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La Minería en La Hispanoamérica Colonial

Minería en la colonia

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Capitulo 2 LA MINERIA EN LA HISPANOAMERICA COLONIAL ! «E1 oro es el més subido y estimado metal que nace en la tierra... Entre otras virtudes que la naturaleza le comunic6, tiene una particular, que conforta la flaqueza del coraz6n y engendra alegria y magnanimidad, quita la melancolia {y] limpia las nubes de los ojos...»? Asi se expresaba un orfebre medio siglo des- ués de la conquista de Nueva Espana. Quizé Cortés hablaba con menos ci- rnismo del que se le supone al decirle al mensajero de Moctezuma que «tenemos {yo y mis compafieros mal de corazén, enfermedad que sana con [oro]>.” ra tanto el oro como la plata lo que esperaba a los espatioles en América. oro acumulado durante siglos fue objeto del pla a lo largo de las dos décadas ‘comprendidas entre 1520 y 1540, momento en que se llev6 a cabo la conquista militar de Meso y Sudamérica. A partir de entonces, aunque se extrajeron canti- dades de oro variables, y en ocasiones sustanciosas, el valor y volumen de la plata fue siempre considerablemente mayor. 1. Este capitulo se refiere ala mineria de los metales precosos: plata y, en menor me- ida, oro, Los minerles de baja ley, aunque eran corientes en Hispanoamérca, no soliton cexplotarse durante la época colonial La region mas rca en dichos mineraes era la zona central {ellos Andes, especialmente Chareas,y probablemente la de mayor produccién en cobre, es ‘ano y plomo. Tambign se producia cobre en Chile yen Cuba, sabre todo en el siglo v1, y €n [Nueva Espa en diversas minas de Puebla, Jalisco y Michoacén. Los abastecimientos de hie- ‘ro se importban casi totalmente desde Espafa. De hecho, parece que resutaba mucho mis ‘barato importa los metals de baja ley que producti en América. Se descubri uns zona rica {en perlas alrededor de lisa Margarita frente ala costs venezolanas, durante os incis dela ‘exploracion del Caribe, pro se agot6 en las primeras décadas del siglo v1. Las minas de esme~ ‘alas en la zona oriental de Nueva Granada, de las cuales tuvieron noticia los espafioles en el ‘Selo xv, siguen siendo explotadas hoy en ia. ‘Se han empleado agul los nombres coloniales dels provincas americanas. Nueva Espana corresponds a México, Nueva Granada a Colombia, Quito a Ecuador y Peri al Peré actual ‘proximadamente, Charcas alas tierrasaltas de Bolivia, Rio de la Pata a la Argentina cental ¥ del nore 2. "Ian de Arfe y Vllafate, Quilatador de plata, oro y pledras, Valladolid, 1872: repro- ‘Succi facsimilar, Madrid, 1976, fo, 23¥. 3. Francisco Lopez de Gémara, Historia de a conguista de Mético, con una introdue~ én ynotas por D, Joaguin Ramirez Cabafies, 2 vols, Mexico, D-F., 1983, vols Ml 106. 50 HISTORIA DE AMERICA LATINA oii 586) ae + Popayan 9. st) ATLANTICO zauma o.6 180) Chachapoyas. 880 Frater 1770 umenrace canara 582 Connors «188, |, Ore #805 * San sot et Océano copie, 705 PaciFico Principales distrtos mineros dela América del Sur hispana La MINEREA 51 Los espafioles recorrieron de punta a punta las Américas en busca de yaci- mientos de ambos metales. Ello explica en parte la asombrosa rapidez con que exploraron y poblaron los terrtorios del continente que les correspondieron. Po- blaron el Caribe con la esperanza de encontrar oro; al encontrar poco en las is- las, fueron seducidos por visiones de oro que les levaron hasta elistmo, después a Nueva Espaiia y més tarde al Peri. Tanto Nueva Espaia como el Peri y el norte de Nueva Granada, rindieron buenas ganancias en oro, Pero incluso antes de que Pizarro recibiera el rescate en oro de Atahualpa, Nueva Espafia ya habia cempezado a proporcionar importantes yacimientos de plata. Sultepec y Zum- ppango se descubrieron en 1530, cerca de Ciudad de México. En 1534, Taxco y ‘Tialpujahua estaban en plena explotacién; y hacia 1543-1544, las minas del ex- ‘remo occidental de Nueva Galicia (Espiritu Santo y otras). Se produjo entonces cl gran auge de la plata del norte: Zacatecas (1546), Guanajuato (c. 1550), Sombrerete (c. 1558), Santa Barbara (1567), San Luis Potosi (c. 1592), por ‘mencionar solo algunas. Mas al sur, en 1552, verfa la luz Pachuca. No todas ellas resultaron prOsperas o funcionaron desde un principio; pero la distribucion de los depésitos quedé determinada en unas pocas décadas. Lo mismo ocurrié en Sudamérica. A finales de la década de 1530, ya se habian localizado los prime ros grandes yacimientos auriferos de Nueva Granda, en las euencas del Cauca y del Magdalena; hacia 1541, el oro del centro de Chile; en 1542, el oro de Cara- baya al este de los Andes centrales. Por aquel entonces, la plata también estaba en escena: Gonzalo Pizarro exploté los viejos yacimientos incas de Porco hacia 1538, Cerca de all, en Potosi, se encontrarfan en 1545 los yacimientos argenti- feros mas ricos de todos, hallazgo al que sucedieron muchos otros de menor im- portancia en Chareas. En Pert, el de Castro o virreina, en 1555, fue el primero de numerosos hallazgos importantes. Durante la mayor parte de la época colo- nial, sin embargo, la mayor contribucién minera que hizo Pera al imperio no fueron Jos metales preciosos, sino el mercurio descubierto en Huancavelica en 1563. Otros hallazgos en Nueva Granada, Chile y Honduras resultaron insignifi- ‘antes en comparacién con los ya descrites. ‘A medida que estos rics distritos empezaron a arrojar metales preciosos, surgieron poblaciones en varias regiones inhéspitas —como el ltoral neograna- dino, las tierras altas de Charcas 0 el norte del altiplano mexicano, por ejem- plo~, habitadas con anterioridad solamente por una poblacién dispersa y primi- tiva, Las carreteras el comercio se extendieron répidamente a medida que los nuevos circuitos econdmicos, potenciados por la mineria, se fueron desarro- liando. Tejidos, vino