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La Liturgia de Las Horas

Este documento describe tres celebraciones principales de la Liturgia de las Horas: Laudes, Vísperas y Completas. Laudes es la oración de la mañana y conmemora la resurrección de Cristo. Vísperas es la oración de la tarde y da gracias por los dones recibidos a lo largo del día. Completas es la oración antes de dormir e incluye un examen de conciencia. Todas tres celebraciones incluyen salmos, himnos y oraciones para santificar diferentes momentos del día.

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La Liturgia de Las Horas

Este documento describe tres celebraciones principales de la Liturgia de las Horas: Laudes, Vísperas y Completas. Laudes es la oración de la mañana y conmemora la resurrección de Cristo. Vísperas es la oración de la tarde y da gracias por los dones recibidos a lo largo del día. Completas es la oración antes de dormir e incluye un examen de conciencia. Todas tres celebraciones incluyen salmos, himnos y oraciones para santificar diferentes momentos del día.

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La liturgia de las horas: Laudes, Vísperas y Completas

De entre las celebraciones del Oficio Divino destacan especialmente dos: los Laudes,
oración de la mañana, y las Vísperas, oración del atardecer. Estas dos celebraciones son
como el "quicio" sobre el que gira toda la Liturgia de las Horas. Estas dos son las "horas"
principales. Hay además, una celebración pequeña y humilde: la oración antes del descanso
nocturno: las Completas.
Laudes, que significa “alabanzas”. Es, con las vísperas, una de las horas principales.
Consiste de un himno, dos salmos, un cántico del Antiguo o del Nuevo Testamento, una
lectura corta de la Biblia, el Benedictus (catico a Zacarías), responsorios, intercesiones, el
Padrenuestro y una oración conclusiva.
"Al despertar me saciaré de tu semblante", los Laudes, oración de la mañana
Laudes y Vísperas, en lo que se refiere a la estructura de la celebración, son muy similares.
Ambas comienzan con un verso introductorio –"Dios mío, ven en mi auxilio", su respuesta
correspondiente, el "Gloria al Padre" y su respuesta–. Se hace entonces un himno, que de
forma poética y también ‘popular’, nos introduce en la celebración, tal y como ocurre en la
misa con el canto de entrada.
Los salmos en Laudes son tres (antífonas). En Laudes tiene mucha importancia el
simbolismo de la mañana: la luz que nace. Los Laudes están orientados a la santificación de
la mañana, consagrando el día que empieza a Cristo. La Ordenación General de la
Liturgia de las Horas, que es el gran documento que la Iglesia nos ofrece como explicación
y regulación del Oficio Divino, cita a este respecto un hermosísimo texto de San
Basilio: «Al comenzar el día oramos para que los primeros impulsos de la mente y del
corazón sean para Dios, y no nos preocupemos de cosa alguna antes de habernos llenado
de gozo con el pensamiento en Dios, según está escrito: "Me acordé del Señor y me llené
de gozo" (Sal 76, 4), ni empleemos nuestro cuerpo en el trabajo antes de poner por obra lo
que fue dicho: "por la mañana escucharás mi voz, por la mañana te expongo mi causa, me
acerco y te miro" (Sal. 5, 4-5)».
Esa luz que nace en la mañana es cantada siempre por el primer salmo de Laudes. Allí
encontraremos alguna alusión a la aurora, a la luz, a la mañana… Nosotros, al rezar Laudes,
aplicamos esa realidad material y la entendemos como un simbolismo de la resurrección de
Cristo. Laudes, así, se convierte, cada mañana, en una memoria de la resurrección del
Señor, como lo es el domingo en el contexto de la semana.
El segundo salmo no está tomado del libro de los Salmos, sino que es uno de los numerosos
cánticos que encontramos en el Antiguo Testamento: piezas en forma de salmo dispersas
por los otros libros sagrados, que se insertan aquí en Laudes para ayudarnos en la oración.
El tercer salmo, por otra parte, es siempre un salmo de alabanza, porque esa es la actitud
