Historia de Vampiros
¿Cómo se inició la mitología de los vampiros? ¿En qué momento se
acuñó la significación del nombre de este ser fabuloso? ¿Qué
creencias provienen de supersticiones folclóricas y cuáles de
interpretaciones religiosas? Y por último: ¿cómo fue progresando la
leyenda de los vampiros a lo largo de los siglos? Aquí indagaremos
las fuentes culturales y bibliográficas que tiñeron una de las historias
más apasionantes de la literatura fantástica y la historia de los cultos.
EL ORIGEN FUE PERSIA
Desde el principio de los tiempos, las leyendas de vampiros se
extendieron por la faz de la tierra... Pero su señal distintiva no es
comparable a la de otros monstruos extraordinarios. Desde la Grecia
Clásica hasta nuestros días se conoce la leyenda nacida en la antigua
Persia: el registro más antiguo que documenta la existencia de los
vampiros es un vaso con el dibujo de un hombre luchando contra
una extraña criatura que intenta succionar su sangre.
Historia de Vampiros
Más tarde, los mitos
babilónicos incorporaron una
extraña deidad que se
alimentaba bebiendo la sangre
de los niños: su nombre es
Lilitu o "Lilith".
De acuerdo con los textos
hebreos, Lilith fue la primera
mujer de Adán, a diferencia de
lo manifestado en el Antiguo
Testamento bíblico. Debido a
su torpeza sexual, abandonó a
su marido y se transformó en
la Reina de los Demonios y de
los espíritus malvados.
Lilith
En China, durante el siglo VI A.C. se encontraron resonancias de la
tradición cultural persa y hebrea. Los mismos antecedentes fueron
hallados por antropólogos en India, Malasia, Polinesia, las tierras
aztecas de México y la zona de Eskimos.
¿DIOSES O VAMPIROS?
De acuerdo con la mitología azteca, la ofrenda de sangre de jóvenes
víctimas a los dioses garantizaba la fertilidad de la Tierra. Pero,
aunque éste sea otro antecedente, las clásicas historias de vampiros
se originaron en el seno de la civilización europea... Los antiguos
griegos comenzaron su gesta.
Existen numerosos dioses bebedores de sangre en la mitología
griega y romana, conocidos como Lamiae, Empusae y Striges.
Sus nombres fueron históricamente vinculados con el de brujas,
demonios y vampiros. Pero estos vampiros, aunque bebían sangre
humana, eran sólo deidades y no “muertos vivos”. Se trataba de
divinidades capaces de adquirir apariencia humana para poder
seducir a sus víctimas.
Con el paso del tiempo y el aumento de popularidad del
Cristianismo, el valor simbólico de la sangre se incrementó. La
comunión del Espíritu Santo, que incluye beber el vino –símbolo de la
sangre de Cristo– y comer el pan –alegoría de su cuerpo– hizo
cobrar incomparable relevancia a este fluido vital. Además, durante el
siglo XI las brujas y los médicos prescribían sangre de vírgenes para
curar enfermedades.
Varias menciones a la presencia de vampiros pueden encontrarse en
libros como El diccionario diabólico, escrito por el obispo de
Cahors, en El Nugis Curialium, de Walter Map, y en la Historia
Rerum Anglicarum, de William de Newburgh.
Historia de Vampiros Parte II
VAMPIRISMO DURANTE EL RENACIMIENTO
El fenómeno del vampirismo continuó en boga durante el
Renacimiento, aunque de manera esporádica. Y se reactivó
notablemente a partir del siglo XIV durante las pestes que asolaron
las regiones centrales de Europa, como Prusia, Silesia y Bohemia.
Incluso llegó a interpretarse que la peste bubónica era causada por
los vampiros, y el pánico de la infección condujo a gente a la
enterrar a sus cadáveres sin siquiera verificar que fueran
verdaderamente difuntos...
Fue por entonces que comenzó a pensarse que los vampiros se
levantaban de sus sepulcros: eran personas vivas que, al salir de sus
tumbas, eran interceptadas por vampiros que le infligían heridas y
los transformaban en uno más del grupo.
A mediados del siglo XV, el vampirismo volvió a tomar la delantera
en temas supersticiosos gracias a la publicación de un ensayo de
Frenchman Gilles de Rais. Más tarde, un miembro del batallón de
Juana de Arco se fugó hacia las tierras del sudoeste de Francia para
buscar el secreto de la “piedra filosofal” en la sangre. Guiado por
esta búsqueda, asesinó entre 200 y 300 niños, torturándolos de
forma siniestra, para utilizar su sangre durante los experimentos.
