2.9.
4 socialización
entre iguales
La socialización con iguales, es decir, los primeros amigos y las
primeras amigas, son fundamentales para un buen desarrollo y
adaptación posterior. Eso no quiere decir que el niño o niña tenga que
estar siempre con gente, ya que también debe saber jugar en
solitario.
Por ello, la socialización es un importante proceso que debe
fomentarse en los niños y niñas desde que son pequeños. Los niños y
las niñas deben aprender a relacionarse adecuadamente para vivir de
forma satisfactoria en compañía de los demás, sean iguales o adultos.
Además, y aunque las habilidades sociales pueden modificarse a lo
largo de la vida, durante el desarrollo se determinarán las bases de
su comportamiento adulto.
Desde el nacimiento, las personas buscamos relacionarnos y
necesitamos vínculos afectivos que van a construir la base para que,
a lo largo del desarrollo, podamos ir adquiriendo todas aquellas
habilidades que nos definirán como adultos. Para que esto se
produzca, se requiere el influjo de otras personas y situaciones
sociales, considerándolo como un proceso interactivo.
De esta manera, a partir de que los niños y las niñas tienen tres años
de edad, comienzan a sentir la necesidad de relacionarse con los
demás. Desde el primer momento, la familia va a ser el contexto de
referencia en el cual van a ir aprendiendo a desarrollarse y a
socializarse. Las relaciones sociales, por tanto, empiezan en el hogar
con los padres y las madres y también con los hermanos y hermanas.
A los seis años, las relaciones todavía son cambiantes y los vínculos
todavía no son estrechos ni permanentes. El afianzamiento de tales
relaciones se producirá con más intensidad hacia los nueve años,
momento en el que la formación de grupos es más estable y le implican
emocionalmente.
Por supuesto, los niños y las niñas también tienen otros medios de
relación. De hecho, de forma espontánea van a comenzar a
relacionarse, por ejemplo, en el parque. En estas situaciones, y
generalmente a través del juego, van a empezar a poner en práctica
sus primeras habilidades sociales.
Por otro lado, la escuela es otro medio que aporta al y a la menor la
posibilidad de relacionarse con otras personas que no son sus
familiares y que le van a aportar una importante estimulación tanto
intelectual como social. Además, comenzarán sus relaciones con los y
las iguales que, en un principio, tendrán como único objetivo el juego,
pero, poco a poco, irán derivando en relaciones más personales.
2.9.4.1 preescolar
En el curso de la existencia del niño, el medio juega un rol primordial.
El medio comienza por ser, para todos los seres vivos, un medio físico.
Pero lo que caracteriza especialmente a la especie humana, es que
ella ha sustituido o superpuesto al medio físico un medio social. En la
infancia y en la etapa deambulatoria, el medio del niño está
constituido primordialmente por su familia, especialmente su madre;
y si bien esta familia sigue siendo durante algunos años su marco de
refrenda fundamental, comienza a ingresar en la edad preescolar, en
un círculo social más amplio alentándoselo en forma creciente a que
se ajuste a la enseñanza de su sociedad.
Las experiencias que tiene el niño con sus iguales, desde la edad de
2 ó 5 años, en adelante, hasta la adolescencia no solo le ayudan en los
aspectos sociales de su desarrollo, sino que además son elementos
necesarios para el proceso mediante el cual se descubre a sí mismo
como individuo por derecho propio. Por lo tanto, la vida del niño con
sus iguales tiene importancia desde un punto de vista afectivo y
desde el punto de vista del desarrollo de su concepto de sí mismo. En
su desarrollo la asociación con sus coetáneos, el hecho de compartir
con ellos ideas que no comparten en su casa, de tomar decisiones y
de intervenir en actividades en las que él y sus iguales no tienen que
dar cuenta a los adultos, constituyen elementos importantes del
proceso mediante el cual aprende a valerse por sí mismo.
Para aprender a vivir socialmente con sus compañeros, el niño debe
tener la oportunidad de asociarse con otros niños. Se han hecho
varios estudios para poner a prueba el efecto de la concurrencia al
Jardín de Infantes.
En los estudios de esta clase es importante que se tenga en cuenta
el factor de maduración. Entre las tendencias que señalan de manera
más o menos concluyente los estudios realizados en este campo,
figuran los siguientes: los niños que concurren al jardín de infantes
han mostrado un aumento en su participación en las actividades de
grupo y en la cantidad y variedad de los contactos sociales y una
disminución en las formas de comportamiento en los que son
espectadores. Manifestaron un aumento en su estabilidad y
espontaneidad en la participación y una disminución en la tendencia a
demostrar temor a otras personas.
En varios estudios se ha observado que el niño común de escuela de
párvulos ha mejorado en sus ámbitos cotidianos, con aumentos
consiguientes en la libertad de acción y una disminución en la
dependencia de los adultos.
La adaptación a la escuela primaria exige, no tan solo capacidad
intelectual sino, además, condiciones de madurez de la personalidad.
Estas dependen de la experiencia diaria del niño. Es difícil que aquel
que no ha tenido oportunidad de convivir, jugar, reñir, competir,
ponerse de acuerdo y colaborar con otros de su edad pueda hacerlo
de inmediato fácilmente. Lo que ocurre más comúnmente es que tal
niño se retraiga o experimente ansiedad, o espere de los demás
atención especial, si está acostumbrado a recibirla en el hogar y que
por todo ello no se adapte bien a la escuela.
Es importante tener en cuenta males son las circunstancias de
desarrollo bajo las cuales el infante preescolar está dispuesto a
separarse de su madre y formar parte de un grupo en el Jardín de
Infantes sin sufrir demasiado y con resultados beneficiosos.