justa al comienzo del día: alabanza y agradecimiento a Dios, que nos ha concedido este día
para que podamos alabarle y bendecirle con nuestras obras.
Junto con los salmos, los Laudes nos ofrecen una brevísima proclamación de la Palabra:
apenas unos versículos, aunque nada se opone a que se haga una proclamación más extensa,
sobre todo en la celebración comunitaria.
Acabada esa proclamación se hace un cántico: el Benedictus. Es un cántico tomado del
Evangelio –en este caso de San Lucas–, y por eso se hace de pie y haciendo al principio de
su proclamación la señal de la cruz. Los cánticos evangélicos son solamente tres –
Benedictus, Magnificat y Nunc dimittis, y por eso y por su importancia la Liturgia de las
Horas les ha dejado un lugar privilegiado en Laudes, Vísperas y Completas. El Benedictus,
cántico de Zacarías, padre de Juan Bautista, canta la venida del Mesías, como bendición de
Dios, "sol que nace de lo alto", por lo que su proclamación en Laudes refuerza el sentido
matutino simbólico de la oración.
Las preces servirán para consagrar a Dios el día que comienza y el trabajo que vamos a
realizar en él. El Padrenuestro y la oración conclusiva cerrarán una oración que, sencilla en
su estructura, es enormemente densa y ciertamente provechosa para quien la reza.
“Suba mi oración como ofrenda de la tarde", las Vísperas, oración del atardecer”
Las Vísperas constituyen la oración de la tarde, o, más propiamente, del atardecer, cuando
ya declina el día. La celebración vespertina del Oficio Divino tiene un sentido ante todo de
acción de gracias a Dios. Si los Laudes suponían una ofrenda a Dios del día que comenzaba
y trabajo que íbamos a realizar en él, las Vísperas se elevan a Dios en acción de gracias por
todos los dones que el Señor nos ha concedido a lo largo del día, sabiendo que lo que
hemos podido realizar lo hemos hecho con su ayuda.
En Laudes, además, el simbolismo de la luz matutina nos ayudaba a expresar la
resurrección del Señor, fundamento de la vida nueva que estamos llamados a vivir a lo
largo de toda la jornada. Las Vísperas, por su parte, hacen memoria de la Redención: el
sacrificio de Cristo en la cruz ha supuesto para nosotros el perdón de los pecados y la
participación en la misma viva de Dios, que nos ha hecho hijos en el Hijo. Esta memoria de
la redención se hace en las Vísperas mediante la oración.
En el Antiguo Testamento la oración de la tarde tiene mucha importancia. El judío piadoso,
como nos recuerdan los salmos, se une a la oración del Templo de Jerusalén, para que su
oración suba a Dios como ese incienso que allí se ofrece: "el alzar de mis manos suba a ti
como el incienso de la tarde".
Este simbolismo de la oración de la tarde lo vemos cumplido, como hemos dicho, en la
ofrenda de Cristo en la cruz, donde Él alzó las manos por la salvación del mundo, como fue
anunciado por Jesús a sus discípulos la tarde anterior, cuando instituyó la Eucaristía como
memorial de su sacrificio.
La Iglesia ha orado desde el principio en acción de gracias por la tarde. Tanto es así que el
himno más antiguo que conservamos, datable en el siglo I de nuestra era, es un canto
vespertino, que, al introducir en la asamblea la luz, necesaria para desarrollar la
celebración, se da cuenta de que esa luz simboliza a Cristo mismo, y a Él canta con gozo,
dándole gracias: "Oh luz gozosa de la santa gloria del Padre celeste inmortal, santo y feliz
Jesucristo. Al llegar el ocaso del sol, contemplando la luz de la tarde, cantamos al Padre y
al Hijo y al Espíritu de Dios. Tú eres digno de ser alabado siempre por santas voces. Hijo
de Dios, que nos diste la vida, el mundo entero te glorificará". A todos nos suena la letra,
porque lo hemos cantado muchas veces con la música que le puso el músico francés Lucien
Deiss.
Respecto a la estructura de la celebración, es muy similar a Laudes, con la salvedad de que
lo que en Laudes está tomado del Antiguo Testamento en Vísperas está tomado del Nuevo,
como queriendo expresar el cumplimiento del designio amoroso de Dios en Jesucristo.
