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——___— 7
Pees Fy=¢-) 0)
Federico NavarreteNavarrete, Federico
Huesos de lagartija / Federico Navarrete; ilustraciones
de Ifiaki Garrido. - México : SM, 2021 Primera edicién
digital - Gran Angular
ISBN : 978-607-24-0051-1
1. Literatura mexicana 2. Novela mexicana — Literatura
infantil 3. México — Historia - Descubrimiento y conquista,
1517-1521 — Literatura infantil
Dewey 863 N38 2005Introduccién
Hcnsos de tagar'
personajes principales, Cuctzpalémitl, el narrador, su hermano Cuabuitlicac,
aes una historia de ficcién basada en hechos reales. Los
su padre y su madre, el gran sacerdote, el viejo espaiiol, son inventados, pero
su historia es la historia del pueblo mexica que vivid la conquista y la
destruccién de su ciudad por los espaiioles entre 1519 y 1521. Esta historia la
conocemos por varios libros de la época, escritos por espafioles y por
indigenas. El més
importante es el “Libro XII. De cémo los espaiioles
conquistaron la ciudad de México”, contenido en la Historia general de las
cosas de la Nueva Esparia de fray Bernardino de Sahagin, en el que los
mexicas presentan su propia versién de estos sucesos. Huesos de lagartija se
apega en lo fundamental a esta narracién para deseribir los grandes
acontecimientos de la conquista, desde los presagios que la anunciaron hasta
la guerra y el sitio de México.
‘A través de las palabras
y los ojos de Cuetzpalémitl y de los personajes
imaginarios, la novela procura ofrecer uma reconstruccién lo més apegada
posible del mundo y las ideas de los mexicas en el siglo XVI, pero una que
resulte interesante y comprensible para los lectores de los siglos XX y XXT.
Para que los lectores puedan identificarlos facilmente, los lugares del valle
e llama
de México son lamados por sus nombres actuales: asi, Tlacopan
Tacuba, Coyohuacan s
lama Coyoacén, Atlacuihnayan, Tacubaya, ete. En
el libro se Hama mexica al pueblo que vivia en la ciudad de México y que se
decia originario de Aztlan, que también es conocido como azteca. Su ciudad
se Hama Méx
co, pues Hamarla solamente Tenochtitlan serfa injusto para
Tlatelolco, la otra mitad
Con el fin de facilitar la lectura, se han empleado pocas palabras en
néhuatl y otras han sido traducidas a nuestro idioma. Se incluye un glosario
al final del libro que explica el significado de las palabras que puedan crear
alguna dificultad y que a lo largo del texto aparecen en cursivas.QS | Calzada de Tepeyac
Calzada de Tacuba, O/
lien i
For ruateuco
Gran Templo
C7] Palaciode Araysicat!
Barrio de
Yopico TENOCHTITLAN
Ciudad de Méxicoacolhuas
AX
TEXCOCO
JEPETEENGS
MEXICO
Valle de México|. En el que cuento por qué
decidi escribir esta historia
Queripos hijos y nietos mios, esta es la historia de la conquista de
México, nuestra ciudad, y de la derrota de los mexicas, nuestro pueblo. Antes
de ella nosotros los mexicas gobernébamos sobre toda la tierra, mandabamos
sobre todas las naciones. Pero entonces Iegé por el mar, del rumbo de
oriente, gente que nadie habia visto, de la que nadie habia ofdo hablar. Eran
hombres diferentes, extrafios, ruidosos, que usaban armas muy poderosas,
como rayos, y que venfan montados en animales desconocidos, grandes como
venados y temibles como fieras. Esos espaiioles guerreros nos Ienaron de
miedo, nos asustaron al punto que no
supimos qué hacer con ellos, no supimos
cémo enfrentarnos a su fuerza. Mas tarde, cuando les hicimos la guerra, los
extrafios nos derrotaron y nos destruyeron, a nosotros los mexicas, los
guerreros mas fuertes, los més temidos. Arrasaron nuestra ciudad y nuestras
‘asas. Se apoderaron de nuestras riquezas y tomaron a nuestr
muje
Derribaron a nuestros dioses y quemaron nuestros templos. Asf cay nuestra
cindad, la afamada México, y asf cayeron sus grandes mitades, Tenochtitlan
y Tlatelolco.
