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Conflictos socioambientales en Argentina

Este documento analiza los movimientos socioambientales en Argentina que se oponen al actual modelo de explotación de recursos naturales. Resume las entrevistas realizadas a tres organizaciones involucradas en la protección de humedales, la oposición a la minería a cielo abierto y la defensa de pueblos afectados por fumigaciones. Concluye que estos movimientos ofrecen alternativas al modelo actual y tienen el potencial de construir formas más sustentables de relacionarse con la naturaleza.

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Conflictos socioambientales en Argentina

Este documento analiza los movimientos socioambientales en Argentina que se oponen al actual modelo de explotación de recursos naturales. Resume las entrevistas realizadas a tres organizaciones involucradas en la protección de humedales, la oposición a la minería a cielo abierto y la defensa de pueblos afectados por fumigaciones. Concluye que estos movimientos ofrecen alternativas al modelo actual y tienen el potencial de construir formas más sustentables de relacionarse con la naturaleza.

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Conflictos socioambientales en Argentina: una propuesta de


diálogo entre experiencias de resistencia al actual modelo de
apropiación y transformación de la naturaleza

La sociedad, en su conjunto, tiene que saber por qué se está luchando.


(Foro Regional en Defensa del Río de la Plata, la Salud y el Medio Ambiente, 2021)
Si tenemos tanta vibra en común, no estamos para nada equivocados
y vemos que este es el camino.
(No a la Mina, 2021)

El movimiento socioambiental está creciendo, ha crecido un montón en los últimos años


y creo que ha sido fruto de esa lucha unificada
(Ecos de Saladillo, 2021)

Inés Maraggi12
Lorena Coppiarolo13

Resumen

El presente trabajo pretende ser un aporte y visibilizar a los movimientos socioambientales,


constituidos como espacios de conocimiento y experiencias donde emergen respuestas a la
actual crisis ambiental. Surge como iniciativa de un conversatorio14 realizado en marzo de
2021, en el cual participaron tres organizaciones vinculadas a la degradación de humedales,
la explotación minera a cielo abierto y los pueblos fumigados.

Para alcanzar este objetivo, se articularon fuentes de información primarias y secundarias. Se


comenzó con un breve relevamiento bibliográfico que da cuenta de la complementariedad
para el análisis de los conflictos socioambientales de los conceptos geográficos,
particularmente territorio y territorialidades, redes y escalas, y el abordaje que desde la
Ecología Política se realiza de los conflictos ambientales en términos de distribución
ecológica. En segundo lugar, se analizaron las entrevistas realizadas en el marco del

12 LINTA-CIC / CIG - IdIHCS (CONICET-UNLP) - nequimaraggi@[Link]

13 CIG- IdIHCS- CONICET-UNLP - lcoppiarolo@[Link]

14 Tantoel conversatorio como el presente trabajo se realizaron en el marco del proyecto de investigación “Conflictos socio-
ambientales en Argentina: una construcción desde la intersección entre la Geografía Crítica y la Ecología Política
Latinoamericana” con sede en el CIG - IdIHCS (CONICET - UNLP).

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conversatorio haciendo hincapié en el surgimiento, trayectorias, integrantes, principales


reivindicaciones, demandas, estrategias de acción, entre otras dimensiones constitutivas de
los movimientos.

Por último, se reflexionó en el reconocimiento del potencial transformador de las resistencias


de los movimientos socioambientales en la construcción de alternativas al actual modelo de
apropiación y transformación de la naturaleza.

Palabras claves:

Conflictos socioambientales, Movimientos socioambientales, Resistencias y Alternativas.

Abstract:

The present work intends to be a contribution and make visible the socio-environmental
movements, constituted as spaces of knowledge and experiences where responses to the
current environmental crisis emerge. It arises as an initiative of a discussion held in March
2021, in which three organizations linked to the degradation of wetlands, open-pit mining and
fumigated towns participated.

To achieve this objective, primary and secondary sources of information were articulated. It
began with a brief bibliographic survey that accounts for the complementarity for the analysis
of socio-environmental conflicts of geographic concepts, particularly territory and territorialities,
networks and scales, and the approach that Political Ecology makes of environmental conflicts
in terms ecological distribution. Second, the interviews conducted within the framework of the
conversation were analyzed, emphasizing the emergence, trajectories, members, main
factors, demands, action strategies, among other constitutive dimensions of the movements.

