CAPÍTULO II: EXPOSCIÓN DE LA FE
Y APOLOGÍA EN LA EDAD MEDIA
HISTORIA DE LOS DOGMAS. B. Sesboüé y C. Theobald.
EXPOSICIÓN DE LA FE Y APOLOGÍA EN LA EDAD MEDIA (VII – XV)
Durante el periodo comprendido desde la conversión de los bárbaros europeos al
cristianismo hasta finales del siglo XV, la Iglesia tendrá un papel fundamental en la
salvaguardia de la cultura, en la evangelización, en el estudio de las Escrituras y en la
organización de concilios locales. Poniendo nuestra atención en la doctrina de la Palabra
de Dios, en la alta Edad Media los grandes problemas doctrinales se seguirán tratando
en orienta, hasta que después del la ruptura de 1054 en occidente se manifieste una
fermentación teológica sobre los fundamentos establecidos por San Agustín y por la
búsqueda especulativa de Boecio. Bajo el imperio carolingio surgirán las primeras
escuelas anexas a las catedrales y se convocarán los primeros sínodos.
Desde el Cisma de Oriente hasta finales del siglo XII se observa el desarrollo progresivo
de la gran escolástica, mientras que entre los siglos XIV y XV se debe subrayar la
formación de colecciones canónicas que desempeñarán una función de entrenamiento
teológico. Estos dos periodos pretenderá conseguir una madurez lúcida en el ejercicio
de un método teológico consciente de sí mismo, la búsqueda de una nueva forma de
inteligibilidad de la fe y un nuevo tipo de funcionamiento de regulación doctrinal.
En occidente la tendencia será hacia una reflexión cada vez más racional, y la apología
de la fe se concretará en una exposición metódica. En nuestra exposición primero
analizaremos la metodología teológica (teología fundamental) y para pasar
posteriormente a la apología de la fe.
I. El tiempo de la Escolástica: Las cuestiones y las razones
I.1. Contexto cultural nuevo: De las escuelas a las universidades
Con anterioridad a la Edad Media los monasterios tuvieron una gran importancia a la
hora de transmitir la cultura, por medio de las escuelas monásticas, o las escuelas
catedralicias de posterior fundación. Ambas impartían una misma enseñanza, las
lecciones eran impartidas por un maestro cuya autoridad reconocida forjaba la
reputación del establecimiento educativo. En dichas escuelas se forjaron las primeras
líneas del método escolástico. La teología era la disciplina escolar por excelencia.
Estas escuelas catedralicias y monacales dieron inicio a las universidades. Los
profesores que debido a la decadencia de los establecimientos optaban por trabajar de
manera independiente, fundado para eso sus propias escuelas superiores. Las primeras
universidades, por lo tanto, surgieron por la iniciativa de los maestros, aunque
dependían de los Papas. En ellas la teología era esencial para comprender el resto de las
disciplinas. Aunque la enseñanza de las universidades era similar en el fundamento, se
apoyaban en diferentes métodos, filosofías y posicionamientos.
I.2. Algunos métodos teológicos nuevos
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El hacer de la teología una disciplina escolar, trajo que la finalidad de la misma fuera la
búsqueda de la inteligibilidad de la fe, pasando del símbolo al dialecto. El mismo
lenguaje dogmático tendrá cada vez una forma más escolática.
De la lectio a la sententiae
En la base de toda la enseñanza estará el estudio de la Escritura; siendo el primer paso
pedagógico el “comentario”, utilizando la pauta hermenéutica de los cuatro sentidos de
la Escritura. Los comentarios pretendían explicar las dificultades a la hora de interpretar
algunos textos. Al final, los comentarios fueron siendo tantos que las glosas comenzaron
a ser un género literario, distinguiéndose dos tipos distintos: la glosa media y la glosa
grande.
