Bolilla 1
CONTRATO.
El art. 957 del Código Civil y Comercial contiene la noción jurídica de
contrato, recepcionado lo que se encontraba normado por el art 1137 y su nota
del Código Civil derogado.
Es necesario ver la evolución de la noción de contrato a lo largo de la
historia. Para el Derecho Romano únicamente era considerado el contrato
como fuente de obligaciones. Solo sería considerado tal aquel acuerdo
patrimonial que cree obligaciones, excluyendo de esta forma como contrato los
actos jurídicos que modifiquen o extingan obligaciones.
En la codificación de Freitas, este autor amplió el concepto dado por los
romanos, reconociendo como contrato no solo el acuerdo patrimonial que crea
obligaciones, sino también el acuerdo patrimonial que modifica dichos
acuerdos.
Freitas, jurista brasileño, sostiene que el contrato además de crear
obligaciones también modifica las ya existentes por ejemplo modificar un mutuo
gratuito en oneroso. Para sintetizar, Freitas pensaba que:
a. El contrato es el acuerdo productor de obligaciones patrimoniales que
importan derechos crediticios. También va a haber contrato cuando se
tenga por objeto modificar obligaciones
b. El acuerdo extintivo de obligaciones patrimoniales es una convención
c. Es convención jurídica, pero no contrato, el acto jurídico bilateral
extrapatimonial como es el matrimonio. El contrato tiene que ser siempre
con sentido pecuniario.
d. Los acuerdos relativos a materias no regidas por la ley civil son
convenciones pero no contratos por ejemplo las convenciones
internacionales.
Savgny sostiene que el objeto fin del contrato es reglar los derechos de
las partes: creando obligaciones, extinguiéndolas, modificándolas,
transmitiéndolas o bien conservándolas. Pero eso sí, la convención para que se
la califique como contrato debe tener relevancia jurídica de lo contrario es una
convención simple (pj: acuerdo entre dos compañeros para preparar juntos un
examen).
Pero Savigny extiende muchísimo la noción de contrato, tal es así que
afirma la existencia del contrato en el ámbito extrapatrimonial: por ejemplo, el
matrimonio. Y salía del Derecho Civil, internándose en el Derecho Público
interno, y aún más en el Derecho Internacional Público (las convenciones entre
los estados).
El Artículo 1137 del Código Civil Velezano definía “hay contrato cuando
varias personas se ponen de acuerdo sobre una declaración de voluntad
común, destinada a reglar sus derechos.”
Este artículo fue una excepción ya que por única vez dio una definición
(la nota del art. 495 decía que las definiciones eran impropias de las leyes).
De acuerdo a la definición de Vélez los elementos esenciales:
1. Es necesario que exista una declaración de voluntad común
2. Esta declaración de voluntad debe emanar de varias personas, y ser
complementarias entre ellas, implicando que una quiera obtener lo que
la otra está dispuesta a ceder, sino no estaríamos ante una común,
como es el caso de la constitución de las sociedades, donde varias
personas tienen un mismo interés.
3. Y tal declaración de voluntad común ha de tener como objeto reglar los
derechos de las partes.
Esta definición, fue objeto de distintos debates en cuento a su
interpretación por las imprecisiones y ambigüedades que ella contenía, que
tanto la doctrina como la jurisprudencia fueron delineando.
El primer punto versó sobre el término que emplea, “varias personas”,
esta palabra no es la más idónea cuando hablamos de contratos, ya que en
contratos debemos hablar de “partes”. Esta imprecisión de la palabra que
empleaba no es menor, ya que varias personas pueden constituir una única
parte, cuando en cambio por “parte” se entienden distintas personas con un
mismo interés en común, es una unidad de personas (o de solo una) con un
mismo objetivo, finalidad o interés, el cual se contrapone con el interés de la
contraparte, complementándose ambos por el choque de ambos intereses
contradictorios. Asi, por ejemplo, en un contrato de compraventa podemos
encontrar que se conforma con la presencia de dos partes, una parte
compradora (cuyo interés es obligarse a adquirir una propiedad a cambio de
entregar un precio en dinero) y una parte vendedora (cuyo interés en común es
obligarse a enajenar una propiedad a cambio de recibir un precio en dinero),
cada una de estas partes pueden estar integrada tanto por una como por varias
personas, por lo que la parte compradora puede ser conformada por una o más
personas pero seguirá siendo una parte, ya que todas ellas poseen el mismo
interés.