Los dos primeros salmos son apropiados para esa acción de gracias que es lo fundamental
en Vísperas. Puede ser también un salmo dividido en dos. El cántico ocupa el tercer lugar
en la salmodia, y está tomado de las cartas del Nuevo Testamento. El cántico evangélico es
el Magnificat, donde la Virgen María expresa esa acción gracias por la obra de Dios.
Vísperas es una oración especialmente adecuada para su celebración comunitaria con
participación del pueblo. En muchas parroquias ya se hace, por ejemplo en los jueves o los
domingos, y es una práctica que se ha de fomentar y extender, para ir haciendo de la
Liturgia de las Horas, verdaderamente, oración del Pueblo de Dios.
"Protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz",
Completas
Antes del descanso nocturno se rezan las Completas. Es, por tanto, la última oración del
día. Su estructura es muy simple: se abren con el versículo "Dios mío, en mi auxilio". Antes
de rezar el himno se hace el examen de conciencia. Se trata de examinar, a la luz de la fe, el
día que ha transcurrido, pidiendo perdón a Dios especialmente por lo que el pecado no nos
ha dejado hacer.
En el rezo individual, el examen de conciencia se hace en un momento más o menos
prolongado de silencio. Cuando las Completas de rezan comunitariamente se utiliza uno de
los formularios del acto penitencial de la Misa, es decir: o bien el "Yo confieso", o la
letanía "Señor, ten misericordia de nosotros…" o las aclamaciones a Cristo: "Señor, ten
piedad", introducidas por breves frases, llamadas "tropos". En cualquier caso, no debe faltar
un tiempo de silencio oportuno que nos permita entrar en un diálogo con Dios, examinando
nuestra conciencia a la luz de su Palabra.
Acabado el examen de conciencia se hace el himno. Como en las demás celebraciones,
después del himno viene la salmodia. En Completas se reza un único salmo –o dos muy
breves, en el caso de los miércoles y de los sábados.
Las Completas tienen un ciclo semanal: cada semana se repiten los mismos salmos. Hay
salmos para cada día de la semana, incluyendo las primeras Vísperas del domingo –en la
noche del sábado al domingo– y las segundas Vísperas. En el caso de las solemnidades se
rezan también esos mismos salmos, porque las solemnidades tienen, como el caso del
domingo, primeras y segundas Vísperas, es decir, comienzan en la tarde del día anterior.
¿Qué salmos se han elegido para la Completas? Fundamentalmente salmos que hablan de la
confianza en el Señor, especialmente en medio de las dificultades, de las tinieblas. Al día
siguiente, con el alba, la oración de Laudes cantará, como recordaremos, la alabanza de la
luz que rompe esas tinieblas. Pero ahora, en medio de la noche, antes del descanso
nocturno, siendo las tinieblas un poderoso signo de todo lo que nos aparta de Dios, rezamos
confiados y pedimos al Señor que permanezca junto a nosotros.
Las Completas son una oración que muchos recitan de memoria. En este caso se puede
utilizar siempre la salmodia del domingo.
Después del salmo –o de los dos breves salmos– viene una lectura brevísima, un
responsorio que es siempre el mismo –"A tus manos, Señor encomiendo mi espíritu. Tú, el
Dios leal, me librarás"–, que redunda en el tema del abandono confiado en Dios, y el
cántico evangélico, que en el caso de las completas es el cántico del anciano Simeón, que
reza a Dios cuando ha podido tener en sus manos al Niño Jesús, colmando así el anhelo de
toda su vida. Es el cántico del Nunc dimittis: "Ahora, Señor, según tu promesa…".
Las Completas concluyen con la oración final y con la bendición: "El Señor todopoderoso
nos conceda una noche tranquila y una muerte santa", que se hace incluso aunque se reciten
las Completas individualmente.
La última oración del día se vuelve hacia la Virgen María, recitándose una de las cuatro
antífonas marianas que propone el Oficio de Completas, concluyendo así, con la intercesión
de María, un día que, ayudados por la oración, ha podido transcurrir en la presencia del
Señor.

