Evaluación del Testimonio en Abuso Infantil
Evaluación del Testimonio en Abuso Infantil
SOCIALES
Madrid
2019/2020
Resumen
El presente trabajo aborda el tema del abuso sexual infantil, llevando a cabo una revisión
bibliográfica acerca de la situación actual de esta problemática desde las perspectivas:
psicológica, abordando los posibles indicadores existentes; judicial, revisando las
distintas penas y líneas gradativas para este tipo de delitos en nuestro país y social,
indicando los principales mitos y creencias erróneas que es habitual encontrar en lo
referente al abuso sexual infantil. Además, se identifican las diversas secuelas que
provoca la situación abusiva tanto a largo como a corto plazo y la detección de este a
través de los indicadores presentes en las pruebas proyectivas, concretamente el HTP,
herramientas que, al pertenecer a la esfera cotidiana de los menores, sirven como medios
para la expresión de aquellos contenidos que no son capaces de transmitir verbalmente y
por lo tanto permiten revelar la situación abusiva mediante un conjunto de indicadores.
Abstract
The current work addresses the issue of child sexual abuse, carrying out a bibliographic
review about the current situation of this problem from three different perspectives:
psychological, addressing possible indicators; judicial, reviewing the different penalties
and lines for this type of crime in our country and social, indicating the main myths and
false beliefs that are commonly found in relation to child sexual abuse. In addition the
various sequelae that the abusive situation causes both in the long and short term are
identified and also its detection through the indicators present in the projective tests,
specifically the HTP, tools that, by belonging to the daily sphere of the minors, serve as
means for the expression of those contents that they are not able to transmit verbally and
therefore allow the abusive situation to be revealed through a set of indicators.
Key words: sexual abuse, minors, judicial treatment, diagnostic tool, evaluation, abuse
indicators.
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INDICE
1. INTRODUCCIÓN
2. METODOLOGÍA ……………………………………………………………...6
3. MARCO TEÓRICO
4. DISCUSIÓN …………………………………………………………………..25
5. CONCLUSIÓN …………………………………………………….…………26
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1. Introducción
El presente trabajo se enfoca en una revisión bibliográfica acerca del abuso sexual
infantil, con la finalidad de determinar a que hace referencia exactamente esta
problemática. Recogiendo los indicadores del abuso y las claves que puedan ser útiles
para su detección, las secuelas psicológicas que este pueda provocar tanto a corto como
a largo plazo y una evaluación de la veracidad del testimonio en relación a determinadas
técnicas proyectivas que desvelan una situación de este tipo de maltrato.
Esta proyección es lo que hace que funcionen como herramientas que permiten revelar
la situación abusiva. En su aplicación se tienen en cuenta además de la variedad de
indicadores gráficos, los comentarios espontáneos que surgen del niño durante la
administración de las técnicas, las actitudes de este y las observaciones del profesional
durante la evaluación. (Nahir,2016).
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A lo largo de la historia los niños han sido considerados como objetos de tutela,
actualmente se les considera sujetos de derecho, capaces de ejercerlos y exigirlos y por
tanto han de ser protegidos y se debe asegurar que su desarrollo se de en un ambiente que
promueva la salud, el respeto y la dignidad de sí mismo, pudiendo ser este separado de
sus padres/cuidadores si estos atentaran contra la integridad física y psicología del menor.
(Echeburúa, 2005).
Cabe destacar que los menores que se encuentran en esta situación suelen presentar
algún grado de vulnerabilidad que propicia que el abuso se cometa. Esta vulnerabilidad
está estrechamente relacionada con el vínculo de apego que se establece con las figuras
de referencia en los primeros años de vida. (Echeburúa, 2005).
El aspecto más dañino de este tipo de delitos, están relacionados por tanto con la
transgresión de la intimidad, que el abuso supone que acarrea consigo la traición de la
confianza. La violencia física agrega a esta acción destructiva, una dimensión importante
de dolor y miedo. (Juri, 2000).
