Nuevas Adolescencias y Juventudes 2008
Nuevas Adolescencias y Juventudes 2008
- Maria Helena Walsh: triste / edad enamorada. Para morir y renacer/ mi vida sin usar,
mi voz prestada. / asombro y de obstinado fuego;/ tus fierros, tus palomas, tus
tormentas. «Invocación a la profunda adolescencia»/ silencio-pavorosa angustia,/
lágrimas vivo ahora esta edad de sed y aprendizaje. («Término») María Elena Walsh
(1947)
- “difíciles de entender, provocadores, frágiles y prepotentes, dóciles y resistentes,
curiosos y soberbios, desafiantes, inquietos e inquietantes, obstinados, tiernos,
demandantes e indiferentes, frontales y huidizos, desinteresados…”
- ciertas novedades, especificidades, complejidades que exceden la problemática de la
continuidad y el cambio. -- la brecha socioeconómica sin precedentes entre los nuevos y
a sus consecuencias,/ a la brecha cultural sin precedentes entre diferentes generaciones
contemporáneas. //Es condición de adolescentes y jóvenes resultar extraños para sus
mayores;// ahora, además, suelen ser percibidos como hostiles, cuando no peligrosos.
- ha caído el paradigma de la juventud como redentora de los males de la sociedad,
como motor de cambio o como la flor de la vida/ “divino tesoro”, pero en tanto
expresión del deseo de perpetuación de lo joven en los cuerpos, en los hábitos, en la
estética, en los códigos de relación y en las formas de vida.// la exaltación junto al
estigma.// El desafio es como traducir la otredad, y como recibir a los recien llegados
como no extraños (Cornu)
-Es sabido que las fronteras clásicas entre las categorías adolescencia y juventud se han
alterado y continúan en transformación constante. Los análisis que refieren, entre otros
asuntos, a la adultización temprana, a la maternidad y paternidad adolescente, a los
jóvenes no juveniles o al reemplazo de la categoría de moratoria social por la de
moratoria vital// En este marco, es posible advertir una tendencia significativa: cuando
la escuela media busca transformar su propuesta para sintonizar más y mejor con lo que
se supone que los alumnos esperan, necesitan o reclaman, la referencia a las culturas
juveniles parece insoslayable (Kantor, 2007)
Lo que omite el discurso centrado en lo joven
-Las discusiones sobre estos temas, tanto como las denominaciones de programas y
proyectos, refieren de manera casi excluyente a la juventud; la adolescencia está
virtualmente desplazada del discurso. Pareciera que las políticas y las instituciones que
no han podido con los adolescentes ahora van por los jóvenes. ¿Por qué ahora los
jóvenes?/ Tal vez porque la expresión condensa la nueva configuración de las etapas
vitales y el desdibujamiento de fronteras y franjas etarias tradicionalmente asociadas a
ellas. Sobreedad aumenta en las aulas (resultado de ingresos tardíos, abandonos
temporarios, reingresos y repitencias reiteradas). Tal vez porque el concepto de
juventud resuena más vinculado a cuestiones culturales y a problemas estructurales que
se pretenden abordar, mientras que el de adolescencia remite a asuntos de índole
psicológica. Juventud representa lo extraescolar, es decir, lo que se valora, lo que se
pretende considerar, mientras que –o debido a que– adolescencia se asocia a la escuela,
es decir, lo que se cuestiona, lo que se interpela.
-Propongo como respuesta para continuar pensando que lo reprimido, en este caso, es la
particular posición adulta que requiere la adolescencia como momento de construcción
de la identidad, de reapropiación del espacio subjetivo, del proceso emancipatorio. Es lo
concerniente al lugar del adulto-educador lo que queda diluido en ese desplazamiento./
una posición adulta sustentada en el reconocimiento del trabajo psíquico que conlleva y
define la adolescencia y de la significación que adquieren en ella las referencias
identificatorias.//Entre el extrañamiento, la desorientación, la reapropiación del cuerpo,
la resignificación de los espacios cercanos y la apropiación de lo social, los/as
adolescentes precisan espacios de confrontación y ruptura para construir su identidad.
Esto es, una posición adulta capaz de ofrecer sostén porque ofrece acompañamiento
mientras soporta la confrontación// n este tránsito, las referencias identificatorias que se
ofrecen a los/as adolescentes podrán contribuir positivamente al trabajo psíquico y
social que implica la constitución de su subjetividad toda vez que se acompañen de
intervenciones afirmativas: afirmativas porque contribuyen a afirmarlos y porque se
desmarcan de supuestos y prácticas que sistemáticamente los niegan o los negativizan.
Los sentidos del plural
Por otra parte, como sabemos, las adolescencias y las juventudes son muchas y distintas,
y los itinerarios vitales están fuertemente condicionados por los datos duros del origen,
que definen un lugar social/ algunos niños y niñas, adolescentes y jóvenes, se vuelven
infancia o adolescencia, mientras que otros se vuelven menores, delincuentes,
marginales, excluidos, vulnerables, pobres. […]//Conviene recordar que, en Argentina,
más de la mitad de los jóvenes viven en condiciones de pobreza y que, entre los pobres,
los niños, adolescentes y jóvenes son mayoría. Que la proporción de desempleados es
mayor entre los jóvenes que en otros segmentos de la población, Y que esto esta ligado
a la desercion escolar// . En los márgenes, la vida se estrecha: de un lado está lo
inaccesible; del otro, el abismo. El presente no tiene mayor sentido para quienes no
pueden percibir el futuro como un abanico de posibilidades, un enigma, un desafío.
Los/as jóvenes, como sus mayores, han perdido la esperanza; a lo sumo, creen en
promesas. «Los jóvenes –señala Reguillo Cruz (2004)– han sido convertidos en relato
expiatorio y en el “enemigo” del orden social;// El plural (adolescencias, juventudes)
viene a denunciar, entonces, entre otras cosas, que no hay expresión singular capaz de
albergar semejante desigualdad.// gnitud de la injusticia y a la profundidad de sus
marcas. En este contexto, la vulnerabilidad, la fragilidad y la heteronomía de niños y
adolescentes, sobre las cuales se asentaba el lugar del adulto, ya no existen o son
efímeras y fugaces (Narodowski, 2004), o bien existen y persisten, pero con otros
contenidos y significados (Zelmanovich, 2004).
