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Jinete

El documento discute tres teorías sobre las causas de la guerra: 1) teoría psicogenética que la vincula a la agresividad humana, 2) teoría socioeconómica que la vincula a desequilibrios de recursos, y 3) teoría política que la ve como una estrategia racional. También menciona que estudios estadísticos encontraron que la frecuencia de guerras sigue una distribución aleatoria, lo que sugiere que son imprevisibles.

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El documento discute tres teorías sobre las causas de la guerra: 1) teoría psicogenética que la vincula a la agresividad humana, 2) teoría socioeconómica que la vincula a desequilibrios de recursos, y 3) teoría política que la ve como una estrategia racional. También menciona que estudios estadísticos encontraron que la frecuencia de guerras sigue una distribución aleatoria, lo que sugiere que son imprevisibles.

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cumplimiento de diversos requisitos establecidos en la norma. ICONTEC, como


organismo de certificación, puede especificar requisitos específicos para la
certificación o actualización de acuerdo con las disposiciones establecidas en la
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La visión alternativa, de la guerra como actividad racional, se basa en dos percepciones. La


original de von Clausewitz acerca de la guerra constituyendo la persecución de (objetivos de)
la política por otros medios, y una percepción posterior (implícita en von Clausewitz) que
indica que se recurriría a la guerra cuando se estima que las ganancias superan a las
pérdidas potenciales (es decir, a través de un análisis de costo-beneficio). A su vez, se
pueden distinguir dos posiciones:
1. La teoría de la primacía de las políticas domésticas: se encuentra, por ejemplo, en las obras
de Eckart Kehr y Hans-Ulrich Wehler (op. cit). Para esta posición, la guerra es el producto de
condiciones domésticas. Así, por ejemplo, la Primera Guerra Mundial no fue producto de
disputas internacionales, tratados secretos o consideraciones estratégicas, sino el resultado
de condiciones sociopolíticas, incluyendo económicas, que, a pesar de ser comunes a varias
sociedades, hacían sentir tensiones a cada una de ellas en forma interna, tensiones que solo
se pudieron resolver a través de la guerra.
2. La teoría de la primacía de la política internacional, que se encuentra, por ejemplo, en la
concepción de Leopold von Ranke, de acuerdo a quien son las decisiones de estadistas
motivados por consideraciones geopolíticas las que conducen a la guerra.
Pedro Luis Lorenzo Cadarso sintetiza en tres grupos de teorías el origen de las guerras: 31

1. Teoría psicogenética, que considera que la guerra es una forma de canalizar


la agresividad humana, que existe bien por razones genéticas —instintivas,
por tanto—, bien por determinada configuración psicológica de nuestro
carácter. El evolucionista Richard Dawkins la vincula a lo que llama el gen
egoísta.32 Freud33 y el psicoanálisis la vinculan con el complejo de Edipo,
generador de la frustración-competencia que se halla en los orígenes de la
agresividad y la competitividad. Anthony Storr considera que la agresividad
humana puede ser controlada y encauzada, pero no suprimida y la especie
humana es la más despiadada dentro del reino animal.34
2. Teoría socioeconómica o infraestructural, que vincula el recurso a la guerra
a la existencia de desequilibrios entre población y recursos o bien a la
competencia entre grupos por la posesión o ampliación de los recursos
disponibles. Un exponente de estas teorías es el antropólogo Robert Ardrey.35
3. Teoría política. Los partidarios de esta teoría tienden a analizar la guerra sin
apriorismos morales ni de otro tipo: la guerra existe porque en un hipotético
balance de costes y beneficios resulta rentable políticamente. Es la teoría
de Clausewitz; no es sino una estrategia más en el eterno enfrentamiento por
el reparto del mundo entre las naciones y el reparto del poder y
la riqueza entre los grupos sociales. Paradójicamente, la guerra es útil
socialmente porque saber que puede estallar obliga a los hombres a ser más
tolerantes y recurrir a la negociación y a la política para evitarla.36
Decepción estadística[editar]
Este deseo de conocer las causas para poder predecir cuando estallará el próximo conflicto
ha sido abordado en varias ocasiones. Uno de los investigadores del fenómeno bélico
fue Lewis Fry Richardson. Este autor investigó todos los conflictos desde el siglo XIX hasta la
década de los 1950; considerando conflicto aquel enfrentamiento donde han muerto personas
por causa intencionada de otra persona; de este modo juntaba los conflictos bélicos con las
muertes por asesinato y homicidio, la mezcla fue intencionada por sus experiencias en la
Segunda Guerra Mundial por las cuales pudo comprobar el efecto de muchas de las órdenes
que vio dar y la suerte corrida por muchos soldados, enviados a la muerte a causa de esas
órdenes.22
Richardson tuvo la idea de catalogar las guerras según el número de muertos de una forma
similar a cómo se catalogan los terremotos: según su intensidad. Así, una guerra de magnitud
6 sería en la que morirían de 1 000 000 a 1 999 999 personas; pero por todas las dificultades
que halló para saber el número de muertos en una contienda (llegó a decir que resultaba más
fácil saber el número de estrellas de una galaxia o de neutrinos en el universo) Richardson
aplicó un índice de error de 0,5 (más menos); con este índice de error una guerra de magnitud
3 sería aquella en la que perecieron entre 316 228 y 3 162 278.
Aunque Richardson no fue el primero en recopilar conflictos bélicos su trabajo es uno de los
más exhaustivos, pues comenzó en 1940 y siguió hasta el año de su muerte en 1953. Según
sus estudios entre 1820 y 1950 hubo 315 conflictos de magnitud 2,5 o superior (al menos 300
muertos).
Pese a reconocer que resulta muy difícil saber cuando comienza un conflicto y cuando
termina, si es uno o varios al tiempo o el ya citado número de muertos; los resultados fueron
decepcionantes en cierto modo:

