una mesa a reír y bromear con la otra familia de Robyn, sintiendo
que tal vez, solo tal vez, también eran mi familia.
Más tarde, cuando llegamos a casa, Thane insistió en que Eredine
durmiera en el anexo en lugar de conducir hasta su cabaña, pero ella se negó.
Me preocupaba por ella. Robyn también. Dijo que, desde lo de Lucy, parecía que
Eredine se estaba alejando. Había estado tan consumida por mi propio lío, por
el de Thane, por mis sentimientos hacia él, que no le había dedicado suficiente
tiempo. Prometí que cuando las cosas se calmaran un poco lo haría, que haría
un esfuerzo, que arrasaría donde Robyn se negaba a arrasar porque no estaba
en su naturaleza empujar a la gente. Aparte de mí.
Definitivamente estaba en mi naturaleza. Y a veces la gente lo necesitaba.
Los chicos de seguridad de Lachlan prometieron escoltar a Eredine hasta
su casa, y con los niños dormidos desde hacía tiempo, Thane me arrastró hasta
su habitación. Me empujó hacia la cama. Un poco brusco, mucho más excitante.
—He querido besar, lamer y chupar cada centímetro de ti desde el
momento en que bajaste las escaleras con este maldito vestido —gruñó.
Para ser justos, lo había comprado para volverlo loco.
Se trataba de un cambio en mi estilo habitual. Elegí un vestido rojo sangre
de jersey de seda que me llegaba hasta las pantorrillas y que tenía un escote
recatado pero esculpido (¡como pintado!) en mi cuerpo. Dejaba muy poco a la
imaginación, a pesar de mostrar muy poca piel. Sin embargo, probablemente fue
una de las razones por las que no disfruté tanto del baile del ceilidh porque no
podía estirar las malditas piernas con él.
—Y yo he querido meter la mano en tu falda escocesa desde que bajé.

321 Thane sonrió como un lobo mientras pasaba sus manos por mi culo.
—Nada te detiene ahora.
Recordando que había bebido más que yo, miré hacia su puerta cerrada.
—Tienes que acordarte de no hacer ruido.
—No soy yo quien va a necesitarlo.
Comprendí ese comentario segundos después, cuando me empujó sobre
la cama, me subió la falda hasta la cintura, me arrancó la ropa interior y
acomodó su boca entre mis muslos para saciar su hambre.

Tres días después, estaba cargando la ropa sucia a eso de las diez de la
mañana cuando oí el timbre de la puerta. Me apresuré a contestar, y me encontré
con nuestra trabajadora postal local, Pauline. Llevaba unos cuantos paquetes
en la mano.
—¿Más regalos de Navidad? —Pauline sonrió mientras yo firmaba por
ellos.
Probablemente. Agradecí a Dios que nuestro correo siempre llegara cuando
los niños estaban en la escuela o nunca podría esconder sus regalos.
—Algo de correo también. —Me entregó los sobres mientras yo luchaba por
sujetar todas las cajas.
—Muchas gracias —dije, tratando de no dejar caer los paquetes.
Mientras cerraba la puerta con el pie, miré el sobre superior y se me paró
el corazón.
Dios mío, ¡estaba aquí!
Me apresuré a entrar en la cocina, dejé los paquetes sobre la encimera y
me apresuré a agarrar el teléfono de la mesa del comedor. Con las manos
temblorosas, llamé a Thane con la esperanza de que no estuviera reunido y de
que contestara.
Lo hizo al tercer timbre.
—Regan, ¿estás bien?
Al oír su preocupación, porque nunca le llamaba al trabajo, siempre era él
quien me llamaba en su descanso para comer, solté:
322 —Está aquí. Los resultados acaban de llegar.
Thane dudó un momento.
—Dame un segundo. —Oí una conversación apagada al otro lado, y me
desplomé en una silla de comedor, agarrando el sobre. Mi rodilla rebotó por los
nervios.
—Bien, ya he vuelto —dijo Thane un poco sin aliento.
—¿Qué dice?
Sorprendida, respondí:
—¿Quieres que lo abra?
—No puedo esperar la hora que me llevará volver a casa. Así que sí, ábrelo.
Sorprendido y humilde por el hecho de que confiara en mí, puse el teléfono
en altavoz, tomé aire y lo abrí. Casi se me cae la maldita carta de tanto temblar.
Y ahí estaba.
Las lágrimas inundaron mis ojos y sollocé:
—¡Es tuya! Es tuya, cariño, es tuya.
Oí el ruido ahogado que hizo al final de la línea, los sonidos de él tratando
de recuperar el aliento, y sospeché que mi gran y valiente escocés estaba
llorando.
Con ganas de estar con él, le dejé que se tomara su tiempo para procesarlo.
Finalmente, con su voz ronca, dijo:
—Gracias a todo, mo leannan. Gracias a todos los putos del mundo por
eso.
Di un ladrido de risa a través de mis lágrimas.
—Lo sabíamos. Lo sabíamos en nuestras entrañas.
—Sí, pero ahora tengo un papel que puedo darle a mi abogada para que le
diga a Sean McClintock que se puede ir a la mierda.
—Sí, lo tienes. —El alivio me llenó. Ahora Thane podría disfrutar de las
Navidades con Eilidh y Lewis sin esta nube sobre su cabeza.
—Tengo que llamar a mi abogado. ¿Puedes enviarme una foto de los
resultados?

323 —Por supuesto.


—Entonces tengo que avisar a Lachlan.
—Bien. Sí, se sentirá muy aliviado.
—Y luego vendré a casa a comer para poder celebrarlo contigo. En mi
cama.
Sacudiendo la cabeza, puse los ojos en blanco pero sonreí.
—Parece que es tu forma favorita de celebración estos días.
—Oh, absolutamente lo es. Y prepárate. Las buenas noticias me llenan de
energía.
—¿Eso es una promesa?
—Lo sabes de sobra, mo leannan.
Y tres horas después descubrí que no era una falsa.
324

Regan

E
l martes antes de Navidad, tuve mi primera impresión de cómo
sería vivir en Ardnoch durante el verano. Aunque en los últimos
meses solo había visto a algunos actores famosos en el pueblo (¡y
nunca dejaba de ser raro!), Robyn me había advertido de que en verano y en
Navidad era cuando llegaban los paparazzi porque era el momento en que
muchos socios acudían al club.
Y los paparazzi estaban especialmente interesados en uno de los actuales
chicos de oro de Hollywood, Brodan Adair. El hecho de que se le viera en el
aeropuerto de Inverness había sido señal de que volvía a casa, y los buitres le
persiguieron.
Brodan y Lachlan tuvieron que montar un dispositivo de seguridad al final
del camino de entrada a nuestras casas para disuadir a los paparazzi de
acercarse a ellas. Acamparon en el exterior del castillo para ver a los famosos
que iban y venían. Sin embargo, muy pocos invitados se aventuraban a entrar
en el pueblo cuando los papas pululaban.
Era una locura. No me gustó nada. El pueblo adquirió un ambiente tenso.
Todo el mundo estaba en modo de protección y deseaba que los imbéciles se
fueran. Por suerte, la escuela terminó el día después de la llegada de Brodan, así
que solo tuvimos una mañana en la que los paparazzi rodearon el todoterreno y
tuvieron que ser empujados por el equipo de seguridad.
Aun así, el destello de las luces de las cámaras en el auto era cegador, y
les dije a Eilidh y Lewis que se taparan los ojos. Los niños lidiaron con ello mejor
que yo, ya que habían crecido con esto y entendían (Lewis más que Eilidh) que
sus tíos eran famosos. Sin embargo, eran demasiado jóvenes para ver alguna de
sus películas, así que creo que todavía era una idea abstracta para ellos.
Ese miércoles por la noche, todo el equipo se reunió en casa de Thane para
cenar: Thane, los niños, Robyn, Lachlan, Arro, Mac, Eredine y Brodan. A lo largo
de la cena noté que Eredine estaba aún más monosilábica que de costumbre, y
la mirada del hermano menor de Thane se dirigió a ella más de un par de veces
mientras respondía a preguntas sobre su última película.
325 Los estudié, pero Eredine no lo miró ni una sola vez.
Cuando ella insistió en marcharse justo después de la cena, alegando un
dolor de cabeza, Lachlan lanzó una mirada frustrada a su hermano antes de
acompañarla a la puerta. Ahora estaba intrigado. Aunque Ery era reservada, le
gustaba estar cerca de nosotros y normalmente se iba cuando todos los demás
lo hacían. ¿Qué tenía Brodan que la incomodaba tanto?
—Así que... tú eres la niñera.
Me volví de mi sitio en la cocina, donde había estado preparando cacao
caliente para Eilidh y Lewis (una tarea que se multiplicó cuando todos los adultos
decidieron que querían el suyo, con un chorrito de whisky), para encontrar a
Brodan paseando hacia mí.
Un rápido vistazo a la gran sala me indicó que todos estaban en la sección
con los niños, riendo y charlando. Sin embargo, la atención de Thane estaba
puesta en nosotros, en la cocina.
Mirando a Brodan, enarqué una ceja.
—Así es. Y tú eres el hermano díscolo.
Fue su turno de enarcar una ceja.
—¿Yo? Creía que era Arran.
—Creo que ahora son los dos.
Frunció el ceño y bajó la mirada hacia las tazas.
—¿Puedo ayudar?
—Puedes agarrar la nata montada de la nevera.
Sus ojos azules pálidos, del mismo tono que los de Arro, se levantaron para
encontrarse con los míos. Sus labios se movieron, recordándome a Thane.
—Si tuviera un céntimo por cada vez que una mujer me ha dicho eso.
Intenté no sonreír, pero me lo puso difícil. Ya estaba demostrado que no
era inmune a un escocés encantador.
—Solo trae la nata.
—A tu servicio —se burló mientras iba a hacerlo.
Miré por encima del hombro mientras se movía por la habitación hacia la
nevera, y no pude evitar fijarme en él. Brodan era tan alto como Lachlan, pero
aún más ancho de hombros, con unos bíceps esculpidos e impresionantes como

326
los de una estrella de cine bajo su jersey de cachemira. Su cintura se estrechaba
dramáticamente en una perfecta uve de Capitán América, y no podía mirar
demasiado tiempo su culo porque me hacía sentir culpable por apreciarlo. Se
podía romper una piedra, y no digamos un huevo, en esa cosa.
Como todos los hermanos, Brodan tenía el cabello rubio arenoso y, al igual
que Lachlan, lucía una barba incipiente de diseño.
Al concentrarme en el cacao caliente, me sorprendió un poco sentir su
calor a mi espalda mientras trabajaba.
—Nata montada, mi señora —pronunció Brodan, haciendo sonar las
palabras sucias, mientras colocaba la lata frente a mí. Su cuerpo rozó mi espalda
con el movimiento.
Me puse rígida.
—Gracias. —Intenté apartarme, pero había poco espacio. Me tenía
atrapada entre él y el mostrador. Si Thane seguía observándonos, esto no tenía
buena pinta.
—¿Te pongo nerviosa? —preguntó Brodan en voz baja.
Giré la cabeza para encontrar su mirada.
—No, pero estás en mi espacio personal.
Sonrió.
—Tu espacio personal huele muy bien.
Tan cerca de él, vi algo en sus ojos que reconocí. Algo cansado y un poco
desesperado, que se escondía bajo el encanto y el descaro. Era como mirarse en
un maldito espejo.
¿Qué le había pasado?
Al ver mi cara, su expresión decayó. La cautela se apoderó de él y se relajó.
—Entonces, ¿realmente eres la niñera? —preguntó, y me pregunté si era
para distraerme de lo que acababa de ver.
—Creo que hemos establecido que, de hecho, soy la niñera.
Brodan sonrió, y era tan parecida a la de sus hermanos que no pude
evitarlo; el cariño se apoderó de mí a pesar de que intentaba coquetear.
—¿Solo te paseas por la casa de mi hermano mayor? Día tras día.
Entrecerré los ojos ante la insinuación en su voz.
327 —¿Qué significa?
—Que eres muy guapa.
—También soy buena en mi trabajo. —Agarré la nata montada, la hice
girar expertamente sobre la parte superior de dos tazas y luego espolvoreé ambas
con rizos de chocolate. Le di los cacaos a Brodan y le dije con los dientes
apretados—. ¿Por qué no se los llevas a los sobrinos que nunca ves? Les vendría
bien tu atención más que a mí.
Un destello de ira hizo que sus ojos parecieran más azules, pero tomó las
tazas, me hizo una brusca inclinación de cabeza y salió de la cocina.
—¡Eh, niños! Miren lo que les ha hecho el tío Bro.
Hice una mueca y capté la mirada de Thane al otro lado de la habitación.
Su expresión era ilegible, pero cuando puse los ojos en blanco ante la audacia
de Brodan, Thane sonrió y se levantó del sofá.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó mientras se dirigía a la cocina.
—Sí, por favor. —Empujé las tazas hacia él.
Entonces me tocó la parte baja de la espalda y le miré sorprendida antes
de mirar a nuestros invitados. Nadie estaba mirando.
—¿Estás bien? —preguntó.
—Oh, sí. Tu hermano es inofensivo.
El músculo de su mandíbula se tensó, pero se limitó a asentir y tomó las
tazas que le había pasado y las llevó hacia Robyn y Lachlan. Esperaba que Thane
no estuviera celoso de aquel breve momento en la cocina. Su hermano
probablemente coqueteara con todo lo que tuviera falda. Y, aunque me daba
cuenta de lo guapo que era y del increíble cuerpo que tenía, no me inspiraba una
reacción visceral. A veces me excitaba solo la sonrisa de Thane. Me afectaba de
una manera que ningún hombre había hecho. Y deseaba poder decírselo sin
asustarlo.
Thane

328
La llegada de Brodan a casa para las vacaciones de Navidad llenó a Thane
de una extraña mezcla de alivio y agitación. Sus visitas eran cada vez más
escasas, y ya no conocía bien a sus sobrinos.
Al verlo con ellos, Thane añoraba los días en que estaban todos juntos.
Coquetos por naturaleza, Brodan y Eilidh gravitaban hacia el otro, y Thane era
testigo de cómo algo se alejaba de su hermano cuando Eilidh lo hechizaba. Al
escuchar las sonoras y profundas risas de Brodan ante las ocurrencias
demasiado rápidas y las adorables travesuras de Eilidh, Thane se frotó el pecho,
donde sentía un ligero dolor.
Echaba de menos a Brodan. Echaba de menos a Arran. Arran, que había
llamado a Brodan para informarle de que no podría volver por Navidad, pero para
enviarle sus mejores deseos. Sus malditos mejores deseos.
Thane observó cómo Regan y Robyn volvían de la cocina con más cacao,
el último para Eilidh y Lewis, antes de irse a la cama, y sus ojos se entrecerraron
cuando Brodan levantó la vista para observar a Regan. La mirada de su hermano
se desplazó por su cuerpo, y Thane cerró las manos en puños, resistiendo el
impulso de ladrarle para que apartara sus malditos ojos de ella.
Los celos que surgieron en él cuando vio a Brodan apretar a Regan contra
el mostrador fueron insoportables. Había querido golpear a su hermano. No
había sentido ese impulso desde que eran niños y Brodan estrelló un balón de
fútbol contra la maqueta en 3D del castillo de Edimburgo que Thane había
pasado meses construyendo con palitos de helado.
También se había dado cuenta de que Regan miraba a su hermano.
Y no le había gustado.
No le había gustado nada.
Así de fácil sería, había pensado para sí mismo, que su cabeza se girara
una vez que se aburriera de jugar a las casitas con él.
Guardando silencio por los celos que odiaba que ella le inspirara, Thane
se quedó callado mientras sus hermanos les contaban a Robyn, Regan y los
niños historias divertidas de su infancia.
—¿Qué tal la vez que Arran y tú se colaron en mi primera cita? —Arrochar
miró a Brodan con el ceño fruncido.
—¿No lo hicieron? —Regan la miró con horror.
—Oh, sí, lo hicieron. Blake Burnside me invitó a salir en tercer año. Me
329 alegré mucho porque todos mis amigos ya habían tenido citas y me preocupaba
que no le gustara a nadie. Su madre nos llevó al cine en Inverness y nos iba a
recoger después. Estábamos sentados en el cine y Blake acababa de atreverse a
cogerme de la mano cuando se produjo todo un revuelo a nuestro alrededor. Miro
el asiento vacío al lado de Blake, y ya no está vacío. Brodan está en él. Y de
repente Arran está en el asiento de al lado. Me avergonzaron.
—¿Dónde estabas tú? —Robyn intentó no reírse mientras se dirigía a su
prometido.
Lachlan sonrió.
—En un plató de cine en alguna parte.
—¿Y tú? —preguntó Regan a Thane.
Thane se encontró sonriendo, a pesar de sus infelices pensamientos.
—En la uni.
—¿En la uni? —se burló Brodan—. ¡Era su maldito plan! Solo éramos sus
soldados de a pie.
Thane miró a su hermano con fastidio cuando Arrochar se volvió hacia él.
—¡No es cierto!
Frotándose el cuello con timidez, se encogió de hombros.
—No dpoaí estar allí para asegurarme de que estuvieras bien. Y de todos
modos —le lanzó una mirada de advertencia a Lachlan—, solo cumplía órdenes.
—¡No! —Arro se volvió hacia Lachlan, haciendo que todos se rieran.
Lachlan sonrió sin arrepentirse.
—Tenías catorce años. Si los chicos iban a salir contigo, debían saber a
qué se enfrentarían si te hacían daño.
Ella negó con la cabeza.
—¡No me volvieron a invitar a salir en dos años!
—Bueno, eso fue un bonus accidental.
Robyn empujó a Lachlan juguetonamente en nombre de Arro, y este rugió
de risa, poniéndolos a todos en marcha. Thane sorprendió a Brodan observando
de nuevo a Regan mientras esta caía contra Arro riendo, con sus malditos
hoyuelos. Cualquier diversión que Thane sintiera murió al ver el claro interés en
los ojos de Brodan.
330 Poco después, cuando Regan anunció que era hora de dormir para Eilidh
y Lewis, Thane los subió y los acomodó como siempre lo hacía. Eilidh estaba más
hiperactiva que nunca, y él lamentó haberle permitido ese último cacao caliente.
—No quiero dormir, papá —le gruñó con voz de monstruo.
—Tienes que hacerlo, bichito. Ya ha pasado tu hora de dormir.
—¡Pero quiero estar abajo!
—Vamos. —La llevó a la cama, subió las sábanas y se acomodó junto a
ella en un rápido movimiento—. Te leeré La noche antes de Navidad.
Ella arrugó el ceño como una octogenaria, pero no pudo resistirse a
acurrucarse en él mientras él avanzaba lentamente por el libro navideño.
Afortunadamente, a pesar de su entusiasmo, también era una niña de cinco
años llena de energía que necesitaba dormir. Sus ojos se cerraron, con unas
pestañas gruesas que proyectaban sombras sobre sus mejillas regordetas. Thane
la estrechó más, limitándose a observarla durante un rato, prefiriendo sentir el
alivio absoluto de saber que nadie podría arrebatarle a su hija en lugar de pensar
en el pánico de que un día cualquiera, otra hembra que se había convertido en
un tesoro para él se le escaparía de las manos como la arena.
Un rato después, Thane bajó las escaleras y encontró que los adultos,
excepto Arro, que llevaba a Mac a casa, habían pasado a tomar un vaso de
whisky. Brodan se había insinuado de algún modo en un asiento junto a Regan.
Tenía el brazo estirado a lo largo del respaldo del sofá detrás de ella. Thane
intentó que no le molestara, teniendo en cuenta que Regan estaba enfrascada en
una conversación con Robyn, pero cuando se sentó en el extremo del sillón, no
pudo evitar que sus ojos se dirigieran a ellos.
Brodan estaba charlando con Lachlan, pero los ojos de águila de Thane
captaron su sutil movimiento. Su hermano empezó a dibujar círculos en el
hombro de Regan.
Su tripa se tensó de rabia y estaba a punto de arremeter contra Brodan
cuando Regan se lanzó de repente del sofá.
—Lo siento, me pica detrás de los omóplatos. Robbie, ¿puedes? —Se
agachó, y mientras su hermana fruncía el ceño ante la aleatoriedad de Regan,
se acercó a rascarle la espalda.
—¿Lo tienes? —preguntó Robyn.

331 —Sí, gracias. Odio esos incómodos picores. —Regan sonrió


despreocupadamente, pero Thane la reconoció como lo que era: una sonrisa
falsa. Cuando volvió al sofá, se sentó junto a él en su lugar.
Las tripas se le deshicieron.
Quiso ponerle la mano en el muslo en un gesto odioso y reivindicativo.
Poco después, sonó el teléfono de Brodan.
—Maldita sea. —Miró el identificador de llamadas—. Tengo que responder.
—¿A estas horas? —Lachlan frunció el ceño.
—Es mi agente. Está en horario de Los Ángeles. Solo será un segundo. —
Brodan se levantó y se dirigió hacia los bifolds que daban al exterior—. ¿Qué
pasa? —preguntó al abrir la puerta.
El aire helado los envolvió de inmediato y todos se estremecieron. La
puerta se cerró tras Brodan y el aire volvió a calentarse.
Cinco minutos después, cuando aún no había regresado, el fastidio de
Thane aumentó. No se trataba solo de su coqueteo con Regan; era el hecho de
que no había visto a su familia en medio año, y no podía pasar una noche sin
hablar de compras... Agravado, Thane se levantó y se dirigió hacia las puertas.
—Thane —llamó Lachlan en señal de advertencia.
Thane le hizo un gesto y salió a al porche.
Su aliento se agitó en el aire en cuanto cerró las puertas tras de sí. Hacía
un maldito frío báltico. Temblando, se dio la vuelta para encontrar a Brodan
sentado en las escaleras del fondo de la cubierta. Sin teléfono en la mano. Solo
miraba la negrura más allá. Aunque podía oler el mar y oírlo golpear las rocas
de abajo, no podía ver nada, por eso a los niños no se les permitía salir aquí en
la oscuridad total.
—¿Qué estás haciendo? —Thane se sentó al lado de su hermano, la
madera helada se filtró en el culo de sus pantalones—. Hace mucho frío.
Brodan se encogió de hombros.
—Me gusta. He estado rodando en un desierto durante meses. Esto es
refrescante. Es mi hogar.
El sonido de añoranza en su voz hizo que Thane frunciera el ceño.
—¿Entonces por qué nunca estás aquí?
—Porque tengo una vida, una carrera.
Thane emitió un resoplido, pero no respondió.
332
—De todos modos, les va bien sin mí. Nunca he visto a Lachlan tan feliz.
—Sí, Robyn es buena para él.
—Es muy buena. —Le lanzó una sonrisa a Thane—. Su hermana es
sabrosa. No puedo imaginar que sea una dificultad tenerla cerca.
Los celos y la rabia volvieron a brotar en su interior.
—Te mantendrás alejado de Regan.
Brodan resopló.
—Solo es un coqueteo inofensivo.
—Dejarás de hacerlo. La estás haciendo sentir incómoda.
—¿La estoy incomodando, hermano, o te estoy incomodando a ti? —Toda
la diversión huyó de la expresión de Brodan mientras miraba fijamente a los ojos
de Thane—. No soy un idiota. Puede que nuestra familia no se haya dado cuenta,
pero yo sí. La vigilas como un halcón. Y ella también te mira a ti. Un hombre no
mira a su hermano como si quisiera arrancarle la cabeza por mirar a una mujer,
a menos que él mismo se esté follando a dicha mujer.
—Brodan —advirtió.
Su hermano levantó una mano para cortarlo.
—No se lo diré a nadie. —Se levantó y miró fijamente a Thane—. Pero, ¿has
pensado realmente en esto, Thane? Es mucho más joven que tú, es preciosa y
apenas ha experimentado la vida. Yo solo... —Suspiró con fuerza—. No quiero
que te hagan daño. Ten cuidado. —Le dio una palmadita en el hombro a Thane
y volvió a subir a la cubierta para desaparecer en el interior.
Thane ladeó la cabeza, luchando contra un millón de emociones, pocas de
ellas agradables. Finalmente, sabiendo que todos se preguntarían dónde estaba,
respiró profundamente y se tranquilizó antes de obligarse a volver al interior.
333

Regan

M
ientras que nuestra madre esperaba demasiado de Robyn en
todas las cosas, esperaba muy poco de mí. No sabía qué era peor:
¿la presión o la falta de fe?
Lo que había empezado como un alegre reencuentro en el aeropuerto de
Inverness, un vertiginoso viaje en auto hasta Ardnoch y una encantadora cena
con nuestra madre y nuestro padre había cambiado un poco al día siguiente.
Era Nochebuena y, aunque Mac asistiría a la cena de Navidad con nosotros,
había decidido no estar allí la noche del veinticuatro. También se había ofrecido
a no asistir el día de Navidad, porque no quería que mamá y papá se sintieran
raros, pero Robyn se opuso. Era su primera Navidad con su padre en años, y no
se la iba a perder.
Ery y Arrochar también habían renunciado a la cena de Nochebuena con
nosotros.
Mamá y papá estaban, como casi todo el planeta, encantados con la
efervescente personalidad de Eilidh y la adorabilidad reservada de Lewis. En la
mesa, me senté junto a papá. No me había dado cuenta de lo mucho que había
echado de menos su gran y sólida presencia en mi vida. Solo había que echarnos
un vistazo para saber de dónde había sacado la mayoría de mis genes. Papá era
un buen hombre. Su trabajo le afectaba más de lo que me gustaba, pero eso era
porque era honrado y, por desgracia, a veces el sistema judicial no lo era. Sé que
a menudo se sentía impotente, pero lo compensaba siendo el mejor detective que
podía ser.
Estaba orgulloso de él.
Papá me apretó a su lado, diciéndome que él también me echaba de menos.
—Pareces feliz. —Sonrió con esos hoyuelos que me había otorgado.
—Lo estoy.
—Bien. —Me besó la sien y volvió a su plato.
Sabía que el hecho de que yo fuera feliz en Escocia debía de ser una
perspectiva aterradora para papá, pero creía que quería lo mejor para mí, aunque
eso significara que hubiera un océano entre nosotros.

