Lismar Andrea Carmona Ramírez venezolana, nacida el 17 de junio de 1996,
en la ciudad de Táriba, Municipio Cárdenas del Estado Táchira, hija de María
Isabel Ramírez Ruiz y Luis Alfonso Carmona Manrique, quienes son
divorciados, domiciliada en la Carrera 3, casa No. 2-40 Municipio Cárdenas del
Estado Táchira, y en pleno uso de mis facultades físicas y psíquicas, hago esta
declaración en apoyo de mi solicitud para el asilo, y la retención de expulsión
en los Estados Unidos.
En el año 2014, ingrese a la UCAT (Universidad Católica del Táchira), en
donde empecé a participar como miembro activo del movimiento estudiantil de
esa casa de estudios, que en ese instante decidió, visto el autoritarismo y la
arbitrariedad, del Gobierno ejecutivo de la República Bolivariana de Venezuela,
en el sentido de desconocer y desmejorar los derechos civiles y políticos de los
ciudadanos venezolanos, al punto de secuestrar y poner bajo la influencia e
ideología marxista, las instituciones previstas en la Constitución de mi país, con
el único objetivo de perpetuar en el poder al actual presidente Nicolás Maduro
Moros, iniciar un ciclo de protestas pacíficas consistentes en marchas y toma
de las principales vías de circulación de la ciudad, con el único objetivo de
presionar al gobierno a reingresar al marco constitucional dado por la población
venezolana en elecciones libres y pacificas en el año de 1999.
El afán instaurado en mí, por rescatar la institucionalidad de mi país, de las
garras del totalitarismo marxista que se estaba instaurando, y que mantenía en
estado de zozobra e incertidumbre, me impulsó a participar de manera activa y
en primera línea de éstas protestas, las cuales, siempre fueron de corte
pacífico y en el marco de los señalado en la Constitución y la Ley vigente en mi
país, sin desconocer de modo alguno, los derechos de los demás ciudadanos
que de alguna manera apoyaban y apoyan el actual régimen a pesar de ser
discriminados como ciudadanos, al no permitirnos expresarnos con total
libertad, para exponer nuestras ideas y conceptos, sobre el rumbo y destino
final de nuestro país.
Estas discriminaciones se basaron en el cierre de canales de información para
el movimiento estudiantil disidente y no oficialista, lo que no permitía una
comunicación directa con los habitantes del Estado Táchira, pues se nos
señalaba de terroristas y delincuentes, por el solo hecho de querer expresar
conceptos contrarios a los emitidos por los canales oficiales del Estado
venezolano, lo que obligaba a muchos medios de comunicación regionales y
locales a no permitirnos participar en foros o debates sobre la situación que
sufría tanto la población venezolana, como todo el estamento político y social
de la república, por lo que, la autocensura de los medios de comunicación no
oficiales, comenzó a cercenar, disminuir y anular toda forma de protesta de
carácter comunicacional contra el régimen instaurado en Venezuela.
Ante esta situación nuestra forma de protestar, y en especial la mía, sufrió un
gran cambio, porque decidimos ser más activos en nuestra protesta, y
comenzamos a llamar a marchas y caminatas en la ciudad, como una forma de
hacernos sentir, y al mismo tiempo, comunicar al común de la gente, nuestras
ideas, propósitos y razones, para advertir y desmontar la historia oficial, de
participación ciudadana dada por el Gobierno de turno, y que consistía en
presentar un país con amplias libertades y respetuoso de los derechos civiles y
políticos de sus ciudadanos
Nuestra forma de protestar, comenzó un ciclo de conmoción a nivel social que
hizo crecer el número de personas que encontraban cada día una razón de
peso para desconfiar de quien detenta el poder político, económico y social de
mi país, motivo por el cual, el Presidente de la República Nicolás Maduro
Moros, en compañía del Gobernador del Estado Táchira Capitán del Ejército
José Gregorio Vielma Mora, comenzaron a señalar que el movimiento
estudiantil del Estado Táchira se encontraba al servicio de potencias
extranjeras que promovían agitación social, con el propósito de derrocar el
Gobierno venezolano, señalando que los Estados unidos de Norteamérica, era
el principal financista e ideólogo de esta forma de desestabilización, según
ellos dirigida contra el pueblo venezolano.
