0 calificaciones 0% encontró este documento útil (0 votos) 54 vistas 48 páginas Mannarelli 1999
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Limpias y modernas
Género, higiene y cultura
en la Lima del novecientos
Maria Emma Mannarelli
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balke La presente publicacién fue posible gracias al apoyo de la Fundacién
Heinrich Ball de Alemania
Primera edicién. Lima, diciembre de 1999CAPITULO II
Ei programa cultural del cambio
de siglo: maternidad y naturaleza femenina
El movimiento feminista, "seguido de lo bien llamada
‘mosculinidad de la mujer’ que, con sus excesos,
constituyen los dos grandes peligros de la civilizacién
contemporéneo."!
Los enunciados de la ciencia médica sobre las Mujeres y su
comportamiento se inspiraban en lo que sus profesionales pensa-
ban sobre las funciones reproductivas de éstas y sus posibles
relaciones con las formas que iba tomando la organizacién social.
La maternidad, en sus diversos aspectos, se convirtié en un asunto
cada vez més central. La preocupacién por la mortalidad infantil y
materna orienté la manera en que los médicos se acercaron al
cuerpo femenino y a los diversos ciclos de la vida reproductiva y
sexual de las mujeres. Esos intereses introdujeron nuevos enfo-
ques sobre el sentido de la identidad femenina, su comportamiento
sexual y modificaron la forma de vincular lo publico y lo privado.
Asi, el cuidado de la salud de las mujeres, que suponia un
disciplinamiento de a sexualidad, hizo que emergiera un conjunto
de demandas a las instancias ptblicas que, por un lado, fueron
erosionando las jerarqufas de la sociedad aristocratica y, porel otro,
pretendieron restarle al Estado sus rasgos patrimoniales.
Las reformulaciones higienistas a propésito de la identidad
femenina, sustentada en la maternidad, se apoyaban a su vez
en el enraizamiento de la familia nuclear, de la casa cerrada.
69Maria Emma Mannarelli
Esto resultaba fundamental porque era en esa privatizacion del
espacio familiar donde se incidia en la interiorizacién del hdbito
y en el desarrollo del autocontrol. Los voceros del higienismo
quisieron convertir a la familia en la institucién dominante en
términos del control de los impulsos. Esto contenia implicancias
importantes en cuanto a la formacién del super-ego individual.
Otras instancias comunales perdian legitimidad en la formacién
de los individuos. La valoracién de la familia como lugar forma-
tivo estuvo acompafiada por la reflexion sobre la educaci6n yla
escuela y su papel en la modelacién de la conducta infantil. Este
proceso contaba con la privatizacién de las relaciones entre hom-
bre y mujeres, lo que a su vez posaba por redefinir las jerarquias
en el mundo familiar. Es por eso que en esa época se advierte
una dedicacién especial a la infancia y una profusién de ideas
en cuanto a la educacién de los nifios. La educacién infantil, que
le prestaba una importancia inédita a sus Gngulos psicolégicos,
fue un tema central en la cultura pUblica de principios de siglo. Si
bien es cierto que la familia nuclear no llegarfa a funcionar
hegeménicamente como instancia primordial del fortalecimien-
to del yo y de la domesticacién de los impulsos, de todas formas,
de acuerdo a las fuentes recogidas, se puede percibir que esa
tendencia se va perfilando aunque no llegue a cristalizarse del
| todo. Expresién de ello son los textos dedicados a enfatizar la
relacién madre-nifio, que hablan de una inclinacién a describir
la identidad femenina a través de la maternidad. Es decir, la madre
se erigio como uno de los polos de la institucién familiar destina-
da a formar a los futuros ciudadanos varones, aunque su exclu-
sién de las prdcticas ciudadanas fuera raramente cuestionada,
con excepcién de cierfas mujeres vanguardistas.
A lo largo de las primeras décadas del siglo XX se observa la
evolucién en cuanto a la percepcidn de la maternidad desde las
mujeres escritoras y los médicos, que se convierte paulatinamente
en un tema pUblico con sus propias variaciones en el tratamiento:
70Limpias y modernos
de una visién compasiva a una de derecho. La maternidad como
un derecho se elaboré tanto entre la comunidad médica como
entre las mujeres vanguardistas.? "Tiempo es ya de tener una|
mano caritativa sobre nuestras infelices embarazadas", procla-!
maban los médicos a principios del siglo XX.? Esta actitud carita-
tiva hacia la maternidad empezé a desdibujarse hacia la década
del veinte, cuando se combiné con una visién mds moderna y se
plantearon reivindicaciones en torno a la maternidad y a la
salud de las mujeres como derechos individuales y sociales, a los
que el Estado y las instancias pUblicas en general tenfan que
atender. Estos postulados estaban en armonfa con aquellas
ideas de los médicos y sus esfuerzos, por lo menos en el papel,
de borrar el estigma de las mujeres embarazadas, en especial de
aquellas que lo estaban fuera del matrimonio. La cuestién se
desenvuelve de manera tal que hacia finales de la década del
veinte aparece el concepto de madre soltera.
De otro lado esté la cuestién, tanto de los médicos como de
las mujeres que intervienen en la formacién de la opinién publi-
ca sobre Ia cuestién de la maternidad, respecto de cémo debe
ser revalorada. Este es uno de los cambios fundamentales del
periodo. La maternidad comenzaba a plantearse como un
problema nacional, como un tema publico. En ella reposaba la
organizacién social, y era concebida como "factor determinante
de la futura grandeza de nuestro pueblo."* Simultaneamente se
abordaba Ja necesidad de una intervencién mds racional del
Estado, sobre todo en materia legislativa. La asistencia social
adquiere un relieve especial. La maternidad se enmarca en
derechos y prerrogativas; pasaba a estar relacionada con el
"problema de la poblacién, su verdadero origen, de donde
emergen todas las fuerzas vitales, los verdaderos elementos de
trabajo y las inagotables fuentes de riqueza, que han de contri-
buir al progreso de la nacionalidad."® Aspirantes al titulo de
medicina, como Benigno Gonzélez, pretendian aportar elementos
71Marfa Emma Mannarelli
para una urgente reformulacién de las leyes que adoptara la
idea del derecho de la madre y del nifio a diferentes considera-
ciones acordes con las exigencias de la época. Desde fines del
siglo pasado la prédica femenina ilustrada relacionaba las
funciones maternales y el funcionamiento de lo sociedad: “Que
las madres conozcan sus deberes y los cumplan, y el Estado
tendra buenos ciudadanos” escribia Teresa Gonzdlez de Fanning
a fines del siglo XIX.
Entre la generacién de jévenes aspirantes al ejercicio de
la medicina se gesta la nocién de lo maternidad como un
derecho de las mujeres. En los primeros afos del oncenio, J.M
Barandiarén sostiene que éstas tienen derecho a tener hijos
fuertes y sanos.’ Encontramos aqui una relacién entre la
construccién de una identidad femenina bosada en la mater-
nidad y la erosién, muy gradual por cierto, de la sociedad
jerrquica. Si bien esta nueva definicién de las funciones femeni-
nas en relacién a la maternidad se apoya en el control de la
sexualidad de las mujeres, al mismo tiempo esto lleva a plantear
. derechos propiamente femeninos, sobre los cuales mds tarde se
, construyen las aspiraciones de ciudadania de las mujeres. Esto
remite a las ideas de Norbert Elias sobre las particularidades de
los movimientos civilizatorios: por un lado el control de los
impulsos supone una serie de restricciones, corporales 0 de otro
tipo; de otro, esa misma contraccién abre nuevos espacios de
desarrollo social e individual.
Las aproximaciones de los médicos a la maternidad, ademas
“de estar vinculadas al aspecto reproductivo, a la relacién ma-
dre-hijo, se enmarcoron en |a preocupacién extendida de la épo-
ca: el problema del crecimiento de la poblacién frente a la eleva-
da mortalidad, especialmente la infantil, El pats era descrito como
un territorio despoblado, vacio, con una gran cantidad de nifios
que morian, La mortalidad infantil tenia voriadisimas causas e
__ interpretaciones; la enorme mayoria de ellas evitable. Pero lo que
72
lll tcl I A: A a i i aLimpias y modernas
no era variado eran las recetas para disminuir esa mortalidad:
estaban en manos de las mujeres. Esto afecta desde las aproxi-
maciones propiamente clinicas hasta los enfoques de tipo social
y mas orientados a la profilaxia, concepto que se fortalece de
manera especial a lo largo del periodo en mencién. La curiosi-
dad cientifica esté permeada por la necesidad de contener la
mortalidad infantil. No siempre es facil distinguir el interés por
los nifios, e indirectamente por sus progenitoras, del deseo de
vivir en un pais diferente, adelantado y rico.” Como que la filan-
tropia se disfraza de un sentimiento patridtico, o al revés. Pero en
ciertas ocasiones los fines instrumentals de la prdctica y de la
reflexion médica en torno al vinculo madre-hijo y su relevancia
para el “engrandecimiento" de la patria se notan con mayor
nitidez. Es el caso de los estudios sobre eugenesia y ciertas
posiciones radicales en torno al control del matrimonio."° La
preocupacién por el pais despoblado recorre de una forma u
otra observaciones sobre el tratamiento de las desgarraduras
perilineales, la blenorragia femenina, el prolapso uterino, las
metritis hemorrdgicas, las vulvo-vaginitis, los trastornos de la
ovariotomia y la tuberculosis tero-anexial.
Tratar de solucionar los problemas de la salud femenina
suponia tanto una visién del funcionamiento social como del
comportamiento de las mujeres en particular. A través de
articulos y tesis médicas que trataron sobre los problemas
especificamente relacionados al cuerpo femenino se accede a
las actitudes de los médicos hacia las mujeres. A pesar del tono
modernizante del discurso médico, en éste las mujeres son pre-
sentadas como uno de los principales obstaculos para el devenir
de la civilizacién. Los médicos sostenfan de una manera enfati-
ca, que los habitos de las mujeres de los grupos dominantes de
la ciudad atentaban contra el curso civilizatorio. Estas antepo-
nian sus inquietudes estéticas y sus ambiciones sociales a la so-
lud del cuerpo que demandaba una maternidad segura. "Libre
73Mario Emma Mannarelli
del refinamiento, mal entendido, que la civilizacién impone, por
desgracia, a la mujer de nuestras clases acomodadas que sacri-
fica su maternidad y con ella la vida muchas veces, a la belleza
de las formas, con las presiones exageradas del corsé, y el uso
del zapato de largo taco que llevando el centro de gravedad
hacia adelante, el restablecimiento del equilibrio obliga a pro-
nunciar las curvas de la columna vertebral y hacer mds saliente
el promontorio que entonces deforma el estrecho superior."'?