su abuelo. Yo lo sufri
Todo eso lo vi yo, Francisco Cuetzpaldmitl, el viejo,
y lo Horé, yo vivi hambres y miedos,
varios de los enemigos. Y ahora han pasado tantos aiios que soy el tinico que
yo combati y fui herido, yo maté a
lo recuerda. Quienes lo vivieron conmigo, quienes vieron esos tiempos, mis
padres, mis hermanos y mis amigos, han muerto todos. Su carne ha regresado
a la tierra y sus dnimas han ido al cielo, junto a Dios Nuestro Seior. Pues
todo eso sucedié en verdad hace ya mucho, en los afios del Sefior 1519, 1520 y
1521, que en nuestro antiguo calendario eran los afios 1-cafia, 2-pedernal y 3-
casa. Fue antes de que ustedes nacieran, nietos mfos, antes de que
construyéramos la casa en que ahora vivimos, la casa de nuestra familia.
Al presente, que es el afio 1573, ustedes me preguntan si en verdad conoci
esos tiempos, si en verdad existié una época en que no habia espafioles en esta
tierra y en que nosotros los mexicas éramos los guerreros més valientes y
todos los pueblos nos temfan y nos obedecian. Si en verdad recibiamos todas
las riquezas y tributos desde las regiones mis lejana
s, desde las costas y las
montaiias y los bosques. Y me preguntan también si habfa fiestas como ahora.
Si los nifios eran diferentes a ustedes. Si también comfamos maiz, frijoles,
chile, calabazas y jitomates.Es mucho lo que ustedes no vieron, hijos mfos, muchas las cosas que no
conocen. Por eso ahora escribo esta historia, la narracién verdadera de la
de
conquista de nuestra ciudad y de lo que sucedié con nosotros los mexicas
lo que le sucedié a nuestra familia. La historia de cémo sobrevivimos, pese a
todas las desgracias, pese a todas las muertes. Asi pues, me he sentado a
escribir este libro. He comprado hojas y hojas de papel espaiiol y de tinta
negra como capulines y he practicado cémo trazar bien las letras de los
bir rectamente todo lo que recuerdo. Y también he
espafioles para es
preguntado con los otros viejos, con la gente sabia, para que me cuenten lo
que ellos conocen y lo que ellos vieron.
Decidf escribir esta historia hace unos dias, nada més pasada la Pascua
Florida, cuando se cas6 mi nieto Francisco. El lleva mi nombre por ser hijo de
Francisco, mi hijo mayor, que murié en una de las grandes enfermedades que
asolaron a nuestra ciudad. Por eso lo quiero tanto como a mis propios hijos,
porque él va a heredar esta casa y va a velar por todos los de la familia. Por
eso ordet
S que la suya fuera la boda més hermosa y grande que se pudiera
recordar y convidé a todos nuestros amigos y compadres, los del barrio de
Yopico del Espiritu Santo, que es el nuestro. Dias ant
Tlatelolco, a comprar la comida: gallinas de Castilla, jitomates, yerbas,
e. Y doa Isabel, mi
s fuimos al mercado, a
chocolate, todo lo que se necesitaba para el banquet
querida esposa, y todas mis hijas y las mujeres de mis hijos se dedicaron a
preparar la comida, Dfas enteros estuvieron en la cocina, atareadas, sin dejar
de conversar y refr, cocinando cl mole y el pozole.
En la majiana del dia de la boda me desperté muy temprano, con el olor
dulce de las tortillas cocinandose en el comal. Después de levantar mi cuerpo
cansado, fui a la cocina y una de mis nietas, Ana, me sirvié una tortilla con
frijoles y chile.
—Coma usted, abuelo. Est4 muy flaco —me dijo.
‘Todas las mujeres callaron mientras yo comfa, en sefial de respeto. Hacia
calor junto a la lumbre aunque el sol apenas se asomaba sobre la barda del
patio. Entonces Ilegé mi compadre el pulquero con su mula cargada de dos
inmensos odres de pulgue y aguamiel para que todos tuvieran qué beber.