De esta manera la lectio daba lugar a la expresión de “sentencias” que eran enunciados
de fórmulas patrísticas que glosaban la Escritura, recogida y puestas en antologías. La
sentencia se terminaría convirtiendo en una formulación de sentido. Se conservan una
gran colección de Sumas de sentencias siendo conocida la de Abelardo: Cuatro libros
de sentencias.
La quaestio
La lectio comenzó a considerarse insuficiente, aunque ya se constaba de la ayuda de las
glosas y las sentencias. Las afirmaciones de la Escritura planteaban una multitud de
cuestiones de diverso índole que superaba la interpretación de algunos textos concretos,
en las que quedaba en juego la inteligibilidad de toda la fe. Es por esto que surgirá la
cuestión, siendo el lugar privilegiado del intelecus fidei, que es un procedimiento
técnico de elaboración de un tema.
Con el paso del tiempo, todos los temas serán tratados por medio de la cuestión, la cual
formulará cada vez preguntas más especulativas, y nunca preguntas espontáneas. Se
planteará un conjunto de cuestiones de inteligibilidad que conviene tratar por ellas
mismas.
Boecio en su cuestión sobre la Trinidad es considerado el primer teólogo en usar la
cuestión como método. La metodología de la cuestión comenzaba por el status
quaestionis, que consistía de las opiniones de los Santos Padres sobre el punto que se
iba a tratar, clasificándolos entre el Sí y No a las distintas autoridades. Una vez realizado
el primer paso, el teólogo trataba de orientarse en medio de estas oposiciones y
encontrar la verdad, un punto intermedio entre los Padres que aparecían a favor o en
contra de una proposición.
Santo Tomás es un buen ejemplo para observar la metodología de la quaestio.
Comenzaba descomponiendo en diversos aspectos de una interrogación primero por el
enunciado contradictorio del pro y del contra. A continuación se dan una serie de
opiniones tanto a favor como en contra de la opinión, apoyadas ambas por alguna
autoridad. Por último, el teólogo ofrece su determinación, reduciendo así el problema
planteado a unos principios generales, para terminar exponiendo la determinación a
aquellos que piensan de un modo distinto.
La disputatio
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La disputa era la escenificación de la cuestión. Habitualmente había dos opiniones
contrapuestas: dos personas representaban el papel de defensor y otros dos de
oponentes. Cada grupo entraba en disputas para argumentar y defender sus propias
ideas. Finalmente, el maestro es el que daba la determinación.
El orden de la doctrina y las Sumas Teológicas
Las glosas mantenían estaban cerca del texto que comentaban, mientras que las
sentencias y los comentario de las sentencias se apartaban en gran medida del texto.
Todo esto hizo que se sintiera la necesidad de proponer el corpus teológico: las Sumas
Teológicas, creándose así un nuevo género literario con las siguientes características: un
conjunto de cuestiones tratadas según la ley del género, un proyecto de totalidad, la
preocupación de un orden puramente sistemático y el uso de principios especulativos
mayores.
Las Sumas Teológicas hicieron que se comenzaran a pasar las Escrituras sagradas a la
sagrada doctrina. En las universidades, mientras tanto, el método que usaban podía
consistir, bien en que un maestro comentara la Escritura de manera seguida o bien que
en un primer momento se desarrollara la disputa con su determinación, para pasar
inmediatamente después a las cuestiones que están en el origen de la Suma Teológica.
I.3. La búsqueda de una nueva inteligibilidad: Hacia la presentación de la teología como
ciencia
La teología escolástico pretenderá usar un método que procede por razones sobre el
fundamento de la fe, poniendo en obra las diluciones dialécticas de las razones y
pretendiendo construir un sistema.
Las “razones necesarias” en Anselmo de Canterbury
San Anselmo de Canterbury tendrá como objetivo probar la fe por “razones necesarias”,
deseará probar por razones, usando la razón, lo que creemos. Para entender la obra de
Anselmo es necesario saber la gran importancia que tiene en él la dimensión
contemplativa del pensamiento y el sentido de la belleza de la fe que lo mueve a poner
en obra una “razón estética”.