334 —Vendrás a pasar la noche con nosotros en casa de Robyn —dijo mamá
mientras discutíamos los planes para el día siguiente—, después de la llegada
de Papá Noel.
Eilidh aguzó las orejas y me miró con ojos grandes.
—Me quedo aquí —respondí para algo más que el beneficio de mi madre.
Mamá frunció el ceño mientras tragaba un bocado del pastel de carne que
habíamos comprado en la carnicería del pueblo.
—Pero es Nochebuena. Deberías estar con tu familia. Hemos venido hasta
aquí, Regan. No seas desconsiderada.
Mi columna vertebral se quebró ante su tono.
—Stace —advirtió papá en voz baja.
—No estoy siendo desconsiderada —respondí con calma—. Les prometí a
Eilidh y a Lewis que estaría aquí para abrir los regalos con ellos a primera hora
de la mañana, y ahí estaré.
—¿Y qué pasa con nosotros?
Podía sentir a Eilidh mirando.
—Mamá, los niños se levantarán súper temprano. Tú ni siquiera estarás
despierta. Iré después a abrir los regalos con ustedes entonces.
—¿Te vas a ir? —Eilidh frunció el ceño—. ¡No puedes irte el día de Navidad!
Tienes que venir a casa de mamá con nosotros, riri.
Mi plan había sido visitar a mi familia en casa de Robyn y Lachlan
mientras Thane llevaba a los niños al cementerio para visitar la tumba de Fran.
Ponían flores en su tumba una vez al mes, un viaje que siempre hacían el fin de
semana y que yo nunca había hecho con ellos por respeto. También la visitaban
cada Navidad, Año Nuevo y en su cumpleaños.
—¿De mamá? —Mamá frunció el ceño, pues le habían dicho que Thane
era viudo.
Le dije con la cabeza que se callara y me volví hacia Eilidh.
—Cariño, es la hora de la familia.
—¡Pero tú eres de la familia!
—Eilidh, no le grites a Regan —la amonestó Thane—. Mañana Regan
pasará parte de la mañana con su familia mientras nosotros visitamos a mamá.
La veremos por la tarde. Fin de la discusión.

335 Había utilizado el tono con el que los chicos nunca discutían, pero Eilidh
hizo un mohín dramático y me lanzó una mirada implacable.
Mierda.
Brodan, afortunadamente, se comprometió con mamá, preguntándole con
esa voz coqueta cómo era posible que una mujer tan atractiva y tan joven pudiera
tener dos hijas adultas. A mamá, por mucho que quisiera a papá, no le
disgustaba que un guapo actor de Hollywood la adulase. A pesar del disgusto de
Eilidh, me relajé cuando el calor de la desaprobación de mamá se enfrió bajo la
atención de Brodan.
—Están encariñados contigo —murmuró papá a mi lado, refiriéndose
claramente a los niños.
—Sí, nos hemos hecho muy amigos.
—Entonces, ¿a qué hora podemos esperarte mañana? —insistió mamá de
repente.
—Mamá —resopló Robyn—, es Navidad. No hay horarios ni rutinas. Vamos
a disfrutarla.
—Lo haría si mis dos hijas se molestaran en aparecer.
—Por el amor de Dios, Stacey. —Papá la fulminó con la mirada—. Aquí no.
Miré a Robyn en la mesa e intercambiamos una mirada cómplice. Mamá
no estaba enfadada porque no pasara la noche con ellos; estaba enfadada porque
estaba aquí en primer lugar. Estaba enfadada porque no me había comunicado
con ella tanto como con papá.
Y estaba enfadada por los últimos diez años de mi vida, en los que parecía
no hacer más que decepcionarla.
Lo odiaba, porque había echado de menos a mis padres, pero me sentí
aliviada cuando se fueron unas horas más tarde para que pudiéramos acostar a
los niños.
Lewis dormía muy bien y se quedó dormido sin problemas, aunque se
notaba que estaba entusiasmado con Papá Noel.
Eilidh estaba... bueno...
—¡Pero quiero ver a Papá Noel! —gritó mientras Thane y yo tratábamos de
acomodarla.
—Tienes que dormir, bichito. Papá Noel solo deja regalos a los niños
buenos que se van a dormir cuando deben hacerlo.

336 Ella lo consideró, hizo un mohín y cruzó los brazos sobre el pecho.
—No es mi culpa si no puedo dormir.
—Pero puedes intentarlo —insistió Thane—. Y, cuando te despiertes por la
mañana, tu calcetín estará mágicamente lleno de regalos y tirado a los pies de
tu cama. Y habrá más regalos bajo el árbol.
Sus ojos se abrieron de par en par y se abalanzó sobre Thane, estrechando
su cara barbuda entre las manos.
—¡Papá, no puedo esperar! Y no quiero que Papi no me deje regalos porque
estoy demasiado emocionada.
Mientras me tapaba la boca para amortiguar mi diversión, Thane se
esforzaba por no reírse mientras la abrazaba contra sí.
—Está bien, Papá Noel vendrá, pero tienes que calmarte, querida.
—Lo estoy intentando —gimió ella.
Al final, utilicé un truco que Robyn solía utilizar conmigo. Escogí el libro
menos favorito de Eilidh y se lo leí en un tono suave y tranquilizador. Al principio
se quejó, pero al final se le cerraron los ojos mientras se apoyaba en el pecho de
su padre.
—Está dormida —murmuró Thane.
Con un suspiro de alivio, la colocó cuidadosamente sobre la almohada y
salimos de la habitación. En la planta baja, mientras me bebía la mayor parte
del vaso de leche que los niños habían dejado para Papá Noel, Thane se acercó
a mí en la isla.
—Así que... tu madre es un poco insoportable —opinó sin rodeos.
Manteniendo la voz baja, me encogí de hombros.
—Estoy acostumbrada.
—No deberías estarlo.
—No es horrible —susurré a la defensiva—. Tuvimos muchos buenos
momentos con mamá mientras crecíamos. Solo es... desconfiada. Siempre espera
demasiado de Robyn y nunca...
—Espera lo suficiente de ti —contestó con tono sombrío.
Mi pulso se aceleró ante su perspicacia.
—Es lo que es.
Thane se inclinó hacia mí.
337
—Si no puede ver lo malditamente maravillosa que eres, es una tonta.
Mi estómago dio un vuelco ante sus palabras y me incliné para besarlo.
Quería que fuera solo un picoteo, pero Thane me agarró por la cintura y me
atrajo hacia él para darle un beso más profundo. Gimió, arrastrando besos por
mi garganta.
—Maldito sea tu periodo.
Sonreí, apartándolo juguetonamente.
—Alégrate de que esté aquí.
Habíamos tenido tanto sexo que era un milagro que las probabilidades de
embarazo no estuvieran en nuestra contra, a pesar de usar anticonceptivos.
Thane se rió en voz baja, aunque tenía la mirada de un hombre frustrado.
Me ayudó a comer las galletas que los niños habían dejado fuera y luego
devolvimos a la nevera las zanahorias que habían puesto para los renos, pero
dejamos el plato.
El espíritu de la Navidad nos invadió mientras entrábamos y salíamos de
la casa de puntillas con nuestros abrigos y botas, llevando los regalos que había
envuelto y escondido en el anexo. Toda la familia había dejado también los
regalos de los niños, y yo los había colocado de forma muy bonita alrededor del
árbol. La tradición de Thane era decirles a los niños que su gran regalo era de
Papá Noel y que el resto era de él y de sus seres queridos.
Coloqué mis regalos para ellos junto a los de Thane y puse el de este en el
montón de su familia. Desapareció mientras yo perfeccionaba el arreglo y sacaba
una foto para enviársela a Robyn. Los regalos desbordaban el árbol y la bicicleta
que Lewis había pedido estaba apoyada contra la pared con un gran lazo rojo y
verde.
El gran regalo de Papá Noel para Eilidh era el castillo de Arendelle, de la
película Frozen de Disney, junto con las muñecas que lo acompañaban. Le iba a
encantar.
Emocionada por ver las reacciones de los niños por la mañana, tardé un
minuto en darme cuenta de que Thane me estaba mirando.
—¿Qué pasa? —susurré.
Negó con la cabeza, acercándose al árbol con una bolsa de regalos de
Navidad en la mano.
—Es que... te gusta mucho esto.
338 —La Navidad es cosa de niños. El primer año que me di cuenta de que
Papá Noel no era real, la magia desapareció. Pero ... esta es la primera vez que
la siento desde que era un niño. Me emociona que estén emocionados.
Thane me miró fijamente, con una expresión ilegible.
—¿Qué es? —repetí.
Negó con la cabeza y colocó la bolsa de regalos cerca de los regalos. Pude
ver un par de paquetes envueltos dentro.
—¿De dónde ha salido eso?
Thane se giró y me guiñó un ojo.
—De Papá Noel.
—¿Son para mí?
Sonrió.
—No podía no comprarte un regalo de Navidad o dos.
Mirándolos con avidez, susurré:
—¿Qué son?
Su suave risa llenó mis oídos mientras rodeaba mi cintura con sus brazos,
atrayéndome contra su pecho.
—Tendrás que esperar hasta la mañana para averiguarlo, como todos los
demás chicos y chicas buenos.
El deseo me recorrió, repentino e intenso, y culpé a mis malditas hormonas
y a la absoluta ironía de lo excitada que estaba cuando no podía hacer nada al
respecto.
Bueno... podía hacer algo al respecto.
Girando en sus brazos, le rodeé el cuello con los míos.
—Hemos terminado aquí. Es hora de ir a la cama.
—¿Ya? —Frunció el ceño—. ¿No quieres sentarte un rato?
—Estoy cansada —mentí.
Su decepción fue adorable y me hizo sentirme muy cálida y confusa. Me
encantaba que quisiera estar a solas conmigo, incluso cuando no se trataba de
sexo. Definitivamente, el testarudo se preocupaba por mí. Solo tenía que
conseguir que lo admitiera. Pero no durante la Navidad. Las vacaciones se
centraban en Eilidh y Lewis.
339 Llevamos los calcetines llenos de los niños al piso de arriba y nos
arrastramos hasta sus habitaciones para colocarlos en el extremo de las camas,
como era tradición entre los Adair. Contuve la respiración todo el tiempo,
temiendo despertarlos.
Cuando terminamos, sin que Eilidh y Lewis se dieran cuenta, nos
detuvimos frente a la puerta de la habitación de Thane, quien suspiró antes de
susurrar:
—Supongo que esto es una buena noche.
Sonriendo, le empujé a través de la puerta de su habitación.
—No del todo.
Los ojos de Thane se iluminaron mientras entraba a trompicones en la
habitación.
—Creía que no podías.
Cerré la puerta tras nosotros y me arrodillé frente a él.
—No puedo... pero eso no significa que no pueda darte un regalo de
Navidad anticipado.
—Joder —murmuró, su expresión se oscureció de necesidad mientras le
bajaba la cremallera—. ¿Qué he hecho para merecer esto?
No pude responder. Estaba demasiado ocupada haciendo que su
Nochebuena fuera extremadamente memorable.
Después, mientras Thane intentaba recuperar el aliento, esforzado no solo
por mi generosa boca sino por el esfuerzo de estar callado, me puso en pie y me
empujó hacia la cama.
—Vas a dormir conmigo esta noche.
Sorprendida, me quedé boquiabierta. Desde que me había mudado a la
casa, Thane siempre había visitado mi cama por la noche y se había ido después
de hacer el amor. No habíamos pasado la noche durmiendo en los brazos del
otro desde la mañana siguiente a la que habíamos hecho el amor toda la noche.
E incluso entonces, solo nos habíamos dormido juntos por puro agotamiento.
Sospechaba que sabía por qué Thane nunca pasaba la noche conmigo,
aunque mis inseguridades querían que pensara que me estaba utilizando. Sin
embargo, no lo creía.
No ahora.

340 Ahora que sabía cómo había muerto Fran.


Sospechaba que Thane tenía miedo de irse a dormir conmigo en la cama
por cómo había encontrado a Fran. Y eso me rompió el maldito corazón.
—¿Estás seguro? —Intenté mantener sus manos a raya mientras
intentaba desvestirme, queriendo asegurarme de que no estaba sobrepasando
los límites que había necesitado durante tanto tiempo.
La emoción se agitaba en su mirada junto a la ferocidad.
—Sí.
—Pero los niños se despertarán primero.
—No lo harán. Nunca se han despertado antes de las siete el día de
Navidad. Sabes que duermen muy bien. Y te despertaré temprano para que
puedas salir.
—Thane...
Me besó, cortándome, y luego murmuró contra mis labios:
—Solo quiero abrazarte.
Cuando me desnudó hasta la ropa interior, sin sujetador, enarqué una
ceja, con el corazón palpitando en mi pecho.
—¿De verdad?
Thane me dedicó esa sonrisa malvada de niño mientras me empujaba a la
cama.
—Si no puedo estar dentro de ti, al menos puedo sentirte desnuda contra
mí.
Resoplé, pero realmente no me importaba. Quería dormirme en sus brazos
más que nada.
—¿Pondrás la alarma?
—Lo haré —prometió.
Cuando se desnudó, puso el despertador y se metió en la cama a mi lado,
yo ya estaba mareada. Esto, para mí, era tan bueno como el sexo. Su brazo
musculoso me atrajo hacia su pecho y me topé con su calor acerado. El vello de
sus piernas me hizo cosquillas, y enrosqué mi pie alrededor de su pantorrilla,
enredándonos. Enterró su cara en mi cuello, me agarró el pecho posesivamente
y se relajó completamente en mí.
Como estaba seguro de que a él le parecía bien, yo también me relajé.

341 La satisfacción pura me arrulló en un sueño muy profundo.

—Riri-
Gemí cuando una voz familiar se coló en mi sueño.
—¿Papá?
Había un brazo pesado sobre mi cintura. Sentí el cosquilleo de la barba de
Thane en mi hombro y el latido de su erección matutina contra mi culo. Empujé
hacia él con un gemido.
—¡Riri, papá, despierten!
Me tensé y el brazo que me rodeaba también se tensó.
No.
No, no, no.
—¡Papi ha llegado! ¡Despierten!
Un tirón del edredón hizo que mis ojos se abrieran de golpe y mi mano se
alargó para agarrarlo y que nos cubriera a Thane y a mí.
Eilidh estaba de pie a mi lado de la cama, mirándome con esos grandes y
curiosos ojos azules. Bailaban con su impaciencia inquisitiva.
—¿Por qué estás en la cama de papá?
—Joder —murmuró Thane en mi piel.
Piensa rápido, piensa rápido, piensa rápido.
—Oh, bueno, debo haberme quedado dormida aquí esperando a Papá Noel.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿Te lo has perdido? Porque ha venido. Me ha llenado el calcetín y hay un
montón de cosas bonitas que quiero enseñarte.
Hice una mueca de disgusto por su tono, pero la disimulé con una sonrisa.
—¿Por qué no vuelves a tu habitación a esperarnos a mí y a tu padre?
Enseguida entramos.
—Pero...
—Bichito… —Thane levantó la cabeza de mi hombro—. Haz lo que dice
342 Regan. Espéranos en tu habitación, cariño.
—¡Está bien! —Comenzó a retroceder—. ¡Pero date prisa, papá!
Una vez que la puerta se cerró detrás de ella, ambos saltamos de la cama.
—Oh, Dios mío, oh. Dios mío, oh, Dios mío. —Me puse la ropa
frenéticamente.
—Está bien —dijo Thane, aunque su expresión desmentía su calma—. No
entiende lo que ha visto, y está demasiado emocionada para preocuparse o
recordar.
—¿Estás seguro? —Temblé mientras me ponía el jersey.
—Claro. —Rodeó la cama y me puso las manos en los hombros—. Actúa
con normalidad y lo olvidará.
Asentí, pero mientras seguía a Thane fuera de la habitación temí no poder
fingir. No era solo que me preocupara que Eilidh se confundiera al encontrarme
en la cama con su padre. Me enfadaba y deprimía que, después de todo lo que
había pasado entre Thane y yo, siguiéramos a escondidas como si estuviéramos
haciendo algo malo.
Lo que teníamos ra más correcto que cualquier otra cosa en mi vida.
¿Por qué no podía ver eso él también?
343

Regan

T
hane tenía razón.
Eilidh ni siquiera mencionó haberme encontrado en la cama
de su padre. Estaba demasiado ocupada mostrándonos todo lo
que había en su media (que, por supuesto, ya habíamos visto
porque la habíamos puesto allí) mientras nosotros nos deleitábamos.
—¿Podemos despertar a Lewis ahora? —suplicó con un grito lo
suficientemente fuerte como para despertar a los muertos después de que Thane
dijera que no podíamos abrir los regalos abajo hasta que su hermano estuviera
despierto.
Su padre y yo intercambiamos una mirada antes de que Thane fuera a
comprobar si sus gritos habían despertado a Lewis. Un par de minutos después,
Thane regresó con un Lewis dormido en brazos. Lew sostenía su calcetín.
—Feliz Navidad, cariño. —Me incliné para darle un beso en la mejilla.
Para mi deleite, se acercó.
—Feliz Navidad, riri. —Thane me lo entregó y, aunque pesaba una
tonelada, lo agarré con fuerza y le di un gran abrazo antes de bajarlo al suelo.
Mi corazón estaba lleno.
Y seguía llenándose, hinchándose con la dulce tensión de demasiadas
emociones a medida que el día se alargaba. Eilidh y Lewis estaban más que
encantados con sus regalos de Papá Noel y con los de su padre, los míos y los
del resto de la familia. Thane dijo que le encantaba la fotografía que Robyn había
tomado de Eilidh y Lewis en la playa. La había tomado hace unos meses, cuando
ella, yo y los niños habíamos ido a dar un paseo durante sus vacaciones de
octubre. Había sido un día muy desapacible, pero los rayos de sol se habían
colado a través de una brecha en las nubes, creando una luz increíble en las
dunas de arena. Había agua en pequeños charcos a lo largo de la orilla, y Eilidh
y Lewis habían disfrutado mucho haciendo huellas en la arena mojada.
Se habían adelantado a nosotros y Robyn había captado una hermosa
imagen de Lewis volviéndose para alcanzar la mano de Eilidh y ayudarla a cruzar

344
un charco más grande.
En cuanto la vi, supe que tenía que enmarcarla y regalársela a Thane por
Navidad. Cuando vi la reacción de Lachlan ante la foto de Robyn, se consolidó
mi decisión. Bajo su rudeza, los hombres de Adair eran unos blandos
sentimentales.
Los ojos de Thane se iluminaron mientras acariciaba el cristal que protegía
la foto.
—Es preciosa.
—He pensado que podrías ponerla en tu despacho, tal vez.
Asintió, mirándome con tanta ternura que maldije el hecho de no poder
acercarme y besarlo. Lo maldije aún más cuando abrí su regalo para mí. Dijo
que era de él y de los niños. Me habían regalado un juego de mi esmalte de uñas
favorito, una bufanda de cachemira en un verde esmeralda que quedaba muy
bien con mi color de cabello... y un regalo con forma de libro.
—No puede ser. —Me quedé boquiabierta mientras lo desenvolvía, casi con
miedo a tocarlo—. ¿Esto no es lo que creo que es?
—Lachlan me contó tu reacción cuando lo viste en la biblioteca de
Ardnoch. Los libros que hay allí pertenecen a nuestra familia. Arro retiró todos
sus favoritos hace años. No creemos en los libros que llenan las estanterías solo
para acumular polvo. Deben ser atesorados y amados. Quería que lo tuvieras.
Las lágrimas me quemaron el fondo de los ojos mientras acariciaba la
cubierta de la primera edición de Los viajes de Gulliver que había admirado todos
aquellos meses.
—No puedo creer que me confíes esto.
—Te confío mis posesiones más preciadas, Regan. ¿Por qué no iba a
confiarte un libro?
Sonreí porque cuando lo decía así, parecía una tonta. Las lágrimas se
agolparon en el rabillo de mis ojos, y Thane las notó, su expresión tan cariñosa,
que mi frustración se enroscó en los dedos de las manos y los pies. La empujé
hacia abajo y abracé la primera edición contra mi pecho.
—No tengo palabras para expresar lo mucho que me gusta esto. Gracias.
Los niños rompieron nuestro intenso duelo de miradas mientras hacían
preguntas sobre el libro, y les prometí leerles un capítulo de Los viajes de Gulliver
cada noche. Me encantó que les interesara.
A partir de ahí, Thane nos preparó un desayuno escocés completo. Estaba

345
deseando hacer que Robyn se pusiera aprensiva con un relato muy detallado de
lo mucho que había disfrutado del haggis y la morcilla. Mientras que yo comía
prácticamente cualquier cosa, Robyn no podía entender de qué estaban hechos
estos dos últimos. Teniendo en cuenta las cosas espantosas a las que se había
enfrentado en la vida sin pestañear, fue divertido burlarse de su estómago débil.
Cuando conseguimos que Eilidh y Lewis se ducharan, se vistieran y
estuvieran listos para ir al cementerio, yo solo tenía un poco de tiempo para
prepararme. Retrasar más la visita a mamá y papá solo serviría para irritar a
mamá.
Cuando finalmente llegué a la puerta de al lado, las encantadoras
anécdotas de Brodan sobre los actores de Hollywood con los que había trabajado
y los personajes famosos que había conocido tenían a mamá de buen humor, así
que no se dio cuenta de lo tarde que era. Lachlan era una fortaleza cuando se
trataba de chismes de Hollywood. Se ocupaba de mantener en privado la vida de
sus socios, así que nunca hablaba de la gente con la que había trabajado.
Brodan no tenía esos reparos. Pasamos la tarde riéndonos de sus
hilarantes y a menudo escandalosas historias, esperando a que todos llegaran
para la cena de Navidad.
Para mi alivio, cuando llegó Mac, mamá se portó muy bien. Papá y Mac
intercambiaron uno de esos incómodos medio abrazos de hombre, recordándome
que habían sido buenos amigos en su día. Mamá y Mac se limitaron a saludar
con la cabeza y a intercambiar bromas demasiado educadas.
Fue bueno. Mejor de lo que cualquiera podría haber esperado, y Robyn
estaba de un humor maravilloso.
De hecho, fue un día tan mágico, la mejor Navidad que recordaba en
mucho tiempo, que nunca sospeché que pudiera salir tan mal.
El primer momento no tan agradable fue justo antes de que se sirviera la
cena. Todo el mundo se congregó en la sala de estar de Lachlan, pero yo me
había levantado a buscar zumo para Eilidh y Lewis. Papá me siguió hasta la
cocina.
—Ahora no es el momento perfecto, pero no sé cuándo lo será. ¿Podemos
hablar un minuto antes de que todos se sienten a cenar? —Señaló con la cabeza
hacia la entrada principal.
Mi pulso aumentó un poco, preguntándome de qué necesitaba hablar en