e hierro de Espaia,esclavos de Alica, sedas y especias de Oriente, todo ello afluia a las poblaciones mineras. Para pagar dichos articulos, empez6 a circular una corriente de metal precioso, principalmente plata, si guiendo las direcciones inversas. Pero no todo el comercio era exterior. La mine- ‘ia también estimulé el desarrollo interno: cultivo de grano en el Bajio y Michoa~ cn, elaboracién de vino en la costa peruana y chilena, crfa de ganado vacuno y ‘ular en Rio de la Plata, textiles en Perii y Quito; y en todas partes transporte Y artesanfa. Muy pocas regiones cludieron la influencia de los flujos de metales Preciosos. La naturaleza, mediante la orogénesis terciaria, habia dispersado la riqueza ‘minera que habria de hacer emerger dichas corvientes. Durante el levantamiento 92. MISTORIA DE AMERICA LATINA de las cordilleras andinas y mexicanas en la Era Tercara, ls fellas produidas on Vatias regiones se rellenaron con minerals metalifero, plata entre otos. Los filones resultantes no fueron, ni mucho menos, todos ellos rics, pero s suficien- tes como para hacer de los centros de extracién de plata un modo caracterstico de asentamiento en buena parte de Nueva Espaia y de los Andes. En ocasiones, los filones se encontraban a gran altura —hasta cerca de 4.800 metros en Potosi por ejemplo, y por tanto las poblaciones mineras también estaban altitudes Considerables. La'mayoria se encontraba por encima de los 3.000 metros en Peri y Charcas, y entre 1.800 y 2.400 metros en Nueva Espana, Por el contra- tio, el oro se extraia a menor altura, ya que en su mayor parte procedia de yacimientos aluvales situados al pie de las cordilleras, desde donde habia sido itansportado por accién hidrdulica, Dichos yacimientos se encontraban frecen- temente en selvas pluvioss que difcltaban el acceso y las condiciones de vida El oro, debido a su composicion quimica, aparecia en bruto o en alcacién, cosa ‘que no ocurria con la plata, que slo ocasionalmente se encontraba en estado bruto,siendo més normal hallarla combinada con otras substancias. Algunos de estos compuiestos eran minerales ils. Un breve repaso de su formacidn y de su naturaleza servré como til introduccin a la mineria colonial y als tcnicas de refinado. El mineral argenifero original depositado en las fllas dela roca procedente de zonas muy profundas dela tierra, se conoce como mineral hipogénico 0 mi- neral primario, generalmente sulfuros. Pueden ser ricos —como era el caso de ‘Guanajuato, pero no suclen serio. La mayoria de los grandes centro argentife- ros de Hispanoamérica extraian su riqueza de mineral hipogénico enriquecido. Ello podia ocurir de dos maneras. La primera resultaba de la accién oxidante del agua sobre los sulfuros, convirtiéndolos normalmente en cloruro de plata (cerargita), con un alto contenido de plata. Este tipo de enriquecimiento por oxidacién cesaba sin embargo por debajo del nivel fedtico, al desaparecer el oxi geno libre. Pero un segundo proceso de enriquecimiento entraba aqui en accion Este proceso, mucho més complejo, se denomina enriquecimiento supergénico secundario, y produce sulfuros de mayor contenido en plata que ls slfuros hi- pogénicos. Simplifcando, el resultado de dichos procesos era que se reaba una zona de mineral rico por encima y por debajo de la capa fredtica: cloruro de plata encima, y sulfuro debajo. Los mineros conocian bien las diferencias entre Jos dos tipos de mineral. Los minerales del primer tipo se lamaban «pacos» en Jos Andes y «colorados» en Nueva Espata (las tonalidades rojas o pardas a que hacen referencia dichas denominaciones provienen de laimonita, mezcla de Ox dos de hierro dulce, generalmente presente en la zona oxidada). Eran pacos, por ejemplo, tos minerales extraidos en fa montaia de Potosi, que estaban oxidados hasta 300 m por debajo de a cima. Los loruros eran generalmente fills de re- finar mediante fusién 0 amalgama, Los sulfuros se conocian universalmente como «negrillos», Aunque podian ser enriquecidos mediante el proceso super- aénico, su componente sulfiroso planteaba serios problemas para refinalo. Asi pues, os mineros esperaban obtener, por lo general, una mayor productvidad Segin aumentaba la profundidad, hasta las inmediaciones y por debajo de la capa fredtica, que soia estar a unos centenares de metros de profundidad. Pero Jos cloruras que yacfan sobre la capa frdtica eran més aprovechables porque se 53 ta aaNet unds:y ov9ny 9p sosautue sonusyp sopodioutig onito¥d onw300 ooixaw 30 03109 54 HISTORIA DE AMERICA LATINA refinaban con mayor facilidad. Una vez. una mina habfa franqueado la capa fred: tica, no sélo la dificultad en tratar el mineral planteaba problemas, sino también las inundaciones. Habia entonces buenas razones para abandonar la explotacién yy buscar cloruros superficiales en otra parte. La produceién ciclica de algunos istritos, qui24 fue el resultado de una serie de acontecimientos derivados de la naturaleza de los yacimientos de minerales, que podrian resumirse como sigue descubrimiento inicial de cloruros ricos, incremento de la produccién, trabajos ‘mayor profundidad con algunas inundaciones y aumento de los sulfuros, niveles de produccién estancados, aumento de las inundaciones y predominio de los sul- furos, caida de la produccién, nuevas prospecciones descubren cloruros superfi- ciales, incremento de la produccién, y asf sucesivamente. ‘TéentcAs EXTRACTIVAS « fue debida a Bartolomé de Medina, sevillano que, con los consejos de algin técnico alemén, introdujo la técnica en Nueva Espaiia a comienzos de la década de 1550, No se discute el hecho de que, a pesar de que los principios de la amalgama se cono- cian desde la antigitedad, su primera utilizacin a escala industrial twvo lugar en el Nuevo Mundo. En tste sentido, se puso en practica en varios centros mexica- nos a finales de la década de 1550, en los Andes centrales