Análisis de Instituciones Sociales y Organizativas
Análisis de Instituciones Sociales y Organizativas
FISCHER, G.N. 4. La institución. El Campo de Intervención en Psicología
Social. Madrid, Narcea.
4. La institución.
Examinaremos aquí un segundo nivel de funcionamiento de la realidad social a través del análisis de dos
formas de su estructuración: la institución y la organización. A diferencia del grupo, ya no se trata de considerar
un conjunto de personas reunidas, sino unos sistemas relativamante permanentes que se expresan según
modalidades distintas.
Este capítulo lleva por título «la institución» para marcar el predominio de los factores que dan
configuración a los factores que dan configuración a los que organizan ulteriormente el tejido social. En sentido
amplio y general, una institución es lo que da comienzo, lo que establece, lo que forma (Litré). Las instituciones
poseen un valor fundador con relación al sistema social, mientras que las organizaciones constituyen
aplicaciones diversas de estos principios. Podemos así caracterizar de entrada las instituciones como formaciones
específicas de las relaciones sociales y humanas; en este sentido, el trabajo es para cada sociedad no sólo una
actividad particular, sino una manera de instaurar un tipo de relaciones, de estructura. Por el contrario, una
organización, es la aplicación de una forma instituida, definida, de actividades y de relaciones en una realidad
social específica; así, una empresa es un lugar en el que la institución del trabajo se expresa y se ejerce con
reglas propias.
Resulta difícil separar nítidamente y caracterizar con claridad la institución por un lado y la
organización por otro, y se observa con frecuencia una reducción de una a otra, en el sentido en que la institución
es a menudo confundida con la organización. En realidad, como ha mostrado Rouchy (1973), la institución no se
puede captar directamente en ninguna organización, pero está presente en cada una de ellas. Cabe, pues,
considerar las instituciones como instancias fundadoras de las estructuras sociales y siempre en acción.
Analizaremos sucesivamente la noción de institución con sus principales características y la idea de
organización con sus formas particulares y su dinámica propia.
Concepto de institución
En sentido amplio, la idea de institución designa el hecho de establecer, dar forma y mantener un estado
de cosas. Engloba el hecho de estabilizar la realidad a través de las normas establecidas de una vez por todas. En
ciencias humanas, la noción de institución se apoya en una tradición filosófica en la que ha designado esencial -
mente los sistemas jurídicos, el derecho, la ley. Con el advenimiento de la sociología las instituciones fueron
estudiadas como hechos sociales como los demás, pero la noción ha cobrado diversas y sucesivas
significaciones.
La concepción marxista asimila especialmente institución a ideología, de tal modo que la institución es
considerada como parte integrante de superestructuras de una sociedad, siendo la infraestructura las fuerzas y las
relaciones de producción.
Para la psicología social, el estudio de las instituciones no ha sido de entrada abordado en cuanto tal; fue en
un principio relegado en beneficio del de los grupos sociales. Este concepto ha sido considerado más
específicamente sobre todo a partir del desarrollo de las terapias orientadas a los sistemas educativos y
psiquiátricos. La noción de institución aparece como polisémica y cubre varios campos disciplinarios.
Para ilustrar las diversas facetas del concepto, presentaremos en primer lugar las principales aproximaciones
al tema, mostraremos los elementos esenciales de la problemática institucional y propondremos una definición,
antes de determinar las características y las formas principales que reviste.
LOS DIFERENTES ENFOQUES
Concepción sociológica
La noción de institución se convierte en objeto de un enfoque sistemático con Durkheim (1895), que definirá la
propia sociología como «ciencia de las instituciones». En este sentido, la idea de institución abarca la de hecho social, es
decir un conjunto de datos constantes, regulares y previsibles. La institución será analizada como un hecho social específico
que va a reconocerse en su carácter constrictivo. Toda institución se articula así sobre la noción de obligación social. El
apremio institucional sugiere la idea de interiorización de normas. Sin embargo, para Durkheim, la institución no se reduce al
peso de las constricciones que ejerce; es por naturaleza, trascendente a los grupos sociales.
Mauss (1950) elabora el concepto en un sentido más preciso y define las instituciones
«como un conjunto de actos o de ideas ya totalmente establecidos que los individuos se encuentran y que se
imponen más o menos a ellos (...). La institución es en suma, en el orden social, lo que la función en el orden
biológico».
En este nuevo enfoque, la institución aparece a través de las maneras de actuar y de pensar; corresponde a la
construcción de una red de relaciones y de conductas, pero que resultan estar predeterminadas bajo la forma de modelos
culturales propuestos a los individuos en términos de herencia del pasado.
La orientación sociológica ha insistido, por lo demás, en los fenómenos de representaciones colectivas y de
consenso como elemento de perennización de las instituciones. El rol de las instituciones consiste así en crear un consenso a
través de la adhesión de un conjunto de individuos y de categorías sociales a los valores que propone. A grandes rasgos, la
institución ha sido definida en sociología como el conjunto de las normas que se aplican en un sistema social y que definen
lo que es legítimo y lo que no lo es en ese sistema (Mendras, 1986). En esta perspectiva, la institución engloba las diferentes
formas de control social y se manifiesta en todos los niveles de la realidad social.
La noción de institución fue esencialmente re asumida y formalizada por Lourau (1970) y Lapassade (1970) que le
proporcionaron un nuevo marco teórico práctico. Definen la institución como:
«la forma que adopta la reproducción y la producción de relaciones sociales en determinado modo de
producción».
Para Lapassade, la institución constituye el equivalente, en el campo social, de lo que es el insconsciente en el
campo psíquico. Lo que en otros términos se manifiesta, según él, por la fórmula: «la institución es el inconsciente político de
la sociedad». Esto significa que el «saber» de las instituciones es rechazado y olvidado. Esta posición permite destacar el
hecho de que existirían en el campo social unas articulaciones entre las estructuras inconcientes individuales u las de las
instituciones; además, la estructura de las instituciones se manifiesta precisamente en las organizaciones que le dan unas
actualizaciones particulares en función de sus objetivos propios.
La propia institución funciona según tres modalidades: instituido, instituyente e institucionalización. Estas
tres madalidades constituyen el producto de una lucha permanente que existe en el seno de todas las instituciones
entre instituyente e instituido (Castoriadis, 1975; Lourau, 1970).
Precisemos, pues, estos conceptos:
1. Lo instituido designa la institución en cuanto que es un sistema de normas, de valores que orientan los
comportamientos; es el orden establecido considerado como un elemento normal de la sociedad.
2. Lo instituyente comporta el conjunto de las capacidades de innovación que se presentan en las
instituciones: significan la práctica social y va a negar la universalidad de la ideología institucional.
3. La institucionalización concierne al conjunto de las formas nuevas (organizativas, jurídicas o de otro tipo)
a las que recurren las instituciones para superar la contradicción entre instituido e instituyente y llegar a otros
procesos institucionales.
La teoría de la institución (Lapassade, 1970) presenta a estos tres niveles en conflicto; existe una relación de
antagonismo entre instituido e instituyente. La institución aparece como el lugar de la articulación de las formas
adoptadas por las determinaciones de las relaciones sociales. En esta concepción, la institución es empleada
como un elemento de análisis de las contradicciones sociales; el análisis institucional designa un método de
intervención sobre la institución considerada en su sentido fundador, es decir el instituyente, o sea sobre los
procesos de conflictos existentes entre instituido e instituyente (Hess, 1978, 1981).
Para designar las diferentes formas de institucionalización resultantes de estos procesos, Lourau y Lapassade
elaboraron la noción de «contrainstitución». Se trata de todos los actos instituyentes que se oponen a las
instituciones o a las estructuras estáticas: movimiento social, cambio, innovación, revolución, etc. Las
contrainstituciones designan los movimientos de institucionalización en el centro de las instituciones que son la
materia misma de la vida social. El término «contra» no significa negación pura y simple de las instituciones o
rechazo de la aceptación de la idea de que las sociedades funcionan con unas normas institucionalizadas, sino el
hecho de actuar en pro de la construcción de nuevas formas sociales, en lugar contentarse con negar las que
existen. La noción de contrainstitución pone el acento en la importancia de reaccionar en el seno de instituciones
para controlar la vida cotidiana y no solamente esperar otro poder político para considerar el cambio.
Rouchy (1973) ha mostrado la ambigüedad de la noción de contrainstitución, considerando que a menudo
enmascara la identificación profunda con lo que se contesta, pues va marcada por el sello de la
contradependencia y subraya el hecho de que los sistemas no son independientes, sino que se encuentran
estrechamente imbricados. La contraintitucionalización es en realidad un proceso de reproducción compleja que
ha sido interpretado en términos psicoanalíticos como mecanismo de defensa puesto en marcha con relación a las
estructuras, a través de la proyección de sentimientos negativos que tienden a la renovación de la institución,
bajo otras formas eventualmente en ruptura con las precedentes, pero actualizándolas en otra articulación
distinta.
Es Goffman (1988) quien presenta uno de los trabajos más elaborados en torno a la noción de institución.
Para él, la institución queda definida como un establecimiento social considerado en sus características
materiales, como un edificio administrativo, una casa, una escuela o una fábrica. A partir de este marco general,
considera él su estudio como el de los asilos a los que denomina «instituciones totales». Según este autor, las
características de las instituciones son las siguientes:
.- son lugares rodeados de cercas o de barreras que forman un biombo contra las interacciones sociales;
.- toda institución está «controlada» por una autoridad que se difunde en el interior;
.- los usuarios viven en el lugar, es decir pasa una gran pare de su tiempo dentro del recinto;
.- son finalizadas, es decir, que tienen unos objetivos declarados y se los considera así como «empresas de
riesgos racionalmente calculados»;
.- poseen una cultura impuesta: «todos los que entran en esas instituciones con su cultura anterior propia tendrán
que adaptarse a nuevos hábitos que no son los suyos»;
.- engendran una especie de «contravisión del mundo», es decir una suerte de ideología o un punto de vista
sobre el mundo que coloca al que allí se encuentra al margen del mundo. La fuerza de este aspecto varía en función
del nivel de rango y puede ser más o menos voluntaria según las instituciones (convento, prisión, ejército, fábrica).
Concepción Antropológica
Los estudios antropológicos han permitido destacar el peso relativo de las instituciones y de sus diversas
funciones en el tiempo y en el espacio. Muestran en particular hasta qué punto están en conformadas las propias
instituciones para la cultura a la que pertenecen. La observación de la vida sexual en las tribus primitivas ha
revelado diferenciaciones importantes en la prohibición del incesto, según la estructura de la institución familiar
(Malinowski, 1970).
Para ilustrar la concepción antropológica nos apoyaremos en los enfoques de Kardiner y de Malinowski.
Kardiner (1939) distingue dos tipos de institución: primario y secundario:
.- las instituciones primarias son, por ejemplo, los modos de educación, las formas de propiedad que determinan
la personalidad de base; representan una especie de marco formador de conductas;
.- las instituciones secundarias son creadas por la personalidad de base de una sociedad; son, por ejemplo, las
prácticas sociales y los ritos, pero en cuanto que expresan los comportamientos propios de una sociedad.
El paso de una a otra se opera a través de mecanismos tales como los de la proyección.
Malinowki (1947) definió la institución a partir del sistema de las necesidades que, en cada civilización, son
objeto de un hábeas teórico específico. Distingue las necesidades biológicas de las necesidades derivadas, es
decir culturales. La estructura misma de la institución está basada en la «carta», que designa la doctrina
específica sobre la cual funciona la institución, a partir de una historia real o mitológica y el enunciado de los
ideales, de las aspiraciones y de los principios de organización que resultan de esta historia. La carta de la
familia, por ejemplo, es definida como la transposición de la pulsión sexual sobre el registro cultural que la
orienta y la canaliza con sus implicaciones emocionales, económicas y jurídicas. A partir de la noción de carta,
toda institución se organiza en torna a cuatro elementos principales:
.- el personal: no se trata solamente del conjunto de los miembros de un grupo sino de su lugar en una jerarquía,
de la manera en que se hallan distriuidos y se ejercen los roles;
.- el sistema de normas: son las reglas jurídicas y sociales que organizan las relaciones; por ejemplo, el puesto
de las casas de los hombres solteros en las sociedades primitivas;
.- el substrato material: se trata de toda la infraestructura de la que se sirve un grupo para su producción y su
consumo; por ejemplo, las instituciones ocupan necesariamente un espacio delimitado y lo explotan de algún modo;
.- finalmente, la función de una institución corresponde a la satisfacción de las necesidades para las que ha sido
organizada.
Así, el concepto de institución depende estrechamente de la idea de necesidad que se define en cada cultura. De la
concepción antropológica cabe deducir el hecho de que las instituciones representan de alguna manera los modelos
fundamentales que estructuran la vida de las sociedades; estos modelos poseen además rasgos diferenciados, mostrando de tal
modo que las instituciones no cumplen las mismas funciones en sociedades distintas.
Concepción Psicoanalítica
La perspectiva psicoanalítica ha permitido sacar a la luz un nuevo modo de captar la institución y determinar
unas características de su funcionamiento.
Jaques (1978) ha definido las instituciones como:
«unas estructuras sociales que comportan mecanismos culturales que reglamentan sus relaciones internas»
Ante a la ausencia de bases reales sobre las que injertar la aparición de estas angustias, Jaques
estableció un nexo entre su existencia y la modificación de un mecanismo cultural de la institución de trabajo.
En estas condiciones, un mecanismo cultural de la institución constituye un sistema de defensa contra las
angustias y ello independientemente del contexto concreto al que se refiere. El trabajo de Jaques destaca así dos
elementos fundamentales:
.- por una parte, las instituciones constituyen un mecanismo de defensa contra las angustias;
.- por otra, estos mecanismos de defensa aparecen de manera específica con ocasión del cambio de los
mecanismos culturales.
La institución no es, pues, ya una realidad exterior a sus miembros; la definición de las instituciones en
términos de mecanismos de defensa contra las angustias define un enfoque de lo social que muestra la existencia,
en una institución, de funciones inconscientes determinadas por procesos psicológicos individuales tales como
ansiedad psicótica y, en consecuencia, la existencia de relaciones fantasmáticas entre las conductas individuales
y la realidad institucional.
Con el fin de precisar la noción de institución, Enríquez (1971) ha presentado los aspectos fundamentales
que estructuran a toda institución:
1. En primer lugar, las instituciones se fundan sobre un hábeas de conocimientos y de doctrinas que definen
unos sistemas de valores y se imponen como una especie de leyes. Así, el ejército, la escuela, la familia quedan
instituidos en torno a un cierto número de ideas de lo que debe ser un individuo en la familia, en el ejército, o en la
escuela.}
2. Luego el funcionamiento concreto de la institución representa una interiorización de las reglas que son
enunciadas. Dicho de otra manera, la institución desempeña el rol de un ideal del ego que el individuo interioriza en
la medida en que el tipo de relaciones que vive con las reglas ya no es considerado como una restricción, sino como
la conformación con ese ideal propuesto.}
3. Una tercera característica de la institución reside en su sistema fundador: se origina en torno a una figura
simbólica de poder que es la del padre; así, toda institución plantea la cuestión del origen y sitúa la cuestión de la
paternidad como central para su existencia.
4. Las instituciones son por definición reproductoras, es decir, que pretenden, por un lado, mantenerse,
inscribirse en la permanencia, y, por otro, formar a los individuos que allí se hallan en el mismo molde, crearle
identidad sobre el modo de lo idéntico: todos son semejantes.
5. Se comprende, pues, que se propongan como modelos que poseen un valor educativo; se refiere a un tipo
de hombre al que formar y promover. En estas condiciones, resulta que la educación ocupa un puesto esencial en
toda institución.
Estas diferentes características muestran que la institución aparece como una modalidad global de
estructuración de las relaciones sociales, que tiene como función crear y mantener un cierto orden social. A
partir de estas diversas concepciones, presentaremos algunos elementos de definición antes de determinar las
características esenciales de las instituciones.
ELEMENTOS DE DEFINICIÓN
El concepto de institución aparece como una idea abstracta, pero las instituciones se presentan bajo formas
concretas y variadas; todas se refieren a uno o a varios aspectos de lo social, estructurándolo según modalidades
propias y hacen surgir en varios niveles una problemática de lo social: el vínculo social, la violencia, y lo
imaginario.
Las instituciones ordenan el mundo y las prácticas. Al obrar así, crean una manera de vivir el vínculo social.
Dicen, de distintos modos variados, lo que es y lo que debe ser la relación con los demás. Lo hacen, por un lado,
estableciendo un sistema de valores y de normas que sirve de marco y se concreta en maneras de vivir y en
conductas reconocidas y valorizadas. Por otra parte este sistema se traduce en términos de socialización que
aspiran a formar un cierto tipo de hombre, quién, a su vez, se refiere al ideal propuesto por la institución para
comprenderse y decir quién es.
La institución conforma y perpetua un vínculo social siempre problemático, en la medida en que se erige en
instancia de unificación, de unidad y en que esta instancia es a su vez transformada por los fantasmas de sus
miembros.
Problemática de la violencia
Toda institución se enfrenta bajo varias formas con la problemática de la violencia (Enríquez, 1987). Las
instituciones son los lugares por excelencia de una violencia fundadora. Si se parte de la hipótesis freudiana
según la cual la existencia de las instituciones va ligada a los «crímenes cometido en común» éstas instauran una
violencia legal decretando prohibiciones, desarrollando el sentimiento de culpabilidad que ya no se expresa
entonces como violencia, sino como «ley de estructura». La violencia aparece así como un elemento inherente a
las instituciones en la medida en que resulta de una legalidad conferida a esta violencia y que le proporciona un
status de autoridad y la ley. Pero este dispositivo no es por su naturaleza capaz de estabilizar enteramente el
sistema y de neutralizar otra dimensión de la realidad institucional: la lucha entre sus miembros. Por eso las
instituciones se enfrentan con una problemática de violencia que es también la de la relación entre sus miembros
y que, como afirma Enríquez, indica «la posibilidad constante del asesinato de los demás». En la institución, el
otro es siempre potencialmente un adversario, en el grado en que lo que caracteriza a la institución no es la
búsqueda de la verdad, sino un modo de funcionamiento que impone, por un lado, la relación de sumisión y, por
el otro, exacerba las rivalidades internas y la lucha por el poder.
En este sentido los procesos institucionales aparecen como la instauración de violencias legales que fijan el
vínculo social las condiciones de los «buenos» funcionamientos, pero que mistifican al mismo tiempo a los
individuos con la necesidad de la sumisión y de un buen entendimiento entre los miembros mientras desarrollan
o dan libre curso a las violencias más diversas: proliferación de mentiras, afirmaciones dictatoriales,
encarnizamiento contra los miembros desobedientes. Son otras tantas formas de negación y de destrucción de
los demás que revelan a la institución como una escena fundamental en donde se juegan la vida y la muerte
social de los individuos.
Problemática de lo imaginario
Freud, ya lo hemos visto, había utilizado la noción de identificación para explicar la naturaleza de los
vínculos libidinales que unen a los miembros de un grupo con su jefe y el desarrollo de esos mismos vínculos
entre los miembros del grupo. En este sentido, toda institución es un sistema de interferencias con los fantasmas
de sus miembros; constituye un tratamiento simbólico de los deseos que la penetran de diversas maneras:
1. En primer lugar, la institución se plantea como un objeto ideal al que uno se adhiere, al que consagra
su vida o una parte de ella; este sistema se concretará mediante rituales múltiples que servirán de sistema de
referencia.
2. Las instituciones aparecen luego como lugares de seguridad que en especial van a enmarcar la
identidad de los individuos, propcurándoles una sólida imagen de sí mismos a través del rol que podrán desempeñar
en la institución y, en consecuencia, fuera de ella. En cuanto sistema imaginario, las instituciones protegen a los
individuos contra el estallido de su propio ego, proponiéndoles una imagen tranquilizadora y consoladora de si
mismos y ofreciéndoles la comodidad de una identidad sin sorpresas y amenazas.
A partir de estos elementos pueden proponerse las siguientes definiciones de la institución:
Una institución es un fragmento de las relaciones sociales establecido sobre un sistema de valores, mitos e
ideologías y ordenado según normas, roles y maneras de ser, cuya función es asegurar la conformidad de los
individuos y el mantenimiento de un estado de cosas.
CARACTERÍSTICAS DE LA INSTITUCIÓN
FORMAS DE LA INSTITUCIÓN
Las instituciones revisten formas y adoptan contenidos diversos. Fichter (1957) a propuesto la siguiente
tipología:
1. La institución familiar es el sistema que reglamenta, estabiliza y uniforma las relaciones afectivas,
sexuales y la reproducción humana. Su forma más extendida y más reconocida en nuestras sociedades es la
pareja monógama que vive con uno o con varios hijos.
2. La institución educativa es el proceso sistematizado de socialización que se desarrolla en el contexto
familiar y en marco complejo del dispositivo escolar creado por la sociedad.
3. La institución económica es la configuración de los modelos por los que una sociedad produce sus bienes
materiales y sus servicios; comporta la producción, la distribución, el intercambio y el consumo de bienes.
4. La institución política es el conjunto del sistema jurídico, legislativo y administrativo que organiza el
orden público en una sociedad.
5. La institución religiosa es el conjunto de los sistemas que toman en consideración las dimensiones de la
relación del ser humano con una trascendencia; se expresa a través de las estructuras conocidas a menudo bajo el
nombre de iglesias y adopta la forma de congregaciones denominadas cultos a los que se entregan
colectivamente los individuos. Comporta siempre unos códigos morales que indican él carácter bueno o malo de
las diversas conductas. Así toda institución religiosa es fundamentalmente un sistema social de gestión de las
creencias.
6. La institución recreativa es la configuración de los modelos que permiten la satisfacción de la necesidad
social de distensión física y mental.
El conjunto de estas instituciones no funciona conforme a un modo separado, aunque cada una tenga sus
modalidades específicas. Las instituciones son interdependientes y cada una influye, en grados diversos y según
modalidades específicos, en todas las demás. Las instituciones tejen entre sí unas complejas redes de
interdependencias que se manifiestan a títulos diversos y en numerosas ocasiones. La coexistencia y la
interdependencia de las instituciones desempeñan un rol esencial en la regulación social global de una sociedad.
Goffman (1988) ha establecido una distinción entre las instituciones, considerando el tipo de tratamiento
que hacen experimentar al individuo, según las finalidades que les están asignadas. Según él, las instituciones
pueden distribuirse en tres categorías.
1. Las instituciones que se basan más o menos en el hecho de que la mayoría de los individuos que ingresan
tienen un modo de funcionamiento propio. Entonces su propósito no es cambiar al individuo, sino su sistema de
regulación; éste es el caso del trabajo.
2. Las instituciones que se basan en el hecho de que los individuos que ingresan no están ya autorregulados;
éste es el caso de las funerarias. Allí se reciben a seres humanos muertos, se les viste, se les arregla y después se
les entierra en lugares apropiados.
3. Las instituciones que tratan de modificar radicalmente los mecanismos de autorregulación de los individuos; éste
es el caso del hospital psiquiátrico. La institución funciona entonces sobre el principio de un «proceso metabólico», es
decir que acoge a los individuos y opera sobre ellos unos tratamientos a fin de conseguir unos cambios radicales.
El proceso metabólico es el componente esencial del esquema operatorio de la institución en su conjunto.
Goffman ha esbozado las diferentes fases de este proceso en un hospital psiquiátrico:
- la inconducta contingente: la persona que entra en un hsopital psiquiátrico ha actuado de una manera
inaceptable y ofensiva para alguien que no puede tolerar ya por más tiempo su comportamiento; - los ritos de ingreso:
transiciones ceremoniales que marcan la entrada de un paciente en un hospital psiquiátrico;
- los procesos de los organizadores;
- los factores de indeterminación del campo;
- los factores de reorganización personal;
- las líneas de adaptación;
- las motivaciones y la creencia.
A partir de este marco general, Goffman efectuó unos estudios como el de los asilos, a los que denomina
instituciones totales (Goffman, 1968). La perspectiva que presenta Goffman considera así las instituciones como
universos sociales que operan sobre los individuos que allí encuentran un cierto número de cambios a fin de
reconformarles para una finalidad social a la que ellas responden.
La noción de organización
A diferencia de las instituciones, las organizaciones se presentan como unos conjuntos coordinados, orientados
hacia unos objetivos definidos; definen sus medios a través de una estructura de roles que les permiten ser eficaces. La
organización representa una unidad social delimitada con unos objetivos definidos en un campo de la vida social. El estudio
de la organización como sistema autónomo, es decir como sistema con sus reglas propias de funcionamiento, se ha
convertido en un objeto de conocimientos específicos (March y Simon, 1958) y ha conocido un importante desarrollo.
La presentación que se llevará a cabo no tendrá carácter exhaustivo alguno, puesto que su objetivo es proporcionar
un esquema básico de lectura con el fin de entender ese terreno esencial de] campo social. En realidad, cada uno de nosotros
pasa una gran parte de su vida en diferentes organizaciones que conforman sus relaciones, orientan sus comportamientos y
definen sus modos de vida. Por eso, después de situar la noción de organización, presentaremos las principales dimensiones
del campo organizativo; definiremos después algunos aspectos del comportamiento organizativo y estudiaremos algunos
componentes de la dinámica psicosocial de las organizaciones.
CAMPO ORGANIZATIVO
Definición de la organización
Dimensiones organizativas
Toda organización engloba un cierto número de aspectos que se pueden reagrupar bajo los siguientes
puntos:
- un sistema de actividades;
- una estructura de interdependencia; - una estructura de autoridad;
- un sistema de control.
1. Un sistema de actividades:
Toda organización se caracteriza por una división de tareas. Pugh (1969) ha explicado qué tres dimensiones
esenciales determinan la estructuración de las actividades organizativas:
- la especialización que muestra la división de las actividades en tareas distintas;
- la estandarización que indica los procedimientos a los cuales están sometidas;
- la forrnalización que revela el carácter más o menos rígido de sus reglas.
Por ejemplo, el funcionamiento de una empresa se desarrolla en torno de la realización de ciertas tareas,
pero éstas son más o menos ricas, más o menos atrayentes, más o menos pobres. Los trabajos de Hackman y
Oldham (1976) han definido las características de un cierto número y determinado las reacciones de los
trabajadores al respecto. Toda tarea puede ser considerada según cinco criterios:
- la variedad de las aptitudes, según que la tarea recurra a diferentes talentos o habilidades;
- el carácter distinto que designa asumir un conjunto de operaciones de tal modo que lleguen a un resultado
distinto;
- el impacto de la tarea, que designa el tipo de influencia que puede ejercer en los demás;
- la autonomía, que designa el grado de independencia en la definición de esas actividades;
- la evaluación relativa a la tarea, que concierne al juicio formulado sobre la actividad de un individuo.
Este modelo de las características de la tarea ha sido empleado para estudiar su influencia sobre el
comportamiento; ha permitido delimitar tres tipos de componentes a nivel de la reacción de los individuos: una
tarea es percibida como satisfactoria cuando exige aptitudes variadas, llega a unos resultados distintos y permite
ejercer una influencia sobre otro; por añadidura, el individuo se siente más responsable de la tarea cuando se le
da una mayor autonomía. Finalmente, la evaluación le permite poseer un conocimiento más preciso de su propio
trabajo.
Una organización es un sistema que reúne a unos individuos cuyos objetivos, preferencias y valores son rara
vez los mismos que los de la empresa; además, los individuos se hallan distribuidos en el interior de una
pirámide que les separa, al tiempo que les obliga a comunicarse entre ellos. Se puede captar la realidad de la
interdependencia a través de tres aspectos distintos:
- la coexistencia y la interacción entre grupos diferentes;
- la distribución de los roles de cada uno; .
- las posiciones definidas por los grados de dependencia de unos con otros.
a) Coexistencia e interacción entre grupos diferentes: la organización es una coexistencia de grupos
diferentes, pero interdependientes. Los grupos se hallan constituidos en unidades tales como, por ejemplo, los
equipos de trabajo y funcionan en interacciones concretas que deben seguir un cierto número de prescripciones.
La interacción entre los grupos constituye una fuente de tensiones producidas sobre todo por los procedimientos
apremiantes en cuyo seno tienen que coexistir.
b) Distribución de los roles: en la organización, el destino a una tarea viene acompañado de la definición de
un rol, es decir de una posición formal que crea expectativas por parte de los demás. Tales expectativas, ligadas a
un rol definido, varían según la explicación más o menos grande de las prescripciones de las que son objeto. Un
rol comporta así un aspecto programado y un aspecto improvisado. En la organización los roles suelen tener una
fuerte dimensión programada. Esta puede conducir a situaciones más o menos conflictivas creadas por los
aspectos apremiantes de la tarea y de la situación. Katz y Kahn (1978) han establecido la existencia de cuatro
tipos de conflictos ligados a este funcionamiento de los roles:
- un conflicto ligado a una situación en donde las expectativas presentan contradicciones internas; si se
conforma a una, no podrá hacerlo en relación con otras;
- un conflicto ligado a expectativas inconciliables procedentes de diversos miembros;
- un conflicto en donde unas expectativas ligadas al rol son incompatibles con ciertas características del
individuo;
- un conflicto en donde unas expectativas ligadas al rol Son opuestas a las asociadas a otros roles de un mismo individuo.
Los roles son así aspectos construidos de la organización que va a permitir a cada uno interpretarlos según el lugar
y la percepción que tenga de la situación.
c) Grados de interdependencia: el sistema de interdependencia interviene como un factor del
funcionamiento organizativo en la medida en que los individuos están vinculados a la organización, según la
naturaleza de su estado de dependencia de ella. Etzioni (1973) definió tres modalidades de vinculación:
calculada, moral y forzada:
- la vinculación calculada define una relación basada en la contribución-retribución;
- la vinculación moral se refiere a la adhesión de los individuos al sistema de valores de la organización;
- la vinculación forzada se basa en el hecho de que la pertenencia a la organización es impuesta.
Estos diferentes tipos de vinculación aseguran un estrecho vínculo con un determinado poder. Así, por
ejemplo, según Etzioni, si se ejerce un tipo de poder fundado en una remuneración como la salarial, no es de
esperar que los individuos den prueba de una vinculación moral a la organización. En realidad, el tipo de
vinculación se halla condicionado por la interpretación que los individuos hacen de la situación en la que se
encuentran; a partir de ahí evalúan la posición que ocupan y de tal suerte su vinculación depende de su propia
definición de su situación y no necesariamente del tipo de poder que se ejerce sobre ellos.
La organización hace surgir un modo de ejercicio de la autoridad. Esta se manifiesta especialmente por la
existencia de niveles jerárquicos variados a los cuales se halla ligada la noción de abanico de subordinación que
designa el número de subordinados dependientes de un mismo nivel jerárquico. La estructura de autoridad inter-
viene en especial a través de los procesos de decisión y del nivel de la jerarquía en que se adoptan; la
centralización más o menos grande de las estructuras de decisión informa sobre la centralización más o menos
grande de la autoridad. Varias investigaciones (Porter, Lawler, Hackman, 1979) han mostrado que las grandes
organizaciones tienden a definir unas estructuras de autoridad más descentralizadas que las que son más
pequeñas.
4. Un sistema de control:
Se trata de un conjunto de elementos que permiten regular el funcionamiento de una organización; se basa
en la disposición de mecanismos más o menos sofisticados que hacen posible evaluar en qué medida han sido
realizados los objetivos fijados. Los sistemas de control son así defindos a partir de un conjunto de criterios cuya
precisión y claridad se supone que han de facilitar las operaciones. En realidad, ciertos criterios utilizados
provocan reacciones de hostilidad o sentimientos de apatía entre los individuos; si, por ejemplo, se controla una
actividad a partir de criterios que no tienen en cuenta unas calificaciones reales, es posible que surja un desánimo
en las personas implicadas.
Etzioni (1973) distingue tres categorías de control en las organizaciones:
- los controles basados en medios físicos;
- los controles basados en medios materiales; - los controles basados en medios simbólicos.
En las organizaciones, estos diferentes tipos de control s~ entremezclan; por ejemplo, para un técnico superior de
una empresa o para el asalariado de una organización sindical, el control material ( aumento de salario) se combina con el
control simbólico (participación en la ideología).
1. Concepción mecanicista:
La primera teoría de la organización nació del proyecto de racionalización del trabajo (Taylor, 1971 ). El
taylorismo define un modo de organización del trabajo que busca una correspondencia óptima entre unas tareas
que hay que realizar y las capacidades de un individuo. Con este fin, parte de un principio que consiste en
especializar al máximo las tareas, estableciendo una distinción esencial entre las funciones de dirección y las
funciones de ejecución. Una organización se distribuye así en dos grandes polos distintos: los que piensan, por
un lado, y los que ejecutan, por otro.
Los dirigentes elaboran las tareas, definen las normas y los ejecutantes efectúan el trabajo tal como ha sido
concebido para ellos, pues no se les pide que reflexionen sobre su propio trabajo, puesto que ya lo han hecho los
que están allí para eso. En esta concepción, el modelo de la organización corresponde fundamentalmente a una
separación estricta de las actividades y se inspira en una visión mecanicista: la organización es tanto más eficaz
cuanto más minuciosamente esté recortado su funcionamiento en segmentos especializados, prescritos desde
lugares de decisión centralizados. La organización se identifica con un conjunto mecanizado en donde cada uno
debe encontrar su puesto; en esta óptica se precisa un aparato de control concretado en un conjunto de enlaces
funcionales cada uno de los cuales vela por la buena marcha del conjunto. La organización queda así
representada como una estructura perfectamente armónica encaminada a la realización de un conjunto de tareas
parcelarias coordinadas entre sí para obtener un producto final.
2. Concepción humanista:
Tomó forma a través de lo que se llamó el movimiento de las relaciones humanas, emanado de la
experiencia de Mayo y que mostró que el buen desarrollo del trabajo estaba muy determinado por los
sentimientos individuales, así como por las normas informales en acción en un grupo de trabajo. A partir de ahí
se considera que la organización es un sistema social y relacional en donde el factor humano va a crear un clima
de trabajo más o menos favorable.
El análisis de este factor humano ha permitido sacar a la luz dos niveles de funcionamiento en el interior de
toda organización:
- un funcionamiento de tipo formal, determinado por los reglamentos oficiales que prescriben las actividades e
imponen los canales de circulación de informaciones ;
- un funcionamiento de tipo informal, en el que aparecen redes de comunicación no previstas por la organización y
la constitución de grupos que no están definidos por la propia organización del trabajo. Los numerosos estudios en este
campo han hecho posible descubrir que el sistema concreto de las relaciones humanas es diferente del que se encuentra
oficializado por los principios de la división de las tareas. Esta concepción de la organización, basada en las relaciones
humanas, ha evolucionado a su vez hacia una concepción de la organización en términos de recursos humanos,
apoyándose sobre todo en las teorías de la motivación y de la satisfacción (Maslow, 1970; Mc Gregor, 1960).
En esta perspectiva la organización es considerada a partir de la contribución de sus miembros, que son
definidos como recursos que hay que valorar; los individuos ya no son sólo estimados a partir de sus necesidades
de comunicación, sino también como actores que quieren aumentar sus competencias y participar en la
realización de su trabajo. El marco general de esta gestión insiste en la necesidad de reconsiderar el
funcionamiento de la organización a través de la aplicación de recursos subutilizados para dinamizar el trabajo,
enriquecer las tareas y aumentar la satisfacción de los individuos.
En esta óptica, los trabajos de Likert (1961, 1967) determinaron ya la importancia de un conjunto de
factores: estilos de gestión y calidad de las relaciones de trabajo sobre el clima de trabajo. El concepto de clima
de trabajo da así cuenta de un cierto número de elementos que actúan sobre la realización del trabajo como tal.
Esta concepción lleva, sin embargo, la impronta de una visión orgánica de la organización que consiste en
valorizar el tejido relacional y en responder a las necesidades ya las motivaciones individuales de los trabajos.
3. Concepción administrativa:
La organización se halla representada en este enfoque como una disposición estática de unidades, de las que
burocracia es el modelo por excelencia. La primera reflexión sobre el funcionamiento burocrático de las
organizaciones fue elaborada por Max Weber (1922). Definió la organización por un cierto número de aspectos:
- el principio de la competencia de la autoridad que determina las atribuciones de cada uno sobre la base de
criterios fijos a partir de los cuales la autoridad ejerce vigilancia y control;
- el principio de reglas formales que se aplican de manera impersonal a todo el mundo;
- el funcionamiento del trabajo y de la organización a partir de la utilización de documentos escritos en las
comunicaciones entre los servicios;
- el principio de reclutamiento basado en el examen de calificaciones acreditadas por el diploma.
Basándose en estos principios organizativos que definen el funcionamiento burocrático, Weber señala la
importancia de los rasgos de la personalidad burocrática que de aquí se deducen: las cualidades propias de un
individuo desaparecen ante la necesidad de adoptar «un comportamiento administrativo exigido por la
organización». Las relaciones están reglamentadas y formalizadas. La autoridad administrativa desempeña el rol
de garante de las reglas, pues su poder se ejerce a través de una serie de circulares y directrices ya dispues tas en
las que se apoya para justificar su legitimidad y su propio ejercicio.
La concepción burocrática prioriza un funcionamiento establecido sobre normas que rigen las actividades y
conducen a una cosificación de las relaciones humanas. Esta concepción está basada en el hecho de que un buen
funcionamiento no debe hacer intervenir la expresión de los sentimientos personales de los individuos con rela-
ción a los demás o respecto de su propio trabajo, pues se la considera como una perturbación.
4. Concepción estratégica:
Esta concepción considera la organización como un constructo social enfrentado con un entorno al que debe
adaptarse y enfrentada con sus miembros, a los cuales tienen también que adaptarse, y quie nes a su vez han de
adaptarse a la organización. En este sentido, toda organización produce unas zonas de incertidumbre que requie-
ren por su parte diferentes procesos de adaptación, cuyas formas son de naturaleza sociopolítica (Pfeffer y
Salanick, 1978). El funcionamiento de la organización se apoya así en la negociación de distintos intereses
coexistentes. Esta realidad viene producida por el hecho de que, en una organización, los individuos disponen de
márgenes de libertad que les permiten negociar o rechazar lo que se les pide; no están nunca enteramente
determinados por la relación de dependencia o la subordinación en la que se encuentran. Van así a poder elaborar
un conjunto de conductas estratégicas que constituyen sistemas de acción concertada, es decir a ampliar el
dominio de sus márgenes y ello tanto más cuanto que pueden controlar las zonas de incertidumbre de aquellos
con los que se hallan en relación y de los que dependen (Crozier y Friedberg, 1977).
En toda organización las zonas de incertidumbre son provocadas, de un lado, por la propia racionalidad e
introducidas, de otro, por la autonomía misma del actor y sus posibilidades de actuar más o menos en la
organización. Esta funciona así sobre la existencia de zonas de incertidumbre que poseen un status dinámico de
doble sentido en la medida en que, por una parte, resulta de una forma de racionalidad mientras que, por otra,
reside en la creación por los actores de una forma más o menos explícita de imprevisibilidad en su acción.
Finalmente, en esta concepción, la organización es captada a partir de un entendimiento del poder definido como
juego de relaciones. El carácter relacional del poder muestra que ya no se trata de un atributo, sino que la
organización en su conjunto funciona como un sistema complejo de relaciones de poder que ponen de relieve a
la vez el carácter desigual en el que los individuos son situados en su relación con el poder y sus capacidades de
intervenir al menos potencialmente en éste. La organización parece de este modo «un constructo social», es decir
un campo autónomo en donde unos actores integran las constricciones que pesan sobre ellos como aspectos de
sus comportamientos estratégicos, como formas de sus relaciones con el poder. Esta concepción se desmarca de
una visión determinista de las relaciones y del funcionamiento organizativos y presenta la organización como un
sistema de ajuste permanente. En este sentido, se puede considerar que se trata de un enfoque estratégico en la
medida en que, por un lado, proporciona a los actores una dosis de libertad en la prosecución de sus propios
objetivos y, por otro, redefine la organización a partir de las relaciones de poder que se viven en su seno.
EL COMPORTAMIENTO ORGANIZATIVO
El comportamiento organizativo designa el conjunto de las conductas adoptadas por los individuos en el
interior de una organización. Las investigaciones efectuadas al respecto han destacado el hecho de que bajo estos
comportamientos organizativos subyacen unas motivaciones psicológicas; los individuos tienden además a
buscar formas de satisfacción; finalmente, manifiestan unas expectativas definidas en el seno de la organización
en la que se encuentran. Vamos a presentar sucesivamente la noción de motivación, la de satisfacción y la de
expectativa en la organización.
Motivación y comportamiento
La noción de motivación puede ser definida en términos generales para denominar el conjunto de las fuerzas
internas y de las tendencias que impulsan al ser humano a actuar en un sentido definido; estas fuerzas han sido designadas,
unas veces bajo el nombre de necesidad y otras bajo el de instinto o incluso bajo el de deseo. Los trabajos de Mc Clelland han
destacado un elemento particular de la motivación (1961, 1965) referido a la idea de realización. La necesidad de realización
se define como una disposición del individuo que le impulsa a tender hacia el éxito y la superación en situaciones en donde
su rendimiento puede ser evaluado en función de ciertos criterios de excelencia.
La idea de realización ha sido puesta de relieve en el marco de una situación experimental.
Se trataba de un grupo de jóvenes norteamericanos a los que se propuso someterse a un test del que se decía que
medía la inteligencia y el liderazgo. La información así proporcionada tenía que estimular sus necesidades de
realización y tras esa primera fase se invitó a los miembros del grupo a construir unos pequeños relatos a partir de
imágenes proyectadas en una pantalla durante unos segundos. Al mismo tiempo, un grupo de control, cuya necesidad
de realización no se había estimulado, fue también invitado a la misma tarea. Los resultados mostraron que los relatos
narrados por los miembros del grupo experimental comportaban muchas más referencias que los del grupo de control
al esfuerzo, al riesgo, el reto, a la competencia que se debe vencer y el nivel de excelencia que es preciso alcanzar.
Estos elementos fueron empleados en algunos estudios posteriores para determinar las características ligadas
a una necesidad de realización. Se comprobó así, por ejemplo, que las fuentes de la necesidad de realización se
hallan, en una parte muy importante, en la influencia de aquellos padres entre quienes se aprecian las carac -
terísticas siguientes (Mc Clelland, 1975):
- son muy competitivos y manifiestan una elevada necesidad de realización;
- el padre sobre todo impulsa al hijo a dar muestras de independencia y de iniciativa;
- la madre exige que el hijo se fije y alcance unos objetivos realizables; - los padres se interesan mucho por lo
que hace el hijo y le estimulan; - están convencidos de que el hijo es capaz del éxito y le comunican esta confianza.
Dentro de la organización, la necesidad de realización se ve frenada y aminorada de maneras muy
diversas, en la medida en que las estructuras de actividades, de controles y de autoridad están habitualmente más
orientadas a apagar esa necesidad que a satisfacerla. En el campo organizativo, el conocimiento de los
comportamientos se ha forjado a través de un conjunto de teorías psicológicas centradas en la idea de
motivación; estos enfoques consideran que los individuos son portadores de necesidades y que esas propiedades
inherentes les conducen a adoptar unos comportamientos definidos y encaminados a sus satisfacciones. Desde
este punto de vista, las estructuras organizativas facilitan o inhiben la satisfacción de nece sidades. En esta
perspectiva se ha desarrollado especialmente la teoría de Maslow, quien reagrupa las necesidades fundamentales
del ser humano en niveles distintos en el interior de una jerarquía definida:
- necesidades fisiológicas, que constituyen las necesidades básicas del individuo (hambre, sed, descanso,
etc.);
- necesidades de seguridad, que se manifiestan en la búsqueda de protección, en el hecho de sentirse al abrigo
de amenazas, etc. ;
- necesidades de pertenencia y de afecto que se manifiestan en el hecho de sentirse integrado en el seno de un
grupo y de ser acogido por otros; - necesidad de reconocimiento que indica la búsqueda de una estima de sí mismo
y de una estima por parte de los demás;
- necesidad de realización que concierne a hacer efectivas las potencialidades del individuo.
La clasificación así redactada remite, según Maslow, a una jerarquía que traduce el grado de urgencia
planteado por la satisfacción de cada una de estas necesidades en diferentes niveles. En este sentido, las
necesidades fisiológicas son fundamentales. Sólo cuando están satisfechas pueden serio a su vez las necesidades
de un orden más elevado. La teoría de las necesidades muestra que el comportamiento está orientado hacia la
búsqueda de una determinada satisfacción que se revela como la más importante en aquel momento. La teoría de
las necesidades es además propuesta como esquema explicativo de un campo extremadamente complejo que es
el del comportamiento organizativo, es decir, del comportamiento e un ser humano orientado hacia modos
variados de satisfacción. Aunque la teoría de Maslow presenta una estructura lógica, recorta artificial mente las
necesidades en niveles simples que no se corresponden forzosamente con el comportamiento real.
Unas investigaciones críticas referidas a esta teoría (Hall y Nougaim, 1968; Wahba y Bridwell, 1976)
muestran que rara vez queda confirmada por los hechos; la realidad de la jerarquía de las necesi dades aparece así
como una construcción coherente que presenta una visión del ser humano definido como un sistema de
necesidades coordinadas unas con otras, pero que no se corresponde con una expresión concreta en la
organización.
Otros trabajos han analizado el comportamiento organizativo partiendo, no de la motivación, sino de la
contribución de los miembros de la organización según su pertenencia a talo cual categoría. Mintzberg (1983)
define de esta manera varios tipos de categorías:
- la cumbre estratégica, compuesta de los que deciden, elaboran las estrategias y controlan;
- los centros operacionales, compuestos de operadores directamente en contacto con la ejecución de las tareas;
se encuentran en la base de la escala de la organización;
- la línea jerárquica, integrada por las categorías intermedias que deben concretar los fines y las decisiones de
la organización;
- la tecnoestructura, compuesta por las categorías que analizan y planifican el trabajo de los demás;
- el soporte logístico, integrado por el conjunto de las unidades relativamente especializadas que la
organización precisa para realizar ciertos proyectos.
