0% encontró este documento útil (0 votos)
99 vistas2 páginas

Análisis Funcional de La Personalidad

Este documento analiza la personalidad desde diferentes perspectivas funcionales y conductuales. Discute que la personalidad surge de los sistemas de hábitos y puede identificarse a través de patrones consistentes de comportamiento, y que también depende de contingencias ambientales. Examina cómo el lenguaje permite la autorregulación y la emergencia del yo a través del desarrollo de autorreferencias verbales. Finalmente, explora la formación del yo-concepto, yo-contexto y yo-proceso.

Cargado por

verenicesanchezf
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
99 vistas2 páginas

Análisis Funcional de La Personalidad

Este documento analiza la personalidad desde diferentes perspectivas funcionales y conductuales. Discute que la personalidad surge de los sistemas de hábitos y puede identificarse a través de patrones consistentes de comportamiento, y que también depende de contingencias ambientales. Examina cómo el lenguaje permite la autorregulación y la emergencia del yo a través del desarrollo de autorreferencias verbales. Finalmente, explora la formación del yo-concepto, yo-contexto y yo-proceso.

Cargado por

verenicesanchezf
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

ANÁLISIS FUNCIONAL DE LA PERSONALIDAD

(Montgomery-Urday, 2020)

Ya desde el siglo anterior, Watson mencionaba que la personalidad es la suma de


las actividades factibles de descubrirse mediante una observación real de la
conducta, suficientemente larga como para que pueda suministrarnos una
información segura. Es decir que la personalidad sería el producto final de nuestros
sistemas de hábitos. Por lo tanto, estos son identificables a través de corrientes
consistentes y estables de actividades recreativas, gestuales, interpersonales, de
prácticas morales, sociales, de reacciones emocionales.

Para el conductismo radical de Skinner la personalidad es la convergencia de


aspectos biológicos y sociales. No es, en este sentido, un constructo válido como
agente causal del comportamiento, ya que depende de las contingencias
ambientales (antes-durante-después) que determinan la conducta a través de sus
consecuencias gratificantes y no gratificantes (conducta operante). El énfasis que
Skinner le da a las contingencias no impide que considere procesos de autocontrol
personal, gracias a la facultad dada por la conducta verbal para permitir
autorregular, autosondear, autorreforzar y autoinstigar el propio comportamiento,
entre otras posibilidades. En esta línea, para Harzem (1984), el análisis conductual
sería capaz de resolver cuestiones tales como esclarecer aquellos tipos de
experiencia con efectos transitorios o duraderos sobre el individuo, o de qué
manera las exposiciones previas a ciertas contingencias determinan patrones de
comportamiento actuales, y si aquellos se pueden cambiar y en base a qué
procedimientos.

La personalidad desde el análisis funcional de la conducta verbal, empieza con


Kohlemberg y Tsai (2001), quienes señalan que las autorreferencias verbales bajo
control de estímulos relevantes, tales como los “tactos” (rotulaciones) sobre sí
mismo, emergen como unidades funcionales independientes en el transcurso del
desarrollo humano gracias a un proceso por el cual éstas se transfieren, poco a
poco, del lenguaje público utilizado por los padres al lenguaje privado del infante,
traduciéndose en la posibilidad de un informe verbal del “yo” y en una relación
entre el sí mismo y el ambiente. Proceso de moldeamiento progresivo de las
autorreferencias que lleva al informe verbal del “Yo”.

A esta génesis del yo se le ha llamado “fenomenológica” desde una perspectiva


contextual, porque da cuenta de la experiencia psicológica (o privada) sin salir del
marco de la triple contingencia, puesto que la autoexperiencia de ver, sentir y
pensar no implica necesariamente tener una representación mental, aunque ser
consciente de algo, gracias a los marcos deícticos del lenguaje que permiten la
toma de perspectiva y puedan inducir al sujeto a pensar o sentir que alberga un
“ser interior” dentro de su persona (Martin y Ferro, 2016).
Las cuestiones relativas al intrincado problema de la formación del “yo-
conceptualizado”, “yo-contexto” y “yo-pro-ceso”, son tratadas extensamente por
Hayes, Strosahl y Wilson (2012/2014). El “yo-concepto” tiene su origen en los
aprendizajes discriminativos de autorreconocerse en base a categorizaciones
socioculturales sobre las diferentes características personales (gustos, carácter,
etcétera) del individuo; el “yo-contexto” implica la trascendencia del yo como
perspectiva, dada por la continua utilización verbal de comparaciones y otros tipos
de conexión en marcos relacionales de distinción de identidades (por ejemplo “yo-
tú-otros”), de espacialidad (por ejemplo “acá-allá”, “cerca-lejos”) y los marcos
temporales (por ejemplo “ahora-antes-luego”); y el “yo-proceso” viene a ser el yo
“autoconsciente” de la experiencia inmediata o relación con uno mismo en el aquí y
el ahora

También podría gustarte