A partir de ésta declaratoria, todas las marchas y concentraciones convocadas
por los estudiantes de la UCAT o de cualquier otra casa de estudios superiores
establecidas en la ciudad de San Cristóbal, era hostigada y atacada por las
fuerzas policiales y militares del Estado, mediante el uso sin razón de la fuerza,
traducida ésta en el uso de armas de fuego y armas químicas para el control de
orden público, lo cual, estaba y está prohibido por nuestra constitución y los
tratados internacionales sobre derechos humanos, lo cual no amilanó ni
disminuyó las ganas de participar en estas formas de protesta, que tenían
como objetivo, despertar el estado de conciencia de la población civil y pacífica
del Estado Táchira, y en general de Venezuela, para organizarnos
políticamente y lograr la transición del hasta ese momento estado de cosas
representado por los dirigentes políticos del Partido Socialista Unido de
Venezuela, hacia una democracia plena, en la que se respetará el estado de
derecho y sobre todo, en el que se garantizara el ejercicio pleno y sin
discriminación alguna de los derechos políticos y civiles de todo habitante de mi
país
Como nuestro movimiento iba cada día ganando más simpatizantes y nuestro
mensaje empezó a difundirse rápidamente entre los distintos sectores de la
población venezolana asentada en el Estado Táchira, el gobierno representado
por el Presidente Nicolás Maduro Moros y el Gobernador del Estado Táchira
Capitán José Gregorio Vielma Mora, también empezaron a incrementar la
violencia policial y del aparato represor del Estado, representado por la Policía
Nacional Bolivariana y la Guardia Nacional Bolivariana, quien inició una
persecución selectiva sobre miembros del movimiento estudiantil de la UCAT,
por el solo hecho de ser identificado como tales, en las distintas
manifestaciones llevadas a cabo a mediados del año 2014, entre los cuales me
encontraba yo.
En medio de una protesta convocada por miembros del movimiento estudiantil
de la UCAT, sufrí por primera vez en carne propia el atropello psicológico y
físico de la violencia institucional impuesta por el Gobierno Nacional y Regional,
pues funcionarios pertenecientes al cuerpo militar Guardia Nacional
Bolivariana, en una tropa aproximadamente de 25 motos, arremetieron con
armas de fuego contra quienes marchábamos de manera pacífica,
debidamente autorizados por el gobierno municipal, alcanzando con
perdigones las pierna de José Horacio Delgado Colombo, miembro de mi
familia, quien me acompañaba en ese instante, corriendo con la suerte de no
sufrir daño físico alguno, no obstante de encontrarme en medio de los disparos
que sin razón alguna realizaron estos funcionarios y que me produjeron un
temor grande, el cual, todavía sufro, al pensar que mi destino final puede ser la
muerte si regreso a mi país.
No obstante este estado de cosas, y con el temor cierto y fundado sobre la
posibilidad de ser dañada física y moralmente, lo que se podría traducir en mi
muerte, fui testigo de excepción en el hecho mas palpable y evidente de la
represión del Estado Venezolano, como lo fue el asesinato a manos de
miembros de la Policía Nacional Bolivariana, del adolescente Kluivert Roa, que
participaba como miembro del estudiantado de educación secundaria, en una
protesta en apoyo a la UCAT, que había sido señalada por el Gobernador del
Estado Táchira, como un centro de formación de terroristas y
desestabilizadores, lo que trajo como consecuencia la aplicación desmedida
del uso de la fuerza policial contra sus instalaciones y sus miembros entre los
cuales me encontraba, por medio del uso de gases lacrimógenos y disparos de
armas de fuego, para amedrentar a las autoridades universitarias, sus
profesores y alumnado en general, para que desistieran de su participación en
las protestas y desanimarlos para que no se organizaran políticamente y así
consolidar su plan de hegemonía en el poder y de instaurar definitivamente su
régimen de corte marxista estalinista apoyado por las autoridades de la
República de Cuba.
(Insertar fotos)
Las amenazas del Gobierno Nacional y Regional, siempre han tenido como
objetivo amedrentar y desmoralizar al conjunto de personas que participamos
en las manifestaciones contra la política de segregación política llevada por los
personeros que representan el poder público en Venezuela, incluidos
estudiantes y trabajadores del sector público y privado y que se materializaron
en el despido de muchas personas que por manifestar su descontento a las
políticas públicas llevadas a cabo en distintas instituciones oficiales, basadas
en ideologías totalitarias como la marxista-socialista, de corte cubano y hasta
ser privados de libertad sin formula de juicio y obviando por supuesto con todas
las reglas de fair play, conocidas como debido proceso, que garantiza a todo
ciudadano un conjunto de garantías que tienen por objeto protegerlo del poder
arbitrario del Estado.
Ante esta situación, decidimos como parte del colectivo orgánico de la sociedad
civil organizada incrementar nuestra protesta, siempre en el marco de la
constitucionalidad y legalidad, por lo que, los detentores del poder punitivo del
Estado, procedieron ya no a ordenar a los cuerpos represores legalmente
institucionalizados, sino a los grupos paramilitares, denominados por ellos
“colectivos” que iniciaran procedimientos de amedrentamiento y exterminio de
todo aquel que fuera señalado como miembro del Movimiento Estudiantil,
sociedad civil organizada o partidos políticos de oposición, con lo que se
aseguraban una mayor eficacia en cuanto a las desviaciones de poder
traducidas en represión mediante armas de fuego imposibles de rastrear ya
que pertenecen a órganos policiales que facilitaban las mismas, para lograr
impunidad o falta de castigo, si se producían muertes o cualquier otro hecho
delictivo que tuviera como consecuencia la posibilidad de ser investigado por
cuerpos científicos adscritos a la policía judicial venezolana.