A través de esta tipología se advierte que el comportamiento organizativo y, en consecuencia, la
contribución de los miembros de una organización, están directamente en función de un tipo de posición y de
calificación. Esta concepción muestra que las motivaciones en acción en el nivel de los individuos dependen en
buena medida de la contribución más o menos satisfactoria y valorizadora determinada por el lugar de cada uno
en el funcionamiento global de la organización. Esto permite precisar la importancia del nivel de calificación y
de rol en el comportamiento organizativo, que saca a la luz la valorización/desvalorización de un individuo que
ocupe un determinado puesto.
Algunos estudios han distinguido dos niveles en el rol:
- las tareas que hay que realizar;
- la manera de llevarlas a cabo (Katz y Kahn, 1978).
El rol aparece como una configuración del comportamiento organizativo que resulta de la interacción
entre unas exigencias y unos estilos adoptados para satisfacerlas. Este comportamiento organizativo está en
buena medida determinado por el aprendizaje sociocultural que cada uno hace de los valores, de las costumbres,
de los ritos en acción en el trabajo y que va a permitir al individuo integrarse en la organización y ser aceptado
por los demás.
Satisfacción en el trabajo
Expectativas
La noción de expectativa designa el hecho de que lo que motiva al individuo a actuar es la idea que tiene
sobre 1a posibilidad de triunfar en una acción o en un proyecto. Se trata de un proceso por el que los individuos
adoptan ciertas conductas en vez de otras, con objeto de alcanzar unos resultados deseados. Esta es la teoría de la
«expectativa» ( expectancy theory) que ha tenido en cuenta lo esperado por los individuos en la organización. En
torno de este concepto se han llevado a cabo varias investigaciones.
El enfoque de Vroom (1964) desarrolló la teoría del resultado esperado, que es una combinación de las
expectativas y las necesidades producidas por un adecuado grado de motivación. En esta óptica las expectativas
son percepciones expresadas por tres tipos de probabilidades: esperar el objetivo fijado, obtener una recompensa
deseada y satisfacer sus necesidades intrínsecas. La expectativa aparece así como un proceso cognitivo a través
del cual el individuo evalúa la relación entre esfuerzo y rendimiento. Así, según la teoría del resultado esperado,
el incremento de la satisfacción no provoca siempre un rendimiento mejor: es la posibilidad de hacer bien su
trabajo la que lo suscita.
El enfoque de Porter y Lawler (1968) establece que los individuos, en la organización, hacen unas
elecciones en función de conductas adoptadas en situaciones concretas. Estas elecciones suscitan a su vez unas
conductas que, según ellos, darán los resultados que puedan aportarles satisfacción. Los resultados son así
evaluados de antemano, en razón de las necesidades que hay que satisfacer. De acuerdo con Porter y Lawler, el
individuo tratará de realizar el tipo de rendimiento para el que está más motivado. Definen tres tipos de factores
de la fuerza motivacional asociada a un comportamiento:
- la probabilidad subjetiva de alcanzar un nivel de rendimiento, si el individuo intenta lograrlo: se trata de una
expectativa que define las posibilidades de éxito;
- la probabilidad subjetiva de obtener ciertos resultados tras el éxito: se trata de una expectativa referida a la
relación rendimiento/resultados, mientras que en el caso precedente la expectativa estaba referida a la relación
esfuerzo/rendimiento;
- el valor atribuido por el individuo a los resultados derivados de su conducta.
Así, la fuerza motivacional correspondiente a una conducta es tanto mayor cuanto más capaz se crea el
individuo de triunfar en lo que acomete, crea obtener ciertos resultados ligados a su éxito y valore los resultados
esperados. En este enfoque, la expectativa aparece como una fuerza que actúa sobre el individuo y se manifiesta
por la intensidad del esfuerzo aplicado para alcanzar un cierto nivel de rendimiento. En realidad, un individuo
puede tener una fuerte motivación sin llegar, sin embargo, a alcanzar el nivel de rendimiento elegido.
En la línea de este enfoque, Lawler (1973) ha mostrado que el contenido de la tarea y el carácter más o
menos motivador del trabajo determinaban el grado de satisfacción del individuo respecto de su rendimiento.
Identifica así tres características esenciales de lo que llama un «clima motivador»:
- los empleados poseen informaciones útiles sobre su rendimiento;
- sus aptitudes son reconocidas y las uti1izan en la ejecución de su trabajo;
- finalmente, participan en la determinación de los objetivos.
La aportación de estas diversas teorías muestra que existe una relación dinámica entre el contexto, por un
lado, y por otro, el individuo que, a través de la importancia de sus expectativas, actúa en función de la
percepción y de las relaciones que establece entre lo que se le pide y lo que busca.
LA DINAMICA ORGANIZATIVA
Estructura organizativa
Una organización está constituida por un cierto número de programas, por prescripciones establecidas en
una jerarquización de los roles y por una división de las tareas que definen la manera en que debe funcionar el
sistema. Estas son las estructuras formales de las que el organigrama es el ejemplo más conocido: se trata de una
representación estática del funcionamiento de la organización, un esquema simplificado de una responsabilidad,
las interrelaciones entre unidades y la circulación de la información.
1. Estructuras formales
Dalton (1959) había mostrado ya que la estructura formal representada por el organigrama permitía
comprender tres aspectos del funcionamiento organizativo:
- esta estructura influye en la naturaleza y en la red de las comunicaciones informales;
- establece los medios de defensa creados por esa red informal;
- precisa los lugares en donde la conformidad Con los preceptos organizativos resulta deseable pero no
necesaria.
La estructura formal se revela además en un esquema de comunicación que aparece esencialmente como una
corriente uniformada de la información en cuanto medio de coordinación. Se hace fundamentalmente visible a
través de la estructura de autoridad. Esta se halla compuesta de un conjunto de poderes legítimos ligados a la
posición, determinada por la jerarquía y empleada para el buen funcionamiento de la organización. La autoridad
concreta así la aplicación de la estructura formal, pero no basta con que ésta sea explícita para que resulte eficaz.
Las investigaciones indican que en lo que en definitiva constituye la base del éxito de una autoridad es la
aceptación de su legitimidad por parte de los demás (Scott, 1983). En otros términos y de manera más amplia,
para que la estructura formal sea operativa, es preciso que los subordinados la reconozcan y acepten. Una
estructura formal apoyada en una autoridad puramente teórica, sin ninguna adhesión, funciona mal. Los factores
que pueden contribuir a hacerla operativa son, por ejemplo, la percepción de la convergencia, al menos parcial,
entre los fines personales y los de la organización, y la percepción de la competencia de la autoridad (Miller,
1973).
Aunque la estructura formal aparezca como una construcción racional y coherente, no deja por eso de
ser una descripción abstracta que no toma en consideración el funcionamiento organizativo real, el cual pone de
relieve el hecho de que estas mismas estructuras son disposiciones de roles, de relaciones de interdependencia
regidas por factores que hacen problemática hasta la misma racionalidad de la estructura formal. En el interior de
tales estructuras, existen pues «arreglos» irracionales que muestran que las estructuras formales no son
prácticamente seguidas nunca como tales por los individuos. Sus modalidades de funcionamiento permiten
determinar la existencia de estructuras informales que denotan, según Dalton (1959), los víncu los espontáneos y
flexibles que se establecen entre los miembros; éstos constituyen:
«vínculos basados en los sentimientos y los intereses personales que, aun siendo indispensables para el
funcionamiento del sistema formal, resultan demasiado fluidos para hallarse enteramente contenidos en este
último».
La estructura informal revela el hecho de que los miembros de la organización determinan sus
comportamientos en función de su percepción y de la definición de la situación en la que intervienen; el hecho de
que esos comportamientos estén integrados en las estructuras formales da lugar a la existencia de interacciones,
basadas en sistemas de preferencia o de rechazo en donde la conformidad de los comportamientos respecto a la
organización será, por ejemplo, menos definida, más flexible. Estructura formal y estructura informal no son,
pues, en la organización dos entidades separadas, sino estrechamente interdependientes, manifestando una el
funcionamiento organizativo tal como debiera ser y designando la otra los fenómenos efectivamente operantes
en la organización. Los análisis clásicos de las organizaciones han destacado la existencia de estos dos tipos de
estructuras y las han interpretado a menudo en términos de disfuncionamiento.
La teoría de Merton (1940) definió el disfuncionamiento organizativo a partir de la
«exigencia de control, que consiste, a nivel de jerarquía, en prever y en conocer los comportamientos de los
miembros en función de los programas establecidos",
Esta estructura va a provocar no solamente unos comportamientos esperados y previsibles, sino unas
consecuencias imprevisibles e inesperadas que se manifiestan, en términos de Merton, en «una rigidez del
comportamiento» que tiene varias consecuencias: satisface la exigencia de fidelidad y responde a las necesidades
de preservación de la propia estructura, pero incrementa los mecanismos de defensa de la actividad individual,
haciendo más difícil la adaptación a las tareas. El enfoque de Merton mostró cómo la emergencia de una
personalidad rígida, en el marco organizativo, es la consecuencia de una concepción de la estructura formal que
pretende prever todos los comportamientos. Los efectos inesperados e indeseados por la jerarquía aparecen
entonces como una resistencia a la estructura formal considerada como una tendencia a mecanizar el
comportamiento.
Por su parte, Selznick (1957) mostró el modo en que la especialización de los roles a través de una
delegación de autoridad, destinada a hacer la organización más funcional, produce a su vez consecuencias
inesperadas. Observó en efecto la aparición de divergencias de intereses entre los subgrupos de la organización,
divergencias que se manifiestan en el espíritu de casta: los subgrupos persiguen objetivos subalternos y crean por
eso mismo una situación conflictiva en la medida en que la organización se convierte en campo «de operaciones
tácticas» que enfrentan a unos grupos con otros y tienden a hacerles olvidar los objetivos comunes de la
organización.
Gouldner (1959) distinguió en la organización una burocracia experta y una burocracia punitiva. Analizó los
efectos negativos de esta última, mostrando cómo la regla burocrática, que es al principio una técnica de control
destinada a asegurar el equilibrio de un sistema subalterno, se convierte en un instrumento de poder mediante la
aplicación de lo que él denomina «la minucia de la supervisión» que aumenta la tensión entre los grupos y
trastorna el equilibrio buscado.
El esquema de Crozier (1977) analiza las relaciones estructura formal/estructura informal a través del
desarrollo de relaciones de poder paralelo; según él, la organización, a través de su tendencia a los programas y a
la previsión, deja que subsistan zonas de incertidumbre en las cuales se establecerán unas relaciones de poder
paralelo. Surge de esta manera un doble sistema de relaciones sociales que se inscribe en una dinámica
específica: el peso del poder determina la aparición del orden no formal como un orden de oposición y de
defensa que a su vez invade las zonas de poder por la incertidumbre que crea y modifica así el dispositivo de
conjunto.
Estos diversos análisis teóricos revelan el modo en que la organización, a través del establecimiento mismo
de sus estructuras, crea unos contragolpes y unos contrapesos que constituyen un elemento importante de su
funcionamiento.
2. Estructuras informales:
A partir de estos análisis cabe determinar un cierto número de características de las estructuras informales.
Reitz (1977) distinguió diferentes tipos de estructuras informales: horizontales, verticales y mixtas:
- una estructura informal horizontal está compuesta de miembros de una misma categoría en la organización;
- una estructura vertical está integrada por miembros situados en niveles diferentes de la estructura jerárquica;
- una estructura mixta está constituida por miembros de status distintos y procedentes de diversas posiciones
de la organización.
Estos diferentes tipos de estructuras se desarrollan generalmente para disminuir la pesadez administrativa y
liberar de intermediarios los procesos habituales, con objeto bien sea de protegerse, bien de aumentar un poder
personal.
Esas estructuras informales desempeñan un cierto número de funciones de las que las más importantes son
las siguientes: permiten, en primer lugar y en determinados casos, que una organización funcione realmente; por
su carácter flexible y espontáneo constituyen un elemento de eficacia global (Dubin, 1951). Asumen también un
modo de comunicación de las informaciones, trasladándolas a redes no previstas y asegurando una transmisión
más rápida (Walton, 1961). Pfiffner y Sherwood (1960) establecieron un esquema de estructura informal de las
comunicaciones en un servicio administrativo.
Este esquema reveló especialmente que en aquel servicio el administrador ocupaba una posición central, que
le permitía prescindir en buena medida de los circuitos formales para comunicarse; en cambio, su adjunto, que
ocupaba una posición intermedia, estaba permanentemente aislado, sin que los subordinados experimentaran
ninguna necesidad de acudir a él para solucionar los problemas. Finalmente, en la base; un técnico ocupaba una
posición vital que influía a su vez en todos los niveles organizativos en razón de la importancia técnica que tenía su
puesto en el dispositivo.
La estructura informal aparece también como un sistema de regulación emocional, en la medida en que
puede tratar unos elementos afectivos difícilmente aceptables en el funcionamiento normal de una organización.
La estructura no formal constituye también un sistema de control de las actividades y, por esta razón, muestra el
carácter inoperante de ciertos controles formales al mismo tiempo que introduce una estabilidad organizativa por
obra del sentimiento de pertenencia y de satisfacción creado en los individuos que ejercen así una parte de su
poder en la organización. Las estructuras informales pueden transformarse además en lugares de resistencia a los
cambios (Davis, 1977). Es posible de esta manera que la introducción de nuevas tecnologías o de nuevas formas
de organización del trabajo sea objeto de una gran resistencia, en razón de los elementos normativos y culturales
que se desarrollan en el seno de esas estructuras.
La existencia en toda organización de esta doble estructura, formal e informal, revela lo social que está en
juego en cualquier dinámica organizativa basada, por un lado, en una racionalidad relativamente estricta y
recurriendo, por el otro, a unos comportamientos constituidos por sentimientos e intereses que no se
corresponden ni directa ni totalmente con los de la organización.
Clima organizativo
La noción de clima organizativo se refiere a unas características del funcionamiento de la organización que
van ligadas a la percepción de sus miembros, quienes las evalúan con relación a la definición que hacen de la
situación en la que se encuentran. El clima es así el resultado de una evaluación que hace intervenir a varios fac-
tores. El clima organizativo puede ser definido como el conjunto de las características objetivas y relativamente
permanentes de la organización descrita por sus miembros, según las percepciones que ellos tienen; estos
elementos presentan una configuración cualitativa del funcionamiento de la organización que muestra la manera
en que influyen en los comportamientos y en las actitudes.
Para determinar el clima organizativo, numerosos trabajos han tratado de precisar los factores o las
dimensiones que lo componen. Así, Pritchard y Curtis (1973) mantienen las siguientes dimensiones:
- la autonomía, es decir la posibilidad de que los propios individuos organicen su trabajo;
- el conflicto y la cooperación que pueden existir en el seno de la organización ;
- las relaciones sociales y la estructura;
- el nivel de remuneración;
- la diferenciación de status;
- la centralización de las decisiones, etc.
Por lo que se refiere a Campbell, Dunnette, Lawler y Weick (1970), consideran que el clima organizativo se
ve influido por cuatro factores principales:
- la autonomía en el trabajo;
- la estructura y los reglamentos; - las remuneraciones;
- las relaciones interpersonales.
1. Clima y rendimiento:
Los análisis del clima organizativo han puesto de relieve dos tipos de impactos: un impacto sobre el rendimiento y
un impacto sobre la satisfacción. El impacto sobre el rendimiento ha sido estudiado por Litwin y Stringer (1968):
Se trataba de una situación experimental creada en torno a tres tipos de empresas cuya tarea era la concepción,
la construcción y la venta de modelos reducidos, a partir de un juego de Meccano. En el seno de cada uno de esos
grupos, un «director» había recibido la consigna de crear , por su estilo de autoridad, un clima específico: en el
primer grupo, un clima burocrático y autoritario, insistiendo en los reglamentos, el orden, las comunicaciones
formales y la disciplina; en el segundo, un clima democrático que mostrase la importancia de la cooperación, del
espíritu de equipo; en el tercero, un clima de excelencia estimulaba la creatividad, la innovación y el rendimiento
elevado. Los resultados revelaron que era el grupo en donde existía un clima de excelencia el que obtenía los
mejores rendimientos; en cambio, aquél en donde existía un clima democrático era también el que tenía los
miembros más satisfechos.
Otro estudio (Schneider, 1973) analizó el clima organizativo de un banco a partir de la percepción que los
clientes tenían del ambiente que según ellos reinaba allí.
Este factor fue estudiado en relación con el deseo de los propios clientes de cambiar o no de banco. Los
resultados revelaron la percepción que los clientes tenían del clima social como un elemento decisivo en su deseo
de cambiar o no de banco y que éste era un factor más importante que el de la proximidad o el del tiempo de
espera.
Las investigaciones ponen así de relieve el carácter situacional de la relación clima/rendimiento. En otros
términos, los efectos producidos por un clima sobre el rendimiento dependen de la forma en que los individuos
directamente implicados la capten a partir de la situación tal como la experimentan.
2. Clima y satisfacción:
Numerosas investigaciones han mostrado también la relación existente entre clima organizativo y
satisfacción con el trabajo. Revelan en especial el hecho de que la «realidad objetiva» de la organización,
compuesta de su estructura, su tecnología, su política, etc. , está permanentemente determinada por la percepción
que sus miembros tienen, es decir por la evaluación que hacen de ese clima en función de sus expectativas y de
su deseo.
Johnson (1976) determino una diferencia de clima establecida a partir de diversos grupos de empleados.
Constituyó en una empresa dos grupos distintos según su antigüedad en la firma: menos de dos años y más de
tres. Precisó que el primer grupo percibía a la organización como una estructura rígida, impersonal y autoritaria; en
cambio, el grupo de los más antiguos describía la organización como flexible y sus relaciones personales como más
satisfactorias.
El clima organizativo resulta, pues, de un filtrado sociocognitivo que informa sobre el funcionamiento de la
organización en cuanto que manifiesta los grados de satisfacción, la naturaleza de las rela ciones y la definición
que los individuos dan de la situación en la que se encuentran.
Conflicto organizativo
La realidad del conflicto organizativo muestra en primer lugar que la existencia de tensiones o de conflictos
no puede reducirse a una cuestión de mal entendimiento entre dos personas. El conflicto debe ser situado, en el
contexto organizativo, como un proceso resultante de la estructura misma de la organización y de las diferen-
ciaciones que produce, a partir de una distribución desigual de las posiciones ocupadas por los individuos.
El conflicto organizativo aparece como un aspecto esencial del funcionamiento de las organizaciones, en
cuanto que está basado en el principio de la diferenciación y la separación. Este principio pro duce una estructura
de interdependencia de las actividades, fundada en buen número de casos en una incompatibilidad de los
objetivos, en una interpretación diferente de las elecciones, en una percepción desvalorizada de sí mismo. Las
relaciones establecidas a partir de esta estructura de interdependencia muestran que los miembros de una
organización no tienen las mismas concepciones de los medios que hay que aplicar, no poseen los mismos
criterios para evaluar las situaciones, no tienen las mismas percepciones, no persiguen los mis mos objetivos,
según el puesto que ocupen en el interior del sistema. Todos estos elementos constituyen en cuanto tales unos
factores y unas condiciones de surgimiento de los conflictos.
Estos conflictos se desarrollan según diversas modalidades, tal como lo han expuesto especialmente los
trabajos de Thomas (1977), que sitúa todo conflicto en el seno de un sistema de relaciones que comporte varias
entidades sociales distintas (grupos, departamentos, personas). Todo conflicto se desarrolla en el tiempo en
función de una cadena de episodios, cada uno de los cuales está integrado por una sucesión de fases distintas.
1. La primera corresponde al establecimiento del conflicto basado en la percepción de la frustración creada por
una de las entidades sobre otra; esta frustración puede manifestarse a través de insultos, por la violación de los
acuerdos o normas, etc.
2. La segunda fase consiste en la representación de la situación conflictiva por parte de las dos entidades. Esta se
apoya en dos criterios esenciales: la manera en que cada persona comprende el objeto mismo del conflicto (puede
parecer más o menos importante) y la forma en que cada uno representa los desenlaces probables y las consecuencias.
3. La tercera fase comprende la relación conflictiva propiamente dicha, que pone de relieve cinco tipos de
orientación del comportamiento, según que la conducta de cada cual esté orientada por el deseo de satisfacer sus
propias aspiraciones y/o las del otro: la orientación competitiva, basada en la dominación; cooperadora, basada en la
colaboración; transaccional, basada en el compromiso; consensual, basada en el apaciguamiento; y distante, basada en
la indiferencia y la evitación. Esta tercera fase corresponde, pues, a un enfoque estratégico de la relación conflictiva
para cada uno de los protagonistas.
4. La cuarta fase comporta la interacción entre las dos entidades; se desarrolla, bien a través de un enfoque
cooperador, bien por un enfoque competitivo de la situación conflictiva, última fase que corresponde al desenlace
del conflicto. Presenta dos dimensiones esenciales: una dimensión integradora, que es la cantidad total de
satisfacciones de los dos protagonistas, y la dimensión distributiva, que es el modo de reparto de esa satisfacción.
Al lado de los estudios que aclaran las diversas etapas de los procesos conflictivos, otras investigaciones han
destacado diferentes mecanismos de resolución de los conflictos. Así Pfeffer (1971) definió unas modalidades de
cuasi resolución de conflictos que se basan, por ejemplo, en transformaciones de la estructura organizativa para
proporcionar a sus miembros «territorios» en los que ejercer un control y en donde pueden satisfacer sus
intereses particulares. Este enfoque muestra que ciertas acciones puntuales de modificación de la estructura
ofrecen una ventaja potencial a algunos, disminuyendo el riesgo de desarrollar conflictos con otros.
Lawrence y Lorsch (1973) mostraron que los mecanismos de resolución de los conflictos dependían del grado de
diferenciación organizativa existente entre los protagonistas. Es preciso, pues, adoptar estrategias que tengan en cuenta esta
realidad; por ejemplo, si la diferenciación es débil, podrá efectuarse la resolución de conflictos por la vía jerárquica; en
cambio, si la diferenciación es fuerte, se impondrá el recurso a un mediador. Apoyándose sobre estudios empíricos, Lawrence
y Lorsch revelaron la importancia del rol de mediación. El modo de resolución de los conflictos aparece pues como un
elemento determinante; en una situación conflictiva, la confrontación entre los miembros interesados es importante en la
medida en que implicándoles directamente, facilita el intercambio de informaciones y el desarrollo de una orientación más
cooperativa a fin de hallar unas soluciones a los problemas identificados. El conflicto se presenta pues como una realidad
estructural del funcionamiento organizativo; concierne tanto a las relaciones entre individuos como a las relaciones entre
grupos y servicios, pero hay que referirlo siempre a la estructura organizativa en la que se produce.
Cultura organizativa
La cultura organizativa representa el último aspecto de la dinámica social de la organización. Esta noción, que fue
introducida para captar una nueva dimensión de los fenómenos en acción en las organizaciones, se inspira en investigaciones
antropológicas. Presenta el funcionamiento de las organizaciones a partir del análisis de los valores y de las creencias
compartidos por sus miembros, en la medida en que se concretan en formas ritualizadas de intercambios y de realización de
las tareas, designando la estructura global como un aparato simbólico. La cultura organizativa define así de manera amplia el
conjunto de los valores, de las creencias, de las ideologías que existen en las organizaciones y que traducen una modalidad de
su funcionamiento (Martin y Siehl, 1983) en términos simbólicos.
A fin de ilustrar las diferentes facetas de esta noción, que ha sido objeto de numerosas investigaciones,
trataremos primeramente de situar las orientaciones teóricas y las perspectivas de investigación y presentaremos
luego los principales elementos de la cultura organizativa.
1. Orientaciones teóricas:
A grandes rasgos, la noción de cultura es una forma de definir la organización, mostrando que los procesos
que tienen por objeto crear unas significaciones (creencias, rituales) son esenciales para su propio
funcionamiento. Dos orientaciones teóricas han insistido en esta dimensión.
La antropología cultural, como ya hemos visto, definió la cultura como un sistema de creencias compartidas
por los miembros de una sociedad; por su naturaleza, estos elementos orientan la conducta, la evaluación y la
acción de los individuos. Aplicada a la organización, esta perspectiva considera la cultura como un conjunto de
mecanismos cognitivos que permiten determinar las reglas, los hábitos y las creencias que actúan en una
organización (Argyris y Schon, 1978). Se trata de una concepción de la cultura en donde se pone el énfasis en lo
que piensan de lo que hacen los miembros de una organización; importa determinar la cognición de los
individuos para comprender su acción.
Por lo que se refiere al enfoque simbólico, se interesa por las significaciones y las interpretaciones que los
miembros de una organización dan a su experiencia. La cultura organizativa se define entonces como una red de
significaciones a través de las cuales los individuos comprenden su experiencia y orientan su acción (Allaire y
Firsirotu, 1984). La cultura organizativa engloba todos los sistemas de interpretación existentes en una empresa y
que permiten revelar cómo viven su experiencia los individuos. Puede ser captada a través de las estructuras de
significaciones que son, por ejemplo, los discursos dentro de una organización. Este enfoque se apoya en la idea
de que la cultura es el sentido de la "organización.
Después de somera presentación de estas dos orientaciones, desarrollaremos, entre los numerosos trabajos
existentes, ciertas perspectivas que precisan los elementos teóricos e indican algunos campos a los cuales se han
referido los estudios de la cultura organizativa.
Schein (1985) ha propuesto un enfoque de la cultura organizativa considerándola, por un lado, como una
configuración de generalizaciones o de postulados que un determinado grupo ha inventado o descubierto por
aprendizaje al buscar soluciones para su funcionamiento interno y, por otro, como una configuración que se
desarrolla de acuerdo con las necesidades de los individuos y se transmite al seno de la organización como la
forma de pensar, de sentir y de actuar que corresponde a los valores de la empresa.
En este enfoque, la cultura organizativa aparece como el conjunto de los valores y mitos compartidos por
sus miembros; es un modo de representación e interviene en la manera de vivir y de trabajar en el interior de la
organización. El orden de representación así creado se articula, según Schein, en torno de cinco dimensiones
esenciales:
- las relaciones entre la organización y el entorno; - la realidad;
- los individuos;
- la actividad humana;
- la naturaleza de las relaciones sociales.
La cultura organizativa puede ser definida a partir de estos elementos como la configuración general de las
conductas, de las representaciones y de las significaciones que se desarrollan en una organización y que orientan las
actividades según los valores a los que se adhieren los miembros en un contexto particular.
La cultura organizativa ha sido puesta de relieve de varias maneras y por numerosas investigaciones. El
enfoque de Sainsaulieu (1973) fue uno de los primeros en definir la existencia de culturas y de subculturas en
una organización, en función de las situaciones de trabajo y de la posición de las diversas categorías implicadas.
Este autor destacó la existencia de diversos modelos culturales dentro de las diferentes categorías
socioprofesionales:
- modelos de retiro; - de separación ;
- de fusión;
- de negociación;
- de compromiso;
- de integración;
- de solidaridad.
Para Sainsaulieu, la organización del trabajo es el lugar de aprendizaje de culturas particulares. La existencia
de esas culturas y de los diferentes niveles en los que se expresan resulta de tres factores esenciales:
- la cultura anterior (cultura familiar, cultura étnica);
- la situación de trabajo propiamente dicha;
- finalmente el carácter estratégico de las relaciones de poder.
La combinación de estos tres factores se específica de cada empresa y permite definir una configuración
cultural propia no sólo de la organización en su conjunto, sino de cada unidad específica que la componga,
oficina o taller .
Otras investigaciones (Hofstede, 1984) han establecido el impacto de las diferencias entre culturas nacionales sobre
el funcionamiento de las organizaciones. Revelan el grado de concordancia existente entre el perfil cultural de una sociedad
en cuyo seno se inserta una organización y su cultura propia. Se formularon cuatro criterios que permiten dar cuenta de las
diferencias culturales entre los países en cuanto factores de influencia sobre la cultura organizativa:
- el tipo de poder existente en el seno de una misma sociedad y las diferencias que intevienen permiten evaluar
el grado de aceptación del poder en el seno de las organizaciones;
- la reducción de la incertidumbre, que muestra la manera en que una sociedad reacciona frente a ciertas
situaciones amenazadoras y cómo ofrece una mayor estabilidad a través de la aplicación de las reglas formales;
- el individualismo o el colectivismo muestran la tendencia existente en una sociedad que privilegia el hecho de
que los individuos deben asumir la iniciativa, el hecho de que la asuman las instituciones;
- el predominio masculino o femenino en Una sociedad, que establece ciertos valores dominantes en cuanto a la
afirmación de sí misma, la adquisición de bienes materiales, la dominación, la interdependencia, mostrando que estas
diversas cualidades se distribuyen según la importancia atribuida a lo femenino o a lo masculino en una sociedad.
Finalmente, otras investigaciones (Pascale y Athos, 1981) muestran que la cultura organizativa es un elemento
esencial para la introducción de cambios en las organizaciones. En estos enfoques son los valores y las representaciones de
los miembros los que constituyen un factor determinante del mismo cambio organizativo; revelan que existe un perfil cultural
propio de cada organización, compuesto de los diferentes elementos de su interacción. Este perfil comporta, según los
autores: la estrategia, la estructura, el sistema de gestión, los recursos humanos, las competencias, el tipo de gestión y los va -
lores fundamentales para los miembros del grupo.
La cultura organizativa, basada en las maneras de actuar, inscrita en códigos y representaciones, constituye
un mecanismo regulador del funcionamiento organizativo.
Están formados, como acabamos de ver, por valores, creencias y significaciones que los miembros dan a su
experiencia. Los trabajos de Schein (1985) han estudiado estos diversos elementos y los han clasificado en una
tipología según dos criterios: la accesibilidad de los elementos culturales a las diferentes categorías, y la
naturaleza de las significaciones para los observadores exteriores. Schein sitúa estos elementos en tres niveles
distintos: inconsciente. consciente y manifiesto.
- el nivel inconsciente es el de los postulados de base, es decir, unos modelos que se manifiestan cuando los
individuos se enfrentan con problemas de adaptación o de integración. Actúan como el sustrato inconsciente de la
cultura;
- el nivel consciente es el que interviene en términos de creencias y de valores, es decir, en función de los
elementos disponibles que los individuos incorporan a su conducta. Cuatro factores esenciales componen este nivel: las
creencias que establecen unas atribuciones particulares de un objeto; los valores que marcan una orientación preferencial
por un objeto que reviste significaciones para un individuo o para un grupo; las normas que definen el comportamiento
apropiado en función de los valores presentes; la ideología que forma un sistema explicativo basado en la relación entre
los factores precedentes;
- el nivel manifiesto representa las expresiones concretas que reviste la cultura y ello a través de varias
formas: los rituales, que son acontecimientos estandarizados y secuenciales, vectores de la cultura; los mitos, que
son leyendas relativas al comienzo de la organización y cuyo papel consiste en crear una continuidad entre un
pasado valorizado y el presente, basando por eso mismo los comportamientos actuales en los acontecimientos
pasados y alentándolos al legitimarlos. Expresiones específicas de este funcionamiento mítico son las historias que
se cuentan en las organizaciones y que conciernen, por ejemplo, a empleados que dan de éstas, fuera o dentro, una
imagen valorativa.
La cultura organizativa se manifiesta así en diversos niveles y traduce el sentido que la organización otorga
a lo que es, a lo que hace y, en consecuencia, el sentido asumido y regido por los individuos y los grupos a nivel
de sus actividades; designa por eso mismo los valores en acción en las organizaciones y su impacto consciente e
inconsciente .
Conclusión
En este capítulo hemos presentado a la institución como un segundo nivel de articulación de la realidad
social. A diferencia del grupo, la institución se caracteriza como un sistema, en el interior del cual se forman y se
organizan las relaciones sociales.
Para tratar esta cuestión, hemos distinguido la institución de la organización, aunque sea difícil separarlas
nítidamente. El análisis de la institución nos ha mostrado en primer lugar que esta noción no es estudiada en modo alguno en
cuanto tal por la psicología social, sino que las más de las veces resulta examinada a través de los fenómenos sociales que allí
se desarrollan. Esto revela quizá el aspecto arbitrario y artificial de la división del campo social por parte de las disciplinas
implicadas, pero justifica el lugar de este análisis en psicología social. Las instituciones son instancias fundadoras y
estructuradoras del vínculo social; constituyen, por tanto, lugares privilegiados para examinar cómo se desenvuelve allí la
problemática de las relaciones entre lo individual v lo colectivo. Para ilustrar diversos aspectos de esta realidad, hemos
situado tres concepciones (sociológica, antropológica y psicoanalítica) que proporcionan una base para la comprensión del
concepto.
Luego hemos propuesto una definición que considera a la institución como un fragmento de las relaciones
sociales establecido sobre un sistema de valores y ordenado según normas, roles y maneras de ser cuya función
es asegurar la conformidad de los individuos y el mantenimiento de un estado de cosas.
Finalmente, el análisis de la organización nos ha mostrado que ésta representa un conjunto social
delimitado, con objetivos propios en un campo de la vida social. La organización es de cierto modo un
fragmento de institución que se manifiesta en un marco determinado. La definición de la organización resalta la
coordinación de un conjunto, la existencia de medios y de métodos y la orientación hacia unos objetivos
definidos.
Las concepciones de la organización se inspiran en visiones preestablecidas sobre lo que debe ser el
funcionamiento de una sociedad: hemos precisado cuatro concepciones distintas: mecanicista, huma nista,
administrativa y estratégica.
Una vez situados los principales elementos del campo organizativo (sistema de actividades, estructura de
interdependencia, de autoridad y de control) y habernos referido al puesto del comportamiento organizativo a
través de la presentación de sus principales componentes (motivación, satisfacción y expectativas), abordamos la
cuestión de la dinámica organizativa que se articula esencialmente en torno de cuatro fenómenos: la estructura, el
clima, los conflictos y la cultura. Estas dimensiones han permitido mostrar que toda or ganización, en cuanto
conjunto estructurado de roles y actividades. revela lo que está en juego no solamente de las estructuras psicoló -
gicas existentes sino también del sistema social que las lleva, las dinamiza o las refrena.
El análisis de las instituciones y de las organizaciones es, pues, un elemento esencial para la comprensión de
los fenómenos sociales.
SCHLEMENSON Aldo, Análisis Organizacional y Empresa Unipersonal. Capítulo 2. “Dimensiones
relevantes para el análisis organizacional”. Buenos Aires, Paidós, 1998.
Capítulo 2
DIMENSIONES RELEVANTES PARA EL
ANALISIS ORGANIZACIONAL
LA DEFINICION
La organización constituye un sistema socio-técnico integrado, deliberadamente constituido para
la realización de un proyecto concreto, tendiente a la satisfacción de necesidades de sus miembros y
de una población o audiencia externa, que le otorga sentido. Está inserta en un contexto
socioeconómico y político con el cual guarda relaciones de intercambio y de mutua determinación.
Las seis dimensiones relevantes que se pueden extraer de esta definición son:
1) El proyecto en el que se sustenta la organización.
2) La estructura organizativa.
3) La integración psicosocial
4) Las condiciones de trabajo
5) El sistema político
6) El contexto
1
Para otras definiciones de organización véanse:
Etzioni, A.: Organizaciones modernas, México, UTEHA, 1965, cap. 1.
Schein, E.H.: Psicología de la organización, Prentice Hall International, 1972, Cap. II, pág. 19.
definiciones abstractas de conductas organizacionales requeridas que señalan un canal, una dirección
en el trayecto del cumplimiento de la meta.
Además de responder a necesidades genuinas, tanto de la audiencia externa como de los
miembros de la organización, de ser coherente, de resistir el testeo de realidad, el proyecto necesita ser
suficientemente explícito y compartido por todos aquellos que están involucrados en su realización.
La participación de los miembros de la organización en la discusión del proyecto y en la elaboración
de las políticas constituye una modalidad que permite reducir la alienación promoviendo bienestar,
identificación y compromiso2.
2) La estructura organizativa
La segunda dimensión que en un encadenamiento lógico corresponde tener en cuenta luego de
la definición del proyecto, es la referida al análisis de la "estructura organizativa".
Entiendo por estructura al sistema interrelacionado de roles oficialmente sancionados que
forman parte del organigrama, y de la definición de funciones y responsabilidades. Cuando el
proyecto organizacional está suficientemente clarificado corresponde que éste sea asignado a través de
la definición de responsabilidades diferenciales a los distintos roles que componen la organización.
Elliott Jaques asigna a la clarificación de responsabilidades y definición precisa, sin ambigüedades, de
relaciones de autoridad, dependencia, etc., una importancia fundamental. Señala la coexistencia de
cuatro tipos distintos de estructuras organizativas en una situación determinada: a) la estructura
formal u oficial, b) la estructura presunta, que es la que los miembros perciben como real, c) la
existente, que es la que efectivamente opera y puede ser inferida a través del análisis sistemático y d)
la requerida, que es !a que todos los componentes de la situación necesitan.
La divergencia o contradicción entre estos cuatro distintos tipos de organización crea desajustes
que favorecen la ineficiencia, la aparición de tensiones y conflictos entre los miembros3.
Al hablar de estructuras y de roles institucionales me refiero a un aspecto de las organizaciones
"artificiales"4 consistente en la existencia en ellas de definiciones abstractas que marcan un
comportamiento esperado, es decir que establecen conductas prescriptas; éstas forman parte del
organigrama y del manual de funciones. Los roles y la estructura, independientes de las personas,
establecen conceptualmente una separación entre persona y rol. Esta separación hace que en las
organizaciones el rol sea relativamente fijo y permanente, mientras que las personas roten, lo cual
obedece a una necesidad de supervivencia y de fijeza de las organizaciones en el tiempo.
La fijeza de los roles es lo que permite que se pueda describir cómo funciona la organización
desde el punto de vista formal. Cuanto más grande es una organización, mayor es su grado de
formalización y de definición explícita de roles. Se trata de posiciones oficialmente sancionadas y
aceptadas como legítimas por todos los miembros que forman parte de la organización y que por ello
las acatan. Como lo destaca Weber, las formas de legitimación y los motivos en que se sustenta la
aceptación varían en los distintos tipos de organizaciones5.
Ante la falta de clarificación de la estructura organizativa existente el analista organizacional
puede tender a interpretar una situación anárquica en la que se presentan numerosos roces y
conflictos entre personas como un problema de actitudes.
Si no se tiene en cuenta el sustrato estructural que justifica la emergencia de este tipo de
conflictos, se estará interpretando en el vacío. De esta manera el análisis organizacional no será guiado
acertadamente. El análisis de roles, funciones, responsabilidades y líneas de dependencia, permite fijar
un aspecto fundamental del encuadre de las conductas individuales.
En relación con la estructura, el tamaño de las unidades operativas es una cuestión significativa.
La variable tamaño es fundamental porque afecta la integración del grupo humano. E. Jaques vincula
el tamaño con lo que denomina el "factor de mutuo reconocimiento" 6. Para mantener organizaciones
eficientes que aseguren el grado de interacción necesario para la integración evitando la alienación, es
necesario mantener unidades operativas en las cuales el factor de mutuo reconocimiento pueda darse.
Esto no quiere decir pequeños grupos, dado que el factor de mutuo conocimiento puede darse como
2
Para un tratamiento más detallado de este punto véase Ackoff, R. L. : Planificación de la empresa del futuro,
México, Limusa.
3
Jaques, E.: A general theory of bureacracy, Londres, Heinemann, 1976, cap. II.
4
Utilizo el término organizaciones artificiales en contraposición al concepto de masas o “grupos naturales”,
descripto por S. Freud en Psicología de las masas y análisis del yo.
5
Weber, M.: Economía y sociedad, México, Fondo de Cultura Económica, 1972.
6
Jaques, E.: A general theory of bureucracy, Ob. cit.
he dicho en organizaciones de hasta trescientas personas7.
3) La integración psicosocial
Esta dimensión del análisis tiene que ver con el plano de las relaciones interpersonales. Abarca
un eje vertical: las relaciones con la autoridad, y uno horizontal: las relaciones entre pares.
Aun estando suficientemente claros el proyecto y la estructura, pueden subsistir problemas
provenientes de conflictos interpersonales. Estos pueden incidir en el grado de cohesión, integración,
espíritu de cuerpo y, en última instancia, en el rendimiento. Conflictos, fantasías inconscientes,
ansiedades y defensas suelen desplegarse en el seno de la organización, favoreciendo una confusión
entre mundo externo y mundo interno, que obstaculiza el desarrollo y la posibilidad de concretar
cambios.
Cuando una problemática de esta naturaleza se instala en los grupos de trabajo se requiere un
proceso de elaboración que compromete un período de tiempo relativamente prolongado, para su
consideración minuciosa. De esta forma, las actitudes inicialmente autísticas, secretas o latentes, cuya
consideración franca generalmente se omite, pueden progresivamente desplegarse y cotejarse con la
realidad de la opinión y la conducta de los otros. La elaboración de los conflictos latentes permite su
superación, promoviendo etapas progresivas de integración y cohesión8.
Pero, de nada vale el trabajo sobre la dimensión psico-social cuando el proyecto o la estructura
no están claros, porque tanto uno como el otro son continentes de las relaciones interpersonales y
pueden incidir notablemente en la integración psicosocial.
Suele observarse con mucha frecuencia la remisión espontánea de conflictos interpersonales a
partir de la clarificación de objetivos y de la estructura. Esto es así - reitero - porque el proyecto, las
políticas, la estructura, constituyen el marco continente de la conducta individual y grupal.
La emergencia de conflictos interpersonales debe tomarse en cuenta como dato de algo que
anda mal en el seno de la organización. Al hacerlo hay que tener particular cautela de no realizar una
traspolación de niveles de análisis (del individual al social) ni de ámbitos (del clínico al laboral).
En los procesos de cambio organizacional podemos observar que no siempre las modificaciones
de la conducta pasan por el insight de los conflictos inconscientes, que por otra parte son universales.
En muchas oportunidades las modificaciones de la conducta se producen cuando el marco que las
canaliza y orienta se hace más adecuado, en el sentido de estar configurado teniendo en cuenta
precisamente las motivaciones universales de la conducta humana.
4) Condiciones de trabajo
Las condiciones de trabajo están directamente referidas a la satisfacción y realización de los
miembros, siendo éstos particularmente proclives a la consideración de lo que se les da. El tratamiento
que sienten que reciben condiciona su vínculo con la organización y resulta determinante de su
identificación y compromiso con la tarea.
En las organizaciones laborales la gente pasa las 2/3 partes de su vida y a medida que la
industrialización progresa un mayor porcentaje de personas forma parte de una organización laboral.
Por lo tanto, el tema de cómo es tratada la gente en las organizaciones constituye un asunto de interés
social primario.
El tratamiento justo y equitativo referido a las condiciones de trabajo involucra una serie de
aspectos. a) el salario, b) la tarea y la posibilidad de realización personal que ésta brinda, c) las alterna-
tivas de desarrollo y carrera que se ofrecen, d) las oportunidades de participar, e) el confort y la
salubridad de los lugares de trabajo, etc.
Cada uno de estos temas son susceptibles de un análisis profundo. Definiendo con mayor
precisión cada uno de estos aspectos, así como las condiciones que en virtud de ellos se requieren,
podemos llegar a realizar una evaluación de las organizaciones existentes en términos de su
adecuación al grupo humano que las conforma.
La corriente actual en Psicología Organizacional americana y japonesa, basándose en la
pirámide de las necesidades descripta por Maslow, tiende a prestar especial importancia a las
necesidades del yo y de realización personal, considerando que las necesidades fisiológicas y de
seguridad en una sociedad altamente desarrollada se encuentran ya satisfechas. De acuerdo con este
enfoque, distintos autores se han ocupado de desarrollar estrategias tendientes a ofrecer a los
7
La importancia estratégica del factor tamaño para la determinación del nivel de análisis fue señalada ya por K.
Lewin en el cap. VII: "Problemas de investigación en psicología social", del libro: La teoría del campo en la
ciencia social, Buenos Aires, Paidós, 1 978.
8
Jaques, E. y Menzies, I: Los sistemas sociales como defensa contra la ansiedad, Buenos Aires, Hormé, 1980.
empleados la posibilidad de participar voluntariamente en grupos para la invención de soluciones a
problemas organizativos vinculados con la tarea. Tal experiencia se propone desarrollar la utilización
del potencial creativo de los empleados. Sin desconocer la originalidad e interés de la propuesta,
considero que la problemática de la seguridad en el empleo continúa siendo crucial. Las condiciones
de trabajo apuntan a la contención de las ansiedades vinculadas con la satisfacción laboral, la
inseguridad y las expectativas de trato equitativo, que tienen los miembros de una organización
determinada.
En esta línea de trabajo E. Jaques ha desarrollado un método que permite determinar una
estructura salarial justa y acorde con un sistema de responsabilidades diferenciales. La existencia de
un tratamiento equitativo en el empleo constituye un factor de tranquilidad individual y de paz social.
Lo contrario produce la emergencia de ansiedades paranoides determinantes de tensiones sociales
altamente alienantes9.
5) El sistema político
Toda organización posee un sistema de autoridad que se ocupa de la conducción, distribución y
coordinación de las tareas. En forma paralela a este sistema - como ya lo he señalado - opera un
sistema al que he denominado representativo que se organiza espontáneamente a través de la
conformación de grupos significativos de poder. Estos grupos, que poseen intereses que les son
propios, están correlacionados con los niveles ejecutivo - jerárquicos de la estructura. Forman lo que
Mendel llama las clases institucionales y Dahrendorf "grupos de interés"10 11 12.
Configuran una dimensión organizacional digna de ser estudiada en sí misma. Como resultante
de la interacción entre el sistema político y la estructura sancionada de cargos, se produce una
variedad de efectos que inciden en el rumbo de la organización. Esta dinámica se pone en especial de
manifiesto ante situaciones de cambio, en las que se reactiva la consideración de los intereses
sectoriales potencialmente afectados por tales cambios.
En el enfoque tradicional no existe un lugar para la consideración del fenómeno de los grupos
significativos de poder. El hecho de incluir esta dimensión responde a consideraciones éticas y
también otras de tipo práctico.
Allí donde se conforme una organización, surgirá rápidamente un sistema político, que operará
en forma paralela. Si la organización es restrictiva y no permite la expresión del fenómeno, éste no se
expresará en forma abierta, pero ejercerá su influencia a través de movimientos de fuerza o presiones
latentes y encubiertas.
