Historia de España
La crisis del Antiguo Régimen (1788-1833).
Liberalismo frente a absolutismo
1. La Guerra de la Independencia: antecedentes y
causas. Bandos en con icto fases de la guerra.
En 1788 fallecía Carlos III, que fue sucedido por Carlos IV.
El reinado de Carlos IV comenzó siendo similar al de su padre, mantuvo incluso a suss ministros
Floridablanca o el conde de Aranda, en los que el rey delegó el poder dando lugar a la etapa del
despotismo ministerial.
La Revolución Francesa obligó a la monarquía española a adoptar una política de prevención
para evitar que sus ideas se extendiesen a España a la vez que se veía comprometida a ayudar a
los reyes franceses con los que les unía parentesco. La política dubitativa del conde de Aranda
hizo que el rey le sustituyese por Manuel Godoy, quien acabaría convirtiéndose en el auténtico
gobernante de España. Su política con Francia conoció dos etapas:
La primera fue la de Hostilidad, y se inició con su fracasado intento de salvar la vida del rey Luis
XVI. Godoy declaró la guerra a Francia y su derrota obligó a rmar la Paz de Basilea en 1795.
La segunda fue la de Alianza, con el ascenso al poder de Napoleón Bonaparte se produjo un
acercamiento entre Francia y España, recuperando los antiguos pactos de familia.
En 1796 se rmó el Tratado de San Ildefonso contra Inglaterra y Portugal que acabó con dos
grandes fracasos, el intento de conquista de Portugal en 1801 (Guerra de las Naranjas) y la
derrota de la ota española en Trafalgar, 1805.
Estos fracasos afectaron a la popularidad de Godoy y provocaron la descon anza de Napoleón
que forzó a España a rmar el Tratado de Fontainebleau, que permitía la entrada de tropas
napoleónicas en España, lo que en la práctica era una ocupación encubierta del país.
Godoy comprendió las verdaderas intenciones de Napoleón y trasladó a la familia Real fuera de
Madrid. Cuando se encontraban en el palacio de Aranjuez, se produjo un complot organizado por
los partidarios del Príncipe de Asturias (Fernando VII), que aprovechando el descontento popular
desencadenaron el Motín de Aranjuez, el 17 de marzo de 1808.
Esto provocó el cese de Godoy y la abdicación del rey en su hijo, Fernando VII.
Los problemas entre Fernando VII y su padre, fueron aprovechados hábilmente por Napoleón que
hizo de mediador entre ambos. Padre e hijo se reunieron con Napoleón en Bayona donde fueron
con nados. Fernando devolvió el trono a su padre Carlos IV, quién, a su vez, cede sus derechos a
Napoleón que se convierte legalmente en rey de España.
La presencia de tropas francesas y la ausencia de la familia real provocaron malestar en la
población, lo que provocó el estallido de un levantamiento popular en Madrid el 2 de mayo de
1808, que fue reprimido por las tropas francesas dirigidas por Murat.
Esto dio lugar a la Guerra de la Independencia. En ella no solo lucharon las fuerzas francesas
contra la población española sino que también enfrentó a los españoles partidarios del antiguo
régimen contra aquellos que reclamaban el n del absolutismo. Dentro de estos últimos, muchos
colaboraron con Napoleón y fueron conocidos como afrancesados, mientras otros (los liberales)
consideraron a Napoleón como un nuevo tirano y llevarían su lucha tanto hacía un cambio de
régimen como a liberarla del invasor.
Los contendientes presentaban desigualdad de fuerzas: las tropas napoleónicas eran numerosas
y bien equipadas. Estaban formadas franceses, italianos, polacos, mamelucos…
Los españoles, con su ejército disperso y mal equipado, convirtieron la guerra en un con icto
nacional con la creación de guerrillas.
Los británicos y portugueses se aliaron con las fuerzas españolas y precipitaron la derrota de
Napoleón en la Península.
La guerra tuvo varias fases:
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La primera fue de Mayo a noviembre de 1808.
En ella las fuerzas francesas controlan la situación. José Bonaparte se instala en Madrid. Los
franceses controlan el norte y el centro peninsular. Las fuerzas españolas se dispersan y son
derrotadas o apresadas. Sin embargo, los franceses fueron derrotados en la batalla de Bailén
(julio de 1808), que impide la conquista de Andalucía. José Bonaparte abandona Madrid
temiendo ser apresado por los españoles.
La segunda fue en Noviembre de 1808.
En ellaNapoleón interviene personalmente, derrota a las fuerzas españolas en Somosierra y entra
en Madrid.
La tercera fue de 1809 a 1812. Las ciudades españolas resisten el asedio y se inicia una guerra
de guerrillas. La Junta Suprema de la defensa española se refugia en Cádiz.
La cuarta fue de 1812 a 1814. Las fuerzas anglo-portuguesas combinadas con las españolas,
empujan a los franceses desde la frontera portuguesa, coincidiendo con la derrota napoleónica
en Rusia. En la batalla de Vitoria obliga a Napoleón a rmar el tratado de Valençay (diciembre
1813) y a devolverle el trono a Fernando VII.
Durante la guerra convivieron dos estados:
La monarquía de José Bonaparte, regida por el Estatuto de Bayona, una carta otorgada
napoleónica que establecía un régimen liberal moderado.
El otro Estado era el de los españoles sublevados, rechazaban la ocupación francesa y
reconocían como único rey legítimo a Fernando VII, pero ideológicamente se dividían en
Absolutistas y Liberales.
Los sublevados comenzaron creando Juntas Locales que acabaron integrándose en una Junta
Suprema Central que actuase como mando único en las operaciones contra las fuerzas
napoleónicas. La Junta, a su vez, nombró un Consejo de Regencia que asumiese el gobierno en
ausencia de Fernando VII.
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5.2 Las Cortes de Cádiz. La Constitución de 1812.
Con la guerra de Independencia se inicia en España la revolución liberal. El vacío de poder
creado por los sucesos de Bayona dejaron en una situación de indecisión a las altas autoridades
españolas. Sin embargo, con la extensión de las guerrillas, se crearon Juntas locales de defensa
que asumieron el poder en nombre de Fernando VII, y dirigieron la resistencia contra el gobierno
de José Bonaparte.
Las Juntas locales o provinciales dieron paso a una Junta Suprema Central que centralizó el
poder y la defensa. La ocupación de prácticamente toda España por las fuerzas napoleónicas
obligó a la Junta Central a refugiarse en Cádiz. Allí se decidió crear un Consejo de Regencia que
funcionase como máxima autoridad en ausencia de Fernando VII al que se reconocía como
legítimo rey de España. Para dar legitimidad al traspaso de poderes desde la Junta Central al
Consejo de Regencia, los liberales pidieron la convocatoria de Cortes extraordinarias.
Pese a la oposición del Consejo de Regencia las Cortes quedaron convocadas los diputados
fueron elegidos por sufragio y en asamblea única. La apertura de las Cortes se produjo el 24 de
septiembre de 1810 en la Isla de León. Los diputados procedían del bajo clero, profesiones
liberales y militares de distintas partes de España y América. Hubo escasa representación de la
nobleza o del campesinado.
Los diputados no estaban agrupados por partidos políticos pero sí podían distinguirse tres
grupos ideológicos: los Realistas (partidarios del antiguo Régimen), los Liberales moderados
(que defendían la soberanía compartida y un pacto entre el rey y las Cortes) y los Liberales
exaltados (partidarios de recortar los poderes del rey y establecer la soberanía nacional.
Las primeras medidas adoptadas por las Cortes buscaban imponer un sistema liberal y acabar
con el Antiguo Régimen.
Se reconocía a Fernando VII, como legítimo rey de España pero se limitaban sus poderes y
determinaban que la soberanía residía en la nación representada por las Cortes.
Dejaron a las Cortes el poder legislativo. Abolieron las instituciones feudales y régimen
señorial. Se establece la igualdad jurídica, lo que supone la supresión de estamentos. Se
suprimen los gremios y eliminan la Mesta. Se reconoce la libertad económica que permite a los
propietarios vender, arrendar y cercar libremente sus tierras. Por último, se suprime el tribunal de
la Inquisición.
Como objetivo nal las Cortes deciden elaborar una Constitución para plasmar los cambios y
como nuevo marco jurídico de convivencia.
Aprobada el 19 de marzo de 1812 es conocida popularmente como “la Pepa” y es la primera
Constitución española. Fue obra del compromiso entre absolutistas y liberales aunque fueron
estos últimos los que impusieron sus tesis.
Se trata de una Constitución extensa organizada en 10 Títulos y 384 artículos y entre cuyos
principios fundamentales destacan: la Soberanía Nacional, la de nición del estado como una
monarquía limitada, la división de poderes, la Igualdad jurídica (para lo que se creó el código de
leyes y se abolieron los privilegios feudales), el reconocimiento de los derechos individuales y la
religión católica.
Las Cortes estaban representadas por diputados de cada provincia incluidos los territorios
americanos. Se les nombraba por un período de 2 años por sufragio universal masculino
indirecto. Se debía ser mayor de 25 años y disponer de rentas.
Pese a que las medidas adoptadas por las Cortes de Cádiz y la propia Constitución a penas
llegaron a aplicarse por la guerra y por que fueron derogadas en 1814 por Fernando VII, la
Constitución de 1812 fue un referente del liberalismo y de constituciones posteriores de la historia
de España y otros territorios.