Finally, reflection was made on the recognition of the transforming potential of the resistance
of socio-environmental movements in the construction of alternatives to the current model of
appropriation and transformation of nature.

Keywords:

Socio-environmental conflicts, socio-environmental movements, resistance and alternatives.

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1. Puntos de partida en la construcción de alternativas

En el último tiempo ha adquirido mayor notoriedad la idea de una crisis ambiental que avanza
a ritmos cada vez más acelerados. Se trata de una crisis que tiene sus manifestaciones tanto
a escala local como global, y que se vincula a la destrucción de elementos y funciones
ecosistémicas, pero también a los aspectos simbólicos y al sentido mismo de la vida (Wagner,
2014). Ante esto, se postula la crisis ambiental como una crisis civilizatoria.

Esta crisis ambiental se expresa como una crisis del conocimiento, porque “es resultado de
las formas de conocimiento a través de las cuales la humanidad ha construido el mundo y lo
ha destruido por su pretensión de universalidad, generalidad y totalidad; por su objetivación y
cosificación del mundo. La crisis ambiental no es una crisis ecológica generada por una
historia natural” (Leff, 2006, p.2). En este sentido, esta crisis viene a cuestionar y visibilizar los
límites de la ciencia moderna, de su pensamiento único, racionalidad económica y eficiencia
tecnológica, que bajo una lógica de mercado asigna a los bienes de la naturaleza valores
monetarios para que puedan ser intercambiados (Leff, 2003; 2006).

La racionalidad económica de los actores que llevan adelante las actividades extractivas, es
contestada por otras racionalidades, vinculadas en mayor medida a los sentires y pensares
de la población local. Se trata de diferentes lenguajes de valoración, en palabras de Martínez
Alier (2006), de los cuales algunos se expresan en el marco de un sistema de valoración
crematístico de la naturaleza, mientras otros, con énfasis en las dimensiones simbólicas y
culturales, parten de un sistema de valoración no anclado en lógicas monetarias.

A partir de estas confrontaciones entre grupos sociales por sus proyectos, sentidos y fines
asociados a los bienes comunes, Acselrad (2004) sostiene que la cuestión ambiental es
intrínsecamente conflictiva. Para este autor, los conflictos socioambientales involucran a
grupos sociales con diferentes modos de apropiación, uso y significación del territorio; y se
originan cuando las prácticas de un grupo amenazan la continuidad de las formas sociales de
apropiación del medio de otro grupo. En este sentido, Toledo López (2011) expresa que “la
problemática ambiental no implica per se la concurrencia de un conflicto” (2011:158), porque
en los conflictos, además de verse afectados los elementos y funciones de la naturaleza por
las actividades humanas, se manifiesta una dinámica de oposición entre dos o más grupos
sociales.

Se propone abordar los conflictos socioambientales en términos ecológicos distributivos,


donde la distribución ecológica da cuenta de “las asimetrías o desigualdades sociales,
espaciales y temporales en el uso que hacen los humanos de los recursos y servicios
ambientales, comercializados o no, por ejemplo, la degradación de recursos naturales
(incluyendo la pérdida de biodiversidad), o las cargas de contaminación” (Martínez Alier,

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1997:44). En esta misma línea, Leff (2006) considera que la distribución ecológica “se refiere
a la repartición desigual de los costos y potenciales ecológicos, de esas externalidades
económicas que son inconmensurables con los valores del mercado, pero que se asumen
como nuevos costos a ser internalizados por la vía de los instrumentos económicos, de
normas ecológicas o de los movimientos sociales que surgen y se multiplican en respuesta al
deterioro del ambiente y la reapropiación de la naturaleza” (2006:23).

La atención sobre los conflictos, permite trazar un vínculo con la construcción del territorio.
Para Mançano Fernandes (2005), la transformación de un espacio en territorio se da por
medio de la conflictualidad, definiendo el territorio como aquel espacio que es apropiado por
una determinada relación social que lo produce y controla, y que define mediante relaciones
de poder sus posibilidades de acceso y usos. Para Haesbaert (2011), ese control del espacio
se da mediante procesos de apropiación y dominación, siendo el territorio “fruto de la
interacción entre las relaciones sociales y el control del o por el espacio, el cual implica
relaciones de poder en sentido amplio, al mismo tiempo de manera más concreta (dominación)
y más simbólica (un tipo de apropiación)” (2011:194).