Por otra parte, la doctrina interpretaba de distintas formas la palabra
“reglar” contenida en la definición de contrato del código Velezano. Esta
palabra resultaba muy vaga y ambigua, llevando a algunos a interpretar que
por ella solo se incluía la creación y modificación de obligaciones y a otros, de
una manera amplia, considerando que era todo acto que cree, modifique o
extinga derechos.
Por último, el art. 1137 del Código Civil de Velez Sarfield no estipulaba
nada sobre el carácter patrimonial del derecho u obligaciones creadas,
modificadas o extinguidas. Pero esto se estipulaba en el Art. 1169 cuando al
reglar el objeto de los contratos, Vélez especificaba que el mismo debía tener
un contenido pecuniario.
Por ello se ha pretendido definirlo como el acto jurídico, bilateral o
plurilateral y patrimonial
● Se trata de un acto jurídico, pues tiene el fin inmediato de establecer
entre las personas relaciones jurídicas.
● Es un acto bilateral, porque requiere el consentimiento unánime de dos o
más partes
● Finalmente, el restante elemento tipificarte de la definición, está
relacionado con la patrimonialidad del objeto.
Estos elementos de la definición nos llevan a determinar qué actos
voluntarios llegan a ser considerados contratos. Asi por ejemplo una simple
convención, no es considerada contrato al no surgir efectos jurídicos de la
misma (el ejemplo es un acuerdo entre amigos para juntarse a comer
determinado día todos juntos, el cumplimiento/incumplimiento de este acuerdo
no va a acarrear consecuencias jurídicas). Tampoco la convención jurídica
tampoco será considerado contrato por faltarle el contenido
patrimonial/pecuniario, en este sentido un acuerdo entre ex cónyuges sobre el
régimen de visitas de su descendencia tendrá consecuencias jurídicas si se
cumple o incumple, pero, al no versar sobre un contenido
patrimonial/pecuniario el mismo no puede ser considerado un contrato.
El nuevo CCyC define a los contratos en el art 957 “El contrato es el acto
jurídico mediante el cual dos o más partes manifiestan su consentimiento para
crear, regular, modificar, transferir o extinguir relaciones jurídicas
patrimoniales”.
El Art. 957 del Código Civil y Comercial superó la redacción del artículo
1137 C.C., sin modificar la definición de contrato que contenía el Código Civil
derogado, depurando los términos empleados para formularla. Así
encontramos que su naturaleza jurídica es un acto jurídico bilateral o
plurilateral, resultando esto es fundamental, ya que, en consecuencia, le serán
aplicables a los contratos, no solo la parte general y especial que destina la
codificación al instituto, sino que también todas las normativas propias de los
actos jurídicos.
Siempre un contrato será un acto jurídico bilateral o plurilateral, ya que
requiere de dos o más partes que lo compongan. Nunca podrá ser contrato un
acto jurídico unilateral, ya que esos solo se conforman de una parte como
requisito de validez. Un ejemplo de acto jurídico unilateral es la oferta (el cual
se va a ver en la bolilla de consentimiento), como también es un acto jurídico
unilateral el testamento, en ambos casos la validez del acto no requiere el
consentimiento de la otra parte, siendo válidos solo con una manifestación la
voluntad.
Cuando hablamos que el con contrato es un acto jurídico bilateral, no
debe ser confundido con la diferencia que motivan que los contratos puedan
ser clasificados en bilaterales y unilaterales. En ambas de éstas clases de
contratos, nos encontramos en que siempre se conforman con dos o más
partes; radicando la diferencia sobre en qué parte recaen las obligaciones
pendientes. En los contratos bilaterales ambas partes resultan obligadas, en
cambio, en los unilaterales las obligaciones recaen sobre una sola de las
partes.
Contrato y convención jurídica:
Pothier distingue que contrato y convención tienen una relación de
género y especie, donde la convención es el género; por esto, dice que
contrato es un tipo de convención.
Una convención simple solo requiere el consentimiento o el mero
acuerdo de voluntades exteriorizado, pero este acuerdo no da origen a una
coacción jurídica. En cambio, la convención jurídica es un acuerdo pero el cual
si bien posee consecuencias jurídicas no se desenvuelve en el campo
patrimonial. Cuando la convención jurídica se desenvuelva en el campo
patrimonial será contrato. El contrato es tan solo una fuente de las
obligaciones, y será el acuerdo de voluntades.