El plural (adolescencias, juventudes) significa también, o sobre todo, el cuestionamiento
de visiones homogéneas y de la propia idea de diversidad entendida como abanico o
constelación de diferencias a respetar o a tolerar. En este marco, señala Diker (2003), el
plural no constituye una opción estilística ni descriptiva, sino de una opción teórica que
confronta con el singular en la medida en que este remite a la existencia de un sujeto
natural y, consecuentemente, a identidades fijas y homogéneas. Afirmar la naturaleza
infantil, adolescente o joven supone una normatividad que establece el «deber ser» y
sustenta el modo en que se califica y se clasifica a los sujetos. En esta perspectiva, lo
normal es la norma impuesta, la norma impuesta deviene prescripción y,
consecuentemente, todo aquello que no se ajusta a la norma implica un desvío (a
corregir). Es en este sentido que todo enunciado en singular conlleva un acto de
exclusión
Si el uso del plural tiene un sentido en el contexto de los temas que estamos abordando,
es el de discutir las identidades estáticas, esenciales, definidas en torno a supuestos
atributos naturales que portan los sujetos y la consecuente apelación a respetarlas o a
corregirlas. La identidad, señala Frigerio (2004:146), «es huella, es nombre, es lo que
permite que la gramática de lo singular sea inscripta y reconocida en una gramática de
lo plural. Es herencia y creación, continuidad y ruptura. Deseo de inscripción y deseo de
reconocimiento. […] Instancia simbólica que anuda lo biológico, lo social, lo subjetivo,
sin que ello la vuelva una esencia estable. […] Descartada toda hipótesis que propusiera
la identidad como algo fijo, cristalizado, inalterable, la habilitación queda habilitada».
Si procuramos que nuestra tarea contribuya a generar condiciones para vidas plenas y
futuros (más) dignos, se hace necesario pensar no solo qué es lo que pretendemos o es
posible hacer en cada contexto, sino también qué supuestos y mensajes deberemos
contrarrestar, de qué improntas (propias) tendremos que librarnos y qué es lo que vamos
a defender (en el espacio público, así como en nuestros ámbitos de trabajo).
De estigmatizados a sujetos de derecho
Considerar a adolescentes y jóvenes como legítimos sujetos de derecho es un punto de
partida y una posición irreductible. Supone una mirada y unas prácticas orientadas a la
afirmación de los derechos vinculados con las condiciones DÉBORA KANTOR 25
básicas de existencia: la identidad, la educación, la salud, entre otros; así como del
derecho a tener opciones y posibilidades reales de elegir, de progresar, de imaginar
futuros posibles./ Así, mientras las imágenes que predominan en las pantallas, casi sin
excepción sensacionalistas y estigmatizantes, refuerzan la idea de la adolescencia como
problema, como amenaza, como riesgo, «la preocupación por la adolescencia real y, en
particular por sus derechos, está prácticamente ausente del espacio público»./ Cuestión
que se agrava por el hecho de que ellos/as mismos/as «no suelen verse como sujetos de
derecho, sino más bien como objetos de un derecho que, en la mayoría de los casos, se
vuelve en su contra»./ Estigmatizados y vulnerabilizados por discursos paradójicamente
«redentores», adolescentes y jóvenes se miran en el espejo deformante que les tienden
los adultos y construyen de ese modo una mala imagen de sí mismos/ La idea de
derechos, que discute los etiquetamientos y las «existencias destino», remite
necesariamente a la noción de construcción de ciudadanía. «El eje en la ciudadanía –
añade Kessler (1996:151)– aparta al individuo de un rol pasivo, asimétrico, de receptor
de ayuda en virtud de la compasión pública o privada. Lo reubica –al menos en el
terreno simbólico– como sujeto de derechos y, si se encuentra privado de la provisión
de los mismos, en sujeto de demanda.»/ Un trabajo con adolescentes sustentado en el
reconocimiento de sus derechos procurará, entonces, oportunidades y condiciones para
la demanda, la propuesta, la autonomía y la responsabilidad. Es por eso que las
propuestas valiosas, los referentes significativos y los contextos respetuosos de las
necesidades y las posibilidades de adolescentes y jóvenes son beneficiosos para todos/as
ellos/as, y más aún para los más castigados, en la medida en que representan una
oportunidad privilegiada, y a veces única, de inscripción y reconocimiento.
Kantor Cap 6. A propósito de la «otra» educación.
El surgimiento de numerosos grupos, movimientos y ong, y la intensa actividad que
estos comienzan a desplegar ante el retiro del Estado, la aparición de políticas públicas
y programas compensatorios de las desigualdades sociales, el incremento de la oferta
extraescolar privada –sea de actividades especializadas en algún área o de propuestas
integrales en entornos grupales sostenidos– y la consolidación de iniciativas
comunitarias –con diferente grado de articulación o de apoyo por parte del Estado y del
sector privado– redefinen el territorio en el cual se desarrollan las propuestas de trabajo
con niños, adolescentes y jóvenes fuera de la escuela. La redefinición compromete
actores, ámbitos y sentidos.
El campo de lo no formal, un campo que hasta no hace mucho tiempo se sabía más fértil
que aprovechado, aparece ahora superpoblado, cada vez más vasto y diverso, asumiendo
como puede las necesidades, las demandas y las expectativas sociales que recaen sobre
él.
Sin pretensión de dar cuenta aquí de una historia larga y compleja, cabe mencionar que
el trabajo con niños, adolescentes y jóvenes fuera de la escuela surgió como política
para pobres y desvalidos, que las propuestas recreativas se fueron extendiendo para
llegar no solo a los hijos de obreros (a través de las propuestas de sindicatos o de
políticas públicas del peronismo), sino también a niños/as y adolescentes de clase media
(a través de clubes deportivos, organizaciones barriales, instituciones de colectividades)
las propuestas no escolares portan una calificación que presenta características de
estigma: frente a la escuela son, a lo sumo, residualmente educativas.
Contra la supuesta novedad que ello implica, podría decirse, con razón, que frecuentar
el club de barrio, alguna colonia de vacaciones, el club deportivo, la actividad recreativa
de la parroquia o propuestas de formación artística fueron prácticas valoradas y
habituales para amplios sectores de la población en contextos que contaron con ofertas
de este tipo. Por cierto, numerosas propuestas e instituciones han participado
históricamente de la educación no escolar de adolescentes y jóvenes, ya sea porque
ofrecían (a las familias, a los propios pibes) respuestas a la necesidad de contar con
otros ámbitos de socialización, porque permitían desarrollar o despertar intereses y
habilidades específicas, sea porque complementaban la formación escolar
contribuyendo a una educación integral. Algunas de dichas propuestas reivindicaban su
carácter alternativo respecto de la escuela e incluso confrontaban con ella. Para quienes
frecuentaban esos ámbitos, ya desde entonces con la escuela solamente no alcanzaba…
Lo educativo no escolar hoy no parece definirse tanto por lo que la escuela no brinda
(porque no le corresponde o porque no ha logrado incorporarlo a su acervo), sino por
aquello que ocurre o no ocurre dentro de ella, por lo que el contexto sí ofrece o provoca,
y por lo que ciertas condiciones de vida dificultan. Frente a escuelas que no pueden
garantizar la continuidad escolar de los alumnos, los espacios no escolares emergen
como sostén o como puente. En contextos de oportunidades amplias, lo no formal pone
a disposición bienes culturales de diverso orden. Cuando el contexto conlleva signos de
riesgos –o es percibido de ese modo–, las propuestas extraescolares procuran
contrarrestar o atenuar los peligros. Y lo que las condiciones de vida precarias
restringen o inhiben busca promoverse mediante programas y proyectos
socioeducativos. Cabe señalar aquí, como ya hemos analizado, que lo no escolar, en
sentido amplio, ha potenciado notablemente su capacidad de estructurar vidas y
expectativas. En tal sentido, lo que hoy en día socializa, forma, enseña y atraviesa con
sus mensajes y sus prácticas las biografías de niños, adolescentes y jóvenes se
constituye como complemento necesario e interpelador de la educación, no solo de la
escolar o familiar, sino también de aquella que se ofrece en espacios no formales.
