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Casación sobre Nulidad en Robo con Armas

Este documento resume una resolución de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional sobre un recurso de casación presentado en una causa por robo con armas. La Cámara rechazó la nulidad de las órdenes de detención de los acusados, basándose en que las sentencias de condena habían adquirido firmeza a pesar de que aún estaba pendiente una queja ante la Corte Suprema. La defensa alegó que no se justificó aplicar normas procesales civiles en lugar de las garantías del

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Casación sobre Nulidad en Robo con Armas

Este documento resume una resolución de la Cámara Nacional de Casación en lo Criminal y Correccional sobre un recurso de casación presentado en una causa por robo con armas. La Cámara rechazó la nulidad de las órdenes de detención de los acusados, basándose en que las sentencias de condena habían adquirido firmeza a pesar de que aún estaba pendiente una queja ante la Corte Suprema. La defensa alegó que no se justificó aplicar normas procesales civiles en lugar de las garantías del

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Poder Judicial de la Nación

“Año del Bicentenario de la Declaración de la Independencia Nacional”


CÁMARA NACIONAL DE CASACIÓN EN LO CRIMINAL Y CORRECCIONAL - SALA 1
CCC 5587/2014/TO1/7/CNC2

Reg. n° 152/2016

En la ciudad de Buenos Aires, a los 7 días del mes de marzo del año
dos mil dieciséis, se reunió la Sala I de la Cámara Nacional de
Casación en lo Criminal y Correccional, integrada por la jueza María
Laura Garrigós de Rébori y los jueces Daniel Morin y Mario
Magariños, asistidos por el secretario de cámara Santiago López, a fin
de resolver el recurso de casación deducido en la causa número
5.587/2014/TO1/7/CNC2, en autos caratulados “Acosta, Jonathan
Ezequiel y otros s/ robo con armas s/ incidente de nulidad”, de la que
RESULTA:
I­) El Tribunal Oral en lo Criminal n° 10, con fecha 19 de
junio de 2014, condenó a Franco Javier Chanampa y a Jonathan
Ezequiel Acosta a la pena de cinco años de prisión en orden al delito
de robo con armas, y, el 11 de junio de 2015, la Sala III de la Cámara
Federal de Casación Penal resolvió rechazar el recurso de casación
que oportunamente articularon contra dicho pronunciamiento (conf.
fs. 198/205 y fs. 265/270vta. ppal.).
Luego, su representación letrada interpuso recurso
extraordinario federal, el que fue declarado inadmisible por el
mencionado tribunal de casación el 31 de agosto de 2015, lo que
motivó que Chanampa y Acosta ocurrieran en queja ante la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, la cual se encuentra pendiente de
resolución (fs. 276/285vta. y fs. 289 ppal.).
En la inteligencia de que adquirió ejecutoriedad la
sentencia, el tribunal oral dispuso, el 20 de octubre de 2015, la
detención de los imputados con el objeto de que cumplan las condenas
que les fueron impuestas, y, el 1 de diciembre del mismo año, ordenó
sus respectivas capturas (fs. 292/292vta. y fs. 325).
II­) La defensa oficial planteó la nulidad de los mentados
decisorios al considerar que la sentencia de condena no se encontraba

Fecha de firma: 07/03/2016


Firmado por: MARÍA LAURA GARRIGÓS DE RÉBORI,
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, Juez
Firmado por: DANIEL EMILIO MORIN, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: SANTIAGO ALBERTO LÓPEZ, Secretario de Cámara