El reconocimiento de los factores en juego implica la introducción de modelos de participación
y modalidades de conducción para los cuales las organizaciones y quienes las conducen suelen estar
escasamente preparados. Lo que se requiere sin embargo en cualquier situación de cambio que
potencialmente afecta los intereses de los grupos significativos de poder, es crear ámbitos públicos en
los cuales aquellos puedan ser discutidos y las resoluciones adquirir el carácter de políticas.
En organizaciones pequeñas de hasta 70 u 80 personas, los intercambios y negociaciones entre
el sistema de autoridad y el sistema político puede realizarse dentro del ámbito de un grupo amplio,
pero cuando el número de personas es superior o cuando además de presentar propuestas lo que se
necesita es elaborar políticas más minuciosas, se justifica la creación de un sistema de representantes
que permita tratar las propuestas más detenidamente.
En este aspecto de la problemática referida a sistemas y modelos de participación democrática
estamos aún en los comienzos. Personalmente, pienso que toda organización que tiene a su cargo la
realización de un proyecto y que reúne una cantidad significativa de personas para la realización de
ese proyecto, debe contar con un sistema representativo formado por miembros elegidos
democráticamente con el suficiente poder como para discutir políticas con las autoridades formales
tendiendo a la negociación de acuerdos. Entiendo que si esto se da, el desarrollo de dicha organización
es más firme y adquiere un carácter más participativo.
Esto supone una posición, que consiste en aceptar el conflicto de poder como un hecho
insoslayable; siendo que la confrontación de intereses y de formas de ver las cosas entre entidades
sociales o grupos que difieren en sus enfoques, constituye un motor riquísimo para el cambio. Por
supuesto que hay grados y niveles en que el conflicto deja de ser constructivo para ser desintegrador o
desgastante; pero esto ocurre frecuentemente cuando se lo trata de negar, suprimir, desconocer,
9
Jaques, E.: Trabajo, incentivos y retribución, Buenos Aires, Paidós, 1973.
10
Mendel, G.: Sociopsicoanálisis, Buenos Aires, Amorrortu, 1972.
11
Dahrendorf, R.: Class and class conflict in industrial society, Londres, Routledge and Kegan Paul, 1959.
12
Jaques, E.: A general theory of bueaucracy, Ob. cit., caps. XII y XIII.
reprimir o bloquear, no cuando se permite el despliegue abierto de intereses en juego. Para que esto
último sea posible se necesitan crear canales institucionales, de modo que el conflicto pueda manejarse
dentro de cánones previamente convenidos con la participación de todos.
6) El contexto
Los últimos desarrollos en teoría de la organización coinciden en señalar la importante
incidencia del contexto en la dinámica interna.
Por ser un ente semiautónomo, la organización depende funcionalmente de él.
La relación de intercambio dinámico que se da entre contexto y organización permite
discriminar distintos aspectos del contexto que afectan el desarrollo. En la última parte de este trabajo
me extenderé sobre el tema.
Como señalo más adelante, los últimos diez o quince años de la vida argentina contribuyeron a
advertir los efectos del contexto económico - político. Los fenómenos de crisis que suelen darse en las
organizaciones están relacionados con la influencia de un contexto turbulento amenazante. Las
organizaciones debieron transformarse o modificarse para evitar el riesgo de desaparición.
Los cambios abruptos ejercen en un primer momento un impacto desorganizador severo,
desorientan, aportan sensación de catástrofe. Los miembros reaccionan de esta forma frente a la
ruptura de la continuidad y frente a la imposibilidad de prever el futuro. Cuando como resultado de
una intervención organizacional se le ofrece a un grupo la posibilidad de reflexionar sobre el impacto
de los cambios, puede comenzar a recuperarse la continencia perdida.
El hecho implica el reconocimiento de la nueva realidad, la revisión de esquemas previos y,
como lo veremos más adelante, un duelo por lo que cambió y ya no existe. Suele ser recomendable en
dichas oportunidades el desarrollo de una actividad diagnóstica referida a las fortalezas y debilidades
de la organización frente al contexto. Esto reclama por otra parte un análisis prospectivo tendiente a la
recomposición de los límites de la organización13.
13
Pfeffer, J y Slancik, G. R. : The external control of organizations, Nueva York y Londres, Harper and Row,
1078.
PAIDÓS
1
Se utilizan los términos “amplitud” y “penetración” en el sentido con que los utiliza Etzioni, A.,
Organizaciones modernas, México. UTHEA/65.
2
Psicología institucional y pedagogía institucional. En ambos casos, el conocimiento resulta de las prácticas de
ayuda, asesoramiento, intervención (según las corrientes) implementadas en el establecimiento, en su dinámica
manifiesta y latente.
3
Para el tema de las representaciones sociales puede verse Moscovici (1976), ob. Cit.
4
En este sentido las estudian el derecho, la filosofía del derecho , la sociología en algunas de sus corrientes
teóricas, la antropología por ejemplo.
El otro aporte de interés proviene de las corrientes institucionalistas francesas, 5 que han
añadido el punto de vista dialéctico a la consideración de la dinámica de lo institucional, y proponen
discriminar en la operación concreta de las instituciones –como dimensiones complementarias
siempre presentes– lo instituido (lo fijo, lo estable) y lo instituyente (el cuestionamiento, la crítica y la
propuesta opuesta o de transformación).
Cuando el interés que orienta el empleo de los enfoques institucionales es –como en nuestro
caso– intervenir en la realidad para provocar algún tipo de impacto, el foco del análisis nos lleva
necesariamente de la consideración de las instituciones en sí, a la de la operación institucional.
En términos generales, las ciencias sociales y psicológicas tienden a acordar sobre la existencia
de diferentes ámbitos de complejidad en todo fenómeno humano. La especificación más utilizada en
este sentido es la que discrimina, en la realidad del hombre, la operación de lo individual, lo
interpersonal, lo grupal, lo organizacional y lo social general.
Cada ámbito llama la atención sobre un nivel de integración y complejidad del hecho en
estudio diferente de los anteriores advierte sobre la operación de variables que en los otros no eran
evidentes.6
El siguiente ejemplo ilustra con claridad el alcance de estas afirmaciones.
Cuando estudiamos la educación podemos observar, desde lo más circunscripto hacia lo más
amplio:
En cada caso nos habremos referido (en el mismo orden) a los ámbitos de análisis individual,
interpersonal, grupal, organizacional, social inmediato, social amplio.
Si la observación del sujeto que aprende se circunscribe artificialmente a él, deja sin revelar
multiplicidad de fenómenos. El valor de intermediario afectivo (entre él y el que enseña) que reviste el
contenido y el éxito en su aprendizaje sólo se ve cuando nuestro objetivo abarca el ámbito
interpersonal. La incidencia que sobre él se ve cuando nuestro objetivo abarca el ámbito interpersonal.
La incidencia que sobre él tiene la pertenencia a un subgrupo en competencia o pacto con otros y su
efecto disociador o facilitador del aprendizaje, sólo se advierten si extendemos nuestra observación al
campo grupal. El modo como el aprendizaje varía y es utilizado como manera encubierta de
aprobación o cuestionamiento a la autoridad de los docentes y a la existencia de la escuela, o la
medida en que la fantasmática circulante inhibe la posibilidad de comprender y pensar sólo se percibe
cuando ampliamos nuestra mira par abarcara el establecimiento. La forma como con su fracaso escolar
el sujeto cumple el “mandato” social (inconsciente) de su grupo social, que se resiste a la integración, o
la medida en que su éxito estaba prenunciado por su pertenencia a una clase dirigente o marginada,
sólo se advierte si ubicamos al sujeto en ámbitos sociales más amplios.
Dicho de otro modo, no enfrentamos al desafío metodológico y conceptual de dar cuenta de
hechos que sufren una clara multideterminación: la que proviene de los individuos en sus
características constitucionales y aprendidas; las que originan la existencia de modelos, pautas y
significados en la interacción de los grupos y las organizaciones por su dimensión situacional e
histórica, y la que proviene de la realidad material en su doble carácter de condición e instrumento.
El análisis de estos hechos, en la medida en que nos vemos compelidos a encontrar relaciones
de sentido, ha aportado a lo largo del tiempo información sobre ciertas recurrencias de significado.
Los estudios institucionales, en particular y según las corrientes teóricas preponderantes en sus
marcos referenciales, han llamado reiteradamente la atención sobre dos ejes de significación que
5
Son de interés los estudios de Loreau (1975,1977), Lapassade (1974,1977,1980) y Barbier (1977).
6
José Bleger hace una presentación de esta problemática en su obra Psicología de la conducta, Buenos Aires,
EUDEBA, 1964.
aparecen reiteradamente en los materiales: los conjuntos de las significaciones psicoemocionales y de
las significaciones políticas.
El primero está vinculado a significaciones provenientes del mundo interno de los sujetos que
se activan en la interacción según sus condiciones materiales y organizacionales.7
El segundo está relacionado con significaciones derivadas de la ubicación del sujeto en la
trama relacional de los sistemas de poder y de las peculiaridades de los sistemas mismos.8
El avance de la investigación y la práctica encuentra lo institucional sirviendo como trama de
articulación entre ambos niveles de significado.
La presencia de lo institucional –el conjunto de representaciones y concepciones que expresan
la operación de las normas y la penetración de los establecimientos relevantes para los individuos– da
carácter y explica (por lo menos en niveles satisfactorios) los rasgos de los movimientos grupales y
organizacionales. Es posible incluso, considerar a esta dimensión como organizador de los
significados de ambos tipos y, por consiguiente, como núcleo explicativo de los procesos de
permanencia y cambio en los diferentes ámbitos mencionados.
Considerada de este modo, la dimensión de lo institucional adquiere nuevas características.
Las significaciones psicoemocionales y políticas tienden a ligarse en configuraciones –
parcialmente conscientes–que resiten la expresión en los niveles manifiestos del comportamiento. La
peligrosidad que para los sujetos reviste la elucidación, la expresión, la “puesta sobre tablas” de
ambos tipos de significado se vincula a la operación de prohibiciones y sanciones relacionadas con la
protección de estilos sociales e institucionales y con el riesgo que representa la liberación de
tendencias instituyentes.
En la intimidad de todas las formas de agrupación y en la de los individuos parece existir el
conflicto provocado por la tendencia a encubrir o develar las significaciones, que han sido objeto de
represión psicoafectiva o sociopolítica.
Basados en los aportes de la escuela francesa, podemos decir que lo institucional –en su papel
de articulador de ambos tipos de significación– es la dimensión del comportamiento humano que
expresa en el nivel concreto la dialéctica de ese conflicto o, dicho de otro modo, la tensión entre las
tendencias a proteger y a cambiar lo establecido.
Nos ocuparemos brevemente del modo como las instituciones se convierten en dimensión
inconsciente del comportamiento de los individuos y juegan en su intimidad la dialéctica aludida.
7
Estas significaciones han sido especialmente estudiadas por la psicología institucional y el psicoanálisis
aplicado, Freud (1986), Bion (1963), Jacques (1960), Bleger (1964), Ulloa (1969), Kaës (1977).
8
Especialmente estudiados por la sociología de las organizaciones, el socioanálisis y el análisis organizacional.
Véase, entre otros, Etzioni (1965), Loreau (1975, Mendel (1972), Castoriadis (1978).
En la categoría condiciones quedan incluidos –dada una situación– todos aquellos aspectos
preexistentes al fenómeno en estudio, que establecen con él alguna relación de determinación.
En la categoría resultados deben incluirse el fenómeno en estudio y aquellos otros aspectos que
aparecen como derivados de esas condiciones. Convencionalmente, el término “resultados” se usa
para aludir a aspectos u objetos derivados de la producción institucional en los niveles material y
simbólico. Incluyen los productos institucionales vinculados a los fines: aquellos destinados a
asegurar el cumplimiento eficaz de la tarea y los resultados de la participación.
Una visión concreta de la realidad de las instituciones muestra que los resultados “entran” al
circuito de la vida institucional como condiciones en sí y en su calidad de prueba de potencia,
cumplimiento de mandatos y fuente de valoración social.
Esta perspectiva mostrará también que los aspectos considerados condiciones son, en muchos
casos, resultado de la acción institucional del mismo establecimiento o de otras instituciones de la
comunidad.
Aun los aspectos que parecen más independientes de la acción del hombre –la geografía, por
ejemplo– funcionan como resultados en aquellas circunstancias en que alcanzan sentido por haber
sido objetos de transformaciones materiales y simbólicas, y funcionan como objeto de significación
para los individuos y en la trama de relaciones sociales.
Cuando hablamos de estilo institucional aludimos a ciertos aspectos o cualidades de la acción
institucional que, por su reiteración, caracterizan al establecimiento como responsable de una cierta
manera de producir, provocar juicios e imágenes, enfrentar y resolver dificultades relacionarse con el
mundo material, interpersonal y simbólico, mantener ciertas concepciones, etcétera.
El concepto de estilo procura servir para dar cuenta de los aspectos dinámicos del
funcionamiento institucional. De cierto modo, es la contracara del concepto de cultura institucional.
Alude a la recurrencia del modo de resolver problemas en diferentes áreas críticas y a la configuración
consecuente de una serie de rasgos que se presentan como constancias y permiten generar la
impresión de un “orden natural” de las cosas. Su consolidación en el tiempo se traduce en la
“entrada” de esos rasgos al modelo institucional y en la incorporación de sus fundamentos en el
conjunto de concepciones que constituyen la ideología del establecimiento.
Nos ha resultado útil incluir operacionalmente en la descripción del estilo:
Modos de producción: técnicas, modelos que orientan la acción, imágenes que controlan
los desvíos (se internalizan en el proceso de socialización institucional), ciclos;
Modos de reaccionar frente a las dificultades: técnicas para diagnosticar, plantear las
dificultades como problemas, definir necesidades, hacer planes para probar alternativas
de acción, gestionar, evaluar, etcétera. Maneras defensivas de reacción;
Formas de percibir y juzgar la realidad, en especial las situaciones vinculadas al trabajo, al
medio externo y a las interacciones;
Modalidades de comunicación e interacción en los niveles formales, informales y
emocionales.
Modalidades de distribución de poder y responsabilidades;
Modalidades de control y distribución de conocimiento.
Creo que es obvio llamar la atención sobre las dificultad de captar el estilo institucional de un
establecimiento. Supone haberse acercado con suficiente profundidad a su idiosincrasia y nos plantea
dificultades adicionales.
El conocimiento de un establecimiento institucional puede producirse a través de varios
caminos: la observación directa de su vida cotidiana, el análisis de la información que proporcionan
sus documentos y su personal, el estudio de los registros y datos con los que controla su tarea, el
análisis de sus resultados. Estas son sólo algunas de las vías disponibles.
Sin embargo, el procedimiento no es tan simple si en nuestra expectativa está avanzar sobre la
mera descripción de lo formal y manifiesto, para adentrarnos en el nivel de las significaciones y los
“no dichos” institucionales.
El acceso al conocimiento de lo institucional en esos niveles –especialmente en los que tienen
que ver con las dimensiones socio-políticas y psicoafectivas de la vida del establecimiento– se verá
obstaculizado por lo menos por tres tipos de dificultades:
Los analizadores
Me detendrá sólo en los recursos disponibles para enfrentar el tercer tipo de dificultad.
Disponemos par el análisis de lo institucional de una herramienta central: los analizadores.
Un analizador es un dispositivo artificial –un microscopio, un ecualizador, etc.– o natural –el
ojo, el cerebro– que “produce la descomposición de una realidad en sus elementos sin intervención del
pensamiento consciente” (Lapassade, 1974).
El concepto –que proviene de las ciencias exactas y naturales– es utilizado en las áreas
institucional y psicológica y para designar tanto acontecimiento y hechos no programados como
técnicas expresamente diseñadas para provocar la expresión de un material que permite desentrañar
significaciones antes ocultas. Los tests, las entrevistas, las encuestas, en general cumplen la función de
analizadores. Desencadenan la aparición de un material no controlado que expresa el estilo y la
idiosincrasia del que lo produce.
Hechos considerados anómalos en la vida de una institución tienen este carácter tanto como
otros que, tomados como rutina, develan rasgos de la idiosincrasia institucional. De modo diferente,
un modelo o un esquema conceptuales aplicados a una masa de datos operan como analizadores, y en
esa posibilidad está su máximo valor.
Algunos otros recaudos afianzan la posibilidad de alcanzar alguna confiabilidad en este tipo
de conocimiento.
Cada hecho o conjunto de datos, cada situación de una realidad institucional particular, deben
ser analizados en todos los ámbitos de expresión (individual, interpersonal, grupal, organizacional y
comunitaria), desde el punto de vista de todos los actores (la síntesis de la mirada de todos nos da
aquello que es único pero colectivo y que expresa la idiosincrasia del establecimiento), en la trama de
significaciones develadas por esa síntesis pero a la luz de sus sentidos universales y sociohistóricos
particulares.
Los esquemas referenciales que nos sirven de marco conceptual para el análisis deben aceptar
la contradicción y los diferentes significados de un mismo hecho. No sirven en esta área los esquemas
unidireccionales o monocausales. En el análisis de los institucional, el esquema conceptual debe servir
de analizador y ordenador, no de filtro de los sentidos múltiples.
La confrontación de hipótesis e interpretaciones con otras ajenas a la institución y con sus
miembros es un paso indispensable en el proceso de este conocimiento.
En síntesis, la metodología más adecuada para alcanzar comprensión de este campo es el
análisis institucional como práctica de trabajo con los actores institucionales.
Aun cuando el intento se haga dentro de un diseño de investigación convencional, no
encontraremos modo de obviar la confrontación de nuestro pensamiento con la experiencia y el
conocimiento que del establecimiento tienen sus propios miembros.
En los apartados que siguen desarrollaremos ideas sobre diferentes aspectos de un
establecimiento institucional con el objeto de constituir un esquema que sirva para analizar y ordenar
los significados de diferentes materiales institucionales.
Con el propósito de respetar el modo de abordar el conocimiento en la práctica del análisis he
organizado la exposición haciendo referencia a tres propósitos básicos:
En el segundo y tercer puntos procuraré incluir con mayor desarrollo algunos resultados de la
investigación que creo de interés.
En nuestro modelo teórico, la interacción de los componentes básicos a lo largo del tiempo
arroja como resultado una serie de productos materiales y simbólicos que, en forma genética,
llamamos cultura institucional.
Con fines sistemáticos podemos hacer una enunciación simplificada de los productos
culturales, según diferentes grados de complejidad y distancia respecto de las condiciones básicas.
– Objetos materiales: Resultan de las distintas tareas o son requeridos por ellas.
– Lenguaje. Asigna sentidos privados al lenguaje público.
– Representaciones de distinta figuración acerca de la institución, sus aspiraciones, sus fines,
sus logros, sus valores, sus tareas, los diferentes roles , y cada uno de sus componentes
centrales.
– Producciones simbólicas con variado grado de estructuración: mitos sobre el origen,
leyendas, “novelas” sobre los fundadores, los personajes típicos y los famosos,
anecdotarios, etcétera.
– Conocimientos. Derivados de la conceptualización de la experiencia en los niveles
instrumentales, organizativos y sociemocionales.
– Concepciones. En especial, las referidas a los aspectos centrales de la tarea institucional.
– Concepciones sobre los resultados posibles y deseables; sobre buenos y malos alumnos y
docentes; sobre las relaciones pedagógicas adecuadas; sobre la importancia de los
diferentes contenidos; sobre el papel formativo de diferentes relaciones y actividades;
sobre las mejores formas de aprender y enseñar, etcétera.
– El modelo institucional. Derivado en parte de los modelos generales, recibe y expresa las
características elaboradoras en la historia propia del establecimiento, y los niveles de las
formas de funcionamiento deseadas. Incluye:
Supuestos acerca del modo como se dan los procesos implicados en la tarea institucional
(enseñanza y aprendizaje);
Definición de modos de ser y actuar en distintos roles elaborados en función de los
supuestos anteriores y del modo como se concibe el valor del conocimiento y las funciones
de los actores implicados;
Definición de un ámbito de operación: ¿dónde se educa, en el aula, en el ámbito que crea
la vida institucional, en la relación con la comunidad?,
Definición de un encuadre de la tarea en términos de poder-autonomía (directivo-no
directivo-autogestivo): en términos de tipo de comunicación (presencial, a distancia,
mixto);
Definición de una forma y estilo de control: qué, a quién y cómo se controla; amplitud y
penetración del control deseado;
Definición del tipo de resultados valorados;
Caracterización de la institución deseada. 9
9
Es de interés la caracterización de los niveles de la organización que hace Schlemenson, 1987, op. cit.
Puede también trabajarse con la obra clásica de Lobrot, M. , Pedagogía institucional, Buenos Aires, Humanitas,
1974, sobre la significación psicosocial de la organización burocrática y sobre el papel de las ideologías.
La lectura de Mendel. La rebelión contra el padre, Barcelona, Península, 1944, constituye un aporte valioso para
profundizar este análisis.
– La ideología institucional. Conformada por la organización de concepciones y
representaciones que justifican el modelo y el estilo que éste expresa. Incluye:
Al sostener que lo que hace la escuela es lo mejor que se puede hacer en sus circunstancias, la
ideología institucional funciona como fuente de legitimación del modelo y de los resultados
institucionales.
Es sus contenidos atiende a incorporar una serie de ideas sobre los sujetos que se educan y sus
probabilidades de desarrollo; sobre le papel y las posibilidades de la escuela y los maestros de tener
éxito en sus esfuerzos; sobre su responsabilidad y posibilidad de influir respecto del medio social en la
que está inserta, en fin, sobre la importancia y valor de la educación.
Estructura además, articulándose, las representaciones que acompañan a estas ideas y define
así un nivel simbólico indispensable de comprender para reconocer los significados que adquieren los
sucesos institucionales.
Existe en cada establecimiento escolar un conjunto de estas representaciones –acerca de la
institución y sus diferentes componentes– que combinan las imágenes generales –el maestro, por
ejemplo– con aquellas que expresan el registro de hechos o personas particulares; el mejor maestro
que tuvo la escuela, o el director más conflictivo; el mejor alumno; el que después fue senador, o
diputado, o juez o ....
Estas concepciones y representaciones se diferencian de las del primer nivel de complejidad,
en primer lugar, porque tienen mayor contenido idiosincrático, pero sobre todo porque estructuran un
conjunto que, además de sostener y legitimar modelo y resultado, procura sostenerse a sí mismo por
la congruencia entre sus afirmaciones (no verdaderas con respecto a la realidad sino en relación con
las otras que la sostienen).
Dentro de ese conjunto, algunas de las concepciones y representaciones conforman
producciones simbólicas complejas con un poder organizador especial 10 . Tienen ese carácter el
conjunto de registros, sobre el origen, las vicisitudes e hitos históricos y sus protagonistas que se
expresan en la novela institucional y el conjunto de registros sobre el estilo de hacer, percibir, juzgar,
que configuran la identidad institucional.
–La novela institucional. Es una producción cultural que sintetiza el registro que se tiene del
origen y las vicisitudes sufridas a lo largo del tiempo, haciendo particular referencia a acontecimientos
críticos y a las figuras de mayor pregnancia en la vida institucional: “personajes”, “héroes” y
“villanos”.
En sus niveles más profundos, la novela institucional de indicios de la manera en que se
resolvieron sucesivas crisis provocadas por la exacerbación de contradicciones fundantes y se
convierte en un verdadero código de significación que provee de nuevos sentidos al modelo y la
ideología institucional y permite captar con mayor alcance el porqué de su lenguaje y de la pregnancia
simbólica de sus ambientes y objetos.
Para los sujetos, esta construcción ofrece un patrón para asignar significados a los sucesos que
les resultan difíciles de comprender y les causan sufrimiento. En ese sentido su lógica proporciona
datos sobre la índole de las defensas cuyo uso queda facilitado en el ambiente institucional y permite
estimar el grado en que es probable obtener la develación de los no dichos institucionales. Y esto, en
particular, porque la novela institucional incluye entre los hechos que narra un nivel de sucesos no
dichos que pertenecen a su misma trama y tienen mucha más sugestión que los que efectivamente se
mueven en el nivel real.
10
Teniendo poder organizador aquellas construcciones culturales que definen los límites de lo permitido y lo
prohibido, lo posible y lo imposible y que, por consiguiente, toman un papel destacado en la referencia de los
actores institucionales para el desempeño en general y la toma de decisiones en particular.
–La identidad institucional constituye una definición consensuada de lo que el establecimiento
es, a la que concurren a) la definición de su función tal como está expresa en el proyecto y el modelo
institucional; b) la definición de lo que ha sido, tal como lo testimonia la novela institucional, y c) la
definición de lo que va siendo según queda visto en las recurrencias de la acción que conforman su
estilo.
En última instancia, puede ser vista como el núcleo protector de la idiosincrasia y el reducto
más profundo de la defensa contra la irrupción de estímulos que atentan contra el statu quo.11
La operación del tiempo sobre la interacción de los componentes básicos, muestra, por un
lado, la progresiva construcción de niveles cada vez más complejos de la cultural institucional.
Evidencia, además, que en unidades de tiempo amplias un establecimiento institucional lo
sigue siendo porque logra absorver impactos de cambio al mantener invariantes las características que
lo definen. Esta características invariantes conforman su identidad institucional (Etkin y Schvarstein,
1989).
Estos autores consideran componentes de la identidad de las organizaciones aquellos aspectos
cuya modificación significa la aparición de otra organización: tiempo, tamaño, localización, tipo de
producto, ciclo de vida del producto o servicio que presta, relación, costo-beneficio, relaciones con
otras instituciones, influencia sobre el entorno, necesidades sociales que satisface, instituciones que la
afectan. Señalan también la existencia de grados de autonomía que definen como la capacidad
institucional para mantener las invariantes referidas a la identidad, a pesar de los cambios del
ambiente (produciendo adaptaciones y reestructuraciones).
Es posible ver los diferentes componentes de la cultura institucional como garantes de esta
autonomía por su función de filtro o tamiz a los estímulos disruptivos.
Esta idea ha sido ya presentada en el capítulo anterior. Bastará aquí un presentación sintética
para completar el sentido de los componentes básicos y derivados de los establecimientos educativos.
Esto significa que un resultado cualquiera no deriva en forma directa de ciertas condiciones.
Por ejemplo, el bajo rendimiento de los alumnos de una escuela no deriva directamente de sus pobres
recursos o de la baja estimulación social e intelectual que han recibido. Las condiciones, en su
influencia, sufren la intermediación del estilo institucional, de modo que las mismas condiciones son
recibidas, interpretadas, valoradas y respondidas de formas, a veces, diametralmente opuestas, en
establecimientos diferentes.
El estilo institucional representa, por otra parte, la mejor respuesta que los miembros del
establecimiento han podido dar a las contradicciones constitutivas de su funcionamiento.
Por eso, es fuertemente defendido y se convierte en objeto preferencial de vinculación.
Las producciones culturales que ubicamos en el segundo nivel protegen el estilo y, con él,
la forma singular de cumplir con los fines institucionales, manteniendo invariantes las
condiciones vinculadas a la identidad del establecimiento.
La existencia de un modelo institucional se hace evidente al observador en el análisis de los
criterios en los que la gente basa sus decisiones. El modelo es una creación cultural
sofisticada que permite a la escuela preservar su idiosincrasia al fijar una selección de
aquellos hechos, características, sucesos, que puedan o no ser tolerados en su ámbito.
Tiene crucial importancia en la recepción de innovaciones que tienden a afectar los niveles
instrumentales de la acción.
11
Diferentes autores discriminan en este punto lo que podríamos designar identidad real, deseada, supuesta,
necesaria, etc. Pueden consultarse las obras ya citadas de Schlemenson (1987), Lobrot (1974), y de Etkin y
Schvarstein, Identidad de las organizaciones, Invariancia y cambio, Buenos Aires, Paidós, 1989.
En términos generales, la ideología institucional preserva el modelo y la realidad que éste
expresa de cuestionamientos que pueden conmover la certeza de los individuos respecto
de su adecuación, su capacidad, su potencia. Protege, además, el tipo de transacciones que
se ha hecho para resolver contradicciones constitutivas y demandas paradójicas del
ambiente.
EDUCACION y ESCUELAS...
La Educación es una función humana y social. Está presente en todo grupo o sociedad; posibilita
su continuación y cambio a partir de la socialización.
Para el individuo singular la educación es el proceso que le posibilita, o no, su humanización; su
transformación en un sujeto social identificable como miembro de su grupo y su cultura. A su vez, le
posibilita, o no, su individuación en términos de formar su identidad y construir su proyecto
histórico personal.
Hoy la educación está, también, asociada al crecimiento económico y al desarrollo social. Es un
valor agregado esencial a la producción de bienes y servicios; un camino, el único básico, para el
desarroDo de la ciencia y la tecnología. La calidad de la vida humana, en términos de salud,
seguridad, integración, creación cultural y proyectos de futuro, depende cada vez más de programas
educativos que abren el acceso á1 conocimiento, la información y la formación en valores que sos-
tienen como meta la defensa de la vida y los derechos humanos y sociales. La educación es también la
herramienta en la lucha por la preservación del medio ambiente.
Así la educación siempre existió. Buena o mala pero educación al fin. Es una función
transhistórica.
La educación como función transhistórica, junto con el lenguaje, el parentesco, el trabajo y la
producción, forman parte de los cuatro organizadores fundantes de toda sociedad humana. Quizás
por esta condición de proceso fundante, del sujeto como de la sociedad y la cultura, se apela a la
educación con demandas contradictorias: es condición necesaria de todo desarrollo humano y social
ya la vez causa de su fracaso.
Más allá de esta paradoja, la educación es un objeto de estudio e intervención del que se ocupan
todas las ciencias sociales y humanas; también es una cuestión de muchísimos opinantes: políticos,
líderes sociales, empresarios, organizaciones no gubernamentales, asociaciones voluntarias de
asistencia y auto ayuda. Es un núcleo dramático de la vida cotidiana de las familias y los individuos
en la resolución de sus necesidades básicas de sobrevivencia y existencia, de ser y proyectarse.
En síntesis, una cuestión compleja y siempre abierta: "cuestión de Estado", "cuestión de poder", "
cuestión de utopías e ilusiones".
La escuela es una institución. Un modo particular histórico de organizar la educación; un modelo
de formación humana.
La escuela es la institución EDUCATIVA hegemónica de la modernidad. Su historia tiene más de
tres siglos. Hegemónica quiere decir que absorbió y desplazó otras instituciones educativas anteriores
o contemporáneas a ella: a la familia, la iglesia, el taller, los ejércitos, etc. como instituciones
educadoras dominantes. A este proceso lo llamamos institucionalización. Porque la escuela -y con
este término englobamos a todos los tipos de establecimientos- se instituyó de tal modo que impregnó
con su modelo, como si fuera un paradigma, la vida social y cultural, haciendo difícil reconocer otras
formas educativas no escolares. A este proceso lo denominamos escolarización.
Cada vez se escolarizan más etapas de la vida humana, desde recién nacidos (guarderías) hasta
adultos (escuelas para adultos) y ancianos (universidad de la Tercera Edad) . Cada vez más funciones
se incorporan a la escuela: alimentación, asistencia sanitaria, orientación a padres. Cada vez más el
aprendizaje de prácticas sociales, recreativas, políticas. . . son sometidas al modelo escolar.
Esta institución se expande cada vez más; se hace universal, planetaria. Conforma sistemas, los
sistemas educativos de gran tamaño y complejidad. Escolariza las sociedades, les pone su sello.
Monopoliza la asignación de acreditaciones educativas (titulaciones), crea rutas escolares de larga
duración, genera profesionales y especialistas, burocracias que las administran... Da origen a su propio
mercado (mercado escolar), desarrolla subsistemas económicos (editorial, de servicios de transporte,
de alimentación, de informática, de apoyo).
Tal ha sido su desarrollo en este siglo que hasta podemos atribuirle un origen divino: producto de
dioses o demonios pero del orden de lo sagrado.
Sin embargo, al final del siglo XX la escuela está conmovida por una profunda crisis institucional;
quizás se trata de crisis reflejas de las crisis en las formaciones sociales capitalistas que le dieron origen
y posibilitaron su institucionalización. ¿ Cuál será el perfil institucional de las escuelas del futuro? .
Hasta no hace mucho tiempo educación y escuela eran representados como sinónimos. Para la
mayoría de la gente hablar de los problemas de la educación era hablar de los problemas de la escuela.
Hoy es claramente reconocible una pérdida de las tradicionales funciones de los sistemas
educativos -las funciones de formación ideológica, de recursos humanos para el trabajo o la formación
de dirigentes por ejemplo- reemplazados por otras agencias y medios (las empresas mismas o los
medios de comunicación entre otras).
La caída de la absoluta hegemonía de lo escolar en la educación de la niñez y los jóvenes es otro
hecho reconocible. En los discursos de especialistas y políticos se aprecian exhortaciones a recuperar la
función educadora de la familia, la comunidad, el medio natural, el arte, la literatura y, por cierto, los
nuevos dioses del siglo xx: Internet y los mercados.
¿Producirán las escuelas una reingeniería de funciones, de los modos de organizar lo pedagógico
y el trabajo, de dirigir, evaluar y acreditar?
Muchas preguntas. Buscar respuestas y anticipar las tendencias de las transformaciones por venir
requiere pensar sistemáticamente la cuestión institucional de la educación y las escuelas. Para hacerlo
necesitamos producir conocimientos enlazando conceptos con la observación empírica; construir
datos, analizarlos. Los textos que siguen contienen simplemente conceptos.
No obstante, este reforzamiento que proviene de la instancia social, la autonomía de este orden no
es absoluta y su poder organizador de la institución, las prácticas o la vida de los sujetos no es total.
Es cierto que los sujetos y los colectivos pueden dejarse dominar por este orden (a veces
necesitan que así sea), que enajene completamente sus prácticas pero, es cierto también que hay
sujetos y grupos que pueden someter este orden a la reflexión y la crítica simbolizante y lúcida.
Esto es posible porque los individuos en tanto SUJETOS, sujetos sociales, sujetos psíquicos,
sujetos proyectados históricamente, no son pasivos. Toman POSICIONAMIENTOS en relación a las
funciones que desempeñan, a las relaciones que los involucran. Intervienen activamente,
posicionándose, a partir de su capacidad singular de producir sentido y de RESIGNIFICAR
introduciendo la SUBJETIVIDAD.
Subjetividad que aparece en qué y cómo se piensa, en qué y cómo se vivencia. En los datos de la
realidad institucional que se perciben y en los que se ignoran; en la atribución de significación a lo que
se percibe, de valores y afectos; en los deseos (o la ausencia de ellos) como intenciones de hacer o no
hacer.
Los sujetos pueden posicionarse en el silencio, con la no participación, quedándose afuera; con la
crítica o la transgresión. Pueden posicionarse conflictivamente o de modo ambiguo. También puede
ser que sus posicionamientos, variables y contradictorios, privilegien una instancia: lo social, lo
político e ideológico, lo afectivo, lo profesional y técnico, etc. Puede posicionarse desde su
identificación (más fuerte) con otras instituciones (la familia, la iglesia, el credo).
Puede posicionarse privilegiando la subjetividad intrapsíquica, o desde sus síntomas; o el modo
más frecuente, desde el conflicto de dos o más de estas instancias. Es decir que lo domine un
posicionamiento conflictivo, circunstancia que incrementará su malestar, e incluso, introducir
conflictos institucionales. Precisamente mis materiales de investigación en instituciones educativas
muestran que ésta es la modalidad más frecuente del posicionamiento dentro de ellas; de docentes
como de alumnos y estudiantes.
Esta relativa autonomía de los sujetos para posicionarse en su rol a partir de registros
intersubjetivos e intrasubjetivos, que llegan a contradecir lo esperado desde el orden simbólico, es lo
que hace que, con tanta frecuencia, los colectivos institucionales perciban y crean que es la perso-
nalidad de los actores (y su locura) lo más determinante de los climas y funcionamiento
institucionales.
Aceptar estos supuestos, muchos confirmados por los datos, implica reconocer que allí donde
suponemos unicidad, homogeneidad, hay heterogeneidad, diferenciación. Más allá por cierto de la
intención de toda institución que tiende y busca esa unicidad, y se rechaza la heterogeneidad.
Hacerse sujeto (sujetado a la cultura) es una construcción en la que el proceso de
SOCIALIZACIÓN ocupa un lugar central. Socialización mediatizada por las instituciones (lenguaje,
familia) que al ser común a una sociedad ya una época, al estar atravesada por el orden simbólico
social, genera sujetos que comparten zonas de identidad común, zonas de homogeneidad.
"Los otros, el prójimo, en estas condiciones, no es más que "otro nosotros mismos", un doble, que
debe experimentar sentimientos análogos a los de cualquier participante de la cultura y conducirse
según un modelo común" (Enríquez, E.- pág 43- ob. cit.). Sin este proceso las instituciones, las
relaciones o las instituciones mismas serían imposibles. Identidad mínima, de código y significación,
sin la cual tampoco es posible la diferenciación singular .
Porque los sujetos son activos en generar sentido, tanto en la producción "de sucesos
institucionales como en su reconocimiento, es posible comprender por qué ante un orden simbólico
unívoco en el sistema educativo, cada unidad institucional, cada establecimiento, reconstruye y
resignifica, produciendo redes simbólicas singulares; tramas relacionales propias, cultura y dinámica
escolar diferenciada. En síntesis una . "marca" (¿identidad?), un perfil institucional que nos hace
afirmar, y verificar , que no hay "dos escuelas iguales" .
Introducción
Parece oportuno aclarar algunos puntos en relación al trabajo mediante una breve introducción.
En primer término acerca del título. He optado por "Psicología de las instituciones. Una
aproximación psicoanalítica". Con ello he seguido la idea de Freud, quien llamó "Psicología de las
masas" a su clásico trabajo. Pero, además, lo he hecho así porque estando este trabajo en la categoría
de trabajo aplicado, me pareció importante mantener una cierta distancia entre el objeto: las
instituciones, y el intento de comprenderlas psicológicamente desde una perspectiva psicoanalítica.
Entendiendo que aún me es prematuro obviar lo de aproximación para hablar de psicoanálisis de las
instituciones.
Por otra parte, estrictamente, éste no es un trabajo aplicado si por aplicado entendemos la no
modificación real del campo sobre el que se aplica el conocimiento psicoanalítico, antes bien, este
trabajo está hecho en base a experiencias que implicaron operaciones reales para provocar cambios en
las instituciones sobre las que fueron realizados.
En este sentido constituye más un intento de teorizar una práctica, que de practicar una teoría. De
cualquier manera este intento está hecho desde una perspectiva metodológica y conceptual
psicoanalítica respetando el hecho obvio de que trabajar en un campo con las características de lo
institucional, no es lo mismo que trabajar con un paciente en el tradicional encuadre de un tratamiento
psicoanalista, no siendo legítimo ni posible la mera extrapolación de conceptos y técnicas de un campo
a otro.
Lo anterior justifica una vez más el empleo del término aproximación psicoanalítica dado a este
trabajo.
Por otra parte, si bien una comprensión exclusivamente psicoanalítica del fenómeno institucional
ofrece notorias dificultades y limitaciones, me he propuesto explícitamente que ese sea el ángulo de
vista con el que he realizado este trabajo, lo cual explica la prescindencia en general de conocimiento y
métodos provenientes de disciplinas que como la antropología y sociología cuentan con una valiosa y
específica tradición en este campo.
No obstante, es obvio que una adecuada cooperación interdisciplinaria deberá enriquecer a las
disciplinas que intervengan e incrementar el conocimiento científico de las organizaciones
institucionales.
Tal vez convenga aclarar algo más a cerca de otro problema: el término instituciones. Es un
concepto algo ambiguo, pues tanto puede designar un proceso de institucionalización en el sentido de
racionalizar y estabilizar conductas inicialmente de predominio emocional, como designar una
organización social con el alcance que habitualmente tiene este término, o sea, un organismo con una
geografía y una ordenación del tiempo y de las responsabilidades; con objetivos a alcanzar y medios
racionales para tal fin. Todo regulado por un código y por normas de naturaleza implícita y explícita.
La designación más adecuada parece ser entonces la de organizaciones institucionales.
No obstante, esto no aclara del todo el concepto y, aunque no es mi intención abordar aquí este
asunto, creo que una breve ordenación de las instituciones desde la perspectiva de lo que es mi interés
en esta investigación -la salud mental- contribuirá a ubicar a lo institucional como objeto de estudio
psicoanalítico.
Explícitamente no uso el término clasificación en la ordenación que sigue, pues la misma carece
del rigor y amplitud necesarios para tal nombre.
Está ordenación está hecha poniendo énfasis en la situación en que se encuentra el hombre en
cada ítem institucional mencionado y en la modalidad o figura patológica más frecuente para cada
tipo de institución.
A): -instituciones que se ocupan del hombre enfermo o disminuido.
De una manera general el individuo está aquí en una situación regresiva (en el sentido que este
término tiene en psicoanálisis). La figura o modalidad patológica más común es el predominio de la
supresión sobre la elaboración de la enfermedad.
E): -instituciones que se ocupan del hombre aprendiendo.
De una manera no rigurosa podemos decir que aquí el individuo está en una situación progresiva
de crecimiento en su área emocional e intelectual.
La figura o modalidad patológica más común en estas instituciones es el predominio del hábito
sobre el aprendizaje.
C): -instituciones que se ocupan del hombre trabajando.
Supuestamente aquí el hombre se encuentra en situación de haber alcanzado su madurez.
Sus figura o modalidad patológica más común es la alineación en el sentido sociológico del
término, o sea, el drenaje y, empobrecimiento de la condición humana y de las trasvasación de esta
condición al producto manufacturado.
D): -Un cuarto ítem en este ordenamiento podría ser las instituciones de tiempo libre. Posibilitan
en el hombre la situación de placer y de reflexión intelectual. En el tiempo libre se generan
predominantemente los cambios individuales y sociales.
Se puede mencionar como figura patológica el progresivo estrechamiento de este tiempo invadido
por el tiempo reglamentario y su desjerarquización en el "hobby" compensatorio de la frustración
proveniente de la labor diaria.
La anterior ordenación indica cuál es el interés principal que encuentro en investigar en este
campo como psicoanalista: la salud mental desde una perspectiva psicoprofiláctica.
Entre los psicoanalistas argentinos algunas de las ideas y trabajos de E. Pichón Riviere y de
J.Bleger están en esta línea. Otro tanto puede decirse de conocidos trabajos de Bion y de E. Jacques.
Este último autor además, ha señalado cómo el conocimiento del objeto institucional enriquece y
consolida muchos conceptos psicoananalíticos y da la oportunidad de examinar con gran aumento y
por muchos observadores simultáneamente, fenómenos que se dan en microescala en el secreto de la
consulta.
Interesa pues este campo, no sólo desde una perspectiva de la psicohigiene en la medida que se
ocupa de los sistemas institucionales enfermantes, sino que estos sistemas cuando aparecen
perturbados, y representando la externalización de los conflictos internos de los individuos, podemos
considerarlos -como sostiene E. Jacques- sistemas defensivos frente a la angustia.
El estudio de estos sistemas defensivos traducidos en pautas institucionales, contribuye a
esclarecer la naturaleza de la enfermedad
Finalmente, en esta introducción debo aclarar que la reserva profesional, tan estricta en este
campo como en un consultorio, con la dificultad sobre agregada de resultar casi imposible abundar en
detalles sin identificar la situación, me ha llevado a ejemplificar sólo con situaciones fragmentarias y,
sobre todo, a referirme sólo a aquellas observaciones que a lo largo de diferentes experiencias han
mantenido tal regularidad que de por sí tienden a perder especificidad, pasando a adquirir la
significación de teorías generales.
Esto último justifica la clásica advertencia de que cualquier parecido es mera universalidad. Pero,
no obstante hablar de algunas observaciones más o menos regulares, este trabajo no va más allá de un
comienzo tendiente a describir un esquema teórico elemental para el abordaje y comprensión del
objeto institucional. Sugiere también algunos pasos metodológicos para tal abordaje.
Será ésta una reseña introductoria acerca de los principales puntos de referencia con que se puede
contar para comprender la dinámica y la estructura de un objeto institucional. Estos puntos de
referencia constituyen guías útiles para que un observador especializado puedan de entrada dirigir
eficazmente su atención en el abordaje de este objeto. Esta es la utilidad que espero cumpla también
aquí esta reseña.
Toda institución está organizada básicamente sobre tres distribuciones. Distribución espacial,
distribución del tiempo y distribución de la responsabilidad (roles y funciones). La graficación de las
mismas constituye el organigrama. Esta distribución significa, literalmente, elementos distintos y
articulados entre sí, es decir, un cuerpo orgánico que como tal posee diferentes movimientos. Es obvia
la tentación de utilizar aquí analogías antropomórficas, pensando en términos de anatomía y fisiología
de una institución. Ello no hace más que expresar la inevitable y estrecha relación entre las pautas
institucionales y los hombres que las originan y sustentan.
Importa categorizar y diferenciar los distintos movimientos que se dan en una institución y
describir simultáneamente algún indicador que señale la perturbación de tales dinamismos.
Antes de referirme detalladamente a cada uno de estos movimientos, voy a dar una visión de
conjunto que muestre el ordenamiento dinámico existente entre ellos.
Describiré cuatro movimientos o sectores dinámicos principales. No se me escapa que los mismos
no siempre reconocen categoría semejantes, y que por momentos resultará difícil delimitar
estrictamente uno de otro, pero esto último no es un obstáculo, antes bien habla del interjuego
dinámico integrador.
El ordenamiento a que debo recurrir para la exposición no significa que se puede establecer
siempre una prioridad entre ellos, aunque el lector encontrará una cierta lógica en esta ordenación:
A): -El primer movimiento está originando en el interjuego de dos tendencias contrapuestas:
integración y dispersión a lo largo de toda la historia de una institución (organización-
desorganización).
B): -Las dos tendencias contrapuestas de proceso de institucionalización, tienen su correlato en un
segundo interjuego (segundo en cuanto a la descripción), que puede formularse de la siguiente
manera: las instituciones reflejan y dramatizan el contexto en que están incluidas y, a su vez, tienden a
modificar este contexto.
La materialización de estas situación, que representa la circulación entre la organización
institucional y la comunidad, está dada por el intercambio materia prima-producto manufacturado
incluye al hombre en aquellas instituciones que trabajan con él.
C): -La circulación anterior supone un movimiento interno o circulación intrainstitucional
representado por las distintas normas, modalidades y niveles de comunicación, entre los diferentes
elementos del cuerpo institucional.
