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Antimanual Del Mal Historiador - Carlos Aguirre Rojas-18-26

Este documento describe los siete pecados capitales más comunes de los malos historiadores. Estos incluyen el positivismo, que reduce la historia a la erudición; la acrítica con el poder; la falta de teoría e interpretación; la dependencia de fuentes secundarias en lugar de investigación primaria; la narración aburrida y desordenada de datos; la falta de perspectiva crítica; y la promoción de mitos en lugar de hechos. El autor argumenta que estos enfoques producen una historia pobre que no aporta

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Antimanual Del Mal Historiador - Carlos Aguirre Rojas-18-26

Este documento describe los siete pecados capitales más comunes de los malos historiadores. Estos incluyen el positivismo, que reduce la historia a la erudición; la acrítica con el poder; la falta de teoría e interpretación; la dependencia de fuentes secundarias en lugar de investigación primaria; la narración aburrida y desordenada de datos; la falta de perspectiva crítica; y la promoción de mitos en lugar de hechos. El autor argumenta que estos enfoques producen una historia pobre que no aporta

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CARLOS ANTONIO AGUIRRE ROJAS

Por eso "ni siquiera los muertos están a salvo" sí el enemigo hoy CAPITULO u
en el poder vuelve a vencer, precisamente recodificando y rein-
ventando el pasado en función de sus intereses, y de sus propios LOS SIETE (Y MÁS) PECADOS CAPITALES
mitos y justificaciones ideológicas específicas. Y frente a ello, sólo DEL MAL HISTORIADOR
es posible encender de nuevo "la chispa de la esperanza", si nos
ubicamos del lado de los oprimidos y de las víctimas, defendiendo
esos pasados que hoy han sido provisionalmente derrotados, pero "...la historia que se nos enseñaba a hacer
a los que posiblemente les corresponde la victoria del mañana. no era, en realidad, mas que una deificación
Y por eso también, en lugar de escribir un aburrido manual del presente con ayuda del pasado. Pero
para malos historiadores, lleno de definiciones anacrónicas sobre rehusaba verlo -y decirlo-".
una historia plana, acomodaticia con el poder, acendradamente
Lucien Febvre, Combates por la historia, 1953.
empirista y limitada en sus concepciones, en sus fuentes y en sus
horizontes, hemos preferido mejor, intentar esbozar esta suerte
de Antimanual, con ciertas "antidefiniciones" iniciales, y que toma
La mala historia es mil veces más fácil de hacer y de enseñar que la
partido abiertamente por una historia más densa y más profunda,
buena historia, que la historia crítica. Por eso, entre otras razones,
aunque también más difícil y compleja. Una historia que ubicán-
ha proliferado tanto y se ha mantenido viva, en nuestro país y
dose claramente dentro de las tradiciones del pensamiento social
en muchas otras partes del mundo, durante tanto y tanto tiempo.
crítico, desarrollado desde hace siglo y medio, está atenta a la teoría,
Pero si es mucho más fácil y exige mucho menos esfuerzo ser un
a la filosofía y a la metodología, a la vez que se reivindica como
mal historiador, también es cierto que la medida de esa dificultad
abierta y vasta en la definición de su objeto, sus fuentes, sus técni-
reducida y de esos magros esfuerzos, es igualmente la medida
cas, sus modelos y sus paradigmas más esenciales.
de los limitados resultados y de las pobres obras históricas que
se obtienen. Porque el fruto directo de esa mala historia hecha y
enseñada, son justamente esos libros aburridos y pesados en tantos
sentidos, que nadie lee y que nadie toma en cuenta, con la excep-
ción de los pobres estudiantes a los que se obliga literalmente a
Después de haber definido el tipo de historia que no queremos
revisarlos y a consultarlos, para poder obtener la nota o la califi-
continuar haciendo, y que no deseamos que se siga enseñando e
cación necesaria correspondiente.
imponiendo en nuestras aulas, pasemos a ver ahora los "pecados"
Libros y artículos que duermen en las bodegas de las editoria-
recurrentes del mal historiador, pecados que es necesario evitar a
les universitarias, o en los anaqueles de las librerías y bibliotecas
toda costa, si es que realmente intentamos construir otro tipo de
públicas, que sólo se dedican a repetirnos por enésima vez, en rela-
historia, genuinamente científica y genuinamente crítica.
tos grises y sin chiste, las "Actividades del Congreso Constituyente
del Estado de x, en el momento de la revolución de Y" o "La bio-
grafía del general M, líder del movimiento N, en los años de 18..
o 19..", o también "La historia del Virrey B, en el siglo c" o "La

