CARLOS ARTURO GUARÍN JURADO
Magistrado ponente
SL099-2022
Radicación n.° 88770
Acta 01
Bogotá, D. C., diecisiete (17) de enero de dos mil
veintidós (2022).
Decide la Sala el recurso de casación interpuesto por
MARÍA ROMELIA HERNÁNDEZ DE PATIÑO contra la
sentencia proferida por la Sala Laboral del Tribunal Superior
del Distrito Judicial de Medellín, el diecinueve (19) de
noviembre de dos mil diecinueve (2019), en el proceso que le
instauró a la ADMINISTRADORA COLOMBIANA DE
PENSIONES, COLPENSIONES.
AUTO
Se reconoce personería a la doctora Rosalba Chica
Córdoba con T.P 13.763 del CSJ, como apoderada sustituta
de la Administradora Colombiana de Pensiones,
Colpensiones, en los términos y para los efectos del poder y
el memorial anexo al expediente digital de la Corte.
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I. ANTECEDENTES
María Romelia Hernández de Patiño demandó a
Colpensiones para que se le reconociera la pensión de
sobrevivientes por el deceso de su cónyuge, a partir del 16 de
abril de 2015, junto con las mesadas pensionales ordinarias
y adicionales causadas, teniendo en cuenta «el subsidio del
aporte a que tenía derecho el afiliado en vida, en el régimen
subsidiado en pensión […] durante los ciclos comprendidos
entre enero a diciembre de 2013 y el ciclo de enero de 2014»,
más los intereses moratorios, lo que resultare probado y las
costas.
Relató que el 13 de diciembre de 1976, contrajo
matrimonio católico con José Raúl Patiño Mejía; que convivió
con su cónyuge por más de 39 años hasta su muerte,
acaecida el 16 de abril de 2015; que dependió
económicamente de aquél; que el causante acumuló 1176
semanas o más, cotizadas en toda su vida laboral; que dentro
de estas se incluían 50 semanas que fueron aportadas con
anterioridad a su fallecimiento.
Afirmó que su esposo, en los últimos años, estuvo
afiliado al régimen subsidiado; que solicitó a la convocada el
reconocimiento de la pensión de sobrevivientes; que con
Resolución n.° GNR364758 de 19 de noviembre de 2015 se
le negó la prestación, bajo el argumento que existía
inexactitud en el reporte de algunos aportes y que no se
cumplía la densidad de semanas exigidas, esto es, 50
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semanas dentro de los tres años anteriores.
Manifestó que en contra de ese acto administrativo,
interpuso recurso de apelación, pero fue confirmada la
determinación inicial; que la demandada adujó que los ciclos
de febrero de 2013 a enero de 2014 no aparecían cotizados
por el afiliado, lo cual no era cierto por cuanto el pago se
realizó mediante consignaciones en el Banco Agrario, a través
de Servientrega S. A., con el talonario o libreta de pagos
remitido al domicilio del asegurado por Colpensiones, por
medio del consorcio Prosperar, hoy Colombia Mayor; que fue
el Estado el que dejó de pagar el subsidio de esos ciclos,
afectando el derecho pensional.
Arguyó que ni Colpensiones ni el consorcio le
notificaron a su esposo la decisión de no pagar y que esta fue
la razón para negar la prestación; que al revisar la historia
laboral de éste, se encontraba que aportó entre 1977 y 2014
(enero), más de 1170 semanas, de las cuales 70 o más se
cotizaron en los tres últimos años; que en su momento, su
pareja solicitó se aclarara o corrigiera el reporte de semanas,
ya que el periodo de 2013 no aparecía como pagado; que el
27 de marzo de 2014, la demandada le indicó que este
interregno aparecía en deuda.
Afirmó que pese a que el causante pagó su parte del
aporte, 11 meses después se le informó, de manera arbitraria
y unilateral, que había quedado desvinculado del Consorcio
Colombia Mayor a partir de abril de 2013; que además, a la
hija del afiliado, se le dijo que la causa de la mora era el no
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pago del subsidio por parte de Colpensiones; que pese a que
esta entidad recibió los aportes, le comunicó a su consorte
que no tenía derecho a seguir cotizando; que aquél siempre
obró de buena fe y con la convicción de estar asegurado.
Refirió que el causante era beneficiario del régimen de
transición del artículo 36 de la Ley 100 de 1993 y acumuló
más de las 1000 semanas que le exigía el Decreto 758 de
1990; que si hubiera alcanzado los 60 años antes de fallecer
habría obtenido la pensión de vejez y dejado causada su
sustitución; que dentro de los tres últimos años acumuló «89
semanas», es decir, más de las exigidas para que ella
obtuviera la pensión de sobrevivientes del artículo 12 de la
Ley 797 de 2003, que modificó el artículo 46 de la Ley 100 de
1993.
Agregó que tenía más de 62 años, que no ejerció
actividad económica alguna; que fue dependiente y
beneficiaria en salud de su esposo y requería de la pensión
para tener una vida digna (f.º 1 al 19, cuaderno principal).
Colpensiones se opuso a las súplicas. Admitió, la
afiliación del causante al régimen subsidiado, el vínculo
matrimonial con la demandante, la solicitud de la prestación,
los actos administrativos y los argumentos esbozados para
no reconocerla.
Negó los demás supuestos o manifestó que no le
constaban.
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Aclaró que el afiliado no fue beneficiario del régimen de
transición; que no se acreditaron los requisitos de la norma
vigente para el deceso de aquél, esto es, las 50 semanas
dentro de los tres años anteriores al perecimiento, según el
artículo 12 de la Ley 797 de 2003 y que no era clara la
responsabilidad que la actora trataba de endilgarle.
Formuló las excepciones de mérito de inexistencia del
derecho, buena fe, cobro de lo no debido, prescripción y la
innominada o genérica (f.º 82 a 93, cuaderno principal).
II. SENTENCIA DE PRIMERA INSTANCIA
El Juzgado Veinte Laboral del Circuito de Medellín, el
17 de julio de 2019, resolvió:
PRIMERO: Condénese a la Administradora Colombiana de
Pensiones, Colpensiones, representado legalmente por el Doctor
Juan Miguel Villa Lora o quien haga sus veces, al reconocimiento
y pago de la pensión de sobrevivientes a favor de la señora María
Romelia Hernández de Patiño, […], que cuantificó el despacho de
manera retroactiva sobre el importe de 13 mesadas por cada
anualidad, desde (...) el 16 de abril de 2015 hasta el mes de julio
de 2019, arrojando un valor igual a reconocer de
($40.627.501,oo) por las razones indicadas en la parte motiva de
la providencia.
SEGUNDO: SE ADVIERTE, a la Administración Colombiana de
Pensiones, COLPENSIONES, que sin mayores dilaciones a partir
del mes de agosto de 2019 y en adelante, deberá incluir en
nómina de pensionados a la demandante y seguir cancelando
una mesada pensional no inferior a la suma de $828.116, para
el año en curso; tanto en las ordinarias como en la adicional de
fin de año que le corresponda, sin perjuicio de los incrementos
anuales decretados por el Gobierno Nacional para cada
anualidad.
TERCERO: CONDENAR a COLPENSIONES, a reconocer y pagar
a la demandante; ya identificada, la suma $5.814.300 por
concepto de indexación.
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CUARTO: SE ABSUELVE a la Administración Colombiana de
Pensiones, COLPENSIONES, de los intereses moratorios
invocados en su contra por las razones indicadas en la parte
motiva de esta providencia.
QUINTO: SE CONDENA en costas a la entidad accionada y a favor
de esa demandante, de conformidad al Acuerdo 1887 de 2003 y
se fijan en la suma de ($1.656.232), a 2 SMLMV las cuales se
tasarán al momento de liquidar las costas procesales (acta de f.º
127, en relación con el CD f.º 128, ib).
