Consejo Cristiano y Psicología
Consejo Cristiano y Psicología
Pedro Sanjaime
INTRODUCCIÓN
1
trato personal de una fe y un Dios personal que buscan un encuentro personal con cada hombre y
mujer.
De ahí que es una necesidad urgente que la iglesia recobre el protagonismo del Consejo
cristiano basado en los principios y la metodología bíblica. Para ello, se tiene que renunciar a
la inmediatez de lo superficial para disponer de la serenidad y los recursos necesarios para
profundizar en el corazón de las personas y sus dolencias con el fin de presentar perfecto
(maduro, equilibrado) a todo hombre y mujer en Cristo (Col.1:28)
• La persona de Dios como modelo de Consejero tanto en su naturaleza como en su trato con
el ser humano.
• La Revelación histórica de Dios como manual instructivo de:
1) La propia naturaleza básica del hombre.
2) Los modos de relación entre Dios y el hombre.
3) Los casos concretos donde podemos estudiar y desarrollar principios universales.
4) Los modos de relación entre el hombre y sus semejantes tanto en grupos como en
comunidad.
• El Espíritu Santo como Consejero en la vida particular de la persona aplicando la obra de
Cristo y guiando a sus siervos en la tarea de aconsejar.
El Consejo pastoral no es una creación del NuevoTestamento sino una realidad que podemos
observar a lo largo de toda la historia humana en su “forcejeo” con Dios. Por ello, al considerar
su origen, tenemos que volver a los principios creacionales expuestos en el libro del Génesis.
Desde el punto de vista de Génesis 1 y 2, podemos decir que el Consejo pastoral es anterior a
la caída del ser humano. En Gen. 1:28-30 y 2:16-17, encontramos a Dios aconsejando (dando
orientación y guía, advirtiendo, instruyendo y exhortando) al ser humano en asuntos tocantes a su
diario vivir. Dios es el origen del Consejo y éste surge de la realidad de un ser superior en esencia
(Dios) y de un ser creado (el hombre) que entran en una relación personal. A partir de este
momento, el hombre precisa los consejos de su Creador para entenderse a sí mismo, entender el
mundo que le rodea y saber cómo comportarse en él. En el contexto de Gen, 1 y 2 encontramos
tres elementos sobre este particular:
1. Positivos: Consejos sobre cómo vivir y organizar la vida y los elementos que la
componen (1:28-30).
2
Podemos notar que en este contexto, el consejo es muy simple debido a la condición
perfecta del ser humano en su dimensión bio-psico-pneumática y en un estado ambiental y
social en perfecta armonía. Las estructuras internas y externas de la existencia están en perfecto
equilibrio con las estructuras existenciales del Creador. Como resultado, encontramos que “todo
era bueno 1en gran manera” (Gen.1:31).
Consejería de Crisis:
Este equilibrio entre naturaleza, persona y Creador va a sufrir una transformación
profunda que afectará a todas las estructuras en sus elementos estéticos (externos), y en sus
elementos éticos (internos). De forma que a partir de Génesis 3 hemos de hablar de una
consejería de “crisis” en la existencia humana. Por causa del pecado, el ser humano va a
encontrar unas fuerzas internas y externas que le superan y esclavizan hasta el punto de la
irracionalidad y que le harán perder aquel estado de bienestar.
Notemos, en síntesis, algunos de los resultados de este hecho histórico y que hoy son
verificables en el comportamiento humano. En el Génesis aparecen como principios embrionarios
de la conducta humana que, con el avance histórico, se irán sofisticando en un marco cada vez
más complejo.
1
Tob: Este adjetivo califica aquello que es bueno en esencia y apariencia. Es aquello que mantiene un equilibrio
entre la ética y la estética. El hecho de que se use el superlativo “en gran manera”, magnifica la condición positiva de
la existencia.
2
‘Ayin: Aquello que es agradable, hermoso, atractivo en su apariencia, externamente satisfactorio.
3
Châmadh: Desear, codiciar, sentir necesidad. Detrás está la idea de una convicción profunda que la persona
siente y que hace que aquello que se desea, se convierta en una necesidad fundamental.
3
2. Trastorno psico-pneumático: “...tuve miedo”
Aparece el sentimiento de vergüenza (Heb. Bôsh)4 y con él, el miedo (fobia) origen de los
estados emocionales derivados que irán evolucionando como producto de una condición de
inestabilidad y desorden interior. Es significativo que al finalizar el capítulo 2 de Génesis y en el
clímax de la perfección humana se declara: “...y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no
se avergonzaban” (v.25). La vergüenza va a ser la primera alteración emocional que sufrirá el
ser humano y que afectará sus comportamientos. Como resultado, sus relaciones pueden sufrir los
efectos de la ocultación, la sospecha, las manías, las fantasías y otras alteraciones.
Hoy, de una manera mucho más sofisticada, podemos observar y confirmar este dato a través
de la dinámica del comportamiento humano en gran manera determinado por el estado
emocional. A partir de aquí, las emociones (con sus trastornos) se convertirán en un factor
determinante que en la mayoría de casos superará a la razón. Así pues, desde este momento surge
la patología psíquica y pneumática.