#27944863#148335468#20160307133103683
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firme, y que, por lo tanto, no era ejecutable de acuerdo a lo prescripto
por el artículo 128 del Código Procesal Penal de la Nación.
III­) Los magistrados del tribunal a quo rechazaron la
nulidad propiciada en la inteligencia de que en el caso resulta
aplicable el artículo 285 del Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación, que regula el trámite específico de la queja por denegación de
recurso extraordinario federal denegado, y establece la no suspensión
del curso del proceso.
Consideraron, además, que el artículo 128 del código de
forma no abarca la vía directa ante la Corte Suprema de Justicia de la
Nación por rechazo de la mencionada articulación, la que se encuentra
regulada en una ley especial.
Por último, señalaron que artículo 442 del mencionado
cuerpo legal establece la posibilidad de apartarse de la regla general
del efecto suspensivo de los recursos cuando expresamente se
prescribe lo contrario, como ocurre en el caso ante la pauta que fija el
artículo 285 del ordenamiento procesal civil, siendo esta la doctrina
sentada en el fallo “Olariaga” del máximo tribunal de la nación.
IV­) La defensora Oficial Gilda Belloqui, alzó sus
críticas a través del recurso de casación glosado a fs. 7/10.
Sucintamente, se agravió con la interpretación que se
formuló del artículo 285 del Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación, y porque se debió tomar en cuenta que los recurrentes
revisten la calidad de procesados en atención a que restan recursos por
resolver, siendo por ello que las decisiones vinculadas con su libertad,
debían regirse por los principios que gobierna las medidas de coerción
personal. Que no se brindaron razones que justifiquen la
preeminencia de una norma procesal civil sobre aquellas que regulan
el proceso penal, y que se realizó una incorrecta interpretación de la
doctrina sentada en “Olariaga”.

Fecha de firma: 07/03/2016


Firmado por: MARÍA LAURA GARRIGÓS DE RÉBORI,
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, Juez
Firmado por: DANIEL EMILIO MORIN, JUEZ DE CAMARA
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Dichos argumentos, fueron desarrollados con amplitud
por la defensora oficial María Florencia Hegglin, de la Unidad de
Actuación n° 3 de la Defensoría General de la Nación ante este
cámara, en la audiencia que tuvo lugar, a tenor de los prescripto por el
artículo 465 bis del Código Procesal Penal de la Nación, el 25 de
febrero pasado.
Habiendo deliberado en los términos del artículo 455 del
catálogo procesal, el tribunal se encuentra en condiciones de emitir
pronunciamiento.
La jueza Garrigós de Rébori dijo:
1°) La resolución en revisión, al igual de aquellas órdenes
de detención cuya nulidad se pretende, se afincó principalmente en el
argumento de que, conforme la doctrina sentada por la Corte Suprema
de Justicia de la Nación en “Olariaga” (fallos 330:2826), adquirieron
ejecutoriedad las sentencias de condena impuestas, pese a que resta al
citado tribunal expedirse en relación al recurso de hecho que
dedujeron los aquí recurrentes.
A partir de esta interpretación que extrajo el tribunal a
quo de aquel pronunciamiento, elaboró el resto de sus consideraciones
vinculadas con la aplicación del artículo 285 del Código Procesal
Civil y Comercial de la Nación en el caso concreto, la exclusión de las
pautas fijadas por el artículo 128 del catálogo procesal cuando se
acudió a la vía directa, y el modo en que debe interpretarse el artículo
442 del mismo cuerpo legal.
En primer lugar, y ante las críticas de la defensa oficial,
corresponde establecer si, efectivamente, puede extraerse del citado
fallo los alcances que le fueron asignados.
Al respecto, cabe puntualizar que la cuestión allí debatida
se vinculó con el impacto que tuvo el tiempo en detención que
excedió los dos años de prisión preventiva, según la antigua redacción
de la ley 24.390, en el cómputo de la condena, es decir, en el marco de

