REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA
UNIVERSIDAD NACIONAL EXPERIMENTAL “ANTONIO
JOSÉ DE SUCRE”
VICERRECTORADO BARQUISIMETO
MITOLOGIA GRIEGA
Simón Carrera
Cédula: V-31.347.716
Profesora: Gianfranca Molina
Sección 03
LENGUA Y REDACCIÓN
Febrero 2023
INDICE
INTRODUCCIÓN........................................................................................3
LA MITOLOGÍA GRIEGA..........................................................................6
CONCLUSIÓN...........................................................................................14
ANEXOS.....................................................................................................17
BIBLIOGRAFÍA.........................................................................................19
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INTRODUCCIÓN
La palabra mito, que tiene un tufillo de cultismo y una notable vaguedad en su
significado, ha logrado estos años una notable difusión. Se habla de «el mito de la
masculinidad», «el mito de la unidad árabe», o se dictamina que «el instinto maternal es
sólo un mito necesario». La calificación de una idea, una teoría o incluso una
determinada figura como «un mito» expresa una cierta valoración, no siempre negativa.
Hay un perfume llamado «mito» y la palabra aparece referida también a cierto
automóvil como un elogio superlativo. No es tan sólo en el uso coloquial y periodístico
donde aparece el término cargado de connotaciones varias. Hace ya tiempo Cassirer
tituló un espléndido libro El mito del Estado; hace años Octavio Paz escribió que «el
modernismo es un mito vacío», y Gil de Biedma, refiriéndose a su niñez, confesaba en
un poema que «De mi pequeño reino afortunado | me quedó esta costumbre de calor | y
una imposible propensión al mito».
No sirve de mucho acudir al Diccionario de la Real Academia. (Sirve tan sólo
para advertir qué anticuada ha quedado la definición allí propuesta). Porque definir mito
como «fábula, ficción alegórica, especialmente en materia religiosa» es remitir a una
acepción
arqueológica, un tanto dieciochesca, válida tan sólo para ilustrados y retóricos de hace
más de dos siglos. (Esa definición ya estaba anticuada cuando la Academia decidió
recoger la palabra en su Diccionario, en su edición de 1884, hace algo más de cien
años). La mención del término «fábula» remite a un vocablo latino utilizado para
traducir el griego mythos; pero hoy fábula en un sentido tan genérico resulta un
latinismo. Que el mito sea una «ficción alegórica» es el resultado de una visión
«ilustrada» y «racionalista», una concepción muy antigua y de larga persistencia, pero
hoy totalmente arrumbada y en desuso. Para explicarnos el amplio uso del término en la
actualidad podemos pensar en sus atractivas connotaciones y en su imprecisa
denotación. A lo que aparece como fabuloso, extraordinario, prestigioso, fascinante,
pero, a la vez, como increíble del todo, incapaz de someterse a verificación objetiva,
quimérico, fantástico y seductor, parece convenirle el sustantivo mito o el adjetivo
mítico. En su aspecto negativo, el mito está más allá de lo real, pertenece al ámbito de lo
«fabuloso» y de la «ficción». Fulgurantes figuras del espectáculo, catapultadas por sus
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éxitos deslumbrantes y la propaganda exagerada a sublimes alturas, se convierten en
«mitos». Ideas fundamentales o creencias de secular solidez pueden ser calificadas de
«mitos», y con ello se les niega su objetividad y se las encuadra en el ámbito ficticio y
quimérico de lo imaginario. El término mito puede ser una ambigua etiqueta. A tal
propósito, no estará de más evocar el brillante epílogo de Holand Barthes en sus
Mythologies, que lleva el título de «El mito, hoy», donde trata con perspicaz agudeza de
los sentidos y usos de la palabra mito, en el contexto contemporáneo. Frente a los mitos
antiguos están los mitos modernos que Barthes analiza y de los que investiga su
trasfondo ideológico. Con su enfoque semiótico ese ensayo de Barthes merece una
