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Isabel de Baviera

Isabel de Baviera fue una princesa bávara que se convirtió en emperatriz de Austria y reina de Hungría al casarse con el emperador Francisco José I. Tuvo dificultades adaptándose a la rigidez de la corte vienesa y sufrió la pérdida de su hija Sofía. Viajó extensamente por Europa y se involucró en política a favor de los nacionalistas húngaros, lo que la enemistó con la corte austriaca.

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Isabel de Baviera

Isabel de Baviera fue una princesa bávara que se convirtió en emperatriz de Austria y reina de Hungría al casarse con el emperador Francisco José I. Tuvo dificultades adaptándose a la rigidez de la corte vienesa y sufrió la pérdida de su hija Sofía. Viajó extensamente por Europa y se involucró en política a favor de los nacionalistas húngaros, lo que la enemistó con la corte austriaca.

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Isabel de

Baviera
DAYANA MARTINOVA
1. ¿Quién es?
2. Un poco de datos sobre
Índice ella
3. Emperatriz por sorpresa
4. Su vida en Hofburg
5. La emperatriz errante
6. Reina de Hungría
7. Su muerte
8. Datos extra para saber
¿Quién era?
Elisabeth Amelie Eugenie Herzogin (en alemán), apodada de
forma global como "Sissi" o "Sisi". Nació en ​Múnich el 24 de
diciembre de 1837 (aunque creció en Possenhofen) y falleció en
Ginebra el 10 de septiembre de 1898. Fue una princesa bávara
conocida por haber sido emperatriz de Austria 1*, desde 1854 hasta
1898, y reina consorte 2* de Hungría (1867-1898), entre muchos
otros títulos inherentes a la Casa de Habsburgo-Lorena 3*. En el
mundo germanófono 4* es conocida como Isabel de Austria
(Elisabeth von Österreich, en alemán).
Sisi fue la cuarta de los diez hijos del duque Maximiliano José de
Wittelsbach 5* y la princesa Ludovica de Baviera 6*
Un poco de datos sobre ella
Elisabeth creció en Possenhofen, como antes mencioné, a orillas del lago Starnberg, haciendo que sea libre y
feliz, siempre estaba en contacto con la naturaleza y en un ambiente desinhibido. Se dice que por eso, fue una
persona muy controversial para aquel entonces, de hecho los más reservados la tachaban por irresponsable y
extravagante.
Dotaba de una gran belleza física, Isabel se caracterizó básicamente por ser muy rebelde, culta y muy avanzada
para su tiempo. Adoraba la equitación y llegó a participar en muchas cacerías. Sentía un gran aprecio por los
animales; amaba a sus perros, hasta el punto de pasear con ellos por los salones de palacio. Le gustaban los
papagayos y los animales exóticos en general. Incluso llegó a tener su propia pista circense en los jardines de su
palacio en Corfú 7* . Hablaba varios idiomas: el alemán, el inglés, el francés, el húngaro y el griego, disfrutaba de
las obras clásicas de este último. Cuidaba su figura de una forma maniática, ya que trataba de mantenerse activa
el mayor tiempo posible y siempre que le era posible rehuía el comer en público. Amante de la equitación desde
niña, montaba a caballo durante horas, practicaba esgrima, natación, ciclismo y senderismo (sus paseos por el
campo duraban horas, lo que provocaba las quejas de sus damas de compañía) Otra cosa que hacía mucho era
viajar, ella hizo más de 33 viajes al extranjero. Trataba de caminar incluso cuando tenía audiencias, mientras
escuchaba a sus visitas, y mandó colocar anillas y escaleras en sus propios aposentos para poder ejercitarse. Su
alimentación también era especialmente peculiar. Su lista de alimentos era increíblemente reducida y muy pocas
veces comía verduras y frutas, pero solía alimentarse de pescado hervido y zumos exprimidos. Por supuesto, la
