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1 He Is Poison - K.A. Merikan

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Raquel Corea
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Tabla de contenido

Título
Derechos de autor
Propaganda
Reconocimiento
Prefacio
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13
Capítulo 14
Capítulo 15
Capítulo 16
Capítulo 17
Capítulo 18
17 años antes…
Sobre el Autor
Él es Veneno - Libro 1

KA Merikan

Acerbi & Villani ltd.


Esta es una obra de ficción. Cualquier parecido de personajes con personas reales, vivas, muertas
o no muertas, eventos, lugares o nombres es pura coincidencia.

Copyright del texto © 2014 KA Merikan


Reservados todos los derechos
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Diseño de portada por


Natasha Snow
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Traducción al español NO OFICIAL por fans y para fans sin fines de lucro. Por favor, apoyen al
autor comprando su historia en las plataformas oficiales y no difundan por redes sociales como
Instagram, TikTok, Twitter, etc.
Guns n’ Boys #1 (He is Poison)
KA Merikan
“El amor es agrio como un limón siciliano.”

La Familia siempre tiene la razón.


La Familia no olvida.
La Familia paga sangre con sangre.

Domenico Acerbi creció a la sombra de los limoneros sicilianos dispuesto a dar la vida por la
Familia. Listo para seguir órdenes y superar las expectativas. Un orgulloso hombre de honor.
Cuando secuestran a Seth, el hijo menor del Don, envían a Domenico para recuperarlo. Sin
embargo, el hombre que encuentra no es el chico que conoció hace tantos años. Perezoso,
molesto, mimado y tan sexy como un verano siciliano.

Seth Villani no quiere tener nada que ver con la mafia. Desafortunadamente, no tiene voz
cuando la Familia lo atrae de regreso a su redil después de la muerte de su madre. Arrojado a una
guarida de serpientes conocida como la Familia Villani, Seth tiene que encontrar una manera de
navegar en el laberinto de mentiras. Pero cuando Domenico Acerbi, la serpiente más viciosa de
todas, clava sus colmillos en Seth, el veneno se transforma en un afrodisíaco que corre por las
venas de Seth.

Domenico sabe que su vida está a punto de cambiar cuando recibe la orden de entrenar a Seth
para el papel del futuro Don. Seth no está hecho para eso. Ni siquiera está hecho. Pero un
hombre al que Domenico sabe que nunca tendría que temer podría ser alguien a quien siempre ha
necesitado.

Si Seth está condenado a seguir los pasos de su padre, también podría divertirse, con el hombre
más embriagador que jamás haya conocido. Tal vez incluso pueda engañarse a sí mismo
creyendo que Domenico no es un apuesto sociópata que mata para ganarse la vida.

POSIBLES SPOILERS:
Temas: De enemigos a amantes, mafia, homofobia, asesino, crimen organizado.
Género: Romance M/M erótico oscuro y retorcido / thriller criminal
Contenido erótico: sexo gay explícito, coerción
ADVERTENCIA: Contenido para adultos. Si te ofendes fácilmente, este libro no es para ti.

Guns n' Boys es una historia cruda de violencia extrema, lenguaje ofensivo, abuso y
protagonistas moralmente ambiguos. Detrás de la fachada morbosa, hay un toque de humor
negro inapropiado y una historia de amor que se arrastrará bajo tu piel.
Queremos agradecer a nuestros lectores polacos, cuyo amor por estos personajes nos mantuvo escribiendo sin descanso y
mejorando la historia para convertirla en lo que es ahora. Sin ese apoyo, escribir no hubiera sido lo mismo.

Dorota, por betareading y fangirlear.

Serena Yates, por ser tan generosa con su tiempo y corrección para nosotros.

Aleks Voinov, por todos los chats que nos alentaron a romper las reglas y escribir la historia que nos mantiene despiertos por la
noche. Sin mencionar que nos prestó uno de sus personajes y lo supervisó para que no saliéramos lastimados.

Kat y Agnes (KA Merikan)


Prefacio

Guns n' Boys es una serie homoerótica de mafia.


El primer libro se divide en dos partes debido a su extensión, cada una de unas 100.000
palabras, por lo que es un largo viaje con estos chicos. Su relación es difícil por decir lo menos.
Queremos llevarte a una montaña rusa sin cinturones de seguridad. Habrá sangre, violencia,
abuso, celos y química sexual abrasadora. Estamos planeando tener la próxima parte dentro de
un mes, por lo que el ritmo será rápido y furioso :).
Empezamos a escribir este libro en 2007 y ahora, siete años después, decidimos darle una
vida nueva y mejor. Es una historia cercana a nuestros corazones, y esperamos que los lectores se
enamoren de nuestros antihéroes tanto como nosotros. Si bien este no es un tipo tradicional de
romance, podemos prometer que cuando toda la historia termine en un futuro lejano, el final será
satisfactorio.
Capítulo 1

El dolor en la parte posterior del cráneo de Seth le estaba dando ganas de vomitar la
lasaña que acababa de... ¿hace cuánto tiempo? No tenía idea y no tenía ni idea de dónde estaba.
El olor a curry de la bolsa sobre su cabeza le provocaba más náuseas con cada respiración que
tomaba. La sensación volvió rápidamente a él y asaltó las terminaciones nerviosas de todo su
cuerpo. En todas partes excepto en sus manos. Apenas podía sentir las yemas de los dedos, los
brazos atados detrás de la silla en la que estaba sentado y entumecidos por la cuerda que se
clavaba en la piel de sus muñecas.
Su respiración se aceleró, haciendo que la bolsa sobre su cabeza se le pegara a la cara
cada vez que intentaba inhalar profundamente. Seth no sabía dónde estaba, quién lo había
secuestrado o cuál sería su futuro aquí, pero no era tan ignorante como para afirmar que no sabía
lo que estaba pasando en absoluto. Aunque no fuera culpa personal suya, podía estar seguro de
que estar atado a una silla con una bolsa en la cabeza tenía mucho que ver con ser un Villani.
Un crujido de tierra bajo los zapatos de alguien arrebató toda su atención, y dejó de
intentar mover sus dedos entumecidos. —¿Quién está ahí? —Apenas reconoció su propia voz,
ahora temblorosa y con un tono más agudo de lo habitual.
En lugar de responder, su captor caminó lentamente por la habitación, extendiendo la
ansiedad de Seth a una eternidad de tortura futura en su imaginación.
—¿Qué está sucediendo? —Seth gimió, esta vez en italiano.
La luz lo cegó por una fracción de segundo cuando alguien le quitó la bolsa de la cabeza.
Tan pronto como sus ojos comenzaron a acostumbrarse a la tenue iluminación de la única
bombilla, miró al hombre frente a él. Era un asiático bajito y regordete, pero con la forma segura
en que sostenía un arma en la mano, Seth no se atrevería a subestimarlo. En la habitación oscura
y vacía, con Seth incapaz de defenderse, esta situación podría empeorar rápidamente.
Seth tragó y miró rápidamente alrededor de la habitación. Sin ventanas
—¿Quién eres? —gimió en inglés de nuevo.
El extraño entrecerró los ojos y ladeó la cabeza hacia un lado. —Seth Villani —dijo con
un fuerte acento mandarín.
Seth tragó saliva. —¿Sí? —Solo entonces se dio cuenta de que había una respiración
apenas audible en algún lugar detrás de él.
—Espero que no te hayamos arrebatado de ninguna tarea importante —dijo el hombre
frente a él mientras se acercaba un paso. Demasiado cerca para el gusto de Seth.
Trató de calmar su respiración, pero le dolía todo el cuerpo y no estaba seguro de si debía
actuar como un tipo duro o ser amable. —¿Quién eres? ¿Qué deseas?
—Desafortunadamente, tenemos asuntos pendientes con tu padre —El secuestrador se
pasó los dedos por su cabello corto y negro. —Eres un gran activo en la discusión que él y yo
estamos teniendo.
—¡Pero yo… yo no tengo nada que ver con eso! Salí de Italia hace cinco años. —Seth se
encorvó en su asiento y, por una vez, deseó no ser un tipo grande. Deseaba poder ser lo
suficientemente pequeño como para simplemente desaparecer. Encogerse en la silla. Sabía
demasiado bien que hablar con el hombre que tenía delante era como intentar comer sopa con
palillos. Cualquier argumento que pudiera tener se le pasaría por alto.
—Me temo, señor Villani, que usted tiene mucho que ver en eso —Sus palabras no tenían
color emocional alguno. Miró por encima del brazo de Seth, a la tercera persona sin rostro en la
habitación, y asintió brevemente.
Un fuerte chasquido convirtió la sangre de Seth en hielo, y trató de mirar hacia atrás con
pánico. ¿Por qué diablos no iban a entender que ni siquiera hablaba mucho con su padre? Ya no
tenía nada que ver con la Familia. El destello de una hoja hizo que Seth inhalara profundamente
cuando la vio por el rabillo del ojo.
—¡Solo dime qué quieres! —gritó, pero el extraño negó con la cabeza, retrocediendo con
el rostro en blanco.
Seth se quedó sin aliento cuando las manos de alguien rozaron las suyas, e incluso con el
entumecimiento, pudo sentir que alguien apretaba su dedo meñique.
—¡Él te lo dará! ¡Él lo hará! ¡Solo déjame ir! —Seth chilló y trató de zafarse, pero resultó
que la silla estaba pegada al suelo. Atornillada a él como un extraño dispositivo de tortura.
Un dolor agudo estalló en el costado de la mano de Seth, y la persona detrás de él tiró del
dedo, como si tratara de arrancarlo. La hoja atravesó la piel de Seth sin piedad, y los gritos de
Seth, sus alaridos a todo pulmón, no pudieron cambiar nada de su situación. Se imaginó que el
dolor habría sido aún peor si sus manos no estuvieran tan entumecidas, pero nada lo preparó para
esta prueba sin fin. El carnicero detrás de él quedó atrapado en el hueso, y Seth lloró como un
niño, sus brazos temblaban incontrolablemente.
Perder el conocimiento era una dicha.

Los días y las noches de Seth transcurrían en una habitación a oscuras, mientras se
dormía y se despertaba o caminaba en círculos. Si se quedaba aquí por mucho tiempo, temía
sufrir una arritmia cardíaca. Las únicas veces que vislumbró la luz del corredor fue cuando
alguien le trajo comida, y esperó esos momentos con temor y emoción. Se acostumbró al aire
húmedo, al colchón hediondo que le dieron para dormir, al escaso confort de la fina manta. Cada
vez que alguien entraba en su cueva de soledad, el cambio era inminente, y el cambio podía
significar una comida u otro dedo amputado. Parecía haber una regularidad en las visitas, pero
Seth eventualmente perdió la noción del tiempo. Otra cosa que perdió fue el apetito. Comió
porque sabía que tenía que hacerlo, pero si alguna vez salía, nunca comería otro tikka masala* en
su vida.
(*El pollo tikka masala es un plato muy popular de la cocina india que se prepara en una
riquísima salsa cremosa en base a leche de coco, hierbas aromáticas y, por supuesto, curry)
Con todo el tiempo en sus manos, tenía más tiempo para pensar de lo que jamás hubiera
deseado tener. Obedeció las órdenes y guardó silencio, pues ya sabía que las personas que lo
retenían eran capaces de cualquier cosa. Seth fantaseó con que podría enfrentarse a uno de ellos,
pero ¿y luego qué? Incluso si le robaba el arma al primer tipo, estaba bajo tierra, Dios sabía
dónde, y tenía que haber al menos una docena más de escoria de la Tríada por ahí.
Otra cosa por la que agonizaba cuando yacía sin dormir era el funeral de su madre. Se
había enterado de su muerte sólo unas horas antes de que se lo llevaran. Ella había estado
enferma durante mucho tiempo, él sabía que se avecinaba, pero el hecho de que ni siquiera
pudiera presentar sus últimos respetos le hizo sentir náuseas por la culpa.
Su novio probablemente estaba muy preocupado, pero por mucho que Seth sintiera
lástima por no haberle contado nada a Peter, pensar en él ayudó a Seth a concentrarse en algo
más que en el dolor de su mano. Siguió repitiendo las últimas semanas juntas en su cabeza una y
otra vez.

La espera no tuvo fin. ¿Días? ¿Semanas? Sin ventanas, Seth ni siquiera sabía si era de día
o de noche. Al principio trató desesperadamente de distinguir un patrón, pero sus captores
parecían despertarlo al azar, ya sea por crueldad o para confundirlo deliberadamente, no lo sabía.
Le arrancarían la manta, gritarían en un idioma que no entendía, golpearían el radiador con un
bate de béisbol, romperían el silencio y convertirían a Seth en un montón de baba temblorosa.
El dolor era un problema menor que eso. Seth se acostumbró tanto que se olvidaba de él
de vez en cuando, pero el furioso latido en su mano siempre volvía con fuerza. Seth necesitó tres
palizas para darse cuenta de que las preguntas serían respondidas con violencia, por lo que dejó
de hablar con sus captores por completo.
El día que lo sacaron a rastras de la habitación comenzó como uno de esos horribles
momentos destinados a confundirlo, pero no hubo bate de béisbol, ni ruido innecesario. Dos
hombres lo sacaron a rastras, y las brillantes luces blancas del pasillo lo hicieron entrecerrar los
ojos para protegerse los ojos del doloroso resplandor. Después de una corta ducha fría, se puso
un traje que no le sentaba bien que era una burla a la sastrería y zapatos que eran demasiado
grandes para sus pies. No tenía idea de lo que estaba pasando. ¿Lo enviarían a otro lugar?
¿Seguramente no se molestarían en dejarlo bañarse solo para matarlo? Se atrevió a preguntar al
respecto, pero solo le dijeron que se vistiera más rápido. ¿Quizás su familia finalmente eligió
actuar? Por mucho que no quisiera tener nada que ver con ellos, nunca había tenido
pensamientos más cálidos sobre su padre que ahora.
Seth fue conducido por un pasillo angosto con un techo bajo tan lleno de cables y tuberías
que parecía estar adornado con adornos navideños de temática industrial. Finalmente llegaron a
una puerta al final del corredor, y una luz brillante cegó a Seth por una fracción de segundo
cuando se abrió.
Estaba abrumado por la pureza del aire que llenaba sus pulmones y el sol que entraba
libremente por los costados del edificio. Trató de entender dónde estaba, pero el espacio parecía
un estacionamiento extrañamente vacío.
Entrecerró los ojos para enfocar mejor mientras sus captores lo empujaban hacia
adelante. Los labios de Seth se abrieron al ver a dos grupos de hombres reunidos cerca de unos
autos caros. Asiáticos por un lado, hombres blancos por el otro, la mayoría con piel bronceada y
olivácea y cabello oscuro.
Sicilianos.
Seth abrió más los ojos y su corazón latía con furia. ¿Todo iba a estar bien? ¿Lo
comprarían?
Su mirada instantáneamente se dirigió a un hombre que dio un paso adelante, moviéndose
por delante de su grupo. En parte porque sostenía una maleta negra, que con suerte contenía un
rescate que sacaría a Seth, y por otra parte porque el hombre era increíblemente guapo. La mente
de Seth fue enviada a una realidad paralela durante unos segundos.
Un chasquido de la apertura de la maleta lo trajo de vuelta a la realidad, y lo que vio
fueron montones ordenados de billetes de cien dólares. El apuesto siciliano se veía elegante
como una pantera, con su largo cabello negro recogido en una cola de caballo apretada. Sus
movimientos eran seguros, como si hubiera nacido para mantener la calma bajo presión. La
forma en que se mantuvo erguido en su traje negro alquitrán sacó a relucir el orgullo de Seth y le
hizo enderezar la espalda a pesar del dolor en sus músculos y articulaciones. Sin embargo, en una
batalla de trajes, Seth perdería incluso antes de que comenzara la pelea. La sastrería inmaculada
de la obra de arte negra creaba una silueta angular desde los anchos hombros del hombre hasta la
esbelta cintura. Incluso mirar la perfección oscura hizo que Seth tuviera ganas de quitarse su
insulto azul a la moda. La corbata del hombre era elegante y delgada, mientras que Seth ni
siquiera usaba una.
Uno de los asiáticos se adelantó, tomó la maleta y se la devolvió a su líder. Seth no lo
siguió, quedando capturado por el siciliano, quien lo miró con un par de ojos color ámbar. Sus
miradas se encontraron y Seth dejó de respirar. Era como ser observado por un puma, los ojos
del hombre nunca parpadeaban y eran intensos. Seth no estaba seguro si quería dar un paso
adelante o huir. Esos ojos eran fríos y escudriñaban a Seth como si fuera una mercancía que valía
mucho menos de lo que se pagaba por ella. ¿Pero tal vez eso no era lo que se escondía en ese
cráneo perfecto? Tal vez era el ego herido de Seth el que hablaba, ya que estaba enojado consigo
mismo por tener que ser rescatado como un bebé. Al final, la inseguridad de Seth ganó, y miró
hacia otro lado, tratando de no pensar en la barba desaliñada en su propio rostro y cómo no se
comparaba con la piel suave y afeitada del apuesto mafioso*.
(*Esta palabra está escrita originalmente en inglés así.)
El jefe chino debió confirmar que estaba contento con la cantidad de dinero porque el
hombre detrás de Seth le quitó las esposas que le sujetaban las manos. La libertad fue una
sorpresa tal que Seth no se movió de inmediato, tomándose un segundo para mirar las marcas
rojas en sus muñecas, pero en el momento en que se dio cuenta de que podía, sus piernas se
movieron por sí solas, llevándolo hacia adelante en un trote frenético. Las diminutas sonrisas en
algunos rostros le hicieron arrepentirse de haber actuado tan apresuradamente, pero lo hecho,
hecho estaba.
Todos los sicilianos retrocedieron hacia sus autos, incluido su líder, cuya rica colonia
susurraba: “Sígueme y fóllame en el asiento trasero”. Así que Seth lo siguió, manteniéndose
detrás de él. Notó, no sin satisfacción, que le sacaba unos centímetros al tipo.
—¿Qué pasó? ¿Por qué me llevaron? —preguntó a todos y a nadie, todavía consciente de
un matiz nervioso en su voz. Agarró la muñeca de su mano izquierda cuando una punzada de
dolor le recordó el dedo perdido.
El apuesto extraño se detuvo y miró a Seth por encima del hombro. —No deberías haber
intentado conseguir un gallinero en Craigslist* —dijo y abrió un encendedor.
(*Craigslist es un sitio web de anuncios clasificados con secciones dedicadas al empleo,
vivienda, contactos personales, ventas, ítems, servicios, comunidad, conciertos, hojas de vida, y
foros de discusión, entre otras.)
Seth solo lo miró, estupefacto por la respuesta. Fue emboscado en el camino para recoger
el artículo. De un vendedor anónimo. Mierda.
El mafioso encendió un cigarrillo mientras daba órdenes a los otros hombres. Su perfil
era como el de un actor, con una nariz recta y labios de las proporciones más perfectas. Por un
momento, Seth pensó que tal vez el tipo era un actor, empleado por alguna razón desconocida,
pero había algo familiar en él que Seth aún no podía identificar.
—Llévalo a donde él te diga, y lo recogeré en una hora y media —dijo el hombre con una
voz tan profunda que envió un escalofrío por la espalda de Seth. Seth comenzaba a sentirse
molesto por esta reacción visceral. Este era solo un tipo atractivo. Era hora de esconderse ya que
la homosexualidad era inexistente a donde iba.
Un mafioso gay era un mafioso muerto.
Los labios de Seth se abrieron mientras observaba al hombre ajustar las solapas de su
traje con sus largos dedos, decorado con tres sellos diferentes. —¿Qué día es hoy? —finalmente
se atragantó. Se sentía tan duro y golpeado en comparación con este hermoso hombre. Incluso si
al hombre mismo no le importaba menos, Seth no podía soportar la competencia no dicha, y
despertó un anhelo por arreglarse y vestirse bien que aún no podía satisfacer.
—Diez de septiembre —dijo uno de los hombres que se quedó con Seth cuando su sueño
húmedo se fue sin prestarle más atención.
—¿Quién era ese, de todos modos? —Seth trató de sonar como si no le importara mucho,
pero ese hombre era lo único de lo que podía hablar y pensar sin dolor ni vergüenza después de
dos semanas en cautiverio.
—Ese es Domenico Acerbi —El conductor de un elegante Maserati negro le abrió la
puerta.
—¿Qué? —Seth frunció el ceño y subió al auto, desconcertado por la nueva información.
¿Ese Domenico Acerbi? ¿El niño escuálido con el que solía jugar cuando era niño? —¿Por qué
lo envió Padre? No importa, hablaré con él yo mismo —agregó antes de obtener una respuesta.
El hecho de que alguien como Domenico Acerbi lo desequilibrara lo estaba irritando.
El conductor asintió y, en cuestión de segundos, partieron.
Seth se miró la mano cubierta por vendajes húmedos y sucios, todavía conmocionado por
el cambio repentino de sus circunstancias. No había visto a Domenico en quince años. Y sabía
exactamente cuántos porque recordaba que tenía once años cuando el 'pequeño Mimmo*' lo
atacó con un cuchillo de cocina. Seth nunca lo volvió a ver después de eso. Fue como si el tipo
desapareciera de la faz de la tierra. Lo cual no sería tan sorprendente en su familia. Unos dos
años después del incidente, Seth escuchó mencionar su nombre de vez en cuando y rara vez en su
presencia, pero eso fue todo.
(*Mimmo es la variante siciliana del nombre propio “Domenico”, por región en Italia
tienen formas distintas de hacer un diminutivo de este nombre.)
Y ahora Domenico había sido enviado a reclamarlo, como cabeza del grupo, todo
tranquilo y sereno, rebosante de testosterona. Y esa colonia suya... Dios, a ese hombre no se le
debería permitir ser tan guapo.
Seth le ordenó al conductor que se detuviera a unas cuadras del departamento que
compartía con Peter y salió del auto, sosteniendo el celular que le habían dado. No quería revelar
la dirección exacta, por si acaso. Tener un amante gay no le daría a Seth el premio al hijo del
año. Mientras corría por la concurrida calle con su traje que no le quedaba bien y zapatos
incómodos, trató de encontrar una manera de comunicarle a Peter que necesitaban separarse.
“Necesito un poco de espacio” no funcionaría, pero Peter era demasiado delicado para acercarlo
a la familia Villani. A veces, Seth pensaba que él era demasiado delicado para estar cerca de su
propia familia. Había pensado que mudarse a otro continente sería suficiente espacio para
respirar. Eso había resultado ser una ilusión. Al menos había tenido la oportunidad de disfrutar
de una vida gay muy activa, algo que nunca podría haber experimentado en Italia. Todos lo
conocían en casa, todos los ojos estaban puestos en su espalda, y ningún chico gay con algún
sentido de autoconservación se le acercaría.
Seth, el hijo del Don. Tendrías que ser un idiota para tratar de enrollarte con él, pensó
Seth con gravedad, antes de comenzar a subir las escaleras hacia el apartamento que había estado
compartiendo con su novio durante el último año.
La puerta de madera parecía algo de una vida pasada, y cuando sacó la cartera que sus
antiguos captores le habían devuelto con la ropa, fue como si estuviera entrando en la vida de
otra persona. Hizo girar la llave en la cerradura, respiró hondo y se mudó al apartamento,
sintiéndose diez años mayor en el momento en que puso un pie en el pasillo desordenado. En la
luz azulada que provenía de la sala, miró los zapatos esparcidos por sus pies cuando una sombra
los ahogó en la oscuridad.
—¿Seth?
—Sí, soy yo —dijo, molesto por lo áspera que sonaba su voz.
La puerta golpeó contra el armario, y de repente los brazos de Seth estaban llenos de su
tembloroso novio. Peter era tan pequeño y frágil mientras se aferraba a Seth, sollozando en su
oído, pero el aroma floral de su perfume no traía nada más que familiaridad. No se parecía en
nada al olor masculino del adulto Domenico Acerbi; tan intenso que aún permanecía en la nariz
de Seth.
—Oye, Peter, no llores, estoy vivo, ¿de acuerdo? —dijo, pero frunció el ceño ante su
propio reflejo magullado mirándolo desde el espejo. Peter se veía horrible con los ojos hinchados
y casi sin maquillaje, su cabello rubio muy corto no estaba peinado, pero a Peter no parecía
importarle. Agarró a Seth, presionándose contra él como un niño.
—¿Dónde has estado? ¿Quién te hizo esto? ¡He estado muy preocupado!
Seth agarró su mano vendada. No podía arrastrar a Peter a esto. —Por ahí —murmuró. El
tiempo corría, y solo le quedaba media hora antes de que alguien, posiblemente Domenico, lo
llamara. Pero Peter no lo escuchó, y segundos después, arrastró a Seth a la sala de estar,
encendiendo la luz principal para mirar sus muñecas.
—¿Qué ocurre? —Los ojos enrojecidos de Peter estaban completamente enfocados en
Seth, quien a su vez desvió la mirada hacia la colección de tarrinas de helado vacías sobre la
mesa de café.
Seth no quería alejar a Peter. Ya había hecho suficiente daño en los últimos meses cuando
seguían teniendo discusiones interminables y se negaban a hablarse durante horas. Y este no era
el momento de arreglar una relación que difícilmente era un lecho de rosas. Peter merecía paz y
un hombre que pudiera cuidarlo, no ser arrastrado al infierno de la mafia.
Seth le mostró a Peter su mano sin el dedo meñique, dejando que toda emoción se
esfumara de su rostro, aunque tampoco había tenido la oportunidad de mirarlo correctamente.
Peter palideció y se tapó la boca con una mano mientras ambos miraban el nudillo vacío que el
vendaje ocultaba de forma segura.
—S-Seth…
—No puedes decirle a nadie sobre esto, ¿de acuerdo? —Se desenredó suavemente de los
brazos de Peter y se puso de pie. Empacar no ocurriría por sí solo, y no quería tentarse a sí
mismo creyendo que regresaría pronto.
—No… ¡Seth, dime qué pasó! —Peter agarró su brazo con el ceño fruncido de
determinación.
Seth lo miró y se dio cuenta de que Peter parecía incluso más frágil que de costumbre. —
Me metí en problemas con el tipo equivocado de personas —¿Cómo se suponía que explicaría
que su familia era una parte importante del problema?
—Pero... ¿no pudiste avisarme? —sollozó Peter, apretando sus dedos de araña en el
bíceps de Seth. Pesadas lágrimas se derramaron por sus mejillas, arrastrando los restos del rímel.
—¡Estaba tan asustado porque ni siquiera la policía pudo encontrar nada!
Seth espetó y agarró las mejillas de Peter para que se concentrara. —¿Qué le dijiste a la
policía?
La reacción inicial de Peter fue encoger los hombros y apartar la mirada. —Yo… que
desapareciste. ¿Qué habrías hecho tú en mi lugar?
Seth frunció el ceño y apartó los dedos. —Me haré cargo de ello. Solo esta... puta mano.
—Se pasó los dedos por el pelo corto.
Peter deslizó sus delgados brazos alrededor de Seth y lo besó en la mejilla. —Pero tienes
que poner una denuncia. ¿Y si te lastiman de nuevo?
—Nadie 'denunciará' nada, ¿me entiendes? Esto debe quedar entre nosotros por tu propio
bien —dijo y despegó a Peter de sí mismo. Corrió al dormitorio, solo para darse cuenta de que no
tenía mucho que tomar. —Y nadie me hará daño, porque la próxima vez no dejaré que me tomen
por sorpresa.
El sonido apresurado de los pasos de Peter resonó a sus espaldas mientras escudriñaba su
pequeño dormitorio. La cama tamaño king ocupaba la mayor parte del espacio, dejando solo el
espacio suficiente para llegar al armario.
—Por favor, no lo hagas. ¡Es peligroso!
—Cálmate, mierda. Lo arreglaré todo. —Seth sacó algunas de sus prendas favoritas,
incluida una chaqueta de cuero, y las arrojó sobre la cama.
Peter retrocedió hacia la puerta, encorvado con los puños cerrados. —No puedo estar
tranquilo. Tengo miedo. —Ocultó la cara entre las palmas de las manos y lentamente se deslizó
de rodillas sobre sus miembros desgarbados.
Seth se mordió el labio, frustrado sin fin. Nunca quiso ser ese monstruo que hacía llorar a
sus novios, pero ahora no había vuelta atrás. —Entre menos sepas, mejor. —Sacó una pequeña
bolsa de viaje del fondo del armario y también la arrojó sobre la cama.
—Eso es lo que siempre dices —susurró Peter desde su lugar en el suelo.
—Porque... es peligroso —Finalmente miró a Peter, sin saber cómo darle una respuesta.
—Pete… Mi mamá está muerta —dijo, y su voz lo traicionó, poniéndose temblorosa. El
recuerdo de su sonrisa hizo que su garganta se contrajera. Ella siempre había estado ahí para él.
Podían hablar durante horas por Skype. El pensamiento le recordó su única posesión preciada y
lo hizo correr a la cocina, seguido por la sombra de su novio.
—¡Dios mío, Seth! Lo siento mucho. —Tan pronto como Seth se detuvo en la cocina
pequeña pero hogareña, Peter se estrelló contra él y lo tomó en sus brazos nuevamente.
—Tengo que irme a Italia, —susurró Seth y le devolvió el abrazo, con los ojos fijos en lo
que había ido a buscar a la cocina. El libro de recetas que su mamá le había hecho cuando se fue
a la universidad.
Peter acarició el antebrazo peludo de Seth, frunciendo el ceño mientras sus ojos se
enfocaban en algo a millas de distancia. —Podría obtener una licencia sin sueldo en el trabajo.
Quiero ayudarte.
Seth tragó, la culpa subiendo por su garganta como bilis. —Tú no entiendes. Es
peligroso. Yo… —¿Cómo se suponía que iba a explicarlo? —Tengo que estar fuera de la vista
por un tiempo.
Los dedos de Peter se arrastraron hasta la mano de Seth y la acunó en un apretón mortal.
—¿Por qué no podemos estar fuera de la vista juntos? No puedo soportar preocuparme por tu
vida otra vez —suplicó con la voz entrecortada.
—No puedo arrastrarte a esto —Seth se inclinó para besar a Peter y se apartó para
arrebatarle el libro de recetas.
—Pero necesito ser arrastrado a esto. Estamos en esto juntos.
—Peter, maldita sea. ¡Tengo que irme ahora mismo! —Seth gritó y regresó al dormitorio
para empacar sus cosas. —No me lo pongas tan difícil. Solo quiero… quiero que sepas que me
encantó el tiempo que pasamos juntos —No podía soportar decírselo a la cara y se encogió
cuando Peter se quedó muy quieto de repente. El fuerte tono de llamada del teléfono celular fue
un gran alivio.
Respondió con el ceño fruncido, interrumpiendo el coro de 'Barbie Girl' de Aqua, y cerró
la cremallera de su bolso con una mano. Una voz profunda en el altavoz envió una ola de calor
por toda la columna vertebral de Seth.
—Estoy esperando.
Seth tragó saliva. —Sí, ya voy —dijo con una voz tan seria que apenas la reconoció.
Apagó el teléfono. —Peter, ven aquí —Seth le tendió la mano, pero con Peter congelado en el
lugar, tuvo que obligarlo a abrazarlo. El aroma de las flores llenó las fosas nasales de Seth
mientras manipulaba el cuerpo inconsciente de su ahora ex novio.
—Seth... ¿qué quieres decir? —dijo Peter con voz áspera.
—Quiero decir que mi padre me necesita allí. —Besó un lado de la cabeza de Peter.
—¿Qué tiene que ver esto con nosotros? —Peter presionó su rostro contra el cuello de
Seth en el mismo instante en que 'Barbie Girl' arruinó el momento nuevamente. Mataría al hijo
de puta que pensara que era una buena idea elegir ese tono de llamada.
—¡Dije que voy a volver! —Seth gruñó en el teléfono y lo apagó de inmediato, mirando
el rostro pálido. —Pete. No sé cuándo podré volver, si es que alguna vez pueda, y no puedo
retenerte indefinidamente.
—Pero... podemos visitarnos... y hablar por Skype, ¿verdad? —Peter se estremeció en sus
brazos. —No seríamos la primera pareja en tener una relación a distancia…
Seth espetó. —No puedes visitarme. No sé cuánto tiempo me iré, y mi familia está
formada por un montón de homófobos. Te dejo mi número, pero no puedo prometer nada —dijo
y se abrió paso a la fuerza hacia el pasillo. Podría haber sido el hijo del Don, pero lo último que
quería era que Domenico subiera y viera con quién vivía. Rápidamente anotó un número
inventado en un cuaderno junto a la puerta, ya sintiéndose avergonzado por hacerlo. Pero
necesitaba salir rápido, y llamaría a Peter cuando fuera seguro.
—Gracias —susurró Peter, abrazándolo con toda la fuerza de sus miembros esbeltos. —
¿Me extrañaras?
—Joder, Peter, tengo que irme. Lo haré. —Seth le dio un último beso y se alejó,
arrebatando la bolsa de la cama.
—Seth, ten cuidado —murmuró Peter. Sin embargo, no hizo más intentos para detenerlo.
Seth acarició su cabello una vez más, pero salió corriendo del apartamento y bajó las
escaleras. Su corazón no podía soportar más culpa, así que huyó de ella lo más rápido que pudo.
Abajo en la calle, rápidamente notó el auto negro y aceleró hacia la puerta que se le abrió
desde adentro. Apenas la había cerrado de golpe antes de que el auto comenzara a moverse. Se
encontró torpemente arrodillado en el asiento con su bolso en el regazo de Domenico. Seth se
quedó mirando las facciones increíblemente simétricas.
—¿Eso es todo lo que tienes? Este país no te sirve bien —preguntó Domenico con una
voz que hizo que a Seth se le pusiera la piel de gallina.
Seth sacó su bolso y lo puso entre ellos antes de acomodarse en el asiento. —Lo que
digas —era todo lo que tenía para el imbécil. Estaban solos, con un grueso vidrio negro
separándolos del conductor.
Domenico se relajó contra el respaldo y se hizo crujir los nudillos. —Te tomaste tanto
tiempo que comencé a preguntarme si estabas doblando tu ropa interior.
Seth lo miró boquiabierto, el frío se extendía por sus venas. —Por el amor de Dios, tenía
que encargarme de algo.
Domenico metió la mano en el bolsillo de sus pantalones y sacó un paquete de cigarrillos
y un encendedor. El suave resplandor de la llama alimentada con gas iluminó las hermosas
facciones del hombre y el aire se llenó de humo.
—Tu padre se está impacientando. Se pondría furioso si perdiéramos nuestro vuelo.
—Lo sé —murmuró Seth y no pudo evitar echarle otra mirada a Domenico. En algún
lugar detrás de la fachada del traje hecho a medida y el comportamiento tranquilo, trató de
encontrar al niño que una vez encerró en un bote de basura. Quién sabe, tal vez Seth estaba
exagerando. Tal vez Domenico se había olvidado por completo de tonterías como esa.
Ciertamente se veía diferente.
Tenía la misma tez aceitunada fría y ojos de color ámbar claro con pestañas negras
gruesas, pero la cara antes inocente y algo regordeta no se veía por ninguna parte en las líneas
limpias y rectas de la nariz de Domenico, la frente fuerte y los pómulos altos. El tipo podría ser
un modelo. A diferencia del chico de hace casi veinte años, este hombre mostraba una confianza
que Seth rara vez presenciaba. Cada movimiento fue a la vez indiferente y guionizado. Y los
accesorios, un reloj caro y gafas de sol de moda, solo reforzaron la imagen de perfección.
Seth todavía sentía una corriente subterránea de atracción, pero trató de no mirar, ahora
más concentrado en evaluar a su oponente. Competir en lugar de intentar atraer. No tenía idea de
cómo tratar con alguien como Domenico. Los instintos de Seth le decían que era un ratón
acercándose a una trampa que estaba a punto de romperle el cuello. Estar lesionado no ayudó a
su confianza.
—¿Por qué te envió a ti de todas las personas? —Seth finalmente se quejó.
Domenico le dirigió una mirada lenta y Seth no pudo evitar seguir el remolino de humo
que salía de esos labios perfectamente cortados, enroscándose alrededor de la carne suave como
si no pudiera evitarlo. —Bueno, no podía permitir que cortaran nada más, ¿verdad?
Seth tragó saliva. Esto era peor. Seguía siendo un ratón, pero Domenico no era una
trampa, podías evitarlas. Era como estar encerrado en una jaula con una cobra. Una parte de Seth
le gritó que simplemente abriera la puerta y saltara.
Miró la puerta cerrada del coche y luego su mano. —Mejor un dedo meñique que un
pulgar —dijo, tratando de sonar duro. ¿Tal vez con un poco de esfuerzo, podría lograr ser un
puercoespín? Okey, un erizo*.
(*Se refiere al erizo de mar)
El rico barítono era a la vez un placer de escuchar y una molestia exasperante. —Creo
que se trataba de salvar el dedo índice —dijo Domenico alegremente.
Seth lo miró con los ojos entrecerrados. El hijo de puta también era más joven que él.
¿Cómo podía bromear sobre asuntos tan serios? —¿Crees que es gracioso?
Domenico dejó escapar un poco de humo por la nariz, mirando a Seth con un brillo
divertido en sus ojos. —Por supuesto que no.
—Entonces, ¿por qué estás tan feliz? —Seth inspiró el humo. A él le vendría bien un
cigarrillo, pero no estaba dispuesto a pedírselo a Domenico. Seth deseó poder quitarle los
cigarrillos y encerrarlo en el bote de basura de nuevo.
—Simplemente estoy feliz de ser honrado con la tarea de acompañarte a casa —dijo
Domenico con un acento tan aristocrático que no encajaba con su origen humilde.
Seth respiró hondo y trató de no imaginar esos labios alrededor de su polla. —¿Vas a
volar conmigo?
El humo se demoró alrededor de los labios de Domenico, acariciándolos de la manera
más sensual. —No dormiré en dos días.
—¿Por qué? ¿Tienes que cuidarme? —Seth resopló y cruzó los brazos sobre el pecho.
Esto era de lo más insatisfactorio.
—Esa es mi orden.
—¿Qué? ¿Desde cuándo necesito una niñera? ¿Qué diablos es esto de todos modos?
¿Padre les pagó o no? —Seth no podía decidir qué era peor, saber sobre asuntos familiares o no
saber nada.
La boca ridículamente perfecta de Domenico se curvó en una pequeña sonrisa mientras
apagaba el cigarrillo, sacando ya otro. —Parece que no valías los tres millones. Negociaron y te
cambiaron por un tercio de eso y uno de sus hombres.
Seth hizo un puchero. Necesitaba encontrar un defecto en Domenico para sentir que
estaba tratando con un ser humano, no con la encarnación del estilo italiano y su sueño húmedo,
todo en uno. ¿Un botón perdido tal vez? Examinó de nuevo el traje de Domenico. Nada. Ni un
maldito hilo sobresaliendo.
—Bueno, espero que también haya perdido un dedo —Dejó que sus amargos
sentimientos impregnaran las palabras.
El encendedor volvió a hacer clic. —Una mano.
Seth se congeló. —Bien —se atragantó, pero no pudo evitar sentirse incómodo. Su
imaginación se desvió hacia la visión de Domenico lidiando con la amputación. Y estaba un
poco cachondo, lo que era aún peor.
—Probablemente morirá, lo que cancela el acuerdo —Domenico se encogió de hombros
y le sonrió a Seth como si le estuviera contando los altibajos de un partido de fútbol. —Pero no
te preocupes, te mantendré con vida hasta que estemos en casa.
—Yo también tengo un arma, ¿sabes? —Seth finalmente se atrevió a mirar directamente
a los ojos de Domenico, tan brillantes en contraste con el cabello negro como la brea.
Domenico lo miraba, completamente relajado. —Bueno, no hiciste mucho uso de ella
cuando llegó el momento.
—Eran cinco bastardos. Le disparé a uno —mintió. —¿Cómo supieron siquiera dónde
vivo? Veo a mi padre una vez al año en el mejor de los casos.
Domenico ajustó una maleta entre sus piernas con un suave suspiro. —Hubo una fuga,
pero no te preocupes, se solucionará.
Seth temía pensar en lo que eso significaba, así que cambió de tema. —¿Vas a venir al
funeral también?
—Por supuesto —respondió Domenico, mirando por la ventana. Iban de camino al
aeropuerto JFK*.
(*Aeropuerto Internacional John F. Kennedy, es uno de los aeropuertos de Nueva York)
—¿Tienes ropa para mí? —Seth miró su traje barato y gastado y se encogió de
vergüenza. Padre no estaría feliz si llegara peor que alguien como Domenico Acerbi.
—Te cambiarás en el aeropuerto —respondió Domenico. Se quedaron en silencio, y
parecía que Domenico se había quedado dormido, pero en el momento en que el auto se detuvo
en la terminal, abrió la puerta y salió del auto.
Seth asintió y salió por el otro lado, casi olvidando su bolso. Joder. Hacer el ridículo todo
el tiempo hería su orgullo como la pérdida de un dedo. Miró a su alrededor para encontrar a
Domenico, que estaba de pie junto a una señal de taxi, abrochándose la chaqueta de su traje que
le quedaba perfectamente. Era como ver una pantera: hermosa, atenta y mortal. Domenico se
puso sus gafas de sol con clase y frunció el ceño ante el viento que arrancaba algunos mechones
de su cola de caballo.
Seth miró fijamente, pero mirar solo lo enfureció porque no estaba tan presentable,
cuando tenía todos los medios para estarlo. No podía esperar para cambiarse a algo mejor. Sin
una palabra, se dirigió a la entrada de la terminal y sintió un destello de satisfacción cuando
Domenico lo siguió.
Caminaron rápidamente, apuntando directamente a los baños. Domenico entró primero,
dirigiéndose a la segunda sala donde estaba la platea. Se detuvo de repente y presionó la maleta
contra el pecho de Seth. —Cámbiate.
Seth frunció el ceño, porque sonaba como una orden, pero entró al cubículo sin decir una
palabra más. Si todo salía bien, podría estar dormido en unas pocas horas. Obtendría una comida
semi-correcta en el avión y todo el vino que quisiera.
El cubículo era estrecho, pero largo, por lo que tenía suficiente espacio para moverse sin
tropezar con todo lo que lo rodeaba. Después de cerrar el inodoro, colocó la maleta encima y
miró hacia la puerta, debajo de la cual todavía podía ver los zapatos de Domenico en las
baldosas. Sacudió la cabeza ante el cuero negro pulido.
Seth se desvistió lo más rápido posible y abrió la maleta. No pudo evitar suspirar al ver la
tela oscura. No era un traje cualquiera. Era negro, con una camisa a juego. Fue amable de su
padre pensar en él incluso en un momento tan estresante.
Un fuerte chasquido le hizo mirar hacia la puerta, pero no había zapatos a la vista. Se le
cortó la respiración cuando algo chocó contra la delgada pared a su derecha, seguido por el
chirrido de las suelas de los zapatos al rozar algo liso. Se movió hacia la pared izquierda del
cubículo con una respiración profunda. Tenía que ser la falta de sueño adecuado lo mejor de él
porque el ruido se calmó. Ponerse la ropa lo puso de un humor extraño. Por un lado, se sentía
más apropiadamente vestido, por otro, el negro solo le recordaba la muerte de su madre.
Lentamente miró fuera del cubículo solo con sus pantalones y su camisa.
Había un hombre junto al urinario en el otro lado, pero una breve mirada al baño no fue
suficiente para localizar a Domenico. Le devolvió el corazón a la velocidad galopante que solo le
recordaba el momento en que fue emboscado por sus secuestradores. Mareado y sudoroso, se
retiró hacia el cubículo que estaba usando, pero justo cuando estaba a punto de volver a entrar, la
puerta chocó contra él. Seth miró hacia atrás e instantáneamente levantó un brazo para protegerse
instintivamente, pero su rostro se sonrojó cuando sus ojos se encontraron con los de Domenico.
—Te dije que te cambiaras —dijo la pantera, quitándose un grueso guante de goma, con
algo húmedo que brillaba en la superficie lisa y negra.
Los ojos de Seth se agrandaron y miró a su alrededor, confundido como un cocodrilo en
el desierto. —Pero... ¿qué está pasando? —pronunció y dio un paso atrás, gimiendo cuando
Domenico lo empujó adentro y bloqueó la entrada.
—Enviaron a otro hombre tras de ti —susurró Domenico y escondió los guantes, al revés,
en su bolsillo.
Seth retrocedió todo el camino hasta la pared y se puso la chaqueta del traje. Luchó con la
corbata, pero al menos eso significaba que no tenía que mirar a Domenico, que los había
encerrado a ambos en el cubículo y ahora estaba ocupado con su teléfono celular. Los ojos de
Seth se dirigieron a la separación entre los cubículos, y recordó lo rápido que Domenico había
logrado lidiar con... cualquiera que fuera la situación. Definitivamente había perdido las ganas de
poner a Dom en un bote de basura.
—No tenemos mucho tiempo —Domenico negó con la cabeza, observando la lucha de
Seth con la corbata. —¿Qué demonios estás haciendo? —Caminó directamente hacia él y agarró
el accesorio de seda, atándolo en el nudo como un profesional.
—Está bien, está bien, solo que no he usado una corbata en mucho tiempo —murmuró
Seth, tratando de ignorar la colonia sexy de Domenico. No pudo. Un rubor subió rápidamente
por su pecho. —¿D-Domenico?
—¿Qué? —gruñó Dom, cerrando la maleta tan pronto como terminó con la corbata.
Seth se inclinó más cerca. No quería provocar sus propios sentidos, pero no había forma
de evitarlo si quería susurrar. —¿Dónde está el cuerpo? —Domenico olía tan bien que Seth sintió
todo tipo de conflictos por la muerte que acababa de ocurrir. Por otra parte, ¿por qué debería
sentirse mal por un hombre que vino aquí con la intención de asesinarlo?
Cuando Domenico respiró hondo, Seth sintió el movimiento del aire en su barbilla, sus
ojos fijos en las pupilas que se expandían. Domenico se quedó en silencio por un segundo, pero
luego inclinó la cabeza hacia el cubículo a su derecha. —Está siendo resuelto.
—¿Pero qué quieres decir? —Seth insistió y se enderezó para sentirse más alto. —Tal
vez... ¿necesitas ayuda? —El tragó. Ver un cadáver era lo último que deseaba, pero no podía ser
un cobarde.
—No. —Domenico negó con la cabeza y cuando se agachó, su cara estaba tan cerca de la
cremallera de Seth que Seth inhaló profundamente. Era como ser un lobo encerrado con un
cordero jugoso, pero Domenico enderezó la espalda tan pronto como tomó la maleta. —Ya
llegamos tarde.
—Pero, ¿cómo lidias con algo así? —Seth odió que sonara como un gemido, pero
Domenico ya había abierto la puerta y salió del establo.
—Dije “vamos”.
Seth frunció el ceño. No podía creer que el tipo fuera tan grosero. —Solo quería saber —
se quejó, pero siguió a Domenico, ignorando a un tipo con el ceño fruncido que sacudió la
cabeza hacia ellos. Genial, ahora alguien realmente pensó que se estaba tirando a ese bastardo. Si
tan solo eso fuera cierto.
Estaban casi en la puerta cuando se abrió, y dos hombres con uniformes de conserje
entraron al baño con un carrito grande que contenía un bote de basura y muchos suministros. Su
sangre se congeló cuando Domenico sacó los guantes y los dejó caer casualmente en el carrito
cuando pasó junto a los conserjes. No hubo indicios de ningún reconocimiento excepto por una
breve mirada que uno de los hombres le dio a Seth antes de tirar del carrito hacia los puestos.
Apenas lograron pasar el control de pasaportes cuando el orador anunció que faltaban dos
pasajeros para un vuelo a Roma, y Domenico obligó a Seth a correr, insistiendo en que los
nombres eran sus alias.
Seth tenía un pasaporte nuevo, y antes de que pudiera recordar su nueva fecha de
nacimiento, estaban corriendo hacia el avión. Se iba de la ciudad de Nueva York casi sin nada y
también tenía que dejar ir a Peter. Todo estaba sucediendo demasiado rápido para su gusto, pero
al menos estaba vivo y los chinos no lo torturaban tanto como podían.
Llegaron a la puerta de embarque como los últimos pasajeros, pero al menos resultó que
estaban preparados para un vuelo cómodo como uno de los pocos que viajaban en la cubierta
superior del avión, en primera clase. Seth ni siquiera miró el boleto mientras seguía a Domenico.
Extrañamente, le dio tranquilidad que alguien más supiera a dónde se suponía que debían ir y
qué asientos eran suyos. Domenico sabía cuáles eran sus nuevos nombres y a qué hora
aterrizarían.
Con un suspiro de alivio, Seth se encorvó en su cómodo asiento y estiró las piernas. Solo
ahora se dio cuenta de que su corazón aún estaba agitado. Domenico, por otro lado, se veía tan
inmaculado como antes. Ya se había quitado la chaqueta del traje y miró por la ventana,
subiéndose distraídamente las mangas de la camisa para revelar una capa de cabello negro que
cubría sus antebrazos.
Seth respiró hondo por la nariz, tratando de ocultar su atracción. — Por eso te envió —
dijo en voz baja.
La mirada clara y ámbar se movió para encontrarse con la de Seth, complementada con
una leve sonrisa en el hermoso rostro de Domenico. —Tu padre tiene fe en mis habilidades.
Seth no lo diría, pero quería aprender todo sobre las habilidades de Dom. Especialmente
su diploma en chupar pollas. —Pareces... capaz —Esa parecía ser la palabra apropiada. Positivo,
pero no demasiado.
Domenico levantó las cejas, pero se encogió de hombros. —Lo soy. No tienes que
preocuparte por nada. —Y con eso, se dejó caer en su asiento.
Seth podría haber jurado que había algo de burla en la forma en que Domenico dijo eso,
pero cuando miró a su escolta, se sintió seguro de que estaría a salvo. Si su padre había enviado a
Domenico Acerbi entre todas las personas, tenía que ser el mejor hombre para hacer el trabajo,
para protegerlo. Después de todo, el tipo tenía las pelotas para apuñalar a Seth a los once años.
—Has cambiado.
Una extraña tensión recorrió los atractivos rasgos de Domenico, pero al final, se limitó a
encogerse de hombros. —Tú no.
Seth frunció el ceño, desconcertado. —¿Qué se supone que significa eso?
Domenico ignoró su indignación. —Solo duérmete.
Seth lo fulminó con la mirada, pero se negó a pelear y, en cambio, se giró para mirar por
la ventana mientras el avión despegaba.
Adiós libertad, hola Familia.
Capítulo 2

Domenico se apoyó contra la puerta mientras el coche subía la colina hacia el centro de la
ciudad. El vehículo tembló incluso cuando el conductor redujo la velocidad sobre los adoquines,
sumergiéndose en el laberinto de calles tan angostas que el sol solo llegaba a los pisos superiores
de los edificios. La ropa tendida en cuerdas sobre la calle era familiar, al igual que las ancianas
vestidas de negro, sentadas en bancos frente a sus casas. Era bueno estar en casa, aunque en el
caso de Domenico, 'casa' significaba encierro.
Después de otro cambio de sentido, el conductor pasó por la plaza principal, donde los
agricultores locales estaban ocupados empaquetando sus productos en camiones después de un
día en el mercado. Domenico suspiró, dejando que su mirada se desviara hacia una calle angosta
del otro lado, que conducía directamente a su propia casa, pero solo un momento después,
desapareció de su vista cuando el automóvil comenzó a descender hacia la península donde se
encontraba la residencia Villani.
No sin precaución, miró a un lado, a la forma encorvada de Seth Villani. El tipo parecía
un desastre, con una espesa barba oscura que apenas ocultaba los moretones en la mejilla y el ojo
izquierdo. Su viaje juntos había sido largo pero casi completamente silencioso. A veces, Seth
murmuraba algo para sí mismo y hablaba en sueños, pero eso era todo. Había pasado toda una
noche mirándose las manos y masajeando la herida. Seth era tan inofensivo como las cabras que
las hacían parar en la calle para que el rebaño pudiera pasar a salvo. Sin embargo, parecía un toro
herido: grande, alto y carnoso, con anchos hombros y muslos que invitaban a morder. El jugoso
cuerpo de Seth nunca dejaba de distraer a Domenico, incluso ahora que se acercaban a su
destino. El constante puchero de insatisfacción en ese hermoso rostro era como un desafío que
Dom estaría dispuesto a aceptar. Seth tenía cejas tan negras como su cabello, que ahora estaba un
poco descuidado, y la forma en que seguía frunciendo el ceño hacía que sus ojos parecieran más
oscuros, casi negros. No estaba feliz de estar aquí, y no podría haber sido más obvio. Seth era tan
fácil de leer como un libro de primaria.
Dom tuvo que obligar a su rostro a permanecer inmóvil cuando vio a Seth aflojarse y
luego quitarse la corbata.
—Qué puto calor —se quejó Seth y desabrochó los primeros tres botones de su camisa
negra. Exhaló profundamente por su ancha nariz, como si realmente fuera un toro, y tomó los
cigarrillos que estaban entre ellos como si fueran suyos.
—De nada —dijo Domenico, observando cómo la gruesa línea de la frente, parecida a la
de un toro, se espesaba aún más. Un ejemplar tan inmerecidamente excelente del sexo
masculino.
—Encendedor. —Seth tomó un cigarrillo, se lo metió en la boca y levantó la palma de la
mano.
La llama en el estómago de Domenico explotó, pero no dejó que se notara y en su lugar
alcanzó la cara del hombre. Con un movimiento rápido de los dedos, partió el cigarrillo por la
mitad, dejando a Seth con un filtro colgando de su boca.
—¿Qué diablos te pasa? —Seth abrió los brazos a los lados, un destello de ira encendió
sus ojos oscuros.
—Te daré uno si me lo pides amablemente —dijo Domenico, tomando todo el paquete y
poniéndolo de nuevo en la chaqueta de su traje. —Veo que el Nuevo Mundo te enseñó algunos
malos modales.
—Da igual. No soy adicto. —Seth puso los ojos en blanco y le arrojó el filtro a Dom
antes de mirar por la ventana.
Su nuca oscura era una tentación demasiado grande para resistir, y Domenico puso su
mano sobre la carne caliente y sudorosa, apretándola suavemente. —Si yo fuera tú, volvería a
aprender rápidamente lo que significa el respeto.
Seth resopló y abofeteó la mano de Domenico. —Tengo respeto por mi padre. Tú trabajas
para mí.
Los labios de Domenico se estiraron en una sonrisa, y no pudo evitar reírse. —Oh, ¿es
así?
Se deleitó con la mirada de inseguridad en los ojos de Seth después de decir eso. Pagaría
por volver a verla.
—Bueno... ¿no?
Domenico movió lentamente la cabeza hacia los lados.
Seth hizo un puchero, acercándose poco a poco a la puerta del coche. —Pero tú eres mi
escolta…
—Tu escolta, no tu chico de los recados o lustrador de zapatos.
—¿Mi cigarrero? —Seth levantó las cejas, y Dom no estaba seguro si ese era un intento
de broma de Seth, pero aun así lo suavizó un poco.
Resopló y sacudió la cabeza. —Podría considerarlo si me pides amablemente uno.
Seth agitó la mano con desdén y volvió a mirar hacia la ventana. —Nah, demasiado
esfuerzo.
—Como quieras, Villani. —Domenico se recostó en su asiento y encendió un cigarrillo
solo para joderlo.
Seth gruñó algo por lo bajo y se subió las mangas tan abruptamente que Domenico
escuchó un hilo rasgarse y se encogió. Odiaba a los hombres que no podían cuidar su ropa.
El coche se alineó con un alto muro de piedra caliza y aceleró por la carretera asfaltada,
en línea recta hacia la elegante puerta techada que tenía delante. Domenico levantó la mano para
saludar a uno de los soldados, sentado de manera llamativa en un banco junto a la pared, y el
hombre reflejó el gesto con una leve sonrisa.
Mientras se acercaban, dos hombres sentados a la sombra del muro se apresuraron a
abrirles la puerta, y el automóvil entró en la residencia de los Villani sin disminuir la velocidad.
El sol poniente de septiembre jugueteaba con las palmeras y las flores en el jardín a lo largo del
camino blanco hacia la villa principal. Un joven jardinero se levantó cuando pasaron, antes de
volver a arrodillarse tan pronto como terminó con el saludo, aunque a Domenico le hubiera
gustado mirar su torso desnudo un poco más.
Las paredes de color crema de la villa reflejaban la luz cálida, e incluso las
contraventanas de madera estaban abiertas para dejar entrar los últimos rayos de sol de ese día.
El gran frente rectangular estaba inmaculado, adecuado para saludar a un pariente perdido hace
mucho tiempo, y ya había gente esperando junto a la puerta en la parte superior de las escaleras
delanteras.
Dino Villani bajó, dejando a su hijo mayor Vincente en donde él había estado. Llevaba
un traje negro, pero su sonrisa no podría haber sido más brillante. El hombre había celebrado su
quincuagésimo cumpleaños hacía apenas dos meses, y su cabello tenía un tinte grisáceo, pero
parecía tener más energía que Seth, quien salió del auto con la agilidad de un animal herido.
Dom quería poner los ojos en blanco. El debilucho solo perdió un dedo meñique y estaba
haciendo un escándalo como si el chino le hubiera cortado la polla y se la hubiera hecho comer.
Sin embargo, toda la atención estaba en Seth cuando el Don abrazó a su hijo menor con
un agarre de hierro. —¡Seth, finalmente!
Vincente bajó también y palmeó la espalda de Seth con una sonrisa tan torcida como su
nariz recién rota. Ni él ni Dom podían competir con Seth en el departamento de tamaño, aunque
de todos ellos, Dom imaginaba que Seth era el más bueno para nada.
Quedándose atrás en el auto, vio la reunión familiar. Sólo faltaron lágrimas de alegría.
—Te ves bien —dijo el Don con una fuerte palmada en el brazo de Seth que hizo que su
hijo se estremeciera visiblemente. —Es una pena que tu madre no pueda verte ahora —Frunció
las cejas y sacudió la cabeza, repentinamente serio. Incluso Vincente inclinó la cabeza con
respeto.
—Tal vez sea para mejor —murmuró Seth pero abrazó a su padre. —¿El funeral es
mañana?
—Sí. Es una pena que estuvieras demasiado ocupado para verla viva —dijo Dino,
bajando la mirada.
Domenico sintió que se le ensanchaban las fosas nasales e inclinó la cabeza con
descontento. ¿Qué clase de hijo no vendría a ver a su madre moribunda?
—En cierto modo... pensé que todavía tendría la oportunidad en Navidad —suspiró Seth
y se alejó, metiendo las manos en los bolsillos.
—Bueno, no la tendás —Dino abrió los brazos con una pequeña sonrisa falsa y le hizo un
gesto a Domenico para que lo siguiera, antes de entrar a la villa. Viva el amor paternal.
Vincente caminó hacia Seth y puso un brazo sobre su hombro. —Padre tiene algo que
decirnos a todos, pero dijo que teníamos que esperarte. Debe ser algo grande. —Le sonrió a Seth,
y Domenico ya podía imaginar lo que podría ser. La muerte de su esposa debe haber encendido
un fuego sentimental en Dino. Era apropiado que quisiera asegurarse de que sus hijos supieran
cuál sería el orden del día si él mismo fallecía sin previo aviso. Era tan obvio, Dom sabía que
Seth no lo vio venir. ¿Por qué siquiera estaba ese perdedor allí?
Mientras caminaban por el prístino pasillo, Domenico no pudo evitarlo y bajó la mirada
al trasero de Seth, vestido con unos pantalones que le quedaban un poco apretados. Si no supiera
que ese no era el caso, asumiría que el tipo los estaba usando a propósito. Sin embargo, no
escapó a su atención que Vincente dejó que su mirada se desviara hacia una criada en uniforme,
cuyo rostro le resultaba vagamente familiar. ¿Alguien de la escuela tal vez? No importaba de
todos modos. No era el guardián de nadie.
—Sí, no puedo tomar ninguna decisión importante sin todos ustedes a mi lado —dijo
Dino mientras caminaba por el pasillo con un paso digno de alguien mucho más joven.
Seth se acercó a su padre y levantó su mano vendada. —¿Nos dirás lo que pasó?
Domenico apenas pudo contener la risa cuando Dino ni siquiera le echó un vistazo al
brazo levantado. —Tenemos algunas tensiones con la Tríada en el noreste.
—Pero… no vi que nadie me siguiera ni nada —dijo Seth cuando entraron en la gran
oficina del Don. Para sorpresa de Domenico, también estaban presentes el consigliere* y su hijo
Santo.
(Es una posición dentro de la estructura de liderazgo de la Mafia siciliana, significa
"asesor" en italiano, y este se encarga de aconsejar al Don sobre todas sus acciones y
movimientos. Es su mano derecha no militar. Ver imagen anexa al final del libro donde iré
colocando a los personajes y su rol dentro de la Familia.)
—Tienes mucho que aprender, hermanito —se rió Vincente y palmeó la espalda de Seth
antes de sentarse en el sillón de cuero frente al escritorio.
—Sí, parece que descuidé algunos aspectos de tu educación —Dino negó con la cabeza y
se acercó para sentarse detrás de su enorme escritorio. —Domenico, cierra la puerta.
Dom hizo lo que le dijo y se quedó de pie junto a la pared, observando a los Villani
sentarse de una manera curiosamente extendida, en costosos sillones antiguos que sabía que a su
madre le encantaban.
—¿Domenico dijo que les pagaste ojo por ojo? —preguntó Seth, inquieto en su asiento
como si no pudiera entender que todos los demás ya habían terminado con el tema de su patético
dedo.
El pecho de Dino resonó con una risa baja. —No puedo dejar que nadie piense que puede
salirse con la suya tomando mi carne y mi sangre.
Vincente se inclinó hacia adelante en el sillón, apoyó los codos en la parte superior de los
muslos y asintió a Seth. —Me aseguraré de que nadie te vuelva a molestar.
Seth le devolvió la sonrisa y le dio un suave puñetazo al muslo de su hermano. Amor
fraternal. Domenico podría vomitar.
—¿Qué noticias tienes para nosotros? —Frederico, el consigliere, miró al Don, su joven
hijo como un calco de su padre. Ambos eran guapos, con rasgos fuertes y piel bronceada, finos y
tan elegantes como gatos que te dejarían acariciarlos en un momento, solo para arrancarte los
ojos al siguiente. Sin embargo, Santo había crecido mucho desde la última vez que Dom lo había
visto, sus hombros más anchos, todo su cuerpo más voluminoso. La gruesa cicatriz roja
horizontal alrededor de su cuello era prueba de que Santo ya no era un niño.
La mirada del consigliere recorrió brevemente a Domenico, pero todo lo que obtuvo fue
una sonrisa con los labios apretados. Harto de las cortesías.
Dino suspiró y se inclinó hacia delante, cruzando los dedos sobre el escritorio. —El
desafortunado fallecimiento de mi esposa me dio mucho en qué pensar y quería compartir mis
pensamientos con ustedes.
Nadie habló, todos ansiosos por lo que pudiera decidir el Don. La mirada de Frederico se
desvió hacia el jefe cuando toda la habitación quedó en silencio lo suficiente como para escuchar
un alfiler caer al suelo.
Dino se aclaró la garganta. —Necesito proteger a la familia y, por mucho que tenga el
control de nuestras operaciones, necesito asegurarme de que mi sucesor esté listo.
Parecía que la tensión entre los lujosos sillones se espesó tanto que Vincente apenas
podía respirar cuando su cuello se volvió extrañamente rosado.
Domenico cruzó las manos sobre su pecho, observando la situación desde la distancia.
No le preocupaba de todos modos. Todo lo que le importaba era tener unos días libres para pasar
con su madre, pero lo que Dino dijo a continuación atrajo su atención hacia donde se suponía que
debía estar.
—Y opté por dejar el lado operativo en manos de mi hijo menor.
El silencio que siguió fue tan fuerte que Domenico tardó varios segundos en comprender
lo que había sucedido.
Seth se quedó allí sentado, con los labios entreabiertos. —Yo... Quieres decir-
—¿Esto es una broma? —espetó Vincente.
El consigliere y su hijo apenas pudieron contener su sorpresa, ambos con los ojos fijos en
los dos hermanos.
Dino frunció el ceño y se enderezó en su silla. —¿Estás cuestionando mi decisión?
Domenico se sintió mareado, pero la pared detrás de su espalda le dio suficiente apoyo
para que no se tambaleara. Él había estado tranquilo al prever el papel de Vincente en la familia,
¿y ahora iba a ver a este debilucho tomar las riendas?
—No, pero… —Los ojos de Vincente estaban muy abiertos, como si estuviera drogado.
Y Domenico sabía bien cómo se veía Vincente con las drogas.
—No hay 'peros'. Seth estará más que calificado después de que Domenico lo ponga al
día. Seth es un hombre fuerte y habla ambos idiomas.
—Tal vez en unos años, cuando termine mi carrera, podría… —Seth ni siquiera parecía
saber cómo terminar la oración y mucho menos manejar el negocio. Ya estaba sudando como un
cerdo.
Domenico tragó, mirando a los claros ojos marrones de Dino, pero no había humor en
ellos. En todo caso, podía ver un desafío, pero desafiar al Don era lo último que Domenico
quería hacer. Dirigió su mirada al suelo, a sus zapatos impecables, justo cuando Dino comenzó a
hablar de nuevo.
—No, Seth. Lo que fuera que estabas estudiando, te ayudó a aprender sobre los
estadounidenses. Eso está terminado. Habrá tareas más importantes para ti ahora. —La mirada de
Dino fijó a Domenico en la pared. —Te encargarás de la educación de Seth.
Seth se sentó en su silla como si acabara de recibir la sentencia de muerte. Con su falta de
habilidad, eso era más o menos lo que había sucedido.
El corazón de Domenico galopaba mientras miraba a los hombres, quienes en ese
momento centraron toda su atención en él. Ahora él se convertía en la barrera que había que
derribar para alcanzar al hombre con un objetivo en la espalda. —Por supuesto, lo que usted
quiera —Inclinó la cabeza suavemente, a pesar de que su mente estaba confundida. Enseñarle
cualquier cosa a Seth sería una pérdida de tiempo. El tipo no tenía lo que hacía falta. Incluso
ahora, estaba encorvado como si quisiera esconderse, no pelear.
El rostro de Vincente se convirtió en una máscara, todo el amor fraternal se escurrió de él
como si nunca hubiera estado allí en primer lugar. —Lo que quiera —le dijo con voz áspera a su
padre, burlándose de las palabras de Domenico.
—Eso me gusta más —Dino se recostó en la silla y sonrió. —Ahora, creo que nos
merecemos un poco de vino para celebrar.
—Por supuesto —dijo Frederico, cuya mirada se dirigió de nuevo a Domenico.
—Tomaré un poco del favorito de mamá —Seth se miró las manos. —¿Hay algo más que
deba saber?
—Aún no. —Dino era una fuente de alegría, sonriendo y ya levantándose con el teléfono.
Se dio la vuelta para mirar su propio retrato en la pared, y fue suficiente para que las
animosidades explotaran en silencio, con miradas de rencor y hombros tensos.
Domenico resopló con incredulidad.

La excusa lamentable de fiesta se parecía a un velorio. Con el funeral de Donna al día


siguiente, la gente bebió, pero no habló mucho. Decir que la celebración del supuesto 'éxito' de
Seth fue tranquila sería quedarse corto. Eso no impidió que Seth siguiera en un estado siniestro
con otro Bloody Mary en la mano, incluso cuando todos los demás se habían ido. Se sentó en el
columpio de mimbre favorito de su madre y miró las estrellas. A Domenico no podría importarle
menos el consumo de alcohol de Seth si no fuera por el hecho de que él era responsable de la
seguridad de Seth y tenía que quedarse con él. Al menos había tenido un minuto para sí mismo y
se las arregló para hablar con su propia madre por teléfono. Parecía que no iría a casa esta noche.
Se sentó en un taburete bajo, mirando al patético futuro Don sentado en un columpio de
mujer. Al menos el bastardo no estaba bebiendo una de esas bebidas dulces y coloridas con un
paraguas de papel.
—¿Terminaste de lloriquear? Necesito mis horas de sueño.
Seth lo miró como si estuviera sorprendido de que Domenico todavía estuviera allí. —
¿Qué?
Domenico gimió y tiró de la banda en su cabello, soltándolo. —Necesito acompañarte a
tu habitación.
—No sabes nada —estalló Seth y bebió su último trago, antes de hacer un triste intento
de ponerse de pie. —Puedo ir yo mismo.
Domenico reprimió un gemido y se levantó, quitándose la corbata abierta. Él estaba
pasado de hora de todos modos.
Seth estaba luchando porque el columpio seguía moviéndose debajo de él, pero
finalmente logró levantarse. En lugar de finalmente entrar en la maldita casa, se dirigió a la mesa
de las bebidas. De nuevo.
—¿Quieres vomitar en el ataúd de tu madre mañana? Porque eso es lo que va a pasar si
no te vas a dormir pronto.
Seth lo miró pero dejó la botella. —¡Será mejor que muestres algo de respeto! Seré el
próximo Don. Seré tu jefe.
Domenico negó con la cabeza. —Si vives.
—¿Es esto una amenaza? —Seth se rió y lo empujó con la punta de los dedos.
—No, es una advertencia —Domenico dejó escapar un fuerte suspiro ante el cálido
toque. No le importaría poner a dormir a esta bestia de hombre.
—No la necesito —Seth hizo un puchero y se alejó, apenas manteniéndose en sus pies.
Cayó en un arbusto antes de que pudiera llegar a la puerta del patio.
—Por el amor de Dios —se quejó Domenico. Sacó a Seth del arbusto y abrió la puerta
para dejarlo pasar.
—¡Me las puedo arreglar yo! —Seth gimió, pero dejó que Domenico lo ayudara a
levantarse. Su cuerpo estaba tan caliente como un radiador. —Soy jodidamente capaz.
—En todo —gruñó Domenico, llevándolo hacia la escalera. Era lo suficientemente tarde
como para que la casa pareciera vacía, y todo lo que quería era comer una comida decente e irse
a dormir, en lugar de cuidar a un toro bebé.
Todavía no tenía idea de lo que tenía que estar pasando por la cabeza del Don para tomar
la decisión que tenía.
—Tú no tienes idea. —Seth sonrió y dejó caer más de su peso sobre Domenico.
—Te daré algo para lidiar con lo que ahora tienes en tu torrente sanguíneo —Domenico
deslizó sus manos alrededor de la sección media de Seth, sorprendido de lo grueso que era sin
tener sobrepeso. Era un bulto carnoso con forma de hombre, y era difícil no notar su aroma
almizclado natural debajo del olor a licor mientras Domenico lo arrastraba escaleras arriba, paso
tras paso laborioso.
—¿Me hará vomitar? —Seth levantó una ceja y lo miró con sospecha, pero pasó un brazo
por el cuello de Dom, tirando de su cabello en el proceso por accidente. Todo esto hizo que Dom
quisiera gritar de ira. Este imbécil que no lo merecía no sabía qué hacer con el poder, incluso
cuando se lo entregaron en bandeja de plata.
—No tengo idea, no bebo como un cerdo —se quejó cuando finalmente llegaron al
segundo piso. La habitación de Seth estaba al final del pasillo.
—Porque no tienes que lidiar con la mierda que lidio yo. Tengo ambiciones, ya sabes. —
Seth se apartó y se tambaleó, pero no se cayó.
Domenico contó mentalmente hasta diez. Si había alguien en esta casa que tenía mucha
mierda con la que lidiar, era él. —Si yo estuviera en tu lugar, haría de permanecer con vida mi
ambición número uno. Y ahora, eso depende de mí.
El hijo de puta se echó a reír, mientras se agarraba a la pared junto a la puerta. —Apesta
ser tú entonces.
La mente de Domenico produjo una visión de esos dientes perfectos y fuertes
rompiéndose en el alféizar de mármol, pero todo lo que Domenico pudo hacer bajo el escrutinio
del Don fue clavar sus dedos en el brazo de Seth y empujarlo hacia adelante. —Deja de ser un
bebé.
Seth empujó la manija de su puerta y entró a trompicones con un gemido de dolor. —
Listo. Ya está. Te puedes ir. —Se paró adentro con las piernas balanceándose y comenzó a
quitarse la camisa con tanta violencia que algunos botones se rompieron.
—No hasta que te tragues tus pastillas —Domenico entró en la habitación oscura y se
dirigió directamente al escritorio donde sabía que la criada habría dejado algo para beber. En la
penumbra, abrió la botella de vidrio y sirvió un poco de agua para Seth.
El hombre lo miró. Su mirada entrecerrada y desenfocada solo le recordó a Domenico por
qué no se permitía beber demasiado alcohol.
—Ja. Sé a dónde va esto —Seth arrojó su camisa sobre el sillón y señaló con el dedo a
Dom.
Domenico lo miró fijamente con el vaso en una mano y las pastillas en la otra, pero no
pudo evitar que su mirada se desviara discretamente hacia los pectorales carnosos en el pecho de
Seth.
Seth resopló. —Quieres drogarme. Quieres avergonzarme en el funeral de mi madre. Eso
está más allá de lo bajo —Se sentó en la cama y se quitó los zapatos.
—Si algo sucede en el funeral de tu madre, es tu maldita culpa —Domenico dejó caer las
pastillas en el agua y tan pronto como escuchó el sonido burbujeante, caminó hacia la enorme
cama de Seth. Toda la habitación era casi tan grande como el apartamento de Domenico en la
ciudad.
En contradicción con su acusación anterior, Seth alargó la mano hacia el vaso. Domenico
se lo dio, bajando discretamente la mirada, hasta el vientre peludo e impresionante. Si no fuera
Seth Villani, estaría sobre él. En todos los sentidos de la palabra.
Ladeó la cabeza, observando cómo trabajaban los poderosos músculos del pecho de Seth.
Ponle uno de esos ridículos atuendos de lucha libre y el tipo se vería perfecto. Aunque Domenico
definitivamente abogaría para restablecer el vestuaro histórico de lucha libre. Piel desnuda y
aceite de oliva. Todavía lo hacían en Turquía.
—Gracias, tío Domenico —dijo Seth y le devolvió el vaso. —¿Cómo te volviste tan
obediente de todos modos? —Examinó el rostro de Dom con una mirada de borracho.
—Soy obediente a mi Don. Y ahora a dormir —murmuró Domenico, observando la
deliciosa piel en la escasa luz del pasillo. Sería tan fácil empujarlo sobre el colchón ahora.
Aunque demasiado arriesgado.
Seth no respondió y se metió en la cama, mostrándole a Dom su amplia espalda.
—Bien, ahora duerme como un bebé y estarás jodidamente bien mañana —gruñó
Domenico, apresurándose hacia la puerta. No tenía tiempo de mirar un pastel que no podía
comer.
Seth no lo honró con una respuesta, pero en su estado difícilmente era un insulto.
Domenico no había visto a alguien tan borracho en mucho tiempo. Salió de la habitación, pero
cuando cerró la puerta, se dio cuenta de que había alguien detrás.
Sus ojos se dirigieron primero al suelo y se sintió aliviado de que los zapatos no fueran
los de Frederico. Lentamente, levantó la vista hacia el rostro severo y envejecido de Luigi Tassa.
Fue este hombre quien lo había puesto en donde estaba Domenico ahora. Fue gracias a él que
tuvo tanto éxito en su trabajo.
—Si has terminado de jugar, ven conmigo —dijo Luigi y puso sus manos detrás de su
espalda.
—Es bueno verte también —suspiró Domenico, pero siguió a su maestro sin cuestionar.
A lo largo de los años, se había familiarizado más con Luigi que con su propia madre, y cada vez
que regresaba, podía reconocer nuevas líneas en el rostro del hombre.
A pesar de la fría bienvenida, Luigi palmeó la espalda de Dom y le entregó un cigarrillo
mientras bajaban las escaleras. El jardín era el mejor lugar para hablar y Dom imaginó que
después de los eventos de hoy, esta no sería una charla casual.
—¿Qué piensas de nuestro futuro Don? —Luigi sonaba serio, pero Dom lo conocía lo
suficientemente bien como para ver el pequeño atisbo de sonrisa.
Domenico resopló y sacudió la cabeza. —Es un chiste. —Miró a su mentor con los ojos
muy abiertos y tuvo mucho cuidado de mirar a su alrededor y comprobar si los habían seguido.
—No quiero cuestionar al Don, pero no puedo entender sus acciones.
—Creo que al menos todos están desconcertados, pero no vi a Vincente riéndose. No sé
qué se supone que debe probar esta decisión, pero puedes cortar la tensión con un cuchillo —
Luigi encendió su propio cigarrillo cuando salieron.
Domenico se inclinó para encender su cigarrillo en la llama del Zippo* de Luigi y aspiró
el humo agridulce. —¿Cuánto quiere Vincente esto? —preguntó, caminando lentamente entre las
palmeras y alejándose de la mansión.
(*Marca de encendedor famosa y cara. Los encendedores Zippo son duraderos,
recargables y están diseñados para una vida de uso.)
—Pensó que el puesto era suyo. Es mayor y en realidad tiene las pelotas para hacer el
trabajo. Es despreciado, de eso no hay duda. Seth pasó los últimos cinco años en los Estados
Unidos como si no hubiera un mañana, totalmente desligado. ¿Qué hizo ese blandengue* allí?
¿Estudiar turismo, relaciones internacionales, o alguna mierda por el estilo? ¿Aprender a tejer?
—Luigi frunció el ceño.
(*Aquí usan el slang “jellyfish man” que literalmente se traduce como “hombre medusa”
pero que se utilza para definir a alguien cobarde, débil y enclenque, está fue mi aproximación en
una palabra.)
Domenico dio una larga y profunda calada al cigarrillo. —Algo como eso. —Miró al
cielo, metiendo una mano en el bolsillo de sus pantalones. —Seth será mi responsabilidad ahora.
¿Qué tan preocupado debería estar?
Luigi negó con la cabeza y no había ninguna sonrisa en sus ojos. —Mucho. No sabe casi
nada. Tendrás que empezar por lo básico. Sabe cómo operar un arma, pero eso no significa que
sepa cómo usarla. Al menos parece estar en forma.
—Sí, pero él no conoce la disciplina. Esto va a ser una puta pesadilla. —Domenico negó
con la cabeza, pensando intensamente. —Necesito tomar precauciones en caso de que Vincente
se salga de control.
—Creo que está demasiado sorprendido. Si decide actuar, llevará tiempo. Y el Don
todavía está vivo y bien. Las cosas pueden cambiar en un año más o menos. Necesitas entrenarlo.
Lo que suceda después depende de él. Ambos serán enviados a Berlín para una misión simple.
—Él no quiere. No está en condiciones de quererlo. —Domenico negó con la cabeza. —
Pero Berlín es un buen lugar. ¿Lo elegiste tú?
Luigi sonrió más y aspiró una bocanada de humo. —Sí. Hay un trabajo que hacer allí.
Recuerdo que te gusta la ciudad, así que pensé que podría endulzar el tiempo que tienes para
tratar con Seth. Debes asegurarte de que no lo apuñalen o le disparen. Aparte de eso… —Luigi
se encogió de hombros.
Domenico sintió un tirón en las comisuras de su boca, pero mantuvo la sonrisa clara y
asintió. —Hay un montón de lugares para entrenar allí. Me aseguraré de que regrese vivo a casa.
—Buen hombre. —Luigi le dio una palmadita en el hombro. —Si alguien puede meterle
algo de sentido común en su cabeza, eres tú. Intentaré averiguar qué motivó la decisión del Don.
Tal vez Vincente hizo algo que ninguno de nosotros conoce.
—Él tampoco es mi Don perfecto —murmuró Domenico, entrecerrando los ojos hacia la
casa. Dejó caer el cigarrillo en la hierba y lo pisó.
Luigi puso una mano en su hombro y se acercó para mirar directamente a los ojos de
Dom. Era como si pudiera ver a través de él mejor que la madre de Domenico. —No pierdas la
cabeza, Domenico, ¿sí? Céntrate.
—Sabes que siempre estoy centrado —Domenico sonrió y se apoyó contra un árbol. —
No te preocupes, la porcelana* estará bien.
(*Slang generalmente usado para mujeres pero que representa una persona frágil,
delicada y fácil de romper)
Capítulo 3

