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Juego y Dibujo en Psicoanálisis Infantil

El documento resume las perspectivas de Freud, Klein, Winnicott y otros sobre el juego y su importancia en el análisis y desarrollo psíquico de los niños. Describe un caso clínico de un niño de 2 años llamado Javier que muerde y es agresivo. A través de sesiones donde se introduce el juego de un auto a cuerda y un encendedor, así como interpretaciones sobre lo que le "quema por dentro", se logra que el niño reprima sus impulsos a través de la formación del inconsciente, mostrando un camb
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Juego y Dibujo en Psicoanálisis Infantil

El documento resume las perspectivas de Freud, Klein, Winnicott y otros sobre el juego y su importancia en el análisis y desarrollo psíquico de los niños. Describe un caso clínico de un niño de 2 años llamado Javier que muerde y es agresivo. A través de sesiones donde se introduce el juego de un auto a cuerda y un encendedor, así como interpretaciones sobre lo que le "quema por dentro", se logra que el niño reprima sus impulsos a través de la formación del inconsciente, mostrando un camb
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TRABAJO PRÁCTICO N°6: Formas específicas de producción en el niño: Juego, Dibujo.

El juego ocupa un lugar importante en el trabajo analítico con niños y adolescentes pues permite la
expresión de la subjetividad correspondiente al momento de constitución psíquica.
Sigmund Freud: Toma por primera vez al juego como analizador. En un primer momento lo ve como
similar a una creación poética. Como una act privilegiada donde el niño reordena, a través del juego,
cuestiones del mundo exterior que fueron displacenteras de una manera que sea agradable para sí y
tramitar lo displacentero. Diferencia el juego de la fantasía y el juego del sueño (es una expresión de
deseo pero no lo hace de manera tan transformada como en los sueños). Después del giro de 1920 se
encuentra con el juego del FORT DA y a partir del análisis de ese caso va destacar la dimensión
elaborativa del juego. Se logra procesar aquello psíquicamente intolerable. Empieza a tomar noción con
aquello que insiste, tiene que ver con ligar lo que irrumpió en el aparato psíquico. Juego como actividad
preferida y más intensa del niño. Ubica a la actividad lúdica como precursora de la fantasía en el adulto y
de las creaciones artísticas posteriores.

Klein y Winnicott proponen 2 líneas diferenciadas del juego, los dos toman los textos de Freud como
base.
Klein: Fundó la técnica psicoanalítica del juego, no es la primera en trabajar con él pero si en formalizarlo (via de acceso al icc
Técnica equivalente a la asociación libre en el adulto. El analista puede
realizar interpretaciones a medida que juega, del contenido del juego en análisis: revela al icc. Importancia
del análisis de la transferencia y del contenido del juego. El dibujo también es un medio de expresión
simbólica de deseos, fantasías y experiencias, por ello en la caja de juegos, Klein incluye papel, lápices,
además de juguetes.

Winnicot: No habla de JUEGO, sino de JUGAR porque tiene algo del orden de lo singular y da cuenta de la subjetividad de qu

Experiencia creadora que posibilita la metabolización y se da en un espacio transicional, a medida que


juega construye la realidad. Psicoterapia como encuentro entre dos zonas de juego: paciente y analista.
Hay una zona intermedia de experiencia. En esa zona, espacio transicional, sitúa el jugar. Si no quiere
jugar, busca para que se constituya. Genera representaciones. Complejiza el aparato psíquico.
Le interesa que el niño juegue, no tanto el contenido.
Juego: heredero del objeto transicional (va pautando la diferencia entre adentro/afuera), elemento que le
permite llegar a la autonomía. Le permite ir complejizando el mundo. Se pregunta cómo pasamos de la
dependencia a la autonomía.
Juego de los garabatos: dibujo en el campo de lo lúdico. Método para establecer contacto con el niño y
disminuir resistencias. Se puede pensar como movimiento de apertura.
Anna Freud , propone al dibujo como uno de los recursos técnicos auxiliares en el análisis de niños
junto con la interpretación de los sueños, los ensueños diurnos y las fantasías.
Helmuth (corriente pedagógica, el objetivo era la educación) punto intermedio entre Klein y A. Freud.
Propone el juego utilizando juguetes definidos, con características reconocibles.

Bleichmar Capítulo VII “El psicoanálisis de frontera: clínica psicoanalítica y neogénesis” (pp 273-
279)

En el análisis de niños, ver constituirse la represión in situ (CASO JAVIER)

Javier 2 años y 8 meses. Muerde como expresión de sus impulsos, conducta que no se inhibe con regaños
(MOTIVO DE CONSULTA). Aterroriza al entorno por cómo ejerce su motricidad con desenfado, como si
ningún límite fuese posible.
Llega a la consulta con su madre y se dirige hacia la canasta con juguetes que puse a su disposición. He
incluido en ella, no ingenuamente, un autito a cuerda que, cuando se desliza, abre la boca-capó dejando al
descubierto una dentadura de latón pintado. Después de mirar los objetos, toma el autito y pide a su
madre que le de cuerda. Ella lo hace y Javier ríe gozoso, operación que le produce placer. Luego recorre
el resto del consultorio con cierta ansiedad y vuelve al juego del auto. Intervención: “el autito, como
Javier, cuando se aleja de mamá quiere comerse todo lo que encuentre, por eso muerde lo que se le
atraviesa”. Me mira atentamente y toma con fuerza el brazo de su madre, pidiéndole que se vayan. La
madre se rehúsa y él comienza a llorar a los gritos, muy enojado. Silvia, como un papá (restituir la fx del
padre), ha dicho “Javier, no se puede hacer todo lo que uno quiere, eso es peligroso para vos y para los
demás”.
Le pregunto a su madre qué hacen cuando Javier se torna “insoportable”, según sus propias palabras. Ella
responde que lo envían a su cuarto hasta que se tranquilice. Le señalo lo difícil que es para ella sostener
al mismo tiempo la prohibición y la contención de las conductas riesgosas y como esto obliga al niño a un
esfuerzo de autocontrol para el cual no está preparado, llevándolo a un movimiento que oscila entre la
rigidización y el estallido. Propongo que así como ahora ella lo ha rodeado con sus brazos y su cuerpo lo
sostiene, traten de contenerlo. (Silvia intenta sancionar legalidades)
En la segunda entrevista se reproduce la escena del llanto y la rabieta. Luego se acerca a un encendedor
e intenta prenderlo. Se lo saco y comenzamos un juego en el cual él debe apagar la llama. La madre lo
toma entre sus brazos y mientras lo contiene, el juego se puede sostener. Hago entonces mi segunda
intervención, le digo que algo “le quema” adentro cuando se pone a correr, a morder, a tirar cosas, que
no sabe cómo calmar eso que le quema adentro. (pone palabras a aquello que el niño no tiene palabras
para nombrar lo que está sucediendo). (Bleichmar además introduce el juego, es armado por un otro, hace
del encendedor un juego).
A la tercera entrevista entra muy decidido, me mira sonriente y dice “soñe, yo soñe” “¿Con qué soñaste
Javier?” “Con el cocodrilo. Había un cocodrilo, la boca abierta, hamm (hace gesto de comerme)”. La madre
cuenta que se despertó angustiado y los fue a buscar. Esos días ha estado mucho más cariñoso y ha
dejado de morder. El sueño realizando una inlograda satisfacción pulsional. El rehusamiento del sujeto a
su impulsión de morder ha dado curso a una formación del inconsciente. (Se puede ver el pasaje de que
algo ha operado) (angustia tiene que ver con la propia castración).
La intervención analítica se extiende por unas doce sesiones aproximadamente, que son acompañadas
con entrevistas de padres para recapturar, resignificar todo lo ocurrido. Mediante este material podemos
observar el surgimiento in situ de una represión que abre las posibilidades de un viraje en la instalación
de los movimientos que constituyen el aparato psíquico.
Un niño con lenguaje constituido, control de esfínteres, noción de sí y del objeto, enlaces libidinales, queda
sin embargo librado, en un punto de su constitución, a un fracaso del sepultamiento de un representante
oral que lo compulsa al sadismo y le imposibilita el ejercicio de formaciones del inconsciente capaces de
dar curso a la elaboración psíquica. (aparentemente hay un Yo pero hay un remanente que no puede
ceder ni sublimarse).
El trabajo analítico destinado a cercar qué es aquello que obstaculiza la instalación de la represión
originaria, tanto del lado del niño como del de sus determinantes edípicos, parentales, y a incidir en su
constitución definitiva.
(En esta primera etapa de trabajo, no hay componente alucinatorio, no podemos pensar en pseudojuego.
Es fundamental pensar en el placer, creación, sublimatorio (juego). Entonces se da un NO JUEGO, tiene
que ver con el resto de lo visto y de lo oido, repetición permanente, que es producto de un no metabolismo
de algunos signos de percepción).

Un año después recibo su visita nuevamente. Javier tiene ya 3 años y 9 meses. Una angustia de
castración intensa subyace a sus demostraciones de machismo y eso va acompañado de temores de
pasivización de los cuales se defiende activamente. Es un niño encantador, seductor, y todo el mundo le
solicita besos, lo mima, intenta apoderarse de él. Se ha parado ante un grupo de niñas en el club y ha
orinado en el parque diciendo “miren, miren”. Ha levantado la falda de una amiga de su hermana
adolescente intentando tocarla, carcajeándose de excitación. Hay cierto desorden en su conducta.
Le hablo a Javier acerca de la propiedad de su cuerpo. Él tiene derecho a rehusarse a los apretujones, las
caricias desmedidas de los adultos, que le hacen sentir nuevamente ese fuego que quema dentro. Me está
pidiendo que lo ayude a apagarlo. Dice “Yo tengo un pito grande, grande como el de papá”. Interpreto “Es
tu pito, necesitás decirle a las mujeres que lo tenés, que es tuyo, que es grande, que sos un varón”.
Conforme avanzan las entrevistas, Javier comienza a responder a quienes le solicitan besos “Hoy no hay
besos, se acabaron, otro día”. Un intercambio en el cual su propio deseo y el derecho a la apropiación de
su cuerpo comienzan a aceptarse, lo cual lo alivia enormemente.
Puede observarse, en los dos momentos en los que me consulta, que entre uno y otro algo ha cambiado
estructuralmente en el modo de funcionamiento psíquico del niño. De inicio, no son síntomas los que
Javier presenta, sino una dificultad para la inhibición de ciertos modos de ejercicio pulsional, directo
y de su sepultamiento en el inconsciente. La pulsión oral canibalística no aparece inhibida en su fin, dando
cuenta ello de una falla en la constitución de la represión originaria. Correlativo a esto, las funciones
ligadoras del yo que posibilitarían el enfrentamiento de la descarga motriz no han logrado aún que este
opere como masa ligadora capaz de sostener a lo reprimido en un lugar tópico más o menos definitivo.
A partir de la intervención analítica y de su consolidación durante el año posterior, una nueva etapa se
inaugura. En ella vemos al niño sepultando los representantes pulsionales de origen, consolidando la
represión originaria e instalando en un encaminamiento edípico (en el sentido del Edipo complejo) que
da curso a la angustia de castración y reinscribe lo activo-pasivo en términos de rehusamiento al
sometimiento amoroso al semejante y de ejercicio de la masculinidad.
En sentido estricto, ninguno de los signos que preocupan a los padres y que motivan las consultas son
síntomas. Las intervenciones puntuales realizadas tienden, simplemente, a lograr desarticular un nudo
patógeno que, de cristalizar, puede perturbar la evolución futura y desembocar en coagulaciones
patológicas.
En el segundo tiempo, una vez constituido el sujeto, establecidas las constelaciones narcisísticas que dan
curso al amor y el odio en tanto sentimientos, aparece entonces una modalidad seductora-agresiva que
puede ser concebida como la defensa que el yo establece ante sus deseos de fusión ilimitada y la
agresividad concomitante que se pone en juego cuando las pasiones capturan al sujeto en el sometimiento
al semejante.
El lugar que este niño ocupaba en el fantasma parental, y las formas metabólicas de inscripción de los
deseos-mensaje de ellos derivados, es lo que fue trabajado en las entrevistas realizadas. Esto no puede,
en sentido estricto, ser considerado análisis. En razón de ello elegimos la denominación de intervención
analítica para este modo de operación simbolizante que abre nuevas vías para la constitución
psicosexual en la primera infancia.

Bleichmar “El carácter lúdico del análisis”

No todo juego es interpretable, sino aquel que se produce en el espacio analitico. Se pregunta si el icc está
ahí, en ese juego o lo que está haciendo el niño, o no. Si por medio del juego se puede acceder a algo del
inconsciente, no es entonces el juego mismo lo que se interpreta, sino la presencia en él del inconsciente.
Juego: producción simbólica, y como una formación de intermediación en la intersección de dos ejes: por
un lado el del placer, que implica la actividad lúdica; por otro lado, la articulación de creencia-realidad
(espacio de la realidad y creaciones fantasmáticas singulares). Se produce en un espacio en donde la
creencia y la realidad se entremezclan. En ese entrecruzamiento se da el juego simbólico.
La existencia del juego simbólico en el niño va a develar el nivel de progreso psíquico, porque se tiene que
haber desarrollado una función simbólica (función adquirida por el sujeto, capacidad de representarse un
objeto ante la ausencia del objeto mismo). Esta no se constituye como efecto de la ausencia del objeto,
sino de un exceso. A partir de la vivencia de satisfacción primaria, frente a la imposibilidad del niño a
volver a la misma se construye, ante la ausencia del objeto, una imagen (de manera alucinatoria) para
paliar ese displacer que está pugnando por satisfacerse que es displacentera. Esa alucinación primaria es
una de las primeras manifestaciones de la función simbólica.

La intervención del analista no es meramente lúdica, se debe restituir la palabra como simbolización
dominante en la función analítica. Se aplican las mismas reglas que para el análisis en general.
Los analistas de niños transforman el juego en discurso, dando un carácter comunicacional al acto del
otro.
El analista no debe limitarse a jugar, el análisis es del orden del sentido -del síntoma, del deseo, del
inconsciente- y no de la mera acción ni educativa ni de obtención de placer.
Pre-requisitos para la constitución del aparato psíquico. Para que haya juego simbólico tiene que estar la
instauración de lo pulsional, la represión originaria tiene que haber operado, y tiene que haber una
constitución del yo. Y a su vez tiene que haber un clivaje longitudinal del yo (MUY IMPORTANTE). Este
posibilita articular el plano de la fantasía con el plano de la realidad, desplegando ambos a la par (ejemplo:
ser un pirata y ser un niño, no deja de ser niño aunque esté jugando). Posibilidad de entrar y salir de la
escena, posibilitado por este clivaje.
En relación a esto aparece el concepto de pseudo-juego: movimiento de puesta en acto en el mundo de
una condición delirante, que no sólo da cuenta del fracaso parcial de la función simbólica sino también se
torna irreductible el proceso de comunicación (no hay un mensaje). Implica una certeza delirante, por lo
que se halla cerrado a toda comunicación y el fin es la descarga pulsional directa, del orden de lo
compulsivo. Lo central del pseudo-juego es que esté el componente alucinatorio. No toda ausencia de
juego simbólico implica pseudo-juego.
El juego como puesta en juego de una fantasía, implica ciertos niveles de deformación, donde emerge el
contenido icc de forma encubierta. Aquello reprimido emerge y al mismo tiempo se encubre, como en el
sueño. Como toda actividad sublimatoria posibilita el cambio de meta y de objeto que habilita la
emergencia en el espacio de análisis de elementos icc que sirven a los fines de la cura. La riqueza de la
sesión de análisis consiste en la posibilidad de que uno de ellos (meta u objeto) queda temporalmente en
suspenso por la emergencia de fantasmas reprimidos.
Más allá de que el niño juegue y a qué juega, lo importante es la intervención del analista. Leemos como
mensaje al juego y lo convertimos en un intercambio. El juego deviene mensaje en tanto existe una
relación transferencial. Brinda carácter comunicacional al acto del otro. Se interpreta la presencia del icc
en el juego.
Dos riesgos: 1) el analista que se ubica simétricamente olvidando su tarea de simbolización/interpretación,
y 2) el juego como trabajo y olvidando la dimensión placentera.
En lo que respecta al juego, falta la categoría “código compartido” de inicio. Y es acá donde la teoría ha
intentado ocupar ese lugar, convirtiéndose en una suerte de sistema de transcripción simbólica que no da
lugar a ningún tipo de construcción singular de sentido. Sin embargo, hay un descubrimiento enorme en
este intento por convertir al juego en discurso, y éste consiste en dar a la sesión analítica la perspectiva de
un espacio en el cual todo aquello que ocurre deviene mensaje (y ello por efecto de la transferencia).
Cuando hablamos del juego en tanto vía de acceso al icc, sabemos que se trata del juego en análisis y
no del juego en general.

Bleichmar retoma y critica algunos de los planteos de Klein y Winnicott.


Klein
Destaca:
-Que es la primera en introducir al juego como técnica y como interpretable; y que le da a la sesión
analítica la perspectiva de que es un espacio donde todo puede ser mensaje.
Crítica:
-No todo es juego.
-El icc no es innato y esto la llevó a Klein a realizar interpretaciones clichés, carentes de toda originalidad y
repetidas.
-Remarca, a diferencia de Klein, que el juego no va a ser equivalente a la palabra del adulto porque en el
niño no está presente, falta la regla fundamental. Y su concepción de aparato psíquico es diferente a la de
Klein.
El intento de Melanie Klein de constituir al juego como equivalente de la libre asociación, sólo es posible
de ser aplicado en la medida en que el icc en su correlación con los otros sistemas psíquicos se ha visto
fundado (si hay aparato psíquico en funcionamiento), y en este sentido el juego puede operar al modo de
un lenguaje. Critica esta falsa noción de saber todo aquello que le acontece al paciente; menciona la falta
del código compartido (regla fundamental) en el niño.
Winnicot
Destaca:
-El lugar y la importancia que le da al juego;
-la idea de ilusión en el proceso de construcción de la realidad y el papel del juego en éste (zona
intermedia de experiencia);
-La idea de lo lúdico como espacio simbólico de placer.
Crítica:
-Posición del analista como mero partenaire del juego.
-Que en el análisis lo importante sea que el niño juegue, en tanto hay que diferenciar si es o no juego en
sentido estricto. No todo es juego. El juego debe ser acompañado de la palabra, de la intervención.