4
El término bíblico indica confusión interna , desengaño, desorientación y alteración de las estructuras esenciales de
la persona. La vergüenza no está relacionada primeramente con lo que hacemos sino, con lo que somos. De ahí que
la vergüenza afecta a la identidad personal dañándola y alterándola negativamente.
5
Shâma`: El significado central es el de percibir un mensaje y entender su significado. Por tanto, sobrepasa los
límites físicos de oír e implica la comprensión y la acción obediente. Jesús solía decir: “el que tenga oídos para oír
que oiga” implicando el factor racional y práctico del oír.
6
Qârâ’: proclamar, invitar, apuntar, señalar, llamar por nombre, nombrar.
4
tiene la tendencia de huir del consejero que encara la verdad con discernimiento. Como
contrapartida, la persona busca consejeros que sin comprometerle le ayuden a remendar sus
deterioros emocionales y sociales o, a proyectar las culpas hacia otros.
Dios se convierte pues, en el modelo perfecto de consejero mostrándonos cómo proceder en el
tratamiento de la problemática humana.
5
Aparece también el sufrimiento como principio de la vida (3:16). El parto será con dolor
como un anticipo de lo que va a ser la experiencia diaria. Por una parte, una mezcla de gozos y
tristezas, por otra, una lucha por el dominio entre hombre y mujer y entre los mismos
componentes de la familia.
Otro elemento desestabilizador será la propia naturaleza que se vuelve adversa al ser humano.
Por tanto, los elementos de su sustento y recreo, se convierten en un trabajo agotador que
complicará la existencia y las relaciones humanas.
Finalmente, aparece otro elemento desconocido, la enfermedad física y, definitivamente,
la muerte. Ésta aparece como algo progresivo en el transcurso de la vida de la persona. De
hecho, desde que el hombre nace, ha empezado a morir. Contrariamente a lo que solemos pensar,
el nacimiento no es la marcha hacia la vida, sino la cuenta atrás hacia la muerte. Ésta puede
sorprender en cualquier momento inesperado, pero con toda seguridad, llegará inevitablemente.
Esa es la filosofía popular de la que habla Proverbios: “Comamos y bebamos, que mañana
moriremos”. En el fondo, la persona está condicionando su presente por su expectativa de la
muerte. Es la inevitabilidad de la muerte lo que le hace vivir de esta manera. En conclusión, la
muerte domina y controla la vida porque el ser humano no sólo anticipa la muerte, sino que él
mismo está muerto (separado) de la vida de su Creador. La paradoja de Génesis 3 es que el ser
humano convencido de que “no moriría” quiso alcanzar la inmortalidad al querer ser dios (3:4-
5). Pero lo que consiguió fue lo que no quería: la muerte, y lo que perdió fue lo que ya tenía: la
vida.
Así que, por cuanto los hijos han tenido en común una carne y una sangre, él también
participó igualmente de lo mismo, para por medio de la muerte, destruir el poder al que
tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y liberar a todos los que por el temor de
la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (2:14-15)
7. Causalidad
Conocer esta realidad de la muerte y su impacto en la vida natural y espiritual de la
existencia humana es vital para el Consejo cristiano, que ha de entender bien el fundamento
bíblico de la antropología si quiere ir más allá de simples curas milagrosas o buenas intenciones.
Tratar a la persona doliente por causa del efecto de la muerte y saber aplicar sabia y
prudentemente la obra de Cristo como medio de liberación de la servidumbre que la persona ha
adquirido requiere dedicación, formación y rigurosidad. Al igual que la muerte de Génesis 3 no
fue un acto fulminante sino progresivo, (el hombre y la mujer no dejaron de existir en el
momento) excepto en su relación con Dios en la que inmediatamente quedaron destituidos de Su
gloria, en la conversión tenemos un proceso a la inversa. En el momento de la conversión la
persona vuelve a una relación permanente con Dios, pero su crecimiento y maduración como
persona (santificación) ha de seguir un proceso de tiempo y dirección.
En resumen de lo visto anteriormente podemos notar diferentes causas de la
problemática humana. Cada una de ellas tiene o puede tener una incidencia particular en un
determinado problema y necesita ser considerada. En el gráfico siguiente se ilustra cómo la causa
última, originaria de la problemática humana es de carácter espiritual (nº1) debido a la
consternación del pecado y su efecto sobre todas las estructuras vivas terrestres (C.P. Rom 8:19-
23). Por ello, el objetivo final de todo Consejo cristiano debe ser el de guiar adecuadamente a la
persona a restaurar su relación con Dios. Pero, en una segunda línea encontramos las causas
6
derivadas del mundo bajo los efectos del pecado tal como Dios las remarcó y que pueden ser
de carácter natural (2) o metafísico (3 y 4).
