Unidad 7
• La Lógica Material. Validación del Conocimiento
La verdad
La lógica material. –Entramos ahora en la segunda parte de la Lógica, de
acuerdo con la división tradicional. Mientras que la lógica formal se encarga de estudiar
las condiciones para que los pensamientos sean correctos, la lógica material se
encarga de estudiar las condiciones para llegar a pensamientos verdaderos. La primera
parte pertenece en el terreno de la estructura del pensamiento, analizada la idea, el
juicio y el raciocinio para determinar sus leyes propias (como son, por ejemplo, la ley de
la extensión y la comprehension, para la idea; la ley de la extensión del predicado, en el
caso del juicio; y las reglas del silogismo, caso del raciocinio). La materia o contenido
del pensamiento ocupa un plano secundario en esa primera parte de la lógica.
Por el contrario, la lógica material (sin dejar el objeto formal de la lógica: las
formas mentales) se va a acercar un poco mas al contenido concreto de los
pensamientos y va a considerar las características del conocimiento mas rigurosamente
verdadero, como es el conocimiento científico. Enseguida podrá elucidar los métodos
apropiados a cada ciencia de acuerdo con la materia que tratan. Previamente se ha
tenido que analizar el concepto de verdad y, aunque sea en breve descripción, el
problema critico que implica.
Con esto tenemos ya las partes en que vamos a dividir la Lógica material:
Primera sección: la verdad, la certeza y el problema crítico
Segunda sección: la ciencia y sus métodos
El curso terminara con una cuarta parte que comprenderá una breve exposición
de los avances de la lógica moderna.
La definición de verdad. – Por su puesto, nos interesa primordialmente lo que se
llama tradicionalmente verdad lógica. Consiste en la adecuación de la mente con la
realidad. La falsedad, por el contrario, es la falta de adecuación de la mente con la
realidad.
En efecto, desde que estudiamos el juicio hicimos notar que precisamente es en
ese tipo de pensamientos en donde reside la verdad (cfr. cap. XX). Nuestros juicios son,
o verdaderos o falsos.
La idea todavía no tiene los elementos necesarios para llamarla verdadera o
falsa, puesto que se concreta a representar una esencia sin afirmar o negar que tipo de
realidad o existencia se le deba conferir.
El raciocinio se compone de juicios; por tanto, debe analizarse la verdad en cada
uno de ellos. Vimos también que la verdad de la conclusión depende de la verdad de
las premisas y de la forma correcta del raciocinio (cfr. cap. XXVIII).
El concepto verdad es analógico, es decir, se aplica de modo semejante a otras
adecuaciones, como se podrá ver enseguida.
La verdad moral es la acentuación de las palabras con el pensamiento. Lo
contrario es la mentira. Esta noción y toda la realidad psicológica y moral que involucra
pertenecen, naturalmente, a un estudio de ética.
Y, por fin, un tercer analogazo es la verdad antológica (o metafísica). Consiste en
la adecuación de la cosa con la mente divina. O también: es la adecuación de la cosa
con la idea ejemplar de ella.
Finalmente, estos tres analogazos de la verdad pueden verse íntimamente
relacionados. La idea ejemplar que Dios tiene de cada objeto del Universo es el modelo
para determinar la verdad ontológica de ese objeto. Enseguida, el mismo objeto es la
base o punto de referencia para determinar la verdad lógica de los pensamientos. Y en
último termino, el pensamiento sirve como base para determinar la verdad moral de una
expresión oral o escrita.
Diferentes concepciones sobre la verdad lógica.- El concepto de verdad lógica
que ha sido expuesto es propio de la filosofía tradicional (aristotélico-tomista). Santo
Tomas lo explica en su opúsculo de Vetirate, y en la suma teológica, (I, 16, 1).
Pero además (aunque parezca extraño), existen otras nociones sobre la esencia
de la verdad, que merecen estudio aparte y una pequeña confrontación con el concepto
tradicional.
A. Kant y los idealistas asientan que la verdad es el acuerdo de los
pensamientos consigo mismos, o con las leyes de la razón. Para que los pensamientos
sean verdaderos basta que haya coherencia entre ellos, que no se destruyan unos a
otros.
Ante esta concepción de la verdad podemos comentar que en todo caso lo que
se esta definiendo no es el pensamiento verdadero, sino el pensamiento correcto.
Hemos visto que la corrección es condición necesaria, pero no suficiente para que haya
verdad. Podría darse el caso de una serie de pensamientos perfectamente hilvanados y
coherentemente estructurados, pero sin adecuación con la realidad, y, por tanto, falsos.
Las geometrías no-euclidianas son un ejemplo de lo anterior.
