Universidad Andres Bello.
Facultad de ciencias Sociales
Carrera de Psicología.
Intervención clínica sistémica.
Terapia sistémica familiar y enfermedad
Integrantes:
Noelia Gallardo, Javiera Rivera, Sebastián Rojas
Profesora: Natalia Jaimalis Pareja.
La terapia sistémica surge inicialmente en los años 1940, creada por el biólogo
Ludwig von Bertalanffy, esta fue un cambio revolucionario en el campo de la psicología, esta
comienza como una corriente que rompe con el enfoque tradicionalmente individualista de
otras terapias, para posicionar el sistema de relaciones en el centro del análisis, en lugar de
hacer enfoque en un solo sujeto de esta familia y sus problemas o tomar a este como el
problema mismo; da gran importancia a cómo el sistema familiar, su dinámica y los
problemas que se dan dentro de este sistema están estrechamente interconectados (Arnold,
1998). En la actualidad, esta corriente constituye uno de los marcos teóricos y técnicos más
utilizados en el campo de la salud mental, del cual también se han nutrido distintas estrategias
clínicas que han recogido conceptos y abordajes de esta disciplina (Rivas, 2022).
En los últimos años el contexto sanitario global ha experimentado cambios
significativos en las últimas décadas, por un lado, las enfermedades crónicas no transmisibles
como diabetes, hipertensión y cáncer se han consolidado como los principales problemas de
salud y al mismo tiempo que han aparecido nuevas amenazas a la salud de las personas, como
el covid-19, que han interferido con las dinámicas familiares (Vio del Río, 2021). Por otro
lado, existe una creciente comprensión de la influencia de factores biopsicosociales en el
desarrollo y evolución de las enfermedades.
Ante este panorama, la perspectiva sistémica aporta un modelo integrador para
abordar las enfermedades desde una mirada holística, que contempla no sólo al individuo sino
también las relaciones e interacciones en las que se inscribe. Por lo tanto, la terapia sistémica
buscará trabajar con el sistema familiar en su conjunto para promover la salud y el bienestar
tanto del paciente como de sus seres queridos (Ventura, 2017). Su enfoque resulta
particularmente útil para la atención de patologías crónicas, donde los condicionantes
contextuales y familiares juegan un rol determinante.
En el presente trabajo se busca revisar los fundamentos teóricos y clínicos de la
terapia sistémica, para luego analizar sus aportes específicos en el acompañamiento y
tratamiento de las personas que vivencian ciertas enfermedades como diabetes, cáncer u otros
padecimientos crónicos, y de sus familias, para finalmente revisar a profundidad la
importancia de la primera entrevista, cuáles son los temas que se esperan tratar en esta y
cuales son los principales objetivos a cumplir.
En base de esta premisa se debe tener entendimiento de lo que puede significa cuando
se habla de una familia; este es un concepto que ha sido definido por varios autores, que cuya
definición probablemente seguirá siendo modificada dependiendo de la perspectiva o ámbito
en que se le busque definir, ya sea en el ámbito económico, social, psicológico y/o político,
esta definición también irá volviéndose más amplia y enriquecida a lo largo del tiempo, esto a
propósito de los cambios socioculturales. Una de las definiciones más completas que se tiene
es desde una mirada terapéutica, desde esta se puede concebir a la familia como un grupo
natural en que cada uno de sus integrantes/miembros desempeña con distintas funciones,
grupo que también se encuentran en un constante y permanente proceso de cambios dentro de
sí mismo y frente al contexto social en el que se encuentran insertos (Villarreal & Paz, 2015).
En cuanto a la definición de familia, es importante poder hacer énfasis sobre esta con
respecto a la evolución, ampliación y enriquecimiento al que se ha visto involucrado, esto
debido a los cambios culturales que se han dado a lo largo del último siglo. Con anterioridad
se podía pensar y ver a la familia tradicional por un enfoque fuertemente patriarcal, una
familia que estaba compuesta por el hombre, la mujer y los hijos, en la cual ambos padre y
madre cumplían con sus respectivos roles de género; el padre se encargaba de trabajar y ser el
principal proveedor económico, de traer el sustento y la protección al hogar, además de ser la
figura de autoridad y él encargado de la toma de decisión, por otro lado, la mujer se
encargaba de las labores domésticas dentro del mismo hogar, como él cocinar y limpiar,
además del cuidado y crianza de los hijos que estos tuvieran.