III. SENTENCIA DE SEGUNDA INSTANCIA
La Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito
Judicial de Medellín, al decidir el grado jurisdiccional de
consulta en favor de Colpensiones, el 19 de noviembre de
2019, revocó la decisión del Juzgado, para en su lugar,
absolver a la demandada de todas las pretensiones.
Precisó que dilucidaría si a la demandante le asistía el
derecho a la prestación de sobrevivientes; que no se discutía:
i) que José Raúl Patiño falleció el 16 de mayo de 2015 (f.º 27,
ibidem), ii) que era casado con María Romelia Hernández (f.º
24 y 26, ib); iii) que ésta solicitó la prestación y mediante
Resolución n.° GNR 364758 de 19 de noviembre de 2015 se
le negó por cuanto, a pesar del primero acumular 1086
semanas aportadas en toda la vida, no contaba con 50 dentro
de los tres últimos años, anteriores a su muerte; iv) que la
reclamante interpuso recurso de reposición y, en subsidio,
de apelación, pero en ambos la decisión primaria fue
confirmada con la Resolución n.° 40867 del 8 de febrero de
2016 (f.º 34 a 41, ibidem).
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Afirmó que la norma aplicable a efectos de determinar
la procedencia de la prestación era la vigente al momento del
deceso del afiliado, es decir, los artículos 12 y 13 de la Ley
797 de 2003, que modificaron el 46 y 47 de la Ley 100 de
1993; que, en el caso concreto, no se encontraba acreditado
el requisito de densidad de 50 semanas dentro de los tres
años anteriores al deceso, pese a que el afiliado tenía un
acumulado de 1086 semanas.
Adujo que con el testimonio de Adriana Patricia Patiño,
hija del causante, quedó demostrado el requisito de
convivencia, pues aseguró que sus padres estaban casados y
nunca se separaron; que también indicó que su progenitora
era ama de casa y dependió económicamente de aquél y que
en la actualidad, con sus otros dos hermanos trataban de
colaborarle, pero ya se estaban yendo de la casa y tenían sus
obligaciones propias.
Refirió que la testigo María Elena Osorio Henao, amiga
de la demandante, afirmó que: i) el afiliado no tenía bienes
distintos a la casa donde vivió con la reclamante, ii) que la
señora Hernández de Patiño no tenía ninguna renta, ni
propiedad y continuaba viviendo en el mismo inmueble que
habitaba con el asegurado, iii) que después de la muerte de
aquél recibía lo que sus hijos le enviaban, iv) que el afiliado
murió por un aneurisma y que para aquel momento no
trabajaba para alguna empresa, sino que se dedicaba a las
labores del campo, pues era agricultor, v) que las exequias se
llevaron a cabo en el Municipio de Sonsón, vi) que se enteró
que el afiliado estaba «haciendo vueltas porque no le llegó la
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libreta con que hacía los aportes mensuales y en esa espera
murió».
Sostuvo que en la declaración, Jenny Victoria Patiño
expresó: i) que conocía a la promotora 20 años atrás, ii) que
el afiliado y la actora siempre vivieron juntos y no estuvieron
separados, iii) que los hijos de la demandante eran
independientes, iv) que la accionante seguía viviendo en la
finca donde convivió con José Raúl, v) que el finado era quien
respondía por los gastos del hogar, vi) que se enteró que a
éste no le llegaba la libreta de los aportes a pensión y que
una abogada le dijo que pidiera la historia laboral, vii) que al
recibir el reporte de semanas se dio cuenta que Colpensiones
no estaba pagando el subsidio de Colombia Mayor y, viii) que
le dijeron que el afiliado tenía derecho a 10 años de subsidio
por la ocupación y el salario que ganaba.
Reseñó que en lo relativo al requisito de cotizaciones, la
demandada negó su cumplimiento por tener 49,27 semanas
en los tres últimos años; que el artículo 28 de la Ley 100 de
1993 y el 28 del Decreto 3771 de 2007 establecían la
parcialidad y temporalidad del subsidio; que para la época en
que el afiliado empezó sus cotizaciones en el régimen
subsidiado, esto es, el «30 de diciembre de 2012 (sic)», estaba
en vigencia el documento Conpes 2833 de 1996, que sostenía
ese subsidio por 600 semanas; que luego esta densidad se
aumentó a 650 con el homólogo 3605 de 2009, por efecto del
artículo 2º Decreto 4944 de 2009.
Apuntó que conforme la probanza se encontraba que: i)
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el señor José Raúl Patiño Mejía fue afiliado en pensiones al
sistema subsidiado Consorcio Colombia Mayor, desde el 1º
de enero de 2004 hasta el 1º de abril de 2013 (f.º 30, ibidem),
ii) que su retiro del mismo se dio en razón a la temporalidad,
iii) que conforme la historia laboral de folios 114 a 120 ib,
para marzo de 1998, el causante estaba afiliado en el régimen
subsidiado por el consorcio Prosperar; iv) que si lo último era
cierto, la temporalidad cubría desde el 1º de abril de 1998
hasta el 31 de octubre de 2010; v) que en todo caso, también
se encontraba que:
[…] durante nueve meses de ese interregno no se tuvo en cuenta
aporte por no pago del actor porque el valor del subsidio fue
devuelto al Estado, verbigracia en la identificación
1999/05/08/09/10, 2000/01 y 2003/10 lo que implica que el
actor pudo extender hasta las 650 semanas, hasta el año
siguiente.
Señaló que no tenía incidencia que la hija del causante
refiriera que la mayor parte del tiempo se pagaron los aportes
con la libreta respectiva y que solo fue desde abril de 2013
hasta enero 2014, que se presentó el problema a que se ha
aludido, aunque realizaron los pagos oportunamente, como
lo demostraban los documentos de folio 51 a 71 ib; que era
lógico que no aparecieran tales aportes en la historia laboral
de folio 114 a 120 ibidem por las siguientes razones:
i) que aunque la libreta se entregaba cada año eso no
significaba que fueran válidos todos los pagos, pues no se
podía desconocer la cobertura de densidad establecida en el
artículo 2º del Decreto 4944 de 2009 y en el documento
Conpes 3605 de 2009 que la fijó en 650 semanas, ya que este
subsidio debía entenderse como un esfuerzo del Estado para
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que las personas beneficiarias pudieran pensionarse, pero
sin olvidar el límite temporal impuesto por la ley pues se
buscaba era la formalización del afiliado.
ii) que una vez se satisfacía la condición, Colombia
Mayor debía abstenerse de pagar a Colpensiones; que el
Estado le cumplió al causante con creces, porque le subsidió
más de las 650 semanas.
iii) que desde abril de 2013 aparecía en la historia
laboral del afiliado fallecido, la observación «deuda por no
pago del subsidio por el Estado»; que el 27 de mayo de 2014
Colpensiones manifestó que: a) los aportes fueron recibidos
por Colombia Mayor, b) que esta última no los había
trasladado a Colpensiones, por lo que se requirió al consorcio
mediante cuenta de cobro, para iniciar proceso de revisión y
giro de los mismos, previa aprobación del Ministerio del
Trabajo.
Aseveró que lo descrito, en todo caso, no implicaba que
la demandada tuviera que reconocer o sumar las semanas en
las que solo se cotizó el porcentaje por el afiliado, pues ese
era un asunto entre Colombia Mayor y el demandante.
iv) que cuando el afiliado empezó a recibir el subsidio,
el mismo solo se extendía por 600 semanas y aunque este
aumentó a 650, aquel debió conocer ese límite, sin que su
ignorancia sirviera de excusa; que al momento de iniciar el
programa, al beneficiario se le indicaba hasta cuando se
extendía la prerrogativa, así que:
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[…] la sorpresa que se llevó la hija del causante al saber que eran
650 semanas, no la eximía de la obligación de haber continuado
cotizando desde diciembre de 2013 hasta abril de 2015.