Durkheim y el sociologismo sostienen que la verdad consiste en el acuerdo de
todos los hombres entre si. El consentimiento universal se vuelve, pues, la condición y
esencia de la verdad.
Contra esto podemos afirmar que, aun cuando la verdad pueda exigir el
consentimiento de todo hombre, la reciproca no es verdadera. En otras palabras, podría
darse el caso de que toda una sociedad o época de la historia estuviera equivocada con
respecto a algo (por ejemplo, el geocentrismo), y que la verdad la poseyera un solo
hombre en medio de la masa (por ejemplo, ciertas intuiciones de los genios).
William James y el pragmatismo sostienen que la verdad reside en le valor
practico de una proposición. Si una teoría tiene éxito en la práctica, entonces podemos
darla como verdadera.
De nuevo surge aquí una inversión de conceptos. Es cierto que de la verdad
podemos esperar éxito, aplicación practica, utilidad, etc. Pero no es ese el constitutivo o
esencia de la verdad, de tal manera que una proposición puede seguir siendo
verdadera aunque en un momento determinado no sea útil, o no produzca éxito alguno.
Tal es el caso de muchas verdades de las matemáticas que en tiempos pasados no se
les veía aplicación practica, y no por eso dejaban de ser verdaderas.
Pero, además, para saber que una proposición tiene éxito se requeriría un nuevo
conocimiento, y para verificar este se necesitaría un tercer conocimiento, y así
sucesivamente. De hecho, la mayor parte de las verdades las comprobamos de un
modo directo, frente a la realidad, sin esperar ningún éxito en la vida.
El pragmatisma puede aplicarse en algunos tipos de verdades, como en las
hipótesis cuya comprobación depende de la experiencia sensible. Pero hay verdades
que jamás podrán comprobarse sensiblemente, como son las de la metafísica y la de la
ética.
Resumen
La lógica material estudia las condiciones para llegar al pensamiento verdadero.
La dividiremos en cuatro partes: la verdad y la certeza, el problema crítico, la ciencia,
los métodos.
Al final veremos nociones de lógica moderna.
La verdad lógica es la adecuación de la mente con la realidad.
La verdad moral es la adecuación de las palabras con el pensamiento.
La verdad antológica es la adecuación de la cosa con su idea ejemplar.
El idealismo sostiene que la verdad es el acuerdo de los pensamientos consigo
mismos. Pero esto es apenas la corrección del pensamiento.
El sociologismo afirma que la verdad es el acuerdo de los espíritus entre si. Pero
esto es mas una exigencia de la verdad; pero no su esencia. De hecho la verdad puede
darse en otras condiciones.
El pragmatismo sostiene que la verdad depende del éxito de una proposición.
Pero esto es una consecuencia que se puede esperar de la verdad, no su esencia.
Propiedades de la verdad
Conviene tener una idea mas completa de la verdad. Al fin y al cabo, es el valor
central que se persigue en esta materia y en todas las de orden científico. Para penetrar
mejor en su naturaleza veamos cuales son sus propiedades. Intuitivamente se pueden
vislumbrar y aceptar como evidentes. Sin embargo, solo un tratado de crítica seria el
encargado de hacer una completa fundamentación de estas nociones, que aquí se
desarrollan dentro de un nivel descriptivo.
La unidad. – El mundo de la verdad es unitario. Esto significa que las
proposiciones realmente verdaderas forman un solo bloque sin contradicciones
internas. Dicho de otra manera: dos proposiciones verdaderas no pueden
contradecirse. No es posible que un conjunto de verdades mantengan unidad por un
lado, que en oposición a otro grupo de “verdades” que funcionan en grupo aparte.
Lo dicho no es sino otro modo de enunciar el principio de contradicción. En
efecto, cada vez que se encuentra una contradicción al comparar la tesis de diversas
escuelas, filosofías, ciencias o épocas, ya podemos estar seguros de que el error se ha
inoculado en alguna de ellas, o tal vez en las dos.
Pero es necesario volver a aclarar que, en más de una ocasión, lo que juzgamos
contradictorio lo es solo en apariencia. Recuérdense las advertencias del principio de
contradicción: ….al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto. No hay contradicción si
afirmo y niego el valor de un objeto en ocasiones diferentes o en aspectos diversos.
A partir de esta propiedad se desprende la coherencia, complementación y aun
cooperación, que debe haber entre las diferentes ciencias. También de aquí se sigue la
falsedad en el criterio de aquellos que adoptan una postura o creencia en su vida
privada y otra muy diferente y opuesta en su vida profesional. Por ultimo, la unidad de la
verdad nos dice claramente que no es posible la contradicción real entre la fe y la
ciencia. Siendo Dios el autor de ambos niveles de verdades, no es posible la falta de
coherencia en ellos. Cuando acaso han surgido, a priori se puede juzgar: o se ha
malentendido la fe, o no se ha alcanzado una verdad auténticamente científica, o
ambas cosas.