El funeral estaba llegando a su fin, y Seth estaba sorprendido de que su resaca no fuera
tan mala. Recordaba vagamente a Domenico dándole unas pastillas, como buena niñera, pero con
la cantidad de alcohol que había bebido el día anterior, no pensó que ayudarían. Seth participó en
la misa e hizo todo lo que se le pidió, pero no sintió nada, seguía aturdido después del anuncio de
ayer. Ningún número de sacerdotes podía recuperar a su madre. Nunca más se sentarían juntos
en la cocina y hornearían pasteles para Navidad.
Una parte de él que todavía era religiosa esperaba que ella estuviera en un lugar mejor, un
lugar sin dolor ni enfermedad, pero había perdido la fe en algún momento de su vida. No le diría
a ningún miembro de su familia porque no lo entenderían, pero ella fue quien le dijo que se
mantuviera alejado. Su madre no quería ser recordada como enferma, y por mucho que él
quisiera venir y estar con ella, Seth lo respetaba. También hubo un acuerdo silencioso entre ellos
de que sería mejor si él se mantuviera alejado de los asuntos de la Familia. Su madre había sido
quien lo ayudó a postularse para la universidad en los EE. UU. y lo apoyó en el camino. Ninguno
de los mafiosos podía comprender el vínculo que compartían.
Y ahora todo se había ido a la mierda, todos sus esfuerzos por mantenerlo alejado fueron
inútiles ante la decisión de Padre. No se atrevió a decirlo en voz alta, pero era pura locura.
Todavía le dolía la mano, recordándole su cautiverio, y ahora iba a ser 'enseñado' por Domenico
Acerbi de todas las personas. Sería el infierno en la tierra.
Como para pesar el sombrío estado de ánimo en su corazón, el clima no podría haber sido
más perfecto. El sol se filtraba a través de las vidrieras de la pequeña iglesia en gruesos rayos,
coloreando el piso y las mujeres sentadas al otro lado del pasillo con patrones brillantes. Los ojos
de Seth, sin embargo, estaban puestos en la pequeña silueta femenina que yacía en el ataúd sobre
un lecho de raso blanco y flores. El funerario había hecho un trabajo excelente. Con su vestido
verde oscuro favorito y un collar de perlas, mamá parecía más viva que la última vez que la
había visto, justo antes de que le diagnosticaran cáncer. Incluso el maquillaje fue perfecto, hasta
llegar a su tono de lápiz labial favorito. Hoy temprano, Seth se había colado en su habitación,
había tomado su lápiz labial más preciado y lo había puesto en el pequeño bolso con el que iba a
ser enterrada.
Vincente no le había dirigido una sola palabra desde ayer, y él mantuvo la distancia,
sentándose en el lado opuesto del banco, al lado de su padre. Seth buscó a Domenico pero no
pudo verlo por ninguna parte. ¿Quizás fue para mejor? Lo último que necesitaba era agitarse por
su hermoso rostro de mierda.
Todos se levantaban lentamente para dirigirse al cementerio, donde se llevaría el ataúd.
En cierto modo, Seth sintió como si fuera el final de su vida. Su antigua vida. La vida de Seth, en
la que tenía novio, asistía a la universidad y tenía pasatiempos divertidos. Siguió a su padre fuera
de la iglesia y lo vio mirar al cielo, secándose los ojos con un pañuelo. Seth no tenía lágrimas en
él. Se puso las gafas de sol y se movió para pararse al pie del hoyo preparado para su madre.
Había tanta gente, todos con una estrecha relación con la familia Villani. Estaban sus primos,
amigos de la familia, y muchos de ellos querían un pedazo de él ahora que se había difundido la
noticia de su nuevo estatus que se estaba cansando de él. Todo lo que quería era que el funeral
terminara para poder tener unos minutos para él.
Atrapado bajo un pino, Seth levantó la vista hacia los pálidos muros de la antigua iglesia,
que parecía agacharse en la ladera, con una torre redonda al otro lado. Cuando deslizó su mirada
por la piedra caliza para ver la salida de la iglesia, donde el ataúd aparecería en cualquier
momento, su corazón se detuvo por una fracción de segundo al ver una silueta familiar. La forma
elegante y de hombros anchos de Domenico estaba confinada en el traje negro que le quedaba
más perfecto que se pueda imaginar. El viento jugaba con la solapa de la chaqueta de su traje y la
apretada cola de caballo de cabello negro como la brea, pero Domenico no estaba solo.
Sujetándose a su brazo había una mujer delgada con un velo negro tan grueso que Seth no pudo
reconocer su rostro.
Gracias a sus anteojos de sol oscuros, Seth realmente podía mirar. Mirando a Domenico
con ese traje negro y sabiendo lo que había hecho en el aeropuerto, Seth comenzó a pensar que
debería haberse llamado Demonico. A pesar de lo destructivamente atractivo que era Domenico,
Seth tenía que recordar mantener la distancia, o se revelaría. Si Domenico supiera que Seth es
gay, que ayer olió su cabello cuando estaba borracho, se volvería loco. Los hombres eran
asesinados por estas cosas en la Familia. Se le puso la piel de gallina al recordar al pequeño
Mimmo intentando destriparlo con un cuchillo de cocina. Recordaba vagamente llorar hasta
quedarse dormido y que su madre venía varias veces por la noche para ver cómo estaba.
El Domenico adulto se quedó en su lugar como una estatua increíblemente bien formada,
sólida y oscura incluso cuando la luz se volvió más clara. Seth parpadeó y miró los bordes grises
de una espesa nube que bloqueaba el sol y ahora se cernía sobre la iglesia como un mal augurio.
La dama del velo negro se inclinó hacia Domenico y susurraron entre ellos. Todos
parecían tener algún negocio aquí, saber exactamente lo que estaban haciendo. Solo Seth estaba
perdido en un mar de buitres vestidos de negro, todos dando vueltas a su alrededor y observando
de cerca. Justo cuando el ataúd aparecía en la puerta de la iglesia, las primeras gotas de agua
cayeron sobre las gafas de sol de Seth. Había murmullos de descontento en el fondo, pero él solo
tenía ojos para la caja de madera que sería el lugar de descanso final de Madre. La dama de
negro comenzó a caminar lentamente hacia la tumba, su velo flotando con el viento mientras
Domenico la observaba en silencio.
Los buitres abrieron sus sombrillas, y la enorme que Domenico abrió para la dama que
estaba a su lado le recordó a Seth un ala protectora. Era extraño ver al demonio ser amable con
alguien para variar. Domenico estaba tan tranquilo y sereno también, nada como el pequeño
malcriado y gritón Mimmo, que siempre estallaba en ira, como si temiera quemarse si no lo
dejaba salir. El ataque con cuchillo no había surgido de la nada. De acuerdo, tal vez Seth no era
el chico más agradable y se había burlado de Mimmo por su cabello largo, pero eran niños, los
niños hacían ese tipo de mierda. El cabello de Domenico había sido aún más largo en ese
entonces, oscuro y espeso, como el de una niña. Solía ser delgado, desgarbado y mucho más
débil y pequeño que Seth. Un blanco fácil. Pero Seth ni siquiera habría considerado la opción de
que el otro chico se defendiera con tanta violencia. Dios, se había equivocado.
Los ritos funerarios parecían suceder más allá de la atención de Seth mientras miraba el
interminable rocío de agua que primero salpicaba y luego goteaba por el ataúd a medida que lo
bajaban al suelo. Se despertó cuando un montón de tierra mojada aterrizó justo en la cruz de la
tapa del ataúd. El padre se levantó lentamente y se limpió la mano con un pañuelo de lino, a
salvo y seco bajo un paraguas que sostenía uno de sus hombres.
Eso fue todo para Seth. —Necesito pasar un tiempo en la iglesia —le susurró a Padre,
quien asintió y, por un momento, el peso de su mano sobre el hombro de Seth fue casi
reconfortante.
—La oración ayuda —El padre miró lentamente hacia el mar. —Tu automóvil estará
esperando afuera, tómate el tiempo que necesites —dijo mientras la corriente de dolientes se
dirigía hacia el estacionamiento.
Seth asintió y se dirigió a la iglesia. La única razón por la que eligió llevar un paraguas
fue para que el arma que le dio su padre no se mojara. La iglesia estaba tranquila y vacía. Ni
siquiera estaba el cura, como era costumbre en los funerales de Villani, y había muchos de esos.
Seth suspiró y se sentó atrás, orando por primera vez en años. Por el alma de su madre, por un
futuro seguro, por el perdón de Peter. Seth ni siquiera podía llamar al pobre hombre por razones
de seguridad, y ahora que sabía que probablemente nunca volverían a verse, la culpa pesaba en
su corazón y lo hacía sentir como un villano de dibujos animados.
Con la lluvia, rápidamente se enfrió por dentro y movió suavemente los dedos para
calentarlos. Un ligero golpe le hizo mirar hacia arriba, más adentro de la nave lateral, donde las
estatuas y los grandes e imponentes confesionarios se ahogaban en las sombras. Frunció el ceño,
escuchando el golpe de nuevo. Tragó saliva, ahora contento de que su padre le hubiera dado un
arma. Los sonidos eran cada vez más fuertes, y se acercó al confesionario al final del pasillo, con
una pistola pesada en la mano. Su corazón estaba en su garganta cuando miró la gruesa cortina
de terciopelo rojo del antiguo confesionario de madera, los ángeles tallados en ella mirando a
Seth con las manos entrelazadas. A través de los furiosos latidos en sus oídos, podía escuchar
voces apagadas. Respirando profundamente, tiró de la cortina a un lado, retrocediendo con el
arma en alto, pero sus manos cayeron junto con su estómago. Se sentía enfermo.
Domenico estaba abrazando a otro hombre en el reclinatorio del interior. No haría falta
ser un genio para entender lo que estaba pasando. Sus pantalones estaban bajados, y Seth pudo
ver el trasero de Domenico en lo que posiblemente era la única vez que no quería ver un hermoso
trasero masculino. Ambos hombres le devolvieron la mirada, y el extraño se retorció en el abrazo
de Dom, sus ojos se agrandaron como los de un perro al que atraparon robando salchichas. Sin
embargo, Domenico no lo dejaría ir. En unos pocos movimientos, cerró la boca del tipo con la
mano y obligó a su cara a entrar en la rejilla de madera entre los compartimentos. Le folló el culo
expuesto con golpes rápidos y afilados. Sin embargo, sus ojos estaban fijos en Seth, pálidos,
claros, desafiantes.
Seth inhaló profundamente y no podía creer lo que estaba viendo. Tuvo que obligarse a sí
mismo a no apretar el gatillo. Se quedó allí, mirando, temblando por la conmoción total, pero no
pudo evitar sentirse asustado también, a pesar de que era él con el arma en la mano. Domenico ni
siquiera apartó la mirada, siguió follando. Follando a un chico. Mierda. Mierda. Mierda.
Seth no podía creerlo. La bestia de sangre fría incluso follaba como un demonio. —¿No
tienes vergüenza? —gritó con incredulidad, y su voz resonó entre las antiguas paredes. En el
fondo de su mente, el darse cuenta de que Domenico estaba teniendo sexo en una iglesia, en el
funeral de la madre de Seth, lo estaba dejando completamente paralizado de rabia. Pero toda la
respuesta que obtuvo fue un gemido y un coro de palmadas mientras los ojos de Domenico se
nublaban.
—¿Estás bromeando? ¡Salir! —Seth le gritó, pero su voz temblaba. La ira fluyó a través
de él en la forma más primaria. Estos hombres no tenían respeto por el funeral, y Seth quería
destrozarlos, pero al final, dio un paso atrás, con la cara y las orejas en llamas.
El gemido fuerte y prolongado en el tono de barítono de Domenico le dijo que el bastardo
se estaba corriendo. Seth miró hacia atrás justo a tiempo para ver su polla deslizarse entre las
nalgas del otro tipo. Al menos el compañero de Dom tuvo la decencia de ocultar su rostro
avergonzado mientras se subía rápidamente los pantalones.
Seth bajó su arma y vio a Dom seguir perezosamente el ejemplo. No podía odiar más sus
entrañas, sin embargo, un escalofrío recorrió todo su pecho cuando observó a Dom reorganizar
su ropa. El hijo de puta era demasiado sexy para su propio bien, y Seth temía lo atraído que
estaba por esos labios oscuros. Las respiraciones profundas de Dom y los mechones sueltos de su
cabello solo le recordaron a Seth la forma en que había follado hace unos segundos. La tensión
sexual era tan fuerte que Seth sintió un hormigueo en los labios. Apenas se dio cuenta de que el
otro tipo se escabullía en silencio, demasiado fascinado con Dom reorganizando su cabello con
una leve sonrisa.
—Cabrón —Seth finalmente se atragantó y levantó a Dom por la parte delantera de su
chaqueta, pero la sonrisa nunca abandonó los labios de Domenico como si todo fuera una gran
broma.
—Oh, vete a la mierda —dijo, sin siquiera levantar un dedo en su defensa.
—¡De ninguna manera! ¿Qué crees que estás haciendo? —Seth lo sacudió, ignorando el
dolor agudo en su mano donde le faltaba el dedo. Empujó a Domenico contra la pared del
confesionario, apenas logrando respirar cuando el cálido aliento del hombre rozó sus dedos.
—¿Nunca has visto gente teniendo sexo? —preguntó Dom sin una pizca de culpa. O
vergüenza para el caso. ¿El tipo era jodidamente gay y no le importaba que el hijo del Don se
enterara? ¿Qué clase de figura sagrada era él?
—No te saldrás con la tuya —Seth lo sacudió, respirando con dificultad y de pie tan cerca
que sus narices casi se tocaban. Seth podía oler el sexo en él. Cuando Domenico resopló,
abriendo la boca, su cálido aliento se hizo aún más tangible, dando a Seth el comienzo de una
erección muy confusa.
—Oh, vas sobrado. ¿Qué es lo que quieres hacerme?
Las palabras de Dom lo enojaban tanto como su propia excitación, y no había otra
manera de lidiar con eso.
Golpeó a Domenico justo en la cara, tan fuerte que la cabeza del hijo de puta golpeó la
pared de madera detrás de él. En el momento en que Seth sintió el control de la situación de
nuevo de su lado, una ola de dolor golpeó su mano y maldijo.
El rostro de Domenico se relajó y sacudió la cabeza, enderezando el cuello como si nada
hubiera pasado. —Listo, ahora deja mi camisa en paz. Vale más que tu lamentable arma.
Seth se mordió el interior de los labios, frustrado sin fin y abrazando su mano herida.
Dejó ir a Dom pero lo empujó contra la pared una vez más. —¿No te avergüenzas en absoluto?
—susurró, completamente perdido.
Domenico se abotonó la chaqueta del traje y rápidamente se hizo un nudo en la corbata.
Estaba mirando a Seth como si estuviera siendo forzado a interactuar con un completo idiota. —
No.
Seth se sintió como si estuviera atrapado en un universo paralelo donde ninguna de sus
palabras tenía sentido. —¿En una iglesia? ¿Con un hombre? —añadió, y agarró el brazo de Dom
cuando lo vio alejarse encogiéndose de hombros. —¡Estoy hablando contigo!
Los ojos de Domenico volvieron a él. —¿Desde cuándo es asunto tuyo a quién follo?
Seth aflojó su agarre y soltó a Dom al final. No le quedaba nada en él. Podía escuchar el
ligero arrastre de los zapatos de Domenico sobre el piso pulido, pero ni siquiera se molestó en
mirarlo antes de que Domenico lo llamara.
—¿Vienes?
Seth miró al suelo y se metió las manos en los bolsillos mientras salía. Domenico no tenía
vergüenza, y Seth no podía entenderlo, pero su mente aún vagaba de regreso al culo de Dom
tensándose mientras follaba al tipo con un fervor tan agresivo. Como una de esas máquinas de
follar que Seth había visto en el porno. Solo que mejor.
Cuando finalmente salió de la iglesia, ya no llovía, y encontró a Domenico de pie junto a
una vieja lápida, cigarrillo en mano como si nada hubiera pasado. Las alas de piedra de la estatua
del ángel detrás de Domenico crearon una visión pintoresca, recordándole una vez más a Seth el
origen infernal de este hombre. Por otra parte, si Dom fuera gay, tal vez Seth podría desahogarse
y follarlo. Eso le enseñaría a respetar.
Con ese pensamiento aún en su mente, Seth también encendió un cigarrillo.
—Tenemos que empacar —murmuró Domenico después de un minuto de incómodo
silencio. La mirada de Seth vagó hacia la tumba fresca en la que dos hombres aún estaban
trabajando.
—¿Eh? ¿Voy a volver a los Estados Unidos ya? —Seth hizo un puchero, finalmente
mirando a Domenico y esperando que su mirada pudiera apuñalar, pero el tipo sopló
tranquilamente un poco de humo al viento. Se veía tan jodidamente post-orgásmico. Seth podría
mirarlo durante horas si no fuera por él hablando.
—Volaremos a Berlín esta noche.
—¿Yo? ¿Y tú? —Seth miró a su alrededor, aunque sabía que no habría ninguna ayuda.
Domenico apretó los labios alrededor del cigarrillo y lo miró desde detrás de las
persianas. —Sí, nosotros.
—Genial, simplemente genial. —Seth dio una calada a su cigarrillo. —¿Qué carajo
vamos a hacer en Berlín? ¿Alguna mierda pervertida?
—Veo que has estado allí —se rió Domenico, reclinándose con una sonrisa de labios
enrojecidos. —Por qué. ¿Estás esperando eso?
—No. Pero puedo imaginar que es una idea que viene a tu mente depravada. Y sí, he
estado en Berlín una vez.
—Vamos a divertirnos entonces —Domenico levantó las cejas con una sonrisa y apagó el
cigarrillo al costado de la vieja lápida.
—Tú lo harás. Puedes salir y hacer tu mierda gay. Yo me relajaré. Lo necesito. —Seth
tiró su cigarro también.
—Hay un problema con eso. Se supone que debo estar enseñándote, así que mientras yo
esté fuera, estarás trabajando.
—Bien. Lo que sea. Al menos no tendré que mirar tu estúpida cara —gruñó Seth.
—Estoy feliz de que estés feliz —Domenico se puso de pie con una sonrisa desagradable.
—Ahora muévete.
—¡No me digas qué hacer!
Domenico lo miró por encima del hombro con el ceño ligeramente fruncido. —Parece
que tengo que hacerlo si no te mueves por tu cuenta.
—¿Por qué vamos a Berlín en verdad? —Seth murmuró y lo siguió a pesar de que no
quería hacerlo.
—Hay algunas cosas que necesitan ser atendidas.
A Seth se le hizo un nudo en la garganta cuando Domenico sacó una gran pistola de
debajo de la chaqueta de su traje. Miró dentro del barril como si estuviera revisando su cesto de
ropa sucia.
Los ojos de Seth se agrandaron y sacó su propia pistola de su bolsillo para poner el
seguro. Fue solo cuando levantó la vista y sus ojos se encontraron con la mirada divertida de
Domenico que Seth comprendió que podría haberse disparado a sí mismo en la pierna. O peor,
en otro lugar.
Su cuerpo se erizó ante la anticipación de un comentario cruel, pero Domenico no dijo
nada, sino que aceleró el paso mientras se acercaban al estacionamiento.
Como si su día no pudiera empeorar, el chico que Dom se había follado era su conductor.
Estaba sentado en el asiento delantero con la cabeza gacha, e incluso desde afuera, era difícil
pasar por alto el frenético temblor de sus piernas. Seth negó con la cabeza. Debería haber sido
Domenico el que estuviera avergonzado, aunque el otro tipo merecía la vergüenza por aceptar
que lo follaran en la iglesia. Seth entró al auto con un resoplido y Domenico se unió a él sin otro
comentario. Fue el conductor quien rompió el repentino silencio.
—Señor Villani, yo... no sé qué decir. —Su voz temblaba, y sus ojos enrojecidos y su piel
pálida en el espejo retrovisor eran como una bofetada en la cara. —Esto no volverá a suceder
nunca más. Soy un buen hombre, tengo tres hijos, necesitan a su padre.
Un resoplido de Domenico fue el equivalente a un 'vete a la mierda'. —Es el riesgo que
todos corremos, no actúes como mujer.
Seth no podría haber fruncido el ceño más si quisiera evitar parecer una ciruela pasa. —
Tú —miró a Domenico—, cierra la puta boca. Tú —miró al conductor— nunca lo vuelvas a
hacer.
Le repugnaba tener que fingir ser homofóbico. Fundirse en el asiento parecía una buena
idea en este momento.
—¿Realmente estás tomando elecciones sexuales por él ahora? —Domenico sonrió justo
cuando el auto arrancaba con un golpe desagradable. Parecía que el conductor estaba tan
nervioso que ni siquiera podía manejar la transmisión correctamente.
Seth lo miró directamente a los ojos. —Obviamente está tomando malas.
—¿Supongo que te refieres a follar conmigo?
—Sí, eso es exactamente lo que quiero decir —siseó Seth y se cruzó de brazos. —Eres
una mala elección.
Domenico sonrió. —Ya lo escuchaste, Tony. Puedes follarte a los hombres, pero no dejes
que nadie te atrape mientras lo haces nunca más.
—Cierra la puta boca —dijo el conductor con voz áspera.
—Vamos, él no te delatará.
—¿Oh sí? ¿Por qué no? ¿Porque también tendría que delatarte a ti? —Seth frunció el
ceño. —¿Qué te hace pensar que no lo haré, maricón? —Todo el interior de Seth se encogió ante
la palabra, pero aun así no se contuvo de decirlo. Sin embargo, la pequeña sonrisa en los labios
de Domenico le heló la sangre.
—¿Quieres vivir, Villani? —susurró Domenico, lo suficientemente alto para que el
conductor lo escuchara. —Cierra tu boca de mierda.
Seth tragó saliva y estaba listo para responderle algo, pero las palabras no le llegaban y,
al final, volvió a mirar hacia la ventana. Seth no entendía su propia posición. ¿Estaba por encima
de Dom en la cadena alimenticia o no? Era un Villani después de todo. Por otra parte, no sabía
mucho sobre el mundo del crimen, cuando Acerbi era... bueno, Seth sabía quién tenía que ser en
la jerarquía de la Familia, y no era un 'guardaespaldas'. Probablemente estaba en el negocio de
eliminación de cadáveres. Las entrañas de Seth se retorcieron de miedo ante lo que la gente
como él era capaz de hacer. Esas habilidades serían mucho más importantes para la Familia que
el título en estudios de comunicación de Seth.
El silencio se prolongó durante los siguientes quince minutos, hasta que finalmente
podría salir de la sofocante atmósfera del auto y correr. Se escondería en el jardín, o tal vez iría
directamente a su propia habitación, donde era menos probable que lo molestaran. Pero no,
Domenico no lo dejaría.
—Encontrémonos aquí en media hora, tenemos que tomar un avión —dijo Domenico, ya
abriendo la puerta del asiento del pasajero.
—Pero... la recepción... y mi mano no ha sanado —murmuró Seth, aunque pasar aún más
tiempo con su padre y su molesto hermano era lo último que quería.
Domenico lo silenció con un solo gesto. —¿Quieres vivir? Puedo asegurarme de eso.
Encontrémonos en media hora.
Seth suspiró. Lo último que quería era otro silencio aún más incómodo alrededor de
Domenico. Sólo cambiaría el lugar. Esta vez sería un avión, no un coche.
Seth no tenía mucho que empacar, pero quería tener el mayor tiempo posible a solas, así
que corrió a su habitación, sin deambular por las habitaciones donde se llevaba a cabo la
recepción. Corrió por el pasillo vacío y entró, congelándose en el lugar cuando vio una figura
alta en la ventana.
—Joder —se le escapó al ver a su tío. No fue su intención maldecir, pero sus nervios ya
estaban hechos jirones, sin que le arrojaran otra cosa. Si el consigliere estaba aquí, tenía que
haber una buena razón. Desearle a su sobrino un viaje seguro no sería suficiente. —Quiero decir,
buenas tardes.
Una pequeña sonrisa se dibujó en el rostro estrecho y permanentemente serio. —¿Día
duro? —Frederico tenía las mismas facciones hermosas que su hermano, pero era mucho más
delgado y le recordaba a Seth a un lobo hambriento.
—Sí, era muy cercano a mi madre —Seth asintió y comenzó a empacar, aunque la
mayoría de sus cosas ya estaban en la bolsa de viaje.
—Lo recuerdo. Es una pena que una mujer tan notable como ella nos deje. Al menos
ahora estarás lo suficientemente ocupado como para no pensar demasiado.
—Sí, se supone que Acerbi me está entrenando —Seth metió su chaqueta de cuero y
cerró la cremallera de la bolsa.
El consigliere asintió con el ceño fruncido. —Estás en buenas manos. Él cuidará de ti
apropiadamente.
Seth puso los ojos en blanco y se acercó a su escritorio para servirles un trago a ambos.
—Seguro. Recuerdas cómo quería 'cuidarme' cuando éramos niños —Aunque la mente de Seth
seguía divagando hacia visiones de otras formas en las que Dom podría cuidarlo. Realmente
necesitaba esa bebida.
El consigliere negó con la cabeza ante el alcohol. —Solo haz lo que él te diga. Es nuestro
mejor hombre.
—Sí, supongo que es capaz —Seth dejó que el sabor ahumado del whisky permaneciera
en su boca.
El consigliere se quedó en silencio durante un largo rato, pero finalmente continuó con
una leve tos: —No tienes miedo de que lo haga de nuevo, ¿verdad? Tu padre te lo asignó
precisamente porque cree que podrías necesitar a alguien como él ahora.
Seth respiró hondo, el valor brotaba de un buen whisky. —Es un asesino, ¿no? ¿Hará
cualquier trabajo sucio?
El consigliere resopló. —Él negociará.
Seth quería detener el torrente de imágenes horribles que se precipitaban por su mente,
pero no sirvió de nada. —Y no le gusto. Podría deshacerse de mí y decir que fue un accidente.
Nadie lo sabría.
El consigliere negó con la cabeza y después de una fuerte inhalación dijo: —Él no
traicionaría a su propia sangre.
Seth inclinó la cabeza hacia un lado, sin saber cómo interpretar eso. No eran exactamente
'sangre' solo porque Domenico trabajaba para su familia. —No entiendo…
El consigliere frunció el ceño y dio un paso atrás. —¿Nunca escuchaste los rumores?
—¿Qué rumores?
El movimiento lento de la nuez de Adán del consigliere no fue tranquilizador, pero sus
siguientes palabras hicieron que los cabellos de Seth se erizaran. —Tu padre está visitando a su
madre.
—¿Su madre? —El corazón de Seth empezó a latir ferozmente.
La nariz del consigliere se ensanchó y asintió brevemente. —No puedes dejarle saber que
conoces esto. Pero necesitas saber lo que sucede a tu alrededor.
El cuerpo de Seth se puso rígido y su voz se convirtió en un susurro. —¿Y ha estado
sucediendo durante años? —La respuesta era obvia, teniendo en cuenta la existencia de
Domenico, pero necesitaba escucharla.
El consigliere asintió. —Prácticamente, puedes oler la sangre Villani en él.
Seth miró su vaso de whisky, de repente con ganas de vomitar y luego blanquear su
mente a través de los globos oculares. Quería follarse a su propio medio hermano. —E-es bueno
saberlo —se atragantó, todavía en estado de shock de que su padre pudiera haber engañado a su
madre. Y en cuanto al olor, no estaba seguro de si Dom olía a sangre de Villani, pero
seguramente olía jodidamente bien. Especialmente después de que se folló a ese tipo en la
iglesia. Era el olor a semen, testosterona y buena colonia, todo en un solo aroma sexy.
Frederico suspiró y puso su mano sobre el hombro de Seth, apretándolo
tranquilizadoramente. —Sé que esto es un shock, pero espero que te haga sentir mejor a largo
plazo.
—Digamos que sí… —Seth asintió y bebió su bebida. —Gracias por tu honestidad, tío.
—Honestamente, te aconsejo que confíes en él.
Alguien llamó a la puerta, y sin esperar una invitación, la puerta se abrió y Domenico
irrumpió, congelándose en el lugar cuando vio al consigliere.
—Creo que me tengo que ir —Seth agarró su bolso antes de mirar a su... medio hermano,
quien no dejaba de verse increíblemente sexy solo por el nuevo conocimiento.
—Sí, tenemos que irnos —murmuró Domenico, saliendo. Extendió la mano hacia la
escalera en un gesto sorprendentemente cortés.
Seth se despidió de su tío una vez más antes de salir corriendo, directo a las garras de
Dom. Todavía no confiaba ni un poco en el tipo, pero ahora mismo, su mera presencia hacía que
la piel de Seth se erizara bajo el traje negro de luto. Ninguno de ellos dijo nada durante todo el
camino hasta el coche, donde el mismo conductor los esperaba con la mirada fija en la carretera.
Domenico adelantó a Seth y le abrió la puerta en una burla de ser cortés.
Seth le dio la mirada de la muerte, pero se sentó adentro. —Cabrón —murmuró.
—Marica —respondió Domenico, antes de cerrar la puerta de un portazo.
La boca de Seth se abrió, la sangre le subió a la cara. Ni siquiera supo cómo responder a
eso. Empujó la bolsa de viaje entre sus piernas. Mierda. Esto no terminaría bien. Apenas podía
creer la ironía de ello. Ambos eran del mismo padre y ambos gays.
Capítulo 4

Domenico era lo único atractivo en el ático de un pequeño estudio en el centro de Berlín.


Cada techo era una pendiente, por lo que era casi imposible caminar sin encorvarse, o incluso
agacharse, excepto en el medio. La habitación principal era más pequeña que la sala de estar de
Seth y Peter, con solo una cama que ni siquiera era para dos personas, un armario claramente de
segunda mano y una mesa con dos sillas junto a la pequeña ventana. En la esquina había una
estufa de gas portátil y un armario con artículos de cocina. Aparte de eso, tenían un baño tan
pequeño que no tenía puerta, con un lavabo del tamaño de un tazón de sopa y un inodoro que
parecía sucio.
Seth estaba sentado en la cama y seguía formando un puño con los dedos de su mano
lesionada y luego volviéndolos a estirar. —Lugar con clase. Parece histórico. Apuesto a que el
moho ha estado aquí desde la Segunda Guerra Mundial. —Seth observó a Dom colgar su traje en
el armario.
—Puedo darte un tour. El moho en el baño es aún más épico —respondió Dom. Sacó un
sándwich preenvasado que compró en el aeropuerto y lo arrojó sobre la cama. —Por si tienes
hambre.
—No soy un perro —Seth puso los ojos en blanco pero nunca apartó la mirada de Dom.
Solo mirándolo, como cuando se iba de compras. Su sangre corrió más rápido cuando Domenico
tiró de la banda en su cabello, soltando la cola de caballo. Su cabello se veía increíblemente
fuerte y saludable. Por mucho que Seth se había burlado del cabello largo de Dom cuando era
niño, ahora lo consideraba otro aspecto del atractivo sexual de Dom.
—Bueno, tienes que comer, como cualquier otro animal.
Seth tomó el sándwich, ya que no sabía cuándo sería la próxima vez que comería. —
Podría también. Estoy cansado. ¿No podemos ir de compras?
—No, no a esta hora. País equivocado —se rió Dom mientras se quitaba la camisa por la
cabeza y la dejaba caer al suelo sin cuidado.
Seth se alejó poco a poco, como si los rayos de calentura fueran a golpearlo, y
sucumbiría, cayendo de rodillas y revelando su propia sexualidad en el proceso. —Sí, yo... ¿qué?
—Realmente no entendió lo que Dom estaba diciendo, se concentró en su cuerpo en forma con
bastantes cicatrices esparcidas por todo su torso. —¿Que tal mañana?
—¿Qué mañana? —repitió Domenico, apartando una silla de la mesa y acercándola a la
cama. Se sentó en él, de frente al espaldar, abrazándolo con sus muslos firmes.
—Quiero decir… es martes. ¿Alguien nos sigue o algo? —Seth mordió su sándwich,
tratando de pensar en pensamientos poco sexys. El moho del techo. Nah, todavía estaba
cachondo por Dom.
Domenico cruzó los brazos sobre el respaldo, flexionando los músculos que parecían
imposiblemente apretados en la manga de su piel color oliva. El cabello negro como un cuervo
caía sobre uno de sus hombros, acariciando un lado de su rostro. —Todavía no lo sé. Mejor
mantén la cabeza baja y hazme saber lo que quieres de la tienda.
—¿Por qué no puedo ir? —Seth se recostó en la cama con la boca llena. Quería recuperar
algo de control sobre su vida. Él no era un bebé. La forma en que los ojos de Dom seguían sus
movimientos hacía que Seth se sintiera como una presa y odiaba disfrutarlo.
—No. Soy responsable de tu seguridad y, por ahora, no puedes dejar este lugar sin mí.
Seth bajó la mirada a su sándwich, sintiéndose controlado. Tenía putos veintiséis. Miró a
la pared para evitar comerse con los ojos el abdomen de Dom. —Así que esta chica que vamos a
vigilar, Vera, ¿vive cerca?
Domenico sonrió y asintió hacia la ventana. —Ella regresará a casa pronto. Podrías
echarle un vistazo si quieres. Aparentemente, a menudo se olvida de correr las cortinas cuando se
cambia.
—¿Sí? —Seth se recostó en la cama y miró por la ventana. —¿Espectáculo visual gratis?
—Eso fue lo que oí.
—Sí, porque qué te importan las tetas. Solo traigan chóferes para Domenico Acerbi. —
Seth resopló y se lamió las migas de pan de sus dedos.
Domenico abrió las manos con una pequeña sonrisa. —Tú obsérvala, y yo me tomaré mi
tiempo vigilándote*. Un círculo de energía. Ella puede mirarme si quiere.
(*Observar y vigilar son la misma palabra en inglés.)
Seth frunció el ceño. ¿Dom solo bromeaba o hubo algo que Seth no entendió? —No
puedes mirarme así.
Domenico suspiró. —¿Qué quieres decir con 'no puedes'?
—Es solo que... está mal —terminó Seth rotundamente, inseguro de cómo explicarlo sin
revelar su nuevo conocimiento familiar. Miró por la ventana, aunque no podía importarle menos.
—Me gustaría verte. Te mostré un poco de mi piel, ¿por qué no me correspondes? —dijo
Domenico en un tono coloquial.
Seth gimió y metió su camiseta dentro de sus jeans. Le gustaban ajustados, pero ahora
lamentaba lo corta que era la prenda. —No.
—Oh, eso es tan lindo. ¿Eres tímido, Villani? —rió Domenico, apoyando la barbilla
sobre los antebrazos, que dobló sobre el respaldo de la silla.
¿Dom estaba coqueteando con él? Seth tragó saliva, incómodo con la confianza de su
nuevo compañero de habitación. ¿Cómo podría el bastardo estar coqueteando con un hombre
heterosexual? —No soy 'lindo'. No quiero que me coman con los ojos.
Domenico sonrió, inclinándose hacia atrás, lo que mostró su duro torso y abdomen. El
tipo no era voluminoso, pero era todo músculo, como un gato salvaje. —Noticias de última hora,
Villani, siempre te van a comer con los ojos.
Incómodo era el nuevo segundo nombre de Seth, pero siendo tan grande como era, no
tenía dónde esconderse. —No por los chicos.
—¿Sí? ¿Crees que tu culo redondo de alguna manera desvía su atención?
Seth se tapó con una manta y el calor le subió por el cuello. —Ya. ¿Mejor? —gimió,
confundido e inseguro de cómo se sentía acerca de que a Domenico Acerbi le gustara su culo.
Domenico soltó una carcajada y se dio una palmada en el muslo. —¿Vas a comprar un
burka* ahora?
(*La burka es la prenda que más oculta de todos los velos islámicos.)
—Ah, vete a la mierda —Seth rodó de lado, pero luego se dio cuenta de ello, y le
devolvió la mirada a Dom. —Ey. ¿Dónde dormirás?
—En la cama.
—¿Dónde está la otra cama?
Domenico sacó otro sándwich de la bolsa y lo olió con una mueca de desagrado. —No
hay otra cama.
—¿Vamos a dormir en una cama? —Seth se estaba muriendo de ansiedad. Él tendría una
erección. —De paso vamos a agregar un chofer además de eso.
—¿Qué? —Domenico mordió el sándwich. —¿Un trío en una cama individual? Eso es
jodidamente espantoso.
—Eres repugnante.
—No soy yo quien trajo a colación al pobre Tony.
—Escucha, ¿podemos dejar de hablar de cosas gay? Realmente estoy harto de eso.
—Por supuesto que lo estás. —Domenico masticó otro bocado del sándwich.
—Entonces... ¿crees que es peligroso para mí salir? —Seth se acurrucó bajo la manta.
Domenico se encogió de hombros, su piel tenía un tono cálido bajo el resplandor de la
bombilla desnuda que colgaba del techo. —No estoy seguro, pero es mejor prevenir que curar —
Lentamente, Domenico miró a Seth. —Así que mejor no intentes nada divertido. La próxima
vez, podrías perder más de un dedo.
—Tengo un arma, ya sabes —Seth se deslizó de la cama y comenzó a buscar su ropa de
dormir. Domenico había elegido algunas armas en el camino desde el aeropuerto.
—Un arma que ni siquiera sabes cómo usar con seguridad —Esta vez no había burla en la
voz de Domenico. Fue desprecio.
—Lo olvidé, —murmuró Seth, cambiándose rápidamente a la camiseta sin mangas que
había empacado para dormir, pero iría al baño a cambiarse los pantalones. Aunque no tuviera
puerta.
—Esa es la cosa. La próxima vez que te 'olvides', podrías perder las pelotas —dijo
Domenico con la boca llena.
Seth puso los ojos en blanco y entró en el baño oscuro, casi golpeándose la cabeza con la
pendiente del techo. Rápidamente se quitó los pantalones, quedándose detrás de la pared. Estaba
tan contento de que se hubieran duchado en el avión, porque el apartamento no tenía
instalaciones para un baño adecuado.
—No tardes mucho, tenemos que levantarnos temprano mañana —dijo Domenico desde
el dormitorio.
Seth se puso pantalones deportivos y se miró en el pequeño espejo torcido sobre el
fregadero, que tenía más manchas que espacio limpio. Todavía le permitió echar un vistazo a
Dom, terminando su sándwich en la habitación. —¿Te gustaría ser el jefe? —preguntó de
repente. Dom ciertamente se parecía a uno.
—¿Eh? —Dom tiró el recipiente de plástico en una bolsa desechable y miró hacia el
baño. —¿Que clase de pregunta es esa?
—Solo preguntaba. ¿Te gustaría? Ya sabes, estar a cargo de... los recursos humanos.
Un destello de luz acompañó el olor agridulce del tabaco. Domenico se apoyó en el
respaldo de su silla y miró hacia la ventana. —Sabes que nunca seré uno.
—¿Y si yo no estuviera allí? —Seth tragó saliva y miró hacia atrás, sintiendo que la
atmósfera se espesaba con cada segundo. Le vendría bien un cigarrillo, pero no iba a pedir uno.
—Tú estás aquí.
—Fácilmente podrías matarme… —Seth se mordió el labio. Necesitaba ver qué diría
Dom a eso. No esperaba una risa.
—Esas no son las órdenes que recibí. Debo protegerte y entrenarte para que te protejas a
ti mismo.
Seth volvió a mirar el fregadero amarillento. No eran las órdenes que recibió. ¿Y si
recibiera otro tipo de orden? ¿Él al menos dudaría? Seth lo dudaba. Se pasó los dedos por el pelo,
feliz de que al menos su rostro se viera mejor. Todavía le dolía la mano de vez en cuando, pero
era hora de levantarse y cepillarse los dientes. Un nuevo día esperaba mañana.
En el espejo, vio a Domenico levantarse y colocar la silla en su lugar con una precisión
inesperada. Se estiró, doblando su cuerpo hacia atrás y hacia un lado. El vello de su pecho no era
demasiado espeso, pero extrañamente organizado, creciendo hacia los lados, como si Domenico
lo hubiera peinado a la perfección. La mirada de Seth siguió las manos de Dom, todo el camino
hasta el cinturón, que abrió, junto con los pantalones, revelando un destello de ropa interior
blanca.
Seth lo miró en el espejo mientras se cepillaba los dientes. No quedaba nada del chico
flaco que Seth había conocido cuando eran niños. Por otra parte, si Dom realmente era su
protector, entonces era mejor que fuera un hombre tan aterrador. La piel de Seth hormigueó
cuando la silueta felina se movió hacia él, todos los movimientos de Dom relajados pero de
alguna manera calculados, controlados. Sus pies descalzos eran silenciosos incluso sobre el viejo
piso de madera, como si supiera dónde pisar para evitar crujidos desagradables.
Seth lo miró sorprendido en el espejo, con la boca llena de pasta de dientes cuando
Domenico se detuvo detrás de él, ojos ámbar claros encontrándose con los suyos en el espejo.
Incluso a través de su blusa, Seth podía sentir el calor corporal que irradiaba el hombre.
—No te quedes tan cerca, acosador gay —dijo Seth con la boca llena, disfrutando
realmente de los tonteos de Dom.
—¿Por qué, tienes miedo de mí, niño grande? —preguntó Dom y se inclinó hacia
adelante, colocando su palma al lado del espejo, su piel rozando la de Seth, como por accidente.
Seth sabía que no podía haber sido así. Dom sabía cómo controlar sus movimientos.
Seth escupió lo último de la pasta de dientes y se estremeció, aunque con mucho gusto se
derretiría en el pecho de Dom contra su espalda. —Necesitamos algún tipo de recipiente aquí,
para lavar. No hay puta ducha.
—Conseguiré uno mañana.
Seth cambió de lugar con Domenico, quien también quería usar la pequeña instalación,
pero finalmente se fue a la cama. Sin embargo, no pudo evitar mirar a Dom desde la cama, los
calzoncillos blancos asomaban como una invitación para que se los bajara. También eran Calvin
Klein.
Domenico finalmente regresó a la habitación y se dio la vuelta para bajarse los
pantalones, dejando que Seth viera la gloria que era su culo apretado bajo la capa de algodón de
primera calidad. Seth no consideraba un pecado mirar, así que disfrutó de la vista. Todo lo que
necesitaba era unas palomitas de maíz. No entendía cómo Dom podía estar tan tranquilo acerca
de ser gay y ser atrapado in fraganti. No solo era mal visto en la Familia, era una sentencia de
muerte. Seth ya imaginaba una vida solitaria para sí mismo en el futuro.
Su tren de pensamientos se silenció cuando Domenico se bajó los calzoncillos, mostrando
un trasero firme con hoyuelos a los lados. Los ojos de Seth se abrieron cuando se dio cuenta de
que no había nada alrededor para que Dom se cambiara. Cuando Domenico se dio la vuelta para
mirarlo, el mundo pareció ralentizarse. Los ojos de Seth fueron directamente al premio que era la
pesada polla sin circuncidar, presentada en un plato de increíbles abdominales y muslos de
pantera, con una guarnición de un hermoso juego de bolas. Domenico claramente recortaba su
vello púbico oscuro, pero no se veía demasiado arreglado.
—¿Así es como vas a dormir? —Seth se atragantó e inconscientemente avanzó poco a
poco sobre la cama, ya debajo del edredón. Su corazón latía con fuerza y cada centímetro de su
piel gritaba por el contacto con el hombre peligrosamente caliente frente a él. Era como si no
hubiera bebido en un año y Dom fuera el ron que mejor olía.
—Necesito soltar mi polla de vez en cuando —dijo Domenico, dejando caer su trasero
sobre el colchón. —Deberías probarlo. Es bueno para la virilidad masculina.
—¡Usa algo suelto entonces! No estás solo aquí. ¡O con algún tipo de los tuyos! —Seth
no podía apartar la mirada de Dom aunque le pagaran.
—¿Temes que te sientas tentado? —Domenico rodó sobre su espalda tan rápidamente
que parte de su cabello rozó la mejilla de Seth. Sus ojos se encontraron, y teniendo toda su carne
y piel al alcance de la mano, Seth se encontró con urgencia por tocarlo.
—¿Qué quieres decir? —gimió y se llevó una mano a la frente. ¿Cómo diablos se suponía
que iba a pasar más de veinticuatro horas en este lugar sin ponerse duro? Su cuerpo ya le estaba
diciendo que se subiera sobre ese firme abdomen. —Solo tengo miedo de despertarme con tu...
“virilidad” empujándome en la espalda.
El resoplido de Domenico podría avergonzar a cualquiera. —'Virilidad', ¿en serio? Y ahí
estaba yo pensando que ese chico afeminado tuyo era bastante pervertido.
El cuerpo de Seth se puso rígido. —¿D-disculpa?
Domenico se encogió de hombros y cogió los cigarrillos que estaban sobre la diminuta
mesita de noche. —Creo que sabes muy bien de lo que estoy hablando.
Seth miró sus propios dedos, sintiéndose como un niño atrapado robando el whisky de su
padre. Mierda.
El rostro de Domenico se relajó en una amplia sonrisa. Con un suspiro de satisfacción,
encendió su cigarrillo y dio una calada, flexionando los músculos de su abdomen.
—¿Alguien más sabe? —Seth siseó, envolviendo sus brazos alrededor de su pecho, ahora
nuevamente avergonzado por la desnudez de Dom. El hijo de puta lo sabía, pero había
mantenido la farsa durante tanto tiempo. Dom tenía que estar riéndose de él en secreto desde el
momento en que se conocieron.
—¿Cómo diablos voy a saber?
—No importa. ¿Por qué te pregunto a ti de todas las personas? —Seth se quejó para sí
mismo. Dom tenía que ser consciente del efecto que tenía en las personas. Eso explicaba por qué
estaba tan tranquilo cuando lo atraparon en la iglesia. Sabía que Seth no lo delataría. —Bueno, al
menos sabes que tengo novio —Técnicamente, había roto con Peter, pero Domenico no
necesitaba saber eso.
Parpadeó cuando Dom levantó el edredón y se deslizó debajo. El contacto de su cuerpo
desnudo hizo que Seth sintiera como si una corriente cálida lo atravesara por completo. —¿Por
qué me importaría?
Seth separó los labios, dándose cuenta de que había hecho el ridículo. Por supuesto que a
Dom no le importaba. Se estaba burlando de él. —Solo digo, —murmuró y le dio la espalda a
Dom, el ritmo feroz de su corazón resonando en sus oídos. Se tensó cuando la lámpara se atenuó,
con el cable interior de la bombilla aún brillando en la oscuridad. En la pared, podía ver el suave
resplandor del cigarrillo de Domenico, que ahora le acariciaba la nariz con el humo.
Seth tragó saliva, asustado, excitado, sobreexcitado, como si hubiera bebido cuatro
espressos. Su cuerpo le enviaba tantas señales contradictorias que estaba seguro de que no
dormiría durante horas. Incluso sus manos estaban sudorosas, la sangre palpitaba en el lugar
donde solía estar su dedo. Después de un momento, Domenico se movió, causando que el
colchón se hundiera, pero luego su muslo rozó el trasero de Seth a través de los pantalones
deportivos, haciéndolo casi gritar.
—¿El edredón es demasiado pequeño? —Salió más rasposo de lo que Seth hubiera
deseado.
—Es demasiado pequeño —murmuró Domenico con cansancio, pero segundos más
tarde, su mano rozó la cintura de Seth, finalmente posándose sobre su abdomen. —Las noches ya
son bastante frías.
Seth agarró la muñeca de Dom y la apartó, sin saber cómo interpretar lo que estaba
pasando. —¿De qué diablos estás hablando? Eres como un horno.
—Lo sé, no puedo dejar que te congeles hasta morir.
Todo el cuerpo de Seth se detuvo alarmado cuando esos brazos fuertes y cálidos se
abrieron paso alrededor de su pecho, seguidos de labios que presionaron un beso en la parte
posterior de su cuello. A pesar de sus mejores intenciones, su cuerpo estaba en llamas.
Tuvo que respirar hondo varias veces antes de poder hablar de nuevo. —¿Estás loco? —
El sudor ya brotaba por toda su espalda, pero no podía moverse. Se congeló y se sintió como una
escultura de hielo hecha de fuego.
—Nunca he estado más cuerdo —La voz de Domenico se enroscó alrededor de la oreja
de Seth, rápidamente perseguida por la lengua más cálida y ágil que Seth jamás había sentido en
su vida. Tener la mano de Domenico bajando por su entrepierna fue lo suficientemente
surrealista como para despertar a Seth de su estupor.
—Quítame tu sucia lengua de encima —susurró y agarró la muñeca de Dom, tratando de
alejarla, aunque se sentía tan bien. Tenía que admitir que estaba loco por Domenico, pero había
muchas razones por las que no debería hacerlo. Todas las feromonas de Dom parecían abrazar ya
el cuerpo de Seth.
En un abrir y cerrar de ojos, Seth fue inmovilizado por fuertes extremidades. —Relájate.
—¡Ey! ¡No tienes derecho! —Seth parpadeó en estado de shock y trató de alejarse.
Nadie, nadie nunca lo había tratado de esta manera o siquiera lo había intentado. Ni siquiera
podía comprender cómo podía estar pasando esto.
—Quédate quieto. —El susurro de Dom acarició la nuca de Seth. Lo estaba arrullando,
como si fuera un bebé que no podía conciliar el sueño. Seth no estaba seguro de qué era peor —o
mejor— la mano deslizándose dentro de sus pantalones, o el rasguño de la barba de Dom contra
su piel desnuda.
—No quiero —Seth tragó, encontrando difícil respirar. Salió más como un chillido que
como un asertivo 'no'. —No quiero, —repitió con voz normal. Siguió luchando con la mano en
su entrepierna, sin saber de dónde sacó Dom toda su fuerza. Tenía que estar lleno de esos
músculos, porque Dom no parecía alguien capaz de dominar a Seth.
La mano en su polla continuó, tentando suavemente a su polla para que cobrara vida. —
¿Crees que no he visto cómo me miras?
—¡No lo hice! ¿Crees que estás tan bueno? ¿Atractivo para todos? —Seth agarró la
sábana con su única mano libre. Ya era hora de admitirse a sí mismo que no estaba luchando tan
duro como podía.
—Ciertamente soy atractivo para ti —susurró Domenico, rompiendo la barrera de la ropa.
Sus dedos rodearon la polla de Seth, haciéndolo temblar de deseo.
Físicamente, era innegable. Seth ya estaba duro. La tensión solo lo estaba excitando más,
como cuando excedió el límite de velocidad en su motocicleta bajo la lluvia. —Es… quiero
decir… —Se aclaró la garganta. —No podemos hacerlo. Se suponía que no debía decírtelo,
pero... somos hermanos. —Casi podía oír el chirrido de las ruedas al detenerse en el asfalto. En
realidad, no, el asfalto estaba todo aceitoso, y la motocicleta lo llevó aún más lejos, directo al
borde.
—No es como si nuestro acervo genético incestuoso pudiera producir un bebé.
Seth dejó de luchar, perdido en la respuesta. Esta no era la reacción que buscaba. —Yo...
¿Lo sabías?
Por primera vez, el resoplido de Domenico no era pura burla. Había un toque de
amargura en ello, lo que alejó aún más a Seth de su zona de confort. —A veces deseo ser
ignorante —susurró Dom.
—No entiendo, —gimió Seth mientras su polla latía en la palma de Dom. Respiró hondo
y empujó hacia atrás, arrojando a Dom fuera de él, pero después de una breve lucha, todo lo que
logró fue rodar sobre su espalda con Dom encima de él. Al menos su trasero ya no estaba en
peligro, y podía mirar a los ojos de Dom, tan claros en contraste con sus pestañas en la débil luz
que entraba por la ventana. Domenico se cernió sobre él como un depredador que todavía está
considerando dónde comenzar su comida.
—Tienes suerte de no tener que hacerlo.
—Perdí mi suerte hace más de dos semanas —Seth frunció el ceño, observando cada
movimiento de Dom. Todas las desgracias que se le venían encima se debían a su apellido
maldito. —¿Quisiste apuñalarme sabiendo esto? —Miró la cicatriz en su antebrazo, donde el
cuchillo de cocina se había clavado cuando Seth se protegió la cara de la hoja.
La dulzura de los labios de Domenico contrastaba con el poder de hierro de su agarre. Su
risa era como algo de ultratumba. —Es precisamente por eso que te ataqué.
—¿Por qué nadie me lo dijo? —Seth apretó los dientes. Su posición se sentía tan
incómoda para tener cualquier tipo de conversación que quería gritar. Resultó que su familia
estaba aún más jodida de lo que esperaba. Se tensó cuando Domenico lo apretó aún más fuerte.
—¿Por qué le dirían a un niño dulce e inocente que su padre tiene un bastardo en la
ciudad, eh?
Seth trató de leer algo de sus ojos claros y enfocados. Había un matiz de amargura en la
voz de Dom que Seth consideró endulzar con besos. —Lo lamento. no lo sabía. Me lo dijeron
recientemente. —Se mordió el labio, tratando de no derretirse con el toque.
—Ya no importa —El pulgar de Domenico rozó la cabeza sensible de la polla de Seth,
enviándolo a un frenesí. Seth observó a la bestia sexy encima de él inclinarse para besarlo, y el
cabello suave cayó sobre sus clavículas.
Abrir los labios para Dom fue tan natural que Seth no pudo evitarlo, a pesar de que sus
mejillas estaban ardiendo. Acerbi era sin duda el hombre más sexy con el que Seth había estado,
lazos de sangre o no. E incluso era difícil pensar en él como un hermano cuando se habían criado
separados y solo se veían ocasionalmente. La química entre ellos estaba haciendo el aire rígido y
caliente, enviando ondas de excitación por el cuerpo de Seth. —Pero… ¿con un hermano? —
susurró en los labios de Dom, sabiendo que era demasiado débil de voluntad para resistirse. Puso
una mano en el hombro de Dom por si acaso y un poco de distancia.
En el momento en que Domenico lamió sus labios, Seth se perdió en un calor abrasador
que se acumulaba en su estómago, listo para estallar a través de la polla que Domenico aún
estaba masajeando. Seth gimió, ya queriendo más de esos labios con sabor a tabaco. Su madre
siempre le había advertido que evitara cosas que pudieran causar adicción. 'Lo pruebas una vez y
estás condenado', solía decir.
Los expresivos ojos ámbar se entrecerraron cuando Domenico miró a Seth. —Vive como
si no hubiera un mañana, porque bien podría no haber ninguno.
Seth rió nerviosamente, concentrado en los ojos que brillaban sobre él. —¿YOLO?* —
Dejó que el agarre en el hombro de Dom disminuyera. Fue un intento de recuperar un poco el
control, pero no pareció funcionar.
(*“You Only Live Once” equicalente en español de, “La vida es solo una”.)
Domenico frunció el ceño, e incluso su mano sobre la polla de Seth se detuvo por un
momento. —¿Yo que?
Seth enarcó las cejas. ¿Este tipo vivía debajo de una roca? —No importa.
El beso profundo y apasionado que recibió ciertamente hizo el trabajo de
silenciarlo.También hizo otras cosas, y antes de que Seth se diera cuenta, su pierna subió por la
de Dom. Y qué beso fue. Poderoso, dominante, un contraste de boca suave y húmeda y mejillas
rechonchas. Seth respiró hondo por la nariz, y sólo consiguió más de aquel aroma embriagador.
La cabeza le daba vueltas y lentamente rodeó a Dom con los brazos. Aún no estaba seguro de lo
que quería hacer, pero estaba seguro de que no quería soltarlo.
Cuando Dom meció sus caderas contra las suyas, Seth se sintió obligado a tratar de
hacerse cargo de parte de la iniciativa. Se empujó contra el cuerpo de Dom mientras penetraba
sus labios con la lengua. El calor lo estaba quemando, y Seth amaba cada segundo de conocer la
boca de Dom, su nuevo mejor amigo.
Tembló de emoción cuando la mano de Domenico unió sus pollas, deslizando su pulgar a
través de la humedad de las puntas. Seth solía menospreciar el frottage*, pero Dios, esto se sentía
bien. Su mente estaba nublada por su placer, e intensificó sus besos, deslizando sus dedos en el
cabello de Dom. Era algo que había querido hacer desde que lo vio por primera vez.
(*Nombre para lo que están haciendo)
Un dedo resbaladizo deslizándose entre las nalgas de Seth y directamente dentro de su
ano lo hizo retorcerse en estado de shock como un toro irritado. Sus ojos se abrieron de golpe, y
apretó su agarre en el cabello de Dom. —¿Qué carajo? —gimió cuando sus músculos se
apretaron contra el dedo.
—Está bien, —murmuró Dom, acariciando su mano libre por el pecho de Seth.
—¡No está bien! Saca tu puto dedo, —siseó y puso sus manos sobre los hombros de
Dom, tratando de empujarlo. Su estómago se contrajo por el pánico. Dom quería follarlo. Por
supuesto que era lo que quería. Seth no estaba preparado para esto. Él era un top*. Todo lo que
quería era tontear y aliviar un poco la tensión. —¿Qué diablos estás pensando?
(*Top es el activo y bottom es el pasivo en las relaciones sexuales gays con penetración.)
Domenico se zambulló, besando la parte inferior de su mandíbula con un gemido. —No
eres virgen, ¿cierto?
Seth dejó escapar un sonido bajo y gutural, frustrado sin fin y avergonzado por su propia
insuficiencia. —Lo soy, ¿contento? —gruñó. —Así que para con esto.
Domenico raspó en la oscuridad, deteniéndose con el dedo enterrado profundamente en el
trasero de Seth. Sus besos se volvieron más suaves, más cautelosos, el toque de la otra mano fue
simplemente un susurro en el pecho de Seth. —Está bien.
—No, no está bien. Sácalo. —En contra de su buen juicio, Seth se aferró a Dom, apenas
respirando. Él no quería que sucediera de esta manera. Nunca le habían metido los dedos,
demasiado asustado por la idea. Domenico Acerbi era una fiera. Seth había visto la forma en que
Dom se folló a ese tipo en el confesionario. Era sexy de ver, pero nunca se imaginó a sí mismo
siendo el bottom en esa ecuación.
—Vamos, no seas así —murmuró Domenico contra sus labios. —Te gustará. A todos les
gusta.
El pánico subió por la garganta de Seth, e incluso el suave roce del cabello de Dom no
pudo calmarlo. —Tú, no seas así. Sé lo que estás pensando. Solo quieres follarme. —Por un
momento, cerró los ojos para calmarse.
Se tensó cuando Domenico deslizó su mano bajo la nuca de Seth, acunándolo más cerca,
y Seth se estremeció al darse cuenta de que Dom lo estaba oliendo. —No te preocupes, los
vírgenes merecen un trato especial. No tengas miedo.
—No te tengo miedo. Y no tienes que tratarme como una novia siciliana —escupió, pero
el temblor de sus dedos le recordó que en realidad tenía miedo. —Y deja de burlarte de mí.
—Sin embargo, estás temblando como una novia siciliana —susurró Domenico,
lamiendo un lado del cuello de Seth. Él mismo estaba temblando. —Tu carne es tan dulce.
La polla de Seth latiendo más fuerte al tocarlo lo enojó tanto que empujó a Dom, usando
mucha más fuerza que antes. —Si tienes tanta experiencia, ¿por qué no eres el pasivo?
Ni siquiera se dio cuenta cuando Domenico logró empujarlo de espaldas de nuevo. Y el
jodido dedo seguía clavado en el trasero de Seth. —Ya fui el pasivo lo suficiente —dijo
Domenico con voz áspera, justo antes de que sus dientes se hundieran en la clavícula de Seth,
creando una mezcla deliciosa pero confusa de placer y dolor.
—Entonces, ¿por qué no puedes hacerlo de nuevo? Soy un buen top. O simplemente
podemos relajarnos y besarnos —Seth apretó sus nalgas en el dedo, tratando de pensar en una
salida. Siempre estaba nervioso por ser pasivo, se sentía vulnerable, que era lo último que quería
parecerle a Dom.
—No. —Domenico gimió, abriendo la boca de Seth de nuevo con un beso. Su cabello
fragante estaba por toda la cara de Seth, y Seth ya se estaba volviendo adicto a esa boca con
sabor a humo. —Te daré la noche de tu vida.
Seth vaciló, pero su resolución de luchar se debilitó. Nunca pensó que Domenico estaría
tratando de encantarlo en la cama. —¿Por qué te importaría?
—Ya te lo dije, mi dulce novia, cada noche puede ser la última. —Uno de los ojos de
Domenico captó la pálida luz del exterior e hizo que su iris fuera casi translúcido. Se veía
increíble. Tan bueno que Seth ni siquiera tuvo la energía para pelear con él por ser llamado 'dulce
novia'.
—Pero me odias a muerte. —Seth estaba sin aliento. Si esta fuera realmente su última
noche con vida, ¿estaría dispuesto a pasarla en la cama con Domenico Acerbi? Otra mirada a la
hermosa cara sobre él le dijo que sí, probablemente lo haría.
Domenico rió y se inclinó para acariciarle el cuello. —No, créeme, todo el odio que te
tenía se ha ido —Justo cuando los dientes de Dom mordían el labio inferior de Seth, el dedo en
su trasero se movió.
—¡Oh, Dios mío, no! —Los ojos de Seth se abrieron como platos, y rozó con sus uñas la
espalda de Dom. Le dolía, no podía dejar de apretar los músculos y encima no quería mostrar
ningún tipo de debilidad. Ya podía sentir que el sexo se trataría tanto de poder como de placer.
Sin embargo, el dedo se detuvo de inmediato y Domenico acunó a Seth más cerca,
besando sus labios temblorosos. —Se detendrá tan pronto como te calmes. No te preocupes, te
haré sentir increíble.
A Seth le recordó lo que solía decirles a los chicos si se mostraban reacios. Tenía que
funcionar porque por lo general eran felices después. Pero este era el demoníaco Domenico
hablando. El tipo seguramente tenía motivos ocultos. —No me digas qué hacer, —gimió Seth,
rozando sus labios contra los de Dom mientras hablaba.
—Simplemente te estoy dando un consejo —susurró Domenico, dejando pequeños besos
a lo largo de la mandíbula de Seth. —Y deja de resistirte. Lo quieras o no, ahora soy tu aliado
más cercano.
Por mucho que Seth no quisiera, tenía que estar de acuerdo con eso. Si no es Domenico,
¿quién más lo cuidaría y le enseñaría habilidades que podrían salvarle la vida en el futuro? Peter
nunca lo entendería, era un civil. La madre de Seth estaba muerta, Vincente lo despreciaba por la
decisión de su padre y su padre odiaba a los hombres gays. A la luz de eso, Dom tenía algunas
características de un aliado. No había nadie más en quien Seth pudiera confiar, y estaba bastante
seguro que no era lo suficientemente hábil para confiar en sí mismo. Lentamente trató de relajar
sus músculos, con el rostro escondido en el hueco del cuello de Dom.
Domenico gimió. —Eso es mejor.
Mientras el dedo dentro de Seth se movía, no tenía idea de cómo acostumbrarse a este
nuevo sentimiento. La parte machista de él gritaba que no debería someterse así y que ser follado
sería perder ante Dom en la lucha por el poder. Intentó respirar profundamente y besó la piel
debajo de la oreja de Dom, luchando inútilmente contra el temblor de su cuerpo.
—Eso es todo, respira —susurró Domenico, poniéndose de rodillas sin sacar el dedo del
cuerpo de Seth. Seth siguió su movimiento y pronto reconoció una botella de lubricante en la
otra mano de Dom. Extrañamente, no se sintió aliviado sino petrificado. Lo iban a follar esta
noche y no tenía idea de cómo se sentía al respecto, incluso si su polla decía 'sí, por favor'.
—No me trates con condescendencia, —murmuró Seth y puso un brazo sobre su rostro.
Tener sus pantalones deportivos bajados hasta la mitad era peor que estar desnudo. Domenico se
estaba tomando su tiempo, penetrándolo con dos dedos que parecían demasiado ásperos al tacto
y demasiado gruesos.
Seth se aferró a Dom con pánico, mordiéndose suavemente el brazo y doblando los dedos
de los pies. No quería decir que dolía y parecía un marica. Al menos el olor de Dom era
calmante.
—Es posible que desees darte la vuelta —dijo Dom, retirando los dedos intrusos y
rozando su mano sobre una de sus nalgas.
Seth tragó saliva y asintió, pero no se atrevió a mirarlo a los ojos, demasiado ocupado
poniendo en orden su respiración. Toda la situación parecía surrealista y, al final, decidió que se
sentiría mejor si en realidad estaba desnudo en lugar de tener su trasero expuesto como una
diana. —Sí, yo… solo… —se excusó y se quitó la camiseta, antes de tirar los pantalones al
suelo.
Sintió que la cama se movía detrás de él y se tensó como un conejo asustado justo antes
de que el lobo le rompiera el cuello. Las fuertes manos en su espalda lo prepararon para una
polla que ahora rozaba rítmicamente su trasero expuesto.
Seth yacía boca abajo y se apoyaba en los codos. No pudo evitarlo. Estaba tan tenso
como cuando le dieron su primera arma a la edad de trece años. Su ano palpitaba y le dolía un
poco, pero se estiraba... No sabía qué pensar, especialmente cuando la polla se movió entre sus
nalgas y se deslizó contra el agujero.
—Me estás poniendo tan jodidamente cachondo —susurró Dom, empujando su polla
contra la tierna carne del trasero de Seth.
¿Se suponía que Seth debía sentirse orgulloso o derrotado? No estaba seguro, pero tener
una polla entre sus nalgas le traía nuevos niveles de vergüenza. Tensó los músculos y dejó caer la
cabeza, escondiendo el rostro entre sus brazos. Dom estaba extremadamente cachondo. Seth lo
deseaba, por supuesto que lo deseaba, pero no estaba seguro de si podía ser pasivo. Realmente
estaba tan ansioso como una novia siciliana, y aunque el tamaño de la polla de Dom era un festín
para los ojos, solo ponía a Seth más nervioso. La ayuda llegó al estilo Acerbi.
—Calma —lo tranquilizó Domenico. El cabello largo caía sobre la parte baja de la
espalda de Seth, incitándolo a obedecer. —Te dolerá, pero cuanto más rápido, mejor —Luego, su
polla empujó entre sus nalgas, todo aceitosa, empujando el agujero sin intentar romper su
resistencia.
Seth miró hacia atrás, ya sudado de nuevo. —¿Qué estás haciendo? ¿Me vas a follar o
no? Deja de jugar conmigo —soltó porque no estaba seguro de lo que estaba pasando. ¿Dom
solo se estaba divirtiendo frotándose entre sus nalgas? No saber era lo peor, prefería seguir
adelante.
—Shhh, solo trata de relajarte —murmuró Dom, moviendo su polla de un lado a otro y
temblando levemente. Cada vez que la cabeza de la polla empujó el ano de Seth fue como un
cuchillo en la garganta de Seth.
—No me hables como si fuera un bebé —se quejó y dejó caer la cara en la almohada con
frustración. Lo peor era que su propia polla nunca perdía interés, palpitando por atención cada
vez que el cabello de Dom rozaba su piel. Cada vez que la cabeza de la polla empujaba su piel
sensible. Cada vez que las yemas de los dedos extrañamente ásperas de Dom trazaban su espalda
tensa. Pero el dolor de la entrada hizo que Seth se olvidara por completo de su propia polla. Los
dedos de Domenico se clavaron profundamente en las caderas de Seth, manteniéndolo en su
lugar mientras forzaba esa polla del grueso de un tronco de árbol.
—Joder —siseó Seth contra la almohada y se mordió el labio de dolor. Dejó escapar un
gemido agudo y todos sus músculos se congelaron por la tensión, incluidos los de su trasero, que
apretaron la polla entre sus nalgas. Jodidamente dolía. Por supuesto que Dom diría que no. ¿Qué
le importaba? Sin embargo, Seth se maldijo a sí mismo. ¿Cómo llegó él mismo a esta posición?
Entregando el culo en bandeja.
El gemido de Domenico retumbó sobre su espalda, aliviado por dedos cálidos. —No
aprietes tanto.
—No puedo, me duele —susurró Seth en la almohada, medio esperando que no lo
escucharan. La polla de Dom estaba caliente y dura, pero se sentía extraña. Como si estuvieran
juntos pero realmente no se conectaran.
—Te lo dije —En lugar de retirarse, Domenico avanzó aún más.
—Genial, jodidamente genial —Ni una sola de sus respiraciones salió completa, y Seth
apretó los dientes. No le daría a Dom la satisfacción de humillarlo más. El dolor no estuvo ni
cerca del que sintió cuando le cortaron el dedo, pero nunca se fue, como una costra que se rasca
constantemente.
—Deja de quejarte. Todo el mundo pasa por esto en algún momento —murmuró
Domenico, agarrando la carne de Seth y sujetándola mientras su polla entraba centímetro a
centímetro. Parecía que nunca dejaría de moverse.
—No todos, —gimió Seth, mirando hacia la pared frente a él. Con Dom ni siquiera
acostado encima de él, se sentía desconectado, como si solo fuera útil y atractivo si se ofrecía
para el sexo. Nadie lo había objetivizado nunca de esa manera. Incluso su entusiasmo se
desvaneció ahora cuando no podía mirar a Dom o sentirlo mucho. Quería un abrazo pero no iba a
sonar como un marica y pedirlo.
Afortunadamente, no tuvo que hacerlo, ya que Dom abrazó sus brazos, enterrando su
rostro entre los omoplatos de Seth. Eso era bueno. —Llegará un momento en el que anhelarás un
dolor como este.
Seth se arqueó hacia Dom, disfrutando de su peso y tratando de concentrarse en eso en
lugar de en la polla que lo estiraba. Él recordaba que Peter incluso se masturbaba con un
consolador y amaba la penetración. Seth claramente no estaba hecho para eso. ¿Quizás su cuerpo
estaba inusualmente apretado? —¿No lo anhelas? —susurró, sin animarse mucho.
—Yo no. —Domenico hundió los dientes en el omóplato de Seth. Cruzó los antebrazos
debajo de Seth y agarró sus hombros, se extendió sobre él y ya consumía a su presa aún viva.
—¿Cómo sabes que yo sí? —Seth gimió ante el mordisco. Le tomó un segundo evaluarlo,
pero le gustó. Mucho. Se sentía carnoso y visceral. Él nunca había sido la presa, y fue una
experiencia única.
—Simplemente lo sé —murmuró Domenico contra su piel, calmando el mordisco con un
beso. —Tal vez es el vínculo que compartimos —Y con esa frase raspada, forzó toda su polla,
presionando algo muy dentro de Seth, como si hubiera llegado a un límite y ahora estuviera
llamando a una puerta cerrada. —Ahora solo será más fácil.
Seth jadeó para contenerse. —No quiero escuchar nada de esto —se quejó, frotando su
mejilla contra la almohada. Todavía dolía, pero no le daría a Dom la satisfacción.
—Solo quería calmarte —De repente, el peso de Domenico empujó a Seth aún más
contra el colchón, como si descansara todo el peso de su cuerpo sobre él. —Puedo dejar de
hablar por completo.
Yacieron en silencio, sin hacer mucho, pero eso hizo que Seth se concentrara más en el
dolor. Le gustaba sentir el vello del pecho de Dom en su espalda. —Uhm… no, habla, —susurró,
apenas lo suficientemente alto para ser escuchado.
Domenico se rió entre dientes, subiendo por su cuello en una escalera de pequeños besos.
—Estás siendo tan quejica.
—Tú también estarías lloriqueando —Seth suspiró. Cada movimiento, suyo o de Dom,
afectaba la forma en que la polla dentro de él estiraba los músculos. Era como si tuviera una lupa
sobre cada nervio de su cuerpo. Los besos lo calmaron solo un poco. La disonancia entre el dolor
que Dom le causaba y la gentileza que era capaz de mostrar era similar a un tanque con plástico
de burbujas sobre sus orugas.
—No, lo tomaría como un hombre —El control que Domenico tenía sobre él era como
una jaula de hierro y no cedió cuando el cuerpo de Seth se exhaltó cuando la polla comenzó a
moverse dentro de él nuevamente.
—Detente, duele —Seth entró en pánico, tensándose después de unas pocas embestidas.
Quería tomarlo 'como un hombre', realmente quería, pero era demasiado. Su garganta estaba
apretada, su cuerpo temblaba y quería llorar. Se sintió aliviado cuando el movimiento se detuvo
y Domenico lo abrazó de nuevo, apretando sus piernas alrededor de las de Seth.
—¿Tanto?
—No debería, ¿debería? Hay algo mal conmigo. —El corazón de Seth estaba en un
frenesí, pero le gustaba el aliento caliente de Dom en su nuca. Le recordó que había una persona
viva que respiraba con él.
—Quédate como estás, no te muevas —jadeó Domenico. En un movimiento fluido y muy
lento, se salió, dejando a Seth extrañamente dolorido y vacío.
Seth tragó saliva, de repente deseando tenerlo nuevamente adentro. Estar solo y expuesto
no era su idea de diversión, pero luego se dio cuenta. —Espero que te estés poniendo un condón,
¿sí? —¿Cómo podría olvidar eso? ¿Qué tan estúpido podía ser?
Domenico le sonrió y momentos después, el cuerpo de Seth tembló cuando un líquido
frío goteó por su grieta.
—Aquí voy, —dijo Dom con voz áspera, volviendo a subirse a la espalda de Seth. No
hubo preparación esta vez, lo empujó, todo resbaloso y caliente.
—Oh, mierda —Los ojos de Seth se abrieron como platos y terminó siendo empujado
contra el colchón, pero sorprendentemente, esta vez, solo quedó una leve molestia. ¿Por qué el
hijo de puta no usó más lubricante en primer lugar? ¿Este era el juego de 'torturar al virgen'?
Apoyó la mejilla en la almohada, conteniendo una sonrisa de alivio. Sabía que no podía ser tan
malo si Peter era el pasivo todo el tiempo.
—Sí, ¿te gusta? —Los dientes de Domenico rozaron su hombro mientras se retiraba
lentamente, la polla creando una fricción dolorosa pero deliciosa.
—No. Te odio. —Seth miró hacia atrás y le sonrió. Hubo un brillo en los ojos de
Domenico, seguido de un fuerte tirón en el cabello de Seth. Los músculos de su cuello se
estiraron dolorosamente, pero el beso, esa lengua caliente en su boca valió la pena. Bañado en el
olor de Domenico, Seth fue penetrado por ambos extremos.
—Vas a dejar de odiarme tan pronto como te folle bien.
Seth gimió en los labios de Domenico y finalmente se sintió lo suficientemente tranquilo
como para cerrar los ojos y disfrutar el momento. Dom soltó su cabello pero mantuvo una mano
en la parte posterior de su cabeza como un reclamo de propiedad mientras se retiraba con un
sonido húmedo. Seth sintió a Dom cambiar de posición, presionando sus muslos más separados
con las rodillas. Y luego empujó.
Seth vio estrellas, y si esa no era la mítica próstata, no sabía qué era. A veces, Peter se
corría solo por ser follado, y ahora Seth sabía por qué. Abrió sus muslos para Dom y gimió su
placer al mundo. Todo el contexto de este encuentro dejó de importar. Solo quería que rozara ese
lugar de nuevo porque sus muslos estaban a punto de temblar. ¿Por qué había se había mostrado
reacio al inicio? Nunca más.
Seth no tuvo que pedir más, ya que lo que siguió fue una serie de embestidas controladas
que hicieron que le doliera todo el cuerpo y se arqueara contra el hombre caliente y de olor dulce
que tenía encima. Labios calientes, lengua, dientes en la espalda de Seth se transformaron en la
guarnición perfecta para su placer. No le importaba lo ruidoso que fuera, jadeando en busca de
aire. Apenas se dio cuenta cuando su propia polla se puso dura como una roca de nuevo, el placer
de frotarla contra las sábanas solo se sumaba a la excitación causada por las embestidas. Era tan
diferente de ser el activo. Realmente tenía que dejar de pelear y dejar que Dom lo conquistara,
para sentirse bien.
Domenico se movía tanto encima como dentro de él, el vello de su pecho acariciaba la
piel de Seth como el cepillo más dulce. —Eres jodidamente hermoso —murmuró Dom en su
oído, aferrándose a él con un apretón de muerte.
Seth sonrió entre un grito ahogado y otro. Eso era exactamente lo que quería escuchar,
que no valía menos por aceptar ser follado. Arqueó ligeramente su trasero para poder tocar su
polla, pero al mismo tiempo, le dio a Dom un nuevo ángulo. Seth amaba los elogios.
—¿Sí y? —dijo Domenico con voz áspera después de un momento. —Dime lo bueno que
soy.
—No lo eres. Eres solo un imbécil. —Seth resopló de él, comenzando a divertirse a pesar
del comienzo difícil. Tensó su musculosa espalda y se arqueó, levantando a Dom, aunque solo
fuera por un momento. Le encantaba la forma en que su agujero se calentaba alrededor de la
polla y cómo la temperatura se extendía por todo su cuerpo.
—¡Ja! ¡Maldito mentiroso! —Domenico soltó una risa despreocupada, empujando cada
vez más rápido. De alguna manera, el límite al final se había ido, y cuando Domenico empujó su
polla hasta el fondo, solo hubo placer.
Seth no iba a esperar por atención. Deslizó su mano debajo de su estómago y comenzó a
bombear su polla al mismo ritmo que Dom lo empujaba. El líquido preseminal le mojó los dedos
y sonrió para sí mismo, relajado por primera vez en dos semanas.
—¿Seguro? —Seth dijo con voz áspera.
—Sí.
El calor del cuerpo de Dom se había ido, dejando la espalda de Seth desnuda, pero no
pudo evitar un gemido cuando la polla dentro de él comenzó a moverse dolorosamente lento. Se
agarró a las sábanas, jadeando por aire.
—¿Ves? Tu cuerpo no me deja salir —murmuró Domenico.
Seth rápidamente miró hacia atrás, sus mejillas ardían. Trató de no pensar en cómo
miraría a Dom a los ojos mañana. —No salgas —se quejó, pero se le cortó la respiración cuando
Domenico se retiró por completo. Sus ojos se encontraron, el de Dom ardiendo en un rostro
sonrojado, con el cabello largo pegado a su rostro como un velo del infierno. Su pecho subía y
bajaba, enrojecido, brillando a la pálida luz de la calle. Había algo salvaje en la forma en que
miró a Seth, pero incluso el rápido movimiento que hizo no pudo sacar a Seth del estupor
conmocionado.
Domenico tiró de su pierna y tiró de ella hacia un lado, arrojando brutalmente a Seth
sobre su espalda con un fuerte crujido de resortes debajo de ellos. En un momento diferente,
habría asustado a Seth, pero estaba demasiado cachondo para que le importara. Tratar con
Domenico era como un deporte extremo y le encantaban. Incluso la vergüenza se había ido por la
ventana, la sensación resbaladiza entre sus nalgas ya no era un problema. Mantuvo sus ojos en el
rostro de Dom, silencioso y jadeante, sus encías hormigueaban en anticipación de un beso que
recibió tan pronto como Dom descendió sobre él como una bestia hambrienta. El cuerpo de Seth
estaba doblado por la mitad, y la repentina falta de aire lo mareó. Cuando el beso se rompió, a
través de la neblina de felicidad vio el rostro de Domenico enmarcado por sus propias rodillas y
cabello enredado, justo antes de que la polla entrara de nuevo.
Mirar el rostro de Dom hizo que Seth perdiera la confianza. —¿Por qué de esta manera?
—gimió, inseguro de qué hacer con sus manos ahora. La gruesa polla dentro de él no ayudaba a
Seth a concentrarse.
—Porque eso también es bueno —Los dientes de Domenico se destacaron en la
penumbra en una amplia y exultante sonrisa. Y cuando empujó de nuevo, la polla fue aún más
profundo que antes, llegando a lugares que Seth no sabía que tenía.
—¡Oh Dios! —Los ojos de Seth se abrieron como platos y agarró los hombros de Dom,
tirando de él hacia abajo. Ni siquiera sabía adónde iría el sexo en el siguiente segundo y,
extrañamente, no le importaba, demasiado perdido en el momento para preocuparse. Su propia
polla goteaba líquido preseminal por todo su estómago.
—¿Bien? —La palabra susurrada sobre los labios de Seth hizo temblar sus entrañas.
Estaba empezando a pensar que lo que su madre había dicho sobre las sustancias adictivas
también podría aplicarse a los hombres.
—Sí, —susurró de vuelta y deslizó la punta de su lengua debajo del labio superior de
Dom y contra sus encías. Sabía que admitirlo era una bandera blanca, pero con el dolor ahora
como un recuerdo lejano, no podía importarle menos. Se deleitó con el estremecimiento que
sacudió el cuerpo de Dom, y se arqueó hacia el otro hombre cuando las embestidas se volvieron
más rápidas.
—No quiero correrme nunca —jadeó Domenico, y Seth sonrió en sus labios. Él era quien
hacía que Dom se sintiera así. Entonces, tal vez era una pequeña victoria después de todo.
—No tengo prisa. —Seth deslizó sus dedos en el cabello de Dom, deleitándose con su
sedosidad. Hubo un momento antes, cuando solo quería que el sexo terminara, como si fueran
una pareja de ancianos casados. Pero ya no más. Ni siquiera tocó su propia polla todavía,
demasiado cautivado por todas las nuevas sensaciones.
—Oh diablos, podemos repetir esto en cualquier momento que queramos —Domenico
tiró del cabello de Seth, exponiendo su garganta para sus propios dientes.
Seth balbuceó algunas tonterías que ni siquiera recordaba al momento siguiente y cerró
los ojos, tomando su propia polla. Deslizó su otra mano entre sus cuerpos también, trazando el
sudor en el duro abdomen de Dom con sus nudillos. Eso lo mareó y se corrió con un gemido,
entreabriendo los ojos para ver el semen en sus vientres. Algunas gotas incluso llegaron a la
barbilla de Dom. La forma en que el ano de Seth se apretó alrededor de la polla de Dom hizo que
se le doblaran los dedos de los pies y perdiera el poder de hablar.
Domenico aplastó la boca de Seth con un beso brutal. Parecía haber perdido todas las
inhibiciones, golpeando el trasero de Seth como si no hubiera un mañana. Dolía un poco, pero
con el calor abrasador todavía agarrando las entrañas de Seth, era una incomodidad menor frente
a una pasión tan cruda. Cuando las embestidas se volvieron frenéticas, Seth se obligó a abrir los
ojos y vio que los ojos color ámbar se volvían brillantes, las mejillas ardían y los labios
palpitaban. Domenico se corría.
Verlo de cerca valió la pena la posición incómoda, mientras trataba de recordar cómo
respirar. No podía importarle menos lo que traería el mañana. Pero fue cuando sintió un chorro
caliente de semen salir de él después de otro empuje, que sus labios se abrieron confundidos.
—¡No usaste una condón...! —Seth quería que sonara más como una queja, pero su voz
sonó monótona y áspera mientras observaba a Domenico relajarse e inclinarse sobre él. Todavía
enterrado dentro, Dom acarició el cuello de Seth, suave y agradable como un gatito. Dios, ese
cabello era asombroso. Seth deseó poder olerlo ahora mismo.
Gimió al ser ignorado, pero abrazó a Dom de todos modos. El orgasmo había sido tan
intenso que no quería moverse, su culo todavía latía con puro placer. Seth quería estar caliente y
sudoroso por al menos un rato más. —¿Siempre haces eso?
—¿Hacer qué? —murmuró Dom, moviendo sus caderas lo suficiente para que su polla se
deslizara fuera con un sonido húmedo. No se molestó en moverse después de eso.
Seth empujó sus propios muslos fuera de los brazos de Dom, para que pudieran
acomodarse en una posición más cómoda. Después del calor del momento, Seth estaba
empezando a ponerse ansioso porque Dom se corrió dentro de él. —Condones. ¿Nunca los usas?
El ojo de Domenico se abrió bajo la delgada cortina de cabello. —Los odio. Solo cuando
es necesario. —Se desprendió de Seth como un oso sacado de su sueño invernal.
—¿Cuándo es necesario? —Seth lo siguió y puso un brazo sobre el estómago de Dom,
que seguía tensándose y relajándose bajo su toque con cada respiración que tomaba el hombre.
—Cuando no conozco al tipo, o cuando no se ve limpio o saludable.
Seth frunció el ceño pero no tenía la energía para discutir. Lo hecho, hecho estaba. Al
menos él usó condones cuando engañaba a Peter. Seth puso su mejilla sobre el pecho caliente de
Dom, escuchando los latidos de su corazón. Nunca habría esperado que se sentiría seguro con
Domenico Acerbi de todas las personas, pero allí estaba.
—¿Tienes calor ahora, o debo comprar algún tipo de radiador mañana? —retumbó del
pecho de Dom.
—Imbécil. Eras tú quien tenía frío.
Domenico rió y rodó hacia él. —¿No fue todo tan aterrador, verdad?
Seth lo miró a los ojos, sin saber qué decir. —Fue agradable. Supongo.
—Oh, vamos, fue genial.
—Vale, vale, fue genial —dijo Seth y se deslizó lentamente fuera del abrazo de Dom.
—Sí, lo haremos de nuevo mañana —murmuró Dom, estirándose en la cama.
—¿Ah sí? —Seth levantó las cejas, tratando de averiguar cómo se suponía que debía
lidiar exactamente con el lubricante y la corrida. —¿Y dónde se supone que debo lavarme,
sabelotodo?
Domenico entrecerró los ojos. —¿En el lavabo? —Luego, se echó a reír y palmeó el
muslo de Seth.
Seth sintió que toda la sangre se le escapaba de la cara. ¿Dom se estaba burlando de él
después de follarle el culo? De repente, ser pasivo ya no era tan divertido. —¿Crees que es
gracioso?
—¿No es así? —Domenico se mordió el labio para dejar de reírse. —Somos como
jodidos condenados a cadena perpetua en este basurero.
Seth frunció el ceño. —Vivir en prisión no es divertido.
Domenico no parecía tan incómodo con la idea. —Al menos es algo nuevo. Iremos de
compras para compensar.
—Ja. Así que iremos de compras —Seth miró al techo sucio, sin saber cómo lidiar con su
problema. Si se levantaba, probablemente se derramaría el semen. La mera idea de ser visto así
le puso la piel de gallina. Sintió que Domenico se encogía de hombros contra él. Era agradable
acostarse con él así, saciado y sudoroso.
—Tendremos que pasar desapercibidos —Dom suspiró y sus dedos rozaron el pectoral de
Seth. —¿Quieres ir a lavarte primero?
—S-sí —Seth miró hacia otro lado y se levantó, tratando de pasar desapercibido.
—Debería haber un tazón pequeño en el estante sobre el marco de la puerta del baño —
dijo Domenico, estudiándolo desde la cama. Estaba relajado y satisfecho como alguien que acaba
de conquistar tierras sumamente ricas.
Seth asintió y llegó al marco de la puerta del baño en unos pocos pasos, pero se detuvo en
la entrada. Dom era tan diferente de Peter. Se apoyó contra la pared y envolvió sus brazos
alrededor de sí mismo. —Uhm, ya sabes, la próxima vez, quiero decir, si hay una próxima vez,
usaremos condones.
La sonrisa de Dom se ensanchó. Estaba jugando con su cabello, tendido allí como un león
satisfecho.
Seth hizo un puchero. —Vamos, dilo. Di que lo haremos.
Dom puso los ojos en blanco. —¿Cuál es la diferencia? Ya lo hicimos a pelo.
—No se trata de enfermedades —se quejó Seth, esperando que Dom encendiera la
bombilla en su cerebro y entendiera el punto. Por ahora, giró su cuerpo hacia un lado.
—Si no se trata de eso, entonces no tiene mucho sentido.
—Bueno, tal vez si nos ducháramos… —murmuró Seth y se miró los dedos de los pies.
El crujido del suelo le hizo levantar la vista justo a tiempo para ver a Domenico rodar fuera de la
cama y ponerse de pie. Lentamente, Dom se acercó, una silueta firme y de hombros anchos
contra el fondo de la ventana. Seth tragó saliva y lo miró, sin saber qué esperar. La oscuridad y el
olor a polvo del lugar le estaban dando escalofríos. La mano grande y áspera que se extendía
sobre su estómago fue suficiente para hacerle perder el aliento. Después del sexo, el olor de
Domenico era aún más abrumador.
—No me digas que no disfrutas lo cerca que te hace sentir de mí.
—No. ¿Por qué lo haría? —Seth puso los ojos en blanco pero no rehuyó el toque, incluso
cuando Domenico se inclinó lo suficientemente cerca para que él oliera su cabello. Ahora que
Dom estaba tan cerca, Seth apenas podía reconocer su expresión en las sombras, pero eso no lo
hacía inmune a la calidez y el olor de ese hermoso cuerpo.
—Porque es natural —El susurro de Domenico se arrastró por la espalda de Seth, junto
con la otra mano del hombre. Inclinándose lo suficientemente cerca para que el vello de su pecho
y su polla rozaran la piel de Seth, Dom besó su mejilla. —Es el regalo más grande que un
hombre puede dar.
Seth lentamente puso sus brazos alrededor del cuello de Domenico, tratando de recuperar
algo de control sobre la situación. —Querido Mimmo, eres muy dulce cuando me lanzas esas
cursilerías, pero no, no es natural.
Domenico ladeó la cabeza en la oscuridad. —¿No? Tampoco comprabas condones en
Nueva York.
Seth solo tardó medio segundo en dudar. —Peter lo hacía.
—No había ninguno en tu apartamento.
Seth se quedó en silencio, desconcertado. Su mente se inundó de imágenes de Dom
husmeando en su apartamento, mirando sus juguetes sexuales con una sonrisa burlona y riéndose
de sus fotos. —¿Has revisado nuestras cosas? —Decir que era una invasión de la privacidad no
era suficiente.
—Sí, pero hubo cosas que dejé fuera de mis informes.
Seth tragó saliva, pero el alivio fluyó a través de él. —¿Padre no sabe?
—No.
Seth no quería continuar con el tema de la familia. Esto fue lo suficientemente bueno para
él. —Porque... Verás, a Peter le gustaba así.
Domenico resopló. —Al igual que casi cualquier chico. Los condones son una necesidad
desagradable en algunos casos, eso es todo.
—Está bien, lo admito, no me gustan. Como top. —Seth empujó el pecho de Dom para
tener algo de espacio, pero no fue efectivo en lo más mínimo.
—Te gustó ahora —De repente, la mano que Domenico mantenía en la espalda de Seth se
deslizó justo entre sus nalgas.
—¡Ey! No. —Seth abrió más los ojos y agarró la muñeca de Dom. —Me gustó el sexo,
pero ahora me siento como un idiota con eso dentro de mí —se quejó, pero se estremeció cuando
Dom le mordió la oreja.
—Te traeré una ducha anal.
Seth retrocedió contra la pared cuando Dom le apretó el trasero. —Vamos, Dom. No soy
tu nuevo juguete. Te digo que no lo quiero. —No se sentía confiado, pero estaba seguro de que
intentaba parecerlo.
Domenico lo observó durante un momento más largo antes de dejar escapar un suspiro de
cansancio. —¿Qué hay de lavarlo juntos entonces?
Seth empujó suavemente su pecho. —Te estás burlando de mí.
—No, simplemente no quiero esperar solo en la cama.
—¿Estás seguro? ¿No quieres volver a follarme? —Seth acarició el cabello largo y suave
con una sonrisa. Dios, era suave. Se puso de puntillas cuando los dedos de Dom rodearon su
húmeda abertura.
—Somos camaradas.
Seth levantó una ceja. —¿Me la chuparías entonces? —No quería sugerir follar todavía,
tenía que probar las aguas primero. Se apoyó en la pared cuando Dom se presionó contra él con
un gemido. Esa polla se estaba endureciendo de nuevo.
—Solo dame un momento…
Seth miró hacia abajo y levantó las cejas. —¿Por qué? ¿Necesitas poner tus labios en
modo chupar pollas? —Era como pinchar a un tigre con un palo. Divertido.
—No, quiero hacer esto primero —susurró Domenico, de repente jalando a Seth por la
pared y atrapándolo en el aire, con las piernas alrededor de las caderas de Dom.
Los ojos de Seth se abrieron de par en par, y reflexivamente agarró el cuello de Dom, la
pared fría en marcado contraste con la piel caliente. Jadeó, mirando directamente a los ojos de
Dom. No podía creer que Dom fuera lo suficientemente fuerte para levantarlo. Seth podía sentir
el rubor en su rostro, aunque con las piernas tan separadas, el semen fluía para avergonzarlo aún
más. Pero ese sentimiento no duró mucho, con la polla de Domenico buscando ansiosamente su
entrada. Y luego entró, directo al trasero aún relajado de Seth.
Seth no podía creer lo fácil e indoloro que era, instantáneamente llenándolo de polla.
Nunca apartó la mirada del rostro de Dom, respirando con dificultad con los labios entreabiertos
contra la carne con olor a tabaco. Apretó su agarre alrededor del cuello de Dom, temiendo que
fuera demasiado pesado. Dom era sólido como una roca, y tan extraño como era, Seth sabía que
podía confiarle su seguridad. Este hombre no lo dejaría caer.
—¿Sientes eso? —murmuró Domenico, luchando con la gravedad para mantener el
cuerpo más pesado de Seth en el aire. No estaba entrando en Seth tan profundamente como antes,
pero no fue menos satisfactorio.
—Es difícil no sentirlo —Seth lo abrazó con fuerza, todavía asombrado de un tipo lo
suficientemente fuerte como para levantarlo. Domenico era otra cosa.
—Eso es jodidamente bueno, —susurró Dom, empujando sus labios contra los de Seth y
poniendo sus caderas en movimiento. Seth no necesitaba responder con palabras y dejó que el
calor de su beso hablara por él. Lo estaba excitando tanto que su polla también se endureció entre
sus cuerpos. Envolvió a Domenico en un abrazo y mostró su emoción en cada mordisco, chupada
y lametón, gimiendo en el beso con cada empujón fuerte. Sus cuerpos se movieron juntos,
todavía sensibles después de la última vez, y Seth no podía creer lo bien que se sentía. No tenía
miedo de que Dom lo dejara caer mientras apretaba sus muslos alrededor de las caderas de su
compañero, dejándolo hacer lo suyo. Cada vez que Dom entraba en él aumentaba su temperatura,
incluso cuando no estaba rozando la próstata de Seth.
El ligero dolor se hizo a un lado cuando cada embestida enviaba chispas de excitación a
la polla de Seth. La cabeza de su polla se deslizó contra el estómago de Dom, cada pequeño
cabello jugueteaba con su piel sensible y provocaba algo de semen. No ser el top todavía era
nuevo, pero estaba demasiado oscuro para que a Seth le importara. Todo era un sueño húmedo
caliente y acogedor.
Cuando Domenico rompió el beso, Seth estuvo tentado de seguir sus labios, pero cuando
sus frentes se tocaron en el mismo momento en que ese cuerpo fuerte y nervudo lo empujó más
contra la pared, solo pudo jadear, aferrándose al músculo más duro que jamás había sentido en
otro hombre.
—Estás construido como un hombre de verdad, todo carne y una boca dulce —murmuró
Domenico, y el leve roce de las pestañas en sus mejillas le dijo a Seth que Domenico lo estaba
mirando en la oscuridad.
Eso era exactamente lo que Seth quería escuchar. Una garantía de que no se había
convertido en un juguete solo porque fue el bottom. Acarició su propia mejilla sin afeitar contra
la de Dom y lamió la piel salada y espinosa, pero otro fuerte empujón lo hizo gritar por la
intensidad. —Oh, Dios… nunca he estado con un hombre como tú —jadeó Seth en el oído de su
pareja.
Dom lo apoyó contra la pared solo para forzar su polla más profundo. —Nunca querrás
tener a otro.
Seth maldijo cuando golpeó el techo inclinado con la cabeza, pero no podía importarle
menos. Sus muslos temblaban por el esfuerzo, pero sentir el cuerpo de Domenico temblar cuando
el hombre volvió a correrse fue suficiente consuelo. El conocimiento de que era él lo que
emocionaba tanto a Dom era un premio en sí mismo. Seth se acurrucó a su alrededor y besó la
parte superior de su cabeza, bajando al suelo con él. Con la polla todavía alojada en él, Seth
estaba compartiendo besos lentos y perezosos con Domenico agotado. Su propia polla latía,
haciéndolo temblar con anticipación mientras se sentaba en el regazo de Dom con las piernas
abiertas.
Seth jugaba con el cabello largo mientras se besaban, y no pudo evitar pensar que
realmente disfrutaba de este lado apasionado de Domenico. Antes de que comenzaran, se había
imaginado que Dom sería un reptil frío como amante, disfrutando mecánicamente sin dar mucho
a cambio. Eso resultó estar lejos de la verdad. Había tanto calor en la habitación que no
necesitaban un radiador. Jadeó cuando Dom deslizó una cálida palma en su cuello y suavemente
bajó a Seth sobre su espalda.
El piso estaba frío, la madera áspera raspaba la piel de Seth, pero sus ojos estaban en la
cara de Domenico contra su muslo. Tranquilo y satisfecho, el otro hombre se tomó su tiempo
para acariciar los muslos sudorosos de Seth en un lento descenso hacia su ansiosa polla.
Seth gimió, arqueando las caderas para una mamada. Nunca había estado en tal frenesí
sexual. Nada excepto los labios de Dom importaba ahora, incluso tener su trasero sensible y
chorreando semen ya no lo perturbaba. Deslizó sus dedos a un lado de la cabeza de Dom y miró
sus ojos hipnotizadores.
Primero, sintió que ese hermoso cabello caía sobre su polla, pero cuando Domenico lo
tomó completamente en el calor que era su boca, Seth quedó impresionado, reducido a gemidos
y retorciéndose en el suelo. Seth se aferró a la melena de Dom, luchando contra una ola de
lágrimas que trataban de forzarse desde la pura intensidad de la garganta profunda. El orgasmo
llegó después de solo unos segundos, y Seth cerró los ojos para bloquear las lágrimas. Maldito
infierno. ¿Domenico Acerbi podría hacer garganta profunda? Seth había terminado por hoy,
transformado en un montón de gelatina gimiendo en el suelo. Y Dom no solo hizo una garganta
profunda, sino que se lo bebió todo, sin derramar una sola gota.
Domenico se apartó muy lentamente, saboreando cada centímetro de carne que salía de
su boca. Yacía en el suelo, con la cara sobre el estómago de Seth. Su boca se curvó en una
sonrisa contra la piel. —Eso es lo que me gusta.
—Yo... creo que me quedaré aquí por un tiempo —pronunció Seth, mirando a Dom,
completamente emocionado. El hombre no respondió, jugando suavemente con el cabello en el
estómago de Seth.
Luego vino un murmullo silencioso.
Seth cerró los ojos. Dormir, por fin. El sueño del avión no contaba. Dormía hasta la tarde
y luego enviaba a Dom por comida para llevar. Él sonrió para sí mismo. Eso sonaba como un
plan.
Capítulo 5

Los ojos de Domenico se abrieron de golpe cuando su reloj de pulsera le apretó el brazo.
Era la alarma más discreta posible, y Domenico estaba tan acostumbrado que ya casi nunca se
asustaba. Con la cabeza en la sombra oscura del techo inclinado, miró hacia la luz blanca de la
ventana y la siguió hasta el voluminoso montículo de carne y edredón en el suelo. Seth debe
haber odiado la luz, ya que incluso su cabeza ahora estaba oculta bajo las sábanas. Con un
gemido bajo, Domenico se quitó la gabardina y la toalla que había usado como manta sustituta y
se dirigió rígidamente al baño. A lo largo de sus abluciones matutinas, el cerebro de guisante ni
siquiera se movió, pero estaba preparado para un rudo despertar.
—Levántate y brilla —dijo Domenico, quitándose el edredón con un rápido movimiento.
Seth se acurrucó en el suelo, su piel parecía la de un pollo desplumado, y entrecerró un
ojo. —¿Eh…? ¿Qué hora es? —murmuró y miró a su alrededor como si no supiera cómo llegó al
suelo.
—Las siete y media, date prisa que salimos —Domenico pasó junto a él y se dirigió
directamente al armario. Necesitaban comprar uno de esos ambientadores, porque esa caja de
madera apestaba.
Hubo un silencio, seguido por un susurro de tela y un sonido de resortes oxidados. —Eres
el primero. ¿Quieres desayunar? —Seth preguntó y después de una rápida mirada por encima del
hombro, Dom se dio cuenta de que en lugar de levantarse, Seth se había movido a la cama.
—No, vamos a comprar algo para comer en el camino —Domenico frunció el ceño y
sacó una camisa limpia. —Tienes que lavarte.
Seth frunció el ceño y tiró del edredón sobre su cabeza. —Lo sé —se quejó desde abajo.
—Vamos, levántate. —Dom comenzó a abotonarse la camisa, disfrutando la sensación de
la tela fresca sobre su piel.
Seth rodó sobre su espalda y miró a Dom con un ojo abierto. —¿No puedo descansar un
poco?
—Ambos descansamos, ahora levántate —Domenico se acercó lentamente a la cama. —
Este es un campo de entrenamiento, no unas vacaciones.
Eso debe haber llamado la atención de Seth porque abrió su otro ojo. —No hay desayuno
en la cama, ¿eh? —Se incorporó lentamente, envuelto en el edredón.
—Esta vez no, no —Domenico sonrió, recogió su colgante de cruz dorada de la mesita de
noche y se lo puso alrededor del cuello. —Lleva tu dulce trasero al baño. Rápido. —Incluso
pensar en esas deliciosas y redondas nalgas hizo que su polla hormigueara.
Los labios de Seth se entreabrieron en una expresión no muy inteligente, y se levantó
lentamente, con el edredón todavía sobre sus hombros. —No digas eso —No miró atrás, ya de
camino al baño.
—¿Qué? —Domenico lo siguió, agarrándose a la tela. Lo último que quería era que su
única cubierta adecuada estuviera mojada o sucia.
—No, um... me trates con condescendencia —Seth frunció el ceño y tiró del edredón.
—Eso pertenece a la cama. No seas una reina del drama.
—No tenemos una puta puerta en el baño, quiero colgarla sobre el marco de la puerta —
El rostro de Seth se estaba volviendo más rojo por segundos.
—Oh vamos. No hay un lugar en ti que no haya visto ya, así que déjate de tonterías y
prepárate —Con un último tirón del edredón, Domenico lo arrojó sobre la cama.
Seth acarició su propio brazo pero finalmente corrió al baño. —No estarías diciendo eso
si fueras tú el que hubiera sido follado.
Dom miró por encima del hombro y sonrió al músculo firme de esa espalda y trasero. No
quería nada más que zambullirse entre esas nalgas de nuevo, pero esto tenía que esperar hasta
que se ocuparan de asuntos más importantes. —He tenido varias folladas mucho menos cómodas
que la que tuviste ayer, así que deja de lloriquear.
—Simplemente aléjate de la puerta, —gruñó Seth. —No estoy acostumbrado a esto.
—Nadie está acostumbrado a esto —Domenico se tomó su tiempo para ponerse el resto
de su ropa, observando discretamente los torpes intentos de Seth de lavarse el culo con un pie en
el inodoro.
—Estoy seguro como el infierno que no me voy a acostumbrar —gruñó Seth, salpicando
agua del lavabo por todo el baño.
—Vamos, te puto encantó —Domenico sonrió y se sentó en la cama con su maleta. Abrió
el fondo falso para llegar a sus armas y acarició suavemente el frío acero de su confiable Beretta.
—No soy un pasivo —Seth miró a Dom por encima del hombro y comenzó a secarse con
una toalla.
—Seguro que sí lo eres. Deberías haber visto esa sonrisa en tu cara ayer. Brillabas como
una novia desflorada.
Seth miró a Dom, escondiendo la mitad inferior de su cara en la toalla. —No acabas de
decir eso —Su voz era tan fría como el acero del arma.
—Te guste o no, fuiste mío ayer —Domenico se inclinó hacia adelante, capturando la
mirada de Seth con tanta atención que él mismo pudo sentir su efecto.
Seth le dio la espalda a Dom mientras alcanzaba su bolso, pero fue para mejor, ya que le
dio a Dom otra oportunidad de comerse con los ojos el trasero de Seth. Aunque pronto se cubrió
con un par de calzoncillos negros. —No puedo creer que lo hice.
—Nunca has tenido un hombre adecuado que te muestre la verdad. Tenemos que trabajar
en eso.
—Solo dime cuál es el plan para hoy y olvidemos todo lo que pasó —Seth suspiró,
subiéndose los jeans. Ya se veía más confiado. Sin embargo, Dom podría apostar que era un
acto. El tipo era como un becerro entre lobos. O más bien, un ternero arreado por un lobo, que no
estaba dispuesto a compartir.
—No lo vamos a olvidar. De hecho, quiero que te concentres en la forma en que mi
cuerpo se siente sobre el tuyo. Eso es crucial para la tarea de hoy —mintió Domenico solo para
meterse con su protegido.
Seth tragó saliva y rápidamente se puso una camiseta. —¿Cómo es eso? —Hizo un
puchero y dio un paso atrás, aunque Dom no se le acercó.
Domenico sonrió y le guiñó un ojo. —Te mostraré los conceptos básicos de la
observación. Y ahora date prisa, a menos que no quieras comer.
Seth se puso la chaqueta, un par de botas y estaban listos para partir. —No sé qué tiene
que ver tu cuerpo con observar a la gente —Se metió las manos en los bolsillos y se dirigió
directamente a la puerta.
—Deja de comportarte como un bebé —Domenico puso los ojos en blanco y pasó la
mano por el trasero de Seth.
—Estoy haciendo una pregunta —Seth le dio una palmada en la muñeca y corrió
escaleras abajo, pero Domenico agarró la parte de atrás de su cuello y lo retorció, forzando a la
tela a apretarse contra la garganta de Seth.
—Eres mi maldito estudiante. Me estoy cansando de tu mierda.
Seth se congeló en el lugar, mirándolo con esa expresión de mocoso de un mocoso con
demasiado dinero. —Sí, señor, —gruñó, y su mirada de soslayo ya preparó a Dom para más
lloriqueos. —Después de ayer, olvidé un poco que no somos amigos.
—Todo lo que hago es para enseñarte algo. Y basta con el 'señor', o vomitaré y haré un
lío de uno de nosotros. —Domenico soltó la ropa de Seth y comenzó a bajar las viejas y
crujientes escaleras.
Podía oír a Seth seguirlo. Después de todo, el niño estaba aprendiendo algo.
—La lección de ayer aprendida. No te dejes follar —murmuró Seth por lo bajo, pero fue
lo suficientemente alto para que Dom lo escuchara.
Domenico negó con la cabeza pero decidió ignorarlo. No había nada que el pequeño
mimado de mierda tuviera en contra de él. Honestamente, dudaba que saliera algo bueno de esta
operación, pero sería responsable por el entrenamiento de Seth, así que no había nada que
pudiera hacer al respecto.

