Actores
Actores
tores
elec
Actores Electorales
torales
Cuadernos de Divulgación de Educación Electoral y Democracia
ac
tores
elec
Actores Electorales
proceso de configuración, características y funciones
torales
Cuadernos de Divulgación de Educación Electoral y Democracia
cs
Oficina Nacional de Procesos Electorales - ONPE
s
Website: [Link]
Los contenidos que ofrecemos en esta serie, forman parte de nuestra propuesta de
Educación Electoral, la cual abarca un conjunto mayor que incluye otros volúmenes.
Se trata de una propuesta básica que; sin embargo, ha sido elaborada con rigurosidad
académica en la cual se recogen aspectos clásicos y contemporáneos sobre cada uno
de los temas.
Cada uno de estos tres cuadernos desarrolla un tema —sistemas electorales, procesos
electorales, actores electorales— que hasta hace pocos años, eran abordados en
distintos campos del conocimiento sin lograr su integración. Al presentarlos de manera
conjunta, consideramos que es posible entender mejor estos procesos complejos.
Teniendo en cuenta que, debido al proceso de construcción democrática que atraviesa
nuestro país, es necesario acercarnos a su conocimiento, comprenderlos y buscar
profundizarlos en la medida de lo posible. Por ello, se considera insuficiente que solo
desde el Estado, se definan las normas y se fortalezcan las instituciones, sino que es
indispensable que la sociedad —entendida como la nación peruana— participe con
responsabilidad y conciencia en los asuntos públicos.
En ese sentido es que el desarrollo de estos tres temas está estructurado en el marco
de nueve macrocontenidos, cada uno de los cuales ha sido elaborado con un esquema
similar. Primero, conocer su definición y características. Segundo, desarrollar de manera
comparada la experiencia de América Latina. Y tercero el desarrollo y explicación de
las características de estos temas en nuestro país. A manera de refuerzo para cada
tema, se recomienda lecturas complementarias que ilustran y hacen más entendible
el contenido de cada cuaderno de divulgación.
Partimos del supuesto que el conocimiento sobre estos temas —por los participantes
en las actividades de Educación Electoral— contribuirá a la comprensión de la
democracia en su aspecto procedimental, la valoración de los procesos electorales y
de sus actores. Todo lo cual nos lleva al fortalecimiento de la Cultura Electoral, reto que
proviene de una genuina preocupación en atender las necesidades de conocimiento
de la población, obtenidas del análisis de los resultados de la encuesta nacional sobre
necesidades en Educación Electoral aplicada a la población peruana en el mes de octubre
del año 2010, con ello se pudo precisar mejor los temas que ahora presentamos.
Ello significa que las otras publicaciones en esta serie «Cuadernos de Divulgación de
Educación Electoral y Democracia», desarrollan los otros temas señalados en esta
relación.
6 Bibliografía consultada 79
Introducción
Los actores electorales representan un tema interesante de análisis,
debido a la importancia trascendental que tienen dentro de todo
proceso electoral, que se desarrolla solo en sistemas democráticos.
Por ello, se debe tener en cuenta que es un tema amplio, al cual
debido a su importancia, se le dedica un espacio exclusivo. El objetivo
es ofrecer una visión general sobre los principales actores electorales
para comprender el rol que ejercen y como ello aporta a la democracia
procedimental.
En ese sentido, en las dos primeras secciones se definen los conceptos
básicos de qué es un actor electoral, así como de cada uno de los
actores electorales que se han considerado en este documento. En esa
tipología de los mismos, se desarrolla el rol de cada uno y su relevancia.
En la tercera parte se explican ciertas características y aspectos prácticos
que en la región andina guardan en común los actores electorales de
cada país.
Finalmente, en la cuarta parte se lleva a cabo un desarrollo del caso
peruano. Donde se abordará a modo de introducción, el proceso
mediante el cual determinados grupos sociales se insertan al cuerpo
electoral en momentos históricos particulares, dando paso al ejercicio
de su ciudadanía a través del sufragio. La importancia de tratar este
tema radica en el reconocimiento de que la democracia implica
participación de todos los ciudadanos en los asuntos públicos, no solo
como electores, sino como parte del proceso electoral como un actor
electoral. Por eso, debemos tomar conocimiento de los procesos de
incorporación ciudadana que atravesaron diversos grupos poblacionales
vulnerables tradicionalmente marginados en el ejercicio pleno de
su ciudadanía. Inmediatamente se desarrollará de forma detallada a
los actores electorales peruanos que muestran particularidades que
implican considerar nuevos actores electorales que se desenvuelven
en los procesos electorales y en específico el día de la jornada electoral.
8
9
1 Actores Electorales:
Concepto
10
11
2 Tipos de actores
electorales
12
De forma introductoria, es pertinente explicar al cuerpo
electoral, el cual está conformado por el conjunto de ciudadanos
y ciudadanas que tienen derecho al sufragio activo y pasivo.
Este cuerpo electoral, que debe ser el reflejo de cómo la
democracia, que es un sistema inclusivo que motiva y garantiza la
participación de todos sus ciudadanos y ciudadanas, es la base en
donde cada ciudadano, durante un proceso electoral, se asume
como un actor electoral. Por ende, es que esta práctica inclusiva
de participación que tiene la democracia, debe ser preservada,
ya que en ella se encuentra el sustento de la legitimidad de un
gobierno elegido en un proceso electoral democrático.
Así, este cuerpo electoral puede estar representado por todos
los ciudadanos y ciudadanas de forma individual u organizada,
como parte de la sociedad civil o como parte del Estado. Son
los electores o miembros de los observadores internacionales
quienes representan a la Sociedad Civil.1 Como representantes de
la Sociedad Política2 encontramos a las organizaciones políticas,
los candidatos y los personeros. Asimismo, como parte de la
Sociedad Económica3 tenemos a los medios de comunicación
y las empresas encuestadoras. Finalmente, el Estado se verá
representado por medio de los organismos electorales y sus
representantes, las Fuerzas Armadas y las Fuerzas Policiales; así
como los diversos funcionarios del Estado de otros organismos
o instituciones que desempeñan una función de acuerdo a la
legislación de cada país.
Se hace evidente que durante un proceso electoral se despliegan
diversos actores que en el cumplimiento de su rol llevarán a dar
mayor legitimidad a las elecciones y por ende a la democracia misma.
2.1 Electores
Son todos aquellos ciudadanos y ciudadanas con el derecho al
voto de acuerdo al cumplimiento de las características que señala
la legislación de cada país.
«El elector es el individuo que integra el electorado, junto con
todos los demás ciudadanos capacitados para votar. Es necesario
que el individuo cumpla con requisitos para que se le permita
integrarse al electorado. La capacidad electoral es generalmente
1 Tiene como funciones principales: proteger los derechos ciudadanos frente al Estado,
ser base y escuela de la democracia; fortalecer la esfera pública formando opinión y
voluntades; exigir una actualización normativa permanente; y ser caja de resonancia de
demandas ciudadanas.
2 Grupo o grupos organizados que entran en competencia por el poder y por ende están en la
búsqueda del mismo.
3 Grupos organizados que tienen intereses particulares y demandas que conllevan un
propósito de lucro o que buscan la constitución de algún ente de producción o distribución.
13
coextensiva con la ciudadanía; sin embargo, existen prohibiciones para que un ciudadano
ejerza el derecho al voto, por lo que se puede decir que generalmente el subconjunto de los
electores es parte del conjunto de los ciudadanos, que a su vez, bajo ciertos criterios es parte
del conjunto de un Estado nación».4
2.4 Personeros
Son representantes de las organizaciones políticas que compiten en un proceso electoral y que
desarrollan su función durante la jornada electoral, la cual consiste en velar porque los votos
obtenidos por su organización política y/o candidato sean respetados. Su presencia fiscalizadora
aporta a garantizar un proceso más democrático, pues significa que más ciudadanos vigilan
que no se produzcan irregularidades. La transparencia y la confianza son posibles de alcanzar
si los representantes de los partidos se encuentran presentes en todas las etapas de la jornada
electoral.
4 IIDH-CAPEL. «Diccionario Electoral». Tomo I San José de Costa Rica, IIDH, 2000, p. 473.
5 Las organizaciones políticas constituyen a la Sociedad Política, está a su vez se define como el grupo o grupos organizados que entran en
competencia por el poder y por ende están en la búsqueda del mismo.
14
2.5 Organismos Electorales
Los organismos electorales se encargan de la regulación jurídica del
proceso (normas legales, validación de candidaturas, resolución
de incompatibilidades y/o conflictos legales, etc.), así como de la
planificación, organización y ejecución del proceso electoral (logística,
escrutinio, entre otras funciones.). Estos organismos deberán actuar
con imparcialidad y de acuerdo a la ley de cada país.
De acuerdo al código de conducta de IDEA International,6 destinado
a asistir a los administradores electorales proporcionándoles guías
generales para su trabajo, se recomiendan seguir los siguientes
principios básicos.
Deben abstenerse de realizar actos o formular declaraciones que
puedan ser considerados como apoyo a un partido político o candidato
determinado.
Deben rechazar cualquier influencia impropia y en especial, directivas
que tengan relación con el desempeño de su tarea y con las decisiones
a adoptar que provengan de los partidos políticos o de los órganos de
gobierno.
Deben evitar participar en actividades privadas que puedan ser
percibidas como incompatibles con su actuación imparcial como
administrador electoral o como demostrativas de simpatía hacia uno
de los contendores del proceso electoral.
Deben abstenerse de formular públicamente apreciaciones sobre
temas políticos controvertidos por los partidos que compiten en la
elección y de usar ostensiblemente símbolos que puedan identificarlo
con un partido determinado.
6 IDEA. «Código de Conducta para una Administración Electoral Ética y Profesional». [Link]
publications/conduct_admin/upload/adm_spanish.pdf
7 Confederación Parlamentaria de las Américas. «Guía del Observador Electoral». Quebec. 2006.
15
Dicha observación posee, además, las siguientes características:
• Busca analizar la organización de los procesos electorales
desde una perspectiva técnica y jurisdiccional.
• Es de corta duración y se realiza con poco personal.
• Propicia el intercambio de experiencias.
• Pretende detectar los requerimientos de soporte técnico y
de reforma electoral.
16
• Colaborar con las autoridades electorales, las organizaciones
políticas y los electores.
• Proponer iniciativas legales en temas de participación
ciudadana, descentralización, entre otros.
2.8 Encuestadoras
Las encuestadoras son empresas dedicadas a la realización de
encuestas electorales cuyo objetivo es conseguir información
(opiniones) de un grupo de ciudadanos y ciudadanas (muestra)
que pretende representar a un universo mayor (cuerpo electoral),
dentro de márgenes de error controlados (probabilidad) sobre la
intención de voto de los electores.
17
3 Actores electorales
en la región andina
Los países de la región andina presentan similitudes importantes en
cuanto a la presencia, los roles, funciones y demás características de
los actores electorales, en sus respectivos procesos electorales. Por
ello es importante mencionarlas aunque en la mayoría de los casos,
difiere en la denominación o en la forma en cómo se desempeñan.
3.1 Electores
En la región andina, a lo largo de la historia existieron diversos
impedimentos legales para que se ejerciera el sufragio universal, desde
la condición económica hasta las culturales. La inclusión como electores
en el padrón es una dimensión de la democracia particularmente
dinámica a lo largo del tiempo. En la actualidad el sufragio universal
se practica en toda Latinoamérica y las únicas condiciones para
ejercer el derecho al voto es la edad y el registro en el padrón o censo,
dependiendo del país.
18
3.2 Miembros de Mesa
En el caso de la región andina, se llama «miembro de mesa» a los
integrantes de las mesas de sufragio, ese es el caso de Perú y Venezuela,
«vocales» en el caso de Ecuador y Chile; y adoptando la denominación
de «jurado de votación» en Bolivia y Colombia. Sus miembros son
elegidos mediante sorteo, como en el caso de Perú, Bolivia, Colombia14
y Venezuela o por nominación del órgano competente como es el caso
de Chile y Ecuador.
