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Esquilo

En 3 oraciones: Prometeo se niega a revelarle a Hermes, mensajero de Zeus, información sobre las bodas futuras que amenazan con destronar a Zeus. A pesar de las amenazas de Hermes, Prometeo se mantiene firme en su desafío contra los nuevos dioses. Medea sufre intensamente por la traición de su esposo Jasón, quien la abandona por otra mujer. Llora desconsoladamente y maldice a su esposo y a su nueva novia.

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Esquilo

En 3 oraciones: Prometeo se niega a revelarle a Hermes, mensajero de Zeus, información sobre las bodas futuras que amenazan con destronar a Zeus. A pesar de las amenazas de Hermes, Prometeo se mantiene firme en su desafío contra los nuevos dioses. Medea sufre intensamente por la traición de su esposo Jasón, quien la abandona por otra mujer. Llora desconsoladamente y maldice a su esposo y a su nueva novia.

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Esquilo

Prometeo Encadenado (fragmento)

"Prometeo. Adora, ruega, adula al poderoso, que a mí me importa Zeus menos que
nada. Que impere y mande en este breve tiempo a su antojo. Su imperio entre los
dioses no ha de durar. (Aparece a lo lejos Hermes). Mas hete a su correo, el
ministro de Zeus, nuevo tirano. A anunciarme ha venido alguna nueva.
Hermes. ¡Eh, tú, sofista, duro entre los duros, que contra las deidades has pecado
entregando al mortal sus privilegios! A ti, ladrón del fuego, me dirijo: tu padre
ordena que le digas cuáles han de ser esas bodas que amenazan con destronarle. Y
no hables con enigmas, cuenta punto por punto los detalles. No me obligues a hacer
doble camino, Prometeo. Ya ves que tu talante de Zeus las iras doblegar no logra.
Prometeo. Solemne y lleno de arrogancia, como de servidor de un dios, es tu
lenguaje. Jóvenes sois, y es joven vuestro imperio. ¿Creéis vivir en torre inaccesible
a la desgracia? ¿Acaso yo no he visto derrocados de allí ya a dos monarcas? Y el
tercero, el que hoy ostenta el cetro, he de verle caer muy pronto, envuelto en la
ignominia. ¿Tengo yo el aspecto acaso de temblar y de humillarme ante los nuevos
dioses? ¡Ni lo pienso! Y ahora puedes desandar tu ruta, que nada has de saber de
cuanto inquieres.
Hermes. Tú mismo con bravatas semejantes viniste a fondear tus desgracias.
Prometeo. Debes saber que yo no cambiaría por tu papel de esclavo mi destino.
Hermes. (Con ironía). ¡Claro! Es mejor servir en este risco que ser fiel mensajero de
Zeus Padre.
Prometeo. Hay que insultar a aquél que nos insulta.
Hermes. Parece que presumes de tu estado.
Prometeo. ¿Presumir? ¡Si viera a mis contrarios presumir de esta forma, y tú entre
ellos...!
Hermes. ¿También me haces culpable de tus penas?
Prometeo. Odio, sencillamente, cuantos dioses inicuamente mis servicios pagan.
Hermes. Entiendo que padeces gran demencia.
Prometeo. Sí, si es demencia el odio al enemigo.
Hermes. Victorioso, serías insufrible.
Prometeo. ¡Ay, ay de mí!
Hermes. Pues esta es expresión que Zeus ignora.
Prometeo. Todo lo enseña el tiempo envejeciendo.
Hermes. Tú aún no has aprendido a ser sensato.
Prometeo. Cierto, pues no hablaría a un mayordomo.
Hermes. ¿Nada dirás de lo que quiere el Padre?
Prometeo. (Irónico). ¡Claro!, que he de pagarle sus favores.
Hermes. De mí te burlas cual si fuera un niño.
Prometeo. ¿Es que no eres un niño, y aún más que eso si esperas recibir una
respuesta? No existe ultraje ni tormento alguno con que a cantar el Padre Zeus me
obligue, si antes no me libera de estos grillos. Así que lance contra mí la llama que
ennegrece, y de nieve bajo un manto, con truenos subterráneos, que confunda el
universo todo y lo trastorne: nada va a doblegarme a que le diga por quién será