Fecha de firma: 07/03/2016


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una sentencia firme y con autoridad de cosa juzgada (conf.
considerandos 1° y 3°). La discusión estribó, en el momento a partir
del cual debía considerase firme la condena a tales fines, la que el
tribunal de origen situó en el agotamiento de las vías recursivas
locales (conf. considerando 5°). Dos fueron los argumentos centrales
en base a los cuales, por vía de la doctrina de arbitrariedad de
sentencias y sin expedirse sobre el fondo del asunto, la Corte Suprema
modificó el pronunciamiento: a) “…que la expresa indicación del
procesado de recurrir ante el tribunal impide considerar firme el
pronunciamiento…” (conf. considerando 6°), y b) que los jueces “…
confundieron la suspensión de los efectos –que hace a la
ejecutabilidad de las sentencias­ con la inmutabilidad –propia de la
cosa juzgada­ que recién adquirió el fallo condenatorio (…) con la
desestimación de la queja dispuesta por este Tribunal…” (conf.
considerando 7°).
De ello se colige, en mi opinión, que las afirmaciones de
los colegas de juicio son erróneas, pues aquella controversia no abarcó
un supuesto similar al caso que nos ocupa. Es que la distinción que se
formuló entre “efectos” e “inmutabilidad”, lo fue a fin de ilustrar el
error en el que se incurrió al desechar en aquel caso la aplicación de la
ley 24.390 en el cómputo de la condena en vista a establecer la fecha
en que “Olariaga”, quien se encontraba cumpliendo condena, podía
acceder al beneficio de la libertad asistida.
Ante ello, entiendo que no hay motivos para concluir la
instauración de una doctrina en los términos que se señalaron.
2°) Ingresando en el resto de los agravios, lleva razón a la
defensa en cuanto señaló que no se brindaron motivos suficientes que
justifiquen la preeminencia de la norma procesal civil, respecto de
aquellas que regulan el proceso penal.
En primer término, entiendo que la letra del artículo 128
del código de forma, en cuanto establece que “…Las resoluciones

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judiciales quedarán firmes y ejecutoriadas, sin necesidad de
declaración alguna, en cuanto no sean oportunamente recurridas…”, y
de su artículo 442 que determina “…La interposición de un recurso
ordinario o extraordinario tendrá efecto suspensivo, salvo que
expresamente se disponga lo contrario…”, resultan claros en el
sentido de que, como regla, la firmeza de la decisión es la que
determina su exigibilidad, es decir, ambos aspectos se presentan como
dos caras de la misma moneda y no pueden separarse; como así
también que salvo expresa excepción todo recurso reviste carácter
suspensivo.
Cabe aquí traer a colación, en lo que atañe al momento a
partir del cual debe considerase firme una sentencia en materia penal,
el ya citado considerando 6° de “Olariaga” con su remisión al fallo
310:1797, en tanto ilustra que adquiere tal entidad una vez que se
agotaron todas las vías recursivas.
En consonancia con ello, cabe poner de resalto que la
implementación del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación
en materia penal se ciñe, en principio, a los supuestos contemplados
por el artículo 520 del código adjetivo.
Ante el escenario descripto, y desechada la premisa
argumental de la supuesta doctrina impuesta en “Olariaga”, no
encuentro razones válidas que justifiquen desplazar una norma
específica (art. 128 C.P.P.N.), que no establece una distinción entre
las sentencias de condena y el resto, por una de otro ordenamiento
pensada para situaciones principalmente patrimoniales.
Cierto es que los recursos extraordinarios se encuentran
regulados en una ley especial, pero ello no implica extender el modo
en que deben tramitarse y sus requisitos formales a sus efectos
cuando, como ut supra se explicó, el cuerpo legal que regula el
procedimiento penal los tiene previstos. Desde este punto de vista, el
paralelismo que se formuló entre el artículo 285 del Código Procesal

Fecha de firma: 07/03/2016


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Civil y Comercial de la Nación y el artículo 442 de nuestro
ordenamiento procesal, no surge como una coherente evaluación de la
normativa aplicable al caso.
Esta es la interpretación que mejor se concilia con el
principio de inocencia que emana del artículo 18 de nuestra
Constitución Nacional, dado que sólo a través de una sentencia firme
y con autoridad de cosa juzgada puede aquél destruirse, y así justificar
el encarcelamiento del sujeto, salvo, claro está, las excepciones que la
misma ley indica (art. 1 C.P.P.N).
En función de lo expuesto, propongo al acuerdo hacer
lugar al recurso interpuesto, casar la decisión recurrida para, con
arreglo a la doctrina aquí declarada, dejar sin efecto las órdenes de
detención y captura de los recurrentes Jonathan Ezequiel Acosta y
Franco Javier Chanampa (de fecha 20 de octubre y 1 de diciembre de
2015, obrantes a fs. 292/292 vta. y 325 de los autos principales),
manteniendo ambos su libertad ambulatoria en los términos y
condiciones oportunamente establecidos a fs. 19 de los respectivos
incidentes de excarcelación, sin costas (artículos 1, 128, 442, 454,
455, 465 bis, 470, 530 y 531 del Código Procesal Penal de la Nación,
y artículo 18 de la Constitución Nacional).
El juez Magariños dijo:
I
Los recurrentes interpusieron casación contra la decisión
del Tribunal Oral en lo Criminal n° 10 que rechazó el pedido de
declaración de nulidad formulado en relación con las órdenes de
detención libradas a su respecto el 20 de octubre de 2015 y el 1 de
diciembre de 2015, en los términos del artículo 494 del Código
Procesal Penal de la Nación.
La resolución impugnada sostiene que las órdenes de
detención encuentran fundamento en la circunstancia de que la
sentencia condenatoria dictada por el a quo adquirió ejecutoriedad

