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Palomita

Este documento presenta tres cuentos populares de Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, el primer arzobispo de Nicaragua. El primer cuento trata sobre la buena y mala suerte de dos compadres, uno rico y uno pobre. El segundo cuenta la historia de un indio llamado Ñor Inacio. Y el tercero narra sobre un abogado que llega a un pueblo y comienza a representar a los aldeanos en pleitos, generalmente en su propio beneficio.
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Palomita

Este documento presenta tres cuentos populares de Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, el primer arzobispo de Nicaragua. El primer cuento trata sobre la buena y mala suerte de dos compadres, uno rico y uno pobre. El segundo cuenta la historia de un indio llamado Ñor Inacio. Y el tercero narra sobre un abogado que llega a un pueblo y comienza a representar a los aldeanos en pleitos, generalmente en su propio beneficio.
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CUENTOS

MONSEÑOR LEZCANO
Y ORTEGA
Monseñor José Antonio Lezcano y Ortega, Primer na/, y en sus famosas boutades que le dieron fama de
Arzobispo de Nicaragua, nació en Granada a la som· gracioso humorista
bra de la Iglesia de San Francisco Se educó e ins-
truyó, tanto en la piedad como en los estudios de hu- Se cuenta que una joven granadina que estaba
manidades, bajo el solícito cuidado de su tío del mismo enamorada de él, dijo con deSDecho cuando supo que
nombre, Canónigo de la S 1 Catedral de León Taño Lezcano se iba oara el Seminarjo "Para qué
sit ve Toño? 11
Pasados muchos años, y siendo ya Ar-
zobispo de Managua, emoeñor/o en la construcción de
Monseñor Lezcano cultivó el buen humor grana- la Catedtal, la aue se crigr.:J "or su esfuerzo, le envió
dino con el buen gusto de su esmerada educación, a esa señorita, entonces ya señora, una tarjeta postal
como puede apreciarse en sus Cuentos Populares que con la fotografía del mojestuoso edificio, con esta
1
publicara en 1942 como contribución al folklore nacio- simple frase al reverso "Para esto sirve Toño'

LA BUENA Y LA MALA SUERTE


El ref1án populm: "Pmo que el pobre gone se Llegado felizmente a la cumb1e del ce1ro, por el
necesita que su suerte se duerma y la del rico se dis~ favor de Dios, llamó a la suerte de su compadre' rico,
traiga" tiene su fundamento en el siguiente cuento: la que se presentó inmediatamente, y era una señora
muy hermosa, lozana y ograciada que al recibir el re-
cado respondió: dígale a ese señor, que aunque él no
Eran dos compadrés, el uno muy rico y el otro quiera le seguiré dando mucho dinero y que sepa, que
muy pobre, que vivían en una poblaci6n cerca de la esos cinco pesos que perdió en "vos" fué porque yo
cual había un cerro llamado de la Suerte porque en su "estaba distraída" cuando remataron el contrato.
cumbre podía evocarse la suerte de cualquiera para co-
municarse con ella; pero para llegár a la cumbre había
que 01 rostro¡ Val ios peligros grdves. Entonces el compadre pobre quiso aprovechar la
ocasión para llamar a su propia suerte y así lo hizo y
ella se present6. Era una vieja feísima, flaca y des-
Un día de tantos el compadre rico l/am6 al com- greñada, que al verla el compadre pobre se tir6 sobre
padre pobre para ofrecede quinientos pesos por subil ella para arrastrarla más por el suelo, pues de suyo
al ceno a decirle o su suerte que yo no le diera más di- ya era una "grande arrastrada". Mas !a vieja no se
nero porque tenía muchísimo; oferta que el compadre dejó y se entabló una fuerte lucha, en la que ella logró
pobre no aceptó porque no le convenía exponerse a la poner deba¡o al pobre compadre q quien ogarr6 del cue-
muerte por tan pequeña cantidad. llo diciéndole: Infeliz, no te soltaré nunc-a y quiero que
sepas, que esos 5 pesos que ganaste fué porque c~an·
Mas al llegar a su casa, en la que su familia su· do cerraron el trato yo "estaba dormida".
f1 ía miselia y se molÍa de hambre, reflexionó: si muero
en camino al ce1ro, o Jo menos dejdré a mi familia los
quinientos pesos para que se alivie un poco; y regresó a Y me metí por un hoyito y me salí por otro para
decir que los aceptaba Pe1o en este punto el com- que me contés otro
padre rico, le dijo: era un capricho mío, ya no le doy
los quinientos, sino doscientos cincuenta Rehusó el pow
bre; más volvió a su casa y reflexionó de nuevo como la Mas ha de advertirse: que el buen cristiano pobre
vez primeta y fué al compadre rico diciéndole que acep- no cree en la buena y mala suerte 1 sino en la Divina
taba los doscientos cincuenta quien le di¡o muy fresco:
1 Providencial en cuyas manos se pone; contento con su
cien le doy y no más Y en estas idas y vueltas, al fi- condición de pobreza, recordando a la sagrada familia
nal quedaron en cinco pesos que acept6 el pobre a de Nazareth: Jesús, MolÍa y José, muy amada de Dios
más no poder. y, no obstante, muy pobre.
62
EL INDIO ÑOR INACIO
Fue a matricularse con un nuevo patrón, qvien le laba de los vocativos, por e¡emplo; Pedró ¿qué estás
preguntó su nombre y el indio le respondió, mi nom- haciendo? lnacló ¿para onde vas?: el indio del cuento
bre está en el Credo; pero como el tal no se llamaba, creía, a puño cerrado, que se [[amaba y nació, como se
ni Jesús, ni María, ni Poncio Pilatos, que son los nom- dice en el Credo
bres propios que están en el Credo, el pat1ón declaró Le llamamos ñor Ignacio, porque el pueblo al pa-
que no atinaba qué nombre fuera trón llama el Señor; al mondador, señor Juan; y al viejo
Mas, el indio insistió: allí está patrón récelo y verá jornalero de la hacienda ñor Cosme¡ o tío Cosme, sin
y el patrón ya _intrigado por la curiosidad, condescendió que medie parentesco de consanguinidad ni de afinidad
en rezarlo; y al llegar a la parte que dice: 11 Y nació de En cuanto o las mujeres; la patrona es la Señora;
Santa María Virgen" el indio lo inte1 rumpió exclamando, la mondadora señora Dolotes; la criada principal seña
allí está patrón, allí está clorita: (nació me llamo yo Teresa, y la andana ya jubilada del vecindario, ña Pe-
trona; y también tía Petrona, sin que sean parientes
Porque el pueblo no dice Ignacio, sino !nació, y co- Y estera un gato canillas de ttapo y con los ojos
mo acostumbra cargar la pronuncioción en la última sí- a\ revés, querés querrerés que te lo cuente otra vez?

