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Al-Ándalus: Conquista y Cultura

Este documento resume la historia de Al-Ándalus y la Reconquista cristiana en la Península Ibérica durante la Edad Media. Resume la conquista musulmana en el siglo VIII, el establecimiento del Emirato y posterior Califato de Córdoba, la fragmentación en reinos de taifas en el siglo XI, y el establecimiento del Reino Nazarí de Granada. También describe la economía, sociedad y cultura floreciente de Al-Ándalus, así como los primeros núcleos de resistencia cristiana y las

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Al-Ándalus: Conquista y Cultura

Este documento resume la historia de Al-Ándalus y la Reconquista cristiana en la Península Ibérica durante la Edad Media. Resume la conquista musulmana en el siglo VIII, el establecimiento del Emirato y posterior Califato de Córdoba, la fragmentación en reinos de taifas en el siglo XI, y el establecimiento del Reino Nazarí de Granada. También describe la economía, sociedad y cultura floreciente de Al-Ándalus, así como los primeros núcleos de resistencia cristiana y las

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BLOQUE 2.

LA EDAD MEDIA: TRES CULTURAS Y UN MAPA POLÍTICO EN


CONSTANTE CAMBIO (711-1474)

2.1. AL-ANDALUS: LA CONQUISTA MUSULMANA DE LA PENÍNSULA IBÉRICA. EMIRATO Y CALIFATO DE


CÓRDOBA.
A principios del s. VIII, el Imperio Árabe en expansión se situaba a las puertas del Estrecho. Por su parte, el Reino
Visigodo de Toledo estaba debilitado por las luchas internas que enfrentaban a los partidarios del nuevo rey, Don
Rodrigo, contra los de los hijos del antiguo rey, Witiza. Además, Don Rodrigo tenía otro frente abierto en los Montes
Vascos, cuyos habitantes resistían contra la ocupación visigoda. De hecho, el propio rey dirigía a sus ejércitos en este
territorio cuando el Imperio Árabe desembarca con los suyos en las costas peninsulares. Cuando Don Rodrigo acude es
derrotado en la “Batalla de Guadalete” (711). Tras ello, la conquista es rápida por el proceso de islamización, pero
desigual; con territorios muy islamizados en el sur y en el este, otros menos en la meseta norte, y otros sin islamizar en
la cordillera Cantábrica, los Montes Vascos y los Pirineos. Tras la conquista, el territorio musulmán peninsular (Al
Ándalus) pasa a convertirse en una provincia más del Imperio Árabe, al mando de un gobernador o emir. Por ello, el
periodo del 711 al 756 es el del Emirato Dependiente de Damasco, que era la capital del Imperio con la dinastía
Omeya. Sin embargo, en el año 750 una rebelión de la familia de los abbassidas termina con dinastía Omeya y con el
asesinato de la mayoría de sus miembros. Escapa Abderramán I a la Península, se hace con el control del territorio y se
independiza políticamente del Imperio de los abassidas, que habían trasladado su capital a Bagdad. Así comienza el
Emirato Independiente, con su capital en Córdoba y con periodos de esplendor, como el reinado de Abderramán II, y
otros de crisis, como la sucedida a finales del s.IX y principios del X, cuando unas luchas internas favorecieron la casi
independencia de las marcas (superior de Zaragoza, media de Toledo e inferior de Badajoz) y que los cristianos
ocuparan los territorios hasta el Duero. Así estaba la situación cuando en 912 Abderramán III es nombrado nuevo emir
de Córdoba. Sofoca las revueltas, somete las marcas de nuevo al poder de Córdoba y hace retroceder a los cristianos.
Hasta tal punto llega su poder que, en el año 929, se autoproclama máxima autoridad espiritual, príncipe de los
creyentes: Califa de Córdoba. El Califato es el periodo de mayor esplendor de Al Ándalus. A Abderramán III le sucede su
hijo Al Hakam II, que recibe un país rico y en paz, por lo que Córdoba se convierte en la ciudad más importante desde
el punto de vista demográfico, económico y cultural. A Al Hakam le sucede su hijo Hixem, débil de carácter e incapaz
de gobernar; situación que aprovecha su primer ministro Almanzor, que es quien asume de hecho el poder político y
militar, pero sin destronar a Hixem. Su gobierno se distingue por las expediciones militares de castigo a los cristianos,
llamadas razzias, como las que lanza contra Santiago, Pamplona y Barcelona. Abd Al Malik sucede en el cargo a su
padre Almanzor y sigue su misma política. Muere a los dos años y el cargo lo ocupa su hermano Sanchuelo que, con
sus aires de grandeza y su poca capacidad organizativa, se gana enemigos, hasta el punto de que es muerto en una
batalla por un soldado de su propio ejército. La muerte de Sanchuelo provoca un vacío de poder en el Califato que
desemboca en unas luchas internas por el propio poder. Estas luchas lo debilitan de tal manera que, en el año 1031,
desaparece y se divide en más de cuarenta reinos de taifas.