1.2 Objetivos
Este trabajo tiene como objetivo principal analizar la problemática del abuso sexual
infantil, así como de sus indicadores y efectos, tanto a corto como a largo plazo, además
de la sintomatología que presentan las víctimas cuando son adultos.
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Para una mayor compresión de esta particular problemática, además se revisarán las
claves que pueden resultar útiles en las declaraciones y testimonios de los menores, así
como su evaluación a través de técnicas proyectivas.
2. Metodología
Dado que el objetivo principal es analizar el abuso sexual infantil, como se define y
que engloba esta problemática en la actualidad, se buscará, recopilará y organizará la
información obtenida a partir de una revisión bibliográfica de los conocimientos actuales
referentes a esta cuestión.
En primer lugar, se llevo a cabo una búsqueda para conocer y delimitar a que hace
referencia exactamente esta problemática ya que es habitual encontrarla mezclada con
otros tipos de maltrato infantil. Esta búsqueda inicial se realizó usando el buscador google
scholar, a fin de conocer el volumen y cantidad de datos y estudios que se han realizado
a lo largo de los años y como ha ido evolucionando, tanto en el ámbito jurídico, como en
el ámbito social.
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“Agresor sexual”
• Dialnet plus
• PysInfo
• Psicodoc
“Abuse indicators”
“Sintomatología ASI”
“Delincuentes sexuales”
“Proyective test”
No todos los artículos resultantes de esta búsqueda resultaban apropiados para los
objetivos perseguidos por esta investigación, así que se siguió un criterio de exclusión
basado en el idioma, aceptando solo artículos redactados en inglés o castellano. También,
se descartaron todos aquellos artículos en los que esta problemática no aprecia lo
suficientemente descrita y diferenciada de otros tipos de maltrato infantil.
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Finalmente, en cuanto a los artículos empleados para la sintomatología y el testimonio
se emplearon únicamente aquellos que explicitaban las diferencias con las que se
desencadenan en un adulto, que es víctima de este mismo delito.
A fin de completar esta búsqueda se obtuvo una gran cantidad de información extraída
de tres libros del ámbito de la psicología forense.
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3. Marco teórico
Cuando se habla de abuso sexual infantil, se hace referencia a las conductas sexuales
en las que, al menos, un menor se ve involucrado. Estas conductas incluyen, tanto el
contacto físico, como el uso del menor como objeto de estimulación sexual, tanto para el
agresor como para un tercero (pornografía), además de la observación del niño desnudo
o el exhibicionismo y la masturbación delante del mismo. (Mebarak, 2010; Pereda, 2009).
El abuso sexual como lo entendemos hoy en día, desde nuestra cultura implica una
transgresión del adulto, o bien, de los grandes tabúes de la sociedad (incesto), o de las
normas sociales vigentes. Estas normas sociales se encuentran reflejadas en los diferentes
códigos penales, asumiéndose, por tanto, que la transgresión del adulto es un acto punible
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y reprobable ya que atenta contras las normas de convivencia y los derechos del niño.
(Vázquez, 1995).
Según Blanca Vázquez Mezquita (1995), se considera así que un niño es maltratado
cuando “es objeto de violencia física y/o psíquica, por acción y/u omisión, por parte de
las personas o instituciones de las que depende para su optimo desarrollo”.
En el proyecto de Ley Orgánica del código penal encontramos los siguientes artículos
referidos a esta problemática:
Art. 181. La violación es contemplada aquí, como cualquier acceso carnal, por vía
vaginal o anal, que implique a un menor de 12 años. La violación será castigada con la
pena de prisión de 1 a 4 años.
Art 182. Cualquier otra agresión sexual no contemplada en el artículo 181 ejercida
sobre el menor de 12 años será castigada con pena de prisión de 1 a 4 años. Según este
mismo artículo la pena de prisión será de 4 a 8 años, si la agresión sexual consistiera en
la introducción de objetos, acceso carnal bucal o cuando se hiciera uso de medios, modos
o instrumentos especialmente brutales, degradantes o vejatorios.