Algunos contrastaron esta frivolidad femenina con las actitudes
de las mujeres indigenas, cuya constante actividad redundaba
en una “admirable capacidad pelviana." Las mujeres indigenas,
segun Benavente, tenian un sistema dseo bien desarrollado,
mUsculos potentes y un sistema nervioso templado.'? Pero no
era que las mujeres indigenas fueran valientes o fuertes, sino
"mas sufridas a los dolores."'? Benavente romantizé lo indigena
femenino, en contraste con la modernidad urbana que impulsa-
ba a las mujeres a formas estéticas que rebasaban los horizon-
tes del ideal civilizatorio de los médicos de la época. Pese a la
eventual idealizacién de las indigenas, a las cuales eran menos
proximos, los médicos incluyeron a las mujeres de los grupos
subaltemos como parte principal de ese conjunto que definieron
como atrasado y sucio, la rémora del progreso. La poblacién
indigena fue asociada con las actitudes que contradecian el
__ proceso de la civilizacién: sus formas de vida, y sobre todo su
conducta sexual fue calificada de promiscua y antihigiénica. Las
mujeres en general estaban Ilenas de prejuicios y de “ideas
bsurdas de los érganos genitales y de la funcidn genésica';
mostraban indiferentes a las molestias insignificantes propias
2! inicio de la enfermedad, "continuando su vida ordinaria." Los
no pudieron ocultar su conciencia de la desconfianza
inspiraban a Jas mujeres. Por ello quizds la acentuada
denigratoria y hasta miségina entre ellos. La desconfian-
enina, acordaban, era producto de su ignorancia, y era lo
74Limpios y modernas
que en Ultimo caso las llevaba a recurrir a los médicos en
casos extremos: "agobiadas por el dolor, en estado irremedia-
ble.""* Las mujeres, pero particularmente las de los grupos subal-
ternos, sufrian de una “general incultura”, de un “desidioso
abandono” y desconocian los hébitos higiénicos.'> La queja de
los galenos a propésito de este tema se convierte en una letanfa:
las mujeres sélo acuden a ellos cuando los males son muy avan-
zados. Esto se notaba especialmente en los casos quirirgicos,
donde las extirpaciones eran inminentes. A este cuadro se
sumaba el sentimiento de desprecio, muchas veces explicito,
hacia las mujeres: ignorantes, sucias, incomprensiblemente
pudorosas. Estén contra el progreso. Se escuchan también
criticas a la severa educaciédn familiar que reciben, lo que las
hace reacias a la auscultacién médica. Esto es una prueba para
los médicos de la época de la urgencia de intensas campasas
de educacién sexual y de profilaxia. El problema del tratamiento
tardio y la cuestién crénica, nuevamente trae a luz la negligencia
femenina: “las madres influyen destavorablemente en |a fe-
cundacién." A este descuido se deberia, por ejemplo, la
oftalmia purulenta de los recién nacidos.'? De acuerdo a va-
riados testimonios hasta bien entrado el siglo, las mujeres
emborazadas que accedian a un control ginecoldgico lo hacian
cvando ya tenfan una prefiez avanzada, y en la mayoria de los
casos cuando el embarazo presentaba un problema de salud en
particular, y “cualquiera sea el grado de cultura que posea, no
sabe cudndo empezé su mal." Usvalmente las mujeres recurren
al hospital por la intensidad de un cuadro. Y luego se llega a la
conclusién de que muchas mujeres han desarrollade la enter-
medad hace cinco, seis 0 mds afios.'”
Un asunto que aparece con cierta constancia y que esto
relacionado a as actitudes de los médicos hacia sus pacientes
femeninas, a sus enfermas, es e! ocultar la informacion sobre lo
que esté sucediendo con ellas mismas, con sv cuerpo. A la
75Mario Emma Mannarelli
mujer, por ejemplo, se le debe ocultar un embarazo multiple "para
evitar que sobre todo en las primiparas el pavor que no deja de
causarles la espectativa (sic) de un doble trabajo en el momento
del parto; y mds bien debe ser a la familia, al entourage como
dicen los franceses, a los que se le puede poner sobre aviso."!®
Segtin la graduanda Maria Mercedes Cisneros, las enferme-
dades infecto contagiosas, transmitidas directa o indirectamen-
fe por via sexual, tenfan una incidencia increible en Lima, y no
sdlo en los hospitales ~i.e. en las clases medias bajas y bajas—,
sino que se presentan también, e incluso con mayor incidencia,
"en la clientela particular de muchos profesores."'? La ignoran-
cia de las mujeres, continuaba la futura médica, de todas, de las
limefias y las de la sierra ~i.e. las campesinas— hasta aquellas
que se dicen ilustradas era notoria. Crefan, por ejemplo, que
los flujos leucorréicos eran fisioldgicos y que "casdndose
desaparecerén por completo." Esa ignorancia femenina debia
ser combatida por conferencias, lecciones de las maestras y
sobre todo por las madres en los hogares/La maternidad, "con
todos sus atributos que la hacen superior sobre las demas
funciones de la mujer”, estaba amenazada por un peligro
‘continuo. Las consecuencias de la negligencia femenina se
expresaban en la propagacién de las enfermedades yen
la despoblacién de la patria. Todo el énfasis educative publico
recae en la madre, aunque los hombres sean los contaminadores
en Ultima instancia: "Las perversiones sexuales que hoy constitu-
yen la vergiienza del hombre se sellan con una infeccién
gonocécica que nadie remediard ni evitard sus consecuencias. "29
Las mujeres educadas a través de la profilaxis pUblica, contro-
lando su sexvalidad, jugarfan pues un papel central en el
proceso de saneamiento social y en el engrandecimiento moral,
es decir, en el proceso civilizatorio.
Las mujeres de las clases altas, opinaban médicos como
Bello, no se diferenciaban de las mujeres de las clases populares.
onLimpios y modernas
Las definiciones anatémicas reagrupaban a las diferentes en un
mismo conjunto. En la medida en que la vagina y la vulva estan
atacadas por el gonococo, las desinfecciones diarias son nece-
sarias (como sefalan diversos autores); las defensas
propias de la vagina —gracias al dcido ldctico-, no son suficiente
bajo estas circunstancias. De lo contrario, la afeccién llega a
los érganos més profundos, lo que constituye una desgracia
irremediable para las mujeres.
Las sefioras no valorizan los peligros que puede significar para
ellos las levcorreas 0 pequefias hemorragios iniciales del cancer
uterino, y ocupan de ordinario al profesional cuando el mal ha
dejado de ser curable. (...) por exagerada y estrecha nocién del
pudor ha rehuido el examen ginecolégico, ocultando sintomas
n de una hemorragia
que consideran vergonzosos y a la apari
profusa o de los primeros dolores acuden a algém practice
anciano, venerable reliquia del pasado con aversién por los
audacias de la cirugia, destinado a asistir como mero instrumento
de consuelo o simple figura decorativa, al cuadro doloroso de
cruel y lenta agonia de la enferma.2!
La higiene y la herencia de enfermedades contagiosas, como
preocupaciones dominantes entre los médicos, iuvieron conse-
cuencias en sus enunciados sobre la conducta de los habitantes
de la ciudad y especialmente sobre su comportamiento sexual
De acuerdo a las investigaciones médicas, los varones apare-
cfan como los transmisores —directos o indirectos— de enferme-
dades venéreas a sus esposas e hijos. Esto se presents como
una constatacién empirica. Pero el discurso normativo desplaz6
su énfasis hacia la proteccién y el control del cuerpo de las
mujeres. La posibilidad de contagio de algunas enfermedades
fue considerada mayor entre la madre y el feto que entre el
hombre y la mujer. Fue el caso de la sifilis. Pastor sefialaba dos
maneras de contagio de la sffilis materna, una transmitida al
feto por contaminacién ovular inicial (verole ovular de Diday), y
77Marfa Emma Mannarelli
la otra secundariamente durante su desarrollo por infeccién
placentaria (verole sanguineo de Diday). Ademés: "la via
Utero-placentaria, es la mds frecuente, en este caso el embrién
es contaminado por la sangre materna que parece no sufrir al
nivel de la placenta detencién de sus gérmenes 0 de sus toxinas.
La madre desempefia pues el principal papel en la transmisién
del mal."?? Agregaba que la transmisién por |a linea paterna
ofrecia -menores riesgos para el feto. Sus reflexiones se apoya-
ban en las estadisticas del médico francés Fournier para soste-
ner que la herencia sifilitica era mucho menos fuerte cuando e|
padre sdlo es el atacado.'2? Este es un ejemplo entre muchos
de! papel contaminante que se atribuia a las mujeres.* En ellas
residia la capacidad de mejorar la raza y el fortalecimiento de la
especie. Sobre ellas caerd la responsabilidad de forjar ciudada-
nos sanos y fuertes, por ello, en ditima instancia, era de su sexua-
lidad de la que dependia el ansiado perfeccionamiento fisico y
salud moral de los pobladores del pais. Las mujeres, vistas como
madres sobre todo, eran las encargadas de cuidar de la salud
de sus hijos y evitar la mortalidad infantil, azote omnipresente
durante esos afios. Para ello debian de tomar en cuenta un
conjunto de preceptos ligados a la higiene.