Expansión y fragmentación
El territorio de lo no escolar, en tanto ámbito para desarrollar propuestas formativas
destinadas a adolescentes y jóvenes, se ha ampliado, se ha transformado y continúa en
expansión como resultado de las realidades acuciantes de las últimas décadas y también
como consecuencia de las demandas y las oportunidades que emergen de las nuevas
condiciones y prácticas culturales. La expansión no reconoce fronteras
socioeconómicas, pero porta las marcas de la fragmentación //En este marco, las
condiciones –sobre todo materiales, pero también simbólicas– de surgimiento,
desarrollo y sustentabilidad de las nuevas propuestas, así como los sentidos que estas
adoptan, dan cuenta de la segmentación educativa también en este terreno. Así,
adolescentes y jóvenes son destinatarios de una amplia gama de propuestas:
destinatarios en tanto público o clientes, o bien destinatarios en tanto «población
objetivo» de planes y programas. Destinatarios que transitan por circuitos diferenciados
en cuanto a oportunidades y a menudo también en cuanto a calidad, poniendo de
manifiesto la distancia existente entre la inserción como derecho y la inserción como
política social, entre ciudadanos y beneficiarios (Fernández, 2003). Los chicos en
situación de calle continúan, así, no teniendo derecho a un ciber como todos… como
todos los pibes, como todos los cibers. Tienen derecho a «paradores electrónicos» con
duchas, camas y merienda. ¿Es eso un ciber para adolescentes y jóvenes o un ciber para
pobres?
Mientras la lucha contra la desigualdad vira hacia la preocupación por cómo gestionar
las desigualdades bajo propósitos formativos y recreativos, apelando a intereses y
prácticas juveniles, también es posible reforzar identidades de los márgenes y contribuir
a la construcción de subjetividades beneficiarias más que de ciudadanos de pleno
derecho.
De manera similar, la intención de intervenir en la formación de adolescentes y jóvenes
ampliando sus experiencias y horizontes culturales atraviesa la mayor parte de las
propuestas existentes. EJMPLOS. Campamentos... Ponen en juego en educacion otras
cuestiones, trabajos, comidas, relaciones, etc.
¿Que tiempo es el tiempo libre?
Entonces, ¿de qué hablamos hoy cuando hablamos del tiempo libre, cuando decimos
tiempo libre de adolescentes y jóvenes? Las definiciones relativas al «tiempo libre» que
establecen las coordenadas temporales de este campo de intervención educativa y social
en base a la oposición trabajo/no trabajo o estudio/no estudio resultan inconsistentes con
las situaciones complejas y a//giran en torno a las características placenteras, liberadoras
y divertidas de unas actividades realizadas voluntariamente, a la afirmación de la
creatividad y a la revalorización de lo lúdico.
Reconocemos un tiempo de adolescentes y jóvenes que se presenta surcado por
privaciones, o bien atestado de oportunidades, privado de privaciones. Un tiempo
asediado por los medios de comunicación, por el mercado que atrapa y genera
expectativas y que, al mismo tiempo, ofrece infinitas oportunidades para ocupar el
tiempo en descubrir el mundo y en vincularse con lo(s) que está(n) en las pantallas. Un
tiempo de búsqueda que transcurre en la esquina del barrio del cual no se puede salir o
en el interior de las casas de las cuales conviene no salir. Tiempos de unos, ocupados en
descubrir cómo orientarse en un mundo que les ofrece más posibilidades y exigencias
que puntos de apoyo. Tiempos de la mayoría «libres» de tantas cosas que devienen
tiempos amarrados a la escasez y la precariedad. Tiempos que empujan hacia adelante a
una velocidad que nos confunde, y tiempos que parecen detenerse porque no pueden
avizorar futuros si no porfían del presente. Tiempos que discuten la idea de tiempo
como porvenir y que tensionan, por ello, la práctica pedagógica, dentro o fuera de la
escuela. //Por eso, aun poniendo entre paréntesis los significados actuales de tiempo
libre, queda claro que el tiempo de los pibes, el que comparten con nosotros tanto como
el que gobiernan solo ellos, desafía el lugar que como adultos y como educadores
ocupamos en él.
El lugar de lo educativo no escolar
¿cuál es, cuál puede ser, el lugar de lo no formal en (o para) la educación de
adolescentes y jóvenes? Y antes que eso: ¿pueden las propuestas no formales,
extraescolares, recreativas, constituirse en lugares y no en objetos decorativos?
Sostenemos que sí pueden. En tanto decoración, pueden cumplir una función
importante; pero los objetos se gastan, se rompen, se pierden. Los lugares, en cambio,
pueden ser apropiados, habitados, resignificados; pueden amparar y ser escenario de
procesos relevantes.
Formatos, posibilidades y condiciones
La potencialidad de los espacios no formales a que hacemos referencia se vincula con
las oportunidades que brindan ciertas condiciones que los definen y los diferencian de
otros, a saber: la flexibilidad de tiempos, espacios y formas de trabajo, la amplitud y la
capacidad de convocatoria, la participación –por lo general– voluntaria, la diversidad de
áreas, asuntos o contenidos que pueden abordarse, el tipo de producciones que
promueven, los agrupamientos diversos que pueden albergar, los márgenes de libertad
que suelen existir para definir los formatos de las actividades, la naturaleza de los
vínculos intra- e intergeneracionales que permiten y facilitan, etc.// Tales condiciones
no son necesarias ni suficientes para generar espacios valiosos y amigables. Pero, en
tanto condiciones favorables, dejan planteada la posibilidad y el desafío de que ello
acontezca, tal vez con mayor facilidad, probabilidad o frecuencia de lo que ocurre en
otros ámbitos.
Es interesante advertir, entonces, cómo y cuánto, en los espacios no formales o en
propuestas para el tiempo libre, conviven lo especular y lo reactivo respecto de la
escuela: planificar, evaluar, definir áreas en términos similares a los que establecen los
documentos curriculares, contar con «generalistas» y con «especialistas», pautar de
cierta manera el uso del tiempo y del espacio, etc., remiten a expectativas y prácticas
aprendidas y apropiadas en los ámbitos formales. Incluso los agrupamientos (por
edades, cohortes o niveles) y la estructura de numerosas propuestas (secuenciada,
progresiva) asumen la periodización de la vida que deriva de la estructura del sistema
educativo.// Así, los principios y las pautas que se ponen en juego, y las decisiones que
se adoptan no siempre son inherentes a las propuestas ni resultan necesarias para llevar
a cabo un determinado proyecto. Lo que ocurre es que estos suelen ser pensados dentro
de dichos marcos. //Pareciera que los ámbitos no formales son alcanzados por la
universalización del modelo escolar y por la organización del sistema en virtud de la
legitimidad que les es atribuida y de lo insoslayables que resultan a la hora de educar.//
la impronta de lo escolar no expresa solidez ni aporta «seriedad» a las propuestas no
formales, como tampoco disminuye las posibilidades de que acontezcan experiencias
relevantes en su seno.// lo no formal en cuanto a ensayos y afirmaciones acerca de su
especificidad y perfil propio presenta zonas inexploradas//
Lo relativo a la escolaridad, por ejemplo, suele avanzar sobre los espacios no
formales//La invasión de lo escolar es frecuente y paradigmática, pero no es la única.
