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El Derecho en La Iglesia - Pbro. Dr. Mauricio Landra

El documento presenta una introducción al Derecho Canónico o Eclesiástico. Explica que es el conjunto de normas jurídicas promulgadas por la Iglesia Católica que determinan su organización y regulan la vida de los fieles. Argumenta que el Derecho Canónico interesa al hombre de bien, al hombre de fe y al hombre de leyes, ya que contiene elementos de derecho natural y es necesario para que la Iglesia cumpla su misión en la tierra.

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El Derecho en La Iglesia - Pbro. Dr. Mauricio Landra

El documento presenta una introducción al Derecho Canónico o Eclesiástico. Explica que es el conjunto de normas jurídicas promulgadas por la Iglesia Católica que determinan su organización y regulan la vida de los fieles. Argumenta que el Derecho Canónico interesa al hombre de bien, al hombre de fe y al hombre de leyes, ya que contiene elementos de derecho natural y es necesario para que la Iglesia cumpla su misión en la tierra.

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I° JORNADA DE DERECHO CANÓNICO

DERECHO CANÓNICO O ECLESIAL, UNA RAMA DEL DERECHO QUE TODOS DEBEN CONOCER

Mauricio LANDRA
Se presenta la oportunidad de compartir con ustedes algunos pensamientos y
reflexiones acerca del derecho en la Iglesia, también llamado Derecho Canónico.
Muchas veces escuchamos que es un derecho para católicos y escuchamos a los
católicos que preguntan que es el derecho canónico. Esto ya manifiesta un desconocimiento
pero también un interés por saber al menor en que consiste. De ahí, que hace muchos años
escuche decir que es derecho canónico es interesante.
Sigo estudiando esta expresión interesante, y me sigo preguntando si algo bueno o malo,
es aceptable, admirable, envidiable o lo contrario, si está de acuerdo o no con lo que escuchó
quien dice que esto es interesante.
Para evitar esa sensación, vayamos al diccionario y dirá que interesante es un adjetivo,
con lo cual ya nos ayuda a comprender que se quiere hablar de uno o varios sustantivos. Algo
que interesa o que es digno de interés. Entonces buscando la palabra interés encontraremos
que las primeras interpretaciones son de tipo material - comercial. Luego hay definiciones que
conducen más a la acción de cautivar la atención y el ánimo con lo que se dice o escribe. De
inspirar interés o afecto a alguien, incluso de producir impresión en alguien.
Si buscamos en el mismo diccionario vulgar la definición de Derecho Canónico dirá que
es el Conjunto de normas jurídicas promulgadas o reconocidas por los órganos eclesiásticos
competentes que determinan la organización de la Iglesia y regulan la vida de los fieles
católicos en cuanto corresponde al fuero externo, de acuerdo con los fines propios de la
institución eclesial.
Parcial definición, pero comprensible de la materia.
Escuchar y decir que es interesante el Derecho Canónico, indudablemente es un
adjetivo, pero me quedan dudas si está indicando cualidad y aprobación. Esto se nota en
muchos hermanos en la fe y en el sacerdocio, que llegan a preguntarse ¿por qué no estudiar
algo más útil, actual, concreto y específico, que ayude a la gente y que esté con los pies en la
tierra? Propio del pragmatismo posmoderno que también afecta al discernimiento vocacional.
¿Algo útil pero en qué sentido?
Por todo eso y mucho más es que hace unos años me interesó el Derecho Canónico. Su
utilidad va más allá de lo que uno cree, su servicio es respuesta desde la fe que supone la
naturaleza y la eleva.
Recordemos que se llama derecho porque es lo justo. Ius, cuya raíz es ligar, vincular con
una dimensión sagrada. Este sentido religioso también lo conserva la otra palabra latina de la
misma familia: iurare, iuramentum. Expresión bien elocuente del sentido religioso que tuvo
en su origen el derecho, como algo sagrado, dado por la divinidad, como un don del cielo.
Esto significa que el Derecho Canónico está vinculado con el fundamento más
profundamente antropológico del derecho, de cualquier tipo de derecho. Todos los
ordenamientos jurídicos, incluso los seculares, antaño de manera más abierta y general, hoy
en día de forma secularizada y escondida, a veces solamente en huellas, hunden sus raíces en
algo sagrado, o divino, y se refieren, por lo menos, a la naturaleza, a la moral, a la justicia, al
desarrollo y a otros valores superiores con relación al mundo del derecho positivo: si se quiere,
a "valores sagrados".
Pero debemos complementar esta etimología con la que va ligada al concepto
geométrico de la línea recta, considerada como símbolo del bien y significando algo rígido e
inflexible, la rectitud independientemente de nuestra voluntad. Así derecho es lo recto. El
orden recto en la convivencia humana, así como la existencia de un poder de regir, que
consiste en imponer el orden recto.
Por esto veremos que el Derecho Canónico le debe interesar al hombre de bien, al
hombre de fe y al hombre de leyes.