346
privado, pero asentí y lo seguí hacia afuera.
La puerta de la entrada de Lachlan conducía a una pequeña habitación
donde guardaba recuerdos de su trabajo como actor. Premios, atrezzo, ese tipo
de cosas, todo encerrado en cristal y bien cuidado. Sin embargo, era muy típico
que el prometido de mi hermana lo mantuviera escondido en una habitación en
la que nunca entraba nadie.
Papá se quedó mirando un momento, asimilñandolo todo. Al ver la espada
larga encerrada en el cristal, papá se acercó a ella.
—Jesús, es su espada de El último rey. —Se giró para dedicarme una
pequeña sonrisa de asombro—. Todavía no me entra en la cabeza el hecho de
que tu hermana se case con un tipo cuyas películas me gusta ver.
Sonreí en señal de comprensión. A papá no le gustaban mucho las
películas. Pero le gustaban las buenas películas de acción y, aunque Lachlan no
se había metido en las películas “serias” que había hecho Brodan, había hecho
grandes películas de acción.
—Sí, es raro. Todavía tengo que mirar dos veces cuando veo una estrella
de cine en el pueblo. Es como si viviéramos en una extraña burbuja.
La diversión de papá murió de repente, y se volvió hacia mí.
—¿Eres feliz aquí?
Mi estómago se agitó con inquietud.
—Como dije ayer, soy muy feliz aquí, papá.
—Veo un cambio en ti. Pareces... más cómoda en tu piel.
Esa era una buena manera de describirlo.
—Me siento así.
Caminando hacia mí, tomó mis manos entre las suyas y las apretó, con el
dolor cruzando sus rasgos.
—Robyn me habló de ese pedazo de mierda de Austin.
Con el corazón en la garganta, susurré:
—Papá, aquí no.
—Lo sé. —Me abrazó—. Pero solo quería que supieras lo mucho que
lamento que no creas que puedes acudir a mí.
Apretando mis brazos alrededor de él, sacudí mi cabeza contra su pecho.
—Papá, no, por favor, no pienses eso. No se lo dije a nadie. Es difícil de
347 explicar... pero lo enterré. ¿De acuerdo? Era como si mi mente no quisiera saber
nada de eso.
—Vino a casa de nuevo.
Me sacudí de sus brazos.
—¿Hizo qué?
La cara de papá era una máscara de furia.
—Saqué mi placa y le acompañé a auto caoche con una advertencia para
que dejara de acosarte. Me costó mucho no mandarlo a la mierda. Y no le dije
que sabía lo de Vietnam porque no quiero avisarle antes de que des una
declaración. Y vas a dar una declaración.
—Papá, tú y yo sabemos que esa declaración no se sostendrá en el
tribunal.
—Estoy buscando a los testigos. Desiree Jones y Liam Smith. Con nombres
como Smith y Jones no ha sido fácil. Pero tenemos algunas pistas. Una vez que
los encontremos, podemos obtener su declaración para corroborar la tuya. Pero
primero tienes que hacer la tuya.
Asqueado por la idea, pero aún más por el hecho de que Austin hubiera
acosado a mis padres, asentí.
—De acuerdo. Después de Navidad.
El alivio inundó las facciones de papá.
—Si Austin vuelve a aparecer en mi casa, lo arresto.
—¿Qué?
Ambos nos giramos para encontrar a Thane de pie en la puerta, con su
mirada furiosa sobre mí.
—¿Austin ha vuelto?
Mierda.
En todo el caos de las últimas semanas, había olvidado contarle a Thane
lo del renovado interés de Austin en mí.
—Sí. Siento no habértelo dicho. Iba a hacerlo.
—¿Qué ha estado haciendo? —Thane entró en la habitación, mirando
entre papá y yo.
—Apareciendo en la casa, preguntando por Regan.
—¿Y no me lo dijiste? —Miró acusadoramente.
348 —¿Hay alguna razón por la que necesites saber sobre los asuntos privados
de tu empleada? —preguntó papá, lenta y sospechosamente.
Thane respiró visiblemente, y pude ver su mente trabajando detrás de sus
ojos, calculando cómo cubrir su furiosa reacción ante la noticia.
—Porque debería saber si la mujer que cuida a mis hijos es un riesgo para
su seguridad.
Vaya. Ay. Incluso sabiendo que solo estaba usando eso como excusa, dolía.
Papá gruñó.
—Habría pensado que importaba porque es la futura cuñada de tu
hermano.
—Eso también.
—Sí, claro. —Papá me lanzó una mirada que me dijo que no se había creído
ni una palabra—. Espero que ustedes dos sepan lo que están haciendo. —Salió
de la habitación antes de que pudiera responder.
Genial. Mi padre también sospechaba que había algo más entre Thane y
yo de lo que decíamos.
¿Realmente se nos daba tan mal ocultarlo?
—Tú y yo hablaremos más tarde, cuando los niños estén en la cama. —El
tono de Thane me recordó al que utilizaba con Eilidh y Lewis cuando estaba
disgustado.
Abrí la boca para replicar, pero ya se estaba marchando.
Maravilloso.
Feliz Navidad.
Intentando sacudirme la preocupación por el comportamiento de Austin,
las sospechas de papá y el disgusto de Thane, volví a la habitación y me lancé a
ayudar a Arro a preparar la cena.
Todo volvió a estabilizarse cuando nos sentamos alrededor de la gran
mesa, comiendo y hablando mientras los Adair conocían a mis padres. Thane se
sentó entre Eilidh y Lewis, y yo estaba justo enfrente, sentada al lado de mamá
y papá. Arro estaba al lado de Eilidh, y yo solo era medio consciente de su
conversación sobre una fiesta de pijamas para todas las muñecas de Eilidh en
casa de su tía Arrochar cuando oí a Thane decir con determinación:
—Eilidh, no.

349 Su tono me hizo levantar la cabeza al cortar las conversaciones de la mesa.


Eilidh frunció el ceño hacia su padre.
—¡Pero quiero!
—Esta noche no.
—¿Qué no es esta noche? —intervine.
Thane apenas me dedicó una mirada, pero Eilidh gritó a través de la mesa:
—¡Quiero quedarme a dormir en casa de la tía Arro esta noche con todas
mis muñecas!
Su voz fuerte acabó con toda la conversación.
—Esta noche no, cariño —respondí—. Es Navidad. Pasas la Navidad con
tu padre y tu hermano.
—Exactamente. Esta noche estás en tu propia cama —dijo Thane, su tono
no admitía discusión.
—¿Por qué no puedo dormir donde quiero? Riri tiene que dormir en tu
cama porque viene Papi.
Oh, joder.
Todo se detuvo. Los cubiertos, la respiración, mi corazón. Hubo un silencio
espantoso alrededor de la mesa, y no pude mirar a nadie más que a Thane, cuya
expresión reflejaba mi mortificación.
—¿Qué significa eso? —Mamá rompió el silencio—. ¿Qué significa Eilidh?
—Riri estaba en la cama con papá esta mañana —susurró Eilidh ahora,
sintiendo la mala energía en la habitación y claramente sin entenderla.
Miré a Robyn desde la mesa y solo vi preocupación en sus ojos.
—¿Quiere decir lo que yo creo que quiere decir? —siseó mamá.
—Mamá, aquí no. —Me volví hacia ella, suplicante.
Pero la furia y la decepción llenaron su expresión.
—¿Delante de sus hijos?
Sus palabras me hicieron sentir sucia y pequeña.
—¡No fue así!
—¿Cómo pudiste? —Mamá apartó su silla de la mesa para ponerse de pie,
y yo la seguí—. ¡Aquí está tu padre diciéndome que has cambiado mientras
350 estabas aquí, y que deberíamos dejarte seguir con las cosas, que eres una mujer
adulta! ¡Ja! Eres tan mimada, egoísta e irresponsable como siempre, y vas a
volver a Boston con nosotros.
—Mamá, vamos al lado a hablar de esto.
—¡Lo estamos hablando ahora!
—No delante de los niños.
—Oh, y lo dices tú. —Se rio.
La sangre se aceleró en mis oídos, mis mejillas se calentaron con su
recriminación. Mirando a Eilidh y Lewis, viendo su confusión y su disgusto, le
dije a Arro:
—Lleva a los niños a la puerta de al lado.
Arro se apresuró a hacerlo, y Mac se levantó de su lado de la mesa para
ayudar, arrastrando a Eilidh en sus brazos. Eilidh rompió a llorar, enterrando
su cara en su cuello, y mi corazón cayó en picado. Mac le lanzó a mi madre una
mirada feroz mientras se alejaba con mi hija, tranquilizándola de la forma en
que yo o su padre deberíamos hacerlo pero no podíamos porque teníamos que
lidiar con mi desconsiderada madre.
Eredine se apresuró a seguir a Arro, Mac y los niños fuera de la casa.
—¡Estás arruinando la Navidad para los niños! ¿No podías dejarlos
tranquilos hasta que terminara la cena? —grité.
—¿Te estás acostando con este hombre? —Señaló a Thane, que ahora
estaba de pie, erizado de furia silenciosa.
No podía mentir. No lo haría.
—Sí.
Mi madre se burló.
—Entonces no he arruinado nada. Lo arruinaste tú po ellos. Lo arruinaste
haciendo lo que te dio la gana, sin importar que hay niños en los que pensar.
¡Siempre abriendo las piernas para el primer hombre inapropiado que puedas
encontrar!
—¡Stacey! —le espetó papá desde su asiento al lado de ella.
Sus palabras fueron como una bofetada. Me estremecí y apreté los dientes.
—No hables de Eilidh y Lewis. No sabes nada de ellos ni de mis
sentimientos por ellos.
351 —Y no —la voz de Thane fue un estruendo silencioso en la habitación—,
te atrevas a volver a hablarle así a Regan.
—Stacey. —Papá se movió a mi alrededor hasta el lado de mamá—.
Cálmate. ¿De acuerdo? Ambos son adultos y le estás diciendo cosas a nuestra
hija de las que te vas a arrepentir. Lo que sientes no tiene que ver con esto, y lo
sabes.
—Por supuesto que lo es. Regan ha demostrado una vez más que no es
adulta. Pero tú —se giró hacia Thane mientras este rodeaba la mesa—, ¿cómo
has podido hacer esto? ¿Aprovecharte de mi hija? Un hombre adulto, un padre.
—Tiene veinticinco años. —Robyn se unió a la discusión—. Seth tiene
razón: ambos son adultps. Estás actuando como si ella tuviera dieciséis años y
fuera menor de edad. Esto no es de nuestra incumbencia y, francamente, lo estás
sacando de quicio. Pero, ¿qué hay de nuevo, mamá?
—¡Lo sabías! —acusó mamá—. ¿Lo sabías y dejaste que esto siguiera?
¿Permitiste que le pasara esto a tu hermana?
—Oh, por el amor de Dios, no empieces con esa basura bajo mi techo —le
advirtió Lachlan—. No es responsabilidad de Robyn vigilar el comportamiento de
Regan. Regan es una mujer adulta, quieras o no aceptarlo. —Se volvió hacia
Thane—. Pero tú... ¿en qué demonios estabas pensando?
Thane entrecerró los ojos y sus manos se cerraron en un puño.
—Justo lo que dijo Robyn: que soy un hombre adulto, y ella es una mujer
adulta, y que no es asunto de nadie más que de nosotros.
—No estoy hablando de eso. —Lachlan se apartó de la mesa, con el ceño
fruncido por la preocupación—. Estoy hablando del secreto. De lo de andar a
escondidas. ¿Por qué no eres sincero? ¿Creías que te íbamos a juzgar?
Mamá resopló a mi espalda, y me costó todo lo que había dentro de mí no
verter la jarra de agua helada cercana sobre su cabeza solo para enfriar su culo
psicótico.
—No. —Thane dio un golpe seco con la cabeza—. ¿Pero qué sentido tenía?
Que Eilidh nos encontrara fue un error. Lo nuestro no es permanente. Regan se
irá en seis semanas.
Me alejé físicamente de sus palabras. Estaba de espaldas a mí, de cara a
Lachlan, así que no vio mi reacción. Pero mi padre me puso la mano en el hombro
y me dio un apretón reconfortante. La devastación se abatió sobre mí.
Para él siempre fui algo temporal.

352 Nunca cambiaría de opinión.


—¡Exactamente! —Mamá nos empujó, y Thane se volvió hacia ella,
frunciendo el ceño como si fuera un insecto que quisiera aplastar—. Está yendo
de un sitio a otro, sin importarle a quién le rompe el corazón, y está claro que a
esos niños se les va a romper el corazón. —Me miró—. Te has metido en sus
vidas mucho más allá de lo que es una niñera, y está mal, Regan. Puede que sea
lo peor que hayas hecho nunca, jovencita.
Ignorando sus hirientes palabras, me acerqué a Thane.
—No te lo crees.
Su mirada se agitó con un millón de emociones, pero no respondió.
—Sabes que no voy a ninguna parte. No quiero estar en ningún otro sitio.
—Exhalé una respiración temblorosa, la desesperación tomando el control—. No
quiero a nadie más que a ti.
Los labios de Thane se separaron mientras sus ojos buscaban los míos.
—Y estoy seguro de que lo crees, pero él no debería —interrumpió mamá—
. Su palabra no es fiable. Solo hay que preguntarle a Robyn.
Mi temperamento estalló. Girando sobre mi madre, grité:
—¡Por el amor de Dios, por una vez en tu vida, cierra la boca!
Ella palideció de asombro.
—Amén a eso", murmuró Brodan en voz baja desde su lugar en la mesa.
—No puedo creer que me hayas hablado así —susurró mamá, con lágrimas
en los ojos.
—¿A diferencia de como le hablas tú a ella? —se burló Thane.
—Muy bien, cálmense todos —dijo papá, atrayendo a mamá a su lado y
frotándole el hombro—. Estamos exaltados y diciendo cosas que no queremos.
Mamá se zafó de su abrazo y se acercó a mí, agarrando mis manos.
—Cariño, siento la forma en que lo dije, pero ambos sabemos que hay
verdad en lo que dije. Llenarás la cabeza de este pobre hombre con ideas y luego
te aburrirás y seguirás adelante. —Me apretó más—. Eres muy joven
emocionalmente, y eso está bien. Así eres tú. Solo... solo necesitas volver a casa
y crecer un poco.
Me quité las manos de encima. Por primera vez en mi vida, el
comportamiento de mi madre me disgustaba de verdad.

353 —No me conoces. Nunca me has conocido. Proyectas tu idea de quién soy
en mí, así como proyectaste tu idea de Robbie en ella. Lo único que te importa
es no quedarte atrás, y manipulas las cosas para mantenerme donde quieres
que esté a tu lado. Bueno, no soy quien dices que soy, y nunca lo he sido.
—Regan...
La empujé y me agarré a los brazos de Thane. Estaba rígido e inflexible
bajo mi contacto, pero me aferré a él.
—Por favor, no la escuches. Tú me conoces. Y, si pensara por un segundo
que podrías devolverme el amor que yo te tengo... nunca te dejaría.
No era así como quería confesarle mis sentimientos. Pero mi madre, la
reina del drama, nos había forzado a esta situación. Y necesitaba saber que no
perdería a Thane por ello.
Sin embargo, mientras él seguía mirándome fijamente, me di cuenta de
que era demasiado tarde.
Soltando mi agarre, susurré:
—No me crees.
Algo se reflejó en la expresión de Thane, que me agarró firmemente de la
muñeca y me llevó a la sala de recuerdos de Lachlan. Cuando nos encerró dentro,
abrí la boca para disculparme por lo de mi madre, pero la mirada compasiva de
Thane me detuvo.
Mi estómago dio un vuelco desagradable. Ya sabía lo que se avecinaba, y
sentí que mi pecho estaba a punto de derrumbarse.
—Solo tienes veinticinco años, Regan. ¿Por qué demonios quieres
establecerte en un lugar tan pequeño como este con un hombre cuyos días de
aventura implican llevar a sus hijos a un safari local cada verano? Puede que
pienses que quieres esto ahora porque el sexo es bueno, pero te despertarías
dentro de un año o dos y te darías cuenta del gran error que fue. Te sentirás
atascado. Puede que incluso te quedes por los niños y llegues a resentirme por
ello. No te haré eso. No me haré eso a mí.
—Eso no es cierto.
—¿No? Bueno, si eso no ocurre, está el hecho de que cuando yo tenga
sesenta años tú seguirás teniendo solo cuarenta y siete, y puede que entonces
no te parezca tan bien.
La ira hervía en mi sangre.

354 —El amor no funciona así, Thane. Siempre serás guapo para mí, incluso
cuando yo tenga ochenta años y tú noventa y tres, serás el hombre más guapo
que haya visto nunca porque eres tú, y no solo veo el buen aspecto de Adair
cuando te miro. Te veo a ti.
Me miró con el ceño fruncido en silencio.
Se me rompió el corazón.
—¿No confías en que conozca mis propios sentimientos?
—Ya he pasado por eso. Mi experiencia significa que veo cosas que tú no
puedes.
—¿Ya has pasado por eso? —Sacudí la cabeza, sin entender...
Y entonces me di cuenta.
Fran.
Engañando.
—Yo no soy ella. —Lo fulminé con la mirada, indignada por la sugerencia—
. No necesitaría conseguir mis emociones en otro lugar por algo tan patético como
el miedo a perderme algo. —No me importaba estar menospreciando a la madre
de Eilidh y Lewis. Había traicionado a Thane por su miedo a perderse algo, y que
él me comparara con ella me hacía perder la cabeza—. Tú lo eres para mí. Eres
lo que me emociona. Me emocionas de una manera que ningún hombre lo ha
hecho.
—Porque nos hemos estado moviendo a escondidas como un par de
adolescentes. Sabíamos que estábamos haciendo algo que no debíamos, y nos
excitaba.
—¿Eso fue todo para ti? —Por favor, di que no, Dios, por favor, di que no o
podría partirme en dos.
Thane miró con fiereza.
—Fue eso para los dos. Solo estás confundida.
Una horrible desesperación se apoderó de mí, la rabia me consumía tanto
que ya no podía ni gritar. Apenas pude sacar las palabras mientras me burlaba:
—Bastardo condescendiente.
Ignorando su respingo, lo empujé a un lado y me marché. Me sentía frágil.
Como si fuera a romperme al menor contacto. Mamá se acercó a mí, para
hablarme, y yo puse una mano entre nosotros.

355 —Aleja a esa mujer de mí, o que Dios me ayude.


Sollozó como si fuera la víctima, pero no pude reconocerla. Solo tenía ojos
para mi hermana, que me echó una mirada y su rostro se endureció de ira.
—Necesito salir de aquí —susurré con voz ronca—. Antes de que pierda la
cabeza delante de todos.
Mi hermana no dijo nada. Intercambió una mirada con Lachlan, me rodeó
con el brazo y nos llevó a toda prisa al lavadero, donde nos pusimos los abrigos
y las botas. Lo siguiente que recuerdo es que estábamos en su todoterreno. En
cuanto se alejó de la casa, estallé en sollozos tan fuertes que me sacudieron todo
el cuerpo.
Poco después, Robyn se apartó a un lado de la carretera y se acercó a mí.
Me acunó la cabeza en su regazo como solía hacer cuando éramos pequeñas y
me acarició el cabello mientras yo lloraba por el dolor de mi corazón que se
deshacía en pedazos.
No supe cuánto tiempo pasó antes de que se abriera la puerta del pasajero
del auto.
—Niña. —Oí la voz ronca de mi padre.
Parpadeando entre mis lágrimas, vi a papá deslizándose en el asiento del
copiloto conmigo. Tuve que mover las piernas para dejarle entrar.
—Ven aquí, cariño.
Me zafé del agarre de Robyn y me encontré envuelta en el abrazo de mi
padre. En ese momento no me sentía como la mujer adulta que había dicho que
era. Pero no me importaba. Mi padre era el lugar más seguro del mundo en ese
momento. Y Robbie que acariciaba tiernamente mi espalda. Dos de mis personas
favoritas en el mundo estaban conmigo, y eso me reconfortaba.
Entonces me di cuenta de que no estaba llorando solo porque Thane no
me quisiera; estaba llorando por la horrible escena que mi madre había pensado
que estaba bien hacer. Las palabras hirientes que había dicho. La forma en que
siempre intentaba hacerme sentir pequeña.
Como si leyera mi mente, papá habló.
—Tu madre no quiere decir nada de lo que dice. Viene de un lugar: el
miedo. Cree que va a perder a sus dos hijas por culpa de Escocia, y dirá y hará
cualquier cosa para evitarlo.
—¿Así que no le importa si me hace daño? —susurré.

356 —Por supuesto que le importa. Solo... todo siempre sale al revés con
Stacey. Nadie le dará más patadas en el culo que ella por la mañana. Sabes que
tu madre habla antes de pensar.
—Bueno... se sale con la suya. No me voy a quedar. —Volví a llorar al
pensar en los días, semanas, meses y malditos años devastadores que me
esperaban sin Thane, Eilidh y Lewis.
Había estado viviendo en un mundo de sueños durante los últimos meses.
Jugando a las casitas.
Jugando a ser madrastra más que niñera, y todos lo sabíamos.
Y Thane... ¿realmente se emocionaba jodiendo conmigo, o solo estaba
asustado por Fran?
De cualquier manera, era una tonta.
Al igual que mamá pensaba que era.
—Realmente lo amas, ¿no? A él y a los niños.
Mi única respuesta fue llorar más fuerte. No sabía cómo parar. Estaba
frustrada por mi reacción, por no poder ser más fuerte como Robyn, pero no
podía hacer que las lágrimas pararan. O el dolor en el pecho o el nudo en las
tripas que se apretaba tanto que dolía.
Papá me besó la cabeza.
—Entonces no te rindas, nena. Por mucho que te eche de menos, mi
trabajo es asegurarme de que seas feliz. Y hasta esta noche, nunca te había visto
tan feliz como estos últimos meses.
—Él no siente eso por mí. —¿Lo hace?
—O simplemente tiene miedo de arriesgarse.
Levanté la cabeza, preguntándome qué podía querer decir papá teniendo
en cuenta que no sabía lo de Fran.
Ante mi mirada interrogante, papá suspiró.
—Tú solo estás a medio camino de los treinta, pero ese hombre está más
cerca de los cuarenta. Sus hijos son su vida, y se ha asentado de una manera
que nunca es inquietante. Sabe que no tiene tiempo para pasearse por el mundo
contigo o llevarte a clubes nocturnos o restaurantes elegantes cada fin de
semana. Esa no es su vida.
La indignación me endureció la columna vertebral.