La frecuencia con la que estallan las guerras es


muy similar a la de cualquier suceso aleatorio, lo que parece indicar que las guerras son
imprevisibles.

La frecuencia con la que estallan las confrontaciones sigue la distribución de Poisson, lo que
parece indicar que las guerras son un suceso aleatorio. Así pues el autor concluyó que la
principal causa de la guerra es la casualidad.
En segundo lugar, colocó los conflictos cronológicamente y según su magnitud, para saber si
algún tipo de conflicto se repetía o si un tipo de guerra iba en aumento o en detrimento
respecto a las demás. Los resultados tampoco fueron concluyentes, volviendo a mostrar una
distribución muy similar al suceso aleatorio.
De esta forma la conclusión es que de las guerras no se aprende a evitarlas y que la
probabilidad de que estalle un nuevo conflicto es la misma para cualquier día, no
importa si antes ha sucedido otro ni el tamaño de este otro.
Profundizando en su trabajo realizó un estudio de países vecinos que entraban en guerra.
Midiendo las fronteras llegó a la conclusión de que un país linda con otras 6 naciones por
término medio; por lo que la probabilidad de que una nación entrara en guerra con un vecino
era casi del 10 %, si fuera un proceso aleatorio; sin embargo la estadística indicaba que la
probabilidad era del 87,33 % (de 94 guerras estudiadas solo 12 no tenían frontera común). Por
lo tanto, según el matemático, otra causa de la guerra es la vecindad.
Richardson también relacionó las guerras con otros factores comúnmente indicados por los
historiadores, como crisis económica o religión, llegando a otras tantas decepcionantes
conclusiones:

 La carrera de armamento no tiene porqué desembocar en un conflicto armado: de


315 conflictos solo en 13 había una carrera de armamento preparatoria.37
 Un idioma común no evita las guerras.
 Una crisis económica no tiene por qué desembocar en guerras civiles, ni tampoco
entre estados.
 Solo pueblos de distintas religiones tienen más probabilidad de entablar guerras
entre ellos. Así mismo, parece que los pueblos cristianos muestran más
belicosidad que los de otros credos, al haber intervenido en una proporción mucho
mayor de conflictos que el resto.
No obstante Richardson concluyó que ni siquiera la religión es una causa de gran importancia.
El siguiente en investigar en este ámbito es H. van Velzen y W. Wetering, quienes, en un
análisis comparativo sobre residencia y conflicto, llegaban a la conclusión de que los grupos
fraternos locales y la patrilinealidad constituyen las variables más significativas en relación con
la frecuencia de la guerra. Algunos años más tarde, esta idea sería retomada por K. Otterbein,
quien, en una nueva investigación transcultural, señalaría otra variable importante: la poliginia.
En síntesis, Otterbein sostiene que las sociedades patrilocales y poligínicas y con grupos
locales fraternos recurren más fácilmente a la violencia que las no patrilocales y poligínicas y
sin dichos grupos.
Es más, según este autor, las sociedades con mayor número de conflictos armados son
aquellas que poseen comunidades políticas similares. Orrerbein denomina guerra interna al
conflicto entre éstas, para distinguirlo del que se origina entre comunidades culturalmente
distintas o guerra externa. Así, tomando como base su propia tabulación estadística resulta
que, sobre una muestra de veintiocho sociedades patrilocales, un 71 % se caracteriza por
guerra interna frecuente y un 19 % por guerra interna esporádica, mientras que en catorce
sociedades no patrilocales, solo un 55 % presenta conflictos internos frecuentes.

