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Orígenes del Caos en Mythos de Fry

Este documento describe los orígenes del universo según la mitología griega. Comenzó con el Caos, del cual surgieron las deidades primordiales como Érebo, Nix, Gea y Tártaro. Gea y Urano engendraron a la primera generación de dioses, incluidos Océano y Crono. También tuvieron a los Cíclopes y los Hecatónquiros, pero Urano los devolvió al vientre de Gea por su fealdad.

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Orígenes del Caos en Mythos de Fry

Este documento describe los orígenes del universo según la mitología griega. Comenzó con el Caos, del cual surgieron las deidades primordiales como Érebo, Nix, Gea y Tártaro. Gea y Urano engendraron a la primera generación de dioses, incluidos Océano y Crono. También tuvieron a los Cíclopes y los Hecatónquiros, pero Urano los devolvió al vientre de Gea por su fealdad.

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Mythos

Stephen Fry

El principio
Primera parte

SURGIDO DEL CAOS

En los tiempos que corren, el origen del universo se explica mediante un Big
Bang, un único acontecimiento que generó al instante la materia de la que
todo y todos estamos hechos.
Los antiguos griegos opinaban otra cosa. Decían que todo comenzó no con
un estallido, sino con el CAOS.
¿Y Caos era un dios –una divinidad– o simplemente un estado de
inexistencia? ¿O no significaría acaso la palabra Caos, igual que cuando la
usamos hoy, una especie de tremendo desbarajuste, como el del dormitorio
de un adolescente o peor?
Imaginad el Caos como una especie de bostezo cósmico, quizás.
Como un abismo o un vacío bostezantes.
Si el Caos generó vida y sustancia a partir de la nada, si hizo brotar vida a
fuerza de bostezos y sueños o de alguna otra manera, no lo sé. Yo no estaba
ahí. Ni tú. Y, sin embargo, en cierto modo sí estábamos, porque todos los
pedazos que nos conforman estaban allí. Basta con decir que los griegos
pensaban que fue Caos quien, por medio de una arcada formidable o de un
gran respingo, hipido, vómito o tos, inició la larga cadena de creación que ha
devenido en pelícanos y penicilina, sapos y pinsapos, peces tigre, peces,
tigres, seres humanos y narcisos en flor, y masacre, arte, amor, confusión,
muerte, locura y galletitas saladas.
Sea cual sea la verdad, hoy la ciencia coincide en que todo está destinado a
volver al Caos. A este sino inevitable lo denomina entropía: parte del gran
ciclo que va del Caos al orden y de vuelta al Caos. Los pantalones que llevas
fueron en origen un cúmulo caótico de átomos que, a saber cómo, se
fusionaron en una materia organizada por su cuenta a lo largo de eones en
una sustancia viviente que evolucionó lentamente hasta convertirse en una
planta de algodón que luego se tejió para producir el primoroso material que
ciñe tus preciosas piernas. Un día te quitarás esos pantalones – no ahora
mismo, espero– y se pudrirán en algún basurero o los quemarán. En
cualquiera de los casos, la materia que los compone acabará siendo liberada
para ir a formar parte de la atmósfera del planeta. Y cuando el sol explote y
se lleve consigo todas y cada una de las partículas de este mundo, los
ingredientes de tus pantalones incluidos, todos los átomos que lo constituyen
volverán al frío Caos. Y lo que se aplica a vuestros pantalones puede
aplicarse a vosotros, claro.
De modo que el Caos que lo comenzó todo es también el caos que le pondrá
fin a todo.
Ahora bien, tal vez seáis de los que se preguntan: «Pero ¿quién o qué había
antes del Caos?» o « ¿Quién o qué había antes del Big Bang? Algo debía
haber».
Bueno, pues no. Tenemos que aceptar que no hubo un «antes», porque
todavía no existía el Tiempo. Nadie había apretado un botón que pusiera en
marcha el Tiempo. Nadie había gritado ¡Ya! Y, dado que el Tiempo no había
sido creado, un vocabulario temporal como «antes», «durante», «cuando»,
«luego», «después de comer», «el miércoles pasado» no tenía significado
posible. Esto es algo que te pone la cabeza como un bombo, pero es así.
El término griego para decir «todo lo que acaece», lo que nosotros
llamaríamos «el universo», es COSMOS. Por el momento –aunque
«momento» es una palabra temporal y no tiene sentido ahora mismo (al
igual que este «ahora mismo»)–, por el momento, el Cosmos es Caos y solo
Caos, porque Caos es lo único que acaece. Un desperezarse, un afinar de la
orquesta...
Pero las cosas están a punto de cambiar muy deprisa