relectura. Pero no es de esas mitologías ni de esos mitos construidos por la modernidad
y manipulados por la política y la propaganda de los medios de comunicación de lo que
vamos a tratar en estas páginas. Nuestro objetivo es acercarnos a los mitos antiguos, a la
mitología griega, tal como está constituida en su propia tradición y tal como ha sido
heredada por la tradición de la cultura europea. Vamos a tratar de esos mitos, en el
sentido más clásico y antiguo, no de los nuevos, renovados o modernos mitos. De esos
mitos de los que cabe preguntarse si los griegos creyeron en ellos y hasta dónde y
cuándo funcionaron como tales, como hace Veyne. Pero que están ahí, en los textos de
la literatura clásica y en las imágenes del arte griego, y forman un repertorio bien
delimitado: la mitología clásica. Parece, en principio, que definir el término en esta
acepción ha de resultar bastante más fácil. Y, sin embargo, también en este uso, más
histórico y científico, encontramos dificultades. Antropólogos, filólogos, psicólogos,
sociólogos y teólogos manejan el término con tales divergencias que se ha dicho que la
palabra puede recubrir «connotaciones infinitas», aun cuando tuviera una denotación
común a todos esos usos. Las distintas perspectivas, en sus enfoques particulares,
privilegian aspectos del mito y acepciones convenientes a su propia teorización, de
modo que no es tan evidente hallar un núcleo semántico común a todos ellos. Se podría
exagerar y decir que las definiciones del mito son casi tantas como las perspectivas
metódicas sobre él. Ni siquiera los estudiosos de los mitos griegos y las mitologías
históricas coinciden en sus definiciones.
Unas veces, por un exceso de simplicidad, se proponen definiciones demasiado
precisas. Por ejemplo, la de Jan de Vries, que dice: «Mitos son historias de dioses.
Quien habla de mitos tiene, por tanto, que hablar de dioses. De lo que se deduce que la
mitología es una parte de la religión»1. (Es cierto que muchos mitos tratan de dioses,
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pero no todos; muchos y los mayores mitos tienen un fondo religioso, pero no todos;
algunos se relacionan con el «cuento popular», el folktale, y no requieren la fe
religiosa). La relación entre mitología y religión es importante, pero más compleja de lo
que frases tan rápidas presuponen. Los antropólogos, tanto los funcionalistas como los
estructuralistas, han enfocado el mito desde una perspectiva amplia y con una
concepción penetrante de su configuración y función, destacando su significado en el
contexto social o su valor como instrumento mental en la representación colectiva del
mundo de la mentalidad arcaica. Tanto unos como otros han visto en el mito una forma
de representar la realidad, un molde imaginario de comprender y dar sentido a la
situación y actuación del hombre en ese mundo comprensible y domesticado gracias a
los mitos. Usa mirada amplia de los antropólogos es, para el estudioso actual, algo
irrenunciable.
Pero tanto contra los simbolistas, como contra los funcionalistas y los
estructuralistas -contra Malinowski, Eliade y Lévi-Strauss, por ejemplo-, cabe expresar
una protesta crítica, como hizo Kirk en su excelente libro sobre El mito: «No hay
ninguna definición del mito. No hay ninguna forma platónica del mito que se ajuste a
todos los casos reales. Los mitos [...] difieren enormemente en su morfología y su
función social».
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LA MITOLOGÍA GRIEGA
La mitología griega es el conjunto de mitos y leyendas creados para explicar el
origen del mundo y las creencias de la antigua Grecia. Estos relatos narran la vida y
hechos de dioses, semidioses y héroes, que formaban parte esencial de la cultura griega.
La mitología griega se generó y difundió gracias a la tradición oral. La obra de
los poetas de la época sirvió para recoger por escrito dichos relatos. Hesíodo, con su
Teogonía, y Homero, con sus poemas épicos, La Ilíada y La Odisea, fueron dos de los
máximos exponentes de la literatura griega.