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Art 183. La persona que tuviere acceso carnal con otra mayor de 12 años y menor de
18 prevaleciéndose de su superioridad, originada por cualquier relación o situación, será
castigada con pena de 6 meses a 4 años. Se aplicará en su mitad superior cuando el delito
se cometiera por ascendiente, natural o por adopción, o hermano del estuprado.
Art 184. Comete, asimismo, estupro la persona que, interviniendo engaño tuviera
acceso carnal con otra mayor de 12 y menos de 16. En este caso la pena será de 6 meses
a 1 año.
Art 186. El que ejecuta o hiciera ejecutar a otros actos lúbricos o de exhibición obscena
ante menores de 16 años o deficientes mentales será castigado con la pena de multa de 3
a 10 años. Se impondrá pena de multa de 3 a 8 meses al que ejecutará o hiciera ejecutar a
otro las acciones previstas en el párrafo anterior ante mayores de 16 años sin su
consentimiento.
Art 187. El que, maliciosamente y por cualquier medio directo, difundiere, vendiera o
exhibiera material pornográfico entre menores de 16 años o deficientes mentales, será
castigado con la pena de multa de 3 a 10 meses.
Art 189. El que induzca, promueva, favorezca o facilite la prostitución de una persona
menor de 18 años, será castigado con la pena de prisión de 1 a 4 años y multa de 12 a 24
meses.
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La persona bajo cuya potestad o guarda estuviese un menor o incapaz y que, con noticia
de la prostitución o corrupción de este no hiciere lo posible por impedir su continuación
en tal estado, o no acudiera a la autoridad para el mismo fin si careciese de los medios
para su custodia, incurrirá en la pena de multa de 3 a 10 meses.
Art 194. Para proceder por los delitos de violación, agresiones sexuales y estupro, será
precisa la denuncia de la persona agraviada. Cuando esta sea menor de edad o incapaz,
también podrá denunciar el ascendiente, representante legal p guardador, por este orden,
y el Ministerio Fiscal.
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no encontrar una línea clara que las separe, ya que la actividad sexual del menor con un
adulto, casi siempre queda encuadrada dentro del un contexto más o menos familiar, o
conocido del menor y es muy extraño, que este ocurra aislado del contexto particular del
niño. (Vázquez, 1995). Debido a que esto es más común, las víctimas tienden a no
revelarlo y esto hace que sea complicado determinar cifra de los delitos cometidos. Cabe
destacar que en determinadas ocasiones el abuso es ejercido por otro menor de edad,
ascendiendo al 20% del total de los delitos que se conocen. (Echeburúa, 2000).
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sumarles las del propio abuso y como se ha ejercido (frecuencia y severidad, existencia o
ausencia de violencia durante el abuso).
Finalmente, a estos dos grupos de factores, los relativos al propio menor y los más
propios del abuso sexual, seria necesario añadir las consecuencias que conlleva el
encubrimiento del hecho. Por lo tanto, es necesario tener en cuenta, a la hora de hablar de
ASM que habitualmente no se tratan de hechos aislados si no que suelen conllevar abusos
repetidos a lo largo del tiempo, pudiendo alcanzar meses o años en la vida del niño.
El elemento clave, por tanto, no parece ser la coacción física, pero si la psicológica.
Ésta se establece entorno a 3 polos:
La autoridad: se suele disponer de una autoridad moral implícita ya que el autor suele
ser una persona de su entorno y confianza. Se da por esto en los menores una disonancia
cognitiva, al menor se le plantea la necesidad de creerse lo que sucede como aceptable y
normal porque lo dice el agresor, al ser este una figura de referencia, despertándose al
mismo tiempo en él, sentimientos de autoculpabilidad, por creer que no actúa como el
adulto espera.
El secreto: aquí al niño se le plantea otro problema y es que romper con el silencio que
el agresor le ha pedido, supone violar una de las creencias básicas de la infancia que,
además, traería consecuencias negativas para él (amenazas del adulto) o bien para las
personas que le rodean (madre, hermanos …). Sea cual sea el caso, el menor siempre se
percibe a si mismo como culpable de la situación.