Santo rosario
Viene del latín rosarium (o rosarius), lo que significa un jardín de rosas o un campo de
rosas.
El Rosario se inicia con la señal de la Cruz, posterior a ello se realiza el acto de contrición.
Posteriormente se anuncian cada uno de los cinco misterios que se contemplan ese día.,
finalizando con las letanías de la virgen

Los lunes y sábados se contemplan los misterios gozosos; los martes y viernes, los
dolorosos; los jueves, los luminosos; y los miércoles y domingos, los gloriosos.

Cada misterio se compone de un Padrenuestro, diez Avemarías y un Gloria. Cuando se han


rezado los cinco misterios, se rezan las letanías de la Virgen, oraciones de alabanza a
nuestra Madre.

Según las tradiciones de distintos lugares, a esta estructura básica para rezar el Rosario se
añaden algunas jaculatorias y oraciones que expresan la riqueza de la piedad popular.
La Palabra de Dios, viva y enérgica, posee en sí misma la fuerza de interpelar a sus
oyentes, suscitando una respuesta fiel y generosa. Por medio de la Palabra, Jesucristo
llama a la conversión, a la fe y a la comunión con Él en su vida y misión; y constituye la
comunidad de discípulos. La Palabra de Dios revela el sentido profundo de las cosas y de
la historia, orienta el discernimiento y motiva las opciones diarias de la vida.
En el campo de la pastoral vocacional, la lectura vocacional de la Biblia, la meditación y la
contemplación de la Palabra y su traducción en experiencia de vida (=lectio divina),
constituyen el terreno en el que florece y se desarrolla la auténtica pastoral vocacional. Esa
lectura vocacional de la Palabra de Dios tiene tres pasos:
1º. Descubrir lo que el texto dice en sí mismo.
2º. Descubrir lo que el texto dice a cada persona.
3º. Descubrir lo que el texto inspira a cada uno como respuesta a Dios.
La lectura de la vida a la luz de la Palabra de Dios, acción altamente espiritual y no sólo
psicológica, lleva a reconocer la presencia de Dios en ella; y, en el interior de este misterio,
permite descubrir poco a poco la semilla de la vocación que el mismo Padre Dios-
Sembrador ha depositado en los surcos de la vida.
1. Preparación.
 Disponer el cuerpo y el espíritu. Postura y compostura. Cesar en la ocupación o en
la acción en que se estaba. Buscar el sitio. Pedir ayuda a Dios.
 Con el corazón limpio y con humildad, invoco al Espíritu Santo; pido que se haga
presente con sus dones (entendimiento, sabiduría, consejo...).
2. LECTIO. Lectura.
Lectura reposada, sin prisas. Atenta al contexto, a las referencias, a los textos paralelos.
Lectura repetida, intentando comprender todos los matices de lo que se va leyendo.
Buscando captar el significado.
• Acaricio con la vista todas las palabras. Poso la mirada con amor en cada una de las
frases. Me detengo en cada rincón del texto. Leo. Releo. Subrayo o escribo una palabra.
• Sugerencia 1ª: preguntas elementales al leer: ¿qué dice el texto? ¿Quiénes son los
protagonistas? ¿Qué hacen? ¿Quién habla? ¿A quién habla? ¿Qué hecho o expresión parece
fundamental?
• Sugerencia 2ª: técnicas elementales que se pueden utilizar
-memorizar el texto; guardarlo en el corazón, en todo o en parte;
- escribir el texto; con mimo, como los copistas o miniaturistas;
- comparar distintas versiones (con alguna otra Biblia);
- leer no sólo con la mente, sino con los labios: en alto, bajito, susurrando, proclamando...
3. MEDITATIO. Meditación.
A la lectura atenta sigue la meditación reposada. Las palabras leídas se guardan ahora
en el corazón para que sean iluminadas por el Espíritu. Para llegar a conectar ahora con el
mensaje central o global de la Palabra. Con el núcleo del mensaje bíblico.
• Recojo las palabras o hechos que más me han llamado la atención: ¿qué significan para
mí? ¿Por qué me impactan?
• Interiorizo o rumio estas palabras o hechos; desde la mente pasan al corazón y toman
asiento en él: ¿qué siento yo? ¿Cómo me siento yo?
• Veo mi vida y la vida, mi historia y la historia, a la luz de esa Palabra: ¿qué me sugiere?
¿Qué ilumina? ¿Qué reclama de mí?
4. ORATIO. Oración.
De la meditación brota la oración. De la acogida, el diálogo como respuesta al Señor que
ha hablado
• He meditado el texto. Ahora el texto que se me ha dado lo hago oración. Y toma cuerpo:
pido perdón, o suplico e intercedo, o alabo y doy gracias, o me ofrezco y entrego...
5. CONTEMPLATIO. Contemplación.
La oración desemboca en la contemplación. La atención y la mirada pasa ahora de la
Palabra leída, meditada y orada a Aquel que me habla.
• Dejo de discurrir con la cabeza. Dejo de hablar con el corazón. Doy espacio al Espíritu
para que en mí adore, alabe y glorifique... Pongo toda mi vida abierta a la Palabra. Me
inunda. Me empapa. Enmudezco o canto. Me postro o danzo. Adoro. Lloro. Me asombro.
Ahí voy siendo revestido de Jesús, configurado con El; voy siendo hecho criatura nueva...
6. DISCRETIO. Discernimiento.
Este paso se va dando a lo largo de todo el proceso de lectura, escucha, meditación,
contemplación. Discernimiento. Elegir según Cristo, como Cristo. Concretar la voluntad de
Dios.
• Ahora recojo, como luz y fuerza, aquello que he visto con más claridad y en qué dirección
me empuja. Como respuesta a lo que Dios quiere de mí, aquí y ahora; a lo que el Espíritu, a
través de esta Palabra, pide hoy de mí, en la situación concreta que vivo.
LECTIO DIVINA VOCACIONAL