Además, la mitología forma parte de otras expresiones culturales griegas, como
puede apreciarse en cantidad de objetos decorativos y utilitarios del período que
representan escenas mitológicas.
La mitología griega, como en otras culturas antiguas, fue usada como un medio
para explicar el entorno en el cual vivía la humanidad, así como los fenómenos
naturales que presenciaba y el paso del tiempo a través de los días, meses y estaciones.
Los mitos estaban intrínsecamente conectados a la religión en el mundo griego y
explicaban el origen y la vida de los dioses, de donde había venido la humanidad y a
donde iba después de la muerte, también daban consejos sobre cómo llevar una vida
feliz. Finalmente, los mitos se utilizaron para volver a contar eventos históricos, las
guerras que lucharon y los lugares que exploraron.
La Narración de los Mitos
El uso moderno del término "mito" tal vez tiene connotaciones negativas que
sugieren falta de autenticidad y fiabilidad. Sin embargo, no se debe asumir que los
griegos creían de todo corazón en los mitos, pero tampoco que fueran totalmente
escépticos con respecto a ellos. Probablemente, los mitos griegos, como cualquier otra
fuente religiosa o no escrita, eran creídos por algunos y descartados por otros. Los mitos
eran ciertamente usados con propósitos religiosos y educativos, pero también pueden
haber tenido una simple función estética de entretenimiento. Lo que es seguro es que los
mitos eran conocidos y populares para un amplio sector de la sociedad griega, a través
de su representación común en el arte, ya fuera en las esculturas de los edificios
públicos o en escenas pintadas en la cerámica.
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Sin una alfabetización extendida, la transmisión de los mitos se hizo primero
oralmente, probablemente por bardos minoicos y micénicos desde el siglo XVIII a.C. en
adelante. Esto, por supuesto, permitió la posibilidad de que, con cada nueva narración
de un mito en particular, se embelleciera y se mejorara para aumentar el interés de la
audiencia, incorporando también eventos y preconceptos locales. Sin embargo, esta
también es una interpretación moderna, por lo que es igualmente posible que la
narración de los mitos siguiera ciertas reglas de presentación y que una audiencia
conocedora podría no haber aceptado de buena manera adaptaciones ad hoc de una
historia que le fuera familiar. Aunque a lo largo de los siglos, y con el creciente contacto
entre las ciudades-estado, es difícil imaginar que las historias locales no se mezclaran
con otras para crear un mito con varios orígenes diversos.
El siguiente desarrollo en la presentación de los mitos fue la creación de poemas
en Jonia y los celebrados poemas de Homero y Hesíodo alrededor del siglo VIII a.C.
Por primera vez la mitología fue presentada en forma escrita. La Ilíada de Homero
relata las etapas finales de la guerra de Troya - quizás una amalgama de muchos
conflictos entre los griegos y sus vecinos orientales a finales de la Edad del Bronce
(1800 - 1200 a.C.) - y La Odisea por su parte relata el prolongado viaje a casa del héroe
Odiseo después de la guerra troyana. La Teogonía de Hesíodo da una genealogía de los
dioses y su Trabajos y días describe la creación del hombre. No solo los dioses son
descritos con sentimientos y fallas típicamente humanas, sino que también los héroes
son creados, a menudo de un progenitor divino y otro mortal, proporcionando así un
vínculo entre el hombre y los dioses.
La siguiente y principal presentación de los mitos fue a través de la cerámica del
siglo VIII a.C. en adelante. Una miríada de escenas míticas decora cerámicas de todas
las formas y usos, además seguramente deben haber extendido los mitos a una audiencia
más amplia.