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CARLOS ANTONIO A G U I R R K ROJAS • ANTIMANUAL DEL MAL HISTORIADOR •

historia de la inmigración E, y su influencia en nuestro país durante célebre Manual de Ch. V. Langlois y Ch. Seignobos, titulado Intro-
los años de la Revolución F". Ensayos y libros que, en su mayoría, ducción a los Estudios Históricos, este libro continúa siendo todavía la
no contienen ni siquiera investigación empírica nueva de hechos Biblia de esos malos historiadores positivistas.
históricos relevantes, sino que en el peor de los casos resumen lo ya Como si todo el siglo veinte cronológico, y toda la historiografía
dicho e investigado por otros autores, y en el mejor de los casos contemporánea que arranca con el proyecto crítico de Marx, desde
sólo rescatan el fruto casual de algún trabajo directo de visita a los años de 1848, no fuese justamente una protesta permanente y
cierto Archivo, realizado de manera azarosa y sin sistema, y en el una crítica sistemática de esta versión empobrecida de la historia
que los datos e informaciones que se recolectan no tienen ningún que ha sido la historia positivista. Una historia que limitando el tra-
orden ni sentido, al carecer de la definición de una problemática bajo del historiador, exclusivamente al trabajo de las fuentes escri-
histórica específica, y de un sólido cuestionario que hiciese posible tas y de los documentos, se reduce a las operaciones de la crítica
organizar dicha recolección de aquellos datos y hechos históricos interna y externa de los textos, y luego a su clasificación y orde-
que sean realmente los hechos significativos, en torno al problema namiento, y a su ulterior sistematización dentro de una narración
concreto y específico que se quiere resolver. Trabajos pues carac- que, generalmente, solo nos cuenta en prosa lo que ya estaba dicho
terísticos de esa mala historia positivista, perezosa y fácil, que en verso en esos mismos documentos.
generalmente terminan por recuperar y poner juntos, de manera Historia positivista que se autodefine justamente como la "cien-
indiscriminada, lo mismo sucesos y datos importantes para los cia que estudia el pasado", y que autoconcibiéndose a sí misma
procesos históricos generales, que acontecimientos e informacio- como una disciplina hiperespecializada, ya terminada, precisa y
nes totalmente irrelevantes e inesenciales. cerrada, es alérgica y reticente frente a la filosofía, la teoría, la
Mala historia, fácil de hacer y aburrida para enseñar, y que se metodología, e incluso frente a cualquier forma de interpretación
plasma en una gran mayoría de los libros de historia que hoy se audaz y creativa de los hechos históricos. Teniendo entonces horror
escriben y se editan en nuestro país, y que generalmente repro- respecto de toda interpretación que se despegue, aunque solo sea
duce, en mayor o en menor medida, a los siete y a veces más un poco, de la simple descripción de los datos "duros" "compro-
"pecados capitales" del mal historiador, pecados que abordamos a bados" y "verificables", esta historia positivista reduce no obstante
continuación. dicha Verificabilidad' a la simple existencia o referencia de dichos
datos, dentro de un documento escrito de archivo, que sea siempre
posible citar, con toda precisión, en el pie de página correspondien-
te. Una historia justamente enamorada de los "grandes" hechos
políticos y de las acciones resonantes y espectaculares de los Esta-
El primer pecado capital de los malos historiadores actuales es el dos, igual que de las "grandes" batallas militares, que es también
del positivismo, que degrada a la ciencia de la historia a la simple generalmente acrítica con los poderes y con los grupos dominantes
y limitada actividad de la erudición. Muchos historiadores siguen que existen en cada situación.
creyendo hoy en día, en pleno comienzo del tercer milenio cro- Y si bien es claro que sin erudición no hay historia posible, tam-
nológico, que hacer historia es lo mismo que llevar a cabo el trabajo bién es una gran lección de toda la historiografía contemporánea,
de investigación y de compilación del erudito. Y aunque ha pasado desde Marx y hasta nuestros días, que la verdadera historia solo se
ya más de un siglo, desde la época en que fue escrito el tristemente construye cuando, apoyados en esos resultados del trabajo erudito,
CARLOS ANTONIO AGUIRRK ROÍAS • ANTIKÍANUAL DEL MAL HISTORIADOR •

