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Juan José Flores y la independencia ecuatoriana

Este documento resume la historia de la República del Ecuador hasta 1830, destacando varios puntos claves: 1. Aunque se culpa a Juan José Flores por la separación del Ecuador de la Gran Colombia, la independencia ecuatoriana era inevitable dado que Quito fue la primera nación hispanoamericana en manifestar su deseo de independencia en 1809. 2. Luego de la independencia, Ecuador siguió sufriendo debido a las grandes exigencias de recursos por parte de Bolívar para sus campañas militares en el Perú, empobreciendo aún más al
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Juan José Flores y la independencia ecuatoriana

Este documento resume la historia de la República del Ecuador hasta 1830, destacando varios puntos claves: 1. Aunque se culpa a Juan José Flores por la separación del Ecuador de la Gran Colombia, la independencia ecuatoriana era inevitable dado que Quito fue la primera nación hispanoamericana en manifestar su deseo de independencia en 1809. 2. Luego de la independencia, Ecuador siguió sufriendo debido a las grandes exigencias de recursos por parte de Bolívar para sus campañas militares en el Perú, empobreciendo aún más al
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LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830

V EL GENERAL JUAN JOSE FLORES

(FRAGMENTOS)

Por JORGE SALVADOR LARA*

Suele imputarse la separación del Ecuador de la Gran Colombia exclusivamente


a la ambición del joven general Juan José Flores, militar venezolano destinado a
Quito por el Libertador Bolívar y aquí afincado en razón de su matrimonio con
doña Mercedes Jijón; pero se olvida que la independencia del Ecuador, manzana
madura en el árbol de la historia, necesariamente se habría producido aun sin la
acción de Flores. Este, más bien, como uno de los fieles y principales sostenedores
de Bolívar y de su política, retardó cuanto le fue posible esa separación, que bien
pudo haberse producido antes; y cuando ella ocurrió, aún intentó salvar la integri-
dad de Colombia, pues tanto el Acta del 13 de mayo de 1830 como la Primera
Constitución de la nueva República se referían al "Ecuador en Colombia" y a una
posible asamblea de sus tres componentes -Venezuela, Nueva Granada y Quito--
que sellasen la unidad bajo un régimen de confederación, en la esperanza de que
Bolívar pudiese volver a gobernarla.
Quito, la primera nación hispanoamericana en manifestar heroicamente sus
afanes independentistas en la Revolución del 10 de agosto de 1809, no logró
conseguir su libertad sino con el apoyo foráneo de la espada de Sucre y los ejér-
citos de Bolívar, porque la represión española fue terrible contra los patriotas.
Efectivamente, el 2 de agosto de 1810 fueron masacrados los principales dirigentes
de la Revolución y a partir del triunfo realista del general Montes, en 1812, los
patriotas que habían logrado sobrevivir encontraron la muerte, o en los campos de
batalla, o en el paredón de fusilamiento. Los dirigentes que escaparon al martirio
fueron confinados en diversos lugares de la Audiencia, o desterrados a sitios tan
lejanos como Manila, en Filipinas, o Ceuta, al Norte de Africa. Quito quedó sin
dirigentes. Y el poder español perduró diez años más. 1

* Presidente de la Academia Nacional de Historia del Ecuador y Catedrático de la Univer-


sidad Católica de Quito.- Ex-Canciller de la República del Ecuador.
l. Sobre la Revolución de Quito de 1809, véase, principalmente:
DE LA TORRE REYES, CARWS: La Revoluci6n de Quito del 10 de Agosto de 1809. Editorial del
Ministerio de Educación, Quito, 1961, 722 pp.
NAVARRO, JosÉ GABRIEL: La Revolución de Quito del 10 de Agosto de 1809. IPGH Plan piloto
48 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

El 9 de octubre de 1820 se proclamó la independencia guayaquileña aprove-


chando el paso por allí de los oficiales venezolanos Letamendi, Urdaneta y Pebres
Cordero, que se unieron a los patriotas del puerto, algunos de los cuales habían
permanecido indiferentes de 1809 a 1812. La libertad de Guayaquil originó la
llegada de las tropas de Bolívar al mando de Mires, primero, y de Sucre, después.
Guayaquil fue en seguida incorporada a la Gran Colombia, mediante hábil golpe de
Sucre. Casi dos años más tarde, en dura campaña, Quito cayó en poder de los
ejércitos libertadores, triunfantes en la batalla del Pichincha el 24 de mayo de 1822.
De inmediato se proclamó también la adhesión a Colombia y poco después llegó
Bolívar.2
El triunfo patriota, sin embargo, no significó la libertad nacional por la que
tanto había luchado el antiguo Reino de Quito. Bolívar y Sucre partieron pronto al
Sur, a la campaña del Perú, cuya independencia sellaron en las batallas de Junín y
Ayacucho. Pero, Quito, convertido ya en Departamento del Sur de Colombia, y me-
diatizado con un nuevo nombre, el de Ecuador, se vio gobernado por militares
foráneos: la dominación española había sido sustituida por otra. Los quiteños,
deudos de los próceres del primer grito de independencia de Hispanoamérica,
aplaudieron, sí, el fin del gobierno español, pero no quedaron satisfechos con el
nuevo gobierno. "Ultimo día del despotismo y primero de lo mismo" empezó a
aparecer escrito en las paredes de la ciudad.
Por otra parte, la guerra libertadora en el Perú siguió exigiendo grandes
sacrificios. Armas, hombres y dinero fueron requeridos en gran escala por Bolívar
desde el Sur. Y como Venezuela estaba muy lejos y en Nueva Granada gobernaba
Santander, adversario de Bolívar, los recursos se sacaron sobre todo de Quito,
primero apelando al patriotismo de sus habitantes, después prácticamente a la fuerza.
Si la revolución de 1809 ya había tenido como causa, entre otras, la pobreza del
Reino, otrora rico, de 1809 a 1812 la convulsión independentista y la represión
española dejaron más miserables aún a los pueblos; de 1813 a 1820 Quito fue
principalísima fuente de recursos para sostener a los ejércitos realistas que se
batían en Nueva Granada, y de 1820 a 1822 la lucha volvió a desangrar a la
antigua Presidencia: hombres, acémilas, vituallas y dinero fueron tomados de bue-
nas o de malas por los dos bandos contendientes. El triunfo de Pichincha pareció a
los quiteños que debía ser el término de tantos dolores, privaciones y amarguras: sin
embargo, no fue así. Continuaron las levas forzosas de reclutas, las contribuciones
y las requisas, primero para la campaña de Pasto y luego para la del Perú. El país
se empobreció más aún. Ni siquiera hubo el consuelo del Gobierno propio, por
el que tanto se había luchado, pues empezó a gobernar una casta militar neogra-
nadina o venezolana.

del Ecuador. Publicación N~ 247, Quito, 1962, 532 pp.


PoNCE RivADENEIRA, ALFREDO: Quito. 1809-1812 Según los documentos del Archivo Nacional de
Madrid. Madrid, 1960, 300 pp.
SALVADO LARA, JORGE: La Patria Heroica. Ensayos críticos sobre la Independencia. Ediciones Qui-
tumbe, Quito, 1961, 246 pp.
2. Sobre la Revolución de Guayaquil de 1820:
D'AMEGOURT (DESTRUGE, CAMILO): Guayaquil. Revolución de Octubre y Campaña Libertadora
de 1820-1822. Imprenta Elzeviriana de Borrá, Mestre y Cía., Barcelona, 1920, 407 pp.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 49

Los historiadores citan, en confirmación de lo dicho, la correspondencia de la


época entre los jefes colombianos: Bolívar, Sucre, Salom, Santander. Cuando estos
jefes hablan de Qutio se refieren principahnente a hombres, dinero, vituallas, basti-
mentas, acémilas, tomados o por tomarse de la capital, de Guayaquil, de Cuenca, de
todas partes, hasta límites increíbles que -dadas las necesidades de la campaña-
todavía parecían poco a algunos de aquellos generales. Y se citan estadísticas -y
no precisamente de fuente ecuatoriana- que demuestran cómo, mientras Venezuela
aportó, de 1822 a 1826, tomándolos del tesoro público, algo más de 160.000
pesos, y Nueva Granada casi 450.000, Ecuador dio cerca de 1.700.000 pesos: es
decir que el más pequeño de los tres departamentos de Colombia, ya exhausto tras
un período de terrible convulsión, aportó él solo tres veces lo que daban los otros
dos reunidos. ¡La situación no podía ser más injusta ni más explosiva!3
El 12 de abril de 1823 ocurrió el primer motín en Quito, bajo el gobierno
del general Salom, por una leva forzosa de reclutamiento en la plaza de Santo Do-
mingo, debiendo lamentarse entonces 36 muertos y decenas de heridos. El 25 de
mayo de 1824 hubo un alzamiento realista en Gualaceo, sofocado a la fuerza. A
mediados de 1826 se sublevó en Quito un cuerpo de veteranos, que fue sometido por
el general Flores, a la sazón Comandante General. Otro cuartelazo hubo en enero
de 1827. Y en marzo de ese año, la III División Auxiliar Colombiana se sublevó
en Lima: uno de sus contingentes llegó al Ecuador, haciéndose fuerte en Guayaquil,
mientras flores encabezaba en Cuenca la contrarrevolución: hubo varios combates
y al fin se restableció el orden.4
Mientras tanto, y como si todo lo dicho fuera poco, la situación política se puso
cada vez más turbia: Bolívar, Presidente de Colombia y Dictador del Perú, sufría
en Lima la oposición sañuda de los peruanos y en Nueva Granada la adversidad
de los liberales encabezados por el Vicepresidente Santander, lo que le obligó a vol-
ver a Bogotá; Sucre, Presidente de Bolivia, renunció por su parte el poder, después
del atentado de Chuquisaca, que le costó un brazo, el 18 de abril de 1828; y el
mismo Libertador escapó a la muerte en Bogotá el 25 de setiembre de 1828, en el
célebre [Link] preparado por el grupo de Santander, en el que cobró fama de
heroísmo la quiteña Manuelita Sáenz. Los frustrados opositores hicieron, por
añadidura, correr el rumor de que Bolívar quería proclamarse rey, lo que agravó
la tensión política y contribuyó, por mecánica social, a que entre los partidarios del
Libertador surgiesen algunos que no descartaban ésta entre las posibles soluciones
a la crisis. Aumentó el odio contra el general Bolívar, abiertamente atizado por
sus opositores liberales, por Santander y, al parecer, por las sociedades secretas, que
habían sido proscritas por Bolívar. El Ecuador no quedó exento de estas perturba-
ciones, a pesar del gran amor de los quiteños por Bolívar y Sucre.