Los consultorios pUblicos para las mujeres embarazadas ten-
drian enorme trascendencia: aumentarian !a poblacién,
mejorarian la raza y disminuirfan {a criminalidad.?* En sintesis,
la educacién de las mujeres resolveria buena parte de los
problemas sociales del pats. Inspirados en la politica publica
francesa, los médicos en Lima reclamaron con insistencia la
creacién de los Dispensarios de salud. No hay avance civilizatorio
sin ellos. En su perspectiva progresista Borandiaran proponia
maneras simples y de bajo costo para mejorar |a atencién de las
mujeres que se acercaban al parto: sala de espera, consultorio
exierno permanente, donde se les ensefiarfa nociones elementa-
es de profilaxia intra y extrauterina, a lo que se agregaban
78Limpias y modernas
exdmenes periddicos de orina, sangre y esputo.6 E| graduando
criticaba las disposiciones legales, argumentando que margina-
ban a muchas mujeres trabajadoras —especialmente las dedica-
das al servicio doméstico y a la pequena agricultura— de los
servicios de salud. E| estudiante llegd a sostener que semejante
exclusién respondia a los intereses de los que ostentaban el
poder y denunciaba duramente a aquellos intereses particulares
que estaban detrds del riesgo por el que atravesaba Ia vida de
los individuos. Recordaba que no sélo se trataba de la mujer,
sino del hijo, como para que sus argumentos adquirieran legiti-
midad. La misién del médico partero es redefinida: "no debe
limitarse simplemente a vigilar un embarazo y conseguir un
parto feliz, sino que su accién es aun mas vasta y trascendental,
debe él también asegurar e! porvenir del nifio, velando de este
modo por el progreso y conservacién de la especie humana."?”
Pero los médicos si bien son los que cada vez mds monopolizan
estos conocimientos, y por lo tanto deben tener el control de
estos procesos en sus manos, no pueden prescindir de la ayuda
de las obstetrices: es conveniente para la mujer que un asistente
profesional y prdctico 'vigile constantemente y muy de cerca
el curso de su prefiez."28 La adopcidn de los principios de la
asepsia y ontisepsia planted a los médicos nuevas reflexiones
sobre las funciones reproductivas de las mujeres. La atencién de!
parto debfa realizarse bajo los criterios de la asepsia con que se
estaban realizando ya !as demds intervenciones quirdrgicas:
"éacaso un parto se diferencia de una operacién quirirgica?
éPor qué no se hace que el parto se opere por fuera de toda
participacién microbiana?'?? El parto se medicalizaba y junto a
eso otras funciones del ciclo vital de las mujeres se redefinfan.
Era necesario destinar recursos de! Estado para la educacién
femenina. En los dispensarios de salud las mujeres se informa-
ran sobre "la época aproximada de su gravidez, la buena o mala
posicién de su contenido uterino, los defectos de su constitucion
79Mario Emma Mannorelli
$sea (...), la incompatibilidad que su profesién tiene para que el
producto de la concepcién evolucione felizmente a término."2
los dispensarios se convertian en una posibilidad de intervenir
en la regulacién de la sexualidad, requisito crucial en la causa
higiénica. En el caso de enfermedades infecto contagiosas, el
Personal de los dispensarios tendrian entre sus facultades, por
ejemplo, prohibir terminantemente las relaciones sexuales de las
mujeres embarazadas.3' Nuevas formas de cuidado corporal y
de higiene remitian a nuevas regulaciones de la sexualidad
femenina. El proyecto social de los médicos lucia viable sdlo si se
apoyaba en la educacién de las mujeres. La palabra escrita y
pretendidamente universal era uno de los vehiculos esenciales
de las prescripciones higiénicas. Esta conviccidn, que no siem-
pre fue expresa pero si muy extendida, estaba a un paso de la
demanda médica a las instancias de poder a propésito de una
intervencién pUblica en la vida privada a través de !a difusion de
la educacién femenina, de la incorporacién de las mujeres al
sistema educativo.
as relaciones entre el cuerpo y su funcionamiento biolégico
ron convirtiéndose con el correr del siglo XX en supuestos para
definiciones de las identidades sexuales. El interés por la
de las mujeres a propésito del desenvolvimiento de la
dy la observacién del organismo femenino, de su apara-
ductor y sus funciones, conducia la mirada médica a las
nes de vida de las mujeres. Producto de este proceso
n las formulaciones médicas sobre las responsabilida-
ocaba al Estado y sus diferentes instancias en la
prevencion. Las demandas del cuerpo médico al
tacitas y explicitas recomendaciones sobre la
la vida de las mujeres. Es revelador explorar
80Limpias y modernas
cémo en esta tendencia se expresan las relaciones entre una
forma de disciplinar la sexualidad y la despatrimonializacién del
Estado.
En 1915, Gulllermo Angulo, estudiante de San Fernando y
aspirante a doctor en Medicina, argumentaba en su tesis que el
embarazo, el parto y el puerperio actuaban de manera negativa
sobre la salud de las mujeres tuberculosas.** De otro lado, el
trabajo duro femenino y enfermedades como la sifilis atentaban
contra el buen desarrollo del embarazo. EI cansancio fisico
impedia el desarrollo normal del feto dentro del tero y podia
llegar a interrumpir el embarazo. El descanso pre-natal influia
favorablemente en un completo desarrollo del feto y en un mejor
parto. Estas consideraciones coincidian con las de Barandiarén
a propésito de la correlacién que encontraba entre el peso del
recién nacido y las ocupaciones femeninas, es decir, de acuerdo
al trabajo muscular que realizaban. Las mujeres lavanderas, que
eran las que realizaban el trabajo mas arduo y que mayor
energjia fisica requerfa, eran las que tenian hijos de menor peso,
mientras que los bebés de las cocineras alcanzaban el peso
més alto. En el medio estaban las costureras, ademas de las
que realizaban los quehaceres domésticos, y las trabajadoras
domésticas propiamente tales.** Es interesante apreciar como el
trabajo doméstico resultaba retratado como un trabajo pesado
que podia tener un efecto negativo en el crecimiento del feto.
Las observaciones de la higiene desplazaban la mirada publica
hacia lugares y experiencias que antes no habian sido conside-
radas relevantes en la vida de los individuos y en la organizacién
de la sociedad.
La relacién entre higiene y embarazo, al menos planteada de
manera explicita, puede apreciarse en 1913 cuando German
Flores presenta una tesis de Bachillerato en la Facultad de
Medicina: "Higiene de la mujer en cinta." Tal asociacién fue una
de las vias por las que el discurso médico higienista incursionaba
81Maria Emma Monnarelli
en el cuerpo femenino y en un momento particular de su ciclo
reproductivo. El estudiante de medicina se preguntaba: "qué
punto habré de la Higiene que no esté intimamente ligado al
desarrollo de los pueblos ia la ganancia o pérdida de sus razas
i energias?" Se contestaba: la mala higiene de las madres
durante el embarazo "i los elementos que hagan accién de pre- -
sencia como elemento perturbador, en el cumplimiento de las
funciones fisiolégicas de un organismo normal." Los principios
cientificos de la experiencia deben estar a favor de la infancia.
Europa es un "mundo que nos ensefia", y las élites estén a cargo
de la conservacién de Ia nifiez. El] buen término de la evolucion
del feto se consideré un elemento esencial en el proceso de la
ivilizaci6n.35
Las observaciones de Germén Flores, como en |a enorme
mayoria de los casos, provenian del Hospital de Santa Ana en
|» lima. Definia el embarazo como "el estado en que se halla la
mujer desde el momento de la concepcién hasta la expulsién del
producto de esta concepcidn." Los médicos no tenfan otra
ibilidad que la de asumir la limitacién que planteaba el
el momento preciso de la fecundacién asi como la
cidad de establecer un término fijo a la evolucién del
vacios de la biologfa no le permitian a los médicos
ar que el embarazo “comprende el estado especial en
tra la mujer, durante ciertos periodos de su
El momento de la concepcidn fue representado
cimulo de energlas." Por otro lado, el graduando
0 considerado "bastante peligroso de tratar":
los padres, pero que a pesar de su peligrosidad,
encia en el fruto de su concepcidn; esto a
uniones precoces que son las que se deben
el espermatozoide no han alcanzado su
Lo mismo ocurre con la "matriz", la vagi-
s. En estos planteamientos se distinguenLimpias y modernos
dos cosas. Primero, una terminologia que no se moderniza
del todo: lo que el lenguaje de la medicina luego llamaria btero,
se sigue denominando "matriz." De otro lado, hay un énfasis muy
claro, hasta este momento del argumento por lo menos, en el
aspecto fisiolégico, lo que revelarfa una tendencia ala cosificacién
del aparato reproductor de las mujeres. Esta concepcién de
las funciones reproductivas que tendia a convertir el cuerpo de
las mujeres en una suma de érganos que forrnaban un aparato,
también se aprecia en las consideracione de Bello a propésito de
los sintomas de sifilis en las mujeres contagiadas por esa enfer-
medad: “Accidentes nerviosos, trastornos digestivos, alteracio-
nes cardio vasculares, etc. En suma, predomina una astenia
general en el funcionamiento de los distintos aparatos de la
economia. "8
Todavia no habfa manera de ‘precisar el dato esencial del
coito fecundante."®? La relacién entre ovulacién y concepcién
permanecia ain en el terreno de las especulaciones. Segn
Flores, uno de los problemas del primer periodo del embarazo
es que las mujeres no se dan cuenta, salvo raras excepciones.
Pero otra afirmacién al respecto en el mismo trabajo del
estudiante parece contradecirlo: pensaba que algunas mujeres
sentian el momento de la fecundacién: “experimentan una sen-
sacién rara indefinible, algo inexplicable para ellas mismas (...);
seguramente e| estupor de todo su organismo ante el acto
trascendental que en é| se estd realizando."*° La coexistencia de
este tipo de aseveraciones inducen a pensar en la ambivalencia
propia del discurso higienista frente a las mujeres y sus conse-
‘cuentes reacciones frente a ellas. Las contradicciones del gra-
duando expresabon las angustias frente al poder femenino y la
posibilidad de que se manifestara en alguna forma de control
sobre su cuerpo. La forma en que irrumpen en el texto afirmo-
ciones como |a siguiente ayuda a explicar la paradoja: “Parece
que la ignorancia de é| estuviera en relacién directa con los
ie 89Maria Emma Mannarelli
avances de la civilizaci6én y la cultura que oftorga cada vez
més mayores libertades a la mujer, al punto en que no esté
lejano el dia en que premunida de iguales y quizds mayores
franquicias que el hombre, se considere superior a éste para
cualquier acto de la vida, y lo desaloje por consiguiente de
todas sus posiciones; pero entonces también habré dejado de
ser mujer."*!