accedemos al nivel de la interpretación histórica, a la explicación bres y que las sociedades de hace tres o cinco siglos o de hace más
razonada y sistemática de los hechos, de los fenómenos y de los de un milenio, eran iguales a nosotros, y que pensaban, sentían,
procesos y situaciones históricas que estudiamos. Porque solo tran- actuaban y reaccionaban de la misma manera en que lo hacemos
sitamos desde esa erudición todavía limitada hasta la verdadera nosotros. Es decir, una historia que proyecta al actual individuo
historia, si reconocemos la importancia fundamental de este tra- egoísta y solitario de nuestras sociedades capitalistas contempo-
bajo de la interpretación y de la explicación históricas, que construyen ráneas, como si fuese el modelo eterno de lo que han sido los indi-
modelos comprehensivos, que ordenan y dan sentido a los hechos viduos, en todo tiempo y lugar, y a lo largo de toda la curva del
y fenómenos históricos, integrando a estos últimos dentro de las desarrollo humano.
grandes tendencias evolutivas del desarrollo histórico, y estable- Pero con esto, se cancela una de las tareas primordiales de la
ciendo de modo coherente y sintético, también los porqués y los historia, que es justamente la de mostrarnos, primero a los histo-
cornos de los distintos problemas investigados. riadores y después a toda la gente, en qué ha consistido precisamente
Porque ¿de qué nos sirve saber cuándo y dónde acontecieron el cambio histórico, qué cosas se han modificado al paso de los siglos
ciertos hechos históricos, si no somos capaces de explicar también y cuáles se han mantenido, y también cuáles han sido las diversas
las causas profundas, mediatas e inmediatas, que provocaron y direcciones o sentidos de esas múltiples mutaciones históricas.
suscitaron estos hechos, y si no tenemos la habilidad de explicar, Y no para afirmar, al modo de la mala historia oficial y tradicio-
igualmente, las razones concretas y el sentido esencial que deter- nal, una "necesaria" evolución o progreso ineluctable y fatal de la
minan que tal hecho se haya producido en ese momento y no antes humanidad, sino más bien para comprender de manera crítica y
ni después, en ese lugar y en ninguna otra parte, y además que autocrítica, el camino que hemos recorrido y los muchos errores
haya acontecido del modo concreto en que sucedió y no de otra que hemos cometido.
forma, teniendo por añadidura el peculiar desenlace o resultado Así, no hay buena historia posible sin la capacidad de "extraña-
que tuvo y no cualquier otro destino posible?. Y son precisamente miento" y de "autoexilio" intelectual de nuestra propia circunstan-
todo ese tipo de preguntas, las que nunca se plantea el historiador cia histórica, y también de nuestros propios valores y modos de
positivista, ocupado solo de expurgar los documentos de archivo, ver, capacidad que nos prepara, justamente, para percibir y apre-
para fijar únicamente las fechas y los lugares de los "hechos tal y hender realmente otras culturas y oíros modos de funcionamiento
como han acontecido". de la economía, de la sociedad y de la política, y por lo tanto, para
Marginando entonces a un plano secundario, cuando no igno- comprender de manera adecuada esas otras etapas y momentos de
rando de plano, este nivel imprescindible de la explicación histórica, la historia que son también parte de nuestras preocupaciones.
y de la genuina reconstrucción del sentido profundo que tienen los ¿Cuántas biografías "históricas" de personajes del pasado no
problemas históricos, los malos historiadores positivistas se dedi- hemos leído, en donde su sicología y su actitud nos son tan cer-
can solo a componer esas "colecciones de hechos muertos" que ya canas como si fuesen nuestros contemporáneos, a pesar de haber
Marx ha criticado acertadamente desde sus propios tiempos. vivido hace treinta, o cien, o trescientos o más años?. ¿Y cuántas
historias del siglo xix, o de la Independencia, o del periodo colonial
El segundo pecado capital del mal historiador es el del anacro- no hemos leído, que ignoran por completo que, en el transcurso
nismo en historia. Es decir, la falta de sensibilidad hacia el cambio de uno o dos siglos y a veces en periodos aún más cortos, mutan
histórico, que asume consciente o inconscientemente que los hom- completamente las técnicas militares, o los hábitos sexuales, o las
CARLOS ANTONIO AGUIRRE ROJAS ANTIMANUAL DEL MAL HISTORIADOR