El vaso de papel tibio irradiaba calor por las manos de Domenico. Ya era hora de
comprar guantes nuevos, ya que no había podido traer ningunos de casa. Con el humo del
cigarrillo calentándole también las entrañas, se recostó contra el respaldo del banco en el que
estaban desayunando. Le gustaba el ambiente relajado del barrio, incluso ahora, cuando tanta
gente entraba y salía de la estación de metro local. El aire era fresco y suave, un despertar más
eficiente que el espresso más fuerte, y mirar las fachadas de los edificios sencillos alrededor de la
pequeña plaza solo le aclaró la cabeza.
Seth por su parte se sentó a su lado con gafas de sol, sus labios en una expresión de
insatisfacción permanente. Pasaron la mayor parte del tiempo en silencio, Seth masticando
pasteles de carne como si no hubiera comido en una semana. Domenico seguramente esperaba
que no engordara demasiado pronto porque sería una pena perder un trozo de tocino magro tan
delicioso. Ciertamente tenía la intención de disfrutarlo todas las noches mientras tuviera la
oportunidad.
Seth no sabía nada. Estaba claro que era un pasivo nato, por la forma en que empujó
contra él, presionando ese trasero de burbuja contra las caderas de Domenico, impulsándose
sobre su polla y sonriendo como si acabara de meterse en la cama con David Gandy*, que no
estaba tan lejos de la verdad. Domenico conocía su propio valor.
(*Modelo británico famoso por su belleza.)
Por ahora, podría darle al holgazán suficiente tiempo libre para leer el periódico de la
mañana. Dejó la taza de café en el banco y tomó Der Tagesspiegel*, que Seth había enrollado en
un cilindro apretado. Este acto de despecho no sería suficiente para sofocar el buen humor de
Dom. El café no era un espresso, y con mucho gusto comería más si no estuviera en compañía,
pero era un sustituto decente para un desayuno adecuado.
(*Es un importante periódico alemán.)
Lo que desenrolló en la primera página no era lo que esperaba. No había noticias del
frente de Bruselas. Aparentemente, el frente estaba en la Catedral Ortodoxa Rusa en
Wilmersdorf. Había una imagen enorme de un zapato de novia en un charco de sangre y mugre.
—Trágico —murmuró, hojeando el texto con velocidad creciente. Cada nueva oración
marcaba una pequeña casilla en su mente, y todas apuntaban al mismo hombre.
—¿Qué? —preguntó Seth, mirando por encima del hombro de Dom. Dios sabía por qué
había fingido leer el periódico antes. Apenas podía decir dankeschön.
(*En alemán significa “muchas gracias”.)
Domenico se apoyó contra el respaldo y alcanzó el café. —Parece que el Barracuda está
en la ciudad. Una boda fue bombardeada. El mundo ahora es un poco mejor sin varios mafiosos
rusos —dijo con una amplia sonrisa mientras miraba a Seth. —Tan agradable como tus amigos
chinos.
El pollo humano palideció y frunció el ceño. —¿De verdad? ¿Tienes que sacarlo? ¿Y
cómo sabes quién lo hizo, de todos modos?
Domenico le guiñó un ojo, divertido por su reacción. —Es un conocido mío. Una vez
hizo estallar un funeral ruso, así que supongo que una boda es el siguiente paso lógico. Cuento
con un bautismo la próxima vez. Es tan gracioso.
Las pupilas de Seth se agrandaron. —Estás enfermo.
Domenico levantó el vaso de papel en un brindis fingido. —Yo no, el Barracuda lo sí.
Nunca haría estallar una ceremonia religiosa cristiana. Sería una falta de respeto.
Miró el puchero que parecía estar permanentemente pegado a esos finos labios y no pudo
evitar sonreír con satisfacción. Ya era hora de que alguien le mostrara a Seth Villani cuál era su
lugar y le enseñara algo de respeto. A Domenico se le revolvió el estómago ver a alguien tan
privilegiado viviendo una vida tan fácil cuando todos los demás tenían que ensuciarse las manos
para que la Familia mantuviera los libros abiertos para ellos.
Seth se limpió la cara con una servilleta y giró la cabeza cuando un apuesto hombre de
negocios pasó junto a ellos. Domenico imaginó que el silencio era una especie de protesta de
Seth porque ese tipo de comportamiento encajaría con un bebé grande como él.
El hombre de negocios volvió la cabeza también, y Seth le sonrió, pero Domenico no
dejó que el coqueteo continuara y le habló al chico en alemán. El desconocido no tardó mucho en
volver la cabeza hacia atrás y huir como un cerdo de la marca.
—Oye, ¿qué le dijiste? —Seth frunció el ceño, su sonrisa desapareció.
—Le dije que se perdiera o lo jodería —Domenico sonrió. —No interactúes, estamos
afuera observando.
—No hay nada que ver. Es aburrido —se quejó Seth como si se supusiera que esto fuera
entretenimiento.
—No me importa, estás aquí para aprender —Domenico empujó la nuca de Seth. —
Dime, ¿había algo que pudieras saber sobre ese tipo con solo mirarlo?
—Sí, parecía que estaba bien dotado —Seth se deslizó unos centímetros.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Domenico con una expresión seria. No dejaría que la
pequeña mierda le hiciera perder la calma.
Seth frunció los labios por un momento, como si tuviera que pensarlo un poco. —Creo
que vi el contorno en su pantalón.
—No me jodas. No fantasees y concéntrate —Domenico escupió su cigarrillo. —¿Qué
otra cosa?
—No sé. Buenas manos.
—Está bien, ¿qué te dice eso?
—Que serían agradables al tacto. No como las tuyas, que son raras.
—¿Raras? —Domenico frunció el ceño y dejó que su mirada se deslizara hasta sus manos
alrededor de la taza. No había nada jodidamente malo en ellas, bien cuidadas y delgadas.
Seth se quitó las gafas de sol y señaló los dedos de Dom. —Sí, las yemas de tus dedos
son raras. Desiguales.
Domenico resopló y sacudió la cabeza. También podría mostrarle al pequeño hijo de puta
con quién estaba tratando. —Lo son, sí. Cambié mis huellas dactilares.
El ceño fruncido de Seth no tenía precio, calentó el pecho de Domenico. —¡Quién hace
eso! Eso es extraño.
—La mierda pasa. A los diecisiete, arruiné un trabajo y dejé mis huellas dactilares por
todos lados —Se encogió de hombros y lentamente giró una de sus manos, mostrándosela a Seth.
—Mi mentor me dijo qué hacer, pero tenía que hacerlo yo mismo. Químicos, maquinilla de
afeitar y dolor durante un mes entero. Valió la pena.
Seth extendió la mano como si quisiera trazar la palma con el dedo, pero se apartó. —Eso
es horrible. No tendré que hacer eso, ¿verdad? —Arrugó la nariz y se movió en su lugar.
—No si me escuchas —Domenico ladeó la cabeza y miró el rostro tenso de Seth. —
Porque me dolía tanto que tuve putas lágrimas en los ojos.
—Y eso significa mucho porque estás hecho de roca —resopló Seth.
—Exactamente. Así que sé bueno, escucha y aprende, para que pueda evitar que te
maten. Ahora dime, ¿qué crees que significa que tenía buenas manos?
Seth gimió y miró a uno de los edificios más altos. —¿Que se enorgullece de su
apariencia?
—No, piensa, Seth. —Domenico tomó un sorbo de su taza. —Si hiciera trabajo físico,
¿crees que sus manos serían su característica principal?
—Usaba un traje. Por supuesto que no hace trabajo físico. A menos que sea un policía
encubierto, fingiendo ser un hombre de negocios. No puedes simplemente asumir cosas.
—Necesitas hacerlo. Manos atractivas significan un trabajo que no requiere arruinarlas.
Te fijaste en el traje, ¿qué puedes decirme al respecto?
—Lucía sexy en él, así que... ¿trabaja en algún lugar donde puede follar con sus
compañeros de trabajo? —Seth sonrió.
Domenico frunció el ceño. —Escucha, pequeño hijo de puta, me das una mierda como
esa una vez más, y le informaré a tu padre.
Seth gimió y se ajustó la chaqueta. —¿Él era rico? ¿Trabajo bien pagado? Gay,
obviamente, porque se giró para mirarme. No tenía una maleta, ¿así que tal vez sea su hora de
almuerzo?
—¿A las nueve de la mañana?
—¿Turno de mañana? —Seth enarcó las cejas.
Domenico agitó la mano con desdén. —Dime algo sobre el traje en sí. ¿Qué notaste?
—Tú eres el maestro de los traje. Dímelo tú. Dom, ¿esto va a alguna parte? ¿Qué estamos
haciendo aquí?
—Te estoy enseñando a leer a la gente. Ahora dime, ¿el traje fue hecho a la medida?
—¿Cómo se supone que voy a saber eso? ¡Dios mío, esto es tan tedioso! ¡Nunca se puede
saber todo acerca de todo! —Seth se levantó del banco, con el café todavía en la mano.
—Siéntate. —Domenico estaba empezando a perder los estribos. Háblame del puto traje.
¿Cómo se veía?
Seth volvió a sentarse, meciéndose en el banco y refunfuñando algo por lo bajo. —Bien.
Le quedaba bien. —Volvió a ponerse las gafas de sol, aunque el sol se escondía detrás de las
nubes.
Domenico asintió. —Bien, ¿qué opinas de la calidad de la tela?
—No lo vi lo suficientemente cerca.
—Estabas lo suficientemente cerca, pero toda tu atención estaba en su polla. Puedo ver
que tienes hambre de polla después de lo de ayer, pero mantén eso fuera de nuestras lecciones.
La boca de Seth se abrió como si ya estuviera listo para chupar. —No sabes nada.
Domenico resopló y siguió con el tema anterior. —Era tela de buena calidad, usaba
zapatos de cuero limpios y gemelos de oro. No es solo alguien que trabaja en la caja registradora
de un banco.
—Vale, así que es un pez gordo. ¿Todos los días serán así? —Seth ni siquiera lo miró,
terminando su café.
—Cada día será como te digo que será, ahora concéntrate. Estás siendo un mocoso
desagradecido.
—¿Qué es esto, una mierda de maestro-esclavo? —Seth gimió. —¿Te excitas con eso?
Domenico se rió entre dientes y sacudió la cabeza. —Es increíble. Escúchate a ti mismo.
—Porque ni siquiera me dirás por qué estamos aquí, por qué tuvimos que levantarnos a
una hora intempestiva, cuando todavía no he dormido bien desde que un cabrón me cortó el puto
dedo. Sí, estoy de mal humor —Seth resopló y cruzó los brazos sobre su pecho.
Domenico negó con la cabeza, los celos amargos carcomían sus entrañas. —¿Nadie te
enseñó disciplina? ¿Cómo puede pensar tu padre que alguna vez serás lo suficientemente bueno
para el trabajo?
—Probablemente me disparen pronto de todos modos, así que no te molestes —Seth bajó
la voz, con los ojos ocultos detrás de las gafas de sol.
—Exactamente, así que sé realista, porque estoy aquí para hacer mi trabajo —Domenico
golpeó su puño en el centro del pecho de Seth. Era triste ver a alguien darse por vencido. Si Seth
estaba tan seguro de que no podría manejarlo, debería ser hombre y confrontar a su padre. —Esta
es tu vida y la mía, así que empieza a escuchar.
—Lo siento, tienes que hacer esto entonces. Lo que sea.
Domenico gruñó y quitó las gafas de sol de la nariz de Seth. —Mírame. ¿Quieres morir?
Seth se estremeció, sus ojos oscuros y cubiertos de brillo. Dom tenía mucho trabajo por
delante si iba a convertir este montón de baba en un hombre. —No —susurró Seth.
Domenico suspiró, inclinándose más cerca. Si iba a cumplir su propósito para el Don,
tenía que llegar a alguna parte con ese idiota malcriado. —Nadie te quiere como el nuevo Don,
intentarán matarte, ¿entiendes eso?
Parecía haber un destello de pensamiento en los ojos de Seth, y asintió. —Trataré de
mejorar.
Domenico chasqueó los dedos frente a su cara, instándolo a concentrarse. —Villani,
puedo prometerte que recibiré una bala por ti, pero solo si te concentras y haces lo que te digo.
¿Lo entiendes?
—Sí. —Seth alcanzó sus lentes de sol, pero Dom los colocó sobre su propia cabeza.
—Lo que estamos haciendo ahora es enseñarte a reconocer pistas en el comportamiento
de las personas y cómo se ven. Usa tu imaginación, cada detalle puede tener un significado, y si
algo no se ajusta a la imagen general, puede significar que estás jodido.
—Como este chico sexy con dedos extraños —dijo Seth y obviamente era una indirecta
para Dom, pero al menos pareció escuchar.
—Exactamente, es bueno que lo hayas notado —Domenico se apartó para tener algo de
espacio entre ellos. —Ahora olvida todo lo que sabes sobre mí y solo mira. ¿Qué puedes decir
por la forma en que me veo ahora y por qué?
Seth respiró hondo y se tomó un momento. —Bien vestido, pero con un presupuesto
ajustado. Te gusta un poco el bling*. —Seth movió los dedos, indicando los sellos de Dom y
ladeó la cabeza. —Ropa demasiado casual para un trabajo de oficina de alta posición. Día libre
tal vez. Mimado pero de carácter difícil. Sin embargo, no asumiría que eres gay.
(*Es un estilo ostentoso, usado principalmente por los raperos que suelen llevar joyas y
brillantes.)
Los labios de Domenico se torcieron en una sonrisa a pesar de su buena voluntad. —
Bien, ¿qué pasa con mi tono de piel o cabello?
—¿Estás buscando cumplidos? —Seth levantó las cejas, el brillo de sus ojos se había ido.
—Sureño, pero no tan oscuro como algunos, así que tal vez tenga una herencia mixta. El
cabello… en realidad… —Seth se mordió el labio. —¿Un poco de excentricidad en el look
conservador? Definitivamente pavoneándose.
Domenico se rió entre dientes, recompensándose con un gran trago de café. Era tan dulce
que sofocó cualquier hambre que sintiera. —Eso es correcto. ¿Algo más?
Seth lo miró por un largo momento y entrecerró los ojos. —Niño de mamá.
Domenico parpadeó, pero por lo demás no le hizo saber a Seth que había algo de verdad
en sus palabras. —¿Por qué?
—No estás casado, pero tienes un sello en el dedo anular. Apuesto a que lo obtuviste de
tu madre. —Seth sonrió.
Domenico se echó hacia atrás, frunciendo el ceño. —Bien. —Lentamente, aplaudió. —Y
eso es lo que quiero de ti.
—¿Una palmada lenta? ¿En serio? ¿Eso es todo lo que obtengo? —Seth gimió.
—¿Qué deseas? ¿Una mamada?
Las pupilas de Seth se agrandaron, y probablemente le tomó mucho esfuerzo decir que
no. Domenico estuvo tentado de reírse en su cara y regañarlo por la falta de bolas, pero si iba a
ser un maestro exitoso, la sinceridad tenía que esperar.
Pasaron una hora observando a los peatones, y Seth tuvo algunas observaciones válidas
una vez que se lo propuso. Tampoco trató de coquetear con extraños, más concentrado en la tarea
en cuestión.
El cuerpo de Domenico se puso rígido cuando vio una cara familiar que se dirigía a la
estación de metro. Guapa, pero a la manera común, Vera Salieri pasó junto a ellos con un vestido
colorido con motivos geométricos y un par de Louboutins, sosteniendo una carpeta con el logo
de la Universidad Humboldt. Su cabello era largo con reflejos rubios, y tan pronto como salió al
sol, se puso un par de gafas sobre los ojos.
—¿Qué hay de ella? —preguntó Domenico, terminando su café.
Seth se tomó un tiempo, lo cual fue bueno. Significaba que no solo lanzaba suposiciones
al azar para ver qué acertaba. —Alumna. Elegante para su edad. No parece local con el tono de
piel más oscuro, pero hay muchos inmigrantes aquí. Soltera.
—¿Cómo sabes eso? —preguntó Dom, levantándose lentamente del banco e indicándole
a Seth que lo siguiera.
—Sin anillo, obviamente —Seth rápidamente lo alcanzó. —Tal vez ella… nah, solo
fantaseando. Realmente no puedo ver mucho más.
—Ella no es solo una estudiante —dijo Domenico, frunciendo el ceño ante la falda
demasiado corta. Si no la conociera, asumiría que ella venía de algún pozo de Jezabel*.
(*Personaje bíblico caracterizado por alejar a los hombres de Dios y persuadir a su
esposo para que permitiera los templos y ritos paganos así fomentar la corrupción y la
inmoralidad. Dom es bastante católico por si no lo han notado.)
—¿Policía encubierta? —Seth se acercó más, instantáneamente más interesado.
—No, ella trabaja para los chinos —dijo Domenico, siguiéndola a la estación de metro,
pasando por una panadería donde habían desayunado antes.
Seth se quedó en silencio, aunque no dejó de caminar. Dom podía oler el miedo
hormigueando en su piel.
—No te preocupes, actúa normal. Ella no sabe cómo somos. Y tienes razón, es una
estudiante soltera, de una familia sin grandes recursos. —Bajó la voz, esperando que Seth
reconociera el significado de esto mientras la seguían a la estación con azulejos en las paredes
formando grandes figuras geométricas.
—Sin embargo, ella está usando zapatos caros —Bien, Seth no era tan estúpido como
Dom había comenzado a pensar. Se había acercado a Dom tan pronto como mencionaron a los
chinos.
—No. —Domenico lo detuvo con una suave palmada en el brazo. —Habrá tiempo para la
confrontación, pero no hoy. Hoy observamos —dijo, caminando hacia donde se detuvo Salieri.
Abrió la carpeta y estaba hojeando lo que parecían folletos. Su rostro se amargó cuando vio el
encaje de su media, y su escote tampoco era modesto. Qué mentira. Ninguna posibilidad de que
ella todavía sea virgen.
—¿Qué sabes sobre ella? —Seth también la miró, atento y recto como una farola.
—Relájate —le dijo Domenico, procediendo solo después de que su estudiante cambió la
pose antinatural. —No sabemos quién le dio información sobre ti, pero sabemos con certeza que
fue ella quien respondió tu anuncio de la Craigslist.
—Perra, —escupió Seth, su nariz dilatada, sus manos ya apretadas en puños, pero se
mantuvo en su lugar como se le dijo. Bien.
—La venganza es un plato que se sirve frío, Villani. Cálmate, olvida quién es y qué hizo.
Es una persona a la que estamos observando, nada más —Justo cuando Domenico terminó, el
tren entró en la estación con un fuerte ruido. —Nos subiremos al mismo vagón, pero usaremos
una puerta diferente, ¿está claro?
Seth asintió, y se estaba volviendo desconcertante lo silencioso que se quedó, todos los
comentarios estúpidos desaparecieron. Estaba mirando a la chica con cautela y cuando ella eligió
un vagón, la siguieron. Domenico apenas pudo evitar fruncir el ceño cuando rozó a un hombre
que llevaba un vestido que salía por la misma puerta. Cristo todopoderoso, ¿a dónde va a parar el
mundo?
Sin embargo, no hizo ningún comentario al respecto y se sentó junto a Seth, sacando su
teléfono celular en caso de que necesitara fingir estar ocupado o tomar una foto. Salieri estacionó
su trasero demasiado expuesto en un asiento de plástico y cruzó las piernas, enfocada en los
folletos. Sus labios se movían mientras repetía cualquier información que estaba revisando.
Le costaba creer que ella pensara que ese atuendo era apropiado para la clase. Su madre,
siempre el epítome de la elegancia, nunca se dejaría ver afuera con algo que dejara al descubierto
casi todos sus muslos. Esto no era una playa.
A pesar de sus mejores intenciones, recientemente había comenzado a prestar más
atención a las mujeres, ya que su madre mencionaba su soltería cada vez que hablaban. Según su
criterio, una buena chica debe ser educada y virgen, preferiblemente siciliana. Sabía que su
madre también quería que él disfrutara de la apariencia de su futura esposa, pero eso era un
factor secundario, al menos mientras que se le pida a una chica una prueba de fertilidad todavía
se considerara de mala educación. Domenico tendía a tomar en serio las palabras de su madre,
pero esta era realmente difícil. Lo más parecido a una novia siciliana virginal que podía ofrecerle
era Seth Villani, cuyo trasero dulce y apretado estaba más maduro que un melocotón recién
recogido. Apenas podía creer cómo un chico tan guapo había permanecido virgen durante tanto
tiempo en primer lugar. Seth era hermoso incluso para los estándares italianos, y Dom creía que
su nación tenía los hombres más atractivos. Los italianos siempre fueron su primera opción. ¿Tal
vez los chicos estaban demasiado intimidados por la apariencia de Seth como para coquetear con
él? Cualquiera que sea la razón, Seth fue el primer virgen de Dom, y uno que no se la puso fácil.
Fue entrañable. Lo hizo sentir como un conquistador.
Se levantó cuando se acercaban a la estación donde Salieri debía bajarse para ir a clase, y
no se equivocó, ya que ella se levantó un momento después, cerró la carpeta y caminó hasta la
puerta más cercana justo cuando llegaban a la estación.
—¿Estás bien, Villani?
—Bien.—Seth también se levantó, pero no parecía estar del todo allí, su mirada vagaba.
Domenico frunció el ceño cuando entraron en la plataforma, caminando lentamente para
dejar pasar a Salieri. —¿Están bajando tus niveles de azúcar?
—Dije que estoy bien. —Seth movió los pies, solo mirando a la chica de vez en cuando.
Domenico suspiró y se rascó la cabeza. El tipo era suave como un malvavisco, incapaz de
separar el trabajo de su vida privada. Si no fuera por el respeto que le tenía a la difunta Donna,
Dom consideraría la posibilidad de que ella también hubiera tenido una aventura. Eso explicaría
a Seth y su actitud despreocupada.
Dom nunca se lo habría dicho a nadie más que a Luigi Tassa, su mentor, pero el Don se
equivocó al pensar que Seth tenía lo que se necesitaba. ¿Fue una demencia de inicio temprano?
Y de hecho, a pesar de los celos que lo corroían por dentro, creía que Vincente podía hacer mejor
el trabajo. No tan bien como él lo haría, pero el hombre que lo engendró ni siquiera consideró a
Domenico como un posible sucesor de todos modos.
Vincente era duro y decidido, pero quién sabe lo que había hecho para empujar al jefe a
una decisión tan absurda. También podría ser una forma de hacer que Vincente se disculpe por lo
que sea que haya hecho. ¿Una forma de enseñarle al arrogante hijo mayor que la decisión estaba
fuera de sus manos, tal vez? Sin embargo, la breve estadía en la mansión Villani dejó en claro
sus sentimientos por Seth, y con todos los demás consternados por el repentino ascenso de Seth
en las filas, Domenico era cauteloso como siempre.
Sin embargo, algo más estaba en la mente de Seth. —¿Ya puedo irme a casa?
Domenico suspiró y asintió. —Creo que tuviste tu parte de emoción por un día, vamos —
dijo, moviéndose al otro lado de la plataforma.
Seth lo siguió, dándole a la chica una última mirada. —¿Cómo me tendió una trampa?
Domenico suspiró y subió al tren que se detuvo en el andén. Este estaba casi vacío. —
Tenía información de uno de los hombres que sabía dónde estabas. Tenemos que averiguar quién
fue.
Seth asintió y apretó los dientes. —Lo encontraremos.
—Por supuesto que lo haremos —Domenico le dio una palmadita en la espalda y dejó
que su mano se demorara en la suave chaqueta de cuero. —Todo en el momento adecuado.
Viajaron de regreso a la estación de metro local y, cuando salieron, Seth se detuvo en una
tienda de conveniencia. —Dame algo de dinero. —Extendió la mano y Domenico frunció el
ceño.
—No te voy a dejar aquí. Te acompaño a casa, y si quieres algo, lo compraremos juntos.
Seth respiró hondo y apretó los puños. —¿Puedes preguntar si tienen algún libro en
inglés?
Dom hablaba alemán con fluidez y seguía olvidando que Seth necesitaba ayuda con cada
cosa simple. —No creo que tengan ninguno aquí, pero podría conseguir algo para ti en la ciudad.
¿Qué te gustaría leer?
—Solo alguna fantasía o algo así —Seth metió las manos en los bolsillos. —Ni siquiera
tenemos un televisor, así que... sí.
Bajaron por la calle y Dom miró hacia arriba cuando un avión del cercano aeropuerto de
Tempelhof voló sobre sus cabezas. —Por ahora, quiero que te quedes en casa. Tendré el celular
encendido en todo momento.
—Finalmente tendré algo de sueño —Seth se estiró y abrió su chaqueta cuando unos
rayos de sol asomaron detrás de las nubes.
Domenico quiso golpearle la cabeza contra la pared del edificio más cercano. —Mejor
trabaja en tus habilidades con un arma. Coge la negra de mi maleta y entrena desmontándola y
volviéndola a montar. Límpiala, todos los suministros están en el armario. Te pondré a prueba
una vez que regrese.
—¿Pero cómo? —Seth le dirigió una mirada ininteligible y bostezó.
—Solo... sabes cómo hacerlo, ¿verdad? —Domenico estaba perdido. ¿Qué demonios le
pasaba a este Villani? ¿Vivía en una cueva?
—Puedo usarla, pero no armarla —Seth se rascó la barbilla mientras entraban en su
edificio a través de una puerta hecha de una fina hoja de metal. —Supongo que podría intentar
desarmarla. ¿Necesito un destornillador?
El estómago de Domenico se hundió. —No te atrevas a tocar mi maletín de armas —dijo
con los dientes apretados. Esto fue increíble. —Especialmente mi segunda Beretta*.
(*Es un tipo de pistola semiautomática diseñada y fabricada en italia por Beretta
Gardone.)
—Bien, bien. —Seth levantó las manos a la defensiva mientras subían las viejas y
crujientes escaleras. —Tú fuiste el que dijo que debería hacerlo.
—Eres un Villani, asumí que estás familiarizado con eso —Domenico se pasó la mano
por la cara con resignación. —Tendré que enseñarte. Bueno, entonces haz algo de ejercicio,
estoy seguro de que es algo que puedes hacer.
—¿Eres mi entrenador personal ahora también? Estoy en forma. —Seth frunció el ceño
por encima del hombro y dejó escapar un profundo suspiro cuando llegaron a la puerta del ático.
—No existe tal cosa como demasiado ejercicio, —le dijo Dom mientras abría la puerta.
—Además, querías hacer algo, solo se me ocurren ideas útiles.
Seth se quitó la chaqueta tan pronto como entró. —Podría ir al cine. Está en la esquina.
—Miró por la ventana.
Domenico negó con la cabeza. —¿Estabas siquiera escuchándome? No debes abandonar
este lugar.
—Entonces solo cómprame el libro —Seth se sentó en la cama, la actitud negativa
rezumaba de sus oídos.
Domenico se apoyó en el marco de la puerta. —Fantasía, ¿esa es la que tiene dragones y
diablillos? —preguntó, no impresionado con el gusto literario de Seth.
—Sí, vampiros, hombres lobo y esas cosas. Me gusta la fantasía urbana también —Se
tumbó en la cama, con el abdomen asomando entre la camiseta y los pantalones.
—¿Eso es diablillos y dragones en la ciudad de Nueva York, o una mierda así? —
Domenico no pudo evitar dejar que su mirada se detuviera en la carne expuesta.
Seth cerró los ojos y sonrió levemente. —Sí, 'mierda así'. Y los zombis, me gustan los
zombis.
Domenico arrastró el pie por el suelo, observando cómo el pecho y el abdomen de Seth
subían y bajaban, pero finalmente se fue y cerró la puerta sin decir una palabra.
Capítulo 6

Seth pasó la tarde durmiendo la siesta y deambulando por el pequeño ático. La


lamentable excusa de cocina no lo hacía optimista, pero pensó que si iban de compras al día
siguiente, podría cocinar algunas cosas si tenía inventiva. Era un desafío con el que podía lidiar.
Seth hojeó su memoria y su libro de recetas, considerando qué comida simple pero satisfactoria
podría preparar. Estaba seguro de que le levantaría el ánimo después de la desagradable mañana
con Dom. De alguna manera pensó que sería tratado mejor después del sexo, que llegarían a
algún tipo de entendimiento anoche. Pero eso había resultado ser todo una fachada por la
mañana. En cierto modo, Seth solo podía culparse a sí mismo. Debería haberlo pensado mejor
antes de entregarse a alguien como Domenico Acerbi. El tipo no podía tener sentimientos
normales. Todo con él se trataba de poder, y Seth no podía evitar sentirse completamente jodido.
El ligero dolor persistente en su trasero solo se lo recordaba a Seth de vez en cuando.
Al menos lavarse de nuevo, esta vez en privado, era mucho menos vergonzoso que con
Dom observándolo. Ser el bottom era más fácil por la noche, cuando nadie lo veía. La pasión de
la noche anterior fue como un sueño húmedo. Seth se había dejado seducir, olvidando que
tendría que despertar a la realidad de lo que habían hecho. Algo andaba mal, y no podía precisar
exactamente qué. Nunca hizo de menos a Peter, o a cualquier otro tipo que fuera pasivo todo el
tiempo, pero en su cultura, en la Familia, siempre se consideró la cosa más vergonzosa que uno
podía hacer. Ser gay ya era bastante malo, pero ser gay y pasivo era inexcusable. La parte de él
que había vivido en los EE. UU. durante cinco años y escuchado a Placebo* no podía importarle
menos, pero la parte de él que estaba tratando de establecerse como un fuerte oponente de
Domenico Acerbi estaba avergonzada.
(*Es una banda británica de rock alternativo que toca varios temas en sus canciones entre
ellos la diversidad sexual.)
Seth se había dejado llevar por el tacto y el olor de Dom, y sus ágiles dedos. Debería
haber sido más cauteloso. El hecho de que Dom parecía saber exactamente lo que estaba
haciendo en todo momento no significaba que Seth debería estar de acuerdo con todo. Cuando
Seth tuvo tiempo de pensar si quería tener sexo o no, Dom ya estaba encima de él, presionando
sus pollas juntas. Seth se mentiría a sí mismo si tratara de pretender que luchó contra Dom con
todas sus fuerzas, había mucho que podría haber hecho si realmente hubiera querido. Sin
embargo, recibir burlas por haberle gustardo en la mañana le dejó un sabor amargo de vergüenza
en su boca.
Ya estaba oscureciendo, los edificios al otro lado de la calle eran grises sobre el fondo de
un cielo ferozmente rosa cuando el sonido de una llave girando en la cerradura rompió el silencio
del diminuto apartamento. Seth se ubicó en el alféizar de la ventana con un cigarrillo en la mano,
tratando de lograr la mirada indiferente de alguien sin preocupaciones en el mundo.
Domenico entró con una simple bolsa de plástico negra llena de algo grueso y pesado.
Estaba fumando también, y miró a Seth con los ojos entrecerrados antes de cerrar la puerta. —
Espero que no hayas tocado las armas —dijo, pasando el cigarrillo por sus labios sin usar los
dedos.
—¿Por qué habría? —Seth puso los ojos en blanco, maldiciendo por dentro por sentir
mariposas por él.
—Bien. —Domenico se acercó a la mesa y colocó la bolsa encima. Solo entonces Seth
sintió el calor que irradiaba, junto con un aroma fuerte y ligeramente amargo que hizo que su
cabello se erizara. —Desempaca la comida, necesito cambiarme —Dom dejó caer la gabardina
sobre el respaldo de la segunda silla.
Seth respiró hondo y entrecerró los ojos hacia las cajas como si fueran el enemigo. Saltó
del alféizar de la ventana y se acercó para inspeccionar lo que ya estaba empezando a provocarle
arcadas. —¿Qué diablos es esto? —gimió y abrió la caja solo para comprobar si en realidad era
tikka masala*. Los recuerdos de la oscuridad interminable fluyeron hacia él y se derrumbaron en
una ola de náuseas. Incluso la vista de Domenico dejando caer su ropa interior no fue suficiente
para evitar que se atragantara.
(*El pollo que Seth recibía de comida cuando estaba secuestrado, por si no recuerdan.)
—Comida, obviamente.
—¿Por qué no me preguntaste si quiero un maldito curry, eh? ¡Lo odio! ¿Por qué estás
jodidamente desnudo? —Seth abrió los brazos a los lados, una vez más, perdido.
Domenico frunció el ceño, pero caminó hacia él, todavía con su traje de cumpleaños,
hermoso como un gato salvaje. —Compré un puto tikka. Es algo normal.
—Cómelo tú mismo entonces, no tengo hambre —Seth estaba tan agitado solo por el olor
que no podía encontrar un lugar para sí mismo en la habitación. El techo inclinado no estaba
ayudando, limitando el espacio aún más. Estaba atrapado.
Domenico puso los ojos en blanco y estacionó su trasero desnudo en la silla, sacando una
de las cajas de espuma de poliestireno. Abrió la tapa y el olor vaporizado de las especias se elevó
en el aire, adhiriéndose a todas las superficies a su alrededor. —Solo come tu arroz.
—¿Sueles comer desnudo? —Seth se movió hacia la puerta, preguntándose si Dom lo
perseguiría desnudo si intentaba huir.
—Cenar.
Seth se encogió al ver a Domenico palear la salsa picante y la carne con su único tenedor.
—¿No puedes hacerlo conmigo en la habitación? —Seth respiró hondo y se sentó en la cama por
falta de un lugar mejor.
—No, necesito sentirme cómodo después de trabajar durante un día entero mientras tú
estabas aquí, durmiendo la siesta —se quejó Domenico, llenando su boca de curry y arroz.
—¡No estaba durmiendo la siesta! No es mi culpa que no pueda salir y hacer algo. Y no
me siento cómodo contigo sentado desnudo, porque sé que todo es una provocación. —Seth se
levantó de la cama, apenas evitando golpearse la cabeza contra el techo, y se movió para sentarse
en la ventana. El olor le estaba poniendo la piel de gallina y llenando el apartamento con un calor
tan denso que tenía la impresión de que las paredes se cerraban sobre él.
Domenico no dijo nada, aparentemente no considerando a Seth digno de atención. Estaba
comiendo tan rápido que era vergonzoso.
—Iré a sentarme en las escaleras, —murmuró Seth y fue hacia la puerta. No podía pasar
ni un segundo más en esta habitación.
—Quédate donde estás o ven a sentarte junto a la mesa. —Dom golpeó la madera.
Seth tragó saliva y se detuvo a mitad de camino, sentándose junto a la mesa. Se sentía tan
miserable que ni siquiera quería mirar a Dom con los ojos. Después de otra profunda bocanada
de aire llena del mal olor, se encorvó y comenzó a dibujar sobre la mesa con las yemas de los
dedos. —Oye... ayer... ¿fue como una cosa de estrés o algo así?
El tenedor mordió la espuma de poliestireno y Domenico frunció el ceño y cerró los ojos
con evidente molestia. —¿De qué mierda estás hablando?
Seth hizo un puchero. —Sobre Ayer. Realmente no… realmente no entiendo lo que pasó.
El resoplido de Domenico hizo que su corazón se hundiera. —¿Oh? Pensé que tu ex
'compañero de cuarto' te enseñó mucho sobre lo que pasó ayer.
—Yo solo... no pensé que estarías interesado en mí.
El ámbar de sus ojos brilló hacia él, y Seth no pudo evitar juntar los muslos ante la
intensidad de la mirada de Domenico.
—¿Por qué no lo haría?
—Porque no me soportas. Puedo verlo. —Seth tragó y se encendió un cigarrillo para
sofocar el nudo en su estómago.
—¿Qué tiene eso que ver con esto? —Domenico tiró la caja a la basura y caminó
directamente al baño.
Esta vez, Seth no pudo evitarlo y miró el trasero de Dom. —¿Por qué tendrías sexo con
alguien que no te gusta?
—No sería la primera vez. —Dom exprimió un poco de pasta de dientes en su cepillo de
dientes y lo miró en el pequeño espejo. —¿Por qué lo hiciste si tú tampoco me soportas? —
preguntó antes de llenarse la boca.
Seth se quedó en silencio en un intento de resolverlo en su mente por sí mismo. Había
pasado toda la tarde tratando de responder a esa pregunta. —No sé. Calor del momento. No
significa que volveré a perder la cabeza.
Domenico se encogió de hombros con una sonrisa burlona, la boca llena de espuma
blanca. Al hijo de puta no le importaba nada. Seth suspiró, mirando la espalda de Dom, marcada
con largos rasguños que Seth había dejado allí la noche anterior. Dom tenía la forma perfecta,
con hombros anchos y caderas estrechas. Tal vez dormir en el suelo sería la respuesta.
Todo su cuerpo se agitó cuando Dom se dio la vuelta para mirarlo, su hermosa polla a la
vista.
—Una pena por el otro curry. No tenemos nevera —dijo Domenico, caminando
lentamente hacia la mesa.
Las fosas nasales de Seth se ensancharon y agarró la caja de comida. El lugar era tan
pequeño que solo tuvo que caminar dos pasos para tirarlo por la ventana. —¡No me importa! —
Seth jadeó, viendo los pedazos de carne y salsa salpicar el auto de alguien. —¡Nunca vuelvas a
comprar esa mierda! —Su corazón se detuvo cuando notó una pequeña sonrisa en el rostro de
Domenico. ¿Cuándo había estado tan cerca?
—No es gracioso. —Seth entrecerró los ojos y rápidamente dio un paso atrás hacia la
mesa, su piel hormigueó cuando Domenico reflejó su movimiento. Hipnotizado por sus
sorprendentes ojos, Seth se perdió cuando unas manos cálidas se movieron para descansar sobre
sus caderas.
No pudo evitar encontrar a Dom tan atractivo. No era su culpa. —Te dije que no me
tocaras —El corazón de Seth se aceleró cuando su trasero golpeó la mesa. Ningún lugar para
correr. Dom capturó su mirada por completo, y Seth ni siquiera supo cómo llegó a sentarse en la
mesa, con las manos de Dom forzando sus muslos a separarse.
—¡Ey! —Seth empujó los hombros de Dom, el calor corriendo por su pecho. ¿Ni siquiera
valía la pena hablar con él? —¡No estás escuchando!
—¿Qué es lo que me quieres decir? —Domenico apretó las caderas contra la indefensa
entrepierna de Seth. El olor de su cabello ya estaba debilitando las rodillas de Seth y ayudándolo
a olvidarse del curry. Con este olor a su alrededor, estaba a salvo. ¿O era él?
—Estoy diciendo que no puedes hacer esto —Seth empujó hacia atrás contra el pecho de
Dom, la piel de gallina en todos sus brazos. —¡Te dije que no quiero! Fue algo de una sola vez.
Domenico negó con la cabeza, ahuecando la cara de Seth con ambas manos. Se sentía a la
vez restrictivo e increíblemente excitante, dejando a Seth perdido. —No creo que me hayas
convencido.
Seth miró a Dom a los ojos. Contra todo rastro de pensamiento lógico que quedaba en su
mente, se estaba poniendo duro. —¿Cómo diablos se supone que voy a hacer eso entonces? —
Intentó apartar las manos para ver qué tan fuerte era realmente el agarre de Dom, y su cuerpo se
sacudió con un temblor que era a la vez frío y caliente cuando sintió el agarre de hierro de los
brazos de Dom. Era tan jodidamente confuso, y no ayudó un poco que Dom claramente estaba
insistiendo.
—No creo que puedas, —susurró, soplando aire caliente y mentolado contra los labios de
Seth.
Seth tragó, escalofríos corriendo por su espalda ante el recuerdo de ayer. Tanto los
orgasmos como el dolor. Se estaba confundiendo, y él estaba en arenas movedizas. Por supuesto
que quería tener sexo con un chico tan atractivo como Dom, pero al mismo tiempo tampoco
quería. No podía tomar una decisión tan rápido, y era injusto que Dom lo obligara a hacerlo. —
Yo… —¡Vamos, Seth, toma una decisión!
Domenico se inclinó hacia adelante y lamió sus labios, frotando lentamente sus caderas
entre los muslos de Seth. ¿Por qué ahora era tan difícil recordar lo desagradable que era Dom? El
pecho de Seth se movía arriba y abajo con cada respiración rápida. Incluso los jeans y una
camiseta se estaban convirtiendo en demasiada ropa con la forma en que su piel se calentaba.
Seth separó lentamente sus labios, con sus manos aún atrapadas por las de Dom. No le molestó
hacerlo.
Domenico era agresivo en sus besos y empujó a Seth sobre la mesa, todavía
cómodamente acomodado entre los muslos de Seth, donde el calor era más fuerte. Seth dejó
escapar un gemido nasal, avergonzado por su tono alto tan pronto como salió de sus labios. Su
boca estaba ansiosa por aceptar la lengua de Dom, pero su mano seguía empujando hacia atrás el
abdomen de Dom como si partes de su cuerpo hubieran tomado dos decisiones diferentes.
La repentina retirada de Domenico hizo que Seth mirara hacia arriba confundido, pero tan
pronto como esas fuertes manos agarraron su cadera en lo que fue un claro intento de ponerlo
boca abajo, Seth se defendió, tratando de pararse en el suelo de nuevo. Esta era una llamada de
atención. Agarró la muñeca de Dom con una mano y empujó su brazo con la otra. ¿Cómo podría
este hijo de puta ser tan fuerte? Seth gruñó por el esfuerzo, pero fue inútil, y Domenico empujó
su rostro contra la mesa, manteniéndolo en su lugar con su propio peso. Lo peor era que Seth ya
podía sentir el bulto contra su trasero.
—¡Me dolió la última vez! —Seth gritó y golpeó su frente contra la mesa con frustración.
Se quedó inmóvil por un momento, pero tenía que enfrentarse a la verdad: no estaba luchando
con todas sus fuerzas. Era como si la decisión aún no estuviera allí. Una parte de él tenía miedo
del hombre brutal encima de él, la otra estaba excitada por su peso y fuerza bruta. La piel de Seth
ardía en el área diminuta de su espalda, entre sus jeans y su camiseta, donde su cuerpo tocaba el
de Dom sin barreras. Una cálida lengua en la parte posterior de su cuello hizo que su estómago
se contrajera de deseo.
—Te acostumbrarás —susurró Domenico, su tono lubricando el camino para que su
mano se deslizara dentro de la parte delantera de los pantalones de Seth.
—No quiero —gimió Seth, a pesar de que su polla estaba dura como una roca. Movió sus
caderas, tratando de escaparse del abrazo de tornillo de banco, pero todo lo que consiguió fue
frotar su trasero contra la polla de Dom.
—Deja de ser tan cobarde —dijo Domenico con voz áspera, empujando los jeans y la
ropa interior de las caderas de Seth. Encendió una alarma en la cabeza de Seth tan fuerte como
un camión de bomberos.
Seth se agarró a la mesa, silenciado por las palabras de Dom. ¿Era un cobarde por
quejarse? ¿O era un cobarde por no quejarse lo suficiente? El aliento en su cuello y la punta
resbaladiza de la polla de Dom en su trasero no lo ayudaban a concentrarse.
La mano de Domenico mantenía la cara de Seth sobre la mesa cuando la otra le hizo
cosquillas en las nalgas. Antes de darse cuenta, dos dedos resbaladizos penetraron su ano sin
previo aviso. Quemó, y sus músculos se apretaron alrededor de los dedos, pero la presión
disminuyó con la falta de movimiento.
Seth chilló como un cerdo y se retorció desesperadamente, con los dedos de los pies
curvados. Su cara estaba en llamas. —Q-quiero decir… —Seth no tenía idea de qué decir.
¿Quizás no le dolería esta vez? Pero, de nuevo, tenía que ser racional. A Dom no le gustaba él,
sería tan malo como lo había sido todo el día. Seth trató de apartar las caderas, aunque su polla
palpitaba por el contacto.
—¿Tu qué? —dijo Domenico con voz áspera mientras sus dedos se movían de nuevo,
taladrando el culo de Seth, preparándolo ya para la polla que era una presencia constante en la
nalga de Seth.
—Mierda. —Seth dejó de luchar por completo, respirando sobre la madera de la mesa. —
No puedo creer que te deje hacer esto —Su camiseta ya estaba pegada a su espalda, escalofríos
de emoción alcanzando las bolas de Seth. Había incomodidad, sí, pero el fuego encendido por
una presencia dentro de él no tenía comparación con nada de lo que había experimentado hasta
ahora.
—¿Es tan bueno? —Domenico alcanzó la glándula de Seth, debilitándolo en las rodillas,
pero antes de que Seth pudiera siquiera recuperarse del impacto del placer, la presencia
contundente de algo mucho más ancho que los dedos atravesó su cuerpo.
—Joder, es tan grueso —gimió Seth y se retorció debajo de Dom, arrastrando los pies por
el suelo como un toro listo para embestir. No lo dijo como un cumplido y se maldijo a sí mismo
cuando se dio cuenta de que podía interpretarse de esa manera. El jadeo constante creó una
humedad en la mesa junto a su rostro.
El gemido de Domenico confirmó su interpretación incorrecta de las palabras de Seth,
pero Seth se aferró al firme abrazo que recibió tan pronto como Dom se acomodó completamente
en su trasero. Al menos permaneció inmóvil para que el dolor pasara. —Estás tan jodidamente
apretado... ¿alguien te dijo eso? —Su pecho se estremeció con una risa. —No, nadie lo hizo, soy
el primero.
Seth se tensó, apenas respirando, los problemas de jadear por aire lo mareaban. —Porque
siempre fui el activo —Seth gimió, ajustándose al grosor dentro de él. Sabía qué esperar, así que
a pesar de la incomodidad, al menos sabía qué esperar. Esta mierda mental nunca terminaría.
—Bueno, cosecha fresca para mí —Los dientes de Domenico en su espalda enviaban
sacudidas de electricidad arriba y abajo del cuerpo de Seth.
Seth arqueó las caderas, probando diferentes ángulos para ver cómo se sentiría. —Cerdo.
El movimiento repentino que Dom hizo con sus caderas fue suficiente para sacar un grito
agudo de él. Dolía como la mierda. Temblando, apartó la cabeza del cálido aliento de Domenico.
—No insultes a un hombre cuando tiene la polla en tu culo.
Seth apretó las manos en puños, las gotas de sudor caían sobre sus muslos tensos. —¿Ah
sí? Di eso otra vez, y te lanzaré —dijo con voz áspera contra la parte racional de su cerebro que
le decía que simplemente lo tomara y se callara.
La risa de Domenico caliente en su espalda fue inquietante. Embistió con su polla de
nuevo hasta el fondo, la quemadura se sentía tan fuerte que Seth se puso de puntillas, chillando.
Ni siquiera sabía qué era más vergonzoso, si los sonidos que estaba haciendo o el hecho de que
estaba demasiado débil para evitar lo que los provocaba.
—Quiero verte intentarlo.
Una ira blanca empañaba la mente de Seth, sus brazos temblaban. Así no era como él
quería que fuera. Sabía que en la posición en la que estaba, la lucha era inútil. Antes de que
pudiera evaluar si era una buena decisión, Seth agarró el tenedor de la mesa y movió su mano
hacia atrás, tratando de apuñalar a Dom, pero fue un intento inútil. Domenico agarró su muñeca
y la torció tan rápidamente que Seth casi se detuvo para respirar por el dolor. El utensilio cayó
sobre la madera y Domenico se lanzó sobre Seth sin siquiera una pizca de piedad. En cuestión de
segundos, su rápido empuje volvió el culo de Seth entumecido y dolorido al mismo tiempo.
—¡No me jodas! —jadeó Domenico, golpeando con sus caderas las nalgas de Seth una y
otra vez.
Seth apretó los dientes, pero gemidos y quejidos seguían saliendo de su boca. En un
momento se acurrucó y al siguiente, enderezó las piernas, levantando a Dom como un toro
enojado. —¡Sal! ¡No soy tu perra! —dijo con voz áspera.
—Entonces no actúes como una pequeña perra debilucha —Domenico le mordió el
hombro, sin detener nunca el asalto. El pulso de Seth estaba silenciando todo excepto su propia
respiración y el golpe de piel contra piel.
—¿¡Cómo te atreves!? ¡Cómo te atreves! —Seth le gritó, tensando sus músculos aún más
y alcanzó el arma que se asomaba de la gabardina de Dom en la silla. Su cuerpo tembló bajo el
de Dom. —Atrapado —no fue suficiente.
Domenico ni siquiera respondió, pero redujo la velocidad de sus embestidas inicialmente
punitivas. Ahora estaba haciendo movimientos amplios y ligeramente circulares con sus caderas,
clavando la próstata de Seth casi siempre. Con su olor rico y varonil pegado a Seth como la miel
más dulce, Seth dejó caer su brazo sobre la mesa. Apoyó la mejilla sudorosa en la madera,
sabiendo ya que nunca alcanzaría esa pistola. La forma en que la polla de Dom tocaba
exactamente el lugar correcto dentro de él silenció el dolor de antes, confundiéndolo tanto que
cerró los ojos. Estaba entrando en una sobrecarga sensorial completa, cuando además de todos
los olores y los fuertes golpes, la punta de su propia polla rozó la parte inferior de la mesa.
La voz de Domenico le llegó a través de los sonidos de sus jadeos y latidos del corazón.
—Se siente mejor hoy, ¿no?
—No. —Seth arqueó la espalda para dar énfasis. Trató de agarrar su polla, trató de
masturbarse, pero no fue posible mientras estaba acostado sobre la mesa. Puto fantástico. ¿Ni
siquiera lograría eso en este fiasco? Pero con su próstata constantemente rozada, no podía
concentrarse, sacudidas de excitación brotaban de su polla cada vez. El calor en sus entrañas se
hacía cada vez más intenso a medida que Domenico aumentaba la velocidad de sus embestidas,
cubriéndolo por completo con un cuerpo cálido y musculoso. Seth no pudo detener el temblor en
sus extremidades cuando, para su sorpresa, se encontró al borde del orgasmo, empujado allí con
cada golpe experto de la polla de Domenico, mientras la suya golpeaba contra la madera una y
otra vez.
Seth apretó los puños. El vello del estómago de Dom rozando la parte baja de su espalda
lo estaba volviendo loco de lujuria. Ya no le importaba lo suficiente como para luchar contra sus
gemidos. La intensidad del orgasmo lo hizo gritar y luchar por contener las lágrimas. Solo ayer
había descubierto lo que significaba que le tocaran la próstata y hoy lo estaban ordeñando.
Escalofríos recorrieron todo su cuerpo, y siguió gimiendo y corriéndose, con Dom todavía
moviendo su polla. —Oh, Dios mío... —Nunca pensó que podría ser el tipo de chico que se corre
solo por ser follado.
—Eres mío.
Las palabras de Domenico desgarraron el cerebro de Seth, dejándolo como un desastre
tembloroso. Dejó que Dom se divirtiera con embestidas agudas y superficiales ahora que las
propias bolas de Seth estaban tan secas que le dolían. Todavía estaba latiendo alrededor de la
polla invasora como si su cuerpo instintivamente no quisiera dejar ir esta maravillosa cosa
gruesa.
El orgasmo de Dom los sacudió a ambos. Agarró a Seth, apretando los dedos sobre su
carne como si esperara que hubiera manijas, sus caderas en un ritmo frenético que se detuvo con
un empuje final y un grito silencioso.
Este fue un momento de debilidad que Seth podría haber aprovechado, pero ya no le
importaba. Estaba demasiado ocupado recuperándose de un orgasmo diferente a cualquier otro
que hubiera experimentado. Su mente estaba en blanco pero llena de conflicto. ¿Quiso esto? ¿No
lo quiso?
Domenico se apoyó encima de él con un suave suspiro, y las caricias de su mano por el
costado de Seth eran como un soplo de aire fresco, por el momento anulando todo lo malo que el
bastardo había hecho. Seth todavía deseaba haber logrado apuñalarlo con el tenedor. Eso le
habría enseñado.
—Bien, estuviste tan bien —susurró Dom.
Seth tragó saliva, sin saber cómo se sentía acerca de ese comentario. Después de todo, era
agradable escuchar cumplidos y eso era parte del problema. Dom era inconsistente en su maldad,
lo que hacía difícil evaluar si era un imbécil o no. Ciertamente follaba como un demonio. Al
final, Seth se decidió por un acuerdo no verbal, arqueando la cabeza ante el toque de Dom,
moviendo el omóplato en una súplica silenciosa por otro beso, otro toque suave de esas manos
cálidas y extrañamente firmes. Casi gimió cuando con una leve quemadura, la polla salió de su
ano.
—Auch —siseó. —Ten cuidado… —Seth se aferró a la mesa para no resbalar, lo cual era
un riesgo con sus rodillas como gelatina. El sexo era como una montaña rusa que iba de lo bueno
a lo malo y de nuevo a lo bueno, pero ahora, en el resplandor crepuscular, la vergüenza ya estaba
subiendo por la columna de Seth. Incluso con la delicadeza del toque de Domenico, no pudo
evitar sentirse culpable por dejar que ese cerdo de hombre lo follara así. Su trasero se sentía
como si lo hubieran frotado en carne viva.
—Ven, vamos a la cama —dijo Domenico como si nada hubiera pasado.
Seth se enderezó lentamente y se quitó los pantalones sin mirar a Dom a los ojos. Si
realmente no lo hubiera querido, probablemente habría luchado más fuerte. Y ahora, estaba
dejando que Domenico lo sostuviera y se fuera a la cama con él, llevado como un cordero al
matadero. Incluso recibió un pequeño beso en la mejilla.
Entonces, ¿Dom era rudo y malo, o era tierno? Seth tragó saliva y se tumbó en la cama,
completamente agotado. —Sigues siendo un cerdo —dijo y se cubrió con el edredón. El
movimiento del colchón lo hizo alejarse, pero Domenico volvió a poner a Seth sobre su espalda
y le sonrió, extendiéndose a lo largo del cuerpo de Seth.
—De dios a cerdo. Todo un cambio en dos minutos.
Seth miró hacia arriba, admitiendo a regañadientes para sí mismo que Dom estaba más
del lado divino. —No creas lo que dice un hombre cuando se corre. Al igual que yo no soy 'tuyo'.
Un beso lento y lánguido lo silenció por más tiempo de lo que duró, ya que la sensación y
el sabor de los labios de Domenico era algo que era difícil de olvidar en el momento en que se
había ido. —Soy el primero, por supuesto que lo eres.
Seth quería discutir, pero sabía que sería inútil. Se llevó una mano a la cara con un
suspiro. Lo peor era que habían terminado, de vuelta en la cama, y todavía no podía tomar la
decisión si lo quería o no. No es que importara, ya que la decisión había sido tomada por él.

Los ojos de Domenico se abrieron de golpe. El colchón se movió cuando la forma


voluminosa de Seth rodó fuera de él. Se tambaleó con un gemido suave y Domenico notó que sus
músculos abdominales se tensaban bajo la pálida luz de la luna. Oculto bajo la mata de cabello y
la oscuridad, Dom fingió seguir durmiendo, aunque sus sentidos estaban tan alertas como
siempre. Fue algo que obtuvo hace años, cuando aún era un niño, y permaneció con él desde
entonces. Podía estar dormido un momento y completamente despierto al siguiente. Lo mismo
ocurría con quedarse dormido.
Podía sentir la mirada de Seth arrastrándose sobre él, espesa, pegajosa como un poco de
miel esparcida sobre su piel. ¿Iría Seth por el arma ahora? Él no era del tipo que usa un cuchillo.
Pero no, la poderosa forma se encorvó con una firme exhalación, y Seth caminó alrededor de la
cama. Lentamente se movió hacia el baño como un animal herido, con los músculos de su
espalda desnuda tensos y su glorioso culo redondo apretado con tanta fuerza que aparecieron
hoyuelos en él. Daba pasos pequeños y torpes, como si tratara de no mover demasiado los
músculos del muslo o del culo.
Dom suspiró. Esperaba que Seth realmente aprendiera de esta lección. Dom lo hizo en el
pasado, y cuanto antes Seth se diera cuenta de que la Familia era como una jauría de perros
salvajes, mejor para él. Ladras a la persona equivocada: te hundirán los dientes en la nuca. Al
menos él dejó a Seth correrse. Esperaba que esto pudiera ayudarlos a unirse. El sexo era
increíblemente caliente, y él tenía la intención de convertir a Seth en el amante que podría ser
con la guía adecuada.
Seth estuvo en la ducha por más tiempo, y con el agua de la regadera abierta, Dom
supuso que tenía que estar lavándose. Tenía sentido con sus tontas objeciones de la mañana.
Dom no tenía idea de cómo un chico de la edad de Seth podía ser tímido con cosas como esa.
Hubo algunos murmullos provenientes del baño, pero luego los pasos desiguales regresaron. En
lugar de que el colchón cediera bajo el pesado cuerpo de Seth, algunos sonidos se sintieron en el
costado de la cama y Dom vio que Seth se dejaba caer al suelo con un gruñido.
Domenico frunció el ceño. —¿Qué estás haciendo?
Seth gritó y se enredó en la sudadera que se estaba poniendo. —Dios Santo. No me
asustes. Vuelve a dormir.
Domenico se incorporó sobre un codo y se echó el pelo hacia atrás para mirar el rostro
iluminado por la luna que tenía delante. —¿Tienes frío?
Seth tenía esa mirada de cachorro golpeado mientras le devolvía la mirada. Hubiera sido
lindo si no fuera por el hecho de que no había lugar para este tipo de mierda en la cara de un
futuro Don. —Estoy bien. De todos modos, no hay suficiente espacio en esa cama pequeña —
murmuró, pero sus dedos temblorosos delataron que estaba mintiendo. Dom simplemente no
podía precisar por qué.
—No seas ridículo, —murmuró y se movió hacia atrás para hacer más espacio para el
cuerpo más grande de Seth.
—¿Que te importa? —El susurro de Seth fue apenas audible, como si no quisiera una
respuesta. En lugar de volver a la cama, se tumbó en el suelo. Cabra testaruda.
Domenico se pellizcó el puente de la nariz y se pasó los dedos por los párpados,
masajeándose los globos oculares a través del pliegue de piel. Él ya sabía que Seth no estaba
respondiendo bien a la persuasión, así que en lugar de arrastrar su trasero de vuelta a la cama,
Dom apartó el edredón y se sentó junto al cuerpo con forma de tronco en el suelo.
Seth estaba acurrucado en su chándal, con algo de ropa como almohada. Tenía una de sus
manos sosteniendo la otra y respiraba demasiado profundamente como para quedarse dormido.
—Ey. —Domenico se acercó y puso su mano sobre la cabeza de Seth, sintiendo el calor
llegar a él a través del cabello puntiagudo. —Está bien, no volveré a comprar ese pollo hindú,
Dios.
Seth ni siquiera abofeteó la mano de Dom, acurrucándose en una bola más apretada. —
Todavía puedo olerlo —escupió Seth con tanto odio como si uno de los miembros de su familia
se hubiera ahogado con curry.
Dom sintió un escalofrío recorrer el cuerpo de Seth y se rascó la cabeza. —No lo
entiendo, ¿un chico sexy hindú te rechazó, o algo así?
Seth gimió, escondiendo su rostro entre sus manos. —Los cabrones de la Tríada me lo
daban de comer todos los días cuando me estaba pudriendo en su sótano sin un dedo.
Domenico frunció el ceño. La información estaba tan fuera de lugar en esta situación que
no estaba seguro de qué hacer con ella. ¿No habían superado ya lo del dedo? Estaba sanando
muy bien. —¿Qué? Pero son chinos...
Seth lo miró con los ojos muy abiertos. —¿Eso es todo lo que tienes que decir? ¿En
serio? Racista e insensible a la vez. ¡Me estoy sincerando! ¿Qué mierda? No sé. Debe haberles
gustado. O fue la comida para llevar más cercana.
—O la más barata. Supongamos que podría ser del supermercado —fantaseaba
Domenico. Habría comprado algunas comidas preparadas a punto de caducar. O sándwiches
incluso. De todos modos, no estaba seguro de por qué tanto alboroto. No era como si Seth se
enfermara por esas cosas. ¿O sí?
—¿De qué diablos estás hablando? No me importa dónde lo compraron —Seth se alejó
de él en el suelo y se frotó la cara. —Cada vez que lo huelo, recuerdo cómo el hijo de puta
cortaba el hueso. ¿Por qué estás preguntando? No es como si te importara. Da igual.
Domenico lo miró fijamente, preguntándose qué podría ofrecer para levantar el ánimo de
Seth. No quería un gruñón asustado a su lado. —¿Qué usó para cortarlo?
Seth abrió la mano y la miró en la profunda oscuridad detrás de la cama. —Un cuchillo.
—Bueno, al menos no fue una sierra. Habría desgarrado la carne. —Domenico rodó
lentamente hasta el suelo y extendió la mano para tocar a Seth.
—¿No tuviste suficiente de mí hoy? —preguntó, pero extendió la mano con el dedo
faltante en un movimiento digno de un cervatillo asustadizo, todo temblores y respiraciones
entrecortadas.
Domenico resopló y rozó las puntas de sus dedos sobre la cálida palma. —¿Por qué?
¿Tienes miedo de que pierda interés?
Seth le dio una mirada en blanco, medio tapada y por una vez, Dom no pudo leer lo que
se escondía detrás de ella. —No quiero el tipo de interés que me diste hoy.
Domenico apretó la mano y tiró de Seth hacia él. Cuando el olor de la piel masculina
llegó a sus fosas nasales, fue como si le sirvieran el más dulce de los postres, pero Domenico no
quiso comer ahora. —Si no quieres este tipo de trato, sé bueno y compórtate.
Seth suspiró como un cachorrito regañado y no se apartó, sentándose lentamente en un
abrazo, con sus brazos alrededor de la cintura de Dom y su rostro desaliñado y sin afeitar
rascándole el cuello. Era agradable brindar consuelo, y la forma en que los dedos de Seth se
clavaron en la carne de Dom le dijo que su presencia era apreciada. Se inclinó y rozó su nariz
sobre la oreja de Seth. —Los chinos no volverán a tocarte. Me aseguraré de eso.
No obtuvo una respuesta, pero el agarre se hizo más fuerte y se sintió como si Seth
quisiera meterse debajo de la piel de Dom para estar a salvo. Domenico bajó el edredón hasta el
suelo y sus piernas se entrelazaron. Pronto, la respiración de Seth se estabilizó y Domenico
también pudo quedarse dormido.
Capítulo 7