Sin embargo y como es mencionado anteriormente, la definición de familia ha sido
modificada múltiples veces a lo largo de los últimos años, siendo sus principales cambios
están relacionados con el género y los roles de las parejas que le conforman, hoy en día se
tiene una visión más diversa de lo puede ser una familia. Las familias ya no están
conformadas únicamente por padre y madre, sino que también pueden estar compuestas por
parejas en que su estructura se compone por dos cuidadores del mismo género, a las que se
les denomina homoparentales, las que suelen recurrir a la adopción cuando su país de
residencia se los permite, como también pueden ser una familia monoparental en la que solo
un adulto se encarga del cuidado y crianza de los hijos, familias polinucleares en las cuales el
círculo se compone por estructuras familiares extensas e interconectadas, o familiar sin hijos,
etc…
Es de suma importancia tener en cuenta las distintas composiciones familiares que
pueden presentarse y cómo se dan las dinámicas dentro de estas, para que así el terapeuta
pueda adaptar sus herramientas y métodos de acuerdo a las necesidades, comodidad y respeto
hacia está familia (Valdivia, 2008).
La terapia familiar sistémica es un enfoque terapéutico que se basa en la premisa de
que los problemas y desafíos que se presenten en una familia no pueden ser entendidos ni
abordados de manera aislada, que no solo hace falta analizar a cada uno de sus integrantes de
manera separada, sino que deben ser considerados dentro del contexto de las interacciones y
dinámicas familiares. Este enfoque reconoce que las familias son sistemas complejos en los
que cada miembro y cada relación tienen influencia y son influenciados por los demás, es
decir que existe un grado de interdependencia entre estos (Villarreal & Paz, 2015).
Siguiendo esta línea, cuando se trata de enfermedades, la terapia familiar sistémica
reconoce que la enfermedad de un miembro de la familia no sólo afecta a la persona enferma,
sino que también afecta a todos los demás de manera directa o indirecta (Acevedo & Vidal,
2019). La enfermedad puede alterar la dinámica familiar, generar estrés y desencadenar
emociones intensas en todos los miembros involucrados. Además, la forma en que la familia
responde y se adapta a la enfermedad puede influir en el bienestar y en la capacidad de
recuperación del paciente (Rolland, 2000).
En este contexto, la terapia familiar sistémica se convierte en una herramienta valiosa
para abordar los efectos emocionales y relacionales de la enfermedad en una familia. El
terapeuta familiar trabaja con todos los miembros de la familia para explorar y comprender
cómo la enfermedad ha afectado la dinámica familiar, las comunicaciones y la distribución de
los roles y/o responsabilidades de cada miembro. Se presta especial atención a los patrones
disfuncionales o desequilibrados que pueden haber surgido y que pueden obstaculizar la
adaptación saludable a la enfermedad (Bermúdez & Brik, 2010).
La terapia familiar sistémica ofrece un espacio seguro y de apoyo donde los miembros
de la familia pueden expresar sus preocupaciones, miedos, frustraciones y necesidades
relacionadas con la enfermedad. A través de la comunicación abierta y el diálogo, se pueden
fortalecer los lazos familiares, fomentar el apoyo mutuo y promover estrategias de
afrontamiento efectivas (Jimenez, 2015). El terapeuta también puede educar a la familia sobre
la enfermedad, sus implicaciones y las opciones de tratamiento disponibles, lo que puede
aumentar la comprensión y la colaboración en la toma de decisiones relacionadas con la
atención médica (León, 2015).
En resumen, la terapia familiar sistémica ofrece un marco de trabajo que considera la
enfermedad como un desafío que afecta a toda la familia, y busca promover el bienestar
emocional y relacional de todos los miembros involucrados. Al abordar la interacción y las
dinámicas familiares, esta terapia puede ayudar a la familia a adaptarse de manera más
saludable a la enfermedad y a apoyar el proceso de recuperación del paciente.