Las dos realidades (natural y metafísica) están presentes y las dos han de ser entendidas y
estudiadas como fuerzas que afectan al ser humano. Si partimos del primer nivel, (1), todos los
cristianos estaremos de acuerdo, creo yo, en que la primera causa de anormalidad en la existencia
humana es la presencia del “thanatos / muerte” por causa del pecado (Rom. 3:23).
A partir de esa realidad, es el mismo Dios quien informa al ser humano de cuáles van a
ser las fuentes de sus conflictos. Cada una de ellas es compleja y afecta a las demás, de ahí que
se necesite estudiar y conocer no sólo la naturaleza y dimensión de cada fuente sino también los
flujos y reflujos que se producen entre ellas. Lo que no puede hacer el Consejo cristiano es cerrar
los ojos a lo que Dios ha revelado y pretender que la única causalidad es espiritual. Cualquier
parte de la persona que es afectada puede tener una repercusión inmediata en las demás partes. La
persona es una unidad integral y dinámica, por tanto, al considerarla se deben tomar en cuenta
todos los factores que la afectan. El pensar que la persona sólo necesita ser “espiritual” para
solucionar “todos” sus problemas es una ironía y un desprecio al resto de la creación de Dios.
Dios no sólo ha creado el “alma” (concepto abusivamente utilizado en nuestro vocabulario
evangélico, sobre todo en los himnos donde Dios “salva almas”), también ha creado el cuerpo y
la psique con sus tres componentes más generales: la mente, las emociones y la voluntad. Y todo
ello, refleja la imagen y semejanza de Dios en el ser humano8.
Para que esa persona pueda madurar en la gracia de Dios, necesita procesar las raíces y
ramificaciones de ese problema. Necesita entender dónde nació la situación y hasta que punto le
está afectando en las demás áreas de su vida para que pueda acercarse a Dios de una manera
inteligente y responsable, para descubrir la obra eficaz de la cruz de Cristo y como ésta se
actualiza en su vida para dar respuesta a su problema concreto. De esta manera, el Evangelio se
encarna en la vida de la persona y deja de ser una ideología de buenas intenciones.
No hay que confundir la comisión de un pecado concreto con la herencia de la naturaleza
del pecado que nos afecta a todos. Por ejemplo: Una persona puede sufrir una depresión o un
estado de ansiedad por causa de una acción cometida que viola la relación con Dios. En ese caso
8
Imagen y Semejanza: Normalmente se atribuye al espíritu del hombre por aquello de que Dios es Espíritu, o a la
personalidad del hombre, por aquello de que Dios es una persona. Al hacer esto, contrariamente a la afirmación
bíblica de Gen.1, separamos el cuerpo de la imagen y semejanza de Dios. El cuerpo está también incluido en la
Imagen y semejanza no necesariamente en su aspecto material, pero sí en su diseño, en su elaboración y en su
armonioso funcionamiento el cual, llegará a ser inspiración de la esencia de la propia Iglesia (1ª Cor. 12)
7
estamos hablando de un pecado determinado que acarrea unas consecuencias y que debe ser
confrontado como tal. Este sería el caso de David en el Salmo 32 y 51 y, desde luego, que el
profeta (consejero) Natán confrontó la situación con toda precisión y sabiduría como ejemplo de
lo que es un Consejero cristiano.
Sin embargo, podemos hablar de alteraciones emocionales que no están relacionadas con
la comisión de un pecado específico sino que son el resultado de la naturaleza de pecado que
todos llevamos. Sería el caso de Elías cuando por las diferentes presiones a su alrededor y porque
es un ser humano imperfecto, sufre un trastorno determinado propio de la naturaleza humana. El
mismo Jesús, sin participar de la naturaleza del pecado, sufre una perilepsia (compresión y
tristeza) en Getsemaní producida por la naturaleza del pecado con la que iba a confrontarse, pero
no por la suya propia o por la comisión de un pecado específico que Él hubiera cometido. Lo
mismo encontramos con Pablo cuando en 2ª Cor. 2:13 señala que “no tuvo reposo en su
espíritu” por no haber hallado a Tito. Evidentemente, estas alteraciones no están relacionadas
con haber violado la Ley de Dios. Si hoy viniese un creyente a la Consejería Cristiana con estas
circunstancias, habría que cuidar dos extremos: Por una parte cuidar de no precipitarnos
buscando la causalidad en un pecado o espíritu concreto, puesto que, entre otras cosas,
enmascararíamos la verdadera situación y por tanto, su pronóstico y resolución. Por otra parte,
habría que cuidar también el peligro de diagnosticar una neurosis depresiva o cualquier otra
categoría médica que ignorase las evidencias y objetivos de la intervención Divina.
Al decir que el consejero cristiano debe considerar, además de la realidad espiritual, las
realidades físicas o naturales, no estoy diciendo que debe tratar esas realidades, sino
considerarlas como posibles fuentes de una determinada problemática. Si el consejero detecta
que una persona presenta posibles alteraciones orgánicas o estructurales del psiquismo, debe
aconsejarle visitar a su médico o a un especialista determinado para un examen y tratamiento
pertinente. A partir de ese momento, puede haber (eso sería lo deseable), un trabajo de equipo
entre ambos campos para un mejor beneficio de la persona.