14 En Colombia se eligen mediante sorteo a los jurados de votación, sin embargo estos miembros no
se encargan del escrutinio de los votos, sino que esta función recae en las comisiones escrutadoras
cuyos miembros son designados, en el caso de las elecciones generales, por el Consejo Nacional
Electoral de conformidad en lo establecido en los artículos: 113.°, 121.°, y 258.° de la Constitución
Política de Colombia y los artículos 118.°, 157.°, 175.° y 187.° del Código Electoral.
15 Ley N.°18, Ley del Órgano Electoral Plurinacional. art. 43.°
16 Ley N.°18.700. Ley Orgánica Constitucional sobre Votaciones Populares y Escrutinios. art. 38.° y 39.°.
17 «Yo Voto, Yo sumo». Elecciones 2011. [Link]
18 Ley Orgánica Electoral. art. 43.°.
19 Ley N.° 26859. Ley Orgánica de Elecciones, art. 55.°.
20 Ley Orgánica de Procesos Electorales. Capítulo III. De la Mesa Electoral, art. 117.°.
19
Participación mediante Participación por iniciativa propia y otras formas
País
organizaciones políticas de participación
3.4 Personeros
En la región andina, se suelen denominar de forma distinta al personero.
Así en el caso de Colombia y Venezuela se les denomina «testigo
electoral», en Bolivia y Ecuador se les denomina «delegados», en Chile
se les llama «apoderados» y en Perú «personeros».
21 En el caso peruano se tiene personero legal, técnico, alterno, ante la mesa de sufragio y en los centros de votación.
22 Ley N.° 26859. Ley Orgánica de Elecciones. Título IV, De los Personeros ante el Sistema Electoral.
23 Ley Orgánica de Procesos Electorales. arts.126.° y 127.°.
24 Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia. arts. 205.° y 206.°.
25 Servicio Electoral de Chile. [Link]
26 Tribunal calificador de elecciones de Chile. [Link]
27 Código Electoral. Capítulo III, Sección Primera. Consejo Nacional Electoral. Código Electoral.
28 Código Electoral. Capítulo V. Justicia Electoral. Sección Primera. Tribunal Contencioso Electoral.
29 Código Electoral. arts. 121.° y 122.°.
30 Ley Orgánica Electoral. arts. 114.°, 117.°, 125.°, 127.°, 129.°, 131.°.
31 En el caso peruano se tiene personero legal, técnico, alterno, ante la mesa de sufragio y en los centros de votación.
32 Ley N.° 26859. Ley Orgánica de Elecciones. Título IV, De los Personeros ante el Sistema Electoral.
33 Ley Orgánica de Procesos Electorales. arts.126.° y 127.°.
20
3.5 Organismos Electorales
En la región andina cada país adjudica a diversos organismos la organización,
ejecución, planificación y administración de justicia de los procesos electorales. A
continuación presentamos un cuadro con los organismos electorales de los países
de la Región Andina:
El Gobierno Nacional por iniciativa propia o a petición del Consejo Nacional Electoral
Colombia o de un candidato inscrito a la Presidencia de la República, solicitará la presencia de
una veeduría internacional que acompañe el proceso de elección en dichos puestos de
votación, por lo menos quince (15) días antes de la fecha de los comicios.47
22
Propaganda auspiciada por el
País Regulación Propaganda privada
Estado
La difusión de
propaganda electoral, en
Las organizaciones políticas
todas sus modalidades
o alianzas están facultadas
y etapas, para todos los
para la promoción de sus
actores involucrados
candidatos, la difusión de sus
y en cada una de las
ofertas programáticas y la
circunscripciones
Bolivia51 No presenta. solicitud del voto, mediante
electorales, debe
mensajes en actos públicos
cumplir los preceptos
de campaña o a través de
fundamentales de
medios de comunicación
pluralismo, acceso
masivos o de naturaleza
equitativo, participación
interactiva.
informada y
responsabilidad social.
Los partidos,
movimientos y
Durante el período de la
candidatos a cargos
campaña la tarifa de las
de elección popular
Solo en el canal del Estado. empresas privadas de
podrán hacer divulgación
Colombia53 El Estado financia parte de la comunicación por publicidad
política y propaganda
campaña electoral. contratada, deberá ser igual
electoral por los medios
a la mitad de la tarifa del año
de comunicación, en los
anterior.
términos de la presente
ley.
23
Mediante franjas electorales.
Estos espacios se pondrán a
disposición y se distribuirán
equitativamente entre los
partidos políticos, o alianzas También está permitida y
participantes en el proceso su financiamiento debe ser
No se menciona en la
Perú55 electoral, sin costo alguno, sustentado ante la Oficina
norma.
por un espacio diario de diez Nacional de procesos
10 minutos, desde sesenta electorales.
60 días antes del día y la hora
señalados para la elección.
Esta responsabilidad recae en
la ONPE.56
Permitida. Los
representantes de los
El Consejo Nacional Electoral candidatos y candidatas
podrá financiar parcial o deberán informar por
La interpretación y íntegramente la difusión en los escrito al Consejo Nacional
aplicación de estas medios de comunicación de Electoral, dentro de los 5 días
Venezuela57
normas estarán sujetas a radio, televisión o impresos, siguientes a la convocatoria,
los principios y derechos. de conformidad con las los datos de identificación
normativas que establezca al de las personas naturales
efecto. o jurídicas autorizadas
por ellos para contratar la
propaganda.
51 Ley N.° 026. Ley del régimen electoral de Bolivia. arts. 110.° y 113.°.
52 Ley N.° 18.700. Ley Orgánica Constitucional sobre Votaciones Populares y Escrutinios. art. 30.°.
53 Ley N.° 996 del 2005. Congreso de la República de Colombia. capítulos III y IV.
54 Código Electoral. Título Tercero. Financiamiento y Control del Gasto Electoral Capítulo Primero. Campaña electoral, propaganda y
límites del gasto. arts. 202.° y 203.°.
55 Ley N.° 26859. Ley Orgánica de Elecciones. Título VIII. De la Propaganda Electoral.
56 Sentencia del Pleno Jurisdiccional del Tribunal Constitucional. Del 27 de setiembre de 2011. Res. 002-2011-PCC/TC.
57 Ley Orgánica de Procesos Electorales. Título VI. Capítulo II y III. De la Propaganda Electoral y de la Propaganda Electoral en los Medios
de Comunicación Social.
24
3.8 Encuestadoras
Existe desde hace varios años un debate académico sobre el efecto que tienen las
encuestas de opinión pública en los electores. Para algunos solo tienen un valor
indicativo, pues ofrecen información que difícilmente podría conseguirse por la simple
observación, pero que su poder de influencia sobre el electorado no es decisivo.
Sin embargo, para otros especialistas o políticos de diversos países, la difusión del
resultado de las encuestas electorales puede afectar a la opinión pública,58 ya que
ofrecen elementos informativos de las campañas electorales, aunque pueden ser
persuasivas, sobre todo aquellas asociadas a la intención de voto.
Debido a ello, es que la mayoría de países de la región andina tiene normas
legislativas o administrativas que incluyen restricciones temporales respecto a la
difusión de encuestas o proyecciones electorales. Las restricciones, en general,
solamente se refieren a encuestas de opinión pública que miden las preferencias
electorales en períodos muy cercanos a la elección, de otra forma dichas medidas
podrían considerarse como una vulneración de la libertad de expresión.
58 Elisabeth Noelle-Neumann, señala como ejemplo la teoría de La Espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social 1977, en ese
texto se estudia la opinión pública como una forma de control social en la que los individuos adaptan su comportamiento a las actitudes
predominantes sobre lo que es aceptable y lo que no.
59 Ley N.° 026. Ley del régimen electoral de Bolivia. art. 130.°.
60 Congreso de la República de Colombia. Ley N.° 996. Comunicación Social. art. 28.°.
61 N.° 084-DFFP-CNE-2011. Reglamento para empresas que realicen pronósticos electorales para el proceso electoral de referéndum y
consulta popular 2011. art.7.°.
62 Ley Orgánica de Elecciones. Ley N.° 26879. art. 191.°.
63 Ley Orgánica de Procesos Electorales. art. 82.°.
25
3.9 Miembros de las Fuerzas Armadas y Fuerzas
Policiales
En la región andina a las Fuerzas Armadas y Fuerzas Policiales se les asigna
la misión de brindar la seguridad del proceso electoral.
Venezuela Apoyo en seguridad que el CNE Permitido votar. No pueden ser elegidos.
solicite.66
64 Ley N.° 18.700. Ley Orgánica Constitucional sobre Votaciones Populares y Escrutinios. Párrafo 2.°
Del Mantenimiento del Orden Público.
65 Código Electoral 2009. art.16.°.
66 Ley Orgánica de Procesos Electorales. art. 4.°.
26
27
4
Introducción
Actores electorales
en el Perú
28
4.1 Electores
68 Ley N.° 28859. Ley que suprime las restricciones civiles comerciales administrativas y judiciales; y
reduce las multas a favor de los ciudadanos omisos al sufragio.
29
4.2 Miembros de Mesa
En el sufragio y el escrutinio,
• Deben votar primero los miembros de mesa titulares y
suplentes.
• Conducir el desarrollo de la votación.
• Llenar el Acta de Sufragio.
• Realizar el escrutinio o conteo de votos.
• Suscribir el Acta de Escrutinio y firmar las actas.
• Registrar los resultados y pegarlos fuera del aula de votación.
• Hacer entrega de las actas y los materiales al coordinador
de la ONPE.
• Solo los miembros de mesa pueden manipular el material
electoral.
69 Art. 55.° Ley Orgánica de Elecciones del Perú.
30
• Los miembros de mesa no pueden ser detenidos ni 24 horas
antes ni 24 horas después de la votación, salvo flagrante delito.
31
4.3 Organizaciones políticas y candidatos
71 Reglamento del registro de organizaciones políticas. Resolución N.° 120-2008-JNE. Definiciones. Lima. 2008.
72 Ídem.
32
Cuadro de elecciones en las cuales pueden presentarse las diversas
Organizaciones Políticas73
Elección
Elecciones generales regional Elecciones locales
Alcaldes y
Presidente de Congresistas Parlamento Presidente y Regidores Alcalde y Regidores
la República Andino Consejeros Provinciales Distritales
Alianza
Electoral de
partidos
Partido
Político
Alianza
Electoral de
movimientos
regionales
Movimiento
Regional
OP Local
de alcance
provincial
OP Local
de alcance
distrital
73 Fernando Rodríguez Patrón, «El sistema de representación: partidos políticos, movimientos regionales y organizaciones locales».
Presentación de la Escuela Electoral y de Gobernabilidad del Jurado Nacional de Elecciones. 2006.
74 Oficina de Orientación Electoral y Servicios al Ciudadano (Mesa de Partes).
75 Oficina de Registro de Organizaciones Políticas
33
b. Copia certificada del Acta en la que conste el acuerdo conjunto
de formar la alianza, con la firma de las personas autorizadas
para tal efecto. En el acuerdo debe constar el proceso
electoral en el que se participa, los órganos de gobierno, la
denominación, el símbolo, la designación de los personeros
legales y técnicos de la alianza, así como la duración de la
misma.
La presentación de los requisitos establecidos se rige por lo
dispuesto en la Ley de Partidos Políticos, TUPA,76 el Reglamento
del ROP. Los requisitos técnicos que debe cumplir el archivo
electrónico del símbolo (CD-ROM).