D): - Toda esta estructura institucional representa para el sujeto que la integra, un objeto real con
normas formales y espontáneas para la utilización del espacio, del tiempo y de las responsabilidades,
objeto con el cual mantiene una relación explicita de naturaleza racional, a través del desempeño de su
rol, y simultáneamente y en tanto objeto interno, mantiene con la institución una vinculación implícita
de naturaleza fantástica.
Esta doble pertenencia del sujeto a la institución, y de la institución al sujeto, se organiza en
función también del doble juego de la identificación colectiva-introyectiva.
Desarrollaré ahora, separadamente, y en este orden, cada uno de los cuatro puntos anteriores:
A): -Interjuego integración-dispersión.
Este punto se presta a extensas y ricas consideraciones desde un ángulo sociológico que escapa a
mi propósito y también a mi especialidad.
En toda la institución se observa una tendencia a la integración orgánica que se da de inicio, entre
lo que podríamos llamar los diferentes núcleos pre-institucionales. Estos núcleos, surgidos en una
comunidad y constituyen proyectos afines o semejantes, unen dichos proyectos en un proyecto común
y tienden a mediatizar su integración, a través de la coexistencia en témporo-espacial, y la aceptación
de un régimen de normas que crea un común denominador, base de su instucionalización. Estos
núcleos están representados en general por personas (socios fundadores) O por agrupaciones que
tienden a fusionarse. En esta unión anticipan elementos racionales de beneficio común, y elementos de
naturaleza emocional con diferentes contenidos y diferente grado de concienciación. Cabe aclarar que
no estoy postulando la existencia de una la fuerza integradora en sí, sino que esta integración
constituye de por sí tal fuerza, y si buscamos un símil psicoanalítico podemos identificar esta
tendencia integradora con el instinto de vida, sobre todo en un nivel de organización biológica.
Importa señalar que los núcleos pre-institucionales unidos en un proyecto único, serán también,
posteriormente, el origen de la tendencia opuesta, o sea, una tendencia a la dispersión, dando origen
al surgimiento de corrientes especializadas que favorecen el crecimiento y complejidad de la
organización y también poniendo en peligro de destrucción a la institución, provocando rupturas
cismáticas y otras amputaciones.
Esta tendencia a la dispersión también puede, paradójicamente, identificarse con lo que en
psicoanálisis conocemos como instinto tanático, y en biología como degradación de la materia
orgánica. La primacía de esta tendencia a la destrucción parece guardar estrecha relación con el grado
de no explicitación y ulterior negación de las diferencias que inicialmente presentaban los núcleos pre-
institucionales, pasando estos desacuerdos a constituir verdaderos puntos enquistados dentro de la
historia de la institución, que no obstante estar más o menos reprimidos o negados, continúan siendo
eficaces para configurar pautas culturales y modalidades de pensamiento que sistemáticamente
tienden a aparecer luego como antagónicas, aún en el caso que no lo sean.
Algo característico y que puede tomarse como indicador de la existencia reprimida y enquistada
de desacuerdos importantes, es la tendencia sistemática a tomar como contrapuestas y excluyentes las
divisiones naturales que en la realidad tienen un sentido concurrente, sin que, en cambio, surjan los
verdaderos motivos de enfrentamientos.
Así, en un staff directivo, el personal técnico y el personal administrativo que constituían de por sí
una división útil y racional del trabajo, aparecían formando dos bandos rivales por el solo hecho de
ser técnicos administradores, sin verbalización de las reales dificultades. Otro tanto ocurría en esta
institución, con divisiones tales como Departamentos A y B.
El análisis de la situación mostró que esta absurda división, era una pauta tradicional de la
organización que se mantenía culturalmente, dramatizando la rivalidad y resentimiento de esta
organización frente a la casa matriz en el extranjero, de la cual era filial, con la que mantenía un
régimen formal de mucha dependencia desde su fundación. En la creación de la filial ya se habían
insinuado y negado actitudes adictas y rebeldes frente a la casa central.
Estas actitudes constituían núcleos que gravitaban en el curso ulterior de la organización pero
nunca en forn1a explícita. Es, además, muy frecuente observar cómo en la medida que estos núcleos
continúan no explicitados, frente a cualquier crisis o emergencia, se produce una verdadera regresión
a los mismos, originando una modalidad de conflictos, que cuando son analizados, se descubre que
repiten en mayor o menor grado aquellos primitivos conflictos que fueron enquistados. Por supuesto,
esto es algo muy conocido para todo analista que examine la historia vital de un paciente, la diferencia
aquí estriba en la magnitud dramática que suele adquirir y, sobre todo, lo más notable es que
generaciones o camadas posteriores, tienden a reproducir y expresar como una herencia cultural,
problemas que no le fueron propios, siendo esto más probable cuando no hay un verdadero
conocimiento de la crónica o historia de la organización, permitiendo una mayor acción de los mitos
culturales.
Desde ya que el lector estará pensando que todo esto está relacionado con lo que podríamos
llamar "los miembros fundadores" y, en cierta forma, es así, pero estos núcleos pre-institucionales no
siempre corresponden a personas, sino a otros elementos o circunstancias que se dieron en el proceso
de institucionalización del organismo. Una asociación de profesionales universitarios tendía
predominantemente a desintegrarse. Un análisis de la misma mostró como elemento importante de
esta falta de crecimiento, el hecho, aparentemente no tenido en cuenta, de haber sido fundada en base
a la existencia de un núcleo previo de profesionales con una tarea similar, pero sin estatus
universitario. Esta circunstancia mantenida, más o menos oculta, gravitaba desjerarquizando la
organización. Una forma de dramatizar esta situación original, que era la designación de autoridades
entre el núcleo de los inicialmente no universitarios, siendo luego estas autoridades desvalorizadas y
atacadas por los miembros más modernos. Desde ya que sobre estas imágenes parentales denigradas,
se proyectaban conflictos arcaicos de los individuos, permaneciendo por la culpa anclados a esta
situación.
En una organización que estudié años atrás, fue separado un funcionario importante y muy
popular. Nunca se aclaró un rumor acerca de un desfalco que habría dado origen a este despido. Cada
vez que alguien importante era separado de su cargo, incluso por motivos naturales (jubilación,
renuncia, enfermedad), se incrementaba la frustración y rumores de que habría habido una injusta
acusación de malversación de fondos.
Me he extendido un tanto sobre el valor de la historia en el decurso de una institución, pero
resulta que tal como ocurre con un neurótico de cuya historia el psicoanalista puede extraer el sentido
de sus síntomas, en una institución el mismo método, sirve para desentrañar en parte el sentido de su
tendencia tan atípica desorganizativa.
Es tiempo que mencione los indicadores prometidos y que permite identificar las vicisitudes antes
descritas. El índice más evidente de una buena regulación de ambas tendencias, está dado por la
aparición de grupos formales que colectivamente, detentan y regulan el poder y asumen las
responsabilidades dentro de la organización.
Una fórmula que traduce bien este indicador es que los escalones institucionales se transforman
en grupos de trabajo con interacción real. Estos grupos revisten, además, el carácter de entidades
normales dentro de la organización. Esto es importante, porque un indicador frecuente de crisis
institucional -aún cuando dicha crisis sea una crisis de crecimiento es el predominio de grupos
naturales de contenido altamente emocional y de existencia no formal, es decir grupo que se reúnen
"en tiempo libre" y con frecuencia, fuera de la geografía institucional, y que además suelen estar
integrados por miembros de status formal diferente, pero ligados emocionalmente. Estos grupos son
siempre prolegómenos de cambios y cuando llegan a gravitar sin lograr una expresión legal, presagia
un serio deterioro para la institución. Es aquí precisamente donde vuelve a expresarse la tensión, en la
sistemática exclusión contrapuesta de divisiones naturalmente concurrentes, siendo esto precisamente
lo que marca el camino de la desorganización.
Debo ahora incluir una variante en relación al interjuego de las tendencias integración -dispersión
que estamos considerando.
Hay una situación observada con bastante regularidad en organizaciones de muy diferentes
finalidades. En un momento de su crecimiento se alcanza un alto grado de eficacia. Esta eficacia que
puede traducirse en grandes ganancias, si es que es la finalidad de la organización o en un buen nivel
de producción científica, si es ésta la modalidad de trabajo, o en haber logrado una óptima calidad y la
manufacturación de un producto. Los ejemplos pueden ser múltiples, pero todos hablan de un
aparente predominio de la tendencia integradora, y no obstante, puede observarse que esta tendencia
integradora no se acompaña de una expansión hacia fuera. Podría decirse que no se acompaña de un
crecimiento geográfico, aunque esto es sólo una manera simplificada de ejemplificar tal crecimiento.
Lo cierto es que tal organización se ha transformado, si empleara una metáfora, en un organismo
denso con alto peso específico. Podemos pensar en el caso de una organización cuyos integrantes han
ido adquiriendo gran experiencia, y ha logrado plenamente los objetivos inicialmente propuestos,
pero que este mismo crecimiento al no coincidir con una real expansión, no encuentra una fácil
manera de expresarse.
Agreguemos que esta institución con tal staff, también debe haber experimentado un crecimiento
en los escalones subalternos, del que surgen elementos como méritos para integrar una línea
ascendente que los lleva a aspirar a ser, a su vez, miembros staff.
Sin duda, la analogía que aquí se advierte como inevitable es la de una familia donde los hijos
crecen en función de una buena tendencia endogámca, pero que si no surgen claros proyectos
exogámicos, es decir, no materializan la dispersión creando, nuevos núcleos familiares, se incrementa
una lucha a veces de contenidos incestuosos que, o bien se materializa ,en conflictos permanentes de
rivalidad o, por el contrario obliga a reprimir intensamente el surgimiento de estos sentimientos,
creándose una situación general muy empobrecida en todo el grupo familiar .
Si volvemos al ejemplo del staff, veremos que ahí pasa otro tanto. El desenlace puede tomar
diferentes formas, pero lo común es la tendencia a fragmentar el logro alcanzado.
En el nivel de las ideas que producen "crisis de originalidad", donde las ideas son utilizadas por
los integrantes, fragmentadamente y como patrimonio exclusivo, tomando la parte por el todo y
produciendo continuos enfrentamientos.
Es aquí, en el nivel de las ideas, donde, en función de la situación, que describimos, los grados
conceptuales tienden a, perder especificidad, siendo fragmentados en su verdadera aplicación y
utilizados como calificativos aprobatorios o de, condena. En el staff del caso, la palabra "moderno",
que originalmente significaba estar actualizado técnica y continuamente, en su versión negativa "no
moderno" era un calificativo de intenso contenido emocional y usada mágicamente, para "quemar" a
cualquier presunto rival. Se la aplicaba indiscriminadamente para calificar una orden, la manera de
vestir, las opiniones generales, etc.
En el nivel de las normas que no hacen estrictamente a la organización en sí, si no al estilo
personal de cada uno, pasa otro tanto, pues se establece una suerte de modas irracionales y de tiranías
en relación a lo que está bien y lo que está mal, coartando el verdadero estilo original de sus
miembros.
Finalmente, en el nivel de la organización en sí, tiende a expresarse este fraccionamiento mediante
actitudes cismáticas. No hay un crecimiento por partogénesis, tipo nuevas sucursales, si no una
ruptura cismática, tipo organizaciones paralelas. Volviendo al ejemplo de la familia, diremos que
finalmente, alguno de los hijos es expulsado o se va enojado y por propia cuenta, pero no logra o tiene
suma dificultad para formar otra familia.
Estas organizaciones antes de la crisis pueden aparentar una gran productividad, pero a poco que
se examine la situación se verá que tal productividad no se acompaña del real alcance de los objetivos
explícitos de la organización, ni del verdadero crecimiento de sus miembros. La explicación de esta
situación paradójica donde puede aparecer una alta productividad sin una real efectividad, debe tener
relación con situaciones de sobreprotección dentro de la organización, lo cual hace que los integrantes
tiendan a idealizarla, estableciendo una relación dependiente con la misma que les impide
abandonarla. Esta situación puede estar reforzada por una visión persecutoria del afuera. Todo esto
hace que la tendencia dispersante que no se traduce en crecimiento, se traduzca en deterioro al
volverse sobre los individuos
Me he detenido en el análisis de esta dinámica, un tanto global, quizás sin haber podido
apartarme del modelo psicoanalítico de la desfución y fusión de los instintos de vida y muerte. En
principio, esto ofrece las ventajas explicativas de un esquema conocido, aunque él mismo no sea
aceptado por todos los analistas, pero no se me escapa el peligro de un reduccionismo conceptual que
quite especificidad al asunto y termine no explicando mucho. No obstante, quiero dejar en claro que
mi intención ha sido señalar la existencia real de estas tendencias, con el origen que he descrito y la
utilidad que ofrece su identificación para el abordaje clínico de un objeto institucional, advirtiendo,
además que lo expuesto acerca de esto, no es la aplicación aprioristica de un pre-concepto teórico al
campo institucional, sino, antes bien, lo contrario, o sea que la experiencia práctica muestra esta
situación y es recién en su descripción donde no puede menos de remitirme a aquellos esquemas
válidos en el campo de la clínica psicoanalítica, con la conciencia de que se requieren mayores
investigaciones que aclaren más estos procesos.
B): -En el plan trazado anteriormente, corresponde ahora que abordamos otro aspecto de la
dinámica de un organismo institucional, describiendo la circulación entre la institución propiamente
dicha y el contexto comunitario donde ésta está incluida.
Resulta un poco difícil sintetizar lo que aquí acontece, pues hay grandes variaciones entre una
organización que manufacture "materia prima" hombres (un hospital, un colegio, una sociedad
gremial) y otra que lo haga con productos industriales, por ejemplo. No obstante, se puede establecer
una formulación general que destaque como indicador de alteración de esta circulación o movimiento,
la producción efectiva, o sea el llamado índice de efectividad. Este indicador marca el grado de
coincidencia y logro que existe entre los objetivos explícitos y posibles de la organización y los
resultados reales; considera también el grado de racionalidad entre los fines propuestos como
objetivos y los medios puestos en juego para alcanzarlos.
Un ejemplo clásico citado por A. Etzioni que ilustrará claramente la situación, es el de la
institución psiquiátrica que teniendo como objetivo explícito la rápida devolución de sus internados a
la sociedad, cuenta como un porcentaje muy pequeño de especialistas y con un alto número de
personal de vigilancia y contención. Esta irracionalidad de los medios en relación a los fines,
obviamente, hace que el índice de efectividad (aquí la recuperación y retorno a la sociedad de los
internados) sea mínimo. Otro ejemplo frecuente en la práctica, es la del servicio de psicopatología que,
teniendo una función asistencial como prioridad uno, adelanta para efectuar los primeros contactos
terapéuticos con sus asistidos, a su personal menos capacitado (médicos o psicólogos sin
adiestramiento, a cargo del consultorio externo), con lo que comienza cumpliendo deficientemente su
cometido asistencial, al perder la alternativa de actitud activa inicial, tan útil en el curso ulterior de un
tratamiento, no logrando hacer de entrada una acertada discriminación de las necesidades y
posibilidades terapéuticas de los pacientes, etc., todo lo cual no sólo vicia el encuadre, sino que aquí el
índice de productividad efectiva disminuido, tiene expresión clara en la larga cola de espera que se
produce y en los pobres resultados terapéuticos que suelen lograrse.
Estos ejemplos ilustra una patología típica de las instituciones que puede hacerse extensión, con
algunas variantes a todas las organizaciones.
Sintéticamente, se toma aquí como indicador de la alteración del intercambio o movimiento, y
entre la institución y la comunidad, el índice de efectividad o de logro real en relación a los objetos
explícitos y posibles de la organización. Debe aclararse nuevamente que, con frecuencia, puede
observarse que no obstante registrarse una gran actividad o, si se quiere, productividad, dentro de la
institución, ésta no se traduce en un efectivo alcance de logros, pudiendo establecerse una analogía
con el intenso y desgastante trabajo de un neurótico grave que sólo alcanza penosamente algunos lo-
gros.
En relación a lo expuesto quisiera recordar lo que adelanté en la reseña inicial, o sea, aquello de
que las instituciones mejor adaptadas tienden a reflejar y dramatizar dentro de sus propios límites al
medio ambiente más amplio en que se mueven. Esto reflejo, no es un reflejo pasivo automático y sólo
autoplástico, sino que, a su vez, se traduce en una acción modificadora y creadora de nuevas
condiciones dentro de la comunidad. Podríamos decir que una institución que cumple estas
condiciones, tal acontece con un individuo, está actualizada. La no existencia de esta actualización se
traduce en dos figuras institucionales típicas; por un lado, se trata de organizaciones totalmente
referidas a una tradición arcaica, que puede llevar su conservadorismo a la estereotipia. En el otro
extremo debemos ubicar un tipo de instituciones que pretende funcionar sobre supuestos irreales
propios de un futuro previsible pero lejano. Constituyen, en cierta manera, organizaciones de
estructura maníaca, que engendran organismos en cierta forma artificiales, destinados a un pronto
fracaso.
Se podría hacer un sinnúmero de consideraciones acerca de la regularización e interjuego de lo
tradicional y lo moderno dentro de un organismo institucional. Ello no se apartaría mucho de lo que
ya hemos examinado como integración dispersión.
Finalmente, en relación a este movimiento descrito en segundo lugar, se puede agregar que una
buena circulación en que la institución y la comunidad, depende que la institución haya encontrado
una adecuada regulación de las tendencias organización-dispersión, pero que, a su vez, esta buena
regulación depende de haber logrado un buen intercambio entre institución-comunidad siendo, pues,
ambos dinamismos complementarios.
Aunque aquí se haría fácil establecer analogías entre esta situación y la adecuada adaptación de
un individuo a su medio, encuentro riesgosa tal analogía, pues el nivel organismo institucional-
comunidad, tiene determinadas calidades que hacen inadecuada cualquier explicación
antropomorfista.
Para aclarar algo más este punto, remito al lector a la parte del trabajo que se refiere a los roles
básicos.
C): -En tercer término me había propuesto examinar dentro de la dinámica institucional todo lo
atinente a los distintos niveles, sistemas y modalidades de comunicación que se dan entre los
diferentes elementos de una organización. Simplificando en extremo, a los fines de ilustrar de entrada
el concepto principal, puede decirse que cuando la comunicación -principalmente la hablada- está
coartada en su libre juego -tal como ocurre cuando la misma es unidireccional-, por ejemplo, de los
escalones directivos hacia las bases, pero sin posibilidad de retorno, surgen en la institución diferentes
formas de lo que podemos llamar clandestinidad. Son modalidades de esta clandestinidad el rumor, el
chiste, la leyenda escrita en los muros, etc., y en general una producción con una calidad mítica que
configura, en los casos sostenidos largo tiempo, una cultura de gran acción normativa sobre los
integrantes de la institución. Por su componente fantástico, esta producción recuerda las cadenas
asociativas de los procesos históricos, donde precisamente la represión encuentra una analogía en la
obstrucción que se da en la comunicación entre el vértice y las bases de la pirámide institucional.
Esta coartación en la comunicación, no necesariamente debe darse en forma vertical, sino que
también se da entre sectores horizontales del organigrama, siendo un ejemplo muy frecuente lo que
ocurre entre los componentes de un escalón staff o de otro escalón, cuyos miembros tienen el mismo
status, pero que se resisten a reunirse en un grupo de existencia real, donde necesariamente se darían
enfrentamientos que, en general, son temidos como catastróficos, cuando realidad lo que le da tal
carácter peligroso son las fantasías de estructuras que surgieran, precisamente, al amparo de la
incomunicación-represión.
Interesa aquí examinar un poco más en detalle la situación que es creada cuando un escalón
jerarquizado, cumple o no funciones ejecutivas, se resiste a mantener un intercambio explícito en un
grupo de existencia real dentro de las normas de la organización. Las razones que se esgrimen son
múltiples, y van desde la falta de tiempo por sobrecarga de trabajo, hasta la negativa directa a reunirse
con determinadas personas.
Voy a tomar como ejemplo un grupo staff de una institución donde se daba en grado tan extremo
este aislamiento entre sus miembros, que sólo se avinieron a realizar varias reuniones en conjunto por
la intensidad conflictiva que había adquirido esta incomunicación.
El análisis de la situación permitió confirmar una modalidad de funcionamiento que se presenta
con bastante regularidad en aquellas instituciones con el mismo problema. Los miembros staff, en la
medida que no podían sentir como grupo de pertenencia a su escalón, ya que éste no tenía existencia
real, establecieron fuertes identificaciones con sus res-pectivos departamentos, que aparecían así como
feudos aislados. Esto tenía una primera consecuencia: la imagen institucional, que como objeto interno
tiene cada miembro staff, era una imagen fraccionada, o, si se quiere, parcial a partir (le la pertenencia
cada departamento, sin que en ningún momento se pudiera estructurar una imagen integrada total.
Fácil es suponer las consecuencias de tal imagen fragmentada que se producía en todos los órdenes.
Por otra parte, tratándose de un grupo staff, o sea el grupo directivo más jerarquizado de la
organización, constituía este grupo el núcleo del que emana, principalmente, la imagen actual de la
institución.
La otra fuente que alimenta la imagen institucional es la tradición histórica de la misma,
cualquiera sea el grado de explicitación de esta historia.
En la institución con la que estoy ejemplificando, ambos factores: núcleo staff o componente
actual, y tradición histórica o componente no actualizado, eran factores negativos para integrar tal
imagen. El staff por lo dicho, y la tradición histórica por ser predominantemente mítica y no real, ya
que varios hechos importantes tenían valor de situaciones traumáticas no explicitadas.
Volvamos al análisis del ejemplo: cuando los integrantes de un grupo directivo están
predominantemente identificados con sus respectivos sectores de trabajo, sin tener, a su vez, una
adecuada pertenencia al escalón en sí, se genera una línea ascendente donde cada miembro se siente
solo expresión de su sector, estableciendo enfrentamientos competitivos con el resto del escalón. Aquí
también las divisiones naturales y útiles de la organización, tal como son, precisamente, los diferentes
departamentos, son tomadas como disociaciones contrapuestas y no concurrentes. Decía que se genera
sólo una línea ascendente que, al traducirse en enfrentamientos, impide que se organice un cuerpo
directivo capaz de generar una corriente descendente integradora y, sobre todo, generadora de una
imagen unitaria y total de la institución.
Otra vez debemos mencionar la importancia de que dos tendencias opuestas, aquí las corrientes
ascendente y descendente, se regulen entre sí, siendo esta regulación en este caso la base de una buena
comunicación.
Existe una forma de perturbación en la comunicación intrainstitucional que resulta especialmente
interesante para los fines de este trabajo. La ubicación de esta perturbación participa no sólo de la
circulación interna de la organización, sino que también puede asignársela a la circulación con el
exterior. Esto se debe a que se da en instituciones que trabajando con hombres, tal el caso de un
hospital y sus pacientes, o de un colegio y sus alumnos, donde tanto los pacientes como los alumnos
constituye sólo parte momentáneamente de la organización y, precisamente, siendo parte episódica de
la institución, la perturbación se da cuando esta participación tiende a hacerse permanente.
Lo especial aquí -y procuraré demostrarlo con un ejemplo extremo- es que la comunicación se
presenta alterada por una particular modalidad de lo que conocemos en psicoanálisis como
identificación proyectiva-introyectiva, que lleva a una confusión en cuanto a asunción, distribución y
desempeño de los roles dentro de la institución.
Todos conocemos como, en una sala de hospicio se producen con frecuencia en la franja de
contacto, entre personal médico y pacientes diferentes fenómenos que llevan a que determinados
pacientes, sin mejorar en su cuadro, antes bien cronificándose en el mismo, tienden a ejercer funciones
de limpieza, de enfermería y hasta administrativas, y que el personal auxiliar a su vez ascienda, sin
mejorar tampoco en sus conocimientos, al desempeño de tareas propias de los especialistas, mientras
que paralelamente, algunos de estos no sólo hacen vacancia de sus funciones, sino que empiezan a
adquirir en diferente grado, conductas sintomáticas propias de los internados, siendo precisamente lo
principal una, cierta "internación", ya sea expresada en una estereotipia y estancamiento de sus
conocimientos o en un estancamiento en cuanto a sus logros profesionales.
Es, precisamente, esta estereotipia del paciente en su enfermedad, al amparo de un aparente
ascenso en su rol (hospitalismo), y del especialista sometiéndose y quedando aprisionado en la
situación enferma, lo que caracteriza la perturbación de la circulación, tanto dentro como con el afuera
de la organización.
He elegido un ejemplo donde, por la naturaleza ex1rema de la enfermedad, esto tiende a verse con
caracteres gruesos, y donde, tal como ocurre en la psicosis, los mecanismos proyectivos-introyectivos
adquieren una intensidad que puede explicar de por sí lo que aquí ocurre. No obstante, el ejemplo es
válido para instituciones muy apartadas de lo que es un hospicio, y ello debe estar en relación, tal
como lo advierte E. Jacques en sus trabajos clásicos sobre instituciones, en que en éstas siempre se
ponen en juego ansiedades de tipo psicótico.
Sin duda, en el ejemplo anterior, la estereotipia surge de una cierta nivelación de las funciones de
médico y paciente, como un intento de controlar por parte de ambos las ansiedades psicóticas. El
resultado es una especie de "caracteropatización" o incorporación del síntoma a la conducta habitual,
resultando precisamente esta, la defensa. Cuando se examinan algunas organizaciones institucionales,
máxime si las mismas configuran tipos de organismos cerrados, con poco contacto con el exterior
(colegios de pupilos, sociedades muy exclusivas, etc.), sorprende el grado de conductas sintomáticas,
que son aceptadas como normales por los integrantes de la organización, y donde se puede advertir
que lo que ahora aparece como norma, en un comienzo fue una conducta defensiva. Así, podemos
suponer que el médico del ejemplo, frente a las condiciones penosas en que se encuentran sus
pacientes, en función de su propia patología y de la culpa que experimenta, tiende a identificarse con
ellos, asumiendo en su práctica profesional un deterioro similar. Esto ocurrirá en mayor grado, si su
formación es deficiente. Ulteriormente, se defenderá de esta identificación en la que se siente
aprisionado, mediante conductas terapéuticas con contenido punitivo que le permiten mantener la
diferencia con ellos. También tratará de no comunicarse directamente con sus pacientes, sino sólo a
través de medicamentos, con lo cual institucionalizará una modalidad que, incluso, puede pretender
fundamentar técnicamente. En nuestro medio E. Pichon Riviere ha estudiado estos diferentes
fenómenos.
D): -Finalmente, consideraré el cuarto aspecto del interjuego institucional. La relación formal y
fantaseada entre el individuo y la institución.
Claro que aquí resulta un tanto más difícil seguir manteniendo la denominación de movimiento,
pero tal denominación sigue presentando utilidad para la presentación de un esquema dinámico
institucional.
Sintetizando también aquí de entrada el concepto, diremos que la normalidad o alteración del
movimiento que se da entre el individuo y la institución de la que forma parte, está indicada por el
grado y tipo de pertenencia que aquel experimenta en relación a ésta.
Esta pertenencia no es un indicador de clara evidencia. Podría decirse que, más bien, es un
sentimiento que el individuo puede o no expresar explícitamente. La idea es que existe adecuada
pertenencia cuando, a la par que se siente incluido en la institución, siente que ésta le pertenece en
alguna medida. La situación contraria es cuando sólo se encuentra perteneciendo a una institución a la
que vive como ajena.
Esta formulación aunque da alguna idea del problema es, con todo, sumamente limitada.
Veamos el asunto desde un ángulo que destaque, principalmente, la significación y utilidad que
presenta la institución a los fines personales del individuo, o sea, el porqué o cómo se incluye éste en
el organismo.
La experiencia terapéutica psicoanalítica, con pacientes individuales es coincidente, en general,
con una observación que se puede hacer cuando se examinan los miembros de una institución, y se
advierte que algunos individuos tienden a tomar la institución como soporte y andamiaje de su vida,
y que otros, en cambio, propenden a tomarla, principalmente, como instrumento o situación
instrumental para desarrollar su propio proyecto.
Los primeros tienden, en general, a resistir cualquier modificación fundamental en la institución,
ya que ello es vivido como poniendo en peligro su propia identidad. Los segundos, en cambio, suelen
ser con frecuencia promotores de cambios básicos, se diría que imprimen a la organización su propia
identidad.
Pareciera que los primeros no contaran con un proyecto de vida propio, siendo sí ésta, una
posibilidad para los segundos.
Por otra parte, la existencia de tal proyecto está en relación a la coherencia de la constelación de
imagos parentales que haya podido estructurar el individuo. Lógicamente, el status dentro de una
organización institucional, guarda relación con el grado de integración del mundo interno del sujeto.
Pero, sin duda, el aspecto de mayor interés en este movimiento, es el que adelanté en la reseña
inicial, al señalar que la pertenencia del sujeto se organizaba en función del interjuego entre la
vinculación formal o real desempeñada en la institución y la vinculación con la misma como objeto
interno. Ambos niveles han sido descritos por Bion en su conocida formulación de nivel sofisticado o
grupo de trabajo, y nivel emocional o de los "supuestos básicos". Bion desarrolla aquí algunas de las
ideas de M. Klein acerca de los mecanismos de identificación proyectiva-introyectiva.
Otro tanto hace E. Jacques, cuando más específicamente se refiere a la utilización de las
instituciones como control de las ansiedades psicóticas paranoides y depresivas. De la necesidad de
hacer o no tal utilización dependerá el tipo de pertenencia del individuo.
Es también necesario recordar la idea original de Freud en "Psicología de las masas y análisis del
Yo", donde describe dos modalidades de identificación del sujeto con la organización. En una,
ejemplificada por la Iglesia, el sujeto internaliza un objeto mediante la identificación introyectiva. En
otra modalidad, que ilustra con el Ejército, el sujeto reemplaza el yo ideal por un objeto externo,
permitiendo al soldado identificarse con su jefe.
E. Jacques encuentra ligada a esta formulación a lo que luego escribiría M.Klein como
identificación proyectiva.
Todos estos trabajos clásicos ilustran acerca de la pertenencia del sujeto a su institución. Más
adelante retornaré este asunto de la pertenencia en relación al proceso de identificación y su relación
con lo institucional, y sobre todo con la presencia de articulaciones normales o articulaciones
fracturadas.
Voy a considerar ahora un punto central de mi trabajo, quizás el núcleo principal del mismo.
He presentado los diferentes movimientos que se dan en una organización institucional.
Lógicamente, si aceptamos la existencia de tales movimientos, debemos también aceptar que los
diferentes elementos móviles deben tener puntos de contacto donde se articulen entre sí. Es
precisamente este asunto de las articulaciones institucionales lo que considero de central importancia
para poder abordar, comprender y operar clínicamente con un objeto institucional.
Antes de pasar a describir y ejemplificar acerca de las articulaciones, debo adelantar otra idea. Las
articulaciones en sí comienzan a ser útiles para un trabajo clínico institucional, cuando presentan
alguna particularidad anormal en relación a la organización, es decir, cuando son patológicas. Una
articulación patológica constituye una fractura. De donde el concepto útil clínicamente es,
precisamente, el de fractura institucional.
Luego veremos el importante papel que estas fracturas tienen en la dinámica patológica de las
instituciones, pero antes se impone una descripción ejemplificada de las articulaciones.
Para ello debo recordar lo ya dicho acerca de las tres distribuciones sobre las que se asientan una
organización institucional: distribución del espacio, del tiempo, de la responsabilidad. De esta
distribución emanan otras tantas categorías particulares: geográficas, temporales, y las referidas a los
roles y su desempeño. Si bien todas estas articulaciones están en estrecha relación con las normas
institucionales, es fácil percibir que el espacio generará normas más rígidas y que el tiempo presentará
una mayor plasticidad, y que los roles son instrumentados con más elasticidad.
Un buen ejemplo de lo que es una articulación geográfica lo ilustraré con una institución de
enseñanza, donde una puerta, constituía el pasaje obligado entre un amplio patio de recreo y el sector
donde estaban ubicadas las aulas. Esta puerta articulaba dos espacios distintos donde se desarrollaban
actividades distintas. Pero como además este pasaje, por sus dimensiones estrechas, era totalmente
inadecuado a su función, se transformaba en lo que llamamos una fractura. Aunque luego utilizaré
más ampliamente el ejemplo, por el momento veremos algunos aspectos del mismo.
Por sus características inadecuadas, obligaba a que la institución tendiera a aplicar normas
rigurosas en cuanto a la manera de atravesar este pasaje. Es decir, a incrementar la disciplina. Pero,
por otra parte, esta puerta más a sus características inapropiadas y el estar ligada a normas
disciplinarias más rígidas, el hecho de establecer un brusco contraste entre las actividades lúdicas y
más o menos libres del patio de juego y las propias de las aulas, apareciendo así la puerta como una
articulación que simbolizaba condensadamente este contraste.
Fácil es imaginarse, por ejemplo, que la hostilidad existente entre los alumnos, que en la amplitud
y el tipo de actividad del patio tendía a diluirse, se incrementara en una proporción inversa a la
estrechez del pasaje, pudiendo llegar a traducirse en accidentes graves y frecuentes, como en realidad
ocurrió.
Queda dicho que volveré sobre este ejemplo, por el momento sólo ilustra lo que se entiende por
una fractura geográfica. Otros ejemplos pueden tomarse con facilidad de la distribución y
características de las instalaciones de cualquier institución. Mencionaría, sólo por ser familiar a
nuestro quehacer como psicoanalistas, la importancia que tiene para los integrantes de una familia, los
diferentes ámbitos de una casa, y cómo pueden éstos llegar a cobrar significado positivo como
elemento de integración discriminada o, por contrario, transformarse en oportunidad de choques o de
promiscuidad. Estas fracturas geográficas aparecen fuertemente cargadas de afectos.
En cuanto a lo que representa una articulación temporal, seguiré el mismo criterio de ilustrarla
mediante algún ejemplo que destaque la fractura o alteración de la misma.
En general, toda la organización de una institución está asentada, en gran medida, en una
adecuada y nítida distribución del tiempo, siendo, precisamente, las perturbaciones que sufre esta
distribución, lo que suele aparecer como primeros síntomas de conflictos.
Los médicos que hemos efectuado guardias como practicantes sabemos que, precisamente,
durante el tiempo de cambio de guardia, donde un equipo cansado y ya muy referido al afuera, y otro
equipo que aún no se ha "puesto en lugar", establecen una zona de contacto temporal donde son
fáciles los roces personales y donde al abandonarse la adhesión a las normas, son frecuentes, ya veces
serios, los trastornos en el servicio asistencial.
Aunque este ejemplo cumple el fin propuesto de ilustrar acerca del tópico, agregaré otro
comentario acerca de algo también muy conocido por los analistas, y que tiene el valor de una
articulación temporal, me refiero al significado que cobra el fin de semana a medida que va
transcurriendo un tratamiento; muchas veces tiene para el paciente el valor literal de una fractura que
quiebra violentamente su relación con el terapeuta, y otras puede llegar a tomar el significado de
tiempo libre donde realiza sus propios logros.
En relación al "tiempo libre" quiero hacer alguna breve referencia. Son muchos los especialistas de
diferentes disciplinas que se interesan hoy día por el tiempo libre. El tiempo no reglamentado aparece,
en general, como el tiempo donde se generan los cambios. Este tiempo es, muchas veces, en nuestra
sociedad, un valioso tesoro que nos cuesta defender. En general, identificamos el tiempo libre con el
descanso y con el placer. Pocas veces logramos identificarlo, además, con el tiempo para pensar.
Siendo ésta, precisamente, la posibilidad de generar cambios en este tiempo. De una manera poco
rigurosa, pero gráfica, diría que todas las revoluciones se planean fuera de horario, aunque luego se
realicen en horas de oficina, siendo esto, precisamente, el primer gran cambio.
La práctica muestra que, en general, las instituciones tienden voluntariamente a aceptar un
diagnóstico de nivel psicológico fuera del tiempo reglamentado, aun en aquellos casos donde no es
válida la razón de desatender tareas importantes. Esto parece guardar alguna relación con lo anterior,
aunque muchas veces puede descubrirse que el colocar la experiencia fuera del tiempo reglamentado
encubre la fantasía de controlar y mantener los cambios fuera de la institución. Corresponde ahora
describir los roles en su función de articulación. Siguiendo el criterio anterior, describiré, principal-
mente, su significación de fractura articular.
Este tipo de fractura puede ser claramente ilustrado mediante una figura ya clásica en psicología
social: el "chivo emisario".
Todos hemos conocido en las instituciones por las que hemos atravesado, a este personaje cargado
con sus culpas y las ajenas. Importa examinar con cierto detenimiento cómo surge y porqué se elige a
una determinada persona y no otra para este rol fracturado.
La analogía que resulta útil para explicarlo, es la de elección de órgano en las afecciones
psiquicosomáticas, principalmente en las conversaciones histéricas, donde una parte del cuerpo es
tomada como símbolo a través del cual se canaliza y expresa un conflicto. Otro tanto pasa con el
"chivo emisario" en una institución. Esto también tiene el valor de centralizar y expresar
sintomáticamente la perturbación institucional e, incluso, como ocurre en la histeria, el "chivo
emisario" puede quedar anclado a una determinada modalidad en el desempeño de su función,
precisamente aquella que se condena llegando a configurar una disfunción de la que no puede
librarse, lo cual habla en favor de la intensidad del desplazamiento que los integrantes de la
institución hacen sobre él.
Pero la analogía con la histeria de conversión no termina aquí. Aclaro que sólo se trata de una
analogía. Aquí también, como en la histeria, debemos analizar dos elementos: en primer término,
porqué ha sido, precisamente, esta persona y no otra la que resulta "chivo emisario"; y en segundo
lugar, de donde proviene el desplazamiento. Esto último constituye el centro de la cuestión y será
examinado luego en detalle. Veamos en tanto el porqué de la elección.
En primer término, es obvio que juegan características personales del destinatario al rol, es algo
así como el "ludus minor-resistentia" que favorece que este punto de menor resistencia -en nuestra
denominación, esta fractura- sea expresión de patología. En este caso, cualquiera que sea la función o
el status del sujeto, dado sus dificultades, correrá el riesgo de ser emisario de los conflictos. En cambio,
hay funciones que tradicionalmente en una institución tienden a ser de por sí fracturas, sea quien sea
el que las sustente. Aquí es donde se da, principalmente, aquello del anclaje al rol conflictivo. Esto
puede deberse a la naturaleza del rol, como en el caso del jefe de personal que, inevitablemente, es
asociado a una figura superyoica, como al hecho de que esa función, en esa institución tenga una
tradición especial que tienda a heredarse con el cargo, y con frecuencia si la herencia es condenable, el
sucesor adoptará conductas defensivas que son verdaderas formaciones reactivas que configuran una
especie de retorno a lo reprimido. En una organización donde un jefe contable había cometido un
sonado desfalco, su sucesor adoptó normas de control tan rígidas que no sólo paralizaba el desarrollo
de la institución, sino que recibía condenas tan intensas como su antecesor delincuente.
Hay, con frecuencia, una variante que sintetiza las dos situaciones anteriores, o sea, donde las
características personales se suman a la tradición que tiene el cargo para configurar una importante
fractura institucional. Un ejemplo ilustrará la situación. Un jefe de servicio de clínica médica,
reconocido por sus cualidades científicas y su trato bondadoso con sus subalternos, pero desprovisto
de toda condición para asumir eficazmente una jefatura, tenía a su lado un segundo con características
autocráticas, con el cual formaban una pareja de modalidad psicopática, que le permitía mantener su
prestigio de bondadoso y, simultáneamente, un cierto orden, más aparente que real. Cuando el
segundo jefe, esclarecido en un análisis personal acerca de su rol, renunció al mismo, los sucesivos
ocupantes del cargo unían a las características personales por las cuales eran elegidos, "la herencia ",
seguramente por vía del jefe, de una modalidad autocrática.
He analizado hasta ahora dos circunstancias que, con frecuencia, intervienen en la aparición de un
chivo emisario, configurando un punto fracturado en la organización. Voy a considerar ahora una
tercera modalidad, un tanto más compleja pero que por su frecuencia resulta útil consignarla. Para
ello debo referirme a lo que puede llamarse los roles básicos de todo grupo de trabajo.
Estos cinco roles, provisoriamente, los he denominado así:
1°): -motor emocional. Funciones: aglutinador e impulsor del grupo.
2°): -pensador o teórico: tal su nombre lo indica.
3°): -programador o administrador: administrador y distribuidor del tiempo y de la prioridad de
las tareas (administrador o ecónomo del grupo).
4°): -realizador teórico: tiende a realizar eficazmente la tarea parcial indispensable en ese
momento. El grupo sobrevive en los momentos difíciles por él.
5°): -gestor: se ocupa, principalmente, de las relaciones con el exterior.
Estos cinco roles, en realidad constituyen las características que integran a un líder único, y si en
un grupo aparecen distribuidos entre sus miembros, es índice de autonomía y eficacia del mismo. En
cambio, cuando varias de estas características están sustentadas por una sola persona, lo común es que
el grupo tenga muy baja autonomía y sea un grupo de dependencia, que en el mejor de los casos
constituye una buena caja de resonancia para el líder. Esto es frecuente en los equipos que funcionan
con una figura dramática parental.
Por otra parte, puede darse el caso de que algunas de estas funciones no estén cubiertas, lo cual
incide en el pronóstico del grupo, salvo que se logre que los roles no cubiertos lo sean por varios
integrantes o por todo el grupo (organización departamental).
Lo característico aquí es que no se trata de roles que signifiquen una división especializada de
trabajo, sino antes bien una modalidad en el comportamiento dentro del grupo.
El poder identificar esta modalidad en los estilos personales, que he llamado roles básicos,
permite no sólo hacer un pronóstico acerca del porvenir del equipo según estén o no presentes tales
roles, sino que también permite categorizar algunas perturbaciones psíquicas en el funcionamiento del
grupo que ilustra, además, acerca de cómo surge un "chivo emisario" o fractura institucional a nivel
roles.
La idea es la siguiente: cada una de estas modalidades de comportamiento reportan un beneficio
específico para el grupo, pero simétricamente también existe una figura patológica para cada una de
estas modalidades. Esta figura patológica puede depender tanto de la manera como una persona juega
su modalidad, como de que frente a una emergencia el grupo tienda a responsabilizar unilateralmente
a un determinado rol de los inconvenientes.
Así, por ejemplo, al teórico o pensador es visto con resentimiento, principalmente por el
realizador práctico y aún por el resto del grupo, que tiende a ver en él un explotador. Incluso el mismo
teórico puede tender a exagerar esta función.
A su vez, el realizador práctico que en última instancia es alguien con habilidad suficiente para ir
materializando tareas parciales, suele ser visto menospreciadamente -como un peón no especializado-
por el resto del grupo y él mismo expresa tal resentimiento acerca de sus tareas.
El administrador o programador tiende espontáneamente a disciplinar el esfuerzo del grupo y
fácilmente puede transformarse su rol en un rol perseguidor superyoico.
El motor emocional es un rol muy difícil. Por la naturaleza de este rol, con mucha facilidad puede
transformar su poder integrador en todo lo contrario, sobre todo cuando tiende a tomar actitudes
impulsivas. En un equipo de profesionales decían de quien asumía la modalidad de motor emocional:
"a veces fulano nos inyecta su optimismo, pero otras nos clava el cuchillo".
Finalmente, el gestor tiene una patología muy singular. Suele ser el saboteador sistemático de
tareas que él mismo logró para el grupo. La explicación es que, en un primer contacto con el exterior,
él se constituye en el "dueño" de la tarea y del grupo frente al cliente, pero luego es, inevitablemente,
reducido a su justo límite por la regulación natural del grupo, de ahí su frustración y resentimiento.
Otro tanto suele ser su conducta de saboteador frente al coordinador que él mismo contribuyó a
conseguir, cuando se trata de un análisis institucional.
El gestor es el rol que más varía pues, en general, cualquiera puede serlo, siendo interesante
analizar mediante qué tipo de gestión (de acuerdo al rol que lo hizo) tomó el grupo un trabajo. Esta
gestión inicial puede introducir una modalidad especial en una tarea.
Cada una de estas modalidades está sustentada en rasgos caracterológicos de un individuo, y
estos rasgos frente a la masividad que fácilmente puede presentar la situación grupal, teniendo en
cuenta que el grupo, además, está bajo la acción de un contexto institucional más amplio, puede
transformarse en actitudes caracterolopáticas, constituyendo una fractura dentro de la organización.
Hasta ahora he descrito con algún detalle las tres categorías de articulaciones institucionales y su
corolario patológico: la fractura. Interesa ahora ver qué papel juegan las fracturas dentro de la
dinámica de las instituciones, o mejor dicho dentro de su patología.
Por de pronto digamos que resulta fácil identificar las articulaciones fracturadas, ya que es en
torno a las mismas que se centralizan y expresan todas las manifestaciones sintomáticas de la
organización, configurando lo que habitualmente llamamos tensión. Los mismos integrantes de la
organización tienen conciencia de estas fracturas, aunque ignoren el origen o la utilización que hacen
de ellas. Puede decirse que se comportan tal como lo haría un neurótico que conoce sus síntomas,
aunque ignore acerca del sentido de los mismos.
La hipótesis que quiero desarrollar -y que ya fue adelantada anteriormente- es la siguiente:
Una fractura se transforma en una pantalla utilizada por los integrantes de una institución para
defenderse de sus ansiedades de naturaleza psicopática, proyectando, predominantemente, objetos
parciales, en el sentido que M. Klein da al término. Este es el primer paso y constituye lo más oculto o
latente de la patología institucional, donde los integrantes realizan una proyección individual de sus
ansiedades prehistóricas (antes de ser integrantes de la historia de esa institución).
En un segundo paso, las fracturas que han hecho las veces que pantalla proyectiva, se transforman
en fuente generadora de ansiedad que se vuelve sobre los miembros de la organización, que a su vez,
tienden a adoptar conductas defensivas frente al peligro de la reintroyección. Este segundo paso
constituye lo manifiesto, o sea, lo que habitualmente se denomina tensión institucional.
Podríamos decir, aunque sin mucho rigor, que éste es el nivel neurótico, y el primer paso el nivel
psicótico y, que en general, frente a esta situación, una institución tiende a manejar la tensión
manifiesta a través de normas cuyo éxito dependerá de lo adecuado de las mismas y de la intensidad
del nivel latente, que está, a su vez, sustentado en la historia preinstitucional de cada integrante del
organismo.