ORACIÓN DE PREPARACIÓN (Puede ser un canto al Espíritu Santo).


1. LECTURA: Mc 6, 7-13
Llamó a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus
inmundos. Les ordenó que nada tomasen para el camino, a excepción de un bastón: ni pan,
ni alforja, ni calderilla en la faja; y que fueran calzados con sandalias y no vistieran dos
túnicas. Les dijo además: “Cuando entren en una casa, quédense en ella hasta marchar de
allí. Si en algún lugar la gente no os acoge ni os escucha, márchense de allí y sacudan el
polvo de la planta de sus pies como testimonio contra ellos.” Ellos, yéndose de allí, iban
predicando a la gente la conversión. Expulsaban a muchos demonios y curaban a muchos
enfermos ungiéndolos con aceite.
2. MEDITACIÓN
Si leemos los versículos anteriores de Marcos, con cierta atención, nos daremos cuenta de
que el plan de Jesús no fue del todo aceptado en su patria (Nazaret), es rechazado y su
misión fracasó. A partir de ahora y, teniendo como experiencia que su misión anterior no
tuvo éxito, concibe la idea de ampliar y reforzar su actividad utilizando la colaboración de
los Doce. Su envío se lleva a cabo por parejas, no van solos, a partir de ahora van a ir
acompañados.
Esta estrategia de ir acompañados responde a la praxis de la misión cristiana y debe
conferir a la palabra proclamada el peso de dos testigos, puesto que, según la ley, serían
testigos válidos del mensaje al ser al menos dos. Del mismo modo, este envío por parejas
encierra la intencionalidad de la ayuda recíproca en la actividad (Joachim Gnilka, 1999).
La estrategia de ir de dos en dos alude a un toque comunitario que Jesús quiere dar a su
misión, sobretodo, para compartir la comunión fraternal entre ellos, para el mutuo socorro
ante las dificultades, para recibir aliento el uno del otro cuando haya alguna dificultad, para
sentirse protegidos y acompañados. Ahora se convierten en verdaderos profetas
anunciadores del reino. Por otro lado, bajo una nueva propuesta de Jesús, la indigencia de
sus misioneros aparece en su luz verdadera; se ha comparado la pobreza del discípulo con
la renuncia a la propiedad hecha por el predicador itinerante cínico, cuyo equipaje sobrio se
debía componer de vara, talega y una sola capa. Sin embargo, la renuncia a los bienes
materiales por los discípulos de Jesús tiene que verse en conexión con el mensaje que
deben proclamar y con aquel que les envía.
Llevar una vida sobria invita a ponerse completamente en manos de Dios, a entregarse en
él; esto es lo que Jesús quiere para sus discípulos, que ellos aprendan a confiar en la
providencia divina. Los apóstoles no pueden llevar consigo alimentos ni dinero para el
viaje, ni el lujo de un segundo vestido, ni siquiera la alforja con las provisiones para el
camino. Sólo les es permitido el bastón y unas sandalias, propias para las marchas duras.
Esto no ha de ser solamente la sencillez apostólica, ni la suma de la austeridad, sino que
quiere decir, más bien, que los Doce hacen el camino con la tranquilidad de su confianza en
Dios, debiéndose confiar a la hospitalidad de aquellos a los que precisamente llegan.
Hay unas condiciones referidas a su comportamiento en la casa que son
extraordinariamente moderadas. Marcos subraya que el misionero que ha sido recibido
amistosamente en una casa no debe cambiar de residencia. La recepción en la casa
presupone, que sus moradores han recibido el mensaje del misionero, la casa se convierte
en el lugar de encuentro, en pequeña iglesia que reúne y congrega a aquellos que se dejan
interpelar por el mensaje del reino. Asimismo, se describe la actividad de los Doce en una
especie de resumen. Ellos proclaman la conversión al igual que Jesús (1,15) y expulsan
demonios siguiendo su ejemplo.
La exigencia de la conversión está en conexión íntima con la predicación del Reino de
Dios. Sólo en este lugar de los evangelios se habla de unciones practicadas en los enfermos
y que conducen a su curación. El aceite fue considerado en el judaísmo y el helenismo
como medio preferido para las heridas y la curación. Pero su mención en este lugar implica
algo más, el aceite quiere ser un símbolo del poder sobre las enfermedades, transmitido a
los apóstoles. Los discípulos deben servirse del aceite, ya que el aceite es signo de la ayuda
