Farmacia Profesional
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Vol. 20. Núm. 2.
páginas 60-65 (Febrero 2006)
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Fármacos antineoplásicos (I)
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JUANA BENEDÍa, M ÁNGELES GÓMEZ DEL RÍOb
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Prof. Titular de Farmacología. Facultad de Farmacia. UCM
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Licenciada en Farmacia
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El concepto de cáncer o neoplasia abarca un conjunto de enfermedades
con etiología, historia natural, pronóstico y tratamiento específicos que
tienen en común un crecimiento celular del organismo indiscriminado,
autónomo, y con capacidad de metástasis. Hay cerca de 200 tipos
diferentes de cáncer, que afectan a cuatro de cada 10 personas en algún
momento de su vida, por lo que no es fácil hallar un tratamiento eficaz
para el cáncer de una persona en particular. La quimioterapia
antineoplásica (con citostáticos) agrupa diversos fármacos que actúan
sobre las células tumorales de forma característica, inhibiendo el
crecimiento celular, y se diferencian de otros tratamientos por su
mecanismo de acción.
El cáncer se encuentra entre las causas de mayor mortalidad, junto con
las enfermedades cardiovasculares, y su incidencia se ha incrementado
en los últimos cincuenta años. Por ello, en el estudio de la farmacología
es fundamental conocer el tratamiento de estos procesos patológicos.
Conceptos básicos en el tratamiento antineoplásico
El cáncer se caracteriza por un crecimiento celular anómalo y continuado
que escapa a los mecanismos de control del organismo y presenta una
tendencia a la invasión y la metástasis. Se alteran principalmente las vías
de transducción de señales mitógenas, el ciclo celular y los mecanismos
de muerte celular programada o apoptosis.
Los diferentes fármacos antineoplásicos pueden actuar sobre una o varias
fases del ciclo celular o sobre los mecanismos de control de la
proliferación celular. La respuesta obtenida se relaciona directamente con
la capacidad proliferativa de la célula, que está determinada por el
tiempo de duplicación del tumor. En general, a mayor proliferación se
prevé una mayor respuesta al tratamiento citostático. En la evolución del
cáncer se van produciendo nuevas alteraciones genéticas que provocan
una heterogeneidad celular y, por tanto, unas propiedades bioquímicas,
un tiempo de duplicación y una respuesta al tratamiento antitumoral
diferentes. Estos mecanismos están estrechamente ligados a la aparición
de resistencias.
Las enfermedades neoplásicas se deben tratar con la máxima dosis
tolerable para producir el mayor porcentaje de muerte celular posible. El
tratamiento debe realizarse de forma secuencial, en ciclos, con el fin de
optimizar el resultado y permitir la recuperación de los tejidos sanos. En
general, se deben administrar al menos dos fármacos que actúen sobre
diferentes dianas terapéuticas y sin toxicidad cruzada. De este modo se
reduce la toxicidad, se aumenta la eficacia sobre el tumor y disminuyen
las posibilidades de que aparezcan resistencias.
Antineoplásicos que actúan sobre el ADN
En esta primera parte de la revisión de los antineoplásicos
consideraremos el primer grupo de la clasificación.
Alquilantes
Estos fármacos, los más utilizados en quimioterapia antineoplásica,
lesionan el ADN e interfieren en la replicación celular. Provocan su
acción citotóxica mediante la formación de enlaces covalentes entre sus
grupos alquilo y diversas moléculas nucleófilas presentes en las células,
especialmente las bases nitrogenadas del ADN. De este modo, bloquean
la replicación del ADN celular y la transcripción del ARN y, por tanto, la
mitosis y la síntesis de proteínas. Ejercen su acción durante todo el ciclo
celular, pero son más activos sobre las células en rápida división.
Los fármacos de este grupo tienen en común la toxicidad aguda
ocasionada en la médula ósea en forma de mielosupresión e
inmunosupresión. Además, afectan a la gametogénesis y pueden causar
esterilidad masculina permanente; en las mujeres, pueden reducir el
período reproductivo con el inicio de una menopausia prematura.