LE INTERESA AL HOMBRE DE BIEN


Hace más de medio siglo, el Concilio Vaticano II veía con gozo y esperanza una sana
relación entre la comunidad política y la Iglesia. Recordaba que es de suma importancia, sobre
todo allí donde existe una sociedad pluralística, de tener un recto concepto de las relaciones
entre la comunidad política y la Iglesia y de distinguir netamente entre la acción que los
cristianos, aislada o asociadamente, llevan a cabo a título personal, como ciudadanos de
acuerdo con su conciencia cristiana, y la acción que realizan, en nombre de la Iglesia, en
comunión con sus pastores. La Iglesia, que por razón de su misión y de su competencia no se
confunde en modo alguno con la comunidad política ni está ligada a sistema político alguno,
es a la vez signo y salvaguardia del carácter trascendente de la persona humana. La comunidad
política y la Iglesia son independientes y autónomas, cada una en su propio terreno. Ambas,
sin embargo, aunque por diverso título, están al servicio de la vocación personal y social del
hombre. Este servicio lo realizarán con tanta mayor eficacia, para bien de todos, cuanto más
sana y mejor sea la cooperación entre ellas, habida cuenta de las circunstancias de lugar y
tiempo. El hombre, en efecto, no se limita al solo horizonte temporal, sino que, sujeto de la
historia humana, mantiene íntegramente su vocación eterna (GS 76).
¡Qué bien le viene este texto al hombre de la posmodernidad y la globalización! Que
cuestiona todo, que confunde mucho y que relativiza bastante. Que piensa que con una nueva
ley todo se soluciona, pero que después no siempre está dispuesto a observar. Casi como un
decreto que se cambia por otro de modo urgente y sin escrúpulos. Una ley como culpable y
como única solución de sus problemas, conflictos y desórdenes.
Al hombre de bien le debe interesar el Derecho Canónico porque es fruto de siglos de
interpretación de lo que el hombre es, su principio y fin, sus privilegios y su rol entre los demás
seres vivos.
El Derecho Canónico contiene elementos de derecho natural que son para todo hombre
de bien. El derecho a la vida, que incluye una dimensión penal enmarcando los delitos contra
la vida y la libertad del hombre (cáns. 1397–1398), derecho a la buena fama (can. 220), a
buscar, encontrar y observar la verdad (cáns. 747 § 2 y 748) así como los principios del orden
social, sobre los asuntos y derechos humanos (cáns. 768 § 2 y 795). Mencionamos el derecho
una justa libertad en la defensa, la libertad de expresión, de opinión e investigación (cáns. 218
y 386), al respeto como ciudadanos y del bien común (cáns. 223 y 227), el rol de los padres,
de la familia y de la educación en el hombre para construir su propio destino (cáns. 529; 774
§ 2; 793; 797; 799, entre otros), del trabajo y de la justicia social (can. 1286)