CONTRATOS DE CONSUMO Y DE ADHESIÓN.
El Código Civil y Comercial amplia la definición de contratos, no en los
elementos existentes de su definición en nuestro código derogado, sino por las
ramas e instituciones que procede a reconocer en un el cuerpo sistematizado
también como contratos.
fuente normativa Noción Fuente Normativa Noción
Código Civil Art. 1137 contrato clásico Código Civil y Comercial Contrato Clásico/discrecional
Ley de Defensa del Consumidor Relación de Consumo Contrato de Adhesión Art. 984
Constitución Nacional (Art 42) Contrato de Consumo (art. 1092 a 1122)
Así encontramos que la nueva legislación desarrolla una estructura
troncal que va a incluir tanto el Contrato Clásico (o como algunos llaman
“Discrecional”), por el cual se reconoce fuerza a la autonomía de la voluntad,
sino que también incorpora en la noción de contrato a los de adhesión y los de
consumo.
Los contratos de Consumo y de Adhesión surgen en la realidad social
previamente a su reconocimiento jurídico. Comenzaron su vida en la realidad
social desde la revolución industrial, al aumentar la cantidad de bienes a
comercializar y, correlativamente, aumentando la cantidad de consumidores
para ellos.
El contrato discrecional/clásico tiene presente en su constitución la
autonomía de la voluntad, considerando que son dos o mas partes que
libremente se obligan y que ambas se encuentran en un pie de igualdad y
libertad para abarcar las negociaciones del mismo.
En cambio, en los contratos de adhesión, como en los de consumos,
vamos a encontrar la particularidad de la limitación a la autonomía de la
voluntad de las partes, pero aún con esta limitación son reconocidos como
contratos por el nuevo Código Civil y Comercial.
En el Contrato de Adhesión vamos a encontrarnos con que una de las
partes (predisponente o tercero) elabora previamente las cláusulas del mismo,
quedando en la otra parte (adherente) el aceptarlas o no.
El contrato de adhesión implica una modalidad de contratación, no
siendo un contrato independiente de por sí, por lo que tanto un contrato clásico
(o discrecional) como un contrato de consumo, pueden ser de adhesión. Esta
modalidad va a influir en la aplicación del ordenamiento jurídico específico y
complementario que deberá aplicarle.
En el contrato de consumo vamos a encontrarnos donde una de las
partes es proveedor y la otra parte, consumidor, implicando esto primero la
imposibilidad de pactar los términos de la contratación y al mismo tiempo
pudiendo encontrarnos con la imposibilidad de elegir libremente con quien
contratar.
Es por ello qué, en sus inicios, parte de la doctrina no consideraba que
estas dos modalidades de contrato puedan ser considerados como tal, ya que
faltaba el consentimiento completamente libre de una de las partes (adherente
o consumidor), en cambio, otra parte de la doctrina si los consideraba contrato,
pero de forma limitada.
Por ello es importante remarcar la diferencia, en el contrato clásico o
discrecional, ambas partes prestan su consentimiento libremente, tanto en la
posibilidad de celebración como en los términos de la misma; en cambio, en el
contrato de adhesión o de consumo, al no participar una de las partes de su
redacción o determinación de las cláusulas, implica que ese consentimiento se
limita a aceptar las condiciones o no y, en caso de no aceptarlas, directamente
no se contrata.
Para entender la diferencia entre estas modalidades de contrato es
necesario abordar el principio de autonomía de la voluntad.
AUTONOMÍA DE LA VOLUNTAD. LIBERTAD DE CONTRATAR Y
LIBERTAD CONTRACTUAL.
La autonomía de la voluntad consiste en dos libertades, la libertad para
contratar y la libertad contractual (Art. 958 C.C. y C.). La libertad para contratar
consiste en la libertad de las partes para elegir celebrar un contrato y con quien
hacerlo. Esta libertad se complementa con la libertad contractual, esta última
consiste en la posibilidad de los particulares de determinar el contenido y
cláusulas del contrato. En la primera somos libres de elegir en celebrar un
contrato y en la segunda el contenido sobre el cual versará el contrato (sus
cláusulas y términos). Cuando existen estas dos libertades en el acto jurídico
bilateral o plurilateral, la ley le dará fuerza obligatoria al contrato, siempre que
el mismo respete la limitación impuesta por el orden público (principio de
vinculación o efecto vinculante entre las partes), conforme lo normado por el
Art. 958 del C.C. y C.