Partidos Políticos77
a. Copia legalizada del Acta de Fundación.
b. La relación de adherentes en número no menor del 3%78
de ciudadanos que sufragaron en las últimas elecciones de
carácter nacional, con la firma y el número de DNI de cada
uno.
c. Los libros originales y las copias legalizadas de las actas de
constitución de comités provinciales, los cuales deben estar
establecidos en por lo menos un tercio del número de
provincias del país y ubicados en al menos las dos terceras
partes del número de departamentos del país. Las personas
que suscriben el acta constitutiva de un comité provincial,
deben registrar en su DNI domicilio en la provincia en donde
se constituye el comité. Para efectos de la inscripción, no
debe presentarse más de un comité por provincia.
d. El Estatuto del partido.
e. La designación de los personeros legales y técnicos (titulares
y alternos).
f. La designación de uno o más representantes legales y
apoderado, cuyas atribuciones se establecerán en el Estatuto,
al ser nombrados o por acto posterior.
La presentación de los requisitos establecidos se rige por lo
dispuesto en la Ley de Partidos Políticos, el TUPA del JNE y
el Reglamento del Registro de Organizaciones Políticas y sus
Anexos:
34
• Anexo 1: Requisitos técnicos para la presentación de
relación de adherentes.
• Anexo 2: Requisitos técnicos para la presentación de
comités de una organización política (actas de comité y CD-
ROM).
• Anexo 3: Relación de adherentes o afiliados de comité.
• Anexo 4: Requisitos técnicos que debe cumplir el archivo
electrónico del símbolo (CD-ROM).
Movimientos Regionales79
La solicitud de inscripción de un movimiento regional se presenta por
escrito ante la OOES para su posterior remisión al ROP, acompañada
de:
a. Copia legalizada del acta de fundación.
b. Relación de adherentes en número no menor del 3% de
ciudadanos que sufragaron en las últimas elecciones de
carácter nacional, dentro de la circunscripción en la que el
movimiento regional desarrolle sus actividades y pretenda
presentar candidatos. Dicha relación se presenta con la firma
y el número del DNI de cada uno de los adherentes.
c. Los libros originales y las copias legalizadas de las actas
de constitución de comités provinciales que deben estar
establecidos en por lo menos la mitad más uno del número
de provincias que integren la región o departamento
correspondiente. Cada Acta de Constitución deberá estar
suscrita por no menos de cincuenta adherentes debidamente
identificados, cuyo DNI registre domicilio en la provincia
en donde se constituye un comité. En caso la región o
departamento cuente con número impar de provincias, la
mitad se calcula redondeando al entero superior el número
que resulte de la división, al cual se le agrega un comité
adicional.
En caso la región o departamento cuente con tres provincias,
se requiere de dos comités. Tratándose de la Región Callao, se
presenta comités distritales en la mitad más uno del número
de distritos de la Provincia Constitucional. Para efectos de
la inscripción, no debe presentarse más de un comité por
provincia.
79 Reglamentos del registro de organizaciones políticas. Resolución N.° 120-2008-JNE, art. 25.°.
35
d. La designación de los personeros legales y técnicos (titulares
y alternos).
e. La designación de uno o más representantes legales y
apoderado.
La presentación de los requisitos establecidos se rige por lo
dispuesto en la Ley de Partidos Políticos, el TUPA del JNE y el
Reglamento del Registro de Organizaciones Políticas y sus Anexos:
• Anexo 1: Requisitos técnicos para la presentación de
relación de adherentes.
• Anexo 2: Requisitos técnicos para la presentación de
comités de una organización política (actas de comité y
CD-ROM).
• Anexo 3: Relación de adherentes o afiliados de comité.
• Anexo 4: Requisitos técnicos que debe cumplir el archivo
electrónico del símbolo (CD-ROM).
80 Reglamentos del registro de organizaciones políticas. Resolución N.° 120-2008-JNE, art. 25.°.
36
adicional. En caso la provincia cuente con solo tres distritos, se
requerirá de dos comités. En caso la provincia cuente con solo
uno o dos distritos, se requerirá de un comité. Para efectos
de la inscripción, no debe presentarse más de un comité por
distrito.
Cada Acta de Constitución deberá estar suscrita por no menos de
cincuenta adherentes debidamente identificados. Las personas
que suscriben el acta constitutiva de un comité distrital, deben
registrar en su DNI domicilio en el distrito donde se constituye el
comité.
d. La designación de los personeros legales y técnicos (titulares y
alternos).
e. La designación de uno o más representantes legales y apoderado.
Candidatos
Los candidatos son los ciudadanos y ciudadanas que como parte
de una organización política, postulan a un puesto de autoridad o
representación que se adjudicará mediante una elección pública.
Los candidatos condicionan que se materialice la elección de
representantes o autoridades. Ellos y ellas son la oferta política
sobre la cual se pronunciarán los electores.
En el Perú en el caso de las elecciones municipales Los Alcaldes y
Regidores que postulen a la reelección no requieren solicitar licencia.
Asimismo, los requisitos para ser candidatos a los diferentes cargos
a los que se postula son:
37
a. Candidatos a la presidencia y vicepresidencias
Se requiere, ser peruano de nacimiento, mayor de 35 años, gozar
del derecho de sufragio y estar inscrito en el padrón electoral.
81 Art. 35.° del Código Civil: A la persona que vive alternativamente o tiene ocupaciones
habituales en varios lugares se le considera domiciliada en cualquiera de ellos.
38
Existen algunos impedimentos para poder postular al cargo de
autoridad o representante:
39
b. Los miembros del Tribunal Constitucional, del Consejo Nacional
de la Magistratura, del Poder Judicial, del Ministerio Público, de
los organismos integrantes del Sistema Electoral y el Defensor
del Pueblo;
c. El Presidente del Banco Central de Reserva, el Superintendente de
Banca Seguros, el Superintendente de Administración Tributaria,
el Superintendente Nacional de Aduanas y el Superintendente de
Administradoras de Fondos Privados de Pensiones; y,
d. Los miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional en
actividad. Tampoco pueden ser elegidos congresistas quienes no
se encuentren debidamente inscritos en el RENIEC.
e. El cónyuge y los parientes consanguíneos dentro del cuarto
grado, y los afines dentro del segundo grado del que ejerce la
Presidencia o la ha ejercido en el año precedente a la elección.
f. Los trabajadores y funcionarios de los poderes públicos y de los
organismos y empresas del Estado, si no solicitan licencia sin
goce de haber, la cual debe serles concedida 60 días antes de la
fecha de las elecciones. Asimismo, los que hayan sido cesados o
destituidos como consecuencia de inhabilitación dispuesta por
sentencia en proceso penal.
40
si no han solicitado licencia sin goce de haber, la misma que les será concedida
obligatoriamente, con ciento veinte (120) días antes de la fecha de la elección.
d. Los alcaldes y regidores que hubieran sido revocados o vacados de sus cargos
por delito doloso.
e. Estar inscrito en el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil en el
departamento que se postula.
f. Los funcionarios públicos destituidos o inhabilitados conforme al artículo 100. °
de la Constitución (juicio político realizado por el Congreso de la República).
g. Las personas que se encuentren cumpliendo condena efectiva por delito
doloso, así como las que se encuentren inhabilitadas para el ejercicio de la
función pública.
41
Impedimentos para postular a un cargo de elección
Los trabajadores y
El Presidente del funcionarios de los
Los miembros Banco Central Los poderes públicos y
del Tribunal de Reserva, el miembros de los organismos
Los
Constitucional, Superintendente de las y empresas del
ministros, El cónyuge y
del Consejo de Banca y Fuerzas estado, si no
viceministros los parientes
Nacional de la Seguros, el Armadas solicitan licencia Los comprendidos
de Estado, consanguíneos
Magistratura, Superintendente y de la sin goce de haber, en los incisos
el Contralor dentro del
del Poder de Administración Policía la cual debe serles 7), 8) y 9) del
General de cuarto grado,
Judicial, del Tributaria, el Nacional concedida 60 Artículo 23. º de El Presidente,
la República y los afines
Candidato Ministerio Superintendente que ó 30 días antes la Ley Orgánica de los
y las dentro del
Público, de los Nacional de no han de la fecha de Municipalidades. Vicepresidentes
autoridades segundo grado
organismos Aduanas, y el pasado las elecciones, y los
regionales, del que ejerce
integrantes Superintendente a la dependiendo del Congresistas de
si no han la Presidencia
del Sistema de Administración situación cargo al que postula. la República.
renunciado o la ha ejercido
Electoral y el de Fondos de retiro Asimismo, los que
por lo menos en el año
Defensor del Privados de por lo hayan sido cesados
seis meses precedente a la
Pueblo, si no ha Pensiones, si no menos o destituidos como
antes de la elección.
dejado el cargo han renunciado 6 meses consecuencia de
elección. 6 meses antes por lo menos 6 antes de la inhabilitación
de la elección meses antes de la elección. dispuesta por
elección sentencia en
proceso penal
Presidente
Congresista
Parlamentario
. .
Andino
Presidente
regional
Consejero
Regional
Alcalde
provincial
o distrital
Regidores
de concejo
provincial o
distrital
42
4.4 Personeros
43
Acreditación de personeros: La calidad de personeros se
acredita con la credencial que es otorgada de acuerdo al
siguiente esquema:
44
4.5 Los Organismos Electorales
45
sus respectivas funciones en los distritos o circunscripciones
electorales. Son autónomos, es decir, no dependen de ningún
poder del Estado o institución pública.
Los organismos electorales deben y pueden realizar dentro de
sus funciones más importantes:
a. ONPE
• Organizar y ejecutar los procesos electorales.
• Dictar disposiciones para mantener el orden y la
protección de las personas durante los comicios.
• Capacitar a los miembros de mesa y a la ciudadanía.
• Hacer el cómputo y obtener los resultados de los
procesos electorales y remitirlos al JNE.
• Supervisión de los fondos partidarios.
b. JNE:
• Administrar e impartir justicia electoral.
• Fiscalizar la legalidad del proceso electoral.
• Proclamar los resultados o declarar la nulidad del
proceso electoral.
c. RENIEC:
• Preparar y actualizar el padrón electoral en
coordinación con la ONPE.
Los funcionarios representantes de los organismos electorales
deben guardar la neutralidad electoral impuesta por las leyes
que rigen cada uno de los organismos.
46
La necesidad de legitimidad puede ser interna, como sucede en casos
en los cuales la desconfianza del electorado hace que una respetada
opinión externa sea valiosa. La realización periódica de elecciones libres
y equitativas es una condición para el reconocimiento y aceptación
internacional de un régimen (como en el caso de la admisión al Consejo
de Europa). En otros, la evaluación puede ser utilizada para definir
la asignación de la asistencia al desarrollo (como en los casos de los
países en los cuales esa asistencia está vinculada con procesos de
democratización y con el respeto por los derechos humanos).
La legitimación de un proceso electoral no es el único objetivo de la
observación, y otros actores pueden tener otros propósitos al solicitarla
o realizarla. La observación internacional ha sido útil en desarrollar
confianza y asegurar la participación en el proceso de los partidos de
oposición.
47
Los observadores electorales no pueden:91
Sustituir u obstaculizar a las autoridades electorales en el ejercicio
de sus funciones, ni realizar actos que directa o indirectamente
constituyan interferencia en el desarrollo del proceso electoral.
Hacer proselitismo de cualquier tipo o manifestarse en favor o en
contra de agrupación política o candidato alguno.
Ofender, difamar o calumniar a las instituciones, autoridades
electorales, agrupaciones políticas o candidatos.
Declarar el triunfo de agrupación política o candidato alguno.
Dirigirse a funcionarios del Jurado Nacional de Elecciones
solicitando informaciones o entrega de documentos oficiales.
48
Los electores confían en los medios para la transmisión de la información
y en el análisis que realizan sobre ésta. Como resultado, los medios
tienen la responsabilidad de informar de manera precisa.
4.8 Encuestadoras92
49
La publicación o difusión de encuestas y proyecciones de cualquier
naturaleza sobre los resultados de las elecciones a través de los
medios de comunicación pueden efectuarse hasta el domingo
anterior al día de las elecciones.