Estas relaciones de poder se hacen presentes también en los conflictos socioambientales


entre los grupos sociales con intereses contrapuestos y poderes claramente asimétricos. Aún
reconociendo estas asimetrías de poder, los conflictos socioambientales se dirimen en cada
lugar, de allí el potencial transformador en las resistencias de los movimientos
socioambientales (Pohl Schnake y Coppiarolo, 2019).

Los posicionamientos contestatarios de la racionalidad económica, se expresan bajo


diferentes formatos organizativos colectivos, en los cuales participan actores provenientes de
distintos ámbitos que manifiestan una preocupación en común frente a la degradación de su
espacio de vida. El surgimiento de estos movimientos se vincula con la necesidad de compartir
información, debatir y reflexionar sobre la problemática específica que los afecta, tendiendo a
emerger como “movimientos del no” (“NO” a la megaminería, “NO” a las fumigaciones). A
medida que avanzan en su constitución, se amplían los horizontes de cuestionamiento y se
empieza a discutir el por qué y para qué de los emprendimientos extractivos (Composto,
2012). Así, las resistencias locales comienzan a conectarse a diferentes escalas, articulando
con redes nacionales e internacionales, otras organizaciones y el ámbito académico científico.

2. Hacia un diálogo de saberes

De acuerdo con Leff (2006), el diálogo de saberes invita a repensar la realidad y construir un
saber ambiental que guíe una reconstrucción y reapropiación del mundo y de la naturaleza a
partir de una racionalidad alternativa a la ciencia moderna. Para este autor, “ello plantea la
revalorización de un conjunto de saberes sin pretensión de cientificidad. Frente a la voluntad

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de resolver la crisis ecológica mediante el "control racional del ambiente", el saber ambiental
cuestiona la "irracionalidad" de la razón científica” (Leff, 2006:3). Porto Gonçalves (2015)
sostiene que desde la academia podemos contribuir a deconstruir la visión hegemónica de
donde se produce conocimiento. Para ello, “hay que escuchar, escuchar significa acercarse,
aproximarse y al mismo tiempo dejar hablar” (...) “cuanto más uno escuche esas voces, más
va a tener elementos para esa crítica” (2015:260).

En este sentido, el Conversatorio constituyó un espacio para que otras voces puedan ser
escuchadas. En él participaron representantes de Ecos de Saladillo; del Foro Regional en
Defensa del Río de la Plata, la Salud y el Medio Ambiente; y de la Asamblea No a la Mina. El
mismo se estructuró en torno a 3 ejes: 1- Conformación del movimiento 2- Participación en
redes y articulación con otros actores sociales. 3- Elementos y obstáculos en la construcción
de alternativas al modelo dominante.

A continuación, se desarrolla el primer eje en el cual se hizo hincapié en el origen, forma de


organización, demandas y las principales estrategias que desarrollan.

2.1 Ecos de Saladillo

La organización tiene como antecedente un programa de radio llamado “Recursos Naturales”,


el cual fue llevado a cabo por vecinas y vecinos de Saladillo, con el objetivo de informar a la
población sobre temas ambientales que no estaban siendo contemplados por los medios de
comunicación existentes, “veíamos que estaban ocurriendo cosas y no aparecían en los
medios y mucho menos aparecían razones por las cuales esto ocurriera”. A partir de esa
experiencia, surgió la necesidad de articularse como grupo y conformaron en el año 2004
Ecos de Saladillo, con el fin de concientizar a la población sobre las problemáticas ambientales
y su vinculación con las condiciones y modelos de vida.

La dinámica de trabajo es en redes, de forma colectiva y asamblearia, “se hacen reuniones


semanales, hay referentes, pero no hay nadie que presida, es todo muy asambleario”. En
cuanto al origen de los reclamos, acompañan los temas que vecinas y vecinos plantean,
“nosotros no es que instalamos un tema, sino que es la sociedad la que lo instala y nosotros
acompañamos y aprendemos junto con la sociedad (...) Eso fue lo que ocurrió, por ejemplo,
con el tema de las fumigaciones cuando habían llegado hasta el borde mismo de la ciudad
causando muchísimos problemas”.

Desde ese entonces, han organizado marchas, encuentros, talleres, intervenciones callejeras,
proyectos de ordenanzas sobre feedlot y agrotóxicos, así como la promoción de la
agroecología y el planeamiento urbano. De manera complementaria, participan en Cátedras
abiertas que dictan en el Instituto de Formación Docente Nº16 de Saladillo y forman parte del
Encuentro de Pueblos Fumigados de la Provincia de Buenos Aires.