Los mitos continuaron siendo populares a través de los siglos, e importantes
edificios públicos como el Partenón de Atenas, el Templo de Zeus en Olimpia y el
Templo de Apolo en Delfos fueron decorados con desbordantes esculturas que
representaban escenas célebres de la mitología. En el siglo V a.C. los mitos fueron
presentados en un nuevo formato de teatro, especialmente en los trabajos de los tres
trágicos Esquilo, Sófocles y Eurípides. Al mismo tiempo, a partir del siglo VI a.C., el
primer antecedente de escepticismo documentado e incluso de rechazo a los mitos
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comenzó con los filósofos presocráticos quienes buscaban una explicación más
científica para los fenómenos y eventos. Finalmente, en el siglo V a.C. los primeros
historiadores Heródoto y Tucídides buscaron documentar con la mayor precisión
posible y registrar para la posteridad una visión menos subjetiva de los eventos y así
nació la historia como asignatura moderna.
Los Mitos Griegos - una visión general
Los imaginativos griegos crearon mitos para explicar cada uno de los elementos
de la condición humana. La creación del mundo es explicada a través de dos historias en
las que un hijo usurpa el lugar de su padre - Crono el de Urano y Zeus el de Crono - tal
vez refiriéndose a la eterna lucha que existe entre diferentes generaciones y miembros
de la familia. Los dioses olímpicos liderados por Zeus vencieron dos veces a las fuentes
del caos representadas por los titanes y los gigantes. Estos dioses entonces, gobernaban
el destino del hombre y a veces intervenían directamente - favorablemente o en contra.
Ciertamente, la visión de que los eventos no son decididos por los humanos se evidencia
aún más en dioses específicos como el Hado y el Destino. Una explicación mitológica
más detallada de la aparentemente naturaleza aleatoria de la vida es el dios ciego Pluto,
que distribuye la riqueza al azar. Los dioses también ilustraban que las faltas eran
castigadas, por ejemplo, a Prometeo por robar el fuego y dárselo al hombre. El origen de
otras habilidades como la medicina y la música también son explicadas como regalos
"divinos", por ejemplo, Apolo le transmitió a su hijo Asclepios el conocimiento
medicinal para beneficio del hombre. Finalmente, ciertos conceptos abstractos también
fueron representados por dioses específicos, por ejemplo, la justicia (Dike), la paz
(Irene) y la legalidad (Eunomia).
Los Dioses Griegos
Los dioses griegos eran diferentes a las deidades actuales y, por este motivo,
externamente tienen un semblante parecido al ser humano, pero, además, también tienen
sentimientos y emociones humanas; por este motivo podemos descubrir a dioses
vengativos, otros que sienten ira, etcétera. La diferencia esencial con respecto a las
religiones fundadas en la actualidad es que estos dioses de Grecia no ofrecen
enseñanzas espirituales, sino que sus historias y leyendas están cargadas de moralejas
completamente humanas que enseñarán a las personas a tener una vida mejor.
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El Olimpo es el monte en el que los dioses han elegido vivir, una región que se
encuentra en la región Tesalia de Grecia. En este monte los dioses vivían como en un
país aparte creando una sociedad que estaba organizada según los poderes y los rangos
de cada deidad.
Zeus, el dios del cielo
Zeus es el máximo dios del Olimpo, es el encargado de controlar el orden, la
justicia y el destino dentro del Universo. Es hijo de dos titanes, Cronos y Rea y, por
tanto, hermanos de otros dioses griegos como Hades, Poseidón, Hera, Hestia y Demetér.
Antes de que aparecieran los dioses griegos, el mundo estaba controlado por
Titanes y, de hecho, Zeus y sus hermanos son hijos de una pareja de titanes.
Cronos, el padre, temía que alguno de sus hijos le quitara su lugar y, por eso,
cada vez que tenía un nuevo descendiente, se lo comía. Rea, la madre, no podía soportar
este acto y, por eso, pudo salvar a Zeus de su padre ocultándolo en Creta pero cuando el
niño creció, le dio una planta a su padre para que vomitara a todos sus hermanos,
repletos de ganas de venganza.
Desde entonces tuvo lugar una gran lucha que enfrentó a los titanes contra los
dioses y, al final, fueron estos últimos los que consiguieron vencer, por este motivo, los
titanes fueron enviados a los abismos del Tártaro (en el inframundo) y Zeus se erigió
como el dios supremo. Junto a sus dos hermanos, Poseidón y Hades, tuvo que repartirse
los tres reinos del mundo: el cielo (Zeus), el mar (Poseidón) y el inframundo (Hades).