También acechan el mercado de trabajo estrecho e injusto, el Estado ausente o
insuficiente frente a realidades complejas y los programas u organizaciones que cuentan
con ideas y, en ocasiones, con financiamiento, pero que carecen de destinatarios
«cautivos» o tienen dificultades para convocarlos.// Es en este contexto que, bajo
propósitos vinculados a la formación integral o incluso a lo recreativo, proliferan
emprendimientos productivos y proyectos solidarios.// Los emprendimientos
productivos, a menudo, ni siquiera son tales,/ Las actividades solidarias, suelen resolver
situaciones de injusticia –o constituyen paliativos frente a ellas– sustituyendo sin
cuestionar y sin interpelar a organismos o instituciones que deberían garantizar ciertos
servicios.// Indudablemente, algunos «desplazamientos», como los señalados, pueden
ser pertinentes y necesarios en ciertos casos
Los sentidos que interesa preservar se ponen de manifiesto toda vez que adolescentes y
jóvenes se nuclean en torno a proyectos y actividades formativas no escolares con
propósitos muy diversos: encontrarse con amigos/as, constatar que cuentan con los
educadores, aprender algo que les gusta, confirmar que pertenecen a un lugar, hacer
cosas con otros, disfrutar de un entorno amigable o simplemente tener donde ir, saberse
esperados. Muchos pibes «resisten» la vida, en gran medida, porque estos espacios les
son ofrecidos. Y estos espacios existen y resisten (la falta de fondos, los cambios de
gestiones políticas, la reformulación de los programas), también en gran medida, porque
ellos/as los pueblan y los legitiman. Es por eso que pueden ser «lugares» altamente
instituyentes y no meros objetos decorativos.
Lugares que se ofrecen, espacios que no se ocupan
Pero los denodados esfuerzos por convocar y por retener no suelen traducirse en más
adolescentes y jóvenes circulando ni en mejores propuestas, y mucho menos en
proyectos que se consolidan y se sostienen. Cuando las conclusiones no se dirigen hacia
el terreno del «no les interesa nada» o «están en cualquier cosa», surgen interrogantes
que a menudo no encuentran respuestas claras: ¿acaso no es este un lugar atractivo para
ellos/as?, ¿en qué estaremos fallando?// Ahora bien, no solo parroquias, antiguos clubes
de barrio o instituciones de colectividades buscan reencontrarse con adolescentes y
jóvenes y constituirse en un «lugar» para ellos. Una nueva búsqueda atraviesa también a
la escuela media en el intento por redefinir su lugar y su sentido: reconocer y convocar a
sus alumnos… en tanto jóvenes; y apela para ello a lo no formal.
Afueradentro de la escuela3
La paranoia «mixofóbica» se autoalimenta y funciona como profecía autocumplida. Si
se adopta la segregación como cura radical del peligro que representan los extraños, la
cohabitación con extraños se hace cada día más difícil […]. La «fusión» requerida por
la mutua comprensión solo puede ser resultado de la experiencia compartida, y la
experiencia compartida es inconcebible si no existen lugares compartidos. Zygmunt
Bauman (2005:149)
A través de estos dispositivos (clubes, centros, talleres, etc.), la escuela se interpela a sí
misma, o es interpelada desde diversas instancias del gobierno del sistema, respecto de
un asunto en que se reconoce y se la reconoce ineficaz o insuficiente: considerar lo
joven, darle entrada, dejar que se exprese. El movimiento genera una particular
dinámica interioridad-exterioridad: los dispositivos constituyen una suerte de afuera (de
la escuela) que se genera dentro (de ella). Una zona protegida diseñada para el aterrizaje
y el despegue de lo(s) joven(es). Un gesto de albergue y de control mediante el cual la
escuela los protege y/o se protege.
Es auspicioso que la escuela pueda revisar sus propios límites y ampliar su oferta. Sin
embargo, parece necesario indagar acerca de los significados que adquieren los
dispositivos o, mejor dicho: los significados que conlleva cierto modo de pensar la
escuela en relación con sus alumnos –que son jóvenes– y con lo joven de los alumnos.
Una primera connotación inquietante: el refuerzo de la idea de que la escuela está para
otra cosa, pero sabe que sin convocar lo juvenil está perdida.
. Entonces… adentro: alumnos; afueradentro: jóvenes. Adentro: los jóvenes en tanto
alumnos y un dispositivo (escolar) que suele omitir lo juvenil o que no puede con ello/s;
afueradentro: los alumnos en tanto jóvenes y un dispositivo (extraescolar) que a menudo
requiere omitir la «alumnidad» para desarrollarseAdentro: el derecho a la educación;
una reivindicación o un logro histórico. Afueradentro: el derecho a expresarse, a elegir,
a divertirse, a participar; una innovación.
Una segunda nota inquietante: la imagen del afueradentro como reducto de escucha y de
respeto, ajeno para y respecto de un adentro cuyas características tornan necesaria la
existencia de ese espacio y, por eso mismo, lo mantienen externo. Por lo general, la
consideración y la inclusión de lo joven ocurren «vía programas especiales». Reparemos
en esto: aquello que define la condición de los sujetos/alumnos se aborda a través de
programas, proyectos, líneas de acción. Pareciera que no se trata de algo que son, sino
de algo que les pasa. Tal vez por eso, de manera general, los dispositivos jóvenes no
logran alterar la relación de extranjeridad que la escuela establece con ellos/as.
Centros de Inclusión Juvenil, Espacio Joven, Club de Jóvenes, Centros de Actividades
Juveniles, Patios Abiertos, Educación para Jóvenes; estas son algunas denominaciones
de programas, proyectos o dispositivos. Ellas ponen de manifiesto que, para contemplar
lo joven en la escuela, es necesario nombrarlo de manera inequívoca.
Solo una de las denominaciones citadas no incluye la jota (de joven); el foco, en ese
caso, está en el espacio físico que la escuela entrega, consagra o identifica con los
jóvenes: el patio. Lo diferente, lo convocante, pasa por el patio; es decir, el borde del
adentro, lo que estando adentro es casi afuera y admite, por lo tanto, otras normas, otras
lógicas… Lo otro posible, lo que hace diferencia, acontece en la periferia de lo
estrictamente escolar. O bien: la escuela coloca en el borde lo que la desborda.
el tema que nos ocupa remite a otros asuntos, ya que lo que se pone afuera, en este caso,
no es una responsabilidad, una tarea o una actividad (aunque finalmente se traduzca en
eso), sino la propia condición de los alumnos. Es en ese sentido que decimos que un
nuevo sujeto (no ya) alumno pretende reconocerse mediante esa operación en esos
espacios.