2.2. AL ÁNDALUS: REINOS DE TAIFAS. REINO NAZARÍ.


En 1031, el Califato de Córdoba desaparece y su territorio se divide en más de cuarenta reinos de taifas. Los más
importantes eran las antiguas marcas de Zaragoza, Toledo y Badajoz. Cada reino tenía su territorio, su rey y su
pequeño ejército. Como estos ejércitos no eran suficientes para garantizar el orden y la integridad de los reinos, los
reyes de taifas pagaban unos tributos a los cristianos, llamados parias, a cambio de ayuda militar. El sistema de parias
contribuyó a unas buenas relaciones entre los reinos cristianos, cada vez más ricos y mejor armados, y los reinos de
taifas, cada vez más pobres y desarmados. Este escenario cambió cuando el rey de Castilla y León, Alfonso VI, ocupó la
taifa de Toledo y atacó el norte de la de Badajoz. Los reyes de taifas acuden al Imperio Almorávide, que era un nuevo
imperio norteafricano, para que les defendiera de las agresiones. Los almorávides cruzan el Estrecho, derrotan a
Alfonso VI en la “Batalla de Sagrajas” (1086) y regresan a África con la promesa hecha por los reyes de taifas de no
volver a hacer pactos con los cristianos. Los reyes de taifas incumplen la promesa y los almorávides terminan por
conquistar Al Ándalus. A finales del s. XII, un nuevo imperio norteafricano, los almohades, derrotan a los almorávides y
se apropian de su territorio, por lo que Al Ándalus pasa a formar parte del Imperio Almohade. Los almohades sitúan su
capital peninsular en Sevilla y derrotan al rey Alfonso VIII de Castilla en la “Batalla de Alarcos” (1195). Ello provoca la
unión de todos los reinos cristianos peninsulares que los derrotan en la “Batalla de Las Navas de Tolosa” (1212). Los
almohades se retiran a Sevilla, mientras que el resto de Al Ándalus se divide en taifas todavía más débiles que las
anteriores, que van siendo conquistadas. Cuando Fernando III se dispone a conquistar Jaén, los granadinos de la
familia Nazr firman un pacto con él, por el que le ayudan en la conquista a cambio de no ser ellos conquistados. El
pacto se cumple y el Reino Nazarí de Granada perdura hasta 1492, con pago de parias y gracias a la crisis de los reinos
cristianos del s. XIV, que coincide con su mayor esplendor en tiempos de Muhadmad I y Yusuf V. El poder político
musulmán termina con la conquista del Reino Nazarí de Granada, el 1 de enero de 1492, por los Reyes Católicos.
2.3. AL-ÁNDALUS: ECONOMÍA, SOCIEDAD Y CULTURA.
La actividad económica principal era la agricultura donde se introdujeron nuevos cultivos (arroz, granada y cítricos,
entre otros) y nuevas técnicas, como el regadío. En ganadería aumenta la cría de ganado ovino y equino, y desaparece
el porcino. Se desarrolla la industria manufacturera en los talleres, con transformación de cueros, metales y tejidos.
Existía un comercio interior, localizado en los zocos de las ciudades, y otro exterior, a través de las rutas comerciales.
El elemento poblacional autóctono mayoritario eran los muladíes, o población hispana que se islamiza. Convivían con
mozárabes, o hispanos cristianos, y con judíos, que llevaban en la Península desde el s.I d. C. Mozárabes y judíos podían
mantener su religión con el pago de un impuesto (chidya) por tratarse de “pueblos del Libro”. El elemento alóctono lo
formaban una minoría de árabes, que ocupaban los altos cargos; los bereberes norteafricanos recién islamizados; los
eslavos, o población europea que se encargaba de la guardia personal de los primeros califas; y los negros del Sudán,
que llegaban a Córdoba como esclavos por la ruta del oro y que, al llegar, se convertían y manumitían.
Socioeconómicamente, los andalusíes se dividían en una minoritaria clase alta, o jassa, y una gran clase popular de
campesinos, artesanos y pequeños comerciantes, o amma. Aunque la mayoría de la población vivía en campo, el centro
político, económico, social y cultural era la ciudad. Con un plano irregular estaba rodeada de muralla. El espacio
intramuros era la medina, el centro social y religioso, la mezquita, y el conjunto de calles dedicadas al comercio, el zoco.
Extramuros crecían arrabales que se terminaban amurallando. El palacio del mandatario era la alcazaba y el recinto
militar, el alcázar.
El desarrollo cultural de Al-Ándalus comienza en el Emirato Independiente gracias a los viajes de peregrinación. Con
Abderramán I se construye la mezquita de Córdoba, que amplía Abderramán II. La época califal es de mayor esplendor.
En poesía, se cultiva una poesía culta y una poesía popular, cuya composición más importante es la moaxaja, escrita en
árabe clásico pero rematada con unas estrofas en mozárabe, que son las jarchas. En prosa, Ibn Suhaid escribe “El Espíritu
de los Genios” e Ibn Hazm, “El Collar de la Paloma”. En astronomía trabaja Maslama de Madrid. En matemáticas se
introduce el sistema de numeración arábiga, que proviene de la India y que sustituye al romano. En arquitectura se
amplía de nuevo la Mezquita en tiempos de Al Hakam y de Almanzor, mientras que Abderramán III construye su
complejo palaciego de Medina Azahara. En época de taifas, la cultura mantiene su riqueza, ya que los reyes actúan como
mecenas y son ellos mismos quienes cultivan la música y la poesía. En cultura científica, Al Dayyani introduce los
teoremas del seno, del coseno y de la tangente, mientras que en arquitectura se construye la Aljafería de Zaragoza.
Durante el periodo almohade se desarrolla sobre todo la filosofía. Averroes traduce y comenta la obra de Aristóteles y
Avenpace escribe “El filósofo autodidacta”. También se trabaja la botánica aplicada a la medicina por parte del judío
cordobés, Maimónides y, en Sevilla, se levantan la Giralda y la Torre del Oro.