Los principios creacionales del Génesis nos aportan datos del proceder de Dios con el ser
humano. Estos principios son esquemas universales inherentes a la existencia y mantenimiento
del Cosmos que nos orientan para poder formular un procedimiento para la vida cotidiana del ser
humano. Juntamente con el resto de la Revelación, nos darán las pautas para definir el Consejo
cristiano.
3. Metodología
En el proceso creativo de Gen. 1:3-25, encontramos a Dios ordenando. Pero este proceso nos
muestra una metodología que utiliza la consistencia, la lógica, la observabilidad y la
experimentación. Notemos cómo Dios experimenta su propia creación con verbos como: dijo,
vio, separó, llamó, hizo, creó, puso, produjo. Es evidente que Él mismo estaba supervisando el
proceso y que creó cada elemento con su debido orden y según la lógica de Dios. Lo más
emocionante es ver cómo al final de cada elemento creado, Dios se detiene para observarlo de
cerca y exclama: “Y vio Dios que era bueno” (vers. 4, 10,12,17, 21,25 y 31) Toda la creación de
Dios fue experimentada por Él y, por tanto observada, verificada, contrastada y establecida sobre
bases observables. Ese mismo principio es el que rige y regirá en la Creación. Y ese mismo
método de proceder debe ser el que ilustre la acción del Consejo cristiano. La Fe cristiana no es
una superstición mágica, sino una realidad observable (Sant. 2:14-26 y Heb. 11) que manifiesta la
acción de Dios en su creación y en sus criaturas.
Jesús usó la metodología y la estadística cuando lo consideró necesario. En la multiplicación
de panes y peces (Luc. 9) se nos dan estadísticas exactas de los resultados. Jesús mismo reclamó
la necesidad de usar estas ciencias para evaluar el coste de seguir a Cristo al igual que cuando
uno va a construir una torre, o cuando un Rey marcha a la guerra ( Luc. 14:25-33), deben evaluar
sus recursos. Los que hoy acusan al cristianismo de ser una ideología supersticiosa, lo hacen
sobre la base de su propia superstición secular, pero no desde la objetividad razonable. De
cualquier forma es necesario entender que Dios tiene su propio método y utiliza la estadística
perfectamente observable en sus obras. Pero paralelamente a ello, la lógica evidencia que el
mismo Creador está por encima de la creación y por tanto, capacitado para intervenir
modificando sus leyes cuando Él lo considere oportuno. De otra forma, Él mismo sería esclavo
de sus propias leyes.
9
4. Estética y ética
Otro de los principios creacionales tiene que ver con ‘el buen gusto’.
Como hemos dicho, el texto repite seis veces “y vio Dios que era bueno”, pero cuando llega al
final de la creación, incluyendo al ser humano, Dios observa el conjunto de lo creado y dice:
“...era bueno en gran manera”. Como hemos señalado anteriormente, el calificativo hebreo
“Tôv” describe aquello que es bueno en esencia y en apariencia. Nosotros tendemos a separar
estos aspectos por nuestra superficialidad en un mundo que vende sus valores por la estética.
Pero para Dios no puede haber separación porque Él penetra el corazón de la persona y va más
allá de las apariencias. Para Dios, lo que es bueno en apariencia (en lo que se ve) lo es, sobre
todo, por causa de su esencia (principio de causalidad). Por ello Jesús planteó la cuestión a los
fariseos que vivían de apariencias: “¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del
plato, para que también lo de afuera quede limpio” (Mat. 23:26). ¿Cómo debe afectar este
principio al Consejo cristiano? Los consejeros cristianos han de cuidar de hacer su trabajo con
excelencia y evitar toda “chapuza” religiosa. Su trabajo y sus contenidos deben ser serios
respetando el orden y la revelación de Dios para que el resultado sea una labor de calidad que
nace en el corazón (la esencia del ser ) y surge a la superficie (lo visible del comportamiento). En
estos momentos estoy viviendo en un país donde hay mucho “cristianismo”, pero mucho de lo
que veo aquí se parece más al caos de Génesis 1:2 que a la belleza del v. 31. Esta superficialidad
mantenida por muchos autodenominados cristianos, es un descrédito al nombre de Dios.
5. Descanso / Intimidad
Gen. 2:2-3; “Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó...” ¿Estaba cansado
Dios? Dios no se cansa ni desfallece (Isa. 40:28-29). La palabra que se usa para reposar:
“Shâvath” es la que conocemos por sábado, connotándola con la idea de descanso, ocio etc. Sin
embargo, su sentido primario no es tanto el descanso físico sino la reflexión. Dios cesó su
actividad creadora, no para descansar de su cansancio sino para tener la dedicación para
reflexionar, meditar, gozarse e intimar con su creación. Eso es lo que debería ocurrir en el culto
cristiano. Un encuentro del pueblo de Dios que se aparta de la rutina diaria y se reúne para
meditar en su Creador, gozarse con Él y crecer en su intimidad. Por el contrario, muchos de
nuestros domingos se convierten en una rutina insípida donde las prisas y la superficialidad es la
tónica. En otros extremos están los cultos “movidos” con mucho ruido y griterío, con mucho
sensacionalismo y aclamación al Espíritu. Pero creo que tanto uno como otro han perdido la
intimidad con Dios y han decaído en programas superficiales que no afectan al corazón humano.