La indivisibilidad. – Una proposición, o es verdadera o es falsa; pero no hay
termino medio entre ambos calificativos, es decir, no se puede dividir la distancia entre
la falsedad y la verdad. La indivisibilidad consiste, pues, en la ausencia de grados en la
verdad de un juicio. La adecuación a la realidad es terminante, o no es la adecuación.
El principio de tercero excluso significa precisamente lo anterior. Queda excluida
una tercera posibilidad entre la falsedad y la verdad.
A esto hay que aclarar que el error si puede tener grados, ya que el alejamiento
con respecto a la realidad puede ser mayor o menor.
Adviértase de que manera lo que se entiende por verdades a medias no va en
contra de lo ya explicado. Una verdad a medias es una verdad; pero no expresa toda la
verdad acerca de un objeto. La diferencia de nuestros conocimientos en tales casos no
esta en lo que se sabe, sino en lo que todavía no se sabe. Una proposición tachada
como verdad a medias, es, pues, completamente verdadera, no una tercera opción
entre la verdad y la falsedad; pero pide una complementación en el conocimiento del
objeto tratado. Nótese que, en general, nuestros conocimientos, imperfectos y exiguos,
caben dentro de este calificativo.
También se pueden admitir diversos grados en la penetración y profundidad de
los conocimientos. El hombre perfecciona su saber acerca de un objeto y lo capta en
estratos cada vez más profundos. Esto no significa que lo mas superficial deje de ser
verdadero; lo sigue siendo en cuanto que es una adecuación con la realidad, o sea, con
los estratos mas elementales de esa realidad.
La inmutabilidad. – La verdad es inmutable. Esto significa que lo que en
determinado momento es verdadero, para siempre tendrá que seguir siendo verdadero.
En este sentido es como se puede asentar que la verdad no evoluciona. Y solo en este
sentido, porque, evidentemente, el espíritu si puede evolucionar y progresar en su
conocimiento la verdad.
No importa que las cosas también evolucionen. Esa evolución no va en contra de
la inmutabilidad de la verdad. Una proposición, siendo verdadera, aun cuando exprese
un hecho contingente (que puede cambiar), seguirá inmutablemente verdadera. Por
ejemplo: es muy contingente el hecho de que “Pedro se saco la lotería el diez de
enero”. Podría haber sido de otra manera, tal vez nunca más obtenga un premio. Pero
esa proposición jamás cambiara en su verdad. Con mayor razón tratándose de
verdades esenciales; su verdad esta fuera del tiempo, es intemporal, y, por eso, hasta
se han llamado “verdades eternas”. Tales son los principios de la lógica, los teoremas
matemáticos, los juicios analíticos, y los que expresan una exigencia necesaria
(sintéticos a priori).
La objetividad. – Por ultimo, la verdad es objetiva, lo cual significa que la base o
fundamento de toda proposición verdadera es la misma realidad, el objeto captado, y no
el sujeto que lo capta.
Esto adquiere especial importancia en ciertos ambientes en donde con orgullo se
pretende establecer las tesis de protagoras: El hombre es la medida de todas las cosas.
Pero no es el hombre, sino el objeto captado el que proporciona la base o
medida para determinar la verdad o falsedad de una proposición. La misma definición
de verdad lo esta diciendo: “adecuación de la mente a la realidad”. En este sentido es
como se puede hablar de docilidad y fidelidad del sabio frente a la naturaleza. Bacón lo
dijo con admirable frase: “Para dominar a la naturaleza, primero hay que someterse a
sus leyes”.
La autenticidad de cada persona (ser ella misma) no la excluye de este
sometimiento. El hombre solo se puede perfeccionar cuando complementa su propio
ser con el ser de las cosas (materiales o espirituales), son su verdad o con su bondad.
Resumen
• La unidad de la verdad consiste en que todas las proposiciones verdaderas
forman un solo bloque coherente, sin contradicciones. Es otra forma de
expresar el principio de contradicción.
• La indivisibilidad consiste en que la verdad no admite grados. Una proposición,
o es verdadera o es falsa, pero no hay punto intermedio. Es otro modo de
expresar el principio de tercero excluso.
• La inmutabilidad de la verdad consiste en que no evoluciona a pesar de que las
cosas si cambian y el espíritu si progresa en el conocimiento de la verdad.