Por eso Anna Freud nos enumera las condiciones que se esperan o
deben encontrar en el niño normal en el momento de ingresar a la
escuela de párvulos; ellos son: movilidad independiente, lenguaje,
control de esfínteres, relativa capacidad para ir al baño y comer sin
ayuda, para orientarse en un ambiente nuevo, para separarse de la
madre durante varias horas aceptando a la maestra como sustituto,
para aceptar a sus pares y disfrutar de su compañía y para utilizar
los juguetes con destreza o imaginación, jugando constructivamente
y acercándose poco a poco al trabajo. También debe poder ejercer
un cierto control sobre sus impulsos y deseos. En términos analíticos,
durante el periodo preescolar los niños aprenden a dominar estos
últimos en vez de encontrarse sometidos a su merced.
Hay que conocer las características de Personalidad del infante
preescolar para poder comprender luego su proceso adaptativo.
¿Cómo es el niño de 4-3 años cuando ingresa a la escuela? En sus
actitudes con respecto al medio, proyecta su actitud mental, sus
impulsos y emociones, sus tendencias sociales, su personalidad, en
suma, pero estas proyecciones también aparecen en los movimientos
expresivos mismos. Necesitan la oportunidad para el desarrollo de
los sentidos y para la práctica de las habilidades corporales, la
necesidad de hacer algo físicamente. Sus músculos exigen ejercicio,
sus sentidos exigen experiencia y solo pueden ser educados por su
propia experiencia.
La actividad corporal no es, para los niños, como lo es para los adultos;
la necesidad de hacer el suficiente ejercicio para mantenerse sano,
ni tampoco un asunto de deleite personal. Es algo más que eso, es una
necesidad para cumplimiento de su educación.
Sin ello no podrá lograrse el completo desarrollo de la habilidad, del
poder y de la sensibilidad. La primera misión del educador es, pues,
crear las condiciones que permitan el movimiento corporal mis libre
y más amplio. Esta permisibilidad corporal sirve de estímulo para el
desarrollo social como al desenvolvimiento intelectual. El libre
ejercicio de sus capacidades en un ambiente seguro, auto afirmativa
y equilibrada.
El niño en esta etapa inicia formas de conducta cuyas implicancias
trascienden los límites de su persona, incursiona en la esfera de los
otros y logra que estos se vean implicados en su propia conducta. Este
nuevo enfoque incluye acentuados sentimientos de incomodidad y
culpa porque la confiada autonomía que alcanza, es inevitablemente
frustrada en alguna medida por la conducta autónoma separada de
los otros, que no siempre concuerda con la suya propia.
El juego-actividad propio del niño a esta edad es el factor dominante
en la vida infantil. Ellos establecen contactos sociales y desarrollan
relaciones sociales mientras juegan. Su juego es, según todas las
apariencias, una proyección de sus sueños, es típica la ausencia total
de reglas, son susceptibles de cambiar tan rápidamente como las
imágenes de un sueño, y pueden implicar elementos tan incoherentes
como los oníricos.
Las reglas, que aparecen paulatinamente al final de esta etapa junto
con una mayor participación y comunicación con sus pares, reflejan
sus primeros intentos de organización en los ámbitos mental,
emocional y social.
¿Cómo es el niño preescolar en su faz intelectual? Hay una estrecha
relación entre los caracteres de la percepción, el pensamiento y el
lenguaje en esta etapa.
El niño percibe globalmente como un todo. También su pensamiento
es global, sincrético; estableciendo relaciones por la proximidad
espacial o temporal de los hechos. Le interesa lo que las cosas
significan para él, las define como objetos de acción. Sus propios
conceptos están ligados a lo concreto, a su apariencia perceptual; son
en realidad preconceptos que aún no han llegado al grado de
generalización y abstracción del verdadero concepto.
La realidad del niño es distinta de aquella en que vive el adulto; la
realidad implica un concepto definido del espacio, y este, en el adulto,
está condicionado por una larga experiencia en la percepción y la
representación de las cosas. A su vez significa un concepto definido
del tiempo; significa una especialización de funciones, acciones y
reacciones; significa la confrontación del individuo con el medio,
significa una definición de las cualidades de los objetos.
Un enfoque realista no sería adecuado para el concepto infantil del
mundo, ya que el niño es incapaz de integrar muchos elementos del
conocimiento. Por lo tanto, el acercamiento de el a la realidad debe
encauzarse de acuerdo con su estructura total y no desde el punto
de vista del adulto.
¿Cómo es el niño preescolar en la faz emotiva? Los patrones
emocionales aumentan con el crecimiento. Se ha observado que la
verdadera aflicción no aparece hasta los 7 años. Las emociones son
no solo un producto del aprendizaje a través de las experiencias con
el exterior sino también un producto de la maduración, es decir, un
despliegue de las potencialidades dadas. Se puede hablar de una
forma de agresividad infantil que tiene un significado distinto en el
nitro preescolar que en el adulto.
2.9.4.2 roles
El grupo de iguales tiene un efecto socializador fundamental. Puesto
que les va a ayudar a definir su propia identidad, sus intereses, sus
habilidades y su personalidad. Dentro del grupo, se alimenta la
lealtad, la sinceridad y el compromiso. Además de alentar al
adolescente a una permanente superación de sí mismo. Y esto le
permite desarrollar un equilibrio entre la individualidad y la
conformidad.
El grupo es la solución para los conflictos adolescentes. En él, se
practica la consideración y el respeto. Y, el adolescente aprende a
dar apoyo emocional y a construir y mantener la amistad. Entre los
miembros se produce una confraternización que da lugar a la llamada
cultura adolescente. Con un sistema de valores y creencias
determinado, que se transforma en una forma de expresión y
reivindicación del espacio social.