Unidad Educativa Municipal “Eugenio Espejo”
Liderazgo y calidad en servicios educativos
Nombre: Angie Paredes Curso: 2do B.G.U “E”
Materia: Biología Profesora: Lic. Narcisa Pérez
Tema: Molécula de la vida - ADN
El ADN (ácido desoxirribonucleico) es una molécula que se encuentra en todas las células de
los seres vivos y algunos tipos de virus . El ADN es la biomolécula que compone el genoma
de los seres vivos y contiene la información necesaria para el origen y funcionamiento de un
organismo 1. El término genoma se refiere al conjunto
completo de todas las moléculas de ADN que están en
las células de cualquier ser vivo 1. Los genes, que son
segmentos definidos del genoma, proporcionan las
bases moleculares para la fabricación de las proteínas,
que son los principales bloques estructurales de las
células 1. Las proteínas no solo forman las enzimas
capaces de catalizar las reacciones químicas celulares,
sino que también son las entidades principales que
permiten que una célula regule la actividad de sus
genes, se mueva, se comunique con su entorno, responda a este, se multiplique y cumpla su
ciclo de vida 1.
Sabemos que el ADN está formado por una doble cadena en estructura helicoidal, semejante a una
escalera de espiral en la que cada peldaño estaría formado por dos bloques que interaccionan entre
sí.
Estos bloques, que se llaman nucleótidos, están formados por una
molécula de desoxirribosa, un grupo fosfato y una base nitrogenada
variable que da lugar a los cuatro tipos de nucleótido diferentes del ADN:
adenina (A), guanina (G), citosina (C) o timina (T). Estos cuatro nucleótidos
son las “letras” del código genético que albergan la información de cada
organismo. De la misma manera que un libro consiste en una combinación
particular de las 27 letras que componen nuestro alfabeto, los seres vivos
estamos codificados por combinaciones concretas de estos cuatro nucleótidos.
¿Cómo puede generarse algo tan complejo como un organismo vivo a partir de algo tan sencillo
como la combinación de cuatro tipos de nucleótidos?
Aunque el ADN contiene y transmite la información genética, la aplicación de esta información
requiere un cambio de soporte. Es algo similar a lo que ocurre con el dinero que se deposita en la
cuenta de un banco: se almacena y se transfiere desde allí, pero no se puede usar directamente, es
necesario convertirlo a otro formato (metálico o tarjeta de débito/crédito) para poder comprar
productos. Así, la secuencia de nucleótidos en el ADN ha de transcribirse a otro tipo de ácido
nucleico, el ácido ribonucleico o ARN. Aunque químicamente son similares, los nucleótidos del ARN
son distintos a los del ADN puesto que contienen ribosa en lugar de desoxirribosa. Además, en lugar
de la timina el ARN contiene el nucleótido uracilo (U), así como otros tipos de nucleótidos que no se
encuentran normalmente en el ADN. Estas diferencias hacen que en lugar de la disposición estable
en doble hélice que adopta el ADN, el ARN se configure como una molécula más lábil de estructura
helicoidal de cadena sencilla propensa al auto plegamiento.
En nuestras células el ARN desempeña múltiples funciones, siendo una de las más importantes la de
mensajero: copia la información contenida en el ADN, que se encuentra en el núcleo celular, y la lleva
hasta el citoplasma. Este transporte de información del núcleo al citoplasma es fundamental puesto
que es en el citoplasma donde se encuentran las fábricas celulares de proteínas, denominadas
ribosomas. De la misma manera que el ADN y ARN están formados por nucleótidos, las proteínas
están constituidas por otro tipo de monómeros, denominados aminoácidos. Así, en los ribosomas,
por cada grupo concreto de tres nucleótidos (“letras”) en la secuencia de ARN, se añade un
aminoácido concreto a la proteína que se está sintetizando. De esta forma existe un código, conocido
como el “código genético”, que es universal para todos los organismos y que sirve como una especie
de diccionario del ADN, es decir, permite traducir su secuencia a unas proteínas concretas. Esto es
muy importante, puesto que las proteínas son los principales elementos tanto de las estructuras
como de los motores biológicos que constituyen y mantienen en funcionamiento a las células y, por
ende, a los seres vivos.