UNIVERSIDAD NORBERT WIENER
FACULTAD DE CIENCIAS DE LA SALUD
ESCUELA ACADÉMICA PROFESIONAL DE MEDICINA HUMANA
“Noxas y Respuestas II”
DOCENTE: Vicuña
INTEGRANTES:
● Santillana Prado, Nathaly
● Vilchez Barzola, Samuel
SECCIÓN: MD6T2
GRUPO DE PRÁCTICA: 19
CICLO: VI
La cisticercosis y la hidatidosis
Respuesta inmune
La cisticercosis y la hidatidosis son las parasitosis causadas por los metacéstodos de Taenia
solium y de Echinococcus multilocularis (o E. granulosus), respectivamente. El estudio de las
enfermedades parasitarias ofrece uno de los mejores modelos in vivo para el estudio de la
división efectora de las subpoblaciones de linfocitos T cooperadores CD4+, designadas Th1 y
Th2 de acuerdo con el patrón de citocinas que producen. La polarización hacia alguno de
estos fenotipos puede marcar la diferencia entre una respuesta inmune celular protectora o una
respuesta inmune permisiva para la infección. La participación de los linfocitos Th1 y Th2 en
las cestodiasis tisulares (cisticercosis e hidatidosis) ha sido estudiada en modelos
experimentales de ratón y en pacientes humanos; en ambos casos los resultados sugieren que
en los individuos con cisticercosis o hidatidosis la respuesta inmune celular está polarizada
hacia un fenotipo Th2. En tanto que en los individuos donde los parásitos son destruidos, o su
desarrollo está limitado, la respuesta inmune celular se encuentra polarizada hacia un fenotipo
Th1.
L a fase de activación de los linfocitos T vírgenes CD4+ o Th (del inglés "helper"), está dada
por el reconocimiento de determinantes antigénicos presentados en el contexto de moléculas
del complejo principal de histocompatibilidad de clase II (MHC-II), expresadas sobre células
presentadoras de antígeno profesionales, como células dendríticas, linfocitos B y macrófagos.
La especificidad de la respuesta inmune evocada por estos linfocitos T CD4+ está dada por la
expansión selectiva de las clonas capaces de reconocer dichos determinantes antigénicos, y de
diferenciarse en células efectoras que contribuyen a la protección del organismo contra
diferentes agentes infecciosos. Las parasitosis humanas continúan siendo uno de los
principales problemas de salud en el mundo. No obstante el gran esfuerzo invertido por
diferentes grupos de investigación aún no se dispone de una vacuna comercial contra ninguna
parasitosis humana. Lo cual indica claramente el insuficiente entendimiento que se tiene
acerca de los mecanismos inmunes protectores contra los parásitos, así como también ilustra
los sofisticados mecanismos de evasión inmune de los parásitos. Últimamente se han hecho
avances muy importantes en el conocimiento de la respuesta inmune contra parásitos. Una de
las observaciones clave para el control o el favorecimiento de las parasitosis es la polarización
de la respuesta inmune de los linfocitos T CD4+ en Th1 o Th2.1 Esta clasificación se hizo de
acuerdo con el patrón de citocinas producidas por estas células (figura 1).2 Los linfocitos Th1
secretan interferón g (IFN-g), interleucina 2 (IL-2) y factor de necrosis tumoral beta (TNF-b).
Estas citocinas participan en la activación de macrófagos y en la hipersensibilidad retardada.
Por su parte, los linfocitos Th2 producen IL-4, IL-5, IL-6, IL-9, IL-10 e IL-13, cooperando
con la respuesta inmune humoral a través de la proliferación de linfocitos B y del cambio de
isotipo de los anticuerpos para la producción de inmunoglobulina E (IgE) e IgG1 (en ratón) o
IgG4 (en humanos), y promoviendo la diferenciación de eosinófilos y mastocitos. Debido a
estas funciones, el fenotipo Th2 se ha asociado con alergias. Existe otra subpoblación de
linfocitos T CD4+ que produce una mezcla de citocinas Th1/Th2 a la cual se le ha
denominado Th0.3-7
Esta dicotomía de los linfocitos Th (Th1/Th2) se evidenció inicialmente en clonas de
linfocitos T CD4+ de ratón, y posteriormente se demostró in vivo en ratones infectados con
Leishmania major.
En términos generales, la polarización de la respuesta inmune en Th1 o Th2 es más evidente
en el caso de las parasitosis producidas por protozoarios, o bien por nemátodos intestinales en
donde abundan ejemplos ampliamente documentados.1 No es el caso para las parasitosis
tisulares, dentro de las cuales el Schistosoma ha sido ampliamente estudiado y se inicia así el
estudio inmunológico de céstodos de los géneros Taenia y Echinococcus.