Esta hipótesis está convalidadas por bastantes experiencias. Algunos ejemplos ilustrarán acerca de
la misma.
Retornaré el ejemplo del pasaje que en un colegio unía el patio con el sector de las aulas.
Recordemos que este pasaje era inadecuado al ser sumamente estrecho, constituyendo por esto una
fractura geográfica. Además, marcaba un brusco contraste entre la actividad lúdica del recreo y la
disciplinada del estudio y que, para compensar el inconveniente de su estrechez, se incrementaban las
normas coercitivas durante el tránsito por el mismo.
En este pasaje ocurrían con frecuencia accidentes graves a los niños, y por la naturaleza dramática
de alguno, se produjo una intensa tensión en la institución. Por otra parte los actos agresivos se
multiplicaban en todos los escalones y lugares, aunque este pasaje mantenía, o mejor dicho, iba
adquiriendo sentido de verdadera zona de peligro. Todo esto se traducía en normas cada vez más
restrictivas en todos los niveles, y comenzaron a surgir "chivos emisarios" señalados como culpables
de los actos agresivos y de los accidentes, por no cumplir las normas. Estos "chivos emisarios"
constituían nuevas fracturas.
Lo descrito configura, sintéticamente, la expresión manifiesta del conflicto. El mismo aparece
integrado por la evidencia de algunas articulaciones inadecuadas, tal el pasaje y los responsables de
actos agresivos más la defensa de la institución a través de normas muy estrictas tendiendo a evitar la
comisión de tales actos. Esto generaba nuevas facturas, constituídas por las personas que transgredían
la severidad de las normas, apareciendo como culpables frente a la institución y originando nuevas
normas, ahora de carácter punitivo.
Desde ya que el sentido común indicaba medidas tales como la de ampliar el pasaje inadecuado e,
incluso, esto había sido lo aconsejado por cualquier observador, pero, sin duda, hubiera resultado sólo
una modificación superficial, pues era también fácil ver la calidad del peligro irracional que esta zona
había adquirido, más allá de su real inadecuación, lo cual habla en favor de la proyección que se hacía
en él.
Una adecuado análisis institucional significaba el indagar el sentido del síntoma y no sólo
suprimirlo. Tal indagación, que sólo pudo ser realizada en parte, mostró, entre otras cosas, que la
imagen del pasaje era "la de un pasaje hacia la muerte", y que dicho pasaje aparecía en la realidad,
ligado no sólo a las aulas, sino como pasaje obligado a un comedor. Lo más sorprendente fue
comprobar que, siendo un colegio judío, el encargado del comedor era sindicado como un ex
integrante de organizaciones nazis europeas dedicadas a actividades antisemitas. Dicho personaje
había sido colocado en su cargo por uno de los directivos de la institución, cuyos hijos y sobrinos eran,
además, alumnos de la misma.
Toda esta historia aparecía entremezclada con ingredientes ciertos y otros de apariencia mítica. Lo
limitado del análisis no permitió conocer sus exactos limites, pero los hechos, en forma de rumor, eran
conocidos y aceptados sometidamente sin indagar qué había de cierto, por una organización que tenía
sobrados motivos para espantarse de la sola sospecha de que tal personaje fuera quien alimentaba a
los niños.
Este ejemplo ilustra cómo una articulación inadecuada servía de entrada para expresar
dramáticamente un peligro acerca de cuya naturaleza real no había certidumbre, pero sí una intensa y
negada preocupación. Esta fractura fue la pantalla sobre la cual se proyectaba la ansiedad,
transformándose, a su vez, en punto de irradiación de ansiedad que la organización intentaba
controlar mediante normas cada vez más severas que, a su vez, resultaban inadecuadas pues las
mismas constituían sólo una negación y un verdadero desplazamiento para no enfrentar lo que era
vivido como el verdadero peligro, en realidad, el directivo. La inadecuación de las nuevas normas,
favorecía que no fueran cumplidas, siendo esto vivido como un fracaso del control y provocando otros
desplazamientos, apareciendo ahora como peligrosos los que no se ajustaban a las normas, originando
esto, a su vez, normas punitivas.
Se pueden hacer algunas apreciaciones acerca de los motivos que llevó a esta institución a
desarrollar esta conducta. Pareciera que intentaba con este proceder, evitar la profunda ansiedad que
provocaba un directivo importante que se había transformado en un perseguidor de naturaleza
psicótica, al introducir un personaje tan sospechoso. Esto mismo permitía una primera disociación,
director-encargado del comedor, teniendo lugar luego una negación omnipotente de lo que aparecía
como peligro potencial -el encargado del comedor- siendo este peligro desplazado sobre el pasaje
inadecuado que en función de los accidentes, cobraba jerarquía de zona peligrosa, configurando un
retorno de lo reprimido, ya que al ser identificada vagamente como "el pasaje para la muerte",
establecía una relación con matanzas de niños en campos de concentración. Todo esto más las
sucesivas defensas de normas restrictivas y punitivas, intentaba reprimir la emergencia de lo psicótico,
aparentemente tratando de evitar el derrumbe de la organización dirigida por alguien vivido tan
ambivalentemente, dándose lugar a un verdadero proceso de "caracterotización", puesto que este
derrumbe era evitado, negando durante mucho tiempo un conflicto y "normalizando" cada vez más lo
anormal.
Quisiera volver sobre la hipótesis que ilustra este ejemplo. Sintéticamente la misma proponía
reconocer dos niveles en los conflictos institucionales; un nivel, predominantemente implícito o
latente, en el cual los integrantes de la institución proyectan sus propias ansiedades (prehistóricas) en
un punto fracturado de la organización; y un segundo nivel, de naturaleza explícita o manifiesta,
donde esta pantalla fracturada generaba, a su vez, ansiedades de cuya reintroyección se de fendía la
organización mediante conductas espontáneas o formalizadas en normas, originando el conflicto
actual o tensión sintomática.
E. Jacques, en una proposición clásica ya mencionada, sostiene que las instituciones son usadas
inconscientemente por sus integrantes como defensa contra las ansiedades paranoides y depresivas de
naturaleza psicótica. Esto significa que los individuos ponen sus conflictos internos en personas reales,
externalizando su mundo interno mediante la identificación proyectiva y, simultáneamente,
reincorporan por medio de la identificación introyectiva los elementos dramáticos que se están
desarrollando a su alrededor.
La proposición que he formulado se apoya en lo anterior e introduce como novedad la existencia
de un nivel latente y una conducta sintomática manifiesta, en relación al papel de la factura
institucional que se transforma así en punto central que tanto sirve a los fines de la defensa como
pantalla proyectiva para el individuo, como de caja de resonancia que devuelve amplificado lo
proyectado, creando una dramatización sintomática del conflicto original.
He hablado en algunos pasajes anteriores de ansiedades prehistóricas o preinstitucionales. Esta no
es más que una denominación que señala el pasaje del individuo por la primera organización
institucional, el grupo familiar, matriz de sublimaciones, pero también de ansiedades y de conductas
de contenido emocional, que lo proveerá de rasgos de personalidad y pautas, merced a las cuales
tenderá a adoptar determinadas actitudes en las instituciones sofisticadas o grupos de trabajo en que
se incluya a lo largo de su vida.
Ya señalé cómo la existencia de normas y articulaciones adecuadas en estas futuras instituciones,
será de vital importancia para resolver sus conflictos arcaicos al tener oportunidad de externalizar y
reintroyectar adecuadamente, modificando sus objetos internos. Lo contrario ocurrirá frente a la
presencia de fracturas, que a la vez que servirán como estimulo proyectivo, lo obligarán a un gran
esfuerzo para defenderse de la reintroyección de lo proyectado, con doble empobrecimiento del Yo
por la proyección y por la defensa, llegando, finalmente, en situaciones extremas a perder la evi dencia
de sus conflictos internos ya vivir dentro de un conflicto del que es ml engranaje no lúcido. Esta es una
de las formas de la alienación que explica el que al analizar una institución, a veces el observador
externo se sorprendente de cómo sus miembros han podido ir incorporando la tradición cultural
propia de esa organización, llegando a "normalizar" situaciones totalmente patológicas, sin advertir la
naturaleza de las mismas. Así, por ejemplo, en una institución de enseñanza con un régimen de
internación y organizada sobre normas muy severas y punitivas, un alumno de los últimos años
informó acerca de otro alumno, recién ingresado, en quien creía ver conductas perversas
homosexuales.
Con anuencia de sus superiores, se planeó una verdadera celada para sorprenderlo infraganti y
comprobar su perversión. Este plan llevó varias semanas, con la participación de un número grande
de alumnos de diferentes años y de algunos superiores de la organización.
El mismo consistió en un verdadero intento de pervertir al alumno elegido, sobre el cual se
proyectaban sentimientos homosexuales, más o menos reprimidos, de diferentes miembros de la
institución. Lo que importa aquí señalar es que esta situación era aceptada sin extrañeza por gran
número de personas de la institución, que habían así ido incorporando caracteropáticamente a su
conducta cotidiana dentro de la organización, un síntoma grave, cosa que, sin duda, les habría
sorprendido a muchos de ellos si hubieran sido testigos y no actores del hecho. Esta "normalización"
les permitía defenderse alienadamente de sus sentimientos homosexuales.
Este ejemplo destaca la importancia que en la maduración emocional y en el proceso de identidad,
tienen las instituciones de enseñanza, sobre todo las que reciben muy tempranamente al niño. De su
estructuración adecuada o fracturada, dependerá en parte el tipo de transferencia institucional y de
reintroyección que aquél pueda realizar.
En relación a la "transferencia institucional" que un sujeto establece a partir de la repetición, más o
menos encubierta, de su modelo familiar, pueden señalarse dos modalidades más o menos típicas y
frecuentemente observadas en el ámbito institucional. Una estaría representada por la modalidad
filial, y otra por la fraterna.
La primera adquiere, en general, formas dependientes rebeldes o sometidas y se observa,
lógicamente, el predominio de sentimientos de envidia.
En la modalidad fraternal, en cambio, prevalecen conductas competitivas y sentimientos de celos.
Desde ya que estoy hablando sólo de predominio en las actitudes transferidas a la institución.
Me he referido a lo anterior para hacer un comentario en relación a la posibilidad que tiene una
institución de favorecer o entorpecer el proceso de maduración e identidad de sus miembros. Lo
central radica en la presencia de articulaciones adecuadas o fracturadas, frente a las propias facturas o
puntos de fijación del individuo.
Una articulación adecuada favorece que el sujeto proyecte, predominantemente, objetos totales,
sin que se perturbe su identidad Es lo que se reconoce como delegación. Esto se pone en evidencia
cuando una institución designe formalmente a quienes cumplirán los roles. Esta designación supone
una delegación de autoridad, de responsabilidad y de funciones. Así, en una institución que elija
democráticamente sus autoridades, puede darse el caso de que algunos electores "voten a un
candidato, pero no lo elijan". En este caso, no se produce tal delegación, sino la mera proyección de
aspectos parciales, seguramente hostiles, de estos electores, que en la realidad no apoyarán la gestión
del elegido. Sería esto equivalente al paciente que reclama ayuda de un psicoanalista pero,
íntimamente, se niega a aceptarlo, proyectando sus sentimientos de fracaso y desesperanza. Si el
analista tiene "fracturas" en su función -por una inadecuada formación, o por cualquier otro motivo-
no podrá devolver adecuadamente lo proyectado, antes bien, favorecerá, sin advertirlo, el incremento
de la proyección que partes fracturadas del paciente.
Otro tanto ocurre con una fractura institucional. Si el elegido no tiene condiciones para el cargo, o
la proyección es muy intensa, o ambos casos, se transformará en chivo emisario.
Sintetizando, diremos que la existencia de articulaciones fracturadas en la institución, favorecerá
la proyección de aspectos parciales, obligando a instaurar defensas contra la reintroyección. La
proyección más estas defensas, si bien tienden a controlar las ansiedades persecutorias, empobrecen
sensiblemente al Yo, y la inevitable reintroyección contribuye a deteriorar la identidad del sujeto.
Por el contrario, las articulaciones adecuadas favorecen la delegación o proyección de aspectos
totales de la personalidad, cuyo reintroyección enriquece la identidad del sujeto. Este proceso está más
al servicio del control de las ansiedades depresivas, al permitir preservar aspectos buenos mediante
esta delegación.
La micropolítica de la escuela
Hacia una teoría de la organización escolar
Stephen J. Ball
Traducción de Néstor Miguez
Revisión técnica, prólogo y glosario de Mercé Boix i Navarro,
Universidad de Barcelona
PAIDÓS
1ª reimpresión, 1994
© 1987 by Stephen J. Ball
ISBN: 84-7509-S29-1
En los últimos veinte años, ha habido un aumento masivo de los escritos e investigaciones
relativos a la sociología británica de la educación. En una gran variedad de áreas importantes, se ha
logrado un considerable avance en nuestra comprensión —teórica y empírica— de los procesos
educativos. Sin embargo, la sociología de la organización escolar es un campo donde se ha hecho
poco o ningún progreso. Las teorías y los conceptos apenas han cambiado desde los años sesenta. Ni
los teóricos de la organización ni los investigadores educativos han hecho muchas contribuciones
útiles o de importancia.
Sostengo que los análisis organizativos, categoría en la que incluyo la teoría organizativa y las
tradiciones de la “sociología de las organizaciones” (Albrow, 1973; King, 1984) nos han dicho poca
cosa de alguna significación sobre el modo como las escuelas funcionan en realidad cotidianamente.
En verdad, buena parte de los escritos sobre este campo han tendido a soslayar y a ocultar las
realidades de la vida organizativa en las escuelas. En gran medida, los teóricos de la organización han
permanecido encerrados, explícita o implícitamente, dentro de los parámetros anuladores de la teoría
de sistemas y han tendido a descuidar la descripción a favor de la prescripción o a moverse de
manera vacilante entre las dos. Prefieren la pulcritud abstracta del debate conceptual al desorden
concreto de la investigación empírica dentro de las escuelas. Los sociólogos de la educación,
utilizando estudios de casos de escuelas particulares, han tendido a concentrar su atención, con algún
éxito, en lo que podría llamarse aspectos técnicos de la enseñanza —las agrupaciones de alumnos, el
pastoral care14 (atención tutorial), el currículum— o se han concentrado en el conflicto entre alumnos y
profesores en el aula (Hargreaves, 1967; Lacey, 1970; Sharp y Green, 1975; Edwards y Furlong, 1976;
King, 1978; Woods, 1979, Ball, 1981a; Turner, 1983; Burgess, 1983; Delamont, 1983; Evans, 1985;
Griffin, 1985). Aunque varios de estos autores, Woods y Burgess en particular, proporcionan algunas
aclaraciones muy útiles y penetrantes sobre la organización escolar (Burgess sobre el papel de los
directores, Woods sobre la sala de profesores), como dice Davies:
Así, las teorías actuales de la organización son ideologías, legitimaciones de ciertas formas de
organización. Exponen argumentos en términos de la racionalidad y la eficiencia para lograr el
control. Los limites que imponen a la concepción de las organizaciones realmente descartan la
posibilidad de considerar formas alternativas de organización. En ningún ámbito esto es evidente con
mayor claridad que en la aplicación actual de las teorías de la administración a las escuelas. Ellas son
ampliamente aceptadas por administradores y profesores como el “mejor modo” de organizar y
administrar escuelas. Como resultado de esta aceptación, toda una variedad de conceptos
incompatibles son rechazados y condenados. Tales teorías marginan los estudios empíricos de la
práctica escolar y desdeñan el “conocimiento folclórico” de los profesores por considerarlo sin
importancia (que son las dos bases de mi análisis). Son tan significativas por lo que excluyen como
por lo que incluyen:
un estudio está ligado a la ideología tanto por lo que dice como por lo que no dice. Es en los
silencios significativos de un texto, en sus lenguas y omisiones, donde la presencia de la ideología
puede sentirse más categóricamente (Eagleton, 1976, págs. 34-35).
La historia se repite.
No soy en modo alguno el primero en señalar los decepcionantes resultados del análisis
organizativo de las escuelas. Bidwell lamenta el hecho de que “pocos estudiosos u organizaciones han
dirigido su atención a las escuelas, y pocos estudiosos de las escuelas han sido sensibles a sus
atributos organizativos” (1965, pág. 971). Abrahamson se escandaliza al descubrir que “no hay
ninguna teoría sociológica coherente de la escuela como organización ni hay siquiera un esquema
conceptual sistematizado que pueda ser usado como una base de trabajo natural” (1974, pág. 297). Y
Davies sugiere: “El advenimiento de una sociología decente de la organización escolar se ha retrasado
tanto que debemos empezar a sospechar que, o bien que ya se ha producido sin que nos demos
cuenta de ello, o bien que algo funciona mal en el sistema de difusión de noticias” (1981, pág. 47).
Pero tales quejas sólo sirven para poner de relieve el problema. Necesitamos ir más allá del análisis
del fracaso de los intentos realizados para elaborar una sociología alternativa de la organización
escolar. Las páginas siguientes son un intento de abandonar totalmente el paradigma dominante de la
“teoría organizativa”, no una crítica fragmentaria de sus debilidades. Presentaré nuevos puntos de
partida, conceptos y axiomas, y trataré de reconsiderar aquellos aspectos de la organización escolar
actualmente insertados en los supuestos implícitos de las teorías relativas a sistemas. Sin embargo, no
considero resuelto ninguno de los problemas aquí abordados: esto es sólo un comienzo.
Hay dos problemas básicos en los intentos actuales de elaborar una sociología coherente de la
organización escolar. Primero, ha sido permanente el fracaso en reconocer la peculiar naturaleza de
las escuelas como organizaciones. Segundo, como ya señalamos, existe una total carencia de
investigaciones básicas sobre los aspectos organizativos de la vida escolar. Es evidente que estos dos
problemas están relacionados de varias maneras. Como ya he indicado, gran parte de los trabajos
analíticos sobre la organización escolar se basa en la suposición de que es posible adecuar las
escuelas, más o menos sin problemas, a un esquema conceptual derivado de estudios de fábricas o
burocracias formales. Éste es un enfoque a priori que ha tendido a soslayar la necesidad de estudios
concienzudos y sin límites prefijados de las escuelas mismas. Como resultado de ello, muchos de los
escritos sobre las escuelas como organizaciones se han basado en “lo que todos sabemos acerca de las
escuelas” como, en mayor o menor grado, observadores externos informados. Raras veces han sido
investigadas y tomadas en cuenta las ideas y experiencias de los actores involucrados. No se ha
abordado todo lo que no sabemos sobre las escuelas. Esto lo reconoce Bell cuando afirma que “las
personas descubren a menudo que trabajan en escuelas que son, organizativamente, más complejas,
menos estables y menos comprensibles de lo que habían supuesto y de lo que podría revelar la
bibliografía sobre sociología de la educación” (1980, pág. 186). Trato de demostrar en este libro que el
futuro del análisis organizativo de las escuelas está en el ámbito de lo que no sabemos sobre las
escuelas, en particular en la comprensión de la micropolítica de la vida escolar, lo que Hoyle llama el
“lado oscuro de la vida organizativa” (1982, pág. 87).
Mi objetivo aquí es esbozar un esquema para el análisis de la organización escolar que derive
de, y se base en, datos. En los capítulos restantes de este libro, espero elaborar este esquema mediante
la presentación y discusión de los elementos de juicio reunidos en las escuelas. Así, algunos de los
argumentos bosquejados y de los conceptos introducidos en esta sección serán examinados y
explorados más adelante con mayor detenimiento.
El análisis de datos ha atraído la atención sobre un conjunto de conceptos, presentados en la
tabla 1.1, que pueden ser contrapuestos a los de la “ciencia de la organización”. Muestran una
importante diferencia en lo relativo a dónde se pone el énfasis y cuáles son los axiomas que reciben la
primacía. (Pero no se excluyen mutuamente.)
Poder Autoridad
Diversidad de metas Coherencia de metas
Disputa ideológica Neutralidad ideológica
Conflicto Consenso
Intereses Motivación
Actividad política Toma de decisiones
Control Consentimiento
En las secciones siguientes, bajo los títulos de Control, Diversidad de metas, Ideología y
Conflictos, inicio la discusión de los conceptos indicados en la columna de la izquierda de la tabla 1.1.
Se exponen los contrastes con los conceptos registrados en la columna de la derecha de la tabla 1.1.
Control
Uno de los problemas implicados en tratar de adaptar las escuelas a las categorías existentes
de tipo organizativo es que las escuelas albergan estrategias de control diversas y contradictorias.
Collins (1975), siguiendo la costumbre convencional, discute las cuestiones de estructura y control en
relación con tres “tipos” de organización: las organizaciones jerárquicas (esencialmente de
producción, comerciales o burocráticas), las organizaciones controladas por sus miembros (por
ejemplo, los partidos políticos y los sindicatos) y las comunidades profesionales. Sostiene que la
enseñanza puede ser considerada como una profesión “que ofrece principalmente habilidades
organizativas y rituales; éstas son importantes para que los miembros de la sociedad sepan en qué
medida los profesores han logrado promover sus intereses haciendo de la escuela una parte
importante de sus carreras” (Collins, 1975, pág. 345). Pero es importante no confundir un examen de
la enseñanza como profesión con el análisis de las escuelas como organizaciones. Considerando la
cuestión con realismo, las escuelas, prácticamente de todas las variedades, contienen elementos de los
tres tipos de organizaciones de Collins. A este respecto, contienen mensajes confusos tanto para el
analista como para sus miembros (alumnos y profesores, y otras personas que trabajan en la escuela).
En tiempos diferentes, en sectores diferentes o en relación con diferentes actividades, se puede
considerar las escuelas como jerárquicas, o como controladas por sus miembros o como
organizaciones profesionales. Un análisis que se basa en una de estas tipificaciones con exclusión de
las otras puede incurrir en deformaciones de la realidad. En particular, las escuelas ocupan un
incómodo lugar intermedio entre las organizaciones laborales jerárquicas y las organizaciones
controladas por sus miembros (donde las escuelas difieren unas de las otras según los elementos a los
que asignen mayor importancia) y por lo tanto entre sistemas de elaboración de productos e
instituciones de servicios públicos. El miembro ordinario (el profesor) conserva al menos algún
control sobre la organización y la dirección de su labor en ella.
Aquí mi argumento no es simplemente que, como educadores profesionales en ejercicio, los
profesores conservan en última instancia un control de sus propias actividades en la intimidad de su
aula. Me refiero al control en su sentido más general, con relación a la organización como un todo. A
veces las escuelas son dirigidas como si en ellas todos participasen y fuesen democráticas: hay
reuniones del personal, comités y días de discusión en los que se invita a los profesores a tomar
decisiones sobre las políticas a seguir (aunque la realización de tales reuniones no es en modo alguno
un indicador claro de que haya una participación democrática; véase el capítulo 9). En otros
momentos son burocráticas y oligárquicas, y las decisiones las toman— con poca o ninguna
participación de, o consulta a los profesores —el director y/o el equipo de administración superior.
Consideramos el siguiente ejemplo que describe Burgess (1983) en su estudio de la escuela
comprensiva Bishop McGregor. Burgess hace un análisis claro del rol y de la idea que tenía de sí
mismo el director del Instituto, el Sr. Goddard:
Para Goddard, ser el director significaba llevar la batuta: “Me convencí de que cuando
más activo es un director tanto más dirige. Yo era un oficial al mando de tropas, no un
oficial de estado mayor. Yo dirigía desde el frente y esto era adecuado para mí.” El Sr.
Goddard, pues, definía el rol del director como el de un administrador, un coordinador, un
encargado de tomar decisiones y un profesor. Para él, el director era el miembro principal
de la escuela (pág. 29).
Lo que se señala aquí es un liderazgo patrimonial fuerte y centralizado, con una elevada
participación en la toma de decisiones, en todos los planos, por parte del director. (En los capítulos 4,
5 y 6 examinaremos con algún detalle la dirección y el liderazgo.) Es oportuno recordar que las
escuelas difieren de muchas otras organizaciones en que el líder, de manera prácticamente inevitable,
surge de los rangos inferiores. En cambio, muy pocos capitanes de industria empiezan su carrera
desde abajo, de un modo similar. Ciertamente, esto permite que el director pretenda un liderazgo que
sería imposible en otros tipos de organización. Sin embargo, podemos comparar la pobre impresión
que da el Sr. Goddard con la descripción que hace Burgess de una reunión de discusión abierta
realizada en el colegio Bishop McGregor donde se trató el modo de concebir la ceremonia de entrega
de premios del instituto.
El director inició la discusión explicando que él deseaba ver una entrega de premios que
recompensase los logros académicos. (...) Sin embargo, por la mera fuerza de la superioridad
numérica, el personal joven logró discutir y planear, apoyándose unos a otros, un acto de
nuevo estilo, con una entrega de premios, un discurso y una discusión breves, y un “baile”
vespertino... una recomendación que luego fue llevada a la práctica por el director. En este
contexto, los profesores jóvenes pudieron exponer sus ideas sobre la organización escolar, que
a su vez llevó a una modificación de la concepción del director sobre el acto de entrega de
premios (pág. 71).
Aquí tenemos un caso que evidentemente contradice la idea que tiene el director de su rol de
líder y que indica la importancia del concepto de control por los miembros. El personal joven pudo
imponer la opinión mayoritaria sobre la fuerte preferencia del director. Estas dos imágenes de la
escuela, la presentada por el director y la que ofrece la reunión de discusión abierta, brindan
impresiones contradictorias sobre la naturaleza del control dentro de la institución y los modos como
se toman las decisiones. La discusión que describe Burgess del foro abierto no indica que se tratase de
una decisión que el director considerase sin importancia y, por lo tanto, que estuviese dispuesto a
“conceder” para mantener la armonía con el personal joven. Tanto para el analista como para los
miembros, el problema es que estos “campos” de control no son, ni pueden ser en verdad, distintos.
Están sujetos a negociaciones, renegociaciones y disputas (Strauss, 1978). Los límites del control se
modifican continuamente y su trazado es diferente en las diferentes escuelas. A menudo son el
resultado de la lucha entre los directores y su personal (véanse los capítulos 4, 5 y 6), los jefes de
departamento y sus miembros, los especialistas en tareas tutoriales y los especialistas en las
asignaturas (véanse los capítulos 2 y 9). Los límites también sufren la presión de la intervención
externa (véase el capítulo 10). Los modelos variables de control no son el producto de sistemas
organizativos abstractos, sino que surgen de los enfrentamientos de individuos y grupos de la
organización.
Todo intento de describir una organización escolar usando sólo una categoría de control
conducirá inevitablemente a una deformación de la realidad. Esto no significa que las categorías
analíticas existentes sean totalmente superfluas; pero tienden a pasar por alto y ocultar rasgos
importantes de la organización escolar. Baldridge (1971), en un estudio similar dedicado al análisis de
la organización universitaria, señala claramente las limitaciones de las categorías burocráticas y
colegiales (profesionales) empleadas con frecuencia. Este autor dice:
ciertamente no sería justo considerarlos como modelos completamente inútiles, pues su
sensibilidad a ciertos problemas decisivos es muy útil. Pero, por sí solos, encubren muchos
aspectos esenciales de las estructuras y los procesos universitarios (pág. 14).
Diversidad de metas
Una de las principales deformaciones que impone el uso del análisis de sistemas sociales es la
excesiva importancia que se da a las metas organizativas y al logro de ellas. Los teóricos han dedicado
mucho esfuerzo a tratar de elaborar métodos para la identificación de la(s) meta(s) de organizaciones
particulares. Además, se conduce a menudo esta búsqueda sobre la base del supuesto de un consenso
entre los miembros de la organización, supuesto que tiene una validez muy limitada en casi todos los
tipos de organización. Así, Silverman arguye que “parece dudosa la legitimidad de concebir una
organización como en posesión de una meta, excepto cuando hay un consenso entre los miembros de
la organización sobre los propósitos de su interacción” (1971, pág. 9). Las escuelas, como todas las
otras instituciones educativas, se caracterizan por tal ausencia de consenso. En verdad, la estructura de
las escuelas permite y reproduce la disensión y la diversidad de metas. La relativa autonomía de los
subgrupos dentro de la organización —departamentos, houses,15 grupos de curso, unidades especiales,
sixth forms—, da origen a lo que Bidwell llama “flojedad estructural”, esto es, “una falta de
coordinación entre las actividades y las metas de los actores en unidades funcionales separadas, la
existencia de múltiples ámbitos de interés y jurisdicción que se sobreponen, así como complejos
procesos de toma de decisiones” (1965, pág. 978). Esta falta de coordinación y la ocasional ausencia de
toda forma de control inmediato sobre las subunidades de la organización es llamada por Weick
(1976) “conexión vaga”; se entiende por esto que la estructura se halla desconectada de la actividad (el
trabajo) técnica, y la actividad está desconectada de sus efectos (Meyer y Rowan, 1978, pág. 79). Se considera
que ésta es una propiedad básica de las organizaciones educativas. Éstas raras veces han contenido
procedimientos para la supervisión y el control directos de la labor de enseñanza o para el control de
calidad de los resultados de la enseñanza, aunque algunos colegas o superiores pueden usar
mecanismos informales para hacer juicios sobre la efectividad en el aula de personas o subunidades
(véase Ball, 1981, págs. 132-133), pero esto quizás esté cambiando. Ciertamente, a este respecto, las
organizaciones educativas se han apartado mucho de los modelos clásicos de las organizaciones
industriales. Algunos autores, sin embargo, también han sostenido que ciertos supuestos sobre la
coordinación y el control estrechos enunciados acerca de estas organizaciones a menudo son
igualmente engañosos (por ejemplo, Cyert y March, 1963). La autonomía y la diversidad de los
intereses departamentales en las organizaciones industriales con frecuencia han sido seriamente
subestimados.
Llevando más adelante esta idea de la falta de coordinación, Bell (1980) ha sugerido que los
efectos de un entorno social cada vez más “agitado” e imprevisible sobre una estructura interna
“vagamente conectada” “ha creado una situación en la cual la organización interna de la escuela ha
empezado a asemejarse a lo que se ha llamado una organización anárquica” (1980, pág. 187). Y sigue
diciendo:
15
House system
El sistema de “houses” realiza la división de una escuela, originalmente una “public school” en régimen de
internado, en secciones verticales que agrupan a niños de todas las edades. Las “houses” se identificaban por
signos externos: uniformes, emblemas, etc. Se pretende que, a través de ellas, el alumno adquiera sentido de
pertenencia y entidad. Se realizan actividades competitivas de todas clases, especialmente deportivas. [R.]
de la organización misma. Es anárquica en el sentido de que la relación entre las metas, los
miembros y la tecnología no es tan claramente funcional como la teoría convencional de la
organización indica que será (pág. 187).
Este concepto de organización anárquica está tomada de la obra de Cohen, March y Olsen
(1972) y March y Olsen (1976), y parece particularmente apropiado para comprender los procesos
organizativos de las escuelas en la actual situación económica y política (véase el capítulo 10). Por una
parte, las escuelas contienen en su seno miembros que aspiran a, y tratan de alcanzar, metas muy
diferentes (véase Ball, 1971a, págs. 11-13, 163-192). Las propias experiencias de los profesores, su
aprendizaje como profesores, y más específicamente su socialización dentro de una subcultura de
asignaturas, así como sus preferencias políticas, todo, pues, contribuye a esta diversidad de metas.
Por otra parte, las escuelas se enfrentan con todo un conjunto de exigencias y expectativas a menudo
contradictorias de públicos y organismos externos. Todo esto plantea dificultades para llegar a la
formulación de metas o prioridades que tengan algún valor o permanencia. Además, la importancia
de tales formulaciones abstractas para la práctica concreta de los profesores es dudosa.
Ideología16
Considerando, pues, que las metas de la educación son ambiguas y pueden no ocupar
una posición clara en la vida de la escuela, el modo en que las escuelas tratan de alcanzar esas
metas es igualmente oscuro. Aunque las metas sean expresadas en los términos más
generales, relacionados con la manera de facilitar la enseñanza, diferentes ideologías
educativas y políticas pueden llevar a los profesores a abordar su tarea de diferentes modos
(Bell, 1980, pág. 188).
16
En este volumen usamos la voz “ideología” en dos sentidos diferentes. Primero, y más sencillamente, la
usamos para referirnos a las perspectivas y los compromisos educativos de los profesores. Son las ideas sobre la
práctica en el aula, las relaciones entre el profesor y los alumnos y la enseñanza brindada a éstos, que a menudo
reposan en creencias más fundamentales sobre la justicia social y los derechos humanos, y sobre los fines de la
educación en la sociedad (véase en esta misma página la definición de ideología de la enseñanza). Es esta
definición de “ideología” empleada en el concepto de intereses ideológicos la que se usa principalmente en el
texto (véase pág. 21). Segundo, usamos “ideología” para referirnos a ideas de las que es posible demostrar que
ocultan o resuelven aspectos problemáticos de la vida social de un modo idealista o imaginario. En este sentido,
las explicaciones ideológicas sirven para asegurar la posición de los grupos dominantes. Es, por lo tanto, la
ideología de la administración (véase pág. 11).
el revoltijo de las actividades y la interacción cotidianas. Pero en tiempos de crisis o cambio, o en
momentos de reflexión (algunos días especiales, reuniones del personal o del departamento), los
puntos discrepantes sobre la práctica pueden revelar rápidamente profundas divisiones en la
ideología de la enseñanza. Sharp y Green definen del siguiente modo una ideología de la enseñanza:
Los comentarios de Bennett y Wilkie dirigen la atención a la decisiva relación entre la disputa
política y la asignación de recursos, entre la filosofía y los intereses materiales. Pero, una vez
reconocida, es muy fácil exagerar la importancia de los aspectos ideológicos de la adopción de
decisiones en la escuela, y suponer, por ejemplo, que todos los profesores presentan el mismo alto
grado de compromiso ideológico en su trabajo. Blecher y White hallaron, en su estudio de una
situación organizativa muy cargada de problemas y disputas ideológicas, que no todos los
participantes estaban impulsados o influidos por adhesiones ideológicas:
Podemos hacer aquí una distinción inicial entre “creyentes” de varios tipos para quienes
los valores ideológicos eran subjetivamente importantes y que influían en su conducta; “no
creyentes” que consideraban las ideologías públicas más o menos ajenas a su vida; y “cínicos”
cuya visión del mundo incluye la esfera de la ideología pública, pero sólo para ridiculizarla,
rechazarla o manipularla (1979, pág. 99).
Los conflictos
Como señalamos antes, en la base de esta concepción alternativa de las escuelas como
organizaciones hay un conjunto de conceptos (que trataré de fundamentar en los capítulos siguientes)
fundamentalmente antitéticos a la tradición del sistema social subyacente en gran parte de la teoría de
la organización. Estos conceptos, esbozados en diversas formas en la obra de Cyert y March (1963),
Baldridge (1971), Collins (1975) y March y Olsen (1976), se apartan de la perspectiva administrativa
(Pfeffer, 1978) propia de la tradición del sistema social para tomar en cuenta el conflicto en la
prioridad en las órdenes, los objetivos, los intereses y las ideologías entre los miembros de la
organización y que dan como resultado la controversia o la lucha por el control de la organización.
Esta perspectiva de conflicto está en la base de prácticamente todos los aspectos del análisis esbozado en
el resto de este libro. Baldridge presenta en forma sucinta los principales principios implicados:
1. Los teóricos del conflicto subrayan la fragmentación de los sistemas sociales en grupos
de intereses, cada uno de los cuales tiene sus metas particulares.
2. Los teóricos del conflicto estudian la interacción de estos diferentes grupos de intereses,
y especialmente los procesos conflictivos mediante los cuales un grupo trata de ganar ventajas
sobre otro.
3. Los grupos divergentes se forman alrededor de valores divergentes, y el estudio de los
intereses en conflicto es una parte fundamental del análisis.
4. El estudio del cambio es una característica esencial del enfoque basado en el conflicto,
pues cabe esperar que se produzcan cambios si el sistema social se fragmenta en valores
divergentes y grupos de intereses conflictivos (1971, pág. 14).
Mucho de lo que ocurre cotidianamente en las escuelas no se caracteriza por la disputa o las
disensiones entre los profesores. La conversación y la interacción de todos los días se centra en la
conducción rutinaria, terrenal y, en su mayor parte, no controvertida de la institución. La vida escolar
está dominada por lo que es más acuciante e inmediato; las prioridades se establecen sobre la base de
las necesidades prácticas, de la “supervivencia” (Woods, 1979). En efecto, la vida organizativa
rutinaria se sitúa dentro del “orden negociado” (Strauss, 1978), una construcción pautada de
contrastes, arreglos, acuerdos y “reglas” que proporciona la base para la acción concertada (véase
también el capítulo 9). De este modo, los conflictos pueden permanecer implícitos y subterráneos, y
sólo hacerse manifiestos ocasionalmente (Lacey, 1977), cuando aparecen problemas o se producen
sucesos de particular significación (dramas sociales). Cuando el “orden negociado es perturbado de
este modo, se requieren renegociaciones y reevaluaciones, pero no siempre es fácil o posible la
renegociación “de éxito”: la negociación es el producto de los conflictos entre el personal por
mediación de las diferencias de poder que existen en la estructura de la organización” (Hannan, 1980,
pág. 6). Pero debe reconocerse que allí donde se hallan especificadas las bases del conflicto, también
pueden determinarse las condiciones para la ausencia del mismo. Es evidente que hay algunas
instituciones educativas donde los conflictos son mínimos o, quizá, inexistentes.
No debe suponerse, como parecen hacerlo los teóricos de sistemas, que el conflicto siempre es
destructivo. Baldridge también señala la posibilidad de que el conflicto tenga aspectos positivos en la
organización: “Aunque una interpretación política se base en la teoría del conflicto, ello no significa
que la universidad esté desgarrada por incesantes conflictos. El conflicto puede ser, y a menudo es,
muy saludable; o puede revitalizar un sistema que, de lo contrario, se estancaría” (1971, pág. 202).
Hay una segunda dimensión de la cuestión relativa a la frecuencia de los conflictos que concierne a la
opinión de la persona que ha de emplearse en un enfoque micropolítico del estudio de la vida escolar.
En esencia, la cuestión es: “¿son todos los profesores animales políticos?” o, con mayor generalidad:
“¿son todas las personas que están en organizaciones políticamente conscientes y están implicadas en
la política?”. La respuesta a ambas preguntas es, obviamente, “no”, y esto indica claramente la
necesidad de un considerable cuidado en la interpretación de sucesos y acciones. Es muy fácil ver en
las acciones motivos que pueden alterar completamente los significados y las intenciones del actor,
aunque también es importante reconocer que la atribución de significado es un componente
importante de la actividad micropolítica y algo necesario para el activista político. Los problemas aquí
implicados no se resuelven con la simple respuesta negativa mencionada y un consejo de obrar con
cautela. Las cuestiones aquí planteadas requieren un tratamiento más detallado. Es posible discernir
un conjunto de tensiones o contradicciones, y diré de antemano que no tengo ninguna solución clara
para estos dilemas:
Para plantear de otro modo este último dilema: los actores sociales de la organización,
¿buscan principalmente su propio interés o están mucho más preocupados por el desarrollo personal
y la autorrealización?
Otra respuesta mucho más pragmática es decir que ello depende de la situación, los
problemas y las inclinaciones específicas de los actores. Algunas personas pueden ser políticamente
activas en la organización de manera regular; otras pueden intervenir cuando surgen problemas
particulares; otras aún pueden no interesarse nunca por este tipo de actividad. Baldridge (1971) da un
ejemplo de este enfoque empírico en su análisis de la micropolítica de la Universidad de Nueva York.
Identifica cuatro tipos de actores —funcionarios, activistas, personas alertas y apáticos— cuyas
intervenciones y actitudes hacia la política institucional de la universidad eran diferentes. Los
funcionarios están entregados, por su carrera, su estilo de vida y su ideología, a la tarea de dirigir la
organización (Baldridge, 1971, pág. 177). Están implicados políticamente por definición. Participan en
comités, tienen responsabilidades de toma de decisiones y reciben las peticiones y explicaciones de
otros. Los directores de escuelas estarían en esta posición, o al menos sería difícil imaginarse cómo
podrían sobrevivir sin tal intervención, aunque algunos rechazarían el término “política” como
descripción de sus acciones. Los del segundo tipo de Baldridge, los activistas, “son un conjunto
relativamente pequeño de personas intensamente implicadas en la política de las universidades”
(pág. 177). Intervenían formalmente en el trabajo de comités, e informalmente en la formación de
camarillas y en cabildeos o cualquier otra acción dirigida a influir en la toma de decisiones. A la
distinción entre formal e informal volveremos varias veces (véase el capítulo 9), y la noción de
influencia nos será útil más adelante. Hoyle aclara provechosamente este término:
Es interesante el hecho de que los activistas informaban más lealmente a la universidad que
los otros grupos y estaban menos dispuestos a marcharse para hacer otros trabajos: “al parecer, los
activistas tienen todo un conjunto de fuertes vínculos con la universidad, de los que la acción política
sólo es uno” (Baldridge, 1971, pág. 181). Podría decirse que tienen más que defender, mayores
intereses creados en el futuro de la institución. Gray señala que “un interés creado es sencillamente un
vínculo con una organización que ofrece una recompensa valiosa a un individuo. Cuando la
recompensa está en peligro, el individuo hará todo lo posible para conservarla” (1975, pág. 256).
El tercer tipo de Baldridge, las personas alertas, “son observadores colaterales interesados en
las actividades del sistema formal” (1971, pág. 178). Este es el grupo que tendía a participar
activamente sólo cuando surgían “problemas muy delicados”. Estaban al corriente de las cosas pero
normalmente no se comprometían. Para las autoridades de la universidad, constituían un bloque
potencialmente poderoso. El último tipo, el de los apáticos, “casi nunca actuaba en los comités, casi
nunca aparecía en las reuniones de las facultades y en general no mostraba ningún interés” (pág. 178).
Baldridge señala que los miembros de este tipo variaban considerablemente; se mantenían al margen
por toda una variedad de diferentes razones. En algunos, la ignorancia o no participación podía tener
un carácter estratégico; es lo que Lane llama “la ignorancia para evitar conflictos” (1959, pág. 113),
que asegura el mantenimiento de la fe en la organización, o “ignorancia privatizadora”, que protege a
la persona contra la saturación política de su vida privada. En capítulos posteriores, haré algunos
intentos de explorar este género de variación en el interés y la participación en la micropolítica de la
escuela.
En lo que equivale a una defensa preventiva de un análisis micropolítico de la organización
escolar, hay otro ámbito de críticas posible que debemos abordar. Se trata del peligro de que un
examen de mesonivel, o nivel organizativo, de la institución tienda a exagerar la importancia de los
factores internos al explicar las prácticas de la escuela, y a subestimar el peso de las influencias y
determinaciones estructurales externas. Es el peligro de lo que Woods llama “macroceguera”: “Una
profunda dedicación al estudio de la organización puede cegar para las coacciones externas, y el
investigador puede hallarse en la situación de expresar cosas en los términos de ésta cuando fuerzas
más poderosas que influyen en la acción están en otra parte” (1983, pág. 271). Sin embargo, hay
similares peligros en inclinar la parcialidad sobre la causa en la dirección opuesta. Podría decirse que,
al centrarme en las minucias de los conflictos interpersonales, dirijo la atención a factores triviales y
de secundaria importancia en el proceso del cambio educativo. Ciertamente, ésta es una acusación
que se ha dirigido contra mis trabajos anteriores, que han sido considerados sintomáticos de gran
parte de la labor reciente hecha en la sociología de la educación en Gran Bretaña, juzgada por algunos
como:
Las facciones a que habían dado origen los problemas en la unidad se basaban en lazos,
amistades, grupos y camarillas diversos que eran anteriores a los cambios políticos que estaban
ocurriendo en el exterior. El desarrollo de la unidad, las decisiones tomadas y las políticas seguidas
debían ser comprendidas principalmente en términos de la dinámica interna propia de la
micropolítica de la institución. La retórica, los cambios en el poder y las vicisitudes políticas externas
a la unidad proporcionaban un marco lingüístico y conceptual para el debate interno, más que un
conjunto de determinaciones estructurales.
No pretendo sugerir aquí que puedan efectuarse estudios de escuelas sin tener en cuenta para
nada el entorno o dejando enteramente de lado el impacto de la intervención externa. Evidentemente,
el contacto político entre las escuelas y el gobierno local y el nacional son de creciente importancia. No
obstante, defenderé la necesidad de explorar los distintos modos en que organizaciones diferentes
hacen frente y responden a la mayor intervención y presión del exterior. En particular, el capítulo 10
se ocupa de este tema. La relación entre las escuelas y las autoridades locales ha cambiado de manera
significativa y en diversos aspectos en los últimos diez años. Las reducciones en el gasto público en
materia de educación, sumado a la situación del descenso de matrícula en muchas zonas, ha hecho
que funcionarios y consejeros locales sean ahora mucho más activos en cuestiones relativas a los
programas de estudio y las carreras de los profesores. Muchas autoridades locales han creado
sistemas de administración conjunta con “consecuencias que afectan a las relaciones entre concejales,
funcionarios de la LEA (Local Education Authority), lideres de sindicatos de profesores y,
ocasionalmente, juntas de profesores, padres y alumnos” (Miller, 1984, pág. 8). Los efectos de la Ley
de Educación de 1980 también son importantes, en la medida en que han originado un cambio
significativo en la relación entre las escuelas y los padres, y en que las diferentes escuelas de la misma
localidad ahora compiten por atraer clientes. Además, hay una gran presión en las escuelas para
introducir nuevos cursos y asignaturas que tengan relación inmediata con las esferas social y
económica de la sociedad. Las innovaciones y las reducciones son extraños asociados, pero muchos
profesores se enfrentan con problemas reales. En otras palabras, muchas escuelas deben actuar ante
un entorno cada vez más “revuelto”; para algunas, está en juego su misma supervivencia. Aun así,
quizás algunas escuelas sean más capaces de afrontar cambios de este tipo que otras.