Es decir, estamos hablando de 16 meses, hasta la muerte del
finado, dado que aún en diciembre 2013, no obra pago del mismo
y en enero, no le llegó la libreta, como es lógico, pero no se
hicieron ningún tipo de cotizaciones, ni aún en la parte
proporcional, que correspondía a la causante como para poder
señalar por lo menos que se había violado el principio de la
confianza legítima, dado que desde enero del 2014 ya se tenía por
cierto, como lo afirmó la hija que había problemas para continuar
con el pago del subsidio por parte del Estado.
Coligió que las razones esbozadas eran suficientes para
revocar la decisión primigenia (acta de f.º 133, en relación
con el CD f.º 134, ibidem).
IV. RECURSO DE CASACIÓN
Interpuesto por la demandante, concedido por el
Tribunal y admitido por la Corte, se procede a resolver.
V. ALCANCE DE LA IMPUGNACIÓN
Pretende que la Sala case la sentencia de segundo grado
y una vez constituida en Tribunal de instancia, confirme la
decisión de primer grado (demanda de casación, cuaderno de
la Corte digital).
Con tal propósito, formula un cargo, por la causal
primera de casación, que fue replicado y pasa a estudiarse.
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VI. CARGO ÚNICO
Denuncia que la segunda sentencia trasgrede por la vía
de los hechos, por aplicación indebida, los artículos 8º, 24,
28 del Decreto 3771 de 2007; 1º al 6°, 46 y 47 de la Ley 100
de 1993, estos últimos modificados por los «2° y 3° de la Ley
797 de 2003»; 29 y 48 de la CP; 9° del Decreto 1858 de 1995,
modificado por el Decreto 2414 de 1998.
Afirma, que los quebrantos normativos se dieron como
consecuencia de los siguientes errores de hecho:
1- No dar por demostrado, estándolo, que se infringió el debido
proceso, al no existir la debida actuación aditiva y notificación al
asegurado José Raúl Patino Mejía del retiro al régimen del Fondo
de Solidaridad Pensional, infringiéndosele debido proceso y al
derecho a la defensa.
2- No dar por demostrado, estándolo, que la afiliación del
asegurado siguió vigente en la administradora de pensiones
Colpensiones, del régimen subsidiado, Fondo de Solidaridad
Pensional, durante y entre los años 2013 y 2014.
3- No dar por demostrado, estándolo, que las cotizaciones que
realizó el asegurado José Raúl Patino Mejía en el año 2013, de
los meses de enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, julio,
agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre, así como
enero de 2014, son eficaces y válidas para ser contadas en el
derecho de la prestación económica.
4- No dar por demostrado, estándolo que la Corporación
Colombia Mayor, se encuentra en mora en el pago del aporte
subsidiado del asegurado a Colpensiones de los ciclos
correspondientes al año 2013 y enero de 2014.
5- No dar por demostrado, estándolo, que Colpensiones no realizó
las acciones de cobro correspondientes, mediante las
herramientas legales que la legislación le otorga, para reclamar
los aportes del subsidio que le correspondía pagar a la
Corporación Colombia Mayor del subsidiado José Raúl Patiño
Mejía en los ciclos correspondientes al año 2013 y enero de 2014.
Refiere que el Tribunal negó la prestación por encontrar
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acreditadas solo 49,27 semanas en los tres últimos años,
pese a que la norma exigía 50; que en las Resolución n.° GNR
364758 de 19 de noviembre de 2015, n.° GNR 40867 de 8 de
febrero de 2016 y n.° VPB16777 de 13 de abril de 2016, en
las que se negó la prestación, se informó: i) «que en los ciclos
2013-04 y 2014-01, el afiliado realizó los pagos pero no se
registraba el subsidio del consorcio» y, ii) que Colpensiones
mediante radicado n.º 2015 11469323 procedió al cobro por
el no pago de los ciclos 2004/12, 2013/04 a 2014/01; que
por lo descrito solo se registraban aquellos ciclos en los tres
últimos años.
Acota que en respuesta a la solicitud de corrección y
actualización laboral, con Oficio n.º 2014 1424942 de 27 de
marzo de 2014, se le comunicó que aunque verificada la base
de datos, se observaba que el afiliado realizó el pago de los
aportes que reflejaban, la anotación «deuda por no pago del
subsidio por parte del Estado», indicaba que todavía no se
había girado el subsidio por parte del consorcio Colombia
Mayor (Prosperar) y, por tanto, Colpensiones lo había
requerido mediante cuenta de cobro, para iniciar los
procesos de revisión y giro de los mismos, previa aprobación
del Ministerio del Trabajo.
Apunta que en el plenario también se encuentra la
constancia solicitada el 1º de diciembre de 2015 por la hija
del causante al consorcio, en la que se le informó que el
causante estuvo vinculado al Fondo de Solidaridad
Pensional, Programa de Subsidio al Aporte en Pensión como
independiente urbano, desde el 1º de enero de 2004 hasta el
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1º de abril de 2013 y que el motivo de su retiro fue el de
«temporalidad».
Refiere que en el expediente también se encuentra la
historia laboral analizada por el juez plural, en la que se
constata que el causante era beneficiario del régimen
subsidiado y «causó de buena fe la cotización al sistema del
año 2013 y enero de 2014, a través del talonario de pago que
envió Colpensiones, documentos oficiales que fueron
aceptados en el Banco Agrario del Municipio de Sonsón (Ant.)»;
que todos los pagos le fueron recibidos al afiliado sin
reproche alguno por parte de la administradora de
pensiones; que en el expediente tampoco obra prueba de los
aportes en los términos del artículo 9° del Decreto 1858 de
1995, con la modificación introducida por el 2414 de 1998.
Expresa que conforme la documental indicada se
acredita que los aportes que realizó el asegurado en vida,
continúan depositados en Colpensiones; que la afiliación no
fue cancelada durante los años 2013 y 2014; que éste
continuó siendo beneficiario del régimen subsidiado; que
existieron manifestaciones de aceptación y actos positivos
por parte del Fondo de Solidaridad Pensional, a través del
consorcio Colombia Mayor y de Colpensiones, pues las
cotizaciones nunca fueron rechazadas o afectadas de validez
y aparecían reflejadas en la historia laboral; que en esta
última tampoco aparecía anotación de desafiliación u otra
constancia que acreditara que durante el 2013 y 2014, el
afiliado no estuvo vinculado al régimen subsidiado.
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Expone que incluso el segundo juez dio por acreditado
que desde abril de 2013, en la historia laboral aparecía
registrada la observación «deuda por no pago del subsidio por
el Estado» y que en la respuesta del 27 de mayo de 2014,
Colpensiones había indicado que los aportes fueron recibidos
por Colombia Mayor; que fue esa entidad del sistema
pensional la que no realizó las acciones de cobro
oportunamente y solo procedió a realizarlas cuando se
solicitó la pensión de sobrevivientes, como lo acredita la
comunicación que expidió.
Advierte que en la decisión impugnada se indicó que
José Raúl Patiño Mejía recibió los subsidios del Fondo de
Solidaridad Pensional por el periodo comprendido entre
marzo de 1998 y el 31 de marzo de 2013, equivalente,
aproximadamente, a 750 semanas, por lo que fue
desvinculado del programa en atención a la temporalidad que
establecía el artículo 28 del Decreto 3771 de 2007; que pese
a ello, el Tribunal no advirtió que no existía comunicación o
notificación expedida por el Consorcio o por Colpensiones
con la que se hubiera avisado al afiliado el retiro del régimen
subsidiado y, menos aún, como desatinadamente lo señaló
la segunda instancia, que al inicio del beneficio se le hubiera
indicado el número de semanas por el que se extendía.
Explica que el asegurado se enteró de su desvinculación
del régimen subsidiado por las averiguaciones que realizó su
hija, «cuando en el mes de enero de 2014, no llegó el talonario
del régimen subsidiado de Colpensiones y solicitó mediante
escrito a esta entidad, el reclamo de la historia Laboral; que
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allí recibió la comunicación de 27 de marzo de 2014»; que a su
vez, ella se puso en contacto con el Fondo de Solidaridad
Pensional y fue esta entidad la que le informó que la causa
de la desvinculación había sido la temporalidad.