Taenia sp. y Echinococcus sp., pertenecientes a la clase Cestoidea, tienen un ciclo de vida que
es muy similar (figura 2), ya que dependen de un hospedero intermediario que al ingerir sus
huevecillos permite el desarrollo del estadio larvario, que puede ser un cisticerco o quiste
hidatídico (con localización extraintestinal); el ciclo se completa cuando el hospedero
intermediario es ingerido por el definitivo, en cuyo intestino se desarrolla el estadio adulto.
Tanto para Taenia sp., como para Echinococcus sp., el humano es el hospedero intermediario
accidental.
Con el fin de elucidar la participación de las subpoblaciones de linfocitos T en la respuesta
inmune protectora o permisiva en cestodiasis tisulares (cisticercosis e hidatidosis), se han
llevado a cabo diversos estudios en modelos experimentales y en humanos. La revisión de
estos estudios es el objetivo del presente trabajo.
Paragonimiasis
Fuera del huésped, los huevos deben caer en el agua y permanecer en ella unos 10 días para que
embrionen y continúen su desarrollo: en promedio, al día 20 se liberará un miracidio, que es una larva
ciliada que nadará activamente hasta encontrar en un término no mayor a 24 horas a su primer
huésped intermediario, un caracol de agua dulce; de lo contrario, el miracidio morirá al agotarse su
energía. Dentro del molusco, el miracidio se transforma en un esporoquiste, estructura semejante a un
saco en cuyo interior se desarrolla la primera generación de redias, dentro de las cuales se forma una
segunda generación donde, a su vez, se formarán en su interior nuevas formas juveniles denominadas
cercarias. Estas últimas son microcercarias, ya que miden 200 µm, tienen una cola corta y un pequeño
estilete en la ventosa oral; la multiplicación de estadios juveniles en el caracol incrementa en gran
medida el número de parásitos producidos por cada huevo y, por tanto, su potencial biótico.
Ciclo biológico de Paragonimus
Tales formas abandonan el caracol y se desplazan con movimientos lentos en el medio
acuático hasta encontrar al segundo huésped intermediario, un crustáceo (cangrejo), al que
ingresan activamente o al ser aspirados o cuando el crustáceo come los pequeños caracoles
infectados. El género de este segundo huésped es Pseudothelphusa; una vez que la cercaria
llega a los músculos o agallas de dicho huésped se transforma en una metacercaria, que queda
libre y sin cubierta, la cual se enquistará en la glándula digestiva o en las masas musculares de
las patas y el resto del cuerpo del cangrejo. La metacercaria mide 1.3 mm y deben transcurrir
entre seis y ocho semanas para que se desarrollen sus estructuras internas.
Cuando los humanos ingieren el crustáceo con la metacercaria, las enzimas digestivas, la
temperatura y el pH favorecen el desenquistamiento de la forma juvenil; la cual perfora la
pared del duodeno e inicia un recorrido hasta alcanzar la cavidad peritoneal, lo que consigue
entre tres y seis horas. Durante varios días permanece en esta zona, desplazándose con
lentitud en ella con dirección hacia el diafragma mientras se transforma en gusano joven. La
ruta migratoria de P. mexicanus se ha estudiado de manera experimental en gatos; tan pronto
ingresa al tracto digestivo, inicia su migración y necesita permanecer cierto tiempo en
músculos abdominales, intercostales o ambos como parte de su trayecto natural en este
huésped antes de dirigirse a los pulmones.
En alrededor de dos semanas cruza el diafragma con dirección hacia la cavidad pleural, para
finalizar su recorrido en el parénquima. En este sitio se agrupan en parejas y así se inicia la
formación del quiste, proceso que es llevado a cabo a expensas de tejido conjuntivo, muy
cerca de los bronquiolos y de las vías aéreas. Por lo general, el parásito adquiere la forma
adulta de ocho a 10 semanas después de la infección. Los ejemplares juveniles que no se
relacionan en pareja tienden a la migración pleural o parenquimatosa, lo que se traducirá en
un mayor daño. También de ocho a 10 semanas después de ingerir las metacercarias se inicia
la producción de huevos, los que podrán salir del hospedero humano con la expectoración o
con las heces. En los humanos los parásitos adultos pueden llegar a vivir seis años.