La autonomía de la voluntad implica que en principio las partes son
libres de contratar, pero van a encontrar esa libertad limitada en que la
contratación no vulnere el orden público, la moral, las buenas costumbres y que
el objeto y la causa no esté prohibida. Acá encontramos el principio
constitucional por el cual la libertad dada los ciudadanos es amplia salvo las
limitaciones que imponga el ordenamiento jurídico.
Si el contrato respeta el orden público, y las partes tuvieron las libertades
de la autonomía de la voluntad en la contratación, esta contratación pasa a ser
como norma entre las partes, el cual es conocido como “convenio-ley”,
“principio de vinculación” o “efecto vinculante entre las partes” (no es una ley,
sino que las partes deben respetar lo contratado como si lo fuera), siendo
receptado este principio en el Art. 959 del C.C. y C.
Ahora bajando esta definición a la realidad, nos vamos a encontrar que
en la mayoría de las contrataciones no siempre estamos ante la posibilidad de
elegir con quien ni de fijar los términos de la contratación. Esto se debe a que
no siempre existe una igualdad ni jurídica ni económica entre las partes, ante
estas desigualdades vamos a encontrarnos el fundamento de porqué el
ordenamiento jurídico reconoce a los contratos de adhesión y de consumo
como tales, pero les da una interpretación mas minuciosa a sus efectos. Esto
se debe a que la autonomía de la voluntad está desde sus inicios limitada; en
algunos casos nos van a faltar opciones de elección de contrapartes
(contrataciones de servicio de luz, gas, agua, transporte) o no vamos a poder
fijar los términos de la contratación (esto es negociar y arribar de común
acuerdo una por una las cláusulas y términos del contrato).
Al encontrarnos ante una modalidad de contratos donde se encuentra
limitada desde sus inicios la autonomía de la voluntad, el ordenamiento jurídico
responde dándole protección a la parte más débil o frágil.
ELEMENTOS ESENCIALES DE LOS CONTRATOS. PRESUPUESTOS DE
VALIDEZ.
Todos los contratos presentan elementos esenciales, sin ellos no hay contrato.
Si observan el programa de estudio van a encontrar una bolilla destinada a
cada uno de ellos: consentimiento, objeto, causa y forma (en algunos
casos).
1. El consentimiento que es la integración reciproca de las manifestaciones
de la voluntad de ambas partes, en un negocio único. Es el resultado de
la unión de la oferta y de la aceptación.
2. El objeto que es la operación jurídica considerada que las partes
pretenden realizar
3. La causa es el motivo determinante que lleva a las partes a la
celebración del acto
El contrato está dirigido a reglar los derechos de las partes, por medio de
relaciones jurídicas creditorias. El efecto del contrato es entonces, crear (o
modificar, transmitir o extinguir) obligaciones. Por ello, el contrato es la
causa-fuente, de efectos obligacionales.
La forma no siempre será un elemento esencial del contrato, solo lo será
cuando el ordenamiento jurídico la requiera como condición de validez del
contrato, esto es, cuando sea exigida bajo pena de nulidad.
Respecto a los presupuestos de validez, debemos tener en cuenta que estos
versan sobre los requisitos de validez de los actos jurídicos, asi vamos a
encontrar que son presupuestos de validez (quiere decir que se analizan los
mismos antes de analizar los elementos esenciales de los contratos) la
capacidad de las partes, la libertad, la intensión y la voluntad. Si constatamos
que los presupuestos de validez están presentes en la Relación Jurídica y no
presentas vicios, luego vamos a ir a analizar los elementos de los contratos, y
si encontramos algún vicio o ausencia de alguno de ellos vamos a
encontrarnos ante la inexistencia del contrato.
BUENA FE
La buena fe será abordada de forma acabada y completa en la bolilla de
interpretación, pero como introducción para el estudio de la materia hay que
tener en cuenta que este principio de buena fe que se estudia en parte general
también es aplicable a los contratos.
Art. 9 CCyC–Principio de Buena Fé: los derechos deben ser ejercidos de
buena fe.