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2.2 Foro Regional en Defensa del Río de la Plata, la Salud y el Medio Ambiente

Surgió en abril del año 2000 a partir de la preocupación de vecinos y vecinas, organizaciones
sociales y culturales de los distritos de Berazategui, Quilmes y Avellaneda, para sostener el
trabajo de quienes desde hacía algunos años venían luchando para detener la contaminación
del Río de la Plata. La inquietud inicial giraba en torno a esta problemática, pero luego se
extendió y comenzó a abarcar otras preocupaciones de índole ambiental, como la defensa de
los espacios verdes, la instalación de subestaciones eléctricas en las ciudades y la disposición
de los residuos sólidos urbanos.

En cuanto a su dinámica de trabajo, “el foro es una organización horizontal, participativa (...)
nos manejamos con coordinadores que somos los que tomamos con nuestras manos
determinados temas e intentamos abordar la problemática ambiental en distintos aspectos.
Algunos, inevitablemente, somos más visibles con la prensa, pero en un sentido de
horizontalidad en cuanto a la responsabilidad”. Asimismo, “es un grupo que no responde a
ningún partido político, pero no es apolítico (...) no puede haber una lucha ambiental que se
desarrolle fuera de los marcos de una lucha sociopolítica”.

Han realizado charlas en escuelas, sociedades de fomento e instituciones culturales. De la


misma forma que han participado en actos académicos, han convocado a debates sobre
distintas problemáticas, y se han manifestado en las calles, con el objetivo de informar y
concientizar a la población.

Al igual que Ecos de Saladillo, acompañan los reclamos que la mayoría de las veces surgen
de vecinos y vecinas, “nosotros acompañamos las demandas, no somos generadores de esa
lucha reivindicativa, sino que tratamos de contribuir a la lucha (...) En muy contadas veces
fuimos nosotros los generadores del reclamo (...) Ayudamos, transmitimos experiencias
acumuladas, ayudamos a recorrer y saber qué puertas golpear, a vincularse con profesionales
que les puedan dar una mano”. Estas demandas están dirigidas principalmente a los
gobiernos en sus distintos niveles, “nuestras demandas juntos con los vecinos del lugar, o a
veces nuestras demandas solos, están dirigidas a los gobiernos que tienen la responsabilidad
de esa problemática puntualmente, sea al gobierno local, el gobierno provincial o el gobierno
nacional cuando son temas nacionales”.

2.3 Asamblea de vecinos autoconvocados por el No a la Mina

La asamblea surgió en respuesta a la avanzada de la empresa Meridian Gold con el proyecto


Cordón Esquel en la provincia de Chubut. En ese contexto, se realizaron las primeras
asambleas vecinales, se juntaron firmas y se convocó a la primera gran movilización en
diciembre del 2002, donde miles de personas salieron a la calle para manifestar su oposición
a la explotación minera a cielo abierto. Al año siguiente, el 23 de marzo de 2003, se llevó a

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cabo un plebiscito popular y se logró el “No a la mina” con el apoyo del 81% de la población.
Ese mismo año se sancionó la Ley Provincial 5001/03 que prohibió la actividad minera
metalífera a cielo abierto y la utilización de cianuro en la provincia.

Años después, en 2012, la Legislatura provincial intentó tratar la zonificación, dar marcha atrás
a lo sancionado y habilitar la actividad minera a cielo abierto. Atento a ello, la población local
nuevamente comenzó a manifestarse, “desde ahí, la movilización no ha parado de crecer en
toda la provincia, el foco de movilización ya no es solo Esquel, sino que pasó a la provincia
completa”.

No a la Mina se conforma como una organización horizontal, “no tenemos coordinadores, pero
sí tenemos referentes en las asambleas, gente de todos los partidos políticos, de todas las
edades, de todas las trayectorias culturales (...) cruza transversalmente a los partidos políticos
y a la sociedad, tiene esta lógica asamblearia que la mantiene desde sus orígenes”.