2.4. LOS PRIMEROS NÚCLEOS DE RESISTENCIA CRISTIANA. PRINCIPALES ETAPAS DE LA RECONQUISTA.


MODELOS DE REPOBLACIÓN.
La primera etapa de la Reconquista coincide con la formación y expansión de los primeros reinos cristianos a partir de
poblaciones no islamizadas de la cordillera Cantábrica, los Montes Vascos y los Prepirineos. En el núcleo cantábrico, los
asturianos resisten las incursiones del Imperio Árabe mediante refriegas y escaramuzas entre los años 718 y 724, como
la que pudo suceder en Covadonga. Desde entonces, se organizan formando el Reino de Asturias, con capital en Cangas
de Onís, bajo un jefe político y militar que pudo ser Pelayo. En el s. IX se expande el Reino hacia el este y el oeste y su
capital pasa a ser Oviedo. Aprovechando la crisis del Emirato de finales de IX y principios del X, avanzan hasta el Duero
y trasladan la capital a León, lo que supone la formación del Reino Astur Leonés. El empuje del Califato durante el siglo
X sume al Reino en una crisis, que aprovecha el conde Fernán González para consumar la independencia del Condado
de Castilla. En el núcleo vasco pirenaico, los nuevos reinos y condados se forman a partir de su independencia del
Imperio Carolingio. En Navarra, sus habitantes derrotan a los carolingios en la “Batalla de Roncesvalles” (778) y se
organizan formando el Reino de Navarra, con capital en Pamplona. A finales del s. IX y principios del X, se anexionan los
condados aragoneses, que también se habían independizado, y conquistan al Imperio Árabe los territorios hasta el Ebro
de La Rioja y La Ribera. Los condados catalanes siguen bajo dominio franco hasta su independencia definitiva en el s.XI.
El modelo de repoblación de los territorios tomados al Islam era la pressura o aprissio, que eran ocupaciones de tierra
a las que los reyes daban título de propiedad mediante cartas de poblamiento o cartas puebla.
En la segunda etapa (del año 1000 a 1212) se conforman dos grandes unidades políticas a partir de la herencia de
Sancho III el Mayor de Navarra: el Reino de Castilla y León, y el Reino de Navarra y Aragón, mientras mantienen su
autonomía los Condados Catalanes. En Castilla y León, Alfonso VI ocupa Toledo en 1085 y de su herencia se separa
Portugal que se constituye como reino en 1186 con Alfonso I, que conquista Lisboa en 1147. A finales del XII se vuelven
a separar los reinos de Castilla y de León. En Navarra y Aragón, Alfonso I conquista Zaragoza, y los territorios de Navarra
y Aragón se separan a su muerte. Con el matrimonio de la heredera de Aragón, Petronila, con el Conde de Barcelona,
Ramón Berenguer IV, nace la Corona de Aragón, con Aragón y Cataluña. En 1195, los almohades vencen a Alfonso VIII
de Castilla, por lo que todos estos reinos peninsulares se unen en un ejército común que los derrota en la “Batalla de
las Navas de Tolosa” (1212). El modelo de repoblación era el de la creación de alfoces o concejos, por el que la Corona
otorgaba a los habitantes de una ciudad la propiedad de unas tierras y les otorgaba el título de hidalgos para poder
defender el territorio. Estos hidalgos tenían cierta capacidad de autogobierno en sus ayuntamientos.
La tercera etapa (de 1212 a 1492) comienza con las conquistas de los reinos cristianos a costa de unos débiles reinos
de taifas. Portugal conquista el Alentejo y el Algarve, con Alfonso II; Castilla y León, que se unen de nuevo con Fernando
III, el sur de Castilla la Mancha, la Baja Extremadura y toda Andalucía, menos Granada; y la Corona de Aragón, con Jaime
I, la actual Comunidad Valenciana y las islas Baleares. Murcia pasa a manos castellanas por el “Tratado de Almizra”.
Navarra, aislada y amenazada por Castilla y Aragón, opta por entablar relaciones políticas con Francia. Estos reinos
quedan consolidados a finales del siglo XIII y apenas sufren modificaciones hasta el XV. El modelo de repoblación era el
de los repartimientos, por los que los reyes donaban grandes extensiones a los nobles, a la iglesia y a las órdenes
militares, con el fin de defender las fronteras.