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5.3 El reinado de Fernando VII: liberalismo frente a absolutismo. El proceso de
Independencia de las colonias americanas.
Por el Tratado de Valençay del 11 de diciembre de 1813, Napoleón reconocía su derrota en
España y devolvía el trono a Fernando VII. El regreso del rey planteaba el problema de cómo
encajaría su integración en el nuevo marco político establecido por la Constitución de Cádiz.
Las Cortes deseaban que el rey regresase cuanto antes a Madrid para jurar la nueva constitución,
sin embargo, Fernando VII, retrasó deliberadamente su regreso a España para manifestar su
rebeldía hacia las Cortes y para tantear los apoyos con los que contaba para restaurar el
absolutismo. Por su parte, las Cortes extraordinarias de Cádiz se disuelven y se convocan nuevas
Cortes en Madrid donde obtienen la mayoría parlamentaria los absolutistas y los liberales
moderados.
Fernando VII entra, por n, en España el 24 de marzo de 1814 por la frontera de Gerona y se ve
apoyado por la multitud y por una parte del ejército. Unos días después, el 12 de abril, un grupo
de 69 diputados absolutistas encabezados por Rosales y Villamil, envían un mani esto al rey
(conocido como el Mani esto de los Persas) solicitándole la restauración del régimen absolutista.
El Reinado de Fernando VII tubo varias etapas:
La Restauración del Absolutismo (1814-1820): Al llegar a Valencia, las manifestaciones de apoyo
y el pronunciamiento del general Elio a favor del absolutismo, animan a Fernando VII a
promulgar el Decreto de Valencia el 4 de mayo de 1814, por el que se restauraba el absolutismo
y se ponía n al sistema liberal derogando la Constitución de 1812. Fernando VII asume de nuevo
todos los poderes y la nobleza y el clero recuperan sus privilegios.
Comienza una campaña de represión contra los liberales que se ven obligados a exiliarse o a
pasar a la clandestinidad formando sociedades secretas.
También muchos militares y guerrilleros que habían luchado y ascendido durante la Guerra de
Independencia ahora se sentían relegados. Abanderando la causa liberal intentarán por medio de
la fuerza y de pronunciamientos militares restituir la Constitución.
Los pronunciamientos militares (intentos de golpe de Estado dirigidos por militares que se
posicionan políticamente), suponen la intervención del ejército en los asuntos políticos iniciando
una práctica que se extenderá durante todo el siglo XIX. Entre 1814 y 1820 se produjeron varios
pronunciamientos de signo liberal: Mina (1814), Díaz Porlier en La Coruña (1815), el general Luis
Lacy en Cataluña (1817). Todos ellos fracasados hasta el triunfo de la sublevación dirigida por el
comandante Rafael del Riego en Cabezas de San Juan (Sevilla), el 1 de enero de 1820, al mando
de un ejército que iba a ser embarcado para sofocar la rebelión de las colonias americanas.
La segunda etapa fue el Trienio Liberal (1820-1823)
El pronunciamiento de Riego obligó a Fernando VII a restablecer la Constitución de 1812 y a
jurarla. En julio de 1820 se reabrieron las Cortes iniciando una nueva etapa de signo liberal que
solo duró tres años. Se volvió a suprimir el régimen señorial, la Inquisición y los fueros de
Navarra.
El nuevo régimen puso en marcha un sistema de gestión compartida entre las Cortes y el rey pero
pronto surgieron los problemas: Fernando VII utilizó su capacidad de veto para boicotear la labor
legislativa de las Cortes. Ocurrieron Gravísimos problemas económicos debidos a los desastres
de la Guerra de Independencia y a que la emancipación de las colonias americanas redujo la
llegada de la plata americana (los caudales de Indias). Además el aumento del gasto público
obligó a subir los impuestos pues las monarquías absolutistas europeas le negaron los préstamos
a España. Esta medida, muy impopular, creó desafección hacia el régimen liberal. Además,
estaba la división de los propios liberales entre: moderados (partidarios de dar más poder al rey) y
exaltados (defensores de que el rey solo tuviese el poder ejecutivo).
Por su parte los absolutistas conspiraron en diversas ocasiones contra el gobierno liberal. En julio
de 1822 se sublevó la Guardia Real. Los realistas (nombre por el que conocía a los absolutistas)
decidieron crear una Regencia con sede en la Seo de Urgell (la Regencia de Urgell), que pretendía
actuar como gobierno provisional mientras Fernando VII siguiese “cautivo” de los liberales.
También Fernando VII buscó la ayuda de las monarquías absolutistas europeas que formaban la
Santa Alianza. Reunidas en el Congreso de Verona de 1822, decidieron intervenir en España
enviando un ejército que restaurase el absolutismo. Las fuerzas absolutistas procedentes de
Francia conocidos como los Cien Mil Hijos de San Luís y dirigidos por el Duque de Angulema,
entraron en España en abril de 1823 y en octubre de ese año Fernando VII restaura, otra vez, el
absolutismo.
La tercera etapa fue la Década absolutista u ominosa (1823-1833). En ella se deroga nuevamente
la Constitución de 1812 y las medidas adoptadas por el Trienio Liberal aunque reduciendo ciertos
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privilegios de la nobleza o dejando en suspenso el tribunal de la Inquisición. El periodo estuvo
caracterizado por la división entre los absolutistas de la que surgieron dos grupos: Reformistas
(partidarios de algunas reformas institucionales para evitar una revolución) y Apostólicos (que
eran radicales y se agruparon en torno al hermano del rey, don Carlos María de Isidro, al que
querían hacer rey. Deseaban que se restableciese el tribunal de la Inquisición y medidas más
duras contra los liberales. Se sublevaron en 1827 en Vic y Manresa (revuelta de los Malcontents).
Por último el nal del reinado se complicó con la cuestión sucesoria. En 1830, Fernando VII se
encontraba enfermo y su esposa María Cristina de Borbón estaba embarazada de su primer hijo.
En España regía la Ley Sálica, que primaba en la línea de sucesión a los varones emparentados
con el rey (hijos, sobre las mujeres. El rey decidió derogar dicha ley promulgando una Pragmática
Sanción, para asegurar el trono a su descendiente aunque fuera niña. Ese mismo año nacía Isabel
II, que fue proclamada heredera legal, quedando el hermano del rey, segundo en el orden
sucesorio.
El hermano del rey no aceptó esta modi cación legal y contó con el apoyo de los sectores más
tradicionalistas y radicales del absolutismo conocidos como carlistas. Para hacerles frente
Fernando VII se apoyó en los monárquicos moderados, desterró a su hermano don Carlos a
Portugal y nombró a Cea Bermúdez como Jefe de Gobierno para defender y reforzar los
derechos de su hija Isabel.
Durante el reinado de Fernando VII las colonias españolas en América iniciaron un proceso de
insurrección que condujo a su independencia.
El proceso de independencia fue protagonizado por la población criolla (descendientes de
españoles nacidos en América que apenas representaban el 10% de la población). Los criollos,
in uidos por el pensamiento ilustrado y liberal y por la independencia de Estados Unidos,
aspiraban a controlar el poder político. Se sentían discriminados pues la mayor parte de los
cargos administrativos (virreyes, gobernadores…) eran ocupados por españoles venidos de la
Península y también reclamaban la libertad de comercio que era controlado desde España.
El proceso de independencia se inició durante la invasión napoleónica de España. En América
también se formaron Juntas locales que, en un principio, también juraron lealtad a Fernando VII,
pero a partir de 1810, algunas ciudades como Buenos Aires o territorios como Venezuela y
Paraguay se declararon independientes.
Una vez terminada la guerra de independencia muchos cabildos y provincias americanas
exigieron autonomía. Sin embargo, la restauración del absolutismo y la intransigencia de
Fernando VII, que envió un ejército de 10.000 soldados para sofocar la revuelta, avivaron más el
con icto.
La guerra de emancipación fue un con icto entre los dos grupos dominantes: los criollos,
partidarios de la independencia y apoyados por Inglaterra y EEUU y los españoles peninsulares
eles a la corona.
Indios, mestizos y negros quedaron prácticamente al margen del con icto salvo en México. Entre
1815 y 1824 el proceso emancipador se extendió por toda América bajo el liderazgo de Simón
Bolívar, desde Venezuela y del general San Martín, desde Argentina. Las derrotas españolas en
las batallas Chacabuco (1817) , Boyacá (1819) y Carabobo (1821) permitieron la independencia
de Chile, Venezuela, Colombia y Ecuador. México se independizó en 1820 y la conclusión
de nitiva del con icto se produjo en 1824 con la derrota de las fuerzas españolas en Ayacucho y
la independencia del virreinato del Perú.
Las consecuencias de la independencia fueron la pérdida de los territorios americanos salvo
Cuba, Puerto Rico y Filipinas, la pérdida de los caudales de indias que dejaron a la hacienda
española al borde de la quiebra, el fracaso de la uni cación de las repúblicas americanas y los
consecuentes enfrentamientos entre sí, y la dominación de los crioyos de los pueblos indígenas. .
