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ESIyCE Clase1

Este documento discute la importancia de abordar las violencias por motivos de género desde una perspectiva integral de educación sexual (ESI) en las escuelas. Explica que las violencias de género son problemas sociales y culturales causados por roles y estereotipos de género que generan desigualdad. La escuela puede ayudar a prevenir estas violencias al enseñar sobre género y promover vínculos igualitarios entre estudiantes. El documento también describe los cinco ejes conceptuales de la ESI y cómo cada uno

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Este documento discute la importancia de abordar las violencias por motivos de género desde una perspectiva integral de educación sexual (ESI) en las escuelas. Explica que las violencias de género son problemas sociales y culturales causados por roles y estereotipos de género que generan desigualdad. La escuela puede ayudar a prevenir estas violencias al enseñar sobre género y promover vínculos igualitarios entre estudiantes. El documento también describe los cinco ejes conceptuales de la ESI y cómo cada uno

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ESI y convivencia escolar: promover vínculos libres de violencias por motivos de género desde la

formación docente

Clase 1: Violencias por motivos de género desde el


enfoque integral de la ESI

El rol de la escuela en la promoción de vínculos libres de violencias


Las violencias por motivos de género son una manifestación de las relaciones de poder
históricamente desiguales entre los géneros. Esta perspectiva las enmarca como una problemática
social, cultural y política. Es decir, cuando hablamos de violencias por motivos de género no nos
estamos refiriendo a un fenómeno individual, de pareja o intrafamiliar, sino a la subordinación social
de mujeres, lesbianas, gays, bisexuales, trans, travestis, intersex, no binaries e identidades no
heteronormadas (LGBTI+) en el marco de un orden de género y una política sexual que adquiere
características particulares en el actual escenario histórico. De esta manera, las violencias por
motivos de género no se limitan a la violencia ejercida por algunos varones hacia determinadas
mujeres y personas LGBTI+, ni se manifiestan únicamente en el ámbito privado, sino que se
estructuran como norma en la vida social.

Para prevenir las violencias por motivos de género, debemos trabajar sobre aquello que las genera y
sobre lo que las sostiene, es decir los roles y estereotipos que aprendemos socialmente y generan
desigualdades entre los géneros. La prevención se basa en un conjunto de estrategias y herramientas
orientadas a desnaturalizar, problematizar y erradicar prácticas y discursos que producen
desigualdades estructurales entre los géneros y generan violencias y vulneración de derechos hacia
las mujeres y personas LGBTI+.

Desde esta perspectiva pensamos que la escuela en tanto institución que habilita el encuentro con
lo público dando lugar a la experiencia de convivir junto con otras, otros y otres, promoviendo la
construcción de lo común, a partir de la valoración de las diferencias, es un espacio privilegiado en el
que de las niñeces y adolescencias van formando su subjetividad y por tanto puede jugar un rol

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preponderante en la revisión y destitución de muchos de los basamentos culturales, que iremos
viendo en esta clase y las siguientes, de esta problemática compleja.

En este sentido, el abordaje institucional de la Educación Sexual Integral (ESI) junto con el abordaje
de la Convivencia Escolar tienen mucho para aportar. Principalmente porque, tanto la Ley 26.150/06
de Educación Sexual Integral como la Ley 26.892/13 para la Promoción de la Convivencia y Abordaje
de la Conflictividad Social en las Instituciones Educativas, de la cual nos ocuparemos en la clase 2,
forman parte de las numerosas leyes sancionadas en sintonía con los compromisos asumidos por
nuestro país, cuando ratifica su adhesión a la Convención Internacional de Derechos del Niño, en
1990, a partir de la cual se reconoce a las niñas, niños y adolescentes (NNyA) como sujetos de
derecho. Dicho marco normativo, es el encuadre de las políticas públicas en el contexto del
paradigma de protección integral de derechos de NNyA, desde el cual se establece que ya no son
personas de menor rango, “menores”, que el Estado o las Familias deben “tutelar” y controlar, sino
sujetos de derecho cuya voz debe ser escuchada, respetando “el interés superior” de NNyA, su
bienestar y mejores condiciones de crecimiento y desarrollo.

