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Platón
LA REPÚBLICA
“Libro VI” (§§18-21, desde 506b)
y “Libro VII” (§§1-5, hasta 521b)
(EDICIÓN DIDÁCTICA)
Carlos L. Roser Martínez
DIÁLOGO
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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA
2º DE BACHILLERATO
PLATÓN – LA REPÚBLICA
(506b-521b)
Agradecemos al Centro de Estudios Políticos y Constitucionales la cesión de la presen-
te traducción de José Manuel Pabón y Manuel Fernández Galiano.
© De esta edición: Diálogo – Tilde (EDITILDE S.L.)
C/ Amado Granell Mesado, 12 – 10ª. 46006 Valencia
Tf. y Fax: 96 316 30 14
www.dialogo-tilde.es
[email protected] © El autor: Carlos L. Roser Martínez
1ª edición: junio de 2009
11ª reimpresión: junio de 2020
I.S.B.N. 978-84-96976-32-0
Depósito legal: B-25.547-2009
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ÍNDICE
I. CONTEXTO POLÍTICO Y BIOGRÁFICO
DE PLATÓN. ........................................................................... 5
1.- Contexto político del autor ........................................................ 5
2.- Biografía de Platón: el autor y su época.................................... 6
3.- Las obras de Platón.................................................................... 10
II. CONTEXTO FILOSÓFICO DE PLATÓN .......................... 11
1. La filosofía presocrática (siglos VII-V a.C.) ............................. 11
1.1. La escuela pitagórica ......................................................... 12
1.2. Heráclito de Éfeso ............................................................. 13
1.3. Parménides de Elea............................................................ 14
2. El siglo V a. C. La “ilustración ateniense”................................ 16
2.1. Los sofistas ........................................................................ 16
2.2. Sócrates.............................................................................. 19
III. LA FILOSOFÍA GENERAL DE PLATÓN .......................... 25
1. El sentido de la filosofía platónica ............................................ 25
2. La teoría platónica de las Ideas ................................................. 27
3. Ontología: mundo sensible y mundo inteligible........................ 33
4. Epistemología: conocimiento y opinión .................................... 36
5. La naturaleza de los objetos matemáticos ................................. 39
6. Antropología, Psicología y Ética ............................................... 41
7. La política .................................................................................. 45
8. Política y educación................................................................... 50
IV. EL FRAGMENTO DE LA REPÚBLICA (506b-521b).......... 57
1. La obra La República ................................................................ 57
2. El fragmento que vamos a estudiar ........................................... 58
- BLOQUE 1: capítulos XVIII-XIX (“Libro VI”) .................... 63
- BLOQUE 2: capítulos XX-XXI (“Libro VI”) ........................ 78
- BLOQUE 3: capítulos I-III (“Libro VII”)............................... 93
- BLOQUE 4: capítulos IV-V (“Libro VII”) ............................. 105
V. LA PRUEBA DE ACCESO A LA UNIVERSIDAD (PAU).... 121
VI. VOCABULARIO ..................................................................... 138
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I.
CONTEXTO POLÍTICO
Y BIOGRÁFICO DE PLATÓN
1 CONTEXTO POLÍTICO DEL AUTOR
Debilitado el poder de la aristocracia, y tras otras formas de gobierno
como la monarquía o la oligarquía, desde finales del siglo VI a. C., la
forma de gobierno de Atenas fue la democracia, fundada por Clístenes. La
democracia es la forma de organización política del Estado en la que el
pueblo o demos gobierna; supone además la igualdad de todos los ciuda-
danos ante la ley e igual derecho de todos a participar en la Asamblea. La
Asamblea es el órgano político más importante de la democracia atenien-
se. Sus principales funciones eran discutir y aprobar las leyes de la ciudad,
decidir sobre la paz y la guerra, y elegir a los magistrados. A diferencia de
la democracia moderna —que es sólo indirecta y representativa—, la
democracia ateniense era directa, por lo que todos los ciudadanos atenien-
ses eran miembros de la Asamblea con derecho a voz y voto. Pero, a decir
verdad, apenas un 25% de la población de Atenas tenía el rango de ciuda-
dano, ya que las mujeres, los niños, los esclavos y los extranjeros no eran
considerados como tales y, por tanto, carecían de derechos políticos.
Como la Asamblea no podía estar permanentemente reunida, había un
Consejo o Bulé formado por 500 miembros. Cada uno de los 10 distritos
en que estaba dividida Atenas elegía por sorteo 50 de esos miembros. El
Consejo preparaba los proyectos de ley para ser discutidos y votados por
la Asamblea. Además, existía un Consejo Ejecutivo formado por 50
magistrados, que desempeñaba la función de gobierno, ejecutando las
decisiones tomadas por la Asamblea y ejerciendo el poder en su nombre.
Cada mes, los 50 representantes de un distrito desempeñaban esta función,
y cada día, un miembro distinto era el presidente del Consejo Ejecutivo.
Atenas y la democracia tuvieron sus años de esplendor en el siglo V a.
C., bajo la dirección de Pericles (493-429 a. C.), algunos años antes del
nacimiento de Platón. Sin embargo, el último cuarto del siglo V a. C.,
época que coincide con la infancia y la juventud de Platón, fue uno de los
periodos más agitados y tristes de la historia de Atenas. Fue una época de
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PLATÓN · La República
convulsiones políticas y de descomposición interna debido a la incompe-
tencia de sus dirigentes y las luchas internas por el poder entre el bando
democrático (partidario de la democracia) y el bando oligárquico (parti-
dario del retorno a formas de gobierno tradicionales, como la oligarquía y
la monarquía). En esta época tienen lugar las Guerras del Peloponeso, que
enfrentaron a Atenas y Esparta, y que además culminaron con la humillan-
te derrota de Atenas en el año 404 a. C., lo cual supuso el fin de su hege-
monía política y militar en el mundo griego. Muchos atenienses de aquel
entonces culparon a la democracia de semejante desastre y algunos —espe-
cialmente entre los aristócratas— pensaron que un siglo de democracia tan
sólo sirvió para llevar a Atenas al desastre y a la humillación.
Tras derrotarla militarmente, Esparta abolió la democracia en Atenas e
impuso un gobierno formado por 30 miembros de la oligarguía ateniense (el
llamado “Gobierno de los Treinta Tiranos”). Lejos de restaurar el orden,
los Treinta Tiranos sembraron el terror y llevaron a cabo una feroz represión
contra los demócratas, que se vieron obligados a exiliarse. Además, intenta-
ron, aunque sin conseguirlo, implicar en sus crímenes a Sócrates, maestro de
Platón. Este gobierno sólo duró algo más de un año, hasta que en el 403 a.
C. Trasíbulo, líder del bando democrático, organizó una revuelta popular
que derrocó a los Treinta Tiranos, acabó con la oligarquía y reinstauró la
democracia en Atenas. Sin embargo, con el nuevo gobierno democrático
tampoco acabaron las injusticias, pues se juzgó y condenó a muerte a
Sócrates, el “más justo de los hombres” según Platón, acusándolo de delitos
contra la religión y de corromper a la juventud con sus enseñanzas.
2 BIOGRAFÍA DE PLATÓN: EL AUTOR Y SU
ÉPOCA
Platón nace en Atenas, en el año 427 a. C., en una época en la que
comienza el declive político y militar de su ciudad, y muere en el 348 a.
C. Su verdadero nombre fue Aristocles, pero se le llamó Platón en alusión
a sus anchas espaldas. Pertenecía a una familia aristocrática: Aristón, su
padre, era descendiente del rey ático Codro, y su madre, Perictione, era
hermana de Critias y sobrina de Cármides, dos oligarcas que formaron
parte del Gobierno de los Treinta Tiranos en el año 404 a. C. Su juventud
estuvo marcada por la larga guerra entre Atenas y Esparta, y por una época
de inestabilidad política, de enfrentamientos y luchas por el poder entre el
bando democrático y el bando oligárguico.
A los veinte años conoció al filósofo Sócrates, de quien se hizo amigo
y discípulo. Sócrates ejerció una extraordinaria influencia sobre su vida y
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[I] · Contexto Político y Biográfico del Platón
su pensamiento. Tal y como nos cuenta Platón en la “Carta VII”, desde
muy joven sintió interés por la política e incluso tuvo ocasión de partici-
par directamente en la vida política de Atenas al ser invitado por unos
parientes (Critias y Cármides) a colaborar con el Gobierno de los Treinta
Tiranos. Platón rechazó esta invitación al comprobar la política de terror
y los crímenes que cometieron. Después de la condena a muerte de su
maestro Sócrates, ya bajo el nuevo régimen democrático, Platón llegó al
convencimiento de que ni la oligarquía ni la democracia eran capaces de
gobernar la ciudad con justicia y de conducir la sociedad con armonía. La
ejecución de Sócrates fue el acontecimiento que le llevó a renunciar defi-
nitivamente a su deseo de implicarse en la política de su ciudad, e intentó
buscar en la filosofía el remedio a los males políticos de su tiempo. En
efecto, tras vivir muy de cerca estos avatares y convulsiones, Platón llegó
a la conclusión de que todos los Estados de su época estaban mal gober-
nados, y trató de hallar mediante la filosofía una especie de medicina polí-
tica que pudiera aplicarse a los regímenes políticos enfermos existentes en
su tiempo. Es en esta época cuando comienza a gestar la idea de que un
gobierno formado por filósofos sería el único capaz de gobernar el
Estado con justicia (propuesta política del filósofo gobernante).
Después de la muerte de Sócrates, Platón viajó por Egipto y también
por las colonias griegas del sur de Italia, donde entró en contacto con los
pitagóricos. Realizó tres viajes a Siracusa (Sicilia), invitado por los tira-
nos que allí gobernaban, con el objetivo de encargarse de su educación
filosófica y su formación política. Platón tuvo ahí la ocasión de llevar a la
práctica sus proyectos de reforma política, pero fracasó, poniendo en peli-
gro incluso su vida. En el año 387 a. C., tras regresar de su primer viaje a
Siracusa, fundó en Atenas su escuela de filosofía, a la que dio el nombre
de “Academia”. Allí se estudiaba, no sólo filosofía, sino también Física,
Geometría, Astronomía y Aritmética. La Academia debía servir principal-
mente para la formación de futuros políticos y gobernantes, en un nuevo
intento de aplicar su propuesta del filósofo-gobernante.
TEXTO COMPLEMENTARIO: LA “CARTA VII”
La “Carta VII” es un documento autobiográfico de Platón extraordi-
nariamente interesante, pues en ella nos expone la motivación clara-
mente política de su filosofía: lo que le llevó a dedicarse a la filosofía
fue el deseo de iluminar y mejorar el gobierno del Estado. Platón nos
cuenta los detalles de sus tres viajes a Siracusa y de sus fracasados inten-
tos de poner en práctica su idea de un gobierno de filósofos. A continua-
ción te presentamos un fragmento de esta carta, en el que Platón nos
habla de decepciones y desilusiones, y de una época de inestabilidad y de
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PLATÓN · La República
revueltas políticas, de sobresaltos e injusticias, en la que se están perdien-
do los viejos valores morales tradicionales. Termina proponiendo como
remedio a esta situación y como medicina política para los estados enfer-
mos de su tiempo, su teoría del filósofo gobernante, que es el núcleo
fundamental de la teoría política platónica:
“Siendo yo joven, pasé por la misma experiencia que otros muchos;
pensé dedicarme a la política tan pronto como fuera dueño de mis pro-
pios actos; y he aquí las vicisitudes de los asuntos públicos de mi patria
a que hube de asistir. Siendo objeto de general censura el régimen polí-
tico a la sazón imperante1 se produjo una revolución2; al frente de este
movimiento revolucionario se instauraron como caudillos cincuenta y un
hombres: diez en el Pireo y once en la capital, mientras que treinta se
instauraron con plenos poderes al frente del gobierno en general. Se
daba la circunstancia de que algunos de éstos eran allegados y conoci-
dos míos3 y en consecuencia requirieron al punto mi colaboración, por
entender que se trataba de actividades que me interesaban. La reacción
mía no es de extrañar, dada mi juventud; yo pensé que ellos iban a
gobernar la ciudad sacándola de un régimen de vida injusto y llevándo-
la a un orden mejor, de suerte que les dediqué mi más apasionada aten-
ción, a ver si lo conseguían. Y vi que en poco tiempo hicieron aparecer
bueno, como una edad de oro, el anterior régimen. Entre otras tropelías
que cometieron estuvo la de enviar a mi amigo, el anciano Sócrates, de
quien yo no tendría reparo en afirmar que fue el más justo de los hom-
bres de su tiempo, a que, en unión de otras personas, prendiera a un ciu-
dadano para conducirlo por la fuerza a ser ejecutado4; orden dada con
el fin de que Sócrates quedara, de grado o por fuerza, complicado en sus
crímenes; por cierto que él no obedeció, y se arriesgó a sufrir toda clase
de castigos antes de hacerse cómplice de sus iniquidades. Viendo, digo,
todas estas cosas y otras semejantes de la mayor gravedad, lleno de
indignación me inhibí de las torpezas de aquel período…
No mucho tiempo después, cayó la tiranía de los Treinta y todo el sis-
tema político imperante5. De nuevo, aunque ya menos impetuosamente,
1 Se refiere al régimen democrático, tras la humillante derrota frente a Esparta en el año 404 a. C.
2 Se refiere a la revolución política que puso fin a la democracia e instauró el gobierno de los
“Treinta Tiranos”, apoyados por Esparta.
3 Critias y Cármides, miembros del gobierno de los Treinta, eran respectivamente primo y herma-
no de la madre de Platón.
4 Se refiere a Leonte de Salamina, líder destacado del bando democrático. Este hecho prueba que
Sócrates no quiso colaborar con los Treinta Tiranos.
5 Se refiere aquí a la revuelta democrática liderada por Trasíbulo, que reinstauró la democracia un
año después.
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[I] · Contexto Político y Biográfico del Platón
me arrastró el deseo de ocuparme de los asuntos públicos de la ciudad.
Ocurrían desde luego también bajo aquel gobierno, por tratarse de un
período turbulento, muchas cosas que podrían ser objeto de desaproba-
ción; y nada tiene de extraño que, en medio de una revolución, ciertas
gentes tomaran venganzas excesivas de algunos adversarios. No obstan-
te, los entonces repatriados6 observaron una considerable moderación.
Pero dio también la casualidad de que algunos de los que estaban en el
poder llevaron a los tribunales a mi amigo Sócrates, a quien acabo de
referirme, bajo la acusación más inicua y que menos le cuadraba. En
efecto, unos acusaron de impiedad y otros condenaron y ejecutaron al
hombre que un día no consintió en ser cómplice del ilícito arresto de un
partidario de los entonces proscritos, en ocasión en que ellos padecían
las adversidades del destierro. Al observar yo cosas como éstas y a los
hombres que ejercían los poderes públicos, así como las leyes y las cos-
tumbres, cuanto con mayor atención lo examinaba, al mismo tiempo que
mi edad iba adquiriendo madurez, tanto más difícil consideraba adminis-
trar los asuntos públicos con rectitud; no me parecía, en efecto, que fuera
posible hacerlo sin contar con amigos y colaboradores dignos de con-
fianza; encontrar quiénes lo fueran no era fácil, pues ya la ciudad no se
regía por las costumbres y prácticas de nuestros antepasados, y adquirir
otros nuevos con alguna facilidad era imposible; por otra parte, tanto la
letra como el espíritu de las leyes se iba corrompiendo y el número de
ellas crecía con extraordinaria rapidez. De esta suerte, yo, que al princi-
pio estaba lleno de entusiasmo por dedicarme a la política, al volver mi
atención a la vida pública y verla arrastrada en todas direcciones por
toda clase de corrientes, terminé por verme atacado de vértigo, y si bien
no prescindí de reflexionar sobre la manera de poder introducir una
mejora en ella, sí dejé, sin embargo, de esperar sucesivas oportunidades
de intervenir activamente. Y terminé por adquirir el convencimiento con
respecto a todos los Estados actuales de que están sin excepción, mal
gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin
una extraordinaria reforma, acompañada además de suerte para implan-
tarla. Y me vi obligado a reconocer, en alabanza de la verdadera filoso-
fía, que de ella depende el obtener una visión perfecta y total de lo que es
justo, tanto en el terreno político como en el privado, y que no cesará en
sus males el género humano hasta que los que son recta y verdaderamen-
te filósofos ocupen los cargos públicos, o bien los que ejercen el poder en
los Estados lleguen, por especial favor divino, a ser filósofos en el autén-
tico sentido de la palabra.” (PLATÓN, “Carta VII”)
6 Se trata de los partidarios del partido democrático, que habían sido desterrados bajo el gobier-
no de los Treinta y que vuelven de nuevo a Atenas, tras la reinstauración de la democracia.
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PLATÓN · La República
3 LAS OBRAS DE PLATÓN
Platón escribió sus obras en forma de diálogo, en la mayoría de las cua-
les el personaje “Sócrates” es el que lleva la voz cantante. Los diálogos pla-
tónicos suelen llevar el nombre del personaje que hace el papel de interlocu-
tor principal de Sócrates, y frecuentemente llevan también el título del tema
tratado. El pensamiento de Platón evolucionó desde sus primeros diálogos
hasta los últimos, por lo que sus obras suelen agruparse en cuatro períodos:
I. Período socrático: Los diálogos de este período reflejan el pensamien-
to y la personalidad del Sócrates histórico. El tema fundamental son las
virtudes. A esta época pertenecen: Apología de Sócrates, Critón (Del
deber), Eutifrón (De la piedad), Laques (De la valentía), Protágoras
(De los sofistas), Cármides (De la templanza), Lisis (De la amistad),
“Libro I” de La República (De la justicia).
II. Período de transición: Platón está dando con el camino de sus propias
opiniones. En este período destacamos los siguientes diálogos: Gorgias
(De la retórica), Menón (De la virtud), Eutidemo, Hipias I (De lo bello),
Hipias II (Del mal), Crátilo (Del lenguaje).
III. Período de madurez: En este período Platón está ya en posesión de sus
propias ideas : desarrolla la teoría de las Ideas, su teoría del conocimien-
to y su filosofía política. Aquí destacamos: El Banquete (De la Belleza),
Fedón (Del alma), los restantes libros de La República, Fedro ( o Del
amor).
IV. Período de vejez o crítico: En esta época repasa algunas de sus teorías,
corrigiéndolas, explicándolas o ampliándolas. Pertenecen a este período:
Teeteto (Del conocimiento), Parménides (Del ser), El Sofista (Del
error), El Político (Del gobierno), Filebo (Del placer y del bien), Timeo
(De la naturaleza), Critias, Las leyes, “Carta VII” y “Carta VIII”.
LA GRECIA ANTIGUA
EN EL SIGLO V a. C.
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II.
CONTEXTO FILOSÓFICO
DE PLATÓN
La filosofía surge en las colonias griegas de la Jonia y de la Magna
Grecia en el siglo VI a. C. como alternativa racional a las explicaciones de
carácter mitológico. Este fenómeno se conoce como paso del mito al
logos, o paso del mito a la razón. En el siglo IV a. C., época en que Platón
empieza a dedicarse a la filosofía, Grecia contaba ya con dos siglos de tra-
dición filosófica. La filosofía de Platón, pues, no surge de la nada, sino del
debate con la tradición filosófica en la que se desarrolla. De esta tradición
Platón recogerá algunos elementos, incorporándolos a su filosofía, mien-
tras que rechazará y criticará otros. En la filosofía anterior a Platón hay
que distinguir dos grandes momentos o épocas: La filosofía presocrática
(siglos VI-V a. C.) y la llamada “Ilustración ateniense” (siglo V a.C.).
1 LA FILOSOFÍA PRESOCRÁTICA (VI-V a.C.)
La filosofía presocrática se centró fundamentalmente en problemas
físicos y cosmológicos (origen del universo, estudio de la Naturaleza, bús-
queda de un primer principio o elemento a partir del cual se habría origi-
nado el universo, etc.). Se desarrolla en las colonias que los griegos fun-
daron en la Jonia y en el sur de Italia en el período que va desde el siglo
VI a. C. hasta la primera mitad del siglo V a. C. Los filósofos de la Jonia,
a diferencia de los del sur de Italia, basaron sus investigaciones en la
observación empírica, esto es, en la información que nos suministran los
sentidos. Aristóteles los llamó “físicos” por su preocupación por el estu-
dio de la Naturaleza (physis, en griego). Se puede decir que con ellos no
sólo se inicia la filosofía, sino también la ciencia. Dentro de este grupo hay
que mencionar a los filósofos de Mileto –Tales, Anaximandro y
Anaxímenes–, así como a Heráclito, Empédocles, Anaxágoras y
Demócrito. En cambio, los filósofos itálicos basaron sus investigaciones
sobre la naturaleza y el universo en razonamientos especulativos y abs-
tractos, pues consideraron que los sentidos nos proporcionan una informa-
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PLATÓN · La República
ción engañosa y poco fiable y que, por tanto, sólo a través de la razón
puede alcanzarse la verdad. Dentro de este grupo hay que incluir a
Parménides y su Escuela, así como a los pitagóricos. Platón sintonizará
más con el grupo de filósofos itálicos que con el de los jonios.
Como hemos dicho, el objeto de estudio de los filósofos presocráticos
era la Naturaleza o el Cosmos, de ahí que frecuentemente se aluda a ellos
también con el nombre de “filósofos de la Naturaleza”. Además, muchos de
estos filósofos desarrollaron también la astronomía, la ingeniería, las mate-
máticas, etc. Así mismo, pretendieron explicar las leyes que regulan las
transformaciones y los cambios observables en el mundo físico o material,
convencidos de que en la Naturaleza había un cierto orden y que estaba
gobernada por leyes inalterables que imponen a los fenómenos una deter-
minada necesidad y regularidad. Así, por ejemplo, el descubrimiento de
algunas de esas regularidades del universo permitió, ya en aquella época,
llevar a cabo verdaderas hazañas científicas, como la predicción por Tales
de Mileto de un eclipse solar, ocurrido el 28 de mayo del 585 a.C. Por su
especial influencia sobre el pensamiento de Platón, nos centraremos en tres
de estos filósofos presocráticos: los pitagóricos, Heráclito y Parménides.
En resumen: frente a los Filósofos de la Naturaleza, Platón consi-
derará que el objeto de estudio de la filosofía no puede ser la
Naturaleza o el universo físico y cambiante. La razón de ello es que
para Platón no puede haber conocimiento verdadero de lo que cam-
bia, de lo que nace y muere, y en la Naturaleza todo cambia y se trans-
forma. Sobre esas cosas tan sólo podremos formular opiniones, pero
no ciencia. Así pues, la Filosofía de la Naturaleza no es considerada
por Platón ciencia en sentido estricto, sino sólo simple opinión.
1.1. La escuela pitagórica
Pitágoras de Samos (571-497 a. C.) fundó la escuela que lleva su nom-
bre en Crotona (sur de Italia), aunque más que una escuela era una comu-
nidad de carácter místico y religioso cuyos miembros eran vegetarianos y
seguían una serie de preceptos y normas estrictas de conducta.
• Las cosas son números: Platón entró en contacto con el pitagorismo en
sus viajes por Sicilia. Los pitagóricos cultivaron la música, la astrono-
mía y las matemáticas, y fueron los primeros en hacerlas progresar. En
el terreno de la música descubrieron la existencia de una sorprendente
relación entre los intervalos de la escala musical y los números. Su teo-
ría fundamental afirma que las cosas son números, o que los números
constituyen las esencias de las cosas. En efecto, los pitagóricos estaban
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[II] · Contexto Filosófico de Platón
convencidos de que la realidad tenía una estructura matemática, y de que
el universo y los cielos eran en el fondo armonía y números. Creían que,
conociendo e investigando los números y sus relaciones, estaban inves-
tigando la esencia misma de la realidad.
• La teoría sobre el alma (Psicología). La concepción pitagórica del
alma está influida por la religión órfica, según la cual el cuerpo era una
especie de cárcel para el alma. Para los pitagóricos, el alma tenía que
liberarse del cuerpo. Esta liberación sólo es posible tras purificarse a tra-
vés de sucesivas reencarnaciones en diferentes cuerpos y a través del
cultivo de las matemáticas y la filosofía. Además, concebían el alma
como una extraña armonía del cuerpo, y puesto que el Universo era
para ellos también armonía y orden (la palabra griega cosmos, que
designa al universo, significa en griego “orden y belleza”), la función
principal del alma consistía en el conocimiento del orden y la armonía
divinas del universo, puesto que lo igual tenía que relacionarse con lo
igual. Así, el alma, que es armonía del cuerpo, tiende al conocimiento
del cosmos o armonía matemática del universo.
• Teoría del conocimiento. Para los pitagóricos la vía de acceso al cono-
cimiento de la realidad y del universo no son los sentidos, sino el razo-
namiento matemático. Si bien los pitagóricos no distinguieron clara-
mente entre conocimiento y opinión (distinción fundamental en Platón,
como veremos), el desprecio del cuerpo y del conocimiento sensible,
así como la importancia que conceden al conocimiento racional, a los
razonamientos abstractos y al cultivo de las matemáticas, son un antece-
dente del pensamiento de Platón.
En resumen: Platón fue en realidad un pitagórico. Por eso su filoso-
fía está abundantemente impregnada de elementos pitagóricos: la teo-
ría del conocimiento, el desprecio de los sentidos, la desvalorización del
cuerpo y la idea del cuerpo como cárcel del alma, la idea de justicia
como armonía, la importancia de las matemáticas y los números como
expresión del orden y de la armonía del universo, la idea de la natura-
leza divina e inmortal del alma, la idea del conocimiento racional como
vía de purificación del alma, la transmigración de las almas, etc…
1.2. Heráclito de Éfeso
Heráclito nació en la colonia jonia de Éfeso, y vivió probablemente
entre el 544 y el 484 a. C. Murió, pues, casi 60 años antes de que naciera
Platón, quien conoció su pensamiento a través de Cratilo, discípulo de
Heráclito, que ha pasado a la historia de la filosofía como el filósofo que
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PLATÓN · La República
afirmó que “todo fluye”, que todo cambia y nada permanece. Aristó-
teles resume el pensamiento de Heráclito con la frase: “Todas las cosas
están en movimiento y nada está fijo”. Comparando las cosas con la
corriente de un río, Heráclito decía que “no se puede entrar dos veces en
el mismo río, pues quienes se meten en él se sumergen siempre en aguas
distintas”. El universo es para Heráclito una permanente y eterna lucha de
contrarios (lo frío y lo caliente, lo húmedo y lo seco, el día y la noche). En
el universo cada cosa tiende a transformarse en su opuesto: lo caliente se
transforma en frío, y lo frío en caliente; lo que está vivo muere, y de lo
muerto surge de nuevo algo vivo; lo sano se transforma en lo enfermo, y
lo enfermo en sano. Lo que ahora hay, nace de la destrucción y muerte de
lo que antes había, y así sucesivamente.
En resumen: Platón conoció la filosofía de Heráclito a través de la
versión deformada de Cratilo, y la entendió en el sentido de que la
realidad física es algo evanescente, no permanente, que todo cambia
y nada hay estable en el universo. Platón acepta de Heráclito la idea
de que en el mundo físico y material todo cambia y todo está en per-
petuo devenir. Pero Platón fue mucho más allá que Heráclito y de ahí
extrajo la conclusión de que es imposible alcanzar un conocimiento
verdadero y cierto de la realidad física, pues de lo cambiante no
puede haber conocimiento.
No obstante, esto último no forma parte del verdadero pensamiento de
Heráclito, pues él sostenía que los cambios continuos en la Naturaleza se
producen siempre conforme a una Ley Cósmica, Medida o Razón
Universal fija y eterna, a la que denominó Logos; este Logos gobierna el
Universo y su conocimiento es accesible a la razón humana.
1.3. Parménides de Elea
Parménides nació en Elea, colonia griega del sur de Italia, aproxima-
damente en el año 540 a. C. Muere en el año 470 a. C., unos 43 años antes
de nacer Platón. Podemos considerarle como el creador de la lógica.
Influyó notablemente en Platón por su interés en alcanzar la verdad, que
debe permanecer eterna y sin cambios, así como por su desprecio por el
conocimiento sensible y su defensa de la razón como única fuente fiable
de conocimiento. Parménides distingue dos vías de conocimiento: la vía
de la verdad y la vía de la opinión.
a) La vía de la Verdad. Es el verdadero camino del conocimiento.
Parte de la afirmación básica e incuestionable de que “EL SER ES
Y EL NO SER NO ES”, a partir de la cual, por medio de deduccio-
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nes y del puro razonamiento lógico, y sin recurrir para nada a la
información que nos dan los sentidos, se llega al conocimiento de
la realidad y de sus características. Esta vía, pues, prescinde de los
sentidos, que tan sólo nos proporcionan apariencias engañosas. Su
objeto es lo que Parménides denomina el Ser, lo que existe (la ver-
dadera Realidad). Siguiendo la propia lógica de la razón, y partien-
do del principio de que “lo que es, es, y lo que no es, no es”,
Parménides llega a la conclusión de que el Ser es único, ingénito
(no tiene principio, existe desde siempre), imperecedero (existirá
siempre), indivisible, inmutable (no cambia), y completo.
Puesto que el Ser (lo que existe, la realidad) es único e inmutable,
Parménides considera que la pluralidad y el cambio no son reales,
sino tan sólo apariencias engañosas de los sentidos. Los sentidos
parecen enseñarnos que en la Naturaleza no existe un único Ser,
sino muchos seres, que cambian y se transforman. Sin embargo, la
implacable lógica de la razón nos dice que todo es uno, y que lo que
existe es una única realidad (el Ser), inmutable, indivisible y sin
partes, por lo que la pluralidad y el cambio que la vista nos
comunica no pueden ser reales, son apariencias.
b) La vía de la opinión. Es la vía de “EL SER ES Y NO ES”, lo cual
es contradictorio, pues contradice la firme verdad de que lo que es,
es, y lo que no es, no es. Se trata de una vía engañosa. Es la vía de
los sentidos, no de la razón. Los sentidos, en efecto, nos dicen que
una cosa es esto y no es lo otro, cuando en realidad todo es ser y
todo es uno y lo múltiple es sólo apariencia. Si seguimos esta vía
—la vía de los sentidos—, tan sólo obtendremos simple opinión, es
decir, un conocimiento engañoso, basado en las apariencias de los
sentidos.
En resumen: Platón aceptará de Parménides la oposición entre el
saber engañoso que nos ofrecen los sentidos, y el conocimiento verda-
dero que nos ofrece la razón. Así, la distinción entre la vía de la opi-
nión y la vía de la verdad puede ser considerada, aunque con ciertas
reservas, como un antecedente de la posterior distinción platónica
entre conocimiento científico y opinión. Platón toma de Parménides
la convicción de que la verdad es algo único, absoluto, universal y
permanente. Por otra parte, Platón acepta de Parménides la distin-
ción entre apariencia sensible y realidad auténtica; además, las Ideas
platónicas —el objeto propio del conocimiento— tienen de hecho
características semejantes al Ser de Parménides: son también ingéni-
tas e imperecederas, eternas e inmutables.
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PLATÓN · La República
2 EL SIGLO V a.C.: LA “ILUSTRACIÓN
ATENIENSE”
El siglo V a. C. es la época del esplendor de Atenas, patria de Platón.
En este siglo tienen lugar grandes cambios, tanto en lo referente a la socie-
dad y la política como a las preocupaciones filosóficas. En el terreno
social y político triunfa la democracia, y, bajo la dirección de Pericles,
Atenas logra alcanzar la hegemonía militar y política en el mundo griego.
En el terreno filosófico, el estudio de la Naturaleza pasa ahora a un segun-
do plano, y se produce un giro antropocéntrico en la temática de la filoso-
fía; ahora los filósofos se centran fundamentalmente en la reflexión sobre
los problemas sociales y humanos: el ser humano, la sociedad, la felicidad,
la moral, la política, las leyes, la educación, etc. ocupan ahora el centro de
la reflexión filosófica. En esta época, denominada la “Ilustración atenien-
se”, Atenas se convierte en un hervidero de nuevas ideas y teorías, y en
ella hay que destacar, en primer lugar a los llamados “sofistas”, y en
segundo lugar a Sócrates, maestro de Platón.
2.1. Los Sofistas
Los sofistas fueron un grupo de pensadores e intelectuales griegos que
floreció en la Atenas democrática en la segunda mitad del siglo V a. C.
Pero, ante todo, los sofistas fueron educadores y pueden ser considerados
como un genuino producto de la democracia ateniense. En efecto, la ins-
tauración de la democracia en Atenas hizo posible que el pueblo tomara
parte en las decisiones políticas, y que algunos ciudadanos pudieran acce-
der al poder y a cargos de responsabilidad política hasta entonces reserva-
dos a la aristocracia. Esto hizo aparecer nuevas necesidades formativas y
educativas para los ciudadanos, pues bajo la democracia, la única manera
de alcanzar el poder y el éxito social y político era convencer mediante
palabras y discursos en la Asamblea o en los Tribunales. En este nuevo
contexto político los sofistas desempeñan su función principal: enseñar y
formar a aquellos ciudadanos que aspiran a alcanzar el éxito social o a
triunfar en política. Para lograrlo, lo importante es convencer y persuadir
mediante la palabra, aunque lo que se diga no siempre sea la verdad. La
verdad es, a fin de cuentas, —piensan los sofistas— siempre relativa o tal
vez no exista. Por eso, entre sus enseñanzas los sofistas incluyeron disci-
plinas como la oratoria (el arte de hablar bien en público), la retórica, erís-
tica (el arte de discutir), etc. Muchos de los sofistas fueron grandes orado-
res y expertos en el arte de la palabra; algunos presumían de ser capaces
de hablar de cualquier tema, así como de convencer al público de algo, y
luego de todo lo contrario.
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[II] · Contexto Filosófico de Platón
Algunos sofistas célebres fueron Protágoras, Gorgias, Hipias,
Trasímaco, Calicles o Pródico. Aunque los sofistas no fueron un grupo
homogéneo, ni constituyeron una escuela, ni posiblemente un movimien-
to como tal, todos ellos tienen una serie de puntos en común que les iden-
tifica a pesar de sus diferencias:
1. En primer lugar, como hemos dicho, su actividad principal es la
educación. Son los primeros profesionales de la enseñanza, pues
son los primeros en cobrar por enseñar y en hacer de la educación
un medio de vida (en algunos casos cobraban sumas muy conside-
rables, dependiendo del prestigio que tuvieran).
2. En segundo lugar, aunque vivieron en Atenas, la mayoría de ellos
eran extranjeros llegados de otras ciudades griegas. Al ser extranje-
ros carecían de derechos políticos y, por tanto, tenían prohibido par-
ticipar directamente en la política de la ciudad.
3. Ligados a la democracia, frecuentemente tuvieron en su contra a
los sectores más conservadores, partidarios de la tradición y de las
viejas formas de gobierno (oligarquía, monarquía)
Aunque la palabra “sofista” fue desde muy antiguo sinónimo de
“sabio” (sophós significa en griego “sabio”), con el tiempo fue adquirien-
do el sentido peyorativo de “hábil engañador” o especialista en el arte del
engaño por medio de la palabra. Platón considerará a los sofistas como
impostores que ocultan su ignorancia por medio de la palabrería, y alude
a ellos con expresiones como “cazadores asalariados de jóvenes adinera-
dos”, “comerciantes de enseñanzas que alimentan el alma”, “atletas en los
debates”, “prostitutos del espíritu”, “charlatanes terribles”, etc. Sin embar-
go, en la actualidad los sofistas han sido mejor valorados y se considera a
la Sofística como un movimiento de difusión cultural muy importante,
que aportó ideas absolutamente innovadoras.
Aparte de educar, en el terreno filosófico algunos sofistas desarrolla-
ron teorías originales y polémicas, tales como el relativismo, el escepti-
cismo, el convencionalismo y el empirismo político, que contaron con
la oposición de Platón. Veámoslas:
a) El relativismo afirma que no existen verdades absolutas, que toda ver-
dad es siempre relativa. Expresión de este relativismo es la frase del
sofista Protágoras: “El ser humano es la medida de todas las cosas; de
las que son en tanto que son y de las que no son en tanto que no son
(...) Para el que está enfermo el alimento es y parece amargo, mientras
que para quien está sano es y parece lo contrario”. Para los sofistas
no hay diferencia entre la verdad y lo que parece verdad. La verdad es
lo que a cada cual le parece verdad. Lo mismo es ser y parecer. Por
tanto, cualquier opinión es verdadera (al menos para el que la emite),
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y por eso no hay diferencia alguna entre conocer verdaderamente algo
y opinar sobre algo. Contra Platón, afirman, pues, que todo conoci-
miento es simplemente opinión.
b) El escepticismo, según el cual no podemos estar absolutamente cier-
tos de nada, pues conocer la verdad es imposible. El sofista Gorgias fue
un claro ejemplo de esta actitud: “No hay ser; si lo hubiera no podría
ser conocido; si fuera conocido no podría ser comunicado su conoci-
miento por medio del lenguaje”. Contra Sócrates y Platón, los sofistas
estaban convencidos de que la razón humana es incapaz de ofrecer un
conocimiento objetivo y cierto de la realidad, y además que el lengua-
je humano no podía ser nunca un reflejo objetivo y fiel de la realidad.
El lenguaje sólo sirve para persuadir, emocionar y convencer en la
Asamblea, pero no para expresar verdades objetivas y universales.
c) El convencionalismo, que afirma que tanto las instituciones políticas,
como las leyes y la moral, son productos de decisiones o de convencio-
nes humanas tomadas en un momento histórico determinado. Las leyes
de la ciudad y las normas morales son así porque se ha convenido o acor-
dado que así sean, pero nada impide que puedan ser de otra manera. En
efecto, los sofistas habían podido comprobar en sus numerosos viajes
que no hay dos pueblos que tengan las mismas leyes ni las mismas cos-
tumbres morales. Por otra parte, habían asistido también a muchos cam-
bios de leyes y de constituciones políticas y pensaban que era una inge-
nuidad la creencia tradicional acerca del origen divino de las leyes, o las
teorías que las vinculaban a un orden natural, eterno y universal. El con-
vencionalismo de los sofistas está estrechamente asociado al relativismo
moral que también defendían, y que afirmaba que lo que se considera
bueno o malo, justo o injusto no es algo fijo ni absoluto ni tampoco uni-
versalmente válido, sino que depende de cada pueblo y época, de la clase
social a la que se pertenece o, incluso, de cada individuo.
d) El empirismo político: El punto de vista político de los sofistas puede
denominarse empirismo político y está estrechamente ligada a la demo-
cracia. El empirismo político consiste en considerar bueno y justo aque-
llo que, de hecho, el pueblo o la mayoría toma por “justo y bueno”, sin
pararse a considerar si eso es lo verdaderamente justo y bueno. Un ejem-
plo de esta actitud la encontramos nuevamente en Protágoras: “Y es que
aquellas cosas que parecen justas y honorables a cada ciudad son jus-
tas y honorables para ella, mientras piense que lo son”. Según Platón,
los sofistas se contentaban con estudiar qué es lo que el vulgo conside-
ra bueno y justo, cuáles son sus gustos y tendencias, para luego erigir en
valores morales los apetitos y deseos del pueblo ignorante. Finalmente
enseñaban a sus jóvenes discípulos a dar al pueblo lo que éste quería.