Klein “La técnica psicoanalítica del juego: su historia y significado”

Modifica el objeto (niño), y homologa el psiquismo del niño y del adulto por lo que usa el mismo método. El
juego es la forma de expresarse del niño, de la misma forma que el adulto se expresa por la palabra. El
método va a ser la interpretación. Juego como forma simbólica de expresarse, a través de él se puede
acceder al icc.
Al homologar el juego con la palabra, hay una interpretación continua de lo que el niño está haciendo.
Bleichmar critica esto, pero destaca que es la primera persona que trabaja con esto (que hay icc en el
juego).
Desarrolló la técnica del juego con niños pequeños. Los psicoanalistas no habían explorado los estratos
más profundos del icc en niños, se consideraba peligrosa. Entonces, el psa era considerado adecuado
solamente para niños desde el período de latencia en adelante.
Usó el método de interpretación, enfoque a la libre asociación. Interpreta no sólo las palabras del niño
sino también sus actividades en los juegos, ya que son medios de expresar lo que el adulto manifiesta por
la palabra. También me guiaron otros 2 principios del psaa: la exploración del icc y el análisis de la
transferencia.
La etapa decisiva en el desarrollo de la técnica del juego fue el tratamiento de Rita de 2 años y 9 meses.
Padecía de terrores nocturnos y fobia a animales, era muy ambivalente hacia su madre. Tenía una
marcada neurosis obsesiva y por momentos se deprimía mucho. Su juego estaba inhibido. Pronto
comprendí las ansiedades subyacentes en sus obsesiones, y las interpreté. Una precondición para el psa
de un niño es comprender e interpretar las fantasías, sentimientos, ansiedades y experiencias expresadas
por el juego o, si las actividades del juego están inhibidas, las causas de la inhibición.
En la niña operaba un áspero e inflexible superyó. Concluí que este aparece en una etapa mucho más
temprana de lo que Freud supuso. El superyó es algo que el niño siente operando internamente de una
manera concreta, que consiste en una variedad de figuras construidas a partir de sus experiencias y
fantasías y que se deriva de las etapas en que introyectó a sus padres.
Juguetes adecuados para la técnica psicoanalítica del juego: multiplicidad de piezas simples, mayor
posibilidad de simbolizar. Consideró esencial tener juguetes pequeños, porque su número y variedad
permiten al niño expresar una amplia serie de fantasías y experiencias. Es importante que no sean
mecánicos y que las figuras humanas no indiquen ninguna ocupación particular. Su simplicidad permite
usarlos en situaciones diferentes.
El equipamiento de la habitación de juegos es simple. Pero tiene que haber muchas cosas a su disposicion
para que el niño HAGA y EXPERIMENTE.
Los juguetes de cada niño son guardados en cajones particulares, y así cada uno sabe que sólo él y el
analista conocen sus juguetes, y con ello sus juegos, que es el equivalente de las asociaciones del adulto.
El cajón individual es parte de la relación privada e íntima entre el analista y el paciente, característica de
la situación de transferencia psicoanalítica.
Bleichmar critica esta caja que se termino volviendo como un fetiche. Y que en realidad es un elemento
más.
Los juguetes no son el único requisito para un análisis del juego. Muchas actividades se efectúan en el
lavatorio, equipado con una o dos pequeñas tazas, vasos y cucharas.
A menudo él dibuja, escribe, pinta, corta, repara juguetes, etc. En el juego asigna roles al analista y a sí
mismo. Con frecuencia el niño toma la parte del adulto, expresando con eso no sólo su deseo de revertir
los roles, sino también demostrando cómo siente que sus padres u otras personas con autoridad se
comportan con respecto a él -o deberían comportarse-. Algunas veces descarga su agresividad y
resentimiento siendo, en el rol del padre, sádico. Cualquiera que sea el material utilizado, es esencial que
se apliquen los principios analíticos subyacentes en la técnica.
La agresividad se expresa de varios modos en el juego del niño, directa o indirectamente. Es esencial que
el niño deje surgir su agresividad, pero lo que cuenta más es comprender por qué en este momento
particular de la situación de transferencia aparecen impulsos destructivos y observar sus consecuencias
en la mente del niño. Usualmente he expresado al niño que no toleraría ataques a mi misma. Cuanto más
tiempo interpretaba los motivos de la agresividad del niño, más podía mantener la situación bajo control.
Pero ocasionalmente, con algunos niños psicóticos, ha sido difícil protegerse de su agresividad.
Siempre ha sido parte de mi técnica no ejercer influencia educativa o moral, sino restringirme al
procedimiento psicoanalítico que consiste en comprender la mente del paciente y transmitirle qué es lo que
ocurre en ella.
Cualquier actividad (usar papel para garabatear o para recortar, y todo detalle de la conducta) pueden dar
un clave acerca de lo que pasa en la mente del niño.
Las conexiones entre cc e icc son mucho más estrechas en los niños pequeños que en los adultos, porque
las represiones infantiles son menos poderosas.
Punto importantes en la técnica del juego: análisis de la transferencia. En la transferencia con el analista
el paciente repite emociones y conflictos anteriores. Podemos ayudar al paciente remontando sus
fantasías y ansiedades en nuestras interpretaciones de transferencia adonde se originaron,
particularmente en la infancia y en relación con sus primeros objetos.
Centré mi interés en ansiedades y defensas contra ellas. Me condujo cada vez más profundamente en el
icc y en la vida fantástica del niño. Este énfasis era contrario al punto de vista psicoanalítico de que las
interpretaciones no deberían ir muy hondo ni debían ser dadas frecuentemente. Persistí en mi enfoque, a
pesar de que implicaba un cambio radical en la técnica. Esto hizo accesible la comprensión de las
tempranas fantasías, ansiedades y defensas infantiles, que permanecían inexploradas.
Los juguetes no sólo representan cosas que interesan al niño en sí mismas, sino que en su juego siempre
tienen una variedad de significados simbólicos que están ligados a sus fantasías, deseos y
experiencias. Pero debemos considerar el uso de los símbolos de cada niño en conexión con sus
emociones y ansiedades particulares y con la situación total que se presenta en el análisis. Meras
traducciones generalizadas de símbolos ni tienen significado.
El análisis del juego había demostrado que el simbolismo permite al niño transferir no sólo intereses,
sino fantasías, ansiedades y sentimientos de culpa a objetos distintos de las personas. El niño
experimenta un gran alivio jugando y éste es uno de los factores que hacen que el juego sea esencial
para él. En los niños, una severa inhibición de la capacidad de formar y usar símbolos y de desarrollar
fantasías, es señal de una perturbación seria.
Mi técnica del juego me ayudó a ver qué material debía ser interpretado en ese momento y el modo en que
sería más fácilmente transmitido al paciente.

Winnicott “El juego del garabato” (caso clínico L, siete años y medio)

A la primera entrevista se le debe asignar un lugar especial. Para diferenciarla de la psicoterapia y del psa,
utilizo la expresión “consulta psicoterapéutica”. Es una entrevista diagnóstica, el fundamento es que
un paciente (niño o adulto) trae a la primera entrevista una creencia que obtendrá ayuda y confiará en
quien se la ofrece. La comunicación del paciente con el psiquiatra estará referida a las tendencias
emocionales específicas que, dotadas de una forma actual, tienen sus raíces en el pasado o en su
realidad interna personal.
Respecto de las técnicas, la base es el jugar. En mi opinión, o bien la psicoterapia se ejecuta en la
superposición de las dos zonas de juego (la del paciente y la del terapeuta) o bien el tratamiento debe
encauzarse a posibilitarle al niño jugar -vale decir, tener motivos para confiar en la provisión ambiental-.
Hay que partir de la base de que el terapeuta es capaz de jugar y de disfrutar con el juego.
El juego del garabato es una tecnica que le sirve en la primera entrevista para encuadrar el tratamiento y
reducir ansiedades. Es un método para establecer contacto con un paciente cuando este es un niño. Es un
juego reglado que pueden jugar dos personas. Tiene valor para la consulta terapéutica porque el
consultor utiliza los resultados de acuerdo con lo que el niño quiere comunicar. Lo que mantiene el interés
del niño es la forma en que se utiliza el material producido mientras se juega. No se trata de un test, el
consultor aporta su propio ingenio casi tanto como el niño.
Una vez que llega el niño le digo “Juguemos a algo. Te mostraré a qué me gustaría jugar a mí”. En la
mesa, que hay entre el niño y yo, tengo papel y dos lápices. Primero tomo algunas hojas de papel y las
rompo por la mitad (como movimiento de apertura), dando así la impresión de que lo que vamos a hacer
no tiene ninguna importancia desmesurada, y luego empiezo a explicar: “Este juego, que a mí me gusta,
no tiene reglas. Simplemente tomo lápiz y hago esto…” y mirando hacia otra parte hago un trazo a ciegas,
“Me dirás a qué se parece esto que yo hago, o si puedes lo conviertes tú en alguna cosa; después tú harás
lo mismo para mí, y veré si puedo hacer algo con lo tuyo”. Si el niño en vez de dibujar quiere charlar, o
jugar con los juguetes, o hacer música, o corretear por la pieza, me amoldo a sus deseos. El juego del
garabato no ha de dominar la escena durante más de una sesión, o a lo sumo 2 o 3.
Como no hay ninguna forma, va a dar muestra de en qué instancia está en la constitución del aparato y de
sus defensas.

TRABAJO PRÁCTICO N°7: Relatos sobre el origen

Adolescencia como momento de cambios, de elaboración, de metamorfosis en relación al cuerpo. Tiene


que ver con un proceso psíquico, en relación a cambios que se dan en el cuerpo biológico, y que se da un
correlato de trabajo psíquico. Hay todo un esfuerzo que tiene que hacer el adolescente para hacerse cargo
de estos cambios que lo transforman. Salida del mundo infantil. Piera lo relaciona con la propia historia.
Proyecto identificatorio: autoconstrucción permanente del yo por el yo. El sujeto se va reconociendo en los
cambios.
Nos estructuramos a partir de la fx materna, a partir de un relato de otros que aparecen y nos estructuran.

Recorrido identificatorio
T0 T1 T2 (distintos tiempos y modos de funcionamiento de la psique)

T0. Nacimiento y todo lo que antecede a él.


INFANS
Portavoz, sombra hablada
Tiene que ver con todas esas ideas y deseos de padres
(TP 7 T0 y T1)
T1. Tiene que ver con el advenimiento del Yo
Aca arranca el PROYECTO IDENTIFICATORIO
Pasaje de INFANS a NIÑO.
A partir de T1 el yo puede reconstruir retroactivamente aT0.
Yo como investigador (pregunta). La violencia primaria empieza a ceder.
(TP 8 Lo que pasa en T1 y T2)

T2. Adolescencia
Momento de giro o encrucijada identificatoria.
Adolescente como historiador.
Toma su propio proyecto en sus manos. Tiene que ver con la salida exogámica.
Acontecimiento, algo que cambia nuestras vidas, irrumpe y nos obliga a apropiarnos, a metabolizar lo que
sucede. TRABAJO ADOLESCENTE.
(TP9 T2)
Adolescencia como tiempo de conclusión donde la potencialidad (que se constituye en T1 y T2) termina de
tomar forma. De co autor pasa a ser autor, dueño y portador de su propia historia. Trabajo en la
adolescencia: poner en historia y poner en memoria.
Hay algo real que cambió: el cuerpo. El cambio es casi una obligacion. Pero algunos psiquismos les
cuesta mas hacerse la idea de los cambios.

Cuando nos referimos a T0, T1 y T2 estamos hablando del proceso identificatorio. El sujeto para
representar un antes de su propia existencia se basa en los enunciados de los demás (aca entran en juego
los conceptos de el espacio al que yo puede advenir, la sombra hablada, la función de portavoz, la
violencia primaria), pero no solo de las instancias parentales sino también del grupo social. Este espacio
(T0) no puede quedar en blanco, porque son necesarios puntos de anclaje que nos permitan ubicarnos en
un sistema de parentesco. Estos puntos de anclaje nos permiten avanzar, ir hacia el futuro sin perder la
nocion de quienes somos, la estabilidad. Y que frente a cualquier encrucijada el yo pueda representarse,
quien es.

El T0 se construye por retroacción a partir de preguntas, de la indagación de parte del Yo (como fue que
nací, en que momento, etc) Si hay un vacío o mentiras, sobre que pasó entre T0 y T1, no se entera quién
fue y va a tener graves implicancias para el devenir del sujeto.
Todo lo que se da en T0 va a hablar sobre el origen, y este origen va a conformar o estructurar los puntos
de anclaje, que será lo que tiene que permanecer. Puntos de anclaje porque proyeccion es a partir de una
serie de puntos que nos proyectamos hacia adelante y funciona como red; a pesar de la automodificación
del yo por el yo, el yo puede seguir dando cuenta de que es el mismo. Para eso es necesario que algo
permanezca.
La pregunta que el Yo le lanza al pasado, a sus padres, las teorías sexuales infantiles, constituyen los
puntos de anclaje, los núcleos duros del Yo, que permite reconocernos a pesar de que pase algo. El lugar
del niño es co-autor de su historia. Si bien necesita de la palabra del otro, que le ofrece un discurso, este
puede identificarse o no, y toma el relato en fx de la singularidad de esa psique en constitución.
A su vez es un tiempo que no puede quedar en blanco, sino el Yo queda como autoengendrado y origen
como causalidad delirante.

T1. Momento marcado por el advenimiento del Yo. Momento en que el niño pasa a sustituir al infans que
ya no es. Momento donde se reconoce la presencia de otro, de una exterioridad (primeramente, a la
madre o a la pareja parental), y se reconoce que puede estar tanto presente como ausente, que puede
causar dolor o sufrimiento, y que impone un trabajo de auto modificación del yo. Territorio ocupado por
enunciados identificatorios, hay una instancia que ya puede enunciar y prestar su propia voz para poner
palabras a lo que le sucede.
Los puntos de anclaje van a servir en este momento como referencias del origen, que funcionan como
brújula, en el T1 el niño retoma la temática del origen, niño investigador, y esto puede conducir a la
autonomía o a la alienación de pensamiento.El niño se interroga e investiga, dando sus respuestas. Esto
conducirá a una autonomía o a una alienación de pensamiento.
El Proceso Identificatorio no finaliza nunca, pero va a ser necesario que se fijen puntos de anclaje,
referencias del origen. El Yo nunca es el mismo. Yo como conjunto de identificaciones, se apropia de
enunciados identificatorios que de otro le aporta, realiza un trabajo de construcción histórica que le permite
tener la sensacion de continuidad temporal. Proceso de historizacion para investir el futuro, anuda el que
ha sido con el que será, principio de permanencia y de cambio. Las referencias del origen funcionan como
brújula (quien es, quien fue, quien será). Le permiten seguir siendo el mismo a pesar de los cambios.
El Yo toma conciencia de que hay un tiempo anterior. Sólo el otro puede decir quién fue.
El Yo debe hacer un trabajo fundamental: Realizar el trabajo de activo historiador: ante la necesidad de
preservar la memoria de su pasado, de lo que sucedió entre T0-T1, el niño apelara al discurso de la madre
para tomar prestadas las informaciones que le permitan esbozar el primer capítulo de su historia, saber
que fue deseado, información que le permita pensar su “vivenciar del infans”. Buscará poder anclarse en
su memoria para saber de dónde viene y a donde va.
El T1 es un tiempo de apertura vinculado por el pasaje que se establece de infans a niño tiempo de
clausura vinculado a la noción central en la adolescencia, posibilidad de instalación de la potencialidad.
Entre T1 y T2, se va a constituir la potencialidad, va a pautar la relacion que el sujeto va a establecer con
el saber del otro, con el primer saber, si es un saber parcial que nos ofrece algunas verdades pero hay
otras con las que no estoy de acuerdo, o si es él saber, omnipotente. Y los posibles de su funcionamiento
psíquico. El tipo de potencialidad va a suponer la articulación con la posición que el niño va a asumir como
investigador. También se relaciona con la posible o no autonomía del pensamiento (yo hablo vs yo
hablado), y con su posición identificatoria.
Potencialidad: posibles de su funcionamiento psíquico. El concepto de potencialidad engloba los “posibles”
del funcionamiento del yo y de sus posiciones identificatorias, una vez concluida la infancia. Condiciones:
zona siniestrada (construcción de T0 como PDP) y la posible o no autonomía del pensamiento.

T2. se produce un giro en el movimiento identificatorio (Yo como historiador)

El abandono del tiempo y del mundo de la infancia exigen que el yo se haga único signatario de sus
enunciados identificatorios y a su cargo su relación con la realidad, con los otros y con sus propios ideales.
Tiempo de conquista del pensamiento autónomo. Ligado a la entrada en la adolescencia. A la vez,
Aulagnier lo llama tiempo de conclusión porque hay algo que termina de tomar forma, de organizarse: la
potencialidad. El trabajo del adolescente:
Poner en memoria y poner en historia, para que un tiempo pasado pueda seguir existiendo psíquicamente
en y por esta autobiografía. Es necesario un mínimo de anclajes estables que permitan la permanencia.
Condición para que el sujeto tenga certeza de ser el autor de su propia historia. Proceso de
desidealización de las instancias parentales. La modificación es una capacidad ligadora, para metabolizar
o ligar los cambios propios del momento adolescente. Lo modificable y lo no modificable tienen relación
con el registro relacional y el registro identificatorio (entra en juego la escena somática, resonancia
afectiva).
Los puntos de anclaje permiten ubicarse en la línea genealógica. Se articula con el lenguaje fundamental
(comprende dos subconjuntos: la posibilidad de inscripción en un orden genealógico, línea filiatoria. Que
pueda pensar el pasado, presente y futuro; y la posibilidad de nominar los estados afectivos. Palabra apta
al afecto: que los afectos sean transformados en emociones y sentimientos; y que éstos puedan ubicarse
en el sistema de parentesco).
Fondo de memoria: conjunto de representaciones que operan como referencias identitarias. Tejido
representacional investido libidinalmente. Garantiza la mismidad del Yo. Representaciones y afectos
provenientes de lo histórico vivencial que va de T0 a T1 y un poco más. Requiere de un Yo.
Fondo representativo: conjunto de representaciones pictográficas, del proceso originario. Tiempo anterior
al fondo de memoria.
Podríamos decir que el recorrido del adolescente consta de dos etapas:

1. Donde deberán seleccionarse, puestos al amparo del olvido, de la represión, los materiales
(enunciados identificatorios) necesarios para la constitución de ese fondo de memoria, garante de la
permanencia identificatoria. Doble investidura. Organización del espacio identificatorio.

2. Puesta en lugar de los posibles relacionales. Incide de forma privilegiada sobre el espacio
relacional y sobre la elección de objetos soportes del deseo. Matriz relacional y posibles relacionales de la
adolescencia.

El trabajo de historización es condición necesaria para investir un futuro.