Después fui a tomar mi baiio de vapor y me restregué con ceniza y yerbas,
pues queria estar més limpio que nunca. Me puse mi camisa blanca de
brocado, Es mi camisa mas fina y sdlo la uso para ocasiones importantes,
como las retniones de los viejos en el patio del templo del Espiritu Santo. En
dénde
esas reuniones dis dimos las cosas de nuestro barri
cutimos y deci
vamos a tomar agua, cOmo vamos a repartir las tierras, c6mo vamos a pagar
el tributo al virrey y a sus ayudantes. En esas reuniones se escucha mi voz
pues todo el mundo reconoce mi experiencia de anciano, de hombre que ha
vivido mucho y Ievado a cabo muchas obras, y todo mundo me respeta. Poreso me vestf asf, para que todos supieran que soy un anciano respetable, un
hombre de palabras fuertes, un guia de la gente, alguien que conoce las cosas
y las ensefia a los demas
Cuando terminé de ponerme elegante ya se sentia el calor del sol, por lo
que me senté en el centro del patio, a la sombra del gran abuchuete cerca de
donde toman el sol las lagartijas. Vigilé desde ahf cémo colocaban las flores
blancas sobre las puertas y las v
sntanas y alrededor de las columnas, para que
:0. Todos los ban frente
todo el patio estuviera adornado y aromét
que pas
al arbol se detenfan a saludarme. Los nifios salieron a jugar, después de
haberse bafiado, y sus gritos Henaron el aire de la maiiana, que se hacia cada
ver més caluroso, Mas tarde, cuando arrecié el sol, se sentaron a mi
alrededor, bajo la sombra del arbol.
Cuéntenos algo, abuelo —me pidié Domingo, el més inquieto de todos
mis nietos, y los demés voltearon a verme con los ojos bien abiertos para
imaginar mejor lo que les iba a contar.
Les hablé de cuando yo era nifio, antes de que vinieran los espaioles.
Entonces me Hamaba Cuetzpalémitl, huesos de lagartija. Les conté que un
dia caluroso, igual a ése, se habia casado mi hermano mayor, que
Cuahuitlicac, arbol erguido.
Ese dia igualmente me desperté muy temprano y corrf a la cocina. El olor
llamaba
de las tortillas recién hechas Tenaba toda la casa y mi madre me esperaba
con un taco de frijoles. El sabor del maiz era igual entonces. Siempre ha sido
nuestra carne, nuestro principal alimento y mientras lo comamos, seguiremos
siendo los mismos. Pero esa vez las mujeres no dejaron de hablar, siguieron
conversando mientras yo comfa, porque no era més que un nifio. Todas
comentaban lo orgullosas que estaban de mi hermano Cuahuitlicac. Mi madre
me sonr
—Todos estamos muy contentos por tu hermano Cuahuitlicac, pequefto
Cuetzpaldmitl, hijo mio. Estamos orgullosos de que sea um gran guerrero. Ya
ha demostrado que es valiente. Ha tomado dos prisioneros
en la guerra. Por
eso ya puede pintarse el rostro de amarillo y rojo y ya puede vestir las mantas
de colores y el méztlatl rojo que le ha regalado el emperador Moctezuma.
Gracias a ello todos los que lo ven por la calle saben que es un valiente y por
ello ahora se va a casar con una buena muchacha. La que sera su esposa es
una mujer recta, discreta y obediente, Y tu padre le va a regalar mantas de
algodén azul y rojo y también algunos chalchihuites y plumas de quetzal.
“Y tii, hijito querido, tii debes ser como él. Ya eres un joven fuerte. Pronto
irés a la guerra y capturarés un enemigo. Todos e pas tan
peramos que
valiente como tu hermano. Si no, todos lo sabrin y se burlaran de ti. Y
entonces, ninguna mujer te querré como esposo y nunca te podris casar:Mi madre me hablaba en tono serio, para que supiera que me deca cosas
importantes. Ella queria que fuera tan valiente como mi hermano y yo
vestirme como
también sentia deseo de ir a la guerra para hacer prisioneros y
é1y Ilevar la cara pintada de amarillo y rojo, Pero eso no se lo podia decir,
porque un joven no debe hablar cuando un mayor se dirige a él, menos cuando
usa, un tono tan serio.