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La indefensión: a la luz de la teoría de la indefensión aprendida, con el paso del tiempo
y consecuencia del miedo inducido, el niño ha aceptado la situación, al mismo tiempo se
ve incapaz de actuar frente a ella para cambiarla.
Existen dos factores que agravan este proceso, por un lado, encontramos la dificultad
que presentan los menores para narrar los hechos, la forma de hacerlo y a quién contárselo
(desconfían de los adultos), por otro lado, tenemos su propio desarrollo evolutivo a nivel
psicológico que le puede impedir entender que está bien y que está mal. Los indicadores
de abuso deben valorarse de forma global, no se puede establecer una relación directa
entre un solo síntoma y el abuso. (Vázquez, 1995; Soria, 1994).
Durante mucho tiempo y debido al estudio aislado de los casos, se tenía la impresión
de que existía una gran variabilidad individual en cuanto a las respuestas emocionales y
resultaba muy difícil establecer unos patrones típicos de respuesta emocional que sin duda
existen. Así Finkelhor (1985), señala una serie de trastornos clínicos que incluirían
miedos, hiperactividad, compulsividad, introversión, fobias, depresión, culpabilidad,
cambios de humor, ideas de suicidio, perdida del apetito, fatiga, dolencias corporales,
cambios en hábitos de sueño y comida, desconfianza, hostilidad, inhibición sexual,
masturbación compulsiva y problemas escolares.
Por parte de los abusadores se puede observar cierta tendencia a escoger niños más
vulnerables, que se encuentren aislados o desprotegidos. Finalmente resalta la adaptación
del menor frente al abuso continuado.
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En definitiva, todas las formas de adaptación constituyen mecanismos de defensa, que
el menor pone en marcha, para adoptar ciertas actitudes y creencias que le permitan dar
significado a lo que está ocurriendo, y así poder sobrevivir emocionalmente a esa
experiencia de la que no pueden hablar y no es capaz de escapar. (Vázquez, 1995).
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1. Violencia y/o agresión física en el momento del abuso.
2. Actitud hostil de la figura de referencia del niño, en el momento de la revelación.
3. Alejamiento del hogar del niño después del descubrimiento.
Otro método empleado para evaluar las posibles secuelas, ha sido a través de la
aplicación de métodos estandarizados, los resultados muestran que los rasgos patológicos
más frecuentemente encontrados son: agresividad 50%, comportamiento sexual desviado
36%, conducta antisocial 45%, miedos 45%, inmadurez 40% y comportamiento neurótico
38%. El patrón de conducta más frecuente, por tanto, parecía seguir el esquema de miedo,
ira, hostilidad. (Vázquez, 1995).
Glaser (1991), señala una serie de secuelas que han de ser siempre consideradas en
orden a su relevancia.
Confusión y ansiedad, suelen ser más frecuentes cuando el menor es más pequeño,
pero se trata de respuestas poco elaboradas.
Culpa, angustia y depresión, cuanto mayor sea el niño, más intensas serán estas
reacciones ya que se trata de un grado de reacción mejor organizado.
Sexualidad inapropiada, las víctimas suelen sexualizar sus relaciones con la finalidad
de ganarse el reconocimiento y el afecto de la otra parte, constituyendo esto un claro
indicador de falta de autoestima. El abuso los vuelve más susceptibles a una posterior
victimización.
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Finalmente, un aspecto que no hay que olvidar, debido al gran impacto emocional que
tiene sobre el menor, es la respuesta de las personas más cercanas y relevantes para la
víctima. Reacciones como la increencia, la negación y la acusación modulan en gran
medida la respuesta emocional del niño y aumentan la posible aparición de depresión o
ideación suicida, estas también son más probables cuanto mayor es la edad del niño.
(Vázquez, 1995).
El hecho de que encontremos secuelas a largo plazo, nos habla de que esta experiencia
tiene un efecto traumatizante sobre quien la experimenta, es por esto por lo que a partir
de los años ochenta se empiezan a realizar estudios sistemáticos con el objetivo de
establecer pautas clave de victimización. (Vázquez, 1995).