Aulagnier (1984) “Dos notas al pie de página”


La primera parte de estas notas tratará del trabajo del historiador en este tiempo de apertura del
proceso identificatorio, en que se pasa de infans a niño. Tiempo de clausura que pone fin a un primer
modo de identificación y da acceso a un segundo, que deberá tomar en cuenta lo que llamaré efecto de
encuentro. Es en ese tiempo de conclusión cuando el yo firmará un compromiso con la realidad, cuyas
cláusulas decidirán sobre los posibles de su funcionamiento psíquico (es lo que designa el término de
potencialidad).
Hay tres momentos que deciden sobre el trayecto identificatorio que ha de seguir el yo, transcurrida la
infancia. Esos tiempos son designados como T0, T1 y T2. T0 designa el momento del nacimiento del
infans, T1 el advenimiento del yo y T2 un giro y una encrucijada en el movimiento identificatorio, que no se
prestan a una definición unívoca.
En la nota donde trato de la potencialidad, privilegio uno de los acontecimientos psíquicos responsables de
ese giro: la necesidad en que está el yo de modificar su relación de dependencia con el pensamiento
parental. Esta modificación, más o menos lograda o fracasada, coincide con el final del mecanismo de la
represión secundaria y la instalación de una potencialidad que podrá, en un tiempo más o menos cercano
o lejano, cobrar la forma manifiesta de una neurosis, de una psicosis o de esas problemáticas polimorfas.
Sin puntos de anclaje, el Yo se constituye cpmo autoengendrado y todo lo que le produzca displacer o un
cambio va a ser automutilado, lo que se automutila es la capacidad de pensar autonomamente (dirá luego
Piera). Es necesario que a uno lo nominen de alguna manera, la violencia primaria es necesaria, anhelos
identificatorios que conciernen al futuro.

Aulagnier (1991) “Nacimiento de un cuerpo, origen de una historia”

Para Piera los psicóticos no tienen la misma relación que los neuróticos con el saber (en relación a la
autonomía del pensamiento). El saber no tiene que ver con el saber racional, sino con lo lógico. La
autonomia de pensamiento va a ser el criterio de diferenciación clínica, que haya autonomia o alienacion
de pensamiento hace que el método cambie, dará cuenta del tipo de conflicto identificatorio.
Potencialidad. Tiene que ver con los posibles funcionamientos de un sujeto. P. psicotica, neurotica,
polimorfa.
Ordena su metapsicologia alrededor del Yo, instancia psíquica encargada de las instancias superiores
(articulacion entre proceso primario y secundario). Es una gran masa ligadora.
Dos postulados en el que centra su teoria:
- el cuerpo: toma el modelo del cuerpo y las funciones sensoriales como vehículo de una información
somática. Información que proviene del cuerpo y es transformada en algo heterogéneo, en algo diferente;
la convierte en material psíquico: Actividad de representación de la psique.
- la situación de Encuentro: si hay algo que caracteriza al ser viviente es su situación de encuentro
continuo con el medio físico-psíquico que lo rodea. Estos encuentros (todo acto, toda experiencia, toda
vivencia) serán generadores de tres tipos de producciones, lugares de inscripción y procesos: lo
originario, lo primario y lo secundario. (Pág. 17 y 18 de "La violencia de la interpretación")

TRES MODOS DE FUNCIONAMIENTO DE LA ACTIVIDAD PSÍQUICA


•Los tres procesos no están presentes desde un primer momento en la actividad psíquica, sino que se
suceden temporalmente y su puesta en marcha es provocada por la necesidad que se le impone a la
psique de conocer una propiedad del objeto externo a ella, propiedad que el proceso anterior estaba
obligado a desconocer. La instauración de un nuevo proceso nunca implica el silenciamiento del
anterior.

•Todo acto de representación es coextenso con uno de catectización. Todo acto de catectización se
origina en la tendencia característica de la psique de preservar o reencontrar una experiencia de placer.

•La primera e inaugural experiencia de placer es el encuentro boca – pecho. Préstamo tomado del
modelo sensorial por la actividad de lo originario. El fundamento de la vida del organismo consiste en una
oscilación entre dos formas elementales de actividad: la catectización y la descatectización.

•Lo percibido por la vista, el gusto, el tacto, etc.; será percibido por la psique como una fuente de placer o
sufrimiento autoengendrado por ella. En este último caso, ese sufrimiento se debe rechazar, lo que
implica que la psique se automutila.

La psique toma el modelo de lo corporal. La REALIDAD se aprehende a partir de la percepción, a partir


de la Actividad Sensorial. Lo primero que se aprehende es el propio espacio somático. No se puede
escapar a éste.

La función que va a cumplir el cuerpo es de mediador y de apuesta relacional entre dos psiques y entre la
psique y el mundo. La realidad se va a conocer por intermedio del cuerpo. Todo acto de conocimiento
está precedido por un acto de investidura que fue desencadenado por una experiencia afectiva que
acompaña al ENCUENTRO. Examinaremos las tres formas de existencia bajo las cuales la realidad (y por
lo tanto el cuerpo) se presta al ser humano:
Primera formulación de la realidad que el niño va a darse: la realidad está regida por el deseo de los
otros, el sujeto leerá las consecuencias del poder ejercido por la psique de otros que lo rodean y que son
los soportes privilegiados de sus investiduras.(Violencia primaria, se lee desde el portavoz). La realidad se
va a conocer por intermedio del cuerpo. Todo acto de conocimiento está precedido por un acto de
investidura que fue desencadenado por una experiencia afectiva que acompaña el encuentro. Encuentro
con algo nuevo que nos obliga a un esfuerzo.
Una segunda formulación de la realidad indica que ésta se ajusta al conocimiento que da de ella el
saber dominante en una cultura (todo tiene una producción de época, hay cuestiones que
necesariamente nos obligan a repensar la metapsicología). Hay un consenso que va más allá de los
padres.
Y como tercera formulación: la realidad es incognoscible, siempre habrá un resto imposible de
aprehender.
De estas tres formulaciones pensamos al cuerpo como parte de la realidad, mediador que lo constituye,
pensar el espacio psíquico diferente al somático. En un momento son indisociables (autoengendramiento),
luego cuerpo se separa de la actividad de representación.
Mientras espacio psíquico y espacio somático son indisociables, mientras ningún existente exterior puede
ser conocido como tal, todo lo que afecta a la psique responderá al postulado del autoengendramiento.
La psique atribuye a la actividad de las zonas sensoriales el poder de engendrar sus propias experiencias
(placer o sufrimiento), sus propios movimientos de investidura o desinvestidura. En este tiempo que
precede a la prueba de la separación, la “realidad” va a coincidir con sus efectos sobre la organización
somática, con las modificaciones, las reacciones que tienen lugar en ella, la realidad es autoengendrada
por la actividad sensorial. Todo lo que sucede es construido por la propia actividad de representación, no
hay discriminacion entre interno- externo.
Una vez reconocida la exterioridad del pecho, primer representante de un mundo separado, el sujeto
tendrá acceso a ese nuevo espacio de la realidad en el cual unos “signos” captados por nuestros sentidos
conformarán los dos soportes de toda relación: estos signos forman parte de lo fantasmable, de lo
interpretable, de lo pensable.
Nuestra relación con el cuerpo, así como nuestra relación con la realidad, son función de la manera en que
el sujeto oye, deforma o permanece sordo al discurso del conjunto. Sus reacciones son consecuencia de
la especificidad de su economía psíquica.
Para conservar su lugar en el espacio social el sujeto debe aceptar un consenso en cuanto al término de
realidad. Para eso, tomar un préstamo obligatorio al saber dominante en su cultura. Gracias a eso
dispondrán de un discurso sobre el cuerpo referido a un cuerpo modelo y a un cuerpo universal, pero del
que también forma parte el suyo propio. El sujeto extraerá de este discurso sobre el cuerpo cierto número
de enunciados que pasan a formar parte de su conocimiento (reservorio libidinal del cual el adolescente
toma a cargo su propia historia y la reescribe. Es necesario que haya construido con la investigación cierto
conocimiento y punto de anclaje que le permita abalanzarse sobre lo nuevo y sostenerse. Reconocerse a
pesar de los cambios).
La elección de los enunciados dependerá de cuán aptos sean para conciliarse con un cuerpo
fantasmeable e investible por la psique. Por otra parte, el sujeto va a servirse de otros enunciados para dar
forma a una construcción del cuerpo que él va a preservar en la psique. Entonces siempre vamos a estar
en presencia de un cuerpo hablado. El largo rodeo sobre la realidad, el cuerpo y las exigencias culturales
son la condición previa.

Proceso identificatorio
Todo lo trabajado en relación al cuerpo, se engarza en el proceso identificatorio. Es la cara oculta del
trabajo de la historia de nuestro cuerpo, orgánico y psíquico, del trabajo de historización.
El yo debe ser su propio biógrafo y en su biografía deberá dar lugar a los discursos sobre su propio
cuerpo, a los enunciados identificatorios, historia libidinal e historia identificatoria. Una vez que esta historia
se ha escrito, hará necesarias la desaparición de algunos párrafos y la invención de otros, para culminar
en una versión que el sujeto cree en cada momento definitiva, pero que debe permanecer abierta cada vez
que ello se revele necesario. Esta versión se mantiene inestable, y sólo por eso puede el sujeto
asegurarse de su propia permanencia, sin dejar de aceptar los inevitables cambios físicos y psíquicos que
se sucederán.

La permanencia a pesar de los cambios se la va a dar los puntos de almohadillado que se van a producir a
partir de ciertos orientadores temporales, "signos", caracterizados por estar cargados de emoción o de
sufrimiento en el cuerpo.

Principio de permanencia y de cambio: hay algo que cambia necesariamente, pero algo va a tener que
permanecer. La posibilidad de abrazar los cambios y de poder hacerlos sintónicos a la estructura de base
tiene que ver con la autonomía de pensamiento.
Proceso identificatorio: no finaliza nunca.
Proyecto identificatorio: función articular del pasado y el futuro

La certeza de habitar un mismo y único cuerpo, más allá de sus modificaciones, es lo que sostiene la
permanencia necesaria de ciertos puntos de referencia identificatorios. Para lograrlo, el yo va a atribuir
una misma función relacional y una misma causalidad a cierto número de experiencias, aunque las haya
vivido en tiempos y situaciones diferentes, ciertos puntos que se enlazarán entre sí y permitan al yo
reencontrarse y orientarse en una historia (la suya), que se caracteriza por su movimiento contínuo. De ahí
la importancia que es preciso otorgar a ese conjunto de signos e inscripciones corporales que pueden
prestarse a semejante función de orientadores temporales y relacionales.

El papel de la emoción y el sufrimiento: manifestaciones somáticas, como parte de la psique, a modo de


mensajeros. Son modos de expresión de la psique, entonces se puede pensar una interrelación de la
psique y el cuerpo (en los primerísimos tiempos, la psique empieza a representar).
La emoción se refiere a una vivencia de la que el Yo tiene conciencia. (hablaremos de emociones a partir
del Yo, encargado de articular representación y afecto) y que guarda relación privilegiada con lo sensorial,
modifica el estado somático, pone dos cuerpos en resonancia. Los enunciados identificatorios tienen
resonancia afectiva para el Yo, masa representacional atravesada por un investimiento. Se pone en
“memoria” lo que emociona. Memoria como ejercicio y fx del Yo. Lo que se puede recordar es lo que nos
emocionó. A su vez, las manifestaciones somáticas del infans deberán producir emoción y placer en la
madre, lo que provocará una reacción somatopsíquica del infans. Esta emoción, es fundamental cuando
se comienza a constituir la autonomía de pensamiento. Es importante que los padres registren con placer
los primeros logros de los hijos, que den lugar a los primeros reproches, entender que está creciendo. En
la adolescencia, cuando el sujeto tenga que elegir los enunciados identificatorios, va a tener que ver con la
resonancia afectiva, por eso vamos a decir que la adolescencia es un tiempo privilegiado para que una
potencialidad psicótica devenga una psicosis manifiesta. Hay que ver con qué enunciados cuenta para
abrazar los cambios del cuerpo, y otros que se puedan producir.
Mientras que el sufrimiento apela al poder de quien es supuestamente capaz de modificar la realidad
somática, va a tener un impacto muy grande en cómo se organiza en la psique ese tiempo de la infancia
durante el cual el medio familiar y particularmente la madre son los encargados de velar por el estado del
cuerpo. El niño ofrece a la mirada de la madre las manifestaciones de su bienestar, pero le impone las
manifestaciones de su sufrimiento.
Es tan importante el placer como el sufrimiento. El placer como frustracion tambien. El relato y la reacción
que el otro tenga del sufrimiento del cuerpo o lo que no diga, va a tener una influencia enorme en la
relación de ese sujeto con su propio cuerpo. Lo que nos digan o lo que no nos digan va a tener mucha
relación. Al primer sufrimiento le sucederá un discurso que reaparece en cada sufrimiento somático porque
más que marca su vida psíquica. El enlace entre el cuerpo y la inauguración de la actividad de
representación. A partir del cuerpo se constituye el cuerpo relacional y nuestras posibilidades de cualificar
o no lo que nos pasa, en terminos de placer o de sufrimiento. Se pasa de cuerpo sensorial a cuerpo
relacional, de la zona sensorial a la zona erógena, en tanto aparece un representante esa zona sensorial
pasa a estructurarse a una zona erógena.
La experiencia de placer da lugar a una sola demanda: que nada cambie, ni en uno mismo, ni en el otro, ni
en el medio. La experiencia del sufrimiento demanda lo contrario.

Encuentro entre la psique y el cuerpo: Me limitaré a bosquejar esos “destinos relacionales” que ligan el
devenir del cuerpo con el devenir de la psique, y me detendré sobre aquello que se organiza al producirse
un primer encuentro entre la psique y el cuerpo. Tres hipótesis:
1. El acto que inaugura la vida psíquica implica una mismidad entre lo percibido y lo manifestado en el
espacio psíquico. Todo lo mismo es autoengendrado.
2. El yo no puede habitar ni investir un cuerpo no historizado. La primera versión la otorga la madre, su
psique, que espera y aloja al cuerpo naciente. El yo anticipado es construido por el portavoz. Yo
anticipado que lleva la imagen del niño que todavía no está. Asimismo existe un riesgo de investir una
imagen en la ausencia del soporte real (muchas veces pasa con niños hospitalizados). El Yo anticipado
tiene muy poco que ver con el Yo real, muchas veces se produce un desajuste para los padres que tiene
repercusiones en la estructuración psíquica. Si el yo anticipado es un yo historizado que inserta de entrada
al niño en un sistema de parentesco y con ello en un orden temporal y simbólico, la imagen corporal de
este yo, tal como la construyó el portavoz, conserva la marca de su deseo (el deseo materno). Pero
cuando se asume el riesgo (necesario) de crearse y de preinvestir una imagen en ausencia de su soporte
real, se asume también el de descubrir la no conformidad, el desajuste entre la imagen y el soporte. La
madre se topa siempre con el cuerpo del infans como riesgo, también puede encontrárselo como una
resistencia o como una desmentida, fuente de un conflicto inmediato y a veces insuperable.
3. A partir del momento en que la psique pueda y deba pensar su cuerpo, el otro y el mundo en términos
de relaciones, comenzará ese proceso de identificación que hace que todo lugar identificatorio decida la
dialéctica relacional entre dos yoes y que todo cambio en uno de los dos polos repercuta sobre el otro. La
relación yo-cuerpo, que ha sustituido a la relación yo-otro, tomará a su cargo un mismo conflicto. El cuerpo
reasumirá el papel de mediador relacional que seguirá cumpliendo en el curso de la infancia.

En la psicosis, el otro y el propio cuerpo se han transformado en destinatarios intercambiables. La relación


que el sujeto mantiene con su propio cuerpo es la reproducción de la que mantiene con el otro.

La puesta en vida del aparato psíquico


La primera condición de la vida de la psique es la posibilidad de autorepresentarse su propiedad de
organización viviente. La madre será el agente privilegiado de las modificaciones del medio psíquico y
físico que recibe al recién nacido. Esto no implica olvidarse del lugar que ocupa el padre, él ejerce también
una función modificadora sobre el medio psíquico que rodea al recién nacido. Pero en la casi totalidad de
los casos la madre, cumple un papel alimentario privilegiado, aportando al infans -por deseo o por deber-
una satisfacción vital. Responde a las necesidades y es fuente de las primeras exigencias de placer y
sufrimiento, cumple una función de modificador de la realidad somatopsíquica mediante el cual se
preanuncia la presencia de un mundo habitado. (No reconoce un “modificador” separado,
autoengendramiento)
La sensorialidad es importante en la puesta en vida de dicho aparato. El placer o el sufrimiento de una
zona pasan a ser placer o sufrimiento para el conjunto de los sentidos.
Esta situación de encuentro obliga a una reorganización de la economía psíquica de la madre y a redirigir
la investidura al cuerpo y no a la imagen preinvestida.
Encuentro zona-estímulo: hace referencia al placer o al sufrimiento de una zona que pasa a ser del
conjunto de los sentidos. Esto anticipa al cuerpo unificado.
El objeto sólo existe psíquicamente por su mero poder de modificar la respuesta sensorial (y por lo tanto
somática) y, por esta vía, de actuar sobre la experiencia psíquica. De ahí, tres constataciones:
1. En las construcciones de lo originario los efectos del encuentro ocupan el lugar del encuentro. El
encuentro y los efectos se dan en el mismo tiempo porque no hay alguien separado, por eso el
autoengendramiento.
2. El placer o sufrimiento que en la psique se presenta como autogenerados, son existentes psíquicos
que anticipa y preanuncia al objeto madre.
3. antes de que la mirada se encuentre en un otro la psique encuentra y se refleja en los signos de vida
que emite su propio cuerpo.

Así como no hay cuerpo sin sombra, no hay cuerpo psíquico sin historia que es su sombra hablada.
Sombra protectora o amenazante, benéfica o maléfica, que protege de una luz demasiado cruda o que
anuncia la tormenta; pero en todos los casos, sombra indispensable. Pues su pérdida entrañaría la de la
vida en todas sus formas.

PIERA. ESPACIO AL QUE EL YO PUEDE ADVENIR. Actividad psíquica y procesos de


metabolización

El yo puede advenir de diferentes maneras de acuerdo a la relación que tenga con su espacio. Aulagnier
pone en el centro el entorno y la función del otro en la constitución del aparato psíquico. Todo sujeto
adviene en un espacio hablante, y en un contexto. Dos organizadores del espacio familiar son el discurso y
el deseo de la pareja parental. Yo: instancia constituida por el discurso. Lo que caracteriza al ser viviente
es su situación de encuentro continuo con el medio físico-psíquico que lo rodea. Estos encuentros serán
generadores de 3 tipos de producciones, lugares de inscripción y procesos: lo originario, lo primario y lo
secundario.

Para analizar este medio psíquico definió:

Microambiente y espacio familiar: Para que el Yo advenga serán necesarias ciertas condiciones
ofrecidas por este espacio. En un primer momento, será percibido y catectizado por el niño como
metonimia del todo (representa la totalidad de su universo). Organizado por: el discurso (carga de
significación de los enunciados) y el deseo de la pareja parental (carga libidinal y catectización).

Portavoz: Función reservada al discurso de la madre en la estructuración de la psique. El infans, a


través de su voz, es llevado por un discurso que comenta y predice sus manifestaciones. Delegado de un
orden exterior. Se manifiesta en la psique del infans por la irrupción de un material marcado por el principio
del realidad y el discurso. La psique del infans remodelará ese material, pero los restos de lo inscripto
serán los signos precursores para la instalación de lo secundario.

función de prótesis de la psique materna: En la primera fase de la vida, la voz materna debe
comunicar los dos espacios psíquicos (pero desde una unica voz). El funcionamiento del proceso originario
y primario exigen la preexistencia de un material modelado por el proceso secundario, que actúa en un
espacio heterogéneo. La psique materna otorga un índice libidinal. Permite que la psique encuentre una
realidad ya modelada por su actividad y así, sea representable.