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Historia de España
BLOQUE 6. LA CONFLICTIVA CONSTRUCCIÓN DEL
ESTADO LIBERAL (1833-1868)
6.1 El reinado de Isabel II (1833-1868): La primera
Guerra Carlista. Evolución política, partidos y
con ictos. El Estatuto Real de 1834 y las Constituciones
de 1837 y 1845.
El inicio del reinado de Isabel II se caracterizó por el enfrentamiento entre los defensores del
régimen absolutista y los que querían establecer un sistema liberal. El detonante fue el problema
sucesorio que se planteó, a la muerte de Fernando VII en 1833, entre los partidarios de su hija
Isabel, y los de Carlos María Isidro. El con icto dio lugar a un enfrentamiento armado conocido
como Guerras Carlistas que se prolongaron a lo largo del siglo XIX.
En primer lugar, los Carlistas proclamaron rey a Carlos, se iniciaba una guerra civil.
Los isabelinos recibieron el apoyo de la alta burocracia estatal, de integrantes de las clases
medias y de los liberales, a quienes tuvieron que hacer concesiones.
Los carlistas eran partidarios del antiguo régimen. Su lema era: Dios, Patria, Fueros y Rey y
recibieron el apoyo de los propietarios rurales y del clero.
Se pueden distinguir tres guerras Carlistas. De ellas la de mayor repercusión fue la Primera La
Primera Guerra Carlista (1833-1839). Comenzó en Cataluña y el Maestrazgo. Los Carlistas
fracasan en su intento de conquistar Vilvao y más tarde Madrid, gracias al general Isabelino
Espartero. Estos fracasos dividirían a los Carlistas entre transaccionistas (partidarios de
abandonar la guerra) y los exaltados (que querían continuarla).
Finalmente los carlistas fueron derrotados y rmaron el convenio de Vergara, que buscaba la
reintegración de los Carlistas en el gobierno Isabelino.
La guerra provocó una fractura social y considerables pérdidas humanas y materiales.
El Reinado de Isabel II estuvo caracterizado por la inestabilidad política y multitud de
pronunciamientos militares. Tuvo varias etapas.
En la primera, María Cristina de Borbón asume la regencia y la dependencia de los liberales le
obliga a sustituir al absolutista Cea Bermúdez por el liberal Martínez de la Rosa en la jefatura de
gobierno, quien trataría de acabar con el absolutismo con el Estatuto Real, de [Link] embargo,
esta carta otorgada no satis zo los deseos de los liberales progresistas, quienes forzarían su
destitución en favor de Mendizábal. Este jefe de gobierno emprendería medidas polémicas como
las desamortizaciones de bienes eclesiásticos y el intento de derogar el Estatuto Real, lo que
provocó su destitución y consecuentemente, numerosos pronunciamientos militares.
Los progresistas se hacen con el poder y obligan a la Regente a promulgar una nueva
constitución que contentara a progresistas y moderados. Se restablece el principio de Soberanía
Nacional, división de poderes, se limitan los poderes del rey, y se reconocen los derechos
individuales.
La caída de popularidad de la regente Mª Cristina, la hace dimitir y exiliarse en Francia.
El general Espartero, se convirtió en el nuevo regente.
Con su gobierno se fue consolidando un régimen liberal, aunque diversos escándalos provocaron
el Pronunciamiento de Torrejón de Ardoz, que le hizo exiliarse en Inglaterra.
La renuncia de Espartero condujo a un gobierno provisional dirigido por el progresista Joaquín Mª
López, que convocó nuevas cortes. La inestabilidad política consideró conveniente adelantar la
mayoría de edad de Isabel II, para que pudiese reinar, aunque contaba sólo con 13 años. En este
periodo fueron surgiendo los primeros partidos políticos:
Los moderados eran partidarios de una soberanía compartida entre el rey y las cortes, estaban
apoyados por la clase alta y dirigidos por el general Narváez.
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Los progresistas defendían la soberanía nacional, poderes limitados para la monarquía y su
referente era la Constitución de 1812. Estaban apoyados por la clase media . Su principal líder
era el general Espartero, héroe de la primera guerra carlista.
El Partido Demócrata era radical republicano y defendía la soberanía nacional. .
La Unión Liberal fundada y dirigida por el general O´Donnell se situaba entre moderados y
progresistas recogiendo ideas de ambos.
En 1844, el general moderado Narváez se convirtió en Jefe de Gobierno. Los moderados
decidieron elaborar una nueva Constitución que reforzase el poder de la monarquía y de la
oligarquía terrateniente y empresarial. La nueva constitución de 1845 sustituyó la Soberanía
Nacional por Soberanía Compartida entre el rey y las cortes, la reina aumenta sus poderes, se
reducen los derechos individuales, se limita el sufragio a las mayores fortunas.
En la Década Moderada el gobierno buscaba establecer un sistema político conservador,
garantizar el orden público (para lo cuál se fundó la Guardia Civil en 1844) y el sostenimiento
económico de la iglesia y su in uencia
En abril de 1846, Istúriz sustituyó a Narváez como Jefe de Gobierno y negoció el matrimonio de la
reina con su primo Francisco de Asís, lo que dió lugar a la segunda guerra carlista (1846-1849).
En septiembre de 1847 se dio una amnistía política y muchos exiliados regresaron a España entre
ellos Espartero que fue nombrado senador. La decisión irritó a Narváez que dio un golpe de
estado en octubre de 1847, entrando sable en mano en el Consejo de Ministros, e imponiendo
una Dictadura de tres años. En enero de 1851, Narváez dimitió tras ser acusado de corrupción
administrativa y será sustituido por Bravo Murillo.
El nuevo Jefe de Gobierno llevó a cabo una política ultraconservadora, reforzando el poder del
gobierno y reduciendo la capacidad legislativa de las cortes. Impulsó un plan de ferrocarriles y la
creación del canal de Isabel II.
Bravo Murillo nalmente fue sustituido con el pronunciamiento militar de los generales O´Donnell,
Dulce y Ros Olano. Los sublevados redactaron el Mani esto de Manzanares exigiendo la
convocatoria a Cortes y la reforma de la ley electoral. Para controlar la situación la reina recurrió a
Espartero, formándose un gobierno de coalición entre Espartero (progresista) y O¨Donnell
(moderado). El nuevo gobierno trató de recuperar el régimen progresista de 1837, incluso
proyectó la elaboración de una nueva Constitución en 1856 que no llegó a promulgarse.
Durante el Bienio Progresista se llevaron a cabo diversas medidas, sobre todo económicas,
como: la desamortización civil de Madoz, la aprobación de la ley de ferrocarriles y la creación del
Banco de España.
Sin embargo, una fuerte crisis económica y las diferencias entre Espartero y O´Donnell forzaron la
dimisión de Espartero.
El gobierno de O´Donnell signi có el regreso a la política y a las instituciones de la Década
Moderada. El mismo dirigió la primera etapa del gobierno conocido como el Gobierno Largo
(1856-1863), que se caracterizó por la estabilidad social y el crecimiento económico. También se
participó en expediciones coloniales en Marruecos, Méjico y Conchinchina.
El nuevo gobierno reinstauró la Constitución Moderada de 1845 y recortó derechos y libertades.
Buscó el apoyo de los liberales moderados para crear un partido de centro, la Unión Liberal.
Entre 1863 y 1868 se sucedieron gobiernos moderados y unionistas pero ni Narváez ni O´Donnell
fueron capaces de solucionar los problemas políticos, económicos y sociales de España,
La situación política se fue deteriorando y los progresistas intentaron acceder al poder mediante
un pronunciamiento militar encabezado por el general Prim, que fracasó. En el exilio, Prim junto
con otras fuerzas de oposición (progresistas y demócratas), rmaron el Pacto de Ostende (1866),
con el objetivo de destronar a Isabel II. A la muerte de O´Donnell, en 1867, el general Serrano, su
sucesor al frente del partido Unión Liberal, también se sumó al pacto que desencadenaría el
levantamiento militar de septiembre de 1868 y el nal de la monarquía de Isabel II.
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6 . 2 E l reinado de Isabel II (1833-1868): las
desamortizaciones de Mendizábal y Madoz. De la
sociedad estamental a la sociedad de clases.
El reinado de Isabel II supuso el inicio del liberalismo político y económico en España. Los
liberales españoles se propusieron transformar la estructura económica liberalizando la propiedad
de la tierra y fomentando el desarrollo de la industria y del comercio. Sin embargo, la lentitud del
proceso, la falta de capital y la escasa iniciativa de las clases dominantes limitaron las
expectativas del cambio y terminaron por acentuar el subdesarrollo económico.
España tampoco contaba con un sistema scal paritario. Las principales rentas a penas
contribuían. Con la llegada del Régimen Liberal, se quiso acabar con estos privilegios. Sin
embargo, la clase alta tributaba por debajo de su fortuna.
En 1845 se intentó crear un sistema de Hacienda e caz con la reforma de Alejandro Mon. Sin
embargo, la reforma no pudo acabar con el dé cit del Estado ante la insu ciencia de ingresos.
También, en 1868 se hizo una reforma del sistema monetario que sustituyó por la peseta la
variedad de monedas que circulaban entonces y di cultaban el comercio.
La economía española del S. XIX era fundamentalmente agraria, con una agricultura precaria, de
secano y con bajísimos rendimientos. El sistema de propiedad era, además, desequilibrado,
contrastando los grandes latifundios de ayuntamientos y clase alta, con los campesinos sin tierra
que trabajaban bajo condiciones muy duras.