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3.3 Evaluación de la veracidad del testimonio y su relación con las técnicas
proyectivas
El abuso sexual sospechado rara vez deja pruebas materiales irrefutables y activa una
cadena de emociones que implican al propio menor, su entorno y el profesional.
Otros de los problemas a los que hay que hacer frente, es que esta problemática forma
parte de uno de los grandes tabúes de la sociedad. El incesto y las relaciones sexuales
entre adultos y niños han existido desde siempre, pero no es hasta principios del siglo XX
donde aparecen leyes que regulen este problema.
Creencias irracionales como que: los niños son sujetos inclinados a la fabulación, la
mentira, la confusión entre la imaginación y la realidad, seres indisciplinados y algo
perversos que es necesario doblegar y concebidos como sujetos asexuales, han
contribuido a mantener esto a lo largo del tiempo. (Nahir, 2016; Scott,2104). Todo esto
genera que el abuso sexual siga siendo un tema notablemente novedoso en nuestros días,
especialmente si se compara con su antigüedad y frecuencia. La consecuencia de esto es
una peor reacción del sistema social ante la detección.
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intervención inicial o en crisis que debe dar paso a la fase de intervención secundaria o
tratamiento. (Soria, 1994; Vázquez, 1995).
Cuando el sistema social detecta la existencia de un abuso, suele ser o bien porque este
se ha hecho evidente (embarazo del menor) o bien porque el menor lo ha denunciado,
esto ya supone en si mismo una parte crítica del proceso. (Scott, 2014; Vázquez, 1995).
Es importante, por tanto, atender al testimonio de los menores, teniendo en cuenta dos
cuestiones importantes, en primer lugar, si el menor tiene capacidad suficiente para narrar
el hecho, ya que según Vázquez (2009), si poseé la suficiente capacidad cognitiva al
contrario de lo que popularmente se cree, es un testigo igual de fiable que como lo podría
ser un adulto y, en segundo lugar, si tiene intención de hacerlo. (Garrido, 2004).
Es relevante, por tanto, tener en cuenta los dos puntos de partida ante los que podemos
encontrarnos, por un lado, que existan manifestaciones explicitas del niño a cerca del
supuesto abuso y por otro, que exista una sospecha de que esto ha ocurrido, sin que la
víctima haya hecho ningún tipo de declaración. (Köhnken, 2006).
La investigación basada en una declaración explícita del abuso sexual, debe comenzar
con lo que se denomina “aseguramiento de la prueba”, consiste en una entrevista
semiestructurada del testigo llevada a cabo por los peritos, donde se recoge literalmente
la declaración de la víctima y que le permita expresarse libremente, de modo que
posteriormente es posible realizar un análisis más riguroso del relato original.
Es recomendable, para una mayor fiabilidad de este testimonio, que sea recogido antes
de que se inicie algún tipo de psicoterapia, de esta forma se asegura que la declaración no
se vea influenciada por mecanismos terapéuticos de superación. (Köhnken, 2006;
Vázquez, 2008).
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En ocasiones no existe una declaración verbal de los hechos, de modo que la
investigación se realiza sin declaración por parte de la víctima, estos casos suelen
involucrar a niños muy pequeños, personas disminuidas o testigos que no quieren prestar
declaración por diversos motivos (amenazas, miedo).
La sospecha de que un menor esta siendo abusado sin que este lo manifieste puede
surgir de varias fuentes, como con presencia de rasgos peculiares en el menor, un contexto
con un historial previo de abusos, etc. Desde un punto de vista diagnóstico, como
alternativa a la declaración se debaten varias opciones: la interpretación del
comportamiento durante el juego, la interpretación de características conductuales
llamativas, evaluación de los síntomas clínicos y la interpretación de los dibujos
infantiles, en la que nos centraremos. (Köhnken, 2006).
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De la aplicación de todas estas técnicas se han recogido una serie de indicadores
explícitos que correlacionan con un ASI.
Figura humana
Brazos: finos y largos o están omitidos reflejan la falta de protección y las dificultades de
contacto.