La adopcién de las reglas higiénicas en el embarazo postula-
ban una severidad en las costumbres a la que probablemente
muchas mujeres no estaban acostumbradas.’ La persuasion
médica invirtié su energia en orientar a las mujeres hacia la
domesticidad, y a alejarlas de las calles y de su presunta
barbarie. Lo normatividad higiénica invadia los terrenos de
la intimidad, de las relaciones entre hombres y mujeres, y las
disposiciones de éstas hacia su cuerpo y hacia sus propios
genitales. El traslado de un sitio a otro, el viaje de novios y otros
similares debfan de reducirse al minimo. Los viajes por mar
fueron considerados los peores, el "aire de mar predispone al
oborto." Todos los medios de locomocién tenfan efectos nocivos
sobre e| "mUsculo uterino.” Pero era mejor la traccién a vapor
que la eléctrica. Debian evitarse los coches y los automéviles.
Proponia lavativas laudinizadas, previa desocupacién del
intestino “a fin de disminuir en lo posible la excitabilidad de la
matriz."“? Se suponia que los primeros embarazos eran los més
dificiles por lo que "nada se sabe respecto al modo de reaccio-
nar de su misculo uterino." Los ejercicios -tan propagandizados
y recomendados en este periodo para obtener la salud corporal
y mental- llegaron incluso a ser desaconsejados por algunos
médicos. Fue el caso de Marfa Mercedes Cisneros quien sostuvo
en su tesis de Bachiller que el uso del automévil por las mujeres
gneeccicar producia “complicaciones anexiales agudas y gra-
_ yes.”*8 Pero el aire puro y abundante era importante y el am-
aw. de los teatros y las fabricas era dafino para las mujeres
84Limpias y modernas
embarazadas. EI transito por los espacios publicos encerraba
un gran peligro para la anidacién del huevo, especialmente en
estos primeros meses de gestacién. Segin el graduando Flores,
las mujeres tenfan poca actividad laboral en el medio local,
sobre todo si se les comparaba con los hombres y con aquellas
sociedades en las que aquellas participan igual que éstos en las
actividades industriales. No obstante, las inhalaciones de los
productos industriales se consideraron nocivas y era importante
evitar movimientos que causaran el desprendimiento del huevo,
asi como la fatiga prolongada. La costura es en esta época
una actividad a las que las mujeres se dedican masivamente.
La postura corporal propia de ese oficio y especialmente el
uso del pedal, fueron indicados como las causas de un gran
n&mero de abortos, sobre todo si se consideraba “la excitacién
producida por las vibraciones que se transmiten a la matriz
durante el funcionamiento de las méquinas."* Se recomienda
la quietud, especialmente en los primeros tres meses. Aunque
las pequefias excursiones a pie, en terreno plano, después de
los alimentos, se toleran bastante. Se trataba de que las mujeres
no se movieran, debian estar quietas y en lo posible en sus
hogares. Estos espacios también debian tener una organizacién
especial, higiénica: los cuartos deben estar "despejados de
muebles y cortinajes.' Con este tipo de prescripciones los médicos
pretendian regular la organizacién de la vida familiar y privada
de las mujeres.
Se prescribfa que las mujeres embarazadas tomaran banos
y adquirieran hdbitos especiales de higiene corporal. Hubo
diferentes opiniones sobre la temperatura del agua; los ingleses
defendian los bajios frios por supuesto, mientras que otros los
calientes. La duracién del bafio también era controlada.** La
higiene de los "érganos genitales" tiene su especificidad; se
recomienda en todo momento y especialmente durante el
emberazo: 'debido a la actividad genital en que entran todos los
85Mario Emma Monnorelli
6rganos de la generacién, existe una mayor secrecién en sus
érganos genitales."” Los Ifquidos internos eran contaminantes y
se discutia la naturaleza esterilizante de las secreciones a nivel
de la hilera genital: "desde que vaginitis de toda clase son
frecuentes que evolucionan durante el embarazo." Si la embara-
zada sufre de gonorrea las practicas higiénicas son més necesa-
rias aun, recomendandose "el uso de soluciones desinfectantes
débiles, la temperatura poco elevada de estas ablusiones, la poca
introduccién de la cdnula en la vagina, la direccién del chorro
hacia 1a pared posterior de ésta, la altura del irrigador no se
abre pasando el nivel de la cama, etc."8 Después del tercer mes
de embarazo, si bien no deben descuidarse, la higiene y el
cuidado pueden ser menos exigentes. Pero existe una excepci6n:
el uso del corsé: "mal entendida vanidad porque no encontra-
mos explicacién racional para esta infeliz obstinacion."4? Los
médicos parecen interpretar tal obstinacién como un deseo de
abortar en algunos casos, y en otros las ansias de ocultar el emba-
razo con el objeto de conservar sus atractivos.
La lucha de los higienistas contra el corsé no era nueva. Este
artefacto femenino habia encarnado la amenazante fascinacién
de las mujeres por la moda que hombres y mujeres vanguardistas
criticaron hasta el cansancio. Seguin ellos, las mujeres tradicio-
nales sacrificaban salud y afecto, es decir todo, por estar a
la moda. La pieza de marras es casi parte del cuerpo de la
Protagonista de la novela Blanca Sol de Mercedes Cabello de
Carbonera. El siguiente extracto es muy expresivo. Faustina, la
criada preferida de Blanca Sol, le anunciaba la presencia de la
modista encargada de su vestuario. Cuando le muestra un
corpifio de razo color palido que habia preparado para la
exigente Blanca, ésta le dice:
pm Aguarde U,, es necesario que me ajuste algo mds el corsé.
__ Auna sefal de Blanca, acercose Faustina, y con admirable
destreza, logré que los exiremos del corsé, quedaran unidos,
86Limpias y modernas
dejondo el flexible talle, delgado y esbelto como el de uno silfide.
Blanca mirose al espejo y sonrié con satisfaccién, sin notar que
mortol polidez ocababa de cubrir sus mejillas.
Lo modista principié su torea de prender alfileres, para entallar y
‘justar al cuerpo el corpifio, cuando con gran asombro, vio, que la
sefiora Rubio, después de dar dos pasos adelante cayé sin sentido,
~IDios mio! La sefiora se ha puesto mala, llame U. Al sefior
Rubio~ dijo ditigigndose o Faustina.
=No puedo Ilamarlo: lo sefiorita me ha prohibido dé aviso al
sefior cuando ella tenga uno de estos desmayos.
~@Y qué haremos?— pregunté angustiada madama Cheri
—No es de cuidado observé Faustino- como la sefiorite esié de
cinco meses de embarazo, el corsé ajustado le produce estos
desmayos: yo ya estoy acostumbrada a ellos.
~{Oh que horrible!—exclamé asombrada la modista.
‘Como si ya fuera bien conocido el remedio, Faustine se acercé y
corté lo abrochadores del corsé.
Después de propinarle algunos remedios y de darle o oler alguns
sales, Blanco abrié los ojos y miré en tomo.
—Qué sucede? iDios mio!—y aun desfallecide reciiné la hermosa
cabeza en el hombro de madama Cheri.
Pero cual si volver a la razén, hubiese pensado que no debia dar
importancia a este pasojero accidente con el que ya estaba elle
fomiliorizoda; sacudié la cobeza, pasé repetides veces la mano
por la frente y sonriendo con gracia dijo:
—Deme U. La mano para levantarme, no es nada, pasa luego.
Restablecida del todo de su corto sincope, insistid con la modisto
para que le midiera nuevamenie el corpiio.
~ Necesito -declo~ ver el escote.*'
Lo critica al corsé estd relacionada con la propvesta higienista
acerca del control del cuerpo. Este debia provenir mas bien de la
configuracién interna, por lo menos del yo. La desensualizacién
as ay 87Marlo Emma Mannarelli
externa debia ser reemplazada por placeres extra corporales y
por una determinada configuracién psiquica que garantizara el
control de los impulsos.
El afan de normar la vida de la mujer embarazada era
poderoso. Se hacia un llamado a librarse de toda clase de
emociones: escogerse como fecha de partida una que no
coincida con la aparicién de la regla, “por ser el Utero mds
excitable en esa época."*? En la mujer se presentan particulares
perversiones, especialmente en lo que se refiere a los sentidos
del gusto y del olfato, asi como "deseos extravagantes de lujo y
grandezas." Se trata de actuar contra aquel "prejuicio" que
asocia la robustez del bebé y la cantidad de comida: "esto se da
por prejuicio o por verdadera fagia." Se sostiene que al contra-
tio, que los excesos pueden provocar reacciones negativas:
pueden conducir al aborto. De todas formas es necesario un
equilibrio, un feto hambriento no es bueno, el hambre lo "hace
solir." El azdcar, que tiene propiedades ocitécicas, debe ser
jingerida con precaucién. De otro lado, el alcohol produce contrac-
ciones uterinas prematuras. Lo que se nota aqui es el empefio por
_ disociar la sensualidad de las funciones reproductivas femeninas.
Las “emociones morales" deben ser evitadas totalmente por
El baile tiene los mismos serios efectos, y lamentable-
es una actividad extendida en todas las esferas sociales,
uso los mds usuales, que no suponemos que fueran dema-
. La mujer encinta debe privarse de este “efimero
a bicicleta es altamente peligrosa: produce una excita-
ite al onanismo, esta opinidn es “confirmada
as."*3 Por otro lado, pareceria ser que el placer
lucido por la masturbacién en el organismo feme-
tendria caracter(sticas distintas de las del coito
}0, estn las alusiones a las relaciones sexuales
as. Flores se inclina por la abstencién sexual:
88Limpias y modernas
en la escala zoolégica las hembras no se aparean |vego de la
fecundacién y ademas:
(..) en la misma especie humana existen multitud de mujeres, que
desde el momento en que estan embarazadas, tienen profunda
aversién por las aproximaciones sexuales. Por dltimo, la falta de
embarozo en la generalidad de las mujeres libres, que como se sabe
hacen un culto inmoderado del coito, esté demostrado ya, lo nocivo
que es por lo menos, la exageracién de este acto para la propaga-
cién de la especie. | no puede ser de otro modo si se tiene en cuenta
la gran conmocién que durante el coito, sufre el organismo entero,
conmocién profunda y general que se acentia més del lado de la
matriz; el traumatismo y la excitacién locales que produce el acto
mismo, fendmenos todos que deben sumar sus efectos y cuya
consonancia no es otra cosa que el desprendimiento del huevo.