formas de organización de la familia, o los modos de explotación tiempo de los relojes y de los calendarios, es también el tiempo de
económica, o las formas de conflicto entre las clases, o las cosmo- la historia y de los historiadores, y que por lo tanto, cualquier siglo
visiones culturales, entre tantos y tantos elementos que, sin decirlo histórico tiene siempre cien años, y cualquier día de la historia es
explícitamente, se asumen como si fuesen idénticos o casi, en todos idéntico a cualquier otro, aunque el primero sea el 9 de noviembre
estos periodos mencionados?. de 1989 ó el 1 de enero de 1994, y el segundo sea el 17 ó el 18 ó el 19
Y si todo el mundo comprende que no se piensa igual cuando de junio del año de 2001.
uno vive en un palacio que cuando uno vive en una cabana, enton- Pero como nos lo han explicado tan brillantemente Marc Bloch,
ces también debería de ser claro que la vida y el mundo en su con- Norbert Elias, Walter Benjamín o Fernand Braudel, entre otros, el
junto, no se construyen del mismo modo hoy que en la primera tiempo newtoniano de los físicos, medido por calendarios y relojes,
mitad del siglo xx, y mucho menos en el siglo xix o xvi, o vn, o no es nunca el verdadero tiempo histórico de las sociedades y de los
antes. Así, por ejemplo, ¿qué noción del tiempo y de la distancia cultivadores de Clío, que es más bien un tiempo social e histórico,
puede tener un habitante de Nueva España, cuando las noticias de que no es único sino múltiple, y que además es heterogéneo y varia-
la Metrópoli tardan alrededor de noventa días en llegar a la Colo- ble, haciéndose más denso o más laxo, más corto o más amplio, y
nia y viceversa?, y ¿qué idea del mundo puede tener un campesino siempre diferente, según los acontecimientos, coyunturas o estruc-
francés del siglo xm, que puede nacer, vivir y morir sin haber salido turas históricas a las que se refiera. Porque para el buen historia-
jamás en su vida de un radio de solo cien kilómetros, en torno de dor cada siglo tiene una temporalidad distinta, lo que le permite
la pequeña aldea en la que vio la luz por vez primera?, ¿y qué sig- hablar lo mismo del "largo siglo xix" que comienza con la Revolu-
nifican, en cambio, nociones incluso como las de "China" o "Rusia" ción Francesa y termina con la Primera Guerra Mundial, que del
o "África" para un niño urbano conectado a través del Internet, "breve siglo xx", iniciado con esa primera guerra y con la Revolu-
de cualquier ciudad del mundo hoy?. Estas son preguntas que los ción Rusa de 1917, y concluido con la caída del Muro de Berlín en
malos historiadores nunca se plantean, lo que los hace ver la his- 1989. Y si los siglos o las jornadas históricas no son nunca iguales,
toria como una misma tela gris, en donde cambian solo los nom- tampoco son precisas las fechas de múltiples acontecimientos y
bres, las fechas y los lugares, pero donde todo el resto permanece fenómenos históricos, como por ejemplo la 'revolución cultural de
como si no existiera el cambio histórico de las sociedades, de las 1968' que en algunos casos comienza en 1966 y en otros en 1967,
culturas, de las economías y de las psicologías de los diferentes pero también a veces desde 1959, y otras solo hasta 1969 inclusive.
grupos humanos. Además, como bien lo saben los historiadores críticos, no son
iguales los tiempos en que una sociedad vive una verdadera revo-
Un tercer pecado capital de la mala historia, hoy todavía impe- lución social, que los tiempos de lenta evolución, igual que difieren
rante, es el de su noción del tiempo, que es la noción tradicional las temporalidades para una sociedad que se encuentra en pleno
newtoniana de la temporalidad física. Una idea del tiempo que lo auge y crecimiento, que para otra que vive en cambio su proceso
concibe como una dimensión única y homogénea, que se despliega de decadencia y eclipsamiento social. Puesto que si cada fenómeno
linealmente en un solo sentido, y que está compuesto por uni- histórico tiene su singular y específica duración que le corresponde,
dades y subunidades perfectamente divididas y siempre idénticas, y si la historia no es, en ese sentido, más que la compleja síntesis
de segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años, lustros, de todas esas múltiples y diversas duraciones históricas diferencia-
décadas, siglos y milenios. Es decir, una idea que asume que el das, entonces lo que el historiador tiene que aprender a detectar
CARLOS ANTONIO AGUIRRK ROJAS ANTIMANUAL DEL MAL HISTORIADOR

