EL GRAN CAMBIO
(1° Corintios 15:1-9)
CONTEXTO:
Corinto era una ciudad rica e importante en el istmo (franja estrecha de
tierra) que separa el norte del sur de Grecia.
El Apóstol Pablo pasó allí 18 meses durante su Segundo Viaje de Misionero
y fundó allí una iglesia (se relata en Hechos 18).
Después de salir de Corinto, escribió una carta a los cristianos de ese lugar,
donde los primeros 14 capítulos, les avisaba y advertía sobre temas morales
y éticos (Divisiones en la iglesia (capítulos 3-4); Inmoralidad sexual
(capítulo 5); Pleitos entre creyentes (capítulo 6); Preguntas del matrimonio
y la sexualidad (capítulo 7); Preguntas de consumir alimentos de animales
sacrificados a los ídolos (capítulos 8-10); Temas relacionados con dones
espirituales (capítulos 12-14)).
Sin embargo, en el cap. 15, Pablo entra en doctrina, dirigiéndose a lo que
creen los cristianos corintios.
Pablo, desarrolla una de las doctrinas fundamentales de la fe cristiana, LA
RESURRECCIÓN y de cómo esta doctrina apoya y mantiene la creencia
en la resurrección de los que fallecen.
UN EVANGELIO QUE SALVA:
“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual
también recibisteis, en el cual también perseveráis; por el cual, asimismo, si
retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano”.
(1° Corintios 15:1-2)
Pablo quiere aclarar que este evangelio que él mismo les ha predicado es
capaz de salvarlos si permanecen creyendo en él.
El apóstol estaba consciente del poder que el evangelio tenía para salvar
y cada uno de los Corintos debían saber y creer en ello.
Pablo nos expone el proceso de cómo el evangelio llega y actúa en la vida
de los hombres:
o Primero lo RECIBEN (Romanos 10:13-15),
o Luego deciden PERSEVERAR en sus enseñanzas CREYENDO en Él,
o Luego lo RETIENEN Y PRACTICAN por el resto de sus vidas.
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Jesús antes de ascender a los cielos delegó esta misión de predicar el
evangelio a sus discípulos de tal forma que este es el método que Dios
utiliza para que su mensaje llegue a todos los hombres (Marcos 16:15-16).
La responsabilidad que Pablo les estaba encomendando a los cristianos
de Corinto, era de dar testimonio de este evangelio o los hombres.
EL TEMA CENTRAL DEL EVANGELIO:
“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo murió
por nuestros pecados, conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que
resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras”. (1° Corintios 15:3-4)
Desde el principio este evangelio ha tenido un tema principal, el cual
Pablo conoció desde sus primeros días de convertido y este a su vez se los
dio a conocer a los corintios.
Desde el Antiguo Testamento se anunciaba la obra redentora de Cristo,
aún desde Génesis se nos decía que este Mesías sería herido en el calcañar
por la serpiente que es Satanás:
“Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la
simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”
(Génesis 3:15)
Y en los Salmos aseguraba que después de muerto Dios no permitiría que
su Cristo viera corrupción de carne así que por ello resucito al tercer día:
“Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma; mi carne también
reposará confiadamente; porque no dejarás mi alma en el Seol, ni
permitirás que tu santo vea corrupción” (Salmo 16:9-10)
Por tanto, este mensaje que anuncia que Cristo murió por nuestros
pecados, que fue sepultado y resucitó al tercer día ha estado anunciado
desde el principio de los tiempos y no es un concepto nuevo del Nuevo
Testamento y se predica de tal forma que aquellos que lo escuchan se
arrepientan de sus pecados y sean salvo por la fe.
El mismo Señor Jesús les dijo a sus discípulos:
““Y les dijo: Estas son las palabras que os hablé, estando aún con
vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí
en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos… y les dijo: Así está
escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los
muertos al tercer día; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento
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y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde
Jerusalén” (Lucas 24:44, 46-47)
Desde el principio la iglesia fue fiel a este mandato de predicar la
muerte y resurrección de Cristo, y así vemos a Pedro predicando este
mensaje en sus primeros mensajes:
“A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos”
(Hechos 2:32)
LOS TESTIGOS DE LA RESURRECCIÓN DE CRISTO:
“… y que apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de
quinientos hermanos a la vez, de los cuales muchos viven aún, y otros ya
duermen. Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles; y al último
de todos, como a un abortivo, me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño
de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol, porque perseguí a la
iglesia de Dios”. (1° Corintios 15:5-9)
En la antigüedad los griegos no creían en la resurrección de los muertos,
y de entre los judíos la mayoría de ellos, a excepción de la secta de los
saduceos (que no creían en la resurrección).
Después de exponer el tema central del evangelio, Pablo presenta los
testigos oculares de este maravilloso hecho que para entonces estaban
vivos:
a) Cefas, quien es Pedro; De acuerdo a los evangelios Pedro fue el
primero de los once que tuvo el privilegio de ver a Jesús resucitado
(Lucas 24:34).
b) Después se les apareció a los doce (Lucas 24:36-40).
c) Posteriormente Pablo dice que el Cristo resucitado se le apareció a
más de quinientos hermanos a la vez de los cuales la mayoría de
ellos vivían para aquel tiempo.
d) Luego se le apareció a Santiago, hermano de Jesús, autor de la
carta de Santiago y líder del Concilio de Jerusalén. Llegó a ser una
columna principal entre los líderes de la iglesia en Jerusalén.
e) A todos los apóstoles.
f) Finalmente, Pablo se presenta a él mismo como un testigo ocular
de su resurrección.
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g) Por haber sido un perseguidor de la iglesia Pablo siempre se
consideró en el más pequeño de los apóstoles, aunque realmente su
ministerio fue grande.
CONCLUSIONES:
1. Pablo le dio a la GRACIA DE DIOS todo el crédito por el cambio en
su vida.
2. La gracia que nos salva también nos cambia. No puedes recibir la
gracia de Dios sin ser cambiado por ella.
3. Los que niegan la resurrección, también negarán la existencia,
muerte y resurrección de Cristo.
4. Por la “gracia de Dios” no solo somos lo que somos, sino
permanecemos como somos.
B.J.R.