• La objetividad de la verdad consiste en que la mente se debe someter al objeto
y no al revés. La misma definición de verdad nos dice que se trata que se trate
de una adecuación de la mente a la realidad.
Actitudes frente a la verdad
Como un complemento al capitulo anterior, vamos a explicar los diferentes
estados que puede tener el sujeto con respecto a la verdad. Se trata de estados
subjetivos, que varían de un momento a otro, aun en el mismo sujeto, con respecto a la
misma proposición, sin que esta cambie su cualidad de verdadera o falsa. Se
mencionan tradicionalmente cinco estados: ignorancia, duda, opinión, certeza y error.
La ignorancia. – Es la ausencia de conocimientos con respecto a determinado
asunto. La mente, en este caso, permanece ausente, vacía, con respecto a ciertas
proposiciones.
Se distingue una ignorancia culpable y otra no-culpable. La primera consiste en
no saber lo que se debería saber, como seria el caso del profesional que por
negligencia desconoce los asuntos propios de su carrera. En cambio, la ignorancia no
culpable es la que se padece en otros terrenos que no es obligatorio conocer. La peor
ignorancia es la del que ni siquiera se da cuenta de ella y permanece satisfecho dentro
de este estado.
La duda. – Es el estado de oscilación de la mente respecto a la afirmación y la
negación. Cuando el sujeto duda. Prefiere no afirmar ni negar; no pronuncia un juicio.
La proposición que se le enfrenta podrá ser absolutamente verdadera; pero el sujeto no
tiene razones para hacerla suya; más bien ve razones en pro y en contra de ella.
La opinión.- Es la afirmación de algo; pero con temor de errar. El sujeto con esa
actitud se reserva la posibilidad de cambiar la afirmación por la negación. Se trata de un
estado menos imperfecto que la duda; en esta todavía hay abstención de juicio; en la
opinión ya se afirma, pero no con firmeza.
En general, buen porcentaje de nuestros conocimientos cotidianos los poseemos
en calidad de mera opinión. Naturalmente, aquí interviene el temperamento del sujeto:
habrá unos más temerosos que otros, y también habrá individuos más exigentes para
dar por cierto lo que se presenta a su consideración.
La certeza. – Es la firme adhesión de la mente a un juicio. Consiste en afirmar
algo sin temor de equivocarse. Es el estado ideal de la mente. Naturalmente, se
requieren ciertas condiciones para que la certeza no sea infundada. Solamente la
evidencia objetiva puede proporcionar con todo derecho una certeza real y un descanso
y alegría a la mente.
Se distinguen tres grados de certeza: metafísica, física y moral, y van en orden
decreciente en cuanto a su perfección.
1. La certeza metafísica se basa en una ley ontológica, en la misma esencia de
las cosas. Es la más perfecta. No se pueden esperar excepciones respecto a
dichas leyes. Por ejemplo, con todo derecho se puede tener certeza metafísica
de los primeros principios ya estudiados, y también acerca de los teoremas
geométricos y verdades matemáticas. Seria absurdo concebir como verdadero
lo contrario de ellas.
2. La certeza física se basa en una ley natural. También es certeza, pero de
menor grado que la anterior. No se concibe una absoluta necesidad en el
cumplimiento de las leyes físicas; podría haber alguna excepción en ellas.
Aunque de hecho no se diera ninguna excepción, no es absurdo concebirla
como posible.
3. La certeza moral se basa en una ley moral, es decir, en una ley humana, sea
de tipo psicológico, sociológico o ético. Aquí caben excepciones con
frecuencia. Por ejemplo: estoy cierto de que los hombres aman a los hijos; la
mentira es repugnante, etc. La contraria no solo puede concebirse, sino que
aun se realiza, y a veces, con no poca frecuencia.
El error. – Consiste en tomar lo verdadero como falso, o viceversa. Lo peor del
caso es que mientras permanece en el error la persona no se da cuenta de ello, sino
que mantiene una situación de certeza, que en el fondo es una falsa certeza, dado que
no hubo motivos suficientes para ella.
El error suele tener causas psicológicas y causas morales. Las causas
psicológicas consisten en la debilidad natural del espíritu, y principalmente se
distinguen tres: falta de atención, falta de penetración y falta de memoria.
Las causa morales del error dependen mas del libre albedrío, y, por eso, el
sujeto puede llegar a ser culpable. Se distinguen también tres: la vanidad y el orgullo, el
propio interés y la pereza. En cualquiera de estos casos la inteligencia es desviada de
su objeto propio por una pasión o por la misma voluntad.
A partir del conocimiento de estas causas mas frecuentes del error, se pueden
organizar los remedios contra el.