Las técnicas implementadas especialmente por el Gobernador del Estado
Táchira Capitán del Ejercito José Gregorio Vielma Mora, consistía en dar
resguardo a estas personas que conformaban los llamados colectivo en su
residencia oficial y dar toda la logística para que se presentaran en los puntos
donde se realizaban concentraciones y manifestaciones en contra del Gobierno
Nacional y Regional, y con total impunidad frente a cuerpos policiales del
estado, utilizaban esas armas contra quienes nos encontrábamos allí,
provocando heridos y muertos, y no contentos con esta situación, procedían a
hurtar y robar los bienes de las personas que hacíamos presencia en dichos
sitios.
Como dichas tácticas no amilanaron, ni quebraron el ánimo y la convicción de
lucha de todos los que habíamos decidido escoger el camino de la protesta
pacífica y democrática, para hacer uso de los medios constitucionales para
remover del poder al ciudadano Presidente de la Republica Nicolás Maduro
Moros, como era el Referéndum Revocatorio, previsto en la Constitución
Política de nuestro país; el Poder Ejecutivo de la manera más descarada
procedió a intervenir en la toma de decisiones del Poder Electoral,
secuestrando ésta posibilidad democrática de resolver el conflicto político que
vivía mi país de origen, lo que provocó que nuevamente incrementáramos,
nuestra presencia en la calle, con la finalidad de hacerle entender al Gobierno
Nacional que esa era la única salida a tal situación.
Esta situación enardeció aún más tanto al Presidente de la República, como al
Gobernador del Estado, quienes dieron carta blanca a los llamados colectivos
para que procedieran a imponer su Ley, lo que trajo como consecuencia,
especialmente en mí, tener que estar escondida por todas cosas dichas,
porque siendo estudiante y trabajadora del gobierno al mismo tiempo, la
intranquilidad y el miedo con que se desato en el territorio de la República de
Venezuela, constituyó una fuente de enfermedades de carácter psicológico y
físico.
Mi intranquilidad llegó a extremos de no sentirme segura en ningún lado, pues
siempre estaba temerosa al saber que, en cualquier momento, te pueden privar
de libertad, por pensar de manera distinta a la que el gobierno quiere, que mi
familia no puedas estar tranquila, ante la angustia de no saber dónde podría
estar no obstante de estar seguros que podía estar en mi sitio de trabajo o en
la universidad estudiando, porque por pensar diferente te amenazan con matar,
herir, privar de libertad, secuestrar a un miembro de tu familia. Que el miedo se
hace casi insuperable, cuando de una manera inexplicable, podías ser objeto
de robo o hurto o de cualquier otro delito, por miembros adscritos a los cuerpos
de seguridad del país, tales como Policía Nacional Bolivariana, Policía Regional
y Servicio Bolivariano de Inteligencia, todos organismos creados para mantener
el orden público, y sobre todo como policías de prevención y represión del
delito.
El clímax de la violencia que viví y que me hizo reflexionar sobre la posibilidad
de salir del país y realizar una solicitud de asilo en este país, se produjo el años
pasado, cuando al participar en una concentración dentro de los límites
constitucionales señalados para el ejercicio del derecho de protesta y
debidamente permisados por la Alcaldía del Municipio San Cristóbal, ente que
legalmente tiene tal facultad, fui atacada por un grupo de Guardias Nacionales
que utilizando perdigones, gas picante, piedras, vehículos blindados cargados
de agua, arremetieron contra todos los que estábamos allí, y de no haber sido
por una vecina solidaria, yo hubiera perdido la vida, pues fui apuntada por uno
de estos sujetos, que no disparó sobre mi cabeza, porque gracias a la
intervención de la vecina sus disparos solo alcanzaron la puerta de la vivienda
de la misma, no obstante de haber recibido en mis piernas los impactos de los
perdigones que salieron de otras ráfagas hechas por Guardia Nacionales
Bolivarianos.
Como consecuencia de lo antes descrito, decidí salir del territorio de la
República Bolivariana de Venezuela, totalmente destrozada física, moral y
psicológicamente, por cuanto el miedo fundado en la actuación de miembros de
la policía ordinaria de mi país, así como, de las policías políticas, desataron
sobre mí y mi familia, al punto de considerarnos enemigos políticos del Estado
Venezolano y objetivos militares de los grupos paramilitares constituidos y
financiados por el Poder Público del Estado Venezolano, haciendo que muchos
de mis familiares tuvieran que exiliarse en otros países, tomando la como vía
de escape de tal situación viajar a los Estados Unidos de América, para
solicitar asilo, ante el temor fundado y cierto, de que mi vida corre peligro en el
Territorio de la República Bolivariana de Venezuela, motivo que me impide
volver, al estar totalmente segura, que de hacerlo voy a ser eliminada
físicamente, bien por las policías del Estado, o, por los grupos paramilitares
conocidos como “Colectivos” los cuales se encuentran al servicio del
Presidente de la República, y que se encargan de realizar todas las acciones
de desaparición forzada de personeros políticos y de la sociedad civil, que se
encuentran en mi misma condición.
Yo declaro bajo pena de perjurio bajo las leyes de los Estados Unidos que lo
anterior es verdadero y correcto.