357 —¿Cuándo he dicho yo que quería eso? No quiero eso. Está vacío. ¿Y los
supuestos amigos de esa vida? ¿Dónde están, papá? No tengo ninguno. Aparte
de ti y de mamá, cuando no está siendo una psicópata egoísta, no tenía nada
real en Boston. Tengo a Robyn aquí. Y él... yo... nada es más real que él y Eilidh
y Lewis. Desde casi el principio, encajamos en su sitio, como si fuéramos una
familia desde siempre.
La mano de Robyn se apretó más en mi espalda ante mi confesión.
—Entonces quédate —dijo papá, aunque yo sabía que le costaba—.
Quédate y lucha por ellos.
La preocupación me asaltó.
—No quiero acosarlo.
—No hace falta que lo hagas. Solo tienes que demostrarle que no te vas a
ninguna parte.
358

Regan

E
l deseo de revolcarme en la autocompasión era real.
Sin embargo, quería demostrar, no solo a los demás sino a
mí misma, que podía manejar el miedo y la pena sin huir como
lo había hecho en el pasado. Sabía que Robyn quería que hablara
con un profesional acerca de por qué siempre huía, y tal vez lo hiciera en el
futuro, pero por ahora quería intentarlo por mi cuenta. No fue fácil. Luché contra
el impulso de hacer las maletas y correr casi todas las horas del día. A solas en
una de las habitaciones de invitados de Lachlan y Robyn, enterraba mi cara en
una almohada y lloraba todas las lágrimas que no podía llorar durante el día.
En el duro tono de la luz del día, aguanté como pude. La casa de mi
hermana probablemente nunca había estado más limpia. Sabía que a ella le
preocupaba que estuviera reprimiendo la mierda, pero en realidad solo me
estaba protegiendo para no derrumbarme delante de mi madre.
No había manera de salvar la cena de Navidad. Me sentí mal por arruinarla
para Eilidh y Lewis. Robyn me aseguró que estaba bien, que Arrochar se lo
compensaría al día siguiente. En el Reino Unido, celebraban el día después de
Navidad, y suponía otra gran comida familiar. La organizaron en casa de Thane,
y para Eilidh y Lewis, insistí en que Robyn y Lachlan estuvieran allí. Brodan se
marchaba al día siguiente, y yo quería que también tuviera tiempo libre con su
familia.
Mamá, papá y yo nos quedamos.
Y yo me escondí en mi habitación.
Robyn dijo que les dirían a Eils y Lew que estaba enferma y que me verían
más tarde. Esperaba que eso fuera cierto, que pudiera convencer a Thane de que
me dejara seguir siendo su niñera.
Sin embargo, cuando le envié un mensaje de texto para que se reuniera
conmigo el día después del veintiséis en el anexo, me sorprendió su frialdad. En
cuanto entró en el pequeño apartamento me invadieron los recuerdos de los
últimos meses. De nuestras apasionadas noches aquí. De los sueños que había
hilado en mi cabeza de hacer una vida con él.
359 El corazón me latía tan fuerte en el pecho que me daba náuseas.
Y él estaba a un metro de distancia, con los brazos cruzados sobre el
pecho, mirándome como si fuera una extraña.
Antes de que pudiera hablar, anunció:
—Tengo que hacer esto rápido porque vamos a despedir a Brodan en el
aeropuerto... Te dejo ir, Regan. Te pagaré en enero por las molestias de un
despido abrupto, pero creo que es lo mejor. De todos modos, te irás pronto, y tu
presencia en la vida de Eilidh y Lewis se ha vuelto confusa para ellos.
Thane sonaba sin emoción. Como si no significara nada para él dejarme
fuera.
¿Se equivocaba mi padre? ¿Me estaría humillando si me quedaba para
demostrarle algo a este hombre?
Súbitamente enfadada con él, le miré incrédula.
—¿Qué he hecho para merecer que me trates con tanto desprecio?
Su expresión estoica vaciló y su tono se suavizó un poco.
—No es desprecio. No has hecho nada. Solo hago lo mejor para mis hijos.
—¿Alejándome de ellos?
La indignación brilló en sus ojos.
—Al final te irás. Cuanto más tiempo dejemos que esto siga entre nosotros,
peor será.
—Voy a estar en sus vidas. Mi hermana se va a casar con tu hermano —le
recordé.
—Te verán una o dos veces al año cuando los visites. Para entonces,
habrán... —Se interrumpió bruscamente.
Luchando contra las lágrimas, no pude mirarlo.
—Me habrán olvidado.
—Regan... —Suspiró con fuerza, y me sentí como una niña incómoda con
la que se veía obligado a tratar—. Siento que todo haya acabado así.
Una opresión me recorrió el pecho, como si una criatura de piedra
estuviera sentada sobre él. La idea de no verlo, de no tocarlo, de no volver a estar
en sus brazos era insoportable. Y la idea de no estar ahí para Eilidh y Lewis
mientras crecían me mataba. Quería ser testigo de cómo se convertían en los
increíbles adultos que sabía que serían. Enviarlos al instituto, verlos salir en sus
360 primeras citas, llorar desconsoladamente después de dejarlos en la universidad
y pasar todas las Navidades que me quedaban en este planeta con ellos porque
eran mi familia.
Y fue como una muerte. La destrucción de ese sueño se sintió como si
alguien a quien amaba hubiera muerto.
Supongo que no me había dado cuenta hasta ese momento de lo mucho
que había deseado que nuestro romance se convirtiera en algo más, en algo
permanente.
Mientras tanto, Thane me miraba fijamente, entre desapasionado y
compasivo.
No sabía si era un acto para protegerse.
Ya no sabía qué era real.
—Te daré tiempo para que te despidas de ellos. Solo avísame cuando
quieras hacerlo.
Nunca.
No quería despedirme nunca.
No de ellos.
Thane era una historia diferente. Quería luchar por él, pero no creía en
mí. Por mucho que quisiera ignorar eso, había llegado demasiado lejos. ¿Cómo
iba a seguir creyendo en mí misma si seguía amando a alguien que no creía en
mí? ¿Dónde estarían entonces mi orgullo y mi autoestima?
Devastada, no pude decir ni una palabra más.
Thane me agarró del brazo cuando pasé junto a él, deteniéndome. Con la
mirada fija en el suelo, resistí el impulso de fundirme con su tacto. Casi como si
me hubiera leído la mente, dijo con voz ronca:
—Eres una mujer muy especial, mo leannan. No lo olvides nunca.
Entonces, ¿por qué no me amas?
Me encontré con su mirada. Por fin le había preguntado a Arrochar qué
significaba mo leannan. Y yo no era su querida, ni su amor, ni su amada. No era
nada para él.
—No me llames así. —Arranqué el brazo de su agarre y salí del anexo antes

361
de romper a llorar.
Robyn y Lachlan trasladaron mis cosas a su casa.
Unos días antes de Nochevieja, mamá y papá regresaron a Boston. Tenían
que quedarse y asistir a Hogmanay, el término escocés para las celebraciones de
Año Nuevo, en el castillo de Ardnoch. Era un gran acontecimiento que los
invitaran, ya que solo la familia Adair fuera de los miembros del club podía
asistir. Pero entre que Robyn y yo le dimos la espalda, mamá no se sintió
precisamente bienvenida y papá decidió que debían volver a casa antes. Eso
también me rompió el corazón, pero no sabía cómo arreglarlo. La culpaba en
parte por haber perdido a Thane, y ese resentimiento no iba a desaparecer
pronto.
Estaba en mi habitación, leyendo, preparándome para bajar a despedirme
de mis padres cuando sonó un golpe en la puerta.
—Pasa —llamé, pensando que era Robbie o papá, ya que eran los únicos
que se habían aventurado a verme en los últimos días.
La puerta se abrió y levanté la vista de mi lugar en la tumbona junto a la
ventana para encontrar a mi madre mirándome con desesperación. Iba vestida
con ropa de descanso, algo que solo se atrevía a llevar cuando volaba. Por lo
demás, mi amor por los vestidos bonitos lo heredé de ella, así como mi amor por
la lectura. Una tristeza abrumadora se apoderó de mí.
Odiaba estar resentida con ella.
Sin preguntar, mamá cruzó la habitación y se sentó en el extremo de la
tumbona. Yo aparté las piernas y me senté, apagando mi lector electrónico. Nos
sentamos en silencio durante un momento, yo mirando al suelo, ella a mí.
—Últimamente parece que siempre me disculpo con mis hijas. —Soltó un
suspiro de cansancio.
Tal vez no hagas cosas por las que tengas que disculparte.
Mamá continuó:
—No sé por qué hago las cosas que hago. A tu padre le gusta
psicoanalizarme. Debería haber sido psicólogo, no detective.
Una cosa va de la mano de la otra.
Mamá resopló.
—¿Vas a volver a hablarme?
La miré.
—¿Vas a disculparte de verdad?
362
Al reconocer su expresión, la que decía que quería reprenderme, sonreí.
Mamá era tan testaruda que sería divertido si no fuera tan autodestructiva.
—Lo siento —dijo, sorprendiéndome.
El dolor en mi pecho creció.
—¿De verdad?
—Sí. Siento si alguna vez te he hecho sentir como un fracaso. No era mi
intención hacerlo. Ahora, no diré que estoy de acuerdo con lo que has hecho
aquí. Simplemente no lo haré. Pero diré que tengo que recordar que no me
corresponde juzgar esas decisiones. Ahora eres adulta, y tengo que respetar eso.
—¿Esa es tu disculpa?
—Sí. —Mamá me tomó de la mano—. Regan, lo saqué de quicio, y metí la
pata. Arruiné la cena para todos, y estoy mortificada. Tu padre tiene razón. Esa
pelea fue más que tu aventura con Thane. Se trataba de perderte en este lugar.
—Ella apretó mi mano—. Robbie siempre fue tan independiente, desde el
momento en que podía caminar. Y era... —La tristeza saturó los rasgos de
mamá—. Era el pequeño clon de Mac. Lo adoraba. Cuando él estaba cerca, yo
no podía ver nada. Así que supe —me dedicó una sonrisa vacilante—, desde que
era una niña, supe que nunca sería mi niña. Se iría a hacer sus cosas, y yo la
vería cuando la viera. Intenté empujarla demasiado hacia ti, esperando que tu
vínculo la mantuviera cerca de todos nosotros.
—Mamá. —Apreté mi mano, sin darme cuenta de que esa había sido su
perspectiva sobre Robyn—. Robbie te quiere.
—Sí, lo sé. Pero pensé que contigo eras toda nuestra. Mía y de tu padre. Y
estaba decidida a que fueras nuestra para siempre. Que no serías como Robbie
y desaparecerías de nosotros. —Se rió amargamente—. Supongo que te alejé, de
todos modos, tratando de mantenerte demasiado cerca. Tratando de mimarte,
haciéndote creer que me necesitabas.
Su repentina conciencia de sí misma me sorprendió.
O tal vez el psicoanálisis de papá por fin hubiera calado.
—Ahora también te he perdido en este lugar. ¿O no?
—Mamá... las cosas entre nosotros no pueden estar bien por arte de magia.
Tú me hiciste daño. Y tú... tus acciones provocaron el fin de una relación que
significaba mucho para mí, estés o no de acuerdo con ello. Pero con el tiempo...
—Me encogí de hombros con tristeza—. Te quiero, mamá. Eso nunca va a
desaparecer.
363 —¿Pero tú sí? —insistió ella.
Me tragué las duras lágrimas que tenía en la garganta mientras me
atraganté:
—No va a pasar con Thane.
—¿Oh?
—Pero no me voy a ir. Robyn está aquí, y no quiero dejarla.
Las lágrimas iluminaron los ojos de mamá, pero asintió.
—Parece que estás mejor aquí. Más segura. Tu padre me habló de esa
persona, Austin. Sabes... estoy aquí si alguna vez necesitas hablar de eso.
Me estremecí y bajé los ojos.
—Es tal como lo conté. Nada más que decir. —Ante el silencio dolido de mi
madre, suspiré. Ahora no era el momento de que fuera mi confidente—. Lo
siento.
—No lo sientas. —Me dio una palmadita en la mano y se puso en pie—.
Robbie nos ha hablado del visado de ascendencia que vas a solicitar.
Espera, ¿qué? Todavía no lo había solicitado.
—Seth estaba pensando en buscar ese lado de su familia, tal vez visitarlos
cuando volvamos para la boda de Robbie.
Asentí, aturdida, mi mente divagando.
—¿Puedo recibir un abrazo de despedida?
Abracé a mi madre. Todavía enfadada con ella, todavía confundida, todavía
resentida, pero... era mi madre. Y la quería.
—No es un adiós —le prometí—. Solo “hasta pronto”.
Mi llanto mientras cargaban el todoterreno de Lachlan para marcharse
pareció calmar algo en mis dos padres. No quería que pensaran que no los
echaba de menos cuando no estábamos juntos. Definitivamente, mamá y yo
necesitábamos un respiro el uno del otro, pero papá era la calma en la tormenta.
Y lo extrañaría como loco.
—Nos veremos pronto. —Papá me besó la frente—. Volveremos para la
boda.
Después de que se fueran, me senté en esa gran casa sola. Brodan también
se había ido, y Lachlan y Robyn habían llevado a nuestros padres al aeropuerto.

364
Me quedé mirando adormilada la televisión hasta que la puerta principal se abrió
unas horas más tarde. En cuanto Robyn entró en la habitación, le pregunté por
el visado.
Me dedicó una sonrisa apaciguadora.
—Puede que haya... empezado el proceso por ti.
Me quedé boquiabierto, sin saber qué responder. No era normal que se
entrometiera así.
—¿Cuál era el problema? Y tú perdías el tiempo tardando en decidir. —
Cruzó la gran sala hasta la mesa auxiliar cerca de las escaleras y abrió un cajón.
Cuando volvió hacia mí, Robyn tenía un sobre en la mano. Me lo entregó y vi que
era una carta en la que se me proporcionaba una cita en Inverness la próxima
semana para que me tomaran los datos biométricos—. Empecé el proceso hace
más de cuatro meses. Esta carta llegó justo antes de Navidad.
—¿Hace cuatro meses?
Robyn suspiró.
—No es un proceso sencillo. Tal y como estaba, estamos teniendo que
utilizar una conexión de Lachlan para impulsarlo antes de que se acabara tu
visado de visitante. Tuve que solicitar copias de los certificados de nacimiento de
los abuelos maternos de Seth, de sus padres, de los suyos, así como los
certificados de matrimonio, y esos tardaron unos meses en llegar. También tuve
que cotejar sus ingresos de los últimos seis meses, junto con su información
personal. Ya está todo hecho. Todo lo que tienes que hacer es ir a esta cita, y
tendremos todo lo que necesitamos. Luego, el amigo de Lachlan se encargará de
tramitarlo lo más rápido posible. —Sonrió a su prometido—. A veces vale la pena
ser un Adair.
Él le devolvió la sonrisa y se dirigió a la cocina.
—¿Alguien quiere café?
Me quedé mirando la carta.
—¿No necesito un ingreso para que esto importe? No sé si te has dado
cuenta, pero Thane me ha despedido.
La expresión de Robyn se suavizó con simpatía, pero antes de que pudiera
hablar, Lachlan dijo:
—Y yo te acabo de contratar.
Girando hacia él, levanté una ceja.
365 —¿Cómo es eso?
—Quieres quedarte, ¿verdad?
—Sí. Pero no por tu hermano —aclaré, sin importarme lo amargada que
sonara—. Me quedo por mí. Y por Robyn.
Mi hermana se acercó a mí y me pasó el brazo por los hombros.
—No sabes lo feliz que me hace que te quedes.
—Lo digo en serio —prometí. Estaba decidida a vivir aquí, a pesar de
Thane—. Estoy instalada aquí. Incluso sin...
—Entonces está decidido. —Lachlan cruzó la habitación y nos entregó un
café a cada uno—. Hasta que puedas encontrar algo más permanente, tengo un
puesto de camarera abierto en el castillo. Puedes empezar cuando quieras.
—¿De verdad? ¿Confías en mí para trabajar allí?
Mi futuro cuñado sonrió.
—Confié en ti con mi sobrina y mi sobrino, así que ciertamente confío en
ti para trabajar en el club.
Era tan parecido a lo que Thane había dicho solo unos días antes que tuve
que bajar los ojos para disimular el estremecimiento de dolor. Sin embargo, si
me iba a quedar en Ardnoch, tenía que acostumbrarme a ello. Iba a ver a Thane,
a Eilidh y a Lewis más de lo que Thane creía a estas alturas.
—Hablando de eso. —Robyn me apretó el hombro—. Los niños están
preguntando por ti. Solo podemos decirles que estás enferma.
Sorbiendo mi café, me zafé del abrazo de mi hermana y me desplomé en el
sillón.
—Thane espera que me despida de ellos. Y yo no quiero hacerlo. Así que...
lo estoy posponiendo.
—¿Mi hermano no sabe que te vas a quedar?
Sacudí la cabeza.
—Cree que me voy pronto, supongo.
—Entonces no te despidas. —Lachlan me miró con un brillo en los ojos—.
Solo los confundirá cuando nunca te vayas.
—Sin embargo, tendré que hablar con ellos pronto, sobre no ser más su
niñera. La sola idea me da náuseas.

366 Robyn y Lachlan intercambiaron una mirada, y mi hermana se volvió hacia


mí.
—Tengo una idea... ¿por qué no te arreglas para la fiesta de Hogmanay en
Ardnoch? Será una excelente distracción.
La idea de pegar una sonrisa y socializar con estrellas de cine no era tan
atractiva como podría haber sido hace seis meses. Además, Thane estaría allí.
—Thane no va a venir —me aseguró Robyn, como si hubiera leído mi
mente—. Se queda en casa con los niños.
—No lo sé. —Todavía no creía que tuviera la energía necesaria para ser la
versión brillante, burbujeante y despreocupada de mí misma. Sin embargo,
tampoco quería estar sola en la casa con los objetos de mi afecto a tiro de piedra.
Se me ocurrió algo. Dirigiendo mi pregunta a Lachlan, pregunté:
—Supongo que no necesitarás camareros adicionales para esta fiesta,
¿verdad?
367

Regan

L
achlan no perdió tiempo en ponerme en su nómina. Con el empleo
llegó la oferta de alojarme en una de las cabañas que Lachlan
alquilaba a los empleados de temporada que solo estaban allí
durante el verano. Enseguida supe que me había rebajado el alquiler y me sentí
ofendida porque me estaban mimando de nuevo, hasta que Regan me aseguró
que era la forma de actuar de Lachlan. Era extremadamente generoso con su
familia y se sentiría ofendido si rechazaba el descuento.
Cada día en la finca, estando lejos de Caelmore, lejos de Eilidh y Lewis, mi
malestar aumentaba. No era justo que desapareciera de sus vidas. Aunque no
sabía qué les diría, finalmente envié un mensaje de texto a Thane la mañana de
Nochevieja para acordar una hora en la que pudiera verlos. Nos decidimos por
el tercer día del nuevo año en el parque de juegos cerca de la escuela. Yo no
quería que fuera público, pero Thane, por alguna razón, pensó que era lo mejor.
Sus mensajes eran escuetos y sin sentido. No le reconocí en ellos. De hecho, no
había reconocido al Thane que conocía y amaba desde el día de Navidad.
Tal vez eso me haría más fácil superarlo.
Finalmente.

—¿Estás segura de que quieres hacer esto? —me preguntó Robyn por
decimosexta vez.
La miré fijamente, con el aspecto más glamuroso que jamás había visto,
con un vestido negro de manga larga, ajustado y transparente que le llegaba
justo por encima de las rodillas. La impresionante pedrería lo salvaba de ser
totalmente escandaloso. El bordado de lentejuelas creaba una explosión de
dorados, plateados, azules y rosas que parecían fuegos artificiales. Un vestido de
Nochevieja perfecto, una increíble obra de arte que había sido un regalo de
Lachlan. Robyn llevaba cabello recogido en una coleta alta que alargaba sus ojos,
haciéndolos especialmente sensuales. El conjunto se completaba con unos
368 zapatos de tacón dorados que hacían que sus increíbles piernas parecieran aún
más espectaculares.
Era un auténtico bombón.
—Estoy segura —prometí, respondiendo a su pregunta—. ¿He mencionado
que estás increíble?
Robyn me dedicó una sonrisa triste.
—Lo has hecho. Y tú estás súper guapa con ese uniforme, pero te lo volveré
a preguntar, y será la última vez: ¿estás segura de que quieres trabajar en esta
fiesta en lugar de ser una invitada en ella? Porque, francamente, es raro que mi
hermanita esté sirviendo a la gente en lugar de estar a mi lado, mostrando a
todos esos tipos de Hollywood cómo es la auténtica belleza.
Las lágrimas iluminaron mis ojos.
—¿He mencionado también que eres la mejor amiga que cualquiera podría
pedir?
Sonrió y se acercó a mí, con los brazos extendidos, pero la aparté con un
gesto.
—No, no quiero arrollarte ni que se me enganche el uniforme en una
lentejuela. —Llevaba el uniforme de camarero. Todos los camareros llevaban el
mismo atuendo tradicional: corbata blanca, chaleco negro, faldón, zapatos de
vestir negros y guantes blancos. Solo el señor Ramsay, el maître d’hôtel y mi
supervisor, y el mayordomo, Wakefield, llevaban un chaleco verde oscuro para
diferenciarse del resto del personal. Las chicas con chaleco me parecieron
adorables y aplaudí la decisión de Lachlan de ser neutral en cuanto al género en
lugar de hacer que las chicas llevaran faldas y tacones incómodos. Lo único que
resultaba molesto era el corbatín. Pero ya me acostumbraría.
Robyn se detuvo, sus brazos cayendo a los lados.
—Bueno, si no puedo convencerte de lo contrario, será mejor que te deje
trabajar. Nos vemos en la fiesta. Nada de quedarse embobada con los famosos.
Hice una mueca.
—He visto muchas caras famosas en las últimas cuarenta y ocho horas y
he estado totalmente tranquila, muchas gracias.
—Pero es la primera vez que los ves de cerca. No te deslumbres.
—Créeme, Robbie —dije, dedicándole una sonrisa melancólica—, nada
369 puede deslumbrarme ahora mismo.
Al ver cómo se le caía la cara, me apresuré a decir:
—Excepto tú con ese vestido.
Mi hermana no se creyó mi burla. Así que la besé en la mejilla antes de
que pudiera decir nada más y me apresuré a salir de su suite privada.
No podía imaginarme el castillo como lo había descrito Thane, frío y
lúgubre, mientras avanzaba por los pasillos tradicionalmente decorados que
ahora eran cálidos y acogedores. En la escalera, me acerqué a la actriz británica
Angeline Potter y a un tipo que no reconocí subiendo las escaleras de la mano.
Todavía no estaban vestidos para la fiesta, aunque el cabello y el maquillaje de
Angeline ciertamente lo compensaban, así que supuse que llegarían
“elegantemente tarde”.
—Eh, tú, ven aquí —me llamó mientras descendía hacia ellos.
—¿Sí? —pregunté mientras reducía la velocidad.
Ella entrecerró los ojos cuando me detuve en la amplia escalera junto a
ellos.
—Eres nueva. Recordaría esa cara.
—La primera noche.
—Qué bien por ti. ¿Podrías ser tan amable y avisar a Wakefield de que
quiero que me envíen una botella de champán a mi suite?
—Claro. —Me acerqué a ella.
—¿Claro? —dijo con sorna a mi espalda.
Miré por encima de mi hombro.
—¿Perdón?
—Querida, eres nueva, así que lo dejaré pasar por esta vez. Cuando te
dirijas a mí, espero que seas educada. No respondes “claro”. Respondes:
“Enseguida, señorita Potter”. ¿Entendido?
Llámese la dura semana que acababa de tener o tal vez el cansancio de ser
condescendiente, pero respondí:
—Trato a la gente como me tratan a mí. Si quieres que te atienda en el
futuro, en lugar de saludarme como a un perro, podrías intentar: “Disculpe,
señorita, ¿puede ayudarme, por favor?”
Angeline se quedó boquiabierta como un pez que engulle, mientras su

370
acompañante cubría una sonrisa con la mano.
—Le haré saber a Wakefield que quieres que te suban la botella. —Me
apresuré a bajar las escaleras, con el pulso un poco acelerado.
Probablemente no fuera el mejor comienzo.

—Vamos a quitarnos este disgusto de encima inmediatamente. —El señor


Ramsay me acorraló mientras colocaba las copas de champán en las bandejas
de plata de ley.
Ante su tono agitado, me volví hacia él.
—¿Está todo bien?
—El señor Wakefield acaba de informarme de que nuestra estimada
invitada, la señora Angeline Potter, ha presentado una queja contra usted por
su descortesía con ella esta noche. —Su expresión no podía ser más
desaprobadora—. Ahora, entiendo que esta es una situación inusual, ya que
nunca hemos tenido un miembro de la familia Adair en el personal. Sin embargo,
no me importa si usted es la reina de Saba, señorita Penhaligon. No será grosera
con mis invitados porque crea que puede salirse con la suya.
La indignación me atravesó y traté de mantener la calma.
—No fui grosera porque crea que soy inmune a las medidas disciplinarias.
Respondí de forma amable a la señora Potter.
Parte de la ira del señor Ramsay pareció desinflarse.
—Es tu primera noche, Regan, y estás poniéndote a ello de primeras. Hay
más miembros aquí esta noche que cualquier otra noche del año. Nadie celebra
Hogmanay como los escoceses, y nuestros miembros se apresuran a asistir.
Me mordí una respuesta concisa sobre cómo solo los escoceses hacían
técnicamente el Hogmanay.
—Durante tu estancia aquí, descubrirás que algunos miembros son más
difíciles que otros. Aunque nadie se libra de faltar al respeto al personal, no
podemos evitar que los miembros sean generalmente maleducados o difíciles de
complacer. Debes reaccionar en esas situaciones con la máxima profesionalidad.
Te sugiero que cuentes hasta diez en tu cabeza antes de responder.
—¿Es eso lo que haces? —pregunté con cierto descaro, sonriéndole.