En sus obras pondrá metódicamente en dudas temas de fe que realmente cree para
manifestar su inteligibilidad y racionalidad, se dirige a aquellos que están dispuestos a
dar razón de su creencia, y a todos aquellos que contemplan la belleza de lo que creen.
La preocupación principal de Anselmo de Canterbury será justificar la fe mediante la
razón y constituir así una nueva relación entre razón y fe; cree realmente que tanto el
creyente como el no creyente están en una misma búsqueda racional.
La teología como ciencia en el siglo XIII
En la escolástica el método será más que un contenido, es una lógica antes de
convertirse en ontología. De esta manera, la teología llevará más de un siglo en el
proceso de convertirse en una ciencia, es decir, en una disciplina argumentativa.
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La entrada de Aristóteles en el mundo teológico conllevará el comienzo de una nueva
etapa en la que se aplicarán a la teología la física, metafísica, psicología, y ética de
Aristóteles. La teología dejará así en interesarse solamente vías, también mostrará
interés por el término y el contenido del pensamiento. De esta manera, la escolástica se
convertirá en una ontología, teniendo esta su fundamento en la teoría de la analogía del
ser.
De da una subalternancia ya que el objeto de la fe comienza a ser tratado según el modo
del razonamiento. Santo Tomás en la Suma Teológica no tarda en asegurar que la
teología es una ciencia, y explica que la conclusión de una ciencia es el comienzo de
una nueva, según una jerarquía de evidencias. La teología será una teología
argumentativa, ya que comenzará a sacar conclusiones nuevas todavía ignoradas a partir
de principios seguros y bien conocidos.
Filosofía y teología
En la escolástica, con el deseo de que la razón explique la fe, se comienza también a
establecer una nueva relación entre la teología y la filosofía, la cual existe por sí misma.
Aristóteles comenzará a representar la autoridad de la razón, aunque la filosofía nunca
goce de un estatus independiente, siempre estará ligada a la teología, será un
instrumento de la misma. La filosofía será usada para sacar ciertas estructuras de
discursos y de pensamientos para manifestar la racionalidad del dato revelado,
inscribirlo en una estructura metafísica y expresarlo dentro de un orden sistemático.
Además de esto, también será esencial ya que la filosofía piensa que la razón humana es
capaz por sus propias fuerzas de demostrar cierto número de verdades naturales sobre
Dios y el mundo material.
Respecto a la relación entre la teología y la razón en la Edad Media, se extrae la
preocupación por integrar la teología en la arquitectónica de las ciencias, y el deseo de
justificar la fe a los ojos de la razón. Además de eso, en los establecimientos de
educación medievales se usarán dos tipos de discursos: la manera escolástica y la
manera apostólica. La primera de ellas será la que es usado con más frecuencia por el
lenguaje dogmático.
I.4. La regulación de la fe en la Edad Media
Los dogmas y los artículos de fe
A pesar de que el término dogma sea usado habitualmente por los concilios y autores de
la alta Edad Media, es raramente usado por los teólogos escolásticos. Santo Tomás
habla de los “artículos de la fe” para referirse a lo que para nosotros son los dogmas,
que para él consiste en el Símbolo de la fe, reconociéndoles el valor de “principios” de
la ciencia teológica. De esta manera, Santo Tomás distinguirá el Símbolo de la fe de
“las cosas que hay que creer”: las primeras deben creerse por sí mismas, mientras que
las segundas deben creerse en orden a las primeras, no versando la fe directamente.
Por lo tanto, podemos hablar de una jerarquía en las verdades a creer, teniendo en
cuenta de que los artículos no aumentan en el tiempo en cuanto sustancia, pero sí
admitiendo nuevas explicitaciones. Podemos concluir que todas las verdades
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confirmadas por la fe representan una certeza absoluta y pueden convertirse en
fundamentos para la argumentación teológica, pudiendo atribuir a todas las verdades de
fe el carácter de principios.