Uno de los pioneros en la terapia sistémica familiar es Salvador Minuchin, quien
desarrolló el concepto de "estructura familiar". Minuchin enfatizó la importancia de los
límites, las jerarquías y las pautas de interacción dentro de la familia como factores
determinantes en la salud y el bienestar de sus miembros. Según Minuchin, los problemas de
salud de un miembro pueden estar relacionados con la estructura familiar disfuncional, y
trabajar en la reorganización de esta estructura puede contribuir a la mejora de la salud
individual y familiar (Jimenez, 2015).
Murray Bowen, otro destacado autor en el campo de la terapia sistémica, introdujo el
concepto de "diferenciación del yo". Bowen sostuvo que la capacidad de mantener una
identidad individual sólida mientras se mantiene una conexión emocional saludable con la
familia es crucial para la salud y el bienestar, ya que la falta de diferenciación puede
contribuir a la aparición y mantenimiento de enfermedades en el sistema familiar (Romero &
Estrada, 2011). Bowen también destacó la importancia de la "triangulación", un patrón de
interacción en el que un miembro de la familia involucra a otro para aliviar la tensión
emocional, lo cual puede tener consecuencias negativas para la salud individual y familiar
(Serrano et al., 2009).
Jay Haley fue otro autor influyente en el campo de la terapia sistémica familiar, él
introdujo el concepto de "paradoja" como una estrategia terapéutica para interrumpir patrones
disfuncionales y estimular el cambio en la familia (Jimenez, 2015). De esta forma, argumentó
que al prescribir un comportamiento paradójico, como pedir a un miembro de la familia que
intensifique su síntoma o problema, como podría representar una enfermedad, se puede
desafiar la dinámica familiar existente y abrir nuevas posibilidades de cambio (Haley, 2008).
La relación terapeuta-paciente establecida por Hayley se caracteriza por una
metacomplementariedad, ya que el terapeuta dispone de tres posiciones posibles frente al
paciente; superioridad, igualdad e inferioridad, siendo las tres útiles para la promoción de
recursos que inician el cambio, aunque una alta superioridad que implique una dirección del
paciente constantemente puede llegar a influir negativamente, por lo que idealmente se debe
evitar esta posición (Lozano, 2006).
Virginia Satir se centró en la comunicación y los patrones de interacción familiar,
desarrolló técnicas terapéuticas para mejorar la comunicación y fomentar la autoestima y la
autenticidad en los miembros de la familia (Pereira, 2011). Satir creía que la enfermedad y las
dificultades individuales a menudo están relacionadas con la falta de comunicación abierta y
genuina dentro de la familia, y que trabajar en estos aspectos puede tener un impacto positivo
en la salud de los miembros (Satir, 2007).
En el abordaje de la enfermedad de un miembro de la familia, la terapia sistémica
adopta varios enfoques y conceptos clave. En primer lugar, se considera la enfermedad como
una manifestación del sistema familiar en su conjunto, por lo que se busca comprender cómo
la enfermedad está influenciada y mantenida por las dinámicas y los desequilibrios
familiares, para ello el terapeuta se centrará en explorar los patrones de interacción
disfuncionales y cómo estos se ven influenciados por la enfermedad (Díaz et al., 2013).
La terapia sistémica también adopta un enfoque transgeneracional, investigando la
historia familiar y las creencias transmitidas a lo largo de las generaciones, incluyendo las
lealtades invisibles y los secretos familiares que pueden estar afectando la salud del individuo
(Ezcurra, 2011). Además, se trabaja en la identificación y modificación de los patrones de
comunicación y de interacción disfuncionales, promoviendo la comunicación abierta y
estableciendo límites saludables dentro de la familia (Arias et al., 2019).
En el contexto terapéutico se reconoce la importancia del apoyo y los recursos
familiares involucrados en el abordaje de la enfermedad, con la finalidad de fortalecer estos
mismos recursos, y a su vez la resiliencia familiar para afrontar la enfermedad de manera
conjunta, es decir que se fomenta el apoyo emocional interno y se exploran las redes de
apoyo externas, ya que también son considerados como una herramienta valiosa que
contribuyen en el abordaje de la enfermedad (Barraza-Macías, 2021). Además, se promueve
la comunicación abierta y se establecen límites saludables dentro de la familia.