En primer lugar, un sano espíritu de objetividad, una docilidad hacia el objeto,
una tendencia a dejar de hablar a las cosas mismas, en lugar de imponer
arbitrariamente el propio criterio o la propia hipótesis, tal vez sin fundamento alguno.
En segundo lugar, una cierta humildad frente al criterio y las opiniones de los
demás, quienes con igual derecho reclaman para si la verdad. La actitud de aquel, por
principio, deja de atender la opinión ajena, tampoco merece consideración alguna.
En tercer lugar, un estricto control metódico, que incluye la exactitud, la reflexión,
la atención, la imparcialidad, la perseverancia, en fin, toda una serie de cualidades
propias de una persona con verdadero espíritu científico.
Resumen
Aunque la verdad es objetiva, la mente puede tomar ciertas actitudes o estados
subjetivos frente a ella:
La ignorancia es la ausencia de conocimientos.
La duda es la abstención del juicio, o la oscilación de la inteligencia ante la
afirmación o la negación.
La opinión es la afirmación de algo con temor a errar.
La certeza es la firma adhesión de la mente a un juicio.
• La certeza metafísica se basa en una ley antológica. No admite excepciones.
• La certeza física se basa en una ley natural. Si admite excepciones aunque de
hecho no se den.
• La certeza moral se basa en una ley moral. Admite excepciones y se dan
ordinariamente.
El error consiste en tomar lo falso como verdadero y viceversa.
Sus causas psicológicas son: falta de atención, de penetración y de memoria.
Sus causas morales son vanidad y orgullo, propio interés y pereza.
Sus remedios son: objetividad, humildad y método.
El problema critico
Planteo del problema. – El problema critico de la filosofía es el mas difícil de
contestar. Todos los filósofos han dado su propia respuesta; y, a partir del siglo XVII,
con Descartes, se convirtió en el primero y, a veces, exclusivo tema de la filosofía.
Este problema se puede formular del siguiente modo: ¿Qué valor tienen nuestros
conocimientos? ¿Qué alcance y que limitaciones tienen nuestras facultades para
conocer? ¿Cuándo podemos estar seguros de conocer la verdad? ¿Cuál es el criterio
de verdad, o modo seguro para distinguir lo verdadero de lo falso?
El escepticismo. – Consiste en dudar de todo, abstenerse de juzgar las cosas.
Los escépticos no le dan ningún valor al conocimiento. Sus principales representantes
han sido: Pirron, Gorgias, Enesidemo y Sexto Empírico.
El empirismo. – El valor de nuestros conocimientos depende solo de la
experiencia sensible; tal es la tesis central del empirista. Se muestra enemigo acérrimo
del racionalista. En términos corrientes se podría decir que su lema es: “Hasta no ver,
no creer”. Sus principales representantes son ingleses: Locke, Berkeley y Hume.
El racionalismo. – Afirma que solamente son validos los conocimientos basados
en la razón, pues solo así se llega a la ciencia, compuesta por juicios universales y
necesarios. Los principales representantes son: Parmenides, Platón, Descartes,
Malebranche, Spinoza y Leibniz. También Kant, pero su doctrina se estudia mejor como
representante del idealismo.
El idealismo. – Afirma que el termino u objeto de nuestros conocimientos esta en
nuestras propias ideas. Nuestras facultades cognoscitivas captan ideas, fenómenos
internos, representaciones intramentales; pero no la realidad en si misma,
independiente del sujeto. El ser del objeto es ser percibido (Berkeley). Los principales
representantes son: Kant, Hegel y Husserl.
El realismo. – Afirma que el término u objeto de nuestros conocimientos esta en
la misma realidad extramental, la cual existe independientemente del conocimiento que
de ella se tenga. Ese conocimiento no puede prescindir ni de los sentidos ni de la razón,
y cada una de nuestras facultades no tiene solo un papel pasivo, sino que también
aporta un cierto elemento a priori, no ocultando la cosa, sino develándola. Los
principales representantes son Aristóteles y Santo Tomas de Aquino.
Resumen
1. El problema crítico se plantea así: ¿Cuál es el valor y el alcance de nuestro
conocimiento?
2. El escepticismo responde: Ninguno
3. El empirismo solo concede validez a la experiencia sensible.
4. El racionalismo solo concede validez de la razón. De ella procede la
universalidad y necesidad de la ciencia.
5. El idealismo sostiene que el término de nuestros conocimientos es la idea o
plano intramental.
6. El realismo afirma que el término de nuestros conocimientos es la misma
realidad, la cual existe independientemente del conocimiento. Este se obtiene a
partir de los sentidos y el entendimiento.