Historia de Vampiros Parte II
LA APARICIÓN DEL MÍTICO DRÁCULA
Más tarde, durante el siglo XIX, Joris-Karl Huysmans se autocalificó
como un vampiro auténtico en su novela La-Bas. También en esta
época otra figura histórica llegó a ser asociada con el vampirismo:
su nombre era Vlad Tepes Dracula, príncipe de Wallachia, un reino
antiguo que ahora es parte de Rumania. Cabe mencionar que el
apellido “Drácula” significa “dragón”…
Cuatro siglos más adelante, Bram Stoker escribiría la célebre novela
Drácula, que durante siglos nos otorgaría el estereotipo del vampiro
clásico.
Aunque nunca desapareció totalmente, el auge del vampirismo
disminuyó entre los siglos XV y XVII. Sin embargo, hacia 1611, la
supersticiosa tierra de Hungría vio nacer las macabras ocurrencias de
la condesa Erzsebet Bathory (Elizabeth Bathory, más conocida como
la "Condesa Sangrienta").
Esta aristócrata húngara fue acusada de secuestrar y torturar a
numerosas jóvenes muchachas hasta su muerte con el objetivo de
bañarse y de beber su sangre. Creía que, de esta manera,
preservaría su juventud y su belleza.
Supersticiones en Torno a los Vampiros
Elizabeth Bathory –conocida como La Condesa Sangrienta– era la
esposa de un conde que siempre estaba ausente debido a su
intervención en sucesivas guerras. Como la condesa se aburría de
esta forma de vida, y de la eterna espera, comenzó a estudiar Magia
Negra. Este aprendizaje la condujo a siniestros experimentos que
luego explicaremos.
Cuando el primo de la condesa registró la ausencia de un número
considerable de mujeres, sospechó de las extrañas conductas de
Elizabeth y envió un escuadrón de soldados para capturarla.
Probada su culpabilidad, Elizabeth ahorró la ejecución por tener
sangre real, pero fue condenada a vivir el resto de su vida encerrada
en una torre, con las puertas y ventanas cerradas. Sus cómplices
fueron todos ejecutados.
La historia de Bathory nutrió numerosas leyendas sobre el
vampirismo e inspiró a varios escritores. El elevado nivel de sadismo
de la condesa, sumado a la pobreza y al analfabetismo de la
población de aquellos tiempos, contribuyeron a la proliferación de las
supersticiones acerca de los vampiros y del hombre lobo en Europa
Oriental y Meridional.
Elizabeth Bathory en su baño de
sangre
La creencia en los
"Vrykolakas" (nombre
eslavo asignado a los
“hombres lobo”) y la
superstición de los vampiros
son dos mitos entroncados e
indisociables.
La palabra “vampiro” se
acuñó recién hacia el año Supersticiones en Torno a los
1726, luego de una tremenda Vampiros
plaga de murciélagos. Primero fue creada en alemán, Vanpir, tal como
revela un informe acerca de un caso de “vampirismo”. Este vocablo
derivó luego en el francés “vampyre”, hacia 1732. Finalmente nació
la palabra inglesa “vampire”.
Los intelectuales y racionalistastas del siglo XVIII –también llamado
el Siglo de las Luces– se esmeraron por destruir supercherías y
creencias infundadas. Los eruditos, los doctores, los filósofos y los
miembros de la Iglesia cuestionaron la existencia de “cómplices”
del Diablo.
Un monje benedictino francés conocido como Calmet publicó una
obra donde cuestionó la verdad de los vampiros. Pero tanta atención
brindada a estos seres fabulosos sólo promovió el fanatismo
exacerbado: muchas personas de los países europeos
subdesarrollados comenzaron a usar las cejas juntas –para imitar el
rostro de los vampiros– y también dejaron cabello en el dorso de sus
palmas.
Para atrapar vampiros se utilizaban vírgenes montadas sobre
caballos pura sangre (totalmente blancos o absolutamente negros)
para hacer de señuelos. También se creía que el caballo comenzaría a
relinchar y a alzarse cuando estuviera de pie sobre la tumba de un
vampiro.
Otras supercherías indican que la cruza de un vampiro con un mortal
podía engendrar nuevos vampiros. La gente comenzó, entonces, a
tomar precauciones especiales, tales como colocar un clavo de hierro
en la frente de un cadáver, untar su cuerpo con grasa de cerdo o
colocar una cabeza de ajo dentro de su boca.
Vampiros Literarios
AUGE DEL ROMANTICISMO
Las irracionales supercherías fueron disminuyendo a medida que la
Revolución Industrial modificaba la forma de vida europea. La
realidad tenía otros planes...
Hacia fines del siglo XVIII, el Romanticismo intentó recuperar la
emoción y la nostalgia perdidas durante la Ilustración y la Revolución
Industrial nacida en tierras inglesas. Pero el período romántico
impulsó el renacimiento de la novela gótica. Johann von Göethe
escribió la novela La novia de Corintio (Die Braut von Corinth
precedida por la obra Leonore, de Gottfried August Buerger.