Art. 961 CCyC.- Buena fe. Los contratos deben celebrarse, interpretarse y
ejecutarse de buena fe. Obligan no sólo a lo que está formalmente expresado,
sino a todas las consecuencias que puedan considerarse comprendidas en
ellos, con los alcances en que razonablemente se habría obligado un
contratante cuidadoso y previsor
Por buena fe se entiende el convencimiento, de quien realiza un acto o hecho
jurídico, de que del mismo es verdadero, lícito y justo.
Obrar de buena fe implica actuar como lo hace la gente honesta, con lealtad y
rectitud.
Esta idea constituye un principio general del Derecho, es un MANDATO DE
OPTIMIZACION, un fundamento que nos da el Ordenamiento Jurídico (NO
regla, NO norma) es un mandato que aconseja actuar de la mejor manera
posible en los actos.
La buena fe aplicada a las obligaciones contractuales presenta dos aspectos
fundamentales:
La buena fe aplicada a las obligaciones contractuales presenta dos aspectos
fundamentales: la buena fe-creencia, que consiste en la persuasión o creencia
de una parte de que está ejerciendo un derecho legítimo; y la buena fe-lealtad,
como la intensión, de la parte, de cumplir con los deberes jurídicos que resultan
del contrato, implica la satisfacción de lo que las partes entendieron o debieron
entender, actuando con cuidado y previsión.
La buena fe es la regla básica que debe regir la conducta de las partes tanto en
la etapa precontractual (antes de la perfección del contrato), la etapa
contractual (desde su celebración hasta su conclusión) y la etapa
poscontractual (desde la extinción del contrato).
La buena fe tiene efecto vinculante entre las partes e implica que las partes
deben celebrar, interpretar y ejecutar bajo dicho parámetro.
Esta regulación la encontramos en el Art. 961 del C.C. y C., y recae no solo en
lo que las partes estipularon, sino también en lo que pueda considerarse
comprendida en ellas con el alcance en que razonablemente se habría
obligado un contratante cuidadoso y previsor.
INTERPRETACIÓN. ORDEN DE PRELACIÓN.
La convención-ley, implica que primero la relación jurídica que surgió se va a
regir por lo estipulado por las partes, lo que es como si fuera ley para ellas
(esto implica que están obligadas a cumplir con lo acordado), por ello la
interpretación recae sobre el significado de qué es lo que quisieron decir las
partes en sus estipulaciones. Entonces vamos a encontrarnos acá con el
principio general para interpretar el contrato, primero rige lo estipulado por las
partes en el contrato, y solo se aplicará (en principio) el código civil y comercial
cuando así lo digan las partes o cuando haya ausencia de regulación entre
ellas sobre un tema que regula el código de forma supletoria. Este principio
general se aplicará siempre que no se vulnere una norma indisponible, primero
de la normativa general y luego de la especial (acá por ejemplo vamos a
encontrar el Código Civil y Comercial como también la Ley de Defensa del
Consumidor); luego se aplicará las normas particulares del contrato y por último
las normas supletorias.
Por lo cual el principio es lo acordado por las partes, salvo que lo mismo
vulnere una norma de orden público. (por ejemplo, en la locación de inmuebles
con fines habitacionales, el plazo que pueden acordar las partes es libre, pero
se encontrará limitado por el ordenamiento jurídico que impone un plazo
mínimo legal).
INTEGRACIÓN
La integración es la conclusión de los distintos métodos de interpretación que
se utilizaron en el contrato, implica dar respuesta a que es lo que las partes
quisieron decir ante una situación que no fue prevista expresamente por ellos
en el contrato, nos encontraríamos ante una laguna en el contrato.
DERECHO DE PROPIEDAD Y PROTECCIÓN.
Los contratos clásicos como los contratos de consumo tienen protección
constitucional. En principios ambos por estar garantizada la inviolabilidad de la
propiedad (art. 14 y 17 Constitución Nacional), acá el término “propiedad” no
hace referencia al derecho real sobre un inmueble o mueble, sino a la
propiedad entendida en sentido amplio, como derecho adquirido, lo que nos da
la posibilidad de que el contrato se pueda celebrar.
También encontramos que los contratos de consumo y la relación de consumo
tiene expresa acogida en la Constitución Nacional por el artículo 42, en el cual
se incorporan los derechos de tercer grado.