desde 1571. Este re- traso se debié posiblemente a que las minas andinas fueron descubiertas mas tarde, y por tanto se dispuso en ellas hasta una fecha més tardia que en México de buen mineral de fundicién, por lo que durante un tiempo la amalgama fue in- necesaria, El clésico proceso de amalgama realizado en América tenia lugar en un patio superficie amplia, lana y pavimentada en piedra, techada en ocasiones—. Se- La MaNEREA 59 atin se nos relata, era all donde se depositaba el mineral triturado (harina) for- ‘mando montones de entre 1.000 y 1.750 kg; entonees se afadia sal comin en tuna proporeién, por cada quintal de mineral, de 1 a 1,5 kg. También podian usarse otros reativos. El mas cortiente era el magistral,calcopirtas calcinadas, que se afiadia en una proporcién de entre 3,5 y 5,5 kg por cada mont6n. A con- Ainuacién se exprimia sobre el mineral el’ mercurio, haciéndolo pasar por la trama de sacos de tela resistente, en una proporcin de entre 4,5 y 5,5 kx por ‘montén. Por iltimo, se le afadia agua y se extendia, formando una «torta> de hasta 27 m. La combinacién de la plata y el mercurio se ejercia entonces por af ‘idad quimica. Durante la mayor parte de la 6poca colonial, fueron los indfgenas los encargados de provocar la agitacién que deberia favorecer este proceso. Para ello, removian, con las pienas desmudas, la mezcla espesay resbaladiza. Hasta la década de 1780 no se les reemplazé por caballos © mulas. Transcurtido algin tiempo, normalmente seis u ocho semanas (aunque podian darse casos extremos desde tres semanas hasta varios meses, segtn la pericia en el refinado, la tempe- ratura ambiental o la naturaleza del mineral), el supervisor de la refineria (a20- _guero o beneficiador) precisaba el momento en que se aleanzaba el grado mé- ximo de fusién entre la plata y ef mercurio. La mezcla era entonces introducida cn un aparato destinado a su lavado, y dotado de una pala rotatoria impulsada por fuerza animal o hidréulica, denominada generalmente tina. Se hacia pasar agua a través de la tina, de forma que arrastrasc las impurezas, quedando depo- sitada en su interior la «pella» o amalgama depurada, La pella se empaquetaba en un saco de lienzo en forma de media, que se retorcia para elimina los restos, de mercuri. La separacin final de plata y mercurio tenia lugar mediante un proceso de volailizacin consistent en aplicar calor bajo la plla tras haber dis- puesto sobre ella una cubierta de barro o de metal, consiguiéndose asi la vapori- zacién del mercurio. Dicha cubierta era refrigerada con agua para recuperar el ‘mercurio que, en forma de vapor, se condensaba en su superficie interior El proceso realizado en el patio fue el modelo técnico en toda Nueva Espatia desde principios del siglo xvu. Hasta entonces, la amalgama se habia realizado en cubetas de madera 0 canoas. En los centros andinos, ara vez se utlz6 el pa- tio, sies que se lleg6 a conocer. Por lo general, en los Andes se empleaban «ca- jones» para la amalgama. Cada uno de estos cajones era un depésito de piedra ue podia Nlegar a contener hasta 2.300 kg de mineral, y que @ menudo, al me nos en el siglo xv1, se construia en alto, para que se pudiera prender fuego de bajo. Este procedimiento tenia por objeto mitigar las bajas temperaturas de las alturas andinas, acclerandose asi la amalgama. Sin embargo a partir del afio 1600 aproximadamente, y debido posiblemente a la ereciente escasez y carestia de combustible, la calefaccién artifical eayé en desuso, pasindose a ulilizar ex clusivamente el calor solar. EI proceso quimico de la amalgama es complejo. Segtin Modesto Bargal6, tuna autoridad en la refineria colonial, las eeuaciones bisicas para el caso de los sulfuros de plata son las siguientes: CuSO, + 2NaCl + CuCl, + Na,SO, CuCl, + AgS = 2AgCl + Cus 2AgCl + ng = Hei — -Ag; (amalgama) + Hg,Cl, 60 HISTORIA DE AMERICA LATINA mientras que se producian simulténeamente otras reacciones productoras de plata,” Los refinadores colonialesignoraban desde luego estos procesos quimi~ fos. Sus conocimientos eran puramente empiricos, Surgieron rapidamente una Serie de medidas basadas en la experiencia y que fueron reconocidas como vli das para ser aplicadas segin tuviera el mineral una w otra aparienca,o segun el color que adoptase el mercurio durante la amalgams, Estas prctica, a menudo eficaces eran el resultado de la experimentacion continua, No siempre daban re- sultado, pero se obtuvieron unos cuantos descubrimientos importantes, el més provechoso de los cuales fue el descubrimiento de la utd del magistral,sul= fato de cobre obtenido mediante la calenacion de las pitas. Dicha substancia, como evidencian las ecuaciones expuestas mas ariba, era parte integrante de la amalgama, especialmente en el tratamiento de los minerales sulfiicos. Puede aque su valor fuese descubierto en Potosi en la década de 1580. En este caso, la Dréctca de aad magistral se difundio répidamente, puesto que antes de 1600 ya se uilizaba en el norte de Nueva Espana, donde contribuyo notablemente al incremento de la produccién. Hasta ese momento, las refineras mexicanas de~ bieron contar, sin saberlo, con cualquier sulfato de cobre natural que contuvie- ‘an los minerales, con resultados insatisactoros. El descubrimiento del magistral fue la innovacin més eficaz, Pero en toda ispanoamérica se efectuaron pequefios ajustes de Ia amalgama a las condicio- nes locales, con resultados positives. De manera que cuando la corona envi6 a fi hales del siglo xvi a expertos alemanes para que ensefaran en América el m todo mas innovador de amalgama (el del baron von Born, que era en realidad tuna elaboracién de la técnica de llevada a la prctica por cl tefinero Alvaro Alonso Barba en Charcas en el siglo xvn), fos alemanes debie- ron finalmente reconocer que los procedimientos tradicionales americanos eran los mejores para las cicunstancias americanas. De