UN ABOGADO EN LAS SEGOVIAS


Sin saberse de dónde, llegó a establecerse en un te amparará porque el buey es del abogado, "que el
pueblo de las Segovias un abogado, con muchos libros, pleito que no lo gana lo enreda".
como reclamo de su sabiduría, los que colocó, muy a la -¡Del abogado! ¡Santo Dios, santo Fuerte, santo
vista, en un grande estante en su casa de habitación Inmortal! Y, ¿cómo lo sabés?
Y el tal comenzó a ejercer su profesión de citar leyes, Por el fierro del sapo que el abogado fierra sus
de preferencia la del embudo, o sea, lo ancho para él animales, y le llamamos el sapo porque pintado parece
y lo estrecho para los desgtaciados clientes que caían un sapo, como la cara de su dueño
en sus gw ras¡ por lo que se hizo muy temible a los -Entonces qué me ¿aconseiás?
del pueblo, temor que se aumentaba a medida que el Que vayás a arreglarte con él; pues de lo contrario
tiempo trascurría; y hasta el punto que, cuando alguno te come vivo y no te deia ni el pelle¡o
tenía que pedirle sus servicios, los otros le decían: ama- Así lo hizo el labriego, a quien el abogado recibió
rrate los calzones y rezá con fervor la santa 01 ación con- atentamente creyendo fuera un cliente que le traía plei~
tra los grandes peligros: "Muy fuerte venís, más fuerte to: y cuando oyó el caso dijo a su interlOcutor, con tono
es mi Dios y la Santísima Trinidad me libre de vos". magistral: no temas amigo, que todos estos libros te
defienden, señalándole parte de los que estaban en el
Y ocurrió que en la frondosa milpa de un labriego estante
le hizo daño un buey matrero y rompe portillos, al que
conforme al reglamento de Policía, fué a presentarlo, Pero cuunclo el labriego le repuso; es que debo
junto con la queja, el Alcalde, quien mandó lo amarra- decirle, que el buey es uno de los suyos, el abogado
ran en el bramadero de la plaza, y allí pasó el animal exclamó: ¡mío, mío! infeliz de tí! porque todos estos li-
cuatro días sin comer, al cabo de los cuales lo soltaron, bros te condenan, indicándole los restantes del estante
y más hambriento que antes fué a la milpa del pobre
labriego a causarle mayores daños; y de nuevo fué lle- Visto lo cual el labriego le declaró; que los libros
vado a la Alcaldía que lo condenaban le parecían más gt uesos que los que
lo defendían
Esto se repitió una vez más, y a la cuarta que el -Sí, mucho más gruesos, dijo el abogado: por lo
buey arruinó por completo el maizal, el labriego, ciego que estás perdido sin remedio y tienes que arreglarte
de ira, desfondó con su lanza al animal, que fué a conmigo, dándome tus dos yuntas de bueyes por el
caer muerto sobre el camino público. buey que me matastes
-¡Cómo!, gimió el labriego, ¿cuatro bueyes por
Cuando le pasó la cólera al hechor, éste tímido y un buey?, esto es demasiado
miedoso reflexionó muy triste, acerca de las malas con- -No es demasiado, replicó el abogodo, dar cua-
secuencias de su hecho; y en tal situación lo encontró tro bueyes malos por uno bueno y tan bueno que sólo
un amigo suyo que pasaba por allí, a quien d¡¡o, le faltaba hablar para que pareciera gente
-Señor, di¡o llorando el labriego, usté me deja
-Mirá, hermano, lo que me ha pasado; porque en pelo.
cuando uno está torcido "por persinarse se araña y has~ -No hombre, no te de¡o en pelo, porque te de¡o
ta los perros lo orinan"; y le refirió el caso, añadiendo: la carreta; no seas ingrato conmigo que te guardo tan-
mas creo que la ley me ampc:~ra ta consideración ¡Con qué!, "trato cerrado con llave y
cdlldado"
-Si hombre, di¡o el otro, pero para que te ampa-
re tenés que gastar más reales que lo que vale el buey Y si piensas, caro lector, que esto no es cuento; así
Y tres bueyes más, y lo peor del caso es que la ley no como me lo contaron te lo cuento.
63
UN MEDICO MUY SABIO Y PRESTIGIADO
Lo era el doctor Pedro Recio, con el defecto que por imbécil vas a quedarte comiendo niguas; pues no
mucho se embriagaba; mas con la ventaja, al decir del sabes que esas enfermedades leves, que parecen graves
pueblo, que cuando estaba más picado curaba más me- a los dientes, se curan despacio, porque "Time is mo-
jor. ney" el tiempo es dinero
De él se referían maravillas, como ésta: que pasanM Pero el mayor portento que del doctor de nuestro
do debajo de un balcón en que estaba una señorita cuento se propaló, fué el siguiente: lo llamaron a curar
que tenía el hábito, muy común en \as de su date en a un herido a\ que habían sacado las tripas de una C\J·
los tiempos de este cuento, de echar de la boca toda chillada; el Dr. observó que el caso era difícil, porque
la saliva que ella secretaba, lo escupió en el sombrero si había de bueno que las tripas no estaban picadas
había de malo y g1ave que por estar muy inflamada;
Por lo que muy apenada /e dió excusas con enea~ al contacto del aire en largo tiempo, por presión exte~
recimientos, qUe hicieron que e/ escupido, dándose cuenM rior no se podía reducirlas o su lugar: se necesitaba de
ta del desmán, se quitara el sombrero, viera la saliva una atracción interior, de una como fuerzo de succión
y se pusiera a examinorla detenidamente, palpándola y
1
que las atrajera hacia dentro
oliéndola; después de lo cual dijo a la señorita, no se
apene usted por lo ocurrido, pues yo soy el apenado Observando lo cual, el Dr volvió a su casa en don.
al comp10bar, plenamente, por su saliva, que está us- de se metió una gran navaja en el bolsillo y muchcs
ted amenazada, ahora mismo, de una enfermedad ful- tragos entre pecho y espalda que lo embriagaron por
minante y mortal¡ y así aconteció completo hasta tambalearse.
De regreso a la del herido, pidió a los asistentes
Asimismo, la admirable e inusitada curac1on de que lo dejaran solo con el paciente a quien puso de
una damo linajuda, muy respetable por su alta posi· pies, y haciendo movimientos, no fingidos, de borracho,
ción social, a lo que el Dr Recio curó de unq neuralgia con voz aguardentosa le dijo: vos te vas a morh, sin
crónica, dándole, por sorpresa, un pescozón en la cara 1 remedio, y es mejor que yo te mate para quitarse úe
con lo que quedó buena y sana para siempre penas; y diciendo y haciendo se le fué encima con la
navaja El instinto de conservación dió fuerza al he·
Entre paréntesis, también referlan de{ prestigiado rido para fruncirse lo más que pudo y así evitar el gol·
galeno algunas marrullas suyas, por e¡emplo, que es- pe mortal, y con este frunc:imiento las tripas, sonando
tando enfermo no pudo visitar su clientela a domicilio 1 chucuflús, se metieron en su lugar Obtenido este re ..
de lo que enca<gó a un hijo suyo que era médico, el sultado apetecido y procurado con aquella maña, el doc·
cual, entre los enfermos asistidos por su padre, encon- tor prontamente cogió la piel de la grande boca de la
tró o un extranjero recién llegado al país, un chele yan- herida, la cosió, cataplasmó y faumentó y la cosa fue
ke, que tenía un pie muy inflamado con aparentes sín- viento en popa, con admiración y aplausos de los que
tomas de gangrena por ciertas picazón y punzaditas lo vieron y de los que lo supieron
Mas felizmente el joven médico comprobó que todo de-
pendía de una nigua ya madura, en la plan1a del pie, No se dice en el cuento si el doctor se fué por sus
1