Fecha de firma: 07/03/2016


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desde el momento en el cual el recurso extraordinario federal,
interpuesto contra el rechazo de la impugnación casatoria de la
condena, fue declarado inadmisible por la Cámara Federal de
Casación Penal.
En ese sentido, el tribunal oral afirmó que se ordenó la
detención de los recurrentes en función de “la realización de los
efectos de la sentencia condenatoria recaída”, y como “consecuencia
del estado de ejecutoriedad que adquiriera con el rechazo del recurso
extraordinario”.
El a quo fundó su criterio en lo previsto en el artículo 285
del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, y sobre esa base
sostuvo, de modo expreso, que el rechazo del recurso extraordinario
federal “implicó el comienzo de ejecución de la pena impuesta, en
razón de que [el artículo citado] regula la no suspensión del curso del
proceso”. En esa misma línea se agregó en la resolución cuestionada
que la aplicación de lo dispuesto en el último párrafo de la norma
legal aludida, derivaba, a su vez, de lo establecido en el artículo 442
in fine del Código Procesal Penal de la Nación.
Por último, se señaló en el resolutorio recurrido que lo
decidido era derivación de la doctrina sentada por la Corte Suprema
de Justicia de la Nación en el precedente “Olariaga” (Fallos:
330:2826).
El recurso de casación centralmente cuestiona la
resolución que rechazó la solicitud de nulidad de las órdenes de
detención, en función del desconocimiento que, según la defensa,
importa el criterio del a quo para el significado del principio
fundamental de inocencia, consagrado en el artículo 18 de la
Constitución Nacional, pues a través de la resolución impugnada se
interpreta lo dispuesto en el primer párrafo del artículo 494 del
Código Procesal Penal de la Nación de modo arbitrario, en tanto se
aplica esa regla a quien sólo es legítimo restringirle su libertad,

Fecha de firma: 07/03/2016


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conforme los parámetros de la prisión cautelar, en la medida en la cual
se verifiquen sus presupuestos legales; pero de ningún modo como
ejecución de una pena privativa de libertad, en tanto falta en el caso
una sentencia firme de condena.
II
La cuestión ha sido resuelta por esta Cámara de Casación
en el precedente “Zugarramurdy” ­Reg. n° 773/2015­ (ver voto del
juez Magariños), sin embargo, la particularidad que presenta el caso
traído a estudio, en relación con el mencionado precedente, radica en
que, en el presente, las órdenes de detención han sido libradas en los
términos del artículo 494 de la ley procesal, esto es, con el fin de que
se ejecute la pena privativa de libertad impuesta por una sentencia
que, en virtud de la queja interpuesta por la denegación del recurso
extraordinario, resulta aún susceptible de ser revocada.
Por consiguiente, conviene detenerse aquí a examinar
cuáles son los requisitos normativos que el ordenamiento jurídico
argentino establece como presupuestos para la ejecución de una pena
privativa de libertad, en tanto resulta indiscutible que la Constitución
Nacional otorga a todo habitante de la Nación un estatus jurídico de
inocencia que, entre otras consecuencias, impide al estado tratar como
culpable a quien detenta aquel título jurídico.
Al respecto, es absolutamente pacífico el criterio
conforme al cual, solo el dictado de una sentencia firme, en la que se
declare la culpabilidad, reúne la condición normativa exigida para
modificar el estado jurídico de inocencia asegurado por la
Constitución Nacional, y para habilitar así al estado a dispensar un
tratamiento distinto de aquel consecuente con la condición de
inocencia. Así, se ha expresado que, si todo habitante de la nación “es
inocente hasta que la sentencia firme lo declare culpable, claro está
que su libertad sólo puede ser restringida a título de cautela, y no de
pena anticipada a dicha decisión jurisdiccional” (Alfredo Vélez