CONTRATOS DE ADHESIÓN
Estamos ante una modalidad de contrato en la cual sus cláusulas, términos y
condiciones son elaboradas unilateralmente por el predisponente o por un
tercero. Se impone como obligación al predisponente de que su redacción sea
clara y entendible. En cambio, como protección al adherente, este al menor
perjuicio puede solicitar su resarcimiento por el predisponente.
Se llaman clausulas generales por que son hechas por el predisponente de
forma amplia para los distintos contratos que comercializa, no son normales en
estas modalidades que el contrato presente clausulas particulares (clausula
diseñada para un contrato general pero solo incorporada en una solo de las
contrataciones que realiza), son excepcionales, pero en el caso de que se
presenten las mismas tienen prioridad ante una incompatibilidad de ellas con
las cláusulas generales.
Clausulas Abusivas: las clausulas se consideran abusivas cuando
desnaturalizan desnaturalizan las obligaciones del predisponente o cuando le
otorgan máximas atribuciones en su favor, asi como tampoco el adherente
puede renunciar a un derecho, esto implica que una cláusula abusiva rompe el
equilibrio del esfuerzo equitativo que debe primar en el contrato. Cuando se
presenta una cláusula abusiva, el contrato no es anulado, sino que solo se
toma como no escrita la cláusula. Esto es consecuencia del principio de validez
de los contratos, cuando hay dudas sobre la validez de un contrato debe
estarse siempre a la interpretación o solución que tienda a su validez.
Cuando se anule la cláusula y se tenga por no escita, será facultad del juez
integrar el vacío que deja dicha cláusula.
CONTRATOS DE CONSUMO.
En consumo el derecho de propiedad es la protección “interpersonal”, es
desarrollada por el Art. 42 de la Constitución Nacional, el cual es reglamentado
por el Código Civil y Comercial y por la Ley de Defensa del Consumidor (Ley
24.240 y sus modificatorias).
En la sistematización del contrato de consumo y en el de adhesión hay acuerdo
entre las partes, pero con el Código Civil y Comercial (art. 1092 a 1122) no
basta. Vamos a tener que recurrir a la Ley de Defensa del Consumidor, su
Decreto Reglamentario (Decreto 1798/94), las leyes de Defensa del
Consumidor de las Provincias (Ley 13133 y sus modificatorias) y también a la
constitución nacional.
En el artículo 42 de la Constitución Nacional no solo se regula el Contrato de
Consumo. Sino que se crea una rama distinta e independiente del derecho, el
Derecho de Consumo. El Contrato de Consumo rige entre quienes contratan, y
por Relación de Consumo resulta específica entre el proveedor y el consumidor
destinatario final.
En la relación de consumo hay superioridad entre el proveedor y el consumidor,
y cualquier disposición que lesione al frágil se tiene por no escrita,
protegiéndose al mismo.
El Código Civil y Comercial convalida toda la jurisprudencia anterior y lo
estipulado por la Ley de Defensa del Consumidor.
En esta relación jurídica estamos ante una superioridad del proveedor sobre el
consumidor, por ello cualquier disposición que lesione a este último se tiene por
no escrita, protegiéndolo.
En esta rama del derecho y en los contratos de adhesión estamos ante los
contratos predispuestos y el Código Civil y Comercial lo que hizo fue convalidar
toda la jurisprudencia y los dispuesto por la Ley de Defensa del Consumidor.
Interpretación de los Contratos de Consumo: siempre se tiene en cuenta la
protección del consumidor y se busca proteger el consumo sustentable. Se
presenta siempre el consentimiento, el mismo puede ser por el precio que se
acepta, el producto que se recibe o la forma de pago en que se realice.
En los Artículos 1096 al 1099 se regulan las prácticas abusivas y en los 1100 al
1103 se regula que la información y la publicidad no pueden ser engañosas,
deben ser veraz, cierta y detallada. También se prohíbe la publicación falsa o
que induzca al error. Vamos a observa presente la protección a toda actividad
que tienda a aumentar la limitación a la libertad contractual, en tal sentido el
código prohíbe que la contratación que esté realizando el consumidor sufra
alguna limitación, imponiendo condiciones para realizar su contratación u
obligándolo a adquirir otros productos juntos al mismo.