extraída la cual y curado el hoyo pudo anunciar al che- patitos o esperó en la casa del enfermo que pasara
le que todo iría bien Pero al dar cuenta a su padre por delante de él la suya; pues los edificios giraban
de lo ocu11 ido, diciéndole, papá, lo que tenía el yanke vertiginosamente al rededor de su sapientísimo cabeza
era una nigua, el Dt Recio se puso furioso y le dijo: completamente aJmareada.

LE REMACHARON EL CLAVO
El Sr Cura de la parroquia, que en los quehace- -¿Tienes papá y mamá?
res de su cargo, andaba por la ronda del pueblo, se -No, tata padre, no tengo ni tata ni mamo, por·
encontró con un niño como de siete años de edad, acom-
1 que soy guérfano; pero tengo pipe-hermano mayor- y
pañado de un pe1rito al que llamaban diciéndole, tu, tu, mamanoya-mama señora- abuela
Joanchlto; Juanchito, tu, tu. -¿Dónde habitan?
-Largo de aquí, esta calle derecha hasta llegar
Al oír esto el sacerdote pensó así: Jucmchito es el al rastro -matadero de las reses- y de allí se coje
diminutivo familiar de Juaníto, que es el gramatical de para abajo -al occidente- y a poquito está fa casa,
Juan, nombre que llevaron gloriosos santos como el al ladifo de la de fío Pacho- Pascosio ~urimba, el
Bautista y el Evangelista, y más, una serie de XXIV Pon· prioste -sirviente- de nuestro Padre Jesús Nazareno
tífices romanos; de modo que llamm Juanchito a un pe- -¿Quiere usté que yo lo traiga?
rro es g10n desorden social y no menor irreverencia -Sí llévame, que necesito hablar con tu abuela Y
religiosa; más al propio tiempo reflexionó, que nada con tu hermana.
remediaría con hacer advertencias al muchacho, las que Cominando juntos, el niño estimulaba al perrito a
serían eficaces hechas a sus padres, los verdaderos cul- que le siguiera, repitiendo; tu tu, Juanchito, con lo que
pables de tal desorden i~reverente; y al efecto pregun· metía un clavo de pena en el corazón del piadoso so·
tó al niño cerdote
64
llegados a la cas1;1, las indicddas habitantes de loso Ministro de Dios, coh esta remachada del clavo
ella, mostraron mucho regocijo por recibir la visita del que ya tenía metido en su devoto pecho.
Señor Cura.
Moraleja: no se pongan nombres de santos a ~os
-¡Qué dicha la nuestra de tenerlo aquí!; qué ca- animales ni de plantas, ni de regiones; que en tal caso
1