Asi interpretaba Flores, el aspirante a galeno, la presunta es-
terilidad de las mujeres inmediatamente después del matrimo-
nio: "Indudablemente que la avidez e imprudencia con que se
entregan a los placeres sexuales, ocasicnan mds de una vez la
caida del évulo fecundado."®5 Durante los primeros meses debe
realizarse el coito controlado "con arreglo a ciertos preceptos."**
En e! segundo periodo del embarazo el coito puede ser mas
frecuente, pero siempre moderado. La transmisién del gonococo
también se asocié a ciertas prdcticas sexuales como la mastur-
bacién: "que obra, no sélo por la irritacién local e hiperemia que
produce, sino también por la gran cantidad de gérmenes que se
pueden llevar con esta practica."*” El coito frecyentemente
repetido, obraba de modo similar a la masturbacién, "pero lo
que principalmente lo favorece es el coito incompleto."°> Vemos
cémo en el discurso médico sobre el cuerpo de las mujeres hay
una tendencia a asociar sexualidad con enfermedad. Y esto a su
vez se relacioné a una sintomatologia patoldgica especial y
propia de la mujer embarazada.*?
89Marfa Emma Mannarelli
El cuerpo femenino y la maternidad
Los médicos sentian que era urgente reglamentar las uniones
sexuales, teniendo en consideracién el mejoramiento étnico
social y la propagacién de los tarados. Las relaciones sexuales
tempranas y los embarazos precoces fueron asociados a
naturalezas débiles y enfermizas. Por otro lado, se afirmaba que
las mujeres mayores ten‘an dificultades en el parto y tendencia a
la septicemia. Los médicos se apoyaban en la racionalidad del
discurso cientifico para argumentar sobre la reglamentacién de
la edad de las uniones sexuales: cudndo debjan ser permitidas
con "beneficio para la sociedad."®° En cuanto al aparato genital
femenino —los hombres aqui no son mencionados excepto en el
caso del espermatozoide— adquiria su madurez entre los 18 y
22 afios. Flores hacia suya las recomendaciones sobre la edad
apropiada del primer embarazo: éste no debia pasar de los 25
afos. La talla también fue considerada como un aspecto impor-
tante para el desarrollo del embarazo y del parto: "Un hombre
de gran talla con una mujer de mediana o pequefa talla, en
que el gran desarrollo del huevo, puede imposibilitar su proyec-
cién a través de una pelvis enana, en el momento del parto; al
revés seria mds bien motivo de progreso." La raza tendria una
influencia relativa en el desarrollo del embarazo. El rechazo ala
mezcla no fue radical ni caracterizé el pensamiento de los
médicos en los inicios del siglo XX, pero hubo algunas combina-
ciones raciales que fueron desestimadas, mientras que otras fue-
ron aceptadas y bienvenidas. Seguin las referencias de la época,
en las que la tesis de Flores se apoyaba, los embriones de los
chinos y de los drabes llegarian a tener dimensiones inverosimi-
les. En cuanto a los grupos extranjeros de la ciudad se sefialaba
que los anglosajones "nos miran con asombro y despotismo" por
lo que no eran ex6gamos y no se mezclaban. Los italianos, en
cambio, fueron percibidos con una capacidad mayor para la
90
pecLimpios y modemos
exogamia.*! En estos casos se verificaba un cruzomiento regu-
lar, Es interesante el término. Pero hay un problema. Los italianos
se cruzan con el 'zambo" considerado inferior al indio. Pero la
mezcla presentada como verdaderamente perniciosa fue aque-
lla que contenia sangre asidtica y que, para lamento de los mé-
dicos, era la que se producfa en mayor escala. De ella resultaba
un “tipo bajo”, en términos étnicos, morales y sociales. Por ello
era vital reglamentar los cruzamientos: "prohibir, rechazar, y abo-
minar el que se realice con la raza amarilla (...) la decadencia se
aproxima." Aqui aparece uno de los fantasmas que invadié la
vida de las elites peruanas, el dragén chino, que encerraba en
su esencia el intento de dominar el mundo a través de la repro-
duccién de "individuos tarados." El progreso de "nuestra raza"
se basaria en su capacidad de ser mutable, cambiante, mejorable,
pero para ello hay que considerar las recomendaciones de !a
Giencia, ellas ponen las nuevas reglas de juego. La salud de los
progenitores ocupa un lugar central. Este trascendental problema
atafie a la ciencia y a la humanidad toda.*?
Entre las consideraciones tomadas en cuenta por los médicos
en tomo a una maternidad saludable se encontraron las relaciones
entre el desarrollo del feto y los embarazos extramatrimoniales.
El rechazo de los progenitores hacia esta situacién y el descuido
de la salud de las mujeres en este contexto fue sintetizado por
miembros del gremio médico como Flores como una "verdadera
cruzada contra el nuevo ser." La reaccién de! graduando, que
debia estar expresando un sentimiento de la época, no fue
proscribir las relaciones pre matrimoniales, sino mds bien una
actitud condescendiente: "Cudntos nacimientos son la causa
inmediata de |a unién mds sdlida y reflexiva entonces de sus
autores."* ;
El aspirante a médico percibia el embarazo como “el estado .
natural de la mujer’ y no como un estado patoldgico de la fisiolo-
gia femenina. La mujer embarazada debe estar orgullosa de serlo.%*
91Marfa Emma Mannarelli
Se trataba de naturalizar las funciones femeninas, de hacerlas
parte de una entidad biolégica diferenciada de la masculina. Esto
estarfa sefalando un nuevo camino en cuanto a las nociones cada
vez mas diferenciadas de lo masculino y lo femenino. Estos afanes
producto de la racionalizacién no se liberan del todo de las
concepciones mds conservadoras; el misrno Flores continua: el
cuerpo femenino, especialmente durante el embarazo, "con
frecuencia y con tes6n tiende a la anormalidad" -vémito, eclamsia,
constipaciones-; suelen presentarse "infinitas complicaciones"
que tienen una "influencia no pocas veces nefasta sobre la fisiologia
de todos los érganos y aparatos de su economia."*”? Nuevamente
encontramos la idea del cuerpo femenino como la sumatoria de
Organos. En el segundo mes de embarazo hay nuevos sintomas.
El malestar es mds intenso; la congestién y aumento de volumen de
los senos se manifiestan, las nauseas son persistentes, seguidas de
los vémitos (...) constipacién, diarreas, alteraciones del gusto (...)
En el tercer mes se marcan més los sintomas: los vémitos tienden
a hacerse incoercibles, la constipacién opinacea; los senos adquie-
ren un répido desarrollo, la circulacién venosa es bastante ma-
nifiesta."** Los preceptos higiénicos segin los médicos estaban
destinados a asegurar la "nidacién y evolucién del huevo fecunda-
do que en este primer periodo es también bastante problemati-
ca.” Es posible notar una suerte de ambivalencia a propdsito de
la percepcién del embarazo, por un lado hay un fuerte intento de
naturalizar este proceso fisiolégico y, simultaneamente, aparece en
la generalidad de los casos asociado a enfermedades contagiosas
y graves.
La actitud de los médicos hacia las mujeres estuvo fuerte-
Mente marcada por una percepcién que equiparaba el “desor-
den" fisiolégico con lo patoldgico, con lo enfermo. Incluso la
___ menstruacién fue entendida por algunos médicos, hasta bien
__ 8nirado el siglo, como un estado morboso del cuerpo femenino;
@ menstruacién es una "hemorragia mensual", acompafiada de
92Limpias y modernas
un conjunto de fendmenos psiquicos que ocurren en el orga-
nismo de las mujeres.”° Entre lineas se traslucen las connotacio-
nes negativas con que fueron vistas las funciones corporales
femeninas, sobre todo aquellas relacionadas a las funciones
reproductivas; es decir a las propiamente femeninas. En la
menopausia, por ejemplo, las mujeres regresionan a la edad
genital infantil (sic).
En 1908, el estudiante Leoncio Pareja en su tesis para
obtener el Bachillerato de la Facultad de Medicina de San
Fernando’!, como muchos de los médicos, hacia explicita su
perspectiva sobre la funcién femenina: la conservacién de la
especie ocupaba un lugar central entre las "funciones més
importantes de la vida de la mujer." Por ello era fundamental
“mirar con verdadero interés" las condiciones de los érganos que
sirven para ello.’ El conjunto de érganos "constituyen el apa-
rato generador femenino." Tal aparato estaba expuesto a alie-
raciones serias que ponfan en peligro esa esencial funcién. Los
Organos se clasificaban como internos y externos. En este caso,
los externos revestfan la mayor importancia: "los que més sufren
las consecuencias que de ello deriban (sic); esto es las infeccio-
nes."78 Esta centralidad de la anatomfa reproductora femenina
actué decididamente en el desarrollo de la ginecologia y de su
difusién entre los médicos.
Los médicos se enfrentaron a algo que llamaron la anatomia
de Ja regidn. Esta terminologia tiene connotaciones de espacio
geogrdfico, lo que remite al sentido metafdrico del body politic
La figura del aparato generador se superpone a |a de los
" 6rganos sexvales: "los primeros (externos) estan constituides por
Ja vulva y sus anexos, y los segundos (internos) por la vagina, el
Gtero y sus anexos."”4 El cuerpo femenino, en general, y en la
situacién del embarazo y el parto en particular, resultaba
vulnerable por sus aberturas, por sus orificios: "puesto que el
organismo se encuentra en condiciones de menor resistencia
a 29Maria Emma Mannarelli
para luchar con ventaja contra la accién de los gérmenes
patdgenos, no sélo por el debilitamiento y la fatiga impuesta por
el trabajo de| parto, sino también y esto es lo mds importante,
por las multiples puertas de entrada que presenta el organismo
materno para los gérmenes, tales como la gran herida
placentaria y muchas otras (...) desde el simple traumatismo hasta
los desgarros perineales completos."”> Ademéds, esta la vulva:
"Parte la mds anterior y externa del aparato generador feme-
nino, esté formada por un conjunto de repliegues, de los
cuales unos son cutdneos y otros mucosos; comprende ade-
mds, orificios diversos, surcos que separan unas de otras estas
diversas formaciones, asi como también pelos mds o menos
desarrollados, glandulas y érganos eréctiles." Sus labios son
comparados a "unas sanguijuelas engurgitadas de sangre."”*
Describfa el clitoris como "el representante de los cuerpos
cavernosos del pene del hombre." El clitoris, el cuerpo femenino
no es, representa al del hombre. El clitoris tiene "una extremidad
redondeada !lamada glande." Si éste es muy grande se tratarfa
de un hermatroditismo.’” La esencia -la cualidad— estaba
definida por el tamafio, por las dimensiones, no sélo por la cons-
titucién. Los limites son cuantitativos. Si el objeto rebasa las di-
mensiones materiales externas, entonces posee otra naturaleza.