MODALIDADES ESPECIALES DEL CONTRATO DE CONSUMO:
Los artículos 1104 a 1116 regulan las modalidades especiales, entre ellas
encontramos la realizada fuera de los establecimientos comerciales y los
contratos a distancia (entre ausentes).
En la relación de consumo realizada fuera de los establecimientos comerciales,
nos encontramos ante una aceptación en principio viciada. El consumidor no va
a buscar un producto a un determinado lugar, previendo el ir a adquirirlo, sino
que se encuentra en cualquier momento de su vida donde se cruza, sin
buscarlo, la posibilidad de contratar. Por esa aceptación viciada es que el
código autoriza al consumidor a revocar la aceptación realizada y es una
obligación del proveedor el informar expresamente esta facultad, en caso de no
ser informado, su derecho a la revocación subsiste.
En la contratación a distancia, estamos ante una contratación sin que las partes
estén presentes, por lo que la oferta y la aceptación de la misma se producen
en distintos momentos, y no como ocurre en los contratos ante presentes
donde la aceptación y la oferta son sucesivas e inmediatas.
La aceptación de la oferta hace surgir el consentimiento, por lo que hay que
tener en cuenta cuando estos dos actos unilaterales (oferta-aceptación) pueden
ser retractadas, en principio el Código Civil y Comercial adhiere a la teoría de la
recepción (974/975 y 981 C.C. y C.). Por la teoría de la recepción se
comprende que la retractación de la oferta o de la aceptación puede ser
revocada antes de que la misma llegue a la contra parte, y por la teoría del
conocimiento se entiende que puede haber sido recibida, pero puede ser
revocada antes de que se tome conocimiento de su contenido.
Estas teorías tienen importancia en los contratos a distancia, ya que, en los
contratos entre presentes, donde existe inmediación entre la oferta y la
aceptación, al no existir el lapso temporal entre la emanación, recepción y
conocimiento entre ellas, no es necesario discutir hasta cuando puede ser
retractada cada una.
CLAUSULAS ABUSIVAS
Los artículos 1117 al 1122 del C.C. y C. regulan las clausulas abusivas, estas
clausulas crean una relación de desigualdad jurídica entre las partes.
Aun cuando las clausulas sean incorporadas de manera particular a la
contratación, (recuerden que en principio deben primar ellas sobre las
cláusulas generales) se puede aun ejercer un control de incorporación sobre
ellas y ser consideradas abusivas, aunque sean incorporadas individualmente.
La Directiva 13 de la Unión Europea considera que se deben priorizar las
clausulas particulares sobre las generales, esto es por que han sido pactadas
exclusivamente para dicho contrato. Pero nuestro Código Civil y Comercial se
aparte de esta directiva y considera que pueden ser declaradas abusivas ya
que pueden tener el ropaje de simulación si son perjudiciales a la parte débil
(art. 1119 C. C. y C.)
El control judicial sobre la relación jurídica o sobre las cláusulas generales o
particulares puede hacerse siempre, aun cuando haya existido un control
administrativo previo sobre el mismo.
Por ejemplo encontramos que los contratos que comercializan los planes de
ahorro previo para adquisición de automóviles, el contrato de adhesión que
brinda la concesionaria y que es realizado por el administrador del plan poseen
un control y autorización previa por un ente estatal (Inspección General de
Justicia), pero este control previo no implica que el contrato no sea o pueda
llegar a ser abusivo, quedando en facultad de los jueces interpretar, aún con la
venia del estado previa, si el contrato o alguna de sus cláusulas es abusiva o
no.
CONTRATOS CONEXOS.
Los contratos conexos con los que vinculan a más de dos partes, se celebran
en forma simultánea y que dependen económicamente por la misma finalidad.
Si algún contrato no está vigente no puede haber negocio. Cada contrato es
independiente del otro. Un claro ejemplo se da con los intereses del banco.
El banco contrata con un local para que sus clientes puedan sacar a créditos
sus productos con su tarjeta del banco. A su vez, los usuarios de las tarjetas
tienen un contrato con el banco y paralelamente estos usuarios cuando
comprar algo en el local adherido a su banco, firman un contrato con ese local.
Formándose 3 contratos simultáneos. Lo que los usuarios le compran al local,
el banco lo paga inmediatamente y a los usuarios se los descuentan por mes
con intereses.