Propongo pensar ese movimiento, más que como pasaje de lo invisible a lo visible,
como cambio de estatus de lo que ya es posible observar//Se trata, entonces, de la
hospitalidad como un movimiento doble, generoso y recíproco: de encuentro.
La escuela y los adultos seremos hospitalarios para los alumnos en la medida en que se
nos haga posible dejar de percibir a los jóvenes como extraños, enemigos o extranjeros
a albergar (por motivos estratégicos, por gracia concedida o por necesidad de
autopreservación) para definir nuestro sentido y nuestra función asumiendo que lo joven
es el dato y la condición, no una fatalidad epocal ni una variable a controlar. De otro
modo, la pretendida hospitalidad de los nuevos dispositivos escolares podría quedar
diluida o asociada a la gestión y la burocratización de la presencia de lo joven en la
escuela.
Vidas paralelas
Analizaremos ahora la coexistencia, la vida en paralelo, de los dos formatos: el adentro
atravesado por las «variables duras» de lo escolar y el afueradentro definido como un
entorno más blando que nace con el mandato de resultar amigable.// Los centros o
clubes de jóvenes y la escuela propiamente dicha tienen códigos, pautas y modalidades
diferentes, y está bien que así sea. Es necesario custodiar y enriquecer lo propio del
afueradentro, al igual que lo propio del adentro//Mediante la instalación del
afueradentro se pretende cambiar –mejorar, transformar– la gramática y las reglas
sintácticas del adentro escolar; los sujetos se comportan, a menudo, como si fuesen
otros, y los predicados acerca de ellos también son diferentes.// Mientras que
afueradentro suelen primar el discurso propositivo y las operaciones productivas, el
adentro continúa privilegiando lo informativo, lo prescriptivo y lo reproductivo.
Llegado este punto, y dado que el diálogo afueradentro-adentro suele ser poco fluido o
en clave de conflicto, cabe preguntarnos cuánto «derraman» los dispositivos juveniles
sobre la escuela en términos de nuevos y mejores modos de hacer, de conocer, de
relacionarse.
Los actores adultos del afueradentro (cuando no son asignados a él por razones de
servicio o por castigo implícito) suelen ser recreadores, educadores, coordinadores –con
cierta trayectoria de trabajo en ámbitos no escolares–, o bien docentes adentro. Se trata,
por lo general, de los profesores «diferentes», los que adentro se comportan como si
estuvieran afuera. //Por otra parte, sabemos que, a menudo, se considera al afueradentro
como lugar de recuperación o depositación de alumnos molestos, difíciles, imposibles:
los que colisionan con el dispositivo escolar.// En estos casos, prima la mirada
desvalorizadora tanto de los alumnos como de la propuesta extraescolar que se les
ofrece.// Sin embargo, en esta operación puede leerse también un acto de
reconocimiento, voluntario o involuntario: la escuela reconoce sus límites y la necesidad
de otros abordajes
El diálogo. Veamos dos situaciones diferentes. Primera situación: algo del estilo del
afueradentro avanza sobre la escuela// Segunda situación, inversa de la anterior: clubes,
centros o talleres «se escolarizan», porque adoptan los lenguajes y las prácticas del
adentro. «Más de lo mismo… no, gracias».
Queda claro que el afueradentro permite ensayos y construcciones que el adentro
desconoce, subestima u obtura. /Algo indudablemente cambia y algo permanece intacto,
el problema aparece cuando lo que permanece intacto es lo que se pretende cambiar.
Las transformaciones profundas, es sabido, acontecen en el largo plazo./ el afueradentro
podrá convertirse en un lugar ajeno, pero familiar para la escuela, mientras que las
propuestas del adentro continuarán siendo familiares para los alumnos, pero ajenas a los
jóvenes./ Una escuela que se cristaliza así, con un afueradentro que tenderá a
fortalecerse para afianzar el sentido que en sí mismo tiene para los alumnos, renuncia a
albergarlos integralmente como sujetos.
la zona limítrofe conlleva diversos significados: es lo que separa, es lo que une, es
superficie de contacto, despierta sospechas o promueve intercambios./ Los espacios del
borde pueden implicar confinamiento y marginación,
Numerosas situaciones muestran que el diálogo es posible y fructífero; son las que se
ubican en las antípodas de las expresiones y los escenarios paradigmáticos del
desencuentro señalados anteriormente.
El valor que estos espacios tienen para adolescentes y jóvenes, sobre todo, para aquellos
que no tienen otras oportunidades de acceso a ciertas actividades y experiencias, no
impide señalar el riesgo de terminar legitimando que sus intereses caben afueradentro y
siguen sin ser considerados adentro. O que la escuela los contempla ofreciendo para ello
espacios ad hoc y tiempos optativos; que la participación, el protagonismo, los nuevos
horizontes y la expresión genuina se ofrecen, se deben buscar y se pueden encontrar por
fuera de la enseñanza y el aprendizaje de las materias. Legitimar, en definitiva, que
aquello que se considera lo joven permanezca escindido de lo estrictamente escolar, lo
obligatorio, lo que desde siempre y también ahora se ofrece y se exige todos los días a
todos los alumnos, se evalúa, se califica y define la promoción.
La educación como proyecto de transmisión; el futuro como intriga e inauguración
Kantor
La centralidad de la educación en el acompañamiento y el enriquecimiento de las vidas
y de los proyectos de los y las adolescentes y jóvenes, de aquellos con quienes
trabajamos. Y, en ese marco, enfatizar también la trasmisión como entrega de lo que
tenemos y de lo que no tenemos, la transmisión como responsabilidad ineludible y
también como invitación y como apuesta a lo que las nuevas generaciones puedan
inaugurar con lo que les transmitimos.
Educamos hoy en un escenario de fronteras algo alteradas y de figuras de autoridad
siempre puestas en jaque pero, aún en tiempos donde abundan expresiones como
jóvenes adultizados, adolescencias prolongadas o adultos juvenilizados, los “nuevos”
precisan adultos para incorporarse a la cultura, para apropiarse de ella y para hacer de
ella otra cosa.
En todos lados, pero más aún allí donde las injustas condiciones de vida restringen las
oportunidades y obturan los futuros. En todos lados, pero más aún allí, nos precisan para
confrontar, para sostenerse, para construir distancia, para emanciparse.
nos encontramos con niños, adolescentes y jóvenes que asisten a clase, pero que en rigor
de verdad no cursan la escuela. Categorías binarias tales como abandono-regularidad o
escolarizado-no escolarizado en muchos casos dicen poco o dicen mal en relación con el
derecho a una experiencia formativa valiosa.
Otra escena: a dos alumnas de tercer año, pertenecientes también a aquellas poblaciones
precarizadas, se las pudo ver durante más de un mes atrapadas por la lectura como
nunca antes El diario de Ana Fran...