Cuando termino de hablar, mi madre me acaricié la cabeza y me sonri
Va a haber
Pero ahora diviértete, hijito. Va a haber misica y bail
mucha comida. Van a venir nuestros amigos de todo el barrio de Yopico.
Mas tarde, cuando arrecié el sol, fui a tomar la sombra con los viejos, al
pie de un gran ahuehuete. Conversaban en voz baja, como siempre. Me
encantaba estar junto a ellos para sentir su fuerza, su sabidurfa y para
escuchar sus palabra
s, aunque muchas veces no alcanzaba a entenderlas bien.
En esos tiempos, hijos mios, habia muchos mas ancianos que ahora, pues
los hombres vivian mas y enfermaban menos. Todos Ilegaban a los cincuenta
y dos aiios, que es la edad de los ancianos. Era porque comfan mejor y porque
seguian las reglas para vivir rectamente; trabajaban mucho ¢ iban a la
guerra, se mantenfan apartados de la suciedad y el pecado, hacian penitencia
y se sacaban sangre para alimentar a sus dioses. Asi prosperaban, as{ eran
felices y vefan crecer a sus hijos y nietos y les daban sabios consejos para que
siguieran el buen camino.
No era como ahora, que somos pocos los que Ilegamos a viejos. Duramos
menos porque swfrimos viendo morir a nuestros familiares con las nuevas
enfermedades y porque tenemos que trabajar mucho para pagar el tributo a
los espanoles. Por tal motivo muchos se dan a la bebida y terminan sus dias
tirados en las calles, como animales. Y la gente ya no es virtuosa, ya no
obedece ni respeta las reglas del recto vivir ni las palabras de los viejos.
Ese dia también los ancianos hablaban de mi hermano Cuahuitlicac.
—Claro que es un buen guerrero es
Naci6é en un dia pedernal, cuando hablaba la estrella de Huitzilopochtli. Ese
muchacho—decia uno de ellos—.
es el signo de los grandes combatientes.
Si, pero también de los que mueren jévenes en la guerra —respondid
otro.
—Morir en la guerra es un gran honor —continud el primero—. Si es
capturado y sacrificado por nuestros enemigos, ira a acompafiar al sol en su
camino. Estard con él cuatro afios y Inego regresaré a la tierra en forma de
colibri.
Estuve a punto de interrumpir al anciano. Yo no queria que mi hermano
muriera, Apenas iba a casarse, todavia le faltaba tener hijos y verlos
Pero senti mas curiosidad por conocer mi destino.
crecer.—Abuelo, disculpe —dije timidamente— {Qué va a ser de mf?
{? Yo quiero ser guerrero como mi hermano.
iEn qué
signo nac
Los viejos rieron, como si hubiera dicho algo muy gracioso.
Tai eres diferente, Cuetzpalémit] —me respondié el anciano—. Ta no
naciste en un signo de guerra. Naciste el dia de la lagartija, por eso te Hamas
. huesos de lagartija, y por eso eres como eres, flaco pero duro y nervudo.
Tii vas a sobrevivir, vas a llegar a viejo. No importaré lo que te pase: vas a
caer y a levantarte como una lagartija que cae de lo alto de un muro y sale
corriendo por el piso como si no le hubiera pasado nada. Y vas a prosperar
también, No pasaris hambre porque las lagartijas siempre encuentran
alimento.
Las palabras del anciano me dejaron contento y triste a la vez, hijos mios.
Senti gusto de saber que vivirfa mucho tiempo y que Hegarfa a ser como él y
los otros ancianos, y que quiz serfa tan sabio como ellos. Pero senti dolor al
pensar que no serfa un gran guerrero como mi hermano Cuahuitlicac, pues
queria que todos me admiraran y me quisieran como lo querfan a él. {Quién
decia que los lagartija no podiamos ser combatientes? Yo les demostrarfa que
no era ningtin cobard
Pero entonces los ancianos cambiaron de tema y empezaron a hablar con
voces graves y preocupadas de algunos sucesos extraiios, de algunos agiieros
que habjan ocurrido no hacia mucho, cosas inusitadas y temibles.