LE INTERESA AL HOMBRE DE FE
El Derecho Canónico es para el hombre de fe, porque es para el fiel cristiano de rito
latino y para el fiel de las iglesias católicas orientales. Es un instrumento para ser fiel a su
Fundador y Salvador.
La salvación del hombre de fe es la ley suprema, es parte esencial y sostén de todo el
Derecho Canónico. Debe resonar en el corazón del hombre de fe lo que Dios dice con el
profeta Miqueas: Te he explicado, hombre, que es lo bueno y lo que Dios desea de ti:
simplemente que respetes el derecho, que ames la misericordia, y que camines humildemente
con tu Dios" (Miqueas 6,8).
Pero también ha de interesar a todo hombre de fe, porque considera a los que creen en
Cristo y pertenecen a otras iglesias, en una clara aplicación del diálogo ecuménico. Así como
tiene en cuenta a los no bautizados o que profesan otra religión, permitiendo su participación
en la vida y misión de la Iglesia en calidad de testigos.
Le debe interesar al hombre de fe cristiana porque el derecho es un factor necesario
para la Iglesia en la tierra. San Juan Pablo II dirá que es connatural a su vida, no es un residuo
de otra época en donde la Iglesia ejercía un dominio temporal, ni una superestructura o algo
agregado por los hombres. El misterio de la Iglesia incluye originariamente elementos
jurídicos. El mismo Jesucristo establece su Reino en un mundo como un cuerpo social y visible
(Mc.12, 28-34) por el que la Iglesia tiene una dimensión jurídica.
Para seguir el mandato de Jesús, (Mt.28, 16-20) los apóstoles fueron tomando
decisiones para una mejor organización de las comunidades que nacían y crecían. Así, en el
Concilio de Nicea se habla del conjunto de reglas disciplinarias o cánones que se distinguen de
las reglas civiles.
Desde la alta Edad Media el Derecho Canónico es el corpus de leyes de la Iglesia, aunque
se emplean también expresiones como ius canonicum y ius ecclesiasticum. Ya para el s. XVI
este último adjetivo cobra un nuevo sentido: corpus de leyes civiles que se refieren a la Iglesia.
Hoy, la expresión derecho eclesiástico, se refiere a aquellos tratados de derecho guiados
por principios civilistas que se ocupan de las leyes en cuanto son emanadas o recibidas por el
estado. Esto explica, por ejemplo, que nuestra Facultad tenga una cátedra de derecho
eclesiástico argentino.
Una expresión más amplia será hablar de derecho eclesial, en donde se incluye el
Derecho Canónico con una especial, pero no exclusiva, referencia a la codificación legal de la
Iglesia Católica de rito latino (1983) o de rito oriental (1990).
El Vaticano II, cuando define a la Iglesia, dirá que es una realidad dotada de órganos
jerárquicos y el Cuerpo místico de Cristo, el grupo visible y la comunidad espiritual en la que
están unidos el elemento humano y el divino y por lo tanto un derecho divino y un derecho
humano (Lumen Gentium, 8).
El Derecho Canónico se apoya en el derecho divino, entre los cuales debemos diferenciar
el derecho divino natural (derecho a la vida, a la intimidad, a buena fama, etc.) y el derecho
divino positivo (ej.: Cristo ha instituido la eucaristía, el sacerdocio, y cada sacramento, etc.).
Además posee elementos de derecho eclesiástico (la edad para ser sacerdote, requisitos para
el matrimonio, etc.).
El interés del hombre de bien sostiene el interés del hombre de fe, que tendrá
obligaciones y derechos por ser hombre y por ser fiel. Ahora, por su condición de discípulo y
misionero, posee primero obligaciones y luego derechos. El fiel tiene la obligación y el derecho
de observar la comunión (can. 209); de llevar una vida santa (can. 210), de ser testigo y
evangelizador en donde vive (can. 211), para ello deberá ser alimentado espiritualmente,
podrá asociarse y fomentar las acciones de la Iglesia, e incluso está presente esta iniciativa (la
de este Instituto que hoy se inaugura) en los cánones 215 al 217.
Estamos presentando un realismo jurídico que postula que la fuente de todo derecho
está en el derecho natural y no en la voluntad del estado o del legislador de turno o en las
costumbres del pueblo. Sino que hay algo más allá del hombre, pero que está impreso en su
corazón al que llamamos derecho natural (Romanos 2,15).
El Derecho Canónico es presentado como un conjunto de factores que integran la
estructura jurídica de la Iglesia católica. Presentado así, hace que sea interesante para el
hombre de leyes.