Entre las herramientas más valiosas encontradas dentro de la terapia sistémica para el
abordaje de enfermedades, se encuentra promover la resignificación del significado de la
enfermedad entre los miembros de la familia. Esto ayuda a dejar de verla como algo
exclusivamente negativo y atribuirle también otros sentidos que faciliten el afrontamiento
(Gallego et al., 2020).
Otro aspecto relevante es el fortalecimiento de los vínculos de apoyo dentro de la red
familiar primaria. La enfermedad a menudo trastoca roles y dinámicas, generando temores e
inseguridades. La terapia trabaja en resituar cada rol y crear un entramado de contención
emocional que dé seguridad a quien vive con la enfermedad (Rolland, 2000). También resulta
útil la preparación para manejar los cambios y transiciones que implican muchas
enfermedades crónicas a lo largo del tiempo. La terapia ayuda a las familias a desarrollar
habilidades para ajustarse a las distintas etapas de la enfermedad y sus exigencias (Bermúdez
& Brik, 2010).
Por último, brindar herramientas comunicacionales para que los familiares expresen
mejor sus emociones vinculadas a la enfermedad, favoreciendo así los procesos de duelo y
readaptación de la dinámica familiar al nuevo contexto vital. Todo ello mejora
considerablemente la calidad de vida de la persona enferma y su red de contención primaria
(Acevedo & Vidal, 2019).
De esta forma, este enfoque permite el abordaje de diferentes enfermedades dentro del
contexto familiar, entre ellas está el caso de enfermedades crónicas, como la diabetes, la
terapia sistémica familiar puede ayudar a la familia a adaptarse y manejar los desafíos
asociados con el cuidado y el manejo de la enfermedad (León, 2015). Principalmente se
trabajan los patrones de comunicación, las rutinas de cuidado y las emociones relacionadas
con la enfermedad, con el objetivo de promover un ambiente de apoyo mutuo y una
responsabilidad compartida en el cuidado del miembro afectado (Ríos, 2021).
Cómo también resulta útil para el tratamiento de enfermedades mentales, como la
depresión, trastornos de personalidad o la ansiedad, la terapia se centra en comprender las
dinámicas familiares que pueden contribuir al mantenimiento de dichas condiciones. Como se
ha mencionado con anterioridad, se abordan los patrones de comunicación disfuncionales, los
roles familiares y las interacciones que pueden generar mayor estrés y afectar la salud mental
del individuo, en este sentido el objetivo del proceso terapéutico es promover una
comunicación abierta, establecer límites saludables y fomentar un ambiente de apoyo
emocional dentro de la familia (Rodríguez & Peláez, 2013).
En el caso de enfermedades neurodegenerativas, como el Alzheimer o la demencia, el
abordaje se enfoca principalmente en ayudar a la familia a adaptarse a los cambios y desafíos
que plantea la enfermedad, priorizando la psicoeducación a los integrantes de la familia con
respecto a la enfermedad a la cual se enfrentan, lo que supone un entrenamiento para la
familia sobre cómo lidiar con los síntomas de la enfermedad, cómo comunicarse de manera
efectiva y cómo crear un ambiente seguro y estimulante para el miembro afectado.
Idealmente se espera que el terapeuta logre brindar apoyo emocional y acompañamiento a los
miembros de la familia, estableciendo contactos y conexiones para que la familia encuentre
recursos y servicios de apoyo comunitario relacionados con la temática del problema que la
familia enfrenta actualmente (Gutierrez-Vargas & Cardona-Gómez, 2017).