Los conceptos de fe y herejía
Siguiendo la distinción de Santo Tomás, las “cosas que hay que creer” tienen una mayor
vinculación con la salvación y la obtención de la vida eterna. Se preocupa de la actitud
religiosa práctica que pertenecía a la responsabilidad del creyente y a la competencia de
la iglesia para la disciplina de la fe. De la misma manera, el terreno de la herejía era más
amplio, habiendo dificultades durante la Edad Media para diferencias la herejía entre la
negación de un artículo del Símbolo o de la desobediencia a la Iglesia. Para la
escolástica tardía, la herejía será la negación de una verdad revelada, y cualquier intento
de poner en peligro la vida de fe y toda desobediencia a la Iglesia.
Los dos magisterios
El éxito de las primeras Facultades de teología hizo que creciera el prestigio de ciertos
doctores escolásticos. En este tiempo la palabra “maestro” dejó para referirse
únicamente a Jesucristo y usarse también con los hombres. Por este motivo, Santo
Tomás habla de dos magisterios: el personal (el magisterio de la cátedra pastoral) y el
magisterio de doctor (cátedra magistral). En lo referente a este asunto del magisterio
pastoral, los Papas son muy conscientes de su responsabilidad en el orden de la
enseñanza de la fe.
El magisterio de los doctores es introducido en el siglo XII, ejerciendo así los doctores y
las universidades un papel de autoridad en las cuestiones doctrinales, los cuales tenían
autoridad de decisión o que exigía una sumisión.
El recurso a las autoridades
La teología medieval se refería habitualmente a las “autoridades”, ya que se consideraba
que la teología como ciencia se basa sobre todo en un dato de revelación. Según Santo
Tomás existen varios niveles de autoridad: autoridad soberana de las Escrituras, la
autoridad de los doctores (autoridad probable) y la autoridad de los filósofos (solamente
probable).
La autoridad seguirá teniendo gran importancia en esta época, ya que la Iglesia era
considerada como la que llevaba y transmitía bajo la asistencia del Espíritu Santo todo
lo que pertenecía a la revelación apostólica. Existía una mayor sensibilidad a la
dimensión globalmente divina de la transmisión. Las tradiciones, al fin y al cabo, se
invocan cuando se piensa en las costumbres mantenidas observadas en la iglesia, sin
que se pueda encontrar testimonio de ellas en la Escritura. Tres son las categorías en el
dato normativo: la Sagrada Escritura, las tradiciones apostólicas que no aparecen en la
Escritura y las tradiciones eclesiásticas.
Con el paso del tiempo la práctica teológica comenzó a dejar más espacio a una nueva
consideración de la autoridad de los concilios y de los papas.
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La autoridad de los concilios
En la Edad Media se celebraron una gran cantidad de concilios provinciales y generales
(no ecuménicos). El objetivo de estos concilios fue la toma de decisiones legislativas y
sacramentales. Los concilios eran convocados por el Papa siendo celebrados en Roma o
ciudades próximas, y siendo presididos por el Papa de Roma personalmente y después
del concilio es él quien decide y legisla siendo los padres conciliares sus consejeros.
Los primeros concilios medievales no tardaron en proclamar que el Papa estaba por
encima de los concilios, y la monarquía pontifica regulada por los canonistas influencia
en el contenido y forma de la teología posterior.
El Cisma de Oriente puso en tela de juicio de autoridad suprema del Papa por encima
del concilio, y la posterior crisis conciliarista creó un debate sobre la infalibilidad del
concilio ecuménico. Finalmente se decidió que la condición para la defectibilidad (más
correcto que inhabilidad) se dirá no por mayoría absoluta sino que por simple mayoría.
La autoridad doctrinal de Papa
Los primeros testimonios de inerrancia se refieren a la sede de Roma, y no tanto al
Papa, por lo que se afirmaba que la Iglesia nunca erraba, aunque sí que era posible
errores de la cabeza visible; la idea subyacente es que había que comprender la
inhabilidad en el sentido global de indefectibilidad. En el siglo XIII comenzó a
desarrollarse la idea de que el Papa podía decidir sin error y de forma definitiva sobre
los debates doctrinales.