Seth removió la salsa en la única sartén que tenían. Tal vez no era sorprendente, pero al
menos era comida adecuada, y suficiente para durar dos días. Había robado algo de dinero de la
billetera de Dom, cuando Dom se estaba afeitando, y había ido a la tienda más cercana por
algunos ingredientes. No iba a comer un puto tikka masala otra vez. Incluso se había encontrado
con su vecina de abajo en el camino, y cuando ella vio sus compras, lograron comunicarse con
sus manos. Ella lo llevó a un pequeño jardín en el patio trasero y le dio un poco de albahaca
fresca y tomillo. Bastante genial. Mojó el dedo en la salsa y comprobó el sabor. Perfecto.
Dado que la salsa estaba hirviendo a fuego lento y no necesitaba más atención, Seth
corrió hacia la ventana donde Dom le había dejado una hoja de cálculo con las cosas que revisar
cuando observaba a la chica. Vera Salieri. Se suponía que debía registrar sus actividades,
invitados, comportamientos inusuales y cualquier cosa comprometedora que pudiera detectar,
junto con los tiempos. Demasiado fácil. Incluso podía leer un libro mientras tanto y se las arregló
para cocinar la cena. Era una maldita máquina.
Y además de eso, Dom tenía que ir a algún lugar a primera hora de la mañana para no
molestar a Seth, y el día había sido tranquilo. A Seth le gustaba ir al gimnasio y hacer todo tipo
de deportes, pero tenía que admitir que la serie de flexiones que había visto hacer a Dom por la
mañana era bastante impresionante. Era como si el tipo no se cansara. ¿Quizás estaba drogado?
Salieri todavía estaba en su pequeño balcón, tirada en una silla de playa y escuchando
música en su iPhone. Seth quería, necesitaba, saber exactamente lo que ella hacía, para poder
saber cuán grande era su participación. Tal vez solo fue estúpida y se metió en una situación de
mierda, o alguien la manipuló. Oh, bueno, ella no estaba haciendo nada, así que él podía volver a
su libro. Tenía que admitir que no esperaba que Dom eligiera bien, pero el tipo debió haber
prestado atención, porque no solo le consiguió a Seth un libro de vampiros, también tenía
personajes gay. Con la acción de la historia basada en Alaska, fue un escape perfecto.
Sin embargo, incluso antes de que lo abriera, su teléfono celular traqueteó en el
mostrador. Gimió, ya que solo había una persona que podría estar llamándolo.
—¿Qué? —respondió sin mucho entusiasmo.
—¿Qué quieres para cenar? ¿Un kebab? —preguntó Domenico a través del ruido de
fondo.
Seth levantó las cejas, ciertamente sorprendido. Domenico realmente preguntó esta vez.
—Nah, estoy bien, tengo algo.
El silencio en el auricular cayó sobre él como un garrote que le retorció el estómago, pero
no esperaba que el tono de Domenico se volviera tan agudo y tranquilo al mismo tiempo. Le
resultaba difícil creer que cualquier ser humano pudiera sonar así.
—Te dije que te quedaras en casa. ¿Eres estúpido?
—Solo fui a la tienda de la esquina. Y usé una sudadera con capucha, está bien —Miró a
Vera, que se levantó y entró en su casa.
—Eres un puto chiste —dijo Domenico justo antes de colgarle a Seth.
Seth hizo un puchero y miró su teléfono. —Jódete tú también —murmuró y se levantó
para revolver la salsa. ¿En verdad se suponía que tenía que poner su otra mejilla y aceptar toda la
humillación y el maltrato que recibía? Domenico sabía muy bien que Seth no podía acudir a su
padre con una queja. ¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Decir que Dom se lo folló? Eso no le
sentaría bien a ninguno de los dos. Y si intentaba mentir y decir que Dom le había hecho algo
más, siempre estaba Peter con quien Dom podía chantajearlo. Seth podría apostar que Dom tenía
fotos o algo así.
Se calmó un poco trabajando en su salsa perfecta, pero todavía había esa tensión
desagradable en sus músculos, la anticipación de que Dom regresaría. La comida podría haber
sido aún mejor con pasta fresca, pero no tenía el equipo necesario para darse ese gusto. Al menos
todo lo demás era fresco, aunque podría haberlo hecho con verduras orgánicas.
Estaba a punto de comenzar su comida cuando el sonido inconfundible de la cerradura al
abrirse devolvió su atención a la puerta. Domenico no era de los que saludaba.
—¿Qué diablos estabas pensando para salir solo? —preguntó, cerrando la puerta detrás
de él.
Seth gimió. No quería volver a discutir. Su vida ya era bastante miserable. —Solo a la
tienda de la esquina. Quiero decir, ¡vamos, Dom!
—No me importa. Se suponía que debías sentarte aquí, fuera de peligro. ¿Ni siquiera
puedes hacer eso bien? —Dom arrojó su abrigo sobre la cama y caminó hacia Seth, deteniéndose
tan cerca de él que erizó el vello corporal de Seth. Seth se mordió el labio. ¿Dom lo golpearía?
—Supongo que no soy tan bueno siguiendo órdenes —Seth hizo rodar algunos espaguetis
en el tenedor, sin atreverse a mirar hacia arriba.
—¿Qué es eso? —¿Hubo un cambio sutil en la voz de Domenico?
Seth lo miró con el ceño fruncido. —¿No ves? Pasta. Duh.
—Huele a que es casera. —Domenico se dejó caer en la otra silla con el ceño ligeramente
fruncido.
Seth negó con la cabeza y señaló la sartén usada en lo que pretendía ser una cocina. —
Obviamente. Yo la hice.
—¿Desde cero? —Los ojos de Domenico alternaron entre el rostro de Seth y el cuenco
humeante.
—Bueno, sí… Sin embargo, no la pasta. Fue lo mejor que pude hacer con solo una sartén.
Conseguí algunas hierbas de la vecina —No iba a decirlo al principio, listo para otro regaño,
pero estaba orgulloso de ello, por lo que no pudo evitar presumir de su frugalidad. Se sorprendió
de que todo lo que obtuviera fuera un aturdido asentimiento.
—Pensé que tu novia* era quien cocinaba en Nueva York.
(*A propósito porque Peter es afeminado. Dom es muy machista pero seguro ya lo
notaron.)
—Mi novio puede cocinar nuggets de pollo en la freidora —Seth sonrió ante el recuerdo.
Peter era un cocinero inútil, pero al menos nunca se quejaba de lavar los platos después de que
Seth había preparado la cena.
—Eso es bastante impresionante —dijo Domenico, estirando su mano hacia Seth. Estaba
mirando la pasta con los ojos como si lo hipnotizara.
¿Qué demonios? ¿Acaba de recibir un cumplido de Dom? Otro diferente a los dirigidos a
su culo. —Em… gracias. Supongo. No hay mucho que pueda hacer con una sartén, un tenedor y
un cuchillo.
Domenico movió los dedos de la mano extendida.
Los ojos de Seth se agrandaron. ¿El bastardo ahora también quería robar su comida?
¿Después de gritarle a Seth que él lo hizo en primer lugar? —Tú tienes un kebab —Seth señaló
la caja de espuma de poliestireno que Dom colocó sobre la mesa.
—Prefiero la pasta casera.
—Por supuesto que sí. Pero no vas a recibir nada —Finalmente, una ventaja.
—Dame el tenedor. Hay más que suficiente para dos.
—Porque es para mañana. Es mía. Yo la hice. Y solo hay un tenedor de todos modos. —
Seth tomó un tenedor lleno de pasta en su boca con un gemido de satisfacción propia. Se congeló
con la comida en la boca cuando Dom metió la mano directamente en el centro de su plato,
sacando varios hilos de espagueti, chorreando salsa. Horrorizado, vio a Dom abrir la boca como
el tiburón de 'Tiburón'* y dejar caer su preciada comida casera.
(*La película de horror.)
Seth estaba tan atónito que dejó de masticar. Una parte de él quería decir “cerdo”, pero
una parte de él vio a Dom comer la deliciosa salsa roja. Incluso se lamió los dedos para
limpiarlos, con los ojos cerrados, y Seth casi esperaba que se abriera algunos botones de la
camisa.
—Esto es… —Domenico comenzó a masticar mientras miraba a Seth con el ceño medio
fruncido. —Fantástico. ¿Realmente hiciste esto tú mismo?
Seth no pudo evitar la sonrisa en sus labios mientras tragaba. Fue emocionante ver a Dom
comer de una manera tan animal. Seth quería alimentarlo, solo para verlo de nuevo, para ver que
era su culpa que Dom no podía controlarse. Tal vez lo ayudaría a sentir que estaba recuperando
algo de control sobre su vida. —Sí. Agregué un poco de tocino ahumado porque no tenían
pancetta* —Suspiró y empujó el plato de pasta entre ellos.
(*Es un tipo de carne de cerdo curada típica de Italia)
—Honestamente, podría creer que fue mi madre quien hizo eso —Domenico lo estaba
mirando, sus hombros relajados mientras alcanzaba la pasta nuevamente, una pequeña sonrisa ya
se estaba formando en su rostro. Seth se dio cuenta de que nunca antes había parecido tan
genuino.
Seth quería regañarlo y decirle que no quería compartir, pero el ambiente relajado era
demasiado bueno para darse por vencido. Por una vez, no tenía que andar de puntillas alrededor
de Dom. Seth golpeó suavemente la parte superior de la mano de Dom con el tenedor, que
apenas ayer había intentado usar como arma mortal. —No seas cerdo, usa el tenedor —Le pasó
el utensilio.
—Oh, no. —Domenico le sonrió y se acercó más con su silla. —Tú hiciste la comida,
ahora aliméntanos a los dos.
Seth de repente se sintió tímido como si estuviera en una primera cita con un futuro
novio, no atrapado en un ático sucio con el hombre que lo folló rudo el día anterior. No sabía qué
decir, así que solo sonrió y se acercó un poco más. Sumergió el tenedor en la pasta y lo hizo girar
hasta que se convirtió en una bola ordenada. Sus hombros y muslos se tocaron, y Seth no estaba
seguro de cómo sentirse acerca de la atmósfera íntima. Puso una mano debajo del tenedor
mientras lo movía a los labios de Dom.
Se estremeció cuando Domenico se inclinó, casi como si estuviera tratando de meterse en
el abrazo de Seth, y tomó la pasta en su boca con un gemido de tanto placer que Seth mismo
estaba poniéndose rojo.
—Eres un excelente cocinero. ¿Qué diablos estabas haciendo en los estudios de
comunicación?
—Yo... supongo que Padre no estaría feliz de ver a su hijo convertirse en un cocinero
profesional —Seth consideró probar su creación él mismo, pero al final, volvió a alimentar a
Dom. La mirada en ese hermoso rostro valió la pena. Y, oh Dios, Domenico se apoyó en el
hombro de Seth.
—Los hombres son los mejores chefs. Tienes un gran potencial.
—Bueno, ambos sabemos que no haré eso. En su lugar, veré un tipo diferente de salsa
roja —Seth vaciló pero acarició la seda del cabello de Dom y le dio otro bocado.
—Es una perspectiva de mierda, ¿no? —Domenico puso su mano sobre la espalda de
Seth y lo abrazó mientras comía. Una hebra de espagueti le dejó una mancha roja en la barbilla,
haciéndolo parecer un bebé hambriento.
Seth realmente no quería ser ese tipo. El tipo que limpia la cara de su pareja con una
servilleta, pero no podía soportar mirarlo. Solo tenían un paño de cocina a mano, así que usó su
esquina para frotar la salsa de la barbilla de Dom. —Las cosas cambian.
—¿Cómo lo que tenías con esa... esposita tuya? —preguntó Domenico sin rastro de burla.
—Sí. Como eso. Sabía lo que tenía con él —El 'tenía' salió por sí solo, pero era un
indicador veraz de la situación. Seth nunca volvería a estar con Peter.
Domenico asintió y tomó el tenedor de la mano de Seth, haciendo girar la pasta a su
alrededor. —Deberías decirle que se acabó. Eso es justo.
Seth frunció el ceño y se encorvó en su asiento. —Lo sé. No he estado soltero en mucho
tiempo.
La bola de deliciosos espaguetis que Dom le llevó a la boca no fue suficiente consuelo.
—Lo sé, pero al menos eres tú dejándolo. No hay drama ni noches de insomnio para ti.
Seth negó con la cabeza pero comió la pasta. —No es fácil lastimar a alguien —murmuró
con la boca llena, pero luego miró a Dom. —No es que lo supieras.
Domenico parpadeó y sus ojos perdieron el brillo juguetón. —Tú tampoco puedes hablar.
Era mucho más pequeño, más débil que tú, pero eso no impidió que lo lastimaras. ¿Crees que
ahora le estás haciendo un favor?
Seth perdió el apetito. No había pedido tener problemas con Peter. Las cosas
simplemente sucedieron, las tensiones eran altas y los puños volaron. Nunca dijo que fueran la
pareja perfecta. —Bueno, tú tampoco eres perfecto, así que quítate de encima. Lo llamaré.
—Está bien. Me gusta un hombre con pelotas. —Domenico comió más pasta, sin verse
afectado por el intercambio. —Y ciertamente también necesitas un hombre con pelotas.
—No tienes idea de lo que necesito —Seth se recostó en su silla. No quería romper con
Peter por teléfono.
—Lo necesitas. Sabes que sí. Si te juntas con otra muñeca sin decisión, también se
derrumbará —dijo Domenico, empujándolo en el pecho.
—¿Y qué? ¿Se supone que debo tenerte a ti en su lugar? —Seth frunció el ceño. Dom
posiblemente podría ser un buen polvo una vez que controle su actitud, pero definitivamente no
es un buen compañero. —Si conozco a un chico con el que quiero estar, lo sabré.
Domenico acercó a Seth con un brazo y levantó el plato de pasta. —No sabes lo que
quieres. El hecho de que no estés haciendo esto profesionalmente significa precisamente eso.
—¿Y siempre sabes lo que quieres? Dáme un respiro. —Seth suspiró y miró los
espaguetis.
—Nadie lo sabe todo el tiempo —dijo Domenico. Su pulgar estaba haciendo círculos
perezosos en la nuca de Seth.
—Estoy muy seguro que no sé lo que quieres de mí. En un momento estás quejándome y
al siguiente esres tan tierno como una maldita pechuga de pollo.
Domenico frunció el ceño. —¿En serio? ¿Me acabas de comparar con algo tan común
como una pechuga de pollo?
—Oh, olvidé que eres tan especial. Orgulloso, guapo, manteniendo todo bajo control. Un
poco como un gallo*, ¿verdad? —Seth levantó las cejas con una sonrisa.
(*Aquí Seth usa la palabra “cock” que significa “pollo” o “gallo” pero también “polla”.)
—Creo que soy algo exótico, pero no en peligro de extinción.
Seth no podía creer la actitud de este tipo. —Eres tan creído —Se levantó de la silla con
un suspiro.
—Soy observador. Tú, por otro lado, deberías entrenar para ser un chef. Esto es increíble.
—Domenico se inclinó sobre el bol y empezó a meterse el resto de la pasta en la boca.
—Eres guapo, pero eso es todo —Seth negó con la cabeza mientras veía desaparecer su
almuerzo. No quería hablar de cocinar, ya que nunca lo haría más. A nadie le importaba lo que él
quería.
—Jodidamente encantador. Ahora llama a tu ex.
Seth gimió y tomó el teléfono celular. No había manera de evitar esto. Todavía sabía el
número de Peter de memoria.
En el momento en que habló, Peter chilló su nombre en un tono tan alto que Seth tuvo
que apartar el teléfono de su oído. Se sentó en la cama con un suspiro, mirando distraídamente a
Domenico devorar la comida. El sollozo entrecortado que escuchó en el auricular lo hizo
estremecerse.
—Yo… ah… estoy en casa de Neil. Te extraño tanto.
Oh Dios, tenía que ser malo si Peter ni siquiera podía quedarse en su apartamento. Seth
ya se imaginaba a Peter y Neil sentados alrededor de una tarrina de helado y despellejándolo. No
sería la primera vez. —Lo sé, lo siento. Solo... necesitaba llamarte, para que sepas que no voy a
volver.
El silencio en el teléfono celular era paralizante, y por un momento consideró colgar,
pero luego Peter estalló en un parloteo quejumbroso. —Por favor, solo dime dónde estás, soy
bueno con la reubicación.
—No puedo decírtelo, Pete. Es… —Dudó y miró a Dom, quien se dirigía al baño. —
…peligroso. No puedo. No te gustaría. —Se pasó los dedos por el pelo con nerviosismo.
—Estoy bien con lo peligroso. Sólo dime dónde encontrarte. ¡Te extraño muchísimo! —
En unos segundos, Peter ya estaba llorando en el receptor.
Seth se sentía horrible, pero tenía que hacerlo. No ayudó que Dom lo estuviera
observando desde el baño. Apoyado contra el marco de la puerta como un joven dios: lo
suficientemente poderoso y sensual como para hacer que cualquier hombre pierda el foco.
Seth respiró hondo. —No voy a volver. Y no puedes unirte a mí. Tampoco puedo estar en
una relación a larga distancia.
Dom puso los ojos en blanco y se volvió hacia el baño. Le tomó un momento a Seth
entender lo que estaba mirando cuando su nuevo mentor abrió la bragueta de sus pantalones.
La voz de Peter era como una molesta mosca en el oído de Seth. —No me importa,
solo… — a oración fue interrumpida por una serie de sonidos, y pronto quedó claro que alguien
más se había hecho con el teléfono. La voz helada de Neil era como una ducha fría.
—Seth, sé que estás ahí.
—Hola, Neil… —Seth frunció el ceño, listo para otra porción de “golpeando a Seth”,
pero sus ojos fueron instantáneamente atraídos por la sombra oscura de la polla de Domenico.
Seth no pudo evitar el ligero escalofrío que recorrió su cuerpo cuando vio un chorro de líquido
salir de la punta al leve chapoteo del agua.
—¡Si quieres dejarlo, díselo en la cara! —Maldito Neil. Siempre estorbando, siempre
“protector”, cuando en realidad solo tenía curiosidad por nuevos chismes. El tipo debería
ocuparse de sus putos asuntos. Solo porque tenía un esposo, pensó que podía decirles a todos los
demás cómo vivir sus vidas.
Seth respiró hondo, para no maldecir a Neil. —Está mejor sin mí. Solo cuídalo por mí,
¿de acuerdo?
Neil se quedó en silencio durante más de un segundo, lo que era jodidamente inusual, y
cuando habló, fue para decirle a Seth que le estaba pasando el teléfono a Peter. Seth miró hacia el
techo antes de que su mirada volviera a Dom. Él y Peter no eran una buena pareja, eso era cierto.
Se llevaron bien al principio, pero tan pronto como se mudaron juntos, las cosas empezaron a
ponerse feas. La novedad de tener un novio estable se desvaneció y Seth no pudo evitar sentirse
irritado por algunas de las cosas favoritas de Peter. Como esas estúpidas y horteras figuritas de
porcelana, o cuando quería tener un perro y no podía entender las protestas de Seth.
—¿Seth? Por favor, no... —La voz de Peter temblaba. Seth miró a Domenico, quien agitó
la mano para indicar que ya era hora de poner fin a esta tortura.
—Lo siento, —murmuró Seth y colgó el teléfono para no tener que escuchar más llantos.
Se frotó la frente, cansado como si hubiera corrido un maratón.
—Bien, hiciste lo correcto —Domenico se acercaba lentamente a él.
—¿Qué sabes acerca de lo 'correcto'? —Seth se frotó los ojos, molesto porque le picaban.
—Fue una relación larga.
—¿Cuánto tiempo? —Dom sacó sus cigarrillos de su gabardina.
—Dos años. —Seth extendió su mano en una demanda silenciosa. Uno de estos días,
estaba seguro de que funcionaría. ¡Y lo hizo! Domenico empujó un cigarrillo contra los labios de
Seth y encendió el encendedor en la punta. La llama bailó frente a la cara de Seth hasta que el
cigarrillo se puso rojo.
—Nada mal.
Seth respiró hondo el humo y miró a Dom. —Mi primer novio, —confesó, esperando que
Dom no se riera. Seth no tenía a nadie más a quien recurrir.
—Lo pensé mucho —El rostro de Domenico se iluminó con la quemadura en la parte
superior de su cigarrillo, e inhaló, empujando el fuego a través del cigarrillo.
—Empecé tarde —Seth acarició distraídamente el muslo de Dom. —Nadie coquetea con
el hijo del Don.
—Sé que no lo harían —dijo Domenico con una voz tan seria que Seth tuvo que levantar
la vista, pero la sonrisa diabólica en el rostro del hombre era todo lo que necesitaba ver. Dom
estaba loco y orgulloso de ello.
Seth le dio una media sonrisa y tomó un trago de humo. Se preguntó qué clase de
adolescente había sido Dom. ¿Tranquilo y sereno, sensible o agresivo y sanguinario? —¿Habías
planeado todo esto cuando te enteraste de mí en Nueva York?
Domenico cambió su peso, atrayendo la atención de Seth hacia la entrepierna de Dom.
De hecho, estaba sorprendido de que después de lo que había sucedido ayer, todavía no
encontraba la polla de Dom amenazante. Simplemente no. Tal vez debería. —Podría decir que sí.
Pensé en las posibilidades.
—¿Sí? ¿Qué esperabas cuando me encontraste por primera vez? —Seth exhaló humo.
Una risita salió de los labios de Domenico. —Una miniatura de tu padre.
—¿Y obtuviste? —Seth movió sus dedos a la cadera de Dom.
—Me sorprendió que después de tantos años allí, todavía seas delgado y guapo.
Seth miró hacia arriba y se encontró con la mirada de Dom. —Al instante te gusté.
—Si. —Los cálidos dedos de Dom se enroscaron alrededor de la mano de Seth en su
cadera, las ásperas yemas de los dedos masajearon suavemente la piel.
—¿Qué pensaste cuando te enteraste de que estaba viviendo con un chico? —Seth
necesitaba penetrar esa mente retorcida, meterse debajo de la cálida piel teñida de oliva.
Dom se rió. —No fue difícil notarlo, considerando que podía ver tu habitación desde mi
ventana.
Un rubor subió por el rostro de Seth. Había hecho todo tipo de cosas con Peter. Bajó la
mirada, pero no ayudó, porque sus ojos estaban ahora de nuevo en la entrepierna de Dom. Forzó
una risa para ocultar sus nervios. —¿Oh sí? ¿Te excitaste?
Domenico se encogió de hombros. —Tu novia no era exactamente mi tipo. Eres gay,
¿cómo pudiste empalmarte cuando ella llevaba todos esos adornos?
—Eh... se trataba más de cómo actuaba Pete —El rostro de Seth ardía al darse cuenta de
que Dom lo había visto tener sexo con su novio innumerables veces, vio sus juegos de rol, las
bragas de encaje, los camisones y los corsés de Peter.
Las cejas perfectas de Domenico se juntaron en un ceño fruncido. —No lo entiendo.
—Quiero decir que él... se sometía fácilmente. A diferencia de algunas personas. —Seth
le dio a Dom una mirada significativa.
—Bueno, no soy una tía*. Lo siento —se rió Domenico.
(*Usa el término despectivo para referirse a una mujer que en inglés es “chick” que
también significa “pollito”)
—Sí, más como una 'polla*' —Seth puso los ojos en blanco. —¿Pero dijiste que te gusta
el bondage**? —Intentó reprimir una sonrisa. Si tan solo pudiera atar a Domenico y tener una
noche tranquila por una vez...
(*Vuelve a usar el término “cock” explicado más arriba)
(**Práctica sexual que consiste en atar o encadenar a una persona para inmovilizarla total
o parcialmente.)
Domenico levantó la vista con un ceño sorprendentemente atractivo. —A veces. Me
gusta que mis hombres luchen cuando sé que no van a escapar —murmuró con una sonrisa
maliciosa.
Seth jadeó, hipnotizado por el brillo en los ojos ámbar de Dom. —Um... yo... ¿Quise
decir al revés?
Las cejas de Domenico se dispararon en una expresión atónita. —¿Por qué querría eso?
—Aparentemente, en su visión del mundo, todos los demás hombres deberían estar contentos por
la oportunidad de someterse a él.
—¿Por qué diablos yo lo querría entonces? —Seth espetó y rápidamente se puso de pie.
Con Domenico alrededor y esa charla sobre ataduras, parecía más seguro estar fuera del colchón.
—Porque te gustaba que te follaran.
Seth podía sentir que se sonrojaba. —No tienes ni puta idea de nada. —Empezó a mirar
alrededor de su pequeño apartamento. Ningún lugar donde esconderse como de costumbre.
Domenico sonrió, ajustando una de las mangas levantadas. —Soy un experto en encantar
pasivos.
—No puedo creer que acabas de decir eso. No soy un pasivo. —El impulso de golpear a
Dom crecía como el moho en las paredes de su habitación.
—Ahora lo eres. —Domenico le dedicó una sonrisa suave y apreciativa.
Seth lo miró más detenidamente. ¿Por qué el hijo de puta tenía que ser tan guapo? —Ya
quisieras.
Domenico se echó hacia atrás y los ojos de Seth inevitablemente se dirigieron a su
entrepierna, donde la tela se pegaba a la carne. —Hasta ahora, solo tengo evidencia de que eres
pasivo con otro hombre.
—¿Oh sí? Tú eres el que dijo espiarnos a Peter y a mí —desafió Seth, frustrado. Tal vez
si decidiera tomar una ducha larga... no, no tenían una maldita ducha, y el lavabo no haría un
buen trabajo.
Domenico gruñó. —¿En serio estás tratando de decir que esa fea putilla mariposona con
casi un clítoris es un hombre?
Los ojos de Seth se agrandaron. Fue como un puñetazo en el estómago, quitándole todo
el aire. —No acabas de decir eso...
—Lo acabo de hacer.
—¿No puedes simplemente… irte a alguna parte? Ni siquiera quiero hablar contigo o
respirar el mismo aire.
Domenico suspiró y se agachó para ajustar su polla. —Podríamos ir a ver alguna
exposición.
Seth jadeó de alivio y se apoyó contra la pared sucia. —¡Sí! ¡Haz eso! —No podía creer
su suerte. —Puedes pasar la noche allí por lo que a mí respecta.
Domenico se levantó de la cama antes de caminar lentamente hacia Seth. La bestia podría
haber sido más pequeña y menos voluminosa, pero intimidaba tanto a Seth que quiso meterse en
la pared.
—Alguien necesita limpiarse los oídos —Domenico le dedicó una sonrisa de estrella de
cine. —No es posible que quieras perderte el Altar de Pérgamo*.
(*El altar de Pérgamo es un monumento religioso de la época helenística ubicado en la
actual Alemania.)
Seth se quedó en blanco por un momento. ¿Un altar? ¿Eso es lo que Domenico quería
ver? —¿La alternativa es quedarme aquí otra noche? —preguntó con resignación. Lo último que
quería era quedarse atrapado aquí de nuevo.
Domenico le sonrió como si no hubiera oído el sarcasmo y puso su cálida palma en la
nuca de Seth. Era tan excitante como un gesto de dominación. —Podríamos comer fuera después
de eso. Conozco un buen lugar italiano...
—Más vale que sea uno bueno. No soy barato.
—Entonces será el Benito. Domenico sonrió, acariciando suavemente el pómulo de Seth
con el pulgar. —Su chef es de Nápoles.
—Um… está bien. Estoy seguro de que es agradable. —El corazón de Seth ya estaba
latiendo con fuerza. Era como estar en una habitación con una cobra.
Domenico se mordió el labio inferior. —Hombres de Nápoles... tan deliciosos como los
sicilianos.
Seth tragó saliva. —No lo sabría. Y... los sicilianos no parecen tan buenos. Insistente.
Dom se rió, presionando más cerca para morder el labio de Seth. —Nosotros somos
hombres de verdad. No es mi culpa que solo hayas follado coños hasta ahora.
Seth empujó sus brazos, lo suficiente para crear unos centímetros de espacio. —Apártate.
Conocí a muchos hombres geniales en los Estados Unidos.
Domenico lo miró como si esperara el remate de un chiste.
—Como este húngaro… —comenzó Seth, buscando una reacción.
Domenico parpadeó. —No me he follado a ninguno... creo.
—Tenía el pelo largo, oscuro y rizado y me lo follé bien —Seth se inclinó hacia adelante,
sintiendo el cosquilleo de poder esparcirse por sus venas.
—¿Oh lo hiciste? —Los ojos color miel de Domenico brillaron, y antes de que Seth
pudiera verlo venir, fue girado y presionado contra la pared. —Quiero saber más.
—¿P-por qué en esta posición? —Todos los pelos de la nuca de Seth se erizaron, y por
reflejo apretó las nalgas.
—¿Fue esta posición? —dijo Domenico con voz áspera, rozando sus labios contra el
cuello sensible de Seth.
—Eh... sí. En un club. Olí su cabello mientras nos dejábamos llevar… —susurró.
—¿Te gusta el pelo largo?
—Yo… —Atrapado con las manos en la masa.
—¿Hueles el mío cuando duermo? —Domenico pasó su mano por el torso de Seth,
deteniéndose en su vientre y presionando suavemente. Estar tan cerca de él hizo que los sentidos
de Seth se volvieran locos, a pesar de que no le agradaba. Pero, de nuevo, no te tiene que gustar
alguien para pensar que está bueno.
—Yo... ¡No! —Trató de despertarse del estallido de enamoramiento, pero sabía que era a
medias.
Domenico acarició su nuca, suavizando sus rodillas, pero finalmente se retiró. —
Prepárate, vamos a tener una cita.
—Sí claro. Tú, yo y 'cita' no van juntos —Seth intentó que sonara duro, pero estaba
demasiado concentrado en ocultar cualquier señal de excitación.
Domenico resopló. —Vamos a ir al museo y a un restaurante. Y follamos. Por supuesto
que es una cita.
—No, no lo es. Solo somos dos chicos... pasando el rato. —Seth puso los ojos en blanco
y se acercó a su bolso. No quería parecer un vagabundo, vistiendo la misma ropa que había
estado usando durante tres días. La idea de que Domenico incluso quisiera tener una cita lo
confundía muchísimo.
—Así que somos putos amigos maricas con derecho.
—¡No somos 'amigos'! —Seth le gruñó, quitándose la camisa. —Hace frío afuera, ¿no?
—Sí. Vístete bien, para que no me avergüence de ti. Soy semirregular en ese restaurante.
—¿Qué mierda? —Seth negó con la cabeza y rápidamente se cambió a un nuevo par de
jeans. —Como si me importara.
—¿No deberías? —Domenico se pasó las manos por los costados. —Yo me veo genial.
—Eres tan engreído —Seth no pudo evitar reírse, pero echó otro vistazo a su bolso. Sacó
la camisa ajustada Black Rebel Motorcycle Club que esperaba que Domenico odiara y lo juzgara
mal. Era un abotonado negro, con una moto bordada en el bolsillo y dos calaveras en el cuello.
Domenico ladeó la cabeza, recorriendo lentamente todo el cuerpo de Seth con la mirada.
Bueno, no parecía que Seth hubiera tenido éxito en elegir un atuendo horrible.
—¿Debería colgarme de un gancho? Porque me siento como un pedazo de carne. —Seth
sacó su chaqueta de cuero.
—No, una cama sería una exhibición más apropiada, pero llegaremos a eso más tarde —
Domenico se metió las manos en los bolsillos de los pantalones. Sus ojos tenían un brillo extraño
mientras escaneaban a Seth de pies a cabeza. Era a la vez desconcertante y enviaba descargas de
excitación a las bolas de Seth. La mirada atenta no abandonó el pecho de Seth ni siquiera cuando
se estaba poniendo la chaqueta.
—Ya quisieras. —Se puso de pie, para enfatizar que era un poco más alto. —Listo.
Domenico se envolvió una bufanda de lana alrededor de su cuello y se puso el abrigo
negro ajustado. Parecía un anuncio de D&G* hecho realidad.
(*Dolce & Gabbana, es una firma de moda italiana, casualmente uno de sus creadores se
llama Domenico.)
—Somos como... —Seth no pudo evitar una sonrisa. —Simplemente no combinamos,
¿verdad?
Domenico se encogió de hombros y le abrió la puerta. —Los hermanos nunca lo hacen.
—¡Eww! —Seth frunció el ceño y se tapó los oídos con las manos. —Está bien, podemos
irnos. Se me puso tan suave en este momento.
—Lo que me dice que estabas duro unos segundos antes —Domenico movió las cejas,
dejando que Seth pasara por la puerta primero.
—Ah, vete a la mierda.
Capítulo 8

Domenico miró por encima de la mesa a la boca sensual de Seth, que brillaba con pesto
mientras comía su pasta. La tarde había sido agradable hasta ahora, incluso con los intentos de
Seth de dejarlo fuera. Pasaron dos horas en el museo, y Dom estaba sorprendido por lo mucho
que a Seth le gustaba la exhibición de arte oriental.
—Me gusta el aroma a limón de la salsa —dijo Seth sin mirarlo. La camisa estaba
abrazando su gran cuerpo de la forma en que Dom deseaba poder hacerlo. Si Seth no se resistiera
tanto, podría tomarse su tiempo para explorar todos esos músculos voluminosos, perfilarlos todos
con la lengua, saborear el sudor fresco y su propio semen.
Domenico se mordió el labio y tomó otro trozo de conejo frito. Ya tenía planeado tomar
una tarta de limón de postre.
—Y hay chiles molidos en la pasta, ¿ves? Por eso es rojo. —Seth inclinó un poco su plato
para enseñárselo a Domenico, aún sin levantar la vista.
Domenico lo miró, sobresaltado. Nunca le había interesado mucho la cocina como
proceso y siempre había asumido que eran los tomates los que le daban color a la pasta roja. —
¿Hablas en serio?
—Mhm sí. Puedes lograr que sea verde con espinacas y negro con tinta de calamar.
¿Quieres probarlo? —Seth no se inclinó con un tenedor, listo para alimentar a Dom, sino que
simplemente empujó su plato más cerca de Dom. Eso fue todo. El gran final del intento de
conversación más incómodo jamás registrado. Domenico no pudo contener la risa. Incluso
rezumando insuficiencia, Seth era tan guapo con su piel oscura y cabello negro como la brea. A
Domenico le encantaría follárselo aquí mismo, en el baño. ¿Seth resistiría de nuevo más tarde
esta noche? Estaba claro que disfrutaba ser el pasivo, incluso si seguía resistiéndose.
—Aliméntame.
Seth puso los ojos en blanco. —Ya he hecho suficiente de eso por hoy.
Domenico se rió entre dientes y lo miró en un desafío silencioso. —¿Te estás
acobardando?
—Estúpido. —Seth frunció el ceño y agitó un poco de pasta en su tenedor con la boca
bien cerrada. Se acercó y le tendió el tenedor a Dom, incluso manteniendo una mano debajo de la
pasta. Domenico sonrió. Seth se comportaba como una esposa malhumorada.
Se inclinó, abriendo la boca para tomar el tenedor. El restaurante constaba de varias salas
pequeñas, y ellos estaban solos en la suya, por lo que no tenía que preocuparse por la reacción de
nadie.
—Muy picante, ¿verdad? —Seth se alejó rápidamente, como si estuviera avergonzado
por sus propias acciones, y hurgó en su plato en busca de otro bocado. Domenico sonrió,
encantado por el rubor en esos pómulos pronunciados. Si Seth se tragara el semen de Domenico
de la misma forma en que devoraba la pasta...
Domenico suspiró, observando la boca del otro hombre mientras masticaba la comida
picante.
—¿Entonces me llevas a una cita y eres el Sr. Aburrido? —Seth enarcó las cejas. —Dime
algo interesante.
Domenico le sonrió. —Estaba pensando en follar, así que pensé que no querrías oír
hablar de eso en nuestra primera cita.
—Eh, no hay remedio contigo —Seth suspiró, frunciendo el ceño. —Tal vez empezaré
yo. No sé qué estoy haciendo aquí.
Domenico miró a su alrededor. La habitación tenía una cualidad teatral, las paredes y el
techo estaban cubiertos de yeso para imitar el interior de una gruta. —Estamos cenando.
—¡No! Quiero decir... ¿Hacia dónde va mi vida?
Oh. Ese tenía que ser el vino que empezaba a hablar, y Dom no estaba seguro de querer
escuchar. Suspiró, dándole a Seth una larga mirada. Ahora que lo pensaba, Seth había bebido la
mayor parte de la botella de vino que habían comprado.
—Vas a liderar a la familia Villani —Era difícil no sonreír ante esa imagen. Cuando Seth
tomaría su lugar como jefe de la organización, Domenico tendría que serle leal, pero aún
recordarían cuán fuertemente el trasero de Seth apretaba su polla. Domenico se quedó a la deriva
con ese pensamiento por un momento, antes de volver a concentrarse en las palabras de Seth.
—... y pensé que simplemente me involucraría, pero cambié de rumbo todo el tiempo. No
podía decidirme. —Seth tomó otro sorbo de su vaso.
—¿Cursos?
Dom estaba confundido. Debería haber estado prestando más atención a alguien cuya
garganta quería follar.
—Hice algunos créditos en política internacional, historia de la televisión, geografía,
incluso hice algo de montañismo. Pensé que podría ser como un instructor o algo así.
Oh, estaba hablando de la universidad. Domenico podría ir con eso. —¿Cuál fue tu
especialidad?
—Estudios de comunicación, pero había un montón de módulos entre los que podía
elegir. No pude terminarlo de todos modos —Seth se sirvió una generosa copa de vino.
—Es una pena. —Domenico sacudió la cabeza y se mordió el labio con envidia. Seth
estaba desperdiciando las oportunidades que le brindaba su puesto. Puto mocoso malcriado.
—Pero estoy pensando, ya sabes, no estaba destinado a ser. También podría tomar lo que
la vida me depara, ¿verdad?
Domenico sacudió la cabeza y se llenó la boca con un trozo de patata. —Tienes que hacer
lo que tienes que hacer. Yo nunca terminé la secundaria —confesó. No estaba avergonzado de
eso, no realmente. Estaba bastante seguro de que vencería a la mayoría de los graduados en
cualquier tipo de prueba, pero eso no significaba que estuviera feliz de que sus habilidades no se
confirmaran de alguna manera.
—¿Es por eso que elegiste... ya sabes...? —Seth se apagó, hablando de ser un asesino
como si fuera un trabajo de medio tiempo. Fue bastante entrañable.
—Lo contrario, en realidad —Se encogió de hombros. —No terminé porque tu padre
decidió que estaba listo para hacer un poco de trabajo independiente —O, de asesinato.
—Como un profesional independiente... —Seth terminó el vaso, evitando los ojos de
Dom y golpeando sus dedos contra la mesa.
Domenico se mordió el labio y colocó los cubiertos a un lado de su plato para indicar que
había terminado. —No, más como trabajar con un contrato sin un número fijo de horas.
—Si pudieras elegir cualquier cosa, ¿qué harías?
Domenico sonrió. No pudo evitarlo. Si tuviera todos los recursos que tenía Seth, ¿qué
haría? Si pudiera estudiar, ¿qué materia sería? ¿Algo que pudiera ayudarlo con el trabajo, o
simplemente algo que le interesaba? —Sería autónomo —Eso, lo sabía con seguridad.
—¿Oh sí? —Seth se rió. —¿Venderías aspiradoras? Solo puedo ver eso. Encantando a las
amas de casa cuando vas de puerta en puerta.
—¿Estás diciendo que me encuentras guapo?
—¡N-no! ¡Por qué tienes que filtrar eso! Tal vez eres atractivo para los pumas.— Seth
resopló y le pidió al mesero un Bloody Mary.
Domenico aprovechó la oportunidad para pedir una tarta de limón. Una grande. Se
aseguró de que ella entendiera.
—No me gustan los viejos —Domenico frunció el ceño, ajustando la forma en que se
sentaba en la silla mientras volvían a la conversación anterior. —Quiero hacer algo emocionante,
algo que me permita viajar.
—¿Por qué no renuncias? —Seth se encogió de hombros y apartó la pasta sin terminar.
Domenico lo miró boquiabierto. ¿Era realmente tan despistado? —¿Qué?
—Oh, lo entiendo, supongo que viajas mucho en esto... —Seth parecía incómodo.
Enrojecido, moviéndose constantemente en su asiento. Domenico no tenía idea si el futuro Don
sabía de lo que estaba hablando o no.
—Seth, hice un juramento. No puedo simplemente renunciar al trabajo. No es un
supermercado —dijo Domenico. Seth era guapo, sin embargo un idiota. Un maldito bebé grande.
—Oh. —Seth buscó desesperadamente al camarero. —Es una lástima, supongo.
El estómago de Domenico se apretó con ira. —¿Hablas jodidamente en serio?
—¿Qué? —Seth tragó saliva.
—Una puta lástima, sí —gruñó Domenico, cogiendo su vino y bebiéndolo de una sola
vez.
—Bueno, ¿cómo diablos puedo saber? ¡Pareces estar… a gusto con tu vida!
Se quedaron en silencio cuando entró la mesera para dejarles la comida y las bebidas,
solo para continuar cuando ella se fue.
—Estoy a gusto con mi vida —Domenico frunció el ceño y fijó sus ojos en la tarta de
limón, ahora más apetecible que nunca, así que tomó el tenedor de postre y se puso a comer. —
Pero eso no significa que no sería bueno tener una opción.
—Bien. Al menos tienes algo en lo que eres bueno. —Seth puso los ojos en blanco.
Maldito mocoso. —Sí, como arrancarle las uñas a alguien —Domenico negó con la
cabeza. —¿Incluso te escuchas a ti mismo?
Seth se quedó en silencio y se inclinó sobre su Bloody Mary. Domenico notó que cerró
los dedos en puños y los acercó a su cuerpo.
Domenico se metió un gran bocado de tarta en la boca, masticándolo sin mucho placer.
Seth había estropeado su postre.
Y se estaba poniendo aún peor, con Seth sentado allí en silencio como un conejo
asustado, sorbiendo su bebida, con una mano aún escondida debajo de la mesa. ¿Y este era el
futuro Don? ¡Qué chiste! Con Vincente siendo lo suficientemente imprudente como para que el
actual Don considerara convertir a Seth en su heredero, Domenico era la opción perfecta. Era
tranquilo, inteligente y bueno en el trabajo. Pero ni siquiera fue tomado en cuenta. Porque no
nació de la mujer con la que se había casado el Don. ¿Cómo era eso justo?
—¿Y tú? —Suspiró, jugando con la tarta que se desmoronaba en su plato. —¿Qué harías?
—No sé. No soy bueno en mucho. —Sonaba más como 'No quiero hablar contigo'.
Domenico no quería darle la cortesía.
—Cocinar —ofreció Domenico, para no sugerir la prostitución como una opción de
carrera válida para alguien con un trasero como el de Seth.
—Sí, me gusta cocinar —murmuró, luciendo como un castillo de naipes a punto de
derrumbarse.
Domenico se mordió el labio. —¿Intentaste pedirle a tu padre que cambiara su decisión?
¿Tal vez funcionaría?
—Lo que sea. No importa. Los dos estamos atascados, ¿de acuerdo? ¿Quieres mostrarme
algunos clubes de Berlín o algo así? —Seth apuró su bebida, los ojos fijos en el mantel.
Domenico sonrió, relajándose un poco. —¿Qué tipo de clubes?
—Ya sabes qué tipo de clubes.
—Sé que quieres un club gay, pero ¿qué tipo de club gay quieres? —Domenico estaba
divertido. ¡El chico había vivido en Nueva York durante los últimos tres años, por el amor de
Dios!
—Solo quiero salir a algún lugar bueno. Dijiste que has estado por aquí. Simplemente no
lo conviertas en algo extraño, y estoy bien.
—¿Clásico? ¿Divertido? ¿Sexy? —Domenico terminó su pastel.
—Sexy. —El idiota seguía apretando los puños contra su cuerpo.
Oh no, el hijo legítimo no se tiraría a nadie bajo la vigilancia de Domenico.
—Claro —dijo en voz alta, sacando su billetera y arrojando un billete de cien euros sobre
la mesa.
—Y grande. Club grande y sexy, con muchos tragos y chicos guapos —Seth se puso de
pie sin siquiera pedir la cuenta. A Dom no le importó ya que fue él quien invitó a Seth en primer
lugar. Su mamá le había enseñado a pagar en sus citas.
—Hay uno a quince minutos de aquí. —Domenico también se levantó y salió al pasillo.

El club era tal como Domenico lo había descrito. Situado en el edificio de una antigua
fábrica, tenía una gran zona de baile, una zona chill out y un cuarto oscuro en el sótano. Los ojos
de Seth se dirigieron hacia Domenico, que estaba apoyado contra la pared con una Coca-Cola en
la mano, muy parecido a la mujer embarazada que estaba sentada cerca. Era extraño que se
negara a pedir alcohol en un lugar como este.
Seth, por otro lado, estaba en la mejor manera de estar lleno de alcohol, como un
zabaglione* bien hecho, y no podía esperar para llegar allí. Al menos estar aquí significaba que
no tenía que estar atrapado en la misma habitación que Domenico. Se estremeció al recordar su
conversación en el restaurante. Cada vez que volvía a mirar ese hermoso rostro, todo lo que
podía pensar era en sangre. Mucha sangre por todas partes. Y lo peor era que no había nadie en
este puto club que se viera mejor que ese bastardo. Domenico siempre aparecía como salido de
una revista de moda, pero ahora, con el traje azul marino, que tenía que haber sido hecho a su
medida, porque así le quedaba, era más que un festín para la ojos. Si no fuera tan capullo, a Seth
le hubiera encantado follarlo contra el colchón, oliendo su cabello deliciosamente suave y
acariciando su cálida piel.
(*También conocido como 'zabaione', es un postre de origen italiano. Se trata de una
crema hecha con yema de huevo, azúcar y vino.)
Sonrió sin pensar ante la idea, antes de darse cuenta de que también significaba que le
sonreía a Domenico, así que se volvió hacia la barra y pidió otro trago de 'bomba negra', sea lo
que fuera. Y Domenico había elegido bien el club. Había una pista de baile llena de tíos macizos,
una buena mezcla de pop, techno y testosterona en el aire. Al igual que a Seth le gustaba.
—Lo mismo para mí —dijo una voz aterciopelada desde el lado de Seth, y cuando miró
de dónde venía, sus ojos se encontraron con un rostro varonil. Guapo, pero un poco demasiado
cuadrado para su gusto.
—¿Ah sí? ¿Me ves y asumes que soy extranjero? —Seth se rió, mientras el hombre
hablaba en inglés, aunque con un fuerte acento alemán.
—Acabas de pedir tu bebida en inglés.
Seth se apoyó contra la barra con una risa baja. El alcohol debe haber hecho que su
cerebro se ralentizara. —¿Eres un rubio natural? —Seth se rió y alborotó el cabello del extraño.
—¿Eres italiano? —El hombre le dedicó una perfecta sonrisa blanca.
—Sí. —Seth levantó su copa hacia el extraño cuando tomaron sus bebidas.
—¿De donde? —El hombre deslizó un brazo alrededor de la cintura de Seth y tiró de él
para alejarlo de la barra.
—Sicilia. ¿Eres de la localidad? —Él correspondió al abrazo, sintiéndose mucho más
confiado que con Domenico. Ahora que lo pienso, cuando estaba fuera de las garras de la casa
familiar, siempre se sentía más seguro que con Domenico.
—No, soy originario de un pueblo cerca de Munich, pero ahora vivo aquí. Bastante cerca
de este lugar, en realidad. —Sus cálidos dedos hicieron cosquillas en las costillas de Seth.
—¿Ah sí? Porque soy un turista. ¿Tienes tu propio lugar? —Seth bebió su trago y frunció
el ceño por lo dulce que era.
—Tengo un compañero de cuarto, pero está fuera el fin de semana. Soy Kurt, por cierto.
—El hombre extendió su mano, aunque ya estaba abrazando a Seth.
—Seth. No puedo esperar para ser un turista... —La sonrisa en su rostro se desvaneció, y
se desvaneció cuando prácticamente chocaron con Domenico.
—¿A dónde vamos? —vino el severo barítono.
Kurt parpadeó, confundido, y retrocedió un poco. —¿Es... eh, ese es tu novio?
Seth puso los ojos en blanco. —En sus sueños. Compañero de cuarto.
—Su guardaespaldas —dijo Domenico. Llano y simple. Su rostro estaba tan sin
emociones como cuando Seth lo había visto por primera vez como adulto, en ese horrible
almacén en la ciudad de Nueva York. —Dondequiera que él vaya, yo también voy.
Kurt frunció el ceño a Seth, y su brazo se deslizó lejos de su espalda. Seth suspiró, ya
sintiendo que esto no terminaría bien. —Sabes qué, tal vez esta noche no sea la mejor... —
Suspiró. —Me quedaré en Berlín un poco más, ¿te daré mi número?
Antes de que Kurt pudiera siquiera responder, Domenico intervino, llevándose su celular.
—Eso sería una brecha de seguridad. No puedes dar tu número a personas al azar.
Kurt se aclaró la garganta, levantando las manos en señal de derrota. —Sabes qué, en
realidad estoy visitando a la familia esta semana, así que no estaré disponible después de
mañana. Lo siento.
Seth fingió una sonrisa mientras se despedía. —Gracias —le espetó a Domenico tan
pronto como su aspirante a polvo abandonó el escenario.
Dom lo miró con una expresión seria. —No vas a ir a casa de nadie. Encuentra a alguien
en el baño.
Seth negó con la cabeza. —Da igual. —Se dio la vuelta sin mirar atrás y fue directo a los
baños. Necesitaba orinar de todos modos. Ni siquiera recordaba cuánto había bebido ya. Tener
un guardaespaldas apestaba. Incluso uno tan guapo.
Entró en el gran baño industrial con una hilera de urinarios justo enfrente. Sin embargo,
esperando un momento de paz y tranquilidad, rápidamente se dirigió a uno de los cubículos.
Todo el club estaba sorprendentemente limpio para lo que era, y el cubículo no fue una
excepción. Baldosas grises y blancas, y un cartel de una próxima fiesta colgado en una de las
paredes. Podía escuchar sonidos inconfundibles provenientes de uno de los puestos cerrados, así
que se dirigió al último, ansioso por un momento de paz. La voluntad de follar había muerto en
él por esa noche. Domenico seguramente lo arruinaría de todos modos. Se sentó en el asiento del
inodoro con un suspiro y trató de concentrarse. Su mente estaba nublada por el alcohol, pero Seth
estaba seguro de que podía tomar unos cuantos tragos más antes de irse a dormir. Hubo un
movimiento de pies a su izquierda cuando alguien ocupó el puesto de al lado, pero no le prestó
mucha atención hasta que escuchó que alguien tocaba la partición de madera. Seth le lanzó una
mirada y se congeló al ver una abertura circular. Había un trozo de papel atravesado y podía ver
los dos dedos que lo sostenían.
Los labios de Seth se separaron y tomó la nota sin pensar, pero, cuando la abrió, estaba en
alemán. Por supuesto. Le tomó otra mirada al agujero en la pared para darse cuenta de lo que
realmente estaba mirando. Este no era un 'agujero' normal. Este era un agujero de la gloria*. Sus
ojos se agrandaron, al igual que su garganta. Bingo.
(*En inglés “gloryhole”, son agujeros en la pared donde los hombres introducen sus
penes y esperan que alguien del otro lado de la pared les haga mamadas o se dejen penetrar, el
morbo es no ver quien está al otro lado, o si es mujer u hombre.)
Se oyó otro golpe y, a través del ruido amortiguado de follar unos cuantos puestos a la
derecha, captó el sonido de una cremallera al abrirse. Su respiración se detuvo, antes de volver
con el doble de intensidad. Esto era perfecto. Tan perfecto que se preguntaba por qué nunca lo
había hecho antes. Un tipo alemán completamente anónimo, uno con el que no tenía que hablar
ni mirar. Las paredes del puesto llegaban hasta las baldosas, así que incluso si Dom decidiera
entrar y echar un vistazo debajo, no vería nada.
La mirada de Seth no abandonó el agujero ni por un segundo. Se inclinó hacia delante
para apoyar los codos en los muslos y se le hizo agua la boca cuando vio por primera vez una
polla sin circuncidar. Sonrió para sí mismo y lentamente se deslizó en las baldosas sobre sus
rodillas. ¡Él realmente iba a hacer esto! Mirando la polla como un nuevo amigo, se inclinó más
cerca.
Ya estaba totalmente involucrado, la polla estaba sólo media dura, pero era una belleza:
larga y gruesa, la cabeza todavía cubierta por un prepucio de piel sedosa.
—Mmm... hola... —murmuró para sí mismo, respirando sobre la piel y pasó los dedos
por la parte superior de la polla que se oscurecía lentamente. Sin pensarlo mucho, deslizó su
lengua en la vaina del prepucio, maravillándose de la sensación satinada de la polla del chico. Se
sentía suave, y el olor almizclado pero limpio lo hizo gemir.
Seth agarró el eje con una mano y luchó por desabrocharse el cinturón con la otra
mientras cerraba los labios alrededor de la cabeza de la polla. No había prisa. Domenico podía
esperarlo. Sonrió ante la idea.
Sus calzoncillos se sintieron más ajustados cuando la polla del otro tipo se contrajo en su
boca, endureciéndose rápidamente. Seth se bajó los pantalones lo suficiente como para tocarse y
chupó al delicioso extraño. Se imaginó cómo sería. ¿Un alemán ario como ese tipo Kurt? Chupó
más fuerte, mientras acariciaba el eje. No, esta polla era más oscura que eso. ¿Turco? Sin
embargo, estaba absolutamente deliciosa: limpia, pero habían pasado algunas horas desde su
ducha, por lo que el sabor natural superaba al del jabón. Con el eje expandiéndose hasta su
máxima dureza, el prepucio se retrajo, dejando al descubierto la cabeza. Seth se estremeció,
reuniendo el sabor salado de la hendidura en la parte superior. Podía hacer todo lo que quisiera y
nadie lo sabría. Incluso mejor que un cuarto oscuro, ya que podía ver toda la polla a la luz
brillante. Retiró los labios para ver la belleza en toda su (agujero de la) gloria mientras la
trabajaba con la mano. Estaba erecta, recta y oscura, la punta como una ciruela glaseada. Se
inclinó para succionar la piel suelta y besó la parte inferior momentos después, pero finalmente
apartó la mano, solo para bajarla a sus propios calzoncillos. Seth no podía dejar de besar
alrededor de la cabeza, ya completamente duro él mismo. Detrás de la pared, escuchó un gemido
ahogado.
Seth comenzó a bombear lentamente su propia polla, imaginando a un turco musculoso
del otro lado, y tuvo que inclinar un poco la cabeza para llevarse más polla a la boca. Cerró los
labios, sintonizándose con el pulso del otro hombre. El pinchazo se sentía vivo en su lengua, y
lamentó no poder tocar las bolas de este otro tipo, lamerlas por todas partes como lo hizo con la
polla. Ahuecando sus mejillas, Seth la tomó aún más adentro.
Aunque seguía chupando, moviendo la cabeza a un ritmo constante y golpeando la nariz
contra la pared de vez en cuando al intentar tomar demasiado, la magia del agujero de la gloria se
estaba desvaneciendo. Seth supuso que lo mejor de todo era el anonimato, pero preferiría poder
meter la nariz en el vello púbico del tipo, no en una pared. No podía agarrar su trasero, hacer que
el hombre deslizara los dedos en su cabello y acercara a Seth... Esto era demasiado frío e
impersonal para su gusto, pero aun así amaba la forma en que la dura longitud se deslizaba
dentro y fuera de su cuerpo y sobre su lengua, empujando lo suficientemente profundo como
para casi ahogarlo. Supuso que lo haría si no fuera por la pared.
Y luego, el tipo trató de entrar más profundo, y Seth notó la forma en que la pared de
madera se sacudió, asaltada por las caderas de su compañero del otro lado. Sonrió en su mente,
pero trató de inclinarse aún más y hacer que su boca estuviera disponible para las embestidas.
Seth tuvo que admitir para sí mismo que chupar polla no era una habilidad que hubiera
perfeccionado. Era la novedad del agujero de la gloria lo que lo atrajo, porque normalmente
preferiría hacer otras cosas con un chico. Bueno, a menos que fuera él al que se la estuvieran
chupando.
Y luego, la polla en su boca palpitó, chorreando una humedad caliente hasta lo más
profundo de su garganta. Ni siquiera sintió su sabor, lo cual fue un alivio ya que nunca se la
había chupado a un chico y había tenido buen sabor. Luchó por no ahogarse, pero tragar era su
forma preferida de lidiar con deshacerse de cualquier sabor lo más rápido posible. Su enfoque
rápidamente volvió a su propia polla, y se acarició con movimientos duros y rápidos, solo para
correrse, mientras seguía chupando la polla que se ablandaba. El chico se apartó con un pequeño
sonido, su polla retrocedió lentamente a través del agujero como la cabeza de una tortuga
asustada.
Seth ni siquiera pudo reírse ante la idea, demasiado preocupado por su propio orgasmo
que se acercaba. Se sentía áspero sin lubricante, pero no le importó, solo se sostuvo con una
mano contra la pared. Se corrió con un gemido prolongado, cerrando los ojos por un momento de
pura felicidad. Apoyó su frente sudorosa contra la pared de madera y otro sonido lo sobresaltó.
¿Qué? ¿Otra polla para chupar? Lo cual no iba a hacer. Dejó escapar una risa ronca, todavía
jadeando, y se echó hacia atrás para sentarse sobre su trasero por un momento. Pero no era una
polla en el agujero. Era otra hoja de papel.
—¿Qué? ¿Una nota de agradecimiento? —Seth se rió y agarró el papel, mientras su
corazón se estabilizaba lentamente. Pero cuando leyó el texto, el pulso se le subió directamente a
la garganta.
Estaba en italiano.

Tienes la boca más dulce que puede tener una zorra - Domenico

Se quedó completamente inmóvil, deseando que el tiempo se detuviera. ¡Esto no puede


estar pasando! Seth aplanó los labios, avergonzado hasta la médula, y trepó a la otra pared para
que Domenico no pudiera verlo, en caso de que el hijo de puta mirara por el agujero. No podía
respirar. Sólo había una cosa que podía salvarlo. Nunca podría salir de este cubículo. Nunca.
—Sabes... —La voz profunda de Domenico envió escalofríos por su espalda. —Nunca
voy a olvidar esto.
Seth golpeó la pared con el puño en pura furia. Ya podía imaginarse recibiendo burlas por
esto hasta el final de su vida y su rostro estaba en llamas.
—¿Eso es lo que te gusta? ¿Dejar que un tipo anónimo te folle la boca?
—¡Que te follen, imbécil! —Seth luchó para que su voz no temblara y lentamente se
subió los pantalones. —¡Tú no me conoces! —agregó, sabiendo que sonaba como algo que diría
un emo enojado de dieciséis años. ¡Mierda!
—Sabía que chupas la polla mejor de lo que hubiera sospechado a juzgar por tu actitud.
—¡Vete a la mierda! ¡Esto no está bien! —Seth se abrazó a la pared pero no le mostró
más afecto golpeándola de nuevo. —¡Estaba curioso!
—No seas un bebé. Vamos a casa. ¿O quieres lavarte la boca con otro trago? —Dom
sugirió inocentemente.
—¡Sí! ¡Voy a cepillarme los dientes con un tequila! ¡Y no soy un 'bebé', y me iré a casa
por mi cuenta! —Seth se abrazó a sí mismo, tratando de averiguar qué hacer. Sabía lo que no
quería hacer: mirar a Domenico a la cara.
—Sabes que no permitiré eso —Mierda, el tipo estaba demasiado tranquilo.
La vergüenza estaba ardiendo en el mismo centro de Seth, especialmente por lo ansioso
que debía haber parecido en la succión. Mierda. Mierda. ¡Mierda! —¡Así que vete a la mierda
por ahora! ¡Ya conseguiste lo que querías!
—Ese fue solo un pequeño deseo hecho realidad —Seth prácticamente vio a Domenico
agitar su mano con desdén. —Ahora muéstrame que eres un hombre y sal.
—¡No quiero! —Seth le gritó y golpeó la pared de nuevo, pero logró un tambaleante
intento de ponerse de pie.
—No seas ridículo. Follamos. Ahora es el momento de beber y ver algo de boxeo en la
televisión —Seth pudo escuchar una leve irritación en la voz de Domenico, lo que solo lo hizo
sentir violado, aunque no había manera de que él lo admitiera sin sonar como un debilucho. Y no
podría serlo si tuviera que sobrevivir rodeado de gente como Domenico. Respiró hondo, abrió la
puerta de golpe y salió apresurado sin ni siquiera mirar atrás, aunque todo lo que quería era
acurrucarse en la esquina de ese puesto.
—Eso. —Domenico suspiró, siguiéndolo como un acosador espeluznante. Fue irritante.
—¡Dije 'que te follen'! —Seth se giró y empujó a Dom en un lavabo, la sangre hirviendo
en sus venas. Dos tipos los miraron desde la esquina con expresiones cautelosas, pero Domenico
solo se encogió de hombros.
—Hasta ahora, soy yo follándote.
—Te lo advierto... aléjate de una puta vez —siseó Seth antes de salir corriendo del baño
para ser tragado instantáneamente por el ruido sordo de la música tecno. Ahora, ¿dónde estaba el
bar? ¡Todavía podía saborear la maldita polla en su boca! Y ahora mismo, le daban ganas de
vomitar. Encontró el bar en medio de la pista de baile y bruscamente ocupó su lugar en la cola
para las bebidas. Como era de esperar, pronto olió la colonia de Domenico. Al menos el hijo de
puta mantenía la boca cerrada.
Seth pidió tres tragos diferentes, sin importarle mucho lo que había en ellos, y no podía
esperar para tomar el primero lo antes posible. ¿Tal vez sería ácido y quemaría su garganta hasta
limpiarla?
—Tú lo pediste. —El aliento de Domenico le hizo cosquillas en el cuello desnudo. —Se
la chuparías a cualquiera, así que ¿por qué estás enojado porque fue a mí?
Seth podía sentir que sus mejillas ardían de nuevo. Se sentía sucio. —¡Porque quería una
mamada anónima! ¿Es eso un crimen ahora? —Empujó a Dom hacia atrás y bebió el siguiente
trago. Este era rojo por arriba y rosa por abajo. No es que hiciera ninguna diferencia a la luz de
su objetivo de ponerse cara de mierda.
—Lo es cuando estás en peligro potencial —Domenico sonrió, apoyándose en la
diminuta mesa alta en la que Seth estaba bebiendo. Podría haber parecido que estaban
coqueteando. Como si Dom estuviera charlando con él para llevarlo al estacionamiento,
inclinarlo sobre el capó de su limusina negra ridículamente cara y follarle el culo. Excepto que
Seth ya estaba totalmente jodido.
—¿Quieres un trago?
—No. Necesito asegurarme de que nadie te contagie una infección desagradable. Nunca
se puede saber con esta gente —Y con eso, hizo un amplio gesto con el brazo, señalando a los
clientes desprevenidos.
—Bueno, qué mal, de todos modos vas a recibir una —escupió Seth y vació su último
trago directamente en la cara de Domenico. Dom no se inmutó, no trató de evitarlo. Simplemente
cerró los ojos con fuerza y luego sacó un pañuelo de tela limpio y lo usó para secarse la cara.
Seth sonrió ante la vista. Habría preferido ver a Domenico más enojado, pero esto tenía
que funcionar. Su sonrisa vaciló en el momento en que Domenico se movió, golpeando su puño
directamente en el plexo solar de Seth. Se atragantó, cayó hacia atrás y de repente no supo cuál
era la diferencia entre el suelo y el techo. Domenico estaba sobre él, tirando de él para ponerlo de
pie.
—Maldito perro —gruñó Dom, mostrando sus colmillos.
Seth apenas podía recuperar el aliento, logrando solo poner sus manos sobre los brazos de
Domenico en un mísero intento de alejarlo. Estaba jadeando de dolor. El mundo latía a su
alrededor cuando alguien se acercó para preguntarle si estaba bien, pero Domenico no lo golpeó.
¡Él no estaba bien! Le dolía tanto el estómago que prefería tumbarse en el suelo. La
cantidad de alcohol que había tomado solo confundía el dolor por una fracción. Seth trató de
empujar a Domenico, pero con su respiración fuera de orden, no fue muy efectivo.
Era consciente de que Domenico lo abrazaba, como un amigo que quisiera llevar a casa a
un compañero borracho. Habló en alemán a un hombre voluminoso que parecía un guardia de
seguridad. Seth todavía se ahogaba por falta de aire, pero estaba mejorando. El frío del exterior
lo ayudó a ponerse de pie metafóricamente, mientras que el calor del cuerpo de Domenico
definitivamente no lo hizo.
El tipo de seguridad ladeó la cabeza para mirar directamente a los ojos de Seth.
Señalando a Domenico, preguntó en inglés: —¿Estás de acuerdo con él?
—¡No! —Seth dijo con voz áspera, sacudiendo la cabeza. ¡Él quería salir! Quería salir de
todo este negocio familiar. De regreso a los EE. UU., a la universidad, a cocinar una gran comida
en una tarde tranquila con un libro.
—¿Quieres quedarte? ¿Deberíamos llamar a la policía? —preguntó el tipo de seguridad.
Otro hombre seguía discutiendo con Domenico, todavía en alemán. Seth se dio cuenta de que
Dom sonaba diferente a lo que solía. Duro, imponente. ¿Era así como siempre sonaba en alemán,
o era solo esta situación?
Seth se mordió los labios. Incluso si era tan malo, no podía hacer que llamaran a la
policía. Eso estaría fuera de lugar. —¿Taxi? Tengo... dinero —dijo después de otro largo suspiro.
El guardia asintió y sacó su celular, lanzando a Domenico otra mirada sospechosa.
—¿Qué diablos estás haciendo? —gruñó Dom.
—Te veré en casa—respondió Seth con la misma cortesía en su voz.
Capítulo 9

Domenico no podía creer a ese pequeño hijo de puta malcriado. ¿Seth pensó que Dom lo
dejaría pasar? El niñato necesitaba aprender algo de respeto por aquellos más fuertes y
experimentados que él. Decir que Domenico estaba avergonzado de que lo abandonaran en un
club era quedarse corto. ¡Y el gerente lo amenazó con la policía! ¿Qué cojones?
Así que Seth, el marica cobarde, no se atrevió a mirar a Dom a los ojos cuando los gorilas
los separaron, y Dom se quedó para ver a Seth escoltado hasta un taxi. Sacó su teléfono y tecleó
el número de la compañía de taxis. Ignorando las miradas que estaba recibiendo, Domenico
comenzó a caminar por la calle de sentido único en la que desapareció el taxi de Seth. Memorizó
las placas y no dudaría en usarlas. Su único problema era que quería sonar extranjero y siempre
era difícil deshacerse de un acento adecuado una vez que lo habías aprendido.
A una cuadra del club, finalmente marcó el número de la compañía de taxis. Dom estaba
bastante seguro de que el idiota se iría a casa, ya que no conocía la ciudad, pero Domenico no
dejaría eso al azar.
Después de un breve momento de escuchar a Mozart, escuchó una voz femenina al otro
lado de la línea y en su mejor italo-alemán, le explicó lo que había sucedido. Su amigo borracho
lo había abandonado en un club, y todo lo que Domenico vio fue la matrícula del taxi que usó el
amigo. El problema era que el tipo no sabía nada de alemán y no sabía la dirección del lugar en
el que se alojaban. Y no fue algo fácil, como un hotel, porque optaron por la opción económica
del alquiler a corto plazo. ¿Sería tan amable la amable dama de conseguir un taxi para Domenico
y luego enviar el que estaba con Seth al mismo lugar al que se dirigía Domenico?
Y por supuesto, consiguió lo que quería. Civiles. Podía convencerlos de cualquier cosa.
Dom revisó el plano de la ciudad en su teléfono en busca de un buen lugar aislado junto a su casa
donde pudiera volver a encargarse de Seth sin causar un escándalo público, ya que imaginó que
una vez más Seth lo armaría.
Diez minutos después, ya estaba sentado en un taxi, su camisa empapada le recordaba la
pelea. Aunque difícilmente podría llamarlo así. ¡Seth se comportó como una prima donna* y
Dom fue castigado por corregirlo! ¡Increíble! El pequeño bastardo mimado iba a recibir su
merecido.
(*Cantante femenina que interpreta el papel principal en una ópera, básicamente le está
llamando “drama queen” pero en italiano.)
Cinco minutos de visualizaciones frustradas de tortura más tarde, el taxi se detuvo frente
a un paso elevado, que conducía a una amplia gama de vías férreas. Domenico pagó al conductor
y salió del auto, mirando a su alrededor para ver el otro taxi. Ya se estaba alejando, y una figura
solitaria caminaba por el camino desierto para llegar al otro lado del paso elevado. El suelo bajo
los pies de Dom tembló cuando un tren pasó debajo de ellos con un traqueteo ensordecedor.
Gruñó, acelerando el paso para unirse a Seth. El andar del hombre era todo borracho y
tambaleante, pero afortunadamente no había coches en el camino. Pero luego empeoró. Los ojos
de Dom se abrieron como platos cuando notó que en el momento en que Seth llegó a la pasarela,
¡comenzó a forcejear la jodida barandilla! ¡Y una mierda que lo harás, maldito idiota!
Domenico corrió hacia el viaducto y, con el rabillo del ojo, vio un movimiento abajo. Se
acercaba un tren subterráneo.
—¡Seth, trae tu trasero aquí! —Era más una reprimenda que una orden, pero no pudo
evitar pensar que esto último podría hacer que Seth se interesara aún más en el lado exterior de la
barandilla.
Los ojos de Seth se dispararon hacia él desde el lado exterior de la barrera de metal. —Tú
no eres mi jefe —Ni siquiera fue un grito, sino un gemido seguido de un resoplido.
Domenico instantáneamente comenzó a calcular. El paso elevado no estaba tan alto. Unos
pocos metros. ¿Seis, tal vez? A menos que Seth cayera de una manera realmente desafortunada,
se rompería algo en el peor de los casos. Los trenes eran más una amenaza.
—No lo soy —asintió Domenico a regañadientes, estremeciéndose cuando el tren pasó
junto a ellos y la chaqueta de Seth flotó en el aire corriendo desde abajo. —¡Estoy aquí para
protegerte! —Tuvo que alzar la voz para hacerse oír a través del paseo.
—¿Que te importa? ¡Me llamaste zorra! —Seth resopló de nuevo, alejándose de Dom
centímetro a centímetro. Maldito bebé grande.
—Esa no es una razón para suicidarse —dijo Domenico con el ceño cada vez más
profundo. —Cosas así pasan —Ciertamente le pasan a las personas que les chupan la polla a
hombres a través de agujeros de la gloria.
—¡No me voy a suicidar! —Seth escupió y perdió el equilibrio por un momento de
infarto. —¡Ya quisieras! Voy a saltar en un tren. ¡Salir de la red! Solo tengo que elegir uno
bueno.
Domenico suspiró y cerró la distancia entre ellos sin preocuparse porque no había ningún
tren a la vista. —Ven aquí, o me aseguraré de que te metan un tren en tu culo de zorra.
—¡Ey! ¡Bastardo! ¿Soy una zorra? ¡Vete a la mierda! ¡No puedes amenazarme! —Seth
sacó una mano de la barandilla y se inclinó para enfatizar su punto.
Domenico sabía que debería estar aterrorizado, pero se limitó a negar con la cabeza con
resignación. —¿De verdad me estás amenazando con tu vida? Si te rompes la columna, no habrá
nadie dispuesto a ponerse cachondo contigo.
—No me importa. —Seth se frotó los ojos antes de darle la espalda a Dom, colgando
sobre las vías como un personaje de una película dramática. —No quiero hacer esto. No me dan
opción. Simplemente tiene que ser uno de esos viejos trenes...
Domenico suspiró y se inclinó sobre la barandilla, cerca de donde Seth tenía la mano.
Podría agarrarlo en caso de que algo sucediera. —¿Quién no te está dando una opción
exactamente?
—La Familia... No quiero hacerlo... No soy bueno en eso...
Domenico apenas podía entender las palabras de ebrio, pero ahora comenzaba a darse
cuenta de qué se trataba todo el drama.
—Y una mierda —Dom puso su mano sobre la de Seth y la apretó contra la fría
barandilla. —Eres terrible en eso —No lo dijo para ser cruel. Era la verdad, y ambos lo sabían.
Seth no lo miró pero tampoco se inmutó. —Entonces me buscaré una nueva vida como
prostituta gitana en Siberia, Vincente consigue el cargo y todos estarán felices.
—Eres italiano —Domenico se inclinó y colocó su otra mano sobre el hombro de Seth,
acercándolo más.
—Sí, un maricón italiano.
—Por lo que no eres una prostituta gitana —razonó Domenico, besando la nuca de Seth.
Estaba caliente y maravillosamente fragante.
—Podría serlo. Cualquiera que viaja todo el tiempo es un gitano. Sería un auténtico
espectáculo de fenómenos.
—¿Y eso es porque? —Domenico deslizó ambos brazos alrededor de Seth y lo abrazó
por detrás, oliendo la chaqueta de cuero. Él podría ser un mocoso, pero, maldita sea, era sexy.
Domenico podría montar su trasero de burbuja dulce y apretado cualquier día.
—Una prostituta marica gitana italiana en Siberia. ¿No es lo suficientemente raro?
Probablemente tendría que dejarme crecer el bigote para ocultar mi identidad —balbuceó Seth,
empujando el pecho de Dom.
Domenico se mordió el labio para evitar reírse a carcajadas. Esto fue gracioso. —Sabes
qué, la carrera de mis sueños secretos es tener un burdel rural en algún lugar de América del Sur.
Podrías trabajar para mí —bromeó. —Al menos no te congelarías la polla.
—Sí, probablemente necesitaría un proxeneta de calidad, ¿eh? —Seth se rió entre dientes.
—Alguien a quien amar cuando tienes a otros maltratándote —Domenico besó el lado del
cuello de Seth, aspirando su olor varonil.
—¿Qué? ¿Mi proxeneta no me daría protección? —Seth se tambaleó un poco cuando
soltó una mano para agarrar los dedos de Dom debajo de su chaqueta. Sostener a Seth era como
abrazar un horno. Probablemente era el alcohol lo que lo calentaba como el infierno, incluso con
este clima.
—Sí, así que como tu proxeneta, te estoy diciendo que traigas tu culo de prostituta gitana
aquí —Domenico suspiró, acercándolo más. Tal vez el riesgo no era enorme, pero aun así no
quería que Seth cayera.
—Sí... No hay ningún tren a la vista —Seth se volvió con tanto cuidado como podía
hacerlo un borracho y luchó por saltar la barandilla. Parecía un desastre con el pelo fuera de
lugar, los ojos enrojecidos, la chaqueta deslizándose por un brazo. Domenico tiró de él y casi se
cae al camino vacío bajo el peso considerable de Seth. De hecho, sintió el incómodo movimiento
de inclinación en su nariz.
—Mierda.
—Está bien, está bien... puedes soltarme... —Seth suspiró, apenas manteniendo su
posición.
—No quiero —Sorprendentemente, le resultó difícil enojarse con un borracho sexy. —
Me voy a llevar a mi puta.
—¿Ah sí? —Seth enarcó las cejas. —Pensé que ya me habías “llevado”*. No acabó bien
—Se pasó los dedos por el cabello, haciéndolo lucir más ordenado.
(*Se refiere a llevarlo a una cita, la que acaban de tener... ¿o aún están teniendo? 7v7)
—Porque eras una pequeña zorra mala —Domenico resopló y se inclinó para morder la
mejilla de Seth. Estaba salada, y le encantaba que la barba le raspaba la lengua.
Seth entrecerró los ojos y frunció el ceño. —Pensé que dijiste que tenía una 'boca dulce'
—No parecía contento con el cumplido.
—Esa parte fue encantadora, arruinaste todo después de eso —Domenico acarició la
mejilla de Seth. Se sentía extrañamente íntimo, pero no le importaba una mierda. Era agradable,
mucho mejor que sus encuentros casuales más recientes.
—Ah, claro, porque tú estuviste genial, Sr. Perfecto. Joder, me golpeaste —se quejó Seth,
pero fue bastante a medias ya que no se alejaba de las caricias.
—Destrozaste mi traje. Y derramaste un trago en mi cara. —Como si esto no fuera una
razón perfectamente buena para enfadarse.
—Me manipulaste para que te hiciera una mamada —Seth frunció el ceño.
—Eso es porque te niegas a aceptarme —Domenico deslizó su brazo detrás de la espalda
de Seth y lo condujo hacia su apartamento. —Soy un buen polvo. ¿Por qué te resistes como una
cabra terca? Sin mencionar que no va muy de acuerdo con tu nueva personalidad.
Seth se rió y puso su pesado brazo sobre los hombros de Dom. —Porque no solo follas.
Lo usas para demostrar que eres mejor. —Eso fue bastante perspicaz para un borracho. —Tomas
lo que quieres, y luego te burlas de mí por quererlo...
Domenico frunció el ceño. —¿No soy el mejor? Tengo buen entrenamiento. Soy el mejor
hombre que tienen los Villani y no importa lo que diga el Don, él me hizo* —gruñó, enojado por
lo decepcionado que sonaba. —Debería ser yo, no tú.
(*Se refiere a que es su padre.)
Seth los detuvo y volvió sus ojos borrosos hacia Dom. —Yo te lo daría —susurró y se
inclinó para un beso inesperado. Domenico respiró hondo y pasó la mano por la nuca de Seth.
Por un momento, no pudo tomar otra bocanada de aire, demasiado preocupado por la cálida boca
que ahora sabía a vodka y jugo de naranja. Si el diablo alguna vez quiso crear un perfume que
volviera locos a los hombres gays, Seth debería ser la esencia para ello. —¿Sabes por qué? —
Seth susurró en sus labios cuando se alejó por un segundo. Ya no estaba corriendo y miraba
directamente a Dom a los ojos. Los suyos eran oscuros, como los del Don, y ese solo
pensamiento hizo que a Domenico se le encogiera el estómago.
—¿Por qué? —dijo con voz áspera.
—Porque eres tan competente... —Seth lo besó una vez más mientras estaban en la calle
vacía, apretados en un fuerte abrazo. —Puedes manejar las cosas.
—Sí —siseó Domenico, devolviendo el abrazo. Su corazón dio un vuelco. —¡Pero
golpeé el maldito techo de cristal* como una mujer en finanzas! —Frunció el ceño, a pesar de
sentirse extrañamente cálido por el reconocimiento. Seth era la última persona que esperaba que
dijera esas cosas, incluso cuando estaba borracho.
(*El “techo de cristal” es un planteamiento del feminismo, como una limitación que
tienen las mujeres en los puestos laborales para alcanzar los superiores en cualquier cargo o
empresa, solo por el hecho de ser mujeres. Domenico se refiere a su “techo de cristal” el hecho
de que es un bastardo, que como no es un Villani “pura sangre” no puede alcanzar los cargos
superiores.)
Seth puso sus grandes manos a los lados de la cara de Dom. —Si alguien puede romperlo,
ese serás tú. Yo podría darte eso. El control. —Sus ojos se entrecerraron en la penumbra, y se
inclinó para otro beso.
Domenico jadeó en la boca de Seth y lo abrazó. No pudo evitarlo. Fue tan bueno, tan
caliente, tan enloquecedoramente satisfactorio escuchar eso. ¡El hijo mimado estaba
reconociendo su superioridad, la del hijo bastardo!
—Creo que sabrías cómo manejarlo —bromeó Seth antes de chupar el labio inferior de
Dom. Esto hizo que los dedos de sus pies se doblaran en sus zapatos.
—Joder, Seth... —Domenico presionó su nariz contra la carne palpitante del cuello de
Seth mientras sus dedos mordían la carne de ese culo de ensueño.
—¿Qué? —Seth sonrió. —Quieres mostrarme cómo lo manejas. ¿Cómo no abusas de un
privilegio?
—¿Qué puto privilegio? —murmuró Domenico, sin prestar atención a un coche que
pasaba.
—El privilegio de ‘follar’* —Seth se estrelló contra él con las caderas y Domenico se rió
entre dientes, sin siquiera tratar de negarse el placer.
(*En la pregunta Dom dice “What fucking privilege?” que es una acentuación obscena,
mientras que “fucking” no solo significa una maldición, también significa “follar” por lo que
Seth le responde en esta oración “The ‘fucking’ privilege”)
—¿Serás un buen chico hoy, mi prostituta gitana de Siberia?
—Puedo intentarlo… Tu cabello huele tan bien… —Seth gimió y olfateó a Dom como un
perro.
Mierda, Domenico se lo follaría aquí mismo, sobre el... buzón de correos a su derecha si
no hubiera riesgo de que alguien llamara a la policía. Obtener cargos por exposición indecente no
estaba exactamente en su lista de tareas pendientes para el año. Así que tiró de Seth. —Te voy a
comer todo tu puto culo.
—No suena tan mal —Seth le sonrió y aceleró el paso a pesar de tener que tambalearse
colgando del brazo de Domenico. Dom tenía que recordar que un Seth borracho era mucho
menos engreído. Definitivamente usaría este conocimiento a su favor en un momento posterior.
—No, ahora mismo no estás nada mal —confesó Domenico, aún embriagado por la
sensación de poder. Seth había reconocido que Dom estaba mejor preparado para ser el Don que
él. ¿Había algo más empoderador? Tal vez solo el hecho de que Seth también estaba dispuesto a
entregar su trasero en bandeja de plata. Ñam.
Seth se rió y lo empujó con el codo. —Tenías que decir eso, eres mi proxeneta. Pero
gracias de cualquier manera.
Domenico sonrió, girando hacia la calle en la que vivían. —Más como un cliente, en
realidad —Se inclinó más cerca, tirando del lóbulo de la oreja de Seth con los dientes. —O un
amante secreto.
—Me gusta más el otro. No soy bueno con los clientes, —Seth lo abrazó más cerca.
Realmente era como una oveja, sin mirar el camino en absoluto, solo confiaba en que Dom se
encargaría de todo. Y a Dom le gustó.
Volvió a besar a Seth, mordiéndose el labio cuando finalmente llegaron a la entrada de su
edificio. —Entonces trátame como a uno.
Seth lo empujó contra la pared sin mucha fuerza y le separó los labios con esa deliciosa y
caliente lengua. Sus manos se deslizaron por los costados de Dom, todo el camino hasta sus
caderas, sus cuerpos chocando al mismo ritmo. Domenico ronroneó. Era tan jodidamente bueno.
Deslizó sus manos por el cuerpo de Seth, ahuecando todas las maravillosas curvas de sus
pectorales. Dom no tendría un cuerpo como este sin esteroides, simplemente no tenía los genes
para eso. Pero amaba a los hombres así, tan grandes y... bueno, anchos. Dominar a un tipo así era
aún más satisfactorio.
—Vamos... toma las llaves... —Seth susurró en el oído de Dom. —Me pongo cachondo
cuando te huelo.
Finalmente. Una declaración honesta. Domenico se mordió el labio y corrió escaleras
arriba, hacia su diminuto ático. —¿Sí? —respiró. —¿Tus rodillas se están ablandando?
—No puedo evitarlo, —gimió Seth, subiendo las escaleras a cuatro patas. Domenico se
detuvo, mirando la actuación con las cejas levantadas.
—¿Estás tratando de tentarme?
—¿Eh? —Seth lo miró con los labios entreabiertos, solo recordándole a Dom lo bien que
le chuparon la polla.
Domenico sonrió, divertido por lo entrañable que era Seth cuando estaba bajo la
influencia del alcohol. Bajó corriendo y lo ayudó a ponerse de pie. —Haremos esto en la cama.
—¿Ah sí? —Seth sonrió y tiró de él hacia las escaleras, afortunadamente alfombradas,
con una fuerza sorprendente.
—Sí. —Domenico gimió cuando el borde de una escalera se hundió en su costado. —No
tengo lubricante conmigo.
—Ja. No pensaste que me dejaría —se rió Seth, pero lentamente se puso de pie.
Domenico lo ayudó. —No estabas dando señales de eso exactamente.
—No. No eres exactamente el maestro que dices ser. —Seth hizo un puchero y subió las
escaleras, agarrándose a la barandilla.
A Domenico se le hizo un nudo en la garganta. —¿Disculpa?
—Claro, eres guapo, pero me lastimaste —Seth se quitó la chaqueta en el momento en
que entró en la habitación.
—¿Cuándo follamos? —Domenico lo miró mientras cerraba la puerta y colgaba su abrigo
en la percha. Tuvo la tentación de recoger la chaqueta de Seth del suelo, pero él no era su
sirvienta.
—Sí. Todavía puedo sentirlo, hijo de puta. No soy una flor, pero no... No lo he hecho
antes. —Seth frunció el ceño y cruzó los brazos sobre su pecho. Hacía que la camisa pareciera
demasiado pequeña y Dom casi sonrió.
—Si quieres gentileza, necesitas entregarte a mí. Entonces no tendré que pelear contigo.
—Seth Villani, el hijo y heredero del Don era el único. Una deliciosa virgen de culo.
Seth cambió su peso de un pie al otro, como si estuviera evaluando la oferta. —Está
bien... supongo que sabes lo que estás haciendo...
Domenico se mordió el labio, luchando contra el impulso de acariciarlo. Realmente
debería invertir en un alijo de vodka. —Desnúdate.
Seth le sonrió y comenzó a desabrocharse la camisa lentamente, como si esperara un
aplauso, pero Domenico no aplaudiría. Simplemente se quitó la chaqueta y luego los zapatos, y
también se deshizo rápidamente de los calcetines. —¿Por qué es tan lento?
Eso fue suficiente para confundir a Seth. Apartó la mirada y rápidamente se quitó la
camisa, moviéndose detrás de la cama para desatar sus botas. La habitación parecía demasiado
pequeña para él, la pendiente en la que estaba parado lo obligó a encorvar esos anchos hombros e
inclinar la cabeza. Domenico se mordió el labio.
—Eres... guapo.
Seth sonrió, pero no miró a Dom mientras arrojaba sus zapatos a un lado. —¿Te tomó
tanto tiempo darte cuenta?
—No. Pensé que era obvio. —Domenico se humedeció el labio mientras paseaba la
mirada por el enorme torso de Seth, hasta ese estómago apretado y peludo. Quería lamerlo por
todas partes.
—Sí, no hago ejercicio por nada —Seth enderezó la espalda y abrió los brazos, como
para mostrar su tamaño, pero terminó golpeándose en la cabeza debido al techo bajo.
Domenico se rió entre dientes y lentamente se desabotonó la camisa. —Además de ese
culo.
Seth puso los ojos en blanco, pero no se retrasó y se bajó los jeans y los calzoncillos de
una sola vez. Domenico no lo diría en voz alta, pero la polla de Seth era tan apetitosa como su
trasero, y luego estaban sus muslos: gruesos y esculpidos como los de un dios griego. Llamó a
Seth con un gesto.
—¿Me vas a chasquear los dedos a continuación? —Seth levantó las cejas pero se acercó
sin dudarlo.
—Veremos qué tan bien puedes ser entrenado —Domenico puso sus manos sobre los
hombros de Seth, pasándolas suavemente por su cuerpo. —Desnúdame.
—¿Por qué? ¿Porque soy un 'perro'? —Seth suspiró, pero se acercó más, terminando el
trabajo en la camisa de Dom.
—No, porque necesitas… —Domenico suspiró cuando los dedos de Seth encendieron
chispas de placer cada vez que tocaban su piel desnuda. —Entrenamiento.
—¿Ah sí? ¿Por qué dices eso? —Seth luchó con los botones pero sonrió a sus propios
dedos.
—Porque ya no sabes qué hacer —Domenico trazó las mejillas sin afeitar de Seth con sus
pulgares, inclinándose cerca para un beso.
—Sé qué hacer, —susurró Seth en sus labios y deslizó su mano a la entrepierna de Dom.
—¿Sí? —Domenico se quitó la camisa y la dejó caer al suelo. El aroma almizclado de
Seth tiraba de su nariz y lo atraía hacia una trampa. Estaba dispuesto a ir de todos modos.
—Mhm... No soy un tonto hombre-zorra como piensas. —Desabrochó los pantalones de
Dom y los empujó hacia abajo. Decisivo, me gusta.
—¿Entonces, que eres?
—Una prostituta gitana, ¿recuerdas? —resopló y se inclinó para besar el cuello de
Domenico.
Con una risa aguda, Domenico dejó caer la cabeza hacia atrás y abrazó a Seth en busca de
apoyo. —Chúpamela, prostituta.
—¡Nnn! Ya lo hice —pronunció Seth, pero le devolvió el abrazo, caliente como si
estuviera exudando excitación. —Tal vez en otro lugar...
Dom sintió una pizca de succión en su cuello. Un chupetón en ciernes.
—Entonces chúpame las bolas esta vez —instó Domenico, con una sonrisa tonta en su
rostro.
Seth frunció el ceño, pero en su estado de ebriedad, era demasiado fácil ponerlo de
rodillas.
Domenico se rió entre dientes y se bajó los calzoncillos lo más rápido que pudo. —¿Por
qué tan reacio?
Seth suspiró y se inclinó para besar su polla, pero su expresión de confusión sugería que
le estaban pidiendo algo mucho más complicado que lamer las bolas.
—No tienes idea de lo que estás haciendo —Domenico negó con la cabeza.
Seth movió sus manos para acariciar los muslos de Dom y miró hacia arriba con el ceño
ligeramente fruncido. —Tal vez tengas que mostrarme...
Domenico escuchó un sonido ahogado y tardó varios segundos en darse cuenta de que era
él quien lo había producido. Mierda.
—Ven aquí. —Caminó hacia la cama y se acostó, con una pierna doblada a la altura de la
rodilla, con el pie en el borde del colchón, el otro extendido y aún apoyado en el suelo. Si Seth
no supiera cómo hacer esto, Dom con gusto le enseñaría.
Seth rió y no se molestó en levantarse del suelo, solo siguió a Dom a cuatro patas. —
¿Eh?
Domenico palmeó su pierna. —Apoya tu cabeza en mí.
—Pareces tener mucha experiencia en chupar pollas —Seth sonrió y apoyó la cabeza en
el muslo de Dom como un buen perrito faldero. La barba incipiente estaba haciendo temblar a
Dom. Acarició la cabeza de Seth y deslizó sus dedos en su cabello, masajeando suavemente el
cuero cabelludo.
—Por supuesto que sí. Eres tú quien es un maricón mutante al que no le gusta.
—Lo que sea. Simplemente no es lo mejor que hay... —Seth giró un poco la cabeza y
besó el muslo de Dom.
—Lo que sea, solo dámelo —Domenico se incorporó sobre los codos y miró a Seth con
creciente entusiasmo. —Y quiero que te guste.
—Oh, vamos... ¿No te di la mamada de tu vida hoy? —Seth gimió, pero mantuvo sus
ojos en la polla de Dom.
—Chúpalas o no habrá sexo para ti —dijo Domenico con voz áspera, mirando
profundamente a los ojos oscuros de Seth. Su polla no estaba de acuerdo.
Seth acarició sus muslos y se deslizó hacia arriba como un depredador, los músculos de
sus brazos y espalda se tensaron visiblemente. No se demoró más, acariciando la parte inferior de
la polla de Dom antes de lamer la piel entre su base y las bolas.
—Oh, mierda —Domenico se dejó caer en la cama con un grito ahogado de sorpresa.
Seth tenía que estar más interesado en follar de lo que se atrevería a admitir. —Sí, y hazme una
paja.
La cabeza de Seth se levantó. —No te vas a correr si yo no lo hago —se quejó, pero
obedeció y agarró la polla ansiosa de Dom.
—Por supuesto. —Dom asintió con entusiasmo. Enrolló su pierna abierta alrededor de los
hombros de Seth y lo acercó aún más, obligándolo a hacer esa mueca confundida de nuevo. —
Ahora chupa una... lento...
—Realmente sabes lo que quieres... —Seth negó con la cabeza y se inclinó para besar
uno de los testículos como si primero estuviera probando las aguas. Luego vino una lamida, otra
y finalmente una succión de su boca caliente y húmeda.
Domenico sonrió, mordiéndose el labio. Seth era un cachorro tan obediente.
—Muy bien. Ahora la otra. —Dom acarició su propio abdomen y luego agarró el cabello
más largo de la parte superior de la cabeza de Seth. Estaba feliz de escuchar un gemido desde
abajo cuando Seth movió sus labios obedientes al otro testículo y luego... trató de chupar ambos.
—¿Tu boca es lo suficientemente grande? —Domenico sonrió al techo. Se sentía tan bien
que le lamieran las bolas de esa manera. Seth Villani de todas las personas.
—Callate. No lo sé, —le gruñó Seth, pero volvió a cuidar amablemente los bienes de
Dom. Pero no fue suficiente, y Domenico lo levantó, presionando su cara contra la polla
palpitante mientras sentía el ligero pellizco de la barba.
—¡Joder, eso es bueno!
—Oh vamos. ¡Te dije que ya te la chupé hoy! ¿Qué soy yo? ¿Tu máquina de follar de un
solo hombre? —Seth se quejó con el ceño fruncido.
Domenico hizo una mueca. —Jesús, te dije que no me voy a correr todavía.
—¿Qué tal si lo hacemos a mi manera, hm? —Seth murmuró y comenzó a subirse a la
cama con una sonrisa seductora.
Fue el turno de Domenico de fruncir el ceño. —¿Y qué podría ser eso? —Su polla había
sido rechazada. Increíble.
—Podemos tontear y ver a dónde nos lleva —Seth lo acarició debajo de la barbilla y
atrapó a Dom debajo de su cuerpo. No es que en realidad pudiera ser una amenaza. Con Seth,
Dom podía relajarse por completo y tenía toda la intención de hacer uso de eso.
Domenico se rió. —Pensé que ya estábamos tonteando —Extendió su mano entre sus
cuerpos, directo a la dura polla de Seth.
—Oh, sí... Quiero tocarte por todas partes... —Seth susurró sin aliento y apretó las
caderas contra la mano de Domenico, mientras sus dedos exploraban los costados del cuerpo de
Dom. Sus ojos vagaban por todo el pecho de Dom, las mejillas ardiendo con un rubor oscuro.
—¿Me ves protestando? —Domenico tiró de la polla de Seth, mirando la luz pálida de la
ventana bailar sobre su piel.
—Eres un hijo de puta tan sexy —gimió Seth y lamió toda la longitud del cuello de Dom.
Domenico se permitió relajarse con el toque, extendió su cuerpo sobre la cama y miró a
Seth. —Acuéstate sobre mí.
—Puedo hacer mucho más contigo, ¿sí? ¿Qué tal? —raspó Seth y empujó crudamente su
rodilla entre los muslos de Domenico. El vello en ellos hacía cosquillas en la piel de Dom y
enviaba rápidas ráfagas de calor por todo su cuerpo. Tuvo la tentación de agarrar una de esas
hermosas y carnosas extremidades y darse un festín durante horas y horas. Pero ahora tenía que
ocuparse de otras cosas.
Miró a Seth, la respiración se le atascó en la garganta cuando alcanzó el grueso y
palpitante cuello en señal de advertencia. —No vas a hacer eso.
—No es necesario que me estrangules por esto —Seth se apartó con el ceño fruncido.
Domenico sonrió, aliviado de no tener que pelear con Seth por eso. —No lo haré. Vamos,
solo... acuéstate sobre mí. —El mero pensamiento del abdomen peludo de Seth sobre su polla lo
volvía loco de lujuria.
Seth cerró los ojos y se dio la vuelta para aplastar todo el cuerpo de Dom bajo el suyo. Se
sentía pesado con sus músculos duros. Deslizó sus brazos debajo de la espalda de Domenico.
Estaba ardiendo, como si hubiera fuego justo debajo de la superficie de su piel y por un
momento, Domenico no pudo respirar, aferrándose a los hombros de Seth como un hombre que
se ahoga. Mordió el costado del cuello de Seth con un gruñido bajo.
—¿Eres un vampiro? —Seth rió suavemente, sonando como si estuviera más cerca de
quedarse dormido que de follar.
—¿Cansado? —dijo Domenico con voz áspera, empujando su polla contra ese estómago
duro. Su cuerpo se contrajo cuando la punta sensible rozó el suave vello corporal.
—Estoy borracho, cariño —Seth resopló y lo abrazó más cerca.
Domenico no pudo evitar reírse. No podía estar enojado con Seth cuando estaba así. —
¿Qué tal si me hago cargo desde aquí entonces? —Dom acarició un lado de la cara de Seth,
oliendo el aroma almizclado del sudor y la colonia.
—Pero... um... Duele un poco, ¿sí? —susurró Seth, luciendo extrañamente inseguro para
un hombre de su tamaño. —Quiero experimentar... solo... ya sabes...
Domenico lo miró, sobresaltado, y por un momento, no supo qué decir. Ni siquiera sabía
lo que sentía, excepto por la sensación de opresión dentro de su pecho. —Está bien. —Él asintió,
todavía sorprendido por la forma en que Seth simplemente derribó sus muros y confió en él de
todas las personas con sus inseguridades. —No te haré daño.
—Supongo que solo necesito mucho lubricante —Seth rió nerviosamente y escondió su
rostro en el cuello de Dom. Parecía tan crédulo que no sería un desafío hacerle daño. ¿Y cuál
sería la diversión en eso?
Domenico presionó un beso en la piel sin afeitar de la mejilla de Seth, les dio la vuelta
para quedar encima y abrió los muslos de Seth. —Está bien, solo sé un buen chico.
Aunque no era su primera follada, Seth todavía parecía nervioso. Trató de ocultarlo con
una sonrisita y un asentimiento confiado, pero Domenico no nació ayer. Esos dedos gruesos y
cálidos temblaban un poco demasiado, él no podía mirar a Dom a los ojos, y su corazón latía
contra el pecho de Dom como un conejo atrapado en una caja.
Domenico suspiró, inclinándose para trazar la mandíbula de Seth con pequeños besos. Le
raspó el fuerte muslo con las uñas y lo calmó con un suave murmullo. Le trajo recuerdos en los
que no quería insistir. —¿Soy tan aterrador?
—¿Quién dijo que das miedo? —Seth puso los ojos en blanco, pero la forma en que su
pecho se movía rápidamente hacia arriba y hacia abajo era un indicador preciso de lo que estaba
pasando en esa hermosa cabeza. Y, sin embargo, Seth no huyó.
Domenico empujó su mano debajo de la cabeza de Seth y atrapó su cabello con fuerza.
—Dije que no te haré daño. No lo haré —prometió.
Los ojos oscuros, empañados por el alcohol, lo miraron fijamente durante varios
segundos antes de que Seth hablara de nuevo: —Está bien... confío en ti...
Dom podía sentir que el otro hombre se relajaba un poco debajo de él, aunque, siendo
realistas, Seth no tenía motivos para hacerlo.
—¿Qué dices sobre acostarte boca abajo? —preguntó Domenico, alcanzando la polla de
Seth de nuevo. Se sentía bien en su mano, muy gruesa y caliente, ligeramente mojada por el
presemen.
—Uhm... creo que eso sería lo mejor —Le dio a Dom un casto beso en la mejilla.
Domenico sonrió y levantó su cuerpo lo suficiente para dejar que Seth hiciera el giro.
—Mejor para tu primera vez —susurró.
—Sí claro. —Seth se dio la vuelta con un suspiro, los músculos de su ancha espalda
abultados por la tensión.
Domenico agarró su almohada y la empujó suavemente debajo de las caderas de Seth,
maravillándose del calor que irradiaba el cuerpo debajo de él. —Me alegro de ser tu primero... —
dijo con voz áspera, emocionado por la mera idea de tomar la virginidad de Seth una vez más.
Simplemente apagar los recuerdos de haberlo hecho ya y comenzar de nuevo, sostener esos
brazos gruesos sobre la cabeza de Seth y atornillarse lentamente a él. Colocó su mano sobre la
parte posterior del muslo de Seth y lo empujó hacia arriba sobre la cama, antes de apretar la
nalga maravillosamente redonda.
—Solo fóllame, ¿de acuerdo? No tienes que ponerte poético —Seth tensó aún más los
músculos de su espalda y escondió su rostro en otra almohada.
—¿Y cuál sería la diversión en simplemente meterla? —Domenico se inclinó lentamente
sobre Seth, su polla se alineó con la raja del culo de Seth. Se estremeció ante el contacto. —
Aburrido.
—Te parecía divertido hasta ahora —Seth soltó una risa nerviosa, y la forma en que
apretó las nalgas hizo que la polla de Dom se contrajera.
—Fue caliente, pero preferiría no luchar por cada embestida —Domenico se inclinó,
abrazó a Seth por detrás y apoyó todo el peso de su cuerpo sobre él. Con un suave suspiro, lamió
el brazo de Seth y se estremeció ante el sabor salado y masculino. —Ahora estás aún más sexy.
—Me... me gusta cómo está... palpitando —Seth luchó con las palabras, temblando bajo
Dom. Costaba creer que tuviera veintiséis años.
—¿Sí? —Dom sacudió sus caderas contra el trasero de Seth, acomodando su polla justo
entre esas nalgas calientes.
—Sí... nunca he conocido a un tipo como tú.
A juzgar por la forma en que su trasero dejó de apretarse, Seth se estaba relajando
lentamente.
—¿Qué quieres decir? —Dom besó el omóplato de Seth y pasó su mano por el costado de
Seth.
—Simplemente hazlo... No te preocupes.
Domenico sonrió contra la piel suave. Estaba bastante seguro de que Seth usó algunos
bálsamos o aceite de bebé para hacerlo así. —Está incluido —Deslizó sus manos hacia el pecho
de Seth, apretando suavemente los enormes pectorales desde atrás.
—Yo... yo no me preparo tan fácilmente —Seth se rió entre dientes en la almohada.
—Sí. —Domenico lo agarró del cabello y obligó a Seth a girar la cara hacia atrás para
que pudieran besarse. Incluso el aliento a vodka no era desagradable en unos labios tan carnosos
y suaves. —Es por eso que necesitas que te guíe, cariño. —Domenico sonrió, tomando una
botella de aceite para bebés de debajo de la cama.
—No lo sé —murmuró Seth, pero miró hacia atrás.
—Lo sabes. —Domenico estaba seguro de que, en el fondo, Seth sabía por qué estaba
siendo tan obediente. Lentamente, echó sus caderas hacia atrás, enterrando su cara entre los
omóplatos de Seth y lamiendo su camino por el valle de la columna vertebral de Seth. Derramó
una generosa cantidad de aceite en su mano, y Seth jadeó de placer incluso antes de que Dom lo
tocara.
—Lo quieres mucho —susurró Domenico contra la piel justo encima del trasero de Seth.
Se deslizó hacia atrás, para tener un acceso más fácil y lentamente derramó el líquido resbaladizo
entre las nalgas de su compañero.
—Está bien, lo quiero un poco... —Seth lo miró de nuevo y se humedeció los labios.
—Un poco lo quieres. —Dom acarició lentamente la raja resbaladiza y acarició el trasero
de Seth, aspirando el aroma masculino de su carne. Le encantaba cómo se sentía la carne
arrugada de su ano contra sus dedos.
—No le digas a nadie —Seth se rió y Dom se sorprendió de lo dulce que era su sonrisa.
—¿A quién le diría? —Domenico mordió su carnoso trasero y jugueteó con el ano de
Seth al mismo tiempo, moviendo las yemas de los dedos sobre la sensible abertura una tras otra.
—No lo sé… ¿Tus otros amantes? Oh... Dom... —Seth se levantó sobre sus codos y
empujó sus caderas hacia atrás, rozando su abertura fruncida sobre el pulgar de Dom en el
proceso.
—¿Te gusta eso? —Domenico presionó su mejilla contra la cadera de Seth y tiró
suavemente de su polla, deslizando su dedo índice dentro de su cuerpo en el mismo momento.
—Sí. —Apenas fue un gemido. —Estar cerca... —Movió sus caderas contra la cara de
Dom.
—¿Cerca? —Domenico jadeó, retorciendo suavemente su dedo en el calor aterciopelado
del cuerpo de Seth.
—Cerca de ti —susurró Seth, y su respiración se aceleró de nuevo. —Me gusta que me
toquen —confesó como si no fuera obvio.
Domenico se mordió el labio, poniéndose de rodillas y clavando su dedo en el cuerpo de
Seth. —Podemos arreglar eso.
—¡Oh sí! ¡Ahí! —Seth arqueó la espalda. —Acércate. —Su piel estaba caliente y
sudorosa, no quedaba rastro de miedo en su olor.
—¿Necesitas otro dedo, nalguitas dulces? —rió Dom.
—Está bien, sí. ¡Prometiste no burlarte de mí!
No, no lo había hecho.
Dom sonrió y deslizó otro dedo, empujándolo profundamente de inmediato. Seth estaba
relajado por el alcohol, por lo que estirarlo fue más rápido de lo que esperaba.
—Bien... Puede que me guste este trabajo después de todo —La voz de Seth era cálida y
baja cuando inclinó la cara para ocultarla entre sus hombros.
—¿Qué trabajo? —Domenico agitó su pulgar sobre la cabeza sensible de Seth y
suavemente dobló sus dedos en el ano de su compañero.
—El que estoy haciendo contigo —gimió Seth y arqueó el trasero, casi arrodillándose
con todos los dedos de los pies apretados. Dom nunca olvidaría esta imagen. Quería follar ese
culo. Ahora. Retorció sus dedos un poco más, rozando ambos sobre la pequeña protuberancia en
el interior. Quería que Seth rogara por ello.
—Se siente bien. ¡Jodidamente bien! —Seth ya se estaba volviendo más ruidoso, y movía
las caderas como un gato en celo. Un tipo tan cachondo. Y solo había comenzado a ser pasivo
hace unos días.
—Shhh, no puedes ser ruidoso. Estamos en Alemania —susurró Domenico, empujando
su polla contra el muslo de Seth, justo debajo de ese culo apretado y jugoso.
—¿Y qué? ¿Debería hablar en alemán?
—Son bastante quisquillosos con el ruido —Domenico retiró lentamente los dedos, sin
dejar de jugar con el culo estirado e imaginando lo bien que encajaría su polla allí. —Dime que
lo quieres...
A Dom le encantaba escuchar la forma en que Seth jadeaba, tan desesperado y abierto. El
tipo realmente no sabía cómo aguantarse.
—Oh, vamos —gruñó Seth con otro movimiento de balanceo de sus caderas contra Dom.
Domenico volvió a deslizar los dedos, temblando con el deseo de sacarlos y follar a Seth
en carne viva. Ese culo sensible solo ha sido penetrado tres veces hasta ahora. Seth nunca había
dejado que nadie más que Dom le hiciera eso. Las palabras llegaron a Domenico con tanta
naturalidad que no había forma de que pudiera contenerlas. —Dime que te desflore.
Seth se volvió hacia él con esa mirada confundida que Dom estaba empezando a
disfrutar. —¿Qué cojones?
—Adelante, dilo… —jadeó, masajeando la glándula de Seth. El olor del sudor de Seth
hizo que las fosas nasales de Dom se dilataran.
La boca de Seth se abrió. —Todo lo que vas a obtener es 'fo-', no... no puedo. Sigue
adelante y haz lo que quieras. —A pesar de sus palabras, Seth movió las caderas y Dom pudo ver
la polla tiesa que se balanceaba entre los muslos de Seth.
—Vamos... sabes que me excita —Domenico sacó los dedos y deslizó su polla entre las
mejillas de Seth con un profundo jadeo.
—¿Qué? —Seth empujó hacia atrás contra él y negó con la cabeza. —Acércate...
—Dime que sea el primero, que tome tu virginidad, Seth —siseó Domenico con los
dientes apretados, hundiendo la cara en el hueco del brazo de Seth. Su estómago, su pecho, su
polla, todo él ardía con una llama tan caliente que apenas podía soportarlo. No sabía por qué lo
encendía tanto, pero lo hacía, y no dudaría en exigir que su fantasía se cumpliera.
—Ya la tomaste. Demasiado tarde. Ahora soy una 'zorra', así que cállate y fóllame —Seth
gruñó y tiró del brazo de Dom.
Ahora era Domenico el que se estaba cabreando. —¡Dilo! —Mordió el brazo de Seth, lo
suficientemente fuerte como para doler sin romper la piel.
—¿Qué cojones? ¿Qué es esto? ¿Crepúsculo? —Seth volvió a empujarse contra él.
—Mi maldita cama, así que pídemelo… —dijo Domenico con voz áspera, meciéndose
contra él con creciente urgencia. Joder, quería correrse tan fuerte como la primera vez que
disfrutó de esa dulce estrechez.
—Ya estoy ofreciendo mi culo. ¿Por qué tienes que insistir por más?
—Porque eres el único virgen que he tenido... —Domenico se congeló, con su
resbaladiza polla presionada contra el agujero de Seth. Todo su cuerpo estaba en un frenesí. —
Tú eres sólo mío. —Salió como un gruñido bajo, y Domenico acurrucó su rostro contra el cuerpo
fragante de Seth. Quería comérselo, controlarlo, beber de él... ¡y era Seth Villani, por el amor de
Dios! Él, el hijo bastardo rechazado, fue el primer hombre en tomar el trasero de Seth Villani. Si
eso no lo convertía en un conquistador, no sabía qué lo haría.
—Bien bien. —Seth jadeó, pero volvió la cabeza para un beso. —Eres mi primer top.
¿Feliz? La primera polla deslizándose dentro de mi, —susurró en los labios de Dom. El contacto
envió una descarga eléctrica directamente a la polla de Domenico, haciéndolo arquearse contra
Seth.
—Eres mi virgen, joder —jadeó, moviendo sus caderas apenas lo suficiente para alinear
la punta de su polla con el agujero de Seth. —Tómame.
Eso tuvo que ser demasiado para Seth porque apartó la cara, pero hizo lo que se le pidió,
tratando lentamente de empujarse sobre la polla de Dom, todo caliente y sudoroso. Este fue
definitivamente un punto culminante de la operación de Berlín.
Dom maldijo, dejando besos húmedos y con la boca abierta por toda la musculosa
espalda salada de Seth. Mantuvo su polla firme, pero luego el esfínter de su compañero
finalmente cedió, tragándose la cabeza de su polla. Apenas se contuvo de correrse en el acto. —
Tan jodidamente apretado.
Seth dejó escapar una mezcla de gemidos y quejidos, pero no se estaba alejando. Si no
fuera tan bueno estar abrazándolo tan cerca, Dom se enderezaría solo para poder ver a un hombre
tan grande acurrucado y gimiendo por su polla. La embriaguez de poder solo se sumó a esa
maravillosa sensación de un culo apretado abrazándolo como si no hubiera nada en el mundo que
necesitara más. Domenico se enterró hasta la raíz, apretando las manos sobre las caderas de Seth
y besando su cuello de nuevo. Estaba en éxtasis máximo. Como si acabara de tomar una gran
dosis de maldita Sethoína*. —¿Bien?
(*Es la unión del nombre de Seth con “cocaína”)
—Sí, no la saques —El cuerpo de Seth estaba temblando de nuevo, y se estiró para
mantener a Dom en su lugar. Ya no parecía tenso en absoluto, solo caliente, listo y abierto para
él, todo el lubricante resbaladizo solo se sumaba al placer.
Domenico gimió. —No tengo ganas de dejar tu apretado y virginal agujero. —Agarró el
muslo de Seth con fuerza y lo presionó aún más antes de retroceder un poco, moviéndose
lentamente para dejar que Seth se acostumbrara a la sensación. Fue angustioso y maravilloso a la
vez.
Seth ahogó un gemido enterrando su cara en la almohada, pero aun así fue fuerte.
Sosteniendo la cadera de Dom con una mano, metió la otra debajo de su propio cuerpo. Su
trasero latía alrededor de la polla de Dom como si lo invitara a una penetración más fuerte.
—Bien. Me encanta este culo. —Las embestidas de Domenico se hicieron más largas, y
deslizaba su polla casi por completo fuera del cuerpo de Seth cada vez. Con las sienes
palpitando, apenas podía pensar más, así que simplemente se calló, gimiendo contra el brazo de
su compañero. Fue dicha. Esos montones y montones de músculos sudorosos debajo de él, y ese
trasero... tan suave que prácticamente sentía pena cada vez que se retiraba.
Seth tampoco era un pasivo completamente pasivo. Se movía con Dom, tirando de su
brazo y masturbándose con fuerza. Los sonidos de su puño bombeando su polla estaban
encendiendo aún más a Dom. Aferrándose a la ancha espalda de Seth, movió sus caderas en
golpes cortos y precisos, meciéndolos a ambos para soltarlos. Cada vez que empujaba, tenía la
necesidad de acurrucar sus caderas contra esas nalgas redondas.
—¡Sí, Dom! ¡Así! —Seth se retorció contra él, y momentos después se corrió, con su ano
apretando con fuerza alrededor de la polla de Dom como si quisiera comérselo vivo y mantenerlo
allí.
—Sí, estoy... oh mierda... —Domenico se corrió justo detrás de su compañero, abrumado
por el ordeño y la sensación del cuerpo voluminoso de Seth temblando por su polla. Sabiendo
que no había forma de que Seth se rompiera bajo su peso, se dejó caer encima de él, con las
caderas firmemente presionadas contra ese hermoso trasero. Podría jurar que soñaría con ese
trasero esta noche.
—Solo... quédate ahí por ahora... —gimió Seth, cayendo de bruces en la cama y
respirando profundamente.
—Seth, tienes el culo más hermoso que he follado —Domenico se acurrucó aún más
cerca de él.
Seth resopló. —Sí, claro. Solo dices eso porque todavía estás dentro.
—No. Eso es porque es jodidamente perfecto. Deberías ser modelo de ropa interior —
Domenico acarició suavemente el costado de Seth.
—¿Ah sí? ¿O el doble del culo de Brad Pitt? —Seth estiró un brazo hacia atrás y
lentamente deslizó sus dedos juntos. Era tan íntimo que Dom quiso retroceder reflexivamente,
pero no lo hizo y en su lugar colocó su mano sobre la de Seth. Suavemente, pasó el pulgar por el
tejido cicatrizado que quedaba de su dedo. Todavía estaba enrojecido, hinchado y sensible, pero
ya no había necesidad de vendajes.
—Tendría un buen doble en Troya* —Dom bostezó y gimió cuando sintió que su polla
se deslizaba lentamente. Seth simplemente apretó su mano con más fuerza.
(*La película)
—Buenas noches —murmuró.
—No... tenemos que movernos o moriremos congelados —Domenico se rió y palmeó el
trasero de Seth, deslizándose fuera de él.
—No quiero... tenía una manta caliente —Seth era un espectáculo digno de contemplar,
tendido en su pequeña cama como un rey, y sus nalgas ligeramente rojas eran definitivamente de
la realeza. Domenico suspiró, tirando de una de las nalgas hacia un lado para ver el agujero
rosado y bien follado de Seth y el desastre que ambos habían hecho. Se sorprendió a sí mismo
sonriendo.
—Vamos, vamos a meternos debajo del edredón.
—¡Ey! —Seth instantáneamente lo miró y le dio una palmada en la mano, pero comenzó
un ritual perezoso de tratar de levantarse cuando claramente no quería hacerlo. Dom rodó hacia
un lado y tiró de las sábanas para sacarlas de debajo de Seth.
—¿Todavía estás borracho?
—Borracho de amor. —Seth se burló de él con un resoplido y se movió un poco para que
no tuviera que levantarse.
—Amor sucio, sucio —Domenico levantó el edredón para él, pero luego notó que no
tenían suficientes almohadas. —Seth, toma la que está junto a la cabecera.
—¿Eh? ¿Quieres dormir en mi almohada manchada de semen? Ahora eso sí es sucio.
Seth arqueó las cejas e inclinó la cabeza hacia un lado, dándole a Dom una mirada curiosa
mientras la sacaba de debajo de él.
Domenico puso los ojos en blanco. —La que mordiste está limpia, la otra podemos
voltearla al lado limpio. No seas como mi madre.
—No me importa. Puedes tomar mi semen cuando quieras. —Le sonrió a Dom y le pasó
la almohada.
—¿Cuál es el problema? —Domenico comprobó dónde estaba la mancha y luego
simplemente volteó la almohada para apoyar la cabeza sobre ella. —Me lo tragué para poder
dormir con seguridad.
—Mmm... bien —Seth los cubrió con el edredón y se tumbó boca arriba con los ojos
cerrados. —Y sí, huelo tu cabello cuando duermes.
Domenico sintió un revoloteo en el estómago, pero no dejó que el entusiasmo se revelara
en su tono. Miró al techo mientras sus dedos se deslizaban hacia el muslo de Seth debajo del
edredón. —Lo sabía.
Capítulo 10