Teniendo en cuenta lo anterior, Garassini (2015) aborda como en el caso de una
familia en la que un integrante de la familia es diagnosticado con cáncer, se desata un proceso
de negación en el enfermo y en su entorno más cercano. Debido a las actitudes y creencias
desfavorables hacia la enfermedad, este diagnóstico irrumpe en la vida del individuo y su
familia, convirtiéndose en un evento altamente estresante que pone en peligro la rutina de la
persona, afectando su visión de la vida, sus metas y su perspectiva tanto presente como
futura. La noticia de que un ser querido tiene cáncer genera una crisis en la familia,
desencadenando emociones como la perplejidad, incertidumbre, confusión, preocupación y
ansiedad (Pérez Cardenas & Rodríguez Herrera, 2006).
La enfermedad introduce un cambio en la familia, en la estructura, y ante estos
cambios para seguir pudiendo cumplir con sus funciones, la estructura de la familia tendrá
que adaptarse y demostrar su flexibilidad. En este contexto, especialmente en el marco de una
enfermedad crónica, los acontecimientos que se desarrollan en ese periodo no siempre son
representativos de la dinámica habitual de la familia. Durante estos momentos difíciles, es
posible que ocurran fenómenos como una fuerte unión entre los miembros, una comunicación
intensificada y una mayor flexibilidad en los límites que, en otras circunstancias, podrían
considerarse más típicos de una familia funcional (Rolland, 2000).
En el contexto de una enfermedad como el cáncer, la comunicación se convierte en un
elemento fundamental para comprender y contextualizar la situación. La familia debe
mantener una comunicación abierta y precisa, abordando tanto aspectos prácticos como
rutinas y medicamentos, como también los sentimientos y el significado que la enfermedad
tiene para cada uno de ellos. Una comunicación efectiva brinda una sensación de mayor
control tanto para el paciente como para la familia (Rolland, 2000).
En las familias donde se presenta un integrante con cáncer resulta útil las narrativas
que la familia genera en torno a la enfermedad, la comunicación desempeña un papel
fundamental, ya que a través de la expresión se logra dar un nueva resignificación a la
enfermedad y se permite una reevaluación de cómo esta afecta a la dinámica familiar (Ríos,
2021). Así pues, en el contexto de las enfermedades, se busca integrar la enfermedad en la
dinámica familiar, tal integración se logra a través de la comunicación abierta, la expresión de
emociones y sentimientos, así como la transmisión de información.
A pesar de que inicialmente se menciona la terapia sistémica como una contraparte de
la terapia individual convencional, existen distintos beneficios de la combinación de ambas
modalidades terapéuticas en el abordaje de enfermedades crónicas ofrece beneficios
significativos al paciente y su familia (Zamorano, 2009).
A partir de tal combinación se logra un abordaje integral que considera tanto las
dinámicas familiares como las necesidades individuales del paciente, que igualmente generan
un impacto en la dinámicas familiares, esto permite comprender de mejor manera los factores
que influyen en la adaptación y el manejo de la enfermedad, brindando un apoyo completo.
Por su lado, la terapia individual se enfoca en el bienestar del paciente como
individuo, ayudándole a explorar y trabajar en su experiencia emocional en torno a la
enfermedad, para eventualmente desarrollar estrategias de afrontamiento específicas para la
enfermedad crónica que afecta a la familia (Grosso, 2020). A su vez la terapia individual
promueve la adherencia al tratamiento y fortalecimiento de su autonomía (De Pablo Urban,
2021).
Ya se ha revisado cuál es el impacto que una enfermedad puede causar en las
dinámicas familiares, pero también es importante tener en cuenta las consecuencias a nivel
individual; cuando un familiar tiene una enfermedad crónica, puede tener un impacto
significativo en la vida de las personas cercanas, lo cual puede generar preocupación y estrés
emocional, ya que las personas experimentan ansiedad, tristeza y miedo por la salud y
bienestar del miembro enfermo. Esta situación puede generar estrés adicional y afectar la
organización y estabilidad de la vida cotidiana (Ceballos-Vásquez et al., 2021).
Los costos médicos continuos asociados con la enfermedad crónica pueden generar
una carga financiera significativa, lo que puede generar preocupaciones adicionales y estrés
relacionado con la situación económica (Zambrano & Vega, 2022). Además, el cuidado de un
familiar con una enfermedad crónica puede llevar a que las personas descuiden su propio
bienestar emocional y físico, experimentando agotamiento y dificultades para satisfacer sus
propias necesidades (Merchán et al., 2020). Es importante reconocer y abordar estos desafíos
emocionales y prácticos, buscar apoyo emocional, establecer límites saludables y cuidar de sí
mismo.