Marcar mucho alguno de los elementos como las pestañas, la sonrisa o accesorios indica
aspectos maniacos.
Cuando aparece más de una figura humana, como en el test de la familia, es importante
atender a la asimetría entre los personajes, a la presencia de elementos de ataque y quien
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los porta, la postura de las figuras (ataque, huida, indefensión…), la distancia entre ellas
y la actitud de las mismas.
Elementos añadidos a la figura humana (nube, lluvia, pájaros …) que es lo que se pide en
la consigna suelen indicar amenazas por parte del mundo de los adultos.
Casa
Puerta con mirilla: posibilidad de controlar desde el interior quien hay fuera.
Transparencia: ansiedad e intento de mostrar algo que tengo dentro, pero sin explicitarlo
(importante tener en cuenta el momento evolutivo, en niños muy pequeños no se toma
como indicador).
Árbol
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Marcas o agujeros en el tronco y ramas: vivencias traumáticas.
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4. Discusión
Resulta imprescindible como sociedad estar informados sobre a que hace referencia
exactamente el ASI, de modo que todos los profesionales que se encuentren en contacto
con menores (padres, médicos, profesores, psicólogos, trabajadores sociales …)
estuviesen al tanto de cuales son las características que revisten estos hechos y así
pudiesen intervenir en la detección de las mismas de un modo oportuno, alejándose de
perjuicios y creencias falsas.
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5. Conclusión
Es una creencia habitual pensar que el abusador es una persona ajena a la esfera del
menor, pero lo cierto es que en la mayoría de los casos esto no es así, de hecho, todo lo
contrario, el abusador suele ser una persona próxima al menor y que ocupa un papel
dentro de su esfera cotidiana. Esto añade dificultades a la hora de la detección ya que o
bien por todos los elementos relativos al miedo o por los beneficios que obtiene de esta
situación que para él es incomprensible, tienden a no revelarlo.
Los menores han dejado de ser considerados como seres de tutela, que es necesario
controlar, inclinados a la mentira y asexuales y se han convertido en sujetos de pleno
derecho a los que es necesario proteger.
Los hallazgos de este tipo de abusos se han incrementado, lo que ha tenido como
consecuencia que los casos sean descubiertos por diversos profesionales que carecen de
la preparación técnica y profesional necesaria para abordar el problema y que en la
mayoría de las ocasiones con su intervención (con las mejores intenciones) acaban por
situar al niño en una posición más desfavorable de en la que ya se encuentra.
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Es importante por lo tanto que el aseguramiento de la prueba, que obtiene la
información de la vivencia por medio de una entrevista semiestructurada, se lleve a cabo
por un perito y que, para una mayor fiabilidad, se lleve a cabo asegurando por todos los
medios que el relato del menor no ha sido influenciado.
Podemos definir el abuso sexual infantil como las conductas de carácter sexual, que
pertenecen al ámbito de los adultos en las que los menores se ven involucrados, siendo
los componentes más significativos que convierten este hecho en delictivo, la asimetría
existente entre las partes que participan de la actividad sexual y la falta de madurez y
compresión de la situación por parte del menor que anula su capacidad para prestar un
consentimiento válido.
Nuestro código penal marca así distintas líneas gradativas del delito en función de la
edad el menor.
Algunos de los aspectos más nocivos de esta situación residen en qué habitualmente
el perfil de menores sometidos a abuso, son niños que presentan alguna vulnerabilidad, a
lo que se le suma que frecuentemente el abusador forme parte de su familia o circulo
próximo, lo que agrega una dimensión muy destructiva del sentimiento de confianza,
seguridad y protección, que en último término provoca numerosas secuelas tanto a corto
como a largo plazo.
En los casos en los que por distintos motivos resulta muy complicado obtener una
declaración verbal, existen técnicas proyectivas que permiten obtener datos a cerca de la
personalidad del menor, accediendo a contenidos inconscientes, permitiendo evaluar la
experiencia traumática que queda plasmada en los dibujos.
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6. Referencias
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National Center of Child Abuse and Neglect, Nueva York, Free Press.
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y forense en red, 1-71.
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