50
Los miembros de las Fuerzas Armadas y Policiales no pueden:
51
4.10 Defensoría del Pueblo
Para ello supervisan la actuación del Estado Peruano y la prestación de los servicios públicos,
evidenciando la vulneración de los derechos e incidiendo en la mejora de la política y la gestión
pública.94
52
En ese sentido, la Defensoría del Pueblo en el Perú, posee la capacidad
de:
Recomendar a la autoridad ante «determinadas situaciones» que
puedan corregir para no afectar de alguna manera el proceso electoral.
Pueden supervisar el acopio del material de sufragio, la distribución
en los locales de votación, la ausencia de propaganda electoral en los
centros de voto, la buena señalización de los locales, entre otros.
El día de las elecciones observan el inicio de la jornada para garantizar
que las mesas se instalen de manera adecuada
Dentro de los horarios establecidos, verifican el cumplimiento de las
medidas establecidas para que las personas con discapacidad, los
adultos mayores y las madres gestantes, puedan ejercer su derecho
ciudadano sin mayor dificultad.
53
ANEXO
54
El Perú atravesó un largo proceso de incorporación de diversos
grupos de ciudadanos que a través de la historia se les negó el
ejercicio de su ciudadanía mediante el voto. Aunque podemos
reconocer que en la actualidad existen garantías para que estos
grupos antes mencionados, puedan ejercer su voto libre, igual,
universal, secreto y obligatorio, es importante hacer hincapié
en el proceso de inserción al cuerpo electoral y por ende al
reconocimiento de derechos ciudadanos, que fueron producto
de muchas luchas ciudadanas sociales y políticas que estos grupos
marginados tuvieron que realizar para conquistar la ciudadanía
plena.
a) Mujeres
96 María Jesús Alvarado Rivera fue una feminista peruana, educadora, periodista, escritora y
luchadora social.
97 Adela Montesinos destaca hoy como la primera mujer feminista de Arequipa. Nació en
1910 en el seno de una familia con mucho prestigio social e intelectual.
98 «Evolución femenina», institución en favor de la cultura y los derechos de la mujer. Esta
sociedad tenía como propósito el establecimiento de colegios secundarios públicos para
mujeres, para la extensión de sus conocimientos prácticos para el cuidado de los niños
y el manejo del hogar, proveer trabajos industriales convenientes para las mujeres, el
desarrollo de la idea de que todo trabajo honesto es digno y honorable, asegurando a
la mujer una igualdad civil y sus derechos, cuando se casen, de administrar sus propios
asuntos financieros. En 1915 por gestión de «Evolución femenina» se aprobó en la Cámara
de Diputados del Perú el ingreso de mujeres a las Sociedades de Beneficencia Pública. En
1922 se aprobó en la Cámara de Senadores.
55
Durante el oncenio de Leguía se favorece la posibilidad de las mujeres de
acceder a espacios públicos en donde puedan ampliar su participación
política, como las Sociedades de Beneficencia Pública. Aunque fue un
primer logro, este intento no significó la incursión de la práctica política
de las mujeres peruanas en el espacio público de forma inclusiva,
pues se asumió que una mujer menor de 30 años no tenía educación
suficiente para formar parte de estas organizaciones. Así, encontramos
que sólo a las mujeres mayores de 30 años con autorización marital se
les permitió ingresar a las Sociedades.
99 En la Constitución del Perú del año 1933, en el art. 86.° se menciona de esta forma. «Gozan del
derecho de sufragio los que sepan leer y escribir; y, en elecciones municipales, las mujeres peruanas
mayores de edad, las casadas o que lo hayan llegado a su mayoría».
100 Villanueva, Victoria y Elizabeth Herrera. «50 años del voto a las mujeres». Lima: Movimiento
Manuela Ramos, Programa Derecho a la Participación Política y Ciudadanía. 2005.
56
una mayor inclusión de la mujer en el sistema político. Con la inclusión
de las mujeres, el electorado en ese momento se duplicó. A partir de las
elecciones de 1980, las mujeres en su conjunto tienen la capacidad de
elegir y ser elegidas.
En el Perú las normas electorales vigentes exigen desde 1997 la presencia
de un porcentaje mínimo de mujeres o varones en las listas de candidatos y
candidatas. En un primer momento la Ley Orgánica de Elecciones101. y luego
la Ley de Elecciones Municipales establecieron un porcentaje mínimo de
25%, que se aplicó en los procesos electorales de 1998 (municipales) y del
año 2000 (parlamentaria). Luego la cuota de género fue elevada al 30%102,
porcentaje que se viene aplicando desde las elecciones parlamentarias del
año 2001y las elecciones regionales y municipales del año 2002.103
Las listas de candidatos y candidatas al Congreso de la Republica y al
Parlamento Andino, así como a Consejeros Regionales y Regidores deben
estar integradas por no menos del 30% de mujeres o varones. Para el
cálculo de esta cuota, no se incluyen a los candidatos o candidatas de la
fórmula de presidente y vicepresidente regional, ni de alcaldes. Asimismo
el porcentaje antes mencionado, no se aplica a la fórmula de candidatos o
candidatas a la presidencia y vicepresidencia de la República.
También debe precisarse que por mandato de la Ley de Partidos Políticos104,
en las listas de candidatos o candidatas para cargos directivos o de elección
popular, que participen en las elecciones internas partidarias, el número
de mujeres o varones no puede ser inferior al 30% del total de candidatos.
Ecuador 1929
Venezuela 1947
Chile 1949
Bolivia 1952
Perú 1955
Colombia 1957
57
Cronología de adquisición de derechos ciudadanos para las mujeres en
el Perú106
Cronología de
adquisición de derechos ciudadanos para las mujeres en el Perú
b) Jóvenes
La categoría joven se remite a varias dimensiones a la vez, ya que se
puede especificar desde el aspecto demográfico, social o cultural:107
106 Elaboración propia, en base al texto 50 Años del Voto de las Mujeres. Por Victoria Villanueva Chávez,
Elizabeth Herrera García. Movimiento Manuela Ramos, Programa de Derecho a la participación Política y
Ciudadana.
107 ONPE. «Nuevos actores en el mapa político: la cuota de género y la cuota de jóvenes en las elecciones
regionales y municipales de 2006». Lima, 2008.
58
El aspecto demográfico se refiere a un grupo etario cuyo rango es variable. En nuestro país,
según el Consejo Nacional de la Juventud (CONAJU) y el Instituto Nacional de Estadística
e Informática (INEI), la categoría joven abarca a personas entre los 15 y 29 años de edad.
Para organismos internacionales como el Banco Mundial y la Organización de las Naciones
Unidas (ONU), la juventud comprende desde los 15 hasta los 24 años.108
El aspecto social se refiere a los jóvenes que se ubican dentro del tejido de las relaciones
sociales, como un grupo que se desenvuelve en una etapa de transición entre la niñez y la
adultez. Es una fase del proceso de socialización en el cual el joven se está incorporado a
las actividades productivas, cívicas y sociales de la comunidad. Es, por lo tanto, una etapa
de espera o preparatoria.
El aspecto cultural se refiere a la imagen construida sobre lo que significa ser joven en una
sociedad y cultura determinadas. Esta imagen es producto de la industria de los medios
de comunicación, la publicidad y la cultura de masas, que busca diferenciar a la juventud
de la adultez, a través de signos y símbolos «juveniles», como la vestimenta, la música, el
lenguaje, etc.
Por otro lado, el enfoque de los jóvenes hacia la política en edades que fluctúan entre 18
y 24 años considera tres criterios seleccionados.109 La política como información, como
compromiso social y como representación.
108 Ley del Consejo Nacional de Juventud. Ley N.° 27802, art. 2.°
ONPE. «Los jóvenes y las elecciones generales de 2006: Análisis cuantitativo y cualitativo de la
participación de los electores de 18 a 24 años». Lima. 2006
109 Lynch, Nicolás «La ciudadanía: ¿un bien importado? Reflexiones sobre la ciudadanía en el Perú».
CONSORCIO JUVENTUD Y PAÍS. Lima. 2006.
59
El ejercicio del voto, desde las primeras experiencias de los jóvenes electores, constituye
parte de la iniciación del proceso de formación de su identidad como electores y como
ciudadanos. Entendiendo por ciudadanía la condición de pertenencia a una determinada
comunidad política.110
La cuota de jóvenes establece que no menos el veinte por ciento (20%) de la lista de
candidatos debe estar integrado por jóvenes, que deberán ser mayores de 18 y menores
de 29 años de edad a la fecha de vencimiento del plazo para la inscripción de las listas ante
el JEE correspondiente. De forma similar, con la promulgación de la Ley N.°29470, ley que
modifica la Ley de Elecciones Regionales, a la participación de jóvenes se le debe otorgar
el mismo porcentaje de las elecciones municipales y se maneja bajo los mismos requisitos.
c) Indígenas
El Perú ha tenido una larga historia de discriminación hacia los ciudadanos indígenas. Desde
el periodo colonial se ha privilegiado a la minoría masculina, costeña y blanca en términos de
ejercicio de derechos políticos, entre otros.
Sin embargo, en relación al derecho al sufragio las circunstancias eran diferentes. Si bien
diversas constituciones equipararon el derecho al voto al de ciudadanía, este derecho
mantenía vetos implícitos, pues sólo lo podían ejercer los ciudadanos que supieran leer y
escribir, quienes tuvieran alguna propiedad o pagaran al Tesoro Público alguna contribución.
110 Lynch, Nicolás «La ciudadanía: ¿un bien importado? Reflexiones sobre la ciudadanía en el Perú». CONSORCIO JUVENTUD Y PAÍS. Lima.
2006.
111 Ley del Concejal joven N.° 28869.
60
Además, de la marginación por condiciones sociales y económicas, la exclusión estaba
fundamentada bajo una condición racial, que tenía como consecuencias la negación de la
ciudadanía y el impedimento para ejercer los derechos civiles, políticos, económicos, sociales
y culturales en general.
Por ello, es importante reflexionar desarrollando un recuento de cómo las leyes se flexibilizaron
y se volvieron inclusivas para dar acceso formal a la población indígena al derecho de sufragio.
La primera Constitución de 1823 establecía que para acceder a la ciudadanía se requería «ser
peruano, ser casado o mayor de 25 años, saber leer y escribir», y «tener una propiedad, o
ejercer cualquier profesión o arte con título público, u ocuparse en alguna industria útil, sin
sujeción a otro en clase de sirviente o jornalero».
En la década de 1850, Ramón Castilla convocó a elecciones para elegir un sucesor. En ese
periodo aparecen los elementos constitutivos de un sistema de partidos, se presentaron cinco
candidatos, hay una fuerte competencia por ganar la opinión pública, nacen nuevos periódicos
apoyando a éstos, y se realizan concentraciones públicas por primera vez. El ganador de estas
elecciones fue José Rufino Echenique quien obtuvo la mayoría del electorado, constituido en
ese entonces por 3804 votantes.
Las sucesivas constituciones del siglo XIX van rebajando los criterios discriminatorios: la de
1860 establece, como único requisito para adoptar la ciudadanía, la mayoría de edad (21 años)
y el estar casado. Sin embargo, la cifra de electores se reducía a una ínfima minoría blanca,
costeña y adinerada. Además, esta reducción u apertura, no se veía reflejada en la práctica
de la ciudadanía. Ese breve período de estabilidad no duró mucho, pues Ramón Castilla se
levantó contra el gobierno electo. Tras la guerra civil, los liberales empezaron el debate para
exigir el sufragio directo y universal, impulsando así la derogación de los requisitos de renta,
profesión y el saber leer y escribir para poder sufragar.
Esta forma anacrónica de pensamiento se generalizó durante muchas décadas, hasta que
surge el debate del sufragio femenino nuevamente en el año 1956 y con ello se suma el
debate el derecho al sufragio de los analfabetos, que casi en su totalidad estaban compuestos
por los indígenas.
61
A pesar de ello, el número de ciudadanos que podía ejercer su derecho al voto seguía
representando por un reducido núcleo urbano, alfabeto y elitista que giraba en el entorno
del 3% de la población. Nuestra democracia se articulaba en un sistema cerrado, donde el
autoritarismo, el clientelismo electoral, el caciquismo político, y un abierto racismo, eran las
condiciones predominantes.