San Buenaventura no lo dirá explícitamente, pero dará a entender de que la Iglesia
universal no puede errar, tampoco puede errar entonces su cabeza. En los años
posteriores se extendió la idea de que el Papa no podía errar cuando determinaba un
punto de fe.
Es importante recalcar que en el ambiente del cisma de occidente y la disputa pontifica
de los franciscanos, se decidió que el Papa no tenia potestad de derogar lo que había
sido ya decidido por los concilios en materia de fe o costumbres, y que el Papa gozaba
de la infalibilidad por su vinculación con la Iglesia.
II. EL TRATAMIENTO DE NUEVOS CONTENIDOS DOCTRINALES
Durante la Edad Media la búsqueda de la inteligibilidad de la fe lleva a interesarse cada
vez más por los aspectos subjetivos de la misma. La teología fundamental que nos
interesa para esta segunda parte consta del conocimiento de Dios, la teología de la
revelación y la del acto de fe y su comunicación.
II.1. El conocimiento de Dios.
En la época patrística y en la Edad Media la doctrina de Dios ocupará el lugar de la
teología fundamental. Durante la Edad Media los teólogos intentarán reconocer el
derecho que tienen las pruebas de la existencia de Dios a entrar en el marco de la
presentación de la sagrada doctrina. De esta manera, la teologóa entrará a formar parte
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de una ciencia rigurosa y se apoyará en una demostración que apela a la razón común
entre todos los hombres.
San Anselmo de Canterbury será el primero en elaborar la conocida “prueba
ontológica”, partiendo el argumento no de la fe, sino del concepto de Dios, siendo
necesario creer en la existencia de la divinidad, siendo su no existencia inconcebible.
Santo Tomás por su parte concluirá que hay dos modos para saber de la existencia de
Dios: el modo racional usado por los filósofos y el modo divino, que nos comunica el
conocimiento de Dios por la gracia. Por lo que se afirmará que aquel en que la teología
hace recaer su investigación sobre lo que es accesible a la razón, aunque sea propuesto
por la fe, y aquel en que se intenta dar cuenta de las verdades propiamente reveladas.
Santo Tomás al reflexionar sobre el conocimiento de Dios considerará que la revelación
fue prácticamente necesaria, a fin de que una serie de realidades pudieran conocerse por
la razón. Fue importante probar por la razón la existencia de Dios, ya que la divinidad
interesaba al hombre teniendo sentido para su razón. Aunque la existencia de Dios no es
demostrable por sí misma, sí que lo es por sus efectos. Es en este momento cuando
Santo Tomás expone sus cinco vías para probar la existencia de Dios: la vía por el
movimiento, por la noción de causa eficiente, por la dialéctica de lo posible y de lo
necesario, por la dialéctica de los grados y por el gobierno del mundo.
Las cinco vías concluyen con la frase “este ser todo el mundo comprende que es Dios.
De esta manera el teólogo parece referirse a Dios más que alcanzarlo, las vías por lo
tanto acercan, aproximan a Dios. La teología de Santo Tomás es esencial para toda la
teología posterior, también por exponer los dos conocimientos de Dios y la afirmación
fundamental de la posibilidad de un discurso racional sobre Dios. Siglo más adelante,
por la influencia de la enseñanza de Santo Tomás el Concilio Vaticano I dogmatizará
que es posible el conocimiento de Dios por las fueras naturales de la razón.
II.2. La revelación
En la época patriótica los teólogos del momento no dudaban en afirmar que Dios había
hablado a los hombres por los profetas y luego en su Hijo Jesucristo. La teología
escolática hablará poco de eso, y más bien se dedicará a aclarar las cuestiones que
surgían sobre la naturaleza y las modalidades de la revelación.