Si bien todo el proceso terapéutico es de suma importancia y de gran valor
significativo, la primera entrevista sienta las bases para la relación terapeuta, la cual garantiza
el desarrollo de la terapia, siendo una instancia de la cual es posible recoger gran cantidad de
información útil (Weber et al., 1985). Una de las razones por las cuales esta entrevista
adquiere tanta relevancia, es la oportunidad de construir vínculos y generar confianza sólida
en el terapeuta (alianza terapéutica), por lo que el objetivo principal será crear un ambiente
cómodo y seguro, en donde los miembros de la familia se sientan apoyados y puedan
exteriorizar sus preocupaciones con respecto a la enfermedad (Palomo & Celis, 2006). De
esta forma, se espera establecer una comunicación de calidad, basada en la empatía y libre de
juicios.
Como se mencionaba anteriormente, durante esta primera instancia se presenta la
oportunidad de recopilar información detallada que devele las dinámicas familiares, la
historia de la enfermedad, el impacto emocional y las estrategias de afrontamiento que ha
empleado la familia hasta el momento. A partir de ello, será posible establecer metas y
expectativas, para lo que será necesario identificar los desafíos que conlleva la enfermedad,
definir las áreas implicadas en el cambio deseado y establecer expectativas realista en función
a la situación a la cual se enfrentan.
El terapeuta debe delimitar el encuadre que determinará la modalidad de las sesiones
terapéuticas, junto con la entregar información respecto de la terapia a la cual se someterán,
su enfoque y sus beneficios. Para ello es imprescindible explicar que la terapia se centrará en
las interacciones y dinámicas familiares, y cómo es que estas influyen en la adaptación y
afrontamiento de la enfermedad (Weber et al., 1985)..
En aspectos generales, es a partir de la información recogida que será posible evaluar
la estructura familiar y como esta se vio afectada por la presentación de la enfermedad,
explorar las emociones que ésta ha despertado en los miembros, identificar fortalezas y
oportunidades de cambio, establecer roles y responsabilidades terapéuticas y motivar a los
sujetos al cambio.
La terapia sistémica familiar es una poderosa herramienta que invita a la reflexión
sobre la interconexión entre los miembros de una familia y cómo influyen en la salud y el
bienestar de cada individuo. A menudo, cuando un miembro de la familia enfrenta una
enfermedad o dificultades, es fácil enfocarse únicamente en ese individuo y pasar por alto el
impacto que tiene en el sistema familiar en su conjunto.
El adoptar un enfoque sistémico puede resultar tremendamente beneficioso, ya que se
reconoce que los problemas de salud y los desafíos emocionales no son simplemente
atribuibles a una persona, sino que son el resultado de una red compleja de interacciones y
dinámicas familiares. Esto invita a explorar más allá de los síntomas visibles y examinar los
patrones de comunicación, las creencias arraigadas y los roles desempeñados por cada
miembro de la familia.
A su vez desafía a cuestionar las suposiciones y a mirar más allá de lo obvio, invita a
considerar cómo las acciones y palabras afectan a los demás, y cómo las interacciones pueden
influir en la salud y el bienestar de los seres queridos. Recuerda la importancia de la empatía,
la comprensión y el apoyo mutuo dentro de la familia.
En última instancia, la terapia sistémica familiar ofrece una oportunidad para que la
familia crezca y sane junta. Anima a reflexionar sobre la forma de relacionarse y buscar
formas más saludables y constructivas de interactuar. Al abordar los desafíos desde una
perspectiva sistémica, se pueden fortalecer los lazos familiares esto través de una
comunicación abierta identificando y abordando los problemas comunicacionales que tenga
la familia, a su vez también promover la resiliencia donde implicaría fortalecer la capacidad
de la familia para adaptarse y superar desafíos juntos, donde también se espera poder cultivar
un entorno de apoyo donde cada miembro pueda prosperar.
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