Fecha de firma: 07/03/2016


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Mariconde, Derecho Procesal Penal, Editorial Lerner, Córdoba, 3°
edición 1982, Tomo I, p. 325, cursiva en el original). Del mismo
modo se ha señalado que “La condición de penado no podrá existir sin
una previa y concreta declaración jurisdiccional de responsabilidad
penal contenida en un pronunciamiento firme. A ese pronunciamiento
se refiere el ‘juicio previo’… es el fallo jurisdiccional definitivo y
firme que convierte en culpable al sometido a proceso. Éste no puede
ser culpable antes de esa sentencia. Su estado es el de inocente…”
para destruirlo “se requiere una sentencia penal condenatoria pasada
en autoridad de cosa juzgada”, pues “Ni siquiera la sentencia
condenatoria impugnable o impugnada…” puede modificar el estado
de inocencia (Jorge A. Clariá Olmedo, Tratado de Derecho Procesal
Penal, Tomo I, Editorial Rubinzal­Culzoni, Sta. Fe 2008, 1° edición,
págs. 240, 241 y 245).
En idéntico sentido y con absoluta claridad se ha
enseñado que “La ley fundamental impide que se trate como si fuera
culpable a la persona a quien se le atribuye un hecho punible,
cualquiera que sea el grado de verosimilitud de la imputación, hasta
tanto el Estado, por intermedio de los órganos judiciales establecidos
para exteriorizar su voluntad en esta materia, no pronuncie la
sentencia penal firme que declare su culpabilidad y la someta a una
pena” pues, “La conclusión es obvia y deriva de la imposibilidad de
imponer una pena antes de la sentencia de condena firme”, toda vez
que “hasta la sentencia firme de condena, resulta contrario a la
Constitución imponer una pena” (Julio B. J. Maier, Derecho Procesal
Penal, Tomo I: Fundamentos, Editorial del Puerto, Buenos Aires,
1996, 2° edición, págs. 490, 517 y 520).
También Luigi Ferrajoli destacó que en virtud del
principio de jurisdiccionalidad, el estado de inocencia se preserva
“hasta prueba en contrario sancionada por la sentencia definitiva de
condena” (Luigi Ferrajoli, Derecho y razón, Teoría del Garantismo

Fecha de firma: 07/03/2016


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Penal, Traducción de Perfecto Andrés Ibáñez y otros, Editorial Trotta,
Madrid 1995, pág. 549). Pero es tal vez en la obra de Jürgen Baumann
donde puede encontrarse con mayor precisión un abordaje de la
cuestión conceptual en análisis, en la medida en que este autor explica
que “El concepto de firmeza abarca efectos determinados de la
sentencia: firmeza formal significa, por un lado, que este proceso no
puede continuarse con recursos (está terminado) y, por el otro, la
ejecución de la sentencia penal presupone la firmeza formal”, y
todavía agrega que no es así “en el proceso civil, donde antes de
producirse la firmeza existe una ejecutabilidad provisional…”
(Derecho Procesal Penal, Conceptos Fundamentales y Principios
Procesales, Traducción de la 3° edición alemana de Conrado A. Finzi,
Editorial de Palma, Buenos Aires, 1986, pág. 286, cursiva en el
original).
En síntesis, por lo expuesto hasta aquí, es evidente que el
carácter firme de una sentencia que declare la culpabilidad, en materia
penal, es condición ineludible para la modificación del estatus jurídico
de inocencia por el de culpabilidad y, asimismo, para conferir la
autorización al estado a dispensar un distinto tratamiento, acorde con
la alteración de ese estatus (ejecución de la pena).
III
Corresponde ahora determinar a partir de qué
circunstancia una sentencia que declara la culpabilidad de un
habitante de la nación, adquiere carácter firme y autoriza al estado a
ejecutar, en consecuencia, una pena privativa de la libertad.
La Corte Suprema de Justicia de la Nación ha establecido
al respecto, con base en la garantía de defensa en juicio y debido
proceso legal (artículos 18 y 33 de la Constitución Nacional) que, en
materia penal, carece de firmeza la sentencia condenatoria en tanto
quepa “considerar subsistente la pretensión recursiva dirigida contra
ella por el enjuiciado” (doctrina de Fallos 310:1797, en especial cons.