arrojado de su trono.
Hermes. Mira si es esto para ti una ayuda.
Prometeo. Visto para sentencia está hace tiempo.
Hermes. Decídete, decídete, insensato, a razonar ante tu mal presente.
Prometeo. En vano me importunas, cual si dieras consejos a las olas. No, que nunca
se te ocurra pensar que yo, por miedo al decreto de Zeus, pueda portarme como si
de hembra corazón tuviera, y a suplicar a un ser tan odiado que me libere de estos
grillos, con mis palmas levantadas, como haría una mujer. ¡Estoy muy lejos de ello!
Hermes. Por mucho que hable voy a hablar, yo creo, en vano; observo que no te
conmueves ante mis peticiones, ni te ablandas. Mordiendo el freno cuál recién
domado potro, con fuerza con las riendas luchas. Mas con débil ardid muestras tu
saña. Para quien no razona, por sí misma, puede la obstinación menos que nada.
Porque, si a mis razones no te pliegas, mira qué tempestad, qué triple embate de
mal te viene encima, inevitable: antes que nada, esa escarpada cumbre, con el
trueno y llama de su rayo, Padre la hará pedazos, y tu cuerpo, acunado en los
brazos de una roca tan sólo, hará que se sumerja. Luego, y con tu negro hígado un
banquete celebrará. Pero, de este suplicio, no esperes nunca el fin, hasta que llegue
un dios que quiera ser el heredero de tu pena, y bajar al negro Hades y a las simas
sin luz que hay en el Tártaro. Piensa, pues, que no son vanas bravatas, sino
palabras dichas con gran tiento. Pues los labios de Zeus no hablan en vano: Él
cumple, en todo caso, su palabra. Así que mira en torno y reflexiona. NO creas que
es mejor que el buen consejo la terca obstinación. "
Medea, de Eurípides (fragmento)
MEDEADesde el interior de la casa. ¡Ay! ¡Desgraciada de mí, qué infeliz, qué
dolor! ¡Ay, ay, ay! ¡Ay de mí! ¿Cómo puedo morir?
NODRIZAAhí tenéis, hijos míos, revuelta está ya vuestra madre, pues su alma el
dolor trastornó. Cuanto antes a casa corred y allí entrad, no os pongáis cerca de
ella, que no os pueda ver, no acercaos y mucho cuidado tened con el fiero talante y
atroz natural de su mente cruel. ¡Vamos, pues, en seguida aquí dentro pasad!(El
pedagogo entra con los niños en el interior de la casa.)Se ve bien que esa nube que
empieza a surgir, de lamentos cargada, muy pronto va a arder estallando en más
fuerte pasión. ¿Qué irá a hacer esa alma que el mal ha mordido y en que hay un
orgullo muy grande y tenaz?
MEDEA (Desde el interior.)¡Ay, ay! ¡Sufro, mísera, sufro, tormentos sin
fin! ¡Vuestro padre y la casa con él!
NODRIZA¡Ay, ay, ay! ¡Ay, ay, ay, desdichada de mí! ¿Qué culpa hay en los hijos,
qué tienen que ver con las faltas del padre? ¿Les odias? ¿Por qué? Temo, niños, y
siento que vais a penar; es terrible el antojo del rey, que el servir no conoce, mas
sólo el constante imperar;y duros resultan sus cambios de humor. Avezarse a vivir
siempre igual es mejor; por lo menos a mí tóqueme envejecer sin grandeza y
estando en seguro lugar. Ya las cosas medianas con sólo decir su nombre resultan
deseables, mas son preferibles en su uso al exceso, que no se muestra oportuno
jamás al mortal: más desastres si atacan las iras de un dios a una casa, tal es lo que
da. (Entra el coro, formado por quince mujeres de Corinto.)
COROMe llegó la palabra, los gritos oí de la Cólquide triste, que no recobró aún la
calma. Habla, anciana, habla, pues. Yo, estando a mi puerta, su voz escuché, que
veníadesde aquí, y no me causa placer el dolor de esta casa que tan querida para mí
resulta.
NODRIZAYa no existe el palacio, que todo cayó. Por el lecho real poseído él está y
mí dueña en la alcoba marchítase y no deja que su ánimo entibie ningún consuelo
que amigos le den.
MEDEA(Todavía desde el interior de la casa.)¡Ay, ay! ¡Mi cabeza atraviesa un