El instituto de investigación de la paz internacional de Suecia, define la guerra como todo


aquel conflicto armado que cumple dos requisitos:17 enfrentar al menos una fuerza militar, ya
sea contra otro u otros ejércitos o contra una fuerza insurgente y haber muerto diez mil o más
personas.
Johan Huizinga establece que la guerra obtiene un carácter lúdico cuando se cumple con la
condición agonal; el elemento agonal empieza a actuar en el momento en el que los
adversarios se consideran enemigos que luchan por una cosa a la que pretenden tener
derecho.18
Los fines del derecho son la paz y la justicia, vocablos polisémicos; la paz incluye
la seguridad;19 por eso la guerra supone la suspensión del derecho. El jurista Rudolf von
Ihering en su Der Kampf ums Recht o La lucha por el Derecho (1872) sostuvo que la fuerza es
la base del derecho y que el derecho sin la fuerza es una utopía.20 Pero el derecho es la lucha
contra la injusticia:
Todo derecho en el mundo debió ser adquirido por la lucha; esos principios de
derecho que están hoy en vigor ha sido indispensable imponerlos por la lucha a los
que no lo aceptaban, por lo que todo derecho, tanto el derecho de un pueblo, como el
de un individuo, supone que están el individuo y el pueblo dispuestos a defenderlo. El
derecho no es una idea lógica, sino una idea fuerza; he ahí porque la justicia, que
sostiene en una mano la balanza donde pesa el derecho, sostiene en la otra la espada
que sirve para hacerle efectivo. La espada, sin la balanza, es la fuerza bruta, y la
balanza sin la espada, es el derecho en su impotencia; se completan recíprocamente:
y el derecho no reina verdaderamente, más que en el caso en que la fuerza
desplegada por la justicia para sostener la espada, iguale a la habilidad que emplea
en manejar la balanza.21

Causas de la guerra[editar]

La cosecha de la batalla (1918), óleo de Christopher


Nevinson sobre la I Guerra Mundial

Buscar una o varias causas a las guerras ha sido una constante para muchos
historiadores y políticos con el fin de evitar posibles conflictos futuros o encontrar
culpables.22 Pero el jurista Papiniano afirmaba que "es más fácil cometer un crimen que
justificarlo" y el senador Hiram Johnson escribió ya en 1917 que «la primera víctima
cuando llega la guerra es la verdad». Autores como Brian Hayes señalan, sin embargo,
que hay consenso en tener como ciertas algunas causas.

Causas tradicionales[editar]
Una de las causas de la guerra es que dos naciones tengan diferencias profundas en
diversos temas, que solo pueden resolverse con la vía armada. El historiador
griego Tucídides afirma en su "Diálogo de los melios", incluido en su Historia de la guerra
del Peloponeso que "no es vergonzoso someterse a un enemigo más fuerte,
especialmente uno que está ofreciendo términos razonables... La justicia solo se tiene en
cuenta en el razonamiento de los hombres si las fuerzas son iguales en ambos lados; en
el caso contrario, los fuertes ejercen su poder y los débiles deben ceder ante ellos", pero
de hecho muchos inferiores no se someten a la razón sino a la guerra. Desde el punto de
vista sociofilosófico, se han avanzado muchas teorías sobre el origen y causa de la
guerra. La primera, más contundente, resumida, filosófica, racional (en cuanto a explicar el
origen de un fenómeno) es la que propone Platón en La República (tras afirmar que una
ciudad es feliz si se ocupa de disponer de lo necesario y nada más):
Si queremos tener bastantes pastos y tierras de labor, ¿tendremos necesidad de usurpar algo a
nuestros vecinos y nuestros vecinos harán otro tanto con nosotros si, traspasando los límites de lo
necesario, se entregan como nosotros al deseo insaciable de enriquecerse? [...] ¿Haremos, pues, la
guerra en pos de esto? [...] Hemos descubierto nosotros el origen de este azote, que cuando
descarga, acarrea funestos males a los estados y a los particulares.