Todo eso anuncia grandes calamidades —dijo uno y todos asintieron en
silencio. El otro dia se incendié el templo de nuestro dios Huitzilopochtli.
Ardié solo, sin que le cayera un rayo. Se prendié desde adentro y se consumié
todo, nada quedé de él. De nada sirvié el agua que Ilevaron para apagarlo.
{Querré decir que nuestro dios esta enojado con nosotros? {Que nos quiere
abandonar?
Senti miedo, hijos mios. Huitzilopochtli siempre habia sido nuestro dios,
nuestro protector. El fue quien guié a los mexicas desde Aztlan hasta México.
El cons
‘016 y ayudé a nuestros abuelos todos los afios que anduvieron
caminando por el desierto, sin poder detenerse a descansar. Gracias a él
encontramos nuestra verdadera casa, en Tenochtitlan y en Tlatelolco, en el
centro del gran lago del Anéhuac. El fue quien nos dio fuerzas para vencer a
nuestros enemigos en la guerra. Por él nos hicimos el pueblo mas poderoso y
temido. Si nos abandonaba, todo estarfa perdido. Si Huitzilopochtli se
enojaba con nosotros, entonces
ria el fin de los mexicas.
Han sucedido muchas cosas extrafias —continud otro anciano-
me dicen de los cometas que han cruzado el cielo? ;Y de la vez que hirvié el
agua del lago? Son cosas que nunca habjan sucedido. Algo quieren de
‘Anoche escuché a ima mujer que daba gritos por la calle. Llamaba a sus
hijos y no dejaba de Iorar. Decfa que venia por ellos porque ya era tiempo deque se fueran de aqui, de México.
Yo también la escuché y decia las mismas cosas terribles
Los ancianos bajaron la cabeza y guardaron silencio por unos instantes.
Después uno de ellos, el mas sabio, el duefio de las palabras mas luminosas,
hablé en voz muy baja y todos lo escucharon sin levantar la vista:
—Todos estos sucesos son signos de algo. Son cosas nuevas y nunca vistas.
Eso quiere
decir que pasaré algo que nunca antes ha sucedido. Los viejos me
contaron los por
ntos que han acompafiado a los mexicas des
Je que vivimos
en la tierra, Cada vez que algo importante va a suceder, nuestro dios nos
avisa por medio de esos sucesos temibles y extraordinarios. Por ello, tenemos
que estar atentos para conocer nuestro destino.
Hace poco
que un pescador estaba en medio de un rfo cuando lo atacé un gran caiman.
cuché una historia que viene de la tierra caliente. Cuentan
Nada pudo hacer para defenders
y el animal se lo llevé entre los dientes.
Pero no lo maté, simplemente lo Hevé a mma casa que estaba en el fondo del
rio. Abf lo solté y le conté que él era el dios-caiman y que tenia un mensaje
para su rey. Le encargé que le dijera que ya habian nacido los hombres que
habrian de destronarlo. Que esos hombres destruirian su reino y se
apoderarfan de su tierra para siempre.
Nadie hablé més. Tal vez todos estaban tan atemorizados como yo. {Qué
cosas nuevas y extraordinarias nos esperaban? Entonces recordé que los viejos
habian dicho que mi hermano morirfa joven y me preocupé mucho.
Pero el dia era alegre. Era un dfa bueno para bodas, un dia del mono. Asi
lo habia clegido el sacerdote que conocia los destinos
pues era un buen dia
para los juegos y las bromas, para escuchar mtisica y bailar. Ya todo estaba
listo para la fiesta. Mi padre regresé del mercado con los granos de cacao
para el chocolate que todos beberfamos en la noche.
—iYa te bafiaste, hijo mio’
Cori con él y fuimos juntos al temazeal, que ya estaba preparado con las
piedras candentes. Juntos nos metimos al vapor y juntos nos restregamos con
hierbas aromaticas. Mi padre estaba feliz y me dijo alegremente:
Hoy es un dia muy importante. Estoy muy orgulloso de Cuahuitlicac.
Yo nunca fui un gran guerrero como tu hermano, pues ese no era mi destino.