dieta le pasó factura y a partir de los 44 años comenzó a sufrir dolores de ciática, reuma, neuritis y edemas,
nunca viajaba sin un botiquín con morfina y los últimos retratos que se conocen de ella se los hizo con 30 años
ya que se abstenía a que la vieran. Después, comenzó a llevar una sombrilla, un abanico de cuero y un velo y a
cubrirse en público con él, en homenaje por la muerte de su hijo. Otro dato sobre ella es que tenía un cabello
exageradamente largo, según es para que la tapara más. Le encantaba leer las obras de William Shakespeare 8*,
de Friedrich Hegel 9* y de su poeta predilecto, Heinrich Heine 10*
Emperatriz por sorpresa
La mayor, Helena –elegante, discreta, muy religiosa y extremadamente
disciplinada– parecía la candidata ideal para convertirse en emperatriz. Al
menos eso se pensaba. Pero nadie esperaba lo que estaba por suceder.
Cuando Francisco José 11* se reencontró con su prima Sissi, a la que recordaba
como una niña, y descubrió que se había convertido en una atractiva y esbelta
doncella de rostro ovalado y espléndida cabellera castaña, supo de inmediato
que quería convertirla en su esposa. Francisco José acababa de cumplir 23 años,
era un hombre hecho y derecho. Sissi, por el contrario, era una adolescente de
16 que, aunque se sintió halagada por sus atenciones, enseguida advirtió las
diferencias de intereses y temperamento que la separaban de su primo. Pero
también, ella sabía de que el emperador de Austria jamás admitiría una negativa
por respuesta. Obviamente todos rechazaron la idea de este compromiso ya que
no se sometió al rígido protocolo cortesano 12*, pero todo fue inútil, es más, el
emperador escribió a su primo Alberto de Teschen que estaba «enamorado
como un cadete» y el 24 de abril de 1854 se celebró el solemne enlace en la
iglesia de los Agustinos de Viena.
Su vida en Hofburg
Sissi vio que sus temores eran fundados. Su nueva Tan insufrible le hacía la vida a Sissi, que, cuando
vida era muy poco, casi nula que ver con el nació su primera hija, Sofía, la archiduquesa se hizo
ambiente en el que ella había crecido. La etiqueta cargo de la pequeña, considerando que la joven
cortesana imposibilitaba cualquier muestra de madre era incapaz de educarla. La historia se
espontaneidad y no daba hueco a la intimidad. La repitió cuando nació una segunda niña, Gisela. De
joven emperatriz se encontraba sola en un medio nuevo, Sofía organizó y dispuso. Pero esta vez,
al que no se sentía unida ni afectiva ni Elisabeth logró imponerse y, quince días después
intelectualmente. Sus damas, eran de edad del nacimiento de la pequeña, las niñas fueron
avanzada y tremendamente conservadoras, trasladadas a sus habitaciones del Hofburg. No
haciéndole a Sissi una vida menos llevadera. Por obstante, fue un triunfo que duró poco tiempo.
otra parte, la archiduquesa Sofía 13* criticaba En la primavera de 1857, los emperadores viajaron a
siempre sus hábitos, vestidos, costumbres y Hungría. La archiduquesa se opuso firmemente a
aficiones. Aunque Francisco José estaba muy que las niñas les acompañaran, pero Elisabeth
enamorado, sus obligaciones no le permitían defendió con firmeza que ellas se venían. No
dedicar demasiado tiempo a su esposa, y su contaba con la insalubridad de algunas regiones
autoritaria madre se convirtió en una absoluta húngaras. Un peligro que tuvo una trágica
pesadilla para Isabel de Baviera en los primeros consecuencia: la pequeña Sofía contrajo disentería
años de matrimonio. y murió en Budapest el 29 de mayo de 1857.
La emperatriz
Después de la muerte de su primera hija, Sissi nunca volvió a ser la misma, también dejó que la