También se asocian a un incremento notable de la incidencia de la
leucemia aguda no linfocítica, sobre todo cuando se combinan con
radioterapia extensa.
Los agentes alquilantes se pueden dividir en tres grupos: alquilantes
clásicos (ciclofosfamida, clorambucilo, ifosfamida, melfalán,
trofosfamida), nitrosoureas (carmustina, estramustina, fotemustina) y
tetrazinas (dacarbacina, temozolomida).
Ciclofosfamida. Es el agente alquilante más utilizado. Se trata de una
molécula inactiva que requiere activación hepática, con la que da lugar a
la fosforamida, que es el principal metabolito activo. Por ello se puede
administrar por vía oral y no es vesicante cuando se administra por vía
intravenosa. Sus principales efectos tóxicos son: mielosupresión,
alopecia, náuseas y vómitos. También puede causar cistitis hemorrágica
por la acción de algunos de sus metabolitos, como la acroleína, sobre el
epitelio de la vejiga; una ingesta elevada de líquidos durante 24 o 48
horas puede evitar esta complicación. Es un fármaco muy utilizado en
oncología y forma parte de los esquemas de poliquimioterapia, ya que se
ha demostrado su actividad en diversas neoplasias (leucemias, linfomas,
cáncer de mama, cáncer de ovario y sarcomas). También forma parte de
los principales regímenes de inducción previos al trasplante de médula
ósea.
Ifosfamida. La ifosfamida es un fármaco análogo a la ciclofosfamida,
pero requiere dosis más altas para conseguir el mismo efecto antitumoral.
Se administra exclusivamente por vía intravenosa, siempre con una
hidratación adecuada y mesna como medidas profilácticas.
Clorambucilo. El clorambucilo es estable en solución acuosa, por lo que
se absorbe casi en su totalidad después de la administración oral. Se
metaboliza en el hígado y presenta el metabolito con acción alquilante
PAAM (mostaza del ácido fenilacético). Los efectos adversos son
infrecuentes, a excepción de la supresión medular. Sin embargo, puede
causar una erupción generalizada grave que evolucione en un síndrome
de Stevens-Johnson o una necrólisis epidérmica tóxica. En caso de
erupción, el tratamiento posterior con clorambucilo está contraindicado.
Este fármaco se utiliza para el tratamiento de la leucemia linfocítica
crónica, los linfomas no hodgkinianos y la macroglobulinemia (primaria)
de Waldenström.
Busulfán. Es un agente alquilante bifuncional de tipo éster que interfiere
en la replicación del ADN y actúa sobre los precursores de la sangre
inhibiendo su aumento de forma prolongada. Puede causar
complicaciones como la fibrosis pulmonar y suprarrenal, así como
infertilidad. Se ha empleado en la fase crónica de la leucemia mieloide,
pero actualmente se utiliza sólo en algunos regímenes de quimioterapia
de inducción en el trasplante de médula ósea.
Melfalán. El melfalán se desarrolló pensando en el tratamiento del
melanoma, por actuar de forma selectiva sobre las células tumorales que
emplean de forma activa tirosina. Sin embargo, en esta neoplasia ha
mostrado escasa actividad. Actualmente, su principal indicación es el
mieloma múltiple y ha demostrado su eficacia, a dosis convencionales,
en el carcinoma de ovario y en los linfomas, y a dosis altas, en el
carcinoma de mama y en la leucemia aguda mieloide.
Carmustina. La mayoría de los fármacos del grupo de las nitrosureas ha
caído en desuso y ha sido sustituido por otros agentes alquilantes. La
carmustina se comercializa en una nueva presentación para la
administración de implantes intralesionales en el acto quirúrgico después
de la resección tumoral. Se ha mostrado eficaz en el tratamiento
complementario de las recidivas de gliomas extirpados.
Dacarbacina y temozolomida. Son agentes alquilantes del grupo de las
tetrazinas. Se trata de moléculas pequeñas diseñadas para liberar
químicamente durante su degradación un ión diazóxido altamente
reactivo, capaz de alquilar el ADN celular. Al igual que con otros
alquilantes, la toxicidad principal es la mielosupresión, aunque también
causan náuseas y vómitos. Están indicadas en la enfermedad de Hodgkin
y el melanoma maligno metastático.