Seth abrió un ojo, solo para darse cuenta de que Dom no estaba en la cama con él. Estiró
su brazo hacia un lado y movió las yemas de sus dedos sobre la sábana aún caliente del lado de
Dom. Le dolía la cabeza y los recuerdos de ayer eran borrosos. Seth tomó su teléfono para ver la
hora, pero se quedó quieto cuando vio la musculosa espalda de Dom moviéndose arriba y abajo.
Esta era la hora de la mañana que a Seth le estaba empezando a gustar, la hora de las flexiones
diarias. Dom vistiendo solo un par de calzoncillos blancos de Armani era un festín para los ojos.
Su cuerpo se movía como una máquina bien engrasada, su respiración constante a pesar del
intenso ejercicio. Seth no podía esperar a ver a Dom hacer dominadas.
Él sonrió y se inclinó más cerca del borde de la cama. Las yemas de sus dedos rozaron la
fuerte espalda de Dom. Se agitó bajo su toque, pero cuando Domenico lo miró, había una sonrisa
en su rostro. —Levántate y brilla.
Seth estaba recordando lentamente algunos detalles del día anterior. Algunos valía la
pena ponerlos en su álbum de recortes mental, otros valía la pena olvidarlos. —Soy una
prostituta gitana. Duermo todo el día y follo toda la noche —dijo y bostezó.
Domenico se puso de rodillas y se metió en la cama, sus extremidades frescas eran más
refrescantes que una ducha. —Soy el hombre que te salvará, mi prostituta gitana. Vamos, vamos
a la iglesia.
—No. —Seth gimió y tiró de Dom más cerca. —He pecado, me da vergüenza ir a la
iglesia. Ellos no me entenderían.
Domenico se echó a reír y lo besó, aparentemente no horrorizado por su aliento matutino,
pero las cosas buenas terminaron pronto con una palmada en el trasero de Seth. —En serio, nos
vamos.
—Como pecador, fornicario y ateo, gracias, pero no gracias —Seth rodó sobre su
costado.
—¿Ateo? —Domenico sacudió el brazo de Seth. —Ni siquiera estoy dispuesto a discutir
esta mierda. Solo estás siendo flojo.
—No he ido a la iglesia desde hace algunos años —Seth no podía entender por qué un
hombre como Dom imaginaba que la iglesia lo ayudaría de alguna manera. ¡Ese tipo era un
asesino profesional!
Sus esperanzas fueron aplastadas por las cejas de Domenico descendiendo hasta sus ojos.
—Vas a empezar a ir de nuevo entonces.
—¿Por qué tengo que hacerlo? —Seth gimió y abrió los muslos accidentalmente a
propósito. Tal vez una sesión de besos haría que Dom se interesara menos en los asuntos del
alma.
—¿Recuerdas lo que dije hace unos días? —Domenico tiró de él para que se sentara. —
Recibiré una bala por ti si es necesario, pero te vas a levantar y le pedirás a Dios que nos proteja
a los dos. No solo te pondrás a ti sino también a mí en peligro.
Y ahí se fueron sus intentos de ser tentador. No sería una buena prostituta. —¿Eh? —Seth
concentró su dolorido cerebro en las palabras de Dom. —Dios no protege a los hombres como
nosotros —Levantó la mano sin un dedo como prueba.
Domenico agarró la muñeca de Seth. Con el pelo despeinado y despeinado, parecía un
hombre salvaje. —De eso estoy hablando. Tal vez aún lo tendrías si tuvieras la protección de
nuestro Señor.
Seth frunció el ceño. —Sí, seguro. Fe contra cinco hombres armados. No tienes idea de lo
que he pasado.
Domenico se echó a reír y soltó la mano. —Vaya, cinco hombres. Podría haber sido
mucho, mucho peor.
La expresión de Seth se agrió. El hijo de puta se estaba riendo del terror por el que había
pasado. —Por supuesto que podría haber sido peor. Afortunadamente, no fue así. No puedes
decirme en qué creer.
—Sí puedo si voy a ser tu mentor.
Seth se rió. —Eres más joven que yo. Claro, necesito aprender algunas cosas, pero no
necesito una niñera.
Domenico se pasó la mano por la cara. —Seth, disciplina. Lávate y vístete. Pronto*.
(*[Italiano] Rápido)
Seth respiró hondo y se arrastró fuera de la cama. Se detuvo al lado de Dom y deslizó sus
pulgares debajo de la cinturilla de esos sexys calzoncillos de Armani. El cuerpo de Domenico era
tan fuerte y rígido. —Sé que preferirías quedarte y pecar conmigo.
—Pecaremos más tarde. Ahora vamos, —dijo Domenico con un beso en los labios de
Seth.
Seth le dio una mirada más de anhelo pero fue al baño para arreglarse. No estaba
acostumbrado a madrugar. Rápidamente se lavó tan bien como lo permitía el estúpido lavabo y
se cepilló los dientes, pero luego se tomó su tiempo para afeitarse. No quería parecer un
vagabundo. El enfoque era algo fácil de perder cuando miraba a Dom en el espejo. Aunque
partes de la noche anterior fueron borrosas, Seth recordó que realmente lo disfrutó. Dejando a un
lado el caos en el club, Dom se había comportado bien en casa. Seth tuvo que estar de acuerdo en
que tal vez tuvo que ceder el poder para disfrutar de ser pasivo. Tenía que ser una barrera mental
que lo alejaba de él. Ir a la iglesia y pensar en sus problemas de culpa católica no iba a ayudar
con eso.
—Tres minutos, Seth —gritó Domenico, quien, para asombro de Seth, vestía unos
vaqueros desteñidos y una camiseta negra que le sentaba perfectamente, destacando el torso
cincelado sin apretar. Era la primera vez que Seth lo había visto en algo tan informal.
Seth se afeitó la última barba y se rió de él sin piedad. —¿No tienes respeto por el Señor?
—Tengo respeto por el Señor, pero no estamos de vuelta en casa. Y vamos directamente
al parque desde allí.
Seth salió del baño, ligeramente más fresco. —¿Vamos?
—Sí, es un gran día para hacer ejercicio y tomar aire fresco —Domenico le sonrió,
masticando una galleta.
—Primero un poco de iglesia, luego aire fresco y ejercicio. Por la tarde, un poco de
incesto y tal vez un poco de secuestro —Seth levantó las cejas pero rápidamente procedió a
vestirse.
—Precisamente. —Domenico lo miró con una sonrisa difícil de odiar. —Me gusta la
forma en que piensas.
Seth se puso los jeans, luego una camiseta y estaba listo para partir. —¿Alguien te ha
dicho que estás un poco loco?
Domenico se encogió de hombros. Esa era toda la respuesta que Seth necesitaba.

Domenico miró hacia las hojas sobre sus cabezas, sus dedos jugando con la hierba sobre
la que estaba acostado. El otoño llegaría pronto, por lo que podría ser el último fin de semana de
relativa calidez y lo pasaría en compañía de Seth. Ahora que habían terminado con la iglesia, era
hora de probar las habilidades físicas de Seth y, a juzgar por la forma en que estaba tosiendo casi
hasta escupir sus pulmones después de una carrera rápida, no eran tan buenas como decía.
—Soy mejor escalando, —pronunció Seth desde el lado de Dom, todavía tratando de
recuperar el aliento.
Dom suspiró y se movió a su lado para mirar a Seth. —Escalar es mucho menos esencial
que correr cuando te persiguen.
—En la universidad, tenían una clase de tiro con arco, y lo estaba considerando, pero
nunca llegué a hacerlo —Seth sonrió. El tipo parecía que no tenía ninguna preocupación en el
mundo. —Pero no me importa calentarme un poco y sudar —Le guiñó un ojo a Dom. Aunque
fuera así de adorable, necesitaban ponerse manos a la obra.
—Bien, porque me aseguraré de que lo hagas. ¿Te has recuperado ahora?
—Sí, estoy bien. —Seth le dio un rápido asentimiento y se puso de pie. A pesar de lo
perezoso que era en general, Dom tuvo que admitir que Seth se esforzaba en los ejercicios y se
esforzaba cuando trotaba. Había un poco de una racha competitiva en él.
—Bien. ¿Alguna vez has estado en una pelea? —preguntó Domenico, poniéndose de pie
lentamente. Estaban en un parque pero aquí, entre los árboles, no debería haber muchos testigos
de su sesión.
—Duh. Hace dos semanas. Pero también de niño, supongo. Oh y… —Seth levantó las
cejas hacia Dom. —Ayer.
—Me refiero a una pelea real, como cuando tuviste que defender a tu novia de matones
homofóbicos —Domenico sacudió su cuerpo para relajar todos los músculos.
Seth enarcó las cejas. —Eres un idiota. Seré honesto: no particularmente. A veces,
terminaba con algunos empujones cuando estaba bebiendo. Supongo que la gente tiene miedo de
atacarme —Seth cruzó los brazos sobre su pecho con una sonrisa satisfecha.
—Puedo ver por qué. —Domenico negó con la cabeza. —¿Alguien te enseñó a pelear a
puñetazos, o algunas artes marciales? —Por favor, di el puto ‘sí’...
—Piratas —dijo Seth sin pestañear.
Domenico frunció el ceño. —¿Qué?
—Sí, es complicado en el mar, porque la cubierta sigue moviéndose.
—Muy divertido. —Domenico metió las manos en los bolsillos. —Está bien, voy a cerrar
los ojos y me atacarás, ¿de acuerdo?
Seth se mordió el labio, mirándolo con mucha más precaución. —Uhm... está bien.
Domenico saltó tres veces para liberar la tensión de su cuerpo. Tenía curiosidad por saber
cómo le iría a Seth. —Pero ve en serio. No me vas a matar, incluso si me rompes la nariz.
—Pero... um... no rompas la mía, ¿de acuerdo? —Seth sonaba como si sospechara que
Dom tenía superpoderes.
—No romperé nada, pero podría hacerte un moretón por accidente. Todo está bien.
Podía oír a Seth moviéndose sobre la hierba, las hojas caídas crujiendo bajo sus pies. Los
pasos eran cautelosos, calculados pero inseguros. Seth aún no había decidido dónde atacar. Pero
cuando llegó el ruido muy obvio, Dom supo que el ataque sería del otro lado. Una ráfaga de aire
confirmó su sospecha, y giró su cuerpo hacia Seth, bloqueando el ataque, lo arrojó al suelo y se
agachó sobre Seth con el puño contra el pecho firme. Su sangre comenzaba a calentarse.
Seth agarró la muñeca de Dom y tiró de ella hacia un lado mientras empujaba su brazo.
Fue un intento bastante patético, pero aún más efectivo que la lucha libre que tenían en casa.
Seth envolvió sus piernas alrededor del muslo de Dom y trató de empujarlo de espaldas con un
gruñido. El peso definitivamente era una de las ventajas de Seth, pero Domenico todavía iba a la
cabeza, a pesar de tener que luchar a ciegas. Rodó y se agachó con la cabeza hacia Seth. El olor a
gasolina se mezcló con el de las hojas y los árboles marchitos cuando el viento sopló en la cara
de Domenico.
Seth no esperó un segundo y se lanzó hacia él, aún de rodillas. Domenico tomó su peso y
lo usó a su favor, arrojando a Seth al suelo nuevamente, para que aterrizara como un saco de
papas.
—¡Oh, mierda! —Seth dijo con voz áspera, y no sonaba como si se fuera a levantar
pronto.
Domenico abrió los ojos con una sonrisa. —¿Cómo estuvo eso?
—Doloroso. —Seth gimió y giró la cabeza para mirarlo. —Pero divertido en cierto modo.
No me importaría aprender a hacer eso —Parecía seguro de sí mismo, como un verdadero
Villani.
—Qué te parece, ¿vamos a intentar algo más invasivo a continuación? —Dom rodó sobre
su estómago.
—¿Te refieres a la penetración? —Seth preguntó con una cara seria. Tenía que sentirse
cómodo con Dom para seguir insistiendo.
—Después pecamos, dije —Dom golpeó la cálida frente de Seth, dejando que su mirada
se detuviera en los profundos ojos marrones oscuros. —Quise decir una pelea real.
—¿Como una pelea de cuchillos? —Seth frunció el ceño, claramente no esperaba ese
concepto.
—No, no, empezaremos con manos y pistolas. Los cuchillos son demasiado peligrosos en
este punto.
—Está bien. —Seth miró a su alrededor y le dio a Dom un beso en la mejilla. El tipo era
increíble.
Domenico se dio la vuelta y se puso de pie con la cálida marca del beso aún persistente
en su piel. —Arriba, arriba, arriba.
Seth suspiró pero no se detuvo. Escaneó el área vacía una vez más y se quitó la camiseta.
—Estoy listo, Mentor —Sonrió como el idiota del pueblo, pero un pequeño golpe a un lado de su
boca borró la sonrisa de inmediato.
—Ataca.
Seth se encorvó, extendiendo los brazos a los lados y comenzó a rodear a Dom. Al menos
su mirada estaba más enfocada ahora. Le recordó a Dom a un ciervo joven, ansioso por una
pelea, pero no muy seguro de cómo hacerlo. Así que volvió a golpear a Seth, dándole un golpe
en el bíceps, que tenía que doler.
—¡Muévete!
—¡Ey! Estoy pensando. —Seth frunció el ceño y golpeó el antebrazo de Dom en
respuesta.
—No pienses. Pégame. —Domenico se inclinó hacia adelante y abrió los dedos, listo
para bloquear un ataque.
Seth se giró hacia un lado de repente y cargó contra Dom con el costado de su hombro,
como una bola de demolición. Era evidente que no tenía experiencia, por lo que esquivar el
placaje fue pan comido, lo que Dom remató con un ligero puñetazo en el estómago.
—Esfuérzate más.
Seth se tambaleó y casi se cae, pero logró recuperar su terreno. —Eso no es justo.
Muéstrame qué hacer —se quejó, acercándose, pero sosteniendo un brazo frente a él como si
sospechara que Dom podría golpearlo con la velocidad del rayo.
—Es prueba y error. Así aprendí a hacerlo —Domenico comenzó a rodear lentamente a
Seth, cuyas fosas nasales ensanchadas eran una indicación de lo caliente que se estaba poniendo.
—No te creo. ¡No se te ocurre una mierda de Jackie Chan como esta! —Seth ni siquiera
parpadeó, observando cada movimiento de Dom y retrocediendo cada vez que Dom se le
acercaba.
—Las artes marciales tienes que aprenderlas, pero las peleas a puñetazos son
principalmente fuerza, la cual tienes, y reflejos, que necesitas practicar.
Seth asintió e intentó darle un puñetazo en el pecho a Dom, pero se distrajo cuando dos
chicas que paseaban a sus perros les silbaron y se rieron.
—Tranquilo ahora —dijo Domenico, antes de gritarles algo en alemán.
—¿Cuántos idiomas hablas? —Seth ladeó la cabeza hacia un lado. El enfoque no era su
lado fuerte, de eso estaba seguro.
—Seis. —Domenico le sonrió. —Más acentos y variaciones.
—Guau. —El cuerpo de Seth se relajó. —Tu alemán es… no tiene acento. Deberías
hablarme en alemán en la cama de vez en cuando. —Se rió y se movió de nuevo. Buscaba un
hueco en las defensas de Domenico, que era un intento inútil a su nivel.
—El alemán tiene muchos acentos, ¿cuál prefieres? —Domenico sonrió ante la
apreciación. Sabía que se lo merecía, pero disfrutó escucharlo de Seth.
—Oh wow, probablemente no notaría la diferencia. Pero eso es asombroso. Ni siquiera
puedo hablar inglés sin acento —El brillo de adoración en los ojos de Seth valía la pena para
aprender un idioma extra.
—Puedo hablar con los acentos británico, irlandés, escocés, estadounidense estándar y
australiano. Ah, y los estados del sur de EE. UU. —Domenico sonrió, alardeando de orgullo. Le
encantaba ver los ojos de Seth agrandarse.
—¡Me estás jodiendo! Eso es increíble. Debes tener talento para la actuación.
—Sí. Podría haber sido una estrella de cine si no fuera un asesino. Esta mierda requiere
de anonimato.
Seth no dejaba de sonreír, y sus puños estaban en alto solo para mostrar, los jeans
colgando de sus caderas. —Eso es tan cierto. Cuando te vi por primera vez, pensé que eras un
modelo. Como, ya sabes, que contrataron a un actor o algo así. ¿No podrías ser como un agente
doble? Actor de día, asesino de noche —Seth enarcó las cejas. No era el mejor mentiroso, así que
realmente tenía que encontrar todo emocionante.
—¿Te gustaría eso? ¿Si fuera modelo para Armani o Prada? —Domenico se movió tan
pronto como vio una abertura en las defensas de Seth y lo golpeó junto al ojo.
—¡Eso no es justo, chico modelo! Estaba distraído. —Seth gimió y acercó los puños a su
rostro, dando un paso hacia un lado. —Aunque me gustaría follar con un modelo —Le sacó la
lengua a Dom.
—¿Sí? Podríamos fingir que no nos conocemos, y yo soy un modelo de alta costura.
Seth se concentró en sus ojos y se lamió los labios. —Te llevaría de compras, Pretty
Man*.
(*Referencia a la película “Pretty Woman”, especialmente cuando el hombre millonario
lleva de compras a la chica.)
—Me dejarías follarte en el asiento trasero de mi auto —Domenico se lanzó de nuevo
contra la bella bestia. Poner el sexo en la mente de Seth lo convertía en un blanco fácil, y Dom
golpeó un costado de su cabeza sin esfuerzo. Seth se giró y trató de darle un codazo al estómago
de Dom, pero Dom logró dar un paso atrás.
—Esfuérzate más, usaré mi puño la próxima vez.
Los ojos de labrador castigado que recibió no tenían precio, pero antes de que pudiera
hacerlo, sonó su teléfono.
—Pausa —le dijo a Seth y metió la mano en su bolsillo, respondiendo una llamada de
Luigi. —Buenas tardes. ¿Cómo están las cosas en casa?
Seth instantáneamente aprovechó la oportunidad para sentarse en el césped.
—Tensas —dijo Luigi. —La decisión de Dino no está sentando bien.
—Me puedo imaginar eso. —Domenico se tiró al suelo junto a Seth y se inclinó hacia él,
complacido con el olor a sudor fresco. Ah, el trabajo del amor.
—No hay decisiones, no se ha hecho ningún movimiento, pero Vincente fue hoy a
Palermo. Con el consigliere y su hijo.
Domenico frunció el ceño, sin siquiera notar cuando su mano se colocó detrás de la
espalda de Seth. Las cosas se estaban moviendo más rápido de lo que había esperado. —¿Qué
dice el Don?
—No lo entiendo, Domenico. Él está tan feliz como siempre. Siempre tiene esa sonrisa
detestable en su rostro. Justo hoy, fue a jugar tenis con un socio.
Seth le sonrió a Dom y apoyó la mejilla en su hombro, feliz como siempre.
—Bueno, te alegrará saber que Seth se esfuerza mucho por mejorar —Domenico le
acarició la mejilla, aunque su mente ya estaba pensando en los tres hombres en Palermo.
La sonrisa de Seth se hizo más amplia ante esas palabras, y comenzó a recoger pedazos
de hierba.
Luigi gruñó. —¿Qué tanto? ¿Puedes sentirlo en él? ¿Tiene impulso?
Domenico suspiró y cambió brevemente al alemán. —No lo creo, pero estoy haciendo lo
mejor que puedo. Está aquí por cierto. —Luego sonrió y acarició el cabello de Seth mientras
volvía a hablar en italiano. —Eso es lo que ella me dijo.
Luigi se quedó en silencio durante unos segundos. —Quiero hablar con él —dijo
finalmente.
—Solos, ¿o quieres que usemos el altavoz?
—Pon el altavoz —dijo Luigi y continuó cuando Dom confirmó que ya estaba hecho. —
Buenas tardes, Seth. Habla Luigi Tassa. ¿Cómo estás? ¿Ajustándote bien?
—Yo, um… hola, sí, supongo. Domenico me está enseñando muchas cosas.
—Hemos estado entrenando desde temprano en la mañana —agregó Domenico,
sonriéndole.
—Y fuimos a la iglesia, por supuesto —Seth le guiñó un ojo, pero Dom sabía que a Luigi
no le gustaban las bromas.
—Bien, es domingo después de todo —Luigi afortunadamente no entendió el sarcasmo
de Seth. —Yo mismo elegí esta misión, Seth. Es crucial que entiendas lo importante que es la
lealtad. Creo que encontrar a la rata en la Familia y deshacerse de ella será una buena
demostración de poder, un primer paso. Tienes que aprender rápido.
La sonrisa en el rostro de Seth vaciló. —Sí, señor.
—¿Sabes algo más sobre los antecedentes de la mujer ahora? —preguntó Domenico,
acariciando la espalda de Seth. La tensión era clara en su cuerpo, y sus tendones tenían que estar
lo suficientemente rígidos para doler.
—Sí, la Tríada se puso en contacto con ella en Beijing, cuando estaba de viaje, pero el
informante de nuestra Familia en realidad se reunió con ella en Berlín. Sospechamos que fue el
informante quien organizó su reunión con los Chinos, y que conocían a Vera por otros lazos
familiares, pero no podemos rastrearlo. Seth, ¿entiendes que confiamos mucho en ti para
compartir este conocimiento contigo?
Seth tragó saliva, sin mirar a Dom, en su lugar se concentró en la hierba. —Sí, señor.
Estamos trabajando en ello. Haremos que la perra hable. —Sonaba más como algo que Seth
pensó que sonaba bien que lo que realmente diría.
—Estamos actuando de acuerdo con el plan, pero pronto podremos capturarla. —
Domenico suspiró y miró el nombre de su mentor en la pantalla. Cuanto más pensaba en
Vincente y el consigliere yendo juntos a Palermo, más nervioso estaba. Especialmente que no
podía ser para una fiesta de sexo en un hotel caro.
—Bien. Sin embargo, no apresures a Seth. Mantén la cabeza fría. Sé que quieres
venganza.
—¿Señor?— Seth se aclaró la garganta. —¿Cómo ella me rastreó?
Luigi dejó escapar un suspiro. —Te encontró a través de los archivos de la universidad.
Luego rastreó tu IP y cuando colocó un anuncio en línea, aprovechó la oportunidad para atraerte.
Entonces los chinos se hicieron cargo. Quienquiera que le dio la orden la usó como cortina de
humo para mantener sus manos limpias.
Seth se frotó la frente con el ceño fruncido. —Gracias. Yo... sí. Nunca volveré a cometer
un error como ese.
—Me aseguraré de que no esté en peligro —agregó Domenico, sin dejar de tocar a Seth.
Incluso deslizó las puntas de sus dedos en la parte de atrás de los jeans de Seth. Estaban solos en
un prado entre los árboles, en un parque público, pero sin tanta gente alrededor, podían relajarse
o entrenar en paz.
—Los mantendré informados sobre cualquier cosa que sea necesaria. El Don está de
duelo.
—Gracias —dijo Seth y después de un breve adiós, Luigi colgó. —Demostración de
poder, —susurró Seth, sin mirar a Dom.
—¿Qué? —Domenico volvió a guardar el teléfono en el bolsillo de sus vaqueros.
—Se está volviendo real, ¿no?
—Ha sido real todo el tiempo —Domenico pasó la mano por la espalda de Seth. —
Elegiste no verlo.
Seth escondió su rostro en su mano. —Estoy súper jodido.
Estaba desesperado. Suave, débil, inexperto, tenía que confiar en Domenico. Era peculiar
tener tanto control sobre alguien que no tenía más remedio que adherirse a ti, especialmente
cuando lo encontrabas increíblemente atractivo.
—Seth, ¿qué te dije? Mientras hagas lo que te digo, estarás a salvo.
—Sabes —comenzó Seth sin quitarse la mano de la cara— ni siquiera necesitaría ser una
prostituta. Si me postulo para Siberia, podría abrir un bistró* allí. Apuesto a que les vendría bien
una buena comida italiana.
(*En el mundo de la gastronomía es un pequeño restaurante de cocina de calidad que
generalmente es atendido por sus dueños. El término nació exclusivo para los que sirven comida
francesa pero se ha globalizado.)
—Bien. —Domenico frunció el ceño. —¿Qué tal una prueba en el desierto esta noche?
Podríamos ir de campamento. —Era una buena idea intensificar su entrenamiento muy, muy
pronto.
—¿Me enseñarás a esconderme de la mafia? —Seth susurró y lo miró, con total seriedad.
El tipo tenía tan poca idea que era algo triste. Había lobos por ahí, y él caminaría directamente
hacia sus fauces.
—Es lo básico, pero te mostraré ciertas cosas. Haremos esto de forma regular. ¿Te parece
bien?
Seth asintió con una respiración profunda. —¿Me ayudarás? —Un hombre tenía que estar
desesperado para que su orgullo cayera tan bajo.
Domenico observó el latido tenso del corazón en la vena abultada del cuello de Seth, sin
dejar de acariciar su espalda. Seth era el puto heladero a punto de derretirse. Con una pizca de
miedo.
Capítulo 11

Seth no estaba preparado para tanta 'acción' como pensaba. Entrenó con Dom durante tres
horas antes de que pudieran comer algo. En lugar de vigorizarlo, las peleas deprimieron a Seth,
ya que le mostraron lo poco que podía hacer. Quería aprender, lo necesitaba, pero al mismo
tiempo, todos los intentos por hacerlo lo hacían sentir inútil. Si tener moretones por todas partes
no fuera lo suficientemente malo, fueron a comprar equipo para acampar, y Seth solo tuvo una
hora solo en casa para preparar una frittata* rápida y desordenada. Todavía estaba caliente
cuando la guardó en su mochila nueva. No es su idea de diversión. Sin embargo, el miedo lo
empujaba. Tal vez algún día necesitaría correr por el bosque, esconderse.
(*Es un plato italiano similar a una tortilla de papas, que se suele rellenar de distintos
ingredientes como vegetales, quesos, embutidos, setas, etc.)
El sonido de su teléfono celular sonando lo puso al borde de un ataque al corazón, pero el
nombre de Domenico en la pantalla fue como un bálsamo para sus nervios. Esa fue su señal para
irse, así que reunió dos mochilas grandes y avanzó poco a poco a través de la puerta estrecha, y
luego bajó las escaleras. Dom no dijo a dónde iba cuando se fue antes, por lo que Seth no tenía
idea de cómo se suponía que debían salir de la ciudad. ¿En autobús?
Pero cuando llegó a la calle, su pregunta fue respondida cuando vio a Dom apoyado
contra un Volkswagen Beetle azul pálido, con un cigarrillo firmemente enterrado entre sus
labios. Seth levantó las cejas, confundido por la disonancia. Era como ver a un puma tratando de
encajar en una perrera de Chihuahua.
—¿Estás tratando de pasar desapercibido? —Seth preguntó y puso las maletas en el
asiento trasero.
Domenico sonrió y levantó sus gafas, revelando los ojos brillantes con los que Seth ya
estaba demasiado fascinado. Resaltaban tanto contra la tez oscura y el cabello de Dom que era
difícil no mirarlos. —Estaba disponible.
Seth se encogió de hombros y se sentó en el asiento del pasajero. Sabía que no escaparía
de la tortura que Dom había planeado para él. Y mirar no era bueno. Mirar fijamente lo atraería,
y terminaría dejando que Dom entrara en sus pantalones como cuando se emborrachó el día
anterior. Claro, era sexy y probablemente lo haría de nuevo si tuviera una segunda oportunidad,
pero todavía le dolía el trasero y era vergonzoso. Y no era el tipo de dolor como después de
recibir un puñetazo en la cara, sino un dolor pequeño, constante y molesto. Seguía recordándole
a Seth que ya había sido el pasivo para el tipo cuatro veces. Ni siquiera se dio cuenta cuando
sucedió. Estaba bien cuando estaba borracho, o cuando estaba oscuro, o cuando estaba muy
cachondo, pero no funcionaba a la luz del día. No quería parecer un polvo fácil, un lugar cómodo
para que Dom dejara su semen. Aunque sobre todo, no quería hablar de ser un pasivo.
Domenico bostezó y tiró su cigarrillo a la calle antes de subirse al auto. De hecho, era
mucho más pequeño de lo que Seth estaba acostumbrado, pero al menos no fue él quien tuvo que
maniobrar su cuerpo para poder alcanzar el volante sin tener que sacar varias costillas. A
Domenico, sin embargo, no pareció importarle. —Pasaremos por una tienda al salir de la ciudad.
Necesito cafeína.
Seth enarcó las cejas. —Si estás desesperado…
—Lo estoy, y no tenemos tiempo para holgazanear en un café de verdad. Lo cual es una
pena porque conozco un excelente bistró italiano en Kreuzberg —Dom suspiró, logrando de
alguna manera mover el antiguo vehículo. No parecía modernizado por dentro, pero al menos
estaba limpio y olía bien. Eau de Domenico.
(*[Francés] “Eau” es un líquido perfumado y literalmente significa “agua de Domenico”,
así se le llama a los perfumes, colonias, esencias también.)
—Me vendría bien un buen vino italiano. —Seth luchó contra el impulso de inclinarse y
jugar con el cabello de Dom. Su vida estaba destinada a convertirse en una gran prueba de fuerza
de voluntad.
—No puedes beber mientras estamos entrenando —Domenico avanzó por la calle y pasó
frente a un colorido edificio de jardín de infantes, con un patio lleno de niños despreocupados. —
Y si yo fuera tú, me desharía del alcohol por completo. Nubla tu juicio.
Seth frunció el ceño, sin saber si era una indirecta o un consejo real. —¿Eh? ¿Cómo? Es
normal tomar un vaso de vez en cuando.
—No cuando eres el blanco de todos —Domenico dejó escapar un suspiro cansado. —Es
mucho mejor no ralentizar nuestros reflejos.
Seth se recostó en su asiento. —Tengo un poco de resaca. De hecho, creo que estaría
mejor si bebiera algo. ¿No venden cerveza en los McDonald's en Alemania?
Domenico lo miró con el ceño fruncido. —Nunca he visto. ¿Tal vez es solo en el
Oktoberfest*, o algo así? Pero no, no puedes beber ninguna.
(*Es la fiesta popular más grande de Alemania y una de las mayores del mundo.)
Seth dejó escapar un gemido de dolor. —Tómate tu café de mierda entonces.
—La cafeína es la cafeína. Tampoco dormí mucho anoche.
Seth se llevó los labios dentro de la boca y se calló. No sucedió.
—Mataría por un espresso. Doble.
—¿Hay algo que no sea italiano que te guste? —Seth puso los ojos en blanco, feliz de
estar fuera del tema de ayer. La comida siempre era un tema bueno e inclusivo. Incluso con un
sicario de la mafia.
—Chocolate belga. Hecho en Bélgica —respondió Domenico, inclinándose hacia
adelante para ver las farolas de la calle.
—¿Qué tal Snickers o Hersheys? —Seth resopló.
Domenico frunció el ceño, mirando la calle desde detrás de sus gafas. —Me gusta el
jarabe de arce.
—Domenico Acerbi, el Rey de los Panqueques —Seth se puso las gafas de sol.
—Por supuesto. Cada vez que miro esos panqueques gruesos en tu pecho, pienso en
bañarlos en jarabe de arce.
Seth parpadeó. ¿Dom acaba de hacer una broma? —¿Eso es lo tuyo? ¿Pero supuse que
solo en jarabe canadiense? ¿Solo la mejor calidad para el Rey de los Panqueques?
—Solo el Rey de los Panqueques para el Rey de los Pasivos.
Seth golpeó el brazo de Domenico, conteniendo un puñetazo solo porque Dom tenía las
manos en el volante. —¡Cierra tu boca de panqueque!
—Tú fuiste el que empezó esto, así que cállate —gimió Domenico, tomando un giro
brusco con el auto.
Seth se abrochó el cinturón de seguridad y refunfuñó. —Claro, puedo hacer eso.
Domenico no lo hizo. —No se puede confiar en ninguno de esos restaurantes extranjeros.
La última vez que comí en uno que no era ni italiano ni francés, terminó en desastre.
Seth no era físicamente capaz de morderse la lengua. —¿Sí? ¿Qué podría pasar? ¿Quién
te obligó a ir?
—Estaba reuniéndome con un cliente en un jodido bar de sushi —El rostro de Domenico
cayó como si hubiera nubes tormentosas reuniéndose alrededor de su cabeza.
—Oh, no me gusta el sushi —Seth frunció el ceño al recordar a Peter llevándolo a un
elegante lugar de sushi.
—Mierda moderna. No puedo pensar que a la gente le pueda gustar algo tan insípido —
refunfuñó Domenico.
—La comida española puede ser buena.
—El tipo que me llevó al lugar de sushi dijo lo mismo.
—Supongo que simplemente no puedes confiar en la gente, ¿verdad? —Seth dijo,
mirando por la ventana mientras se acercaban a la ventana.
—No. La gente siempre está dispuesta a atraparte —dijo Dom justo antes de abrir la
ventana para hablar por el micrófono.
—Sí, especialmente si eres Seth Villani —dijo Seth justo después de que Dom cerrara la
ventana.

Domenico nunca fallaba en el blanco. Seth miró los agujeros que su nuevo mentor hizo
en su objetivo de práctica. En el blanco. Justo en la frente del tipo de cartón genérico. Habían
pasado la última hora practicando desmontar y volver a montar pistolas semiautomáticas, y Seth
se estaba poniendo optimista porque no era tan difícil, pero no podía igualar la velocidad de
Domenico. Que le mostrara cómo hacerlo correctamente fue un poco impresionante, pero le hizo
darse cuenta de que Dom tenía que percibirlo como un verdadero idiota. La mayoría de las veces,
Seth apenas daba en el objetivo de cartón, y mucho menos la cabeza o el pecho. Aunque casi
mata a una ardilla.
Los árboles los rodeaban por todos lados en el claro. Estaban a unas dos horas en coche
de Berlín, y Seth esperaba que no hubiera ningún turista deambulando cuando intentaba dar en el
blanco de cartón que Dom había puesto en un árbol frente a ellos. Estaban usando silenciadores
para que nadie se alarmara por los disparos, pero supuso que eso hacía que toda la prueba fuera
aún más peligrosa para los excursionistas accidentales. Incluso con el fuerte olor a pinos y tierra,
el color verde a su alrededor no hizo nada para calmar sus nervios.
—Enfócate.
—Estoy concentrado. —Seth gimió. Dom acercándose a él desde atrás no ayudaba con la
tarea en cuestión. Incluso la camiseta de Domenico no podía ser completamente informal.
Entallada, pero no demasiado ajustada, con un ligero escote en pico y tres pequeños botones.
Seth podría apostar que era una marca elegante como Armani o D&G. Por mucho que Seth
quisiera burlarse de Dom por sus elecciones de estilo, tenía que admitir que el hombre sabía
cómo vestirse para impresionar.
Domenico negó con la cabeza. —Fallas tu objetivo cada vez. Incluso los novatos pueden
meter una bala en el hombre de cartón cuando se esfuerzan.
Seth se esforzaba por concentrarse, pero el calor del cuerpo de Domenico detrás de él, un
marcado contraste con la fría humedad del aire, no ayudaba.
—¿Es eso lo que te dicen en el entrenamiento de maestros asesinos? ¿Menospreciar a tus
alumnos? —Seth puso los ojos en blanco y se alejó.
—No te estoy menospreciando. Al contrario, te estoy ayudando a mantenerte con vida.
Seth se tensó cuando sintió el cuerpo de Dom fundirse con el suyo. Fue casi como un
abrazo, pero los brazos enjutos se dirigieron directamente hacia el arma que Seth sostenía. Sintió
un escalofrío de emoción recorrer todo el camino desde su trasero hasta sus bolas. El aliento de
Dom estaba justo debajo de su oído, como un susurro interminable.
—¿Qué crees que es esto? —siseó Seth —¿Una comedia romántica?
—¿Una qué? —Domenico enroscó sus manos secas y cálidas alrededor de las de Seth y
le hizo levantar el arma.
Seth suspiró, con las palmas de las manos sudorosas alrededor del arma. —Una película
de comedia romántica. El tipo siempre lleva a la chica a jugar al golf o algo por el estilo, se para
detrás de ella y le muestra cómo sostener el palo. Es una gran insinuación.
—Eso no es un palo. Es un arma. Y en segundo lugar, ¿cómo diablos sabes eso? —gruñó
Domenico. Ahora estaba todo enfocado.
—Peter solía obligarme a mirarlas —Solo era parcialmente cierto, ya que Seth disfrutaba
de algunos de ellas. —¿Puedo obtener algo de espacio personal entonces? —Respiró
profundamente, disfrutando del agradable olor de los árboles y la hierba mojada. Rara vez iba al
bosque desde que se mudó a la ciudad de Nueva York.
El suspiro de Domenico envió vibraciones por el cuello de Seth. —¿De qué otra manera
voy a mostrarte cómo hacer esto? Has olvidado cómo hacerlo desde la primera vez.
—Me hace sentir incómodo, como si se estuviera aprovechando, Señor Maestro —Seth
se alejó. Ningún hombre en su vida había hecho que su corazón se acelerara tanto. Y Dom ni
siquiera era más grande que él, simplemente intimidante. De una manera sexy, lo que confundió
a Seth.
—Oh, hombre. Ya follamos, ¿cuál es el problema? —gruñó Domenico mientras
presionaba aún más y obligaba a Seth a ponerse en posición con la estructura de su propio
cuerpo. —Deja de pensar en mi polla y concéntrate.
—¿Me veo como si me importara tu polla? —Seth gruñó y lo miró, solo para mirar
fijamente a los ojos intensos.
—Eres tú el que piensa en sexo todo el tiempo. Solo estoy tratando de mostrarte cómo
dispararle a un puto árbol.
El cuerpo de Seth se estaba calentando aún más, y volvió a mirar al objetivo, apuntándolo
con el arma. —No te sobreestimes.
—No me des una razón para hacerlo. Ahora imagina que es una puta comedia romántica
y haz lo que te digo —siseó Dom, obligando a los dedos de Seth a agarrar el acero caliente.
Seth tragó y trató de imaginar la cabeza del miembro de la Tríada, que le habló después
del secuestro, en el objetivo. Sorprendentemente, solo lo hizo sentir más incómodo. Claro, quería
venganza, pero ¿realmente quería volarle la cabeza a alguien? La forma en que Dom agarró sus
manos sugería que no tenía tantos escrúpulos. Sus dedos eran más delgados que los de Seth, pero
su fuerza era inconfundible. Hizo que Seth pensara en un artículo que leyó sobre personas que
solo usan un pequeño porcentaje de su cerebro. Seth probablemente estaba usando un pequeño
porcentaje del potencial de su cuerpo, mientras que Dom, musculoso pero no tan grande, estaba
lleno de habilidad y capacidad para usarlo.
Un roce de aire cálido contra su oreja hizo su trabajo terriblemente bien. —Repira
lentamente. Toma tres respiraciones profundas y lentas.
Seth inhaló, tratando de obligar a su cuerpo a relajarse. Se concentró en el objetivo, y con
el cuerpo de Dom casi derritiéndose con el suyo, se sintió más poderoso, como si los músculos
de Dom apoyaran los suyos y ayudaran a su fuerza. El calor contra su espalda era fortalecedor.
Dom sostenía el arma y las manos de Seth en un agarre similar a un tornillo de banco mientras
respiraban juntos.
Inhala. Exhala. Inhala. Exhala. Inhala. —Dispara.
Sin dudarlo. Antes de que Seth se diera cuenta, el hecho estaba hecho y golpeó la cabeza
del objetivo, el retroceso del arma no fue tan fuerte como antes. Su corazón latía con euforia.
—Bien. Eso es lo que quiero. —Domenico no se movió, pero sus palabras fueron como
las caricias más dulces, y Seth estaba listo para ronronear como un gato satisfecho. En verdad
hizo algo bien para variar.
—Aprendo rápido. —Seth sonrió para sí mismo.
—Otra vez entonces —Domenico no se movió ni un centímetro, manteniendo
exactamente la misma posición que antes. Hizo que Seth imaginara a Dom compitiendo en uno
de esos ejercicios en el Biggest Loser, donde las personas tenían que pararse sobre una pierna y
sostener algo en la misma posición todo el tiempo que pudieran. Apostó que Dom ganaría
aunque fuera gordo. El pensamiento lo hizo reír, pero dijo 'sí' y apuntó de nuevo.
—Dos respiraciones y dispara. Prueba con el ojo derecho del cabrón —susurró
Domenico. No estaba claro por qué sentía la necesidad de estar tan callado cuando ellos eran las
únicas personas aquí, pero Seth estaba lejos de quejarse.
Observó el objetivo durante dos largas respiraciones y apretó el gatillo, golpeando el lado
derecho de la cara de la figura pintada. —Lo hice —saltó de la boca de Seth con júbilo, antes de
que pudiera pensar. Con Dom detrás de él, se sentía tan poderoso como siempre, así que cuando
el calor de su cuerpo se fue, se sintió como privado de la mitad de su músculo.
—Bien, ahora inténtalo por tu cuenta.
Seth volvió la cabeza con los labios entreabiertos. Ya no quería hacerlo solo. Funcionaba
mejor cuando Dom estaba allí. Sin embargo, ninguna tortura lo obligaría a admitir eso, así que
sin una palabra, se volvió hacia el objetivo, tratando de imitar la forma en que estaba parado
antes, la forma en que Dom le hizo sostener el arma.
—Respira —dijo Dom y por el rabillo del ojo, Seth pudo ver su silueta oscura. Estaba
observando, evaluando el desempeño de Seth.
Y no era que Seth no quisiera 'defraudarlo', porque eso no podía importarle menos, pero
sí quería impresionarlo. Hacer que Dom deje de considerarlo un fracaso. Se lamió el labio
superior salado y apuntó al pecho del objetivo, con la esperanza de que al menos pudiera darle a
eso. Solo que ahora, después de que Dom le sujetara las manos, se estaba dando cuenta de lo
inestable que era su agarre. Menos mal que no había bebido esa cerveza de la mañana después de
todo. Concéntrate, Seth.
Dos respiraciones, y un disparo logró rozar el costado del tablero de destino. Exhaló
profundamente, la decepción tan difícil de tragar como cuando quemó su primer cannoli. Parecía
que el hombre de cartón se burlaba de Seth con una sonrisa de Joker.
—De nuevo.
Seth gimió e instantáneamente volvió a disparar con ira, esta vez ni siquiera golpeó el
cartón. De nuevo. Y de nuevo, sin mucho éxito. Maldijo por lo bajo y destrozó un árbol cercano
con el codo. Puso el seguro en el arma y la deslizó en la parte de atrás de sus jeans, antes de
caminar en dirección opuesta a donde Dom estaba parado. ¿Por qué no funcionaba? Estaba tan
avergonzado que su cráneo estaba a punto de explotar.
—Ey, Seth. Todavía no hemos terminado.
—Lo sé, necesito refrescarme —siseó y salió del claro, con la esperanza de esconderse
entre los árboles.
Un estallido repentino a su izquierda lo hizo abrazar el árbol cercano. Los ojos de Seth se
agrandaron al ver un agujero en la corteza.
—No seas un bebé y vuelve aquí —dijo Domenico sin ninguna emoción en su voz.
Los ojos de Seth se agrandaron y miró hacia atrás con el corazón latiendo furiosamente
contra su caja torácica. —¡Deja de ser jodidamente molesto y dame un respiro! —gritó, a punto
de disparar de vuelta. Dom estaba tan impasible, como si no le importara que Seth también
tuviera un arma, su rostro era una máscara de calma.
—Eres una puta broma si eso es lo que te hace perder el control. Estás en guerra con
todos menos con tu padre y conmigo.
—¡Deja de enojarme entonces, o voy a estar en guerra contigo también! —Seth sacó su
arma y quitó el seguro. Apuntó a Dom y dio unos pasos en su dirección, la visión se nubló con
una ira humeante. Empeoró aún más cuando no apareció ninguna emoción en ese hermoso
rostro. Domenico se quedó allí como una estatua, mirando los ojos de Seth en lugar del arma, su
mirada tan intensa que estaba haciendo que la piel de Seth ardiera.
Seth apretó el gatillo, aunque trató de apuntar a uno o dos metros de Dom. No quería
volarle los sesos al tipo, solo asustarlo un poco, obtener una reacción. Pero no salió nada de su
arma. Seth miró el arma. Sin municiones. Por supuesto.
Todo el vello de su cuerpo se erizó ante el sonido inconfundible del seguro siendo
desactivado en un arma, y su estómago se desplomó. Seth tragó saliva y arrojó la suya al suelo,
levantando las manos y retrocediendo lo más rápido posible.
—Estaba bromeando. Sabía que no me quedaba ninguna munición. —Se rió
nerviosamente, observando cada movimiento de Dom. Estaba parado allí, su Beretta favorita
apuntaba casualmente en dirección a Seth. Este era el aspecto que tenía que tener el ángel de la
muerte. Ojos ámbar ardientes, cabello largo y negro, una expresión muerta en su rostro. A Seth
se le subió el corazón a la garganta cuando Dom levantó la mano y movió los dedos en un
inconfundible gesto de invitación.
Seth estaba sudando como un cerdito recién nacido y sacudió lentamente la cabeza,
dando otro paso hacia atrás. Esto definitivamente no era parte de un escenario de comedia
romántica. —No —susurró para sí mismo.
—Haz lo que digo. Ya me has hecho enojar lo suficiente —murmuró Domenico.
Seth tragó saliva y miró a su alrededor, pero sabía que no vendría ayuda. Miró a Dom a
los ojos y de mala gana comenzó a acercarse a él. Sus piernas se sentían como si estuvieran
hechas de plomo. Con náuseas, se obligaba a dar cada paso subsiguiente hacia Domenico, cuyos
antebrazos llenos de venas eran tan letales como el arma que tenía en la mano. Le recordaban a
Seth a las pitones, listas para envolverse alrededor de la garganta de Seth y apretar hasta que se
atragantara.
Cuando Seth llegó a Dom, estaba temblando, inseguro de lo que sucedería. Quería cerrar
los ojos y acabar de una vez, pero tenía demasiado miedo. —Dije que no era mi intención —dijo,
pero la última sílaba salió apagada.
Vio estrellas cuando Domenico le dio un puñetazo en el estómago y lo siguió con un
golpe en la cabeza. Seth ni siquiera se dio cuenta de cómo llegó al suelo, pero cuando volvió en
sí, estaba acurrucado con la cara a centímetros de los zapatos de Dom, un par de botas de
combate negras que usaba desde la mañana.
—Qué mierda… —murmuró Seth, sin atreverse a mirar hacia arriba. Su estómago dolía
como una perra, todos sus músculos aún temblaban.
—De rodillas —dijo Domenico con voz áspera, tan fría como antes. Seth miró hacia
arriba lentamente, pero siguió la orden, con la cabeza zumbando por el golpe.
Desde esta perspectiva, Dom parecía aún más intimidante. Tenso, fuerte, alto, una
auténtica máquina de matar. Con un arma apuntando a la cabeza de Seth.
—No, no, no —se quejó Seth y se inclinó lo más que pudo sin caerse de culo. Oh Dios,
¿cruzó una línea que no sabía que estaba allí? Estaba tan asustado que no podía tragar. Sin una
idea de cómo escabullirse de la situación, levantó las manos frente a su cara.
El frío toque del acero contra su frente hizo que sus dientes castañetearan tan fuerte que
podrían rivalizar con un pájaro carpintero golpeando un árbol.
—Pequeño hijo de puta.
—¡Dije que lo siento! —Seth gimió pero no se atrevió a apartar el arma, sin importar lo
mucho que su corazón lo anhelaba. Le picaban los ojos por las lágrimas contenidas, que
intentaban salir a la fuerza. Una parte de él le aseguró que Dom no lo mataría, después de todo
tenía órdenes, ¡pero otra sabía que Dom estaba loco! El tipo lo folló por el amor de Dios. Él, el
hijo del Don. ¿Por qué no lo mataría y afirmaría que fue un accidente? No era como si Seth fuera
el único hijo.
—Veo que ya no puedo confiar en ti. Tal vez sea para mejor. Antes de que alguien se dé
cuenta de que te has ido, estaré ganándome la vida en Argentina —Los ojos de Domenico eran
fríos y su rostro, enmarcado por los árboles de arriba, era una imagen lo suficientemente bonita
como para querer verla antes de morir.
Por mucho que Seth no quisiera que lo hicieran, sus ojos se llenaron de lágrimas. El
viento en las secas hojas de otoño susurraba acerca de la muerte, y él olió para tratar de contener
las lágrimas. —¡No! ¡No, puedes confiar en mí! —estalló en pánico. —No quieres hacer esto,
Dom. No le harías esto a Familia, ¿verdad? —Seth tuvo que luchar por cada bocanada de aire
fresco, temblando como un gatito bajo la lluvia.
—No tuviste problemas en arriesgar mi vida solo porque estabas jodidamente enojado, —
murmuró Dom, mientras movía el arma un poco más arriba de la frente de Seth. —Puedo dejarte
paralizado en su lugar.
Algunas lágrimas rodaron por el rostro de Seth, y la frittata se le subió a la garganta. —
No, lo siento. ¡No estaba pensando! —Gritó y lentamente estiró sus dedos, intentando tocar el
muslo de Dom.
Domenico se rió entre dientes, un sonido oscuro y bajo que subió directamente a la
garganta de Seth para ahogarlo. —Si vuelves a apuntarme con el arma, esté cargada o no, te
mataré en el acto. ¿Lo entiendes?
Seth trató de responder, pero el alivio lo ahogó y asintió en su lugar. 'Si vuelves'
significaba que viviría para tener la oportunidad. No es que quisiera uno. Alguna vez. —Lo
siento —pronunció, frotándose los ojos, completamente sin aliento.
—¿No tienes idea de cómo usar un arma, y tratas de disparar en mi dirección? Eres un
descerebrado. —Domenico negó con la cabeza, sus fosas nasales dilatadas, y por primera vez
desde que comenzó la terrible experiencia, había una chispa de rabia en sus ojos.
Seth asintió con fuerza. Lo peor fue que había algo de lógica en las palabras de Dom, y
Seth se arrepintió de lo que había hecho, pero no pudo retractarse ni explicar su comportamiento.
Había estado tan jodidamente enojado que se quebró. El cuerpo de Seth ahora era gelatina, y
deseaba poder disolverse en el suelo. —Estaba... no sé qué me pasó.
—Cierra la boca. No quiero tus excusas. —Domenico puso el arma en la funda de su
brazo mientras se sentaba en el suelo.
Seth tomó eso como que se le permitía dejar de arrodillarse, y se sentó sobre sus talones.
Escondió su rostro entre sus manos, luchando por contener un sollozo. Sé un hombre, Seth.
—Recuéstate sobre tu espalda y respira, por el amor de Dios —vino de Dom.
Seth inhaló profundamente por la nariz y asintió. Todavía estaba conmocionado cuando
se acostó y miró hacia el cielo plagado de tenues nubes. ¿Por qué seguía metiéndose en esas
situaciones? ¿Por qué no podía simplemente seguir las instrucciones y seguir aprendiendo a
disparar?
—Creo que alguien debería enseñarte cuánto duele que te disparen. Eso curaría tu ego de
una vez por todas.
Seth frunció el ceño ante las palabras, pero no miró en dirección a Dom, demasiado
inmerso en su pequeño mundo de dolor e infelicidad. —Mi ego está bien —Aunque ciertamente
tomó otro golpe hoy.
—Pude ver eso —Domenico suspiró. —Un puto amigo me dispara. Que broma.
Eso llamó tanto la atención de Seth que frunció el ceño y se incorporó. —¿Me consideras
un 'amigo'?
—Eres un Villani. ¿Qué más debería considerarte? —Domenico volvió la cabeza hacia
Seth, la amargura en su rostro era tan prominente que parecía que cuanto más lejos de la prueba,
más irritado estaba Dom. Lo cual no tenía mucho sentido para Seth, quien poco a poco estaba
aprendiendo a respirar de nuevo.
—No sé. ¿Una peste con cabeza de toro? —Se encogió de hombros.
—Eres solo eso. Me debes una mamada por esa mierda que acabas de hacer —gimió
Domenico, cruzando los brazos sobre el pecho.
Tenía que ser adrenalina porque Seth se sentía mareado, la sangre corría por sus venas.
Asintió lentamente, centrándose en Dom de nuevo. Nunca pensó que una experiencia cercana a
la muerte lo pondría cachondo. Sin embargo, ahora que ya no estaba en riesgo, todas las
reacciones físicas le recordaron cuando fue a hacer un salto en bungee. Siguió exhalando
profundamente mientras se concentraba en los ojos de Dom, que ahora estaban sobre él,
entrecerrados e inmóviles. El pecho de Dom se movía lentamente hacia arriba y hacia abajo,
estirándose hasta la capacidad máxima de sus pulmones, pero los ojos de Seth ya se estaban
desviando hacia abajo.
—¿Ahora? —Salió rasposo, pero a Seth no le importó y ya se acercó a Dom a cuatro
patas.
Domenico levantó la vista. Estaba tirado allí como si nada hubiera pasado, con las piernas
ligeramente separadas. —¿Ayudará eso a tu culpa?
—Nada ayudará a mi culpa —Seth se mordió el labio, observando a Dom y cubriéndolo
lentamente con su cuerpo. Con la adrenalina todavía corriendo por sus venas, todo lo que quería
era follar a Dom en carne viva, aquí en la hierba.
—Entonces chupa —dijo Domenico, con un desafío en sus ojos.
—¿Qué tal si te ayudo a aliviar la tensión de otra manera? —Seth susurró al oído de
Dom. Puso su peso encima de Dom. El solo hecho de que estaba entre los muslos de Dom hizo
que su polla palpitara por la acción.
Los ojos de Domenico se entrecerraron. —Vete a la mierda, a menos que lo que quieras
sea montar mi polla.
Seth resopló, apretando sus caderas contra las de Dom. Su cara se sentía caliente ante la
mera sugerencia de tal posición. —No, yo no hago eso. —Seth deslizó sus manos a lo largo del
cuerpo debajo de él. Los músculos de Dom estaban tan tensos y duros. Hizo que la sangre de
Seth palpitara con adrenalina tan intensamente que incluso sus encías palpitaban.
—No soy pasivo —le dijo Domenico, como si estuviera hablando con un niño.
—¿Por qué no?— Seth suspiró y lentamente se puso de rodillas para desabrochar el
cinturón de Dom.
—Porque no. Ya no quiero hacerlo nunca más. —Domenico suspiró, moviendo sus
caderas para encontrar las manos de Seth.
Seth dejó escapar un gemido gutural lleno de molestia. —¿Por qué tengo que hacerlo yo
entonces? Duele. —La última parte salió más tranquila de lo que pretendía. Discutir esto lo tenía
avergonzado en todo tipo de niveles. Sin embargo, desabrochó la bragueta de Dom.
Algo se crispó en el rostro de Domenico, y levantó la mano, acariciando el costado del
cuello de Seth. —¿Tanto?
Seth se estancó con su respuesta, pero no había forma de evitarlo más que la honestidad,
y lo odiaba. —Bueno… solo lo hice un par de veces. Apenas usaste lubricante al principio de la
primera vez y no fuiste particularmente suave conmigo. No me voy a morir. —Rodó los ojos. —
Pero duele. —Recibir un puñetazo en el estómago dolía mucho más, pero no era ni la mitad de
vergonzoso. Mirar a Dom a los ojos era demasiado esfuerzo cuando tenía que confesar esas
cosas, así que se concentró en bajarle los pantalones.
—Ah, pensé que querías elogiar el tamaño de mi polla —Domenico se rió, y por la forma
en que sus manos acariciaban los antebrazos de Seth, era difícil enfadarse con él.
—Estúpido. Puedo tomar tu polla, quiero decir… —Seth cerró los ojos, frustrado sin fin.
Eso no fue lo que quiso decir. —Quiero decir, probablemente... no lo sé.
—Entonces esperemos unos días.
Seth se dejó arrastrar hacia esa cálida boca con sabor a cigarrillos. La presión de la
lengua de Dom fue lo suficientemente buena como para hacerle separar los muslos. Seth suspiró
con un alivio casi tan grande como cuando le quitaron el arma de la frente, y se fundió en el beso
con entusiasmo, abriendo la boca a modo de invitación.
No era que no quisiera hacerlo en absoluto, se mentiría a sí mismo si afirmara que no
quería volver a hacerlo nunca más. Querría explorarlo. Tal vez. En las circunstancias adecuadas.
Pero nunca dejaría de dolerle el culo si lo hicieran todos los días.
Lentamente bajó los jeans y la ropa interior de Dom lo suficiente como para sentir que su
polla se levantaba. La amplia sonrisa en el rostro del hombre derritió toda la incertidumbre de
Seth. —Sírvete. Nunca antes había tenido una polla siciliana, ¿eh?
Seth miró hacia abajo para evitar los ojos de Dom, pero no pudo evitar una pequeña
sonrisa al verlo también. Eso era cierto. Nunca había tenido una italiana, por no hablar de una
siciliana. Para ser completamente honesto, generalmente él era el chupado, no el que chupaba.
Pero con esto podía lidiar. Incluso a la luz del día.
Besó el costado de la mandíbula de Dom, antes de deslizarse más abajo, hacia esa polla
tiesa. La piel de Dom olía tan bien que quería enterrar su cara en ella y quedarse así. Su aroma
cálido y terroso nunca dejaba de excitarlo, y esa gruesa polla de piel aceitunada ya le estaba
haciendo la boca agua.
—No la has tenido. Estabas borracho antes, pero ahora puedes saborearla como deberías.
Seth se inclinó para lamer toda la longitud y levantó la camiseta de Dom para que pudiera
tener una buena vista de ese estómago delgado. Si Dom fuera jamón, sería prosciutto crudo*. —
Nunca tuve muchas parejas —Seth gimió cuando llegó a la punta con la lengua.
(*En Italia se le llama al jamón curado que se sirve crudo en lonchas finas.)
—Bien, no me gustan las zorras —La mano de Domenico era pesada en la parte posterior
de su cabeza, pero progresó para agarrar el cabello más largo en la parte superior y enroscarlo
suavemente entre sus dedos.
—Tú fuiste el que dijo que soy una zorra —susurró Seth en su polla, antes de chupar la
punta y arquear la espalda hacia arriba.
Domenico sabía tan fresco y masculino que Seth quiso tragar más de él. La risa de Dom
sacudió la polla en la boca de Seth. —Te voy a reformar.
Seth sonrió alrededor de la carne y se atrevió a mirar a Dom a los ojos. Le gustaba tanto
el Domenico relajado como el del ceño fruncido. Y cuando sus ojos se encontraron, la sonrisa
blanca se hizo aún más amplia, haciendo brillar los ojos ámbar.
—Para ser tan idiota, eres increíblemente sexy. Especialmente así, con tus labios
alrededor de mi polla.
Seth no mentiría, amaba los elogios. También lo hizo sentir mejor que incluso después de
lo sucedido, Dom pensó que tenía cualidades redentoras. Sin romper el contacto visual, tomó
más polla en su boca, disfrutando de cómo latía con vida, pero Domenico no lo dejó parar.
Tirando de su cabello, Dom estaba clavando lentamente a Seth en su polla mientras lo observaba
con los ojos entrecerrados.
Seth se atragantó un poco, pero que le tiraran del pelo era demasiado bueno para
resistirse. Nunca le gustaron las mamadas suaves. El olor de Dom, fresco pero con un poco de
sudor, lo hizo rápidamente alcanzar sus propios pantalones. No podía dejar de jadear mientras
trataba de dejar que la polla entrara más.
—Ah, deja tus manos donde pueda verlas —dijo con voz áspera Domenico, cuyas
caderas se curvaron contra Seth, empujando aún más la polla.
Seth gimió en protesta pero puso sus manos sobre el estómago de Dom. Él podría trabajar
con eso. Todo ese músculo bajo una piel deliciosa. Volvió a tener arcadas, pero eso no lo
desanimó de agregar más succión.
—Veo que tendré que entrenar tu garganta —susurró Domenico, haciendo suaves
empujones hacia la cara de Seth, su pubis recortado todavía no llegaba a la nariz de Seth. Los
ojos de Dom eran como antorchas gemelas, que quemaron agujeros en el pecho de Seth.
Seth gimió de vergüenza, pero no pudo retroceder con los dedos de Dom sosteniéndolo
firmemente en su lugar. Su respiración se aceleró y jadeó por la nariz mientras exploraba el
estómago de Dom con los dedos. Tenía una buena cantidad de pequeños pelos oscuros, sin ser
tupido. Aquí y allá, la piel tenía pequeñas cicatrices, más oscuras y más claras, más grandes y
más pequeñas, creando una historia que Seth tenía curiosidad por escuchar. Sin embargo, por
ahora estaba contento con darle a Domenico todo el placer que podía para compensar su
comportamiento anterior. La polla, tan cálida, gruesa y venosa, se movía en embestidas
superficiales, hurgando en la entrada de la garganta de Seth, y con ambas manos de Domenico en
su cabello, no había a dónde correr.
Miró hacia otro lado, para que Dom no viera sus ojos llorosos, y arqueó la cabeza, pero la
polla seguía haciéndolo tener arcadas. Se sentía como un idiota. Un idiota con una erección, pero
idiota al fin y al cabo. Movió las palmas de las manos hacia los pectorales de Dom y sobre sus
pezones, un escalofrío atravesó su cuerpo, bajando hasta sus testículos por lo indefenso que lo
estaba haciendo sentir.
—Puedo enseñarte cómo hacer una garganta profunda correctamente. ¿Cómo suena eso?
—dijo Domenico con voz áspera.
Seth trató de retroceder el calor carnoso, pero Dom solo le dio un poco de holgura,
empujando hacia atrás cuando Seth estaba cerca de la cabeza del polla otra vez. Tenía que
admitir que le gustaba la fuerza. Se sentía como si el chico supiera lo que quería de una mamada,
y eso fue tan excitante que gimió alrededor de la polla.
—Ponte de rodillas —susurró Domenico con su polla enterrada hasta la mitad de la boca
de Seth.
Seth siguió la orden, excitado incluso por lo controlada que era la voz de Dom. Deslizó
sus manos a las caderas de Dom, palpando la carne angular. No había ni una onza de grasa extra
en ese hermoso cuerpo. No se resistió cuando Dom tiró de él por el cabello, empujando a través
de la resistencia de Seth hacia su garganta.
Seth cerró los ojos, concentrado en dejar que Dom usara su boca como quisiera. Sus fosas
nasales seguían dilatadas, y cuando llegó al pubis de Dom con su nariz, estaba en el cielo lleno
de testosterona. Agarró las caderas de Dom con más fuerza, queriendo tener todo de él, tocar
hasta la última pulgada de su piel.
—Bien, lo estás haciendo bien —Los muslos y el estómago de Domenico temblaban, al
igual que su voz cuando presionó la cara de Seth contra su entrepierna, acariciando su cabeza
suavemente.
Satisfacer a Dom se sentía como cumplir con tu deber para con el mundo. Quería ver a
Dom correrse y acostarse jadeando, todo agotado y sudoroso gracias a él. Seth lentamente
deslizó sus manos por los costados de las caderas de Dom y sus nalgas. Cuando Domenico lo
sacó de su polla, la garganta de Seth ardió, como si estuviera cubierta de azufre. Jadeó por aire,
mirando hacia arriba con una mirada entrecerrada.
—Respira.
—Estoy bien —se quejó Seth, sorprendido por lo ronca que resultó su voz, y se inclinó
para besar la cabeza brillante. Dejó que se deslizara sobre sus labios como si estuviera lamiendo
la punta de un helado.
Domenico se rió entre dientes y agarró su polla, colocándola para la entrada, diciéndole a
Seth que se abriera. Ahora que Seth sabía qué sentimiento anticipar, dejó que Dom se deslizara
directamente, mientras toqueteaba el trasero de Dom, todo sonrojado de placer. Cada vez que esa
longitud pulsante entraba en su garganta, se sentía como si la cavidad dentro de su cuello se
estuviera llenando por encima de su capacidad, pero era tan delicioso, primitivo, dominante.
Incluso el sabor del pre-semen no le molestó, ya que presagiaba el inminente orgasmo de Dom.
Él gimió, doblando los dedos de los pies e ignorando por completo la humedad alrededor
de sus ojos que seguramente vendría con un poco de arcadas. Su corazón latía con fuerza
mientras apretaba el musculoso trasero de Dom. La polla de Seth palpitaba ante la idea de ser el
activo con el hombre. Con toda la reacción que estaba recibiendo de Dom, podía apostar que
sería apretado y cómodo.
No supo cuánto tiempo estuvo Domenico follando su boca, manteniéndolo en su lugar
como si tuviera derecho a hacer lo que quisiera, pero cuando llegó el momento, Dom
rápidamente se enterró lo más profundo posible y se estremeció, vertiendo semen directamente
en la garganta de Seth.
Seth se lo tragó todo ansiosamente, para terminar de una vez. Era la parte que menos le
gustaba de chuparla, pero por mucho que no le gustara el sabor, había algo visceral en hacerlo a
pelo, sin condón y tomando la carga de otro chico. Movió sus palmas a los lados del estómago de
Dom y agarró su carne mientras miraba hacia arriba para ver el rostro de Dom, ahora sonrojado y
con ojos oscuros.
—Ven aquí —dijo Domenico con voz áspera, tirando de su cabello otra vez.
Seth, de mala gana, dejó que la polla de Dom se deslizara entre sus labios, pero estaba
contento de tener algo de aire de nuevo. Por estúpido que fuera, se sentía orgulloso de sí mismo
mientras yacía encima de Dom como un león saciado.
Un susurro contra el oído de Seth hizo que su temperatura explotara.
—Quiero que te corras.
—¿Estás feliz? —Seth gimió en respuesta, pero no dudó en levantar las caderas y bajarse
los pantalones.
—Aún no. Acuéstate a mi lado. —Los labios de Dom poseyeron los suyos, y
prácticamente cayó al suelo.
Seth cerró los ojos, dejando que Dom hiciera lo que quisiera mientras estuviera cerca.
Lamió el labio superior salado de su amante con una sonrisa y se inclinó hacia adelante, para que
la punta de su polla pudiera deslizarse contra el estómago de Dom mientras se masturbaba,
acunado en el agarre de acero del brazo de Dom.
—Ahora tócate —ordenó Domenico, su lengua dejando un rastro húmedo en un lado de
la cara de Seth.
—Oh mierda, oh mierda —gimió y presionó contra la piel caliente de Dom mientras
comenzaba a bombear su polla como si no hubiera un mañana. Tenía muchas ganas de correrse,
y con los niveles de excitación que estaba alcanzando, no tardaría mucho. Todo su cuerpo
trascendió cuando una cálida mano apretó su escroto y comenzó a rodar suavemente sus
testículos, masajeándolos tan bien que dolía.
—¡Justo así! —Seth exclamó y arqueó sus dedos, agarrando el cabello de Dom con la
otra mano. Estar más cerca era una necesidad en algún lugar de la boca de su estómago y nada
era suficiente. Devoraría a este hombre para el desayuno, el almuerzo y la cena.
Seth mordió los labios de Dom en busca de otro beso mientras se corría, empujándose
sobre su amante. Un escalofrío recorrió su cuerpo y apretó los ojos con fuerza, flotando a través
de su orgasmo. Fue más que bueno. Ya nada dolía. Por un breve momento, no le importaba nada
más que el hombre a su lado y su propia satisfacción.
—Ahora estoy feliz y pegajoso —Domenico se rió tan fuerte que sacudió a Seth encima
de él.
Seth abrió lentamente los ojos y lo miró. —Eres tan jodidamente caliente. No te soporto
por eso. —Frotó su mano pegajosa sobre el estómago de Dom.
—Es bueno saber que soy tu debilidad —Las pestañas negras de Dom eran gruesas y
largas, proyectando una ligera sombra sobre sus pómulos enrojecidos.
—Eso es muy injusto. Debería haber mantenido la boca cerrada —Seth empujó su cara
contra el cuello caliente de Dom.
—Me gustas cuando eres débil conmigo.
Fue una confesión tan sorprendente que Seth no supo qué hacer con ella. Lentamente
deslizó sus brazos alrededor del pecho de Dom y lo abrazó con fuerza. —Supongo que tengo
problemas de autocontrol —murmuró.
Contra su piel, la boca de Domenico se abrió en una sonrisa. —Mientras seas un buen
chico, estás a salvo conmigo.
Seth supuso que debería estar ofendido, pero todo lo que sentía era seguro y feliz. —
Trataré de ser un buen chico entonces —Le dio a los labios de Dom un beso lánguido, inseguro
de qué estaba pasando exactamente entre ellos, pero no tenía prisa por definirlo.
Domenico tarareó en respuesta, cerrando los ojos mientras los latidos de su salvaje
corazón se suavizaban lentamente bajo la oreja de Seth.
—¿Cuándo podré follarte? —Seth acarició el antebrazo de Dom con la esperanza de que
Dom no se enfadara de nuevo.
—Estás siendo insistente —respondió Dom con una pequeña sonrisa.
—Lo sé. —Seth se rió y se alejó rodando. —A veces hago cosas solo para ver qué
sucederá —Se acostó de espaldas, con su polla recibiendo aire fresco. Incluso el moretón que
crecía en su estómago ya no le molestaba. Seth respiró hondo. —Pensé que volver a casa sería el
final de mi vida sexual. Estaba mortificado.
Domenico suspiró. —No lo tuviste fácil. Un comienzo tan tardío...
—Solo tuve mi primer beso con un chico a los veintiún años —Seth hizo un puchero ante
el recuerdo, porque ni siquiera había sido tan asombroso.
El estallido de risa ahogada hizo que Seth frunciera el ceño y volvió a mirar a Dom a la
cara.
—¿Estás bromeando, verdad? —preguntó Dom.
—Adelante, ríete —Seth envolvió sus brazos sobre su pecho. —¿Es eso realmente tan
divertido? ¿Tener tanto miedo de que te descubran que ni siquiera puedes ver porno en Internet?
Todo estaba jodidamente monitoreado en esa casa.
Domenico estuvo en silencio durante tanto tiempo que Seth tuvo que tragarse su orgullo y
mirarlo, solo para ver una pequeña sonrisa en su hermoso rostro. —Lástima que no lo sabía.
—Oh, Dios, si lo hubiera sabido en ese entonces y te hubiera visto, te habría follado hasta
el cansacio —Seth se mordió el labio, empujando por la ventana la idea de ser medio hermanos.
Domenico le sonrió como un idiota. —Sí, eso probablemente habría sucedido.
Seth le devolvió la sonrisa, feliz de ser la causa de una reacción tan sincera. —Hombre,
yo no tenía ni idea sobre sexo anal. Tuve que investigar todo cuando vine a los Estados Unidos.
—Oh, he aprendido en la práctica todo sobre eso —Los ojos ámbar de Dom brillaron
hacia él.
—¿Oh sí? ¿Qué edad tenías cuando empezaste? —Seth se acercó más y lo besó,
disfrutando del hecho de que podía. Nadie podía decirle que no lo hiciera, y Dom no lo alejaría.
—Catorce. —Dom suspiró. —Y él tenía diecisiete años.
—Oh, vaya. Yo me estaba pudriendo a esa edad.
Domenico dejó escapar un suspiro agudo. —Me imagino que ser un Seth Villani de
catorce años estaba muy lejos de ser un Domenico Acerbi de catorce años.
—Sí. Estabas libre de mí y no estabas vigilado con tanto cuidado.
—Es cierto, a nadie le importaba excepto a mi madre. Y ella quería que yo obedeciera al
Don, así lo hice.
—¿Cómo conociste al que fue tu primera vez? —Seth se tumbó de lado y volvió a subir
la camiseta de Dom, solo para poder acariciar su abdomen.
—Entrenamiento. —Domenico se encogió de hombros, observando el cielo oscurecerse
sobre ellos. —Seguíamos bebiendo vino en el viñedo, hablando todo el tiempo, y siempre
terminábamos haciendo el amor.
Seth besó su mejilla. —Aww, 'hacer el amor'. El pequeño Mimmo era romántico.
—Vete a la mierda —se rió Domenico. —¿Follaste como un conejo de inmediato?
—No, tuve un encuentro incómodo en un cuarto oscuro. Lo más lejos de lo romántico
que puedas conseguir —Seth acarició el abdomen de Dom.
—Deshonra para ti. Me gustaba hacerlo en la viña.
—¿A quién no?
Domenico suspiró y palmeó el pecho de Seth. —Al menos ahora tienes los bosques
alemanes para recordar.
Seth se rió y se llevó una mano a la cara. —Papá no estaría orgulloso. Dos hijos y ambos
maricas.
—Él no es mi padre —La caída repentina de la voz de Domenico fue como un balde de
agua fría.
Seth rápidamente lo miró a través de sus dedos. —Sé que es horrible, pero es lo que es.
—No, no lo es. Nunca fue más que un donante de esperma —Las fosas nasales de
Domenico se ensancharon. —Dejó claro eso hace años.
Seth tragó, sin detenerse nunca a acariciar a Dom. —Uhm, lo siento. Él como que te alejó
por la cosa, ¿no? Ni siquiera lo supe todos estos años.
—¿Me alejó? —Domenico frunció el ceño, tensándose bajo el toque. —Me disparó, me
golpeó y me encerró durante un mes.
El aliento de Seth quedó atrapado en su garganta. —Eso es… oh Dios mío, eso es tan
horrible. Tenías putos once años. ¿Te disparó?
Domenico frunció los labios, mirando a todo menos a Seth. —Sí.
—¿Dónde te disparó? —Seth puso sus manos en las mejillas de Dom para que Dom lo
mirara. La piel de Domenico se puso más caliente en segundos y en sus dedos, Seth podía sentir
su laboriosa respiración.
—Aquí mismo. —Dom palmeó su hombro izquierdo. —No llamó a un médico durante
varias horas. Tal vez por eso es tan feo en la espalda.
Seth miró a Dom a los ojos, sintiéndose como un idiota por todas las cosas que no sabía.
Nunca había estado cerca de su padre, su madre siempre parecía encontrar una manera de
mantener a Seth a salvo, sordo y ciego a lo que sucedía a su alrededor. Empujó lentamente la
camiseta de Dom más arriba. —Quiero ver —susurró.
Domenico se mordió el labio, pero asintió y se sentó, sacándose la camisa por la cabeza.
—Pero todavía puedo usar perfectamente la mano —dijo como si fuera algún tipo de redención.
Seth se acercó y se sentó a su lado. —Tus manos son más firmes que las mías, y a mí
nunca me han disparado —estuvo de acuerdo y se inclinó para besar la cicatriz en el hombro de
Dom. La parte posterior del hombro de Domenico distaba mucho de ser bonita, con un montículo
desigual de carne donde la bala dejó el cuerpo. Quién lo hubiera sabido. Domenico Acerbi no era
solo una máquina de matar y un demonio sexual, sino también un hombre que respiraba y
sangraba.
—Soy fuerte. Nunca se me infectó una herida.
Seth se movió frente a Dom y se sentó con sus piernas alrededor de las caderas del otro
hombre. —¿Y esta? —Señaló una cicatriz en el costado de Dom, debajo de las costillas.
—Cuchillo. Apenas salió con vida —Domenico sonrió como si fuera una historia
graciosa y Seth le devolvió la sonrisa, trazando la cicatriz con la punta de los dedos. No pudo
evitar sentirse fascinado. Domenico era el equivalente humano de su moto. Rápido y peligroso,
pero imposible resistirse a dar un paseo, incluso a riesgo de lastimarse.
Seth solo se tomó un momento para meter su polla dentro de sus pantalones y señaló una
cicatriz sobre el ombligo de Dom. Era ancha e irregular, como si algo hubiera desgarrado la piel
antes de volver a coserla. —¿Esta?
Domenico lo miró y se retrajo la barriga. —Son quemaduras. Me torturaron para obtener
información, pero no les dije nada —dijo Dom con una generosa dosis de orgullo.
Seth lamió sus labios, queriendo decir algo, pero al final, se inclinó hacia adelante con un
gruñido animal y aplastó los labios de Dom con los suyos. Envolvió sus brazos alrededor del
cuello de Dom y los tiró al suelo con su peso. Joder, joder, joder. Se sentía atraído por Dom
como un felino por la hierba gatera y no podía tener suficiente. —Por supuesto que no lo hiciste,
—susurró al final, contra los labios de Dom.
—El maldito soplón desveló mi tapadera, pero no duró mucho después de eso —El
susurro de Domenico quemó la piel de Seth, haciéndolo querer guiar su camino hacia el
orgasmo, a pesar de que acababa de correrse.
Seth sonrió en otro beso. —Quiero ser Domenico Acerbi cuando sea grande —Apretó su
abrazo, amando todo el músculo tenso de Dom.
—Uno necesita luchar por la grandeza —Dom acarició la cabeza de Seth.
Seth se rió. —¡Cabrón! Se suponía que debías decir: 'No, Seth, eres genial tal como eres'.
—No te conozco lo suficientemente bien —Golpeó a Seth en las costillas y dejó escapar
un gemido de satisfacción.
Por un momento, Seth se quedó sin habla y desconcertado. Eso era cierto. Era él quien se
estaba interponiendo por encima de su cabeza. —¿Tal vez necesitas ver una de mis cicatrices
entonces? —Trató de darse la vuelta y se apartó para mostrar la larga cicatriz en su antebrazo
donde Dom lo había cortado cuando era niño. —Un niño trató de apuñalarme por tirarlo a la
basura.
El hermoso rostro se relajó. —No fue por el bote de basura. Estaba celoso.
—¿De mí? —Seth enarcó las cejas.
Dom suspiró, mirando entre los árboles. —Creo que pensé que mi padre comenzaría a
hablarme si tú no estuvieras cerca.
Bueno, eso no resultó tan bien, ¿verdad? Seth pensó, pero se lo guardó para sí mismo. —
Supongo que estamos a mano, porque ahora estoy celoso de ti.
—¿De qué estás celoso?
Seth suspiró y apoyó la barbilla en el hombro de Dom para evitar mirarlo a los ojos. —
Sabes cómo hacer todo.
Una suave palmadita en su brazo fue justo el estímulo que necesitaba. —Trabajaremos en
eso.
—He hecho algo. Planeaba quedármelo para mí, pero supongo que podría compartir… —
Seth besó la oreja de Dom y colocó un mechón de cabello suelto detrás de ella.
Los ojos de Domenico se iluminaron. —¿Tienes comida?
—Sí. —Seth se inclinó hacia su mochila. —¿Tienes hambre? —preguntó, aunque la
respuesta era obvia.
—Me has cansado. —Domenico acurrucó su rostro en el hueco del cuello de Seth.
—Tú eras el que quería una mamada —Seth sonrió y se sentó en el césped, sacando la
frittata enfriada.
—No me estoy quejando.
Seth sintió el cuerpo de Dom contra su espalda, la barbilla sobre el hombro de Seth.
Alimentar a Dom fue en parte un acto egoísta, ya que Seth quería escuchar cumplidos
sobre su creación. Sonrió y puso un trozo de frittata contra los labios de Dom. Su estómago se
agitó cuando Domenico se lo tragó con un gemido de placer, chupando los dedos de Seth. Seth
se echó hacia atrás y frotó su mejilla contra la de Dom.
—¿Rico?
—A mi madre le encantaría esto —Domenico sonrió y aceptó más comida.
Ser capaz de cocinar para alguien era diferente a simplemente jugar con las recetas. Seth
quería que alguien reconociera lo bueno que era en eso. —Espera a que pruebes mis cupcakes de
limón.
—Nos ocuparemos de eso una vez que tengamos un nuevo apartamento —dijo Domenico
con la boca llena. —Me aseguraré de que tenga una cocina bien equipada.
Fue una prueba, y Dom pasó. Seth tenía miedo de que Dom se riera de su entusiasmo por
cosas mucho menos serias que las armas y la política familiar, por lo que no pudo evitar sonreír
ante sus palabras. Tomó más frittata para Dom y también comió algo.
—Después de que hayamos terminado, creo que estarás listo para un ejercicio más
avanzado.
Seth dio un largo suspiro de descontento. —¿No podemos simplemente terminar por
hoy?
—No puedes perder el tiempo descansando —Esta vez, no había humor en la voz de
Domenico. —¿Qué pasa si te doy un premio por tu buen desempeño?
Seth enderezó la espalda con una chispa de interés. Una zanahoria sonaba mejor que el
palo constante que estaba recibiendo*.
(*Es una referencia al premio y el castigo cuando se está haciendo una actividad, siendo
la zanahoria el premio.)
—¿Qué recompensa quieres obtener? —Domenico se rascó la cabeza, aflojándose
inconscientemente la cola de caballo. Seth sonrió por lo desordenado que estaba después de lo
que habían hecho.
La respuesta fue tan fácil que Seth ni siquiera dudó. —Quiero follarte. Quiero clavarte en
la cama y verte retorcerte —susurró, apoyando la cabeza en el hombro de Dom. Conteniendo la
respiración, vio que Domenico levantaba las cejas.
—Trato.
Seth sonrió tan ampliamente que la sonrisa estuvo a punto de partirle la cara por la mitad.
Se puso en pie de un salto y cerró su bragueta. —¡Sí! Entonces, ¿cuál es el desafío?
Domenico se puso de pie lentamente, como un tigre saciado y bostezó. —Huirás de mí
por el bosque. Si no te doy con una bala de pintura hasta el amanecer, tú ganas.
Seth se mordió el labio inferior y frunció el ceño. Ser disparado, incluso con una bala de
pintura, no sonaba tan bien. Aunque tragó saliva y asintió. Él podría hacer esto.
—Trato. —Agarró su mochila del suelo y sin ningún problema, se fue.
La voz de Domenico lo detuvo a medio camino de los árboles. —Seth, todavía no.
—¿No? —Se dio la vuelta, ansioso por ganar el trasero de Dom. Siempre se veía tan bien
que quería morderlo.
Domenico ya estaba a medio camino del auto. —Necesito mostrarte algo primero.
—¿Sí? —Seth miró el bosque, pero luego comenzó a caminar de regreso a Dom. Sintió
que la situación estaba prolongando su miseria. Su pie se congeló en el suelo cuando Dom
apareció sosteniendo una escopeta. No parecía una pistola de paintball.
—¡Eso es real! —Seth retrocedió unos pasos.
—No. —Domenico lo miró con una pequeña sonrisa. —No te preocupes, no te mataré.
—¡No es gracioso, idiota! —Se puso tenso cuando Domenico quitó el seguro del arma.
—¡Dijiste que aún no comenzamos! —Seth le gritó y retrocedió unos pasos más.
—Relájate, no estoy tratando de hacer trampa. ¿Has jugado alguna vez al paintball?
—No.
—Quédate quieto entonces. Necesitas saber de qué estás huyendo —Domenico frunció el
ceño ante el arma y la levantó para disparar.
—¡No! —Seth chilló y sus ojos se abrieron como platos, pero ya era demasiado tarde. Un
chorro de salpicaduras rojas en su mejilla llegó incluso antes de que su mente registrara el dolor
paralizante en su hombro.
La fuerza del disparo lo hizo tambalearse hacia atrás. —¡Hijo de puta!
Capítulo 12