Sócrates
Además, parece posible tratar de clasificar, muy en general, las teorías en dos grandes
divisiones: la que ve la guerra como producto racional de ciertas condiciones,
primariamente condiciones políticas (Carl von Clausewitz argumentó que la guerra es la
continuación de la política por otros medios23) y otra "irracionalista", que ve la guerra como
producto de una tendencia, últimamente irracional, de los seres humanos.
Las teorías irracionalistas pueden aproximarse desde dos puntos de vista:

A raíz de la aparición de las armas nucleares se cambió el


concepto de guerra: por primera vez se podía dar por resultado la aniquilación total de los dos
bandos.

1. Aquellas que ven el origen de la guerra en causas no atribuible a fundamento racional, 24


por ejemplo, sentimientos religiosos2526 o emociones.2728 El extremo lógico de esta visión
—que el hombre es un animal inherentemente agresivo sujeto a tendencias tanto de
competición como cooperación que se observan en animales sociales, situación que
demanda la expresión ocasional de tales tendencias— se encuentra en algunas
explicaciones ya sea biológicas, psicológicas29 o de la psicología social del origen de
conflictos (ver, por ejemplo: Experimento de Robber's Cave).
2. La visión alternativa dentro de esta posición ve la guerra como originándose, en
algunos casos, debido a equivocaciones o percepciones erróneas. Así, por ejemplo,
Lindley y Schildkraut30 argumentan, a partir de un análisis estadístico, que la cantidad de
guerras que se podría aducir tuvieron un origen racional ha disminuido dramáticamente en
tiempos recientes (Lindley y Schildkraut ofrecen como ejemplos de tales equivocaciones
la Guerra de las Malvinas aunque se dice que la causa fue en verdad subir la popularidad
de Margaret Thatcher de Inglaterra declarando ella la guerra ya que Argentina no había
matado a nadie y ellos hundieron al Belgrano que estaba yendo al continente matando a
la mitad de todos los argentinos que murieron, y la Guerra de Irak) que otros aluden al
deseo de petróleo, riquezas y dominio a la causa.