El Consejo cristiano ha de participar de la intimidad de Dios si quiere transmitir madurez a la
persona para que ésta, en su reflexión con Dios, sea capaz de vivir y responsabilizarse frente a su
problemática para no tener que depender de otros.
6. Responsabilidad
Como parte de su libertad, Dios trató a Adán y Eva como responsables encomendándoles la
administración de la Tierra (1:29-30). También les dio la libertad de desobedecerle bajo su
responsabilidad, por ello, les dio información específica sobre el árbol de la ciencia del bien y
del mal (2:16-17). Después de su caída, les siguió tratando como responsables y les proveyó de
medios para resolver su problemática inmediata (3:21) y futura (3:15).
Todo consejo cristiano ha de promover una libertad responsable en la que las personas, por
medio del consejo, entran en un proceso de conocer y decidir por sí mismas sobre la modificación
de su conducta. Es un proceso consciente en el que las personas han de participar activamente.
Si la persona depende del consejero o de los programas o de las circunstancias para afrontar su
situación, no habrá progreso hacia la madurez. En el mejor de los casos pondrá un remiendo
10
temporal en el problema inmediato, pero volverá a recaer en el próximo episodio y creará una
dependencia.
El Consejo cristiano ha de trabajar la responsabilidad de la persona y si bien un problema
puede requerir un tratamiento más o menos largo, debe ser siempre sobre la base de que la
persona asume su responsabilidad haciendo las tareas ordenadas o tomando los pasos adecuados
para modificar una determinada actitud. Si la persona se niega a ello, si constantemente está
excusándose y evadiendo la responsabilidad, es que no quiere cambiar. Todo trabajo será inútil y
el consejero deberá detectar y diagnosticar esta posible tendencia. Un ejemplo de equilibrio de
este principio lo encontramos cuando Jesús trata con la mujer sorprendida en adulterio donde Él
combina perfectamente la misericordia y la responsabilidad con la expresión: “...tampoco yo te
condeno; vete, y no peques más” (Jn.8:1-11).
El Consejo cristiano es una acción multidisciplinar que inicialmente involucra tres personajes que
deben resonar entre sí con el fin de percibir la imagen adecuada de una determinada patología.
Estos tres agentes, por orden de importancia, son:
1. El Espíritu Santo
“...porque el Espíritu de Dios todo lo escudriña9, aun las profundidades de Dios...”(1ª Cor.
2:10-16).
El Espíritu Santo no es una doctrina, no es una ideología, no es una decoración del
cristianismo sino que es la persona de Dios que habita en el espíritu humano cuando la persona se
identifica con Cristo y, desde luego, su presencia no es decorativa ni tampoco limitada a
expresarse únicamente en el día del juicio final como en la práctica solemos reducirle. Su
presencia es dinámica y su objetivo es el de enseñar, aconsejar, exhortar, confortar, confrontar,
guiar, regenerar, producir amor, gozo, paz, paciencia, comprensión, bondad, fe, seguridad, paz
mental, identidad, renovación del pensamiento, contacto con la realidad, equilibrio en la
conducta, etc. El Espíritu Santo es el único Ser que conoce la extensión de la profundidad del
corazón humano. Ninguna técnica humana puede llegar a examinar la profundidad no sólo
consciente, sino también subconsciente del corazón humano (Salmo 139) como el Espíritu Santo.
El Consejo cristiano intenta mirar el corazón humano desde la perspectiva de Dios. De ahí
que deba producirse una dependencia entre el consejero humano y el Espíritu Santo. Esto es lo
que llamamos resonancia. Al igual que los instrumentos musicales afinados al mismo tono
resuenan entre sí cuando uno de ellos produce un sonido, así debe haber afinidad entre el
consejero humano y el Divino con el fin de que uno pueda resonar las reverberaciones del
segundo.
El peligro que corre el psicólogo cristiano es el de anteponer su metodología humanista a
la metodología bíblica que, como premisa, requiere un trabajo real (y no simbólico) de equipo
entre lo humano y lo Divino. En el fondo entiendo este proceder puesto que la metodología
humanista está más metódicamente definida y mecanizada lo cual ofrece al consejero cierta
seguridad de ‘profesionalidad’. Sin embargo, existe una metodología cristiana que no se ha
investigado adecuadamente y que por su naturaleza es mucho menos mecanicista y mucho más
humanizadora y relacional que la propia técnica humanista.