hecho, uno de los alemanes, Friedrich Sonneschmidt, tras una larga experiencia en Nueva Espafa, escrbié con un exceso de entusiasmo que: «No es de esperar que jamés se experimente tun método mediante el cual se pudieran[refinar] todas las calidades de minera~ les con menores, ni aun iguales costes que exige el beneficio por patio» * Segtin decia, el método era lento, pero podia insalarse en cualquier parte, requeria ca agua y maquinaria sencilay ficil de obtener, y empleaba técnicas que in- cluso los ignorantes aprendian ripidamente. Si Sonneschmidt hubiera viajado hasta los Andes, hubiera dicho lo mismo de los métodos de refinado utlizados all Es imposible caleuar Ia eficaciaabsoluta de os procesos coloniales de amal- ‘gama —es decir, la proporcin total de plata contenida en el mineral que SI gaba a extraer—, puesto que ls tinicas Valoraciones del contenido en plata del mineral con que contatnos son las faclitadas por los propios rfineros, que cal- culaban segin los resultados que obtenian de la misma amalgama. Sin embargo, el hecho de que 10s refineros aprovechasen incluso aquellos minerales que no 7. Modesto Bargallé, La mineria y la metalurgia en la América Espanola durante la Poca colonial, México. DF. 1985, p. 198. ‘8. Chtado en Modesto Bargailo, La amalgamacién de los minerales de plaa en Hispa noamérica colonial, México, D.F 1969, p. 305, 1a MUNA 6 produefan més de 45 gramos de plata por cada 45 kg de concentrado tratado ‘con mercuri, nos da una idea de la propiedad esencial de Ia amalgama, es deci, permitir el tratamiento de grandes cantidades de mineral pobre. Una técnica de refinado secundaria, pero persistentey til, era la fundicion. En este terreno, al principio los espaioles fueron deudores de la tecnologia in gena, por Jo menos en los Andes centrales, donde Ia mineria habia superado considerablemente las primitivas técnicas de tratamiento con fuego empleadas por los indigenas mexicanos y otros indios undinos para la obtencién de algunos !metales, prineipalmente oro, plata y cobre. En Perd y Charcas, se habia desarro- lado una verdadera fundicién. Primeramente, el mincral era triturado bajo un ‘maray, canto rodado de base curva, que se balanceaba a un lado y a otto; enton- ces se fundia en un pequeio homo, de forma cénica o piramidal, que a menudo no sobrepasaba el metro de altura. En los costados se horadaban Varios agujeros de aireacion, a través de los cuales podia pasar el viento cuando el horno se tuaba en algin lugar expuesto, Se empleaba estiércol de llama o carbén de lena como combustible, y se obtenian temperaturas suficientes para fundir los mine- rales. En esto conssta el famoso wayra (aie en quechua) de los Andes. En hor- nos de este tipo se producia toda la plata de Potosi hasta la introduecién de la amalgama en 1571 No obstante, la tecnologia de fundicién que habria de predominar fue apor- tada por Europa, e introducida en su mayor parte por los mineros alemanes en viados en 1528 por la compafia de los banqueros Fugger alas islas del Caribe y Venezuela. La corona habia requerido los servicios de estos expertos para mejo- rar los conocimientos mineros y metaldrgicos en América, de los que estaban muy nevestados los primeros colonos. Algunos de estos alemanes pudieron ha berse instalado en Nueva Espafia; otros seguramente legaron alli en 1536, asen- tindose en Sultepec, donde construyeron hormos y prensas. La base de las fundi- ciones era el horno castellano, amigua técnica consistente en una columna hueca y vertical de aproximadamente 1m de seccidn y entre 1,2 y 1,8 m de altura, construida con piedras 0 adobes. Los costados estaban horadados para los fue les, la escoria y el metal fundido. El mineral, triturado a mano o mediante una prensa mecénica, se cargaba en el horno con carbén de lena. Los fueles eran im- prescindibles; en todas las instalaciones importantes eran accionados mediante fuerza animal o hidraulica, mediante ruedas y manivelas. La plata fundida no era pura, ya que contenia plomo del propio mineral o que habia sido afadido como fundente. Se procedia por tanto a refinarla mediante copelacién, normalmente ‘en un homo de reverbero, aunque también podia servir el modelo castellano. La fundicin tavo mayor vigencia de la que se eree durante la Epoca colonia. Era Ia técnica preferida por los mineros pobres y sin medios o por los trabajado- res indios, que recibian mineral como parte de su salario. No costaba demasiado hacerse con una eparada de fuelles»; aparecieron centenares en las ciudades mi neras y en sus alrededores. Pero la fundicin a gran escala también sobcevivié a la introduecién de la amalgama, reaniméndose considerablemente cuando esca- seaba el mercurio, cuando se descubrian yacimientos de mineral muy rico, y alli donde abundabs el combustible, Estas cireunstancias condujeron, por ejemplo, a lun importante resurgimiento de las fundiciones en algunas zonas de Nueva F: pati a finales del sigho xvi. 62 HISTORIA DE AMERICA LATINA El tratamiento del oro consistia meramente en separar el metal puro del ma- terial en el que se encontraba: arena 0 grava en las corrientes o terrazas aluvia~ Tes, 0 algin tipo de roca en los filones. Lavar la tierra en artesas era la técnica ba~ sica en el primer caso, En el segundo, se precisaba el prensado, que po realizarse a mano o mediante una machacadora, Podia procederse después a la amalgama para desgajar el oro del material de fil6n triturado. El oro aparecia a ‘mentido asociado a minerales de plata; la amalgama producia entonces una alea~ cin de ambos metales. El procedimiento preferido para separarlos, al menos hhasta mediados de la época colonial, fue el empleo de acido nitrico. MarERIAS PRIMAS El tratamiento del mineral de plata requeria una cierta variedad de materias primas, alguna de las cuales eran limitadas. La sal, imprescindible para la amal- gama, Se conseguia facilmente, ya