2.5. LOS REINOS CRISTIANOS EN LA EDAD MEDIA: ORGANIZACIÓN POLÍTICA, RÉGIMEN SEÑORIAL Y
SOCIEDAD ESTAMENTAL.
Durante los siglos XI, XII y XIII, los reinos cristianos eran un mosaico de espacios políticos con sus propios
ordenamientos. Dentro de cada uno existían señoríos nobiliarios, señoríos eclesiásticos (diocesales y de abadengo) y
señoríos de las órdenes militares (maestrazgos y encomiendas). También, concejos urbanos de los ayuntamientos y
tierras de realengo (del rey). Los nobles reconocen la autoridad del rey como primum inter pares (el primero entre
iguales) con las prerrogativas de imponer tributos, acuñar moneda y juzgar en última instancia. Con el tiempo, la
población identifica su pertenencia a un territorio con la autoridad real. Para ayudarse en las tareas de gobierno, el rey
se apoya en la curia regia, que estaba formada por nobles que lo asesoran. Como ampliación de la curia regia a los
hidalgos, aparecen las cortes. Su misión consistía en asesorar al rey, aprobar impuestos especiales y presentar quejas.
No tienen poder legislativo. Las primeras son las de León (1118).
La sociedad medieval era una sociedad estamental, dividida en grupos sociales cerrados, o estamentos, a los que se
pertenecía por sangre (por nacimiento). El primer estamento era la nobleza, que eran los títulos nobiliarios. Tenían los
privilegios de ostentar el poder político, pues solo ellos podían ocupar los cargos de gobierno; también tenían el poder
económico, pues eran terratenientes, no pagaban impuestos y los cobraban en sus territorios; y el poder militar, ya que
eran los únicos que podían desempeñar el ejercicio de las armas (bellatores). Se distingue una alta nobleza de grandes
títulos nobiliarios poseedores de grandes propiedades y una baja nobleza de hidalgos de las ciudades. Al segundo
estamento o clero pertenecen las personas que forman parte de la iglesia. Se dedican a la oración (oratores) y se pueden
distinguir dos tipos según su origen social: el alto clero, que son nobles que ocupan los altos cargos de la institución y
también políticos; y el bajo clero, que son personas del tercer estamento que no pueden ocupar esos cargos. El clero
como institución comparte el poder económico con la nobleza: son terratenientes y cobran impuestos, entre ellos el
diezmo. Además, tienen el poder moral sobre la sociedad. Por su forma de vida, el clero puede ser regular, que son los
que viven en los monasterios y siguen la regla de cada orden, o secular, en contacto con la sociedad. La mayoría de la
población pertenecía al tercer estamento, o pueblo llano. No tenían privilegios: no podían ocupar cargos políticos;
tampoco utilizar armas; no tenían tierras o, si las tenían, eran muy pequeñas; pagaban impuestos y eran los que
producían con su trabajo (laboratores). Las relaciones sociales eran de dependencia en el marco de la estructura feudal:
de servidumbre, entre nobles y campesinos del tercer estamento; y de vasallaje entre nobles de distintas categorías.
2.6. ORGANIZACIÓN POLÍTICA DE LA CORONA DE CASTILLA, DE LA CORONA DE ARAGÓN Y DEL REINO DE
NAVARRA AL FINAL DE LA EDAD MEDIA.
Durante los siglos XIV y XV quedan conformados los reinos peninsulares, pero con diferencias en sus estructuras