y establecer, es justamente esas múltiples temporalidades o dura- y avanzar sin detenerse, puesto que según esta construcción, lo
ciones históricas distintas de todos los fenómenos que investiga, único que ha hecho hasta hoy es justamente "progresar", avan-
asumiendo las implicaciones complejas que esa misma diversidad zando siempre desde lo más bajo hasta niveles cada vez más altos,
temporal conlleva para sus análisis. en una suerte de "escalera" imaginaria en donde estaría prohibido
Ya que los presidentes y los gobiernos pasan mientras que las volver la vista atrás, salirse del recorrido ya trazado, o desandar
sociedades permanecen, recorriendo estas últimas lo mismo ciclos aunque solo sea un paso el camino ya avanzado. Y no cambia
económicos expansivos y luego depresivos, que coyunturas cul- demasiado la cosa, si esta idea es afirmada por los apologistas ac-
turales a veces de florecimiento y ebullición y a veces de aletarga- tuales del capitalismo, que quieren defender a toda costa la supues-
miento y repliegue, en dinámicas en donde hoy se habla casi la ta "simple superioridad" de este sistema sobre cualquier época del
misma lengua que hace trescientos años, y se comen los mismos "pasado", o si es afirmada por los marxistas vulgares -que no por
alimentos que hace un milenio, pero donde también se han insta- los marxistas realmente críticos-, marxistas vulgares que han pre-
lado formas de urbanización que datan de hace solo unas pocas tendido enseñarnos que la historia avanza y tiene que avanzar,
décadas, o medios de comunicación que tienen solo unos cuantos fatalmente, del comunismo primitivo al esclavismo, del esclavismo
años de existencia. Y son solo estas nociones del tiempo y de la hasta el feudalismo, y de este último hacia el capitalismo, para
duración, múltiples, variables y flexibles, las que permiten captar la luego desembocar, sin opción posible, en el anhelado socialismo y
inmensa riqueza y diversidad de la historia, reducida en cambio en tal vez después en el comunismo superior. Una visión extremada-
las visiones de la historiografía tradicional, a siglos uniformes y a mente simplista del progreso y de la historia, que el propio Marx
fechas rigurosas, siempre bien ordenadas y siempre bien ubicadas ha rechazado, y que ha sido tan brillantemente criticada también
en ese tiempo vacío, homogéneo y lineal de los malos historiadores por Walter Benjamín, en sus célebres "Tesis sobre la filosofía de la
positivistas. historia".
Pero basta observar con cuidado lo que realmente ha sido la his-
El cuarto pecado repetido de la mala historia, en los diversos toria, para percatarse de que su desarrollo no tiene nada de lineal
manuales tradicionales, es el de su idea limitada del progreso. Lo que y de simple, y que lejos de esa "escalera imaginaria" de avances
está directamente conectado con el pecado anterior, con la noción y conquistas ineluctables, sus itinerarios se despliegan más bien
del tiempo como tiempo físico, único, homogéneo y lineal. Pues si como una especie de complejo "árbol de mil ramas", que a veces
el tiempo histórico es concebido solo como esa acumulación ineluc- abandona totalmente una línea evolutiva que había seguido por
table de hechos y sucesos, inscritos progresivamente en la suce- siglos y hasta milenios, para recomenzar de nuevo desde otro punto
sión de días, meses y años del calendario, la idea del "progreso" de partida, mostrando además en esos múltiples itinerarios, igual
que desde esta noción temporal se construye es también la de una avances que retrocesos o largos estancamientos, combinados con
ineluctable acumulación de avances y conquistas, determinadas saltos dramáticos de un nivel a otro, con rupturas radicales de
fatalmente por el simple transcurrir temporal. toda continuidad, pero también con líneas que, efectivamente, pro-
Una idea del progreso humano en la historia, que parece afir- gresan y se enriquecen sucesivamente de manera permanente.
mar que inevitablemente, todo hoy es mejor que cualquier ayer, Frente a esta idea entonces limitada y demasiado simple del pro-
y todo mañana será obligatoriamente mejor que cualquier hoy. greso, propia de los malos historiadores positivistas, que lo concibe
Entonces, la humanidad no puede hacer otra cosa que avanzar como una línea recta, siempre ascendente, majestuosa y llena de
CARLOS ANTONIO A G U I R R E ROJAS • ANTIMANUAL DEL MAL HISTORIADOR