En cuanto a las estrategias del movimiento, “la principal estrategia que ha sido más eficaz a
lo largo de estos 18 años de lucha tiene que ver con la difusión y creación de contenido, de
conocimiento, de socialización del mismo”. Asimismo, los días 4 de cada mes realizan
diversas manifestaciones en defensa de la vida, el agua y las actividades productivas locales.
De manera complementaria, dejan margen de lucha a la espontaneidad, “si hay un rumor de
la aprobación de algún proyecto o de alguna reunión de la Comisión de Recursos Naturales,
inmediatamente hay asamblea, se da de manera espontánea, esto se ha mantenido durante
el tiempo”. Así ocurrió en los últimos meses del año 2020 cuando el gobernador de la provincia
presentó el Plan Productivo de la Meseta de Chubut con el objetivo de definir zonas donde se
podría llevar adelante la megaminería. A pesar de la movilización popular, el proyecto de Ley
de Zonificación fue finalmente aprobado un año después, en el mes de diciembre de 2021.

3- Participación en redes y articulación con otros actores

El segundo eje del Conversatorio se estructuró en torno a las siguientes preguntas:


¿Participan en redes? ¿Articulan con el Estado, ONGs, otros movimientos o la población
local? ¿Consideran que existe un diálogo de saberes, es decir, un reconocimiento e
intercambio de saberes más allá del conocimiento científico?

3.1 Conformación de redes como una práctica espacial de resistencia:

Las luchas en defensa de los bienes comunes de la naturaleza contribuyeron a forjar una
conciencia socioambiental que rompió las barreras de lo local y comenzó a proyectarse en el
terreno político regional e incluso nacional. Lemas como “en defensa de la vida”, “en defensa
de la madre tierra”, son levantados y reivindicados por movimientos sociales nacionales e
internacionales. “La maduración política de estas resistencias aparece también reflejada en la
gravitación de distintas organizaciones y movimientos sociales latinoamericanos en la
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gestación y fortalecimiento de experiencias de solidaridad regional que contribuyeron a su vez


al fortalecimiento de procesos de convergencia internacional en defensa de la madre tierra”
(Taddei, 2013:230). En este sentido, Tetreault, Ochoa García y Hernández González (2012)
sostienen que las organizaciones “constituyen movimientos socioambientales de raíz local
que se articulan a redes nacionales e internacionales, para dar a conocer su lucha, facilitar el
intercambio de ideas y experiencias, formular demandas colectivas y proveer apoyo mutuo y
solidario” (2012:13). La construcción de redes, como una práctica espacial insurgente (Lopes
de Souza, 2013), permite integrar distintas experiencias de resistencia y contribuye a alcanzar
sinergias en la visibilidad pública, logística y ayuda entre organizaciones.

Estas redes se construyen tanto hacia el interior como hacia afuera y entre movimientos.
Desde el No a la Mina sostienen que “el trabajo en redes en lo que respecta al movimiento en
contra de la megaminería en Chubut y en el país si se quiere, ha hecho que las luchas se
fortalezcan, y que realmente se pueda compartir experiencias. (...) Antes había pocas
asambleas, las ciudades más grandes quizás tenían asamblea. Hoy en día 40 comunidades
tienen asamblea en Chubut, realmente es un mérito muy grande. Comunidades chiquitas, que
vos decías tienen 300 o 400 habitantes, tienen asamblea y tienen una capacidad de
organización muy grande, eso está muy bueno y eso es algo que quería rescatar. Así que ese
mecanismo de redes internamente está muy bien trabajado, hay mucho vínculo directo, hay
una comunicación muy aceitada ahí”.

Hacia afuera del movimiento, se destacan los aprendizajes que brinda la participación en
espacios de articulación nacional como la RENACE, “que fue el primer grupo al que nos
juntamos, que es la Red Nacional de Acción Ecologista y ahí pudimos aprender un montón”
(Ecos de Saladillo) y la Unión de Asambleas Ciudadanas, “cuando hemos participado de la
Unión de Asambleas Ciudadanas, y ahí ese intercambio de saberes es también con otras
problemáticas, entonces uno empieza a aprender qué pasa con los avances inmobiliarios, qué
pasa con los humedales, qué pasa con la megaminería, con la deforestación, con los residuos
industriales, ahí uno aprende. Realmente, nosotros lo sentimos como espacios muy grandes
de aprendizaje, y que han sido muy valiosos y han fortalecido mucho al movimiento” (Ecos de
Saladillo).

A escala provincial, No a la Mina articula con la Unión de Asambleas de Comunidades de


Chubut (UAC-CH), así como Ecos de Saladillo participa en el Encuentro de Pueblos
Fumigados, un espacio que ha ido creciendo al calor de las luchas de numerosas asambleas,
“recuerdo las primeras reuniones, donde eramos 15 o 20 personas, y las últimas presenciales
que éramos más de 400. O sea, un crecimiento realmente enorme en pocos años, en muy
pocos años” (Ecos de Saladillo).