Respuesta inmune
La respuesta inmune que muestra el huésped ante la presencia y migración de trematodos
tisulares es tanto de tipo humoral mediada por la síntesis de IgE, IgM e IgG, como de tipo
celular, especialmente la mediada por la presencia de eosinófilos, linfocitos y macrófagos. En
la enfermedad crónica se desencadena la respuesta debido a la reacción granulomatosa contra
los huevos y la consecuente fibrosis. La migración y desarrollo de las fases larvarias y la
presencia del adulto generan mecanismos para evadir la respuesta inmune, cubriendo su
superficie con antígenos del huésped. Los huevos que quedan atrapados en los tejidos
producen una reacción inflamatoria granulomatosa, en la que se observa un infiltrado
temprano de neutrófilos y linfocitos que los rodea, a diferencia de los granulomas que se
forman después, donde se distribuyen macrófagos y eosinófilos en la porción central,
circunscritos por una banda de linfocitos.
A medida que avanza el proceso se incrementan los fibroblastos, y así la lesión celular se
reemplaza poco a poco por colágena. Un hecho observado en la esquistosomiosis y que
parece suceder en la paragonimiasis es que el grupo de células que forman el granuloma es un
complejo de diversos mecanismos en la formación, modulación y fibrosis, donde participan
citocinas, así como factores y elementos del propio huevo que podrían ser tanto
quimiotácticos como mitógenos para los fibroblastos. En experimentos efectuados con
animales se observó que se requieren citocinas derivadas de células T como elementos clave
para la interacción huésped-parásito.
La eosinofilia es un factor común en las infecciones por helmintos. El examen histológico de
los helmintos y los tejidos del huésped confirman invariablemente la presencia múltiple de
este leucocito.
La respuesta humoral específica de cada estadio del parásito indica una evolución aguda o
crónica. La hipersensibilidad cutánea inmediata y tardía se desarrolla en la mayoría de los
individuos durante la evolución de la enfermedad.
Observaciones realizadas en otras especies corresponden con la identificación de una proteasa
de cisteína que secreta la larva de P. westermani, que invade el tejido del huésped y que
podría estar involucrada en la evasión de la respuesta inmune, y al parecer degrada
inmunoglobulinas del huésped. Esta enzima se aisló en los productos de secreción y excreción
de la metacercaria recién desenquistada, y se determinó su capacidad para modificar la
función de estimulación de eosinófilos. Estudios realizados in vitro han demostrado una
importante reducción en la desgranulación y producción de la peroxidasa de los eosinófilos.
Estos efectos inhibitorios de la proteasa de cisteína impiden la función de la IgG dependiente
de eosinófilos y reduce la vinculación al tejido infectado durante el periodo de migración del
parásito. Tal vez estos factores expliquen la permanencia del parásito en los tejidos del
huésped y provoquen la cronicidad de la infección.
Otro aspecto importante es la presencia de cristales de Charcot-Leyden, los cuales son un
marcador clínico útil en las reacciones de vías respiratorias y del parénquima, mediadas por
eosinófilos, como en el caso de la paragonimiasis pulmonar.
Se ha identificado una proteína, la paramiosina (PwPmy), en varias fases de desarrollo de P.
westermani una proteína, la cual también está presente en otros helmintos. El análisis
inmunohistológico reveló que la PwPmy se encuentra localizada en el subtegumento, el
tegumento y en células que rodean la ventosa oral, así como en intestino y ovarios. En el
suero de pacientes con paragonimiasis se detectaron anticuerpos reactivos contra un
recombinante de la PwPmy y un incremento en las concentraciones de IgG1 e IgG4. La
inmunización de ratones con el recombinante de PwPmy indujo una alta respuesta con IgG.
Estos hallazgos podrían contribuir al desarrollo de una vacuna o a la síntesis de un fármaco
para esta enfermedad parasitaria.
Fasciola Hepatica
Fasciolosis es una zoonosis causada por el trematodo Fasciola hepatica, que afecta a animales
vertebrados herbívoros (vacas, ovejas, cabras, entre otros) y a humanos. La infección se adquiere
debido a la ingesta de diversos vegetales acuáticos crudos, algunos terrestres, o agua contaminados
con metacercarias, la forma infectante. Se estima que existen al menos 2.4 millones de personas
infectadas en 70 países. Ningún continente se encuentra libre de especies del género Fasciola
(Fasciola hepatica y F. gigantica), y se considera que donde existen casos estas parasitosis en
animales, también existen casos humanos.
Ciclo Biológico
El ciclo biológico de F. hepática consiste en cinco fases que engloban:
1.- Salida de los huevos del hospedador definitivo al medio ambiente y su posterior
desarrollo.
2.- Eclosión de los miracidios y su búsqueda activa de un hospedador intermediario,
generalmente un molusco gasterópodo, Galba truncatula.
3.- Desarrollo y multiplicación de los miracidios dentro del hospedador intermediario.
