CAPÍTULO 5
TAREAS PARA PROBLEMAS DE PAREJA
INTRODUCCIÓN
Los problemas que se plantean en la convivencia en pareja son tan variados que no es
fácil realizar una descripción general. A nosotros nos gusta distinguir dos grandes tipos de
situaciones. Por un lado, parejas que acuden a terapia porque a lo largo del tiempo sus
integrantes se han ido distanciando. Suelen tener poca intimidad, una erótica pobre,
pocos espacios y tiempos compartidos. No hay grandes conflictos, pero tampoco
comparten ilusiones o proyectos.
Por otro lado, parejas en conflicto, en las que las disputas y los altercados son
constantes, más allá de la dosis de conflicto inevitable y normal en cualquier convivencia.
Dichos conflictos pueden deberse a desacuerdos profundos respecto de temas básicos
como, por ejemplo, tener o no hijos, pero a menudo se producen en torno a temas
irrelevantes que, sin embargo, se abordan con un estilo comunicativo destructivo y
emocionalmente muy cargado. Gottman (1994) ha descrito este estilo comunicativo
como la presencia de los «cuatro jinetes del Apocalipsis»: críticas personales, desprecio,
actitud defensiva y actitud evasiva. Esta conflictividad puede deberse a un desajuste
básico entre los estilos de apego de los miembros de la pareja (Tatkin, 2011) o a agravios
no resueltos del pasado, pero también puede haberse desarrollado recientemente a partir,
por ejemplo, de una infidelidad.
Desde el punto de vista biológico, los problemas en parejas heterosexuales están
estrechamente ligados a las diferencias sexuales entre hombres y mujeres, que motivan
pero también dificultan la propia relación (Pérez Opi y Landarroitajáuregui, 1995). Estas
diferencias sexuales se ven amplificadas por la construcción cultural del género, por la
forma básicamente patriarcal y machista de entender las relaciones en nuestra sociedad,
así como por la manera de concebir culturalmente la función y el papel de la pareja
(Beyebach, Landarroitajáuregui y Pérez Opi, 1998).
Desde el punto de vista sistémico, los problemas de pareja se suelen remitir al ciclo
vital (Haley, 1973, 1976; Carter y McGoldrick, 1989). Se entiende que las parejas pasan
una serie de crisis en función de las etapas de desarrollo que van cumplimentando: «crisis
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de compromiso», «crisis de convivencia», «crisis del primer hijo», «crisis del nido
vacío», etcétera. Los problemas surgen cuando la transición de una etapa a otra no se
realiza adecuadamente y la pareja no consigue adaptarse a la nueva situación.
Presentación clínica
A la hora de acudir a terapia, los miembros de la pareja suelen estar en momentos y en
disposiciones diferentes: él no tiene queja de su relación, pero ella se siente
profundamente insatisfecha; él está pensando en la separación mientras ella sigue
apostando por la relación; él no quiere comprometerse e iniciar la convivencia, pero ella
no desea continuar como pareja sin irse a vivir juntos. A partir de aquí, lo más habitual es
que la iniciativa de acudir a un profesional sea de uno de los dos, que a menudo
convence o presiona al otro para que le acompañe y si no lo consigue termina acudiendo
solo a terapia. Aunque nosotros entendemos que se puede realizar un trabajo de pareja
con solamente uno de los miembros (Beyebach y Rodríguez Morejón, 1993), haremos
un esfuerzo por incluir a ambos en las sesiones. Las tareas que recogemos en este
capítulo están pensadas para el formato conjunto.
Hay también parejas cuya consulta inicial se circunscribe a una dificultad concreta en
las relaciones eróticas (problemas en la erección, en la eyaculación, vaginismo,
anorgasmia...), aunque a nosotros nos gusta ver la intervención en estas situaciones
desde el punto de vista de la relación global de la pareja. En este capítulo describiremos
algunas tareas aplicables en esos casos, pero remitimos a la literatura especializada para
una descripción más detallada de los protocolos específicos.