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No obstante, el trabajo en redes también implica un desafío, así lo expresaban desde el Foro
Regional, “Nosotros participamos en varias redes, si se quiere en demasiadas redes (…) ¿Por
qué digo que a veces demasiadas redes? La preocupación está en que no podemos salir del
escalón de contar qué es lo que nos está pasando. Obviamente y aprender de esa relación,
siempre aprendemos de esa relación, es un ida y vuelta, pero necesitamos superar este
escollo y pasar a pensar de qué manera podemos generar espacios de acción común”.

Desafíos que invitan a pensar, reflexionar de qué manera implementar otras formas de acción
y dar nuevos pasos frente al avance del capital extractivo. Como parte de esas estrategias,
además de aunar luchas con otros colectivos, las organizaciones articulan con universidades,
profesionales de distintas disciplinas y otros sectores de la sociedad civil.

3.2 Diálogo de saberes en la construcción del conocimiento:

Como ya se expresara, existe una idea antigua de que el conocimiento solo se produce en los
ámbitos científicos-académicos, hoy claramente cuestionada. Al respecto, el geógrafo
brasileño Porto-Gonçalves sostiene que el conocimiento “está fraguado en la vida. No hay
grupo social, pueblo o etnia que no desarrolle conocimiento” (Porto-Gonçalves, 2015: 243).

Las tres experiencias convocadas resaltan el valor del diálogo entre los actores que participan
de las asambleas y el reconocimiento de los múltiples saberes que desde allí se aportan.
Desde el Foro Regional sostienen que “el saber popular es muy rico y viene de la experiencia
y del sufrimiento de las cuestiones; y el saber de la ciencia, que es muy rico también (...) un
gran paso a favor de la defensa del ambiente, de la defensa del Buen Vivir, ha sido que cada
vez se junta más la ciencia, la Academia y el movimiento popular”. Para el caso del Encuentro
de Pueblos Fumigados donde participa Ecos de Saladillo, “las primeras reuniones eran
disertantes, era gente que iba y disertaba frente al resto de los asistentes que escuchaban, y
a lo sumo hacían después preguntas, pero digamos eran disertantes. Hoy, desde hace ya
alrededor de 4 o 5 años, son comisiones con distintas temáticas (...) donde justamente lo que
se hace es un intercambio de saberes, es un espacio de construcción muy grande, un espacio
de formación. Yo creo que en eso hemos aprendido un montón, y ese intercambio de saberes
es sumamente valioso, es muy importante” (Ecos de Saladillo).

En este sentido, se reconoce un acercamiento desde la academia a los movimientos


socioambientales en la construcción de saberes. Tal es el caso de la creación en 2004 de la
Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, desde la cual se acompañan las luchas
ciudadanas y asamblearias en materia legal. Como así también, el aporte de numerosos
académicos en grupos de investigación y difusión de trabajos vinculados a las consecuencias
del avance del actual modelo extractivo. Desde el Foro Regional sostienen que “tenemos
mucha experiencia de trabajar con la Facultad de Ciencias Naturales, con la Facultad de

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Derecho, y a través de su clínica nos abastece los abogados necesarios para hacer estas
presentaciones, de la Facultad de Biología, es decir donde logramos poder fundamentar
nuestras presentaciones judiciales con los elementos aportados por la ciencia. Desde Ecos
de Saladillo reconocen este acercamiento como un logro de las luchas, “existe otra ciencia
(...) hoy está, hoy es visible, y eso son todos triunfos, pequeños, frente a estos poderosos,
gigantes, frente al extractivismo”.

Asimismo, se destaca la participación de académicos en medios de comunicación locales y


alternativos que rompen con el cerco mediático y permiten que la información circule más allá
de las redes sociales de las asambleas. En palabras de Svampa y Viale, no se trata de
reemplazar un saber por otro, “queda claro que ni el saber científico crítico puede ignorar el
saber social y experiencial que se construye desde las comunidades afectadas, ni estas
pueden esgrimir prejuicios antiacadémicos que la lleven a prescindir de él. El diálogo de
saberes va más allá de la construcción de un saber contraexperto o contrahegemónico de la
ciencia porque apuesta la valoración de otros lenguajes no científicos y a la democratización
de las decisiones” (Svampa y Viale, 2021:226).