San Buenaventura dirá que la revelación es el acto en el que Dios habla a los hombres
iluminando su espíritu por medio de signos o palabras. La revelación será así necesaria
para iluminar al hombre en las cosas de la salvación. El análisis de las modalidades de
la revelación se hacen a propósito de la profecía, distinguiéndose tres modos dentro de
la revelación profética: el sensible, el imaginativo y el intelectual, siendo este el
superior. La revelación será la iluminación subjetiva que invade al profeta.
Santo Tomás, por su parte, defenderá que la revelación es una iniciativa de Dios con
vistas a salvar al hombre. La revelación intervendrá como el principio que especifica a
la doctrina sagrada de las demás ciencias. Dios es el fin del hombre y lo que constituye
el objeto de la salvación del hombre supera infinitamente las posibilidades de la razón.
Por esta misma finalidad salvífica hace igualmente necesaria una revelación sobre las
verdades divinas accesibles de su yo a la razón.
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El hombre es capaz de llegar al conocimiento de Dios por su propia razón, la razón es la
que permite al hombre conocer la revelación. La revelación es un movimiento histórico
de progreso que procede por etapas sucesivas, Santo Tomás distinguirá tres: la
revelación hecha a Abraham, Dios único; hecha a Moisés, esencia divina; la hecha por
Cristo, la Trinidad. La revelación va tomando numerosos y diversas formas.
Santo Tomás destacará también por analizar el proceso de revelación en la conciencia
del profeta. Dirá que la profecía es un carisma de conocimiento sobrenatural, por medio
del cual el profeta accede a unas verdades y en las que es instruido por Dios para el bien
de la comunidad, he aquí donde podemos encontrar la dimensión social. Santo Tomás
distinguirá entre el momento del conocimiento o del descubrimiento, del de la palabra o
el anuncio. El don de la profecía incluye representaciones y luz.
Si el profeta recibe unas representaciones sin luz, no es profeta más que en sentido
impropio, pero si recibe la luz sin representaciones, entonces es verdaderamente profeta.
La revelación será también Palabra de Dios, ya que hablar es manifestar a otro su
pensamiento. La revelación en la historia será un conocimiento imperfecto, pero tiene la
finalidad de conducir a la plenitud de la contemplación de Dios. Santo Tomás se referirá
a los elementos psicológicos en donde anuncia las teorías futuras que situarán la
revelación y la inspiración en el polo trascendental de la conciencia.
II.3. La teología de la fe
A la revelación responde la fe, esta conexión está bien clara en los dos concilios
Vaticanos, que se interesan por la objetividad del contenido de fe y sus formulaciones,
pero también de la forma que toma el acto de fe en la subjetividad creyente. Guillermo
de Auxerre fue el primero que propuso una tesis sobre el acto de fe en el siglo XIII.
Buenaventura propondrá una adecuación exacta entre la revelación y la fe, ya que el
contenido de ambos es idéntico. Por su lado, Santo Tomás dirá que la fe nace de la
acción conjugada de la enseñanza de la predicación oída y de la enseñanza del Espíritu
Santo que habla al corazón secretamente.
En la teología de la fe, Santo Tomás subraya el carácter sobrenatural y trascendente
respecto a cualquier realidad meramente humana, pretende situar el acto de fe en un
horizonte epistemológico humano ante quien queda justificarse. Se dirá haciendo
referencia a Heb 1,1 que “la fe es la sustancia de las realidades que hay que esperar, el
argumento que no es evidente”.
La fe es una cualidad habitual del espíritu, es un don sobrenatural que adapta y
proporciona a la inteligencia humana al conocimiento de Dios y que constituye una
anticipación de la visión beatífica. Cristo en esto tendrá un gran protagonismo ya que se
dirá que él fue el iniciador y el que lleva a su cumplimiento la fe, al mismo tiempo que
es el autor y el consumador de la fe. Por lo tanto, podemos afirmar que la fe será
considerada una virtud teologal que interviene en el ejercicio de las facultades humanas
y las hace capaces de acceder a unas verdades que son inaccesibles para ellas.