ra tan perdida que casi nunca la vemos y hasta que- es preferible la piadosa costumbre de poner a los ni·
rríoffios mandarle o pedir su retrato¡ le que nos pasa ños, indefectiblemente, el nombre del santo o del mis-
"porque somos pobres y vivimos largo". terio celebrado el día en que nocen; por lo que hay
niñas Jesús, Feliciana y Petrona, y niños Isabel, Asun-
-No, hijas míos, dijo el párroco, deseando mu- ción y Felíc.ito Costumbre tan rigurosa que a uno que
cho visitar a mis feligreses, mis ocupaciones me lo im- nació el 6 de Mayo, fiesta de San Juan Evangelista
piden; para mí los pobres son los preferidos como lo martirizado ante portam latinam, en la puerta latina de
fueron de Jesús N. Señor Roma, le pusieron Ante portán, y así lo llaman actual-
mente con singular complacencia del nominado pues;
-Gracias, señor¡ ya sabe que esta chocita es toda el caso es contemporáneo en el Valle "El Pie del Gi-
suya, y estamos muy contentos de que haya venido a gante", cercano a la capital de Nicaragua; y llamado
verno~ así porque una grande piedra que está en ese lugar
tiene una hendidura superficial en figura de un pie gran-
-Pero yo no lo estoy, insinuó el Cura, porque les de¡ o más bien porque allí se elevan los primeros es-
vengo a poner una queja de este niño a quien oí que tribos de la Sierra de Managua, el gigante revestido
llamaba a ese perrito con el nombre de Jucmchlto; y de cafetales, que en forma de semicirculo va a termia
deben de saber ustedes que . Mas en este punto, cuan- nar en el Xolotlán cerca del pueblo de Mateare
do se disponía el sacerdote a reprender la grave irre-
verencia, la mamanoya lo atajó diciendo: Pero la tal manera enrevesada de poner nombres,
que da por resultado, Jesuses que llevan faldas e lsa-
-¡Ay, señor!, es que mi ñeto es muy desobedien- beles con pantalones, está disimulada por el modo de
te y lo que uno le dice, le entra por una ore(a y le sale usarlos en familia, así: Jesús es la Chú, Feliciano es la
por la otra Chana y Petrona es la Tona; así como, al Isabel le lla-
man Chabelo, al Asunción, Chón y al Felicito, Lichito.
Yo le he regañado muchas veces por eso de llamar
al perro Juanchito, cambiándole el nombre, pues el pe- Enredo de nombres que al pueblo le importa poco
rro se llama "Juan de Dios" según su refrán, "Lo mismo es Chana que Juana", y su
expresión de burla a quien pide lo que no obtendrá,
Fácilmente podrá conieturmse lo que sufriría el ce- ¡Cómo no, Chon!

LA PALOMITA DE LA PATITA DE CERA


Este cuento tiene de ingenioso que siendo de suyo Y el viento respondió, más valiente es la pared que
muy corto se vuelve largo por las repeticiones; del cual me resiste a mí A la pared la palomita le preguntó,
se sirven las niñeras para entretener a los bebés y aún ¿Pared, tan valiente sos que resistís al viento, el
a niños grandecitos, diciéndoles: Estera una palomita a viento que aviento la nube, la nube que tapa el sol, el
la que se le quebró y cayó la patito, que un ángel del sol que calienta la piedra, la piedra que derritió mi
cielo se la puso de cera, y así se fué a sentar sobre una patito?
pieclra recalentada por el sol, !a que derritió la patito; Y la pared respondió, más valiente es el ratón que
por lo que la polomita preguntó a la piedra, ¿Piedra, me hace hoyos a mí Y la palomita buscó al ratón pa-
tan valiente sos que derretis mi patito? ra hacede la correspondiente pregunta¡ el ratón respon-
Y la piedra respondió, más valiente es el sol que dió que era más valiente el gato que se lo comía a él;
me calienta a mi. Entonces la palomitu se fué onde el el gato, que era más valiente el perro que lo hacía ¡uir;
sol para preguntarle, el perro, que era más valiente el hombre que lo some 4