Encuentro infans-madre: la madre ofrece un material psíquico que es estructurante sólo por haber
sido ya remodelado por su propia psique. El infans recibe este "alimento psíquico" y lo reconstruye.

Encuentro con el padre: El niño encuentra en el deseo del padre el último factor que permite que el
espacio exterior a la psique se organice de modo tal que el funcionamiento del Yo sea posible o, que lo
obstaculice. El padre es el primer representante de los otros. No se produce en el registro de la necesidad:
abre la brecha entre satisfacción de necesidad del cuerpo y satisfacción de necesidad libidinal.

Sombra hablada: Hay un discurso preexistente que le concierne, precede al nacimiento del sujeto. La
madre proyectará su sombra sobre el infans y ocupará el lugar de aquel al que se dirige el discurso del
portavoz. Son representaciones que se esperan que este niño sea.
Se confronta la sombra hablada y el cuerpo real, diferencia entre ideal y real. Entre el objeto y la sombra
persiste la posibilidad de diferencia (ej: sexo). Cuando el Yo reconoce esa diferencia, lo vive como duda,
agresión. Cuando corrobora la concordancia entre sombra y objeto, lo vive como placer, alegría. La
diferencia se va a dar entre dos yoes, el yo de la madre o de la instancia parental o el yo del niño. La
conquista de la autonomía de pensamiento es producto de una lucha a muerte entre dos yoes, en la cual
el yo parental o yo materno va a tener que entender y dar lugar.
Padre: primer representante de los otros, del discurso del conjunto. Garante de la existencia de un orden
cultural y social. Otro sin pecho que puede ser fuente de placer y de afecto sin estar ligado al cuerpo de la
necesidad.
Madre: sujeto en el que suponemos presentes una represión exitosa de su propia sexualidad infantil; un
sentimiento de amor hacia el niño; su acuerdo esencial con lo que el discurso cultural dice de la función
materna; y la presencia de un padre por quien tiene sentimientos positivos.

Violencia primaria y secundaria

Discurso que se anticipa a todo posible entendimiento, violencia necesaria para permitir el acceso del
sujeto al orden de lo humano

. Es necesario que haya alguien que interprete, que le otorgue un sentido (convicción delira

Violencia primaria: La transformación de las señales del infans es necesario para la estructura
psíquica. Es una acción necesaria que el yo del otro lleva a cabo y que se realizará a expensas del placer
y en beneficio de la constitución. Mediante esta acción se le impone a la psique del otro una elección, un
pensamiento o una acción motivada por el deseo del que la impone, pero que se apoyan en un objeto que
corresponde para el otro a la categoría de lo necesario. Esta violencia operada es indispensable. Lo que
desea la madre se convierte en demanda de la psique del infans: ambos ignoran la violencia operada.
Pero aparece el riesgo del exceso. Es un riesgo que no siempre se actualiza, pero cuya tentación está
siempre presente en la psique materna. En la actualización de la violencia que opera el discurso materno
se infiltra, inevitablemente, un deseo ignorado: el de preservar el statu quo de esta primera relación
primera. La madre debe renunciar a él para no privar al niño de todo derecho autónomo de ser, el derecho
a un pensamiento autónomo (sino alienación del pensamiento).

Actividad de pensar Aparece rápidamente. Dos consecuencias:


1. Se espera al poder de intelección como el que confirmará el éxito o fracaso de la madre.
2. El tiempo que precede a las manifestaciones de la actividad de pensar nunca es vivido en forma neutra.
La madre sabe que el pensamiento es el instrumento fundamental para ocultar, mentir, engañar, etc.
Representa la última función cuya valorización superará a las anteriores; y es la primera cuyas
producciones pueden ser ignoradas por la madre
Primer instrumento de AUTONOMÍA y de un rechazo que no ponen directamente en peligro su
supervivencia.

El secreto debe ser posible. Actividad que debe someterse a un poder-saber materno. No va a haber
duda/ secreto sin que la instancia materna/paterna lo autorice. Deviene violencia secundaria cuando
aparecen investigaciones y preguntas y no hay posibilidad de los padres de que el niño empiece a
cuestionar, a mentir, a pensar diferente. Tiene que caer la omnipotencia parental para que la duda, el
secreto sea posible. Primero me tienen que enseñar a pensar, después dejar pensar.

La actividad de pensar produce tres respuestas en la madre:


1. La zona pensante y el pensamiento ocupan, en un primer momento, una posición análoga a la que
caracteriza a otras zonas-objetos parciales.
2. Se impone una jerarquización que atribuye a la función de pensar, el poder de cristalizar las respuestas
que la madre esperaba del cuerpo.
3. La madre percibe la actividad como coextensa a un riesgo.

Estas tres respuestas están siempre presentes. Si una de las tres se excede, se pasa de lo necesario al
deseo de no cambio, prohibiéndole al niño el derecho a un pensamiento autónomo. ALIENACIÓN.
Tan pronto como él piensa, ella sabe que ha perdido la transparencia de la comunicación, el saber de la
necesidad y el placer del cuerpo.
Existe una negativa de la madre a aceptar un cambio en su modo de relación con el niño, a que sus
enunciados puedan ser cuestionados, a que el cambio no implique destrucción del presente y futuro.
La apropiación por parte de el niño de un primer saber acerca del lenguaje, marca un viraje en la relación
del sujeto con el mundo, redobla un encuentro boca-pecho al ubicar frente a frente a la vivencia afectiva y
a la designación de la que será necesario apropiarse para adecuarla a la realización de la demanda.

Violencia secundaria

Se ejerce contra el Yo, es decir, se abre camino a través de la primera y representa un exceso perjudicial
para el funcionamiento del yo. Implica pensar solamente lo que ya fue pensado y autorizado por el otro,
ese anhelo del “que nada cambie”, que nada puede ponerse en el lugar de la duda. Imposibilidad de
pensar una representación que no haya sido pensada por la psique del otro (está todo dicho y pensado).
La madre no quiere perder el lugar del sujeto que da la vida y que posee los objetos de la necesidad.

Para Piera Aulagnier, la totalidad del discurso tiene una función identificante.

Lenguaje fundamental: Comprende los términos que designan el afecto que se transforma en
sentimiento a partir de la enunciación. Comprende los términos que designan a los elementos del sistema
de parentesco.
• Palabra apta al afecto: Es fundamental que los afectos sean transformados en emociones y sentimientos;
y que los afectos se puedan ubicar en los sistemas de parentesco.
• Siempre se ha encontrado alguna falla en la psicosis. Se pierde en los afectos o los nomina de forma
bizarra.
• La transformación del afecto en sentimiento es el resultado de un acto del lenguaje que impone un corte
radical entre el registro pictográfico y el registro de la puesta en sentido. Acción identificante del discurso.
La reorganización de la economía de las catexias que el proceso secundario exige, implica la entrada en la
escena psíquica de los Enunciados Identificatorios propios del enunciado que nombra al afecto.
Las imágenes devueltas por la enunciación de un sentimiento expresado fundan el proceso identificatorio:
el a posteriori de la nominación del afecto es la operación identificante que instituye al Yo. El acto de
enunciación de un sentimiento, es también enunciación de una autodeterminación del Yo.

La apropiación por parte del niño de un primer saber acerca del lenguaje, marca un viraje en la relacion del sujeto con el mundo

lenguaje fundamental . A partir de este lenguaje vamos a poder denominar lo que nos pasa.
El yo
•La constitución del Yo sigue paso a paso la sucesión de las denominaciones mediante los que le Otre
nombra su relación afectiva con le sujete.
•El espacio al que el Yo puede advenir muestra que su organización se da por los signos lingüísticos que
al nombrar una cosa, definen la relación entre el objeto y el enunciante.
•El Yo no es más que el saber que el Yo puede tener acerca del Yo.
•Para Piera Aulagnier el Yo está compuesto por dos grandes partes, cuya relación puede ser diversa,
según la organización psicopatológica.
•Siempre hay Yo, la diferencia es cómo funcionen los componentes al interior.

Contrato narcisista: Conjunto de instituciones cuyo funcionamiento presenta un mismo rasgo


característico: lo acompaña un discurso sobre la institución. El modo de acción característico del lenguaje
fundamental, obligó a realizar una incursión más allá del espacio familiar. La relación que la pareja
parental tiene con el niño, lleva siempre la huella que la pareja parental tiene con el medio social. El
discurso social proyecta sobre el infans la misma anticipación que la que caracteriza al discurso parental.
Le sujete busca y debe encontrar en ese discurso referencias que le permitan proyectarse a futuro.

La realidad de la operación social sobre la pareja parental o de la posición dominante que la pareja ejerce
en ella, desempeñará un papel en el modo en que el niño elaborará sus enunciados identificatorios.
La relación del sujeto con el conjunto depende de su catectización de los enunciados del fundamento. Al
adherir al campo social, el sujeto se apropia de una serie de enunciados que su voz repite. Esto le brinda
la certeza de la existencia de un discurso donde la verdad sobre el pasado está garantizada, que habilita a
creer en la verdad sobre el futuro.
La catectización del modelo futuro constituye una condición necesaria para el funcionamiento social: que
se encuentra en relación directa con el modelo del origen.

Toda descatectización del modelo de origen repercutirá en el futuro. Si le sujete pierde certeza sobre el
origen, pierde el punto de apoyo que le enunciante está obligado a encontrar para que el discurso del
conjunto de las voces sea garantía de una verdad.

Se produce un pacto de intercambio: el sujeto ve en el conjunto el soporte ofrecido a una parte de su libido
narcisista y por ello hace de su voz una añadidura al coro.
El contrato narcisista se instala gracias a la precatectización por parte del conjunto, del infans como voz
futura que ocupará el lugar que le designen.
Tiene como signatarios al grupo y al niño. El grupo catectiza al infans como voz futura que repita los
enunciados y garantice la permanencia cuali y cuantitativa. El niño demandará que se le ofrezca un
modelo ideal.
El discurso del conjunto le ofrece al sujeto una certeza sobre el origen, necesaria para que la dimensión
histórica sea retroactivamente proyectable sobre su pasado.

La ruptura del contrato puede tener consecuencias directas sobre el destino psíquico del niño:
o Que el sujeto se vea imposibilitado a encontrar fuera de la familia un soporte para conseguir la
autonomía que se necesita para las funciones del Yo. Ruptura de la pareja parental.
o En la realidad histórica no se le brindaría la importancia necesaria a los acontecimientos que pueden
afectar al cuerpo. Ruptura del conjunto.

El acceso a una historicidad es esencial en el proceso identificatorio; indispensable para que el Yo alcance
la autonomía exigida por su funcionamiento.

Proceso y proyecto identificatorio

Piera Aulagnier va a decir que el yo necesita disponer de una serie de reparos identificatorios, puntos de
anclaje, lugares desde dónde definirse, puntos de certeza. Esos reparos identificatorios son las
identificaciones simbólicas de todo sujeto porque el yo tiene a su cargo una tarea de construcción y
reconstrucción del pasado, presente y futuro. Hay dos principios: permanencia y cambio, que constituyen
el proceso identificatorio. Por eso en la adolescencia se vuelven a poner en jaque los principios del
funcionamiento psíquico. El yo necesita disponer de reparos identificatorios porque se constituye como su
propio biógrafo. Justamente en la adolescencia las identificaciones simbólicas de la infancia e imaginaras
se ven trastabilladas; frente a lo real puberal. Lo puberal es eso, lo que aparece en el cuerpo con sus
manifestaciones y la adolescencia es una respuesta frente a eso.

· Proceso identificatorio: saber del yo por el yo; polo estable de las identificaciones. No se cierra, no
finaliza nunca y ofrece al sujeto puntos de reparo, de anclaje simbólico que le asignan un orden de
parentesco, y que marcan un punto de partida, un punto fijo. Es lo que va a posibilitar mantener el hilo de
continuidad de la historia. Cara oculta del trabajo de historización. Le ofrece al sujeto ciertos puntos
simbólicos de reparo, de anclaje, que van a posibilitar que se le asigne un lugar en la temporalidad.

EL ACCESO A UNA HISTORICIDAD ES ESENCIAL EN EL PROCESO IDENTIFICATORIO,


INDISPENSABLE PARA QUE EL YO ALCANCE LA AUTONOMÍA EXIGIDA POR SU
FUNCIONAMIENTO. El yo debe poder responder cada vez que se le interrogue quien es el yo, para
esto es importante: a pesar de que algo cambie sigue siendo.

· Proyecto identificatorio: autoconstrucción continua del yo por el yo. Le permite construirse un futuro.
Autoconstrucción continua del Yo por el Yo, necesaria para que esta instancia pueda proyectarse en
un movimiento temporal, proyección de la que depende la propia existencia del Yo. La entrada en escena
del Yo es, al mismo tiempo, entrada en escena de un tiempo historizado.

Entonces, el proyecto es construcción de la imagen ideal que el yo se propone de sí mismo. Entre


el yo y su proyecto debe persistir un intervalo, entre lo que yo es y quien quiere llegar a ser. Ese
intervalo representa la prueba de castración en el registro identificatorio (no siempre se puede
llegar a ser todo lo que queremos). El yo comprende enunciados en los que se ha reconocido, que
podrán ser mantenidos o rechazados. El efecto del proyecto es ofrecer la imagen futura al yo hacia
la que se proyecta y preservar el recuerdo de los enunciados pasados.
La noción de proyecto identificatorio es estructurante, la noción del yo es central y es
independiente de la patología. Siempre hay YO y conflicto identificatorio, aun en las psicosis. El
conflicto identificatorio dará lugar a una reorganización de la problemática identificatoria.

· Yo: el Yo comprende el conjunto de las posiciones y enunciados en los que se ha reconocido. Estos
podrán ser mantenidos o rechazados. Así, el efecto del proyecto es ofrecer la imagen futura al Yo hacia la
que se proyecta; y preservar el recuerdo de los enunciados pasados. El Yo está constituido por una
historia representada por el conjunto de los enunciados identificatorios de los que guarda recuerdo, por los
enunciados que manifiestan en su presente, su relación con el proyecto identificatorio y por aquellos que
debió mantener fuera de su memoria (reprimidos). Es resultado de todos los primeros enunciados
identificatorios que lo constituyeron. Se produce paso a paso, el espacio (concreto) donde el yo puede
advenir muestra que su organizacion se da por los signos lingüísticos que al nombrar una cosa definen la
relacion entre el objeto y el enunciado.

El yo no es más que el saber puede tener acerca del yo: el yo no es mas que el saber que alguien le
puede ofrecer, y que construye con estas primeras herramientas. Estas herramientas tienen que ver con
estas posibilidades. Siempre nuestro saber va a ser constituido producto de un saber que se ofrecio por un
otro y nosotros metabolizamos. El yo es producto de condiciones de posibilidad, condiciones disponibles.

Tiene dos componentes:

1. Identificado (puede ser pensado como los puntos de anclaje): parte del Yo compuesta por
representaciones, enunciados identificatorios, acerca del Yo. Es el yo pensado. Primeros enunciados
identificatorios ofrecidos al yo. Lo pensado por otro.

2. Identificante (función constituida a partir de la autonomía de pensamiento): es una función mental.


Parte del Yo que trabaja sobre los identificados. Revisa, identifica, se apropia o rechaza los enunciados
identificatorios que recibe del otro. A mayor patología, mayor falla de la función identificante, menor
posibilidad de cuestionar los EI de los otros.

Es el yo pienso que se constituye con la autonomía de pensamiento. Posibilidad de pensar algo


nuevo.
De la relación entre estos dos componentes Aulagnier piensa su metapsicología, y como es el conflicto
identificatorio. Si están juntos se trabaja de una manera, si están resquebrajados se trabaja de otra
manera.

- SIEMPRE HAY YO, LA DIFERENCIA ES COMO FUNCIONAN LOS COMPONENTES AL


INTERIOR (si hay o no hay autonomía de pensamiento)

En relación a las POTENCIALIDADES: La psicopatología se define básicamente en cómo es la relación


entre identificante e identificado.

· En neurosis: identificante e identificado están en conflicto, pero esto no produce una ruptura en el
Yo. Se conserva la indisociabilidad del Yo. Para que un Proyecto Identificatorio sea investido, el Yo debe
realizar un proceso de historización. Mayor capacidad para ir y venir entre tiempos, interrogar el pasado
desde el presente para pensar el futuro.

Yo pienso (ite) y yo pensado (ido) están unidos. El conflicto se da en relacion a sus ideales, entre el yo y
sus ideales. No se despersonaliza el yo (sabe que es el)

· En potencialidad psicótica: identificante e identificado están en conflicto y esto puede producir un


resquebrajamiento del Yo.

· En psicosis manifiesta: identificante e identificado están en conflicto y se ha producido un


resquebrajamiento del Yo. A mayor gravedad de la estructura, menor posibilidad de historización. El yo se
despersonaliza, se desconoce.

El conflicto se da al interior del yo, cuando aparece algo que lo obliga a pensar con cierta
originalidad y se da cuenta que en todo eso que fue pensado por un otro. Aparece algo que obliga a
pensar de una forma nueva pero esa posibilidad no está contemplada para el yo, no hay anda que
permita investir ese cambio que permita pensar de una forma diferente. Despersonalizacion,
aparece algo que no es mio.

Los indicadores de potencialidad neurótica suponen la posibilidad de cuestionar los enunciados ofrecidos
por el otro. Supone la conquista de un pensamiento autónomo. Predominio del principio de realidad si el
principio de placer está articulado a la caída de la omnipotencia parental y propia. Este tiempo coincide
con la operatoria de la represión secundaria. En la neurosis constituye las teorías sexuales infantiles que
caen sobre la represión. En la psicosis el niño también va a ofrecer una respuesta frente a lo que había
quedado en blanco, no van a ser teorías sexuales infantiles, sino el pensamiento delirante primario.

Bleichmar Capítulo I “Primeras inscripciones, primeras ligazones” En La fundación de lo


inconsciente

Caso Daniel
Desde una perspectiva que considera al ICC como no existente desde los comienzos de la vida, sino
como producto de cultura fundado en el interior de la relación sexualizante con el semejante, y
fundamentalmente, como producto de la represión originaria.