Por eso siempre quise que mis hijos fueran buenos capitanes. Ahora él ya ha
capturado dos enemigos y pronto sera tu turno, Cuetzpalémitl. No me
decepciones
Pero, papa, yo soy del signo de la lagartija... —traté de expliearle.
Sé que tti eres tan Valiente como tu hermano —me interrumpié y no me
escuché mis.
Entonces salimos del ¢emazcal y nos vestimos.Asi pas6 el dia. En la tarde, al oscurecer, recibimos a la novia de mi
hermano, que venia con su familia, Formaban un cortejo muy vis
stoso y todos
nuestros vecinos se asomaron a sus puertas para admirarlo. Al frente venian
sus padres, vestidos con mantas finas y plumas azules y rojas. El padre habia
sido un gran capitén y era ahora un calpieque del palacio del emperador
Moctezuma. Detras venian las ancianas venerables de nuestro barrio de
Yopico, las abuelas queridas y admiradas por todos. La novia venfa al final,
con la cara pintada de amarillo brillante y los brazos
cubiertos de plumas
rojas. Su cabello largo brillaba con los aceites y perfumes que le habian
untado. Se vefa muy hermosa. Todos le gritaban que era una afortunada,
El cortejo entré al patio de la casa y los novios se juntaron y se acercaron
al hogar. Ahf les ataron las mantas que Ievaban puestas y les dieron a comer
un solo tamal para los dos. Asf fue como se convirtieron en esposos. Eso no lo
vi yo, pues no alcancé a entrar a la cocina, Me quedé en el patio, entre los
invitados, admirando los tambores y los caracoles de los misicos. Después, mi
hermano y su esposa se retiraron a una habitacién y se encerraron, Tenfan
que hacer cuatro dias de penitencia y s6lo podrfan salir al quinto.
Pero no pensé mas en ellos. Empez6 el banquete. La gente se acercaba a
los calderos y tomaba tamales y tortillas con mole con carne de guajolote,
pues entonces no tenfamos gallinas de Castilla. Luego se reunfan a conversar.
Los ancianos segufan sentados bajo el arbol a beber pulque y trafan a cuento
mil cosas. Se vefan alegres, quizd habian olvidado su conversacién. Yo tomé
atole de chia endulzado con aguamiel Después sirvieron cl chocolate y
empezé la danza. La miisica soné durante toda la noche y no dejamos de
cantar y bailar. Mi padre era el ms contento y sus risas se escuchaban por
todo el patio.
No dorm esa noche, hijos mfos, y en la maiiana muy temprano me fui de
la casa, pues tenia que volver a mi calmécac, el de Yopico, donde yo vivia y
hacia penitencia, como les contaré mas adelante.
Mientras contaba la historia de la boda de mi hermano Cuahuitlicac, mis
nietos no dejaron de verme para no perder un solo detalle. Recordaba tan
bien todo lo sucedido aquel dia, que a veces no sabia si era un viejo que se
acordaba de cuando habia sido nifio o un nifo que imaginaba que algtim dia
seria viejo.
En cuanto terminé de hablar Iegaron a la casa los parientes de la novia de
mi nieto. Venian arreglados de la manera mas elegante, atmque ya no usaban
s mantas de colo:
las antiguas plumas ni las viej Los recibi y me sent{ muy
orgulloso. La familia de la novia de mi nicto era tan conocida y tan buena
como lo habfa sido la familia de la novia de mi hermano: el padre era un
principal, encargado de recoger los tributos de todo el barrio para
entregdrselos a los espaiioles.Ella cra muy hermosa. Estaba recién baitada y perfumada y Ilevaba ropa
de algodén muy fina, como la que usan las mujeres de los espaitoles. A su
alrededor habia muchas nifias, vestidas todas de blanco, con palmas en las
manos. Los vecinos también se asomaron a verlo todo
Pero ahora la boda no se hizo en la cocina, frente al hogar. Fuimos todos
ala iglesia de nuestro barrio, la capilla del Espfritu Santo, construida en el
mismo lugar en el que antes estaba el templo y el calmécac de Yopico. Ahi nos
esperaba un fraile. La ceremonia fue r4pida, porque habia muchas otras
parejas de indios que se querfan casar ese dia. Pero ahora yo estuve en el
mero centro, muy cerca de mi nieto y de su esposa.