¿Sol, tan valiente sos que calentás la piedra, la pie- tía a su dominio; y el hombre dijo que el más valiente
dra que derritió mi patito? era Dios que dominaba a todas las creaturas del uni~
Y el sol respondió, más valiente es la nube que verso
me tapa a mí Voló la palomita a preguntarle a la Y cuando esto oyó la palomita se fué a buscar a
nube, Dios para alabarlo y bendecido; y Dios que ama a to-
¿Nube, tan valiente sos que tapás el sol, el sol que das sus creaturas, hasta la más chiquita, acarició a la
calienta la piedra, la piedra que derritió mi patito? palomita, y con solo quererlo le puso una patitd nueva
Y la nube dijo, más valiente es el viento que me con husecito, pellejito y uñitas
avienta a mí. Por lo que se fué la palomita a pre- Y, se acabó pón pón, dijo la china; más los chicos
guntarle al viento, pidieron el bis gritando: otla ve, otla ve.
¿Viento, tan valiente sos que aventás la nube, la Pero la china les dijo otra vez, no, porque Nachi-
n~be que tapa el sol, el sol que calienta la piedra, la to -lgnacito- ya se está durmiendo.
piedra que derritió mi patito? -Yo no me durmo, replicó el aludido.
65
Y Panchito -Francisquito-- tiene la culpa de eso -Si yo no sabo cuentos potqué no soy cuentlsto.
porque está bostez)lndo y el bostezo se pasa.
En este punto, siendo de noche, la chiquillería
-Yo no teno la culpa, gimoteó el acusado aquella, ya sin esperanzas de otros cuentos, empezó,
uno a uno, a cerrar los ojitos, a abrir la boquita, a in-
-También Nichito -Dionisito- ponía mala cara dinar la cabecita y se durmieron todos soñando: que el
cuando yo me callaba un momento ángel sólo tuvo poder para ponerle a la palomita la
patito de cera, y que Dios que es todo poderoso se la
-Yo no poní cara mala dijo el niño disculpándo-
1 1 puso nuevecita de huesecit0 pellejito y uñitas; por lo
1

se afligido que cantaron, como \os 'mdios de\ barrio de Monimbó


en Masaya, "Mil gracias te doy, Señor, y alabo tu gran
-Lo me¡or es que Gollito -Gregorito- les cuen- poder, que con el alma en el cuerpo me has dejado
te un cuento muy bonito que él sabe anochecer, y humildemente te' pido me deiés amane-
cer para alabar tu santo nombre y el de Jesús, María y
A lo que el designado repuso, José"

LOS DEL INDIO Y EL CHAPETON


Siendo de advertir, que el pueblo de Nicaragua lla- tamoño de un carnero o chivo como vosotros lo llamáis:
maba chapetón a todo español residente en Hispano En un recodo del camino saltó un venado, y pre-
América y correlativamente, chapetona a la española en guntó el chapetón,
igual condición de residencia -Qué cosa saltó allí?
-Un venado, señor
-Cómo, un venado? Ciervo se llama en Europa
En anécdotas cortas y son más grandes que un caballo
Todas dirigidas a demost10r que el indio era más Y c1sí, sucesivamente, el chapetón aseguraba al in~
vivo que el chapetón al que siempre se lo volaba, o sea, dio que en España los caballos eran como elefantes, los
le tomaba el pelo como se dice en castellano puro elefantes iguales a las ballenas y éstas del tamaño de
un cerro
la.
En esto, se escuchó un ruido estrepitoso y terrorífi~
O álogo co, y el chapetón inquirió la causa pregunlando al in·
dio:
El indio tenía la cabeza rapada y el chapetón le -Qué ruido es ese ta11 espantoso?
preguntó, Pelón, de dónde eres? -Es la chorrera del río de "Las Verdades", llama-
-De la cabeza, señor; como mi perro es chingo do así porque a todo mentiroso que lo pasa sin haber-
de la cola, mí macho sonto de la ore¡a, y mi vaca ren .. se desmentido lo arrastra furiosamente y se oga sin
ca de la pata remedio
-Cómo te llamas? -Y no hay modo de evitar el paso?
-Yo no me llamo, a mi llaman Ventura, Buena- -El único es echarnos atrás.
ventuta Mas como al chapetón le urgía ir adelante se
~Este camino para dónde va?
1

apresuró a llenar la condición salvadora, y di¡o al indio,


-El camino no va ni viene, es el caminante el quiero que sepas, que en España, mi tierra, las palo-
que va y viene sobre el camino mas son como las de aquí Jos conejos iguales al que
-Hay muchos pescados en ese río? pasó por el camino, lo mismo los venados, caballos,
Hoy muchos pe\es, señor, que todovla nadle tos elefantes y ballenas y no hay animal del tamaño de
ha pescado un cerro