EL ORDEN PRIMIGENIO

Del Caos informe brotaron dos creaciones: ÉREBO y NIX. Érebo era la
oscuridad y Nix la noche. Copularon enseguida y los frutos destellantes de
su unión fueron HÉMERA, el día, y ÉTER, la luz.
Al mismo tiempo –porque todo tiene que suceder simultáneamente
hasta que aparezca el Tiempo para separar los acontecimientos–, el Caos
engendró otras dos entidades: GEA, la tierra, y TÁRTARO, las
profundidades y cavernas subterráneas.
Adivino lo que estáis pensando. Estas creaciones suenan más
que atractivas: Día, Noche, Luz, Profundidades y Cavernas. Pero no eran
dioses ni diosas, ni siquiera eran celebridades. Y a lo mejor también
habréis caído en que, dado que no existía el tiempo, no podía haber
narración dramática ni relatos; porque los relatos dependen del «Érase una
vez» y del «Entonces resulta que».
Estaríais dando en el clavo. Lo que emergió primero del Caos fueron
principios primordiales y elementales, carentes de color, carácter o interés
auténticos. Se trataba de las DEIDADES PRIMORDIALES, el Orden
Primigenio de seres divinos de los que surge la totalidad de dioses, héroes
y monstruos del mito griego. Se apostaron y extendieron bajo la superficie
de todas las cosas... a la espera.
La silenciosa vacuidad de este mundo se llenó cuando Gea se arrancó
dos hijos del cuerpo.* El primero fue PONTO, el mar, y el segundo fue el
cielo: URANO, nombre cuyo sonido siempre ha provocado un enorme
placer a niños de entre nueve y noventa años. Hémera y Éter también
procrearon, y de su unión surgió TALASA, la contrapartida femenina de
Ponto, el mar.

Urano fue el cielo y el firmamento en la medida en que – al principio de


todo– las deidades primordiales siempre eran las cosas que representaban
y sobre las que regían.* Podríamos decir que Gea era la tierra que
forma colinas, valles, cuevas y montañas, pero dotada del poder de
replegarse en una forma capaz de hablar y caminar.
Las nubes de Urano – el cielo– flotaban y bullían sobre Gea pero
también podían fusionarse en una forma reconocible para nosotros. Era tan
corta la edad de todas las cosas... Había muy poco establecido por el
momento.

LA SEGUNDA GENERACIÓN

Urano, el cielo, cubrió a su madre Gea, la tierra, de arriba abajo. La


cubrió en los dos sentidos: la cubrió como el cielo cubre la tierra hasta la
fecha y la cubrió como el semental cubre a una yegua. Al hacerlo, sucedió
algo asombroso. Comenzó el Tiempo.
También comenzó otra cosa..., ¿cómo llamarla? ¿Personalidad?
¿Drama? ¿Individualidad? Carácter, con todas sus taras y defectos,
tradiciones y pasiones, artimañas y sueños. Comenzó el significado, se
podría decir. La semilla de Gea nos dio sentido, una germinación de
pensamiento que cobra forma. Seminal semiología semántica del semen
del cielo. Dejaré tal especulación a gente más cualificada, pero en
cualquier caso fue un momento fabuloso. En la creación y ayuntamiento
con Urano, su hijo y ahora marido, Gea desenrolló la cinta de la vida que
recorre la historia humana y nuestro mismísimo ser, el vuestro y el mío.
Justo desde el principio, la unión de Urano y Gea fue gratificantemente
productiva. Primero llegaron doce niños fuertes y sanos: seis varones, seis
hembras. Los varones eran OCÉANO, CEO, CRÍO, HIPERIÓN, JÁPETO y
CRONO. Las hembras, TEA,
TEMIS, MNEMÓSINE, FEBE, TETIS y REA. Estos doce estaban destinados a
convertirse en la Segunda Generación de divinidades, labrándose por
cuenta propia un nombre legendario.
Y en alguna parte, mientras Tiempo iba cogiendo cuerpo, el reloj echó a
andar, el reloj de la historia cósmica que todavía hoy sigue en marcha.
Quizás uno de estos recién nacidos fuese responsable de ello, podemos
ocuparnos de eso más tarde.
No conformes con estos doce hermanos y hermanas guapos y fuertes,
Urano y Gea todavía trajeron al mundo más progenie: dos inconfundibles,
pero inconfundiblemente nada bellos, grupos de trillizos. Primero llegaron
los tres CÍCLOPES, gigantes de un solo ojo que dieron a su padre, el
cielo, una nueva gama de expresiones y modulaciones. El mayor de los
cíclopes se llamaba BRONTES,
trueno,* luego vino ESTÉROPES, el relámpago, y después ARGES, el
resplandor. Urano tuvo entonces la capacidad de llenar el
firmamento con los resplandores del relámpago y el estruendo del
trueno. Se regodeó en el ruido y el espectáculo. Pero el segundo
grupo de trillizos que parió Gea hizo estremecerse aún más al padre
y a todo aquel que los vio.
Puede que lo más suave sea decir que fueron un experimento
mutacional que ojalá no vuelva a repetirse, un callejón sin salida
genético. Puesto que aquellos recién nacidos – los
*
HECATÓNQUIROS – tenían cada uno cincuenta cabezas y cien
manos y eran espantosos, feroces, violentos y poderosos como
nada que hasta ese momento hubiera sido engendrado. Se
llamaban COTO el furioso, GIGES el de los brazos largos y EGEÓN
la cabra marina, a veces también conocido como BRIAREO el
vigoroso. Gea los amaba. A Urano le repugnaban. Tal vez lo que
más lo horrorizaba era pensar que él, el Señor del Cielo, pudiese
haber engendrado cosas tan extrañas y feas, pero creo que,
como la mayoría de los odios, su repugnancia tenía origen en el
miedo.
Lleno de asco, los maldijo: «¡Por haber ofendido a mis ojos,
nunca veréis la luz!» Mientras rugía estas furiosas palabras los
devolvió a empujones, junto con los cíclopes, al vientre de Gea.

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