Modos de circulación de la economía libidinal en un trastorno precoz del sueño


Un bebé de cinco semanas que, al decir de los padres “no dormía nada”. Despierto casi veinte de las
veinticuatro horas del día. La estrategia de abordaje terapéutico dependía del modo en que se conciba
el funcionamiento psíquico precoz.
En primer lugar se trataba de definir el tipo de trastorno ante el cual nos encontrábamos. La definición de
trastorno se diferencia, siguiendo la perspectiva freudiana, del síntoma, en tanto formación del
inconsciente, producto transaccional entre los sistemas psíquicos efecto de una inlograda satisfacción
pulsional, y en cuanto al trastorno el funcionamiento pleno del comercio entre los sistemas psíquicos no
está operando -sea por su no constitución, como en el caso que veremos, sea por su fracaso, parcial o
total-.
¿Desde qué perspectiva puede un trastorno del sueño generado en los primeros meses de vida ser
abordado como algo “de origen psíquico”? El problema de definir a qué tipo de orden psíquico responden
estas inscripciones precoces que no son, desde el punto de vista metapsicológico, inconscientes en
sentido estricto -dado que para que haya inconsciente es necesario que el clivaje psíquico se haya
producido, no pudiendo el inconsciente ser concebido sino como el efecto de la diferenciación de ese otro
sistema que constituye el preconsciente-consciente, regido por una legalidad que es la del proceso
primario y sostenido, en el interior del aparato psíquico, por la represión.
Mi preocupación consiste en abordar el modo de instalación del autoerotismo y de la circulación de la
economía libidinal antes de que esto se estructure. Se trataría en realidad de formular para los primeros
tiempos de vida, tiempos en los cuales ya las inscripciones sexualizantes que dan origen a la pulsión
se han instaurado, pero cuya fijación al icc aún no se ha producido porque la represión no opera.

El trastorno precoz del sueño, una estrategia de abordaje


Me preguntaba de qué modo una intervención definida desde una perspectiva analítica podía ayudar a
encontrar una vía de resolución para el trastorno del sueño, y cómo evitar que aquello que daba origen a
una perturbación derivara en una evolución patológica de consecuencias severas para un sujeto en
estructuración que tan precozmente se veía afectado.
La impresión general que esta joven pareja me transmitía era de profundo desconcierto. Decían “no poder
acertar” acerca de lo que el niño requería. La madre relató las terribles sensaciones que había sufrido en
el postparto. Había llorado largamente sin tener muy claro qué sentía, con una mezcla de tristeza y furor
que se la hacía incomprensible. El bebé comía de forma desesperada, se abalanzaba sobre el pecho y
aún habiendo terminado de alimentarse, no se lo veía reposar ni tranquilizarse. No había realmente ni un
solo instante de placer. Suponiendo que había algo que imposibilitaba un buen encuentro entre ella y su
hijo, le pedí que acudiese a la próxima consulta con su hijo.
Lo primero que noté era que sostenía al bebé con cierta dificultad; la cabecita no encajaba correctamente
en el hueco del brazo, las manitas no encontraban una posición que le permitiera ubicarse cómodamente
alrededor del pecho. No había un brazo que rodeara el cuerpito, la mano no estaba libre para acomodarlo,
eventualmente acariciarlo. Me contó que no podía agarrarlo bien, “no sabía qué quería él”. Me contó lo
difícil que había sido para ella pensar en tener un hijo, ya que pensaba que iba a llenar todo su tiempo. Se
sentía muy culpable de la hostilidad que emergía, en muchos momentos, hacia su bebé. Lo que me
transmitía era como si no viviera sino “parasitada” por el niño.
Le expliqué que él necesitaba poder agarrarse del pecho, que a partir de ese pecho él iba a ir entendiendo
que ella era su mamá, que algún día sería una mamá con una teta, pero que por ahora ella era una teta
calentita y cariñosa que representaba a una mamá. Tenía, yo misma, la sensación de estar asistiendo a
algo inaugural, una envoltura narcisizante nos capturaba a todos. La mamá me preguntaba cosas tales
como si todo los bebés se quejaban mientras comían. Ella, que era médica, manifestaba un no saber que
trascendía, evidentemente, lo obvio del conocimiento demandado.
Cuando terminó de comer, la mamá lo cambió. Dani se dejó cambiar sin problemas; la sorpresa de la
madre era enorme. En ese momento le propuse incluir el chupete. Había un remanente excitatorio que
no cedía, y sostuve la necesidad de ofrecerle algo que no fuera alimenticio para evacuarlo. El chupete es
un antecesor importante del objeto transicional. A diferencia del dedo, no constituye una parte del propio
cuerpo, siempre a disposición del niño. En tal medida, siendo un objeto autoerótico, se abre, a la vez,
sobre el horizonte de los objetos perdibles y reencontrables, siendo otorgado por el otro humano, al igual
que el pecho, puede ser considerado un precursor de lo objetal sobre cuyo horizonte se instala.
La hostilidad hacia su madre le hacía temer ser odiada por su hijo, al cual sentía que “no podía satisfacer”.
Su rigidización era efecto de un monto de contrainvestimiento masivo que le imposibilitaba reconocer la
ambivalencia, en riesgo de devenir odio expulsivo en cualquier momento, y paralizaba su capacidad de
ternura al encontrarse inhibida de sostener con tranquilidad a su bebé.
A medida que hablábamos, la torpeza de la jóven madre disminuía, era como si se pudiera ir apropiando
de su hijo. Para la tercera sesión, el niño se dejaba cambiar ya sin problemas, pasaba algunas horas
durmiendo y algunos momentos despierto pero sin llorar. Le dije “usted pudo agarrarlo” y ella me contestó
“Sí, pero también creo que pude soltarlo”, es decir, reconocerlo como otro, como un alguien a quien no
podía satisfacer omnipotentemente y, a partir de ello, soportar mejor sus tensiones. El padre, por su parte,
no soportaba el llanto del niño, le impedía a ella intentar aliviarlo si no lo lograba de inmediato, quitándole
al niño de los brazos e intentando una cantidad de maniobras que dejaban a Dani más excitado que antes.
Él, identificado con su propio hijo -en tanto hijo de una madre posesiva y narcisista- obstaculizaba la
posibilidad de que su esposa pudiera ejercer la función de madre, temeroso de que operara en el niño la
misma violencia y produjera el mismo sufrimiento al cual él se había sentido sometido. De esta forma, se
introducía en la relación entre la madre y su hijo, no para sostenerla a esta en tanto madre sino para
adueñarse, él mismo, fálicamente, del bebé. En la crianza del niño son los fantasmas parentales lo que
operan, y no funciones matemáticas despojadas del inconsciente de proveniencia.
El extrañamiento hacia su hijo era lo que le impedía tener la convicción delirante que toda madre tiene,
en los comienzos de la vida, de que, de uno u otro modo, sabe qué es lo que su bebé necesita: eso que
vulgarmente se llama empatía y cuyo exceso puede conducir a la psicosis paranoica. Esa falla en la
narcisización era la que producía en ella la sensación de estar ante un extraño al cual no sabía cómo
agarra, o ante un pedazo de sí misma, parcial, que no sabía cómo soltar. Este emplazamiento tópico
determinaba los micromomentos de despersonalización que me describía: no saber quién era el bebé, no
saber quién era ella, no saber qué estaba haciendo allí, no soportar la presencia de la mucama, no
soportar la ausencia de la mucama.
Lo que ocurría a esta mujer no daba cuenta de una ausencia de narcisización primaria, de una
estructuración psicótica coagulada a lo largo de los años. No nos encontrábamos ante una madre psicótica
en la cual el inconsciente, falto de diques de contención a nivel de la represión originaria, “pasara” sin más
trámite. Estábamos, en este caso, más a nivel de una dificultad de estructuración del narcisismo
secundario, en el cual la castración femenina posibilitará el pasaje “trasvasante” al hijo como
posicionamiento narcisista. En esta dificultad de trasvasamiento narcisista era donde radicaba la
posibilidad de alternancia generacional: el riesgo futuro de una psicosis infantil, “un niño que nunca
pude entender”, cuando en realidad fue un niño al que nunca se pudo transcribir a un registro que lo
capturara en un sistema de signos; sistema alienante, sin duda, pero constituyente en la medida en que
se propician las ligazones que dan origen al yo futuro. Aquello que Piera Aulagnier llamó violencia
primara, en tanto función instituyente de la subjetividad.
Con el correr de las sesiones, por primera vez esta madre atribuía pensamiento a su hijo, lo imaginaba
como a un ser pensante, un homúnculo al cual suponemos poseedor de los mismos atributos de nuestro
psiquismo. Por fin ese transitivismo que permite, como decía Freud, al modo del primitivo, atribuir una
conciencia como la nuestra a un otro. Esta capacidad, esta potencialidad estructurante, era lo que
daría algún día a su hijo la posibilidad de sentirse humano, de establecerse en el interior de su propia piel.
Era necesaria una madre que insuflara amor en su aliento para que el cachorro humano deviniera
realmente humanizado, con “conciencia de sí” y posibilidad de mitificarse a sí mismo.

Un modelo de los orígenes del psiquismo (puesta a prueba de la Metapsicología en la clínica)


Veamos cómo propone Freud abordar la cuestión del dormir. Se trata en el apartado en el cual se analiza
la relación entre procesos primarios y sueños, de discernir las condiciones que permiten tanto el dormir
como el soñar. Concluye que la condición del dormir es el descenso de la carga endógena en el núcleo
psíquico, que vuelve superflua la función secundaria. En el dormir, el individuo se encuentra en el estado
ideal de la inercia.
Que el principio de inercia, principio de la tendencia a la descarga a cero de la cantidad sea quebrantado
desde el comienzo, inaugura algo de fundamental importancia, y ello no sólo para la delimitación teórica,
sino por las profundas implicancias psicopatológicas y clínicas que pone en marcha. La propuesta que
vemos esbozarse, a través de la formulación de que hay estímulos endógenos de los cuales no se puede
huir, no es otra que aquella que Freud conceptualiza más adelante como pulsión. Si el principio de inercia
es quebrantado por la intromisión de algo endógeno de lo cual la fuga está impedida, es inevitable que
pensemos que el principio de inercia, como tendencia al desinvestimiento absoluto, no rige
fundamentalmente los destinos de la vida psíquica en tanto vida sexual, sino los modos de evacuación de
lo autoconservativo, de las necesidades que se plantean al viviente en aras de mantenerse con vida
biológica. La necesidad nutricia puede ser descargada a cero, pero aquello desgajado de la necesidad
biológica, aquello que constituye un plus irreductible y que obliga a modos de derivación de otro orden,
aquello que puede ser reprimido, sublimado en sus destinos, aquello que se rehúsa a la descarga a cero,
irrumpe en el viviente alterando para siempre sus modos de funcionamiento. Es el hecho de que
haya algo de lo cual la fuga está impedida lo que producirá las variaciones que llevarán de la inercia a la
constancia, una constancia que se inscribe en el interior de las series placer-displacer. Esa conocida
fórmula de Freud que nos plantea que la pulsión será, a partir de la complejización de sus destinos, el
verdadero motor del progreso psíquico.
En un psiquismo en vías de constitución se trata de explorar de qué modo se resuelven las tensiones a las
cuales está sometido. ¿Qué ocurre cuando este incremento de cantidad se produce? Es necesaria una
acción específica, pero una acción específica imposible de ser realizada por el viviente en sus comienzos.
Esta sobreviene mediante auxilio ajeno: por la descarga sobre el camino de la alteración interior, un
individuo experimentado advierte el estado del niño. Esta vía de descarga cobra así la función secundaria,
importante en extremo, de la comunicación.
Es en esta fisura que Freud marca, por la cual el otro humano se introduce, donde se inaugura el pasaje
que produce el décalage del incipiente sujeto sexuado a partir del real biológico. La aparición de un
“apremio de la vida”, estímulos corporales, endógenos al organismo pero exógenos al sistema neuronal o
aparato del alma, ingresan al psiquismo en estructuración. El principio de inercia, tendencia a la descarga
cero, es perturbado a partir de algo que tiene que ver con las transformaciones mediante las cuales este
incipiente aparato queda librado a inscripciones que son efecto de la impulsión del semejante; “vivencia de
satisfacción” en la cual el otro, o restos desgajados de la sexualidad del otro, están, necesariamente,
inscritos.
El todo constituye entonces una vivencia de satisfacción, que tiene las más hondas consecuencias para el
desarrollo de las funciones del individuo. Lo que se inscribe no es la disminución de la tensión de la
necesidad, sino la experiencia en la cual el objeto ofrecido por el otro humano es inscrito. A partir de esta
vivencia de satisfacción se generan entonces conecciones entre imágenes-recuerdo, que serán
activadas a partir del reafloramiento del estado de esfuerzo: de deseo. La acumulación de excitación es
percibida como displacer, y pone en actividad al aparato a fin de producir de nuevo el resultado de la
satisfacción. A unas corriente de esa índole producida dentro del aparato psíquico, que arranca del
displacer y apunta al placer la llamamos deseo. El deseo nos es propuesto como un movimiento ligador a
un conglomerado representacional, en el momento en el cual el displacer que es producto de la excitación
emerja. Se trata de un movimiento que tiende, mediante un trabajo, a ligar la energía sobrante a una
representación o conjunto de representaciones.

El conmutador está en el otro humano


Volvamos al recién nacido en el momento de constituir sus primeras inscripciones. Exploremos los modos
de establecerse de este movimiento de ligazón psíquica, incluyamos los movimientos por los cuales el
semejante materno instala cierta representaciones. La vivencia de satisfacción no se constituye por la
mera aportación de elementos nutricios, sino por el hecho de que ese elemento nutricio es
introducido por el otro humano. Por otro humano sexuado, provisto de icc y cuyos actos no se reducen
a lo autoconservativo.
El hecho de que haya energía somática que deviene energía psíquica -en principio sexual- es efecto de
la intervención de un conmutador no existente en el organismo como tal, sino en el encuentro con el
objeto sexual ofrecido por el otro. El conmutador está en el movimiento que lleva a que, a la búsqueda de
lo nutricio, el bebé se encuentre con el pecho -objeto sexual de inicio en la medida en que es ofrecido por
el otro humano provisto de inconsciente-. Es este objeto, en principio, el que inunda de una energía no
cualificada propiciando, en el real viviente, un traumatismo, en el sentido extenso de término, dado que
efracciona algo del orden somático por las líneas de lo sexual. Sólo concibiendo a la fuente de la pulsión
en el objeto -objeto sexual ofrecido por el semejante- y a la meta, en el placer de órgano, es posible
intercalar la zona erógena como esa zona de apertura por la cual la cantidad exterior, estímulo, logra
conmutarse en excitación, en cantidad endógena.
Esta teoría del apuntalamiento afirma el surgimiento de la pulsión sexual en apoyo sobre la función de
autoconservación. La única verdad de apuntalamiento es la seducción originaria. Es porque los gestos
auto-conservativos del adulto son portadores de mensajes sexuales inconscientes para él mismo, e
indomeñables para el niño, que producen, sobre los lugares llamados erógenos, el movimiento de clivaje y
de deriva que desemboca eventualmente en la actividad auto-erótica. Pero el vehículo obligado del auto-
erotismo, lo que lo estimula y lo hace existir, es la intrusión y luego la represión de significantes
enigmáticos aportados por el adulto.
Es necesario entonces hablar aquí de la represión originaria. Porque es de un solo movimiento que esta
cliva del psiquismo un inconsciente primordial que deviene por eso mismo un ello, y que constituye los
primeros objetos-fuentes, fuentes de pulsión. Concebimos la represión originaria como en dos
tiempos, al menos. El primer tiempo, pasivo, es como la implantación, la primera inscripción de los
significantes enigmáticos, sin que estos sean aún reprimidos. El segundo tiempo está ligado a una
reactualización y a una reactivación de estos significantes, a partir de allí atacantes-internos y que el
niño debe intentar ligar. Es la tentativa por ligar, por simbolizar significantes peligrosos y
traumatizantes lo que desemboca en lo que Freud llama la teorización del niño (las teorías sexuales
infantiles) y en el fracaso parcial de esta simbolización o de esta teorización, o sea, en la represión de un
resto indomeñable, incercable. Son estas representaciones de cosa, devenidas representaciones-cosa, las
que toman un estatuto aislado, fuera de la comunicación y fuera de la significancia, en eso que se llama el
ello.
La pulsión es el impacto sobre el individuo y sobre el yo de la estimulación constante ejercida, desde el
interior, por las representaciones-cosa reprimidas, que podemos designar como objetos-fuente de
pulsión. A partir del momento mismo en que hay inscripción y aún antes de que la represión fije la pulsión
al inconsciente, su operancia atacante propicia movimientos compulsivos, evacuativos, necesariamente
fallidos en razón de que su energía es inevacuable -dado que su carácter no es ya somático y no puede
resolver sus tensiones mediante el objeto autoconservativo. Antes de que se instituya la represión
originaria, antes de que el yo cumpla sus funciones de inhibición y de ligazón, la intrusión de los sexual
deja a la cría humana librada a remanentes excitatorios cuyo destino deberá encontrar resolución a
partir de conexiones y derivaciones que constituirán modos defensivos precoces.
Imaginemos al bebé en el momento de la lactancia: el pecho, objeto de apaciguamiento de la necesidad,
irrumpe, al mismo tiempo, como objeto sexual traumático excitante, pulsante. El remanente excitatorio,
producto de ese encuentro, deberá encontrar una vía de descarga por medio de un investimiento
colateral de representaciones (vías de facilitación conexas). El autoerotismo, succión de la mano, del
chupete, cumple una función de ligazón, organizadora de esta excitación sobrante. ¿Como se propician
esos investimientos colaterales? ¿qué es lo que impediría su establecimiento? de investir
representaciones colaterales, articuladoras en estos primerísimos tiempos de la vida, y dejara al bebé
sometido al traumatismo constante, al dolor reactivado del cual la fuga está impedida. Supongamos a una
madre con un aparato psíquico clivado, que conserva del lado inconsciente las representaciones
deseantes, potencialmente autoeróticas, capaces de transmitir una corriente libidinal que penetra
traumaticamente al viviente haciéndose portadora de un deseo inconsciente, deviniendo, entonces,
soporte material de un mensaje enigmático a ser transmitido al bebé; un mensaje que lo parasita
sexualmente y lo somete a un aflujo que debe encontrar vías de evacuación. Esta madre, atravesada por
su inconsciente, posee al mismo tiempo las representaciones yoico-narcisistas que le hacen ver a su bebé
-del lado del preconsciente- como un todo, como una gestalt organizada, como un ser humano. La libido
desligada, intrusiva, que penetra, será ligada de inicio por vías colaterales, mediante el recogimiento que
propicia este narcisismo estructurante de un vínculo amoroso.
En el momento del amamantamiento la madre, provista de un yo, capaz de investir narcisisticamente al
bebé y no sólo de propiciar la introducción de cantidades sexuales puntuales, no ligadas, acariciará las
manitas, sostendrá la cabeza con delicadeza, acomodará las piernas del cachorro, generando a partir de
esto vías colaterales de ligazón de la cantidad que ingresa.Será la representación totalizante que
adquiere el bebé en el interior de los sistemas del narcisismo yoico materno lo que permitirá que la pulsión,
intrusiva, atacante, encuentre de inicio formas de ligazón por vías colaterales. La red que a partir de ello se
sostenga posibilitará, del lado del incipiente sujeto, un sistema de ligazones que permita luego la
constitución del yo. Sistema de ligazones que posteriormente, cuando se instale la represión originaria,
ofrecerá el entramado de base.
Defensas precoces se constituyen en esta etapa. “Atracción de deseo primaria”: tendencia a la
reanimación de la huella de la vivencia de satisfacción y tendencia a un apartamiento de la huella mnémica
hostil. No hay, sin embargo, tópica en la cual establecer los procesos clásicos de la represión: no hay
sistemas en pugna ni contrainvestimientos capaces de fijar en su lugar la huella mnémica del objeto hostil.
No hay diferenciación sistémica, sino modos de disociación capaces de ser ejercidos en el interior del
mismo sistema. Modos de funcionamiento, en nuestra opinión, anteriores a la represión originaria, pero
cuya persistencia coexiste en ciertos procesos patológicos con mecanismos neuróticos efecto de la
represión.
Tenemos aquí la función inhibidora del investimiento colateral, con la indicación de que este es condición
de la ligazón. Ello constituye el prerrequisito sobre el cual el yo se asentará.