2a. -¡Qué lástima!, di¡o el indio, que se hayan vuel-


El río de las verdades to chiquirritos esos cmimales de Dios-, pues ya tenía
ganas de irme pallá para volverme del tamaño de la
Ve el chapetón una ave y le pregunta al indio, gigantona que baila en la fiesta de la Purísima
-Qué ave es esa?
-Una paloma, señor 3a.
-¡Paloma, y tan chica! En España son del tama- El indio docto, que fué doctor
ño de un pavo, o chompipe como decís vosotros
Pasó un animalito delante de ellos, y el chapetón Y fué el caso, que un indio, de pUla raza, muy ta·
preguntó: lentoso y que había logrado estudiar todo lo que era
-Qué animal cruzó allí? necesario para graduarse de doctor en l"ilosoiía y De·
-Un coneio, señor recho Canónico, pidió examen y le fué Concedido; pero
-iConeio! No puede ser, los de mi tierra son del como entre los examinadores estaba un chapetón, de
66
raza pura, éste se propuso en su fuero interno, no apro~ ción general y dijo en voz alta y tono dolorido: en ver-
bar al indio aunque fuera más sabio que Salomón dad os digo, que no acierto a distinguir si esta calavera
El examen que dió el indio fué lucidísimo, pero es de indio o de español
al llegar a la votación secreta, mientras cuatro exami-
nadores, que eran criollos echaron en la urna la A de 6a.
plata, de voto de aprobación, el chapetón, firme en su Repartiéndose con la cuchara grande
mal propósito, echó la R de reprobación.
Mas cuando el presidente del tribunal examinador
anunció el resultado diciendo: aprobado con cuátro A y Durante muchos años, hasta sig!os, en el tiempo
una R, el indio dijo, estoy satisfecho, porque ya encon- colonial, los indios de América Española, en considera-
tré lo que aquí vine a buscar¡ pues yo tengo condenda ción a la debilidad de la constitución física de la raza,
de que soy docto y con esa R soy doctor. gozaban el privilegio, obtenido de la Santa Sede por
los Reyes de España, de comer carne muchos días en
4a. los que tenían que guardar rigurosa abstinencia los
que no eran indios Y un día de esos, invitado el doc-
Libros sin doctor tor indio a una comida a la que asistiría también el
doctor chapetón, se proveyó de una gallina muy bien
El doctor chapetón tiene tin ia al indio doctor, que condimentada, que oculta llevó al convite
siendo pobre carecía de recursos para comprar libros, Mientras todos comían de viernes el indio doctor
por lo que siempre que lo encontraba le decía burlán- sacó la consabida gallina y se puso a engullirla sabo-
dolo; A Dios! doctor sin libros De lo que el indio tomó reándola sabrosamente, por lo que se le hacía agua la
el desquite yéndose a poner delante de los anaqueles boca al doctor chapetón, obligado por el precepto canó-
de la flamante biblioteca del chapetón para saludar nico a comer mariscos, verduras, legumbres, huevos, y
con mucha cortesía los libros en ella colocados, dicién~ lacticinios, con lo que perdió la paciencia, de lo que
doles, A Dios! libros sin doctor no abundaba como buen chapetón, y dijo en tono se-
vero, como escandalizado: hoy nadie puede comer car-
Sa. ne, de animal de pelo o pluma, porque es día de absti·
Un cráneo incógnito nencia
A lo que el doctor indio repuso, (el que está a las
En cierta ocasión, que ambos doctores, el indio y duras que esté también a lps maduras); si soy iridio
el chapetón, y grande concurrencia visitaban el cemen- para las privaciones, debo serlo también en los Privile-
terio, el dOctor indio tomó en sus manos una calavera gios
que pbr allí encontró y se puso a examinada con dete- Y siguió comiéndose la gallina hasta darle fin, con
nimiento y muy ceremoniosamente para llamar la aten- tranquila concienCia y en gracia de Dios

TIO GRILLO EL SAJURIN


Estera un Rey que pe1dió su anillo, que valja mu- quien, aunque desconfiando de la sobidu1ía del Tío
cho; que se lo habían robado tres criados que estaban Grillo al ver su facha, hubo de aceptarlo en las dichas
o su servicio, lOs cuólss lO ocultaron haCiendo lo traga- condiciones, por oquello de (trato es trato).
ra un peje grande de los que estaban en el estanque
del jardín en el palacio real Alojado en el palado real pasó Tío Grillo el pri·
rner día y muy a su gusto porque lo trataban il cuerpo
El Rey convocó a todos los sajurines del reino pa· de Rey; pero en la noche después de la última opípera
ra que adivinaran el paradero de la preciosa sorti¡a, comida, dijo en tono reflexivo refiriéndose a los tres
dándoles un plazo de tres días que los pasarían alo- días últimos de su vida: ya vi el primero me faltan dos;
jados en el palacio, tratados a cuerpo de rey en cuan· lo que oido por uno de los criados ladrones que le ser·
te <1 ta ccm\do, beb\do y ~cclo; pelo s\ no od\\linobon vía a \a mesa, fue presuroso y o-f\\g\dc o con~6rse\o o
les cortaría la cabeza sin misericordia sus cómplices, y convinieron en que uno en pos del otro
servirían al sajurín, de quien comenzaron a temer que
En tales condiciones, ningún sajurín se presentó al iba a adivinar con acierto
llamado por el temor de morir en la demanda; pero un
viejecito de la ciudad, que no era sajurín, y quien por Al final del segundo día Tío Glillo dijo, ya vi do•
ser muy contrahecho lo apodaban Tio Grillo al saber la me falta uno, es decir, un solo día me resta de vida;
propuesta del Rey pensó así: A mí me conviene pasar mas el segundo de los ladrones lo entendió como dicho
tres días deliciosos en el palacio real, cual nunca en mi con referencia a él
vida los he pasado, pues siempre he vivido' miserable·
~ente, y aunque después me corten la cabeza, no me Al tercer ladrón, Tío Grillo exclamó, despidiéndose
hmporta morir, pues muerto de hambre estoy y desde de esta videt mortal: ya vi los tres; oyendo lo cual el
ace mucho tiempo. criado se arrodilló a sus pies diciéndole: nosotros fui·
mas, pero no nos denuncie, por amor de Dios; declarán-
Y dicho y hecho, se presentó como sajurín al Rey, dole, al propio tiempo, en dónde estaba el anillo.
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Lo que a la mañana del cuarto dfa Tfo Grillo fué caminaba en el suelo de su oficina y apretándolo en el
a decfrselo al Rey, y el anillo fue encontrado dentro puño de la mano derecha, preguntó al sajurln ¿que
del pez del estanque. tengo aquí en la mano? El interrogado guardó silen.
cio por algunos morrlentos y en Su aflicción, como ha-
Pero como el Rey se le hada dificil cree1 que Tfo blando consigo mismo dijo: ¡Ay Tfo Grillo, en que
Glil\o fuera ve1dadero saiurín, lo sometió a otra prue- aprieto te hallas!
ba que consistió en enterrar en el jardfn del palacio un
rabo de una chancha que hablan destazado aquel dfa Palabras que el Rey, que no sabía lo del apodo
en la cocina real, y cubierto el entierro con flores, el Rey del Tío, tomó como la 1espuesta exacta de la pregunta
dijo a Tío Glillo: ¿qué hay enterrado pquí? y el Tfo que había hecho Y cólmó de honores y premios lar.
muy perplejo y angustiado exclamó: "áquf sf, que tor· garnente a Tío Grillo; quien para no exponer a otras
ció la chancha el rabo", que es refrán que se aplica pruebas su improvisada sabiduría, huyó del lugar a otro
cuando habiéndose acertado ot10s veces, se yena en desconocido y lejano
una El Rey entusiasmado afiunó: efectivamente, es JO·
bo de chancha lo que allí está enterrado Siendo este cuento la prueba de que cuando algu.
no está de buena suerte todo le resulta bueno y acerta·
Mas, no pOl ó aquí la desconfianza del Rey, que do por la bondad de Dios; y al contrario, cuando está
quiso somete¡ al Tío a una última prueba de sorpresa/ de mala suerte, todo le sale al revés, por la maldad del
y al efecto, cogiendo disimuladamente un grillo que diablo que mete su cola.

