Hay un cierto tipo y cantidad de información pertinente y básica para la comprensión de un fenómeno, y
es sobre esta –su apropiación, análisis y manejo– que hay que detenerse.
¿Oriento a mis estudiantes para que aprendan a digerir el constante bombardeo de la información que
se produce hoy?
Se requiere de un profesor que esté más atento a: Hacer un manejo de clase que le permita al estudiante
la posibilidad de preguntar, de equivocarse, de ensayar, de proponer, de argumentar y
contraargumentar
Así las cosas, se presentan a continuación algunas condiciones necesarias en el docente que posibilitan
plantear una clase que propicie los anteriores propósitos. Se parte de que es: ● Conocedor de diseños de
clase acordes con lo que se propone. ● Conocedor de las bondades del saber preguntar por lo justo, en
su momento justo. ● Conocedor de las habilidades, intereses o inclinaciones de sus estudiantes. ●
Conocedor de una amplia gama bibliográfica de la cual pueda echar mano en un momento dado.
El añejo concepto de clase únicamente expositiva, unidireccional y magistral por parte del profesor, y en
la cual el estudiante funge como escribiente acrítico de lo dicho o escrito en el tablero, no le permite
desarrollar actividades que le lleven a disentir, proponer y argumentar. Una clase que propicie tales
ejercicios es, por excelencia, la que mejor privilegia el desarrollo de una serie de destrezas, no solo
cognitivas, sino también, procedimentales, afectivas, actitudinales.
Este debiera ser un imperativo categórico de las Ciencias Sociales del siglo XXI: la formación de un
estudiante que pueda comprender la relación dialéctica entre lo local y lo global que le permita entender
mejor su responsabilidad social en la conservación y mejoramiento del planeta
Un profesor cuyas cosmovisiones trasciendan los entendimientos ortodoxos de “cómo deben ser las
cosas”;
La educación así entendida, se observa como un ámbito especial del quehacer del hombre; entre otras
cosas, porque educar no es única y necesariamente transmisión de conocimientos
Fredy Montes de Oca Moreno
Otra lectura 2
Cada persona sabe cuánto cuesta empezar cada hora con el conocimiento nuevo, la complejidad de la
ciencia y el asombro del arte, el maestro invita a mirar el futuro, el mundo de impensadas revoluciones
sociales, el encuentro de caminos más actuales y 2 vigentes para enfrentar una enseñanza remozada.
Invita a analizar y revisar los problemas en la óptica del contexto social, porque la educación es ella
misma, si repetimos con Ortega, un “trozo de vida social”, idea básica para plantearse su quehacer
permanentemente. Ésa es, pues, parte de su propia misión: provocar la motivación para lograr la
recreación del conocimiento y la cultura, aproximarse cada día a la sorpresa de la ciencia, al desafío del
encuentro con la verdad. Ésa es la responsabilidad del oficio de maestro
Todos hemos comprendido que este oficio de maestro es una faena de difícil trabajo y que hay que
empaparla de heroísmo para que se ejerza con dignidad y entereza; es un oficio de amor; una tarea de
donante y no de ser gratificado; Una entrega total, sin egoísmo ni vanidad.
No reside el valor sólo en la materia del oficio elegido por ellos, sino muy especialmente en la certeza de
su vocación
su responsabilidad en el oficio lo hace trascendente en actos humanos de servicio hacia la sociedad.
Marino Pizarro Pizarro
Docencia como punto de convergencia del compromiso académico, social y ético
En este escrito se abordará el papel de la labor docente, teniendo en cuenta diferentes
aspectos, habilidades y roles con los que debe contar un docente para poder dar a sus
estudiantes una educación contextualizada, flexible y pertinente, ya que ese entre otros
es uno de los fines más elevados del proceso de enseñanza-aprendizaje, esto se
justifica teniendo en cuenta que no se le puede hablar a los alumnos de un
pensamiento analítico, critico y propositivo, cuando dentro del aula no se le da la
participación para que exprese sus ideas, esto sería una gran contradicción. Para de
esta manera comprender la complejidad que es inherente acción de los maestros y que
demanda ética y pedagógica para así pueda realizar de manera satisfactoria el ejercicio
de la más loable empresa que puede emprender una persona que desea ser un agente
activo en el proceso de construcción de criterios en las futuras generaciones.
Ahondemos ahora cada una de esas particularidades que se conjugan en el maestro, y
que lo constituyen en un crisol de habilidades y competencias dan pie a una gama de
concepciones de la docencia desde los diferentes ámbitos: Académico, social y ético.
Cabe resaltar, pues sirve como elemento orientador, que desde el punto del deber ser,
la cual más allá de un ideal debe convertirse en la carta direccionar de todo pedagogo,
esta labor debe ser entendida como “Una faena de difícil trabajo y que hay que
empaparla de heroísmo para que se ejerza con dignidad y entereza; es un oficio de
amor; una tarea de donante y no de ser gratificado; Una entrega total, sin egoísmo ni
vanidad” (M. Pizarro, 2011). En este orden de ideas, al ser este un oficio de amor, se
deben anteponer la integralidad de la educación a los deseos particulares. De esta
forma el profesor llega a ser un maestro, pues liga su actuar a un compromiso ético, es
decir, que se convierte en una persona impoluta e incorruptible que va a velar por ser lo
más integro posible en el ejercicio de su función.
“Hay un cierto tipo y cantidad de información pertinente y básica para la comprensión
de un fenómeno, y es sobre esta –su apropiación, análisis y manejo– que hay que
detenerse” (F. Montes, 2019). Tomando como referencia a este autor, es valido atribuir
al docente el siguiente rol: El docente como filtro. Puesto que desde el aula-académica,
está realizando lo que se denomina como: Enseñabilidad, el cual es actividad de
reflexión-acción que le permite focalizar los temas más significativos dentro de la gran
variedad de información que está disponible para enseñarlos a sus educandos, pero no
solo termina ahí, pues luego de identificarlos, se empieza a hacer una serie de
cuestionamientos que le dan las herramientas necesarias para articular esos nuevos
conocimientos con la realidad de la cual se encuentran inmersos sus alumnos, en aras
de que la educación sea como se dijo al iniciar el texto, contextualizada y pertinente
estos son: ¿Qué enseñar? ¿Cómo enseñar? ¿Para que enseñar? ¿A quién voy a
enseñar? Este papel que cumple el maestro dentro del proceso de formación integral y
contextualizada, se da gracias al compromiso académico que adquiere desde el
momento en que empieza a fungir como formador