3. Véase: CEVALLOS, Pm>Ro FERMÍN: Resumen de la Historia del Ecuador, desde su origen
hasta 1875. Vol. IV: El Período Colombiano, 1822-1830. Guayaquil, 1889, 473 pp., más VI.
REYES, OscAR EFRÉN: Breve Historia General del Ecuador. Tomo 11, La Independencia y Gran
Colombia, etc., 5~ ed., Quito, 428-936 pp.
4. CEVALLOS, PEDRO FERMÍN: id., id.
J. L. R. (LE GoHUIR RAUD, JosÉ MARÍA): Historia de la República del Ecuador. Vol. 1, 1809-
1860. Quito, 1920, 462 pp.
50 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

Para colmo de males surgió, vinculado también con la política, el problema


de límites entre Perú y Colombia, que culminó con la guerra. Esta agravó aún más el
malestar económico, al que se sobrepuso el patriotismo de los ecuatorianos, gracias
al cual el enemigo fue vencido en Tarqui, el 27 de febrero de 1828. Sucre y Flores
se cubrieron de gloria. Pero La Mar se negó a entregar Guayaquil. Hubo una nueva
campaña, la de Buijo. Sólo el golpe militar, que depuso a La Mar y encumbró a
Gamarra, impidió que la guerra continuara y permitió el retorno de Guayaquil a
la Gran Colombia. Pese a la victoria, el problema limítrofe no quedó, por la
caballerosidad de Sucre en Tarqui, definitivamente solucionado.5
Con tal cúmulo de problemas, la situación de Colombia se volvió ruinosa, casi
anárquica. Bolívar, para solucionar tantos males, convocó una Asamblea Constitu-
yente, que se reunió en Bogotá en enero de 1830, y ante ella resignó sus poderes.
La presidió Sucre y ha sido llamada "el Congreso Admirable". Pero ya a fines
de 1829 Venezuela, bajo el mando del general Páez, anunció su decisión de sepa-
rarse de la Gran Colombia. Sucre encabezó una misión conciliatoria que fracasó,
porque Páez ni siquiera le permitió entrar en territorio venezolano: el 18 de abril
de 1830 quedó definitivamente Venezuela como Estado independiente. ¡Sellóse
así el fraccionamiento de la Gran Colombia! 6
En marzo se firmó en Bogotá la nueva constitución. Aumentaba a ocho años el
período presidencial para el cual eligió Presidente, a comienzos de mayo a don
Joaquín Mosquera, y Vicepresidente al general Domingo Caicedo, ambos neograna-
dinos. Bolívar fue reconocido Padre de la Patria, con 30.000 pesos anuales de renta,
que el Libertador, enfermo, cansado y abatido, renunció, despidiéndose·de Bogotá
para partir a Europa, vía Cartagena, el 8 de mayo de aquel año.
Mientras el Congreso Admirable procuraba, artificialmente, mantener la uni-
dad de Colombia, en el Departamento del Sur continuaba el malestar. Los qui-
teños seguían anhelando la independencia absoluta: no habían olvidado sus afanes
de 1809 y les desagradaba la mediatización grancolombiana y esa unión postiza.
Por otra parte, poco o nada se había preocupado el Gobierno, desde Bogotá, por
Quito y su departamento. Y aun el viaje de los diputados al Congreso nacional
era problemático y, si se realizaba, resultaba prácticamente inútil: nada obtenía,
ninguna influencia lograban. Apenas si en la Asamblea pudo, por breves días, ser
Vicepresidente don José Modesto Larrea. Todo ello reunido ocasionó que aquí,
subrepticiamente, continuase la conspiración independentista. Ya en 1824 el Dr. An-
tonio Ante, prócer de 1809, organizó a pesar de sus años un golpe anticolombiano,
que fracasó. Y los Valdivieso, Guillermo y José Félix, soñaban con crear un nuevo
Estado, "La Atahualpia": el nombre de "Ecuador", acuñado por la Ley de División

5. Sobre Tarqui, véase: CHIRIBOGA, ANGEL IsAAC: Tarqui Documentado. Guerra de 1828-
1829, 2 vols. 1960, Quito.
DE GuzMÁN, MANUEL: Doctrinas Ecuatorianas en el Derecho Internacional "La Victoria no
crea Derechos". Doctrina Sucre. Corporación de Estudios y Publicaciones. Quito, 354 pp.
6. Sobre los últimos años de Bolívar, en medio de abundantísima bibliografía bolivariana,
véase: LARRAZÁBAL, FELIPE: Vida de Bolívar. Correspondencia General del Libertador Simón
Bolívar. Tomo II, New York, Imprenta de Eduardo O. Jenkins, 1871, 591 pp.
M1JARES, AUGUSTO: El Libertador. Fundación Eugenio Mendoza. Caracas, 1967, 590 pp.
RuMAZO GoNZÁLEZ, ALFONSO: Bolívar. Colección de Bolsillo EDIME, 4, ed, Madrid, 1968, 272 pp.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 51

Territorial de 1824, había hecho olvidar, aun a ellos, el nombre propio de estos
territorios, Quito.7 Parece también que aun el mismo La Mar, al atacar a Colombia,
abrigaba las esperanzas de crear para sí un nuevo Estado, pues se sentía extraño
como Presidente del Perú.8 Elizalde, en Guayaquil, planeaba por su parte, por
animosidad contra Bolívar, la separación del Departamento del Sur. La actuación de
Páez en Venezuela sirvió de acicate para renovar los ideales autonomistas del Quito.
Sólo el amor a Bolívar había impedido que cristalizase antes la separación
del Departamento del Sur. A fines de 1829 todas sus secciones expresaron su adhe-
sión a Bolívar. Flores le invitó a venir a Quito. En marzo de 1830 los padres de
familia y el Obispo le renovaron su afecto públicamente, exhortándole a venir
a radicarse entre nosotros. Siempre será motivo q.e ufanía para el Ecuador la re-
producción de esas cartas, por las cuales, un siglo más tarde, el ilustre Presidente
de Venezuela general Eleazar López Contreras reconocería para nuestra patria "el
procerato de la lealtad al Libertador". Dice así la primera, suscrita en lugar pre-
ponderante por el general Flores:
"Excmo. Señor Libertador Presidente:
Los padres de familia del Ecuador han visto con asombro que al-
gunos escritores exaltados de Venezuela se han avanzado a pedir a V.E.
no pueda volver al país donde vio la luz primera; y es por esta razón
que nos dirigimos a V.E., suplicándole se sirva elegir para su residen-
cia esta tierra que adora a V.E. y admira sus virtudes. Venga V.E. a
vivir en nuestros corazones, y a recibir los homenajes de gratitud y res-
peto que se deben al genio de la América, al Libertador de un mundo.
Venga V.E. a enjugar las lágrimas de los sensibles hijos del Ecuador y
a suspirar con ellos los males de la Patria. Venga V.E., en fin, a tomar
asiento en la cima del soberbio Chimborazo, a donde no alcanzan los tiros
de la maledicencia, y a donde ningún mortal, sino Bolívar, puede repo-
~ar con su gloria inefable.
Quito, a 27 de marzo de 1830. Juan J. Flores, José M. Sáenz,
Vicente Aguirre, Fidel Quiiano, Pablo Merino, Dr. Pedro José de Ar-
teta, el General A. Farfán, Manuel M. de Salazar, Juan Antonio Terán,
el Crnel. Nicolás Básconez, Manuel Larrea, el Coronel Francisco Montú-
far, Miguel Carrión, M. G. de Valdivieso, Eugenio Peyramal, Secretario
Ramón Miño, Luis Antonio Brizon, Tomás de Velazco, el primer Co-
mandante José M. Guerrero, el segundo Comandante Antonio de More-
no, Mauricio José de Echanique, Juan Maldonado, Manuel del Corral,
Juan de León Aguirre, Rafael Morales, Pedro Montúfar, R. Aguirre,
José Salvador de Valdivieso, José Miguel González, Antonio Baquero,
Rafael Serrano, Antonio Aguirre, el Capitán José C. Guerrero, el Capitán
Darive Morales, el Comandante Manuel Barrera". 9
Y la carta del Obispo expresa lo siguiente:
"Excmo. Señor:
Oigo que estos buenos habitantes claman por V.E. y que constantes
en el amor que le han profesado, le ofrecen sus corazones; terreno a la

7. TOBAR DoNoso, Juuo: Causas y antecedentes de la separación del Ecuador. En Monogra-


fias Históricas, Editorial Ecuatoriana, Quito, 1938, pp. 13 y 35.
8. ]ARAMILLO ALVARADO, Pío: El Gran Mariscal José de La Mar. Su posición histórica.-
Casa de la Cultura Ecuatoriana, Quito, 1950, 96 pp.
9. LARRAZÁBAL, FELIPE: Ob. cit., p. 537.
52 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

verdad más grato que cuanto el material de su famoso Chimborazo puede


indicar de gratitud a beneficios de un padre, que tantas pruebas ha dado,
de que no porque se separa en lo corporal deja de serlo en el espíritu y
que les ha vivificado en tan repetidas ocasiones de sus pasados padeci-
mientos. Repetiré, pues, con la sinceridad de mi afecto: venga V.E. a
vivir entre nosotros, seguro de que recibirá siempre los homenajes de
gratitud y respeto que otros olvidados ofenden o no corresponden. Esta
es mi voz: es la del clero en cuanto comprendo.
Dios guarde a V.E. muchos años, Excmo. Sr.
Rafael, Obispo de Quito". 10
Pero las not1cras se precrp1taron como en cadena: separación de Venezuela,
mensaje de Bolívar al Congreso Admirable resignando el poder, actas separatistas
de varias poblaciones y ciudades de Colombia. Entonces los afanes autonomistas
de los patriotas quiteños no pudieron ser ya contenidos y el joven general Juan
José Flores debió enfrentarse con la realidad. Examinemos brevemente este pro-
ceso recordando los llamamientos reiterados a Bolívar para que se venga al Sur,
según la correspondencia de Flores:
Carta de 14 de enero de 1830, desde Guayaquil, al Libertador:
"Como V.E. se decida en cualesquiera circunstancia a salvar la Na-
ción, yo le ofrezco que el Sur será el más firme apoyo de V .E. y que mi
espada estará pronta para ser empleada donde V .E. la destine" .11
Carta de '20 de febrero de 1830, desde Guayaquil, también a Bolívar:
"Como no es fácil calcular la tendencia de las revoluciones y sus
extraños resultados, insisto en decir a V.E. que en la última extremidad
debe venirse al Sur, donde será obedecido y respetado, como lo ha sido
hasta aquí". 12
Carta desde Quito, de 27 de marzo del mismo año, al Libertador:
" ... me inclino a creer, por los datos que tengo y por la naturaleza
de las cosas, que es casi imposible hacer retrogradar el torrente revolu-
cionario que se ha desbordado sobre el Norte, y que por tanto convendría
que V .E. se viniese al Sur a salvar sus glorias y a vivir obedecido y
respetado" .13
Carta de abril 20 de 1830, a Bolívar, desde Quito:
"El pronunciamiento del Cauca ha empezado a exaltar los ánimos de
este lugar, y por todas partes se dejan sentir opiniones por la separación.
Yo les he dicho a mis amigos, que mientras V. E. permanezca ocupando
su puesto, debemos sostenerlo a toda costa; pero que si desgraciadamente
V. E. deja el mando, deberemos entonces tomar un partido que sea al
mismo tiempo consecuente con nuestros principios y nos ponga a cubier-