El cuerpo parece abandonar su naturaleza carnavalesca, no pue-
de salirse de sus propios contornos y seguir siendo el mismo.’®
La hendidura del clitoris, “este surco representa sin duda el canal
ureiral del pene del hombre"; ademds, el clitoris "es suceptible
(sic) de entrar en ereccién, pero de un modo incompleto, pues
no adquiere la rigidez del pene del hombre.'’? Y siguen las
analogias: "Las glandulas uretrales y peri uretrales pueden
ser consideradas como andlogas de las glandulas prostdticas
del hombre." Estos érganos femeninos son mds pequefios,
incompletos, tienen un desarrollo frustrado. Por ejemplo, las
gléndulas vulyo-vaginales "se desarrollan gradualmente hasta la
94Limpias y modernas
pubertad, para atrofiarse en seguida, también gradualmente, a
medida que decrece la actividad sexual."*’ Las glandulas de
Bartholin son esencialmente sexucles y andlogas a las de
Cooper en el hombre. La separacién estricta de lo femenino y lo
masculino, como cuerpos diferenciados y con caracterfsticas
propias, todavia no aparece con claridad. Estas analogias esta-
rian expresando una nocién particular a propésito del cuerpo
femenino, todavia no diferenciado completamente del masculi-
no. La referencia para la descripcién del cuerpo de las mujeres,
de lo femenino, sigue siendo la del varén.
La clasificacién de los érganos femeninos en internos y
externos, sin embargo, respondia a un paradigma novedoso del
periodo. Tal diferenciacién encontraba resonancias en los
afanes mds generalizados de hallar nuevas formas de separa-
cién, que a su vez suponian nuevos patrones de vinculos entre
los individuos. El sistema clasificatorio a través del cual se perci-
be el cuerpo, el femenino en este caso, se organiza por medio de
lineas que dividen lo externo de lo interno, lo que esta fuera y lo
que esté dentro.-Esta clasificacién estaria en consonancia con
los afanes de separar lo pUblico de lo privado y por diferenciar lo
masculino de lo femenino en términos bioldgicos. Las !ineas
definian nuevos conjuntos esenciales. Un cuerpo con un aden-
tro y un afuera estaba acompafado, por ejemplo, por una casa
cerrada con un ordenamiento interno especifico. El interior
resultaba un conjunto diferenciado cuyas fronteras con lo
exterior se definian también por la determinacién de entradas y
salidas, con diferentes grados de contaminacién y con diferen-
tes prohibiciones y licencias para el contacto. A este tipo de
formulaciones acompaiié una inédita nocién de constitucién de
lo interno, que se cierra y complejiza para anidar una nueva
configuracién de lo psiquico; y se engarza con el proceso de
interiorizacién de |a norma, la propuesta de la auto-coaccién y
la configuracién del yo.
95Maria Emma Mannarelli
De otro lado, a cierta actitud miségina de los médicos se
agregaba una tendencia de la época: un especial énfasis en
distinguir lo normal de lo anormal. Es decir nuevas formas de
Bee fee oriviteidistincionpiyiensel caso de la sociedad limefia
probablemente esto tendria que interpretarse como formas
alternativas de jerarquizacién. Si bien el nuevo discurso moder-
nizante se pronunciaba cada vez mds por la segregacién, la di-
némica de las jerarquias més bien acomodaba las nuevas dis-
tinciones en inferiores y superiores. Una prueba de ello es
también la coexistencia del discurso eugénico que rechazaba la
mezcla y buscaba la pureza con el del cruzamiento que veia
en cierto tipo de combinaciones raciales una posibilidad de
progreso social. De hecho dos propuestas diferentes. La primera
con pocas posibilidades de cristalizarse en la dinamica social,
aunque no por ello menos expresiva en relacién a las utopias
_ elitistas que necesitaban contener los impulsos democratizantes
que se empezaban a sentir desde principios de siglo. Justamente
hay autores que sefialan la década del treinta como el inicio de un
proceso de rearcaizacién de la sociedad pervana.® Todo esto se
traduce en el discurso de los médicos y su interés en ofrecer
pautas que diferenciaran a los individuos que ingresaban a la
escena social y ocupaban espacios nuevos y redefinian los viejos.
Es interesante notar que en este momento los ovarios no son
el centro de la descripcién de los "aparatos sexuales internos',
por lo menos en el caso de Leoncio Pareja, estudiante y futuro
médico. No obstante, se empiezan a notar algunos cambios: la
necesidad de diferenciar, de separar la vagina del Utero. Es
importante conocerla "para combatir sus lesiones."®> La vagina
tiene “cara", "extremidades', "columna." Es definida como un
Srgano esencial para la copulacién y para dar paso al feto y sus
_ anexos.™ Recibe al pene que produce la eyaculacién e impide
_ que el esperma se escape. Todo lo otro es secundario. No
‘obstante, "realiza una influencia notable en la patogenia de
96Limpias y modernas
ciertas afecciones del nuevo ser, por la gran cantidad de gérmenes
en ella contenidos."® La vulva y la vagina son las regiones
contaminadas y contaminantes, pues albergan de un modo per-
manente multitud de gérmenes; "es justo también que sean unas
de las partes més amenazadas del organismo y que de continuo
sufran, en esas condiciones de menor resistencia, la influencia
funesta de dichos gérmenes."®* Pertenecen a la esfera del peligro.
Pese al afan descriptivo que trasunta el deseo de control, la
anatomia femenina se vislumbraba como aque! “complejo obscuro
y mal interpretado", por lo menos asi lo enunciaba la estudiante de
medicina Maria Mercedes Cisneros.®’ Segiin ella, sanas y enfer-
mas, las mujeres eran portadoras de microbios. En sintesis, se
arriba a una interesante conclusién: las lesiones genitales eran de
origen exégeno. Se reafirma la alusién al cuerpo de la mujer como
una puerta abierta. El contagio venéreo no sdlo se realize o
través del contacto sexual sino de manera indirecta, de modo
accidental mediante sondas, histerémetros, dedos, etc, que no son
suficientemente aseptizados. Pero el medio més frecuente es a
través de los reservados, toallas, ropa de cama, que son contami-
nados por el pus blenorrdgico. Y esta situacién se daba més allé de
edades, razas, y condiciones sociales: respondia a la conformac
anatémica de sus érganos externos.™ En su tesis, la aspirante a
médica reitera la nocién de las mujeres como contaminantes, que
"dadas al placer sexual" hacen cémplices a criaturas y nifos
inocentes. Son \a desgracia de la familia y de la sociedad.
Los origenes de infecciones comunes como |a vulvo-vaginitis
fueron asociados a la falta de higiene, que convertia "los genitales
externos en verdaderos campos fértiles de cultivo."®? Otra causa
era el peligro de las secreciones de la parte alta del aparato
generador.” La menstruacién misma tendia a sensibilizar esa
parte del cuerpo. Segn Pareja, muchas mujeres experimentaban
fenédmenos de vulvo-vaginitis durante sus reglas. La descomposi-
cién del sudor y las propias secreciones, las normales, también
oreMaria Emma Mannarelli
podian tener un efecto patégeno.”’ En cuanto a las recomenda-
ciones propiamente terapéuticas, Pareja es contrario a los
antisépticos. Més bien aconseja el afeite del monte de venus: "el
yello sirve como refugio a los gérmenes infectantes."" También
se necesitan los bafios jabonosos de la regidn genital, y dice que
"si bien estamos habituados, deben ser mds abundantes y
perfectos." Es partidario del uso del protorgal. La falta de cuida-
do higiénico, producto de |a ignorancia, fue la explicacién que
los galenos dieron para ubicar el origen de un conjunto de en-
fermedades. Los papilomas, por ejemplo, eran el resultado no
sdlo de procesos blenorragicos, sino que se encontraban en
mujeres que “olvidan las més elementales reglas de aseo.'”
Las preguntas de otro graduando, Leoncio Chiri, a propésito del
control que éstos pueden tener sobre las mujeres que atienden
en los hospitales, igual revelan la angustia frente al otro sexo
contaminante: "8Permitira que su nifio lacte a une mujer sana
© amamantaré ella a otro sano? éConvendré su marido a
sujetarse al examen y tratamientos facultativos? 2No seguirdn
infectando a otros? 2Cudntos abortos, partos prematuros, de-
generados, raquiticos pueden nacer de una mujer infectada?" *
El tema de la vulvo-vaginitis fue retomado en 1915 por
Francisco Camino en su tesis de Bachillerato donde reiteré el
peligro que los genitales femeninos conllevaban al estar
expuestos al exterior: el énfasis en la disposicién anatémica.
Cuando comparaba los érganos sexuales "externos" de nifas y
nifios, sefalaba que su diferencia explicarfa la notoria incidencia
de esta enfermedad en las nifias: "por el hecho de que en los
nifios la sdlida adherencia de la lémina interna de! prepucio con
el glande, es causa de que la abertura infundibuliforme de la
uretra sea tan reducida que a lo sumo puede pasar por ella una
sonda fina; en cambio en el sexo femenino la abertura de los
Genitales esté libre y desembarazada.'"> La desfloracién se
percibe como un momento especialmente propicio para que el
98Limpias y modernas
gonococo se transmita debido al traumatismo de la mucosa.
Igualmente, las congestiones repetidas y prolongadas del utero
animan la transmisién del gonococo. La menstruacién agudizaba
la presencia del gonococo en la zona genital femenina. Los
nifias, dado el escaso desarrollo de sus Organos externos, tienen
menos elementos de defensa, por lo que los contagios acciden-
tales son mucho més frecuentes a esa edad.%
La perspectiva biologista que llevé a los médicos a distinguir
lo normal de lo anormal, incluia como variable de este enfoque
el antropomorfismo. Especialmente a partir de la década del
veinte, algunos médicos pretendieron buscar una explicacién de
ciertos hechos a través de informacién somatométrica Aparece
la idea de la "morfologia de la mujer peruana." El doctor José
Jiménez, por ejemplo, quiso establecer una relacién entre las
medidas ~ombligo a sinfisis, sinfisis a horquilla, esfinter a coxis y
coxis a ombligo— de las mujeres pervanas y las tendencias a las
rasgaduras del periné a raiz del parto.%” Experimentando con
mujeres negras, indias y blancas que acudian a la Maternidad
de Lima llegaba a varias conclusiones. Segdin este médico, las
medidas més significativas eran las que iban del ombligo al
pubis, y la que mediaba entre la horquilla y el esfinter ana!
