Tecnología
Robots para la vida cotidiana
Además de sustituir a los trabajadores en las fábricas, los robots ya pueden
cuidar a ancianos, niños y enfermos, desfilar como modelos y jugar como
mascotas
PABLO M. DÍEZ / CORRESPONSAL EN PEKÍN
Día 20/09/2011 - 14.19h
EFE
Tocar la trompeta, una tarea robótica
No se cansan nunca, trabajan las 24 horas del día sin detenerse para comer ni echar un
pitillo con los compañeros, son puntuales como un reloj y eficientes como una
máquina, no incordian pidiendo aumentos de sueldo y jamás harán una huelga. El
único inconveniente es que no son de carne y hueso, sino de metal y cables. Pero con
unos «currantes» así de disciplinados, ¿quién quiere costosos y conflictivos empleados
humanos?
Corren malos tiempos para los trabajadores por los recortes salariales y las
reducciones de plantilla que ha traído la crisis. Una nueva «revolución industrial»,
como la que cambió el mundo a partir del siglo XIX con máquinas como tejedoras
textiles, motores de vapor y locomotoras de carbón, ya viene de Asia. Concretamente
de Japón, uno de los países más avanzados y tecnológicos del mundo y pionero en la
robótica.
Las «karakuri»
Mucho antes de que el pintor checo Josef Capek acuñara la palabra «robot» en 1920 y
su hermano Karel la introdujera en la obra teatral de ciencia ficción «R.U.R.», en el
siglo XVII unas muñecas mecánicas ataviadas con kimonos portaban bandejas de té en
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el imperio del Sol Naciente. Fabricadas con los mismos engranajes que los relojes, las
«karakuri» son las tatarabuelas de los modernos robots que ya proliferan en Japón
emulando a los androides de «La guerra de las galaxias», R2D2 y C3PO.
Uno de los más populares es Asimo, un robot creado por Honda que parece un
astronauta, mide 130 centímetros, pesa 54 kilos y es capaz de hablar y correr. Aunque
pueda parecerlo, su nombre no es un homenaje al escritor Isaac Asimov, quien
estableció en 1940 las «tres leyes fundamentales de la robótica».
Desde entonces, los investigadores nipones han avanzado hacia modelos cada vez más
sofisticados y útiles. Además de su extendida utilización en las fábricas de Japón,
donde ya funcionan la mitad de los 800.000 robots industriales del mundo, hay una
gran demanda de humanoides «para solucionar problemas medioambientales,
encargarse de la seguridad y atender a los ancianos en el futuro», explica a ABC Satoshi
Tadokoro, experto en robótica y presidente de la Universidad de Tohoku. Con 44.500
mayores cuya edad ya ha superado el siglo, el archipiélago nipón sufre un grave
problema de envejecimiento porque el 22 por ciento de la población tiene más de 65
años y llegará al 40 por ciento en 2050.
Como en el resto de países avanzados, donde las familias están cada vez más
separadas, muchos de estos ancianos viven solos. Pero, a diferencia de lo que ocurre
en Europa o EE.UU., no hay asistentas de otros países para atenderlos, ya que Japón
solo concede 50.000 visados de trabajo al año y necesita unos 700.000 inmigrantes
para paliar el descenso de su población por la baja natalidad, que le hará perder 30
millones de habitantes a mediados de este siglo.
Cuidar a los abuelos
En los últimos tiempos, el Gobierno nipón ha invertido 7.600 millones de yenes (69
millones de euros) en desarrollar robots domésticos, pero todavía son poco prácticos y
caros. Para cuidar a los abuelos, TMSUK, el mayor fabricante de robots de Japón, ideó
hace seis años un humanoide de un metro que costaba la friolera de 70.000 euros.
Fracasó por su desorbitado precio y porque la gente quiere humanos y no máquinas, a
menos que sean futuristas herramientas como un brazo mecánico para alimentar a
enfermos y ancianos que la firma Setcom ha vendido como rosquillas en hospitales y
geriátricos por 3.375 euros.
En algunos hogares ya se han instalado sistemas electrónicos como HRS-I. Desarrollado
por la empresa Marubeni en colaboración con la Universidad de Tokio, dicha máquina
vigila mediante sensores las funciones vitales de los mayores (electrocardiograma,
temperatura) y envía los datos al ordenador o móvil de un médico o un familiar.
«Queremos crear robots que sean útiles para la vida cotidiana», se ha propuesto el
vicepresidente de Toyota, Katsuaki Watanabe. El Ministerio de Industria nipón calcula
que la industria domótica (robótica para el hogar) crecerá hasta los 56.000 millones de
euros en 2025, aunque de momento se ha centrado más en productos de
entretenimiento que en tareas domésticas. Así lo demuestra la mascota Paro, un robot
de peluche con forma de foca capaz de mostrarse activo, dormilón, alegre o enfadado.
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Inventado por Takanori Shibata con fines terapéuticos y una inversión de 6,3 millones
de euros, se han vendido varios miles de ejemplares por casi los 2.000 euros que
cuesta. Entre sus compradores destacan manicomios daneses porque Paro ayuda a sus
internos a relajarse.
En Fukuoka, al sur del archipiélago nipón, TMSUK también comercializa una niñera
robot de 140 centímetros capaz de llamar a los críos por su nombre y mostrar en una
pantalla mensajes enviados por sus padres.
La gran variedad de robots japoneses incluye recepcionistas con cara de humanos,
jugadores de béisbol que lanzan y batean, modelos que desfilan por la pasarela y hasta
periodistas capaces de hacer entrevistas, tomar fotografías y escribir crónicas. Pero en
Japón, donde robots con forma de perro mueven el rabo y androides de metal bailan
«break dance», tuvieron que recurrir a los ingenios americanos Packbot, similiares al
«Número 5» de la película «Cortocircuito», para entrar en la siniestrada central
nuclear de Fukushima.
Mientras tanto, en Corea del Sur unos robots dotados con cámaras y armados con
lanzagranadas vigilan la frontera con el Norte. Gracias a una inversión de 1.580
millones de won (960.000 euros), 29 robots profesores han enseñado inglés en los
colegios de Daegu. Uno de ellos era Engkey, con forma de huevo blanco y una pantalla
que mostraba el avatar de una mujer caucásica. Sin embargo, quien lo controlaba a
distancia era un maestro de inglés en Filipinas, donde los profesores son más baratos
que los anglosajones.
Como camareros
Y, en China, los camareros del restaurante Dalu de Jinan (provincia de Shandong) son
una docena de robots de colores que sirven los platos y amenizan a los comensales
cantando y bailando. En Xián, otro robot ayuda a los arqueólogos entrando en tumbas
selladas del yacimiento de los guerreros de terracota, donde ya ha encontrado un
fresco pintado hace 1.300 años gracias a sus cámaras infrarrojos para moverse en la
oscuridad y sus sensores de temperatura y humedad.
Según Satoshi Tadokoro, «los robots no podrán nunca reemplazar a los humanos ni
desarrollar tareas demasiados complejas», pero ya falta menos para que, como en
«Blade Runner», los androides sueñen con ovejas eléctricas.
Fuente: ABC.es – 20 de septiembre de 2011