El Espíritu Santo utilizará cualquier trastorno humano, sea de carácter físico, emocional,
mental, relacional o del comportamiento, para regenerar “tejidos muertos” producto de las
9
ereunao: Investigar, examinar, explorar intencionalmente con el fin de proveer diagnóstico,([Link].8:27),
11
necrosis del pecado y para insuflar en la persona nueva comprensión y perspectiva de la vida. El
Consejo cristiano no puede perder la oportunidad de colaborar con Él para mover a la persona
hacia el estado de la madurez en Cristo. El objetivo no es que la persona “se sienta bien” a
cualquier precio. El objetivo es que la persona sea capaz de analizar y entender su proceso de
dolencia dentro de la perspectiva que Dios ha trazado para ella. Cuando la persona lo asimila, se
produce un brote hacia la madurez.
2. El Consejero cristiano
“...y vosotros daréis testimonio también de mí...” (Jn.15:26-27).
El consejero cristiano es una de las partes humanas que participa en la acción de Dios en la
vida particular de una persona. Por tanto, se requiere seriedad y sensibilidad entre dos naturalezas
diferenciadas que buscan encontrarse y relacionarse. Con la debida prudencia, podemos decir que
el consejero cristiano se convierte en un mediador entre uno y otro mundo. Su mediación no es
soteriológica, sino pedagógica. Su presencia física ante una persona que ha solicitado el consejo,
implica una representación de los valores revelados por Dios en su Palabra. Por tanto, ha de ser
un conocedor de dicha Revelación y ha de ser un participante (activo) de la naturaleza Divina (2ª
Ped. 1:4). Lo que no puede permitirse es que alguien que conoce superficialmente ciertos textos
de la Revelación, los aplique indiscriminadamente a sus teorías personales sean de tipo médico o
sean de tipo carismático. En uno y otro caso, se puede llegar a la superficialidad de tratar la
Revelación como un ‘amuleto’ legitimador de teorías ajenas a la fe cristiana. En cualquier caso,
hemos de ser expertos en el conocimiento empírico10 y manejo de la Revelación de Dios (2ª Tim.
2:15). Tan irresponsable puede ser un consejero que trata toda alteración humana como resultado
directo de un pecado o la intervención de algún espíritu, como lo puede ser el profesional clínico
que trata cada alteración desde una visión estrictamente natural. Tan malo es confundir una
epilepsia con una posesión demoníaca, como lo es a la inversa.
La conclusión es que el consejero cristiano ha de ser una persona sensible a la guía del
Espíritu Santo y por tanto, conocedor de la Revelación de Dios en su trato con el ser humano.
3. La Iglesia
“...Por lo cual, animaos unos a otros y edificaos unos a otros...” (1ª Tes. 5:11)
El segundo agente humano en el Consejo cristiano es la propia Iglesia, la comunidad de los
creyentes congregados con un fin determinado. De nuevo hemos de revisar aspectos vitales ya
que, también en este caso, se pueden degenerar las cosas. Los cristianos se reúnen y existen con
un fin concreto que debe ser el fin establecido por Dios. Al igual que el consejero cristiano debe
resonar con el Espíritu Santo, la Iglesia debe moverse en esa resonancia para que las personas
que la forman y con las que se relaciona, perciban todo el “consejo de Dios”. Lo triste es que
para muchos cristianos, la iglesia se ha convertido en un mero tradicionalismo religioso y han
perdido “el tono” con respecto a Dios y es imposible resonar en esas condiciones.
La Iglesia es un agente personal del Consejo cristiano a través del cual Dios pretende
intervenir en la vida del ser humano. Si la iglesia (los cristianos), pierde de vista esta intención
de ministrar a los demás a un nivel amplio y general, perdemos uno de los grandes pilares del
Consejo cristiano que es la Comunidad. La psicología secular no puede disponer de este valioso
recurso que ha sido, y es único de la fe bíblica a lo largo de la existencia del ser humano. Sin
10
Conocimiento en el que además del dato cognitivo, participa la experiencia como medio de aprehensión.
12
embargo, a pesar del privilegio de tenerlo, alguien nos ha privado de él convirtiéndolo en
inoperante.
La realidad comunitaria nos introduce también en el concepto grupal. Normalmente una
iglesia se organiza en subgrupos sea de interés, generacionales, administrativos, de servicio, etc.
(jóvenes, mujeres, diáconos, líderes). Esta realidad de grupo debe ser una expresión más del
Consejo cristiano general, que utiliza la dinámica de estos grupos con el fin de resonar los valores
y consejos de Dios. Una vez más hemos de destacar la necesidad de que estos grupos estén ‘a
tono’ con los demás personajes del Consejo: El Espíritu Santo, los Consejeros humanos y la
Comunidad.