Para Platón esto es lo mismo que si un médico recetara a su paciente
enfermo, no lo que realmente le conviene, sino lo que el enfermo le pide:
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TEXTO COMPLEMENTARIO: CRÍTICA DE PLATÓN
AL EMPIRISMO POLÍTICO DE LOS SOFISTAS
“Cada uno de los particulares asalariados a los que esos llaman
sofistas no enseña otra cosa, sino los mismos principios que el vulgo
expresa en sus reuniones, y esto es a lo que llaman “ciencia”. Es lo
mismo que si el guardián de una criatura grande y poderosa se apren-
diera bien sus instintos y humores, y supiera por dónde hay que acercár-
sele y por dónde tocarlo, y cuándo está más fiero o más manso, y por qué
causas y en qué ocasiones suele emitir tal o cual voz, y cuáles son, en
cambio, las que le apaciguan o irritan cuando las oye a otro; y una vez
enterado de todo ello por la experiencia de una larga familiaridad, con-
siderase esto como una ciencia, y, habiendo compuesto una especie de
sistema, se dedicara a la enseñanza ignorando qué hay realmente en esas
tendencias y apetitos de hermoso o de feo, de bueno o de malo, de justo
o de injusto, y emplease todos estos términos con arreglo al criterio de
la gran bestia, llamando bueno a aquello con que ella goza, y malo a lo
que a ella molesta.“ (PLATÓN, República, “Libro VI”, 493 a-c)
En resumen: Platón rechazó la mayoría de las teorías filosóficas
defendidas por los sofistas, así como la manera de entender la educa-
ción y sus fines. La filosofía de Platón puede entenderse en buena
medida como una respuesta a las teorías sofísticas: el relativismo, el
escepticismo, el convencionalismo y el empirismo en política
2.2. Sócrates
a) Biografía
Sócrates (470 a. C. - 399 a. C.), maestro de Platón, nace en la Atenas
democrática, en la época de su mayor esplendor, en el seno de una familia
modesta, de padre escultor y madre comadrona. Se dice de él que nunca
ambicionó la riqueza ni tuvo deseos de destacar en la política. No cobra-
ba por sus enseñanzas, ni escribió ningún libro, pues en su opinión la filo-
sofía sólo puede practicarse mediante el diálogo. Platón cuenta de él que
dedicó su vida a la búsqueda de la verdad, interrogándose a sí mismo y a
los demás acerca del bien humano, la justicia, la felicidad y la virtud. Se
comparaba a sí mismo con un tábano incómodo y molesto que aguijonea-
ba a los demás con sus preguntas para que estuvieran atentos a la virtud. A
diferencia de algunos sofistas, que presumían de sabios, Sócrates afirmaba
de sí mismo la célebre frase “sólo sé que no sé nada”, dando a entender
con ello que el punto de partida de toda indagación filosófica debía ser el
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reconocimiento de la propia ignorancia, pues sólo el que reconoce no saber
está en condiciones de aprender. Tanto Sócrates como Platón se opusieron
tenazmente a las teorías de los sofistas. Tras la restauración de la democra-
cia por parte de Trasíbulo, fue juzgado y condenado a tomar la cicuta, bajo
la falsa acusación de corromper a la juventud. Pero en realidad las causas
de su condena fueron políticas: aunque no era partidario de la oligarquía,
tampoco simpatizó demasiado con la democracia ateniense y, además, fue
maestro de Alcibíades (cuyo mandato en Atenas fue nefasto) y de Critias,
uno de los Treinta Tiranos. Esta trágica muerte influyó poderosamente en
la vida y en el pensamiento de su discípulo Platón.
b) La filosofía de Sócrates
La influencia que ejerció Sócrates sobre su discípulo Platón fue deci-
siva, en especial por lo que se refiere a algunos aspectos de su filosofía,
entre los que destacamos: la defensa de una concepción absolutista de
la verdad y de los valores morales –en contra del relativismo de los
sofistas-, el concepto de educación, la dialéctica como método educati-
vo, la búsqueda de las definiciones esenciales y el intelectualismo ético..
1- Defensa de una concepción absolutista de la verdad y de los valo-
res morales. Tanto Sócrates como Platón combatieron toda su vida el
relativismo y el subjetivismo de los sofistas. No negaron que hay
muchas opiniones que son meramente relativas, pero, en oposición a
ellos, sostuvieron que una cosa son las opiniones y otra la verdad; ésta,
a diferencia de una simple opinión, no es relativa a cada uno ni a lo
que dicte una determinada sociedad o época histórica. Hay, por consi-
guiente, ciertas verdades absolutas, objetivas y universales, lo mismo
que hay nociones objetivas y universales sobre lo justo y lo bueno,
accesibles a la razón y a la reflexión filosófica.
2- La educación y la dialéctica socrática. La finalidad de la educación
debe ser alcanzar la verdad con vistas a lograr la felicidad y la virtud.
Para Sócrates todo ser humano posee dentro de sí la verdad y, por con-
siguiente, la tarea del educador consiste en guiarle y orientarle conve-
nientemente para que, por sí mismo, alumbre y descubra esa verdad y
pueda organizar su vida justamente, conforme a ella. El método educa-
tivo de Sócrates es la dialéctica, que es también un método de inves-
tigación de la verdad que se basa en el diálogo entre maestro y discí-
pulo con el objetivo de alcanzar la verdad. La palabra dialéctica pro-
cede del vocablo “diálogo” (en griego, dia-logos, que significa búsque-
da “a través del logos”, es decir, a través de la razón y el lenguaje). La
dialéctica socrática consta de dos fases o etapas:
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[II] · Contexto Filosófico de Platón
a) La primera fase es la ironía, cuyo objetivo es lograr que el discípu-
lo ponga en cuestión todo aquello de lo que creía estar seguro y con-
vencido, y caiga en la cuenta de que en realidad no sabe aquello que
creía saber (por ejemplo, creía saber qué era lo justo, pero acaba dán-
dose cuenta de que no lo sabe). Esto se logra haciéndole caer en con-
tradicciones mediante preguntas y argumentos cuando sus respuestas
son —como ocurre normalmente— irreflexivas o inadecuadas. A
partir del reconocimiento de la propia ignorancia, el discípulo está ya
en disposición de comenzar el camino hacia la verdad
b) La segunda fase es la mayéutica que, a semejanza del arte de la
comadrona, es el arte de lograr que el discípulo, convenientemente
dirigido por las preguntas del maestro, llegue a alumbrar o “dar a luz”
la verdad, la cual habita ya en su interior. Esta fase debe culminar,
pues, en el hallazgo de una verdad sobre algo (la justicia, la amistad,
la belleza, etc.), formulada, a ser posible, mediante una definición.
Platón acepta en lo fundamental esta manera de entender la edu-
cación de Sócrates, y algunos de los planteamientos socráticos esbo-
zados aquí están a la base de la teoría platónica de la reminiscencia
y de la manera en que Platón entenderá la dialéctica, que, sin embar-
go no coincide exactamente con la dialéctica socrática y, por tanto,
no deben confundirse.
3- La búsqueda de las definiciones esenciales. Sócrates pensaba que
debía haber una característica común a todas las cosas que llamamos
justas (la justicia), así como a todas las cosas buenas (el bien), a todas
las cosas bellas (la belleza) y a todos los demás valores. Esta caracte-
rística común (la justicia, el bien, la belleza, etc.) es lo que nos sirve de
criterio para distinguir respectivamente una cosa justa de una injusta,
una buena de una mala, una bella de otra fea, etc. Por eso se dedicó a
la búsqueda de las definiciones de cada uno de estos valores, las cua-
les debían expresar la esencia permanente de la realidad investigada.
Así, Sócrates se planteó preguntas como las siguientes: “¿Qué es, en
esencia, la justicia?”, “¿Qué es lo bueno?”, “¿Qué es la belleza?”, etc.
Lo que para Sócrates son meras definiciones conceptuales o
meros conceptos, Platón lo convertirá en realidades en sí, inmateria-
les pero con consistencia propia, dándoles el nombre de Ideas o
Formas. La teoría de las Ideas no es de Sócrates, sino de Platón, pero
se inspira sin ninguna duda en la búsqueda de las definiciones esen-
ciales por parte de Sócrates.
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PLATÓN · La República
4- El intelectualismo moral. Es la teoría ética de Sócrates, que podemos
sintetizar con la afirmación de que la virtud consiste en el conocimien-
to. Más en detalle, esta teoría consta de tres principios escalonados:
a) La virtud es conocimiento. Lo mismo que no puede ser buen zapa-
tero aquel que no conoce el oficio de zapatero, una persona no
puede ser justa si no conoce qué es la justicia. Sin conocimiento no
puede haber virtud.
b) El vicio es ignorancia. Según Sócrates, todo ser humano desea su
propio bien, pero a veces nos equivocamos y tomamos el mal por
bien; el error o la ignorancia del bien son la causa del vicio y del
obrar mal
c) Nadie obra mal a sabiendas. Si alguien conoce realmente qué es la
justicia, necesariamente tiene que obrar justamente, y no puede
obrar injustamente. Si alguien dijera que sabe qué es la justicia y,
sin embargo, viéramos que obra injustamente, es porque realmente
no sabe lo que es la justicia.
Platón aceptará el intelectualismo moral de su maestro Sócrates,
aplicándolo también al terreno de la política. De ahí la importancia
fundamental de esta teoría ética para comprender el pensamiento
ético y político de Platón. La propuesta platónica de un gobierno de
filósofos es el resultado de aplicar el intelectualismo moral del
Sócrates al terreno de la política.
Sócrates (470-399 a.C)
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INFLUENCIAS RECIBIDAS POR PLATÓN
A) TEORÍAS O PUNTOS DE B) TEORÍAS O PUNTOS DE
VISTA QUE PLATÓN ACEPTA. VISTA QUE PLATÓN RECHAZA.
1. PITAGÓRICOS 1. LOS FILÓSOFOS DE LA
• Su concepción del alma y de la relación NATURALEZA EN GENERAL
alma-cuerpo: el cuerpo es la cárcel del • Centran la filosofía en el estudio de
alma, teoría de la transmigración de las la Naturaleza, por tanto en el
almas, inmortalidad del alma. mundo físico y cambiante, de
• Menosprecio del cuerpo. donde es imposible extraer conoci-
• Rechazo de los sentidos como vía para miento.
alcanzar la verdad.
• Importancia de las matemáticas y del
razonamiento abstracto
• Concepción de la justicia como armonía.
2. PARMÉNIDES
• Distingue entre la vía de la opinión y la
vía de la verdad (a semejanza de la dis-
tinción platónica entre opinión y conoci-
miento).
• Distinción entre la verdadera realidad y
la apariencia (a semejanza de la distin-
ción platónica entre mundo sensible y
mundo inteligible).
• Las Ideas platónicas comparten cualida-
des con el Ser de Parménides: Inmuta-
bles, eternas, indivisibles, no accesibles
a los sentidos, sí a la razón.
3. HERÁCLITO
• La realidad está en permanente situación
de cambio. Todo cambia, nada permane-
ce. (Platón acepta esto, pero sólo referi-
do a las realidades físicas, materiales y
sensibles, no a las Ideas o realidades
inteligibles).
4. SÓCRATES 2. LOS SOFISTAS
• Intelectualismo moral, que Platón aplica • Rechazo del relativismo y del
a la política. escepticismo de los sofistas.
• Concepción de la educación y de la dia- • Rechazo de la identidad entre ser y
léctica socráticas. parecer
• Búsqueda de las definiciones esenciales, • Rechazo del empirismo político de
que Platón convertirá en Ideas. los sofistas.
• Concepción absolutista de la verdad y de • Rechazo de su forma de entender y
los valores morales (contra el relativismo practicar la educación.
de los sofistas)
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III.
LA FILOSOFÍA GENERAL
DE PLATÓN
1 EL SENTIDO DE LA FILOSOFÍA PLATÓNICA
Hay que entender la filosofía de Platón, en primer lugar, como una
reacción contra las teorías filosóficas y epistemológicas de los sofistas
(el relativismo, el escepticismo y el empirismo político); y en segundo
lugar, como fruto de la insatisfacción y el descontento de Platón con la
situación política de su época. Recordemos que el propio filósofo confie-
sa en su “Carta VII” que acudió a la filosofía por motivos políticos, con la
esperanza de encontrar en ella el remedio o la medicina política a los pro-
blemas políticos de su tiempo. Según Platón, el conocimiento “perfecto y
total” de lo que es justo, lo que podríamos llamar la “ciencia de la justi-
cia y del bien”, sólo puede proporcionarlo la verdadera filosofía, y es
imprescindible que los gobernantes lo alcancen por dos razones: a) En pri-
mer lugar, para gobernar con justicia la ciudad (Política). b) En segundo
lugar, para conducirse recta y justamente en su vida privada como indivi-
duos, despreciando la riqueza y los honores (Ética); esto será la mejor
garantía de que no acuden a la política movidos por la ambición de rique-
zas, como, en opinión de Platón, hacían la mayoría de los dirigentes polí-
ticos de su tiempo. De este modo se explica la necesidad de que los gober-
nantes sean filósofos y que Platón proponga como solución y medicina
política a los males políticos de su tiempo un gobierno de filósofos (teo-
ría política del filósofo-gobernante).
La preocupación fundamental de Platón es el ser humano, pero entien-
de al individuo como un ser comunitario, cuya vida sólo tiene sentido en
el seno de la comunidad (la polis). De ahí que la preocupación por el indi-
viduo lleve a Platón inmediatamente a la preocupación por la ciencia de
la polis, o sea, por la política. El objetivo de la política es lograr una polis
o un Estado justos. Ahora bien, un Estado justo es ante todo un Estado
unido y cohesionado en el que todos trabajan en beneficio de todos y en
el que el bien de cada individuo necesariamente ha de estar subordinado
al bien de la comunidad, la Ética debe estar subordinada a la Política.
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PLATÓN · La República
Ahora bien, la posibilidad de alcanzar una Estado justo y cohesiona-
do depende sobre todo de la elección de sus gobernantes: Sólo si aquellos
que dirigen la sociedad son los individuos adecuados, es decir, hombres
virtuosos y sabios, será posible alcanzar una sociedad feliz, unida y bien
gobernada. Pero sólo los filósofos pueden llegar a ser esa clase de hom-
bres virtuosos y sabios. Platón toma aquí el intelectualismo moral de
Sócrates y lo aplica al terreno de la política, y el resultado de esto es la
teoría del filósofo gobernante. En efecto: como, según el intelectualismo
socrático, sólo pueden ser justos y buenos aquellos que han comprendido
la esencia de la justicia y del bien, Platón deriva de esto que sólo los filó-
sofos pueden ser los gobernantes perfectos. Así se entiende la importan-
cia fundamental que Platón otorga a la educación de los futuros gober-
nantes, una educación que los conduzca al conocimiento sobre la autén-
tica esencia de lo bueno, lo bello y lo justo, con el fin de que aprendan a
gobernarse a sí mismos primero y a gobernar luego la ciudad a la luz de
ese conocimiento.
Este planteamiento supone, en contra de lo que pensaban los sofistas,
que la verdad objetiva existe y que la razón humana puede llegar a alcan-
zarla mediante la reflexión filosófica. Ahora bien, la existencia de la ver-
dad y la posibilidad de alcanzar el conocimiento depende de que existan
ciertas realidades que, a diferencia de lo que ocurre con las cambiantes
realidades sensibles, sean eternas e inmutables. Y a esas realidades eter-
nas, inmutables e inmateriales Platón les dará el nombre de Ideas o
Formas. Por tanto, la educación del futuro gobernante deberá servir para
conducirle hasta la visión de las Ideas o Formas, que constituyen las esen-
cias de las cosas materiales. Así pues, la filosofía política de Platón está
indisolublemente ligada y fundamentada en:
a) Una teoría del conocimiento o epistemología que nos diga cuál es
el origen y el camino del conocimiento y cómo distinguir la verdad
del error.
b) Una teoría de la realidad u ontología que nos diga qué es lo autén-
ticamente real y qué es lo aparente.
Ambas cosas —Teoría del conocimiento y Teoría de la realidad— se
funden en la Teoría de las Ideas, la cual constituye el núcleo fundamen-
tal de la filosofía platónica, explicada en el apartado siguiente.
Los temas de la filosofía platónica son muchos y variados: el ser huma-
no, la política, la ética, la educación, la Epistemología (Teoría del
Conocimiento), la Ontología (Teoría de la realidad), etc. Sin embargo,
todos ellos están estrechamente entrelazados formando un sistema en el
que cada tema remite a los otros.
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[III] · La Filosofía General de Platón
2 LA TEORÍA PLATÓNICA DE LAS IDEAS
2.1. ¿Cómo llega Platón a formular la teoría de las
Ideas?
La Teoría de las Ideas es la aportación más original de la filosofía pla-
tónica. Todos los aspectos de la filosofía platónica (psicología, educación,
epistemología, política, ética, ontología, etc.) remiten en último término a
esta teoría. ¿Cómo llegó Platón a formularla?
Como vimos, frente al relativismo de los sofistas, Platón defiende la
posibilidad de alcanzar verdades objetivas, universales y absolutas acerca
de la realidad. Pero ¿qué entendemos por realidad? ¿Qué es lo verdade-
ramente real? ¿Puede haber conocimiento de cualquier realidad? ¿De qué
cosas puede haberlo y de qué cosas no? Platón está firmemente convenci-
do de que de las realidades del mundo visible y material, de las cosas que
percibimos por medio de los sentidos, es imposible obtener un conoci-
miento verdadero, objetivo y universal. En efecto, Platón acepta de
Heráclito que los objetos del mundo físico y material están en permanen-
te devenir y, por consiguiente, sujetos a cambios continuos. Y afirma que
por esa razón no puede haber un conocimiento verdadero de esos objetos,
pues cuando creyéremos haberlos conocido, para entonces ya habrían
cambiado, y la verdad cambiaría también a cada instante. Pero si la ver-
dad cambiara a cada instante no sería la verdad.
Por otra parte, de Parménides acepta que el conocimiento que nos
aportan los sentidos es engañoso y sólo nos muestra la apariencia de las
cosas, no la auténtica realidad, la cual sólo es accesible a la lógica de la
razón. En suma, Platón está convencido de que sólo puede haber conoci-
miento verdadero de lo que no cambia, de lo que permanece estable. Pero,
¿acaso existen realidades así, que no cambien y permanezcan siempre
igual? Según Platón, tiene que haber realidades así, pues si no las hubie-
ra no habría ninguna posibilidad de alcanzar un conocimiento científico,
objetivo y verdadero. Dicho más claramente: si ha de existir la verdad
—y Platón está convencido de que existe—, deben existir ciertas realida-
des que no cambien y que permanezcan eternamente estables e idénticas a
sí mismas. Ahora bien, es evidente que esa clase de realidades no existen
en el mundo visible y material dominado por el cambio y el devenir y, por
tanto, se han de hallar “más allá” de él, en otra esfera de la realidad.
Serán, por tanto, realidades no materiales, eternas e inmutables, y
constituirán el objeto del verdadero conocimiento. Platón les dará el
nombre de Ideas o Formas. Y así es como Platón llega a formular la teo-
ría de las Ideas.
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2.2. Aproximación al concepto platónico de “Idea”
¿Qué son las “Ideas” o “Formas”? Para entender este importante con-
cepto de la filosofía platónica vamos a tomar el ejemplo de la Idea de
Belleza. Si preguntamos a alguien qué es, por ejemplo, la Belleza, es posi-
ble que le pongamos en un serio aprieto y que no sea capaz de dar una
definición. Y es muy probable que intente responder por medio de ejem-
plos: una puesta de sol bella, una mujer o un hombre bellos, una bella
acción, un cuadro bello o una joya bella: ¡Eso es la Belleza! - dirá. Pero,
aunque es evidente que todas estas cosas que percibimos por medio de los
sentidos tienen en común que son bellas, sin embargo no son la Belleza,
la Belleza en sí. Si nos piden una definición de Belleza no podemos con-
tentarnos con mencionar ejemplos visibles y particulares de cosas bellas.
Desgraciadamente, aunque los sentidos pueden mostrarnos muchos ejem-
plos de cosas bellas, parecen sin embargo incapaces de mostrarnos la
Belleza en sí, es decir, la Belleza en abstracto, como si dijéramos, “descar-
nada” de materia sensible. Según Platón, sólo con la inteligencia, y con
mucho esfuerzo, podremos tal vez llegar a comprender en qué consiste esa
cualidad común de la que participa toda la multiplicidad de cosas materia-
les que llamamos bellas y que hace que esas cosas sean bellas. Y es posi-
ble que después de eso estemos en disposición de ofrecer una definición
de la Belleza que recoja la esencia única, eterna e inalterable que tienen
en común las múltiples cosas bellas materiales y visibles. Además, una
vez alcanzado el conocimiento de la Belleza en sí, seremos capaces de dis-
tinguir con mayor claridad cuándo una cosa concreta y material es real-
mente bella y cuándo no. Es decir, habremos alcanzado el criterio de lo
bello. A esa noción única, eterna e inalterable de lo bello es a lo que Platón
llama Idea de Belleza. El mismo ejemplo podríamos haber planteado con
las Ideas de Justicia, Amistad, Bien, Ser humano, Triángulo, Animal, etc.
Pero sigamos con el ejemplo de la Belleza y las cosas bellas. Podemos
plantearnos la siguiente pregunta: ¿qué es más real, la Belleza en sí, o una
pintura bella? Es posible que estemos tentados de contestar que una pin-
tura bella es más real que la Belleza, pues, a fin de cuentas, la Belleza
parece algo abstracto, intangible e inmaterial, mientras que una pintura
bella es algo concreto, palpable y material. Sin embargo, Platón está con-
vencido justo de lo contrario: la Belleza en sí es para Platón más real que
una pintura bella. Pero ¿Por qué las Ideas en general son más reales que
las cosas materiales y sensibles?
1. En primer lugar —diría—, la pintura bella es bella gracias a que parti-
cipa de la Belleza. Dicho con otras palabras, es bella porque imita de
alguna misteriosa manera la Belleza en sí y ésta es la causa de que sea
bella. Por tanto, lo que tiene de bella se lo debe a la Idea de Belleza, a
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la cual copia o imita. Por eso Platón diría que una pintura bella es
menos real que la Belleza en sí, porque si no existiera la Belleza en sí
no existiría la pintura bella, por la misma razón que una sombra no
puede existir sin el objeto que la produce.
2. Pero para Platón, habría además una segunda razón: al igual que todas
las cosas materiales y sensibles, la pintura bella pertenece a la clase de
realidades fugaces, que nacen y perecen. No existió desde siempre,
alguien la creó en un momento determinado, y alguna vez dejará de
existir, pues ninguna cosa material y sensible es eterna. Sin embargo,
la Belleza en sí es para Platón eterna: existe desde siempre y jamás
dejará de existir. Más aún, aunque dejaran de existir todas las cosas
bellas y aún cuando dejaran de existir incluso seres humanos, la noción
eterna de Belleza seguiría existiendo, de igual manera que sigue exis-
tiendo el concepto de dinosaurio aun cuando estos animales han deja-
do de existir. Eso hace a la Belleza en sí más duradera y real que cual-
quier pintura bella.
3. En tercer lugar, la pintura bella está sometida a cambios y transforma-
ciones constantes. Ahora puede ser bella, pero nada puede asegurarnos
que, con el paso del tiempo, siga siéndolo. Con el tiempo se degradará
y envejecerá, o puede que cambien los gustos y las modas, y en el futu-
ro ya no sea considerada bella. Sin embargo, por mucho que cambien
los gustos, las modas y las opiniones humanas sobre lo bello, lo que es
la Belleza en sí permanecerá siempre inalterable e inmutable. Esto la
hace también más real que la cambiante pintura bella.
En resumen: La Belleza en sí (La Idea de Belleza) es más real que
las cosas sensibles bellas porque: 1. Es la causa de las cosas bellas,
el modelo ideal que ellas imitan o copian, su esencia. 2. Es eterna,
existe desde siempre y existirá siempre, a diferencia de las perecede-
ras cosas sensibles bellas. 3. Es inmutable, no cambia. Para Platón
“real” equivale a “eterno e inmutable”; de ahí que la auténtica rea-
lidad, haya de ser eterna e inmutable y por eso las Ideas son la autén-
tica realidad.
Tomemos ahora el ejemplo de la Justicia: Platón está firmemente con-
vencido de que, aparte de la noción que en cada época histórica y en cada
lugar se ha tenido de la justicia (por ejemplo, la justicia en la Atenas del
siglo IV a. C., la justicia tal y como la definen las leyes del Estado Español
en la actualidad, etc.), aparte de las múltiples y variadas opiniones que cada
persona o cada comunidad humana pueda tener sobre qué es justo, aparte de
la multiplicidad de ejemplos de acciones justas que podemos observar con
nuestros sentidos, etc., existe la Justicia en sí, es decir, la Idea única, eter-
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na, inmutable y universal de Justicia, en relación a la cual las múltiples
cosas justas y las múltiples opiniones sobre lo justo son sólo copias o som-
bras más o menos imperfectas (¡y algunas más imperfectas que otras!).
Ningún ejemplo de cosa justa representa para Platón la Justicia en sí; todos
ellos son copias de ella, es decir, plasmaciones concretas y materiales de la
Justicia en sí, que es la esencia común y única de una multiplicidad de cosas
justas. En consecuencia, lo mismo que pasaba antes con la Idea de Belleza,
aquel que, gracias a la filosofía, llegue a alcanzar el conocimiento de la Idea
de Justicia, tendrá el criterio adecuado para distinguir, ya en el mundo sen-
sible, qué cosas son justas y cuáles no lo son, qué leyes son justas y cuáles
son injustas, qué gobernante es justo y cuál no lo es. Por ejemplo, una ley
justa será aquella que, aun sin imitarla a la perfección, copia mejor que nin-
guna otra la Justicia en sí, es decir, se aproxima más a ella.
EL MUNDO DE LAS IDEA DE JUSTICIA
IDEAS ETERNAS (LA JUSTICIA ETERNA E INMUTABLE)
MODELOS
PERFECTOS
INMUTABLES
Un hombre justo
(1)
(Sócrates)
La justicia en
(2)
Esparta
COPIAS La justicia en
(3)
IMPERFECTAS Atenas
CAMBIANTES
(4) Una ley injusta
EL MUNDO
SENSIBLE (5) Una tiranía
Las cosas del mundo sensible participan de las Ideas eternas. En este ejemplo, la justicia
de los hombres copia, de modo más o menos imperfecto, la Idea única, eterna e inmuta-
ble de Justicia. El que conoce la Justicia en sí, posee el criterio para discernir, ya en el
mundo de lo sensible, qué cosas se aproximan más al ideal y qué cosas se alejan de él.
El término “Idea”, que Platón utiliza para designar ciertas realidades
inmateriales y eternas, no debe confundirnos. Es importante que caigas en la
cuenta de que no se trata de “ideas” en el sentido actual de la palabra, es
decir, de simples contenidos mentales que sólo existen dentro de la mente
que los concibe. Se trata de realidades inmateriales y eternas, que existen
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por sí mismas (son subsistentes), al margen de que una mente las piense o no,
e incluso al margen de que existan seres humanos o no. Las Ideas son, pues,
realidades: Es más, como hemos visto, se trata de las únicas realidades en
sentido pleno, ya que lo que de realidad hay en las cosas sensibles deriva pre-
cisamente de las Ideas, que son las esencias que esas cosas copian o imitan.
2.3. ¿De qué cosas hay Ideas?
Aparte de Ideas de valores éticos y estéticos (Belleza en sí, Justicia en
sí, Bien en sí, Amistad en sí, etc.), también hay Ideas de magnitudes y de
todos los objetos de los que se ocupa la matemática: la Grandeza en sí, la
Pequeñez en sí, la Triangularidad en sí, la Circularidad en sí, la Igualdad en
sí, la Unidad en sí, la Dualidad en sí, etc. Igualmente, existen Ideas de todos
los seres naturales que pueblan el mundo físico y de sus atributos: el Ser
humano en sí (la esencia común a todos los individuos de la especie huma-
na), el Árbol en sí, el Caballo en sí, la Blancura en sí, lo Verde en sí, etc.
Platón acepta incluso la existencia de Ideas de cosas artificiales y fabrica-
das, como por ejemplo la Mesa en sí (¿Idea de Meseidad?), la Casa en sí,
etc. Pero entonces, ¿de qué cosas no hay Ideas? No hay Ideas de cosas
imperfectas o bajas, como por ejemplo de injusticia, enemistad, fealdad,
suciedad, etc. Es lógico que sea así, pues las Ideas son modelos perfectos e
ideales que las cosas del mundo físico copian. Además, las Ideas son reali-
dades y Platón interpreta estas cosas imperfectas, no como realidades, sino
como carencia de realidad: una acción injusta, por ejemplo, es una acción a
la que le falta justicia o, dicho de otro modo, una copia muy imperfecta y
deformada de la Justicia en sí. Por otra parte, tampoco hay “Idea de verdad”.
Y también es lógico que sea así. Como veremos, la verdad consiste en tener
la visión correcta de la realidad, y la realidad son las Ideas. No tiene, pues,
sentido que haya una Idea de verdad. Cuando Platón habla de la “verdad en
sí” —cosa que hace con mucha frecuencia—, no se refiere por tanto a nin-
guna supuesta Idea de verdad, sino a la visión de las Ideas.
2.4. Las Ideas son las esencias de las cosas visibles
¿Qué quiere decir que las Ideas son las esencias de las cosas sensibles?
En primer lugar hay que aclarar qué entendemos por “esencia”. La esencia
de una cosa es aquello que hace que una cosa sea lo que es y que se halla
presente en todos los individuos de su misma clase o género. Así, la esen-
cia de un ser humano es aquello que comparte con todos los demás seres
humanos y que además hace que ese ser humano sea precisamente lo que es,
es decir, un ser humano (y no un perro o una planta). Platón diría que la Idea
de Ser Humano o de Humanidad, al ser imitada por cada persona concreta,
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hace ser a cada individuo lo que es (humano) y no otra cosa. Por tanto, la
Idea de Humanidad es la esencia de cada individuo humano concreto. Pero
sigamos con los ejemplos: lo que tienen de bellas todas las cosas bellas se
debe a que participan de la Idea de Belleza o la imitan; lo que tienen de gran-
des todas las cosas grandes se debe a que participan de la Idea de Grandeza,
etc. Una persona justa, por ejemplo, participa a la vez de la Idea de
Humanidad y de la Idea de Justicia. Podemos decir, por lo tanto, que esa per-
sona justa depende ontológicamente de la Idea de Humanidad –pues es un
ser humano–, y de la de Justicia –pues es justo–; si no existieran tales Ideas,
no existiría tampoco él como ser humano justo, etc.
2.5. Las Ideas son principios unificadores de la multi-
plicidad sensible
Como hemos visto con los ejemplos anteriores, cada Idea es única; en
cambio, hay una multiplicidad de cosas materiales y visibles que copian
una Idea. Así, por ejemplo, hay una única Idea de Justicia, pero una mul-
tiplicidad o pluralidad de acciones, opiniones, leyes e individuos justos;
todas estas cosas imitan, cada una a su modo, una única Idea eterna de la
Justicia. Y lo mismo ocurre con las demás Ideas: hay una multiplicidad de
individuos humanos particulares, pero cada uno de ellos imita, imperfec-
tamente, una única e idéntica Idea de Humanidad. Así, pues, cada Idea es
para Platón un principio unificador de una multiplicidad de cosas sen-
sibles. Si no fuera porque una multiplicidad copia la misma y única Idea,
el mundo visible resultaría aún más caótico e incomprensible para los
seres humanos. En general, el mundo de las Ideas es para Platón el fun-
damento y el principio unificador del mundo sensible, y otorga cierta
consistencia y cierto grado de cognoscibilidad al cambiante y diverso
mundo de las cosas materiales y visibles.
2.6. Breve formulación de la Teoría de las Ideas
Brevemente formulada, la Teoría de las Ideas afirma la existen-
cia de ciertas realidades inmateriales, únicas, inmutables, idénticas,
eternas (ingénitas e imperecederas), absolutas, trascendentes, sepa-
radas del mundo físico, no accesibles a los sentidos pero sí a la inte-
ligencia, e independientes de las cosas sensibles y de las opiniones
humanas. Las Ideas son, además, paradigmas o modelos perfectos e
ideales que constituyen las esencias de las cosas sensibles y son imi-
tadas por éstas de forma más o menos imperfecta, a la manera como
una sombra copia o imita el objeto que la produce.
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[III] · La Filosofía General de Platón
3 ONTOLOGÍA: MUNDO INTELIGIBLE Y
MUNDO SENSIBLE
¿Qué es lo real? ¿Qué es verdaderamente real? ¿Hay cosas más reales
que otras? ¿Es la realidad que nos muestran los sentidos la auténtica y la
única realidad? Hemos visto que para Platón lo auténticamente real se
identifica con lo estable, lo eterno, lo que no cambia. Por eso Platón dis-
tingue dos niveles, grados o formas de realidad: la realidad inteligible y la
realidad sensible (o visible). Podemos decir, por tanto, que Platón defien-
de un dualismo ontológico:
a) Mundo inteligible: Es el mundo del ser, de lo estable, de lo eterno y
permanente; por tanto es el nivel superior de realidad, el nivel de lo
auténticamente real. Se trata de una esfera de realidades ocultas a la vista
pero accesibles a la inteligencia (de ahí el nombre de “inteligibles”), que
además son inmateriales, eternas, perfectas, idénticas e inmutables. Es
un mundo trascendente, es decir, que está más allá de la esfera de las
realidades materiales y visibles que nos son familiares. Al mundo inteli-
gible pertenecen no sólo las Ideas, sino también los objetos o entes
matemáticos, que también son inmateriales, perfectos, inmutables, eter-
nos e ideales, como las Ideas, si bien, ontológicamente inferiores. De ahí
que en el mundo inteligible hallamos dos tipos de realidades: los inteli-
gibles superiores o Ideas y los inteligibles inferiores u objetos mate-
máticos. Pero, además, en la cima de las Ideas se halla la Idea suprema
de Bien, de la cual participan todas las restantes Ideas.
b) Mundo sensible o visible: Es el mundo del devenir y de la multipli-
cidad, de lo que cambia, de lo que nace y muere, de lo impermanente.
Representa por tanto un nivel inferior de realidad, de cosas menos rea-
les, perfectas, estables y consistentes que las realidades inteligibles. Es
la esfera de los objetos que percibimos por medio de la vista y los
demás sentidos. Es un mundo de apariencias, de realidades materiales,
sometidas al cambio, a la generación y a la corrupción. El mundo del
devenir es el mundo de las cosas que están en continuo proceso de
cambio, lo cual significa que están dejando de ser algo para empezar a
ser otra cosa que aún no son; por eso Platón considera el devenir como
a mitad de camino entre el ser (lo inteligible, estable e inmutable) y el
no-ser (la nada); el devenir es una forma de realidad intermedia entre
el ser y la nada absoluta, una forma de realidad más inconsistente e
inestable que la realidad inteligible.
Pero ¿Qué relación hay entre las dos anteriores esferas de la reali-
dad? Platón explica la formación del mundo sensible mediante el mito del
Demiurgo. La palabra “Demiurgo” significa en griego “artesano” y
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Platón la usa para referirse a una Inteligencia suprema de carácter divino
que ha fabricado el mundo sensible, tomando como modelo el mundo de
las Ideas eternas y perfectas; el Demiurgo ha plasmado ese modelo en una
materia preexistente caótica, móvil y amorfa, a la manera como un alfare-
ro plasma en la arcilla el proyecto o plan que tiene en su mente. Platón
quiere darnos a entender mediante este mito que el mundo sensible respon-
de un plan racional e inteligente, y que no procede del caos o del desorden.
Todo lo bello, bueno y armónico que apreciamos en el mundo visible se
debe precisamente al hecho de que imita, aunque imperfectamente, el
orden supremo del mundo de las Ideas. El cosmos visible imita imperfec-
tamente el cosmos inteligible y perfecto. Para Platón la causa de esta
imperfección ha de residir en la materia, pues la intención del Demiurgo
era hacer lo mejor y lo más bello, y el modelo –el mundo de las Ideas– era
perfecto; sólo resta, pues, la materia como causa de la imperfección. Por
esta razón el orden, la armonía y la belleza que hallamos en el mundo sen-
sible son sólo aproximativos, pero apuntan a un orden, una armonía y una
belleza perfectos y trascendentes, que nunca llega a cumplir.
MUNDO DE LAS IDEAS El saber sobre estas
cosas se llama:
MUNDO DE ESENCIAS TRANSCENDENTES
LO ETERNO CONOCIMIENTO
EL SER, LO INMUTABLE
COPIA O IMITA
LO AUTÉNTICAMENTE REAL
LO INMATERIAL
LO INTELIGIBLE E INVISIBLE
MUNDO SENSIBLE El saber sobre estas
cosas se llama:
MUNDO DE COPIAS
LO QUE NACE Y LO QUE MUERE
OPINIÓN
EL DEVENIR, LO CAMBIANTE
LAS APRIENCIAS
LO MATERIAL
LO VISIBLE
LO MÚLTIPLE
El mundo de los fenómenos naturales y de los asuntos humanos (mundo sensible),
copia, aunque de forma imperfecta, el orden eterno y transcendente del ser, repre-
sentado por el Mundo de las Ideas.
El mundo inteligible constituye, por así decir, la estructura profunda del
mundo sensible. Gracias a que el mundo visible imita el mundo inteligible,
la realidad sensible tiene una cierta consistencia ontológica, una cierta armo-
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[III] · La Filosofía General de Platón
nía y orden imperfectos que lo hacen parcialmente cognoscible. Si no fuera
porque la realidad sensible participa –aunque sea imperfectamente- de la
realidad inteligible, sería absolutamente caótica y absolutamente incognos-
cible para los seres humanos. La meta de la filosofía será precisamente des-
cubrir cuál es esa estructura profunda, el orden trascendente perfecto al que
apunta el mundo sensible, es decir, conocer las Ideas y sus relaciones.
RESUMIENDO, Platón expresa la relación entre mundo sensible y
las Ideas con los términos participación o imitación. Así, afirma que
las cosas sensibles copian o imitan las Ideas. O también que las cosas
sensibles participan de las Ideas. Las Ideas son, pues, la causa del ser
y de la existencia de las cosas sensibles; son el modelo perfecto que
las cosas sensibles copian o imitan de manera imperfecta. Lo que las
cosas sensibles tienen de reales, consistentes, bellas, buenas y cognos-
cibles –sea poco o mucho– lo tienen gracias a que participan de las
Ideas, por lo que podemos decir que existe una relación de dependen-
cia ontológica de las cosas sensibles respecto de las Ideas o que las
cosas sensibles dependen ontológicamente de las Ideas.
CUADRO-RESUMEN: DOS NIVELES DE REALIDAD
(DUALISMO ONTOLÓGICO)
REALIDADES REALIDADES
LA SENSIBLES INTELIGIBLES
REALIDAD (MUNDO SENSIBLE O (MUNDO INTELIGIBLE O
MUNDO DEL DEVENIR) MUNDO DEL SER)
Características - Realidades materiales - Realidades inmateriales
contrapuestas: - Perceptibles por la vista y - Invisibles, pero accesibles a
los demás sentidos la inteligencia
- Apariencias - Las esencias
- En devenir - Inmutables, idénticas
- Cosas que nacen y perecen - Ingénitas e imperecederas
- Multiplicidad - Unidad: cada Idea es única
- Copias e imitaciones - Modelos ideales o
arquetipos
- Dependencia ontológica - Subsistentes
Mito de la - Interior de la caverna o el - El mundo exterior, el mundo
caverna mundo de abajo. de arriba.
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PLATÓN · La República
4 EPISTEMOLOGÍA O TEORÍA
DEL CONOCIMIENTO
4.1. Conocimiento y opinión
¿Puede el ser humano alcanzar un conocimiento verdadero sobre lo
real? Cuando hablamos de lo real hemos de tener en cuenta que, como aca-
bamos de ver, Platón distingue dos grados o esferas de la realidad – la rea-
lidad inteligible y la sensible. Por eso, en clara correspondencia con esos
dos grados de realidad, distingue Platón dos niveles o grados de saber uno
más claro y otro más oscuro: a) El conocimiento propiamente dicho, o
conocimiento científico (la episteme) b) La opinión (la doxa). Podemos
decir que Platón defiende también un dualismo epistemológico:
a) El conocimiento científico o la episteme. Es el nivel superior del
conocimiento; el saber acerca de la realidad inteligible. Es claro, ver-
dadero, objetivo y no relativo, y su fuente es la inteligencia, no los sen-
tidos. Para Platón es el auténtico saber acerca de lo real, y como para
Platón lo auténticamente real es lo inteligible, el conocimiento es siem-
pre saber sobre la realidad inteligible, nunca sobre la realidad visible o
sensible.
Para alcanzar el conocimiento de lo auténticamente real habrá que diri-
gir nuestra alma hacia la esfera de lo inmaterial y abstracto, es decir,
hacia la contemplación de las Ideas eternas, apartándonos de los senti-
dos engañosos y de las cambiantes cosas del mundo sensible. Alcanzar
esta clase de conocimiento es la meta que persigue la filosofía.
b) La opinión o doxa. Es un grado de saber inferior al conocimiento (la
episteme); el saber acerca de la realidad sensible y material. Es un
saber oscuro, confuso, poco fiable, relativo y cambiante, y su fuente
son los sentidos. Como ya se ha explicado, Platón considera que de las
cambiantes cosas del mundo sensible jamás puede obtenerse conoci-
miento en sentido estricto (episteme), tan sólo simples opiniones. Por
tanto es una tarea inútil pretender hallar conocimiento auténtico del
mundo visible o sensible, como hacían, por ejemplo, los antiguos filó-
sofos de la naturaleza. Platón estaría de acuerdo con los sofistas en que
toda opinión es un saber relativo. Pero, a diferencia de los sofistas
—para quienes todo saber es siempre opinión y el conocimiento obje-
tivo es imposible— para Platón no todo saber es opinión; él distingue
entre opinión y conocimiento. Si usamos los sentidos para indagar
sobre la realidad sensible y cambiante sólo obtendremos opinión, pero
si usamos la inteligencia para investigar sobre la realidad inteligible e
inmutable, alcanzaremos conocimiento.
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[III] · La Filosofía General de Platón
CUADRO-RESUMEN: DOS NIVELES DE SABER
(DUALISMO EPISTEMOLÓGICO)
GRADOS CONOCIMIENTO OPINIÓN
DEL SABER O EPISTEME O DOXA
Características - Objeto: la realidad inteligible, - Objeto: la realidad sensible,
contrapuestas: el ser el devenir
- Fuente: la inteligencia - Fuente: los sentidos
- Claro, objetivo, fiable - Oscuro, superficial, aparente,
poco fiable
- No cambia, universalmente - Cambiante y relativa
válido
- El sabio - La multitud
Mito de la - La visión que tiene el prisio- - La visión que tienen los prisio-
caverna nero liberado de las cosas del neros encadenados de las cosas
exterior de la caverna del interior de la caverna
Por otra parte, la opinión, aun cuando no constituye verdadero conoci-
miento, no deja de ser para Platón una cierta clase de saber, aunque oscu-
ro y de nivel inferior al conocimiento científico. Es lógico que sea así,
pues el mundo sensible copia el mundo inteligible y, en esa medida, la opi-
nión (siempre y cuando sea opinión verdadera) nos aproxima al menos un
poco a las realidades inteligibles, que constituyen el modelo y la esencia
de lo sensible.