concedida por Dios, destinada al cuerpo enfermo. La ayuda concedida por Dios en las
curaciones de enfermos y en los exorcismos demuestra la irrupción de la soberanía de Dios
(Alfred Wikenhauser, 1967).
3. ORACIÓN
Somos llamados a ser profetas del Reino de Dios Señor, haznos dóciles a tu voz,
comprometidos en nuestra misión. Que sepamos contar con la ayuda de los demás, porque
en esta tarea nos llamas a vivir en comunidad. Somos profetas de tu Reino y nos invitas a
extender tu mensaje de amor por todas partes.
Necesitamos de ti para que esta actividad no sea solo nuestra, sino tuya. Que
comuniquemos la verdad y solo la verdad, pues ella nos lleva hacia la felicidad plena. Que
otros hermanos y compañeros nuestros también se sientan llamados, puesto que la tarea es
grande y no nos damos abasto para poder concluirla. Que nuestro carisma, como don y
regalo divino, siga siendo ungüento, mensaje de transformación y de cambio en un mundo
insensible y egoísta. Amén
4. CONTEMPLACIÓN
Jesús, en su propia tierra es descalificado, no encuentra respuestas sinceras a su plan
misionero sino rechazos y contradicciones. Probablemente a Jesús esta situación le haya
molestado. Sin embargo, no desistió, sino que decide cambiar de estrategia y lo
complementa con la ayuda de Doce llamados.
a) Cuando nosotros fracasamos en algo, ¿pedimos ayuda a los demás para superar
nuestras crisis o, por el contrario, nos hundimos y caminamos sin sentido por la vida?
b) ¿Afrontamos nuestros problemas con alegría, considerándolos como un reto más y
no como un fracaso, confiando en Dios y en uno mismo?
c) Como agustinos recoletos consideramos que nuestras alegrías y fracasos se viven
desde la comunidad ¿Por qué crees que es importante el ir acompañados a la misión?
¿Buscamos el apoyo en el hermano como lo hizo Jesús en sus discípulos?
d) ¿Vamos ligeros de equipaje porque confiamos más en la providencia divina que en
nuestros medios materiales?
e) ¿Te estás alimentando con el pan eucarístico como medio principal para el largo
camino que te toca recorrer? ¿o solo te importa el pan material?
f) ¿Te conformas con lo que Dios te da?
g) ¿Cómo acoges a los llegan a tu casa?
h) ¿Unges a los demás con el bálsamo de tu vida y sencillez?
i) ¿Eres profeta del Reino o por el contrario te escondes y te da miedo predicar la
Palabra de Dios?
5. COMPROMISO
Lo vivido desde Jesús y su mensaje siempre es cambio de vida, metanoia. No tenemos que
dejarnos arrastrar ni por las dificultades ni por nuestra pereza apática, siempre existe la
posibilidad de dar el cambio para transformar nuestra vida y nuestra sociedad si lo hacemos
desde Dios. Jesús nos abre un mundo de posibilidades si nos dejamos ayudar por los demás,
es por ello que te invito a comprometerte poniendo tu confianza plena en él, con la certeza
que encontrarás el verdadero camino que conduce a la felicidad. Como cristianos estamos
invitados y comprometidos a vivir con sobriedad y no hacer alarde de nuestras
pertenencias; comprometidos desde la humildad de corazón y preocupado por los más
pobres, manteniendo nuestro espíritu apegado a los bienes divinos más que a los materiales.
Que nuestras obras sean un claro ejemplo de nuestro desprendimiento material.
Nuestra condición de bautizados nos compromete a anunciar la buena nueva de Jesús, a
profesar nuestra fe como profetas enviados a anunciar el mensaje de salvación, con la
verdad; comprometidos a comunicar el amor de Cristo por diferentes esferas, sobre todo en
los espacios donde nos movemos constantemente: familia, amigos, colegio, universidad…
Nos sentimos con ese coraje para comunicar el mensaje de Cristo o ¿qué nos falta aún?
ORACIÓN FINAL
Padre celestial, tú que nos moldeas en el vientre de nuestra madre y nos creas con un papel
concreto en la construcción de tu Reino: concédenos la gracia para descubrir el camino que
has establecido para nosotros, el camino en el que usemos los dones que nos has dado para
tu mayor gloria. Despierta en nuestros corazones el deseo de seguir tu voluntad y de
responder con generosidad y valentía al reconocer que tú nos conoces mejor que nosotros
mismos. Que los jóvenes de nuestra comunidad abran sus corazones a tu voluntad y
encuentren en nuestras familias y parroquias un lugar donde reciban apoyo y ánimo sin
importar la vocación que persigan… Amén LECTIO DIVINA VOCACIONAL