Muchas de las propiedades, originadas en la Edad Media, eran comunales, por lo que no se
podían vender, al igual que las tierras de la nobleza de carácter hereditario. Estas tierras no
estaban aprovechadas y se consideraban amortizadas.
Para realizar cualquier reforma agraria era necesario liberalizar el mercado de la tierra. Las Cortes
de Cádiz ya realizaron decretos aboliendo el régimen señorial feudal y los mayorazgos. Los
sucesivos gobiernos liberales mantuvieron esa política suprimiéndose los mayorazgos
de nitivamente en 1836 y aboliendo el régimen señorial en 1837.
Además, se produjeron desamortizaciones de tierras eclesiásticas y municipales para venderlas a
particulares en subasta pública. Estas fueron: la de Mendizábal (sobre bienes eclesiásticos), (la de
Espartero, que afectó a bienes del clero secular) y. La desamortización general de Pascual
Madoz, (sobre bienes eclesiásticos y municipales, dentro de los cuales se distinguían los bienes
propios y los comunales).
Según las propias palabras de Mendizábal los motivos de la desamortización eran: Reconocer el
derecho a la propiedad libre y circulante, disminuir la deuda pública, aumentar el número de
medianos propietarios y ganar adeptos a la causa liberal
Con los bene cios obtenidos con la venta de estos bienes se pretendía nanciar la guerra contra
los carlistas, reducir la deuda del Estado y liberalizar la propiedad de la tierra. Además, la
desamortización de Madoz se utilizó para nanciar la red de ferrocarril con la idea de modernizar
el país e impulsar la economía española.
Sin embargo, las consecuencias económicas y sociales no fueron las deseadas. La estructura de
la propiedad apenas se modi có porque la mayoría de las propiedades pasaron a manos de la
oligarquía que eran los únicos que podían pagarlas. No hubo reparto de tierras e incluso muchos
campesinos se vieron perjudicados al perder los usos comunales. Tampoco el aumento de las
tierras de cultivo supuso un aumento signi cativo de la producción. Se mantuvo un sistema
tradicional de cultivo y apenas hubo innovaciones técnicas por lo que siguieron produciéndose
crisis de subsistencias de productos básicos como el trigo.
El régimen liberal supuso el paso de la sociedad estamental a la de clases, debido al principio de
igualdad jurídica.
El criterio que va a imponer la nueva división social será el económico, que clasi caba la
población por su nivel de renta (alta, media o baja), o por su papel en el sistema productivo.
Nace la sociedad de clases con grandes desigualdades y desequilibrios pero más dinámica y
abierta, en la que el ascenso o el descenso social está determinado por los cambios en la
situación económica de los individuos.
Tres fueron las nuevas clases sociales.
La clase alta: estaba formada por la nobleza (que mantenía su posición dominante con gran
in uencia en los altos cargos aunque sin privilegios feudales), el clero (que perdía poder con las
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desamortizaciones pero conservaba su in uencia). Y la alta burguesía (la nueva clase emergente y
capitalista que se bene ció de las desamortizaciones).
La clase media era muy escasa en el S. XIX, y la formaba la pequeña burguesía comerciante y
liberal. La clase baja estaba compuesta principalmente por el campesinado. Todavía en el
año 1900, la agricultura ocupaba a dos terceras partes de la población activa española y el 80%
vivía en núcleos rurales. Sus condiciones de vida eran extremadamente duras: largas jornadas de
más de 12 horas, rendimientos bajísimos, trabajo infantil...
La ansiada reforma agraria que demandaban los campesinos con menos recursos (reparto de
tierras desamortizadas o de latifundios) no se produjo y fue una reivindicación hasta bien entrado
el siglo XX. La falta de tierra propia convirtió a muchos campesinos en obreros o jornaleros
agrícolas.
Sus condiciones laborales les animaron a buscar mejores condiciones de vida en las ciudades o
en las zonas fabriles convirtiéndose en obreros industriales y también a organizarse formando
corrientes anarquistas de signo violento, en especial en Andalucía.
El proletariado urbano surgió en las zonas industriales de Barcelona, Bilbao y, en menor medida,
Madrid (ciudad más burocrática que industrial). Su crecimiento fue constante aunque a mediados
de siglo solo representaba el 2,5% de la población activa. Sus condiciones de vida eran muy
duras en toda Europa: jornadas laborales muy largas; inseguridad laboral; trabajo infantil; ninguna
prestación social.
Su situación les condujo a asociarse con nes reivindicativos dando lugar al movimiento obrero.
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6.3. El Sexenio Democrático (1868-1874): la
Constitución de 1869. Evolución política: gobierno
provisional, reinado de Amadeo I y Primera República.
Se denomina Sexenio Democrático al período comprendido entre 1868 y 1874, durante el cual se
intentó democratizar la vida política española, primero mediante una monarquía constitucional,
la de Amadeo I y, posteriormente, con la proclamación de la Primera República española.
Durante el sexenio, los sucesivos gobiernos tuvieron que afrontar tres graves problemas: La
insurrección cubana, que dio lugar a la Guerra de los Díez Años, la Tercera Guerra Carlista
(1872-1876), y la Insurrección Cantonalista.
El desprestigio del reinado de Isabel II alcanzó su máximo nivel en 1866. El Partido Moderado
monopolizaba el poder con el apoyo de la reina bajo graves acusaciones de corrupción y de
marginación de los partidos opositores. A la situación de inanidad política se unió una profunda
crisis económica y los escándalos que envolvían a la corte y a la reina que contaba cada vez con
menos apoyos sociales.
En 1866 los partidos de oposición: liberales Progresistas, liderados por el general Prim y los
Demócratas, liderados por Ruiz Zorrilla y por Sagasta, rman el Pacto de Ostende, que buscaba
derrocar a Isabel II y acabar con su régimen. Tras la muerte de O´Donnell, el general Serrano
(líder de la Unión Liberal), se sumó al pacto y el cambio político se puso en marcha.
En 1868, se inició una sublevación militar en Cádiz encabezada por el almirante Topete al que se
sumaron los generales Serrano y Prim, y que se extendió por todo el país convirtiéndose en un
levantamiento popular: La Gloriosa. Las fuerzas leales a Isabel II, fueron derrotadas en la batalla
de Alcolea (Córdoba), y la reina se exilió en Francia.
La revolución tuvo un carácter exclusivamente político. Las expectativas que se pusieron en que
se produjese una profunda transformación social quedaron defraudadas y la Unión Liberal y el
Partido Progresista, fueron marginando a demócratas y republicanos.
Los militares revolucionarios crearon un gobierno provisional encabezado por el general Serrano
y convocaron elecciones a Cortes constituyentes por primera vez por sufragio universal
masculino. Que dieron el triunfo a las fuerzas que defendían la creación de una monarquía
constitucional liderados por Serrano y Prim, quienes se encargaron de elaborar una nueva
Constitución.
La constitución de 1869 fue el texto más progresista promulgado en España en el siglo XIX.
Establecía el principio de Soberanía Nacional, La Monarquía Constitucional como forma de
gobierno. Limitando los poderes del rey (que tendría un poder representativo), se otorga gran
protagonismo a las Cortes que serán Bicamerales y elegidas por sufragio, avanzada declaración
de derechos individuales (libertad de expresión, libertad de asociación, libertad de culto…) y
sufragio universal masculino.
Mientras se encontraba un nuevo rey para España, el general Serrano asumió el papel de regente
y el general Prim se convirtió en presidente del gobierno con la misión de buscar un rey que
aceptase las condiciones constitucionales. El elegido fue Amadeo de Saboya, segundo hijo del
nuevo rey de Italia Vittorio Emmanuel.
El reinado de Amadeo fue breve y caracterizado por problemas políticos y sociales desde su
inicio. El mismo día de la llegada del rey a España su principal mentor, el general Prim, era
asesinado en un atentado no esclarecido. Inmediatamente la coalición de partidos que sostenían
el régimen se rompió. En la Unión Liberal algunos de sus más destacados lideres como Cánovas
y Alonso Martínez negaron su apoyo a Amadeo y crearon un partido alfonsino que defendía el
derecho al trono del hijo de Isabel II, el príncipe Alfonso; también las fuerzas progresistas se
escindieron en dos: el Partido Constitucional dirigido por Mateo Sagasta y el Partido Radical de
Ruiz Zorrilla.
En los dos años de reinado hubo constantes cambios de gobierno y tres elecciones generales.
Amadeo no consiguió ganarse el afecto de los españoles y el régimen político se fue
deteriorando. Los grupos opositores eran cada vez más numerosos. Los carlistas Proclamaron
como rey a Carlos VII, iniciando la Tercera Guerra Carlista (1872- 1876). Los republicanos
querían reformas políticas, sociales y económicas más profundas. el malestar del clero por la
incautación de colecciones artísticas y la supresión de las facultades de Teología, el
recrudecimiento de la Guerra de los Diez Años, la continua agitación social, el desprecio de la
nobleza hacia el rey (al que consideraban un advenedizo).
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Amadeo, aislado y desautorizado, decidió renunciar al trono y regresar a Italia. Ante el vacío de
poder los diputados y senadores proclamaron la República el 11 de febrero de 1873.