El elemento más le representa es el rayo con el que puede controlar tanto las
lluvias como castigar a las personas.
Hera, la diosa del Olimpo
La mujer de Zeus es Hera y, por esto, es la diosa del Olimpo dentro de la
mitología griega. Es hermana de su marido y, por tanto, también es hija de los titanes
que hemos mencionado anteriormente. Al principio no quería casarse con su hermano,
pero, al final, este dios (que era un rey en los camuflajes y disfraces) consiguió
conquistar su corazón al convertirse en un pájaro desvalido.
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Debido a su condición como esposa de Zeus, Hera es la protectora del
matrimonio y de las mujeres casadas. Tuvo que lidiar con muchas infidelidades de Zeus
y, por este motivo, se la suele representar como una diosa con un carácter celoso,
violento y vengativo. Pese a esto, es la diosa relacionada con todo lo que el matrimonio
comporta, incluso con la fertilidad femenina.
Sus hijos son algunos de los principales dioses griegos: Ares, Hebe, Hefesto e
Ilitia.
Hefesto, el dios del fuego y de la metalurgia
Hefesto. Se trata del único dios artesano que hay en el Olimpo y, por eso, es el
dios de la metalurgia ya que trabajaba para los demás dioses creando objetos que
necesitaban para cumplir sus funciones. Pero, además de esto, Hefesto es también el
dios del fuego pero no del fuego doméstico sino el fuego creador, el que es capaz de
doblegar los metales y, así, poder crear herramientas con su poder.
Este dios se encargaba de fabricar los rayos de Zeus pero también las flechas de
otros dioses como Artemisa y Apolo, la coraza de Heracles, las cadenas que llevaba
Prometeo o las armas que usaba Aquiles.
En apariencia era diferente a los demás dioses porque era cojo y desgarbado y,
por este motivo, su madre lo echó del Olimpo. Pero, al tiempo, consigue regresar al
monte sagrado e incluso casarse con Afrodita, la diosa del amor y la belleza.
Apolo, el protector de la música y de la medicina
Apolo es hijo de Zeus pero no de Hera sino que es fruto de la relación que el
dios tenía con otras mujeres, en este caso, Leto que también era hija de un titán. Se le
considera el protector de la medicina y de la música, sobre todo de la lira, instrumento
con el que siempre se le ha representado.
Se trata de un dios de profecías porque conocía la voluntad de Zeus y, por eso,
podía revelar a los humanos los acontecimientos futuros en diferentes oráculos
repartidos en Grecia (el más famoso de ellos era el de Delfos).
Pero, además de esto, también domina a la perfección el uso del arco, arma con
la promueve que los dioses castiguen a los mortales por sus actos. De hecho, se le
considera un buen atleta y fue el primero en ganar los juegos olímpicos.
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Afrodita, la diosa del amor y de la belleza
Afrodita es la mujer de Hefesto, el hijo cojo y deforme de Zeus y Hera. Afrodita
es la diosa del amor y de la belleza y su aparición en el mundo es una de las historias
mitológicas más conocidas por todos ya que apareció entre las olas del mar sobre un
carro hecho con conchas de mar. Todo el mundo que fue testigo de este momento no
pudo apartar sus ojos de esta preciosa diosa.
Pese a que está casada con Hefesto tiene otros amantes como, por ejemplo, el
dios de la guerra Ares; incluso en otras recopilaciones mitológicas se indica que este era
en realidad su marido. De entre todas las historias en las que aparece Afrodita, la de la
guerra de Troya es la más conocida pues es por ella por la que Paris termina escogiendo
a Helena.
Hades, el dios de los muertos
Dentro de los principales dioses griegos no podemos dejar de hablar de los dos
hermanos de Zeus, Hades y Poseidón, con los que se repartió los diferentes reinos del
mundo. Hades es el encargado de controlar el inframundo, es decir, el mundo de los
muertos.