fuera de las salinas del norte de Nueva Espaiia 6 de los Andes centrales, o de depésitos costeros, como en otras zonas de Nueva Espatia. Las pirita, a partir de las cuales se extraia cl magistral, se hallaban en cantidades por lo general suficientes en las mismas regiones argentiferas. Lo mismo ocurria con el plomo, utilizado como fundente en las fundiciones (aun- due con frecuencia el propio mineral contenfa suficiente plomo para el proceso). El hierro empleado para la maquinaria y, ocasionalmente, pulverizado, como re~ activo en la amalgama, procedia de Espaia en su totalidad, pero de todos modos no solia escasear, Madera y agua eran bienes mucho menos abundantes. La madera era el prin- cipal material de construccién y combustible, Por consiguiente, los alrededores de las grandes zonas mineras se veian despojados répidamente de drboles; en al- ‘guna de las cuales —altas zonas de los Andes y la meseta seca mexicana— nunca hhan vuelto a ser abundantes. A partir de entonees, ta lela debia acarrearse desde ‘grandes distancias y a un elevado coste. A finales del siglo xv1, los ejes de las prensas utilizados en Potost, de 6 m de largo por 50 em de seccién, eran trans- portados desde los valles bajos andinos a mas de 160 km de distancia. Una vez en Potosi, cada eje costaba entre 1.300 y 1.650 pesos, lo que equivalia al valor de una casa de tamaio mediano. También se precisaba madera o carbén de lefia paara los homos; y los carboneros recorrian muchos kil6metros desde las minas, aprovechando el matorral alli donde no quedaban arboles. El agua era fundamental para el lavado de los minerales refinados, y era muy apreciada como fuente de energia. Mediante soluciones ingeniosas —pequefios cembalses, tinas de lavado accionadas por animales—, en todas partes el agua dis- ponible era suficiente para realizar el lavado. Pero solamente en algunas zonas cera posible utilizar el agua como fuente de energia —sobre todo en el centro de Nueva Espafa y en algunas regiones de los Andes—. Hacia 1600, casi toda la ‘energia utilizada en Potosi era de origen hidraulico, pero ello s6lo fue posible tras la construccién de 30 presas interconectadas por canales, lo que permitia la acumulacin del agua de luvia caida durante el verano, Una substancia mas crucial que todas las anteriores era el mercurio. Casi todo el mercurio utilizado en Hispanoamérica provenia de tres fuentes: por or- La MUNA 63 den de las cantidades que abastecian, Almadén en el sur de Espatia; Huancave- lica, en las tierras altas del centro de Peri; e Idrija en la moderna provincia yu goslava de Eslovenia, bajo el dominio de los Habsburgo por aquel entonces. ‘También llegaban pequefias cantidades, de vez en cuando, de China y de diver- sos depésitos menores de Hispanoamérica. En general, Almadén suministraba a Nueva Espaia, Huancavelica a Sudamérica, y se recurria a Idrija cuando no bas- taba con las dos primeras. En general, el abastecimiento de mercurio cubrié la demanda de las minas de plata (la amalgama de oro era comparativamente insignificante) durante dos de los tres siglos coloniales. En el siglo xv1, el yacimiento casi virgen de Huancave lica experimenté un notable crecimiento; y la produccién de Almadén se incre- ‘ment6 a un ritmo acelerado hasta alrededor de 1620. Y en el siglo xv, Alma- ‘dén como resultado del descubrimiento de una cuantiosa capa de mineral en 1698, superé a partir de entonces su capacidad productiva anterior, lo que com~ pensé con creces la debilidad de Huancavelica. Pero en el periodo intermedio, para la mayor parte del siglo xvn, escase6 el mercurio, especialmente en Nueva Espana. La causa fue la baja produccién de Almadén (como resultado del agota- miento de los minerales conocidos y de la ineficacia del refinado), y por el debi- litamiento del papel que Huancavelica habia jugado en el siglo xv1 (provocado por dificultades similares, unidas a problemas de aporte de mano de obra). La escasez resultante fue en parte atenuada gracias al mercurio procedente de Idrija, que fue enviado a América en cantidades substanciales desde 1621 a 1645 (véase figura 2), Este mercurio fue a parar principalmente a Nueva Es. pafa, mientras que la produccién de Almadén se desvi6 hacia Perd, que result6 favorecido por ello, puesto que hasta entonces habia sido la principal fuente de plata de ambos virreinatos. La corona encontré dificultades para pagar el mercu- tio de Idrija, de manera que debieron cesar las compras en 1645. El mercurio «alemén», presumiblemente de Idrija, aparece de nuevo en Nueva Espaita en la década de 1690, como de hecho ocurrié con el mercurio peruano, que se im ports hasta alrededor de 1730. Pero los grandes cargamentos procedentes de [drija no se reanudaron hasta 1786, gracias a un contrato realizado en 1785 para el suministro de 10,000-12.000 quintales anuales a Hispanoamérica. Este mer- curio fue a parar tanto a Nueva Expaita como a Sudamérica, La corona no solamente ejercié un estrecho control sobre la produccién y distribucién de mercurio, sino que también determins el precio de venta. En principio, el precio en un determinado centro minero equivalia a la suma de los ‘costes de produccién y de transporte a dicho lugar; pero el gobierno pretendia fijarlo en beneficio propio, En realidad, los precios del mercurio siguieron una tendencia a la baja a lo largo del periodo colonial, ya que los refinadores solicita- ban constantemente reducciones y la corona hacia concesiones ante el argu- ‘mento de que los bajos precios de! mercurio se verian compensados con creces por cl incremento de la produecién de plata. Pero el declive fue lento. Entre 1572 y 1617 se redujeron los precios en Nueva Espaia de 180 a 82,5 pesos Pero no se produjeron més descensos hasta 1767, al bajar el precio a 62 pesos. En 1778, se impuso el iltimo recorte, haciéndolo descender hasta 41 pesos. En los Andes, los precios