Del narcisismo materno a los modos de constitución del yo en el niño


Sigo sosteniendo la función del narcisismo en la estructuración del yo y su derivación del semejante
materno, pero, al mismo tiempo, comienzo a trabajar las premisas de su constitución a partir de los modos
de inscripción y ligazón que dan el entramado de base para que la identificación no caiga en el vacío. El
famoso “acto único” que propicia el pasaje del autoerotismo al narcisismo, no puede ser concebido sino
como momento de salto estructural cuyos prerrequisitos están ya en funcionamiento a partir de los
cuidados tempranos que la madre prodiga, de las ligazones que ella propicia a partir de la disrupción
misma que su sexualidad instaura. Pero para ello, es necesario considerarla como un ser en conflicto,
provisto de inconsciente y agitado por mociones de deseo enfrentadas que abren la posibilidad de clivaje
en la tópica del cachorro humano cuya humanización tiene a cargo.
Para que la cadena de facilitadores pueda frenar sus modos de evacuación compulsivos e instaurar vías
colaterales que propicien un entramado ligador desde los orígenes, es necesario no sólo que el semejante
sea un sujeto hablante, sino que se aproxime al cachorro humano con representaciones totalizantes,
narcisistas. Estos sistemas de representación yoico-narcisistas tienen, por supuesto, como prerrequisito
la instalación del proceso secundario, es decir, del lenguaje en el preconsciente del semejante, pero ello
siendo condición necesaria, no es suficiente. Para que estos sistemas representacionales del auxiliar
materno operen generando condiciones de ligazón en el niño deben estar en funcionamiento pleno en
el momento de la crianza. Fallas ocasionales: traumatismos severos del lado de la madre, o depresiones
determinadas por circunstancias históricas, pueden impedir su operancia y dejar al cachorro humano
librado a facilitaciones no articuladas que lo sometan a un dolor constante con tendencia a una
compulsión evacuativa que responda a un más acá del principio del placer.
Diferenciar el inconsciente materno del narcisismo materno, y replantear que el origen de la sexualidad
humana no se instaura a partir de la articulación significante, de lenguaje, instalada en el psiquismo
materno, sino precisamente del lado del inconsciente, de las representaciones-cosa que circulan bajo
los modos del proceso primario y de los investimientos masivos del autoerotismo reprimido. Por el
contrario, los prerrequisitos de ligazón de esta energía sexual originaria se encuentran en el
funcionamiento del narcisismo materno, concebido este en su diferenciación del autoerotismo, no como
“anobjetal” sino objetalizándose en una comunicación trasvasante capaz de hacer ingresa al bebé en el
horizonte saturante de la castración.
El yo no se constituye en el vacío, sino sobre la base de las ligazones previas entre sistemas de
representaciones preexistentes; y estas ligazones consisten, de inicio, en investiduras colaterales,
conjunto de maniobras amorosas que acompañan los cuidados primarios con los cuales la madre
efracciona en el real viviente las zonas erógenas primarias, oral y anal. En los comienzos de la vida este
yo que produce inhibiciones y propicia ligazones del decurso excitatorio no está en el incipiente sujeto sino
en el semejante humano, y sólo desde esta perspectiva es que se puede hablar de un “yo auxiliar
materno”, el cual no provee sólo los recursos para la vida sino que inscribe, de inicio, estos recursos en su
potencialidad de “pulsión de vida”, es decir, de ordenamiento ligador propiciatorio de una articulación de la
tendencia regulada a la descarga.

La fijación, efecto de un sobreinvestimiento que no logra canales de derivación


Para pensar en las fallas de esta instalación de los prerrequisitos estructurantes desde la función
materna, imaginemos a una madre en la cual fallan las constelaciones narcisísticas en los tiempos de
ejercer los cuidados primordiales con su bebé. Esta madre realiza, de todos modo, las funciones
sexualizantes primarias que permiten la instalación de la pulsión. Del lado de lo sexual no ligado, de la
intrusión erógena deseante, se propician los investimientos que permiten la constitución de una zona
excitante; zona erógena apuntalada en un objeto sexual pero que no es, sin embargo, objeto de amor.
Su mirada, sea centrada “autoeróticamente” en la relación entre la boca y el pezón, sea ausente, no verá
el resto del cuerpo del bebé, no verá la totalidad sobre la cual se instalará la representación que tome a su
cargo, a posteriori, el yo como trasposición totalizante de la superficie corporal. No habrá caricias ni sostén
de la mano materna que permita la constitución de “investimentos colaterales”. La energía
desencadenada, traumáticamente desencadenada, no encontrará vías dentro del principio de placer para
derivarse. Estaremos en un más acá del principio de placer, derivación lineal de las cantidades que
ingresan, al modo de una irrupción displaciente masiva sin posibilidad de regulación.
A partir de ello, el bebé se prenderá con desesperación al pecho, adherido a un objeto que no logrará
propiciar la disminución de tensión endógena y del cual la paradoja excitación-apaciguamiento devendrá
un circuito enloquecido en la medida en que no puede clivarse para cumplir la función de distensión. Del
lado de la madre, ante el displacer del bebé, cualificado como “hambre”, se organizará un circuito de
alimentación-frustración con la sensación constante de un fracaso del entendimiento materno acerca de
las necesidades del incipiente sujeto.
La voracidad será entonces un efecto, no un a priori, y esta voracidad es la que veremos reaparecer luego
como punto de fijación, es decir, como exceso de investimiento que insiste, de modo no ligado, en las
patologías más severas no sólo de la infancia sino de la edad adulta. Y ante cada embate de displacer,
tenderá a reproducirse el “más acá del principio de placer” en una compulsión de repetición traumática que
no logra encontrar vías de ligazón y retorna a un circuito siempre idéntico dado que es inevacuable.
Diferenciar entre la represión originaria, que funda el inconsciente, y las inscripciones
preexistentes sobre las cuales esta represión se ejerce, permite poder concebir la inscripción de las
representaciones deseantes -sexuales, pulsionales- en su instalación y en los desplazamientos
económicos que las activan y que propician su investimiento.
Hay que afinar los órdenes de paradigmas que nos permitan operar desde una perspectiva psicoanalítica
cuando el inconsciente aún no se ha constituido.

Del más acá del principio de placer


Retomaremos tres ejes esenciales: disparidad esencial del adulto y el niño; pasividad de origen del niño
por relación a lo activo sexual del adulto; anclaje pulsional de esta disparidad: adulto sexuado, provisto de
representaciones deseantes inconscientes, parasitando al cachorro tanto con sus representaciones como
con el soporte económico (libidinal) por medio del cual ella se transmiten. Un externo-interno destinado al
aprés-coup y cuya activación se independizará del objeto originario cortando los nexos con el exterior y
produciendo un efecto de formación endógena.
No es entonces el principio del cero el que está en juego, sino algo que da cuenta de que aquello
imposibilitado de ligarse, también lo está de descargarse, y esto se constituye como modalidad
general del funcionamiento psíquico: fijación de los modos de descarga que llevan a una compulsión a la
repetición traumática; a ello queda sometido el aparato incipiente.
Desde el punto de vista de los mensajes descualificados que envía la madre al niño en los orígenes de la
vida, el soporte material es de orden libidinal. Al niño le son propuestos mensajes cuya significación no
es posible recuperar ya que escapan al emisor mismo -en la medida en que son efecto del
inconsciente-, y cuyo soporte material es del orden de la economía sexual, es decir, energético, es
indudable que la única vía posible para ligar aquello descualificado que recibe no radica, entonces, en
encontrar el sentido a partir del semejante, sino en encontrar las vías de ligazón de lo traumático que
insiste.
En los orígenes del psiquismo, dos movimientos: aquel que funda la pulsión bajo el modo de la pulsión de
muerte, objeto-fuente excitante que debe encontrar canales de derivación, de ligazón, y el propiciamiento
de estas ligazones, aún antes de la instalación del yo del incipiente sujeto psíquico, aún antes de la
represión originaria, creando los prerrequisitos de su instalación. Un primer conmutador, del lado de la
madre -pero del lado de su inconsciente, a partir de los cuidados sexualizantes de que hace objeto al
cachorro humano- que hace devenir la energía somática en energía sexual, y un segundo
conmutador,también del lado de la madre, pero en este caso de su estructuración yoico-narcisista, que
inaugura la posibilidad de la constitución de un sexual-desexualizado, a través de la transcripción,
transferenciada, de lo pulsional inscripto en el inconsciente mediante la regulación de sus pasajes al
preconciente-conciente.
Una madre clivada en dos sistemas psíquicos, uno de ellos bajo el modo de funcionamiento del proceso
primario, con cargas que circulan libremente, sin temporalidad ni negación, sin lógica de la contradicción,
en el cual se inscribe de modo imperecedero el deseo infantil, la sexualidad autoerótica inscrita y fijada por
la represión originaria, es decir, nunca transcrita en palabras; y otro sistema regido por el narcisismo, bajo
el modo de las constelaciones yoicas que se definen como sistemas de representaciones ligadas bajo el
modo de circulación del proceso secundario, es indudable que la madre opera, en sus maniobras
primeras, desde la intersección de ambos sistemas a la vez. Es a partir de esta posibilidad de
intersección como el yo opera sobre el proceso primario materno, que lo que se inscribe de inicio en la cría
humana como pulsión destinada a atacar al yo y devenir entonces pulsión sexual de muerte, logra canales
de ligazón y derivación por vías colaterales y encuentra un modo de organización que constituye el soporte
de la pulsión de vida.
Es a partir de no considerar al inconsciente como existente desde los orígenes, sino fundado por la
represión, que se nos plantea la cuestión de recuperar los movimientos fundantes de uno y otro -de las
inscripciones primeras que dar origen al inconsciente, y de su fijación definitiva al inconsciente definido
como sistema por la represión.
El holding winicottiano puede ser entendido, entonces y a partir de los desarrollo que hemos ofrecido en
páginas anteriores, como aquella capacidad representacional de la madre que ofrece vías de ligazón
colateral para que la facilitación que lleva a instalar la alucinación primitiva -alucinación del indicio, no de
satisfacción de necesidades- no deje al niño librado a la pulsión de muerte, en esa compulsión de
repetición que hemos definido como más acá del principio de placer. Esta madre que Winnicott define
como capaz de genera las condiciones de ilusión-desilusión o puede ser concebida sino como
inscribiéndose en un orden que la pauta y la determina, madre que atraviesa con su amor al lactante, pero
que ya ha sido atravesada por la castración, en la medida en que es capaz de rehusarse al colmamiento
ilimitado.

TRABAJO PRÁCTICO N°8: La autonomía del pensamiento

Aulagnier Capítulo VIII “El derecho al secreto. Condición para poder pensar”

La autonomía de pensamiento como condición para la dirección posible de un tratamiento, en un


primer momento, el mundo existe a través del portavoz; pero luego el sujeto tendrá que crear sus propios
pensamientos no mediatizados por el discurso del portavoz, de la sombra hablada (sino se ejerce un
atentado contra el yo, más del orden de la violencia secundaria). En las presentaciones que no son del
lado de la neurosis, como las psicosis, la autonomía de pensamiento se ve afectada porque hay
fenómenos elementales; hay algo del pensamiento que está atrapado, no piensa autónomamente.
Aulagnier va a decir que de lo originario nada se sabe, salvo en las presentaciones de la
descompensación psicótica, donde ahí vuelve eso que debería haber quedado reprimido, forcluido.
Aulagnier dirá que para poder pensar la causalidad psíquica de la psicosis no alcanza con solo suponer un
mecanismo generador (con la forclusión del NDP). Dirá que es eso y que además suceden otras cosas.

Actividad de pensar: logro importante para la economía psíquica del Yo. Función que superará a las
anteriores y es la primera cuyas producciones pueden ser ignoradas por el otro. Instrumento fundamental
para ocultar, mentir, engañar. Este logro conlleva dos consecuencias:
1. Confirma el éxito o fracaso de la pareja parental.
2. Confirma que el tiempo previo a las manifestaciones del pensar, nunca es vivido como neutro.

Autonomía de pensamiento: se sitúa entre T1 y T2, donde ya advino el Yo; es una conquista intelectual y
libidinal del Yo; condición vital para su funcionamiento que implica dejar de ser coautor para ser autor de
su propia historia. Para ello, debe posicionarse como historiador de su propio origen.

Cuando hablamos de riesgo del exceso en la violencia, hablamos de que se infiltre un deseo ignorado por
la madre: el de preservar el status quo de la relación primera. La actividad de pensar aparece como
coextensa a un riesgo: la madre sabe que ha perdido la transparencia de la comunicación, el saber de la
necesidad y el placer del cuerpo. Si la madre no acepta esto, imponiendo un "no cambio", traerá
consecuencias: alienación del pensamiento (situación relacional en la que el Yo remite la totalidad de sus
pensamientos al juicio exclusivo del otro). Pérdida del Yo de todo derecho de juicio sobre su propia
Actividad de Pensar. En la psicosis, la autonomía aparece en el delirio.

La paradoja o el aprendizaje de la alienación: Obligar a un sujeto a no pensar más que pensamientos


impuestos, haría imposible todo placer para la instancia pensante (el Yo). Fuera del terreno de la
patología, no puede haber actividad de pensar si no se recibe placer o se lo espera en recompensa;
ese placer sólo es posible “por naturaleza” si el pensamiento puede aportar la prueba de que no es la
simple repetición de una ya pensado desde siempre.
Tener que pensar sin descanso, no poder pensar sino con sufrimiento y luchando contra el peligro de ver
instalarse un silencio mortal, es el cuadro que encontramos en muchas formas de psicosis. Se
comprende que pensamiento y placer sean, para estos sujetos, dos conceptos antinómicos y que elijan
renunciar a vivir para no tener que pensar más que pensamientos que son fuente de sufrimiento. El placer
que la actividad de pensar tiene que procurar es para el Yo una necesidad y no un premio al que podría
renunciar.

El Yo habita los enunciados identificatorios que lo nombran: autónomos o alienados. Autonomía: concepto
de Castoriadis. Es la incorporación del discurso del otro como propio, explicitando a la vez el orígen y el
sentido de ese discurso, constituyéndose como una verdad propia o no. Nadie construye sus
representaciones de sentido a partir de NADA, siempre es por otre; aunque sea en oposición.

El derecho al secreto (derecho de crear pensamientos): Para Aulagnier, lo propiamente humano es tomar
con placer el pensamiento secreto. Preservarse el derecho y la posibilidad de crear pensamientos, de
pensar, exige elegir aquello que uno comunica y que mantiene secreto, es una condición vital para el
funcionamiento del Yo. El sujeto tiene derecho a un pensamiento autónomo.

Riesgo del exceso de transferencia: que el paciente se contente con lo que ya fue pensado por el analista.
Ambos deben hallar placer en ese trabajo de creación de pensamientos que implica un análisis, debe
existir la posibilidad de crear pensamientos, sólo con el fin de pensarlos y como prueba de la autonomía
del Yo y de una función pensante. Pero debe ser placentero. Cuatro niveles de creación en el análisis:
1. Creación del paciente de una nueva versión de su historia. Versión imposible de crear en otro
espacio.
2. Creación del analista de algo nuevo, inesperado, con el otro; a partir de su saber teórico.
3.
Creación conjunta de una historia que involucra a ambos, de su relación "Historia transferencial".
Creación de un objeto psíquico, que es esa historia pensada y hablada.

Lugar de la duda y de la mentira: En la adquisición de la autonomía de pensamiento, podemos pensar el


papel de las teorías sexuales infantiles (T1). Freud demostró el papel decisivo, para el pensamiento del
niño, el descubrimiento de la mentira presente en la respuesta parental a su pregunta sobre el origen. El
descubrimiento de tal mentira conduce al niño a un segundo descubrimiento, fundamental para su
estructuración: la propia posibilidad de mentir. Enunciar una mentira es enunciar un pensamiento del
que uno sabe que es la negación de otro mantenido en secreto. Descubrirse capaz de mentir, descubrir
que el Otro puede creer el enunciado permite dejar a un lado la omnipotencia parental.

La autonomía de pensamiento como "blanco de lucha": relación madre-hijo: En la relación madre-


hijo va a librarse una lucha decisiva concerniente a la aceptación o el rechazo, por parte de la madre, del
reconocimiento de la diferencia, de la singularidad, de la autonomía de ese nuevo ser que ha formado
parte de su propio cuerpo, y que en efecto dependió totalmente de ella para su supervivencia. Si esto es lo
que sucede, la madre podrá aceptar entonces el no saber siempre lo que él piensa. El derecho a
mantener pensamientos secretos debe ser una conquista del Yo, resultado de una victoria conseguida
en esta lucha que opone al deseo de autonomía del niño la contradicción del deseo materno.
Pensar: consecuencia de pertenecer al campo social y a una cultura. Al adherir al campo social, el sujeto
repite una serie de enunciados y se los apropia; que le garantizan la verdad sobre el pasado y creer en
una verdad del futuro. Hay que preservar momentos donde sólo prime el placer de pensar por pensar.

¿Por qué hablamos de la relación entre autonomía del pensamiento y constitución subjetiva? La
autonomía del pensamiento es un indicador clínico fundamental porque da cuenta de cómo está ese
pensamiento, esa organización psíquica, esa lógica que gobierna. Puede ser, por ejemplo: la aparición de
la mentira infantil, la manipulación por parte del niño. Le permite crear pensamientos de forma autónoma
sin que el otro sepa que piensa. Es el primer golpe frente a la omnipotencia del discurso parental, del
“poder saberlo todo” del discurso materno.