Plantea que en algunos casos, en que las diferentes
entidades realizaron actuaciones tendientes a privar a los
afiliados de beneficios sociales, como los subsidios, o que se
trataba de prestaciones económicas como las relativas a las
contingencias de IVM, la jurisprudencia, en sentencias como
las CC T043-2016 y CC T149-2002 había sido enfática en
indicar que la toma de estas determinaciones debía
garantizar el debido proceso; que en el particular, al afiliado
se le privó del subsidio de forma automática, sin aviso o
notificación; que al desconocer esa situación, realizó de
buena fe los aportes que le correspondían y nunca le
informaron ninguna anomalía.
Anota que las cotizaciones son válidas y eficaces y su
contabilización permite acceder al derecho de sobrevivientes;
que con estas se superan las 50 semanas en los tres años
anteriores al deceso del asegurado; que era obligación de
Colpensiones y del Consorcio Colombia Mayor notificarle su
determinación a éste y permitirle ejercer su derecho de
defensa a fin de
[…] demostrar que su situación económica precaria no había
cambiado, que no estaba en la posibilidad de ingresar al régimen
contributivo, que tenía 59 años, que estaba para completar las
semanas requeridas para obtener su pensión de vejez; no llegaba
a la edad límite de los 65 años para gozar del beneficio del
subsidio del fondo de solidaridad pensional.
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Puntualiza que de acuerdo con los artículos 29 de la Ley
100 de 1993 y 24 del Decreto 3771 de 2007, tenía la
posibilidad de gozar del subsidio del fondo de solidaridad que
se extiende hasta los 65 años, momento para el cual el
afiliado ya habría cumplido los requisitos exigidos para el
reconocimiento de la pensión de vejez o, de lo contrario, la
entidad administradora respectiva devolvería el monto de los
aportes subsidiados, con los correspondientes rendimientos
financieros a dicho fondo.
Asegura que el señor José Raúl Patiño accedió al
subsidio por su precaria situación económica como
trabajador del campo; que por ello se le clasificó dentro de la
población más vulnerable y para los años de 2013 a 2015
dicha situación no cambió; que prueba de lo descrito era que
laboraba como agricultor, era beneficiario del régimen de
subsidio y era cabeza de familia, como se expresó en el
interrogatorio de parte y los testimonios.
Aduce que la omisión del consorcio en remitir el pago
de los subsidios a Colpensiones, por los periodos de 2013 y
2014, no debía afectar la concesión de su derecho, máxime
si se tenía en cuenta su edad de 66 años y su delicado estado
de salud; que no podía endilgársele culpa a quien tenía la
expectativa legítima y fundada de que el Estado pagaría la
parte de la cotización a su cargo; que lo expuesto se
soportaba en lo adoctrinado en la decisión CSJ SL13542-
2014.
Insiste que Colpensiones envió el talonario de pagos
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correspondiente al año 2013 y enero de 2014; que cada mes
el afiliado, de buena fe, pagó el aporte en la oficina del Banco
Agrario del municipio de Sonsón, Antioquia; que ello fue
aceptado, asentado y reportado en la historia Laboral, pero
Colpensiones no presentó objeción ni realizó devolución de
sus aportes; que la demandada no recibió ninguna orden
judicial, ni notificación, por parte de Colombia Mayor, que
indicara que estos pagos no eran válidos o fueron
rechazados; que pese al actuar omisivo de la entidad
pensional en el cobro de los subsidios, era procedente el
reconocimiento de la prestación (demanda de casación,
cuaderno de la Corte digital).
VII. RÉPLICA
Advierte que la acusación presenta falencias técnicas,
ya que denuncia la interpretación errónea de diferentes
normas, pero omite precisar cuál fue la equivocación
cometida y la exégesis correcta que debía adoptar; que
tampoco puntualizó el yerro protuberante que se configuró y
cómo se derruía la presunción de legalidad que cobijaba la
decisión impugnada; que el cargo se asimilaba a un alegato
de instancia.
Afirma que si superaran esos dislates, en todo caso, no
podría concederse el derecho pensional, toda vez que el
asegurado no dejó causada la pensión de sobrevivientes, al
no estar acreditado el requisito de semanas mínimas
aportadas; que la colegiatura obró conforme a derecho; que
la recurrente tenía el deber de acreditar las causales que
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Radicación n.° 88770
permitían la concesión del derecho pensional y que derruían
la sentencia atacada; que de las pruebas arrimadas no se
derivaban las razones por las cuales, la prestación debía
concederse, ni se lograron desestimar las razones esbozadas
por el Colegiado para negarla (escrito de oposición, cuaderno
de la Corte expediente digital).
VIII. CONSIDERACIONES
No es atendible el reparo técnico puesto de presente por
la parte opositora en cuanto aduce que la censura desatinó
al exponer la interpretación errónea de algunos preceptos y
no precisar en qué consistía esa equivocación, pues de la
acusación se advierte sin dificultad, que la modalidad de
violación seleccionada para enderezar el ataque fue la de
aplicación indebida, en armonía con la orientación del cargo
por la vía de los hechos, en relación con lo cual denunció que
la segunda sentencia ordinaria presenta cinco yerros fácticos
protuberantes.
Pese a ello, existen otras imprecisiones de índole formal
en la impugnación, que no pasan desapercibidas para la
Sala, como lo es que, a pesar de la vía indirecta escogida para
plantear la acusación contra el segundo proveído, no se
enlisten los medios de convicción que, ora por su indebida
apreciación ora por su falta de valoración, desataron el
quintero de equivocaciones fácticas a que hace alusión.
No obstante, en aplicación de la regla prevista en las
sentencias CSJ SL10453-2016 y CSJ SL2600-2018, para la
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Sala resulta superable esa deficiencia, debido a que dentro
de los argumentos que sirven de sustento a aquella, emerge
que la recurrente cuestiona por errónea la apreciación que la
segunda instancia hizo de la historia laboral del afiliado
fallecido, así como de las resoluciones emitidas en relación
con la situación de éste y la derecho habiente, más de la
Comunicación del 27 de marzo de 2014 y la Certificación del
1º de diciembre de 2015, objetando, además, las
conclusiones que de esas probanzas se asentaron en el fallo
gravado con el recurso no ordinario.
Igualmente, aunque se percibe una inserción de
aspectos jurídicos o derecho en un ataque dirigido por la
senda indirecta que, como lo ha adoctrinado esta Corte, no
encuentran cabida en la misma, ello no compromete el
estudio de fondo del mismo, pues con apego a la regla
descrita en la providencia CSJ SL1168-2018, es posible
separar los reparos fáctico probatorios a la conclusión
central de la segunda decisión, relativos a: i) la inexistencia
de una notificación previa al afiliado sobre la suspensión del
subsidio al aporte pensional; ii) las cotizaciones realizadas
por éste en la porción que le correspondían, recibidas sin
objeción por la aseguradora demandada y, iii) el
cumplimiento, de todas formas, del requisito de semanas
mínimas aportadas, para que la recurrente pudiera acceder
a la pensión de sobrevivientes que aquél dejó causada.
Circunstancias a la que se suma como relevante, el
hecho que lo discutido compromete un derecho como el de la
pensión, que tiene protección no solo legal sino
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Radicación n.° 88770
constitucional, lo cual impone a la Corporación superar
aquellas inconsistencias y realizar el control de legalidad de
la decisión impugnada, que se le reclama.
Asentado lo anterior, se precisa que, pese a la senda
elegida para el ataque, no existe controversia en cuanto a: i)
que José Raúl Patiño se encontraba afiliado al régimen
subsidiado en pensiones desde marzo de 1998; ii) que no era
beneficiario del régimen de transición, por cuanto a 1º de
abril de 1994, no contaba con 40 años ni 15 de servicios o su
equivalente en aportes; iii) que falleció el 16 de mayo de 2015;
iv) que María Romelia Hernández era su cónyuge y convivió
con él hasta su deceso (f.º 24 y 26, cuaderno principal); v)
que ésta requirió la pensión de sobrevivientes, pero la
demandada la negó, tras indicar que, aunque el asegurado
aportó 1086 semanas en toda su vida laboral, no tenía 50
semanas cotizadas dentro de los tres años anteriores a su
muerte; vi) que la anterior determinación fue confirmada por
Colpensiones al resolver los recursos de reposición y
apelación.