10. LARRAZÁBAL, FELIPE: Oh. cit., p. 538.


11. J1JÓN Y CAAMAÑO, JACINTO: Documentos para la Historia. Vol. I: "Solemne pronuncia-
miento de la Capital de Quito y demás pueblos del Sur de Colombia, por el cual se constituye el
Ecuador en Estado soberano, libre e independiente. Año de 1820". Quito, Imprenta de la Uni-
versidad Central, 1922, p. XXXIX.
12. Id., id., p. XLV.
13. Id., id., p. XLI.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 53

to de la venganza de nuestros enemigos domésticos, es decir de los


antiguos partidarios del General Santander, los cuales trabajarán por
arruinarnos en la opinión pública, cuando no puedan hacernos perecer,
valiéndose de los medios que siempre han acostumbrado" .14
Carta al General O'Leary, Secretario del Libertador, desde Quito, el 27 de
abril de 1830:
"El Sur está muy pronunciado por separarse, desde que ha visto
al Cauca pronunciado en el mismo sentido. Yo estoy conteniendo a todo
el mundo y sólo por el Libertador, y exclusivamente por el Libertador,
se mantienen tranquilos estos pueblos".15
Carta a Bolívar, desde Pomasqui, de 6 de mayo de 1830:
"El único resto de esperanza que alimento, es creer que V. E. pueda
venir al Sur a vivir entre sus verdaderos amigos y a gozar del reposo que
no tendrá jamás en Bogotá ... " 16
El correo del 12 de mayo trajo a Quito graves noticias: el Vicepresidente del
Ejecutivo había enviado en Bogotá un mensaje al Congreso pidiendo que se convo-
case una Constitución de la Nueva Granada, ante lo cual Bolívar anunciaba su
alejamiento de Colombia, por la vía de [Link]. Ante tales noticias, el Dr. Ramón
Miño, Procurador General del Cabildo quiteño, pidió al General Sáenz, Prefecto del
Departamento del Ecuador, que convocase a las corporaciones y notables de la ciu-
dad. El Cabildo apoyó la idea en vista de la cual Sáenz accedió a la petición. He
aquí las motivaciones de la misma:
"La mayor parte de los Departamentos de la República ( de Colom-
·bia), se han pronunciado ya por la disolución de su unidad política. Las
glorias del Libertador Bolívar, el justo ascendiente que adquirió sobre
los pueblos de Colombia, no han sido bastantes para contener los esfuer-
zos con que todas sus secciones claman por otra forma de Gobierno. El
Norte de la República rompió la unión; siguieron su ejemplo, en el Cen-
trQ, los habitantes del Cauca, y aunque entonces el Congreso mismo
reunido en la Capital había claudicado su nombramiento y eran sus tra-
bajos sin objeto legítimo, Quito defiriendo siempre a las voluntades del
Libertador y sin perder de vista los grandes males que acarrean a los
Estados, innovaciones de tanta consideración, se ha mantenido en la
quietud más honrosa, abominando los horrores que acompañan a la
anarquía. Y para emitir solemnemente sus votos, reasumiendo su repre-
sentación separada entre los tres grandes distritos que componían la
República, ha esperado que el Norte, y el Centro manifestasen su volun-
tad de permanecer unidos, formando un solo cuerpo; es decir, que ha
esperado que fuese la crisis inevitable y que careciese absolutamente de
remedio. Convencido el Supremo Poder Ejecutivo de la tendencia general
a la desunión, ha solicitado en su Mensaje del Congreso, que se declare
fenecida la existencia de la República, bajo el Gobierno Central con que
fue constituída, lo que importa tanto como decir que los pueblos entren
en el pleno goce de su libertad, para elegir la forma del que más quieran
y más crean convenirles.

14. Id., id., p. LI.


15. Id., id., p. LVI.
16. Id., id., p. lVIII
54 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

"Debe pues Quito en uso de sus derechos, proceder a pronun-


ciarse. . . " 17
Al ser informado Flores, que se hallaba en Pomasqui, de las noticias llegadas
a Quito, escribió nuevamente al Libertador, con fecha 13 de mayo:

" ... Es imposible dar a V. E. una idea exacta de la mezcla de


indignación y sentimiento que experimentó mi corazón al oir tan extraños
y lamentables acontecimientos. Sin vacilar un instante hice decir a mis
amigos que si yo había resistido el pronunciamiento del Sur, era única-
mente por los deberes y consecuencias que tenía hacia la persona de
V. E., pero que desde el instante en que había sabido la resolución toma-
da por V. E. me creía en la forzosa obligación de no seguir obedeciendo
a un Gobierno que había faltado a V. E., y que por tanto prefería salir
del país, antes que ser inconsecuente a mis principios. Ellos me contesta-
ron favorablemente, asegurándome que tenían la misma resolución, y
que los pueblos del Ecuador manifestaban iguales sentimientos.
"De todo esto deduzco que el Sur se pronunciará en el mismo sen-
tido, supuesto que yo he sido hasta ahora el único obstáculo que ha
tenido para no hacerlo. Si se efectúa, pienso escribir al Gobierno mani-
festándole que sólo en un caso volveré al Sur a depender de Bogotá, y
es en el que V. E. reasuma el mando de la nación . . . " 18
En efecto, aquel mismo día, en Quito, tuvo lugar una asamblea en los salones
de la vieja Universidad de Santo Tomás de Aquino, antes de San Gregorio Magno
y ya para entonces denominada Central del Ecuador, según decreto de Bolívar ubi-
cada frente al mismo Palacio de Gobierno. Ciento veinte personajes, los más nota-
bles patriotas de la ciudad, incluídos viejos próceres escapados a la muerte y las maz-
morras, así como los superiores de las comunidades religiosas, suscribieron con enorme
alborozo el Acta que vino a ser como la partida de nacimiento del Estado ecuatoriano:

"En la ciudad de San Francisco de Quito, a trece de Mayo de 1830,


congregadas las Corporaciones y padres de familia por el señor General
Prefecto del Departamento, en virtud de la representación que le ha
dirigido el Señor Procurador General e instruídos de los puntos que
contiene, dijeron:
"Que consiguientes con sus principios y amor al orden, han sosteni-
do la integridad nacional hasta la presente crisis, en que la mayoría de
Colombia pronunciándose por una nueva forma de gobierno, ha disuelto
la unión, como lo acreditan las Actas de Venezuela, Casanare, Neyva,
Popayán y otras provincias.
"Que aún el Gobierno, considerando ser éste el voto general, ha
manifestado al Congreso en su último mensaje, la nulidad de su repre-
sentación, y la necesidad de cesar en sus funciones.
"Que no pudiendo Quito resistir por más tiempo a esta voluntad,
ni mostrarse insensible a sus verdaderos intereses, se ve precisada a
uniformar sus sentimientos con los deseos de la Nación, para salvarse
de los horrores de la anarquía y organizar el gobierno más análogo a sus
costumbres, circunstancias y necesidades.

17. Id., id., p. l.


18. Id., id., p. iX.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 55

"DECLARAN:
"lo. Que en ejercicio de su soberanía, se pronuncian por constituir
un Estado libre e independiente, con los pueblos comprendidos en el
distrito Sur y los más que quieran incorporarse, mediante las relaciones
de naturaleza y de recíproca conveniencia.
"2o. Que mientras se reúna la Convención del Sur y se nombren
los altos funcionarios, queda encargado del mando Supremo, Civil y Mili-
tar, el Señor General de División Juan José Flores, en quien depositan
toda su confianza, convencidos por los repetidos testimonios que les ha
dado su propensión a conservar el orden y tranquilidad; por haber
salvado tan gloriosamente el Sur, en las circunstancias más difíciles; por
el acierto, integridad y tino con que se ha conducido en la carrera de su
mando, conciliándose con sus talentos y virtudes, el aprecio general de
estos pueblos, que le son deudores de inmensos beneficios.
"3o. Que en ejercicio del citado poder que se le confiere, se le auto-
riza a que nombre los funcionarios que estime necesarios y haga cuanto
crea conducente al mejor régimen del Estado, manteniendo los emplea-
dos y leyes vigentes, con aquellas modificaciones que sean indispensables.
"4o. Que quince días después de haber recibido las actas de los
pueblos que deben conformar con Quito un solo Estado, convocará el
Congreso Constituyente, conforme al Reglamento de elecciones, que ex-
pidiere al efecto.
"5o. Que si dentro de cuatro meses no se hubiere instalado la Con-
vención, se reunirá el pueblo para deliberar sobre sus destinos.
"60. Que el Ecuador reconocerá siempre los eminentes servicios
que ha prestado a la causa de la libertad, S. E. el Libertador, cuyas
glorias, que son las de Colombia, se conservarán entre nosotros, como un
depósito sagrado y se transmitirán a la posteridad para su gratitud y
admiración.
"7o. Que se eleve esta carta a S. E. el Jefe Supremo, por medio del
Sr. Presidente de la Asamblea, para su conocimiento, y a que tenga a
bien dirigirla a los demás Departamentos, por medio de una Diputación,
que nombrará al efecto.
"Y la firmaron ... " 19

Se ha imputado a la ambición de Flores el haber movido, entre bastidores, el


desarrollo de los acontecimientos y se ha destacado en el Acta, a más de la consti-
tución del nuevo Estado, la entrega que se le hizo del Poder y los elogios con que
se le colmó, pero no se ha hecho suficiente hincapié en el proceso que culminó el
13 de mayo, cuando, ante la imposibilidad de hacer del Sur el baluarte desde donde
Bolívar pudiera mantener enhiesta la idea de la unidad colombiana, al saberse el
viaje del Libertador rumbo a Europa se produjo la separación, pero con muy claros
votos de fidelidad bolivariana, fiel reflejo del amor que aquí se tenía a Bolívar.
El propio Flores, que asume el mando con el simple cognomento de "Jefe de
la Administración del Estado Sur de Colombia", como bien lo destaca Cevallos
García,20 al cumplir la disposición de convocar a elecciones lanza una proclama el
31 de mayo, en la cual se dice:

19. Id., id., p. 3.


20. CEVALLOS GARCÍA, GABRIEL: Historia del Ecuador. Vol. II (Para VI Curso). Colección
LNS, Cuenca, 1973.
56 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

"Compatriotas: Llenaos de gozo por haber sido consecuentes a


vuestros compromisos, fieles a vuestros principios y agradecidos al hom-
bre extraordinario que nos dio PATRIA, LIBERTAD y GLORIAS.
La historia, subiendo por encima de los tiempos, llevará a los siglos más
remotos este texto de verdad: "El Sur fue, el último de los pueblos de
Colombia en seguir el torrente de las circunstancias y el primero en
levantar estatuas a la gloria de Bolívar, Padre y Fundador de tres
naciones" .21
Años más tarde, cuando las pasiones políticas intentaban desposeer a Flores
de todo mérito, acusándole inclusive de haber separado el Sur movido por bastardas
ambiciones que no habrían reparado en traicionar a Bolívar, el mismo Flores salió
al palenque de la discusión y explicó con estas palabras aquellos acontecimientos:
"La República de Colombia, en 1829, se hallaba dividida en tres
grandes distritos denominados "Venezuela, Nueva Granada y Sur". El
General Páez mandaba el primero; el Libertador residía en el segundo
y yo gobernaba el tercero con amplias facultades para legislar en lo eco-
nómico, y para disponer del ejército y la escuadra que estaban a mis
órdenes. En el distrito Sur se cimentaban más y más la paz y el orden
social, y yo me ocupaba en los aprestos de una expedición a Manila, para
la cual estaba autorizado, cuando en 1830 acaeció la separación de Vene-
zuela y en seguida la del Libertador, quien dejó el mando y se dirigió a
Cartagena para embarcarse con destino a Europa. Grande fue, como debe
inferirse, la sensación que produjo en los habitantes del Sur la noticia
de la disolución de Colombia, y no es menester que yo lo diga, para que
se suponga, que la opinión pública se pronunció de una manera enérgica
por la formación de un Estado independiente y por la convocatoria de
un Congreso que la constituyese. En este conflicto, ¿cuál era la conducta
que yo debía observar? Colombia no existía ya, el Congreso había decre-
tado que no se hiciera la guerra a Venezuela, el Libertador había dejado
el mando, los pueblos del Sur habían manifestado que roto el pacto de
unión debían reasumir su soberanía y los descontentos clamaban contra
mi autoridad, ilimitada en su duración, casi discrecional en sus faculta-
des y poderosa por el ejército que la sostenía. Parece que la política y el
patriotismo me aconsejaban que dejase obrar libremente a los pueblos,
y así lo hice ofreciéndoles mi espada para sostener sus deliberaciones.
Me lisonjeo, pues, de haber fundado la independencia del ~cuador en
circunstancias imperiosas y solemnes, cuando Colombia había dejado de
existir y después de haber servido con fidelidad a mi ilustre amigo el
Libertador de la Patria: me lisonjeo de haber contribuído a que los Re-
presentantes le proclamasen Padre y Protector de la República: me li-
sonjeo de haberle mandado el bergantín de guerra "Veintiocho de Febre-
ro" para que le transportase a Guayaquil; y me lisonjeo, en fin, de
haberle dirigido un comisionado con instrucciones de seguirle a Europa,
no para excitarle a declarar la guerra a los nuevos Estados, sino para
ofrecerle los votos sinceros de un pueblo agradecido, una residencia
segura, la renta que necesitara y los honores que se le debían".22
Es usual, a manera de resumen, enumerar fas caus~s de h di~oJur:nn de la Gran
Colombia y de la separación del Ecuador. El problema es muy complejo y una lis-

21. ]IJÓN y CAAMAÑO, Oh. cit., p. X.