EJEMPLOS: Si tras una vida dedicada al estudio y a la reflexión filo-
sófica, familiarizándome con el razonamiento abstracto y conceptual, mi
mente llega a captar la esencia eterna e inmutable de lo justo y a darse
cuenta de que, en realidad, la multiplicidad de cosas que llamamos justas
no son sino un reflejo o una copia de esa Idea, entonces habré alcanzado
conocimiento, no simple opinión. Pero, además, ya en el terreno del
mundo sensible y de los asuntos humanos, al discurrir sobre si una ley o
acción es justa, el conocimiento sobre lo justo en sí me dará una ventaja
sobre los demás individuos, pues yo, no sólo conozco las cosas a las que
los seres humanos acostumbran a llamar justas, sino que conozco la esen-
cia misma de lo justo, el modelo que ellas copian. Conozco, pues, el
modelo y las copias, y con ello, mi opinión sobre esas cosas, aún siendo
sólo opinión, será más autorizada y valiosa que la del resto.
Por otra parte, según Platón, sólo alcanzamos conocimiento de lo abso-
lutamente real, y lo absolutamente real es el ser (las Ideas); del no ser (de
la nada) el conocimiento es imposible, y sólo cabe la ignorancia; por
último, del devenir, que es la realidad intermedia entre el ser y el no ser,
poseemos la opinión, que es también un grado de saber intermedio entre
el conocimiento y la ignorancia.
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PLATÓN · La República
GRADOS DE SABER – GRADOS DE REALIDAD
CONOCIMIENTO OPINIÓN IGNORANCIA
Versa sobre: Versa sobre: Versa sobre:
EL SER ABSOLUTO EL DEVENIR EL NO SER ABSOLUTO
(La realidad inteligible) (La realidad sensible) (La nada)
4.2. La teoría de la reminiscencia: conocer es recordar
Como ya hemos visto, el verdadero conocimiento (la episteme) sólo
lo hallaremos investigando acerca de las realidades inteligibles. Ahora
bien, si las Ideas pertenecen a un mundo distinto del nuestro, es decir, si
están fuera del mundo sensible y visible ¿cómo puede el alma humana
conocerlas? Platón resuelve esta dificultad mediante la teoría de la remi-
niscencia o anámnesis.
Según Platón, el alma, antes de encarnarse en un cuerpo, ha preexisti-
do en el mundo de las Ideas y ha contemplado allí las Ideas, pues la activi-
dad propia del alma es la contemplación de las Ideas. Al entrar en el mundo
sensible y encarnarse en un cuerpo, el alma olvida las Ideas y tan sólo queda
una huella borrosa, confusa y olvidada de las mismas. Así pues, de acuerdo
con la teoría de la reminiscencia, aprender o conocer no es otra cosa que
recordar. La experiencia sensible, en la medida en que las cosas sensibles
son una copia de las Ideas, es entonces una ocasión para “recordar” las
Ideas, que han quedado grabadas de forma borrosa en el alma.
Es frecuente que Platón se valga de mitos de esta clase para ofrecer
“explicaciones verosímiles” de cuestiones difíciles de comprender. El pro-
pio Platón nos advierte, sin embargo, que no hay que tomar estos mitos al
pie de la letra, pues no tienen la fuerza de argumentos racionales. Por con-
siguiente, no debemos atribuir excesivo peso a la idea de la preexistencia
del alma y de la reminiscencia. Hay que interpretar –eso sí– que Platón está
defendiendo con ella cierto innatismo del conocimiento: en el alma de
cada ser humano existen, desde el momento de su nacimiento, ciertos cono-
cimientos y nociones innatas sobre las Ideas, pero son conocimientos oscu-
ros y confusos que sólo pueden cobrar claridad mediante una educación
adecuada que nos encamine a la contemplación directa de las Ideas.
Platón intenta probar esta teoría en un diálogo titulado Menón. En este
diálogo un joven esclavo, que jamás recibió ninguna educación matemá-
tica, guiado mediante las preguntas adecuadas del maestro, llega a formu-
lar por sí mismo verdades matemáticas (concretamente el teorema de
Pitágoras). La explicación que encuentra Platón es que estas verdades
estaban ya en su alma, eran en cierto sentido innatas, y gracias a las pre-
guntas del maestro ha conseguido “recordarlas”.
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[III] · La Filosofía General de Platón
5 LA NATURALEZA DE LOS OBJETOS
MATEMÁTICOS
5.1. Naturaleza ideal e inteligible de los objetos
matemáticos
¿Te has preguntado alguna vez qué es el número tres? El número que lla-
mamos “3” es la propiedad común a tres sombreros, tres manzanas y tres
casas, pero ninguna de estas cosas sensibles es propiamente el “3” ¿Qué
clase de realidad tiene entonces el “3”, el 3 en sí, con independencia del
signo que utilicemos para referirnos a él (“3·”, “III”, “tres” o ”three”…)?
Si buscas en un manual de matemáticas —o incluso en una enciclope-
dia— la definición de algunos “objetos” de los que habitualmente se ocu-
pan los matemáticos, observarás que se trata de “objetos” abstractos y no
accesibles a la vista. Tal vez te encuentres con definiciones que te resulta-
rán familiares por las clases de matemáticas o de geometría, tales como las
siguientes:
• Línea: sucesión infinita de puntos, con una única dimensión (la longitud).
• Punto: un lugar en el espacio, carente de extensión y dimensiones.
• Circunferencia: curva plana y cerrada, cuyos puntos son perfectamente
equidistantes de otro que se llama centro, situado en el mismo plano.
• Rectas paralelas: rectas que se cortan en el infinito.
• Número uno: número que por adición da lugar a todos los de la serie
numérica.
• Números: expresión de la cantidad computada con relación a la unidad,
no siendo esta de ninguna especie determinada.
Triángulo Círculo Rectas paralelas Punto
Estas figuras visibles, materiales e imperfectas, no son en realidad las cosas de las
que se ocupa el matemático, sino meras copias sensibles que utiliza para compren-
der mejor los objetos que investiga, que son en realidad invisibles, inmateriales e
inteligibles, pues sólo con la inteligencia se los puede “contemplar”.
A la vista de estas definiciones cabe preguntarse: ¿puede alguien en
realidad representar visualmente una recta o “sucesión infinita de puntos
en una sola dimensión”? Aun en el caso de que dispusiéramos de un espa-
cio infinito y de una eternidad entera para dibujar una recta visible, la
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“línea” trazada seguramente no sólo tendría longitud, sino también —por
poca que fuera— anchura, con lo cual no sería una línea en sentido estric-
to, sino, como mucho, una copia sensible imperfecta o aproximativa de
una verdadera línea. Por otra parte, ¿puede alguien ver con los ojos el
punto del que hablan los matemáticos, si ni siquiera tiene extensión? Es
evidente que se trata de “algo” que no puede captarse mediante la vista,
pero sí podemos comprender mediante la inteligencia. Igualmente, sólo de
forma aproximada e imperfecta somos capaces de construir materialmen-
te los triángulos, circunferencias, o esferas de los que tratan las matemáti-
cas. ¿Y qué decir de los números abstractos con los que trabajamos en arit-
mética, que no se refieren a unidades determinadas y materiales (tres man-
zanas, tres mesas, tres piedras, etc.) sino a unidades puras, ideales e idén-
ticas entre sí, que no son de ninguna especie determinada?
¿Se sigue de todo lo anterior que las cosas sobre las que se ocupa el
matemático no existen? ¿Tal vez son simples quimeras, producto de la
mente humana, y que sólo existen en ella? Platón estaba convencido de que
tales cosas no son invenciones de la mente del matemático, sino que exis-
ten también con independencia de ella, aunque su existencia tiene lugar en
el plano de lo puramente inmaterial y accesible sólo a la inteligencia (inte-
ligible), no en el de lo material y visible, en el que sólo encontramos copias
imperfectas de esas cosas. Por tanto, los objetos de la matemática son para
Platón realidades, pero –lo mismo que las Ideas– son realidades inteligi-
bles, eternas, inmateriales, invisibles e inmutables. En consecuencia, el
matemático no inventa los triángulos, ni las líneas paralelas y sus propieda-
des, sino que descubre esas cosas e intenta determinar sus características
valiéndose del pensamiento. Tal vez queden aún muchos de esos objetos
todavía sin descubrir, y por tanto sin definir, que están desde toda la eterni-
dad esperando ser descubiertos y definidos por un matemático sagaz.
5. 2. Diferencias entre objetos matemáticos e Ideas
Sin embargo, a pesar de ser inteligibles y de compartir características
comunes con las Ideas, las entidades matemáticas se diferencian de ellas
en lo siguiente:
a) Se trata de realidades que, aunque también inteligibles, son ontológi-
camente inferiores a las Ideas, pues son copias de ellas. Así, por ejem-
plo, los círculos inteligibles copian la Idea de Circularidad, los triángu-
los inteligibles copian la Idea de Triangularidad o participan de ella, los
números “2” copian la Idea de Dualidad, etc. Se trata, pues, de inteli-
gibles inferiores (noetá inferiores), a diferencia de las Ideas, que son
los inteligibles superiores (noetá superiores)
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[III] · La Filosofía General de Platón
b) Según sabemos por Aristóteles –discípulo de Platón en la Academia–,
Platón consideró que los objetos matemáticos también se diferencian de
las Ideas en que, mientras que cada Idea es única (hay una única Idea
de Circularidad, una única Idea de Unidad, etc.), los objetos de la mate-
mática admiten la pluralidad. Así, por ejemplo, hay muchos círculos
inteligibles pero una única Idea de Circularidad. Eso hace que tenga
perfecto sentido decir que un círculo corta a otro círculo, pero sería
absurdo decir que la Circularidad corta a la Circularidad. Igualmente, el
aritmético suma un dos a otro dos, dando como resultado cuatro; pero,
¿cómo podría sumarse la Dualidad en sí a la Dualidad en sí?
c) Además, también existen importantes diferencias entre las Ideas y los
objetos matemáticos en lo que se refiere a la manera de conocer e inves-
tigar a unas y a otros, y esto aparece reflejado en el pasaje de la línea,
al final del “Libro VI”, que estudiaremos en detalle más adelante.
6 ANTROPOLOGÍA, PSICOLOGÍA Y ÉTICA
6.1. El ser humano: un compuesto de cuerpo y alma
Platón tiene una concepción dualista del ser humano: el ser humano es
un compuesto de cuerpo y alma. Este punto de vista se conoce en filoso-
fía como dualismo antropológico y es defendido también, salvando las
muchas diferencias por el Cristianismo y por Descartes (siglo XVII), por
poner algunos ejemplos. Influenciado por la filosofía pitagórica Platón
considera la unión de alma y cuerpo como puramente accidental y en el
diálogo titulado Fedro se presenta como un castigo.
• El alma es considerada inmortal e inmaterial, y tiene prioridad sobre el
cuerpo; es lo que constituye nuestro “yo”, nuestro verdadero ser, hasta el
punto de que en ocasiones Platón llega a afirmar que “el ser humano es
su alma”. Siguiendo la tradición filosófica griega, Platón considera el
alma como el principio vital que infunde vida y movimiento al cuerpo,
pero es además, en el caso del alma humana, el principio del conocimien-
to. Es decir, la función propia y específica del alma humana es el conoci-
miento y su rasgo más característico es la racionalidad. El alma es una
realidad intermedia entre los dos mundos (el sensible y el inteligible), si
bien su lugar propio y hacia el cual tiende es el mundo de las Ideas, en el
que ha preexistido. La teoría platónica del alma está cargada de influen-
cias pitagóricas: existencia anterior desligada del cuerpo, teoría de la
reencarnación, necesidad del alma de purificarse por medio del conoci-
miento y de la práctica de la virtud, inmortalidad e inmaterialidad, etc.
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• El cuerpo, en cambio, es material y mortal. Siguiendo a los pitagóricos,
Platón mantiene una concepción bastante peyorativa del cuerpo: el cuer-
po es la cárcel del alma, de la cual ésta tiende a liberarse; es, además,
una fuente constante de apetitos y deseos. El cuerpo inclina a la pose-
sión de lo material, al mundo de las cosas sensibles, y provoca así la
ambición y a las guerras. El cuerpo, en definitiva, arrastra al alma hacia
lo sensible, donde jamás encontrará ni la virtud ni el conocimiento.
Como se refleja en el siguiente párrafo del “Libro VI” de República, el
cuerpo es un obstáculo que aparta y distrae al alma del conocimiento de
la verdad, una pesada carga que el alma debe de vencer y dominar si
quiere encaminarse hacia el conocimiento de la realidad superior e inte-
ligible, donde hallará la verdad y la virtud:
“Mientras tengamos el cuerpo, y nuestra alma se halle entremez-
clada con semejante mal, no poseeremos suficientemente aquello que
deseamos, es decir, la verdad. El cuerpo, en efecto, nos acarrea
incontables distracciones debido a la necesidad de sustento, y, por si
fuera poco, lo atacan enfermedades que nos impiden el conocimien-
to de lo real. Nos llena de amores, deseos, temores, toda clase de imá-
genes y tonterías, de tal modo que en lo que de él depende jamás nos
sería posible ser sabios. También las guerras, discordias y batallas
las acarrean el cuerpo y sus deseos” (PLATÓN, “Libro VI”, La
República)
6.2. Las tres partes del alma
Platón establece una división del alma en tres partes: racional, irasci-
ble y apetitiva. Cada una de estas partes se relaciona con una función del
alma o psiqué:
a) La parte racional es la sede de la inteligencia y tiene naturaleza
divina. Es exclusiva del ser humano. Su sede está en la cabeza.
b) La parte irascible es la fuente de las pasiones y emociones huma-
nas. Reside en el pecho
c) La parte apetitiva es la fuente de los apetitos y deseos materiales
del ser humano. Reside en el bajo vientre.
Las partes irascible y apetitiva son irracionales, están estrechamente
vinculadas al cuerpo y se hallan presentes también en el animal. En el diá-
logo que lleva por título Fedro, expone Platón el mito de la caída y ascen-
sión del alma humana, en el que el alma es comparada con un carro diri-
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[III] · La Filosofía General de Platón
LA ESTRUCTURA DEL ALMA SEGÚN PLATÓN
El alma humana es para Platón
Lo verdadero y lo el escenario de la lucha y del
bueno conflicto interior entre la razón,
las emociones y los apetitos,
representados respectivamente
por la parte racional, la irascible
Persigue
y la apetitiva. La ARMONÍA o
la JUSTICIA consiste en que las
tres partes caminen en la misma
LA RAZÓN dirección, guiadas por la parte
(PARTE RACIONAL) racional, hacia la búsqueda de lo
verdadero y de lo bueno.
LAS PASIONES Y
EMOCIONES
(PARTE IRASCIBLE)
Persigue
LOS APETITOS Y DESEOS
(PARTE APETITIVA)
Reconocimiento y Los placeres y bienes
honores materiales
Persigue
gido por un auriga, que representa a la parte racional, tirado por un caba-
llo blanco y dócil (parte irascible) y por otro negro e indomable (parte
apetitiva), que deben ser convenientemente guiados y dirigidos por el
auriga. Pero, ¿por qué tres partes? Y, ¿por qué éstas precisamente?
Mediante esta división tripartita Platón pretende explicar dos aspectos de
la psicología humana:
• Por un lado, la existencia de conflictos internos en el ser humano, es
decir, la lucha interior entre la razón, las pasiones y los deseos materia-
les, que hace del ser humano un ser en permanente conflicto interior.
Nuestra alma es como un campo de fuerzas inestables: la razón, las
pasiones y los deseos materiales. Estas tres fuerzas chocan fácilmente
unas con otras. Mediante esta división en tres partes, Platón nos presen-
ta el alma como el escenario y el campo de batalla en el que a veces se
enfrentan estas tres fuerzas.
• Por otro lado, esta división tripartita del alma sirve a Platón para expli-
car la existencia de diferentes naturalezas o tipos psicológicos. Aun
cuando hallamos en el alma de todo ser humano estas tres partes, en
unos existe una tendencia natural a que la razón (la parte racional) domi-
ne sobre las pasiones y apetitos; otros se dejan dominar por sus pasio-
nes y emociones (la parte irascible); y en otros individuos, dominan los
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deseos y apetitos materiales (la parte apetitiva) sobre la razón y las
pasiones. Así, la preponderancia de una parte del alma sobre las otras
dos da lugar a tres tipos diferentes de individuos con características psi-
cológicas específicas.
6.3. Las virtudes del alma. El alma justa y el orden
del alma
La virtud principal del alma es la justicia. ¿En qué consiste la virtud de
la justicia? ¿Qué es un alma justa? Como hemos visto, con frecuencia, en
el alma humana chocan entre sí la razón, las pasiones y los deseos. Pero
existe un orden o jerarquía natural en el alma según el cual la parte racio-
nal debe dirigir y gobernar la parte irascible y la parte apetitiva. La justi-
cia en el alma consiste entonces en respetar esta jerarquía natural: que la
razón gobierne o rija las pasiones fogosas de la parte irascible y las utili-
ce además para gobernar los deseos y apetitos de la parte apetitiva; es
entonces cuando hay concordia y armonía en el alma. Cuando se da esta
concordia y armonía en el alma decimos que hay justicia, y además cada
una de las partes del alma habrá desarrollado la virtud que le es propia,
pues hay una virtud propia para cada parte del alma. La virtud propia de
la parte racional es la sabiduría o prudencia; la de la parte irascible es la
valentía; y la de la apetitiva, la templanza o moderación.
De la ruptura del orden natural entre las partes del alma es de donde
surge la injusticia en el individuo: cuando las pasiones o los apetitos des-
bocados se erigen en dueños del alma y la razón es acallada y sometida a
ellos, invirtiendo el orden natural de las cosas, entonces aparece la injus-
ticia, que no es más que la desarmonía o el desorden de las pasiones y ape-
titos del alma.
Por otra parte, para alcanzar la justicia y la perfecta armonía entre las
tres partes del alma, el único camino es el conocimiento de la armonía que
reina en la esfera del cosmos inteligible. En otras palabras, sólo el hombre
sabio, que ha alcanzado el conocimiento del Supremo Orden y de la
Suprema Armonía que reinan en el mundo de las Ideas podrá imponer
orden y armonía en su mundo interior, gobernar su alma con justicia y
conducirse rectamente en la vida. El alma justa es entonces para Platón
aquella que refleja el orden ontológico, la justicia o armonía cósmica que
gobierna en el orden del ser.
En la forma de entender la justicia como armonía y en la idea de que
el conocimiento de la armonía del cosmos ayuda a introducir armonía en
la propia alma reconocemos la influencia de los pitagóricos sobre Platón.
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[III] · La Filosofía General de Platón
7 LA POLÍTICA
7.1. Rechazo de la democracia como forma de gobierno
Como el propio Platón confiesa en la “Carta VII”, su filosofía arranca
de la insatisfacción con la situación política de su época, y en particular
con el régimen de gobierno propio de la ciudad en la que nació y vivió: la
democracia ateniense. La democracia es la forma de gobierno en la que el
pueblo asume la dirección de los asuntos públicos. Las objeciones que
Platón formula contra la democracia de su tiempo son las siguientes:
a) Platón rechaza el principio fundamental de la democracia ateniense,
según el cual cualquier ciudadano es competente para desempeñar fun-
ciones públicas en el ejército, los tribunales, la asamblea y el gobierno,
sin necesidad alguna de preparación y sin tener en cuenta ni sus cono-
cimientos ni su virtud. Conforme a este principio, los magistrados eran
elegidos por sorteo y cualquier ciudadano tenía derecho de voz y voto
en la asamblea y podía presentarse a la elección de cargos públicos.
Este aspecto de la democracia le parece a Platón tremendamente peli-
groso para la armonía y el buen gobierno de la comunidad. Para Platón
nadie es competente por naturaleza en materia política; se requiere
poseer o aprender el “arte” de la justicia y son pocas las personas capa-
citadas para aprender este arte. Platón ilustra el absurdo que supone la
democracia ateniense mediante el símil del navío: del mismo modo
que no aceptaríamos viajar en un navío en el que una tripulación inex-
perta se ha amotinado contra su capitán y, sin tener ni idea del arte de
la navegación, bebiendo y entregándose a la juerga, dirige el timón del
barco, así tampoco deberíamos aceptar un régimen político como la
democracia, en el que el “timón” del Estado está en manos de la masa
ignorante y manipulada, o de dirigentes inexpertos o ambiciosos elegi-
dos por el pueblo ignorante o por sorteo.
b) Según Platón, en la democracia ateniense quien realmente gobernaba
era una minoría de políticos y demagogos que abusaban de la incapa-
cidad política del pueblo, de su falta de reflexión y de su insensatez.
Platón veía a los dirigentes de la democracia ateniense como auténti-
cos demagogos ambiciosos de honores y poder, formados y educados
por los sofistas para alcanzar el poder mediante el halago y el engaño,
y manipulando los sentimientos de las masas populares por medio del
arte de la palabra. En contra de lo que pensaban sofistas como Gorgias
o Protágoras, para Platón la verdadera competencia política no llega
con el aprendizaje de habilidades como la retórica o la oratoria, sino
mediante la adquisición del arte de la justicia y del bien, que es el ver-
dadero arte de la política.
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PLATÓN · La República
c) Por último, la decepción de Platón frente a la democracia fue ya defini-
tiva cuando, bajo este sistema político, se cometió la extrema injusticia
de juzgar y ejecutar al más justo de los hombres, a su maestro Sócrates,
lo cual demostraba que la democracia no era garantía de justicia.
7.2. Filosofía y política: La propuesta política del filó-
sofo-gobernante
Platón rechaza, pues, la democracia, pero también la oligarquía (el
gobierno de unas pocas familias nobles) Como alternativa a estas formas
de gobierno y como remedio a los males políticos de su tiempo, Platón
propone un gobierno de filósofos. En síntesis, la teoría platónica del filó-
sofo gobernante afirma que los males de la humanidad sólo tendrán reme-
dio cuando el gobierno esté en manos de personas que, gracias a la filoso-
fía, han alcanzado la sabiduría y la virtud. Pero, ¿por qué un gobierno de
filósofos? Como hemos visto, para gobernar es necesario aprender el “arte
de la justicia” y este arte sólo puede aprenderse mediante la filosofía. Tras
su experiencia con la democracia ateniense, Platón llegó al convencimien-
to de que la toma de decisiones sobre el bien común no debía reservarse a
la mayoría, sino a los más competentes en el conocimiento de la justicia y
del bien, y éstos son los verdaderos filósofos.
La propuesta platónica del filósofo gobernante es el resultado de apli-
car el intelectualismo moral de Sócrates al terreno de la política. En
efecto, como, de acuerdo con el intelectualismo socrático, sólo pueden
ser individuos justos y buenos aquellos que saben en qué consisten la
justicia y el bien, Platón deduce de aquí que sólo los filósofos pueden
ser los gobernantes perfectos, pues la filosofía es el único saber que pro-
porciona el conocimiento de las esencias de la Justicia y del Bien, cono-
cimiento indispensable para conducirse rectamente a uno mismo y a la
sociedad. El conocimiento de la Justicia en sí y del Bien en sí es un
conocimiento globalizador de la realidad total, un conocimiento glo-
bal de la armonía y el orden del cosmos inteligible. Gracias a este cono-
cimiento, el filósofo gobernante puede adquirir también, ya en la esfera
de la realidad de los asuntos humanos, el criterio necesario para distin-
guir lo justo de lo injusto, lo bueno de lo malo, tanto en su vida privada
como en la política. Aquel gobernante que no conozca las esencias de la
Justicia y del Bien jamás llegará a ser un gobernante justo, y será como
un ciego conduciendo a una multitud de ciegos. En cambio, el filósofo
gobernante será capaz de gobernar a la luz de las Ideas eternas de
Justicia, de Bien y de Belleza, cuya visión ha alcanzado mediante la
filosofía, tomándolas como modelo.
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[III] · La Filosofía General de Platón
Puede decirse que la forma de gobierno que Platón propone es una
aristocracia, pero tomando esta palabra en su sentido literal y originario,
como el “gobierno de los mejores” (aristoi significa en griego, “los mejo-
res”). Ahora bien, debe quedar claro que lo que Platón está proponiendo
no es el gobierno de los mejores por razón de la sangre o del linaje, como
se entendía a la aristocracia tradicional, sino de los mejores en virtud y
en saber. Su propuesta consiste, por tanto, en una aristocracia de la virtud
y del saber, una especie de “meritocracia”, o gobierno de los mejores en
mérito. Por ello, la teoría política de Platón podemos considerarla como
una teoría de la élite, según la cual el gobierno del Estado debe recaer en
una élite o minoría que sobresale por su formación, por su superioridad
moral y por el conocimiento de la verdad y del bien.
Para llevar a la práctica esta propuesta política son necesarias dos
cosas, según Platón:
a) En primer lugar, seleccionar las mejores naturalezas, es decir, aque-
llos individuos que por naturaleza posean ciertas capacidades y cuali-
dades innatas como la capacidad de aprender, la inteligencia, la hones-
tidad, un alma noble y sin bajezas, etc.
b) En segundo lugar, hay que enderezar esas naturalezas y potenciar estas
cualidades naturales mediante una educación adecuada, hasta condu-
cirlas a la contemplación de las Ideas eternas. Sólo después de este
largo proceso educativo estarán preparados para gobernar y deberán
ser forzados a ello. Será el Estado quien se encargará de la selección de
las mejores naturalezas y de su educación.
7.3. El Estado Ideal
Platón entiende el Estado como una comunidad natural de individuos
que cooperan y se coordinan para vivir, beneficiándose todos de la contri-
bución de todos. Por eso el buen gobierno debe anteponer siempre el bien
común al bien particular del individuo o de un grupo de individuos.
Influenciado por las circunstancias históricas desgraciadas que le tocó
vivir en su época, el bien común más importante es para Platón la justi-
cia, entendida como armonía, como unidad y cohesión social; lo contrario
del bien común es la desunión, la desarmonía, la ruptura de la unidad pro-
vocada por las luchas internas por el poder, que hacen imposible la coope-
ración armónica entre los ciudadanos.
Para Platón el Estado es semejante a “un individuo en grande”. Lo
mismo que el alma está compuesta por tres partes, en el Estado hallamos
igualmente tres grupos humanos naturales: el primer grupo estaría formado
por aquellos individuos en los que mandan los apetitos y deseos materiales
de la parte apetitiva; el segundo por aquellos en quienes dominan las pasio-
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PLATÓN · La República
nes de la parte irascible; y el tercero por aquellos en cuya naturaleza predo-
mina la parte racional. Los primeros son los más adecuados para dedicarse
a la producción de los bienes necesarios para la vida; los segundos son espe-
cialmente aptos por naturaleza para la defensa y la función militar; y los ter-
ceros están especialmente capacitados por naturaleza para aprender, gober-
nar y dirigir el Estado. En un Estado justo, cada uno de estas tres clases
sociales naturales ocupará el lugar y la función natural que le corresponde,
aquella para la cual está mejor preparado por naturaleza. Así se logrará el
perfecto funcionamiento de la maquinaria social y la comunidad en su con-
junto se beneficiará al máximo del trabajo y de la aportación de todos y cada
uno. Estas tres clases sociales serán las siguientes:
a) La clase de los productores: esta clase está compuesta por artesanos,
campesinos, comerciantes, obreros asalariados, artistas, etc. Su fun-
ción será producir todo aquello que la comunidad necesita para sobre-
vivir e incluso vivir con un cierto lujo. En la naturaleza de los indivi-
duos de esta clase predomina la parte más baja del alma, a saber, la
parte apetitiva. A diferencia de las otras dos clases, conservará la pro-
piedad privada y la familia, y tendrá acceso a las riquezas y al dinero.
En un Estado Ideal, la virtud propia de los productores será la templan-
za o moderación.
b) La clase de los guardianes: la función de esta clase será la defensa de
la ciudad, para lo cual recibirán una educación especial basada en la
gimnástica y la música. En los individuos de esta clase predomina la
parte irascible del alma sobre las otras dos. En el Estado Ideal, la vir-
tud propia de los guardianes será la valentía. Además, con el fin de evi-
tar la ambición –que tanto podría amenazar la unidad y cohesión del
Estado–, el oro, la plata y la propiedad privada estarán fuera de su
alcance. Y para conseguir una mayor eficacia en el desempeño de su
función, Platón propone abolir la familia, sustituyéndola por la comu-
nidad de mujeres e hijos. A pesar del sacrifico que entraña este tipo de
vida en favor de la comunidad, ser guardián será considerado un honor.
c) La clase de los gobernantes-filósofos: es la clase superior, que tendrá
como función el gobierno de la ciudad, inspirándose para ello en la
contemplación del orden y la armonía del mundo de las Ideas eternas
(Justicia, Bien, Belleza, etc.). En estos individuos predominará la parte
racional del alma sobre las otras dos, lo que les hace especialmente
capacitados para aprender la ciencia de la justicia y del bien a través de
la filosofía; su virtud propia será la sabiduría o prudencia. Serán selec-
cionados de entre los mejores guardianes para recibir posteriormente
una educación especial, destacando el aprendizaje de las matemáticas
y de la filosofía (la dialéctica).
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[III] · La Filosofía General de Platón
El Estado justo sería un Estado perfectamente organizado de acuerdo
con los principios de cooperación y de la división del trabajo según las
capacidades de cada cual. ¿Cuándo tendremos entonces un Estado justo?
De igual modo que la justicia en el individuo consistía en la armonía entre
las tres partes del alma, la justicia del Estado consistirá en la armonía entre
las tres clases sociales que lo componen, de manera que hay justicia en el
Estado si hay armonía y unión y se da una perfecta cooperación entre las
tres clases naturales que lo forman, de modo que cada una de ellas cumpla
bien su función; eso significa que desarrolle la virtud que le corresponde:
que los gobernantes desarrollen la virtud de la sabiduría, los guardianes la
valentía, y los productores la moderación de sus apetitos y deseos.
Además, lo mismo que ocurría en el alma, en donde la armonía se con-
seguía respetando la jerarquía natural entre sus partes, para que haya
armonía y justicia en el Estado tiene que respetarse la jerarquía natural
entre las clases que lo componen. Ahora bien, el orden natural en general
consiste en la sumisión de lo inferior a lo superior, de modo que habrá
orden y justicia en el Estado cuando la clase inferior, la de los producto-
res, se someta a la de los guardianes, y ambas a la de los gobernantes, que
representa la racionalidad y el conocimiento. Todos los males políticos y
morales, de los que Platón fue testigo en su época (ver la “Carta VII”), tie-
nen como causa la ruptura de este orden natural: que los que tienen natu-
raleza de productor o de guardián luchen entre sí por ocupar el mando y
la dirección del Estado, ocupando el lugar de quienes poseen la sabiduría,
el conocimiento y la disposición adecuada del alma.
ISOMORFISMO ESTRUCTURAL ENTRE EL ALMA
Y EL ESTADO IDEAL
PARTES CLASES VIRTUDES
DEL ALMA DEL ESTADO
Racional Gobernantes-filósofos Prudencia o sabiduría
Irascible Guardianes Valentía
Apetitiva Productores Moderación
Armonía entre las partes Armonía entre las JUSTICIA
del alma clases
Se ha dicho del pensamiento político de Platón que es estatalista,
organicista y comunitarista. Esto podrás apreciarlo con claridad cuando
leas el capítulo V del “Libro VII”.
a) Es estatalista porque Platón antepone el bien y la cohesión del Estado
al bien individual. El Estado, está por encima del individuo, el bien
social está por encima del bien individual. Así, por ejemplo, a los guar-
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PLATÓN · La República
dianes y filósofos se les exigirán renuncias y una vida sacrificada en
favor del bien de la colectividad, aunque luego se les compense con
ciertos honores.
b) Es organicista porque Platón parece concebir el Estado perfecto
siguiendo el modelo del organismo vivo: al igual que éste está com-
puesto de órganos o partes, cada una de las cuales desempeña una fun-
ción en beneficio del conjunto, así también el Estado platónico está
compuesto de tres partes o clases sociales, cada una de las cuales
desempeña la función para la que está más capacitada, en beneficio de
la comunidad entera.
c) Se ha calificado el pensamiento político de Platón de comunitarismo:
la vida del individuo sólo se entiende y tiene sentido en el seno de una
comunidad de pertenencia, en la cual el individuo desempeña una fun-
ción específica; no es tanto que el bien de la comunidad se anteponga
al bien del individuo, sino más bien que la consecución de éste depen-
de por completo del logro y preservación del bien de la comunidad.
8 POLÍTICA, EDUCACIÓN Y CONOCIMIENTO
DEL ORDEN
La política es para Platón un arte o saber que tiene como objetivo orga-
nizar y armonizar la vida en sociedad, y conducir al Estado hacia la justi-
cia, la armonía y la cohesión social. En contra de la opinión común de su
tiempo, Platón está convencido de que, lo mismo que existe un arte o cien-
cia propia del médico, que puede aprenderse y que tiene como finalidad
producir la salud del enfermo, ha de existir un arte o ciencia propia del
político, que tenga como finalidad producir la salud del Estado y condu-
cirlo hacia la justicia y la felicidad. Además, este arte puede enseñarse, y
necesariamente deben de aprenderlo aquellos que asumen la importante
responsabilidad de dirigir el gobierno del Estado.
Para Platón este arte es la “ciencia de la justicia y del bien” y coincide
con filosofía, porque sólo la filosofía es capaz de proporcionar el conoci-
miento de las Ideas eternas de Justicia y de Bien, indispensable para
gobernar sabiamente la polis y discernir con acierto, ya en el terreno de los
asuntos humanos, qué es justo y qué no lo es. La filosofía es, así, la cien-
cia política que el aspirante a gobernante necesita aprender.
En el pensamiento platónico la educación está enteramente al servicio
de la organización de la sociedad y de la vida política; una de sus misio-
nes es formar una élite de individuos sabios y justos, destinados a gober-
nar el Estado. La educación de los gobernantes debe lograr, en primer
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lugar, encaminar su alma en dirección a lo inteligible, hasta ser conducida
a la contemplación de las Ideas eternas y, finalmente, al conocimiento del
Bien en sí, que constituye la meta última del conocimiento y el final del
proceso educativo. Se entiende así la indisoluble unión que Platón estable-
ce entre política y educación filosófica. El “Libro VII” de República está
dedicado precisamente a diseñar, con todo lujo de detalles, los distintos
contenidos y etapas de un ambicioso programa educativo que deberá
seleccionar a los más capaces y conducirlos al conocimiento de lo verda-
dero, lo justo y lo bueno. Tal y como refleja el mito de la caverna al prin-
cipio del “Libro VII”, la educación del gobernante filósofo es un proceso
duro, arduo, costoso y no exento de resistencias y obstáculos, pues el cuer-
po arrastra al alma hacia el mundo de las cosas materiales y sensibles,
apartándola del conocimiento.
La última etapa de este largo proceso educativo es la dialéctica, la
ciencia suprema para Platón, el saber acerca de las Ideas y sus relaciones.
Platón identifica la dialéctica con la filosofía. Pero insiste en que no es
posible comenzar la educación del filósofo gobernante con la dialéctica.
La razón de esto es que el alma, prisionera del cuerpo, de los sentidos y
de los apetitos materiales, y acostumbrada tan sólo a contemplar las cosas
del mundo sensible, antes de iniciarse en la dialéctica, debe de familiari-
zarse poco a poco con el razonamiento abstracto y con la esfera de las rea-
lidades inteligibles, invisibles y eternas. Para ello resulta imprescindible y
muy útil comenzar con el estudio de las matemáticas.
Así pues, la educación del filósofo gobernante se basará primero en el
cultivo de las matemáticas, y después en el de la dialéctica o filosofía.
Pero, una vez que –gracias a la dialéctica– el filósofo gobernante haya
alcanzado el conocimiento de lo verdadero y de lo bueno, tendrá que vol-
verse de nuevo al mundo de lo visible y de los asuntos humanos, e inten-
tar que la sociedad y el Estado se acerquen lo más posible al orden y la
armonía inteligibles que ha contemplado, ocultas tras el mundo visible;
para ello debe gobernar su propia vida y a la sociedad tomando el Bien
como guía y modelo.
COSMOS U ORDEN SIGNIFICA
SUMISIÓN DE LO INFERIOR A LO SUPERIOR
EN EL ALMA EN EL ESTADO EN LA REALIDAD
(PSIQUE) (POLIS) (SER)
La Idea de Bien
La parte racional Los filósofos gobiernan
“gobierna” y rige el
gobierna las partes a los guardianes
mundo de las Ideas, y el
irascible y apetitiva y productores
mundo visible
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En efecto, tras haber contemplado el orden eterno del ser, representado
por el Mundo de las Ideas y particularmente por la Idea de Bien –que es la
máxima expresión de ese orden–, el filósofo tiene el compromiso ético y
político de lograr, mediante la política, “imprimir” un orden semejante en
su alma y en el Estado. El Estado justo, al igual que el alma justa debe
ser un fiel reflejo del orden y la armonía eternos del Mundo de las
Ideas. La tarea de la filosofía reside en lograr la comprensión del orden
eterno de lo real, y luego esforzarse para que el orden del alma y el
orden político se asemejen en lo posible al modelo eterno del ser.
IDEA DE BIEN
(CAUSA DEL
ORDEN)
ORDEN PERFECTO INTELIGIBLE
(COSMOS NOETÓS)
MUNDO DE LAS IDEAS
OBJETOS MATEMÁTICOS
ORDEN IMPERFECTO SENSIBLE
(COSMOS ORATÓS)
ORDEN ORDEN ORDEN
EN EL EN EL EN LA
ALMA ESTADO NATURALEZA
Tras lo anteriormente dicho, es evidente que lo que mueve al filósofo
a la búsqueda de la verdad no es simplemente un interés meramente teó-
rico, una simple curiosidad por saber y por desentrañar la esencia de la
realidad, sino un interés práctico (ético y político), esto es, un interés por
trasformar y mejorar la sociedad y la vida de los hombres. Si interesa
conocer la realidad es para acoplar la vida individual y la vida del Estado
al orden inteligible oculto que gobierna el mundo.
Por otra parte, como ya se habrá podido comprobar, el punto de vista de
Platón respecto a la relación entre educación y política, contrasta abierta-
mente con el de los sofistas. También ellos ponen la educación al servicio de
la política, pero en un sentido bien diferente. Convencidos de que no hay
verdad, de que toda verdad es siempre relativa, de que lo mismo es la apa-
riencia que la realidad, o la opinión que el conocimiento, el objetivo de la
educación no será, según ellos, conducirnos a la verdad, sino ayudar al aspi-
rante a político a alcanzar el éxito social y político, lograr poder e influen-
cia; para ello, en la Atenas democrática, era imprescindible convencer y con-
quistar el apoyo popular. De ahí que la educación que imparten los sofistas
se centre en enseñar a los aprendices de dirigentes políticos ciertas habilida-
des en el arte de la palabra, como la retórica, la oratoria o la erística, y a con-
seguir por medio del halago y la seducción el apoyo popular y el mando.
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ACTIVIDADES DE REPASO:
1. Enumera los principales sucesos y acontecimientos políticos que
Platón vivió en su juventud.
2. Según la “Carta VII” ¿Cuál es la verdadera motivación de la filo-
sofía platónica?
3. Explica cuál es el remedio o la “medicina política” que Platón pro-
pone para acabar con los males de los Estados de su tiempo.
4. Enumera y resume tres teorías filosóficas defendidas por los sofis-
tas y que Platón critica.
5. Explica en qué consiste el intelectualismo moral de Sócrates y
cómo influirá sobre Platón.
6. Explica qué es una Idea.
7. Explica las diferencias entre la realidad inteligible y la realidad
sensible.
8. Di cómo, según Platón, se relacionan ambos tipos de realidades.
9. Resume brevemente qué es lo que, en síntesis, defiende la teoría
platónica de las Ideas.
10. Explica por qué según Platón es necesario que existan realidades
inmutables.
11. Explica las diferencias que Platón establece entre opinión y cono-
cimiento.
12. La teoría de las Ideas es, en primer término, una teoría de la reali-
dad. Explica de qué manera esta teoría de la realidad sirve a Platón
para justificar su posición frente al relativismo de los sofistas.
13. Sintetiza las semejanzas y diferencias entre los objetos matemáti-
cos y las Ideas.
14. Resume la principal crítica que Platón formula contra la democra-
cia ateniense.
15. La democracia ateniense era, entre otras cosas, un sistema para la
elección de los cargos públicos importantes. Formula la alternativa
que Platón propone a la democracia para seleccionar a los dirigen-
tes políticos.
16. Resume brevemente la relación entre conocimiento (filosofía) y
política.
17. ¿En qué consiste gobernar la propia alma?