En la Edad Media la fe se situará entre la ciencia y la opinión. Será una certeza que
recae en una realidad no evidente. La fe valdrá para las conclusiones teológicas, las
conocidas proposiciones de fe, porque pertenecían al terreno de los conocimientos no
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evidentes por sí mismos. A través de esta referencia noética, el concepto de fe era
relativamente amplio. El acto de fe está situado en una doble referencia a la inteligencia
y a la voluntad. La fe es la presencia en esbozo de unas realidades esperadas, pero es
también un argumento de lo que no es evidente. De esta manera, la virtud de la fe y su
habito son dos dones que se refieren formalmente a la inteligencia. El papel de la
voluntad también tendrá su importancia, ya que esta viene a suplir la falta de evidencia
del objeto de la fe y a ayudar al asentimiento.
La inteligencia obedecerá la orden de la voluntad, ya que esta se apoya en el motivo de
la autoridad divina. Santo Tomás también planteó la cuestión de la credibilidad del acto
de fe: piensa que existen signos exteriorices de credibilidad, como los milagros, y los
argumentos racionales que muestran la alta conveniencia de las afirmaciones de la fe.
Con Buenaventura, la prueba por el milagro no ocupa más que un papel secundario en
su teología. El instinto interior de la fe hace que el creyente se apoye en un dato divino.
Esto basta para justificar el acto de fe ante la razón. En este punto, la teología de fe de
Santo Tomás fue la que predominó.
III. LA APOLOGÍA DE LA FE Y EL DISCURSO CONTRA LOS HEREJES Y
GENTILES
La teología medieval elabora su propia doctrina respecto a su propio mundo, el afán por
la justificación de la fe está ya presente en el inmenso esfuerzo de inteligibilidad que
atraviesa la época. Los doctores medievales, por su parte comenzarán a plantearse la
cuestión de los motivos de credibilidad y del acceso de la gente sencilla a la fe,
comienza así una etapa apologética.
III.1. Los primeros rasgos de una apología de la fe
Santo Tomás hablará de la necesidad de la revelación en lo que se refiere a las verdades
normalmente accesibles a la razón natural. Existen razones demostrativas a favor de la
fe aducidas como preámbulos a los artículos, y que contribuyen a conducir a la fe. De la
misma manera, hay algunas verdades que constituyen un presupuesto necesario para una
iluminación de la fe, ya que proponen los conceptos y conocimientos a partir de los
cuales puede expresarse la compresión de los misterios de la fe.
Dentro de los antecedentes de la fe, Santo Tomás incluirá la existencia de Dios, la
unidad y la inmaterialidad divina, la espiritualidad y la inmortalidad del alma, y en
general las verdades fundamentales de la moral. De la misma manera, la apología tendrá
que enfrentarse contra las afirmaciones de la fe, proponiendo contra-argumentos.
Esas argumentaciones por las razones debe apoyarse en los testimonios de la fe. Por
testimonios se entiendes motivos de credibilidad siendo el signo principal el milagro y
la profecía. Se debe tener en cuenta el creciente interés por elaborar pruebas de fe “en
general”; siendo exponente de esto Guillermo de Avernia, el cuál dirá que los hombres
sencillos creen las mismas cosas que el sabio, pero de otra manera. El sabio no cree en
los puntos sometidos a la fe pero accesibles a la razón, sino que el simple, al que son
inaccesibles esas pruebas cree en virtud de los signos externos. Así surgirá la idea de la
fe implícita.
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III. 2. La Edad Media ante sus herejes
Las herejías medievales
Las herejías en la Edad Media se referían sobretodo a la Iglesia y a los sacramentos.
