TRÁNSITO AMAGUAÑA (1909-2009)
Activistas
Tránsito Amaguaña, activista indígena ecuatoriana, fue una de las primeras referentes del feminismo en su
país entre las décadas de 1920 y 1970, período en el que junto a Dolores Cacuango dirigió la primera huelga de
trabajadores en Olmedo. Además, realizó activismo comunitario a través de organizaciones y marchas
reclamando tierras, derechos laborales y educación.
Hija de los nativos huasipungueros Venancio Amaguaña y Mercedes Alba, Tránsito comenzó a trabajar a los
siete años como sirvienta para los dueños de la hacienda donde vivía con sus padres. La casaron a los 14, tuvo
cuatro hijos, y comenzó a asistir a reuniones en Quito para defender la causa de su pueblo. Ante la negativa de
su alcohólico marido a su ejercicio político, se separó y se fue a vivir con su madre, precursora de la rebelión en
Cayambé.
Amaguaña luchó por implantar un sistema cooperativista en el campo, lo que permitió que se prestara más
atención al movimiento y sus organizaciones. Luego, en 1946, fundó la Federación Ecuatoriana de Indios, junto a
otros líderes campesinos, y en los años 50’ impulsó la fundación de escuelas bilingües -en español y quechua-.
Más adelante promovería los derechos de la mujer por medio de la Alianza Femenina Ecuatoriana.
En 1961 representó a los pueblos originarios del Ecuador en la Unión Soviética y Cuba. Cuando regresó a su país
fue arrestada bajo la acusación de haber ingresado con armas soviéticas y dinero. Después, al ser liberada, fue
llevada al Ministerio de Gobierno para firmar un documento en el que se comprometía a abandonar su
activismo; ella se negó y destinó todas sus fuerzas a hacer realidad las reivindicaciones de los indígenas.
Ganadora del Premio Manuela Espejo de Quito en 1997 y del Premio Nacional de Cultura Eugenio Espejo en
2003, la vida de Tránsito Amaguaña constituye un testimonio de la labor de los movimientos autóctonos
campesinos en el Ecuador.
DOLORES CACUANGO (1881-1971)
Activistas
Dolores Cacuango, también conocida como “Mamá Dulu”, fue una activista ecuatoriana que luchó por los
derechos humanos, de los pueblos indígenas y los campesinos, buscando la reivindicación de la lengua quechua
a través de la creación de las escuelas bilingües.
Dolores nació en Cayambe, Ecuador a finales del siglo XIX. Era hija de indígenas y nunca tuvo acceso a una
escuela, lo que a futuro sería su bandera de lucha. A temprana edad se trasladó a las grandes ciudades para
trabajar en casas domésticas luego de negarse al matrimonio. En ese lugar conoció un amplio mundo
intelectual que la motivó a aprender a leer y escribir. Se enfrentó a las desigualdades y problemáticas de los
campesinos y de los indígenas, por lo que decidió volver a su tierra natal y luchar por sus derechos.
En Cayambe la población indígena ya comenzaba a movilizarse y exigir que las leyes que amparaban sus
derechos fueran respetadas. Dolores empezó a participar activamente del movimiento, con liderazgo y
discursos en quechua. Además, junto el Partido Comunista, fundó la Federación Indígena Ecuatoriana,
convirtiéndose en una activista constante por la tierra y la educación que promovió diversos levantamientos y
revueltas.
Se preocupó de mantener informados a los indígenas sobre sus derechos para que estos no fueran pasados a
llevar. En 1944 decidió crear la primera escuela de español y quechua, establecimientos educacionales
clandestinos y que no eran aprobados por el gobierno, pero que sentaron un gran desarrollo para la
comunidad. Tras la dictadura de Ramón Castro, las escuelas se cerraron y Dolores pasó a la clandestinidad, sin
embargo, siguió visitando las comunidades y unos años más tarde movilizó una de las marchas indígenas más
grandes del país tras la aprobación de la reforma agraria.
En 1989, póstumamente, se creó la dirección de Educación Indígena que buscó restablecer el trabajo realizado
por Dolores y reivindicar a las primeras naciones. Hoy la primera Escuela de Mujeres Líderes en Ecuador lleva el
nombre de Dolores Cacuango.
Los derechos humanos son los derechos que tenemos básicamente por existir como seres
humanos; no están garantizados por ningún estado. Estos derechos universales son inherentes a
todos nosotros, con independencia de la nacionalidad, género, origen étnico o nacional, color,
religión, idioma o cualquier otra condición. Varían desde los más fundamentales —el derecho a
la vida— hasta los que dan valor a nuestra vida, como los derechos a la alimentación, a la
educación, al trabajo, a la salud y a la libertad.
La Declaración Universal de Derechos Humanos, adoptada por la Asamblea General de las
Naciones Unidas en 1948, fue el primer documento legal en establecer la protección universal
de los derechos humanos fundamentales. cumplió 70 años en 2018, sigue siendo la base de toda
ley internacional de derechos humanos. Sus 30 artículos ofrecen los principios y los bloques de
las convenciones de derechos humanos, tratados y otros instrumentos jurídicos actuales y
futuros.
La Declaración Universal de Derechos Humanos, junto con los dos pactos —el Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales—, componen la Carta Internacional de Derechos Humanos*.
Universal e inalienable
El principio de universalidad de los derechos humanos es la piedra angular del derecho
internacional de los derechos humanos. Esto supone que todos tenemos el mismo derecho a
gozar de los derechos humanos. Este principio, como se recalcó primero en la Declaración
Universal de Derechos Humanos, se repite en numerosas convenciones, declaraciones y
resoluciones internacionales de derechos humanos.
Los derechos humanos son inalienables. No deberían suprimirse, a excepción de situaciones
concretas y conforme a un procedimiento adecuado. Por ejemplo, el derecho a la libertad puede
restringirse si una persona es declarada culpable de un delito por un tribunal de justicia.
© UNICEF/UNI220918/Orozco
Indivisible e interdependiente
Todos los derechos humanos son indivisibles e interdependientes. Esto significa que un
conjunto de derechos no puede disfrutarse plenamente sin los otros. Por ejemplo, avanzar en los
derechos civiles y políticos facilita el ejercicio de los derechos económicos, sociales y
culturales. De igual modo, la violación de los derechos económicos, sociales y culturales puede
redundar negativamente en muchos otros derechos.
Derechos y obligaciones
Todos los Estados han ratificado al menos 1 de los 9 tratados básicos de derechos humanos, así como 1 de
los 9 protocolos opcionales. El 80% de los Estados han ratificado 4 o más. Esto quiere decir que los Estados
tienen obligaciones y deberes conforme al derecho internacional de respetar, proteger y cumplir los derechos
humanos.
La obligación de respetarlos significa que los Estados deben abstenerse de interferir en el disfrute de los
derechos humanos, o de limitarlos.
La obligación de protegerlos exige que los Estados protejan a las personas y a los grupos contra las
violaciones de derechos humanos.
La obligación de cumplirlos supone que los Estados deben adoptar medidas positivas para facilitar el disfrute
de los derechos humanos básicos.
Mientras tanto, como personas individuales, aunque tenemos derecho a disfrutar de nuestros derechos
humanos, también debemos respetar y defender los derechos humanos de otras personas.