DON POLICARPO
EL DE LA BUENA CONCIENCIA,
Eran aquellos tiempos en que se reclutaba la gen- misión que decía: "Envío esos diez voluntarios, supli-
te para acuw telarla y echarla a la Pelea sin más ejer- Cando se devuelvan !os mecate$ con que van amarra-
cicio, como se decía entonces, o entrenamiento, como se dos".
dice ah01a, que: "wmas al hombro, de frente, marchen"
con el aprovisionamiento de lq chamarra, el salveque Y el de Don Po\icarpo, que ha dado título Cl este
con totopostes y la cantimplor~ para el agua. cuénto, y que es como sigue:

las cuales redutas como se hacían, exceptuando so- Era el tal señor un cincuentón, bastardó de una
lamente las mujeres, ancianos decrépitos/ niños, ciegos, familia principal, medio idiotCI y tonto entero; que ha.
cotos de ambos br.azos y chancletudos de la primera da· biendo nacido cuando se conmemoraba la noche oque·
se de ellas se originaban casos muy peregrinos, como \la en la que canldron los ángeles en el portal Belén,
los siguientes: "Gloria a Dios en las alturas y paz en lit tierra a los
hornb1es de buena vo\ur'ltdd", e1CJ, pó1 lo tanto, más
pacífico que el rey Salomón, y con la monomanía de
De un, jovenzuelo, que al divisar el cuartel en que asegurar, "que él leía en su !;?uena contienda como e!1
iban a ence1 rc.n fa, se puso a llorar a moco tendido, pql un libro abierto, todo lo que le convénía saber, creer
lo que el cabo de la escolta que lo conduela lo puso en y obra•"
libe1tad diciéndole, lo que el agraciado no le importó
ni mucho, ni poco: andate de aquí, grandísimo marica,
a que te quiten los pantalones y te pongan naguCs Mas ocurrió que en una teclata de las m6s fuer-
tes, de aquellas sin respetar pelo color, ni tamaño, y
De una madre amorosa, que al ver a su hijo reclu- p01que Don Po\icarpo, siendo chancletudo lo era solo
tado y amarrado codo con codo; clamó al santo de su ele segunda clase, se lo llevaron en la colada y con tan
mayor devoción p1ometiéndole un milagrito de plata fi~ medo suerte que de un tirón, sin tocar tierra fué condu·
gurando un muñequíto amarrado del mismo modo, si ciclo al propio lugar del fuego, combate o pelea
al verlo el jefe lo veía 1iernito y, efectivamente, e! jefe
Jo vió tan tiernito que dijo a sus soldados suelten, ese A donde él llegó más muerto que vivo, pe1o, a la
muchacho, y no sean sinvergüenzas agarrando niños que vez, con mucha ganas de vivir y no mo1 ir
todavía tienen la leche en los labios
Por lo que lleno de espanto ante la escena de
De un recluta que durante todo el combate no en· muertos, moribundos y heridos consultó su buena con·
centró el hoyo por donde meterle el tiro al fusil; y de ciencia la que le dictó, con todo claridad, eStas salvo-
otro, que en igual cil cunstancicl, amparado tras de un doras: c:orrete, corretc y cuanto mC:,s pronto mejor
árbof tiraba hacía arriba para no hacer daño o sus pró-
jimos, ni recibirlos de ellos Lo que bon Policarpo hizo. sin perder tiempo; ti·
rondo el fusil y cuanto sobre sí tenía; e internándose
El del alcalde de un pueblo que envió a la cabe- en el monte se alejó cuanto más pudo da aquel lugar de
cera departamental-,, diez reclutas con una carta de re- horrores, y de todo camino público.
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Pasó la guerra, vino la paz y se acabó todo, y co- refitió lo que había sucedido, que fué así: Me llevaron
mo Don Policarpo no apareciera por porte alguna, y a la fuerza, sin quererlo yo, contra rni voluntad y al 11~­
aunque no se encontró su cadáver, lo pusieron en la gar ol lugar del fuego, que ya estaba prendido noté
lista de los héroes muertos en el combate con mucha extrañeza, que los del otro lado tirabdn ba-
las sobre nosotros sin ningún reparo, lo que me causó
Mas cuatido ya nadie pensaba en él, se presentó mucho miedo y de acuerdo con mi buena conciencia
a su familia como el más derrotado del mundo, cu- dispuse huir a toda carrera; y con el firme propósito de
bierto su escuálido cuerpo de andrajos mungrientos y no yolver a esos fuegos, ni pintados en tiesto. Este
de tiras de cuero sus adoloridos pies Y cuando fué cuerlto aunque se llame cuento no es cuento, porque lo
declarado, "que ew dé esta \/ida y no de la otra", él cuentan testigos de vis,ta y de oído, fehacientes.