eran considerablemente superiores, quizé debido a los costes del transporte en terreno montafioso, a pesar de la relativa proximidad de 64. HISTORIA DE AMERICA LATINA Fiouxa 2, Produccién quinguenal de mercurio, 1570-1820 Fuentes: Huancavelica, 1570-1789: Guillermo Lohmann Villena, Las minas cde huancavelica en los sighos xt y xv1t, Sevilla, 1949, pp. 452-855; 1690-1759 (esti- ‘maciones): Manuel de Mendiburu, Diccionario historico-biografico del Per Lima, 1933, Vol. 6, pp. 454-455; 1760-1809: John Fisher, Government and society in co- lonial Peri. ‘The ntendant system, 1784-1814, Londres, 1970, p. 257. Almadén, 1575-1644: A. Matilla Taseén, Historia de las minas de Almadén, I: Desde la época romana hasta et aio 1645, Madrid, 1959, pp. 107, 111, 121, 122, 137, 171, 182; 1645-1819 (estimaciones): M. H. Kuss, «Mémoire sur les mines et usines d’Alma- den», en Annales des Mines, serie séptima, Mémoires, 13 (1878), pp. 149-150. latija, 1620-1645: exportaciones a Nueva Espaia: P.J. Bakewell, Silver mining and society in colonial Mexico, Zacatecas, 1546-1700, Cambridge, 1971, p. 256. Tam- bién hubo importantes exportaciones de Idrija a Hispanoamérica después de 1786, en cantidades que atin deben precisarse La MANERA 65 Huancavelica de los centros argentiferos. En Potosi, los precios decayeron de 104,25 pesos a finales del siglo xv1, a 97 en 1645, permaneciendo estables hasta 1779 en que bajaron a 79 pesos, y en 1787 a 71 pesos. S6lo en 1809 llegé a ser ‘casi tan barato el mercurio en Peri, a 50 pesos, como lo habia sido en Nueva Es- ppafia en las postrimerias del siglo xvu. El aumento general de la produccién de plata a finales del siglo xvin, espe- cialmente en Nueva Espa coincidié estrechamente con reducciones del precio del mercurio. Este hecho no puede ser totalmente fortuito, y sugiere que las re- {ducciones anteriores habian sido provechosas para la corona, especialmente @ partir del momento en que Almadén empez6 a producir en abundancia después de 1700. Si La minerfa dependia de ta fuerza de trabajo indigena. Los negros, esclavos 0 libres, representaban tan solo una pequetia proporcién, excepto en las minas de oro, donde integraban la mayor parte de la mano de obra. La ocupacién mis cercana al trabajo fisico de las minas que realizaban los blancos era la prospec ci6n; por lo general eran supervisores y propictarios. También podian encon- trarse mestizos ejerciendo tareas fiscas en las minas hacia el siglo xvi, pero cuanto més espafoles parecian, més dificil era que se dedicaran a dichos tra- bajos. - Los sistemas comunes de trabajo implantados en la etapa colonial proporcio- naron a la mineria sus trabajadores indigenas: generalmente, por orden cronoli- ico, dichos sistemas fueron los de encomienda, esclavismo, trabajo forzado y trabajo a jornal. La mineria inicialmente practicada en las Antillas antes. de 1500, de placer © de excavacion para la extraccién de oro, era realizada por in- dios que Colén habia distribuido entre los colonos, segiin una temprana y des- piiadada forma de encomienda. Se aftadieron répidamente aborigenes esclaviza- dos de las Pequefias Antillas y répidamente se agregaron los del mar Caribe. Y después, cuando la poblacién nativa se derrumbé, bajo circunstancias entre las que la demanda de las minas de oro no es la menos culpable, se recurrié a los es- clavos negros. Mientras tanto, el empleo de indios en la mineria en régimen de encomienda o esclavitud se extendié por Centro y Sudamérica segiin estas terras se iban incorporando al imperio. Por supvesto, el avance de la conguista produjo esclavos, ya que en todas partes hubo indigenas que se resistieron obstinada- ‘mente, justficéndose asi su esclavizacin cuando eran capturados en la batalla Asi pues, Cortés, por ejemplo, podia emplear cerca de 400 indios en los yaci- ‘mientos de oro de Tehuantepec en la década de 1540 El reclutamiento forzado de trabajadores indigenas sucedi6 a la encomicnda, ‘aunque no se puede distinguir una separacién neta entre ambos sistemas. En los dos virreinatos, el reclutamiento de mano de obra para la mineria estaba amplia- ‘mente organizado hacia finales de la década de 1570: se trataba del ereparti- ‘miento» en Nueva Espafa y la mita (eturno» en quechua) en el Perd. Pero los ‘origenes de estos sistemas precedieron con mucho a la década de 1570. Hacia 1530 en Guatemala; por ejemplo, los colonos y oficiales espartoles simplemente 66, MISTORIA DE AMERICA LATING obligaron a cuadrillas de indios nominalmente libres a lavar oro durante perio- {dos determinados. Y hacia 1549, ls indios de encomienda enviados a Potosi por sus amos desde ciertas zonas del Peri y de Charcas, se referian a su estancia en las minas como mita, estancia de 6 a 12 meses tras os cuales eran substituidos por otros y regresaban a sus hogares. La utilizacién del término quechua, indi- caba claramente que se asociata el trabajo para los espafioles a la mita impuesta previamente por los incas, reclutamiento para diversos tipos de obras piblicas, incluida la mineria, Los aztecas habian establecido un tipo parecido de recluta- ‘miento (coatequit?) en sus dominios. Sin duda la existencia de estos antecedentes utéetonos facilit6 la imposicidn de sistemas de reclutamiento. A to largo del siglo xvi, la mano de obra reclutada supers gradualmente a la ‘de encomienda y a los esclavos indigenas en las minas. A medida que finalizaba {a fase militar de la conquista, los suministros de esclavos fruto de las guerras jus tas decay6; y simulténeamente se reforzaron las leyes que limitaban la esclaviza- cid de ls indigenas.