Aquí convive con Perséfone, una reina a la que ha raptado del mundo de arriba y
que ha bautizado como la reina del inframundo. Se le representaba con un dios feroz y
despiadado pero, sin embargo, no tenía maldad porque NO era el diablo cristiano,
simplemente era el dios encargado de controlar esa parte del mundo. El mundo
subterráneo también se conocía con el nombre de Hades y estaba dividido en dos zonas:
Erebo: es la zona por la que entran los muertos cuando acaban de fallecer
Tártaro: es la zona más profunda y el lugar donde están desterrados los titanes
tras la guerra
El mundo de la tierra y el subterráneo estaba dividido por ríos que, para cruzarlos,
debías ir en la barca de Caronte, el encargado de trasladar a las almas hacia el
inframundo
. Poseidón, dios del mar
El último de los tres hermanos es Poseidón, el dios del mar. Pese a que estaba
casado, era un dios también infiel y lleno de amantes, sobre todo, con las ninfas de los
manantiales. De estas relaciones extraconyugales salieron algunos hijos que son
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conocidos en la mitología griega por su salvajismo como el gigante Orión o el caballo
Pegaso. Es un dios que aparece en una gran cantidad de leyendas y mitos griegos. Se le
representa de pie sobre el mar o en un carro que es un caracol gigante de oro y que es
conducido por caballos marinos. En sus esculturas siempre iba acompañado por
animales marinos como peces, delfines, etc.
El arma más representativa de este dios griego era el tridente con el que era capaz de
agitar las aguas e, incluso, hacer naufragar embarcaciones.
Ares, dios de la guerra
Del matrimonio entre Zeus y Hera nació Ares, el dios de la guerra. Se le suele
representar con elementos típicos del mundo bélico como cascos, escudos, espadas y
una coraza. Siempre se le tildó como un dios agresivo y sanguinario, debido a esto era
muy impopular tanto para los dioses como para los mortales.
Aunque sea el dios de la guerra, es abatido en muchas contiendas, algo que vuelve a
dejar claro una de las características de los dioses mitológicos griegos y es que, en
ocasiones, se asemejaban mucho a los seres humanos mostrando tanto virtudes como
defectos. No era invencible ni siquiera cuando luchaba contra los humanos.
Atenea, la diosa de la sabiduría
Es la hija favorita de Dios y una de las importantes dentro de la mitología griega. Se
le considera la diosa de la sabiduría y la inventora de herramientas e instrumentos como
la flauta, el carro, el barco, la olla de barro, la trompeta o el arado. Es la encargada de
enseñarle a los humanos los números y a las mujeres les mostró tareas del hogar como
la cocina o el tejido.
Esta diosa nació adulta y, desde el primer momento, fue la favorita de su padre; de
hecho, Zeus la quiere proteger tanto que terminó confiándole su escudo para que nadie
pudiera dañarla, también le cedió su rayo para que tuviera la misma fuerza que él.
Las enseñanzas y herramientas que Atenea mostró a los ciudadanos griegos hicieron
que la población elevara una gran cantidad de estatuas y templos en su honor; uno de los
más famosos es el Partenón de Atenas que, actualmente, todavía pueden verse sus
ruinas.
Perséfone, la diosa "La que lleva la muerte".