Fecha de firma: 07/03/2016


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8°), pues “la expresa indicación del procesado de recurrir ante el
tribunal impide considerar firme al pronunciamiento” (Fallos:
330:2826, cons. 6°). En este último precedente se aclara aún que la
inmutabilidad, propia de la cosa juzgada, recién es adquirida por el
fallo condenatorio “con la desestimación de la queja dispuesta por
este tribunal” (Fallos: 330:2826, cit. cons. 7°).
Como corolario de esa doctrina y de lo expuesto en el
considerando anterior de este voto, resulta que la articulación de una
queja por el rechazo del recurso extraordinario federal interpuesto
contra una sentencia penal condenatoria, impide, hasta tanto la
presentación directa no resulte desestimada, considerar firme la
declaración de culpabilidad formulada en el decisorio y, por
consiguiente, entender modificado el estatus jurídico de inocencia y
alterar el tratamiento propio de ese estatus mediante la ejecución de
una pena privativa de la libertad.
Lo contrario conduce, con palmaria incongruencia
normativa, a la ejecución coactiva de penas privativas de libertad
aplicada sobre personas inocentes.
Por lo tanto, la pretensión de interpretar en el caso que el
artículo 285, último párrafo, del Código Procesal Civil y Comercial de
la Nación, al establecer que no se suspenderá el curso del proceso
mientras la corte no haga lugar a la queja, autoriza a ordenar la
detención del enjuiciado a efectos de ejecutar una pena privativa de la
libertad impuesta por una sentencia carente de firmeza, se presenta
como una hermenéutica y aplicación de los artículos 442 in fine y 494
del Código Procesal Penal de la Nación, que los coloca en franca
contradicción con los principios constitucionales de inocencia,
defensa en juico y debido proceso (artículos 18 y 33 de la
Constitución Nacional).
IV

Fecha de firma: 07/03/2016


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Este tribunal tiene resuelto que no constituye obstáculo
para proceder a casar una resolución, en los términos del artículo 470
de la ley procesal nacional, la circunstancia de que, tal como ocurre en
el sub iudice, se encuentre en juego la interpretación y aplicación de
reglas contenidas en el código de procedimientos (conf. “Incidente de
excarcelación en autos: Silvero Verón, Librado Osmar”, Reg. n°
108/2015 –voto del juez Magariños­).
Ello es así pues, como se afirmó en el citado precedente,
el carácter sustancial de esos preceptos, desde la perspectiva del
recurso de casación, deriva de su directa operatividad sobre derechos
fundamentales, tales como el estado de inocencia y la libertad
individual (artículos 14 y 18 de la Constitución Nacional); toda vez
que, como con acierto se ha señalado, “cuando una norma (de la ley
procesal o no) opera sobre un derecho fundamental… no puede ser
considerada como meramente adjetiva” (Enrique Bacigalupo, La
impugnación de los hechos probados en la casación penal y otros
estudios, Editorial Ad­Hoc, Bs As. 1994, pág. 42).
En consecuencia, corresponde admitir sin dificultad que,
en la interpretación y aplicación de normas reguladoras de derechos
primordiales como la defensa en juicio, el debido proceso, el estado
de inocencia y la libertad ambulatoria, tal como en el caso ocurre con
los artículos 442 in fine y 494 de la ley procesal nacional, es preciso
tener en cuenta, ante todo, el carácter fundamental de los derechos que
esas normas restringen.
V
En razón de la errónea interpretación y aplicación,
llevadas a cabo en la resolución impugnada, de las normas legales
(artículos 442 in fine y 494 del Código Procesal Penal de la Nación)
que regulan los derechos de defensa en juicio, debido proceso,
inocencia y libertad ambulatoria (artículos 14, 18 y 33 de la
Constitución Nacional), comparto con la colega preopinante que