celeste fulgor! ¿Para qué quiero ya en adelante existir? ¡Ay de mí! ¡Que me lleguen
mi muerte y mi fin y termine mi odioso vivir!
CORO¿Escuchasteis, oh, Zeus, oh, la tierra y la luz,en qué amargos lamentos
prorrumpe el cantar de la esposa infeliz? ¿A qué viene, insensata, el ansiar ese
horrífico lecho mortal? ¿Quieres antes de tiempo morir? Eso no lo implores. Si tu
esposo nuevas bodas pretende, común cosa ello es. No te irrites así, que Zeus te
vengará. No te consumas en demasía por tu marido.
MEDEA(Desde el interior.)¡Artemis santa, gran Temis? ¿No veis cómo mi esposo
se porta despuésde que un gran juramento a los dos nos ligó?¡Ojalá que a su novia
con él pueda verdestrozada, y lo mismo el palacio tambiénpor la ofensa que juntos
me hicieron los dos! ¡Padre mío, ciudad de que en tiempos partícuando en forma
afrentosa a mi hermano maté!
NODRIZA ¿Escucháis cómo a Temis invoca y a Zeus venerados los dos cual
guardianes de aquel juramento en que el hombre da fe? No está cerca el momento
en que vaya a amainar mi dueña en su enorme furor.
CORO¿Cómo podría acudir hasta aquí y dejar que la veamos y acaso
escuchar cuanto osemos decir por si así conseguirnos calmar de su mente el
porfiado rencor? Que al menos mi buena intención no falte al amigo.Anda, pues,
y prueba a hacerla de casa salir. Di que están los que la aman aquí. Corre antes de
que dañe a los de dentro, pues grandes vuelos su aflicción cobra.
NODRIZAVoy a hacerlo; aunque temo que no pueda yosu razón convencer, por
servirte el trabajo me habré de tomar. Pues parece leona parida al mirar a sus
siervas con torvo ademán cada vez que alguna se acerca con ganas de hablar. Razón
tiene quien diga que bien torpe fue e ignorante la prístina raza mortal, que
encontró para cada festivo avatar, regocijo o convite, la alegre canción que la vida
supiera endulzar con su son y, en cambio, el remedio no pudo inventar, las liras, los
himnos, la voz musical, del humano infortunio, que muertes causar suele y trances
que son destrucción del hogar. Eso sí que con cantos debiera sanar el hombre; en el
pingüe, gozoso festín ¿qué falta hace que se alce la voz del cantor? Aporta el deleite
la propia ocasión que al banquete le da plenitud.
COROEscuchosus gemidos y lamentos, sus agudos clamores lastimeros, contra el
esposo que su lecho infama;invoca, sintiéndose ofendida,a Temis guardiana de los
votos que la hizo,hasta la Hélade opuesta,surcar de noche la onda salada,la llave del
gran mar.(Medea sale a escena y se dirige al coro.)
MEDEA¡Oh, mujeres corintias! Salgo de casa por que reproches no me hagáis;
pues, mientras sé que muchoshombres, tanto en privado como en el trato
externo, orgullosos realmente se vuelven, a otros hace pasar por indolentes su
tranquilo vivir. Que no son siempre justos los ojos de la gentey hay quien, no
conociendo bien la entraña del prójimo,le contempla con odio sin que haya habido
ofensa.Y, si debe el de fuera cumplir con la ciudad,no alabo al ciudadano que
amargo y altanerocon los demás se muestra por su falla de tacto.Pero a mí este
suceso que inesperado vinome ha destrozado el ánimo; perdida estoy, no tengoya a
la vida afición; quiero morir, amigas.Porque mi esposo, el que era todo para mí,
comosabe él muy bien, resulta ser el peor de los hombres.De todas las criaturas que
tienen mente y alma no hay especie más mísera que la de las mujeres.Primero han
de acopiar dinero con que comprenun marido que en amo se torne de sus
cuerpos,lo cual es ya la cosa más dolorosa que hay.Y en ello es capital el hecho de
que sea buena o mala la compra, porque honroso el divorciono es para las mujeres
ni el rehuir al cónyuge.

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