Las siguientes dos semanas transcurrieron en relativa paz, aunque Seth se arriesgaría a
decir que fue casi “agradable”. Dom no presionó por el sexo anal, por lo que quitó algo de la
presión a medida que el pobre y dolorido trasero de Seth sanaba. Sin embargo, llegaron a perder
el tiempo, ya que, como dicen, una mamada al día mantiene alejado al guía*. Vigilaron a Vera en
todo tipo de momentos diferentes, en su casa, en la universidad, cuando iba a un club nocturno.
En otras ocasiones, trabajaron en las habilidades de combate de Seth e hicieron mucha práctica
de tiro. Ah, y Seth no pudo follarle el culo a Dom. Sin embargo, lo que sí recibió fue un conjunto
completo de moretones dolorosos de las bolas de pintura. No fue un resultado satisfactorio.
(*La frase en inglés era “a blow job a day keeps the doctor away”, con rima, este fue mi
intento.)
Y como vigilar a Vera, entrenar y pecar en una cama demasiado pequeña para dos
hombres adultos, no llenaba todo su tiempo, también salieron un par de veces. Una vez, a un cine
cercano. Seth se quejó del maratón de películas de Crepúsculo, pero cuando se dio cuenta de que
Dom no tenía idea de qué era Crepúsculo, no pudo evitar arrastrarlo allí. Domenico no estaba
impresionado en general y solo escuchar sus comentarios era más divertido de lo que Seth podía
esperar. Sin embargo, en la última película, Dom se quejó tan fuerte de la escena del parto que
les pidieron que abandonaran el cine. Oh, bueno, al menos Dom probó la cultura pop.
A cambio, Seth se vio obligado a ir a ver una ópera de Puccini. Otra parte más de “su
herencia” de la que Dom no paraba de hablar. Pero antes de que pudieran irse, Domenico obligó
a Seth a comprar un traje en Armani. Se sentía sofocante al usarlo, pero ver a Dom tan feliz de
pagar más de mil euros por él no tenía precio. Tenía esa actitud de “mírame, tengo dinero”. Un
verdadero nuevo rico. En combinación con sus modales de cerdo en la mesa en casa, era un
espectáculo para la vista. Pero en la ópera, en un restaurante, Dom se paseaba, hablando de clase.
Seth en realidad se preguntó si Dom solo lo consideraba otra tarea de actuación, pero no parecía
una farsa. Habló animadamente sobre la obra entre los actos e incluso eligió una que Seth no
odiara. La historia fue bastante sangrienta y dejó a Seth pensativo ese día.
A pesar de que vigilaron a Vera en diferentes momentos, había una rutina no oficial en lo
que respecta a la comida. Seth generalmente preparaba un desayuno simple, y comían y se
preparaban para lo que Dom había planeado para el día. Para el almuerzo o la cena, siempre iban
a un restaurante italiano diferente, ya que había muchos para elegir en Berlín. Algunos eran
promedio, algunos buenos, pero en uno de ellos Seth tenía las mejores sardinas que jamás había
probado. También le gustaba comer, ya que siempre era relajante hablar de comida y aprender
algunos pequeños detalles sobre Dom. Era como echar un vistazo rápido detrás de una gruesa
cortina oscura.
Incluso las pocas peleas que tuvieron no fueron nada importante. Cosas tontas como que
Seth toca las armas de Dom sin permiso, o Dom insistía en pagar por los dos cada vez, como si
Seth fuera su novia. Seth puso polvo de curry picante en la tortilla de Dom, y luego Dom le
apuntó con un arma. Seth no limpiaba sus armas aunque decía que sí, o Dom tiraba todos los
platos en lugar de lavarlos cuando era su turno.
Cosas menores, olvidadas tan pronto como ambos fueron vencidos por la pasión y se
tiraron en la cama. O el suelo. O, en una ocasión, en las escaleras. Estar con Dom era como estar
en celo. Seth no pudo evitarlo, la excitación siempre en la punta de su lengua, esperando ser
persuadida para salir. En un momento, Dom cogió los muslos de Seth y fue tan abrumador estar
debajo de él que Seth casi le pidió que le metiera su polla. Pero antes de que pudiera decidirse,
temeroso de que le doliera y avergonzado de lo que Dom pensaría de él, Dom se corrió y el
momento se fue.
Explorar Berlín sin Domenico no era tan agradable como cuando Seth lo tenía a su lado.
Allí estaba, sentado en un pulcro banco debajo de un árbol, protegido del intenso sol de
septiembre por los edificios de vidrio encima de él, y no dejaba de pensar en el bastardo.
Mientras Vera Salieri conversaba con sus dos amigas mientras tomaba humeantes tazones de
pasta en un restaurante moderno cercano, se dio el gusto de tomar un café helado mientras
observaba a los turistas y lugareños pasar junto a él en un flujo interminable que era algo
cotidiano en Potsdamer Platz.
Solo mirar la ropa de marca en la rata hizo que el estómago de Seth se retorciera, pero
durante las últimas dos semanas, había logrado controlar el impulso de estrangularla hasta la
muerte. No sería práctico mientras la vigilaban, aunque a decir verdad, no había mucho que
vigilar. Salieri no hizo nada fuera de lo común, excepto no ir a trabajar a pesar de tener un gusto
caro. Le enfermaba pensar que él había sido el trabajo para patrocinar su extravagante estilo de
vida.
Le tomó un momento darse cuenta de que el zumbido que acompañaba sus fantasías de
aplastar la nariz operada de Vera Salieri con una cacerola no se originaba en su mente. La fuente
del ruido entraba en su visión como una víbora negra y capturaba toda su atención en una
fracción de segundo. El motorista vestía un mono tan negro que parecía absorber la luz mientras
bajaba de su elegante motocicleta con un movimiento tan elegante que a Seth le recordó a
Domenico. Pero, de nuevo, el hombre no se parecía en nada a los bordes afilados del cuerpo de
Dom. Por un breve momento, Seth ni siquiera estuvo seguro de si estaba mirando a un hombre o
una mujer, pero el sexo masculino quedó claro cuando el motociclista se quitó el casco.
Seth se recostó en el banco y disfrutó de la vista. El trasero apretado en cuero y los
hombros más anchos crearon una espalda perfecta en forma de V. Una parte de él, la suave piel
pálida y los labios perfectos, le recordaban a Peter a Seth, pero, de nuevo, Peter era todo huesos y
cursi, mientras que este tipo parecía tener músculos en ese cuerpo más pequeño. Antes de que
Seth pudiera inhalar de nuevo, el motociclista se fue a un quiosco, y cuando la mirada de Seth
siguió la línea de su cuerpo y descendió hasta las estrechas caderas, el tirón a seguirlo fue como
una correa en el cuello de Seth.
¿El tipo hablaría inglés? Parecía bastante joven, así que era probable. Pase lo que pase, al
menos Seth estaba feliz por algo de variedad en este, hasta ahora, aburrido día. Se deslizó hacia
el otro lado del banco para mirar tanto al ciclista como a la motocicleta. La máquina le recordó a
Seth su propia Suzuki, que se estaba pudriendo en el garaje de Peter en la ciudad de Nueva York.
Seth trató de inclinarse hacia delante para ver más al hombre de cuero, cuyo rostro estaba oculto
por un puesto con postales de Berlín y una figura de un oso de pie.
Tenía el pelo corto y puntiagudo, el marco perfecto para un rostro tan bien cincelado. Y
aunque el tipo probablemente apenas había alcanzado los dieciocho, había algo en él que atraía a
Seth como una polilla a la llama. Tenía una de esas caras que te golpean tan fuerte que no puedes
apartar la mirada. Ahora que Seth podía ver al hombre de lado, podía apreciar las hermosas
piernas, fuertes y gráciles como las de un bailarín.
Seth apuró el resto de su café y tiró la taza a la basura. Miró a su alrededor una vez más,
para asegurarse de que Dom no venía, y se levantó del banco. La motocicleta sería un excelente
tema de conversación si el chico hablara inglés. Las placas de Kevlar en la espalda del conductor
lo hacían parecer una especie de forajido futurista, que viajaría a través de tierras baldías y
trabajaría como pistolero a sueldo. Todo el atuendo parecía algo con lo que podrías matar
zombis.
El calor se agitó en la garganta de Seth cuando el extraño salió al sol y se dirigió a la
máquina negra con reflejos blancos nítidos que solo se sumaron a la impresión de su capacidad
para alcanzar la velocidad del rayo.
Seth le dio al chico una sonrisa y buscó en su mente cualquier palabra alemana que
supiera. —Schön —fue todo lo que se le ocurrió como el equivalente de 'genial'. Agregaría
'motocicleta' pero no tenía idea de cómo, así que solo señaló la motocicleta. No sería capaz de
decir la palabra incluso si de repente la recordara porque cuando el extraño lo miró directamente,
Seth fue absorbido por el pozo sin fondo de sus ojos negros. Parecían casi mate, como si la luz se
desviara de ellos por miedo a ser absorbidos. Pero antes de que Seth pudiera sentirse incómodo,
esa hermosa boca bien cortada se abrió en una amplia sonrisa llena de dientes.
—¿Hablas inglés? —preguntó el motociclista con un acento que no podía ser alemán.
Seth exhaló ruidosamente y le devolvió la sonrisa, sintiéndose ya más a gusto con un
compañero extranjero en la capital alemana. —¡Dios, sí! —Acarició el asiento de la motocicleta
de la forma en que quería acariciar el trasero del tipo. No podía negarse un poco de abuso de
moto si no podía tocar lo que realmente quería. Se quedó sin aliento cuando el conductor siguió
el movimiento de su mano solo para levantar dos cejas rectas, como en un desafío.
—Es mía.
—Lo sé. —Seth sonrió y pasó las yemas de los dedos por el cuero. —¿De dónde eres?
Los ojos oscuros se entrecerraron, pero no afectó la amplia sonrisa. —Roma. ¿Y tú? —
preguntó el conductor, cambiando con fluidez al italiano. Movió la mano y la apoyó en el
asiento, tan cerca de los dedos de Seth que los hizo hormiguear. Oh Dios, Seth esperaba que el
tipo fuera legal. ¿Cuál era la edad de consentimiento en Alemania de todos modos? Apostaba
que Dom lo sabía, incluso si no le importaba.
—Sicilia. Un pueblo pequeño, no lo conocerías. ¿Cuáles son las probabilidades, verdad?
—La sonrisa de Seth se amplió y trató de hipnotizar al tipo con su propia mirada, pero la mirada
fija no traicionó nada. Al menos hasta que bajó, y Seth se dio cuenta de que el tipo estaba
mirando su boca, lo que solo lo animó a hablar.
—Soy Seth por cierto —Extendió la mano por encima de la motocicleta. —Estoy aquí en
Berlín por mi cuenta, y estoy muy aburrido. ¿Conoces algún buen lugar para comer o algo así?
No hablo alemán, así que es difícil para mí encontrar entretenimiento. ¿Qué pasa con el doblaje
en la televisión, verdad?
—¿Eres gay? —preguntó el conductor, pero no era malicioso, solo una pregunta directa
al grano de un hombre que necesitaba información.
Seth vaciló y se lamió el labio superior. —Uh, sí —dijo al final. —Lo siento si te hice
sentir incómodo.
—Estoy libre por la noche —dijo el hombre, inclinándose lentamente hacia adelante y, en
el mismo momento, el suave cuero subió por la mano de Seth en el asiento de la motocicleta.
La piel de gallina erizó todos los vellos de los antebrazos de Seth, y reflejó el lenguaje
corporal del chico con su corazón acelerando su ritmo por segundo. —Estoy en un hostal, tengo
un compañero de cuarto molesto. ¿Tienes un piso? —Inhaló el olor a cuero, fantaseando con
cómo podría poner sus manos en esos pómulos afilados, deslizarlas hacia el cabello puntiagudo.
¿Quizás tomar una ducha juntos?
El conductor asintió y se puso el casco. Seth miró fijamente, dándose cuenta de repente
de que esos ojos perfectamente negros hacían juego con el plástico mate. Su corazón dio un
vuelco y miró de nuevo a Vera Salieri, la mujer que merecía que le cortaran el dedo meñique con
una cuchara, y se dio cuenta de que no le importaba. Iría con el apuesto extraño y se divertiría un
poco por una vez. Verdadera diversión sin que Dom lo menosprecie todo el tiempo. Con un
chico guapo normal, que solo tenía que ser legal. De lo contrario, el mundo sería demasiado
cruel.
Seth quería decir algo más, pero decidió que preguntarle al tipo su nombre podía esperar.
Cuando el extraño señaló el asiento detrás de él, Seth aceptó la invitación con entusiasmo. Solo
esperaba que la policía no lo detuviera por falta de casco. A la mierda las reglas. Seth envolvió
sus brazos alrededor de la cintura sorprendentemente pequeña. Tenía que haberse acostumbrado
a Dom, lo que le hizo notar la diferencia.
—Agárrate fuerte —dijo el tipo y empujó las manos de Seth con más fuerza contra su
pecho antes de patear hacia atrás el soporte.
Esa era una orden que Seth estaba feliz de cumplir. No pudo evitar una sonrisa tonta
cuando apretó su entrepierna contra el trasero del conductor. Se lo follaría con ese traje. ¿Quizás
incluso el casco? Tan pronto como llegaran a la habitación, donde sea que estuviera, Seth le haría
usar ese casco y simplemente bajarse los pantalones para una buena y larga follada.
Mientras iban por la ciudad, Seth se perdía progresivamente en el olor a cuero y el aroma
apagado que tenía que ser el del tipo. Muy adictivo. Si no fuera raro, felizmente presionaría su
nariz debajo de la parte posterior del casco y lo absorbería todo. Por mucho que disfrutara el
viento en su cabello, la velocidad, el poder de la máquina entre sus muslos, el guapo conductor,
su cuerpo increíblemente sensual y su rostro extraño pero hermoso ocuparon toda la capacidad
intelectual de Seth.
Y ni siquiera tuvo que intentar Dios sabe qué para echar un polvo casual. Pasarían unas
cuantas horas relajantes juntos y Dom ni siquiera lo sabría. Abrazó fuertemente al extraño con
los ojos cerrados. Mientras inhalaba el olor a cuero, su mente inconscientemente se desplazó
hacia Dom y el aroma fresco de su cabello. No quería comparar a dos hombres que eran
claramente tan diferentes, pero volvió a pensar en los ojos del motociclista. Mirarlos era como
mirar los agujeros negros gemelos que te atraían. Mirar los de Dom era como estar desnudo,
como si Dom pudiera ver el alma de Seth y aprovecharse de ella.
Condujeron hasta un estacionamiento subterráneo, y en el momento en que se quitó el
casco, Seth pudo contemplar la oscuridad pura de nuevo. El conductor se acercó, rompió el
espacio personal de Seth y tiró de él para besarlo con tanta fuerza y confianza que negó la
existencia de límites preestablecidos entre dos personas. Seth estaba sin aliento, pero
correspondió, tratando de encontrar su terreno en un beso que no pertenecía a los labios de un
adolescente. Un adolescente mucho más bajo que él en eso. Deslizó sus manos por los costados
del cuerpo del motociclista y hacia su trasero. Un gemido de satisfacción se unió al beso cuando
Seth apretó las nalgas del hombre.
El motociclista empujó su pecho, mordiéndose el labio con una sonrisa tan amplia que
Seth la encontró un poco fuera de lugar en esta situación.
—Vamos arriba. Hay cámaras —dijo el conductor, aunque sus manos seguían apretando
desvergonzadamente las caderas de Seth. De repente, Seth ya no estaba tan seguro de quién
guiaba a quién y cómo se desarrollaría la situación. Iría con la corriente.
Él le devolvió la sonrisa con los labios aún palpitantes y siguió al apuesto joven. —Tuve
que cerrar los ojos sin el casco. ¿Dónde estamos?
—Todavía estamos en el centro de la ciudad. No te preocupes, te llevaré a casa más tarde
—dijo el otro hombre mientras entraban en una escalera y comenzaban a subir rápidamente las
escaleras. Seth no pudo negarse a sí mismo dando un paso atrás, solo para ver la curva de ese
hermoso trasero de nuevo. Era una obra de arte si alguna vez vio una.
Él sería el top. Definitivamente lo sería. Quería ver ese rostro severo perder el control. —
Sí, porque me perdería en un autobús alemán —Seth se rió mientras miraba alrededor de lo que
parecía un hotel elegante. Paredes color crema y algunas pinturas aquí y allá. No demasiado
lujoso pero definitivamente agradable.
Cuando entraron al ascensor, el aire parecía temblar con la carga eléctrica pero antes de
que Seth pudiera hacer algo, el conductor empujó en el medio de su pecho y lo hizo descansar
contra la pared. La mirada oscura y contundente estaba firmemente puesta en los labios de Seth y
parecía mantenerlos cerrados porque Seth no se atrevía a pronunciar una palabra.
—Soy Silvio —dijo el extraño, su voz profunda y áspera.
Seth pasó los dedos por el antebrazo de Silvio, completamente deslumbrado. —Te voy a
follar como si no hubiera un mañana, Silvio —murmuró.
Silvio no sonrió. Él asintió y dio un paso atrás justo a tiempo para salir del ascensor
cuando se abrió. Seth lo siguió como un perro listo para follar la pierna de su amo, y deslizó su
brazo sobre los hombros de Silvio. Con cada paso, sus pantalones se volvían cada vez menos
cómodos.
—Estoy seguro de que tengo un par de trucos que solo los sicilianos conocen —Se
inclinó y acarició la oreja de Silvio con la lengua.
Los ojos negros se concentraron en él cuando Silvio le devolvió la mirada de una manera
extrañamente femenina. Desconcertado, Seth dejó que se le escapara de los brazos el tiempo
suficiente para que Silvio abriera una de las puertas con una tarjeta magnética. La mano delgada
hizo un movimiento elegante, invitándolo a entrar.
Seth se lamió el labio inferior y caminó hacia atrás para poder seguir mirando esa cara
deslumbrante. —Entonces, ¿qué estás haciendo en Berlín? ¿Trabajar? ¿O estás aquí con tus
padres? —Seth resopló.
Silvio cerró la puerta y colocó el casco en un armario cercano. A pesar de ser tan
intensamente oscuros, sus ojos se destacaron en la semioscuridad del estrecho corredor mientras
se acercaba. Seth ni siquiera miró alrededor de lo que parecía ser una habitación de hotel
estándar, demasiado paralizado en esa cara limpia cuando salió a la luz. —No. Estoy solo. ¿Tú?
—Sí, libre como un pájaro —Seth se quitó la chaqueta y abrió los brazos a los lados.
Silvio no parecía tener muchas ganas de hablar, así que Seth captó la indirecta. Ellos follarían, y
eso sería todo.
No parecía posible, pero los ojos de Silvio se oscurecieron aún más. —Desnúdate.
—No, prefiero desvestirte primero —Seth caminó hacia Silvio, muriendo por ver qué tan
en forma estaba debajo de ese traje de cuero.
La boca de Silvio se abrió en una sonrisa, pero sus ojos permanecieron muertos como dos
piezas de carbón, sin ningún significado. El cambio inquietó tanto a Seth que perdió la pista de
Silvio por un segundo. De repente, una de sus piernas perdió el equilibrio y, en una fracción de
segundo, giró y cayó al suelo. Fue tan rápido y repentino que casi sintió que había perdido el
tiempo debido a una falla en su cerebro.
—¿Qué mierda? —Todos sus instintos de autoconservación se activaron y rodó por el
suelo con pánico mezclado con determinación. No había tiempo para pensar por qué estaba
pasando esto. Seth necesitaba salir, correr y llamar a Dom. Oh Dios, necesitaba tanto llamar a
Dom.
Extendió la mano para tirar del tobillo de Silvio y tirarlo al suelo, pero en cambio, recibió
una patada en la muñeca. El cuerpo más pequeño descendió sobre él con una fuerza inesperada y
lo inmovilizó contra el suelo. En el momento en que Silvio retiró los brazos de Seth, eso fue todo
para Seth. Estaba inmovilizado como un escarabajo montado. El dolor se extendió por sus brazos
y por su espalda, dejándolo temblando por un alivio que no llegaba. En cambio, algo se apretó
alrededor de sus muñecas, lo suficientemente fuerte como para sacar un grito de la boca de Seth.
Tenía que ser algún tipo de bridas porque se clavaban en sus muñecas como un hijo de
puta, solo recordándole cuando le ataron las manos para cortarle un dedo. Apenas podía respirar
por el pánico mientras trataba de recordar todo lo que Dom le había enseñado acerca de la lucha
que podría resultar útil en una situación como esta. Cuando arqueó la espalda y se retorció,
tratando de empujar a Silvio hacia abajo como un toro en un rodeo, todo lo que consiguió fue un
fuerte agarre en su nuca y otro tirón doloroso en su brazo. El espacio vacío donde solía tener
pulsado uno de sus dedos meñiques, la memoria muscular en ese lugar aún vívida.
—¡Bájate, bájate, bájate! —gritó a pesar de que su voz temblaba.
—Cállate, y puedes salir de aquí con vida —La voz de Silvio, baja y atractiva, estaba
ahora descolorida de toda emoción. Ni siquiera se inmutó ante los intentos de Seth de liberarse.
Seth resopló, temblando por todas partes. ¿Por qué siempre le pasaban estas cosas? Todo
lo que quería era un polvo sin preocupaciones con un tipo sexy. —¿Qué quieres de mí? —
pronunció.
Silvio permaneció en silencio. Lo que respondió a la súplica de Seth fue el lento crujido
de una puerta, que lo apuñaló justo en el pecho. La alfombra estaba limpia, pero todo lo que
podía oler era el hedor fantasma de tikka masala, que solo se hizo más espeso, tirando de la
garganta de Seth, nauseabundo. Ya estaba cubierto de sudor frío cuando se hizo evidente que
había otra presencia en la habitación. Un hombre, sin duda. Las mujeres no sonaban así. No tan
pesado o amenazante. Los pasos eran lentos, pero había demasiada confianza en ellos para que el
hombre fuera viejo. Este era un toro joven que deliberadamente se cuidó de hacer rodar todo el
peso de su cuerpo sobre su pie antes de dar el siguiente paso.
Por mucho que Seth quisiera evitarlo, sus dientes comenzaron a castañetear, una gota de
sudor cayó de su nariz. —Por favor, déjame ir —susurró. Cada uno de los pasos del hombre le
hacía sentir ganas de vomitar del pánico. La alfombra estaba tan áspera en su mejilla cuando
miró al hombre desconocido sin mucho éxito. Su visión estaba drásticamente limitada, y desde
su posición, incluso la jodida silla de madera parecía una imponente arma homicida. ¿Fueron los
chinos otra vez?
El cuerpo de Seth se retorció en un calambre involuntario cuando se dio cuenta de que
podían tomar su brazo como venganza por su hombre. No. Sus dos brazos. Hacer una
declaración.
Apretó la mandíbula con tanta fuerza que le dolió, pero cuando los zapatos de cuero de
Prada aparecieron a la vista, sus labios se entreabrieron. Miró hacia arriba de las largas piernas, y
el alivio voló a través de él cuando vio la cara de Dom. Sin embargo, no pudo verlo, ya que el
hijo de puta amenazante en su espalda empujó su rostro contra la alfombra. ¿Qué mierda era
esto?
El zapato presionó la mejilla de Seth, moviéndose suavemente como si Domenico
quisiera aplastar un insecto en la cara de Seth. Solo entonces Seth se dio cuenta de que el olor a
tikka masala había sido reemplazado por el de tierra y cuero, y casi sollozó de alivio, su cuerpo
se volvió fláccido y flexible bajo la suela del zapato de Dom.
—¿Dom? —Seth pronunció, ni siquiera tratando de escapar. Estar debajo de ese zapato
era mucho mejor que tener la mano amputada en el acto.
Pero los familiares ojos ámbar ni siquiera se desviaron hacia el rostro de Seth. Miró a
Silvio, una pequeña sonrisa se dibujó en su rostro. —Buena atrapada. ¿De dónde sacaste tal
trofeo?
Seth trató de respirar hondo para sobrevivir a las burlas. Se lo merecía. Lo atraparon
como un perro comiendo comida del comedero del gato. —Vamos, Dom, no seas así.
Silvio también lo ignoró, todavía sentado sobre su espalda como un vaquero orgulloso.
—Él es todo tuyo. Lo encontré en la Potsdamer Platz.
Domenico soltó una carcajada cálida y sin aliento, como cuando él y Seth se estaban
divirtiendo de verdad. Escucharlo en una situación como esta envió escalofríos por toda la
columna vertebral de Seth.
—No, él es tu premio. Tú primero.
Seth gimió cuando el agarre de Silvio se hizo más fuerte. Dom posiblemente no podría
estar dándolo como un folleto. Frotó su nariz contra el zapato de Dom en una súplica silenciosa.
El cuero era tan suave. Tan diferente al corazón de Dom.
—No, tu primero. —Seth casi podía escuchar esa sonrisa llena de dientes en la voz de
Silvio.
—No, adelante. A menos que tu captura bese mi zapato. Entonces me lo llevo —dijo
Dom con calma.
Seth no se atrevió a mirar hacia arriba, demasiado avergonzado por la posición en la que
se encontraba. Sus mejillas ardían de vergüenza. Sin embargo, siempre era mejor tener el mal
conocido. Y sin tener idea de quién era Silvio y de lo que era capaz, Dom era el mal menor. —
Lo siento, —pronunció y besó el cuero limpio como señal de su propia derrota.
Domenico se rió entre dientes y dio un paso atrás, apartando lo único que le daba a Seth
la ilusión de seguridad: su zapato. —¿Lo sostendrás por mí?
—Dom, vamos, no hagas esto —se quejó Seth cuando Silvio lo levantó por los brazos sin
previo aviso. Todavía estaba mareado por las olas de miedo que había experimentado y apenas se
mantuvo firme.
La mano de Silvio se deslizó por el costado de Seth hasta su estómago, erizando los
vellos de la nuca de Seth. Había tanta fuerza en ese cuerpo compacto. Podía empezar a forcejear
ahora, tratar de empujar a Silvio, diablos, caer sobre él, pero no tenía sentido intentarlo más. Lo
superaban en número de todos modos, y si Domenico quería hacerle daño, ya había tenido
muchas oportunidades antes. Pero como era Dom, Seth podía estar seguro de que dejaría esta
habitación físicamente intacto.
Ahora que estaba sobre sus propios pies, podía mirar a los ojos de Dom, brillantes como
dos monedas de cobre pulidas. Era difícil leer algo en su expresión, incluso cuando metió la
mano en el bolsillo y sacó una navaja. —Recuérdamelo, ¿qué se suponía que debías estar
haciendo?
Seth suspiró, esperando que las bridas se estuvieran soltando porque le cortaban la piel
como alambre de púas. —Vigilando a Vera Salieri —murmuró con la cabeza baja. No fue su
culpa que lo sedujera un motero de la mafia. Sin mencionar que dicho “amigo” seguía
acariciando con las yemas de los dedos la columna vertebral de Seth, lo que solo lo distraía aún
más. Esos dedos eran tan extrañamente suaves.
Domenico resopló y tocó el cuello de Seth con la hoja, haciéndolo saltar sobre el frío
acero. —¿Hubo alguna mención de irse en moto para follar con un extraño?
—¡No! —Salió más fuerte de lo que Seth pretendía, y empujó a Silvio tan abruptamente
que realmente movió al tipo. —No estaba planeando esto.
—Simplemente vino y acarició mi motocicleta —vino desde atrás, y Seth gimió de
frustración.
Domenico entrecerró los ojos y movió la hoja hacia abajo, bajando su borde estrecho por
el pecho de Seth. El tacto era inquietante incluso a través de la tela. —¿Lo hizo? ¿Tal vez no le
doy suficiente polla?
—Tal vez necesita dos —dijo Silvio, y su mano se deslizó entre los muslos de Seth. Frotó
su pulgar contra la raja de Seth, haciéndolo estremecerse.
—No, Dom, yo solo… era una oportunidad y la aproveché —se quejó Seth. —Sabes que
estoy un poco... ya sabes —Él gimió, demasiado avergonzado para hablar de su dolor en público.
—¿Sí? —preguntó Dom justo cuando Seth sintió un tirón en su cinturón. —¿Empezando
a sentir hambre?
—¿Quién es él? ¿Por qué estás aquí? —Seth trató de cambiar el tema, pero era difícil
concentrarse cuando miró el cuchillo que se deslizaba bajo su cinturón. Lo puso nervioso,
sudoroso, caliente, y con su corazón latiendo como el martillo de los dioses, no estaba seguro si
estaba asustado o cachondo.
Los ojos de Dom se abrieron más y miró a Silvio por encima del hombro de Seth. Su
boca se abrió en una sonrisa, y mientras el cuchillo tiraba del cinturón de Seth, su punta empujó
suavemente contra la piel de Seth. —Lo he mencionado, ¿recuerdas? Él es el Barracuda.
Seth contuvo la respiración, sintiéndose de repente como un cordero entre dos lobos. La
sobrecarga sensorial era demasiada. La hoja, el toque del pulgar en su trasero, el calor corporal
de ambos depredadores. —Pero es tan… lindo —terminó Seth rotundamente, con el
acompañamiento de un resoplido desde atrás y un empujón más fuerte del pulgar de Silvio.
El cinturón cedió y los pantalones bajaron, casi como las entrañas de Seth en el momento
en que el cuchillo estuvo lejos de su piel. Antes de que pudiera siquiera parpadear, el cuerpo de
Domenico se presionó contra el suyo y quedó atrapado entre los dos cuerpos atléticos y
fragantes, escuchando un beso salvaje mientras la ligera barba de Dom le raspaba la oreja.
Los labios de Seth se sentían... vacíos. Se suponía que él era el que estaría siendo besado.
Se dejó envolver entre dos hombres calientes y tímidamente frotó su entrepierna contra Dom,
oliendo el cabello largo y sedoso. Sabía que no eran una pareja, solo dos chicos jugando por
diversión, razón por la cual fue por Silvio en primer lugar, pero aún se sentía extraño sentir a
Dom besando a alguien más, tocando a alguien más sobre el otro hombro de Seth. Era como si
Seth fuera solo un accesorio aquí, y la extraña opresión en su estómago no disminuyó incluso
cuando Domenico se frotó contra él. Eventualmente rompió el beso con Silvio y mordió la oreja
de Seth. Duro. —Podría haber sido un cebo para dejarte a solas, pequeño hijo de puta
irresponsable.
Seth se mordió los labios, inundado por imágenes de dos escenarios horribles. Uno en el
que le cortaban la mano por ser crédulo y dejar que un extraño se lo llevara y otro en el que tenía
que sentarse en el suelo con las manos atadas y ver a Dom follar con otro chico. El primero
obviamente era más horrible, pero el último también era bastante malo.
—Pero él no estaba… quiero decir… no podría haber predicho… —Le dio un beso en la
mejilla a Dom con labios temblorosos.
—Así es. No podrías haberlo hecho. —Domenico dio un paso atrás y tiró del dobladillo
de la camisa de Seth. Empujó el cuchillo a través de la tela y lentamente cortó más. —Podrías
haber estado muerto ya porque elegiste ignorar mis órdenes.
Cada rasgadura de la tela tenía la polla de Seth palpitando. Se aseguró de no parpadear
nunca mientras miraba a Dom con las fosas nasales dilatadas. Las manos de dedos largos de
Silvio se deslizaron alrededor de la cintura de Seth y fueron por la cremallera de los jeans de
Seth.
—Te escucharé la próxima vez, te lo prometo —murmuró Seth, pero ganó la curiosidad e
hizo otra pregunta. —¿Me seguiste?
Los ojos de Dom se oscurecieron. Fue como si las placas de cobre de sus iris se ahogaran
repentinamente en agua turbia. —Disfruto mirándote. Hace que mi sangre fluya más rápido —Y
con eso, rasgó la parte delantera de la camisa de Seth.
—Eres un pervertido, ¿lo sabías? —Seth se quejó, pero su propia sangre fluía más rápido
por todas las sensaciones. Incluso sus pezones estaban erectos, sin mencionar que su polla
traicionaba su emoción cuando Silvio empujó los jeans de Seth hasta el suelo, dejándolo solo en
calzoncillos blancos.
Silvio deslizó su mano hacia la raja de Seth de nuevo, esta vez tocándolo a través de la
delgada tela, y Seth corcoveó hacia adelante como si lo estuvieran pinchando con un atizador
caliente.
Domenico sonrió y dejó que la hoja fría se deslizara sobre el pecho de Seth, dejando un
fuego helado. —Solo ha sido el pasivo unas pocas veces hasta ahora. Solo imagina lo apretado
que está —le dijo a Silvio, aunque su mirada se quedó en Seth, apuñalando su ego contra la
pared.
—¡Ey! ¡No! No digas eso. —Seth quería retorcerse hacia adelante y al menos patear a
Dom o algo así, pero el cuchillo detenía cualquier acción que se le ocurriera. Se decidió por una
mirada furiosa.
—Todos son así al comienzo —dijo Silvio rotundamente, y Seth no tenía idea de si se
suponía que era una broma. No sonaba como una.
—¿Por qué? No deberías avergonzarte —susurró Dom. Se inclinó hacia adelante y
capturó los labios de Seth en un suave beso. —Me encanta lo cómodo que estás cuando te toca
Silvio.
Seth gimió de frustración por la burla entre sus nalgas. —He estado con muchos chicos,
no soy virgen —murmuró por el bien de Silvio, pero su polla lo estaba traicionando, ya erecta y
pidiendo ser tocada. Además el cuerpo de Dom rozándose contra él estaba haciendo que Seth
perdiera la concentración.
—No veo la diferencia —dijo la suave voz desde atrás, y Silvio deslizó los pedazos de la
camiseta de Seth hasta sus manos atadas.
—Todavía no lo has sentido lo suficientemente profundo —dijo Dom. Su cuchillo se
deslizó por el abdomen de Seth como una barracuda en busca de presas. Se dirigió directamente
a la entrepierna de Seth.
—¡Ey! Cuidado con eso. —A Seth se le cortó la respiración y abrió más los ojos. El
cuchillo, los dedos, el olor de Dom, el tacto de Silvio. Demasiado —Y no me van a follar hoy.
Sabes por qué. —Estaba desesperado por captar la mirada de Dom, contarle su vergonzoso
secreto en un intercambio silencioso. Por otra parte, Dom probablemente lo recordaba todo y se
burlaba de él a propósito, por la desobediencia.
—No hay necesidad de asustarse —dijo Silvio y besó a Seth entre los omóplatos, solo
agregando carbón al fuego de la cara sonrojada de Seth.
—Sí, eres la presa de Silvio, y no me gustan secundar nada* —dijo Domenico. Todas las
palabras de Seth regresaron a su boca cuando la piel caliente de Dom rozó su abdomen, los dedos
se deslizaron por debajo de la cintura de sus bóxers. El cuchillo siguió, atravesó la tela dejando a
Seth caliente y frío al mismo tiempo.
(*Mi intento para adaptar el slang “sloppy seconds” que se usa cuando un hombre tiene
relaciones sexuales con una mujer inmediatamente después que esta ya las tuvo con otro hombre,
encontrándose ya mojada en sus partes. También se usa para llamar a la siguiente pareja de
alguien que acaba de romper muy recientemente con otra persona.)
Sin embargo, la polla de Seth estaba demasiado ansiosa por salir, arqueándose para
tocarla.
—Te gusta la adrenalina —observó Silvio en un tono neutral mientras sus manos
trazaban los músculos de la espalda de Seth.
—No, yo sólo-- no me gusta ser pasivo —insistió.
—Bien —respondió Silvio. —No me gusta violar —Luego separó la tela cortada y rasgó
la ropa interior de Seth por la mitad. Las dos solapas de algodón se deslizaron por las piernas de
Seth para unirse a sus jeans.
—Seth, arrodíllate —dijo Domenico, entrecerrando los ojos. Deslizó la hoja para cerrarla
y la escondió en su bolsillo. —Muéstrame que se puede confiar en ti.
Seth apenas podía respirar, y definitivamente no era el miedo lo que lo causaba. Estaba
desnudo alrededor de dos depredadores, y eso lo estaba poniendo caliente como la mierda. Sintió
la piel de gallina en el culo donde las secas yemas de los dedos de Silvio trazaron la piel. Seth le
dio un beso más a los labios de Dom y siguió la orden. Se dio la vuelta en el proceso, para
finalmente echar otro vistazo al mafioso de apariencia extrañamente joven, cuyos inquietantes
ojos negros le cortaron la respiración.
Domenico se quitó lentamente la chaqueta y la arrojó sobre la cama. Su sonrisa se
extendió hasta sus ojos mientras se acercaba a Seth. —Ahora que te salvé del asesino de novias
rusas, ¿cómo dirás 'gracias'?
Seth tragó saliva y miró a Silvio y Dom. —¿Danke schön*? —No pudo evitar una sonrisa
tonta mientras su propia desnudez se estaba convirtiendo en una carga menor.
(*[Alemán] Muchas gracias.)
Los ojos de Domenico brillaron y miró a Silvio, como para evitar la mirada de Seth. Se
rió entre dientes, pero aunque Seth no podía escuchar la risa de Silvio, algo en la forma en que
tocaba a Seth cambió, como si sus dedos se relajaran.
—Esa es una forma de hacerlo. Conozco otra —dijo Dom.
Seth tragó saliva cuando esas manos bronceadas se movieron para desabrochar el
cinturón sobre una tienda de campaña en la parte delantera de los pantalones de Dom.
Pero entonces Silvio abrió la chaqueta de montar de cuero y Seth ya no supo dónde mirar.
Silvio era tan pálido en comparación con Dom. Completamente lampiño, pero con surcos
definidos en su estómago que hicieron que Seth se arrodillara y le diera un lametón a la piel
debajo del ombligo de Silvio solo para molestar a Dom. Pero lo que más le llamó la atención fue
un tatuaje negro sobre el corazón de Silvio. Decía, Anima Nera. Alma negra. Las palabras
encajaban extrañamente con el llamativo hombre que las tenía tatuadas en el pecho.
Hubo un resoplido bajo detrás de él, y cuando la mano tan familiar entró en su cabello y
lo apretó, hizo que su cuerpo temblara. —¿Prefieres al cazador?
Seth sonrió y miró a Dom. —Supongo que primero tengo que agradecer a mi salvador,
¿eh?
Los labios de Silvio se curvaron en una pequeña sonrisa. —Puedo esperar mi turno.
—Valdrá la pena —La forma en que Domenico lo dijo, con sus ojos ardiendo en el pecho
de Seth, hizo que la garganta de Seth se relajara.
—Así de bueno, ¿eh? —Seth se humedeció los labios y se acercó más a ambos. Fue un
alivio que su trasero estuviera fuera de la mesa. Nunca lo admitiría, pero con toda honestidad,
estaba un poco asustado de volver a ser bottom. ¿Curioso? Seguro. Estaba seguro de que volvería
a suceder en algún momento, pero aún no estaba del todo cómodo con la idea. Sobre todo con
público. Su preferencia para la próxima vez que fuera pasivo era cuando estuviera borracho, de
noche y debajo de las sábanas.
—Ahora estoy curioso. —Los labios de Silvio se curvaron en una sonrisa y se paró junto
a Dom, ya bajando la cremallera de sus pantalones de cuero. —¿No puede chupárnosla a los dos?
Domenico le ofreció una sonrisa y luego, lentamente, pasó la mano por la parte posterior
de la cabeza de Silvio. Lo atrajo hacia sí, y en el más suave de los movimientos sus labios se
encontraron de nuevo.
Verlo era muy diferente a solo escucharlo, y provocó todo tipo de emociones que Seth ni
siquiera sabía que tenía. Los miró fijamente con los labios entreabiertos ante la imagen que
presentaban. Aun así, no pudo evitar una punzada de celos, no pudo ignorar que no era la única
persona en la habitación en la que Dom se enfocaba. De repente se sintió descartable, ¿y por qué
no? Un tipo como Dom podría tener a cualquiera. ¿Y otro asesino no sería una buena opción para
él? Podrían ir a misiones juntos o hacer películas de carretera u otras mierdas de Bonnie and
Clyde como esa.
Seth tragó y se inclinó más cerca de la cremallera abierta de Dom. Agarró la cinturilla de
los pantalones con los dientes y los tiró más abajo, ansioso por recordarle a Dom que existía. Un
gemido bajo salió de los labios de Domenico. Tiró del cabello de Seth, haciéndolo caer de cara
contra la cremallera abierta. El olor de Dom nunca dejaba de alimentar el fuego en Seth. Era rico
pero fresco, masculino, almizclado. Todo lo que necesitaba ser. Seth nunca había sido tan
chupapollas como desde que conoció a Dom, pero esa hermosa polla de piel oscura suplicaba
que la adoraran.
Con sus manos todavía atadas, Seth luchó pero finalmente logró bajar los pantalones lo
suficiente para liberar la polla de Dom. Podía oír a los hombres besándose encima de él, pero
estaba demasiado ocupado con la tarea que tenía entre manos como para mirar hacia arriba. El
firme agarre de Dom en el cabello de Seth nunca dejaba de mantenerlo emocionado. La
adrenalina de haber sido atrapado con las manos en la masa en su escapada aún corría por las
venas de Seth.
Cuando la polla de Dom salió de sus pantalones, ya estaba dura como una roca y lista
para llamar la atención, desde la vena en la parte inferior hasta la mitad del glande cubierta por el
prepucio. Seth respiró hondo y lamió la hendidura en la polla de Dom con la punta de la lengua.
Tenía ese sabor salado y amargo que a Seth nunca le había gustado, pero se estaba convirtiendo
en un gusto adquirido desde que comenzó a asociarlo con Domenico. Un movimiento de caderas
de Dom fue suficiente para empujar la cabeza de Seth contra la cadera de Silvio. A pesar de la
falta de atención de Domenico, estar entre dos cuerpos masculinos le estaba dando a Seth una de
las mayores erecciones de su vida. Jadeó, girando su rostro lo suficiente para oler los pantalones
de cuero, pero su nariz encontró la piel suave de una polla dura en su lugar.
Apenas podía abrir la boca lo suficientemente rápido. Silvio tenía el pubis
cuidadosamente recortado y una polla de un color más oscuro rosado, muy bien arqueada hacia
arriba. Solo ahora Seth se dio cuenta de que Silvio no estaba usando ropa interior, lo que le daba
a su piel un olor distintivo a cuero. La mano pálida y elegante se deslizó a un lado de la cabeza
de Seth, acariciando su mejilla sin afeitar y atrayéndolo hacia adelante. Una invitación
innecesaria pero agradable.
Seth cerró los labios alrededor del glande y chupó suavemente, mirando a los hombres
que estaban encima de él. Rompieron el beso y ahora estaban mirando hacia abajo, sus rostros
muy juntos. Seth solo podía imaginar cómo se sentiría la barba de Dom en una piel tan suave
como la de Silvio. Este era el momento de captar su atención, de hacer que ambos estuvieran tan
calientes por él que ambos se corrieran en su cara y lo hicieran quedarse así por otra ronda.
Silvio deslizó la punta de su lengua fuera de sus labios y la movió a lo largo de la carne
rosada, sus ojos completamente enfocados en Seth. Con sus miradas bloqueadas, Seth dejó que
su lengua trazara el costado de la polla de Silvio, hasta la punta. Su boca estaba lista para un
golpeteo, y tomó la polla centímetro a centímetro. Respiró hondo por la nariz, consciente de su
propia desnudez, del hecho de que Dom lo estaría viendo mientras se la chupaba a otro hombre.
Su mirada se desvió hacia su mentor. ¿Disfrutaba viendo esto? ¿Sentía esa misma corriente
subterránea de celos?
Había una oscuridad en los ojos de Dom, una que encajaba extrañamente con la agitación
de su pecho y la forma en que se mordía el labio mientras observaba la boca de Seth llena de
polla que olía a carne limpia y cuero, con solo una pizca de sudor. Su ligera curva provocó el
paladar de Seth, deslizándose suavemente sobre él.
—¿Te gusta eso? —pronunció la áspera voz de barítono de Domenico, y la mano en el
cabello de Seth se tensó, empujándolo hacia adelante como si Dom quisiera clavarle toda la polla
a la vez, tomando el control incluso si no era él el que estaba siendo succionado.
Instantáneamente, Seth sintió arcadas y Silvio gimió, sus labios adquiriendo un tinte de
excitación.
El agarre de Dom hizo palpitar la polla de Seth. El poder de esas manos provocó un
escalofrío que le recorrió los testículos y, segundos después, unas gotas de líquido preseminal
cayeron de su polla a la alfombra. Gimió alrededor de la polla, sin retroceder a pesar de las
arcadas. La avalancha de sensaciones hizo que Seth se raspara por la nariz. El fuerte tirón de su
cabello en contraste con las caricias sorprendentemente suaves en su mejilla. El olor a cuero y el
aroma de Domenico. El calor en sus mejillas y el frío en sus manos entumecidas.
Dom tiró de él con un movimiento rápido, para gran decepción de Silvio, pero el gemido
de Silvio fue contenido en la boca de Domenico en otro beso contundente. Seth tosió, viendo un
hilo de saliva extenderse entre su lengua y la brillante polla, pero un fuerte tirón hacia las caderas
de Domenico fue suficiente pista para dirigirlo en esa dirección.
Ahora bien, este idiota que Seth conocía demasiado bien a estas alturas. Levantó la vista
hacia las caras de ambos, buscando su atención mientras tragaba la gruesa polla en un
movimiento suave. Tuvo que retroceder rápidamente, pero repitió el movimiento, feliz con la
aspereza que recibió de Dom y la forma en que los ojos de Silvio se abrieron ligeramente por
encima de él.
Domenico mordisqueó el pómulo afilado de Silvio, lo lamió como si estuviera cubierto
de azúcar, pero no tuvo tanta delicadeza con Seth. Empujó su polla más profundamente en su
boca con un gruñido de aprobación. El ancho familiar fue suficiente para relajar a Seth y obtener
más polla, y arqueó el cuello, cubriendo la entrada con la alfombra roja de su lengua.
Le gustaba ceder el control en chupar pollas, convirtiéndose en el repartidor del placer de
Dom. Seth jadeó, sus brazos ligeramente temblando por la tensión en sus manos. Dedicó toda su
atención a la tarea, pero pronto se lo devolvió a Silvio, para disfrutar de un cuerpo más ágil que
el de Dom, de complexión robusta y fibrosa, y sin embargo tan fuerte y musculoso bajo la piel
perfecta.
Se hizo más fácil con el tiempo, y podía tomar ambas pollas hasta el fondo de su
garganta. Amaba sus muslos firmes, las caderas que lo asaltaban una y otra vez, estaba
enamorado de sus testículos golpeando su barbilla, de los tirones agresivos en su cabello y de los
dedos suaves acariciando los costados de su rostro. Él estaba en el cielo de los hombres.
Cuando Domenico echó la cabeza hacia atrás, dejando su boca vacía y deseando más, le
tomó un tiempo darse cuenta de lo que estaba pasando. Por una fracción de segundo, se
sorprendió por los sonidos de la masturbación justo encima de su cara, pero, de nuevo, ¿qué tenía
que perder? Ya estaba acalorado y sudoroso con dos hombres que le ataron los brazos y podían
romperle el cuello si querían. Ebrio de su propia lujuria, Seth les dirigió a ambos los ojos más
cachondos del dormitorio, excitado por una de las experiencias más calientes de su vida. A pesar
de los sentimientos encontrados que tenía en ese entonces, su primera relación sexual con Dom
todavía ostentaba el trofeo a la “mejor actuación nueva”.
Abrió los ojos, sin aliento, y miró a los dos rostros sobre él, luego a las pollas oscuras, y
luego Domenico gimió tan bajo que Seth cerró los ojos con fuerza. Semen caliente salpicó su
mejilla, su boca, su nariz. Su polla tembló. Solo no poder tocarse a sí mismo le recordó cuán
entumecidas y doloridas se habían vuelto sus manos. Se lamió los labios, esperando la segunda
carga con todo su cuerpo palpitando de emoción. Cuando llegó, no pudo contener el gemido que
salió de sus labios, y giró la cabeza para que Silvio tuviera un lienzo limpio en la mejilla. Su
cabeza daba vueltas, y cuando el cierre de plástico de sus muñecas se rompió, el golpe de sangre
que regresaba a sus manos lo confundió aún más.
Seth abrió los ojos y miró a los dos hombres con los que estaba. Tan diferentes pero
ambos tan calientes que todo lo que quería era masturbarse. La habitación parecía otro mundo
donde no había reglas. Pero cuando puso su mano temblorosa y entumecida en su polla,
simplemente no fue lo suficientemente bueno. Sus dedos hormigueaban tan fuerte que ni siquiera
podía agarrar bien su polla, así que dejó escapar un gemido de frustración, incapaz de articular
correctamente sus sentimientos.
Silvio miró a Domenico, rápidamente se arrodilló y apartó la mano de Seth,
reemplazándola con la suya. Dios, eso se sentía bien. Seth se sintió atraído por esos labios
perfectos, pero antes de que pudiera alcanzarlos, Domenico tiró del cabello de Seth nuevamente
y lo hizo mirar hacia arriba, a su propia amplia sonrisa.
—Estás siendo una zorra codiciosa hoy —susurró, y en el mismo momento, la lengua de
Silvio lamió la garganta de Seth y sobre la mejilla manchada de semen. La pura desvergüenza de
ello hizo temblar a Seth, y cuando la mano delgada pero fuerte en su polla se aceleró, se corrió
en cuestión de segundos. El orgasmo lo hizo gemir y sacudir las caderas, empujado por todo tipo
de fuerzas diferentes. El agarre de Dom en su cabello, el tirón en su polla, la lengua en su
mejilla. Todo era parte de la experiencia al igual que el semen goteando por su barbilla. Sus
manos todavía temblaban, pero no podía importarle menos, solo quería acostarse y recordar
cómo respirar.
—Oh joder, oh joder… —susurró, mirando a los ojos de Dom con una mirada
entrecerrada. Había algo diferente en ese hermoso rostro, que ya se volvió dolorosamente
familiar. Domenico seguía sonriendo, su piel tenía ese rubor poscoital, sus ojos estaban
oscurecidos por la lujuria, pero había una tensión allí que Seth no pudo identificar incluso
cuando Dom se inclinó y le dio un suave beso en los labios. Seth movió sus frías manos hacia
arriba para sostener el rostro de Dom cerca mientras se besaban. No lo quería lejos todavía.
Cuando Domenico finalmente se alejó, Seth lanzó una mirada confusa a Silvio, quien le
sonrió a quemarropa, luciendo como un depredador saciado.
—Masajea tus muñecas —dijo antes de darse la vuelta y dirigirse al baño.
Seth se quedó mirando ese trasero delgado y suave, incapaz de moverse, pero trató de
masajear sus manos lentamente. Miró a Dom cuando Silvio desapareció detrás de la puerta, y
pudieron escuchar el agua comenzar. Los dos hombres eran tan diferentes. No solo en apariencia,
sino en la forma en que actuaron. Dom era como un puma, dándose un festín con Seth todo el
tiempo que deseaba, mientras que Silvio le recordaba a una cobra, una criatura sensual que podía
derribarte de un solo golpe.
Seth observó las manos de Domenico subiendo el cierre de sus pantalones y
abrochándose el cinturón. —¿Disfrutaste eso? —preguntó el suave barítono.
Seth tragó y alcanzó una almohada. Lo usó para quitarse el orgasmo, pero también para
ocultar su rostro de Dom. Lo último que quería ahora era ser juzgado. —Sí, supongo —murmuró
desde detrás de su mullida pared.
Se movió cuando la mano familiar apretó su nuca y tiró de él hacia adelante. —Ven aquí.
Siéntate a mi lado.
Seth miró a Dom, que ahora estaba sentado en la cama. Se quitó los jeans y los zapatos y
se subió a Dom, ahora completamente desnudo. La necesidad de estar cerca de él era tan natural
que no dudó y puso su brazo sobre los hombros de Dom, inclinándose para besarlo.
El abrazo que recibió a cambio fue suficiente para calmar todas sus inseguridades.
Domenico sonrió ante el beso y acarició suavemente la nariz de Seth. —No pasaste la prueba —
dijo simplemente.
Seth suspiró con sus labios sobre los de Dom. —¿Tú lo enviaste? —Era más una
afirmación que una pregunta. Llevó sus piernas a la cama y las envolvió alrededor de la cintura
de Dom.
—Le pedí un pequeño favor —Domenico puso la palma de su mano sobre la cabeza de
Seth y la mantuvo allí, como si estuviera acariciando a un perro. —Estoy muy decepcionado.
Seth nunca imaginó que esas palabras viniendo de Dom pudieran lastimarlo, pero
atravesaron sus defensas y lo hicieron sangrar de culpa. —Lo sé, lo siento. Tengo que
mantenerme bajo control. Hacer mejores juicios. —Estaba siendo honesto, pero también, tan
caliente como estaba Silvio, verlo besar a Dom era desconcertante en el mejor de los casos.
Los ojos de Domenico se entrecerraron y dejó escapar un breve suspiro. —Tu padre haría
que me mataran si te pasara algo. Si te ordeno que hagas algo, no puedes salir corriendo porque
viste una cara bonita. Es crucial para los dos.
Seth tragó saliva, dándose cuenta de cuán cierto era eso. Sus decisiones ya no eran solo
sobre él. Abrazó a Dom más fuerte con sus brazos y piernas. —Recordaré pensar en ti la próxima
vez que vea una —susurró y no pudo evitar una sonrisa tonta.
Dom se apartó y miró a los ojos de Seth con tanta intensidad que hizo que su corazón
latiera con el doble de velocidad. —Prefiero tenerte para mí solo mientras estemos aquí.
Mientras estemos aquí.
No era una promesa de nada duradero, pero Seth aún se sentía un poco especial. —
Supongo que sería la opción más segura —dijo, sin parpadear, aunque no era la seguridad lo que
estaba en su mente. Si Dom tuviera otros hombres, Seth preferiría no verlo.
El sonido constante del agua se detuvo y Seth supo que no le quedaba mucho tiempo a
solas con Dom. Sus manos aún estaban del lado entumecido, pero Seth no pudo evitar sonreír
cuando Domenico comenzó un lento masaje comenzando en sus muñecas.
—Recibí una llamada de Luigi.
Era lo último que Seth quería oír, ya que esas llamadas nunca eran buenas noticias. —
¿Sí?
—Quiere que nos llevemos a Salieri esta noche.
—¿Qué? ¿Por qué? —Seth tragó y se inclinó más cerca de Dom, para oler su cabello. Era
mejor que la medicación para la ansiedad —¿Cómo se supone que debemos hacer eso?
—Ella tiene clases hoy, así que no regresará antes del anochecer. La atraparemos cuando
vuelva a casa.
La puerta del baño se abrió y entró Silvio, completamente desnudo y cubierto de gotas
brillantes. Seth podía sentir a Dom girar la cabeza de la misma manera que él mismo lo hacía.
Pero Silvio volvió al trabajo de inmediato. —¿Estás hablando del trabajo?
Domenico asintió. —Sí, se trata de Salieri.
Seth no estaba seguro de cómo se suponía que debía funcionar. Silvio no era de su
Familia. —¿Él vendrá?
—Sí. Estábamos hablando y pensamos que podríamos pasar tiempo de calidad juntos un
poco más —dijo Domenico como si estuviera hablando de salir a comer, no de un secuestro.
Silvio asintió mientras se secaba vigorosamente con una toalla. —Es posible que necesite
respaldo ya que aún no está listo.
Seth se sorprendió y frunció el ceño. —Estoy todo tipo de listo.
—Listo para recibir semen en tu cara, no atrapar a Salieri —dijo Silvio.
Fue tan desagradable que los labios de Seth se abrieron en estado de shock.
Domenico resopló, mirando en dirección a Silvio solo para alborotar el cabello de Seth a
continuación. —Hiciste bien eso.
—Imbécil. —Seth hizo un puchero pero no se apartó del abrazo.
Silvio sonrió. —Domenico dijo que yo te vigilara para asegurarme de que todo salga
bien, así que no te preocupes. Te ensuciarás las manos.
Seth ya no estaba tan seguro de si era algo bueno o malo. —Y… ¿dónde la retendremos?
—preguntó, completamente fuera de sí.
Domenico miró su reloj elegante y ridículamente caro. —Te alegrará saber que nos
vamos a mudar. Recogemos las llaves de nuestro nuevo apartamento en dos horas. Nos iremos
tan pronto como te duches.
—Oh. Y… ¿cuánto tiempo la retendremos? ¿Le daremos de comer? —Seth trató de darle
sentido a la situación.
Domenico gimió y puso los ojos en blanco. —No la mataremos de hambre. Eso no sería
práctico.
—Matar de hambre a la gente toma años. ¿Cuánto tiempo piensas retenerla? —preguntó
Silvio, mirándolos desde detrás de la puerta del armario.
Domenico se encogió de hombros. —Va a ceder rápidamente. Yo no me preocuparía por
eso.
Seth se miró los dedos. Ahora que la idea de estrangular a Vera se estaba convirtiendo en
una posibilidad, ya no era tan atractiva. —Entonces… ¿cómo organizaremos todo esto?
Dom frunció el ceño y sacó un cigarrillo. El encendedor arrojó brevemente un brillo
cálido en su rostro, y el olor familiar del tabaco atrajo a Seth. —¿Qué?
—Quiero decir... ella se queda con nosotros —Seth tragó saliva, el recuerdo de haber sido
secuestrado salió del fondo de su mente. —¿Cómo será? ¿Se quedará allí sentada? Err...
—Estará encerrada en una habitación separada. Encontré el lugar adecuado para eso.
—¿Y si ella grita? —Dom, tengo un mal presentimiento sobre esto. Seth finalmente lo
miró.
—Entonces la amordazaremos. —Domenico suspiró, su rostro se suavizó cuando miró a
Seth. —No hay nada de que preocuparse. Es solo una mujer con tacones altos. ¿Qué podría hacer
ella?
—Los tacones de aguja pueden ser bastante mortales —agregó Silvio mientras se ponía
los pantalones.
Seth ya imaginó el Louboutin perforando su pie. —Lo sé, lo sé, lo siento —murmuró y se
pasó los dedos por el pelo. No quería parecer un cobarde, pero los nervios ya lo estaban
dominando.
—La parte difícil vendrá ahora —Domenico metió la mano en su chaqueta y sacó una
caja cuadrada que parecía algo que podría contener un collar. Se lo entregó a Seth. —
Necesitamos ser convincentes cuando conozcamos a nuestro nuevo arrendador.
Seth frunció el ceño pero abrió lentamente la caja, medio esperando que explotara.
Parpadeó al ver un collar de perro con púas. —¿Tener un perro nos hace mejores inquilinos en
qué sentido?
La sonrisa maliciosa que crecía en los labios de Dom no estaba ayudando a Seth a
entender.
Capítulo 13

Seth frunció el ceño ante la palmada en el trasero que recibió de Dom frente a su nuevo
arrendador. Estaban de pie en la sala de estar de un apartamento espacioso y moderno. Tenía una
cocina abierta llena de electrodomésticos nuevos, un televisor de pantalla plana, sofás de cuero y
una decoración neutra con una pequeña palmera junto a la ventana y una gran foto de la torre
Eiffel en la pared.
El collar de perro que Seth llevaba puesto le ahogaba la respiración, aunque no estaba
apretado. Sin embargo, metafóricamente, lo hizo sentir con picazón y enojo. Tuvo que quedarse
allí como un idiota, mientras Dom hablaba con su casero en alemán, claramente hablando de él.
El hombre siguió mirando a Seth con una sonrisa mientras hablaba con Domenico con voz jovial.
Después de que le cortaran la camiseta y los calzoncillos en pedazos hace solo unas
horas, todo lo que le quedaba por usar eran sus jeans y su chaqueta de cuero sobre la piel
desnuda. No lo estaba ayudando a sentirse menos cosificado.
Seth tenía un papel que desempeñar aquí. Se hacía pasar por el sumiso de Domenico, una
excusa para que buscaran un apartamento con una sala de juegos que cerraba por fuera, por lo
que lo obligaron a esposarle las manos a la espalda tan pronto como entraron y llevaba un arnés
encima de su pecho desnudo. La celda en sí lo ponía nervioso y extrañamente excitado. A pesar
de su modesto tamaño, tenía muchos muebles de tortura, incluida una gran X de madera
conocida como la cruz de San Andrés, y varias otras ataduras. Seth se sorprendió cuando Dom
puso su mano en su nuca, empujándolo nuevamente hacia la habitación. La confianza del toque
envió un cosquilleo de emoción a las bolas de Seth.
Suponiendo por la amplia sonrisa de su casero y sus constantes asentimientos, el
cumplimiento no era opcional. Quedarse en una habitación cerrada le revolvía el estómago, pero
entró de todos modos. Las paredes acolchadas eran un recordatorio de que no se escucharían
gritos una vez que se cerrara la puerta de la celda.
—Siéntate en la silla —dijo Domenico en lo que sonaba como un acento británico muy
elegante. Fue seguido por otra breve conversación con el propietario.
Seth siguió la orden, un espeluznante déjà vu de otro lugar y tiempo cuando estaba
sentado con las manos esposadas salió del fondo de su mente. —Pero él no me hará nada,
¿verdad? —susurró en italiano, mirando a Dom, quien negó con la cabeza y caminó, paso a paso,
hasta que estuvo lo suficientemente cerca para acariciar la mejilla de Seth.
—Relájate, sé que todo es nuevo. Voy a sujetarte ahora para que puedas acostumbrarte a
tu nuevo hogar —dijo Dom en inglés.
Seth tragó y asintió. La silla estaba unida al suelo, por lo que no habría posibilidad de
movimiento. Su casero era grande, musculoso y calvo. Siguió sonriendo y charlando con Dom, y
por mucho que su mirada se deslizara sobre Seth, el hombre nunca le dijo una palabra. Sin
presentación, nada.
Domenico rodeó la silla, y Seth tuvo que dejar escapar un fuerte suspiro cuando sintió los
fuertes brazos de Dom rodeándolo, su aliento jugueteando con la oreja de Seth incluso mientras
sujetaba el arnés en el pecho de Seth al respaldo.
Seth no pudo evitar que sus ojos se abrieran de par en par mientras miraba el juego de
correas de cuero. Movió los dedos nerviosamente detrás de la silla, tratando de controlar su
respiración, pero no estaba yendo del todo bien. Solo la cercanía de Dom lo hizo sentir un
poquito más seguro.
—Buen chico —dijo Domenico mientras se arrodillaba. Seth se estremeció cuando sintió
que una correa se apretaba alrededor de su tobillo.
El propietario también bajó y comenzó a explicarle algo a Domenico, que terminó con las
correas alrededor de los tobillos de Seth firmemente aseguradas a las patas de la silla. Seth siguió
retrocediendo en su mente al momento en que lo habían planeado. Se quejó de que Dom debería
ser el sumiso, pero ya mientras discutían, sabía que eso no sucedería. Por un lado, Dom se negó
categóricamente a ser restringido, y como él era el único de ellos que hablaba alemán, el asunto
quedó sellado.
Ambos hombres se levantaron y comenzaron a moverse hacia la puerta. Si no fuera por el
guiño de Domenico, habría entrado en pánico, pero parecía que todo esto era solo para mostrar.
Y afortunadamente, Dom dejó la puerta de la celda abierta. Seth todavía podía ver al
propietario gesticulando animadamente en una sugerencia de atar algo. Suspiró y trató de
relajarse, pero no poder juntar los muslos lo inquietaba. Sin embargo, al final, después de unas
cuantas palmaditas más y unas carcajadas, Domenico cerró la puerta y se golpeó la frente contra
la madera acolchada.
—Joder, pensé que nunca se iría.
Seth respiró hondo de alivio y se movió en la silla tanto como pudo. —¿Que quería él?
—Creo que solo quería ser útil y hacerme sentir como en casa —Domenico se quitó la
chaqueta del traje y abrió el armario para colocarla en una percha.
Seth le sonrió a través de la puerta abierta. —Sí, Adam, ahora que te sientes como en
casa, ¿podemos volver a la normalidad? —preguntó, usando el nombre falso de Dom.
Domenico enarcó las cejas mientras se subía las mangas de la camisa y regresaba
lentamente a la celda. —¿Tenemos que hacerlo? Te ves bien en esta posición.
Seth miró a Dom, inseguro de lo que quería de repente. Solo podía planear a corto plazo,
y sabía que quería frotar su mejilla contra los sexys antebrazos de Dom, pero eso era todo. —
¿Sí?
Domenico no le dio una respuesta verbal. En cambio, se desabrochó los pantalones con
un movimiento directo.
Todos los pelos de la nuca de Seth se erizaron, y enderezó la espalda en señal de
atención. La confianza de ese movimiento fue tan sexy que un escalofrío de emoción ya recorría
la columna de Seth.
—Pensé que podrías quedarte así un poco más —La voz de Domenico era un tono ronco
cuando deslizó sus largos dedos en su bragueta, sacando su hermosa y aún suave polla. El
contraste de su color con los pantalones negros hizo que el corazón de Seth latiera más rápido.
—Un poco. Tal vez. —Seth tiró suavemente de las correas. No se movían, y Seth no
estaba seguro de cómo se sentía al respecto, pero no estaban tan apretados como las malditas
ataduras de plástico que usaba Silvio. Sus ojos se concentraron en esa hermosa polla mientras se
acercaba con cada uno de los pasos de Domenico. Los muslos de Seth se calentaron en los
lugares donde rozaron las piernas de Dom cuando el otro hombre se detuvo con las piernas
abiertas sobre el regazo de Seth, con la polla prácticamente en la cara.
Las respiraciones de Seth se hicieron más profundas y se inclinó hacia adelante para dejar
un casto beso en el prepucio de Dom. Su propia polla ya estaba ansiosa por la atención que no
estaba recibiendo y se puso rígida lentamente en los jeans de Seth. Tener a Dom vestido, pero
con su polla fuera, fue una de las cosas más eróticas que Seth había visto jamás. Chupar pollas
nunca había ocupado un lugar destacado en la lista de favoritos sexuales de Seth, pero la forma
en que Dom lo atrajo fue un cambio de juego. No eran las sesiones perezosas y tranquilas que
tendría con Peter. Dom era excelente para guiar a Seth hacia lo que quería, sujetando su cabello y
follando su boca sin piedad. Y a Seth no le importaba ni un poco. Hacerlo de esa manera era lo
único que lo excitaba de hacer una mamada. Era mucho más como ser follado que chupar una
polla.
Y ahí estaba, la mano en su cabello, apretándolo sin piedad y llevándolo hacia adelante.
—Introdúcela. —Se sentía tan diferente ahora que estaban solos en comparación con el festival
de sexo que habían tenido con Silvio. Dom creó una electricidad entre ellos que era mucho
menos prominente con alguien más en la habitación, incluso si ese alguien era tan increíblemente
atractivo como Silvio. Se sentía como si estuviera mostrando una parte de sí mismo a Seth que
no le mostraría a otra persona. Solo ver la diferencia hizo que Seth se diera cuenta de eso.
Alrededor de Silvio, Dom había estado mucho más cauteloso que en cualquier otro momento.
Seth levantó la vista y abrió la boca sin cuestionar, sus jeans ya estaban demasiado
ajustados. Su corazón latía con fuerza en su pecho mientras chupaba la punta de la polla de Dom.
A Seth le gustaba tantear y probar la paciencia de Dom, solo para ver a dónde lo llevaría. A su
alrededor, siempre había la más extraña mezcla de peligro y seguridad. Como estar de pie al
borde de un acantilado con solo Dom como su arnés. Domenico podría causar un derramamiento
de sangre, pero mientras Seth estuviera lo suficientemente cerca, no había un lugar más seguro
para estar. ¿Qué lugar podría ser más seguro que a los pies de Dom con su polla en la boca?
—Más adentro. —Domenico suspiró, ahuecando la nuca de Seth con la otra mano.
Las fosas nasales de Seth se ensancharon y retrocedió lentamente, mirando a los ojos de
Dom con un desafío silencioso. La llama que encendió en la mirada ámbar sobre él hizo que su
estómago se retorciera por la tensión. Los dedos de Domenico se apretaron en su cabello y tiró
de su cabeza hacia un lado, dejando la mejilla abierta para el asalto. La longitud caliente y suave
se arrastró hasta la cara de Seth, retorciéndose suavemente.
Seth jadeó, emocionado de no poder hacer nada al respecto. Tiró de las correas con los
brazos, solo para comprobar lo apretadas que estaban y, una vez más, no cedían.
—¿Por qué estás tan callado hoy? —preguntó Domenico, pero sus palabras fueron
parcialmente silenciadas cuando apretó sus caderas contra el rostro de Seth, comenzando a
acariciar lentamente su mejilla. La polla se iba llenando con cada toque.
Seth dejó escapar un gemido nasal. —Estoy siendo un buen chico —susurró, abrumado
por las restricciones y la forma desvergonzada en que estaba siendo utilizado. Incluso habría
dejado que Dom terminara así, deslizándola sobre su mejilla, moviendo la cabeza de su polla
contra sus labios y luego corriéndose en su cara. Había una codicia en Seth por su nuevo
compañero, una necesidad de tener tanto de él como pudiera, todo el tiempo. Ser la única fuente
de entusiasmo de Dom y el centro de su atención. Tener un trío solo había hecho que Seth lo
entendiera mejor. Tampoco se trataba de una relación. Se trataba de ser importante e
indispensable. Y le mostraría a Dom cuán jodidamente indispensables eran sus labios para la
polla de Dom.
Una bofetada suave lo hizo volver a mirar la entrepierna de Dom, y con la mejilla
ligeramente mojada por el semen, miró el hermoso rostro sonrojado.
—Abre la boca para mi polla.
Responder eso no era necesario. Seth ni siquiera asintió, solo se abrió de par en par, listo
para complacer. Su cuerpo estaba caliente por todas partes y la vista sobre él solo envió un
escalofrío a su propia polla. Quería, necesitaba abrirse los pantalones. Ya ni siquiera luchó por
estar subordinado a Dom, ya que resultó que seguir su ejemplo generalmente terminaba en más
placer de lo que Seth podría haber imaginado. El miedo y la preocupación iniciales de los
primeros días en Berlín, de que follar fuera solo un viaje de poder para Dom, se desvanecía con
cada día que pasaba.
La boca de Seth palpitaba por la polla suave y una vez que entró, deslizándose sobre su
lengua y directamente en su garganta, el escalofrío que lo atravesó lo hizo levantar las caderas
con un gemido tan lascivo que estaba avergonzado por cómo sonaba.
—Eso es todo. ¿Crees que podrías correrte por aquí? —La voz de Domenico le llegó
apagada, a través de una bruma de calor y almizcle.
Todo lo que Seth tuvo para él en respuesta fue un resoplido áspero, y apenas podía
concentrarse en mirar hacia arriba. No sabía qué tipo de pregunta era esa. ¿Dom se refería a estar
atado? Mantuvo sus labios junto a la raíz de la polla, con la nariz en el pubis de Dom, dentro de
su bragueta abierta. El calor en su boca lo estaba poniendo tan cachondo que ni siquiera le
importaba si estaba babeando. Su reflejo nauseoso se había ido. Ido. Estaba ansioso por estirar y
acomodar esa deliciosa longitud cada vez que Dom decidía depositar su corrida en la garganta de
Seth. Le gustaba cuando Domenico lo mantenía cerca así, acunando la cabeza de Seth y
acariciándola mientras la polla estaba completamente incrustada en su boca. Hizo temblar todo
su cuerpo con una emoción que nunca creyó que podría experimentar de hacer una mamada, o de
cualquier otra cosa para el caso. Era un nivel completamente nuevo de sexo.
Dejó escapar un gemido ininteligible alrededor de la polla de Dom, su mente se desplazó
hacia su primera noche juntos y su segundo polvo, cuando el dolor desapareció, su trasero estaba
resbaladizo por el lubricante y el semen, y Dom lo levantó para follarlo contra la pared. La polla
de Dom se había deslizado con tanta facilidad como lo hizo en la boca de Seth. Todavía
recordaba la conexión que sentía con Dom en la oscuridad, mirándose a los ojos con las frentes
sudorosas tocándose, tomando tantos besos calientes y húmedos como podían. En ese breve
momento en ese entonces, incluso la vergüenza que sintió después de su primera vez
desapareció.
Tener la polla de Dom en su boca, sentirla latir como lo hacía cuando follaban, no solo le
dolían las pelotas por liberarse, sino que también su ano se apretaba ligeramente y confundía a
Seth. Domenico se retiró justo a tiempo para dejar que Seth tomara una bocanada de aire. Era
considerado de esa manera y, aunque a veces se burlaba de Seth hasta el punto de humillarlo,
después de amenazarlo con dispararle en el bosque, Domenico nunca había cruzado la línea de
hacer que Seth se sintiera en peligro. Creó una extraña sensación de confianza entre Seth y un
hombre que era el asesino más efectivo que tenían los Villani. Seth sabía que Dom podía ser
brutal, podía hacerle daño por todas partes, pero Seth no tenía miedo de morir por su mano.
Incluso después de ese día de paintball, con moretones negros en su cuerpo, se durmió en los
brazos de Dom sintiéndose seguro, y ni una sola vez se despertó sudando frío, soñando con los
chinos.
—¿Soy bueno? —Seth jadeó, mirando a todos los necesitados y anhelando validación.
—Eres bueno en esto —susurró Domenico, pasando el pulgar por un lado de la cara de
Seth con tanta delicadeza que Seth sintió mariposas en el estómago. —Ahora dame más de tu
boca. Quiero que te desbordes con mi semen —susurró, abofeteando la mejilla de Seth de nuevo,
la polla rígida meciéndose frente a la cara de Seth como un cebo.
Seth siguió la mano de Dom con su mejilla tan lejos como pudo, pero luego volvió a
tomar la polla en su boca, lamiendo la suave y caliente cabeza de la polla, chupando suavemente
la punta. Cerró los ojos, dejando escapar gemidos silenciosos mientras movía la cabeza al ritmo
sugerido por las manos de Dom. Sus caderas se balanceaban al mismo ritmo, casi como si su
cuerpo tuviera mente propia. A veces, Domenico le pedía que chupara y hacía embestidas
superficiales, llenando el aire con sonidos de estallidos, como si Seth estuviera chupando una
piruleta con demasiada ansiedad. Otras veces, abofeteaba su cara con la polla dura o follaba la
garganta de Seth en serio, asaltando su boca sin piedad como si fuera una follada anal normal en
lugar de una mamada. Pero con Seth tan relajado, no sintió casi ningún dolor, y el poco dolor que
persistía se sumó a su ya elevada excitación. Cuando Dom rápidamente arrancó su polla de su
boca, Seth la siguió con un gemido, pero la polla estaba fuera del alcance de sus labios.
Los rápidos sonidos de la masturbación fueron todo el incentivo que necesitaba para abrir
los ojos de nuevo. Observó a Dom acariciando su polla, y anhelaba unirse con todo su corazón.
La palpitación en sus propios pantalones se estaba volviendo insoportable, pero ninguna cantidad
de sacudidas de sus caderas lo haría correrse. Seth siguió tensando sus músculos y relajándolos
de nuevo, pero estaba atado y restringido y eso fue todo. Levantó la vista ante la vista que
contemplaba, la polla de Dom rígida, oscura y brillante con saliva.
—Eres tan sexy… —susurró Seth.
—Cierra los ojos —siseó Domenico en respuesta, y justo cuando Seth lo hizo, los
primeros chorros de esperma golpearon su rostro sostenido por la mano izquierda de Domenico.
Sonrió ante los cansados jadeos y gemidos sobre él, tomando todo lo que Dom quería darle. Seth
no estaba loco por el sabor del semen, pero su olor era un asunto completamente diferente.
Instantáneamente empujó imágenes de sexo sucio y sudoroso a su cerebro. Gotas de semen
resbalaron por su piel, pero decidió no abrir los ojos hasta que Dom lo dejara.
El agarre en su cabello se aflojó, convirtiéndose en caricias perezosas. El calor que
irradiaba el cuerpo de Dom podría incendiar todo el edificio, pero fue Seth quien fue la chispa de
su entusiasmo.
—Asombroso.
—Yo —jadeó Seth, pero mantuvo los ojos cerrados. Inclinó la cabeza hacia las caricias
como un cachorro ansioso, doblando los dedos de los pies. Dejó escapar un suspiro de alivio
cuando la presión sobre su polla disminuyó cuando Domenico abrió sus jeans y se los bajó.
—Sí, sí, sí —siseó Seth, arqueando las caderas, su polla finalmente fuera y orgullosa.
—Aún no.
Seth gimió, queriendo romper la promesa que se había hecho a sí mismo y abrir los ojos.
La obediencia nunca fue su lado fuerte. —¿Por qué no?
—Quiero que me obedezcas. Sigue así por mí y obtendrás tu premio. Disciplina.
No podía esperar y abrió los ojos para ver a Domenico meter su polla con una sonrisa de
satisfacción. —No. Estoy casi… —se quejó. Su cara estaba tan caliente que el semen de Dom no
se enfrió en absoluto, lo sintió en sus mejillas, boca, barbilla, donde goteaba por su piel.
Domenico negó con la cabeza, retrocediendo como un león saciado. —Espera.
—¡No! —Cada centímetro que Dom se movía solo encendía la excitación de Seth, pero
no podía seguirlo. —¡Quiero correrme! Yo fui bueno. —Arrugó la nariz y tiró de las correas que
lo sujetaban a la silla. ¡Él no quería esperar! Esperar era sobrevalorado, aburrido y horrible.
Domenico negó con la cabeza con una pequeña sonrisa. —Por ponerte en peligro y
pensar en follarte a alguien más cuando estás en una misión. Quince minutos.
—¡No! —Seth no podía creer lo que le estaba pasando. —¡No lo estaba! Solo pensé en ti,
—balbuceó, sudando por todas partes y deseando poder agarrar el brazo de Dom. —¿Cómo
puedes hacer esto? ¡Fui tan jodidamente bueno contigo! —En el fondo sabía que estaba
exagerando, pero sus pantalones estaban bajados y su polla palpitaba y estaba listo para la
acción. Necesitaba aclararlo.
Domenico levantó la mano y se llevó el dedo índice a los labios en una orden silenciosa.
Seth apenas podía respirar, sintiéndose como un toro en celo, atrapado en un establo junto
a una vaca en celo. Y sí, Dom era la vaca en esa ecuación. —Si quieres que guarde silencio,
chúpame la polla —exigió con otro gemido.
—¿Quieres una mordaza?
—¡Quiero que te amordaces con mi polla! —gritó y tiró de las ataduras de nuevo.
—Te podría amordazar con la ropa interior que llevo puesta en este momento —propuso
Domenico.
Seth se estaba volviendo loco, todo su cuerpo temblaba de ira. Ya estaba 100 por ciento
seguro de que la negación del orgasmo no era su fetiche. —¡No! ¡Esto es más que injusto! No
fui negligente. ¡Me tendiste una trampa a propósito! No cuenta.
Domenico enarcó las cejas y con calma se abrió el cinturón y luego los pantalones,
dejándolos caer. —Podría haber sido cualquiera.
Seth ignoró sus palabras, respirando profunda y roncamente. —¿Cuánto tiempo ha
pasado? ¿Diez minutos?
Domenico miró su reloj. —Dos.
—¡No! —Seth inclinó la cabeza, tratando inútilmente de recuperar la compostura. —Vete
a la mierda. Ya ni siquiera te deseo. Ve y lárgate. —Siguió apretando sus manos en puños.
Y Domenico lo hizo, agitando su trasero con un par de calzoncillos Armani ridículamente
caros. La vida no era justa.
Seth se sentó allí, tan caliente que su trasero se puso sudoroso en la madera y todo lo que
pudo hacer fue maldecir por lo bajo. Se merecía el premio a la mamada del año, no la maldita
silla. Ni siquiera pudo golpear nada, ya que estaba atado a la maldita cosa. Todo lo que podía
hacer era esperar y luchar contra la humedad que se acumulaba en sus globos oculares. Y, por
supuesto, después de Dios-sabía-cuánto tiempo, pero que parecieron horas, perdió su erección
debido a la ira y sintió ganas de llorar. Sus bolas tenían esa sensación de pérdida pero ya no
querían cuando los pasos familiares estaban de vuelta.
—¿Estuviste meditando todo este tiempo?
—Vete, no me importa —Seth murmuró, sin mirar hacia arriba.
—¿No? —Vio los pies descalzos de Domenico, piernas firmes, espolvoreadas por cabello
negro como la brea, pero luego, cuando Dom se arrodilló lentamente frente a él, había muslos
tonificados y una polla suave.
—No. Solo déjame ir. Tenemos trabajo que hacer. —Seth resopló.
Domenico sonrió, tocando los muslos de Seth. Se inclinó y sopló aire caliente sobre la
entrepierna de Seth. El cabello suave y brillante caía, jugueteando con la piel.
—Muy injusto. No tenemos tiempo para esto ahora, así que déjame ir —Seth inhaló
profundamente, para no sollozar, mirando a Dom lamer su polla con un gemido. —Eres malo. Es
como si el diablo tuviera sexo con una súcubo y tú fueras su engendro —Sin embargo, Seth no
podía apartar la mirada, algo caliente ya se acumulaba en la boca de su estómago, más aún
cuando la risa de Domenico envió vibraciones por su polla, que pronto fue succionada por esa
boca deliciosa. El pelo largo estaba esparcido por los muslos de Seth como seda líquida.
No había forma de combatirlo, así que Seth se rindió al placer, dejando caer la cabeza
hacia atrás. Toda la tensión en su cuerpo todavía estaba allí, y cuando volvió, la excitación que
corría por su polla era aún más fuerte que antes. Domenico era tan bueno en esto, dedicado, pero
no servil. De hecho, Domenico estaba dominando en su mamada, haciendo lo que quería,
jugando con las bolas de Seth y tirando suavemente del prepucio con los dientes.
Seth tardó menos de lo que esperaba en correrse con un gruñido ahogado. Sus músculos
se convirtieron en gelatina y por una vez estuvo feliz de estar sujeto, ya que lo mantuvo en su
lugar en la silla. Todavía estaba en un estado de felicidad cuando sintió que las correas alrededor
de sus tobillos cedieron, seguidas pronto por el arnés. Abrió los ojos y miró a Dom, antes de
golpear su costado con sus manos aún esposadas.
Domenico negó con la cabeza y salió, provocando a Seth con su trasero desnudo,
completo con un conjunto de hoyuelos perfectos y una espalda ancha y tonificada. —No seas un
bebé.
Seth suspiró y se levantó, sus pantalones cayendo hasta sus tobillos. —Oye... todavía
tengo las esposas —Resopló y lo siguió fuera de la celda, arrastrando los pies. Odiaba verse tan
poco impresionante como probablemente se veía ahora, con los pantalones en los tobillos y
semen en la cara.
—Lo sé. Sé un buen chico y te los quitaré. Necesitas otra ducha. —Domenico se estiró y
entró en la sala de estar. Este lugar le sentaba mucho mejor que el destartalado apartamento del
ático.
Seth gimió y golpeó suavemente la parte posterior de su cabeza contra la pared. Dom
estaba tan jodidamente bien hecho. Si había un Dios, debe haberse tomado su tiempo con este
espécimen particular de la especie masculina. Solo un poco más bajo que Seth, con músculos
pronunciados pero delgados, con una melena larga en la que a Seth le encantaba esconder la cara,
y el pelo justo en su cuerpo para ser sexy sin parecer una estrella porno de los 80. Y sus
hombros, bonitos y anchos en comparación con las estrechas caderas.
Sabía que no debería haber dejado que me esposaras.
—Al menos Herr Schneider se divirtió —Domenico sonrió y llamó a Seth con un gesto.
—Me los quitaré.
—¿Que dijo él? —Seth sospechó pero se quitó los zapatos para poder quitarse los
pantalones antes de acercarse a Domenico, quien cayó sobre el sofá con un ligero ronroneo.
—Que tengo buen gusto —Le guiñó un ojo a Seth.
Eso logró sacar una pequeña sonrisa de Seth, mientras se acercaba y se arrodillaba con
cuidado sobre el regazo de Dom para evitar que se marchara sin quitarle las esposas de nuevo. —
Sí, supongo que sí.
Su estómago tembló ante la fugaz caricia de la áspera mano sobre su estómago.
Domenico lo miró por debajo de sus espesas pestañas. —Te habría elegido incluso si no fueras
un Villani.
—¿Ah sí? ¿Me llevarías a una vida delictiva? —Seth movió las cejas y bajó su posición
de modo que casi se sentó en el regazo de Dom, disfrutando de las caricias que estaba
recibiendo.
—¿Si no fueras uno de nosotros? —Domenico frunció el ceño, mirando el techo en
blanco. —Eso no funcionaría. Ya lo he intentado.
—¿Eh? —Seth ladeó la cabeza hacia un lado. —¿Por qué no? Un buen amo de casa que
espera tu regreso mientras vives la vida secreta de un asesino —fantaseó con la voz del narrador
de un tráiler de película. Se sorprendió cuando el tono no hizo nada para quitar el pequeño ceño
fruncido de la frente de Domenico.
—Lo intenté, hice eso. Puede que todavía viva en el piso que le compré en París, pero no
pudo haber funcionado. —Dom se encogió de hombros, jugando con el cabello del estómago de
Seth.
—No es que me queje, pero ¿por qué no? —Seth se inclinó hacia adelante y apoyó su
peso sobre Dom, quien lo abrazó de una manera que hizo que Seth se sintiera como una manta.
El corazón de Domenico latía tan fuerte, un ritmo sin fin que nunca podría detenerse.
—Tenía que mentirle todo el tiempo, la casa que estaba buscando no era mucho mejor
que la de Sicilia. En ambos lugares, tuve que esconder partes de mí mismo.
Seth tragó y besó suavemente la oreja de Dom. —A veces me sentía así con Peter. Pero
fue lo peor al final, cuando la familia se puso en contacto y yo quería mantenerlo alejado, y… sí,
fue una mierda —Se inclinó hacia el toque de los dedos de Domenico en su nuca. Había una
pregunta persistente en sus labios desde que había visto a Dom besar a Silvio, y tal vez ahora era
el momento de expresarlo. —¿Pero qué hay de un tipo como Silvio? ¿No sería una buena opción
para ti? Ya sabes, hace el mismo trabajo y... esas cosas.
El pecho de Domenico se relajó con una baja exhalación mientras Seth miraba debajo del
dobladillo de su cuello, a los cabellos oscuros. —Eso no funcionaría. Nunca podría sentirme a
gusto con alguien como él. Sé demasiado sobre cómo son los hombres como nosotros.
—¿Cómo somos? —Seth se humedeció el labio y dejó que su mejilla descansara sobre el
hombro de Dom. —¿No se entenderían el uno al otro? ¿No sería eso algo bueno?
Un bajo estruendo de risa resonó a través del pecho de Domenico. —¿De qué estás
hablando? No eres como Silvio y yo en absoluto.
El corazón de Seth se hundió. Por supuesto. Siempre estuvo afuera. —¿Qué quieres
decir? Estamos más o menos en la misma profesión. Solo en... eh... diferentes etapas de trabajo.
—No. No lo somos. —Domenico pasó las yemas de los dedos por la nuca de Seth y lo
acercó más. El olor de su cuerpo nunca dejaba de convertir a Seth en un gran montón de baba. —
Soy un verdugo. Soy la persona a la que llamarás para los trabajos sucios.
—Y... ¿no querrías compartir eso con alguien? —Seth susurró, calmado por los dedos y
atormentado por sus propios pensamientos al mismo tiempo.
Hubo un momento de silencio, pero Dom finalmente dejó escapar un suspiro. —La gente
como nosotros está obligada a estar sola. Será mejor que empieces a acostumbrarte.
Seth respiró hondo y asintió, con su cara sucia sobre una cama de cabello de Dom. Era la
verdad que no quería oír. Después de todo, ¿cuánto tiempo podría durar estar en una misión con
Dom? No podían arriesgarse a ponerse en contacto en Sicilia, Dom podría ser cancelado en otro
lugar. Como Don, todos los ojos estarían puestos en Seth, y las posibilidades de encontrar a
alguien con quien pudiera estar serían nulas.
Sin embargo, cuando yacía allí con Dom, agotado y relajado, no podía evitar sentirse
menos solo que nunca. —Lo sé. Volver a los encuentros aleatorios en cuartos oscuros. Si tengo
suerte.
Domenico se quedó en silencio por un momento más largo, pero luego, palmeó el
hombro de Seth. —Tenemos que irnos.
Capítulo 14