ORACIÓN DE PREPARACIÓN (Puede ser un canto al Espíritu Santo).


TEXTO BÍBLICO
La llamada de los primeros discípulos (Jn 1,35-42)
LECTIO ¿Qué dice el texto?
El testimonio que dio con convencimiento Juan el Bautista sobre Jesús como el Mesías, al
comienzo de su manifestación al pueblo de Israel (1, 19-34), desencadena que algunos de
sus discípulos, ahora vayan detrás de Jesús. Aquellos dos discípulos inquietos comienzan el
descubrimiento del acontecimiento de Jesús de Nazaret, entrando en contacto personal con
él y confesando que él es el Hijo de Dios. En estos pocos versículos, estamos ante un doble
relato de vocación con tres elementos que se repiten en cada uno: un testigo cualificado que
da testimonio de su fe en Jesús, el Bautista ante sus discípulos (v. 36) y Andrés ante Simón
(v. 41). Viene luego el encuentro en el que el futuro discípulo tiene una experiencia
personal de Jesús y la novedad de Dios en él (vv. 39 y 42); y, finalmente, el recién llamado
pronuncia su propia confesión de fe (v. 41).
En primer lugar, tenemos al Bautista como al mediador cualificado entre quien busca
respuestas definitivas y la respuesta fascinante del Mesías. Jesús se adentra en el mundo y
en la historia como un hombre cualquiera, acudiendo a escuchar el Bautista, confundido
entre la gente. Pero hay quienes tienen la agudeza de espíritu para reconocerlo, identificarlo
e indicarlo como el Cristo, tal y como lo hizo el Bautista: “Este es el Cordero de Dios” (v.
35). En el texto bíblico no se indican el lugar donde transcurre la escena, ni de dónde viene
y a dónde va Jesús, y ni siquiera por qué pasa por allí; para el evangelista Juan es ya el
tiempo de la Iglesia; Cristo se pasea por nuestro mundo y nuestra humanidad ¿quién le
reconoce? ¿Y quién lo señala con el enviado del Padre?
Las palabras del Bautista inquietan a dos de sus discípulos, y éstos se ponen en marcha
detrás del Mesías. La palabra seguimiento significa hacerse discípulo, ir tras el maestro…
Pero, por qué lo siguen realmente; no lo saben, tendrán que descubrirlo entrando en
contacto con él. Y Jesús es trasparente, vuelve su mirada amorosa y penetrante y les
pregunta: ¿qué buscan? Los discípulos están invitados a responder con libertad,
principalmente aclarándose a sí mismos qué es lo que en verdad buscan en la vida. En esta
pregunta se indica el proceso de conversión que tiene que actuarse en las motivaciones más
profundas del corazón humano. Cada discípulo tiene que aclarar el sentido último de su
camino interior y sentir la necesidad fundamental de ponerse delante del Señor, ante quien
compromete toda su vida.
La respuesta de los discípulos es con otra pregunta: “Maestro, ¿dónde vives?” Es decir,
dónde te podemos conocer, hacer experiencia de ti. En definitiva, quieren acudir a la
escuela del Maestro para aprender personalmente de él un estilo de vida que dé sentido a su
vivir. Y la respuesta de Jesús no se hace esperar: “Vengan y vean”, es decir, dense la
oportunidad de tratar y dialogar y estar conmigo. El venir a Jesús y el ver dónde vive para
quedarse con él, son expresiones que contienen la invitación a tener una experiencia directa
y personal con él, describen el itinerario de fe que tiene que recorrer el discípulo de Jesús