errante
que se encargara de la educación de Gisela fuera Sofía. Un año después el 21 de agosto de 1858,
nació su hijo Rodolfo, hay que recalcar que para entonces ella no se había recuperado, así que
como pretexto viajó a la isla de Madeira por razones médicas. Pocos meses después regresó a la
corte, pero el re- encuentro con la realidad fue brutal. Retomar la vida cortesana, someterse a la
etiqueta y soportar de nuevo la incomprensión de su entorno la derrotaron, hasta el punto de
que se temió seriamente por su vida. De nuevo se le prescribió el alejamiento de Viena, y en esta
ocasión el destino elegido fue Corfú (en donde comenzaría su pasión con la cultura clásica griega
y el Mediterráneo). En agosto de 1862 regresó a Viena.

Isabel había madurado y se encontraba en el cénit de su belleza, que llegó a ser legendaria.
Acordó con el emperador que no se sometería a la disciplina de la corte más que cuando fuera
estrictamente necesario. Cumpliría con sus deberes de emperatriz, pero se reservaría un territorio
propio donde cultivar su propia individualidad. Eso no implicaba que Sissi se mantuviese al
margen de los asuntos de Estado. Por entonces, Hungría, aunque integrada en el Imperio,
luchaba por recobrar sus privilegios ancestrales. Viena había suprimido todas sus prerrogativas
constitucionales como respuesta al levantamiento nacionalista y liberal de 1848. Sissi sentía
simpatía por los rebeldes aristócratas húngaros que no dejaban descansar en paz a las
conservadores del Imperio. Su deseo de conocer en profundidad el país y su cultura la llevó a
contratar como lectora a Ida Ferenczy 14*, una húngara que se convertiría en su mejor amiga. A
través de ella, Sissi conoció al apuesto Gyula Andrássy 15*, un coronel del ejército magiar.
Profundamente liberal, conectó enseguida con Elisabeth y entre ellos nació una profunda
amistad. La emperatriz se convirtió en la cabecilla de la causa húngara, lo que a su vez le atrajo
una enemistad de la corte vienesa.
Reina de Hungría
El nacimiento de María Valería marcó el comienzo de una nueva etapa para la pareja
imperial. Pese a sus diferencias, existía entre ambos una relación cordial y amistosa,
basada en un sincero afecto y una profunda generosidad. Cuando en 1885, Katharina
Schratt, una actriz del Burgtheater de Viena, entró en la vida del emperador, lo hizo con
la aquiescencia de Elisabeth, que la llamaba cariñosamente «la amiga». Elisabeth
apreciaba a la actriz, compartía con ella y el emperador largas horas de conversación y
Tras la derrota de Sadowa 16*, en 1866, cuando los ejércitos prusianos sabía que Katherina daba a su marido la compañía, el afecto y la pasión que ella nunca
avanzaban hacia Viena, Elisabeth decidió refugiarse en Buda junto pudo ofrecerle.
con sus hijos. La confianza demostrada por la emperatriz al buscar Maria Valeria contrajo matrimonio en 1890 con el archiduque Francisco Salvador de
protección en su territorio frustró cualquier plan de insurrección. Habsburgo 19*, María contaba con el apoyo de Elisabeth, firme defensora del derecho de
Poco después, Andrássy y el emperador negociaron los términos sus hijos a casarse por amor, no obstante, la emperatriz contemplaba impotente el
para que el territorio magiar recobrara su condición de Estado progresivo deterioro del matrimonio del heredero, Rodolfo, con Estefanía de Bélgica, que
constitucional y que se configurara el Imperio austro-húngaro, dos era muy conservadora y tradicional, a diferencia de su esposo. Los malos
presentimientos de Isabel se cumplieron cuando Rodolfo apareció muerto en el pabellón
Estados soberanos con regímenes y gobiernos distintos, pero unidos
de caza de Mayerling junto a su amante, María Vetsera. Todo parecía indicar que el
bajo una sola corona.
príncipe había disparado primero contra María y luego se había suicidado. La versión
El 8 de junio de 1867, Francisco José y Elisabeth fueron coronados
oficial habló de una enajenación mental del heredero, pero la sombra de un crimen de
reyes constitucionales de Hungría en la iglesia de Nuestra Señora de
Estado siempre planeó sobre lo sucedido aquel 30 de enero de 1889.
Budapest 17*. En prueba de su reconocimiento, el pueblo húngaro les
hizo donación del castillo barroco de Gödöllö 18*, en las
inmediaciones de la capital. Fue allí donde nació la última y más
querida de sus hijas, la archiduquesa María Valeria.
Sissi pasaba largas temporadas en Gödöllö con sus hijos, entre
cacerías, largos paseos a caballo y muchas horas de lectura. Años
después, tras el matrimonio de Gisela y el inicio de la formación
militar de Rodolfo, Sissi inició una temporada de viajes con María
Valeria.
Su muerte
El 8 de septiembre de 1898, durante uno de sus innumerables viajes,
Elisabeth se encontraba alojada en el hotel Beau-Rivage de Ginebra 20*. Dos
días después, cuando se disponía a tomar el ferry que iba a llevarla a
Montreux, tropezó casualmente con otro pasajero. Sintió un fuerte golpe
en el costado y, una vez en el barco, se desvaneció. Murió aquella misma
tarde. El viajero atolondrado que se había cruzado en su camino era en
realidad un anarquista italiano llamado Luigi Lucheni y le había clavado
un estilete muy cerca del corazón.
El emperador no quiso que Elisabeth descansara donde ella había
dispuesto, a orillas del Mediterráneo, en Corfú o en Ítaca. Su condición de
emperatriz de Austria-Hungría la obligaba a ser sepultada en la cripta de
los Capuchinos. Allí descansa, en la misma Viena a la que nunca amó y que
nunca la comprendió.

Tras la muerte de Rodolfo, Elisabeth se convirtió en una sombra de sí misma. Acusó


a la corte vienesa de ser la causante indirecta de la muerte de su hijo, y nunca
volvió a vestir de color. De luto perpetuo, viajó frenéticamente sin rumbo alguno,
siempre escondida tras un gran abanico, un velo o bajo un seudónimo que la hacía
creer que así pasaba desapercibida. Las que siempre se habían considerado como
«rarezas» de la emperatriz se agudizaron hasta extremos inconcebibles cuando el
destino se mostró implacablemente cruel con ella. Casi no volvió a pisar el Hofburg.
Cuando recalaba en Viena se alojaba, sola, en el pabellón de Hermesvilla, un
palacete erigido por orden de Francisco José en el parque de Lainz con la
pretensión de disponer de una residencia más acogedora y cómoda para la familia
imperial.

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