22. "Segunda parte de la réplica del Jeneral Flores al libelo del Jeneral Mosquera intitulado:
Respóndese con hechos y documentos a la protesta del Jeneral Flores". Costa Rica, Imp. de la
República, s/f (¿1850?), pp. 4 y ss.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 57

ta de causas corre el peligro de resultar incompleta. Sin embargo, procurando sin-


tetizar lo más posible, diremos que las causas principales para la disolución de la
Gran Colombia parecen haber sido: a) lo arificioso de la uni6n: tres grandes zonas
de América del Sur, muy diferentes, con tendencias autonomistas; b) la falta de ex-
periencia polltica republicana: el gigantesco Estado, creado por Bolívar, ensayó sis-
temas nuevos de Gobierno y legislación que resultaron ineficaces: el centralismo ri-
gurosoy el mantenimiento de la Unión por la fuerza no podía durar; c) la pugna entre
la personalidad de Bolivar y las ambiciones de políticos menos valiosos que él: sólo
una recia y poderosa figura como la del Libertador -guerrero, estadista, legislador,
sociólogo -podía mantener bajo su mando un Estado tan grande, casi un imperio;
para ello debió ser enérgico; tal circunstancia y su largo gobierno le concitaron el
odio, atizado por la demagogia partidista y las ambiciones; su voluntad de poder
chocó con las aspiraciones, a veces desaforadas, de políticos menores: Páez, Santan-
der, La Mar, Gamarra, Santa Cruz y, en menor escala, pues siempre fue bolivariano
leal, Flores. Ellos se repartieron las tierras que gobernó Bolívar, como los generales
de Alejandro· su imperio: la comparación la hizo ya el propio Libertador en vida.
Sólo Sucre era capaz de sucederle en el mando de la Gran Colombia, ¡pero Sucre
fue asesinado, precisamente por eso!
Sobre la separación del Ecuador mencionemos como causas más importantes:
a) la vieja aspiración independentista de 1809; b) la ineficacia del centralismo bogo-
tano; c) el descontento por la situación económica sobrecargada de gravámenes en
un país que ya venía sufriendo décadas de miseria; d) la oposición al militarismo
neogranadino y venezolano, en el que se volvió a caer pese a la emancipación; e) la
posible ambición que a pesar de su juventud pudo haber impulsado a Flores, y
f) el ejemplo separatista de Venezuela.23
Con rapidez enorme llegaron las adhesiones desde Guayaquil, Cuenca y otros
lugares, al pronunciamiento de Q1,1ito, aceptándose en todas partes, con rara unani-
midad, el mando supremo del General Flores. Ciertamente que el hecho de haberse
casado en Quito con doña Mercedes Jijón debió influir en su favor, y la populari-
dad de que gozaba por su juventud, su simpatía y sus brillantes actuaciones en Pasto
y Tarqui: pero es, además, probable que todos pensasen que su gobierno no podía
ser sino transitorio. Sin embargo, el joven general venezolano resultó un político
sumamente ducho. Cuando convocó a la Asamblea Constituyente, acatando el man-
dato del 13 de mayo, señaló Riobamba como lugar de reunión y el 10 de agosto
como fecha: este recuerdo vino a ser la única concesión al afán autonomista de
Quito. Pero el glorioso nombre del antiguo Reino quedó definitivamente postergado
-¡ay, hasta ahora!- y el poder siguió íntegramente en manos venezolanas, pues
Flores nombró como secretario General a su paisano, el Dr. Esteban Febres
Cordero.

23. TOBAR DoNoso, Ob. cit.


58 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

11

"¡El Mariscal Sucre debe morir! ... "


Esas fueron las palabras que, resonando lúgubremente, se desvanecieron al
fin entre los muros de aquella casa bogotana, situada en la plaza Bolívar y que
formaba esquina con la Calle Real.
"¡El Mariscal Sucre debe morir! ... " La sentencia final estaba dada ... Las
órdenes pertinentes se trasmitieron a poco y Obando en Pasto, Murgueitio en Bue-
naventura y Herrera en Panamá recibieron la consigna de impedir que el Gran
Mariscal de Ayacucho llegase a Quito ...
Pasto. . . Buenaventura. . . Panamá . . . Por uno de esos sitios debía pasar
obligatoriamente todo aquel que en esos tiempos quería venir desde Nueva Granada
al Ecuador. Y el triunfador en Pichincha debía venir muy pronto a Quito. . . ¡En
cualquier camino que tomase hallaría apostado a su verdugo! ...
Los conjurados abandonaron de uno en uno la casa de D. Pacho Montoya,
habitada en ese entonces por D. Miguel Arrubla. El primero en salir fue D. Genaro
Santamaría: al dirigir la vista hacia el atrio de la Catedral, que quedaba frente a
la casa, contempló al Mariscal Sucre que se paseaba tranquilamente sin sospechar
siquiera que, en el interior de una casa situada a pocos metros de distancia del
lugar en donde se hallaba, habían minutos antes dictado su sentencia de muerte ¡los
mismos que tramaron la noche septembrina! 1 Eran las ocho de la noche de un día
de mediados de mayo de 1830.
El número 3 de "El Demócrata", periódico sostenido por los enemigos de
Bolívar, apareció el l'? de junio de 1830. En su editorial, intitulado "Sedición cri-
minal", insultaba al Gran Mariscal y decía, entre otras cosas, lo siguiente: "Puede
ser que Obando haga con Sucre, lo que no hicimos con Bolívar ... "2
Hay que advertir que ya para entonces Sucre había salido de Bogotá y tomado
la vía Sur. Solamente podía salir al Ecuador por Pasto o por Buenaventura. Teme-
roso Obando, que era el señalado para no dejarle pasar si venía por Pasto, de que
Sucre tomase el camino de Buenaventura y una vez allí se embarcase para Guaya-
quil sin que el encargado de impedirlo consiguiera su nefasto propósito, escribe al
general Murgueitio: "Tenga mucho cuidado con ese Señor (Sucre) si viene por
ahí y haga que venga por esta plaza de Popayán ... " Teme que al otro se le escape,
en cambio sabe que de su mano no lo salva ni el demonio. 3
El general José Hilario López envió, inmediatamente después de la reunión
en que se acordó matar a Sucre, una comunicación a Obando sobre el asunto. Esta
pasó por manos del presbítero Rafael Mosquera, quien se la entregó a Obando
con una nota que .decía: "Te incluyo la adjunta carta que he recibido para ti de

l. BoRJA, Dr. Lms FELIPE: "La responsabilidad del asesinato de Sucre". Boletín de la
Academia Nacional de Historia, Quito, Vol. XIII, Nos. 36 a 39.
Véase también:
NAVAS, JUAN DE Drns: "El Gran Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre. Su vida y su
muerte". Boletín de la Academia Nacional de Historia, Quito, Vol. IX, 1930.
J. L. R.: El Criminal de Berruecos. Edit. Ecuatoriana, Quito, 1930, pp. 235 a 237.
2. PÉREZ Y SoTO, JuAN B.: El crimen de Berruecos. Asesinato de Antonio José de Sucre.
Análisis Hist6rico Jurídico. Vol. l., Roma, Escuela Tipográfica Salesiana, 1924.
3. J. L. R.: Ob. cit., p. 142.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 59

Bogotá; no puedo ser más largo pues voy a recibir a Sucre que debe alojarse en
casa ... " En efecto Sucre se alojó, al pasar por Popayán, en casa de la familia Mos-
quera, cuando ya don Joaquín Mosquera había sido electo Presidente de Colombia.
Obando contestó la anterior nota en los siguientes términos: "He recibido tu
carta. Te la aprecio. Sucre no pasará de aquí ... ": ¡creía que el doctor Mosquera,
presbítero, estaba en antecedentes de lo que se traía entre manos ... !4
Mientras tanto Antonio José de Sucre continuaba marcha hacia el Sur. La
noche del 2 de junio de 1830 llegó, junto con dos asistentes y acompañado del
señor García Tréllez, diputado por el Departamento del Sur en el Congreso que se
había reunido en Bogotá, al "Salto de Mayo", especie de tambo pajizo, donde se
hospedó, "por no haber a la redonda en tres leguas un techo hospitalario donde
pasar un rato" ... El amo de la casa era José Erazo, individuo de pésimos ante-
cedentes, siempre rodeado de gente de la peor ralea, nombrado Teniente Coronel
y Jefe de las milicias de la "Línea de Mayo" por el mismo general Obando, quien
lo mimaba y lo sostenía. Sucre colmó de obsequios a su huésped y al otro día
continuó el viaje dejando a éste tranquilo y satisfecho.
Tras varias horas de camino llegó a "La Venta", otro tambo situado a poca
distancia de la montaña de Berruecos y cuál no sería su sorpresa al encontrar en
este sitio· a José Erazo, el mismo a quien, horas atrás, dejara tranquilamente sen-
tado en su casa. Preguntóle qué hacía en el sitio y por dónde había venido, pues
no le sobrepasó en el camino. No supo responder Erazo claramente por lo que
se llenó de desconfianza el pecho de Sucre, quien prefirió pernoctar allí. Aún más
inquieto se puso al ver aparecer al Comandante Juan Gregorio Sarría, íntimo de
Obando, y saber que sostenía conversaciones secretas con Erazo. Al llegar la noche
hizo cargar las armas de todos los que con él estaban; para ese entonces se le
había reunido el señor Manuel de Jesús Patiño, el cual, al saber que habían dormido
la noche anterior en casa de Erazo, se admiró de que aún viviesen después de haber
pasado entre asesinos.
El 4 de junio se puso otra vez en marcha la comitiva, de cuyos miembros ade-
lantóse una parte en el camino, la formada por García Tréllez y Colmenares, uno
de los asistentes del Mariscal, junto con los arrieros, y atrasóse la otra, formada
por Lorenzo Caicedo, el otro asistente, por lo que se puede decir que el Mariscal
marchaba solo por la selva de Berruecos. Absorto en sus cavilaciones no pudo ver
los fusiles que se adelantaban entre la maleza. Sonaron cuatro disparos. Sucre, lan-
zando un "¡ay!" de dolor, cayó de la mula al angosto sendero. Escapóse del cuerpo
su noble vida. Los que iban adelante picaron espuelas, creyéndose atacados por
ladrones, y el fiel Caicedo, al llegar al lugar del suceso y contemplar a su señor
exánime y sin vida volvió grupas horrorizado y huyó de los asesinos, a los cuales
alcanzó a ver agazapados a la vera del camino.
En un sitio escondido murió a los treinta y cinco años de edad aquel que,
a pesar de ser joven por la edad era ya antiguo por la gloria, según frase del
eminentísimo González Suárez.

