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Tema 8

El documento describe la oración y el culto en el Antiguo y Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, los momentos de oración eran privilegiados para la relación con Dios y el culto estaba diseñado e instituido por Dios. Jerusalén y el Templo eran los lugares sagrados más importantes. En el Nuevo Testamento, Jesús enseñó a orar a través del Padre Nuestro y oraba con frecuencia él mismo, mientras que Pablo animaba a dar gracias a Dios.
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Tema 8

El documento describe la oración y el culto en el Antiguo y Nuevo Testamento. En el Antiguo Testamento, los momentos de oración eran privilegiados para la relación con Dios y el culto estaba diseñado e instituido por Dios. Jerusalén y el Templo eran los lugares sagrados más importantes. En el Nuevo Testamento, Jesús enseñó a orar a través del Padre Nuestro y oraba con frecuencia él mismo, mientras que Pablo animaba a dar gracias a Dios.
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EN EL ANTIGUO TESTAMENTO

La oración y el culto
momentos privilegiados de la relación personal y colectiva de los israelitas
con Dios
En el Pentateuco, los relatos muestran situaciones típicas de oración
El culto es un don del Señor. Varios textos del Antiguo Testamento insisten en
esta perspectiva. Es Dios quien instituye sacerdotes y levitas y diseña los
utensilios sagrados (Ex 25 30).

Las colecciones de leyes contienen una masa de disposiciones litúrgicas y


varias indicaciones sobre la finalidad del orden cultual. Las distinciones
fundamentales entre puro e impuro, santo y profano.
En los Profetas, el libro de Jeremías contribuye mucho a valorar la oración.
Contiene "confesiones", diálogos con Dios.
Tres libros poéticos tienen una importancia capital en relación con la
espiritualidad de la oración. En primer lugar, Job: expresa a Dios sin rodeos
todos sus estados de ánimo; las Lamentaciones, donde la oración se mezcla
con la queja; y, evidentemente, los Salmos, que constituyen el núcleo vital del
Antiguo Testamento
Los lugares privilegiados para la oración son los espacios sagrados, los
santuarios, en particular el de Jerusalén. En los orantes se observan varias
posturas: en pie, con las manos elevadas, de rodillas, completamente
prosternado, sentado o acostado.
El pueblo cristiano, asume sin cambios las oraciones del Antiguo Testamento,
pero las relee a la luz del misterio pascual, que les confiere al mismo tiempo
un incremento de sentido.

Jerusalén y el Templo
Construido por Salomón (hacia el 950 a.C.), en el que se manifiesta Dios, a la
vez fascinante y temible, en particular en el Santo de los Santos es el punto
de contacto más inmediato con Dios, por eso la destrucción del templo (587)
equivale a la desolación máxima y reviste la amplitud de una catástrofe
nacional. La prisa en reconstruirlo al final del exilio (Ag 1-2) y en celebrar en
él un culto digno (Mal 1-3) se convierte en criterio del temor de Dios. En la
obra del Cronista, el templo es claramente el centro de toda la vida religiosa y
nacional.
Por la presencia especial del Dios de la vida, el santuario se convierte por
excelencia en lugar de origen de la vida y del conocimiento. Paralelamente a
la crítica del culto hipócrita y formalista, los profetas desenmascaran la
vanidad de la confianza incondicional colocada en el lugar santo
Jerusalén.- David conquista Jerusalén, antigua ciudad cananea (2 S 5,6-12).
Hasta allí lleva el arca de la alianza (2 S 6 7); allí Salomón construye el
santuario. Así la ciudad es incluida entre los lugares santos más antiguos de
Judá e Israel a los que se va en peregrinación.
Se acostumbra a designar a Jerusalén como "la ciudad escogida" por el Señor.
Sin embargo, la grandeza de Jerusalén no impedirá la desgracia que se abatirá
sobre ella. Un buen número de oráculos (2 Re 23,27), de acciones simbólicas
(Ez 4 5) y de visiones (Ez 8 11) anuncian el rechazo y la destrucción de la
ciudad escogida por Dios.

Finalidad del orden cultual: la santidad


Sólo cuando el pueblo adquiere conciencia del carácter interior de las
exigencias de la alianza, se irá espiritualizando el culto y se descubrirá que la
condición de un culto auténtico es la fidelidad del corazón. La alianza tiene,
entonces, como cláusula la santidad: el Dios santo se ha elegido un pueblo y
exige que este sea santo como él. La santidad implica la proximidad a Dios.
El objetivo del culto es la santidad del pueblo gracias a las expiaciones,
purificaciones y consagraciones. Entre los Profetas preexílicos se condena los
sacrificios del ciclo litúrgico e incluso de la oración, con el fin de denunciar la
contradicción entre la conducta de los que celebran el culto y la santidad de
Dios que pretenden celebrar.