También conviene rememorar que el juez plural estimó
que no era posible conceder a la actora la prestación de
sobrevivientes, al no encontrarse acreditado el requisito de
semanas del artículo 12 Ley 797 de 2003, que modificó el
artículo 46 de la Ley 100 de 1993, vigente para la fecha del
deceso del afiliado.
Lo previó tras precisar desde lo fáctico que:
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i) aunque con los comprobantes de folio 51 a 57 y la
Comunicación del 27 marzo de 2014, se demostraba que el
afiliado realizó el pago de la proporción que le correspondía
respecto de algunos aportes entre abril de 2013 y enero de
2014, los mismos aparecían en la historia con anotación de
«deuda por no pago del subsidio por el Estado», no reflejados
en el total acumulado de 1086,14 semanas.
ii) que la negativa de Colpensiones en la contabilización
de estos aportes guardaba concordancia con la Certificación
expedida por el Consorcio Colombia Mayor el 1º de diciembre
de 2015, en la que se indicaba que el subsidio del actor se
extendió hasta el 1º de abril de 2013 y que el motivo del retiro
fue la temporalidad del mismo, al estar cubiertas las 650
semanas que le correspondían en su categoría de trabajador
rural independiente.
iii) que al descontarse los citados aportes, no se
encontraba cumplido el requisito de los 50 ciclos sufragados
dentro de los tres últimos años anteriores a la muerte,
previsto en el artículo 12 Ley 797 de 2003, imperante para el
momento del fallecimiento del asegurado, pues solo
alcanzaba 49,27 semanas en dicho lapso.
Pues bien, la orientación del cargo no impide a la Sala
recordar algunos aspectos del marco normativo del régimen
subsidiado en pensiones, relevantes para determinar si el
Tribunal incurrió en la equivocación fáctica que se le
enrostra.
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Radicación n.° 88770
En desarrollo de los principios de universalidad y
solidaridad y del artículo 48 de la Constitución Política, el
legislador, a través de los artículos 25 a 30 de Ley 100 de
1993, creó el Fondo de Solidaridad Pensional cuyo objeto no
es otro que el de propender por una ampliación de cobertura
pensional, mediante el subsidio a las cotizaciones de ciertos
grupos poblacionales, que por sus condiciones sociales o
económicas se encontraban en desventaja para sufragar las
semanas exigidas en el subsistema de pensiones.
El artículo 25 ib., le otorgó la competencia al gobierno
nacional para que reglamentara los aspectos relacionados
con el funcionamiento y destinación de los recursos de dicho
fondo, lo cual se materializó inicialmente a través de los
Decretos 1127 de 1994, 1859 de 1995 y 569 de 2004, que
posteriormente fueron derogados por el 3771 de 2007 y
modificado por el 4112 de 2004 y 4944 de 2009, compilados
en el Único Reglamentario 1833 de 2016.
En esos preceptos se fijaron como beneficiarios del
régimen subsidiado de pensiones, entre otros, a los
trabajadores asalariados o independientes del sector rural y
urbano, que carecieran de suficientes recursos para efectuar
la totalidad de los aportes para pensionarse, mientras en los
artículos 26 y 28 de la Ley 100 de 1993, se previó que este
subsidio era temporal y parcial.
El legislador le otorgó al Consejo Nacional de Política
Económica - CONPES-, la función de diseñar el plan de
extensión de cobertura, de manera que determinara
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Radicación n.° 88770
periódicamente los grupos poblacionales beneficiarios, el
monto de los subsidios a conceder a cada uno, las
modalidades y la temporalidad de dicho subsidio.
Bajo tales directrices, se fijó el plan de extensión de
cobertura del régimen subsidiado, a través de los diferentes
documentos Conpes emitidos anualmente, siendo los
primeros de estos, el 2753 de 1995, 2833 de 1996 y el 2913
de 1997. Este último, por ejemplo, para 1998, mantuvo la
cobertura y temporalidad de los años 1996 y 1997 y, en lo
que respecta a los trabajadores independientes y asalariados
sin transición y con edad entre los 35 y 65 años, fijó una
temporalidad de 600 semanas. Esta extensión del beneficio,
se mantuvo hasta la reforma pensional introducida por la Ley
797 de 2003, que con el Documento Conpes Social 70 de
2003, para igual grupo poblacional del sector rural y urbano,
la redujo a 500.
Después, el Decreto 3771 de 2007, en su artículo 28
original, previó que la temporalidad del subsidio para todos
los grupos poblacionales correspondía a 750 semanas de
cotización, de conformidad con lo señalado por el Consejo
Nacional de Política Social.
Sin embargo, con la expedición del Decreto 4944 de
2009, que modificó el Decreto 3771 de 2007, se dejó sentado,
en el artículo 28, que la temporalidad del subsidio
equivaldría a las semanas de cotización señaladas en el
Documentos Conpes 3605 de 2009.
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En efecto, en este instrumento se volvió a categorizar el
grupo de trabajadores independientes, tanto del sector rural
como urbano y se fijó una de 650 semanas para los
independientes rurales del RPMPD, entre 35 años y 55 años,
y para los del RAIS de 500 semanas.
No obstante, el artículo 3° del Decreto 4944 de 2009,
también indicó que quienes venían disfrutando del beneficio
del mismo antes de su expedición, continuarían recibiendo el
subsidio en las mismas condiciones establecidas al momento
de su ingreso.
Lo decantado permite evidenciar que, aunque el artículo
28 de la Ley 100 de 1993, fue claro en establecer que el
subsidio a los aportes en pensiones tiene una naturaleza
temporal y parcial, el lapso por el que se prolongan quedó
sometido a lo fijado periódicamente por Consejo Nacional de
Política Social – CONPES-, con la posibilidad de ser
modificadas las condiciones y grupos poblacionales en que
se dividía el beneficio, su extensión y monto, con sujeción a
los diferentes indicadores económicos y sociales vigentes
para la época o atendiendo las variaciones normativas
realizadas.
Evidencia de lo anterior, es que desde su creación y
hasta la expedición del Decreto 4944 de 2009, en lo que
atañe a la temporalidad de los trabajadores independientes
del sector rural, esta fluctuó, pasando de 600 semanas a 500,
luego a 750 semanas y posteriormente a 650; igual
circunstancia acaeció para los del sector urbano y demás
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Radicación n.° 88770
grupos poblacionales beneficiarios, tales como
discapacitados, ediles cesantes, población en extrema
pobreza, etc.
Aunado a ello, cumple memorar que el artículo 24,
literal c) del Decreto 3771 de 2007, consagró la posibilidad
de suspender la condición de beneficiario cuando se
cumpliera «el periodo máximo establecido para el
otorgamiento del subsidio», pero en atención a que estos
constituyen una verdadera manifestación del Estado Social
de Derecho, porque materializan los principios de
universalidad y solidaridad de la seguridad social y permiten
una redistribución de ingresos en favor de quienes no tienen
los recursos para acceder a una pensión, la jurisprudencia
ha sido constante en indicar que su privación no opera de
forma automática ni de pleno derecho, sino que es preciso
verificar el cumplimiento de la garantía al debido proceso
administrativo, es decir, que se constante que la entidad
encargada del pago, de manera previa a la suspensión del
beneficio, notifique al interesado su determinación y le
permita ejercer su derecho de contradicción y defensa.
Así se dejó sentado por esta Sala de la Corte, al analizar
casos de similares contornos a este, en la sentencia CSJ
SL13542- 2014, reiterada en la decisión CSJ SL17912-2016.