La Primera República parecía una salida precipitada de la crisis política y desde el principio contó
con más opositores que con apoyo social por lo que su duración fue efímera. Los dirigentes
republicanos procedían del ámbito intelectual pero amplios sectores sociales: la Aristocracia, la
burguesía empresarial, el clero, los mandos militares actuaron con hostilidad hacia el régimen
republicano y no con aban en que pudiese mantener ni la estabilidad política ni el orden público.
La solución de la República resultó fallida y en menos de un año se sucedieron cuatro
presidentes: Figueras, Margall, Salmerón y Castelar.
Las reformas emprendidas por los gobiernos republicanos fueron bienintencionadas y de alcance
social (prohibición del trabajo de los niños menores de 10 años en minas y fábricas; abolición de
la esclavitud en la colonia española de Puerto Rico; supresión del impuesto de consumos…),
otras reformas, sin embargo, acabaron fracasando como la reducción de la jornada laboral a 9
horas, el reparto de tierras a campesinos o la eliminación del servicio militar obligatorio que
enfrentaron a la República con la burguesía empresarial y con el ejército.
Además, la división entre republicanos unitarios, partidarios de una república centralizada y los
republicanos federalistas que deseaban una República Federal con autogobierno para las
regiones, acabaron con el sueño republicano. El problema se acentuó con el movimiento
cantonalista que pretendía una revolución social a nivel local. Se proclamaron diversos cantones
a lo largo de la geografía española que establecieron gobiernos comunales. La situación se hizo
tan tensa que algunos cantones como el de Cartagena declararon la guerra al gobierno
republicano y su independencia de España.
El problema cantonalista provocó la dimisión de Pi i Margall y de su sucesor Salmerón. Con
Castelar la República dio un giro conservador para acabar con la insurrección cantonalista lo que
presagiaba su propio nal.
El 2 de enero de 1874, el general Pavía daba un golpe de Estado al ocupar el Congreso de los
Diputados. En los días siguientes el general Serrano asumió la Jefatura del Estado, disolvió las
Cortes, suspendió la Constitución y declaró ilegales las asociaciones obreras. Se iniciaba una
Dictadura dirigida por Serrano y se ponía n a la Primera República.
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Historia de España
BLOQUE 7. La Restauración Borbónica.
Implantación y a anzamiento de un nuevo sistema
político (1874-1902)
1. La Restauración Borbónica (1874-1902): Cánovas
del Castillo y el turno de partidos. La Constitución
de 1876.
El golpe de Estado del general Pavía, en enero de 1874, ponía n a la 1ª República e iniciaba una
dictadura militar dirigida por el general Serrano. Su mandato fue una etapa de transición mientras
se buscaba una salida a la crisis económica y a la inestabilidad política acentuada por la Tercera
Guerra Carlista y la Guerra en Cuba.
Cánovas del Castillo, líder del partido Alfonsino, ofreció como solución para salir de la crisis
política la restauración de la monarquía borbónica para ello contaba con el apoyo de sectores
del ejército y de la oligarquía.
En 1874 el príncipe Alfonso rmaba un mani esto en el que se presentaba a los españoles y hacía
una declaración de intenciones, defendiendo el régimen político que se pretendía restaurar.
El Manifiesto de Sandhurst proponía como modelo de Estado: la monarquía liberal y
parlamentaria, y apoyaba la unidad de España con un poder centralizado, y mantener la tradición
católica.
El auténtico instigador del mani esto era Cánovas del Castillo que deseaba una restauración de
la monarquía de manera pací ca y sin intervención militar. Sin embargo, el proceso se precipitó
con el pronunciamiento del general Martínez Campos el 29 de diciembre de 1874, en la localidad
de Sagunto (Valencia), que proclamó al príncipe Alfonso como rey de España (pronunciamiento
de Sagunto).
El 14 de enero de 1875 Alfonso XII, entraba en Madrid como nuevo rey de España. Desde el
primer momento Cánovas se convirtió en el hombre fuerte del reinado y el que estableció sus
objetivos políticos. Estos eran: una monarquía liberal, moderada y conservadora, Integración al
sistema liberal moderado y demócrata a través del partido Liberal-Fusionista de Sagasta, el
alejamiento del ejército de la política y consolidación del poder civil, poner n a los con ictos
que amenazaban a la integridad territorial.
Para alcanzar estos objetivos Cánovas diseñó el llamado régimen de la Restauración o: el
sistema canovista.
El sistema se inspiraba en el modelo político inglés, del que Cánovas era gran admirador, y que
se conoce como Liberalismo doctrinario, caracterizado por el equilibrio de poderes.
Sus pilares eran, en primer lugar, la soberanía compartida entre el rey y las Cortes. En segundo
lugar, el bipartidismo siguiendo el modelo anglosajón. Se fundan dos grandes partidos que
prácticamente no se diferencian ideológicamente: El partido Conservador liderado por el propio
Cánovas del Castillo que representaba los intereses de la Oligarquía y el clero y el partido Liberal
dirigido por Sagasta, cuya base social eran las clases medias. El tercero y último pilar era la
alternancia en el poder conocida como el Turno de partidos por el que ambos partidos se
comprometían a pactar el traspaso de poder cada cierto número de años como vía para
estabilizar el sistema y evitar el pronunciamiento militar. El instrumento para hacer efectivo el
turno de partidos era el fraude en el proceso electoral basado en el reparto previo de los votos
en cada circunscripción lo que se conocía como encasillamiento.
A nales de 1885 moría Alfonso XII, cuando apenas contaba 28 años de edad, haciéndose cargo
de la regencia su segunda esposa Mª Cristina de Habsburgo, embarazada del hijo póstumo del
rey, el futuro rey Alfonso XIII.
El sistema canovista había dado estabilidad política pero Carlistas y republicanos vieron en la
muerte del rey una oportunidad para impulsar sus reclamaciones. Cánovas y Sagasta
reaccionaron para defender la regencia rmando el Pacto de El Pardo (noviembre de 1885), en
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el que ambos líderes se comprometían a respetar la gestión de gobierno del otro y a mantener las
leyes que se aprobasen llevando a cabo una oposición leal. Cada partido respetaría las reglas del
Turno de partidos para acceder al poder que se produciría de forma pactada. Durante el periodo
el partido liberal y el conservador se alternaron en el poder: los liberales entre 1885-1890 (período
en el que se aprobó un nuevo Código Civil, una ley de Jurado y se consolidó el Sufragio
Universal masculino); los conservadores entre 1890-1892. Sagasta y los liberales volvieron a
gobernar de 1892 a 1895 y los conservadores de 1895 a 1897, año en el que fue asesinado
Cánovas, asumiendo el poder, una vez más, los liberales.
La crisis de 1898 hizo adelantar la mayoría de edad de Alfonso XIII que ponía n a la regencia de
Mª Cristina de Habsburgo.
El sistema canovista y el turno de partidos comenzaron a dar síntomas de desgaste y aumentaron
las críticas sobre su funcionamiento. En realidad era una falsa democracia para garantizar la
estabilidad política. Los resultados electorales no obedecían a la voluntad popular pues los
cambios de gobierno estaban pactados de antemano. Las elecciones se amañaban recurriendo
al fraude electoral (pucherazo).
En el proceso electoral jugaban un papel fundamental el recién creado Ministerio de Gobernación
o de interior y los gobernadores provinciales que eran los encargados de amañar los resultados
recurriendo al encasillado (asignación previa de los escaños) y con la ayuda de los señoritos
locales, o caciques del medio rural, que presionaban en las votaciones a favor de su candidato.
El régimen de la Restauración tuvo varios éxitos iniciales: consolidó a la monarquía como garantía
de estabilidad política. Impuso el poder civil sobre el intervencionismo militar y puso n a
con ictos como las Guerras Carlistas y a la sublevación cubana con la rma de la Paz de Zanjón
en 1878. Sin embargo, marginó a amplios sectores políticos y sociales. Aunque las fuerzas de
oposición al régimen eran numerosas sus posiciones políticas eran muy dispares y se
encontraban divididas y enfrentadas. Las más importantes eran: el carlismo. (Que se convirtió en
una fuerza regional localizada en País Vasco y Navarra que acabó renunciando a las armas, los
Republicanos. (Que creían en el progreso basado en la educación y en la ciencia y defendían el
laicismo y el sufragio universal), y el movimiento obrero. (Que surgió tras la Primera Internacional
y quedó dividido en: El marxismo representado por el socialismo y Los anarquistas que eran
contrarios a participar en un régimen burgués y parlamentario).
Los principios fundamentales del sistema político de la restauración hacían necesaria una nueva
Constitución.
La Constitución de 1876 era una Constitución conservadora basada en la Constitución de 1845,
aunque buscaba un modelo integrador por lo que una de sus características más importantes era
su elasticidad que permitía la aplicación de las leyes de forma más conservadora o más liberal
dependiendo del partido que estuviese en el poder.
Sus principales características son: la soberanía compartida entre el rey y las Cortes, el
reforzamiento del papel del monarca que tiene el poder ejecutivo y capacidad para convocar y
disolver las Cortes. Nombra a los ministros y puede promulgar leyes, las Cortes bicamerales y
con poderes limitados, la declaración de derechos individuales aunque limitados, la
confesionalidad católica del Estado y la Centralización administrativa al suprimir los fueros
vascos y controlar los ayuntamientos. En cuanto a las cámaras, el Senado, era muy elitista y sus
cargos eran vitalicios y los nombraba el rey (alta nobleza, magnates), y el Congreso, con
diputados que eran electivos pero cada partido establecía el tipo de sufragio: restringido, los
conservadores y universal los progresistas.
