El MITO
Los mitos (del griego mythos: relato, discurso) son definidos por el Diccionario de la Real
Academia de la Lengua Española (2008) bien como una narración maravillosa que, fuera del
tiempo histórico, protagonizan personajes divinos o heroicos y que frecuentemente interpreta el
origen del mundo o grandes acontecimientos humanos, bien como historia ficticia o bien como un
personaje que condensa alguna realidad humana de significado universal.
Moledo (2008) los caracteriza como historias fallidas, flotantes y transmitidas en forma oral o
escrita, de generación en generación con versiones variadas, en tanto que Manfredi (1999) estima
que se trata de historias reales distorsionadas con el paso del tiempo. Lévi-Strauss (1995) les
adjudica tres particularidades: una pregunta existencial, referente a la creación de la Tierra, la
muerte, o el nacimiento; una estructura basada en contrarios inconciliables (dioses contra
hombres) y la compatibilización de tales contrarios como neutralizadora de angustias.
Grimal (2008), desde las explicaciones filosófico-científicas del mundo antiguo grecolatino,
señala que los mitos adquirieron el significado de una creencia vasta pero falsa frente a la ciencia,
que reúne religiones, sagas, leyendas, tradiciones y supersticiones. Pueden estar basados o no en
hechos reales sin posibilidad de comprobación o devienen en hechos científicos si se los
demuestra. Sin soslayar sus variedades cosmogónicas (creación del mundo), teogónicas (origen
de los dioses), antropogónicas (origen del ser humano), etiológicas (surgimiento de seres, cosas,
técnicas e instituciones), morales (surgimiento del bien y del mal), fundacionales (ciudades
nacidas de dioses) y escatológicas (fin del mundo), los mitos han sido estudiados desde vertientes
funcionalistas (Malinowsky, 1948), estructuralistas (Lévi Strauss, 1995) y simbolistas (Durand,
2004).
En el lenguaje corriente mítico suele ser todo aquello que se opone a verdadero o real; sinónimo
de ficción, de falsedad o de fabulación más o menos fantástica y desenfrenada.
Durante mucho tiempo se consideró al mito como una creación pueril y aberrante de la
humanidad “primitiva”, producto de la imaginación, y que pertenecía a un estrato inferior de la
vida espiritual. Estas interpretaciones cambiaron. En la actualidad se considera que el mito es
presentación de la realidad de manera simbólica y afectiva, en especial sobre-cuestiones
cosmológicas o cosmogónicas. Los mitos constituyen una forma de entender la realidad, en ellos
se plasman las concepciones que los hombres tienen de su existencia, proyectan en ellos la
experiencia de su vivir: de su vivir social, de su relación con el cosmos y de su relación con la
divinidad. Casi todos los estudiosos actuales están de acuerdo en afirmar que el mito es una
forma original de pensamiento más aún, un modo humano estar en el mundo cuyo estudio puede
revelarnos ciertos secretos profundamente arraigados en el espíritu del hombre y a los que sólo
se puede llegar a través del estudio de los relatos míticos; y han puesto de relieve la función que
cumple el mito en la vida social: el mito es el fundamento y el principio unificador de la
organización social y de todas las expresiones culturales: el lenguaje, el arte, la poesía y la religión
de los pueblos llevan grabada la impronta de sus concepciones mitológicas. Para los miembros
del grupo, el mito contiene una “verdad” superior a cualquier otra que pueda provenir de la
experiencia. Y es esta “verdad” la que confiere sentido a las cosas y a la existencia del hombre, de
manera que toda la actividad humana, hasta en sus menores gestos, aparece vinculada a una
realidad trascendente,'que no se puede ver ni tocar, pero que no cesa de manifestar su presencia,
su eficacia y su inagotable vitalidad. Además, nos muestran cómo la visión mítica de la realidad
puede determinar la conducta e influir decisivamente sobre las actitudes que se asumen frente a
determinados seres y aún frente a la existencia toda. El análisis de las culturas muestra la
tenacidad y la constancia con que los mitos y las representaciones míticas aparecen, se
transforman y vuelven a aparecer transfigurados en los puntos más diversos del tiempo y del
espacio. Así se pone de manifiesto que el mito reporta al hombre una utilidad vital y responde a
una necesidad profunda de su naturaleza, aunque no es fácil determinar con precisión de qué
necesidad se trata. De cualquier manera, esa necesidad está vinculada con el problema del
sentido último de la realidad y, muy especialmente, el del sentido que es preciso dar a la propia
vida. Una de las funciones que cumple el mito consiste precisamente en crear un horizonte de
sentido. Como definir qué se entiende por mito es una tarea ardua, nos limitaremos a señalar
algunas características esenciales del mismo. Si falta alguna de estas se podrá hablar de mito en
un sentido más o menos vago, pero no tendremos un autentico mito:
1) El mito es un relato, es decir, posee una estructura narrativa.
2) Los acontecimientos míticos suceden en un tiempo indeterminado: este tiempo indeterminado
es cualitativamente distinto de la duración continua e irreversible en la que se desarrolla la
existencia ordinaria, se piensa al margen de la historia tal como comúnmente la concebimos;
además, el escenario de los acontecimientos míticos es el territorio privilegiado donde, han
quedado abolidas las leyes ordinarias de la naturaleza: todo puede acaecer en el mito. Desde este
punto de vista, de todas las cosas que hay en el mundo, el mito parece ser la más incoherente y
falta de congruencia. Sin embargo, la persistencia del fenómeno mítico nos muestra que siempre
se trata de penetrar más allá de las apariencias para dar un sentido, a través del símbolo, a las
realidades más profundamente humanas.
3) Es siempre un relato tradicional: al destacar este aspecto queremos indicar que los relatos y
los personajes míticos son anónimos, es decir, no han sido creados por ningún autor, es un
patrimonio colectivo, su origen se remonta a un paso indefinido y se va transmitiendo de
generación en generación, y, como todos los elementos auténticamente tradicionales, se van
transformando lentamente y pueden perdurar largo tiempo después que ha desaparecido el
medio social en que surgieron originariamente. Sólo cuando se producen cambios culturales
importantes, cuando entran en crisis los valores tradicionales y se modifica profundamente la
actitud de una sociedad frente a los problemas vitales van quedando relegados o son sometidos a
critica.
4) Es objeto de fe: es necesario que los acontecimientos que se narran en el relato mítico sean
reconocidos como “verdaderos”, un mito que no es crea-do pierde su esencia mítica para
convertirse en una fábula, una leyenda o un cuento folklórico. De este modo el mito proporciona a
los miembros del grupo una forma de ver y comprender el mundo que no seria posible sin ese
símbolo particular.
5) Finalmente, según algunos autores, aparece vinculado con frecuencia a un determinado ritual;
todo mito es dramatizado en un ritual; los mitos quedan sacralizados al ser la plasmación de
historias vividas acaecidas en los tiempos primordiales de la humanidad o de un pueblo concreto;
se puede decir que adquieren su plenitud en los ritos.
La concepción mítica puede tener y de hecho tiene en diversas ocasiones una orientación ética:
denuncia el hecho de que el hombre se siente a sí mismo como situado dentro de un sistema
cósmico religioso; esta vinculación tiene un carácter normativo. La función mítica nos descubre,
pues, que el hombre se siente como un ser esencialmente relacionado, tanto en su constitución
como en su comportamiento, con alguien superior a él la realidad divina, que trata de imitar en
sus esquemas de conducta.