371 Un brillo de diversión parpadeó en sus ojos, y supe que no era inmune a
un poco de encanto.
—Vuelva al trabajo, señorita Penhaligon. Compórtese bien, por favor.
—Sí, señor Ramsay.
Aun así, cuando se alejó, resoplé en voz baja. No podía creer que la mocosa
me delatara.
Una hora más tarde, el comedor y la enorme sala de recepción,
transformados para la fiesta, estaban llenos de miembros. La banda estaba
instalada en el rellano de la escalera, frente a la vidriera. Cuando vi por primera
vez a Ashton Solomon, cantante de la famosa banda de indie-rock High Voltage,
pensé que estaba viendo cosas. Luego vi al resto de la banda.
Lachlan había contratado a una de las bandas más solicitadas del mundo
para que tocara en su fiesta de Hogmanay.
Mierda, no quiero ni saber lo que le costó.
Antes de que la banda empezara, se pidió a los invitados que salieran.
Mientras observaba a todos dirigirse hacia la gran entrada principal con sus
abrigos, una mano cálida me agarró el codo y me giré para encontrar a Robyn.
—Vamos, no querrás perderte esto.
—Pero estoy trabajando —protesté.
—Lachlan dijo que todos.
—¿Por qué? ¿Qué está pasando? —pregunté en voz alta para que me
escucharan por encima de los invitados.
—El fuego es una parte importante de las celebraciones de Hogmanay.
Todos los años, Lachlan contrata bailarines de fuego para que den un
espectáculo de inicio en la entrada.
Levantando las cejas, dejé que mi hermana me arrastrara fuera. Lachlan
le hizo un gesto para que se acercara a él, y yo le seguí de buena gana hasta que
me di cuenta de que no estaba solo.
Arro y Mac parecían especialmente glamurosos, Mac como Lachlan con su
falda escocesa, y Arro con un vestido verde que mostraba una figura tan elegante
que podría ser un anuncio de diamantes.
Ellos no eran el problema.

372 Era el otro escocés con su falda escocesa.


Thane.
—Creía que no iba a venir —le siseé al oído a Robyn mientras me obligaba
a acompañarla.
—Eredine odia Hogmanay, así que se ofreció a hacer de niñera. Lachlan le
hizo venir.
Maravilloso.
Como si sintiera mis ojos sobre él, Thane dejó de hablar con Mac y nos
miró directamente. Se puso rígido cuando su mirada bajó por mi cuerpo,
observando mi uniforme de personal. Me estremecí cuando lanzó una mirada
acusadora a su hermano.
Obviamente, Lachlan no le había dicho que ahora trabajaba en Ardnoch.
El parpadeo de la luz naranja captó mi atención justo cuando los jadeos
de placer llenaron el aire de la noche. La mano de Robyn se cerró en torno a la
mía, negándose a soltarla, mientras nos girábamos para contemplar el
espectáculo de las elegantes bailarinas del fuego.
—Ignóralo y disfruta de esto.
Afortunadamente, la procesión de bailarines por el largo camino era
hipnotizante mientras las llamas iluminaban la oscuridad circundante. Hice
sonidos de deleite y asombro junto con todos los demás, mientras los
escupefuegos lanzaban enormes bolas de fuego al aire y los bailarines del fuego
giraban junto a ellos en volteretas aéreas mientras hacían girar abanicos de
fuego en sus manos.
Poco antes de que terminara, uno de mis nuevos colegas, Andrew, se
acercó para decirme que el señor Ramsay quería que todo el personal volviera a
entrar para servir la comida. Esa mañana había ensayado con el resto del
personal de servicio porque no entraríamos en la fiesta con las bandejas de
comida y bebida hasta que el gaitero del castillo hiciera sonar un haggis
ceremonial. Los miembros no comerían ese haggis. Comerían canapés elegantes
con haggis envueltos en pasta filo rociados con una salsa de crema de whisky.
Aunque les envidiaba la comida, la bebida y la alegría, me alegraba más
que nunca de estar trabajando ahora que Thane estaba aquí. Los invitados me
mantendrían ocupada, distrayéndome de buscarlo a cada segundo.
Tenía que admitir que, mientras el gaitero dirigía la procesión de los

373
haggis, se me puso la piel de gallina. La lúgubre interpretación de las gaitas de
“Auld Lang Syne” llenó cada centímetro del salón de recepciones. Los camareros
que sostenían el champán se movían entre la multitud en silencio. Yo era uno
de esos camareros, y habiendo visto a los Adair en el lado más alejado de la sala,
cerca de la entrada, me quedé en el lado opuesto. Una vez tomadas todas las
copas, volví a un arco cerca del fondo de la sala.
Cuando el gaitero terminó, Lachlan subió la escalera principal y se detuvo
en un escalón justo debajo de la banda en el rellano. Los murmullos se calmaron
y él señaló con su copa.
—Gracias, honorables invitados su voz retumbó en la sala, su acento
sonaba más pronunciado esta noche—, por estar aquí para celebrar el
Hogmanay en Ardnoch.
Se escucharon algunos vítores de los miembros, y él sonrió, agitando la
mano para calmarlos. Una solemnidad reemplazó su sonrisa.
—Hace muchos años que Ardnoch no espera un nuevo comienzo como lo
hace esta noche. Las dificultades de este año no se pueden negar, y nunca las
olvidaremos, ni a ellos ni a mi amigo Greg McHugh.
Greg, lo sabía, era el guardia de seguridad asesinado por Fergus cuando
Lucy aterrorizaba a Lachlan y Ardnoch.
Al ver la emoción en la voz de Lachlan, las lágrimas me picaron los ojos.
—No puedo traer de vuelta a Greg para su familia, pero puedo agradecerle
que protegiera a la mía. Es una deuda que nunca podré pagar... —Respiró hondo
y continuó—: A pesar de la pérdida y el trauma de este año, mientras estoy aquí,
no siento más que gratitud por mis muchas bendiciones. Estar rodeado de todos
ustedes, amigos que nos han mostrado a mí y a Ardnoch tanto apoyo. —Su
mirada se desvió hacia Robyn—. Tener a Robyn a mi lado y su promesa de
permanecer siempre a mi lado.
Los silbidos rasgaron el aire, haciéndole sonreír con pesar.
—Tener a mi familia aquí, sana y salva —continuó—, es todo lo que
cualquiera de nosotros puede pedir. Y no deseo más que lo mismo para ustedes,
amigos míos. Esta noche, dejamos atrás el ayer y abrazamos nuevos comienzos.
—Levantó su copa y los invitados le siguieron—. ¡Que siempre ean felices y que
sis enemigos lo sepan! Slàinte Mhath! —Pronunció el gaélico escocés para
“salud” como slanj-a-va.
—¡Slàinte Mhath! —rugieron los invitados, y la banda rompió con los
primeros acordes de su mayor éxito hasta la fecha.

374 Vi a Lachlan detenerse para estrecharle la mano a los invitados. Todo el


tiempo, sus ojos estaban puestos en Robyn. Hacía apenas unas semanas había
imaginado pasar la Nochevieja con Thane. Quizá huyendo de todos los demás
para besarnos a medianoche. Mientras seguía a mis nuevos colegas para recoger
bandejas de bebidas frescas, me burlé de la idea. Tal vez dentro de cinco años
estaría menos amargada y en un Hogmanay como este podría chocar mi copa
con la suya y desearle lo mejor.
Hice una mueca.
Le deseaba lo mejor.
Nunca le desearía otra cosa a Thane.
Pero no estaba preparada para deseárselo a la cara.
375

Thane

—H
ermano, una palabra. —A Thane no le importó si estaba
siendo grosero mientras tomaba el codo de Lachlan y lo
sacaba a la fuerza de su conversación con el famoso
director, Merriam Burbanks.
—Disculpa —dijo Lachlan antes de que lo apartaran—. Ya puedes
soltarme.
Thane le soltó, sabiendo que su hermano mayor le seguiría, mientras se
movían rápidamente entre la multitud, con sus expresiones alejando a
cualquiera que pudiera acercarse a entablar conversación con ellos. Thane buscó
entre los rostros famosos hasta encontrar a Regan. Estaba de perfil, mostrando
sus bonitos hoyuelos al maldito Roman Bright, de todos los posibles. Incluso con
la ridícula librea que Lachlan hacía llevar a su personal, era atractiva. Y Bright
parecía pensar lo mismo cuando la detuvo para que no se alejara con su bandeja
de copas de champán. Sus labios se movieron en señal de coqueteo. El cabrón
estaba casado, pero Thane sabía por Lachlan que el hijo de la leyenda de
Hollywood Garret Bright era un conocido mujeriego.
Se le revolvieron las tripas cuando apartó la mirada, salió furioso de la
fiesta y se dirigió por el pasillo del castillo hacia el despacho de la diligencia de
Lachlan. Una vez dentro, esperó a que su hermano cerrara la puerta tras él.
—Dijiste que no estaría aquí.
—Dije que no sería una invitada aquí. —Lachlan se encogió de hombros.
—Bastardo. No puedo creer que la hayas contratado.
Lachlan lo miró con calma.
—Robyn es básicamente mi esposa. Regan es su hermana.
—¿Así que la contrataste? ¿Por cuánto tiempo? ¿Hasta que expire su
visado?
—No.
El estómago de Thane cayó.
376 —¿No?
—Está solicitando su visado de ascendencia. Tengo un amigo en el
Ministerio del Interior que lo va a tramitar para que no tenga que volver a Estados
Unidos a esperar. Le he ofrecido un puesto y una cabaña aquí en la finca durante
el tiempo que necesite.
—¿Sin pensar en mí o en los niños? —se quejó Thane.
Lachlan enarcó una ceja.
—Estoy seguro de que los niños estarán encantados de que Regan pueda
seguir en sus vidas. Francamente, tu actitud hasta este momento ha sugerido
que ella te importa una mierda. No creí que te importara. Pero a Robyn sí. Robyn
la quiere aquí, así que estoy haciendo que eso suceda.
—¿No te importa un mierda? ¿No pensaste que me importaría? —susurró
con dureza, sintiendo el extraño impulso de golpear a su hermano.
Recibió una dura mirada de advertencia.
—No soy yo con quien estás enfadado.
—¿Oh?
—Estás enfadado contigo mismo, imbécil de cabeza dura. —Lachlan le
dirigió una mirada sombría—. Una década de felicidad es mejor que una vida de
vacío.
Thane se tensó, recordando esas palabras.
—Eso es lo que me dijiste a mí —insistió Lachlan—. No hace ni ocho meses.
Cuando acudí a ti por lo de Robyn, me aconsejaste que me enfrentara a mis
miedos y que simplemente estuviera con ella. No eres muy bueno siguiendo tus
propios consejos, ¿verdad?
—Tú amas a Robyn.
—Y con eso, supongo que quieres decir que tú no amas a Regan.
El sudor humedeció las palmas de las manos de Thane y de repente su
pajarita estaba demasiado apretada.
—No tenemos sentido.
—Eso es mentira y lo sabes. Nunca te he visto más feliz que en estos
últimos meses. Sospechaba que había algo entre ustedes pero no podía estar
seguro. Lo que sí sabía es que si habías cedido a tu atracción por Regan, estabas
más contento con ella en tu vida que nunca. Nunca, Thane.

377
La verdad en sus palabras me destruyó el alma.
—Tengo que proteger a Eilidh y a Lewis. Si Regan fuera mayor, lista para
sentar la cabeza, entonces sería una historia diferente. Sería un riesgo calculado
que cualquiera toma cuando está enamorado. Pero Regan es demasiado joven.
Ahora mismo solo estoy pidiendo que Eilidh y Lewis salgan heridos.
—Y pedir que salgas herido tú, ¿tengo razón? —Lachlan lo fulminó con la
mirada—. O estoy equivocado. Porque no puedes amarla si no confías en ella. Y
es obvio que no confías en Regan ni en sus sentimientos por ti. —Su hermano
negó con la cabeza, decepcionado, y se alejó.
Mientras abría la puerta para marcharse, miró de nuevo a Thane y le dijo
con gravedad:
—Algún día te darás cuenta de lo enamorada que estaba de ti, de que la
traicionaste con tu desconfianza y destruiste lo mejor que te había pasado desde
que llegaron los niños. Y ese día estaré a tu lado porque me vas a necesitar. Pero,
por Dios, Thane, podrías ahorrarte un mundo de miseria si sacaras la cabeza del
culo antes de que sea demasiado tarde.
Thane se estremeció, no por el portazo que dio su hermano al marcharse
frustrado, sino por las palabras de Lachlan.
Tenían un aire de profecía que lo llenaba de temor.

Esta noche debería haber sido una buena noche. El comienzo de un nuevo
año, como había dicho Lachlan, después de uno horrible. Una noche para seguir
adelante. Sus hijos estaban a salvo en sus camas, Sean McClintock estaba fuera
de sus vidas para siempre, según la correspondencia que Thane había recibido
del abogado del imbécil, la sombra de la paternidad de Eilidh ya no se cernía
sobre él, y un nuevo comienzo le atraía.
Excepto que seguía siendo jodidamente miserable.
—¿Qué es lo que puede pasar en tu vida para que te dediques a la
reflexión?
Thane levantó la vista de su vaso de whisky al oír la voz ronca y elegante.
Angeline Potter, la joven promesa de la industria cinematográfica británica, se
apoyaba en la puerta de la biblioteca del castillo con una copa de champán en
la mano.

378
Nunca había conversado con ella, solo la conocía por sus películas y por
alguna que otra aparición en la finca y en el pueblo.
—Nada —contestó él, sin ganas de bromas—. Solo quería estar a solas.
Sin entender la indirecta, ella entró en la habitación moviendo sus esbeltas
caderas.
—Conozco la sensación. Por eso encontré el camino hasta aquí. Es mi
habitación favorita en Ardnoch. —Se acomodó en el sillón frente a él y cruzó una
pierna sobre la otra, de modo que la abertura de su vestido azul dejaba ver su
pálida y hermosa pierna desde los dedos de los pies hasta el muslo. Angeline le
dirigió una mirada sensual pero dura—. Mi pareja desapareció con Lizette
Mayfield hace diez minutos. Uno adivina lo que están tramando.
Ante su tono amargo, Thane murmuró:
—Pensaría que Angeline Potter no tendría que aguantar a un novio infiel.
—Oh, s algo casual. Estamos trabajando en una trilogía cinematográfica
juntos, y el director nos pidió que fingiéramos ser más serios de lo que somos,
ya sabes, para la publicidad. Pero uno pensaría —hizo un mohín—, que el
imbécil podría pasar una noche sin follar con otra. Como si alguna vez se le fuera
a permitir pisar esta finca si no fuera por mi membresía. Y va y se folla a Lizette
Mayfield de entre toda la gente. —Bajó la voz—. Nunca entenderé cómo se le
concedió la membresía.
Thane levantó una ceja.
—Oh. No pretendo menospreciar a tu hermano. Solo creo que a veces es
demasiado amable. —Se inclinó hacia adelante, mirándolo de una manera que
no podía ser malinterpretada—. No he visto al hermano menor, pero parece que
el gen de la belleza es fuerte en los hombres Adair. Una vez conocí a Brodan en
Cannes. Es un espécimen bastante delicioso, ¿no? Sin embargo, me gustan los
hombres melancólicos. —Sonrió coquetamente—. Esa americana de Lachlan es
ciertamente una mujer afortunada. ¿Estás casado?
—No. —La palabra era como ceniza en su lengua. Como no estaba de
humor para ser la distracción de Angeline Potter durante la noche, se levantó
bruscamente—. Si me disculpas, pronto será medianoche.
Ella se quedó boquiabierta, como si le sorprendiera que él renunciara a la
oportunidad de estar con ella en privado. Mientras se alejaba, oyó el susurro de
su vestido y el chasquido de sus tacones cuando ella dijo:
—Espérame. No quiero perderme los fuegos artificiales.

379 Querer huir de ella era completamente incongruente con la forma en que
el padre de Thane lo había educado, así que aunque no redujo la velocidad,
tampoco salió corriendo. De vuelta al salón de recepciones, se encontraron con
que muchos de los invitados se habían puesto abrigos y chaquetas y se dirigían
de nuevo al exterior, esta vez para el espectáculo de fuegos artificiales. Era casi
medianoche.
—¡Ahí estás! —le llamó Lachlan desde la puerta principal. Hizo un gesto
para que Thane se diera prisa.
—No tengo abrigo —gimió Angeline, recordándole que estaba a su lado—.
Pero no quiero perderme la exhibición.
El caballero que había en él se encogió de hombros para quitarse la
chaqueta de la falda escocesa, a pesar de lo irritante que la encontraba. Se la
puso sobre los hombros y ella se aferró a ella, mirándolo con asombro en sus
grandes ojos de Bambi.
—Gracias —susurró, aparentemente asombrada. Luego sonrió y pasó su
brazo por el de él para acurrucarse a su lado.
Oh, maravilloso.
Lachlan lo fulminó con la mirada mientras se acercaban, y Thane lanzó a
su hermano una mirada exasperada de “no sé cómo ha pasado esto”.
Fuera, no pudo quitársela de encima, y mientras caminaban junto a los
invitados para encontrar un lugar donde colocarse en la entrada, vio a Robyn
con su hermana y Mac. Ella se volvió y lo vio. Sus labios se estiraron en una
sonrisa que se truncó cuando vio quién estaba del brazo de Thane. Sus rasgos
se endurecieron y lo miró con la misma fiereza con la que lo había hecho su
hermano.
Fantástico.
Suspirando, miró a Angeline, que ahora apoyaba la cabeza en su hombro.
¿Cómo había sucedido esto?
—¿No quieres encontrar a tu... amigo... antes de que el reloj marque la
medianoche?
—Soy muy feliz donde estoy. —Ella levantó la cabeza y le apretó el bíceps—
. Pareces un hombre. Él un chico. Me gusta la diferencia.
Sus palabras se parecían tanto a algo que Regan le había dicho muchos
meses antes que él se estremeció y apartó la mirada.

380 —No estoy en el mercado.


—Pensé que habías dicho que no estabas casado. ¿Con alguien?
—No.
—Entonces no hago daño a nadie haciéndote compañía. —Ella volvió a
apretarle el brazo—. Relájate, cariño. No hay nada peor que estar solo a
medianoche en Hogmanay.
—No estoy solo. —Thane miró a Robyn, Arro y Mac para ver que Lachlan
se había unido a ellos. ¿Dónde estaba Regan? La buscó entre la multitud de
invitados y el personal.
—Bueno, yo sí.
El tono desolado de Angeline le devolvió la mirada. Ella le dedicó una
sonrisa triste y melancólica.
—Estoy sola. No quiero estar sola a medianoche.
Como si fuera una señal, el gaitero calmó a la multitud con un golpe de su
lúgubre instrumento. Entonces la voz de Lachlan resonó en la noche.
—¡Diez! Nueve. Ocho...
Las voces de todos se unieron a él en la cuenta atrás, pero Thane estaba
demasiado ocupado torciendo el cuello en busca de Regan. Había demasiada
sombra para ver mucho más allá de unos pocos metros, incluso con las luces a
lo largo del edificio del castillo que ofrecían un respiro a la oscuridad.
—¡Dos! ¡Uno! ¡Feliz Año Nuevo!
Los fuegos artificiales estallaron en el cielo por encima de ellos justo a
tiempo, iluminando a todos con estallidos y destellos de luz con los colores del
arco iris.
Un fuerte tirón de su chaleco le hizo bajar la cabeza, y Angeline le pegó la
boca a la suya. La maldita mujer aprovechó el aturdimiento para pasar la lengua
por los labios de él y lamerlo. Ante la falta de respuesta de él, lo soltó
bruscamente, frunciendo el ceño.
—¡Bueno, devuélveme el beso! Es Año Nuevo. —Volvió a empujarle hacia
ella, pero la mirada de Thane se desvió de ella.
Su corazón se detuvo en su pecho.
Iluminada bajo el estruendo de los fuegos artificiales, Regan estaba de pie
con su uniforme, mirándolos a él y a Angeline con absoluto horror.
No.
381 Sus ojos se movieron de la mujer en sus brazos, la mujer envuelta en su
chaqueta kilt, a él.
Y lo miró con tanto odio que Thane quiso morir.
—Regan.
Se giró, con su cola de caballo azotando a un invitado en la cara, y se abrió
paso entre la multitud.
—¿Thane? —Angeline tiró de él.
Él se soltó de su agarre, empujándola a un lado tan suave pero tan
firmemente como pudo, antes de apresurarse a seguir a Regan.
—¿Adónde vas? —gritó Angeline petulantemente a su espalda.
Thane podría matar a la mujer.
Y a sí mismo por ser demasiado caballero como para mandarla a la mierda.
Un destello de cabello rojo cobrizo bajo las luces de los fuegos artificiales
le llamó la atención, y vio a Regan entrar corriendo en el castillo.
—Disculpe, disculpe —murmuró impaciente, con el corazón golpeándole
el pecho.
El ensordecedor espectáculo en el cielo nocturno agitó aún más su pulso.
No había nadie en la sala de recepción cuando finalmente logró entrar. El
sonido de todos cantandp en “Auld Lang Syne”, como era tradición escocesa
después de la medianoche, irritó a Thane. ¿Acaso no sabían que no todo el
mundo estaba de puto humor para celebrar?
—¡Regan! —gritó para que lo escucharan por encima de ellos.
La desesperación y el miedo lo estremecieron.
¿Adónde iría?
Sabía la respuesta antes de que terminara de pensar en ello. Atravesando
el vestíbulo de recepción, Thane se apresuró a llegar al lugar donde se había
escondido durante las últimas horas antes de que Angeline Potter lo encontrara
y desbaratara toda su maldita noche.
Al entrar en la biblioteca, su pulso se calmó un poco cuando Regan se giró
desde su lugar junto a una estantería para mirarlo. Sus ojos castaños,
habitualmente cálidos, eran planos y oscuros.
—¿Por qué me has seguido? —Se cruzó de brazos sobre el pecho—. ¿No