Antibióticos citotóxicos
Son sustancias naturales producidas fundamentalmente por hongos
capaces de alterar el crecimiento de otras células vivas.
Bleomicina. La bleomicina pertenece al grupo de citostáticos
polipéptidicos y se obtiene de una cepa de Streptomyces verticillus. Se
une al ADN y forma enlaces con el cobre y el hierro (por reacciones de
quelación). Esta unión actúa como un catalizador que reduce el oxígeno
y genera radicales libres que actúan sobre el ADN, rompiendo cadenas
simples o dobles. Es muy soluble en agua y se puede administrar por vía
intravenosa, intramuscular, subcutánea, etc. Se metaboliza por hidrolasas
en todos los tejidos excepto en los que carecen de esa enzima, como el
tejido pulmonar y la piel.
Los efectos adversos más frecuentes son la aparición de fiebre en las 48 h
siguientes a su administración. La toxicidad principal y específica es la
inducción de fibrosis pulmonar, de patogenia desconocida, pero también
se ha descrito toxicidad cutánea (eritema, descamación de la piel e
hiperpigmentación). La bleomicina se utiliza en el tratamiento de
tumores germinales, linfomas y carcinomas de cabeza, cuello, laringe y
tracto genitourinario.
Antraciclinas. Las antraciclinas son sustancias coloreadas producidas por
el hongo Streptomyces y con un mecanismo de acción múltiple. La
molécula de antraciclina se intercala entre las bases del ADN y produce
alteraciones de la replicación y la transcripción proteica. Además, estos
compuestos provocan una inhibición de la topoisomerasa tipo II, enzima
que mantiene la estructura terciaria del ADN, lo que da lugar a la rotura
del ADN y la alteración de los procesos de reparación (muerte celular).
Finalmente, producen una alteración de la membrana celular uniéndose a
proteínas específicas, como la cardiolipina, que dan lugar a la producción
de radicales libres, causantes de la cardiotoxicidad de estos compuestos.
Las antraciclinas se distribuyen por todo el organismo pero no pasan al
sistema nervioso central. La mayor parte del metabolismo es hepático,
por lo que se debe modificar la dosis de administración en caso de
insuficiencia hepática. La toxicidad limitante de dosis es la cardíaca, que
puede ser aguda o crónica. La aguda es independiente de la dosis
administrada y se presenta con la primera dosis en horas o días. En
cambio, la toxicidad cardíaca crónica depende de la dosis total
acumulada.
Doxorubicina. La doxorubicina o adriamicina es el antibiótico
antraciclínico más utilizado. Está indicado en leucemias agudas;
carcinoma de mama, vejiga, ovario y tiroides; neuroblastoma; tumor de
Wilm; linfomas de Hodgkin y no hodgkinianos, sarcomas de tejidos
blandos y osteosarcoma. La doxorrubicina también desempeña un papel
paliativo en el tratamiento de otras neoplasias. Los efectos tóxicos
principales son: mielosupresión, alopecia, náuseas, vómitos y
miocardiopatía relacionada con la dosis. También es vesicante y puede
causar ulceración cutánea grave con la extra- vasación. Con la dosis
máxima recomendada (550 mg/m ), pocos pacientes presentaran
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cardiotoxicidad.
Las adriamicinas liposomales se han introducido recientemente en la
práctica clínica. Su menor volumen de distribución y sus menores
concentraciones plasmáticas estacionarias favorecen la administración de
dosis más pequeñas con vida media más larga y mejor perfil de
seguridad. Se han utilizado con éxito en el sarcoma de Kaposi y en el
cáncer de ovario y mama.
Daunorubicina. Se utiliza en las leucemias agudas. Su toxicidad es
similar a la de la doxorrubicina. La dosis máxima recomendada es de 600
mg/m y es un fármaco ampliamente utilizado en las leucemias agudas.
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4-epirubicina. Presenta menor cardiotoxicidad. Pueden alcanzarse dosis
máximas de 850 mg/m . Es eficaz en numerosas neoplasias: cáncer de
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mama, de ovario, cáncer microcítico de pulmón, linfomas, sarcomas, etc.