Jiménez llegé a medir -después de vencer muchas resistencias—
157 mujeres: 142 indias, 8 negras y 7 blancas; la mayoria
multiparas. Encontré un pequefio coeficiente de rasgaduras
entre las mujeres indias y una elevada tendencia entre las
mujeres blancas. Explicé esta diferencia por la morfologia de los
genitales externos: a mayor distancia entre la horquilla y el
esfinter anal existen mayores posibilidades de rasgaduras de|
periné en el postparto. En las mujeres blancas esta distancia era
mayor. Echando mano de un estudio similar hecho en Cuba por
Castellanos, Jiménez encontraria gran identidad entre las
mujeres negras cubanas y las mujeres indigenas del Perd: en
ambos grupos las mujeres tenian una colocacién similar de la
99Maria Emma Mannorelli
vulva. La explicacién de las diferencias o simllitudes se basaba
en argumentos exclusivamente bioldgicos, en constituciones
corporales; en esta oportunidad en identidades propiamente
raciales: en el caso de las mujeres indigenas. Jiménez
encontraba una suerte de superioridad racial. Las mujeres
indigenas, gracias a la conformacién de sus genitales, podian
prescindir de personal técnico; no se rasgaban y pocas se
infectaban. Ademds, ni siquiera requerian consideraciones
profilacticas y asépticas en el periodo de expulsién.°®
Los médicos reconocian la dificultad para generalizar a
propésito de las caracteristicas de la pelvis de las mujeres en el
Per. No cuestionaban la pertinencia del estudio, pero critica-
ban las afirmaciones de los médicos extranjeros sobre el tema.
En base a los estudios locales y las experiencias de los hospi-
tales, segdn las estadisticas no se podia establecer un tipo de
pelvis que caracterizara a la mujer peruana.”? De todas formas,
los médicos locales empezaron a prestar atencién a este tipo de
eocupaciones y discutian la relacién existente entre los cam-
bios en los patrones de crianza y alimentacién, en la difusion de
ericultura y el desarrollo de la pelvis femenina. Los habitos
nticios y las costumbres tendrian una expresion en las
aciones morfoldgicas del cuerpo de las mujeres. En el
n este médico, las dimensiones de lo pelvis de las mu-
peraban ala cifra media que sefialaban los autores
los parece digno de hacer resaltar el hecho que, en
medidas, no se sefiale una sola pelvis con menos
conjugate vera." De todas formas, advertia
1S medidas provenian de mujeres de los grupos
las cuales podia ejercerse este tipo de inter-
sdico, el problema en paises como el Perv era
ia. de "una pelvis propia" suponia enfrentarse
obstétrico de la pelvis normal era relativo,Limpias y modernos
por lo que convendria fijarlo en cada pats tomando en cuenta
los demds factores que intervenian en el parto.!0!
En términos de la concepcién de la fisiologia femenina se
empieza a notar el desplazamiento del Utero por el ovario: "como
Organo a cuyo alrededor circula la vida de la mujer." EI ovario
se convierte en el drgano gravitante en la vida de la mujer. Este
nuevo acento trajo consigo una alusién a la vida psiquica y se
volvieron mds frecuentes las preguntas y las reflexiones en torno
@ las relaciones entre las funciones reproductivas y los aspectos
emocionales de la experiencia femenina. Las perturbaciones
ovaricas irian desde la més simple depresién hasta las vesanias
mds graves y sus implicancias sexuales eran impredecibles:
Lo que mas frecuentemente se presenta es la depresion
fisica y moral pertenecientes més bien al cuadro de las neuraste-
nias (...) toxinas que se dirigen a hacer la anemia por hemolisis
llevando a las enfermas hacia la desgracia y el desaliento. Este
mal al progresar trae tal exageracién de neurosismo que lleva
hasta la tristeza de larga duracién y a la dolorosa obsesién de ser
objeto de intervencién quirdrgica. Asi yacen condenadas a la
reclusin y al espanto porque con la esterilidad estin vedadas
moral y fisicamente al ser esposas y madres, '
Mas alla del dramatismo de estas observaciones es posible
distinguir la fuerza del imperativo de la época a propésito de la
maternidad, y los efectos en las mujeres de la incapacidad de
cumplirlos.
La relevancia del funcionamiento de los ovarios se ubica, en
ciertos discursos, en una determinada concepcién del cuerpo
Se concebia que estos drganos de secrecién interna estaban
intimamente ligados al sistema nervioso vegetativo, “que se les
puede llamar los reguladores neuro quimicos del metabolismo."
Las hormonas que éstos fabricaban, para operar modificacio-
nes en el organismo, necesitaban como intermediario obligado
101Marfa Emma Mannarelli
al sistema nervioso antedicho y viceversa. Por otra parte,
también era estrecha la conexién entre el sistema nervioso
yegetativo y la actividad psiquica, "que se manifiesta no
solamente en lo patoldgico, sino en lo normal." Por ejemplo, el
sentimiento de célera activaba las glandulas suprarrenales.'”
La preocupacién por la ausencia de ovarios llevé a los médicos a
probar un abanico de posibilidades como la ovarina, los injertos
y los extractos glicerinados.'°° Carvallo practicé algunos con
resultados desconocidos.'°”
la importancia de los ovarios en la anatom{a femenina
coincidié con el interés de los médicos en distinguir las relaciones
y las fronteras entre los procesos propiamente fisiolégicos y
los psiquicos. En el caso de las mujeres la patologia corporal
se interpone con constancia en la apreciacién de estos Ultimos.
Lengua Romero, por ejemplo, analizaba las posibilidades
del fondo nervioso en los casos de la presencia de vémitos en
las mujeres embarazadas.' Descartaba la interpretacion
de Sigmund Freud sobre considerar el vémito como un mero
sintoma, en la medida en que clinicamente se presentaba,
segun el graduando, como un sindrome donde los “deshechos
foxicos de la vida del huevo parecen tener verdadera gravita-
cién.” El vémito en el embarazo fue asociado a las mujeres, mas
allé de su estado civil, que habian concentrado su atencién en la
llegada del periodo menstrual. La ausencia de éste constituye
una evidencia de embarazo, "que temen por multiples razones":
sociales y econdmicas. Segin el médico, las mujeres no tienen
conciencia de su repulsion al embarazo. En estas condiciones
las mujeres recurren a los medios abortivos popularmente
conocidos, y al no dar resultados tratan de obtener los servicios
de personas entendidas en el asunto. Ante el fracaso, responden
‘con yémitos incoercibles. Lengua Romero se refiere a casos
de mujeres que presentaban estas reacciones cuando se
estar embarazadas sin estarlo en realidad; es decir
102Limpias y modernas
cuando tenfan "embarazos fantasmas." Esto hacia pensar a los
médicos que los vémitos eran un estigma histérico. Las mujeres
se presentan como grandes manipuladoras, frente a quienes los
médicos deben tomar distancia y tratarlas con los medios de la
sugestién. Es importante aislar a las mujeres que presentan
estas caracteristicas. Al hacerlas guardar cama, el ambiente
hospitalario, el aislamiento, especialmente de los afectos fami-
liares, "generalmente exagerado con las gestantes, sobre todo si
son primigravidas", el rigor del médico, logran calmar la hiper-
mesis. El tratamiento domiciliario es inutil.'°? Estén también las
mujeres que toman los vémitos como simple parte del embara-
zo; en ellas “falta toda hvella de tara nerviosa.""° En el otro
extremo estan las mujeres que le dan a los vémitos un significa-
do patolégico cuando no es mds que una leve molestia. Estas
son las que forman un alto porcentaje: "Felizmente tiene que
vérselas con ellas el médico muy pocas veces."!!!
Podria decirse que en esta época conviven, por lo menos a
nivel del discurso de la medicina, lo que Thomas Laqueur ha
llamado el paradigma de un sélo sexo, en el que el cuerpo de las
mujeres no tiene una existencia en si, y que es propio de socieda-
des jerdrquicas; y simultaneamente va perfilandose otro tipo de
Programa cultural en el que la identidad sexual se comienza a
definir por las caracteristicas fisioldgicas, bien diferenciadas para
cada uno de los sexos."!2 Esta dltima diferenciacién entre lo
masculino y lo femenino se encuentra entrelazada con las
tendencias, no siempre nitidas sin duda, a formas de segrega-
ci6n social diferentes que se gestaban durante esos afios.
Es decir, a nuevas distinciones entre lo pUblico y lo privado le
correspondia una redefinicién de los roles sexuales, y de los
sentidos de la existencia para hombres y mujeres.'!3 Estos
nuevos sentidos empezaban a ser sustentados y explicados
Por definiciones del cuerpo que ostentaban pretensiones
naturalizantes y, por ende, con tendencias a la inmutabilidad.
103Maric Emma Mannarelli
Este nuevo acomodo de jerarquias daba lugar a la aparicién de
nuevos sentidos de lo étnico que se empezaban a expresar con
un sentido bioldgico/fenotipico; y que puede decirse que la
tendencia es a perder su cardcter inclusivo para volverse mas
excluyentes. No obstante, la coexistencia de ambos discursos
revela la tensién del juego histérico, y la apuesta de diferentes
propuestas sociales existentes en la sociedad limefia de las
primeras décadas del siglo XX.
Experimentacién: buscando disminuir e! dolor
A través de articulos y tesis médicas que trataron sobre los
problemas especificamente relacionados al cuerpo femenino,
accedemos a las actitudes de los médicos hacia las mujeres. Es
notorio que la experimentacién propiamente dicha tenfa pocas
limitaciones. Y ya que la experimentacién se daba principalmen-
te en los hospitales, cada vez mds tipificados como espacios
publicos, tuvo como objeto el cuerpo de las mujeres de clase
media y baja, de diversa procedencia étnica. Las mujeres de las
clases altas y medias, de acuerdo a las observaciones de los
propios médicos, se resistian a ser atendidas en los hospitales y
su salud estaba en manos de los médicos de la familia. De todas
formas, podemos encontrar testimonios que manifiestan el
disgusto, la incomodidad de las mujeres de las clases populares
para ser asistidas en los hospitales por un personal médico
anénimo.