La Ley 26.150 de ESI sancionada en el año 2006, expresa en su artículo 1° que “Todos los educandos
tienen derecho a recibir educación sexual integral en los establecimientos educativos públicos, de
gestión estatal y privada de las jurisdicciones nacional, provincial, de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires y municipal”. De esta manera, establece a la ESI como un derecho de todo el estudiantado y
ubica a la escuela en un lugar de responsabilidad en la garantía del desarrollo pedagógico de la ESI,
siendo las, los y les docentes, las personas idóneas para abordar la Educación Sexual Integral. Esto se
debe a que la dimensión ético-política de la tarea docente involucra la promoción y garantía de
derechos y el acceso a información actualizada, aunque también, el vínculo cotidiano que comparten
con las, los y les estudiantes, implica que sean quienes pueden generar las intervenciones
pedagógicas que contribuyan a interpelar los modos de vincularse, sentir y habitar el mundo.

Luego, el artículo primero de la Ley 26.150, agrega “entiéndase como educación sexual integral la
que articula aspectos biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos.”. De esta manera incorpora
una visión amplia de la sexualidad que comprende mucho más que los cambios corporales, las
relaciones sexo-genitales y las funciones reproductivas, aspectos con los cuales se la ha ligado
tradicionalmente. La propuesta de la ESI considera a la sexualidad como un aspecto central del hecho
de ser humano que se expresa en todo lo que somos, sentimos, pensamos y hacemos. Se define a

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partir del resultado de la articulación de las diferentes dimensiones mencionadas. Por lo tanto, la
sexualidad es una construcción social e histórica que requiere de un abordaje integral.

Una de las herramientas con las que contamos para garantizar este enfoque integral, son los cinco
ejes conceptuales de la ESI. Estos son: reconocer la perspectiva de género; respetar la diversidad;
cuidar el cuerpo y la salud; valorar la afectividad y ejercer nuestros derechos.

Para profundizar sobre el enfoque integral de la ESI, les invitamos a escuchar a Mirta
Marina, ex coordinadora del Programa Nacional de ESI y actual directora de Educación
Sexual Integral de la Provincia de Buenos Aires, quien realiza una presentación en la cual
establece comparaciones entre prácticas escolares tradicionales de educación sexual y
prácticas de educación sexual integral.

https://www.youtube.com/watch?v=8erqezTYl6M

Estos ejes nos marcan los rumbos principales hacia los cuales se pretende guiar los aprendizajes
escolares y, si bien los planteamos aquí por separado, será fácil reconocer cómo la mayoría de las
veces los encontramos de manera articulada.

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Abordaje integral de las violencias por motivos de género desde los ejes de la ESI
Como dijimos anteriormente, las violencias por motivos de género constituyen una problemática
social compleja, que requieren un abordaje integral para poder comprender cómo se construyen y
de qué formas podemos trabajarlas en las aulas, para favorecer una convivencia que promueva
vínculos plurales e igualitarios, desde la escuela.
Veamos a continuación algunos interrogantes que se pueden hacer en esta temática desde cada uno
de los ejes:

Fuente: cuaderno de Referentes Escolares ESI - Educación Secundaria página 21

EJE: RECONOCER LA PERSPECTIVA DE GÉNERO


Al hablar de género abordamos un concepto relacional que abarca a todas las personas y a las formas
en que se relacionan; alude a una construcción social, cultural que se da a partir de la diferencia
sexual. Refiere a los comportamientos y atributos que la sociedad considera esperables y deseables
de las personas de acuerdo con el sexo asignado al nacer, basado en un orden binario (varón- mujer).

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Estas concepciones asignadas diferencialmente a mujeres y varones incluyen representaciones
sociales, prejuicios, mandatos y estereotipos acerca de cómo “debe ser” una mujer o un varón,
invisibilizando o negando, a su vez, otras identidades de género.
Los estereotipos son características sociales que se atribuyen a todo un grupo de personas. Se
construyen a partir de la simplificación y generalización de un aspecto, por lo tanto, suponemos que
todas las personas que pertenecen a ese colectivo se comportan de la misma manera. Brindan una
imagen reducida y limitada acerca de cómo son las personas. Los estereotipos de género son aquellas
representaciones simplificadas, incompletas y generalizadas que se realizan teniendo como base el
sexo asignado al nacer.
Los estereotipos de género que se asignan a varones y mujeres se caracterizan por ser opuestos y
complementarios. De esta manera, se atribuye a varones cualidades como ser fuertes,
autosuficientes, valientes, proveedores, etc. mientras que a mujeres se atribuyen cualidades como
debilidad, dependencia, sensibilidad, ser “maternales”, etc. Es así, cómo se distribuyen ciertos roles
y lugares para cada persona en una sociedad, en un orden binario y mediante estas atribuciones, que
no son valoradas de la misma forma quedando lo masculino en un lugar de privilegio respecto de lo
femenino.
Esta diferenciación implica desigualdades y jerarquías que afectan no sólo a varones y mujeres, sino
también a aquellas personas que no se identifican con la categoría asignada o con ninguna de estas
categorías y a quienes no responden a las características y expectativas sociales asociadas a este
modelo binario del género. Podemos decir, entonces, que, sobre una determinada lectura de la
diferencia biológica de los cuerpos, se construyó una estructura político-social y económica desigual,
conocida como patriarcado1 en la que los varones históricamente han ocupado un espacio de
privilegio como articuladores de las decisiones significativas de la vida social, en tanto que las mujeres
han sido relegadas al ámbito de la esfera doméstica y de lo afectivo. Y otras identidades genéricas
han sido invisibilizadas, silenciadas y/o estigmatizadas.
Esta jerarquización, es la que determina la direccionalidad de las violencias por motivos de género.
Aquellas personas que se salgan de la norma no cumplan con el modelo de mujer o varón esperado,
serán sancionadas, discriminadas y violentadas.