Nuestra estrategia de intervención
Probablemente, el mayor reto en una terapia de pareja es conseguir mantener una
posición omnipartidista, de modo que ambos integrantes sientan que como terapeutas
estamos de parte de cada uno de ellos y simultáneamente de parte de la pareja como tal.
Para ello apostamos por ver a la pareja siempre en formato conjunto; sólo en
circunstancias muy excepcionales aceptamos ver a sus miembros por separado.
Trabajo personal
Los cambios que propiciamos a nivel personal buscan aumentar el conocimiento mutuo y
recuperar tanto la aceptación como la consideración positiva del otro («Radares
positivos»; «Símbolos entrañables»), que facilitarán que cada miembro de la pareja
vuelva a ser una fuente de autoestima y confirmación de la identidad del otro.
Estrategia interpersonal
Desde el punto de vista relacional, entendemos que tanto para parejas conflictivas como
para aquellas distanciadas se debe trabajar necesariamente en dos frentes. Por un lado,
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ayudar a la pareja a reducir o controlar las interacciones negativas. Esto implica resolver
los conflictos resolubles, pero también sobrellevar los que resulten irresolubles, dejando
de entrar en interacciones destructivas y aprovechando la conversación sobre ellos para
aumentar la conexión emocional. Esta estrategia tendrá prioridad en las parejas
conflictivas, pero debe asimismo complementarse con una segunda línea de intervención:
promover activamente los intercambios positivos y el sentido del «nosotros». Trataremos
de que ambos miembros de la pareja sientan que ganan en su interacción, que les
«compensa» seguir como pareja (Beyebach, Landarroitajáuregui y Pérez Opi, 1998)
(«El bote de los deseos», «Los quince primeros minutos»). Para ello fomentaremos los
espacios, actividades y tiempos comunes con tareas como «La sorpresa» o «La cita», así
como la comunicación: «Andar y hablar cogidos de la mano», «Quejas y anhelos».
Tareas como «El álbum de buenos recuerdos» o «Símbolos entrañables» permiten
recuperar las emociones positivas de la pareja, mientras tratamos de flexibilizar e
introducir costumbres nuevas («Te espero en el hotel»).
A veces, es necesario una tercera línea de intervención: tal vez la pareja esté
cambiando su relación en el presente, pero siguen aflorando esporádicamente conflictos
ligados a traumas del pasado. Tal vez, hace años, ella se negó a ir al funeral de la madre
de él; quizás él estaba de viaje justamente en el momento en que ella dio a luz a su
primer hijo; o a lo mejor ella cometió hace tiempo una infidelidad con el mejor de amigo
de él. En ese caso, habrá que dedicar un espacio a reelaborar y superar estas vivencias
negativas. Las tareas «Agravios y desagravios» y «Ritual de pasar página» cumplen este
objetivo.
En el trabajo con problemas en la erótica es importante descartar posibles causas
orgánicas, así como los efectos secundarios de la medicación que puedan estar tomando
(por ejemplo, los antidepresivos tienden a disminuir el deseo sexual). A nivel cognitivo,
puede ser importante cuestionar algunos mitos y tabúes sobre la sexualidad, proporcionar
información, manejar posibles temores ligados a la anticoncepción y contrarrestar la
trampa que supone el exceso de atención consciente a procesos que en principio deberían
ser automáticos. Desde el punto de vista interpersonal, promoveremos los elementos
lúdicos de la erótica y la amatoria, el humor y el disfrute no exigente.
Además de las tareas específicas que presentaremos en los próximos tres apartados,
hay varias tareas genéricas que se prestan especialmente al trabajo con parejas.
Para promover interacciones positivas sirven:
«La tarea de fórmula de primera sesión» (págs. 68-69).
«Estar atento a los momentos en que sucede...(una excepción, una mejoría)»
(págs. 70-71).