En la primera de estas se indicó:
Según el artículo 24 ibidem, se pierde el derecho al subsidio,
cuando se adquiere capacidad para pagar íntegro el aporte,
cuando cese la obligación de cotizar, se cumpla el plazo máximo
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Radicación n.° 88770
para devengar el subsidio, o se deje de cancelar durante 6 meses
el aporte correspondiente, caso en el que «la administradora de
pensiones correspondiente, tendrá hasta el último día hábil del
sexto mes para comunicar a la entidad administradora del Fondo
de Solidaridad Pensional sobre tal situación, con el fin de que
esta proceda a suspender su afiliación al programa. En todo caso,
la administradora del Fondo de Solidaridad Pensional deberá
verificar que no se haya cobrado el subsidio durante este
período».
Significa lo anterior que ni la suspensión, ni la pérdida del
derecho al subsidio operan en forma automática y de pleno
derecho, sino que es indispensable que el Instituto informe a
PROSPERAR sobre la supuesta falta de pago del demandante de
la parte del aporte que le correspondía cancelar.
Para la Sala es claro, especialmente en situaciones que
involucran la afectación de un derecho de una connotación
esencial como el de acceder a la pensión de una persona de la
tercera edad, la necesidad de brindar la posibilidad de ponerse al
día en el pago de la fracción de la cotización a su cargo, lo cual
impone que la eventual falta de pago sea puesta en conocimiento
del interesado para que adopte la conducta que estime pertinente
en perspectiva de no comprometer su condición de beneficiario
del esquema solidario y no poner en riesgo el acceso a la pensión
de vejez. En todo caso, para que ejerza su derecho de
contradicción y defensa, que en esta ocasión fue menoscabado
por la enjuiciada, en la medida en que no adelantó alguna
diligencia para notificar al demandante de la supuesta
irregularidad en el pago de sus aportes; es decir, le aplicó una
sanción sin enterarlo sobre las razones que la inspiraron
(subrayado fuera del texto original).
En igual sentido, lo ha indicado la jurisprudencia
constitucional, en sede de tutela, como se advierte en las
decisiones CC T142-2002, CC T225-2005, CC T478-2013,
CC T043-2016 y CC T321-2019.
En la última se indicó:
6.1. El debido proceso se encuentra consagrado en el artículo 29
del Texto Superior, el cual dispone que “se aplicará a toda clase
de actuaciones judiciales y administrativas.” En la Sentencia C-
214 de 1994, la Corte señaló que la materialización de este
derecho exige el respeto a los procedimientos previamente
diseñados en la ley para proteger a “quienes están involucrados
en [una] relación o situación jurídica, cuando quiera que la
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Radicación n.° 88770
autoridad judicial o administrativa deba [pronunciarse sobre] un
hecho o una conducta concreta, lo cual conduzca a la creación,
modificación o extinción de un derecho o [a] la imposición de una
obligación o sanción.”
En términos similares, en la Sentencia C-980 de 2010, la Corte
explicó que el derecho al debido proceso es un desarrollo del
principio de legalidad, ya que constituye un límite al ejercicio del
poder público. Asimismo, indicó que, en virtud de esta garantía,
“las autoridades estatales no [pueden] actuar en forma
omnímoda, sino dentro del marco jurídico (…), respetando las
formas propias de cada juicio y asegurando la efectividad de
aquellos mandatos que garantizan a las personas el ejercicio
pleno de sus derechos.”
6.2. De acuerdo con la jurisprudencia constitucional, el debido
proceso cobra especial relevancia en aquellos escenarios en los
cuales se priva a una persona de un beneficio, como un permiso,
una licencia o un subsidio. En el caso específico de programas
que buscan garantizar el derecho a la seguridad social a
personas que se encuentran en una situación de desventaja,
como el PSAP, este Tribunal ha destacado que las actuaciones
que se adelanten en este marco deben expresar “el ejercicio
racional y razonable de la función pública y de la justicia como
característica primordial del orden social.” Lo anterior, por
cuanto estos programas involucran recursos públicos y, además,
tienen como objeto evitar la exclusión social o mitigar sus
efectos.
Partiendo de esta base, en la Sentencia T-478 de 2013, la Sala
Primera de Revisión resolvió el caso de una madre comunitaria
que fue desafiliada del Programa de Subsidio al Aporte en
Pensión. En dicha ocasión, la Corte advirtió que el administrador
del Fondo de Solidaridad tomó dicha determinación sin
adelantar un procedimiento administrativo que le permitiera a la
tutelante ejercer su derecho de defensa y, en consecuencia,
otorgó el amparo solicitado.
Posteriormente, en la Sentencia T-339 de 2017, la Sala Quinta
de Revisión estudió una acción de tutela en la que se invocaba
la protección del derecho al mínimo vital de un adulto mayor,
garantía presuntamente vulnerada por el Consorcio Colombia
Mayor, al disponer la suspensión del subsidio económico que
percibía el agenciado. En dicha oportunidad, esta Corporación
resaltó que la actuación administrativa se encuentra reglada por
un conjunto de etapas, condiciones y exigencias contenidas en
las normas, por lo que el debido proceso exige que, en el ejercicio
de la función pública, las autoridades decidan la suerte del
particular con sujeción al ordenamiento jurídico.
En síntesis, como derecho fundamental, el debido proceso debe
garantizarse en las actuaciones administrativas y,
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especialmente, en aquellas que tengan como finalidad modificar
la situación de una persona que sea acreedora de un subsidio
estatal. La materialización de este derecho, supone que las
autoridades tomen la determinación correspondiente con plena y
total observancia de las condiciones, procedimientos y exigencias
previstas en las normas jurídicas, en cumplimiento del principio
de legalidad y que, a la par de lo previsto, le otorguen al
ciudadano la oportunidad de ejercer su derecho de defensa y
contradicción.
Así las cosas, la observancia de la garantía del debido
proceso administrativo no es extraña a los casos donde se
aduce la multicitada temporalidad como motivo de
suspensión o pérdida del subsidio, pues aunque en principio
pudiera aducirse que se trata de un parámetro objetivo,
previamente fijado por la autoridad facultada para ello, dada
su variación constante por sujeción a indicadores
económicos y sociales, es indispensable que el consorcio o
fiducia a cargo, entere de manera clara y previa a los
beneficiarios, no solo del tiempo por el que se prolongará su
subsidio, sino de eventuales cambios o permanencia del
mismo y su suspensión o pérdida, con el propósito primordial
que puedan objetar esas determinaciones y abogar por la
permanencia del beneficio.
Donde el anterior marco normativo y jurisprudencial,
deja ver que, efectivamente, la segunda instancia incurrió en
equivocación fáctica protuberante y manifiesta al valorar los
medios de prueba referidos en el cargo.
Así se dice, por cuanto al examinar la historia laboral
del asegurado fallecido (f.º 114 a 125 del expediente), a la par
del certificado emitido el 1º de diciembre de 2015 por el
Consorcio Mayor 2013 (f.º 30, ibidem), el Tribunal infirió
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Radicación n.° 88770
apresuradamente que los aportes correspondientes a los
meses de abril de 2013 a enero de 2014, que aparecían con
anotación de «deuda por no pago del subsidio por el Estado»,
no se habían pagado por parte del consorcio en razón a que
se produjo su retiro por temporalidad, presupuesto que a su
juicio, estaba plenamente justificado en el artículo 28 de la
Ley 100 de 1993 y en el Decreto 4944 de 2009, al solo estar
cubierto por 650 semanas.
Sin embargo, dicho juzgador no tuvo en cuenta, que los
medios de prueba allegados arrojaban datos disímiles sobre
la categoría que beneficiaba al señor Patiño, esposo
indiscutido de la recurrente, que dejaban sin soporte su
inferencia sobre el número de semanas subsidiadas a que
tenía derecho, porque por ejemplo, el certificado emitido por
el consorcio indicaba que el afiliado estuvo inscrito en calidad
de independiente urbano, mientras que ésta en el
interrogatorio de parte manifestó que aquél obtuvo el
subsidio por dedicarse a las labores del campo, circunstancia
que ya dejaba un manto de duda sobre el grupo poblacional
al que pertenecía dentro del programa de subsidio al aporte
en pensión y, por ende, respecto al tiempo que dicho
beneficio lo cubría, pues como se vio este fluctuaba
periódicamente, unas veces disminuyéndose u otras
incrementándose hasta topes de 750 semanas, dependiendo
del grupo en el que estuviera inscrito e incluso si este era del
sector rural o urbano.