4. MosQUERA, TOMÁS CIPRIANO: Memorias, Cap. 31. Cit. por NAVAS, Op. cit., p. 70.
J.L. R.: Ob. cit, pp. 77, 100
PERÉz Y SOTO, Tomo l.
60 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

Al mediodía del 4 de junio estaba Erazo en su casa del Salto tocando alegre-
mente la guitarra y Sarría, que la noche anterior había dicho a Sucre tener que
ir de urgencia a Popayán, se encontraba también allí. ¿Había olvidado acaso su
urgente comisión? Cuando Caicedo llegó a la venta y comunicó que había sido
asesinado Sucre, el capitán J. M. Beltrán que allí se encontraba, en vez de acudir
inmediatamente en persecución del enemigo de la Patria -¡los cuatro asesinos de
Sucre!- prefirió enviar un papel a Erazo pidiéndole que se reuniera con él y lle-
vara gente de refuerzo: al llegar el portador al "Salto" y leer Erazo el papel,
Sarría se lo arrebató de entre las manos y montando a caballo partió a escape hacia
Popayán, a donde llegó el día 6.
Al otro día del asesinato, el 5 de junio, Obando desde Pasto escribe al Pre-
fecto General del Departamento que "ahora que son las ocho de la mañana"
acaba de saber que habían asesinado a Sucre "por robarlo", y que los fratricidas
habían de ser "desertores del ejército del Sur, que pocos días ha he sabido que han
pasado por esta ciudad" ... A Flores, que se hallaba en Quito, escribe el mismo
día y le dice "acabo de recibir parte que el general Sucre ha sido asesinado", y en
la misma carta dice que "todos los indicios están contra esa facción eterna de la
montaña". "Yo voy a cargar con la execración pública", añade. Y más luego,
siempre en el mismo día, se dirige al general Barriga, Comandante General de
Quito, que había de ser más tarde esposo de la viuda del Mariscal, que el asesino
de Sucre había sido "el inveterado malhechor Noguera"... ¡Valiente contradic-
ción! ¡Soldados desertores del ejército del Sur, la eterna facción de la montaña, el
inveterado malhechor Noguera! ¿Cuál de los tres presuntos acusados por Obando
sería el asesino? Y todo esto lo escribe aquel jefe. , . ¡en un mismo día! 5
¿Quiénes, en realidad dieron muerte al Mariscal? Por los alrededores de Be-
rruecos los vecinos de Erazo comenzaron pronto a decir que éste había contratado
a tres peones suyos, Gregario y Andrés Rodríguez y Juan Cuzco para que dieran
muerte a Sucre. . . ¡Los tres soldados murieron envenenados al poco tiempo!
Cuando la noticia del crimen trascendió a los centros poblados, una sola fue la
pregunta que prendió en todas las mentes: ¿Quién o quiénes fueron los instiga-
dores del crimen? Imprudentemente, el propio Obando había dejado escapar, en
una de aquellas cartas del 5 de junio de 1830, la frase autoacusadora: "Yo voy a
cargar con la execración pública! ... " Para contrarrestarla, desde el propio despacho
de Obando, por correspondencias, comenzó a propalarse el rumor, amplificado por
los círculos liberales de Bogotá, que Flores debía haber sido el autor intelectual de
la muerte de Sucre ya que resultaba el usufructuario inmediato del crimen, pues de
llegar Sucre a Quito, al Gran Mariscal le hubiera correspondido el poder; pero,
más que Flores, los beneficiarios resultaron los jefes del partido antibolivariano,
entre los que figuraba Obando, porque Sucre, más que el gobierno de Quito hu-
biera heredado el gobierno de toda la Gran Colombia, como necesario sucesor
de Bolívar. Así lo habían dicho los mismos redactores de "El Demócrata", de
Bogotá, en el propio artículo en el que anunciaron la muerte del Mariscal a manos
de Obando:

5. PosADA GuTIÉRREZ, JOAQUÍN: Berruecos. Capítulo de sus memorias. Imp. de Julio Sáenz
Rebolledo. Quito, 1930.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 61

"Acabamos de ver con asombro, por cartas que hemos recibido del
correo del Sur, que el General A. José de Sucre, ha salido de Bogotá
ejecutando fielmente las órdenes de su amo, cuando no para elevarlo
otra vez, a lo menos para su propia exaltación sobre las ruinas de nuestro
gobierno. Antes de salir del Departamento de Cundinamarca empieza a
manchar su huella con ese humor pestífero, corrompido y ponzoñoso de
la disociación. Cual otro Leocadio lleva el proditorio intento de minar la
autoridad del Gobierno en su cuna, ridiculizándolo aun de su misma ge-
nerosidad. Bien conocíamos su desenfrenada ambición después de haberlo
visto gobernando a Bolivia con poder inviolable; y bien previmos el
objeto de su marcha acelerada, cuando dijimos en nuestro número an-
terior, hablando de las últimas perfidias de Bolívar, que éste había mo-
vido todos los resortes, para revolucionar el Sur de la República ... •>6
Atribuíase, pues a Sucre, la ambición de ocupar el puesto de Bolívar, como
sucesor suyo: para evitarlo, precisamente, se dio la consigna del crimen. Pero el so-
fisma con el que se trataba de distraer de Obando la acusación del asesinato, para
conducirla hacia Flores, no engañó a nadie. Bolívar, que reconocía en Sucre a su
heredero político, vio con claridad, desde el primer momento, de dónde había
partido la aciaga orden de eliminar a su lugarteniente predilecto y así lo manifiesta
en su carta al general Flores, de l? de julio de 1830, desde Cartagena, ya en ca-
mino del exilio:
"Esta noticia me ha causado tal sensación que me ha turbado
verdaderamente el espíritu, hasta el punto de juzgar que es imposible
vivir en un país, donde se asesina cruel y bárbaramente a los más
ilustres generales, y cuyo mérito ha producido la libertad de la América.
Observe Ud. que nuestros enemigos no mueren sino por sus crímines
en los cadalsos, o de muerte natural; y los fieles y los heroicos son sacri-
ficados a la venganza de los demagogos. ¿Qué será de Ud., qué será de
Montilla y de Urdaneta mismo? Yo temo por todos los beneméritos capa-
ces de redimir la Patria. El inmaculado Sucre no ha podido escaparse de
las asechanzas de esos monstruos. Yo no sé qué causa ha dado este
General para que atentasen contra su vida, cuando ha sido más liberal
y más generoso que cuántos héroes han figurado en los anales de la fortuna
y cuando era demasiado severo hasta con los amigos, que no participaban
enteramente de sus sentimientos. Yo pienso que la mira de este crimen
ha sido privar a la Patria de un sucesor mío, y dejar a Ud., en el Sur,
solo en la arena, para que todos los conatos se dirijan únicamente a Ud.
Destruído que Ud. sea, conquistarán el país, con los pastusos y los patia-
nos, y los infernales serán los conquistadores de este país que tanto amo" .7
Así, pues, cuando camino del destierro el Libertador, al enterarse del horrendo
crimen, exclamara: "¡Santo Dios! ¡Se ha derramado la sangre de Abel!", no dudó
un instante sobre que los asesinos de Sucre eran los mismos conspiradores que
quisieron victimario a él la noche septembrina, uno de cuyos reductos estaba
comandado por los generales Obando y López. Precisamente a Obando comenzó la
voz popular, desde los días mismos del crimen, a imputar la muerte de Sucre. Así

6. PÉREZ Y SOTO. Oh. cit.


CovA, J. A.: Sucre, Ciudadano de América. Buenos Aires, 1944, p. 354.
7. LECUNA, VICENTE: Obras completas de Bolívar, Vol. III, p. 432. Cit. por RuMAZO
GoNZÁLEZ, ALFONSO: Sucre, Gran Mariscal de Ayacucho. Editorial Aguilar, Madrid, 1963, p. 402.
Véase la carta en este mismo volumen, signada con el N~ 81.
62 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

lo entendió claramente el Libertador, quien, en carta de julio 24 a D. José Fernán-


dez Madrid, le dice:
"El General Sucre ha sido asesinado en Pasto por orden de algún
jefe militar de los que alli mandan; aunque quieren decir que fue por
orden de Flores, pero esto es falso". 8
Posteriormente, desde Barranquilla, el 11 de octubre, en carta al general Pedro
A. Herrán le dice:
" ... Sólo López y Obando, que asesinaron a Sucre, pueden hacer
resistencia ... "9
En fin, en su carta de 9 de noviembre, al general Flores, decía:
"El nuevo General Jiménez ha marchado ya para el Sur con mil qui-
nientos hombres a proteger el Cauca contra los asesinos de la más ilustre
víctima: Añadiré con Catón el anciano: éste es mi parecer o el de que se
destruya a Cartago. Entienda Ud. por Cartago la guarida de los monstruos
de Cauca. Venguemos a Sucre y vénguese Ud. de esos que lo han llamado
asesino. Vénguese en fin a Colombia, que poseía a Sucre, al mundo que
lo admiraba, a la gloria del ejército y a la santa humanidad impíamente
ultrajada en el más inocente de los hombres. Si Ud. es insensible a este
clamor, de todo lo que es visible y de todo lo que no es, ha debido Ud.
cambiar mucho de naturaleza".
"Los más célebres liberales de Europa han publicado y escrito aquí
que la muerte de Sucre es la mancha más negra y más indeleble de la
historia del nuevo mundo, y que en el antiguo no había sucedido una
cosa semejante en muchos siglos atrás. Toca a Ud. pues lavar esta man-
cha execrable, porque en Pasto encontrará Ud. la absolución de Colombia
y hasta allí no podrá penetrar Jiménez. Los amigos del Norte no exigen
a los del Sur sino este sacrificio, o más bien, los empeñan a que alcancen
este timbre".
"Hablaré a Ud., al fin, de mí: He sido nombrado Presidente por
toda Nueva Granada, más no por la guarida de asesinos de Casanare y
Popayán". 10
¿Quiénes eran López y Obando? He aquí la opinión del Libertador sobre ellos,
recogida por su edecán el general Perú de Lacroix en su "Diario de Bucaramanga":
"S. E. hizo nuevas preguntas al coronel O'Leary sobre Ocaña, y éste,
contestándole, llegó a hablar del coronel Hilaría López, diputado a la
Convención por la provincia de Popayán, designándolo como .uno de los
principales y más ardientes satélites del general Santander. "López, dijo
entonces S. E., es malvado, es un hombre sin delicadeza y sin honor, es
un fanfarrón ridículo, lleno de viento y vanidad; es un verda-
dero don Quijote. Lo poco que ha leído, lo que sabe, le hace
creer que es muy superior a los demás; sin talento, como sin espíritu
militar, sin valor y sin conocimiento alguno de la guerra, se cree capaz
de mandar y poder dirigir un ejército. Todo su saber consiste en el en-
gaño, la perfidia y la mala fe. En una palabra, es un canalla". El coronel
O'Leary hizo la siguiente pregunta al Libertador: -" ¿Y qué será en-
tonces, señor, su grande amigo, el coronel José María Obando?" -"Más