Finalmente, en relación con los conflictos quiero aclarar el sentido en que uso el concepto de
poder. Los teóricos de sistemas, casi por definición, tienden a evitar el concepto de poder y usar el de
autoridad. Al hacerlo, respaldan la legitimidad y el consenso, y, nuevamente, consideran patológico
el conflicto. Es significativo que los estudios y descripciones de la dirección de las escuelas
invariablemente empiezan con una definición previa del rol en términos de autoridad; se citan con
frecuencia los artículos de la función de gobierno. Otra vez, sostengo que el supuesto de la autoridad
es inútil y deforma la realidad. El concepto de poder es más activo, penetrante y flexible en este
contexto, pero el concepto de poder que usamos aquí es un tanto particular. No involucra una
referencia a una posición o capacidad como tal, sino al desempeño, la realización y la lucha (véase el
capítulo 4). Consideramos el poder como un resultado. Esto concuerda con el análisis de Hindess:
Esta concepción del poder aparece en el reconocimiento de las variaciones que existen entre
las escuelas en el ejercicio y la posibilidad del poder de los directores. También tiene en cuenta las
contingencias, los cambios en el tiempo y los resultados del conflicto; “las luchas por objetivos
divergentes son realmente luchas, no la representación de un guión preestablecido” (Hindess, 1982,
pág. 506). Evidentemente, las condiciones y los medios de acción en las escuelas pueden tender a
favorecer a una de las partes, pero esto no asegura que los resultados sean “el producto simple de las
condiciones iniciales”: “ellos se producen en el curso de la lucha misma”. Así, en los capítulos
siguientes, hallaremos que los compromisos, las negociaciones y las transacciones, así como las
amenazas, las presiones y los tratos secretos desempeñan su papel en la conquista y el mantenimiento
de los poderes del director. La toma de decisiones no es un proceso racional abstracto que pueda ser
expuesto en un gráfico organizativo; es un proceso político, es la sustancia de la actividad
micropolítica.
La teoría y los datos
He esbozado antes el marco conceptual en el que serán abordados los temas y problemas
expuestos en los restantes capítulos. Muchas de las ideas y conceptos presentados breve y
esquemáticamente serán explorados y diseccionados con mayor detalle en relación con las
ilustraciones y ejemplos tomados de casos específicos. Pese a la variedad de tipos y de fuentes de
datos que utilizaré, una premisa sencilla proporciona la base de la relación de doble sentido entre la
teoría y los datos. Furlong y Edwards hacen la importante observación de que:
cualquiera que sea el cuadro de la vida social que presenten los científicos, él es el resultado
de una observación y una interpretación selectivas, porque su teoría determina, no sólo cómo se
explican los “datos”, sino también, y ante todo, a qué se considerará como datos (1977, pág. 122).
Lo que consideraremos datos en esta exploración de la escuela como organización son las
ideas, experiencias, significados e interpretaciones de los actores sociales involucrados. En este caso,
esos actores son casi exclusivamente profesores. Acepto que esto significa dejar de lado a la mayoría
de los que participan en los dramas sociales de la educación —los alumnos— y omite los roles de los
secretarios, porteros, auxiliares y otros. También admito que los alumnos y otros que trabajan en la
escuela desempeñan un papel en la micropolítica de la vida escolar. Pero, a fin de lograr la
profundidad de análisis que aparece necesaria en esta esfera, sólo puedo hacer justicia a los que están
más obvia y directamente implicados en los aspectos organizativos de la escuela: los profesores.
Cuando las personas se reúnen en grupos o colectividades, en diferentes situaciones, se
entregan a un proceso en el cual “se indican mutuamente líneas de acción e interpretan las
indicaciones hechas por otros” (Blumer, 1976, pág. 16). Las lógicas consecuencias metodológicas de
esto es que: “Es necesario contemplar la esfera de la vida sometida a estudio como un proceso en
movimiento en el que los participantes definen e interpretan mutuamente sus actos” (pág. 16). Esas
definiciones e interpretaciones, a su vez, proporcionan los materiales para construir las “categorías
que usamos a fin de dar un orden conceptual a la armazón social y la vida social de un grupo
humano” (pág. 17). Así, el análisis que intentamos realizar aquí ha sido obtenido y desarrollado a
partir de la interacción entre los datos, en la forma de los relatos hechos por los autores de sus
experiencias e intenciones, sus indicaciones e interpretaciones, y las categorías conceptuales
identificadas en los datos. Los datos son el punto de partida y el punto de referencia continuo del
análisis. Trabajo dentro de la concepción de Saunders, según la cual:
En comparación con el modelo de los sistemas sociales al que nos referimos al comienzo de
este capítulo, hay aquí un doble cambio del centro de interés y de los supuestos. Primero, en lugar de
empezar con una concepción codificada de la organización como una estructura separada de aquellos
que la componen, este enfoque da prioridad a los actores sociales como los constituyentes básicos de
la organización. Segundo, y de modo concomitante, los principios que guían el análisis del
funcionamiento de la organización están representados en el modo en que esos actores definen,
interpretan y manejan las situaciones con las que se enfrentan. Blumer sostiene vigorosamente que tal
enfoque de la vida organizativa proporcionará una comprensión que atañe directamente a esas
cuestiones típicamente ignoradas u ocultadas por los teóricos de la organización o los analistas de
sistemas:
En Revista Versiones. Año 1. Nº 1. Mayo de 1992 (Revista del Programa de La U.B.A. y los
Profesores Secundarios).
1. La situación
Voy a sostener en este desarrollo la siguiente tesis:
En nuestras escuelas parece preponderar un funcionamiento de alto nivel de tensión y
dificultad provocado por un conjunto de condiciones.
Algunas de ellas estructurales: la existencia histórica de sistemas de organización que no
favorecen la constitución y el trabajo de los colectivos institucionales en la planificación y la
evaluación del funcionamiento y la producción institucional; planes de formación docente que no
contemplan en forma seria y en la profundidad necesaria el desarrollo para el trabajo psicosocial e
institucional que requiere el rol; la preponderancia de representaciones culturales que muestran la
escuela como un espacio libre de conflictos y refuerzan la tendencia a manejar las dificultades a través
de la negación o el ocultamiento...
Otras coyunturales o por lo menos, con un mayor grado de componentes que parecen
estructurarse como reacción a situaciones contextuales: la disminución brusca de recursos, el
empobrecimiento agudo de la población y el grave deterioro social del docente; el bajo grado de
circulación de información científica; la seria dificultad para mantener espacios y tiempos de estudio,
investigación y producción científica y didáctica como parte central en el trabajo institucional y
personal.
Cuando a este nivel de tensión y dificultad se le agrega desde las unidades centrales la
presión de programas de transformación tendientes a obtener el mejoramiento de la calidad
educativa sin un cambio sustantivo de - por lo menos - las condiciones que derivan de la situación
salarial, y recursos, se produce en los ámbitos institucionales una intensificación de los
componentes paradojales (1) de la situación institucional de base; aumentan en los desempeños las
ansiedades vinculadas a los conflictos de potencia - impotencia frente al logro (2), se agudiza el
sufrimiento institucional y aumentan sus síntomas: la enfermedad, el ausentismo, el rechazo por la
tarea, el deterioro de la calidad de vida institucional y todos los que anuncié al introducir el
problema.
En definitiva; el aumento del interés y expectativa social sobre el cambio en los niveles de logro
institucional funciona como un analizador de las condiciones provocadoras de sufrimiento.
Quedan al desnudo las profundas contradicciones de un sistema social que propone y exige
altos niveles de rendimiento institucional y personal al mismo tiempo que hace una quita progresiva
y sostenida de recursos. También quedan descarnadas las contradicciones de los sujetos entre la
necesidad y el reclamo de un aumento del compromiso – en tiempo, en esfuerzo, en inversión
emocional e intelectual – y el deseo de abandono o el de expresar la disconformidad a través de
formas regresivas de respuesta: la queja, el saboteo de las tareas, la prescindencia auto - impuesta, “el
castigo” a la autoridad a través de la renuncia a la acción por condiciones de dignidad y gratificación
en el trabajo... (3)
El espacio estallado
El espacio sitiado
Esta dinámica ha sido caracterizada por Fernando Ulloa (1989) dando cuenta del
funcionamiento de unidades hospitalarias que sufren carencia grave de recursos para prestar
asistencia. Es de interés incluirla porque vale para los funcionamientos escolares.
El rasgo central del funcionamiento aquí es, a mi juicio, la hostilización de los intercambios.
Sometidos a tener que cumplir una tarea sin los recursos suficientes, el personal de la escuela se
comporta al modo de un grupo sitiado por la amenaza de una población hostil: “esta escuela está
rodeada de villas...", “lo peor son los monoblocks que rodean la escuela... de todos lados nos miran y
controlan lo que hacemos...”, “mantenemos todo cerrado, hay mucho peligro afuera”.
Esta percepción exacerbada por la sensación de no dar respuesta a reclamos a los que se debería
satisfacer, agudiza la vivencia de peligrosidad y desencadena el trato hostil y rechazante. Aumentan
así las situaciones que pueden provocar las acciones agresivas temidas.
El espacio desvastado
El rasgo central en esta dinámica es la ausencia de motivación para actuar en vistas a cambiar
condiciones de la vida institucional. La desesperanza, el desánimo, la incredulidad son sentimientos
que la acompañan.
La acción para modificar los aspectos que resultan negativos es reemplazada por la queja ante
el sufrimiento que ellos provocan. La gratificación derivada de obtener resultados es desplazada por
la gratificación que se alcanza en una situación que - por abandono decidido - no presente exigencias.
Se hace imposible plantear proyectos porque el establecimiento funciona despojado de proyecto
institucional. El quehacer cotidiano está vaciado de contenidos utópicos o significados míticos y el
espacio institucional termina favoreciendo de hecho la expresión y desarrollo de problemas serios que
no se atienden y a los que se responde con negación ("no existen problemas aquí somos una gran
familia”, “afuera si – hay droga, prostitución de jóvenes, violencia – pero aquí en la escuela, no”) en el
mejor de los casos o con el ocultamiento intencional o exculpación en el peor de ellos.
Es frecuente encontrar en los establecimientos que sufren este proceso, un arraigo intenso de
componentes ideológicos que resultan paradojales a un observador poco avisado. Especialmente
produce este efecto la intensidad con que funciona la concepción de la escuela como espacio libre de
conflictos (La escuela como segundo hogar, la escuela como espacio sano para crecer) y su efecto
sustantivo sobre la intimidad de los individuos: la exacerbación de la tendencia a reaccionar con culpa
ante la dificultad o el error y no con deseo de investigar, descubrir, probar.
Ambos fenómenos - la concepción y su efecto – inciden favoreciendo los mecanismos regresivos
a los que aludí en el primer párrafo de este apartado. Entre esos mecanismos el más dañino
institucionalmente tiene que ver con la atribución de dificultades y errores a causas externas o fuera
del control institucional. El daño resulta casi irreversible cuando el "culpable” elegido es el mismo
alumno. La concepción del estudiante como responsable principal de los resultados que obtiene la
escuela cierra el círculo evitativo y obtura decididamente la capacidad institucional de recuperación
porque sitúa al "enemigo” en el objeto de trabajo de la tarea educativa.
La situación queda así devastada en su núcleo más profundo porque el docente se ve privado
de entrar en contacto con el otro que lo define como docente.
Hemos podido constatar en un número alto de los casos que estudiamos que esta dinámica
queda instalada muchas veces después de experiencias de cambio en las que el proceso se vio
fracturado o interrumpido abruptamente en dos momentos claves.
Cuando la oposición en bandos - a la que aludí en el parágrafo anterior - estaba todavía en el
período de confrontación de posiciones poco definidas teórica o conceptualmente pero sostenidas con
fuerte involucración personal o después de un ensayo que ha despertado mucho compromiso
colectivo, ha fracasado - tal vez transitoriamente o en una de sus etapas - y no ha podido ser objeto de
una evaluación institucional adecuada.
La dinámica de devastación parece sobrevenir como consecuencia del ataque que ambos tipos
de experiencia producen a la confianza en el poder del colectivo institucional. Minada esa confianza
lo que queda, en un contexto donde las unidades centrales dejan de proveer, es la desolación.
3. Alternativas
En los últimos años – desde la recuperación de la democracia hasta aquí - las unidades centrales
han propuesto en forma continua diferentes proyectos convocando a la transformación de la
educación.
Esta propuesta ha hallado eco porque expresa una demanda de la población también de los
miembros del sistema educativo.
Se han realizado múltiples experiencias. Algunas asistidas por equipos técnicos de aquellas
unidades, otras apoyadas por las Universidades, las más generadas por los equipos docentes mismos.
Lamentablemente muchas se han interrumpido abruptamente – en más ocasiones de lo que
sería deseable cuando dependían de la asistencia técnica que se les ofreció y se interrumpió dejando el
saldo que describo en el último párrafo.
Del análisis de un grupo de ellas (6) pueden extraerse algunas ideas sobre los puntos que
parecen funcionar como centrales en el desarrollo de la capacidad colectiva para superar el
sufrimiento institucional.
La existencia de un proyecto que esté enlazado a una utopía, que contenga significados
enraizados con aspectos valorados en el pasado y que desafíe con la demostración de algunas tesis.
La presencia de una persona o grupo que pueda encarar el proyecto, “dibujar” ante los ojos
de los otros la utopía y desencadenar la dinámica heroica.
La instalación de ámbitos regulares de encuentro colectivo en los que tomar el proyecto, su
marcha y la vida institucional, como objeto de evaluación.
El desarrollo paulatino de la capacidad institucional para la acción experimental basada en
los resultados de esa evaluación.
La paulatina organización de equipos por proyectos para atender la búsqueda innovadora de
respuesta a los problemas institucionales.
El progresivo desarrollo de las personas para trabajar en equipo y para comprender las
dinámicas grupales e institucionales.
La estructuración de crecientes márgenes de libertad y elección entre actividades alternativas.
El desarrollo progresivo de capacidad para obtener y hacer circular información científica
sobre todos los aspectos de la tarea.
La capacidad progresiva para buscar y aprovechar de la asistencia técnica.
En la mayoría de los casos que tenemos noticias, algunos de los puntos enunciados se
convirtieron en prereuisito. Serían los que debieran garantizarse para iniciar el intento que nos ocupa.
Dadas estas condiciones en un grado mínimo por lo menos y sostenidas un tiempo suficiente
(no más de 8 a 10 meses aún en las escuelas en condiciones más desfavorables) algún grupo genera un
proyecto convocante y echa a andar un proceso que desde ya y en sí cominza a actuar contra el
sufrimiento institucional.
Por cierto que no es fácil. En la situación social que nos afecta es difícil reunirse y más difícil es
dar a luz un proyecto que llame a trabajar juntos.
Ya que esta revista es un espacio de reunión, quiero terminar el artículo con una serie de
interrogantes que tal vez resulten convocantes para ustedes.
Para mí lo son.
¿Cómo generar un ámbito institucional que esté enlazado el contexto de modo que él funcione
como un complejo centro de recursos y el contacto con el afuera de la escuela promueva ciudadanos
protagonistas de la vida colectiva?.
¿Cómo estructurar una oferta educativa que de a los sectores moyoritarios acceso amplio a las
oportunidades que ofrece el medio en materia económica, cultural, política, de recreación, salud?.
¿Cómo lograr además que genere en ellos la capacidad para trabajar socialmente en el
desarrollo de más oportunidades?.
¿Cómo generar un curriculum que por su interés, diversificación y riqueza funcione como
prevención ante los diferentes riesgos que corre el grupo adolescente y jóvenes adultos?.
¿Cómo generar las condiciones de desarrollo institucional para que las escuelas medias puedan
- aún en condiciones de presupuesto deficitario – hacer un avance claro en la calidad de la educación
que ofrecen?.
¿Y cómo hacerlo aquí y ahora, en nuestras circunstancias, sin esperar un futuro que traiga los
medios que hoy faltan?
Notas:
(3) Me estoy refiriendo siempre tanto al alumno como al docente cuando aludo a estos
fenómenos.
(4) Me refiero a los resultados de los estudios realizados por la cátedra Análisis Institucional de
la escuela UBA en el periodo 84-91 y a las investigaciones que lleva a cabo en el ICE de la misma
facultad.
Obviamente ninguna institución permanece siempre en una misma modalidad. Todo parecería
apoyar la suposición de un equilibrio móvil entre ambas modalidades, fuertemente incidido por las
características del contexto social y el grado de sofisticación de los filtros institucionales.
Las modalidades regresivas se ven estimuladas por contextos sociales autoritarios o turbulentos,
por situaciones internas que comprometen cambios críticos o por estados agudos de incapacidad
instrumental para enfrentar las exigencias de las tareas.
Las modalidades progresivas se desarrollan en los ámbitos que poseen las características
contrarias o – en una aparente paradoja – en situaciones críticas agudas en que queda comprometida
la identidad institucional y liberados los contenidos amenazantes que se controlaban con la
pertenencia (esto último a sucedido últimamente en Argentina dando lugar a la movilización de
muchas instituciones en búsqueda de solución a crisis con impacto de catástrofe)
Me refiero a las experiencias realizadas en 18 escuelas medias del Proyecto 9 MEJ – PRONATAS
dirigido por Pelafourcade; la experiencia en realización en la Escuela Agrotécnica EMETA, Nuequén,
dirigida por R. Martínez Guarino, la Escuela Primaria Mundo Nuevo, de la Cooperativa Mundo
Nuevo; de las que poseo datos de evaluación institucional sistemática y a otras muchas de las que
tenemos noticias a través de informantes clave.
L’ORGANISATION EN ANAYSE
EUGENE ENRIQUEZ
Professeur a l’ Universite de Paris VII
DIRIGIDO AL LECTOR
ANTE – PROPÓSITO
Las organizaciones han sido consideradas por largo tiempo como los conjuntos estabilizados
(las “masas artificiales” siguiendo la expresión de Freud) racionales o tendientes a la
racionalidad, que tienen por objeto la reducción de bienes (automóviles, refrigeradores, etc.) o
de servicios (asistencia médica, psicológica, etc. ). El análisis tayloriano y su éxito encuentra su
fundamento en tal concepción. La organización es, en esta visión, asimilable a una máquina donde
los diversos engranajes (técnicos y humanos) son perfectamente substituibles y que debe
funcionar, gracias a una estructura de previsión y de mantenimiento, con el mínimo de costos
técnicos y sociales.
Más tarde, bajo el impulso de la sociología de grupos de la la sociología de las
organizaciones, ha sido representada como un sistema social y humano que ubica los problemas de
relación, de decisión, de participación y de poder, de control de las actividades. La dirección, las
modalidades de cooperación, los tipos de conflictos, se convierten en las preocupaciones
centrales de los gestores como de los analistas de las estructuras sociales. La política y lo
afectivo tendrían entonces derechos ciudadanos en la organización que fue animada por “las
pasiones y los intereses”.
Después de algunos años, otra aproximación de las organizaciones vio la luz: aquella que trata
a la organización como un sistema a la vez cultural, simbólico e imaginario, un lazo donde se
entrecruzan fantasmas, deseos individuales y colectivos, los más subterráneos como los más
operantes y proyectos voluntaristas.
Este libro tiene como ambición precisar los niveles de estudio que permitan aprender el
fenómeno organizativo, proceder al análisis de algunos casos de intervención en las
organizaciones, con este propósito, mostrar la pertinencia de una aproximación avanzada y
subrayar lo que en ella no puede economizarse en referencia a la teoría analítica. La organización
y análisis se presenta así como el fruto de mi actividad de intervención en diferentes tipos de
organización, después de treinta años, y de la reflexión teórica, que ha sostenido este trabajo de
consulta en cuanto que ha sido modificado, enriquecido, profundamente transformado por este
último.
INTRODUCCION GENERAL.
Me es ahora posible precisar mi concepción general de las organizaciones aun cuando algunos
elementos que anticipo no podrán revelar su pertinencia hasta que el lector haya tomado
conocimiento de la primera parte de la obra, en donde serán tratados los diversos niveles de
análisis de las organizaciones. Es necesario pues, considerar las páginas que siguen como una
serie de afirmaciones fundamentales (producto de mi actividad reflexiva y de prácticas sociales)
que reclaman una confirmación en el cuerpo del texto.
Las organizaciones se presentan en la actualidad como un sistema cultural, simbólico e
imaginario.
Sistema Cultural
1. La organización ofrece una cultura, es decir, una estructura de valores y de normas, una
manera de pensar, un modo de aprehensión del mundo que orienta la conducta de diversos
actores. Este sistema puede representarse de una manera articulada (en ese caso, sistema
cultural y sistema simbólico coincidirían). Con frecuencia, se trata de una serie de
representaciones sociales históricamente constituidas, y tan fácilmente admitidas e
interiorizadas que permanecen indefinidas.
2. La organización pone a punto una armadura estructural que se cristaliza en cierta cultura,
enfocada en este caso en atribuciones lugares, asignaciones de roles, conductas mas o menos
estabilizadas, hábitos de pensamiento y acción, debiendo facilitar la construcción de una
obra colectiva.
3. Desarrolla un proceso de formación y socialización de los diferentes actores, a fin de que
cada uno pueda definirse en relación al ideal propuesto. Todo modelo de socialización tiene
por fin seleccionar los buenos comportamientos, las buenas actitudes, y juega pues, un rol en
el reclutamiento o en la exclusión de miembros de la organización.
Esos diversos aspectos de la cultura que pueden ser coherentes o entrar en contradicción
(Ej.: valores que pregonan el respeto del individuo pueden mal expresarse en una estructura
autoritaria o en los modos de socialización coercitivos), son de todas maneras, indispensables
para el establecimiento y permanencia de la organización. Son la garantía de la identidad a la cual
aspira toda organización, puesto que sabe que la falta de una identidad precisa impide que tanto
los miembros, la "clientela" y el público la perciban con claridad y acepten las exhortaciones que
profiere.
Sistema Simbólico
La organización no puede vivir sin segregar un conjunto de mitos unificadores, sin instituir
ritos de iniciación, de pasaje y de realización: sin darse héroes tutores (tomados generalmente
de entre los fundadores reales o imaginarios de la organización), sin relatar o inventar una saga
que ocupará un lugar en la memoria colectiva. Mitos, héroes, tendrán por función sedimentar la
acción de los miembros de la organización, de servirles de sistema de legitimación y de dar así
luna significación preestablecida a sus prácticas y a su vida.
La organización puede ofrecerse también como objeto a ser internalizado. Plantea sus
exigencias y prescribe a cada uno ser movido por el orgullo del trabajo a realizar, legitima misión
de una vocación salvadora.
Si todas las organizaciones no pueden darse un sistema simbólico tan cerrado sobre sí mismo
y tan apremiante para sus miembros, buscan inconscientemente o conscientemente construirlo. Y
es por eso qué padecen tantos temores en relación a su solidez. Podrán así desarrollar un control
nuevo y global sobre sus miembros, control a la vez afectivo (todo mito, toda saga, tiene por
función provocar en el prójimo un impulso afectivo, insertarlo pues en un orden e incitarlo a
comportamientos conformes a aquellos del relato) e intelectual (toda forma simbólica expresa el
sistema conceptual que permite a los participantes de un conjunto pensar la organización y su
acción)17.
Sistema Imaginario
La organización va a producir sobre todo, un sistema imaginario, sin el cual los sistemas
simbólicos y cultural tendrían dificultades de establecerse. Tiene la opción entre dos formas de
imaginario: el imaginario ilusorio18 y el imaginario motor. Imaginario ilusorio, en tanto que la
organización intenta hacer caer a los sujetos en la trampa de sus propios deseos de afirmación
narcisista, en su fantasma de omnipotencia o en su demanda de amor, haciéndose fuerte para
poder responder a sus deseos en los que tienen de más excesivo y arcaico, y de transformar los
fantasmas en realidad; en tanto que igualmente, la organización va a asegurarles su capacidad de
protegerlos del riesgo del quiebre de su identidad, de la angustia de fragmentación revelada y
alimentada por toda vida en sociedad, procurándoles las corazas sólidas del estatuto y del rol
(constitutivo de la identidad social de los individuos y de la identidad de la organización).
Prometiéndoles intentar responder a su llamado (angustias, deseos, fantasmas, demandas),
la organización tiende a sustituir su propio imaginario por el de ellos. Se expresa así, por un lado,
como una organización - institución divina, todopoderosa, único referente: negando el tiempo y la
muerte, por un lado madre englobante y devoradora y al mismo tiempo, madre condescendiente y
nutricia.; y por otro lado, progenitor castrador y simultáneamente padre simbólico. Organización
siempre amenazada por perseguidores externos e internos deseosos de impedirle cumplir lo
mejor posible la misión con que ha sido investida, cercada por miedos específicos: miedos al caos,
a lo desconocido, a las pulsiones amorosas irreprimibles. Apareciendo a la vez como muy poderosa
y de una extrema fragilidad apunta a ocupar la totalidad del espacio psíquico de los individuos.
Imaginario motor en tanto que la organización permite a los sujetos dejarse
llevar por su imaginaclon creadora en su trabajo, sin seritirse refrenadas por
reglas imperativas. Si el imaginario es siempre irreal, es también aquello que
fecunda lo real. Sin imaginario, el deseo se detiene puesto que es prohibido o no
puede ni reconocerse como deseo, ni encontrar las vías que le permitirían probar
de realizarse. El iniaginario motor, depende de la categoria de lo diferido,
categoría portadora de un triple sentido.
17
Este punto será desarrollado en otro apartado.
18
N. del T.: en francés “imaginaire leurrant”. Se ha escogido la expresión “imaginario ilusorio” para preservar el
sentido de “leurrer” (embaucar, engañar, fig. ilusionar) si bien pudiera estar perdiéndose el sentido de
“intencionalidad” de dicho engaño, al elegir el término “ilusorio”.
a).- Diferido: como introductor de la diferencia, lo contrario de la repetición: cambio de las
modalidades donde se presenta el deseo y los objetos del deseo, invención de imágenes
tendientes a elaborar la realidad.
b).- Diferido: como postergación hacia adelante: el irnaginario está apartado del proyecto,
es la raíz de las utopias y de las prácticas sociales innovadoras.
c).- Diferido: en tanto creador de la ruptura: ruptura en el lenguaje llevando a los individuos
a hablar de la vida organizacional de otro modo, y a percibirla, pues, con otra cara: ruptura en los
hechos: se presenta como expresión de la espontaneidad creadora, de la innovación técnica y
social: ruptura en el tiempo: es el que permite escapar a la cotidianeidad y establecer un nuevo
ritmo de vida y una nueva dinámica de trabajo y de relaciones sociales.
Ofrece así a los individuos la posibilidad de poder crear una fastasmática común,
autorizando una experiencia con los otros, continuamente retomada y pensada, sin caer jamás en
lo inerte y en lo estático. Preserva pues, parte de los sueños y la posibilidad de cambio o
mutación.
Entre los dos tipos de imaginarios posibles, la organización tiene la tendencia a desarrollar
más un imaginario ilusorio que un imaginario motor. En efecto. el irnaginario motor es, a priori,
difícilmente soportable. Implica la existencia de un “espacio transicional", de un área de juego
(Winnicott) que favorezca la creatividad placentera, la libre expresión, el pensamiento en tanto
capacidad de cuestionamiento, de transgresión, el deseo de construir objetos estéticos, el placer
de estar juntos e igualmente el humor y las frivolidades indispensables para la actividad
reflexiva. De este modo, el imaginario motor, constituve un verdadero desafío a las reglas de
funcionamiento que rigen las organizaciones, incluso las más flexibles.
Sin duda, una organización no puede desrrollarse sin admitir la emergencia, en ciertos
momentos, del imaginano motor. Pero este estará s¡empre dom¡nado por el imaginario ilusorio en
tanto es gracias a esa trampa que un grupo social establecido puede aparecer a sus ojos y a los
ojos de sus miembros en tanto que comunidad.
Es indispensable hacer una advertencia: es evidente que las organizaciones siempre han sido
sistemas culturales, simbólicos e imaginarios. Han afirmado siempre ciertos valores, intentando
dar sentido a la acción de sus miembros, han sido el lugar de protección de fantasmas
individuales y colectivos y han intentado atrapar a los individuos en las redes del imaginario que
proponen.
La diferencia esencial, es que hoy todas las organizaciones (y no sólo las empresas)
intentan, consciente y voluntariamente, construir tales sistemas a fin de modelar las ideas, de
penetrar en lo mas íntimo del espacio psíquico, de inducir los comportamientos indispensables
para su dinámica. Si son conducidas a proceder de este modo. es porque intentan devenir en
verdaderas microsociedades que sean al mismo tiempo comunidades, en una palabra, apuntan a
reemplazar la identificación con la nación o el Estado por la identificación con la organización que
deviene así en lo único sagrado y trascendente a lo cual es posible referirse y en lo cual es
posible creer.
Así, si la organización alcanza a imprimir su marca sobre el pensamiento y sobre el aparato
psíquico, podrá jactarse de haber logrado integrar a sus colaboradores a la “cultura" que propone
e impone, a desarrollar la motivación de contribuir a la realización de los fines. Gracias a la
interiorización de los valores de la organización, ellos podrán vivir sentimientos de pertenencia,
experimentar la admiración (y a veces el temor) por sus jefes, librarse de estos últimos
pagándoles del mismo modo por las ventajas o posibilidades de dominación respecto de sus
subordinados. Cierto masoquismo que revela ser perfectamente funcional.
PRIMERA PARTE
Los diferentes niveles (o instancias) de análisis de las organizaciones
CAPÍTULO I
La instancia mítica
Es esencial, antes de decir algunas palabras sobre la manera en que el mito es retomado en
la organización, analizar el rol del mito en la construcción de todo socius.
Toda sociedad exige, para instaurarse y perpetuarse, referirse a un orden legitimador de su
existencia. Tal orden, en su obra de creación de individuos sociales, puede interactuar con otros
en el interior de las reglas establecidas, va a intentar investir las consciencias y regir los
inconscientes. Para ello, debe poder desplegarse en un relato lo suficientemente respetado para
comportar los efectos descontados. No hay sociedad sin discurso inaugural y sin transmisión
infinita de ese discurso. “Al comienzo fue la palabra”. La ausencia de verbo se traduce en un
mundo entregado a la sola relación de fuerzas: el mundo de la animalidad y no aquel de la
civilidad.
Ese relato, habremos de reconocerlo, es el relato mítico. Los mitos sean cuales sean las
versiones que nos llegan y que testimonian el grosor histórico en el cual ellas han trabajado y han
sido trabajadas, se ubican al nivel de la metahistoria o, más exactamente, se elevan de lo
transhistórico: en la medida misma que ellas relatan acontecimientos sobrevenidos, o que
sobrevendrán más adelante, a seres fuera de lo común (los Dioses, los Ancestros, los Héroes) en
un tiempo primordial. Ese texto sin autor permite a los hombres encontrar un punto de anclaje
ultra – mundano y lo zambulle directamente en el tiempo humano (irreversible), aquel de la
historia, del drama, de la confrontación perdida con la vida y la muerte. Lugar sin fecha de
acontecimientos puntuales, fuera de la historia y obrando en la historia: tales son las paradojas
del mito.
19
J. P. Vernant. Razones del Mito, en Mythe et societé en Grèce ancienne, Mapero, 1974, p. 199.
20
R. Caillois piensa que el mito es el equivalente de un acto, Le mythe et l’homme. Gallimard, “essais”, 1938.
21
D. Anzieu, Freud y la Mitología, en Nouvelle Revue de Psychanalyse, nº 1, 1970, p. 138.
22
P. Clastres. La société contre l’Etat, Minuit, 1974.
ser vivido como el primer día, a fin de mantener “el grupo fusionado” (Sartre). Tales mitos no
existen de manera permanente. Por otra parte. cuando se enuncian como prometiendo un nuevo
origen, generan fanatismo y desarrollan el fantasma pueblo – Elegido.
Aceptar totalmente el mito significa negar todo interés por el cambio y no oponerse a los
valores establecidos. Vivir en el mito, es vivir sin rebelarse, aceptar la ley del padre que es la de
la tribu y la preferida de los ancestros. Ahora las sociedades, por más “frías” que sean, han
vivido la historia, han conocido entonces las transformaciones en las técnicas, las acciones, las
maneras de pensar. El mito conservador por excelencia (a menos que las variantes del mito
favorezcan una adaptación a los problemas vividos por el grupo) aliena los individuos, les impide
tomar conciencia de aquello que está en tren de pasarles a ellos y al mundo. Así podemos
comprender que el mito no sea escuchado más que por una oreja: puede mantenerse el mito pero
la sociedad evolucionar.
Los mitos (sobre este punto los antropólogos y los siquiatras no están de acuerdo)
comportan una parte de verdad. Si las historias contadas son el fruto de la imaginación ello no
impide que intenten informarnos de acontecimientos que hubieran pasado (o que podrían pasar) y
que juegan un rol esencial, aunque rechazado, en la problemática de la sociedad. Pero lo hacen
cifrados de tal manera, a veces travestidos, que los hombres progresivamente olvidan lo que
estuvo en el origen de su formación. Otros mitos entonces podrían posibilitar, por lo menos,
otras formas de pensar.
El mito se presenta entonces, simultáneamente, como comunicación afectiva y sistema
conceptual, como soporte indispensable a la creación de un grupo. Tiene por función unificar los
pensamientos y los comportamientos, evocar las acciones e invitar a la acción. En él se conjugan
"al comienzo fue la palabra” y “al comienzo fue la acción". Pero como fundador del grupo, elimina
el desorden, la innovación, la rebeldía. Las sociedades que cambian escuchan sus cantos y los
olvidan. Una sociedad fundada en la escucha y el respeto integral del mito no sería, como lo cree
Clastres, una sociedad de igualdad, sino una sociedad de la repetición y del desarrollo de la
entropía, puesto que ella no haría más que definir como naturales (querida por los dioses) la
jerarquía social y el sistema de dominación.
29
Cl. Levi-Strauss. El campo de la antropología, en Anthropologíe structurale II, Plon, 1973, p. 33.
30
Cf. L. Kahn. Un niño de las tinieblas: el mito, en L’Ecrit du temps, nº 4, De. de Minuit, 1983.
31
S. Freud. L’homme Moise et la religion monothéiste, p. 179.
Así se torna comprensible el hecho de que las organizaciones modernas reiteren apelaciones
al mito. Desean, como lo hemos visto, conducirse como comunidades englobando sus miembros a
fin de hacerles interiorizar los valores culturales y estar listos a sacrificarse por ellos. Todas las
organizaciones no pueden llegar a realizar tales objetivos. Lo que no impide que intenten (sobre
todo las empresas) integrar los individuos y transformarlos en "hombres de la organización”.
Igualmente tienen la necesidad de que estos individuos, se comporten todos de la misma manera,
se dediquen plenamente a sus tareas y se conduzcan como “héroes”, como "guerreros”, como
“deportistas”, es decir, se constituyan en sujetos pensando y actuando, comprometidos
personalmente. Durkheim percibió bien este fenómeno. S. Moscovici (comentando el pensamiento
de Durkheim) escribe estas líneas con las que estoy totalmente de acuerdo: "Buscando
distinguirse y la excelencia en optimizar su perfomance en la profesión o la economía, cada uno
debe permanecer totalmente uniforme en los otros aspectos de la vida que son compartidos. De
esto se tratan esos imperativos antinómicos que nos mandan a la vez "no debes ser como los
otros” y “debes ser como los otros" 32. Así un director de personal de una gran empresa puede
declarar: “Uds. deben ser todos creativos” y (al mismo tiempo) “no quiero ver más que una
cabeza”. Para que los individuos se sientan interpelados como héroes y como masa unificada, el
(o los) mito(s) propone(n) que se debe transformar la historia de la organización en una leyenda,
la de los fundadores que no temieron correr riesgos y que se comportaron como seres
excepcionales, debiendo de servir de ejemplo y de ideales a interiorizar. He visto funcionar bien
este mecanismo tanto en grandes empresas internacionales como en cooperativas obreras de
producción o en los hospitales para niños sicóticos. Se trata de llevar a cada uno a ser un
miembro del equipo (por lo tanto a trabajar solidariamente) y a distinguirse (por lo tanto a
comportarse como un competidor para los otros). De lo que se cuidan las organizaciones, es de la
historia real y el hecho es que los héroes (salvo los que toman el poder) terminan siempre por ser
muertos, o por menos, utilizando una expresión norteamericana reciente, se incineran, terminan
burn out. La adhesión total a las organizaciones (sobre lo que volveré) provoca una tensión
nerviosa, una usura mental enorme en la medida en que cada uno debe mostrar constantemente
su potencia y su fuerza. El día en que el héroe está fatigado, será puesto camino al garaje,
licenciado, lo que equivale a su eliminación de la vida social. Los fundadores no fueron dioses, los
miembros de la organización tampoco. Perteneciendo, en cuerpo y alma, a una comunidad, esos
miembros estarán condenados a volverse locos, a morir físicamente o síquicamente, como ocurría
en el pasado cuando un individuo era rechazado. Cuando el mito triunfa, los individuos
desaparecen. Afortunadamente, en la mayoría de los casos, los participantes de la organización
sabrán mantener el mito a distancia y trabajar conjuntamente sin condenarse definitivamente.
cAPÍTULO II
32
S. Moscovici. La machine á faire des Dieux. Fayard, 1988, p. 131.
La distinción entre sociedades arcaicas y sociedades históricas es, ciertamente, pertinente.
Es necesario no mezclar las sociedades (las comunidades) relativamente estables, fundadas en un
orden trascendente, luchando - como lo subrayó P. Clastres – contra la institución de un poder
separado, conociendo principalmente una división de sexos o por generaciones y las sociedades
que se desean productoras de ellas mismas (como lo muestran los trabajos de G. Balandier, de C.
Castoriadis y de A. Touraine) y que desean controlar el proceso histórico: que conocen una
división en clases sociales mas o menos antagonistas y que esta están dirigidas por una instancia
política separada, habiendo logrado una autonomía de funcionamiento en relación a
supergobernantes. Por lo tanto, tal distinción no ser demasiado rígida por dos razones: por un
lado, es tal vez demasiado fácil registrar algunas sociedades entre las sociedades sin historia
cuando no ha sido completado el esfuerzo de examinar los procesos de transformación que ellas
han podido sufrir, su manera de situarse en relación al tiempo y en relación a la evolución de
nuevas técnicas, de nuevas relaciones sociales o de proyectos novedosos 33.
Por otra parte, como lo hemos visto en el capítulo precedente, las sociedades históricas y
sus organizaciones no dejan de convocar los mitos (mitos de génesis como mitos heroicos) cuando
ellas se dan cuenta de que así pueden jugar directamente con las pulsiones y los fantasmas de sus
miembros e imponerles sutilmente por contagio afectivo sus sistemas de pensamiento y las
orientaciones de acción que ellas privilegian.
Sin embargo, es totalmente necesario mantener entre esas sociedades una diferencia
esencial: las sociedades arcaicas son naturalmente las comunidades. Las sociedades históricas no
son, inclusive si tienen la tentación de revestir una forma social asegurándole una más fuerte
cohesión, desean ser regidas no menos por el mito que por lo que ha tomado su lugar y que
reemplaza la misma función de única respuesta: la ideología.
Antes de considerar el fenómeno ideológico, en que el estudio no puede separarse de los
problemas de los conflictos de clases, de categorías sociales y por consiguiente de poder, como
lo ha demostrado magistralmente P. Ansart 34, es indispensable elevar una objeción: aquella que
situaría el conjunto de los problemas sociales a ese solo nivel . Sabemos que numerosos
sociólogos, que se interesan en la sociología del capitalismo, no hacen de la organización más que
el lazo de las relaciones globales de producción. Con este punto de vista, cierta concepción del
materialismo histórico (en Marx mismo) tiene tendencia a considerar como importante sólo un
nivel: aquel en que los hombres hacen su historia. Si se juzga que la historia es la historia de la
lucha de clases, si las posiciones de las clases de los individuos son determinados por el estado
de desarrollo de las fuerzas productivas, entonces sería suficiente analizar el rol histórico que
ocupan algunas clases como la burguesía y el proletariado para rendir cuenta de lo esencial de las
estructuras o de los acontecimientos. Las ideas, los ideales, los tipos de organización, los estilos
de comportamiento serán siempre dependientes de la manera en que los modos de producción
funcionan, en que las clases entran en relación. Tal objeción, si fuera exacta, arruinaría
totalmente la ambición que inspira este trabajo y la problemática que yo defiendo.
33
Sobre esta cuestión, cf. Claude Lefort (Sociedad "sin historia” e historicidad, cah. int. de sociol., nº 12,
retomado en Les formes de I’ histoire, Gallimard, 1978) que subraya las formas de historicidad particulares de la
sociedad primitiva -cf. igualmente el capitulo final del libro de S. Viderman: Le celeste et le sublunaire, de
donde nosotros extraernos las siguientes líneas: “El mito del paraíso original, del “buen salvaje", de la
perfección antiguamente conocida y después perdida es la negación de la ruptura primordial entre la beatitud del
Tiempo sagrado intemporal y la caída en la duración profana, irreversible, de la Historia de los acontecimientos,
de aquello que no se vera jamás dos veces. La nostalgia del Paraíso perdido es la aspiración del retomo a los
orígenes, de un Tiempo inmóvil sin historia y sin historias, el Paraíso narcisista sin conflictos. Pero no hay
sociedad, por mas primitiva que ella sea, que no tenga una historia. No hay pueblo sin historia. No hay pueblos
“naturales”, de Naturvölkern. No hay pueblo sin civilización, sin cultura" (PUF, 1977, p 466).
34
P. Ansart, Idéologies, conflits et pouvoir, PUF, 1977.
Si yo rechazo esta posición radical que arruina toda posibilidad de una sociología y de un
psicoanálisis de las organizaciones, ello no impide que tal nivel de estudios se confirme como
indispensable.
En efecto, desde que las sociedades occidentales desde luego y las otras sociedades
progresivamente partiendo de la colonización o de la dominación económica, han entrado en la
modernidad (la mutación esencial puede ser fechada de manera precisa: la revolución de 1789),
han surgido grupos sociales en que la referencia principal es el modelo democrático (como que se
concretó tal sistema - la democracia - tanto en una realidad de la vida cotidiana, o en una
esperanza continuamente engañada). A veces la invención democrática (siguiendo la expresión de
Claude Lefort) presupone la primacía de la razón, la adopción de valores universales (es decir,
que valen para todos como para cada uno), el distanciamiento respecto del mito y de la religión, y
por consiguiente un tipo de relación con la trascendencia. A partir del momento en que cada
hombre es un ser racional, igual a todos los otros, libre en sus movimientos y sus pensamientos.
Que considera a los otros como sus hermanos (incluso cuando sus hermanos puedan constituirse
en enemigos encarnizados) y donde los valores a los cuales se remite son los valores comúnmente
compartidos, se sitúa en una sociedad sin jerarquía legitimada. Esta ausencia de asimetría va a
tener una doble consecuencia: por un lado, la creación de nuevos transcendentes sagrados, el
Estado y el dinero, cada uno encarnación a su manera de lo universal; por otra parte, el conflicto
generalizado, templado por la adopción de reglas de juego. Si cada uno es tan racional como el
otro, no existe ningún criterio cierto para separar el bueno del malo, el veraz del falso. La sola
manera de armarse es ser un mejor retórico, un hombre de negocios mas sutil, un guerrero más
aplicado. El mundo se plantea como un mundo donde la estabilidad está fundada en el conflicto:
competencia económica, emulación de todos a fin de obtener logros tanto en la esfera privada
como en la pública. El transcurso de la vida, siguiendo el término ideado por A. Nicolai, es la
“ordalia suprema”35: mercado de bienes, de servicios, de votos, de trabajo. La regulación será
hecha por la “mano invisible”, tan cara a Adam Smith. Todo pasará como si estuviese presente un
comisario - tasador susceptible de ajustar la oferta a la demanda y de determinar los precios
justos y las justas recompensas. Efectivamente, sabemos bien que el capitalismo no ha
funcionado nunca de esta manera y que el equilibrio walrasiano no se realizó jamás. Pero esta
ficción moviliza y orienta las actividades de los agentes sociales. En un universo sin órdenes, las
clases sociales se abocan a nacer, los movimientos sociales a desarrollarse a fin de proteger los
individuos atomizados que serían la presa de los ganadores (en el orden político o económico) o de
mantener los privilegios que algunos individuos, sabiéndose agrupar y crear las redes de alianza,
se han concedido y tienden a conservar.
Estamos delante de la necesidad de tener en cuenta los actores sociales reales
comprometidos en las luchas por la transformación histórica, en los movimientos sociales que
creen poder visualizar la forma para determinar las nuevas orientaciones de la sociedad. A este
nivel se sitúan en particular las obras de C. Castoriadis y de A. Touraine. Para el primero 36, esto
no es mas que cuando la sociedad, que crea siempre su mundo y sus significaciones imaginarias
centrales, reconoce en esta creación su obra y no la de los dioses, que se halla en medida de
autoinstituirse de forma constante y por consiguiente de interrogarse sobre las instituciones en
plaza, de trazarse una vía hacia una autonomía siempre autolimitada, de continuar
incansablemente su trabajo de auto - alteración y, por vía de consecuencia, de quebrar la
clausura en la cual se halla y de posibilitar una sociedad abierta permitiendo a cada uno ser capaz
de reflexión y de reflexividad. Lo que interesa al segundo es del mismo orden. Touraine quiso
35
A. Nicolai. Las investigaciones de identificación parcial, en Conexiones, nº 55, 1990.
36
Cf. en particular C. Castoriadis. L’ insitution imaginaire de la société, Seuil, 1975.
atrapar “ese trabajo de la sociedad sobre si misma, ese drama donde se inventa una historia
donde el texto no está establecido de entrada”... “inventar un método de estudio de los
movimientos sociales abandonando la representación de la sociedad como un conjunto de
funciones y de reglas, de técnicas y de respuestas a las demandas del medio ambiente y
reemplazándola por la imagen de una sociedad trabajando sobre ella misma, construyendo sus
prácticas a partir de su historicidad y de sus conflictos de clases” 37.