Después regresamos a la casa para comer tamales y mole, con carne de
gallina de Castilla.
A mi nieto Francisco le regalé mis tesoros, cosas que habia guardado
durante afios para él. Le di telas de Flandes de las més finas, con brocados y
dibujos, varias monedas espaiiolas de oro y la espada que me regalé un oidor
hace ya mucho tiempo, cuando ayudé a construir la casa de la Audiencia.
Bebimos un poco de chocolate, aunque est tan caro siempre que apenas
alcanz6 para wm trago para cada invitado. Los hombres segnimos tomando
pulque. Los misicos empezaron a tocar sus vihuelas y sus trombones, los
instrumentos nuevos que han traido los espaitoles. Todos bailaron durante
varias horas mientras yo los vefa desde mi lugar junto al fogén. La gente se
acercaba a conversar conmigo y yo me quejaba de la misica ruidos
horrible que escuchan ahora los jévenes. Todos refamos.
Entonces volvi a recordar la boda de mi hermano y me senti muy triste,
hijos mfos, porque pensé que ya habfan muerto todos los que estuvicron
conmigo ese dfa. Mi dolor es como los rescoldos de un fogén que siguen dando
calor mucho tiempo después de que la lumbre se ha apagado. Cada vez que
recuerdo cl mundo de mis padres y mis abuelos, cl mundo de los antiguos
mexicas, antes de que Iegaran los espaiioles, siento la misma tristeza en lo
mis profundo de mi corazén.
Estaba pensando en eso cuando se aproximé mi nieto Domingo, que es él
hermano menor de Francis
co, Se senté jumto a mi y apoyd su cabecita en mi
brazo. Después de un rato volted a verme.
—Abuelo. Esta fiesta se parece mucho a la fiesta que hicieron cuando se
casé su hermano.
—Si, hijo, s6lo que ahora ya soy viejo.
Y digame, ,qué mas ha cambiado?
Cuando vi sus ojos curiosos s
ape que tenia que contarle lo que habia visto,
que era mi deber escribir esta historia para que todos mis nietos y luego los
nietos de mis nietos supicran siempre lo que sucedié con nosotros los mexi
también lo que sucedié conmigo y con mi hermano Cuahuitlicac y con mi
8,padre y con los hombres y mujeres del barrio de Yopico. Entonces resolvi
escribir este relato.Il. COmo era nuestra vida antes
de los espanoles y como
supimos que habian llegado a
nuestra tierra
HAAN ce saber, hijos mfos, que hace afios, cuando yo tenfa su edad, los
jévenes de nuestro barrio no viviamos con nuestras familias, en nuestras
casas, como hacen ustedes ahora. Viviamos en nuestro calmécac, nuestra casa
de linaje, la casa de los nobles del barrio de Yopico. Ahi dormiamos y
comiamos, como si esa fuera nuestra verdadera casa, y como si los sacerdotes
que nos vigilaban y educaban fueran nuestra verdadera familia.
Los. sa
erdotes eran Mamados tlamacazque, los ofrendadores, pues su
encargo era cuidar a los dioses y darles comida y regalos. Nosotros los
auxiliébamos y nos lamaban tlamacaztoton, pequefios sacerdotes. El
sacerdote prineipal del templo de Yopico era un viejo muy sabio, um gran
servidor de los dioses, fil sabia hablar con nuestro dios, que era nuestro Senor
Xipe. Varias veces lo habia escuchado en suefios y Iuego nos habia dicho sus
6rdenes. Por eso todos los del barrio de Yopico lo respetébamos mucho y
hacfamos caso a sus consejos.
El deber de los jvenes en el calmécac
era barrer los templos, para que
siempre limpios. De noche fbamos a lo c
recoger lefia, la cargdbamos en nuestra espalda y la trafamos para alimentar
estuvieran bosques de lo
POS a
los grandes braseros de los templos. Los brascros ardian la noche entera.
todas las noches del aio, e iluminaban la oscuridad.
Era dura nuestra vida en el calmécac, vida de suftimiento y penitencia.