Luego de 160 años de vida republicana, a finales de la década del setenta, debido a los
cambios constitucionales producto del contexto político, se alcanzó el sufragio universal
como un derecho para todos y todas. En la actualidad la Constitución garantiza por igual
el cumplimiento de sus derechos a todos sus ciudadanos, particularmente en torno al
sufragio. Además mediante la Ley N.° Nº 29470 que establece la cuota de representantes de
comunidades nativas en las elecciones regionales.
La lista debe estar conformada de por lo menos el quince por ciento (15%) de la lista de
candidatos a regidores en la circunscripción electoral provincial que corresponda, debe estar
integrado por representantes de comunidades nativas y pueblos originarios ubicados en dicha
provincia. El mismo porcentaje se aplica en la Ley N. °26864. Ley de Elecciones Municipales.
El caso de los miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional ha sido una constante
contradicción en lo que respecta a sus derechos como ciudadanos. Esto se debe a que la
presencia militar en el ejercicio político del poder, a lo largo de la historia ha sido constante.
En términos legales, hasta bien entrado el siglo XX, no hubo durante ese periodo ninguna
restricción explícita que les negase la participación en contiendas electorales. Sin embargo,
es evidente que en las intervenciones militares en el ejercicio político, su legitimidad no se
basó en la voluntad popular, sino en el uso de la fuerza, que en muchos casos se dirigió contra
gobiernos elegidos democráticamente.
Pero es importante señalar, que incluso habiendo tenido una presencia importante a lo largo
de la historia republicana del Perú, ejerciendo el poder político en largos periodos, esto no los
hizo exentos a prejuicios que devinieron en deslegitimar la identidad de sus individuos como
ciudadanos capaces de tener un juicio político propio.
62
Parecería que su exclusión ha partido de la identificación de los miembros individuales de la
institución con ésta, que tiene funciones específicas como el ser «obediente y no deliberante»
(García Belaunde, op. cit., 176). Pero, así como la institución no tiene, ni puede tener, una religión
exclusiva, cada miembro de aquella puede mantener sus propias creencias en materia religiosa,
sus propias aficiones y su propia postura política, por lo tanto cada militar, a título personal,
podría participar en actividades políticas fuera de los cuarteles. (Guerra, 2003:120)
Las motivaciones de índole político así como el prejuicio sobre la capacidad de los individuos de
mantener una identidad política propia, de forma independiente y separada de la obediencia
institucional, fueron los argumentos para que en la Constitución de 1933 y la de 1979, se hiciera
explícito que los miembros de las Fuerzas Armadas en funciones no podrían ejercer el derecho
al sufragio. La situación no cambiaría en las décadas siguientes.
Desde la promulgación de la Ley de Reforma Constitucional N.º 28480, que modifica los Arts.
31.° y 34.° de la Constitución Política del Perú, se establece el derecho a voto de los miembros
de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional del Perú, aunque se les sigue restringiendo el
derecho a ser candidatos o participar en actividades proselitistas.
En ese sentido, cabe resaltar la necesidad y la responsabilidad que tiene el Estado en garantizar
el efectivo ejercicio del voto por parte de su personal. Para ello, no solo debe diseñar y emitir
directivas correspondientes, sino que debe efectuar el seguimiento de las unidades ejecutoras,
supervisando el cumplimiento de las normas por parte de los institutos armados a fin de
adoptar todas las medidas que posibiliten el ejercicio del voto por parte del personal militar.
El rol tradicional de las Fuerzas Armadas y Policiales de implantar el orden en los procesos
electorales no debe verse superpuesto a su ejercicio como ciudadanos, pues ese enfoque
acrecentaría la brecha que por décadas ha alimentado el caldo de cultivo para la formación de
gobiernos militarizados, caudillistas, así como el ejercicio de una ciudadanía laxa.
63
5 Lecturas
Complementarias
El derecho de sufragio en el Perú
Valentín Paniagua Corazao
INTRODUCCIÓN
Derecho de sufragio y participación política están, en teoría, íntimamente vinculados. Son o
deberían ser, en cierto modo, directamente proporcionales. No ha sido ese el caso del Perú en
los dos últimos siglos. La extensión del sufragio, por paradoja, redujo la participación popular y
la libertad del elector. El voto de los analfabetos, lejos de permitirles una mayor participación
en la vida política del país, aumentó el poder de los gamonales. La reducción del cuerpo
electoral, por obra de las limitaciones impuestas a la participación popular (por ejemplo, voto
capacitario, voto masculino o exclusión de ciertos sectores como el ejército, el clero, etc.) o a
la forma de elección (sufragio indirecto), tampoco aseguró una mayor pulcritud y verdad en
los comicios. No obstante el reducido cuerpo electoral constituido solo por los alfabetos, con
excepción de los indios —como se verá más adelante—, las elecciones fueron casi siempre
fraudulentas durante los inicios de la República y, desde luego, en la República Aristocrática.112
Lo fueron más todavía bajo el imperio de las autocracias tanto civiles (Leguía, Prado en su
primera administración, y Fujimori) como militares (Benavides, en 1936 y 1939, y Odría en 1950
y 1956) ¿Cómo puede explicarse tal paradoja?
La respuesta está, sin duda, en la situación de servidumbre a la que se hallaba sometida la raza
indígena, en una legislación incoherente con la verdadera realidad del país y, por cierto, en
unas «costumbres electorales» reñidas con el respeto a los más elementales principios éticos y
democráticos. Es innegable que las primeras elecciones republicanas no correspondieron a la
genuina voluntad popular. Si en un primer momento podían justificarse, por diversas circunstancias
(ocupación del territorio por fuerzas externas, enfrentamientos de facciones, períodos de anarquía,
Ex presidente de la República y del Congreso del Perú. Profesor de Derecho Constitucional en la Pontificia Universidad Católica del
Perú y en la Universidad Femenina del Sagrado Corazón. Jefe de la Misión de Observación Electoral de la OEA en Guatemala (2003).
112 Con excepción de las elecciones presidenciales de 1872 y 1895, todas las demás en el siglo pasado tuvieron vicios fundamentales,
señala Basadre (1980). Las dos elecciones de Gamarra a mediados del siglo XIX, fueron una «imposición oficial». Castilla se
«autoeligió» en 1845 y se reeligió en 1858 usando de su poder mediante «un proceso doble de seducción e intimidación»; del mismo
modo impuso a sus sucesores: Echenique en 1851 y San Román en 1862. El coronel Balta «debía» ganar por ser militar, y Manuel
Toribio Ureta «debía» perder «todavía» en 1868. Pardo pudo ganar en 1872 por su enorme prestigio político y económico y porque,
finalmente, contó con el respaldo popular frente a la intentona militar que trató de impedirle la asunción del mando. Por su parte,
Piérola era en 1895 el caudillo indisputable de la República.
Extracto tomado de Valentín Paniagua Corazao .- «El derecho de sufragio el Perú» parte del 1 al [Link] : ONPE, Elecciones,2003, N.° 2.
64
etc.), no había ninguna excusa para tolerar los mismos vicios (suplantación o adulteración del voto
popular, coacción e intimidación al elector, imposiciones oficiales, manipulación de los organismos
electorales y, desde luego, la autocalificación electoral parlamentaria) en pleno siglo XX.
Cincuenta años después de la emancipación, Manuel Pardo creía que el sistema electoral
estaba enteramente viciado. Hallaba que sus deficiencias comenzaban con la calificación
misma de los ciudadanos (abuso en la formación del registro cívico y en la emisión de las
cartas de ciudadanía), y seguían con la designación de «mesas instantáneas» por los primeros
sufragantes que llegaban al acto electoral; constituir después las mesas receptoras de votos
era causa no solo de violencia sino de las más graves corruptelas. El sistema obligaba a que, en
palabras de Manuel Pardo:
...los partidos procuren cerrar el paso a todo voto contrario o a abrírselo para emitirlo, naciendo
allí, generalmente, la lucha. Desde 1851 [venimos contemplando que] el partido dueño de la mesa
momentánea se defiende en ella con un grupo de la peor gente que pueda hallar a mano [...] y forma la
mesa permanente como más conviene a sus intereses. (1871, 3)
Casi medio siglo después, Víctor Andrés Belaunde comprobaba, con amargura, que en el Perú no
existía ni había habido jamás «verdad electoral» ni «sufragio libre» y que las elecciones habían
sido siempre «una comedia» y «una imposición del gobierno y de la mayoría del Congreso»
(1963, 71). Era verdad en 1914 y lo sería también hasta muy entrados los años sesenta.
Hasta 1992 era casi una verdad inconcusa que el Perú había conquistado por fin, en 1963,
un régimen de genuina libertad electoral. Había la sensación de que nada retrotraería etapas
superadas o comprometería el curso de un proceso que parecía irreversible. Esa convicción se
fundaba en la experiencia vivida desde 1962 en que se depuró y reguló el Registro Electoral
con mayor propiedad (Decreto Ley N.° 14207) y se expidió una nueva ley de elecciones
políticas (Decreto Ley N.° 14250); y, posteriormente, ya en pleno régimen democrático (1963),
113 «Reportaje al Jefe del Partido Demócrata, señor Nicolás de Piérola», en El Nacional, Lima, 10 de mayo
de 1886 (citado por Dulanto, 1947, 352).
65
se sancionó una nueva ley de elecciones municipales (Ley N.° 14669). Esa convicción estaba
avalada, además, por la conducta de los gobiernos tanto democráticos como autocráticos en
los procesos electorales celebrados entre 1963 y 1990. A todo ello se añadía una circunstancia
singular. El Jurado Nacional de Elecciones, integrado por ilustres magistrados y juristas, había
afianzado no solo su autoridad sino también su autonomía, siempre discutida y avasallada
antes de 1963. La quiebra del orden constitucional el 5 de abril de 1992 puso fin a esa etapa.
Las elecciones del llamado Congreso Constituyente Democrático (CCD) en 1992, el referendo
ratificatorio del 31 de octubre de 1993, las elecciones generales de 1995, las elecciones
municipales de 1998 y, sobre todo, las elecciones generales de 2000, resucitaron métodos
y conductas que se suponía superados. Retornaron, con toda su indeseable secuela, la
intromisión gubernativa a través de la participación de funcionarios y servidores públicos
en actividades proselitistas y, desde luego, con el uso de los bienes y recursos estatales;114 la
modificación sorpresiva e inopinada de la legislación electoral; el sometimiento dócil de los
órganos electorales a la voluntad estatal, vía la corrupción de sus integrantes (ex miembros del
JNE y ex jefe de la ONPE); el control de los medios de comunicación social y, en especial, radios
y televisoras;115 la persecución y hostilización a los opositores; y hasta el uso fraudulento de la
administración electoral, incluyendo los sistemas informáticos.116
La lucha por la libertad y la verdad electoral recobró plena actualidad. El Perú libró, en el
curso del año 2000, una fiera campaña para reconquistar su derecho a elegir libremente. Esa
lucha significó no solo el triunfo de la verdad electoral sino el derrumbe del más corrupto y
desaprensivo de los gobiernos que jamás haya tenido el Perú. Las elecciones del año 2001
—cuya limpieza y transparencia nadie se ha atrevido a cuestionar—117 abrieron, a no dudarlo,
una nueva etapa en la historia política y constitucional del Perú y cerraron, también, una de
fraude y adulteración de la voluntad popular que se inició, obviamente, con el golpe militar
del 5 de abril de 1992 del que Fujimori fue cómplice y dócil instrumento. Puede decirse que la
114 En el proceso electoral del año 2000 se denunciaron diversos actos de intromisión gubernamental. Por ejemplo, la Misión de
Observación Electoral de la OEA, en su tercer Boletín del 23 de marzo, recomendó al gobierno: «Hacer efectiva la prohibición sobre
el uso de fondos públicos para la campaña y el comportamiento proselitista de funcionarios públicos». Sin embargo, el gobierno
hizo caso omiso a tal recomendación y usó las instituciones estatales, sobre todo las de carácter social (FONCODES, INFES, PETT,
COFOPRI, PROMPYME, FONAHPU, PRONAA y PROFAM, entre otras), para sus fines «reeleccionistas» (Defensoría del Pueblo, 2000,
322).