382
deberías estar disfrutando de la gimnasia de la lengua de una actriz ganadora
de un premio BAFTA?
Él se estremeció al ver cómo su voz se quebraba por la emoción.
—No fui yo. —Se acercó a ella lentamente y se detuvo cuando ella se
retiró—. Regan, ella me besó.
—¿Ah, sí? No vi que la empujaras. Debió de ser muy duro para ti.
—Lo fue, en realidad —gruñó. Su lengua era como una babosa.
—Estoy segura de que pensó que su beso era bienvenido, ya que le diste
tu chaqueta para que se la pusiera y la dejaste acurrucarse contra ti. —Escupió
“acurrucarse” como si fuera una palabra sucia, y la lisura de sus ojos fue
sustituida por un fuego furioso.
Thane podía soportar el fuego. El fuego era bueno. Era emoción. La falta
de intensidad significaba que ya no le importaba. Y eso, por muy jodido que
fuera, no podía soportarlo. Mirándola, con el pecho agitado, los labios
temblorosos de emoción... Dios, la echaba de menos. Solo había pasado una
semana y, sin embargo, le parecía que hacía meses que no la abrazaba.
—Le di mi chaqueta porque tenía frío. Fin de la historia. —Volvió a
acercarse a ella y, aunque Regan no retrocedió, lo miró con recelo.
—No es asunto mío, supongo. Ya lo has dejado claro. Solo pensé que
tendrías más clase que pasar a otra persona menos de una semana después de
haber roto. Tiene mi edad, ya sabes.
—¡No me voy a ir con la maldita Angeline Potter! —gritó, más que frustrado
ahora.
—Como he dicho, no es asunto mío. Al igual que yo no soy tuyo.
Sí, lo eres. Se acercó cada vez más a ella, mirando la estúpida corbata que
Lachlan hacía llevar a su personal, sus dedos se curvaron ante la idea de
arrancársela de la garganta para poder cubrir su piel de besos y sentir el latido
de su pulso bajo sus labios.
—Puedes besar o acostarte con quien quieras —continuó Regan
encogiéndose de hombros—. Igual que puedo yo.
—No lo harías —le espetó con dureza.
Sus ojos se entrecerraron.
—Oh, sí lo haría. Diablos, Jared McCulloch ha dejado más que claro que
le gustaría tenerme en su cama.
383 Los celos y la rabia lo invadieron como si ella acabara de arrojar una cerilla
sobre un charco de gasolina a sus pies.
—¿Ese cachorro? —Acortó la distancia entre ellos, obligándola a inclinar
la cabeza para sostener su mirada. La imagen de Regan desnuda bajo el nieto de
McCulloch le daba náuseas—. Solo lo harías para sacarme de tu sistema, y
pensarías en mí todo el tiemp.
La devastación se filtró a través del desafío de Regan, enfriando su ira.
—Es cierto —susurró ella—. Desearía que fueras tú en lugar de él... pero
eso no cambiaría el hecho de que sería él dentro de mí. Su polla, sus labios, sus
manos, su...
Thane la atrajo contra sí, tragándose las palabras que no podía soportar.
Su beso no fue suave ni caballeroso en lo más mínimo. Sujetándola por la nuca
para que no pudiera moverse, Thane la besó como si quisiera follarla. Duro,
devastador, profundo. Empujándola hacia las estanterías, atrapándola contra
ellas, usando su muslo para separarla y poder caer entre sus piernas. Los
papeles se habían invertido, pensó, y un cosquilleo de diversión suavizó su
furiosa lujuria. Él tenía fácil acceso por debajo de su falda, pero Regan estaba
en pantalones.
Sin apartarse de su boca, sin darle apenas tiempo a respirar, queriendo
que se dejara abrumar por él, Thane buscó a tientas la cremallera de su pantalón
de uniforme.
Apenas la había tocado cuando ella apretó las manos contra su pecho. Al
principio pensó que se estaba agarrando a él.
Pero entonces un claro empujón se filtró a través de la niebla del deseo, y
él la soltó rápidamente, alejándose a trompicones.
Su pecho se agitó mientras jadeaba. Sus labios estaban tan hinchados
como los de Regan. Cerrando las manos en puños, Thane tuvo que obligarse a
permanecer quieto, a no caer sobre ella como un muerto de hambre otra vez.
Eso se hizo más fácil cuando se dio cuenta de que ella estaba llorando.
—Mo leannan —susurró con voz ronca, acercándose a ella.
—¡No! —Regan apartó su brazo y pasó corriendo.
—¡Regan!
Se giró, con un aspecto tan joven y tan... perdido.
El corazón le latía dolorosamente.
384
—¿Lo sabes? —preguntó Regan, medio gritando, medio llorando—. ¿Sabes
lo que es amar tanto a alguien y que solo quiera esta cosa de ti?
No, ella no podía pensar eso. Sacudió la cabeza para explicarse, pero ella
le cortó mientras continuaba:
—E iba a dejarte. Iba a dejar que me follaras solo para que te dieras la
vuelta y me abandonaras, otra vez. ¿Estoy en lo cierto? Si tuviéramos sexo ahora
mismo, no significaría que nos dieras una oportunidad real, ¿verdad?
La vergüenza lo inundó, haciendo que su piel se pusiera demasiado
caliente, demasiado tensa.
Ella se rió amargamente.
—No lo creía.
—Regan… —Tuvo que aclararse la garganta; su nombre salió como si
tuviera grava allí—. Es que no quiero que te arrepientas de mí.
—Demasiado tarde —dijo ella, retrocediendo hacia la puerta—. Porque ya
me arrepiento de ti. Me arrepiento de cada beso que te di, de cada trozo de mi
corazón... porque, por muy preciosos que sean cada beso y cada trozo de mí...
los tiraste como si no fuera nada. Y yo soy la idiota que escuchó a todos los que
dijeron que debía quedarme y luchar por lo que quiero. Para demostrarte que no
voy a ninguna parte. Pero nunca importará, ¿verdad? Nunca te importaré como
tú me importas a mí.
Todo en su interior rugió de indignación ante sus palabras, pero era como
un fuego furioso embotellado por el miedo. Antes de que pudiera abrirla, Regan
giró sobre sus talones y huyó.
Sus últimas palabras resonaron en sus oídos, una y otra vez. Thane
retrocedió a trompicones, chocando con una pared, y se deslizó por ella hasta
sentir el suelo bajo sus pies. Levantando las rodillas, enterrando la cabeza entre
las manos, Thane luchó contra su frustración.
¿Por qué no podía dejar atrás el pasado?
Regan no era Fran.
Era leal hasta el final.
Y amaba a Eilidh y a Lewis. Nunca les haría daño.
Nunca te importaré como tú me importas a mí. Nunca te importaré como tú
me importas a mí. Nunca te importaré como tú me importas a mí.
—No sabes lo equivocada que estás —susurró Thane con voz ronca.
385 Levántate, entonces. Levántate y ve tras ella.
No estaba seguro de cuánto tiempo estuvo sentado debatiendo antes de oír
su nombre.
Al levantar la cabeza, Thane se encontró con que Lachlan se alzaba sobre
él. Su hermano mayor bajó a sus ancas, su falda escocesa se levantó sobre sus
rodillas con el movimiento.
—¿Qué está pasando? —El ceño de Lachlan se arrugó con preocupación.
—Soy un cobarde.
Lachlan suspiró.
—Soy un imbécil egoísta. Eilidh y Lewis preguntan por ella todos los días.
Eils llora por la noche antes de acostarse, preguntándose dónde está.
—¿Y tú?
—Siento que me falta un miembro.
Lachlan suspiró.
—Entonces, ¿qué te detiene? Es tuya en cuanto le des las palabras
adecuadas. Estoy francamente confundido por ello —se burló su hermano—.
Ella puede conseguir a alguien mucho mejor que tú.
—Vete a la mierda —espetó Thane, que no estaba de humor.
Lachlan sonrió.
—El problema es que está loca por ti. Cualquier tonto puede verlo. Te
estuvo observando como un halcón toda la noche. Roman Bright intentaba
meterse en sus pantalones, y ella estaba tan ocupada buscándote en la
habitación que no tenía ni idea. Eso solo hizo que lo intentara más. —Sus labios
se fruncieron—. Tendré que hablar con él. Recordarle las normas del club.
A Thane se le revolvieron las tripas, no solo por la idea de que Bright
persiguiera a Regan, sino por lo que había presenciado con Angeline.
—La he herido esta noche.
La diversión de su hermano se esfumó.
—Lo sé. Pero puedes compensarla. Dios, yo tuve que volar hasta Boston
para arrastrarme de rodillas para recuperar a Robyn. Todo lo que tienes que
hacer es levantarte, subirte al auto con Jock y seguir el rastreador GPS del
todoterreno de Regan.

386
—¿Se fue? —Frunció el ceño.
Lachlan asintió.
—Pasó por delante de mis invitados como un murciélago del infierno.
Robyn me hizo decirles a los de seguridad que le abrieran la puerta.
Frunciendo el ceño ante la idea de que Regan condujera en la oscuridad
total mientras estaba emocionalmente perturbada, Thane se puso de pie y
admitió algo que no quería.
—Tengo... tengo miedo de que un día se despierte y se arrepienta de
haberse conformado conmigo. Con nosotros. Porque Eilidh, Lewis y yo somos un
paquete. Ella me acepta a mí y se convierte en madre de dos niños pequeños.
Su hermano le dirigió una mirada comprensiva.
—Lo sabe, Thane. El resto depende de ti. El miedo no desaparece. Cada
día lucho contra el miedo a perder a Robyn. Algunos días ni siquiera se me pasa
por la cabeza... pero hay otros días que sí, y no es fácil, pero lucho contra él
porque tenías razón: la vida con ella merece esa batalla.
»Tu preocupación por el hecho de que Regan te deje desaparecerá con el
tiempo. Pero podría llevar años. Solo tienes que decidirte a confiar en ella, a
confiar en que vale la pena el riesgo. Así que si estás esperando la certeza, para
que ese nudo de temor en tus entrañas se derrita, estarás esperando para
siempre si no vas con ella. La única certeza en la que puedes confiar es en lo que
sientes. Y no tendrías tanta confusión, hermano, si no estuvieras enamorado de
ella.
Thane dejó que las palabras de Lachlan calaran, y lo hicieron con tal
profundidad, que lo fulminó con la mirada.
—¿Por qué demonios no me dijiste eso hace auto semana? —Empujó a
Lachlan bruscamente en el hombro—. Necesito un auto. Ahora.
Los labios de su hermano se crisparon.
—No puedes. Has estado bebiendo. Jock te llevará.
—¡Ahora! —exigió Thane, ya saliendo de la habitación.
387

Regan

¡L a imagen de esa odiosa mujer aplastando sus labios sobre los de


Thane no salía de mi mente! ¡Tenía que ser Angeline Potter, de todos
los posibles! La mujer acababa de delatarme horas antes y luego
había puesto sus patitas sudorosas sobre Thane.
¡Cómo se atreve!
¡Cómo se atreve!
Nunca había experimentado unos celos semejantes, viendo a esa mujer
besar al hombre que amaba, llevando su maldita chaqueta de falda escocesa solo
para que la imagen fuera tan acogedora. Los celos cuando Thane tuvo una cita
con esa mujer de su edificio de oficinas habían sido malos, pero nada comparado
con esto. Me consumía. Porque sabía que era el futuro que me esperaba si me
quedaba en Ardnoch. Un día conocería a alguien “más apropiado”, y yo tendría
que ver cómo se besaban y ver cómo ella se mostraba cariñosa con Eilidh y Lewis
también. Verlos ser una familia juntos.
Las lágrimas me cegaron y las obligué a retroceder, concentrándome en la
carretera completamente negra mientras conducía. Sin siquiera pensarlo, me
encontré en Caelmore girando por el camino hacia mi casa.
Pero ya no era mi casa.
—No debería estar aquí —susurré mientras los faros rebotaban en el
camino de entrada. La casa de Lachlan y Robyn estaba a oscuras, excepto por el
foco exterior. La luz del pasillo estaba encendida en el piso superior de Thane.
Aunque la mayoría de las ventanas daban al mar, él había diseñado una ventana
larga y estrecha, del suelo al techo, en el rellano del piso superior, que miraba
hacia los campos y el camino de entrada. La luz sobre la puerta principal
también estaba encendida.
No debería estar aquí.
Reduje la velocidad del todoterreno hasta detenerlo junto al pequeño
Smart eléctrico de Eredine. Era tan alta que me pregunté cómo cabía en él. Los
niños estarían durmiendo. Estaba mal que viniera, pero es que... no tenía otro
sitio al que ir.

388
Era irónico y no tenía ninguna gracia que el único lugar al que corrí, para
alejarme de Thane, fuera el único lugar donde me encontraría.
—No tienes remedio —murmuré, empujando la puerta.
Mientras subía los escalones de la puerta principal, casi esperaba que
Eredine saliera al oír el sonido de mi auto. Como no lo hizo, busqué en mi bolso
las llaves que aún tenía y que probablemente debería devolver. Al entrar, respiré
el aroma de la casa y la nostalgia me atravesó el pecho.
Olía un poco a especias, a canela, pero debajo del aroma que salía
suavemente de la cocina estaba ese olor indescifrable que era todo de Adair.
Estaba en la ropa de los niños y enterrado bajo el aroma cítrico de la ducha de
Thane. Había llegado a considerar ese olor como un hogar.
Apretando los ojos contra el dolor de la pérdida, tomé aire y luego abrí los
ojos cuando me di cuenta de lo silencioso que estaba todo. No había ni siquiera
el murmullo de la televisión.
Eredine debía de haberse quedado dormida.
Al entrar en la sala de estar, lo primero que me hizo sentir la sangre en los
oídos fueron los platos sucios que había en el suelo junto a la isla.
—Eredine —susurré. Me moví alrededor de los trozos rotos y mi mirada se
dirigió hacia la sala de estar, buscando...
Una mano inerte asomó por detrás del mueble.
—¡Eredine! —grité, corriendo detrás del gran sofá para encontrar a mi
amigo desplomado en el suelo—. Dios mío, Ery. —Me dejé caer a su lado,
apartándole los rizos de la cara y haciendo una mueca de dolor al ver la sangre
que le corría por la sien.
Se había desmayado.
El terror me consumió.
—¡Eilidh! Lewis. —Me puse en pie de un salto, resbalando con algún tipo
de salsa de los platos y frenando mi caída en las escaleras. Enderezado, me lancé
a subirlas más rápido de lo que me había movido en mi vida—. ¡Eilidh! ¡Lewis!
—grité al llegar al rellano.
Pero cuando irrumpí en la habitación de Eilidh, el edredón estaba tirado
en su cama, y su nueva casa de muñecas estaba de lado como si hubiera habido
una pelea. Se me escapó un sollozo cuando abrí el armario de un tirón.
—¡Eilidh! —grité, empujando entre los estantes de ropa, esperando que

389
estuviera escondida.
Nada.
El pánico hizo que mi respiración llegara en ráfagas agudas y dolorosas, y
me ahogué en mis lágrimas mientras corría de la habitación de Eilidh a la de
Lewis.
—No está aquí. —Jadeé, tratando de respirar, tratando de pensar.
Su armario también estaba vacío.
—¡Lewis! —grité.
—¡Regan! —La voz cortó la sangre que latía en mis oídos.
—¿Lewis?
Me di la vuelta, siguiendo la voz.
—¡Regan!
No era Lewis. Era Ery.
Volviendo a bajar a toda prisa, encontré a Eredine apoyada en la isla,
pálida, temblando mientras se tocaba tímidamente la sien con los dedos. Al
cruzar la habitación, la agarré por el codo para estabilizarla.
—¿Qué ha pasado? ¿Estás bien? ¿Dónde están Eilidh y Lewis?
Las lágrimas acudieron a sus ojos y se derramaron en un instante.
—¿No están arriba?
El miedo me arañó los pulmones. Sacudí la cabeza.
—Solo estaba... estaba en la cocina limpiando. Los niños estaban en la
cama. Salió de la nada y traté de escapar —sollozó, temblando tan fuerte que
pensé que se rompería—. Me golpeó en la cabeza con algo. Lo siento mucho.
—¿Quién se los llevaría? —Intenté mantener la calma, no hiperventilar.
Me necesitaban—. ¿Quién...? —Me di cuenta—. McClintock. Oh, Dios mío.
¿Dónde estaba mi teléfono? ¡Me había dejado el teléfono!
—¿Dónde está tu teléfono? Tenemos que llamar a Thane y a la policía. Es
McClintock.
Eredine se apartó de la isla, frunciendo el ceño mientras miraba la mesa
del comedor.
—Mi teléfono estaba justo ahí. —Señaló la mesa—. Por eso me apresuré a
buscarlo cuando me golpeó. —Sus ojos volvieron a mirarme—. Regan. —Su

390
mirada voló detrás de mí y se amplió con horror—. Regan...
El dolor rebotó en la parte posterior de mi cráneo segundos antes de que
la oscuridad me cubriera.
391

Thane

O
bservó insensiblemente cómo los paramédicos cargaban a Eredine
en una ambulancia a pesar de sus protestas de que estaba bien.
No estaba bien.
Él y Jock habían llegado a casa y encontraron el todoterreno que Regan
había conducido en su entrada. Su alivio duró poco cuando descubrió a Eredine
desmayada en el suelo del salón y a sus hijos y a Regan desaparecidos.
Eredine había vuelto en sí y les había contado lo sucedido. Se había
desmayado dos veces, por lo que no hubo discusiones para que fuera al hospital.
El camino de entrada compartido era una masa de actividad. La seguridad
de Lachlan. La policía. Su familia.
Thane observaba desde la distancia, con sus emociones tan contenidas
que no podía sentir nada.
Porque, si se lo permitía, se volvería loco.
Sean McClintock había secuestrado a sus hijos y a Regan.
—Nunca debimos quitarles la seguridad —oyó que Mac le gruñía a
Arrochar. Intentó calmarlo, pero Mac se paseó arriba y abajo por el camino de
entrada como un animal enjaulado. La policía quería que su equipo se
mantuviera al margen mientras localizaban a McClintock, y a Mac no le había
sentado bien la orden.
A Thane tampoco.
Caminando hacia Mac, le llamó la atención y le hizo un gesto para que le
siguiera por el lateral de la casa hacia el anexo.
Según sus cálculos, Regan y sus hijos llevaban desaparecidos cuarenta y
cinco minutos. El tiempo pasaba demasiado rápido. Su familia estaba cada vez
más lejos. Se detuvo cerca del anexo y se volvió para mirar a Mac.
Mirando por encima del hombro para asegurarse de que el detective

392
inspector a cargo no estaba cerca, Thane esperó un segundo y luego dijo:
—Al diablo con lo que quieren. Te quiero ahí fuera, utilizando los contactos
que tengas para encontrar a ese cabrón.
La expresión de Mac se endureció y asintió con fuerza.
—Hecho.
—Cuando los encuentres —porque Thane no dudaba de que Mac pudiera
hacerlo—, nada de policía. Quiero verle primero yo antes de entregarle.
La venganza se desató en los ojos de Mac.
—Eso puedo hacerlo.
Thane asintió, tratando de contener la rabia que había reprimido. En
realidad, se había sentido abatido por Sean, estaba decidido a hablar con el fiscal
en su nombre cuando el caso de intento de secuestro siguiera adelante, porque
Thane sabía que el dolor hacía cosas extrañas a la gente.
¡Y el cabrón había vuelto a por su familia!
Tenía que mantener la calma, mantener la calma, mantener la calma. Se
dispuso a marcharse, pero la cabeza de Mac se echó hacia atrás de repente, y
levantó una palma hacia él.
Thane se congeló.
—¿Qué pasa?
Mac ladeó la cabeza.
—¿Has oído eso? —susurró.
Su pulso se aceleró.
—¿Oír qué?
—Shh. —Mac pasó junto a él y acercó su oído a la puerta anexa. Thane lo
siguió con cautela y se esforzó por oír.
Un ruido sordo sonó desde el interior.
—¡Mierda! —Se abalanzó hacia la puerta, pero Mac lo retuvo. Negó con la
cabeza a Thane y se llevó lentamente la mano a la espalda para sacar una pistola
que había metido en la cintura de su falda.
—Detrás de mí —le murmuró a Thane. Este se echó hacia atrás de mala
gana.
Mac giró el pomo de la puerta y esta se abrió.
Thane frunció el ceño. Debería haber estado cerrada con llave.
393 Pasando en silencio por la pequeña entrada, con los ojos luchando por
adaptarse a la oscuridad, Thane se mantuvo a la espalda de Mac aunque estaba
desesperado por avanzar. Entonces Mac se detuvo de repente con un ronco
—Jesucristo. —Y luego—: Thane, la luz.
—Luces—gritó, pero el anexo no se iluminó. El dispositivo inteligente debía
de estar desconectado.
Un chillido sordo procedente de la habitación principal le hizo sentir un
renovado temor en el corazón, y se abalanzó hacia el interruptor de la luz de la
puerta. Mac ya estaba entrando en la habitación, y Thane se movió con él.
Thane sintió furia y alivio al encontrar a Eilidh y Lewis atados a una silla
de jardín. La silla de Lewis estaba de lado, su hijo en el suelo. Las lágrimas
corrían por los rostros de sus hijos, y sus gritos de alivio eran amortiguados por
la cinta adhesiva que les cubría la boca.
—Dios mío —repitió Mac con rabia controlada mientras se apresuraba a
acercarse a Eilidh, guardando su pistola en la falda escocesa y ocultándola bajo
la chaqueta.
Thane cayó al suelo detrás de Lewis, luchando por desatar las cuerdas
fuertemente anudadas que ataban sus muñecas detrás de la silla.
—¡Cuchillo! —le gritó a Mac.
—Un segundo. —Mac sacó una navaja suiza y procedió a serrar las
ataduras de Eilidh.
—Está bien, bichito —prometió Thane, sosteniendo su mirada llorosa—.
Ya estoy aquí. —Se volvió hacia Lewis, abrazándolo sobre la silla—. Papá está
aquí, amigo. Voy a quitar la cinta adhesiva, ¿de acuerdo?
Su hijo asintió frenéticamente.
—Puede que te duela un poco, pero seré rápido.
Lewis asintió de nuevo.
Tragando con fuerza contra las lágrimas de rabia en su garganta, Thane
agarró una esquina de la cinta y la arrancó de un tirón.
Su hijo gritó de dolor y enseguida se echó a llorar.
—Está bien, amigo —murmuró Thane entre sus propias lágrimas mientras
salpicaba las mejillas de su hijo con besos de alivio—. Te tengo, estás a salvo.
Se esforzó por mirar por el rabillo del ojo mientras Thane trataba de
394 desenredar las cuerdas de nuevo. Lewis tuvo un hipo.
—Te he oído fuera. Volqué la silla.
El orgullo lo atravesó.
—Bien, eso estuvo bien, Lew. Estoy muy orgulloso de ti. —El miedo que
había estado tratando de mantener a raya le arañó—. ¿Dónde está Regan, Lew?
¿Estaba contigo?
Lewis se calmó en su lucha por liberarse.
—No estaba aquí. El hombre malo nos sacó de nuestras camas. Amenazó
con hacerle daño a Eilidh si no me iba con él. No quería que le hiciera daño, así
que fui —gritó Lewis.
Joder.
Thane cerró los ojos, preguntándose cómo diablos iban a superar sus hijos
este último trauma.
—Hiciste lo correcto, Lew. Estoy muy orgulloso de ti por cuidar de tu
hermana.
—¡Papá! —gritó Eilidh cuando Mac le quitó la cinta adhesiva. Sollozó y
luego se zafó de las cuerdas aflojadas para volar por la habitación. Thane la tomó
en brazos, probablemente sujetándola con demasiada fuerza, pero nada era
mejor que sentirla cálida y viva. Incluso cuando sus lágrimas empapaban su
camisa.
—Shh, cariño —le dijo en voz baja, meciéndola mientras ella sollozaba y
tenía hipo en sus brazos—. Te tengo.
Asintió agradecido a Mac mientras se apartaba para dejar que su amigo
liberara a Lewis.
—¿Fue el hombre que intentó llevarse a Eilidh la última vez, Lew? —
preguntó Mac mientras trabajaba en las cuerdas.
—No, tío Mac. —La respuesta de Lew dejó sin aliento a Thane.
Se encontró con los ojos de Mac.
Si no era McClintock...
—¿Quién demonios tiene a Regan? —Mac formuló la pregunta que hizo
que Thane se mareara con renovado terror.

395

Regan

L
as olas chocaban.
Eran muy fuertes.
Mientras me sacaba del sueño, me preguntaba por qué el
mar sonaba más cerca, más fuerte que de costumbre. ¿Habría
dejado una ventana abierta? La cabeza me palpitaba dolorosamente.
¿Qué demonios?
Gimiendo mientras el dolor de cabeza se volvía abrumador, abrí los ojos,
parpadeando en la oscuridad de mi dormitorio. ¿Por qué era mi almohada tan
rara?
Espera.
¿Qué?
Me senté lentamente y mis manos se hundieron en la frágil hierba de
invierno. La luna se extendía por el cielo y el mar más allá. Un viento duro y
helado me meneaba el cabello y me abrasaba el uniforme.
Estaba sentado en la cima de un acantilado.
—Pensé que nunca te despertarías. Lo habría arruinado todo.
Esa voz.
De repente, mi noche volvió en un instante. El ataque de Eredine. Los
niños desaparecidos.
Era él.
¿Qué había hecho con Eilidh y Lewis?
El miedo y la ira convivieron en mi interior, distrayéndome del dolor de
cabeza y las consiguientes náuseas. El bastardo me había noqueado. ¿Estaba
conmocionado? Me sentía conmocionado.
Pero no podía pensar en eso. Tenía que encontrar a Eilidh y a Lewis.