Adolescencia y juventud, con algunas connotaciones diferentes, porque no son lo
mismo, pueden definirse en torno a las decisiones que, a diferencia de lo que acontece
en la infancia, los sujetos pueden y deben comenzar a adoptar. El verbo “decidir” alude
a resolver, elegir, determinar; este verbo deriva del verbo latino caedere que significa
separar, dividir, cortar.//La adolescencia como corte duele, y en el caso de muchos
adolescentes y jóvenes -señala Graciela Frigerio- “las marcas y los cortes en el cuerpo
devienen de la necesidad de provocarse un dolor agregado// Cristina Corea “lastimarse
para sentir algo, de eso se trata”// El antropólogo francés David Le Breton dice “por lo
general en estos casos la intención ni lejanamente es morir, sino testear una
determinación personal, buscar una intensidad del ser un momento de soberanía que es
también un grito, un malestar, una búsqueda desordenada”.
Vayamos un poco hacia atrás, apenas unos 15 o 20 años nomás, cuando la exclusión
social ya arrojaba estadísticas tan tenebrosas como malintencionadas acerca de los
peligros que acarreaba tanto adolescente sin límites y tanto joven que ni estudia ni
trabaja.// En este momento, asuntos tales como el aumento de los pibes chorros o de la
violencia, el consumo de sustancias prohibidas, el embarazo adolescente,
etcétera, ...apuntando siempre hacia los más jóvenes, siempre de los barrios más
relegados.// Me refiero también a proyectos escolares, parroquiales, de comedores
comunitarios, de organizaciones sociales, etc., ...la prevención, proyectos por lo general
implícita o explícitamente, incriminatorios y prejuiciosos respecto de los/as
adolescentes y los/as jóvenes//
Para esas épocas, y aún ahora, otros proyectos despuntaron; me refiero a aquellos
vinculados a revertir o neutralizar los índices de bajo rendimiento y de repitencia en las
escuelas, que catapultaron al centro de la escena a los proyectos en torno a “técnicas de
estudio”. Estos proyectos fueron y son llevados a cabo por lo general fuera de la
situación de enseñanza de las asignaturas, una práctica por lo general bastante
desaconsejada por los especialistas. Pero tanta fue y sigue siendo la expectativa... se los
incorporó a la caja horaria obligatoria, esto es: se cursaban y se calificaban como las
demás materias... muchos comenzaron a repetir el año por no lograr promover (además
de otras asignaturas)//
El proyecto-problema -señala el filósofo Jacques Derrida-, es a la vez prótesis y
protección. Tengamos presentes estos sentidos para analizar ahora otra vertiente de
proyectos con los cuales se viene abordando tanto algunos problemas puntuales, cuanto
el gran asunto de la vida misma; me refiero a los talleres denominados “proyectos de
vida” y a los modelos de trabajo en torno a “habilidades para la vida”. Iniciativas que
dan cuenta nuevamente de la preocupación por el futuro de las jóvenes generaciones y
que también, a mi modo de ver, por lo general muestran desajustes e inconsistencias.
Hemos conocido, conocemos, dispositivos que proponen secuencias y jornadas
intensivas para forjar futuros, power points que promueven subjetivación en cinco
pasos, metodologías para fortalecer la personalidad sobre la base del entrenamiento de
diez destrezas claves, módulos que presentan repertorios de actitudes, instructivos que
propician autogestión y técnicas congnitivo-conductuales a tono con las exigencias del
siglo XXI…// Respecto a esta notable expansión del discurso de las neurociencias nos
pone en alerta la pedagoga Flavia Terigi señalando que el necesario conocimiento de las
bases biológicas de los procesos cognitivos y del aprendizaje no conlleva por sí mismo
orientaciones para las prácticas en el aula. Los asuntos que tenemos entre manos no
remiten meramente a un problema de conexiones neuronales ni a climas propicios para
enseñar y para aprender.// . ¿A qué se debe el éxito de estos discursos -se pregunta
Terigi? Y responde: “se debe a un mercado de consumidores ávido de estos discursos y
a un contexto político que necesita reducir la problemática educativa a variables que
sean o que parezcan más posibles de manejar”. Ojo entonces, colegas, con estas
extrapolaciones y estas aplicaciones mecánicas, reduccionistas, que ya tienen expresión
en políticas públicas en el campo educativo.// Según el análisis que propone el
sociólogo Denis Merklen, estamos en presencia de las “políticas del individuo”.
Precarizados pero creativos, podríamos agregar. Autónomos y/o individualistas. “Las
políticas del individuo se muestran menos preocupadas por el empleo y por la seguridad
social que por formar personas competentes, armadas para la batalla”.//
Pero volvamos a algo que anticipé recién, a uno de estos formatos más difundidos que
cuenta con el apoyo incluso de prestigiosas agencias internacionales, me refiero al
modelo denominado “habilidades para la vida”. ¿Qué propone este modelo? Propone
ejercitar un repertorio de habilidades entre las que figuran por ejemplo el autocontrol, el
manejo de las emociones, el pensamiento estratégico, la capacidad de negociación, la
toma de decisiones.
difícilmente podamos pensar las trayectorias vitales de los y las jóvenes de hoy sin
contemplar la vacilación, la inconsistencia, las fluctuaciones. Numerosos estudios
describen y analizan cómo y por qué en estos tiempos los itinerarios individuales, o los
colectivos, se dirimen más en un laberinto que en una flecha clara y certera lanzada
hacia el porvenir. En ese marco -señala Machado Pais- los diplomas, las certificaciones,
son percibidos por los jóvenes cada vez más como “cheques en blanco sin cobertura en
el mercado de trabajo”.