Fecha de firma: 07/03/2016


Firmado por: MARÍA LAURA GARRIGÓS DE RÉBORI,
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, Juez
Firmado por: DANIEL EMILIO MORIN, JUEZ DE CAMARA
Firmado(ante mi) por: SANTIAGO ALBERTO LÓPEZ, Secretario de Cámara

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corresponde hacer lugar al recurso interpuesto y casar esa decisión
para, con arreglo a la doctrina aquí declarada, dejar sin efecto las
órdenes de detención y captura de los recurrentes Jonathan Ezequiel
Acosta y Franco Javier Chanampa (de fecha 20 de octubre y 1 de
diciembre de 2015), manteniendo ambos su libertad ambulatoria en
los términos y condiciones oportunamente establecidos a fs. 19 de los
respectivos incidentes de excarcelación.
El juez Morin dijo:
El Tribunal Oral en lo Criminal n° 10 rechazó el planteo
de nulidad formulado por la defensa contra las órdenes de detención
libradas contra Acosta y Chanampa pues entendieron que la condena
dictada a su respecto estaba en condiciones ser ejecutada desde el
momento en que fue rechazado el recurso extraordinario federal; y
ello a pesar de que se encuentra pendiente el recurso de hecho
presentado ante la Corte Suprema.
En apoyo de esta decisión, se tomó básicamente en
consideración que la regla específica que regula este tipo de recurso es
la prevista en el artículo 285 del CPCyCN, que establece que mientras
no se haga lugar a la queja no se suspenderá el curso del proceso y la
doctrina emanada del precedente “Olariaga” (Fallos 330:2826).
Debo desde ya aclarar que este es precisamente el criterio
que yo mismo he sostenido como juez del Tribunal Oral en lo
Criminal n° 7 y que mantuve como juez de esta Cámara al intervenir
en una cuestión de competencia en un caso1 que presentaba una
situación análoga a la presente.
La particular situación del caso bajo estudio me lleva a
reflexionar, empero, acerca de que algo está mal con una
interpretación de esta naturaleza.
Nos encontramos ante un supuesto de hecho en que
concurren simultáneamente: a) personas que han sido condenadas a

1
Causa n° 62.532/2000, “Picciochi”, reg. n° ST 4/2016.

Fecha de firma: 07/03/2016


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penas de efectivo cumplimiento; pero, b) están en libertad y c) la
sentencia no se encuentra firme.
Seguramente no habría advertido la incompatibilidad de
la decisión adoptada por el tribunal con la Constitución Nacional si
los condenados hubieran llegado al debate detenidos o si se hubiera
analizado la privación de la libertad a la luz del incremento de los
riesgos procesales derivados de una sentencia de condena de efectivo
cumplimiento, cuya única posibilidad de revocación proviene de un
recurso de hecho ante la Corte Suprema.
Pero, la evidencia de que lo que en verdad se está
haciendo es ejecutar una condena no firme demuestra, por si sola, que
sobre la base de la interpretación de normas de rango legal, se está
vulnerando, directamente, el principio de inocencia.
Desde esta perspectiva, la interpretación según la cual se
debe extender la regla prevista en el artículo 285 del CPCyCN a los
asuntos de naturaleza penal resulta susceptible de ser tachada de
inconstitucional.
Tampoco “Olariaga” constituye un precedente del que se
pueda extraer una doctrina en el sentido de que una condena a pena
privativa de libertad pueda ser ejecutada antes de la firmeza de la
sentencia.
Cabe recordar que la cuestión a resolver por la Corte en
ese caso consistía, exclusivamente, en establecer cuándo adquieren
firmeza las sentencias de condena a los fines de la aplicación del
cómputo del artículo 7 de la ley n° 24.390 –texto entonces vigente–,
en un contexto en el que los tribunales locales habían determinado que
ello había ocurrido con el agotamiento de las vías recursivas locales.
La sola lectura del fallo permite advertir que este punto
había quedado completamente resuelto en el considerando 6° en el
que, por remisión a lo sostenido en Fallos: 310:1797, se sostuvo que