pueden cambiar; mientras que la guerra busca, como diría Sun Tsu, incendiar; o arrasar,
como se diría en lenguaje contemporáneo; no dejar nada que le pueda servir al vencido o
que moleste al vencedor. Desde este punto de vista, la política sí es la continuación de la
guerra, pero lo es de otra manera, y desde ese punto de vista es la derrota de una forma de
hacer la guerra, o mejor, es la derrota pura y simple de la guerra, porque la otra manera se
llama política. Poner condiciones que el enemigo no puede cumplir es querer ponerle fin a
las posibilidades de la política y pretender someter sin ninguna concesión. Pensar las
relaciones de poder en estos términos es una manera de confrontar la vieja tesis de la
filosofía del siglo XVIII según la cual el poder se articula “...como derecho originario que
se cede y constituye la soberanía, y en torno al contrato como matriz del poder político. El
poder así constituido corre el riesgo de hacerse opresión cuando se sobrepasa a sí mismo, es
decir, cuando va más allá de los términos del contrato”.5 La otra alternativa, la que hemos
visto hasta ahora, ya no sería la del contratoopresión, sino la de guerra-represión, en la que
“... la represión ya no es lo que era la opresión respecto del contrato, es decir, un abuso,
sino el simple efecto y la simple continuación de una relación de dominación”.6 Sin
embargo, analizar las relaciones de poder en términos de represión, a Foucault le parece
insuficiente y aunque reconoce que todo lo que trabajó entre 1970 y 1976 se inscribe en ese
marco de ‘lucha-represión’, y que es desde allí desde donde debe entenderse su trabajo de
esos años, también tiene claro, y así lo dice en el curso del 7 de enero de 1976, que “En la
medida que trataba de hacerlo funcionar, yo veía que había que reconsiderarlo porque en
muchos puntos era insuficientemente elaborado, -más aún, completamente carente de
elaboración- y también porque creo que esas dos nociones de y de deben ser
considerablemente modificadas, o tal vez, finalmente abandonadas”.7 En cuanto a la noción
de represión, aunque Foucault promete dedicarle los cursos de 1977 y eventualmente el de
1978 -cosa que no sucedió-, es una noción de la cual desconfía y tal vez por esa razón fue
que agotó el tema en el primer tomo de la Historia de la Sexualidad, aparecido ese mismo
año de 1976. La desconfianza se debe a que puede ser vista de manera unidireccional y, en
ese sentido, no permite el surgimiento de ningún discurso por fuera del establecido y, en
consecuencia, los saberes que han sido sometidos se encuentran condenados a continuar
para siempre sometidos. De la misma manera en que la represión opera desde arriba, desde
el poder mismo y no incluye las resistencias ni mucho menos los saberes sometidos que
solamente pueden surgir si se eliminan los discursos globalizantes. La represión, además,
tiene una característica que dificulta la posibilidad de comprender las relaciones de poder
en la medida en que sugiere la existencia de una verdad por debajo de lo que se muestra,
una verdad que se encuentra allí, por fuera del espacio y del tiempo, y a la que es necesario
reprimir, para que no surja, para que no se muestre, es decir, una verdad que se opone al
poder y que lucha contra ese poder. Desde esa perspectiva la verdad entra dentro de un
campo del cual Foucault buscó siempre apartarse: el de la lucha liberadora. En efecto, nada
más lejano de su pensamiento que la existencia de algo a lo cual hay que acceder para
liberarse. II Justamente lo que Foucault buscó a través de los años fue mostrar un discurso
exactamente contrario, en el sentido en que los discursos y los significados de los mismos
se van construyendo de acuerdo con las relaciones de poder que se van transformando, en la
medida en que esas relaciones generan formas de resistencia. La hipótesis represiva, dicen
Dreyfus y Rabinow se encuentra anclada en una tradición según la cual el poder es
restrictivo, negativo y coercitivo. En la medida que constituye una denegación sistemática
de la verdad, que funciona como un instrumento de represión que prohíbe la verdad, las
fuerzas del poder impiden, o, por lo menos desnaturalizan, la formación del saber. Esta
distorsión el poder la opera suprimiendo los deseos, cultivando la falsa conciencia,
apoyando la ignorancia etc. Las La guerra, estrictamente hablando, es aquel conflicto
social en el que dos o más grupos humanos relativamente masivos —principalmente tribus,
sociedades o naciones— se enfrentan de manera violenta, generalmente mediante el uso
de armas de toda índole, a menudo con resultado de muerte —individual o colectiva—
y daños materiales de una entidad considerable.12
La guerra es la forma de conflicto sociopolítico más grave entre dos o más grupos humanos.
Se da tanto en sociedades tribales como en civilizadas, pero es más grave entre estas últimas
ya que son más complejas, masificadas y tecnificadas. Es quizás la más antigua de
las relaciones internacionales y ya en el comienzo de las civilizaciones se constata el
enfrentamiento organizado de grupos humanos armados con el propósito de controlar
recursos naturales o humanos (conflictos entre cazadores nómadas y
recolectores sedentarios que sí desarrollaron el concepto de propiedad),3 exigir un desarme o
imponer algún tipo de tributo, ideología, nacionalidad o religión, sometiendo, despojando y, en
su caso, destruyendo al enemigo. Es más, este tipo de conducta gregaria es extensible a la
mayor parte de los homínidos4 y se encuentra estrechamente relacionado con el
concepto etológico de territorialidad.
Las guerras tienen como origen múltiples causas, entre las que suelen estar el mantenimiento
o el cambio de relaciones de poder, dirimir disputas económicas, ideológicas, territoriales (por
cuestiones históricas y estratégicas), religiosas, etc. (muchas veces una combinación de
causas).
En ciencia política y relaciones internacionales, la guerra es un instrumento político, al servicio
de un Estado u otra organización con fines eminentemente políticos, ya que en caso contrario
constituiría una forma más desorganizada aunque igualmente violenta: el bandolerismo por
tierra o la piratería por mar. En las sociedades primitivas tribales su origen aparece más claro;
deriva de dos elementos: la presión demográfica y la escasez de recursos.[cita requerida]5
Según Richard Holmes, la guerra es una experiencia universal que comparten todos los
países y todas las culturas.6 Según Sun Tzu, «La guerra es el mayor conflicto de Estado, la
base de la vida y la muerte, el Tao de la supervivencia y la extinción. Por lo tanto, es
imperativo estudiarla profundamente».7 Por demás, la forma más astuta de ejercerla sería
soslayarla de manera que no hubiera necesidad de llegar a ella. Según Karl von Clausewitz, la
guerra es «la continuación de la política por otros medios».8
Las reglas de la guerra, y la existencia misma de reglas, han variado mucho a lo largo de la
historia. El concepto de quiénes son los combatientes también varía con el grado de
organización de las sociedades enfrentadas. Las dos posibilidades más frecuentes son civiles
sacados de la población general, generalmente varones jóvenes, en caso de conflicto, o
soldados profesionales formando ejércitos permanentes. También puede haber voluntarios y
mercenarios. Las combinaciones de varios o de todos estos tipos de militares son asimismo
frecuentes.
Las formas de hacer una guerra dependen de los propósitos de los combatientes. Por
ejemplo, en las guerras romanas, cuyo objetivo era expandir el imperio, el objetivo militar
principal era, una vez sometido, incorporar al pueblo ajeno al imperio y a las leyes y
costumbres de Roma.9 En la actualidad, a veces se hace distinción entre conflictos armados y
guerras. De acuerdo con este punto de vista, un conflicto solo sería una guerra si los
beligerantes han hecho una declaración formal de la misma. En una concepción de la doctrina
militar de Estados Unidos no se hace distinción alguna, refiriéndose a los conflictos armados
como guerras de cuarta generación.10
Batalla de Normandía.
Entre el final de la Segunda Guerra Mundial y 2010 hubo 246 enfrentamientos armados en
151 lugares del mundo.