Al decir que la Iglesia en general es parte del Consejo, puede parecer que todo cristiano
debe ser un experto en el tema y dedicarse exclusivamente a dar consejo. Por ello, es necesario
aclarar los distintos niveles del Consejo. En el gráfico siguiente se ilustra una escala de niveles
que nos ayuda a entender las diferencias:
13
3. En el nivel 3 es donde se encuentra el número más reducido de personas. Los consejeros
deberían ser miembros del Consejo (Pastor / Anciano) o personas reconocidas por el Consejo
de la Iglesia y que trabajan coordinadamente con los líderes. El caso individual confronta las
situaciones más complejas que requieren una mayor atención en tiempo y análisis. Por lo
general, el ámbito de su tratamiento serán las llamadas neurosis y los trastornos del espíritu
(pneumatosis). Estos consejeros han de conocer también sus límites y ante la realidad o
sospecha de una patología de carácter estructural o psicótico severo, debe saber transferir a la
persona a la autoridad médica competente. En este sentido, es necesario que los consejeros
cristianos de este nivel desarrollen una red de contactos con otros profesionales de la sociedad
y que busquen y ofrezcan la cooperación con estos profesionales. Esto, en España, será muy
difícil por el poco reconocimiento que tiene el Consejo cristiano. Pero en cuanto dependa de
nosotros debemos trabajar con respeto y rigor por el bien de las personas aconsejadas y del
testimonio.
La característica central de este nivel debe ser la de contrastar e integrar lo espiritual con lo
espiritual diferenciándolo de lo puramente natural (psíquicos) (1ª Cor.213-14).
En conclusión sobre este aspecto, es urgente que toda la comunidad de creyentes sea
consciente y partícipe, en su debido nivel, en el arte del Consejo cristiano. Este modelo de
Consejo se orienta en las bases establecidas tanto en el Antiguo como Nuevo Testamento. El
texto orientativo de este modelo es el que encontramos en Éxodo, cuando Moisés recibe la visita
de su suegro Jetro y éste le aconseja (Yâ`ats: advertir, aconsejar, planificar, consultar,
propósito) como aconsejar (Shâphat: juzgar, administrar en equidad, decidir) para que ni él ni
el pueblo se agoten. Los principios que aquí se encuentran son sorprendentes por el uso sabio y
estructurado que se hace de la Comunidad de Dios. Sin embargo ¿Cuán poco de esto se aplica
en la iglesia? El resultado es el agotamiento de Pastores/Ancianos, Líderes, y Pueblo. Notemos
en forma breve los principios generales de este modelo Bíblico de aconsejamiento que
encontramos en Exodo 18:13-27:
Tarea de Moisés: * Enseñanza general al Pueblo sobre las normas de Dios (v. 20ª).
* Mostrar el camino por donde deben andar y lo que deben hacer (v.20b).
* Escoger de entre el Pueblo, varones de virtud (capacitación) (v.21aª).
* Establecerlos como líderes de sub-grupos (v. 21b).
La espiritualidad no está reñida con el orden sino que florece en medio de él. Desde el
principio Dios ordenó el interior y el entorno del hombre A lo largo de la existencia humana ha
seguido intentando traer orden y su Revelación está llena de ejemplos. Pero da la sensación de
que los cristianos hemos optado por un sistema de organización de Iglesia basado estrictamente
en la supremacía distante del púlpito (que no hay que ignorar ni rechazar su valor y posición
regia) y hemos olvidado la necesidad de bajar la enseñanza general de los valores y los procesos
dinámicos de la Cruz de Cristo a la aplicación práctica de las problemáticas que experimentan los
creyentes.
El pueblo rescatado de Egipto no ha solucionado todos sus problemas. Han salido de la
esclavitud física y social, pero ahora, en el día a día, van a enfrentarse a una esclavitud mucho
más sofisticada y dominante, es la esclavitud del mundo interior (el viejo hombre) que necesita
ser confrontada a la luz de la nueva libertad con el fin de armonizar el mundo interior y las
estructuras externas con los valores éticos del Creador. La psicología pretende armonizar las
estructuras internas con las externas de la persona. Pero el Consejo cristiano apunta más
profundamente hacia el pneuma con el fin de que éste ilumine la razón, las emociones y la
voluntad (psyche), para que éstas respondan ante un nuevo marco de valores provenientes de la
Gracia de Dios y esto se transforme en una modificación de conducta razonable, consciente y
optada por la persona (Rom. 12:1-2).
De igual forma, no seamos ingenuos, la conversión no nos ha solucionado todos nuestros
problemas (como algunos predican por ahí), sino que nos ha trasladado a la posición de libertad
en Cristo en la cual podemos confrontar las esclavitudes internas que afectan nuestro
pensamiento, nuestros sentimientos, nuestra voluntad y todo el intramundo de la vida espiritual
que condiciona nuestro comportamiento. De ahí que la conversión no sea el fin que debe
perseguir la Iglesia con respecto al ser humano, sino que el fin debe ser la madurez de la persona
en la nueva tierra a la que ha sido introducida. Salvación y Regeneración son dos procesos
inalienables, no hay regeneración sin salvación, y la salvación es la base para la regeneración.