Israel: pueblo sacerdotal


Israel viene a ser un pueblo sacerdotal, intermediario entre Dios y la
humanidad El culto no puede obligar a Dios, sino que en la concepción
veterotestamentaria el culto está en beneficio del pueblo, ya que, a través del
culto, es Dios el que aparece dispuesto a entablar y a hacer partícipe a su
pueblo de su propia vida: su santidad.
La experiencia de la necesidad de la salvación reflejada en la oración
bíblica, especialmente en los salmos
este Dios es una realidad plenamente personal, que está viva y es precisamente
esto lo que hace la oración del Israelita una realidad tan íntima. La plegaria es
una relación existencial entre Dios y lo humano, donde el hombre, solo en
cuanto entre dentro de su historia, hallará la salvación que anhela.
Pero la oración veterotestamentaria por antonomasia serán los Salmos, que
son la síntesis de esta experiencia de salvación hecha desde la propia vida. El
destino de Israel es la alabanza, porque en ella resuena, la confesión de que el
pueblo de Dios se sabe “absolutamente dependiente” de su Dios.
El Templo como origen de la vida y del conocimiento
En el santuario se transciende las dimensiones del espacio, ya no están
vigentes las categorías de lo terreno y lo celeste puesto que el santuario
representa a la totalidad del cosmos. Pero lo más relevante es que el santuario
aparece como fuente de vida, es decir, la vida elevada y elevante, plena y
plenificante que el israelita experimenta en el templo, ante la presencia de
Dios, es la vida que viene de Dios.

EN EL NUEVO TESTAMENTO
A diferencia del Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento no contiene una
legislación detallada que establezca instituciones cultuales y rituales: sólo
prescribe brevemente el deber de bautizar y celebrar la eucaristía, pero hace
hincapié en la oración.

La oración de Jesús
Los Evangelios muestran a menudo a Jesús en oración. Lucas muestra cómo
los momentos más decisivos del ministerio de Jesús fueron preparados o
acompañados por una oración más intensa: su bautismo (Lc 3,21), la elección
de los Doce (Lc 6,12), la cuestión planteada a los Doce sobre su identidad (Mt
9,18), su transfiguración (Lc 9,28), su Pasión (Lc 22,41-45).
Lo poco que dicen de ella demuestra que su oración expresaba su intimidad
con el Padre, al que llamaba "Abbá" (Mc 14,36), expresión familiar que no
vemos empleada en el judaísmo contemporáneo para invocar a Dios. Ora con
frecuencia, pero no sólo para estar en intimidad con el Padre, sino también en
función a la educación de los discípulos: les enseña la necesidad y el modo de
orar: insistía sobre la necesidad de la oración en ciertas circunstancias de
prueba, "para no caer en tentación" (Mt 26,41 par), recomendó con
parábolas la oración perseverante Enseña a orar partiendo del hecho de que
invoca a Dios como Padre, manifestando así una intimidad mayor de la que ya
expresaba en pueblo judío con Yahvé. Igualmente, muestra el lugar de la
oración: un espacio personal, íntimo, secreto, lugar que ve el Padre y no los
hombres (Mt 6, 6).
El Padre Nuestro
En respuesta a la petición de sus discípulos “Señor enséñanos a orar” (Lc
11,1) Jesús les entrega la oración cristiana fundamental. Las características
propias del orante que recita esta oración deben ser la confianza y la sencillez
acompañada de la humildad. Al decir Padre Nuestro, invocamos la nueva
alianza en Jesucristo, la comunión con la Santísima Trinidad y la caridad
divina que se extiende por medio de la Iglesia a lo largo de todo el mundo;
orar al Padre debe hacer crecer en nosotros la voluntad de asemejarnos a Él.
Los Padres de la Iglesia dirán que cuando nos dirigimos a Dios diciendo Padre
Nuestro, debemos recordar que estamos llamados a actuar como hijos suyos,
puesto que esta afirmación: “Padre Nuestro” nos pone en una relación
totalmente nueva con Dios.
El Padre Nuestro tiene una estructura que remarca la necesidad que tiene el
hombre por su creador; el espíritu filial hacer surgir del corazón del cristiano
siete peticiones, siete bendiciones: adoración (1a petición), deseo de la
salvación escatológica (2a petición), adhesión a la voluntad de Dios (3a
petición), suplica por las necesidades existenciales con un abandono confiado,
día tras día, a la providencia de Dios (4a petición), petición de perdón,
condicionada por la generosidad en perdonar (5a petición), oración para ser
librado de tentaciones y del ataque del Maligno (6a y 7a peticiones).

La oración filial en san Pablo


Pablo da ejemplo de oración de acción de gracias: la expresa regularmente
bajo una forma u otra al principio de sus cartas. Invita a los cristianos a "dar
gracias en toda circunstancia" y a "orar constantemente" (1 Ts 5,17).

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