18. ¿Y gobernar bien el Estado? Según Platón ¿Por qué es importante
que los dirigentes políticos sepan también gobernar su propia alma?
19. Diferencias entre Platón y los sofistas a la hora de entender la edu-
cación que deben recibir los aspirantes a dirigentes políticos.
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21. Resuelve la siguiente columna acróstica.
VERTICAL: Teoría ética formulada por el maestro de Platón.
HORIZONTALES: 1. Saber oscuro sobre las cosas del mundo sensible.
2. Realidad eterna, inmaterial, trascendente e inmutable. 3. Principal órga-
no de gobierno de la democracia ateniense. 4. Realidad intermedia entre el
ser y la nada. 5. Parte del alma que predomina en los guardianes. 6. Una
característica de lo auténticamente real. 7. El gran “artesano” del mundo
visible. 8. Término que expresa la relación entre las Ideas y las cambiantes
cosas del mundo material. 9. Filósofo griego que afirmó que “todo cambia”.
10. Teoría filosófica sobre la verdad y los valores morales defendida por
algunos sofistas y contraria a Platón. 11. Palabra de origen griego que se
aplica al universo y que en realidad significa “orden” o “belleza”.
22. Inventa tú mismo una columna acróstica.
Repasa la introducción teórica a Platón e inventa una columna
acróstica semejante a la anterior con 10 conceptos relacionados con
la filosofía platónica o con el contexto filosófico o político que Platón
vivió. No la resuelvas, intercámbiala con otros compañeros de clase.
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CUADRO RESUMEN: “TODO PLATÓN”
- Ideas: esencias de las cosas, causas del ser de las cosas
- Dualismo ontológico: realidad inteligible y realidad
sensible, mundo del ser y mundo del devenir. Exterior
ONTOLOGÍA
e interior de la caverna (Mito de la caverna).
(La realidad) - Relación entre lo sensible y lo inteligible: imitación,
participación, sombras. Dependencia ontológica de lo
sensible. Mito del Demiurgo.
- Grados de realidad: símil de la línea y mito de la
caverna.
- Dualismo epistemológico: conocimiento y opinión.
Razón y sentidos. Visión de las cosas de arriba y
EPISTEMOLOGÍA visión de las cosas de abajo (mito de la caverna).
(El conocimiento, - Grados de conocimiento: símil de la línea.
la verdad) - Teoría de la reminiscencia: preexistencia del alma en
el mundo de las Ideas.
- La dialéctica como método de conocimiento.
- Dualismo antropológico: alma y cuerpo.
- Características contrapuestas cuerpo-alma. Funciones
ANTROPOLOGÍA o partes del alma.
(El ser humano) - Yo: mi alma. Desprecio del cuerpo y de lo material.
- Preexistencia del alma en una vida anterior. El cuer-
po como cárcel el alma.
- Funciones y características del alma.
- Preexistencia del alma en una vida anterior.
PSICOLOGÍA - Teoría tripartita del alma: explicación de los conflic-
(El alma) tos internos del ser humano. Distintas naturalezas o
tipos de alma.
- La jerarquía u orden natural en el alma.
- Se ocupa del máximo bien humano: felicidad unida a
la virtud.
- Concepción absolutista de los valores morales; crítica
al relativismo moral de los sofistas.
ÉTICA - Relación con la política: el gobernante ha de ser el
(La felicidad mejor, no sólo en conocimiento, sino también en vir-
y la virtud) tud: Influencia del intelectualismo moral socrático.
- La principal virtud del alma es la justicia (armonía).
Las otras virtudes del alma.
- Necesidad de conocer la Idea de Bien, el orden y la
armonía del mundo de Ideas.
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- “Carta VII”: la situación política de Atenas en época
de Platón.
- Rechazo de la democracia y de la oligarquía.
- Teoría del filósofo-gobernante. Se requiere el arte
de la justicia, que sólo puede alcanzarse mediante la
filosofía.
- Rechazo del empirismo político y del relativismo
moral de los sofistas. Defensa de una concepción
POLÍTICA absolutista de los valores morales. Relación con la
(El Estado) teoría de las Ideas. Necesidad de conocer lo justo en sí
y el bien en sí (intelectualismo moral).
- El Estado ideal: productores, guardianes, gobernan-
tes. El Estado es como un individuo en grande.
- La justicia del Estado: ARMONÍA y orden natural
entre las clases, a semejanza del alma.
- Finalidad de la Política: la justicia y el bien del Estado
(la unidad y la cohesión social).
- Primacía del bien de la comunidad frente al individual.
- La educación según los sofistas: proceso pasivo.
- La crítica de Platón: la educación es un proceso activo.
- La educación: proceso selectivo.
- El fin último de la educación: el conocimiento de lo
verdadero y de lo bueno (Ideas, Idea de Bien), del
TEORÍA DE LA
orden inteligible para imprimir orden y armonía en la
EDUCACIÓN
propia alma y en la sociedad.
- El papel preparatorio de las matemáticas en la edu-
cación.
- La dialéctica como enseñanza suprema. Relación con
el ascenso en el mito de la caverna.
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IV.
LA REPÚBLICA
1 LA OBRA LA REPÚBLICA
La República es probablemente la obra que expone de manera más
completa y sistemática el pensamiento de Platón. Su título original en
griego fue Politeia, cuya traducción exacta podría ser “El régimen o
gobierno de la polis” o, también, “La organización política del Estado”.
Esta obra fue traducida al latín con el título Res pública (“la cosa públi-
ca”, el Estado), que tiene parecido significado al de Politeia. El título cas-
tellano del libro —“La República”— resulta de la traducción directa del
latín, y tal vez no haya sido el más afortunado, puesto que para la mayo-
ría de los lectores modernos el término “república” tiene otras connotacio-
nes. No es de la república como forma de gobierno opuesta a la monarquía
de lo que trata esta obra, sino de la “cosa pública” (de la res pública), de
la organización política del Estado y del gobierno en general. La
República consta de 10 libros. Salvo el “Libro I”, que parece haber sido
escrito mucho antes, Platón debió comenzar a escribir los restantes nueve
libros tras regresar de su primer viaje a Siracusa en el año 387 a. C. con-
cluyéndolos poco antes de su segundo viaje (375 a. C.).
El tema general de La República es, pues, la “cosa pública”, el Estado,
pero lo que a Platón le interesa no es describir los Estados empíricos, es
decir, los Estados existentes, sino el Estado Ideal, lo que el Estado debe-
ría ser para que sus miembros pudieran llevar una vida feliz y justa. El
Estado Ideal es aquel que encarna a la perfección las Ideas eternas de
Bien, de Justicia y de Belleza, y representa el modelo que debieran de imi-
tar todos los Estados empíricos. Ninguno de ellos encarna ni podrá encar-
nar a la perfección el ideal, pero sí pueden aproximarse a él en la medida
de lo posible si se llevan a cabo un mínimo de reformas.
El objetivo último de Platón en La República exponer y desarrollar una
cierta concepción del Estado, de la sociedad y del ser humano fundamen-
tada en el orden eterno del ser (las Ideas eternas e inmutables). Esto expli-
ca el interés y el espacio que el autor dedica a la Teoría de las Ideas, en
una obra que a primera vista debiera ser de contenido exclusivamente
político. Platón recurre constantemente a la Teoría de las Ideas para defi-
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nir las condiciones bajo las cuales un Estado es justo y perfecto. Así pre-
tende salvar la política del relativismo y del empirismo de los sofistas, vin-
culándola a valores eternos e inmutables (como la Justicia en sí y el Bien
en sí), ajenos al devenir de la historia y a las convenciones humanas. El
mensaje profundo que Platón está queriendo transmitir es que el modelo
ideal del Estado –como el del cosmos visible– está escrito en el Mundo
eterno e inmutable de las Ideas, y es el modelo al que tienen que aproxi-
marse lo más posible los Estados empíricos.
Por otra parte, para comprender la intención que movió a Platón a escri-
bir La República, es necesario tener muy presente la época en que se gestó
esta obra, en especial los avatares históricos que conmovieron la vida polí-
tica de Atenas: su derrota frente a Esparta en las Guerras del Peloponeso,
la descomposición interna de Atenas, el violento y sanguinario Gobierno
de los Treinta Tiranos, la revuelta democrática de Trasíbulo, que trajo con-
sigo la reinstauración de la democracia y con ella la injusta ejecución de
Sócrates. Tras vivir muy de cerca todos estos acontecimientos, Platón llegó
a la conclusión de que todos los Estados –como decía en la “Carta VII”–
estaban enfermos en mayor o menor grado y la causa de esta enfermedad
era el mal gobierno. Desde este punto de vista, La República puede enten-
derse también como un “tratado de medicina política”, aplicable a los
distintos regímenes políticos de su tiempo (democracia, timocracia, oligar-
quía y tiranía). En él, Platón propone un conjunto de “remedios políticos”
para que estos Estados enfermos puedan recobrar la salud. El primero y
más importante de estos remedios será un “gobierno de filósofos”.
A lo largo de los 10 libros que componen esta obra, Platón se ocupa de
teorías y temas muy diversos, la mayor parte de los cuales han sido ya tra-
tados y expuestos en el apartado III (“La filosofía general de Platón”).
2 INTRODUCCIÓN AL FRAGMENTO DE LA
REPÚBLICA QUE VAMOS A ESTUDIAR
2.1. El fragmento y el contexto general
El fragmento de La República que vamos a estudiar corresponde a los
últimos 4 capítulos del “Libro VI” (de 506b hasta 511e) y a los 5 prime-
ros del “Libro VII” (de 514a hasta 521b). Para leerlo y entenderlo adecua-
damente es preciso ubicarlo en el contexto general de la obra. Recordemos
que en esta obra Sócrates y sus interlocutores (Glaucón, Adimanto, etc…)
están construyendo en su imaginación el Estado Ideal, que contrasta con
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los Estados imperfectos existentes de hecho. Ese Estado Ideal se compo-
ne de tres clases naturales que cooperan armónicamente cumpliendo cada
una su función específica en el conjunto de la sociedad. Estas clases son:
los productores, los guardianes y los gobernantes.
2.2. El contenido del “Libro VI” de La República
Si en el “Libro III” de La República se ocupaba Platón en detalle de
la educación de los guardianes, basada en la gimnástica y la música, en el
“Libro VI” Platón comienza a ocuparse de la educación que deben de
seguir los futuros gobernantes (502-d). Trata además otros asuntos, como
la necesidad de que sean los verdaderos filósofos los que asuman el
gobierno del Estado. Así, por ejemplo, examina cómo distinguir una natu-
raleza o alma filosófica de otra que no lo es (484a-487b); también analiza
la causa del desprestigio de la filosofía a los ojos del vulgo (487b-489e);
e insiste en el importante papel moral de la educación para evitar que
aquellos que tienen dotes y talentos filosóficos se corrompan y se dejen
arrastrar por el halago, la ambición o los placeres (490e- 495d); critica lo
que los sofistas enseñan sobre lo bueno y lo justo (493a-c); y, por último,
se ocupa de cómo convencer al vulgo de la idoneidad de un gobierno de
filósofos (499e-502a).
Dicho esto, en el capítulo XV (502d) Platón comienza a abordar el
tema de la educación del buen gobernante, preparando así el camino hacia
el “Libro VII”, que se ocupará de este tema en detalle. El Estado se encar-
gará de seleccionar a los mejores y de dotarlos de la más completa y ele-
vada educación, necesaria para gobernar con sabiduría la sociedad. Esta
educación tendrá como meta conducir al futuro gobernante a “las más
grandes enseñanzas” (504a), es decir, el conocimiento de la justicia, la
templanza, la valentía y la prudencia, conocimientos todos ellos relacio-
nados con las virtudes del alma justa. Pero, por encima del conocimiento
de estas cosas, está el de la Idea de Bien (504b-505a). Este conocimiento
está obviamente relacionado con el de la esencia de las virtudes antes
mencionadas, pero es superior a él, siendo “el más sublime y el que mejor
cuadra al gobernante” (504d), y es tan importante, que, “aunque conocié-
ramos con toda la perfección posible todo lo demás, excepto esto, no nos
serviría para nada” (505a).
Por fin, en el capítulo XVI aborda Platón la esperada cuestión: pero ¿qué
es el Bien? ¿En qué consiste en Bien en sí? Sin embargo, por el momento
el personaje Sócrates se limita a recoger y criticar las opiniones que otros
han formulado sobre este tema: para algunos (en alusión probablemente a
los cirenaicos) el bien consiste en el placer, pero acaban enredándose en
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contradicciones al reconocer la existencia de placeres malos; para otros el
bien consiste en el conocimiento, pero cuando les preguntas no saben muy
bien lo que quieren decir con eso. Platón presenta esta cuestión como algo
sumamente difícil y escabroso; no es fácil determinar en qué consiste el Bien
en sí. Parecería que es algo inefable o incomunicable y que la única manera
de comprenderlo fuera ascender dialécticamente hasta la Idea misma de Bien
y contemplarla por uno mismo. No obstante, en este capítulo quedan claras
algunas cosas en torno al Bien en sí: a) Parece clara la utilidad ético-políti-
ca del conocimiento del Bien en sí: El bien –dice Platón– es aquello que per-
seguimos todos y con miras a lo cual obramos, pero no siempre sabemos
reconocerlo con claridad y por eso a veces erramos (505e); además su cono-
cimiento es indispensable a los gobernantes para poder tener una comunidad
armónicamente organizada (506b). b) Conocer la Idea de Bien proporciona
una visión relacional y de conjunto de todas las cosas buenas, de su relación
entre sí y de cada una con el Bien en sí, por eso para reconocer qué cosas son
buenas y justas el gobernante tiene que saber en qué sentido lo son, es decir,
cómo se relacionan con la Idea de Bien en sí.
2.3. El contenido del fragmento que nos ocupa
(506b - 511e)
¿Qué es el Bien en sí? Este es el tema con el que se inicia el fragmento
de la obra que nos ocupa, y que se viene anunciando ya desde páginas ante-
riores, en conexión con la necesidad de formar a los futuros gobernantes en
el conocimiento del Bien en sí. Tras haber recogido y examinado antes otras
opiniones sobre el tema, parece que por fin Platón va a abordar esta difícil
cuestión. Para ello hará uso de la comparación de la Idea de Bien con el sol;
esta comparación servirá a Platón para ilustrar las tres funciones de la Idea
de Bien: la epistemológica, la ontológica y la práctica o ético-política (506e
hasta 509c). A continuación sigue el pasaje del símil de la línea (capítulos
XX y XXI), mediante el cual Platón intentará establecer una gradación entre
los distintos niveles de realidad o de ser, en correspondencia con los distin-
tos niveles de claridad en el saber. Termina aquí el “Libro VI” y el fragmen-
to continúa en el “Libro VII” con el conocido mito de la caverna (capítulos
I-III). Se trata nuevamente de una alegoría o comparación que representa,
entre otras cosas, el camino que debe recorrer la educación del gobernante,
y el paso de la opinión –en la que vive la mayoría de los hombres– al cono-
cimiento. El capítulo IV del “Libro VII” está dedicado a la manera como hay
que entender la educación, en contraposición a los sofistas; y, por último, el
capítulo V se centra nuevamente en la política, el Estado y la justificación
racional de la propuesta de un gobierno de filósofos.
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2. 4. El contenido del “Libro VII” de La República
El “Libro VII” de República, del que, como hemos dicho, veremos los
5 primeros capítulos está compuesto por un total de 18 breves capítulos.
El tema central del libro es la educación especial que deben seguir los
futuros gobernantes del Estado Ideal. En los capítulos que siguen al V
(desde 521c hasta el final), tras reflexionar sobre el concepto de educación
y la transformación interior que debe operar la educación en el futuro
gobernante, Platón se centra en explicar y justificar qué materias o disci-
plinas deberán incluirse en la formación del futuro gobernante, a qué eda-
des deberá cultivarse cada una y de qué manera. Como quedó establecido
ya en el “Libro VI” ( 505a), la educación del gobernante tendrá como fina-
lidad principal y última la contemplación de la Idea de Bien, y para llegar
a esta meta será necesario primero cultivar las matemáticas y posterior-
mente la dialéctica (la filosofía); Platón insiste en dejar bien claro que el
cultivo de las matemáticas es necesario, pero es sólo una preparación o
antesala de la dialéctica, que es la ciencia de las Ideas y de sus relaciones,
y la única que nos permitirá alcanzar una visión clara de cada Idea y, por
último, de la Idea de Bien y de la relación de cada Idea con la Idea de Bien
(531d-535a).
2. 5. Los personajes
Al principio del fragmento de La República que vamos a estudiar apa-
recen dialogando Sócrates y Adimanto; posteriormente interviene
Glaucón, que dialoga con Sócrates hasta el final. Como podrás comprobar
por ti mismo, la mayor parte de las intervenciones de Glaucón y de
Adimanto se limitan a asentir a lo que Sócrates dice, que es el que lleva la
voz cantante. ¿Qué sabemos de estos personajes?
a) SÓCRATES: maestro de Platón, que pone en boca de este perso-
naje sus propios puntos de vista, como forma de rendirle homena-
je. Es el personaje que lleva la voz cantante. Es típico de él la
humildad (recordemos su célebre sentencia “Sólo sé que no sé
nada”).
b) ADIMANTO: Este personaje se corresponde con el hermano
mayor de Platón, más insistente e inteligente que Glaucón.
c) GLAUCÓN: Es el hermano menor de Platón, más simpático y
espontáneo que Adimanto, pero muchas veces se muestra torpe y
malinterpreta lo que Sócrates dice, obligando a éste a explicarse
con más claridad.
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PLATÓN · La República
2. 6. La estructura del fragmento:
Para facilitar su lectura y comprensión, hemos agrupado los capítulos
que componen el fragmento que estudiaremos en 4 bloques o núcleos
temáticos, de acuerdo con el siguiente ESQUEMA-RESUMEN. Debe
quedar claro que esta agrupación de los capítulos en bloques no es de
Platón, sino nuestra, y sólo con miras a trabajar mejor el texto:
BLOQUES
CAPÍTULOS POR BLOQUE
TEMÁTICOS
LIBRO VI
Bloque 1:
Capítulo XVIII: Inicio de la comparación. La
EL BIEN EN SÍ.
visión, lo visible y la luz.
COMPARACIÓN
CON EL SOL.
Capítulo XIX: El sol y su relación con la vista
y las cosas visibles. Comparación con el Bien.
Capítulo XX: El símil de la línea (hasta los
objetos matemáticos). Grados del ser.
Bloque 2:
Capítulo XXI: El símil de la línea (continua-
EL SÍMIL DE LA LÍNEA
ción). Diferencias y semejanzas entre objetos
matemáticos e Ideas. Grados de saber.
LIBRO VII
Capítulo I: Descripción de la caverna.
Capítulo II: La ascensión del prisionero libe-
Bloque 3:
rado al exterior.
EL MITO DE LA CAVERNA
Capítulo III: Claves interpretativas del mito:
relación con los grados de realidad y los grados
de saber.
Capítulo IV: La educación, arte de encaminar
Bloque 4: el alma hacia lo inteligible.
EDUCACIÓN Y POLÍTICA Capítulo V: Justificación de la teoría del filó-
sofo gobernante.
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[IV] · La República - Bloque 1
BLOQUE 1
EL BIEN EN SÍ. LA COMPARACIÓN CON EL
SOL (“LIBRO VI”, CAPÍTULOS XVIII-XIX)
GUÍA DE LECTURA
En páginas anteriores Sócrates, Adimanto y Glaucón se han ocupado
de construir en la imaginación el Estado ideal. En 520d empiezan a tratar
el tema de la educación de los gobernantes de ese Estado imaginario;
ahora conversan sobre el Bien en sí, pues su conocimiento resulta absolu-
tamente imprescindible para educar al buen gobernante, porque sólo si los
ciudadanos a quienes se encarga el gobierno de la ciudad tienen un cono-
cimiento claro del Bien, sólo entonces tendremos “una comunidad perfec-
tamente organizada” (506a-b).
Como verás enseguida, en los dos capítulos que siguen Platón se va a
centrar de lleno en el Bien en sí (la Idea de Bien); pero fíjate que antes de
entrar en materia nos recuerda la distinción entre conocer y opinar (506c),
y también la distinción entre realidades sensibles –caracterizadas por
la multiplicidad– y las Ideas –caracterizadas por ser únicas– (507b).
Volviendo al tema del Bien en sí, este asunto le parece a Sócrates, “dema-
siado elevado” y difícil, y da la impresión de que, por esa razón, va a
renunciar a tratarlo, pero finalmente se ocupará de él, y, como de costum-
bre, echará mano de una comparación o analogía: la comparación de la
Idea de Bien con el sol. Entre ambos hay un claro paralelismo o semejan-
za, y por eso Platón llama al sol “hijo del Bien”. La función de esta com-
paración es pedagógica; en general Platón recurre a las comparaciones
cuando quiere explicar algo difícil, desconocido o poco familiar.
La analogía es la siguiente: la Idea de Bien es, en cierto modo, como
un sol en el mundo de las Ideas. Si en el mundo sensible todo gira en torno
al sol, en el mundo de las Ideas todo gira en torno a la Idea de Bien, que
es el centro y el fundamento del orden. Entre la Idea de Bien, por una
parte, y la inteligencia y las otras Ideas, por otra, hay una relación seme-
jante a la que se da en el mundo sensible entre el sol, por una parte, y la
vista y las cosas visibles, por otra.
A la base de esta comparación está la tesis de Platón de que el mundo
de las Ideas es el modelo eterno copiado por el mundo sensible, de modo
que es razonable suponer que investigando las cosas de abajo (el sol y su
relación con la vista y las otras cosas visibles) podemos aproximarnos a la
comprensión de las cosas de arriba (la Idea de Bien y su relación con la
inteligencia y las demás Ideas).
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Como vas a poder comprobar por ti mismo en cuanto leas estas pági-
nas, en la analogía entre el Bien y el sol Platón destacan dos aspectos: El
epistemológico y el ontológico.
a) El aspecto epistemológico de la comparación: Así como el sol, al
iluminarlas con su luz, hace que las cosas visibles sean visibles a la
vista, la Idea de Bien –que es como el sol del mundo de las Ideas-
al iluminarlas con la verdad y el ser, hace que sean inteligibles o
accesibles a la inteligencia (508d) y puedan ser conocidas por ella.
b) El aspecto ontológico de la comparación: Pero el sol y su luz no
sólo son la causa de que los objetos visibles puedan ser vistos por
el ojo, sino también de su existencia misma, de su generación y de
su crecimiento; de manera análoga, la Idea de Bien es la causa del
ser y de la esencia de las Ideas eternas e inmutables (509b).
Para acabar de comprender bien los dos capítulos que siguen es funda-
mental que completes esta información con la “Información Comple-
mentaria” que sigue al texto de Platón, así como que realices las activi-
dades propuestas, según las instrucciones de tu profesor o profesora.
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TEXTO: CAPÍTULOS XVIII-XIX “LIBRO VI”
CONTEXTO
El tema de discusión es ahora el bien en sí, en cuyo conocimiento hay
que educar al gobernante. Hasta ahora, Sócrates se ha limitado a exponer
las opiniones que otros tienen (505b-d): para unos el bien en sí consiste en
el placer y para otros en el conocimiento. Sócrates ve problemas en ambas
definiciones del bien y no se decide por ninguna, de ahí que Adimanto
comience este fragmento insistiéndole en que les ilustre y exponga su pro-
pia opinión, y no sólo la de otros. Sócrates se muestra reticente, pues el
tema no es fácil y reconoce que hay grandes dudas sobre él… Insiste en
que no sabe, y que no es lo mismo una simple opinión que auténtico cono-
cimiento. Comienza el diálogo Adimanto y enseguida interviene en su ayuda
su hermano Glaucón; entre ambos consiguen –¡por fin!– que Sócrates se
decida a tratar este difícil asunto.
XVIII. -ADIMANTO: Pero tú, Sócrates, ¿dices que el bien es el 506b
conocimiento o que es el placer o que es alguna otra cosa distinta
de éstas?
- SÓCRATES: ¡Vaya con el hombre! -exclamé-. Bien se veía
desde hace rato que no te ibas a contentar con lo que opinaran los
demás acerca de ello.
-ADIMANTO: Porque no me parece bien, ¡Oh, Sócrates! -dijo-,
que quien durante tanto tiempo se ha ocupado de estos asuntos
pueda exponer las opiniones de los demás, pero no las suyas1.
-SÓCRATES: ¿Pues qué? -dije yo-. ¿Te parece bien que hable c
uno de las cosas que no sabe como si las supiese?
-A: No como si las supiese -dijo-, pero sí que acceda a exponer,
en calidad de opinión, lo que él opina.
-S: ¿Y qué? ¿No te has dado cuenta -dije- de que las opiniones
sin conocimiento son todas defectuosas? Pues las mejores de entre
ellas son ciegas. ¿O crees que difieren en algo de unos ciegos que
van por buen camino aquellos que profesan una opinión recta, pero
sin conocimiento2?
-A: En nada -dijo.
-S: ¿Quieres, entonces, ver cosas feas, ciegas y tuertas cuando
podrías oírlas claras y hermosas de labios de otros?3 d
1 Esto es lo que ha hecho antes, en el capítulo XVII, en 505b-d, exponer las opiniones de otros
2 Una opinión puede ser recta, pero sin conocimiento, esto es, acertada como por casualidad, pero
sin estar fundada en el conocimiento de la Idea.
3 Típica humildad socrática.
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-GLAUCÓN: ¡Por Zeus! -dijo Glaucón-. No te detengas, ¡Oh,
Sócrates!, como si hubieses llegado ya al final. A nosotros nos basta
que, como nos explicaste* lo que eran la justicia, templanza y
demás virtudes, del mismo modo nos expliques igualmente lo que
es el bien.
-S: También yo, compañero -dije-, me daría por plenamente
satisfecho. Pero no sea que resulte incapaz de hacerlo y provoque
vuestras risas con mis torpes esfuerzos. En fin, dejemos por ahora,
e mis bienaventurados amigos, lo que pueda ser lo bueno en sí, pues
me parece un tema demasiado elevado para que, con el impulso
que llevamos ahora, podamos llegar en este momento a mi concep-
ción acerca de ello. En cambio estoy dispuesto a hablaros de algo
que parece ser hijo del bien y asemejarse sumamente a él4; eso si a
vosotros os agrada, y si no lo dejamos.
-G: Háblanos, pues -dijo-. Otra vez nos pagarás tu deuda con la
descripción del padre.
507 -S: ¡Ojalá -dije- pudiera yo pagarla y vosotros percibirla entera
a en vez de contentaros, como ahora, con los intereses! En fin, lleva-
os, pues, este hijo del bien en sí, éste interés5 producido por él; mas
cuidad de que yo no os engañe involuntariamente pagándoos los
réditos en moneda falsa.
-G: Tendremos todo el cuidado posible -dijo-. Pero habla ya.
-S: Sí -contesté-, pero después de haberme puesto de acuerdo
con vosotros y de haberos recordado lo que se ha dicho antes y se
había dicho ya muchas otras veces.
b -G: ¿Qué? -dijo.
-S: Afirmamos y definimos en nuestra argumentación -dije- la
existencia de muchas cosas buenas y muchas cosas hermosas y
muchas también de cada una de las demás clases.
-G: En efecto, así lo afirmamos.
-S: Y que existe, por otra parte, lo bello en sí y lo bueno en sí; y
del mismo modo, con respecto a todas las cosas que antes definí-
amos como múltiples, consideramos, por el contrario, cada una de
ellas como correspondiente a una sola idea, cuya unidad supone-
mos, y llamamos a cada cosa «aquello que es».
-G: Tal sucede.
-S: Y de lo múltiple decimos que es visto, pero no concebido, y
c de las ideas, en cambio, que son concebidas, pero no vistas.
* Libro IV, 441c y ss.
4 Se refiere al sol, como se verá más adelante, que tiene mucho en común con la Idea de Bien.
5 Se juega con el equívoco en griego de la palabra “tókos”, que significa a la vez “hijo” e “inte-
reses que produce un capital”.
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-G: En absoluto.
-S: Ahora bien, ¿con qué parte de nosotros vemos lo que es
visto?
-G. Con la vista -dijo.
-S: ¿Y no percibimos -dije- por el oído lo que se oye y por medio
de los demás sentidos todo lo que se percibe?
-G: ¿Cómo no?
-S: ¿No has observado -dije- de cuánta mayor generosidad usó
el artífice de los sentidos para con la facultad de ver y ser visto?
-G: No, en modo alguno -dijo.
-S: Pues considera lo siguiente: ¿existe alguna cosa de especie
distinta que les sea necesaria al oído para oír o a la voz para ser
oída; algún tercer elemento en ausencia del cual no podrá oír el uno d
ni ser oída la otra?
-G: Ninguna –dijo.
-S. Y creo también -dije yo- que hay muchas otras facultades,
por no decir todas, que no necesitan de nada semejante. ¿O pue-
des tú citarme alguna?
-G: No, por cierto –dijo
-S: Y en cuanto a la facultad de ver y ser visto, ¿no te has dado
cuenta de que ésta sí que necesita?
-G: ¿Cómo?
-S: Porque aunque, habiendo vista en los ojos, quiera su pose-
edor usar de ella y esté presente el color en las cosas, sabes muy
bien que, si no se añade la tercera especie particularmente consti- e
tuida para este mismo objeto, ni la vista verá nada ni los colores
serán visibles.
-G: ¿y qué es eso -dijo- a que te refieres?
-S: Aquello -contesté- a lo que tú llamas luz.
-G: Tienes razón -dijo
-S: No es pequeña, pues, la medida en que, por lo que toca a
excelencia, supera el lazo de unión entre el sentido de la vista y la
facultad de ser visto a los que forman las demás uniones; a no ser 508
que la luz sea algo despreciable. a
-G: No -dijo-; está muy lejos de serlo.
XIX.
-S: ¿Y a cuál de los dioses del cielo puedes indicar como dueño
de estas cosas y productor de la luz por medio de la cual vemos
nosotros y son vistos lo objetos con la mayor perfección posible?
-G: Al mismo -dijo- que tú y los demás, pues es evidente que
preguntas por el sol.
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-S: Ahora bien, ¿no se encuentra la vista en la siguiente relación
con respecto a este dios?
-G: ¿En cuál?
b -S: No es sol la vista en sí ni tampoco el órgano en que se pro-
duce, al cual llamamos ojo.
-G: No, en efecto.
-S: Pero éste es, por lo menos, el más parecido al sol, creo yo,
de entre los órganos de los sentidos.
-G: Con mucho.
-S: Y el poder que tiene, ¿no lo posee como algo dispensado
por el sol en forma de una especie de emanación?
-G: En un todo.
-S: ¿Mas no es así que el sol no es visión, sino que siendo cau-
sante de ésta, es percibido por ella misma?
-G: Así es -dijo.
-S: Pues bien, he aquí –continuó– lo que puedes decir que yo
designaba como hijo del bien, engendrado por éste a su semejanza
c como algo que, en la región visible, se comporta, con respecto a la
visión y a lo visto del mismo modo que aquél en la región inteligible
con respecto a la inteligencia y a lo aprehendido por ella6.
-G: ¿Cómo? –dijo–. Explícamelo algo más.
-S: ¿No sabes –dije– con respecto a los ojos, que, cuando no se
les dirige a aquello sobre cuyos colores se extiende la luz del sol,
sino a lo que alcanzan las sombras nocturnas, ven con dificultad y
parecen casi ciegos como si no hubiera en ellos visión clara?
-G: Efectivamente –dijo.
-S: En cambio, cuando ven perfectamente lo que el sol ilumina,
d se muestra, creo yo, que esa visión existe en aquellos mismos ojos.
-G: ¿Cómo no?
-S: Pues bien, considera del mismo modo lo siguiente con res-
pecto al alma. Cuando ésta fija su atención sobre un objeto ilumina-
do por la verdad y el ser, entonces lo comprende y conoce y
demuestra tener inteligencia; pero, cuando la fija en algo que está
envuelto en penumbras, que nace o perece, entonces, como no ve
bien, el alma no hace más que concebir opiniones siempre cam-
biantes y parece hallarse privada de toda inteligencia.
-G: Tal parece, en efecto.
e -S: Puedes, por tanto, decir que lo que proporciona la verdad a
los objetos del conocimiento y la facultad de conocer al que cono-
ce es la idea del bien, a la cual debes concebir como objeto del
6 “Lo aprehendido por ella” es, naturalmente, lo inteligible.
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conocimiento, pero también como causa de la ciencia y de la ver-
dad; y así, por muy hermosas que sean ambas cosas, el conoci-
miento y la verdad, juzgarás rectamente si consideras esa idea
como otra cosa distinta y más hermosa todavía que ellas. Y, en
cuanto al conocimiento y la verdad, del mismo modo que en aquel
otro mundo se puede creer que la luz y la visión se parecen al sol, 509
pero no que sean el mismo sol, del mismo modo en éste es acerta- a
do el considerar que uno y otra son semejantes al bien, pero no lo
es el tener a uno cualquiera de los dos por el bien mismo, pues es
mucho mayor todavía la consideración que se debe a la naturaleza
del bien.
-G: ¡Qué inefable belleza –dijo– le atribuyes! Pues, siendo fuen-
te del conocimiento y la verdad, supera a ambos, según tú, en her-
mosura. No creo, pues, que lo vayas a identificar con el placer7.
-S: Ten tu lengua –dije–. Pero continúa considerando su imagen
de la manera siguiente.
-G: ¿Cómo?
-S: Del sol dirás, creo yo, que no sólo proporciona a las cosas b
que son vistas la facultad de serlo: sino también la generación, el
crecimiento y la alimentación; sin embargo, él no es generación.
-G: ¿Cómo había de serlo?
-S: Del mismo modo puedes afirmar que a las cosas inteligibles
no sólo les adviene por obra del bien su cualidad de inteligibles, sino
también se les añaden, por obra también de aquél, el ser y la esen-
cia; sin embargo, el bien no es esencia, sino algo que está todavía
por encima de aquélla en cuanto a dignidad y poder.
7 Recordemos el principio (505b-d): para unos el bien consistía en el conocimiento, idea que ha
quedado refutada; para otros el bien consiste en el placer, idea tan desacertada que ni tan siquiera
merece ser considerada.
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INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA
I. La Idea de Bien
Si las Ideas son modelos de perfección y la auténtica realidad, la Idea
de Bien representa la máxima perfección y lo máximamente real, y gobier-
na el mundo de las Ideas, lo mismo que el sol y su luz gobiernan el mundo
sensible. De acuerdo con la filosofía platónica la Idea de Bien desempeña
varias funciones:
1. Función ontológica: como hemos dicho en ocasiones, Platón identifi-
ca perfección y realidad, de modo que cuanto más perfecto es algo,
más real es, y cuanto menos perfecto, menos real. De ahí que la Idea
de Bien –que es lo máximamente perfecto- represente lo máximamen-
te real. Además, como se ha visto en el texto, ella es la causa del ser,
de la perfección y de la existencia de las demás Ideas. Esto se debe a
que, así como las cosas sensibles participan de las Ideas, cada Idea par-
ticipa de la perfección de la Idea de Bien. Por consiguiente, las Ideas
deben su perfección, su ser y su esencia, a esta Idea. Y también las
cosas sensibles le deben su existencia, al menos indirectamente, pues
sólo existen porque participan de las Ideas, que, a su vez, deben su ser
a la Idea de Bien, de modo que lo mucho o poco que las cosas sensi-
bles tengan de perfectas, de buenas y de reales se lo deben a esta Idea
2. Función epistemológica: la Idea de Bien es además la causa de la inte-
ligibilidad de las restantes Ideas, o sea, la causa de que puedan ser
conocidas o inteligidas por el alma humana (recordemos la compara-
ción con el sol y su luz). Si las Ideas son racionales y cognoscibles para
la inteligencia humana es justamente porque participan de la Idea de
Bien; si no fuera así serían incognoscibles.
3. Función ética y política (función práctica): la Idea de Bien es tam-
bién el fundamento de la ética y de la política. El conocimiento del
Bien en sí es necesario para encauzar sabia y rectamente la vida priva-
da, pues sólo aquel que lo haya alcanzado será capaz de conocer en qué
consiste el verdadero bien humano al que los hombres llaman felicidad
y virtud y, ya en el mundo de las cosas materiales y sensibles, podrá
distinguir con mayor claridad lo bueno de lo malo y orientar sus accio-
nes de acuerdo con ello. Así mismo, en el terreno de la política el buen
gobernante necesita haber visto el Bien en sí para tener una visión clara
del bien del Estado y gobernar conforme a ello. Por eso el conocimien-
to del Bien en sí será la meta última que persiga su educación.
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4. Principio unificador: la Idea de Bien es también un principio unifica-
dor del mundo de las Ideas y de la totalidad de lo real y, en consecuen-
cia, otorga unidad al mundo. Así como cada Idea unifica una multipli-
cidad de cosas sensibles, subsumiendo la pluralidad sensible en una
única Idea, la Idea de Bien unifica la pluralidad de las Ideas en un prin-
cipio unificador supremo: el Bien en sí. De este modo, todas las formas
de realidad –ya sea sensible o inteligible– están subordinadas al Bien
en sí y –por así decirlo– caen bajo él.
5. Causa final y causa del orden del mundo: la Idea de Bien es la causa
final, es decir, el modelo último al que tienden o aspiran a semejarse
todas las realidades. Así, tanto el cosmos sensible como el cosmos inte-
ligible, apuntan hacia la Idea de Bien, a la cual imitan, el primero de
forma imperfecta, y el segundo de forma perfecta.
Además de esto, algunos autores (los neoplatónicos y los primeros filó-
sofos cristianos) han querido ver en la Idea de Bien connotaciones religio-
sas y teológicas, con lo que a las cinco anteriores añadiríamos una sexta
función: la función religiosa o teológica. En todo caso, la Idea de Bien en
Platón es un asunto a veces oscuro, muy debatido entre los especialistas e
intérpretes de Platón. No obstante, parece claro lo siguiente:
• La Idea de Bien no es una esencia, sino la causa de todas las esencias
o Ideas, y por tanto, una realidad superior a las restantes Ideas (509b).
O, podríamos decir que la Idea de Bien es la esencia de todas las Ideas.
• El conocimiento de la Idea de Bien es la meta última de la filosofía y
del ascenso dialéctico, del que Platón nos hablará en el mito de la
caverna, retomando la comparación con el sol (514a-518b).
• El conocimiento del Bien en sí implica, por las razones que hemos visto
antes, un conocimiento global de la totalidad de lo real y una visión
completa del orden que preside el Mundo de las Ideas, orden que el
mundo sensible copia imperfectamente y al que el mundo de los asun-
tos humanos (la política, la sociedad, el Estado, etc.) debe tratar de
aproximarse.
• El conocimiento de la Idea de Bien parece que es una experiencia inco-
municable que uno mismo tiene que realizar, la meta final de un cami-
no de conocimiento que uno mismo tiene que recorrer, sin posibilidad
alguna de que otros lo hagan por uno. Y es que la captación del Bien
en sí, lo mismo que la captación de cualquier Idea, es el resultado de
una intuición del alma (de un conocimiento inmediato). El conoci-
miento del Bien en sí parece algo inefable (incomunicable), de ahí que
el personaje Sócrates tenga razones en el texto anterior para resistirse
a hablar del Bien en sí y por eso, cuando se decide a hacerlo, lo hace
echando mano de una analogía (506c-e).
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ACTIVIDADES
I. ACTIVIDADES DE LECTURA Y COMPRENSIÓN
1. ¿LO DICE EL TEXTO? Lee atentamente los dos capítulos que
integran este bloque y contesta verdadero o falso. V si estás de
acuerdo con la interpretación que se hace del texto; y F en caso
contrario. En caso de que contestes F, razona tu respuesta en tu
cuaderno de clase, apoyándola en el texto.
a) En 506c, saber y conocimiento pueden considerarse como tér-
minos equivalentes.
b) Igualmente, en el mismo párrafo, Sócrates da a entender que
una “opinión recta” es sinónimo de conocimiento.
c) En 506d Glaucón hace referencia a un momento anterior en
que Sócrates expuso lo que pensaba sobre la justicia y las otras
virtudes, momento recogido en el “Libro V” de La República.
d) Sócrates se muestra reticente a hablar del bien en sí porque se
siente incapaz de hacerlo y cree que otros pueden hacerlo
mejor que él.
e) En 507b Platón recuerda la distinción hecha en otro momento
de la obra entre cosas sensibles e Ideas.
f) En 507c Platón viene a decir, por boca de Sócrates, que, a
diferencia de lo que pasa con la mayor parte de los sentidos,
en los que intervienen tres elementos, en el caso de la vista
sólo intervienen dos: el ojo y el objeto visto
g) En 508b se dice del sol que es a la vez objeto visible al ojo y
causa de la visión de los objetos visibles.
h) En 508d, lo que Platón viene a decir es que cuando el alma se
centra en lo sensible tan sólo podrá alcanzar opinión, mientras
que si investiga lo inteligible, entonces, y sólo entonces,
alcanzará conocimiento (inteligencia)
i) Según se desprende de 509b, la Idea de Bien es causa sólo de
la cognoscibilidad de las Ideas, pero no de su existencia o rea-
lidad.
j) En 509a con los pronombres “uno y otra” se está refiriendo
Platón al sol y a la luz del sol.