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1
Sistema social, político, cultural y económico que se basa en la supremacía de los
varones y su capacidad de ejercicio del poder como autoridad. Esta forma de
organización social reproduce un modelo conforme al cual los varones son ubicados en
posiciones de privilegio respecto de las mujeres y así se establecen relaciones
asimétricas de poder que benefician a unos sobre otras. Este orden, si bien está
naturalizado y socialmente legitimado, constituye una situación de injusticia e inequidad
(…) y es una de las causales de fondo de las diferentes formas de violencia contra las
mujeres. (INAP, material del curso Ley Micaela: Capacitación en la temática de Género y
violencia contra las mujeres, 2019)

¿Qué son las violencias por motivos de género?


La Ley Nacional N.º 26.485/09 de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia
contra las Mujeres en los Ámbitos en que Desarrollen sus Relaciones Interpersonales, refiere como
violencia contra las mujeres toda conducta, acción u omisión, que de manera directa o indirecta,
tanto en el ámbito público como en el privado, basada en una relación desigual de poder, afecte su
vida, libertad, dignidad, integridad física, psicológica, sexual, económica o patrimonial, participación
política, como así también su seguridad personal. Quedan comprendidas también las perpetradas
desde el Estado o por sus agentes. Se considera, a su vez, violencia indirecta a toda conducta, acción
u omisión, disposición, criterio o práctica discriminatoria que ponga a la mujer en desventaja con
respecto al varón. Reconoce, así, distintos tipos de violencias y modalidades o ámbitos donde se
pueden manifestar la violencia contra las mujeres.

En el video ¿Cuáles son las violencias por motivos de género? elaborado por el Ministerio
de Mujeres, Géneros y Diversidad, pueden encontrar los tipos y modalidades a los que
hace referencia la Ley Nacional 26.485.

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Para reconocer y construir mayor equidad entre los géneros, contamos con la perspectiva de género,
que se la puede definir como una categoría de análisis que constituye un modo de mirar la realidad
y de identificar de qué manera se presenta el poder en las relaciones entre las personas.

Por lo tanto, incorporar la perspectiva de género implica reflexionar y cuestionar muchas de las ideas
y concepciones que tenemos sobre cómo nos relacionamos, qué esperamos de las otras personas,
qué lugares ocupamos en las instituciones y en la sociedad, y también sobre las experiencias que
quisiéramos transitar.

La inclusión de la perspectiva de género en el ámbito escolar supone revisar los modos en que
cotidianamente, de formas más o menos sutiles, tanto en lo dicho como en lo silenciado, la escuela
puede llegar a sostener un único modo posible de comprender y vivir la sexualidad. La perspectiva
de género, en tanto mirada crítica, requiere que las instituciones educativas puedan desafiar los
límites de lo instituido en pos de una mayor igualdad y justicia, y que colaboren con el despliegue de
sexualidades autónomas, plenas y placenteras.

Reflexionar sobre la construcción de las masculinidades


Desde el enfoque de género, la masculinidad es una construcción social y cultural que varía según las
sociedades y los diferentes momentos históricos. Por lo tanto, existen distintas apropiaciones de lo
que se considera masculino y propio de los varones: existen distintas maneras de vivir la experiencia
masculina.

Esta idea no implica desconocer que las vivencias singulares se referencian con un modelo de
masculinidad socialmente aceptado. A ese modelo se lo denomina “masculinidad hegemónica” y
supone prácticas y formas de masculinidad que son presentadas como ideales para llegar a ser “un
verdadero hombre”. Esta concepción ubica una serie de características que los varones deben hacer
evidentes en su vida diaria.