3.3 Rol del Estado:

En la promoción de nuevos espacios de explotación, los Estados de los países periféricos


compiten por la radicación de empresas de capital global en sus territorios (Composto, 2012).
A partir de la década de los noventa, la generación de nuevas normas jurídicas favoreció la
implantación de capitales extranjeros con el objetivo de intensificar las actividades extractivas.
En este sentido, el Estado emerge como “entidad responsable de crear el espacio para la
legitimidad de los reguladores no estatales” (de Sousa Santos, 2007:37).

Ante este rol asumido por el Estado, desde el No a la Mina expresan que los reclamos van
dirigidos al gobierno, “tiene que ver con la clase política, principalmente provincial, pero
también nacional. Siempre se está tratando de interpelar a la clase política (...) se pelea en
cada municipalidad para realizar un Proyecto de Ordenanza (…) No es el apoyo que queremos
del Estado, que esperamos, pero se está tensionando constantemente”.

En tanto desde el espacio de Ecos de Saladillo se reconoce el perfil dual que suele asumir el
Estado como estrategia para minimizar los impactos negativos de este modelo extractivo.
“Hoy dentro del Estado se habla de agroecología, por ahí todavía no se actúa, pero se habla.
Pero al mismo tiempo se habla del agronegocio y de cuánto va a dejar la soja (...) A veces,
algunas contradicciones que aparecen en el Estado, también son producto de todas esas
luchas. Es decir, hoy no pueden mirar para otro lado (...) No pueden decir que los agrotóxicos
no hacen nada, entonces inventan las buenas prácticas. No pueden decir que la minería es
buena, entonces dicen: vamos a hacer una minería sustentable” (Ecos de Saladillo). En este

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sentido, el uso de estas expresiones de preocupación ecológica puede ser visto como una
estrategia discursiva para mantener la distribución de poder sobre los recursos en disputa
(Acselrad, 2004).

Algo similar ocurre con las modificaciones en materia de regulación y normativa. Al no tratarse
de cambios de fondo, cambios estructurales, sino de medidas coyunturales que responden a
determinadas causas e intereses, no hay un control efectivo que garantice su cumplimiento y
no se logra el efecto deseado por los movimientos. Señalan desde Ecos de Saladillo que
“muchas veces ocurre que uno logra una ordenanza, pero después esa ordenanza queda ahí,
y si no seguimos insistiendo los vecinos y las vecinas en que, mira no se puede pulverizar ahí
porque está cerca de una escuela, entonces la ordenanza no se cumple”. Las tres
experiencias en diálogo coinciden en el no cumplimiento de las leyes y ordenanzas. “Leyes
tenemos, en realidad tenemos muchísimas leyes para defender el ambiente que no se aplican
(...) el ente de control15, de aplicación de las leyes dice: vayan a la Justicia” (Foro Regional).

En consecuencia, en muchas ocasiones se ha recurrido a la vía judicial. Es posible reconocer


en Argentina la existencia de numerosos pueblos con sus conflictos judicializados, son casos
testigo de medidas cautelares sancionadas por la Justicia que delimitan áreas donde están
prohibidas las fumigaciones o la minería a cielo abierto, por citar algunos ejemplos.

Si bien se identifican avances en las demandas judiciales de las comunidades, esta


acción/inacción del Estado puede ser interpretada como una estrategia para dilatar los
tiempos. Cuando ello ocurre, desplaza el centro de atención, desgasta a las organizaciones,
las obliga a destinar sus recursos a la representación jurídica y se constituye en un obstáculo
para la lucha. Se torna así en una arena propicia para que las voluntades y esfuerzos se vean
erosionados por los intereses de los sectores hegemónicos.

4- Elementos y obstáculos en la construcción de alternativas al modelo dominante

Los movimientos socioambientales que luchan por la defensa de la madre tierra y los bienes
comunes recorren, desde sus inicios, caminos sinuosos marcados por avances y retrocesos.
En este sentido, el tercer eje que estructura este trabajo indaga respecto a los principales
obstáculos identificados por las experiencias de resistencia al actual modelo de apropiación y
transformación de la naturaleza.

Como desafío principal y norte de sus luchas, reconocen la necesidad de un cambio de


modelo más solidario y justo. Desde el No a la Mina sostienen que “las empresas que vienen
a hacer extractivismo, tienen estabilidad fiscal por 30 años en nuestro país. Entonces, si

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En este caso, por ente de control se refiere al Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS), hoy
Ministerio de Ambiente de la Provincia de Buenos Aires.