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2. LOCALIZA, SUBRAYA Y RELACIONA: Localiza y subraya en
el texto las expresiones del capítulo XVIII del “Libro VI” que apa-
recen a la izquierda de la siguiente tabla y relaciónalas con las que
aparecen en la columna de la derecha.
CAPÍTULO XVIII (“LIBRO VI”)
1- “opinión” a) tres elementos
2- “lo bueno en sí” b) dos elementos
3- “el hijo del bien” c) lo concebido
4- “lo múltiple” d) lo sensible
5- “Ideas” e) el sol
6- “oír” f) la Idea de Bien
7- “ver” g) saber oscuro
3. LOCALIZA, SUBRAYA Y RELACIONA: Haz lo mismo que en
el ejercicio anterior, pero ahora con las expresiones que aparecen en
el capítulo XIX del “Libro VI”.
CAPÍTULO XIX (“LIBRO VI”)
1- “productor de la luz” a) las Ideas
2- “el órgano más parecido al sol” b) como la verdad y el conocimiento
3- “la región visible” c) el poder ser conocido
4- “la inteligencia” d) el mundo sensible y material
5- “los objetos del conocimiento” e) semejante a la visión
6- “la luz y la visión” f) el ojo
7- “la cualidad de inteligibles” g) la realidad
8- “el ser y la esencia” h) el sol
II. ACTIVIDADES DE DEFINICIÓN DE TÉRMINOS
TEXTO CAPÍTULO XVIII
4. ACTIVIDAD GUIADA: Define los términos “lo múltiple” e
“Ideas”, dejando claro a qué se refiere cada uno y remarcando la
contraposición entre ambos; deberás partir de la información del
texto y completarla con tus conocimientos sobre la filosofía del
autor. Sigue la siguiente pauta (Ver los consejos del apartado final
“La Prueba de Acceso a la Universidad”):
a) Indica cuáles de las siguientes expresiones del texto convienen al
término “lo múltiple” y cuáles convienen a su contrario “Ideas”:
“muchas cosas buenas”, “muchas cosas hermosas”, “múlti-
ples”, “lo bello en sí”, “lo bueno en sí”, “una sola Idea”, “uni-
dad”, “aquello que es”, “es visto”, “no concebido”, “concebi-
das”, “no vistas”. Para responder construye una tabla de oposi-
ciones con dos columnas: una encabezada por “Lo múltiple” y
otra por “Lo contrario (Ideas)”.
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b) De las expresiones anteriores, localiza y subraya en el texto las
expresiones que convienen a “lo múltiple”. Subraya igualmente –a
ser posible en otro color- las que convienen a su contrario, “Ideas”.
c) Apóyate en la tabla de expresiones contrapuestas para explicar lo
que dice el texto de ambos términos, mostrando el juego de con-
traposiciones.
d) Completa la definición de ambos términos con tus conocimientos
sobre la filosofía de Platón.
e) Empieza aclarando a qué concepto de su filosofía se refiere Platón
con la expresión “lo múltiple” y a continuación céntrate en expli-
car ese concepto; sin olvidar relacionarlo con el término contrario
“Ideas”.
5. DEFINE el término “opinión sin conocimiento” que aparece en el
texto, partiendo de la información ofrecida por el texto y completán-
dola con el conocimiento que tengas de la filosofía del autor:
a) Subraya en el texto expresiones que le convienen, tales como:
“defectuosas”, “opinión recta sin conocimiento”, como “unos
ciegos que van por buen camino”, “cosas feas, ciegas y tuertas”
(en contraposición a “cosas claras y hermosas”), “cosas que uno
no sabe”, etc…
b) Apóyate en ellas y en tus conocimientos sobre Platón para defi-
nir este concepto.
c) Explica este concepto también por oposición a su contrario: opi-
nión con conocimiento: ¿Qué sería una opinión con conocimien-
to en contraposición a una “opinión recta sin conocimiento”?
TEXTO CAPÍTULO XIX
6. Explica las expresiones contrapuestas “un objeto iluminado por la
verdad y el ser” y “algo que está envuelto en penumbras, que
nace y perece”; después de aclarar su significado, define los con-
ceptos a los que se refieren, partiendo del texto, completando con tus
conocimientos y remarcando la contraposición entre ambos.
7. Define el término “Idea del Bien”, exprimiendo la información que
el texto da y completándola con tus conocimientos de fuera del
texto.
8. Aclara las expresiones contrapuestas “aquel otro mundo” y “este”
mundo; define los conceptos filosóficos a los que aluden, remarcan-
do la contraposición entre ambos, y sirviéndote tanto de la informa-
ción del texto como de tus conocimientos sobre Platón.
9. Haz lo mismo con los términos “esencia” y “generación”.
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III. ACTIVIDADES DE SÍNTESIS DE UN TEXTO
Y DE ARGUMENTACIÓN
CÓMO HACER LA SÍNTESIS DE UN TEXTO:
CAPÍTULO XVIII
a) Identificamos en el texto los diferentes núcleos temáticos que van tra-
tándose y hacemos anotaciones al margen, tales como: “Bien en sí”,
“Distinción entre opinar y conocer”, “El hijo del bien”, “Distinción
entre Ideas y realidades sensibles”, “La vista frente a otros sentidos”.
b) Dividimos el texto en partes o párrafos: A cada párrafo le asignamos el
núcleo temático que le corresponda.
c) Sintetizamos la idea principal de cada párrafo, que se relaciona eviden-
temente con el núcleo temático correspondiente.
d) Dentro de cada párrafo identificamos también otras ideas secundarias
relacionadas con la principal (ideas que la explican, la completan, la
matizan, la apoyan, etc.).
e) Exponemos ordenadamente dichas ideas numerándolas. Para diferenciar
las ideas principales de las secundarias podemos hacer subapartados.
f) Si hay párrafos donde se dan razones o se argumenta intentamos refle-
jar la estructura argumentativa, subrayando las expresiones o conecto-
res que evidencian la conexión entre ideas, tales como: La razón de lo
anterior es que…, Ya que..., Porque..., De ahí se sigue que…, La conse-
cuencia que se deriva de eso es que…, Por lo tanto…, etc.
g) Ver también el apartado final “La Prueba de Acceso a la Universidad”
Siguiendo esta pauta de trabajo, la síntesis del capítulo XVIII puede quedar
así:
MODELO DE SÍNTESIS DE UN TEXTO
SÍNTESIS DE LAS IDEAS PRINCIPALES DEL CAPÍTULO XVIII.
1. El tema con el que se inicia el texto es el Bien en sí (506b-d).
1.1. Para unos es el placer, para otros es el conocimiento.
1.2. Sócrates se resiste a dar su opinión. Las razones de ello son:
• Afirma no saber.
• Una opinión sin conocimiento es ciega.
• Argumenta distinguiendo entre opinar y saber, entre opinión
sin conocimiento y opinión con conocimiento.
2. En consecuencia, se reconduce el tema: del Bien en sí al “hijo del
bien”, el sol (506d-507a).
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3. Se recuerda antes la distinción entre Ideas y realidades sensibles
(507b-c).
3.1. Las Ideas son únicas, concebidas e invisibles.
3.2. Las realidades sensibles son múltiples, no concebidas y visibles.
4. La vista es diferente al oído y a otras facultades. Las razones de eso
son las siguientes (507c-508a):
4.1. El oído y los otros sentidos requieren de dos elementos: el sen-
tido y lo percibido.
4.2. La vista, en cambio requiere de tres: la vista, el objeto y la luz
del sol que ilumina el objeto.
10. Haz una síntesis del capítulo XIX. Para ello vuelve a releer el
capítulo y completa con las palabras que faltan en las compara-
ciones que lleva a cabo Platón entre el sol y el Bien
SÍNTESIS INCOMPLETA DEL CAPÍTULO XIX
I. IDEA PRINCIPAL: El Bien en sí es semejante al..............................
II. IDEAS QUE DESARROLLAN LA IDEA PRINCIPAL:
1) El sol produce luz y gracias a ella las cosas son visibles a la vista
(508a); de manera semejante, la Idea de Bien ilumina las Ideas con
la......................, haciéndolas...................a la.................... (508c-d)
2) Para poder ver hacen falta tres elementos, que son.....................,
.....................y......................... (507d-508a); el último lo proporciona
el sol. Análogamente, para alcanzar auténtico conocimiento hacen
falta tres elementos, que son...............................................; el último
de ellos lo proporciona el Bien en sí y es semejante a la luz (508c-e)
3) Así como cuando fijamos los ojos sobre objetos poco iluminados por
la luz del sol, no obtenemos una “visión clara” (508c), de la misma
manera, cuando el alma fija su atención en objetos poco iluminados
por la verdad y el ser, es decir, en.......................................................,
entonces no................................. (508d)
4) De igual modo que el sol es a la vez causa de la visión de todas las
cosas y objeto de la visión (508a), así también la Idea de Bien es a
la vez................................................................................. (508e)
5) Al igual que el sol se relaciona con la luz y la visión, pero no con-
siste en ellas, la Idea de Bien se relaciona con...................................
................., pero no consiste en ellas, sino que es algo más elevado.
6) Para finalizar, lo mismo que el sol proporciona a las cosas visibles, no
sólo visibilidad, sino también alimento, generación, crecimiento (al
menos a los seres vivos), y, por así decirlo, es causa de su ser y de su
existencia, -pues sin el sol no podrían existir.-, la Idea de Bien propor-
ciona a las cosas inteligibles....................., es decir................ (509a-b)
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IV. ACTIVIDADES DE ACTUALIZACIÓN
Y DE RELACIONAR
11. PLATÓN Y EL NEOPLATONISMO: Infórmate en Internet
sobre Plotino y el neoplatonismo y responde: ¿Cómo interpretaron
los neoplatónicos la Idea de Bien?
12. PLATÓN Y AGUSTÍN DE HIPONA: Documéntate sobre San
Agustín (Agustín de Hipona, siglo V). ¿Cómo reinterpretará San
Agustín la Idea de Bien?
13. ACTUALIZACIÓN: ¿Se podría seguir manteniendo en algún
sentido desde la ciencia moderna –astronomía, física, cosmolo-
gía– que el orden imperfecto visible en el universo físico plasma
un orden perfecto matemático del cual es reflejo? Indaga en qué
consiste el llamamiento que Platón hizo a los astrónomos de su
época de “salvar los fenómenos” y di si eso mismo serviría hoy en
día para la astronomía actual.
V. ACTIVIDADES DE REDACCIÓN FILOSÓFICA
1. Conocimiento del Bien en sí y buen gobierno de la ciudad.
2. El cosmos inteligible y el cosmos político: El orden ontológico y
el orden del Estado.
3. El papel de la Idea de Bien en la filosofía platónica.
4. Orden inteligible, orden sensible y orden político.
5. La teoría platónica de las Ideas (Examen PAU, septiembre 2003).
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PLATÓN · La República
BLOQUE 2
SÍMIL DE LA LÍNEA (“LIBRO VI”,
CAPÍTULOS XX-XXI)
GUÍA DE LECTURA
A partir de aquí y hasta el final del fragmento de La República que
estamos estudiando, el diálogo tiene lugar exclusivamente entre Sócrates
y Glaucón, permaneciendo Adimanto a la escucha. Como vas a ver, en los
dos capítulos que siguen Platón expondrá el conocido símil de la línea: Un
símil es una comparación o analogía que puede tener fines pedagógicos o
literarios. En síntesis, el objetivo del símil de la línea es mostrar la exis-
tencia de una gradación en los objetos según una escala que va de menor
a mayor realidad o autenticidad, y que se corresponde con una gradación
en el saber que podemos lograr sobre ellos, según una escala que va de
menor a mayor claridad.
En 509e el personaje Sócrates pide a Glaucón que dibuje una línea o
segmento y la divida en dos partes desiguales: la parte inferior representa
el mundo sensible o “género de lo visible”, mientras que la superior repre-
senta el mundo inteligible o “género de lo inteligible”, que es imitado por
el primero. A continuación le pide que, “siguiendo la misma proporción”
–para remarcar la semejanza de la relación–, divida el segmento del
mundo sensible en otras dos partes o subsegmentos: a) La inferior corres-
ponde a lo que llama las imágenes, que son simples reflejos, sombras o
apariencias deformadas de los objetos de la parte superior del segmento de
lo visible. b) En la parte superior Platón coloca a las cosas fabricadas, ani-
males y plantas, es decir, a los seres naturales y artificiales que pueblan el
mundo sensible. Mediante esta subdivisión Platón nos da a entender la
existencia, dentro del mundo visible, de dos niveles de realidad sensible:
por una parte, uno inferior y menos auténtico –el de las imágenes–; y, por
otra, otro nivel más real y auténtico –el de los seres naturales y las cosas
artificiales–, que es imitado por el primero.
El segmento del mundo inteligible, corresponde a las realidades inte-
ligibles; que, como sabes, se caracterizan por ser inmateriales, perfectas,
ideales, inmutables, eternas, no visibles y sólo accesibles a través de la
inteligencia. Sócrates pide a Glaucón que divida también este segmento en
dos partes: a) La parte inferior corresponde a los objetos o entidades mate-
máticas, tales como los triángulos, números, cubos, esferas, figuras geo-
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[IV] · La República - Bloque 2
métricas en general, y otros objetos investigados por los matemáticos.
Estos objetos imitan o copian a los del escalón inmediatamente superior -
las Ideas-, por lo que, aunque son más reales y perfectos que las cosas del
mundo sensible, sin embargo, al ser copias de las Ideas, son menos reales
que éstas. b) La parte superior del segmento de lo inteligible corresponde
a las Ideas o principios (archai), que representan el máximo grado de rea-
lidad o autenticidad. Ideas y objetos matemáticos componen el mundo
inteligible, que en conjunto es imitado por el mundo sensible, el cual es -
por esa razón-, ontológicamente inferior, o sea, menos real.
Como verás tú mismo, al final del capítulo XXI (511e) Platón esta-
blece una clara correspondencia entre los anteriores grados de realidad y
ciertas operaciones del alma asociadas a distintos grados de claridad en
el saber, de modo que cuanto menos realidad tiene un objeto, más
oscuro y confuso será el saber que el alma obtiene de él. Así, la opi-
nión es el estado mental del alma que tan sólo contempla las cosas del
mundo sensible. Y, puesto que existen dos niveles de realidades sensi-
bles, Platón distingue dos niveles de opinión: a) Uno inferior, al que
llama imaginación, que es el estado mental más oscuro y alejado de la
verdad, propio del hombre común, que toma por lo real a las simples
imágenes y apariencias deformadas de las cosas; es el saber confuso y
oscuro sobre las imágenes b) Un nivel superior de la opinión, al que
llama creencia, que es un estado mental algo más claro, el propio del
experto o del filósofo de la naturaleza, que poseen un saber algo más pro-
fundo, pero que sigue siendo mera opinión sobre cosas sensibles y cam-
biantes; la creencia es el saber, algo menos confuso, sobre los seres
naturales y los objetos fabricados.
Por encima de la opinión se halla el conocimiento científico o el cono-
cimiento propiamente dicho (la episteme), que tiene como objeto el mundo
inteligible. El conocimiento es, pues, el estado mental del alma cuando con-
templa o investiga las realidades inmutables y eternas del mundo inteligi-
ble. Ahora bien, igual que pasaba antes, como hay dos niveles o clases de
realidades inteligibles, también habrá dos niveles de conocimiento cientí-
fico: a) En primer lugar tenemos el pensamiento (dianoia), que es un
grado de saber más claro que la opinión, pero más oscuro que el conoci-
miento de las Ideas. Es el saber sobre los objetos matemáticos, que, aunque
inteligibles, son ontológicamente inferiores a las Ideas. b) En segundo
lugar tenemos la inteligencia o conocimiento en sentido estricto (noesis o
conocimiento en sentido estricto), que se corresponde con el estado men-
tal propio del filósofo cuando alcanza la contemplación de las Ideas, y
representa el nivel de saber más claro. Su objeto son las Ideas.
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PLATÓN · La República
EN RESUMEN, mediante el símil de la línea Platón establece una
clara relación entre Ontología y Epistemología. A través de él preten-
de comunicarnos lo siguiente:
a) La existencia de diferentes grados de realidad, según una escala que
va de menor a mayor grado de realidad: Realidad sensible
(Imágenes-Seres naturales y cosas artificiales) y Realidad inteligi-
ble (Objetos matemáticos-Ideas).
b) La existencia de diferentes grados de claridad en el saber, según una
escala que va de menos claro a más claro o verdadero: Opinión
(Imaginación-Creencia) y Conocimiento científico (Pensamiento-
Inteligencia).
c) La existencia de una clara correspondencia entre niveles de realidad
y niveles de claridad en el saber, de modo que cuanto más real es
un objeto, más claro y más verdadero es el saber que podemos obte-
ner de él; y al revés: cuanto menos real es algo, más oscuro y con-
fuso es el saber que tenemos de él.
d) En su ascenso gradual hacia las Ideas el alma debe de recorrer todos
los grados del ser, pasando por todos los estados mentales, desde el
más oscuro y confuso (imaginación) al más claro (inteligencia o
conocimiento en sentido estricto).
Por otra parte, en estos capítulos Platón se centra también en explicar
las diferencias entre el método matemático y el método dialéctico.
Aunque tanto las matemáticas como la dialéctica se ocupan de realidades
que son inteligibles, el método que utilizan es bien diferente, lo cual hace
que el conocimiento que proporcionan una y otra no tenga el mismo valor
ni el mismo grado de claridad. Así, el saber que proporcionan las matemá-
ticas, aún siendo más claro que la mera opinión, es más oscuro y confuso
que el que proporciona la dialéctica sobre las Ideas. Aunque no es fácil,
intenta comprender por ti mismo dónde residen las deficiencias del méto-
do matemático y en qué se diferencia del método dialéctico. En todo caso,
tras leer estos capítulos, ayúdate de la información complementaria que
les sigue.
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TEXTO: CAPÍTULOS XX-XXI “LIBRO VI”
XX.
Entonces Glaucón dijo con mucha gracia: ¡Por Apolo! ¡Qué mara- c
villosa superioridad!
- S: Tú tienes la culpa –dije–, porque me has obligado a decir lo
que opinaba acerca de ello.
- G: Y no te detengas en modo alguno –dijo– Sigue exponiéndo-
nos, si no otra cosa, al menos la analogía con respecto al sol, si es
que te queda algo que decir.
- S: Desde luego –dije–; es mucho lo que me queda.
- G: Pues bien –dijo–, no te dejes ni lo más insignificante.
- S: Me temo –contesté– que sea mucho lo que me deje. Sin
embargo, no omitiré de intento nada que pueda ser dicho en esta
ocasión.
- G: No, no lo hagas –dijo–.
- S: Pues bien –dije–, observa que, como decíamos, son dos y d
reinan, el uno en el género y región inteligibles, y el otro, en cambio,
en la visible; y no digo que en el cielo para que no creas que juego
con el vocablo8. Sea como sea, ¿tienes ante ti esas dos especies, la
visible y la inteligible?
- G: Las tengo.
- S: Toma, pues, una línea que esté cortada en dos segmentos
desiguales y vuelve a cortar cada uno de los segmentos, el del géne-
ro visible y el del inteligible, siguiendo la misma proporción. Entonces
tendrás, clasificados según la mayor claridad u oscuridad de cada
uno: en el mundo visible, un primer segmento, el de las imágenes. e
Llamo imágenes ante todo a las sombras y, en segundo lugar, a las 510
figuras que se forman en el agua y en todo lo que es compacto, puli- a
do y brillante y otras cosas semejantes, si es que me entiendes.
- G: Sí que te entiendo.
- S: En el segundo pon aquello de lo cual esto es imagen: los ani-
males que nos rodean, todas las plantas y género entero de las
cosas fabricadas.
- G: Lo pongo –dijo–.
- S: ¿Accederías acaso –dije yo– a reconocer que lo visible se
divide, en proporción a la verdad o a la carencia de ella, de modo que
la imagen se halle, con respecto a aquello que imita, en la misma
relación en que lo opinado con respecto a lo conocido?
- G: Desde luego que accedo –dijo–. b
- S: Considera, pues, ahora de qué modo hay que dividir el seg-
mento de lo inteligible.
8 Juego de vocablos en griego entre ouranou (celeste) y oratou (visible).
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PLATÓN · La República
- G: ¿Cómo?
- S: De modo que el alma se vea obligada a buscar la una de las
partes sirviéndose, como de imágenes, de aquellas cosas que antes
eran imitadas, partiendo de hipótesis y encaminándose así, no hacia
el principio, sino hacia la conclusión; y la segunda, partiendo tam-
bién de una hipótesis, pero para llegar a un principio no hipotético
y llevando a cabo su investigación con la sola ayuda de las ideas
tomadas en sí mismas y sin valerse de las imágenes a que en la
búsqueda de aquello recurría.
- G: No he comprendido de modo suficiente –dijo– eso de que
hablas.
- S: Pues lo diré otra vez –contesté–. Y lo entenderás mejor des-
c pués del siguiente preámbulo. Creo que sabes que quienes se ocu-
pan de geometría, aritmética y otros estudios similares dan por
supuestos los números impares y pares, las figuras, tres clases de
ángulos y otras cosas emparentadas con éstas y distintas en cada
caso; las adoptan como hipótesis, procediendo igual que si las
conocieran, y no se creen ya en el deber de dar ninguna explicación
ni a sí mismos ni a los demás con respecto a lo que consideran
d como evidente para todos, y de ahí es de donde parten las sucesi-
vas y consecuentes deducciones que les llevan finalmente a aque-
llo cuya investigación se proponían9.
- G: Sé perfectamente todo eso –dijo–.
- S: ¿Y no sabes también que se sirven de figuras visibles acerca
de las cuales discurren, pero no pensando en ellas mismas, sino en
aquello a que ellas se parecen, discurriendo, por ejemplo, acerca del
cuadrado en sí y de su diagonal, pero no acerca del que ellos dibu-
e jan, e igualmente en los demás casos; y que así, las cosas modela-
das y trazadas por ellos, de que son imágenes las sombras y reflejos
producidos en el agua, las emplean, de modo que sean a su vez imá-
genes, en su deseo de ver aquellas cosas en sí que no pueden ser
511 vistas de otra manera sino por medio del pensamiento10?
a - G: Tienes razón –dijo–.
XXI.
- S: Y así, de esta clase de objetos decía yo que era inteligible,
pero que en su investigación se ve el alma obligada a servirse de hipó-
tesis y, como no puede remontarse por encima de éstas, no se enca-
9 Las “hipótesis” de que habla aquí son los axiomas de los que parten las demostraciones de los
teoremas matemáticos.
10 El término que usa Platón aquí es dianoia, que podríamos traducir más exactamente como pen-
samiento deductivo, propio del proceder matemático.
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mina al principio, sino que usa como imágenes aquellos mismos obje-
tos, imitados a su vez por los de abajo, que, por comparación con
éstos, son también ellos estimados y honrados como cosas palpables.
- G: Ya comprendo –dijo–; te refieres a lo que se hace en geome- b
tría y en las ciencias afines a ella.
- S: Pues bien, aprende ahora que sitúo en el segundo segmento
de la región inteligible aquello a que alcanza por sí misma la razón
valiéndose del poder dialéctico y considerando las hipótesis no como
principios, sino como verdaderas hipótesis, es decir, peldaños y tram-
polines que la eleven hasta lo no hipotético, hasta el principio de todo;
y una vez haya llegado a éste, irá pasando, de una a otra de las deduc-
ciones que de él dependen hasta que de ese modo descienda a la con-
clusión sin recurrir en absoluto a nada sensible, antes bien, usando
solamente de las ideas tomadas en sí mismas, pasando de una a otra c
y terminando en las ideas.
- G: Ya me doy cuenta –dijo–, aunque no perfectamente, pues me
parece muy grande la empresa a que te refieres, de que lo que inten-
tas es dejar sentado que es más clara la visión del ser y de lo inteli-
gible que proporciona la ciencia dialéctica que la que proporcionan
las llamadas artes, a las cuales sirven de principios las hipótesis;
pues, aunque quienes las estudian se ven obligados a contemplar
los objetos por medio del pensamiento y no de los sentidos, sin
embargo, como no investigan remontándose al principio, sino par- d
tiendo de hipótesis, por eso te parece a ti que no adquieren cono-
cimiento de esos objetos que son, empero, inteligibles cuando están
en relación con un principio. Y creo también que a la operación de
los geómetras y demás la llamas pensamiento, pero no conocimien-
to11, porque el pensamiento es algo que está entre la simple creen-
cia12 y el conocimiento.
- S: Lo has entendido –dije– con toda perfección. Ahora aplícame
a los cuatro segmentos estas cuatro operaciones que realiza el alma:
la inteligencia, al más elevado; el pensamiento, al segundo; al tercero e
dale la creencia y al último la imaginación; y ponlos en orden, conside-
rando que cada uno de ellos participa tanto más de la claridad cuanto
más participen de la verdad los objetos a que se aplica.
-G: Ya lo comprendo –dijo–; estoy de acuerdo y los ordeno como
dices.
11 La traducción es confusa: el término que Platón usa aquí no es episteme (conocimiento en sen-
tido amplio), sino nous (conocimiento en sentido estricto). No se está diciendo que las matemáticas
no sean episteme, sino que no son noesis, conocimiento en sentido estricto, acto de la inteligencia,
captación de las Ideas.
12 El término usado por Platón aquí no es pistis, sino doxa; si bien los autores han traducido por
“creencia”; hubiera sido más coherente traducir por “opinión”.
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INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA
I. El Símil de la Línea
GRADOS DE REALIDAD
MENOS REAL MÁS REAL
LO VISIBLE LO INTELIGIBLE
Objetos
Objetos
Imágenes físicos y Ideas
matemáticos
fabricados
Imaginación Creencia Pensamiento Inteligencia
OPINIÓN CONOCIMIENTO
MENOS CLARO MÁS CLARO
GRADOS DE CLARIDAD EN EL SABER
II. Cuadro-Resumen sobre los grados de saber
GRADOS DE SABER
Dos niveles OPINIÓN CONOCIMIENTO
básicos: (DOXA) (EPISTEME)
Objeto del Saber sobre el mundo visible Saber sobre el mundo
saber inteligible
Definición Grado inferior de saber, confu- Grado superior de saber, verda-
so y poco fiable, cambiante y dero, claro, objetivo, universal,
relativo, que versa sobre el permanente y absoluto, que
devenir (las realidades sensi- versa sobre el ser, lo real, esta-
bles) ble y eterno (las realidades inte-
ligibles)
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Tipos Imaginación Creencia Pensamiento Inteligencia
Objeto del Sombras y Naturaleza y Objetos Ideas
saber reflejos, visiones objetos matemáticos (inteligibles
deformadas de fabricados (inteligibles superiores)
las cosas inferiores)
Fuente del SENTIDOS SENTIDOS LA RAZÓN LA RAZÓN
saber (Ayudada por (Con la sola
representaciones ayuda del poder
sensibles) dialéctico)
Aquí se La mayoría de Filósofos de la El matemático El filósofo o
hallan….. la humanidad naturaleza, dialéctico
técnicos,
expertos, etc
III. Diferencias entre ciencia dialéctica y conocimiento
matemático
Platón llama ciencia dialéctica a la ciencia de las Ideas y de las relacio-
nes entre Ideas, en particular de la relación entre cada Idea con la Idea de
Bien. Frecuentemente Platón identifica la dialéctica con la filosofía. La
dialéctica es la enseñanza principal en la formación de los futuros gober-
nantes, pues, es la que les conducirá a la contemplación de la Idea de Bien
y de las restantes Ideas, que tomarán como modelo para imponer orden en
su propia alma y en la sociedad.
En el pasaje de la línea Platón compara las matemáticas con la dialéc-
tica: ambas versan sobre objetos que son inteligibles, aunque siguen méto-
dos bien distintos. En esencia, hay dos diferencias básicas entre el méto-
do de las matemáticas y el de la ciencia dialéctica:
a) El matemático parte de hipótesis o supuestos, pero, a diferencia del
dialéctico, toma estas hipótesis como axiomas, es decir, como verda-
des tan evidentes que no necesitan de demostración. A partir de estas
hipótesis no demostradas, desciende deductivamente, mediante cade-
nas de razonamientos, hasta sus teoremas o conclusiones.
Veamos con un ejemplo la manera de proceder del matemático: el
matemático parte del supuesto de que los números pueden ser pares o
impares. Considera esta hipótesis como un axioma, es decir, como un
conocimiento tan evidente que no necesita demostración ni fundamen-
tación (aunque en realidad no es cierto, pues ya en la época de los grie-
gos se descubrieron también los números irracionales, que no son ni
pares ni impares). A partir de este y otros supuestos similares, extrae
conclusiones sobre los números por medio de deducciones, conclusio-
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nes que —lógicamente— tendrán sólo una validez relativa y provisio-
nal, pues parten de hipótesis no verificadas o demostradas.
El método dialéctico, en cambio, también parte de hipótesis, pero, a
diferencia del matemático, el dialéctico no toma estas hipótesis como
verdades definitivas (“principios”) que no necesitan de demostración,
sino como lo que son, o sea, simples supuestos provisionales, que
cumplen la función de trampolines o peldaños (511b) desde los que el
alma, en lugar de descender deductivamente hasta las conclusiones,
asciende dialécticamente hasta el principio, es decir, hasta la Idea y,
luego, de Idea en Idea, hasta la Idea de Bien.
Pongamos un ejemplo. Supongamos que queremos definir la esencia
de la Justicia. Se propone una primera hipótesis (por ejemplo, “la jus-
ticia es lo que conviene al más fuerte”). Esta hipótesis no se toma como
una verdad definitiva, sino que, aplicando el método dialéctico, será
sometida a crítica rigurosa mediante argumentos y refutaciones, hasta
mostrar sus contradicciones y ser finalmente desechada. Sobre las rui-
nas de esa primera hipótesis se propone una segunda hipótesis, más
verdadera y mejor (por ejemplo, “la justicia es lo que decide la mayo-
ría”). Nuevamente, esta hipótesis ha de ser probada mediante críticas y
argumentos. Si no resiste las críticas y acaba mostrándose también
como contradictoria, habremos de rechazarla igualmente, utilizándola
como peldaño o trampolín para ascender hasta una tercera hipótesis
mejor y más próxima a la verdad, y así sucesivamente, hasta que por
fin alcanzamos la verdad y llegamos a una definición no contradictoria
que resiste todas las críticas. Es entonces cuando hemos alcanzado la
esencia misma de la Justicia, la Idea de la Justicia. En ese camino
ascendente hemos partido de hipótesis que hemos puesto a prueba
intentando echarlas abajo mediante críticas y argumentos, proponien-
do una hipótesis nueva tras otra y elevándonos así cada vez más cerca
de la verdad. Y, así, nos hemos servido de las hipótesis como de “pel-
daños” para ascender hasta la contemplación de la Idea investigada. A
partir de aquí, el ascenso dialéctico debe seguir, de Idea en Idea, y
haciendo uso del poder dialéctico o argumentativo de la razón, hasta
elevarnos a la contemplación de la suprema Idea de Bien.
b) Pero, además, hay una segunda diferencia entre la manera de proceder
de las matemáticas y la de la ciencia dialéctica. A diferencia del filóso-
fo, que intenta conocer las Ideas sin apoyarse en nada sensible, hacien-
do uso exclusivamente de la inteligencia y del poder argumentativo de
la razón, el matemático estudia los objetos matemáticos apoyándose en
imágenes sensibles. Dicho más claramente, los matemáticos, como
hacen los geómetras en particular, se sirven de dibujos y figuras visi-
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bles que copian los objetos que investigan; esto les facilita la compren-
sión de las cosas que investigan, que son en realidad invisibles e inte-
ligibles. Así, por ejemplo, el geómetra estudia los círculos inteligibles
perfectos e ideales, pero se ayuda de dibujos o imágenes de círculos
visibles aproximativos e imperfectos, que son en realidad una copia
sensible y material de los primeros; aunque sus conclusiones no se
refieren a estos círculos particulares que ha dibujado, sino que valen
para todos los círculos inteligibles.
Todo lo anterior hace que, aunque el conocimiento que aportan las
matemáticas no pueda considerarse opinión —pues no versa acerca de
cosas materiales y visibles, sino inmateriales, invisibles e inteligi-
bles—, sea un conocimiento inferior al de las Ideas. De ahí que Platón
reserve para las matemáticas el nombre de “pensamiento” (dianoia),
un estado mental más claro que la simple opinión (doxa), pero más
oscuro que el conocimiento de las Ideas (noesis o inteligencia), que se
apoya exclusivamente en la razón.
ACTIVIDADES
I. ACTIVIDADES DE LECTURA Y COMPRENSIÓN
1. ¿LO DICE EL TEXTO? Lee atentamente los dos capítulos que
integran este bloque y contesta verdadero o falso. V si estás de acuer-
do con la interpretación que se hace del texto; y F en caso contrario.
En caso de que contestes F, razona tu respuesta en tu cuaderno de
clase, apoyándola en el texto.
a) En 509d, siguiendo con la analogía entre el sol y la Idea de
Bien, se dice que el sol reina en el mundo inteligible, mientras
que la Idea de Bien reina en el sensible.
b) En ese mismo párrafo Platón diferencia dos formas de reali-
dad: la sensible o visible y la inteligible (no visible).
c) En 510a se dice que las dos clases anteriores de objetos visi-
bles mantienen entre sí una relación de copia. También se dice
en el mismo párrafo que los objetos sensibles en conjunto
imitan a los inteligibles.
d) En 510b, al hablar de la parte inferior del segmento de lo inte-
ligible, se está refiriendo Platón a cierta clase de Ideas.
e) En el mismo párrafo, al hablar de la parte superior del seg-
mento de lo inteligible, se refiere a las Ideas en general.
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f) Una diferencia entre Ideas y objetos matemáticos es que, a la
hora de estudiarlos, en el caso de los objetos matemáticos par-
timos de hipótesis o axiomas, mientras que en caso de las
Ideas no usamos hipótesis.
g) Otra diferencia es que al estudiar a unos y otros, en el caso de
los objetos matemáticos nos valemos de representaciones o
copias sensibles para discurrir mejor, mientras que en el caso
de las Ideas no.
h) En 510d, con las expresiones “aquello a lo que ellas se pare-
cen” y “aquellas cosas en sí que no pueden ser vistas sino por
el pensamiento” se está refiriendo Platón a las Ideas.
i) Del texto se desprende que los objetos matemáticos son obje-
tos sensibles, materiales y visibles a la vista, porque pueden
dibujarse o trazarse (510e).
j) En 511a con la expresión “cosas palpables” Platón se refiere a
los objetos matemáticos.
k) En 511b, con la expresión “aquello a que alcanza por sí misma
la razón valiéndose del poder dialéctico” se refiere Platón nue-
vamente a los objetos matemáticos.
l) Con la expresión “las llamadas artes” Platón se refiere en 511c
a las matemáticas.
m) A lo largo del texto queda claro que las matemáticas se dife-
rencian de la ciencia dialéctica, entre otras cosas, por el méto-
do de conocimiento que emplean.
n) En realidad, como parece desprenderse de 511c-d, las mate-
máticas, a diferencia de la ciencia dialéctica, no son capaces
de proporcionar conocimiento, sino sólo opinión.
o) De 511d-e se desprende que cuanto más real o verdadero es un
objeto, más claro es el saber que el alma puede obtener de él.
p) De 511e se desprende también que la operación del alma que
proporciona un saber más oscuro y confuso es la creencia, que
versa sobre los objetos menos reales y auténticos.
2. LOCALIZA, SUBRAYA Y RELACIONA: Localiza y subraya
en texto las expresiones del capítulo XX del “Libro VI” que apare-
cen a la izquierda de la siguiente tabla y relaciónalas con las que
aparecen en la columna de la derecha. (Atención, en dos ocasiones,
dos expresiones de la izquierda repiten el mismo concepto de la
derecha)
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CAPÍTULO XX (“LIBRO VI”)
1- “el género inteligible” (509d) a) Objetos pertenecientes al
2- “las imágenes” (510a) segmento superior de lo
visible
3- “lo opinado” (510a)
b) El mundo inteligible
4- “lo conocido” (510a)
c) Objetos pertenecientes al
5- “aquellas cosas que antes
segmento inferior de lo
eran imitadas” (510b) inteligible (objetos
6- objetos que el alma investiga matemáticos)
“sirviéndose como de imágenes” d) Sombras, reflejos de cosas…
de objetos visibles (510b)
e) El mundo sensible
7- “figuras visibles” (510d)
3. LOCALIZA, SUBRAYA Y RELACIONA: Haz lo mismo que
en el ejercicio anterior, pero ahora con las expresiones que aparecen
en el capítulo XXI del “Libro VI”. (Atención: dos expresiones de la
izquierda enlazan con el mismo término de la derecha).
CAPÍTULO XXI (“LIBRO VI”)
1- “esta clase de objetos” (511a) a) Las matemáticas
2- “cosas palpables” (511a) b) Saber sobre imágenes
3- “la ciencia dialéctica” (511c) c) Saber acerca de las Ideas y sus
4- “las llamadas artes” (511c) relaciones
5- “inteligencia” (511e) d) Saber sobre los seres naturales y
fabricados
6- “pensamiento” (511e)
e) Los objetos sensibles
7- “creencia” (511e)
f) Las Ideas
8- “imaginación” (511e)
g) Los objetos matemáticos
II. ACTIVIDADES DE DEFINICIÓN DE TÉRMINOS
TEXTO: CAPÍTULO XX.
4. Define la expresión el “género visible”, sirviéndote de la informa-
ción que aporta el texto, así como de tus conocimientos sobre el
pensamiento de Platón.
5. Haz lo mismo con el término “Ideas”.
6. Define los dos sentidos diferentes que en el texto tiene el término
“imágenes” (Observa que se usa para referirse a dos clases de obje-
tos diferentes)
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PLATÓN · La República
7. ¿A qué se refiere la expresión del texto “aquello a que ellas se pare-
cen”? Define y clarifica el concepto al que se refiere sirviéndote,
tanto de la información que aporta el texto, como de tus conoci-
mientos sobre la filosofía platónica.
TEXTO: CAPÍTULO XXI.
8. Define el término “pensamiento” con el significado con el que apa-
rece en este capítulo
9. Define la expresión “ciencia dialéctica”, contraponiéndola a la
expresión “las llamadas artes” (Sírvete tanto de la información que el
texto aporta, como de tus conocimientos sobre la filosofía de Platón)
10.Define el término “hipótesis” y los dos usos que se pueden hacer
de ellas, según el texto.
III. ACTIVIDADES DE SÍNTESIS DE UN TEXTO
Y DE ARGUMENTACIÓN
TEXTO: CAPÍTULO XX.
11. El capítulo XX es un texto principalmente expositivo; si nos
piden un resumen de las ideas del mismo utilizaremos el modelo
de síntesis que hemos trabajado ya en actividades anteriores.
Completa el siguiente esquema incompleto, en el que se recoge
una síntesis de las ideas principales del texto, así como de las ideas
secundarias subordinadas a cada idea principal.
SÍNTESIS INCOMPLETA CAPÍTULO XX:
1. El Bien en sí reina la región inteligible, el sol en la región visible (509d)
2. Símil de la línea (aspecto ontológico): Hay dos grados de realidad: la
visible y la inteligible (509d-510a)
2.1. El segmento inferior corresponde a la región visible, que copia
a la región inteligible, y se subdivide en dos partes (509d-510a):
2.1.1. ...........................................................................................
2.1.2. ...........................................................................................
2.2. ...........................................................................................(510b)
2.2.1. Parte inferior: Objetos inteligibles que el alma investiga
ayudándose de imágenes visibles y partiendo de hipótesis
no debidamente justificadas: los objetos matemáticos
2.2.2. ...........................................................................................
3. Aclaración sobre el proceder de los matemáticos (510c-e):
3.1. Parten de hipótesis que no justifican porque las toman por evi-
dentes (510c-d)
3.2 ...........................................................................................(510e)
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[IV] · La República - Bloque 2
TEXTO: CAPÍTULO XXI.
12.Continúa tú EL ESQUEMA anterior en el punto 4, sintetizando
las ideas del capítulo XXI y mostrando la estructura expositiva o
argumentativa del texto.
13.TEXTO ARGUMENTATIVO: Considera el texto que va desde
510c (“Creo que sabes que…”) hasta 511d inclusive (hasta “…cre-
encia y el conocimiento”). Sintetiza las ideas principales del texto
mostrando la estructura argumentativa del mismo. Al tratarse de un
texto predominantemente argumentativo, lo mejor que podemos
hacer es un breve resumen que recoja EL TEMA, LA TESIS y
LOS ARGUMENTOS en defensa de la misma, exponiéndolos
con claridad, concisión y orden. (Ver al final el apartado
“Orientaciones para la Prueba de Acceso a la Universidad”)
IV. ACTIVIDADES DE ACTUALIZACIÓN
Y DE RELACIONAR
TEXTO DE ACTUALIZACIÓN:
“MATEMÁTICOS PLATÓNICOS HOY”
¿Hasta qué punto son “reales” los objetos de los que se ocupan las
matemáticas, tales como los números abstractos, los triángulos perfec-
tos, el punto sin extensión o las líneas paralelas que se cortan en el
infinito, etc.? ¿Son simples conceptos construidos por la mente huma-
na, inspirándose en ciertos objetos visibles del mundo que nos rodea?