UNAS PRETENDIENTES A MATRIMONIO, CHASQUEADAS


En este cuento, que es de caso1 io, se invierten . los. Leonor de esta manero:
papeles ejecutados a la moderna y no a la antig'Ua;
apareciendo como pretendientes las que debían ser pre- Verdad es que anio á Teresa?,
tendidas y como pretendido el que debía ser preten- no; a Leonor cuya agudeza
diente compite con consigo ufana;
Siendo las pretendientes hes muchachas, hermanas no aspira mi amor a Juana,
entre sí: Teresa, Leonor y Juana, de muy buenas dotes que no, es poca su belleza
físicas, morales y pecuniarias; pero que adolecían de la Juana, por su parte, la encontró toda favorable
enfermedad aquella, que José Milla, literato centro- para ella, así:
americano, en uno de sus donairosos escritos 1 atribuía
a unas sus protagonistas, no muchachas, diciendo de Verdc.td es que amo a Teresa?
ellas: "que rabiaban por casarse ya empernidas" no; a Leonor cuya agudeza
Siendo el pretendido, al que pod1á llamarse Perico compite consigo ufana?
el de los Palotes, un excelente partido matt imonial po1 no; aspira mi amor a Juana
sus cualidades' buena estampa, porte gallardo y ele- ¡que no es poca su belleza!
gante, educado en el extranjero, y de quien se decía
que si se embriagaba de cuando en vez, estaba pro- Pero de nada sirvieron las favorables interpretacio-
bado, plenamente, q'-'e tenía buen guaro. Además su nes individuales de aquella declaración colectiva, pot-
mano ero muy apetecible por ser mano con grandes ca- que el de los Palotes no volvió a asomar la natiz ni
chos, es decir, hijo y heredero de su padre, propietario pot los contornos¡ no estando dispuesto a ser cónyuge,
de una hacienda de ganado vacuno grande y muy esto es: uncido al mismo yugo vitalicio, con un preten-
productiva diente rabiosa por casarse Quizás más tarde, con una
Y no e1 a tonto el señor don Pe1 ico 1 puesto que lo- por él pretendida y con modetados deseos de recibir el
graba pasat sus buenos ratos divirtiéndose de las con- séptimo sacramento
sabidas muchochas, a las que cort~jab9 con tal maña
que ninguna de ellas podía asegurar que eta fa pf~feJi~ ~-Acerca de lo cual teflexionando, se ha de tener
da y electa · · pOl bueno el proceder antiguo al respecto; aun inc\u~
Hasta que un día de tantos se les declaró formi- yendo el caso, al presente inconcebible, que fuera el
dablemente enviando a cada cual una esquela, escrita padre quien elegía al esposo de la hiia, sin que ésto
sin puntuación, y en estos términos: intetviniera en la mínimo: pero conservando ella su
puesto de pretendida, y el otro el pretendiente; que es
Verdad es que amo a Teresa lo decoroso y putSsto en razón
no a Leonor cuya agudeza También por buena, la costumbre de los indios; de
compite consigo ufana insinuarse, el p1etendiente, llevando a la puerta de su
no aspira mi amor a Juana pretendida un manojo de leña, que introducido al lan-
que no es poca su belleza cho era señal de triunfo y de¡ado afuera, de completa
derrota
Mas he aquí que como los deseos fingen realida-
des, especialmente si son amorosos, cado una de las Asimismo la det campesino chontaleño, trayendo
destinatarias se creyó favorecida por la flamante decla- una alforja repleta de cuajadas secas y una cecina gor-
ración/ puntuado la esquela conforme a su gusto y con~ da tendida sobre el anca de la cabalgadura, como re-
veniencia galo "pora los perritos y gatitos de la casa" a los pa-
dres de la pretendida; y haciéndose simpático a ésta al
Teresa la leyó así: lograr que su brioso caballo, en repetidas cabriolas, tire
sobre los presentes y sobre la piedra que ella muele el
Verdad es que amo a Teresa, maíz nisquesodo para las tortillas, el barro que el ani-
no a Leonor cuya agudeza mal t1ae pegado o los cascos
compite consigo ufana; Todo esto es bueno y mucho mejor, que ese tras-
no aspira mi amor a Juana, t¡ueque lamentable, de los tiempos modernos, de pre-
qué no, es poca su belleza. tendientes pretendidos y de pretendidas pretendientes.
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