Ese nivel de aproximación es de todas formas esencial para el estudio de las sociedades
donde está establecido de manera cierta como para que podamos considerarlas históricas y como
dando sentido a este término: sociedades que no sólo son tomadas en el proceso histórico y
donde conocemos los avatares y las evoluciones, pero que además, sobre todo quieren construir
su desarrollo, no se quieren garantidas por ningún orden trascendente, conocen la división en
ciases, e intentan reducirla o suprimirla y producen ideologías tendientes a enmascarar y
expresar la realidad de las relaciones sociales: sociedades nacidas de la Revolución Francesa y
luego constantemente confrontadas a los procesos de cambio, sociedades de conocimiento y de
lucha de clases. Este término está tomado aquí en la acepción que le da A. Touraine como
"conflicto de aquellos que se apropian de la historicidad (la clase dirigente) y aquellos que sufren
la dominación y luchan por una reapropiación colectiva de la historicidad, de la producción de la
sociedad por ella misma”38. No se trata de clases definidas por la ubicación de los sujetos en el
proceso de producción y por consiguiente por la posesión o la ausencia de capital, sino de clases
definidas esencialmente a partir de las acciones que ellas realizan (y de la conciencia que puede
acompañarle) a fin de tomar en mano la dirección y la gestión de su propio destino. Solamente
con la diferencia de esta perspectiva intentaré mostrar cómo los otros niveles (ya mencionados o
a estudiar: institución, organización, etc.) interfieren con éste (cómo, por otra parte, con cada
uno de ellos) y logran frecuentemente presentarlo silencioso, secundario o inoperante39. Es por lo
que no pongo en el centro de mis trabajos la noción de clase sino la de lucha por el poder, por la
supremacía que me parece perseguir cada uno de los niveles considerados.
Estando hechas estas aclaraciones, es posible abordar ahora los fenómenos ideológicos.
La ideología es la heredera de la mitología en las sociedades históricas. La ideología tiene por
función central “pintar lo social", a fin de darle la homogeneidad requerida. Para explicar mi pensamiento,
opongamos los dos sentidos corrientes (ahora) del término ideología tales como los formula C. Lefort: “... La
ideología ha venido a parecer casi lo contrario de lo que ella designa. Lógica de las ideas dominantes oculta
al conocimiento de los actores sociales y no revelándose mas que por la interpretación, en la crítica de los
enunciados y de sus encadenamientos manifiestos, ella se ve hoy en día, reubicando al cuerpo de tesis, en el
aparato de creencia que provee la armadura visible de una práctica colectiva, identificada con el discurso
democrático - liberal para los unos, leninista o stalinista para los otros (véase maoísta o trotzkysta), o
inclusive al discurso fascista, tales como ellos se presentan 40. Podemos preguntarnos si esos dos sentidos se
oponen de la forma en que lo piensa Cl. Lefort, responde el sociólogo C. Orsoni, en su estudio sobre el
régimen soviético41. Dejemos hablar al autor. "No es más que en apariencia que el poder de la clase
37
A. Touraine, La voix et le regard, Seuil, 1978, p. 184.
38
A. Touraine, op. cit., p. 86.
39
De todas formas, cada vez que este conflicto puede ser considerado como esencial, está sin embargo
atravesado por otros conflictos (conflictos de movimientos, conflictos de aparatos, conflictos de pertenencia,
etc.), que tienden a reducir su fuerza y a intentar anular los resultados obtenidos, y logra, como todos los otros
mecanismos de la vida social (en la misma medida en que ellos es tomado en lo imaginario y donde es apertura
de un nuevo imaginario), con otros resultados que aquellos que habían sido, sino programados al menos
presentidos.
40
Cl. Lefort, La génesis de las ideologías, publicado en la Encyclopaedia Universalis, Organon, repetido en la
obra Les formes de l’ histoire, Gallimard, op. cit. p. 280.
41
Cl. Orsoni, El régimen ideológico soviético y la disidencia. Coloquio sobre Consensus, represión y disidencia.
1979.
dominante en las sociedades soviéticas se traduce en la imposición de una "ideología” única, oficial y
obligatoria que se esforzará en dominar por todos los medios la consciencia de los individuos condicionados.
Tal cuerpo doctrinal existe (lo que llamamos la "ideología soviética"), pero no como ideología ni para asumir
funciones ideológicas. No es otra cosa que un medio de control político. De hecho el poder soviético se
opone a toda ideología”.
El control directo del Estado - partido sobre la producción de las ideas, sobre su expresión,
su comunicación y su confrontación, la ilusión de independencia de la actividad intelectual
(consecutiva de la ideología, si creemos en Marx) no puede caracterizar la doctrina oficial: "El
discurso elaborado bajo el control manifiesto y explícito del poder del Estado no puede (o no
puede más) funcionar como ideología dominante, es decir colonizar las conciencias en su
desconocimiento, orientar indirectamente las conductas y contribuir así (como lo hace la
ideología occidental llamada "'burguesa") a la constitución de un "consenso con sus metas
deseadas y sus reglas.
Pero si no se puede más que estar de acuerdo con Orsoni en su análisis de la sociedad
soviética, debemos preguntarnos sin embargo si “el aparato de creencia" oficial asume siempre (y
en todas las sociedades) las funciones de dogma y de puro control socio – político y si no puede
ser ocultado al conocimiento de los actores y colonizarles en su ignorancia.
A esta cuestión, la respuesta no puede ser más que negativa. La ideología, como el mito, es
siempre proclamada, sea en mayúsculas: PROGRESO, PATRIA, TRABAJO, etc., sea
insidiosamente en los discursos acompañando las prácticas sociales diversas (como deben
comportarse el buen ciudadano. el buen alumno y el buen soldado) y ella dice bien que quiere
decir, como lo ha mostrado en varias oportunidades Michel Foucault. Este autor insiste sobre que
hace falta tornar al pié de la letra los discursos y los reglamentos que siempre tienen por
objetivo realizar efectivamente lo que ellos proclaman 42. Pese a que se expresa por exceso
(enfáticamente), o por defecto (como ritmo de las prácticas sociales). La ideología tiende a
encerrar los hechos en una representación única que rinde cuenta totalmente de la realidad y que
expresa la verdad de lo que revela, en ese sentido, como el mito social, es el corpus de las
respuestas adecuadas. Hablará entonces el lenguaje de la certidumbre aparentando ser el
lenguaje de la verdad. La ideología pertenece siempre al orden de lo visible y de lo representable .
El problema central es éste: provoca la creencia, está interiorizada, guía las acciones de los
actores o al contrario (como en el caso de la ideología soviética) no comporta ninguna forma más
de convicción. Una primer respuesta se impone, aunque necesite una argumentación rigurosa:
provoca la creencia cada vez que la representación que ofrece puede tener una respuesta al
menos aproximativa del perfil de la realidad. La ideología expresa y enmascara al mismo tiempo a
la realidad. Desde el hecho de que no se puede hablar de ideología más que en las sociedades
divididas, estructuradas alrededor del conflicto social, la ideología va a tener por función
expresar la homogeneidad y enmascarar el conflicto, afirmar el pueblo – uno y ocultar las
relaciones de dominación. Así, la “ideología burguesa” expresará la libertad y enmascara la
explotación. Pero de ese modo, ella dice cualquier cosa sobre la verdad de las relaciones
sociales . dicho de otra manera, si una sociedad capitalista va a desmoronarse y desaparecen
todas las libertades (llamadas formales por los arqueo-marxistas), entonces la referencia a la
libertad, incluso a modo de “encadenamiento” no podría ser más la receta. El pueblo no creerá
más y no verá más que los fenómenos de la explotación. Hace falta entonces que, en algún
aspecto, esta sociedad sea, en lo real, es decir, en la acción probada cotidianamente, una
sociedad de libertades para que esta ideología pueda funcionar. Es verdaderamente porque no
existe más tales garantías que la sociedad soviética en su conjunto (dirigentes y dirigidos
42
En particular en Surveiller et punir, Gallimard, 1975 y La volonte de savoir, Gallimard, 1976.
mezclados) no cree más en slogans estereotípicos y en los slogans utilizados 43. Por otra parte es
significativo que el combate de los disidentes soviéticos como los disidentes checoslovacos de la
carta 77 hayan tenido un combate legalista tendiente a hacer aplicar los principios
constitucionales. Querrían tomar la ideología al pie de la letra, respetarla totalmente. En eso le
quitaron sus oropeles y la develaron como medio de control político.
Pero al mismo tiempo, como quiere la tradición marxista (y Claude Lefort), la ideología no se
revela más que por la interpretación, pues, como ya he indicado, enmascara una parte de la
realidad. Entonces se trata de reunir cada vez por la cópula y los dos elementos desunidos el
elemento proclamado y el elemento escondido, la libertad y la explotación, el progreso técnico
liberador y la sumisión humana, la ciencia universal y la apropiación del saber por algunos pocos,
la funcionalidad y la soledad. Además, es necesario tener en cuenta una serie de puntos centrales
que voy a examinar ahora.
1. La ideología raramente es primera y tiende a dar un sentido coherente a toda una serie
de prácticas sociales que la han precedido. Las ideologías sirven a los actores sociales en
sí mismos, como principio de inteligibilidad para comprender algunos procesos sociales,
para comprender sus comportamientos y los de los otros" 44. Permite a cada uno situarse y
dar razón a su existencia. Calma su ansiedad delante de la diversidad del mundo, le
asegura que su acción se inserte en un movimiento que supera el posible absurdo de la
efervescencia constatada. Lo que constituye lo esencial, son las prácticas sociales que no
pueden comprenderse fuera de la lucha por el poder, es decir por la orientación y la
dirección de la sociedad. Por lo tanto debemos remarcar que, cuando una ideología toma
consistencia, su difusión entraña nuevos efectos e influye notablemente las prácticas
sociales como los comportamientos individuales. Va a engendrar la puesta en forma de
modelos significativos que van a ser utilizados por los actores dirigentes en su esfuerzo
de construcción y de reconstrucción de lo real. Por ejemplo, si el sicoanálisis no es una
ideología (Freud siempre ha rehusado vigorosamente hacer una Weltaanschaung45) y si la
construcción del cuerpo de doctrina es hecha a través de errores y rectificaciones de la
práctica terapéutica, ello no impide que la difusión de esta práctica, particularmente en
Francia, y no solamente de los efectos sociales, ha permitido la creación de una "ideología
particular" (la ideología “lacaniana”).
2. La parte de realidad enmascarada por la ideología es producida por la aplicación en lo
real de la ideología. Es la aparición del trabajador libre, sin ataduras, "sin fuego ni lugar",
que produce la explotación, es la operación efectiva y sistemática de la ciencia
matemática, por la aplicación al “Sub lunario” de los principios matemáticos que desarrolla
Galileo (que retornó a Platón) que ha favorecido no solamente a la cuantificación en las
ciencias sociales sino igualmente una visión formalizable de lo real, un desarrollo del
proceso racionalizador acompañándose de un desdén y de una puesta entre paréntesis de
los seres humanos y de los dramas que tejen su existencia. No es posible denunciar (o
incluso interpretar correctamente) una ideología antes que ella halla podido producir sus
efectos.
43
Los acontecimientos recientes, en Unión Soviética y los países del Este, dan todos su peso a las líneas escritas
hace varios años.
44
E. Verón. Diccionario de las ideas no recibidas, Conexiones, nº 27, 1979.
45
Para Freud, una Weltaanshaung es "una construcción intelectual que resuelve, de forma homogénea todos los
problemas de nuestra existencia a partir de una hipótesis que comanda el todo, donde, por consecuencia, ningún
problema está abierto, y todo eso en lo que nos interesamos halla su lugar determinado. Es fácil comprender que
la posesión de una Weltaanshaung forma parte de los deseos ideales de los hombres. Si se cree en ella, se sabe
hacia dónde se debe tender, cómo ubicar de la forma más apropiada sus afectos y sus intereses” (p. 211-212).
3. De la misma manera que los hombres no saben la historia que ellos hacen, son incapaces
(sin duda felizmente) de comprender, de atrapar las implicancias y los significantes de lo
que dicen. La revelación del inconsciente lleva a pensar que el hombre, si es un ser de
palabra, es tanto hablado como parlante, tanto atrapado y sometido por el lenguaje que le
enseñan. Así los portadores de una ideología no están siempre en medida de comprender
las consecuencias de los que dicen ni de percibir el rasgado entre lo que dicen y lo que
sienten, entre lo que anuncian y la realidad que enfrentan y simultáneamente atrapar la
significación de las palabras que utilizan (pongamos aparte el caso de la lengua del bosque
puesto que en ese caso el pensamiento tiende lenta pero inexorablemente a desaparecer)
(cf. “1984” de Orwell). Hace falta abandonar la idea (que hallamos entre los marxistas
vulgares actuales)46 que los portadores de la ideología son maquiavélicos, que quieren
ocultar la verdad al pueblo, que saben lo que hacen exactamente. Eso sería suponer de su
parte las capacidades divinas que sobrepasan ciertamente sus posibilidades. Más
seriamente, digamos que tal perspectiva es radicalmente absurda:
a).- porque niega la rasgadura operada por el inconsciente;
b).- porque homogeniza el decir y el hacer;
c).- porque supone una preciencia y una omnipotencia que ningún portador de la ideología
se otorga;
d).- porque no tien ninguna cuenta del tiempo ni de las reacciones de los grupos y que
ubica que eso que ha sido pensado y hecho entraña siempre las consecuencias previstas.
4. En la ideología se halla un mensaje enmascarado al locutor mismo en sí mismo (sea cual
sea su buena o mala fe) y podrá trastornarle el día en que tome conciencia. La parte
enmascarada por la ideología no tiene nombre en tanto que no ha sido señalada. Podemos
señalar un fenómeno: si bien no hay nombre que ponerle: como, por ejemplo, podemos
pensar el acaparamiento de la ciencia y de la palabra por algunos que se hallan siempre al
servicio de los poderosos y por consiguiente su costado mortal y mortífero, en tanto que
no se ve que las proezas realizadas por la técnica, hayan logrado el mejoramiento real del
nivel de vida, la profusión de bienes allí donde antes no los había, sólo raramente, que
pueda disminuirse la fatiga síquica, etc. Es sin duda después de la obra escandalosa de
Sade y la hipótesis freudiana de la pulsión de muerte, que numerosos investigadores,
luego de tejidos enteros de grupos sociales, han podido (inclusive que no han leído a
Freud o no son en nada freudianos)47 pensar la instalación y el desarrollo de procesos
mortíferos ligados al desarrollo científico.
5. Las construcciones reales están como ya lo he establecido, en parte como la
consecuencia del discurso ideológico, se ubica en este momento una cuestión crucial: es
posible que una ideología pueda existir y que no sea el discurso de maestros dando una
respuesta homogénea a las cuestiones sociales y favoreciendo la construcción de lo real
que pueda ser totalmente transparente (es decir interpretable). Incluso la respuesta no
puede ser otra que la negativa: todo sistema de pensamiento que tiende a devenir
dominante (que es lo propio de la ideología) no puede, para existir más que hacer
desaparecer todos los acontecimientos y todas las ideas que no pueden tomar lugar en su
esquema explicativo. Así, incluso si la ideología rinde cuenta de un retazo de realidad,
expresa cierta parte de la realidad: permanece mentirosa por omisión. Si un sistema de
46
2Secta” que tiende, felizmente, a disminuir.
47
Michel Serres es un buen ejemplo. Alérgico al sicoanálisis, está sin embargo en su texto la “tanotocracia”.
Describe admirablemente la empresa de la muerte en nuestra civilización tecnicista. Texto integrado en Hermes
III. La traducción. Editions de Minuit, 1974.
pensamiento acepta ser considerado como causa, transformándose cuando los nuevos
datos son percibidos, construir nuevas hipótesis, explorar otros campos de investigación,
en todos esos casos (y aún si transporta consigo los elementos ideológicos) no puede ser
considerado como una ideología, es una teoría que, como toda teoría, puede evolucionar,
ser enmendada y rectificada o caer totalmente en desuso. Es posible ahora subrayar que
la ideología es, al mismo tiempo, el conjunto de las tesis explícitamente enunciadas (pero
donde nadie puede conocer antes de que sean pronunciadas ni las condiciones de
producción, ni los efectos probables) en la medida en que forman las representaciones
conscientes con que los actores sociales dan sentido a su acción y que actúan,
igualmente, en su desconocimiento, permitiéndoles racionalizar una parte de sus deseos,
los menos decibles (lo que yo voy a intentar mostrar ahora) y el conjunto de las
inducciones subyacentes constantemente a descifrar. No existe contradicción entre
estos dos aspectos de la ideología. Al contrario, pueden ir en uno u otro sentidos (al
menos) y los dos sentidos son tan esenciales el uno como el otro. Condenar a uno sería
creer: ya sea que no hay nada que descifrar, que lo visible es lo real, que el significante
tiene un solo significado; ya sea que toda conducta no es más que mentirosa o simple
espuma de la realidad profunda que sólo un analista calificado (de cualquier disciplina
que sea) podrá descifrar.
Restan todavía dos dificultades:
¿Podemos pensar que la ideología se funda en el mensaje nuevo impuesto por el lider, por el
sesgo de su fascinación?.
¿Por qué razones la ideología permite racionalizar los deseos más secretos?
Puedo responder rápidamente de manera unificada a este doble problema: es porque el
nacimiento humano entraña una falla irremediable y una angustia delante de la incertidumbre del
futuro que, por un lado, todo mensaje con un carácter explicativo y dando sentido
definitivamente a la acción puede ser escuchado e interiorizado y que, por otra parte, cada vez
que la sociedad está presa de una Crisis de valores (ligada a un aumento y a una multiplicación de
los grupos en lucha para hacer adoptar sus opciones destructivas o normativas), permitirá la
proliferación de discursos generales enunciando la certeza y anticipando el futuro: Aquel que las
pronunciará será también el ser que habrá realizado en un corps la síntesis del mundo, del
espíritu y de la carne a través del manejo de los afecto. Así Hitler dice el futuro del mundo
(amaestra ese futuro y lo construye): dice lo “verdadero” sobre ese mundo: en esas condiciones
su construcción será exacta y durara “mil años”: dice lo verdadero pues en su carne (su raza. su
sangre) está inscripto el futuro de Alemania. Puede realizar esta síntesis porque se ofrece a la
nación alemana, se ofrece a su amor y ofrece su amor.
Sale a la luz un aspecto a menudo dechado de la ideología: la ideología fría no existe, toda
ideología está recorrida por la sangre, el calor, la ternura, y requiere entusiasmo, veneración,
adoración y necesidad. Sino ¿cómo comprender que los hombres puedan morir por una ideología?.
Una ideología, para todos los seres humanos, se resume en un hombre ejemplar que enuncia el
sentido para todos y en la creación de una solidaridad entre los hombres que permite la
edificación de una nueva sociedad o de otra comunidad. No existe ideología son porta palabra, sin
emblemas, sin una iconografía (¿un marxismo sin retratos de Marx, de Engels o de Lenin puede
ser operatoria?)48 representando los santos o los héroes. No existe más ideología en que no se
designe, unos como hermanos con quién trabajar y en la reconciliación humana, otros como los
enemigos, los adversarios o de los enemigos.
48
La floración de libros sobre el Freud cotidiano, la multiplicación de “posters” gigantes, son concomitantes de
un, momento en que el psicoanálisis tiende a transformarse en ideología.
La necesidad de un hombre ejemplar que sale de la última referencia y de individuos a los
cuales es posible identificar o de rechazar hacia el limbo hace percibir hasta qué punto el
discurso ideológico llena una función síquica esencial 49 y no puede instalarse más que si modifica
los afectos de los individuos, mas que si responde "a las instancias del deseo” 50 y compromete la
líbido.
La ideología se inscribe en un registro pasional. Ella responde a la exigencia del individuo de
no ser tocado por la pérdida, de estar siempre "colmado”. Ella le permite evitar entonces todo
conflicto síquico, y así vivir en la ilusión de un estado aconflictual de su psiquis. Haciendo eso, ella
garantiza un estado de alienación como el que ha sido definido por P. Aulagnier: “El estado de
alienación se apoya sobre dos soportes esenciales: una idealización masiva de lo que ejerce a su
atención la función alienante y que es entonces el soporte del deseo de alienar y la reproducción
por el sujeto alienado de ese mismo deseo y de esa misma función a la consideración de otros
sujetos, pero esta vez como adepto combatiente, partisano de una “causa” a la que le atribuye
una potencia alienante de demostrar y garantizar la verdad, la supremacía, la bondad” 51. Ubica al
individuo (no es posible en este contexto hablar de sujeto pues el sujeto como se vera más tarde,
es capaz de luchar contra la alienación, inclusive cuando él no pueda evitarla en lo absoluto) en
una triple posición que ha sido subrayada por Micheline Enriquez 52: la posición masoquista, la
posición paranoica, la posición apática; las tres portadoras de odio, incluso cuando éste se oculta
bajo la apariencia del amor. La ideología toca entonces a las identificaciones profundas e
inconscientes que el individuo no quiere (consciente o inconscientemente) desalojar. Posición
masoquista como que el deseo de la ideología es, para un individuo, el deseo de un maestro que
sea maestro de su deseo. Manifiesta una fascinación mortífera de la pasividad que favorece
evitar cualquier tipo de sufrimiento (físico), pero que, en contrapartida, da un valor obligatorio
de sacrificio a la causa enunciada en el maestro. Posición paranoica como ideología que permite a
cada uno desembarazarse de sus pulsiones arcaicas virulentas encontrando adversarios y
enemigos, considerados como perseguidores que deben ser aniquilados o convertidos. Posición
apática como que el individuo hace desaparecer en el toda inversión, salvo aquella del maestro
idealizado y está entonces movido por el deseo de matar todo deseo personal, posición corolario
a la de matar el deseo del otro o de hacer desaparecer al otro síquicamente. Esta triple posición
pone al hombre presa de la ideología en una situación de aligeramiento en un ideal encarnado que
él ama (Freud ha subrayado fuertemente en “Psychologies des foules et analyse du moi” la
importancia del discurso del amor pronunciado por el jefe en guardia a sus discípulos), pero que
él no puede dejar de amar arbitrariamente. La sumisión al jefe se paga con un desarrollo del
sentimiento de culpa. Nadie está jamás seguro de cumplir su tarea con la devoción y la fidelidad
indispensables, nadie está seguro de no ser o de no poder llegar a ser un traidor a la causa
incluso si pone todo su entusiasmo al servicio de ella.
Pero esta dependencia total comporta ventajas:
a- llena las funciones de rearmado situando al individuo en el interior de una formación
colectiva, que se constituye siguiendo la expresión de M. Fain 53 como una “comunidad de
des” excluyendo de la realidad todo lo que la indispone. La ideología es, en efecto, un
sistema de transformación de las interpretaciones del mundo, del que es su virtud dar las
armas no ambiguas para la mutación efectiva del mundo. El rol de una ideología es
49
R. Kaës, l’ideologie: études psychanaltiques, Dunoud, 1980.
50
A Green, Sexualidad e ideología en Marx, en Studes freudiennes, 1-2. Dunoud, 1969.
51
P. Aulagnier, Les destins du plaisir, PUF, 1979, p. 37.
52
M. Henriquez, Aux carrefours de la haine, EPI, 1984.
53
M. Fain, Diacronía, estructura, conflicto edípico. Algunas reflexiones, en Revue francaise de psychanalise,
XIV, 4, PUF, 1981.
constituir la realidad, organizar el espectáculo y permitiendo la lectura, plantar al
individuo en la certidumbre y/o en la búsqueda de la verdad.
a- dá al individuo satisfacción a la vez a su deseo de ser hipnotizado (fascinado - guiado sin
tener necesidad de apelar al razonamiento siempre destructor de las ilusiones), y a su
deseo (igualmente si se trata de un simulacro) y de ser amado por sus hermanos;
b- le permite sustituir una genealogía cultural con la genealogía social de la generación. su
ejemplo: de cada uno de los niños de Hitler, de Stalin, de Mao; dicho de otra manera
seres prodigiosos, fuera de lo común, y no un niño de sus madres, siempre individuos
cualquiera, sea cual sea su propio valor. Ello alimenta también la “novela familiar”. Siendo
reengendrado simbólicamente, cualquiera puede pensar en convertirse, también él, en un
“héroe”, un sujeto en que la historia cantará la leyenda.
c- da a todos los hombres la posibilidad de expresar su pasión erotomaníaca, puesto que la
erotomía cuando concierne al hombre concierne al hombre de bien. Así, cuando ella
conduce a una ideología depurada concierne a la idea de bien. Así. cuando la ideología está
encarnada la pasión erotomaníaca puede plenamente desplegarse puesto que se ajusta
tanto a la idea como al hombre de bien. Recluta a los hombres tanto en el campo del bien,
de lo puro, del buen poder proveyéndoles una amable neurosis colectiva y estableciendo
una barrera poderosa contra las angustias arcaicas;
d- Provee también a su yo de un apuntalamiento sólido, apuntalamiento concebido sólo como
un apoyo y un modelo54 intangibles (y no como un elemento de desprecio – repetición
dando la posibilidad a la autonomía y a la originalidad de manifestarse).
La ideología se presenta como un elemento esencial de estructuración de las sociedades
históricas. En algunas la ideología no aparece siempre bajo el aspecto masivo que hemos
analizado. Cada individuo, cada grupo es portador de una ideología, siendo estas creencias
necesarias para la lucha entre los poderes, el modo de resolución de los conflictos y la salud
síquica de los individuos. La práctica sicosociológica a la cual yo me refiero es ciertamente una
práctica al servicio de la democracia. Todos los hombres necesidad de ideales y de ideales
fuertes orientando sus acciones. Pero saben conscientemente a cual ideología se refieren y por
qué razones. Haciendo eso, aceptan que otros recurran a otras ideologías. Cuando se es
consciente de que todo discurso se apoya sobre una ideología subyacente, no se puede hablar en
nombre de la “ciencia” o de la “razón”. Estamos obligados a un trabajo de explicitación de sus
presupuestos personales y de confrontación con los otros sistemas de ideas. Ubiquémonos en el
diálogo, la interlocución, la negociación, la búsqueda infinita de la verdad. Esta ideología amable
es el premio de todo hombre, no es la ideología compacta que yo he intentado explorar.
A veces, es tal ideología la que intenta instaurarse en las organizaciones. En efecto, en el
interior de los conjuntos estructurados, las ideologías tienden a funcionar como verdaderas
religiones científicas. Arriban así a unificar estos tres registros: el de la verdad (la ciencia
haciendo cmo si, en la organización, ella no fuese concebida como objeto de admiración sino como
conjunto de teorías y de prácticas refutables, como lo adelanta K. Kopper), el de la creencia (de
la religión); el de la certidumbre movilizadora (de la ideología, strictu sensu), no pueden tener
más que una influencia casi absolutas sobre las conciencias y los inconscientes de los individuos.
Para que puedan ejercer tal influencia tienen necesidad de un ideal a proponer y de ídolos para
hacer admirar y amar.
El ideal no puede ser mas que un objeto, el proceso de idealización se ajusta al objeto. Hace
falta que la organización (o sus dirigentes) se proponga a si misma como un objeto maravilloso a
54
R. Kaës, Apuntalamiento y estructuración del siquismo, en Connexions, nº 44, EPI, 1984.
admirar y como proponiendo las metas a esperar, difíciles, originales y lejanas, que necesitan del
entusiasmo e incluso de cierto grado de sacrificio de los miembros de la organización.
Un ideal debe ser exigente para movilizar los medios alrededor de él. Debe engendrar un
sueño colectivo portador que transforme a los miembros de la organización en “héroes”, en
individuos a la vez un poco megalómanos y místicos, cada uno de esos sujetos se sentirá elevado,
puesto "a plegarse” a un “deber imperativo” (Freud).
“Un hombre, Moisés, ha creado a los Judíos”; ha escrito Freud. Todo líder debe ser, en
cierta medida, un nuevo Moisés llevando a su pueblo a la conquista de una tierra prometida. No
pueden existir ideologías sin individuos constituidos más o menos como ídolos (R. Kaës ha
insistido particularmente en este aspecto)55, sin los seres que son los portavoces y los emblemas,
no hay organización sólida, sin que sea emplazada la cuestión de la paternidad y de la referencia
a uno o varios hermanos (cuando existen hermanos fundadores), sin obligación de pago infinito de
la deuda del derecho a la existencia y del derecho del sentido.
Si tomamos como ejemplo la empresa moderna el mecanismo ideológico es particularmente
visible, constataremos que será tanto más operante cuando el o los jefes de empresa propuestos
para la admiración (Tapie, Bouygues, de Benedetti) son los “valientes", los guerreros que alían, en
su teatralidad “histérica", el registro masculino de la fuerza viril al registro femenino de la
seducción. El gran empresario se funda siempre sobre su víctima, pero es un asesino “piola” y
sabe utilizar las estrategias relacionales. En eso, no se presenta como un ser de excepción. Al
contrarío. Basta seguir su ejemplo para entrar a su giro en el círculo de los seres admirables: “si
yo soy formidable, ustedes también pueden llegar a serlo”, “si yo soy admirable, es porque yo me
rodeé de un equipo extremadamente competente”. Tales son las palabras de un jefe. Por
consiguiente se basta, cada uno para si, para acceder a la autorealización aceptando
conformarse con las orientaciones normativas de la empresa y del empresario, conformidad no a
un modelo estable sino a un modelo a la ves de afirmación y de adaptabilidad continua. Si los
hombres se pliegan a esta empresa, a cambio serán recompensados ampliamente. Si ellos
fracasan, no tendrán de donde prenderse más que a sí mismos.
Si bien es cierto que la ideología no tiende siempre a tales consecuencias. Todas las
organizaciones no funcionan todavía sobre el modelo de la empresa dinámica, aunque ese modelo
tiende a ser predominante. Algunas empresas tampoco adhieren a esta visión del mundo. Además
la ideología (como el mito) es a menudo enmascarada por los miembros de la organización. Lo que
no impide que la organización moderna enuncie, cada vez más netamente, una ideología de manera
clara y sistemática lo que logra que sus miembros se conformen, lo quieran o no. La ideología
tiene vocación de completar el mito cuando éste se muestra desfalleciente o demasiado visible
el flanco para la crítica o la irrisión.
55
R Kaës. La posición ideológica en el proceso psicoanalítico, en Topique, nº 42, 1988.
CAPÍTULO III
La instancia institucional
Si al nivel del proceso socio histórico están pronunciados los ideales (y lo que deriva: la
creencia, la ilusión, la alienación), están comprometidas las luchas sociales (que apuntan a
controlar o a dirigir de otra manera el proceso histórico), es en la instancia institucional que
podrán verdaderamente expresar los fenómenos de poder con sus corolarios: las leyes escritas o
las normas explícitas o implícitas de las conductas.
Una sociedad no puede fundarse ni durar si no elabora las instituciones, es decir los
“conjuntos” que tienen una función dc orientación y regulación social global, que interviene a nivel
de lo político: los proyectos, las elecciones y los límites que la sociedad (sus ciudadanos o sus
dirigentes) se da.
La definición de institución dada por Littré es particularmente esclarecedora. Para él, la
institución es “aquello que da comienzo, lo que establece, lo que forma”. Así en la definición
formal del término se hallan de entrada la cuestión del origen y de la génesis, el problema del
mantenimiento y la estabilidad y de la formación. Podemos decir que una institución apunta a
establecer un modo de regulación y tiene por meta mantener un estado de hacerlo durar y de
asegurar la transmisión.
Debe hacer de tal modo de estructurar de manera estable las relaciones sociales que
declinan como las relaciones de amor y de odio, de alianza y de competición, de trabajo y de
juego.
Las instituciones así revelan su función: quieren tener 56 por rol enmascarar los conflictos y
las violencias posibles y por otra parte expresarlas. " Enmascarar” para hacer surgir en su lugar,
la armonía, el consenso o al menos la solidaridad y para ello nos hace renunciar a las pulsiones
egoístas y nos hace acceder a las pulsiones altruistas canalizando la agresividad inherente al
encuentro con el otro, expresas puesto que las instituciones no pueden renegar de lo que estuvo
en su origen porque en el movimiento mismo de conjuración de la violencia se inscribe la necesidad
de cristalizarla en alguna parte57. Por esta máscara y esta expresión, las instituciones aparecen
como el lugar de la existencia y la perennidad de una sociedad que desea vivirse como comunidad
y como lugar de apremio y la norma.
Para permitir captar bien la esencia de las instituciones no es inútil distinguir sus
características fundamentales.
1. Las instituciones se fundan en un saber que tiene la fuerza de ley y que se presenta
como la expresión de la verdad. Su cohesión está provista de un saber teorizado e
indiscutible. El pensamiento ideológico de la Iglesia, las materias enseñadas en la
escuela, la concepción del hombre en el ejército y las familias que constituyen la base
de las nociones estrictamente articuladas. Indiscutibles esas nociones lo son en la
medida que, de ser puestas en duda, reubicarían desde el origen, no sólo el sistema
nocional sino la institución en sí misma.
2. La ley debe interiorizarse en los comportamientos concretos, en las reglas de la vida
organizada. No basta a la ley ser ubicada y ser aceptada formalmente. No sólo debe
ser lo que se instaure sino lo penetre hasta lo más profundo del ser. La obediencia no
debe ser una consecuencia del apremio sino de la interiorización de un ideal. El niño
debe respetar “en su corazón” a sus parientes y sus maestros, el fiel debe considerar
56
Lo mismo que las ideologías.
57
E. Enriquez, Las Instituciones: amor y apremio, consenso y violencia. En Conexiones, EPI, 1980.
al predicador como el representante de la fe. La institución es el establecimiento de
la relación de la sumisión y de la alegría en la sumisión.
3. Las instituciones se originan alrededor de una persona central. Ya sea a través de
Dios, del padre de familia, del maestro o del jefe guerrero, ubican el problema de la
paternidad. Y no puede ser de otra manera, pues lo que origina, lo que establece, lo
que forma, remite directamente a su fundador. El "falo" original. Pero ese creador
para dar comienzo, habla. Al comienzo fue la Palabra. El creador para fundar
duraderamente debe expresar por si mismo o por sus discípulos en un texto (los diez
mandamientos, los evangelios, los discursos de Napoleón Mein Kampf). Allí se halla la
conexión entre paternidad y saber. El Padre es aquél que posee el saber y lo profiere.
Los hijos son aquellos que se identifican al Padre, lo toman como ideal, se fusionan
con él para ser como él y poder, un día asumir la función paterna.
4. De ese hecho, las instituciones se presentan directamente como reproductoras.
Apuntan siempre a hacer durar, a reproducir los mismos hombres y los mismos
comportamientos siguiendo una “forma” dada de una vez por todas. Son
esencialmente “educativas” o “formativas”. Se refieren a un cierto tipo de hombre
que intentan promover. El saber debe transmitirse, bajo pena de desaparecer, e
integrarse en un sistema de conductas.
5. En esta educación, el apremio es un elemento fuerte. Un sistema de prohibiciones, de límites,
está en juego constantemente. Por lo tanto la violencia avanza enmascarada. Si las
instituciones son respetadas, viene el tiempo de las felicitaciones y las recompensas. “El
paraíso está a la vuelta de la esquina”. Pero ese paraíso es exclusivo. Aquellos que no quieren
entrar, aquellos que no son fieles y leales son los “traidores”. Entonces, en ese caso la violencia
se hace manifiesta. El padre, el jefe, tiene derecho de sanción (e incluso de matar) sobre aquel
que no ha aceptado el saber, aquel que se desvió del “camino recto”.
La experiencia de vida en las ¡instituciones es la de un poder totalitario, pero que oculta la violencia
con toda una serie de ceremonias de iniciación hachas “para el bien” del sujeto.
Así, las instituciones, se presentan como conjuntos formadores que se refieren a un saber técnico
legitimado y que tiene por función asegurar un orden y un cierto estado de equilibrio social 58.
Es remarcable constatar que cada institución tiene tendencia a querer ser la única en
regentear lo social (queriendo ser la “institución divina”, aquella en la cual se realiza el “fantasma
del uno” que obsesiona a todo grupo social). No impide que en la mayor parte de los casos
tendremos que dedicarnos a diferentes instituciones que se repartirán el trabajo de edificación,
control, formación y transformación. Es por esas razones que estoy de acuerdo con la tradición
popular que considera al Ejército, la Iglesia, la Escuela o la Familia como instituciones. En esos
lugares se deciden las perspectivas normativas del cuerpo social (sus complementarios y sus
contradicciones), en esos lugares se expresan entonces l os poderes, es decir los procesos de
decisión que puedan tener una fuerza apremiante, considerada como legitima por la mayoría de la
población al nivel operatorio.
Lo esencial en el estudio de la instancia institucional es, en consecuencia, el examen de su
emergencia, de sus formas, de sus modalidades de aplicación, de las formas de violencia, de
fascinación o de seducción, de los medios de control que utiliza y a las cuales debe apelar. Se
plantea entonces la cuestión de la relación e poder y de la muerte, pero igualmente de la relación
del poder con el amor y con el trabajo. ¿En qué sentido el poder siempre es violencia legitima?
¿en qué, también, siempre está ligado a una tarea a cumplir? ¿Y por qué todo detentador del
poder (o todo candidato al poder) busca provocar la adhesión, suscitar entusiasmo y convencer los
corazones? Sin duda sabemos bien que no puede despertar o, más exactamente, no puede ocupar,
la sumisión amorosa, el lugar que él ambiciona. Quien piensa que es posible lograrla mediante el
apremio, se condena al fracaso.
58
M. Y E. Enriquez. El sicoanálisis y su institución. En Tópico, n°6, PUF, 1971.
El juego del poder, del amor, de la muerte y del trabajo será objeto de mi especial atención
como lo que a menudo es ocultado o simplemente no percibido. Numerosos autores no distinguen
el poder de la autoridad. A veces el poder y autoridad designan sistemas de relaciones distitntas
funcionando en instancias diferentes.
Esta confusión de dos realidades es comprensible pues el poder en primera instancia, parece
no ajustarse a un esfuerzo consciente de dominación del mundo que tiene por fin formarlo y
construirlo según un cierto modelo.
La elección de ese modelo dependería del sistema de preferencias individuales o colectivas
en rigor en la sociedad, del humor del tirano o de la relación de fuerzas existente en una época
dada. De hecho, el poder no se resume en un esfuerzo legítimo de construcción de una realidad.
Designa esencialmente un campo pasional y una estructura no solamente de construcción sino de
destrucción. No solamente el fervor sino la sangre y las lágrimas de los seres humanos que lo
fortifican y le proveen su verde juventud. Ese tipo de poder comporta dos tipos de
consecuencias:
a) En lo que concierne al primer punto: La ideología, que se revela como un producto y como
un elemento fundador de las sociedades históricas (pues ella es, como lo he sostenido, lo
que tiende a dar un sentido coherente a las acciones de los sujetos sociales, que ese
sentido sea una resultante de la acción social donde es proferido en el mensaje de la
persona central) debe, para poder inscribirse en lo profundo de los sujetos (ser
interiorizada) y para modelar sus conductas, ser incansablemente repetidas bajo diversas
formas (las ideologías específicas), admitiendo ciertos aspectos contradictorios (a fin de
no constituirse en una “ideología de granito” denunciada por Claude Leford en Un homme
en trop) y ser asumida por las instituciones más variadas que ella modela y que la
transforman. Por ejemplo, un elemento importante de la ideología central se enuncia
como: no se puede aprender a mandar sin haber aprendido a obedecer, se aplica tanto en
la familia como en la iglesia, el ejército o la escuela bajo las formas de condiciones a
reunir para mostrarse un buen niño, buen soldado, buen creyente o buen alumno. Cada una
de esas instituciones está contribuyendo así a la labor común de la instauración de la
sumisión y de la movilidad social ascendente para los individuos conformes; así como el
ajuste de las diferencias significativas impidiendo al modelo realizarse plenamente y
aportan los elementos contradictorios y favorecen así simultáneamente una cierta
59
La representación dukheimiana de la sociedad es ejemplar en este sentido. Toda la obra de Durkheim apuntó a
la creación “de una sociedad cuerpo místico, hecha de hombres que viven la ley del grupo-Dios” siguiendo la
fórmula de J.C. Filloux, (cf. J.C. Filloux, Durkheim et le socialisme, Droz, 1977, p. 137)
60
D. Richet en su libro La France moderne: le esprit des institutions, Flammariom, 1973, muestra bien que es
necesario describir el sistema constituido por el absolutismo francés, ajustarse, de manera privilegiada, al
funcionamiento y a la evolución de las instituciones y no solamente a los datos demográficos, económicos y
sociales.
libertad en los sujetos y sus proyectos y acciones y una más grande eficacia del modelo 61.
Ser un buen soldado o un buen colaborador no requiere las mismas tendencias
características: un buen colaborador de empresa tal vez pueda no ser un buen soldado,
pero permanecerá manejado por la idea de que debe llevar el buen desempeño sin el cual
la institución no puede sostenerse, y no cuestionará, persuadido de la veracidad del
precepto como que todo mandato es el hijo adulto de la obediencia.
b) En cuanto al movimiento de creación y de autonomización de los artefactos, es posible,
por el momento, subrayar que las solas instituciones que ameritan ser consideradas como
tales son las que son afectadas por este proceso y que no son más consideradas como los
productos de la actividad material o imaginaria de los hombres, susceptibles de
desaparecer en las grandes transformaciones sociales radicales. Al contrario, tienden a
resistir a todas las revoluciones (incluso sí deben adaptarse y transformar su
organización interna) pues no aparecen ligadas al proceso histórico, sino al contrario,
inmutables, trascendentes, sagradas, constituyendo las garantías de la vida social que
estructuran y determinan. las Iglesias, a pesar de todos los esfuerzos de los
racionalistas, no son jamás (o raramente) percibidas como los lugares de la principal
ilusión de los seres humanos sino como los "bloques” de oraciones y piedras sin los cuales
los sujetos estarían desprovistos de esperanza y la historia humana zozobraría en el
absurdo. Cuanto más fuertes, dogmáticas y funcionando con el mínimo de referencia a
las preocupaciones de los pueblos las Iglesias más viven en otro mundo diferente al de los
hombres, pero se hacen respetar. y el mensaje transmitido se inscribe en los corazones y
suscita las vocaciones. Después de Juan XXIII, en la Iglesia post-conciliar de Francia,
fueron frecuentes las oposiciones, los alejamientos fueron numerosos así como los
regresos a la vida laica 62. Actualmente el movimiento de integración está detenido, el
integrismo cubre sus derechos y sus prerrogativas y lo religioso es no solamente un
artículo de moda sino una manera de pensar y de vivir y tiene tendencias a querer
combatir las ideologías en su propio terreno e inclusive a reemplazarlas.
65
E. Enriquez, L’enterprise comme lieu social: un colsse aux pieds d’argile, en revista: Sainsaulieu,
L’enterprise, une affaire de societè. Fons. Nat des Sciences politiques, 1990.
66
C. Castoriadis, L’ institution imaginarre de la societè.
ella no puede funcionar así más que con la condición de aceptar ser atravesada por el social
histórico y consiguientemente por la lucha por el poder y el conflicto de las ideologías.
Eso que yo he querido subrayar en el estudio de la instancia institucional, está al contrario de la
capacidad de la institución de defenderse contra toda interrogación, en promulgar sus leyes sin preguntarse
si son justas o pertinentes.
La institución es entonces la cristalización de un movimiento que instituye (social. histórico)
que no quiere reconocerse más que por lo que es: el producto de una historia. No se concibe como
producto de lo naturaleza de las cosas. Es por esto que en el nive1 institucional se expresará de la
manera más directa el problema de la ley y lo prohibido, del amor y de la agresividad, “del deseo y
de la perversión”67.
CAPÍTULO IV
67
Título de la obra escrita en colaboración por P. Ailagnier, J. Clavreul, F. Perrier, G. Rosolato y J.P. Valabrega,
1967.
68
La empresa, en La sociéte post-industrielle [...]
máquina (la organización estando pensada voluntariamente como una máquina) 69 y resistencia a la
reificación de los seres humanos y los grupos sociales.
Ese nivel de realidad social ha sido el objeto de estudio natural de los organizadores-
consejos (en donde todo el trabajo es tratar de definir sino el one best way, al menos los tipos de
estructura que favorecen el funcionamiento de conjuntos, sin demasiados golpes, ya sea que se
trate de estructuras funcionales, staff and line o por departamentos autónomos) y de un cierto
número de teóricos de la organización (de Taylor a March, Simon, Crozier y Mintzberg) que han
tenido (o tienen aun) las miras reformistas y normativas. Por otra parte es interesante notar, a la
pasada, que la teoría de la organización, nacida de preocupaciones interesadas (definir un modo
de estructuración eficaz en relación a las metas de midas), no ha podido deshacerse jamás y que
es todavía la disciplina sociológica más controvertida y la más sumisa a ópticas ideológicas
contradictorias. Esta tendencia se basa en la creencia común de los organizadores-consejos y de
los sociólogos de considerar ese nivel como siendo el único nivel de la realidad 70, no solamente el
que habrían podido tomar (que les habría permitido circunscribir el tipo y los límites de sus
acciones), pero incluso que ejerce una influencia determinante y que comporta efectos
mensurables y previsibles. Cuantos organizadores y teóricos piensan ahora que operando la
“reforma de las estructuras”, favoreciendo el pasaje de un modelo de funcionamiento burocrático
a un modo de funcionamiento participativo, los problemas esenciales de las organizaciones (por vía
de la consecuencia de la organización socia) pueden ser evocados, planteados y resueltos. Para
cada uno de ellos, la organización es una máquina, de regulación simple o de regulación compleja,
comportando, según los autores, los individuos que tienen las manos, los corazones o los cerebros,
pero que como toda máquina puede ser fabricada, renovada o reglada sin que sea necesario
verificar o controlar “medio ambiente” que, por cierto, tienen e efectos, pero siempre
secundarios.
Mi posición ( aunque yo trabajé de forma privilegiada en ese nivel de realidad) es diferente.
Querría insistir sobre el carácter esencial y el carácter limitado de centrar la investigación en
ese nivel. Esencial pues el modo de funcionamiento adquiere progresivamente su autonomía: las
metas son olvidadas, los medios tomados como fines 71, la técnica fetichizada, constituida en
objeto de todos los sueños. En cuanto a los hombres, ellos no son vistos más que como meras
prolongaciones de la máquina y son tratados principalmente 72 como mercancías. Cada uno a adorar
a su Dios: el contador sus cifras, el informático su máquina, el diseñador la belleza de su plano.