¿Se trata entonces de puras invenciones o idealizaciones que sólo exis-
ten en la mente de quien las concibe? Sin embargo, algunos matemáti-
cos actuales son de la opinión de que los objetos matemáticos son algo
más que meras invenciones de una mente, y que dichos objetos tienen
algún tipo de existencia previa, etérea,inmaterial, eterna, atemporal y
universal. Este punto de vista arranca de Platón y se ha denominado
platonismo matemático o realismo. De acuerdo con él, los entes mate-
máticos tienen una existencia metafísica, existen con independencia de
la mente humana. Los matemáticos que defienden este punto de vista
consideran que las matemáticas no son una cuestión de invención, sino
de descubrimiento. Dicho de otro modo, los teoremas y conclusiones
que establecen los matemáticos no son para ellos simples proposicio-
nes sobre meras construcciones mentales que no tienen auténtica rea-
lidad, sino verdades eternas y universales que el matemático descubre
sobre objetos abstractos, eternos e inmateriales, que existen con inde-
pendencia de que alguien los conciba o no (tales como el círculo per-
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PLATÓN · La República
fecto, las líneas paralelas, etc.). Así, por ejemplo, el teorema de
Pitágoras no es una simple invención, sino un descubrimiento acerca
de la relación invariable, eterna, objetiva y universal que se da entre
los catetos y la hipotenusa de un triángulo rectángulo perfecto, siendo
este objeto considerado, no como una simple construcción mental, sino
como un objeto eterno que existe por sí mismo. Claro está que no exis-
te en el terreno de lo material y visible, sino en otra esfera de la reali-
dad: la de las realidades inmateriales, eternas y abstractas, pues exis-
ten realidades así. Un representante actual del platonismo matemático
es el matemático R. PENROSE, autor del best seller científico La
nueva mente del emperador.
Frente a los matemáticos platónicos, otros matemáticos mantienen
una opinión completamente opuesta. Sostienen que el objeto de estu-
dio de las matemáticas son simples “construcciones simbólicas” o
“ficciones de la mente” que no tienen ninguna realidad metafísica,
fuera de la mente del que las concibe o las ha inventado. Esta postu-
ra se conoce con el nombre de constructivismo y ha sido defendida,
entre otros, por Bertrand Rusell, y se aleja del pensamiento de Platón.
14. ACTUALIZACIÓN: Actividades sobre el texto:
a) Leed y comentad en clase el texto anterior. Debatid las pregun-
tas con las que se inicia.
b) Resume brevemente en qué consiste la posición que podemos
denominar “platonismo matemático”.
c) Busca información en Internet sobre “matemáticos platónicos”
contemporáneos o el “platonismo matemático”. Haz un breve
resumen por escrito.
15. RELACIÓN CON SÓCRATES: Resume la influencia de
Sócrates sobre su discípulo Platón.
V. ACTIVIDADES DE REDACCIÓN FILOSÓFICA
1. La realidad y sus formas.
2. Conocer y opinar.
3. Conocimiento matemático y conocimiento dialéctico.
4. Mundo del ser y mundo del devenir.
5. Opinión, pensamiento y ciencia en la filosofía de Platón (Examen
PAU, junio 1997).
6. Matemáticas y verdad (Examen PAU, septiembre 1998).
7. Grados de realidad y grados de conocimiento en la filosofía de
Platón (Examen PAU, septiembre 2005).
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[IV] · La República - Bloque 3
BLOQUE 3
EL MITO DE LA CAVERNA
(“LIBRO VII” CAPS. I-III)
GUÍA DE LECTURA
En los capítulos I y II de “Libro VII” de República que ahora vas a leer,
Platón expone el conocido mito de la caverna; en el capítulo III nos ofre-
ce además las claves interpretativas para su comprensión. Como se indica
al comienzo del capítulo I, la alegoría de la caverna pretende poner de
manifiesto “el estado en que, con respecto a la educación o falta de ella,
se halla nuestra naturaleza” (514a), es decir, el estado en que se halla la
humanidad en relación al conocimiento de la verdad y a la ignorancia. Así,
los prisioneros representan a la mayoría de la humanidad, esclava y prisio-
nera de su ignorancia, aferrada a las costumbres, opiniones, prejuicios y
falsas creencias de siempre y poco dispuesta a cambiar su modo de ver las
cosas. Estos prisioneros, al igual que la mayoría de los hombres, creen que
saben y se sienten felices en su ignorancia, pero viven en el error, y toman
por real y verdadero lo que no son sino simples sombras de objetos fabri-
cados y ecos de voces (515a-c).
Pero este es sólo un aspecto del mito. La alegoría de la caverna sirve
además a Platón para ejemplificar, mediante un lenguaje plagado de metá-
foras, la distinción entre mundo sensible y mundo inteligible (dualismo
ontológico), y la distinción entre opinión y conocimiento científico (dua-
lismo epistemológico). Sin embargo, la función principal del mito es
exponer el proceso que debe seguir la educación del filósofo gobernante,
tema central del “Libro VII”. Este proceso está representado por el reco-
rrido del prisionero liberado desde el interior de la caverna hasta el mundo
exterior, y culmina con la visión del sol (515d - 516c). El mito da a enten-
der que la educación es un proceso largo y costoso, plagado de obstáculos
y, por tanto, no accesible a cualquiera. El prisionero liberado debe aban-
donar poco a poco sus viejas y falsas creencias, los prejuicios ligados a la
costumbre; debe romper con su anterior vida, cómoda y confortable, pero
basada en el engaño; ha de superar miedos y obstáculos para ser capaz de
comprender la nueva realidad que tiene ante sus ojos, más verdadera y
auténtica que la anterior. De ahí que el prisionero deba ser al principio
“obligado”, “forzado”, “arrastrado”, por una “áspera y escarpada subida”,
y acostumbrarse muy poco a poco a la luz de fuera, hasta alcanzar el cono-
cimiento de lo auténticamente real, de lo eterno, inmaterial e inmutable, es
decir, de las Ideas o esencias, que representan la estructura profunda del
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mundo. Pero no acaba aquí la tarea del filósofo: una vez formado en el
conocimiento de la verdad, deberá “descender nuevamente a la caverna”
y, aunque al principio se muestre torpe y necesite nuevamente un período
de adaptación (516e), deberá ocuparse de los asuntos humanos, los pro-
pios del mundo sensible material y cambiante, asuntos tales como la polí-
tica, la organización del Estado, los tribunales de justicia o el gobierno de
la ciudad.
Es muy importante que relaciones este mito con tus conocimientos
generales sobre la filosofía de Platón, en especial con la Teoría de las
Ideas, con la distinción entre mundo inteligible y mundo sensible, y con la
distinción entre conocimiento y opinión. Debes poner especial atención en
interpretar las abundantes metáforas del mito (la “visión”, “las cadenas”,
las “cosas del interior”, “las cosas de arriba”, “el sol”, etc.) traduciéndolas
a los conceptos de la filosofía platónica. Es importante también que rela-
ciones las etapas del recorrido del prisionero liberado con el ascenso por
los grados de conocimiento representados en el símil de la línea que aca-
bas de estudiar en el bloque anterior.
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TEXTO: CAPÍTULOS I-III “LIBRO VII”
I. —S: Y a continuación –seguí– compara con la siguiente escena el 514
estado en que, con respecto a la educación o a la falta de ella, se a
halla nuestra naturaleza. Imagina una especie de cavernosa vivienda
subterránea provista de una larga entrada, abierta a la luz, que se
extiende a lo ancho de toda la caverna, y unos hombres que están
en ella desde niños, atados por las piernas y el cuello, de modo que
tengan que estarse quietos y mirar únicamente hacia adelante, pues b
las ligaduras les impiden volver la cabeza; detrás de ellos, la luz de
un fuego que arde algo lejos y en plano superior, y entre el fuego y
los encadenados, un camino situado en alto; y a lo largo del camino
suponte que ha sido construido un tabiquillo parecido a las mampa-
ras que se alzan entre los titiriteros y el público, por encima de las
cuales exhiben aquéllos sus maravillas.
— G: Ya lo veo –dijo–.
— S: Pues bien, contempla ahora, a lo largo de esa paredilla,
unos hombres que transportan toda clase de objetos, cuya altura c
sobrepasa la de la pared, y estatuas de hombres o animales hechas 515
de piedra y de madera y de toda clase de materias; entre estos por- a
tadores habrá, como es natural, unos que vayan hablando y otros
que estén callados
— G: ¡Qué extraña escena describes –dijo– y qué extraños prisio-
neros!
— S: Iguales que nosotros13 –dije–, porque, en primer lugar,
¿crees que los que están así han visto otra cosa de sí mismos o de
sus compañeros sino las sombras proyectadas por el fuego sobre la
parte de la caverna que está frente a ellos?
— G: ¿Cómo –dijo–, si durante toda su vida han sido obligados a
mantener inmóviles las cabezas? b
— S: ¿Y de los objetos transportados? ¿No habrán visto lo
mismo?
— G: ¿Qué otra cosa van a ver?
— S: Y si pudieran hablar los unos con los otros, ¿no piensas que
creerían estar refiriéndose a aquellas sombras que veían pasar ante
ellos?
— G: Forzosamente.
— S: ¿Y si la prisión tuviese un eco que viniera de la parte de
enfrente? ¿Piensas que, cada vez que hablara alguno de los que
pasaban, creerían ellos que lo que hablaba era otra cosa sino la
sombra que veían pasar?
13 Repárese en la comparación: los encadenados representan a la mayoría de la humanidad, pri-
sionera de su ignorancia, y aferrada a la costumbre y a los prejuicios de siempre.
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— G: No, ¡por Zeus! –dijo–.
c — S: Entonces no hay duda –dije yo– de que los tales no ten-
drán por real ninguna otra cosa más que las sombras de los objetos
fabricados14.
— G: Es enteramente forzoso –dijo–.
— S: Examina, pues –dije–, qué pasaría si fueran liberados de
sus cadenas y curados de su ignorancia y si, conforme a naturale-
za, les ocurriera lo siguiente: cuando uno de ellos fuera desatado y
obligado a levantarse súbitamente y a volver el cuello y a andar y a
mirar a la luz, y cuando, al hacer todo esto, sintiera dolor y, por
causa de las chiribitas, no fuera capaz de ver aquellos objetos cuyas
d sombras veía antes, ¿qué crees que contestaría si le dijera alguien
que antes no veía más que sombras inanes y que es ahora cuando,
hallándose más cerca de la realidad y vuelto de cara a objetos más
reales, goza de una visión más verdadera, y si fuera mostrándole los
objetos que pasan y obligándole a contestar a sus preguntas acer-
ca de qué es cada uno de ellos? ¿No crees que estaría perplejo y
que lo que antes había contemplado le parecería más verdadero
que lo que entonces se le mostraba?
— G: Mucho más –dijo–.
II.
— S: Y si se le obligara a fijar su vista en la luz misma, ¿no crees
e que le dolerían los ojos y que se escaparía volviéndose hacia aque-
llos objetos que puede contemplar, y que consideraría que éstos
son realmente más claros que los que le muestran?
— G: Así es –dijo–.
— S: Y si se lo llevaran de allí a la fuerza –dije–, obligándole a
recorrer la áspera y escarpada subida, y no le dejaran antes de
haberle arrastrado hasta la luz del sol, ¿no crees que sufriría y lleva-
516 ría a mal el ser arrastrado y, una vez llegado a la luz, tendría los ojos
a tan llenos de ella que no sería capaz de ver ni una sola de las cosas
a las que ahora llamamos verdaderas?
— G: No, no sería capaz –dijo–, al menos por el momento.
— S: Necesitaría acostumbrarse, creo yo, para poder llegar a ver
las cosas de arriba. Lo que vería más fácilmente serían, ante todo,
las sombras; luego, las imágenes de hombres y de otros objetos
reflejados en las aguas15, y más tarde, los objetos mismos. Y des-
14 La ignorancia no consiste en no saber, sino en tomar por real lo que tan sólo es una copia de
lo real, en creer que se sabe cuando en realidad no se sabe.
15 Las sombras y reflejos en el agua de los objetos verdaderos representan metafóricamente los
objetos matemáticos, que copian a las Ideas (“las cosas verdaderas”).
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pués de esto le sería más fácil el contemplar de noche las cosas del
cielo y el cielo mismo, fijando su vista en la luz de las estrellas y la b
luna, que el ver de día el sol y lo que le es propio.
— G: ¿Cómo no?
— S: Y por último, creo yo, sería el sol, pero no sus imágenes
reflejadas en las aguas ni en otro lugar ajeno a él, sino el propio sol
en su propio dominio y tal cual es en sí mismo, lo que él estaría en
condiciones de mirar y contemplar.
— G: Necesariamente –dijo–.
— S: Y después de esto, colegiría ya con respecto al sol que es
él quien produce las estaciones y los años y gobierna todo lo de la
región visible, y es, en cierto modo, el autor de todas aquellas cosas c
que ellos veían.
— G: Es evidente –dijo– que después de aquello vendría a pen-
sar en eso otro.
— S: ¿Y qué? Cuando se acordara de su anterior habitación y
de la ciencia de allí y de sus antiguos compañeros de cárcel, ¿no
crees que se consideraría feliz por haber cambiado y que les com-
padecería a ellos?
— G: Efectivamente.
— S: Y, si hubiese habido entre ellos algunos honores o alaban-
zas o recompensas que concedieran los unos a aquellos otros que,
por discernir con mayor penetración las sombras que pasaban y
acordarse mejor de cuáles de entre ellas eran las que solían pasar
delante o detrás o junto con otras, fuesen más capaces que nadie d
de profetizar, basados en ello, lo que iba a suceder, ¿crees que sen-
tiría aquél nostalgia de estas cosas o que envidiaría a quienes goza-
ran de honores y poderes entre aquéllos, o bien que le ocurriría lo
de Homero, es decir, que preferiría decididamente «trabajar la tierra
al servicio de otro hombre sin patrimonio» o sufrir cualquier otro
destino antes que vivir en aquel mundo de lo opinable?
— G: Eso es lo que creo yo –dijo–: que preferiría cualquier otro e
destino antes que aquella vida.
— S: Ahora fíjate en esto –dije–: si, vuelto el tal allá abajo, ocu-
pase de nuevo el mismo asiento, ¿no crees que se le llenarían los
ojos de tinieblas como a quien deja súbitamente la luz del sol?
— G: Ciertamente –dijo–.
— S: Y si tuviese que competir de nuevo con los que habían per-
manecido constantemente encadenados, opinando acerca de las 517
sombras aquellas que, por no habérsele asentado todavía los ojos, a
ve con dificultad –y no fuera muy corto el tiempo que necesitara
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para acostumbrarse–, ¿no daría que reír y no se diría de él que, por
haber subido arriba, ha vuelto con los ojos estropeados, y que no
vale la pena ni aun de intentar una semejante ascensión? ¿Y no
matarían, si encontraban manera de echarle mano y matarle, a
quien intentara desatarles y hacerles subir?16
— G: Claro que sí –dijo–.
III.
— S: Pues bien –dije–, esta imagen hay que aplicarla toda ella,
¡Oh amigo Glaucón!, a lo que se ha dicho antes; hay que comparar
b la región revelada por medio de la vista con la vivienda-prisión, y la
luz del fuego que hay en ella, con el poder del sol. En cuanto a la
subida al mundo de arriba y a la contemplación de las cosas de
éste, si las comparas con la ascensión del alma hasta la región inte-
ligible no errarás con respecto a mi vislumbre, que es lo que tú
deseas conocer, y que sólo la divinidad sabe si por acaso está en lo
cierto. En fin, he aquí lo que a mí me parece: en el mundo inteligible
lo último que se percibe, y con trabajo, es la Idea del bien, pero, una
c vez percibida, hay que colegir que ella es la causa de todo lo recto
y lo bello que hay en todas las cosas; que, mientras en el mundo
visible ha engendrado la luz y al soberano de ésta, en el inteligible
es ella la soberana y productora de verdad y conocimiento, y que
tiene por fuerza que verla quien quiera proceder sabiamente en su
vida privada o pública.
— G: También yo estoy de acuerdo –dijo–, en el grado en que
puedo estarlo.
— S: Pues bien –dije–, dame también la razón en esto otro: no
te extrañes de que los que han llegado a ese punto no quieran ocu-
parse en asuntos humanos, antes bien, sus almas tienden siempre
d a permanecer en las alturas, y es natural, creo yo, que así ocurra, al
menos si también esto concuerda con la imagen de que se ha
hablado.
— G: Es natural, desde luego –dijo–.
— S: ¿Y qué? ¿Crees –dije yo– que haya que extrañarse de que,
al pasar un hombre de las contemplaciones divinas a las miserias
humanas, se muestre torpe y sumamente ridículo cuando, viendo
todavía mal y no hallándose aún suficientemente acostumbrado a
las tinieblas que le rodean, se ve obligado a discutir, en los tribuna-
16 La risa de los prisioneros representa metafóricamente la risa del ignorante, que desprecia y se
burla del que ha hallado una verdad superior. Por otra parte, en la violencia de los prisioneros vemos
una clara alusión a la condena y muerte de Sócrates. Se trata de la intolerancia que brota de la igno-
rancia y del miedo a lo nuevo.
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les o en otro lugar cualquiera, acerca de las sombras de lo justo o
de las imágenes de que son ellas reflejo y a contender acerca del
modo en que interpretan estas cosas los que jamás han visto la jus- e
ticia en sí?17
— G: No es nada extraño –dijo–.
— S: Antes bien –dije–, toda persona razonable debe recordar 518
que son dos las maneras y dos las causas por las cuales se ofuscan a
los ojos: al pasar de la luz a la tiniebla y al pasar de la tiniebla a la
luz. Y una vez haya pensado que también le ocurre lo mismo al alma,
no se reirá insensatamente cuando vea a alguna que, por estar ofus-
cada, no es capaz de discernir los objetos, sino que averiguará si es
que, viniendo de una vida más luminosa, está cegada por falta de
costumbre o si, al pasar de una mayor ignorancia a una mayor luz, b
se ha deslumbrado por el exceso de ésta; y así considerará dichosa
a la primera alma18, que de tal manera se conduce y vive, y compa-
decerá a la otra, o bien, si quiere reírse de ella, esa risa será menos
ridícula que si se burlara del alma que desciende de la luz.
—G: Es muy razonable –asintió– lo que dices.
17 Fíjate que en este párrafo se aluden a tres niveles ontológicos distintos, que hay que poner en
conexión con el símil de la línea: 1. La justicia en sí 2. Las imágenes de lo justo y 3. El inferior:
las sombras de estas últimas.
18 “La primera alma”: la que desciende de la luz; “la otra”: la de aquel que está aún aprendiendo
y transitando de la tiniebla a la luz
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PLATÓN · La República
ACTIVIDADES
I. ACTIVIDADES DE LECTURA Y COMPRENSIÓN
1. Localiza y subraya en el texto las siguientes expresiones que apa-
recen en 515-d y, teniendo en cuenta el contexto, contesta a qué se
refiere Platón con ellas:
— “aquellos objetos cuya sombra veía antes”
— “lo que antes habían contemplado”
— “lo que entonces se le mostraba”
2. ¿Por qué razón el prisionero se resiste al principio a aceptar que las
estatuas que causan las sombras son más reales que las sombras?
¿Qué significado metafórico tiene esto? Pon ejemplos de la vida
real en que ocurra algo similar.
3. La misma relación que se da en el mito entre las cosas del exterior
y las cosas del interior (sombras y estatuas), se da entre el mundo
inteligible y el mundo sensible. ¿Con qué palabra o palabras puede
definirse dicha relación?
4. Lee atentamente los tres capítulos que componen este bloque y
anota en este cuadro, el significado que Platón atribuye a estas
metáforas:
METÁFORAS DEL MITO SIGNIFICADO
Los prisioneros..................................................................................
El prisionero liberado........................................................................
Las cadenas .......................................................................................
Los objetos del interior de la caverna
y sus sombras ....................................................................................
El fuego del interior de la caverna....................................................
La vivienda-prisión. ..........................................................................
La subida al mundo de arriba. ..........................................................
El sol del exterior. .............................................................................
5. LOCALIZA, SUBRAYA Y RELACIONA. Localiza y subraya
en el capítulo II del texto las expresiones que aparecen en la
columna de la izquierda. Interpreta el lenguaje metafórico de algu-
nos elementos del mito relacionándolos con su significado:
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EXPRESIONES DEL TEXTO SIGNIFICADO
1- “la áspera y escarpada subida” a) La Idea suprema de Bien, el
(515 e). Bien en sí.
2- “los objetos mismos” (516 a). b) La opinión, un saber acerca de
3- “las sombras, las imágenes de meras sombras de lo real.
hombres y de otros objetos refle- c) Filósofos de la naturaleza y
jados en el agua” (516 a). sofistas (los “sabios” del
4- “el sol” (516 b). mundo sensible).
5- “la ciencia de allí” (516 c). d) El costoso y difícil tránsito de
la opinión al conocimiento.
6- “Aquellos prisioneros que gozan
de honores por ser expertos e) Los objetos matemáticos.
conocedores de las sombras de f) El cultivo de las matemáticas,
la caverna” (516 d). como preparación necesaria de
7- “La necesidad de acostumbrarse la dialéctica.
a la luz, antes de mirar a los g) Las Ideas, las esencias.
objetos mismos” (516 a). h) El conocimiento científico.
8- “Ver las cosas de arriba” (516 a).
6. Analiza la metáfora del sol:
a) Recoge por escrito todas las afirmaciones que se hacen en los
capítulos II y III en torno al sol y a la Idea de Bien.
b) Indica cuáles de esas frases aluden respectivamente a la función
ontológica, epistemológica y ético-política de la Idea de Bien
(repasa los capítulos XVIII-XIX del “Libro VI”).
c) Explica a continuación, desde distintos puntos de vista, la ana-
logía entre el sol y el Bien en sí, tal cual se expone al final del
mito de la caverna.
II. ACTIVIDADES DE DEFINICIÓN DE TÉRMINOS
7. Lee el mito de la caverna desde el principio hasta 516c y explica a qué
concepto filosófico se refiere Platón con la metáfora “ver las cosas
de arriba”. Defínelo a continuación, sirviéndote de tus conocimien-
tos sobre la filosofía platónica y completando la definición con la
información metafórica que el texto aporta sobre dicho concepto.
8. Lee atentamente el párrafo que va de 516a (“Necesitaría acostumbrar-
se...”) hasta 517a (“Claro que sí –dijo...”). Explica en detalle el signi-
ficado que en ese texto tiene la expresión “ciencia de allí”. ¿Qué sig-
nificado metafórico tiene esta expresión? Por último, define con pre-
cisión el concepto de la filosofía de Platón con el que se relaciona.
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9. Capítulo III: Analiza y clarifica la expresión “miserias humanas”,
explicando su significado en contraposición a “las contemplacio-
nes divinas”.
10. Capítulo III: Analiza y explica la expresión “la justicia en sí”, en
contraposición a la expresión “las sombras de lo justo o de las
imágenes de que son ellas reflejo”
III. ACTIVIDADES DE SÍNTESIS DE UN TEXTO
Y DE ARGUMENTACIÓN
11. a) ¿Cuál es el tema principal sobre el que habla Platón de forma
metafórica en estos capítulos? b) Relaciona cada capítulo con la
temática particular que aborda cada uno de ellos:
CAPÍTULOS TEMA CENTRAL
1. Capítulo I a. Claves interpretativas del mito
2. Capítulo II b. Descripción de la caverna
3. Capítulo III c. Ascensión al mundo de arriba
12. Sintetiza al menos tres ideas que Platón nos está transmitiendo de
manera metafórica acerca de la educación a través de la alegoría
de la caverna
13. SÍNTESIS DEL TEXTO: Relee nuevamente los capítulos I y II.
Se trata de un texto expositivo, aunque con algún párrafo argumen-
tativo. Haz una síntesis de ambos capítulos a modo de esquema.
Sigue la siguiente pauta de trabajo:
a) Numera y ordena correctamente los siguientes núcleos temáti-
cos que van tratándose en el texto:
– Las emociones del prisionero liberado
– El regreso a la caverna y al mundo de abajo
– Sócrates anuncia que va a hablar de la educación o de la
falta de ella y propone una comparación con unos prisione-
ros en una caverna
– La liberación de un prisionero
– El estado mental o de conocimiento de los prisioneros
– Descripción de la caverna y los prisioneros
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b) Divide el texto en párrafos y asigna un núcleo temático a cada
párrafo (puedes hacerlo mediante anotaciones al margen).
c) Indaga en cada párrafo para extraer de él –si las hubiera– ideas
secundarias que desarrollen o completen el núcleo temático
correspondiente. Escribe y numera esas ideas debajo del núcleo
temático correspondiente
14.Identifica los núcleos temáticos que se abordan en el capítulo III
y haz una síntesis de las ideas del mismo siguiendo el mismo pro-
cedimiento que en la actividad anterior.
15.Lee atentamente el párrafo 518a-b y responde: ¿Cómo llega Platón
a la afirmación de que “esa su risa será menos ridícula que si se
burlara del alma que desciende de la luz” (518 b). ORIENTACIO-
NES: Debes comenzar aclarando el punto de arranque o de partida
de la argumentación de Platón, hasta llegar, por pasos, a esa con-
clusión, intentando clarificarla al máximo. Mejor si numeras los
pasos de la argumentación.
IV. ACTIVIDADES DE ACTUALIZACIÓN
Y DE RELACIONAR
TEXTO DE ACTUALIZACIÓN
“No es sólo el eco de la muerte de Sócrates lo que resuena en este
olvidado texto. Aquí se cierra el ciclo del conocimiento. Un final
melancólico para el ideal de progreso. La risa de los encadenados es
la primera defensa que esta historia hace de los privilegios oscuros de
la estupidez. (...) Como no pueden seguir oyéndolo más, porque se res-
quebrajan las normas del juego, y porque, de algún modo, tendrían
que hacerse cargo del nuevo lenguaje, acaban por matarlo. “La cóle-
ra de los imbéciles llena el mundo” habría de decir, siglos después,
otro platónico. La violencia y la muerte han sido los dos únicos recur-
sos de los sin recursos. Con ellas, enmudece la voz y parece extinguir-
se la claridad. Pero sólo momentáneamente. La vida humana es vida,
porque siempre hay un prisionero liberado, y un sol esperando”.
(LLEDÓ, E., La memoria del Logos, p.30, Taurus, Madrid, 1989)
16. ACTUALIZACIÓN: Actividades sobre el texto:
a) Sintetiza la interpretación que el filósofo español Emilio Lledó
hace de la violencia de los prisioneros.
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b) Ilustra esta interpretación con al menos tres fenómenos o acon-
tecimientos históricos y del presente en que la ignorancia esté a
la raíz de fanatismos de cualquier tipo que alimenten intoleran-
cia y violencia.
17.PLATÓN Y HERÁCLITO. PLATÓN Y PARMÉNIDES.
Explica la relación existente entre la filosofía de Platón y los
siguientes filósofos presocráticos: a) Heráclito b) Parménides.
18. PLATÓN Y LOS PITAGÓRICOS: Resume brevemente los
aspectos en que los pitagóricos influyeron en la filosofía de Platón.
V. ACTIVIDADES DE REDACCIÓN FILOSÓFICA
1. Educación y conocimiento de la verdad en el pensamiento de
Platón (Examen PAU, junio 2000).
2. Ciencia, opinión y consenso entre los hombres (Examen PAU,
junio 2001).
3. Educación y tipos de conocimiento (Examen PAU, septiembre
2002).
4. La ascensión al saber de lo inteligible como camino de liberación
(Examen PAU, septiembre 2006).
5. El mito de la caverna y la teoría de las Ideas (Examen PAU, junio
2007).
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BLOQUE 4
EDUCACIÓN Y POLÍTICA. “LIBRO VII”
CAPÍTULOS IV-V
GUÍA DE LECTURA
En los dos capítulos que vas a leer a continuación, Platón sigue ocu-
pándose del tema de la educación de los futuros gobernantes de la polis
ideal y comienza aclarando qué se entiende por educar. Para ello, explota-
rá la alegoría de la caverna, expuesta en los capítulos anteriores.
¿En qué consiste educar? Este es el tema del CAPÍTULO IV. Como
verás, el capítulo comienza con una crítica a la manera como los sofistas
(“algunos”) entienden la educación (518 c-d). Para ellos, educar consiste
en “proporcionar ciencia al alma que no la tiene”. De acuerdo con esto, la
educación consistiría en una mera transmisión de conocimientos por parte
del que sabe (el educador) al que no sabe (el que se educa), algo así como
si se tratara de imprimir los conocimientos en el alma del que se educa,
que sería como una página en blanco.
Platón no comparte en absoluto esta concepción y se sirve de la metá-
fora del ojo y de la vista para criticarla. Según él, los sofistas olvidan que
en el alma de cada hombre hay ya una facultad innata de conocimiento,
que, convenientemente estimulada y orientada por el educador, puede
alcanzar por sí misma y ella sola la verdad; basta con dirigir esa facultad
en la dirección adecuada: las Ideas (518-c). A partir de esta crítica, Platón
expondrá su peculiar forma de entender la educación: es el arte de guiar y
orientar el alma del que se educa hacia lo verdadero y lo bueno, para lo
cual hay que ayudarla a apartarse de lo sensible y material, donde jamás
hallará la verdad y el bien, y a que se dirija hacia el conocimiento de las
Ideas. Si lees con atención este capítulo te darás cuenta de que en él resue-
nan las influencias socráticas sobre Platón, en especial la mayéutica socrá-
tica y el intelectualismo moral. Asimismo, en el transfondo del concepto
platónico de educación está también la doctrina de la reminiscencia.
Conviene que repases y refresques estas teorías, y las tengas muy presen-
tes en tu lectura.
En el CAPITULO V Platón expone la necesidad de que aquellos que
han sido educados en la filosofía se hagan cargo de la dirección del Estado
y asuman la función de gobernantes. Al menos así debiera ser en la ciudad
ideal, en donde los filósofos han sido educados por el Estado y, por tanto,
están en deuda con la comunidad (520 b). ¿Por qué los filósofos deben
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gobernar? Esta es la cuestión central que Platón va a abordar aquí y que
intenta responder mediante argumentos y razones. Este capítulo tiene
como trasfondo la teoría política del filósofo gobernante, estrechamente
relacionada con el intelectualismo moral y con la teoría platónica de las
Ideas. El capítulo comienza con una interesante reflexión sobre la ley y la
justicia (o “armonía”) del Estado, que refleja perfectamente una concep-
ción organicista y estatalista del Estado. Repasa estos conceptos, así como
la concepción platónica de la justicia y del Estado ideal.
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TEXTO: CAPÍTULOS IV-V “LIBRO VII”
IV.
—S: Es necesario, por tanto –dije–, que, si esto es verdad, noso-
tros consideremos lo siguiente acerca de ello: que la educación no
es tal como proclaman algunos que es. En efecto, dicen, según creo,
que ellos proporcionan ciencia al alma que no la tiene, del mismo c
modo que si infundieran vista a unos ojos ciegos19.
— G: En efecto, así lo dicen –convino–.
— S: Ahora bien, la discusión de ahora –dije– muestra que esta
facultad20, existente en el alma de cada uno, y el órgano con que
cada cual aprende deben volverse, apartándose de lo que nace, con
el alma entera21 –del mismo modo que el ojo no es capaz de volver-
se hacia la luz, dejando la tiniebla, sino en compañía del cuerpo
entero–, hasta que se hallen en condiciones de afrontar la contem-
plación del ser, e incluso de la parte más brillante del ser, que es
aquello a lo que llamamos bien. ¿No es eso? d
— G: Eso es.
— S: Por consiguiente –dije–, puede haber un arte de descubrir
cuál será la manera más fácil y eficaz para que este órgano se vuel-
va; pero no de infundirle visión, sino de procurar que se corrija lo
que, teniéndola ya, no está vuelto adonde debe ni mira adonde es
menester.
— G: Tal parece –dijo–.
— S: Y así, mientras las demás virtudes, las llamadas virtudes del
alma, es posible que sean bastante parecidas a las del cuerpo
–pues, aunque no existan en un principio, pueden realmente ser más
tarde producidas por medio de la costumbre y el ejercicio–, en la del e
conocimiento22 se da el caso de que parece pertenecer a algo cier-
tamente más divino que jamás pierde su poder y que, según el lugar
a que se vuelva, resulta útil y ventajoso o, por el contrario, inútil y
nocivo. ¿O es que no has observado con cuánta agudeza percibe el 519
alma miserable de aquellos de quienes se dice que son malos, pero a
19 Platón está criticando el concepto que los sofistas tienen de la educación, jugando de nuevo
con las metáforas de la caverna: la visión y los ojos
20 Se refiere a la facultad de conocer y de aprender, que reside en la parte racional del alma. Platón
va a defender aquí el carácter innato de esta facultad. No hay que confundir aquí el innatismo de las
facultades con la existencia de conocimientos o nociones innatas (teoría de la reminiscencia).
21 La educación implica al alma entera, a sus tres partes: racional, irascible y apetitiva. Por lo
tanto, no consiste sólo en adquirir conocimientos, sino también en una profunda transformación
moral del individuo.
22 La virtud del conocimiento: la capacidad de conocer. Otras virtudes del alma son la sabiduría,
la valentía, la moderación, la justicia. Virtudes del cuerpo son la salud, la fuerza física, la bella pro-
porción.
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inteligentes, y con qué penetración discierne aquello hacia lo cual
se vuelve, porque no tiene mala vista y está obligada23 a servir a la
maldad, de manera que, cuanto mayor sea la agudeza de su mira-
da, tantos más serán los males que cometa el alma?
— G: En efecto –dijo–.
— S: Pues bien –dije yo–, si el ser de tal naturaleza hubiese sido,
ya desde niño, sometido a una poda y extirpación de esa especie de
excrecencias plúmbeas24, emparentadas con la generación, que,
b adheridas por medio de la gula y de otros placeres y apetitos seme-
jantes, mantienen vuelta hacia abajo la visión del alma; si, libre ésta
de ellas, se volviera de cara a lo verdadero, aquella misma alma de
aquellos mismos hombres lo vería también con la mayor penetra-
ción, de igual modo que ve ahora aquello hacia lo cual está vuelta.
— G: Es natural –dijo–.
— S: ¿Y qué? –dije yo–. ¿No es natural y no se sigue forzosa-
mente de lo dicho que ni los ineducados y apartados de la verdad
c son jamás aptos para gobernar una ciudad, ni tampoco aquellos a
los que se permite seguir estudiando hasta el fin; los unos, porque
no tienen en la vida ningún objetivo particular apuntando al cual
deberían obrar en todo cuanto hiciesen durante su vida pública y
privada; y los otros porque, teniéndose por transportados en vida a
las islas de los bienaventurados25, no consentirán en actuar?
— G: Es cierto –dijo–.
— S: Es, pues, labor nuestra –dije yo–, labor de los fundadores,
el obligar a las mejores naturalezas a que lleguen al conocimiento
del cual decíamos antes26 que era el más excelso, y vean el bien y
d verifiquen la ascensión aquella; y, una vez que, después de haber
subido, hayan gozado de una visión suficiente, no permitirles lo que
ahora les está permitido.
— G: ¿Y qué es ello?
— S: Que se queden allí –dije– y no accedan a bajar de nuevo
junto a aquellos prisioneros ni a participar en sus trabajos ni tampo-
co en sus honores, sea mucho o poco lo que éstos valgan.
— G: Pero entonces –dijo–, ¿les perjudicaremos y haremos que
vivan peor siéndoles posible el vivir mejor?
23 Aquí resuena el intelectualismo moral socrático: todo hombre busca su propio bien y está obli-
gado a servir al bien, pero el que toma lo malo por bueno, está obligado a servir a la maldad.
24 Los placeres y apetitos materiales pueden corromper al alma de buena naturaleza y hacer que
se convierta en impura (“excrecencias plúmbeas”), volcándola hacia las cosas materiales y sensi-
bles, e impidiéndole elevarse hacia el conocimiento. Platón se sirve de metáforas (“poda y extirpa-
ción de excrecencias plúmbeas”) para explicar cómo debe actuar la educación en estos casos.
25 El paraíso de los griegos. Es una metáfora de la felicidad asociada a la vida dedicada al cono-
cimiento y a la investigación de la verdad.
26 Antes: en 505d, capítulo XVI, “Libro VI”
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V.
— S: Te has vuelto a olvidar, querido amigo –dije–, de que a la e
ley no le interesa nada que haya en la ciudad una clase que goce de
particular felicidad, sino que se esfuerza por que ello le suceda a la
ciudad entera, y por eso introduce armonía entre los ciudadanos por
medio de la persuasión o de la fuerza, hace que unos hagan a otros
partícipes de los beneficios con que cada cual pueda ser útil a la 520
comunidad, y ella misma forma en la ciudad hombres de esa clase, a
pero no para dejarles que cada uno se vuelva hacia donde quiera,
sino para usar ella misma de ellos con miras a la unificación del
Estado27.
— G: Es verdad –dijo–. Me olvidé de ello.
— S: Pues ahora –dije– observa, ¡Oh Glaucón!, que tampoco
vamos a perjudicar a los filósofos que haya entre nosotros, sino a obli-
garles, con palabras razonables, a que se cuiden de los demás y les
protejan. Les diremos que es natural que las gentes tales que haya en b
las demás ciudades no participen de los trabajos de ellas, porque se
forman solos, contra la voluntad de sus respectivos gobiernos, y
cuando alguien se forma solo y no debe a nadie su crianza, es justo
que tampoco se preocupe de reintegrar a nadie el importe de ella.
Pero a vosotros os hemos engendrado nosotros, para vosotros mis-
mos y para el resto de la ciudad, en calidad de jefes y reyes, como los
de las colmenas, mejor y más completamente educados que aquéllos,
y más capaces, por tanto, de participar de ambos aspectos. Tenéis, c
pues, que ir bajando uno tras otro a la vivienda de los demás y acos-
tumbraros a ver en la oscuridad28. Una vez acostumbrados, veréis
infinitamente mejor que los de allí y conoceréis lo que es cada imagen
y de qué lo es29, porque habréis visto ya la verdad con respecto a lo
bello y a lo justo y a lo bueno. Y así, la ciudad nuestra y vuestra vivirá
a la luz del día, y no entre sueños, como viven ahora la mayor parte de
ellas por obra de quienes luchan unos con otros por vanas sombras o
se disputan el mando como si éste fuera algún gran bien. Mas la ver- d
dad es, creo yo, lo siguiente: la ciudad en que estén menos ansiosos
por ser gobernantes quienes hayan de serlo, ésa ha de ser forzosa-
mente la que viva mejor y con menos disensiones que ninguna; y la
que tenga otra clase de gobernantes, de modo distinto.
27 Este párrafo refleja perfectamente la concepción organicista y estatalista que Platón tiene del
Estado. Véase lo referente a “La Política” en el apartado “La filosofía general de Platón”. La refe-
rencia a la “armonía” y la “ley” debe ponerse en conexión con la justicia.
28 Se trata de aplicar ahora el conocimiento sobre las Ideas eternas a los asuntos mundanos, tales
como el gobierno y dirección de la ciudad.
29 Es decir, conoceréis las cosas del mundo sensible (la imagen o copia) y las Ideas (el modelo
que copian y del cual son imágenes). Al opinar sobre los asuntos humanos, los goberantes-filósofos
tendrán opinión con conocimiento. Véase 506c., donde se habla de la opinión sin conocimiento.
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— G: Efectivamente –dijo–.
— S: ¿Crees, pues, que nos desobedecerán los pupilos cuando
oigan esto y se negarán a compartir por turno los trabajos de la
comunidad, viviendo el mucho tiempo restante todos juntos y en el
mundo de lo puro?
e — G: Imposible –dijo–. Pues son hombres justos a quienes orde-
naremos cosas justas. Pero no hay duda de que cada uno de ellos
irá al gobierno como a algo inevitable, al revés que quienes ahora
gobiernan en las distintas ciudades.
— S: Así es, compañero –dije yo–. Si encuentras modo de pro-
521 porcionar a los que han de mandar una vida mejor que la del gober-
a nante30, es posible que llegues a tener una ciudad bien gobernada,
pues ésta será la única en que manden los verdaderos ricos, que no
lo son en oro, sino en lo que hay que poseer en abundancia para ser
feliz: una vida buena y juiciosa. Pero donde son mendigos y ham-
brientos de bienes personales los que van a la política creyendo que
es de ahí de donde hay que sacar las riquezas, allí no ocurrirá así.
Porque, cuando el mando se convierte en objeto de luchas, esa
misma guerra doméstica e intestina los pierde tanto a ellos como al
resto de la ciudad31.
— G: Nada más cierto –dijo–.
b — S: Pero, ¿conoces –dije– otra vida que desprecie los cargos
políticos excepto la del verdadero filósofo?
— G: No, ¡por Zeus! –dijo–.