Actinomicina D. Es un fármaco aislado de Streptomyces parvulus. Tiene
un mecanismo de acción dependiente de la intercalación del fármaco
entre las dos cadenas del ADN, con lo que se impide la replicación
correcta (a dosis altas) y se altera la síntesis del ARN (a dosis altas y
bajas). Su toxicidad es similar a la de la doxorubicina; destacan las
alteraciones gastrointestinales, hematológicas y dérmicas, pero no es
cardiotóxico. Se utiliza para el tratamiento de tumores de rápida
proliferación, fundamentalmente infantiles: tumores trofoblásticos, tumor
de Wilm, sarcoma de Ewing y rabdomiosarcoma.
Antimetabolitos
Estos fármacos tienen una estructura similar a la de los componentes del
metabolismo intermediario celular, de modo que interfieren en su
metabolismo y en concreto en la síntesis de ácidos nucleicos. Ejercen su
acción principalmente sobre tumores en rápido crecimiento.
Análogos de pirimidinas. Constituyen un grupo farmacológico muy
importante en el tratamiento antineoplásico, con actividad de amplio
espectro.
La citarabina o Ara-C es un análogo de la histidina y la desoxicitidina.
Produce inhibición de la ADN polimerasa y también puede causar
efectos directos sobre diversas quinasas ácidas y ejercer un efecto
citotóxico directo sobre ácidos nucleicos. Actúa sobre células en rápida
proliferación.
La citarabina se metaboliza mediante la histidina desaminasa, que es muy
abundante en el hígado. Se utiliza para el tratamiento de la leucemia
aguda mieloide y los niños pueden tolerar dosis altas mejor que los
adultos. También está indicada en la fase blástica de la leucemia
mieloide crónica, la leucemia meníngea, la eritroleucemia y los linfomas
no hodgkinianos. No es útil en los tumores sólidos. Sus efectos dependen
mucho de la pauta de administración. Produce mielosupresión, mucositis,
vómitos, síndrome seudogripal y, a dosis altas, neurotoxicidad central.
El 5-fluorouracilo (5-FU) es una pirimidina fluorada que actúa por
inhibición competitiva de la timidilato sintetasa, desplazando el sustrato
natural y bloqueando la síntesis de timidilato. Además, se incorpora al
ARN y al ADN, y altera su función. Puede utilizarse junto con ácido
folínico para formar un complejo terciario más estable y aumentar así el
bloqueo de la enzima, con lo que se incrementa también el efecto
citotóxico del 5-FU.
Produce mielosupresión y el síndrome palmo-plantar (eritema y
descamación dolorosa de manos y pies). Cuando su acción se ve
modificada por otros fármacos (como el folinato cálcico), su perfil de
toxicidad puede alterarse; la mucositis y la diarrea pueden ser problemas
importantes. También puede producir neurotoxicidad central, sobre todo
en forma de síndrome cerebeloso. La toxicidad cardiológica es
independiente de la dosis.
Se utiliza principalmente para el tratamiento adyuvante del cáncer
colorrectal, el cáncer gástrico y el de mama. En infusión continua
también se emplea en el tratamiento de primera línea de neoplasias de
cabeza y cuello, y de diversos tumores gastrointestinales. Es también
eficaz en el cáncer de páncreas, ovario y endometrio, así como en
tumores hepáticos.
El tegafur y el tegafur más uracilo son análogos al 5-FU. El tegafur es un
profármaco que se convierte en 5-FU mediante la enzima timidita
fosforilasa, que se encuentra en concentraciones más altas en el tejido
tumoral que en el sano. Una vez metabolizado a
5-FU, su acción es similar.
El uracilo no tiene efectos citotóxicos cuando se administra de forma
aislada, pero en combinación con el tegafur inhibe la enzima encargada
de catabolizar el 5-FU, que también tiene concentraciones más altas en el
tejido tumoral que en el sano.
La capecitabina es un profármaco oral del 5-FU de comercialización más
reciente. Causa eritrodisestesia palmo-plantar y mielosupresión con
mayor frecuencia que otros compuestos del mismo grupo. Está indicado
en el cáncer colorrectal y el cáncer de mama metastáticos.