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El mito del rapto de Perséfone posee un gran poder emocional que le ha otorgado
una gran popularidad: una doncella inocente, el dolor de una madre por el rapto y el
regreso de su hija. También es citada con frecuencia como un paradigma de los mitos
que explican procesos naturales, con el descenso y el regreso de la diosa provocando el
cambio de estación. Actualmente también se valora el hecho de que Hades y Perséfone
constituyeron uno de los matrimonios más estables y felices dentro del Panteón griego,
con relativamente pocas infidelidades por parte de ambos (Mente y Leuce por parte de
Hades y Adonis por parte de Perséfone), y el hecho de que Perséfone gobernase el
inframundo en pie de igualdad con Hades, a diferencia del rol de consortes que Hera y
Anfitrite tenían como esposas de Zeus y Poseidón
Pero los griegos también conocían otra faceta de Perséfone. Ella era, además, la
terrible Reina del inframundo, cuyo nombre no era seguro pronunciar en voz alta y a la
que se referían como «La Doncella». En la Odisea de Homero, cuando Odiseo viaja al
inframundo, alude a ella como «Reina de Hierro». Su mito central, aun con toda su
familiaridad emotiva, era también el contexto tácito de los extraños ritos iniciáticos
secretos de regeneración de los misterios eleusinos, que prometían la inmortalidad a
sobrecogidos participantes: una inmortalidad en el mundo subterráneo de Perséfone, en
un banquete con los héroes bajo su pavorosa mirada
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CONCLUSIÓN
¿Quién cuenta los mitos? ¿Quién rememora esos relatos inmemoriales de interés
comunitario que vienen de mucho atrás y se refieren a un pasado fabuloso y que, de
algún modo, tienen una función ejemplar para la colectividad y para el individuo, que
los aceptan como paradigmas? ¿Quién se constituye en custodio de esos mitos,
narraciones orales o textos que, herencia de todos, se transmiten como un legado de
generación en generación? ¿Quién defiende de la dispersión, del desorden fantástico y
del olvido esas viejas historias de la tribu, que viajan por las sendas de la memoria?
De algún modo es la comunidad entera del pueblo quien guarda y alberga en su
memoria esos relatos. Los mitos circulan por doquier. Las instituciones se apoyan en los
mitos; se recurre a ellos para tomar decisiones; se interpretan los hechos de acuerdo con
ellos. Los más viejos se los cuentan a los más jóvenes, y éstos se inician en los saberes
tradicionales de su pueblo mediante los grandes relatos de los dioses y los héroes
fundadores. Las nodrizas les cuentan a los niños los fascinantes sucesos de un tiempo
lejano y divino. Los abuelos y las abuelas recuentan a los pequeños lo que a ellos les
contaron tiempo atrás sus propios abuelos. Y en las fiestas comunitarias se reitera, a
través de rituales miméticos y de narraciones escogidas, las palabras de los mitos.
Pero, junto a esa circulación familiar y colectiva, en cada sociedad suele haber
unos individuos especialmente dotados o privilegiados para asumir la tarea específica de
referir esos relatos tradicionales. Son los sabios de la tribu, los más versados en el arte
de narrar, los profesionales de la memoria o la escritura, quienes están designados
habitualmente para tan ardua labor. Los mitos incorporan una ancestral experiencia y
una explicación simbólica de los fundamentos de la vida social. De ahí que su
conservación y transmisión sea una tarea generalmente respetable y estimada. Esa
transmisión mitológica tiene mucho que ver con la educación, pero también con la
religión y el culto, como ya indicamos. Así que muchas veces son los sacerdotes
quienes velan por la transmisión de ese acervo de doctrinas. En otras ocasiones quienes
asumen tan noble papel son personas dotadas con una especial capacidad para
comunicarse con el mundo divino, como los profetas o vates, que ven más lejos que los
demás y extienden su saber hacia el pasado y quizás hacia el futuro. En alguna cultura el
recitado y la evocación de los mitos están encomendados a los profesionales de la
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memoria y del canto, sin una ciara conexión con los sacerdotes. Ése es el caso de la
antigua Grecia, donde los aedos, los rapsodas y los poetas en general asumen esa
función.