396 Volviéndome lentamente para mirar al hombre de la voz, busqué


frenéticamente a su alrededor, pero no había rastro de los niños en el acantilado
con nosotros. Las olas estaban agitadas esta noche, chocando dramáticamente
contra las rocas de abajo.
Austin Vale estaba bañado por la luz de la luna, los campos se extendían
a sus espaldas y, con suerte, hacia Ardnoch. No sabía cuánto tiempo había
estado fuera y, por tanto, cuánto me había alejado de mi hogar.
-¿Dónde están? —Miré con desprecio al hijo de puta—. ¿Qué hiciste con
Eilidh y Lewis?
Un viento amargo rasgó el acantilado, y yo temblé violentamente.
Austin bajó a sus ancas a varios metros de mí, llevando un grueso jersey
con una chaqueta encima. Qué cabrón.
—¿Eilidh y Lewis? —pregunté.
—Están bien, preciosa —respondió lo suficientemente alto como para que
se le oyera por encima de la naturaleza.
—¿Dónde están? ¿Por qué los has tocado?
Dios mío, los había puesto en peligro. Las lágrimas brotaron de mis ojos y
temblé con más fuerza.
—Haces que suene sórdido. No lo es. —Suspiró con fuerza—. Cuando
llegué aquí, ya no te quedabas en la casa. Tenías que estar en la casa. En cambio,
estabas atrapada tras las puertas de seguridad de esa finca, y nunca saliste. Me
impacienté.
Solo había estado detrás de las puertas durante cuarenta y ocho horas. Lo
que significaba que no hacía mucho que había llegado a Escocia.
—Cuando vi que dejaban a los niños atrás solo con esa mujer de mala
muerte, me llevé a los niños para atraerte. Además, sabía que llevármelos te
haría daño. Y quiero hacerte un poco de daño, aunque te quiero mucho.
Ignoré las palabras que me repugnaban y me concentré en los niños.
¿Cómo sabía él lo que Eilidh y Lewis significaban para mí?
—¿Cómo sabes nada de mí?
—¿Crees que la amenaza ocasional del amigo policía de tu hermana fue
suficiente para impedir que te encontrara? —se burló—. Soy un hombre
decidido, Regan. No podía quedarme sentado y dejar que pensaras que no me
importaba. Cuando un hombre ama a su mujer, tiene que demostrarlo. Nadie
me decía dónde habías ido, así que lo único que se me ocurrió hacer fue seguir
397 buscando imágenes. Nada. Eras como un fantasma. Estuve un tiempo sin
dinero, lo que es un problema cuando se trata de recursos, pero hace unas
semanas conseguí algo de dinero, gracias a mi hermano. Contraté a una
investigadora privada, y ella hizo algunas averiguaciones para mí. Descubrió a
tu hermana y su compromiso con ese actor. A partir de ahí, te encontró a ti. Así
que contraté a otro investigador privado aquí en Escocia. Envió por correo
electrónico fotos e información sobre tu vida aquí. No pudo acercarse demasiado
a la casa porque tenías seguridad para los niños, pero hizo sus averiguaciones
en otros lugares y consiguió lo que necesitábamos.
»La última vez que lo comprobé, tenías seguridad con los niños para ese
intento de secuestro —se burló—. Menos mal que estoy aquí para acabar con
esto, Regan, para alejarte de esta gente. No paran de pasar cosas malas a su
alrededor.
Resoplé con incredulidad.
—Por algún giro del destino, cuando llegué aquí, los niños ya no estaban
protegidos. No es que haya planeado utilizarlos, lo juro. Pero la idea cayó en mi
regazo cuando no pude llegar a ti. —Se rio—. Y tenía que ser esta noche,
preciosa. Es nuestro primer aniversario.
El horror, la vergüenza y el autorreproche me invadieron.
¿Por qué había bajado la guardia?
¿Por qué no me había dado cuenta de que la Nochevieja era una noche
para estar alerta?
Probablemente porque pensaba que Autry o papá le avisarían si Austin
intentaba salir de Estados Unidos.
¿Por qué no lo habían hecho?
—Iba a llevármelos y dejar una nota para que me encontraras, pero de
repente estabas en la casa. Como si fuera el destino. Ahí estabas. Era más fácil
esconder a los niños en algún lugar al que pudiera llevarle a tu jefe —escupió la
palabra—, tiempo para encontrarlos.
—¿Dónde? —pregunté, con el corazón palpitando—. Juro por Dios que ,si
les haces daño, te mataré, joder.
Sus dientes brillaron en la oscuridad.
—Me encanta cuando te pones peleona.
Lo detestaba.
Lo detestaba con cada parte de mi ser.
398
—No te preocupes. No les hice daño. Até a los niños en la casa de
huéspedes. Todo el mundo estará tan ocupado tratando de encontrarlos
mientras están delante de sus narices que tendremos tiempo para hacer lo que
hemos venido a hacer.
Eilidh y Lewis estaban bien físicamente. Traumatizados, pero vivos.
Respiré profundamente.
—¿Y qué has venido a hacer? —Temía saberlo, pero estaba decidida, a
pesar del dolor de cabeza casi debilitante y palpitante, a no caer sin luchar.
Las lágrimas espesaron de repente la garganta de Austin.
—Morir —susurró con voz ronca—. Esta noche vamos a morir juntos.
Mi respiración llegó en duros jadeos mientras el terror intentaba
apoderarse de mí.
—¿Por qué? ¿Por qué?
—Estamos destinados a estar juntos, Regan. Pero eres demasiado
testaruda para verlo. No puedo pasarme la vida persiguiéndote, intentando
convencerte de algo que ya sé. —Su voz se hizo más fuerte con su agitación—.
Y, si no puedo hacértelo ver, entonces la única manera de que seamos eternos
es morir juntos. Estaremos juntos para siempre en la muerte.
Dios mío, se había perdido por completo.
—Austin, no estás pensando bien...
—¡No me digas lo que estoy pensando! —gritó, poniéndose de pie para
caminar.
Retrocedí un poco, con cuidado de no retroceder demasiado cerca del
borde del acantilado.
—¿Sabes lo que es creer algo, saber algo en lo más profundo de tu alma, y
que todos los demás te llamen maldito psicópata por ello? —escupió.
—Austin...
—¡Es como si ya estuvieras muerto! —continuó—. ¡Llevo un año llorándote
y nadie lo entiende! Y no puedo soportarlo más. No puedo seguir viviendo así.
Al oír la pérdida en su voz, me estremecí más. Realmente lo creía. Su dolor
era real, aunque sus delirios sobre nosotros no lo fueran. Necesitando tiempo
para pensar, tiempo para que alguien nos encontrara, me entretuve.
—¿Qué hay de tu familia? Mencionaste a un hermano.

399 Nunca había mencionado a su hermano mientras habíamos viajado


juntos. De hecho, me había dicho definitivamente que era hijo único.
Austin se burló.
—Como si le importara algo más que sus adicciones. Es un alcohólico y
un jugador. Pero ganó a lo grande,, hace unas semanas. Me llevé el dinero. No
me arrepiento. Es débil. No se merece cosas buenas.
—¿Y tus padres? —Durante nuestro viaje, nos lo había contado todo sobre
su crecimiento en Oregón. Su padre era un ganadero y su madre una maestra
de escuela. La infancia de Austin sonaba idílica.
Dio un ladrido de risa amarga.
—¿Qué padres? ¿Te refieres a la madre que agarró a sus hijos de seis y
ocho años, les dijo que se iban de viaje y luego los abandonó en una estación de
autobuses? ¿O al padre que nunca conocí?
—Pero... —Me interrumpí. Había mentido sobre su vida. Sobre todo.
—Nadie quiere oír esa mierda, Regan —dijo, como si me hubiera leído la
mente—. Solo quieren que les digas que tuviste una buena vida. Que tú y tu
hermano no fueron maltratados por un jodido padre adoptivo enfermo.
Nuevas lágrimas brotaron de mis ojos.
—Lo siento.
—No lo sientas. Me hizo ser mejor persona. Más inteligente. Más
trabajador. Más intuitivo. Las mujeres iban y venían. Siempre dándome señales
contradictorias. Siempre sin confianza y haciéndome trabajar por ello. Pero tú...
el primer momento en que me sonreíste con esos increíbles hoyuelos, fue como
recibir un rayo de sol. Y me di cuenta de que estabas perdida. Un ángel perdido
que necesitaba orientación. —Su voz se endureció—. Pero eres tan
condenadamente terca y una mujer tan típica. Ni siquiera conoces tu propia
mente. No se puede confiar en tus propios sentimientos.
Cualquier simpatía o compasión que había sentido murió.
—Sabes —me impulsé sobre mis rodillas, con el mundo girando un poco—
, me estoy cansando de que la gente me diga eso. —Me tambaleé al ponerme de
pie, pero me obligué a concentrarme más allá del mareo—. Conozco mi mente.
Mi corazón. Y, aunque siento mucho que tu vida haya sido difícil, otras personas
han pasado por mierdas similares, y no recurren a la violación y al secuestro.
—¡Nunca te violé! —gritó.

400 —¡Lo intentaste!


—Eso no fue una violación. —Austin se pasó las manos por el cabello—.
Dios, ¿cómo pudiste pensar eso, todo este tiempo?
—¡Porque es verdad! Me sujetaste y trataste de tener sexo conmigo en
contra de mi voluntad. Eso es un intento de violación, Austin. No importa el
hecho de que continuaste amenazando con violarme en tus correos electrónicos.
—No, no, no. —Empezó a pasearse frenéticamente—. No, estás
confundida. Estás recordando mal las cosas.
Mientras seguía despotricando, miré por encima del hombro y mi cabeza
giró peligrosamente al ver lo alto que estábamos.
Volviéndome hacia él mientras se paseaba y discrepaba sobre lo que había
ocurrido entre nosotros el pasado mes de enero, supe que no se podía discutir
con él. Veía las cosas a su manera y no había forma de demostrarle lo contrario.
Austin dejó de divagar y me miró, con una expresión feroz a la luz de la
luna.
—Tendré que demostrártelo. Recordarte que para nosotros el sexo es hacer
el amor. Sí. —Se acercó a mí—. Deberíamos tener eso el uno del otro antes de
irnos.
—No. —Tropecé de lado y luego traté de pasar a su lado. Forcejeamos, le
empuje la cara cara, arañé su cuello, tratando de escapar. Pero él era mucho
más fuerte que yo, y yo estaba muy mareada por el golpe en la cabeza.
La voz de Robyn rugió en mi mente, instruyéndome, exigiendo que no le
dejara tirarme al suelo, pero mis miembros no obedecían.
Mi pie resbaló, golpeando nada más que el aire, y grité asustada.
—¡Cuidado! —Austin me agarró a él—. No queremos que te vayas al vacío
todavía.
De repente supe por qué me había traído aquí.
Tenía la intención de tirarme por el borde con él esta noche.
Y yo no iba a morir en el Mar del Norte.
Lágrimas de furia y desesperación me llenaron las mejillas cuando me
abrazó con tanta fuerza que apenas podía respirar.
—Dios, te he echado de menos. —Austin enterró su cara en mi cuello.
Cada centímetro de mí sentía repulsión por su abrazo.
401 —Por favor —susurré—, no me hagas esto.
Levantó la cabeza para mirarme a los ojos, y no vi más que fe en los suyos.
No tenía ni idea de que la fe de alguien pudiera ser tan aterradora.
—Así es como tiene que ser. Pronto lo verás. —Enroscó su pie alrededor
del mío y caí.
Mi espalda se estrelló contra el suelo, y mi herida en la cabeza gritó con el
impacto.
Y entonces la voz de mando de Robyn volvió a aparecer en mi cabeza,
recitando instrucciones mientras Austin caía de rodillas e intentaba agarrarme
las manos.
Concentrándome en la voz de Robyn, le clavé la rodilla izquierda en las
tripas para evitar que se me echara encima mientras le rodeaba la muñeca
derecha con la mano. Entonces tiré de la pierna derecha hacia atrás y le planté
el pie con fuerza en la cadera... y desgarré su agarre del brazo y lo alejé de mí
con todas mis fuerzas, utilizando la fuerza de mis piernas. Cayó hacia atrás
mientras yo rodaba por debajo de él y me ponía en pie. Al mirar hacia él, me
quedé helada al ver cómo sus brazos se agitaban a los lados.
Y entonces salió de mi vista.
Su grito atravesó el aire nocturno y me heló hasta los huesos.
Finalmente, oí cómo se estrellaba contra las olas, justo cuando estas
golpeaban las rocas.
Las náuseas me subieron por el vientre mientras me acercaba tímidamente
al borde del acantilado.
No había más que espuma blanca en la oscuridad bajo la luz de la luna.
Ni rastro de Austin.
Temblando con tanta fuerza que los dientes me traquetearon en la cabeza,
me alejé a trompicones del borde y sollocé. Una sensación de irrealidad
descendió sobre mí.
Concéntrate, Ree, oí susurrar a Robyn. Vuelve a casa.
—Eilidh, Lewis —murmuré en la noche. Nadie sabía dónde estaban.
Debían de estar muertos de miedo.
Corriendo hacia adelante, superando lo que estaba segura de que era una
conmoción cerebral, salí corriendo del borde y me adentré en los campos con

402
poca hierba de invierno. No tenía ni idea de dónde estaba, de lo lejos que nos
había llevado Ardnoch.
Pero, mientras seguía la costa, vi luces en la distancia. Me apresuré a
acercarme a ellas y tardé unos diez minutos en sentir una abrumadora sensación
de familiaridad.
Estaba cerca del parque de caravanas de Gordon en la playa de Ardnoch.
En el parque retumbaba una música fuerte y pude ver figuras sombrías
fuera de los remolques, festejando juntos.
Por supuesto. Todavía era Hogmanay.
—¡Ayuda! —grité roncamente, corriendo más fuerte ahora—. ¡Ayuda! —Los
campos acabaron por dar paso a un camino labrado por la gente que subía a los
acantilados. El camino descendía hacia el parque de caravanas y tropecé con un
gran guijarro, cayendo sobre mi tobillo. El golpe seco de caer al suelo con las
manos y las rodillas hizo que unos puntos negros me cubrieran los ojos.
—¡No! —Me empujé para volver a ponerme en pie. Tenía que permanecer
despierta. Tenía que decirle a alguien dónde estaban Eilidh y Lewis.
Bajando a toda prisa a la grava, vi a dos personas sentadas en la cubierta
de su caravana observando a todos los demás bailando y bebiendo en la carretera
que atravesaba el parque.
—¡Ayuda! —grité, intentando que me escucharan por encima de la música.
Pero tuve que correr hasta su terraza antes de que la pareja mayor se
volviera hacia mí sorprendida. No sabía qué aspecto tenía, pero el hombre soltó
una maldición al verme.
—¡Por favor, ayuda!
—¿Qué demonios? —gritó la mujer, y se apresuraron a bajar los escalones
de su cubierta para atraparme mientras me balanceaba.
Concéntrate, Regan, concéntrate.
Todo salió de golpe, y me agité mientras me hacían repetirlo. Llamamos la
atención de otras personas y fui consciente de que la música se apagaba.
Llamaron a la policía, pero yo divagué el número de Thane, insistiendo en que le
llamaran para decirle dónde estaba Eilidh y Lewis.
—Los niños están bien —dijo la mujer, Betty, algún tiempo después,
cuando repetí la pregunta—. Ya los han encontrado. Tu amigo está de camino.

403 La noticia de que Eilidh y Lewis estaban a salvo me hizo sollozar de alivio.
Solo cuando Betty dijo “Tu amigo está aquí”, fui consciente de que estaba dentro
de su caravana con una manta a mi alrededor.
No me di cuenta del tiempo que había pasado.
—¿Dónde está? —oí que Thane pedía en voz alta fuera. Sonaba frenético.
Lanzándome desde el sofá de la caravana, aparté las manos que
intentaban detenerme y me apresuré a salir. Thane y Robyn estaban de pie junto
a su todoterreno, mirando a dos de los asistentes a la fiesta.
—Thane.
Su cabeza se dirigió hacia mí. Nuestros ojos se cruzaron, los suyos
ardiendo con todo.
Tardó menos de dos segundos en cruzar la distancia que nos separaba y
arrojarme a sus brazos. La sensación de él, su olor, todo me abrumó, y me derretí
como un cubito de hielo junto al fuego.
—Mo leannan. —Sentí sus labios en mi sien.
Sonreí justo cuando los puntos negros se dispersaron por mi visión.
—¿Regan? —La voz de Thane se volvió aguda por la preocupación—.
¡Regan!
No pude responder.
Era como si todo el maldito mundo hubiera apagado las luces.
404

Thane

E
ilidh se acurrucó somnolienta en su regazo mientras Lewis dormía
junto a Regan en la cama del hospital. A la enfermera no le había
hecho gracia cuando había descubierto a Lewis dormido en la
cama, pero Lachlan había dejado claro que nadie iba a mover a su sobrino.
Thane nunca había agradecido tanto la imperiosidad de su hermano.
Robyn estaba acurrucada en el sillón opuesto al de Thane.
Cuando Regan se había desplomado en sus brazos, a Thane casi le da un
paro cardíaco. Sin embargo, para su eterno alivio, había recuperado la
conciencia solo un minuto después. Se había desmayado por la conmoción de
su experiencia.
Aun así, los médicos estaban preocupados porque Austin Vale le había
dado un golpe con el bate de béisbol de Lewis en la nuca antes de arrastrarla a
aquel acantilado. El mismo bate con el que había golpeado a Eredine dos veces.
Si el bastardo no fuera ya comida para peces, Thane lo habría matado.
Regan pasó la noche en observación, al igual que Eredine. A ambas les
habían advertido que probablemente tendrían dolores de cabeza durante la
próxima semana o dos. Sin embargo, lo único que importaba era que no había
signos de lesión cerebral. Milagrosamente, ninguna parecía tener problemas de
pérdida de memoria.
Arro estaba dormida en la habitación de Ery.
Thane se negaba a dejar a sus hijos o a Regan, y los niños no querían estar
lejos de ninguno de ellos. Así que habían pasado el resto de Hogmanay en el
concurrido hospital de Inverness. Incómodos, pero juntos.
Contempló, a través de una visión cansada, a Lewis durmiendo junto a
Regan, con su pequeña mano agarrada a la de ella. A Thane le dolía el pecho.
El ataque había traumatizado a sus hijos. Tendría que hablar con alguien.
Ver si debía conseguir que Eilidh y Lewis recibieran asesoramiento. Esto era algo
que podía afectarles para el resto de sus vidas, y Thane se negaba a permitir que
eso sucediera.

405
La mano de Lewis se crispó en la de Regan, y se apretó más contra su
costado mientras dormía. Los ojos de Thane pasaron de su hijo a la mujer que
amaba.
Casi la había perdido esta noche.
Pero era feroz. Decidida a vivir.
Gracias a Dios por Robyn y esas lecciones de defensa personal.
La puerta del hospital se abrió y Lachlan le hizo un gesto. Abrazando a
Eilidh para no despertarla, se levantó lentamente y salió de la habitación.
—¿Noticias? —susurró Thane.
Lachlan alargó la mano para acariciarle el cabello a Eilidh mientras
respondía en voz baja:
—Seth está angustiado, como puedes imaginar. En Boston no tenían ni el
personal ni la autoridad para tener a alguien vigilando a Austin en todo
momento. La última vez que lo vieron entró en una propiedad de su hermano
hace tres días. Nadie lo siguió hasta el aeropuerto. Seth tenía una alerta en su
tarjeta de crédito, pero no la utilizó para pagar un billete. Tampoco usó ninguna
de las tarjetas de crédito de su hermano, así que suponemos que usó efectivo.
—¿Regan mencionó un investigador privado?
Lachlan asintió.
—Mac todavía está investigando eso.
—¿Han encontrado a Vale?
Su hermano negó con la cabeza.
—Los de búsqueda y rescate siguen buscando.
Eilidh se removió en sus brazos y él la acurrucó más.
—¿Cuándo pueden salir Regan y Ery?
—No hasta más tarde hoy —dijo con un suspiro Lachlan—. Sé que quieres
a los niños contigo, pero deberíamos llevarlos a casa.
—No quiero dejarlos, lo que significa dejar a Regan. —Ninguno de los dos
pensamientos le atraía.
—Deja que Robyn y yo nos llevemos a los niños —ofreció su hermano—.
Tú te quedas aquí con Regan.
—No puedo.
—Estarán bien durante unas horas con nosotros —insistió Lachlan-. Y tú
406 y Regan necesitan un tiempo a solas para hablar cuando ella se despierte.
A Thane se le anudaron las tripas.
—Dudo que ella quiera oírlo.
—Hermano. —Lachlan se inclinó hacia él—. Antes de que ese bastardo
apareciera... Regan corrió al único lugar donde la encontrarías.
Era cierto. Antes de que entraran en la casa y su mundo se derrumbara,
se había sentido más que aliviado al ver el todoterreno prestado de Regan en su
entrada.
—Eils y Lew necesitan comer. Si no quieren irse a la cama sin ti en la casa,
Robyn y yo acamparemos en el sofá y veremos películas con ellos hasta que
vuelvas a casa.
Sabiendo que Eilidh y Lewis se conformarían con eso, Thane finalmente
asintió.
—Gracias.
Lachlan le apretó el hombro y le dio un reconfortante apretón.
—Iré a despertar a Robyn para que puedas decirle a su hermana que estás
enamorado de ella.
Los labios de Thane temblaban de risa cansada.
—Han sido unas malditas y extrañas veinticuatro horas.
—Ha sido un maldito y extraño año —replicó Lachlan antes de desaparecer
en la habitación del hospital de Regan.

Regan

El pitido me despertó.
A medida que me centraba la habitación del hospital, también en los
recuerdos de la noche anterior.
Y lo último que recordaba era a Lewis durmiéndose en la cama del hospital
a mi lado.

407 ¿Dónde estaba?