de todos los tiempos. Por último, los discípulos siguen ahora a Jesús no por indicación de
otro, sino porque han quedado fascinados con su experiencia personal del Maestro, el Hijo
de Dios, el rey de Israel. A partir de ese momento se convierten, a su vez, en testigos de un
encuentro que les cambio la vida.
MEDITATIO ¿Qué me dice texto?
Quien se acerca a este relato se siente sorprendido desde el principio por el misterio de la
persona de Jesús y su gran humanidad, que colma y satisface las aspiraciones
fundamentales del corazón humano. Por lo cual, la primera actitud de quien lee este texto
del evangelio es la de buscar quién es Jesús en la propia vida y de reconocerlo en el
testimonio de quienes se hacen llamar sus discípulos.
Es importante caer en la cuenta que Jesús, como cualquier otro hombre, puede ser conocido
por el trato y la relación que otros discípulos establecen con él. Penetrar en el misterio de
Cristo conlleva observar el mundo que nos rodea y descubrir la manera en la que él mismo
nos está hablando, sobre todo a través de los demás. Jesús, quien viene del Padre y habita
en el Padre, nos llama personalmente a cada uno, como lo hizo con sus primeros discípulos.
Él pasa por la historia concreta de la vida de cada ser humano. Y lo hace, sobretodo, a partir
del testimonio de quienes lo reconocen, lo confiesan y lo anuncian.
Para tu meditación te pueden ayudar las siguientes preguntas:
¿Quién ha sido en mi vida “Juan el Bautista” o “Andrés”?
¿Con qué personaje del texto te identificas más, con Andrés, con Pedro, con Juan el
Bautista…?
Sé valiente para escuchar la pregunta que Jesús dirige a los discípulos de todos los
tiempos: ¿qué buscas?
¿Cuál es el sentido y el horizonte de tu vida?
Pregúntate en qué etapa del itinerario en el seguimiento de Cristo te encuentras:
¿En el momento de la escucha del testimonio de “algún” Bautista?
¿En la etapa de ir detrás del Maestro para encontrar respuestas?
¿En el momento de aceptar la invitación de ir con él y pasar tiempo juntos?
¿En la etapa de una experiencia directa e íntima con Jesús?
¿En el momento de la misión, es decir, de anunciador a Cristo a otros con el testimonio
de la propia vida?
ORATIO ¿Qué le digo al Señor? (formulación de una oración, dialogo cercano con Dios).

CONTEMPLATIO ¿A qué me invita el Señor?


Señor, cuando estoy contigo, cara a cara, a solas, te siento presente en lo profundo de mi
corazón y experimento tu presencia cálida. Cierro los ojos y siento tu mirada…, y ya está,
eso me basta, pues percibir, en la fe, tu presencia cercana hace que mi corazón vuelva a latir
con fuerza, con emoción.
Tú me amas, Señor, lo percibo sin lugar a dudas en mi corazón. ¿Qué sería de mí sin ti? He
sido cuidado por ti misericordiosamente. ¿Por qué?, Dios mío, ¿por qué? No sé por qué...
Simplemente, gracias por quererme tanto. Hoy vuelve a resonar en mí aquella pregunta, a la
orilla del lago de mi vida, con esa mirada tuya, penetrante y llena de ternura: ¿qué buscas?
Y, una vez más, mi respuesta es: ¿dónde vives? ¿Dónde puedo encontrarte? Tu respuesta,
Señor: “ven y verás”.
HORA SANTA VOCACIONAL
LA ÚLTIMA CENA.

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