\Mientras tanto, la corona y muchos colonos empezaron a ‘encontrar ventajas en los sistemas de reclutamiento de mano de obra, ya que su consecuencia inmediata era la de apartar alos indios del arbitrario control de los encomenderos y ponerlos a disposicién del creciente mimero de espafioles no ‘encomenderos. En ello, la corona veia tanto una satisfactoria reducciOn de la ri- ‘queza y poder politico de los encomendetos, como una utilizacién més produc tiva de la menguante mano de obra indigena. Los reclutamientos oficiales tam- bign proporcionaban a la corona la posibilidad de cumplir otros objetivos: primeramente, crear una fuerza de trabajo ns ya que otra diferencia entre los reclutamientos oficiales y la encomienda era que los Indios reclutados recibian un salario; por otra parte, limitar la duracién de los periodos de trabajo de los indios, puesto que se asignaban los reclutamientos para periodos determinados, aunque variables, segiin las necesidades locales de trabajo. EI mis extenso, organizado, famoso y —segtin las estimaciones generales— infame de los reclutamientos forzados mineros fue la mita de Potosi. Puede to- ‘marse como modelo de otros reclutamientos tanto en Nueva Espafia como en Sudamérica, aunque cada uno tuviera detalles especificos. Normalmente se res- ponsabiliza personalmente de la mita de Potosi y de su erueldad, al virrey pe- ‘uano que implants el sistema, don Francisco de Toledo. Pero Toledo actuaba de acuerdo a instrucciones generales de la corona para forzar a los indios a la mi- nerit ~instrucciones que le crearon tales cargos de conciencia que vacil6 du- rante dos afos antes de llevarlas a a practica—. Finalmente, en 1572, mientras Viajaba del Cuzco a Potost realizando una inspeccién general del Peri, empez6 a organizar la mita, intruyendo a los jefes (curacas) de los altos pueblos andinos Para que enviasen hombres bien capacitados a Potosf. La zona que finalmente se ‘designs como fuente de trabajadores era enorme, y comprendia unos 1.300 km, entre Cuzco en el norte y Tarija en el sur, y un maximo de 400 km a lo ancho de los Andes; a pesar de todo, slo se incluyeron 16 de las 30 provincias que,com- ponian la zona, descarténdose principalmente las mas bajas y célidas, porque se {emia que los habitantes de estas provincias fueran demasiado propensos a con- traer enfermedades si se les enviaba a las altas y frias tierras de Potosi. Aproxi ‘madamente un 14 por 100 (la séptima parte) de la poblacin sometida a tributo La MINEREA 6 en dichas 16 provincias (los varones entre 18 y 50 afios) debia trasladarse a Po- tosi para prestar servicio durante un atio. Segtin el eenso elaborado por Toledo, mediante este sistema Potosi obtendria mano de obra suficiente, cerca de 13.500 hombres al afo, Esta cantidad componia la mia gruesa, que, una vez.en Potosi, cra dividida en tres partes, cada una de ellas denominada mita ordinaria, que trabajaban alternativamente, descansando dos semanas por cada una trabajada. De manera que en cualquier momento habia 4.500 mizayos trabajando en minas ¢ ingenios. Toledo distribuy6 a los mitayos entre las minas y las refinerias segtin las ne- cesidades, préctica seguida por muchos de sus sucesores, y estableci6 una tarifa de jornales: por el trabajo en el interior de la mina, 3,5 reales; por acarrear mi- neral a las refinerias, 3 reales; por el trabajo en las refinerias, 2,75 reales.” El va~ lor real de estos jomales es dificilmente estimable, puesto que se desconocen in- cluso los precios de los articulos bésicos de consumo indigena (maiz y patata). Sin embargo, con el jornal de una semana, el mitayo podia comprar unos 14 kg de harina de trigo, que no deja de ser una cantidad considerable. Pero una est ‘macién contemporénea valora el coste del viaje de un indio a Potos!y su resi dencia alli durante un aio en 100 pesos, mientras que el salario total de un mi- tayo por 17 semanas de 6 dias ascendia tan s6lo a unos 45 pesos. La semana ‘normal de trabajo pas6 de 6 a 5 dias. El domingo era un dia de descanso 0, se- ‘tin observadores espatioles divulgadores de las criticas convencionales contra los indios, un dia de ociosidad y embriaguez. EI lunes, los oficiales indios de cada provincia reunian la mita ordinaria de la semana para proceder a su distri bbucion. El trabajo comenzaba el martes por la mafana y se prolongaba ininte- ‘rumpidamente hasta cl sabado por la noche. La normativa establecida por To- ledo estipulaba una jornada de trabajo de sol a sol; pero los propietarios de las rminas pronto forzaron a los mitayos a extraer y acarrear mineral de acuerdo a una cuota que se mantenfa elevada, de manera que se escatimaban el deseanso y ta comida al méximo. La mita exponfa claramente a los indios a un exceso de trabajo, a pesar de las salvaguardas legales previstas por la corona y los funcionarios. Les datos parecen probar que los salarios se pagaban. Pero la carga de trabajo se increment6, espe- cialmente a medida que la poblacién indigena andina iba en declive, y que el turo de un trabajador volvia a repetirse antes de transcurridos los siete aftos. Hiacia 1600, en casos extremos los mitayos debian pasar uno de cada dos aios ‘en Potosi, Evidentemente, la mita contribuy6 a a despoblacién, ya que aceler6 el declive ya existente al provocar la huida de las gentes de las provincias en las ue se realizaban las levas,y al impulsar a algunos mitayos a permanecer en Po- tos al amparo andnimo que les proporcionaban las masas de poblacin india de 4a ciudad, y al desarticular los ritmos agricola y de la vida familiar. A esta sobre- carga de trabajo le siguieron flagrantes abusos. Los indios capaces de hacerlo compraban su exencién de la mita, contratando a susttutos o pagando a sus pro- piios curacas o amos el dinero necesario para hacerlo, Muchos mineros resulta- ron favorecidos por esta préctica en el siglo xvi, ya que, una vez agotada la mina 9. Un peso equivalia a ocho reales, Tanto aqui como en el resto del capitulo nos refer mos al «peio de a ocho» (conocido en Nueva Espafa como «peso de oro comin), equiva lentea 272 maravedies, or 68 HISTORIA DE AMERICA LATINA © estropeada la prensa, las sumas que pagaban los mitayos para