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2. La Restauración Borbónica (1874-1902): Los
nacionalismos catalán y vasco y el regionalismo
gallego. El movimiento obrero y campesino.
Desde mediados del siglo XIX se produjeron en Europa movimientos sociales en los que se
asocian las ideas liberales con el sentimiento nacional, lo que generará una corriente patriótica
llamada nacionalismo, que tuvo como vehículo de expresión al Romanticismo.
El sentimiento patriótico se manifestará especialmente en naciones sin Estado o subyugadas a
viejos imperios en las que se producirán insurrecciones nacionales: como las uni caciones de
Italia y de Alemania.
En España el nacionalismo se manifestará en aquellos territorios con un sentimiento de identidad
más acusado: Cataluña, País Vasco y Galicia. Se iniciarán como una reivindicación más cultural
que política dando lugar a expresiones regionalistas e irán derivando hacia posiciones políticas
que reclamarán el reconocimiento y los derechos como nación, el nacionalismo.
En la primera mitad del siglo XIX predominaron, tanto en Cataluña como en el País Vasco,
posiciones que defendían como señas de identidad propia el régimen foral lo que se manifestó
durante las guerras carlistas. Sin embargo, el rme apoyo de los gobiernos liberales de Isabel II a
la expansión del comercio y de la industria bilbaína y catalana atrajo al bando liberal a la
burguesía de ambos territorios. La industrialización fue muy intensa en el último tercio del siglo
XIX, atrayendo a una incesante oleada de inmigrantes desde otras regiones españolas lo que hizo
variar la estructura social. El temor a ser asimilados por la cultura castellana predominante
provocó como reacción la recuperación y la exaltación de los elementos de identidad propia (el
idioma, las tradiciones, el folklore), que impulsarán el sentimiento nacional.
En primer lugar, el catalanismo comenzó expresándose en el movimiento cultural conocido como
la Renaixensa y posteriormente se fueron incluyendo las reivindicaciones políticas para que se
reconociese la identidad catalana, el llamado “hecho diferencial”.
Durante la 1ª República se proclamó el Estat Catalá y fueron los representantes catalanes,
Figueras y Pi i Margall, los principales defensores de la República federal.
Abolida la República, durante el Régimen de la Restauración, las posiciones políticas se vieron
forzadas a moderarse surgiendo dos tendencias: la regionalista o foralista (dirigida por Torres i
Bagés, autor de La tradició catalana, pretendía la recuperación del modelo foral) y autonomista
(encabezada por Admirall, que aspiraba a la autonomía política).
En 1901, Prat de la Riba, fundó la Lliga Regionalista de carácter conservador y burgués que
acabó dirigiendo Francesc Cambó. Su lema “Una Cataluña libre en una España grande”, y su
participación en los gobiernos del Estado provocaron las críticas de la izquierda catalanista que
se organizó en el grupo Estat Catalá (Ezquerra Republicana) cuyo planteamiento era
abiertamente soberanista y que proclamaría la República catalana independiente durante la 2ª
República española.
Por otro lado, el Nacionalismo Vasco tiene su origen en los movimientos foralistas que apoyaron
al carlismo y que fueron evolucionando hacia posiciones nacionalistas. La derrota carlista en
1876, supuso la abolición de los fueros históricos y generó una gran frustración en la sociedad
vasca.
El desarrollo industrial y minero del País Vasco a nales del siglo XIX, produjo la llegada masiva
de inmigrantes no vascos (conocidos como maketos), reavivando la oposición entre el mundo
urbano e industrial “españolizado” y la sociedad rural depositaria de los valores vascos
tradicionales: la lengua (el euskera) y la cultura.
Defendiendo este planteamiento ideológico, Sabino Arana, fundó en 1894, el PNV (Partido
Nacionalista Vasco) de raíz carlista y conservadora, cuyo lema era “Dios y Ley Vieja”, pero con
aspiraciones soberanistas, la creación de un Estado propio: Euskadi.
El galleguismo tuvo un desarrollo más lento y de menor arraigo social debido al carácter rural de
la población gallega y a su dispersión por el territorio. Su origen está vinculado al movimiento
literario romántico conocido como O Rexurdimento, del que formó parte Rosalía de Castro en
defensa de la lengua gallega. Su marido, Murguía, fundaría la Asociación Regionalista Galega en
1889. A partir de 1918 se inició un proceso nacionalista que daría lugar a la creación del Partido
Nazionalista Galego liderado por Castelao, pero de escasa implantación.
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El origen del movimiento obrero en España se produjo durante el reinado de Isabel II. A partir de
la década de 1830, surgieron los primeros intentos de asociaciones obreras de carácter
mutualista formándose las catalanas Unión de clases y La protección Mutua de Tejedores de
Barcelona (La protectora) y en Madrid la Asociación de Impresores. Los asociados cotizaban
para proteger a los trabajadores que sufrían un accidente o se quedaban en paro.
También una tímida penetración de las ideas del Socialismo Utópico fomentado por Fourier y su
deseo de formar falansterios (unidades ideales de producción donde convivían fábricas y
viviendas en armonía y los obreros formaban una comunidad solidaria) que in uyeron en Abdón
Terradas y Narcís Monturiol.
No obstante, el gran impulso en el movimiento obrero internacional y español se produjo en la
década de 1860. En 1864 se fundaba en Londres la AIT (Asociación Internacional del Trabajo o
Primera Internacional), con la intención de coordinar a todos los trabajadores del mundo. Su
principal artí ce fue Karl Marx, lósofo judío-alemán que defendía el control del Estado y de los
medios de producción por parte de la clase obrera. Junto al pensamiento marxista aparecieron
otras corrientes de pensamiento como el anarquismo, defendido por Mikhail Bakunin, quien
aspiraba a una sociedad sin gobierno ni Estado y rechazaba la creación de partidos obreros para
no entrar en el “juego burgués”.
Con la Revolución de 1868 se intensi carán las reivindicaciones obreras. Ese año Bakunin envió a
Giuseppe Fanelli a España para organizar la sección española de la AIT, con orientación
anarquista. El derecho de asociación establecido en la Constitución de 1869 permitió crear en
1870 la FRE (Federación Regional Española) cuyo periódico, “La Solidaridad”, se declaraba: en
política, anarquista; en economía, colectivista y en religión, ateo.
En 1871 llegó a Madrid el yerno de Marx, Lafargue, con la intención de reconducir hacia el
marxismo a los internacionalistas españoles. La escisión en el movimiento obrero internacional
entre marxistas y anarquistas se materializó en el Congreso de La Haya de 1872, al ser
expulsados los anarquistas de la AIT.
En España la división ideológica se hizo patente en las nuevas formaciones que fueron surgiendo.
En la Tendencia marxista (Los pequeños grupos marxistas fundaron el PSOE (Partido Socialista
Obrero Español), en 1879, liderado por Pablo Iglesias y en 1888 los socialistas impulsaron la
creación de un sindicato obrero UGT (Unión General de Trabajadores), con el n de mejorar las
condiciones laborales de los trabajadores). En la Tendencia anarquista Ejerció gran in uencia
entre el campesinado Andaluz, el aragonés y los obreros en Cataluña. Se dividió en dos grupos
de organizaciones: los Grupos de Acción directa como la Mano Negra, partidarios de la violencia
terrorista propuesta por Kropotkin, que utilizaban la violencia para conseguir el cambio político.
Atentaban contra políticos. Empresarios y terratenientes…, y Acción sindical que proponía la
huelga general revolucionaria como instrumento de transformación social. En 1881 se creó la
FTRE (Federación de Trabajadores de la Región Española) de tendencia anarco-sindicalista que
sería sustituida en 1910 por CNT (confederación Nacional del Trabajo).
En cuanto a los sindicatos católicos la iglesia católica quiso dar una respuesta conciliadora a las
nuevas circunstancias sociales planteadas por la industrialización y por un movimiento obrero
internacional de marcada ideología laica, cuando no, marcadamente ateísta.
En 1879 se fundaron los Círculos Católicos para amparar a los obreros pero rechazando la lucha
de clases y colaborando con los patronos. Estos sindicatos recibieron el cali cativo de
“amarillos” por el color de la bandera vaticana.
En 1891 el Papa León XIII, reclamó la mejora de las condiciones sociales en su encíclica Rerum
Novarum.
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3. El problema de Cuba y la guerra entre España y
Estados Unidos. La crisis de 1898 y sus
consecuencias económicas, políticas e ideológicas.
A nales del siglo XIX, España apenas conservaba algunos territorios de lo que había sido su
imperio ultramarino: Las islas de Cuba y Puerto Rico en América y los archipiélagos de Filipinas,
Marianas, Carolinas y Palaos en el Pací co.
Cuba y Puerto Rico tenían una economía de carácter colonial basada en una agricultura de
plantación de tabaco y de caña de azúcar. El gobierno español defendía los intereses de una
minoría oligárquica de grandes hacendados y se bene ciaba del control del comercio entre las
islas y la península. Cuba era considerada la perla de los dominios españoles.