organizativa y administrativa.
El sistema político de la Corona de Castilla era el de una monarquía en la que el rey concentraba todos los poderes
(Código de las Siete Partidas, de Alfonso X). La institución más importante era el consejo real, formada por nobles y
clérigos, y cuya función era asesorar al rey y colaborar en las tareas de gobierno. También aparecen otros organismos
como la corte, formada por nobles próximos al rey, y cuya máxima autoridad es el condestable, que actúa como primer
ministro; el alto tribunal de justicia o chancillería, que estaba en Valladolid; la hacienda real, que administraba el cobro
de impuestos bajo la autoridad del mayordomo real. Las cortes eran la representación política del reino y constaban de
tres brazos: la nobleza, el clero y los procuradores de las ciudades. Aprobaban impuestos especiales (el servicio) y
presentaban peticiones. Administrativamente, Castilla no tenía capital fija y la corte era itinerante. El territorio se dividía
en merindades, con un representante del rey, o merino, al frente. Se convierten en provincias en 1371. La Corona trató
de controlar los municipios de realengo mediante un corregidor, que era el representante del rey en esas ciudades. En
1345, aparece el regimiento, que era una corporación controlada por el rey para el gobierno de las ciudades. Su
implantación no tuvo éxito, pues las oligarquías locales mantuvieron la autonomía de gobierno de los concejos.
La Corona de Aragón era una federación de cuatro territorios: Aragón, Cataluña, Valencia y Baleares. Cada uno
mantiene su autonomía, leyes e instituciones, aunque reconocen la figura de un rey común a todos. El sistema político
era el de una monarquía pactista, por la que el rey reconocía los fueros y privilegios de cada territorio, así como la
libertad y autonomía de gobierno de los nobles en sus tierras. El rey nombraba gobernadores regios, que eran la
representación de la Corona en cada territorio. Las instituciones del consejo real, la real audiencia y la hacienda real
eran similares a las castellanas, pero las cortes eran distintas. Había unas cortes generales para toda la Corona con cuatro
brazos: nobleza, clero, ciudadanos y síndicos (representantes de los gremios). También había unas cortes particulares
de cada reino, de las que se crearon delegaciones permanentes: la Generalitat de Cataluña (1359) y las diputaciones de
Aragón y Valencia. La administración contaba con unas delimitaciones que se llamaban veguerías en Cataluña; honores,
en Aragón; y gobernaciones, en Valencia. Al margen estaban los señoríos, con autonomía e inmunidad, y los concejos
dominados por las oligarquías locales.
El Reino de Navarra, por políticas matrimoniales, pasa a pertenecer a los reyes de Francia durante el periodo de 1276
a 1328. Después vuelve a ser independiente, con un rey que concentra todos los poderes. Contaba con las instituciones
del consejo real y las cortes, con las mismas funciones que en Castilla. Otras eran exclusivas de Navarra, como la Cort
General, que era el tribunal de justicia, y la Cámara de Comptos, que se encargaba de las finanzas reales, la recaudación
de impuestos y la acuñación de moneda.

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