Definiciones y conceptos[editar]

La ciudad de Wesel en la cuenca del Ruhr,


destruida por los bombarderos aliados.
Platón no habla de guerreros, sino de «guardianes» de la polis, y distingue además entre la
discordia (que se da entre los griegos) y la guerra (que se da entre griegos y
bárbaros).11 Aristóteles afirmó que la guerra solo sería un medio en vista de la paz, como lo es
el trabajo en vista del ocio y la acción en vista del pensamiento,12 pues considera que la guerra
es tan natural en la sociedad humana como la paz, ya que también es legítima la esclavitud en
la naturaleza para mantener la jerarquía de lo mejor sobre lo peor, el orden social:
El ejercicio de la guerra no debe perseguirse con el fin de esclavizar a los que no lo
merecen, sino, en primer lugar, para no ser esclavizados por otros; en segundo lugar,
para procurar la hegemonía por el bien de los gobernados, no por deseo de dominar a
todos; y en tercer lugar, para enseñorearse de los que merecen la esclavitud.13
La guerra, afirma el Marqués de Olivart, es el litigio entre las naciones que defienden sus
derechos, en el cual es el juez la fuerza y sirve de sentencia la victoria. Hugo Grocio la
definió como status per vincertatium qua tales sunt. Por su parte, Alberico Gentilis afirmó
que Bellum est armorum publicorum ensta contentio.14 Funk - Bretano y Alberto
Sorel escribieron: "La guerra es un acto político por el cual varios Estados, no pudiendo
conciliar lo que creen son sus deberes, sus derechos o sus intereses, recurren a la fuerza
armada para que esta decida cuál de entre ellos, siendo más fuerte, podrá en razón de la
fuerza, imponer su voluntad a los demás.15".
Joseph de Maistre (1821) dijo, en sus Soirees de Saint Petesburg: «La guerra es divina en
la gloria misteriosa que le rodea y en el atractivo no menos explicable que nos lleva hacia
ella. La guerra es divina por la manera como se produce independientemente de la
voluntad de los que luchan. La guerra es divina en sus resultados que escapan
absolutamente a la razón».16
G.W.F Hegel escribió: «La guerra es bella, buena, santa y fecunda; crea la moralidad de
los pueblos y es indispensable para el mantenimiento de su salud moral. Es en la guerra
donde el Estado se acerca más a su ideal porque es entonces cuando la vida y los bienes
de los ciudadanos están más estrechamente subordinados a la conservación de la entidad
común».15

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