8. Cit. por RuMAZO GoNZÁLEZ. Ob. Cit., p. 403.


9. Id., id.
10. Véase la carta N~ 82, en este mismo volumen.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 63

malo que López, peor si es posible. Es un asesino, con más valor que el
otro; un bandolero audaz y cruel; un verdugo asqueroso, un tigre feroz,
no saciado todavía con toda la sangre colombiana que ha derramado.
Por último, son dos forajidos que deshonran el ejército a que pertenecen
y las insignias que llevan; dos monstruos que preparan nuevos días de
luto y de sangre a Colombia en compañía de su digno amigo, el obispo
de Popayán".fl
También la Marquesa de Solanda, viuda del Mariscal Sucre, imputó el crimen
al general Obando, dirigiéndole la siguiente carta:
"Al General José María Obando:
Estos fúnebres vestidos, este pecho rasgado, el pálido rostro y des-
greñado cabello, están indicando tristemente los sentimientos dolorosos
que abruman mi alma.
Ayer esposa envidiable de un héroe, hoy objeto lastimero de conmi-
seración; nunca existió un mortal más desdichoso que yo. No lo dudes,
hombre execrable; la que te habla es la viuda del Gran Mariscal de Aya-
cucho.
Heredero de infamias y delitos, aunque te complazca el crimen, aun-
que él sea tu hechizo, dime, desacordado, para saciar esa sed de sangre,
¿era menester inmolar una víctima inocente?
¿Ningún otro podía aplacar tu saña? Yo te lo juro e invoco por tes-
tigo al alto cielo, un corazón más recto que el de Sucre nunca palpitó
en pecho humano. Unida a él por lazos que sólo tú, bárbaro, fuiste capaz
de· desatar; unida a su memoria por vínculos que tu poder maléfico no
alcanza a romper, no conocí en mi esposo sino un carácter bondadoso,
una alma llena de benevolencia y generosidad.
Mas, yo no pretendo hacer aquí la apología del General Sucre. Ella
está escrita en los fastos gloriosos de la Patria. No reclamo su vida:
esa pudiste arrebatársela, pero no restituirla. Tampoco busco represalias.
Mal pudiera dirigir el acero vengador la trémula mano de una mujer.
Además, el Ser Supremo, cuya sabiduría quiso por sus fines inexcruta-
bles consentir en tu delito, sabrá exigirte algún día cuenta más severa.
Mucho menos imploro tu compasión: ella me serviría de un cruel su-
plicio. Sólo pido me des las cenizas de tu víctima. Sí, deja que ellas se
alejen de esas horribles montañas, lúgubre guarida del crimen y la muerte
y del pestífero influjo de tu presencia, más terrífica que la muerte y el
crimen. Tus atrocidades, inhumano, no necesitan nuevos testimonios. En
tu frente feroz está impresa con caracteres indelebles la reprobación
del Eterno.
Tu mirada siniestra es el vértigo de la virtud: tu nombre horrendo,
el epígrafe de la iniquidad; y la sangre que enrojece tus manos parrici-
das, el trofeo de tus delitos. ¿Aspiras a más? Cédeme, pues, los despo-
jos mortales, las tristes reliquias del héroe, del padre, y del esposo, y
toma en retorno las tremendas imprecaciones de su Patria, de su huérfana
y de su viuda.
M. S. de Sucre".12
11. PEROU DE LACROIX, Luis: Diario de Bucaramanga. Bolsilibros Bedout, Vol. 26, Medellín,
190 pp. Ver pp. 79 y 80.
12. PÉREZ Y SOTO. Ob. cit., de donde la toma.
GRISANTI, ANGEL: El Gran Mariscal de Ayacucho y su esposa la Marquesa de Solanda. Imprenta
Nacional, Caracas, 1955, pp. 88 y 89; 210 y 211.
64 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

No contenta con estas terribles imprecaciones, doña Mariana Carcelén, Mar-


quesa de Solanda, suscribió también esta otra, a nombre de su tierna hijita Teresa,
dirigida al general Flores:

"General:

Oprimida de dolor la hija de un soldado, implora el auxilio de un


soldado; la tierna hija de un héroe, se atreve a elevar sus débiles acentos
a los oídos de un héroe; una huérfana desvalida invoca la protección
del que el Sur aclama su Padre. Compadeceros, Señor, del llanto de la
infancia aflijida; oíd la queja de la inocencia enlutada; escuchad el grito
de un corazón despedazado. Recordad que tenéis un voto en el cielo; un
voto que hicisteis en esa hora memorable, cuando en el choque de los
peligros y el júbilo de la victoria, jurásteis vos y mi padre amistad eterna;
un voto que renovásteis solemnemente al pie del altar del Dios vivo,
aquel día en que vuestros brazos me llevaron a la fuente bautismal. Ese
voto fue sincero; el Omnipotente lo oyó; y los ángeles lo inscribieron en
los registros eternos. Redimidlo, Señor; la hora ha llegado. Escuchadme:
un hombre oscuro ¡qué digo!, un feroz homicida (Vos lo conocéis,
ahorradme, os conjuro, la pena de pronunciar el nombre espantoso);
un yil aborto del crimen, un monstruo del averno ha clavado un puñal en
el noble pecho de mi padre, en ese pecho que fue del recinto más puro
de la virtud, el abrigo del honor, el santuario del patriotismo. ¡Cielo
Santo!, ¿por qué reposaron tus rayos vengadores en ese momento de
horror? ¡Dios justo! ¿Por qué aplacaste tu ira? Dios y el cielo apiadaos
de mi desesperación, me responden que a vos, Señor, reservaron la ven-
ganza. En su nombre, en el nombre de la Patria, en el nombre de mi pa-
dre, yo la imploro, yo la reclamo. ¡Qué! ¿Vaciláis? Flores generoso, vos,
el fiel amigo de mi padre, vos, la última esperanza de la Patria. Marchad,
intrépido guerrero: para vos el caudaloso Guáitara no es formidable;
para vos el alto Taindala no es inaccesible ... ¡marchad! Traidores son los
que defienden aquellos pasos; y los traidores huyen a la presencia de los
bravos. Pero no; los soldados impertérritos de Vargas glorioso, no se
harán los cómplices de crueles asesinos, que antes castigaron. A vuestra
llamada, ellos vendrán por no marchitar el verdor de sus laureles, por no
mancillar el brillo de sus armas. ¿Habrá entre ellos un ser tan ruin, tan
desacordado, que no se horrorice al contemplar al hombre justo acosado
de asesinos? ¿Al Gran Mariscal de Ayacucho cayendo bajo de puñales pa-
rricidas? ¡Oh Dios, mis pensamientos vagan, mi juicio me abandona:
yo deliro, yo me muero! ¡Qué es lo que me agita? ¿Qué es lo que me
abruma? Es un sentimiento natural: es el dolor más acervo que me ator-
menta, que me arrebata, no sé dónde, al sepulcro de mi padre ... ¡Ah,
mi padre no tiene sepulcro, la tierra de su nacimiento, la tierra de sus
proezas se la ha negado, y los buitres hambrientos de la árida Patía dis-
putan con las fieras del negro Berruecos su ensangrentado cadáver.
Señor: el Cielo y la tierra claman por venganza. La viuda desdichada
y la huérfana infeliz de vuestro desgraciado amigo, de rodillas os lo piden.
Tomad la espada de mi padre, la es9ada de Ayacucho. No, General ilustre:
tenéis la vuestra: ceñidla, y volad a donde os espera la gloria.

Mariana de Sucre" .13

13. id., id. GRISANTI. Ob. cit., pp. 91 y 92; 211 y 212.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 65

III

La Asamblea Constituyente sereunió en Riobamba el 14 de agosto de 1830.


La integraban 21 diputados, siete por cada uno de los Departamentos del Sur:
Ecuador, Guayaquil y Cuenca. Entre ellos, reliquia viviente del 10 de agosto de 1809,
estaba el doctor Antonio Ante, sexagenario ya. Tras invocar al Espíritu Santo en la
solemne misa celebrada en la Iglesia Matriz eligieron dignatarios: Presidente, el
doctor José Fernández Salvador, notable jurista; Vicepresidente, el doctor Nicolás
Arteta y Calisto, eminente sacerdote, futuro Arzobispo; y Secretarios, don Pedro
Manuel Quiñonez y doctor Pedro José de Arteta. El mensaje del general Flores
ante la Asamblea rememoró los acontecimientos del 13 de mayo y, para terminar,
rindió emocionado homenaje a Sucre y a Bolívar:
"Conciudadanos: Me estremezco al hablaros de la muerte infausta del
Gran Mariscal de Ayacucho y querría por medio del silencio expresar el
profundo sentimiento de mi alma; mas la vindicta de las leyes reclama
por mi órgano vuestra poderosa intercesión. La humanidad gime sobre el
sepulcro de aquel héroe; el honor de Colombia está comprometido, y el
Sur clama por el castigo de los delincuentes. El Gobierno ha requerido
por su parte a la autoridad del Cauca; se ha dirigido al Presidente de la
Nueva Granada con documentos que descubren el hecho y sus autores, y
ha dado un decreto honrando la memoria de tan ilustre campeón de la
libertad americana.
"Sírvanos de ejemplo este atroz delito que con pesar mio he de-
bido recordar, y sírvanos de experiencia para poner entre nosotros y el
crimen el abismo de la justicia inexorable.
" ... Permitidme también que os recomiende los eminentes servicios
del Libertador. El ha dejado de mandar; mas no de ser una propiedad
preciosa de Colombia. Sus glorias son las nuestras y serán eternas,
porque se fundan en la libertad. Perpetuad su memoria, y ofrecedle
vuestra inmensa gratitud".1
El 11 de setiembre quedó elaborada la Constitución, sin mayores discusiones,
cuyo anteproyecto había sido redactado por el doctor José Joaquín de Olmedo,
don Vicente Ramón Roca, el general Matheu, uno de los Valdiviesos y el propio
Presidente.
La primera de nuestras constituciones políticas se formuló "en el nombre de
Dios, autor y legislador de la Sociedad" y tuvo 73 artículos. Si estatuto fundacional
de un Estado, aunque todavía sin la plenitud de la soberanía, resultó también instru-
mento de dominación de un caudillo afortunado: en efecto, consideraba ecuatoria-
nos no sólo a los aquí nacidos sino también a los naturales de los otros Estados
de Colombia avecindados en el Ecuador y a los militares que estaban a su servicio
al tiempo de declararse en Estado independiente: así aseguraba Flores su ecuatoria-
nidad y la de los militares venezolanos en quienes se apoyaba; luego establecía los
requisitos para ser Presidente de la República, redactados de tal manera que a las
clara se veía la dedicatoria: tener treinta años de edad ( era ésa la de Flores) y ser
ecuatoriano de nacimiento a menos de ser colombiano al servicio del Ecuador al

