Vance, y sale FRONDOSO, atadas las manos; FLORES, ORTUÑO, CIMBRANOS y el COMENDADOR.
COMENDADOR De ese cordel que de las manos sobra
quiero que le colguéis, por mayor pena.
FRONDOSO ¡Qué nombre, gran señor, tu sangre cobra!
COMENDADOR Colgalde luego en la primera almena. 200
FRONDOSO Nunca fue mi intención poner por obra
tu muerte entonces.
FLORES Grande ruido suena.
(Ruido suene.)
COMENDADOR ¿Ruido?
FLORES Y de manera que interrompen
tu justicia, señor.
ORTUÑO Las puertas rompen.
(Ruido.)
COMENDADOR ¡La puerta de mi casa y siendo casa 205
de la encomienda!
FLORES El pueblo junto viene.
JUAN ROJO (Dentro.)
Rompe, derriba, hunde, quema, abrasa.
ORTUÑO Un popular motín mal se detiene.
COMENDADOR ¡El pueblo contra mí!
FLORES La furia pasa
tan adelante, que las puertas tiene 210
echadas por la tierra.
COMENDADOR Desatalde.
Templa, Frondoso, ese villano alcalde.
FRONDOSO Yo voy, señor; que amor les ha movido.
(Vase.)
MENGO (Dentro.)
¡Vivan Fernando e Isabel, y mueran
los traidores!
FLORES Señor, por Dios te pido 215
que no te hallen aquí.
COMENDADOR Si perseveran,
este aposento es fuerte y defendido.
Ellos se volverán.
FLORES Cuando se alteran
los pueblos agraviados, y resuelven,
nunca sin sangre o sin venganza vuelven. 220
COMENDADOR En esta puerta, así como rastrillo,
su furor con las armas defendamos.
FRONDOSO (Dentro.)
¡Viva Fuente Ovejuna!
COMENDADOR ¡Qué caudillo!
Estoy porque a su furia acometamos.
FLORES De la tuya, señor, me maravillo. 225
ESTEBAN Ya el tirano y los cómplices miramos.
¡Fuente Ovejuna, y los tiranos mueran!
(Salen todos.)
COMENDADOR Pueblo, esperad.
TODOS Agravios nunca esperan.
COMENDADOR Decídmelos a mí, que iré pagando
a fe de caballero esos errores. 230
TODOS ¡Fuente Ovejuna! ¡Viva el rey Fernando!
¡Mueran malos cristianos y traidores!
COMENDADOR ¿No me queréis oír? Yo estoy hablando;
yo soy vuestro señor.
TODOS Nuestros señores
son los Reyes Católicos.
COMENDADOR Espera. 235
TODOS ¡Fuente Ovejuna, y Fernán Gómez muera!
(Vanse, y salen las mujeres, armadas.)
LAURENCIA Parad en este puesto de esperanzas
soldados atrevidos, no mujeres.
PASCUALA ¡Los que mujeres son en las venganzas!
¡En él beban su sangre! ¿Es bien que esperes? 240
JACINTA Su cuerpo recojamos en las lanzas.
PASCUALA Todas son de esos mismos pareceres.
ESTEBAN (Dentro.)
¡Muere, traidor Comendador!
COMENDADOR Ya muero.
¡Piedad, Señor, que tu clemencia espero!
BARRILDO (Dentro.)
Aquí está Flores.
MENGO Dale a ese bellaco; 245
que ése fue el que me dio dos mil azotes.
FRONDOSO (Dentro.)
No me vengo si el alma no le saco.
LAURENCIA No excusamos entrar.
PASCUALA No te alborotes.
Bien es guardar la puerta.
BARRILDO (Dentro.)
No me aplaco.
¡Con lágrimas agora, marquesotes! 250
LAURENCIA Pascuala, yo entro dentro; que la espada
no ha de estar tan sujeta ni envainada.
(Vase.)
BARRILDO (Dentro.)
Aquí está Ortuño.
FRONDOSO (Dentro.)
Córtale la cara.
Comentario de texto. Identifica la obra a la que pertenece la escena, el género y el
subgénero, señala el autor y aporta alguna información sobre su vida y obra,
identifica el tema, redacta el argumento, analiza los personajes y el espacio,
comenta la métrica, las figuras literarias y los rasgos lingüísticos.
Abre la puerta CELESTINA y éntranse a la casa los dos criados.
CELESTINA.- ¡Locos traviesos! ¡Entrad, entrad! ¿Qué habéis
hecho? ¿Qué os ha pasado? ¿Se despidió la esperanza de Calisto o
vive todavía con ella?
SEMPRONIO.- Si no fuera por nosotros, anduviera su alma
buscando posada para siempre, que no es suficiente su hacienda para
cumplir con lo que nos queda obligado.
