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Fe y Conversión

Este documento discute la fe y la conversión como las únicas cosas necesarias para vivir la vida que Jesús nos ofrece. Explica que la fe es creer en Jesús y en su salvación, y que la conversión implica un cambio de corazón hacia Dios mediante el reconocimiento del pecado, el arrepentimiento, la confesión y el abandono del pecado. Finalmente, invita a los lectores a abrir la puerta de su corazón para que Jesús entre y sea el centro de sus vidas.

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Fe y Conversión

Este documento discute la fe y la conversión como las únicas cosas necesarias para vivir la vida que Jesús nos ofrece. Explica que la fe es creer en Jesús y en su salvación, y que la conversión implica un cambio de corazón hacia Dios mediante el reconocimiento del pecado, el arrepentimiento, la confesión y el abandono del pecado. Finalmente, invita a los lectores a abrir la puerta de su corazón para que Jesús entre y sea el centro de sus vidas.

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TEMA. FE Y CONVERSIÓN.

Jesús ya nos salvó y nos dio una vida nueva. Ustedes se preguntarán porque no
experimentamos esta salvación en nuestras vidas. La respuesta está en la aceptación. Lo que
debemos hacer es aceptar la salvación que Jesús ha ganado para nosotros.

Entonces ¿Qué debemos hacer para vivir la vida de Jesús? Pedro ya nos dio la respuesta la
mañana de pentecostés, cuando les habló a la multitud: “crean en Jesús, conviértanse de sus
pecados, y entonces podrán vivir la vida del Hijo de Dios”.

Fe y conversión es lo único que nosotros necesitamos para vivir la vida de Dios traída por Jesús.

La fe es un “SI” a la presencia y a la acción salvadora de Dios a través de Jesús. Es un “SI” que


se da una vez y se renueva permanentemente.
Es el medio necesario para conectarse con la salvación, pues por ella habita Cristo en nuestros
corazones (Efesios 3, 17).

Su palabra nos dice en carta a los Romanos 10,9-10: “Porque si confiesas con tu boca que
Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás
salvado. Con el corazón se cree para alcanzar la justicia, y con la boca se confiesa para obtener
la salvación”.

Cuando Pablo nos habla de boca y corazón se está refiriendo a lo más externo y a lo más
íntimo y profundo del hombre. La fe nos lleva a actuar conforme a lo que creemos, cambiando
nuestra forma de vivir. De otra manera no es fe, sino sentimiento, ideología o creencia.

La fe es la certeza de que Dios va a actuar conforme a las promesas de Cristo, que va a actuar
conforme al plan que tiene pensado para cada uno de nosotros.
Por lo tanto, la fe no es creer en algo, sino en alguien. Es una decisión total del hombre que
envuelve todo su ser y compromete toda su persona.

La fe se vive en cada circunstancia de nuestra vida, y de esa manera es posible experimentar


en cada momento la salvación de Jesús.

TESTIMONIO. “El justo vivirá por la fe” (Romanos, 1, 17). Es decir vamos caminando de fe en
fe, dando sucesivos pasos. Un paso no nos lleva hasta la meta, pero sí nos acerca. Por lo tanto
es necesario que hoy demos un primer paso en fe manifestando que creemos en Dios y su plan
de salvación sobre nosotros.

EXPRESIÓN DE FE. Vamos a manifestar nuestra fe en Dios y su obra salvífica a través de


Jesucristo. Se responde: Si, yo creo.
¿Crees que Dios te creó por amor y te ama como padre?
¿Crees que el ama a todos los hombres, especialmente a los más pobres y a los pecadores?
¿Crees que El tiene un plan de felicidad, paz y justicia para todos los hombres?
¿Crees que tanto amó Dios al mundo que le envió a su Hijo único, no para condenarlo sino para
salvarlo?
¿Crees que en su muerte en la cruz murió también el pecado?
¿Crees que resucitó y está vivo para siempre?
¿Crees que es la única respuesta y solución efectiva para los problemas del mundo?
¿Crees que hoy aquí, Jesús puede dar sentido a tu vida?.