l. NoBOA, ALEJANDRO: Recopilación de mensa;es dirigidos por los Presidentes y Vicepresi-


dentes de la República Jefes Supremos y Gobiernos provisorios a las Convenciones y Congresos
Nacionales desde el año de 1819 hasta nuestros dias. Tomo I, Guayaquil, 1951.
66 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

tiempo de declararse en Estado independiente (tal era el caso de don Juan José),
haber prestado al país servicios eminentes (Flores, en Pasto y Tarqui), estar casado
con ecuatoriana ( lo era doña Mercedes Jijón, la mujer de Flores) y tener una pro-
piedad raíz de 30 .000 pesos ( Flores y su cónyuge tenían bienes aún más cuantiosos) .
Lo demás fue quizás accesorio. De allí que se perdió el tradicional e histórico
nombre de Quito, pues el Art. 1? decía que los tres departamentos formarían un
solo cuerpo con el nombre de Estado del Ecuador. La independencia quedó esta-
blecida de facto, aunque de jure se establecía que el nuevo Estado se unía y
confederaba con los demás de Colombia para formar una sola nación con el nombre
de República de Colombia ( Art. 2?), última demostración de lealtad a los sueños
de Bolívar. La catolicidad del Estado quedó supeditada al patronato ( Art. 8?). La
igualdad ante la ley (Art. 11) quedó limitada al estipularse que serían ciudadanos so-
lamente quienes tuviesen bienes por 300 pesos y supiesen leer y escribir. El derecho
al sufragio quedó igualmente limitado, pues sólo podían ser electos los mayores de 25
años que ganasen por lo menos 200 pesos al año. El Congreso unicameral, debía tener
30 diputados, diez por departamento, punto éste que motivó agrias discusiones. Quito
pedía que se elijan en proporción al número de habitantes, pero perdió ante Guayaquil
y Cuencaque exigieron la igualdad de representación. Para ser diputado se requería
tener 30 años y bienes por 4.000 pesos. Se reconocía al Ejecutivo poderes casi dic-
tatoriales. Pero se establecían garantías ciudadanas y se prohibía la confiscación de
bienes, las requisas, el alojamiento obligatorio del Ejército en casas particulares, el
allanamiento de domicilio y la prisión arbitraria. Del antiguo "Reino de Quito" sólo
se habló en el Art. 6? al tratar de los límites de los tres departamentos del Sur.
Se ha dicho de esta primera constitución que fue "inferior a cualquiera de
las dos de la Gran Colombia, sumamente defectuosa en su parte orgánica, inútil
en su parte dogmática por las ilimitadas facultades extraordinarias de que puede
investirse al Jefe del Estado, regalista en alto grado y por lo mismo opuesta a la
armonía entre el Ecuador y la Iglesia" .2 Es lógico que con tal constitución, el mismo
día 11 de septiembre en que se la aprobó se eligiera Presidente de la República,
por 19 votos entre 20, al mismo General Flores. En cambio, para elegir Vicepre-
sidente a Olmedo se requirieron 18 votaciones. El 23 fue promulgada la Constitu-
ción y el 28 clausuró sus sesiones la Constituyente.
La Asamblea acordó, además, grandes honores a Bolívar, proclamándole "Pa-
dre de la Patria y Protector del Sur de Colombia", designación esta última con la
que se pensaba incitarle a venir a establecerse aquí. Se declaró fiesta cívica cada
24 de julio, día de su natalicio, y ordenó la colocación de su retrato en las oficinas
públicas. Por suscripción popular se recogieron, para enviarle, seis mil libras ester-
linas, pues el amor del pueblo ecuatoriano a Bolívar fue siempre grande. Se ratificó,
además, la carta del 27 de marzo de 1830 en la que los padres de familia invitaban
al Libertador a venir "a esta tierra que le adora", "a tomar asiento en la cima del
soberbio Chimborazo, adonde no alcanzan los tiros de la maledicencia, y a donde
ningún mortal sino Bolívar puede reposar con una gloria inefable". Y Flores escribió

2. BoRJA Y BoRJA, RAMIRO: Derecho Constitucional Ecuatoriano. Vol. II. Ediciones Cul-
tura Hispánica, Madrid, 1951.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 67

al Libertador reiterándole su lealtad y explicándole que la separacron había sido


inevitable, comisionando al Teniente José María Urvina para llevar esa carta.
Meses después recibió Flores la respuesta, que Bolívar había escrito días antes
de morir, en la que le testimoniaba su afecto y le daba consejos. Sobre la separación
le decía el Libertador: "Urvina me asegura que el deseo del Sur, de acuerdo a la
instrucción que ha traído, es terminante con respecto a la independencia de ese país.
Hágase la voluntad del Sur y llene Ud. sus votos. Ese pueblo está en posesión de
la soberanía y hará de ella un saco o un sayo, si mejor le parece". Y sobre el futu-
ro le anunciaba proféticamente que tarde o temprano sería expulsado del Ecuador,
que le combatirían por no ser quiteño y que Rocafuerte encabezaría la oposición.
Las tres cosas se cumplieron al pie de la letra.3

IV

¿Quién era este hombre singular que a los veintiocho años figuraba como Ge-
neral de División y a los treinta como Presidente del nuevo Estado? Poco se sabe
sobre la infancia del General Juan José Flores, como no sean afirmaciones tardías
y denigrantes, producto de la malevolencia de sus enemigos. No parece que se haya
intentado alguna vez una investigación seria el respecto. Venido al mundo en Puerto
Cabello (Venezuela), el 19 de julio de 1800 o 1801, fue, según afirma sin citar
la fuente, el historiador liberal Camilo Destruge, hijo legítimo de un matrimonio
español.1 "Nacido en muy pobres pañales y de oscuro origen --dice D. Isaac J.
Barrera-, Flores perteneció a la aristocracia de la voluntad y del trabajo; aristo-
cracia única meritoria, porque sale depurada en el crisol de los méritos, de las luces
y, por lo menos, de la habilidad".2 En todo caso la suya fue una niñez pobre, habien-
do vivido algún tiempo al cuidado del español don Vicente Malina. Salom, jefe
patriota, le indujo a servir la causa independentista, y en el ejército libertador, desde
los quince años, ascendió de soldado a general, siempre por méritos de guerra en
las 85 acciones de armas en las que se jugó la vida, inclusive las batallas de Carabobo
y Bomboná: "puedo lisonjearme, sin orgullo, de haber combatido desde mi niñez
por la causa de América" ... , expresaba él mismo al recordar su trayectoria militar. 3
Su valor, serenidad, astucia y aptitudes militares fueron grandes: enorme su inteli-
gencia natural y su simpatía, pero deficiente su instrucción. Gozó siempre del
aprecio de Bolívar que, después de Sucre, le consideraba como "el más genial de sus
soldados, en la teoría y en la práctica, en el gabinete o en el combate".4 A los veinti-
cuatro años de edad se casó en Quito con doña Mercedes Jijón, aristócrata, bella y

3. Véase la carta N~ 82 escrita por el Libertador en Barranquilla, el 9 de noviembre de 1830,


en este mismo volumen.
l. DESTRUGE, CAMILO: Al,bum Biográfico Ecuatoriano. Tomo III. Cuarta Parte. Guayaquil,
1904, p. 12.
2. BARRERA, IsAAc J.: Rocafuerte. Estudio Histórico-Biográfico. Imprenta y Encuadernación
Nacionales, Quito, 1911, p. 55.
3. "Contestación del Jeneral Flores a la Gaceta del Gobierno de San Salvador". Imprenta
de la República, San José de Costa Rica, 24 de octubre de 1850, p. 2.
4. PEROU DE LACROIX. Oh. cit., p. 61.
68 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

rica. Se distinguió en la pacificación de Pasto. Sucre le ascendió a General de Divi-


sión en Tarqui, por sus méritos en aquella campaña, y hacia 1830 era Prefecto
General del Departamento del Sur. "Para realizar una carrera así -afirma Pío
Jaramillo Alvarado--, es preciso no ser un hombre vulgar y estar dotado de sobre-
salientes cualidades ... ", " ... el General Flores pertenece a ese raro género de
hombres, dueños de sus propios destinos, realizados en el troquel de un carácter
férreo" .5
No eran fuy favorables las condiciones en que se hizo cargo del poder: el país
estaba en la miseria; el ejército era desproporcionadamente grande; los bolivaristas,
los autonomistas quiteños y también los guayaquileñistas, cada grupo por su lado,
estaban resentidos contra él; el territorio no tenía linderos precisos; la soberanía
nacional era relativa, pues teóricamente el Estado seguía formando parte de Colom-
bia; el Estado carecía de reconocimiento oficial de otros países; no había recursos
suficientes para afrontar las imperiosas necesidades de la administración, del nume-
roso ejército, de los millares de desocupados. Nada permitía, pues, suponer que el
General Flores lograse permanecer en el poder los cuatro años de su mandato,
menos aún dominar durante quince, como sucedió.
Aunque para comenzar a gobernar Flores nombró como Ministro Secretario
General al Dr. José Félix Valdivieso y como Ministro de Hacienda a D. Antonio
Fernández Salvador, quiteños ambos y viejos autonomistas, en realidad se rodeó
de un grupo de militares adictos, casi todos extranjeros nacionalizados en virtud
de la Constitución de 1830, en su mayoría neogranadinos, venezolanos y aún
europeos del Ejército de Bolívar. Ni Valdivieso ni Salvador duraron en sus cargos,
siendo reemplazados por los neogranadinos Félix de San Miguel y García del Río.
El Ministro de Guerra General Martínez Pallares era también colombiano del norte.
Y tanto en la política como en el ejército dominó los cuatro años, entre bastidores,
un chileno de la escuela de Portales, prócer de la independencia de su patria, el
Coronel José Miguel González Alminati, que comenzó como Jefe del Estado Mayor
General en 1830 y llegó a ser Ministro Secretario General al terminar su adminis-
tración el General Flores, quien había apadrinado a uno de sus hijos, el futuro
Arzobispo González y Calisto. También se rodeó de parientes de su mujer y amigos
íntimos de la familia Jijón, únicos nacionales en los altos cargos. Por gobernar con
militares extranjeros, parientes políticos y compadres, la oposición nacionalista con-
tra Flores no se hizo esperar.
Preocupación especial del Presidente, desde el comienzo de su gobierno, fue
afrontar tres graves problemas internacionales: el reconociminto del nuevo Estado;
el asunto de fronteras con el Perú, y la integración al Ecuador de los territorios
del Cauca, pertenecientes a la antigua Audiencia de Quito y en los cuales los Gene-
rales Obando y López querían forjarse un feudo propio.
No tuvo, en lo primero, más éxito que el reconocimiento del Perú· y Bolivia,
más por resentimiento con Colombia que por amistad con el Ecuador. En lo segun-
do, si bien don Diego Noboa logró suscribir un tratado de alianza y comercio con
el Perú, en materia de fronteras se concertó el 12 de julio de 1832 que "mientras