Filipinas tenía un valor estratégico y de prestigio pero su lejanía de la metrópoli y el escaso
asentamiento de población española la hacían vulnerable.
El con icto colonial fue el problema más grave al que tuvo que enfrentarse la regencia de Mª
Cristina de Habsburgo. Los movimientos por la independencia de Cuba y Filipinas acabaron con
la intervención de Estados Unidos y la guerra hispano-norteamericana. El resultado fue la pérdida
del imperio colonial español y, como consecuencia, el inicio de una crisis política y social que
replanteaba la identidad de España como nación y que conocemos como la crisis del 98.
En Cuba había surgido, a mediados del siglo XIX, un movimiento que reclamaba mayor
autogobierno para la isla. Al no ver colmadas sus aspiraciones se produjo una sublevación en
1868 que dio lugar a la Guerra de los Diez Años (1868-1878).
El régimen de la Restauración intentó mantener intacto el imperio de ultramar y consiguió,
momentáneamente, poner n al problema cubano con la Paz de Zanjón de 1878, en la que el
gobierno español se comprometía a llevar a cabo reformas políticas y administrativas. Sin
embargo, la mayor parte de los políticos españoles y la cúpula militar eran contrarios a cualquier
concesión de autonomía porque para ellos era sinónimo de independencia.
La ausencia de reformas y la intransigencia del gobierno conservador radicalizaron el movimiento
cubano hacia posiciones independentistas. En 1893 el gobierno liberal de Sagasta quiso
reaccionar con un plan de reformas coloniales que concedía una autonomía limitada que fue
rechazada por las Cortes españolas, por los hacendados y por los independentistas cubanos
liderados por José Martí fundador del Partido Revolucionario Cubano.
El 24 de febrero de 1895 los cubanos iniciaron una nueva sublevación en la localidad de Baire,
conocida como el Grito de Baire. Los sublevados cubanos estaban dirigidos por José Martí,
que murió en combate el mismo año del levantamiento, y por los jefes militares Máximo Gómez y
Antonio Maceo. El movimiento era apoyado por la burguesía, los pequeños propietarios y la
mayoría de los braceros negros y mulatos.
España envió un gran contingente militar de unos 200. 000 soldados al mando del general
Martínez Campos, artí ce de la Paz de Zanjón, y contaba con el apoyo de muchos cubanos
conocidos como asimilistas. Sin embargo, sus iniciativas para acabar con la insurrección
fracasaron por lo que fue sustituido por el general Valeriano Weyler en febrero de 1896. Weyler
adoptó una línea dura negándose a negociar y aplicando una política de concentración que
consistía en agrupar a la población campesina en ciudades controladas por el gobierno español.
La falta de alimentos y los problemas sanitarios causaron una gran mortandad entre los
reconcentrados causando un efecto contrario al que se perseguía pues hicieron aumentar los
apoyos a los independentistas.
No obstante, la clave del con icto fue la intervención de Estados Unidos. Los norteamericanos
tenían intereses económicos en Cuba, en especial empresas azucareras. Además, el país
aspiraba a convertirse en una potencia política y económica y consideraba a Cuba dentro de su
área de in uencia. Los grupos nancieros presionaban al gobierno norteamericano a intervenir a
favor de los independentistas cubanos.
En cuanto a la guerra en Filipinas en 1896 se produjo la insurrección de Filipinas. La respuesta
española fue la represión ejecutando al líder independentista José Rizal. Al igual que en Cuba, la
intervención de Estados Unidos fue decisiva pues el control de Filipinas les abría las puertas al
comercio con Asia.
La Guerra Hispano-norteamericana de 1898 comenzó en 1896, cuando el presidente
norteamericano Cleveland envió una nota al gobierno español (nota Olney) ofreciéndose como
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mediador en el con icto cubano y exigiendo la autonomía para Cuba. En diciembre de 1897 el
nuevo presidente, Mac Kinley, amenaza a España con iniciar una guerra si no deja la isla. En
febrero de 1898 el aumento de la tensión encuentra un pretexto perfecto al hundirse por una
explosión el crucero norteamericano Maine que se encontraba fondeado en el puerto de la
Habana (Cuba). Los americanos culparon al gobierno español del suceso y en abril presentaron
un ultimátum que era una declaración de guerra.
El gobierno español no deseaba la guerra pero se desató una exaltación patriótica fomentada
irresponsablemente por los periódicos.
La guerra tuvo un desenlace rápido (apenas duró 100 días), por la desigualdad de fuerzas.
España no contaba con una ota moderna como la estadounidense, ni tenía recursos para
sostener una guerra tan alejada de la península. Era un imperio en plena decadencia.
Estados unidos aprovechó la coyuntura para declararse también protector de los
independentistas lipinos. Las escuadras españolas fueron derrotadas por las norteamericanas
en las batallas de Cavite (Filipinas, 1 de mayo) y Santiago de Cuba (el 1 de julio). Pocos días
después los americanos desembarcaban en Puerto Rico y el 12 de agosto se rendía Manila,
capital de Filipinas.
España se vio forzada a rmar su rendición en París en diciembre de 1898. Estados Unidos
impuso sus condiciones que suponían la liquidación del imperio colonial español: España
reconocía la independencia de Cuba bajo protectorado de Estados Unidos, cedía a Estados
Unidos Puerto Rico, la isla de Guam y Filipinas, estas últimas a cambio de 20 millones de
dólares. Un año después, en 1899; España vendía a Alemania sus últimas posesiones en el
Pací co, las islas Carolinas, Marianas y Palaos.
El desastre colonial fue la mayor expresión de la decadencia española y tuvo diversas
repercusiones en la denominada crisis de 1898. En cuanto a las consecuencias ideológicas. La
derrota ante Estados Unidos y la pérdida de las colonias provocó un gran impacto en el mundo
intelectual y en la opinión pública generando una crisis de conciencia y una actitud pesimista que
provocó el nacimiento del Regeneracionismo (que pedía cambios políticos en el sistema de la
Restauración y su líder fue Joaquín Costa), así como un pesimismo existencialista y exaltación
del sentimiento nacional que tuvo su expresión intelectual en la Generación del 98, Ramiro de
Maeztu, Unamuno, Pío Baroja, Azorín. Las consecuencias económicas fueron algunas
negativas, como la pérdida del mercado colonial y de materias primas baratas como el azúcar y el
tabaco, aunque también hubo aspectos positivos como la repatriación de capitales que permitió
fundar bancos como el Hispanoamericano. Las consecuencias políticas fueron el desprestigio del
ejército y cambio del estatus internacional de España (que había dejado de ser un imperio) y,
aunque el sistema de la Restauración sobrevivió pero los nuevos líderes, Antonio Maura y José
Canalejas, acabaron asumiendo algunas propuestas regeneracionistas. Por último, la principal
consecuencia social fueron la muerte de cerca de 50.000 soldados en la guerra
mayoritariamente reclutados entre la clase trabajadora pues los hijos de las clases acomodadas
podían librarse del servicio militar recurriendo a la redención (pagar una cantidad de dinero para
evitar ir a la guerra).
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Historia de España
BLOQUE 8. PERVIVENCIAS Y
TRANSFORMACIONES ECONÓMICAS EN EL SIGLO
XIX: UN DESARROLLO INSUFICIENTE.
1. Evolución demográfica y movimientos migratorios en el siglo XIX. El
desarrollo urbano.
El crecimiento demográfico en España durante el siglo XIX fue de un 77%, menor que en otros
países europeos como Alemania (que duplicó su población) o Gran Bretaña, que la cuadruplicó.
Esto se debió a que en la mayor parte de Europa se pasó de un modelo demográfico antiguo a
otro moderno, por efecto de la revolución industrial y la mejora en las condiciones de vida (lo
que se conoce como modelo europeo de transición demográfica). La industrialización hizo
aumentar la población al mantener altas tasas de natalidad pero reduciendo la mortalidad.
En España, sin embargo, prevaleció el Régimen Demográfico Antiguo caracterizado por una alta
Tasa de Natalidad (34 por mil), pero contrarrestada por una Tasa de Mortalidad también muy
elevada (29 por mil), en especial infantil, lo que limitaba el crecimiento natural de la población.
Tampoco la esperanza de vida era muy elevada, unos 35 años, cuando en Inglaterra estaba por
encima de los 43.
Las causas de esta elevada mortalidad hay que buscarlas en las duras condiciones de vida:
hambrunas periódicas; enfermedades endémicas como el paludismo o la tuberculosis y
epidemias como la viruela y el cólera que mermaban a la población periódicamente.
Las crisis de subsistencias provocaron hambrunas periódicas, al menos doce veces a lo largo del
siglo. En un país con una economía fundamentalmente agrícola, la falta de alimentos se debía a
factores tanto coyunturales como estructurales.
Por otro lado, las enfermedades endémicas eran enfermedades con efectos prácticamente
permanentes: tuberculosis, sarampión, difteria o escarlatina, motivadas por la deficiente
alimentación, las pésimas condiciones higiénicas y una atención sanitaria deficiente.
Las epidemias provocaron altos porcentajes de mortalidad. Aunque la peste bubónica tuvo
escasa incidencia en Europa a partir del siglo XVIII, otras enfermedades como el cólera, el tifus
o la fiebre amarilla la sustituyeron. Fueron terribles las epidemias de fiebre amarilla que
afectaron a Andalucía a principios del S. XIX, y la epidemia de cólera que afectó al área
levantina en 1885.
