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Fijación de Puntos Controvertidos en Juicios

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4.- Base legal de la fijación de puntos controvertidos.

Exégesis de la norma

“Código Procesal Civil. Artículo 468º (Primer párrafo) Fijación de los puntos controvertidos y
saneamiento probatorio.

Expedido el auto de saneamiento procesal, las partes dentro del tercero día de notificadas
propondrán al juez por escrito, los puntos controvertidos. Vencido este plazo con o sin la
propuesta de las partes, el juez procederá a fijar los puntos controvertidos y la declaración
de admisión o rechazo, según sea el caso, de los medios probatorios ofrecidos”.

La norma se encuentra ubicada en la sección correspondiente a la Postulación del Proceso;


es decir, en la parte en la cual se establecen las reglas básicas y genéricas del mismo; y
posterior a la etapa de Saneamiento. Con ello, habiéndose logrado la sana postulación de la
litis, y conociéndose a plenitud las pretensiones y contra pretensiones, y definidas las
cuestiones previas y excepciones que puedan interrumpir la secuela del juicio, corresponde
al juez fijar objetivamente la controversia.

La fórmula normativa, otorga la iniciativa a las partes para que sean estas las que señalen
los puntos controvertidos. Hay que llamar la atención que la norma no define qué son los
puntos controvertidos, por lo que debemos suponer que el legislador o bien ha considerado
dejar su definición al libre albedrío de las partes, o bien que ella está implícitamente
contenida en la demanda y su contestación. Por ello, deberemos remitirnos a la Doctrina.

En el primer caso, podemos soslayar que siendo el proceso civil a impulso de parte, son
estas las que proponen todos los objetos materia de la controversia y que in stricto forman
parte del conflicto. Es decir, siendo las partes en conflicto las que han generado una
situación litigiosa por haber producido hechos de trascendencia jurídica que deben ser
definidos en sede jurisdiccional, les corresponde a ellas mismas señalar cuales son los
objetos discordantes de ese conflicto a fin de que sean sometidos a una apreciación
imparcial y objetiva por el juez.

Esta apreciación formaría parte de una teoría liberal del concepto de la controversia
litigiosa; de ahí que se permite a las partes sin restricción normativa alguna, la iniciativa de
propuesta de los puntos controvertidos sobre los cuales va a versar el objeto del proceso.
Adviértase que la fórmula normativa en efecto, no condiciona de manera alguna, la forma en
que las partes puedan proponer la fijación de la controversia. Queda a criterio irrestricto de
ellas. La Doctrina, no recoge esta tesis.

En el caso de la definición implícita, nos remitimos a la exposición de los dichos de las


partes en lo pertinente a los Fundamentos de Hecho que cada una de ellas expone. Al
efecto se tiene que tanto demanda como contestación, inician su planteamiento con los
fundamentos de hecho en que se sustentan cada una de ellas. Esta fórmula expositiva, no
debería originar mayor complejidad, pues en esencia debería ser la narración de los
antecedentes del conflicto mismo de acuerdo al accionar de cada una de las partes. La
narración de lo sucedido, in stricto debería ser uniforme. Un hecho se produjo o no se
produjo. La forma como se puede producir un hecho no debe variar, pues es el origen de
una consecuencia jurídica. Se negocia una relación contractual para el arrendamiento de un
inmueble. Se firma el contrato. Vence el mismo; el arrendatario se niega a desocuparlo;
deviene la demanda de desalojo. No existe ninguna complejidad en la secuencia de los
antecedentes de los hechos producidos.

Sin embargo, la fijación de la controversia no es la simple narración de los antecedentes o


historia práctica del conflicto. Lo que es de utilidad del proceso para la solución del conflicto,
no es la simple producción de hechos; sino las causas o circunstancias en que estos se
produjeron. Se negoció el contrato. El contrato contenía cláusulas que obligaban a ambas
partes y condicionaban la vigencia del mismo. El arrendador no cumplió con alguna de sus
obligaciones, lo que motivó que el arrendatario exigiera la extensión del contrato. Por su
parte el arrendador alega que si cumplió sus obligaciones y lo que pretende el arrendatario
es una extensión arbitraria y no contemplada en el contrato. Esas diferencias en las causas
de los hechos, es lo que le interesa al proceso.

La controversia radicará en consecuencia no en la relación de los acontecimientos


producidos, sino en la forma en que estos se originan por actuación de las partes. Más
específicamente para Gozaíni, son hechos alegados los que fueron introducidos en los
escritos constitutivos de demanda, reconvención y contestaciones y que son objeto de
prueba cuando son afirmados por una parte y negados o desconocidos por la otra(23). Por
tanto, la postulación de la controversia no versa sobre los hechos materiales, sino en los
hechos subjetivos; aquellos que las partes han producido con su propia conducta. No se
discutirá si concluyó el contrato de arrendamiento, sino cuales fueron las causas que
llevaron a una situación de inestabilidad contractual y cual fue el grado de responsabilidad
de las partes; ello para proceder a resolver la pretensión o contrapretensión como declarar
la conclusión efectiva del contrato o su vigencia.

En consecuencia, la forma en que estos hechos subjetivos son producidos por las partes
mediante su conducta previa a la ocurrencia de una consecuencia jurídica, se encuentran
implícitamente en sus fundamentos de hecho. Tales fundamentos propiamente implican la
justificación o excusa de su conducta previa a la generación del conflicto, y por tanto resulta
evidente que deben ser opuestas. No queda más que el juez extraiga tales puntos
discordantes de sus exposiciones de hecho, para que pueda centrar la controversia. Esta
teoría determina que contrariamente a la corriente liberal, ya no serán las partes las que
propongan la fijación de los puntos controvertidos, sino le otorga preeminencia al Juez para
que de modo objetivo extraiga las discordancias en la justificación de las conductas de las
partes.

Abonando a esta corriente, Montero Aroca señala que la función que las partes le quieran
dar al proceso es indiferente, por que el Derecho no puede regular que finalidad concreta
persigue una parte con la utilización del proceso(24).

La fórmula legal del Código Procesal Civil peruano, pareciera acercarse más a esta postura,
por cuanto le otorga al juez la facultad de prescindir de la propuesta de las partes, para ser
él quien finalmente plantee el objeto de la controversia. La potestad de iniciativa de las
partes queda pues sujeta a la determinación objetiva del juez. Sin duda la eliminación de la
audiencia correspondiente, ha eliminado la posibilidad de la fijación de la controversia en
dicho acto procesal de acuerdo al Principio de Inmediación; lo que ha originado surja una
figura procesal sin mayor trascendencia efectiva (la propuesta de las partes), salvo la
dilación del proceso.

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