CELESTINA.- ¡Jesús! ¿Tanto es el peligro en el que os habéis
visto? Cuéntamelo, por Dios.
PÁRMENO.- Cosa larga le pides, según venimos alterados y
cansados del enojo que hemos tenido. Harías mejor preparándonos el
almuerzo, que así quizá se nos amansaría algo la alteración que
traemos. Mi gloria sería ahora hallar en quien vengar la ira que no
pude en los que nos la causaron, por haberse fugado.
CELESTINA.- ¿Pues qué os ha pasado?
SEMPRONIO.- Traigo, señora, todas las armas despedazadas,
el broquel sin aro, la espada como sierra, el casquete abollado en la
capilla. Acordaron verse esta noche en el huerto. ¿Cómo me
compraré uno nuevo? No tengo ni un maravedí.
CELESTINA.- Pídeselo, hijo, a tu amo, pues en su servicio se
quebró.
SEMPRONIO.- Trae también Pármeno perdidas sus armas. A
este paso, en armas se le irá su hacienda. ¿Cómo quieres que sea tan
inoportuno de pedirle más de lo que él, de su propio grado, hace, que
es ya mucho? Dionos las cien monedas y dionos, después, la cadena.
Contentémonos con lo razonable, no sea que por querer más lo
perdamos todo, que quien mucho abarca, poco aprieta.
CELESTINA.- ¡Gracioso es el asno! ¿Estás en tu seso,
Sempronio? ¿Qué tiene que ver tu galardón con mi salario, tu
soldada con mis mercedes? ¿Estoy yo obligada a soldar vuestras
armas, a cumplir vuestras faltas? Que me maten si no te acoges a una
palabrilla que te dije el otro día viniendo por la calle que cuanto yo
tenía era tuyo y que cuanto pudiese con mis pocas fuerzas jamás te
faltaría. Ya sabes, Sempronio, que las palabras de buen amor no
obligan.
SEMPRONIO.- No es esta la primera vez que yo he dicho que
en los viejos reina la codicia. Cuando pobre, generosa; cuando rica,
avarienta. ¡Oh Dios, y cómo crece la necesidad con la abundancia!
Cuando creyó que el provecho sería escaso, la vieja me dijo que me
llevase todo y ahora, que lo ve crecido, no quiere dar nada por
cumplir el refrán de los niños que dicen: «De lo poco, poco; de lo
mucho, nada».
PÁRMENO.- Que te dé lo que te prometió o tomémosloselo
todo. Harto te decía yo quién era esta vieja.
CELESTINA.- El enojo que traéis con vosotros o con vuestro
amo o con vuestras armas no lo descarguéis en mí. Bien sé de qué
pie cojeáis. Creéis que he de teneros toda la vida atados y cautivos a
Elicia y Areúsa sin quereros buscaros otras. Callad, que quien éstas
os supo acarrear os dará otras diez.
SEMPRONIO.- No mezcles tus burlas en nuestra demanda.
Danos las dos partes a cuenta de cuanto de Calisto has recibido, no
quieras que descubramos quién eres. A otros con esos halagos, vieja.
CELESTINA.- ¿Quién soy yo, Sempronio? ¿Me vas a quitar
de la putería? Calla tu lengua y no insultes mis canas, que soy vieja
cual Dios me hizo, no peor. Vivo de mi oficio, como cada oficial del
suyo, muy limpiamente. Y tú, Pármeno, no pienses que soy tu
cautiva por conocer mis secretos y mi vida pasada y los casos que
me acaecieron a mí y a la desdichada de tu madre.
PÁRMENO.- No me hinches las narices con esas memorias. Si
no, te enviaré con ella para que te puedas quejar más a tus anchas.
CELESTINA.- (Gritando.) ¡Elicia, Elicia! Levántate. ¿Qué
es esto? ¿Qué quieren decir tales amenazas en mi casa? ¿Con una
oveja mansa os atrevéis vosotros? ¿Con una gallina atada? ¿Con una
vieja de sesenta años? Señal es de gran cobardía acometer a los
menores y a los que poco pueden.
SEMPRONIO.- ¡Vieja avarienta, garganta muerta de sed por el
dinero! ¿No estarás contenta con la tercera parte de lo ganado?
CELESTINA.- ¿Qué tercera parte? ¡Vete de mi casa! No me
hagáis salir de esto. No queráis que salgan a la plaza las cosas de
Calisto y las vuestras.
SEMPRONIO.- Da voces o gritos, que tú cumplirás lo que
prometiste o acabarás hoy tus días.
CELESTINA.- (Gritando.) ¡Justicia, vecinos, justicia, que
me matan en mi casa estos rufianes!
SEMPRONIO.- Esperad, doña hechicera, que yo te haré ir al
infierno con cartas.