avances y conquistas sin fin, el buen historiador crítico restituye a bien para reconstruir la cultura de las clases dominantes de una
la noción de progreso un sentido totalmente diferente, mostrando época, o en donde un documento de gobierno puede ser utilizado
esa multiplicidad de líneas y de trayectorias diversas que lo inte- más bien como fuente para la reconstrucción de las formas de
gran, en un esquema que nos recuerda un poco al trabajo de los exclusión social de una determinada sociedad.
científicos, que acometen muchas veces un problema hasta encon- Con lo cual, esta historia acrítica no solo tiende a ser involun-
trar su solución, ensayando y equivocándose, avanzando en un tariamente ingenua, y también cómplice de las ilusiones que los
sentido y luego dejándolo de lado, consolidando ciertas certezas individuos se han hecho sobre sí mismos y sobre su mundo en
adquiridas y recuperando en un momento posterior resultados que cada época dada, sino que también termina por legitimar y hacer
anteriormente creían poco útiles, y recomenzando la tarea tantas pasar como verdaderas, a esas falsas percepciones sociales que
veces como sea necesario, hasta encontrar el buen modo de resolu- existen siempre en toda sociedad, y que prosperan persistente-
ción de dicho problema. mente dentro de la cultura y el imaginario colectivo de los pue-
Y es así como "progresa" la humanidad: explorando y avan- blos y de las sociedades humanas. Además, y en la medida en que
zando primero casi a ciegas en su propia evolución, para ir muy cada época histórica rehace siempre el pasado, en función de sus
poco a poco siendo consciente de lo que ha hecho y de por qué intereses y urgencias más importantes, este historiador positivista
lo ha hecho, a la vez que va asumiendo también, lentamente, la acrítico va también haciéndose solidario de esas diferentes visio-
responsabilidad consciente de que es solo ella misma la que debe nes sesgadas y sesgadoras de los hechos históricos, al recoger de
construir la historia, y la que debe elegir de manera también cons- manera solo pasiva y puramente receptiva esas distintas reinter-
ciente los rumbos de su futuro desarrollo. pretaciones de las historias anteriores, codificadas en cada uno de
los momentos ulteriores a su propio desarrollo.
Otro pecado capital del mal historiador, el quinto, es el de la Por eso, es natural que este mal historiador tenga casi horror al
actitud profundamente acrítica hacia los hechos del presente y del uso del razonamiento "contrafactual", y que rechace toda especu-
pasado, y hacia las diferentes versiones que las diversas generacio- lación acerca de lo que hubiese podido acontecer si el desenlace del
nes han ido construyendo de ese mismo pasado/presente. Es decir, drama histórico hubiese sido distinto al que fue. Pero si la historia
la típica actitud pasiva que los historiadores positivistas mantienen la han hecho siempre los propios hombres -de modo más o menos
siempre frente a los testimonios y a los documentos, lo mismo consciente-, y si los resultados de cada encrucijada histórica han
que frente a los resultados y a los hechos históricos "tal y como sido siempre el fruto de la confrontación y el combate entre distin-
han acontecido". Porque el mal historiador actual, educado en el tos proyectos de futuro, igualmente impulsados por clases sociales
Manual de Langlois y Seignobos, o en el equivalente nacional de o por grupos humanos, entonces la historia que hemos vivido y
este mismo texto, no sólo es incapaz de leer los documentos con los construido no era la única posible que podía desarrollarse, y solo se
que trabaja de una manera que no sea su lectura literal, sino que ha afirmado sobre la derrota y el sometimiento de las varias histo-
también es incapaz de "preguntarle" a esos testimonios escritos, rias alternativas, vencidas pero igualmente factibles.
algo distinto a lo que ellos declaran o pretenden decir de manera Por lo demás, es claro que esta historia acrítica con los docu-
explícita. Es decir, que los malos historiadores ignoran por com- mentos y con las mismas versiones ya rehechas del pasado, es
pleto lo que Marc Bloch llamaba la "lectura involuntaria" de los totalmente compatible con el statu quo que existe y que domina
textos, en donde una memoria autobiográfica puede usarse más en cada momento. Pues si la historia que fue, era la única que
CARLOS ANTONIO ACUIRRE ROJAS ANTIMANUAL DEL MAL HISTORIADOR

