Imputabilidad en Psicología Forense
Imputabilidad en Psicología Forense
Imputabilidad
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Test 22
Esquema
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Título de la Asignatura
3
Tema x. Esquema
Ideas clave
Por ello, es fundamental, en este campo de trabajo, conocer con exactitud a que nos
referimos con el concepto de imputabilidad; condiciones mentales mínimas que
debe tener el autor de un delito, para que este le sea atribuible penalmente y se le
aplique, en consecuencia, el reproche y pena correspondiente.
Conocer los criterios que debemos tener en cuenta cuando nos enfrentamos a la
evaluación forense de estos asuntos.
Así, la doctrina entiende que una conducta, para ser considerada delictiva y
merecedora de sanción penal ha de ser típica, antijurídica y culpable.
La tipicidad supone que el acto realizado esté previsto en una norma que lo defina y
describa con claridad, consecuencia del aforismo latino que dice: nullum crimen nulla
poena sine lege, cuya traducción es ningún crimen, ninguna pena, sin una ley previa.
Así cuando la ley dice: «El que […] causare a otro una lesión […]» (Ley Orgánica
10/1995 del Código Penal, 23 de noviembre de 1995) está tipificando la conducta de
lesionar a otro.
La antijuricidad implica que el acto se opone a los intereses sociales o es nocivo para
la sociedad; es decir, transgrede una norma jurídica positiva, lesionando o poniendo
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en peligro con ello un bien jurídico que el ordenamiento desea proteger. Siguiendo
con el ejemplo anterior, el acto de lesionar a otro ataca al bien jurídico protegido de
la integridad personal. No obstante, un hecho típico puede ser no antijurídico si reúne
las características de alguna causa de justificación como, por ejemplo, la legítima
defensa u otra.
Aunque hay varias teorías que intentan explicar el fundamento de la culpabilidad esta
descansa, fundamentalmente, sobre la “concepción normativa” que entiende este
elemento del delito como un juicio de reproche o de atribución que se le hace a un
sujeto que lleva a cabo un hecho ilícito, cuando podía haber actuado conforme al
ordenamiento, es decir, tenía capacidad para haber obrado de otro modo.
Así las cosas, esta concepción es requisito indispensable para considerar al sujeto
“imputable”, ya que tal y como refleja el diccionario de la Real Academia Española la
palabra imputar significa: ‘Atribuir a alguien la responsabilidad de un hecho
Así, vemos que la imputabilidad del sujeto descansa sobre los siguientes tres
requisitos.
▸ Que actué con consciencia y conocimiento del carácter antijurídico del acto
que realiza.
Como último apunte y cerrando el círculo de la teoría del delito sobre la que descansa
nuestro CP, diremos que al comprobar que el sujeto que ha cometido la acción típica
y antijurídica es imputable, será posible realizar el juicio de reproche
correspondiente, ejerciendo el Estado su facultad sancionadora o “Ius puniendi”,
imponiendo entonces la pena establecida correspondiente.
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También, en el siglo XVI, el cuerpo de leyes del Sacro Imperio Romano Germánico
del reinado de Carlos V (Constitutio Criminalis Carolina), considerado el primer
cuerpo de derecho penal alemán, dejaba impunes a los perturbados mentales, sin
conciencia ni sentido (Martínez Garay, 2001).
Así mismo, en la historia reciente, durante el siglo XIX, deben citarse las denominadas
reglas de McNagthen (1843), propuestas por un grupo de jueces dentro de una
comisión del Parlamento inglés para evaluar la imputabilidad (Silva Silva, 1995) y que
establecieron los siguientes postulados aún vigentes.
También, durante ese mismo siglo, en la mayoría de los países del continente
europeo el concepto evolucionó hacia no admitir acciones culpables, cuando el autor
en el momento del delito era incapaz de comprender la ilicitud de este o de obrar de
acuerdo con esta comprensión a causa de una perturbación en la conciencia, como
consecuencia de una patología de la actividad mental o de una debilidad mental
(Jiménez, 2007; González González, 1994).
Y finalmente, en este pasado siglo XX, Cuello Calón (1975) introdujo la definición de
dos términos o conceptos que, como hemos visto, están íntimamente unidos al
concepto de imputabilidad:
Ahora que conocemos que lugar y relación tiene el concepto de imputabilidad con la
teoría del delito, cual ha sido su origen y desarrollo histórico y las principales
controversias surgidas en torno a su aplicación, vamos a desgranar, detalladamente,
los criterios fundamentales que, como psicólogos forenses, hemos de tener en
cuenta en su estudio.
Así, lo primero que vamos a recordar son algunas de las definiciones clásicas que
diferentes autores han dado a este concepto.
Según Muñoz Conde (1988) «El concepto de imputabilidad, que tiene una base
psicológica, comprende el conjunto de facultades psíquicas mínimas que debe poseer
un sujeto autor de un delito para que pueda ser declarado culpable del mismo» (p.
127).
▸ Capacidad de libertad.
Una vez tenemos claro que como psicólogos forenses, no nos compete determinar si
un sujeto es imputable o inimputable, podemos determinar cuál es, efectivamente,
nuestro campo de acción.
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Nuestra función como psicólogos forenses es valorar cuál era el estado de las
capacidades psíquicas del sujeto en el momento de los hechos, orientando así
al Juez o Tribunal para que pueda pronunciarse sobre su imputabilidad.