Además, de la mencionada certificación, el juez de la
alzada tampoco podía derivar a ciencia cierta, desde cuándo
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Radicación n.° 88770
el asegurado estaba afiliado y recibiendo el citado beneficio
con el fin de definir cuál era la fecha límite de su concesión,
pues aunque esta indica que lo fue desde «1º de enero de
2004 y hasta el 1º de abril de 2003», la historia laboral deja
ver: i) que estuvo vinculado al régimen subsidiado desde el 1º
marzo de 1998; ii) que se solventaron efectivamente aportes
por parte del consorcio hasta el 30 de marzo de 2013,
equivalentes a 667,87 semanas y, iii) que los aportes
efectuados de abril de 2013 hasta enero de 2014 por el
asegurado, pertenecen al régimen subsidiado.
Así que estos medios de convicción, evaluados en su
conjunto, aunque demuestran que el afiliado disfrutó del
subsidio con anterioridad a la expedición al Decreto 4944 de
2009 y el Documento Conpes 3605 de 2009, en rigor no eran
plena prueba de la categoría o grupo poblacional a la que
estaba inscrito y, menos aún, que la temporalidad del
subsidio que lo cobijaba era de 650 semanas o que su límite
máximo se alcanzaba en abril de 2013, como lo infirió el juez
colectivo.
De otra parte, aunque el referido certificado del
Consorcio Colombia Mayor señala que a partir del 1º de abril
de 2013 operó el retiro del asegurado, como consecuencia del
arribo a ese límite temporal, en el plenario no obra probanza
que acredite que, en aras de salvaguardar su derecho de
defensa, se le dio a conocer al beneficiario esa determinación,
previo a su ejecución.
Por el contrario, de la documental obrante emerge que
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el Consorcio Colombia Mayor dio a conocer el motivo del
retiro del señor José Paul Patiño del programa de subsidio al
aporte, con posterioridad a su ocurrencia, pues nótese que
la anotada constancia se emitió el 1º de diciembre de 2015,
es decir, luego de la suspensión de los pagos subsidiados,
acaecida a partir de abril de 2013.
Igual sucede con la contestación de Colpensiones,
fechada el 27 de marzo de 2014, que permite evidenciar que
fue el afiliado quien, tras la suspensión del beneficio y pese
a sus pagos oportunos, se acercó a indagar por los ciclos en
que Colombia Mayor no había girado el subsidio,
indicándosele por parte de Colpensiones que se recobraría al
consorcio los subsidios dejados de trasladar.
Surge palmaria entonces la errada apreciación de las
mencionadas probanzas al concluir el juez colegiado que
acreditaban con suficiencia que a partir del 1º de abril de
2013, el señor Patiño Mejía había arribado al plazo máximo
para recibir el subsidio y que por esa circunstancia operaba
de manera automática la causal de retiro, pues en
concordancia con lo discurrido, ninguna acredita que se
cumplió el trámite de notificación al asegurado, previo a la
suspensión del beneficio, con la diligencia que supone la
adopción de una medida extintiva de tal significancia, si se
tiene en consideración la situación de vulnerabilidad
económica en que se encontraba aquél.
A lo que se suma que no es cierto, como lo asegura el
Tribunal, que la demandada hubiese dejado de expedir el
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Radicación n.° 88770
talonario con el que el señor Patiño Mejía debía consignar la
porción del aporte a su cargo para los meses de 2013, pues
los comprobantes de folios 63 a 71 ibidem dan cuenta que,
por lo menos, de enero a noviembre de 2013, el afiliado
realizó los citados pagos con los desprendibles entregados
por la convocada, los cuales no fueron desconocidos o
tachados en las oportunidades procesales pertinentes y, por
el contrario, se validaron y registraron como parte del
régimen subsidiado.
De esto último no solo da cuenta la misma historia
laboral que registra esos aportes, sino la Comunicación del
27 de marzo de 2014, en la que Colpensiones le informa al
causante que:
[…] observamos ciclos para los cuales usted realizó el pago y aún
no se ha girado el subsidio por parte del Consorcio Colombia
Mayor (antes Prosperar), por lo tanto, estos subsidios fueron
requeridos por Colpensiones, mediante cuenta de cobro, para
que dicha entidad inicie los procesos de revisión y giro de los
mismos, previa aprobación por parte del Ministerio de Trabajo.
De manera que la segunda instancia no podía
desconocer que los aportes proporcionales que fueron
efectuados por el afiliado para los periodos de abril a
noviembre 2013, hacían parte del régimen subsidiado, pues el
hecho de que se registran con la observación «Deuda por no
pago del subsidio por el Estado», no los invalidaban
automáticamente, ni impedía su conteo con el acumulado
general.
Así se enfatiza, primero, en razón a que esta
Corporación, con relevancia frente al asunto, ha indicado,
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Radicación n.° 88770
entre otras en la sentencia CSJ SL4403-2014, reiterada en
decisión CSJ13542-2014, que Colpensiones al recibir sin
objeción alguna los aportes efectuados, convalida la
existencia y eficacia de estos y, segundo, porque al no existir
probanza que demuestre que se puso en conocimiento del
aportante la supuesta extinción de pérdida del subsidio, como
ya se indicó, o que se hizo devolución de esos aportes según lo
dispone la ley, existía una confianza atendible del afiliado de
estar vinculado al programa de subsidio al aporte para
pensión, de donde la omisión del consorcio en el traslado de
los subsidios pertinentes, no podía impedir el conteo de esas
semanas, tal cual lo adoctrinó esta Sala de la Corte en la
providencia CSJ SL, 2 abr. 2014, rad. 50051, en la que se
orientó:
Como consideraciones de instancia, a más de las esgrimidas al
desatarse el recurso de casación, es pertinente añadir, que los
afiliados a las administradoras de pensiones no tienen por qué
asumir la carga de los errores u omisiones cometidos en el
procedimiento de recaudo de los aportes. Lo que implica en este
particular caso, que si el ISS guardó silencio ante la presunta
irregularidad cometida por el señor González Franco con el pago
de sus aportes para pensión y no le hizo la devolución de los
mismos en los términos del D.1858/1995 Art. 9, con la
modificación introducida por el D. 2414/1998 Art. 1º esto es, que
los aportes efectuados por la persona que perdió el subsidio, le
sean devueltos junto con sus rendimientos financieros, como si
nunca hubiese cotizado al sistema, es deber del juez considerar
las pruebas aportadas en el proceso.
Debió, pues, restarle mérito a una información reportada por la
entidad demandada, la cual no es suficientemente justificada,
máxime cuando se hace evidente que al afiliado en ningún
momento se le dio la oportunidad de efectuar algún tipo de
corrección. Por el contrario, se le privó del subsidio que estaba
recibiendo del Consorcio Prosperar, realidad que también
ignoraba, razón por la cual siguió efectuando sus aportes,
algunos de ellos como se pone de presente. Era obligación de la
entidad demandada, se reitera, cumplir con dicho trámite
administrativo y no perjudicar al afiliado.