Presa del pánico, palmeé el espacio a mi lado.
—Oye, oye. —Una mano grande y masculina tomó la mía. La seguí hasta
un brazo familiar vestido con una camisa blanca. Todavía con su chaleco y su
falda escocesa, Thane estaba sentado junto a mi cama.
—¿Dónde están los niños? —grazné.
Tenía la lengua como papel de lija, la boca y la garganta secas como un
desierto.
Thane me soltó la mano, pero solo para levantarse y coger el vaso de agua
de la mesita auxiliar. Deslizando un brazo por mi espalda para ayudarme a
sentarme, me entregó el vaso.
Bebí con sed, con mis ojos clavados en los suyos. Cuando terminé, repetí:
—¿Dónde están?
—En casa —dijo con esa voz profunda y tranquilizadora que tenía—.
Robyn y Lachlan los están cuidando.
Esperé a que Thane volviera a tomar asiento.
—Te has quedado.
Algo parecido a la desesperación brilló en sus ojos conmovedores.
—No creo que pueda perderte de vista por un tiempo. Ya tuvo Lachlan que
convencerme de que dejar que los niños se fueran a casa era lo mejor para ellos.
—Deberías haber ido con ellos. —Me sentí mal de que hubiera tenido que
elegir—. Lo habría entendido.
—Tenemos que hablar —dijo sin rodeos.
Oh, no. Aquí venía.
La culpa. La vergüenza.
—¡Lo sé! —solté antes de que pudiera continuar—. Te prometí que mis
problemas no traerían problemas, y conseguí que Eilidh y Lewis salieran heridos.
Lo siento mucho, Thane. Nunca podré compensarlo…
—Oye, oye, oye. —Thane se acercó a la cama, tirando de mí hacia su lado,
abrazándome—. No, no digas eso. Oh, mo Leannan, me estás rompiendo el
maldito corazón. Por favor, no te culpes. Esto no es culpa tuya.
Sollozaba ante su amabilidad, porque por supuesto, era mi culpa, y por

408
supuesto, él no lo vería así.
—No lo vi... no vi la oscuridad en él, y lo dejé entrar en mi vida y si no me
hubiera forzado a entrar en tu vida…
—Sería el mismo hombre que era hace un año —me cortó—, existiendo
para Eilidh y Lewis. No infeliz, pero sin ilusión por la vida más allá de ellos.
Quiero a mis hijos. Me conformo con vivir para ellos. Pero nunca imaginé que
me levantaría cada mañana sintiendo tanta expectación por lo que me depararía
el día. Todo porque tengo una mujer a la que estoy deseando ver todos los días,
con la que hablar, con la que reír, a la que amar.
Me separé de él lo suficiente para mirarle a los ojos.
Se me cortó la respiración al ver lo que brillaba en ellos.
—Anoche encontré a Eredine y a los niños tan rápido porque te estaba
persiguiendo.
—¿Sí?
Thane asintió, sus ojos escudriñando mi rostro como si me memorizara.
No me importaba que probablemente tuviera un aspecto horrible. Me miraba
como si fuera la mujer más hermosa que hubiera visto jamás.
—Nunca pensé que fuera el tipo de hombre que tiene inseguridades —dijo
con pesar—. Los hombres de Adair son unos engreídos.
Sonreí ante eso.
Se acercó para trazar mi sonrisa con el pulgar mientras su tono se volvía
serio.
—La traición de Fran surgió de la nada. No podía imaginar que me
engañaría. Me sacudió. Sacudió todo lo que creía... Sin embargo, tampoco pensé
que me impediría seguir adelante. Si bien no había buscado nada serio con
alguien nuevo, no era reacio a que ocurriera si llegaba la persona adecuada.
Pensaba que tendría más o menos mi edad, tal vez sus propios hijos, estaría
asentada en la vida.
Me acarició la mejilla, con un hambre oscura en su expresión.
—Entonces apareciste tú. Lo supe desde tu primer día de trabajo, aquella
mañana en la cocina, cuando te sorprendí mirándome y me burlé de lo de mis
manos... supe que eras peligroso para mí. Joven, vibrante, hermosa, casi cuñada
de mi hermano, con un poco de reputación que en ese momento no sabía que no
se había ganado.
409 Mi corazón latía tan fuerte que era un milagro que no lo sintiera golpear
contra él.
—Pero fue la forma en que era con Eilidh y Lewis lo que me hizo darme
cuenta de que me estaba enamorando de ti. La atracción se hizo más difícil de
ignorar... y esa primera noche que hice para amarte... lo supe entonces.
—¿Saber qué? —me atreví a preguntar.
—Que estoy tan enamorado de ti que me da miedo.
Se me cortó la respiración y las lágrimas me picaron la nariz.
Volvió a dedicarme esa sonrisa de pesar.
—Si solo hubiera sido por la atracción física, podría haberlo controlado,
ignorado, no haberte tocado nunca, sabiendo lo complicada que era la situación.
Pero no podía alejarme de ti.
—Yo tampoco.
—Y cuando protegiste a Eilidh... estaba tan perdido por ti. Me dije que
tenía que disfrutarlo lo que pudiera, que recordara que no te quedabas aquí
permanentemente.
—No confiabas en mí —susurré, con el dolor de su falta de fe aún fresco.
—No... simplemente no podía superar mis malditas inseguridades. —Se
volvió hacia mí, apretando mi cara entre sus manos—. Regan, para mí, eres la
mujer más hermosa que he conocido. Por dentro y por fuera. Dulce, divertida,
amable e inteligente. Sexy y desinhibida y cariñosa. Podrías tener a cualquiera,
ir a cualquier parte, hacer cualquier cosa que te propongas. Eres extraordinaria.
No confiaba en mí mismo. No confiaba en que fuera suficiente para ti. Que yo y
los niños y Ardnoch somos suficientes para ti. Pensé que éramos demasiado
ordinarios.
Su confesión me mató. Rodeé sus muñecas con mis manos.
—¿Ordinario? No podrías ser ordinario aunque lo intentaras. ¿No sabes
que lo eres todo para mí? Solo tú puedes hacer que mi estómago se revuelva con
solo una sonrisa. Solo tú puedes hacer que mi mundo sea perfecto con solo
tenerme en tus brazos. Solo tú puedes calentarme con solo esa mirada.
Sonrió con maldad.
—Solo tú me haces sentir bien conmigo misma, me haces sentir deseada
y en casa en mi propia piel. Cuando estamos todos juntos, tú, yo, Eilidh y Lewis,
me siento tan bien que casi me duele lo maravilloso que es.

410 Asintió, rozando mis lágrimas con sus pulgares.


Apreté las muñecas mientras me lamía las lágrimas saladas del labio.
—Sé con una certeza que nunca he tenido sobre nada antes que quiero
pasar el resto de mi vida contigo. No me importa si eso te asusta. Necesito ser
honesta y directa, especialmente después de lo de anoche, porque la vida es
demasiado corta, Thane. Esto no es “veamos cómo va y genial si funciona o genial
si no”. Estoy loca, desesperada y profundamente enamorada de ti, y no quiero
volver a estar sin ti —sollocé.
Se tragó el llanto con un beso hambriento que me robó el aliento. Cuando
por fin me soltó, lo hizo para salpicar de besos mis mejillas, su barba era un
cosquilleo familiar y delicioso sobre mi piel.
—Te amo, te amo, te amo —repitió entre besos. Sentí que el corazón me
iba a estallar en el pecho—. No nos vas a separar nunca más. —Esparció besos
por mi garganta y siguió murmurando—: Quiero que vuelvas a la casa. Mi cama
es tu cama, viviendo juntos al aire libre. Se acabó ir a escondidas. Esto es lo
nuestro.
Hizo una pausa para mirarme profundamente a los ojos.
—Eres mi mujer y yo soy tu hombre, y a la mierda lo que los demás tengan
que decir al respecto.
Me acerqué a él, tirando de él hacia mi boca, queriendo sellar su promesa
con un beso.
—¡Ejem!
Nos separamos, girando abrazados para encontrar a una enfermera de pie
en la puerta. Le dirigió a Thane una mirada divertida pero irritada.
—¿Te importa separarte de la paciente mientras la miro?
Thane sonrió antes de dirigir esa sonrisa infantil hacia mí.
Mi vientre se agitó.
—Acabo de prometerle que nunca la dejaré ir —dijo bruscamente—, así
que supongo que tendrás que hacer tus comprobaciones conmigo justo donde
estoy. No voy a ir a ninguna parte.
411

Thane

E
l sonido de los ligeros ronquidos de Lewis le despertó.
Abriendo los ojos, esperó a que se adaptaran a la oscuridad
para poder ver lo que tenía delante.
Un dolor en el cuello se hizo notar, pero Thane no se
atrevió a moverse. Estaba en una incómoda posición medio sentada, medio
recostada contra su cabecera. Lewis estaba acurrucado contra él, con su
cabecita sobre el pecho de Thane y su bracito rodeando la cintura de este. El
brazo izquierdo de Thane descansaba sobre la cálida espalda de su hijo, mientras
su mano libre sujetaba el libro que habían estado leyendo.
Su mirada se desvió más allá de su hijo hacia su hija, que tenía la espalda
pegada a la de su hermano, acurrucada contra Regan, que la mantenía cerca
incluso mientras dormía.
Había pasado una semana desde el ataque de Austin Vale a Ery y los niños
y su intento de violación y asesinato de Regan.
A veces, el mero hecho de pronunciar las palabras en su cabeza hacía que
Thane se mareara. Era surrealista. Su familia había pasado por tantas cosas en
el último año.
Pero estaban aquí, con él en su cama, a salvo.
Regan aún no estaba al cien por cien de su conmoción cerebral, y Eilidh y
Lewis no querían estar lejos de ella desde que la habían visto en aquella cama
de hospital. Su trauma parecía haberles distraído de los suyos, lo que le decía lo
mucho que la querían sus hijos.
Aun así, había hablado con una compañera de trabajo cuya esposa era
psicóloga infantil, y ella había sugerido que todos recibieran asesoramiento sobre
el trauma familiar. La primera cita era la próxima semana.
Tenían que conseguir que Eils y Lew volvieran a la rutina, a sus propias
camas. Eilidh ni siquiera quería estar en su propia habitación. Thane pensó en
redecorar la habitación de invitados y convertirla en su dormitorio, pero quería
hablar primero con la psicóloga para discutir el mejor plan de acción.

412
Por el momento, todos dormían juntos para que Thane o Regan (o ambos)
pudieran estar allí cuando alguno de los niños se despertara con una pesadilla.
Esta noche era la primera en que ninguno de los dos tenía una. Eso era un
progreso.
Les ayudaba saber que el monstruo que los había cogido y atado estaba
muerto. El cuerpo de Austin llegó a la orilla a medio kilómetro de la playa de
Ardnoch.
El peligro para la familia de Thane había terminado.
Eredine se estaba recuperando, aunque Lachlan y Robyn ya no le daban
espacio, preocupados de que este último asalto la alejara aún más. Estaba
instalada en su habitación de invitados sin intención de perderla de vista hasta
que estuvieran seguros de que se iba a poner bien.
Seth y Stacey querían volar hasta allí, pero Regan les llamó por vídeo para
asegurarles que estaba bien y que no merecía la pena el gasto. Thane dedujo que
esto les dolía, pero no pudo evitar sentirse egoístamente aliviado de que no
volvieran a Escocia. Stacey era imprevisible, y no le gustaba la forma en que
trataba a Regan ni cómo tergiversaba lo que había entre ellos. No necesitaban
ese tipo de juicio en sus vidas ahora mismo.
Aunque, en algún momento, por el bien de Regan y Robyn, los puentes
tendrían que ser reparados allí.
—Estás despierto —susurró Regan, sobresaltándolo.
—¿Cómo lo has sabido?
—Suspiraste como si el mundo estuviera sobre tus hombros. —Extendió
el brazo libre, con la palma de la mano apoyada en la almohada junto a él. Thane
tomó su mano entre las suyas, frotando el pulgar sobre su suave piel.
—Solo quiero que todos estén bien —susurró.
—Lo estaremos —prometió ella—. Lo superaremos todos juntos. Robyn va
a llevar a Eilidh a comprar su vestido de niña de las flores mañana, así que eso
será una agradable distracción.
—Eso le encantará.
—¿Tal vez tú y Lewis podrían hacer algo con Lachlan, Mac y Brodan?
Para sorpresa y gratitud de Thane, Brodan había paralizado el rodaje de
su película para venir a casa a ver cómo estaban todos. Desgraciadamente, no
pudo quedarse mucho tiempo, pero aún tenían el día de mañana con él. Los
niños no iban a la escuela, pero mañana era domingo y volverían el lunes. De
vuelta a su rutina.
413 —Quizá deberíamos hacer algo todos juntos.
—Cenaremos juntos por la noche —le tranquilizó ella—. Tenemos que
empezar a hacer cosas por separado. Mostrarles que está bien.
Él sabía que ella tenía razón. Y le encantaba lo mucho que ella quería a
Eilidh y a Lewis.
—Te adoro, Regan Demelza Penhaligon.
Pudo ver su sonrisa brillar en la oscuridad.
—Yo también te adoro, Thane Tavin Stuart Adair.
—Dejen de ser sensibleros —bostezó Lewis—, y vuelvan a dormir.
Thane ahogó una carcajada mientras Regan resoplaba.
Sí, iban a estar bien.
414

Regan

M
e dolía la espalda de estar sentada frente a la computadora
durante las dos últimas horas. Pero mi redacción estaba
terminada. Gracias a Dios.
Apagué la pantalla y me levanté de la silla de la oficina, que ahora era tan
mía como de Thane. Estudiar para obtener un título de negocios mientras
cuidaba de los niños no era fácil, pero estaba decidida a hacerlo. Una vez que
obtuviera mi título, pensaba solicitar un prestamo para abrir mi propio centro
de preescolar. Solo había uno en Ardnoch y, después de mucho investigar,
descubrí que era un lugar deprimente en el que los niños estaban vigilados y
seguros, pero no comprometidos ni estimulados.
El preescolar debería ser divertido. A mí me gustaba la diversión.
Los Adair tenían un pequeño terreno en Caelmore en el que estaban
encantados de que construyera mi centro de preescolar, diseñado por Thane, por
supuesto. Me sentí increíblemente conmovida por el apoyo de Thane y sus
hermanos, pero no quería lanzarme a la aventura por nepotismo. Quería
entender bien cómo se dirige un negocio. De ahí la carrera de empresariales.
Apagando las luces, encendí la seguridad y subí de puntillas hasta mi
familia. Thane se había ido a dormir poco después de acostar a Eilidh y Lewis,
lamentando mi capacidad de funcionar con cinco o seis horas de sueño por
noche. Sonreí, recordando su beso en el cuello y su voz cálida y gruesa
diciéndome que no trabajara demasiado.
Me detuve en la habitación de Eilidh y me asomé al interior para
encontrarla tirada en la cama como siempre. Qué diferencia pueden marcar un
par de años. Con un poco de asesoramiento, el apoyo cariñoso de la familia y la
alegría de que su padre y yo estuviéramos juntos, el trauma que Austin les dejó
se había curado. Me preocupaba que volviera a atormentarles en años
posteriores, pero lo único que podíamos hacer era seguir hablando de las cosas
si nos dábamos cuenta de que estaban rumiando. Sin embargo, hacía mucho
tiempo que no.
Sonriendo, me dirigí a la habitación de Lewis y abrí la puerta solo un poco.

415
Estaba tumbado con las mantas quitadas, aunque era invierno. Me dispuse a
salir cuando le oí susurrar con sueño:
—¿Mamá?
El corazón se me estrujó en el pecho como siempre que uno de ellos me
llamaba así. Ni siquiera unos meses después de que Thane y yo nos hiciéramos
oficiales, Eilidh empezó a llamarme mamá. Era más fácil para ella porque no
tenía recuerdos de Fran, solo historias.
Pensaba que siempre sería riri para Lewis, pero el día de mi boda con
Thane me preguntó si podía empezar a llamarme mamá él también.
Me había llenado de mucha alegría, pero después también de mucha
culpa. No había querido que Fran sintiera que yo la sustituía. Thane me aseguró
que no lo hacía. Visitamos juntos su tumba. Las fotos de ella permanecieron en
la pared. Aunque no mucho después de mudarme, Thane había sustituido su
foto de boda por una mía en el castillo de Dunrobin con los niños. Cuando lo vi,
volví a cambiar las fotos. Thane me preguntó por qué cuando descubrió lo que
había hecho.
—Porque Fran fue una gran parte de tu vida. No serías quien eres hoy sin
ella. Los niños no estarían aquí. La foto de tu boda merece permanecer en la
pared, y no disminuye nada entre tú y yo.
Thane nunca me había mirado con tanta ternura. Bueno, hasta el día de
nuestra boda.
Ahora nuestra foto de boda también colgaba en la pared. La galería había
crecido en los últimos años.
—Lo siento, cariño, no quería despertarte —le susurré.
Lewis refunfuñó algo en sueños y se puso de espaldas, y sus ligeros
ronquidos llenaron inmediatamente la habitación. Dudo que estuviera despierto
cuando me llamó.
Dejándolos dormir, me deslicé hacia mi habitación y la de Thane, y lo vi
dormido en su lado de la cama. Entré de puntillas en el baño para ponerme el
camisón y traté de no hacer ruido.
Una vez en la cama, encendí el lector electrónico, cuya pantalla me
iluminaba la cara pero no lo suficiente como para despertar a mi marido. Tenía
que leer antes de acostarme, sobre todo después de trabajar. Necesitaba sacar
de mi mente la jerga empresarial y los análisis para poder relajarme lo suficiente
como para quedarme dormida.
416 Acurrucada en mis almohadas, me sumergí en el último romance histórico
de mi autora favorita. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que diera
con una escena apasionada que despertó el familiar y caliente cosquilleo entre
mis piernas. Mis pechos se hincharon contra el camisón y me retorcí un poco,
lanzando una mirada a Thane.
Había estado tan ocupada estas últimas semanas que no habíamos tenido
tiempo para el sexo. No debería despertarlo.
Pero dudo que se queje.
Apagué el lector electrónico, lo dejé en la mesita de noche y me deslicé
para apartar el edredón de mi marido. Él se movió, sintiendo la repentina brisa
en su sueño. Sonriendo, con la barriga revuelta por la anticipación, me subí
sobre él, a horcajadas. Mis labios encontraron los suyos en la oscuridad, su
barba me hizo cosquillas en la barbilla mientras lo besaba en su sueño.
Gimió, pero siguió sin despertarse, así que bajé mi peso sobre su regazo y
me ondulé contra él mientras le daba besos por la garganta y le acariciaba el
estómago por debajo de la camiseta.
Segundos más tarde, sentí que se endurecía y se levantaba debajo de mí.
—Qué... —Sus ojos se abrieron en la oscuridad y lo besé de nuevo. Más
fuerte. Con un gemido de comprensión, el brazo de Thane rodeó mi espalda y me
devolvió el beso.
De repente, me puso de espaldas mientras me empujaba entre los muslos
y me besaba como un muerto de hambre. Cuando por fin me dejó respirar, metió
la mano por debajo del camisón y metió los dedos en mi calor resbaladizo.
—Joder —murmuró, con sus ojos brillando en la oscuridad—. ¿Libro
caliente? —adivinó.
Le sonreí.
—Extremadamente.
—Gracias a Dios por las novelas románticas. Recuérdame que te compre
nada más que eso para tu cumpleaños.
Su beso se tragó mi risa, sus manos acariciando y esculpiendo mi cuerpo
a través del camisón. Cuando su boca abandonó la mía para recorrer mis pechos,
reprimí un gemido. Sus labios se cerraron en torno a mi pezón a través de la
seda y chupó con fuerza.

417
Apretando los dedos en su cabello, me balanceé contra él, necesitándolo
en todas partes, sobre mí, dentro de mí, en la boca, en las manos... Empujando
sus pantalones de pijama hacia abajo, lo liberé, tomándolo fuertemente en mi
puño.
—Joder. —Apoyó su frente en mi pecho y empujó mi mano.
—Dentro de mí —susurré—. Dentro, dentro.
Thane se rió mientras me bajaba la ropa interior.
—Alguien está impaciente esta noche. ¿Sin juegos previos, mo leannan?
Negué con la cabeza mientras rasgaba su camiseta.
Su risa se amortiguó detrás de la camiseta al quedar atrapada a medio
camino. Con un tirón y una deliciosa flexión de sus bíceps, se la quité por encima
de la cabeza y la tiró.
—¿Qué te pasa?
—No hemos tenido sexo en dos semanas.
Sus labios se movieron.
—Y eso es mucho tiempo, ¿no?
Fruncí el ceño al verlo.
—Sí.
—Puede que tengas un problema —bromeó, y luego emitió su sonido ronco
y ronco de placer mientras entraba en mí.
Reprimiendo mi grito de placer, me arqueé hacia él, amando su abrumador
grosor dentro de mí. Agarrándome a su cara mientras se movía suavemente
dentro de mí, le susurré:
—Tengo un problema. Soy adicta a ti. ¿No debería aburrirme ya? —me
quejé en broma—. ¿En lugar de desearte cada día más?
Thane dio un fuerte y repentino empujón dentro de mí, y yo grité.
—Shh —me amonestó.
—No puedo evitarlo. —Jadeé, aferrándome a su espalda mientras él
conducía más rápido, más fuerte.
—Mañana me tomaré un almuerzo prolongado —el pecho de Thane subía
y bajaba con fuerza y rapidez mientras me agarraba de las muñecas y las
inmovilizaba por encima de mi cabeza—, y vendré a casa a follarte para que
puedas hacer todo el ruido que quieras.

418
Le gustaba que hiciera ruido.
Jadeé bruscamente mientras la tensión se hacía cada vez más fuerte
dentro de mí. Contuve “el ruido” para que los niños no lo oyeran.
—¿Qué me vas a hacer?
La expresión de Thane se endureció de lujuria.
—Te voy a extender sobre la mesa de la cocina y me voy a comer a mi mujer
como almuerzo.
Me mordí el labio contra un grito mientras me empujaba más al borde.
—O tal vez te haga esperar en el anexo, desnuda, y puedes hacer de niñera
traviesa para mí. —Sonrió con maldad y luego se puso más duro, ya que la
fantasía le había llegado claramente.
La sexy idea de reproducir los primeros días de nuestra aventura coincidió
con un último empujón contra la tensión, y apreté los labios con fuerza y ahogué
mi gemido de liberación.
Thane me besó mientras mis duros y palpitantes tirones del clímax le
arrancaban, y se corrió con un gemido, palpitando deliciosamente dentro de mí.
Me soltó las muñecas y lo rodeé con los brazos, sin querer que se retirara todavía.
Lo besé, besos perezosos, satisfechos y húmedos, y le acaricié la espalda,
amando el tacto de su piel, húmeda de sudor.
Me besó a lo largo de la mandíbula y me mordisqueó la oreja.
—Mañana jugaremos a la niñera traviesa para poder gritar ese maldito
anexo —susurré.
—Estoy deseando que llegue ese momento. —Me dio besos por la garganta.
—Debes estar agotado. Ojalá pudiera decir que siento haberte despertado.
Me besó el hombro.
—Despiértame cuando quieras para eso.
—¿Y si solo necesito que me hagas avena porque nadie hace avena tan
buena como tú? —me burlé a medias. Su avena no era como la ordinaria. Para
empezar, la suya estaba deliciosa.
—Uno: no, no me despiertes por eso a menos que pienses agradecerme con
favores sexuales —espetó—. Y dos: ya has vivido bastante en Escocia, mo
leannan. Se llaman gachas.
—Si sigo hablando con americanismos, ¿me azotarás cuando juguemos a

419
la niñera traviesa?
Thane echó la cabeza atrás con una carcajada.
Le hice callar y negó con la cabeza, sonriendo. Entonces vio algo en mis
ojos y levantó una ceja. Apretándome más, murmuró contra mis labios:
—Justo cuando creo que te he entendido, me sorprendes.
—¿Es eso algo bueno?
—Oh, sí, mo leannan. Eres el regalo que nunca para.
Mi risa llenó nuestro dormitorio, y mi marido tuvo que calmarme con un
beso. Mientras se demoraba en mis labios, tierno, cariñoso, finalmente me sentí
adormecida por el sueño.
—Levántate, antes de que te duermas. —Thane me sacó de la cama y me
ayudó a limpiarme en el baño.
Cuando volvimos a la cama, me atrajo hacia su pecho y me abrazó.
—¿Eres feliz aquí? —preguntó Thane con rudeza.
Se había convertido en un ritual.
Me hacía esa pregunta de dos palabras.
Yo respondería siempre lo mismo. Y lo decía en serio, desde la punta de
los dedos de los pies hasta lo más profundo de mi alma.
—Soy feliz dondequiera que esté, siempre que esté allí contigo.
420

Always You

A
rrochar Adair lleva años amando al ex
guardaespaldas y mejor amigo de su
hermano, Mac Galbraith. Hace tiempo
ella era demasiado joven para él, pero ahora que es
una mujer madura de treinta años Arro no ve ningún
problema en su diferencia de edad. Sin embargo, algo
más profundo, un problema mucho más difícil de
superar, los mantiene separados.
Mac Galbraith recuerda con claridad la noche
en que Arro se convirtió en todo para él, dejando de
ser solo su mejor amigo y la hermana menor de su
jefe. Sin embargo, tras haber cometido muchos
errores a lo largo de los años, hay uno que Mac está
decidido a no cometer: creer que es digno de Arrochar
Adair. Permitir volverse más cercanos durante el regreso de su hija, Robyn, ha
resultado ser su perdición. Y cuando Arrochar saca el tema de su relación, su
respuesta la aleja. Pero nunca quiso que los destruyera por completo.
Devastada por el rechazo final de Mac, Arro está decidida a seguir adelante
sin él en su vida, aunque él parece decidido a quedarse. Y, cuando la familia
Adair se enfrenta a una nueva amenaza, una que puede tener vínculos con el
pasado de Mac, Arro parece no poder librarse de ese hombre. De hecho, Mac
hará cualquier cosa para protegerla.
Pero, con tanto daño entre ellos, ¿dejará Arro que Mac se acerque lo
suficiente para protegerla de su enemigo... antes de que sea demasiado tarde?
421

Samantha Young

S
amantha Young es una autora superventas del New York Times,
USA Today y Wall Street Journal. Ha estado nominada a varios
Goodreads Choice Awards. Samantha escribe libros de romance
paranormal y contemporáneo adulto, fantasía urbana YA y ficción
contemporánea YA y ha sido publicada en 31 países.
Reside en Escocia.
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