LE INTERESA AL HOMBRE DE LEYES


El hombre de leyes debe ser un hombre de ley. El Derecho Canónico le será de suma
utilidad por las características jurídicas universales y perennes que le ofrece.
Sus logros jurídicos, como por ejemplo el concepto de persona jurídica, la humanización
del derecho penal, el desarrollo del derecho matrimonial y de la familia. Pero también una
serie de reglas que valen para todo sistema jurídico, algo que un hombre de leyes muchas
veces aprende, repite y aplica sin conocer que su origen es canónico.
Será el Papa Bonifacio VIII el autor de estas fórmulas breves en búsqueda de la equidad,
la justicia y cubriendo muchas veces las llamadas lagunas del derecho. Aplicarlas supone una
auténtica pericia jurídica, no contar con ella podría llevar a cometer aberraciones jurídicas.
Mencionemos algunas de ellas.
 Nadie puede ser obligado a lo imposible.
 La ignorancia de hecho excusa, pero no la de derecho.
 Conviene restringir lo que es odioso y ampliar lo que es favorable.
 Al que sabe y consiente no se le hace injusticia ni dolo.
 En las cosas oscuras hay que inclinarse por el partido menos severo.
 Se deroga el género por la especie.
 Lo accesorio sigue a lo principal.
 El que calla se considera que otorga.
 En la aplicación de las penas hay que seguir la aplicación más benigna.
 Quien puede el más, puede el menos.
 Quien lleva la carga debe percibir el provecho.
 Se ha de considerar como nulo todo lo que se hace contra el derecho.
 Se puede hacer por medio de otro lo que se puede hacer por si mismo.
Y una de las que más le debe interesar al hombre de bien, de fe y de ley:
 Es cierto que peca contra la ley el que se adhiere a la letra y prescinde del espíritu.
El hombre de leyes encontrará en el Derecho Canónico algunas características que lo
vuelven más que interesante:
Universalidad: con el Derecho Canónico no se ordena un territorio o población
concretos. Es para todos los bautizados en la Iglesia y se dirige a todos los hombres que deseen
formar parte de ella.
Unidad y variedad: es un solo ordenamiento jurídico, una misma autoridad (Papa y los
Obispos), con obligaciones fundamentales para todos los fieles. Unidad sin uniformidad, ya
que cada Obispo, incluso en conjunto con otros Obispos, pueden particularizar más la
legislación, adecuándola a su realidad.
Plenitud: en su propio ámbito o competencia tiene todo lo necesario para determinar y
regular con plena soberanía sin depender de un ordenamiento superior.
Flexibilidad: se adapta fácilmente al espacio y tiempo de cada realidad en el mundo y no
pierde su unidad en los elementos esenciales.
El código actual se inspiró en principios del último Concilio y es fruto de muchos años de
estudio, consulta y reflexión. Se buscó:
Que sean verdaderas normas. Que se coordine adecuadamente el fuero interno, propio
de la conciencia, y el fuero externo, que regula la relación visible entre las personas, evitando
contradicciones.
Que, además de la justicia, se tenga en cuenta la caridad, la templanza, la humanidad y
la moderación, por las que se tienda a la equidad. Es por esto que utiliza exhortaciones donde
no se requiere una obligación estricta.
Convertir en ordinarias las facultades extraordinarias de los Obispos de dispensar, para
que se cumpla mejor el fin pastoral, salvo en los casos reservados, en razón del bien común.
La dispensa como un instituto canónico que luego será utilizado por otros sistemas jurídicos.
Quien más sabe de derecho, más capacidad tiene de dispensar…
Aplicar el principio de subsidiariedad promoviendo el desarrollo de la legislación
particular, para descentralizar no sólo la aplicación sino también la producción de las normas,
sin que afecte a la disciplina universal.
Proteger la igualdad fundamental y los derechos de todos los fieles y de la diversidad de
funciones.
Distinguir claramente las funciones legislativa, ejecutiva y judicial en la potestad
eclesiástica.
Mantener el principio de territorialidad para la determinación de las jurisdicciones
eclesiásticas, pero se lo complementa con el principio personal, estableciendo cuando sea
conveniente jurisdicciones personales.
Entre otros logros se destacan la claridad, la creatividad, la nitidez y el equilibrio entre
principios y leyes. Al hombre de leyes le interesará conocerlo para comprender la organización
interna de la Iglesia, su personería jurídica, su relación con el ordenamiento civil y el correcto