Uno de los motivos que impulsé a los médicos a la experi-
mentacién fue el afan de disminuir el dolor del parto. Mitigar el
dolor femenino en el momento de parir ha sido una busqueda
ancestral, casi tanto como la maldicién biblica.'"* Pero los
argumentos han variado a lo largo de Ia historia, y son ellos los
que hablan de una sensibilidad particular en cada época. Este
interés expresaba una nueva sensibilidad en relacién a las
104Limpias y modernas
sensaciones corporales, al dolor y al sufrimiento. Se trataba de
civilizar el proceso del parto, de evitar el dolor de las mujeres,
pero al mismo tiempo de suprimir de la escena el desgarro, el
grito y la desesperacién. Para explicar sus intervenciones en
el cuerpo de las mujeres, los galenos discurrfan por varios
argumentos. En 1916, Miguel Vallenas sefAalaba que si bien las
hembras del mundo animal no parfan con dolor, las mujeres se
acercaban mucho a la naturaleza en su estado de parir, por ello:
(..) @ nadie extrafia, que los hombres de ciencia de todas las
épocas, cuando los recursos de su privilegiado cerebro se hayan
impuesto el propésito de suprimirel dolor fisico y moral y despojando
ala vida de su parte triste y aflictiva, hacer més llevaderos los estuer-
z0s que acompajian a la humanidad. Los tocélogos también, que
encuentran en el dolor el compafero inseparable del acto
fisiolégico llamado parto, no han permanecido impasibles ante los
angustiosos lamentos de la mujer que cumple con Ia funcién més
importante que le esté encomendada en Ia naturaleza (...). El
ingenio médico, que todo lo investiga, que todo lo utiliza, recoge las
lecciones que le brindan los partos indoloros y estimulado se
empefia en imitarlos (...). Compadecido de los sufrimientos y con-
vencido de que abolir un dolor, cualquiera que él sea, es algo hu-
mano e instintivo busca los medios de ayudar al organismo débil y
delicado de la mujer en un trance de dureza como es el parto."'*
Estas eran algunas de las ideas que inspiraban a los médicos
de la época a enfrentar el controvertido tema Se preguntaban
si se debfa administrar, durante el parto normal, medicamentos
analgésicos que produjeran la desaparicién del dolor; si el
dolor de parto llenaba una funcién especial, como la que
desempefiaba el dolor patoldgico, o si era una manifestacion
completamente initil. “Pero si fijamos nuestra atencién sobre los
numerosos casos de partos normales absoluta y libremente
indoloros que registra la literatura y el hecho de que el parto en
105Mario Emma Mannorelli
los animales y en los salvajes es indoloro o poco doloroso, se
deduciré la inconsistencia de estas hipédtesis.”''® Esta era la
respuesta. Pero el argumento continuaba: “Y si tenemos en cuenta
que la manifestacién del dolor que en el parto existe, no puede
ser considerada como expresién de la normalidad, ya que las
condiciones de la mujer civilizada han modificado profundamente
su modo de ser y la sensibilidad dolorosa llega en muchos casos
a limites que no podemos considerarlos fisiolgicos, creo que
librar a la mujer de los dolores del parto es una de Ics misiones
més humanitarias y una de las conquistas mds hermosas que
puede alcanzar el tocdlogo.""!”
Resulta dificil distinguir el fin humanitario frente al dolor
de las mujeres del interés cientifico. La tesis de Emilio Mufioz
en la Facultad de Medicina de San Marcos en 1902, La ra-
quicocainizacién del parto, es un testimonio interesante para
explorar las actitudes de los médicos hacia sus pacientes fe-
meninas. Mufioz estaba al tanto de las experimentaciones
tealizadas con la cocaina y sus efectos analgésicos y quiso
aplicarlas a la obstetricia. Aparentemente atravesé antes por
situaciones dilemdticas: "la dificultad de encontrar casos
apropiados unas veces, infructuosas tentativas otras, y, mds que
todo, la desconfianza en mf mismo, sembraron en mi espiritu el
desaliento, pero animado a pensar en vuestra benevolencia,
volvi a sacar nuevas energfas hasta conseguir lo que con
atrevimiento increible me propuse: estudiar la evolucién del
parto bajo la influencia de la cocainizacién de la médula."""® Las
‘intenciones de| graduando y la gravedad del tema expresaban
__ tanto omnipotencia como humildad: “dificil e importantfsima
estién; forea muy superior a mis escasas facultades y que
gia ilustracién, talento y observador espiritu de experimen-
S$ que, con mayor acopio de datos y observaciones,
1 desarrollar este tema con mas lucidez"; "el Unico
ente que poseo: el de mi voluntad siempre empefiosa y
106Limpias y modernas
decidido por corresponder a las doctas ensehanzas que de
vosotros he recibido.""'?
Lo puncién para introducir la cocaina en la médula, segin el
postulante, era "mortificante y mucho para las parturientas."
Aludia a Ia posicién de Tuffier y a la resistencia, "su invencible
repugnancia" de las parturientas hacia ésta, que al mismo
tiempo exigia una quietud dificil de conseguir dadas las doloro-
Sas contracciones. A esto se agregaba la creencia de las
mujeres sobre esa posicién “forzada de tener la cabeza flexionada
sobre el pecho y el cuerpo sobre los miembros inferiores extendi-
dos, puede ser perjudicial para el feto, como asf me lo han
manifestado dos mujeres, a las que quise colocar en dicha
Posicién con las palabras de se me va a ahogar Ia criatura.” El
estudiante de medicina probé otra Posicién "més cémoda para
la paciente y para el operador: la de cUbito lateral izquierda",
que le parecié la més recomendable para la enferma.
luego de pasar por una apretada sintesis de las diversas
sustancias que se usaban en la busqueda del alivio del parto
como el éter y el cloroformo, el graduando se preocupé de
describir reacciones como el pulso, la respiracién, la temperatu-
fa, y cémo éstas no se modifican con el uso del éter; no
encontraba efectos de excitacién: "el parto se verifica sin que la
paciente sufra el més insignificante dolor." Introducir cocaina a
través de una inyeccién en la médula, era un método de especial
utilidad: "en aquellos en que las mujeres, por la intensidad de los
dolores, caen a veces en un estado de delirio peligroso para la
madre y alarmante para las personas que las rodean.""® Otra
descripcién de los dolores del parto y del sufrimiento de las
mujeres:
Del nivel de los rifiones se extendian con irradiaciones diversas
hacia adelante y a los lados del Utero; y por su intensidad tenian a
la mujer en un estado de tormento tal que no hay palabras
* que puedan explicar su sufrimiento, Desesperada e intranquila
107Mario Emma Mannarelli
adoptaba posiciones diversas que calmar pudieran su dolor, y
sin conseguirlo, pedia, suplicante unas veces, imperiosa otras, se
hiciera lo posible por proporcionar un momento de reposo: la
inyeccién raquidea le suministré lo que ella vivamente deseabo.
Por ello era importante la experimentacién. La duracién rela-
tivamente corta del analgésico no permitfa que la totalidad del
parto se desarrollara sin dolor, pero s/ el periodo de dilatacién y
de expulsién, "que pueden llevarse a término en un estado de
completa analgesia.""?! En relacién a los efectos de la cocaina y
las contracciones del Utero, Mufioz encontré que no sdlo no eran
inhibidas, sino que mds bien se hacian mds fuertes y continuas,
facilitando el trabajo de las parturientas. En otros estudios men-
cionados por Mufoz aparecian los inconvenientes del uso de la
cocaina: ansiedad respiratoria, aceleracién del pulso, sudores
en la cara, temblor en las piernas, vomitos, escalofrios, cefalea y
elevacién de la temperatura.'?? Incluso se habia observado ca-
_ sos mds dramaticos en los que la paciente habfa perdido el co-
_nocimiento por més de dos horas. Mufioz experimenté con cin-
) mujeres, a todas se le aplicé la misma técnica y se observé.
algunas diferencias "menores', sintomas que podian haber sido
alarmanies en cierlo momento, pero que después desaparecian
inte, lagrimeo, etc., accidentes que (...) presentaban un
yedad que no dejé de alarmarme; pero mis temores
123 En otros casos
yémitos que pasaron con rapidez. Sin embargo,
a decidido a seguir con la experimentacién, cuyo
ptimo, tanto en relacién a los efectos sobre la
que podria sufrir el feto, y en contraste conLimpias y modernas
Mufioz no fue el Unico que hizo publicas sus incursiones en
la investigacién a propdsito del dolor fisico femenino en el
momento del parto. Benavente explicaba cémo probé la
morfina para los mismos fines: "Dos casos mas porecides al
anterior he observado y todos ellos primigravidas también, y con
dolores tan desesperantes, que ha sido necesario acudir a los
dos casos a inyecciones de morfina. Ha sido necesario también
terminarlos por dilatacién manual y aplicacién de forceps."
Pedro Valle en su tesis de Bachillerato en 1913 relataba los
procesos seguidos en los tratamientos realizados con adrenalina
para contener los vémitos incoercibles de las mujeres embara-
zadas. Trataba de probar que la aplicacién de ciertas dosis de
adrenalina no producfan dafio ni a la madre ni al nifio.'%
Miguel Vallenas también se interesé por el tema que llegé a
trabajar en su Tesis de Bachillerato en 1916. Escribia a propési-
to de la morfo-atropina con la formulacién N°3 del doctor
Belisario Sosa Artola:!76 "férmula nacida entre nosotros, que vie-
ne a enriquecer el arsenal terapéutico obstétrico, con el laudable
propésito de anular el anatema paradisiaco que pesa sobre la
mujer, en el trance siempre temido del parto."'27 Habia anotado:
"todos los fendmenos que me ha sido posible observar sobre los
organismos materno y fetal, sobre la marcha normal del trabajo
i sobre la vida futura de aquellos."'7® Experimenté con mujeres
embarazadas y no embarazadas con mortina, cafeina y pituitrina
Seguf con dos centigramos de morfina i un miligramo de atropina
En las no embarazadas tuve accidentes serios que requirieron el
uso de la cafeina en inyecciones indovenosas. En las mujeres em-
borazadas, eran un némero casi insignificante que consegufan la
atenuacién de sus dolores. Las mas quedaban adoloridas.
Persistia el mismo inconveniente que en la combinacién anterior:
la pituitrina inyectada conjuntamente con la morfina, excitaba el
Gtero inmediatamente, sin dar tiempo a que la morfina manifestara
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