La negación de esta madurez nos condena a una especie de paranoia entre dos mundos que
aunque deberían ser cercanos, parecen alejados entre sí. Uno es el mundo percibido y deseado
que se expresa en la Revelación y el otro es el mundo real de fracaso que vive el creyente en su
vivir diario. Para que estos dos mundos se acerquen, no basta con los mensajes a distancia. Dios
es un Dios personal y ofrece en Su Hijo Jesucristo una resolución personal y personalizante al
problema humano, y requiere que la Iglesia viva la realidad personal con su Dios y con sus
semejantes. Si la Iglesia cae en una mera organización sea de tipo carismática, tradicional, o
académica acabará agotándose a sí misma.
Concluyo esta sección con las palabras de Pablo en Colosenses 1:24-29 que deberían
hacernos reflexionar con el fin de recibir el debido consejo de Dios para ver si estamos donde
deberíamos estar:
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V. PROCESO DE CAMBIO
Una de las cuestiones más trascendentes tiene que ver en el proceso de cambio de un estado a
otro que la persona ha de experimentar. El Consejo cristiano ha de facilitar y orientar ese
cambio. Para ello, utilizaré el modelo pródigo como paradigma de resolución de conflictos. Por
supuesto que por las limitaciones de espacio, estamos señalando únicamente las líneas
vertebradoras del proceso sin entrar en otras particularidades también necesarias.
Si nos situamos en la famosa parábola del llamado hijo pródigo y reflexionamos por encima y
por detrás de la estética del relato, percibiremos que Jesús revela aquí una dinámica de
resolución conflictiva de incalculable valor. El modelo pródigo es, a mi modo de entender, el
modelo bíblico del Consejo cristiano basado en los siguientes pasos:
a. Decisión radical. (v. 18a) “Me levantaré”. Es una decisión categórica que hace la
persona de romper radicalmente con el estado actual. Surge la convicción y rompe con el
conformismo de la situación. Esta decisión es razonable y surge del análisis y de la
percepción adecuada.
c. Confesión objetiva. (18c) “Diré: he pecado, no soy digno...”. Más que una catarsis, el
ser humano necesita descubrir el valor de una “homologación” (confesión) de su vida con
los valores de Dios y su gracia. La catarsis provee desahogo, pero no aporta paz ni
satisfacción del alma. Para que el ser humano pueda recobrar su dignidad, primero debe
reconocer que la perdió por causa del pecado. La confesión, en su debido equilibrio,
destruye los sentimientos falsos de culpabilidad y vergüenza heredados de la rotura con
Dios y aporta una nueva perspectiva de confianza en el acercamiento a Dios y a los
demás.
CONCLUSIÓN FINAL
En una forma general hemos repasado algunos de los grandes rasgos del Consejo
cristiano/pastoral. Con ello pretendemos promover la reflexión sobre la importancia y urgencia
del Consejo cristiano en las iglesias. Por distintas razones que en otro momento analizaremos, el
Consejo cristiano se ha ido perdiendo de la práctica Pastoral. Otras ciencias están ocupando el
espacio que corresponde a la Pastoral y, si bien estas ciencias tienen su lugar y legitimación, la
Pastoral cristiana no puede negar su historia y su rico fundamento como parte vital de su tarea y
razón de ser. Sólo nos queda una alternativa, la de tomar en serio y creer en la profundidad y
actualidad de la Revelación de Dios para ministrar y tratar las dolencias del alma (psique y
pneuma) del ser humano y, mayoritariamente, los de la familia de la fe.
Como hemos señalado, hay dos tendecias actuales que dificultan la tarea del Consejo
cristiano. Por una parte la tendencia a lo mágico y supersticioso que reduce cualquier dolencia a
acciones directas de spíritus y por tanto, su terapia se basa en el exhorcismo o en el control (atar y
desatar espíritus) de supuestos poderes metafísicos. La otra tendencia se sitúa en el polo opuesto
y es eminentemente académica y mecánica. Su visión de la problemática humana es púramente
humana, social, ambiental o tecnológica, pero en ningún caso espiritual. Aún podríamos decir
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que entre ambos extremos hay diversidad de énfasis que de alguna manera se apartan del
equilibrio que nos ofrece la Revelación bíblica.
Por ello, el reto que tenemos los Pastores, Ancianos y responsables en las Iglesias, es el de
fundamentar una praxis del Consejo cristiano sobre bases sólidas producto de un trabajo serio
prudente y riguroso basado en un marco doctrinal bíblico (teoría) y en una metodología también
bíblica (praxis) que sepa analizar la realidad humana tanto desde su perspectiva natural como
desde su perspectiva espiritual ya que ambas fuerzas y realidades, le afectan constantemente en
su vida cotidiana.
Nos quedan vastos campos por explorar como: los medios en el Consejo cristiano, la
terminología bíblica y sus contenidos prácticos, las relaciones, límites y diferencias con la
psicología, definición de los desórdenes psico-pneumáticos, el desarrollo práctico y legal en las
iglesias, la formación de consejeros, etc., etc.. Por ello, quiero animar a los responsables de
Andamio a abundar en esta temática que necesita ser explorada en nuestro contexto español.
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