tratamiento en ambos fueros.
El hombre de leyes debe saber también que muchas normas de la vida de la Iglesia no
se encuentran en sus Códigos: buena parte del derecho litúrgico, el derecho concordatario,
leyes especiales (canonización; curia romana), el derecho particular, el derecho propio, las
costumbres, etc.
Por consiguiente, aún desde una perspectiva normativista, convendría hablar de un
derecho eclesial y no solamente canónico. En otras palabras no todo el Derecho Canónico está
en los códigos y en las normas complementarias.
Esto es sólo una síntesis del porqué es interesante el Derecho canónico. Porque nos
debe interesar a todos los que aspiramos a ser considerados hombres de bien, de fe y de leyes.
Como ciudadanos y profesionales, como pastores y fieles debemos preocuparnos para
que la ciencia jurídica se aplique en nuestra sociedad, así como también el derecho canónico
en nuestras comunidades cristianas.
EL DERECHO CANÓNICO EN ARGENTINA
La Iglesia, desde sus orígenes, realizó una opción por el derecho. Decidió estructurarse
jurídicamente al comprender que en la dimensión social del hombre se juega la salus æterna
animarum reconociéndole al derecho un rol en el horizonte salvífico. En consonancia con esta
elección al iniciarse la evangelización de América los misioneros españoles darán una clara
nota canónica a su tarea de cristianización del Nuevo Mundo que, evidentemente, también se
observará en el actual territorio de la República Argentina.
La vigencia y desarrollo del derecho eclesial en nuestro país, como en el resto de la
Iglesia, no se verifica solo a través de la enseñanza científica y la producción académica sino
también en su aplicación en la realidad cotidiana y concreta en los distintos ámbitos de la vida
de la Iglesia a lo largo de la historia. Así, en un intento de incluir las diversas manifestaciones
del desarrollo del derecho canónico en la vida nacional pueden indicarse tres expresiones
fundamentales.
Primeramente, corresponde señalar que dentro de las actuales fronteras patrias tendrá
lugar, como una expresión de la legislación colegial característica de la Iglesia latinoamericana
en el período hispano, la celebración de nueve sínodos diocesanos tributarios, principalmente,
del Concilio de Trento (1545 - 1563) y del III Concilio Provincial de Lima (1582 - 1583), ocho de
ellos celebrados en el Antiguo Tucumán entre 1597 y 1752 y, el restante en la diócesis de
Buenos Aires en 1655. La legislación aprobada por estas juntas extenderá su vigencia hasta la
celebración del Concilio Plenario Latinoamericano de 1899.
El segundo momento relevante en esta evolución histórica está dado por la fundación
de la Universidad de Córdoba (1622) en donde ya en 1715 se enseñaban cánones. La presencia
de una cátedra de cánones al nacer la educación superior en nuestro país permitió el estudio
científico de la disciplina y la consiguiente producción literaria expresada en obras como el
Tractatus de impedimentis matrimonii de Fabián Hidalgo o los Fasti Novi Orbis de Domingo
Muriel. Esta actividad académica se manifestará, asimismo, en el actuar de los diversos
graduados en derecho canónico egresados de esta Casa de Estudios y en otras de América o
España y tendrá una manifestación concreta en la intensa actividad de la justicia eclesiástica
colonial.
En el siglo XX se verifican diversos acontecimientos de importancia para la vitalidad y
desarrollo de la ciencia canónica que a principios de la centuria se exterioriza en la tentativa
de fundar una Facultad específica. Luego de la celebración del Concilio Vaticano II (1962-1965)
se convocarán, como a los inicios de la evangelización aunque con características diversas,
varios sínodos diocesanos y, asimismo, tendrá lugar la erección de tribunales interdiocesanos.
En 1990 se constituye la Sociedad Argentina de Derecho Canónico pero el hecho que
señalará una nueva marca en la historia del derecho canónico en Argentina será la fundación,
en 1991, de la Facultad de Derecho Canónico Santo Toribio de Mogrovejo en la Pontificia
Universidad Católica Argentina. Esta iniciativa de la Conferencia episcopal es un hito en el
desarrollo del derecho canónico para el Pueblo de Dios que peregrina en esta parte del
mundo, con una renovada producción doctrinal y su revitalización en el seno de la Iglesia en
la Argentina.

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