En la Grecia antigua fueron, en efecto, los poetas, adiestrados en la
memorización y en la composición oral, quienes desde los comienzos de la épica han
formado y transmitido el saber mitológico. La tradición mítica fue aquí, como en los
demás pueblos, un repertorio de transmisión oral. Homero y Hesíodo son epígonos de
una tradición de bardos que componen formulariamente, y que solicitan de la Musa o
las Musas la conexión con ese saber memorizado que estas divinidades, las hijas de la
Memoria, Mnemósine, transmiten al poeta verdadero. La secular tradición oral épica
que desemboca en estos dos grandes poetas del siglo VIII, a poco de introducirse el
alfabeto en Grecia, se remansa en los poemas épicos que guardan las huellas de la
composición anterior oral. El poeta, guardián de un saber tradicional, no inventa, sino
que repite temas y evoca figuras divinas y heroicas de todos conocidas, al tiempo que
reitera fórmulas épicas y se acoge al patrocinio de las Musas, para que ellas garanticen
la veracidad de sus palabras. Recordemos cómo Homero comienza invocando a la
Musa, y cómo Hesíodo nos cuenta que fueron las Musas quienes se le aparecieron en el
monte Helicón para confiarle la misión de transmitir el verídico y ordenado mensaje
mítico de la Teogonía y de Trabajos y días.
La consideración de quiénes son los encargados de la transmisión y preservación
de los mitos, y la reflexión sobre las condiciones socioculturales en que esta tarea se
cumple, son de la mayor importancia para explicar las características peculiares de una
mitología. Los mitos reflejan siempre la sociedad que los creó y los mantiene. Por otro
lado, a pesar de su afán por mantenerse inalterados, a pesar de su anhelo de rehuir lo
histórico, los mitos se van alterando a través de los sucesivos recuentos. Ahora bien, la
transmisión y el paulatino alterarse de los mitos se han visto afectados en la sociedad
helénica por tres factores determinantes: el primero es que fueran los poetas los
guardianes de los mitos; esta relación entre la mitología y la poesía ha conferido a
aquélla una inusitada libertad. En segundo lugar, la aparición de la escritura alfabética
ha significado una revolución en la cultura griega; con ello la mitología queda unida a la
literatura y expuesta a la crítica y la ironía, como no lo está en otras culturas donde la
transmisión es oral o bien está ligada a un libro canónico o un canon dogmático. En
tercer lugar, está la aparición de la filosofía y el racionalismo en la Jonia del siglo VI a.
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C. y su prolongación en la ilustración sofística y la filosofía posterior, que intenta dar
una explicación del mundo y la vida humana mediante la razón, en un proceso crítico de
enfrentamiento al saber mítico. Esa larga disputa entre el lógos y el mythos resulta
característica de la cultura griega, y ha sido objeto de brillantes y profundos estudios.
La aparición de la escritura significa un enorme avance cultural, y no vamos a
insistir en los aspectos más obvios de este progreso. Tan sólo queremos aquí subrayar
que, en lo que respecta a la mitología, la fijación y recogida en un repertorio escrito del
acervo que la memoria colectiva transmitía oralmente significa una quiebra en la
tradición. No sólo es el fin de la palabra viva como base del recuerdo, sino el comienzo
de la crítica y de la disolución de lo mítico. En el caso griego ese proceso se presenta
muy claramente. Hasta que la civilización de la escritura acaba imponiéndose como
medio cultural por excelencia transcurren unos siglos. En el siglo VIII se introduce la
escritura alfabética en Grecia, con un alfabeto de abolengo fenicio que los griegos
perfeccionaron, al añadir los signos para notar las vocales (que faltaban en el sistema
utilizado para un lenguaje semítico), pero no es hasta finales del siglo V cuando la
mentalidad griega abandona la cultura de la oralidad.
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ANEXOS
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EL ARTE EN LA MITOLOGIA GRIEGA
LOS DIOSES GRIEGOS
POSEIDON, dios del mar
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BIBLIOGRAFÍA
Bermejo, J., Barrera, J. C. B., García, F. J. G., & Morillo, S. R. (1996). Los
orígenes de la mitología griega (Vol. 179). Ediciones AKAL.
Martínez, C. F., Fernández-Galiano, E., Melero, R. L., & Fernández-Galiano, M.
(1997). Diccionario de mitología clásica. Alianza.
Hesíodo. (2000) Obras y fragmentos. Biblioteca Básica Gredos.
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