115 El Estado subvencionaba a la prensa denominada «chicha» (sensacionalista, pornográfica y de muy bajo precio), «...mediante
tres mecanismos: (i) el pago directo por titulares contra la oposición, a cargo del SIN estimado en US$ 3.000 por titular—; (ii) la
compra diaria de un numeroso volumen de ejemplares para ser repartidos gratuitamente en cuarteles y asentamientos humanos;
y (iii) la compra de publicidad por parte de diversos ministerios y de las Fuerzas Armadas». Más aún, los canales de televisión 2 y
4 funcionaron como «apéndices informativos del Servicio de Inteligencia Nacional» y los «vídeos de la corrupción» permitieron
«conocer cómo se había sobornado a los propietarios de los canales de televisión » (Ames et al., 2001, 228-243).
116 La Defensoría del Pueblo y los organismos de observación electoral nacionales e internacionales denunciaron en el proceso electoral
del año 2000 la sucesión de irregularidades en el cómputo de los votos (véase Paniagua, 2000, 38-42; Defensoría del Pueblo, 2000,
81-82; y Pease, 2003, 280-281).
117 La Misión de Observación Electoral de la OEA, encabezada por el ex canciller guatemalteco Eduardo Stein, destacó la imparcialidad
del gobierno en las diversas etapas del proceso electoral. Así, antes de la realización de las elecciones, el informe de la MOE
dice: «La MOE pudo comprobar la estricta neutralidad que el Gobierno y el aparato del Estado demostraron durante la campaña
electoral, que le permitió a los entes electorales operar con completa independencia del Ejecutivo». Finalizadas las elecciones, las
conclusiones generales son elocuentes: «En opinión de la MOE, las elecciones generales se desarrollaron en forma libre, justa y
transparente. El Gobierno de transición cumplió con el compromiso de neutralidad y el estricto apego a la legalidad. Por su parte,
las autoridades electorales desempeñaron cabalmente sus respectivas funciones» (OEA, 2002, 11 y 91). «Los resultados del 8 de
abril y del 3 de junio fueron aceptados como legítimos por todas las partes de la contienda. El inmediato reconocimiento del triunfo
de Alejandro Toledo por parte de su competidor, Alan García, sumado al testimonio de limpieza electoral ofrecido por todas las
misiones internacionales de observación electoral (OEA, UE, NDI / Centro Carter) permitieron que las elecciones del año 2001
fueran consideradas, dentro y fuera del país, como impecables y ejemplares» (Ames et al., op. cit., 141-142).
66
propia democracia, siempre precaria, y la libertad y la verdad electorales sufrieron los avatares
de aquella a pesar de una legislación electoral que, aunque defectuosa, pudo permitir un
desarrollo democrático más apropiado.
1. NACIONALIDAD Y SUFRAGIO
Gozan del derecho de sufragio, de acuerdo a todas nuestras constituciones, los peruanos por
nacimiento y también por naturalización. Se consideran peruanos por nacimiento los nacidos
en el Perú o en el extranjero, de padre o madre peruanos, a condición de estar inscritos en el
registro respectivo o de optar por la nacionalidad peruana al llegar a la mayoría de edad. Los
peruanos por naturalización alcanzan la nacionalidad luego del cumplimiento de requisitos
específicos establecidos por la ley. Hasta la Constitución de 1839 se reconocía, prácticamente
de forma automática, la condición de peruanos a los extranjeros residentes en el Perú oriundos
de los países latinoamericanos y, en general, a los extranjeros que hubiesen participado
en la guerra de emancipación. A partir de la Constitución de 1856 se optó por la fórmula
ahora vigente, esto es, previo cumplimiento de algunas formalidades —que han variado en el
tiempo— para lograr la nacionalización o la naturalización.
118 El Decreto Ley 21994, de 15 de noviembre de 1977, modificó el artículo 8.° del Código Civil de 1936 y otorgó la ciudadanía a los
nacionales alfabetos desde los 18 años: «Son personas capaces de ejercer los derechos civiles los que han cumplido los 18 años de
edad» (art. 1.°).
67
previa justificada escusa» (art. 5.°). La ley de 1828 dedicó cinco artículos al tema. Sancionaba a
los omisos haciéndolos inelegibles, publicando sus nombres en la Gaceta Oficial y en los demás
periódicos haciendo constar que habían incumplido su obligación «...por indiferencia al bien de la
comunidad y en desprecio de su mismo derecho, pudiendo más en ellos una criminal indolencia
que el amor a la patria». El Senado debía tener presente esa lista para calificar su patriotismo al
tiempo de proponer ciudadanos para los empleos. La enfermedad y la ausencia anterior a las
elecciones eran «las únicas causas» que legitimaban «la falta de sufragio» (art. 8. ° a 12. °).
La Ley de 29 de agosto de 1834 permitía multar (4 a 12 pesos) a los ciudadanos electores que
no concurrieran a los comicios en los «colegios provinciales», además de quedar en «suspenso
de la ciudadanía por dos años» (art. 47. °), sanciones que la Ley de 1849 repitió (art. 44. °).
Los ciudadanos comunes podían ser multados (4 pesos) si rehusaban sufragar luego de ser
conminados por el gobernador, caso en el que, además, sufrían suspensión de la ciudadanía
por un año (art. 28. °). La Ley de 1861 era igualmente drástica con los electores de los colegios
de provincia (multas de 25 a 50 pesos según que se hallaren o no en el lugar de reunión del
colegio —art. 38. ° y 39. °). Guardó silencio, en cambio, respecto de los ciudadanos omisos. Hizo
lo propio la ley de 17 de diciembre de 1892 que fue la primera que tipificó los delitos «contra el
ejercicio del derecho de sufragio» (art. 83. ° a 85. °). Era delito la inconcurrencia de los electores
de provincia al respectivo colegio electoral (art. 83. °, inciso 11). Se penaba con multa de 25 a
100 pesos (art. 84. °) que era aplicada por el subprefecto a simple requerimiento del presidente
del colegio en cuestión (art. 49. °). Comparando la Ley de 1861 con la de 1892, Manuel Patiño
Samudio expresaba:
La Ley del 61 sólo consignaba en diferentes partes actos prohibidos durante las elecciones, algunos delitos,
y las penas consiguientes [...]. Pero todo esto no bastaba para garantizar el ejercicio de tan sagrado derecho,
ni se conocía unidad y prontitud para intentar la acción correspondiente a fin de conseguir el castigo de los
delincuentes [...]. Eso ha hecho la nueva ley. Lo demás ya no está al alcance del legislador. La ley no puede quitar
en los pueblos del Perú la perniciosa costumbre de olvidar los delitos eleccionarios, una vez que las elecciones
pasan. (1893, 35-36)
68
Ha sido costumbre, a partir de 1945, «amnistiar» a los omisos al cabo de los procesos electorales,
mediante leyes ad hoc. No fue una excepción el año previo al proceso electoral de 2000, aunque
con una variante; mediante Ley N.° 27190, de 3 de noviembre de 1999, se rebajó el monto de las
multas a los ciudadanos omisos a anteriores procesos electorales debidos, en parte, a la presión
de los organismos electorales que verían mermada una fuente de ingresos propios. Esa política
legislativa se mantiene vigente hasta hoy. Es importante anotar que la omisión del sufragio
o del pago de la multa respectiva no ha sido ni es óbice para que el infractor sea privado del
derecho de sufragar.119 La sanción consiste, ahora, en impedirle la suscripción de documentos
notariales o el ejercicio del derecho de contratar lo que, ciertamente, es inconstitucional pues
implica, en la práctica, la suspensión de los derechos fundamentales a la tutela judicial efectiva,
debido proceso, libertad contractual, derecho a realizar un trámite administrativo, derecho de
seguridad social, y acceso a la función pública, además de significar una doble sanción.120
4. SEXO Y SUFRAGIO
El derecho de sufragio estuvo reservado a los peruanos varones hasta el 7 de setiembre de
1955 en que se extendió a las mujeres (Ley N.° 12391), las que, desde la dación de la Carta
de 1933 (art. 86. °), gozaban de ese derecho de manera restringida. Las mujeres alfabetas,
mayores de edad, casadas, o madres de familia, aunque no hubiesen llegado a la mayoría de
edad, podían sufragar únicamente en las elecciones municipales (art. 86. °). Todavía en 1933
subsistían enormes prejuicios contra la mujer. Hasta la Comisión Villarán —llamada así por su
presidente Manuel Vicente Villarán— creía que ésta no tenía independencia como para votar
«con entera libertad»: «No se concede voto a las mujeres, porque sus condiciones no son
propicias todavía al ejercicio de derechos políticos. La mujer peruana, en general, no se halla
en posesión de suficiente independencia civil, social, económica, ni intelectual y religiosa, para
votar con entera libertad» (Villarán, 1962a, 27). Los constituyentes de 1931 hicieron suyo el
prejuicio, manteniendo una limitación francamente irracional.121 Hoy la legislación electoral
obliga a incorporar, por el sistema de «cuotas de género», no menos del treinta por ciento
de candidatos (mujeres o varones) al Congreso (Ley N.° 27387), al Consejo Regional122 (Ley N.°
27683, art. 12. °) y al Concejo Municipal123(Ley N.° 27734, art. 1. °).
119 En el irregular y fraudulento proceso electoral de 2000, la ONPE amenazó a aquellos ciudadanos que no concurrieran a sufragar,
señalando que «… el documento electoral de las personas que no voten queda automáticamente INHABILITADO» para acreditar
su identidad y sufragar en elecciones políticas, entre otras restricciones al ejercicio de los derechos civiles (Comunicado 008-
2000-GIEE/ONPE, 21-5-2000). Este comunicado, a pesar de no tener carácter vinculante, estaba en contradicción con la ley 26497
que prescribe la vigencia del valor identificatorio del documento de identidad a pesar de la omisión y no haberse cancelado la
multa respectiva (art. 29.°), y la Resolución N.° 620-2000-JNE (9-5-2000) que había precisado el no impedimento a sufragar a los
ciudadanos omisos de la primera elección.
120 En mayo de 2000, la Defensoría del Pueblo dirigió a la Presidencia del Consejo de Ministros un documento en el que recordaba «...
que la omisión a un deber ciudadano en ningún caso puede acarrear la suspensión de los derechos fundamentales de las personas»
(Defensoría del Pueblo, 2000, 129-130).
121 El Congreso Constituyente de 1931 desechó el sufragio femenino. Roisida Aguilar afirma: «El rechazo a la aceptación del derecho de
sufragio femenino pasaba por la concepción que se tenía del papel que desempeñaba la mujer en la sociedad y por la calificación de
la actividad que ésta realizaba en el ámbito privado y público que debía ser reconocida y aceptada como trabajo. Los parlamentarios
que querían seguir manteniendo el statu quo de la mujer en la sociedad no estaban de acuerdo con el voto femenino. Ellos le
asignaban las actividades que la «madre naturaleza» le había encomendado en el ámbito privado ser la conservadora de la especie,
la protectora del hogar y de la familia bajo el amparo del varón quien debía protegerla y cuidarla, pese a que en última instancia
aceptaron que interviniera en labores de beneficencia y de magisterio porque ambas actividades eran la prolongación de un
proceso maternal» (Aguilar. 2002, 156).
122 Véase la resolución 185-2002-JNE que define el número de candidatos varones o mujeres para las elecciones regionales (ONPE
2002, 471-473).