No existe organización sin estructuración fuerte (permitiendo a cada uno, en la medida de lo
posible, hallar su lugar idealizado en la organización, disponer de los medios que faciliten la
inscripción de su sueño en la realidad). Es esencial la tecnología (en el amplio sentido que he
utilizado este concepto) engendra las transformaciones reglamentadas en el trabajo de los
69
En ese sujeto, cf. Los primeros capítulos del libro de J. A. March y H. Simon, Les organisations, Dunoud,
1964, así como en el prefacio de M. Crozier. Podemos referirnos igualmente al estudio de A. Lévy, Crítica de
las concepciones clásicas de organización, en Hommes et Enterprises, n° 9, 1959.
70
Lo testimonian las célebres líneas de A. Etzioni: “Nuestra sociedad es una sociedad de la organización.
Nosotros somos nacidos dentro de organizaciones, nosotros hemos sido educados por las organizaciones y la
mayor parte de nosotros consagra una parte de su existencia a trabajar para las organizaciones. Muchos de
nuestros momentos de ocio se pasan en gastar dinero, en jugar y orar dentro de las organizaciones. La mayor
parte de nosotros morirá en una organización y cuando llegue el momento del entierro, la más grande de todas
las organizaciones –el Estado- deberá entregar un permiso oficial” (En Les organisations modernes. Duculot,
1973, p. 11).
71
Idea esencial puesta a la luz en la obra célebre de R. Michels, Les partis politiques, 1913. Flammarion, nueva
tra. Fr. 1971.
72
Pero no totalmente. En efecto, para ser ejecutante puro, hará falta que tenga del otro lado un maestro absoluto
que, como lo subrayan C. Lefort y C. Gauchet, “conocerá el conjunto de los procesos de producción”. A veces,
agregan ellos, “tal maestro no se halla en ninguna parte por la buena razón de que el principio del trabajo rige
igualmente el proceso de control, de tal suerte que el saber destinado a producir la unificación está él mismo
fragmentado” (en La política y la institución de lo social, Texture (2-3), 1971). C. Castoriadis ha igualmente
insistido sobre ese punto Cf. La societé burocratique, 1973.
hombres, tanto en sus relaciones consigo mismos, con los otros y con la máquina, en su grado de
alineación, de sumisión y de apatía. La utilización actual en la organización de métodos modernos
de gestión y de instrumentos de gestión (ordenadores, microprocesadores. Etc) tiende a
reforzar el aspecto mecánico de las organizaciones. Si tal hipótesis es exacta, eso querría decir
que los mecanismos de separación, de atomización de los hombres serían tales que no existiría
más comunicación entre ellos, y que la única relación que permanece sería la relación afectiva y
libidinal establecida entre la organización y cada uno de sus miembros. No hemos llegado a ese
momento y no llegaremos jamás. Esto no impide que esta hipótesis opere en todas las
organizaciones. Limitada pues las transformaciones tecnológicas o los nuevos tipos de autoridad
operados son incrompensibles no pueden ser reenganchados al proyecto social del que ellos son la
expresión y al imaginario social que los anima 73. Lo mismo las luchas en la empresa ´por el control
de la información y las decisiones no pueden ser pensadas más que en referencia a aquellas
conductas, por los movimientos sociales en el cuadro de la sociedad histórica, sobre el mismo
tema. En cuanto a las normas y a las reglas impersonales de funcionamiento como podrían ser
admitidas si no hallasen su legitimación en la ley proclamada y en la institución encarnada. Por
cierto, esto no significa de ninguna manera que la organización no sería más que el lugar de
funcionamiento parcial de fenómenos esenciales que, por otra parte, se superarían. Hace falta
entender eso que yo adelanto como la imposibilidad de hacer de esta instancia (como de toda
otra) la única que es determinante y no como el no-reconocimiento de las determinaciones
específicas que pueden engendrarla y que ella a su turno puede crear. Al contrario, estimo que a
ese nivel se juegan mecanismos que son susceptibles en su momento de tener efectos a nivel
institucional o histórico.
Es por eso que una atención fuerte pero no exclusiva debe ser aportada a los fenómenos
organizativos. Pues se trata muy bien de un nivel que prolifera que tiende a englobar a ha hacer
desaparecer en su seno a los otros niveles. En particular, ello me hará interpretar las tentativas
de estructuración (de organización en el sentido clásico del término) como tendiente a poner “el
orden por doquier y la historia en ninguna parte”74, a defenderse así de las angustias
fundamentales ligadas a ”las angustias mismas de la vida” (siguiendo la expresión de J. London).
Las estructuras van a tener por meta luchar contra esas angustias fundamentales. Seis tipos de
angustias pueden ser relevadas: Miedo de lo informe, de las pulsiones, de lo desconocido, de los
otros, de la palabra libre, del pensamiento.
73
Castoriadis escribe: “Pero la técnica no es solamente atrapada en sí misma: ella es dimensión esencial de la
creación de conjunto que representa cada forma de vida social y ante todo porque ella es, tanto como el lenguaje,
elemento de la constitución del mundo humano, y en particular de la creación, por cada sociedad, de aquello que
para ella es real racional, para que nosotros entendamos que se lo plantee como que se le impone” (La técnica.
En Les Carrejours du Labyrinthe. Seuil, 1978, p. 231).
74
E. Enriquez, De la reificación al reconocimiento, en Cahiers de I’I.S.E.A., 1964.
75
La instancia pulsional será estudiada en el capítulo VII.
destrucción que podrían atacar su funcionamiento interno. De ese modo tenderá a limitar
la competencia interna repartiendo los poderes y las funciones, e insinuando un sistema
de normas y de reglas a respetar. Por lo tanto, como se verá luego, le da un rol
importante (en algunas estructuras) imponiéndole paradójicamente una emulación entre
los individuos, susceptible de comportar consecuencias destructivas. Tiende igualmente
a canalizar la pulsión de vida solamente hacia el trabajo productivo. Teme, en efecto, que
la presencia de sentimientos muy netamente positivos conlleva una invasión de la
afectividad que puede favorecer la aparición de conductas irracionales. La pulsión de
vida no es aceptable más que si se permite la cohesión de la organización en la
realización del trabajo. De ese modo, de el amor dirigido a los dirigentes bajo la forma
de la admiración, el amor a la organización son aceptados, tal vez no preconizados, así
como cierto grado de mutuo amor entre los miembros de la organización debe ser
inhibido en relaciona los objetivos. El amor erudito, con su carga de violencia, será
condenado. Tenemos derecho de preguntar si, de hecho, la organización no impide poder
desplegarse a la pulsión de vida.
c) Lo desconocido: lo nuevo siempre confunde. Por lo que los dirigentes de las
organizaciones intentarán inmunizarse contra lo desconocido muy a menudo identificado
con la fisura. Los estudios de prospectiva y de coyuntura, los métodos que favorecen las
tomas de decisión “racionales” tienen por objeto dominar la incertidumbre, hacer así el
futuro más previsible y quitarle su carga de ansiedad.
d) Los otros: La cohabitación de un gran número de personas en los intereses y
los proyectos a menudo divergentes hace planear sobre todo grupo el fantasma de la
posible guerra de todos contra todos, tanto más porque las organizaciones adoptan una
estructura estratégica poniendo el acento sobre la individualización, la responsabilidad
y la emulación. Así las organizaciones ensayan, precisando las funciones y las relaciones o
poniendo el acento en la cohesión.
e) La palabra libre: Toda palabra no prevista sobre sujetos no definidos y
precisados de antemano, dicho de otra manera, toda manifestación del “imaginario
radical” (C. Castoriadis), es sentida como inquietante, pues es susceptible de desviar el
trabajo y suscitar ideas aberrantes. El sueño está identificado con la utopía, la utopía
con la pesadilla. Así, todo proyecto innovador será desde el principio objeto de
sospechas.
f) El pensamiento: un miedo al pensamiento en sus aspectos inventivos reina en
la organización. El placer de la reflexión desinteresada, de la facultad de juzgamiento,
es considerada no deseable, pues permite interrogar los valores en nombre de los cuales
las decisiones son tomadas así como los modos de pensar dominantes. La creatividad
tan reclamada es a menudo, de hecho, extremadamente contenida.
g)
De esa manera, las organizaciones son el lugar privilegiado de la “compulsión a la repetición”
(una de las formas de la pulsión de muerte, verdaderamente la más operante que se expresa a
través de la conformidad y la ritualización) y de la manifestación de conductas perversas del tipo
sadomasoquista que son las únicas que se adecuan a un mundo creado para funcionar siguiendo un
modelo preciso y no siguiendo un proceso vivo.
Acerca de algunos conceptos básicos en
El acto-poder
El concepto de acto-poder alude al mismo tiempo al acto, a su autor y a sus efectos
sobre la realidad. “El acto no implica sólo un actor, un agente, sino también consecuencias
obligadas y manifiestas, a saber, la modificación de una realidad incluida en las redes
sociales”. (10)
El desarrollo de este concepto a lo largo de 20 años de investigación lleva al grupo
Desgenettes a insistir que el “acto-poder” se designa no sólo el poder de un sujeto sobre
sus actos sino que se está frente a un hecho el acto que es, en su definición misma “poder
sobre aquello que se aplica”. (11)
“El acto es un poder sobre la realidad y en la realidad (es lo que acto-poder quiere
significar), pero además, su actor es conducido, de manera no consciente a conservar poder
sobre su acto y sobre sus efectos (y he ahí el sentido del movimiento de apropiación), de la
misma manera que seguramente no se desprenderá espontáneamente del poder que tiene para
dominar voluntariamente su propio cuerpo”. (12)
(
Citas
(10)
Mendel, G. “La sociedad no es una familia”, Bs. As., Paidos, 1993, pag. 174.
(11)
Mendel Ob. Cit. Pag. 173.
(12)
Mendel Ob. Cit. Pag. 174.
El movimiento de apropiación
El autor llama la atención sobre un fenómeno que considera intrínseco a la naturaleza
humana: es el del movimiento de apropiación del acto un movimiento que “tiende a la
recuperación del propio acto, tan espontáneo y original como el que tendríamos si viéramos
que una de nuestras manos se separa de nuestro cuerpo”. (13)
Este movimiento aparece en la concepción teórica del sociopsicoanálisis, como un
movimiento espontáneo, inconsciente, del que habitualmente no se habla, al que se alude
cuando se habla de libertad, dignidad de la persona, autonomía. Aparece en nuestros días con
frases como: “No me gusta que me obliguen a hacer las cosas de una manera no elegida o
decidida por mí, o con la cual no estoy de acuerdo” o “Me gustaría ver el final de mis actos”.
(14)
(13)
Mendel Ob. Cit. Pag. 262.
(14)
También ver Mednel, G., “Sociopsicoanalisis Institucional Amorrortu, 1973.
Obstáculos al movimiento de apropiación del acto
No obstante su carácter constitutivo de la naturaleza humana, la cultura post-industrial
con sus grandes organizaciones -basadas en la división del trabajo- provoca un fuerte bloqueo
de este movimiento que queda enajenado en la estructura jerárquica.
La constitución de estratos divorciados en su posibilidad de comunicación termina por
obturar este movimiento y el sujeto queda sometido a un funcionamiento de tipo infantil; el de
un niño que solo hace cuando se le ordena y se considera sin derecho a la propiedad sobre su
propio acto de trabajo.
Una cita puede ayudar a llamar la atención sobre un aspecto de nuestra posible reacción
ante estas ideas. “...Con respecto a tener poder sobre nuestros propios actos, parece que todos
somos víctimas de una pseudoevidencia, de una pseudo transparencia, que disimula su
opacidad, lo no pensado. La idea es aceptada de entrada, como si cayese de su peso desde el
momento en que se menciona. Pero la discusión siempre demuestra que no ha penetrado
realmente en el pensamiento, que ha rebotado en una dirección diferente. La idea de un poder
sobre los propios actos se transforma siempre, rápida y espontáneamente, en la de un poder de
los demás sobre uno o de uno sobre los demás...”
Los hechos se acomodarían entonces para obstaculizar la conciencia sobre este tipo de
poder. La estructura jerárquica derivada de la división del trabajo por un lado. Esta extraña
seudoevidencia que desvía la atención, por otro.
Las hipótesis del autor sobre el carácter de los fenómenos de autoridad iluminan el
doble juego de ambos.
El movimiento hacia la apropiación del poder sobre el propio acto y el encuentro con
la autoridad internalizada.
Cuando en circunstancias que enseguida caracterizaremos, el sujeto procura hacer esta
recuperación de su acto, enfrenta, dice Mendel, indefectiblemente el peligro de una autoridad
internalizada que lo sanciona. Este enfrentamiento resulta extremadamente doloroso para el
sujeto individual pues esta autoridad internalizada tiene toda la fuerza de los primeros adultos
significativos en las épocas en que era un niño indefenso. La fuerza interna se asocia a la que
emana de algún lugar de la jerarquía institucional y ésta adquiere -sobre el sujeto- un poder
potenciado: es el poder del jefe visto y vivido como un padre infantil.
En general, el sujeto individual enfrenta raramente esta problemática. Lo hace cuando
está con otros y -siempre en la perspectiva del autor que estamos comentando- en el contexto
de una institución y en el seno de la reunión de un grupo homogéneo de rol.
Movimiento de apropiación del poder sobre el acto y culpa inconsciente son, en las
observaciones del sociopsicoanalisis dos fenómenos indefectiblemente ligados.
Es en la institución donde el sujeto puede hacer conciencia de la fuerza de
lo social y de los fenómenos de expropiación de poder que favorece la división del
trabajo. Pero es también en el seno del grupo homogéneo de rol, donde puede
hacer a experiencia del movimiento colectivo de recuperación y donde, en
consecuencia va a enfrentar los resultados de la culpa inconsciente que genera el
poder de la autoridad internalizada.
Los fenómenos de fisura son su consecuencia a nivel de la dinámica del grupo. La
retracción y el aumento del sometimiento o la fuga hacia la política, son las consecuencias a
nivel de los individuos.
El fenómeno de la fisura
Este fenómeno se produce en general en los grupos del mismo rol cuando su
intercambio los lleva a tratar -hablar, preveer, proponer- acciones tendientes a recuperar
poder sobre sus propios actos de trabajo.
Se presenta como una división del grupo en dos subgrupos de posición encontrada. Uno
insiste en la necesidad de estas acciones. Otro, se opone argumentado y previendo dificultades
que resultan amenazantes para la posición o las condiciones actuales de las personas.
La fisura del grupo -hasta el momento de acuerdo- en dos, indica la operación del
fenómeno psicosocial de la autoridad.
En el espacio que se genera en la fisura -y como si fuera una pantalla proyectiva-
“aparecen”, se expresan los contenidos de las fantasías ligadas a ese fenómeno: el temor a
dañar a las figuras investidas de autoridad y el consecuente temor al castigo, son los
significados básicos de estos temores.
En una reunión de estudiantes de 4to año de una escuela media ubicada en la zona
rural (la única escuela del pueblo)
Los jóvenes hablan con la entrevistadora de su vida en la escuela. Han estado
comentando algunos problemas que tienen alrededor de la organización de su
trabajo (algunas materias les traen dificultades, no cuentan con apoyo de
explicación que les baste, desearían tener atención tutorial pues no tienen
muchos de ellos recursos para pagarse clases particulares, etc...). Por tratarse
de una escuela de Proyecto 13, las clases de apoyo están reglamentariamente
previstas pero no se organizan en forma adecuada o no son lo suficientemente
útiles pues “los profesores -algunos- explican ahí tan difícil como en el aula”. Uno
de los estudiantes dice que tuvieron varios intentos de pedir una reunión para
hablar de esto con la Rectora y no pudieron hacerlo. Esto trae a colación el tema
del Centro de estudiantes y largo rato en el grupo, el intercambio se hace
alrededor de la importancia de organizar un Centro para poder tener mejor
tratamiento de las dificultades.
Todos parecen acordar y uno señala que al salir “ahora mismo” de esta reunión, podrían
ir a hablar con la Rectora de la constitución del Centro.
Alguien dice: “Podemos ir con confianza, ella siempre nos recibe, tiene las puertas
abiertas para nosotros”.
En ese momento -registra la entrevistadora- “el clima cambia, hay una especie de estado
de incomodidad, alerta... una especie de suspenso. Se hace un silencio incómodo y un chico
dice:
- son muy buenos nuestros Profesores... Y la señora Rectora siempre está dispuesta a
ayudar
-acá en el pueblo lo único que tenemos es la escuela. Es nuestro lugar de reunión... nos
encontramos aquí porque en otro lado dónde?
- para mí la escuela es todo... Nunca creí que pudiera venir porque mis padres son muy
sin recursos... pero la Señora Directora habló con mi papá y le dijo que yo servía para el
estudio, que me tenía que poner en la escuela, y mi padre dijo que bueno pero que el no tenía
dinero... y ella me consiguió un trabajo de algunas horitas y acá estoy... que voy a decir yo de
la escuela... es mi vida... es lo mejor que me pasó...
(la Entrevistadora dice) Ustedes estaban hablando de lo importante que sería organizar
un Centro de Estudiantes...
(varios) no!... no nos hace falta!... si aquí todos nos escuchan
- que iría a decir nuestra Rectora...!? que no le confiamos...
- se ofendería
- sería un gran dolor para ellos
- (la estudiante que dice que la escuela es su vida) lo que menos querría es eso...
estamos bien así...
- nosotros también tenemos que esforzarnos y estudiar más, nuestros profesores son
excelentes...
(16)
Ver Mendel, G., “La sociedad no es una familia”, BS. As., 1993, y “Por la
descolonización de la infancia”, Edit., Ariel, 1974.
(17)
Puede consultarse Mendel, G., Sociopsicoanálisis I y II de Amorrortu, 1974.
* Las personas o grupos inhiben el movimiento espontáneo hacia la recuperación de
poder sobre sus actos. Se convencen que “por último es sólo un trabajo”, procuran renegar de
su necesidad de creación y autonomía en ese ámbito y paulatinamente van empobreciendo su
producción. En general esto se registra en los individuos como “falta de compromiso” o
“irresponsabilidad o incapacidad” y en las instituciones como “baja calidad de resultados”. A
veces transita a situaciones de descontrol o explosión conflictiva provocada por la
intensificación de la frustración y la hostilidad que ella provoca.
* Con una misma respuesta inicial -la inhibición del movimiento de recuperación del
poder sobre el propio acto- las personas hacen un desplazamiento hacia un campo de lucha
que está afuera de la Institución misma. Se produce un abandono de grupo de trabajo y de la
negociación entre grupos institucionales para acordar el reconocimiento mutuo de campos de
autonomía que hacen a los actos parciales y su concurrencia en el acto institucional global,
para procurar en la discusión de temas externos (en general sociales y políticos de
características macrosociales) el cambio en las condiciones internas.
En general los temas elegidos en este fenómeno de “fuga en la política” que señala la
teoría que nos ocupa, pueden tener legitimidad y las demandas pueden ser justas pero están
alejados -en la línea de determinación- muy fuertemente de las medidas institucionales que
habría que tomar para ampliar la autonomía de cada trabajador en su propio trabajo. De hecho
estos temas pueden modificarse a nivel general y los problemas de poder interno continuar sin
ser afectados. (18)
Para comprender más acabadamente esta idea es de interés tomar en cuenta que para G.
Mendel el nivel en el que el trabajador puede hacer una recuperación real de poder sobre su
propia producción, es el del análisis de esta producción misma, sus condiciones y sus
consecuencias directas. Es el campo concreto del trabajo que se hace el que debe ser objeto de
interés, pues es ahí en donde se provoca el acto-poder de que se ocupa el dispositivo de
participación que propone.
Esto no significa que los actos en el campo de la participación política general no
tengan interés, significa simplemente que cuando los encaramos desde estas perspectivas los
deberemos ubicar como los actos de sujetos miembros de partidos u organizaciones políticas y
como tal productores de actos parciales que sufren en su funcionamiento de los mismos
avatares que estamos señalando para otros trabajadores.
En el caso de las escuelas, lo que interesa es sustantivamente el trabajo de enseñar, el de
aprender y aquellos otros que los apoyan (19). La política que incumbe en forma inmediata es la
de las decisiones con respecto a esos trabajos. En la política externa el sujeto de la escuela se
posiciona por otras pertenencias institucionales.
Recapitulemos
1. Propósito
Instalar un ordenamiento de la comunicación que permite recuperar el sentido de cada
acto parcial de trabajo dentro del acto institucional global.
2. Modificación central
Incorporación estable dentro de la organización institucional de un tercer canal de
comunicación(21) : el que enlaza en forma indirecta a través de informes escritos a los grupos
homogéneos de rol que ocupan distintas jerarquías.
3. Condiciones
1) No debe existir amenaza de pérdida respecto de la pertenencia. Si el trabajador está
temiendo perder el puesto de trabajo, si el alumno teme perder permanencia en la institución,
si las personas están preocupadas por sobrevivir en cualquiera de los múltiples sentidos de
esta palabra o no están dispuestas a un diálogo colectivo que no tenga resultados inmediatos
esta forma de participación es imposible
2) Debe existir apoyo franco de la dirección y los grupos deben estar apoyados por
personas externas (en las experiencias cumplen este papel los Consejeros de curso,
Orientadores, Intervinientes, etc.(22).
(21)
Ver en “La sociedad no es una familia”, el capitulo 5. Una intervención prolongada: el
aprendizaje de la expresión colectiva en 150 cursos de enseñanza secundaria.
(22)
En nuestro país, cumplirían las características de estos Consejeros, los miembros de los
gabinetes psicopedagógicos o psicológicos con los que cuentan las escuelas, pues se trata de
personal con formación psicológica para la tarea de Orientación educacional o los Asesores
Pedagógicos que existen en todos los niveles del sistema también en muchas Universidades
(20)
Mendel, G.,” Hacia la empresa democrática”, Bs. As., Lugar Editorial, 1994.
3) el intercambio debe producir cambios reales. “No se trata de un dispositivo de
discurso. Sino se producen cambios reales los grupos se disuelven” (23).
4) Diseño de las acciones de participación
Tres veces en el año y durante 2 horas, los grupos que tienen una misma posición
(grupos de clase en un colegio, el grupo de profesores, el grupo de preceptores, el grupo
directivo, etc.) se reúnen con la consigna de analizar su situación y logros de trabajo,
producir un informe para quien deba modificar alguna condición que los afecta.
(23)
De una charla en la Facultad de Psicología que dió Mendel en 1993.
Envía su informe al
Grupo B Remite su informe al Grupo B
Da a conocer su trabajo e ideas
a quien quiere por medio de
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II. Reinicia el circuito
...
Algunos efectos del “tercer canal de comunicación”
El relato de los resultados obtenidos en más de 100 clases escolares, muestra ventajas de
esta forma de participación sobre otras.
El entusiasmo en la intervención y el progresivo desarrollo de la capacidad para analizar
y opinar sobre características sustantivas del trabajo escolar (24) se acompaña de una
disposición progresiva de los Profesores a encarar innovaciones pedagógicas y a un
funcionamiento más apto del mismo grupo docente como ámbito para elaborar sus propias
condiciones de logro.
Estos resultados se alcanzan de un modo franco, transcurrido un tiempo suficiente (2 o 3
años de funcionamiento del canal de participación) y son más notorios en los casos en que se
ha logrado cuidar estrictamente algunas de sus características:
(24)
Sustantivas en el sentido en que tiene que ver efectivamente con el logro de mejores
aprendizajes y niveles de formación.
La versión completa corregida por el prof. Enriquez está editada en la “Serie Los documentos de la
carrera Formación de formadores” FFyL y Ediciones Novedades Educativas
Primera Parte
(...)El origen de la institución ( o acerca de "Totem y Tabú")
Voy a empezar de una forma que tal vez les despierte la curiosidad, pues para hablar de las
instituciones voy a comenzar refiriéndome a la obra de Freud, "Tótem y tabú". Creo que esa obra
plantea muy bien la cuestión del nacimiento de las instituciones. Como ustedes saben Freud plantea
una hipótesis central: la existencia en los tiempos prehistóricos de una horda primitiva dirigida por un
macho todopoderoso que tenía el monopolio del poder sexual y mantenía a los hijos bajo su dominio
sin que éstos tuviesen el derecho de expresar sus propios deseos. No hay que olvidarse que Freud
toma esta hipótesis de Darwin y que Darwin la elabora a partir de investigaciones de los etnólogos.
Lo importante en su hipótesis es que plantea el problema siguiente: un día los hijos se conjuraron, se
rebelaron, mataron al padre y se lo comieron. La hipótesis de esta comida en común viene de una
serie de estudios hechos por el inglés Robertson Smith. Smith estudia en distintas culturas este tipo de
menos con la experiencia familiar y más con un sentido de complementariedad en el
trabajo dentro de un establecimiento comprendido como lugar social, esto es, válido
para todos los niveles.
grandes comidas que la gente hace en conjunto y se asombra frente a dos hechos: al comienzo de
estas comidas la gente está triste y después de la comida expresan un sentimiento de alegría y
satisfacción. El animal que se mata y come no es cualquier animal, es el animal emblema de la tribu.
Su caza normalmente prohibida durante todo el resto del año, es exigida como excepción una vez por
año al conjunto del grupo. Robertson Smith había observado este fenómeno sin poder explicarlo.
Freud toma estos datos y arriesga su hipótesis: la cacería que toda la tribu hace en conjunto reproduce
un acontecimiento sucedido en tiempos prehistóricos. En ellos efectivamente el jefe de la horda había
sido asesinado por sus hijos que lo odiaban y admiraban. Esos mismos hijos después del asesinato son
invadidos por un sentimiento de culpa que procuran controlar idealizando al padre muerto y haciendo
de él, el tótem de la tribu. Por lo tanto el animal comido en el banquete es el símbolo del padre
asesinado.
Dos cuestiones son de gran interés en esta hipótesis de Freud: por una parte la idea de que hace falta
un acto, en la que retoma la idea de Goethe en el "Fausto": "al comienzo era la acción" contrapuesta a
la frase bíblica: "al comienzo era la palabra". Dicho de otra forma, hace falta que al principio haya un
acto que produzca una situación irreversible y permita a los hijos entrar en la historia. Este acto es tan
violento que, aun cuando hayan estado muy satisfechos de haberlo cometido, los hijos no pueden
soportarlo y experimentan lo que Freud designa como ambivalencia, estar satisfecho y al mismo
tiempo insatisfecho. A partir del momento en que la gente se siente culpable empieza a renunciar al
motivo del acto en cuestión y en vez de compartir las mujeres deciden, al contrario, intercambiarlas
con otras tribus iniciando así complejas relaciones de intercambio en esa y otras áreas. Dicho de otro
modo, ocurre una paradoja muy bien expresada en una frase freudiana y comentada en muchos libros:
"la humanidad empieza con un crimen cometido en común".
Estas son ideas impactantes: al comienzo era el crimen; pero, al mismo tiempo, este ser solo se
convierte en ser humano renunciando luego al crimen e invistiendo a la persona asesinada de una
serie de cualidades que no tenía en realidad y la convierten en el dios de la tribu. Con esto se
legitiman las acciones de los individuos que ya no son acciones arbitrarias sino la continuación de lo
que imaginariamente deseaba el padre.
A partir del momento en que la gente entra en un sistema de intercambio - intercambio de mujeres,
intercambio de bienes, intercambio de fiestas- se comienzan a establecer reglas, los hombres
comienzan a tener obligaciones, normas morales e instituciones que se ocuparán de cuidar que la
existencia sea pacífica.
Es una hipótesis, naturalmente, nadie puede saber lo que sucedió en tiempos prehistóricos, pero, al
mismo tiempo, es una hipótesis muy interesante porque por un lado permite explicar lo que no
entendía Smith - esta comida donde se come a quien no se debía asesinar- y por otro porque ilumina
una serie de sentimientos que se encuentran en los mitos. Casi todos ellos acuerdan en ubicar en el
origen, la violencia.
Para tomar un ejemplo simple y muy conocido. Ustedes saben que en el mito griego del comienzo del
mundo se narra que al principio había conjuntos unidos, pegados unos con otros que hacían el amor
en forma absolutamente continua, por un lado Urano -el cielo- y por otro lado Gaia - la tierra -, y que
los niños que nacían eran asfixiados por sus padres, no llegaban a salir, a desprenderse de esa unidad.
También en este mito un día los hijos se rebelan bajo el mando de Cronos, el Tiempo, que castra a
Urano. Urano herido, empieza a gritar, hace un movimiento brusco y se separa de Gaia y Cronos hace
entrar a los hijos en la Historia. Incluso en este mito esta la idea de que la humanidad empieza con
sangre. Y para completarlo se sabe que Cronos después toma los malos hábitos de su padre, se come a
sus hijos (nosotros sabemos muy bien que el tiempo es lo que nos come todos los días) y se
desencadena una nueva rebelión de los hijos. Ahora es Zeus (Júpiter) el que castra a Cronos y ocupa
su lugar.
Podríamos dar ejemplos de otros mitos, pero es interesante ver como en la mayoría de ellos, sobre
todo en los europeos, no conozco mucho los demás, está la idea del comienzo de la humanidad en
medio de violentas relaciones de fuerzas en las que, justamente, se origina la necesidad de establecer
reglas para impedir el conflicto, la puja y el lugar del todopoderoso. Levis Strauss, etnólogo, dice: "no
se sabe si sucedió -hablando de la hipótesis freudiana-, pero es verosímil que exprese un viejo sueño
de la humanidad, impedir que alguien sea todopoderoso, ponerse bajo la protección de ese
todopoderoso que por este motivo se nos torna favorable y poder establecer entre nosotros lazos más
igualitarios.
Hay otra explicación muy interesante del filósofo Castoriadis: a través de esta conjura aparece el
nacimiento de una pequeña sociedad que se pretende democrática, que no desea tener a alguien
todopoderoso y en consecuencia trata de hacer desaparecer esta idea y que, naturalmente, no lo logra
en forma perfecta porque está obligada a encontrar a un dios a partir de esta persona todopoderosa
asesinada. De todas maneras, dice Castoriadis, esto alude a una primera etapa de la humanidad en
búsqueda de relaciones más igualitarias. Para no complicar demasiado voy a agregar un solo autor
más.
Rene Girard dice en "La violencia y lo sagrado", aun cuando no es para nada freudiano: "Tótem y
tabú es el único libro de Freud que vale la pena leer" porque el análisis de una cantidad muy grande
de mitos antiguos muestra siempre esta idea: al comienzo esta relación de fuerzas, esta especie de
caos primitivo, esta rivalidad fundamental que la humanidad naturalmente busca eliminar para lograr
relaciones estabilizadas entre la gente.
En cuanto a mí no sé si es cierta o no la hipótesis freudiana pero siempre dije que era exacta no en
cuanto a la idea de que hubiera una única horda al comienzo (incluso el mismo Freud dice que es
verosímil pensar que hubiera varias porque sino no hubiera podido haber intercambio de mujeres con
las otras tribus), sino porque me parece sumamente apasionante para explicar otra serie de fenómenos.
Es lo que trato de demostrar en mi libro que se llama "De la horda al Estado" que todavía no fue
traducido en la Argentina.... ¿Por qué insisto sobre esta hipótesis? Porque permite advertir una serie
de fenómenos que suceden no en la época de los mitos o en la época del caos primitivo sino también
en los tiempos históricos. Solamente voy a mencionar dos ejemplos que todos conocen.
En la época de la Revolución francesa no era necesario objetivamente matar al rey pero había que
matarlo porque era justamente el símbolo de esas antiguas autoridades omnipotentes, aun cuando él
mismo era un rey débil. El rey fuerte había sido Luis XIV, pero ¿quién hubiera podido asesinarlo? Lo
importante es que hay que matar a la persona en tanto símbolo de otra cosa y ¿símbolo de qué?
Símbolo del sometimiento a una ley por encima nuestro porque el rey, teóricamente, era elegido por
Dios. Si se mata al rey esto significa que todos nosotros, juntos, nos volvemos responsables. Somos
nosotros quienes hacemos las leyes y que nos salvarán o nos destruirán a todos juntos. Eso no implica
que desaparezca la idea de Dios, pero Dios no tiene más que una relación privada con el corazón de
cada uno de nosotros, ya no es quien ha instituido al rey para dirigir a todos.
Para tomar otro ejemplo histórico también muy conocido. No era realmente necesario cuando tuvo
lugar la revolución comunista en 1917 matar al zar y a toda su familia, pero si lo era en un plano
simbólico para decir: ahora somos nosotros los responsables de nuestra vida. Naturalmente no
podemos saber lo que sucedió cuando se fundó la humanidad pero cada vez que un pueblo quiso
comportarse como si estuviese de nuevo en el principio, se vio obligado a tomar este camino. Esto
tiene consecuencias sumamente importantes pues precisamente son las instituciones sociales las que
normalmente van a permitir vivir en un mundo que ya no sea un mundo de relaciones de fuerza sino,
por el contrario, un mundo donde haya reglas morales y valores. ¿Cuál es el punto paradójico de esta
historia? Es precisamente que las instituciones surgen después de un crimen cometido en común,
tienen el rol de evacuar la violencia original, pero, al mismo tiempo, la expresan en forma oculta. Esto
significa que en las instituciones siempre hay una especie de contrario muy fuerte, no hay una
institución que sea perfecta, totalmente buena. En esta violencia que se ejerció contra lo otro siempre
hay algo que permanece. Por otra parte, cuando se observa en la vida cotidiana el nacimiento de las
instituciones se observa que una institución toma el lugar de otra a la que trata de destruir y que
ciertas maneras de ser, de pensar, siempre son expresiones que de alguna manera eliminaron otras
formas de pensar o de existir.
Voy a tomar un ejemplo muy simple sobre este punto. Tenemos la costumbre de pensar y razonar de
un cierto modo, una forma racional que nos viene desde Sócrates y Platón, una forma de pensar
relativamente lógica, sistemática y que siempre trata de ir de las causas a las consecuencias. Hace ya
unos 20 años los trabajos de los grandes especialistas en Grecia antigua demostraron que antes, los
griegos, no pensaban en absoluto de ese modo en la vida cotidiana sino en forma mucho más intuitiva
y que Platón, Sócrates y Aristóteles hicieron desaparecer esa antigua forma de pensar de la vida
cotidiana. Esta forma de pensar antigua fue llamada por algunos analistas franceses "la inteligencia
astuta", que según el mito tenía origen en una diosa que se llamaba Metisa quien sabía proceder por
analogías, a través de metáforas, alegorías, poniendo en relación cosas que parecen no poder ser
relacionadas, usando la asociación libre de ideas y otros elementos que no puedo desarrollar
extensamente aquí. Esta diosa, Metisa , era en particular la diosa de los navegantes (Ustedes saben
que alguien que navega a vela no puede ser sistemático debe estar siempre listo para la adaptación
inmediata). Los navegadores actuales, por otra parte, siguen funcionando de este modo y por eso se
llamaba a eso la "inteligencia astuta". Una inteligencia más intuitiva, más aguda, que fue de alguna
forma retomada en la obra de Freud ya que él dice en el comienzo de "La Interpretación de los
sueños" "he tomado partido por las supersticiones populares en contra de la ciencia positiva", en la
medida que la ciencia positiva le parecía ser extremadamente reduccionista.
Ya que les hablé de Metisa lamentablemente les tengo que contar su fin trágico. Zeus que quería ser el
rey de los reyes no soportaba que hubiese otra diosa, además, para colmo mujer, que pudiese
contrabalancear su poder y en un momento de descuido de Metisa -lo que era raro, pero lo tuvo- se la
comió y esto le permitió ser el dios racional y el dios astuto a la vez. Lo que es interesante para
nosotros es darnos cuenta que hay una forma de pensar a la que estamos acostumbrados, pensar por
regularidades, a través de las leyes físicas, por principios de causalidad, etc., que permitió el
desarrollo de nuestra ciencia moderna pero no existía en absoluto en otra época y que la institución,
esta vez, de un cierto modo de pensar se hizo a través de la destrucción de otra forma de pensar.
Como lo dice por otra parte Freud: "lo que fue evacuado, rechazado, siempre vuelve un poco y vuelve
naturalmente en los mitos, en los sueños, en los lapsus, en los actos fallidos y en todas las pasiones
humanas”. Hoy funcionamos siempre como si hubiera en nosotros, por un lado, el ser racional y por
otro el ser más pasional, más Metisa, de cierto modo devaluado. (Se dice "esto es intuición
femenina".)
Retomemos, el surgimiento de las instituciones siempre es violento y por eso digo: no se puede vivir
sin instituciones y al mismo tiempo las instituciones siempre tienen un aspecto asfixiante. Y si insistí
tanto en cuanto a "Tótem y tabú" es para recordar esta violencia institucional que nunca puede ser
expresada totalmente, pero cuya expresión vive como amenaza.
(...).(desarrolla ejemplos)(contesta preguntas)
Las Organizaciones
Organizaciones de producción y organizaciones voluntarias
Quisiera establecer ahora la diferencia entre las organizaciones de producción y las organizaciones
voluntarias y después mostrar la relación existente entre estos tres conjuntos (ellas y las
instituciones9. Voy a pasar más rápido por las organizaciones de producción y voluntarios y me voy a
detener algo más sobre la relación de los conjuntos.
Una organización de bienes y servicios como por ejemplo una empresa se sitúa, a priori, al revés de
la institución, tiene objetivos relativamente concretos: producir bienes, obtener beneficios, distribuir
salarios... No tiene una voluntad de regulación global de la sociedad. Nos encontramos más bien en
un sistema de coordinación para alcanzar objetivos concretos. Si tratamos de abordar las
características precisas, concretas, vemos que no es obligatorio que todo el mundo comparta este
mismo sistema de valores, sabemos que los obreros no comparten los sistemas de valores con los
dirigentes. No se trata de internalizar el sistema de valores de los dirigentes sino simular, hacer "como
si" se los internalizara, es decir que en el tiempo que los obreros trabajan o cuando obedecen órdenes,
se comportan como si tuvieran el mismo sistema de valores que los dirigentes; es decir, tienen que
asegurar la producción, la comercialización de los bienes. Solo en momentos de ruptura, momentos de
huelga, nos damos cuenta que nos encontramos frente a sistemas de valores antagónicos. Es decir,
entonces uno puede perfectamente pertenecer a una empresa sin por eso estar de acuerdo con los
objetivos de esta empresa y simplemente porque uno necesita trabajar. Normalmente los dirigentes de
una empresa no pueden jugar un rol paterno porque lo que es importante no es la relación directa que
la gente puede tener sino el hecho de que la gente obedezca a las reglas que le son impuestas y
cumplan con la función que les ha sido asignada. Es por eso que en su conjunto la empresa se va a
plantear pocos problemas de formación, por el contrario, va a tratar de elegir individuos que ya hayan
sido formados. Mientras que en las instituciones el problema de la formación y de la educación es
central, aquí nos encontramos con que si hay formación es un plus y entonces hay una exigencia
fuerte en la organización. Esta exigencia no está oculta sino, por el contrario, aparece claramente, es
decir que si la gente no se comporta como el jefe quiere son sancionados o despedidos. Esto hace que
la organización no tenga el objetivo de provocar la misma adhesión que la institución. Después de
todo si la gente no tiene ningún deseo de pertenecer a esta organización, si no tienen el más mínimo
entusiasmo, lo más importante para su jefe es que haga correctamente su trabajo y que no manifieste
ostensiblemente su propio sistema de valores. Es decir, la organización-producción parece reproducir
exactamente a la inversa el esquema de la institución. Voy a mostrarles después que es mucho más
complicado que esto.
...En el conjunto de las organizaciones voluntarias voy a considerar dentro los partidos, los
sindicatos, las asociaciones de defensa de la ecología, etc., todas aquellas organizaciones en las que
uno no está obligado a pertenecer. Quiero aclarar que uno no está obligado a pertenecer a una
institución de producción, pero lo que sí se está obligado es a ganarse la vida. Uno puede dejar a su
familia, pero de todos modos uno pertenece a esta familia mientras que en la organización voluntaria
hay una decisión de pertenecer. La organización voluntaria va a tener un sistema de valores
relativamente coherentes. Si me afilio a un sindicato es porque me parece que este sindicato puede
defender mejor mis derechos que otro y que su doctrina me interesa más que la doctrina del otro.
Como ven esto se parece más a la institución porque hay como en ella un sistema de valores. Los
valores tienen que ser interiorizados, integrados, por los miembros de la organización voluntaria.
Quedan más o menos sólidamente internalizados según uno sea gran militante de la organización o
sea simplemente un afiliado a la organización. Uno puede ser un buen militante en un partido o bien
alguien que vota por ese partido el día que hay elecciones, o sea que hay niveles de internalización de
la doctrina general. Lo que es interesante plantear aquí es que en este caso, contrariamente al de las
instituciones, la doctrina nunca está enteramente fijada, puede evolucionar y bastante y puede ir
reconstruyendo a medida que la gente va realizando acciones. Normalmente esta doctrina debería ser
elaborada por el conjunto de los participantes ya que la idea de esta organización voluntaria reviste
más una idea de fraternidad y voluntad, entonces en principio cada cual puede aportar sus ideas para
progresar esta doctrina. Por supuesto esto varía enormemente de una organización a otra.
Por ejemplo el partido comunista era una organización que tenía una doctrina fuerte, hay otras
organizaciones que tienen doctrinas más permeables a la evolución y hasta llegan a permitir hacer lo
contrario a lo que fija la doctrina. No sé si estoy bien enterado, pero me pareció entender que Menem
hizo exactamente lo contrario de la doctrina peronista aun proclamándose como el continuador de
Perón. Justamente había cosas que no estaban bien definidas, eran borrosas en el justicialismo y ellas
posibilitaron evoluciones paulatinas que cambiaron totalmente la doctrina.
Teóricamente no hay un padre todopoderoso aun cuando haya dirigentes fuertes en una organización
voluntaria, siempre están elegidos por los miembros de la organización y se comportan más bien
como hermanos que como padres. No se si aquí pasaba lo mismo, pero en Francia se hablaba del
"camarada secretario general" en el partido comunista. La idea principal era, primero, el camarada.
Aunque estos hermanos pueden llegar a ser padres castradores, todo ocurre como si fueran solo
hermanos con los demás.(...)
En definitiva una organización voluntaria solo existe con un objetivo y es el de tener influencia social.
Su fin no se vincula a la idea de regulación como ocurre en la institución sino a la intención de
transformación de las cosas. Sabemos que cuando estas organizaciones voluntarias no logran estas
transformaciones se van descomponiendo paulatinamente. Fue el caso de todos los grupos de
izquierda que querían tomar el poder, cuando no lo lograron en ningún país, fueron desintegrándose
de a poco. Mientras existe la organización voluntaria hay una presión del grupo hacia la uniformidad
que fue muy bien estudiada por la psicología social. Si uno no hace lo que hace esta organización es
considerado traidor. El hecho de tener miedo va a reforzar las tendencias al conformismo en este tipo
de organización.
(...).(desarrolla ejemplos)(contesta preguntas)
Organizaciones voluntarias, organizaciones de producción e instituciones
Hay diferencias entre organizaciones voluntarias, instituciones y organizaciones de producción.
Quiero aclarar sin embargo que estas oposiciones son quizás menos reales que lo que fueron en otra
época.
No voy a retomar todas las características sino que voy a dar algunos ejemplos. Por ejemplo la
escuela y la universidad constituyen una institución, pero cuando se ve la evolución de la escuela y la
universidad uno empieza a darse cuenta que tienden a convertirse en organizaciones de producción.
Cada vez se le pide más a la Universidad gente que se pueda adaptar al mercado laboral, cada vez se
juzga más a los profesores según el índice de éxito de los estudiantes, a veces se los juzga según
criterios de rentabilidad.
(...).(desarrolla ejemplos)(contesta preguntas)
... para preparar la privatización general de las universidades que es la gran tendencia en el mundo
entero. Pero como verán si la universidad cada vez se vuelve más una organización de producción, no
se va a ocupar de la formación de la gente sino de garantizar las condiciones para el éxito social. Se
ocupará de que tengan los conocimientos pedidos por el mercado laboral, solamente esos y no de la
formación completa que esperábamos darles antes. Paralelamente a esto la universidad se vuelve cada
vez más una organización voluntaria, es decir que lo que se pide es que los docentes tengan
entusiasmo por su trabajo, que los estudiantes también, que la gente participe en las distintas
asambleas, que la gente vote en las elecciones para decano, consejo, etc., lo que para mi es la mayoría
de las veces una falsa democracia porque en general los que mejor hablan son los que manipulan la
situación y en general las presiones son fuertes. En definitiva todo esto conduce a que -y creo que
sucede lo mismo acá- antes mi trabajo de profesor era sobre todo enseñar y ahora es más bien trabajo
administrativo, de gestión, de hacer como si escribiera obras interesantes aun cuando no sea el caso,
de participar en todas las reuniones de Consejo de Universidades posible -también hay consejos a
nivel nacional, durante tres años formé parte del Consejo de Universidades francesas con otros once
sociólogos y teníamos que evaluar a los sociólogos del conjunto de la sociedad francesa... Cuando
uno hace todo eso no hay tiempo para leer, no tiene tiempo para escribir cosas interesantes y apenas
tiene tiempo para ver a los estudiantes.
(un participante pone el ejemplo de lo que sucede en una empresa)
.... Dió un ejemplo de una empresa que se vuelve una institución y esto es algo que quiero tratar. La
empresa empieza a tener sistemas de valores realmente fuertes, quiere que las personas que
pertenecen a ella los interiorizen. Para eso los expresan en cartas orgánicas que deben ser leídas y
estudiadas y existe una idea de la formación de la gente más semejante a la que prima en las
instituciones. Quiero agregar que al volverse, la empresa, una institución ejerce mayor presión en los
individuos que las instituciones mismas al punto que puede hablarse a veces de empresas totalitarias.
Hay menos estados totalitarios en este momento pero tenemos más empresas totalitarias.(...)
... Para volver al ejemplo que daba diría que el tiempo de transformaciones que se observan en la
actualidad están corriendo al conjunto y esto hace que, en alguna medida, las instituciones antiguas o
las viejas instituciones logren cumplir con lo previsto. De ahí lo que podemos llamar la crisis de
valores de hoy. Vemos cómo las empresas toman una serie de funciones pertenecientes a la
institución tratando de convertirse en lo que llamé ayer "la institución divina". Podremos agregar
mucho más cuando analicemos las distintas maneras de organización ya que esta evolución parece
corresponder a un tipo de organización bastante concreta que junto con otros autores llamé
"organización estratégica" y plantea precisamente los problemas particulares específicos de nuestra
sociedad.