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Lo cierto es que las cotizaciones que efectúen los afiliados al
sistema de manera anticipada son válidas, ya que no hay
ninguna norma que lo prohíba; antes por el contrario, de
conformidad con el D.2681/2003 art. 7º «los afiliados al Fondo
de Solidaridad Pensional, podrán pagar hasta 6 meses de aportes
por anticipado, en un solo pago […]»
De manera que el Tribunal no podía desconocer los aportes
efectuados por el afiliado, de los cuales obra plena prueba en el
proceso, patrocinando una situación particular de índole
administrativa, pues es un hecho indiscutido que el ISS en
ningún momento puso en conocimiento del aportante la
supuesta irregularidad que estaba cometiendo en la forma de
pago de sus aportes. Como tampoco obra prueba en el expediente
de que se le haya hecho devolución de los mismos. Por el
contrario, se observa que todos los pagos le fueron recibidos al
afiliado, sin reproche alguno por parte del Instituto demandado,
y que el subsidio fue devuelto al Consorcio Prosperar, situación
ésta que tampoco le fue informada al interesado.
Ahora bien, el hecho de que el ISS haya devuelto el subsidio al
Consorcio Prosperar, no le hace perder el derecho al afiliado, tal
como lo precisó el juez de primer grado, pues su deber ante todo
era haber ejercido las acciones de cobro contra el dicho
Consorcio, respecto de la parte que a ese ente le correspondía,
por cuanto el aporte del afiliado sí lo siguió recibiendo.
Adicionalmente, la circunstancia de que el Instituto demandado
haya seguido recibiendo sin objeción alguna los pagos efectuados
por el señor José Domingo González Franco, convalida la validez
de dichos aportes. Y siendo ello así, la demandante reúne los
requisitos establecidos en la norma para acceder a la pensión de
sobrevivientes, pues, se repite, el causante contaba con la
densidad de semanas suficientes, en los 3 años anteriores a la
fecha del deceso, tal como quedó demostrado en sede de casación
desde el punto de vista fáctico.
En este escenario para la Sala es claro que el Tribunal
erró al no contabilizar, por lo menos, las cotizaciones del
periodo comprendido entre el 1º de abril al 30 de noviembre
de 2013 equivalentes a 34,32 semanas, cuyo pago quedó
acreditado con los comprobantes de folios 63 a 71 ib. pues,
aunque existía una anotación por deuda del consorcio, no
existía razón atendible para negar su sumatoria al
consolidado general, menos aún en perspectiva de la
naturaleza del derecho esencial sobre el que se discurre.
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Por tanto, al ser un hecho indiscutible que, con
prescindencia de esos aportes, ya el afiliado reunía 49,27
semanas dentro de los tres años anteriores a su deceso,
resulta contundente que al proceder a la sumatoria de las
34,32, atrás señaladas, se satisfacen con suficiente las 50
exigidas en igual periodo para que la reclamante, en calidad
de cónyuge supérstite, acceda a la pensión de sobrevivientes
establecida en los artículos 12 y 13 de la Ley 797 de 2003,
que modificó el 47 y 48 de la Ley 100 de 1993.
Las razones anotadas resultan suficientes para que el
cargo salga avante y se case la segunda decisión.
Sin costas en sede extraordinaria, dada la prosperidad
del recurso.
IX. SENTENCIA DE INSTANCIA
En atención al grado jurisdiccional de consulta que se
surte en favor de la demandada y con apego a las
consideraciones vertidas en sede de casación, se confirmará
lo decidido en primera instancia, toda vez que al no discutirse
la calidad de afiliado de José Raúl Patiño Mejía, ni de
cónyuge supérstite de la promotora del juicio y estar
plenamente acreditados los requisitos de convivencia y
semanas de aportaciones, resulta procedente el
reconocimiento y pago de la prestación pensional en favor de
aquélla, a partir del 16 de abril de 2015, en cuantía de un
SMMLV, a razón de 13 mesadas anuales, tal y como lo ordenó
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el sentenciador de primer grado.
Tampoco surge equivocada la improcedencia de la
excepción de prescripción, pues la demandante elevó petición
de reconocimiento de la prestación en el año 2015, la cual se
decidió de manera definitiva por la demandada, al negar el
recurso de apelación, el 13 de abril de 2016 (f.º 45 y 46,
ibidem) y la demanda fue presentada el 1º de febrero de 2018
(f.º 1, ib), es decir, sin que transcurriera un término superior
al trienal extintivo establecido en el artículo 151 del CPTSS.
Allende a que la admisión de la demanda se notificó en
tiempo, de acuerdo con el artículo 94 del CGP.
Igualmente resulta acertada la orden de pago del
retroactivo pensional desde la fecha del deceso del afiliado
junto con su indexación.
Sin embargo, sin que ello implique una reforma de la
decisión de primera instancia en perjuicio de la demandada,
la Sala modificará los numerales primero y tercero de su
resolutiva, en lo que atañe al valor por estas condenas, para
actualizarlas y adicionarlas con los valores generados hasta
el 31 de diciembre de 2021, conforme el siguiente cálculo:
RETROACTIVO P ENSIONAL
FECHAS N° VR. P ENSIÓN VALOR M ESADAS VALOR
DESDE HASTA P AGOS SOBREVIVIENTES ANUALES INDEXACIÓN
16/04/2015 31/12/2015 9,50 $ 644.350 $ 6.121.325 $ 1.568.415
1/01/2016 31/12/2016 13 $ 689.455 $ 8.962.915 $ 1.684.606
1/01/2017 31/12/2017 13 $ 737.717 $ 9.590.321 $ 1.354.667
1/01/2018 31/12/2018 13 $ 781.242 $ 10.156.146 $ 1.077.598
1/01/2019 31/12/2019 13 $ 828.116 $ 10.765.508 $ 706.323
1/01/2020 31/12/2020 13 $ 877.803 $ 11.411.439 $ 555.026
1/01/2021 31/12/2021 13 $ 908.526 $ 11.810.838 $ 524.167
GRAN TOTAL $ 68.818.492 $ 7.470.802
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Lo anterior sin perjuicio de las mesadas que se causen
en lo sucesivo y el ajuste de la indexación que deba la
demandada realizar sobre las mismas, teniendo en cuenta la
fecha efectiva de su pago y la fórmula adoptada de antaño
por esta Corporación de: VA= Vh * IPC Final/IPC inicial.
Las costas de la primera instancia estarán a cargo de la
parte vencida. En segundo grado no se causaron.
X. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de Justicia,
Sala de Casación Laboral, administrando justicia en nombre
de la República y por autoridad de la ley, CASA la sentencia
dictada por la Sala Laboral del Tribunal Superior del Distrito
Judicial de Medellín, el diecinueve (19) de noviembre de dos
mil diecinueve (2019), en el proceso que instauró MARÍA
ROMELIA HERNÁNDEZ DE PATIÑO contra la
ADMINISTRADORA COLOMBIANA DE PENSIONES,
COLPENSIONES.
En sede de instancia, RESUELVE:
PRIMERO: MODIFICAR PARCIALMENTE el numeral
primero de la sentencia proferida el 17 de julio de 2019, por
el Juzgado Veinte Laboral del Circuito de Medellín, en cuanto
al valor fijado por retroactivo pensional, para en su lugar
condenar a la demandada al pago de sesenta y ocho millones
ochocientos dieciocho mil cuatrocientos noventa y dos pesos
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($68.818.492,oo) por igual concepto, causado entre el 16 de
abril de 2015 y el 31 de diciembre de 2021. Lo anterior sin
perjuicio de las mesadas que se causen en lo sucesivo, hasta
la fecha efectiva de su pago.
SEGUNDO: MODIFICAR PARCIALMENTE el numeral
tercero de la sentencia de primera instancia, en lo que
concierne con el monto fijado por concepto de indexación a
las mesadas causadas, para en su lugar condenar a la
demandada al pago de siete millones cuatrocientos setenta
mil ochocientos dos pesos ($7.470.802) por igual concepto,
generado entre el 16 de abril de 2015 y el 31 de diciembre de
2021. Lo anterior sin perjuicio del ajuste de la indexación que
deba la demandada realizar teniendo en cuenta la fecha
efectiva del pago de la obligación y la fórmula adoptada de
antaño por esta Corporación.
TERCERO: En lo demás se confirma la decisión del
Juzgado.
Costas como se indicó en la parte motiva.
Notifíquese, publíquese, cúmplase y devuélvase el
expediente al Tribunal de origen.
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