123 Resolución N.° 186-2002-JNE que define el número de candidatos varones o mujeres para las elecciones municipales (ib., 473-474)
69
5. EXTENSIÓN DEL SUFRAGIO
Sufragio y cultura
La Constitución de 1979, en fórmula que ha repetido la vigente (art. 30. °), solo impone a
los mayores de 18 años un requisito para acceder a la ciudadanía: inscribirse en el Registro
Electoral (art. 65. °). De ese modo, estableció formalmente el sufragio universal, incluyendo,
desde luego, el voto de los analfabetos.
Se ponía así punto final a un debate histórico. Todas las constituciones, hasta la de 1979, exigían
saber leer y escribir para ejercer el derecho de sufragio. El requisito, sin embargo, tuvo un
tratamiento sui géneris a lo largo de nuestra historia. El Perú —a diferencia, incluso, de países
europeos— tuvo sufragio universal prácticamente durante todo el siglo XIX. Las constituciones
de 1823, 1828, 1856 y 1860 lo reconocían a quienes acreditaban sea saber leer y escribir,
una propiedad raíz, el ejercicio de un arte, industria u oficio, o la condición de jefe de taller.
La Carta de 1856 lo extendió también a quienes habían servido en el Ejército o en la Armada
(art. 37). La Ley de 29 de agosto de 1834, a pesar del silencio de la Constitución de ese año,
introdujo un nuevo requisito: ser contribuyente (art. 5. °, inciso 3), calidad que exigirían después
las constituciones de 1839 (art. 8. °, inciso 3) y de 1860 (art. 38. °). Contrariamente a lo que
podía suponerse, las normas en cuestión estaban dirigidas, en realidad, a asegurar el sufragio
indígena.
Las constituciones del siglo XIX garantizaron, en efecto, el voto indígena. Establecieron requisitos
alternativos a los de saber leer y escribir o crearon regímenes de excepción en su beneficio.
Así, la Constitución de 1823 exceptuó a los indios de aquel requisito hasta 1840 (art. 17. °,
inciso 3). La de 1839 (art. 8. °, inciso 2) no lo hacía exigible hasta 1844, plazo que se prorrogó,
en 1849, hasta 1860; al cabo del histórico debate entre Bartolomé Herrera, abanderado de la
soberanía de la inteligencia y, por ende, opuesto al sufragio indígena, y Pedro Gálvez que fue
su más apasionado defensor.124 Los indígenas que eran propietarios o contribuyentes estaban
legitimados para sufragar con arreglo a la Constitución de 1860. Puede decirse por ello que
hasta 1895 hubo, en la práctica, sufragio universal masculino.
124 Véase el interesante debate entre Bartolomé Herrera y Pedro Gálvez sobre el sufragio de los indios en el que la votación fue
favorable a la doctrina de Gálvez por 46 contra 19 votos (Congreso de la República —CP—, 1849, sesiones del 6 y 7 de noviembre
de 1849). Un resumen del mismo, aunque con un error en el resultado de la votación —96 contra 19— (Basadre, 1983, III, 245-247).
125 La reforma del artículo 38 de la Constitución se debatió y aprobó en la Legislatura Ordinaria de 1890. El 13 de agosto de 1891 se
emitió el dictamen de la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados pidiendo ratificar la modificación. Sin embargo,
recién en la legislatura ordinaria de 1895 se eleva el expediente de la reforma para su ratificación en la Cámara de Diputados.
Puesta en debate, no suscitó mayor oposición salvo de Modesto Basadre; en consecuencia, se aprobó el dictamen ratificatorio el
25 de octubre de 1895 (CP, 1890, 1101 y ss; y CP, 1895, II, 289-290).
70
En teoría, el cuerpo electoral (y también la participación popular) se
reducirían drásticamente. En 1963 —época en que había disminuido
ya en forma considerable el analfabetismo— solo la mitad de las
personas en edad de sufragar tenían derecho de voto. En esos
comicios hubo dos millones de sufragantes frente a cinco millones
de personas mayores de 21 años. En el papel, cuando menos, los
analfabetos, en su mayoría indígenas, fueron privados de un derecho
del que nunca gozaron. No habrían tenido la oportunidad de hacerlo
en tanto subsistiera el régimen de servidumbre al que estaban
sujetos. No faltaba razón a la Comisión Villarán cuando sostenía que
los analfabetos —a los que identificaba con los indios— no debían
votar porque «no saben votar» y eligen a sus dominadores y porque
la cuestión del indio entonces no era política sino «de derecho civil,
agrario y pedagógico» (Villarán, l. cit.).
Sufragio y tributación
En rigor, en el Perú no hubo sufragio censitario. El componente
restrictivo del censo, entendido como determinado nivel de riqueza
o capacidad contributiva para ejercer el sufragio, no existió. Por el
contrario, la tributación implicó la ampliación del cuerpo electoral.
Hasta mediados del siglo XIX los indios eran contribuyentes. Eliminado
el tributo indígena en 1854, fue restablecido posteriormente bajo el
71
nombre de contribución personal. Fue, en realidad, una de las vías que permitió legitimar el
sufragio indígena, mas no debe llevar al equívoco de otorgar un carácter excluyente al sistema,
pues estaba afecto a la contribución personal todo varón mayor de 21 años y menor de 60,
debiendo pagarla a razón de un sol de plata por semestre en la sierra y dos soles en la costa.127
En consecuencia, el ejercicio del sufragio era prácticamente universal.
En cambio, debían ser mayores contribuyentes o propietarios los miembros de los colegios
electorales o quienes aspiraban a acceder a cualesquiera otras funciones electivas. Conforme
a la Ley de 1896 y las que rigieron hasta 1919, era derecho de los mayores contribuyentes
designar o integrar los órganos electorales. Fue éste hasta 1912 un derecho ilusorio. En la gran
mayoría de provincias no era suficiente su número para constituir la asamblea de mayores
contribuyentes (25 en total) y, por cierto, para integrar los órganos electorales. Por ello mismo,
las leyes 1777 y 2108 permitieron incluir, para el caso de las provincias en las que no se alcanzase
tal mínimo, a cualquier persona que abonara cualquier cuota como contribución. Más aún, si
no se lograba completar el número con este procedimiento, permitía la Ley de 1915 incluir a
los mayores propietarios.128
La tributación, desde luego, no podía ser requisito exclusivo para el ejercicio del derecho de
sufragio. La legislación sobre la materia fue perfectamente consciente de ese hecho como
lo revela un ligero análisis. El derecho de sufragio —con arreglo a la Constitución de 1823—
implicaba saber leer y escribir y tener una propiedad o ejercer cualquier profesión o arte u
ocuparse en una industria útil «sin sujeción a otro en la clase de sirviente o jornalero» (art. 17. °,
incisos 3 y 4). En la Constitución de 1828 ser propietario era requisito para el goce del derecho
de sufragio pasivo, más específicamente para ser elegido miembro de un colegio electoral. La
Ley de elecciones de 29 de agosto de 1834 estableció que pagar «alguna contribución» era
una alternativa al ejercicio de una profesión, industria, etc. (art.5. °, inciso 3). La Constitución
de 1839, en cambio, convirtió el pago de «alguna contribución» en uno de los requisitos para
ser ciudadano en ejercicio (art. 8. °, inciso 3). Por Decreto Supremo de 28 de julio de 1866
se estableció: «Todo ciudadano al tiempo de ejercer el derecho de sufragio, debe acreditar
haber pagado la contribución personal con el recibo del receptor» (art. 20. °). Decía José María
Químper, secretario de Estado en el despacho de Gobierno:
Obvia es la razón de esta medida. El que no contribuye a sobrellevar las cargas de la sociedad
tampoco debe gozar de los beneficios que ella concede a sus miembros. Todo derecho es
correlativo de una obligación. Por razones de moralidad y de justicia, solo deben intervenir en
los actos electorales los buenos ciudadanos, y seguramente, no es un buen ciudadano el que
le niega al estado, en sus momentos de apuro, una parte demasiado pequeña de su trabajo
personal.129
72
Precisamente por la generalidad de la norma, la contribución personal no llegó a configurar, en
rigor, un voto censitario. Para ello habría sido necesario que los electores fueran solo algunos
de los contribuyentes (por ejemplo, los de mayor cuota). En el Perú todos estaban obligados
por igual, lo que por cierto privilegiaba, tributariamente, a los más ricos.
La Carta de 1860 restableció el pago de una contribución como requisito alternativo y rectificó,
de ese modo, a la Constitución de 1856 que lo había suprimido. Tal norma rigió naturalmente
hasta 1895, año en que se estableció el sufragio capacitario. Ninguna de ellas, sin embargo,
hizo de la contribución el requisito o la contrapartida del derecho de sufragio. Por ello puede
sostenerse que en el Perú no hubo, en verdad, sufragio censitario. En todo caso, lo que existió no
sirvió para excluir sino más bien para ampliar el derecho de sufragio. Favorecía, en apariencia, a
los indígenas. Distinto ha sido el caso de los funcionarios políticos, judiciales, militares y policiales.
130 Al debatirse el artículo 2 del proyecto de la ley de elecciones de 1861, se consideró innecesaria la privación del sufragio a las
autoridades políticas, ya que de todas formas influirían en las elecciones; no obstante, primó el criterio general de negarles el
sufragio. De esa forma no coaccionarían directamente en el proceso electoral (CP, 1861, 192-194, sesión de 13 de diciembre).
131 Al debatirse el proyecto de ley electoral de 1915, Wenceslao Varela, senador, recordaba que nuestra legislación electoral
había consagrado el principio de la exclusión del sufragio a «los individuos de la fuerza armada»; lo que significaba «no tener
intervención alguna en las elecciones políticas». Sin embargo, el uso del Registro de la Conscripción Militar como «base para las
elecciones políticas» implicaba contradecir tal principio, con lo que se desnaturalizaban las elecciones políticas y, desde luego, la
importantísima institución del servicio militar obligatorio (CP, 1917, 125-126, sesión de 11 de noviembre).
73
6. FORMA Y OPORTUNIDAD DEL SUFRAGIO
Sufragio directo e indirecto
La Constitución de Cádiz —que inspiró la Carta de 1823— influyó en forma duradera sobre
nuestro régimen electoral. La Carta gaditana y los primeros documentos hispanoamericanos, a
excepción del Estado de Buenos Aires,132 previeron elecciones indirectas, en tres o dos grados.
De ella y no de Estados Unidos —según cree Basadre— tomamos el sufragio indirecto que
rigió durante todo el siglo pasado. Los constituyentes de 1823 habrían preferido, al parecer,
la elección directa. Esta era, a su juicio, «la única que puede llamarse esencialmente libre».
Creían, sin embargo, que exigía «...ilustración en la masa general del pueblo, y cierta comodidad
combinable con la multiplicidad de las poblaciones en un estendido territorio», lo que por
supuesto no ocurría en el Perú. La Comisión de Constitución justificaba el sufragio indirecto
aduciendo que la «calificación de las aptitudes de un representante» no podía ser «obra de
puro instinto» y que debía reservarse a los hombres «menos vulgares».133
Sufragio directo o indirecto fue, desde luego, tema de controversia entre liberales y
conservadores. Lo revela el texto de la Ley de 4 de abril de 1861 con la que los conservadores
no sólo derogaron la Ley de elecciones de 1857 sino que pretendieron estigmatizar el
sufragio directo, consagrado en la Carta de 1856. Decía el artículo 4. ° de la Ley: «La elección
132 La ley de elecciones del Estado de Buenos Aires de 14 del agosto de 1821 estableció dos principios: «Artículo 1.°. Será directa la
elección de los Representantes que deban completar la Representación Extraordinaria y Constituyente; Artículo 2.°. Todo hombre
libre, natural del país o avecindado en él, desde la edad de 20 años, y antes si fuera emancipado, será hábil para elegir». Para mayor
información sobre las elecciones bajo este sistema véase Ternavasio, 1995, 65 y ss.
133 «Segunda parte del Discurso Preliminar del Proyecto de Constitución de 1823» (CP, 1823, 6).