librarse del tra- bajo podia ser mayor que el valor de la plata que hubiesen extraido en caso de trabajar. Los espafoles llamaban einicamente al pago de estas cantidades de di- nero «indios de faltriquera». Esta préctica generalizada era ilegal, asi como la costumbre igualmente corriente de incluir en la venta de una mina o prensa a los mmitayos que le habfan sido destinados. La ley se esfora6 por defender la libertad {de que en teoria gozaban los indios; pero el mitayo recibi ‘cuando se le incluia en una transaccién comercial— de un semiesclavo, a la vez {que se le privaba de los beneficios materiales de la esclavitud y de la exencidn de impuestos. Después de la mita de Potosi, la de Huancavelica ocupaba el segundo lugar ‘en cuanto a la cuantia de los indios reclutados. También ésta fue creada por To- edo. Absorbia, a principios de la década de 1620, unos 2.200 indios cada aio, cerca de una sexta parte de los enviados a Potosi. Pero los mitayos de Huancave- lica debieron padecer muchas més calamidades que los de Potosi, a juzgar por los extraordinarios riesgos que comportaba el trabajo en estas minas de mereu- rio: vapores téxicos y roca blanda propensa a los corrimientos. También existie~ ron reclutamientos forzados menores en otras partes, como por ejemplo para la produccién de oro en Chile a finales de siglo xvt y comienzos del xvit; para el ‘ro de Quito desde, segin parece, el siglo xv1; para la plata de Nueva Granada desde principios de la década de 1600; y para la plata de Nueva Espaia desde mediados del siglo xv La corona no ignoraba las inicuidades de las levas; y, de hecho, a pesar del atractivo econémico y politico que el reclutamiento de mano de obra tenia para la corona, su imposicién fue arduamente debatida en Espaiia, ya que contradecfa el principio de la libertad fundamental de los indios. Generalmente, sin embargo, prevalecié el criterio de que el bien pablico requeria el reclutamiento forzado de indios para las minas. Su abolicién no se produjo hasta 1812, aunque hubo inten- tos de acabar con él mucho antes, como por ejemplo en el caso de una orden real de 1601 dicigida a Nueva Espaia, que s6lo fue retirada cuando el virrey hizo comprender que una medida semejante significaria un desastre. Pero la corona sostuvo su oposicién, anulando, por ejemplo, la concesién de 500 mitayos a Oruro por el virrey Esquilache en 1617. Podrian citarse otros casos similares. En la orden de 1601, la corona expresaba su deseo de que la mano de obra ‘minera fuera voluntaria. Desde Iuego, el trabajo voluntario de los indios en todos los sectores productivos era el ideal que se perseguia desde los comienzos de la era colonial. Pero la falta de hébito de los indigenas en los trabajos que de ellos. se esperaba, la falta de familiaridad con los salarios en moneda, y su natural anhelo de rehuir las pesadas tareas que se les confiaban (interpretado por los espaiioles como pereza innata), no favorecian el trabajo voluntario. Sin embar- 20, siempre hubo un cierto grado de trabajo voluntario originado en la propia sociedad indigena, En las culturas caribefias, los espaftoles encontraron al nabo- ria, , ep Quarterly Journal of Economics, 29 (1915), pp. 433-479. 14.” “Alvaco Jara, La eurva de produccion de metales monctarios en el Pers en el si lo xve, en Tres ensayos sobre economia minerahispanoamericana, Santiago de Chile, 1966, 5, p. 93-118. 80 HISTORIA DE AMERICA LATINA PO Ficura 3a, Produccién quinguenal de plata. Nueva Espaia: las grandes minas del norte, 1565-1820 Fioura 3b. Produccién quinguenal de plata. Nueva Esparta: las minas medianas, 1595-1810 La MiNenta 81 Cuapro 1 Pesos Equivalent en marcos de pat Region (1 peso-= 272 maravedis) (marco = 2.380 maraved Nueva Espana Oro 5.692.570 650.579 Plata* 26.597.280 3.011.429 Peri y Chile 8.350.000 3.240.000 Chareas 56,000,000. 6.400.000 Nueva Granada 6.081.000, 694.971 Antillas y Tierra Firme 17,000,000 1.942.857 Totales 139.720.850 15,939,836 * Las valoraciones no permiten la dstncin entre oro y plata, excepto en cl caso de Nuva Espana, Cuapro 2 Pi Total Equivalente del total (aillones (millones en marcos de plat Pesfodo maravedis) (de 2.380 maravedis) 1531-1535 1016 2.189 919.748 1536-1540 371 696 292.437 1541-1545 235 782 328.571 1546-1550 4am 4777 2.007.143, 1551-1555 3050 3.413 1.434.034 1556-1560 1.4390 1L.491 626.471 1562-1565 2224 2344 984.874 1567-1570 2106 2171 912.185, 1571-1575 1748-761 739.916 1576-1580 7930 8111 3.407.983 1581-1585 12218 12327 5.179.412 1586-1590 56 14463 18.519 6.100.420 1591-1595 111428114292 6.005.042. 1596-1600 23° 14026 = 14.047 5.902.100 ‘Tanto Jara como Haring demuestran claramente que los metales preciosos de la primera década posterior a la conguista procedian en realidad de los sa- ‘queos, y no de la produccidn de las minas. Los conquistadores se apropiaron de {randes reservas de oro, en particular en Nueva Espaiia, Nueva Granada y Pert. Gran parte de los yacimientos, especialmente en Nueva Espafa y el Pers, habfan sido explotados durante mucho tiempo por los pueblos autéctonos, de manera {que cuando los espaiols se hicieron cargo de ellos ya estaban parcialmente ago tados. Por tanto, la produccién de oro tendié a disminuir en el siglo xv, excepto en aquellos lugares donde lo espafioles localizaron yacimientos escasamente ex- Plotados, como ocurrié en Nueva Granada. Por el contraro, la produccion de Plata tendi6 a aumentar, ya que los yacimientos se habian explotado muy poco 82 HISTORIA DE AMERICA LATINA Sane Frovaa 3c. Produceién quinquenal de plata. Nueva Esparta: las minas menores, 1730-1815 Fuswris: Graficos 3a, 3b y 3e: Zacatecas, 1565-1719, y Sombresete, 1681-1719: Bakewell, Silver mining and society, pp. 246 y 250, Todos los otros datos proceden de los recuentos de tesoreria de los centros iineros correspondientes. Su prepara~

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