CELESTINA.- (Con el pecho atravesado por una
daga.) ¡Confesión, confesión!
PÁRMENO.- ¡Dale, dale! ¡Acábala! ¡Muera, muera! De los
enemigos, los menos.
CELESTINA.- ¡Confesión!
Identifica el género del texto y a qué obra pertenece, redacta el argumento
(resumen del texto); enuncia el tema (redáctalo en un sintagma nominal);
identifica y explica los personajes que aparecen; identifica el espacio y explícalo;
por último identifica algunas figuras literarias y relaciónalas con el contenido del
fragmento.
Otra vez, hablando el Conde Lucanor con Patronio, su consejero, le dijo:
—Patronio, me han asegurado que unos nobles, que son vecinos míos y mucho más
fuertes que yo, se están juntando contra mí y, con malas artes, buscan la manera de
hacerme daño; yo no lo creo ni tengo miedo, pero, como confío en vos, quiero pediros
que me aconsejéis si debo estar preparado contra ellos.
—Señor Conde Lucanor —dijo Patronio— para que podáis hacer lo que en este asunto
me parece más conveniente, me gustaría mucho que supierais lo que sucedió a la
golondrina con las demás aves.
El conde le preguntó qué había ocurrido.
—Señor Conde Lucanor —dijo Patronio— la golondrina vio que un hombre sembraba
lino y, guiada por su buen juicio, pensó que, cuando el lino creciera, los hombres
podrían hacer con él redes y lazos para cazar a los pájaros. Inmediatamente se dirigió a
estos, los reunió y les dijo que los hombres habían plantado lino y que, si llegara a
crecer, debían estar seguros de los peligros y daños que ello suponía. Por eso les
aconsejó ir a los campos de lino y arrancarlo antes de que naciese. Les hizo esa
propuesta porque es más fácil atacar los males en su raíz, pero después es mucho más
difícil. Sin embargo, las demás aves no le dieron ninguna importancia y no quisieron
arrancar la simiente. La golondrina les insistió muchas veces para que lo hicieran, hasta
que vio cómo los pájaros no se daban cuenta del peligro ni les preocupaba; pero,
mientras tanto, el lino seguía encañando y las aves ya no podían arrancarlo con sus
picos y patas. Cuando los pájaros vieron que el lino estaba ya muy crecido y que no
podían reparar el daño que se les avecinaba, se arrepintieron por no haberle puesto
remedio antes, aunque sus lamentaciones fueron inútiles pues ya no podían evitar su
mal.
»Antes de esto que os he contado, viendo la golondrina que los demás pájaros no
querían remediar el peligro que los amenazaba, habló con los hombres, se puso bajo su
protección y ganó tranquilidad y seguridad para sí y para su especie. Desde entonces las
golondrinas viven seguras y sin daño entre los hombres, que no las persiguen. A las
demás aves, que no supieron prevenir el peligro, las acosan y cazan todos los días con
redes y lazos.
»Y vos, señor Conde Lucanor, si queréis evitar el daño que os amenaza, estad
precavido y tomad precauciones antes de que sea ya demasiado tarde [...]
Al conde le agradó mucho este consejo, actuó de acuerdo con él y le fue muy bien.
Como don Juan vio que este era un buen cuento, lo mandó poner en este libro e hizo
unos versos que dicen así:
Los males al comienzo debemos arrancar,
porque una vez crecidos, ¿quién los atajará?
El conde Lucanor. Don Juan Manuel
Identifica el género del texto y a qué obra pertenece, redacta el argumento
(resumen del texto); enuncia el tema (redáctalo en un sintagma nominal);
identifica y explica los personajes que aparecen; identifica el espacio y la
estructura y explícalos; por último identifica algunas figuras literarias y
relaciónalas con el contenido del fragmento.
Mientras por competir con tu cabello,
oro bruñido al sol relumbra en vano,
mientras con menosprecio en medio el llano
mira tu blanca frente el lilio bello;
mientras a cada labio, por cogello,
siguen más ojos que al clavel temprano,
y mientras triunfa con desdén lozano
del luciente cristal tu gentil cuello;
goza cuello, cabello, labio y frente,
antes que lo que fue en tu edad dorada
oro, lirio, clavel, cristal luciente,
no sólo en plata o víola troncada
se vuelva, mas tú y ello, juntamente,
en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.
Luis de Góngora 1561-1627
Identifica el género del texto, el autor y la época; enuncia el tema (redáctalo en un
sintagma nominal); explica el contenido de cada estrofa y señala los tópicos
literarios; explica la métrica del poema; identifica algunas figuras literarias y
relaciónalas con el contenido del fragmento; por último, señala los rasgos
lingüísticos (mecanismos de cohesión) y explícalo