Repensar la idea de autonomía del pensamiento con distintos conceptos: contrato narcisista, contrato,
cláusulas de ese contrato que se ven conmovidas en la adolescencia. El contrato narcisista es el arreglo
del sujeto con el discurso sociocultural y el discurso compartido. Siempre hay un otro que oferta y posibilita
la constitución subjetiva. ¿Por qué hacemos esta relación de adolescencia y autonomía de pensamiento?
Porque la adolescencia cuestiona la omnipotencia del discurso parental. El adolescente cuestiona esa
omnipotencia, pero para cuestionar la omnipotencia del discurso parental, debe encontrar fuera otros
enunciados identificatorios que le sirvan de referente (grupo de pares, la identificación a un ideal, a un
grupo de música). Aparecen alternativas donde el sujeto apoya sus identificaciones secundarias, pero
sobre la base de las primarias, el punto de partida. Aparece un adolescente cuestionador. Aparece el
conflicto identificatorio, entre el yo y los ideales. El adolescente debe salir de ser el yo ideal de los padres,
eso se destrona, es importante que eso esté y esa salida no es sin un síntoma, no es sin conflicto.

TRABAJO PRÁCTICO N°9: La adolescencia y la pregunta sobre el origen

Aulagnier “Como una zona siniestrada”

Si los componentes del YO están unidos, hay posibilidad de re-pensarse permanentemente y abrazar los
cambios (sin dejar de ser sí mismo). En este caso (neurosis), el conflicto es con el ideal (el conflicto
identificatorio confronta los dos je: identificante e identificado), la prohibición recae sobre algún objeto,
meta o proyecto en particular (dejan un trabajo, una pareja, entran en conflicto con lo que estudiaron) pero
no necesariamente lo lleva a la descompensación. Hay sufrimiento pero tiene herramientas de
elaboración.
El Yo está constituído por una historia representada por el conjunto de los enunciados identificatorios de
los que guarda recuerdo, por los enunciados que manifiestan en su presente, su relación con el proyecto
identificatorio y por aquellos que debió mantener fuera de su memoria (reprimidos). El conflicto
identificatorio dará lugar a una reorganización de la problemática identificatoria. El Yo es el encargado de
realizar el trabajo de historización.
Cuando estos componentes del YO están separados, es imposible el cambio ITE e IDO en la psicosis
manifiesta están en conflicto, y se ha producido un desgarro entre ambos componentes. Se prohíbe toda
representación que el identificante se daría de sí mismo, desde la autonomía. Al no poder historizar, no
puede proyectarse a futuro.
Pero el relato sobre el origen no puede quedar en blanco, se constituirá una zona siniestrada

(un vacío en el origen)


Entonces se pregunta ¿Por qué la adolescencia se la puede pensar como un tiempo privilegiado
para que una potencialidad psicótica devenga manifiesta?

Debido a los cambios que se producen (cuerpo nuevo, nu

investir el futuro. El trabajo de


historización es condición necesaria para investir un futuro: PROYECTO IDENTIFICATORIO.

Da lugar a una imagen identificatoria e investir el futuro. Articula pasado, presente y futuro. Es la autoconstrucción contínua d

Para este pasaje de potencialidad psicótica a manifiesta, -el relato sobre el origen tiene que quedar en
blanco (Aulagnier habla de catástrofe que ya tuvo lugar), -también tiene que haber una prohibición sobre
toda postura deseante que no ha sido impuesta por el deseo de una instancia exterior; -y tiene que darse
un develamiento telescopage: situación, experiencia o acontecimiento que confronta de manera imprevista
al je con una autorepresentación que se impone a él, con todos los atributos de la certeza. Imagen de si
mismo que le devela “el horror de una imágen ignorada por él”. El yo se da cuenta que siempre estuvo a
merced de un pensamiento de un otro. No puede formular una respuesta original y autónoma. No es
exclusivo de la psicosis. En George se da en la escena de la madre “estás loco como tu tío”, catástrofe da
las referencias identificatorias que terminará en delirio.
Plantea que la sintomatología psicótica es la presencia manifiesta de una potencialidad psicótica, existente
antes de la adolescencia. Esta potencialidad (posiciones identificatorias que el yo podría ocupar) es la
consecuencia de la “grieta” que se constituyó entre los dos componentes del je -identificante e
identificado-, fisura identificatoria que lo marcó desde el comienzo de su recorrido identificatorio. El
adolescente descubre que en su recorrido pasado nunca había encontrado las condiciones que le
hubiesen asegurado el carácter autónomo, garantizado libertad en la elección de sus objetos, sus metas y
sus deseos.
El recorrido identificatorio debe estar siempre abierto, en un continuo movimiento de modificación, pero
el ordenamiento de las referencias simbólicas finaliza o debería finalizar luego de la declinación de la
vida infantil. La adolescencia debe ser la consolidación de ese ordenamiento que la precede.
La historización de lo vivido es una condición necesaria para la instalación de una investidura del tiempo
futuro, para que el je tenga acceso a la temporalidad y para que pueda tomar a su cargo e investir el
proyecto identificatorio.Gracias a esta autobiografía construida por el je, este último puede transformar
un tiempo físico en un tiempo humano, subjetivo, que de sentido y pueda ser investido. El momento en que
el sujeto entra en la adolescencia, será aquel en que va a dar su forma estabilizada, aunque modificable,
al relato histórico de su tiempo y a lo vivido en su infancia. En la adolescencia nos encontramos con la
presencia -que puede ser positiva o desestructurante- de una nueva imágen, marcada por los signos de la
propia identidad sexual. En su curso, el sujeto realizará un proceso de desidealización.

Ejemplo clínico: George

Hombre de 30 años, consulta por problemas de orden neurótico: posible separación de su esposa,
dificultades en el trabajo. Ni en su discurso, ni en sus síntomas, sugiere la presencia de defensas
psicóticas.

Relata su "crisis de la adolescencia" que Aulagnier denomina como episodio psicótico a pesar de que se
haya resuelto en 2-3 meses y sin hospitalización. En mayo del 68 dudó entre prepararse en un
establecimiento de enseñanza superior o trabajar en una fábrica. Vive lejos de su familia 2 o 3 meses,
“todo esto terminó por deprimirme, ya no sabía por dónde andaba… volví a mis pagos y fui a ver a un
médico que me recompuso. No era nada grave”.

Datos a tener en cuenta para que se realice este episodio:


-Hasta sus 15 años ignoró que su padre era judío, sin entender el motivo del ocultamiento. Madre católica.
El campo social en el cual había creído tener y guardar su lugar sin mayores problemas, le reenvía un
discurso extraño y desconocido que pone en relieve el poder bueno de los hijos y denuncia el poder malo
de los padres.
-Contexto mayo francés del ´68: protestas espontáneas iniciadas por grupos estudiantiles contrarios a la
sociedad de consumo, el capitalismo, el autoritarismo, etc. Desembocó en la mayor revuelta estudiantil y
huelga general de la historia de Francia.
-Oposición del padre a su participación en reuniones de política. Amenaza con llevarlo al suicidio. Hace
pedazos esa imagen de buen hijo que había tratado de preservar evitando toda discusión con su padre.
Primera vacilación de sus referencias. Va a agregarse otra:
- En relación con su mejor amigo, con quien también Georges consiguió evitar cualquier conflicto en sus
relaciones. Amigo idealizado, militante comprometido. Lo trata de traidor si deja de participar de las
actividades políticas. Amenaza con dejar de verlo.
-Una escena violenta lo enfrenta con su madre y culminará en el desencadenamiento del episodio
delirante. Oposición materna para que no asista a las reuniones. "Estás loco como tu tío". La acusación
materna condensa y revela las amenazas implícitamente presentes en aquellas que fueron pronunciadas
por el padre y por el amigo. Acusación traumatizante considerando que para Georges el término locura
está ligado a la imagen de su hermano mayor que es epiléptico.
-La locura asociada a la enfermedad de epilepsia del hermano mayor.
En un mes recibe diversos enunciados identificatorios inasumibles. Culmina en el delirio.

Si bien el recorrido identificatorio debe estar siempre abierto, el ordenamiento de las referencias
simbólicas debería finalizar en la época de la adolescencia. En esta tarea juega un papel esencial el
campo social: la referencias y los soportes que éste propone ayudan al sujeto a ir más allá de su
dependencia de las elecciones emblemáticas privilegiadas por los padres, sin tener que entrar en conflicto
abierto y a veces insuperable con ellos. Justo en el momento en que Georges más hubiese necesitado
apoyarse en esos puntos de sostén ofrecidos por el campo social, éste lo enfrenta a un cuestionamiento
de sus certezas y valores, entrando en contradicción con las concepciones familiares y sobre todo
incompatibles con la situación de no-conflicto que esperaba preservar junto con las instancias parentales.
En el lapso de poco más de un mes, Georges recibe una serie de identificados inasumibles. Enfrentado
a la fragmentación de los identificados, el je sólo puede sobrevivir teniendo que negar esa
desposesión identificatoria, ese estallar de los soportes narcisistas, proyectándose en la
representación de un je que ya hubiese realizado su proyecto. Pero un proyecto marcado por las armas
del delirio.
El medio ambiente psíquico, tanto como el propio espacio psíquico en el cual advino el je de Georges,
lo enfrentaron a lo largo de su proceso identificatorio con conflictos y con escollos demasiado próximos.
Dejaron secuelas que trató como zonas siniestradas, en las cuales se prohíbe el acercamiento
rodeandolas de sólidas barreras y de carteles de señalización. Entre los factores complejos responsables
de estos siniestros, dos tuvieron un papel esencial: la epilepsia de su hermano y la actitud enigmática y
“traumática” de su tío materno. Este le repetía en cada visita “no debes olvidar, hijo mío, de quién eres
hijo”. Siendo niño esta escena provocaba en él un estado cuya descripción hace pensar en algo parecido
al aniquilamiento. Si debía acordarse de quién era hijo ¿era porque su padre no lo era? ¿quién era ese
hombre que lo llamaba hijo mío y al cual debía llamar padrino, y que era conjuntamente el hermano de la
madre y el hijo preferido de Dios?. Trató de pedir explicaciones a sus padres pero no tuvo éxito. Los dos
episodios delirantes sobrevenidos en el transcurso de su análisis se desencadenaron en el momento en
que el proceso analítico había conducido a Georges a interrogarse acerca del sentido oculto de esa
escena con su tío y acerca de la extrañeza de la actitud tanto materna como paterna.
Enfrentado desde el comienzo de su recorrido identificatorio con un hermano que le devolvía la imágen
de un hijo loco, inasumible y amenazadora; con una actitud materna incapaz de aportarle la seguridad
necesaria;con un padre poco presente, Georges logró, no obstante, reparar y tratar de remediar esas
primeras fisuras que marcaron su campo identificatorio. La participación de su misterioso tío y la frase
que le repetía vinieron a cuestionar y poner en peligro su reparación. Georges no pudo sobrellevar las
consecuencias de este segundo terremoto de su suelo identificatorio y volver a realizar una consolidación
de las construcciones agrietadas. Pedazos de su ruta guardaron huellas que hicieron de éstos “zonas
siniestradas”, encima de las cuales ya no se puede construir. A pesar de todo, pudo limitar los estragos
gracias a sus amistades, a sus éxitos escolares. Así pudo retomar su recorrido identificatorio y aferrándose
a sus soportes externos para balizar los aspectos no peligrosos de su espacio identificatorio, para
señalizar las vías que deben ser evitadas y aquellas que pueden recorrerse sin mayores riesgos.
Creo que esas zonas siniestradas no lo son definitivamente, en todo “accidentado”. Pienso que una
relación analítica puede en ciertos casos despejar el terreno para que allí se pueda reconstruir y a veces
construir esa parte del edificio identificatorio que se había instalado o que debía haberse instalado.
Podemos situar factores previos:
-Epilepsia de hermano. Era testigo de episodios que lo atemorizaban.
-Actitud enigmática y "traumática" del tío paterno. Sacerdote con cierto prestigio en la familia. Los visitaba
con regularidad, finalizando todos los almuerzos alcoholizado. "Nunca debes olvidar, hijo mío, de quién
eres hijo". Frase que le pronunciaba siempre el tío, al que todes lo llamaban "padre", pero a él se le pedía
llamarlo "padrino". El tío fallece a sus 12 o 13 años y nadie fue al entierro, además de nunca volver a
mencionarlo.

"Si a pesar de las dificultades y los fracasos que encontramos cuando aceptamos compartir una relación
analítica con este tipo de problemática (…), sigo aceptando comprometerme (…), porque creo que esas
`zonas siniestradas´ no lo son definitivamente (…). Pienso que una relación analítica, puede en ciertos
casos, despejar el terreno para que allí se pueda reconstruir esa parte del edificio identificatorio que se
había instalado o que debía haberse instalado". (Piera Aulagnier "Como una zona siniestrada" - pág. 172).

Aulagnier “Construir (se) un pasado”


(ESTE MOMENTO SE RELACIONA CON EL T2).

Proceso identificatorio: Cara oculta del trabajo de historización. Le ofrece al sujeto ciertos puntos
simbólicos de reparo, de anclaje, que van a posibilitar que se le asigne un lugar en la temporalidad.
¿Cómo hace el Yo para representarse un antes de su propia existencia? Tiempo que no puede
quedar en blanco, sino el Yo se percibe como autoengendrado y se ve obligado a escribir los primeros
capítulos de su historia con una causalidad delirante. Debe recurrir al lugar del otro (Sombra hablada,
portavoz, Yo anticipado, violencia primaria), no sólo la pareja parental, también el grupo social.
En T1 el niño va a retomar la temática del ORIGEN. Se interroga e investiga, dando sus respuestas. Esto
conducirá: autonomía o alienación de pensamiento. El Yo cuando adviene, lo hace a un territorio ocupado
por enunciados identificatorios, toma conciencia de que hay un tiempo anterior. Si otros no le cuentan qué
hay entre T0 y T1, no se entera. Sólo le puede decir quién fue. El Yo adviene, pero tiene que revisar qué
hay allí y así, se emplaza como coautor.
El Proceso Identificatorio no finaliza nunca, pero va a ser necesario que se fijen puntos de anclaje,
referencias del origen. El Yo anuda lo que ha sido con el que será. Las referencias del origen funcionan
como brújula (quien es, quien fue, quien será). Le permiten seguir siendo el mismo a pesar de los cambios.
Proyecto identificatorio: articula el pasado y el futuro.
ADOLESCENCIA: tiempo de conclusión. Principio de permanencia y principio de cambio,el adolescente
oscila entre dos posiciones: el rechazo a todo cambio de status en su mundo relacional; y una
reivindicación ardiente o silenciosa y secreta de su derecho de ciudadano completo en el mundo de los
adultos.
Los puntos de anclaje permiten ubicarse en la línea genealógica. Se articula con el lenguaje fundamental.
Dos subconjuntos: -Posibilidad de inscripción en un orden genealógico, línea filiatoria. Que pueda pensar
el pasado, presente y futuro. -Posibilidad de nominar los estados afectivos. Palabra apta al afecto: que los
afectos sean transformados en emociones y sentimientos; y que éstos puedan ubicarse en el sistema de
parentesco.
Para Piera Aulagnier, la historización es central.
Fondo de memoria: conjunto de representaciones que operan como referencias identitarias. Tejido
representacional investido libidinalmente. Garantiza la mismidad del Yo. Representaciones y afectos
provenientes de lo histórico vivencial que va de T0 a T1 y un poco más. Requiere de un Yo.
Fondo representativo: conjunto de representaciones pictográficas, del proceso originario. Tiempo anterior
al fondo de memoria.
El trabajo propio de la adolescencia es poner en memoria y de poner en historia, un tiempo pasado y
perdido, puede continuar existiendo psíquicamente en y por esta autobiografía jamás terminada. Es
necesario poder hacer pie sobre anclajes estables de los cuales nuestra memoria nos garantice la
permanencia. Condición para que el sujeto adquiera la certeza de que es el autor de su historia y que las
modificaciones que ella va a sufrir, no pondrán en peligro esa parte permanente singular.
En la infancia el sujeto deberá seleccionar y apropiarse de los elementos constituyentes de ese fondo de
memoria.
Este fondo de memoria, como fuente de la serie de encuentros que marcarán la vida del sujeto, basta
para satisfacer dos exigencias indispensables para el funcionamiento del Yo:
-Garantizar en el registro de las identificaciones esos puntos de certidumbre que asignan al sujeto un
lugar en el sistema de parentesco y en el orden genealógico.
-Asegurar la disposición de un capital fantasmático que no debe formar parte de ninguna “reserva” y al
que debe poder recurrir porque es el único que puede aportar “la palabra apta al efecto”. Es este capital
que decidirá los posibles relacionales para un sujeto dado, la elección de sus soportes de investidura,
las parejas sexuales que le son accesibles.
Recorrido del adolescente en dos etapas:
1) Deberán seleccionarse, puestos al amparo del olvido, los materiales (enunciados identificatorios)
necesarios para la constitución de ese “fondo de memoria” garante de la permanencia identificatoria.
Concierne a la organización del espacio identificatorio y la conquista de posiciones estables y
seguras a partir de las cuales el sujeto podrá moverse sin riesgo de perderse.
2) Puesta en lugar, a partir de ese pasado singular de los posibles relacionales accesibles a un sujeto
dado, del panorama de sus elecciones y de los límites que cada uno encontrará allí. Este trabajo de puesta
en forma incide de forma privilegiada sobre el espacio relacional y por consiguiente sobre la elección de
los objetos que podrán ser soportes del deseo y promesa de goce.