Estas historias, así como varios poemas de vampiros escritos durante
el siglo XIX por Keats, Coleridge y Baudelaire, incluyeron un elemento
de seducción puramente “vampiresco”: el placer otorgado por la
muerte.
Luego sobrevino la publicación del famoso texto de El Vampiro, de
John William Polidori (aunque, a decir verdad, la historia original la
reelaboró de un predecesor, Lord Byron). También tuvo gran prestigio
Carmilla, de Sheridan LeFanu. Por otra parte, Varney el vampiro,
escrito en 1847 por Prest y Rymer, se convirtió en la novela más
extensa escrita sobre estos seres fabulosos.
La fantasía y el horror fueron elementos muy demandados en la
prosa y la poesía de mitad del siglo XIX. Pero, luego de un largo
tiempo de auge, disminuyó la calidad de las ficciones como
consecuencia de los clichés y repeticiones del género gótico.
Varney el Vampiro
IMPULSO VICTORIANO
Sin embargo, la temática
“vampiresca” reapareció
durante la época victoriana.
Suena paradójico que, en una
época de tanta represión y
censura social, las leyendas
sobre vampiros hayan
alcanzado el pico máximo de Vampiros Literarios
popularidad.
Para muchos fue considerada una vía de escape a través de la lectura
de novelas, poesía y prosa. La hipocresía de la sociedad era tan
exagerada que escribir historias horrorosas estaba totalmente
permitido, incluso cuando la moralidad se propugnaba en sermones
eclesiásticos y protocolos reales.
Fue el tiempo en que Bram Stocker escribió la legendaria Drácula.
Aunque el autor nunca había estado en Transilvania (Rumania), y
la novela presenta imprecisiones derivadas del desconocimiento
histórico y cultural del contexto novelesco, la obra fue un éxito
inmediato, de proyección internacional.
EL CINE, A LA CABEZA
Durante el siglo XX, el inicio de la cinematografía marcó para siempre
nuestra percepción de la imagen de los vampiros, gracias a la
producción de filmes maravillosos transmitidos a través de la pantalla
grande.
La primera película sobre vampiros fue filmada en el año 1922: se
llamó Nosferatu, Eine Symphonie des Gauens (Nosferatu, una
sinfonía de horrores). Esta película alemana, dirigida por F.W.
Murnau, tuvo como protagonista a Max Schreck.
Los Vampiros y el Cine
AUGE DEL ROMANTICISMO
Las irracionales supercherías fueron disminuyendo a medida que la
Revolución Industrial modificaba la forma de vida europea. La
realidad tenía otros planes...
Hacia fines del siglo XVIII, el Romanticismo intentó recuperar la
emoción y la nostalgia perdidas durante la Ilustración y la Revolución
Industrial nacida en tierras inglesas. Pero el período romántico
impulsó el renacimiento de la novela gótica. Johann von Göethe
escribió la novela La novia de Corintio (Die Braut von Corinth
precedida por la obra Leonore, de Gottfried August Buerger.
Estas historias, así como varios poemas de vampiros escritos durante
el siglo XIX por Keats, Coleridge y Baudelaire, incluyeron un elemento
de seducción puramente “vampiresco”: el placer otorgado por la
muerte.
Luego sobrevino la publicación del famoso texto de El Vampiro, de
John William Polidori (aunque, a decir verdad, la historia original la
reelaboró de un predecesor, Lord Byron). También tuvo gran prestigio
Carmilla, de Sheridan LeFanu. Por otra parte, Varney el vampiro,
escrito en 1847 por Prest y Rymer, se convirtió en la novela más
extensa escrita sobre estos seres fabulosos.
La fantasía y el horror fueron elementos muy demandados en la
prosa y la poesía de mitad del siglo XIX. Pero, luego de un largo
tiempo de auge, disminuyó la calidad de las ficciones como
consecuencia de los clichés y repeticiones del género gótico.
Bela Lugosi como Drácula
LOS VAMPIROS MODERNOS
En 1992, Francis Ford
Coppola produjo una
magistral reelaboración del
Drácula clásico, protagonizada
por Gary Oldman. Otra
versión fabulosa fue la del año
1994, Entrevista con el
vampiro, basada en la novela
homónima de Anne Rice. Esta
película provocó un
resurgimiento instantáneo del
interés por la temática de corte
Los Vampiros y el Cine
gótico.
Cabe mencionar que la novelista Anne Rice revolucionó –a lo largo
de sus cinco famosas novelas temáticas– la imagen estereotipada del
vampiro malvado o “anti-héroe”.
Rice retrató la psicología y la personalidad de Lestat como la de un
ser humano viviendo una existencia trágica, derivada de la
combinación de su naturaleza salvaje con la necesidad de afecto.
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