El cielo se estaba poniendo gris con una manada de nubes que se cernía sobre la ciudad
en una amenaza de aguacero. Compartieron un sándwich de la panadería local mientras Dom le
explicaba el plan a Seth, bebiendo café solo en un vaso de cartón. Se había puesto lo
suficientemente frío como para usar chaquetas. A Seth no le sorprendió que Domenico se viera
deslumbrante incluso vestido de manera informal. El plan parecía fácil, estaba con alguien con
experiencia en lo que estaban a punto de hacer, pero cuanto más se acercaban al regreso de
Salieri, más inestable se volvía Seth. Domenico, por otro lado, estaba apoyado en el Volkswagen
Beetle como si estuviera descansando después de un duro día de trabajo.
Seth apretó las manos sobre el volante, respirando hondo, pero lo único que realmente lo
relajó fue ver cuán tranquilo estaba Domenico. Cuando Seth lo vio así, toda preocupación
desapareció. Alguien tenía todo bajo control. Incluso el taconeo de los tacones altos de Salieri en
el pavimento ya no podía ponerlo nervioso.
Allí estaba ella, caminando lentamente con un abrigo colorido, una bolsa que lucía
costosa abierta mientras hurgaba en ella, buscando algo. Silvio también estaba allí. Con un par de
jeans desgastados, tenis y una sudadera con capucha, y con una mochila colgando de su hombro,
podría confundirse fácilmente con un estudiante de secundaria que regresa a toda prisa a casa.
Mantuvo la distancia suficiente con Salieri para que ella no se diera cuenta de que algo andaba
mal en su situación.
Seth se movió cuando la luz de la calle sobre el auto se encendió repentinamente y, en el
espejo lateral, vio a Domenico caminando hacia la oscuridad de la puerta de entrada al edificio
en el que vivía Salieri. Estaba completamente silencioso. Había pensado que sería como estar en
una película: emocionante, el sabor de la venganza en su lengua, pero todo lo que podía sentir en
la oscuridad era miedo. Cada sonido y vista era visceral y tan real como los vellos de sus brazos.
Un perro ladrando en el parque cercano, una luz encendiéndose en una de las ventanas, y el
interminable repiqueteo de los tacones, como un caballo en estampida a punto de caer por el
precipicio.
Salieri siguió mirando al cielo, marchando tan rápido como podía con sus tacones altos.
Su abrigo flotaba con el suave viento cuando dio la vuelta al edificio y desapareció de la vista.
Seth podía imaginar los brazos de Dom sosteniéndola en su lugar mientras la inyección sedante
hacía su trabajo. Una parte de él no podía evitar sentir lástima por ella, pero claro, si juegas con
fuego, te quemas. Escuchó a través de la ventana entreabierta, listo para actuar si algo salía mal,
pero no estaba seguro de qué haría exactamente.
Su boca se abrió cuando dos siluetas salieron, una alta y masculina, la otra pequeña,
tropezando como si estuviera borracha. Le tomó dos segundos completos darse cuenta de que
Salieri no se tambaleaba. Domenico estaba arrastrando su cuerpo inerte de una manera que
sugería que solo la estaba ayudando a subir al auto. Silvio pasó junto a ellos, sin molestarse, pero
Seth no se perdió el pequeño asentimiento de reconocimiento que le dio a Dom antes de irse sin
decir una palabra. Tan sexy como era su culo, Seth sabía que había cosas más importantes que
hacer.
Salió del auto, tratando de no moverse demasiado rápido, y abrió la puerta del asiento
trasero para Domenico. Su sangre latía tan rápido que apenas podía escuchar a través del latido
en sus oídos. Cada detalle a su alrededor lo estaba poniendo nervioso. Un coche circulando en la
distancia. Alguien rompiendo una botella y maldiciendo en voz alta.
—Gracias —dijo Domenico como si estuviera arrastrando una caja de vino, no una mujer
inconsciente. La empujó adentro y pasó algún tiempo arreglando su cuerpo en el asiento trasero.
Con el cinturón de seguridad puesto, una almohada de viaje en la nuca y su bolso al costado,
Salieri parecía convincentemente dormida. Seth sacudió la cabeza con asombro, pero no perdió
el tiempo y volvió a sentarse detrás del volante.
—¿Todo salió bien? —dijo con voz áspera y encendió el motor. Se sintió surrealista.
Domenico hizo que todo el calvario pareciera pan comido. Secuestrar a Vera Salieri fue para él
como preparar un espresso para un barista. Requería habilidad y experiencia, pero era simple
cuando sabías qué hacer.
—Como se esperaba. Ella es solo una herramienta, no una profesional —Domenico se
deslizó en el asiento del pasajero y encendió un cigarrillo de inmediato.
—Dame uno. —Seth se aseguró de conducir como un anciano, sin infringir ninguna
regla. Al menos su nuevo piso no estaba tan lejos. —¿Vamos a retenerla?
Domenico se puso un segundo cigarrillo en la boca y lo encendió, echándoselo entre los
labios de Seth tan pronto como terminó. —A menos que tengamos órdenes diferentes.
Seth tomó una gran bocanada de humo, pero no lo calmó. —¿Qué pasa si recibimos...
malas órdenes?
Dom se recostó en el asiento. —¿Qué quieres decir con 'malo'?
—Quiero decir… el tipo de órdenes que tú, —yo— no querrías seguir…
Domenico se rió entre dientes, clavándose los dientes en el labio inferior. —Órdenes son
órdenes. Hago lo que me dicen que haga.
—¿Y si es algo horrible? —Seth susurró, mirando la cara de Salieri en el espejo
retrovisor y respirando aún más humo.
—No la violaría, pero, de nuevo, nadie me pediría que hiciera eso.
Seth apretó los dientes en la colilla, molesto porque sus manos temblaban sobre el
volante. Joder, Seth, cálmate. —S-sí —pronunció débilmente.
—¿Por qué estás tan preocupado? Ella te delató. —Domenico abrió la ventana y sacudió
la ceniza del exterior.
—No sé. Ojalá todo esto pudiera desaparecer —No se atrevería a mirar a Dom.
No hablaron hasta que Seth estacionó el auto junto a la entrada de su edificio de
apartamentos. Estaba bien cuidado, pero era cuadrado y gris, probablemente construido cuando
esta parte de la ciudad era todavía un distrito de Berlín Oriental. Domenico no esperó y salió del
auto, apresurándose a meter a Salieri adentro. No podían arriesgarse a que nadie la notara.
Domenico se había asegurado de que no hubiera cámaras de vigilancia antes de alquilar el lugar.
Seth se aseguró de estacionar de la mejor manera posible. Le pareció irónico que fuera un
conductor tan respetuoso de la ley como un criminal y tan imprudente cuando intentaba vivir una
vida normal. Siguió a Dom, que ya estaba llevando a Salieri arriba, y el recuerdo de haber sido
secuestrado latía en el lugar donde solía tener un dedo. Ya no había nada divertido en estar en
Berlín.
—Seth, abre la puerta —pidió Domenico en voz baja, pero su voz aún resonaba por toda
la fea escalera.
Seth se apresuró a pasar junto a él y abrió la puerta de su apartamento, que de repente no
parecía tan acogedor. Las bromas terminaron tan pronto como Domenico entró, arrastró a Salieri
a la celda y la dejó caer como un saco de papas. Congelado en su lugar, Seth vio cómo la
sujetaban a la misma silla en la que Domenico lo había follado hace unas horas.
Seth se paró en medio de la sala de estar y miró a través de la puerta abierta, incapaz de
encontrar un lugar para sí mismo. Cada mueble tenía bordes afilados, ni un solo rincón oscuro o
un cojín acogedor. Seth sabía que Salieri se merecía lo que le esperaba, que ella era la causa de
su miseria, pero no podía dejar de sentir lástima por ella. Parecía que las lecciones de su casero
valieron la pena porque Dom la sujetó a la silla en poco tiempo. Aunque Seth sospechaba que
Dom no necesitaba consejos en esa área.
Dom regresó tan pronto como cerró la celda, feliz como siempre. —Tenemos que
celebrar. ¿Qué tal si pedimos algo para la cena? —Dom propuso, quitándose la chaqueta de
mezclilla.
—No creo que tenga hambre, pero adelante —El estómago de Seth estaba apretado como
una bola desde el momento en que estacionaron frente a la casa de Salieri.
Domenico parpadeó pero no dijo nada y se fue a la otra habitación. Seth se dejó caer en el
sofá, completamente exhausto. El lugar era mucho mejor que su sucio estudio en el ático sin
ducha, pero no podía calmarse, imaginando a su prisionera gritando en la celda. Nadie la oiría a
través de las paredes aisladas. Se quitó la chaqueta de cuero y se pasó los dedos por el pelo.
El gruñido que escuchó desde la puerta fue suficiente para anudarle las entrañas.
—Mi pizzería favorita no entrega aquí. —Domenico fruncía el ceño como un niño
desagradable.
Seth respiró hondo. ¿Él pensó que Salieri estaba jugando con fuego? Él era el que estaba
durmiendo con Domenico Acerbi, sentado junto a la chimenea, donde se estaba agradable y
cálido, pero pronto se quemaría. Tenía que suceder. —¡Ordena de otra entonces! Dios.
Domenico suspiró, pero caminó por la sala de estar, estirando su cuerpo lo suficiente
como para que la parte de atrás de su camisa se levantara. —Quizás más tarde. Necesito
descansar.
—¿Debería hacer guardia primero? —Seth miró hacia la sólida puerta de la celda.
Dom se dejó caer en la silla, frunciéndole el ceño. —¿Por qué? No es como si pudiera
empujar la puerta para abrirla.
—Uhm… No sé… ¿Estás seguro de que es seguro no vigilar? —Seth miró hacia la mesa
de café de cristal, que estaba tan limpia que parecía estéril.
—Relájate. —Domenico estiró la parte superior de su cuerpo y se deslizó más abajo en la
silla. —Esa puerta no se puede abrir sin la llave o un profesional que tenga el equipo para cortar
acero.
Seth asintió, jugando con el sello en su dedo anular y no pudo evitar notar el extraño
vacío a su lado. ¿Y si mañana reciben una orden para cortarle el dedo? ¿Qué se suponía que
debía hacer? Aprender a disparar era una cosa, pero ¿esto?
—¿Qué pasa? —vino de la penumbra. Realmente necesitaban encender la luz porque
estaba asustado.
—E-estoy bien, supongo —Se encogió de hombros y se levantó del sofá. Nada estaba
bien. Estaba completamente fuera de su control.
—¿Tienes hambre después de todo?
—Nah, iré a darme una ducha. No me canso de poder lavarme correctamente —Seth se
frotó la frente y se fue al dormitorio. Un tiempo a solas le vendría bien, porque sus manos
volvían a temblar.
Todo era tan fresco en esta casa. El dormitorio tenía una alfombra suave y una gran cama
tamaño king con sábanas limpias. Seth dejó allí su ropa antes de pasar al espacioso baño,
decorado en colores arena. Sin embargo, ninguno de los lujos lo ayudó a refrescarse. Necesitaba
pensar bien las cosas. Seth siempre se consideró un tipo duro, pero era ridículo cuando se
comparaba con Domenico. El tipo era una máquina. ¿Cómo se suponía que Seth sería el futuro
Don, cuando no podía manejar algo tan simple como un secuestro?
Abrió el agua y se apoyó contra la pared cuando un suave crujido hizo que su cuerpo se
convirtiera en hielo. Pero solo era Domenico, desnudo, con el pelo suelto. No se veía tan
aterrador de esta manera.
—¿Qué pasa? —Seth preguntó, tratando de sonar casual.
Dom se encogió de hombros y se acercó a la cabina de ducha alargada y rectangular sin
puerta. —Pareces inquieto.
—Solo estoy... no sé —Seth se frotó los costados de la cabeza, observando a Domenico
entrar al espacio y caminar hacia él.
—Creo que necesitas a alguien que te consuele —dijo, entrando en el chorro de agua, que
inmediatamente aplastó su cabello.
—Supongo que estoy un poco nervioso. —Seth suspiró. Cientos de gotas aparecían en la
cara de Domenico, solo para gotear hacia el sur mientras empujaba suavemente a Seth contra la
pared para besarlo lentamente. Incluso ahora, su boca sabía a tabaco. Y allí estaba Seth, de vuelta
en el ojo del ciclón. Se fundió en el beso, cerró los ojos y se sintió tan seguro como en ningún
otro lugar. Envolvió sus brazos alrededor del cuello de Dom y por una vez, la cercanía no se
trataba de sexo. El cálido cuerpo en sus brazos era sólido como una roca, pero de alguna manera
suave y terso. Manos suaves subieron y bajaron por su espalda, aflojando todos los calambres.
—¿Qué pasa? —susurró Domenico contra la piel del hombro de Seth, temblando ante el
placer de las cálidas gotas recorriendo su cuerpo.
—Simplemente no sé si esto va en la dirección correcta —respondió Seth en voz baja,
abrazando a Dom con fuerza. —¿Qué pasa si alguien descubre que ella está aquí? ¿O si ella no
habla? No sé qué pasará…
—¿Tienes miedo?
La pregunta era tan contundente pero no sonaba como una burla. —N-no… N-No es eso.
—Parcialmente lo era.
—¿Entonces qué es? —Domenico se inclinó hacia atrás para mirarlo a la cara, colocando
ambas manos sobre los hombros de Seth. Seguía entrecerrando los ojos para protegerse los ojos
del agua, pero eso no lo hacía parecer menos serio.
Seth se frotó el agua de la cara. —Estoy perdido en todo esto. No tengo control.
Las manos de Domenico se deslizaron por el pecho de Seth, por un momento dirigiendo
su atención al contraste en el color de su piel. La tez oliva clara y fresca de Dom contrasta con el
tono ligeramente más oscuro y cálido de Seth. De alguna manera, pensar en esos detalles lo hizo
sentir aún más cerca del hombre frente a él. Deslizó sus manos hacia las que estaban sobre su
pecho y finalmente miró a los ojos de Dom. El silencio se prolongó pero nunca se volvió
incómodo mientras se miraban en el vapor. Cuando Domenico finalmente rompió el silencio, fue
un shock para los sentidos de Seth, de alguna manera demasiado fuerte, demasiado nítido en el
borrón de su interacción empañada.
—Estará todo bien.
Todo lo que Seth logró fue un susurro. —¿Lo prometes?
—Sí. —Domenico comenzó a deslizarse hacia abajo, pero se aferró a las manos de Seth,
instándolo a hacer lo mismo. Seth lo siguió sin dudar. Esta era exactamente la seguridad que
necesitaba, incluso si solo era una mentira.
—Todo depende de mí. Todavía estás entrenando, ¿recuerdas? —Domenico se recostó
contra la pared, sentado en el agua poco profunda. Seth asintió e hizo que Dom separara sus
piernas, para poder sentarse más cerca y abrazar su cuello nuevamente. Incluso envolvió sus
piernas alrededor de las caderas de Dom, con la esperanza de poder esconderse completamente
en el abrazo. Deseaba que el entrenamiento nunca terminara para no tener que recuperar el
control de su vida.

Domenico observó a Seth comer. A Seth le estaba tomando bastante tiempo porque
seguía hablando. Sobre la nueva película que pensaba que necesitaban ver, sobre el libro que le
compró Domenico, sobre el enchufe roto que sabía cómo reparar porque, como dijo, tomó una
clase de bricolaje en la universidad. El sol brillaba a través de sus vasos de jugo, arrojando una
luz brillante sobre la mesa como en un jodido anuncio de cereales, y la vida se volvió perfecta
tan pronto como Domenico mordió el muffin de chocolate que había comprado en la panadería
junto con panecillos recién hechos para el desayuno.
Era raro.
De alguna manera, estar con este cobarde estaba haciendo que el pecho de Domenico se
sintiera más ligero, pero la situación lo estaba preocupando cada vez más. Seth no estaba hecho
para esto. Demasiado blando para tomar decisiones difíciles, demasiado asustado para luchar
realmente por su vida, y pierde fácilmente los estribos por cosas tontas. Debería haberlo dejado
donde estaba, entre civiles. No podrías enseñarle a un gatito a ser un lobo.
También tenía la memoria de un pez dorado. Ayer, Seth estaba tan angustiado que no
podía soportar pedir una pizza, sin embargo, ahora, parloteaba como si Salieri no estuviera
encerrada en la celda de al lado. Fue tan convincente que Dom casi se olvidó del secuestro. Casi.
—Tenemos que hablar con ella.
Seth se detuvo a la mitad de la oración y parpadeó hacia Dom, con su tenedor enterrado
en un panqueque. Parecía un pollo que sabía que estaba a punto de ser desplumado.
Domenico masticó un gran trozo de panecillo y se encogió de hombros, agarrando su
tenedor y pinchando la mano de Seth con él.
—No. —Seth frunció el ceño sorprendido. —Aunque me gustan los cubiertos. Todo es
muy bonito en este apartamento. Algunas de las ollas parecen nuevas.
Cambiando de tema otra vez. Domenico se pellizcó la base de la nariz con un suspiro. —
Quiero que mires lo que hago, pero no puedes ser un maldito oso cariñoso allí.
—Ey. ¿Qué demonios? No soy un oso cariñoso. Incluso podría hacerlo yo mismo —fue
una declaración descabellada cuando Seth apuñaló el panqueque frente a él nuevamente.
—Está bien, pero tienes que cambiarte —dijo Domenico, mirando la camiseta de Seth,
gris, con una caricatura blanca de un rinoceronte y una burbuja de diálogo que decía: “Soy un
unicornio gordo”. Como en un intento de verse bien, la camiseta era claramente demasiado
pequeña para Seth, aunque no era por la grasa, sino por los músculos. Domenico se mordió el
labio. —A algo más intimidante.
Seth abrió los labios y bajó la mirada hacia su camiseta, pero debió haberlo entendido
porque de hecho se calló por una vez, ya con esa cara malhumorada y melancólica. Dom no tenía
idea de cómo se suponía que Seth debía lidiar con la política familiar, si su rostro era como una
ventana a su cerebro.
—Oye, muéstrame que no eres alguien con quien meterse. Eso es algo que debemos
practicar.
Seth entrecerró los ojos y apartó su plato. —Crees que porque tonteamos te doy libertad
de acción.
—¿'Tonteamos'? —Domenico le frunció el ceño. —La última vez que 'tonteé' fue en la
escuela primaria.
—Está bien, está bien, 'follamos'. Te dejo hacerlo porque quiero, no porque sea un oso
cariñoso.
Domenico se recostó en la silla, terminando su jugo. —¿De dónde vino eso? Quiero que
la asustes, y ese atuendo no servirá.
—Eso lo entiendo, seguro —Seth también se echó hacia atrás, como si fuera un concurso
de quién se veía más relajado, y Seth ciertamente lo hizo cuando se quitó la camiseta. Cruzó sus
brazos fornidos y Dom estaba seguro de que estaba presumiendo a propósito.
Domenico ladeó la cabeza y se inclinó hacia delante. —Eso podría funcionar.
—¿Ah sí? ¿Soy intimidante así? —Seth abrió los brazos a los lados y levantó las cejas.
—¿Para una mujer? Definitivamente, especialmente después de ser capturada y pasar una
noche con accesorios BDSM —Domenico se permitió una media sonrisa.
—¿Por qué no me vería intimidante para un chico? Soy alto y esas cosas.
—Solo estoy hablando de que estás medio desnudo —Domenico se levantó y caminó
hacia Seth, para desordenar su cabello perfectamente arreglado.
—¿Entonces qué debo hacer? ¿Decirle que la ataré a esa cruz? ¿Funcionaría eso? —Seth
parecía tratar la tarea en cuestión como un videojuego, donde podía obtener puntos por decir la
línea correcta.
—Puedes empezar diciendo que la vas a azotar si no coopera.
Seth le dio a la puerta de la celda una mirada pensativa. —¿Y si a ella le gusta eso?
—De verdad... —Domenico negó con la cabeza y se pasó las manos por la cara. Era un
caso perdido cuando su aprendiz no entendía la diferencia entre un azote consentido y no
consentido, y lo que implicaba. —Bien, yo empezaré y tú me verás trabajar, ¿de acuerdo?
—Está bien… Pero… —Seth se levantó lentamente, luciendo como un pedazo de carne
confundida. —¿Qué pasa si ella me dice algo?
—Solo dile que se calle. —Domenico se arremangó y encendió un cigarrillo, caminando
lentamente hacia la celda.
Podía oír a Seth seguirlo. —¿Puedo tener uno también?
Dom miró sus hombros tensos e innecesariamente rígidos, pero le dio el paquete antes de
abrir la celda.
Vera los miró con ojos enrojecidos pero atentos. Ella no dijo nada, solo los observó en
completo silencio. Seth se paró en la esquina y encendió un cigarrillo.
Con la puerta cerrada, podían estar seguros de que nadie escucharía nada.
—Es bueno tener una mujer en nuestro departamento solo para hombres, ¿no es así, Seth?
—preguntó Domenico. Se detuvo cerca de ella y se metió las manos en los bolsillos delanteros.
—Sí —murmuró Seth desde su rincón, fumando perezosamente, pero el ligero temblor en
sus dedos no era una buena señal. Sin embargo, dudaba que Salieri se diera cuenta. Ella era solo
una mujer codiciosa.
Domenico se encogió de hombros y miró sus grandes ojos oscuros. —Entonces, cariño,
¿sabes por qué te invitamos?
Tragó saliva, inhalando profundamente. —Yo… Debes haberme confundido con
alguien…
—No, estoy seguro de que no lo he hecho —Domenico le dedicó una sonrisa y negó con
la cabeza. —Has sido una chica muy traviesa, Vera.
Miró alrededor de la habitación con nerviosismo, pero se congeló cuando su mirada se
posó detrás de Dom. Ella debe haber reconocido finalmente a Seth. —Solo recibí algunas tareas
simples por correo electrónico.
—¿Así que no eres la culpable? —preguntó Domenico, moviéndose lentamente detrás de
ella. Él sonrió cuando sus dientes comenzaron a castañetear.
Seth los miraba a ambos, pegado a la pared y ya con la mitad del cigarrillo.
—No, ni siquiera sé lo que pasó, no sé nada —su voz se hizo más aguda.
—Te diré algo. —Domenico tiró su cigarrillo al suelo, mirando la parte superior de su
cabeza, donde su cabello se estaba volviendo grasiento lentamente por el estrés. —Dinos quién
tiene la culpa, y te dejaremos ir con un tirón de orejas.
—No conozco a mi contacto. Puedo darte su correo electrónico. —Sus dedos temblaron.
Seth comenzó a perder la concentración y miró a su alrededor en lugar de prestar
atención.
—Muéstrale a esa perra tu mano izquierda —dijo Domenico, ansioso por traerlo de
regreso al aquí y ahora.
Seth se acercó lentamente y levantó la mano frente a su rostro. —Y cortaremos el tuyo si
no nos hablas —dijo con voz áspera con los ojos completamente centrados en su rostro.
Lo peor era que en ese momento Dom no podía realmente predecir lo que haría Seth,
incluso si esa amenaza improvisada lo enorgullecía.
—Y luego todos los demás —susurró Dom, ahuecando la parte superior de su cabeza y
sintiéndola temblar. —Y luego tus oídos y tu nariz.
Salieri se tensó, pero Seth dio un paso atrás, el pollo en él extendiendo sus alas a pesar
del exterior fornido.
—¡Nunca quise que esto sucediera! Me chantajearon —Ella levantó la voz, sacudiéndose
en la silla. Allí estaba ella. Entrando en pánico y cambiando su historia.
—Alguien tiene que morir por lo que pasó —Domenico la miró de nuevo, apretando
lentamente sus manos sobre sus rodillas.
—Si me dejas ir, puedo averiguarlo por ti, indagaría —balbuceó, mirándolo con los ojos
muy abiertos.
Domenico negó con la cabeza. —No cariño. Es esa persona o tú. —Él le dio unas
palmaditas en la mejilla y retrocedió. —Te dejaré pensar en ello.
Tragó saliva y se encorvó en la silla, con una lágrima rodando por su mejilla.
Domenico resopló. —Espero que hayas disfrutado de tus Louboutins —Y con eso, se
volvió hacia la puerta. Sin embargo, Seth estuvo allí primero, antes de que pudieran hacer
contacto visual. Domenico quería golpearse la cabeza contra la pared, pero primero tenía que
cerrar la celda.
—Lo hiciste bien. —O mejor dicho, mejor de lo esperado.
—¡No hice una mierda! Fue una mierda. —Seth deambuló por la sala de estar y
rápidamente se volvió a poner la camiseta.
—La asustaste. No estuvo mal para ser la primera vez. —Domenico lo siguió y se dejó
caer en el sofá. —No sé tú, pero puedo contarte sobre mis primeras veces, y todas fueron un
desastre.
—No me gustó... como me comporté allí —Seth respiraba con dificultad y caminaba por
algún lugar del corredor.
Dom se rascó la cabeza, perdido. —¿Qué quieres decir?
—No sé, ¿a ti te gustó? Tú... me asustaste. —Eso último fue apenas audible.
Domenico miró hacia la puerta. Sabía que debería llamar a Seth para que se uniera a él,
pero se levantó de todos modos. —¿Por qué te asusté? Yo no te estaba haciendo nada.
—No sé. Eras jodidamente intimidante. Y me secuestraron hace un mes, y no quiero oír
hablar de cortar dedos, narices y mierda. —Seth estaba hablando rápido y era difícil no notar su
pesada respiración resonando por el pasillo. Cuando Dom lo vio, fue doloroso verlo. Seth estaba
agazapado en el pasillo, de espaldas a la puerta, con los brazos abrazados a las rodillas.
—Gracias. —Domenico sonrió, aunque sabía que no era un cumplido. Lentamente, se
acercó a Seth. —Sabes que estoy aquí para protegerte, no para cortarte nada.
—Pero tú lo harías, ¿no? ¡Te gusta esta mierda! —Seth se levantó y se deslizó hacia la
otra esquina del pasillo, escondiéndose cerca del baño. Un gran montículo de carne
escondiéndose de su propio miedo.
—No.
—Sí, claro. Estabas en tu elemento —Los ojos oscuros de Seth observaban cada
movimiento de Dom. —Te encantó.
Domenico frunció el ceño. —Soy neutral. Hago lo que tengo que hacer.
Seth se rió a carcajadas, pero no prometía nada bueno. —¿Por qué se supone que debo
hacerlo yo entonces? ¿Por qué no me quitas el jodido trabajo? Podrías hacerlo. ¿Qué te importa?
El cuerpo de Domenico se tensó, sus dedos se extendieron, listo para atacar antes de que
siquiera pensara en ello. Tuvo que respirar profundamente para sofocar el impulso de mostrarle a
Seth cuánto lo había querido desde que se dio cuenta de quién era su padre. —Ambos sabemos
que eso no sucederá.
—Aún podrías hacerlo. Nadie podría detenerte —murmuró Seth, estremeciéndose más
lejos a lo largo del pasillo. ¿Eran las palabras una prueba de la paciencia de Dom o en verdad
quería morir? Estaba a punto de averiguarlo.
Domenico se movió hacia Seth sin decir una palabra, solo para ver sus ojos agrandarse.
Seth retrocedió con tanta prisa que casi tropezó con la alfombra. No quería morir entonces.
Domenico ni siquiera se inmutó y empujó el cuerpo más grande contra la pared, clavando
sus dedos en las mejillas de Seth. La barba aún era tangible debajo de la piel, incluso poco
después de haberse afeitado. —No quiero, aunque creo que mi madre lo aprobaría.
La nuez de Adán de Seth se balanceaba en la mano de Dom, sus ojos oscuros nunca
dejaban el rostro de Dom. —¿Ella querría que subieras así?
Domenico tragó, moviendo su pulgar sobre el borde horizontal de la nuez de Adán. Sería
demasiado fácil matar a Seth ahora. —Creo que ella estaría indecisa al respecto —Exhaló,
mirando a los ojos muy abiertos de Seth. —En ese entonces, te ataqué porque pensé que eso era
lo que ella quería.
—¿Y no era así? ¿Fue por eso que nunca lo intentaste de nuevo? —Lentamente puso sus
manos sobre el pecho de Dom.
Domenico se inclinó hacia el toque, masajeando la garganta de Seth. Disfrutaba de lo
grueso y masculino que era, pero de todos modos sería fácil ahogarlo. —Tu padre me mataría si
lo hubiera hecho. Esas semanas solitarias en cautiverio fueron el período más agotador de mi
vida —susurró, sintiendo un escalofrío recorrer su espalda.
Piso frío con nada más que una manta pobre para dormir, raciones de comida que lo
dejaron delgado y huesudo, el dolor de repetidos golpes y una herida de bala que no cicatrizaba
bien. No se atrevería a intentarlo. Luigi era su única salvación en ese entonces, él fue quien
sugirió que podía entrenar a Dom desde una edad temprana. Ese Dom se mostraba prometedor.
Lo llevó al viñedo y le dio una barra de Snickers. Era lo más delicioso que Domenico había
comido nunca, y nunca olvidaría la dulzura que podía derretir tus dientes, y lo bien que se sentía
en su boca.
Pero en lugar de huir como antes, Seth envolvió lentamente sus brazos alrededor del
cuello de Dom, atrayéndolo en un abrazo en lugar de alejar a Dom como esperaba. —Lo
lamento.
Domenico cerró los ojos, su cuerpo se aflojó contra el de Seth. —Ya no importa. Me
alegro de no haber tenido éxito en realidad. Eres un gran polvo.
Seth resopló y le dio un suave cabezazo desde un costado. —Estúpido. ¿Es esa mi única
razón para vivir? Será mejor que me asegure de complacerte entonces. La peor tormenta tenía
que haber pasado, porque Dom podía sentir que los músculos de Seth también se relajaban.
—Puedes comenzar haciendo algo grandioso para el almuerzo —Domenico se puso de
puntillas y le dio a Seth un ligero beso.
—Solo si me prometes algo —Seth lo abrazó más fuerte y suspiró.
—¿Sí? —Domenico se echó hacia atrás y tiró de él hacia la sala de estar.
Seth lo siguió, mirándose los pies. Redujo la velocidad, anclando a Dom en el lugar más
oscuro. —Si alguna vez tienes que matarme, hazlo rápido.
Domenico se detuvo a mitad de camino y miró hacia atrás, todos los pensamientos
abandonaron su cabeza. —¿De dónde viene eso?
—Yo solo… —Seth se rascó la nuca. —No quiero dolor…
—No te mataré. Tu padre me pidió que te cuidara.
—Esto es solo... ya sabes, si algo cambia —susurró Seth, manteniendo su mirada en
algún lugar de la pared, su cuerpo temblando ligeramente.
Domenico suspiró, mirándolo de nuevo. Entendió de dónde venían los miedos de Seth, y
con las últimas decisiones del Don siendo tan inexplicables, cualquier cosa podía pasar. Como
siempre, seguiría la orden, pero lo haría sin ninguna satisfacción. —Lo prometo.
Seth no sonrió, pero se inclinó para darle un beso que pronto se convirtió en muchos más.
Esa era la manera de consolar al futuro condenado Don.
Capítulo 15

Domenico salió de la celda, decepcionado por los constantes lamentos. Solo podía
trabajar correctamente sin Seth cerca, por lo que el entrenamiento no había progresado en los
últimos dos días. Claro, lucharon un poco, pero luego vieron la televisión como si no tuvieran
una prisionera en la otra habitación. Lentamente, caminó de regreso a la cocina, siguiendo el olor
cremoso de una salsa que Seth estaba preparando para la cena.
—Aún nada.
—Dale tiempo —dijo Seth como si estuviera hablando de cerdo asado a fuego lento.
—Estoy jodidamente perdiendo la paciencia aquí —Domenico sacó uno de los teléfonos
celulares que usaba para comunicarse con la sede de Villani. Había intentado muchas cosas, pero
no poder dejar ningún daño permanente hizo que todo fuera increíblemente difícil. Había tratado
de empujarla con alfileres, había puesto chiles picados en su ropa interior, la había ahogado, pero
se le impusieron límites, y lo frustró muchísimo cuando todavía se exigían resultados. —Y no
pude atender una llamada.
—Mm, ¿vas a devolverles la llamada? —Seth le sonrió y mojó un dedo en la salsa que
olía deliciosamente. Era tan fragante y fresco que el estómago de Domenico se derritió. Deslizó
sus brazos alrededor de la cintura de Seth, absorbiendo el olor natural de la piel caliente.
—Lo primero es lo primero.
Seth se dio la vuelta en el abrazo y lo besó. Su... lo que sea que compartieran, había
estado funcionando durante más de tres semanas, y Dom todavía estaba tan hambriento de Seth
como al principio. Ya ni siquiera era una lucha cuesta arriba, con Seth cediendo voluntariamente
a la lujuria de Dom. En cierto modo, era bueno que Salieri fuera tan terca, ya que significaba más
tiempo con Seth.
—Claro, comamos antes de que la comida se enfríe.
Domenico miró sus brillantes ojos marrones y dejó que sus dedos empujaran hacia arriba,
debajo de la camiseta ridículamente ajustada de Seth. Parecía que los compró un tamaño
demasiado pequeño, y seguían revelando carne desnuda, como una zanahoria para acercar a
Dom. —Eres el mejor cocinero hombre que conozco.
Seth se dio la vuelta y llenó sus platos con pasta y anchoas fritas. —Solo comencé a
aprender en los Estados Unidos. Mi… mi mamá me enviaba recetas. Nunca pensé que lo
disfrutaría tanto.
Domenico acurrucó su rostro en el brazo de Seth y cerró los ojos. Extrañaba a su madre.
La última vez que estuvo en Sicilia, no tuvo suficiente tiempo para visitar su casa. Pasaron
tiempo juntos en el velatorio antes del funeral, pero eso fue todo. —Hace mucho tiempo que no
veo a la mía.
Seth se quedó en silencio por un momento, preparando la salsa con destreza antes de
verterla sobre los espaguetis. —La verás pronto.
Domenico se apartó de él y se sentó junto a la mesa de madera. No veía la hora de
llevarse esa deliciosa salsa a la boca. Todo lo que Seth creaba en la cocina era material de
segunda mano. —Deberías visitarnos. Mi madre tiene algunas recetas geniales que podría
compartir contigo.
Seth puso un plato humeante frente a Dom y se sentó a su lado con su propia comida. —
¿Ella sabe que eres gay?
Domenico parpadeó, sorprendido por la sugerencia. —Por supuesto que no. —
Lentamente, miró a Seth, que estaba sentado lo suficientemente cerca para que se frotaran las
rodillas. La comida parecía aún más tentadora que antes. Seth puso trozos de limón recién
cortado a un lado del plato de Dom, para que él mismo pudiera exprimirlos sobre la pasta.
—¿Cómo explicarías mi visita entonces? —Seth levantó las cejas y puso un poco de
pasta en su tenedor.
Domenico se rió entre dientes, oliendo la deliciosa salsa. —Oh, haciendo arreglos para el
futuro.
—¿Así como de hacerse amigos con tu futuro Don? —Seth enarcó las cejas.
Domenico se echó hacia atrás, llenando su boca de pasta y pescado con un gemido bajo.
Sacó el pie desnudo de la zapatilla y acarició la pantorrilla de Seth con él. Si Seth era el Don de
algo, era el Don de la cocina. —Precisamente. Si finges no saber cocinar, ella te dará un curso
intensivo de técnicas de seducción italiana.
—¿Eh? ¿Qué quieres decir? —Seth se inclinó más cerca y correspondió el toque debajo
de la mesa. Pasaron la mayor parte de su tiempo en Berlín juntos, viviendo en la misma
habitación, durmiendo en la misma cama, comiendo juntos, haciendo los ejercicios de
entrenamiento, pero Dom no necesitaba la soledad. Era agradable estar cerca de alguien tan dócil
y despreocupado como Seth. Alguien con quien no tenía que cuidarse la espalda.
—'Cariño, tu comida se enfriará' —dijo Domenico con voz aguda y le sonrió.
Seth lo miró confundido y se llenó la boca de pasta. —Yo no haré eso —murmuró.
Domenico sonrió, deleitándose con la estructura espesa de la pasta casera, la suave salsa
de tomate, con un toque de chile y aceite de oliva. —Solo me estoy burlando de ti —Deslizó su
mano debajo de la mesa y apretó la rodilla de Seth.
—Bueno, no es gracioso, no soy una matrona —Seth le dio una mirada que
probablemente se suponía que era amenazante pero parecía simplemente molesto. Seth era más
una amenaza para sí mismo de lo que podría ser para Dom.
—Te ves bastante convincente con ese ceño fruncido —Domenico tragó, solo para
llenarse la boca de nuevo.
—Basta, o dejaré de cocinar —Ahora, esa era una amenaza adecuada.
—Me estás dando escalofríos. —Domenico no sonrió solo porque su boca estaba
demasiado ocupada masticando. Se sentía tan tranquilo comer comida casera con un chico
hermoso. Algo que rara vez tuvo la oportunidad de hacer. Lentamente miró hacia arriba.
Seth le sonrió y no había falsedad en la forma en que se arrugaron los lados de sus ojos.
Seth era una mierda mintiendo correctamente. —Bien, ten miedo —Les sirvió vino a ambos,
aunque sabía que Dom no bebía por regla general la mayor parte del tiempo. Seth probablemente
bebería del vaso de Dom una vez que terminara con el suyo.
Domenico frunció el ceño ante la salsa. No sabía a nada de lo que había probado hasta
ahora y la especia lo estaba calentando agradablemente por dentro, justo para una tarde de
octubre. —¿Qué añadiste? Me puso todo caliente.
Seth sonrió y empujó a Dom con el pie. —Un ingrediente secreto. Me gusta
experimentar.
Domenico se tragó el resto de la comida y se tomó su tiempo para masticarla antes de
responder. Seth se veía tan joven y vital. —Admítelo, quieres seducirme. Eso es lo que es. —
Lentamente, movió su mano sobre la mesa hacia Seth.
—¿Yo? ¿No soy yo el que está siendo corrompido aquí? ¿Conducido por el camino del
pecado?
Domenico rozó con las yemas de los dedos el dorso de la mano de Seth, tan cálida,
grande y venosa. Podía jugar con el vello de los antebrazos de Seth durante horas. —No finjas
ser inocente.
—Lo estoy intentando. Así puedo sorprenderte en el momento adecuado —Seth
enganchó su dedo anular en el dedo meñique de Dom.
Domenico apartó el plato, considerando ya los segundos. —Podrías seducirme en otro
lugar esta noche. ¿Qué tal un paseo?
La sonrisa de Seth se amplió. —Estoy listo para eso. No lo verás venir. Dejaré que me la
chupes debajo de un puente. —Sacó la lengua, pero fue suficiente para poner en marcha la
imaginación de Domenico. Solo ellos dos en la oscuridad, las poderosas manos de Seth en su
cabello, esa hermosa polla en su boca...
—Seguro.
Seth se recostó en la silla con su copa de vino, una expresión triunfal en su rostro. —
Estaré esperando ese paseo entonces.
Domenico se rió. —Solo déjame hacer esa llamada, y nos vamos —Se levantó y rodeó la
mesa, tirando de Seth.
Llegaron al cómodo sillón y Seth se sentó en su regazo, envolviendo sus brazos alrededor
de su cuello. Era bastante pesado, pero Domenico aceptó la carga con una sonrisa, e inclinó la
cabeza hacia atrás para que Seth jugara ahí con su boca, jugueteara con esa siempre presente
barba incipiente. Los dulces besos en su mejilla hicieron que Dom esperara con la llamada, pero
finalmente marcó el número, exponiendo su garganta aún más. Domenico disfrutaba de lo
cariñoso que era Seth, y la adoración constante lo hacía sentir a gusto. Era una pena que este
estado de las cosas nunca pudiera durar.
—Domenico por aquí —dijo tan pronto como escuchó que alguien atendía la llamada.
Dio un breve informe sobre cómo iban las cosas en Berlín y, mientras tanto, Seth nunca dejó de
besar en silencio bajo la mandíbula de Dom. Al final, Dom simplemente puso la llamada en
altavoz, para poder prestarle atención a Seth también. Podía escuchar fácilmente el informe sobre
las operaciones en los EE. UU. y acariciar la cadera de Seth al mismo tiempo. Si pudiera, nunca
se movería de entre los muslos de Seth. Seth acarició su nuca y lo miró a los ojos con una
sonrisa, pero Dom volvió a la realidad una fracción de segundo después cuando escuchó la voz
de Dino Villani.
—Jefe... Buenas noches —dijo de acuerdo con la hora local en Sicilia.
Los ojos de Seth se agrandaron y apartó la mano como si su padre pudiera verlos.
Domenico alzó los ojos hacia él y tragó saliva. Se sentía extraño hablar con el Don con su hijo en
su regazo.
—Necesito hablar con mi hijo. ¿Está él por aquí? —Dino sonaba tan alegre como
siempre. A Domenico no le gustó nada.
—Por supuesto. —Lentamente, miró a los ojos de Seth y asintió con la cabeza hacia el
teléfono, mientras pasaba los dedos por la mesa cerca del micrófono, para imitar el sonido que
hacía al pasar de mano en mano. Quería escuchar las instrucciones de Seth él mismo.
Seth tragó saliva y se inclinó más cerca del teléfono. —Hola, padre.
—¿Cómo estás, Seth? ¿Es Domenico respetuoso? ¿Te está enseñando mucho?
El hecho de que el Don comenzara la conversación con preguntas sobre él hizo que
Domenico se mordiera el labio y la tensión se acumulara en todo su cuerpo. Miró a Seth a los
ojos, manteniéndose calmado por fuera, mientras que por dentro era como una masa de hilos
estirados al límite de su capacidad.
Un rubor trepó por el cuello de Seth. —Sí, absolutamente. Él es… wow, es muy
profesional —pronunció al final.
—Solo recuerda, no fraternices demasiado con él. Está por debajo de ti, así que no le des
ideas equivocadas. ¿Recuerdas lo que pasó cuando ambos eran jóvenes? Los hombres solo son
dignos de confianza cuando conocen su lugar —dijo Dino y Domenico apretó los dientes,
fingiendo una sonrisa. Parecía haberse equivocado al suponer que había demostrado su lealtad
con tantos años de completa obediencia, sacrificios e inclinar la cabeza para lamer los zapatos
del Don.
Seth se frotó la frente, pasando un brazo alrededor del cuello de Dom, lo que alivió al
menos algunos de los calambres en el cuerpo de Domenico. —No lo haré. Lo tengo todo bajo
control.
—Tengo buenas noticias para ti, hijo.
—¿Ah sí? ¿Qué es? —Seth le sonrió a Dom y jugó con un mechón de su cabello. Parecía
tan descuidado aunque estuviera al borde de un deseo de muerte. Un día, podría ganar el Premio
Darwin*.
(*Un Premio Darwin es un premio irónico que toma su nombre del creador de la teoría de
la evolución Charles Darwin. Se basa en el supuesto de que la humanidad mejora genéticamente
cuando ciertas personas sufren accidentes, muertes o esterilizaciones por un error absurdo o un
descuido.)
—Tengo una novia para ti —dijo el Don con entusiasmo, pero la última palabra quedó
silenciada por el latido frenético en los oídos de Domenico. Sus mejillas hormiguearon, y su
cabeza se sintió extrañamente ligera cuando miró a Seth.
El agarre de Seth se hizo más fuerte en el cabello de Dom, y la sonrisa se fue de su rostro
como una máscara rota. —¿Eh?
—La hija de Bruni, Lucrecia. Ella es una pareja hecha en el cielo para ti —El entusiasmo
era directamente proporcional a la falta de entusiasmo de Seth.
—¿Quiero decir… qué? Estoy feliz de escuchar esto, pero ni siquiera la conozco… —Le
dio a Dom una rápida mirada.
—Eso no es un problema. Quiero que Domenico les compre boletos a ambos, y dentro de
dos semanas la conocerán en mi fiesta de cumpleaños. Ya estoy organizando la ceremonia para
ustedes dos.
—Pero... ¿y si no me gusta? —Seth miró a Dom, toda la sangre drenada de su rostro. Fue
doloroso de ver, así que Dom comenzó a acariciar suavemente el muslo de Seth. En ese
momento, Domenico estaba feliz de no ser el hijo del Don.
—Oh, estoy seguro de que se llevarán bien. Y si no funciona, seguro que puedes arreglar
algo para que los dos seáis felices. —El Don rió a sabiendas.
Seth tragó saliva y se inclinó hacia Dom. —Está bien, lo pensaré… —No tenía columna
vertebral y estaba buscando una en alguien que conoció hace solo unas semanas.
—Ya le pedí su mano en tu nombre. No es negociable. Ella es una buena elección.
—¿Qué dijo ella? Ella nunca me ha visto. —La voz de Seth tembló.
—Puedes preguntarle cuando la veas. En dos semanas —repitió el Don con severidad.
Domenico se dejó caer en la silla, la tristeza se acumulaba en su estómago. ¿Qué mierda
estaba pasando? Esto no puede ser normal.
Seth se mordió los labios y se concentró en el teléfono.
—Arréglate bien, hijo, entonces le gustarás. Mantente sano.
—Entonces nos vemos pronto, —dijo Seth sin mucha energía, y su padre apagó su
teléfono.
Seth le lanzó a Dom una mirada con los ojos muy abiertos y se levantó de su regazo
como si lo quemara.
El silencio se estaba extendiendo a mucho más que un momento y era cada vez más
difícil de romper. Domenico tragó, tronándose los nudillos. —Lo siento —fue todo lo que se le
ocurrió.
Seth comenzó a caminar en círculos, su respiración errática. —¡Dom! Esto no está bien.
¡Tengo que deshacer esto de alguna manera!
Domenico se mordió el labio y se inclinó hacia delante para apoyar los codos en los
muslos. Estaba mirando los pies descalzos de Seth sobre el suelo de madera. ¿No tenía frío? —Si
él ya pidió su mano, no veo cómo podrías convencerlo.
La mirada de Seth se centró en él. —¿Qué? ¿Cómo diablos puedes estar seguro de eso?
—espetó y levantó la voz de nuevo. —¡Esto no está bien! Ni siquiera soy bisexual, ¡soy un
marica total! Ni siquiera he tocado una teta.
Domenico tuvo que sonreír, aunque su diversión estaba teñida de tristeza. —Estrella de
oro gay, ¿eh? Igual que yo. —Se pasó las manos por la cara, sin saber qué hacer.
—¿Qué diablos se supone que debo hacer con ella? Ella es una extraña. —Se le cortó la
respiración de nuevo. —No soy un pedazo de carne para pasar.
—Creo que tu padre quiere formar una alianza con los Bruni —Domenico se encogió de
hombros, estremeciéndose ante la perspectiva de tener que follar con una mujer. Sería un
territorio muy desconocido. —¿Qué podrías hacer al respecto?
—No me importa su alianza —Las fosas nasales de Seth se ensancharon. —Lo detendré.
Domenico lo miró con los ojos muy abiertos. No podía entender lo que decía Seth. —
Seth, solo trátalo como tu deber. Dale un hijo y podrás seguir adelante. —Domenico comenzó a
mecerse hacia adelante y hacia atrás en la silla.
Seth se acercó a él en dos rápidos pasos y le dio una palmada en la frente. —¿Estás loco?
Mierda. Este no es mi deber. ¿Qué es esto? ¿La India del siglo XIX? Quiero vomitar con solo
pensarlo.
Domenico frunció el ceño. —Todo lo que digo es que eso aseguraría tu posición.
—Y te gustaría eso, ¿verdad? Que te importa. —Seth se abrazó a sí mismo y se alejó de
nuevo. —Sin estrés —ni siquiera se acercó.
Domenico observó sus hombros tensos con una sensación de hundimiento en el
estómago. —No tengo derecho a cuestionar las decisiones del Don.
—¿Ni siquiera dirás que es una idea jodida? —Seth siseó, gesticulando salvajemente. —
Gracias. Sabía que podía contar contigo. —Caminó detrás de la mesa y se bebió la copa de vino
de Dom de una sola vez.
Domenico suspiró, jugando con los dedos de su mano izquierda. Estaba más que indeciso
al respecto. —Como futuro Don, debes ser un hombre de familia. No hay manera de evitarlo.
—¿Qué soy yo? ¿Un semental de cría? ¡Tengo sentimientos, respeto por mí mismo,
dignidad personal!
Dom se estremeció cuando Seth arrojó el vaso vacío a la pared, rompiéndolo en pedazos.
—¿No quieres preservar el linaje en un hijo?
—¡Tengo veintiséis años! No quiero ¿Y dónde estás tú en todo esto, eh? —Seth dio un
paso en su dirección, encorvándose y extendiendo los brazos a los lados. —Porque no creo que
haya un lugar para ti en esta ecuación.
La sangre se escurrió del rostro de Domenico cuando miró hacia esos ojos ardientes. —
¿Yo?
—¡Sí, tú! Pensé que podríamos… —Seth se frotó la cara y le dio la espalda a Dom,
dejándolo confundido.
Domenico negó con la cabeza. —Tienes que obedecer mientras no estés a cargo.
—Claro, solo necesito aguantar ser el pelele de todos y ahora, un padre toro de cría de
primera que lo prostituyen con quien quiera.
Domenico se levantó de la silla y caminó hacia él. Necesitaba encontrar un suéter pronto
con la forma en que su cuerpo se estaba enfriando por segundos. —Tienes que entender, es un
negocio.
Seth se volvió hacia él y su expresión no era prometedora. Los labios apretados, las cejas
juntas. —Claro, lo entiendo.
Dom logró darle una sonrisa alentadora. Podía simpatizar con Seth, pero había cosas que
un hombre simplemente tenía que hacer.
—Sin embargo, no hay nada por lo que estar feliz, —gruñó Seth y se alejó. Sin decir
palabra, recogió los platos sucios y los llevó a la cocina.
—¿Vas a ser así para siempre? —resopló Domenico, siguiéndolo. —Te logras poner
duro, la follarás unas cuantas veces, y eso será todo.
Seth tiró los platos al fregadero. —No quiero hablar de ello. Y no quiero que hables así
de mi futura esposa. —Parecía tenso y enojado, como si chispas de electricidad estuvieran a
punto de saltar de su piel.
—Por supuesto, señor Villani —gruñó Domenico, poniendo los ojos en blanco. Odiaba
cuando el gemelo mimado y malcriado de Seth mostraba su fea cabeza.
Tan pronto como Dom llegó a él con el brazo extendido, Seth entrecerró los ojos y
empujó su pecho. —Estás demasiado cerca.
Domenico miró la mano extendida y dio un paso atrás, ignorando el calor retorcido en su
estómago. —Oh, así es como va a ser de ahora en adelante.
—Sí, eso es lo que va a ser —Seth abrió el agua con el ceño fruncido. —Soy el hijo del
Don, el futuro Don, y el padre del futuro-futuro Don, así que vete a la mierda.
La bola vacía de calor seco que se estaba formando en el pecho de Dom ahora amenazaba
con explotar, enviando una sensación de hormigueo a las extremidades de Dom, haciéndolas
tensas, ansiosas por golpear. —Lo que tú digas, Villani —dijo Domenico con voz áspera con la
mandíbula apretada con tanta fuerza que le dolían los dientes posteriores. Giró sobre sus talones
y corrió hacia el único lugar donde la poderosa energía podría resultar útil. Abrió la puerta de un
tirón.
Vera estaba sentada en la esquina, luciendo nada como hace tres días, su cabello
despeinado, los labios y la nariz ensangrentados, los ojos oscuros por todo el rímel que tenía
esparcido por las lágrimas. Sus pupilas se agrandaron al ver a Dom, pero no tenía adónde correr.
—Esta es tu oportunidad —dijo Domenico con voz áspera, cerrando la puerta detrás de
él. Ni siquiera quería bromear, arrinconarla antes de pasar al acto principal. Fue directo a su
garganta, tirando de ella hacia la pared. El temblor de su cuello no era ni cerca del alivio que
buscaba.
Ella comenzó a gorgotear y agarró sus muñecas, pero la puerta detrás de él se abrió con
un fuerte golpe.
—¿Qué? ¿Qué deseas? —gruñó Dom, sin mirar atrás. La ira subió por su brazo y arrojó a
Vera con fuerza hacia el otro rincón, siguiéndola con los dientes apretados. Quería que el olor de
la habitación cambiara a algo mucho más salado, más metálico.
—¡Por favor, no! ¡No puedo decirlo! —Ella ya estaba llorando y se escondió detrás de
sus brazos, acurrucándose en el suelo.
—¡Dom! No te va a decir nada si le das un puñetazo en los dientes —gritó Seth,
acercándose. Ahora entraba. Después de no tener cojones para acercarse a esta celda durante dos
días.
—¿No? —Domenico le gruñó a Seth, erizado como un perro salvaje. —¡Tal vez
deberíamos averiguarlo!
Salieri chilló y comenzó a llorar histéricamente. —¡No! ¡Por favor!
—¡Santo Dios! —Seth corrió hacia ellos y se paró entre Dom y la chica. —¿Estás loco?
A Domenico le costó mucho evitar moverse, pero apretó los puños y gruñó ante la
imagen borrosa de Seth: —Oh, ¿estás protegiendo a esta perra ahora? ¿Sabes lo que es eso? —Se
acercó a un Louboutin caído y lo tiró a la pared opuesta. —Esto es lo que valía tu vida para ella.
¡Ese puto zapato es tu vida!
Los ojos de Seth se agrandaron, llenándose de oscuridad, y se alejó un poco mientras
Salieri seguía gimiendo como una foca moribunda. Ella se merecía todo esto, y Seth lo sabía,
pero aun así quería defenderla. ¿Tenía la memoria de un maldito pez dorado?
—¿Qué te pasa, Villani? ¿Los chinos también te cortaron las bolas? —Domenico se
movía de un lado a otro entre las paredes laterales de la celda, mirando a Seth y Salieri, que se
acurrucaba detrás de él. El hijo de puta se atrevió a tratar a Domenico como si no le importara,
pero a esa perra, ¿la quería proteger?
—Vete a la mierda —fue todo lo que Dom obtuvo de Seth antes de irse.
Domenico apretó los dientes, respirando con dificultad cuando su mirada se volvió hacia
Salieri nuevamente. Su visión se volvió roja de ira.
Capítulo 16

Seth pasó las horas restantes del día lejos de Dom, la mayor parte metido en una chaqueta
y fumando en el balcón. Seth no podía decir que este fuera el peor día de su vida. Después de
todo, no podía competir con ser secuestrado, pero aun así fue un punto bastante bajo en su vida.
Aunque no lo dejaría así. Incluso desde su lugar en el balcón, Seth podía escuchar a Dom
afilando un cuchillo. Cuando Seth pasó junto a él hace una hora, Dom estaba limpiando sus
armas. No asustó a Seth. Sabía que no era una amenaza. Después del tiempo que pasaron juntos,
se dio cuenta de que para Dom era una técnica de relajación.
Sin embargo, ninguna cantidad de relajación ayudaría a Dom en la mañana, una vez que
se enterara de que Seth había desaparecido. Seth no había dicho una palabra a Domenico y se fue
a la cama con las manos sudorosas. Necesitaba esperar a que Dom se durmiera. Fue una pena
que no pudieran compartir un adiós. Había algo electrizante en el bastardo, pero estaba harto de
este circo. No había nada para Seth en Italia.
Seth estaba acurrucado en su lado de la cama, metido en el edredón tamaño king cuando
la forma familiar de hombros anchos apareció en la puerta. Ninguno de los dos dijo nada, pero
Seth discretamente se bajó un poco la camiseta que llevaba puesta.
Se estremeció cuando Dom habló, controlado y tranquilo como siempre. Como si no
tuviera motivos para preocuparse. —Señor Villani. Creo que ya no es apropiado que
compartamos una cama.
—Bien dicho, Dom. —Seth lo fulminó con la mirada, pero el alivio se apoderó de él.
Sería más difícil escabullirse con Dom durmiendo a su lado. En el momento en que dijo eso, el
aire se espesó a su alrededor, haciéndolo casi imposible respirar. La mirada grave que le dio no
lo dejó completamente indiferente. Tenía violencia no ejecutada e hizo que Seth se preguntara si
Dom no se obligaría a meterse en la cama. Podría haberlo hecho si quisiera después de todo. ¿Él
no quería?
Domenico se aclaró la garganta y se irguió. —Me iré. A menos que desee algo, señor
Villani.
Seth sintió que el calor le subía a la cara. —No quiero nada de ti. Después de todo, me
voy a casar —dijo con los dientes apretados y se arrebujó en el edredón. Incapaz de soportar
mirar más a Dom, Seth le dio la espalda, para mirar el rayo de luz que enmarcaba la sombra de
Domenico en la pared.
El silencio era tan completo que daba miedo, y cuando la luz se apagó de repente, se
sintió como un puñetazo. Pero Domenico no expresó sus pensamientos de otra manera. El sonido
de sus suaves pasos resonó por el pasillo y finalmente se dispersó por completo.
Seth fijó su mirada en el reloj que estaba sobre una mesita de noche. Le daría a Dom
cuatro horas. Cuatro horas para que la cobra se duerma. Todo lo que Seth necesitaba hacer era
salir de la casa en silencio. No había forma de que saltara por la ventana, pero podía escabullirse
por la puerta con bastante facilidad. Tenía un pasaporte falso y un montón de dinero en la
cartera. Desde la estación de Berlín, podría viajar a Praga o Varsovia, y luego quizás más lejos a
Rusia desde allí. Tenía cuatro horas para reflexionar sobre eso. Siberia probablemente no sería su
final después de todo. Un país asiático era más probable. Más cálido. Tal vez podría consultar en
línea dónde no había leyes contra la homosexualidad. Tal vez había algún futuro para él después
de todo.
Apenas parpadeó, mirando el reloj. Las horas se extendieron sin fin, y un millón de
escenarios diferentes pasaron por la mente de Seth. Tan enojado como estaba con Dom, se
preocupaba por él de todos modos. Lo último que quería era tener a Dom lidiando con las
repercusiones de su desaparición, pero simplemente no podía pensar en una forma de escapar
que no afectara a Dom. Y Dom no lo extrañaría de todos modos. Después de la molestia inicial,
seguramente se sentiría aliviado de no tener que lidiar más con la incompetencia de Seth.
Cuando llegó el momento, Seth se levantó tan silenciosamente como un ratón y trató de
controlar su respiración mientras se ponía un par de jeans, una chaqueta y botas. El apartamento
se sentía frío, pero su propia piel estaba en llamas mientras luchaba con todos y cada uno de sus
movimientos. Las paredes parecían cerrarse a su alrededor, ansiosas por atraparlo dentro y solo
escupirlo cuando se necesitara su semen para hacer bebés. Se estremeció ante la idea, tratando de
mantener la cabeza tranquila. El pasaporte y la billetera ya estaban en su bolsillo por lo que dio
su primer paso hacia la libertad. Se dio cuenta de que las jodidas botas hacían demasiado ruido,
así que se las quitó y fue hacia la puerta en calcetines, con los zapatos en la mano. La vida a la
fuga sería dura, necesitaba acostumbrarse a eso.
—¿Adónde vas?
Los ojos de Seth se agrandaron, aunque todo lo que podía ver en la oscuridad eran
sombras. Tragó saliva y miró a su alrededor con el corazón en la garganta. No había nadie ahí.
Podía ver la ventana de la sala de estar. Fue solo cuando escuchó un resoplido que sus ojos se
movieron más abajo, a una sombra en el suelo junto a la puerta del dormitorio.
Por impulso, lanzó sus pesadas botas en esa dirección, con la esperanza de que Dom se
detuviera y una fracción de segundo después, Seth corrió hacia la puerta. Al menos ya no había
necesidad de estar callado. Había tres cerraduras separadas en la puerta, y en su estado de pánico,
trató de abrirlas todas a la vez. El tiempo parecía haberse detenido, pero Dom aún no lo estaba
agarrando, así que tal vez había una oportunidad.
La puerta se estrelló contra el corredor, rompiendo el silencio mientras Seth salía del
apartamento, sus pies ya en movimiento, el corazón latiendo con fuerza en su pecho. Salió
corriendo tan rápido que apenas logró girar hacia la escalera sin chocar contra la pared.
Ya estaba levantando el pie sobre el escalón inferior cuando Dom lo agarró brutalmente
hacia atrás y lo arrojó de cara contra la pared. La mano de Domenico se cerró sobre su boca
como un tornillo de banco, y su cuerpo fuerte y nervudo empujó el de Seth con una fuerza
asombrosa.
La sangre de Seth hirvió, y podía sentirla en su lengua. Retorcerse como un semental
salvaje no hizo nada para alejar a Dom. Ni siquiera alcanzó a gritar y solo dejó escapar un
chillido ahogado que él mismo consideró patético. Todos sus sentidos ardían mientras buscaba
desesperadamente algo que pudiera ayudarlo en la oscuridad. En lugar de empujar hacia atrás,
trató de dar un paso hacia un lado, para tirarlos a ambos por las escaleras.
Dom no lo aceptaría. Retorció su cuerpo como una serpiente, y el suelo duro se acercó
demasiado rápido. La cobra estaba a punto de morder, pero Seth no caería sin luchar. A pesar de
que golpeó el suelo alfombrado con la cabeza, todavía encontró la persistencia para golpear con
el codo las costillas de Dom.
—Suéltame, —dijo con voz áspera cuando el agarre de Dom disminuyó.
—¡No voy a morir solo porque tú no quieras meter tu polla en un coño! —gruñó
Domenico justo en su oído. Giró la cabeza de Seth y empujó su mejilla contra la alfombra con
tanta fuerza que Seth escuchó un ligero chasquido en su cuello. Gimió y dobló los dedos de los
pies cuando Dom retiró su brazo.
Eso era todo. No iría a ninguna parte bajo la vigilancia de Domenico Acerbi. No era
menos prisionero que Vera Salieri. Seth dejó que sus músculos se aflojaran, a pesar de que el
peso de Dom hizo sonar campanas de alarma en todos sus nervios.
El elegante animal que lo inmovilizó en su lugar estaba jadeando, lo que no era lo
suficientemente satisfactorio dada la situación, pero al menos Seth sabía que estaba a la altura de
la fuerza de Dom. —Ahora nos pondremos de pie. Regresarás al apartamento con tus propios
pies, ¿entendido? —dijo Domenico con voz ronca.
Seth tragó saliva y asintió, sin querer decir una palabra. Su fracaso fue tan épico que la
vergüenza casi le dolió físicamente. Ambos se pusieron de pie sin que Dom soltara el brazo y el
cuello de Seth. Podrían haber estado entrenando juntos, pero la técnica de Seth estaba tan lejos
de la de Dom que ni siquiera valía la pena compararla. Seth fue conducido de vuelta a su
apartamento como la oveja que era. No podía gritar. No había nadie que pudiera salvarlo, y lo
último que necesitaban aquí ahora era la policía.
Con un último empujón, Dom lo soltó y, por el sonido, comenzó a cerrar la puerta de
nuevo. El silencio era abrumador y esta vez, Seth estaba dispuesto a romperlo.
—¿No duermes nunca? ¡Puedo ir a donde quiera! —Seth alzó la voz, aunque sabía que su
causa estaba perdida. Apenas podía respirar, ahogándose en los pensamientos de una vida en
cautiverio. Con una esposa que ni siquiera pudo elegir y una carrera que seguramente lo llevaría
a una tumba temprana. ¿Tal vez era hora de terminarlo él mismo después de todo? Se frotó los
ojos.
—No, no puedes. Ninguno de nosotros puede ir a ninguna parte si quiere vivir —gruñó
Domenico, extendiendo los brazos en un gesto violento.
Seth se abalanzó sobre él con el hombro sin pensarlo dos veces, en un intento de
empujarlo lejos de la puerta, pero Dom agarró sus muñecas con facilidad y lo sacudió.
—¡Señor Villani, ya es suficiente!
—¡Deja de llamarme así! —gritó Seth, pero la energía para luchar estaba abandonando su
cuerpo como el aire escapando de un globo pinchado.
Domenico se alejó sin hacer ruido. Cuando habló, sonaba tan tranquilo como siempre. —
Fuiste tú quien lo quería menos personal.
—No lo quiero, —gimió Seth, completamente hecho pedazos, el sabor de la sangre
todavía en su lengua. —No es protección, es prisión.
Domenico se rascó la cabeza con un suspiro. Parecía cansado. —No puedo dejarte ir.
Necesitas calmarte.
—¡No lo haré! —Seth se retiró a la sala de estar, que parecía pequeña y estrecha. Ahora
que estaba seguro de que no se iría a ninguna parte, tiró la chaqueta en el sofá. —¡No quiero
desperdiciar mi vida y la de alguna mujer! —El estómago de Seth dolía como si algo lo estuviera
comiendo por dentro.
Domenico lo siguió con la misma lentitud. —No eres un cobarde. Estarás bien.
—No lo haré —pronunció Seth con la voz quebrada, mientras la bilis subía por su
garganta. Esta era su vida. Nada más y nada menos. —¿Pero qué te importa? No es como si tú
fueras quien tuviera que hacerlo.
Dom miró el suelo entre sus pies. Su pecho subía y bajaba a un ritmo constante. Como si
nada hubiera pasado. Como si la vida de Seth no se estuviera desmoronando. —Haría cualquier
cosa que tu padre quisiera.
Esas palabras fueron como una soga apretándose alrededor del cuello de Seth. No había
absolutamente ninguna esperanza para él si no tenía aliados. Suspiró y se frotó la cara. No quería
que Dom lo viera así de inútil. —Pero no tienes que hacerlo. Nadie te obligará a casarte.
Regresaremos a Italia y tú volverás a follarte chicos en los funerales, mientras yo procreo niños.
Domenico dejó caer la cabeza hacia atrás con un suspiro. —Hice cosas mucho peores que
casarme con una mujer.
—No lo dudo —Seth frunció el ceño ante el temblor en su propia voz y le dio la espalda
a Dom. Todo era demasiado. ¿Por qué no podía ser como Dom? Frío como el iceberg a punto de
chocar contra el Titanic sin una pizca de culpa. Un repentino roce de dedos contra su espalda
pareció lo suficientemente firme como para destrozarlo.
—Estarás bien.
Golpeó a Seth más fuerte que frotarse la cara contra la alfombra del pasillo y dejó escapar
un sollozo entrecortado. Era una vez más ese niño obligado a presenciar la ejecución de su tío,
obligado a estar de acuerdo con cualquier decisión que hubiera tomado su padre. No quería
llorar, realmente no quería, pero cuando un sollozo se convirtió en otro, enviando un escalofrío
por todo su cuerpo, Seth se dio la vuelta rápidamente y envolvió sus brazos alrededor del cuello
de su captor. Dom se puso rígido, probablemente anticipando otra pelea, pero todo lo que Seth
quería era sentirse seguro de nuevo. Y le gustara o no, en este punto, Domenico era lo más
cercano a la seguridad que tenía.
Unos brazos fuertes y firmes lo rodearon y Domenico lo atrajo hacia sí con un sonido
sibilante. Las lágrimas de Seth se salieron tanto de control que mojó la camisa de Dom, pero por
mucho que Seth quisiera detenerse, las compuertas estaban abiertas. Ni siquiera recordaba la
última vez que se derrumbó así. No mientras fue secuestrado, no cuando murió su madre.
—No quiero lastimar a una chica inocente —sollozó, aferrándose a Dom en un fuerte
abrazo.
El desprecio en el resoplido de Domenico era inconfundible. Besó la parte superior de la
cabeza de Seth. —¿Inocente? Probablemente esté más familiarizada con nuestras costumbres que
tú.
Seth lo miró, herido por la burla. Después de todo lo que habían pasado juntos, esperaba
más compasión. Por otra parte, ¿qué podía esperar de Domenico Acerbi?
Se apartó un poco, pero no tenía idea de adónde podría ir. —¿Cómo se supone que voy a
intimar con ella?
—No necesitas ninguna intimidad con ella. Es una alianza, nada más —Domenico se
encogió de hombros, jugando suavemente con el cabello sobre la nuca de Seth, lo que resultaba
extrañamente relajante.
Seth suspiró y se frotó los ojos, pero fue inútil, las lágrimas seguían saliendo. —Ella
tendrá expectativas.
—Sí, ella querrá su propia villa y un buen auto —El rostro de Dom era como una
máscara de indiferencia. Por supuesto, no le importaba, pero Seth se acercó aún más al abrazo
nuevamente, inhalando el aroma familiar y almizclado. A pesar del exterior frío, la piel de
Domenico irradiaba una fragante calidez que se sentía como un bálsamo para los nervios de Seth.
—De vuelta al maldito armario, ¿eh?
Domenico se pellizcó el puente de la nariz. —Nadie te está pidiendo que renuncies a los
hombres. Ciertamente no yo.
Seth lo miró a los ojos, tratando de entender qué podía esconderse detrás de ellos. ¿Dom
solo quería continuar con su arreglo porque pensaba que Seth estaba bueno o había algo más?
¿Una búsqueda de poder sobre el futuro Don, o simplemente el placer de estar juntos? Seth
también podría dejar de intentar leer a Dom.
—Estaré vigilado. Tendré que cuidarla, y habrá niños —Era demasiado abrumador para
que Seth lo comprendiera, y tuvo que olfatear de nuevo.
Domenico suspiró y levantó la mano para acariciar con el pulgar el pómulo de Seth. —
Todo el mundo tiene responsabilidades. Tenemos que hacer frente a eso.
Seth tragó y asintió lentamente. Tenía miedo incluso de pensar en las 'responsabilidades'
de Dom. Su corazón latía con fuerza mientras observaba los ojos ámbar de Dom hipnotizándolo
en la oscuridad.
Lentamente, Dom tomó el rostro de Seth con ambas manos y tiró de él hacia abajo para
darle un beso lento y casto. Su boca era amarga con el sabor de los cigarrillos pero cálida, con
una dulzura subyacente. Seth suspiró una vez más antes de ceder a la caricia y devolverla
suavemente, solo con sus labios, salados por las lágrimas que habían logrado deslizarse por sus
mejillas antes.
—Para de llorar. Los hombres no deberían llorar —susurró Domenico contra su boca, y
Seth sintió que un escalofrío le recorría el cuello tanto por la cercanía como por la brisa fresca
que debía de haber entrado por la ventana.
Espera. ¿Qué? Seth miró hacia el balcón. Recordó haberlo cerrado antes, y habría
escuchado a Dom salir cuando estaba en la cama. Además, ahora las noches eran demasiado frías
para sentarse afuera. No tuvo tiempo ni siquiera de comenzar un nuevo pensamiento cuando sus
rodillas cedieron ante el impacto de algo que las golpeó por la espalda. El mundo se ralentizó, y
mientras caía al suelo, hubo un destello metálico en la oscuridad y un chasquido cuando algo
golpeó una pared detrás de donde estaba parado hacía menos de un segundo. Dom hizo un
movimiento rápido y algo se rompió, rompiéndose en un millón de pequeños pedazos de vidrio.
Seth gimió por el dolor de golpearse el cráneo contra el suelo, pero el tiempo para
comprender lo que estaba pasando se redujo rápidamente cuando alguien tiró de su pierna y lo
arrastró por el suelo. Ninguna de las lecciones de Dom estaba surtiendo efecto. No era combate,
era caos. El instinto de supervivencia puso a Seth en acción en el momento en que vio un
cuchillo apuntando a su muslo y pateó la muñeca del atacante. El hombre gritó, pero la sangre de
Seth se congeló cuando se dio cuenta de que el cuchillo no había caído al suelo. Estaba unido a
un muñón donde solía estar la mano del hombre.
Los gruñidos, el chirrido de los zapatos demasiado cerca de su cabeza, e incluso el aire en
movimiento, todo se desvaneció en comparación con la hoja con la que le apuntó el atacante,
cuyo rostro aún estaba en la sombra. Seth sintió arcadas de pánico ante el sonido de palabras
desconocidas que le lanzaron, pero solo reforzaron su necesidad de luchar por cualquier medio
necesario. Era el mismo lenguaje que usaban sus secuestradores.
Se incorporó para aplastar la cara del hombre con el codo, pero terminó chocando con la
hoja. Un dolor al rojo vivo le atravesó el brazo, pero no había tiempo para reflexionar sobre eso.
Seth fue directo a lo que percibió como el punto débil del hombre y agarró el muñón,
apretándolo para enviarlo a un mundo de dolor.
Un grito agudo resonó en los oídos de Seth, y cuando el hombre encima de él se dobló
por la mitad, finalmente vio un rostro joven y hermoso, ahora contorsionado por la agonía.
La voz de Domenico atravesó la neblina que nublaba la mente de Seth. —¡Rompe su
maldito cuello!
Lo que Seth logró fue tirar del mango del cuchillo unido al muñón del hombre, y la hoja
se sacudió. No menos afilada, pero ahora mucho menos eficiente como arma. El atacante volvió
a sisear cuando Seth clavó las uñas en el muñón blando, concentrado solo en sobrevivir. El calor
húmedo cubrió su estómago y el hedor de la orina superó el olor de la sangre. Segundos después,
Seth estaba encima del hombre, agarrando su cabeza, pero no fue lo suficientemente bueno con
su otra mano todavía agarrando el muñón. En un momento aterrador, las yemas ásperas de los
dedos se clavaron en su rostro, trepando por su mejilla para llegar al ojo. Eso envió los sentidos
de Seth a un frenesí y en lugar de tratar de romperle el cuello al tipo, levantó su cabeza y la
estrelló repetidamente contra el suelo. El sonido sordo del cráneo golpeando contra las baldosas
duró hasta que Seth escuchó un crujido y el hombre dejó de moverse.
Con el pulso latiéndole furiosamente en las sienes, Seth levantó la cabeza para mirar las
sombras de la sala de estar. Se le cortó la respiración cuando Domenico esquivó una patada
acrobática por solo una fracción de segundo antes de dispararse como si le hubieran disparado
con una balista y estrellar su codo contra la mandíbula del otro hombre. La ventaja de altura que
tenía sobre su oponente solo hizo que el golpe fuera más poderoso.
Seth arrancó el cuchillo del brazo del muerto con el vendaje aún puesto y se puso de pie,
impulsado por la adrenalina concentrada. La sangre goteaba por su brazo, pero el dolor ni
siquiera llegaba a su cerebro, todo concentrado en ayudar a Dom.
Las dos figuras, una nervuda y de hombros anchos, la otra más pequeña y robusta, ahora
estaban atrapadas en una furiosa danza de muerte en la que un movimiento en falso podía
resultar en una puñalada en el estómago. Seth miró con los labios salados por el sudor y dio un
paso más cerca, intentando arrinconar al agresor.
—¡Quédate atrás! —jadeó Domenico.
Seth agarró el cuchillo en su mano, pero hizo lo que le dijo, confiando en que Dom sabía
qué era lo mejor. Tenía que saberlo. ¿Cuál era la otra opción? ¿Tratar de actuar como un héroe
cuando podría causar más daño que beneficio? Lo último que quería era interponerse en el
camino o lastimar a Dom por accidente.
Con creciente fascinación, observó a los dos hombres encerrados en un abrazo mortal,
casi inmóviles, con los músculos contraídos en respuesta a los movimientos del otro. Luego, con
un movimiento feroz de su cabeza, Domenico le dio un cabezazo a su oponente, rompiendo su
concentración por el tiempo suficiente para deslizarse hacia abajo, alcanzando un trozo de metal
reluciente. Seth palideció. Era un machete.
Los ojos de Seth se abrieron más, pero antes de que pudiera animar a Dom a cortar al hijo
de puta en dos, el hombre pateó la hoja y golpeó con su pie el costado de Dom una fracción de
segundo después. Un crujido en el cuerpo de Dom hizo que Seth diera un paso adelante de
nuevo, pero se sentía como si estuviera hecho de adrenalina, sudor y piedra. Cada fuerza y
emoción lo impulsaba en una dirección diferente. ¿Y si Dom estaba equivocado? ¿Qué pasaría si
el hombre fuera demasiado y Seth se acercara y ayudara? Estaba varado en las afueras de una
pelea mortal, e incluso con un cuchillo en la mano, no podía decidir qué hacer.
Con voluntad de acero o no, Domenico cayó al suelo, abriendo la boca en un estado de
shock silencioso. Su mirada se movió entre Seth y la hoja larga, reclamada por el otro hombre
con un gemido de satisfacción. Seth jadeó y sin pensarlo dos veces, arrojó el cuchillo que tenía
en la mano a Dom, rezando para que no fallara y apuñalara a Dom por accidente. No había
tiempo que perder.
Voló en espiral por el aire, pero caería demasiado lejos de Domenico. El estómago de
Seth se hundió. En la última fracción de segundo, Domenico reunió fuerzas y se inclinó hacia
adelante. Dejó escapar un siseo cuando sus dedos atraparon la hoja, el machete ya silbaba en el
aire. Seth jadeó y dio un paso adelante, pero si se acercaba a ellos, podría terminar siendo el
escudo humano del atacante en lugar del salvador de Dom.
En la oscuridad, fue difícil detectar el movimiento, pero Domenico logró girar el cuchillo
que tenía en la mano y lo usó para evitar que la enorme hoja le cortara la mano. Su pierna se
dobló, apuntando a los pies del atacante, pero el hombre saltó hacia atrás, desafiando las leyes de
la física, y sin perder ni un segundo, le dio una patada a Dom en la cara. Domenico gruñó, pero
rápidamente empujó hacia adelante y cortó el tobillo del hombre. Hubo un grito silencioso y un
ruido sordo cuando el hombre chino cayó al suelo. Su destino estaba sellado. En solo unos pocos
movimientos precisos, Dom pisó el machete y giró la cabeza de su oponente. El crujido que le
revolvió el estómago hizo que la última comida de Seth se le subiera a la garganta, pero el
cuerpo no se movió.
Solo ahora Seth se dio cuenta de que estaba jadeando, así que respiró hondo contaminado
por el olor a sangre y orina. No podía moverse mientras observaba a Dom escupir sangre al suelo
con la mitad inferior de su cara cubierta de rojo.
Con el cuchillo todavía en la mano, Domenico pasó junto a Seth y miró al otro hombre.
—Dame las esposas —murmuró.
Seth tragó saliva. —Está muerto —quiso decir, pero solo logró susurrar.
—No lo está. Las eposas. —Domenico dejó escapar un suspiro y se agachó junto al
cuerpo con una mueca de dolor. —El hijo de puta se orinó.
Seth miró su propia ropa manchada, pero cogió las esposas sin decir palabra. Tan pronto
como se las dio a Dom, encendió las luces. En el momento en que la habitación estuvo
iluminada, deseó que no lo estuviera. La luz reveló una escena de sangre pura. Dom debe haber
cortado los tendones del otro hombre, porque sus pies estaban torcidos de forma poco natural. Al
igual que su cabeza, la cara aplastada contra el suelo.
Domenico suspiró y retiró las manos del hombre inconsciente, solo para gemir cuando
vio el muñón. —Está bien. Una cuerda, ese idiota perdió su cerebro cuando perdió su mano,
aparentemente. —Parecía estar más preocupado por la orina y la sangre que empapaban el suelo
que por cualquier otra cosa. Incluso escupió en una mancha roja y la limpió con el borde de su
camisa. Gracias a Dios por los azulejos.
La cuerda no fue difícil de encontrar. Colgaba en un lugar destacado de la pared, dejado
por el dueño del apartamento para su diversión. Su uso no estaba destinado a proporcionar
diversión a nadie. —¿Dom? —Seth logró decir en voz más alta.
—¿Sí? —Domenico movió la cuerda como si estuviera haciendo huevos revueltos. Muy
fácil a pesar de la sangre que goteaba de sus dedos. No estaba temblando. No estaba asustado ni
disgustado. Más cabreado que otra cosa.
El corazón de Seth, por otro lado, estaba en un maratón hacia ninguna parte. Correr
demasiado rápido para poder llegar a la meta. —¿Estás bien? —Seth se acercó a él lentamente,
ahora que la adrenalina rezumaba de su cuerpo, sus piernas se pusieron temblorosas. La cara de
Dom parecía que necesitaba atención médica, pero había demasiada sangre para que Seth lo
notara. No es que supiera nada sobre cómo tratar con heridas.
Dom en realidad giró la cabeza para mirarlo con el ceño ligeramente fruncido. Ya había
sangre coagulando alrededor de sus fosas nasales y rastros de ella corriendo hasta su barbilla.
Parecía que acababa de darse un festín con una presa fresca y cruda. —¿Por qué?
Seth tragó saliva. ¿Fue una pregunta estúpida? Extendió la mano hacia la cara de Dom,
pero retiró la mano cuando notó que estaba cubierta de sangre. —Yo- No importa, pareces estar
bien —pronunció, completamente fuera de sí. El dolor en su brazo ahora lo pateó con toda su
fuerza, palpitando con un calor punzante.
—¿Y tú? Eso estuvo bastante bien —dijo Dom, mirando al hombre inconsciente a sus
pies. —Debería hacer que el hijo de puta limpie todo esto a primera hora cuando se despierte.
—¿En verdad? —Seth miró el muñón ensangrentado y el rostro magullado del joven
asiático. —Es él, ¿no? Perdió su mano por mi dedo —No era una pregunta en este punto, y Seth
escupió al enemigo.
—No importa. Se merecía lo que le tocara —Domenico empezó a buscar en los bolsillos
del hombre.
Seth se acercó al hombre muerto y pudo ver mejor su rostro. La bilis subió a su garganta
cuando vio una cara que reconocería en cualquier lugar. —Es él. El tipo que ordenó cortarme el
dedo. ¿Cómo diablos llegaron aquí? —Golpeó el suelo con el pie, molesto por la sangre que no
dejaba de gotear de su brazo.
—Limpia tu herida primero y yo te la coso —murmuró Domenico, sacando un papel
doblado que, milagrosamente, no estaba sucio.
Seth volvió la cabeza hacia Dom con pánico y miró el largo corte en su brazo. —¡No, no,
no, está bien! Solo necesita un vendaje. Oh Dios, no quería una cirugía casera. Muñones como el
tipo en el suelo eran producto de eso.
—No voy a discutir esto —Domenico abrió la boca para decir algo más cuando el tipo
caído se movió con un gruñido de dolor. —Por el amor de Dios...
Los ojos del hombre se abrieron lentamente, y cuando Dom silenciosamente hizo un
gesto por el cuchillo, Seth se lo pasó sin decir una palabra. Por un momento, consideró ir al baño
con el pretexto de limpiar su herida, pero tenía que dejar de acobardarse.
El tipo dejó escapar un suspiro tembloroso. —¿Mi padre...?
—Muerto—dijo Domenico con una voz desprovista de emoción.
El hombre frunció los labios y respiró hondo por la nariz. Cuando trató de escupir, Dom
lo detuvo sin esfuerzo golpeándole la barbilla.
—¿Quién es el Sr. Trópico? —preguntó Domenico, mostrándole el papel desdoblado. Era
un correo electrónico impreso.
—Vete a la mierda —fue toda la respuesta que recibió, y Seth ni siquiera estaba tan
sorprendido.
Domenico suspiró. —Mira, ¿cuánta carne tienes todavía en tu cuerpo? Podemos sacarte
esa información o simplemente nos la dirás.
Un escalofrío recorrió la espalda de Seth, e ir al baño ya no parecía una perspectiva tan
cobarde. Tendría que limpiar su herida en algún momento...
—No sé quién es —dijo el hombre, jadeando levemente. —Era anónimo. Alguien en tu
familia debe odiarte. —Mostró sus dientes ensangrentados con satisfacción.
Domenico ladeó la cabeza. —¿Qué pasa con tu familia?
El hombre lo miró de reojo. —Prosperará incluso con nosotros muertos, fue una
venganza personal. Tu Familia se está pudriendo por dentro, —dijo con voz áspera y, para horror
de Seth, sonrió, mostrando una dentadura ensangrentada.
—Y te orinaste encima como una niña.
La sonrisa desapareció instantáneamente, y el hombre espetó: —Y tú te follas a tu
hermano, maricón.
Seth retrocedió un paso horrorizado. Deben haberlos espiado antes de este ataque.
Pagaría por hacer retroceder el tiempo y dejar de oírlo. Mientras nadie lo dijera, no existiría.
Domenico se puso en pie de un salto y estrelló su bota contra la cara del hombre con un
chasquido escalofriante. Su cuerpo se sacudió hacia arriba, convulsionándose, pero Dom no dio
un paso atrás después del golpe. Giró el talón y clavó la gruesa suela más profundamente en el
cráneo aplastado. El cuerpo se quedó inmóvil.
Seth dio otro paso atrás y apretó los puños en silencio. Su cuerpo era una mezcla de
escalofríos y sudor, pero no pudo evitar sentir que se había hecho justicia. Nadie le cortaría los
dedos y se saldría con la suya.
Domenico giró la cabeza con un leve chasquido, sus hombros se tensaron. —Hay
desinfectantes, trapos y guantes de goma debajo del fregadero. Podrías preparar todo mientras yo
me ocupo de los cuerpos.
Seth tragó, viendo al depredador perfecto en acción. Fresco como la brisa que sigue
entrando por la ventana. —¿Qué vas a hacer con ellos?
Domenico resopló. —Creo que nuestra chica necesita compañía para pasar la noche. Tal
vez eso le relajará la lengua.
—¿Dom? —Seth cambió su peso de un pie al otro.
—¿Sí? —Cuando Domenico se movió, la cara destrozada apareció a la vista y Seth tuvo
que desviar la mirada, por lo que se concentró en la nariz y la boca de Dom.
—Estás sucio —dijo Seth con una pequeña sonrisa, sintiendo solo una punzada de placer
cuando la lengua rosada de Dom salió de su boca para lamer los labios manchados de sangre.
Capítulo 17