Lo recordado y lo recordable de la infancia son función del éxito o el fracaso del trabajo que incumbe a la
instancia represora y de la mayor o menor capacidad de la psiquis de poder elaborar, a partir de
representaciones a las que debe renunciar, otras representaciones a las que el afecto pueda ligarse. El
fracaso de la represión puede manifestarse por su exceso al igual que por su falta: en los dos casos, las
consecuencias serán una reducción drástica del campo de los posibles relacionales.
El principio de cambio y principio de permanencia rigen el proceso identificatorio y deben poder
preservar entre ellos un estado de alianza. Lo acompaña este proceso es el basamento fantasmático de
lo que yo defino como espacio relacional. Aquí también se encontrarán actuando un principio de
permanencia y un principio de cambio: permanencia de esta matriz relacional que se constituye en el
curso de los primeros años de nuestra vida y que es depositaria y garante de la singularidad del deseo del
Yo y que se manifestará en esta “marca”, este “sello” que se volverá a encontrar en sus elecciones
relacionales.
La gama de posibles relacionales depende entonces de la cantidad de posiciones identificatorias que el
Yo puede ocupar guardando la seguridad de que el mismo Yo persiste, se encuentra y se encontrará en
ese Yo modificado que ha devenido y que va a devenir.
Función del discurso de la madre: puede proveer al Yo la historia de ese bebé que ha precedido a su
propia advenimiento sobre la escena psíquica. Si la versión que la madre le propone es “suficientemente
sensata”, el niño podrá aceptar que para la escritura de ese primer capítulo permanece dependiente de la
memoria materna. Pero, una vez asumido ese préstamo obligado, será necesario que el Yo pueda devenir
ese “aprendiz historiador” que, antes de conquistar su autonomía, deberá ser reconocido como el
coautor indispensable de la historia que se escribe. El Yo debe apropiarse e investir el recuerdo de un
conjunto de experiencias en esta unidad que nombra su pasado, y además este pasado debe prestarse a
interpretaciones causales no fijas, ellas deberán revelarse como posibles con las posiciones identificatorias
que él ocupa en su marcha identificatoria y en la puesta en lugar de los parámetros relacionales que
resultan de ello.
Lo propio de la psicosis es desposeer al historiador de esa movilidad interpretativa. O bien acepta
una posición que le asegura la preservación de una relación de investidura exclusiva para un primer
objeto o su sustituto, o bien “se mueve” y será en esa forma relacional que corre el riesgo de
desmoronarse, pues el segundo polo que la sostiene rechaza toda modificación. Todo movimiento
relacional comporta el riesgo de estallido de un conflicto que pone efectivamente en peligro a esos
pocos reparos identificatorios necesarios para que el sujeto pueda asegurarse su existencia.
El fin de la adolescencia puede significar un episodio psicótico cuya causa desencadenante se
relaciona con un primer fracaso: en una primera relación sexual, en un examen, una primera relación
sentimental. Fracaso arruinar el aparente equilibrio en el que funcionaba el sujeto, donde la
consecuencia puede serun brusco retiro de investiduras que se manifiesta por una fase de retraimiento
relacional, antes que aparezcan los elementos que signan o anuncian la entrada en un sistema
delirante.
Este movimiento de desinvestidura cuya dimensión relacional no se acompaña por ninguna vuelta sobre sí
mismo de la libido sustraída al objeto. Eso sólo se podrá hacer en el curso de una segunda fase en la cual
el apelar al delirio permitirá la reconstrucción de un mundo y también de una neo-temporalidad.
La cualidad, la intensidad y la fuerza de investidura por el Yo de su actividad de pensamiento, nos dan la
medida de lo que el Yo aporta a sí mismo. Esa auto-investidura que sólo puede operarse si a partir de su
presenta el Yo puede “lanzar sus pseudópodos” en el pensamiento de un Yo pasado y en de un Yo futuro.
El movimiento temporal y el movimiento libidinal no son sólo indisociables, sino que son las
manifestaciones conjuntas de este trabajo de investidura sin el cual nuestra vida se detendría.
El origen de la historia del tiempo del Yo, coincide con el origen de la historia del deseo que lo ha
precedido y que lo ha hecho nacer y ser. La madre va a incluir también la historia de ese tiempo que ha
precedido la venida al mundo de ese nuevo ser y ese antes, como se sabe, va a ser determinante para su
versión de la historia, para los recuerdos que pueda o no guardar en su memoria.
La tarea que incumbe al Yo del principio al fin de su recorrido es construir su infancia como pasado.
Tarea peligrosa y difícil de llevar al final, pues tendrá conjuntamente que preservar su investidura de lo que
era y no es más, e investir su auto-anticipación y por lo tanto, eso que aún no es. Las condiciones que
permiten que se preserve en nuestra memoria un Yo pensado-pasado, soporte de investidura. A mis ojos
el Yo no puede auto-asirse, autopensarse, auto-investirse, a no ser que se sitúa en parámetros
relacionales. Por eso ese Yo pensado-pasado, es también y siempre el vestigio de un momento relacional.
“Construye un futuro”, a ese mandato que los padres y el campo social susurran en el oído del
adolescente, el analista sustituye un anhelo: “construye tu pasado”. Semejante tarea, jamás terminada,
siempre a ser retomada para y por todos nosotros.

Palazzini. “Una foto color sepia. Organización y desorganización en la tramitación adolescente”

CASO ANGELINA.

Motivo de consulta inicial: dentro del campo neurótico, pero el desarrollo posterior se inclina hacia la
descompensación de la organización psíquica alcanzada.
Consulta a los 19 años: intensa angustia provocada por la duda acerca de la continuidad de sus estudios
(medicina). La demanda sostenida inicialmente era la de orientación vocacional. Parecía que la finalización
del secundario le había llegado pronto, necesitaba estar cerca de su madre y su padre, donde (la)
necesitaba(n). Los movimientos familiares no daban margen para la singularidad. Era la menor de 5
hermanos.
Incongruencia: le gustaba la carrera pero cada vez iba menos a la facultad y cada vez lloraba más.
Las dudas por la carrera dejaron paso a una controversia de pareja (seguir o abandonar). Relación de
noviazgo desde los 14 años, fraternal y endogámica. En momentos de mucha tensión lo llamaba, le
contaba lo sucedido, lloraba y encontraba la calma. Un sostén. Lejos de acercarse a la satisfacción de un
deseo erótico, representaba una oportunidad de fusión para contener desvalimientos yoicos de larga data.

El padre padecía una enfermedad de larga data, y le provocaba temor desde los tres años (primer operacion de su padre). Relata

Su tía se quiso suicidar y descubre el intento de suicidio del abuelo “jamás nadie nos había dicho nada“,
“me descompuse, me dio pánico”. “No estoy bien, estoy asustada; siento que no tengo ganas de vivir, yo
no me quiero” “Empecé a sentir un odio que jamás había sentido” “Ahora siento que yo no estoy … yo
estoy vacía. Me agarra una angustia y lloro y lloro. No puedo dormir, no siento nada; solo pienso que no
tengo ganas de vivir, yo estoy pero no estoy, solo pienso en que me quiero morir”.
Muerte de la abuela del novio, operación del padre, infarto de su abuela, problemas con el novio, deja el
terciario- “Solo pienso que no tengo ganas de vivir, en que me quiero morir“.
Interconsulta psiquiátrica: internación fantasías de suicidio. La ideas suicidas, llanto y temblor fueron en
aumento, indicios de una descompensación donde el trabajo analítico no podía ser el único dispositivo. Le
indican internación. En ella, intentó dañarse con fantasía de suicidio en tres ocasiones, dos con poca
peligrosidad y una de mayor riesgo. La internación se extendió, la medicación no producía una mejoría.
Tenía fuertes crisis de angustia diarias, con episodios en los que se lastimaba el pecho con sus uñas para
poder quitarse la angustia. Expresaba su sufrimiento de modo suplicante: “Tengo miedo de matarme,
quiero sacarme esta sensación de vacío enorme que tengo, quiero morirme, estoy vacía, yo no estoy, no
existo”.
Se negaba a la indicación de alta, no se sentía a salvo de sí misma ni sostenida por las figuras de su
entorno. Desplegó hostigamiento verbal hacia la familia diciendo a sus padres que los odiaba por no haber
“podido” con ella. Se le dio el alta con un plan de tratamiento ambulatorio.

Consideraciones clínicas
La historia del padre había ocupado tanto espacio que había sido difícil hallar un lugar para pensarse a sí
misma. Una familia sin separaciones, sin salidas exogámicas, llena de pérdidas, muertes y enfermedades,
se refleja en la organización yoica de Angelina en principio sostenida en la adaptación, en la acción
exitosa, en el despliegue intelectual, en la hiper-responsabilidad, la religiosidad y cierto puritanismo que
devela un deseo de ser eternamente niña, sin acceso a la genitalidad. Una familia que guardaba el secreto
del suicidio. Angelina denuncia el suicidio como eslabón de una cadena generacional que lo había
sostenido de manera innombrable e inelaborable.
Las dificultades para armar relaciones vinculares por fuera de la familia producían que la vida transcurra
sin distinción adentro-afuera. Los movimientos de diferenciación y constitución de la privacidad propios de
la adolescencia estaban ausentes. Su funcionamiento sexual, intelectual y biológico estaba afectado por
una dificultad para representar.
El vínculo con su novio la compensaba de fusiones fallidas; era lo más parecido al amor de una madre,
aportando un sostén permanente y garantido. Ambivalencia: Angelina pasaba de la fusión al rechazo en
un instante. El odio era el par dialéctico necesario para la separación en el sentido de diferenciación, pues
el anhelo de unión en el otro también es una amenaza continua para la individuación del yo. La
ruptura de la pareja constituía una posibilidad de despegue de los objetos primarios, desplazados en
representantes secundarios.
Tiempo después diría “Veo mi cumpleaños anterior como una foto en color sepia”, expresión que señalaba
un avance del pensamiento simbólico, la fotografía era metáfora de un tiempo que había estado detenido,
un tiempo desvitalizado. La evolución de Angelina incluyó episodios de crisis de angustia intensa en
momentos de soledad o de rechazo amoroso. Se fue aliviando el sufrimiento con creciente reubicación en
su condición de sujeto, de modo que la problemática fue tomando un matiz más neurótico. Construyó una
reflexión: necesitaba llenar los vacíos con afectos y proyectos.
Dentro de las pérdidas también son computables aquellos estados emocionales que, habiendo sido
necesarios, nunca se alcanzaron. ¿Qué destino tienen las carencias, lo inexistente, lo no advenido? Son
ausencias que se presentifican de alguna forma en algún momento de la vida. Se alojan en agujeros de
representación que no facilitan la simbolización y por ende la enunciación discursiva, se guardan en
sensaciones corporales como el vacío que ocupaba en Angelina el centro de su pecho, vivencias
seguramente anteriores a la posibilidad de elaboración yoica.
Si bien no hay psicosis, el yo se organiza falsamente pero no plásticamente, y en la adolescencia, a la
hora de tramitar el paso del tiempo, el cambio de objeto amoroso, de abordar la finalidad central del
intercambio con el mismo, de dejarse seducir por el afuera, surgen en la superficie los signos de
quebranto.
Este material clínico nos permite pensar las cuestiones ligadas al trabajo de interpretación, cuando el
análisis no pasa precisamente por descomponer los elementos sino por componer;cuando el diagnóstico
en la adolescencia, imprime riesgos de rotulación a la vez que condiciona la construcción de un ambiente
propicio para el surgimiento de lo nuevo.

Rother Hornstein. Capítulo 5 “Entre desencantos, apremios e ilusiones. Barajar y dar de nuevo”

Repiensa los cambios de la pubertad y de la adolescencia desde ciertos ejes: complejo de Edipo como
organización fundante; pulsiones, sexualidad infantil; descubrimientos de la diferencia de los sexos;
constitución de las tópicas; el narcisismo en su carácter trófico y patológico; la problemática identificatoria;
las elecciones de objeto, los traumas, las series complementarias, la realidad, y el contexto histórico social.
El niño es producto de la historia de las tramas relacionales y su subjetividad “desde el primer sorbo de
leche” lleva las marcas de la cultura. Un pecho da alimento y sexualiza, contiene una historia, ideales,
proyectos y complejas relaciones con lo corporal, lo social y lo histórico. Yo, ideales, superyó, devienen
como resultado de identificaciones con los otros.
En la adolescencia predominan dudas, interrogantes, temores, incertidumbres, sufrimientos, pero sobre
todo la capacidad de transformación. Cuestiona la identidad y el devenir, pone en juego la organización
psíquica al renovarse los conflictos, en primer lugar entre el yo y el ideal del yo. Todas las instancias
renuevan sus contratos, se reorganizan o resisten al cambio. La relativa inestabilidad del yo adolescente
está en relación con el desasimiento de las relaciones primarias y la tramitación del conflicto de
separación, desilusión y fin de la omnipotencia infantil, duelos que bien tramitados permiten crear nuevas
relaciones de objeto.
La adolescencia entrama el cuerpo, lo psíquico y lo social, resignifica la historia, la sexualidad, el
narcisismo, las pulsiones, las relaciones, el armado identificatorio y autoorganiza la subjetividad. El
protagonismo corporal de la pubertad impone un trabajo de simbolización inédito. Hay una “exigencia
de trabajo” psíquica que implica esfuerzo, energía y creación de algo nuevo.
Es un proceso histórico singular y no una etapa predeterminada. Los cambios corporales, los duelos y
las exigencias socioculturales pueden producir efectos estructurantes o desestructurantes en el
proyecto identificatorio.
El primer avance pulsional, que es asumido por la fase edípica, conduce a la inserción en la estructura
familiar estable (apropiación de los modelos identificatorios que los objetos primarios proponen al
niño); el segundo avance pulsional, que se inicia en la pubertad conduce a la inserción en la cultura (el
joven debe procurarse sus objetos amorosos).
La adolescencia es también un momento crucial para la eclosión de cuadros psicopatológicos severos:
esquizofrenia, patologías borderline, neo-sexualidades, depresiones, trastornos bipolares.

Historia, acontecimiento y temporalidad:


El encuentro entre madre e hijo confronta al niño con un discurso que se le impone, que será parte de su
historia. El niño es deseo, pensado y hablado por sus progenitores. Cuando deviene el Yo, el niño puede
pensar sus propios pensamientos, guardar sus secretos, mostrar sus diferencias.
Los acontecimientos que se entretejen en un juego de interpretación sucesiva y simultánea conforman una
trama que obligan al yo a un trabajo de elaboración, interpretación y reconstrucción permanente. El
trabajo de historización que éste realiza posibilita el acceso a la temporalidad y a pensar su proyecto
identificatorio. De eso se trata, de acceder al futuro. El pasado deja de ser un tiempo congelado si en la
repetición y en el recuerdo actualizado se logra un trabajo transformador.
La adolescencia esta signada por experiencias que se materializan en su inicio con los cambios corporales
de la pubertad, con la serie de duelos, traumas y con las vicisitudes azarosas de la vida. Si hay
retranscripciones y se establecen “nuevos nexos” y resignificaciones de lo vivido, lo fantaseado, de lo
interpretado, lo traumático deja lugar a un trabajo de elaboración que posibilita el crecimiento. La
adolescencia reorganiza el proceso identificatorio, el yo tiene como tarea religar ciertas emociones
presentes con aquellas experiencias vividas en un lejano pasado, a las cuales no tiene acceso directo,
esas representaciones y afectos que condensan las vivencias de los primeros encuentros de placer o
sufrimiento entre dos cuerpos, dos psiquis, dos sujetos.
En algún sentido lo infantil debe concluir para acceder a un proyecto adolescente. Tiene que haber
nuevas elecciones de objeto, consolidación de mecanismos de defensa, y la puesta en juego de
potencialidades.
Poder anclar en un punto de partida certero, es condición necesaria para transitar por la vida, descubrir
el sentido de la trayectoria, y saber de dónde viene cada uno, dónde se está detenido y hacia dónde se va.
Ese cuerpo que habla y es hablado por la madre, se muestra y reaparece con toda su fuerza en el púber
que también lo goza, lo sufre, lo piensa y lo entiende desde su historia y desde el imaginario social. Este
cuerpo marca sus pautas, sus legalidades, sus desafíos. La vida corporal y las representaciones psíquicas
más arcaicas son anteriores a la existencia del yo. Este, una vez que adviene, es el encargado de
interpretar lo vivido y conformar una trama relacional. Sin esa libido de la madre que sostiene al niño el
narcisismo primario no se constituye. El cuerpo es la primera organización que sirve de punto de
referencia para que el niño tenga algún sentido de sí mismo. Las zonas erógenas condensan un mundo
de afectos, de discursos, de mandatos identificatorios que la madre transmite en sus anhelos cc y sus
deseos icc.
La pubertad irrumpe desde el cuerpo, instala el caos en un aparente equilibrio anterior, la latencia. La
pubertad reabre el protagonismo pulsional. El púber, desde su propia historia, desde sus anhelos,
ilusiones y deseos, desde los sostenes identificatorios de los otros, de la cultura y sobre todo de sus pares,
escucha a ese cuerpo, lo descubre, lo ignora, lo contiene, lo odia, lo maltrata, lo usa. La adolescencia
deviene proceso, rehistorización, recomposición narcisista, identificatoria y libidinal. Identidades que se
remodelan desde encuentro múltiples.
Durante el tiempo de la infancia se constituye el capital fantasmático, defensivo e identificatorio. Efecto
de la unión entre lo vivido afectivo y una huella específica de objeto y de la situación que desencadenó ese
afecto en las distintas fases relacionales por las que atravesó el niño. El yo posibilita el pasaje de afecto a
sentimiento cuando aparece la palabra y lo nombra.
La adolescencia implica una tramitación en el pasaje de los objetos prohibidos hacia objetos exogámicos.
Reorganizaciones que coronan la constitución de lo reprimido. El adolescente necesita tener la certeza de
ciertas posiciones identificatorias que le garanticen un sentimiento de continuidad de sí para luego
encarar nuevas relaciones objetales que le reaseguren ser sostén de deseos, placeres y proyectos.
Sólo si el trabajo de represión es exitoso habrá un tiempo de conclusión para cada fase libidinal y un
tránsito logrado entre una fase y otra: lactante-niño-púber-adolescente-adulto. Con el advenimiento del yo
y la adquisición de lenguaje, el trabajo de pensamiento adquiere mayor complejidad para resignificar los
hechos, las escenas fantasmáticas y las interpretaciones de las fases anteriores, de las particularidades
que tuvieron las relaciones objetales y las posiciones identificatorias propias del ser niño. Por el contrario,
si la represión fracasa, dificulta el establecimiento de nuevas relaciones, de nuevos intereses. Porque lo
que no puedo ser reprimido de las representaciones de las primeras relaciones de objeto insiste como el
trauma, intentando retomar a un tiempo anterior que no se quiere modificar y que altera el trabajo de
historización.

Los padres, los educadores y lo histórico social: El discurso de los padres lleva la marca de la represión, la
repetición, el discurso social y el retorno de lo reprimido, y promueve el trabajo de resignificación. Un
núcleo simbólico que permanezca como referencia de un sí-mismo es condición necesaria para soportar
los cambios que exige el devenir.
La movilidad identificatoria funciona como un hilo conductor, un nexo entre las diversas posiciones
identificatorias asumidas y las elecciones de objetos sucesivamente investidos. El reconocimiento de que
se ha cambiado es siempre posterior al cambio y a veces pone en evidencia el ser lo que nunca se quiso
ser, o la distancia entre el propio sueño narcisista y la diferencia con la realidad actual. Si esta diferencia
es insostenible para el yo, éste corre riesgos de conflictos identificatorios con resultados impredecibles
pero que pueden poner en evidencia patologías narcisistas diversas (esquizofrenia, paranoia, cuadros
borderline, depresiones, indiscriminación con el otro, etc). La adolescencia es un momento propicio por los
cambios a los que obliga, para la eclosión de cuadros psicóticos, depresiones o trastornos fronterizos.
La adolescencia es un período en el que el cuerpo recobra un protagonismo sólo comparable al que tuvo
en los comienzos de la vida. La ruptura de la “estabilidad prepuberal” obliga a una redistribución libidinal
y narcisista. La aparición de cuadros psicopatológicos dependerá del abanico de respuestas y de
defensas con los que cuente el yo ante los conflictos que generan ciertas demandas de otros y/o de la
realidad. Si hay exceso de fijación a posiciones libidinales y/o narcisistas arcaicas, el movimiento
identificatorio se detiene. El yo tiene que poder anclar en una historia libidinal que no ponga en duda
la certeza de su origen y que genere nuevas potencialidades.
La violencia desea negar. “Que nada cambie” en ese cuerpo del bebé para que no sea un cuerpo sexuado.
Este deseo es dañino e infructuoso, porque ningún sujeto puede sustraerse a las modificaciones de su
cuerpo, y en vez de no cambio puede producirse una manifestación psicótica.

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