podía ser, entonces el último eslabón de esa cadena de necesidades mente objetiva, en el sentido de no estar falseada conscientemente
ineludibles es la historia que es hoy, con los grupos y con las clases con ciertos fines de legitimar tal o cual interés mezquino o particu-
que hoy dominan, y con los hombres y personajes que hoy disfru- lar, o en el sentido de silenciar aquellos hechos o fenómenos que
tan de esa dominación, la que por lógica derivación, es también no concuerdan con una interpretación preestablecida, que es lo que
"necesaria" y es la "única posible". Explicar entonces, de manera en realidad si hacen las historias positivistas, las que sin embargo
crítica, por qué la historia que aconteció, lo hizo de esa forma y claman de manera tan ruidosa por esta falsa 'objetividad' ya men-
no de otra -una tarea primordial del historiador crítico-, implica cionada.
igualmente demostrar las otras diversas formas en que pudo haber Así, puesto que toda historia es hija de su época y de sus cir-
acontecido, explicando a su vez las razones por las cuales, final- cunstancias, y dado que el historiador es también un individuo que
mente, no se impuso ninguna de esas otras formas, igualmente tiene un compromiso específico con su sociedad y con su presente,
posibles pero a fin de cuentas no actualizadas. toda historia reflejará necesariamente las elecciones y el punto de
vista del propio historiador, los que se proyectan incluso desde la
Un sexto pecado capital de los historiadores no críticos es el del elección de los hechos que son investigados y los que no, hasta el
mito repetido de su búsqueda de una "objetividad" y "neutrali- modo de organizarlos, clasificarlos, interpretarlos y ensamblarlos
dad" absoluta frente a su objeto de estudio. O dicho en otros térmi- dentro de un modelo más comprehensivo que les da su sentido y
nos, la pretensión de no tomar partido, no juzgar, no apasionarse y significación particulares. Y dado que no existe ni puede existir
no involucrarse para nada con los personajes o con las situaciones esa historia desde el punto de vista atemporal, eterno, ahistórico
que se investigan. Una idea ampliamente difundida de la posibili- y fuera del mundo que proclaman los malos historiadores posi-
dad de hacer una historia completamente "aséptica", que incluso tivistas, que claman por esa imposible neutralidad/objetividad, y
se utiliza como argumento para negarle al historiador la posibi- puesto que toda historia lleva entonces la marca de sus propios
lidad de ocuparse, con mirada igualmente histórica, de los can- creadores, lo más honesto e inteligente por parte del buen historia-
dentes y comprometidos hechos del "presente". Pero, como lo han dor consiste en hacer explícitas las específicas condiciones que han
demostrado incluso la física y la química contemporáneas, resulta determinado su investigación, declarando sin ambages sus tomas
imposible estudiar cualquier fenómeno de manera científica, sin de posición determinadas, así como los criterios particulares de
intervenir de manera activa dentro del propio proceso que se estu- sus distintas elecciones del material, de los métodos, de los para-
dia, y por lo tanto, sin modificar en mayor o en menor medida las digmas y de los modelos historiográficos utilizados.
condiciones mismas del objeto que se analiza. Lo que en el caso de Renunciando entonces a la falsa objetividad del mal historia-
las ciencias sociales y de la historia, se complementa además con dor, el historiador crítico asume sin conflicto los sesgos de su tra-
el hecho de que somos nosotros mismos los que hemos construido bajo y de su resultado hisfonográfico, convencido de que la verdad
nuestra propia historia, a la que luego intentamos explicar y analizar. absoluta no existe ni existirá nunca, y de que el modo más perti-
Por lo tanto, es imposible una historia que sea realmente neutral, nente de acercarnos a verdades cada vez más científicas aunque
y que sea "objetiva" si por esto último entendemos una historia siempre relativas, es justamente este que hace explícitos los límites,
en la cual no nos involucremos de ninguna manera, manteniendo las condiciones y los sesgos de su propia actividad en el terreno de
un desinterés, una distancia y una indiferencia totales hacia lo que la historia.
examinamos. Pero en cambio, si es posible una historia científica-