Cataluña fue la excepción a estas características demográficas. Su despegue industrial desde
principios del siglo XIX, cambió sus parámetros demográficos asemejándose a los países europeos
más adelantados. Su población aumentó un 145% y el trasvase de población campesina a las
ciudades y la reducción de la mortalidad hizo que iniciase su propia transición al régimen
demográfico moderno.
En el siglo XIX se acentuaron las descompensaciones en la distribución territorial de la población
española. Las ventajas económicas y un mejor acceso a las comunicaciones y al comercio
provocaron un desplazamiento continuo de las poblaciones del interior peninsular hacia las áreas
costeras. Ese flujo migratorio iniciado en el siglo XVIII tuvo dos corrientes: de norte a sur y de la
meseta a Levante. En consecuencia, la población meridional y levantina pasó de representar del
38% de la población española al inicio del siglo al 45% al terminarlo. Mientras la del norte y la
meseta descendía en igual proporción.
También se incrementaron los flujos migratorios tanto a ultramar como del campo hacia las
ciudades. La industrialización, atrajo población hacia Barcelona, Madrid o Bilbao.
En 1900 la mayor parte de la población española era rural. Únicamente Madrid y Barcelona
estaban en torno al medio millón de habitantes.
La escasa y tardía industrialización española, con la excepción catalana, aplazó el éxodo rural a
las ciudades hasta casi finales de siglo. No obstante, el aumento de la población urbana,
aunque lento, supuso la transformación espacial de las ciudades que derriban sus murallas y
crean ensanches y barrios burgueses como el Ensanche o el barrio de Salamanca en Madrid al
gusto de la burguesía empresarial y financiera y los altos cargos de la administración. Los
suburbios periféricos se llenaban de infraviviendas, viviendas comunales y corralas convertidas
en barrios obreros.
2. La Revolución Industrial en la España del siglo XIX. El sistema de
comunicaciones: el ferrocarril. Proteccionismo y librecambismo. La
aparición de la banca moderna.
Durante el reinado de Isabel II los gobiernos liberales trataron de transformar la vieja estructura
económica de España, basada en una agricultura latifundista de bajo rendimiento, y fomentar el
desarrollo de la industria y del comercio. Sin embargo, la excesiva dependencia del sector
agrario, la falta de capital y la escasa iniciativa de las clases dominantes terminaron por
acentuar el retraso industrial y el subdesarrollo económico.
La Revolución Industrial tuvo varias limitaciones.
En cuanto a la industria textil, España carecía de una tradición industrial. La única actividad
industrial de importancia al iniciarse el S. XIX, era la industria textil catalana, debido a los altos
aranceles que la protegían de la competencia inglesa. El sector más dinámico era el
algodonero. El algodón replegó a la lana a un segundo plano. Sus centros tradicionales situados
en Castilla se desplazaron a la periferia de Barcelona (Sabadell, Tarrasa) donde se concentraba
la industria textil y se importaba la lana por el puerto de Barcelona.
En cuanto a la minería el país seguía siendo rico en materias primas minerales y los yacimientos
se encontraban cerca de zonas portuarias. Sin embargo, no había en España ni capitales, ni
conocimientos técnicos, ni demanda para explotarlos. La situación cambió con la ley de minas
de 1868, que pretendía atraer al capital extranjero dando facilidades para la adjudicación de
concesiones. Los principales yacimientos quedaron en manos de compañías extranjeras que
exportaban los minerales a sus países de origen por lo que España se convirtió en proveedora de
materias primas sin que llegara a crearse una industria transformadora.
Por otro lado, la única industria pesada que se intentó desarrollar fue la industria siderúrgica
aprovechando la abundancia de hierro. Sin embargo, España carecía de carbón de buena calidad
(coque) y de demanda de productos siderúrgicos, por lo que la localización de las ferrerías y
altos hornos fueron cambiando a lo largo del S. XIX. En los años ochenta del siglo XIX, la industria
siderúrgica se trasladó al norte, primero a Asturias, y después a Vizcaya. La siderurgia vizcaína
favoreció el desarrollo industrial del País Vasco convirtiéndose en el núcleo de la
industrialización española. Además se creó un importante eje comercial entre Bilbao y Gran
Bretaña (eje Bilbao- Cardiff), en el que había un intercambio de hierro por carbón.
En cuanto a la energía, la revolución industrial estuvo estrechamente vinculada al carbón como
fuente de energía. Sin embargo, el carbón español era escaso y de mala calidad. Además,
durante gran parte del siglo XIX, en España se siguieron utilizando fuentes de energía y de
tracción tradicionales: leña, molinos de agua y de viento; carros y barcos de vela. El consumo de
carbón únicamente creció en la última mitad del siglo estimulado por la aparición del
ferrocarril, la navegación a vapor y la industrialización.
En resumen, durante el siglo XIX, la industrialización española fue muy escasa pese a los
intentos de los gobiernos liberales por incentivarla. En la práctica sólo se desarrollaron dos focos
periféricos: la industria textil en Cataluña y la siderúrgica en el País Vasco. Ambos sectores, se
mantuvieron gracias a la política proteccionista del gobierno que imponía fuertes aranceles para
proteger a la industria nacional pero, a su vez, cerraba el mercado español al progreso. Además,
la industria española tenía gran dependencia técnica, financiera y energética del exterior. Había
una baja capacidad productiva, y el mercado interno se vió debilitado por la insuficiente
demanda nacional debida a la escasa capacidad adquisitiva de la mayor parte de la población.
En cuanto al transporte, la orografía española complicaba el transporte interior de mercancías y
personas. Los sistemas montañosos que separan el interior peninsular de las zonas periféricas y
costeras; la carencia de ríos navegables, con excepción del Guadalquivir obstaculizaron los
transportes. A comienzos del siglo XIX no había una auténtica red nacional de transporte. A partir
de 1840, se emprendieron programas de construcción y mejora de caminos y carreteras. Los
bueyes y mulas fueron sustituídos por caballos. Para el transporte de viajeros se crearon
servicios de diligencias y postas que transportaban también el correo. No obstante, estos medios
eran lentos y limitados por lo que todas las esperanzas se pusieron en el ferrocarril. Para
potenciar a la industria siderometalúrgica y, a su vez, para estimular a la economía española, se
necesitaban nuevas infraestructuras de transporte. Siguiendo el ejemplo inglés, francés y belga
de red ferroviaria. Se buscaba facilitar los intercambios y animar a la creación de industrias.
La primera línea construida en España fue la de Barcelona-Mataró en 1848, seguida de la de
Madrid a Aranjuez. El auténtico impulso se dió con la ley General de Ferrocarriles de 1855, que
fomentaba la creación de compañías privadas de construcción y explotación. El gobierno, por su
parte, destinó fondos económicos procedentes de la desamortización de Pascual Madoz.
Esta ley provocó un rápido impulso en la construcción de líneas. Se creó una red radial en torno
Madrid. Sin embargo, fracasó en los objetivos deseados de activar la industria española pues las
principales concesiones se otorgaron a compañías extranjeras que importaban de sus países de
origen el material ferroviario; el diferente ancho de vía español limitó las interconexiones con
Europa además de que su distribución radial tampoco ayudaba a las conexiones regionales.
Además, muchas compañías redujeron las inversiones o quebraron.
Por otro lado, el transporte marítimo experimentó grandes mejoras a lo largo del S. XIX, gracias
a los barcos de vapor y veleros rápidos como el clipper. También se reformaron los puertos
aunque el comercio se concentraba en los de Cádiz, Barcelona, Santander, Bilbao, Málaga y la
Coruña.
El comercio español carecía de un mercado interior único y homologado. A los privilegios
gremiales, peajes, portazgos, se unían una gran disparidad de pesos y medidas y distintas
unidades monetarias.
En cuanto al comercio exterior, tras la pérdida de los territorios americanos en 1824, el volumen
del comercio exterior se centró en Europa. Gran Bretaña y Francia fueron los principales clientes
y proveedores de mercancías. España exportaba materias primas e importaba productos
industriales y manufacturados lo que provocó que la balanza comercial fuese deficitaria. Con la
intención de equilibrar ese déficit y de proteger a la industria nacional se recurrió a políticas
proteccionistas imponiendo fuertes aranceles o impuestos a losproductos procedentes del
exterior.
Frente al proteccionismo se posicionaron los librecambistas que defendían que el Estado debía
intervenir lo menos posible en la economía. Pretendían atraer capital extranjero y reducir
aranceles como el Arancel Figuerola.
El primer banco español apareció en 1782, durante el reinado de Carlos III. Fue el Banco
Nacional de San Carlos. Tras su quiebra, se creó el Banco español de San Fernando, en 1829, y
durante el reinado de Isabel II, los bancos de Isabel II y de Barcelona, cuya función básica era
comprar Deuda Pública. La rivalidad entre el banco de San Fernando y el de Isabel II, llevó al
gobierno a fusionarlos creando el Banco de España en 1856.
Con el deseo de unificar y modernizar el sistema monetario, se estableció en 1868, la peseta,
vigente hasta 2002, cuando fue sustituida por el euro. Tras el desastre colonial de 1898 se
repatriaron capitales de Cuba y Puerto Rico y se fundó el Banco Hispano Americano.