David Gilmore (1994) establece cuatro requerimientos o mandatos con los cuales es necesario
cumplir por parte de los varones para estar más cerca de ese ideal de masculinidad o masculinidad
hegemónica: ser proveedor, ser protector, ser procreador y ser autosuficiente.

La participación pública (laboral, política, deportiva, etc.) es concebida como el ámbito “natural”
donde deben expresar competitividad y liderazgo, sin importar los riesgos que ello suponga y si es

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necesario usando la violencia como modo de control y poder. Por el contrario, los trabajos y cuidados
que caracterizan a la esfera doméstica de la vida son valorados como ajenos. Otro atributo de la
masculinidad hegemónica es la presunción de heterosexualidad, es decir, que siempre se parte de
la idea de que la identidad masculina supone necesariamente, el deseo por las mujeres y por lo tanto
todo el tiempo hay que dar señales de “conquistarlas”.

Si bien, el modelo de masculinidad hegemónica considera a las mujeres como grupo subalterno,
también establece relaciones de dominación entre los diferentes grupos de varones, por ejemplo, los
varones heterosexuales se encuentran en un lugar privilegiado con respecto a los que no los son, y,
a medida que sumemos otras dimensiones, como la etnia, el color de la piel, la identidad de género,
los recursos económicos, etcétera, veremos que también existe una valoración distinta y
subordinación, entre las masculinidades.

Para continuar reflexionando sobre los modelos de masculinidad y su vínculo con las
violencias por motivos de género, les proponemos ver el siguiente video:

Video 2 "Los mandatos tradicionales de la masculinidad y sus privilegios" - YouTube

Nuestra propuesta busca la reflexión crítica sobre la construcción social del género masculino. Desde
esta concepción, no estamos hablando de personas concretas y tampoco emitiendo juicios de valor
sobre comportamientos individuales. La masculinidad responde a construcciones históricas, sociales

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y culturales, por ello debemos entenderla desde una dimensión relacional: identificar, comprender y
reflexionar sobre aquellos sentidos y representaciones sociales que conforman un modelo
hegemónico de ser varón. Pero, en tanto hegemónico –o dominante– este modelo supone la
existencia de otras formas de masculinidades alternativas. Esto nos permite comenzar a desarmar la
imposición de tales modelos y poder referirnos a “masculinidades” en plural, en tanto existen
diversas maneras de expresar las vivencias masculinas.

La vulneración de derechos por motivos de género interpela a las masculinidades de un modo directo.
Por ello, resulta indispensable analizar los comportamientos atribuidos socialmente a los varones,
que cristalizan y normalizan desigualdades y posibilitan vulneraciones, entre las cuales se encuentran
las violencias por motivos de género. Reflexionar sobre la construcción y socialización de las
masculinidades, es una parte fundamental y necesaria en la prevención de las violencias por motivos
de género, ya que nos muestra la otra cara de la moneda y muchas imágenes en espejo, que pueden
enriquecer el análisis y la reflexión en un contexto de transformaciones y debates referidos a la
igualdad de géneros. Por esta razón, el abordaje de las masculinidades en todos los niveles escolares
es esencial para seguir avanzando hacia la igualdad de oportunidades y derechos para todas las
personas.

EJE: RESPETAR LA DIVERSIDAD


Las violencias por motivos de género se expresan también contra la población LGBT+ a través de
diversas formas de discriminación y acoso. Estas violencias, sean más o menos visibles, constituyen
siempre una vulneración de derechos que requiere ser atendida. Identificarlas y reflexionar sobre
ellas, nos permite darles visibilidad para desnaturalizarlas y así poder modificarlas.

Es importante señalar que hay identidades, relaciones y orientaciones que se han construido
históricamente como “normales” y legítimas, mientras otras han sido consideradas erróneamente
como “patológicas” y problemáticas. Cuando hablamos de respetar la diversidad, nos referimos a
superar esta visión estigmatizante y recuperar la perspectiva de derecho que celebra las diferencias.

El abordaje de este eje implica reconocer y valorar positivamente la multiplicidad de pertenencias y


adscripciones identitarias que nos caracterizan a las personas y que podemos ir construyendo a lo
largo de nuestra vida. Esas diferencias también se expresan en el modo en que cada persona piensa,
siente, cree, actúa y vive su sexualidad.

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Si hablamos de diversidad sexual, en general, hacemos referencia a la orientación sexual, la identidad
de género y la expresión de género de las personas.

La orientación sexual se relaciona con la atracción física, sexual y/o afectiva que sentimos por otras
personas. Nos pueden atraer personas de un género distinto al nuestro, del mismo género o de
ambos. Heterosexuales, gays, lesbianas y bisexuales son algunas de las distintas orientaciones
sexuales, y pueden ir cambiando a lo largo de la vida.