Análogos de purinas. < FONT SIZE=2>La 6-mercaptopurina es un falso
metabolito de la hipoxantina que compite con los sustratos de enzimas
responsables del paso del ácido inosínico a adenina y xantina. Se utiliza
con frecuencia en el tratamiento de leucemias y linfomas no Hodgkin,
pero es ineficaz en tumores sólidos.
La azatioprina es un precursor de liberación mantenida de la
mercaptopurina, pero se utiliza fundamentalmente como
inmunosupresor. Se puede administrar por vía oral y los efectos tóxicos
más característicos son hematológicos, gastrointestinales y hepáticos.
La 6-tioguanina tiene indicaciones similares a las de la mercaptopurina,
pero un mejor perfil de toxicidad en los pacientes con afectación
hepática.
El alopurinol es un análogo de la hipoxantina que no tiene efecto
antitumoral, pero se utiliza en oncología para evitar el síndrome de lisis
tumoral en pacientes que presentan tumores de gran volumen y rápido
crecimiento, y van a comenzar un tratamiento con quimioterapia.
Análogos de adenosina. La fludarabina es un fármaco que inhibe la ADN
polimerasa y la ribonucleótido reductasa. Es activo sobre linfocitos y
produce una activación de la apoptosis. Se utiliza en trastornos
linfoproliferativos. Se administra en esquemas de
3-5 días. Puede provocar mielosupresión e inmunosupresión. Produce
astenia como efecto secundario, y fiebre en el 20-30% de los pacientes.
La pentostatina se obtiene a partir de Streptomyces antibioticus. Eleva
los depósitos de ATP, con lo que se reducen las reservas de otros
desoxinucleótidos. Es activo en leucemias agudas de linfocitos T,
leucemias crónicas y tricoleucemias. Puede causar alteraciones del
sistema nervioso central, alteraciones de la función renal, conjuntivitis,
etc.
Antifolatos. Son compuestos análogos del ácido fólico. El metotrexato
tiene una gran semejanza estructural con el ácido dihidrofólico. Se une a
la dihidrofolato reductasa, con lo que inhibe el paso de dihidrofolato a
tetrahidrofolato. Este último actúa como donante de grupos
monocarbonados para la síntesis de purinas y pirimidinas y, por tanto, de
los ácidos nucleicos.
Su actividad antitumoral es de muy amplio espectro. Se utiliza para tratar
diferentes neoplasias y desempeña un papel importante como adyuvante
en el tratamiento del cáncer de mama. Como el fluorouracilo, el
metotrexato es mielotóxico, pero las náuseas y los vómitos son mínimos.
También produce mucositis. La alteración renal reduce la excreción de
metotrexato y puede exacerbar la toxicidad.
El folinato cálcico se administra para contrarrestar la acción antagónica
de los folatos del metotrexato y acelera la recuperación de la
mielosupresión o la mucositis inducida por
metotrexato. No se recomienda en la anemia perniciosa u otras anemias
megaloblásticas por déficit de vitamina B12. La inyección intratecal de
folinato cálcico está contraindicada.
Derivados del platino
Constituyen un grupo de fármacos importante para el tratamiento del
cáncer.
Cisplatino y carboplatino. El cisplatino y el carboplatino son fármacos
con mecanismos de acción y actividad antitumoral similares, aunque
difieren en el perfil toxicológico. Al activarse intracelularmente, quedan
libres dos valencias del ión platino, que forman dos enlaces estables con
componentes del ADN. El resultado es la alteración de la configuración
tridimensional del ADN, la producción de errores de transcripción y la
imposibilidad de que las cadenas se separen para la replicación.
El cisplatino tiene una toxicidad variada e importante. Es el fármaco
antineoplásico más nefrotóxico, como se demuestra en el incremento de
creatinina y de urea. Las lesiones renales consisten en esclerosis
glomerular, fibrosis y necrosis tubular, lo que origina hipomagnesemia,
hipocalcemia e hiponatremia. Es importante que el paciente esté bien
hidratado y utilice manitol con el fin de reducir la toxicidad renal. El
carboplatino puede ser una alternativa para los pacientes con deterioro
progresivo de la función renal.