Fecha de firma: 07/03/2016


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la expresa indicación del procesado de recurrir ante el tribunal impide
considerar firme el pronunciamiento.
Dentro de este marco, nada aporta la referencia
efectuada en el considerando posterior conforme a la cual “…los
jueces anteriores en jerarquía confundieron la suspensión de los
efectos –que hace a la ejecutabilidad de las sentencias– con la
inmutabilidad –propia de la cosa juzgada– que recién adquirió el fallo
condenatorio…con la desestimación de la queja dispuesta por este
Tribunal…” pues de aquí no resulta válido inferir que la Corte
Suprema esté sosteniendo que se le debe dar el trato de condenado al
todavía inocente.
Lo hasta aquí expuesto, las consideraciones efectuadas
en los votos que me preceden, así como también las reflexiones
efectuadas por los jueces Bruzzone, García, Días, Magariños, Niño y
Sarrabayrouse en los casos “Ivanov”2 y “Zugarramurdy”3 me
convencen de que la adecuada interpretación de las normas
involucradas en el caso, impiden tratar como ejecución de pena una
sentencia que no se encuentra firme.
Sobre esta base adhiero a la solución que viene
propuesta.
Ello, sin perjuicio de señalar que el mantenimiento de la libertad
ambulatoria en las condiciones previstas en los respectivos incidentes
de excarcelación, tiene por base la ausencia de justificación de las
órdenes de detención en la –directa– ejecución de la condena; pero
que nada impide que la situación sea revisada tomando en
consideración las circunstancias sobrevinientes en los términos
previstos en el artículo 333, CPPN.
Así voto.

2
Causa n° 27.722/2008, Reg. n° 602/2015.
3
Causa n° 36.251/2013, Regs. n° 773/2015 y 48/2016.

Fecha de firma: 07/03/2016


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En virtud del resultado de la votación que antecede, la
Sala I de la Cámara Nacional de Casación Penal RESUELVE:
HACER LUGAR al recurso interpuesto y CASAR la
decisión recurrida para, con arreglo a la doctrina aquí declarada,
DEJAR SIN EFECTO las órdenes de detención y captura de los
recurrentes Jonathan Ezequiel Acosta y Franco Javier Chanampa (de
fecha 20 de octubre y 1 de diciembre de 2015), manteniendo ambos su
libertad ambulatoria en los términos y condiciones oportunamente
establecidos a fs. 19 de los respectivos incidentes de excarcelación,
sin costas (artículos 1, 128, 442, 454, 455, 465 bis, 494, 470, 530 y
531 del Código Procesal Penal de la Nación, y artículo 18 de la
Constitución Nacional).
Regístrese, notifíquese y oportunamente comuníquese
(acordada 15/13 C.S.J.N. y Lex100). Los Dres, Gustavo A. Bruzzone
y Luis M. García no intervinieron en la presente por encontrarse en
uso de licencia al momento de la audiencia. Los jueces Daniel Morin
y Mario Magariños lo hicieron en sus respectivos lugares conforme lo
establecido en la Regla Práctica 18.11 del reglamento de esta cámara
(texto según acordada 18/2015).
Sirva la presente de atenta nota de envío.

MARÍA LAURA GARRIGÓS DE RÉBORI

MARIO MAGARIÑOS DANIEL MORIN

Ante mí:

SANTIAGO ALBERTO LÓPEZ

Fecha de firma: 07/03/2016


Firmado por: MARÍA LAURA GARRIGÓS DE RÉBORI,
Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, Juez
Firmado por: DANIEL EMILIO MORIN, JUEZ DE CAMARA
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Fecha de firma: 07/03/2016


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Firmado por: MARIO MAGARIÑOS, Juez
Firmado por: DANIEL EMILIO MORIN, JUEZ DE CAMARA
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