Dentro de las herejías podemos diferenciar dos grupos, por un lado las herejías
populares y los errores sabios. Las herejías fueron obra de líderes carismáticos que
enseñaban un radicalismo evangélico y entraron en conflicto con una jerarquía
considerada a la vez demasiado clerical y demasiado tolerante con los sacerdotes
indignos. Ejemplos de estar herejías son los cátaros, los caldenses o los humillados.
Estos más que herejías eran actitudes cismáticos.
Pero otras herejías medievales atentaron contra la teología ortodoxa que se referían a un
punto doctrinal discutido en las escuelas. En las universidades se comenzó a firmar una
confesión de fe.
La Inquisición
Al servicio de la defensa y de la regulación de la fe nació la Inquisición en el siglo XIII.
Por medio de esta institución la violencia era usada de modo deliberado y sistemático,
con el visto bueno de la sociedad y otras instituciones políticas, judiciales y sociales. La
Iglesia y el Estado estaban alineados para reprimir cualquier herejía.
Se dejó de castigar solamente por medio de penas espirituales, y se comenzaron a usar
penas temporales. Gregorio IX instituyó la Inquisición entre el 1231 y el 1233. Los
religiosos mendicantes estaban sobretodo al cargo de la Inquisición y éste era un
tribunal autónomo. El interrogatorio estaba dirigido a obtener la confesión de la herejía.
Esta es una demostración del grave abuso de poder totalitario, pero el conjunto de la
época pensaba que las cuestiones de la fe debían ser arregladas por medio de la
violencia, si no era por palabra.
Discursos y censuras contra los herejes
La refutación de las herejías en esta integrada normalmente con la doctrina sagrada. La
lucha contra las opiniones erróneas pasa por la aplicación de censuras graduadas. Las
condenaciones doctrinales tienen en cuenta dos parámetros principales: la dimensión
especulativa del error y su alcance pastoral. La censura se expresa en notas, que
califican ciertas proposiciones formuladas de forma lapidaria.
Ockham plantea la distinción entre la herejía que se opone a una verdad divina y el error
que se opone a una verdad de fe solamente eclesiástica.
III. 3. Los “gentiles” de la Edad Media
San Anselmo se preocupó por responder a las objeciones de fuera en su exposición de la
doctrina cristiana: las acusaciones vendrían de parte de los paganos, judíos y
musulmanes. Los gentiles son para Santo Tomás los paganos en general y no solo los
musulmanes; su intención era crear una obra teológica en la que la refutación del error
formara parte de la teología, por lo tanto, intenta refutar los errores de los infieles en
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general. Él mismo se da cuenta de que no con todos la base del debate será el mismo y
señala así una trilogía de adversarios, buscando para cada grupo una base de acuerdo
previo sobre la cual poder emprenderse en el debate: con los infieles recurrirá a la razón
natural y universal. En la Suma contra los Gentiles muestra su preocupación ad extra y
el interés por mostrar el acuerdo con la fe de la verdad establecida por la demostración.
IV. LOS JUDÍOS Y MUSULMANES. LAS MISIONES
En este problema se llega a rechazar al pueblo judío. Y para evangelizarlos se intentan
recoger testimonios del Antiguo Testamento en cuanto que son anuncios proféticos del
acontecimiento Cristo. El centro de debate está la identidad mesiánica de Jesús.
Entre los musulmanes, predominará la refutación de los ataques contra la práctica
religiosa de los cristianos. No podemos olvidar el esfuerzo misioneros de la Edad
Media, especialmente en Asia central para evangelizar los países árabes. Las órdenes
mendicantes fueron los principales apóstoles. Raimundo Lulio ideó un plan con gran
inteligencia: pensaba que el misionero tiene que conocer las creencias de las otras
religiones y la lengua en a que se dirige a sus oyentes, para eso convenía formar a
misioneros con una enseñanza concreta. Los dominicos llegaron a formar un centro de
estudios para la formación de apologistas destinados a evangelizar las regiones
musulmanas. La preocupación por la evangelización se verá reflejada en toda la teología
de la Edad Media.
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