LA CONVERSIÓN. “Jesús comenzó a proclamar: Conviértanse, por que el Reino de los cielos
esta cerca”. (Mt, 4,17. La forma más concreta como se manifiesta la fe es mediante la
conversión. Siempre se a dicho que la conversión es un cambio de vida, pero esto no quiere
decir que se reduce a un cambio de conducta. El cambio de conducta es consecuencia del
cambio de vida, y la conversión es mucho más profunda que un simple cambio de conducta. La
conversión es un cambio de corazón.
La conversión es cambio total: dar la espalda, dejar atrás, abandonar todo lo que es
incompatible con Dios y su plan de amor para nosotros; es romper con el pecado y los ídolos y
rechazar a Satanás.
La conversión es ante todo envolverse a Dios, buscar su Rostro reconociendo su presencia que
nos hace un llamado personal.
El Pecado, Satanás y su obra los resentimiento, son los obstáculos para la presencia y acción
salvadora de Dios; el rechazo ya la liberación de ellos son la condición y el fruto de la salvación.

El convertirse incluye varios pasos: 1) Reconocimiento del pecado. Su palabra dice en el


Evangelio según San Juan 16, 8: “Y cuando él venga, probará al mundo dónde está el pecado,
donde está la justicia y cuál es el juicio.
La conversión es obra del Espíritu Santo en nosotros; sólo El puede darnos un corazón nuevo
para volver a Dios.

2) Arrepentimiento. Su palabra nos dice 2 de Corintios 7, 9-10: “Ahora me regocijo no porque


ustedes se hayan puesto triste, sino por esa tristeza que fue motivo de Arrepentimiento.
Ustedes, en efecto, han experimentado la tristeza que proviene de Dios, de manera que
nosotros no le hemos hecho ningún daño. Esa tristeza produce un Arrepentimiento que lleva
a la salvación y no se debe lamentar; en cambio, la tristeza del mundo produce la muerte”.

El arrepentimiento es un dolor de corazón y detestación del pecado cometido, con el propósito


de no pecar en adelante. Es retorno al hogar, vuelta a casa, reencuentro con el padre.

3) Confesión del pecado. Su palabra nos dice en primera de Juan 1,9: “Si confesamos nuestros
pecados, el es fiel y justo para perdonarnos y purificarnos de toda maldad”.

Necesitamos reconocer y confesar explícitamente nuestros pecados ante Dios. Necesitamos


hacer una renuncia explícita a Satanás y a todas sus obras. Acercarnos al sacramento de la
reconciliación.

4) Reparación y reconciliación. El arrepentimiento para restaurar la unión de amor con Dios,


exige resarcir los daños causados, y reconciliarse con el hermano.

Renuncia. La verdadera y total dependencia de Dios nos obliga a renunciar a todo aquello que
nos ha encadenado al pecado.
Respondemos: ¡Si renuncio!. ¿Renuncias a Satanás? ¿Renuncias a todas sus obras y
seducciones? ¿Renuncias al ocultismo, esoterismo y toda superstición? ¿Renuncias a la
magia, curanderismo y hechicería? ¿Renuncias a la lectura de las cartas, café y mano?
¿Renuncias al espiritismo, astrología y horóscopo? ¿Renuncias a adquirir poder y control
sobre ti u otros, al margen de Dios? ¿Renuncias al uso de amuletos, fetiches y talismanes?
¿Renuncias al conocimiento del futuro, al margen de Dios? ¿Renuncias a todo egoísmo,
lujuria y maldad? ¿Renuncias a odios y resentimiento? ¿Renuncias completamente y para
siempre a todo esto?.

Conclusión. Yo estoy junto a la puerta y llamo: si alguien oye mi voz y me abre, entraré en su
casa y cenaremos juntos” Apocalipsis 3,20.
Tienes a la puerta la gran oportunidad de tu vida. No la dejes pasar de largo. Dale a Jesús la
oportunidad de manifestarte todo lo que el es y tiene para ti. De alguna manera digámosle a
Jesús que lo invitamos a vivir en nuestro corazón, que entre a formar parte de nuestra vida,
que sea Él, el centro de nuestra existencia.

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