Ya estaba claro afuera cuando terminaron de limpiar el pasillo y la sala, borrando


cualquier rastro y olor de lo que pasó esa noche. Después de eso, necesitaban asearse, e incluso
el siempre eficiente Dom se tomó mucho tiempo en la ducha.
Seth siseó ante el último punto puesto en su brazo. Dolía, y apartó la mirada, pero se
mordió los labios y se tragó el dolor. Por mucho que quisiera evitar los puntos, no había forma de
pelear con Dom sobre el tema, así que simplemente se sentó dolorido, cansado y presionando un
bistec congelado en la parte posterior de su cabeza. Todo lo que consiguió para combatir el dolor
fue un vaso de whisky, pero su cirujano improvisado fue bastante rápido y más hábil de lo que
Seth quería dejar entrever.
Seth estaba cansado, pero demasiado consciente de lo que había sucedido con el sueño,
así que cogió el whisky para servirse otro vaso. Dom le dio algunos consejos sobre cómo coser
una herida, lo que debía limpiarse después de un asesinato, y la conversación incluso se desvió
hacia el tratamiento de heridas de bala. Para él, tenía que ser una oportunidad más de formación.
Para Seth, era como un sueño, pero tan real como la hoja afilada que lo había cortado esta noche.
Alguien en su Familia traicionó su confianza, y necesitaban saber de la chica quién era,
ahora más que nunca. Seth se iba a casar con una mujer que ni siquiera conocía y no había forma
de huir de eso. Había sido testigo de la muerte de dos personas, pero no se sintió tan conmovido.
Vinieron a matarlo a él y a Dom, querían venganza y, en cambio, fue Seth quien obtuvo la
satisfacción. Les sirvió bien.
El suave roce de una boca contra el brazo cosido atrajo su atención de nuevo a
Domenico, quien le dedicó una leve sonrisa y alcanzó el vendaje limpio. —Deja eso. Demasiado
no es bueno.
Seth respiró hondo y guardó el whisky, mirando el rostro ahora limpio de Dom. —
Trabajo de primera clase —Seth trató de bromear, pero no logró sonreír.
—Necesitamos conseguirte una pata de cerdo para practicar —dijo Dom. —Eso fue lo
que hice.
Seth parpadeó, por un momento incapaz de comprender la practicidad de esa declaración,
pero luego se echó a reír. Entonces, esta era su vida ahora. Embarazar a extrañas y coser piernas
de cerdo.
Se levantó de la mesa en la que estaba sentado.
—No he terminado. —Domenico presionó el abdomen de Seth, empujándolo hacia la
mesa.
Seth gimió pero acarició el cabello mojado de Dom, incapaz de luchar contra la
necesidad de afecto. —¿Qué otra cosa?
Domenico tomó un cuchillo, pero cuando el ritmo cardíaco de Seth se aceleró al verlo,
Dom cortó un limón en cuartos. Mientras esa hoja no entrara en la carne de Seth, podría
relajarse.
Dom recogió la fruta y la puso contra los labios de Seth. —Toma, muerde esto —dijo en
el mismo tono que le dijo a Seth que bebiera whisky.
Seth mordió el limón con el ceño fruncido y chupó el jugo agrio hasta que Dom lo apartó.
Todo lo que Seth ahora quería era más alcohol para bajarlo. —¿Para qué era eso?
Una pequeña sonrisa adornó los labios de Dom. —Solo quería ver si cuestionarías una
orden.
Seth golpeó el costado de la cabeza de Dom, pero luego lo atrajo hacia sí por el cabello y
besó a Dom con los labios amargos. —Estúpido.
Domenico jadeó contra sus labios pero ansiosamente empujó su lengua profundamente en
la boca amargamente amarga. —Tenemos que taparla. No querrías que tu herida fresca quedara
desprotegida —Domenico estaba vendando rápidamente el corte, con un enfoque completo
estropeando su frente.
—¿Estás diciendo que necesito un poco de 'nip and tuck'? —Seth resopló.
La total y absoluta falta de comprensión que se mostraba en el rostro de Domenico
extinguió cualquier intento de bromear por parte de Seth. —¿Y eso que significa?
—No importa. —Seth suspiró. —Es un programa de televisión sobre cirujanos
plásticos…
Si es posible, las cejas de Domenico se elevaron aún más. —¿Quién vería eso?
Seth hizo un puchero. Él lo veía. Era uno de los raros programas que tanto a él como a
Peter les gustaban. —Dije que no importa. No tienes que ser tan crítico. ¿Puedo irme?
—¿Quieres hacer el amor?
Eso hizo que la atención de Seth volviera a centrarse en Dom. —¿Eh? —Tragó saliva y
todo tipo de calambres corrieron por su estómago. Él los llamaría 'mariposas', pero con Dom eran
polillas en el mejor de los casos. Tan animadas, pero incómodas a la luz del día, criaturas de la
noche, como la lujuria de Seth por Dom.
Domenico se inclinó y volvió a besar su hombro. Parte de su cabello mojado hizo
cosquillas en la piel de Seth, haciendo que esas polillas se agitaran de nuevo. —¿Hmm?
—¿Sexo? ¿Así? —Seth tragó, pero guardó el bistec medio descongelado y envolvió sus
brazos alrededor del cuello de Dom. Con los pájaros cantando afuera y la habitación bañada por
el sol de la mañana, casi podría haber sido romántico. Si no fuera por el olor a desinfectante, el
dolor en su brazo y el gran moretón que ya logró aparecer en la barbilla de Domenico.
La lengua de Dom se deslizó entre sus labios. —Yo... quiero que te sientas mejor.
Supongo.
Seth jugueteó con el brazo de Dom con los dedos fríos con los que había sostenido el
bistec antes. —¿Es lo mejor que puedes hacer?
Un ceño apareció en el rostro de Dom y se echó hacia atrás con un gruñido. —Te gustó
mi polla la última vez que lo comprobé.
Seth suspiró, pero acercó a Dom con las piernas. —Solo te estoy molestando. Yo… —
Miró a Dom a los ojos. —Yo quiero.
Hubo un breve momento de pausa antes de que Dom se inclinara hacia adelante, pero el
beso que Seth esperaba no llegó. Con un resoplido fuerte y aterrador, Domenico olió el cuello de
Seth, dejando que sus labios y su lengua se cernieran sobre la piel, calentándola con su aliento.
—¿Ven conmigo?
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Seth, la atracción actuando mejor que cualquier
anestesia. Él asintió y se bajó de la mesa. Todavía no podía procesar a Dom hablando de “hacer
el amor”, pero de repente se sintió demasiado tímido para burlarse de eso. No iba a ser otra
sesión de sexo oral, Seth sabía a lo que iba a suceder, pero ya no se sentía tan asustado. Quería
estar cerca, que el cabello negro como la brea de Domenico cayera sobre su torso. Quería mirarlo
a los ojos y sentir los fuertes brazos de Domenico sosteniéndolo en su lugar, anclándolo en la
realidad en la que se vio obligado a sumergirse.
La mano de Domenico se deslizó por su antebrazo y sus dedos se entrelazaron. Luego,
con un tirón, fue conducido hacia la seguridad de su dormitorio. Con la puerta cerrada, el olor a
desinfectante se había ido y ese pequeño hecho separó a Seth de los pensamientos de la matanza
de la noche. La luz del sol era tan brillante que podía ver motas de polvo bailando en el aire.
Seth se frotó la frente, luchando contra un nuevo ataque de lágrimas. No estaba dispuesto
a ceder esta vez, pero tenía que suspirar. —¿Te vas a quedar cuando volvamos? —Deslizó las
yemas de los dedos sobre el moretón que cubría la mitad del costado de Dom. Esperaba que
todavía estuvieran un poco fríos por sostener la carne. Domenico apoyó la cabeza en el brazo de
Seth con un suspiro y pasó el dorso de la mano por el centro del torso de Seth.
—¿Quieres que me quede?
—Sí. No quiero estar solo en esto —Seth movió su toque al bíceps de Dom, que bien
podría estar hecho de acero y no de carne.
Domenico asintió y sus dedos se extendieron sobre el pectoral de Seth, masajeándolo
suavemente. —Me ocuparé de ti entonces.
Seth sonrió y se inclinó hacia el toque de esos dedos calientes, un escalofrío ya le bajaba
hasta las bolas. Tal vez era algo ingenuo, pero le creía a Dom. ¿De quién más podía depender?
—¿Entonces te gusto ahora? —preguntó Domenico. Viniendo de otra persona, podría
haber sonado sarcástico, pero para Domenico, era una pregunta sencilla. Sin embargo, una
sorprendente.
—Un poco, —bromeó Seth con una pequeña sonrisa. La verdad era que Dom le gustaba
mucho más que “un poco” ahora; era la situación en la que se encontraban lo que odiaba. Si
pudiera elegir a alguien para unas vacaciones tropicales, elegiría a Dom. Tal vez no para
siempre, pero imaginó que se divertirían. Follando y bebiendo tragos en la playa. Incluso podría
preparar esas bebidas de coco para Dom, solo para verlo descansar bajo el sol como un león
saciado.
La sonrisa que obtuvo fue tan cálida que dejó de respirar. Sin embargo, en una fracción
de segundo, inhaló de nuevo cuando Dom lo empujó sobre la cama, siguiéndolo de inmediato,
listo para devorar a su presa.
Seth le devolvió la sonrisa y deslizó sus dedos en el cabello negro de Dom, que ahora
solo estaba ligeramente húmedo. Su corazón ya se aceleró ante la idea de que irían hasta el final
de nuevo. Ya no estaba tan asustado, y someterse a un tipo como Domenico Acerbi difícilmente
podría considerarse débil. —Siento lo de ayer. No sabía qué hacer… —susurró.
Los ojos color avellana lo miraron desde abajo, donde Domenico estaba plantando
pequeños y suaves besos en el pecho de Seth. —Lo sé.
—Hay una salida, ya sabes… —Seth tragó saliva y se relajó contra la suave ropa de
cama, acariciando la nuca de Dom. Nadie tenía que saber que se rindió a ser el pasivo. Sería solo
entre ellos.
Los dedos de Domenico buscaban ahora el territorio de la cara interna de los muslos de
Seth, moviéndolos en una danza lenta y lánguida que ni siquiera estaba sincronizada. Envió
sacudidas de excitación a la polla de Seth. —¿Hmm?
—Podríamos huir juntos. —Seth fijó su mirada en la de Dom, esperando que lo que
estaba diciendo no lo enojara. —Follar en esta cama ahora, y luego irnos. Tenemos algo de
dinero entre nosotros. Podríamos irnos. Estaríamos en la estación en dos horas. En Canadá, o
algo así, en dos días. Simplemente desapareceríamos.
Dom dejó de respirar y miró hacia arriba, levantándose lentamente sobre sus brazos con
su expresión congelada. —Yo... no... no puedo —tartamudeó, —sería un pecado romper mis
votos, yo... hice un juramento, quemé la foto, estoy obligado a hacer lo que mi Don me dice que
lo haga.
Seth puso la palma de su mano sobre el pecho de Dom y casi lo apartó, sorprendido de lo
rápido que latía el corazón de Dom. —¿No es pecado lo que haces conmigo?
Domenico tomó un lado de la cara de Seth, mirándolo como si quisiera ver directamente
dentro del alma de Seth. Había algo increíblemente crudo y directo en esa mirada. —Es un
pecado menor. Nunca prometí alejarme de los hombres, pero estoy ligado a la familia que me
acogió hasta que muera.
Seth trató de entenderlo, aprovechar su forma de pensar. —Soy tu familia… —Tragó
saliva, sin querer reflexionar demasiado sobre ello.
Domenico jadeó y tiró de la mano de Seth hasta sus labios para presionar un ferviente
beso en la carne. —Sí, también tienes mi lealtad. Y una vez que sucedas a tu padre, tendrás mi
vida en tus manos.
Seth respiró hondo, abrumado por la intensidad de la mirada de Dom. —Haremos que
funcione de alguna manera, ¿no? —Empujó hacia arriba para besar la barbilla magullada de
Dom. Con todo el peligro que lo rodeaba, era bueno tener a Dom cerca, creer que sería leal.
Nunca antes Seth pudo ser honesto con un amante sobre su familia, sobre su pasado o el futuro
inminente. ¿Cómo iba a decirle a Peter que sabía acerca de las actividades delictivas de su
familia y que no iba a denunciarlos a la policía? ¿O decirle a sus amigos que ayudó a secuestrar a
una joven y la mantuvo encerrada? Se lo merecía malditamente, pero ellos no lo entenderían.
Dom estaba en el mismo barco. Dom estaba decidido a protegerlo. Esta noche había sido prueba
de ello.
Domenico acarició su mejilla con una sonrisa lobuna. —Entonces, ¿quieres desnudarte?
Seth lo miró, sorprendido por la ola de timidez que lo invadió. Caliente, frío y hormigueo
por todas partes. No podía atragantarse con nada, así que asintió y metió los pulgares debajo de
la cinturilla de sus pantalones deportivos. Lo que estaba a punto de ofrecerle a Dom hizo que se
le encogiera el estómago de nuevo y se le hizo un nudo en la garganta. Seth levantó las caderas
cuando se bajó los pantalones, revelando más cabello oscuro y una polla ya medio erecta.
Dom no parecía tener las mismas reservas. Rápidamente se quitó su ropa interior y apretó
la rodilla de Seth con un gruñido posesivo. Su hermoso rostro se acercaba lentamente a la polla
de Seth, con un rubor de deseo esparcido por toda la piel.
Con una respiración profunda, Seth empujó hacia arriba sus caderas, ansioso por esos
labios alrededor de su polla. Terminó de quitarse los pantalones con los pies.
Acostado de lado, Domenico movió su mano de la rodilla de Seth a entre sus piernas.
Empujó su cálido miembro debajo del muslo de Seth y se enroscó alrededor de él mientras Dom
soplaba un poco de aire sobre la entrepierna de Seth.
—Oh, wow —susurró Seth y cerró los ojos mientras su polla se llenaba de emoción. Dom
tenía razón. Esta era la mejor relajación que podía ofrecer. Con su otra mano subiendo y bajando
suavemente por el abdomen de Seth, Domenico se acercó. En un momento glorioso, estaba
cerrando su boca sobre el testículo de Seth, prodigándolo con una cálida y húmeda succión.
Seth gimió de placer y abrió los ojos para echar un vistazo a esa imagen divina. El
cabello de Dom le hizo cosquillas en los muslos y la polla, el placer lo hizo erizarse con orgullo
y retorcerse sobre su estómago. Una sonrisa floreció en los labios de Seth al verlo. Le gustaba
mirar su propia polla, gruesa en la base, con una corona oscura mirando hacia arriba. Con un
hombre chupándosela como si fuera lo mejor del mundo. Solo que esta vez, no era cualquier
hombre.
Las cejas de Domenico se juntaron sobre su nariz mientras lamía las bolas de Seth
mientras jugaba con el vello de su abdomen.
—Vamos... Está pidiendo atención —Seth se incorporó sobre los codos para poder ver
mejor.
—Entonces, ¿qué es exactamente lo que está pidiendo? —Domenico movió las cejas sin
ningún tipo de vergüenza mientras se levantaba para enmarcar la parte inferior de la polla de
Seth con su lengua y lamer todo el camino hasta la cabeza.
—Un poco de succión antes de... ya sabes —Seth lamió sus labios con un temblor ante el
toque de la lengua caliente de Dom.
Domenico frunció el ceño, chupando la cabeza de la polla de Seth con fuerza. —¿Eh? —
murmuró, enviando una ola de vibraciones por todo el polla de Seth.
—¿'Hacer el amor'? —Seth tragó, sintiendo la oleada de calor en sus mejillas ante sus
propias palabras. Se sentía como el idiota más grande del planeta. No sabía cómo decirlo sin
sonar como un pasivo hambriento de pollas. Él no era así.
Domenico se detuvo, sus músculos se tensaron bajo la piel, amenazando con desgarrarla
en pedazos. Con un gruñido bajo, Domenico soltó la polla de Seth y mordió la carne de la cadera
de Seth. —Oh, Dios.
Seth dejó escapar un gemido de sorpresa. —¿Por qué fue eso? —se quejó, su pecho
agitado por el nerviosismo.
—Quiero comerte vivo, Seth Villani —dijo con voz áspera Domenico, su respiración se
aceleró a un ritmo alarmante, pero antes de que Seth pudiera pensar en ello, esa hábil y cálida
boca estaba de vuelta en su polla, asimilando todo. Los gemidos eran todo. Seth se quedó con esa
garganta caliente apretándose sobre la cabeza de su polla. Si esta era la idea de canibalismo de
Dom, Seth estaba dispuesto a hacerlo. Incluso el ligero dolor que palpitaba en su brazo al mismo
ritmo que su polla solo aumentaba la intensidad de la experiencia. La boca de Domenico era
suave como el terciopelo. Combinado con el cosquilleo del vello en los muslos de Seth y la
fuerza inconfundible escondida en los brazos de Domenico, fue un momento digno de
contemplar.
Seth lo negaría bajo tortura, pero su mente al instante se desplazó a la primera vez que
tuvieron sexo, cuando Dom lo levantó. No sin esfuerzo, pero se las había arreglado para
mantener elevado a Seth mientras le follaba el culo con venganza. Solo el recuerdo, combinado
con esa garganta en su polla, hizo que los dedos de los pies de Seth se curvaran.
Cuando la boca de Domenico subió por su polla, Seth exhaló, mirando a su compañero
lamer y chupar la punta. Aunque Dom no estaba dispuesto a ser pasivo, era un experto en chupar
pollas. Su propia polla ya estaba dura y oscura. La cabeza era claramente visible con el prepucio
estirado y un rastro de líquido transparente goteando por el estómago bronceado de Dom.
—Estoy listo. Porque si continúas, voy a estallar —jadeó Seth, feliz de mirar cada uno de
los músculos de Dom, el estómago tenso, los muslos delgados, el vello corto en su pecho. Quería
a Dom sobre él. La vergüenza permaneció en el fondo de la mente de Seth ante la idea de ser
follado a plena luz del día, pero fue superada por la posibilidad de ver a Dom tan claramente.
El sol de la mañana se filtraba a través de la cortina de malla, presentando heridas nuevas
y viejas de este depredador experimentado. Domenico suspiró y con una última lamida, dejó que
la polla de Seth saliera de su boca, subiendo lentamente por el cuerpo de Seth como la pantera
con la que Seth a menudo lo comparaba en su mente. Ambos peligrosos y hermosos.
—Eres tan jodidamente caliente.
Ese era exactamente el consuelo que Seth necesitaba escuchar, a pesar de que los nervios
se estaban apoderando de él. Tomó la cara de Dom y deslizó su pierna por el muslo de su
amante. —Solo soy pasivo para ti, ¿sí? Normalmente no hago esto… —susurró.
Las pupilas de Domenico estaban tan abiertas que el color avellana de sus ojos parecía un
mero recuerdo. Gimió, agarrando posesivamente el muslo de Seth, la sensación en el extraño
territorio entre el dolor y el placer. —Sí, eso... esa es una buena elección.
Había una tensión en el cuerpo de Seth que provenía de la emoción, pero su mente se
relajó lentamente lo suficiente como para permitirle una pequeña sonrisa. —Te lo debo por
salvarme la vida después de todo —Alcanzó la cintura de Dom y tiró de él hacia abajo sobre su
propio cuerpo. El contacto de todos esos músculos magros lo hizo gemir, y envolvió su pierna
alrededor de la de Dom. Definitivamente podría hacer esto todo el día en un yate. La polla de
Seth se frotó contra los vellos espinosos del estómago de Dom, y esa sensación hizo que goteara
líquido preseminal.
—Necesito el lubricante —murmuró Domenico, apretando de repente el labio de Seth
con los dientes.
Seth se tensó ante ese repentino empujón de regreso a la realidad. —¿Dónde está? —
preguntó con un beso.
Dom asintió hacia la mesita de noche que ahora parecía demasiado lejos. —Solo un
segundo.
Seth lo miró y envolvió sus brazos alrededor de sí mismo ante el aire fresco que invadía
su piel. Con su polla dura y resbaladiza en la punta, sus brazos no hicieron nada para salvar su
modestia. Sin embargo, a Domenico no pareció importarle, y pronto, estaba pasando su brazo
alrededor de Seth. Sus dedos fríos y resbaladizos subieron por la cara interna del muslo de Seth.
El toque hizo temblar a Seth, y quería aullar por las reacciones de su cuerpo. No era
virgen después de todo, no debería estar tan nervioso, pero su corazón lo desafió, latiendo con
fuerza en su pecho. Todo lo que Seth esperaba era que no le doliera esta vez. Como habían
seguido una estricta dieta de mamadas, todo el dolor que había sentido después de ese sexo
desastroso sobre la mesa había desaparecido. —Solo ve despacio, ¿sí? —susurró, demasiado
avergonzado para pedir esto en voz alta.
Domenico apretó el abrazo y acomodó su cabeza debajo de la barbilla de Seth, con su
boca y nariz contra el cuello de Seth. Seth estaba tan nervioso que su tráquea parecía contraerse,
dándole menos aire del que necesitaba, pero cuando esos dedos largos y delgados empujaron
entre sus nalgas apretadas, todos sus sentidos se congelaron con anticipación. Inhalando el olor
del cabello recién lavado, cerró los ojos y abrazó a Dom con fuerza. Trazó las pequeñas
cicatrices en la espalda de Dom con solo las yemas de los dedos, sintiendo las diferencias en la
textura de la piel. Nunca antes se había sentido así con un hombre, e incluso separar los muslos
ya no parecía inapropiado.
Una brusca toma de aire, tan cerca de su piel que podía sentir el movimiento del aire, fue
seguida por un fuerte gemido cuando los dedos comenzaron a moverse suavemente contra su
ano, convenciéndolo para que se relajara. La forma en que Dom lo tocó ya no parecía una
agresión, y Seth besó su cabello para alentarlo, cada vez más emocionado por cómo se sentiría
recibir esos tanteos por dentro. Con suficiente lubricante y cuidado, no debería doler. La parte
lógica de su mente sabía eso mientras que la parte cachonda recordaba las cosas buenas de ser
embestido contra el colchón. Seth levantó lentamente las piernas y puso los talones por encima
de las nalgas de Dom, para darle un mejor acceso. Sin embargo, no se atrevería a abrir los ojos.
Rendirse se sentía bien, pero iba en contra de todo lo que le habían enseñado desde la infancia.
Domenico levantó la cabeza, sin tocar más el cuello de Seth, pero su presencia era
innegable entre los muslos de Seth, donde lentamente metía un dedo en su ano. Seth podía sentir
el calor del sol en su rostro, pero bien podría ser la mirada de Domenico. Tenía miedo de
averiguarlo.
Seth deslizó sus manos hasta la nuca de Dom. La respiración se volvió un poco más fácil,
aunque el dedo ahora lo estaba molestando desde adentro. Cualquier rastro de whisky tenía que
desaparecer, porque se sentía tan crudo, desnudo y sobrio como siempre. El cabello largo se
deslizó sobre sus dedos, y sintió a Dom besar su antebrazo mientras metía el dedo hasta el
nudillo. Era una sensación tan extraña, aunque no desagradable en lo más mínimo. El dedo
retrocedió, solo para regresar, iniciando un ritmo lento y lánguido, que tenía a Seth listo para más
en poco tiempo.
Se atrevió a abrir los ojos y mirar ese rostro perfecto enmarcado por un cabello negro y
liso. —Más —era todo lo que tenía para Dom. ¿Por qué la comunicación tenía que ser tan
difícil?
Pero la boca de Domenico se curvó en una sonrisa, iluminando sus ojos oscuros. Incluso
el olor del sudor de Domenico, especiado y masculino, impulsaba la excitación de Seth por las
nubes. —¿Más dedos?
Seth tragó y asintió. Ahora que no estaba tan apurado, aumentó su curiosidad por
experimentar. Se arqueó y besó el puente de la nariz recta de Dom. Sería una pena que se hubiera
roto.
Obtuvo una risita de Domenico, quien cayó sobre su codo y miró a Seth con una sonrisa
generosa y relajada. En poco tiempo, la presión sobre el ano de Seth se volvió más fuerte, pero
eso tampoco dolió. Los dedos se deslizaron fácilmente.
—No te rías, hijo de puta —se quejó Seth, pero no se apartó ni un centímetro, apretando
las nalgas con los dedos.
—¿Por qué estás enojado de repente? —preguntó Domenico, inclinándose para presionar
un beso en la mejilla de Seth y acariciarlo con una ternura que solo calentó la sangre en las venas
de Seth.
—No lo estoy, solo… Te sientes tan bien, —dijo al final, derrotado, y se inclinó hacia el
toque de los labios de Dom. Sus ojos se encontraron de cerca, y se volvió insoportablemente
intenso cuando Dom comenzó a susurrar. Su voz resonó por la silenciosa habitación,
envolviendo a Seth en lo que parecía un cálido manto de palabras.
—Solo espera cómo se sentirá cuando me acerques con tus piernas y mi polla empuje
dentro de ti.
Seth tragó saliva, pero ni siquiera se atrevió a parpadear. Necesitaba eso, y nunca fue el
tipo de persona paciente. Su interior todavía se estaba derritiendo con el sonido de la voz de Dom
cuando empujó el trasero de su amante con los talones de sus pies, empujándolo más abajo.
Esperaba que eso fuera suficiente señal. No quería tener que pedirlo.
Domenico dejó escapar un jadeo ahogado. Sus ojos eran oscuros y brillaban en su rostro
sonrojado. —¿Ahora?
Seth continuó su voto de silencio con otro asentimiento y se arqueó para besarlo y
enfatizar su necesidad. La polla de Dom palpitaba contra su estómago, y Seth ya se imaginaba
cómo se sentiría toda esa carne caliente por dentro. Pero Dom no haría todo el trabajo.
—Lubrica mi polla, —susurró, dándole a Seth una mirada tan intensa que envió un
hormigueo hasta la punta de los dedos de los pies de Seth.
¿Seth realmente iba a hacer esto? ¿No solo permitir que un chico lo folle, pidiéndolo,
sino también lubricar la polla de Dom? Ese rastro de pensamiento desapareció en el momento en
que Dom curvó sus dedos dentro del cuerpo de Seth, haciéndolo retorcerse de sorpresa. ¡Joder,
sí, quería esa polla! Con su mente libre de objeciones, buscó el lubricante en el edredón y se puso
un poco en la mano solo para agarrar la polla de Dom con firmeza. Seth gimió ante el contacto.
Duro, palpitante, carnoso, con una cabeza oscura que aparecía entre sus dedos cada vez que Seth
la bombeaba con la mano hasta la raíz. Apartó la mirada solo porque el rostro de Dom era tan
hermoso como su polla, y quería maravillarse con ambos a la vez. Con los ojos entrecerrados por
el placer, Domenico miraba a Seth con los dientes clavados en el labio inferior de su boca.
—Solo quieres que dispare todo sobre ti —susurró, encontrándose con la mano de Seth
con bruscos empujones de sus caderas.
Seth apartó los dedos como si la polla de Dom estuviera en llamas. —No. —Le dio a
Dom una sonrisa arrogante y lamió su barbilla magullada.
—¿No? ¿Lo quieres todo dentro? —dijo Domenico con voz áspera, agachándose, y la
forma en que esas caderas empujaron los muslos de Seth aún más separados hizo que toda
resistencia se desvaneciera. No podía apartar la mirada del rostro de Dom y su trasero
posicionándose en el fondo.
—Y-yo... sí, en cierto modo lo quiero —pronunció Seth, con los dedos de los pies
doblados por la tensión. —Pero solo lo haría contigo, ¿sabes? —añadió de nuevo, solo para
asegurarse de que Dom entendiera que no estaba en la naturaleza de Seth someterse. Fueron las
locas cualidades de primer semental de Dom las que le hicieron tirar todas las reglas por la
ventana.
Domenico volvió a morderse el labio y se inclinó hacia delante. En el momento en que su
polla se anidó en el valle entre las nalgas de Seth, fue como si toda la sangre de Seth se
acumulara en su región inferior, haciéndola latir con ardiente anticipación. —¿Por qué?
Seth volvió a poner sus manos en el cuello de Dom para calmar su temblor. —P-porque
eres lo suficientemente hombre para hacerlo. Nunca he conocido a nadie como tú —susurró, listo
para la cabeza de la polla. Desde la última vez que lo hicieron, se había sorprendido a sí mismo
pensando en ser pasivo de vez en cuando. Los malos tiempos se desdibujaron, los buenos
tiempos ganaron nitidez.
—¿Como yo? —Domenico gimió, temblando bajo el toque de Seth mientras comenzaba
a deslizar la cabeza de su polla arriba y abajo de la grieta de Seth. Cada vez que pasaba rozando
el agujero, Seth se preparaba para la entrada que aún no vendría.
Su estómago se tensó cada vez y respiró hondo, agarrando el cuello de Dom. —Tan en
control. Siempre te mueves con un propósito —Agitó las caderas, pero nunca apartó la mirada de
esos ojos intensos, que se entrecerraron cuando la polla de Dom finalmente empujó, deslizándose
dentro del cuerpo de Seth como si fuera mantequilla blanda. Era gruesa, pero no demasiado,
abrasador, y el inconfundible latido del interior estaba haciendo que el corazón de Seth se
acelerara.
—Soy tu primero. Eres solo mío —susurró Domenico, agarrando el cabello corto en la
parte posterior de la cabeza de Seth. Cada tono de su voz, incluso los más pequeños movimientos
de ese cuerpo fragante, le decían a Seth lo mucho que Dom quería decir eso.
Seth no luchó contra eso esta vez y se derritió en el toque, dejando que Dom moldeara su
cuerpo de la forma que quisiera. No se podía negar que Seth no conocía a ningún otro hombre de
esta manera. Empujó sus caderas hacia adelante, dejando que la polla de Dom se deslizara más
adentro. Solo que ahora Seth notó que no le dolía en absoluto, y el alivio lo atravesó, dejando
que sus músculos se relajaran, a pesar de que su trasero estaba apretado para esa pulsante polla.
Un jadeo de placer resonó cerca de su oído, y no esperó, volviendo la cabeza para mirar
la imagen de felicidad en el rostro de Domenico. —Joder, es tan bueno que podría correrme
ahora mismo —gruñó.
—No —susurró Seth y acarició su ardiente mejilla. Estar juntos finalmente no era una
lucha de fuerzas, y Seth quería que durara un tiempo. Envolvió su otro brazo bajo el de Dom,
abierto a lo que pudiera pasar. Amaba la tensión palpable en ese cuerpo duro sobre él. En ese
momento, Seth no podía imaginar la posibilidad de ceder ante otro hombre.
—No lo haré. Me avergonzaría mirarte a los ojos de por vida —suspiró Domenico,
acariciando la mejilla de Seth con un bajo murmullo. Una de sus manos se deslizó por el costado
de Seth, agarrando firmemente su muslo.
Seth no pudo evitar una sonrisa ante esa seria confesión. —Me burlaría de ti para siempre
si lo hicieras —Le encantaba la forma en que Dom lo sujetaba con firmeza, pero a la vez con
delicadeza. Seth rozó su rostro contra el cabello de Dom. Si fuera por él, nunca dejaría que Dom
lo cortara. Gracias a Dios, Domenico era demasiado vanidoso para eso.
—Lo sé. —Domenico se rió entre dientes y rodó sus caderas entre los muslos de Seth,
presionando la polla aún más profundamente. Los músculos de su pecho se contrajeron bajo la
piel. Verlos moverse fue tan excitante. Tendrían que repetir todo esto para que Seth pudiera ver
otros ángulos y sentir a Dom en todas las formas posibles.
—¡Oh, mierda!— Seth gimió y envolvió una de sus piernas sobre las caderas de Dom,
abierto a cualquier cosa que Dom estuviera dispuesto a dar. Deslizó la palma de su mano hacia el
pecho de Dom, siguiendo los pelos cortos y espinosos. Dom era la perfección masculina, ya Seth
le estaba empezando a gustar tenerlo cerca. Tener a alguien que supiera qué hacer. Cómo hacer
slalom* entre los miembros de la Familia. Cómo romper el cuello de un asesino. Cómo coser una
herida. Cómo follar como si el mundo entero dependiera de ello.
(*Es un deporte de esquí y snowboard alpino que implica esquiar entre varas o puertas,
esquivándolas. Seth se refiere a sortear cualquier problema entre los miembros de su familia y
manejarlo sin salir dañado, como en el deporte.)
Dom era como una máquina, pero una con carne caliente que suplicaba no solo ser
tocada, sino adorada. La forma en que se movía dentro y sobre Seth hablaba de confianza y
completo control, a pesar de los escalofríos que seguían corriendo por su espalda cada vez que
retiraba su polla casi por completo. A medida que aumentaba el ritmo, sus cuerpos se acercaron,
Domenico dobló a Seth en dos y lo miró directamente a los ojos con un calor abrasador.
Seth era todo lo contrario de Dom. Retorciéndose, sin control sobre sus expresiones o qué
tan fuerte se aferraba a su amante. Su estómago estaba sudoroso con todo el calor entre ellos,
pero no le importó ni un poco, atrapado en el momento que era perfecto. Sin dolor, la sensación
del eje de Dom deslizándose dentro de él una y otra vez era clara, y esta vez Seth estaba seguro
de que lo disfrutaba. Era difícil de reconocer, pero no tenía sentido mentirse a sí mismo. A Seth
le encantaba cómo Dom exhalaba con cada embestida, gruñendo de vez en cuando, como si
follar el agujero de Seth fuera lo mejor de su año. Tal vez lo era.
Seth bajó la cabeza de Dom y lo besó de la misma forma ferviente en que Dom lo folló.
Sus lenguas se engatusaron mutuamente, luchando por averiguar quién estaba penetrando a
quién. Seth gimió ante otro fuerte empuje de caderas, solo abrazando la cabeza de Dom más
cerca. Mierda. Quería sentir a Dom correrse dentro de él, bombear su trasero y dejar su marca.
Era sorprendente lo flexible que se volvía su carne bajo el escrutinio de Dom, moldeada por su
fuerza y determinación. Y apenas podía resistir las olas de placer que lo atravesaban con cada
uno de los movimientos de su amante.
Seth entrecerró los ojos, sin apartar nunca los labios de Dom. Había un ligero sabor a
sangre y limón en su beso, y la mezcla parecía encajar con la intensidad que compartían. Agrio,
metálico, con una nota subyacente de tabaco dulce.
Cada uno de los empujes de Dom ahora estaba tan bien ajustado para rozar la próstata de
Seth, cada vez que ocurría, Seth se arqueaba con un gemido, ya no se avergonzaba de expresar lo
cachondo que estaba. Sus bolas seguían apretándose, haciéndolo equilibrarse al borde del
orgasmo, como si estuviera parado en el filo de un cuchillo.
—Fóllame más rápido —pronunció en el beso, retorciéndose con una necesidad que
ahora solo Dom podía satisfacer.
—¿Sí? ¿Vas a correrte por ti mismo? —jadeó Domenico, cuya polla ya estaba entrando y
saliendo de Seth, calentando su culo. El placer abrasador corría por todos sus cuerpos, sin que
Seth supiera dónde terminaba el suyo y dónde empezaba el de Dom.
—Sí, lo haré. —Seth dejó escapar un gemido de necesidad y metió la mano entre sus
cuerpos. Todo lo que su polla pudo soportar fueron unos cuantos tirones, y se corrió tan duro
como siempre, chorreando sobre su estómago y el de Dom, y arqueando la cabeza hacia atrás.
Gimió obscenidades mientras su culo se apretaba sobre la dura polla de su amante, que todavía lo
follaba a la orden, rápido y contundente. —¡Tan jodidamente bueno! —Seth jadeó, agarrando el
brazo de Dom con la otra mano. Sus músculos ardían y se relajaban al mismo tiempo.
Domenico se elevó sobre Seth y cerró los ojos, golpeando su trasero con movimientos
agudos y superficiales. No tardó mucho en arquearse sobre Seth y enterrarse hasta el fondo de
nuevo, congelándose como una estatua hermosa y sudorosa, atrapada en el momento del
orgasmo. Solo su pecho se movía rápidamente, todo enrojecido por la excitación.
Seth deslizó sus manos sobre los costados de Dom y todo el camino hasta sus pectorales,
todavía jadeando y distraído. —Tan jodidamente glorioso —suspiró con adoración sin
vergüenza. No se sentía mal abrir las piernas para un tipo así.
—Sí, —susurró Domenico, lentamente, con algo de rigidez apoyando su cuerpo sobre el
de Seth. Ambos estaban resbaladizos por el sudor y el semen, pero no había nada que Seth
quisiera más ahora que permanecer así hasta que la situación los obligara a borrar los rastros de
sexo de sus cuerpos.
Y eso no sería todavía. Seth volvió a poner lentamente los pies sobre el colchón,
sintiendo que la polla de Dom se deslizaba entre sus nalgas. Tiró de Dom en un fuerte abrazo y
besó su oreja. —Eso no dolió —era todo lo que tenía en él.
Dom suspiró, acariciando perezosamente el pecho de Seth. Estaba gastado. —Lo sé.
—¿Dormimos? —Seth le dio al costado de la cara de Dom unos besos tiernos más.
—Sí, nos lo hemos ganado —murmuró Dom, bajándose de Seth para descansar junto a él
sobre el edredón. Con el cabello esparcido por toda la almohada, se veía lo suficientemente bien
como para comer.
—Realmente me gustas, lo sabes, —dijo Seth después de pasar un momento
contemplando los definidos músculos del estómago de Dom. —No solo por protección o lo que
sea. Aunque te hubiera conocido en diferentes circunstancias te follaría totalmente —Sus labios
se abrieron en una pequeña sonrisa. Era todo lo que podía manejar con la poca energía que le
quedaba.
Un ojo ámbar se abrió para mirarlo. —Yo también a ti. Me encanta tu abdomen peludo.
Seth mantuvo el contacto visual y entrelazó sus dedos con los de Dom. Era apropiado. Su
propia mano sin un dedo, el corte de Dom en medio de la palma por el cuchillo que Seth le arrojó
hace apenas unas horas. Seth no sabía cómo poner en palabras lo que sentía, así que se quedó en
silencio y apretó suavemente la mano de Dom, aunque sabía que tenía que doler. El fuerte
apretón que recibió en respuesta hizo que su pecho se calentara más de lo que estaría dispuesto a
admitir.
Capítulo 18

Domenico sintió un tirón en el vello de su antebrazo.


—¿Dom? ¿Sigues dormido? —Seth le susurró al oído, su cuerpo grande y caliente
abrazando a Dom desde un lado.
—¿Hmm? —gimió Domenico, estirándose en la cama, todavía en la bruma del sueño. Se
preguntó qué hora era.
Seth rodó hacia su lado de la cama. —Estaba pensando, ya sabes, que tal vez aún podría
encontrar una salida a todo este asunto del matrimonio.
Domenico gimió, cubriéndose la cara con las manos. Solo quería volver a dormir. —Me
temo que tiene hermanas. No puedes deshacerte de todas ellas.
—Yo… ¿Eh? Eso no es lo que estaba pensando, —gimió Seth. —Pensé que tal vez
podría hacer algún trato con ella. Probablemente ella quiera esto tanto como yo. Podría contarle
más sobre mí, alguien más podría dejarla embarazada, y eso sería todo.
Domenico se levantó de un tirón hasta quedar sentado y parpadeó, tratando de enfocarse
en la cara de Seth. —¿Estás loco? No la conoces, y ella no tiene motivos para simpatizar contigo.
Ella le dirá a alguien de inmediato.
Seth lo miró con esos grandes ojos marrones ingenuos. —Pero... tal vez ella estaría bien
con eso.
Domenico puso los ojos en blanco, mirando el reloj. Eran casi las dos. —Ella no lo haría.
Deja de ser un soñador.
—Bueno, aconséjame entonces, oh maestro de la planificación —Seth hizo un puchero y
miró hacia otro lado. —Tengo que pensar en algo.
Obviamente, los dos cadáveres y alguien demasiado vivo en la habitación de al lado no
eran asunto de Seth.
—Embarázala lo más rápido posible —Domenico se puso de costado y volvió a cerrar los
ojos. El aire fresco comenzaba a llegar a él sin la cercanía del cuerpo de Seth para calentarlo,
pero no podía obligarse a meterse debajo del edredón.
—No lo entiendes. Entonces, incluso si me obligo a hacerlo, prostituirme por un par de
días, ¿qué sigue? ¿Cómo crees que se sentirá? No quiero lastimarla.
Domenico no estaba seguro de si a Seth realmente le importaba la mujer que aún no
conocía o si era su propio miedo a sentirse utilizado. —Vamos, ella sabe en lo que se está
metiendo.
—Entonces, ¿estás diciendo que ella no me querrá? —Seth frunció el ceño y se sentó.
—Tú tampoco la quieres. No sé qué es lo que esperas de un matrimonio concertado.
—No lo sé, —le gruñó Seth. —Nunca he estado en uno. ¿Qué pasa si empieza a
gustarme?
Domenico apenas reprimió una carcajada. ¿Una estrella dorada gay que de repente se
declara bisexual? Eso era ambicioso. —Probablemente la dejarías embarazada más de una vez.
—¿Ah sí? Y todos serán felices. ¿A quién vas a follar entonces? —Seth se levantó de la
cama, ya agitado de nuevo.
Domenico abrió los ojos, siguiendo sus movimientos con el ceño fruncido. —¿Qué
quieres decir?
—Estaré muy feliz con mi nueva maldita esposa y un montón de bebés —Seth abrió los
brazos a los lados, mostrando su forma carnosa en todo su esplendor, aunque presumir
probablemente no era su intención en este momento. Era hermoso, y Domenico se encontró
mirando el arbusto oscuro en su estómago que se arrastraba hasta convertirse en una polla
gruesa. ¿De qué se trataba todo esto de todos modos? Arruinaba el potencial para una mamada
perfectamente buena.
—Cálmate, joder.
—¿No estás ni siquiera un poco celoso? —Seth resopló y envolvió sus brazos sobre su
pecho, sus pectorales carnosos sobresalían ligeramente sobre sus antebrazos.
Oh, entonces de eso se trataba todo. Domenico se levantó de la cama con una última
mirada anhelante a las sábanas y se acercó a Seth, cuya tensión amenazaba con desgarrarle la
piel y arrastrarse a la intemperie. —¿Por qué estaría celoso de una mujer?
—¿Por qué no lo estarías? —Seth observó a Dom con los ojos muy abiertos, pero no
retrocedió.
Domenico captó la indirecta y se inclinó para besarlo, pero Seth apartó la cara. Dom
suspiró y soltó su brazo. —Una mujer no puede darte lo que necesitas.
—Ella me dará algo más —En este punto, Seth parecía estar simplemente diciendo lo que
su lengua desentrañara.
—Y finalmente, serás feliz —murmuró Domenico, cruzando los brazos sobre el pecho.
Seth enseñó los dientes con un gruñido. —Ah, vete a la mierda —Le dio la espalda a
Dom y caminó hacia el baño. Poniendo los ojos en blanco, Domenico lo siguió y deslizó sus
brazos alrededor de su amante, esperando que luchara contra el abrazo, pero eso nunca sucedió.
—Detente. No soy yo con quien deberías estar enojado.
—Es fácil para ti decirlo. —Seth se frotó la frente y Dom vio la angustia en su rostro en
el espejo.
—No te descargues sobre mí —Él frunció el ceño.
Seth inclinó la cabeza y resopló. —Lo lamento. No hay nadie más con quien pueda
hablar sobre esto.
Domenico se acercó más, observando los musculosos brazos que deseaba amasar y besar.
—¿Puedo hacer algo?
—No puedes huir conmigo, así que supongo que no me dejes con los buitres cuando
regresemos a Italia —Seth respiró hondo y apoyó la espalda contra el pecho de Dom. Su cuerpo
se volvió tan flácido que su cabeza se sentía como un peso muerto.
—Si solo el Don lo permite, lo haré —Domenico apoyó la barbilla en el brazo de Seth y
abrazó su cálido cuerpo por detrás.
Seth pasó las yemas de los dedos por encima de la mano vendada de Dom. —Eres un
buen guardaespaldas.
Domenico resopló y palmeó el trasero de Seth. Ya amaba ese culo con una profunda
pasión. Era lo suficientemente suave para usarlo como almohada. —Entonces, ¿qué tal si
averiguamos si nuestra señora está lista para hablar?
—Supongo que ya es hora —Seth suspiró y se dio la vuelta en el abrazo, solo para
abrazar a Dom. Era agradable tenerlo tan ansioso por tocar, invitando a Dom a follar. A fin de
cuentas, Seth había sido fácil de preparar.
—¿Quieres vestirte primero? —preguntó Dom solo para hacer que Seth sintiera que tenía
esa opción.
—Sí, me ducharé y vendré —Seth se inclinó y lo besó, como un marido dócil. Dom
estaba bastante orgulloso de sí mismo. Arrancó una discusión de raíz y ni siquiera tuvo que
golpear a nadie. Eso habría sido malo para su mano lesionada.

Después de una ducha rápida mientras observaba cómo se afeitaba Seth, Domenico
también atendió su rostro. Dejó que su mente divagara a la madrugada y la estúpida dirección de
correo electrónico que le dio al atacante más joven la noche anterior. Ya había buscado en sus
teléfonos inteligentes y leído el mensaje original. Todo lo que contenía era la información sobre
su paradero, firmada “Sr. Trópico”, pero para saber más, posiblemente tendría que devolver el
correo o encontrar a alguien con la capacidad de rastrear un correo electrónico hasta su
remitente. Es posible que fuera el mismo hombre que traicionó a Seth antes, pero eso no tendría
mucho sentido ya que el nuevo papel de Seth solo se anunció después del secuestro.
Fue interesante ver a Seth hacer el desayuno con un salto en su caminar a pesar de que el
olor a desinfectante aún permanecía en el aire. El vendaje blanco envuelto alrededor del brazo de
Seth era el único recordatorio del drama de ayer. Era como si Seth limpiara la pizarra en su
cerebro al final de cada día, y Dom realmente lo apreciaba. A Seth no le iría bien si seguía
insistiendo en cada cosa que le pasó. A menos que fuera el sexo lo que le dio esa amplia sonrisa
blanca mientras ponía dos huevos fritos frente a Dom y se sentaba frente a él con una taza de
café.
También hubo una ensalada simple y una tostada espolvoreada con hierbas. Seth era un
hombre increíble con quien vivir. —Gracias —dijo Domenico, atacando su comida de inmediato.
—Siempre digo que no es bueno interrogar a la gente con el estómago vacío.
—¿Sí? ¿Te preocupa que te quedes sin energía? —Seth frotó su rodilla contra la de Dom,
como si estuviera animando a Dom antes de un combate de boxeo.
—No, pero a veces toma demasiado tiempo y me da hambre —Domenico rozó su pie
sobre la pantorrilla de Seth y le guiñó un ojo.
—Solo esperemos que ella hable, y podamos olvidarnos de todo esto —Seth tomó un
sorbo de café, su rostro desprovisto de cualquier preocupación. Era tan entrañable que Dom
quería follarlo de inmediato, en la mesa del desayuno. Pero primero necesitaban hacer su mierda.
El placer tenía que esperar.
—Sí, tan pronto como lo haga, estarás a salvo de nuevo —mintió Dom y valió la pena,
ver esa sonrisa ampliarse y llegar a los ojos oscuros de Seth.
—Termina tu comida entonces. Creo que estoy listo.
Domenico gruñó con una sonrisa. —Vaya, vaya, alguien se está volviendo sediento de
sangre después de probar carne adecuada anoche.
Seth parpadeó, su rostro se volvió de un encantador tono rosado. —¡Ey! No es así. —Se
frotó la nuca y miró hacia otro lado.
—No te pongas resistente conmigo ahora. Lo disfruté mucho. —Domenico se metió los
últimos huevos en la boca y sonrió.
Seth golpeó la espinilla de Dom con los dedos de los pies. —Yo también. Fue caliente.
—Parecía tan tímido como un semental listo para ser montado por primera vez. Anhelando esa
silla de montar, pero no listo para aceptarla.
Domenico se deslizó de su silla y con el café en la mano, rodeó la mesa y tiró de la
cabeza de Seth para que descansara sobre su cadera. —Eres caliente.
Seth miró hacia arriba con una sonrisa. —Salgamos de aquí para que mi cuerpo no se
enfríe pronto. Alguien a quien no le agradamos conoce esta dirección.
Domenico bebió su café, jugando con el cabello de Seth, pero finalmente se retiró. —
Correcto. Vamos.
Seth respiró hondo y se levantó. Siguió a Dom hasta la puerta. La sonrisa se había ido
hace mucho tiempo. Domenico se detuvo en seco y lo miró. —¿Quieres un poco de mentol? Los
cuerpos podrían apestar.
Tampoco había señales de ese rubor virginal en el rostro de Seth, y solo negó con la
cabeza. Domenico se encogió de hombros y alcanzó la pequeña caja en su bolsillo, para untar un
poco del ungüento de olor fuerte debajo de su nariz. Picó su carne magullada, pero no le importó.
—Simplemente no vomites por todo el piso.
Seth le frunció el ceño. —Cállate.
Dom puso los ojos en blanco y se acercó a la puerta, abriéndola con facilidad. Después de
unas pocas horas, el olor no podía ser tan malo ya que los cuerpos tardaban en pudrirse, pero aun
así no quería que Seth ensuciara aún más. Después de poner los fiambres en la celda la noche
anterior, los colocó en posición fetal, los ató con cuerdas y los metió en una doble capa de bolsas
de plástico, de modo que solo sobresalieran las cabezas para un factor de susto adicional. Los
arreglos harían que el transporte posterior fuera mucho más fácil, y siempre que la carne
estuviera caliente, no tuvo ningún problema con el manejo del cadáver.
Salieri estaba acurrucada en la esquina opuesta de la habitación y los miraba con los ojos
muy abiertos y enrojecidos. —Por favor, llévatelos —se quejó. Parecía que dos cadáveres eran
exactamente lo que necesitaban para desenredar su lengua, tal vez porque hacía que la
posibilidad de su propia muerte fuera mucho más real.
Domenico suspiró, relajado. Metió las manos en los bolsillos y se acercó a ella
lentamente. —Eso depende de ti.
—Te diré quién era mi contacto —susurró y apartó la mirada. Dom escuchó los pasos de
Seth detrás de él. Por lo que todavía no estaba corriendo.
—Te escucho. —Domenico bostezó y pateó uno de los cuerpos para comprobar si estaba
tan duro como debería.
Los labios de Salieri temblaron y se dio la vuelta para quedar de cara a la pared. La
contracción nerviosa en sus hombros traicionó cuánto se había rendido. Todas sus esperanzas
habían estado puestas en la pequeña posibilidad de que la liberaran. No había a dónde correr
ahora. —Es Angelo Pecora. Pero no puedes decirle que revelé su identidad. Por favor, dejaré el
país, desapareceré, puedo hacer eso —se arrodilló y se arrastró hacia ellos, con los ojos muy
abiertos y desesperados mientras volvían a gotear lágrimas, su voz aguda y quejumbrosa. En
cualquier otro momento, Dom se habría reído de ella, pero el nombre lo sorprendió tanto que
solo podía mirarla mientras su cuerpo se negaba a moverse. Angelo era la última persona de la
que sospecharía. Se conocen desde hace tanto tiempo...
Seth se acercó a la línea de visión de Dom. Se aclaró la garganta. —¿Dom? ¿Podemos
hacer eso?
La estupidez de esa pregunta fue suficiente para ayudar a Dom a sacudirse la rigidez de
su cuerpo. Él resopló. Tenía prohibido hacerle daño grave a la perra en caso de que su contacto
fuera alguien importante, pero esa preocupación desapareció en el momento en que les dio un
nombre. —Por supuesto que no. Puedes matarla ahora.
Salieri se arrastró de regreso a su rincón con un sollozo. —¡No, no, no, por favor, te dije
lo que querías! —ella lloró.
Seth estaba a dos pasos de distancia, rígido como una estatua. —¿Debería traer el arma?
—él susurró.
Domenico suspiró, tratando de recuperar la compostura, y le sonrió a Seth. Fue una
distracción bienvenida. —Eso no será necesario. Te mostraré cómo romperle el cuello.
Sin embargo, Seth no le devolvió la sonrisa, mirando a Dom con ojos tan brillantes como
el aceite de oliva virgen. La tensión en la habitación era espesa, solo rota por un ruido de fondo
de sollozos resignados.
Domenico puso su mano sobre el brazo de Seth y lo apretó suavemente. —A ella no le
importó si vivías o morías, ¿recuerdas? ¿Estás dudando?
—¡Me hubiera importado! —Salieri gritó, inclinándose hacia Seth, su único boleto a la
libertad. —Si te conociera, me hubiera importado. Fue una elección equivocada.
Seth la miró y luego volvió a mirar a los ojos de Dom, apretando las palmas de sus manos
en puños. Y este fue el momento en que Dom entendió que Seth no lo haría. No estaba hecho
para el papel que su padre quería para él.
—Ella tiene que morir.
—Está bien —susurró Seth con una respiración profunda y dio un paso hacia adelante,
incómodo como si estuviera preguntándose cómo acercarse a un puercoespín. Él la habría dejado
ir si hubiera tenido la oportunidad, Dom estaba seguro de eso. Pero eso no podía pasar.
—Seth, mírame.
Seth siguió la orden con esa mirada abatida en su rostro. ¿Cómo iba a tener éxito en este
trabajo con sus emociones tan obvias por todas partes? ¿Tal vez deberían tomar una clase de
actuación en lugar de prácticas de tiro?
Domenico suspiró y clavó la punta de su zapato en el suelo. —Puedes irte si quieres. Lo
puedo hacer por ti.
Seth asintió y retrocedió dos pasos antes de que Salieri pudiera soltar otro sollozo.
—Hazme un batido, ¿quieres? —le pidió a Dom que hiciera que Seth se sintiera útil y
que le diera un enfoque diferente al de reflexionar sobre lo que dejó que Dom hiciera.
Seth asintió, su respiración ya entrecortada. —Claro —murmuró y salió por la puerta
antes de que Salieri continuara con su vómito de mentiras.
—No es mi culpa. Me chantajeó para que lo hiciera —gritó, acurrucada en su rincón.
Domenico se pellizcó el puente de la nariz mientras cerraba la puerta. Odiaba cuando las
mujeres gritaban. —Cállate, puta mentirosa.
Ella lo miró, sacudiendo su cabello hacia atrás desafiantemente. —Es cierto. Él... —le
tembló la voz y se acercó apoyándose en sus manos y rodillas. —Me violó y dijo que regresaría
si no respondía esos pocos correos electrónicos.
Domenico no pudo evitar la risa que salió de su pecho ante esa historia. —No suena
como él. Es un maricón perdido.
La innegable mirada de absoluto pánico en su rostro la delató en un instante. Pero Dom
no necesitaba eso de todos modos. Sabía que ella diría cualquier cosa para escapar de esto, la
pequeña anguila viscosa.
—Lo siento, yo solo… —Su mente tenía que estar sobrecalentándose ahora, porque no
podía pensar en una nueva mentira.
—¿Algunas últimas palabras, querida? —preguntó Domenico, tronándose los huesos de
los nudillos. La forma en que se encogió y se encogió no le dio otra satisfacción que la sensación
de hacer justicia a Seth y su familia. No sentía simpatía por una mujer codiciosa dispuesta a
sacrificar a otros para seguir sus propios planes. Ella merecía morir.
—¡Vete a la mierda! —Salieri chilló con fuego en los ojos. Ahora, al borde de su tumba,
¿se estaba poniendo luchadora con él? —¡Tú y tus malditos batidos! ¿Pensaste que era gracioso?
¿Que no merezco ni siquiera este respeto? ¿De cualquier manera, quién eres tú? ¿Haciendo todo
el trabajo sucio para ese idiota cobarde? ¡Fue tan jodidamente fácil atraerlo con la promesa de un
gallinero barato, por el amor de Dios! ¿Cuántos años tiene, doce? —Siseó como un gato
acorralado, finalmente mostrando sus verdaderos colores.
Dio un paso hacia ella, le agarró la cabeza y le retorció el cuello con un crujido
silencioso. Eso fue todo, fácil. Todo lo que necesitaba fue un poco de conocimiento y calma.
Incluso Seth podría hacerlo si primero entrenara con animales.
Domenico se estiró, dejando que el cuerpo se desplomara contra la pared, y miró
alrededor de la pequeña habitación. ¿Cómo diablos se suponía que iba a lidiar con este lío?
Salió de la celda y fue directo a la cocina, buscando a su amante. Quería asegurarle que el
hecho estaba hecho y que no tenía que preocuparse más. Seth lo saludó con una sonrisa tensa y
un gran vaso de batido de fresa.
—Mira, incluso encontré una pajilla en el armario —Soltó una risa nerviosa, señalando la
pajita blanca con una pequeña fresa de papel adjunta. Domenico sintió que su cuerpo se relajaba
y caminó directamente hacia los brazos que esperaban de Seth. Seth no era un idiota cobarde,
había estado protegido del entorno en el que se suponía que navegaría en el futuro. La mujer se
merecía lo que le pasó por tenderle una trampa.
—Se ve bien.
Seth lo abrazó con fuerza. —Lo siento, Dom. Quería hacerlo, realmente quería —Seth no
era ni la mitad de bueno mintiendo que Salieri.
—No, no lo querías —dijo Domenico. Se puso de puntillas para besar la frente de Seth y
chupó la pajilla para saborear el espeso néctar, tan bueno como todo lo que Seth había preparado
para él hasta ahora.
Seth evitó su mirada, aunque no se apartó. —Está bien, no lo quería. Pero lamento no
haberlo hecho. Lo haré mejor la próxima vez —dijo en voz baja. Sería mejor si hiciera más
batidos en lugar de tratar de romperle el cuello a la gente.
—No te preocupes por eso —Domenico frotó la espalda de Seth y metió la mano en su
bolsillo para sacar el teléfono celular. —Está bien.
—Al menos nos dijo quién era. Podemos largarnos de aquí. —Seth se inclinó hacia el
toque como si estuviera hecho para ser parte del cuerpo de Dom.
Domenico suspiró, abofeteando mentalmente a Angelo por involucrarse en algo como
esto, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Marcó el número de Silvio.
—Oye, tenemos que hacer una limpieza de primavera —dijo cuando Silvio atendió. Esos
cuerpos tenían que ser eliminados. Bebió un poco de batido de fresa bien merecido. —Tenemos
comida.

Domenico arrojó una bolsa de hielo en la cara de la escoria china y se frotó las manos
para deshacerse del entumecimiento en las palmas. Silvio sorbió el batido verde, preparado por
Seth, y se apoyó contra la pared. El simple atuendo negro solo hizo que su forma y rasgos
parecieran más llamativos, brindando el trasfondo perfecto para la apariencia nítida de Silvio.
Sus ojos negros escanearon a los tres fiambres, su atención solo regresó brevemente a Seth,
quien se escondió detrás de la puerta semicerrada.
—Está bueno —dijo Silvio entre sorbo y sorbo del batido.
—Son manzanas, pero también espinacas y apio. También agregué jengibre —Seth se
asomó a la habitación, tan pálido como un chico de su tono de piel podría estar. —Me gusta
experimentar con ellos. Es interesante cómo cuando pierdes la textura de la comida, a veces el
sabor se destaca de una manera diferente. De eso se trata la gastronomía molecular. Me gustaría
intentarlo algún día —Su voz era temblorosa y hablaba demasiado rápido. Sin duda, Silvio se
habría dado cuenta de eso.
—Bien por ti. ¿Vendrás a ayudar? —preguntó Silvio, haciendo caer la cara de Seth.
Empujó la puerta, golpeándola contra Seth.
Domenico giró sobre sus talones, buscando la mirada marrón. Maldita sea. Era como
hacer un festín de cervatillo con el cadáver de su propia madre. Sin embargo, no quería que Seth
pareciera aún más un cobarde.
Seth tragó saliva y entró en la habitación con las piernas rígidas. No se parecía en nada al
cuerpo suave y flexible que Dom amasaba por la mañana. —Sí, sí, claro —Se aclaró la garganta,
evitando las miradas de todos. Tanto los vivos como los muertos. —Voy a... ¿tal vez voy a
empezar con ese? —Seth señaló a uno de los chinos, su fuerte respiración llenaba lentamente la
habitación, solo acompañada por otro sorbo de Silvio.
Domenico suspiró. No quería que Seth se avergonzara ante un miembro de una Familia
diferente. —En realidad, tal vez lo dejemos ir a buscar las cajas que trajiste mientras nos
ocupamos de esta mierda. No necesitamos tanta gente aquí.
Seth era tan malo en ocultar su actitud que Dom quería enfrentarlo con la palma de la
mano. Los labios de Seth se extendieron en la sonrisa más falsa, y se alejó de los cuerpos. —Sí,
haré eso. Cajas, buscaré las cajas.
Una sonrisa tonta tiró de los labios de Silvio. —Consigue un poco de lubricante también.
Seth volvió a mirar los cuerpos con una expresión en blanco. —¿Para qué?
Dom suspiró e hizo un gesto hacia la puerta. —Cajas y lubricante —dijo, solo para
deshacerse de Seth. Su presencia no era bienvenida, aunque no tenía idea de por qué Silvio
necesitaba el lubricante.
—Pero… los cuerpos… —pronunció Seth.
Silvio chasqueó los dedos. —No voy a tener sexo con gente muerta. Es para más tarde.
Seth le dio a Dom una mirada insegura más mientras salía de la habitación que apestaba a
muerte.
Domenico miró a Silvio con el ceño fruncido y tomó más batido. Era tan delicioso como
el que había tenido antes. —¿Para qué necesitas lubricante? ¿Para exprimir la grasa en la caja?
—¿Qué les pasa a los dos? —Silvio miró entre ellos. —Es para tener sexo más tarde.
A Domenico se le retorció el estómago y miró hacia la figura encorvada en el espacio
entre la puerta y el marco, pero sonrió y metió la mano libre en el bolsillo de sus vaqueros. —
¿En una habitación apestosa? ¿Eso es lo tuyo, Spadaro?
—Voy a… solo traer esas cajas, —murmuró Seth y huyó de su vista, sus pasos más
rápidos tan pronto como desapareció.
—Aquí no, obviamente —Silvio terminó su batido.
Domenico suspiró, apretando la copa en su mano. Seth se encargó de elegir los
ingredientes correctos para él, pero el desorden aquí no era una buena combinación para un
estómago delicado. Deseaba que Seth pudiera simplemente descansar y salir a caminar. Lejos de
la polla de Silvio. —No creo que esté de humor.
Como para confirmar sus palabras, escucharon vomitar desde el baño y Silvio se burló.
—No parece estar de humor para nada —Apartó la copa y se acercó al cuerpo de la chica como
una hermosa hiena al acecho.
Domenico se deshizo de su taza vacía. Seth se las estaba arreglando sorprendentemente
bien para ser un civil. No se podía esperar que un gato doméstico destrozara a un perro callejero.
—Tuvo algo del chino.*
(*Refiriéndose a que dio pelea, pero usa la palabra “had” que puede significar “comer”.)
Silvio tocó el pie de uno de los hombres con una sonrisa tonta. —¿Lo entregaron?*
(*Juego de palabras como si Seth hubiera pedido y comido comida china en vez de pelear
con uno de los chinos.)
—Eso fue un juego de palabras terrible —Domenico se recogió el cabello y lo sujetó con
una banda elástica. Ya era hora de ensuciar los guantes de goma.
—Mira, es una oferta de Louboutins —Silvio recogió los tacones negros de Salieri.
Se escuchó la cisterna del inodoro seguida de un vigoroso sonido de cepillado de dientes.
Domenico se puso los guantes y los sujetó con elásticos para que no se salieran. Silvio
era uno de los pocos hombres a los que no sabía leer, y eso lo dejaba confundido. Tan atractivo
como era Spadaro, no sería alguien a quien mantener cerca. Domenico todavía quería vivir. —
¿Qué?
—No es como si ella fuera a necesitarlos —Silvio señaló el cadáver de Vera y antes de
que Dom pudiera siquiera fruncir el ceño, Silvio se quitó los zapatos y se puso los tacones. Dom
tuvo que hacer parpadear. En realidad le iban.
Su mente gritaba que no estaba bien. Los tacones altos de las mujeres no pertenecían a un
apuesto joven que Domenico había follado unos días antes. El puro contraste entre lo
escandaloso de lo que estaba sucediendo ante los propios ojos de Dom y lo que sabía sobre
Silvio lo mantuvo inmóvil como una estatua. —¿Tus pies son tan pequeños? —finalmente
pronunció.
—No especialmente. ¡Hola, Seth! —Silvio gritó e hizo un giro que estuvo
incómodamente cerca de un giro antes de salir caminando en los Louboutins. Su figura de
repente se volvió más alta y de aspecto femenino. Dom apenas podía creer esta mierda.
—¿Qué mierda? Quítate eso. Seth no te va a follar si te ve así. —Y lo peor era que a
Seth, con su ex que vestía lencería, probablemente no le importaría.
—Te estoy ayudando —Silvio le dedicó a Dom esa sonrisa llena de dientes por encima
del hombro y caminó hacia Seth, quien reapareció en el corredor, con pasos largos y firmes. Los
tacones lo hacían casi tan alto como Seth ahora.
Las cejas de Seth se juntaron en un ceño confuso. —¿Que está sucediendo?
—Se está divirtiendo demasiado —gruñó Domenico, manteniendo la mirada por encima
de los tobillos de Silvio. Era una situación ridícula.
Silvio le guiñó un ojo a Dom, como si fuera lindo, y se inclinó hacia Seth para besarlo. —
¿Bateas para ambos equipos, Seth?
—Pero… —Los labios de Seth se separaron.
—Seth, ¿dónde están las malditas cajas? —gruñó Domenico. Se apresuró y acercó a Seth
por el brazo.
Seth se estremeció al principio, pero luego entrelazó sus dedos en un gesto que calmó
ligeramente la molestia de Dom. —No pude encontrar nada apropiado. Solo cartón, pero eso se
filtraría, ¿no? Tengo esas bolsas de plástico resistentes. ¿Y el lubricante? —añadió con voz débil.
El temblor en su mano también resonó en el brazo de Dom, pero apretó los dedos de Seth con la
esperanza de que se tranquilizara.
—No, me refiero a las cajas de madera que Silvio trajo consigo —dijo Domenico, pero
en el momento en que vio la mano de Silvio extendiéndose, empujó a Seth contra la pared y se
movió para pararse entre él y Silvio. ¿Qué diablos estaba pensando este hombre? ¿Que
Domenico le dejaría follar el culo de Seth en tacones de aguja? —No vamos a usar el lubricante
hoy.
Silvio lo miró fijamente con una expresión ilegible en esos ojos negros sin fondo. —
Entonces solo es trabajo. Aunque me quedo con los zapatos.
Seth tomó una respiración profunda y temblorosa y se paró donde Dom lo empujó. —
Traeré esas cajas de madera entonces, —murmuró, y cuando pasó junto a Dom, le dio el más
dulce beso con sabor a menta. Estaba salpicado de agradecimiento que hizo que Dom se sintiera
orgulloso como un león por haber defendido a su hembra. Su mirada siguió a Seth brevemente,
con un extraño calor zumbando en su pecho.
—Puedes tomarlos por lo que a mí respecta, no me visto como una mujer —declaró Dom
con el ceño fruncido. No tenía idea de a dónde iba Silvio con esto. Obviamente sabía cómo usar
esa mierda. La mejor apuesta de Dom fue que jugaba a disfrazarse para algunos trabajos para
conseguir una muerte más fácil. Dom nunca se rebajaría tanto.
Silvio solo sonrió y volvió a la celda llena de cadáveres con pasos de gato. Como si no le
importara la opinión de Domenico. Entre la relajación de Spadaro y el estómago demasiado
sensible de Seth, parecía que Dom tendría que hacer la mayor parte del trabajo de todos modos.
Simplemente jodidamente típico.
Al menos sabía que tendría una comida increíble y una cama caliente al final del día.
Ahora todo lo que tenía que hacer era sobrevivir a la boda de Seth y descubrir quién diablos era
el Sr. Trópico.
17 años antes…

La bala atravesó directamente la cabeza de Massimo. Sus ojos muy abiertos se vidriaron
mientras la sangre brotaba del agujero en su frente. Se quedó inmóvil por un momento, como si
su cuerpo no hubiera registrado la herida mortal, luego, como con un chasquido de dedos, el
cuerpo cayó al suelo, ahora solo un saco de huesos.
Hubo un grito infantil, pero Dino no pudo decir cuál de sus hijos se derrumbó al ver a un
hombre moribundo. Las tres pequeñas figuras se encogieron en las sombras húmedas al borde de
la débil luz de la lámpara. Sus madres no lo aprobarían, pero Dino sabía que tenían la edad
suficiente para presenciar esto. Miró el cuerpo de su hermano, la sangre oscura ya se acumulaba
en el frío suelo de piedra. Se lo tenía merecido. Massimo debería haberse quedado callado como
su hermano menor, Frederico. Ese hombre sabía lo que le convenía y cuál era su lugar.
Un sollozo entrecortado hizo que su atención volviera a los chicos. Los tres tenían cortes
de pelo cortos y uniformes, por lo que le tomó un momento darse cuenta de cuál estaba llorando.
Domenico. La piel más hermosa, solo la mitad de la sangre de Villani. ¿Quizás eso fue lo que lo
hizo débil? Era el más joven, solo tenía ocho años, pero ningún hijo de Dino podía faltar a esta
ejecución. Ya era hora de crecer para todos ellos. Vincente, el mayor, miraba el cuerpo de su tío
con una mueca infantil. Cuando notó que Dino los miraba, hizo un giro brusco para empujar a
Domenico con el codo. Este era un niño que ya entendía algunas de las reglas de la Familia.
Seth, por otro lado, estaba parado en la esquina, congelado como una escultura de hielo.
Dino sabía que no debía juzgar a los niños como si fueran hombres. El tiempo diría cuál
de ellos sería el más apto, y él los observaría de cerca.
—La lección más importante de vuestra vida —dijo Dino, volviendo a colocar su Beretta
en la funda debajo de su axila. —La Familia lo es todo. Si uno de ustedes nos traiciona como el
tío Massimo, depende de los demás acabar con él.
Vincente dio un paso tímido hacia el cuerpo. —Pero, ¿qué hizo, padre? —Las palabras
fueron bastante firmes, pero Dino pudo ver que le temblaban las manos.
—Él no conocía su lugar. Todos tenemos un papel que desempeñar. Si quieres cambiar tu
destino, necesitas las bolas para respaldarlo. De lo contrario, así es como terminas —Señaló el
cuerpo antes de echar un vistazo a sus dos hijos menores, que todavía estaban firmemente
presionados contra la pared en la esquina.
Domenico logró morderse la lengua, pero claramente estaba tratando de esconderse
detrás de Seth, quien seguía mirando a su tío muerto con los ojos muy abiertos. Era la primera
vez que presenciaban cómo mataban a alguien, pero con el tiempo, momentos como este se
convertirían en parte de su realidad.
Dino no sabía cuál de ellos tomaría su lugar en el futuro, pero no tomaría una decisión
arbitraria como lo había hecho su padre. Ya había decidido que cada uno de ellos tendría una
oportunidad justa de convertirse en el Don. Dependía de ellos. Supervivencia del más apto.
También estaba seguro de que el que ganara tal batalla sería el mejor sucesor.
Todo se resolvería una vez que llegaran a la madurez.
—Papá, ¿podemos irnos ahora? —Seth gimió y se alejó un paso de Domenico, quien
volvió a secarse los ojos y lo siguió como un cordero.
Dino suspiró y puso su mano en el hombro de Vincente para mantenerlo alejado de los
fragmentos de cráneo y cerebro que intentaba alcanzar. —Creo que es hora de cenar.
Sobre el Autor

KA Merikan es un proyecto conjunto de Kat y Agnes Merikan, quienes en broma afirman


compartir una mente única. Terminan las oraciones de la otra y al mismo tiempo se les ocurren
las mismas ideas. Kat y Agnes disfrutan escribiendo varios tipos de historias, desde romances
alegres hasta novelas de suspenso. Les encanta crear personajes que no son fáciles de clasificar
como buenos o malos, y creen firmemente que incluso algunos villanos merecen sus finales
felices. Lo más fácil es encontrarlas en galerías, buenos restaurantes y sitios históricos, siempre
con una computadora o una notebook, porque para Kat y Agnes todos los días son días de
escritura. Los planes futuros incluyen muchos viajes y una villa en la costa de Italia o un
apartamento en París donde podrían jubilarse después de otra aventura loca, solo para escribir
más historias homoeróticas calientes.
Kat y Agnes comenzaron como autoras populares de publicaciones seriadas en línea
escritas en su idioma nativo, pero ahora se enfocan en llegar a un público más amplio
escribiendo en inglés. Bajo el nombre de pluma de KA Merikan, han publicado una serie de
libros que cruzan géneros sin dejar de ser homoeróticos.
Más información sobre proyectos en curso, trabajos en curso y publicación en:
http:/KAMerikan.com
KA Merikan en Goodreads
FAMILIA VILLANI

Tabla de contenido 
Título 
Derechos de autor 
Propaganda 
Reconocimiento 
Prefacio 
Capítulo 1 
Capítulo 2 
Capítulo 3 
Ca
 
 
Él es Veneno - Libro 1 
  
 
KA Merikan 
 
  
Acerbi & Villani ltd.
Esta es una obra de ficción. Cualquier parecido de personajes con personas reales, vivas, muertas 
o no muertas, eventos
Guns n’ Boys #1 (He is Poison) 
KA Merikan 
“El amor es agrio como un limón siciliano.” 
  
La Familia siempre tiene la
Queremos agradecer a nuestros lectores polacos, cuyo amor por estos personajes nos mantuvo escribiendo sin descanso y
Prefacio 
 
Guns n' Boys es una serie homoerótica de mafia. 
El primer libro se divide en dos partes debido a su exte
Capítulo 1 
 
El dolor en la parte posterior del cráneo de Seth le estaba dando ganas de vomitar la 
lasaña que acaba
Trató de calmar su respiración, pero le dolía todo el cuerpo y no estaba seguro de si debía 
actuar como un tipo duro o ser
alguien le trajo comida, y esperó esos momentos con temor y emoción. Se acostumbró al aire 
húmedo, al colchón hediondo que

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