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seguimos llamando desarrollo a ese tipo de inversiones, lamentablemente estamos cavando


cada vez más hondo. Entonces, creo que el principal obstáculo, digamos, es ese (...) cómo
cambiar este modelo, pero de una manera estructural.” En la misma línea, expresan desde
Ecos de Saladillo “lo que queremos es cambiar de modelo y cambiar la sociedad en la que
vivimos. Estamos transitando ese camino, en ese camino nos vamos a encontrar con un
montón de obstáculos que hay que ir venciendo, hay que ir superando de a poco y para eso,
me parece que hay que unificar, hay que seguir trabajando en redes hay que unificar las
luchas (...) es un cambio estructural, (...) tan grande que tiene varios frentes: la educación, la
salud, mirar la relación con la naturaleza de otra manera, otra ciencia, otra forma de hacer
política, salir del sistema patriarcal, todo esa batalla cultural obviamente lleva tiempo”. En la
búsqueda de este cambio, el saber ambiental puede cumplir un papel fundamental al
interrogar las causas de la crisis y contribuir a la construcción de una racionalidad alternativa,
diferente a la racionalidad de la ciencia moderna que produjo un mundo insustentable (Leff,
2006).

No se trata entonces de pensar en desarrollos alternativos, sino en alternativas al desarrollo.


En ello, las comunidades locales pueden enseñar el camino: “muchas comunidades rurales
del Tercer mundo “construyen” la naturaleza de formas impresionantemente diferentes a las
formas modernas dominantes: ellos designan, y por ende utilizan, los ambientes naturales de
maneras muy particulares. Estudios etnográficos de los escenarios del Tercer mundo
descubren una cantidad de prácticas -significativamente diferentes- de pensar, relacionarse,
construir, y experimentar lo biológico y lo natural” (Escobar, 2007:71 citado en Svampa y Viale,
2021:201).

Algunas reflexiones a modo de síntesis

En un escenario de expansión y consolidación de los mecanismos de explotación de la


naturaleza por el capital transnacional, los pueblos de Latinoamérica en general y de
Argentina en particular afrontan múltiples desafíos derivados de las contradicciones,
desigualdades e injusticias inherentes al modelo de producción capitalista. La racionalidad
económica de los actores que llevan adelante actividades extractivas de la naturaleza, en la
mayoría de los casos ligados a lógicas globales de acumulación de capital, entra en disputa
con otras racionalidades. Desde las montañas, las selvas, los ríos, las llanuras, los bosques
y las ciudades, se escuchan los gritos de luchas que atraviesan sus esferas locales.

En este sentido, desde un enfoque de la Ecología Política Latinoamericana y la Geografía


Crítica, el presente trabajo constituye un aporte, un espacio más de diálogo e intercambio
entre academia, asambleas y comunidades. Revalorizando el saber que emerge “desde
abajo” (Escobar, 2017), se tensiona y pone en debate no sólo lo que se entiende por saber

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científico, sino también el concepto de desarrollo. En pos de que quienes sufrieron y sufren
las consecuencias del modelo hegemónico dominante, tengan derecho a discutir y participar
en la toma de decisiones sobre el uso y apropiación de sus territorios, entendidos éstos como
sus espacios de vida.

De acuerdo a los tres ejes desarrollados a lo largo del Conversatorio, es posible reconocer
similitudes en la construcción de las resistencias. Las tres experiencias se estructuran bajo la
modalidad de asamblea. Algunas tienen coordinadores, otras referentes, pero todas parten
de una lógica asamblearia. Asimismo, reconocen la conformación de redes como una práctica
espacial que fortalece la resistencia, al contribuir a la articulación de las luchas y a la
generación de espacios de intercambio de experiencias y aprendizajes. Sostienen que ello les
permite visibilizar sus conflictos, conocer otros, acompañar y apoyar las luchas. Respecto al
rol del Estado, es interpelado y tensionado constantemente por sus acciones, o inacciones,
así como por la apropiación y resignificación de términos y demandas propios de las luchas.

Si bien se plantea un horizonte de lucha mayor, una propuesta de cambio estructural, las tres
experiencias reconocen los logros alcanzados a partir de las luchas colectivas -por más
pequeños que sean- y el potencial transformador que desde allí emerge.

Agradecimientos:

Agradecemos a las organizaciones que participaron del Conversatorio: Ecos de Saladillo, la


Asamblea por el No a la Mina y el Foro Regional en Defensa del Río de la Plata, la Salud y el
Medio Ambiente.

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