4fS 47
CARLOS ANTONIO A G U I R R E ROÍAS • ANTIMANUAL DEL MAL HISTORIADOR

El séptimo pecado capital de los historiadores que son seguidores tos "regímenes de verdad" siempre cambiantes y siempre relativos.
de los Manuales hoy al uso, es el pecado del postmodernismo en Por eso pueden concluir, sin sonrojo alguno, que la escritura de la
historia. Porque haciéndose eco de algunas posturas que se han historia se reduce, en última instancia, a la reconstrucción de una
desarrollado recientemente en las ciencias sociales norteamerica- historia de la escritura, y que las razones para dedicarse a la his-
nas, y también en la historiografía estadounidense, han comenzado toria no son la búsqueda de una verdad histórica científica, en el
a proliferar en nuestro país algunos historiadores que intentan fondo imposible e inalcanzable, sino puramente razones de orden
reducir a la historia a su sola dimensión narrativa o discursiva, eva- estético.
cuando por completo el referente esencial de los propios hechos Pero más allá de estas divagaciones logocéntricas, y de estos
históricos reales. Así, siguiendo a autores como Hayden White, desvarios de claros tintes idealistas, persiste el hecho innegable de
Michel de Certau o Paul Veyne, estos defensores recientes del post- que los historiadores hacemos historia con el objetivo de conocer,
modernismo histórico, llegan a afirmar que lo que los historiadores comprender y luego explicar la historia real, la que constituye sin
conocen e investigan no es la historia real, la que muy posiblemente duda nuestro objeto de estudio principal. Además, hacemos histo-
nos será desconocida para siempre, sino solamente los discursos ria convencidos de que somos capaces de establecer, cada vez más,
históricos que se han ido construyendo, sucesivamente y a lo largo verdades históricas científicas, y además, verdades cada vez más
de las generaciones, sobre tal o cual supuesta realidad histórica, precisas y más capaces de dar cuenta real de los problemas con-
por ejemplo sobre el carácter y los comportamientos del sector de cretos históricos que investigamos. Desde una posición abierta-
la plebe romana, en las épocas del Bajo Imperio. mente racionalista, y que aspira a ser científica, los historiadores
Desplazando así la atención del historiador, desde la historia críticos son también capaces de comparar y de criticar las distintas
real hacia los discursos sobre la historia, esta postura de los malos interpretaciones que se han hecho de un cierto problema histórico,
historiadores termina por desembocar en posiciones abiertamente haciendo evidente como nuestras explicaciones actuales son, en
relativistas e incluso agnósticas. Pues si según este punto de vista, general, mucho más sofisticadas y complejas que las anteriores,
cada discurso histórico es siempre diferente, y siempre correspon- y en términos generales, más adecuadas para captar los hechos
diente a la época en que es producido, entonces no es posible esta- históricos y más finas para poder encuadrarlos dentro de modelos
blecer jerarquía o comparación entre todos esos discursos, lo que globales que les restituyen, cada vez de manera más precisa, su
significa que no podemos saber si hoy conocemos más o cono- verdadero sentido profundo. Porque "los hechos son testarudos",
cemos menos de la historia del Imperio Romano que lo que han y más allá de las sutilezas del lenguaje, continúan desafiándonos
conocido los hombres y los autores del siglo xix, o del siglo xvi, o para que seamos capaces de explicarlos de un modo racional y
durante el siglo x. Y tampoco podemos decir que nuestra visión coherente.
actual es más o es menos "científica" o mas o menos Verdadera' Y si bien es obvio, que no existe historia posible que no se
que la que construyeron los historiadores de hace tres o siete o exprese a través de una cierta construcción narrativa, también es
trece siglos. un abuso ilegítimo querer reducir por ello a la historia a su sola
Incluso, y prolongando hasta el final su argumento, estos autores dimensión narrativa. Igual entonces que la erudición, que no es
posmodernos llegan a descalificar la pretensión misma de cons- historia pero si es una de sus condiciones imprescindibles y uno
truir una ciencia de la historia, afirmando que los historiadores sólo de sus elementos importantes, así la narración y el discurso no son
escribimos "relatos con pretensiones de verdad", relativos a distin- tampoco historia, aunque si son también uno de sus componentes
fundamentales e ineludibles.

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CARLOS ANTONIO AGUIRRE ROJAS

Son estos los siete (y más, pues los mismos se manifiestan


después en múltiples maneras) pecados capitales del mal historia-
dor. Y si, con un comportamiento virtuoso y con una mirada vigi-
lante y crítica, logramos esquivar el caer en todos ellos, podremos
intentar hacer y enseñar una historia diferente y muy superior a
la que existe hoy en nuestro país. Pero ¿cómo elaboramos esta his-
toria distinta y mejor?. Tratando de seguir las lecciones que nos
han dado los historiadores realmente críticos, durante los últimos
ciento cincuenta años, lecciones que pasamos a ver a continuación.

CARLOS MARX

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