«Las tres preguntas para una vida feliz» (págs. 86-87).
«Fijarse en qué podría hacer... pero no hacerlo todavía» (pág. 74).
«Cara o cruz» (pág. 75).
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«Simular el milagro/un punto más en la escala» (págs. 76-77).
La tarea de «Haga algo diferente» (págs. 84-85) puede ser un buen inicio en la estrategia
de interrumpir interacciones negativas. Si algo que contribuye a las interacciones
negativas es que uno o ambos miembros de la pareja están desbordados por sus
emociones negativas, puede resultar útil hacerles alguna de las siguientes propuestas,
adaptables a un formato conjunto:
«La pequeña felicidad» (págs. 81-82), en este caso referida a alguna actividad
placentera como pareja.
«¿Para qué puede servir?» (pág. 88).
«Elige un color» (pág. 89).
«5, 4, 3, 2, 1» (págs. 91-92).
«5,4,3,2,1 con aceptación» (pág. 93).
«Mensaje positivo con la mano no dominante» (pág. 96).
A fin de gestionar posibles recaídas y promover el mantenimiento de los cambios puede
recurrirse también a estas tareas genéricas:
«El plan de emergencia» (págs. 104-105).
«La caja de recursos» (pág. 106) de la pareja.
«Consejos de experto» (pag. 107), en este caso como una carta que se piensa y
redacta conjuntamente.
TAREAS PARA INCREMENTAR LAS INTERACCIONES POSITIVAS
Como hemos señalado más arriba, el éxito de una terapia de pareja depende en buena
medida de que se recuperen los aspectos positivos de la relación. En el nivel cognitivo,
esto supone restablecer el aprecio por la otra persona y por la vida en común. En el nivel
emocional, recuperar las emociones positivas ligadas a la historia de la pareja. En el nivel
conductual e interaccional, reactivar actividades reforzantes y que hagan avanzar la
relación. Todas las tareas que presentamos a continuación inciden en una o varias de
estas dimensiones.
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RADARES POSITIVOS
Descripción:
Se le explica a la pareja que existen dos tipos de radares, los radares positivos y los
negativos. Estos últimos están destinados a protegernos de los peligros, los positivos son
los que detectan las situaciones placenteras. Después, se les pide que hasta la próxima
sesión activen el radar positivo y apunten aquellas cosas que capta el radar: lo guapa que
ves a tu pareja, algo bonito que ha dicho, un detalle que ha tenido, etcétera.
Indicaciones:
Esta tarea ayuda a cambiar el punto de vista en parejas que se han acostumbrado a
focalizar su atención en todo lo que no les gusta del otro. La tarea del radar les permite
fijarse en lo positivo a la vez que la atención del otro refuerza sus propias conductas
positivas.
Fuente:
La indicación de estar atento a los aspectos positivos de la relación es típica de la terapia
centrada en las soluciones. Esta versión de los «radares» es de Esther Pérez Opi y José
Ramón Landarroitajáuregui.
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LA LISTA DE CUIDADOS
Descripción:
Se pide a la pareja que elabore una lista que contenga diez conductas referentes al
cuidado y a las atenciones que les gusta recibir a diario. Después, se les invita a que
traten de «pillar» a su pareja haciendo alguna de esas conductas y que las vayan
anotando en una hoja hasta la siguiente sesión. Al final del día, pueden hablar sobre las
conductas que han sorprendido en el otro.
Indicaciones:
Esta propuesta va en la línea de la anterior y se dirige también a propiciar que los
miembros de la pareja valoren y reconozcan las conductas positivas que el uno hace por
el otro. Hablar sobre ellas unos minutos ayuda a darles más relevancia.
A tener en cuenta:
Puede resultar necesario que haya un ensayo previo durante la sesión sobre dos o tres
conductas que hayan percibido durante la semana anterior.
Fuente:
Se trata de una tarea recogida por José Navarro (Navarro Góngora, 1992).