Debiamos velar y ayunar, pasébamos noches enteras sin dormir y también
dfas enteros sin comer. Nos ensefiaban a soportar el frfo, a baiiarnos en agua
helada, y cuando dormfamos no podfamos cubrirnos con ninguna manta, ni
apretarnos unos con otros para calentarnos. Nunca descansdbamos, apenas
comfamos y, si por ventura nuestros familiares nos trafan algo de alimento,
tal vez un poco de mafz, unas semillas de amaranto, un poco de carne de
conejo, debiamos compartitlo con los otros jévene:
Asi nos endurecian, asi nos preparaban para nuestros grandes deberes de
nobles, Algunos servirfan a los dioses, vivirian en los templos, ayunando y
haciendo penitencia para poder estar cerca de ellos. Otros mas, en cambio,
irfan a la guerra, mandarfan sobre los guerreros y les ensefiarfan la valentia yel arrojo. Otros, por iiltimo, gobernarfan y juzgarfan a los hombres,
ayudarian a muestro emperador Moctezuma a mandar sobre la tierra.
Asimismo, aprendiamos la manera correcta de hablar. Nos ensefiaban las
palabras que brotan de los labios y se apoderan del corazén de la gente, los
discursos de los antiguos, los cantos, la historia, Estas eran palabras muy
viejas, palabras que nuestros abuelos habian aprendido de sus abuelos y ellos
de los suyos. Quien las conocfa, penetraba el secroto del gobierno y podia
hacerse obedecer por la gente comin, También nos ensefaban a leer el
calendario, para conocer nuestro destino y el de nuestro pueblo, y para saber
cuando deberian realizarse las fiestas de los dioses,
La gente comtin, los maceguales, los jvenes del pueblo, no vivian en el
calmécac, pues ellos perteneefan a los telpochcalli, las casas de los muchachos.
Ellos sf podfan dormir en sus casas y divertirse, no tenfan que ayunar ni velar
como nosotros. Pero después debian obedecernos, trabajar para nosotros,
darnos nuestros alimentos, construir nuestras casas.
Pocos dfas después de la boda de mi hermano hicimos la gran fiesta de
nuestro Sefior Xipe. Cada aiio nuestro dios se ponfa una piel nueva y por eso
cada aio renacia. Su fiesta se celebraba cuando empezaba el afio. Poco a
poco los dias se hacfan mas largos y el fio menos intenso. Cada maiana el
gran sacerdote revisaba por dénde salfa el sol.
Cuando el sol se muestre por ese cerro —nos decfa, sefialando hacia el
oriente— entonces sabremos que ha Ilegado el dia de la fiesta.
Pero entonces atin no Iovia. El aire estaba seco y todos los montes y los
campos que rodeaban nuestra ciudad estaban amarillos.
Eso era porque la:
yerbas que los cubrian estaban marchitas y su piel estaba muerta. El agua
escaseaba ya. Muy poca llegaba a nuestra cindad por el acueducto de
Chapultepec y las orillas del lago se habian secado, de modo que donde antes
habia agua ahora sélo quedaba lodo; en algunos canales, cl agua estaba tan
baja que las canoas apenas podian navegar.
Los cerros y los campos son la piel de nues
tro Seiior Xipe —explicaba el
gran sacerdote, nuestro maestro—. Ahora esa piel est4 muerta, pero cuando
llegue la Huvia, nuestro sefior tendra una nueva piel verde y asi renacerd.
Nosotros sabiamos que dentro de los cerros estaba el agua de la luvia
pues todos los montes que nos rodean son cdntaros inmensos, llenos de agua.
Nuestro trabajo era convencer a los duefios del agua, los tlaloque, que vivian
dentro de los cerros, para que la dejaran salir e hicieran las nubes. Les
pediamos que hicieran Hover para que pudieran crecer el maz y las calabazas
y los frijoles, para que los hombres tuviéramos qué comer.
Mi deber, hijos mfos, como pequeiio sacerdote del calmécac, era visitar los
cerros para hacer ofrendas a los tlaloque. Salia en las noches, en medio de la
oscuridad y el frio, y tomaba el camino de Coyoacan hasta llegar a uno de losaa
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