El desafío o la cuestión sigue siendo constituirnos en habilitadores de futuros de
maneras creíbles y valiosas. Adolescentes y jóvenes estarán en mejores condiciones
para enfrentar la vida actual y la vida por venir cuanto más diálogo genuino les
propongamos, cuanto más espacios grupales e institucionales los alberguen y los
interpelen porque los precisan de verdad, no para ejercitar una habilidad. Transitarán
por y hacia un proyecto de vida con ganas y con recursos para hacerlo cuantos más y
mejores vínculos con el conocimiento, con la ciencia, con el arte, con la cultura en
términos amplios, les ofrezcamos. Tendrán más y mejores herramientas para elegir, para
establecer prioridades y para decidir acerca de sus vidas cuantas más y mejores
oportunidades tengan durante su formación para elegir, para establecer prioridades y
para decidir acerca de cuestiones que les interesan o que no les interesan tanto, y
también cuantas más decisiones que no les consultamos –porque corresponde que las
tomemos nosotros- les vuelvan a ellos en forma de aprendizajes relevantes. Serán
capaces de discutir y de negociar cuantas más y mejores oportunidades seamos capaces
de brindarles para que se involucren en discusiones verdaderas y no en simulacros
preformateados, discusiones que entonces van a movilizar sus saberes, sus ganas de
saber y sus estrategias argumentativas. Y así de seguido, todas y cada una de las
actividades
Construir fronteras y cruzarlas, intentar resolver lo confuso y reorganizar los contenidos
de la vida para lanzarse al otro lado, en eso andan los chicos y las chicas// El proyecto –
según la psicoanalista Mariana Karol- es ciertamente una vía de acceso a la categoría de
futuro. Y agrega: “dado que el proyecto es constitutivo del yo, si el proyecto futuro está
en dificultades, si se resquebraja, no es el proyecto o el futuro lo que se daña, sino el yo
presente”.// Soportar a los adolescentes y a los jóvenes en la tarea de establecer
fronteras y de traspasarlas, supone entonces la transmisión de herramientas de
pensamiento y de acción que les permitan cruzar y que crucen con ellos oficiando de
sostén para lo nuevo a construir. Para eso entonces, como siempre: contenidos valiosos,
experiencias relevantes, pensamiento crítico. (Larrosa- es casi indispensable para
inaugurar algo mejor y para pensar seriamente: “Quisiera hablar de la risa..)/ Me refiero
a Mario Benedetti, que también invita a repensar seriamente la alegría. Y dice:
“Defender la alegría como una trinchera,)
Hacia los derechos y con los derechos y cuidando los derechos vamos entonces con los
pibes y las pibas a quienes educamos hoy; pero vamos con los verdaderos gestos, no con
las muecas. Vamos por la igualdad y no por la gestión de las desigualdades. Vamos por
lo que hay que inventar, por lo que hay que recuperar, con lo mejor que tenemos para
ofrecer a quienes nos precisan para crecer
ANGELINO Y ZUTTION
Ideología de la normalidad y producción de discapacidad: escenas de interpelación y
dialogo para la producción y circulación de saberes en la universidad Rosato, Ana;
Angelino, María Alfonsina
Introduccion
El proyecto en el cual trabajamos en este período fue producto de una propuesta de
continuidad con la línea de investigación iniciada en dos proyectos anteriores: el
primero “Discapacidad y Exclusión Social: un abordaje interdisciplinario” (2004-2007)
proyecto que centró su objeto en las relaciones entre discapacidad, exclusión y
normalidad y resultados de investigación dieron lugar al libro Discapacidad e Ideología
de la normalidad. Desnaturalizar el déficit” (Noveduc 2009). Del segundo proyecto –
Políticas en discapacidad y producción de sujetos. El papel del estado” (2007-2011)–
sobre el cual hemos elaborado varios artículos y estamos en proceso de elaboración de
un nuevo libro.
consideramos que ha resultado necesario volver a pensar la discapacidad desde un
registro analítico que la deslocalice del territorio de la hegemonía biológico-médica y la
relocalice en el territorio de las ciencias sociales y los estudios de las diferencias. Esto
posibilitaría poner en el centro de la escena los dispositivos que interactúan en la
producción de discapacidad, sus condiciones de posibilidad y emergencia, los actores
sociales y políticos involucrados, las repercusiones materiales y simbólicas que se
desatan. Hablamos de dispositivos que se articulan en torno a la idea de discapacidad
como problema individual (Angelino 2009:133) con fuerte anclaje en lo biológico, y en
los cuales el Estado juega un papel central en su institución por su lugar estratégico en
la producción de sentidos (materiales y simbólicos) y en la legitimación de los mismos.
Y, llegamos a la conclusión que la función y el papel de la ideología son la legitimación
de un sistema de autoridad (Angelino 2009:146) puesto que toda política estatal
conlleva un componente ideológico. La diferencia entre toda política estatal y aquellas
orientadas a la discapacidad radica, entre otras cosas, en la ideología de la normalidad
Ahora, en este nuevo proyecto enfatizamos en las experiencias de la discapacidad a
partir de situar no sólo las voces individuales de los usuarios de las políticas orientadas
a la discapacidad sino las voces colectivas o colectivizadas que se nuclean
organizativamente en asociaciones de y para la discapacidad a los efectos de “reclamar
para y por” los discapacitados y sus derechos.
en el proyecto que da origen a esta comunicación profundizamos una línea de
indagación que se desarrolla desde hace once (11) años en torno a la discapacidad, la
producción social de diferencias, las políticas sociales orientadas a la discapacidad, el
papel del Estado en la consolidación de modos medicalizados de entender y atender a la
discapacidad y la producción de subjetividades. En este proyecto, el tercero en esta línea
pretendimos trabajar sobre la producción social de la discapacidad, poniendo en énfasis
en las condiciones en las cuales el Estado –a través de sus políticas sociales– y las
organizaciones que se nuclean en torno a la discapacidad ‘interjuegan’ en la producción
y/o reproducción de los sentidos hegemónicos dadas a esa noción.
Analizar el accionar de las asociaciones, nos permitió profundizar sobre la producción
social de la discapacidad y las condiciones en las cuales el Estado participa activamente
y en interlocución con dichas asociaciones. Esto se produce a través de dos imperativos,
por un lado la aceptación de la versión medica del déficit como condición para certificar
la discapacidad y por otro la necesidad de aceptación de representación del
discapacitado por otro no discapacitado. Estas dos articulaciones posibilitan una tercera
la prestación.
Un característica central de esta línea de producción/acción es la de articular la
investigación con extensión universitaria y docencia, articulación que el equipo
desarrolla desde el año 2000.
... elegimos presentar en esta comunicación las reflexiones derivadas de la interpelación
que las organizaciones orientadas a la discapacidad y de los propios discapacitados nos
plantearan en oportunidad de dos eventos (escenas): el II Encuentro de Investigadores e
Investigaciones en discapacidad en 2014 y el III Encuentro Latinoamericano de
Intérpretes de Lengua de Señas y de estudiantes universitarios sordos en 2013. En
ambos encuentros realizados en la Facultad de Trabajo Social de la UNER fuimos
organizadores y participantes.
Desde una mirada crítica, emancipadora, dónde se entiende a la discapacidad como una
relación política, como relación de opresión es donde aparece con notoria claridad esa
escasez. Incluso, radicalizando la mirada, podemos encontrar como aun quienes
iniciaron el camino de los DS, mantuvieron durante años un arraigo del modelo social
en el plano de lo biológico a partir de sostener las nuevas conceptualizaciones
pivoteando en intangibilidad del déficit (impairement) como explicación última, como
punto de anclaje de un sistema social injusto.
A pesar de este hegemonía, hace algunos años, en las universidades argentinas y de la
región comienzan a gestarse núcleos de producción de conocimientos con proyectos de
indagación e investigación que posibilitan advertir la emergencia y afianzamiento de
perspectivas más amplias para abordar la discapacidad, más atentas a los debates
inscriptos en el modelo social de la discapacidad en su versión más disruptiva es decir,
comienza a visibilizarse un importante giro en la producción hacia un paradigma de los
derechos humanos y la autonomía.
Por otra parte también, el surgimiento de espacios de articulación de núcleos de
investigación y extensión refuerzan el compromiso de diálogo entre instituciones
(universitarias y no universitarias) y conllevan un gran compromiso de transformación
en las acciones al interior de las Universidades Públicas, y de algún modo a la
deconstrucción de miradas que allí se producen y reproducen.
Esta acción articuladamente dialógica, anclada en una clara posición de emancipatoria
permite ir redefiniendo la concepción tradicional de la discapacidad, entendiéndola hoy,
como una categoría alienante, que en tanto construcción cultural asociada a la ideología
de la normalidad se traduce simbólica y materialmente en una expresión del modelo
único de mundo y de vida que se nos impone, intentando reproducir hegemónicamente
como objetos de las “estructuras estructuradas y estructurantes” a los sujetos,
transformándolos en “seres para otro”, funcionales a las relaciones de poder/dominio
que atraviesan nuestros formatos de organización social a diferentes escalas.