Otro efecto adverso importante del cisplatino son los vómitos y náuseas,
que aparecen en casi todos los pacientes con dosis habituales, por lo que
es preciso un tratamiento antiemético. La toxicidad neurológica se
manifiesta por ototoxicidad, con la aparición de tinnitus e hipoacusia en
el intervalo de las frecuencias altas, así como neuropatía periférica. La
toxicidad medular se manifiesta con neuropatía, trombopenia y anemia
moderada. La alopecia es poco frecuente.
El cisplatino tiene un amplio espectro de actividad tumoral y es el
fármaco fundamental en el tratamiento de tumores germinales. Es activo
en carcinomas epidermoides (tumores de cabella, cuello, cerviz, esófago
y vejiga), de pulmón, estómago y endometrio, el osteosarcoma y el
neuroblastoma.
El carboplatino es diez veces más soluble que el cisplatino, por lo que se
elimina más fácilmente por el riñón. Por tanto, los efectos adversos son
menos importantes que con el cisplatino; el principal es la
mielosupresión. También puede ocasionar reacciones de
hipersensibilidad con más frecuencia que el cisplatino.
Su principal indicación, como terapia de primera o segunda línea después
de que otros tratamientos hayan fallado, es el tratamiento del carcinoma
de origen epitelial del ovario. Está también indicado en el carcinoma de
células pequeñas del pulmón y en el carcinoma de células escamosas de
cuello y cabeza.
Oxilaplatino. El oxilaplatino está relacionado con el cisplatino y el
carboplatino, y actúa sobre el ADN produciendo enlaces alquílicos que
llevan a la formación de puentes inter e intracadenarios que inhiben la
síntesis y la replicación posterior del ADN. El oxilaplatino no presenta la
nefrotoxicidad característica del cisplatino ni la mielotoxicidad grave del
carboplatino, pero la toxicidad limitante es la neurológica. La neuropatía
periférica aparece en el 95% de los pacientes, en forma de parestesias en
los dedos y calambres.
Su perfil de actividad es más reducido que el de los otros platinos. Está
indicado como monodroga o en quimioterapia de combinación para el
tratamiento del cáncer colorrectal metastásico y de otras neoplasias en
etapa avanzada susceptibles de respuesta con análogos del platino, como
el cáncer de ovario y el neuroblastoma.
Derivados de camptotecinas
Son fármacos que tienen un origen natural, ya que la camptotecina es un
alcaloide presente en el árbol de origen chino Camptotheca acuminata.
Actúan inhibiendo de forma selectiva e irreversible la topoisomerasa tipo
I, a través de la cual se impide que se desarrolle el proceso de replicación
del ADN. También inhibe la síntesis del ARN. Estos fármacos presentan
un amplio espectro de actividad antitumoral, con efectos más marcados
sobre carcinomas colorrectales, ováricos, mamarios, pulmonares y
renales, incluidas las formas mulitirresistentes a quimioterapia. El
irinotecán está indicado en el cáncer de colon metastático, el cáncer de
cerviz y el carcinoma microcítico de pulmón. El topotecán se administra
en el cáncer de ovario, el cáncer microcítico de pulmón, los
glioblastomas recidivantes y los linfomas refractarios.
En el caso del topotecán, los efectos adversos más frecuentes son la
mielosupresión, que puede ser grave y de las series hematológicas, y en
el caso del irinotecán, la diarrea tardía. Otros efectos adversos que
aparecen con ambos fármacos son: alopecia, náuseas, vómitos,
mucosistis y hepatotoxicidad. Durante la infusión de irinotecán aparece
un síndrome colinérgico temprano hasta en el 85% de los pacientes, con
diarrea, dolor cólico, sudoración y otros efectos colinérgicos. El paciente
debe recibir atropina en los ciclos siguientes, ya que la probabilidad de
repetición es muy alta. La diarrea y la neutropenia febril requieren un
control inmediato por el riesgo de muerte tóxica. *
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