5. JARAMILLO ALVARADO, Pío: La Presidencia de Quito. Memoria histórico-jurídica de los


orígenes de la Nacionalidad Ecuatoriana y de su defensa territorial. Edit. El Comercio, Quito,
1938, Tomo I, p. 418.
LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 69

se celebre un convenio de arreglo de límites entre los dos Estados, se reconocerán y


respetarán los actuales", expresión que luego el Perú quiso aprovechar contra el
Tratado de Guayaquil de 1830, cuya suscripción ignoraban Noboa y los gobernan-
.tes del nuevo Estado. En todo caso la designación de don Diego como Plenipoten-
ciario fue inconveniente, pues no estaba jurídicamente preparado; su viaje, inopor-
tuno, y el convenio de 1832, innecesario, amén de que pudo sernos perjudicial.
El problema del Cauca, en el que se pudo triunfar, a la postre no culminó con
buen éxito. Pasto se había adherido al Departamento del Sur el 5 de mayo de 1830,
aún antes de que se proclamase la separación de Quito de la Gran Colombia. Flo-
res, al punto, hizo ocupar aquella ciudad militarmente. Buenaventura se adhirió el
20 de agosto de 1830. En el Cauca dominaban los Generales López y Obando,
circunstancia de que éste se sirvió para mandar a matar a Sucre, en cumplimiento
de la consigna recibida desde Bogotá; pero al proclamarse en la capital neogranadina
el Gobierno bolivarista del General Rafael Urdaneta, López, que aspiraba a hacer
del Cauca un Estado aparte, temeroso del gobierno bogotano, resolvió más bien
adherirse al Ecuador, incluido el Chocó, con lo que este país llegó a limitar con
Panamá. Quizás este paso del General López buscaba también cortar con un tajo
audaz las investigaciones sobre la muerte de Sucre que había iniciado el Gobierno
de Flores. Sea de ello lo que fuere, lo cierto es que en virtud de esta adhesión en
el Congreso de 1831 estuvo presente la delegación caucana, compuesta de seis di-
putados, y uno de ellos fue inclusive candidato a la Vicepresidencia de la Legislatu-
ra, y el séptimo diputado, que lo era el propio General José Hilaría López, si bien
se excusó de asistir, envió desde Popayán varios proyectos de ley. El Congreso
decretó la incorporación del Cauca, y en un colmo de romanticismo, condicionó
aquel paso hasta que la Convención colombiana -prevista teóricamente- delimi-
tase los nuevos Estados que debían componerle. Oigamos al propio Flores relatar
estos hechos:
" ... Constituido el Ecuador por sus legítimos representantes, se le in-
corporó la provincia de Pasto, y poco tiempo después las de Popayán,
Cauca y Buenaventura. Yo estaba por casualidad en Pasto cuando se
recibió en aquella ciudad la noticia de estas inesperadas agregaciones; y
sin embargo de que me complacían, y de que estimaba a los habitantes
de Popayán, cuyas buenas cualidades he apreciado siempre, escribí al
Vicepresidente, encargado del Poder Ejecutivo, manifestándole, que no
debían acogerse las anunciadas agregaciones por motivo que el tiempo ha
justificado. No embargante mi dictamen, prevaleció el del Consejo de
Gobierno, que era opuesto; y los límites del Ecuador se extendieron por
el Norte hasta la cordillera central de los Andes.
"Mostrábanse contentas y satisfechas las provincias del Cauca con
pertenecer al Ecuador, enviaron sus diputados al primer Congreso de
Quito en 1831 y obtuvieron lo que deseaban para su bien y pros-
peridad ... " 6
Por desgracia, en cuanto cayó el Gobierno de Urdaneta, los Generales López
y Obando deslealmente se comprometieron otra vez, pero en secreto, con Nueva
Granada, ya en manos antibolivarianas. Lo más notable de Popayán pidió a Flores

6. "Segunda parte de la réplica del Jeneral Flores al libelo del Jeneral Mosquera ... ". Im-
prenta de la República. Costa Rica, ¿1849?, p. 5.
70 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

autorización para resolver el asunto en una asamblea departamental, pero López se


descubrió públicamente a favor del Gobierno de Bogotá, no sin que la Corte Supe-
rior popayaneja protestase a favor del Ecuador. Las tropas ecuatorianas tuvieron
que retroceder al Juanambú, perseguidas por Obando.
Se perdieron, pues, el Chocó, Cauca y Popayán. Sólo conservamos Buenaven-
tura y Pasto. Y para colmo, Obando desconoció hasta la independencia del Ecuador.
Al fin se establecieron conversaciones diplomáticas en Quito, que fracasaron. Por
desgracia los oficiales y soldados neogranadinos que integraban el ejército ecuato-
riano comenzaron a promover traidoras insurrecciones en el interior de la República;
y hasta dos oficiales ecuatorianos, el Teniente Coronel Ignacio Sáenz y el Teniente
Erazo defeccionaron con sus tropas, por lo que el General Farfán, Comandante en
Jefe, terminó por evacuar Pasto. El 19 de setiembre de 1832 ésta fue ocupada por
el General Obando. Flores llegó con nuevas tropas a Túquerres, pero en vez de
combatir, los dos jefes se entrevistaron, dialogaron y firmaron un armisticio que
luego se perfeccionó por el Tratado de Pasto, el 8 de diciembre de 1832. Lo fir-
maron, por parte del Ecuador, el Dr. Pedro José de Arteta, y por Colombia, el
General Joaquín Posada Gutiérrez. El Ecuador perdió por él la ciudad de Pasto,
pues se fijó como límite el río Carchi.
Flores se caracterizó siempre por el afán de atraer inclusive a sus peores
enemigos, luego de la entrevista con Obando le envió en obsequio su espada, con
una carta escrita en !barra, el 25 de octubre de 1832, en que le decía:
"Mi querido General y amigo:
"Mi edecán, el Comandante Urvina, presentará a Ud. la espada que
ofrecí, no para que la cambie por la suya, sino para que cuelgue en su
casa de campo hasta el día que con ella sea necesario cumplir su patrió-
tico brindis del 11 de octubre. Esta espada no tiene otro mérito que el
de haber sostenido la Constitución, después de haber servido diez y ocho
años en los campos de la guerra por la libertad. Acéptela Ud. en testi-
monio de nuestra reconciliación, y de la amistad que le profesa su anti-
guo compañero que le ama de corazón".7
El "abrazo de Túquerres", esta carta y aquel Tratado se convirtieron en terri-
ble motivo de acusación contra Flores, y dio lugar a que sus opositores comenzasen
a hablar desembozadamente de su presunta participación en el asesinato de Sucre,
como cómplice de Obando. Este y López actuaron con toda deslealtad a lo largo
del problema. Flores, lamentablemente, y aún sin olvidar que el Cauca había per-
tenecido a la Audiencia de Quito, se dejó envolver por aquellos y terminamos de
perder tan ricos territorios. Años más tarde, el propio General Flores se refirió a
aquellos acontecimientos, con estas palabras durante una polémica con Mosquera:
"Recibo en Guayaquil las primeras noticias de lo acaecido y voy
en posta a la capital, haciendo cerca de ochenta leguas en tres días. Dicto
algunas órdenes para concentrar en Túquerres las tropas disponibles y
marcho a ponerme en cabeza. Llego a Túquerres oportunamente y me
dispongo a dar allí la batalla. Obando deja sus tropas en Pasto y se
presenta en mi cuartel General, acompañado del Coronel Lindo: me hace
manifestaciones de amistad, y protesta públicamente en un brindis, "que

7. GRISANTI. Ob. cit., p. 213.


LA REPUBLICA DEL ECUADOR HASTA 1830 71

jamás desenvainaría la espada contra su antiguo General". Le doy las


gracias por este cumplimiento y le hago después un pequeño obsequio.
Pregunto aquí a Mosquera ¿con qué derecho censura el inusitado obse-
quio, dispensado a un enemigo que viene a visitarme en nuestro campo,
cuando ese enemigo acaba de ejercer el Poder Ejecutivo en Nueva Gra-
nada, de autorizar con su firma la Constitución de la República y de
obtener el mando de sus tropas para hacer la guerra al Ecuador? ¿Podía
yo excusarme de recibir al General en jefe granadino cuando se presenta-
ba en mi cam,po y se me forzaba a tratar con él, aun cuando no quisiera?
¿Podría serme grato que el Gobierno granadino honrase con su confianza
a mi enemigo y calumniador? ¿Podría serme grato que ese enemigo y
calumniador se apoderase del Pasto, hostilizase al Ecuador y me hostili-
zase personalmente? ¿Podía serme grato entenderme con ese enemigo
y calumniador favorecido por su Gobierno?" .8

Aunque la actuación internacional del Gobierno de Flores no dio los resulta-


dos que él esperaba, dice Jaramillo Alvarado que las intervenciones del Sur de
Colombia ."constituyen una actitud histórica que ennoblece a quien las realizó, pues
si Popayán y Pasto quedaban incorporadas, y el Guáytara se hubiese fijado como
línea de frontera en el Norte, ¿qué se habría dicho entonces del Gral. Flores, pese
a los gastos que ocasionaron al Erario aquellas jornadas? Pues bien, fracasó en la
empresa, ¿por qué esa agria censura histórica, si en el fondo de todo existe la defen-
sa y el afecto a la nación ecuatoriana?".9 Al final fracasaron también todas las ges-
tiones para la Confederación Colombiana, por lo que el gran Estado que creó
Bolívar quedó definitivamente disuelto. Por lo menos tuvo éxito en la incorpora-
ción del Archipiélago de Galápagos al patrimonio nacional del Ecuador. Autorizó,
efectivamente, al Prefecto del Guayas, que lo era a la sazón el poeta Olmedo, para
que enviase a tomar posesión de las islas al Coronel Ignacio Hernández el cual cum-
plió solemnemente aquel encargo, viajando en la goleta "Mercedes" y suscribiendo
el acta respectiva el 12 de febrero de 1832, en la que entre otras cosas decía:

"Que habiendo arribado a esta isla el jueves nueve del presente


en la Goleta Nacional "Mercedes", pisando felizmente, con la ayuda de
Dios, procede a llenar y cumplir la comisión con que me honró el Go-
bierno; y en su virtud declaro: Que en este acto tomo posesión de esta
mencionada isla y de cuantas comprenda el Archipiélago del Ecuador
en nombre del Estado y empiezo a ejercer el oficio de Juez de Paz que
se me ha conferido. Después de esta declaración se hizo tremolar el pabe-
llón del Estado, saludándolo con tres descargas de fusiles y proclamó el
nombre del Estado Ecuatoriano, victorió el de su actual Presidente Gene-
ral don Juan José Flores. Con lo cual se concluyó esta acta que firmaron
los expresados conmigo ... " 10

También en honor del Presidente se denominó como Floreana a una de las


islas, nombre que conserva hasta nuestros días. Poco tiempo después fue designado

8. "Segunda parte de la réplica ... ". p. 6.


9. ]ARAMILLO ALVARADO, Ob. cit., p. 420.
10. LARREA, CARLOS MANuEL: El Archipiélago de Colón o (Galápagos). E<lit. Cajica, Pue
bla, México, p. 106.
72 BOLETIN DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LA HISTORIA

gobernador del Archipiélago el General José Villamil, prohombre del 9 de octubre,


que había sido el promotor de todas estas actividades.

Tomado de la obra "Publicaciones del Archivo Juan José


Flores. - Pontificia Universidad Católica del Ecuador. - Corres-
pondencia del Libertador con el general Juan José Flores (1825-
1830). - Banco Central del Ecuador. 1927. 1977. -Trabajo pre-
liminar del Dr. Jorge Salvador Lara, reproducido con la autoriza-
zación de éste.

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