En base a esto se fortalece la propuesta de resignificar conscientemente las relaciones
con los “otros/as” y por lo tanto nuestro lugar en la construcción de relaciones que
fomenten la reciprocidad en la heterogeneidad entre identidades y diferencias desde la
institución Universitaria.
Consideramos que traspasar fronteras disciplinarias y temáticas posibilitaría generar
nuevas referencias y marcos teórico-conceptuales acordes a la complejidad con que se
presentan y encarnan las problemáticas sociales hoy. Un ejemplo claro de esto es la
yuxtaposición de situaciones excluyentes en caso de mujeres pobres lesbianas y
discapacitadas que encarnan en sí la suma de identidades desviadas que las vuelven
objeto legítimo –en el discurso hegemónico de la ideología de la normalidad– de
prácticas de segregación y discriminación
Así mismo estos núcleos de trabajo y reflexión realizan actividades de extensión,
docencia e investigación relacionadas con discapacidad, la accesibilidad, la diferencia,
las corporalidades y subjetividades en conflicto y tensión, la exclusión, las políticas de
reconocimiento y manteniendo un estrecho contacto con diversas organizaciones de la
sociedad civil y organismos gubernamentales
Es decir, hacemos nuestra aquí una idea de Mike Oliver (1998) que afirma que resulta
necesario pasar de ver a la investigación como un intento de investigar el mundo a una
acción implicada en producir el mundo.
desmitificar el papel heroico del intelectual como único productor de conocimiento a la
vez que reconocer la importancia estratégica y política de la investigación […] asumir
una actitud ética basada en la sospecha de los saberes académicos inicialmente contra-
hegemónicos y posteriormente institucionalizados mientras se agudizan las
desigualdades” (Beverly, 2002; 54 en Street 2003)
Conclusiones
El sistema educativo está en pleno proceso de institucionalización de un nuevo enfoque,
basado en la perspectiva de derechos, en cuanto a la inclusión educativa. En se sentido,
a pesar de las deficiencias y brechas existentes, se ha avanzado en la generación de
normativa de criterios y procedimientos, así como en la organización de las
configuraciones de apoyo que la transformación de la modalidad de Educación Especial
requiere. Una de las principales zonas de indeterminación que dicha política todavía
presenta, tiene que ver con la acreditación de las trayectorias educativas especiales,
especialmente en el nivel secundario.
A pesar de las dificultades que implican, la necesidad de acuerdo con los padres y otras
instituciones, es valioso el espacio de decisión que las instituciones tienen respecto de la
configuración de dichas trayectorias exige en su implementación, en la medida que
ofrece la oportunidad de ajustarla a las necesidades y posibilidades de cada situación.
Sin embargo este mismo punto se vuelve problemático en la medida en que los recursos
no tienen una distribución equitativa en todo el territorio, están concentrados en
ciudades cabecera y en sectores sociales con seguridad social, creando así desigualdades
importantes. A pesar de ello, hay iniciativas interesantes en distintas instituciones
escolares para acompañar estos procesos, incluyendo el tránsito de una modalidad a
otra, de un nivel a otro,
Las principales dificultades que se advierten, tienen que ver con aspectos de índole
pedagógico, a saber, el aseguramiento de los aprendizajes, especialmente la
alfabetización, aunque este aspecto no se restringe a lxs estudiantes con discapacidad.
Es preciso diferenciar las resistencias de los docentes del reclamo y demanda a partir de
necesidades objetivas, como la capacitación, además de las adecuaciones edilicias y de
infraestructura, o accesibilidad tecnológica. Evitando la estigmatización de quienes
denuncian falencias reales o necesidades concretas.
Si bien es auspiciosa la apropiación que hacen los docentes de las configuraciones de
apoyo, también en este sentido se observa una distribución desigual, con gran
sobrecarga de los equipos profesionales de las departamentales. Asimismo, más allá de
la necesidad de mejorar este aspecto cuantitativo de la disponibilidad de recursos,
persisten dos problemas a atender: hay subutilización. en muchos casos, hacen una
sobre utilización de ellos, especialmente de los auxiliares y acompañantes sostenidos
por las obras sociales o, incluso, por los propios padres. Este aspecto, la presencia del
acompañante en el aula y la necesidad de autonomía de lxs niñxs, así como el riesgo de
etiquetamiento. La disponibilidad de este recurso, marca también la segmentación
social, debido a que los equipos suelen ser el único recurso de quienes no disponen de
acompañantes, aquellxs niñxs que no tienen discapacidad certificada y sí dificultades de
aprendizaje, lo que se vive como una suerte de “privilegio” de la discapacidad.
Encontramos que hay un discurso instalado respecto del derecho a la educación de las
personas con discapacidad, es decir, hay una buena parte de la batalla simbólica ganada,
aunque existen resistencias tenaces, reales. . En este punto, la clave está en el modo en
que cada docente asume la política: si con autonomía basada en una convicción
ideológica o de manera heterónoma, por imposición. Éste espacio de consciencia de los
docentes es preciso profundizarlo desde la formación docente de grado.
A propósito de la persistencia de formas estigmatizantes, decíamos, las luchas por el
reconocimiento de derechos suponen este trabajo con las palabras. El significado, decía
Wittgenstein, es “el todo entretejido de palabras y acciones”. Las reglas de la situación
de interacción son las que ordenan la producción de sentido de modo tal que el lenguaje
y su significación sólo se pueden comprender como “una forma de vida”.19 Y decíamos
que este análisis debe ser ubicado en un horizonte teórico que conciba el estudio lo
social en términos de la complejidad de la acción y del sentido./ La estigmatización de
la discapacidad no se reduce a la demanda de diagnóstico, ni siquiera a la persistencia
de marcas discursivas “políticamente incorrectas”, al contrario. Hay mucho esfuerzo por
el uso lexicológico que esconde prácticas excluyentes y muchas prácticas que, siendo
inclusivas en el sentido más amplio, no responden a los estereotipos construidos./ Las
estigmatizaciones persisten en la hiperinstitucionalización de lxs niñxs y jóvenes, en las
“flexibilizaciones” y adaptaciones curriculares que terminan organizando trayectorias
empobrecidas y empobrecedoras, que constituyen nuevas formas de exclusión en
procesos de integración. Es preocupante, por eso mismo, las dificultades en la
alfabetización en español escrito de sordos, aspecto en el que es necesario producir
investigación básica, en términos de la gramática LSA y aplicada, en términos
didácticos.
Frente a los riesgos de formas estereotipadas de respuestas escolares, encontramos que,
al mismo tiempo, hay importantes posibilidades pedagógicas abiertas por estos
procesos, aún en condiciones precarias. Decíamos en ese sentido, que resulta muy
auspicioso para una profundización de la inclusión educativa, lo que las experiencias de
integración orientadas desde la perspectiva del derecho y el reconocimiento producen en
cuanto a: la posición subjetiva del docente; la relación de cuidado como experiencia
colectiva, y la función instituyente y la creatividad.