Ahora bien, cuando por algún motivo se sospecha que el sujeto, en el momento de
los hechos, podía tener efectivamente alteradas sus capacidades psíquicas, se
procede a la valoración médico – legal o psicológica forense correspondiente,
mediante la que evaluamos dos elementos primordiales en el sujeto.
impuesta.
Criterio cualitativo
Nos podemos encontrar con dos posibles resultados; que tras la exploración
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Cuando existe una enfermedad o un trastorno mental que tiene la cualidad de alterar
las bases psicobiológicas de la imputabilidad, es necesario determinar en qué grado
altera el control de las facultades mentales.
Así, son circunstancias eximentes aquellos trastornos mentales que anulan el control
de las facultades mentales (voluntad) o del entendimiento (inteligencia) y son
circunstancias atenuantes de responsabilidad criminal aquellas que alteran o
repercuten en el funcionamiento normal del psiquismo de una persona en mayor o
menor grado, pero que no producen su anulación.
Criterio cronológico
Por eso, una vez que hemos identificado la existencia de un trastorno mental o de
una alteración psíquica, hay que valorar si estaba presente en el momento del hecho
delictivo o no.
Criterio de la causalidad
Un sujeto que presente un delirio de celos puede tener alteradas sus facultades
mentales cuando arremete contra su mujer porque piensa que su jefe es su
amante. Sin embargo, esa patología, a priori, no guardaría relación con un
delito de estafa o blanqueo de capital.
Cuello Calón, E. (1975). Derecho Penal: parte general (tomo 1). Editorial Bosch.
Ley Orgánica 10/1995. Boletín Oficial del Estado, núm. 281, de 23 de noviembre de
1995, 33987-34058. https://www.boe.es/eli/es/lo/1995/11/23/10/con
Marcó Ribé, J., Martí Tusquets, J.L., Pons Bartrán, R. (1990). Psiquiatría forense. Salvat
Editores S.A.
Silva Silva, H. (1995). Medicina legal y psiquiatría forense (vol. 2). Editorial Jurídica de
Chile.
A fondo
Psiquiatría forense
Se trata de un trabajo de fin de grado de rápida lectura, con conceptos básicos muy
claros y bien ejemplificados.
Hoblit, G. (Director). (1996). Las dos caras de la verdad [Película]. Paramount Pictures
Studios, Rysher Entertainment. Accede al tráiler a través del aula virtual o desde la
siguiente dirección web: https://www.youtube.com/watch?v=ksprB5tS7vc
1. El primer requisito para que una conducta sea considerada delictiva es…
A. Que sea perjudicial para la sociedad.
B. _Que se encuentre descrita y clasificada como tal por ley.
C. Cause un daño a otra persona.
D. Sea una acción moralmente reprochable.
2. ¿Cuáles de estas causas piensas que pueden ser motivo de que un hecho típico no
resulte antijurídico?.
A. Actuar en defensa propia.
B. Cometer una conducta típica en estado de necesidad, es decir, para evitar un
mal propio o ajeno mayor que el infringido con la conducta realizada.
C._ A y B son correctas.
D. Ninguna de las anteriores. Un hecho típico siempre es también antijurídico
porque se opone a lo establecido por ley.
Una conducta típica puede no ser antijurídica, al no dañar los intereses sociales, si
reúne alguna razón de justificación. Estas causas están recogidas en el Art. 20.4 del
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3. Un sujeto es imputable cuando…
A._ Conoce lo antijurídico de su conducta y tiene capacidad para actuar
conforme a dicha comprensión.
B. Conoce lo antijurídico de su conducta, aunque no tenga capacidad para
actuar conforme a dicha comprensión.
C. Siempre, salvo que no conozca lo antijurídico de su conducta.
D. Siempre, salvo cuando padezca un trastorno mental grave.
La imputabilidad tiene que ver con la capacidad para comprender (esfera cognitiva)
y para guiar el comportamiento conforme a dicha comprensión (esfera volitiva).
Ambas deben estar afectadas, en el momento concreto de los hechos, para que la
responsabilidad penal del sujeto se vea alterada.
Es fundamental tener siempre claro cuál es nuestro papel como peritos en el proceso
penal (y otros); orientar al Juez o Tribunal ayudándole a conocer aspectos técnicos
propios de nuestra disciplina que desconoce y que son relevantes para lo que se está
juzgando, ayudándole así a tomar sus decisiones. Debemos tener mucho cuidado y
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A. Verdadero.
B. Falso.
C. También hay otras posibilidades, como que el sujeto tenga atenuada su
responsabilidad penal, pero no esté exento de ella.
D. _B y C son correctas.
En función del grado de afectación de las capacidades cognitivas y volitivas del sujeto
en el momento de los hechos, el Juez o Tribunal podrá valorar la aplicación de
circunstancias eximentes o atenuantes de la responsabilidad penal.
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Todas son correctas. Incluso en el supuesto C, si demostramos que un sujeto comete
un delito como consecuencia directa de su trastorno se «puede» eximir su
responsabilidad.
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Nunca podremos decir que el sujeto es inimputable (eso le corresponde al Juez o
Tribunal), pero si podremos asegurar que en el momento de los hechos tenía
severamente afectada su capacidad cognitiva, al ser la discapacidad intelectual un
trastorno del desarrollo neurológico, que está presente en todos los momentos de la
vida del sujeto y que, por lo tanto, al presentar un carácter severo, guardará
inequívocamente relación con todos las conductas que desarrolle el individuo. Este
es uno de los supuestos en los que nuestro análisis resulta más “sencillo”.
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