— S: Ahora bien, no conviene que se dirijan al poder en calidad
de amantes de él, pues, si lo hacen, lucharán con ellos otros preten-
dientes rivales.
— G: ¿Cómo no?
— S: Entonces, ¿a qué otros obligarás a dedicarse a la guarda
de la ciudad sino a quienes, además de ser los más entendidos
acerca de aquello por medio de lo cual se rige mejor el Estado,
posean otros honores y lleven una vida mejor que la del político?
—G: A ningún otro –dijo–.
30 Es decir, una vida mejor que la del gobernante corriente, que consiste en poder, honores y
riquezas, que sólo son “vanas sombras” del verdadero bien.
31 La desunión es el mayor mal del Estado. Platón vivió muy de cerca este mal en su propia ciu-
dad. Las luchas por el poder llevarían a Atenas a la descomposición interna y al desastre.
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INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA
1. El concepto de Educación
Frente al concepto de educación que defienden los sofistas, para
Platón el fin de la educación debe ser conducir al individuo al conoci-
miento de la verdad y del bien. Para ello es imprescindible avivar y “des-
pertar” en el ser humano sus capacidades intelectuales innatas, poner en
marcha la inteligencia y hacerle discurrir, dirigiéndola hacia la esfera de
lo inmaterial y eterno, donde encontrará la verdad y el bien, apartándola
de “lo que nace”, donde sólo encontraría meras opiniones confusas y bie-
nes materiales, honores y riquezas que no dan la felicidad. La educación
es para Platón un proceso dinámico en el que el verdadero protagonista
es el que se educa y requiere su participación activa. Frente a esta mane-
ra de entender la labor de educar, los sofistas consideraban que la educa-
ción consistía sólo en una mera transmisión de conocimientos, de modo
que el individuo que se educa adopta una actitud meramente pasiva o
receptiva. El peso principal de la educación recaería entonces en el edu-
cador, más que en el discípulo, que se limitaría a escuchar y recibir pasi-
vamente los contenidos.
En el mito de la caverna el papel del educador estaba representado
metafóricamente por un personaje que no es directamente nombrado, pero
sí aludido indirectamente: aquel que libera a uno de los prisioneros y le
guía hacia el exterior. Esta metáfora expresa muy bien la manera como
Platón entiende la educación, en clara contraposición a los sofistas: Se
trata de “una ascensión” que habrá de recorrer el prisionero mismo, y cuya
meta es lograr un conocimiento que tiene que alcanzar también uno por sí
mismo, de modo que el educador es tan sólo el guía que le orienta y le
fuerza a recorrer ese camino, ayudándole a superar los obstáculos y resis-
tencias que puedan presentarse (inclinación al mundo de los bienes y pla-
ceres materiales que nos apartan de una vida reflexiva, apego a las viejas
creencias, prejuicios, costumbres, etc.)
Por otra parte, queda patente en este capítulo que la educación tiene
para Platón un sentido moral y ascético, y no sólo intelectivo. Educar no
sólo significa aumentar los conocimientos, sino también desarrollar una
alta calidad moral, introducir armonía y orden internos en el alma median-
te un proceso de “purificación” ascética que tiene como finalidad moderar
los deseos y apetitos corporales ligados a lo sensible, que desvían el alma
del camino del conocimiento y la obligan a mirar “hacia abajo” (519 a-b),
es decir, a lo material. El hombre que alcanza el dominio de sí y somete
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sus deseos, impulsos y apetitos al sabio control de su razón imprime orden
y armonía en su alma, a imitación del orden y armonía del Mundo de las
Ideas, y logra así la virtud de la justicia. El objetivo de Platón no es sim-
plemente formar meros técnicos inteligentes, expertos en el arte del poder,
sino individuos justos y sabios a la vez, capaces de gobernarse a sí mis-
mos, dignos de asumir la tarea de gobernar también la ciudad.
2. Ver apartado “Política, Educación y Conocimiento
del Orden” (“La Filosofía General de Platón”)
3. “Ética y Política”
¿Deben los mejores ciudadanos de una sociedad ser forzados a gober-
narla? Según Platón, el filósofo debe asumir compromisos con la comuni-
dad, ocupándose del gobierno de la ciudad cuando sea necesario. Está
claro que no acudirá a la política por propio interés personal, buscando en
ella riquezas y poder, pues, al haber visto el Bien en sí, no sólo está en
mejores condiciones que ningún otro para discernir en qué consiste el bien
del Estado, sino que, además, también conoce mejor que nadie en qué
consiste el verdadero bien del individuo, al que comúnmente llamamos
“felicidad”. Por eso, a diferencia de las demás personas, que confunden la
felicidad con lo que tan sólo son “vanas sombras” del verdadero bien
humano (riquezas, poder y honores), el filósofo, gracias al conocimiento
que ha alcanzado sobre el Bien en sí, tiene una visión más clara y verda-
dera del bien individual: la verdadera felicidad del hombre no consiste en
riquezas y poder, sino en un tipo de vida filosófica, una “vida recta y jui-
ciosa” dedicada a la investigación de la verdad. Es por eso que no se deja-
rá arrastrar por las apariencias y despreciará los honores y los bienes mate-
riales que otros –prisioneros de la caverna e ignorantes del verdadero
bien–, ansían con tanto anhelo. Así, a diferencia de la mayoría de los polí-
ticos, que acuden a la política en busca de esas cosas, creyendo que así
encontrarán la felicidad y luchando entre ellos y poniendo en peligro la
armonía y la unidad de la ciudad, el verdadero filósofo no deseará ocupar-
se de la política ni la vida del político, por lo que acudirá a la política tan
sólo por sentido del deber, e incluso sacrificando parcialmente su felicidad
personal: la felicidad que ha hallado en una vida filosófica consagrada a
la reflexión y a la investigación de la verdad; esa es en realidad la vida que
verdaderamente quiere vivir, y no la del político.
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ACTIVIDADES
I. ACTIVIDADES DE LECTURA Y COMPRENSIÓN
1. ¿LO DICE EL TEXTO? Lee atentamente los dos capítulos que
integran este bloque y contesta verdadero o falso. V si estás de
acuerdo con la interpretación que se hace del texto; y F en caso
contrario. En caso de que contestes F, razona tu respuesta en tu
cuaderno de clase, apoyándola en el texto.
a) Platón dice en el texto que educar es “proporcionar ciencia al
alma que no la tiene”, algo así como “infundir vista a unos
ojos ciegos”.
b) En 518c Platón da a entender que en el alma de cada uno hay ya
una facultad innata de conocimiento, una facultad de aprender.
c) En 518c-d lo que Platón nos quiere decir es que, así como al
que tiene vista no hace falta infundirle visión (pues ya la posee
y puede ver por él mismo), al que se educa no hace falta infun-
dirle conocimientos, pues posee en sí mismo la facultad de
conocer, que le permite alcanzarlos por sí mismo.
d) Entonces, el arte de educar, y en contra de los sofistas, consis-
tirá sólo en hacer que el alma se dirija hacia “lo que nace”
apartando la mirada del “ser”.
e) En 518e viene a decir Platón que la semejanza entre las virtu-
des del alma y del cuerpo reside en que ambas pueden adqui-
rirse, aunque a fuerza de repetición y de hábito.
f) En cambio, en 518e-519a se nombra a la virtud del conoci-
miento, que es una virtud natural que parece que pertenece a
la parte racional, eterna e inmortal del alma, y por eso siempre
resulta útil y ventajosa.
g) En 519a se dice que los malos pero inteligentes cometen mal-
dades mayores que los malos pero menos inteligentes
h) El malo pero inteligente está obligado a hacer el mal y no
puede hacer el bien porque toma lo malo por bueno e ignora
lo verdaderamente bueno. Vemos aquí la clara influencia pita-
górica sobre Platón.
i) En 519a, con la expresión el “ser de tal naturaleza” se refiere
Platón al inteligente pero bueno y ya educado.
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j) En 519a-b da a entender Platón que hay individuos inteligen-
tes y de buena naturaleza cuyas almas han empezado a
corromperse debido a una vida de placeres.
k) En 519c, con la expresión “aquellos a quienes se les permite
seguir estudiando hasta el fin” se refiere a los filósofos en
general que viven en cualquier ciudad, incluida la ciudad ideal
que están describiendo ahora Sócrates y Glaucón.
l) En 519c la expresión “los fundadores” alude a los 3 persona-
jes que dialogan: Sócrates, Glaucón y Adimanto, que figura
que son los fundadores imaginarios de la ciudad ideal que
Platón está describiendo en la obra La República.
m) En 519d, con la expresión “que se queden allí” se refiere
Platón a que se queden en el mundo de arriba, en el exterior
de la caverna, es decir, que dejen de filosofar.
n) En 519e Platón menciona exactamente 3 funciones que tiene
la ley en la ciudad ideal, ni una más y ni una menos.
o) En 520b con la expresión “las gentes tales” se refiere a los
filósofos y con la expresión “las demás ciudades” se refiere a
las ciudades existentes, distintas de la ciudad ideal.
p) En 520c con la expresión “tenéis, pues, que ir bajando uno tras
otro a la vivienda de los demás” se refiere Platón a que los
filósofos tienen que educar a todos los demás ciudadanos para
que todos contemplen las Ideas y el Bien en sí.
q) En 520d-521a Platón viene a decir que para ser un buen gober-
nante no hay que esperar que la política nos procure la felici-
dad, riquezas o poder; sino que hay que haber comprendido
antes que la felicidad reside en otra parte, en otro tipo de vida
que poco tiene que ver con el poder, las riquezas o los honores.
r) De 521a-b se desprende claramente que una de las razones
por las que los filósofos serán los mejores gobernantes es pre-
cisamente porque desprecian el poder y los cargos, con lo que,
si acuden a la política, no lo harán para enriquecerse u obte-
ner el mando.
2. LOCALIZA, SUBRAYA Y RELACIONA: Comprueba que
has llevado a cabo una lectura detenida y atenta del capítulo IV.
Localiza y subraya en dicho capítulo las expresiones que aparecen en
la columna de la izquierda. Y teniendo en cuenta el contexto en que
aparecen, relaciónalas con las de la columna de la derecha:
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EXPRESIONES DEL TEXTO SIGNIFICADO
1- “Algunos” (518 c). a) La inteligencia o nous.
2- “esta facultad, existente en el b) El conocimiento de las Ideas.
alma de cada uno” (518 c). c) La justicia, la moderación, la
3- “el órgano con el que cada valentía, la sabiduría.
cual aprende” (518 c). d) La Idea de Bien.
4- “lo que nace” (518 c). e) Poseer especiales dotes inte-
5- “la contemplación del ser” lectuales innatas, una buena
(518 c). inteligencia natural.
6- “la parte más brillante del f) La educación.
ser” (518 c). g) Lo sensible y material, los
7- “Un arte de descubrir...” placeres y bienes materiales.
(518 d). h) Se refiere a los sofistas.
8- “virtudes del alma” (518 d). i) La capacidad de conocer, que
9- “virtudes del cuerpo” (518 d). es innata.
10-“no tener mala vista” (519 a). j) La fuerza física, la belleza, la
salud.
11- “aquello hacia lo cual está
vuelta” (519 b). k) Lo sensible y material.
3. LOCALIZA, SUBRAYA Y RELACIONA: Haz lo mismo con las
siguientes expresiones que aparecen en el capítulo V.
EXPRESIONES DEL TEXTO SIGNIFICADO
1- “armonía entre los ciudadanos” a) Estará sabiamente gobernada,
(519 e). a la luz de las Ideas.
2- “la unificación del Estado” b) Cosas que equivocadamente
(519 e). los humanos confunden con
el bien: el poder, los honores
3- “bajar a la vivienda de los y las riquezas materiales.
demás” (520 c).
c) La justicia en el Estado.
4- “la verdad con respecto a lo
bello, lo justo y lo bueno” d) El conocimiento de las Ideas
(520 c). de Belleza, Justicia, Bien.
5- la ciudad “vivirá a la luz del e) La cohesión social en torno a
día” (520 c). un proyecto común: el bien
de la comunidad.
6- “vanas sombras” (520 d).
f) Dedicarse a la filosofía.
7- “permanecer en el mundo de lo
puro” (520 d). g) Ocuparse de los asuntos
humanos.
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PLATÓN · La República
II. ACTIVIDADES DE DEFINICIÓN DE TÉRMINOS
TEXTO CAPÍTULO IV
4. Lee el capítulo IV y define el concepto de “educación” partiendo
de la información ofrecida por el texto y completándola con el
conocimiento que tengas de la filosofía de Platón y de los sofistas.
Ten muy presente que en el texto aparecen dos concepciones dis-
tintas y contrapuestas de la educación. Tu respuesta deberá comen-
zar señalando eso y aclarando cada una de ellas.
5. Define el concepto filosófico aludido con la expresión del texto “lo
que nace”, contraponiéndolo al concepto filosófico aludido con la
expresión “el ser” (518c), partiendo de la información ofrecida por
el texto y completándola con el conocimiento que tengas de la filo-
sofía de Platón.
6. Explica el significado de la metáfora “volverse hacia la luz” en
oposición a la expresión estar el alma “vuelta hacia abajo”, que
aparece en 519b. A continuación define los conceptos platónicos a
que hacen referencia cada una de esas dos expresiones, partiendo
de la información ofrecida por el texto y completándola con el
conocimiento que tengas de la filosofía del autor.
7. Define los conceptos “el alma entera” y “virtudes del alma” que
aparecen en este capítulo, partiendo de la información ofrecida por
el texto y completándola con el conocimiento que tengas de la filo-
sofía de Platón.
TEXTO CAPÍTULO V
8. Define las expresiones relacionadas “ley” y “armonía entre los
ciudadanos”, que aparecen en el texto; para ello relaciónalas con
otras expresiones del texto, como el conocimiento de “la verdad
sobre lo justo”, el tipo de gobernante, etc… y completa con tus
conocimientos de la filosofía política de Platón.
9. Explica la expresión metafórica “vanas sombras”, que aparece en
el párrafo que va de 520c hasta el final del capítulo V y define el
concepto filosófico al que se refiere, apoyándote tanto en el texto
como en tus conocimientos sobre Platón.
10.¿A qué se refiere Platón en 520c con la metáfora “lo que es cada
imagen y de qué lo es”? Define los conceptos a los que Platón se
refiere con ella basándote tanto en tus conocimientos sobre la filo-
sofía de Platón como en el texto.
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[IV] · La República - Bloque 4
III. ACTIVIDADES DE SÍNTESIS DE UN TEXTO
Y DE ARGUMENTACIÓN
TEXTO CAPÍTULO IV
11. TEMA, TESIS, ARGUMENTOS: Lee el capítulo IV hasta 519c
y sintetiza las ideas del texto; para ello haz un resumen indicando
el tema de que trata, la tesis del texto y los argumentos o razones
en su defensa. (Sigue las orientaciones que encontrarás en el apar-
tado “La prueba de acceso a la Universidad”, al final de este libro).
12.Explica clara y detalladamente el argumento mediante el cual
Platón afirma en 518e-519a, que la virtud del conocimiento puede
resultar útil y ventajosa o, por el contrario, inútil o nociva. Puedes
empezar así tu respuesta: Platón parte de la existencia en el alma
humana de una cierta facultad de conocimiento, que a diferencia
de las restantes virtudes es innata y “jamás pierde su poder”,
como dice el texto en 518-e. Ahora bien...
13.Explica los argumentos en que Platón se basa para afirmar en 519c
que “ni los ineducados y apartados de la verdad”, ni tampoco
“aquellos a los que se permita seguir estudiando hasta el fin” son
“aptos para gobernar una ciudad”. Para elaborar correctamente tu
respuesta es aconsejable que tengas presente lo siguiente:
a) Subraya la partícula “porque”, que aparece en dos ocasiones en
519c. Ten en cuenta que esta partícula causal introduce una
razón de lo dicho en la frase precedente, y justamente lo que
andamos buscando en el texto son razones y argumentos.
b) No te limites a responder copiando sin más dos o tres frases del
texto. Acláralas también. Para ello ten en cuenta el contexto,
especialmente la similitud entre “los no educados” y “los
malos, pero inteligentes”, que aparecen mencionados, en 519a.
TEXTO CAPÍTULO V
El capítulo V combina discurso expositivo y discurso argumentati-
vo, con predominio de este último. Es posible recoger las ideas
principales del mismo a través del un esquema-síntesis como el
siguiente:
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PLATÓN · La República
SÍNTESIS DE LAS IDEAS PRINCIPALES DEL CAPÍTULO V
1. Reflexión sobre la ley y la justicia en la ciudad ideal (519e - 520a):
1.1. La finalidad de la ley es el bien de la ciudad entera, la unidad y
la cooperación armónica entre todos los miembros de la sociedad.
1.2. Justicia es armonía entre las clases del Estado.
1.3. El bien común (la felicidad de la ciudad entera) es prioritario
respecto al particular (la felicidad de una sola clase).
2. Razones y argumentos por los que los filósofos deberán gobernar
(520b - 521b).
2.1. Están en deuda con la ciudad (520b).
2.2. Son “los más entendidos” (521 b y 520 c-d).
2.3. Acudirán al gobierno como un deber (520e), porque:
2.3.1. Desprecian los honores y riquezas materiales (521a).
2.3.2. Gracias a la filosofía han alcanzado la auténtica vida
feliz (521 a-b).
14. TEMA, TESIS, ARGUMENTOS: Sin embargo, si nos centra-
mos sólo en la parte más argumentativa del texto anterior, para
hacer un resumen de la misma es preferible usar el modelo de
resumen tema-tesis-argumentos. (Ver el apartado “La prueba de
acceso a la Universidad”, al final de este libro). Lee desde 520b
hasta el final del capítulo V y sintetiza las ideas del texto, mostran-
do en tu resumen la estructura argumentativa: el tema, la tesis del
autor y los argumentos en su defensa.
15. Explica en detalle cómo se argumenta en el párrafo anterior que
para tener “una ciudad bien gobernada”, el gobernante ha de
tener una “vida mejor” y distinta a la del político corriente.
ORIENTACIÓN: Conviene comenzar aclarando brevemente en
qué consiste este tipo de “vida mejor”.
IV. ACTIVIDADES DE ACTUALIZACIÓN
Y DE RELACIONAR
16. PLATÓN Y LOS SOFISTAS: Compara la filosofía de Platón con
la de los sofistas. Para ello escribe una carta, dirigida a los sofistas,
en la que tú adoptes el papel y los puntos de vista de Platón. Esta
carta debe de reflejar las diferencias entre Platón y los sofistas en
temas como la posibilidad de conocer la verdad, la realidad, la
moral, la política y la manera de entender la educación.
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[IV] · La República - Bloque 4
17. PLATÓN Y SU CONTEXTO HISTÓRICO: Explica en qué
consiste la teoría platónica del filósofo gobernante y relaciónala
con el contexto histórico y biográfico que le tocó vivir a Platón,
haciendo mención de la “Carta VII”.
18. PLATÓN Y OTRAS FILOSOFÍAS POLÍTICAS: Platón tiene
una idea estatalista y organicista del Estado: a) Explica lo que esto
significa. b) Infórmate sobre otras ideologías o teorías políticas de
otras épocas que puedan calificarse también de estatalistas u orga-
nicistas. c) Infórmate sobre la valoración que hacen del Estado el
anarquismo y el liberalismo y responde: ¿estarían de acuerdo con
el punto de vista de Platón sobre la relación entre Estado e indivi-
duo? Razona tu respuesta.
19. PLATÓN Y SU CONTEXTO HISTÓRICO: Repasa la crítica
que Platón lanza contra la democracia de su tiempo y explica qué
aspectos de esa crítica tendrían hoy también actualidad en las
democracias del siglo XXI.
20. ACTUALIZACIÓN: En el Capítulo V Platón se refiere a los
políticos de su tiempo como gentes que disputan unos con otros
por “el mando” y que son “mendigos y hambrientos de bienes per-
sonales”. Platón achaca esta conducta de los políticos a la ignoran-
cia del verdadero bien para ser feliz y para gobernar con justicia.
Nuestro autor propone otro perfil de político caracterizado por la
sabiduría, la justicia y la honradez, así como otro modo distinto al
democrático para seleccionar a los dirigentes políticos: No será el
pueblo ignorante, sino el Estado el que seleccionará a los futuros
gobernantes y los educará en la justicia y el bien. Responde:
– ¿Qué opinas de este procedimiento de selección de los gober-
nantes? ¿Qué ventajas y qué riesgos conlleva?
– ¿Qué debe importar más en un político? ¿sus conocimientos
técnicos –en economía, administración, leyes…– o sus cuali-
dades morales? ¿Qué cualidades morales debe reunir un buen
dirigente político en nuestros días?
21. ACTUALIZACIÓN: ¿Cómo podría mejorarse o corregirse la
actual democracia para asegurarnos de que quienes nos gobiernan
tienen las cualidades morales requeridas?
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PLATÓN · La República
V. ACTIVIDADES DE REDACCIÓN FILOSÓFICA
1. “Orden ontológico, orden del alma y orden político”.
2. “Teoría del alma y educación en Platón”.
3. “El trabajo del intelectual y la acción política” (Examen PAU,
junio 1995).
4. “La educación y el gobierno de la polis”.
5. “La concepción platónica del Estado y del buen gobierno”.
6. “El dualismo epistemológico y sus implicaciones políticas”.
7. “La justicia y los fines de la política” (Examen PAU, junio 1996).
8. “Individuo, comunidad y gobierno en el pensamiento de Platón”
(Examen PAU, septiembre 1997).
9. “La crítica a la democracia y la propuesta política de Platón”.
10. “Relaciones entre educación, política y filosofía” (Examen PAU,
junio 1999).
11. “La educación en Platón” (Examen PAU, junio 2009).
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V.
LA PRUEBA DE ACCESO
A LA UNIVERSIDAD (PAU)
1 LAS PREGUNTAS DEL EXAMEN DE HISTO-
RIA DE LA FILOSOFÍA
El examen de la asignatura de Historia de la Filosofía de la Prueba de
Acceso a la Universidad en la Comunidad Valenciana consta de un texto
y cuatro cuestiones. Las dos primeras cuestiones están directamente rela-
cionadas con el texto. La duración del examen es de 1 hora y 30 minutos.
Las cuatro cuestiones que componen la prueba son las siguientes:
• Cuestión 1ª: Síntesis del texto: “Sintetiza las ideas del texto mostran-
do en tu resumen la estructura argumentativa o expositiva desarrolla-
da por el autor”. Puntuación: Hasta 2 puntos. Hay que advertir que en
ocasiones te pueden pedir explícitamente que reconstruyas un argu-
mento del texto a partir de un enunciado concreto del mismo. Por
ejemplo: Reconstruye el argumento mediante el cual Platón acaba
concluyendo que “ni los no educados y apartados de la verdad ni
aquellos a quienes se permite seguir estudiando hasta el fin, son aptos
para gobernar la ciudad”.
• Cuestión 2ª: Definición de términos: “Define el término (o los térmi-
nos relacionados)…, partiendo de la información ofrecida por el texto
y completándola con el conocimiento que tengas de la filosofía del
autor” Puntuación: Hasta 2 puntos.
• Cuestión 3ª: Redacción filosófica sobre un tema de la filosofía del
autor del texto. Puntuación: Hasta 5 puntos.
• Cuestión 4ª: Pregunta libre de relacionar o de actualización:
“Comenta brevemente cualquier aspecto del pensamiento del autor
del texto que juzgues importante en alguno de estos sentidos: por su
relación con el de otros filósofos, con hechos históricos relevantes
(especialmente si son coetáneos del autor o tienen relación con su
vida) o con rasgos significativos del mundo contemporáneo”.
Puntuación: Hasta 1 un punto.
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PLATÓN · La República
A continuación te ofrecemos algunos consejos útiles para realizar el
tipo de preguntas que conforman el examen de selectividad. Recuerda que
dispones de un tiempo limitado para el examen, por lo que los consejos
que siguen son especialmente válidos para trabajar ese tipo de preguntas
en clase y para que, con el tiempo y la práctica desarrolles destrezas y agi-
lidad para cuando tengas que enfrentarte al examen.
2 CONSEJOS PARA LEER BIEN EL TEXTO DEL
EXAMEN
Para contestar correctamente a las dos primeras cuestiones es suma-
mente importante haber comprendido bien el texto. De ahí que una lectu-
ra atenta y detenida sea fundamental antes de redactar las respuestas a las
cuestiones. Debes tener en cuenta los siguientes consejos:
– Numera los párrafos separados por puntos y aparte para facilitar luego
las referencias al texto. En el caso de Platón esto no es necesario, ya que
el texto del examen viene normalmente con la numeración tradicional.
Sírvete de ella para hacer referencias al texto.
– Subraya en el texto las marcas de los distintos sujetos de la enunciación
que aparecen. El sujeto de la enunciación de un texto es un autor, una
corriente filosófica o un colectivo de personas a quienes hemos de atri-
buir una opinión o un punto de vista que aparecen en él. Con frecuencia
puede ocurrir que el autor de un texto exponga en él, además de sus pro-
pias opiniones, las opiniones o puntos de vista de otros autores o grupos
de personas, bien sea para criticarlas, para matizarlas o para apoyarse en
ellas. En este caso tenemos un texto con varios sujetos de la enuncia-
ción. Uno de los errores de interpretación más graves –y por desgracia
más frecuentes–, consiste en atribuir al autor del texto una opinión que,
aunque aparece escrita en el texto, el autor la recoge justamente para cri-
ticarla o rechazarla. Una forma de evitar estos errores consiste en detec-
tar –si es el caso– la presencia en el texto de varios sujetos de la enun-
ciación, atribuir a cada uno la opinión o punto de vista que le correspon-
da, y averiguar cuál es la posición del autor del texto al respecto (la
acepta, critica, aplaude, rechaza, etc.). Para ello debes subrayar en el
texto lo que se llaman las “marcas de los sujetos de la enunciación”.
Hay algunas marcas del texto que delatan la presencia de otros sujetos
de la enunciación distintos al autor, tales como nombres propios de otros
autores, pronombres indefinidos (“algunos”, “unos”, “otros”, etc.),
nombres de colectivos (“los pitagóricos”, “los que entienden de estas
cosas”, etc.) o formas impersonales (“se dice....”, “se piensa”, etc.).
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[V] · La prueba de acceso a la Universidad (PAU)
Cuando el sujeto de la enunciación es –como sucede en la mayoría de
los casos–, el propio autor del texto, a veces las marcas que lo hacen
presente son verbos o pronombres en primera persona (“yo”, “pienso
que...”, “nosotros”, etc.). Cuando no aparece ninguna marca explícita
del sujeto de la enunciación, como ocurre generalmente, se entiende que
el sujeto de la enunciación del texto es también el propio autor, y hay
que atribuirle a él todas las opiniones expresadas en el texto.
– Utiliza los márgenes del texto para hacer anotaciones: sujetos de la
enunciación, contraposiciones de términos, aclaraciones, núcleos temá-
ticos que van apareciendo, etc.
– Lee el texto tantas veces como sea necesario para entenderlo bien.
3 LA PRIMERA CUESTIÓN: SÍNTESIS DEL
TEXTO
¿DE QUÉ SE TRATA?
– En este ejercicio se trata de que resumas o sintetices el contenido del
texto, exponiendo de forma clara y concisa las ideas principales, pero a
la vez tu exposición debe de reflejar la estructura del texto.
– En ocasiones pueden pedirnos, en vez de una síntesis del texto,
que reconstruyamos un argumento a partir de un enunciado concreto
del texto.
PREPARACIÓN DE LA RESPUESTA
– Si nos piden que hagamos una síntesis o resumen de las ideas del texto,
mostrando su estructura argumentativa o expositiva, antes de responder
tendremos que determinar qué tipo de texto es: si es predominantemen-
te argumentativo o predominantemente expositivo.
a) Los textos expositivos tienen como función principal transmitir una
información e instruir, y se conocen también como textos informa-
tivos; aparte de aportar datos o información sobre un hecho, teoría,
fenómeno, etc… incluyen también explicaciones didácticas, compa-
raciones, diferencias y semejanzas, analogías, ejemplos, etc.
b) En los textos argumentativos el autor toma posición sobre un tema
dado e intenta defender dicha posición o punto de vista y convencer al
lector de su verdad. Se denomina tesis a la idea que sintetiza el punto
de vista o la posición del autor sobre el tema. Para defenderla se apor-
tan argumentos o razones. En todo discurso argumentativo es posible
encontrar una tesis y al menos uno o varios argumentos o razones a
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PLATÓN · La República
favor de la misma. Una característica de los textos argumentativos es
la presencia de conectores propios del discurso argumentativo, tales
como: porque, pues, por tanto, en consecuencia, de ahí se sigue que,
por consiguiente, por eso, ya que, etc. Si aparecen estas partículas,
subráyalas; es muy posible que estés ante un texto argumentativo.
3.1. Resumen de textos expositivos: síntesis de ideas
– Si el texto es predominantemente expositivo te recomendamos que para
resumirlo uses el modelo de síntesis que te proponemos y explicamos en
el apartado “Actividades de síntesis de un texto y de argumentación”
correspondiente al Bloque 1, de La República. Repásatelo.
3.2. Resumen de textos argumentativos: Tema-tesis-
argumentos
– Si el texto es predominantemente argumentativo, es mejor que elijas
otra forma de presentar tu respuesta: Un breve resumen de unas 10 ó 12
líneas, en el que indiques: a) tema, b) tesis y c) argumentos a favor
de la tesis:
• El tema de un texto es el asunto del que trata y puede formularse nor-
malmente con una palabra o expresión: la libertad, el bien en sí, el
gobierno del Estado, las clases de realidad, la educación del gober-
nante, etc… Si tienes dificultad para identificarlo, pregúntate ¿De qué
va este texto? ¿Qué asunto está tratando? A veces el propio autor
anuncia explícitamente el tema que va a abordar.
• Una vez has logrado identificar el tema correctamente, pregúntate
ahora ¿Cuál es la posición del autor sobre este tema o asunto? La
respuesta a esta pregunta es la tesis.
• La tesis de un texto es la opinión que el autor defiende sobre el tema
o asunto tratado en el texto.
• Debes formular la tesis mediante una frase completa, clara, que tenga
la forma de una afirmación o negación rotunda. Ejemplo: “Los filóso-
fos, una vez educados, deben ocuparse de la dirección política del
Estado”.
• En tu formulación de la tesis se debe mencionar el tema (si no, es que
algo falla; en ese caso deberás revisar, bien la formulación del tema o
bien la de la tesis).
• La tesis no tiene por qué repetir una frase literal del texto. Lo mejor es
que intentes comprender bien el texto y luego, sin mirar al texto, te pre-
guntes ¿Qué está diciendo, en síntesis, el autor sobre el tema?
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[V] · La prueba de acceso a la Universidad (PAU)
• Si has formulado correctamente la tesis, no te será difícil encontrar en
el texto las razones o argumentos que el autor expone en defensa de
la misma.
• Se trata de las razones que el autor pone sobre la mesa para defender
su posición y convencer al lector.
• Debes resumirlos y exponerlos ordenadamente, numerándolos.
• Si quieres estar seguro de que has identificado bien los argumentos,
puedes hacer la siguiente prueba: ¿Podrías conectar los argumentos
que has identificado con la tesis mediante un “porque...”? (Tesis +
porque + argumentos). Si es así, has acertado. Si no, debes revisar la
tesis o los argumentos (o ambos).
• En tu resumen del texto puedes introducirlos así: Los argumentos que
el autor da en defensa de su tesis son los siguientes: …
3.3. Si en vez de un resumen nos piden que reconstru-
yamos un argumento a partir de un enunciado
del texto:
• En este caso se trata de que expongamos sintéticamente, por pasos y
ordenadamente, no la estructura del texto entero, sino la de un deter-
minado argumento o razonamiento que aparece en él.
• Al responder, lo mejor es que estructures tu respuesta de la siguiente
manera:
- Punto de partida de la argumentación.
- Ideas o pasos intermedios que llevan hasta la conclusión.
- Conclusión.
• Es conveniente que numeres cada paso.
• Para evidenciar el hilo lógico o argumentativo que conecta cada idea
con la anterior basta con que te sirvas de modo adecuado de expresio-
nes como las siguientes: “De lo anterior se sigue que…”, “La razón
de lo anterior es que…”, “De lo anterior se extrae como consecuen-
cia que…”, “De todo lo anterior se concluye finalmente que…”, etc.
• Evita copiar literalmente frases del texto. En algunos casos, además,
puede ser útil explicar alguna idea del texto.
• A veces, a la hora de reconstruir una argumentación, es necesario
introducir alguna idea o supuesto implícito que no aparece explícita-
mente en el texto, pero que el autor da por supuesto o sabido. En este
caso no olvides explicitarlo, aunque no esté en el texto.
• Evita andarte por las ramas; ten en cuenta que tu respuesta debe con-
cluir en el enunciado del texto por el que te preguntan. Para indicarlo
puedes finalizarla así, por ejemplo: Y así es como el autor del texto
llega a la conclusión de que… (enunciado del texto).
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PLATÓN · La República
ERRORES A EVITAR A TODA COSTA:
• Repetir el texto de principio a fin sin hacer una verdadera síntesis y sin
destacar las ideas principales, sin reflejar su estructura.
• Al formular la tesis, confundir la tesis con lo que en realidad es un
argumento en favor de la tesis.
• Proponer como tesis una frase literal del texto sólo porque me parece
interesante o llamativa.
• Hacer valoraciones o dar tu opinión, cuando de lo que se trata es sólo
de que demuestres tu capacidad de comprensión y de síntesis.
4 LA SEGUNDA CUESTIÓN: DEFINICIÓN DE
TÉRMINOS
¿DE QUÉ SE TRATA?
– En esta cuestión nos piden que definamos un término presente en el
texto; si en él aparecen dos términos relacionados es posible que nos
pidan que definamos los dos, en cuyo caso nuestra respuesta debe refle-
jar esa relación.
– De cualquier modo, se trata de que ofrezcas una definición concreta,
clara y lo más completa posible del término o términos por los que te
preguntan.
– En la pregunta te piden explícitamente que partas de la información que
el texto aporta sobre el término a analizar y que la completes con tus
conocimientos sobre la filosofía del autor. Por eso es importante que
tengas muy presente el uso o usos que el autor está haciendo del térmi-
no en el texto.
– El resultado final de tu respuesta debe consistir en una especie de ir y
venir del texto a tus conocimientos sobre el autor, con el único objeti-
vo de explicar el término a analizar (y, en ocasiones, las expresiones
del texto en que te apoyas para definirlo).
PREPARACIÓN DE LA RESPUESTA:
– Debes subrayar:
• Las marcas de otros sujetos de la enunciación distintos al autor (si las
hubiera).
• El término a analizar o sus sinónimos cada vez que aparezcan.
• Palabras o expresiones que convienen al término que vamos a anali-
zar y que le aportan parcialmente significado o lo aclaran por afinidad
o semejanza.
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[V] · La prueba de acceso a la Universidad (PAU)
• Si aparecieran en el texto, subraya también en un color distinto aque-
llas palabras o expresiones que son opuestos o contrarios al término
que vas a definir y que pueden servirnos para explicar su significado
por contraposición.
– Agrupa en una columna los términos y expresiones subrayados que con-
vienen al término que vas a definir (en ellos te vas a apoyar en parte para
definir y explicar el término).
– Si tienes tiempo y has encontrado y subrayado términos opuestos, agrú-
palos en otra columna junto a la anterior formando una tabla de contra-
posiciones, compuesta por pares de opuestos.
– Indaga y relee en el entorno de las expresiones subrayadas para expri-
mir del texto la máxima información posible sobre el significado y el
uso del término que vas a definir (anótala en sucio si es preciso).
– Pregúntate: ¿Qué está diciendo el texto, por poco que sea, sobre el tér-
mino por el que me preguntan?
AL RESPONDER:
– Puedes comenzar sintetizando la información que el texto aporta sobre
el término a definir, el uso que el autor hace del mismo, etc. ¡Cuidado!
¡sólo sobre el término! ¡No se trata de contar el texto entero!
– Para indicar que efectivamente estás basándote en el texto, pueden serte
útiles expresiones de arranque como las siguientes: Como vemos en el
texto...; En 520c se dice que..., etc.
– Apóyate en los términos del texto que convienen al término a analizar
y que has subrayado previamente.
– Si has subrayado términos opuestos, intenta resaltar el juego de oposi-
ciones que establece el autor en el texto. Eso te ayudará a clarificar, por
oposición, el significado del término a analizar. Puedes ayudarte de las
siguientes expresiones de arranque: Por contraposición al término a
analizar...; La expresión a analizar se opone en el texto a...; La expre-
sión X se refiere a..., en clara oposición a Y, que se refiere a…
– Completa y redondea la información del texto con tus conocimientos
sobre el concepto a definir. Puedes optar por ir y venir del texto a tus
conocimientos sobre el autor y el término a definir. Pueden servirte las
siguientes expresiones de arranque: Como se sabe, para el autor del
texto...; Volviendo de nuevo al texto, en el segundo párrafo se dice
que...; Ya fuera del texto, conviene aclarar que para el autor del texto….
– Si el término a definir no es propiamente un concepto filosófico, sino
una expresión metafórica (por ejemplo, “el mundo de arriba” o “lo que
nace y muere”) deberás comenzar indicando a qué concepto de la filo-
sofía del autor ser refiere y a continuación intentar definir dicho concep-
to apoyándote en el texto y en tus conocimientos sobre el autor.
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PLATÓN · La República
– Si, aparte de la opinión del autor sobre el término a definir, apareciera
en el texto un punto de vista distinto sobre ese concepto atribuible a otro
u otros autores (a otros sujetos de la enunciación), tu respuesta deberá
recoger la definición del término, tanto para el autor del texto como para
los otros autores. Por ejemplo: el término “educación” en el capítulo IV
del “Libro VII”: educación para Platón y educación para los sofistas
(“algunos”). En este caso deberías empezar tu respuesta así: “En este
texto aparecen dos significados distintos del término educación…”. Y a
continuación deberías clarificar cada uno de ellos, contraponiéndolos.
ERRORES A EVITAR A TODA COSTA:
– No centrarme en los términos que me preguntan e irme por las ramas,
explicando todo el texto o una parte de la filosofía del autor sin venir a
cuento.
– Dar una definición en cuatro líneas del término a analizar sin hacer la
menor referencia al texto.
– Copiar literalmente trozos del texto sin aportar nada a la clarificación
del término a analizar.
5 LA TERCERA CUESTIÓN: LA REDACCIÓN
FILOSÓFICA
¿DE QUÉ SE TRATA?
– Se trata de que realices una composición escrita sobre un problema o
asunto filosófico, pero al hilo del pensamiento o del punto de vista del
autor del texto.
– El problema o asunto filosófico de la redacción filosófica viene determi-
nado por el título de la redacción, que no has de perder nunca de vista.
– A veces el título puede presentarse en forma de pregunta directa o indi-
recta.
– Otras veces se puede presentar bajo la forma de un enunciado formado
por dos o más términos conectados (por ejemplo, “Conocimiento de la
verdad y gobierno de la ciudad”; Selectividad, junio 1992). En este caso
deberemos aclarar estos términos y, sobre todo, exponer las diferentes
formas en que esos términos se relacionan entre sí.
– Aunque hay que centrarse en el filósofo estudiado, puedes mencionar
también a otros filósofos que aborden el mismo tema, relacionándolos o
contraponiéndolos con el autor estudiado.
– La redacción filosófica es un ejercicio difícil porque es un ejercicio de
síntesis en el que debes enfocarte sobre el tema propuesto.
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[V] · La prueba de acceso a la Universidad (PAU)
– Es un ejercicio muy útil porque sirve para desarrollar y poner a prueba
tu madurez, tu capacidad de síntesis, de captar y formular problemas
filosóficos, de argumentar, de estructurar ideas, hilvanarlas y relacionar-
las para crear una composición unitaria.
PREPARACIÓN DE LA RESPUESTA:
– Lee bien el título de la disertación; no te asustes si al principio te resulta
extraño y reflexiona unos minutos sobre él. Apunta en forma de pregunta
las ideas, los problemas o interrogantes filosóficos que se te ocurran.
– Haz un breve esquema en sucio o guión en el que anotes 4 ó 5 ideas bási-
cas sobre el tema.
– No debe importarte que el esquema esté incompleto; cualquier esquema,
por incompleto que sea, es mejor que ningún esquema.
– Dale forma a la redacción; para ello estructúrala en introducción-desa-
rrollo-conclusión.
– La introducción y la conclusión deben tener una extensión similar; el
desarrollo debe ser unas cuatro o cinco veces mayor.
– Separa cada una de las tres partes mediante puntos y aparte.
I. La Introducción:
– Debes iniciarla haciendo referencia al problema o problemas filosóficos
que el título encierra.
– Puedes servirte de preguntas encadenadas que hagan referencia a todos
los problemas filosóficos que el título plantea. ¡Demuestra que has cap-
tado bien el tema que te proponen!
– Recuerda que un problema filosófico no es cualquier pregunta, sino una
pregunta abierta, que plantea un problema muy general que invita a la
reflexión y que no se responde con un simple sí o un simple no.