La identidad de género tiene que ver con cómo sentimos y vivimos nuestro género. En nuestra
sociedad, hay personas cuyo género autopercibido se corresponde al sexo asignado al nacer y se
denominan personas “cis"; o bien pueden autopercibirse con otro género distinto al sexo asignado
al nacer, tal es el caso de las personas “trans” (abarcan a las personas travestis, transexuales y
transgéneros). También hay personas que más allá del género que se les ha sido asignado
culturalmente, no se autoperciben con categorías fijas o tradicionalmente asignadas a un género en
particular; suelen denominarse a sí mismas intergénero, de género fluido, género neutro, queer o no
binarias.

En nuestro país desde el año 2012 contamos con la Ley N.º 26.743 de Identidad de
Género. Según define en su Artículo 2: “Se entiende por identidad de género a la vivencia
interna e individual del género tal como cada persona la siente, la cual puede
corresponder o no con el sexo asignado al momento del nacimiento, incluyendo la
vivencia personal del cuerpo. Esto puede involucrar la modificación de la apariencia o la
función corporal a través de medios farmacológicos, quirúrgicos o de otra índole,
siempre que ello sea libremente escogido. También incluye otras expresiones de género,
como la vestimenta, el modo de hablar y los modales.”

Cuando hablamos de expresión de género, hacemos alusión a la forma personal en cómo decidimos
mostrar al mundo la vivencia de nuestro género. Nos referimos al modo en que elegimos (o podemos)
mostrarnos al mundo.

Es importante comprender la expresión de las violencias por motivos de género como parte del
mismo entramado cultural y estructura social que define al patriarcado, a partir del cual, todo lo que

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se desvía de lo que se considera norma, lo esperado, lo aceptado y/o legitimado, es sancionado,
apartado y discriminado.

El respeto por la diversidad en la escuela implica prestar atención a cuestiones tan concretas y
profundas como, por ejemplo, respetar el nombre con el que se presentan las personas, más allá del
sexo asignado al nacer o no presuponer que todas aquellas personas con las que interactuamos son
o deberían ser cis y heterosexuales, etc. Es decir, revisar todos aquellos modos en los que la escuela
transmite una única forma de vivir la sexualidad.

Para ir cerrando…
En esta clase hemos comenzado a conocer el enfoque integral de la ESI y dos ejes fundamentales
para poder reflexionar sobre la construcción de los vínculos. La perspectiva de género y de diversidad
resultan necesarias en la tarea pedagógica que llevaremos adelante, para fortalecer una mirada
crítica y para hacer de las escuelas lugares inclusivos que promuevan vínculos plurales y diversos,
basados en el respeto mutuo, en la igualdad de trato y libres de violencias por motivos de género.

En la siguiente clase continuaremos viendo los ejes de la ESI: cuidar el cuerpo y la salud, valorar la
afectividad. La convivencia escolar como una experiencia transversal: los vínculos como materia de
enseñanza aprendizaje, el rol de las y los adultos educadores desde una autoridad pedagógica
habilitante e igualitaria, para finalizar con el eje ejercer nuestros derechos en el que haremos un
recorrido por el marco normativo pensado como herramienta para garantizar derechos y
participación estudiantil como ejercicio en y para la ciudadanía.

Otros recursos para seguir profundizando:


Materiales de consulta obligatoria sobre los cinco ejes de la ESI
Colección Ejercer derechos, repensar vínculos. Aportes en clave de género, diversidad y ESI
Entrevista a Alejandra Lapegna, Regente de Formación Docente y Profesora de ESI.
Entrevista a María Alejandro Morais, docente en escuelas rurales y referente ESI.
Nuestra ESI Trans - Cap. 1 "Identidades no normativas y las instituciones"
Nuestra ESI Trans - Cap. 3 "Orientaciones sexuales vs. Heteronorma"

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Créditos
Autores: Equipo del Programa Nacional de Educación Sexual Integral y del área de Convivencia
Escolar. Dirección de Educación para los Derechos Humanos, Género y ESI

Cómo citar este texto:


Equipo del Programa Nacional de Educación Sexual Integral y del área de Convivencia Escolar.
Dirección de Educación para los Derechos Humanos, Género y ESI (2023). Clase 1: Violencias por
motivos de género desde el enfoque integral de la ESI. ESI y convivencia escolar: promover vínculos
libres de violencias por motivos de género desde la formación docente. Buenos Aires: Ministerio de
Educación de la Nación.

Esta obra está bajo una licencia Creative Commons


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