4.- Salida de la cercaria del hospedador intermediario y su enquistamiento.
5.- Ingestión de las formas infectivas (metacercarias) por parte de los hospedadores
definitivos y el desarrollo de las formas adultas. De una forma más gráfica podemos observar
el ciclo biológico de Fasciola hepática en el esquema de la siguiente figura:
Respuesta Inmunitaria frente a fasciola hepatica
El sistema inmune de los animales ha evolucionado para proporcionar una defensa eficaz contra un
amplio rango de organismos infecciosos, incluyendo virus, bacterias, hongos, protozoos y parásitos.
Los mecanismos de defensa se pueden dividir en dos sistemas distintos:
-Inmunidad natural o innata: Es una respuesta rápida y de amplio espectro, mediada por el
sistema del complemento, macrófagos y otras células defensivas no específicas, como pueden
ser las “células asesinas naturales” o “natural killer cells” (NK) y aquellas con receptor de
células T gamma-delta (TCR-γδ+). Este tipo de inmunidad es fundamental para el
reconocimiento precoz de los microorganismos y va a proporcionar información muy valiosa
para el posterior desarrollo de la respuesta inmunitaria adquirida
-Inmunidad adquirida: Es más lenta pero mucho más específica; está mediada por linfocitos
T y B que a su vez actúan sobre varios elementos del sistema inmune
Respuesta inmunitaria natural
La inmunidad innata es importante en una infección por Fasciola hepatica porque puede
definir si la infección progresará o no. Los leucocitos que incrementan en conteo son los
eosinófilos, que son caracterizados por su aparición en infecciones parasitarias y cuadros de
alergias. Algunas de las moléculas que posee la Fasciola Hepática tienen efecto supresor
sobre la respuesta inmune contra bacterias, lo que facilita la adquisición de una infección
adicional. Esta situación dificulta la identificación de los antígenos de la F. hepática por parte
de los macrófagos ya sea por competencia de sitios troll o por una proteína de los desechos
metabólicos de este parásito que inhibe de transducción de señales. (Salazar Gonzales, 2013)
Las barrera fisiológicas naturales como la piel, mucosas, ácidos gástricos, temperatura
corporal, etc., pueden ser útiles frente a algunos agentes, pero generalmente son poco
efectivas en infecciones por helmintos. De hecho, los jugos gástricos, en lugar de destruir las
metacercarias de F. hepática, contribuyen a su desarrollo. El sistema del complemento está
formado por una veintena de proteínas plasmáticas que actúan como una cascada enzimática.
La activación de esta cascada, da lugar a moléculas capaces de destruir células atacando y
formando poros en sus membranas, siendo el origen de una respuesta inflamatoria y
provocando la opsonización para la posterior fagocitosis por granulocitos y macrófagos
(Roitt, 1997). Algunos tipos celulares del sistema inmune innato también reconocen las
estructuras de carbohidratos de los microorganismos a través de los receptores de superficie.
Así, los macrófagos poseen receptores para lipopolisacáridos, el principal componente de
membrana de las bacterias gram-negativas (Mulcahy, 1999).
Respuesta inmunitaria adquirida
La respuesta inmunitaria adquirida está mediada por dos poblaciones de linfocitos: linfocitos
B, responsables de la inmunidad humoral y linfocitos T, responsables de la inmunidad celular.
En comparación con el sistema inmune innato, el sistema inmuneadquirido presenta
especificidad, diversidad, memorización y discriminación entre antígenos propios y extraños
(Roitt, 1997). El Mecanismo de respuesta frente a un agente patógeno identificado como
inmunógeno por sus características que pueden ser más perjudiciales para el organismo
hospedero. Los antígenos de la F. hepática principalmente son sus desechos metabólicos, y
estos estimulan la replicación clonal de leucocitos mononucleados, ya sean monocitos o
linfocitos. La respuesta adaptativa puede ser celular o humoral. La respuesta celular está
mediada por linfocitos T helper que producen interferón γ, que es una citoquina que activa los
macrófagos y aumenta la inflamación para una respuesta inmune más eficiente. Así mismo,
interviene la interleuquina 10 para regular la inflamación causada inhibiendo la producción de
interferón γ. En cuanto a la respuesta humoral, luego de cuatro semanas del primer contacto
con los parásitos, las células B generan una respuesta produciendo anticuerpos específicos
para la fasciola llamados inmunoglobulinas G1. La célula que realiza la opsonización es el
linfocito TH2 que produce interleuquina 4. (Zhang W, et al., 2005).
Referencias Bibliográficas:
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Salazar Gonzales, M. (2013). Estudios sobre los mecanismos humorales asociados a protección de una
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