– Para formular interrogantes puede ayudarte haber captado la naturaleza
del problema planteado en el título: ¿es un problema ontológico? ¿epis-
temológico? ¿político? ¿ético? ¿de filosofía de la historia? ¿de teoría de
la educación? Para plantear preguntas sírvete de la tabla que te propone-
mos al final de este apartado.
– Es frecuente, sin embargo, que el título te plantee que relaciones dos o más
temas pertenecientes a ámbitos distintos: Ejemplo: Realidad y verdad.
– En la introducción debes anticipar brevemente el PLAN de tu redacción,
resumiendo el guión que has elaborado en sucio: el punto de partida,
ideas que vas a desarrollar y orden en que vas a hacerlo, autores que vas
a tratar, etc.
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PLATÓN · La República
II. El Desarrollo
– Se trata de la parte más importante y extensa.
– Aquí debes centrarte en el título propuesto e ir tratando de responder a
las preguntas que has formulado en la introducción, al hilo del pensa-
miento del filósofo estudiado.
– Lo mejor es que te centres en las cuatro o cinco ideas que te ha sugeri-
do el título y que has anotado en el guión en sucio.
– Dedica a cada una de esas cuatro ideas o núcleos temáticos un párrafo para
desarrollarla o explicarla. Separa párrafos mediante el punto y aparte.
– El hilo conductor que ha de servirte para conectar entre sí los párrafos
es el tema propuesto.
– Cuando inicies un párrafo intenta conectarlo con el anterior, de manera
que tu redacción esté hilvanada y no sea una mera suma de comparti-
mentos o párrafos estancos.
– Usa los conectores propios del discurso argumentativo para ordenar e
hilvanar párrafos e ideas: porque, por tanto, de lo anterior se sigue que,
la razón de eso es que, en consecuencia, por eso, ahora bien, etc…
– Usa conectores para ordenar tus ideas y tu discurso: Por una parte, por
otra parte, por un lado, por otro lado, en primer lugar, en segundo
lugar, por último, etc.
– Usa conectores para matizar o contraponer ideas o puntos de vista dis-
tintos: En cambio, sin embargo, a diferencia de, en contraposición a, en
oposición a, al contrario que, etc.
– Sintetiza, ve a lo fundamental y pasa de lo anecdótico; si te enrollas per-
derás el hilo conductor. ¡No se trata de contarlo todo! Sino de centrarme
en el problema y enfocar bien el tema.
– Recuerda que el hilo conductor es siempre el título o tema propuesto.
¡No lo pierdas nunca de vista! En esto nunca insistiremos lo bastante.
III. La Conclusión
– Sirve para cerrar la redacción filosófica y no dar la impresión de que
está inacabada.
– Lo mejor es que en la conclusión hagas un breve resumen o síntesis del
desarrollo y de las ideas fundamentales recogidas en la redacción.
– Si te sientes capaz, también puedes aquí aportar un punto de vista críti-
co, siempre y cuando tu crítica esté bien fundamentada.
– Es fundamental que recuerdes aquí o al menos tengas en mente el tema o
el título propuesto. ¡La conclusión tiene que estar muy conectada con él!
– No conviene que en la conclusión introduzcas ideas nuevas que no has
mencionado -ni siquiera de pasada- en el desarrollo.
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[V] · La prueba de acceso a la Universidad (PAU)
– Para introducir la conclusión utiliza expresiones de arranque adecuadas,
tales como: En conclusión..., En resumen..., En definitiva...,
Concluyendo..., etc.
ERRORES A EVITAR A TODA COSTA:
– Soltar todo lo que te sabes del autor sin responder al tema planteado o
sólo de pasada.
– Convertir la redacción en una retahíla de ideas o párrafos deshilvanados,
aparentemente inconexos y sin hilo conductor.
– Enrollarte excesivamente con lo anecdótico, yéndote por las ramas y
perdiendo el hilo del tema.
– Plantear en la introducción interrogantes que no son en realidad proble-
mas generales, abiertos y filosóficos.
TÍTULOS DE REDACCIÓN APARECIDOS EN PAUs:
1. La justicia y los fines de la política (junio 1996)
2. Opinión, pensamiento y ciencia en la filosofía de Platón (junio 1997)
3. Individuo, comunidad y gobierno en el pensamiento de Platón (sep-
tiembre 1997)
4. Matemáticas y verdad (septiembre 1998)
5. Relaciones entre educación, política y filosofía en Platón (junio 1999)
6. Educación y conocimiento de la verdad en el pensamiento de Platón
(junio 2000)
7. Ciencia, opinión y consenso entre los hombres (junio 2001)
8. Educación y tipos de conocimiento (septiembre 2002)
9. La teoría platónica de las Ideas (septiembre 2003)
10. Grados de realidad y grados de conocimiento en la teoría de las Ideas
de Platón (septiembre 2005)
11. La ascensión al saber de lo inteligible como camino de liberación
(septiembre 2006)
12. El mito de la caverna y la teoría de las Ideas (junio 2007)
13. La educación en la filosofía de Platón (junio 2009)
¿CÓMO ARRANCAR EN LA INTRODUCCIÓN DE LA
REDACCIÓN FILOSÓFICA?
Aquí tienes una lista de interrogantes o problemas filosóficos que
pueden serte útiles para la introducción de la redacción filosófica. Pero
sólo te servirán si realmente has captado previamente el ámbito de proble-
mas a los que se refiere el título de la redacción. La lista es por supuesto
incompleta y puede adaptarse a cada filósofo.
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PLATÓN · La República
ÁMBITO DE
PROBLEMAS FILOSÓFICOS
PROBLEMAS
¿Qué es lo real? ¿Qué se entiende por “real”? ¿Es igual-
mente real lo que cambia que lo que permanece siempre
idéntico? ¿Hay una esencia oculta de la realidad? ¿Hay un
orden en lo real? ¿Es la estructura de la realidad un cosmos
ONTOLOGÍA O o un caos? ¿Hay una estructura profunda de la realidad
TEORÍA DE LA material que resulta desconocida y oculta a los sentidos?
REALIDAD ¿De dónde procede la realidad visible? ¿Tiene su origen en
el azar o es el resultado de un plan inteligente? ¿Qué papel
juega la teoría de la realidad de Platón en su teoría del cono-
cimiento? ¿Es posible distinguir modos distintos de ser
real? ¿Hay acaso una jerarquía o gradación en lo real o, por
el contrario, todo es igualmente ser?
¿Qué es la verdad? ¿Puede el ser humano alcanzar un cono-
cimiento firme de la realidad? ¿Es posible alcanzar verda-
des objetivas? ¿O acaso es toda verdad relativa o subjeti-
TEORÍA DEL va? ¿Es posible el consenso entre los seres humanos en
CONOCIMIENTO torno a algunas verdades? ¿Son los sentidos una fuente fia-
O ble de conocimiento? ¿Y la razón o la inteligencia? ¿Es lo
EPISTEMOLOGÍA
mismo opinar que conocer? ¿En qué difieren? ¿Es posible
alcanzar conocimiento firme y seguro sobre cualquier
ámbito de la realidad o sólo sobre algunos? ¿Sobre cuáles?
¿En qué consiste un Estado justo y bien gobernado? ¿Cuál
es el fin que debe perseguir la política? En caso de que
digamos que la política debe perseguir el bien del Estado
¿En qué consiste el bien del Estado? ¿Cómo seleccionar a
los dirigentes políticos que han de gobernar para lograr el
bien del Estado? ¿Es la democracia un buen sistema de
POLÍTICA
selección? ¿Qué riesgos conlleva? ¿Qué alternativas hay?
¿Cuál es el perfil del buen gobernante? ¿Debe acudir a la
política el que quiera o sólo los mejores individuos? ¿Son
los más votados o populares necesariamente los mejores?
¿Qué relación hay entre el gobierno de la propia alma y el
gobierno del Estado? ¿Es posible formar a los gobernantes
para el buen gobierno del Estado? En caso afirmativo ¿Qué
formación habrían de recibir?
¿Qué es realmente educar? ¿Para qué educar? Es decir
¿Qué fines debe perseguir la educación? ¿Y cuál es la mejor
EDUCACIÓN manera de alcanzarlos? ¿Qué diferencia hay entre instruir y
educar? ¿Basta el conocimiento para educar integralmente
a la persona, también en su faceta moral?
Lo más normal, sin embargo es que el título de la redacción
TEMAS exija que se pongan en relación dos o más temáticas. En ese
RELACIONADOS caso es fundamental captar los puntos de conexión y plan-
tear preguntas que relacionen ambas temáticas.
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6 LA CUARTA CUESTIÓN: RELACIONAR O
ACTUALIZACIÓN
¿DE QUÉ SE TRATA?
– Se trata de que comentes cualquier aspecto de la filosofía del autor del
texto relacionándolo con:
• El pensamiento de otros filósofos: pueden ser filósofos anteriores que
han influido o marcado su filosofía positiva o negativamente; cual-
quier filósofo de cualquier época al que se asemeja o, por el contra-
rio, del que se diferencia claramente; filósofos posteriores que han
recibido la influencia del autor estudiado, etc.
• Hechos históricos relevantes: Sobre todo hechos relacionados con el
contexto histórico que vivió el autor o hechos de su biografía que pue-
dan relacionarse con su filosofía.
• Por último, también puedes en esta pregunta dejar de lado todo lo
anterior y centrarte en relacionar cualquier aspecto de la filosofía del
autor con alguna problemática actual del mundo contemporáneo de
orden político, filosófico, religioso, social, científico, humano, etc.
– La ventaja de esta pregunta es que es completamente abierta y, por tanto,
eres tú el que decides.
– Pero no te confíes, conviene llevarla al examen muy bien preparada.
– Intenta ser original. No contestes lo mismo que hará la mayoría de tus
compañeros.
– Intenta además hablar de aspectos o autores que no has tratado en las
cuestiones anteriores, es decir, no te repitas.
– Sé concreto y céntrate en un solo aspecto, pero bien desarrollado.
– No debes extenderte excesivamente, ten en cuenta que sólo hay 1 punto
en juego y sólo dispones de 90 minutos para hacer el examen.
– Para orientarte en esta pregunta hemos planteado actividades de relacio-
nar y de actualización en cada bloque temático.
7 EJEMPLO DE EXAMEN RESUELTO
TEXTO DEL EXAMEN: Capítulo XVIII completo. “Libro VI”
1ª CUESTIÓN: “Sintetiza las ideas del texto mostrando en tu resumen la
estructura argumentativa o expositiva desarrollada por el autor”.
RESPUESTA: [Ver la síntesis de ideas del capítulo XVIII, que pro-
ponemos en el apartado “Actividades de síntesis de un texto y de argu-
mentación” correspondiente al Bloque 1. Al tratarse de un texto funda-
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PLATÓN · La República
mentalmente expositivo (aunque con algún párrafo argumentativo),
hemos optado por elegir este modelo de presentación de las ideas princi-
pales del texto].
2ª CUESTIÓN: “Define los términos relacionados “lo múltiple” e “Idea”
partiendo de la información ofrecida por el texto y completándola con el
conocimiento que tengas de la filosofía del autor”.
Con el término “lo múltiple” se refiere Platón a las realidades sensibles,
en contraposición a las Ideas, que forman parte de la realidad inteligible.
En el texto Platón alude a lo múltiple con expresiones tales como “muchas
cosas buenas”, “muchas cosas hermosas”, etc., que se contraponen a “lo
bello en sí y lo bueno en sí”, expresiones referidas a las Ideas de Belleza y
de Bien. Y es que una de las cualidades del mundo sensible es la multiplici-
dad, mientras que las Ideas son únicas. Así, hay una sola Idea para una mul-
tiplicidad de cosas sensibles, y esa Idea es la esencia de todas ellas, a las
que se refiere el texto con la expresión “aquello que es”. El texto dice tam-
bién que “lo múltiple”, es decir, la realidad sensible es “vista, pero no con-
cebida”, mientras que las Ideas, en cambio, son realidades “concebidas,
pero no vistas” y por eso lo múltiple es accesible a la vista y a los demás
sentidos, mientras que las Ideas son accesibles sólo a la inteligencia, pero
no a los sentido (son por eso inteligibles). Ya fuera del texto, lo que Platón
llama el mundo sensible (el mundo de “lo múltiple”) es un mundo de obje-
tos materiales, cambiantes, sometidos al nacimiento y a la destrucción,
impermanentes e imperfectos. En cambio, las Ideas, aparte de ser realida-
des inteligibles e invisibles (“concebidas, pero no vistas”) y de ser únicas,
como dice el texto, son además inmateriales, inmutables y eternas. Por otra
parte, cada Idea es un modelo perfecto e ideal que constituye la esencia
común a una multiplicidad de cosas sensibles, las cuales la imitan de mane-
ra más o menos imperfecta, tal y como una sombra imita el objeto que la
produce. Por eso para Platón las Ideas constituyen la verdadera realidad y
la causa del ser de las cosas sensibles.
3ª CUESTIÓN: Redacción filosófica. “El intelectual y la acción política”
[I. INTRODUCCIÓN]
En esta redacción se nos plantea el problema de la relación entre el inte-
lectual y la política, entre la filosofía y la política. ¿Debe el intelectual per-
manecer al margen de los problemas políticos y sociales de su tiempo, con-
tentándose con analizar la realidad a distancia y sin intentar cambiarla?
¿O, por el contrario, debe de implicarse en los problemas de su entorno,
proponer soluciones y tomar partido? A lo largo de la historia del pensa-
miento ha habido diversas posturas frente a estas cuestiones. Sin duda
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[V] · La prueba de acceso a la Universidad (PAU)
Platón elige la segunda alternativa. Pero si optamos por ella surgen a su
vez nuevos interrogantes: ¿por qué razones debe el intelectual comprome-
terse políticamente? ¿De qué manera debe incidir el trabajo del intelectual
en la acción política?¿Hay que dejar el poder político en manos exclusiva-
mente de los mejor preparados? ¿Y cómo reconocerlos? ¿Qué peligros
puede comportar esta propuesta? A lo largo de esta redacción trataremos
de exponer la postura de Platón en relación con estas cuestiones. El núcleo
de nuestra exposición será la propuesta platónica del filósofo-gobernante,
que será necesario encuadrar dentro de la filosofía platónica en general y,
fundamentalmente, dentro del marco de la Teoría de las Ideas.
[II. DESARROLLO]
– En la “Carta VII” Platón expone claramente la motivación política de su
filosofía. En efecto, después de haber vivido muy de cerca los avatares
políticos que conmovieron la vida política de Atenas (la Guerra contra
Esparta, el violento y sanguinario gobierno de los Treinta Tiranos, la
reinstauración democrática de Trasíbulo y la injusta condena y muerte de
Sócrates), Platón llegó a la conclusión de que “todos los estados estaban
sin excepción mal gobernados” y de que los males de la humanidad no
tendrán remedio hasta que los gobernantes se hagan filósofos o los filó-
sofos ocupen el poder. Esta es, en síntesis, la propuesta política del filó-
sofo-gobernante. Pero, ¿cómo la justifica Platón? ¿Por qué el filósofo es
el mejor gobernante? Según él, la verdadera filosofía es la única que
puede proporcionarnos una visión perfecta y total de lo que es justo, y
sólo si los gobernantes tienen esta visión podrán gobernar justamente y
será posible la ciudad justa. A la base de esta justificación podemos reco-
nocer la influencia del intelectualismo moral de su maestro Sócrates,
para quien la virtud es conocimiento. Sócrates presuponía que es posible
alcanzar un conocimiento objetivo y universal de la justicia y de las
demás virtudes, y que sin él es imposible llegar a ser justo y virtuoso. Con
la Teoría de las Ideas, Platón va todavía más lejos y afirma la existencia
de ciertas realidades eternas, inmutables, subsistentes, inmateriales,
objetivas y perfectamente cognoscibles, que son los modelos ideales o
paradigmas que, de manera imperfecta, son copiados por las cambiantes
cosas del mundo sensible y material, y que constituyen el verdadero obje-
to de la filosofía. Entre estas realidades se encuentran los valores éticos
y morales, tales como el Bien en sí, la Justicia en sí y la Belleza en sí,
cuyo conocimiento es indispensable para el buen gobernante.
– POR TODO LO EXPUESTO, Platón confiere una importancia fundamen-
tal a la educación del gobernante, cuya meta será alcanzar el conocimien-
to de las Ideas eternas y absolutas, culminando con la contemplación de
la Idea de Bien. Conociendo el Bien en sí, el filósofo gobernante conoce-
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PLATÓN · La República
rá también en qué consiste el bien del Estado y podrá gobernar conforme
a ello, inspirándose en los principios eternos de Justicia y de Bien. Platón
funda la escuela de filosofía llamada la Academia con la pretensión de
educar ahí a los futuros filósofos-gobernantes; sus viajes a Siracusa son
también un intento de convertir a la filosofía a los tiranos de esa ciudad y
de llevar a la práctica su teoría política. Por último, su obra La República
intenta plasmar lo que sería el Estado Ideal, y tiene como necesario tras-
fondo la Teoría de las Ideas. Platón es, por tanto, un ejemplo vivo de inte-
lectual comprometido con la reforma de la vida política de su tiempo.
– SIN EMBARGO, la postura de Platón contrasta con la de otros intelec-
tuales de su época: los sofistas. Se trata de intelectuales comprometidos
con el régimen político vigente, la democracia. Tal vez injustamente,
Platón sólo ve en ellos simples “intelectuales a sueldo” al servicio de
quienes acuden a ellos para formarse como políticos de éxito; en opi-
nión de Platón, estos intelectuales se limitan a enseñar y a tomar por
justo y bueno lo que a la mayoría, más o menos ignorante, le resulta
agradable (empirismo político). Así, no aspiran a cambiar ni a mejorar
nada, sino que contribuyen a perpetuar y justificar lo que ya hay.
– POR OTRA PARTE, Platón critica la tendencia del intelectual a conten-
tarse con el puro conocimiento sin pasar a la acción. Por eso afirma
que hay que obligar a los filósofos a que se ocupen de los demás y asu-
man la dirección política del Estado: el filósofo debe ser, a la vez, hom-
bre de conocimiento y hombre de acción. El mito de la caverna lo refle-
ja muy bien: el prisionero liberado, después de alcanzar la visión clara
de la verdadera realidad, debe ser obligado a descender al interior de
la caverna, seleccionar y educar a las mejores naturalezas, y gobernar
al resto, a la luz del conocimiento de la verdadera justicia y el verdade-
ro bien. Los mejores miembros de una sociedad deben ponerse a su ser-
vicio y al servicio del bien común, e incluso sacrificar su propio bien
individual, convirtiéndose en reformadores políticos y sociales, aun
cuando para ello pongan en peligro su propia vida, como refleja tam-
bién el mito o tengan que hacer sacrificios.
[III. CONCLUSION]
– CONCLUYENDO, en respuesta a la situación política de su tiempo,
Platón considera que es vital para el funcionamiento del Estado la forma-
ción filosófica, moral e intelectual de los gobernantes, lo cual requiere el
conocimiento de las Ideas eternas. De ahí que en el “Libro VII” de La
República nos exponga con detalle cómo proceder para seleccionar y edu-
car a los mejores. ¿Quiénes, sino los mejores y más sabios, deben de ocu-
parse de la política, de algo tan importante como la dirección del Estado,
aunque ello les suponga renuncias y sacrificios? En definitiva, Platón
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[V] · La prueba de acceso a la Universidad (PAU)
plantea una cuestión muy actual, la de si los intelectuales deben asumir
compromisos políticos. Y responde que existe una indisoluble unión entre
filosofía y política, entre trabajo intelectual y acción política. Hemos visto
cómo no sólo su obra, sino también su vida, son una clara muestra de esto.
Para Platón, el pensamiento y la filosofía sirven de bien poco si no aspi-
ran también a transformar y a mejorar la realidad. Pero, como hemos
visto, la propuesta política platónica es un tanto elitista, una “aristocracia
del saber”, un gobierno de los intelectuales que excluye a los no educados
de la participación en las decisiones políticas, con el consiguiente peligro
de totalitarismo que algunos pensadores partidarios de la democracia han
criticado. Sin embargo la propuesta platónica ha de hacernos reflexionar
sobre la enorme importancia de la educación para el buen funcionamiento
de la vida política: ¿cómo puede funcionar bien una democracia si el pue-
blo que ha de tomar decisiones políticas carece de saber y formación ética
y es incapaz de mirar más allá de sus intereses privados individuales? Sólo
una educación que permita la formación intelectual y moral del mayor
número de ciudadanos posibilitaría una democracia saludable. Pero este
tema nos llevaría más allá de la filosofía platónica y del propósito de nues-
tra redacción.
4ª CUESTIÓN: Comenta brevemente cualquier aspecto del pensamiento
del autor del texto que juzgues importante en alguno de estos sentidos: por
su relación con el de otros filósofos, con hechos históricos relevantes (espe-
cialmente si son coetáneos del autor o tienen relación con su vida) o con ras-
gos significativos del mundo contemporáneo”.
RELACIÓN ENTRE PLATÓN Y PARMÉNIDES: Parménides de Elea fue
un filósofo itálico que vivió entre los siglos VI y V a.C y que influyó podero-
samente en la filosofía de Platón. Éste aceptará de él la oposición entre el
conocimiento engañoso que nos ofrecen los sentidos, y el conocimiento ver-
dadero que nos ofrece la razón, entre apariencia sensible y realidad autén-
tica. Así, la distinción de Parménides entre la vía de la opinión y la vía de
la verdad puede ser considerada, como un antecedente de la posterior dis-
tinción platónica entre conocimiento científico y opinión. Además, las Ideas
platónicas –el objeto propio del conocimiento– tienen las mismas caracte-
rísticas que el Ser de Parménides: son también ingénitas e imperecederas,
eternas e inmutables. Por último, Platón toma de Parménides la convicción
de que la verdad es algo único, absoluto, universal y permanente, y no como
pretendían los sofistas algo relativo o subjetivo.
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VI.
VOCABULARIO
ALMA-CUERPO. Platón defiende un dualismo antropológico, según el cual el
ser humano es un compuesto de un alma inmaterial e inmortal y de un cuerpo material
y mortal. El alma es para Platón el principio que infunde vida al cuerpo, y además, en
los seres humanos, el principio del conocimiento, pues su función propia es el conoci-
miento de la verdad. Influenciado por los pitagóricos, Platón defiende que el alma ha
tenido una existencia anterior, y tiende a liberarse del cuerpo, que constituye en reali-
dad su prisión. Hay que distinguir además tres partes en el alma: la racional, la irasci-
ble y la apetitiva.
ANTROPOLOGÍA (del griego anthropos, que significa “ser humano”). En
general, se entiende por antropología la rama del saber que se ocupa del estudio del
ser humano y de su naturaleza. Con relación a la antropología platónica en particu-
lar véase alma-cuerpo.
ARETÉ. Ver VIRTUD.
ARISTOCRACIA. En general, hay que entender por aristocracia el gobierno
de los mejores (en griego, los aristoi). Platón propone como forma ideal de gobier-
no una aristocracia, pero hay que dejar muy claro que no se trata del gobierno de los
mejores en razón del linaje, la sangre o el nacimiento, sino de los mejores en virtud
y en saber, y estos son los filósofos.
COGNOSCIBLE: Adj. que puede ser conocido. Sinónimo de inteligible. Lo
contrario es incognoscible, ininteligible.
CONOCIMIENTO, CIENCIA O CONOCIMIENTO CIENTÍFICO. Con
estas tres expresiones indistintamente se suele traducir al castellano el término grie-
go episteme. Para Platón la episteme o conocimiento se contrapone a la simple
OPINIÓN (véase). El conocimiento es siempre para Platón conocimiento de lo
auténticamente real, de la esencia eterna e inmutable de la realidad, esto es, de las
Ideas; es por tanto universal y objetivo, y sólo puede ser alcanzado mediante la inte-
ligencia, no mediante los sentidos. Platón distingue dos niveles de conocimiento: el
pensamiento y la inteligencia. En el mito de la caverna el conocimiento está repre-
sentado por la “visión de las cosas de arriba”.
COSMOS: Palabra de origen griego que significa “orden y belleza”, en contra-
posición a caos o desorden. Desde los griegos aplicamos esta palabra también al
universo, pues los griegos fueron los primeros en darse cuenta que era algo bello,
armónico y ordenado según leyes, esto es, que era un “cosmos”.
DEMIURGO (del griego demiurgo, que significa “artesano”). Platón llama
“Demiurgo” a una Inteligencia suprema, de carácter divino, ordenadora del mundo
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[VI] · Vocabulario
sensible. El Demiurgo ha creado el mundo físico, dando forma a una materia pree-
xistente y amorfa, tomando como modelo el Mundo de las Ideas Eternas, siguiendo
por tanto un plan racional con la intención de hacer lo mejor y lo más bello.
DEMOCRACIA. En general, se entiende por tal la forma de gobierno o de
organización política de la sociedad en la que el pueblo asume la dirección de los
asuntos políticos y en la que los cargos públicos se eligen por sorteo o por votación
de la mayoría. Platón se muestra crítico con la democracia ateniense, la acusa de ser
la causante de la ruina política y militar de Atenas en el último cuarto del siglo V a.
C., y le parece una insensatez dejar en manos de un pueblo ignorante y manipula-
ble, algo tan importante como la dirección política del Estado. Propondrá como
alternativa a esta forma de gobierno, una aristocracia del saber y de la virtud. Ver
ARISTOCRACIA.
DEVENIR. Sinónimo de cambio, movimiento. Para Platón el devenir es una
realidad intermedia entre el no ser (la pura nada) y el ser (lo que siempre permane-
ce idéntico a sí mismo, lo que no cambia jamás), pues las cosas que cambian o
devienen están siempre dejando de ser lo que son, para empezar a ser algo que aún
no son. El devenir es una de las características fundamentales del MUNDO SENSI-
BLE (véase).
DIALÉCTICA (del griego dialogos, “a través del logos, a través de la razón y
el discurso”). 1- Ciencia suprema acerca de las Ideas y sus relaciones, en especial
de las relaciones de todas las Ideas con la Idea suprema de Bien. Es la única capaz
de ofrecernos verdadero conocimiento, y la última y principal enseñanza de la edu-
cación del filósofo gobernante. 2- Platón da también el nombre de dialéctica o arte
dialéctico al método dialéctico propiamente dicho, es decir, al método del cual se
sirve la ciencia dialéctica para el conocimiento de las Ideas y muy especialmente de
la Idea de Bien.
DOXA. Véase OPINIÓN.
EDUCACIÓN. Platón entiende la verdadera educación como el arte que tiene
como finalidad encaminar el alma del que se educa hacia el ámbito de las Ideas,
donde hallará el conocimiento de la verdad y del bien. Para ello hay que conseguir
hacer que el alma aparte su mirada de lo sensible y material, donde tan sólo hallará
simples opiniones. Sin embargo, sólo las mejores naturalezas, deberán ser educadas
en este sentido para que asuman posteriormente la misión de gobernar, a la luz de
las Ideas eternas de Bien, Justicia, Belleza, etc. La educación, pues, está subordina-
da a los fines de la política.
EMPIRISMO POLÍTICO. Actitud defendida por los sofistas y criticada por
Platón, que consiste en afirmar que lo justo es aquello que el pueblo (“los prisione-
ros de la caverna”) de hecho toma por justo. Los sofistas se limitan a investigar cuá-
les son los deseos y apetencias del pueblo, erigen en valores morales esos mismos
apetitos y deseos, y enseñan a sus discípulos cómo deben actuar y gobernar si quie-
ren ser del agrado del pueblo y alcanzar el éxito en política.
EPISTEME. Véase CONOCIMIENTO, CIENCIA o CONOCIMIENTO
CIENTÍFICO.
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PLATÓN · La República
EPISTEMOLOGÍA. En general, Teoría del Conocimiento. Se considera a la
epistemología como la rama de la filosofía que se ocupa de problemas relacionados
con el conocimiento, problemas tales como los siguientes: ¿Cómo es posible cono-
cer la verdad? ¿Acaso es posible el conocimiento de la verdad? ¿Es toda verdad
siempre relativa?, etc. Lo fundamental de la epistemología platónica es la defensa
de la existencia en el alma de ciertos conocimientos innatos (Teoría de la reminis-
cencia), así como la distinción entre dos niveles o grados de saber (conocimiento y
opinión, dualismo epistemológico), y la posibilidad de conocer verdades eternas,
universales y objetivas.
EPISTEMOLÓGICO. En general, relativo al conocimiento. (Véase
EPISTEMOLOGÍA).
ESENCIA. En general, en filosofía se ha denominado “esencia” a la naturaleza
última e invariable de una cosa, o de la realidad en general, y que constituye, por así
decirlo, su verdadero ser, en base al cual se explica su comportamiento. Para Platón
las esencias de las cosas son las Ideas eternas, inmutables e inmateriales, y se hallan
“separadas” de las cosas sensibles. Véanse IDEAS, MUNDO SENSIBLE.
ESTATALISMO. Ideología política según la cual el bien del Estado o de la
comunidad está por encima del bien del individuo. O también, que considera que el
bien del individuo está supeditado al del Estado. Filosofías e ideologías políticas
muy opuestas entre sí, sin embargo, han defendido o han desembocado en concep-
ciones estatalistas: el propio Platón, Hegel, el socialismo marxista, el nazismo, etc.
ÉTICA. En la Antigua Grecia la Ética era considerada como un saber o rama de
la filosofía que tenía como objetivo orientar al hombre en la búsqueda de la virtud
y de la felicidad. Véase VIRTUD.
FILÓSOFO GOBERNANTE. Propuesta política de Platón, según la cual los
males de la humanidad no cesarán hasta que los filósofos asuman la dirección de los
asuntos del Estado o los gobernantes se conviertan a la filosofía. A la base de esta
propuesta se encuentra la influencia del intelectualismo moral socrático. Véanse
INTELECTUALISMO MORAL y ARISTOCRACIA.
FILOSÓFOS DE LA NATURALEZA. Bajo esta denominación se alude a la
mayor parte de los llamados filósofos presocráticos, quienes tomaron como objeto
de sus investigaciones filosóficas el estudio del universo físico y de los fenómenos
naturales. Platón rechaza este enfoque filosófico por centrarse en el estudio del
mundo sensible y material.
GNOSEOLOGÍA, GNOSEOLÓGICO. Sinónimos de epistemología y de
epistemológico, respectivamente.
HIPÓTESIS. Supuesto no demostrado. Según Platón, tanto el método del mate-
mático como el dialéctico parten de hipótesis no fundamentadas. Pero el matemático
toma estas hipótesis, no como hipótesis, sino como si fueran principios ya fundamen-
tados a partir de los cuales hace sus demostraciones (axiomas). El dialéctico, en cam-
bio, pone a prueba sus hipótesis o suposiciones y trata de “echarlas abajo” mediante
la crítica racional y los argumentos, elevándose así, de hipótesis en hipótesis, hasta
alcanzar una definición que resista y recoja la esencia de lo investigado (la Idea).
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IDEAS O FORMAS (eidos, en griego). Según Platón las Ideas son realidades
inmateriales, conceptuales, eternas, inmutables, trascendentes, sólo accesibles a la
inteligencia, que constituyen las esencias de las cosas sensibles y los modelos per-
fectos e ideales que éstas imitan o copian de forma imperfecta. Las Ideas son por
tanto la causa del ser de las cosas sensibles y existen con independencia de los hom-
bres y de las opiniones humanas. Véase MUNDO DE LAS IDEAS.
IDEA DE BIEN: Es la Idea suprema, representa la máxima perfección y, por
tanto, lo máximamente real. Es también la expresión del orden y de la unidad del
Mundo de las Ideas. Todas las demás Ideas participan de ella. Es causa de su reali-
dad y de su cognoscibilidad. Su conocimiento es el objetivo último de la educación
filosófica del gobernante, pues se requiere para poner orden tanto en la propia alma
como en la sociedad.
IMITACIÓN (en griego mímesis). Término usado por Platón para expresar la
relación que se da entre las cosas sensibles y las Ideas. Así, podemos decir que las
cosas sensibles son lo que son en la medida en que imitan o copian las Ideas, las
cuales constituyen su esencia y la causa de su ser.
INTELECTUALISMO MORAL. Teoría ética propia de Sócrates que puede
resumirse en la afirmación de que la virtud es conocimiento, y el vicio es ignorancia.
Platón acepta de su maestro este punto de vista y lo aplicará también al terreno de la
política. El resultado de esto será la teoría platónica del filósofo gobernante.
INTELIGENCIA O NOUS. Órgano o facultad innata del alma que podemos
identificar con la que Platón denomina parte racional del alma, mediante la cual es
posible conocer la verdad, siempre y cuando su búsqueda se oriente en la dirección
correcta (lo inteligible). Véanse VIRTUD DEL CONOCIMIENTO, ALMA y
EDUCACIÓN.
INTELIGENCIA O NOESIS. 1- Intelección. Acto mediante el cual el alma
capta las Ideas o esencias. 2- En el símil de la línea la inteligencia representa el
máximo grado de conocimiento y de claridad; es el estado mental en que se encuen-
tra aquel que ha accedido a la contemplación de lo máximamente real, las Ideas.
INTELIGIBLE. En general, que se puede inteligir o entender. En este sentido
es sinónimo de cognoscible. En Platón, lo inteligible es además un tipo de realidad
que constituye el objeto del conocimiento puro, sin intervención alguna de los sen-
tidos. Véase MUNDO INTELIGIBLE, REALIDADES INTELIGIBLES.
JUSTICIA. Platón utiliza esta expresión en varios sentidos diferentes: 1-
Influenciado por los pitagóricos, identifica la justicia en general con la armonía o el
equilibrio. En este sentido hay que distinguir a su vez entre: a) La justicia como vir-
tud individual, que consiste en la armonía entre las tres partes del alma, y b) La jus-
ticia del Estado, que consiste en la armonía entre las tres clases que lo componen.
2- En segundo lugar, con la expresión “justicia en sí” Platón se refiere a la Idea de
Justicia, eterna, atemporal, inmaterial, e independiente de las opiniones humanas.
Tanto la justicia del individuo como la del Estado participan de esta Idea de Justicia.
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3- Por último, por justicia empírica o material hay que entender la justicia de los
hombres, expresada normalmente a través de leyes cambiantes en cada ciudad y
cada época. Platón se refiere a la justicia empírica con la expresión “sombras de lo
justo”, y es una copia imperfecta de la Idea eterna de Justicia.
MATERIA. En la cosmología platónica, elemento amorfo, preexistente, móvil
y caótico que constituye la base a partir de la cual el Demiurgo crea el mundo físi-
co, imprimiéndole forma y modelándola a la manera como un alfarero modela la
arcilla, y tomando como modelo el mundo de las Ideas. Véase DEMIURGO.
MUNDO DE LAS IDEAS. Mundo de esencias eternas e inmutables, jerarqui-
zadas en torno a la Idea Suprema de Bien. El mundo de las Ideas representa el orden
eterno del ser, y se sitúa en un plano de realidad trascendente e inmaterial. Véase
IDEAS, MUNDO SENSIBLE y TRASCENDENTE.
MUNDO INTELIGIBLE, REALIDADES INTELIGIBLES. Representa la
esfera de las realidades inmateriales, eternas, inmutables, abstractas e invisibles.
Aunque a veces se utiliza como sinónimo de Mundo de las Ideas, hay que tener en
cuenta que el mundo inteligible abarca tanto a las Ideas como a los objetos matemá-
ticos, que aun siendo también inmateriales, eternos e inmutables, constituyen un
nivel de realidad inferior al de las Ideas.
MUNDO SENSIBLE. Es el mundo de las realidades materiales, cambiantes,
sometidas permanentemente al devenir, al nacimiento y a la muerte. Es el mundo de
cosas que percibimos por medio de los sentidos, creado por el Demiurgo a imitación
de las Ideas eternas. El mundo sensible es el mundo de los seres naturales y mate-
riales, pero también el mundo de los asuntos humanos (la justicia de los hombres,
la política, la sociedad, etc.).
OLIGARQUIA: Forma de gobierno en la el poder político y la dirección del
Estado está en manos de una minoría o de un reducido número de familias, normal-
mente pertenecientes a la clase social alta.
ONTOLOGÍA. En general, se llama ontología a la Teoría de la realidad, parte
de la filosofía que se ocupa de investigar la esencia de lo real. La ontología platóni-
ca establece la existencia de dos clases o niveles de realidad (dualismo ontológico):
la realidad sensible y la realidad inteligible.
ONTOLÓGICO. En general, referido a la realidad, a lo real, o a la existencia.
Por ejemplo, un nivel ontológico es un nivel o grado de realidad; una sombra es
ontológicamente inferior al objeto que la produce, es decir, es menos real, le corres-
ponde un nivel menor de existencia.
OPINIÓN O DOXA. Se trata de un conocimiento superficial, poco fiable, apa-
rente, relativo y que tiene como fuente, no la inteligencia, sino los sentidos. El obje-
to de la opinión son las apariencias, las cosas materiales y cambiantes del mundo
sensible. Se contrapone al CONOCIMIENTO propiamente dicho o CONOCI-
MIENTO CIENTÍFICO (véase). Platón distingue dos niveles de la opinión: la ima-
ginación y la creencia. Platón considera la opinión como algo intermedio entre la
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ignorancia absoluta y el conocimiento. En el mito de la caverna la opinión está
representada por la visión de las cosas del interior de la caverna (sombras y esta-
tuas que desfilan).
ORGANICISMO. En general, se trata de una forma de concebir el Estado que
toma como modelo el organismo vivo. Se puede decir que la concepción platónica
del Estado es organicista, pues a semejanza del organismo vivo –en el que cada
órgano o parte cumple una función específica indispensable para el buen funciona-
miento del conjunto–, en el Estado platónico cada una de las tres partes o clases que
lo componen desempeña una función propia –aquella para la cual está mejor prepa-
rada por naturaleza y educación–, en beneficio del conjunto entero.
PARTICIPACIÓN (en griego méthesis). Término mediante el cual Platón
expresa la relación entre las cosas sensibles y las Ideas. Las cosas sensibles son lo
que son porque “participan” de las Ideas.
PENSAMIENTO (en griego dianoia). En el “Libro (VII) VI” Platón da el nom-
bre de pensamiento o pensamiento deductivo a un determinado grado de saber o de
claridad, intermedio entre la opinión y la intelección (noesis) de las Ideas. Es el esta-
do mental en que se encuentra el matemático cuando dirige sus investigaciones al
estudio de los objetos matemáticos, que son también inteligibles, pero constituyen
tan sólo una copia de las Ideas.
POLÍTICA. Para Platón la política es el arte de dirigir y organizar sabiamente
el Estado con el fin de alcanzar la justicia y el bien de la comunidad. Este arte se
identifica en realidad con la filosofía, pues sólo aquel que haya comprendido las
esencias eternas del Bien y de la Justicia, será capaz de conocer en qué consiste el
bien y la justicia del Estado, y de gobernar de acuerdo con esos principios.
RELATIVISMO. 1- Teoría o punto de vista epistemológico según el cual toda
verdad es siempre relativa y no existen por tanto verdades objetivas y universalmen-
te válidas. 2- Relativismo moral: doctrina o punto de vista moral según el cual lo
que llamamos bueno y malo, justo e injusto, y los valores morales en general son
siempre relativos. Los sofistas defendieron tanto el relativismo epistemológico
como el moral, lo que les valió las críticas de Platón.
SOFISTAS. Conjunto de intelectuales y filósofos que surgieron en la Atenas
democrática del siglo V a. C., que se dedicaron a formar y a educar a ciudadanos con
aspiraciones políticas. Defendieron doctrinas tales como el relativismo o el empiris-
mo político, que encontraron el rechazo y la oposición de Sócrates y de Platón. En
el “Libro VII” Platón critica de ellos su peculiar forma de entender la educación.
TRASCENDENTE. Aquello que está más allá de lo material y sensible. Las
Ideas son trascendentes respecto a las cosas sensibles, pues se sitúan en un plano de
realidad superior, inmaterial y conceptual.
VIRTUD (en griego, areté). 1- Sentido amplio: los griegos entendían por areté o
virtud una capacidad, poder o excelencia para producir un determinado efecto o cum-
plir bien la función que es propia de algo o de alguien. Este sentido del término “vir-
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tud” puede aplicarse tanto a personas, animales o cosas. Así, por ejemplo, podemos
hablar de la virtud de unas yerbas medicinales o de la virtud de un caballo (la resis-
tencia y la velocidad), o de un músico virtuoso (hábil con su instrumento). En este
sentido habla Platón también de la VIRTUD DEL CONOCIMIENTO (véase).
2- Sentido moral del término: en sentido moral, hay que entender por virtud una cier-
ta cualidad del carácter o del alma que nos predispone a actuar moralmente bien. En
este sentido, la virtud perfecta para Platón es la justicia, y otras virtudes parciales son
también la prudencia o sabiduría (virtud de la parte racional del alma), la valentía
(virtud de la parte irascible) y la moderación (virtud de la parte apetitiva).
VIRTUD DEL CONOCIMIENTO. Según Platón, la capacidad, poder o facul-
tad, innata y presente en el alma de cada persona, mediante la cual es posible alcan-
zar el conocimiento de la verdad y del bien, siempre y cuando sea dirigida conve-
nientemente mediante una educación apropiada.
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