134 El informe de la Comisión de Constitución, al presentar el proyecto de Constitución de 1860, expresaba: «Hemos reservado para
la legislación orgánica el ejercicio del sufragio y otras disposiciones, que siendo por su naturaleza muy variables, no deben formar
parte de la Constitución del Estado [...]. En nuestro concepto, una Constitución no está destinada a reglamentar los derechos
políticos, sino a establecer los principios en que se fundan todas las Leyes secundarias» (CP, 1860, 75, sesión de 24 de agosto).
135 El reglamento electoral de 1822 que creó, sin duda, el régimen electoral peruano, consagró de inicio el sufragio directo y casi
universal. El texto del reglamento, en la práctica, era una adaptación de las normas electorales de la Constitución de Cádiz (art.
35.° a 103.°). A diferencia de aquella, sin embargo, estableció el sufragio directo y, por consiguiente, introdujo el uso de dos urnas
con la finalidad de que, en una, se depositasen los votos para diputados propietarios y, en la otra, los de los suplentes (art. 21.°).
Asimismo debió arbitrar un órgano de competencia departamental para el cómputo de los votos, dado que optó por el distrito
departamental. No obstante no haber regido a plenitud, este reglamento influyó de modo decisivo. Excepción hecha del sufragio
directo, casi todas sus instituciones prevalecieron posteriormente en la legislación peruana. El sufragio indirecto obligó a modificar
el número de los órganos electorales y su forma de integración así como el procedimiento de votación, pero subsistieron, en
esencia, la gran mayoría de sus disposiciones (véase Paniagua en prensa).
74
de presidente y vice-presidente, representantes de la Nación y funcionarios municipales no
podrá hacerse directamente por el pueblo sino por medio de electores reunidos en colegio».
Cuarenta años más tarde, se derogó tan terminante disposición en medio de apasionados
debates parlamentarios sin suscitar, en cambio, ninguna reacción popular. Seguramente
porque, en 1896, el voto directo favorecía únicamente a los alfabetos (Ley de elecciones de
20 de noviembre de 1896, art. 1. °) que eran entonces una muy insignificante minoría, como
seguirían siéndolo hasta bien entrada la década del cincuenta del presente siglo.
Las cámaras calificaban las credenciales de sus miembros. Todos los Congresos, unos más que
los otros, abusaron de esa prerrogativa. Son conocidas las escenas de la incorporación, que
se realizaban en juntas preparatorias. Los candidatos ordinariamente duales, presentaban sus
actas, que pasaban a la Comisión de poderes. El personal de la Comisión era formado de sujetos
seguros que daban dictamen favorable al candidato favorecido por la mayoría de la junta [...].
La víspera de la elección, en locales ubicados en las cercanías de las plazas públicas, se reunían
bandas de plebe asalariada. Allí pasaban toda la noche; se les armaba y embriagaba, y al
despuntar el día se lanzaban frenéticas unas contra otras a disputarse a viva fuerza las ánforas
y mesas [...]. Quien tenía las mesas había ganado la elección. Para conseguirla se necesitaba
entonces golpes y tiros. Se necesitaba expulsar de la plaza al bando contrario, para que el
personal de la mesa arreglara tranquilo los papeles que simulaban la elección. El tumulto, los
disparos, la sangre formaban parte obligada del procedimiento tradicional.137
La Ley de elecciones de 1896 intentó pues fundar sobre base firme el régimen representativo y,
al consagrar el sufragio directo, aportó una de las piezas maestras del régimen político peruano
que se funda en una acentuada personalización del poder.
136 En 1890, el escrutinio de la Cámara de Diputados respecto a 40 actas de los colegios electorales dio a Morales Bermúdez 1.842
votos y 161 a Francisco Rosas, mientras que el Senado —escrutando otras 27 actas— reconoció 929 votos a favor de Rosas y sólo
282 para Morales Bermúdez («Dictamen de la Comisión de Cómputo, 2 de agosto de 1890», CP, 1890, 52-53; y Basadre, 1980, 41-
42).
137 M. V. Villarán. «Costumbres electorales», en Mercurio Peruano, 1, Lima, 1918, p. 11 y ss, reproducido en Páginas escogidas, 1962b,
197-198. Además véase Lecciones de Derecho Constitucional, 1998, 582 y ss.
75
El voto popular directo se convirtió en una de las «bases del
sufragio» en la Carta de 1920 (art. 67. °, inciso 2). Se afianzó
definitivamente, no obstante que la Constitución de 1933 lo
reconoció de modo indirecto al regular la forma de elección del
presidente y de los representantes del Congreso (art. 89. ° y 135.
°). La Constitución de 1979 introdujo el término «voto personal»
(art. 65. °) en lugar de sufragio directo. La fórmula —propuesta
por el APRA— no es feliz: el sufragio siempre es personal pero
no siempre directo. Debió preservarse el término que califica
una modalidad de sufragio universalmente reconocida, así
como por la Constitución histórica del Perú. La Carta de 1993
se ha limitado a repetir el término (art. 31.°), lo que no le ha
impedido usar la expresión «sufragio directo» al disciplinar la
elección del presidente (art. 111.°); en tanto que establece, en
forma absurda, que el Congreso se elige «mediante un proceso
electoral organizado conforme a la Ley» (art. 90.°).Subsiste pues
el sufragio directo con prescindencia de toda otra posibilidad
de integración funcional o gremial que permitía la Carta de
1979 en el caso de las asambleas regionales. La Constitución
de 1933 previó originalmente un senado funcional que nunca
llegó a constituirse.138 Esa misma Constitución permitió la
representación corporativa de las comunidades indígenas en las
municipalidades, a través de un personero designado por ellas
(art. 205. °).
76
El elector disponía, aparentemente, de un comprobante formal del sentido de su voto. Se
permitía, en apariencia también, el control público de los resultados.139 A cambio de todo ello,
es indudable que se facilitaba también un medio eficaz para la coacción y el cohecho,140 aunque,
paradójicamente, se esperaba una mayor transparencia y veracidad. Se intentaba impedir que
los órganos electorales, como lo hicieran antes las cámaras, suplantaran la voluntad popular.
No fue así. Lo testimonia la experiencia de la República Aristocrática. Según M. V. Villarán, el
voto público dividió a los electores en tres clases: «...los que votaban ciegos por consigna; los
que vendían su voto al que les daba más y los que —y estos eran casi todos— se alejaban de las
ánforas con explicable horror» (1962b, 228).
La Constitución de 1920 reconoció «el voto popular directo» como una de las «bases» del
sufragio (art. 67. °). Implícitamente quedó subsistente el voto público. Tanto el Reglamento de
Elecciones de julio de 1919 como la Ley de elecciones N.° 4028 consagraron el voto público y
en doble cédula. Con arreglo a esas normas se eligió la Asamblea Nacional en 1919, se reeligió
a Leguía y se renovó el Congreso en 1924 y en 1929. Naturalmente, en medio de procesos
electorales fraudulentos.
La cédula «múltiple» privilegiaba a los partidos y candidatos con recursos económicos o que
gozaban del favor oficial frente a los que no disfrutaban de tales facilidades. Solo aquellos
estaban en condiciones de hacer llegar o distribuir oportunamente sus cédulas a todas las mesas
de sufragio. Esa circunstancia tuvo una enorme repercusión. En 1963, y al cabo de una intensa
batalla, librada en especial por Fernando Belaunde Terry —cuya elección en 1956 se entorpeció
por el simple expediente de no inscribir su candidatura y de no aprobar oportunamente sus
cédulas de sufragio—, el Perú optó por el modelo «australiano» esto es, por la cédula única de
139 Similar ensayo pretendió realizar la ONPE en el proceso electoral general de 9 de abril de 2000, introduciendo dos solapas
troqueladas en la cédula de sufragio (Resolución Jefatural N.° 078-2000-J/ONPE, 12 de febrero de 2000).
140 El sufragio público suscitó ciertos temores en la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados en 1895. Así, en su dictamen en
minoría señalaba que el voto público coactaría la independencia del sufragante, estimularía el cohecho y, desde luego, garantizaría
la compra de votos; en consecuencia, era necesario suprimirlo (CP, 1896, II, 557).
77
sufragio. Con ello se aseguró eficazmente el secreto del sufragio, se
eliminó de modo efectivo la amenaza del cohecho o de la coacción, y
se garantizó también a todas las candidaturas la posibilidad de llegar
a todas las mesas de sufragio y, por tanto, de competir en igualdad
de condiciones frente a los electores. «El voto es secreto» decía
escuetamente el artículo 88. ° de la Constitución de 1933.
141 La ley de elecciones de 1896 consagró como órgano electoral supremo a la Junta Electoral
Nacional, la misma que tenía nueve miembros: dos elegidos por la Cámara de Senadores, dos por
la de Diputados, cuatro por el Poder Judicial y uno designado por el Poder Ejecutivo. El Partido
Civil llegó a monopolizar, desde 1899, a la Junta Electoral porque manejó los poderes Legislativo,
Ejecutivo y Judicial
78
79
5
AGUILAR Gil, Rosidia.
Bibliografía
La ampliación del cuerpo electoral. Ciudadanía, sufragio femenino y experiencia parlamentaria
1956-1962. En: Revista Elecciones (2003) 2, 141 ONPE.
Código de Conducta para una Administración Electoral Ética y Profesional.
Diccionario Electoral. Tomo I San José de Costa Rica, IIDH, Capel, 2000 473—p.
FUCHS, Jochen.
« La Jornada Electoral: Orden público, garantías, prohibiciones». En: NOHLEN, Dieter. Tratado de
Derecho Electoral Comparado. Fondo de Cultura Económica, México 2000.
NOHLEN, Dieter.
Sistemas electorales y Partidos Políticos. Fondo de Cultura Económica, México.
NOHLEN, Dieter.
Tratado de Derecho Electoral Comparado de América [Link], México, 2000.
NOLTE, Detlef.
«Encuestas y sondeos durante el proceso electoral». En: Tratado de Derecho Electoral Comparado
de América Latina. Fondo de Cultura Económica. México 2000.
LONCAN, Enrique.
El voto obligatorio: su aplicación. Buenos Aires: Riachuelo 1914.
LYNCH, Nicolás «La ciudadanía:
¿un bien importado? Reflexiones sobre la ciudadanía en el Perú»
ONPE.
Nuevos actores en el mapa político: la cuota de género y la cuota de jóvenes en las elecciones
regionales y municipales de 2006. / Oficina Nacional de Procesos Electorales—.Lima, 20.
ONPE
Los jóvenes y las elecciones generales de 2006: Análisis cuantitativo y cualitativo de la participación
de los electores de 18 a 24 años. Oficina Nacional de Procesos Electorales, ONPE. 2006.
ONPE.
Política y Gestión Institucional del Sector Defensa respecto al voto de los ciudadanos militares.
ONPE, 2006.
ONPE.
Para promover la participación electoral en zonas rurales. Ministerio Británico para el Desarrollo
internacional – DFID y Oficina Nacional de Procesos Electorales – ONPE- Lima - mayo de 2003.
ONPE.
Cuadernos de Divulgación de Educación Electoral y Democracia. Tema: Ciudadanía y Sociedad
Civil, Oficina Nacional de Procesos Electorales. ONPE.
80
PARRA, José Francisco.
Democracia sin fronteras: el voto en el extranjero y la migración. Lima : JNE, 2006
IDEA - International
[Link]
Leyes Consultadas:
• Ley de Elecciones a representantes al Parlamento Andino N.° 28360
• Ley de Elecciones Municipales N.° 26864
• Ley de Elecciones Regionales N.° 27683
• Ley del Concejal joven N.° 28869
• Ley del Consejo Nacional de Juventud N.° 27802
• Ley Orgánica de Elecciones N.° 26859
• Ley de Partidos Políticos N.° 28094
81
Oficina Nacional de Procesos Electorales
Gerencia de Información y Educación Electoral
Jr. Washington N.° 1894, Lima - Perú.
Central telefónica: (511) 417-0630
educacionelectoral@[Link]
[Link]
82